viernes, 11 de octubre de 2019

LECTURA Y COMENTARIO DOMINGO XVIII T.O. CICLO C - 13 OCTUBRE 2019


EL SAMARITANO AGRADECIDO


ORACION COLECTA

Te pedimos, Señor, que tu gracia nos preceda y acompañe y nos sostenga continuamente en las buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del segundo libro de los Reyes 5, 14-17

En aquellos días, Naamán de Siria bajó al Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el profeta Eliseo, y su carne quedó limpia de la lepra, como la de un niño.
Volvió con su comitiva y se presentó al profeta, diciendo: «Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de Israel. Acepta un regalo de tu servidor.».
Eliseo contestó: «¡Vive Dios, a quien sirvo! No aceptaré nada.».
Y aunque le insistía, lo rehusó. Naamán dijo: «Entonces, que a tu servidor le dejen llevar tierra, la carga de un par de mulas; porque en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otros dioses fuera del Señor.».

SALMO RESPONSORIAL (97)

El Señor revela a las naciones su salvación.

Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera, griten, vitoreen, toquen. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 2, 8-13

Querido hermano: Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David.
Éste ha sido mi Evangelio, por el que sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada.
Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna.
Es doctrina segura: Si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 11-19

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.».
Al verlos, les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes.».
Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.
Éste era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?».
Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.».

COMENTARIO

Lucas sigue ofreciéndonos actitudes características de un caminar en cristiano. Hoy lo hace a través de un relato exclusivo de este autor. Diez leprosos solicitan de Jesús compasión. Lo hacen a distancia, debido a su condición de enfermos contagiosos e inhabilitados para la convivencia social. Lo que sigue a continuación tiene la marca del tercer evangelista. Jesús envía a los leprosos a la autoridad competente para que ésta certifique su curación y permita a los curados su incorporación a la convivencia social. Obsérvese que Jesús no les dice que estén curados, sino que se presenten a los sacerdotes. Los leprosos se fían de Jesús. Lucas presenta el milagro como fruto de la confianza y de la disponibilidad de los leprosos. Confianza en la palabra de Jesús, aun en contra de la evidencia externa.
El relato, sin embargo no finaliza aquí. En realidad todo lo anterior es sólo preparación y está subordinado a lo que sigue. Lo verdaderamente importante y significativo en el relato de hoy son los próximos vv. 15-18. Uno de los curados reconoce públicamente el favor de Dios y retorna a Jesús para darle gracias. Llegado a este punto del relato, Lucas interrumpe la narración para puntualizar la procedencia del curado. "Este era un samaritano". Esta puntualización constituye el dato central del relato. En contexto judío decir samaritano era decir proscrito, excluido de la casa de Israel, es decir, del Pueblo de Dios. Tras la puntualización Lucas rehace el hilo narrativo con tres preguntas de Jesús. Las tres poseen una carga de extrañeza y de desencanto. Pero en el contexto del relato sirven para realzar el significativo gesto de un proscrito según los hombres.
Pero ¿por qué sólo el extranjero, el samaritano, vuelve a dar gracias? Porque al parecer, a los otros sólo les preocupa una cosa; hacer lo que la ley prescribe en caso de curación de la lepra, algo que es bastante minucioso si leemos al Levíticos (13, 45-14, 7). Más liberado, el samaritano, sigue el impulso que le mueve a regresar. Podría suceder que sumergidos en las cosas que hay que hacer, no tuviéramos tiempo ni corazón para dar gracias a Dios.
El título tradicional del relato habla de curación de diez leprosos. Cabría preguntarse si no habría que titularlo más bien "el samaritano agradecido". La figura del samaritano agradecido resalta, con todos sus perfiles, sobre la inexplicable ausencia de los otros nueve. ¿Es que acaso estos otros nueve se consideraban con derecho a la curación por ser miembros del Pueblo de Dios? Lo que Lucas deja en claro es que sólo uno, y éste un proscrito, experimentó su curación como un don y no como un derecho. Esta es su fe y esta es su salvación, como declara Jesús en la frase conclusiva.

PLEGARIA UNIVERSAL

Hermanos, la fuerza saladora de Dos se manifiesta cada vez que con humildad suplicamos y reconocemos agradecidos su misericordia. Digamos juntos: R. Te damos gracias, Señor.

1.- Por la Iglesia: para que a través del papa Francisco, los sacerdotes, religiosos y laicos consagrados siga repartiendo a todos el amor y la bondad de Dios. ¡Oremos!. R.

2.- Por los responsables del bien común: para que, con honestidad y amor sincero a nuestros pueblos, busquen la paz y la justicia.  . ¡Oremos!. R.

