sábado, 27 de abril de 2013

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO V PASCUA CICLO C - 28 ABRIL 2013


LES DOY UN MANDAMIENTO QUE SE AMEN UNOS A OTROS.


PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 14,21b-27

En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios. En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Predicaron en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían enviado, con la gracia de Dios, a la misión que acababan de cumplir. Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

SALMO RESPONSORIAL (144)

Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi Rey.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R.

Que todas tus criaturas te den gracias,
Señor, que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R.

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura del libro del Apocalipsis 21,1-5a

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios con los hombres: acamparé entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.». Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Todo lo hago nuevo.».

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 13,31-33a.34-35

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros; como yo los he amado, ámense también entre ustedes La señal por la que conocerán todos que son discípulos míos será que se amen unos a otros.».

CREDO NICENOCONSTANTINOPOLITANO

Creo en un solo DIOS, PADRE todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, JESUCRISTO, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz. Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo; y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre. Y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el ESPÍRITU SANTO, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo, recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo la iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

COMENTARIO

"Ahora es glorificado el Hijo del Hombre...": La glorificación de Jesús en el evangelio de Juan está indisolublemente unida a la muerte. El "ahora" nos indica que esta glorificación ha empezado ya con el lavatorio de los pies antes de la cena, simbolizando la próxima muerte sacrificial de Jesús; y con la salida de Judas se ha puesto en marcha el mecanismo que conducirá a Jesús hacia la cruz.
"... también Dios lo glorificará en sí mismo": Pasa del presente al futuro para referirse a la glorificación en su aspecto de regreso al Padre. Fijémonos que aquí Juan utiliza la expresión "Hijo del Hombre"; es la única vez que la utiliza en esta parte del evangelio denominada el libro de la Gloria (cc. 13-21). Es un título que utilizan los evangelios sinópticos en los anuncios de los sufrimientos de la Pasión (p.e.: Mc 8, 31), y que al mismo tiempo nos recuerda la figura del juez glorioso del fin del mundo. Con todo, parece que en Juan el título de Hijo del hombre es idéntico al de Hijo de Dios.
-"Hijos míos...": La expresión nos sitúa en un ambiente familiar. Jesús comprende la pena de sus discípulos y se despide emocionadamente de ellos. Les habla como un padre que va a morir, y hace testamento. No desdice de la cena pascual (en el caso que lo fuera la cena de despedida de Jesús). Pero todavía encaja más en el contexto de discurso de despedida.
-"Les doy un mandamiento nuevo": Mientras que en los evangelios sinópticos -en la última cena- nos presentan claramente una nueva alianza, aquí debemos descubrirlo de forma indirecta. El dar un mandamiento que será signo de identidad para los discípulos, nos indica claramente que es una alianza. Una alianza nueva. Por tanto, la novedad del mandamiento no debemos buscarla en contraste con el mismo mandamiento en el Antiguo Testamento (Lv 19, 18), como si allá pidiese sólo un amor dentro de Israel, mientras que aquí nos indicara su alcance universal. La idea de un amor universal a todos los hombres no es joánica: el evangelista piensa en un amor entre los que creen en Jesús. El mandamiento es nuevo porque es la estipulación de una nueva alianza.
-"Que se amen unos a otros como yo los he amado": El mandamiento nuevo no es simplemente una exigencia legal del pueblo de la nueva alianza, sino que es un don que ha recibido. Jesús es la fuente del amor de la que deben vivir los discípulos. Y la presencia de este amor de los cristianos en medio del mundo es una presencia de Jesús. Una presencia ante la cual el mundo debe abrir los ojos a la luz, tal como lo ha tenido que hacer ante el mismo Jesús. El amor, pues, que Jesús nos deja en herencia ha de ser nuestro distintivo, la señal en la que debemos ser reconocidos como discípulos suyos. El bautismo y la confesión expresa de una misma fe no son una señal inequívoca. Lo que importa es la práctica de la fraternidad.
Pbro. Roland Vicente Castro Juárez

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 29: Hch 14, 5-18; Sal 113; Jn 14, 21-26.
Martes 30: Hch 14, 19-28; Sal 144; Jn 14, 27-31ª.
Miércoles 01: Hch 15, 1-6; Sal 121; Jn 15, 1-8.
Jueves 02: Hch 15, 7-21; Sal 95; Jn 15, 9-11.
Viernes 03: Ga 6, 14-18; Sal 117;  Jn 12, 31-36.
Sábado 04: 1Co 15, 1-8;Sal 18; Jn 14, 6-14.
Domingo 05: Hch 15, 1-2. 22-29;Sal 66; Ap 21, 10-14.22-23.


jueves, 18 de abril de 2013

LECTURAS Y COMENTARIO DEL DOMINGO IV DE PASCUA CICLO C – 21 DE ABRIL DEL 2013


DOMINGO IV DE PASCUA CICLO C – 21 DE ABRIL DEL 2013

 


PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13,14.43-52

En aquellos días, Pablo y Bernabé desde Perge siguieron hasta Antioquia de Pisidia; el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Muchos judíos y prosélitos practicantes se fueron con Pablo y Bernabé, que siguieron hablando con ellos, exhortándolos a ser fieles a la gracia de Dios. El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra de Dios. Al ver el gentío, a los judíos les dio mucha envidia y respondían con insultos a las palabras de Pablo.
Entonces Pablo y Bernabé dijeron sin contemplaciones: «Teníamos que anunciarles primero a ustedes la palabra de Dios; pero como la rechazaron y no se consideran dignos de la vida eterna, saben que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: "Yo te haré luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el extremo de la tierra."».
Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna creyeron. La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas y devotas y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron del territorio. Ellos sacudieron el polvo de los pies, como protesta contra la ciudad, y se fueron a Iconio. Los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 99)

“Somos su pueblo y ovejas de su rebaño”

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R.

