viernes, 10 de junio de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XI TIEMPO ORDINARIO CICLO C - 12 JUNIO 2016

LA MISERICORDIA INVITADA



ORACION COLECTA

Oh Dios, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras suplicas y pues el hombre frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradecerte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del segundo libro de Samuel 12,7-10.13

En aquellos días, Natán dijo a David: «Así dice el Señor, Dios de Israel: "Yo te ungí rey de Israel, te libré de las manos de Saúl, te entregué la casa de tu señor, puse sus mujeres en tus brazos, te entregué la casa de Israel y la de Judá, y, por si fuera poco, pienso darte otro tanto. ¿Por qué has despreciado tú la palabra del Señor, haciendo lo que a él le parece mal?. Mataste a espada a Urías, el hitita, y te quedaste con su mujer. Pues bien, la espada no se apartará nunca de tu casa; por haberme despreciado, quedándote con la mujer de Urías."».
David respondió a Natán: «¡He pecado contra el Señor!».
Natán le dijo: «El Señor ha perdonado ya tu pecado, no morirás.».

SALMO RESPONSORIAL (31)

Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado

Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado;  dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito. R.

Había pecado, lo reconocí,  no te encubrí mi delito;  propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,  y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R.

Tú eres mi refugio,  me libras del peligro, me rodeas de cantos de liberación. R.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;  aclamadlo, los de corazón sincero. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 2,16.19-21

Sabemos que el hombre no se justifica por cumplir la Ley, sino por creer en Cristo Jesús. Por eso, hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe de Cristo y no por cumplir la Ley. Porque el hombre no se justifica por cumplir la Ley. Para la Ley yo estoy muerto, porque la Ley me ha dado muerte; pero así vivo para Dios. Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y, mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí. Yo no anulo la gracia de Dios. Pero, si la justificación fuera efecto.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,36–8,3

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.».  Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.». Él respondió: «Dímelo, maestro.».
Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?».  Simón contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.».
Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente.».
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.».
Y a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.». Los demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?».  Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.».
Después de esto iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

COMENTARIO

Invitar a comer es uno de los signos de amistad más comunes en todas las culturas. El Evangelio de hoy nos narra un episodio de un fariseo que rogaba a Jesús que fuera a su casa porque le quería invitar a comer. Así fue. Pero se coló una mujer conocida en la ciudad por sus pecados, y discretamente comenzó a llorar a los pies de Jesús, a besárselos y enjugarlos con los cabellos, a perfumarlos con el frasco de perfume que había traído.
El fariseo viendo aquello, se puso a murmurar contra el maestro. Es decir, invitó a Jesús a comer como quien invita a una persona famosa, acaso para pavonearse de haber sido anfitrión del afamado maestro que estaba en la boca de todos.
Es tremendo eso de esperar a Dios en los caminos que Él no frecuenta o empeñarse en enmendarle la plana cuando le vemos llegar por donde ni nos imaginamos. En esta entrañable escena, no obstante, lo más importante no era la desilusión defraudada del fariseo, sino la enseñanza de Jesús ante el comportamiento de aquella pobre mujer. 
Ella hizo lo que   le   faltó   al fariseo en la más elemental cortesía oriental: acoger lavando los pies, secarlos y perfumarlos. Ella no lo hizo como gesto de educación refinada, pues no estaba en su casa y era ella quien había invitado a Jesús, sino como gesto de conversión, como petición de perdón y como espera de misericordia. Ciertamente el Señor respondería con creces: no banalizaría el pecado de la mujer, pero valoraría infinitamente más el perdón que con aquel gesto ella suplicaba. El fariseo sólo vio en ella el error, mientras que Jesús acertó a ver sobre todo el amor: a quien mucho ama, mucho se le perdona.
El fariseo y aquella mujer habían pecado, cada cual a su modo. El primero no lo reconoció mientras que ella supo pedir perdón, que es una forma de amor. La vida es como un banquete.
En él podemos estar murmurando inútilmente los errores ajenos como el fariseo, o ser perdonados amorosamente como la mujer. Además de evitar los errores hemos de aprender a amar, creyendo que más grande que nuestra torpeza es la misericordia del Señor.

PLEGARIA UNIVERSAL

Como el Rey David, también nosotros nos descubrimos pecadores, y vemos como esas trabas nos impiden avanzar en nuestra vida y repercuten en el caminar de la Iglesia.  Pedimos hoy Padre que nos haga ver esos peligros y nos asista en las dificultades. Respondemos: Ilumina  y atiende a tu Iglesia

1.-  Te pedimos  por el Papa, los Obispos y los sacerdotes para que no les falte tu luz y tu fuerza ante los avatares del tiempo que vivimos. : Ilumina  y atiende a tu Iglesia:

2.- Por todos los pueblos del mundo, para que te descubran como Padre amoroso y se dejen guiar por tu Palabra en tu Iglesia. : Ilumina  y atiende a tu Iglesia

3.- Por los necesitados, para que Cristo se haga presente en  sus vidas, y desde la humildad y sencillez de su situación acojan con corazón abierto la salvación que él nos trae. : Ilumina  y atiende a tu Iglesia

4.- Por los hogares cristianos, para que teniendo a Cristo por encima de todo, ninguno deje de ser servidor de los demás.  : Ilumina  y atiende a tu Iglesia

Padre sabiendo pecadores y necesitados de tu intervención en nuestra vida, atiende las necesidades de tu pueblo que con humildad te ha presentado. Por Jesucristo, nuestro Señora. Amen.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Tu nos has dado, Señor, por medio de estos dones que te presentamos, el alimento del cuerpo y el sacramento que renueva nuestro espíritu, concédenos con bondad que siempre gocemos del auxilio de estos dones. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Que esta comunión en tus misterios, Señor, expresión de nuestra unión contigo, realice la unidad de tu Iglesia. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 13: 2R. 21, 1-16; Sal 5; Mt. 5, 38-42.
Martes 14 : 2R. 21, 17-29; Sal 50; Mt. 5, 43-48.
Miércoles 15: 2R. 2, 1.6-14; Sal 30; Mt. 6, 1-6.16-18.
Jueves 16: Ecl. 48, 1-15; Sal 96; Mt. 6, 7-15.
Viernes 17: 2R. 11, 1-4.9-18.20; Sal 131; Mt. 6, 19-23.
Sábado 18: Cr. 24, 17-25; Sal 88; Mt. 6, 24-34.
Domingo 19: Za. 12, 10-11; 13, 1; Sal 62; Gl. 3, 26-29; Lc. 9, 18-24.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 07, 36-08, 03
Texto. Se trata en realidad de un texto doble, aunque unificable por la presencia femenina. Es precisamente esta presencia lo que confiere a la lectura de hoy su carácter especial. Si Lucas menciona en 8, 1-3 a unas determinadas mujeres como parte integrante del grupo de seguidores de Jesús, es porque se trataba de un hecho significativo. Se conocen ciertamente casos de mujeres que contribuían generosamente al sostenimiento de rabinos, pero no se conocen casos de mujeres que formaran parte integrante de un grupo de discípulos de un rabino.
Al mencionar Lucas esta presencia femenina, dice que se trataba de mujeres a quienes Jesús había curado (Lc. 8,3). Aunque Lucas no lo afirme explícitamente ¿no estará sugiriendo que el seguimiento y la ayuda económica de estas mujeres obedecían a razones de agradecimiento? Como veremos seguidamente, el agradecimiento en el tema sobre el que gira el relato anterior 7, 36-50, y que tiene también como protagonista a una mujer.
Lucas no especifica en este caso el nombre de la mujer, sí en cambio su condición de pecadora, aunque sin dar la menor indicación sobre la naturaleza especifica de su pecado. Lo significativo es su condición, en contraste con la condición de justo del otro protagonista del relato, de quien sí se nos da el nombre. Pecadora y justo se encuentran frente a frente en un relato que Lucas ha escrito con una preocupación exclusivamente dialéctica. Esto último se debe subrayar para evitar plantearse cuestiones como las siguientes: ¿cómo es posible que un anfitrión se olvide de las más elementales normas de cortesía?, ¿cómo es posible que Jesús critique a su anfitrión con tan poca delicadeza?. Estas preguntas tendrían sentido si el relato fuera lo único que no es, una crónica de sociedad.
Una cuestión, en cambio, que sí hay que plantear es el sentido de la afirmación de Jesús en el v. 47: "Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor". Desde la época patrística hasta no hace mucho la conjunción "porque" ha solido interpretarse en sentido casual y se ha visto en el amor el motivo del perdón. Los estudiantes de teología de hace unos años lo pueden confirmar. Se veía a la pecadora como una penitente en busca de perdón, que Jesús le otorga en razón del amor manifestado previamente. En esta interpretación primero es el amor y después el perdón.
Cabe, sin embargo, la posibilidad gramatical de darle a la conjunción "porque" un valor explicativo en vez de casual e interpretar el amor como agradecimiento por un perdón previo.
Primero sería el perdón y después el amor-agradecimiento. Es la interpretación actualmente más aceptada, porque, como vamos a ver, es la que cuadra en el conjunto del relato.
En presencia del justo Simón la pecadora se deshace en lágrimas y en muestras de respeto y veneración hacia Jesús. La situación provoca la crítica de Simón contra Jesús. Este le cuenta a Simón la historia de un prestamista que perdona por igual la deuda a dos deudores desiguales. Como conclusión de la historia Jesús pregunta a Simón: "¿Cuál de los dos lo amará más?" Se trata, indudablemente, del amor-respuesta al perdón previo de la deuda.
Esta pregunta y la respuesta de Simón a la misma constituyen la clave de todo el relato. Lo que Jesús hace después no es sino aplicar la parábola a la situación real de los personajes en la sala, el justo y la pecadora. En esta aplicación no se trata de criticar actuaciones sino de explicarlas en términos de agradecimiento. El justo, al no sentir que deba agradecer nada, no lo hace; la pecadora, al sentir que debe agradecer mucho, lo hace. La pecadora está haciendo lo que tenía que hacer y por eso puede ir en paz. ¿Puede decirse lo mismo del justo? La parábola hablaba de dos deudores, aunque éstos fueran desiguales. Lucas elabora el relato con vistas al deudor menor. También él debería sentir la necesidad de ser agradecido.
Tres sugerencias para la reflexión:
1. Los marginados (en el contexto sociológico judío del s. 1 la mujer lo era) como portadores de valores teológicos.
2. También los buenos son deudores.
3. El agradecimiento a Dios da la medida de la talla del cristiano.
BENITO-A._DABAR/89/33




