sábado, 12 de abril de 2014

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO DE RAMOS CICLO A - 13 ABRIL 2014

ºESCUCHAR Y VIVIR LA PASION


 PRIMERA LECTURA

Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 1-11

Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles:
-«Id a la aldea de enfrente, encontraréis en seguida una borrica atada con su pollino, desatadlos y traédrnelos. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto.».
Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta: «Digan  a la hija de Sión: "Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila".».
Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba:
-«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!»
Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada: -«¿Quién es éste?»
La gente que venía con él decía: -«Es Jesús, el Profeta de Nazaret de Galilea.»

ORACION COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, tu quisiste que nuestro Salvador se hiciese hombre y muriese en la cruz, para mostrar al género humano, el ejemplo de una vida sumisa a tu voluntad, concédenos que las enseñanzas de su pasión nos sirvan de testimonio y que un día participemos en su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 50,4-7

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído. Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 21)

   Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí, hacen visajes,
menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre, si tanto lo quiere.» R.

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R.

Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos; 
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.

Contaré tu fama a mis hermanos, 
en medio de la asamblea te alabaré. 
Fieles del Señor, alábenlo; 
linaje de Jacob, glorifíquenlo; 
témanlo, linaje de Israel. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2,6-11

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de  Dios Padre.

EVANGELIO

Escuchemos atentamente el santo evangelio según  San Mateo 26, 14-27, 66

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 26, 14-27, 66

¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?

C. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
S. -«¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

¿Dónde quieres que te preparemos la Pascua?

C. El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
S. -«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
C. Él contestó
+ -«Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: "El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos."»
C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.

Uno de vosotros me va a entregar

C. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
+ -«Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
C. Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
S. -«¿Soy yo acaso, Señor?»
C. Él respondió:
+ -«El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido. »
C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S. -«¿Soy yo acaso, Maestro?»
C. Él respondió:
+ -«Tú lo has dicho.»

Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre
 
C. Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
+ -«Tornad, comed: esto es mi cuerpo.»
C.. Y, cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias y se la dio diciendo:
+ -«Bebed todos; porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos para el perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre. »
C. Cantaron el salmo y salieron para el monte de los Olivos.

Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño

C. Entonces Jesús les dijo:
+ -«Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está escrito: "Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño." Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.»
C. Pedro replicó:
S. -«Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré.»
C. Jesús le dijo:
+ -«Te aseguro que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. »
C . Pedro le replicó:
S. -«Aunque tenga que morir contigo, no te negaré. »
C . Y lo mismo decían los demás discípulos.

Empezó a entristecerse y a angustiarse  

C. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo:
+ -«Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.»
C. Y, llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse.
Entonces dijo:
+ -«Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo.»
C. Y, adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
+ -«Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.»
C. Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos.
Dijo a Pedro:
+ -«¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil. »
C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
+ -«Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.»
C. Y, viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque tenían los ojos cargados. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba, repitiendo las mismas palabras.
Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:
+ -«Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora, y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.»

Echaron mano a Jesús para detenerlo

C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:
S. -«Al que yo bese, ése es; detenedlo.»
C. Después se acercó a Jesús y le dijo:
S. -«¡Salve, Maestro!»
C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:
+ -«Amigo, ¿a qué vienes?»
C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.
Jesús le dijo:
+ -«Envaina la espada; quien usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría en seguida más de doce legiones de ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura, que dice que esto tiene que pasar.»
C. Entonces dijo Jesús a la gente:
+ -«¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis.»
C. Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso

C. Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos, hasta el palacio del sumo sacerdote, y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello.
Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos, que dijeron:
S. -«Éste ha dicho: "Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días."»
C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:
S. -«¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?»
C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
S. -«Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.»
C. Jesús le respondió:
+ -«Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: Desde ahora veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo.»
C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:
S. -«Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?»
C. Y ellos contestaron:
S. -«Es reo de muerte.»
C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon, diciendo:
S. -«Haz de profeta, Mesías; ¿quién te ha pegado?»

Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces

C. Pedro estaba sentado fuera en el patio, y se le acercó una criada y le dijo:
S. -«También tú andabas con Jesús el Galileo.»
C. Él lo negó delante de todos, diciendo:
S. -«No sé qué quieres decir.»
C. Y, al salir al portal, lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
S. -«Éste andaba con Jesús el Nazareno.»
C. Otra vez negó él con juramento:
S. -«No conozco a ese hombre.»
C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:
S. -«Seguro; tú también eres de ellos, te delata tu acento.»
C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar, diciendo:
S. -«No conozco a ese hombre.»
C. Y en seguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces.» Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

Entregaron a Jesús a Pilato, el gobernador

C. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.

No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre

C. Entonces Judas, el traidor, al ver que habían condenado a Jesús, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos, diciendo:
S. -«He pecado, he entregado a la muerte a un inocente.»
C. Pero ellos dijeron:
S. -«¿A nosotros qué? ¡Allá tú!»
C. Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sumos sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron:
S. -«No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre.»
C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo escrito por Jeremías, el profeta:
«Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor.»

¿Eres tú el rey de los judíos?

C. Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:
S. -«¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús respondió:
+ -«Tú lo dices.»
C. Y, mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos, no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:
S. -«¿No oyes cuántos cargos presentan contra fi?»
C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Había entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, les dijo Pilato:
S. -«¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías? »
C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:

S. -«No te metas con ese justo, porque esta noche he sufrido mucho soñando con él.»
C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús.
El gobernador preguntó:
S. -«¿A cuál de los dos queréis que os suelte?»
C. Ellos dijeron:
S. -«A Barrabás. »
C . Pilato les preguntó:
S. -«¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?»
C. Contestaron todos:
S. -«Que lo crucifiquen.»
C. Pilato insistió:
S. -«Pues, ¿qué mal ha hecho?»
C. Pero ellos gritaban más fuerte:
S. -«¡Que lo crucifiquen!»
C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia de la multitud, diciendo:
S. -«Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!»
C. Y el pueblo entero contestó:
S. -«¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

¡Salve, rey de los judíos!

C. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él, diciendo:
S. -«¡Salve, rey de los judíos!»
C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.

Crucificaron con él a dos bandidos

C. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir: «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa, echándola a suertes, y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz

C. Los que pasaban lo injuriaban y decían, meneando la cabeza:
S. -«Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz.»
C. Los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también, diciendo:
S. -«A otros ha salvado, y él no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que baje ahora de la cruz, y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?»
C. Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.

Elí, Elí, lamá sabaktaní

C. Desde el mediodía hasta la media tarde, vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó:
+ -«Elí, Elí, lamá sabaktaní.»
C. (Es decir:
+ -«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»)
C. Al oírlo, algunos de los que estaban por allí dijeron:
S. -«A Elías llama éste.»
C. Uno de ellos fue corriendo; en seguida, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio a beber.
Los demás decían:
S. -«Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo.»
C. Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

C. Entonces, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se rajaron. Las tumbas se abrieron, y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó, salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a muchos.
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, el ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:
S. -«Realmente éste era Hijo de Dios.»
C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderlo; entre ellas, María Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos.
C. Entonces, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se rajaron. Las tumbas se abrieron, y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó, salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a muchos.
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, el ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:
S. -«Realmente éste era Hijo de Dios.»
C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderlo; entre ellas, María Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos.

José puso el cuerpo de Jesús en el sepulcro nuevo

C. Al anochecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Éste acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó.
María Magdalena y la otra María se quedaron allí, sentadas enfrente del sepulcro.

Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis

C. A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:
S. -«Señor, nos hemos acordado que aquel impostor, estando en vida, anunció: "A los tres días resucitaré." Por eso, da orden de que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: "Ha resucitado de entre los muertos." La última impostura sería peor que la primera.»
C. Pilato contestó:
S. -«Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis. »
C. Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro.

