martes, 11 de enero de 2022

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO II TIEMPO ORDINARIO CICLO C – 16 ENERO 2022

 

DOMINGO II TIEMPO ORDINARIO CICLO C – 16 ENERO 2022

 

LA BODA EN CANÁ DE GALILEA


COMENTARIO

 

Juan alude a la madre de Jesús en el milagro de Caná de Galilea que es una aldea de Galilea, mencionada tres veces en el evangelio de Juan (2,1; 4,46; 21,2). Un día, en aquella aldea, se celebraban unas bodas (Jn 2, 1a). María estaba entre los invitados a su celebración, quizá era pariente. La invitación se extendió también a Jesús y a sus discípulos (v. 2).

Según las costumbres del AT, las fiestas de la boda duraban normalmente siete días (Gén 29 27, Jue 14,12; Tob 11,20), pero podían prolongarse durante dos semanas (Tob 8,20; 10,8). Y eran lógicamente la ocasión de un alegre banquete (Gén 29,22; Jue 14,10, Tob 7,14), servido de ordinario en casa del esposo (cf Mt 22,2). Por tanto, se necesitaba tener una buena provisión de vino. Y esto fue lo que falló en Caná (v. 3a).

El malestar de la situación no se le pasó de largo a la atención femenina de María, que puso al corriente de ello a su Hijo (v. 3b). Después de una respuesta un tanto enigmática (v. 4), Jesús escuchó la petición de la madre y convirtió en vino copioso el agua contenida en las seis tinajas, puestas allí para las purificaciones rituales que los judíos realizaban antes de sentarse a la mesa (vv. 6-10). De esta forma Jesús dio comienzo a sus prodigios y fue aquél el signo que suscitó la fe incipiente de los discípulos en él como Mesías (v. 11). Todo esto constituye el núcleo de lo que ocurrió en Caná, durante aquel banquete de bodas que estuvo a punto de terminar con una amarga desilusión.

Juan está en disposición de penetrar en el sentido arcano que se escondía en aquel episodio de las bodas de Caná. Justamente él lo define como un signo (v. 11), es decir, como un hecho que en sus apariencias exteriores remite a una realidad más íntima, más oculta, inherente en definitiva al misterio mismo de la persona de Jesús. Podemos decir que:

- El milagro de Caná nos invita a profundizar en el sentido y el misterio de la obra de Jesucristo. El primer "signo" conduce hacia la contemplación y la comprensión del signo central de la muerte-resurrección, y del signo que es el amor-unidad de la comunidad (Jn 17, 20-23).

- La valoración de todo lo que de positivo hay en la alegría de la vida de los hombres, no como realidad neutra o, menos aún, peligrosa, sino como realidad positiva en la vida humana, capaz de manifestar el don de Dios.

- La urgencia de una dedicación de los cristianos y de las comunidades cristianas a promover la alegría que proviene de la vida auténtica de la comunión con los demás, del amor conyugal y familiar, de la participación en un pueblo, de la confianza en Dios.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTIFONA DE ENTRADA  Sal 65, 4.

Que se postre ante ti, oh, Dios, la tierra entera; que toquen en tu honor; que toquen para tu nombre, oh Altismo.

 

ORACION COLECTA

Dios todopoderoso, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha paternalmente la oración de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida se fundamentan en tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 62, 1-5.

Por amor  a Sión no callaré, por amor a Jerusalén no descansaré, hasta que su justicia resplandezca  como luz,  y  su  salvación brille como antorcha. Los pueblos  verán tu justicia, y   los  reyes  tu  gloria, te  pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor. Serás corona preciosa en la mano del Señor y anillo real en la palma de tu Dios.

Ya no te llamarán “Abandonada” ni a tu  tierra “Devastada”,  a  ti  te  llamarán  “Mi  favorita” y a tu tierra “Desposada”, porque el  Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá un esposo. Como un joven se casa con su novia, así se casará contigo el que te construyó, la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo.

 

SALMO RESPONSORIAL (95)

 

Cuenten las maravillas del Señor a todas las naciones.

 

Canten al Señor un cántico nuevo, cante al Señor, toda la tierra; canten al Señor, bendigan su nombre. R.

 

Proclamen día tras día su victoria, cuenten a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. R.

 

Familias de los pueblos, aclamen al Señor, aclamen la gloria y el poder del Señor, aclamen la gloria del nombre del Señor. R.

 

Póstrense ante el Señor en el atrio sagrado, tiemble en su presencia la tierra  toda. Digan a los pueblos: “El Señor es rey, él gobierna a los pueblos rectamente. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 4-11.

Hermanos: Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor, y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.

En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Y así, uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu.

Hay quien,  por el mismo Espíritu recibe el don de la fe; y otro por e mismo Espíritu, el don de curar. A este le han concedido hacer milagros, a aquel profetizar.

A otro, distinguir los buenos  y los malos espíritus. A uno, la diversidad de lenguas; a otro   el  don    de  interpretarlas.  El  mismo  y  único  Espíritu  obra todo esto,   repartiendo a cada uno en particular como a él le parece.

 

ACLAMACION ANTES DEL  EVANGELIO  2Ts 2, 14.

Aleluya. Los llamo por medio del evangelio para que posean la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan  2, 1-11

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo: “No les queda vino”  Jesús  le contestó: “Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”. Su madre dijo a los  sirvientes:  “Hagan lo  que  él  les  diga”. 

Había  allí colocadas seis tinajas de piedra, para  las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.

Jesús les dijo: “Llenen las tinajas de agua” y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: “Saquen ahora un poco y llévenselo al mayordomo”. Así lo hicieron.

El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (sólo lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo pone primero  el  vino  bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora”.

Así, en Caná de Galilea Jesús  comenzó sus signos  manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Invoquemos a Dios, que bendice a su Iglesia con diversidad de ministerios y carismas y digámosle: R. Escúchanos, Señor.

 

1.-  Por la Iglesia: para que acojamos con corazón dócil la Palabra de Dios de este domingo. Oremos. R

 

2.- Por los pastores del pueblo de Dios: para que, siguiendo el ejemplo del Maestro, promuevan la justicia y la paz. Oremos. R.

 

3.- Por los gobernantes de nuestros países: para que sean sensibles al sufrimiento de los más pobres y hagan justicia a los oprimidos, marginados, emigrantes y excluidos de la sociedad. Oremos. R.

 

4.- Por los matrimonios: para  que el Señor les de fortaleza y unidad para educar en la fe, la esperanza y el amor. Oremos. R.

 

5.- Por los cristianos: para que cada uno, desde nuestro puesto, vivamos los valores del reino y no pactemos con la mentira, la corrupción y la división. Oremos. R

 

6.- Por nosotros: para que, como María permanezcamos atentos a las necesidades de nuestros hermanos. Oremos. R.

 

Escucha, Padre, las suplicas de tus hijos, transforma sus deseos y hazlos signos de tu presencia salvadora. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Concédenos, Señor participar dignamente de estos santos misterios, pues cada vez que celebramos este memorial del sacrificio de Cristo se realiza la obra de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNION    1Jn 4, 16

Nosotros hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tiene.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Derrama, Señor sobre nosotros tu espíritu de caridad  para  que,  alimentados   con  el mismo pan del cielo, permanezcamos unidos en el mismo amor. Por Jesucristo,  nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

 

Lunes 17: Sam 15, 16-23; Sal 49; Mc 2, 18-22.

Martes 18: Sam 16, 1-13; Sal 88;  Mc 2, 23-28.

Miércoles 19: Sam 17, 32-33.37.40-51; Sal 143; Mc 3, 1-6.

