miércoles, 21 de diciembre de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO MISA DE DÍA NAVIDAD CICLO A - 25 DICIEMBRE 2016

LA PALABRA SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS
LECTURAS Y COMENTARIO MISA DE DIA NAVIDAD CICLO A - 25 DICIEMBRE 2016  


ORACION COLECTA

Oh Dios, que de modo admirable has creado al hombre a tu imagen y semejanza, y de un modo más admirable todavía restableciste su dignidad por Jesucristo, concédenos compartir la vida divina de aquel que hoy se ha dignado compartir con el hombre  la condición humana. Por Jesucristo nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 52,7-10

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona la justicia, que dice a Sión: «¡Tu Dios reina!».
Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén.
Ha descubierto el Señor su santo brazo a los ojos de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios.

SALMO RESPONSORIAL (97)

Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.

Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia. Se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; griten, vitoreen, toquen. R.

Canten la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 1,1-6

En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas.
En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos.
Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.
Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy»; y en otro lugar: «Yo seré para él un padre, y el será para mí un hijo»?.
Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios».

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 1,1-18

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.  Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio d él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

PLEGARIA UNIVERSAL

Nos acercamos con gozo al pesebre para presentar nuestras alegrías y nuestras necesidades, sabiendo  que   el Hijo de Dios es    nuestro   intercesor   ante  el Padre. A  cada invocación digamos: R.- Padre, escúchanos.

1.-  Padre, te pedimos por el Papa Francisco, por nuestros obispos y nuestros sacerdotes, para que nunca cesan de anunciar al mundo la buena nueva del Nacimiento de Cristo Salvador. Padre, escúchanos.

2.- Padre, te pedimos por todos los pueblos de la tierra, para que descubran en tu Hijo el camino de salvación  que  lleva a ti.  Padre, escúchanos.

3.- Padre, te pedimos por tantos hermanos que están necesitados, para que todos pongamos un poco de lo que tenemos (tiempo, comprensión, ayuda económica, etc..) y así aliviemos sus sufrimientos.  Padre, escúchanos.

4.- Padre, te pedimos por las familias cristianas,  para que el amor reciproco entre sus miembros les ayude en su  caminar y las transforme en aquellas iglesias domesticas que el mundo tanto necesita. Padre, escúchanos.

Padre, ante tu Hijo, cuyo nacimiento celebramos, hemos dejado nuestras plegarias. Te pedimos que las atiendas con generosidad y nos colmes con tu bendición. Por Jesucristo nuestro Salvador y Señor.

10.- ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, en la fiesta solemne de la Navidad, esta ofrenda que nos reconcilia contigo de modo perfecto, y que encierra la plenitud del culto que el hombre puede tributarte. Por Jesucristo nuestro Señor.

12.- ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Dios de misericordia hoy   que nos ha nacido el Salvador para comunicarnos la vida divina, humildemente te pedimos que nos haga igualmente participes del don de su inmortalidad.

COMENTARIO

Al principio. A Juan le gusta esta palabra bíblica. Comienzo de su evangelio: “al principio”. Comienzo de su carta: “Lo que existía desde el principio”. Dios no tiene principio es principio que eternamente mana nueva vida. El nombre que le reveló a Moisés puede traducirse de este modo: “Yo soy el que seré”. (Ex. 3, 14).
Es el Dios de los principios, el Dios de las cuatro mañanas del mundo; mañana de la creación mañana de la encarnación, mañana de la resurrección y mañana de la parusía, principio de vida eterna, mañana eternizada.
Antes de todos nuestros principios, “la palabra estaba junto a Dios”. Es el primera revelación de este prologo en el que Juan nos hace escuchar los grandes temas de su evangelio, como si fuera la obertura de una gran opera. El único no es el solitario, el “célibe de los mundos” y acaba por “el Hijo único que es Dios y está al lado del Padre nos lo ha explicado”·. Hablándonos de su filiación divina, es como Jesús nos hará vislumbrar el misterio del Dios único: ese Dios es Trinidad.  La segunda revelación se refiere a nosotros: “A los que los recibieron, los hizo capaces de ser hijos de Dios”. ¿Qué son los hombres para que Dios piense en hacer de ellos sus hijos?.  
Y para ello llegará a realizar algo increíble, imposible de imaginar. Nuestros hermanos monoteístas, los judíos y los musulmanes, rechazan con horror esta revelación, que por otra parte hace sonreír a nuestros hermanos no creyentes: “La palabra se hizo carne”. Dios se ha hecho hombre.
El verbo había estado siempre presente entre los hombres. “era su vida y su luz, estuvo en el mundo pero el mundo no lo conoció”.  
El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo decidieron otra presencia; el Hijo de Dios vino a vivir nuestra vida haciéndose hombre como nosotros. Jesús dirá: “Quién me ve, ve
al Padre”. El que sabe mirar a Jesús, ve “la gloria que tiene de su Padre”.
El sol del prólogo resulta demasiado esplendoroso, hace daño fijar la mirada en sus tres revelaciones: dios es Trinidad quiere hacer de nosotros hijos suyos y para divinizarnos, él mismo se hizo uno de nosotros.
Necesitamos todo el evangelio y toda una serie de numerosas meditaciones para que pasen finalmente a nuestra sangre estas tres verdades de la fe cristiana.
 Es algo  tan difícil que muchos rechazan la idea de que Jesús de Nazaret pudiera ser el Hijo de Dios, Dios encarnado, Dios que aceptó nuestra carne, nuestra lenta formación, nuestra alegría, nuestros sufrimientos, nuestra muerte. Ye en el prólogo  las tinieblas luchan contra la luz: “la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la han comprendido…, los suyos no la recibieron”.
Nosotros que hemos recibido la palabra, tenemos que ser reveladores de la misma a los ojos de los demás.
No tanto mediante discusiones teológicas como por el testimonio de lo que vivimos con el Padre, el Hijo y el Espíritu. Creer en la divinidad de Jesucristo es tener en él una confianza tan grande y un deseo de amar tanto como él, que los que traten con nosotros acaben sintiéndose intrigados  quizás atraídos: “Tú casi lograrás convertirme a tu Dios”.
De este modo, podríamos ser en parte un reflejo del “sol” aprovechando todo lo posible nuestras citas   con  el  Cristo  de  Juan,  permaneciendo a   menudo  durante  ratos largos bajo  el   sol del prólogo, “Dios se ha hecho hombre, plantó su tienda entre nosotros y hemos visto su  gloria”.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 26: San Esteban, protomártir (F) Hch 6, 8-10; 7, 54-60; Sal 30; Mt 10, 17-22.
Martes 27: San Juan, apóstol y evangelista (F)  1Jn 1, 1-4; Sal 96; Jn 20, 2-8.
Miércoles 28: Los Santos Inocentes, mártires (F)  1Jn  1, 5—2, 2; Sal 123; Mt 2, 13-18.
Jueves 29: 1Jn 2, 3-11; Sal 95; Lc 2, 22-35.
Se puede hacer conmemoración de Santo Tomás Becket, obispo y mártir (rojo)
Viernes 30: La Sagrada Familia: Jesús, María y José (F)  Eclo 3, 2-6.12-14 (o bien, Col 3, 12-21); Sal 127, Mt 2, 13-15.19-23.
Sábado 31: 1Jn 2, 18-21; Sal 95, Jn 1, 1-18. Se puede hacer conmemoración de San Silvestre I, Papa.
Domingo 01: Santa María Madre de Dios (S) Precepto. Nm 6, 22-27; Sal 66; Ga 4, 4-7; Lc 2, 16-21.

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Jn 1. 1-18

El prólogo del evangelio de Jn es un himno solemne -en siete estrofas de estructura semita- al Logos, al Verbo, revelación del Padre en Cristo. En este prólogo están ya presentes los grandes temas del evangelio: el Verbo, la vida, la luz, la gloria, la verdad. Y las fuertes contraposiciones: Luz-tinieblas; Dios-mundo; fe-incredulidad. Dos veces resuena la voz del testigo: Juan Bautista.
Las tesis que presenta son las mismas que las del evangelio. La idea de fondo es la plenitud de la revelación que nos ha traído el Verbo. Ha salido del Padre y se ha hecho hombre. También de la Sabiduría se dice que estaba en Dios (Pr 8. 30), pero la sabiduría era una personificación literaria. La Palabra en cambio, es una persona, es Dios, es la última palabra que Dios ha pronunciado (Hb 1. 3).
En la Palabra hay vida y la vida era luz. Luz que brilla en las tinieblas. La llegada de Jesús divide la historia en dos partes. Tinieblas antes de Jesús, luz después de él y nos coloca en una alternativa: ser hijos de la luz o hijos de las tinieblas.
Jesús es la luz verdadera no tanto en contraste con Juan sino con el A.T. Es la luz verdadera porque en él se cumplen las promesas.
La Palabra se hizo carne. Así clarifica que la revelación definitiva de Dios no es una sombra, un sueño, una ilusión sino una realidad tangible. Juan lo reafirma en el prólogo de su primera carta.
Ha venido para acampar entre nosotros. Este ha sido siempre el modo de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Desde la revelación en el Sinaí, Dios ha estado en medio de su pueblo. La tienda primero, el templo después, fueron los modos de presencia. Ahora esta presencia se ha hecho real y viva con la vida del hombre. La encarnación es el primer momento de esta morada de Dios entre los hombres y tendrá su realización plena en la resurrección.
P. Franquesa, Misa Dominical 1985, 24



2. M/VIRGEN.
De acuerdo con los mejores manuscritos, probablemente habría que leer y traducir el v.13 no en plural (referido a los que creen), sino en singular (referido a Aquel, o a aquella Palabra, en la que creen), y que no ha nacido de carne, ni de sangre ni de deseo de hombre, sino de Dios. Según esta lectura, el v.13 se refiere primariamente a la generación eterna de la Palabra, pero probablemente también (el cuarto evangelio está lleno de dobles sentidos), a la concepción virginal de Jesús, presentada aquí desde el punto de vista del Padre, del mismo modo que Mt la presenta desde el punto de vista de José y Lc desde el de María.
H. Raguer, Misa Dominical 1976, 23