COMENTARIO

Vamos a escuchar de nuevo los relatos de la pasión y los vamos a leer una vez más, es la mejor de las meditaciones para los días de la semana santa. Tenemos cuatro relatos y podemos alimentar nuestra  fe y nuestro amor con diferentes contemplaciones: Mateo (ciclo A), Marcos (Ciclo B) Lucas (Ciclo C), Juan para el viernes santo de cada año
El relato de la pasión según Mateo recoge y amplía el de Marcos. Nos limitaremos a señalar algunas características y matices. Leemos la última parte del "acta del martirio": proceso civil y ejecución.
Mateo da a la redacción un sentido más expresivamente teológico. Con cierto regusto sacral, casi litúrgico. A través de su constante a textos de la Escritura, se transparenta el cumplimiento de las profecías. En el momento culminante del proceso, acentúa la responsabilidad del pueblo de la alianza: v 25. Palabras desnudas y dolorosas, que hay que leer con serena comprensión. No fue todo el pueblo judío el responsable directo de la muerte de Jesús, sino unos cuantos dirigentes corrompidos. Un puñado de hombres sobornados, de gente mal informada. Con la colaboración servil de Pilatos. De la triste escena hace Mateo un signo. El antiguo pueblo de la elección pierde el privilegio de su «herencia» teológica, que pasará al nuevo Israel universal.
Se    realiza el  drama  alegorizado en la parábola de los viñadores (21,33-46).
La muerte de Cristo, acontecimiento escatológico. Quizá es el acento más característico de Mateo (vv 51-53). La tierra que tiembla y las rocas que se agrietan avisan, en lenguaje apocalíptico, que el mundo antiguo ha llegado a su fin. La resurrección de los muertos anuncia la renovación definitiva del pueblo (Ez 37...). Se ha rasgado el velo del templo. Comienza la nueva y eterna alianza en la sangre purificadora de Jesús (26,28).
«Los que pasaban» (39s) actualizan la tentación del desierto: «Si eres Hijo de Dios...» (cf. Mt 4,3ss). Precisamente porque es el Hijo de Dios ha aceptado la cruz (26,42), y como Hijo de Dios se manifiesta en ella (27,54). Expresión infinita de amor al Padre ( = plegaria de Getsemani). Donación total de sí mismo (= 26,26-28) para la auténtica liberación del hombre (20,28). El evangelista rubrica la historia del Calvario recordando el ejemplo de firmeza de aquellas mujeres (55-56), discípulos y seguidores del Maestro, que desde donde podían miraban (exactamente: «contemplaban») al Crucificado. Insinúa en ellas el ardor con que la espiritualidad cristiana, ya a partir de san Pablo, hará de la cruz uno de los temas predilectos de contemplación religiosa.

PLEGARIA UNIVERSAL.

La Pasión nos recuerda que Jesús nos amó sin medida. A él le pedimos su fuerza para morir a nuestro egoísmo y resucitar a su amor. Repetimos: Señor, muéstranos el camino de la cruz.

1.- Por el Papa Francisco, los obispos y sacerdotes y todos los miembros de la Iglesia para que cargando con su cruz sean testimonio de seguimiento a Cristo para toda la humanidad. Señor, muéstranos el camino de la cruz.

2.- Por los que dirigen los destinos de los pueblos para que no carguen pesadas cruces sobre los hombros de sus súbditos y Dios los ayude a la hora de llevar cada cual la suya: Señor, muéstranos el camino de la cruz.

3.- Por los enfermos, los que sufren la separación de su familia, los que viven solos, los que han perdido la luz de la fe, para que tras el camino del Calvario encuentren la luz de la resurrección. Señor, muéstranos el camino de la cruz.

4.- Por todos los que aprovechan estos días para descansar, para que no descuiden que lo principal de esta semana es morir de una vez al egoísmo y la autocomplacencia. Señor, muéstranos el camino de la cruz.

5.- Por todos nosotros, reunidos en este domingo de Ramos que la semana santa que iniciamos nos haga crecer en la fe, la esperanza y el amor. Señor, muéstranos el camino de la cruz.

