viernes, 14 de diciembre de 2018

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO III ADVIENTO CICLO C - 16 DICIEMBRE 2018


HECHOS DE CONVERSIÓN.


ORACION COLECTA

Oh Dios que contemplas como tu pueblo espera con fidelidad la fiesta de nacimiento del Señor, concédenos llegar a la alegría de tan gran acontecimiento de salvación y celebrarlo siempre con solemnidad y jubilo desbordante. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Sofonías 3, 14-18a

Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón,
Jerusalén.
El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos.
El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás.
Aquel día dirán a Jerusalén: «No temas, Sión, no desfallezcan tus manos.
El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva.
Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta.».

SALMO RESPONSORIAL (12)

Griten jubilosos: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.».

El Señor es mi Dios y salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Y sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. R.

Den gracias al Señor, invoquen su nombre, cuenten a los pueblos sus hazañas, proclamen que su nombre es excelso. R.

Tañen para el Señor, que hizo proezas, anúncienlas a toda la tierra; griten jubilosos, habitantes de Sión: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.» R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 4-7

Hermanos: Estén siempre alegres en el Señor; se lo repito, estén alegres.
Que su mesura la conozca todo el mundo.
El Señor está cerca. Nada les preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 3, 10-18

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «¿Entonces, qué hacemos?».
Él contestó: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.».
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?».
Él les contestó: «No exijan más de lo establecido.».
Unos militares le preguntaron: «¿Qué hacemos nosotros?».
Él les contestó: «No hagan extorsión ni se aprovechen de nadie, sino conténtense con la paga.».
El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo los bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.».
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.

COMENTARIO

En este tercer domingo de Adviento, vuelve a aparecer ante nuestros ojos la figura de, Juan bautista quien lanza una dura llamada a la conversión, muy dentro del estilo profético del Antiguo Testamento: “¡Raza de víboras! ¡Den el fruto que corresponde al arrepentimiento!” (Lc 3, 7). La gente reaccionó enseguida diciendo: “¿Qué tenemos que hacer?”. Esta es la lección preciosa de este pasaje: no dejar nunca en el vacío el impulso de la conversión. No existe la conversión, existen hechos que demuestran que uno quiere convertirse y que concretan de forma inmediata el arrepentimiento del corazón: “¿Qué hay que hacer?”. Al meditar a Marcos, vimos lo mucho que hay de decepcionante en nuestras “conversiones”. Nos exalta el sentimiento de una transformación maravillosa: “Ahora, ya está, mi vida cambiará”. Creemos que es el momento de la gran marcha hacia el ideal, hacia la santidad. Pero casi siempre volvemos a caer en la trampa, nos quedamos unos días (¡muy pocos!) en el fervor del “sentimiento” sin explotar demasiado aprisa esa gracia de conversión y la exaltación se viene abajo y la vida sigue como antes.
Como tantas veces lo hemos experimentado hay allí una frontera difícil de franquear: pasar del sentimiento a los hechos. Para ponernos así inmediatamente en camino, la primera meditación sobre la conversión acentuaba la importancia de la fe y de la oración. No presumir, no contar únicamente con nuestras fuerzas, pedir la ayuda de Dios.
Esta vez ponemos el acento en nuestra audacia: ¡Tenemos que creer también en nosotros!. Y por tanto movilizarnos enseguida en un “¿qué hacer?”. Modesto pero decidido, fijándonos en lo más cotidiano de nuestra vida.
Los consejos de Juan Bautista pueden parecernos muy alejados de nuestros problemas pero observemos que llama a la caridad, a la justicia y a la no-violencia. Algunos impulsos de conversión nos llevarían más bien a una mayor oración, o al culto, o a esforzarnos en cambiar de carácter (“seré más amable con X”...). Bien, pero miremos un poco mejor a nuestro alrededor. ¿Cómo lograremos compartir? “El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene”. Esto es más modesto... y más eficaz que el sueño heroico de dar diez túnicas, que seguirá siendo un sueño y que se añadirá a tantas conversiones abortadas, que sólo dejan cierto sabor a cenizas.
“No exijan más de lo establecido” les dice Juan Bautista a los recaudadores. ¡Qué examen tan concreto de nuestro comportamiento en el trabajo, en el comercio, en los tratos!. “No hagan violencia a nadie”.
Aunque no seamos soldados ni policías, quizás seamos duros con nuestros hijos, con los empleados, con los miembros de una comunidad de la que somos responsables.
Hay muchas maneras de violentar, de jugar a ser tiranos. Cuando más nos esforcemos en ser lúcidos en este terreno tan delicado, más pasará nuestra conversión del sueño a la realidad.
Y lo que nos dijo Juan Bautista, nos toca a nosotros averiguarlo, siguiendo en esta línea de realismo. ¿Qué hay que hacer? ¡Algo!.

PLEGARIA UNIVERSAL

Demos gracias a Dios, que en Cristo ha cancelado la condena que pesaba sobre nosotros y sobre la humanidad y digamos con alegría junto a todos los hombres: Ven, Señor Jesús.

1.- Para que el Santo Padre y todos los pastores de la Iglesia, promuevan en las comunidades cristianas espacios de fraternidad, donde podamos compartir la alegría de sentirnos hermanos, y recibir al Señor que viene a quedarse entre nosotros. Oremos al Señor.

2.- Para que los gobernantes de las acciones rechacen toda injusticia y discriminación de razas culturas y religión, y promuevan con sinceridad el diálogo y la paz. Oremos al Señor.

3.- Para que en este tiempo de adviento, el Señor abra nuevos corazones a la solidaridad con los niños, los pobres y los más marginados de la sociedad, y ellos a través nuestro, puedan sentir la cercanía de Dios. Oremos al Señor.

4.- Para que, los pueblos del mundo que sufren el flagelo de las guerras y los odios, reciban del Señor el consuelo y la fortaleza para no desfallecer en medio de tantos sufrimientos. Oremos al Señor.

5.- Para que quienes no tienen esperanza, puedan recuperar la alegría de vivir, a través de nuestros gestos de bondad. Oremos al Señor.

