jueves, 14 de enero de 2021

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO II T.O. CICLO B - 17 ENERO 2021

 

TE BUSCO A TI

 


COMENTARIO

 ¿Qué buscan?, les dice Jesús y a Andrés. Es su primera palabra, el primer sonido de esa voz que les va a revelar cosas extraordinarias y a llevarlos muy lejos. Jesús ve que están buscando. Hasta entonces, seguían a Juan bautista, sin vacilar, lo dejan para seguir a aquel desconocido. Será su oportunidad más fantástica, y Juan indica con esmero la hora. Las cuatro de la tarde. Jesús simpatizó pronto con ellos, le gustan los hombres capaces de dejarlo todo por él. Pero ya su primera pregunta empieza a penetrar en ellos. ¿Qué buscan? ¿Qué esperan de mí’?. Muchos se engañan sobre él.

Le dirá a la gente: Me buscan, pero ¿por qué’ ¡Porque les he dado abundantemente de comer! . Preguntará a sus apóstoles:  ¿Quién dicen que soy yo...? Y para ustedes, ¿quién soy? Preguntando hasta el final qué es lo que esperan de él, le dirá a María Magdalena: ¿A quién buscas?. En este momento, me dice a mi: ¿Qué andas buscando’ ¿Qué es lo que buscas cuando me buscas a mí?

Quizás sea algo confuso, como le ocurría a Juan y a Andrés: Dónde estás? ¿Dónde vives?. Lo buscamos en el evangelio, pero allí no tenemos ni su voz ni sus ojos; será siempre para nosotros un desconcertante misterio de presencia- ausencia. Sabemos que está allí; actúa en el mundo y quiere actuar en nuestra vida, pero ¡Cuánta forma de fe se necesita (la única forma de tomarlo) para entrar en contacto con él y mantener ese contacto! Muchas veces nos sentimos tentados de pensar sólo en el hombre de ayer. El habló, y nos gusta verlo como maestro de sabiduría; lo utilizamos para apoyar nuestras mejores  ideas de justicia.

Abrirnos el evangelio como si fuera una caja de caudales, para buscar en él frases  de  oro.  Pero  ¿y a él? ¡Él está vivo! Espera nuestros pasos para volver la cabeza y salirnos al encuentro: ¿Qué quieres? A esto no hay más que una respuesta, la que cambia toda la vida, la gracia de las gracias cuando brota de todo nuestro ser: Lo que quiero, eres tú. Te busco a ti.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTIFONA DE ENTRADA  Sal 65, 4.

Que se postre ante ti, oh, Dios, la tierra entera; que toquen en tu honor; que toquen  para tu nombre, oh Altísimo.

 

ORACION COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha compasivo la oración de tu pueblo, y concede tu paz a nuestros días. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19

En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: -«Aquí estoy.».

Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.».  Respondió Elí: «No te he llamado; vuelve a acostarte.». Samuel volvió a acostarse.

Volvió a llamar el Señor a Samuel.

Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: «aquí estoy; vengo porque me has llamado.».

Respondió Elí: «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.».

Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor.

Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.».

Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha.”».

Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes: «¡Samuel, Samuel!» Él respondió: «Habla, que tu siervo te escucha.» Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse.

 

SALMO RESPONSORIAL (39)

 

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

 

Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito; me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. R.

 

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio. R.

 

Entonces yo digo: «Aquí estoy —como está escrito en mi libro- para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R.

 

He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios; Señor, tú lo sabes. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6, 13c-15a. 17-20.

Hermanos: El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo.

Dios, con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros. ¿No saben que sus cuerpos son miembros de Cristo?.

El que se une al Señor es un espíritu con él.

Huyan de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca en su propio cuerpo. ¿O es que no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo?. Él habita en ustedes porque lo han recibido de Dios.

No los poseen en propiedad, porque los han comprado pagando un precio por ustedes.

Por tanto, ¡glorifiquen a Dios con sus cuerpo!.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO  Jn 1. 41.17b.                                                                                              

Aleluya. Hemos encontrado al Mesías, que es Cristo;  la gracia y la verdad vinieron por medio de él. Aleluya.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.».

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscan?».

Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».

Él les dijo: «Vengan y lo verán.».

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).».

Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).».

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Hermanos, expresemos nuestros anhelos y necesidades al Padre, que en Jesús nos reconoce como hijos amados. Digámosle con confianza. R.- Escúchanos, Padre, somos tus hijos.-

 

1.-  Por el Papa Francisco, elegido por Dios como vicario de Cristo en la tierra, ppara que animados y sostenido con el poder del Espíritu Santo siga orientando con sabiduría y firmeza el camino de la Iglesia en estos tiempos de prueba. Oremos. R.

 

2.- Por los obispos, sacerdotes, agentes de pastoral y consagrados, para que ungidos por el Espíritu del Señor sigan animando nuestra esperanza y sosteniéndonos en el seguimiento de Jesús. Oremos. R.

 

3.- Para que la llamada que el Señor hace a todos los pueblos a buscar la igualdad, la justicia y la paz encuentre una respuesta eficaz en quienes gobiernan las naciones. Oremos. R.

 

4.- Para que cuantos se encuentren desanimados y agobiados por la enfermedad y la pobreza extrema en este tiempo difícil, se sientan sostenidos por nuestra oración y cercanía solidaria. Oremos. R.

 

5.- Para que los que estamos unidos en la fe celebrando el día  del Señor, salgamos animados y fortalecidos para irradiar alegría y esperanza a quienes encontremos en nuestro diario vivir. Oremos. R.

 

Escucha, Padre las suplicas del pueblo que tu escogiste, bendícelo con los frutos de tu amor y dale oídos de discípulos para que escuche tu voz y haga tu voluntad. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Concédenos, Señor, participar dignamente en estos sacramentos, pues cada vez que se celebra el memorial del sacrificio de Cristo, se realiza la obra de nuestra redención. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNION    1Jn 4, 16.

Nosotros hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tiene.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Derrama, Señor, en nosotros tu Espíritu de caridad, para que hagas vivir concordes en el amor a quienes has saciado con el mismo pan del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

 

Lunes 18: Hb 5, 1-10; Sal 109; Mc 2, 18-22.

Martes 19: Hb 6,  10-20;  Sal 110;  Mc 2, 23-28.

Miércoles 20: Hb 7, 1-3.15-17; Sal 109; Mc 3, 1-6.

Jueves 21: Santa Inés, Virgen y Mártir. Hb 7, 25—8, 6; Sal 39; Mc 3, 7-12.

Viernes 22: Hb 8, 6-13; Sal 84; Mc 3, 13-19.

Sábado  23: Hb 9, 2-3.11-14; Sal 46, Mc 3, 20-21.

