viernes, 15 de septiembre de 2017

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXIV TIEMPO ORDINARIO CICLO A - 17 SETIEMBRE 2017

¡SETENTA VECES SIETE!


ORACION COLECTA

Oh Dios, creador y dueño de todas las cosas, míranos y para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del Libro del Eclesiástico 27, 33. 28, 9

El furor y la cólera son odiosos: el pecador los posee. Del vengativo se vengará el Señor
y llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo,  y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas.
¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor?.
No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?. Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados?.
Piensa en tu fin y cesa en tu enojo, en la muerte y corrupción y guarda los mandamientos. Recuerda los mandamientos y no te enojes con tu prójimo, la alianza del Señor, y perdona el error.

SALMO RESPONSORIAL (102)

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.

Bendice, alma mía al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R.

El perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. R.

No está siempre acusando, ni guarda rencor perpetuo. No nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga según nuestras culpas. R.

Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 14, 7-9

Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo.
Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor. En la vida y en la muerte somos del Señor.
Para esto murió y resucitó Cristo, para ser Señor de vivos y muertos.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?.
Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces sino hasta setenta veces siete.
Y les propuso esta parábola: Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.
El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.
El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y agarrándolo lo estrangulaba diciendo: Págame lo que me debes.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano.

COMENTARIO

 A Pedro le interesan mucho estos consejos sobre la vida fraternal; había oído ciertas discusiones de los rabinos sobre el tema del perdón: “¿A tu mujer?... Puedes perdonarla una vez… ¿A tu hermano?. Debes perdonarle hasta cinco veces”. ¿Qué es lo que piensan Jesús? ¿Cuántas veces tendré que perdonar? ¿Siete veces? Siete veces, no; setenta veces siente. Ante esta respuesta, una de las más locas de todo el evangelio, podemos encontrarnos en este momento en un estado de drama o de inmensa calma. Drama: El Señor está pidiéndonos un perdón muy difícil y todo se rebela en nosotros frente a esta idea. Calma: nuestra vida es tranquila y esta exigencia de Jesús nos parece fácil: desde luego, siempre habrá que perdonar. Miremos a nuestro alrededor. ¿Quién perdona? Incluso se piensa que perdonar sería dar más ánimos a los imperdonables: “Anda, no te preocupes”. Obedecer  a Jesús exige un cambio ya muy conocido. Jesús me invita al perdón inmediato, sean cuales fueren mis heridas y mis rebeldías.
Matamos en  nosotros al evangelio y matamos nuestra vida cuando contemporizamos, cuando pensamos que no estamos en estado de hacer lo que Jesús nos pide. A nosotros nos toca permanecer ante la llamada suplicando a Jesús: quiero pero no puedo ¡Ayúdame! Si no tengo problemas, la exigencia de Jesús es una buena medicina preventiva, me sumerge contra corriente de un mundo orgulloso que rechaza el perdón. El orgullo sabe tan bien disfrazarse de honor, de sentido común, de justicia, de legítima defensa, de procurar no favorecer los malvados, que eso es lo primero que hay que eliminar: “Tú orgullo, no te mezcles en esto”.  Con este aire más limpio se puede entonces examinar la idea de que hay realmente perdones malos. Cuando acepto sonreír y tender la mano porque eso me va bien, no perdono, sino que soy un astuto. Cuando excuso a un tirano que aplasta a los débiles, no perdono, sino que tengo miedo. El evangelio nos ofrece un medio de cultivar en nosotros la aptitud para una pronta reconciliación: situar nuestros perdones en el perdón de Dios. No somos nunca el justo que otorga su clemencia a un miserable pecador. Todos, él y nosotros somos perdonados, invitados a entrar en una misma lógica del perdón. Es lo lógica del Padrenuestro: “Perdóname como se perdona a un hijo, pues procuro ser tu hijo perdonando”. Afirmar: “Nunca negaré a nadie el perdón” es decir: “Deseo seguir siendo de la familia de Dios”.

PLEGARIA UNIVERSAL

Con corazón contrito y espíritu humilde nos presentamos ante ti, Dios Padre, y te ofrecemos nuestras suplicas. Y respondemos: Escúchanos Señor.

1.- Para que todos los miembros de la Iglesia, el Papa Francisco, los obispos, presbíteros, diáconos, ministros y todo el pueblo de Dios tengan permanentemente espíritu de  conversión y reconociendo sus faltas, invoquen el perdón generosos y lleno de ternura de Dios Padre. Escúchanos Señor.

2.- Para que todas las naciones de la tierra y sus gobernantes, actúen con constante autocritica y sean capaces de enmendar  sus faltas y carencias, sobre todo las cometidas con la gente más humilde, pobre   y  necesitada.  Escúchanos  Señor.

3.- Por todos los padres, madres, hijos e hijas de la tierra, para que sepan volver siempre   al  abrazo  amoroso  del regreso y del  perdón   mutuo. Escúchanos Señor.

4.- ara que los pobres, los marginados, los solitarios, los enfermos de mente y de cuerpo encuentren en cada uno de nosotros hermanos solidarios, cercanos que damos lo mejor de nosotros mismos. Escúchanos Señor.

 5.- Por nosotros presentes en esta Eucaristía, para que salgamos del templo con la clara conciencia de que hemos sido perdonados por Dios. Escúchanos Señor.

 Escucha Dios Padre de todos y de todo, las plegarias que te presentamos hoy y perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.  Por  Jesucristo   nuestro  Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Se propicio a nuestras suplicas, Señor y recibe con bondad las ofrendas de tus siervos, para que las oblación que ofrece cada uno en honor de tu nombre sirva para la salvación de todos. Por Jesucristo nuestro Señor.

12.- ORACION DESPUES DE LA COMUNION

La acción de este sacramento, Señor penetre en nuestro cuerpo y nuestro espíritu para que sea su fuerza, no nuestro sentimiento, quien mueva nuestra vida. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 18: Sb 7, 7-10.15-16 (o bien 1Co 1, 26-31); Sal 130; Lc 12, 32-34.
Martes 19: 1Tm 3, 1-13; Sal 100; Lc 7, 11-17.
Miércoles 20: 1Tm 3, 14-16; Sal 110; Lc 7, 31-35.
Jueves 21: Ef 4, 1-7.11-13; Sal 18; Mt 9, 9-13.
Viernes 22:   1Tm 6, 2c-12; Sal 48; Lc 8, 1-3
Sábado 23: 1Tm 6, 13-16; Sal 99; KLc 8, 4-15
Domingo 24:  Is 55, 6-9; Sal 144; Flp 1, 20c-24.27ª; Mt 20, 1-16.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 18, 21-35