Dios de la vida y de la paz, mira con amor a tu pueblo que con confianza eleva sus ojos hacia a ti y haz que cuando venga tu hijo, nos encuentres unidos en el amor, fuertes en la fe y alegres en la esperanza. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Haz, Señor que te ofrezcamos siempre este sacrificio como expresión de nuestra propia entrega, para que se realice el santo sacramento que tu instituiste y se lleve a cabo en nosotros eficazmente la obra de tu salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Imploramos tu misericordia, Señor, para que este divino alimento que hemos recibido nos purifique del pecado y nos prepare a las fiestas que se acercan. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 17: Gn 49, 2.8-10; Sal 71; Mt 1, 1-17.
Martes 18: Jr 23, 5-8; Sal 71; Mt 1, 18-24
Miércoles 19: Jc 13, 2-7. 24-25ª; Sal 70; Lc 1, 5-25.
Jueves 20: Is 70, 10-14; Sal 23; Lc 1, 26-38
Viernes 21: Ct 2, 8-14 (o bien: Sof 3, 14-18ª); Sal 32; Lc 1, 39-45
Sábado 22: 1S 1, 24-28; Sal: 1Sam 2, 1-8; Lc 1, 46-56.
Domingo 23: Mi 5, 1-4ª; Sal 79; Hb 10, 5-10; Lc 1, 39-45.

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 3, 10-18

1.- * Texto. El domingo pasado Lucas nos situaba ante Juan, un profeta con proyección universal. Caracterizaba su actividad como proclamación de un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. En la primera parte del texto de hoy Lucas ejemplifica de una manera concreta la clase de reforma de vida exigida por Juan. Lo hace sirviéndose de la pregunta "que tenemos que hacer", que a modo de estribillo articula toda la primera parte. La pregunta la formulan la multitud anónima, unos publicanos y unos militares.
Por publicanos se entiende los encargados de la recaudación tributaria. Se trataba por lo general de judíos al servicio de Roma, potencia ocupante. Como había que pagar por anticipado la cantidad estipulada por Roma, eso llevaba a los recaudadores a resarcirse no sólo de la cantidad ya depositada, sino también de los gastos causados en el desempeño de la función, más los intereses. Todo esto hacía que el sistema de recaudación de tributos estuviera abierto a toda clase de abusos. La profesión de recaudador de tributos era generalmente considerada como una actividad más bien infamante y poco escrupulosa. Por militares no se entiende miembros de las tropas romanas de ocupación, sino judíos enrolados al servicio de Herodes Antipas.
A la multitud anónima el profeta le pide la distribución compartida de los recursos fundamentales para cubrir las necesidades primarias de la existencia, alimento y vestido (v. 11). A los recaudadores les pide que cobren exactamente los tributos establecidos y sus legítimas comisiones personales, sin caer en la tentación de la avaricia o de la extorsión (v. 13). A los militares les pide la abolición del chantaje y de cualquier medida intimidatoria (v. 14).
La segunda parte del texto la forman los v. 15-17, completados con un pequeño comentario del autor en el v. 18. En esta parte sintetiza Lucas la relación de inferioridad de Juan respecto al Mesías. Esta inferioridad está formulada por medio de tres tipos de imágenes: rituales, jurídicas y apocalípticas. El conjunto de estas imágenes le sirve a Lucas para caracterizar al Mesías como el más fuerte.
La imagen jurídica es la expresión "desatar la correa de las sandalias". En el Antiguo Testamento este acto simboliza la privación de un derecho en beneficio del desatante. La imagen no proviene, pues, del mundo de los esclavos. Frente al Mesías, Juan se declara sencillamente sin derechos.
Las imágenes apocalípticas del fuego y de la horca de aventar sugieren la idea de un tiempo último y definitivo por un lado, y de un personaje clave y decisivo para los hombres por otro. No tienen nada que ver con el infierno.
Resumiendo: estamos ante un texto ético en su primera parte y cristológico en la segunda. La ética, ejemplificando cambios de comporta- miento, facilita y prepara el camino al portador del Espíritu. Los cambios de comportamiento o reforma de vida, expresados y visualizados ritualmente en el bautismo de agua del profeta Juan, hacen posible la dimensión del Espíritu que hará su aparición con Jesús el Mesías.
* Comentario. Conviene resaltar el dinamismo, la progresión interna del texto. Este dinamismo pone de manifiesto que el comportamiento ético pertenece a los presupuestos del hecho cristiano. Siendo como tenemos que ser, esto es, comportándonos bien, hacemos posible que el Espíritu pueda actuar en nosotros.
El buen comportamiento pertenece a la fase previa de eliminación de obstáculos. Supuesta esta eliminación, viene después el ser cristiano. Ya en esta fase previa no hay particularismos ni exclusiones.
Lucas está especialmente interesado en esta temática. Por eso introduce en su relato grupos o colectivos marginados por el sentir religioso oficial judío. Hoy introduce a recaudadores y militares.
El programa ético del profeta Juan no es maximalista. Las exigencias que formula no pretenden revolucionar las estructuras sociales del momento. A los recaudadores no les dice que corten sus relaciones con el poder invasor; les dice simplemente que huyan de la extorsión. A los militares no les dice que abandonen su posición; les dice simplemente que no chantajeen ni intimiden.
¿Simplemente? Observemos bien que la simplicidad del profeta habla de honestidad en los negocios, de equidad en la aplicación de la justicia. Particularmente y como persona privada me quedo con la simplicidad del profeta frente a los maximalismos de reformas estructurales, aunque sólo sea en base al dicho de que el ideal es enemigo de lo bueno. Desde la honestidad en los negocios y la equidad en la aplicación de la justicia, es decir, desde lo bueno, a lo mejor resulta que cambian las estructuras comerciales y jurídicas, es decir, se consigue el ideal.
¿Y qué decir de la simplicidad del profeta en lo que pide a la multitud anónima? Compartir con los más desafortunados lo necesario para cubrir, al menos, las necesidades primarias. ¿Y si a partir de este domingo nos entrenamos todos un poco en este ejercicio del compartir? No es evidentemente un programa económico, pero si compartiéramos muchos, a lo mejor hasta cambiaban las estructuras económicas.
A.- Benito, Dabar 1988, 3