2.
Texto. Un fariseo, Jesús y una pecadora. La presencia de la mujer y su posterior actuación determinan el diálogo de Jesús y el fariseo. Este último tiene formada una opinión negativa de la mujer. De esa opinión parte en sus reflexiones, salpicando de paso a su huésped. Jesús penetra en el pensamiento del anfitrión y pide cortésmente, aunque fríamente, permiso para hablar, permiso que le es concedido también friamente. "Simón, tengo algo que decirte. El respondió: Dímelo, maestro". Y Jesús le propone una parábola, dejando que sea Simón quien saque la conclusión.
¿Cuál de los dos lo amará más? Simón contestó: supongo que aquél a quien le perdonó más. En los versículos que siguen (44-46) subyace la siguiente pregunta: ¿Quién ha amado más, Simón o esta mujer? El v.47 es la respuesta a la disyuntiva: por eso te digo, sus muchos pecados le han sido perdonados; porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama. Es de sobra conocida de todos la dificultad que este versículo plantea. Sin embargo, la traducción adoptada por la liturgia es la que mejor se acomoda a la parábola. Lo que la mujer ha hecho con Jesús es la señal agradecida por lo mucho que se le ha perdonado. Simón, en cambio, tiene poco que agradecer, por la sencilla razón de que se siente poco perdonado o con poca necesidad de perdón. Y dirigiéndose Jesús a la mujer le dice: Tus pecados han sido perdonados. En este momento nos hace saber el autor que hay más gente recostada a la mesa y que esta gente está viviendo una gran sorpresa: ¿Quién es éste? Pero la verdadera protagonista es la mujer, o mejor, la actitud que la mujer ha puesto de manifiesto.
Tu fe te ha salvado. Vete en paz.
El texto litúrgico continúa con dos referencias del autor a la actividad de Jesús y a las personas que le acompañaban. Estas son los doce y unas mujeres, entre las que menciona a tres. De esta manera, el Evangelio de hoy tiene como denominador común la presencia de la mujer.
Comentario. El mejor comentario tal vez sea leer el texto en su contexto. Los versículos inmediatamente anteriores a él dicen así: (/Lc/07/31-35) ¿A quién diré que se parece esta gente de ahora? Se parecen a unos niños sentados en la plaza que se gritan unos a otros: "Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis". Porque ha venido Juan Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis: "Tiene un demonio dentro"; ha venido el Hijo del Hombre, que como y bebe, y decís: "¡Vaya un comilón y un borracho, amigo de recaudadores y de pecadores!" Pero la sabiduría de Dios ha quedado justificada por todos los discípulos.
Como los niños que no se ponen de acuerdo a qué juego jugar. Pero en contraposición a los religiosos de siempre está emergiendo otro tipo de gente, tal vez menos cuidadosa de las observancias legales, pero más dócil a los impulsos divinos (Padre Lagrange).
Son éstos y no aquéllos los que captan los signos de los tiempos y, por eso mismo, son ellos los discípulos de la sabiduría.
Ejemplo ilustrativo de estos discípulos es la mujer del relato. El punto del mismo no es el perdón de los pecados, sino el amor que la mujer manifiesta por el perdón otorgado. Ella está en paz con Dios, pero precisamente por estarlo se siente deudora. El fariseo, en cambio, que sin duda está también en paz con Dios, no se siente para nada deudor ni necesita agradecer nada. El fariseo, anclado en el derecho al que se considera acreedor por su bondad, es absolutamente incapaz de sencillez, de espontaneidad, de amor. Es tieso, arrogante, enjuiciador de los demás.
El texto es exclusivo de Lucas. Es el primero de una serie en la que el autor pone de manifiesto algo que ya ha enunciado programáticamente por labios de otra mujer: Proclama mi alma la grandeza del Señor porque se ha fijado en su humilde esclava (Lc. 1, 46-48). Es la actitud sencilla, abierta, no calculadora.
Frente a los poderosos y arrogantes de espíritu; frente al hijo mayor que, a pesar de vivir siempre en la casa del padre, es incapaz de libertad para hacer una fiesta. Los papeles, pues, están cambiando. Un nuevo estilo de gente está emergiendo. Los últimos están siendo los primeros.
Otro ejemplo ilustrativo son las mujeres que acompañan a Jesús. Para captar el alcance y la trascendencia de esta referencia, que una vez más es exclusiva de Lucas, hay que pensar en lo impensable de la presencia de mujeres como seguidoras de un rabino. Esto era total y absolutamente inaudito. Contemplando el talante de Jesús, puesto de manifiesto por Lucas, uno no puede menos de abrir unos ojos como platos ante situaciones de discriminación de la mujer en la Iglesia.
BENITO-A._DABAR/86/34




En su aparente ingenuidad los vs. 2-3 encierran una honda intencionalidad, sólo perceptible si se tiene en cuenta la situación sociológica de la mujer entonces. Basten estos ejemplos: Sólo se celebraba el culto divino en las sinagogas cuando, al menos, había presente una decena de hombres, en tanto que no se computaba el número de las mujeres. El rabino Judá ben Ilay dice: "Tres glorificaciones es preciso hacer a diario: ¡Alabado seas, que no me hiciste pagano! ¡Alabado seas, que no me hiciste mujer! ¡Alabado seas, que no me hiciste inculto!" Cuando hay huéspedes en casa, a la mujer no se le permite tomar parte en el banquete. Un rabino no se rodeaba de mujeres ni de niños.
Jesús rompe con todos estos esquemas tradicionales. Para él no existen personas de segundo rango.
DABAR/77/38




Ante Dios todos somos deudores, y nadie puede estar en paz con Dios si Dios no le concede la paz. Simón el fariseo era un pecador, y la mujer que lavó con lágrimas los pies de Jesús también era una pecadora. Y nosotros también lo somos. La única diferencia está en que unos lo son más que otros. Pero lo que verdaderamente importa es aquella otra diferencia que se establece cuando unos reconocen su pecado y otros se obstinan en ignorarlo. Pues el gozo del encuentro con Dios sólo pueden experimentarlo cuantos se reconocen pecadores sin juzgar a los demás. La Cena del Señor no es un fiesta para los satisfechos de su propia justicia, siempre tan problemática, sino para aquéllos que tienen hambre de la justicia que viene de Dios y para los que aman mucho porque mucho han sido perdonados. Es con éstos con los que Jesús quiere compartir su pan y su palabra, su vida.
EUCA/74/36