3.- Por las familias: para que, reconociendo la presencia del Señor que los acompaña con ternura, vivan serenas y confiadas en su amor paternal que nunca los abandona. . ¡Oremos!. R.

4.- Por aquellos que con entrañas de misericordia, socorren con amor constante y alegre a las personas enfermas, discapacitadas y marginadas.  . ¡Oremos!. R.

5.- Por todos los que, participando con fe viva y corazón agradecido en esta celebración, quieren ser signos del amor de Dios allí donde viven. . ¡Oremos!. R.

Escucha Padre bondadoso, la acción de gracias de tus hijos, purifícanos de nuestros pecados y permítenos dar gloria a tu nombre santo mientras peregrinamos en esta tierra. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, las suplicas de tus fieles, Señor, juntamente con estas ofrendas, para que lleguemos a la gloria del cielo mediante esta piadosa celebración. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Señor, pedimos humildemente a tu majestad que, así como nos fortaleces con el alimento del Santísimo Cuerpo y Sangre de tu Hijo, nos hagas participar de su naturaleza divina. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 14: Rom 1, 1-7; Sal 97; Lc 11, 29-32.
Martes 15: Rom 1, 16-25; Sal 18; Lc 11, 37-41.
Miércoles   16: Rom 2, 1-11; Sal 61; Lc 11, 42-46.
Jueves 17: Rom 3, 21-30ª; Sal 129; Lc 11, 47-54.
Viernes 18: 2Tim 4, 9-17ª; Sal 144; Lc 10, 1-9.
Sábado 19: Rom 4, 13.16-18; Sal 104; Lc 12, 8-12.
Domingo 20: Ex 17, 8-13; Sal 120; 2Tim 3, 14—4, 2; Lc 18, 1-8.

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 17, 11-19

1. ASOMBRO  ADMIRACIÓN
Con nuevos matices el texto incide en la temática del domingo pasado. El matiz fundamental lo aporta el personaje. No se trata en realidad de alguien nuevo en la obra de Lucas. Al comienzo de la sección del camino nos encontrábamos con el buen samaritano, cuya actitud contrastaba con la del clero. En ambos casos se da el mismo contraste de comportamiento, en detrimento siempre de los miembros del Pueblo de Dios. Cabe, pues, hablar de una llamada de atención por parte de Lucas a los miembros del Pueblo de Dios. Caminar en cristiano pueden hacerlo también personas a quienes no se les tiene por miembros del Pueblo de Dios. A la inversa, miembros reconocidos como tales pueden no tener un caminar cristiano.
En la línea del domingo pasado, una característica de este caminar es la fe. En consonancia con la primera parte del texto la fe aparece como un fiarse de la palabra de Jesús. Pero como ya hemos visto, no es esta dimensión de la fe la que Lucas quiere resaltar hoy. Le interesa más la fe en cuanto apertura asombrada a Dios. Se trata de una dimensión fundamental en toda relación interpersonal. Asombrarse es reconocer y admirar en el otro todo lo que de bueno y valioso hay en él, independientemente de lo bueno y valioso que pueda haber en uno mismo. El asombro jamás establece comparaciones; es admiración absoluta y sin paliativos del otro.
El texto presenta al samaritano alabando a Dios. Jesús dice de él que es el único que ha vuelto para dar gloria a Dios. Alabar y dar gloria a Dios son expresiones equivalentes que designan el asombro ante Dios, su reconocimiento y admiración totales.
Si toda relación interpersonal tiene algo de salvadora, esto es total en la relación con Dios. De ahí las palabras de Jesús al samaritano: "Tu fe te ha salvado".
Alberto Benito - Dabar 1989/50



"Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea". Otra vez Jerusalén aparece como punto de destino del camino de Jesús. La concreción geográfica es desconcertante si buscamos precisión; pero en el caso de Lucas no la podemos hallar. Lucas no tiene un conocimiento personal de Palestina, y no es extraño que altere la geografía del camino.
Misa Dominical 1989/19



3. CUMPLIMIENTO  LEGALISMO  ALABANZA  GRATUIDAD
Sentido del texto.-Hasta el v.14 el relato tiene simplemente una función preparatoria. Se nos narra un hecho con vistas a su comentario. Los vv. 15-19 son este comentario en acción. La clave nos la da el propio narrador cuando nos dice que el que retornó era un samaritano. Se trata de un retorno religioso. En esto está lo que el narrador quiere resaltar. Alguien no sociológica ni institucionalmente religioso reconoce la acción de Dios en él y se abre a ella. Lo que en él ha acontecido no lo interpreta como algo que le sea debido, como algo normal. Así es como lo interpretan los que no retornan: son oficialmente religiosos, el pueblo de Dios. Por lo tanto, piensan que Dios se debe a ellos.
No tienen nada que agradecerle, es normal que actúe en ellos salvíficamente. Desde el punto de vista de Jesús, el pueblo de Dios no tiene fe; sólo el samaritano la tiene. Y ésta es precisamente su salvación.
En realidad, este texto es un ejemplo práctico de lo que el texto del domingo anterior decía. Un ejemplo práctico con una gran carga crítica dentro. "El que tenga oídos para oir que oiga" solía repetir Jesús en casos semejantes.
Dabar 1980/52