Juan bautista predica la conversión primero al pueblo en general y, después, a diferentes grupos o estamentos sociales. No exige a nadie que haga penitencia vistiéndose de saco y cubriéndose la cabeza con ceniza, no exige a nadie que se retire con él en el desierto. Juan bautista exige a todos que cumplan con el precepto supremo del amor al prójimo y con los deberes de la justicia.
Juan no pide una conversión hacia el pasado, no pide lamentos y lágrimas sobre el pasado, lo que pide es un cambio hacia el futuro. La penitencia que predica ha de acreditarse por sus frutos y no por sus lamentos, y es una penitencia con una marcada dimensión.
En el rito bautismal, la Iglesia supone siempre esta pregunta en los catecúmenos: "¿Qué debemos hacer?", y responde diciendo: "Guardar los mandamientos", sobre todo el mandamiento del amor a Dios y al prójimo. Porque fue así como respondió Jesús a cuantos le preguntaban lo mismo y se interesaban por su salvación. También el precursor dio la misma respuesta.
El bautista predicó la penitencia en un mundo en el que el hombre vivía habitualmente en situaciones extremas y andaba preocupado por el vestir y el comer (cf. 12, 22-31). En aquella situación, el bautista exigía nada menos que la reducción del consumo al mínimo vital: una sola túnica y el pan de cada día, en beneficio de los descamisados y los hambrientos. Hoy vivimos en la llamada sociedad de la abundancia; pero, mientras haya hombres en el mundo que no tengan lo necesario para vivir, nuestra sociedad estará condenada ante los ojos de Dios.
El amor al prójimo es una exigencia general, sin esa conversión de amor, no tiene sentido la penitencia. El amor al prójimo supone que se ha cumplido antes con la justicia. Por eso Juan se refiere al cumplimiento de la justicia cuando dirige su palabra a los publicanos y a los soldados.
A los publicanos, es decir, a los cobradores de impuestos, Juan les dice que cobren según tarifa justa y que no recurran a los apremios y sobrecargas para enriquecerse a costa de los pobres.
Evidentemente, en nuestra sociedad los que más cotizan son los pobres. Por tanto, no se puede hablar de una verdadera conversión cristiana si los cristianos no estamos empeñados en una verdadera reforma fiscal.
A los soldados, a la fuerza pública, el bautista exige que se contenten con la soldada, que no denuncien falsamente y no utilicen la fuerza en provecho propio. El negocio de los armamentos, la violencia establecida, los turbios intereses de los "golpistas"... están pidiendo a gritos una conversión pública.
Juan conoce sus propios límites y sabe cuál es su papel. Juan sale al paso de los rumores del pueblo y confiesa abiertamente que él no es el que ha de venir, "el más fuerte", el Mesías.
Juan piensa en un mesías justiciero, que va a venir a separar el trigo de la paja y a purificar el mundo con el fuego. No olvidemos que es aún un hombre del A.T. EL último de los profetas. Por eso anuncia la venida del Señor y el "día del Señor" como un juicio inminente sobre los hombres. Pero Jesús dirá que no ha venido a condenar a los hombres, sino a salvarlos.
Eucaristía 1988, 59



3.- Lucas interrumpe la serie de palabras de Juan el Bautista según la fuente común de Mt y Lc e introduce una sección (vv. 10-14), de su fuente propia del tercer evangelio. Estos cinco versículos contrastan, por su humanismo y moderación, con la severidad de los que les preceden y les siguen. La pregunta de la gente: "¿Qué hacemos?" es la clásica de los que han iniciado el proceso de conversión y desean sinceramente salvarse. El propio Lucas la pone en boca de los habitantes de Jerusalén después del discurso de Pedro el día de Pentecostés (Hechos 2,37). Es también la pregunta del "joven rico" (Mt 19,16; Mc 10,16; Lc 18,18) y se encuentra asimismo en apocalipsis apócrifos. El Bautista no remite a la Ley, ni a ritos sacrificiales, sino al terreno de las relaciones cotidianas con el prójimo. No sólo se diferencia de los fariseos, que presentaban como camino de salvación la práctica de complicadas observancias, sino también de la secta de Qumran, que se alejaba del pueblo y tenía a todos por condenados a excepción de ellos, y practicaba un rigorismo moral. Juan "no predica al pueblo la pobreza, sino el compartir" (Schalatter). No les pide nada heroico ni extraordinario, sino un mínimo de solidaridad con el prójimo y de fidelidad a los deberes de estado o de profesión. Todo lo que les dice que deben hacer, podemos suponer que la mayoría no lo hacían. De este modo, podemos suponer que entre los que desde lejos habían acudido al desierto de Judá a escuchar al Bautista y a ser bautizados por él, habría bastante gente acomodada, que venían bien abrigados por el frío de la noche y bien provistos de alimentos. La moral del Bautista debería empezarse a cumplir allí mismo, entre los que le escuchan, antes de entrar en las aguas del Jordán para pedir el perdón y la salvación.
La predicación de Juan no es evasiva, sino muy concreta; antes de señalar con el dedo al Mesías ha señalado inequívocamente a los egoístas, que por otra parte no estarían en condiciones de reconocer al Mesías. No exige nada heroico, pero a todos pincha allí donde les duele. Vienen unos publicanos (que no eran simples recaudadores de impuestos, sino colaboradores de una "multinacional" que saqueaba el Imperio romano con el pretexto de cobrar impuestos) y no los rechaza, como sin duda habrían hecho los fariseos, ni les dice que deben abandonar su profesión (cf. la cuestión de la licitud del tributo, Mc 12,44 y pp.) sino sólo que no cobren más de lo mandado (¡señal de que cobraban más!).
Vienen unos militares, probablemente de las tropas de Herodes Antipas, en las que se mezclaban judíos con paganos, y que, por el sólo hecho de su profesión, eran considerados "pecadores" por los fariseos. El Bautista les dice que no abusen de su fuerza, que les ha sido dada al servicio del pueblo, para oprimirlo con extorsiones y amenazas (también debía ser usual; un papiro del 37 d.C. habla de un "extorsionado por un soldado", utilizando la misma palabra que Lc 3,14).
Los vv. 15-18 vuelven a ser de la doble tradición Mt-Lc, con elementos propios de Lucas que recuerdan también la insistencia de Jn al hacer hincapié en la subordinación del Bautista a Jesús.
H.- Raguer, Misa Dominical 1978, 22