Jueves 20: Sam 18, 6-9; 19, 1-7.; Sal 55; Mc 3, 7-12.

Viernes 21: Sam 24, 3-21;  Sal 56; Mc 3, 13-19.

Sábado 22: Sam 1, 1-4.11-12.19.23-27.;  Sal 79; Mc 3, 20-21.

Domingo 23: Nh 8, 2—4ª.5-6.8-10; Sal 18; Cor 12, 12-30;  Lc 1, 1-4; 4, 14-21.

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Jn 02, 01-12

 

1.- Hay que destacar que Juan, al contrario que los sinópticos, emplea dos niveles de formulación: el nivel de superficie para los personajes en torno a Jesús, y el nivel profundo en el que se mueve Jesús mismo. Así es como se explica la aparente falta de concatenación entre pregunta y respuesta.

El sentido de la respuesta de Jesús se escapa a este texto concreto y es sólo comprensible en la perspectiva global de todo el evangelio.

La hora no es el momento del milagro, sino la pasión (17, 1; 12, 27). La pasión, a su vez, es el momento de la glorificación de Jesús, porque es la expresión suprema de su amor. "No hay amor más grande que dar la vida por los amigos" (15,13). Por este motivo, la pasión es en Juan la gloria de Jesús; su hora, la hora exuberante del amor. Esta exuberancia de amor tiene en nuestro relato un símbolo: el vino bueno que aparece con profusión al final de la boda.

¿De dónde proviene este vino? "De las tinajas de piedra para la purificación de los judíos". Juan capacita así al lector para que lea entre líneas algo muy concreto: el orden religioso judío queda superado por Jesús. Agua y vino funcionan en el relato como símbolos de los dos órdenes distintos: ley (judaísmo), amor (Jesús).

EUCARISTÍA 1989, 4

 


 

2.- El sentido liberador del Evangelio se muestra también en medio de la vida cotidiana y no sólo en situaciones extremas y en momentos excepcionales. En el presente relato se dice que Jesús comenzó sus signos, comenzó a dar "señales" de la vida y de la abundancia de la vida que vino a traernos, precisamente en medio de una fiesta, en unas bodas que se celebraban en Caná de Galilea.

Las fiestas nupciales duraban hasta siete días cuando la novia era virgen, siendo sólo de tres cuando se trataba de una viuda.

Es posible que María llegara a la fiesta el primer día, y hasta que ayudara a los familiares. De todas formas, le bastaría su condición femenina para darse cuenta del apuro por el que pasaban los novios al faltarles el vino. Parece que Jesús llegó más tarde con sus discípulos, y hasta podría pensarse que la situación se agravaría con la presencia de aquellos pescadores. A todo esto, María intercede por los novios ante su hijo. La respuesta de Jesús debió de ser para el evangelista de gran importancia, pero es de difícil interpretación para nosotros. En ella se aprecia un cierto distanciamiento de Jesús frente a su madre, como si quisiera dejar en claro que nadie debe inmiscuirse en la misión que ha venido a cumplir. Por eso la llama "mujer", cosa muy extraña en la boca de un hijo y sobre todo en el contexto socio-cultural de Jesús. Sin embargo María no entendió esta respuesta como un rechazo y advirtió a los sirvientes que estuvieran atentos a lo que les dijera Jesús.

J/HORA: También es difícil saber lo que significaba la "hora". Hay comentaristas que entienden esa "hora" como la hora de la cruz, en la que Jesús tenía que ser glorificado o exaltado según la voluntad del Padre. Otros dicen que se trata de la hora del milagro o de su primera manifestación como enviado de Dios. De todos modos, la hora de la manifestación de Jesús no la señalan los hombres. Porque es la hora que Dios quiere y que sólo él conoce. De hecho no llega nunca con el simple transcurrir del tiempo, sino cuando acontece la fe como un don de Dios. Jesús, con su respuesta aparentemente dura, es el que prepara y actualiza la fe de su madre, y entonces llega la hora del milagro o del signo.

Jn/SIGNO: La palabra "signo" tiene en el evangelio de Juan un doble sentido: de una parte es una demostración del poder de Dios y de su presencia salvadora; de otra, es la revelación de la verdad de Dios y su mensaje. Queremos decir que los "signos" son en el cuarto evangelio como palabras visibles, como símbolos que deben ser interpretados y que suelen preceder a una enseñanza más detenida. La transformación del agua en vino significa la abundancia de la vida que Jesús ha venido a traer al mundo, la nueva vida y el verdadero gozo de vivir. Es un signo paralelo al de la multiplicación de los panes en el desierto. Uno y otro anticipan el sacrificio de Cristo, en el que se vuelca la generosidad de Dios sobre nosotros. Es lo que celebramos en la eucaristía con pan y vino, con el pan de cada día y con el vino de las fiestas. Es la gracia, que llena hasta rebosar las tinajas de la ley (de las purificaciones de los judíos) y que es el cumplimiento de todas las promesas.

EUCARISTÍA 1986, 5

 


 

3.- Según la tradición, se trata del lugar conocido por el nombre de Chirbet Caná, situado al norte de Nazaret, a unos catorce kilómetros.

Si la novia era virgen, duraban las fiestas hasta siete días; pero si era viuda, solamente se celebraban tres días de fiesta.

Probablemente, María, invitada por motivos de amistad o parentesco, se encontraba ya en Caná desde los comienzos de las fiestas. Se explica perfectamente que el vino llegara a faltar durante tantos días de boda y que María, que con toda seguridad ayudaría en la tarea de atender a los convidados, se diera cuenta de los apuros de los novios.

Aunque Jesús no había hecho aún ningún milagro, María, al verle ya rodeado de discípulo, pudo creer que el momento de su manifestación a los hombres había llegado. La respuesta de Jesús conserva el tono duro e independiente de aquella respuesta que le dio en el Templo, cuando sólo tenía doce años. En ambos casos, quiere hacernos ver que en el cumplimiento de su misión excelsa únicamente depende de su Padre.

Si todavía "no ha llegado la hora", ¿cómo ejecuta el milagro? La respuesta no es fácil. Entre otras posibles explicaciones, parece ser ésta la más probable: La fe de María, su petición humilde y confiada, hizo que sonara la hora de la "manifestación de la gloria" de Jesús. El momento de la manifestación del poder de Dios no lo señalan los astros sino la fe de los hombres: donde hay fe, allí ha llegado el momento. Pero la fe es un don de Dios, que El da cuando quiere y a quien quiere. Jesús, con su respuesta aparentemente dura, es el que prepara y actualiza la fe de la Virgen que señala el momento de la manifestación de Dios.

"Signo" debe entenderse en un doble sentido: demostrativo del poder de Dios y mostrativo o aclarativo del Misterio. Los milagros que nos relata San Juan tienen siempre un significado.

En este caso puede tratarse de la abundancia de la gracia salvadora (seiscientos litros de vino) que llena hasta el borde las exigencias de la Ley (las tinajas servían para la purificación prescrita por la Ley).

EUCARISTÍA 1971, 12

 


 

4.- El propio autor dice de él al final que es un signo. Es decir, nos hallamos ante un relato evocativo, representativo. Su sentido no hay pues que buscarlo en el relato mismo, sino en la realidad evocada y representada en él. Para que esta búsqueda no sea subjetiva ni caprichosa deberá partir de los propios indicadores existentes en el relato.

