sábado, 15 de abril de 2017

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO DE RESURRECCION CICLO A - 16 ABRIL 2017

EL NACIMIENTO DE NUESTRA FE

ORACION COLECTA

Señor Dios, que en este día no has abierto las puertas de la vida por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte, concede a los que celebramos la solemnidad de la resurrección de Jesucristo, ser reno vados por tu Espíritu, para resucitar en el reino de la luz y de la vida. Por Nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 10, 34a. 37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: Hermanos: Ustedes conocen lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.

SALMO RESPONSORIAL (117)

Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. R.

 La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. R.

La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 3, 1-4.

Hermanos: Ya que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque han muerto; y su vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también ustedes aparecerán, juntamente con él, en gloria.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Juan 20, 1-9.

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo: pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.
En lugar de este Evangelio puede leerse el de la Vigilia Pascual. Cuando se celebra la misa por la tarde, también puede leerse en ella el Evangelio Lc 24, 13-35, como en el III Domino de Pascua.

COMENTARIO

Los cuatro evangelistas, que son diferentes entre sí, empiezan de la misma forma su ultimo  capitulo, el de la resurrección: “El primer día de la semana”. En el amanecer de aquel primer día nace la fe pascual, nuestra fe. Al principio fue tan solo una conmoción en la sombra (“Aunque estaba oscuro”, indica Juan, el evangelista preciso y buscador de símbolos), luego una agitación de amor, Juan el “discípulo preferido de Jesús”, se preocupa de subrayar debidamente la presencia de otra preferida, María de Magdala; la fe y el amor están estrechamente ligados entre sí. Al llegar al final de los cuatro evangelios, si hay algo claro para  nosotros es precisamente la certeza de que toda nuestra vida se basa en ese binomio fe-amor. María ve la losa quitada, corre a avisar a Pedro y a Juan y les dice algo tan terrible a propósito de Jesús que la idea de muerte se hace aún más pesada: “No sé dónde lo han puesto”. No piensa más que en un cadáver, en un objeto. Tan cerca de lo que va a ser nuestra fe, todavía nos encontramos ante un abismo infranqueable. Pero Pedro y Juan van corriendo y descubren los primeros signos de “otra cosa”: el sepulcro vacío, el sudario y las vendas cuidadosamente enrolladas. Pedro sigue todavía perplejo, no entiende.
Mas intuitivo que Pedro, Juan da el inmenso paso de la fe: “Vio y creyó”. El evangelista insiste en este fantástico “creyó” que en adelante va a separar dos mundos, el de antes y el de después de la resurrección: “Hasta entonces no habían entendido lo que dice la Escritura que tenía que rescatar de la muerte”. El evangelista dice de sí mismo: “Vio y creyó”, y contará que María dijo: “He visto”. Luego los discípulos “ven” y finalmente Tomás vio y creyó. Pero el resucitado proclama entonces la gran bienaventuranza: “Dichosos los que creen sin haber visto”. La fe no es una meditación sobre Dios, sino un don de Dios que nos abre a los primeros creyentes vieron y comprendieron; el sepulcro vacío, las apariciones de Jesús resucitado, el testimonio de la escritura.
La mayor parte de nosotros hemos recibido fácilmente  la fe y nos hemos quedado en la facilidad pasiva. “Desde luego yo soy cristiano y hasta practicante”. Pero el aire que respiramos es mortal para nuestra creencia y nuestras prácticas. En un clima de lucro y de consumo, en la agresión permanente de los científicos, de los  psicólogos y de los medios de comunicación social, creer en la resurrección exige un cultivo de la fe. Muchos padres se desalientan por el abandono de sus hijos y preguntan cómo pueden transmitirles mejor la fe. La primera respuesta es una cuestión ¿qué fuerza de fe, que inteligencia de la fe tenemos nosotros para transmitírsela a ellos?
Una reflexión sobre este punto nos infundirá quizás el deseo de conocer mejor la biblia y de seguir la puesta al día de la fe en las enseñanzas de la iglesia. Esa fe sigue siendo ciertamente  la fe de la mañana de pascua, pero no cesa de enriquecerse con las formas de vivirla en cultura diferentes. No basta con cantar: “¡Cristo ha resucitado!”, es preciso advertir todas las consecuencias que esto lleva consigo en el mundo entero y en nuestra propia vida.

PLEGARIA UNIVERSAL

En este día santísimo, en que la potencia del Espíritu nos crea como hombres nuevos, a imagen del Señor resucitado, y hace de todos nosotros un pueblo santo, elevemos nuestra oración común para que la Iglesia pascual se extienda por todo el mundo. R.- Por la resurrección de tu Hijo, escúchanos, Padre.

1.- Por la Iglesia de Dios, para que cada día, sea más consciente de ser la comunidad pascual, generada por Cristo humillado en la cruz y glorificado en la resurrección. Roguemos al Señor.

2.- Por todos los bautizados: para que  en la aspersión de la sangre y del agua que brotan del costado de Cristo, renueven la gracia de su nacimiento en el Espíritu. Roguemos al Señor.

3.- Por toda la humanidad: para que se extienda por el mundo el alegre anuncio de que en Cristo se han hecho las paces del hombre con Dios, del hombre consigo mismo y del hombre con sus hermanos. Roguemos al Señor.
4.- Por nuestras familias: para que en todas las casas se celebre el acontecimiento pascual en sinceridad y verdad,  y se comparta el don del Señor con una hospitalidad festiva con los pobres  con los que sufren. Roguemos al Señor.

5.-  Por todas las hermanas y hermanos difuntos: para que desde ahora sean comensales del reino eterno, mientras esperan la resurrección de los cuerpos al final de los tiempos. Roguemos al Señor.

Padre que en la resurrección de tu Hijo ahuyentas todos los miedos y haces posible lo que nuestro corazón no se atreve a esperar; concede a todos los que se llaman cristianos renovarse en el pensamiento y en las obras, con la fe de quien se siente resucitado en el bautismo. Por Jesucristo  nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Rebosantes de gozo pascual, celebramos, Señor, estos sacramentos en los que tan maravillosamente ha renacido y se alienta tu Iglesia. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Protege Señor, a tu Iglesia con amor paternal, para que, renovada por los sacramentos pascuales, llegue a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 17: Hch. 2, 14.22-33; Sal 15; Mt. 28, 8-15.
Martes 18: Hch. 2, 36-41, Sal 32; Jn.  20, 11-18.
Miércoles 19: Hch. 3, 1-10; Sal 104; Lc. 24, 13-35.
Jueves 20: Hch. 3,  11-26;  Sal 8;  Lc. 24, 35-48.
Viernes 21: Hch. 4, 1-12; Sal 117; Jn.21, 1-14.
Sábado 22: Hch. 4, 13-21; Sal 117; Mc. 16, 9-15.
Domingo 23: Hch. 2, 42-47; Sal 117; Ped. 1, 3-9; Jn. 20, 19-31.