4.- El texto que comentamos se estructura en torno a dos centros principales: a) por un lado se halla la figura de Juan, que retomando las palabras del antiguo testamento anuncia el juicio que se acerca e interpela a todos exigiendo un cambio de conducta; b)por el otro, se muestra el poder de Dios que viene como fuerza transformante, como juicio de Espíritu y de fuego para el hombre.
Del mensaje de Juan, hemos hablado en el comentario a 3,7-14. Sus notas fundamentales eran las siguientes: a) la conversión es necesaria para todos (aun para los fariseos); b) es posible para todos (aun para los publicanos y soldados); c) implica un vivir para los otros (justicia interhumana). Como signo distintivo de ese mensaje, Juan administraba a los hombres un bautismo. Sobre el sentido de su gesto, situado en el plano de la espera apocalíptica de Dios, nos habla 3, 16: "Yo bautizo con agua, pero viene el que puede más que yo... el os bautizará con Espíritu Santo y fuego".
Originalmente, ese que "puede más que yo" no se refiere a ningún tipo de mesías de este mundo, sino a Dios, que en el final del tiempo triunfará sobre lo malo y mostrará la salvación para los justos (juicio). Dios no se interpreta como el ser supremo, aséptico e inmóvil, de la tradición ontológica del occidente cristiano. Siendo trascendente, el Dios de la apocalíptica judía que se encuentra en el fondo del mensaje del Bautista, ofrece rasgos muy cercanos: es la fuerza que derrota el mal, el poder que sustenta la existencia de los hombres. Por eso, la tradición cristiana, allí donde Juan habla de Dios y de su juicio, ha podido situar la figura de Jesús y de su obra entre los hombres.
En este contexto, cuando Juan afirma "Yo os bautizo en agua..." (3, 16) está simbolizando toda la preparación del hombre que se dispone para la llegada de su Dios. Y cuando añade "viene el que puede más que yo.." se refiere de hecho (dentro de la tradición cristiana) a la revelación de Dios en Jesucristo. Dios viene en Jesús con toda la fuerza de su juicio: bautiza con fuego y destruye la paja inútil de los hombres injustos con una hoguera inextinguible. Pero, a la vez, se acerca hasta nosotros con la fuerza transformante del perdón y de la gracia: "bautiza en el Espíritu" (2, 16-17).
Teniendo en cuenta todo esto debemos distinguir los dos momentos de la conversión cristiana. El primero nos prepara a la venida de Jesús y tiene en Juan su prototipo: es necesario que se cumpla la justicia, aunque se corra el riesgo de la cárcel (Lc 3, 19-20). El segundo se contiene en la palabra de Jesús, que nos ofrece la presencia transformante de su gracia.
Utilizando su lenguaje más moderno, se pudiera precisar: la revolución social no es por mí misma el contenido del reino de Jesús: es todavía antiguo testamento (Juan Bautista). El reino de Jesús es más interno (en el amor), es más profundo (como gracia de Dios en nuestra vida). Pero sin esa revolución, sin la justicia que nos lleva hacia la igualdad y sin la ayuda a los pequeños es utópico pensar que entenderemos algún día la palabra (y el bautismo en el Espíritu) del Cristo. Por eso, lo que hoy llamamos de ordinario teología de la liberación se puede identificar en gran medida con la exigencia precristiana del Bautista. La palabra del reino de Jesús (su Espíritu y su amor) no ha destruido la exigencia de renovación y de justicia de los viejos profetas de Israel, sino que la ha llevado a su más hondo cumplimiento.
Comentarios A La Biblia Liturgica NT, Edic Marova, Madrid 1976.Pág. 1250 S.



5.- Juan Bautista concreta hoy en qué ha de consistir la conversión y la preparación del camino del Señor de que hablaba el evangelio del domingo pasado. Se trata de tener unas determinadas actitudes ante la vida.
En primer lugar, viene la gente en general, y la actitud es muy clara: ser solidario con los que no tienen, compartir con los demás lo que uno tiene.
Después vienen los publicanos y los guardias, que eran gente ya de por sí pecadora porque estaban al servicio de los ocupantes. Estos son los únicos grupos peculiares que Lucas menciona, y es que quiere destacar que nadie queda fuera de la llamada a la salvación. A éstos, Juan no les pide que dejen su trabajo (que es lo que todo judío les pediría, porque si no lo dejaban continuaban siendo pecadores), sino que rompan con el estilo injusto con que era habitual realizarlo. Juan, en definitiva, propugna que cada uno viva con la máxima solidaridad y justicia posibles: eso es lo que cuenta, eso es prepararse para la venida del Mesías.
La segunda parte del texto es ya un anuncio de la persona de Jesús. Lucas muestra que en aquel momento histórico había variados grupos de gente esperando alguna acción de Dios en la historia, y por eso Juan tenía tanta popularidad. Juan, no obstante, deja bien claro que él no es el enviado definitivo de Dios que la gente esperaba, sino que viene a preparar esta acción de Dios. El enviado definitivo vendrá, según Juan, con una gran fuerza: el Espíritu y el fuego son los signos de la acción poderosa de Dios en los últimos tiempos, y el derecho a separar el grano de la paja como juez último también es un signo del poder de este enviado definitivo.
A lo largo del Nuevo Testamento, este sentido que aquí tienen el Espíritu y el fuego quedarán ampliados y pasarán a significar la vivencia, ya ahora, de los últimos tiempos, mediante el bautismo que une a Jesucristo resucitado; aquella vivencia que se manifestó de un modo visible en el acontecimiento fundacional de Pentecostés.
Josep Lligadas, Misa Dominical 1994, 16



6. Orígenes (hacia 185-253) laico y teólogo
Homilías sobre San Lucas,26,3-5. SC 87, 340-342)
“En su mano tiene el bieldo para aventar...”
El bautismo con que Jesús bautiza es por “el Espíritu y el fuego”. Si eres santo, serás bautizado con Espíritu Santo; si eres pecador, serás echado al fuego. El mismo bautismo se hará condena de fuego para los pecadores indignos. Pero los santos, aquellos que se convierten al Señor con una fe perfecta, recibirán la gracia del Espíritu Santo y la salvación.
Así, pues, aquel que bautiza con Espíritu Santo y fuego “tiene en su mano el bieldo para aventar su parva y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará en un fuego que no se apaga.” (Lc 3,16-17) Quisiera revelar porqué el Señor tiene en su mano el bieldo de aventar y de qué soplo se trata al aventar la parva, mientras que el trigo, de más peso, se acumula en un solo lugar, porque, si no sopla el viento no se puede separar la parva del trigo.
Creo que el viento son las tentaciones, que en el conjunto de los fieles revela lo que es parva y lo que es trigo. Porque, cuando vuestra alma ha sido dominada por la tentación, no es que la tentación haya cambiado vuestra alma de trigo en parva, sino porque ya erais parva, es decir, personas livianas y sin fe. La tentación no ha hecho más que desvelar vuestra naturaleza escondida. En cambio, si afrontáis la tentación con ánimo fuerte, no es ella la que os hace constantes y fieles. La tentación únicamente revela las virtudes de la constancia y del esfuerzo que estaban en vosotros, pero de forma escondida... “Te ha humillado y te ha hecho sentir hambre... para que reconozcas en tu corazón que el Señor tu Dios te corrige como un padre corrige a su hijo.” (cf Dt 9,3-5)
 

viernes, 7 de diciembre de 2018

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO II ADVIENTO CICLO C - 9 DICIEMBRE 2018