Una famosa homilía de san Gregorio Magno hizo que la tradición católica identificase a la pecadora perdonada con María Magdalena (mencionada separadamente al final del evangelio de hoy, 8,2) y, además, con María de Betania, la hermana de Lázaro y Marta.
Son desde luego tres mujeres distintas. El hecho de que de María de Magdalena hubiesen salido tres demonios no significa que fuese pecadora pública, lo que aún es menos pensable de la piadosa y apacible María de Betania. Tampoco debe identificarse este episodio con la unción de Betania, a pesar de la coincidencia de algunos detalles. Por lo que se refiere a la historicidad del hecho, hay que tener en cuenta la capacidad literaria de Lc, que cuenta los acontecimientos tan artísticamente que parecen parábolas y las parábolas con tantos detalles plásticos que parecen historias. Si consideramos la parábola del prestamista (vv. 40-43) como de origen independiente del resto del episodio, nos explicaremos la diversidad entre las dos conclusiones superpuestas. El episodio de la mujer pecadora termina con 47 a: el gran amor que aquella mujer ha mostrado la ha hecho merecedora del perdón; la conclusión de la parábola, 47b, es inversa: el amor que ha mostrado no es la causa, sino la consecuencia, de habérsele perdonado mucho.
HILARI ·RAGUER-H._MI-DO/77/12



7.
Este pasaje, que narra la unción de Cristo llevada a cabo por una pecadora, y, con este motivo, la parábola de los dos deudores, plantea un problema sobre el que los exegetas aún no se han puesto de acuerdo.
La tradición pre-evangélica conocía una unción en Betania, en casa de Simón el fariseo (/Mt/26/06-13; /Mc/14/03-09) realizada por una mujer cuyo nombre no se revela. Cristo justificaba esta unción costosa basándose en una opinión del judaísmo según la cual las atenciones para con los cadáveres tienen más mérito que la limosna hecha a los pobres. Juan toma esta tradición en un momento en que ya se encontraba cargada con elementos nuevos (/Jn/12/01-08). Da un nombre a la mujer: María, la hermana de Marta y de Lázaro; subraya que la unción se efectuó no en la cabeza, como decían Mateo y Marcos, sino en los pies; añade, además, que María los enjugó con sus cabellos.
Finalmente, aunque conserva la discusión sobre el coste excesivo de esta unción, observa que este óleo estaba destinado a la sepultura de Cristo. Pero como Cristo debía resucitar, las atenciones de la sepultura resultaban inútiles. Además, este óleo perfumado, ofrecido por María antes de la muerte de Cristo, se convierte así en la expresión de su certeza, confirmada por la resurrección de Lázaro, de que Cristo no podía morir (Jn 11, 25).
La versión de Lc 7, 36-50 aporta elementos originales. Presenta a un anfitrión llamado Simón (Lc 8, 40; Mt 26, 6); la unción se lleva a cabo, contrariamente a la versión de Mateo, en los pies, que la mujer enjuga con sus cabellos (Lc 7, 38; Jn 12, 3). Lucas no habla de una unción en Betania antes de la pasión, consciente, sin duda, de que esto sería una repetición. No menciona la discusión sobre la oportunidad de la unción (Mt 26, 10-12; Jn 12, 5-8), probablemente porque supone un conocimiento de la clasificación judía de las "buenas obras", desconocida para los lectores griegos. Prefiere sustituir esta discusión por una parábola más acorde con su Evangelio del perdón.
Se trate o no de la misma escena que narran los demás Evangelios, es evidente que hay que distinguir, en el relato de San Lucas, la historia en sí (vv. 36-39, 44-47, 48-50) de la parábola que le ha sido añadida (vv. 40-43).
a) Lc/COMIDAS:.Las escenas de la comida, en San Lucas, constituyen un auténtico género literario sometido a leyes bien precisas (cf. 7, 36-50; 5, 27-32; Lc 14). Sin duda, Lucas ha aprovechado el marco de la comida para presentar, más o menos artificialmente, algunas parábolas inéditas. Siempre las inserta con habilidad, conectándolas con algún incidente ocurrido en la comida (en otra ocasión los puestos en la mesa; aquí, la omisión de las abluciones rituales). Sin embargo, no hay que dar a la comida en casa del fariseo un valor teológico; para Lucas es solo un marco, tomado quizá de Mc 14, 3-9, pero elaborado por Lucas en función de su concepción literaria del banquete. En este cuadro introduce Lucas temas tomados de la tradición oral (la pecadora, vv. 37-38; la parábola de los dos deudores, vv. 40-43) o de la tradición escrita (Mc 14, la unción: v. 37).
Pero Lucas añade a estas tradiciones elementos redaccionales debidos simplemente al género-de-banquete (vv. 44-46) y comentarios propios de su teología (remisión de los pecados: vv. 41-42 y 47-50).
b) La lección esencial de la narración, en la opinión de Lucas, se centra en el perdón de los pecados efectuado por Cristo. El contexto (Lc 7, 34; 8, 1-4) alude directamente a la promiscuidad de Cristo con los pecadores.
El escándalo a que hace alusión el fariseo (v. 39) se apoya en la prohibición, hecha en /Dt/23/19, de aceptar los dones de una prostituta para fines sagrados: si Cristo era un hombre de Dios, tenía que rechazar el regalo que le ofrecía esta mujer.
Recluido en su legalismo, como los fariseos endurecidos de Mc 2, 23-3, 5, el anfitrión no se esfuerza en buscar la razón por la que Cristo prescinde de esta prescripción. Frente a este "endurecimiento" Jesús manifiesta su apertura para con la pecadora: el contacto personal que establece con ella y su encuentro de amor y de perdón eximen de las reglas de pureza y de discriminación dictadas por el Deuteronomio. Este encuentro de persona a persona, en el que el don de Dios (perdón de los pecados) va unido al amor del hombre (gratitud de la mujer), es tan importante que sustituye a los medios tradicionales de justificación: las abluciones y los ritos (v. 48) c) La parábola de los dos deudores (vv. 40-43) está concebida con una gran finura. A los fariseos preocupados por una religión de deudas y deberes les propone el ejemplo de un acreedor que perdona las deudas de sus deudores, y de unos deudores que en su vida normal manifiestan sentimientos de amor y de agradecimiento, rasgos bastante insólitos en la vida cotidiana.
Ciertamente, la parábola corre riesgo de desviar al lector cuando habla de amar más o menos y establece una especie de competencia entre los dos debitores: el amor y la gratitud no se traducen en cifras. Pero este aspecto cuantitativo de las cosas se debe al contexto polémico en el que se sitúa la parábola. Este contexto no hay que tomarlo demasiado en cuenta: el interés esencial de la parábola está en hacer pasar a los interlocutores de una noción cuantitativa de la religión a una religión del encuentro, en la que Dios y su perdón alcanzan al hombre y a su fidelidad amorosa.
Para comprender este Evangelio es necesario descubrir a la persona del Hombre-Dios, lugar ideal del encuentro entre Dios y el hombre. Precisamente porque Cristo ha conseguido realizar este encuentro, puede abordar las peores situaciones humanas y proponer a los pecadores que realicen las condiciones requeridas para el encuentro: una apertura al don (o al perdón) de Dios, un "sí" amoroso a la iniciativa divina.
La posesión de las condiciones de este encuentro -sobre todo dentro de la Eucaristía- exime automáticamente de los falsos encuentros que proporcionan los ritos y las abluciones exteriores y libera de las excomuniones y de los ostracismos dictados por un legalismo abstracto.
MAERTENS-5.Pág. 68