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Jn 20. 1-9

1.- "El había de resucitar de entre los muertos"
También en los relatos pascuales el evangelio de Juan presenta notables diferencias respecto a los evangelios sinópticos, si bien es probable que parta de tradiciones comunes, que, no obstante, han pasado por la criba de la teología propia del círculo juánico.
En las palabras de María Magdalena resuena probablemente la controversia con la sinagoga judía, que acusaban a los discípulos de haber robado el cuerpo de Jesús para así poder afirmar su resurrección. Los discípulos no se han llevado el cuerpo de Jesús. Más aún, al encontrar doblados y en su sitio la sábana y el sudario, queda claro que no ha habido robo.
La carrera de los dos discípulos puede hacer pensar en un cierto enfrentamiento, en un problema de competencia entre ambos. De hecho, se nota un cierto tira y afloja: "El otro discípulo" llega antes que Pedro al sepulcro, pero le cede la prioridad de entrar. Pedro entra y ve la situación, pero es el otro discípulo quien "ve y cree".
Seguramente que "el otro discípulo" es "aquel que Jesús amaba", que el evangelio de Juan presenta como modelo del verdadero creyente. De hecho, este discípulo, contrariamente a lo que hará Tomás, cree sin haber visto a Jesús. Sólo lo poco que ha visto en el sepulcro le permite entender lo que anunciaban las Escrituras: que Jesús no sería vencido por la muerte.
Josep Mª Grané Misa Dominical 1993, Nº 6



Ninguno de los discípulos se esperaba la resurrección de Jesús. Puede notarse el simbolismo de la escena del sepulcro vacío: Jesús se ha "desatado" de los lazos del reino de la muerte; en cambio, Lázaro tiene que ser "desatado" para poder caminar (para seguir a Jesús). Esto es lo que "ve", desde la fe, el Discípulo amado, y con él, la comunidad. Es el hoy del resucitado.
Jaume Fontbona, Misa Dominical 1990, 8



Algo, sin embargo, me parece importante destacar a propósito del discípulo a quien Jesús quiere y que nunca tiene nombre propio.
Esta falta de nombre no parece obedecer a un recuerdo de modestia del autor para evitar referirse a sí mismo (interpretación anecdótica), sino a la intención del autor de englobar a todos y cada uno de los creyentes en Jesús, incluidos los que no han conocido a Jesús según la carne, como diría Pablo. Por eso este discípulo no puede tener un único nombre propio. Su nombre es el tuyo y el mío, que este día de Pascua creemos en Jesús resucitado y experimentamos en nosotros el amor de Jesús resucitado.
A. Benito, Dabar 1988, 23


4.- Texto. María hace una constatación en el sepulcro y comunica su interpretación a dos discípulos (vs, 1-2). Los dos discípulos inspeccionan por separado el sepulcro, llegando a conclusiones distintas (vs, 3-8). Comentario editorial explicando el presupuesto desde el que se había llevado a cabo la inspección (v. 9).
Pre-texto. Isaías 26, 19-21: "¡Vivirán tus muertos, tus cadáveres se alzarán, despertarán jubilosos los que habitan en el polvo! Porque tu rocío es rocío de luz y la tierra de las sombras parirá. Anda, pueblo mío, entra en los aposentos y cierra la puerta por dentro: escóndete un breve instante mientras pasa la cólera. Porque el Señor va a salir de su morada para castigar la culpa de los habitantes de la tierra: la tierra descubrirá la sangre derramada y no ocultará más a sus muertos".
Sentido del texto. María va al sepulcro poseída por la falsa concepción de la muerte; cree que la muerte ha triunfado; busca a Jesús como un cadáver. Su reacción, al llegar, es de alarma y va a avisar a Simón Pedro (símbolo de la autoridad) y al discípulo a quien quería Jesús (símbolo de la comunidad). Las dos veces que hasta ahora han aparecido juntos ambos (cfr. Jn. 13, 23-25; 18, 15-18), el autor ha establecido una oposición entre ellos dando la ventaja al segundo. Es lo mismo que vuelve a hacer en este relato y que volverá a hacer en 21, 7. El discípulo amado llega antes (v. 4) y cree (v. 8); Pedro, en cambio, llega más tarde (v. 6) y de él no dice que creyera. Correr (CORRER/SIMBOLO) más de prisa es imagen plástica para significar tener experiencia del amor de Jesús.
Pedro no concibe aún la muerte como muestra de amor y fuente de vida. En el atrio del sumo sacerdote había fracasado en su seguimiento de Jesús (cfr. Jn. 18, 17. 25-27); el otro discípulo, en cambio, siguió a Jesús (cfr. Jn. 19, 26). De esta manera, puede ahora marcar el camino a la autoridad en la tarea, común a ambas, de discernir a Jesús y encontrarse con él; corriendo tras la comunidad es como podrá la autoridad alcanzar su meta. Ambas, autoridad (Pedro) y la comunidad (discípulo amado) habían partido de la misma no-inteligencia, de la misma obscuridad, del mismo sepulcro. Ni Pedro ni el otro discípulo habían entendido, cuando partieron, el texto de Is. 26, 19-21. Pero el otro discípulo, al ver, creyó, captó el sentido del texto: la muerte física no podía interrumpir la vida de Jesús, cuyo amor hasta el final ha manifestado la fuerza de Dios.
Dabar 1983 23



5. CZ/TRONO.
Contexto. Jesús ya ha transmitido el espíritu (cfr. Jn. 19, 30). De ahí que el que no nazca de arriba no puede ser del Reino (cfr. Jn. 3, 3). Arriba es la cruz. El espíritu es el amor capaz de dejarse matar por los demás. En el cuarto evangelio la cruz es trono y gloria: es la hora del triunfo de Jesús, pues pone de manifiesto quién es Jesús. La cruz expresa un estilo, un talante de vivir y de ser.
Sentido del texto. Este estilo, este talante, son una tarea ardua y difícil, pues pasa inevitablemente por la experiencia aniquiladora del que vive ese espíritu. En el relato de Juan, María Magdalena adquiere la función de recordar y hacer viva esta experiencia: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos donde lo han puesto". En el relato de Juan no hay ángeles ni mensajes pascuales. Para Juan, el mensaje pascual y el triunfo de Jesús están en la cruz. La resurrección de Jesús es su amor a prueba de la propia vida. Es este amor el que ha roto la muerte, porque, al amar al máximo, Jesús se ha encontrado con la potencia viva del Padre, que es sólo amor. Esto requiere un gran esfuerzo de credibilidad (fe), porque es un desafío a las reglas elementales de lo empírico.
De los dos personajes que corren al sepulcro en el relato, sólo uno rompe el reto de lo empírico. El discípulo amado "vio y creyó" (v. 9). Una vez más, Pedro no capta la situación. De él sólo se dice que vio, pero no que creyó. Pedro todavía no ha entendido que vivir es amar. Pedro todavía no posee el espíritu que Jesús transmite. No lo poseerá hasta más adelante (cap. 21) y entonces sólo gracias a este discípulo amado que le ayudará en la ardua y difícil tarea de creer (cfr. Jn. 21, 7). De ser cierto lo que fundadamente dicen algunos exégetas de que el discípulo amado simboliza en el cuarto evangelio a la comunidad cristiana, habrá que restituir hoy para la comunidad cristiana el protagonismo que el autor del cuarto evangelio quiso darle.
Dabar 1981, 23



6.- María ha visto que el sepulcro está abierto y corre adonde están los discípulos, pero sólo puede hacer una banal constatación: "Se han llevado del sepulcro al Señor". María piensa en ladrones de cadáveres. Es verdad que aún no ha despertado del todo y no es un modelo de creyente: a pesar de lo cual, para los tiempos venideros será la iniciadora, la que presintió las secretas promesas del cuerpo sin vida que ella tanto amó.
Pero aún le queda camino por recorrer. Primero necesita escuchar el testimonio oficial de la Iglesia, el que da Pedro y para el que el príncipe de los apóstoles reunió todas las pruebas: las vendas por el suelo, y en un lugar aparte, el sudario cuidadosamente doblado. Son unas pruebas silenciosas, pero ¿acaso no es el tiempo de recogimiento, en que cada objeto adquiere el valor de signo visible que remite a lo invisible? La ausencia del cuerpo no es, ciertamente, la prueba de la resurrección; es el indicio de que el poder glorificador del Espíritu no ha olvidado el cuerpo.
Juan es el último en llegar al final del camino. Ve las vendas, pero no las hace caso. En efecto, su mirada se ha vuelto ya hacia el interior; si revuelve algo, es en sus recuerdos y en su corazón. El vino de las bodas, el templo purificado, Lázaro...
Otros tantos presentimientos de lo posible, de un insospechado orden de las cosas. Un sepulcro abierto y unas vendas, una mujer y dos hombres para interpretar... Todo es ordinario y cotidiano, pero todo tiene valor de signo. "Vio y creyó"
Dios cada dia, Siguiendo el leccionario ferial, Adviento-Navidad y Santoral, Sal Terrae, Santander 1989.Pág. 83 S.


jueves, 13 de abril de 2017

LITURGIA DE SEMANA SANTA

JUEVES SANTO


El jueves santo se encuentra en la encrucijada entre la cuaresma y la pascua. Es el último día de cuaresma, y su misa vespertina da paso al triduo pascual, que es la preparación inmediata para la pascua, al mismo tiempo que comienza ya su celebración.