Sabed que el Señor es Dios: q
ue él nos hizo, y somos suyos, s
u pueblo y ovejas de su rebaño. R.

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.» R

SEGUNDA LECTURA

Lectura del libro del Apocalipsis 7,9.14b-17

Yo, Juan, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.
Y uno de los ancianos me dijo: «Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios, dándole culto día y noche en su templo. El que se sienta en el trono acampará entre ellos. Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugara las lágrimas de sus ojos.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 10,27-30

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.».

CREDO NICENOCONSTANTINOPOLITANO

Creo en un solo DIOS, PADRE todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, JESUCRISTO, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz. Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo; y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre.
Y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el ESPÍRITU SANTO, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo, recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo la iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

COMENTARIO

Al comienzo de esta meditación sobre cómo escuchamos nosotros a Cristo, habría que cerrar los ojos por unos minutos. Quiere llegar una voz hasta nosotros, no solo por encima de los ruidos de la vida, sino sobre los rumores de nuestro corazón un tanto malvados o vacíos. Inmediatamente ante de su afirmación llena de cariño, “mis ovejas me escuchan”. Jesús había pronunciado unas palabras duras contra los judíos en una conversión bastante tensa: “Si eres el Mesías, dilo claramente. Se los he dicho, pero no me creen”. No lo había dicho con palabras que, sobre todo en el clima pasional de una discusión, podrían haber sido mal interpretadas: pero lo decía con todos sus hechos: “Mis obras lo atestiguan”.
Jesús nos habla ahora con las palabras del evangelio, pero sigue hablándonos con sus actos y con su mismo ser de Hijo de Dios. Todos pueden verlo y oírlo; basta con abrir el evangelio; sin embargo, muchos se quedan ciegos y sordos. Entonces es que hay un problema serio de audición. San Juan nos dice que no son ni los “signos” (los milagros) ni las palabras las que hacen que nos adhiramos profundamente a Jesús. Se necesita una especie de virginidad del ojo y del oído, la libertad del espíritu, la disponibilidad del corazón. Venir a él con ideas ya hechas, con sentimientos duros, puede hacer del lector del evangelio un vidente ciego y un oyente sordo. Sólo los que están bien dispuestos reciben el choc de esta personalidad; sólo ellos oyen de veras esta voz. Sabemos hasta qué punto es necesario estar atentos a la gracia de atracción hacia Cristo y activos para explotar esta gracia. Este doble trabajo interior nos convierte en “ovejas que escuchan su voz”. Entonces los signos se hacen claros y su palabra nos abre a la fe. Sabemos escucharle porque somos “para él”.
Al escuchar su voz, oímos otra voz, la del Padre: “El Padre y yo somos una sola cosa”. Esta afirmación, que va irritar a los judíos nos arroja a nosotros a una audición asombra: cuando habla Jesús, llega a nosotros la voz misma del Padre. La carta a los hebreos nos lo dice: “En múltiples ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por su Hijo, por quien había creado lo mundos”. No olvidar nunca esta cosa tan segura: en las palabras de Jesús vibran la verdad de Dios y el cariño de Dios. También  pero ¿creemos que Dios es amor?. Entonces, como Jesús es la voz de este amor, podemos recibir esas exigencias como formando parte del mismo mensaje de amor. Escuchar a Dios en Jesús es sin duda alguna comprometerse en caminos difíciles, pero que van a la vida: “Mis ovejas obedecen mi voz, me siguen y yo les doy la vida eterna”.


PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 22: Hch 11, 1-18; Sal 41; Jn 10, 11-18.
Martes 23: Hch 11, 19-26; Sal 86; Jn 10, 22-30;
Miércoles 24: Hch 12, 24—13,5ª; Sal 66; Jn 12, 44-50.
Jueves 25: 1Pe 5, 5b-14; Sal 88; Mc 16, 15-30.
Viernes 26: Hch 13, 26-33; Sal 2; Jn 14, 1-6.
Sábado 27: Is 6, 1-8; 1Co 4, 1-5; Mc 28, 16-20.
Domingo 28: Hch 14, 21b-27; Sal 144; Ap 21, 1-5ª; Jn 13, 31-33ª.34-35.


LOS NÚMEROS EN LA BIBLIA


LOS NÚMEROS EN LA BIBLIA



Para nosotros los números tienen un significado muy distinto a los números que leemos en la Biblia. En la Biblia los números tienen tres significados distintos: cantidad, simbolismo y mensaje.

Primer sentido: LA CANTIDAD

Es un significado parecido al nuestro. Por ejemplo veamos: 1Rey 18, 1 2Rey 22,1 1 Rey 4, 7 Jn 11,18 .Estos números no son simbólicos ni encierran ningún mensaje oculto. Simple y llanamente se refieren a la cantidad de años, personas o distancia mencionadas en el texto. En este significado no hay lugar para la confusión: lo que el número dice es lo que quería decir el autor.

Segundo sentido: EL SIMBOLISMO

Un número simbólico es aquel que no indica una cantidad, sino que expresa una idea, un mensaje distinto de él, que lo supera y lo desborda. No siempre es posible saber por qué tal número significa "tal" cosa. La asociación entre ambas realidades a veces es desconocida. Para nosotros los occidentales esto es difícil de entender, pero los semitas los usaban con toda naturalidad para transmitir ideas, mensajes o claves.

La Biblia no explica nunca qué simboliza cada número, pero los estudiosos han llegado a averiguar algunos de sus simbolismos y han podido aclarar muchos episodios bíblicos.

El número 1 simboliza a Dios, que es único. Por ello indica exclusividad, primado, excelencia: Mt 19,17 , Mt 19,6 Jn 10,30 Gál 3,28 Ef 4,5 En todos estos casos, el uno simboliza el ámbito divino.