8.
Dividimos el texto en dos unidades fundamentales (7, 36-50 y 8, 1-3), ocupándonos principalmente de la primera, centrada sobre el tema del amor y del perdón. El contexto de la escena es un banquete; Jesús participa como invitado y dos personas muy distintas (un fariseos y una prostituta) vienen a ofrecerle sus dones.
El fariseo le invita a una comida material. Evidentemente, sería exagerado el acusarlo de mala voluntad; quizá siente respeto por Jesús, cuando le llama. Sin embargo, en el fondo de su gesto existe un rasgo de juicio y de dominio; por eso se atreve a sancionar la actitud del maestro. Tiene su verdad hecha, conoce ya a Dios y no necesita que nadie le enseñe la nueva profundidad del reino y de la vida.
La publicana no está invitada, pero viene. Sabe que Jesús ofrece un mensaje salvador, ha conocido su calidad de hombre que se entrega totalmente a los demás y por eso viene a ofrecerle simplemente lo que tiene: el perfume que utiliza en su trabajo, sus lágrimas, sus besos. Tomado en sí mismo, ese gesto resulta ambivalente. El publicano, regido por las normas de una moral estricta, condena a la mujer, reprueba su gesto de liviandad y juzga a Jesús que ha permitido que le traten de una forma semejante. Jesús, en cambio, ha interpretado la actitud de la mujer como un efecto de su amor, como expresión de gratitud por haber sido comprendida y perdonada.
La visión de Jesús se ilumina a partir de una parábola (7, 41-43): de dos deudores insolventes amará más al Señor aquél a quien le ha sido perdonada la mayor de las deudas. Aplicando la parábola se precisa la actitud del fariseo y de la prostituta.
Todo el evangelio está mostrando ese mensaje: Jesús ofrece el perdón de Dios a los hombres insolventes de la tierra. Entre ellos se encuentran el fariseo y la prostituta. El fariseo no se ha preocupado de aceptar ese perdón; piensa que sus cuentas están claras, se siente plenamente en paz y, por lo tanto, le resbalan las palabras de Jesús que aluden al don de Dios que borra los pecados. Convida a Jesús, pero lo hace por curiosidad; en el fondo no lo ama, porque no se reconoce (no quiere ser) perdonado. La mujer, en cambio, se sabe pecadora; ante Dios y ante los hombres confiesa que su deuda es impagable; por eso se ha sentido condenada. Pero ahora que Jesús ha llegado a la ciudad, una vez que ha proclamado su palabra de gracia universal, ella se ha sentido (se ha sabido perdonada). Por eso, superando todos los convencionalismos, aprovecha la ocasión y viene hasta Jesús para demostrarle su agradecimiento y su amor: la grandeza del perdón que Dios le ha concedido se demuestra a partir de la grandeza del amor que ese perdón ha suscitado. En torno a esta relación de Jesús con la pecadora debemos añadir unas notaciones marginales: 1) en sentido estricto el amor de la mujer es siempre una respuesta, porque el primer paso lo ofrece el mismo Dios que perdona a todos por medio de Jesús. Sin embargo, no podemos olvidar que en la historia de cada vida la dialéctica perdón-amor puede revestir modalidades diferentes, de tal manera que en algún caso el amor en vez de ser un signo o consecuencia puede venir a convertirse en principio del perdón. 2) Como ejemplo de una existencia humana fundada en la gratitud por el perdón que ha sido concedido se sitúan las mujeres del texto siguiente de san Lucas (8, 1-3); esas mujeres, que han sido curadas, liberadas, perdonadas por Jesús, han respondido a su don con un gesto de amor comprometido, que las convierten en auténticas discípulas (seguidoras) del maestro. 3)
Este rasgo de un amor total con que se responde al perdón (al don de gracia) de Jesús se ajusta más a la tipología de la mujer, de tal manera que una parte de la espiritualidad femenina puede basarse en estos fundamentos; sin embargo, no debemos olvidar que la misma espiritualidad de los varones puede y debe responder a este principio del perdón y del amor como respuesta. 4) Es curioso señalar que en esta caracterización del seguimiento de Jesús, Lucas concede ventaja a la mujer (es tipo de auténtica discípula), cosa inaudita y revolucionaria en la sociología humana y religiosa de aquel tiempo.
BI-LICA/NT.Pág. 1292 ss.




9. Historia inaudita cuando se piensa en los tabúes que Jesús violaba. Decía en rabino de la época que entre un justo y una prostituta había que mantener una distancia de 2 metros.
Jesús no se cuide ni de juicios ni de conveniencias. Esta pecadora tiene una gran confianza en Jesús. Jesús la acoge con un amor que la transforma y entonces se despierta en ella un amor más grande. Otro amor que la purifica y la resucita, un amor inmenso que ha recibido un perdón inmenso.
Dos personas. Dos seres que están dentro de nosotros. El Justo y la pecadora. El justo observa fríamente, razona, encerrado en lo que cree saber sobre Dios, el pecado, los perdones imposibles. Va a faltar a este encuentro que habría cambiado su vida.
La pecadora no dice nada, tiene detalles de delicadeza, de amor. Simeón es un justo, de esos a los que Jesús no ha venido a llamar. Si se sientan a la misma mesa, lo hacen como personas que se han hecho ellos mismos la invitación. No pueden entender la gracia, el don gratuito, generoso, traído por Jesús. ¿Es que son orgullosos -más pecadores que los demás? El texto no se preocupa de esto y deja a la paradoja toda su fuerza: aquellos a los que se perdona poco no pueden entender a Jesús. Del otro lado está la mujer. En una situación de desamparo. Su misterio hace pensar en esa otra mujer que Jesús acaba de encontrar y que conocía también el fondo del desamparo llevando al sepulcro a su hijo único. Llegando como llegan al fondo de la pobreza, las dos mujeres no pueden sino recibir.
La palabra de Jesús crea una vida nueva. Cada vez que me confieso, Cristo me dice las mismas palabras, con el mismo amor, con la misma fuerza. La diferencia no esta en Jesús sino en mí.
El amor es consecuencia del perdón. La moral tradicional queda aquí en ridículo. Habitualmente, el perdón aparece como la recompensan del amor y el amor como la causa del perdón. Aquí es a la inversa; el amor es la consecuencia, el fruto del perdón. el perdón es lo primero, no se da a cambio del amor, sino que es pura y simplemente dado. ¿Cuál es entonces la causa del perdón? Algunas buena disposición habrá en la mujer, que la impulsa a hacerse perdonar.
Sólo los que pasan la dura experiencia de la pobreza, cualquiera que sea la forma bajo la que se presente esa indigencia son accesibles al don de Dios que es el perdón.

sábado, 4 de junio de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO X TIEMPO ORDINARIO CICLO C 5 JUNIO 2016

JESUS ES LA RESPUESTA A LAS ESPERANZAS HUMANAS.
  


ORACION COLECTA

Oh Dios  fuente de todo bien, escucha sin cesar nuestra suplicas y concédenos, inspirados por ti, pensar lo que es recto y cumplirlo con tu ayuda. Por Jesucristo nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA

Lectura del primer libro de los Reyes 17,17-24

En aquellos días, cayó enfermo el hijo de la señora de la casa. La enfermedad era tan grave que se quedó sin respiración. Entonces la mujer dijo a Elías: «¿Qué tienes tú que ver conmigo? ¿Has venido a mi casa para avivar el recuerdo de mis culpas y hacer morir a mi hijo?».  Elías respondió: «Dame a tu hijo.» Y, tomándolo de su regazo, lo subió a la habitación donde él dormía y lo acostó en su cama. Luego invocó al Señor: «Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me hospeda la vas a castigar, haciendo morir a su hijo?».
Después se echó tres veces sobre el niño, invocando al Señor: «Señor, Dios mío, que vuelva al niño la respiración.» El Señor escuchó la súplica de Elías: al niño le volvió la respiración y revivió. Elías tomó al niño, lo llevó al piso bajo y se lo entregó a su madre, diciendo: «Mira, tu hijo está vivo.» Entonces la mujer dijo a Elías: «Ahora reconozco que eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor en tu boca es verdad.».

SALMO RESPONSORIAL (29)

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.

Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo. R.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 1,11-19

Les notifico, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.
Habéis oído hablar de mi conducta pasada en él judaísmo: con qué saña perseguía a la Iglesia de Dios y la asolaba, y me señalaba en el judaísmo más que muchos de mi edad y de mi raza, como partidario fanático de las tradiciones de mis antepasados.
Pero, cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los gentiles, en seguida, sin consultar con hombres, sin subir a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, y después volví a Damasco. Más tarde, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas, y me quedé quince días con él. Pero no vi a ningún otro apóstol, excepto a Santiago, el pariente del Señor.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.». Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!». El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