3. - El prólogo del evangelio de s.Jn, que leemos en la liturgia de hoy, ha dado de sí para muchas horas de reflexión y muchas páginas escritas. También nosotros podemos tener la esperanza de conseguir obtener alguna enseñanza de él. Aprender de Dios, de ese Dios que se hace hombre, es aprender de nosotros y para nosotros, y no mera especulación. ¿Para qué vino Jesús? Dios viene junto a nosotros para enseñarnos cómo es Él (o cómo actúa con nosotros, que diría un teólogo escrupuloso), para que conozcamos de Él aquello que resulta decisivo para nuestra vida.
Jesús viene a decirnos que el Dios creador es "anterior" al Dios de la ley; que Dios es Dios de vida, no de ley. Por eso, a partir de este Dios-Vida de Jesús, el criterio por el que debemos distinguir lo bueno de lo malo no es el hecho de estar de acuerdo con la ley o en contra de ella, sino el hecho de estar en favor de la vida o en su contra.
El dios judío era un dios de ley, tan guardián y celoso de la misma que llega a ponerla incluso por encima del hombre. Ese dios, esa ley que él defiende, no da vida sino con reticencias y muy limitadamente; más bien es un dios y una ley que dan muerte a sus transgresores. El Dios de Jesús no tiene nada que ver con ese dios de la ley; el Dios de Jesús es creador y, en consecuencia, se nos revela como dador y mantenedor de la vida. Y la vida no es cualquier cosa. La vida, estar vivo, ser un "ser vivo" es la mayor grandeza del hombre; más aún, la vida es la verdad más auténtica y profunda del hombre. Esa vida que empieza por un corazón que late, por unos pulmones que respiran, por un estómago que digiere y asimila; pero que también está formada por una ilusión que alienta, por un amor que se comparte, por una esperanza que no ceja; vida personal, humana, vida en plenitud que viene a traernos la Palabra que se hace carne: "ella contenía la vida, y esa vida era la luz del hombre" (Jn 1.4).
Jesús no viene a revelarnos escondidos secretos, ocultos arcanos en los que estaría cifrado el sentido de la vida. Él viene para ser la vida, darnos la vida, llenarnos de esa vida que es capaz de acabar con la misma muerte (...). ¿Cuál va a ser nuestra respuesta a este derroche de amor y de vida que Dios ha tenido para con nosotros? ¿Apagaremos la Navidad con las luces de colores?, ¿la guardaremos en una caja, con los adornos hogareños de estos días, hasta el próximo año?
Luis Gracieta, Dabar 1988, 5



4.- v.14:"La Palabra se hizo carne". No se refiere al momento de la Encarnación. Es la existencia toda de Jesús la que queda abarcada. El proyecto divino realizado es una existencia humana, visible, accesible, palpable. La tienda del encuentro, morada de Dios entre los israelitas en el desierto, queda sustituida por Jesús. El lugar donde Dios habita en medio de los hombres es un hombre de carne y hueso. Una existencia humana es ahora el resplandor de Dios, su gloria. Ha desaparecido la distancia entre Dios y el hombre. Buscas al Infinito, ve tras el Finito. La plenitud personal de Dios es Jesús, una plenitud de amor incondicional, consistente.



El prólogo del evangelio de Juan es un himno cristiano que proviene, probablemente, de los círculos joaneos y que ha sido adaptado para servir de presentación a la narración evangélica de los diversos pasos de la Palabra encarnada. Esta Palabra viene a identificarse no sólo con Jesús, sino con la acción de Jesús.
Esta personificación, con ribetes sapienciales, viene a mostrar la capacidad que tiene de dar vida y orientación a todo hombre que se acerca a ella (8, 12). De verdad que el misterio de la encarnación es, en el fondo, el misterio del hombre entero.
Los judíos no han comprendido la realidad de Jesús. O lo que es igual: la antigua economía es incapaz de comprender la realidad nueva que es Jesús. Por tanto, la conclusión se impone: es preciso abandonar toda estructura que imposibilita la comprensión de Jesús. Falló el intento de querer aprisionar la luz -que es Jesús- dentro del sistema religioso judío (7,34). La Palabra de Dios, sabiduría desde siempre, se mueve dentro de la máxima libertad. Solamente el que comprende esto es capaz de construir una fe libre. La realidad de la presencia de Dios ha comenzado a incidir históricamente en los hombres con el comienzo de la vida de Jesús: este suceso constituye el momento decisivo de la historia de la salvación; lo testimonian los cristianos. La palabra "carne" designa en Juan todo lo que constituye la debilidad humana, todo lo que conduce a la muerte como limitación del hombre. La encarnación no es ninguna apariencia: por la experiencia de nuestro ser de hombres es como hemos de acercarnos a Dios, a Jesús.
Eucaristía 1989, 60



6.- En el prólogo de su evangelio, Juan nos presenta tanto conceptos como realidades elementales: palabra, vida, luz. Tres experiencias que hacen al hombre y sin las que el hombre es impensable. Tres experiencias que Juan proyecta a la inacabable e insondable eternidad divina a imitación de su viejo maestro, el autor de Génesis ("En el principio"). Dios se expresa en una palabra viva, que crea un interlocutor (el hombre concreto, tú y yo), con quien entabla un diálogo iluminador. Pero desgraciadamente el hombre (tú y yo) rechaza la Palabra y se hace tiniebla, angustia, ser para la muerte, absurdo radical. Hasta el v. 11 el juicio histórico del evangelista Juan es tremendamente pesimista. De hecho, todo su evangelio va a ser un conflicto continuado entre Jesús y un mundo incrédulo, que terminará en el proceso y condena de Jesús.
Pero en los vs. 12-13 el juicio histórico se completa haciéndose esperanzador: hay hombres que aceptan la Palabra y viven la asombrosa experiencia de ser hijos de Dios. "Y la Palabra se hizo carne" (v. 14). La Palabra de Dios no es un sueño fantástico del evangelista en un momento de ensueño nostálgico. No. Es una realidad sensible y tangible, cuyo nombre es Jesús de Nazaret. Con él ha convivido Juan y esta experiencia ha engendrado en él la certeza de la que da testimonio.
Un niño nos ha nacido. Así de indefensa es la omnipotente Palabra. En nuestros sueños divinos tal vez habíamos imaginado más fastuosidad y prepotencia. Esta sería la gloria humana, pero no la del Unigénito del Padre.
Dabar 1977, 6



7.- Dios se acerca a los hombres hasta el punto de hacerse uno de ellos: "carne". Esta fórmula de Juan, "la palabra se hizo carne", es una afirmación del misterio de la encarnación del Hijo; del paso de la existencia eterna de la palabra de Dios, al comienzo de su existencia histórica y de su aparición en el mundo.
Pero no es ésa la intención principal del evangelista. Juan intenta, sobre todo, destacar que Jesús de Nazaret, palabra de Dios hecha carne, no es una apariencia, una sombra o un fantasma.
La revelación definitiva de Dios tiene rostro humano. Es una realidad cercana a los hombres. Ha puesto su tienda entre nosotros.
Desde el momento de la venida del Hijo al mundo en la debilidad de la "carne", realiza la presencia de Dios entre los hombres. El cuerpo de Jesús se convierte, por su muerte y su resurreción, en el templo de la presencia de Dios.
El es la verdad y la vida de Dios hecha carne. Ama, cura, perdona. Vive y sufre como un hombre entre los hombres. Todos pueden verlo y oírlo. Todos pueden creer en él, ver su luz, beber su agua, comer su pan, participar de su plenitud de gracia y de verdad. La comunidad cristiana lee solemnemente el prólogo del evangelio de Juan en la fiesta del nacimiento del Señor. Se trata de proclamar la misericordia y fidelidad de Dios, su gracia, que se han hecho realidad en Jesús. Que Dios no actúa mediante favores pasajeros y limitados, sino con el don permanente y total del Hijo hecho hombre que se llama Jesús, el Cristo.
Eucaristía 1988, 61