Domingo 24: Jon 3, 1-5.10; Sal 24; 1Co 7, 29-31; Mc 11, 14-20.

  

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Jn 1, 35-42

 

1. J/CZ  A/CRUZ  J/CORDERO:

Texto. 
-El cuarto evangelio desarrolla casi exclusivamente la función de Juan como introductor de Jesús. En el texto de hoy Juan presenta a Jesús a dos discípulos suyos y lo hace sirviéndose de una imagen figurada: el cordero de Dios. La imagen remite al sacrificio de los corderos en el Templo para la cena de Pascua. En el cuarto evangelio, en efecto, Jesús muere en las horas en que eran sacrificados los corderos que iban a ser comidos en la cena de pascua.

La escena se hace después seguimiento tras Jesús por parte de los dos discípulos, en búsqueda del lugar donde Jesús vive. ¡Y sin embargo no se nos revela el lugar! A cambio, el autor ofrece una referencia de tiempo: serían las cuatro de la tarde.

De nuevo una referencia a las horas del sacrificio de los corderos. La escena es encantadora por su capacidad de sugerencia, quebrando la expectativa y la curiosidad del lector: éste se ve sorprendido por el desenlace, por cuanto que en él se le ofrece un dato que no buscaba (el tiempo) y se le oculta el dato que buscaba (el lugar), con lo cual su curiosidad por conocer ese lugar queda reforzada. ¿No será que el lugar al que el autor quiere referirse como lugar donde vive Jesús es la cruz?

La escena, en un tercer paso, se hace comunicación. El autor juega de nuevo con el factor sorpresa: del interés por el lugar y el dato sobre el tiempo nos pasa ahora a la persona misma de Jesús: es el Mesías. Por último, y en un cuarto paso, el autor presenta el papel especial de Simón: el de Pedro.

El autor adelanta al comienzo situaciones y encuentros posteriores.

El conjunto del texto es, sin duda, una obra maestra de síntesis y de evocación.

Comentario. 
-De la mano del autor de este texto, la andadura que comenzamos en estos domingos primeros del tiempo ordinario nos lleva a la cruz, ese lugar en alto en el que tiene que ser levantado el Hijo del hombre, como dirá Jesús a Nicodemo en Jn. 3, 14. La cruz es el lugar donde Jesús vive, porque es el lugar donde se pone de manifiesto sin el menor resquicio de sombra el amor.

En efecto, el amor supremo consiste en dar la vida, como va a decir Jesús a sus discípulos en Jn. 15, 13. Y si hay algo que Jesús ha hecho, esto ha sido, precisamente, amar. De ahí que sea el amor el lugar en el que él vive y el lugar en el que únicamente se le puede encontrar.

Hay un salmo del s. I a. de Cr., no recogido en la Biblia, que nos permite ver cuáles eran las esperanzas mesiánicas en tiempos de Jesús: el Mesías expulsará a los enemigos, congregará al pueblo y lo santificará. El texto de hoy rompe con esas esperanzas al situar la manifestación de Jesús como Mesías en un medio en el que nadie pensaba, por ser un medio demasiado "débil". El amor, en efecto, no tiene ninguna prepotencia, sobre todo cuando su signo máximo es la cruz. Aquí no valen hipocresías ni buenas palabras, raquitismos ni componendas. Amar es, a veces, fracasar según los baremos y criterios al uso. ¡Pero el Mesías es Jesús! El poder ha quedado desde entonces definitivamente descalificado: Dios sólo reconoce al que ama.

DABAR 1991 nº 10


 

2.- Difícilmente podemos hablar de un relato de vocación ya que falta el elemento fundamental en este tipo de relatos: la iniciativa del que llama. En el relato de Juan, Jesús no es quien lleva la iniciativa, salvo en el versículo último; la iniciativa la llevan los dos discípulos del Bautista. En realidad, el autor presenta en síntesis el proceso formativo de la comunidad cristiana. Sus comienzos son muy simples: un escuchar a alguien que habla de Jesús. Después vienen el seguir, el ver, el indagar, tal vez por simple curiosidad; no importa, el caso es buscar allí donde creo que está Jesús. Un día, seguro, vendrá el encuentro. No será un encuentro conceptual (las ideas solas nunca salvan) sino existencial. Será una experiencia transformadora. Te sacará de ti mismo, de tu egoísmo, de tu falta de horizontes, y te pondrá en contacto con los demás, a los que comunicarás tu descubrimiento de Jesús como líder (=mesías) de todos tus anhelos y esperanzas.

Es incluso posible que te cambie el nombre, que te confíe una función, una misión de consolidación dentro de la comunidad.

DABAR 1976/12


 

3. JESUS/CORDEROFE/SEGUIMIENTO 

Este es el Cordero de Dios (Evangelio). Estas palabras de Juan Bautista (cf. Jn 1,29) las repetimos antes de la distribución de la comunión y en el canto de la fracción: "Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo...". Resuena el conocido texto de Isaías sobre el siervo: "Maltratado se humilla, no abre su boca, como cordero llevado al matadero..." (Is 53).

Recordemos también que los israelitas degollaron y comieron un cordero la noche de la salida de Egipto, y que con su sangre pintaron la jamba y el dintel de las puertas de sus casas para protegerse la noche del exterminio, y que Jesús moría en el Calvario mientras los sacerdotes, en el Templo de Jerusalén, inmolaban los corderos con los que las familias judías celebrarían aquella noche la cena de Pascua. Esta imagen del cordero (hoy descontextualizada) apunta, pues, al ser íntimo de Jesús y de su misión salvífica.

Los dos discípulos siguieron a Jesús (evangelio). Toda la vida cristiana es seguir a Jesucristo; no de una manera material, con nuestros pasos, sino con la vida entera. Creer es seguir a Jesús, seguir sus huellas, ir detrás de él. El nos admite en su intimidad: Venid y lo veréis (...) y se quedaron con él aquel día; y ya no se movieron de su lado; más aún: Andrés condujo hasta él a su hermano (Hemos encontrado al Mesías!), de la misma manera que, al día siguiente, Felipe llevó también a su amigo Natanael. Encontrar a Jesús es encontrar la perla y el tesoro (Mt 13, 44-46); pero con una diferencia sustancial: Jesús no es para mí sólo, en exclusiva, sino que su descubrimiento me empuja connaturalmente a llevar a los demás hacia la misma perla y el mismo tesoro.