HORA/GLORIA: Primer indicador: una indicación temporal no recogida en el texto litúrgico. El relato comienza así: Tres días después tuvo lugar una boda... En el conjunto de indicaciones temporales dadas con anterioridad por el autor, estos tres días después nos llevan al día séptimo. El autor sitúa la boda en el día séptimo. Segundo indicador: la indicación temporal de futuro "todavía no ha llegado mi hora". La hora es el término característico que emplea el autor del cuarto evangelio para referirse a la glorificación de Jesús, la cual tiene lugar en la cruz. El Calvario es la hora de la gloria de Jesús. Gloria en sentido etimológico hebreo significa peso, consistencia. En sentido figurado y aplicado a las personas es el conjunto de cualidades que las distinguen, su personalidad. En su comentario final el autor nos dice que a través del signo realizado Jesús manifestó su gloria, es decir, puso de manifiesto su cálida personal.

Desde estos dos indicadores podemos concluir que la realidad evocada en el relato de Caná es la fiesta del Señor, su gloria puesta de manifiesto en la cruz, cuya celebración tiene lugar el día séptimo, el domingo, el día del Señor.

Si, pues, los indicadores nos llevan al Calvario, vayamos a él de la pluma de Juan y leamos Jn. 19, 25-27. ¿A quién encontramos allí? A la madre de Jesús. Exactamente la misma designación empleada en el relato de Caná. En ambos casos no se le designa por el nombre, sino por su relación con Jesús. Pero aún hay más. En ambos casos Jesús interpela a su madre de la misma manera: ¡Mujer! Estas correlaciones entre los dos relatos nos llevan a interpretar las palabras de Jesús a su madre en el relato de Caná no como rechazo, sino positiva y colectivamente: ¿Qué nos va a ti y a mí ahora, si nuestro tiempo no es éste sino el de la Cruz? Llegamos así a la conclusión de que el autor está contraponiendo dos tiempos, de los cuales uno, el de la cruz, es el propio de Jesús y de su madre. ¿Cuál es el otro? "El tiempo de las purificaciones de los judíos". Se trata de dos tiempos cualitativos, de dos talantes contrapuestos, a cada uno de los cuales el autor le asigna un símbolo: agua para el tiempo de las purificaciones, vino para el de la cruz.

¿Cuál de los dos tiempos es el mejor? El autor responde con toda claridad que la cruz supera en calidad a la purificación.

Descubrimos además que el autor del cuarto evangelio gusta de la ironía, pues el reconocimiento de la superior calidad de la cruz lo hace alguien perteneciente a la purificación.

Resumiendo: el autor ha escrito un relato eminentemente evocador, cuya clave de interpretación se encuentra en el calvario, donde Jesús manifiesta todo el peso de su gloria, un peso superior al de las purificaciones.

Comentario. El tiempo de la cruz es el tiempo de la donación desinteresada. No está mal proceder por reglamento, código o ley, pero está mucho mejor proceder por amor. Nadie dice que el agua está mal en una comida, pero un buen vino siempre es mejor, Jesús es el buen vino; el reglamento y la ley son el agua.

Se tiene siempre más miedo al vino que al agua. ¿Será por eso por lo que el Judaísmo y la Iglesia gustan tanto de la ley y del código? La diferencia entre el que ama y el que cumple es que el primero es capaz de imposibles, mientras que el segundo nunca jamás puede nada.

Si el amor supremo consiste en dar la vida por los amigos, se comprende perfectamente que la cruz sea el lugar supremo de la revelación de Jesús y, como consecuencia, del creyente en Jesús.

La madre de Jesús es el prototipo de creyente en Jesús. Por eso mismo su tiempo y su lugar están, como los de su hijo, en la cruz.

A.- BENITO - DABAR 1989, 9

 


 

5.- El texto de hoy no pertenece a Lucas sino a Juan. Dos autores, muy diferentes en manera de escribir, Juan escribe en clave. De ahí que el sentido de sus textos no sea siempre evidente a primera vista. La clave la sitúa en el futuro y la denomina "la hora". Todavía no ha llegado mi hora. Esta hora es la muerte de Jesús en la cruz. Lo que el autor escribe con anterioridad a ella es signo de esa muerte, es decir, señal que apunta hacia ella, que la evoca o la representa. Así comenzó sus signos. El relato de hoy hay que leerlo, pues, desde la muerte de Jesús. Esta muerte la concibe Juan como la glorificación de Jesús, es decir, su grandeza, su esplendor, su magnificencia. Todo lo anterior son adelantos, anticipos de esa gloria, también esta palabra aparece en el texto de hoy. Manifestó su gloria. Parece evidente que Juan quiere que leamos este texto como anticipo de la gloria de Jesús que se va a manifestar en la cruz. Es el relato de su gloria futura anticipada en símbolos, Jesús es el vino bueno que mejora al anterior. Sus raíces hay que buscarlas en suelo y tradición judíos. Son el agua de las tinajas. A estas alturas del evangelio (estamos solamente en el cap. 2) no hay ningún tipo de tensión entre el agua y el vino. Hay simplemente constatación de una situación mejorada.

"Estaba junto a la cruz de Jesús su madre" (Jn. 19,25). La misma interpelación: Mujer. Un rasgo más de que el texto de hoy es una anticipación de la cruz. "Mujer, a ti y a mí, ¿qué nos va la vieja situación? Nuestra gloria está en la cruz". Es, en efecto, en la cruz donde el autor nos presenta a la madre de Jesús como madre de la Iglesia. Un evangelio precioso el de hoy. Un evangelio que en el texto original tiene lugar al tercer día.

A.- BENITO - DABAR 1986, 11

 


 

6.- Texto. Forma parte de las distintas escenas de presentación de Jesús que el autor del cuarto evangelio hace preceder a la actuación propiamente dicha de Jesús. Esta actuación, a iniciativa de Jesús, comienza a partir del último versículo de hoy. En la escena que precede (bodas de Caná) no es Jesús quien lleva la iniciativa. Jesús se encuentra en una boda y con él los discípulos: personaje este que en buena parte de los doce primeros capítulos del evangelio va a tener un simple papel de observador, descubriendo lentamente quién y de dónde es Jesús.

El relato tiene su centro de atención en el vino. La ausencia de vino primero y su presencia después dominan la escena. Por el comentario del autor en el v. 11 resulta claro que el vino funciona como signo de Jesús. Un signo que se abre hacia un después, hacia una hora. Esta hora puede verse en el cap. 19 del evangelio, donde encontraremos los mismos personajes que en Caná.

Este cap. 19, es la clave de lectura de todo el evangelio y en particular de 2, 1-12. Comentario. El relato quiere explicar en clave plástica quién y de dónde es Jesús. La clave es el vino, que procede de un agua, a la que supera. Los sirvientes conocen-descubren esta clave: el mayordomo, no. Y es precisamente el que no conoce la clave, quien canta las excelencias del vino (idéntico recurso empleará el autor con Caifás en 11, 50).

Pero el agua es también signo de algo y de alguien: purificaciones de los judíos. Agua y vino representan dos órdenes sucesivos. Con mucha ironía el autor hace que un representante del orden-agua reconozca que el orden-vino es mejor. Estamos sólo en los comienzos del evangelio. Lo trágico es que esta mejor calidad la adquiere el vino gracias a su color rojo y recio de sangre. Y tal vez todavía más trágico es que, en esa hora y creyendo dar culto a Dios, el mayordomo escanciará la sangre (cfr. Jn. 16,2). Pero también en esa hora alguien conocerá-descubrirá la clave: unas mujeres (=discípulo amado). Con audacia de autor genial es a este discípulo a quien Juan reserva el título de hijo de María (confrontándose Jn. 19, 26-27. Nótese cómo en Caná a María se le llama madre de Jesús, pero a Jesús no se le llama hijo de María).