El número 2 representa al hombre, pues en él hay siempre dualidad, división interior por culpa del pecado. Mt 20,30 Mt 26,60

El número 3 representa "totalidad", quizá porque 3 son las dimensiones del tiempo: pasado, presente y futuro. Decir 3 equivale a decir "la totalidad" o "siempre". Gn 6,10 Mt 26,34 Is 6,3

El número 4 en la Biblia simboliza el cosmos, el mundo, ya que son 4 los puntos cardinales. Cuando se dice que en el Paraíso había 4 ríos (Gn 4,10) significa que todo el cosmos era un Paraíso antes del pecado de Adán y Eva. O sea, no se trata de un sitio determinado, aunque algunos continúen buscando dónde estaba. Ez 37,9 Apoc 4,6

El número 5 significa "algunos", "unos cuantos", una cantidad indefinida. Así, se dice que en la multiplicación de los panes Jesús tomó 5 panes (=algunos panes). Que en el mercado se venden 5 pajarillos por dos monedas (=algunos pajaritos)... 1 Cor 14,19

El número 7 tiene el simbolismo más conocido de todos. Representa la perfección. Por eso Jesús dirá a Pedro que debe perdonar a su hermano hasta 70 veces 7. También puede expresar la perfección del mal, o el sumo mal, como cuando Jesús enseña que si un espíritu inmundo sale de un hombre puede regresar con otros 7 espíritus peores, o cuando el evangelio cuenta que el Señor expulsó 7 demonios de la Magdalena. El Apocalipsis es el que más lo emplea: 54 veces para describir simbólicamente las realidades divinas: las 7 Iglesia del Asia, los 7 espíritus del trono de Dios, las 7 trompetas, los 7 candeleros, los 7 cuernos, etc.

La tradición cristiana continuó este simbolismo del 7, y por eso fijó en 7 los sacramentos, los dones del Espíritu Santo, las virtudes.

El número 10 tiene un valor que sirve para recordar. Al ser 10 los dedos de las manos, resulta fácil recordar esta cifra. Por eso figuran como 10 los mandamientos que Yahvé dio a Moisés (podrían haber sido más), y 10 las plagas que azotaron a Egipto. También por esta razón se ponen sólo 10 antepasados entre Adán y Noé, y 10 entre Noé y Abraham, aun cuando sabemos que existieron muchos más.

El número 12 es también simbólico. Significa "elección". Por eso se hablará de las 12 tribus de Israel, cuando en realidad el Antiguo Testamento menciona más de 12; pero con esto se quiere decir que eran tribus "elegidas". Igualmente se agruparán en 12 a los profetas menores del Antiguo Testamento. También el Evangelio mencionará 12 apóstoles de Jesús, que resultan ser más de 12 si comparamos sus nombres; pero se los llama "Los Doce" porque son los elegidos del Señor. Asimismo Jesús asegura tener 12 legiones de ángeles a su disposición (Mt 26,53). El Apocalipsis hablará de 12 estrellas que coronan a la Mujer, 12 puertas de Jerusalén, 12 ángeles, 12 frutos del árbol de la vida.

El número 40 tiene también valor simbólico. Representa el "cambio", de un período a otro, los añosde una generación. Por eso el diluvio dura 40 días y 40 noches (pues es el cambio hacia una nueva humanidad). Los israelitas están 40 años en el desierto (hasta que cambia la generación infiel por otra nueva). Moisés permanece 40 días en el monte Sinaí, y Elías peregrina otros 40 días hasta allí (a partir de lo cual sus vidas cambiarán). Jesús ayunará 40 días (porque es el cambio de su vida privada a su vida pública).

El número 1.000 significa multitud, gran cantidad: Dan 5,1 Salm 90 1 Rey 3,4 1 Rey 11,3 A veces este número puede entrar en combinación con otros. Así, en el Apocalipsis dice simbólicamente que al final del mundo se salvarán 144.000 elegidos, porque es la combinación de 12x12x1.000, y significan los elegidos del Antiguo Testamento (12), y los elegidos del Nuevo Testamento (12), en una gran cantidad (x1.000).

Quedan otros números simbólicos como el 70. San Lucas dice que Jesús eligió a 70 discípulos para enviarlos a todos los lugares y sitios por donde él tenía que pasar (Lc 10,1). No está dando una cifra real, sino simbólica, ya que según Gén 10, el total de los pueblos y naciones que existían enel mundo era 70. Cuando Lucas dice esto, lo que quiso decir es que los mandó para que el evangelio llegara a todas las naciones del mundo.

También vemos otra cifra en Jn 21,11 ¿Por qué tanto interés en dejar registrado el número de 153 peces? Es que en la antigüedad se creía, entre los pescadores, que 153 era el número de peces que existía en los mares. El mensaje es claro: Jesús vino a salvar a gente de todas las naciones, razas y pueblos del mundo.

No todos los números en la Biblia son simbólicos, ante cada cifra tenemos que preguntarnos ¿esta cifra indica cantidad o encierra un mensaje?

Tercer sentido: EL MENSAJE (sentido gemátrico).

En las lenguas hebrea y griega las letras tienen un valor numérico. Así el 1 sería la A, el 2 la B, etc.

El número obtenido con la combinación de letras se llama gemátrico. En cada cifra podía haber escondida una palabra. La Biblia trae varios ejemplos de estos números gemátricos. Por ejemplo: Cuando salieron los israelitas de Egipto dicen que salieron 603.550 hombres, sin contar mujeres y niños, pero si sustituimos las letras de la frase "todos los hijos de Israel" (en hebreo: rs kl bny ysr´l) por sus correspondientes valores numéricos da precisamente 603.550, con lo cual lo que están diciendo es que salieron "todos los hijos de Israel". Mt 1,17 divide a los antepasados de Jesús en tres series de 14 generaciones cada una. Pero esto es imposible. Mateo sólo pone tres nombres para cubrir los 430 años de esclavitud en Egipto. Lo que ocurrió fue que cogieron el nombre de David (D=4+V=6+D=4=14) Y como se esperaba que el Mesías fuera descendiente de David, el evangelista quiso decir que Jesús es el "triple David", el Mesías total, verdadero descendiente de David.