Padre, haz que este pueblo que se ha preparado con privaciones, viva con ardor y pasión esta semana que hoy comienza. Te pedimos por El que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 14:  Is  42, 1-7; Sal 26; Jn 12, 1-11.
Martes 15:   Is 49, 1-6; Sal 70; Jn 13, 21-33. 36-38.
Miércoles 16:  Is 50, 4-9ª; Sal 68; Mt  26, 14-25.
Jueves 17:   Ex 12, 1-8.11-14; Sal 115; 1Co 11, 23-26; Jn 13, 1-15.
Viernes 18:   Celebración de la Pasión del Señor Is 52, 13—53,12; Sal 30; Hb 4, 14-16; 5, 7-9; Jn 18, 1—19, 42.
Sábado 19:   Gn 1, 1—2,2; ( o  más breve Gn 1, 1. 26-31ª); Sal 103 ( o bien Sal 32) Gn 22, 1-18; ( o mas breve Gn 22, 1-2.9ª.10-13.15-18); Sal 15; Ex 14, 15—15, 1; Salmo Ex 15, 1-2.3-4.5-6.17-18; Is 54, 5-14; Sal 29; Is 55, 1-11; Salmo: Is 12, 2-3.4.5-6; Ba 3, 9-15. 32—4,4; Sal 18, 8. 9.10.11; Ez 36, 16-28; Sal 41, 3. 5bcd, 42, 3.4; (o bien Sal 50); Rm 6, 3-11; Sal 117; Evangelio Mt 28, 1-10.

Domingo 20: de Pascua de la Resurrección del Señor  Hch 10, 34ª.37-43; Sal 117; Col 3, 1-4; (o bien 1Co 5, 6b-8); Jn 20, 1-9.

viernes, 4 de abril de 2014

LECTURAS Y COMENTARIO V DOMINGO CUARESMA CICLO A - 06 DE ABRIL 2014

“YO SOY TU RESURRECCIÓN”


PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Ezequiel 37,12-14

Así dice el Señor: «Yo mismo abriré sus sepulcros, y los haré salir de sus sepulcros, pueblo mío, y los traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra sus sepulcros y los saque de sus sepulcros, pueblo mío, sabrán que soy el Señor. Les infundiré mi espíritu, y vivirán; les colocaré en su tierra y sabrán que yo, el Señor, lo digo y lo hago.» Oráculo del Señor.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 129)

         Del Señor viene la misericordia,  la redención copiosa

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz,
estén tus oídos atentos la voz de mi súplica. R.

Si llevas cuentas de los delitos, Señor, 
¿quién podrá resistir? .
Pero de ti procede el perdón,  y así infundes respeto. R.

Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor, 
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora. R.

Porque del Señor viene la misericordia, 
la redención copiosa; 
y él redimirá a Israel  de todos sus delitos. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8,8-11

Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no están sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pues bien, si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en ustedes.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan 11, 1-45.

En aquel tiempo, se encontraba enfermo Lázaro, en Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que una vez ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera. El enfermo era su hermano Lázaro. Por eso las dos hermanas le mandaron decir a Jesús: “Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo”.
Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días más en el lugar en que se hallaba. Después dijo a sus discípulos: “Vayamos otra vez a Judea”. Los discípulos le dijeron: “Maestro, hace poco que los judíos querían apedrearte, ¿y tú vas a volver allá?” Jesús les contestó: “¿Acaso no tiene doce horas el día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque le falta la luz”.
Dijo esto y luego añadió: “Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido; pero yo voy ahora a despertarlo”. Entonces le dijeron sus discípulos: “Señor, si duerme, es que va a sanar”. Jesús hablaba de la muerte, pero ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les dijo abiertamente: “Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado ahí, para que crean. Ahora, vamos allá”. Entonces Tomás, por sobrenombre el Gemelo, dijo a los demás discípulos: “Vayamos también nosotros, para morir con él”.
Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania quedaba cerca de Jerusalén, como a unos dos kilómetros y medio, y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte de su hermano. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?” Ella le contestó: “Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.
Después de decir estas palabras, fue a buscar a su hermana María y le dijo en voz baja: “Ya vino el Maestro y te llama”. Al oír esto, María se levantó en el acto y salió hacia donde estaba Jesús, porque él no había llegado aún al pueblo, sino que estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con María en la casa, consolándola, viendo que ella se levantaba y salía de prisa, pensaron que iba al sepulcro para llorar ahí y la siguieron.
Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo, se echó a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Jesús, al verla llorar y al ver llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: “¿Dónde lo han puesto?” Le contestaron: “Ven, Señor, y lo verás”. Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: “De veras ¡cuánto lo amaba!” Algunos decían: “¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento, hacer que Lázaro no muriera?”
Jesús, profundamente conmovido todavía, se detuvo ante el sepulcro, que era una cueva, sellada con una losa. Entonces dijo Jesús: “Quiten la losa”. Pero Marta, la hermana del que había muerto, le replicó: “Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”. Le dijo Jesús: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Entonces quitaron la piedra.
Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Luego gritó con voz potente: “¡Lázaro, sal de ahí!” Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo, para que pueda andar”.
Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