Su fe no se reduce a creer en el "poder" de Dios sino que llega a reconocerle presente en JC, y por eso le alaba y da gracias por esta acción de Dios por JC. Muy a menudo los cristianos identifican la fe con creer en un Dios Todopoderoso que puede intervenir -cuando quiere- en nuestra vida. La fe parece identificarse con creer en esta posibilidad de intervención y con esperarla muy pasivamente. Es una fe en un Dios que está fuera de nuestra vida, que interviene arbitrariamente. Se puede pedir su intervencion, pero casi como quien hace una quiniela para ver si toca.
La fe de la que habla JC es otra cosa. Es descubrir a Dios presente y activo siempre en nuestra vida. Y responder con fe, con sintonía, comulgando del todo con él. Esto es lo que significa la expresión bíblica "dar gloria a Dios". Es decir que Dios está en y con nosotros, no con un poder arbitrario e imprevisible, sino con amor y comunión. De esta fe surge una actitud de alabanza, de acción de gracias, de no querer reconocer -como Naamán- ningún otro Dios (ningún otro ídolo, ningún otro absoluto). Actitud totalmente opuesta a la de quien cree en un Dios fuera de nuestra vida, que interviene sólo en circunstancias excepcionales: esto supone que habitualmente -para lo de cada día- se cree en otros "dioses" (como los judíos contra quienes lucharon los profetas: un Dios en el cielo para las grandes ocasiones, pequeños dioses en la tierra para los problemas de cada día). Podríamos preguntarnos si actualmente bastantes bautizados no piensan semejantemente (un Dios para el nacimiento, matrimonio, muerte..., quizá incluso para la misa de cada domingo..., pero otros "dioses" más manejables, a quienes no es preciso dar gloria con toda la vida, para el pan de cada día.
J. Gomis - Misa Dominical 1977/18



5.- Entrar en relación con Dios, mediante el culto vinculado al templo, era el deseo de todo judío. Los leprosos han encontrado a Jesús y en él a Dios, pero los judíos no han comprendido que quedar limpios de la lepra, entrar de nuevo en comunión con Dios y con los hombres no es fruto de ser miembro del pueblo elegido, sino que se ofrece, como un don, a todo el que acepta y encuentra a Dios en el Mesías, Jesús. Sólo uno, y este samaritano, ha comprendido el significado del encuentro salvífico y da culto, glorifica, a Dios sin templo.
Al curar a los leprosos, Jesús los reintegra a la sociedad y demuestra que en él se ha hecho presente el reino de Dios y la superación de toda forma de esclavitud y marginación. En Jesús la salvación llega hasta la salud del cuerpo, supera la resignación, se abre a la esperanza y se retorna a la alabanza a Dios. Sólo uno ha comprendido esta realidad. Los otros han vuelto a la religiosidad del templo sin descubrir que se han encontrado con Dios no en unas prácticas religiosas sino en un hombre, en Cristo.
P. Franquesa - Misa Dominical 1986/18



6.- La lepra bíblica comprende una serie de enfermedades de la piel y no sólo la lepra en sentido propio. Los judíos consideran estas enfermedades como un castigo especial de Dios. De ahí que el leproso fuera tratado como un muerto para la sociedad y se le obligara a vestir como se vestía a los muertos: ropas desgarradas, cabelleras sueltas, barba rapada. No se les permitía habitar dentro de ciudades amuralladas, pero sí en las aldeas con tal de no mezclarse con sus habitantes. Por eso, vivían en las afueras de los pueblos. Todo lo que ellos tocaban se consideraba impuro, por lo que tenían obligación de anunciar su presencia desde lejos. Con todo, se les permitía asistir al culto de la sinagoga. Eran "impuros' ritualmente y vivían una especie de vida de excomulgados. Caso de obtener la curación, necesitaban presentarse a los sacerdotes y someterse a una especie de reconciliación cultual con la comunidad. Entonces los sacerdotes les daban de alta. En la respuesta de Jesús a los enviados de Juan Bautista, el Señor indica la curación de los leprosos como señal mesiánica y cumplimiento de las promesas que ya anunció Isaías (35,8).
La desgracia común une a los desgraciados. Estos leprosos habían superado la tradicional enemistad entre judíos y samaritanos: forman un solo grupo. La fama de Jesús había llegado hasta los proscritos de la sociedad, hasta los leprosos.
Jesús manda a los leprosos que se pongan en camino para ser reconocidos por los sacerdotes. Antes de curarlos, los somete a prueba y les exige un acto de fe.
Sólo el samaritano vuelve para alabar a Dios y reconocer en Jesús al Rey-Mesías. La postración delante de Jesús no es una adoración, sino el reconocimiento de esta realeza mesiánica.
Los otros nueve no vuelven. Parece como si vieran natural que en ellos, hijos de Abrahán, se cumplieran las promesas mesiánicas.
Pero, al decir Jesús al samaritano, al extranjero, "tu fe te ha salvado", nos enseña que el verdadero Israel se asienta en la fe agradecida.
Eucaristía 1989/47