DIOS QUIERE SALVAR A TODOS LOS HOMBRES


ORACION COLECTA

Dios todopoderoso rico en misericordia, no permitas que cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, lo impidan los afanes terrenales, para que aprendiendo la sabiduría celestial, podamos participar plenamente de su vida. Por Nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Baruc 5, 1-9

Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y vístete las galas perpetuas de la gloria que Dios te da, envuélvete en el manto de la justicia de Dios y ponte en la cabeza la diadema de la gloria del Eterno, porque Dios mostrará tu esplendor a cuantos viven bajo el cielo.
Dios te dará un nombre para siempre: «Paz en la justicia» y «Gloria en la piedad».
Ponte en pie, Jerusalén, sube a la altura, mira hacia el oriente y contempla a tus hijos, reunidos de oriente a occidente a la voz del Santo, gozosos invocando a Dios.
A pie se marcharon, conducidos por el enemigo, pero Dios te los traerá con gloria, como llevados en carroza real.
Dios ha mandado abajarse a todos los montes elevados y a las colinas encumbradas, ha mandado llenarse a los barrancos hasta allanar el suelo, para que Israel camine con seguridad, guiado por la gloria de Dios.
Ha mandado al boscaje y a los árboles aromáticos hacer sombra a Israel.
Porque Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia.

SALMO RESPONSORIAL (125)

El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. R.

Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos.». El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. R.

Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. R.

Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 4-6. 8-11

Hermanos: Siempre que rezo por todos ustedes, lo hago con gran alegría.
Porque han sido colaboradores míos en la obra del Evangelio, desde el primer día hasta hoy. Ésta es mi convicción: que el que ha inaugurado entre ustedes una empresa buena la llevará adelante hasta el día de Cristo Jesús.
Testigo me es Dios de lo entrañablemente que los echo de menos, en Cristo Jesús.
Y ésta es mi oración: que su amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores.
Así llegara al día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, a gloria y alabanza de Dios.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 3, 1-6

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.».

COMENTARIO

 

Lucas es el evangelista de la historia de la salvación, que despliega en tres grandes secuencias, como por ejemplo en este versículo tan denso: “La ley y los profetas (Israel) llegaron hasta Juan; desde entonces se anuncia el reinado de Dios (Jesús) y todo el mundo usa la violencia para entrar en él (la Iglesia)” (Lc 16, 16). Le gusta levantar grandes pórticos para que podamos entrar solemnemente en la historia. Cuando el nacimiento de Jesús: “Por entonces salió un decreto del emperador Augusto…” Y para los comienzos de su vida pública, se levanta de nuevo el telón para Juan el Bautista: “El año quince del emperador Tiberio…”.

Ha sonado el golpe más grande de gong en la historia. Para un anuncio fabuloso: “Todos los hombres verán la salvación de Dios”. Es lo que había proclamado ya el anciano Simeón con mayor secreto: “Mis ojos han visto a tu salvador como luz para alumbrar a las naciones y   gloria  de  tu  pueblo, Israel”.

Nosotros hemos estrechado muchas veces estos horizontes, excluyendo a los paganos, olvidándose de las naciones. Dios es el Dios de todos los hombres, quiere la salvación de todos. Por medio del Mesías. Los judíos de esta época aguardaban tanto al Mesías que su corazón se puso a latir al ver a un nuevo profeta, Juan el Bautista “¿Será él el Mesías?”. ¡Será algo más increíble!. Se necesitará todo el evangelio y la resurrección y Pentecostés, para que los judíos   tan obstinadamente monoteístas se abran a lo inimaginable: el Mesías es Jesús y

Jesús es Dios. Juan Bautista traza su primer retrato: “Va a venir uno más poderoso, los bautizará en el Espíritu y en fuego”. Pero tendrán que venir los grandes obispos teólogos de los primeros siglos, la experiencia de los santos, y sobre todo el Espíritu para balbucear los informulables, Dios el único es Padre, Hijo y Espíritu; y el Hijo se hizo carne, bajo César Augusto, Bajo el Emperador Tiberio. El adviento vuelve a situarnos ante esos inmensos horizontes de la salvación de todos los hombres a los que el Padre ha enviado su Hijo ¡Pero hay que recibirlos!. El Bautista pide que le preparemos un camino. Las dos imágenes del desbloqueo y del derrumbamiento pueden ayudarnos a comprender cuál ha de ser nuestra tarea: hacer que salten las puertas demasiado cerradas y derribar todo ese montón de piedras, esas montañas de vacilaciones y de objeciones en las que nos hemos atrincherado. Decirle al Señor: “Entra en mi casa” exige una previa limpieza a fondo.

¿No habré pasado demasiado aprisa del grandioso anuncio de Juan Bautista: “Todos verán la salvación” a mis pequeñas preocupaciones individualistas?. Quizás no sean tan pequeñas, las anchas miradas sobre el mundo no tienen que hacernos olvidar nuestro jardín. Decirle al Señor del Adviento: “¡Ven a salvarnos a todos!”. Será una oración de ensueño, si no nos remitirá a lo que tiene que salvarse en cada uno.

PLEGARIA UNIVERSAL

Con gozo por la cercanía de Dios, despojémonos de cuantos nos esclaviza y aleja de Él, pidámosle que nos ayude a preparar la llegada del Mesías Salvador a nuestras vidas. Digamos con su Iglesia y en nombre de todos los hombres:  R.- Ven, Señor no tardes

1.- Para que en las comunidades cristianas todos podamos reconocer el rostro que viene a nuestro encuentro brindándonos la ternura del Padre. Oremos.

2.- Para que el Señor, que viene a traernos la verdadera paz, la derrame abundamente en todos los corazones y los pueblos que se debaten en la angustia, el sin sentido, la guerra y la desesperación. Oremos.

3.- Para que todos los cristianos trabajemos con alegría en la construcción de una sociedad mas solidaria y equitativa, seguros de que el Señor, que es grande con nosotros, dará el ciento por uno a nuestros esfuerzos y trabajos. Oremos.

4.- Para que, a cuantos no han recibido aún el mensaje del Evangelio, se les anuncie la llegada del Señor, y descubran a Jesucristo como Dios y Señor de sus vidas. Oremos.

5.- Para que a todos los enfermos, quienes están solos y se sienten tristes, y los que son víctimas del vicio y del pecado, encuentren en los cristianos la prueba del amor de Dios que les tiende una mano. Oremos.

6.- Para que quienes participamos en la celebración eucarística abranos nuestros corazones a una sincera conversión. Oremos.