8.- Texto: El día de navidad analizábamos hasta el v. 14. Recordemos: los trece primeros versículos constituyen el prólogo del evangelio. En él se habla de la dimensión divina de la Palabra y se presenta la historia universal humana como una historia de rechazo y aceptación de esa Palabra. Con la afirmación "y la Palabra se hizo carne" del v. 14 comienza la narración evangélica propiamente dicha. El mundo divino y la visión general de los hechos dejan paso a una historia concreta en la que la Palabra es una persona de carne y hueso, que interactúa con otras personas de carne y hueso, englobadas bajo el genérico "nosotros" y de quienes se da un perfil creyente. Por "nosotros" se entiende toda aquella persona contemporánea o no de la Palabra encarnada, que acierta a ver en la fragilidad de esa Palabra la entidad (gloria) de la Palabra preexistente, de la que se ha hablado en los tres primeros versículos del prólogo. A través del personaje "nosotros", entre los que se encuentra el propio autor del cuarto evangelio, se pone explícitamente de manifiesto el carácter de obra abierta que este evangelio posee.
De entre ese "nosotros" el autor destaca un nombre propio: Juan. De él se ha hablado ya en el prólogo como testigo de descargo. Pero entonces lo hacía en calidad de ser humano; ahora va a deponer en calidad de judío, en unas coordenadas espacio-temporales concretas y en defensa no de la Palabra, sino de la Palabra encarnada.
Una cuestión previa es determinar hasta dónde llega el testimonio del testigo. El entrecomillado de la traducción litúrgica lo limita al solo v. 15. Creo, sin embargo, que en este punto se debe retomar la opinión de muchos Padres de la Iglesia, que ven en la totalidad del v. 15-18 el testimonio aportado por Juan.
El testimonio de Juan se compone de una afirmación inicial (superioridad del que viene después de él) triplemente justificada y de una afirmación final sobre el papel único del que viene detrás de él. En la tercera de las justificaciones resuena por primera vez en el cuarto evangelio el nombre propio de la Palabra encarnada. En este nombre propio tiene ya la forma completa cristiana de Jesucristo. El autor del evangelio pone indudablemente en labios de Juan situaciones, reflexiones y formulaciones propias del tiempo en que él escribía. Se trata de un recurso habitual en la historiografía antigua, bíblica y extrabíblica. La afirmación de la superioridad de Jesús sale al paso de la pretensión de los propios discípulos de Juan que atribuían a su maestro un rango superior al de Jesús.
La primera razón de la superioridad de Jesús es su preexistencia. Juan pertenece al nosotros, a los creyentes que descubren en Jesús la Palabra preexistente. La segunda razón es la plenitud de riqueza divina de vida que Jesús posee y que transmite a los creyentes en él, designados de nuevo como nosotros, entre los que se cuenta el propio testigo Juan.
La tercera razón es la superación de un sistema de ley por otro de gracia y verdad. La afirmación final sobre el papel de Jesús como exegeta de Dios puede muy bien estar relacionada con esta tercera razón. El término "exegeta" aparece expresamente en el verbo griego empleado en el texto original y responde a la circunlocución "dar a conocer" empleada por la traducción litúrgica. El camino para saber quién es Dios no pasa por la Ley sino por Jesús.
En el "seno del Padre" es una expresión figurada que significa estar junto al Padre. El origen de la expresión hay que buscarlo en el modo como estaban entonces sentados a la mesa los comensales.
Comentario. El análisis del texto nos ha hecho caer en la cuenta del carácter explícitamente abierto que tiene el cuarto evangelio en lo que a la autoría del mismo se refiere. Se trata de una obra en continua búsqueda de autor, desde el momento en que el autor de la misma es un nosotros del que nadie queda excluido, Este evangelio se juega su ser o no ser en cada uno de los que se acercan a él. Su existencia efectiva depende de que decidamos creer en Jesús.
Ser creyente en Jesús significa ahondar en Jesús de forma tal que lleguemos a experimentar toda su riqueza de Palabra divina no sujeta a la precariedad y transitoriedad del tiempo. Significa sentirse inmersos en la corriente divina de gracia amorosa, hasta el punto de dar al traste con su sistema de vida basado en derechos y deberes. La vida del creyente en Jesús debe caracterizarse por ser una vida donde nada es ley porque todo es gracia.
Al margen de las circunstancias que hayan podido dar origen a las afirmaciones de Juan, lo importante es que esas afirmaciones, centradas todas ellas en Jesús, en cuya persona estamos invitados a ahondar sin reparos ni trabas. Según sea la hondura cristológica así será la imagen eclesiológica.
Alberto Benito, Dabar 1992, 8



9.- -Dios no es un ser lejano. Es un Dios que habla, y su Palabra es entrañablemente cercana. Se ha hecho un niño y ha nacido en Belén.
Antes, durante siglos, había hablado por medio de profetas y había enviado Ángeles como mensajeros. Pero ahora nos ha hablado de otra manera: nos ha enviado a su Hijo. Y el Hijo es superior a todos los profetas y a los Ángeles. (Es lo que nos dice el autor de la carta a los Hebreos).
Y es también lo que llena de entusiasmo a S. Juan, en el prólogo de su evangelio, la solemne página que acabamos de escuchar: la Palabra estaba junto a Dios -la palabra era Dios, y la Palabra se hizo hombre y acampó entre nosotros.
La Palabra, ya lo sabemos, se llama Cristo Jesús, el hijo de Dios, que desde la primera Navidad es también hijo de los hombres.
Dios nos ha dirigido su Palabra. Si entre nosotros puede tener tanta transcendencia el dirigirnos o no la palabra unos a otros, si nuestra palabra de amistad, de interés o de amor, puede significar tanto ¿qué sería esa Palabra de Dios, su propio Hijo que ha querido hacerse uno de nuestra raza y está para siempre entre nosotros? No, no es el nuestro un Dios mudo y lejano, es un Dios cercano y que nos habla y su Palabra se llama de una vez por todas Jesús. Y desde entonces siempre es Navidad porque siempre está esa Palabra de Dios dirigida vitalmente a nosotros, en señal de amistad y de alianza.
Este es el misterio de la Navidad que hoy nos recuerda la liturgia y vuelve a llenarnos de alegría. Una palabra hecha persona, que es el Hijo mismo de Dios y por el cual Dios nos acepta también a nosotros como hijos.
Acojamos a Cristo, el Hijo de Dios y Hermano nuestro; que no se pueda decir de nosotros lo que Juan ha dicho de los judíos: "al mudo vino y el mudo no le conoció; vino a su casa y los suyos no le recibieron". Por este Jesús, el Salvador, el mundo tiene esperanza. El futuro es siempre más prometedor que el presente. Porque él es para siempre, y sin retractación posible,. Dios con nosotros.



10.- Los suyos no le recibieron. La pobreza de Dios se hace drama de Dios. Vino a los suyos y, al igual que todos, busca acogida y abrigo, comprensión y aliento. Dios viene a los suyos todos los días. Puerta cerrada a un Dios que no vive según nuestros reglamentos. Puerta cerrada a una Palabra que desconcierta nuestros pensamientos. ¡Navidad es también una fiesta de conversión! El Verbo se hace carne, y Dios sabe lo que le cuesta. Desde el pesebre hasta la cruz, el camino es uniforme.
Y no obstante... A los que creen en su nombre les da el poder de hacerse hijos de Dios. A los que creen en Jesús-Salvador, Dios de los pecadores, Dios de los perdidos, Dios de los humildes, Dios de ternura. Los que creen en su nombre... Los que perciban la luz en la obscuridad de la espesa noche, los que escuchan la Palabra en el silencio de una fe incesantemente zarandeada. ¡Pueblo de la Samaritana y del Ciego de nacimiento, grupo minúsculo de los pescadores de Galilea y de los últimos presentes al pie de la cruz! ¡Les dio el poder de hacerse hijos de Dios!
¡Nacieron de Dios! Venidos al mundo como vino Jesús, hijos e hijas de lo inesperado, de la pobreza, de la inseguridad. No tienen en este mundo otro apoyo que Dios, su amor y su Espíritu. Vienen al mundo en pleno viaje, y el tiempo les urge a proseguir el camino. Hijos frágiles, siempre llamados a renacer; hijos de un Dios al que nadie vio jamás. Pueblo de los sin nombre, de los apátridas, de los huérfanos según el mundo.
Hoy se va un año, según el mundo. Esta noche los hombres se desearán mutuamente un "feliz año" sin saber cómo será éste.
Hijos de Dios, ¿seremos capaces de afrontar el futuro sin más equipaje que nuestra fe? En esto nos diferenciamos de todos los anticristos que querrían desviarnos hacia otros caminos que no son los de la Palabra cada día nueva. Sólo Cristo es el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Y no porque unos anticristos se llaman a sí mismos "hijos de Dios" vamos nosotros a seguirles por otro camino que no sea el de Dios-con-nosotros. Verbo hecho carne en la humildad de nuestra carne.
Dios Cada Día, Siguiendo el leccionario ferial, Adviento-Navidad y Santoral, Sal Terrae / Santander 1989.Pág. 94



11.- Esta página de san Juan está tan llena de plenitud que no se debería añadir nada. Estas sujeciones de abajo no quieren encuadrar ni reducir la meditación, que, más que nunca, no puede ser tan personal.
-Al principio...
La primera palabra del evangelio nos hace recordar el origen de todas las cosas. De un goIpe de ala vigoroso, el águila de san Juan sube, sube... tan alto que no existe el horizonte, y, con los ojos penetrantes, ve encima de todo límite, antes del comienzo de los tiempos.
-Era...
Este verbo sencillo, "ser", llena el poema... Es la palabra más sencilla y la más esencial: la existencia, la razón de todo lo demás. Y este verbo, al pretérito, invoca inmediatamente un "tiempo inmutable", indefinido. En mi rezo, podría emplear estas dos palabras: "al principio... era..." saboreando su densidad, dejándome ir a su infinita evocación.
-El verbo... El "logos"... La "palabra"... La "comunicación"... La "expresión"... La sabiduría... La acción. Juan, en seguida, llama a Cristo el "Logos", en griego. Es una palabra difícil de traducir. Por eso, hemos buscado otras palabras, cercanas, para comprender el sentido más allá de la palabra.
La palabra Logos era ya empleada en la reflexión filosófica griega (la Palabra es una de las maravillas del honre, la expresión propia de la persona, la posibilidad de relación, la manifestación de la inteligencia). Pero, san Juan probablemente ha usado esta expresión para incorporarse a la gran corriente de la literatura bíblica que veía en la Sapiencia o Sabiduría algo así como la expresión misma de Dios: Proverbios, 8, 23-36. "Yo, la Sabiduría, desde los orígenes fui establecida desde el principio, antes del origen de la Tierra. Cuando aún no existían los abismos, yo fui concebida... cuando trazó los fundamentos de la tierra, yo estaba a su lado como el arquitecto, él tenía en mí sus delicias, expansionándome en su presencia, sobre la superficie de la tierra y encontrando mis delicias entre los hijos de los hombres." (Cf. Eclesiástico, 24-1.22). En el principio era el Verbo. Hijo eterno venido del Padre, el Cristo es la "expresión" perfecta del Padre, "la imagen misma del Dios invisible" (Filipenses, 2, 6) el "resplandor" de la gloria del Padre" (Hebreos, 1, 3) Jesús es la "manifestación suprema de Dios a la humanidad" (I Epístola de san Juan, 1, 2). Verbo = expresión + acción... palabra activa...
-Y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios.
Dos veces solamente en el evangelio de san Juan, Jesús es designado explícitamente como "Dios": aquí, en la primera frase... y en boca de Tomás, en el ultimo capítulo (Juan, 20, 28): "¡Señor mío y Dios mío!". Todo su evangelio está entre ambas frases.
-Por El, todo ha sido hecho. En Él estaba la "vida".
La creación universal es el primer "acto", el primer "gesto", la primera "expresión" de Dios. La maravillosa creación es lo que primero revela al Dios invisible. Todo. Todo. Soberanía universal... Y sin El, nada se hizo. Influencia universal... Nada. Nada. Nada existe fuera de Cristo.
-En el mundo estaba... Vino a su propia casa... El Verbo se hizo carne... Dios entre los hombres, Dios en nuestros caminos. Dios en la esquina de la calle. Dios por todas partes.
-Luz verdadera, alumbra a todo hombre que viene a este mundo... Pero el mundo no le conoció... Los suyos no le recibieron... A todos los que le recibieron, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios.
Noel Quesson, Palabra De Dios Para Cada Dia I Evang. De Adviento a Pentecostés, Edit. Claret/Barcelona 1984.Pág. 70 S.