7.-  Los diez leproso fueron curados, pero a uno solo de ellos, al samaritano, Jesús le dice: "tu fe te ha salvado" precisamente porque volvió sobre sus pasos "para dar gloria a Dios", es decir, para reconocer que la curación obrada en él era obra exclusivamente don de Dios, sin ningún mérito propio. Los otros nueve, judíos, podían creer que tenían derecho a ser purificados por el hecho de ser miembros del pueblo escogido y por tanto no tenían nada que agradecer. Como en la parábola del buen samaritano, éste se convierte también en prototipo de persona que sabe recibir y acoger la salvación de Dios.
La salvación está abierta a todos -judíos y samaritanos, judíos y gentiles-, pero es necesaria esta actitud de saber reconocer la propia pobreza ante el don de Dios y al mismo tiempo la actitud de alabanza y agradecimiento.
José Roca - Misa Dominical 1983/19



Este relato de la curación de los diez leprosos está en conformidad con la legislación contra la lepra fijada por Lv 13. 45-46 y 14. 2-7. Cuando los leprosos son enviados por Cristo a que se presenten a los sacerdotes, aquél se somete a las exigencias de la ley. Nueve de ellos se presentan efectivamente a los sacerdotes. Pero el décimo, que es samaritano, no está obligado a someterse al examen por parte del sacerdocio judío y, por consiguiente, puede volver a expresar su agradecimiento a Cristo.
Este relato constituye, pues, una nueva pieza que añadir al acerbo integrador de la polémica de los primeros cristianos contra los judíos. La ley obstaculiza la libertad de expresión de los sentimientos; el pagano está más cerca de la verdadera religión porque es libre frente a la ley y más sensible a la única liberación efectiva, la que proporciona la cruz (Ga 2, 19-20; 5. 11-16; 2 Co 5. 15-18), la de la gracia gratuita (Rm 5. 12-17; 6. 14-15). A la gratuidad del gesto de Dios responde con frecuencia la acción de gracias espontánea del hombre liberado.
Una relación así no podía establecerse dentro del marco de la ley en la que todo está en la línea del "dar al que da"; se sitúa, por el contrario, en la línea de la fe: "Vete, tu fe te ha salvado".
La lepra aparece frecuentemente en la Biblia como símbolo del pecado. El milagro de Cristo supera, pues, el significado de una simple curación para configurar la obra de la salvación que saca al hombre de su pecado.
Hay todavía cristianos que se parecen a esos nueve leprosos judíos: practican mucho, pero no saben contemplar; comulgan con frecuencia, pero no saben dar gracias. Su ética carece de horizonte, replegada sobre sí mismo; la minucia y el escrúpulo invaden su vida moral. Su Dios lleva una contabilidad... Al mismo tiempo, se sienten incapaces de abrirse realmente a la iniciativa del Otro, a la gratuidad.
Los sacerdotes judíos encerraban a los leprosos curados en el Templo. De igual modo, hay sacerdotes en la Iglesia que han educado a los laicos en esa minucia legal y en esa entrega de cuentas que son tan contrarias a la verdadera acción de gracias y a la comunión personal entre Dios y el hombre. Y sucede hoy que esos fieles experimentan un despego cada vez más profundo respecto a los sacramentos...
Maertens-Frisque - Nueva Guia de la Asamblea Cristiana VII - Marova Madrid 1969.Pág. 167 S.