El más conocido de estos números gemátricos es el famoso 666 en Apocalipsis 13,18. El mismo libro aclara que se trata de la cifra de un hombre. Ese hombre es el emperador Nerón. Si transcribimos "Nerón César" en hebreo obtenemos: N=50+R=200+W=6+N=50+Q=100+S=60+R=200= 666.

Tonado de ARIEL ÁLVAREZ VALDÉS, ¿Qué sabemos de la Biblia? Antiguo Testamento, Ed. San Pablo.

viernes, 12 de abril de 2013

LECTURAS Y COMENTARIO DEL III DOMINGO PASCUA CICLO C - 14 ABRIL 2013


UNA LARGA CITA CON JESÚS
  


PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 5, 27b—32. 40b—41

En aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los apóstoles y les dijo: «¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.».
Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.»
Prohibieron a los apóstoles hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 29)

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

 Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.

 Tañen para el Señor, fieles suyos,
den gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante, su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura del libro del Apocalipsis 5, 11-14

Yo, Juan, en la visión escuché la voz de muchos ángeles: eran millares y millones alrededor del trono y de los vivientes y de los ancianos, y decían con voz potente: «Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.».  Y oí a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar —todo lo que hay en ellos—, que decían: «Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos.». Y los cuatro vivientes respondían: «Amén.». Y los ancianos se postraron rindiendo homenaje.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 1-19

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se aparecido de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Nataniel el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar.». Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo.». Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada.  Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los  discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tienen pescado?». Ellos contestaron: «No.». Él les dice: «Echen la red a la derecha de la barca y encontraran.». La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor.».
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la  barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros,  remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y  pan. Jesús les dice: «Traigan de los peces que acaban de coger.».
Simón Pedro subió a la barca y arrastro hasta la orilla la red  repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice: «Vamos, almuercen.». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quien era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos,  después de resucitar de entre los muertos. Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le contesto: «Si, Señor, tu sabes que te quiero.».
Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.». Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Él le contesta: «Si, Señor, tu sabes que te quiero.». Él le dice: «Pastorea mis ovejas.». Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo  quería y le contesto: «Señor, tú conoces todo, tu sabes que te quiero.». Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas  adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te  ceñirá y te llevará adonde no quieras.». Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.».


COMENTARIO

A San Juan le gustan las cifras. La hora 10a, 5.000 personas, 30 estadios, etc.; pero generalmente dice “alrededor de”. Aquí concreta: Pedro y sus compañeros pescaron exactamente 153 peces (153 significaba plenitud y universalidad). Estamos en pleno simbolismo. ¡Pero no en lo irreal!.
Aquí lo real es tan misteriosamente rico que sólo se lo puede expresar con símbolos.  Observen los 7 “discípulos” y 7 veces   la  palabra  discípulos;  7 es el símbolo  de  la  totalidad. Y   3  veces “Manifestar”,  más 3 veces “Señor” para  simbolizar un encuentro solemne de Jesús en su gloria de resucitado.
Se trata pues de su tercera manifestación, marcada por el papel principal de Pedro: nombrado en primer lugar, toma la iniciativa de la pesca, se precipita el primero hacia Jesús y arrastra a la orilla la red que no se rompe (símbolo... de lo que habría de ser la iglesia), a pesar  del enorme peso  de los 153 peces.
 El desayuno ofrecido por Jesús hace pensar inevitablemente en la eucaristía en la que todo cristiano se acerca al resultado, lo reconoce y entra en comunión con él. Algunos detalles simbólicos nos permiten acceder a lo que se llama la “escatología” (= el final de los tiempos).
Vemos a Jesús  “a la orilla del lago”, en la tierra firme de la eternidad, mientras que los discípulos (los apóstoles de todos los tiempos) bregan en las aguas de la vida terrena. Dirigidos por Pedro son pescadores de hombres (los peces  grandes),  pero no pueden pescar  nada sin Jesús.
Traerán finalmente  al Señor  los famosos 153 peces, o sea los elegidos: 153 simboliza muy bien la idea de cristianos que encontrarán a Cristo en este mundo gracias a los apóstoles y que tendrán el gran encuentro con Cristo en la orilla de la eternidad.
Así, pues la eternidad será ese cara a cara con Jesús y el banquete con él, o sea la eternidad en su vida y en su gozo. No es necesario saber más para soñar en el cielo.
Pero, ¿está permitido esto?. ¿Por qué no?. Los que pretenden que el cielo nos distrae de la realidad sólo tienen una idea mutilada de lo real.
La realidad entera comienza en el oleaje y las tempestades de la vida de aquí abajo y se extiende hasta la vida sin fin. Pero, como san Juan no deja de repetir, es aquí abajo donde todo se juega.
Cada día que pasa es infinitamente precioso y decisivo, porque podemos acumular citas con Cristo que nos preparen para el encuentro final. Jesús nos ha dicho: “Cada vez que ayudas a alguien con amor, te encuentras conmigo” (Mt 25, 40).  Y cada vez que nos acercamos a la eucaristía, a la oración, al evangelio, tenemos una cita con él.
Lo esencial es ese movimiento que arroja hacia Cristo, como a Pedro “Cuando comprendió que era el Señor, se tiró al agua”.
El mismo impulso que nos ha llevado en cada una de estas meditaciones nos arrojará algún día  a sus brazos. Para una cita muy larga