12.- La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros Un texto bello e intenso, que invita a la vez a la proclamación y a la meditación. Podemos destacar en él lo siguiente:
- Al hablar de la "Palabra" Juan recoge tradiciones helénicas del "logos" como emanación de Dios, pero sobre todo recoge las tradiciones judías de la Sabiduría (cf. por ejemplo Eclo 24) y de la misma "palabra eficaz" de Dios (cf. por ejemplo Is 55,10-11). Dios no es un Dios lejano: es el Dios que tiene en sí mismo la voluntad de comunicarse a los hombres y manifestarles el Sentido de todo y el Camino de la vida. Eso es lo que ha hecho con Israel, eso es lo que hará ahora plenamente.
- El texto empieza igual que el primer libro de la Biblia cuando narra la creación: "En el principio...". Y, ya al principio, antes que todo, está la Palabra, el proyecto de comunicación plena de Dios con los hombres. Juan señala por cuatro veces, con exagerada insistencia, la preexistencia y divinidad de esta Palabra. ¡Ha de quedar muy claro que es Dios mismo quien se hará hombre! Y para resaltarlo más, señala para la Palabra las cualidades básicas de vida y luz que no son cualidades estáticas de Dios, sino cualidades para ser dadas a los hombres.
- Juan continúa con una reflexión sobre la aceptación de la Luz por parte de los hombres. No se trata sólo de la aceptación de Jesús, sino de la aceptación de todos los signos de Luz que los hombres han tenido a mano y a menudo han rechazado. Pero hay quienes sí han estado dispuestos a aceptarlos: éstos son los que Dios hará hijos suyos.
- La afirmación clave: la Palabra se hizo carne. Es una afirmación muy sabida, pero es realmente escandalosa: aquella Palabra que Juan tanto ha insistido en que "era Dios", resulta que asume la total debilidad de la condición humana, y viene a vivir con los hombres, y en esta debilidad (¡hasta la cruz!) será donde contemplaremos su gloria divina. A Dios ahora se le puede ver y tocar. Y se le ve y se le toca en la "carne" débil de Jesús. - Una vez dicho esto, Juan resalta una y otra vez las cualidades y dones que recibimos de la Palabra hecha carne (que ahora ya no se llama "Palabra" sino "Hijo" y "Jesucristo", una persona concreta y palpable): gracia, verdad, abundancia de su plenitud... Todo para consolidar la afirmación básica: a Dios sólo se le encuentra en Jesucristo, en su carne, en su vida concreta.
Josep Lligadas, Misa Dominical 1994, 16



13.- El comienzo del prólogo de Juan nos remonta a lo más alto y más sublime del misterio trinitario: "La Palabra, en el principio, estaba junto a Dios".
La expresión es, a la vez, sobrecogedora y humilde: nosotros sabemos bien qué es eso de estar unos junto a otros; somos conscientes de necesitar el cobijo y el calor que da la cercanía humana. De lo que es y significa "estar junto a Dios" sabemos menos; es decir, en realidad no sabemos apenas nada: es un nivel al que, si no fuera por Jesús, no tendríamos posiblidad de acceso. Nosotros pertenecemos a la noche, y por nosotros mismos no podemos alcanzar el ámbito de la Luz.
Pero, un día, ese Dios a quien nadie ha visto nunca decidió rasgar la tiniebla y plantar su tienda junto a nosotros. La palabra cambió la vecindad de Dios por la vecindad de los hombres, y el resplandor de la gloria acampó junto a la debilidad de nuestra carne. El verbo que elige Juan en su prólogo evoca un mundo de imágenes muy concretas: acampar es muy distinto de instalarse, de residir, de asentarse. El que acampa no se protege con puertas blindadas ni con alarmas; su única defensa consiste en confiar en que su misma debilidad y pobreza le defenderán de cualquier codicia.
Alguien ha venido a vivir así entre nosotros. No va a imponer nada, no va a ejercer la fueza de su señorío ni a tomar posesión de nuestra tierra con imperativos categóricos. Le oiremos decir: "Si quieres"..., "si alguno se quiere venir conmigo...", "estoy a la puerta y llamo; si alguien me abre..." Sabremos que es él, porque la caña cascada se enderezará entre sus manos. Porque su aliento conseguirá que, de la mecha que se apagaba, vuelva a brotar una llamita. No gritará ni se impondrá con violencia, pero las fuerzas del mal se someterán a su autoridad, y alguien reconocerá con asombro: "Tú tienes palabras de vida eterna".
Aleixandre-Dolores
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3-14.
lectura: Juan 1,1-8. La palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros.
El Antiguo Testamento conocía ya los temas de la Palabra y de la Sabiduría de Dios quien, siendo preexistente al mundo, es el artífice de toda la creación. Los libros sapienciales afirman que Dios lo crea todo con Sabiduría. Ésta estaba presente cuando Dios fundamentaba la tierra y los mares (cf. Pr 8,22.31). Ella ha querido habitar entre los hombres y hacerse conocer, como portadora que es de la Ley del Altísimo (cf. Sir 24, especialmente los vv. 8 y 23). Esta palabra volverá a Dios después de haber cumplido su misión salvífica y reveladora (cf. Is 40,8; 55.10-11).
El evangelista Juan es heredero de esta rica tradición veterotestamentaria. Después de la experiencia fundamental de la Resurrección, Jesús aparece como el portador y el revelador de la presencia de Dios. Todos los temas reveladores del Antiguo Testamento son reinterpretados para expresar con ellos el misterio del Resucitado. Así este hombre, Jesús, es presentado como la Palabra preexistente de Dios, mediador de la obra creadora del Padre (cf.. Jn 8,24.58; 10,30), que se ha encarnado en nuestra historia y ha venido a compartir nuestra vida, para cumplir la misión recibida: revelar a Dios a los hombres y mujeres (cf. Jn 3,17-19; 5,36; 10,36). Después de cumplir su misión, ha de volver al Padre, de quien había salido (cf. Jn 13,3; 16,5; 17,11.13). La novedad del Nuevo Testamento está, por una parte, en comprender la Sabiduría-Palabra de Dios como una persona diferente de la de Dios-Padre; y por otra en darle un rostro concreto: la persona de Jesús de Nazaret, hijo de María y de José.
La Iglesia primitiva recurrió con frecuencia al lenguaje poético e hímnico para expresar los misterios de su fe en Cristo resucitado. Esta pieza es una de las más significativas. Nos expresa, con un lenguaje lleno de reminiscencias bíblicas, el misterio de Cristo y lo que supone abrirse a la fe: participar en la vida de Dios. Y esto es lo que celebramos en la fiesta de Navidad.
Jordi Latorre, Misa Dominical 1999, 16, 38



3-15. ACI DIGITAL 2003
1. Juan es llamado el águila entre los evangelistas, por la sublimidad de sus escritos, donde Dios nos revela los más altos misterios de lo sobrenatural. En los dos primeros versos el Aguila gira en torno a la eternidad del Hijo (Verbo) en Dios. En el principio: Antes de la creación, de toda eternidad, era ya el Verbo; y estaba con su Padre (14, 10 s.) siendo Dios como El. Es el Hijo Unigénito, igual al Padre, consubstancial al Padre, coeterno con El, omnipotente, omnisciente, infinitamente bueno, misericordioso, santo y justo como lo es el Padre, quien todo lo creó por medio de El (v. 3). 
5. No la recibieron: Sentido que concuerda con los vv. 9 ss. 
6. Apareció un hombre: Juan Bautista. Véase v. 15 y 19 ss. 
9. Aquí comienza el evangelista a exponer el misterio de la Encarnación, y la trágica incredulidad de Israel, que no lo conoció cuando vino para ser la luz del mundo (1, 18; 3, 13). Venía: Así también Pirot. Literalmente: estaba viniendo (en erjómenon). Cf. 11, 27.
12. Hijos de Dios: "El misericordiosísimo Dios de tal modo amó al mundo, que dio a su Hijo Unigénito (3, 16); y el Verbo del Padre Eterno, con aquel mismo único amor divino, asumió de la descendencia de Adán la naturaleza humana, pero inocente y exenta de toda mancha, para que del nuevo y celestial Adán se derivase la gracia del Espíritu Santo a todos los hijos del primer padre" (Pío XII, Encíclica sobre el Cuerpo Místico).
13. Sino de Dios: Claramente se muestra que esta filiación ha de ser divina (cf. Ef. 1, 5 y nota), mediante un nuevo nacimiento (3, 3 ss.), para que no se creyesen tales por la sola descendencia carnal de Abrahán. Véase 8, 30 - 59. 
14. Se hizo carne: El Verbo que nace eternamente del Padre se dignó nacer, como hombre, de la Virgen María, por voluntad del Padre y obra del Espíritu Santo (Luc. 1, 35). A su primera naturaleza, divina, se añadió la segunda, humana, en la unión hipostática. Pero su Persona siguió siendo una sola: la divina y eterna Persona del Verbo (v. 1). Así se explica el v. 15. Cf. v. 3 s. Vimos su gloria: Los apóstoles vieron la gloria de Dios manifestada en las obras todas de Cristo. Juan, con Pedro y Santiago, vio a Jesús resplandeciente de gloria en el monte de la Transfiguración. Véase Mat. 16,27 s.; 17, 1 ss.; II Pedr. 1, 16 ss.; Marc. 9, 1 ss.; Luc. 9,20 ss. 
16. Es decir que toda nuestra gracia procede de la Suya, y en El somos colmados, como enseña S. Pablo (Col. 2, 9 s.). Sin El no podemos recibir absolutamente nada de la vida del Padre (15, 1 ss.). Pero con El podemos llegar a una plenitud de vida divina que corresponde a la plenitud de la divinidad que El posee. Cf. II Pedro, 1, 4. 
17. La gracia superior a la Ley de Moisés, se nos da gratis por los méritos de Cristo, para nuestra justificación. Tal es el asunto de la Epístola a los Gálatas.
18. Por aquí vemos que todo conocimiento de Dios o sabiduría de Dios (eso quiere decir teosofía) tiene que estar fundado en las palabras reveladas por El, a quien pertenece la iniciativa de darse a conocer, y no en la pura investigación o especulación intelectual del hombre. Cuidémonos de ser "teósofos", prescindiendo de estudiar a Dios en sus propias palabras y formándonos sobre El ideas que sólo estén en nuestra imaginación. Véase el concepto de S. Agustín en la nota de 16, 24.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO IV DOMINGO ADVIENTO CICLO A - 18 DICIEMBRE 2016