9.- Todo el camino de Jesús por la vida es un encuentro con la miseria humana, un triunfo de su misericordia y su poder sobre el mal, movido por la fe y la obediencia a su palabra. De los diez leprosos liberados sólo uno, el samaritano, vuelve para expresar su reconocimiento a Jesús. Sólo él lleva su fe hasta el final al glorificar a Dios reconociendo en Jesús la epifanía de Dios, la revelación personal de su poder y de su misericordia para con los hombres. Sólo él recibe la salvación como un don, como una gracia, sólo él ha tomado conciencia de su indignidad para ser sanado. Y sólo él, el extranjero, recibe, por la fe, con la salud, la salvación.
Biblicos-5.Pág. 561










viernes, 4 de octubre de 2019

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXVII T.O. CICLO C - 6 OCTUBRE 2019


¡SI TUVIERAN FE...!


ORACION COLECTA

Dios todopoderoso y eterno que desbordas con la abundancia de tu amor los méritos y los deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia, para que perdones lo que pesa en la conciencia y nos concedas aun aquello que la oración no menciona. Por Nuestro Señor. Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Habacuc 1 2-3; 2, 2-4

¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches?. ¿Te gritaré: «Violencia», sin que me salves?. ¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas?. El Señor me respondió así: «Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido.
La visión espera su momento, se acerca su término y no fallará; si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse. El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe.».

SALMO RESPONSORIAL (94)

Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: «No endurezcan su corazón.».

Vengan, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R.

Entren, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R.

Ojalá escuchen hoy su voz: «No endurezcan el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 6-8. 13-14

Querido hermano: Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio.
No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero.
Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios.
Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas y vive con fe y amor en Cristo Jesús. Guarda este precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 5-10

En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe.».
El Señor contestó: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar.".
Y los obedecería. Supongan que un criado suyo trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de ustedes le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"?.
¿No le dirán: "Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras cómo y bebo, y después comerás y beberás tú"?.
¿Tienen que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado?.
Lo mismo ustedes: Cuando hayan hecho todo lo mandado, digan: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer."».

COMENTARIO

En el c.17 Lucas reúne una serie de dichos de Jesús sobre la vida de la comunidad. En primer lugar, los discípulos piden un "aumento de fe".
Es llamativo y hasta consolador el que duden los discípulos, ya que, según Lucas, esto no les aparta del círculo íntimo de Jesús, ni tampoco, por ser discípulos, se ven preservados o dispensados de la lucha por la fe.
Sobre el fondo de la incredulidad general, los discípulos también son conquistados por las tinieblas: no tienen la fe viva que descubriría en todo la presencia del Señor.
En parecida situación se encuentra muchas veces el creyente de nuestros días.
La mostaza es la más pequeña de las semillas; pero luego llega a ser un gran arbusto (Mt 13,23; Mc 04,31). Se trata aquí de la primera opción, del primer paso para acercarse al reino.
El traslado de las montañas es un tema del Antiguo Testamento (Is. 49,11; 40,4) y describe la eliminación de todos los obstáculos que se oponen al Reino de Dios, aunque aquí convenga interpretarlo mejor como una hipérbole que ilustra no tanto el poder de la fe cuanto el poder de Dios, que se hace ostensible y real en la debilidad confiada de los discípulos. Maravilla del que confía en Dios.
El contexto, en el que el siervo es verdaderamente útil, muestra lo forzado de la expresión. Pero se aplica bien a los discípulos.
No es que Jesús busque una falsa humildad de sus amigos haciéndoles ver que en el reino nadie tiene que considerarse indispensable, sino que, por la gracia de Jesús, porque él quiere que sea así, el creyente entra a formar parte del reino.
 No hay otros méritos que los de Cristo. La tarea del cristiano es ser consecuente con la fe en Jesús que le capacita para el reino.
La fe y el orgullo caminan por senderos distintos (1 lectura).

PLEGARIA UNIVERSAL

Hermanos, dirijamos al Señor nuestra suplicas con humildad y confianza y digámosle de todo corazón: R.- Señor, aumenta nuestra fe

1.- Por el Papa Francisco, testigo y animador de la fe cristiana en la Iglesia universal: para que su magisterio profético sea acogido por todos con gratitud y humilde acatamiento. Roguemos al Señor.

2.-  Por los sacerdotes y agentes de pastoral: para que viviendo una profunda experiencia de fe, se sientan sostenidos y consolados por el Señor en las fatigas de su ministerio. Roguemos al Señor.

3.- Por todos los padres de familia; para que reconozcan y vivan con aeg4ria la noble misión de ser los primeros testigos y educadores en la fe de sus hijos, la más preciosa herencia que puedan dejarles. Roguemos al Señor.

4.- Por todos los que nos sentimos discípulos del Señor, para que, en nuestro trabajo cotidiano, seamos servidores leales como Jesús nos ha enseñado. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros que participamos en la Eucarística, fuente de fe y vida nueva; para que sigamos alimentando nuestra fe e irradiándola en nuestro propio ambiente, sirviendo a todos con sencillez y alegría. Roguemos al Señor.