1.PERDON. NO ES SOLO DEBER MORAL SINO EL ECO DE LA CONCIENCIA DE HABER SIDO PERDONADO.
El judaísmo ya conocía el deber del perdón de las ofensas pero todavía se trataba de una conquista reciente que no conseguía imponerse más que por la composición de tarifas precisas. Las escuelas rabinas exigían que sus discípulos perdonasen tantas o tantas veces a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, etc..., y estas tarifas variaban según la escuela. Así se comprende que Pedro preguntase a Jesús cual era su tarifa, preocupado por saber si era tan severa como la de la escuela que exigía perdonar siete veces a su hermano.
Jesús contesta a Pedro con una parábola que libra al perdón de toda tarifa para hacer de él el signo del perdón recibido de Dios. (...). Es la característica del perdón cristiano: se perdona como se ha sido perdonado, uno se apiada de su compañero porque se han apiadado de él (vv. 17 y 33; Os 6. 6; Mt 9. 13; 12. 7).
El perdón ya no es únicamente un deber moral con tarifa, como en el judaísmo, sino el eco de la conciencia de haber sido perdonado. Así llega a ser una especie de virtud teologal que prolonga para el provecho del otro el perdón dado por Dios (Col 3. 13; Mt 6. 14-15; 2 Co 5. 18-20). (...).
La Eucaristía dominical tiene una evidente dimensión penitencial: en ella proclama y ejerce la Iglesia el perdón de Dios, puesto que no es otra cosa que la asamblea de los pecadores pendientes de la iniciativa misericordiosa de Dios. Pero la fraternidad de los cristianos eucaristiados y perdonados no es real y significante para el mundo sino en la medida en que colaboran efectivamente en las empresas humanas del perdón, de manera especial en la edificación de la paz.
Maertens-Frisque, Nueva Guia de la Asamblea Cristiana VII, Marova Madrid 1969.Pág.66 Y 67



2. GRATUIDAD/MDA:  LA TRADICIÓN BÍBLICA PRESENTA A UN DIOS QUE AMA A UN PUEBLO QUE NO SE LO MERECE. 
Quizá la característica más expresiva que tiene este misericordia de Dios, manifestada no sólo en su perdón al mal uso de nuestra libertad, sino en toda su relación con nosotros, es la imposibilidad de poder ser pagada de alguna manera por el hombre. Es auténtico amor a fondo perdido. Dios nada gana con querernos.
La tradición bíblica presenta a un Dios que ama a un pueblo que no se lo merece ni por su grandeza cultural, ni por su poderío político, ni por su fidelidad religiosa, ni por ningún otro valor antecedente. Es un Dios loco de amor por su pueblo. No existe otra razón. A nosotros se nos invita a actuar en esta dirección de gratuidad, amando a los enemigos o invitando a quien no nos puede invitar.
Comerciar con el amor y la relación humana "también lo hacen los publicanos y fariseos". (...) La seguridad del amor de Dios como gracia inmerecida e impagable aparta de nosotros todo escrúpulo legalista y potencia nuestra decisión de entrega más allá de cualquier norma establecida.
En una sociedad utilitarista competitiva y comercial la gratuidad resulta de difícil comprensión. El creyente se ve también afectado e incluso contagiado por este entorno que lo rodea. La búsqueda de influencias sociales, el cultivo interesado de las "relaciones públicas" el estar a bien con quien nos puede valer, el hacer favores para poderlos cobrar son tentaciones de cada día. Desde el utilitarismo habitual, preguntarse para qué me puede servir o perdonar a quien no me puede pagar en la misma moneda suele ser un interrogante que brota de forma espontánea.
La referencia a un Dios que se nos da como pura gracia, de manera gratuita, ha de servirnos no sólo para organizar evangélicamente nuestro corazón, sino también para purificar las acciones de nuestra comunidad y no confundir el proselitismo con el verdadero servicio.
Eucaristía 1987/44



3. A-DEO/A-H. NOSOTROS CREEMOS Y VIVIMOS COMO SI FUERAN DOS RELACIONES DISTINTAS. LO CONTRARIO ES LA VERDAD:AMBAS RELACIONES NO CONSTITUYEN MAS QUE UNA: /Mt/25/31-46.
Esta parábola está construida sobre una doble relación. La relación del siervo con el rey y la de los siervos entre sí. El siervo malo debía de pensar que estas dos relaciones son distintas, que su comportamiento para con los demás siervos no tendría importancia por lo que hace a su relación con el rey. Lo contrario es la verdad: ambas relaciones no constituyen más que una. Si el rey está dispuesto a comportarse en relación a los siervos exactamente lo mismo que ellos se comportan entre sí, es que, en definitiva, hay un único juego de relación, único aun siendo complejo, de los hombres entre sí y de los hombres con Dios.
Los hombres no pueden negar el perdón a los demás porque a todos y cada uno Dios les ha perdonado muchísimo más. Y además, esos mismos hombres no pueden ignorar que su actitud en lo referente a sus hermanos compromete su propia situación ante Dios. Si su relación con el prójimo es vivida bajo el signo de la maldad, no hay razón para que su propia relación con Dios se viva de otra manera; pero entonces son ellos las víctimas.
Louis Monloubou, Leer y Predicar el Evangelio de Mateo, Edit. Sal Terrae Santander 1981.Pág. 234



4.- Texto: Continúa con la temática del perdón introducida el domingo pasado. Pedro, la piedra-cimiento del edificio comunitario, pregunta por los límites del perdón de las ofensas entre hermanos. Preguntar es propio del discípulo, deseoso de aprender. En un claro indicio del carácter didáctico de su evangelio, Mateo prodiga las preguntas de los discípulos, y en concreto de Pedro, al Maestro.
- La pregunta y la respuesta barajan las mismas cifras que baraja Génesis 4, 24 para hablar de la venganza como base de actuación: "Si la venganza de Caín valía por siete, la de Lamec valdrá por setenta y siete". Las cifras barajadas convierten el perdón en la base de actuación superadora de la venganza. El sentido de la respuesta es que no se pueden poner límites al perdón: hay que hacerlo siempre.
-La respuesta tiene un desarrollo gráfico en la parábola posterior. No se trata de una parábola pura, pues el versículo final ofrece la explicación: Lo mismo hará mi Padre celestial con aquel de vosotros que no perdona de corazón a su hermano (v. 35).
-Partiendo de esta explicación nos encontramos con la siguiente equiparación dinámica: aquél de vosotros que no perdona a su hermano se comporta igual que el empleado incapaz de perdonar una pequeña deuda a un compañero suyo, después de que a él le han perdonado una enorme deuda. El perdonado no sabe perdonar; los perdonados por Dios no saben perdonar al hermano.
-En el conjunto del texto la parábola aporta, pues, un elemento nuevo a la respuesta inicial dada por Pedro. El discípulo de Jesús no debe poner límites al perdón, porque él sabe con creces lo que significa ser perdonado. El discípulo de Jesús tiene motivo para perdonar. El motivo es el perdón que Dios le otorga a él.
Comentario: El único comentario adecuado a este texto es su puesta en práctica. Pero ¡atención!
-La venganza de la que se habla en el Génesis 4, 24 era el instrumento jurídico del que se servían las sociedades primitivas para regular la conducta en casos de lesión o perjuicio. La venganza trataba de evitar y cortar excesos a la hora de exigir compensaciones por el daño sufrido. Su concreción era la ley del talión: ojo por ojo, diente por diente. Es decir, por un ojo, un ojo y no los dos; por un diente, un diente y no los demás.
-El perdón del que se habla en este texto es la renuncia incluso a la compensación justa por daños y perjuicios.
-Vistas así las cosas, resulta cada vez más claro lo tantas veces escrito en estos comentarios: ser discípulo de Jesús es ser diferente, pues equivale a poner en marcha la utopía.
-El discípulo tiene una buena razón para poder hacerlo pues se sabe perdonado por Dios y vive desde la experiencia de ese perdón. El discípulo se sabe envuelto en gracia. Por eso, lo que brota del discípulo nunca serán exigencias, sino donación, perdón y gracia.
A. Benito, Dabar 1990/46