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 15: Hch 6, 8-15; Sal 118; Jn 6, 22-29.
Martes 16:Hch 7, 51-8,1ª; Sal 30; Jn 6, 30-35.
Miércoles 17: Hch 8,  1b-8;  Sal 65; Jn  6, 35-40.
Jueves 18:  Hch 8, 26-40; Sal 65; Jn 6, 44-51.
Viernes 19: Hch 9, 1-20; Sal  116; Jn 6, 52-59.
Sábado 20: Hch 9, 31-42; Sal 115; Jn 6, 60-69.
Domingo 21: Hch 13, 14.43-52; Sal 99; Ap 7.9.14b-17; Jn 10, 27-30.

viernes, 5 de abril de 2013

LECTURAS Y COMENTARIO II DOMINGO DE PASCUA - 07 ABRIL 2013


QUE POR LA FE TENGA VIDA



PRIMERA LECTURA

Libro de los Hechos de los Apóstoles 5,12-16.
Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en el pueblo. Todos solían congregarse unidos en un mismo espíritu, bajo el pórtico de Salomón, pero ningún otro se atrevía a unirse al grupo de los Apóstoles, aunque el pueblo hablaba muy bien de ellos.  Aumentaba cada vez más el número de los que creían en el Señor, tanto hombres como mujeres.  Y hasta sacaban a los enfermos a las calles, poniéndolos en catres y camillas, para que cuando Pedro pasara, por lo menos su sombra cubriera a alguno de ellos.  La multitud acudía también de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo enfermos o poseídos por espíritus impuros, y todos quedaban curados.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 117)

Den gracias al Señor porque es bueno,
Porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia. R.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.

Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R.

SEGUNDA LECTURA

Libro del Apocalipsis 1, 9-11a. 12-13. 17-19
Yo, Juan, su hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la constancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios, y haber dado testimonio de Jesús.
Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente que decía: "Lo que veas escríbelo en un libro, y envíaselo a las siete Iglesias de Asia.".
Me volví a ver quién me hablaba, y, al volverme, vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos una figura humana, vestida de larga túnica, con un cinturón de oro a la altura del pecho.
Al verlo, caí a sus pies como muerto.
Él puso la mano derecha sobre mí y dijo: "No temas: Yo soy el primero y el Último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo.
Escribe, pues, lo que veas: lo que está sucediendo y lo que ha de suceder más tarde.".

EVANGELIO

Lectura del Santo evangelio según San Juan 20, 19-31
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a ustedes.".
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo.", y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos."
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor.". 
Pero él les contesto: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.".
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: "Paz a ustedes". Luego dijo a Tomás: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.".
Contestó Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!". Jesús le dijo: "¿Porque me has visto has creído?. Dichosos los que crean sin haber visto.".
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.

COMENTARIO

Las páginas del evangelio de Juan repiten incansablemente: “Ese hombre es Dios”. Al final pone el remache: Se escribió este libro, para que crean que Jesús es el Hijo de Dios”. Creer esto es ser un cristiano. Hay millones de hombre que creen en Dios, pero sólo los cristianos añaden a esta fe una afirmación que los judíos y los musulmanes rechazan enérgicamente: Dios es Padre, Hijo y Espíritu. Y el Hijo se encarnó en Jesús de Nazareth. Los que trataron con Jesús durante tres años tenían sus dudas; fue necesaria la resurrección para que en nombre de todos Tomás lanzase este grito de amor y de adoración: “¡Señor mío y Dios mío!”. “Por su fe tengan vida”. ¿Qué otra vida?. ¡Por qué los que no creen en la divinidad de Jesucristo también están ciertamente vivos! San Juan nos ha hablado todo el tiempo de vida eterna. Esta palabra es un tanto engañosa: se piensa en una vida sin fin. Esto es verdad, pero insuficiente para ver de qué vida se trata. Hay que pensar más bien en uno de los nombres de Dios: el eterno. La vida que se nos ofrece es la vida del eterno, la vida misma de Dios. Nuestra fe llega hasta eso.  Pero ¿cómo esa otra vida, que Juan llama vida eterna, se manifiesta concretamente en nuestra vida de cada día? Los verdaderos creyentes, cuando juzgan a las personas, los hechos, los acontecimientos, lo hacen bajo una luz distinta. Se dice de ellos: “¡Qué fe!”. Su esperanza nadie  la puede derribar y  tienen paz y  alegría  y  no  le abaten las preocupaciones. Su preocupación por los demás, su prontitud para el servicio, para el compromiso, su manera de amar sin contentarse con palabras, lo llamaríamos la vida “teologal”, o sea una vida dada por Dios que nos liga constantemente a él bajo la forma de experiencia de fe, de esperanza y de caridad.
Cuando creo, cuando espero, cuando amo, vivo la vida “eterna” tal como se la puede vivir aquí abajo.  Es la vida “cristiana” si se le da a esta palabra, un tanto devaluada toda su fuerza: la vida “crística”. La que nos hace reír: “Mi  vida es Cristo”.
Al abrir nuestra vida ordinaria a Jesucristo, la fe hace entrar en ella los pensamientos de Jesucristo, sus juicios, su fortaleza, su forma de amar, todo lo que san Juan expresar con su famoso “como”. Vivir como Cristo. Un Francisco de Asís por ejemplo vivió “como Cristo” en la medida que puede hacerlo un hombre.  Y esto es verdad en  todos los santos, pero de manera muy diversa dada la riqueza de imitación de Cristo.
El evangelio es evidentemente la mejor escuela, con tal que se desarrolle un reflejo esencial: todo lo que se aprende en él de Jesús tiene que movernos a vivir  algo como él: “el evangelio dice Juan, se escribió para que por la fe de ustedes tengan vida”.
Es inútil creer si esto no nos sacude. Tiene que cambiarnos, escuchar y vivir el evangelio, pues Mateo, Marcos, Lucas y Juan escribieron su evangelio: no es un libro, es él.


PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 08: Is 7, 10-14; Sal 39; Heb 10, 4-10; Lc 1, 36-48.
Martes09: Hch 4, 32-37; Sal 92; Jn 3, 5ª.7b-13
Miércoles 10: Hch 5, 17-26;  Sal 33; Jn 3, 16-21.ç
Jueves 11: Hch 5, 27-33; Sal 33; Jn 3, 31-36.
Viernes12: Hch 5, 34-42; Sal 26; Jn 6, 1-15.
Sábado 13: Hch 6, 1-7; Sal 32; Jn 6, 16-21.
Domingo 14: Hch 5, 27-32.40b-41; Sal 29; Ap 5, 11-14; Jn 21, 1-19.

viernes, 22 de marzo de 2013

DOMINGO DE RAMOS


DOMINGO DE RAMOS


BENDICION DE LOS RAMOS

Dios todopoderoso y eterno, santifica con tu bendición estos ramos y a cuantos vamos a acompañar a Cristo aclamándolo con cantos concédenos entrar en la Jerusalén del cielo, por medio de él. El que vive y reina por los siglos de los siglos.

EVANGELIO DE LA ENTRADA DEL SEÑOR

Lectura del santo evangelio según san Lucas 19, 28-40

En aquel tiempo, Jesús echó a andar delante, subiendo hacia Jerusalén. Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos, diciéndoles: "Vayan a la aldea de enfrente; al entrar, encontraran un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo. Y si alguien les pregunta: "¿Por qué lo desatan?", contéstenle: "El Señor lo necesita".
Ellos fueron y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban el borrico, los dueños les preguntaron: "¿Por qué desatan el borrico?" Ellos contestaron: "El Señor lo necesita." Se lo llevaron a Jesús, lo aparejaron con sus mantos y le ayudaron a montar.
Según iba avanzando, la gente alfombraba el camino con los mantos. Y, cuando se acercaba ya la bajada del monte de los Olivos, la masa de los discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos, por todos los milagros que habían visto, diciendo: "¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto."
Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: "Maestro, reprende a tus discípulos". Él replicó: "Les digo, que si éstos callan, gritarán las piedras".


PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 50,4-17

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído. Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 21)

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre, si tanto lo quiere.» R.

Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. R.

Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos; f
uerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo; linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2,6-11
Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de  Dios Padre.

EVANGELIO

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 22,14-23, 56 

He deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer

Llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: "Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer, porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar, hasta que tenga cabal cumplimiento en el Reino de Dios". Luego tomó en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias y dijo: "Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios".

Hagan esto en memoria mía

Tomando después un pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía". Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino, diciendo: "Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes".

¡Ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado!

"Pero miren: la mano del que me va a entregar está conmigo en la mesa. Porque el Hijo del hombre va a morir, según lo decretado; pero ¡ay de aquel hombre por quien será entregado!". Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que lo iba a traicionar.

Yo estoy en medio de ustedes como el que sirve

Después los discípulos se pusieron a discutir sobre cuál de ellos debería ser considerado como el más importante. Jesús les dijo: "Los reyes de los paganos los dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Pero ustedes no hagan eso, sino todo lo contrario: que el mayor entre ustedes actúe como si fuera el menor, y el que gobierna, como si fuera un servidor. Porque, ¿quién, vale más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad y que es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de ustedes como el que sirve. Ustedes han perseverado conmigo en mis pruebas, y yo les voy a dar el Reino, como mi Padre me lo dio a mí, para que coman y beban a mi mesa en el Reino, y se siente cada uno en un trono, para juzgar a las doce tribus de Israel".

Tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos

Luego añadió: "Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido permiso para zarandearlos como trigo; pero yo he orado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos". Él le contestó: "Señor, estoy dispuesto a ir contigo incluso a la cárcel y a la muerte". Jesús le replicó: "Te digo, Pedro, que hoy, antes de que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces".

Conviene que se cumpla en mí lo que está escrito

Después les dijo a todos ellos: "Cuando los envié sin provisiones, sin dinero ni sandalias, ¿acaso les faltó algo?". Ellos contestaron: "Nada". Él añadió: "Ahora, en cambio, el que tenga dinero o provisiones, que los tome; y el que no tenga espada, que venda su manto y compre una. Les aseguro que conviene que se cumpla esto que está escrito de mí: Fue contado entre los malhechores, porque se acerca el cumplimiento de todo lo que se refiere a mí". Ellos le dijeron: "Señor, aquí hay dos espadas". Él les contestó: "¡Basta ya!".

Lleno de tristeza, se puso a orar de rodillas

Salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos y lo acompañaron los discípulos. Al llegar a ese sitio, les dijo: "Oren, para no caer en la tentación". Luego se alejó de ellos a la distancia de un tiro de piedra y se puso a orar de rodillas, diciendo: "Padre, si quieres, aparta de mí esta amarga prueba; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya". Se le apareció entonces un ángel para confortarlo; Él, en su angustia mortal, oraba con mayor insistencia, y comenzó a sudar gruesas gotas de sangre, que caían hasta el suelo. Por fin terminó su oración, se levantó, fue hacia sus discípulos y los encontró dormidos por la pena. Entonces les dijo: "¿Por qué están dormidos? Levántense y oren para no caer en la tentación".

Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?

Todavía estaba hablando, cuando llegó una turba encabezada por Judas, uno de los Doce, quien se acercó a Jesús para besarlo. Jesús le dijo: "Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?". Al darse cuenta de lo que iba a suceder, los que estaban con él dijeron: "Señor, ¿los atacamos con la espada?". Y uno de ellos hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Jesús intervino, diciendo: "¡Dejen! ¡Basta!". Le tocó la oreja y lo curó. Después Jesús les dijo a los sumos sacerdotes, a los encargados del templo y a los ancianos que habían venido a arrestarlo: "Han venido a aprehenderme con espadas y palos, como si fuera un bandido. Todos los días he estado con ustedes en el templo y no me echaron mano. Pero ésta es su hora y la del poder de las tinieblas".