COMENTARIO

En su diálogo con Martha, Jesús pide un sí que es capital para nuestras relaciones con él: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el que está vivo y tiene fe en mí, no morirá nunca. ¿Crees esto?”. Como es lógico, nos apresuramos a responder: ¡Espera!. Tú eres la vida”. Pero. ¿Qué clase de vida? Nosotros somos seres vivos. ¿Qué añade él a nuestra vida? En realidad,  somos pequeños vivientes, bajo la asechanza de la muerte. Jesús quiere hacer de nosotros vencedores de la muerte. En el largo y dramático relato de la resurrección de Lázaro, se evocan y se entremezclan tres tipos de muerte: la de Lázaro, la de Jesús y la nuestra. Cuando emprende su ida a casa de Lázaro, Jesús sabe que la muerte planea también sobre él: “Hace poco querían apedrearte los judíos, ¿y vas a ir allí otra vez?”.
Cuando ve la enorme pena de María, Jesús también se siente conmovido y apenado. Siente profundamente toda la miseria de la condición humana, llora al amigo, comulga de la pena de sus hermanas y piensa en su muerte que esta ya cercana. Nunca había estado tan sumergido en  nuestras tristezas. Los que estaban a su lado se dijeron: “Vean cuanto quería a su amigo”. Pero también se extrañan, lo mismo que nosotros: “¿Es este aquel hombre tan poderoso que decía: “Vengo  a traerles la vida. Yo soy la resurrección y la vida?”. No es al margen de nuestras penas, de nuestros dramas ni hasta de la muerte como   quiere   Jesús    hacernos   vivir   en plenitud. En lo más profundo de esta miseria que él soporta con nosotros, va a dar una señal esplendorosa de la vida  que vence a la muerte. Se pone en pie y grita: “¡Sal fuera!”.
Como siempre, ante un signo hemos de comprender que se trata de un signo, es decir de una  invitación a ir más lejos. La resurrección de Lázaro es una victoria sobre la muerte, pero una victoria provisional. Jesús no resucitará como Lázaro. ¡Es algo muy distinto! Esta vez se tratará de una victoria total sobre la muerte. La entrada en una vida “eterna”, no solamente en el sentido de ilimitada sino de vida distinta. Humana, desde luego, pero con características y dimensiones diferentes. Esta vida distinta es la que nos ofrece: ¡Enseguida! De ahí precisamente aquel: “he venido para que vivan”. Y también aquella afirmación extraordinaria porque está en presente: “Quién oye mi mensaje, posee vida eterna, ya ha pasado de la muerte a la vida” (Jn 5, 24). Jesús fue “resurrección” para él y será “resurrección” para nosotros. Acto de fe difícil, pero que todos hacemos. O que no acabamos de ver bien es como Jesús es ya resurrección.
No son cosas fáciles de concebir. Creemos que María  los santos pasaron de este modo inmediatamente de una pura y luminosa vida de amor aquí abajo a la plenitud eterna, pero nosotros probablemente arrastraremos hasta el final una vida mezclada de muerte, porque no abrimos suficientemente nuestra compuertas a la vida de Cristo.