5.- El perdón es una misión de la Iglesia. Esta podría ser la conclusión de la parábola de este evangelio. Pedro, como tantas otras veces dentro del evangelio de Mateo, se dirige a Jesús formulándole una cuestión referente al perdón del hermano. El tema sigue al que empezó el domingo anterior: "Si tu hermano peca..." (v. 15). Pedro lo plantea todavía dentro de una óptica típicamente de casuística judía aferrada fuertemente al legalismo. La generosidad de la ley es grande pero tiene un límite. Perdonando "siete veces" Pedro pensó probablemente haber dado un paso decisivo hacia las exigentes metas propuestas por Jesús. La respuesta de Jesús hunde las medidas calculadas por una visión legalista.
La parábola que sigue, propia también de san Mateo, no hace más que insistir en el punto central de reflexión propuesto por la primera lectura en términos de perdón y cantado en el versículo aleluyático en términos de amor: "que os améis mutuamente como yo os he amado" (Jn 13, 34).
No hay que perder el sentido global del evangelio dentro del marco de este capítulo 18, porque es muy importante. Dentro de la Iglesia el pecado sigue siendo una realidad con la que hay que contar. Jesús y el evangelista son realistas. Luego, si el objeto del plan de Dios es que nadie se pierda, son inútiles todos los escándalos y el "parece imposible". Estas son actitudes farisaicas, sobre todo porque denotan no haber asimilado todavía que la deuda que nunca puede llegar a pagarse es la que todo hombre tiene para con Dios. En este sentido, la perícopa resalta la importancia que tiene el perdón entre los hermanos que forman la comunidad; los "pequeños", empleando la terminología del evangelista. Sin esta firme voluntad de acoger, de proteger, de salvar lo que quizá pueda perderse, la iglesia, cualquier iglesia, corre siempre el riesgo de la propia destrucción.
Anton Ramon Sastre, Misa Dominical 1978/16



6.- La primera parte del discurso (18,1-14) nos ha demostrado con claridad que en la comunidad cristiana existen aún rivalidades, escándalos y pecados. ¿Cómo conducirse frente a todo esto? La actitud fundamental que hay que adoptar es el perdón sin límites, porque únicamente el perdón sin límites ("No hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete") se parece al perdón de Dios. La parábola (18,23-25) -todo es inverosímil en esta parábola, pero justamente por ello está claro su significado- enseña que el perdón de Dios es el motivo y la medida del perdón fraterno.
Debemos perdonar a los otros porque sería inconcebible retener para sí un don inmenso gratuitamente recibido. Debemos perdonar sin medida, porque Dios nos ha hecho objeto de un perdón sin medida.
Del sentido de la gratuidad del don de Dios es de donde nace el perdón. El versículo final de la parábola (18,35) considera el amor fraterno como una condición para obtener el perdón de Dios.
El amor dispone al hombre al perdón. La idea está indudablemente presente; además, se la afirma también en otros pasajes del evangelio (cfr. /Lc/07/47). Mas no es ésta la perspectiva más profunda. El perdón fraterno es más bien consecuencia del perdón de Dios, no respuesta; es someterse completamente a la acción misericordiosa de Dios de suerte que pueda desarrollarse en toda su vitalidad y difundirse. En este sentido, perdonar a los hermanos es signo de la plenitud de la eficacia del perdón de Dios ya recibido. De hecho, el contraste entre los dos cuadros de la parábola no tiene como fin principal hacer ver la diversidad del comportamiento divino para con el hombre que sabe perdonar y para con el hombre incapaz de perdonar. Intenta más bien hacer ver lo digno que es de condena el siervo que no perdona cuando él ha sido primero objeto del perdón divino. El siervo es condenado porque retiene el perdón para sí y no permite que su perdón se convierta en alegría y perdón también para los hermanos. Es preciso, por el contrario, imitar el comportamiento de Dios (Mt 5,43-48).
Bruno Maggioni, El Relato de Mateo, Edic. Paulinas/Madrid 1982.Pág. 193



Primitivamente, una ofensa merecía una venganza "setenta veces siete" mayor (Gn 4. 24). La ley del talión (Ex 21. 24) redujo la tarifa a la medida de la falta. Sólo con posterioridad se descubre la noción del perdón. Y Pedro pregunta por los límites (la constante tentación de la ley) de este perdón. Para Jesús se ha de perdonar a los demás indefinidamente, porque todos hemos de tener conciencia de haber sido, nosotros mismos, perdonados sin medida por Dios: así proclamamos la Buena Nueva del perdón de Dios.



viernes, 8 de septiembre de 2017

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXIII TIEMPO ORDINARIO CICLO A - 10 SETIEMBRE 2017

ATREVERSE A REPROCHAR


ORACION COLECTA

Señor, tu que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre y haz que cuanto creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del Profeta Ezequiel 33, 7-9

Esto dice el Señor: A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte.
Si yo digo al malvado: «Malvado, eres reo de muerte», y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado, para que cambie de conducta; el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. Pero si tú pones en guardia al malvado, para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.

SALMO RESPONSORIAL (94)

Ojalá escuchen hoy su voz

Vengan, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R.

Entren, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R.

Ojalá escuchen hoy su voz: «No endurezcan el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto: cuando sus padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.».  R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 13, 8-10

Hermanos: A nadie le deban nada, más que amor; porque el que ama tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás», y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.».
Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
Les aseguro que todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.
Les aseguro además que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

COMENTARIO

Hay pocas personas que sean capaces de hacer lo que Jesús nos pide: Si tu hermano peca, ve y házselo saber, a solas entre los dos. Se habla mucho, pero a espaldas de la gente. Mira esa muchacha, ¿te has enterado?... ¡qué mala suerte!. O bien se enfrenta uno con el otro, se le echa en cara su conducta, se le grita, se le dicen cuatro verdades. Jesús nos pide que seamos prudentes y cariñosos: Hazle saber su falta, repréndele mansamente y a solas. Si te hace caso, lo habrás ganado. Ganarlo.
Para comprender bien esta palabra, hay que pensar en el grito del padre del hijo pródigo. ¡Mi hijo estaba perdido y lo he vuelto a encontrar!. Cuando se habla a un culpable con estos sentimientos, hay algunas oportunidades de ganarlo. ¡Ganarlo! ¡No conquistarlo a la fuerza!. Con frecuencia reprochamos a los demás sus defectos, pero quizás no hayamos demostrado nunca que se trata en ese caso de un acto evangélico, que exige por consiguiente un corazón evangélico.
¿Qué es lo que hormiguea en mi corazón en el momento en que me dispongo a reprocharle algo a   alguien?.
El interpretado  descubrirá muy pronto ese terrible gusto de humillar del que pocos corregidores se libran. O, bien si ponemos el orden y nuestro honor por encima de todo, nos costará mucho dominar nuestra cólera ¡Ya ves en qué situación nos has puesto! ¿Te imaginas lo  que   la   gente   va   a   pensar   de nosotros?. Generalmente la reacción del otro es: ¡Es asunto mío!
Encontraremos el tono para decirles: Es también problema mío. Yo no puedo quedarme indiferente. Perdona mi falta de acierto y escucha solamente la preocupación que siento por ti, porque te quiero.
Jesús nos pide que permanezcamos en el amor, aunque sea muy difícil,; si, no ¿qué es lo que nos quiere decir amar? Quizás tengamos que encajar cosas muy duras. Lo dicen todos los padres y responsables: ahora, apenas se atreve uno a hacer algunas advertencias, enseguida lo atacan: Mucho hablar y mucho predicar, pero ¿prácticas tú acaso tu moral? Podría intentarse la humorada (si se puede): Tienes razón, yo veo tu paja y no viga en el ojo. Pero hablaremos ahora de tu paja.
Las advertencias se reciben muy mal y tenemos tantas necesidades de un poco de paz que nos entrará la tentación de evitar ese deber tan desagradable.
A no ser que seamos malgeniados de nacimiento, ¡eso sería otra cuestión! De ordinario, nos dejamos llevar, pero el deseo de tranquilidad a toda costa no es ciertamente evangélico. ¡Cuántas veces una palabra inteligente, tranquila y cariñosa, había a su alrededor amigos que veían claro y que se lamentaban, sin atreverse a dar el paso: Sería conveniente hablar con él...
Pues bien, háblale tú. Déjate impulsar por Jesús que te dice:  Procura  ganarlo.