Escucha, Señor, que confiamos en ti, agranda nuestra capacidad de entrega y amor para colaborar eficazmente en el anuncio e tu Evangelio, y para preparar los corazones a la conversión a ti. Por Jesucristo nuestro señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Que los ruegos y ofrendas de nuestra pobreza te conmuevan, Señor, y al vernos desvalidos y sin méritos propios, acude compasivo, en nuestra ayuda. Por Jesucristo nuestro Señor,.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Saciados con el alimento espiritual, te pedimos, Señor, que por la participación en este sacramento, nos enseñes a sopesar con sabiduría los bienes de la tierra y amar intensamente los del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 10:  Is 35, 1-10; Sal 84; Lc 5, 17-26
Martes 11:  Is 40, 1-11; Sal 95; Mt 18, 12-14
Miércoles 12:  Eclo 24, 17-22 ( o bien: Rm 8, 28-30); Sal : Lc 1, 46-55; Lc 1, 39-48.
Jueves 13:   Is 41, 13-20; Sal 144; Mt 11, 11-15
Viernes 14:  Is 458, 17-19; Sal 1; Mt 11, 16-19
Sábado  15:   Eclo 48, 1-4.9-11; Sal 79; Mt 17, 10-19
Domingo 16:  So 3, 14-18ª; Sal: Is 12, 2-3.4bcd, -5-6; Flp 4, 4-7; Lc 3, 10-18


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 3, 1-6

1.- Texto. Dos frases articulan el texto: vino la palabra de Dios sobre Juan (v. 2). Juan recorrió toda la comarca del Jordán (v. 3.).
La primera frase reproduce la fórmula del Antiguo Testamento para el llamamiento a ser profeta. Este llamamiento lo sitúa en un marco ambiental relacionado con la historia de Roma, de Palestina y de las zonas limítrofes a ésta. El autor no busca datar con exactitud; simplemente señala un marco histórico internacional y no exclusivamente judío. Sitúa a su vez en el desierto el llamamiento profético de Juan. Por el contexto de este desierto no puede ser otro que el de Judea, es decir, toda la franja este de Judea hasta el río Jordán, zona en la que también vivía durante este período la comunidad esenia de Qumrán.
La segunda frase formula la actividad del profeta, caracterizándola como proclamación de un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. La formulación escueta y concisa puede dar lugar a equívocos. Su sentido parece ser el siguiente: Juan proclama que el perdón del pecado por parte de Dios está vinculado a una ablución ritual acompañada de un cambio de mentalidad y de una reforma de vida.
Esta actividad del profeta Juan está vista a la luz del texto de Isaías 40, 3-5. Lucas interpreta la actividad de Juan como un cumplimiento de este texto. También la comunidad esenia de Qumrán acudía a este texto de Isaías para dar razón de su vida en el desierto como preparación del camino para el señor. Sólo que el modo de preparar ese camino lo entendía de manera diferente a Juan. Mientras que los esenios hacían consistir la preparación en el estudio de la Ley y en su estricta observancia, el profeta Juan la hacía consistir en un cambio de mentalidad y de vida expresado en el bautismo.
Es también importante reseñar que Lucas prolonga la cita de Isaías hasta incluir la proyección universal de la salvación: Todos verán la salvación de Dios. Mateo y Marcos, en cambio, que también citan este texto de Isaías, lo hacen fijándose sólo en el aspecto de preparación del camino y no en el de dimensión universal (veánse los paralelos en Mt. 3, 3 y Mc. 1, 3).
Como rasgos típicos de Lucas en este texto destacan, pues, los tres siguientes: enmarcación dentro de la historia contemporánea, presentación de Juan como profeta y perspectiva universal.
PROFETA/QUE-ES.Comentario. Lucas nos sitúa ante un profeta. Profeta no se es por predecir el futuro, sino por interpretar la historia contemporánea desde la perspectiva de Dios.
Esta interpretación rompe por fuerza con moldes, esquemas y hábitos religiosos. Lucas nos presenta a Juan rompiendo con la comunidad religiosa de Qumrán , en la que probablemente vivió.
El profeta arremete contra la sociedad civil sólo si ésta hace gala de confesionalidad religiosa. Lo característico del profeta es arremeter contra la sociedad religiosa.
Lo que el profeta pide a la sociedad religiosa es un cambio de mentalidad y de comportamiento. Sólo a partir de un cambio así es como todos podrán ver la salvación de Dios.
La presencia de Dios en nuestro mundo depende de la credibilidad que ofrezca la Iglesia. Luego si decimos que Dios no se nota mucho en nuestro mundo, habremos de concluir que la Iglesia no ofrece mucha credibilidad. ¡Habrá, pues, que cambiar de imagen, es decir, de mentalidad y de comportamientos
Alberto Benito, Dabar 1988, 2




2.- El evangelio, en sentido estricto, comienza a partir del bautismo de Jesús en el Jordán.
Marcos y Juan inician su relato a partir de la predicación del bautista, delimitando así y describiendo la situación en la que Jesús aparece en Galilea anunciando el reinado de Dios. Por su parte, Lucas, que nos habla a modo de preludio de la infancia de Jesús, consciente de la importancia de la vida pública de Jesús, sitúa solemnemente la predicación de Juan en el contexto de la historia universal. De esa manera asume también el mismo criterio de los otros evangelistas para determinar el evangelio en sentido propio.
Con la expresión, "vino la palabra", frecuente en los libros proféticos (cf. Jr 1,2; Zac 1, 1; Miq 1, 1), se quiere destacar la soberanía de la palabra de Dios, su fuerza y su carácter de acontecimiento. Cuando Dios habla, hace historia. Con la venida de la palabra de Dios sobre el bautista, el precursor, se abre al espacio en el que va a culminar la historia de salvación de Dios en Jesucristo.
Pero la historia de la salvación, que es siempre la historia del diálogo de Dios con su pueblo, no acontece sin la conversión de este pueblo. De ahí la llamada que hace Juan a la penitencia. Juan predica una penitencia que es cambio hacia el futuro de Dios, que es salida al encuentro del que viene. Lucas ha visto en el bautista el mensajero anunciado por Malaquías (3,1), pero ha resumido su mensaje con palabras tomadas del 2º. Isaías (4, 3-5).
Dado que el autor escribe su evangelio para los gentiles y el interés que tiene de mostrarles su carácter universalista, a diferencia de Marcos, amplía la cita de Isaías para decirnos que "todos verán la salvación de Dios". Sabido es que Isaías se refiere a la manifestación salvadora de Dios ante todo el mundo y en favor del mundo entero.
Eucaristía 1988, 57