Escucha, Señor, nuestras oraciones, acrecienta nuestra fe y no permitas que nunca nos apartemos de ti. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, el sacrificio establecido por ti y  por estos santos misterios que celebramos en razón de nuestro ministerio perfecciona en nosotros como conviene la obra santificadora de tu redención. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Concédenos, Dios todopoderoso que nos alimentemos y saciemos en los sacramentos recibidos, hasta que nos transformemos en lo que hemos tomado. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 07: Jon 1, 1-2, 1.11; Sal Jon 2, 2—5, 8; Lc 10, 25-37. O bien Hch 1, 12-14; Sal: Lc 1, 46-55; Lc 1, 26-38.
Martes 08: Jon 3,  1-10;  Sal 129; Lc 10, 38-42.
Miércoles   09: Jon 4, 1-11; Sal 85; Lc 11, 1-4.
Jueves 10: Mal 3, 13-20ª; Sal 1; Lc 11, 5-13.
Viernes 11: Jl 1, 13-15; 2, 1-2; Sal 9; Lc 11, 15-26.
Sábado 12: Jl 4, 12-21; Sal 96; Lc 11, 27-28.
Domingo 13: 2Re 5, 14-17; Sal 97; 2Tim 2, 8-13; Lc 17, 11-19.

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 17, 5-10

Son muchos los que vienen ante Dios en actitud de "justicia conmutativa". Piensan en un tipo de cambio de comercio. Dios tiene derechos sobre nosotros y eso nos puede imponer unos mandatos. Si los cumplimos mereceremos recibir la recompensa. Conciben la ley como imposición; suponen que el premio corresponde a las acciones realizadas y por eso se sienten dispuestos a exigirle a Dios la "paga".
Frente a esa actitud ha situado el evangelio la postura del "siervo" que recibe el encargo que el señor le ha encomendado. Si obra bien no actúa por la paga; hace simplemente lo que debe. De manera semejante, el verdadero seguidor de Cristo ha descubierto que Dios es el Señor y que merece la pena realizar las obras que nos manda. Por eso, al final del camino, no puede exigirle abiertamente nada. No ha sido más que un pobre siervo; ha hecho aquello que debía.
AMIGO/QUÉ-ES: Para interpretar rectamente esta postura hay que situarla en el trasfondo de una auténtica amistad, de una confianza auténtica y verdadera. Amigo es el que ayuda al otro sin hablar de premio o recompensa. No necesita leyes o mandatos; sabe lo que agrada a su amigo y lo realiza porque cree que merece la pena realizarlo.
Semejante debe ser nuestra actividad respecto a Dios. Descubrimos su voluntad y la cumplimos. No importa en principio el premio o el castigo. Es más, pensamos que Dios no puede ser jamás nuestro deudor, por más que hayamos intentado cumplir hasta el final sus mandatos.
Después de afirmar esto debemos añadir algo muy importante. Dios no está obligado a darnos ningún premio, ni tiene por qué agradecernos ningún servicio. Sin embargo, desde el momento en que es amigo nos suscita la confianza; sabemos que se preocupa de nosotros y podemos confiar en su presencia y en su ayuda. Una vez que hemos hecho lo nuestro y hemos dicho "somos unos pobres siervos", podemos añadir..., "y sin embargo, tenemos un amigo que nos quiere más que todo lo que nosotros podemos imaginar". Por eso estamos seguros en sus manos.
Esto significa que nuestra experiencia religiosa sale del plano de la ley, del mérito y del premio que se exige y entra en un contexto de amor y de confianza. Por amor hacemos lo que es bueno. Confiadamente nos ponemos al final en las manos del misterio que recibe ante nosotros rasgos de un amigo y padre (Dios). No sabemos lo que el amigo vendrá a darnos; pero tenemos una inmensa confianza. Y por eso, cuando hemos hecho lo que estaba en nuestra mano, podemos añadir: "ahora estamos de verdad en buenas manos. En las manos de un amigo que nos quiere. No merecemos nada, pero confiamos en su amor y estamos seguros de que vendrá a concedernos mucho más de todo lo que hubiéramos soñado".
Comentarios A La Biblia Litúrgica Nt - Edic Marova/Madrid 1976.Pag.1375