PLEGARIA UNIVERSAL

Pidamos, hermanos, al Señor que escuche nuestras plegarias y atienda a nuestras peticiones:

1.-  Por la Santa Iglesia de Dios, para que el Señor le conceda la paz y la unidad de todo mal y acreciente el número de sus hijos. Roguemos al Señor.

2.- Por la paz del mundo, para que cesen las rivalidades entre las naciones, renazca en el corazón de los hombres el amor y arraigue entre todos los pueblos la mutua comprensión. Roguemos al Señor.

3.- Para que Dios, Padre todopoderoso, purifique al mundo de todo error, devuelva la salud a los enfermos, aleje el hambre, abra las prisiones injustas y conceda  el regreso a los que añoran la patria. Roguemos al Señor.

4.- Para que el Señor nos conceda perseverar en la fe hasta el fin de nuestra vida, y después de la muerte, nos admita en el reino de la felicidad de la luz y de la paz. Roguemos al Señor.

Señor Jesucristo, que has prometido que el Padre del cielo escucharía la plegaria de los que se reúnen en tu  nombre, danos un espíritu y un corazón nuevo, para que, amándonos los unos a los otros, cumplamos de verdad tu ley. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Oh Dios, fuente de la paz y del amor sincero, concédenos glorificarte por estas ofrendas y unirnos fielmente a ti por la participación de esta eucaristía. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Con tu palabra Señor, y con pan del cielo, alimentas y vivificas a tus fieles; concédenos que estos dones de tu Hijo nos aprovechen de tal modo que merezcamos participar siempre de su vida divina. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 11: Col. 1, 24-2, 3; Sal 61; Lc. 6, 6-11.
Martes 12: Col 2, 6-15; Sal 144; lc. 6, 12-19.
Miércoles 13: Col 3, 1-11; Sal 144; Lc. 6, 20-26.
Jueves 14: Nm. 21, 4b-9; Sal 77; Jn. 3, 13-17.
Viernes 15:  Hb. 5, 7-9, Sal 30; Jn. 19, 25-27.
Sábado 16: 1Tm. 1, 15-17; Sal 112; Lc. 6, 43-49.
Domingo 17:   Eclo. 27, 33—28, 9; Sal 102; Rm. 14, 7-9; Mt. 18, 21-35

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 18, 15-20

1.- Texto. Mateo aborda en él un nuevo aspecto en la dinámica de la vida de los discípulos. Es la primera vez que emplea el término "hermano" para designar la relación existente entre los miembros de la comunidad de discípulos de Jesús.
El pecado a que se refiere la condicional "si tu hermano peca" es, con bastante probabilidad, la ofensa o perjuicio de un hermano a otro.
Los tres versículos iniciales presentan tres maneras o caminos de ganar al hermano. Detrás de los dos primeros son perfectamente reconocibles procedimientos habituales entre los judíos y sancionados por los propios libros sagrados. Para la reprensión privada ver Lev. 19,17; para la reprensión en presencia de dos o tres testigos ver Deut. 19, 15.
Los procedimientos reseñados en estos tres últimos versículos son considerados habitualmente como corrección fraterna. Y ciertamente lo son, aunque son también mucho más por ir seguidos del v. 18, cuyas palabras expresan y significan el poder de perdonar los pecados: "Todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo". Estas palabras se refieren al conjunto de los procedimientos anteriores, confiriendo a éstos la condición de actos y gestos de perdón con valor ante Dios.
Quedan, por último, los versículos finales 19-20. Corren el riesgo de ser leídos e interpretados como si no guardaran relación alguna con lo anterior. La propia traducción no ayuda a percibir la relación. "Os aseguro además" invita a pensar en un añadido distinto, cuando en realidad el texto griego expresa repetición: "Os repito: si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo". Los versículos finales reiteran con otras palabras la correlación de tierra y cielo, hombre y Dios, de la que ha hablado el v. 18. El ponerse, pues, de acuerdo para pedir algo no tiene en este texto un contenido indiscriminado; se refiere al acuerdo en materia de perdón. El Padre del cielo ratifica el perdón otorgado en la tierra por un hermano a otro.
Comentario. Es de todos conocido que el cap. 18 de Mateo está todo él centrado en el dinamismo que debe caracterizar a las relaciones de los discípulos de Jesús entre sí. Se trata de un capítulo genuinamente eclesial. En el texto de hoy este dinamismo recibe el nombre de perdón.
Las ofensas y perjuicios entre hermanos son escándalos que conllevan pérdida de fraternidad. Esta no se recupera si el ofendido o perjudicado no gana al ofensor por la vía del perdón.
Perdonar es ganar hermanos. Unirse para perdonar es tarea cristiana, probablemente la más grata al Padre del cielo.
Con la prudencia y la reserva exigidas por el tema, me atrevo a sugerir la necesidad de profundizar en las posibilidades que este texto ofrece de cara a una deseada renovación y revitalización de las formas del sacramento del perdón. A la vista, a su vez, del texto, estas posibilidades parten y pasan necesariamente por una recuperación del sentido comunitario, es decir, del sentido de la fraternidad. Si la vivencia de este sentido no falla o no se da, será difícil que el orden existente pueda cambiar.
A. Benito, Dabar 1990/45



Estas palabras de Jesús continúan el tema de la parábola anterior en la que enseña que es preciso salir en busca de la oveja perdida aun dejando en el monte las noventa y nueve restantes (v. 12-14). Es el tema del cuidado por la salvación del prójimo. La corrección fraterna está al servicio de ese cuidado.
La corrección fraterna debe tener lugar primero en la intimidad, entre dos personas, con tacto y amorosamente. Si el pecador se arrepiente, habrá salvado a un hermano para la vida eterna.
Según Dt 19, 15, un tribunal sólo puede condenar legítimamente si consta del delito por dos o tres testigos. En el presente caso, el testimonio debe convencer al culpable de la necesidad de hacer penitencia. El proceso sigue siendo todavía secreto.
La última instancia es la "iglesia", es decir, la comunidad de los discípulos de Jesús reunida en un lugar concreto. Ella tiene poder para expulsar a uno de sus miembros (cf. 1 Cor 5, 1-5) y para admitirlo cuando se convierta de corazón.
"Atar y desatar" tiene el sentido de expulsar y admitir de nuevo en la comunidad eclesial. Según este texto, Jesús confiere tal poder a la comunidad de sus discípulos. Claro que la comunidad eclesial sólo puede actuar por medio de sus legítimos representantes, de ahí que este mismo poder lo confiera Jesús de un modo especial a Pedro (16, 19). Sin embargo, la comunidad eclesial, todos los discípulos de Jesús debieran participar más explícitamente en este proceso (cf. 1 Cor 5, 2) de lo que sucede hoy en la "confesión". Así se vería más claramente que la paz con la Iglesia es el signo de la paz con Dios, el perdón.
La comunidad es siempre comunión en el Señor, y comienza donde dos se reúnen en su nombre. La presencia de Jesús en la comunidad hace que la oración eclesial sea escuchada por el Padre. Por tanto, la misma presencia que confiere ese valor especial a la oración es también la que da a la comunidad el poder de "atar y desatar".
Eucaristía 1990/42