JOSÉ M. TOTOSAUS

MISA DOMINICAL 1991/02


 

4.- El relato de Juan que leemos tiene lugar al tercer día de la "primera semana" de la vida pública de Jesús. Dentro del típico estilo joánico, la narración, sencilla, elemental (las preguntas, las reacciones, las observaciones, parecen cosas la mar de lógicas), presenta el recuerdo casi emocionado del primer encuentro con Jesús, que se convierte al mismo tiempo en la catequesis del proceso de todo discípulo que quiere acercarse a él. Y más aún, si queremos ir más al fondo en el simbolismo, presenta, en un solo relato, el paso del Antiguo Testamento (el Bautista) a la vida de Jesús y también a la alusión (por el cambio de nombre de Pedro) al futuro nuevo pueblo, la Iglesia.

El proceso del discípulo que se acerca a Jesús está lleno de significado. Por la palabra del profeta ("cordero de Dios": el Siervo a quien anunció Isaías y al mismo tiempo el cordero de la nueva Pascua), los dos hombres se ponen en camino de búsqueda.

Jesús, ante aquella voluntad abierta "se vuelve" hacia ellos y les hace (les ayuda a) profundizar aquello que andan buscando. La respuesta de los seguidores es un reconocimiento de JC ("Rabí") y una pregunta que no es solamente el deseo de información topográfica: "¿Dónde vives? ¿dónde se te puede hallar? ¿qué hay que hacer para estar contigo?". Y viene entonces la formulación de lo que constituye la experiencia del discípulo: no se trata de ningún discurso ni de un programa inicial: el que quiera ser discípulo de Jesús tiene que ir con él, y ver, ser discípulo de JC significa hacer la experiencia de estar con él. Pero el relato del intercambio Jesús-discípulos no termina ahí. Al día siguiente, quien ha visto donde vive Jesús, lo que hace es encontrarse por la calle a su hermano y decirle, simplemente: "Hemos encontrado al Mesías", sin más matices; y "encontrar al Mesías" era encontrar todo lo que era más esperado por un israelita. El camino del discípulo conduce, pues, a dar a conocer al hermano lo que él ha hallado.

JOSEP LLIGADAS - MISA DOMINICAL 1979/02


 

5.- La actitud del Bautista y de Jesús, la de los discípulos y la de la Iglesia es la de búsqueda y escucha. Maestro, ¿dónde vives? Dios se hace encontradizo, pero a condición de que encuentre la capacidad de escucha y de reflexión, de paciencia en la búsqueda y de valor en el desprendimiento, de desinterés y entrega del don descubierto.

PERE FRANQUESA - MISA DOMINICAL 1985/02


6.- El Cristo presente por la Encarnación y la Epifanía nos interpela y nos conmina a seguirle de tal modo que sólo cambiando la dirección de nuestra vida y siguiéndole en concreto podemos decir que somos cristianos. De ahí que la gran pregunta de los primeros discípulos y la nuestra sea la misma: "Maestro, ¿dónde habitas?" Es decir, ¿en qué lugar, en qué acción, en qué hermano, en qué circunstancia o situación te encontraré para HACER lo que Tú hubieras hecho, lo que quieres que hagamos nosotros ahora?

CARLOS CASTRO


 

7.- a) La lección obvia del relato es muy simple: unos amigos, probablemente Felipe y Andrés (siempre juntos, por lo demás en el Evangelio: Jn 2, 40-45; 6, 5-9; 12, 20-21; Act 1, 13), que son también discípulos del Bautista (v. 35), descubren al Mesías y le siguen. Este es el origen de su vocación apostólica. E inmediatamente previenen a sus hermanos o a sus conocidos (v. 41 y 45) y suscitan otras dos vocaciones apostólicas: Pedro y Natanael. Por consiguiente, tras este relato se encierra toda una teología de la vocación. La red de relaciones humanas puede contribuir al nacimiento de una vocación: amistad, conciudadanía, coparticipación de un mismo ideal en torno al Bautista, fraternidad según la carne, son las circunstancias de la vocación de cuatro discípulos. La vocación no es, pues, un llamamiento deshumanizado; adquiere consistencia en las relaciones humanas más naturales y más ordinarias. Y, sin embargo, la vocación es claramente llamamiento de Dios y de Cristo: la autoridad con la que Cristo cambia el nombre de Simón (v. 42b), la mirada que Jesús fija en Pedro y que dice muchas cosas (v. 42a), el conocimiento misterioso que Jesús tiene de Natanael (v. 48) y, sobre todo, el misterioso atractivo que ejerce el Señor sobre los dos discípulos de Juan Bautista (v. 38) ponen claramente de manifiesto que, por muy arraigada que esté en lo humano, la vocación es iniciativa de Dios. Así, la vocación, que es a la vez llamamiento divino y atractivo humano, prolonga en la vida de cada "llamado" el misterio del Hombre-Dios.

b) Por encima de esta escena tan sencilla de la vocación de los primeros apóstoles, Juan invita a su lector a desarrollos doctrinales importantes y válidos para todos los discípulos de Cristo. El relato gira en torno a unas palabras-clave: dos actitudes del discípulo: seguir y buscar (v. 37-38), y una triple recompensa: encontrar, ver y permanecer (v. 39 y 41). Para Juan, "seguir a Cristo" tiene una resonancia más escatológica que en los demás evangelistas: supone poner los medios requeridos para llegar un día allí donde " permanece" Cristo (cf. Jn 12, 26; 10, 9-10). Ahora bien, Cristo vive en una gloria adquirida por medio de la Cruz; es, pues, normal que el discípulo se abrace a su vez a esa cruz para seguir a Cristo (Mt 8, 34; Jn 12, 26).

La "morada" es igualmente un tema muy similar al de la gloria (Jn 14, 1-3; 14, 10) y la estancia que los discípulos Andrés y Felipe hacen en la morada misteriosa de Cristo, al final de sus investigaciones (vv. 35-39), recuerda precisamente esa casa del Padre en la que, algún día, se reunirán con El en la gloria todos los discípulos de Cristo. El binomio "buscar-encontrar" es también muy significativo.

Lo hemos encontrado ya en la pluma de Lucas a propósito de la escena de Jesús perdido en el Templo sin saberlo los suyos, como para impulsar a estos a buscarle (Lc 2, 41-51). Pero leyendo el relato de la vocación de los primeros apóstoles se piensa, sobre todo, en el tema de la búsqueda de la Sabiduría descrita en Sab 6, 12-16; la Sabiduría se deja encontrar por quienes la buscan (Sab 6, 12), lo mismo que Cristo se deja encontrar por Andrés y su amigo (v. 37); la Sabiduría se encuentra desde por la mañana (Sab 6, 14), a la hora en que Cristo fue encontrado por Pedro (v. 41); finalmente, la Sabiduría se pone en camino para salir al encuentro de quienes la buscan (Sab 6, 16), lo mismo que Cristo, que se encuentra con Felipe y Natanael en su caminar (vv. 43, 47). Por eso el binomio "buscar-encontrar" adquiere en la pluma de Juan un matiz claramente sapiencial que, por lo demás no estaba totalmente excluido del relato de Lc 2, 41-51, si se tiene presente que este relato está rodeado de los versículos que hablan de la sabiduría de Jesús (Lc 2, 40, 52).