3..- Entre los datos más seguros de la vida de Jesús se cuenta el hecho de haber sido bautizado por Juan, predicador de penitencia que, empalmando con los viejos profeta y enraizando en la tradición apocalíptica judía, despertaba la inquietud y el entusiasmo mesiánico en el pueblo.
Flavio Josefo, en su libro sobre las Antigüedades judías, se refiere a Juan y le presenta como un hombre de bien que invitaba a los judíos a ser buenos entre sí y piadosos respecto de su Dios. Su gesto distintivo era el bautismo, que consistía en una purificación del cuerpo, después de que el alma había sido purificada previamente por el cumplimiento de las virtudes. Su palabra atrajo la atención de muchos, de tal modo que Herodes, temiendo un levantamiento, le apresó y ajustició en Maqueronte.
Ese testimonio de Josefo reproduce con exactitud el éxito de la actividad del Bautista y la causa de su muerte, pero desfigura intencionadamente el carácter de su mensaje, presentándole ante los romanos como un predicador moralista inofensivo. La tradición evangélica parece mucho más fidedigna al precisar que Juan no expone una moral más o menos estoica, sino que anuncia el juicio de Dios sobre los hombres (Israel y el mundo).
Parece que Juan hablaba de la venida inminente de Dios: Ya no hay tiempo de escaparse, nadie puede acogerse a privilegios más o menos heredados. Es preciso que todos se conviertan y reciban el bautismo como signo del perdón de los pecados. Sólo quién actúe de esa forma podrá hallarse libre de la ira (del castigo) que se acerca.
La tradición evangélica es unánime al empalmar la obra de Jesús con el mensaje y la actividad del Bautista. Así lo ha iniciado de una forma clásica el evangelio de san Marcos, cuando afirma que el comienzo del evangelio de Jesús es Juan Bautista (Mc 1, 1-4). Así lo ha precisado Lucas cuando sitúa el gran viraje de la historia de los hombres en la venida de la palabra de Dios sobre el Bautista; por eso se ha sentido obligado a "datar" cuidadosamente ese momento.
La primera datación es de carácter profano: "el año 25 de Tiberio César..." El mensaje del Bautista significa el punto de partida de la obra de Jesús, constituye un fenómeno constatable y preciso dentro de los anales de la historia (3,1-2). El evangelio de Jesús no nace como secta secreta ni escondida; surge sobre el campo abierto de los hechos de la tierra.
Una vez que ha dicho eso, Lucas -con la tradición cristiana anterior- se siente obligado a situar al Bautista dentro de las coordenadas teológicas de Israel, es decir, sobre el campo de esperanza del antiguo testamento. Juan es la realidad de aquella vieja voz que proclamaba: "Preparad en el desierto el camino del Señor..." (Is 40, 3-5). En el texto original del segundo Isaías, esa voz provenía del mismo Dios y aseguraba que el desierto de lejanía que separaba a los israelitas de su tierra se convertiría en un camino de libertad y de esperanza. Para la tradición cristiana esa voz se ha individualizado: es Juan, que en el desierto (3,4) o desde el desierto (3, 2-3) proclama un bautismo de penitencia preparando los caminos de Dios, que son ahora los caminos de Jesús. Como conclusiones podemos señalar: a)para llegar a Jesús hay que pasar por un período de purificación representado por el Bautista. B) Preparar a los hombres para recibir a Jesús, exigiendo una conversión radical y un cambio de conducta, me parece totalmente necesario en nuestro tiempo. Por eso, si no actualizamos la figura del Bautista, será difícil que podamos comprender y recibir al Cristo. c) Este menester de Juan se debe realizar en nuestro tiempo de tal manera que se pueda rehacer el viejo sincronismo de san Lucas.
Precisamente ahora es cuando debe venir la palabra de Dios sobre la tierra.
Comentarios a la Biblia Litúrgica NT, Edic Marova, Madrid 1976.Pág. 1246 Ss.




4. /Lc/03/10:
La pregunta: «¿Qué debemos hacer?», es el principio de toda conversión, porque es la ruptura de la autosuficiencia y de la independencia; es el reconocimiento de que no somos perfectos; es la expresión de un deseo de cambiar.
Hoy nos preguntamos también nosotros qué debemos hacer para poder ser consecuentes con lo que creemos y poder recibir lo que esperamos. Y Juan nos hablará de las exigencias de la justicia y de la caridad, a la vez que anuncia un bautismo renovador en Espíritu Santo y Fuego.
Caritas,
Ven.../Adviento Y Navidad 1993.Pág. 108




5.- Lucas, el evangelista de este ciclo C, quiere dar a su relato unas formas que resalten la relevancia histórica. Por eso lo empieza (1,1-4) refiriéndose a las fuentes y al método con que lo ha elaborado, y por eso, después de los capítulos de la infancia de Jesús que constituyen como la introducción, inicia la parte propiamente histórica del relato con una presentación de tonos solemnes de su contexto, haciendo mención de los gobernantes del mundo y de Israel, y los responsables religiosos del momento. De este modo señala la importancia de lo que se dispone a explicar, y a la vez muestra que Dios, que con su palabra toca a Juan Bautista para que empiece aquella misión que dará paso a la aparición de Jesús, viene a actuar en medio de la realidad histórica: para implicarse en ella y para modificarla.
Juan predica "un bautismo de conversión para perdón de los pecados": él, en efecto, viene únicamente a disponer los corazones y las vidas de la gente para que puedan recibir la Buena Noticia salvadora de Dios, que traerá Jesús (el domingo próximo veremos más concretamente qué significa esto).
Para explicar el sentido profundo de la misión del Bautista se utiliza, aquí y en los demás sinópticos, el texto de Isaías 40 en el que el profeta anunciaba y animaba el retorno de los exiliados, un texto que hoy en la primera lectura Baruc también recogía. Isaías anunciaba que la caravana que debía atravesar la dureza del desierto para volver a Jerusalén experimentaría aquel camino difícil como un camino llano, porque Dios les acompañaría.
Ahora, aquel anuncio se convierte de hecho en una exhortación: el que quiera recibir la Buena Noticia, tendrá que transformarse a sí mismo en terreno llano que permita la llegada del Dios salvador; Juan es el que anuncia esta llegada y urge a realizar la transformación necesaria para recibirla.
El último versículo del texto de Isaías, "todos verán la salvación de Dios", no se encuentra recogida en los demás sinópticos, sólo la encontramos en Lucas. Y es que Lucas quiere subrayar en su evangelio de una manera especial, esta universalidad de la salvación, que está destinada a llegar a "todos".
Josep Lligadas, Misa Dominical 1994, 15