3.- -"Donde dos o tres están reunidos en mi nombre". He aquí la comunidad creyente: la que se reúne en nombre de Jesús. Es el ámbito de la presencia de su Señor. De aquí que la palabra que proclamamos juntos es más que recuerdo, estudio, exhortación: es presencia viva y activa del Señor. De aquí la fuerza de los sacramentos: ni ritos mágicos, ni compromisos voluntarista; es el mismo Señor quien bautiza, es él mismo quien celebra con nosotros la eucaristía, es él quien ora con nosotros y en nosotros; o mejor, nosotros oramos "por él, con él y en él". Avivemos nuestra fe: nos hemos reunido en nombre de Jesús. La Iglesia es siempre más que nuestra suma.
-"Si tu hermano peca...". No estamos acostumbrados a la corrección fraterna; más bien nos parece una práctica ridícula de ciertas congregaciones religiosas. También la palabra "pecado" ha perdido fuerza para nosotros y queda muy reducida a determinadas dimensiones individuales. ¿No merecería la pena que reflexionásemos sobre aquellos comportamientos que son contradictorios con el seguimiento de Jesucristo? La Iglesia no es una comunidad de puros, sino de pecadores; pero es la comunidad de Jesús. Y el seguimiento del Señor no se aviene con toda clase de comportamientos, que desfiguran su rostro y desvirtúan a la comunidad. Entre el purismo y el laxismo, debemos encontrar un camino que cohesione a los que hemos decidido seguir a Jesús, a pesar de las propias debilidades y de los propios pecados.
-"Todo lo que atéis en la tierra...". Hace quince días estas palabras se dirigían a Pedro; hoy se dirigen a la Iglesia. Los vínculos que existen entre nosotros son más que simples lazos humanos: comprometen al "cielo", porque el "cielo" se ha comprometido con nosotros. Pero es siempre con temor que podemos proceder a atar y desatar, a determinar cuál es el pecado que compromete de verdad el seguimiento en la comunidad de Jesús. La excomunión no es una arma política; ni tiene porqué ser un residuo o un recuerdo histórico. Pero sí pide una actualización sobre los "pecados" que cuestionan el rostro público de la comunidad de los seguidores de Jesús. Y una participación de la Iglesia -es decir de toda la comunidad reunida- en su determinación.
J. Totosaus, Misa Dominical 1987/17



a) El tema importante de este pasaje es el perdón. Cristo recuerda su obligatoriedad (vv. 21-23) y al mismo tiempo da poderes para concederlo (vv. 15-18). La nueva era se caracteriza porque el Señor ofrece al hombre la posibilidad de liberarse del pecado, no solo triunfando del suyo en la vida personal, sino también triunfando del de los demás por medio del perdón.
No será inútil recordar las principales etapas de la legislación judía que han provocado y autorizado esta ley sobre el perdón.
La sociedad primitiva se manifestaba violentamente contra la falta del individuo, porque carecía de medios para perdonarle y tan solo podía vengar la ofensa mediante un castigo ejemplar setenta y siete veces más fuerte que la misma falta (Gen 4, 24). Se producirá un progreso importante cuando la ley establezca el talión (Ex 21, 24). El Levítico (Lev 19, 13-17) da un paso más hacia adelante.
Propiamente hablando no establece la obligación del perdón (el único caso de perdón en el Antiguo Testamento es: 1 Sam 24 y 1 Sam 26), pero insiste en la solidaridad que une a los hermanos entre sí y les prohíbe acudir a los procedimientos judiciales para arreglar sus diferencias.
La doctrina de Cristo sobre el perdón señala un progreso decisivo. El Nuevo Testamento multiplica los ejemplos: Cristo perdona a sus verdugos (Lc 23, 34); Esteban (Act 7, 59-60), Pablo (1 Cor 4, 12-13) y otros muchos hacen lo mismo.
Generalmente, la exigencia del perdón va ligada a la inminencia del juicio final: para que Dios nos perdone en ese momento decisivo es necesario que nosotros perdonemos ya desde ahora a nuestros hermanos (sentido parcial del v. 35) y que tomemos como medida del perdón la misma que medía primitivamente la venganza (v. 22; cf. Gén 4, 24). Basado en la doctrina de la retribución (Mt 6, 14-15; Lc 11, 4; Sant 2, 13), este punto de vista es todavía muy judío. Pero la doctrina del perdón se orienta progresivamente hacia un concepto típicamente cristiano; el deber del perdón nace entonces del hecho de que uno mismo es perdonado por Dios (Mt 18, 23-35; Col 3, 13). El perdón que se ofrece a los demás no es, pues, tan solo una exigencia moral; se convierte en el testimonio visible de la reconciliación de Dios que actúa en cada uno de nosotros (2 Cor 5, 18-20).
El perdón no podía concebirse dentro de una economía demasiado sensible a la retribución y a la justicia de Dios entendida como una justicia distributiva. Corresponde a una vida dominada por la misericordia de Dios y por la justificación del pecador. Eco de esta manera de concebir las cosas, Mt 18, 15-22 la formula aún a la manera judía. Pero al menos el evangelista es consciente de que la Iglesia es una comunidad de salvados que no pueden tener otras intenciones que salvar al pecador. Si no lo consigue es porque el pecador se endurece y se niega a aceptar el perdón que se le ofrece (v. 17). La comunidad cristiana se diferencia, pues, de la comunidad judía en que no juzga al pecador sino perdonándole. Por consiguiente, la condena solo puede caer sobre él si se niega a vivir en el seno de esa comunidad acogedora.
b) El cap. 18 de Mateo es de redacción muy tardía. En él descubrimos a la Iglesia primitiva ocupada en elaborar una disciplina y en estructurar su vida. Tiene que hacerse a la idea de que el Reino no se presentará inmediatamente y que tiene que aprender a subsistir hasta su llegada. Se inspira, probablemente, en las reglas de las comunidades esenias. Pero estas últimas se consideraban fervientes y condenaban fácilmente al pecador, siquiera fuese en tercera sustancia: "Que sea para vosotros como un publicano..." Una comunidad de fervientes se hace pronto sectaria. Por eso la Iglesia primitiva se preocupa por mantener el diálogo más que por pronunciar una condenación: mientras el pecador permanezca en la Iglesia, mientras el "cristiano sociólogo" sea recibido en ella por la paciencia, el perdón y la oración en común, la Iglesia se verá libre del sectarismo y su misión estará asegurada. El pecador no descubre el perdón de Dios si no toma conciencia de la misericordia de Dios que actúa en la Iglesia y en la asamblea eucarística. Los miembros de una y otra no viven tan solo una solidaridad nacional que les obligaría a perdonar tan solo a sus hermanos; están incorporados a una historia que arrastra a todos los hombres hacia el juicio de Dios y que no es otra cosa que su perdón ofrecido en el tiempo hasta su culminación eterna.
Maertens-Frisque, Nueva Guia de la Asamblea Cristiana VII, Marova Madrid 1969.Pág. 41


viernes, 1 de septiembre de 2017

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXII TIEMPO ORDINARIO CICLOA A - 3 SETIEMBRE 2017

¿PORQUE EL SUFRIMIENTO?