* * *

La vocación particular del apóstol o la vocación general del discípulo y del cristiano siguen, al fin, el mismo camino y exigen las mismas disposiciones de alma y la misma actitud de Dios. El llamamiento de Dios invita a compartir su vida y su gloria, a permanecer con El; pero el camino que conduce al hombre a esa gloria pasa necesariamente por la cruz y la muerte de su egoísmo latente.

MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA I - MAROVA MADRID 1969.Pág. 280


 

8. J/MIRADA:

Desde su bautismo, Jesús formó parte de los discípulos del Bautista; va "detrás" de Juan y bautiza él también. No hay duda de que Jesús adquirió rápidamente ascendiente sobre sus compañeros, de manera que el movimiento bautista habría tenido entonces dos cabezas. Juan, "el amigo del Esposo", reconoció al "Cordero de Dios" y anunció que su misión de precursor había terminado. Y, al igual que el anciano Simeón, se llenó de gozo.

Los discípulos de Juan, que ahora se unen a Jesús, son todos galileos. Andrés, Simón y Felipe son de Betsaida: Natanael es escriba, medita debajo de la higuera, es decir, debajo del "árbol del conocimiento del bien y del mal", si damos crédito a la literatura rabínica (TOB). Discípulo de Juan y con compañeros galileos: los comienzos de Jesús son tremendamente humanos.

También esto pertenece a la encarnación.

Nos gustaría saber qué dijo Jesús, a lo largo de aquel día, a los dos discípulos que se sintieron fascinados por su mirada. Pero siempre es indiscreto registrar los diálogos amorosos. Y, sin embargo, yo sé bien lo que les dijo... Una palabra, una sola, la palabra que llevaba él en su corazón de Hijo. Jesús les dijo (o más bien leyeron ellos en su mirada) que Dios es Amor, que Dios lo es todo y que, cuando Dios llama, hay que dejarlo todo.

¡Dichoso el cristiano que no se cansa de mirar a Jesucristo! Quedará fascinado. Y, pase lo que pase, siempre volverá a su primer amor, pues la mirada de Cristo es la mirada infinitamente amorosa de Dios al hombre, a todo hombre. ¿Recordáis el último diálogo de Pedro con Jesús, después de aquella noche imposible en que el discípulo creyó que podría volver a sus redes? -"Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" -"¡Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo!".

Cuando se ha nacido de Dios, no se puede decir más que eso. El que ha nacido de Dios, ni siquiera puede ya pecar: ¡está embarcado en el amor!

DIOS CADA DIA - SIGUIENDO EL LECCIONARIO FERIALADVIENTO-NAVIDAD Y SANTORAL - SAL TERRAE/SANTANDER 1989.Pág. 107 s.


 

9.- Vieron dónde vivía y se quedaron con él. La vocación de los primeros discípulos es la resultante del testimonio dado por Juan en un proceso que culmina en Caná: vieron su gloria y creyeron en él (Jn 2, 11). La expresión "he aquí el cordero de Dios" pertenece en su formulación al evangelista como fruto de sus largas meditaciones teológicas pospascuales, puesto que presupone la muerte y resurrección de Jesús. Quizás el bautista designó a Jesús como el servidor fiel, descrito como "cordero llevado al matadero", que sufre por los pecados de otros. Es opinión bien fundada.

¿Qué buscáis? El tema de la búsqueda de Jesús es repetido en Juan: la masa que quiere hacerle rey (6, 24), los judíos que quieren darle muerte (7, 19), los discípulos (18, 14), la Magdalena (20, 15). La búsqueda va siempre seguida del feliz encuentro que tiene como consecuencia el "irse tras él". Es toda una teología de la fe, de la vocación y del discipulado. Hay relaciones interpersonales. Los discípulos aún no han oído a Jesús, pero se fían de él. Más tarde obedecerán fiados únicamente en su palabra (Lc 5, 11). Se trata de la adhesión a una persona. Ha nacido la fe.

GUILLERMO GUTIERREZ - PALABRAS PARA EL CAMINO - NUEVAS HOMILIAS/B

EDIT. VERBO DIVIN0 ESTELLA 1987.Pág. 98

 

 

jueves, 7 de enero de 2021

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO BAUTISMO DEL SEÑOR CICLO B - 10 ENERO 2021

 

TÚ ERES MI HIJOAMADO, MI PREDILECTO


COMENTARIO

 

Los especialistas hablan, a propósito el bautismo de Jesús, de cristología ascendente (sube desde Jesús hombre a Jesús hijo de Dios) y de cristología descendente (del verbo de Dios  a Jesús de Nazaret).  La evocación más vertiginosa del descenso es la de Juan en sólo dos palabras: El verbo se hizo car.

La subida más extraordinaria  se nos describe en el evangelio que hoy vamos a meditar. Desde Jesús de Nazaret al Hijo a quien yo quiero. Jesús, hijo de José, llega desde una modesta aldea de Galilea para recibir el bautismo de penitencia que Juan da en el Jordán. Jesús se sitúa discretamente en la cola y se mete en el agua ante Juan como todo el mundo. Pero apenas vuelve a subir a la orilla, explota el sentimiento de lo que él es y viene una voz desde el cielo: Tú eres mi hijo a quien yo quiero, mi predilecto.

Como dice Marcos, cuando se oye semejante afirmación (los cielos se abren) es que Dios se revela. Porque si Jesús es el Hijo, ¡Dios tiene un Hijo! Pero ¿cómo comprender esto? ¿Dios es uno tres? Nuestros hermanos ortodoxos responden: Dios es Dios es Dios, es lo que él ha revelado. Jesús es el revelador. Revelador del Padre a fuerza de decirnos los vínculos únicos mantiene con aquél a quien llama Abba. ¿Padre querido’ ¿Papá? Es inútil  investigarlo, porque no tenemos palabras para este misterio.  Pero si vivimos suficientemente con el Hijo, se nos dará algo de esa manera  por  encima de las  palabras. 