DABAR 1983, 11

 


 

7.- "La madre de Jesús le dijo: No les queda vino": María interviene esperando la acción de Jesús, pero recibe una respuesta negativa.

Aquí Juan se mantiene en la misma línea de los sinópticos a propósito de las intervenciones de su familia: los lazos de parentesco no pueden ni detener ni poner en marcha su misión.

Aunque a menudo se ha intentado extraer de este pasaje un poder intercesor de María, más bien se pone de relieve la absoluta soberanía y libertad de Jesús. "Haced lo que él os diga": María debe colocarse en el reconocimiento de esta soberanía y en la confianza de la fe: sólo desde esta posición será posible el milagro.

J.- NASPLEDA - MISA DOMINICAL 1989, 2

 


 

8. VINO-ALEGRIA/SV:

Paradójicamente el invitado (Jesús) se convierte en el auténtico Esposo; para ello, el otro esposo no puede ofrecer vino. De este modo se quiere indicar la insuficiencia de la etapa antigua de Israel, contrapuesta a la plenitud mesiánica. Es el último vino, el de los tiempos escatológicos, el que es bueno. Hay una "Hora" -adelantada, hecha prenda a través del signo- que ratificará la insuficiencia del Antiguo Testamento. María constata esta insuficiencia e indica donde está la plenitud: en Jesús, el vino nuevo que trae la alegría abundante de la salvación, que saca de la situación desesperada e insuficiente en la que viven los hombres, que ofrece la inmensa perspectiva de la fe liberadora y transformadora, que es la Palabra que da sentido y dinamismo, que hace creer en el amor y la fe. El "signo" está relacionado evidentemente con la Eucaristía y con la Pascua ("signo" culminante y radical del evangelio de Juan).

Nos hallamos, pues, ante la teología de la salvación; en la plenitud de los tiempos -en este momento- llega el don de Dios, en abundancia, en la Iglesia. A nosotros nos corresponde el "reconocimiento", el convertirnos en discípulos, caminando espiritualmente hacia "la Hora" de Jesús.

J. GUITERAS - MISA DOMINICAL 1974

 


3-9.- El leccionario ha reemplazado el inicio del fragmento, "Al tercer día...", por el convencional "En aquel tiempo...". El evangelista, con aquella indicación cronológica precisa, quería indicar que el signo de Caná cierra una semana completa, que él ha descrito día a día: la semana de la epifanía o manifestación del Señor, que concluye con la revelación de su gloria y la fe de los discípulos. También al final de la vida pública de Jesús el cuarto evangelio nos describirá día a día la última semana, para desembocar asimismo en el acto de fe pascual de los apóstoles y los lectores. María, que aparece en este primer signo, reaparecerá en la semana final, al pie de la cruz (19, 25-27); en ambos casos Jesús le da el insólito tratamiento de "mujer".

En la boda de Caná de Galilea encontramos los temas principales del cuarto evangelio. Es el primero de los milagros, o signos, como les llama Juan, porque no son sólo hechos prodigiosos para atraer la atención, sino significativos o pedagógicos. Los demás evangelios cuentan muchos milagros, Juan ha escogido sólo siete, cada uno de los cuales es explicado detalladamente e ilustrado con un diálogo o un discurso de Jesús, con el fin de extraer de él una lección, puesto que cada signo revela un aspecto del Reino; en este caso, los tiempos mesiánicos que ya los profetas habían simbolizado con los desposorios y el banquete.

H. RAGUER - MISA DOMINICAL 1977

 


 

10.- Jesús comienza su ministerio de rabino y de taumaturgo casi dentro de unos círculos familiares: su propia ciudad, Cafarnaún, su familia o la de sus apóstoles. Pero Juan ve ya en esas actuaciones, todavía discretas, toda la obra de divinización de la humanidad y, al mismo tiempo, la irradiación del misterio pascual. La lectura de este episodio bastante insignificante adquiere relieve si se mira con los ojos de Juan.

* * * *

a) El que María diga a Jesús que los convidados no tienen ya vino obedece sin duda a una preocupación de orden práctico por parte de una mujer atenta a los pequeños detalles de la recepción, pero significa también, en el plano simbólico, que el pueblo falto del vino de la felicidad y de la sabiduría y que permanece en actitud de pobre, espera la iniciativa de Dios para devolverle la felicidad. Jesús distribuye efectivamente el "buen vino" de esa felicidad prometida para los últimos tiempos, signo de la plenitud y de la sabiduría con que favorece al mundo.

b) Pero ese don depende de la glorificación final del Mesías, de esa "semana" y de esa "hora" que inaugurarán, a través de la muerte, el misterio de la gloria del Señor. Parece, en efecto, que las indicaciones cronológicas sembradas a lo largo de Jn. 1, 19 a 2, 1 (1, 29; 1, 35; 1, 39; 1, 41; 1, 43; 2, 1) son bastante intencionadas en la pluma de Juan: el evangelista no pondrá tanto cuidado por fechar los hechos y gestos del Señor a lo largo de su primera semana de ministerio que en su última semana, la de su pasión. El hecho de que el milagro se sitúe en un "tercer día" (v. 1; cf. Jn. 11, 6-7; 13, 33; Lc. 24, 7; Os. 6, 2-5) es igualmente una forma de hacer referencia al cumplimiento de la Pascua de Cristo.

Pero lo decisivo en esta ocasión es el tema de la hora (v. 4; cf. Jn. 2, 14; 7, 30-39; 8, 20; 13, 1; 17, 1). La hora designa concretamente la muerte del Señor, pero es una muerte que le glorifica y glorifica al Padre, puesto que realiza la salvación del mundo. Se puede incluso afirmar que, a partir de Jn. 7, 30, las referencias a la hora de Jesús designan ese momento de su vida en que se verá reducido a la impotencia, en que ya no hará milagros (cf.Jn. 9, 4; 11, 9-10; cf. el tema del "lugar" en Jn. 18, 12, 24; 19, 40).

Así es como se comprende el diálogo entre María y su Hijo. La Virgen no viene a pedir un milagro, sino que se limita a señalar un momento de apuro (v. 3). Jesús responde con bastante dulzura: "¿Qué nos va a ti y a Mi, mujer?" (v. 4): que quiere decir: sitúate en otro plano: el de mi omnipotencia, en lugar de quedarte en este punto de vista rastrero. Y así la explicación surge normalmente: "mi hora (es decir, la hora en que me veré atado, imposibilitado) no ha llegado aún. Sigo estando libre para hacer milagros" (v. 4). María acepta inmediatamente esa visión de fe y ordena que se hagan los preparativos del milagro (v. 5).

Cristo se refiere, por tanto, claramente al signo y la obra por excelencia que realizará en la humillación de su muerte, pero hasta tanto suene esa hora, le es facultativo dejar signos y realizar maravillas provisionales, algo así como provisionales eran las diferentes liberaciones maravillosas del Antiguo Testamento.

La idea de Cristo sería, por tanto, ésta: puedo hacer hoy el milagro que se me propone, pero llegará una hora en que mi omnipotencia realizará el milagro por excelencia, puesto que pasará por el amor hasta la muerte (Jn. 13, 1): todo milagro tiene una parte de caducidad hasta tanto no haya sido marcado por mi muerte y no esté vinculado a la única verdadera fe en mi resurrección.

c) Juan nos ofrece, pues, en este relato del episodio de Caná un ejemplo de la forma en que reflexiona en torno a un milagro de Jesús. aun cuando sea muy corriente, hasta ver en él un signo (v. 11). Lo sitúa al final de una semana; introduce incluso el tema de la hora; subraya intencionadamente la materia del vino; señala, los mismo que en Jn. 7, 1-10, la incapacidad de los suyos para descifrar correctamente el milagro; y todo eso para probar que un milagro es un llamamiento a la fe. No se trata tan solo de creer que Jesús puede hacer un milagro, como sucede en los sinópticos, sino también de leer su significado misterioso, sólo captable por quien ha comprendido el misterio pascual y vive del amor que entraña.