COMENTARIO

Nos encontramos ante la gran revelación del evangelio escrito por Lucas: el cariño de Dios. Una pequeña frase y la palabra lastima lo dicen todo: “al verla el Señor, le dio lastima de ella: ¡No llores!.. “Al verla”. Jesús que mira es Dios que mira. No entramos en el evangelio hasta el día en que comprobamos esto: Jesús es la mirada humana de Dios. Por medio de Jesús Dios nos dice como nos mira. Esto no se nos ha revelado por los filósofos, ni por los teólogos, ni siquiera por los místicos, sino por la reacción de Jesús que un día a las puertas de Nain, vio a una mujer el ataúd en donde llevaban a enterrar a su hijo.
 “Jesús, nos dice Lucas, sintió lastima”. Es una palabra que tiene una fuerza de revelación en la que insisten todos los exegetas (Especialistas en biblia). Significa: quedarse conmovido herido en sus entrañas. En los evangelios solo se utiliza para hablar del amor de Dios a los hombres. Jesús tiene “lastima” de la gente, de los enfermos: el poder del hijo prodigo siente “lastima” al ver de nuevo a su hijo. ¿Acaso vamos a pensar que Dios se burla de nosotros cuando se nos dice que tiene lástima? Nos lo muestra aquí Jesús conmovido por una de las mayores desgracias de nuestro mundo, es Dios mismo que entra en el sufrimiento humano, sin poder soportarlo lo mismo  que nosotros: “No llores”. Compasión eficaz. Con una sola palabra con la sencillez del poder más absoluto, devuelve la vida: “¡Levántate!”. Un gesto delicado acaba demostrándonos como es Dios: “Se lo entrego  a su madre”. Podríamos decirle: “A mí no me ha devuelto lo mío… No me ha devuelto a mi esposa de treinta años... No nos ha devuelto a ese joven sacerdote por el que tanto hemos rezado…” Se trata siempre del mismo misterio y del mismo malentendido. Jesús no vino ni viene ahora para reparar por aquí o por allá un sufrimiento; viene a repararlo todo.
Esta resurrección de Naín es a la vez un gesto poderoso de cariño y el signo de un cariño inmensamente más poderoso: Dios actuando por la salvación del mundo y nuestra vida eterna. ¡Qué inimaginable sería nuestra desgracia si ante cada una de las muertes tuviéramos que pensar: todo se ha acabado, ¡todo!.
Desde luego, aquella madre vio sobre todo su bondad inmediata, pero la gente ve ya otra cosa: “Dios ha visitado a su pueblo” nosotros los que ahora leemos el evangelio aunque estemos padeciendo una gran desgracia, hemos de dejar que este signo de Naín nos abra a toda la misteriosa realidad de la visita del Señor. En Naín, se lo decía a todos los aplastados, a todos los muertos. Hasta el fin un hombre puede levantarse y algún día todos los hombres se levantarán.

PLEGARIA UNIVERSAL

Padre, sintiéndonos necesitados de ti, te presentamos estas suplicas atiéndelas con prontitud y generosidad. Repetimos: Atiende, Señor, nuestras necesidades

1.- Por el Papa, los obispos y los sacerdotes, para que nunca se vean abatidos por el Maligno y vivan sus vidas completamente orientados a ti Atiende, Señor, nuestras necesidades

2.- Por los gobernantes y dirigentes para que  defiendan siempre al necesitado como lo hizo Jesús, sin ningún tipo de discriminación. Atiende, Señor, nuestras necesidades

3.-  Por  todos los escolares y los estudiantes de universidades e institutos superiores para que la luz de la verdad ilumine y acompañe su empeño en el  estudio. Atiende, Señor, nuestras necesidades

4.- Por todos los enfermos, para que reciban la ayuda del Señor que viene a atender a los más necesitados. Atiende, Señor, nuestras necesidades

Padre de la Misericordia tu que eres como la lluvia que empapa la tierra y la vuelve fructífera desciende sobre nuestras vidas para que contigo produzca frutos de santidad. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro  Señor. Amen.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Mira complacido, Señor nuestro humilde servicio para que esta ofrenda te sea agradable y nos haga crecer en el amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Padre de Misericordia que la fuerza curativa de tu Espíritu en este sacramento sane nuestras maldades y nos conduzcas por el camino del bien. Por  Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 06: 1R. 17, 1-6; Sal 120; Mt. 5, 1-12ª.
Martes 07: 1R. 17, 7-16; Sal 04; Mt. 5, 13-16.
Miércoles 08: 1R. 18, 20-39; Sal 15;  Mt.  5, 17-19.
Jueves 09:  1R.  18,  41-46;  Sal 64;  Mt.   5, 20-26.
Viernes 10: 1R. 19, 9ª.11-16;  Sal 26;  Mt. 5, 27-32.
Sábado 11: Hch. 11, 21b-26; 13, 1-3; Sal 97; Mt. 10, 7-13.
Domingo 12: 1Sam. 12, 7-10.13; Sal 31; Gal. 2, 16.19-21; Lc. 7, 36—8, 3.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 07, 11-17

1.-Texto. Es el segundo de los relatos con un personaje especial. Si el domingo pasado el personaje era especial por su extracción pagana, el de hoy lo es por su situación. La situación la presenta Lucas de la siguiente manera: Sacaban a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda. Se trata de una presentación "in crecendo", cada nuevo dato golpeando trágicamente sobre el anterior: difunto-hijo único-madre-viuda. ¡El personaje especial! En una sociedad donde lo masculino lo es todo y significa todo, ¿qué es una viuda que ha perdido el único agarradero que aún tenía? La ciudadanía en masa subraya en silencio la magnitud trágica de la situación de esta mujer.
Confrontado con la situación, el Señor se conmovió. Es la primera vez que en la narración evangélica de Lucas aparece el Señor, en sentido absoluto, atribuido a Jesús. La magnitud del título corre paralela con la magnitud de la situación. A tal situación, tal título. A su vez, todo sucede a partir de la conmoción, es decir, a partir de un Jesús moviéndose en sintonía con la mujer tan trágicamente golpeada. Esta sintonía constituye el dato central y significativo de todo el relato, el aspecto que Lucas ofrece a nuestra consideración y, sobre todo, a nuestra imitación. Lo demás es consecuencia de la conmoción. Como autor de la vida (Hechos 3,15), el Señor aporta vida. Así lo confiesan con asombro y alegría los presentes. Comentario. Es justo preguntarse qué es ser cristiano. Por lo que llevamos de lectura continua de Lucas, una línea de respuesta se dibuja con trazos muy nítidos: ser cristiano es sintonizar con el que a tu lado está necesitado, que suele ser el desprotegido y el desvalido. Sintonizar ofreciendo lo que cada uno es y tiene. Lucas nos lo vuelve a recordar en su segunda obra de los Hechos con ocasión del cojo que pedía limosna. Plata y oro no tengo, dice Pedro al cojo. Lo que tengo te lo doy (Hechos 3,6). También en los Hechos Pedro describe a Jesús como el que pasó por todas partes haciendo el bien (Hechos 10, 38).
A.- BENITO
DABAR 1989/32


2.- Comentario. Sin solución de continuidad con el texto del domingo pasado, Lucas nos traslada a una ciudad llamada Naín. En categorías nuestras habría que hablar probablemente de un pequeño núcleo rural. Nos trasladamos a él siguiendo a Jesús, a quien acompañan sus discípulos y mucha gente. Llegamos a la puerta de acceso a la aldea y la narración, que hasta aquí ha sido lineal y fría, se quiebra sintáctica y emotivamente. El narrador no puede evitar una expresión de sorpresa ante lo inesperado: He aquí que era sacado fuera un difunto. La pluma de Lucas empieza a pormenorizar: hijo único, madre, viuda. Cada palabra que sigue ahonda en la tragedia de la anterior. Y, por último, como el coro de las tragedias griegas, gente en número abundante. Ya tenemos, pues, dos cortejos frente por frente: uno que entra, encabezado por Jesús; otro que sale, encabezado por un difunto.
"Al ver el Señor a la viuda". Observemos con atención el título que Lucas da a Jesús: Señor. Es el título con que los cristianos empezaron a designar a Jesús después de su resurreción. Es decir, Lucas presenta a Jesús como el Señor de la vida. Ahora bien, sirviéndose de este título creo que Lucas apunta a algo transcendental: dar al caso particular un valor y un alcance universales. El Señor de la vida frente por frente con el dolor y la muerte de todos y de cada uno de nosotros. Dejamos así de ser espectadores del hecho para convertirnos en protagonistas del mismo. Tal vez radique aquí la razón última de por qué nos llegan tan hondo las palabras de Jesús a la viuda: No llores. En traducción más exacta: Deja de llorar. Es increíble lo que el tercer evangelista nos ha conseguido transmitir en apenas unas líneas. No es ninguna exageración: nos hallamos ante la más maravillosa de las verdades: ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!.
A.- BENITO
DABAR 1986/33

3.- -Sentido del texto.
Versículos 11-15. Giran en torno a la madre viuda. La muerte de su hijo es, en realidad, su propia muerte: ella será, a lo sumo, sujeto de compasión y de limosna, pero desde ahora carece de identidad; sin su hijo varón no es nadie. Por eso, la atención del autor no se centra en el milagro físico, sino en la viuda. Cuando recalca al final "y se lo entregó a su madre", Lucas no quiere indicar simplemente un delicado gesto humanitario de Jesús; su intencionalidad es más profunda: Jesús restituye y hace posible la identidad personal que los ordenamientos humanos imposibilitan y a veces niegan. Este es el Reino de Dios, el nuevo ordenamiento humano que Jesús (el Señor) trae de parte de Dios.
Versículos 16-17. Los presentes así lo captan y lo manifiestan.
Está teniendo lugar una visita importante: Dios, por medio de su Profeta, "ha venido a liberar a su pueblo" (Lc. 1, 68). En razón del visitante la visita resulta sobrecogedora. No se trata del miedo psicológico, sino de ese contener sobrecogido la respiración al caer en la cuenta de la categoría del visitante. Es uno de los aspectos característicos de la experiencia religiosa bíblica.
DABAR 1980/3


miércoles, 25 de mayo de 2016

LECTURAS Y COMENTARO DOMINGO DE CORPUS CHRISTI 29 MAYO 2016

LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI



ORACION COLECTA
Oh Dios, que en este sacramento admirable nos  dejaste el memorial de tu Pasión te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas.