PLEGARIA UNIVERSAL.

Cristo viene a sacar vida del sepulcro de la mediocridad, a nos lleva a vivir la vida verdadera. Hoy como a Lázaro nos dice “ven afuera”. Le pedimos al Padre que nos de fuerza para dar ese paso hacia él, y repetimos: Señor, danos vida verdadera.

1.- Por el Papa Francisco, los obispos y sacerdotes y todos los miembros de la Iglesia para que nos sintamos parte del cuerpo de Cristo y vivamos una vida plena en El. Señor, danos vida verdadera.

2.- Por los que dirigen los destinos de los pueblos para que vivan siempre pendientes de las necesidades de todos y las atiendan con generosidad y prontitud. Señor, danos vida verdadera.

3.- Por los enfermos, los que sufren la separación de su familia, los que viven solos, los que han perdido la luz de la fe, para que como Lázaro escuchen a Cristo que les dicen “Ven afuera” y comiencen una vida nueva en El. Señor, danos vida verdadera.

4.- Por todos los que hemos sido congregados a la mesa de la Eucaristía para que perseverando en la celebración de estos misterios crezcamos en la fe, la esperanza y el amor. Señor, danos vida verdadera.

Padre haz, que este pueblo que se prepara durante este tiempo cuaresmal, reciba las gracias necesarias para acoger el misterio de la muerte y resurrección de tu Hijo. Te lo pedimos por El que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amen.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 07: Dn  13, 1-9.15-17.19-30.33-62; Sal 22; Jn 8, 1-11.
Martes 08:  Nm 21, 4-9; Sal 101; Jn 8, 21-30.
Miércoles09: Dn 3, 14-20.91-92.95; Sal: Dn 3, 52.53.54.55.56, Jn 8, 31-42.
Jueves10: Gn 17, 3-9; Sal 104; Jn 8, 51-59.
Viernes 11: Jr 20, 10-13; Sal 17; Jn 10, 31-42.
Sábado 12:   Ez 37, 21-28; Sal: Jr. 31, 10.11-12ab.13; Jn 11, 45-57.

Domingo 13: de Ramos en la Pasión del Señor. Procesión: Mt 21, 1-11; Lects: Is 50, 4-7; Sal 21; Flp 2, 6-11; Mt 26, 14—27,66.

viernes, 28 de marzo de 2014

LECTURAS Y COMENTARIO IV DOMINGO CUARESMA CICLO A - 30 MARZO 2014

DAME OJOS PARA VERTE


PRIMERA LECTURA

Lectura del primer libro de Samuel 16,1b.6-7.10-13a

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey.».
Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: «Seguro, el Señor tiene delante a su ungido.».
Pero el Señor le dijo: «No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón.».
Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: «Tampoco a éstos los ha elegido el Señor.».
Luego preguntó a Jesé: «¿Se acabaron los muchachos?». Jesé respondió: «Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas.» .
Samuel dijo: «Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue.».
Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo.
Entonces el Señor dijo a Samuel: «Anda, úngelo, porque es éste.». Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 22)

El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.
.
SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5,8-14

En otro tiempo eran tinieblas, ahora son luz en el Señor. Caminen como hijos de la luz –toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz–, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denúncienlas. Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.».