ORACION COLECTA

Dios Todopoderoso, de quien procede todo bien, siembra en nuestros corazones el amor de tu hombre, para que haciendo más religiosa nuestra vida, acrecientes el bien en nosotros y, con solicitud amorosa, lo conserves. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del Profeta Jeremías 20, 7-9

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste.
Yo era el hazmerreír todo el día, todos se burlaban de mí.
Siempre que hablo tengo que gritar «Violencia», y proclamar «Destrucción.»
La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día.
Me dije: no me acordaré de él, no hablaré más en su nombre; pero la palabra era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerla, y no podía.

SALMO RESPONSORIAL (62)

Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh Dios, tu eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria!. Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca y mis labios te alabarán jubilosos. R.

Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 12, 1-2

Hermanos: Les exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar sus cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es su culto razonable.
Y no los ajusten a este mundo, sino transfórmense por la renovación de la mente, para que sepan discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.
Jesús se volvió y dijo a Pedro: Quítate de mí vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.
Entonces dijo a los discípulos: El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida?. ¿O qué podrá dar para recobrarla?. Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

COMENTARIO

En este domingo escuchamos a Jesús decir: voy a sufrir  me van a matar. Y un poco más adelante utiliza para nosotros estas palabras tremendas: Renunciar a sí mismo, cargar con la cruz, perder la vida. No intentemos escapar de ello; eludir el evangelio es rechazar el evangelio. Esto no quiere decir sin embargo aceptarlo ciegamente. De hecho hay muchos que lo aceptan ciegamente, pero en teoría. El que quiere de verdad seguirle no vacila en interrogar para ver bien adónde hay que ir y por qué.
¿Por qué la cruz de Jesús? Es algo inconcebible, dirá Pedro. Jesús reacciona con dureza, porque para él es duro pensar en lo que va a ocurrir. Luchando contra la angustia, quiere entrar plenamente en los planes de Dios y Pedro quiere apartarlo en los planes de los hombres. ¡Quítate de mí vista, Satanás!. Las ideas de Dios no son las ideas de los hombres: esto quiere decir que tiene que rechazar una vez más la tentación de ser un mesías triunfador, un mesías que logre su objetivo sin calvario. No, hay que seguir caminando hacía aquella hora en que será injuriado y matado por el odio.
Las ideas de Dios, no las ideas de los hombres. ¿Las de Dios? ¡Qué impenetrables nos parecen ahora! ¿Quiere Dios el sufrimiento? ¡Es una blasfemia! Vislumbramos solamente que él quiso entregar a su Hijo para salvarnos y que aquello desembocó en esa hora angustiosa. En un mundo de injusticia, de violencias y de religión formalista, Jesús tuvo que portarse de tal manera que la muerte se siguió inevitablemente. Es lo que él percibe en este momento. El Padre no lo entrega a la muerte. El misterio sigue en pie. Si me pregunto: Por qué esos sufrimientos y esa muerte. El misterio sigue en pie. Si me pregunto: ¿Por qué esos sufrimientos y esa muerte?, no encontraré salida; no puedo meterme dentro de los designios de Dios. Pero puedo ver como Jesús penetra en esos designios: Empezó a manifestar a sus discípulos que tenía padecer.
Tengo derecho a encontrar todo esto extraño, desconcertante, con tal que acepte dejarme enseñar por el ejemplo de Jesús. El no aceptó el sufrimiento ciegamente; vio ese camino, vio que tenía que sufrir. Detrás de él, y es la gran parábola cristiana, seguimos avanzando en medio de nuestras tinieblas, pero también en su luz. He aquí por qué, cuando queremos salvar la vida apartándonos de él (por miedo a sufrir), la perdemos. Ahora podemos comprender mejor su afirmación: El que pierda su vida por mí, la salvará.
Pero estas parábolas nos parecerán incomprensibles y desconcertadas mientras no las hayamos convertido en experiencias. Nadie que haya seguido a Jesús se arrepintió de ello. Al contrario, los que no ensayan el evangelio en su vida seguirán forzosamente encerrados en los porqués.

PLEGARIA UNIVERSAL

Pidamos, hermanos al Señor que incline su oído hacia el pueblo que le suplica:

1.- Tengamos presente, hermanos, en nuestras oraciones a la Iglesia a nuestros papa Francisco, a nuestros obispos, sacerdotes y pueblo de Dios, para que el Señor la haga crecer en la fe, la esperanza y la caridad. Roguemos al Señor.

2.- Oremos también por los pecadores por los encarcelados, por los enfermos y por los que están lejos de sus hogares, para que el Señor los proteja, los libere, les devuelva la salud y los consuele. Roguemos al Señor.

3.- Oremos también por las almas de todos los difuntos, para que Dios en su bondad, quiera admitirlos en el coro de los santos y de los elegidos. Roguemos al Señor.

4.- Pidamos también por los que nos disponemos a celebrar la Eucaristía, para que el Señor perdone las culpas de los que vamos a participar de sus sacramentos, otorgue sus premios a los que ejercerán los diversos ministerios y de la salvación a todos aquellos por los que ofrecemos nuestro sacrificio.  Roguemos al Señor.

Escucha, Señor, las oraciones de tu pueblo y renuévanos con tu espíritu,  de verdad, para que nunca nos dejemos engañar por las seducciones del mundo, sino que, como verdaderos discípulos de tu Hijo, sepamos discernir lo bueno, lo que te agrada, lo perfecto, y carguemos con la cruz, acompañando a Cristo, nuestra esperanza. El que vive y reina por los siglos de los siglos.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Esta ofrenda, Señor, nos atraiga siempre tu bendición salvadora, para que se cumpla por tu poder lo que celebramos en estos misterios. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Saciados con el pan del cielo te pedimos, Señor, que el amor con que nos alimentas fortalezca nuestros corazones y nos mueva a servirte en nuestros hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 04: 1Tes. 4, 13-18; Sal 95; lc. 4, 16-30.
Martes 05: 1Tes. 5, 1-6.9-11; Sal 26; Lc. 4, 31-37.
Miércoles 06: Col. 1, 1-8; Sal 51; Lc. 4, 38-44.
Jueves 07:  Col. 1, 9-14; Sal 97; Lc. 5, 1-11.
Viernes 08: Mi. 5, 1-4ª; Sal 12; Mt. 1, 1-16.18-23.
Sábado 09: Col. 1, 21-23; Sal 53;Lc. 6, 1-5.
Domingo 10:  Ez. 33, 7-9; Rm. 13, 8-10; Mt. 18, 15-20.