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Génesis 14,18-20
En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abran, diciendo: «Bendito sea Abrahán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos.» Y Abran le dio un décimo de cada cosa.

SALMO RESPONSORIAL (109)
Tú eres sacerdote eterno, Señor Jesús.

Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies.» R.

Desde Sión extenderá el Señor  el poder de tu cetro: somete en la batalla a tus enemigos. R.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.» R.

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.» R.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11,23-26
Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez les he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía.». Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; hacer esto cada vez que lo beban, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coman de este pan y beben del cáliz, proclamen la muerte del Señor, hasta que vuelva.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,11b-17
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban.
Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.».
Él les contestó: «Denle ustedes de comer.».
Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.». Porque eran unos cinco mil hombres.
Jesús dijo a sus discípulos: «Díganles que se echen en grupos de unos cincuenta.».
Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

COMENTARIO

En este día en que celebramos CORPUS CHRISTI, estamos llamados a entrar en un lugar  donde el pan y el vino dejan de serlo para convertirse en permanente presencia de Cristo en la Eucaristía.
Insertarnos en Cristo comporta siempre salir enriquecidos, no de bienes materiales sino llenos de su Espíritu en el corazón y en el alma. Treinta minutos, escasos, no son suficientes ni dan cuenta del valor que encierra la Eucaristía.
Pero, toda una vida cristiana, sería difícil de llevarla adelante sin el aprovisionamiento del pan único y partido. La festividad del CORPUS CHRISTI se hace demasiado grande para encerrarla en los cuatro muros de un templo. Es tan grande su misterio y tan en el corazón de la fe... que se desparrama por los aledaños y plazas saliendo de la mejor catedral o de la iglesia menos importante y más escondida
Es tan firme nuestra  devoción hacia la Eucaristía......que lo manifestamos públicamente, sin temor ni vergüenza, ante un mundo que ensucia y empapela las paredes no precisamente con palabras de verdad que llamen y empujen al amor verdadero.  
Es tan convencido nuestro aprecio por la presencia del Señor en la Eucaristía.....que necesitamos seguirle cuando, EL por delante, sale al asfalto en  medio de ciudades y pueblos, de hombres y mujeres gritándonos: ¡DIOS
ESTA AQUÍ!.
Impresiona tanto la “reserva” del AMOR de DIOS en el Sagrario... que sale en CUSTODIA para que el mundo entienda que sin Él, el ser humano,  será un fracasado.
CORPUS... es manifestar públicamente la convicción de todo cristiano católico que siente y vive en la Eucaristía el AMOR que Dios nos tiene.
Que sabe que siempre hay un Misterio escondido detrás de las especies del pan y del vino. CORPUS... es el AMOR de DIOS que toma cuerpo....que se hace cuerpo; visible, alimento, vino y pan. Y, si el amor de DIOS se hace cuerpo, nuestras calles se hacen hueco y se abren de par en par  para que, por unos momentos, se conviertan en mesa interminable donde los seguidores de Jesús celebren, proclamen, vivan y coman su pan multiplicado. CORPUS... es el AMOR de DIOS a los hombres y - en trampolín- amor y servicio, generosidad y justicia, perdón y fraternidad...... de los hombres con los propios hombres.
Si el AMOR DE DIOS se hace cuerpo, por nosotros, nosotros somos urgidos por imperativo de Jesús Eucaristía a ser igualmente cuerpo visible de: justicia y del compartir, de alegría y de tolerancia, de respeto y de fe de reconciliación y de esperanza, de ilusión de coraje, de piedad y de compromiso   continuado en pro  de una sociedad que no tiene más esquemas sino el poder  para tener.

PLEGARIA UNIVERSAL
Por medio de Jesucristo Sacramentado, en este día de su fiesta, presentamos a nuestro Padre del Cielo las necesidades del mundo y de la Iglesia. Respondemos. R. Danos el pan de cada día.

1.-  Por el Papa Francisco para que Cristo, alimento cotidiano, sea su fuente continua de fortaleza, ante la tarea de gobernar, la barca de Pedro. R. Danos el pan de cada día.

2.-  Por los gobernantes del mundo, para que la primera y principal preocupación en sus decisiones sea el sustento de la gente. R. Danos el pan de cada día.

3.-  Por los que andan faltos de pan material, de trabajo, de salud o de fe, para que el paso de Cristo sacramentado por su vida alivie su dolor y encienda la pasión por su enseñanza.  R. Danos el pan de cada día.

4. Por las familias, para que tengan siempre, además del pan cotidiano, el Pan de la Palabra de Dios y el Pan de la Eucaristía, que es Pan de Vida Eterna. R. Danos el pan de cada día.

Padre del Cielo, que enviaste a tu Hijo Unigénito para redimirnos el mismo a quien hoy adoramos en el Santísimo Sacramento, te pedimos que por su intercesión des a tu pueblo cuanto con confianza te solicita. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Concede, Señor a tu Iglesia el don de la paz y de la unidad, significado en las ofrendas sacramentales que te presentamos. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION
La comunión de tu Cuerpo y tu Sangre, Señor, signo de banquete del Reino que hemos gustado en nuestra vida mortal, nos llene de gozo eterno de tu divinidad. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 30: Pe 1, 1-7; Sal 90; Mc. 12, 1-12.
Martes 31: Sof. 3, 14-18; Sal 12; Lc. 1, 39-56.
Miércoles 01: Ti. 1, 1-3.6-12; Sal 122; Mc. 12, 18-27.
Jueves 02: Ti. 2, 8-15; Sal 24; Mc. 12, 28b-34.
Viernes 03: Ez. 34, 11-16; Sal 22; Rm. 5, 5b-11; Lc. 15, 3-7.
Sábado 04: Is. 61, 9-11, 1Sal 2; Lc. 2, 41-51.

Domingo 05: 1R. 17, 17-24; Sal 29; Gl 1, 11-19; Lc.  7, 11-17.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 9, 11b-17