Tener esa fe que puede leer los signos no consiste tan sólo en apreciar el cambio del agua en vino (como quisiera María), ni en comprender el cambio del vino en la sangre de Cristo en la misa (que es hasta donde llegan algunos fieles), sino en captar la densidad pascual del signo realizado y en situarse a sí mismo dentro de una participación convencida en ese misterio.

NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA II - MAROVA MADRID 1969.Pág. 39 ss.

 

 

PROPUESTA DE CANTOS

 

ENTRADA:  UNA BODA EN CANA

Una vez a Galilea fue Jesús con su mamá,  invitados a una fiesta de unas bodas en Caná (2)

Ese día estaban todos los amigos del Señor y en la casa de los novios no faltaba la emoción (2)

 

Ocurriendo lo imprevisto, todo el vino se acabó. 

“Algo así nunca se ha visto”, dijo el novio con razón. 

No hace falta que imaginen la revuelta que se armó.

Y en silencio fue la Virgen arrimándose al Señor (2) 

 

“Haz que el vino no les falte y por favor ayúdalos”

“A nosotros ¿qué nos hace?, madre, mi hora no llegó”(2) 

 

Al momento fue María que a los mozos ordenó: “hagan todo lo que Él diga” y Jesús obedeció.

“Llenen de agua esas tinajas”, al Señor se le ocurrió, y hasta el borde las llenaron sin pedirle explicación (2)

 

COLECTA:   TU PONES LO DEMAS

Un día de bodas el vino faltó, imposible poderlo comprar; qué bello milagro, hiciste Señor, con el agua de aquél manantial.

Colmaste hasta el borde de vino mejor, las tinajas que pude llenar; yo puse mi esfuerzo yo puse mi afán, tú pudiste, Jesús lo demás.

 

ES MUY POCO SEÑOR LO QUE VENGO  A TRAER.

ES MUY POCO LO QUE PUEDO DAR,

MI TRABAJO ES EL AGUA QUE QUIERO OFRECER  Y MI ESFUERZO UN PEDAZO DE PAN.

ES MUY POCO SEÑOR, LO QUE VENGO A TRAER,  ES MUY POCO LO QUE PUEDO DAR.

EN TUS MANOS DIVINAS LO VENGO A PONER,  TÚ YA PONES JESÚS, LO DEMÁS.

 

La gente con hambre sentada esperó, en el prado que baja hasta el mar;

con cuanto tenía  a ti se acercó un muchacho que quiso ayudar.

Tu mano en su frente feliz descansó en sus ojos tú dulce mirar;

El puso sus peces, él puso su Pan, Tú pusiste, Jesús, lo demás.

 

DONES: AL ALTAR DEL SEÑOR

AL ALTAR DEL SEÑOR, VAMOS CON AMOR A ENTREGAR AL SEÑOR, LO QUE EL NOS DIO.

 

Pan le traemos, trigo de Dios

para la mesa que Él nos preparó. 

Vino traemos, viña de Dios para la fiesta de la comunión.

 

Luces traemos, para alumbrar

la mesa santa de nuestro altar.

Flores traemos para alegrar

esta comida de la amistad.

 

Hoy nuestro juego, nuestro dolor,

nuestros estudios, Canciones al Señor.

Toda la vida vamos a dar,

para la ofrenda de Cristo en el altar.

 

COMUNION: UNA BODA EN CANA

Había una Boda en Caná

Jesús con su Madre estaba allí

de pronto los esposos pudieron comprobar

que el vino empezaba ya a faltar.

 

HACED LO QUE JESÚS OS DIGA

HACEDLO SIN VACILAR. (BIS).

 

María lo pudo saber

y al hijo enseguida fue a buscar:

“Jesús no tienen vino

no sé qué van a hacer”,

Tú sólo los puedes ayudar.

 

A muchos les falta el amor,

la paz, la alegría en el hogar.

Si tú no estás María

si ausente está el Señor

 

¿Quién puede el milagro realizar?

 

SALIDA: JUNTO A TI MARIA

Junto a ti, María como un niño quiero estar. 

 

Tómame en tus brazos, guíame en tu caminar. Quiero que me eduques que me enseñes a rezar.

Hazme transparente lléname de Paz.

 

MADRE, MADRE, MADRE, MADRE (BIS)

 

Gracias madre mía por llevarnos a Jesús. Haznos  más  humilde tan sencillos como tú. Gracias, madre mía, por abrir mi corazón.  Porque nos congregas y nos das  tu amor.

 

 

viernes, 7 de enero de 2022

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO EL BAUTISMO DEL SEÑOR CICLO C - 9 ENERO 2022

 

EL BAUTISMO DE JESÚS



COMENTARIO

 

Celebramos con la Iglesia universal el bautismo del Señor y una de las cosas que llama la atención es que cuando los evangelistas describen este hecho, su atención no se centra tanto en el rito purificador del agua como en la acción del Espíritu Santo que desciende sobre él. Sin duda, quieren dejar bien claro desde el comienzo que Jesús, el protagonista de las páginas que van a seguir, es un hombre lleno del Espíritu de Dios que le hace invocar a Dios como Padre y le urge al servicio de los hermanos necesitados.

Nuestra sociedad actual no parece demasiado abierta al Espíritu de Dios. Pero, sorprendentemente, cuando los hombres se cierran al Espíritu, caen esclavos de una multitud de "pequeños espíritus". Estamos asistiendo entre nosotros a un renovado interés por la parasicología, la astrología, el tarot, el ocultismo y los horóscopos. Y no siempre es curiosidad científica o puro pasatiempo. Con frecuencia, la fe es sustituida por las más curiosas supersticiones y, a falta de verdadera espiritualidad, se nos infiltra, de mil maneras, toda clase de "espiritismos".

Incluso estamos observando el renacimiento de recetas, métodos, fórmulas y caminos de salvación donde se intenta, de manera mágica, poner al Espíritu Santo al servicio de nuestros deseos. Más de un sacerdote ha tenido que catequizar actitudes paganas de creyentes que van a la iglesia en pos del agua de cáliz, aceite bendito, agua bendita para ritos mágicos, etc...

Cuando la religión es utilizada desde una actitud no religiosa y la invocación al Espíritu Santo se reduce a asegurar la "obtención de favores", la fe queda vacía de su verdadero contenido. Abrirse al Espíritu es otra cosa. Se trata de acoger humildemente la presencia creadora de Dios en nosotros. Dejarse purificar y modelar por el Espíritu que animó toda la actuación de Jesús. Vivir desde la fe la experiencia de un Amor que nos envuelve y nos hace invocar a Dios como Padre y acercarnos a los otros como hermanos.

Los verdaderos "favores" del Espíritu Santo son los frutos que suscita en nosotros: "amor, alegría, paz, tolerancia, agrado, generosidad, lealtad, sencillez, dominio de sí" (1Cor 12, 06-11).