GENEALOGIA Y NACIMIENTO DE JESUCRISTO


ORACION COLECTA

Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que por el anuncio del ángel hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de su resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 7,10-14

En aquellos días, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.».
Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor.».
Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No les basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios?.  Pues el Señor, por su cuenta, les dará una señal: Miren: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa  "Dios-con-nosotros".».

SALMO RESPONSORIAL (23)

Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. R.

¿Quién puede subir al monte del Señor?. ¿Quién puede estar en el recinto sacro?. El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos. R.

Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1,1-7

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para anunciar el Evangelio de Dios. Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas, se refiere a su Hijo, nacido, según la carne, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor. Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos estén también ustedes, llamados por Cristo Jesús. A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos, os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1,18-24

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.
Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.».
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por el Profeta: «Miren: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".» .
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

COMENTARIO

El evangelista ha presentado la genealogía de Jesús partiendo de Abrahán y pasando por David. El último descendiente de David nombrado es "José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, el Cristo".  El acuerdo matrimonial se hacía un año antes de la boda y aunque los novios aún no vivían juntos, tenía validez legal parecida a la del matrimonio, es decir, que para romper el acuerdo matrimonial hacía falta un acto formal de repudio.
 Esto es lo que se dispone a hacer José cuando se da cuenta de que su prometida está embarazada.
De José sólo se dice "que era un hombre justo", un término de profundo significado en el Antiguo Testamento y que recuperaremos como eje central de las Bienaventuranzas.
¿En qué sentido se declara justo a José? Según una antigua interpretación que se remonta a Justino, José es justo, primero porque observa la ley (que obligaba al marido a disolver el matrimonio en caso de adulterio) y, además, porque mitiga con la magnanimidad el rigor de la ley (evita la difamación pública).
José es justo porque, comprobando una presencia de Dios, una economía superior, se retira ante ella sin pretensiones. "Justo" tiene entonces el sentido     típico   de   Mateo,   a   saber, aceptación del plan de Dios incluso cuando desconcierta el propio.  
Como en el Antiguo Testamento, el "sueño" es a menudo un medio a través del cual Dios se manifiesta. El "ángel", por otro lado, también se presenta como un mensajero de Dios.  El ángel se dirige a José con un título que sólo se dará a Jesús: "hijo de David", y le comunica que el hijo que espera María "viene del Espíritu Santo".
Así queda claro que José no ha intervenido en la concepción del hijo de María. Más aún, José ni tan sólo podrá hacer lo que correspondía al padre: escoger el nombre del hijo.
"Jesús" quiere decir "el Señor salva". El nombre indica la misión del hijo de María: hacer patente la salvación de Dios; él mismo será la salvación.
 Es típica de Mateo la indicación de que en Jesucristo se cumple plenamente lo que las Escrituras anunciaban. En este caso recuerda el anuncio hecho por Isaías al rey Acaz.  Y el nombre que decía el profeta, "Emmanuel", será también definitorio de Jesús. Mateo concluirá su evangelio remitiendo a este texto inicial: Jesús "estará con nosotros cada día". José, "hombre justo", se fía de Dios y toma a María en su casa como esposa. A pesar de no serlo físicamente, ejercerá de padre de Jesús.

PLEGARIA UNIVERSAL

A pocos días de la llegada de tu Hijo, Señor, te pedimos que prepares nuestro corazón para acogerlo y darle posada para siempre. A cada invocación, roguemos: Te lo pedimos, Señor.

1.-  Por el Papa, los Obispos, los sacerdotes y la Iglesia en general, para que todos a una voz pidamos continuamente que todos los hombres conozcan y acojan a Jesús.  Roguemos al Señor

2.- Por los gobernantes de todas las naciones, para que el Niño que va a nacer los ilumine y los guie en llevar a sus pueblos hacia la paz y la prosperidad. Roguemos al Señor

3.- Por los que todavía no han recibido la luz del Espíritu, por los ateos y los agnósticos, por aquellos que buscan la verdad y aun no la encuentran, para que la venida del Niño Dios obre en ellos un milagro de amor. Roguemos al Señor

4. Por los enfermos, los impedidos, los presos, para que, gracias a la solidaridad navideña, pasen las próximas horas reconfortados y aliviados. Roguemos al Señor.

Aquí estamos, Señor, esperando confiados a tu Hijo. Atiende nuestras suplicas y danos la alegría que no cesa. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

El mismo Espíritu que cubrió con su sobra y fecundo con su poder las entrañas de María, la Virgen Madre, santifique, Señor, estos dones que hemos colocado sobre tu altar. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Señor, que este pueblo, que acaba de recibir la prenda de su salvación, se prepare con tanto mayor fervor a celebrar el misterio del nacimiento de tu Hijo cuanto más se acerca la fiesta de Navidad. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 19: Jc 13, 2-7. 24-25ª;  Sal 70;  Lc 1, 5-25.
Martes 20: Is 7, 10-14; Sal 23; Lc 1, 26-38.
Miércoles 21: Cant 2, 8-14; o Sof 3, 14-18; Sal 32; Lc 1, 39-45.
Jueves 22:   1Sam 1, 24-28; Sal de 1Sam 2, 1-8; Lc 1, 46-56. Se puede hacer la conmemoración de San Pedro Canisio, presbiterio y doctor de la Iglesia.
Viernes 23: Mal 3, 1-4.23-24; Sal 24; Lc 1, 57-66.
 Sábado 24: Vigilia de la Natividad del Señor (S)  Is 62, 1-5; Sal 88; Hch 13, 16-17.22-25; Mt 1, 1-25.
Domingo 25:   La Natividad el Señor (S) Is 52, 7-10; Sal 97; Hb 1, 1-6; J 1, 1-18.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 1. 18-24

1.- Este pasaje ha sido interpretado frecuentemente a expensas de la personalidad religiosa de S. José. De ahí la importancia de captar exactamente el pensamiento de Mateo, en especial partiendo de los matices propios que porta el texto paralelo de Lucas. Sin embargo, estaremos en mejores condiciones para interpretar este pasaje difícil si tenemos en cuenta su género literario muy particular. Existe, en efecto, un género literario particular en la Biblia respecto a anuncios de nacimientos. Este género literario supone siempre la aparición de un ángel, la designación del personaje interesado con un nombre que recuerda su función (aquí: José, Hijo de David, título que el ángel no utilizará en sus demás apariciones a José), una dificultad que hay que vencer (en general, la esterilidad del seno materno; aquí, para José, recibir a María en su casa), un signo dado como prenda (en Lc 1. 36, el embarazo de Isabel; aquí el alumbramiento virginal de María), finalmente, detalles concretos sobre el nombre del niño (aquí: Jesús).
Este género literario de los "anuncios de nacimiento" no es más que la forma de expresión de un acontecimiento muy real, pero hay que saber despojar a este acontecimiento de ciertos detalles del relato.
Cuando el ángel se apareció a la Virgen (Lc 1. 26-38) le anunció de entrada que su Hijo sería Hijo de David (Lc 1. 32); después, partiendo de ahí, formuló la pregunta de la concepción virginal (Lc 1. 34-35). Ante José, el ángel procede de distinta manera: la concepción virginal queda aclarada desde el principio (Mt 1. 20), pero se trata de asegurar que el Niño sea Hijo de David (Mt 1. 20-23).
María tiene una dificultad que vencer: qué será de sus desposorios (Lc 1. 34); José también la tiene: cuál será su papel respecto a un Niño que no será suyo. Evidentemente, María ha sido la primera en saber que pariría en virginidad. Pero ¿puede admitirse que no haya dicho nada sobre el particular a su prometido? Cierto que los evangelistas no nos dicen nada a este respecto, pero ¿quién puede deducir del silencio de los evangelistas el silencio de María y, "a fortiori", el silencio de Dios, y admitir que María dejó a José en la duda y la inquietud? ¿Puede admitirse que una desposada que, ante el ángel, se preocupa de sus relaciones de desposorios, no ponga al corriente a su vez a su prometido de las nuevas condiciones impuestas a su futuro? ¡No! Y José está perfectamente al corriente del alumbramiento virginal de su prometida. José no está, pues, inquieto ni presa de la duda respecto a la virtud de su esposa, y el ángel no se le aparece para tranquilizarle.
JOSE/JUSTO. Pero José es "justo" (Mt 1. 19), no con esa justicia legalista que quiere poner la ley de su parte y repudiar a su mujer, ni tampoco con esa justicia, sobre la que insiste el padre Spicq, que respeta al prójimo y se niega a causarle el mínimo perjuicio, sino con esa justicia religiosa que le prohíbe hacerse pasar por el padre de un Hijo que no es suyo (tanto si comprendió o no de entrada que ese Niño milagroso sería también un Niño divino).
Entonces es cuando interviene el ángel para comunicar a José que Dios le necesita, porque si bien no tiene nada que hacer al nivel del alumbramiento, tiene una misión que cumplir al nivel de la paternidad legal. El mensaje del ángel podría interpretarse así: "Es cierto que lo que se ha engendrado en María ha sido por obra del Espíritu Santo, pero Dios te necesita para hacer que ese Niño entre en el linaje de David y darle un nombre". José no es, pues, "justo", porque sea un modelo de resignación, capaz de una actitud bonachona respecto a su esposa, sino porque respeta a Dios en su obra y se limita a cumplir el papel que Dios le asigna: introducir a Jesús en la estirpe real.
La salvación del hombre no depende, por tanto, exclusivamente de una iniciativa soberana de Dios que basta esperar pasivamente. Dios no salva al hombre sin la cooperación y sin la fidelidad del hombre.
Maertens-Frisque, Nueva Guía de la Asamblea Cristiana I, Marova Madrid 1969.Pág. 154