EVANGELIO

Lectura del Santo Evangelio según San Juan Jn 9, 1-41

En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento, y sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quién pecó para que éste naciera ciego, él o sus padres?" Jesús respondió; "Ni él pecó, ni tampoco sus padres. Nació así para que en él se manifestaran las obras de Dios. Es necesario que Yo haga las obras del que me envió, mientras es de día, porque luego llega la noche y ya nadie puede trabajar. Mientras esté en el mundo, Yo soy la luz del mundo".
 Dicho esto escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego y le dijo: "Ve a lavarte en la piscina de Siloé” (que significa 'Enviado'). El fue, se lavó y volvió con vista. Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, preguntaban: "¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?" Unos decían: "Es el mismo", Otros: "No es él, sino que se le parece". Pero él decía: "Yo soy”. Y le preguntaban: “Entonces, ¿cómo se te abrieron los ojos?" El les respondió: "El hombre que se llama Jesús hizo lodo, me lo puso en los ojos y me dijo: 'Ve a Siloé y lávate'. Entonces fui, me lavé y comencé a ver". Le preguntaron: “¿En dónde está El?” Les contestó: "No lo sé". Llevaron entonces ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaron cómo había adquirido la vista. Él les contestó: "Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo". Algunos de los fariseos comentaban: "Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado". Otros replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes prodigios?" Y había división entre ellos. Entonces volvieron a preguntarle al ciego: "¿Y tú, qué piensas del que te abrió los ojos?" El les contestó: "Que es un profeta". Pero los judíos no creyeron que aquel hombre, que había sido ciego, hubiera recobrado la vista. Llamaron, pues, a sus padres y les preguntaron: “¿Es este su hijo, del que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?". Sus padres contestaron: "Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego. Cómo es que ahora ve o quién le haya dado la vista, no lo sabemos. Pregúntenselo a él; ya tiene edad suficiente y responderá por sí mismo". Los padres del que había sido ciego dijeron esto por miedo a los judíos, porque éstos ya habían convenido en expulsar de la sinagoga a quien reconociera a Jesús como el Mesías. Por eso sus padres dijeron: 'Ya tiene edad; pregúntenle a él'.
Llamaron de nuevo al que había sido ciego y le dijeron: "Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es pecador". Contestó él: "Si es pecador, yo no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo". Le preguntaron otra vez: “¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?". Les contestó: "Ya se lo dije a ustedes y no me han dado crédito. ¿Para qué quieren oírlo otra vez? ¿Acaso también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?". Entonces ellos lo llenaron de insultos y le dijeron: "Discípulo de ése lo serás tú. Nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios. Pero ése, no sabemos de dónde viene". Replicó aquel hombre: "Es curioso que ustedes no sepan de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero al que lo teme y hace su voluntad, a ése sí lo escucha. Jamás se había oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder". Le replicaron: 'Tu eres puro pecado desde que naciste, ¿cómo pretendes darnos lecciones?". Y lo echaron fuera.
Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: "¿Crees tú en el Hijo del hombre?”. El contestó: "¿Y quién es, Señor, para que yo crea en El?". Jesús le dijo: "Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es". El dijo: "Creo, Señor". Y postrándose, lo adoró. Entonces le dijo Jesús: "Yo he venido a este mundo para que se definan los campos: para que los ciegos vean, y los que ven queden ciegos". Al oír esto, algunos fariseos que estaban con El le preguntaron: “¿Entonces, también nosotros estamos ciegos?”. Jesús les contestó: "Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero como dicen que ven, siguen en su pecado". Palabra del Señor. A. Gloria a ti Señor Jesús.