Terminemos este comentario evangélico subrayando el "hoy" característico de Lucas, que aparece en la cita sálmica -"Hoy te he engendrado"- y que vuelve a aparecer un poco más adelante en el sermón de Nazaret. Tomando sus distancias frente a una fe evangélica demasiado exclusivamente orientada hacia la salvación futura, Lucas subraya la prioridad del presente. Es "hoy" cuando Jesús es Mesías-Salvador de su pueblo; "hoy" cuando entabla el combate contra los "enemigos"; "hoy" cuando se entrega a Dios... "Hoy" es también cuando las palabras de la Escritura se cumplen para todos aquellos que participan en la unción regia de Jesús, reciben la efusión del Espíritu y entablan en torno a él el "gran combate". El tema del hoy de la acción divina toca fácilmente el corazón de los cristianos contemporáneos; Lucas nos ofrece la ocasión de subrayar este tema, de impulsar a los cristianos a vivirlo más.

R.P: Roland Vicente Castro Juarez

 

ANTIFONA DE ENTRADA  Mt  3, 16-17.

Apenas se bautizó el Señor, se abrieron los cielos y el Espíritu se posó sobre el como una paloma, y se oyó la voz del Padre que decía: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.

 

ORACION COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que, en el Bautismo de Cristo en el Jordán, quisiste revelar solemnemente que él era tu Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo, concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, perseverar siempre en tu benevolencia. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7

Así dice el Señor: “Miren a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña resquebrajada no la quebrará, ni apagará la mecha que apenas arde. 

Promoverá fielmente el derecho, y no se debilitará ni se cansará, hasta implantarlo en la tierra, los pueblos lejanos anhelan su enseñanza. Yo, el Señor, te he llamado según mi plan salvador, te he cogido de la mano, te he formado y te he hecho mediador de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y del calabozo a los que habitan las tinieblas”.

 

SALMO RESPONSORIAL (28)

 

El Señor bendice a su pueblo con la paz.

 

Hijos de Dios, aclamen al Señor, aclaman la gloria del nombre del Señor, póstrense ante el Señor en el atrio sagrado. R.

 

La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica. R.

 

El Dios de la gloria ha tronado. En su templo un grito unánime: “¡Gloria!”. El Señor se sienta por encima del aguacero, el Señor se sienta como rey eterno. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 34-38.

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: “Ahora comprendo que Dios no hace distinciones, acepta al que lo honra y obra rectamente, sea de la nación que  sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la paz que traería Jesucristo, el   Señor de todos.

Ustedes saben lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, comenzando por Galilea. Me refiero a Jesús de Nazareth, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

 

ACLAMACION ANTES DEL  EVANGELIO Mc 9, 7                   

Aleluya. Se abrió el cielo, y se oyó la voz del Padre: “Este es mi hijo amado, escúchenlo”. Aleluya.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 3, 15-16. 21-22.

En aquel tiempo el pueblo estaba a la expectativa, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: “Yo les bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias.

Él les bautizará con Espíritu Santo y fuego”. Un día, cuando se bautizaba mucha gente, Jesús  también se bautizó.

Y mientras oraban, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma y vino una voz del cielo; “Tú eres mi Hijo, el amado” el predilecto”.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

 Hermanos, ha aparecido la gracia salvadora de Dios; por eso podemos orar con confianza. Digamos: “Escucha, Señor, nuestra oración.

 

1.- Por el Papa Francisco y todos nuestros pastores: para que, mediante el sacramento del bautismo, engendren nuevos hijos a la vida de la gracia. Oremos. R.

 

2.- Para que, imitando a Jesús, todos los bautizados en su nombre vivamos como hijos de Dios y hermanos entre nosotros. Oremos. R.

 

3.- Para que la Gracia salvadora de Dios nos ayude a llevar una vida acorde con el evangelio. Oremos. R.

 

4.- Para que los bautizados no pactemos nunca con la mediocridad, la injusticia y la división. Oremos. R.

5.- Para que los cristianos seamos testigo de esperanza en este tiempo de pandemia y sufrimiento. Oremos. R.

 

6.- Para que la comunión con Jesús, el Hijo amado del Padre, nos haga vivir en el amor sincero. Oremos. R.

 

Escucha, Padre, nuestras oraciones, derrama sobre nosotros tu Espíritu Santo y por Jesucristo, tu Hijo predilecto, concédenos bendecirte, alabarte y glorificarte por ser nuestro Dios y Señor. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe Señor, los dones que te presentamos en este día en que manifestaste a tu Hijo predilecto, y haz que estas ofrendas de tu pueblo se conviertan en aquel sacrificio con el que Cristo purificó el pecado del mundo. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNION    Jn 1, 32.34

Ese es de quien decía Juan: “Yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Alimentados con estos dones santos te pedimos Señor, humildemente que escuchemos con fe la palabra de tu Hijo para que podamos llamarnos, y ser en verdad, hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 10: Cant 8, 6-7; Sal 148;  Lc 10, 38-42.

Martes 11: Sam 1, 9-20; 1S 2, 1.4-8; Mc 1, 21-28.

Miércoles 12: Sam 3, 1-10.19-20; Sal 39; Mc 1, 29-39.

Jueves 13: Sam 4, 1-11;  Sal 43; Mc 1, 40-45.

Viernes 14: Sam 8, 4-7.10-22a; Sal 88; Mc 2, 1-12.

Sábado 15: Sam 9, 1-4.17-19; 10, 1ª; Sal 20; Mc 2, 13-17.

Domingo 16:  Is 62, 1-5; Sal 95; 1Cor 12, 4-11;  Jn 2, 1-11.

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Lc 3, 15-16.21-22

Par.: Mt 3, 13-17  Mc 1, 9-11

 

1. J/ORACION

Jesús es bautizado exactamente lo mismo que lo ha sido el pueblo anteriormente. Jesús participa del gesto del pueblo, aceptando un "bautismo de conversión para el perdón de los pecados" (v.3).

El gesto de Jesús es sorprendente: le sitúa entre los pecadores.

Semejante gesto, difícil de entender para algunos cristianos, no pudo ser inventado por unos cristianos más propensos a subrayar el carácter único de Jesús que su participación en el común destino de los hombres. Los escritos del Nuevo Testamento se ocuparán de atestiguar la verdad de dos afirmaciones que una mirada demasiado rápida juzgaría contradictorias: Jesús participó totalmente en el destino de la humanidad pecadora, pero Jesús no participó en modo alguno en el pecado humano. Es bien conocida la frase de la carta a lo Hebreos, que expresa categóricamente: "pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado" (Hb/04/15). En nuestro evangelio, Lucas presenta a Jesús como miembro, por completo, de la humanidad pecadora, inmediatamente antes de hacer oír la "voz del cielo" que afirma el carácter particular de Jesús, “Hijo engendrado hoy".

Lucas es el único en decir que Jesús durante su bautismo está "en oración". Jesús ora antes de que el Espíritu Santo "descienda sobre él" y antes de que le sea claramente dicha la frase que define su misión y, más que su misión, su misterio personal. La intención de Lucas al relacionar oración y don del Espíritu, por una parte, y oración y una mejor comprensión de la vocación cristiana y apostólica, por otra, aparece muy claramente en el libro de los Hechos. Citemos sólo dos pasajes: en el momento en que la comunidad apostólica se encuentra en oración recibe el don del Espíritu: "Mientras oraban... todos quedaron llenos del Espíritu Santo" (4,31); y es durante una celebración cuando la comunidad de Antioquía comprende su deber de enviar en misión a Bernabé y a Saulo: "Mientras celebraban el culto del Señor... dijo el Espíritu Santo: Separadme ya a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado" (13,2).