6.- Texto. Se abre con un solemne período literario, estilísticamente bien elaborado en la versión original griega. El período indica con suficiente claridad que el movimiento narrativo empieza algo nuevo, y el lector así lo percibe.
Un séxtuple sincronismo relaciona la llamada y la actuación de Juan con la historia contemporánea, tanto de Roma como de Israel. No se puede interpretar como una datación exacta de la aparición de Juan. Lo que pretende es, más bien, ofrecer un marco ambiental, histórica y literariamente solemne, y resaltar así la importancia del momento.
El período literario formado por los dos primeros versículos culmina con la llamada de Juan, formulada en el más puro estilo de los viejos libros proféticos del Antiguo Testamento.
Lucas presenta la llamada de Juan según el modelo de los profetas del Antiguo Testamento. Más adelante escribirá lo siguiente:la ley y los profetas hasta Juan (Lc. 16,16).
Juan es para Lucas el último profeta, que marca la transición a un tiempo nuevo, el de Jesús.
El pleno de la tradición evangélica, es decir, Mateo, Marcos, Lucas y Juan, coinciden en explicar la actuación de Juan a la luz del capítulo 40 de Isaías. Pero mientras Mateo, Marcos y Juan sólo citan el versículo 3 de ese capítulo, Lucas es el único evangelista que prolonga la cita hasta incluir el v. 5, que habla de la oferta de la salvación para todos: todos verán la salvación de Dios.
La actuación de Juan se localiza en la depresión geográfica del río Jordán en su desembocadura en el mar Muerto. En la traducción litúrgica a esa actuación se la califica de predicación. El texto original habla más bien de proclamación, es decir, de publicación solemne de una noticia que debe ser conocida. La proclamación equivale al bando, es decir, a algo que se hace saber de parte de un superior. Por su misma naturaleza, la proclamación debe tender a la brevedad, si quiere ser efectiva. La proclamación de Juan tiene todas estas características. Su formulación se encuentra en el v. 3: bautismo de conversión para el perdón de los pecados. El sentido de la apretada expresión bautismo de conversión lo ilumina el siguiente texto del historiador judío del s. I de nuestra era -FlavioJosefo: «Herodes había hecho asesinar a este hombre bueno (Juan), que exhortaba a los judíos a llevar una vida honrada, tratándose con justicia unos con otros, sometiéndose religiosamente a Dios y participando en un bautismo. De hecho, el propio Juan estaba convencido de que esa ablución no sería aceptable como perdón de los pecados, sino que se quedaría en una mera purificación temporal, si antes no se limpiaba el espíritu mediante una conducta honrada» (Antigüedades judías).
Comentario. Hay en el texto de hoy una dinámica que no se debería dejar pasar por alto: convertirse para que la salvación ofrecida por Dios pueda llegar a todos. La conversión obedece, pues, a una doble exigencia: la que dimana del propio individuo pecador, y la que dimana del otro, que sin mi conversión se va a quedar sin saber que Dios tiene una oferta de Salvación para él. Sería triste y trágico que, en un momento en el que cada vez hay menos salvaciones, dejara de percibirse la única que es realmente acreedora al nombre de salvación: la que proviene de Dios.
A.- Benito, Dabar 1994, 2




7.- Quien ha comenzado a leer el Evangelio dé Lucas desde el principio se da cuenta, al llegar a estos versículos, de que comienza algo nuevo. En efecto, en el capítulo 3 empieza la narración del "tiempo de Jesús". Fue Conzelmann quien nos ayudó a comprender que Lucas tiene una visión particular y muy profunda de la historia de la salvación, dividida en tres tiempos:
1. El tiempo de Israel (Lc 1-2).
2. El tiempo de Jesús (Lc 3-24).
3. El tiempo de la Iglesia (Hech 1-28).
Está claro que es Jesús quien ocupa "el centro del tiempo", mejor dicho, él es ese centro.
Y, para destacarlo, el tercer evangelista redacta unas frases solemnes que sirven de encabezamiento a la preparación del ministerio de Jesús.
Como, por otra parte, Lucas está interesado por la historia de Jesús y se ha propuesto componer un "relato ordenado" (Lc 1,3) de todo lo referente a él, no es extraño que haga referencia a los personajes principales de la historia contemporánea. Sólo él nos ofrece estos datos, pero no para escribir una historia al modo helenístico, sino para ofrecernos el marco en el que podemos situar la aparición del Bautista, precursor de Jesús:
-El emperador Tiberio, el hombre más poderoso de la ecumene (los emperadores romanos se consideraban dioses y exigían que se les diera culto como a tales).
-Poncio Pilato, el prefecto o gobernador de Judea (26-36 d.C.), representante principal del imperio opresor.
-Los hijos de Herodes el Grande: Herodes Antipas y Herodes Filipo. Un tal Lisanio a quien no podemos identificar con exactitud.
-Los sumos sacerdotes Anás y Caifás. En la escena se encuentran las autoridades de la política nacional (civiles y religiosas) e internacional.
Pero el Señor quiso que el centro de la escena no fuese Roma, la capital del imperio; ni Jerusalén, residencia de los sumos sacerdotes... sino el desierto donde dirige a Juan su palabra. Los primeros cristianos (la tradición es común a Marcos, Mateo y Lucas) interpretan la actividad del Bautista como un cumplimiento de la profecía de Is 40,3-4. Este texto pertenece al llamado Deuteroisaías o Isaías II (para algunos es el mejor y más inspirado profeta y poeta de Israel), concretamente al prólogo (Is 40,1-11) de su obra (Is 40-55). En 40,3-5 el Deuteroisaías anuncia el tema del "nuevo éxodo" (o segundo éxodo), la vuelta del destierro: el Señor va a caminar desde Babilonia hasta Jerusalén con los exiliados y quiere que se le prepare el camino. El mensaje tiene una cierta urgencia y muchísimo gozo.
En su lectura cristiana del Antiguo Testamento la primera generación cristiana ve que el Bautista ha anunciado el éxodo definitivo, el de Jesús. Juan ha sido el prólogo que ha introducido a Jesús, el Señor que camina por el desierto. Para ello predicó el bautismo (simple purificación o ablución ritual) con el que quedaban marcados los que se convertían.
Con respecto a Marcos y Mateo, Lucas alarga la cita, incluyendo Is 40,5: "Todos verán la salvación de Dios". Desde el principio insiste en que la salvación aportada por Cristo es universal.
Ramón Alfonso Díez Aragón
Homilética 1994, 6