El servicio es la actitud que caracteriza al creyente (cf /Mc/10/41-45/Jn/13/12-15). Un servicio humilde, constante, sin desfallecer. Un servicio atento, minucioso. Y, una vez cumplido con esmero, la conciencia de haber hecho sólo aquello que era su obligación. Sin esperar, ni menos exigir, recompensa. Porque no se ha hecho nada especial. Porque sólo se ha cumplido con el propio deber. Tanto en el servicio a Dios como en el servicio al hermano, en que aquél se manifiesta y culmina (cf. 1 Jn 4. 20-21).
Comentarios Biblicos-5 V/Pág. 560



Categóricamente y sin matizaciones, el texto proclama: "Sois unos siervos inútiles". El evangelio entero desmiente el sentido literal de esta afirmación, que precisamente manda a los discípulos adherirse fuertemente a Jesús para poder realizar la misión que él les ha confiado.
Pero aunque no sean "inútiles", los "servidores" de la Palabra, los predicadores del Reino, los segadores enviados al campo del "Dueño de la mies", han de saber que la extensión de esa Palabra, que la venida del Reino son, a un tiempo, resultado de su actividad y de su oración, y fruto del don de Dios. Y ese don es primordial; los discípulos, incitados a la acción, necesitan encontrar la exacta medida de su participación. Marcos trata este problema con la parábola del Sembrador, cuya semilla hace germinar Dios, ya sea que el labrador dormite o se afane (4. 26-29). Lucas lo aborda con una simple frase que no tiene la intención de apartar del esfuerzo, pero que sí recuerda a los discípulos más fervientes cuál es la auténtica naturaleza de la obra que han de llevar a cabo y la colaboración verdaderamente requerida.
Esa frase de cierre viene al final de una breve parábola en la que se perciben las costumbres de una época (aunque la nuestra no sea tan diferente). Leyendo esa realista descripción de un comportamiento corriente, apreciaremos la novedad que Jesús supo poner en su forma de vivir, él que, sin vacilar en ponerse un mandil, se hace siervo de sus discípulos. Siervo en el momento de la última cena (Jn 13. 1-16; Lc 22. 27), y siervo el día de la última venida (Lc 12. 37).
Louis Monloubou - Leer Y Predicar El Evangelio De Lucas - Edit. Sal Terrae Santander 1982.Pág. 269


4. /Mt/20/13.
Dios es presentado como un amo exigente, que se preocupa muy poco de los sufrimientos o aspiraciones de su esclavo. Pero la parábola subraya, sobre todo, que los fariseos -esos creyentes que pesan sus méritos e intentan hacer valer sus derechos sobre Dios- son, en realidad, ante Él, unos pobres siervos totalmente incapaces de hacer algo meritorio. La parábola opone fe pura e ingenua (v.6) de los pobres e ignorantes al cálculo sobre sus propios méritos y a la confianza en sí mismos de los fariseos y de los ricos; la actitud de confianza incondicional en el Señor, a las protestas bajo cuerda de los que sitúan la religión en el plano de los méritos y del derecho a la recompensa (cf. Mt 20. 13). Colocada en otro contexto donde Jesús llama la atención, esta vez, a los apóstoles (v.5), esta parábola considera su ministerio como inútil (v.10). Nos equivocaríamos si creyéramos que es esa la intención de Jesús. Dios necesita a los hombres, y Cristo tiene necesidad de su Iglesia. En realidad, la expresión contenida en este versículo apunta a lo que hay de fariseo y autoritario en el corazón de cada uno, cuando el hombre se atribuye a sí los méritos de una acción que sin Dios le sería imposible realizar; cuando el hombre considera las ventajas y los privilegios de la misión que desempeña como otros tantos derechos a la vida eterna y cuando se glorifica a sí mismo en vez de "glorificarse en el Señor" (1 Co 9. 16; 1.31; 2 Co 10. 17; Flp 3.3; Ga 6. 14).
Al aproximar los dos pasajes contenidos en este evangelio (vv.5-6 en que habla del poder de la fe y vv.7-10, sobre el siervo inútil), la intención de Lucas es evidente. En estos versículos se encierra un pequeño tratado sobre la fe y las obras. Con este fin recoge las sentencias que no fueron pronunciadas en este contexto por ser parcialmente inadecuadas. La fe no confiere el poder de desarraigar un sicomoro y trasplantarlo en el mar con solo quererlo; tampoco obliga a que el hombre reconozca como inútiles todos sus esfuerzos y aptitudes, grandes o pequeños...
Pero la lección es evidente; el hombre no puede realizar por sí mismo el proyecto que le anima; es más: la comunión con Dios y con sus hermanos es para él una necesidad ineludible.
Maertens-Frisque, Nueva guia de la Asamblea Cristiana VII - Marova Madrid 1969.Pág. 142 S.