Domina, pues, en este día el ambiente de preparación. Todo en él se encamina a la pascua. Así ocurrió el primer jueves santo, cuando el Señor envió a Pedro y a Juan para hacer preparativos: "Id y preparad para que comamos la pascua" (Lc 22,8).

Para los fieles es un día de preparación espiritual. En él se reconciliaban con la Iglesia los penitentes públicos de los primeros tiempos. Se les volvía a recibir en plena comunión con la Iglesia, absolviéndolos de sus pecados mediante un rito público y solemne, para que pudiesen volver a celebrar la pascua y recibir la comunión pascual con los demás fieles. Es muy acorde con la tradición el hacer la confesión pascual en este día, si es que no se ha hecho antes.

El jueves santo se celebran dos misas: la llamada misa crismal, que tiene lugar únicamente en las catedrales, y la misa vespertina en la cena del Señor, en las parroquias y casa religiosas. La misa crismal incluye la consagración de los óleos que se usan para el bautismo y otros sacramentos. En esta liturgia resalta el tema del sacerdocio y su institución por parte de Cristo. La misa vespertina conmemora sobre todo la institución de la eucaristía. Ambos temas están íntimamente relacionados entre sí, pero es conveniente distinguirlos con dos celebraciones.

La misa crismal

Como ya dijimos arriba, esta misa se celebra únicamente en las catedrales y tiene lugar por la mañana. El obispo diocesano consagra los óleos y preside como celebrante principal. Es un rito hermoso e impresionante, que además cuenta con un rico contenido catequético.

En esta asamblea del pueblo de Dios tenemos una expresiva manifestación de la Iglesia, porque la diócesis es la Iglesia de Dios en miniatura. En tiempos pasados era posible que un obispo celebrase la eucaristía rodeado por casi todos sus feligreses. Esto es muy difícil en nuestros días, pero sigue siendo lo ideal. Así lo expresa la constitución sobre la liturgia del Vaticano II:

Conviene que todos tengan en gran aprecio la vida litúrgica de la diócesis en torno al obispo, sobre todo en la iglesia catedral, persuadidos de que la principal manifestación de la Iglesia se realiza en la manifestación plena y activa de todo el pueblo santo de Dios en las mismas celebraciones litúrgicas, particularmente en la misma eucaristía, en una misma oración, junto al único altar donde preside el obispo, rodeado de su presbiterio y ministros (41).
La liturgia de jueves santo en la catedral se aproxima mucho a este ideal. En ella tenemos al obispo, jefe de la Iglesia local, rodeado por sacerdotes de todas las parroquias de su diócesis y representantes de los religiosos. El obispo concelebra con sus sacerdotes como señal de unidad y fraternidad, y es asistido por ellos en la consagración de los óleos. Los diáconos y otros ministros también están presentes y tienen parte activa en la celebración.

Como expresión visible de la Iglesia jerárquica, es una ocasión única; y más si están presentes también en ella un buen número de fieles. La asistencia y participación de los seglares es muy de desear, porque la Iglesia no está completa si no incluye esta parte del pueblo de Dios.

Es altamente significativo que la consagración de los óleos que han de usarse para los sacramentos tenga lugar en el contexto de la eucaristía y en la proximidad de la pascua. Los sacramentos reciben su significación y eficacia del misterio pascual de Cristo, que se renueva en cada celebración eucarística, y con solemnidad especial el día de pascua. Citemos una vez más la constitución sobre la liturgia:
La liturgia de los sacramentos y de los sacramentales hace que, en los fieles bien dispuestos, casi todos los actos de la vida sean santificados por la gracia divina que emana del misterio pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, del cual todos los sacramentos y sacramentales reciben su poder (61).
Todos los sacramentos tienen conexión con pascua; son sacramentos pascuales. Debemos recordarlo cuando asistimos a un bautismo, confirmación u ordenación y se usa el santo crisma; y también cuando se unge a alguien con el crisma de los enfermos.

El tema principal de la misa crismal es el sacerdocio. Al entregar el misterio de la eucaristía a la Iglesia, Cristo instituyó también el sacerdocio. Los textos de la misa presentan un conjunto catequético no solamente acerca del sacerdocio ministerial, sino también relativo al sacerdocio general de los fieles. En la antífona de entrada, la asamblea aclama: "Jesucristo nos ha convertido en un reino, y hecho sacerdotes de Dios, su Padre". La expresión se repite en la segunda lectura, y de ella se hace eco también el prefacio.
Todo sacerdocio es una participación del sacerdocio único de Cristo. El es nuestro mediador y sumo sacerdote, y su unción viene del Espíritu Santo. Así se desprende de la lectura de Isaías (61,1-3.6.8-9) y del evangelio de Lucas (4,16-21), donde el Señor cita y se aplica a si mismo los textos proféticos: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido".

Por el sacramento del orden, los hombres comparten de una forma especial el sacerdocio de Cristo. A ellos se les da el poder de perdonar los pecados y de convertir el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, cosa que hacen en su nombre y por su mismo poder. Ellos son, de manera especial, pastores y maestros de la Iglesia, así como administradores de los sacramentos. Todo esto se resume en el prefacio:
Ellos renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención, preparan a tus hijos al banquete pascual, presiden a tu pueblo santo en el amor, lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con los sacramentos.

No es fácil para el sacerdote vivir a la altura de su vocación y ministerio. Necesita el apoyo y la oración de los demás cristianos. Necesita de vez en cuando "avivar la llama", el don que ha recibido de Dios (2 Tim 1,6).

Una de las partes más impresionantes de la misa crismal, añadida recientemente, es la renovación del compromiso de servicio sacerdotal. Después del evangelio y la homilía, el obispo invita a sus sacerdotes a renovar su dedicación a Cristo y a la Iglesia. Juntos prometen solemnemente unirse más de cerca a Cristo, ser sus fieles ministros, enseñar y ofrecer el santo sacrificio en su nombre y conducir a otros a él.

En este acto de entrega, el obispo pide para sí las oraciones de todo su pueblo. Necesita sus oraciones. Como el gran obispo san Agustín dijo en una ocasión a sus fieles: "Si por un lado me aterroriza lo que soy para vosotros, por otro me consuela lo que soy con vosotros"1.

Un obispo representa a Cristo en su diócesis de una manera muy real. "El obispo debe ser considerado como el gran sacerdote de su grey, de quien deriva y depende en cierto modo la vida en Cristo de sus fieles" 2.

La bendición de los óleos y la consagración del crisma puede hacerse después de renovar los compromisos o en otro punto más avanzado de la misa. La tradición más antigua coloca la bendición del óleo de los enfermos inmediatamente antes de terminar la plegaria eucarística; la bendición del óleo de los catecúmenos y la consagración del crisma tienen un interés especial. Todos los sacerdotes concelebrantes se asocian a la plegaria consecratoria, que es una de las más solemnes de la liturgia. Contiene una auténtica lección sobre la dignidad y poder de los sacramentos, en particular del bautismo.
El triduo pascual comienza con la misa vespertina de la cena del Señor.