Pedro salió de ahí y se soltó a llorar

Ellos lo arrestaron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en la casa del sumo sacerdote. Pedro los seguía desde lejos. Encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor y Pedro se sentó también con ellos. Al verlo sentado junto a la lumbre, una criada se le quedó mirando y dijo: "Éste también estaba con él". Pero él lo negó diciendo: "No lo conozco, mujer". Poco después lo vio otro y le dijo: "Tú también eres uno de ellos". Pedro replicó: "¡Hombre, no lo soy!". Y como después de una hora, otro insistió: "Sin duda que éste también estaba con él, porque es Galileo". Pedro contestó: "Hombre, no sé de qué hablas!". Todavía estaba hablando, cuando cantó un gallo.
El Señor, volviéndose, miró a Pedro. Pedro se acordó entonces de las palabras que el Señor le había dicho: ´Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces´, y saliendo de allí se soltó a llorar amargamente.

Adivina quién te ha pegado

Los hombres que sujetaban a Jesús se burlaban de Él, le daban golpes, le tapaban la cara y le preguntaban: "¿Adivina quién te ha pegado?". Y proferían contra él muchos insultos.

Lo hicieron comparecer ante el sanedrín

Al amanecer se reunió el consejo de los ancianos con los sumos sacerdotes y los escribas. Hicieron comparecer a Jesús ante el sanedrín y le dijeron: "Si tú eres el Mesías, dínoslo". Él les contestó: "Si se lo digo, no lo van a creer, y sí les pregunto, no me van a responder. Pero ya desde ahora, el Hijo del hombre está sentado a la derecha de Dios todopoderoso". Dijeron todos: "Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?". Él les contestó: "Ustedes mismos lo han dicho: sí lo soy". Entonces ellos dijeron: "¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca". El consejo de los ancianos, con los sumos sacerdotes y los escribas, se levantaron y llevaron a Jesús ante Pilato.

No encuentro ninguna culpa en este hombre

Entonces comenzaron a acusarlo, diciendo: "Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación y oponiéndose a que se pague tributo al César y diciendo que él es el Mesías rey". Pilato preguntó a Jesús: "¿Eres tú el rey de los judíos?". Él le contestó: "Tú lo has dicho". Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba: "No encuentro ninguna culpa en este hombre". Ellos insistían con más fuerza, diciendo: "Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí". Al oír esto, Pilato preguntó si era Galileo, y al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió, ya que Herodes estaba en Jerusalén precisamente por aquellos días.

Herodes, con su escolta, lo despreció

Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, porque hacía mucho tiempo que quería verlo, pues había oído hablar mucho de Él y esperaba presenciar algún milagro suyo. Le hizo muchas preguntas, pero Él no le contestó ni una palabra. Estaban ahí los sumos sacerdotes y los escribas, acusándolo sin cesar. Entonces Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de Él, y le mandó poner una vestidura blanca. Después se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes eran enemigos.

Pilato les entregó a Jesús

Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, y les dijo: "Me han traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; pero yo lo he interrogado delante de ustedes y no he encontrado en Él ninguna de las culpas de que lo acusan. Tampoco Herodes, porque me lo ha enviado de nuevo. Ya ven que ningún delito digno de muerte se ha probado. Así pues, le aplicaré un escarmiento y lo soltaré".
Con ocasión de la fiesta, Pilato tenía que dejarles libre a un preso. Ellos vociferaron en masa, diciendo: "¡Quita a ése! ¡Suéltanos a Barrabás!". A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra, con la intención de poner en libertad a Jesús; pero ellos seguían gritando: "¡Crucifícalo, crucifícalo!". Él les dijo por tercera vez: "¿Pues qué ha hecho de malo? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte; de modo que le aplicaré un escarmiento y lo soltaré". Pero ellos insistían, pidiendo a gritos que lo crucificaran. Como iba creciendo el griterío, Pilato decidió que se cumpliera su petición; soltó al que le pedían, al que había sido encarcelado por revuelta y homicidio, y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.

Hijas de Jerusalén, no lloren por mí

Mientras lo llevaban a crucificar, echaron mano a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo obligaron a cargar la cruz, detrás de Jesús. Lo iba siguiendo una gran multitud de hombres y mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por Él. Jesús se volvió hacia las mujeres y les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren por ustedes y por sus hijos, porque van a venir días en que se dirá: ´¡Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado!´. Entonces dirán a los montes: ´Desplómense sobre nosotros´, y a las colinas: ´Sepúltennos´, porque si así tratan al árbol verde, ¿qué pasará con el seco?".

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

Conducían, además, a dos malhechores, para ajusticiarlos con Él. Cuando llegaron al lugar llamado "la Calavera", lo crucificaron allí, a Él y a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía desde la cruz: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen". Los soldados se repartieron sus ropas, echando suertes.

Éste es el rey de los judíos

El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas, diciendo: "A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido". También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a Él, le ofrecían vinagre y le decían: "Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo". Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: "Éste es el rey de los judíos".

Hoy estarás conmigo en el paraíso

Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: "Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros". Pero el otro le reclamaba, indignado: "¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho". Y le decía a Jesús: "Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí". Jesús le respondió: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso".

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu

Era casi el mediodía, cuando las tinieblas invadieron toda la región y se oscureció el sol hasta las tres de la tarde. El velo del templo se rasgó a la mitad. Jesús, clamando con voz potente, dijo: "¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!". Y dicho esto, expiró.

Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa.