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 16. 21-27
Par: Lc 9, 22-25   Mc 8, 31-38

CV/RELIGION: Para comprender a Jesús se necesita una conversión a fondo; no sólo renunciar a expresar a Jesús recurriendo a las figuras de los antiguos profetas, sino también a expresarlo por medio de la noción corriente de Dios. Porque el discípulo corre el riesgo de atribuir a Jesús la divinidad que viene de la "carne y de la sangre"; una divinidad según los hombres, de acuerdo con el esquema de grandeza que los hombres se forjan. Ahora bien, la divinidad de Jesús obedece a otros esquemas.
El punto relevante para el razonamiento que vamos desarrollando lo constituye el v. 21: "Desde entonces Jesús comenzó a demostrar abiertamente a sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas de parte de los ancianos, de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y que al tercer día resucitaría". Esta primera predicción de la pasión merece que la examinemos con sumo cuidado. La indicación cronológica "a partir de entonces" tiene mucha importancia en el evangelio de Mateo; indica siempre un cambio decisivo en el relato. El evangelista intenta, pues, afirmar que está maduro el tiempo para algo nuevo.
En efecto, se pasa de la revelación sobre Jesús Mesías a la del Hijo del hombre paciente. Paralelamente despunta un nuevo tipo de incomprensión, no ya por parte de las multitudes, sino típica de los discípulos: se puede aceptar al Mesías y, sin embargo, rechazar que deba sufrir; se puede confesar que Jesús es Dios y, sin embargo, no caer en la cuenta de que es un Dios diverso.
Mateo continúa diciendo que Jesús comenzó a hablar de su pasión. Con esto se afirma en primer término una progresión en la revelación mesiánica; no una evolución psicológica en la conciencia de Jesús, perspectiva ajena a la preocupación de los evangelios, sino una progresión en la manifestación del plan salvífico de Dios. Además, se afirma que, desde aquel momento, el tema de la pasión es habitual y central.
CZ/NECESIDAD TENER-QUE: Mucha atención se merece el "debía", con que el evangelista intenta expresar no simplemente una necesidad de orden histórico o psicológico, sino una verdadera y propia necesidad de orden teológico. Observando la reacción que la predicación de Jesús suscitaba por parte de la autoridad, cualquiera hubiera podido prever cuál sería el desenlace. Pero Mateo no quiere hablarnos de esto. Intenta decirnos que la cruz es querida por Dios. Además, quiere decirnos que Jesús no sólo tuvo conciencia de ello, sino que fue voluntariamente al encuentro de la muerte, porque comprendió que entraba en los planes de Dios y la asumió, precisamente a la luz del designio divino, como un servicio. A diferencia de Marcos, que usa el verbo enseñar, Mateo prefiere el verbo "demostrar". Es un matiz que no carece de significado.
Porque, una vez más, no se trata simplemente de predecir la pasión, de preverla y con ello de preparar a los apóstoles para ella. Se trata de "demostrar" su coherencia con el plan de Dios, su necesidad; necesidad que no es evidente (la pasión no es un acontecimiento claro en sí mismo), sino que hay que demostrar. J/PASION-MU/NECESIDAD ¿Cómo? San Lucas dirá en otro lugar "a través de las Escrituras" (/Lc/24/26-27). Mateo no dice nada explícitamente. Sin embargo, el verbo demostrar es ya claro en sí mismo e indica una referencia a las Escrituras. En ellas es donde se lee el plan de Dios, y a la luz de las Escrituras es como se puede comprender la lógica profunda de la pasión. Esta necesidad de la pasión es justamente lo que escandaliza a Pedro. Prisionero todavía de la lógica de los hombres, intenta impedir que Cristo se atenga a la lógica de Dios. Y entonces Jesús responde a Pedro con la misma exclamación que encontramos en el relato de las tentaciones; en ambos casos se le propone a Xto una elección mesiánica que rechaza los caminos de Dios para recorrer los caminos de los hombres. Así la soledad de Xto es total; no sólo las multitudes no comprenden, sino tampoco los discípulos. La tentación de Jesús, que es ahora la de los discípulos, es la tentación de siempre: rechazar, en nombre del Mesías glorioso, al Siervo de Dios. Todo lo que sabemos de la espera mesiánica de los judíos confirma esta perspectiva. Pero también la historia de la comunidad cristiana demuestra su perenne importancia. (...) Después de haber hablado de su propio camino mesiánico y del de la Iglesia, Jesús habla del discípulo. Hay un punto que en seguida aparece central: toda actitud del discípulo debe decir referencia a Jesús. Ninguna renuncia se exige por sí mismo, sino sólo por Xto. La afirmación más importante se contiene en el v. 24: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y que me siga".
Los tres verbos del v. 24 (negarse, tomar la cruz y seguir) pretenden explicar en qué consiste ser discípulo. La renuncia a sí mismo denota algo radical, fundamental. Negarse-a-sí-mismo exige que el discípulo no piense en su interés propio, ni se preocupe por sí mismo; exactamente como Cristo, que, olvidándose a sí mismo, tiene continuamente presente su misión, enteramente libre para los demás. (SGTO/SIGNIFICADO) La expresión tomar la cruz significa en el contexto actual que el discípulo no debe hacerse atrás ni siquiera ante la condena, aun la más infamante. Es la renuncia a la seguridad para seguir al Maestro, que lleva a los suyos hacia la cruz. El verbo "seguir" significa ir en seguimiento del Jesús histórico. Naturalmente, no es un mero seguir exterior; es una adhesión interior. Pero se trata también de tomar parte en el destino histórico de Jesús; una verdadera comunión de vida y de sufrimiento con el Maestro, aunque sea con modalidades diferentes.
El v. 25 ("Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí la salvará") invita a arriesgar la vida por Xto (es el único modo de salvarla). En el fondo, el acto de fe está concretamente en esto: creer vivir cuando todo parece perderse. Y el v. 26 ("¿Qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?") no evoca para nada la oposición dualista entre alma y cuerpo, entre espíritu y materia, sino más bien la oposición entre el tipo de salvación que busca el hombre (por la posesión de sí) y el proyecto de Dios, según el cual la salvación consiste, en cambio, en el don de sí.
Bruno Maggioni, El Relato De Mateo, Edic. Paulinas/Madrid 1982.Pág. 171 Ss.



3. PEDRO/ESCANDALO: CIMIENTO Y TROPIEZO.
"Satanás...". Poco antes le ha llamado dichoso. Ahora se ha convertido en Satanás. Dichoso cuando se deja instruir por Dios, cuando escucha la "sugerencia" de lo alto. Satanás cuando deja hablar al instinto humano. Satanás es "el que divide". El que intenta separar a Xto del camino señalado por el Padre y aceptado por amor.
En el desierto Satanás sugiere atajos de facilidad, de éxito a golpes de milagros, de poder. Lo de Pedro también es una tentación, o sea, el intento de hacer replegar a Xto a los caminos de los hombres, en el sentido de los deseos terrenos, de las ambiciones triunfalistas, apartándolo de "su" camino. Pedro es roca. Pero la piedra puede ser también tropiezo, escándalo. Estará bien que no nos olvidemos de esto.
Alessandro Pronzato, El Pan del Domingo Ciclo A, Edit. Sigueme Salamanca 1986.Pág. 196