1.- Texto.
Retomamos el evangelio de Lucas, que a partir de hoy va a servirnos de hilo conductor. El texto está precedido y seguido por una misma pregunta: ¿quién es Jesús? Entre lo que unos y otros opinan, el autor intercala su propia opinión por medio de un relato en el que nos muestra a Jesús en acción.
Esta acción está hecha de acogida y preocupación por la gente. A la gente que le busca, Jesús les da cuanto él posee: su enseñanza y su poder curativo. Con posterioridad, Jesús no se desentiende de esa gente abandonándola a su propio destino, a pesar de que la lógica de la situación y del cálculo aconsejaría hacerlo. Lo imprevisible, el milagro, es el resultado de un comportamiento de estas características.
El relato lo conocemos también por los otros tres evangelistas. Pero en ninguno de ellos tiene el matiz pedagógico que tiene en Lucas. Fiel a su preocupación de profundizar en la instrucción cristiana, Lucas nos presenta a Jesús como modelo de comportamiento a imitar por el cristiano. Un modelo volcado siempre hacia los demás, preocupado e interesado por ellos, mirando antes por ellos que por sí mismo.
Comentario.
De la pluma de Lucas el Corpus de este año tiene un lema muy claro: Los demás como objetivo.
EU/A-H: Los demás como objetivo a descubrir, no a conquistar. Sensibilidad para el problema que el otro tiene. Delicadeza para saberse poner en el lugar del otro.
Los demás, más allá del círculo familiar. Estos en realidad forman parte de uno mismo. Los íntimos son la fuerza que tú tienes para dar acogida a los demás.
Los demás en concreto, con un rostro, con nombre y apellidos, con la fuerza de la proximidad geográfica.
Los demás como objetivo más allá del cálculo o del riesgo programado, más allá de los egoísmos que atenazan y limitan.
A partir de un comportamiento así es como puede acontecer el milagro de lo inesperado, de lo impensable incluso. Sólo si no se hace nada por los demás, es como nunca puede suceder nada que valga la pena.
ALBERTO BENITO
DABAR 1989, 29
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2.- Los hechos históricos, en sí mismos, son realidades mudas. Hablan cuando alguien los interpreta. ¿Cuál es la interpretación de Lucas del hecho histórico de la multiplicación de los panes? El relato está configurado como un diálogo entre Jesús y los doce. Son éstos quienes lo inician con una respuesta razonable (v. 12). Jesús les propone otra (v. 13a). Los doce la consideran inviable, pero estarían dispuestos a poner los medios para hacerla viable (v. 13b). El diálogo se desarrolla, pues, en términos de propuestas y contrapropuestas normales; no hay nada que haga pensar en una intervención milagrosa, ni siquiera cuando Jesús pide a sus discípulos que hagan sentar a la gente (v. 14b).
Sólo el v. 16 rompe el desarrollo normal, introduciendo la intervención milagrosa de Jesús. Literariamente hablando, se trata de una intervención inesperada. Esto quiere decir que Lucas no está interesado en resaltar lo extraordinario de la escena, aunque indudablemente lo presupone.
ENTREGA/CSO  Una vez más, Lucas ha elaborado el relato en perspectiva catequética. Catequesis a los doce (=los guías) sobre cómo tienen que actuar en la comunidad cristiana. Esta actuación no debe ser el desentendimiento (¡que se las arreglen como puedan!, cfr. v. 12), por muy comprensible y razonable que pueda éste parecer. Su actuación debe ser la entrega, la disponibilidad, la búsqueda de soluciones, por muy costosas que éstas sean. Es entonces cuando se produce el milagro. El milagro de una comunidad donde no hay necesidades, donde todo fluye a raudales y que incluso sobra.
En realidad, la óptica de Lucas en este relato (a diferencia de los otros evangelistas) no es la eucaristía. Y, sin embargo, su relato puede leerse en un día significativamente eucarístico. La Eucaristía, como Jesús la entendió, es la gran señal de una comunidad en torno a una misma mesa, donde a nadie le falta nada y donde todo es alegría de vivir.
DABAR 1977, 37
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3.- El contexto vital del relato originario es una comunidad que espera la ayuda y la salvación de Jesús en el que ve la plena realización escatológica. Se trata del mundo teológico palestinense que esperaba la salvación definitiva con el retorno de Jesús. Hay que recordar las más antiguas celebraciones litúrgicas fuertemente impregnadas de la espera escatológica. El relato de hoy se apoya en la espera cristológica y escatológica. Antes han preguntado... quién es éste...? (9,9), hay después la confesión de Pedro (9, 20). La multiplicación de los panes prepara la manifestación cristológica de 9, 28-36.
En el texto, Jesús se presenta como "redentor" que anuncia el reino y cura a los enfermos. Acoge al pueblo con su palabra y con sus obras. El gesto de dar de comer a la gente le presenta como "redentor" que está siempre con los suyos.
El pueblo se confía a Jesús, pero los discípulos no tienen la misma confianza. A través del servicio de los apóstoles, el pueblo se reúne en comunidad del reino de Dios. Con todo este relato no presenta sólo al Jesús histórico, sino la experiencia de fe de la comunidad primitiva que en la eucaristía ha encontrado al Señor.
El es quien da y se da. Los discípulos distribuyen en su nombre.

Así cumplen el mandato de Jesús: dadles vosotros de comer. Jesús va más allá de toda espera humana. No da palabras sino que se da a sí mismo, quiere encontrar al hombre en sus necesidades concretas, quiere saciar el hambre de las profundas exigencias humanas. El es el pan "partido" y "compartido" que debe continuar en la vida de los discípulos.
P. FRANQUESA
MISA DOMINICAL 1986, 11
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4. EU/ALIENACION

Si la exégesis de los relatos de la multiplicación de los panes es exacta, plantea un problema grave a la conciencia del cristiano que lleva en su corazón la preocupación por sus hermanos hambrientos. Las comunidades primitivas dan, en efecto, la impresión de haber suavizado el gesto concreto de Cristo saciando el hambre de una multitud hambrienta, en un proceso de idealización y de espiritualización bastante grave. Al orientar la óptica del relato hacia el simbolismo eucarístico (v. 16; cf. Jn 6), la experiencia escatológica o la significación misionera (tema de la recogida de los restos para darlos a los ausentes), etc., los primeros cristianos dan a algunos la impresión de que se evadían de las exigencias del hambre para refugiarse en un reino que no es de este mundo, en el que se recibe un pan que no está sumergido en las contingencias de aquí abajo, donde no será necesario preocuparse del alimento cotidiano.
Esta concepción es evidentemente falsa y distorsiona gravemente el pensamiento de Jesús. Por otra parte, éste no ha instituido una Iglesia cuya misión estaría reducida a saciar los cuerpos. Si los primeros cristianos dieron al relato una interpretación eucarística, esto se debe a que la saciedad de los cuerpos está estrechamente ligada a la saciedad de los corazones. En efecto, el pan eucarístico sólo sacia el corazón del hombre animándole a amar mejor a sus hermanos y a procurarles el pan que no tienen.
El pan eucarístico no enriquece: empobrece, puesto que sólo puede ser comido por aquellos que se abren a la voluntad del Padre. Y nos permite unirnos a los pobres en su lucha contra el hambre y sus causas precisamente porque nos hace pobres espiritualmente.
De este modo, la participación en el pan eucarístico de nosotros, ricos, debe hacernos cada vez más desprovistos, arrancarnos a los bienes perecederos y a su esclavitud. La liturgia del pan de la vida eterna es una llamada incesante a una mayor pobreza.
MAERTENS-FRISQUE
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA IV
MAROVA MADRID 1969.Pág. 319 ss.
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5.- Comentario. Nos hallamos ante un relato. La ocasión está propiciada por el gentío que se ha reunido en torno a Jesús. Dada la hora, los doce aconsejan a Jesús que despida al gentío para que éste pueda proveer a sus necesidades de alojamiento y comida. Ya tenemos, pues, al primer personaje del relato: los doce.
Representan la razón, la lógica. Entra en escena el segundo personaje: Jesús. Proveed vosotros. Representa la sinrazón, la ilógica. Dos personajes, pues, representando dos papeles, dos posturas contrapuestas. El resto del relato lo conocemos,. Cada personaje representa su papel parcamente, escuetamente. El autor del relato no nos distrae con curiosidades sino que va derecho al resultado: todos comieron y aún sobró, tantos cestos cuantos personajes razonables: doce.
Desde el comienzo de su obra, el autor del tercer evangelio viene insistiendo en lo siguiente: fíate de Dios y acontecerá lo que parecía absurdo e imposible. Ha propuesto dos modelos: María (cfr. /Lc/01/38) y Pedro (/Lc/05/05). Ahora vuelve a insistir en lo mismo, poniendo como modelo al propio Jesús. Fíate de Dios y acontecerá lo que te parecía imposible. Esta es la razón de ser de este relato. Fíate de Dios.