2. - El tema del Emmanuel (Dios-con-nosotros) conecta con el de "Hijo de Dios con pleno poder". Los exegetas notan en el evangelio de Mt el paralelismo entre este anuncio del ángel a José y la conclusión del Evangelio: "Yo-estaré-con-vosotros"... Hablar de Cristo como Emmanuel es connotar, actualmente, el misterio pascual de Cristo y de su presencia en la Iglesia, por la fuerza del Espíritu. La concepción virginal de María, por obra del Espíritu Santo, enlaza así con la glorificación de Jesús "constituido según el Esp. Santo" (2a lectura).
Pere Tena, Misa Dominical 1986/23



Hemos dividido el capítulo primero del evangelio de Mateo en las dos partes indicadas en el título. La primera recoge una genealogía fatigosa y, aparentemente al menos, innecesaria. A primera vista parece ser simplemente una lista de nombres de los ancestrales de Cristo sin ningún contenido teológico ni poder alguno de interpelación. ¿Por qué la antepone Mateo a su evangelio? Sabemos, y nos lo ha recordado el Vaticano II, que Cristo es la plenitud de la revelación. El hecho de ser la plenitud de la revelación lo coloca inevitablemente en relación con la preparación de la misma, con todo el Antiguo Testamento. Mateo presenta su árbol genealógico para demostrarlo. Por eso, inmediatamente después de mencionar su nombre -nótese que es mencionado el nombre completo, "Jesucristo", que equivale a una fórmula de fe, Jesús es el Cristo, el Ungido, el Mesías- añade "hijo de David, hijo de Abraham". La genealogía nos introduce así tanto en el terreno de la historia como en el de la teología.
Mateo quiere presentarnos al protagonista de su evangelio y, una vez que nos ha dicho su nombre, Jesucristo, con todo lo que significa -Jesús es el Cristo- se apresura a demostrar su afirmación.
El Mesías debería descender de David. Pues bien, Jesús desciende de David. Precisamente por eso divide la genealogía en tres partes compuestas cada una de catorce nombres. El centro de la misma lo ocupa David, por la razón que hemos apuntado. La genealogía, por otra parte, tiene mucho de artificial. Lo demuestra el simple hecho de colocar catorce nombres en cada una de las fases en que divide la prehistoria de Cristo. El número catorce (NU/000014), por ser el doble del siete, indica perfección y plenitud. Aquí significaría la perfección y providencia especial de Dios en la disposición de toda la historia salvífica anterior, que culmina en Cristo.
La razón apuntada anteriormente explica también la mención de Abraham. El origen de Cristo coincide y se remonta al principio mismo de Israel. Por la misma razón son mencionados, en la primera parte de la genealogía, Judá y sus hermanos, es decir, todo Israel. En la tercera parte se resume la historia de Israel, a partir del destierro babilónico, por idéntica razón: quiere abarcarse toda la historia de Israel: su origen, los momentos más importantes y la coronación o plenitud, que es Jesús.
El fin teológico de la genealogía permite a nuestro autor jugar con alguno de los nombres. Nosotros debemos descubrir su juego.
Al mencionar al rey Asa, Mateo escribe Asaf, que, según el Salterio (Sal 72, 1; 75,1...), compuso varios Salmos, y, en lugar de Amón, otro de los reyes de Israel, nuestro evangelista escribe Amós, que fue uno de los célebre profetas del pueblo de Israel. No querrá decirnos Mateo, con este pequeño juego, que también los Salmos y profetas alcanzan su plenitud en Cristo?
La segunda parte del capítulo presenta el nacimiento de Cristo como algo absolutamente milagroso. María concibió a Jesús sin concurso de varón, por obra del Espíritu Santo. Y al mencionar al Espíritu Santo o al Espíritu de Dios, Mateo -como cualquier escritor judío- piensa en el poder creador de Dios. Afirmado el hecho -concepción milagrosa de Jesús-, Mateo se detiene con cierta amplitud en exponer las consecuencias del mismo. La primera es el natural desconcierto de José. María y José estaban desposados. Según la ley judía, esto quería decir que el contrato de matrimonio había sido sellado seria y firmemente. Únicamente faltaba la ceremonia de la boda, que culminaba llevando a la novia a vivir en la misma casa del novio. La ley judía no consideraba pecado serio la relación sexual habida entre los novios-desposados en el tiempo intermedio entre desposorios y casamiento. Más aún, en caso de que naciese un hijo en ese tiempo intermedio, era considerado por la ley como hijo legítimo.
Teniendo en cuenta la ley y costumbres judías, el estado de María únicamente creaba problema a José. ¿Por qué? Creemos que él estaba al corriente de lo ocurrido. No vemos ninguna razón para que María, su esposa, no le hubiese informado de todo. Entonces, ¿por qué la duda? La duda de José no fue acerca de la culpabilidad o inocencia de María, sino sobre el papel que él personalmente tenía que jugar en todo aquello. Una intervención sobrenatural -aparece el motivo del ángel- se lo aclara: deberá poner el nombre al niño, es decir, deberá ser su padre legal (era el padre quien imponía el nombre) y entonces, conocido su papel en aquel matrimonio, cesa su turbación, desconcierto o duda.
El anuncio del ángel a José es un resumen completo del Nuevo Testamento: Jesús salvará al pueblo de sus pecados. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento la expresión "Perdón de los pecados" no significa el perdón de una falta concreta sino que es el resumen de toda la acción salvadora de Dios. Quiere decir esto que, con la aparición de Jesús, ha sido superada la separación entre Dios y el hombre. Decir Jesús o salvador es exactamente lo mismo. El nacimiento de Jesús, su vida y actividad fue -y es- Dios con nosotros. Como lo había anunciado el profeta Isaías.
Comentarios a la Biblia Liturgica NT, Edic Marova/Madrid 1976.Pág. 930



4.- Los comentaristas intentan, no sin dificultad, explicar la reacción de José que resume el v. 19. ¿Cómo puede un repudio permanecer secreto, mientras que los desposorios han sido públicos? ¿Qué conexión hay que establecer entre la "justicia" de José y su proyecto de repudio tácito?. Ya desde los primeros siglos se han propuesto múltiples explicaciones. Podrá apreciarse en particular este comentario de San Bernardo, tomado del diácono sirio del siglo IV, san Efrén.
"¿Por qué quiso José despedir a María? Escuchad acerca de este punto no mi propio pensamiento, sino el de lo Padres; si quiso despedir a María fue en medio del mismo sentimiento que hacía decir a san Pedro, cuando apartaba al Señor lejos de sí: Apártate de mí, que soy pecador (Lc 5, 8); y al centurión, cuando disuadía al Salvador de ir a su casa: Señor, no soy digno de que entres en mi casa (Mt 8, 8). También dentro de este pensamiento es como José, considerándose indigno y pecador, se decía a sí mismo que no debía vivir por más tiempo en la familiaridad de una mujer tan perfecta y tan santa, cuya admirable grandeza la sobrepasaba de tal modo y le inspiraba temor. El veía con una especie de estupor, por indicios ciertos, que ella estaba embarazada de la presencia de su Dios, y, como él no podía penetrar este misterio, concibió el proyecto de despedirla. La grandeza del poder de Jesús inspiraba una especie de pavor a Pedro, lo mismo que el pensamiento de su presencia majestuosa desconcertaba al centurión. Del mismo modo José, no siendo más que un simple mortal, se sentía igualmente desconcertado por la novedad de tan gran maravilla y por la profundidad de un misterio semejante; he ahí por qué pensó en dejar secretamente a María. ¿Habéis de extrañaros, cuando es sabido que Isabel no pudo soportar la presencia de la Virgen sin una especie de temor mezclado de respeto? (Lc 1, 43). En efecto, ¿de dónde a mí, exclamó, la dicha de que la madre de mi Señor venga a mí?".
San Bernardo, 2. homilía sobre el Missus est, PL 183, p. 68. Ver una justificación del pensamiento de san Bernardo y un comentario de todo el relato en X. LÉON-DUFOUR, Estudios de Evangelio, Edic. Cristiandad, Madrid 1982, págs. 67-82.
Louis Monloubou, Leer y Predicar el Evangelio de Mateo, Edit. Sal Terrae Santander 1981.Pág 66