1. Liturgia de las horas IV, 1201, oficio de lecturas para la fiesta de san Jenaro.
2. Constitución sobre la liturgia, 41.



VIERNES SANTO

El viernes santo es un día de intenso dolor, pero dolor dulcificado por la esperanza cristiana. El recuerdo de lo que Jesucristo padeció por nosotros no puede menos de suscitar sentimientos de dolor y compasión, así como de pesar por la parte que tenemos en los pecados del mundo.

La devoción a la pasión de Cristo está fuertemente arraigada en la piedad cristiana. Se practicaba ya en la Iglesia primitiva, e incluso se encuentra en los escritos del Nuevo Testamento. La peregrina Egeria, describiendo las ceremonias del viernes santo en Jerusalén el año 400 de nuestra era, nos ha dejado un relato vivaz y conmovedor de la reacción de los fieles ante las lecturas de la pasión. "Es impresionante ver cómo la gente se conmueve con estas lecturas, y cómo hacen duelo. Difícilmente podréis creer que todos ellos, viejos y jóvenes, lloren durante esas tres horas, pensando en lo mucho que el Señor sufrió por nosotros"1.

La liturgia del viernes santo presenta una síntesis de los mejores contenidos de la devoción a la pasión de Cristo. Ahí está el espíritu de la Iglesia primitiva con su énfasis en la gloria de la cruz; ahí el realismo, ternura y compasión de la Edad Media. Los contenidos de todas las épocas, la piedad de la cristiandad oriental y la de la occidental se entrelazan de alguna manera para formar un todo armónico.
Celebración de la pasión del Señor. 

La celebración de la pasión del Señor tiene lugar a primeras horas de la tarde, alrededor de las tres, hora en que Jesús fue crucificado. La liturgia se divide en tres partes: liturgia de la palabra, adoración de la cruz y comunión.

Liturgia de la palabra. 

La ceremonia comienza de una manera escueta. El celebrante y los ministros se aproximan al altar en silencio, hacen una reverencia o bien, siguiendo el uso antiguo, se postran. Todos rezan en silencio durante unos segundos. A continuación el celebrante lee la oración colecta, y después todos se sientan para escuchar las lecturas.

La primera lectura (Is 52,13-53,12) nos presenta al "siervo paciente", figura profética en la cual la tradición cristiana y el mismo Nuevo Testamento han reconocido a Cristo. Cristo en su pasión es, efectivamente, el "varón de dolores" que con tanta fuerza describe este poema. En él se contiene todo: sus humillaciones y sufrimientos, el rechazo por parte de su pueblo, su muerte redentora; incluso los detalles de las narraciones de la pasión, por ejemplo: "Fue traspasado por nuestros pecados".

Esta lectura da el tono a la celebración del viernes santo. Pero incluso en ella la oscuridad se rompe con la luz de la esperanza. Desde la primera línea el poema apunta a la victoria final: "Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho". Con la misma nota de exaltación concluye el poema. Porque el Siervo de Yavé, aceptando su papel de víctima expiatoria, trae la paz, la salud y la justificación de muchos: "A causa de los trabajos de su alma, verá y se hartará; con lo aprendido, mi Siervo justificará a muchos, cargando con los crímenes de ellos".

La segunda lectura (Heb 4,14-16; 5,7-9) nos presenta a Cristo en su función sacerdotal, reconciliando a los hombres con Dios por el sacrificio de su vida. El es a la vez sacerdote y víctima, oferente y ofrenda; es nuestro mediador con el Padre. En esta lectura contemplamos a Cristo en su existencia celestial y en su actividad presente. En el evangelio tenemos el relato de su pasión y muerte.

Cristo no es un personaje del pasado, impresionante y remoto. Ha experimentado la fragilidad humana en todo menos en el pecado. Por eso puede comprendernos en nuestro dolor y abatimiento, ya que también él sufrió en su sagrada humanidad.

El evangelio. 
"Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan". Con esta sencilla introducción, el lector comienza el evangelio del viernes santo (Jn 18,1-19,42). Parece que en la Iglesia romana se ha seguido siempre la tradición de leer la pasión según san Juan en este día. San Juan, el teólogo y místico, ve la pasión con mayor profundidad que los otros evangelistas, a la luz de la resurrección. Su fe pascual transfigura cada detalle y cada episodio de esta última fase de la vida terrena del Salvador.

Fijémonos, por ejemplo, en el tratamiento que da san Juan a la cruz. En sí misma es un sacrificio cruel y bárbaro; pero, desde que Cristo redimió a los hombres en el leño de la cruz, ésta es objeto de veneración. Es más que eso. Para san Juan, la cruz es una especie de trono. La cruz es descrita como una "exaltación", término que instantáneamente comunica la idea de ser elevado y glorificado. Es san Juan quien nos dice que Jesús llevó su propia cruz.

Sin quitar importancia a los sufrimientos del Señor, toda la narración está impregnada de una atmósfera de paz y serenidad. Cristo, y no sus enemigos, es quien domina la situación. No hay coacción: él libremente se encamina hacia su ejecución; con perfecta libertad y completo conocimiento del significado de lo que acontece, sale al encuentro de su destino. El motivo, la ulterior razón, es el amor. La cruz es la revelación suprema del amor de Dios.
En el cuadro que san Juan nos ofrece, Jesús aparece con una tripe función: como rey, como juez y como salvador. Las burlas de los soldados y la coronación de espinas sirven para poner de manifiesto su realeza. En el acto mismo de su condena, es Jesús, no Pilato, quien aparece como juez; ante sus palabras y ante su cruz nos encontramos condenados o justificados. Finalmente, como salvador, Jesús reúne a su pueblo en unidad alrededor de su cruz. La Iglesia, representada en la túnica sin costura, queda formada. A María, su madre, le confiere una maternidad espiritual; queda constituida madre de todos los vivientes. Jesús desde la cruz entrega su espíritu, inaugurando así el período final de la salvación. De su costado brota sangre y agua, símbolos de salvación y del Espíritu que da vida. Cristo se muestra como el verdadero cordero pascual cuya sangre ya había salvado a los israelitas. Volverse a él con fe es salvarse.
Intercesiones generales. 

En las intercesiones generales tenemos reminiscencias de una antigua fórmula de oración de los fieles. Parece ser que, en épocas pasadas, tales oraciones solemnes de intercesión eran comunes en la liturgia romana2. Esta fórmula extensa y elaborada se ha conservado solamente en la liturgia de este día del año. En las diez grandes oraciones de intercesión, la Iglesia echa una mirada al mundo entero y ora formalmente por todo el género humano.

Es una oración verdaderamente universal, que incluye todas las categorías de personas; y muy oportuna en este día en que los cristianos de todo el mundo se reúnen en torno a la cruz de Cristo asociándose a su oración sacerdotal. Su oración alcanza a todos porque todos están incluidos en su amor. "Por nosotros extendió sus brazos en la cruz" en un gesto que abrazaba a todo el mundo. La cruz en que Jesús murió es símbolo de universalidad en la tradición cristiana; sus extremos apuntan a los extremos del orbe.

Las antiguas oraciones del viernes santo han sido adaptadas a las circunstancias actuales y reflejan el espíritu ecuménico de nuestros días. Ya no se hace mención de "herejes" ni "cismáticos", sino que se adopta la expresión por "aquellos hermanos nuestros que creen en Cristo". Tampoco deja de manifestarse el ecumenismo más amplio, que busca estrechar lazos de amistad con los no cristianos. Por ejemplo, en la oración por los judíos hay respeto y amor, por cuanto ahora nos referimos al pueblo hebreo como "al primero a quien Dios habló", y pedimos que puedan crecer en el amor al nombre de Dios y en fidelidad a su alianza.