5. HUMILDAD/CREATURA  DEPENDENCIA/ESCLAVO
Jesús recurre a las relaciones que mantiene un esclavo con su amo para enseñar a sus discípulos que la verdadera humildad descansa en el reconocimiento de nuestra total dependencia de Dios. El esclavo era en aquellos tiempos una propiedad de su amo. Este podía disponer del esclavo según su voluntad indiscutible e indiscutida, sin que tuviera que agradecer los servicios prestados o retribuirlos. Así es el hombre delante de Dios, como un esclavo.
Esta doctrina es dura y hasta deprimente para el hombre, pero no es lo único que dice el Evangelio a este respecto y debe ser interpretada teniendo en cuenta las otras afirmaciones (cf /Lc/12/37). Además, convenía dejar bien sentado que Dios es el Señor y que el hombre no puede pleitear con Dios ni pasarle la factura de sus buenas obras. En última instancia Dios nos salva porque quiere, gratuitamente.
Tengamos presente que Jesús no emite aquí ningún juicio moral sobre la esclavitud dominante en el mundo antiguo. Utiliza simplemente un ejemplo sacado del contexto socio-cultural de su época para ilustrar su enseñanza sobre la humildad del hombre delante de Dios. Es claro que los principios del Evangelio se oponen a toda dominación del hombre sobre el hombre.
Eucaristía 1974/55



Lucas introduce hoy a los doce pidiendo a Jesús un aumento de su fe. Una vez más las respuesta de Jesús no se mueve en los términos de la pregunta, señal inequívoca de que Jesús no comparte el planteamiento de los doce, basado en magnitudes de más y de menos: más fe, menos fe. Para los doce tener fe es una cuestión de cantidad. Jesús, en cambio, no habla de cantidad: "Si tuvierais fe como un grano de mostaza". La imagen habla por sí sola. El grano de mostaza es diminuto como el que más. Para Jesús en la fe no cuenta la cantidad, como no cuenta en una planta el tamaño de su semilla, que puede incluso ser pequeñísimo.
"Diríais a esa morera: arráncate y plántate en el mar. Y os obedecería". La propuesta parece a todas luces absurda. Una vez más nos sorprende Jesús con el empleo de una paradoja, cuyo sentido, por definición, debe resolverse en un terreno que no es el de la formulación de los términos. Morera plantada en el mar. ¡Impensable! ¡Imposible! Pues precisamente esto consigue la fe.
Para Jesús la fe es calidad de vida, talante existencial que hace posible lo imposible. Pero este talante puede tener el riesgo del engreimiento. Para contrarrestar este posible riesgo Lucas contrapone a la paradoja inicial un símil tomado del mundo de las relaciones amo-criado.
Basándose en las relaciones laborales amo-criado en el medio agrícola palestinense, el símil concluye con la siguiente pregunta retórica: "¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho todo lo mandado?" Esta pregunta formula de manera gráfica el siguiente principio: cumplir con el deber es una obligación, no un derecho. El texto finaliza con la aplicación de este principio al caso concreto de los apóstoles. La aplicación es, por supuesto, gráfica: "somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer". Aun con una fe capaz de hacer posible lo imposible, el creyente no es más, ni más importante, ni tiene derechos especiales; es lo que tiene que ser, creyente.
Dos actitudes aparecen hoy: la fe y la sencillez. La primera da la medida de lo que el cristiano es; la segunda de cómo se experimenta. En el evangelio de Lucas la fe dice relación al Padre y a su palabra, tal como la proclama Jesús. Entra de lleno en el rico campo de la comunicación interpersonal. Está hecha de apertura al Padre, de sensibilidad para sintonizar con Él, de confianza plena en Él. Para el caminante cristiano, el Padre es un referente esencial de su vida: habla con Él, cuenta con Él, siente con Él. ¿Qué tiene, pues, de extraño que, debido a una relación así, pueda manifestarse la fuerza del Padre a través del creyente? ¿Qué tiene de extraño que a través del creyente acontezcan las cosas más inesperadas? Pero cuando esto sucede, el primer sorprendido es el propio creyente, el cual no capitaliza la eficacia de la fe en beneficio propio. Existe en cada uno de nosotros una tendencia bastante invencible a la autoafirmación, a la importancia, a rentabilizar todo lo que hacemos. La sencillez cristiana es la contrapartida de esta tendencia. Esta sencillez está hecha de capacidad de asombro, de experiencia de gratuidad y de espontaneidad. Hay personas que andan por la vida con el convencimiento consciente o inconsciente de que los demás siempre les deben algo, incluyendo entre los demás a Dios. El caminante cristiano, hace la vida consciente de que es él quien siempre debe algo a los demás, y, por supuesto, al Padre. En esto puede consistir la sencillez cristiana.
A. Benito - Dabar 1989/49