Si Jesús no nos reveló tanto al Espíritu con sus palabras, el evangelio no cesa de indicarnos que él quedó lleno del Espíritu, que lo condujo el Espíritu y que nos da ese mismo Espíritu, esa misma fuerza, para comprenderlo a él y para vivir de él. A partir de estas revelaciones es como ha nacido entre los cristianos la palabra Trinidad. La iglesia y sus teólogos han elaborado un lenguaje para que se pueda hablar un poco del misterio de un Dios uno y trino.  Pero este misterio, aunque es el que orienta toda nuestra aproximación a Dios, la hace también muy difícil. Debido a estas dificultades, muchos cristianos viven prácticamente al margen de la revelación trinitaria. Sin embargo, el que dice revelación  dice ofrecimiento de Dios. ¿Vamos acaso rechazarlo? La fe cristiana no es la ascensión de nuestra inteligencia hacia un Dios de las ideas, sino la acogida de lo que Dios ha querido decirnos de sí mismo, de lo que podía decir con nuestras palabras y sobre todo por medio de la presencia misma de su Hijo. A partir de aquí, sí: nuestra fe es trabajo de inteligencia, en la oración, la humildad y la gratitud.  ¡Bendito seas, Señor, por habernos hecho por los evangelistas que Jesús es tu Hijo muy querido!.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTIFONA DE ENTRADA  Mt 3, 16-17.

Apenas se bautizó el Señor, se abrieron los cielos y el Espíritu se posó sobre el como una paloma y se oyó la voz del Padre que decía. “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.

 

ORACION COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo de Cristo, en el Jordán, al enviar sobre el tu Espíritu Santo, quisiste revelar solemnemente a tu Hijo amado, concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, perseverar siempre en tu benevolencia. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del Profeta Isaías 42, 1-4. 6-7.

Esto dice el Señor: Miren a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero.

Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones.

No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará.

Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará hasta implantar el derecho en la tierra y sus leyes, que esperan las islas.

Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he tomado de la mano, te he formado y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones.

Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas.

 

SALMO RESPONSORIAL (28)

 

El Señor bendice a su pueblo con la paz.

 

Hijos de Dios, aclamad al Señor, aclamen la gloria y el poder del Señor, póstrense ante el Señor en el atrio sagrado. R.

 

La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica. R.

 

El Dios de la gloria ha tronado. El Señor descorteza las selvas. En su templo un grito unánime: ¡Gloria!. El Señor se sienta por encima del aguacero, el Señor se sienta como rey eterno. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 10, 34-38.

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.

Conocen lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO  Mc 9, 7                                                                                                            

Aleluya. Se abrió el cielo, y se oyó la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo”. Aleluya.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1, 6b-11.

En aquel tiempo proclamaba Juan: Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias.

Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con Espíritu Santo.

Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán.

Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar bacía él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo amado, mi preferido.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Conscientes de ser hijos amados de Dios en Cristo Jesús, dirijamos al Padre nuestras suplicas con confianza filial. R.- Escúchanos,  Padre,  somos  tus hijos.

 

1.-  Para  que la Iglesia, con el poder del Espíritu Santo, siga engendrando nuevos hijos de Dios que prolonguen en el mundo la presencia de Jesús, Hijo de Dios y hermano de todos. Oremos. R.

 

2.-  Para que todos los bautizados, guiados por el Espíritu Santo, vivamos como hijos de Dios y hermanos de verdad. Oremos. R.

 

3.- Para que quienes tenemos la dicha de ser  cristianos sigamos con alegría las huellas de humildad y servicio solidario trazadas por Jesús. Oremos. R.

 

4.- Para que los que aún no han recibido el don incomparable de la fe, estimulados por nuestro testimonio, abran su corazón a Cristo que los espera con amor. Oremos. R.

 

5.- Para que los niños y adultos que en este año recibirán el santo bautismo experimenten la alegría de ser hijos de Dios y tener una comunidad de fe que los acoja con amor. Oremos. R.

 

6.- Para que los que celebramos con gozo el bautismo de Jesús nos sintamos felices de particular en su filiación divina y reconocer que todo ser humano es nuestro hermano. Oremos. R.

 

Padre bueno, que en el Jordán revelaste que Jesús es tu Hijo amado  y en el todos los hombres somos hijos tuyos; danos tu Espíritu para que vivamos con gozo y compromiso nuestra filiación divina. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, los dones en este día en que manifestaste a tu Hijo predilecto y haz que esta ofrenda de tu pueblo se convierta en el sacrificio de aquel que quiso borrar los pecados del mundo. Por Jesucristo  nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNION     Jn 1, 32.34.

Este es de quien decía Juan: “Yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Señor, alimentados con estos dones sagrados, imploramos de tu bondad, que, escuchando fielmente a tu Unigénito, de verdad nos llamemos y seamos hijos tuyos. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

 

Lunes 11: Hb 1, 1-6; Sal 96; Mc 1, 14-20

Martes 12: Hb  2,   5-12;  Sal: 8; Mc  1,  21-28.

Miércoles 13: Hb 2, 14-18; Sal 104; Mc 1, 29-39.

Jueves 14:  Hb  3, 7-14;   Sal  94; Mc  1, 40-45.

Viernes 15: Hb 4, 1-5.11; Sal 77; Mc 2, 1-12.

Sábado  16: Hb 4, 12-16; Sal 18; Mc 2, 13-17.

Domingo 17: 1S 3, 3b-10.19; Sal 39; 1Co 6, 13c-15ª.17-20; Jn 1, 35-42.

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Mc 1, 7-11

Par.: Mt 3, 13-17  Lc 3, 21-22

 

1. - JESÚS MADURÓ COMO CREYENTE JUNTO A JUAN.

-"Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán". El bautismo abre la etapa de la actividad pública de Jesús como predicador itinerante.

Probablemente (no hay datos seguros, tan sólo indicios), Jesús maduró su vocación de la mano de Juan, que predicaba, en el desierto, un bautismo de conversión. Eso no ha de extrañarnos.

Jesús es Dios hecho hombre (como hemos contemplado por Navidad), con todas las de la ley. Y va madurando como lo vamos haciendo los hombres: en contacto con los demás, recibiendo sus influencias y asimilándolas, descubriendo, con la ayuda de los demás, nuestras riquezas y nuestra vocación. El día de la Sagrada Familia leíamos: "...se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba". Jesús -el Hijo de Dios- crece y madura como hombre bajo la mirada amorosa del Padre, pero con la ayuda paternal de José y María y de los demás vecinos de Nazaret. ¿Qué tiene de raro que Jesús madurase como creyente en aquel movimiento baptista que tenía en Juan una figura cumbre? El domingo próximo, el evangelio nos hablará nuevamente de sus relaciones con Juan.

"Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo". Nótese que el evangelio no describe algo "que todos pudieron ver" sino lo que vio Jesús. Además, ¿qué puede querer decir que el cielo se rasgó, que el espíritu, como una paloma, bajó hacia él, y que se oyó una voz del cielo? Estas expresiones no pueden describir nada de lo que se ve con los ojos, se oyen con los oídos y se graban en un video o en una placa fotográfica o en una cassette... Nos encontramos en otro orden de realidades: aquellas que pertenecen al ser más profundo de Jesús: a sus relaciones con Dios. ¿Quién es Jesús? Es el Hijo amado, el predilecto del Padre y en el que se ha posado su mismo Espíritu (1a.lect.) En Jesús se establece una íntima comunicación entre Dios y los hombres: el "cielo" no está "cerrado"(=no hay separación e incomunicación entre Dios y los hombres), sino que está abierto, "rasgado". De la misma manera que rompemos la cáscara de una almendra o de una nuez para sacar el fruto, hemos de romper, también, el lenguaje de textos como estos para descubrir (¡y no es difícil!) lo que nos quieren decir. No busquemos hechos maravillosos y extraños, sino comprendamos lo que nos dice el evangelista. Jesús que viene de Nazaret y está a punto de empezar su actividad de predicador itinerante por Galilea es aquel sobre el que reposa el Espíritu de Dios, el Hijo amado, el predilecto.

"A tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Esp. Sto" (colecta). Nosotros fuimos bautizados: inmergidos, sumergidos, en JC. Incorporados a él, tomados por él, injertados en él. Y, con él y en él, entramos en el mismo orden de ralaciones con Dios: somos también hijos amados del Padre, el Padre se complace en nosotros y nos envía su mismo Esp. Sólo poniéndonos en la escuela del Hijo amado, fiel en todo al Esp. de Dios, podemos comportarnos como hijos amados y ser dóciles al Esp. de Dios. Es lo que hacemos cada domingo al celebrar la Eucaristía. Pero tenemos que vivirlo también a lo largo de nuestra vida de cada día.

J. TOTOSAUS - MISA DOMINICAL 1991/02


 

2. - Texto. Comienza la noticia, difundida por Juan Bautista, de la llegada de alguien con más derechos que él. El segundo domingo de adviento tuvimos la ocasión de comentar esta noticia propagada por Juan. Veíamos entonces que desatar las sandalias a alguien es una imagen jurídica para simbolizar el derecho sobre alguien.

Afirmando Juan que él no es digno de agacharse para desatar las sandalias del que está para llegar, está formulando su sumisión y dependencia del que está por llegar. La fuerza de éste radicará en su capacidad para introducir a las gentes en la genuina atmósfera de Dios.

La segunda parte del texto (vs. 9-11) comienza con la noticia del bautismo de Jesús por Juan en el río Jordán. Para Marcos esta noticia no es significativa en sí misma, sino en cuanto ocasión para lo siguiente. En los dos versículos finales Marcos quiere dejar claro que Jesús es el más fuerte, cuya llegada ha sido anunciada por Juan. Para la descripción de esta llegada Marcos se sirve de imágenes y situaciones que la literatura judía, bíblica y no bíblica, relaciona con la venida del Mesías. Más allá del hecho, tal y como éste pudo tener lugar, el autor quiere ofrecer la realidad de un Jesús Mesías e Hijo de Dios. Esta realidad responde en parte a las expectativas judías y en parte las supera.

Comentario. Comenzando como estamos la andadura cristiana de este año litúrgico, bueno es conocer a quien va por delante marcando esa andadura.

Se trata de uno que es fuerte. Cualidad imprescindible en un guía para que pueda ser seguido. Jesús posee la fortaleza capaz de generar seguridad en sus seguidores. Se trata de uno que responde a las expectativas de un pueblo ansioso de un mundo mejor. Esto viene a significar sustancialmente la afirmación de que Jesús es el Mesías. Se trata, por último, del Hijo de Dios. Es esta la razón última y fundamental de la fuerza de Jesús. La realidad divina de Jesús no es una impresión o un deseo de los seguidores; es algo que está en Jesús y que le hace ser Jesús; real con la realidad de lo divino y misteriosa con el misterio de lo divino. Esta realidad divina da sentido a todo lo que Jesús es y significa.

ALBERTO BENITO - DABAR 1991/09


 

3.- TEXTO.

Los dos primeros versículos sintetizan la buena noticia del mensajero Juan: "Detrás de mí viene el que puede más que yo".

La persona anunciada viene presentada en cuanto fuerte. Más adelante sabremos que esta fuerza dice relación al dominio sobre el espíritu malo, que también es fuerte. Nadie puede meterse en casa del fuerte y arramblar con su ajuar si primero no lo ata (Mc/03/27). En la primera parte de su evangelio Marcos va a insistir mucho en este hecho.

"Y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias". Se trata de un gesto simbólico de alcance jurídico. Desatar a uno las sandalias significaba privarle de un derecho. La frase es, pues, el reconocimiento explícito de la superioridad de la persona anunciada. En esta superioridad se vuelve a insistir en el v. 8. Este versículo lo entenderemos mejor si en vez de bautizar empleamos los verbos sumergir o introducir. Marcos no parece estar pensando en un rito concreto sino en una situación calificada de santa por oposición a la situación no santa del espíritu malo.

Con el v.9 hace su entrada en el marco de acción del evangelio la persona fuerte anunciada. Se trata de Jesús. Se menciona el lugar de donde viene y su bautismo por Juan. Pero nada de esto acapara la atención de Marcos. Esta se centra en el post-bautismo.

"Apenas salió del agua". Los acontecimientos que vienen a continuación son percibidos sólo por Jesús, a diferencia de lo que escribe Mateo, que hace partícipe de ellos a Juan y al resto de los presentes. "Vio rasgarse los cielos". La imagen y su formulación remiten a Isaías 63, 19: "¡Ah si rasgases los cielos y descendieses!". Pero la novedad de Marcos es clara: lo que en Isaías es exclamación y deseo, en él es afirmación y cumplimiento. Los cielos rasgados dan paso al Espíritu, que baja hacia él como una paloma. No hay paralelos bíblicos para esta comparación. La imagen emerge, pues, con la novedad y el frescor de una creación original. A través de ella el lector puede empezar a entender el sentido de la afirmación hecha por el mensajero en el v. 8. Los cielos rasgados dan paso también a una voz, cuyas palabras combinan afirmaciones del Salmo 2, 7 y de Isaías 42, 1. Tú eres mi hijo amado, estoy satisfecho de ti. "Tu" e "Hijo" comportan los correlativos "Yo" y "Padre". Culmina así la presentación-revelación al lector de quién es Jesús.

Comentario. El texto nos sitúa en un ambiente de epifanía. Esta determinación cuadra mejor que la del bautismo de Jesús. En la redacción de Marcos, en efecto, el bautismo ocupa un lugar secundario, dado que no acapara la atención del autor. Desde un punto de vista exegético no se justifican los comentarios bautismales.