Además se han añadido dos nuevas oraciones, que ponen de relieve el espíritu actual: "por los que no creen en Cristo" y "por los que no creen en Dios". Es laudable recordar que los cristianos somos una minoría de la población mundial: en comparación con los millones de no-cristianos, la Iglesia de Cristo es en realidad un "pequeño rebaño". La mies es, por tanto, abundante; de modo que debemos pedir "por todos los que no creen en Cristo, para que, iluminados por el Espíritu Santo, encuentren también ellos el camino de la salvación".
La otra oración es por los que no creen en Dios. El ateísmo está muy difundido hoy día; la ciencia, la tecnología, la filosofía materialista y otros factores han producido un efecto demoledor en la fe religiosa. En buena parte del mundo se vive bajo regímenes militares antirreligiosos, siendo así muy difícil que en ellos pueda penetrar el evangelio. Pero tanto los cristianos como los ateos formamos parte de la familia humana. Pedimos para todos nuestros hermanos que están lejos del redil, que por la rectitud y sinceridad de su vida alcancen el premio de llegar a Dios.

La última oración es por aquellos que se encuentran en particulares necesidades: los enfermos, los agonizantes, los emigrantes y desterrados, los prisioneros, etc. Son verdaderamente universales estas oraciones. En este gran ejercicio de intercesión, en que todos los fieles están comprometidos activamente, la Iglesia se reconoce más en su papel de Ecclesia orans, "Iglesia orante".

Adoración de la cruz. 

El viernes santo no se ofrece el sacrificio eucarístico. La parte central de la misa, la plegaria eucarística, se omite. En su lugar tenemos la emotiva ceremonia de la adoración de la cruz. A ésta sigue la comunión.
La misma ausencia en este día de sacrificio eucarístico nos habla de la íntima relación entre el sacrificio del Calvario y la misa. Cristo murió de una vez para siempre por nuestros pecados. Su sacrificio es único y suficiente, pero el memorial de aquella muerte y sacrificio se celebra en todas las misas. En cada celebración eucarística "la obra de la redención se renueva". En este día la mirada de la Iglesia está fija en el Calvario mismo, en donde Cristo inmoló su vida en expiación por nuestros pecados.
El rito de la adoración tiene dos formas, de las que el celebrante puede elegir la que mejor le convenga. La primera consiste en un descubrimiento gradual de la cruz. El celebrante, de pie ante el altar, toma la cruz, descubre un poco de la parte superior y la eleva, diciendo o cantando: "Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo". El pueblo responde: "Venid a adorarlo". Todos se arrodillan y veneran la cruz en silencio. Seguidamente el celebrante descubre el brazo derecho de la cruz y hace de nuevo la invitación a adorarlo. Por fin descubre la cruz totalmente, haciendo una tercera invitación, a la que sigue la tercera veneración.

Aunque esta primera fórmula tiene una larga e interesante historia, la segunda parece más efectiva. En ella hay una solemne procesión con la cruz descubierta desde la puerta de la iglesia hasta el presbiterio. La cruz es llevada por el sacerdote o por el diácono, y los ministros acompañan con velas encendidas. En el camino hacia el altar se hacen tres estaciones, la primera cerca de la entrada, la segunda en el medio de la iglesia y la tercera junto al presbiterio. En cada una de ellas el sacerdote o diácono que lleva la cruz se detiene, la eleva y canta o dice: "Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo"; sigue la respuesta y adoración de la cruz como en la primera fórmula. Se coloca luego la cruz junto al presbiterio en posición adecuada para que todos los fieles puedan acercarse y adorarla mediante una genuflexión o un beso.

Lo ideal es que cada uno de los miembros de la asamblea tenga la oportunidad de hacer su homenaje personal al Salvador crucificado. Con el sencillo gesto de besar la cruz, la piedad popular se expresa espontáneamente y de modo conmovedor. Esto presta además a la sombría y majestuosa liturgia del viernes santo un detalle tierno y personal. También el gesto de besar la cruz tiene una larga historia; los cristianos de Jerusalén usaban el beso como acto de adoración a la cruz el viernes santo ya desde el siglo IV 3.

Mientras los fieles se acercan para adorar la cruz se cantan antífonas, himnos y otras composiciones adecuadas. Hay algunas muy antiguas que, incluso traducidas, impresionan por su belleza y profundidad.
La primera antífona nos sorprende por su aire gozoso: "Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos. Por el madero ha venido la alegría al mundo entero". La cruz nunca está ausente de la vida cristiana, pero tampoco la alegría. Incluso el viernes santo podemos meditar sobre el gozo de Cristo, el gozo del sacrificio total.

Luego vienen los famosos "improperios", llamados así porque en ellos Jesús reprocha a su pueblo su ingratitud. Él relata lo que ha hecho por su pueblo: lo sacó de Egipto, lo condujo a través del desierto, lo alimentó con el maná, hizo por él toda clase de portentos; en recompensa por todos esos favores, el pueblo lo trata con desprecio. La antítesis: "Yo te saqué de Egipto, tú preparaste una cruz para tu Salvador", es usada para dar efecto a toda la composición. Entre un improperio y otro tenemos el patético estribillo: "¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en qué te he ofendido? Respóndeme", y el trisagio: "¡Santo es Dios, santo y fuerte! Santo inmortal, ten piedad de nosotros".

Cristo nos reprocha a todos, no sólo a los que lo crucificaron; pero lo hace de forma tan suave, que suscita nuestra compasión más que nuestro sentimiento de culpabilidad. Lo que se cuestiona es nuestra ingratitud y dureza de corazón. La única respuesta a esas preguntas y reproches es el beso silencioso a los pies del Señor crucificado.

Estos improperios combinan el sentimiento religioso con la percepción teológica. Porque el Cristo que llama a su pueblo es la Palabra preexistente. Como la palabra de Dios, él estaba presente y actuando a través de todas las etapas de la historia sagrada; guió a su pueblo elegido, dio forma al devenir de su historia. Jesús es la Palabra hecha carne; mientras el recuerdo de sus sufrimientos suscita nuestra compasión, no hemos de olvidar ni un momento que él es el Santo de los santos.

Mientras los fieles siguen caminando hacia la cruz, se entona el Pange lingua. Este himno 4 se ha comparado a una marcha victoriosa. Relata las gloriosas victorias de Cristo contra su adversario, Satanás. Luego, en una de sus estrofas, evoca la escena de la crucifixión en toda su crudeza; pero aun aquí no se pierde de vista el valor redentor de todos esos sufrimientos. Después, en un rasgo de gran ternura, el poeta se dirige a la misma cruz pidiéndole que temple su rigor. Tenemos aquí una espléndida combinación de las devociones primitiva y medieval a la cruz y la pasión.
La gloria de la cruz. 

El gran pontífice y padre de la Iglesia san León nos ha dejado en sus sermones cantidad de pensamientos hermosos e impresionantes sobre la pasión y la cruz del Señor que pueden ayudarnos en nuestra meditación del viernes santo.

Dice en su sermón 55 que "la pasión de Cristo contiene el misterio de nuestra salvación", que es para nosotros "el escalón para la gloria" y que simboliza "el verdadero altar de la profecía".
El martes de la quinta semana de cuaresma, en el oficio de lecturas 5, tenemos uno de sus mejores sermones sobre la pasión. En él menciona "la gloria de la cruz que irradia por cielo y tierra":
¡Oh admirable poder de la cruz! ¡Oh inefable gloria de la pasión! En ella podemos admirar el tribunal del Señor, el juicio del mundo y el poder del Crucificado.