De hecho, lo divino se comunica a Jesús; primeramente, a través del don del Espíritu. La insistencia de Lucas en el carácter visible -"en forma corporal"- , y sin embargo indefinible -"como una palabra" (ver los tímidos "como" de Ezequiel, cap. 1, queriendo describir una experiencia indescriptible con la ayuda de palabras aproximadas)-, tiende probablemente a afirmar que la presencia del Espíritu de Dios no podía escapar a quienquiera que mirase a Jesús con una mirada libre (ver en 11,14-20 la crítica a quienes no saben ver en Jesús más que el espíritu del mal y explicar sus gestos por tal espíritu).

Así, desde el Bautismo, Jesús recibe el Espíritu con vistas a su entronización real. Los Hechos prefieren reservar la recepción del Espíritu para el momento de la exaltación, el momento en que Jesús fue "constituido Cristo" (2,33.36). Nuestro evangelio hace que esta efusión (que, por otra parte, no es enteramente la misma) y esta entronización mesiánica se remonten al momento del bautismo. A partir de ese momento se realiza la promesa hecha por el ángel a María: "Será llamado Hijo... El Señor le dará el trono". A partir de ese momento es eficaz el Espíritu en Jesús: inmediatamente le penetra, le "llena" y le "conduce" a través del desierto. Jesús, por su parte, no dejará de proclamar muy pronto la presencia eficaz del Espíritu de Dios: "El Espíritu del Señor está sobre mí... Esta Escritura que acabáis de oír, se ha cumplido hoy" (4,18.21).

Otra señal de una relación nueva establecida entre Dios y los hombres en tanto "se abre" el cielo, es la frase dirigida a Jesús: "Tú eres...". El solo hecho de que se le diga a un hombre una palabra celeste traduce las buenas relaciones que se instauran entre los dos mundos. Tales palabras son debidas a la mediación de aquel que es llamado "hijo" mesiánico. En el Antiguo Testamento, el Ungido del Señor conversa con Dios de forma privilegiada. Dios habla a Salomón en el Templo (1 Re 3,4-15) y Salomón se dirige a él en un lugar semejante (1 Re 8,22-53), "El me llama y yo le respondo", dice el Señor en un salmo (91,15) en el que algunos encuentran la expresión de la realidad mesiánica.

La palabra divina dirigida a este miembro del pueblo, que ha venido para hacerse bautizar, es tanto más significativa de las buenas disposiciones de Dios para con los hombres cuanto que deja oír, por una parte, que en Jesús los hombres van a conducirse de manera filial con respecto a Dios, y , por otra, que a causa de Jesús, Dios adoptará una actitud paterna con respecto a los hombres. "Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo", dice Dios del descendiente de David, prototipo de todos los "ungidos del Señor", prototipo de todos los miembros del pueblo de Dios unidos al Señor por su Mesías.

 


 

2. UTOPIA/ORACION:

Texto. Empieza recogiendo el impacto producido en la gente por el profeta Juan. Lucas habla de impacto mesiánico, es decir, la posibilidad de hablarnos ante el Mesías, el enviado por Dios para llevar a cabo la restauración de Israel y manifestar el triunfo del poder y de la soberanía de Dios.

El profeta disipa dudas hablando de uno más poderoso que él, ante quien él no tendrá ningún derecho. La imagen empleada para expresar esto, desatar la correa de las sandalias, no está tomada del mundo de los esclavos, sino de la tradición jurídica judía. Desatar a uno la correa del calzado significaba privarle de sus derechos. El poderío del que viene lo formula Juan con las imágenes del Espíritu y del fuego, en clara alusión al capítulo 3 del profeta Joel, fantasía de liberación y de final de desgracias.

Asociado a la gran reacción popular provocada por el profeta Juan, aparece Jesús. Sin embargo, Lucas no carga el acento sobre el bautismo. Este parece ser sólo la ocasión que propicia lo que para Lucas es verdaderamente importante: apertura del cielo, descenso del Espíritu Santo y voz del Padre. Todo esto tienen lugar mientras Jesús oraba, sin especificar el contenido de la oración.

En esta oración se halla probablemente la clave para comprender el significado del texto. Todo judío oraba diariamente a Dios pidiéndole la venida del Mesías. Esta es la petición que parece presuponer también Lucas en la oración de Jesús. No se trata, pues, de una oración particular en beneficio propio, sino de la oración pidiendo a Dios la venida del mesías que lleve a cabo la restauración de Israel y manifieste el triunfo del poder y de la soberanía de Dios en beneficio de todo el Pueblo.

Pues bien, nos dice Lucas, el Mesías está ahí: es Jesús. ¿Cómo nos lo dice? Sirviéndose de la apertura del cielo, la bajada del Espíritu en forma de paloma y la voz del Padre: imágenes que en la literatura profética y apocalíptica guardan relación con el día del Señor y la venida del Mesías. Lo que el profeta Juan decía que él no era, eso es Jesús. Estamos, pues, ante el Mesías, ante quien va a llevar a cabo la restauración del pueblo de Dios y va a manifestar el triunfo del poder y de la soberanía de Dios.

Las palabras finales del Padre, sin embargo, quitan a esta restauración y a este triunfo cualquier resabio triunfalista. En las palabras "mi predilecto" hay que ver probablemente una alusión a Isaías 42, 1, la frase inicial del primer canto del Siervo, con toda su carga evocadora de dificultades y sufrimientos (ver primera lectura).

En resumen: el texto disipa toda posible duda sobre quién es el Mesías, identificando a éste con Jesús, pues entramos en los nuevos tiempos, que paradójicamente se anuncian arriesgados.

Comentario. Poco tiene que ver el texto con una temática bautismal. Si, no obstante, se considera oportuno hablar del bautismo, hágase saber que ello no obedece a razones textuales.

Más en consonancia con estas razones es la línea litúrgica oriental que habla de Epifanía de Jesús.

Decir que Jesús es el Mesías significa relacionar a Jesús con la utopía. Parece que no corren buenos tiempos para esta temática y para esta realidad. Tendremos, pues, que hacer un sobreesfuerzo para recuperarlas. De lo contrario renunciamos a algo esencial, pues renunciamos a lo que el Padre quiere enviando a su Hijo.

Rasgo característico de Lucas es su insistencia en la oración. La comunicación con Dios como clima en el que desarrollar la vida.

La búsqueda de la utopía contando con Dios. El texto de hoy es una primera invitación a cambiar una práctica de la comunicación con Dios basada en la búsqueda del beneficio propio, sea éste espiritual o material. Lucas nos invita a concebir y practicar la oración como búsqueda de la utopía, es decir, del beneficio y de la prosperidad de todos.

ALBERTO BENITO - DABAR 1989, 8

 


 

3. ES/JUICIO 

Lucas, a diferencia de Mateo y Marcos, toca el tema del bautismo sólo de paso y para poner de relieve la teofanía. Los rasgos peculiares de Lucas son: -la oración de Jesús, un tema característico de Lucas (cfr. 5,16; 6,12; 9,18.28-29; 11,1); -la forma corpórea de la paloma. El evangelista quiere, con esta forma de representar la manifestación de Dios, dar una respuesta perceptible a la oración de Jesús.

El Bautista rechaza toda dignidad mesiánica, pero deja muy clara su relación personal con el Mesías. Su persona, actividad, su vida, sólo se comprenden a la luz de Jesús. ¿Cuál es la relación entre el bautismo de agua y bautizar con Espíritu? Bautizar con Espíritu es una forma figurada de proclamar que la efusión del Espíritu Santo por medio del Mesías es el primer don de la época de la salvación y del reino. El Espíritu es el don por excelencia del Mesías.

Pero la presencia del Espíritu, como don de salvación, opera siempre un juicio. Aquí el fuego no es símbolo de la acción purificadora del Espíritu, sino del juicio, como muestra claramente el versículo siguiente. La actitud con que cada uno se prepara para recibir al que viene y la actitud que toma frente a él, hace que el bautismo sea con Espíritu o con fuego.