DABAR 1983, 32
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6.- El gesto de la multiplicación de los panes constituye uno de los signos reveladores más importantes de todo el evangelio. Como es habitual en Lucas, la figura de Jesús comienza a manifestarse también aquí a partir de la doble perspectiva de las palabras y los hechos: abre ante los hombres el camino del reino que ofrece la salud o vida nueva (9, 11). Sobre ese fondo, ligeramente precisado, viene a revelarse el signo de los panes.
La esperanza en el banquete constituía uno de los grandes elementos de la apocalíptica tradicional. El apocalipsis de Isaías precisaba: "Y preparará Yahveh Sebaot para todos los pueblos un festín de suculentos manjares, un festín de vinos generosos" aluden a la felicidad del que recibe el pan del reino (Lc 14, 15) o cuando afirman que Jesús anhela ansiosamente la comida del reino que se acerca (Lc 22,16).
Sobre este fondo se precisa todo el contenido del signo de los panes. Los que siguen a Jesús han tenido que prescindir de las seguridades que el mundo les ofrece: entra la noche y están solos; sienten hambre y no disponen de comida, pues se encuentran lejos del poblado (9, 12). Pues bien, en medio del desierto, a la llegada de la noche, Dios repite los antiguos prodigios de la historia de su pueblo; aunque los hombres piensen estar solos y perdidos, Jesús se encuentra en medio de ellos repartiendo su misterio a manos llenas: enseña, cura, ofrece el alimento.
Es difícil encontrar una imagen más valiosa del sentido y de la obra de Jesús. Los que le siguen tienen que arriesgarse, dejando atrás el mundo antiguo, su seguridad y su comida. Pero, una vez que ya lo han hecho no necesitan decir nada: Jesús sabe su necesidad y les ayuda.
No interesa demasiado la manera concreta en que el signo se realizó. Lo que importa es que Jesús dio de comer abundantemente al pueblo. Lo que importa es que su gesto vino a suscitar entre los suyos el entusiasmo mesiánico de forma que los hombres descubrieron que el banquete del reino ya ha empezado a realizarse. Parece como si de pronto se hubieran rasgado los antiguos niveles de las cosas; da la impresión de que el mundo de los pobres y perdidos de la tierra se termina y surge la verdad definitiva de la vida.
A manera de conclusión, quisiéramos señalar con brevedad los elementos más valiosos del signo de los panes:
a) en primer lugar, el gesto constituye una revelación escatológica; por medio de Jesús, Dios se está mostrando como aquél que ofrece el alimento de la vida al pueblo.
b) En el gesto se desvela el poder de los apóstoles; por sí mismos son incapaces de ofrecer comida al pueblo (9, 13); sólo cuando reciben el pan que les regala el Cristo pueden alimentar verdaderamente al pueblo.
c) Dentro de una vivencia eclesial el milagro se ha convertido en anticipo y señal de la eucaristía; el mismo comportamiento de Jesús que pronuncia la bendición, parte el pan y lo ofrece a los hombres nos dirige en esta dirección; por eso, aquel comer juntos en la tensión de la esperanza escatológica, se ha venido a convertir en el signo fundamental de la iglesia.
d) Todo esto nos lleva finalmente hacia otro plano: la comida fraternal y abundante donde los dones del reino se ofrecen a todos los salvados debe anticiparse en la comida de la tierra. Eso significa que los bienes de este mundo son los medios, los manjares de un banquete en el que todos se encuentran invitados; por eso, en una sociedad donde la injusticia separa brutalmente a los unos de los otros es muy difícil recordar el gesto de la multiplicación de los panes y celebrar de verdad la eucaristía. Jesús ha invitado a todos con unos mismos panes (en la multiplicación y en la eucaristía); los bienes del banquete del reino son comunes. Pues bien, una sociedad donde los hombres se roban mutuamente la comida (se oprimen mutuamente), está indicando que no sigue a Jesús ni desea tender hacia el banquete de su reino.
COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT
EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1303 s.
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7. ¿Entiendes lo que ésto significa?
Fuente: Catholic.net
Autor: P . Sergio A. Córdova

Hay, en Tierra Santa, un pueblecito llamado Tabga. Está situado junto a la ribera del lago Tiberíades, en el corazón de la Galilea. Y se halla a los pies del monte de las Bienaventuranzas. La Galilea es una región de una gran belleza natural, con sus verdes colinas, el lago de azul intenso y una fértil vegetación. Este rincón, que es como la puerta de entrada a Cafarnaúm, goza todo el año de un entorno exuberante. Es, precisamente en esta aldea, donde la tradición ubica el hecho histórico de la multiplicación de los panes realizada por Jesús.
Ya desde el siglo IV los cristianos construyeron aquí una iglesia y un santuario, y aun hoy en día se pueden contemplar diversos elementos de esa primera basílica y varios mosaicos que representan la multiplicación de los panes y de los peces.
Pero hay en la Escritura un dato interesante. Además de los relatos de la Pasión, éste es el único milagro que nos refieren unánimemente los cuatro evangelistas, y esto nos habla de la gran importancia que atribuyeron desde el inicio a este hecho. Más aún, Mateo y Marcos nos hablan incluso de dos multiplicaciones de los panes. Y los cuatro se esmeran en relatarnos los gestos empleados por Jesús en aquella ocasión: “Tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos –dio gracias, nos dice san Juan—, los partió y se los dio a los discípulos para que se los repartieran a la gente”.
Seguramente, los apóstoles descubrieron en estos gestos un acto simbólico y litúrgico de profunda significación teológica. Esto no lo adviertieron, por supuesto, en esos momentos, sino a la luz de la Última Cena y de la experiencia post-pascual, cuando el Señor resucitado, apareciéndose a sus discípulos, vuelve a repetir esos gestos como memorial de su Pasión, de su muerte y resurrección. Y, por tanto, también como el sacramento supremo de nuestra redención y de la vida de la Iglesia.
Año tras año, el Papa Juan Pablo II escribe una carta pastoral dirigida a todos los sacerdotes del mundo con ocasión del Jueves Santo, día del sacerdocio y de la Eucaristía por antonomasia. El año pasado la hizo extensiva a toda la Iglesia, convirtiéndola en una carta encíclica para todo el orbe católico: “Ecclesia de Eucharistia”. Yo invitaría a todos los que vean este artículo de hoy a leer y a meditar en el contenido espiritual tan rico y profundo de este documento brotado del corazón mismo de Juan Pablo II.
“La Iglesia vive de la Eucaristía”. Así inicia el Papa su meditación. “Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia”. Y a continuación tratará de hacernos comprender, valorar y vivir esta afirmación inicial.

En efecto, la Eucaristía es el sacramento por excelencia de la Iglesia –y, por tanto, de cada uno de los bautizados— porque brotó del amor redentor de Jesucristo, la instituyó como sacramento y memorial de su Alianza con los hombres; alianza que es una auténtica redención, liberación de los pecados de cada uno de nosotros para darnos vida eterna, y que llevó a cabo con su santa Pasión y muerte en el Calvario. La sangre y el agua que brotaron del costado traspasado de Cristo sobre la cruz nos hablan de este mismo misterio.
El Sacrificio eucarístico es –recuerda el Papa, tomando las palabras del Vaticano II— “fuente y culmen de toda la vida cristiana”. Cristo en persona es nuestra Pascua, convertido en Pan de Vida, que da la vida eterna a los hombres por medio del Espíritu Santo.
Juan Pablo II nos confiesa que, durante el Gran Jubileo del año 2000, tuvo la grandísima dicha de poder celebrar la Eucaristía en el Cenáculo de Jerusalén, en el mismísimo lugar donde la tradición nos dice que fue realizada por Jesucristo mismo la primera vez en la historia. Y varias veces ha traído el Papa a la memoria este momento de gracia tan singular. El Papa sí valora profundamente lo que es la Eucaristía. En el Cenáculo –nos recuerda el Santo Padre— “Cristo tomó en sus manos el pan, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros” (Eccl. de Euch., nn. 1-2).
Estos gestos y palabras consacratorias son las mismas que empleó Jesús durante su vida pública, en el milagro de la multiplicación de los panes. Si Cristo tiene un poder absoluto sobre el pan y su naturaleza, entonces también podía convertir el pan en su propio Cuerpo, y el vino en su Sangre.
Y decimos que la Eucaristía es el “memorial” de nuestra redención porque –con palabras del mismo Santo Padre— “en ella está inscrito de forma indeleble el acontecimiento de la pasión y muerte del Señor. No sólo lo evoca, sino que lo hace sacramentalmente presente. Es el sacrificio de la Cruz que se perpetúa por los siglos”. Esto, precisamente, significa la palabra “memorial”. No es un simple recuerdo histórico, sino un recuerdo que se actualiza, se repite y se hace realmente presente en el momento mismo de su celebración.
Por eso –continúa el Papa— la Eucaristía es “el don por excelencia, porque es el don de sí mismo (de Jesucristo), de su persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación.
Ésta no queda relegada al pasado, pues todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos… Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de su Señor, se hace realmente presente este acontecimiento central de salvación y se realiza la obra de nuestra redención” (Eccl. de Euch., n. 11).
Ojalá, pues, que en esta fiesta del Corpus Christi, que estamos celebrando hoy, todos valoremos un poco más la grandeza y sublimidad de este augusto sacramento que nos ha dejado nuestro Señor Jesucristo, la Eucaristía, el maravilloso don de su Cuerpo y de su Sangre preciosa para nuestra redención: “Éste es mi Cuerpo. Ésta es mi Sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres, para el perdón de los pecados. Haced esto en memoria mía”.
Que a partir de hoy vivamos con una fe mucho más profunda e intensa, y con mayor conciencia, amor y veneración cada Eucaristía, cada Santa Misa: ¡Gracias mil, Señor, por este maravilloso regalo de tu amor hacia mí!