La cruz es "la fuente de toda bendición, la causa de todas las gracias".

En un sermón que predicó el domingo de ramos, llegó a hablar de la "fiesta de la pasión del Señor" (festivitas Dominicae passionis). Esto nos puede parecer una contradicción de términos, pero no lo es si consideramos la obra de la redención como un todo único, tal como lo hacían los padres de la Iglesia. Si se mira con los ojos de la fe y se contempla a la luz de la victoria pascual de Cristo, la cruz es, en realidad, "el trofeo de su triunfo" y "el signo adorable de la salvación". Por la misma razón, la alegría de la pascua no borra la memoria de la pasión y el Calvario; de hecho, en la época del papa san León la lectura del evangelio del día de pascua incluía el relato de la pasión junto con el de la resurrección del Señor 6.

El rito de comunión. 

El altar está ahora cubierto por el mantel, y sobre él se han colocado el corporal y el libro. Se trae al altar el copón con las hostias consagradas en la misa vespertina del jueves. Dos ministros con velas encendidas acompañan al sacerdote o diácono y colocan las velas sobre el altar o próximas a él.
Se dicen las oraciones acostumbradas antes de la comunión: el Padrenuestro con su embolismo y aclamación y la oración privada de preparación del sacerdote. Luego se muestra la hostia, diciendo: "Este es el cordero de Dios", y la respuesta: "Señor, no soy digno".

La significación especial de la comunión en estos días podemos captarla citando a san Pablo, que alude a una profunda y misteriosa relación entre la comunión sacramental y la pasión y muerte de Cristo. En sus enseñanzas sobre la cena del Señor recuerda a los corintios: "Pues cuantas veces comáis este pan y bebáis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que venga" (1 Cor 11,26).

Pero la eucaristía no es solamente una proclamación; es también una participación en la muerte de Cristo, es decir, con Cristo en su estado de víctima sacrificial. Recibir su cuerpo y su sangre es entrar en su disposición de total entrega de sí mismo al Padre; es ser atraído al mismo movimiento de sacrificio amoroso. Esto es lo que significa participación en su nivel más profundo, y el papa san León nos lo explica maravillosamente en el siguiente pasaje:

Lo que ocurre cuando participamos del cuerpo y la sangre de Cristo es que nos convertimos en lo que recibimos (ut in id quod sumimus transeamus), y en cuerpo y espíritu llevamos por todas partes a aquel en el cual y con el cual morimos, fuimos sepultados y volvimos a resucitar.

Por tanto, nuestra comunión del viernes santo proclama y da testimonio de la pasión y muerte del Señor, nos capacita para participar al nivel más profundo en el sacrificio de Cristo y para asociarnos con él; además, nos hace partícipes de los frutos de este sacrificio.

Cuando todos han comulgado, se guarda silencio durante algunos minutos para poder meditar en el sacramento que se acaba de recibir. Así damos gracias al Señor, que en este sacramento nos ha dejado un memorial maravilloso de su pasión y muerte y una prenda de la gloria futura.

La liturgia concluye con la oración después de la comunión, seguida por otra de bendición. La primera se refiere al poder curativo y transformante del sacramento, y pide un espíritu de servicio generoso para los que han tomado parte en la celebración. Entre las bendiciones que se invocan sobre la asamblea tiene especial importancia la de una fe más fuerte. La fe es el fundamento de todas las virtudes.

La liturgia del viernes santo termina así, sin despedida ni canto final. El pueblo se retira en silencio. Algunos se quedan para continuar su oración personal y sus devociones. Los que no hayan tenido oportunidad de besar la cruz pueden hacerlo en este momento. Otros preferirán hacer el vía crucis.

El altar queda desnudo, el sagrario vacío, el presbiterio sin flores ni ornamentos de ninguna clase. Es el día en que la iglesia presenta un aspecto extremadamente austero. Nada distrae nuestra atención del altar y la cruz. La Iglesia permanece vigilante junto a la cruz del Señor.
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1. Egerids Travels 138.
2. En el siglo v formaban parte del ordinario de la misa.
3. Egeria's Travels 137. El beso a la cruz se practicaba también en Roma desde el siglo VII.
4. Compuesto por Venantius Fortunatus (AD 530-600) con ocasión del envío de una reliquia de la verdadera cruz a la reina Radegunda para el convento de Poitiers.
5. Liturgia de las horas II, 306-308.
6. Sermón 72, Nicene and Post-Nicene Fathers, vol. XII, 184. El papa san León dice aquí: "El texto de la historia divinamente inspirada ha mostrado claramente la perfidia de la traición contra el Señor Jesucristo, el juicio por el que lo condenaron, la barbarie de su crucifixión y la gloria de su resurrección".


SÁBADO SANTO

El sábado santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, y se abstiene del sacrificio de la misa, permaneciendo por ello desnudo el altar hasta que, después de la solemne vigilia o de la expectación nocturna de la resurrección, pueda alegrarse con gozos pascuales, de cuya abundancia va a vivir durante cincuenta días.

Esta nota introductoria del misal explica el espíritu del día. No debemos dar paso a una alegría anticipada, porque la celebración pascual todavía no ha comenzado. Es un día de serena expectación, de preparación orante para la resurrección. Permanece todavía el dolor, aunque no tenga la misma intensidad del día anterior. Los cristianos de los primeros siglos ayunaban tan estrictamente como el viernes santo, porque éste era el tiempo en que Cristo, el esposo, les había sido quitado (Mt 2,19-21).

Si podemos pasar este día en oración y recogida espera, nuestro tiempo será empleado del modo más idóneo. Esto es lo que nos sugiere la hermosa homilía elegida para el oficio de lecturas de hoy:

Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra está temerosa y sobrecogida, porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo'.

El primer sábado santo todo parecía perdido. Los discípulos, pequeño grupo de hombres pusilánimes, habían huido en desbandada, rotas sus esperanzas. Solamente María conservó la fe y quedó esperando la resurrección de su Hijo. Por esto todos los sábados del año la Iglesia conmemora a la Virgen María y tiene una misa votiva y oficio en su honor.

Una nota de serenidad, incluso de gozosa expectación, impregna la liturgia del sábado santo. Cristo ha muerto, pero su muerte es como un sueño del que despertará en la mañana de pascua.
Los salmos elegidos para la liturgia de las horas rezuman confianza y expectación. Parece como si el mismo Cristo los estuviese recitando. El salmo 4 contiene este versículo: "En paz me acuesto y en seguida me duermo", que se aplica a Cristo en la tumba esperando confiadamente la resurrección. También en el salmo 15 tenemos una maravillosa expresión de esperanza: "No me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha".

La lectura de la Biblia (Heb 4,1-13) nos habla del descanso sabático preparado para el pueblo de Dios después de las fatigas de esta vida. De ella se desprende esta conclusión: "Un tiempo de descanso queda todavía para el pueblo de Dios, pues el que entra en su descanso descansa él también de sus tareas, como Dios de las suyas".

En la homilía de la que hemos citado antes algo hay un diálogo entre Cristo y Adán. Cristo entra en la morada de los muertos y despierta a Adán, diciendo: "Levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí y yo en ti formamos una sola e indivisible persona".

Todos participamos del misterio del sábado santo; san Pablo nos lo recuerda: "Fuimos, pues, sepultados juntamente con él por el bautismo en la muerte, para que, como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en nueva vida" (Rom 6,4). En la Iglesia primitiva, el simbolismo del bautismo como sepultura con Cristo resultaba mucho más claro que en tiempos más recientes. Los catecúmenos adultos descendían realmente a la pila bautismal, que, en su aspecto, no era muy diferente de una tumba. Descendían a las aguas, como signo de muerte y sepultura, y salían significando la resurrección.