4.ABNEGACIÓN: NEGARSE-A-SI-MISMO: ¿QUÉ SIGNIFICA "NEGARSE A SI MISMO"?. 
"Negarse a sí mismo". La dificultad de esta expresión reside en el inevitable contenido ascético que en sí misma tiene. Lo habitual es explicarla y entenderla como un decirse "no" a sí mismo, como un ejercicio dirigido a disciplinar las tendencias naturales de la persona. Pero en el conjunto del texto la expresión no implica un negarse uno mismo algo a sí mismo. La negación que aquí se contempla no es la que nace del ejercicio que uno mismo voluntariamente se impone, sino del que le imponen los demás. Negarse a sí mismo significa aquí ponerse a cola de los demás, estar dispuesto a renunciar al propio tipo de vida en aras de los demás. Negarse a sí mismo es, en definitiva, olvidarse de sí mismo por estar pendiente de los demás.
Este modo de ser y de vivir comporta dureza y sufrimiento. Esta es la cruz de la que habla el texto y que el discípulo es invitado a cargar. Una cruz que puede llegar a ser tan real y física como la de Jesús, porque hay personas que, en ocasiones, van a matar. (...) -v. 26: Con demasiada frecuencia se ha hecho del camino cristiano un ejercicio de perfección con la mira puesta en la salvación del alma. Esta concepción, basada en gran parte en este texto, es la habitual entre los cristianos. Así es como se les ha enseñado el camino cristiano. Pero hay que decir con toda claridad que ni éste es el camino cristiano ni es válida la base textual aducida.
-Por eso labor de este domingo podría ser la revisión del concepto de negación de sí mismo. Sería una labor muy positiva, pues ayudaría al cambio, tan necesario, de una mentalidad y de unas categorías que podrán ser todo lo religiosas que se quieran, pero que no son bíblicas. Desafortunadamente la concepción cristiana al uso tiene mucho de religiosa pero muy poco de bíblica. La consecuencia es que conocemos un camino cristiano desvirtuado.
A. Benito, Dabar 1990/44



5. "CARGAR CON LA CRUZ" HACE REFERENCIA AL ULTIMO CAMINO DEL CONDENADO A MUERTE. CARGA CON EL "PATIBULUM Y ABANDONA LA SALA DEL TRIBUNAL.
El "cargar con la cruz" tiene un sentido muy concreto. Se tiene en cuenta un instante preciso del condenado: el momento en que comenzaba el camino de la ejecución, el momento en que el delincuente cargaba sobre sus hombros el "patibulum" y abandonaba la sala del tribunal para salir a la calle ante la multitud hostil que le abucheaba. Lo más terrible no es la ejecución al final del camino, sino el sentimiento de haber sido expulsado de la comunidad, de hallarse sin defensa y de ser el objeto del desprecio general. "Ven y escucha. Quien golpea a una persona que es conducida a la ejecución, está libre de castigo, porque a esa persona se la considera ya como muerta" (Sanh 85a). De aquí se deduciría que el comprometerse a seguir a Jesús significa arriesgarse a un tipo de vida tal que es tan difícil como el último camino del condenado a muerte. El seguimiento de Xto comprende para todos la disposición para recorrer el camino en solitario y soportar el odio del pueblo, de la comunidad, de la nación, de la propia familia. Palabras duras, cuyas aristas no podrán ser limadas por nuestra mediocridad.
Eucaristía 1978/41



6. I/CZ: DESDE EL PRINCIPIO LA IGLESIA SE HA ESCANDALIZADO SIEMPRE DEL XTO SUFRIENTE.
Jesús es el Xto rechazado en el dolor. El hecho de ser rechazado quita al sufrimiento toda dignidad y todo honor. Debe ser un sufrimiento sin honor. Sufrir y ser rechazado constituyen la expresión que sintetiza la cruz de Jesús. La muerte de cruz significa sufrir y morir rechazado, despreciado. Jesús tenía que sufrir y ser rechazado según los planes de Dios. Todo intento de obstaculizar esta necesidad es satánico. Incluso, y sobre todo, si proviene de los discípulos; porque esto quiere decir que no se deja a Xto ser el Xto. El hecho de que sea Pedro, piedra de la Iglesia, quien resulte culpable inmediatamente después de su confesión de JC y de ser investido por él, prueba que, desde el principio, la Iglesia se ha escandalizado del Cristo sufriente.
No quiere a tal Señor y, como Iglesia de Cristo, no quiere que su Señor le imponga la ley del sufrimiento. La protesta de Pedro muestra su poco deseo de sumergirse en el dolor. Con esto, Satanás penetra en la Iglesia. Quiere apartarla de la cruz de su Señor.
D. Bonhoeffer, El precio de la Gracia, Sigueme/Salamanca 1968/Pág. 78



7.CRUZ.¿QUÉ QUISO SIGNIFICAR JESÚS CUANDO HABLO DE LA NECESIDAD DE CARGAR CADA DÍA CON SU CRUZ?.
Pero ¿qué quiso Jesús significar cuando habló de la necesidad de cargar cada día con su cruz? "Su cruz" no debe entenderse como el instrumento bárbaro de suplicio, ni como masoquismo, ni como estoicismo que se complace en medir en el hombre la capacidad de resistencia pasiva. La cruz de Jesús significa simplemente todo esfuerzo que nos convierte en fieles cumplidores de la voluntad del Padre y que es asumido y realizado por amor. Sin esa perspectiva y sin esa motivación, no puede darse cruz en sentido expresado por Jesús. Entendida según él, es algo transformado y transformador de todas las realidades humanas.
Jesús asumió las realidades humanas y al asumirlas las transformó. Tomó nuestra carne mortal y la hizo inmortal. Tocó un día el barro del camino y con él devolvió la vista a un ciego.
Tocó el pan y el vino para transformarlo en su cuerpo y sangre, y así hizo con otras realidades humanas. También tocó el sufrimiento y lo transformó. La cruz tocada por él se convierte de fracaso en signo de victoria, de humillación en símbolo de triunfo, de muerte en fecundo signo de vida, de locura a los ojos del mundo en sabiduría de Dios, en triunfo del bien sobre el mal, en triunfo del amor sobre el odio, del poder santificador de la gracia sobre el poder destructor del pecado.
Por eso, cuando se nos propone la cruz como una opción fundamental, en lugar de hablar de un sacrificio costoso debería hablarse de un gozoso amor preferencial. Y más que de amor a la cruz debe hablarse de amor al crucificado.
TEILHARD-DE-CHARDIN escribía a quien se le quejaba del peso de las cruces en su vida consagrada a Dios: "Quizá miras mal a la cruz y no ves en ella más que dos palos cruzados. Da la vuelta a la cruz y verás en ella a Jesús clavado por amor. Entonces todo cambiará de sentido y lo comprenderás todo".
Guillermo Gutierrez, Palabras para el Camino, Nuevas Homilias/A, Edit. Verbo Divino Estella 1986.Pág. 155



8.- "¿Quién salve su vida, la perderá; quien pierda su vida, la salvará" (/Mt/16/25). ¿Qué significa esta afirmación? SALVAR la propia vida es aferrarse a ella, tenerla en más estima de la debida y, por tanto, temer a la muerte. PERDER la propia vida: no darle más importancia que la justa, estar desligado de ella y, por tanto, estar dispuesto a morir. La paradoja es esta: el hombre que teme a la muerte, ya está muerto (Cf.Mt.8,22); mientras que el hombre que ha dejado de temer a la muerte, ha comenzado a vivir. Una vida auténtica y que merezca la pena sólo es posible cuando se está dispuesto a morir.
L. Gracieta, Dabar 1989/50