El oficial romano, al ver lo que pasaba, dio gloria a Dios, diciendo: "Verdaderamente este hombre era justo". Toda la muchedumbre que había acudido al espectáculo, mirando lo que ocurría, se volvió a su casa dándose golpes de pecho. Los conocidos de Jesús se mantenían a distancia, lo mismo que las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, y permanecían mirando todo aquello.

José colocó el cuerpo de Jesús en un sepulcro.

Un hombre llamado José, consejero del sanedrín, hombre bueno y justo, que no había estado de acuerdo con la decisión de los judíos ni con sus actos, que era natural de Arimatea, ciudad de Judea, y que aguardaba el Reino de Dios, se presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Lo bajó de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía. Era el día de la Pascua y ya iba a empezar el sábado. Las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea acompañaron a José para ver el sepulcro y cómo colocaban el cuerpo. Al regresar a su casa, prepararon perfumes y ungüentos, y el sábado guardaron reposo, conforme al mandamiento.

 Palabra del Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes Santo: Is 42, 1-7; Sal 26; Jn 12, 1-11.
Martes Santo: Is 49, 1-6; Sal 70; Jn 13, 21-33. 36-38.
Miércoles Santo: Is 50, 4-9ª; Sal 68; Mt 26, 14-25.
Jueves Santo de la Cena del Señor:  Ex 12, 1-8.11-14; Sal 115; 1Co 11, 23-26; Jn 13, 1-15.
Viernes Santo: Is 52, 13—53; 12; Sal 30; Hb 4, 14-16; 5, 7-9; Jn 18, 1—19, 42.
Sábado Santo Vigilia Pascual; Gn 1, 1-2, 2; (o más breve: Gn 1, 1.26-31ª); Sal 03; (o bien Sal 32) Gn 22, 1-18; (o más breve; Gn 22, 1-2.9ª10-13.15-18) Sal 15; Ex 14, 15—15, 1; Salmo: Ex 15, 1-2.3-4.5-6.17-18; Is 54, 5-14;  Sal 29; Is 55, 1-11; Salmo: Is 12, 2-3. 4.5-6; Ba 3, 9-15.32—4, 4--, Sal 8, 8.9.10.11; Ez 36, 16-28; Sal 41, 3. 5bcd; 42, 3.4; (O bien; Sal 50) Rm 6, 3-11; Sal 117; Evangelio: Lc 24, 1-12.
Domingo de Resurrección:  Hch 10, 34ª.37-43; Sal 117; Col 3, 1-4; (o bien: 1Co 5, 6b-8); Jn 20, 1-9.

COMENTARIO

El domingo de ramos, o domingo en la pasión del Señor, abre la semana santa. San Lucas tiene especial interés en situar el desarrollo de los acontecimientos de la Pasión bajo el signo de la misericordia y del amor. Orienta el relato de la pasión hacia el descubrimiento del amor del Padre hacia su Hijo y hacia los hombres.
La cruz es así, para el tercer evangelista, el sacramento de la misericordia divina. En estos días la iglesia, con mayor insistencia que nunca, reclama nuestra atención para que  nos fijemos sobre todo en la cruz de Cristo, para que hagamos memoria de su pasión y  muerte bajo el poder de Poncio Pilatos. 
No hace falta subrayar la importancia que la piedad  popular confiere a estas celebraciones. Pero quizás fuera conveniente  preguntarnos si nosotros hacemos o no, desde la fe, una lectura correcta del evangelio, si  entendemos de verdad la "palabra de la cruz" o si, por el contrario, donde ésta nos dice  "amor" escuchamos solamente "dolor".  Porque a fuerza de describir e imaginar los  sufrimientos de Cristo, de pasearlos en procesión por las calles y plazas, podemos llegar a  desfigurar el rostro de Cristo y a dar la imagen de un Dios que se complace en el sacrificio y  en la muerte del hombre, o en su propio sacrificio.
Como si Dios fuera el Dolor y no el Amor. En cuyo caso no habría para los que lloran otro  consuelo que el de sus lágrimas. Ahora bien, Cristo no amó el dolor sino que amó a los que sufren. No amó la pobreza, sino a los pobres. No amó la muerte, sino la vida. Y el Dios vivo, Dios  y Padre de Nuestro Seños Jesucristo, no es un Dios que mortifique a los hombres sino el Dios que  resucita a los muertos. La cruz es el símbolo del amor, no la glorificación o divinización del  dolor. Es el símbolo de un amor llevado hasta el extremo en un mundo lleno de odio.
Pocas acusaciones tan graves podrían hacerse al cristianismo como la de ser una  religión del dolor y del sufrimiento, una religión masoquista. Pues los que aman el dolor por  el dolor, no lo desean sólo para sí mismos,   sino  también para los demás. Sufren y hacen  sufrir.
El relato de la pasión y muerte de Jesús no es un drama para llevar a la escena o a la  pantalla, no espectáculo para convocar al público  en  general, y no podemos adoptar ante él  una actitud de simples espectadores. Es la revelación del amor, del amor que Dios nos  tiene a cada uno y, por tanto, una interpelación.
Contemplar la pasión de Jesús a distancia, admirarla, incluso, adoptar ante ella una  actitud estética, es lo mismo que dejarle en la cruz y lavarse las manos como Pilatos. Ni la  admiración, ni el asombro, ni el aplauso de su conducta o de su doctrina, ni el  sentimentalismo están aquí en su lugar: el único que está en su lugar es Jesús y los que le  siguen, por amor, hasta la muerte.
El evangelio de la pasión y muerte de Jesús no se anuncia para que aumente el número  de espectadores del drama de Jesús, sino para que nos hagamos sus discípulos y le  sigamos con la cruz a cuestas, para que respondamos al amor de Dios amando a los  hombres como a hijos de Dios. Seamos honestos para con Jesús.