Nuestra participación en la sepultura de Cristo se expresa en las oraciones finales de la liturgia de las horas. Así se expresa la petición final de laudes: "Cristo, Hijo de Dios vivo, que has querido que por el bautismo fuéramos sepultados contigo en la muerte, haz que, siguiéndote a ti, caminemos también nosotros en una vida nueva". En la oración final rogamos: "Te pedimos que concedas a todos tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la vida eterna".

1. Liturgia de las horas II, 415.


viernes, 7 de abril de 2017

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO DE RAMOS CICLO A - 9 DE ABRIL 2017

ESCUCHAR Y VIVIR LA PASION

BENDICION DE LOS RAMOS

Dios todopoderoso y eterno, santifica con tu bendición estos ramos y a cuantos vamos a acompañar a Cristo aclamándolo con cantos, concédenos entrar en Jerusalén del Cielo, por medio de Él. El que vive y reina por los siglos de los siglos.

EVANGELIO DE LA ENTRADA DEL SEÑOR

Lectura del santo evangelio segun san Mateo  21, 1-11

En aquel tiempo, cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: "Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo, respondan: 'El Señor los necesita y los va a devolver en seguida'.
sto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Digan a la hija de Sión: Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga. Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó. Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas. La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba: "¡Hosana al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosana en las alturas!. Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: "¿Quién es este?. Y la gente respondía: "Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea

ORACION COLECTA

Dios Todopoderoso y eterno, tu quisiste que nuestro Salvador se hiciese hombre y muriese en la cruz, para mostrar al género humano el ejemplo de una vida sumisa a tu voluntad, concédenos que las enseñanzas de su pasión nos sirvan de testimonio y que un día participemos en su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 50,4-7

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído. Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

SALMO RESPONSORIAL (21)

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí,  hacen visajes, menean la cabeza: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;  que lo libre, si tanto lo quiere.» R.

Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. R.

Se reparten mi ropa,  echan a suertes mi túnica.  Pero tú, Señor, no te quedes lejos;  fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.

Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. Fieles del Señor, alábenlo; linaje de Jacob, glorifíquenlo; témenle, linaje de Israel. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2,6-11

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

EVANGELIO

ESCUCHEMOS ATENTAMENTE EL EVANGELIO DE LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN MATEO 27, 11-54

COMENTARIO

Volvemos a escuchar de nuevo los relatos de la pasión y los vamos a leer una vez más, es la mejor de las meditaciones para los días de la semana santa. Tenemos cuatro relatos y podemos alimentar nuestra  fe y nuestro amor con diferentes contemplaciones: Mateo (ciclo A), Marcos (Ciclo B) Lucas (Ciclo C), Juan para el viernes santo de cada año
El relato de la pasión según Mateo recoge y amplía el de Marcos. Nos limitaremos a señalar algunas características y matices. Leemos la última parte del "acta del martirio": proceso civil y ejecución.
Mateo da a la redacción un sentido más expresivamente teológico. Con cierto regusto sacral, casi litúrgico. Les escribe a una comunidad que conoce las costumbres judías. A través de su constante referencia a textos de la Escritura, se transparenta el cumplimiento de las profecías. En el momento culminante del proceso, acentúa la responsabilidad del pueblo de la alianza: v 25. Palabras desnudas y dolorosas, que hay que leer con serena comprensión. No fue todo el pueblo judío el responsable directo de la muerte de Jesús, sino unos cuantos dirigentes corrompidos. Un puñado de hombres sobornados, de gente mal informada. Con la colaboración servil de Pilatos. De la triste escena hace Mateo un signo. El antiguo pueblo de la elección pierde el privilegio de su «herencia» teológica, que pasará al nuevo Israel Universal.Se realiza el drama alegorizado en la parábola de los viñadores (21,33-46).
La muerte de Cristo, acontecimiento escatológico. Quizá es el acento más característico de Mateo (vv 51-53). La tierra que tiembla y las rocas que se hunden avisan, en lenguaje apocalíptico, que el mundo antiguo ha llegado a su fin. La resurrección de los muertos anuncia la renovación definitiva del pueblo (Ez 37...). Se ha rasgado el velo del templo. Comienza la nueva y eterna alianza en la sangre purificadora de Jesús (26,28). «Los que pasaban» (39s) actualizan la tentación del desierto: «Si eres Hijo de Dios...» (cf. Mt 4,3ss). Precisamente porque es el Hijo de Dios ha aceptado la cruz (26,42), y como Hijo de Dios se manifiesta en ella (27,54). Expresión infinita de amor al Padre (= plegaria de Getsemani). Donación total de sí mismo (= 26,26-28) para la auténtica liberación del hombre (20,28).
El evangelista rubrica la historia del Calvario recordando el ejemplo de firmeza de aquellas mujeres (55-56), discípulos y seguidores del Maestro, que desde donde podían miraban (exactamente: «contemplaban») al Crucificado. Insinúa en ellas el ardor con que la espiritualidad cristiana, ya a partir de san Pablo, hará de la cruz uno de los temas predilectos de contemplación religiosa.

PLEGARIA UNIVERSAL

Imploremos hermanos, a quien tienen todo poder en el cielo y en la tierra y pidámosle que escuche benignamente nuestras preces. R.- Escúchanos Señor,

1.- Para que perdone y tenga piedad de la Iglesia aquel que en la cruz excuso a todos los ignorantes. Roguemos al Señor.

2.- Para que se apiade  de todo el género humano aquel que murió en la cruz por todos nosotros. Roguemos al Señor.

3.- Para que se apiade de los enfermos, atribulados, presos y esclavizados aquel que conoció la amarguras de sentirse abandonado y triste. Roguemos al Señor.

4.- Para que a nos admita en su reino aquel que recibió al ladrón arrepentido. Roguemos al Señor.

Protégenos Señor salvador nuestro, y concédenos misericordiosamente tus exilios temporales  y eternos. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Por la pasión de tu Hijo se propició a tu pueblo, Señor y concédenos por esta celebración que actualiza el único sacrificio de Jesucristo, la misericordia que no merecen nuestros pecados. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Fortalecidos con tan santos misterios, te dirigimos esta suplica, Señor: del mismo modo que la muerte de tu Hijo nos ha hecho esperar lo que nuestra fe nos promete, que su resurrección nos alcance la plena posesión de lo que anhelamos. Por Jesucristo nuestro Señor.



PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 10: Is. 42, 1-7; Sal 26; Jn. 12, 1-11.
Martes 11: Is. 49, 1-6; Sal 70; Jn. 13, 21-33.36-38.
Miércoles 12: Is.50, 4-9ª; Sal  68; Mt. 26, 14-25.
Jueves 13: Ex. 12, 1-8.11-14; Sal 115; 1Cor. 11, 23-26; Jn. 13, 1-15.
Viernes 14: Hb. 4, 14-16; 5, 7-9; Jn. 18, 1—19, 42.
Sábado 15: Ez. 36, 16-28; Sal 41; Rm. 6, 3-11.
Domingo 16: Ap. 10, 34ª.37-43; Sal 117; Col. 3, 1-4; Jn. 20, 1-9

UNA PROPUESTA

¿Cómo relatamos una historia que la mayoría de nuestro público ya sabe de memoria?
¿Cómo proclamamos las buenas noticias cuando, por muchos de nuestros oyentes, son simplemente las noticias de ayer? Este es el desafío homilético y exegética que nos enfrenta cada Domingo de Ramos, cuando cada año la cruz se nos presenta, los bancos están llenos, y nuestros oyentes están ansiosos de oír el evangelio de nuevo.
Predicar estas historias antiguas es un desafío, pero también hay gran oportunidades. Estas historias se han contado veces innumerables, pero su poder para condenarnos e inspirarnos no ha desvanecido.
Quiero proponer una idea que parece contra la intuición. ¿Qué pasará si predicamos este texto, este momento decisivo en el Evangelio de Mateo, con nuestros ojos fijados en los márgenes de la historia? Es decir, ¿qué pasará si dirigimos nuestra atención a los personajes curiosos en el margen del narrativo? ¿Es posible que estos personajes menores nos dirigimos a Jesús de nuevo?
Para Mateo, estos personajes no son simplemente adornos literarios ni narrativos. No son actores extras en el escenario de una película para decorar el fondo. En cambio, estas personas están puestas a propósito para dirigirnos al Cristo crucificado. Abandonados con demasiada frecuencia, estos personajes secundarios nos ayudarán a ver la Pasión con ojos nuevos.