5.- ¿En qué sentido se declara a José justo?
La lectura atenta del fragmento hace que surjan algunos interrogantes. Cosa excelente. Para que un texto hable y desvele su secreto, es preciso siempre interrogarle. Lo importante es hacerle preguntas justas. Nosotros le hacemos tres.
Primera: ¿En qué sentido se declara justo a José? Más en concreto: ¿Cuál es el motivo de su vacilación? ¿Qué problema le inquieta? Según una antigua interpretación que se remonta a Justino, José es justo, primero porque observa la ley (que obligaba al marido a disolver el matrimonio en caso de adulterio) y, además, porque mitiga con la magnanimidad el rigor de la ley (evita la difamación pública). Tenemos, pues, un José "filósofo", que sabe ir más allá de la letra de la ley, compaginando obediencia y magnanimidad. Es el ideal griego de la sabiduría.
¿Pero es éste el sentido de Mateo? ·Jerónimo-SAN es de otro parecer: "José, conociendo la castidad de María y extrañado por lo acaecido, oculta con su silencio aquello cuyo misterio ignora". Por tanto, José se habría encontrado ante un dilema: por un lado, la indiscutible inocencia de María, y, por otro, un hecho que parecía desmentirla; José busca entonces un comportamiento que deje a salvo ambas exigencias. ¿Se puede hablar entonces de justicia? En cualquier caso, no es éste el concepto de justicia que aparece habitualmente en el evangelio de Mateo.
JUSTO/SENTIDO: Los comentaristas modernos prefieren cada vez más otra interpretación, que he intentado poner de manifiesto ya a nivel de traducción: José es justo porque, comprobando una presencia de Dios, una economía superior, se retira ante ella sin pretensiones. "Justo" tiene entonces el sentido típico de Mateo, a saber, aceptación del plan de Dios incluso cuando desconcierta el propio. Según esta interpretación el anuncio del ángel no tiene como objeto la concepción virginal, que José ya conocía y que era justamente el motivo por el que pensaba permanecer en la sombra; el objeto es más bien hacerle conocer la misión que le corresponde, que consiste en imponer el nombre al niño y asumir su paternidad legal.
Bruno Maggioni, El Relato De Mateo, Edic. Paulinas/Madrid 1982.Pág. 21



6.- Centrar la atención en la personalidad de José, su actitud ante el misterio de Dios y ante la misión que le es encomendada. José se muestra como lo que es: un hombre "justo", un hombre "bueno".
José se ve en la presencia de lo divino. Aquella concepción era de Dios, y, ante el Misterio de Dios presente en María, José reacciona como reaccionan ante la presencia de lo divino todos los "justos" en la Biblia: como Moisés, que se esconde ante la Gloria de Dios presente; como Isaías, atemorizado por la aparición; como Isabel, que pregunta por qué viene a ella la Madre de su Señor; como el centurión del evangelio, que dice que no, que él no es digno; como Pedro que, cuando ve en Jesús el poder divino, le dice: apártate de mí, Señor, que soy un pecador.
El "justo" se sitúa así ante Dios: se siente pecador, indigno, y se retira. Porque José es justo y bueno, se siente obligado a retirarse; no tiene derecho a retener a María como suya porque Dios ha tomado posesión de ella; no puede figurar como padre de la criatura que es sólo de Dios. Donde entra Dios personalmente haciendo de María objeto de su presencia y de su bendición, José no tiene nada que hacer y toma la actitud del que es "justo" y se siente indigno.
Y porque es "justo" y bueno comprende que no puede romper con María por el procedimiento legal, pues, o tendría que revelar el misterio, o expondría a María a unas sospechas injustas; cualquiera de estas dos cosas era injusta. Por eso, como esto ocurría "antes de vivir juntos", decidió dejarla en secreto".
Como se ve, la versión de la duda de José -tan popular- que nos lo presenta lleno de esas angustias psicológicas que rayan la sospecha, no tiene nada que hacer en el texto del evangelio. El evangelista no va a interesarnos en unas zozobras psicológicas, sino ha de revelarnos cómo se han cumplido los designios de Dios y qué actitud religiosa han tomado los hombres ante estos designios.
Todo esto está apoyado en una exégesis segura, que se abre camino y se va a imponer acabando con esa otra versión popular. Un estudio a fondo del original de las palabras del ángel a José, descubre en el uso de las partículas "gar...de" uno de los casos en que "gar" anuncia la causa de lo que se afirma, pero esta causa se expresa después de afirmar otra cosa ya conocida por el interlocutor. Así, el sentido de las palabras del ángel a José es este: "`ciertamente', la criatura que hay en ella viene del Esp. Santo, pero tú no te retires, no tengas reparo en llevarte a María por esposa, `porque' tienes la misión de darle nombre". (Por otro lado, San Bernardo en sus homilías resumía ya la opinión de los Padres en esta línea que hemos expuesto y que nos parece la justa).
Y aquí, de nuevo, se muestra José un hombre "justo" porque sabe situarse ante Dios en actitud de obediencia y de fidelidad. Acepta y cumple la misión encomendada. Así, José se manifiesta justo y bueno porque sabe percibir la presencia de Dios y se sitúa ante Él como un pecador, y busca la manera de actuar y retirarse sin hacer daño a nadie. Y, en cuanto conoce la voluntad de Dios sobre él, la cumple. Vive de cara a Dios, dentro de sus planes y, cumpliendo su voluntad divina, es instrumento y objeto del amor de Dios.


7.- La principal dificultad de este pasaje evangélico reside en la traducción de los vs. 20-21, habitualmente inexacta. Proponemos la traducción que consideramos más ajustada al texto original.
"José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer. -Ciertamente- la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo; -ahora bien-, al hijo que ella va a dar a luz tú le pondrás por nombre Jesús." (Los subrayados responden a los dos puntos de novedad respecto a las traducciones habituales).
El punto de vista de Mateo no es el de descorrer a José el velo del misterio que envuelve la concepción de Jesús. En realidad, José ya sabe que se trata de una concepción misteriosa. Y es precisamente esta cercanía del misterio la que aviva en José el sentimiento de la propia indignidad, hasta el punto de pensar que su persona no podía ser más que un obstáculo al plan de Dios y que por consiguiente tenía que retirarse. Sólo esta interpretación da una respuesta adecuada al v.19. Todo intento de explicación psicológico-cronística se estrella con la frase: "que era hombre justo y no quería infamarla". El repudio secreto hubiera sido el mejor modo de ser egoísta, injusto e infamatorio de María. Nunca mejor que aquí aparece claro que los evangelistas no han pretendido ser cronistas o reporteros de unos sucesos.
El punto de vista de Mateo en los vs. 20-21 es el siguiente: José no es ningún obstáculo al plan de Dios. Al contrario, aceptando ser el esposo de María y dando nombre al hijo que a ésta le nazca garantiza a la criatura una ascendencia legal que lo entronca con David y Abrahán. En definitiva, lo que se le pide a José es que, a pesar del miedo que la cercanía del misterio produce en él, se fíe por completo de Dios. Y José se fió de Dios (v.24).
Dabar 1977/21



8. JESÚS, HIJO DE DAVID ENC/H/DAD 
Nada hay más impresionante que esta genealogía de Jesús y la proclamación de su final: "Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo". Esta inserción de Dios en el mundo, entre nosotros, como uno de nosotros, es el acontecimiento que domina la historia de los hombres.
Pero no domina de hecho nuestra historia personal. Nuestra fe es tan débil que nuestras actitudes no corresponden a la dignidad que tiene ahora el hombre, en el transcurso del tiempo, desde la venida del Hijo.
Adrien Nocent, El Año Liturgico: Celebrar A Jc 1, Introduccion y Adviento, Sal Terrae Santander 1979.Pág. 144 S.



9.- El hecho del nacimiento legal, que la genealogía ha afirmado, es el objeto de un relato: José, hijo de David, acoge a Jesús en su descendencia. Este relato es, sin duda, el resultado de una larga elaboración literaria. Volviendo a tomar probablemente un relato apologético anterior (un sueño: cf. 2, 13.19), donde Dios evoca, a través de las objeciones de José, las calumnias concernientes al nacimiento virginal Mt lo orienta teológicamente gracias a la cita de Is 7, 14 (1. lectura), que expresa la fe de la Iglesia en la concepción virginal. Así se responde a la objeción: he aquí el modo en que Jesús, naciendo de una mujer virgen, ha sido agregado al linaje de David. Construcción teológica que, sin duda, oculta algo más de misterio y de hondura que lo que aparece.
El AT no habla nunca de este secreto, sino que, precisamente, había que hacerlo de manera oficial y pública (cf. Dt 24, 1). Hay que contar con la respuesta del v. 21, donde José se hace una idea de que Jesús es algo más que las simples apariencias. Los diversos planos se entremezclan. De todos modos, la encarnación tendrá siempre un cierto margen para quien quiera sospechar, calumniar o ridiculizar. Las cosas más delicadas son las más expuestas al desmoronamiento. Aquí entramos en un contexto cristiano de gran horizonte. El creyente tiene trabajo en encontrarse a sí mismo. Por eso acude a la fe de la iglesia.
Etimológicamente parece que este nombre quiere decir "Dios salva". El mensaje angélico tiene dos interpretaciones posibles: que el ángel revela a José la concepción virginal de María y le confía además la misión de dar el nombre al hijo; o bien que el ángel revela que, aunque María está encinta por el Espíritu, sin embargo José tiene un gran papel que jugar: conferir a este hijo la filiación davídica dándole el nombre. Misterio de la actuación de Dios a través del hombre. Locura para el inteligente, pagado de sí mismo, y necedad para el espiritualista.
Eucaristía 1992/58