El mensajero anuncia la llegada de uno más fuerte que él. Su fuerza consistirá en su capacidad de introducir a las personas en una atmósfera santa, dando al traste con la atmósfera contaminada del mal. El primer momento del texto de hoy es pues de espera, de anhelo. Su concreción puede ser la llamada con que se cierra la Biblia: ¡Ven, Señor Jesús! (Apocalipsis 22, 20).

El segundo momento es la llegada. Jesús está en medio de nosotros. El tiempo de esperar ha terminado. El anhelo se ha consumado. El cielo, cerrado hasta ahora, se abre para dar paso al Espíritu ; y Dios, callado mucho tiempo, entra en diálogo con Jesús. Momento de contemplación, de asombro, de alegría contenida. Cielo y Tierra dejan de estar incomunicados por la incomprensión y la hostilidad. Jesús, el Hombre y el Hijo, las ha roto. La causa del Padre está en marcha, Un modo nuevo y distinto de generar historia, Jesús va a introducirnos en una atmósfera incontaminada, limpia, respirable. Esta es su fuerza. De ahí su importancia.

Al margen ya del texto, me gustaría añadir un nuevo comentario a la lista de lecturas sugeridas al comienzo del ciclo litúrgico.

Carlos Bravo Gallardo, Jesús, hombre en conflicto. El relato de Marcos en América Latina, Edit. Sal Terrae, Col. Presencia teológica, n. 30 (Santander, 1986). Libro interesante que conjuga la hermenéutica europea y la latinoamericana.

ALBERTO BENITO - DABAR 1988/10


 

4.- El evangelio está formado por dos pequeñas secciones: La predicación de Juan y el bautismo de Jesús. Toda la fuerza y la atención del Bautista se dirige hacia el que viene detrás de él, que es mucho más importante. La diferencia entre Juan y Jesús radica sobre todo en el don del Espíritu que Jesús va a aportar, que contrasta vivamente con el bautismo de Juan, que sólo era "con agua". (Véase este fragmento, dentro del contexto más amplio del ministerio de Juan, en el domingo tercero de Adviento).

El bautismo de Jesús es presentado por Marcos del modo más sencillo posible, indicando el hecho sin más. Pero antes se hace la presentación de Jesús: aparece "por entonces", es decir, durante el ministerio de Juan, y es alguien concreto, procedente de "Nazaret de Galilea", y que llega de lejos, puesto que los que hasta aquel momento habían acudido al Bautista eran gente de Judea y de Jerusalén (cfr. 1, 5). Lo que más interesa no es, por tanto, el hecho del bautismo de Jesús en sí mismo, sino la revelación sobre Jesús que va unida a este hecho.

El modo de describir esta revelación sobre Jesús está lleno de simbología vétero-testamentaria. Es Jesús quien ve rasgarse el cielo y que el Espíritu baja hacia él. El cielo rasgado indica la presencia de Dios entre los hombres, y sobre todo el deseo de los hombres de que Dios esté presente entre ellos, expresado sobre todo por Isaias ("Ojalá rasgases el cielo y bajases": domingo primero de Adviento): La promesa de Dios de estar con su pueblo se realiza en Jesús.

Inmediatamente desciende el Espíritu sobre Jesús y lo designa como el Salvador prometido, aquel que puede bautizar con Espíritu Santo porque está totalmente lleno de él. Es el Mesías-siervo a quien Isaías había descrito como totalmente lleno del Espíritu de Yahvé. Dios ha bajado porque en Jesús se da la plenitud de su Espíritu. Y, al mismo tiempo, va a ser el Espíritu quien guíe a Jesús a lo largo de su misión: "El Espíritu lo empuja al desierto", leemos en el versículo siguiente al texto de hoy.

Y todo esto es confirmado por la voz del Padre, Jesús es el Hijo amado, elegido, en quien el Padre se complace precisamente porque es fiel en llevar a término su misión hasta la muerte.

El relato de Marcos es importante en tanto que nos transmite la conciencia de Jesús de que ha llegado su hora de llevar a término la misión salvadora que Dios le encomienda y lo hace identificándose, a través del bautismo, con el Israel pecador. Y por otro lado, la fe de la comunidad en que Jesús de Nazaret es el Mesías, el Hijo amado del Padre.

JOSÉ ROCA - MISA DOMINICAL 1982/18


5.- Este texto se encuentra influenciado por la afirmación fundamental que encabeza el evangelio: Jesús, el Cristo, Hijo de Dios. Su carácter mesiánico lo vincula a los motivos teológicos de la antigua alianza. Juan hace de puente entre los dos testamentos. Hay una continuidad explícita entre Juan=AT, y Jesús-NT. El que viene "detrás de mí" puede más que yo. "Detrás de mí" significa que él se siente como el principio de una realidad futura que le supera. La obra del que viene detrás es el bautismo con Espíritu.

El Bautista es el mayor, pero desaparece ante el que puede más que él. El bautiza con agua pero está ya presente el que bautiza con Espíritu. Los otros evangelistas hablan de su bautismo en Espíritu y fuego que se clarifica con la venida del Espíritu en forma de lenguas de fuego en Pentecostés.

En el evangelio de Marcos, Jesús entra en nuestra historia a través del bautismo de Juan. Con este gesto se incardina en la historia de salvación del pueblo de Dios compendiada en el bautismo de Juan. Se pone entre los pecadores y se somete, junto con ellos, al juicio de Dios.

El bautismo de Jesús es el primero de una serie de signos mesiánicos que -relacionados intrínsecamente con la muerte de Cristo- representan la salvación definitiva de Dios. La cena pascual puso fin a estos signos del cumplimiento escatológico.

Marcos, para demostrar que Jesús bautizará con Espíritu, dice que se rasgaron los cielos, bajó el Espíritu y se oyó la voz del cielo. Rasgarse los cielos equivale a decir que ha llegado la salvación definitiva. Dios vuelve a hablar con su pueblo. Había enmudecido, no había profetas. La conclusión no es formulada aquí explícitamente, como en la narración de la transfiguración (Marcos 9,7), pero es clara: es mi hijo amado, mi preferido. Escuchadle.

PERE FRANQUESA - MISA DOMINICAL 1985/02/MISA


 

6.- Jesús se acerca al Bautista y le reconoce abiertamente sus credenciales proféticas. E incluso se pone en la cola de sus prosélitos y recibe el bautismo de sus manos. Ahora bien, como quiera que el bautismo de Juan, más que ritual, era moral, o sea incluía el conocimiento de los propios pecados, surge el problema de si el bautismo de Jesús llevaba consigo también una confesión de los pecados.