Los traidores: Judas y Pedro

Primero, destaquemos una pareja aparentemente extraña en esta narración larga. Pedro, sabemos, será un líder influyente de la iglesia primitiva. En contraste, según el Infiero por Dante, Judas se enfrenta a la condenación eterna en las fauces de Satanás. Pero el evangelio de Mateo indica que sus traiciones son paralelas. Ambos son de los doce discípulos. Ambos están en la cena. Ambos traicionan a Jesús. Pero fuera de eso, no hay semejanzas. Judas tiene un famoso muerto prematuro; que el caído de Pedro no es irreversible está insinuado en los capítulos concluyentes de Mateo y en el gran tradición cristiana. En el momento en que la fe fue probado con la más severidad y el costo del discipulado fue lo más alto, ambos Judas y Pedro fracasaron. Ellos nos recuerdan que a la cruz hay solamente una línea sutil entre la fidelidad y la traición. Estamos tentados constantemente acercarnos a la línea. Tenemos confianza que el arrepentimiento siempre es posible, incluso para Judas. Ambos Judas y Pedro se arrepienten sus traiciones de Jesús pero sus vidas siguen en direcciones completamente distintas. ¿Qué pensamos de sus caminos divergentes?.

Poder y corrupción: Caifás y Pilato

La ejecución de Jesús es una conspiración de cobardía empoderada y deber abandonado. Caifás y sus co-conspiradores  han predeterminado los resultados del proceso con fines propagandísticos y ahora solo necesita el fingimiento de pruebas. Ellos indujeron un testimonio falso pero todavía no encuentran una manera para condenar el Jesús inocente. Últimamente, requiere la participación directa de Caifás para inflar los cargos de blasfemia ya fabricados, pero la oficina del sumo sacerdote no puede ejecutar a alguien. Para lograr el fin deseado, Caifás acude a Pilato, quien tuvo el trabajo de mantener la paz. Pilato intenta calmar al público cada vez más rabioso, pero al final sucumbe a sus pasiones en vez de la justicia. Cuando Pilato se lava las manos, no hace nada para minimizar su complicidad. Quizás las maquinaciones de la política son la causa cercana de la muerte de Jesús, pero los lectores de Mateo están bien conscientes que Dios continúa trabajar en el fondo. La conspiración de la muerte de Jesús es un recordatorio poderoso de las implicaciones políticas de seguir Jesús a la cruz.
Imagino que ni Barrabás ni Simón podría haber anticipado el papel que tendría en esta historia. Una insurreccionista, Barrabás no podría haber anticipado un perdón después de cometer crímenes contra el orden político. Un inmigrante o viajero del norte de África, Simón no podría haber anticipado estar encargado de ayudar en la crucifixión de un presunto criminal. Sabemos poco sobre estos dos personajes. Sabemos menos sobre el efecto que tuvo la Pasión en sus vidas. Si es como un testigo inocente o un criminal encarcelado, tal vez el camino del Hijo de Dios cruce lo nuestro en los momentos más inesperados. ¿Cómo reaccionaremos cuando estamos liberados de nuestras cárceles? ¿Cómo reaccionaremos cuando estamos reclutados a llevar un símbolo de vergüenza y muerte?

Los condenados: dos bandidos

Jesús muere entre dos bandidos. Estos criminales condenados han debido de estar culpables de un crimen más grave que un robo simple. En un sentido significativo, han debido de desbaratar el frágil orden social impuesto por Roma, tal vez causando que las calles sean inseguras para el comercio o participando en insurrección. Mateo 27:44 nota que estos dos bandidos ridiculizaron a Jesús, juntos con la multitud que se reunió para ver un trío de ejecuciones. A diferencia de Lucas, Mateo no narra la confesión de culpa y esperanza para redención de uno de los dos compañeros de Jesús en las cruces crueles. 
En Mateo, el visto es escueto. Al fin de su vida, Jesús muere al lado de dos bandidos que se burlaron con sus últimos alientos. Al fin de su vida, Jesús se enfrenta un avergonzamiento público casi unánime, un verdadero consenso sobre la culpabilidad de Jesús. Sin embargo, sabemos cómo termina la historia. Sabemos que el Viernes Santo será el Domingo de Resurrección, que la muerta no tiene la última palabra sino que la vida reina a través de la resurrección. El Domingo de Ramos, todo indica que la culpabilidad de Jesús es evidente, que Jesús merece la vergüenza de la cruz. La Pascua es la redención suprema de la inocencia de Jesús y la misión de Dios.

Testigos: Mujeres y un centurión

Una de las regularidades más sorprendida entre los Evangelios es la tradición común que unos seguidores mujeres conservaron hasta el final. Aunque abandonado por los discípulos, Jesús no está completamente desprovisto de amigos en este momento de oscuridad. La luz de reconocimiento también aparece de una fuente insólita. Un centurión -- quien representa que Roma está dispuesto a utilizar violencia para mantener y promulgar su hegemonía -- es un testigo de ambos la muerte de Jesús y su identidad. Al ver el cuerpo de Jesús fallar después de una ejecución tortuosa y vergonzosa, el centurión reconoce quien era Jesús verdaderamente: el hijo de Dios. Aunque no fue un testigo de los milagros curativos de Jesús, su sermón apasionado en la cima de la montaña, ni la transfiguración deslumbrante, el centurión da testimonio al último en una letanía de crucifixiones que ha visto pero él ve y declara que Jesús no era un simple criminal.

Heraldos de la Resurrección: José de Arimatea y la guardia romana

Dos personajes finales crean el marco para el triunfo de Jesús sobre la muerte. José ayuda guardar el cuerpo de Jesús en un tiempo importante. Cuando domingo llega, tendrán que evitar ambos el trabajo y la contaminación spiritual provenido por un cadáver. Con la prisa, Jesús encuentra un lugar de descanso no tan final. En esta tumba, la guardia romana protege el cuerpo de Jesús para asegurar que no está robado con el pretexto de reclamar su resurrección. Los desmentidos preeminentes de la resurrección de Jesús ya están circulando. Unos creerán, pero muchos no.

Predicar el Domingo de Ramos

Podemos suponer que muchos de ellos que juntarnos en culto en el Domingo de Ramos conocen el resumen de esta historia. Sin embargo, tal vez no han tenido la oportunidad para enfocar en estos personajes en los márgenes de la actividad. Con seguridad, Jesús es la figura central en esta historia, pero el reparto secundario que Mateo reúne en estos días difíciles es como señales indispensables en esta historia de más importancia. Sugiero que enfocar en estas personas obscuras  dirigirá atención con más fuerza  al Cristo crucificado. ¿Cómo relatamos una historia que la mayoría de nuestro público ya sabe de memoria? Una manera es enfocar en estas partes de las historias ya no contado completamente.