COMENTARIO

¿El relato de un milagro?. No, Juan pone el milagro en un par de versículos de los 41 del relato. Narra despacio el proceso de la fe. Al principio, todos ciegos. Al final, uno curado y muchos ciegos. Tenemos una cita con unas noches y con Jesús-luz. Noches del mal y del pecado.  Tenemos una cita con unas noches y con Jesús-luz.
¿Cómo es posible ser ciego desde que uno nace? ¿Qué pecado ha cometido?.. Jesús elimina una falsa manera de ver las cosas: establecer un vínculo entre las personas inválida y el pecado. Pero no propone otra explicación; quiere ser solamente luz para que podamos vivir lo que hay que vivir. El mal más terrible, la noche más terrible, es carecer de luz: “Llega la noche y yo soy luz”.
El milagro será ese gran signo: Jesús da ojos. Pero, a partir de ese mismo signo, el ciego tendrá un éxito completo en su cita con Jesús-luz. Mientras que los “judíos” (los adversarios) fracasará. El ciego sale de la noche: “¡Creo en ti, Señor!”. Los judíos se sumergen en la noche: “Ese Jesús es un pecador”.
¡Un ciego maravilloso!. Patrono de los que buscan la luz. Sube obstinadamente hacia el misterio de  Jesús, sin dejarse de asustar por los que “saben”, y bromeando con ellos cuando los demás tiemblan. Juan escribe aquí su página más viva, salpicada de preguntas y sobresaltos: ¿Quién es ese?. ¿Qué ha hecho?. ¿Dónde esta? ¿Quién es? Y tú, ¿qué dices de él? ¿Eres tú discípulo de ese hombre? ¡Desde el nacimiento eres pecador!
Ellos dicen: “nosotros sabemos”, y se ciegan a sí mismos. El responde “yo no sé nada” y ve surgir poco a poco la luz; dice:”El hombre”, luego, “viene de Dios; y finalmente “¡Señor!”. Puede leerse una mil veces el evangelio sin ver a Jesús. Desde el comienzo, Juan no deja de repetirlo: “La Luz  brilla en la noche, pero la noche no capta la luz” (Jn 1 5). Ante el ciego que lo “ve” y los fariseos que lo miran sin verlo, Jesús se siente obligado a constatar lo que ocurre cuando él aparece: “Los ciegos ven y los que ven se hacen ciegos”.
¡Pero yo se! ¡Yo veo! No; “intentamos” ver. En cada página, día tras día. Somos ese ciego a quien Jesús da ojos dos veces: primero para mirarlo y luego par verlo. Hasta el último momento de nuestra vida, no dejemos de repetir la misma oración: “Jesús, dame ojos para verte”.

PLEGARIA UNIVERSAL.
Estamos a mitad de del camino cuaresmal, vislumbremos la luz que nos salva. Le pedimos al Padre que limpie en nuestro corazón todo resto de tiniebla para que estemos preparados para acoger la luz que llegara desde el sepulcro vacío. Hoy repetimos Señor limpia nuestros ojos.  Oremos al Señor nuestro Dios, que nos ha sacado de las tinieblas y nos ha llamado al reino de su luz.

1.- Por todos los que en la Iglesia han recibido la misión de anunciar la palabra de Dios y tienen el carisma de iluminar con la enseñanza de la fe y la exhortación profética. Roguemos al Señor.

2.- Por los catecúmenos que se preparan durante la Cuaresma para recibir el bautismo en la noche de Pascua. Roguemos al Señor.

3.- Por los responsables de la educación, los que dedican su vida a la docencia, los que controlan los medios de información pública. Roguemos al Señor.

4.- Por los que ha dejado enfriar su fe con el devenir del mundo, para que este tiempo cuaresmal, se unan a la Iglesia que eleva al Padre una petición constante de perdón y misericordia. Roguemos al Señor.

5.-  Por todos nosotros que nos preparamos en este tiempo de penitencia para celebrar los misterios pascuales, para que el Señor nos abra los ojos como al ciego y así demos testimonio delante de los hombres. Roguemos al Señor

Señor Dios nuestro, que nos has enviado a Jesucristo, luz de mundo para iluminar las tinieblas de nuestra ignorancia y nuestro pecado; escucha nuestras súplicas y cura nuestra ceguera. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 31: Is 65, 17-21; Sal 29; Jn 4, 43-54.
Martes 01: Ez 47, 1-9.12; Sal 45; Jn 5, 1-3.5-16.
Miércoles 02:  Is 49, 8-15; Sal  144;  Jn 5, 17-30.
Jueves 03:  Ex 32, 7-14; Sal 105; Jn 5, 31-47.
Viernes 04:   Sb 2, 1a.12-22; Sal 33; Jn 7, 1-2.10-25-30.
Sábado 05:  Jr 11, 18-20; Sal 7; Jn 7, 40-53.

Domingo 06: Domingo V de Cuaresma: Ez 37, 12-14; Sal 129; Rm 8, 8-11; Jn 11, 1-45.