10.- Según el derecho matrimonial judío los esponsales, que siempre se celebraban delante de dos testigos, equivalían ya prácticamente al matrimonio en sentido estricto. Se celebraban de ordinario cuando la novia alcanzaba la edad de doce años. A partir de ese momento la desposada no podía ser abandonada si no recibía, por justa causa, un "libelo de repudio", y si moría su esposo era considerada como una viuda. Después de transcurrir un año desde los esponsales, el esposo tomaba a su esposa y la conducía solemnemente a su propia casa, con lo cual el matrimonio quedaba plenamente formalizado. María concibió a Jesús antes de vivir con José en una misma casa, siendo desposada. Este difícil texto admite dos posibles interpretaciones: a) José era un "varón justo", que aquí significa tanto como cumplidor de la Ley y, a la vez, bondadoso o bueno. Y porque era justo y bueno, se encontraba perplejo en una situación insólita: no entiende que se deba proceder contra María según dispone Moisés que se haga con la mujer adúltera (Dt 22, 20s), pero tampoco ve claro que deba tomarla en su casa como si no ocurriera nada. En consecuencia decide repudiarla en secreto. B)José conocía por su esposa el origen de su maravillosa esperanza, y piensa retirarse respetuosamente ante el misterio. Piensa que, una vez María había sido distinguida por Dios con tan alta vocación, él no debía intervenir en absoluto haciendo valer sus derechos de esposo.
Sea lo que fuere, lo cierto es que la embajada del ángel a José no tiene únicamente el sentido de sacarlo de apuros y devolverle la tranquilidad. Significa también para José una vocación excelsa. Además, José era "legalmente" el padre del niño y a José correspondía entre otras cosas el darle un nombre. En este caso (lo mismo ocurrió en el de Zacarías, el padre del Bautista), José es informado por Dios sobre el nombre que había de llevar el hijo de María. Su nombre será "Jesús", esto es, "Dios-salva". En este nombre va indicada ya la misión que trae Jesús al mundo.
Cualquiera que sea el significado del texto de Isaías en su contexto original, ciertamente Mateo lo refiere aquí a Jesús, el hijo de la Virgen María. Y pone el acento en el nombre de Emmanuel, que recibe Jesús. La vida de Jesús, sus palabras y sus obras, significa para nosotros que Dios está con los hombres y nos salva. De Jesús se predica que Dios estaba con él (Jn 8, 29; Hech 10, 38), y Jesús es para nosotros la presencia de Dios en persona (2 Cor 4, 6; Col 2, 9; Heb 1, 3; Jn 14, 6-9; Mt 11, 4s).
Eucaristía 1980/59



11.- Texto. El versículo inicial es fundamental para el posterior desarrollo narrativo. El versículo enuncia un hecho: María está encinta por obra del Espíritu Santo. Con la formulación de este hecho Mateo no pretende anticipar a sus lectores algo que José conocerá más tarde, sino sentar la base de todo el relato y, consiguientemente, de la posterior decisión de José. Desde el comienzo mismo del relato José es, pues, sabedor de la concepción milagrosa del niño que hay en María. Su decisión, formulada en el v. 19, de no convivir con María no es fruto de la sospecha contra María, sino del asombro y de la conciencia de la propia indignidad. ¿Cómo podría él convivir con alguien en quien Dios se ha hecho presente tan especialísimamente? José, que es justo, es decir, que en cada situación adopta la actitud adecuada, decide no convivir con María. Es muy posible que el empleo del verbo repudiar no haga justicia al relato.
De todo esto resulta que lo que José tiene que superar es su propio miedo religioso, su conciencia de indignidad y de pequeñez. Las palabras del ángel tienen precisamente esta función. De ahí que comiencen con un no temas, no tengas reparo, invitando a José a la convivencia con María bajo el mismo techo.
Suele ser habitual atribuir a las palabras del ángel en el v. 20 la función de información a José. La traducción litúrgica así lo confirma. Todo el problema radica en que la misma conjunción griega puede tener sentido causal (porque) o reforzativo (en efecto).
Personalmente me inclino por la segunda alternativa. La traducción del v. 20 debería ser la siguiente: "No tengas miedo en llevarte a María, tu mujer. En efecto (como tú ya sabes), la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo". El ángel no desvela a José el misterio de la concepción de María, sino que refuerza el conocimiento que José ya posee. El ángel no libera a María de la sospecha de infidelidad, sino que libera a José de su miedo religioso; le ayuda, en una palabra, a no sentirse anonadado por la cercanía de Dios.
Pero las palabras del ángel no se limitan a liberar a José de su miedo religioso: le confían, además, la tarea de dar nombre al niño que hay en María. La acción de dar nombre constituía en el ámbito semita el momento genuino de la paternidad.
El nombre, a su vez, definía a la persona, la caracterizaba en su tarea y función posteriores. De ahí la importancia de las etimologías e interpretaciones de los nombres en la biblia. El texto confiere especial relieve al nombre del niño. Por un lado, el ángel define al niño como salvador de los pecados; por otro, el propio autor, aplicándole un texto de Isaías, lo define como Dios con nosotros. El nombre del niño constituye probablemente el centro de atención del texto.
Comentario.
Por encima de los intentos novelísticos, alguno de ellos encomiable, de acercamiento al misterio de Jesús, el intento de acercamiento más completo es el religioso. Resultado de este tipo de intento es el texto producido por Mateo que hoy leemos.
El misterio de Jesús es, en última instancia, el de su divinidad. Jesús es Dios con nosotros. Desde la cercanía, desde la inmediatez. El hecho es tan sorprendente que pueda parecer contradictorio. ¿Cómo se puede ser Dios a la vez que humano? La reacción humana espontánea es la de negar la compatibilidad de ambos extremos. La reacción humana religiosa es la aceptación de su compatibilidad.
Pero con la aceptación surge un nuevo problema. ¿Puede Dios ser uno entre nosotros sin que nosotros suframos las consecuencias negativas de su cercanía? ¿Puede el sol estar tan cerca de nosotros sin que nos destruya? La reacción humana espontánea es la de renunciar a la cercanía. La reacción humana religiosa es la de aceptarla.
Ahora bien, aceptar esa cercanía comporta dar a Dios un nombre y un rostro humanos. Así vio Mateo la tarea de José; así debe ser la tarea del creyente en Dios. La consecuencia no se deja esperar: el que Dios tenga un nombre entre los humanos depende de que haya humanos que quieran dárselo; el que Dios sea Jesús, es decir, salvador de los pecados, depende de la existencia de José, es decir, de la existencia de creyentes. De esta forma, lo que se presentaba como problema divino termina convirtiéndose en problema humano.
De la vida concreta de José, de su vivir diario, conocemos muy poco, prácticamente nada. Pero conocemos de él lo que realmente vale la pena: aceptó el riesgo de dar nombre a Dios. Gracias a esta aceptación Dios se llama Jesús y es uno entre y con nosotros. La tarea de José no es irrepetible. Muy al contrario: está necesitada de que otros la sigan repitiendo. He aquí el reto que nos lanza el texto de hoy.
Alberto Benito, Dabar 1992/04



12.- -Después de la genealogía introductoria al evangelio, Mateo explica el nacimiento de Jesús. En la intimidad de una familia judía, Dios interviene por medio de su Espíritu. María y José se encontraban en la primera fase del matrimonio, después de los esponsales, aún sin cohabitación. Es en esta situación que María "esperaba un hijo, por obra del Espíritu Santo".
-"José, su esposo, que era bueno...": Es mejor el término "justo", que no queda plenamente definido con la expresión "bueno". No se ha de entender tampoco en el sentido de un cumplidor estricto de la Ley. José se mantiene en la fidelidad a la voluntad de Dios. No podemos dejarnos llevar por construcciones psicológicas y anecdóticas sobre el estado de ánimo de José. Intenta una solución que armonice el cumplimiento de la ley con la misericordia: "no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto". La duda de José es también la duda del pueblo de Israel ante la nueva realidad cristiana presentada por María. Tendrá que pasar de la fidelidad a la Ley a la fidelidad a la novedad de la acción de Dios.
-"Se le apareció en sueños un ángel del Señor..": A fin de esclarecer el significado del acontecimiento el diálogo entre el ángel y José pasa al primer plano. "La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo": la casualidad de la acción del Espíritu en el nacimiento del Mesías es única. No hay lugar a una intervención del hombre. He aquí una diferencia radical con otros nacimientos (Samuel, Juan bautista, etc.).
-"Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados": Jesús es la transcripción griega de una adaptación del nombre de Josué, que quiere decir "Yavhé salva". Existe un nexo entre el nombre y la misión mesiánica. Pero esta misión no se explica en términos de liberación política del pueblo de Israel de sus enemigos, sino "de los pecados". De esta manera se desmarca de las expectativas mesiánicas de su tiempo.
-"Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta..": Comentario del evangelista: las realidades de la Nueva Alianza son la plenitud de la Antigua. No se trata por tanto de una realización literal de un oráculo, sino sobre todo de la continuidad de la acción de Dios en la historia. La designación de Emmanuel no es ningún nombre que desplace al de Jesús sino el signficado de su persona y de su obra.
(J. Naspleda, Misa Dominical 1989/24



13.- El evangelista ha presentado la genealogía de Jesús partiendo de Abrahan y pasando por David. El último descendiente de David nombrado es "José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, el Cristo".
El acuerdo matrimonial se hacía un año antes de la boda y aunque los novios aún no vivían juntos, tenía validez legal parecida a la del matrimonio, es decir, que para romper el acuerdo matrimonial hacía falta un acto formal de repudio. Esto es lo que se dispone a hacer José cuando se da cuenta de que su prometida está embarazada.
De José sólo se dice "que era un hombre justo", un término de profundo significado en el Antiguo Testamento y que recuperaremos como eje central de las Bienaventuranzas. Como en el Antiguo Testamento, el "sueño" es a menudo un medio a través del cual Dios se manifiesta. El "ángel", por otro lado, también se presenta como un mensajero de Dios. El ángel se dirige a José con un título que sólo se dará a Jesús: "hijo de David", y le comunica que el hijo que espera María "viene del Espíritu Santo". Así queda claro que José no ha intervenido en la concepción del hijo de María. Más aún, José ni tan sólo podrá hacer lo que correspondía al padre: escoger el nombre del hijo.
"Jesús" quiere decir "el Señor salva". El nombre indica la misión del hijo de María: hacer patente la salvación de Dios; él mismo será la salvación.
Es típica de Mateo la indicación de que en Jesucristo se cumple plenamente lo que las Escrituras anunciaban. En este caso recuerda el anuncio hecho por Isaías al rey Acaz. Y el nombre que decía el profeta, "Emmanuel", será también definitorio de Jesús. Mateo concluirá su evangelio remitiendo a este texto inicial: Jesús "estará con nosotros cada día". José, "hombre justo", se fía de Dios y toma a María en su casa como esposa. A pesar de no serlo físicamente, ejercerá de padre de Jesús.
Josep M. Grane, Misa Dominical 1992/16