Este problema ya se dejó sentir en la iglesia primitiva, como se deduce de Mt 3, 13ss. y de Heb 5. Pero el contexto próximo es bastante claro: Jesús comparte la condición de los pecadores, él mismo "se hace pecado" (2 Cor 5, 21); pero en seguida baja del cielo una voz divina que lo declara inocente. El segundo evangelio es profundamente dialéctico, y solamente desde una lectura estrictamente dialéctica puede entenderse. Aquí se presenta a Jesús como hombre con todas sus consecuencias, incluso las del pecado; pero al mismo tiempo se subraya su dimensión divina, única en toda la historia de los profetas de Israel.

Jesús, Dios y hombre; Jesús, pecador e inocente: he aquí una clave para penetrar en la cristología y, por consiguiente, en la eclesiología del segundo evangelio. Lo divino no debe admitirse a costa de lo humano; ni lo humano debe subrayarse a costa de lo divino. Igualmente la iglesia deberá aceptar esta difícil postura dialéctica. Deberá compartir con el resto de la humanidad esa triste historia empecatada, pero al mismo tiempo deberá ser profundamente pura, para luchar eficazmente contra el pecado. A lo largo de la historia la Iglesia ha compartido demasiadas veces el pecado humano, no en lo que éste tiene "contra el Hijo del hombre", sino en lo que significa "contra el Espíritu" (Mt 12, 31-32; Lc 12, 10). Esto quiere decir que una Iglesia que con una espiritualidad evasiva quiere disimular su pecado de compromiso con los poderosos y los explotadores de la humanidad, no ha cumplido su misión profética.

La inmersión en el pecado humano exige de ella una gran pureza, para que así pueda realizar su misión fundamental de exhortar a todos los hombres al verdadero arrepentimiento. Y si en esta inmersión de la Iglesia en el pecado de la humanidad doliente comete alguna imperfección, Jesús declara que el perdón para ella será fácil. No así para una Iglesia que peca contra la luz y que a sus pecados de compromiso con los poderosos los cubre de mármoles sagrados, los rocía de agua bendita y los oculta tras el incienso de un culto hipócrita.

COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT - EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1112


 

7. ACI DIGITAL 2003

7. La conmoción que el Bautista con su predicación de penitencia y su modo de vivir produjo, fue tan grande, que muchos creyeron que él fuese el "Mesías" prometido. Para evitar este engaño, Juan acentúa su misión de "precursor" señalando con su dedo hacia Jesús: En pos de mí, viene uno... "Así como la aurora es el fin de la noche y el principio del día, Juan Bautista es la aurora del día del Evangelio, y el término de la noche de la Ley" (Tertuliano). Véase Juan 3, 30 y nota: "Es necesario que Él crezca y que yo disminuya. Como el lucero de la mañana palidece ante el sol, así el Precursor del Señor quiere eclipsarse ante el que es la Sabiduría encarnada. Esta es la lección que nos deja el Bautista a cuantos queremos predicar al Salvador: desaparecer. "¡Ay, cuando digan bien de vosotros!"


 

8.- Un padre debe decir a su hijo que le quiere, sugiere el predicador del Papa
Comenta el Evangelio de la fiesta del Bautismo del Señor.

ROMA, viernes, 7 enero 2005 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, al Evangelio de la liturgia del próximo domingo, 9 de enero (Mt 3,13-17), fiesta del Bautismo del Señor. Cuando se escribe la vida de los grandes artistas y poetas, siempre se intenta descubrir la persona (en general la mujer) que ha sido, para el genio, la fuente de inspiración, la musa frecuentemente escondida. También en la vida de Cristo hallamos un amor secreto que ha sido el motivo inspirador de todo lo que hizo: su amor por el Padre celestial. Ahora, con ocasión del Bautismo en el Jordán, descubrimos que este amor es recíproco. El Padre proclama a Jesús su «Hijo predilecto» y le manifiesta toda su complacencia enviando sobre él el Espíritu Santo, que es su mismo amor personificado. 


Según la Escritura, como la relación hombre-mujer tiene su modelo en la relación Cristo-Iglesia, así la relación padre-hijo tiene su modelo en la relación entre Dios Padre y su Hijo Jesús. De Dios padre «toda paternidad en los cielos y en la tierra toma nombre» (Ef 3,15), esto es, saca existencia, sentido y valor. Es una ocasión para reflexionar sobre este delicado tema. Quién sabe por qué la literatura, el arte, el espectáculo, la publicidad explotan una sola relación humana: la de fondo sexual entre el hombre y la mujer, entre el marido y la esposa. Dejamos en cambio casi del todo inexplorada otra relación humana igualmente universal y vital, otra de las grandes fuentes de gozo de la vida: la relación padres-hijos, la alegría de la paternidad. 


Igual que el cáncer ataca habitualmente los órganos más delicados en el hombre y en la mujer, así el poder destructor del pecado y del mal ataca los ganglios más vitales de la existencia humana. No hay nada que sea sometido al abuso, a la explotación y a la violencia como la relación hombre-mujer, y no hay nada que esté tan expuesto a la deformación como la relación padre-hijo: autoritarismo, paternalismo, rebelión, rechazo, incomunicación... El sufrimiento es recíproco. Hay padres cuyo sufrimiento más profundo en la vida es ser rechazados o directamente despreciados por los hijos, por los cuales han hecho cuanto han podido. Y hay hijos cuyo más profundo y no confesado sufrimiento es sentirse incomprendidos o rechazados por el padre, y que en un momento de irritación, tal vez han oído decir del propio padre: «¡Tú no eres mi hijo!». ¿Qué hacer? Ante todo creer. Reencontrar la confianza en la paternidad. Pedir a Dios el don de saber ser padre. Después esforzarse también en imitar al Padre celeste.


San Pablo traza así la relación padres-hijos: «Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios en el Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que se desanimen» (Col 3,20-21). A los hijos recomienda la obediencia, pero una obediencia filial, no de esclavos o de militares; a los padres que «no exasperen» a los hijos; esto es, en sentido positivo, tener paciencia, comprensión, no exigir todo inmediatamente, saber esperar a que los hijos maduren, saber disculpar sus errores. Se trata de no desalentar con continuos reproches y observaciones negativas, sino más bien animar cada pequeño esfuerzo. Comunicar sentido de libertad, de protección, de confianza en sí mismos, de seguridad. 


Como hace Dios, que dice querer ser siempre para nosotros una «roca de defensa» y una «ayuda siempre cercada en las angustias» (Sal 46). No tengáis miedo de imitar alguna vez, a la letra, a Dios Padre y de decir al propio hijo o hija: «¡Tú eres mi hijo amado! ¡Tú eres mi hija amada! ¡Estoy orgulloso de ti, de ser tu padre!». Si sale del corazón en el momento adecuado, esta palabra hace milagros, da alas al corazón del chaval o de la joven. Y para el padre es como generar una segunda vez, más conscientemente, al propio hijo.