Lucas se esfuerza por clarificar el mensaje de Jesús. El descenso, el aletear, del Espíritu en forma de paloma parece aludir al inicio del mundo (Gn/01/02). Allí el espíritu aleteaba sobre las aguas para iniciar el orden cósmico. Con su descenso sobre Jesús el Espíritu inicia una nueva creación.

PERE FRANQUESA - MISA DOMINICAL 1986, 2

 


 

4.- "El os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego". Los sacramentos de la Iglesia (el sacramento del bautismo, la eucaristía), no son sólo unos ritos externos, con su simbolismo más o menos rico, acompañados de nuestra plegaria personal y comunitaria, de nuestros deseos, propósitos o compromisos. Con el agua, el celebrante, la comunidad reunida y nosotros mismos, hay siempre -¡y sobre todo!- "el que puede más que yo". Aquel sobre el cual bajó el Espíritu Santo nos bautiza a nosotros "con el Espíritu Santo y con fuego". La acción de los sacramentos penetra hasta el fondo de nuestro ser como un fuego purificador, transforma íntimamente como sólo el Espíritu de Dios puede hacerlo. También nosotros, pues, según nuestra capacidad, tenemos el cielo abierto, también sobre nosotros desciende el Espíritu Santo, también escuchamos la voz del Padre que nos dice: "Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto".

JOSEP M. TOTOSAUS - MISA DOMINICAL 1986, 2

 


 

5.- Según una interpretación moralizante y legalista, el bautismo de Jesús sería sólo un ejemplo de humildad, o de sumisión a los ritos eclesiales. La importancia que los cuatro evangelios le atribuyen (el bautismo en sí, o a lo que tuvo lugar en aquella ocasión) significa que es bastante más. Los episodios evangélicos que ofrecen alguna dificultad teológica son precisamente los que mayores garantías tienen de autenticidad: éste es el caso del bautismo de Jesús por Juan. Mateo obvia la dificultad que este hecho implicaba para la dignidad mesiánica mediante un diálogo entre el Mesías y su precursor, en el que este último reconoce su inferioridad. Lucas pasa rápidamente por encima del hecho concreto del bautismo de Jesús, sin mencionar quien lo bautizó y, por lo que dice en los dos versículos anteriores (19-20), el lector desprevenido pensaría que el Bautista ya está en prisión.

Como nuestro leccionario se salta estos versículos, pasamos del anuncio que hace el Bautista del que ha de venir a bautizar con Espíritu Santo y fuego (vv. 15-16) a la teofanía del Jordán.

Es característico de Lc, que siempre insiste en la oración, indicar que la manifestación divina tiene lugar mientras Jesús oraba (v. 21): hay que pedir insistentemente el Espíritu (cf. 11. 13: "...cuanto más vuestro Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan"). La oración de Jesús en el Jordán es una epíclesis, como la que los apóstoles deberán pronunciar para pedir que el Espíritu descienda sobre los creyentes, los cuales, también, será necesario que lo pidan y crean que el Padre se lo concederá por medio de Jesucristo. Es la antigua plegaria del final del libro de Isaías: "¿Donde está el que hizo salir del agua al pastor de su rebaño? ¿Dónde está el que puso en medio de ellos a su Espíritu Santo? ... ¡Ojalá rompieras los cielos y bajases!" (Is 63, 9-12).

La voz del Padre y una visión sensible del Espíritu dan testimonio de que Jesús de Nazaret es el Hijo amado, objeto de la predilección del Padre (cf. la 1. lectura). Lucas lo subraya con una adición propia: la cita del salmo 2, 7, "tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy". La traducción oficial castellana sigue un texto ligeramente distinto, en el que, a pesar de que la referencia al salmo 2 es evidente, no es tan literal: no aparece el hoy del salmo, que algunos autores, siguiendo otros manuscritos, creen que debe retenerse en el texto de Lucas. Este evangelista insiste repetidas veces en el hoy (2, 11; 3, 22; 4, 21; 19, 5.9; 23, 43) como un modo de actualizar el acontecimiento salvífico para el lector u oyente de su evangelio.

En este pasaje, queda fuera de dudas que Lucas piensa en el bautismo de los cristianos, el hoy en el que cada uno de ellos, tras haber creído y haber orado, se ha sumergido o bautizado en el agua, ha salido de ella y ha recibido la unción sacramental, para, incorporado al Hijo único, tener también a Dios como Padre.

El, el Padre, tiene, en el bautismo de Jesús y en el nuestro, el principal papel.

HILARI RAGUER - MISA DOMINICAL 1977

 


 

6. JBTA/BAUTISMO:

El texto que comentamos está formado por dos relatos diferentes: a) el primero (3, 15-16) precisa la diferencia que existe entre el bautismo de Juan (con agua) y el de Cristo ( en el espíritu). b) El segundo (3, 21-22) desvela toda la profundidad del bautismo de Jesús tal como se vive dentro de la iglesia.

El bautismo de Juan se mueve en la línea de los ritos de purificación del judaísmo de aquel tiempo: invita a los hombres a la renovación total de su existencia y les mantiene en la esperanza del juicio, representado en la irrupción recreadora del Espíritu. La iglesia sabe que la verdad de esa esperanza se ha cumplido ya en Jesús: por eso bautiza a los hombres con Espíritu Santo y con fuego, es decir, les introduce en ámbito del juicio destructor (fuego) y transformante (Espíritu).

Toda la realidad del bautismo que Jesús ofrece a los hombres se encuentra contenida de un modo ejemplar y supremo en su propio bautismo. La antigua tradición refiere que Jesús recibió el bautismo que impartía Juan (cfr Mc 1,9) y añade que en este momento se vino a desvelar su cometido de enviado apocalíptico de Dios: el cielo se abrió, vino el Espíritu y Dios le proclamó su siervo, hijo o enviado ( cfr Mc 1, 10-11). El evangelio de Lucas (3, 21-22) remodela el sentido de esos datos. Ya no le importa Juan y puede prescindir de su figura. La abertura del cielo no es signo del final del tiempo, sino un medio necesario para que el Espíritu descienda. Todo se ha centrado en ese Espíritu y en la voz del cielo (Padre) que proclama a Jesús como su hijo. Aquí se centra la base y el sentido del bautismo de la iglesia.

El bautismo constituye antes que nada una revelación o epifanía de Dios en Jesucristo. Jesús se manifiesta desde entonces como el "Hijo". Esto no quiere decir que antes no lo fuera; simplemente afirma que en el fondo de la vida de Jesús hay un misterio que sólo se comprende a través de Dios y de su Espíritu.

Dios es desde ahora aquel que se ha venido a manifestar en Jesús como su "hijo". Dios adopta a Jesús, como adoptaba a los reyes de Israel en el momento de su coronación, constituyéndoles representantes suyos ante el mundo. Los reyes recibían su función al ser ungidos con aceite. Jesús, al recibir toda la fuerza de Dios, que es el Espíritu; por eso se le llama ungido (mesías).

Pero Jesús no es un ungido más entre los otros. Jesús ha recibido toda la presencia del Espíritu y, por eso, es de verdad "el Hijo", es decir, aquél a quien Dios escoge de una forma definitiva, aquél a quien Dios escoge de una forma definitiva, aquél en quien Dios se ha hecho presente de manera insuperable. Por eso, Jesús no es simplemente un hijo de los hombres al que Dios por su bondad acoge y ama. Jesús proviene desde el fondo del misterio de Dios como su "Hijo": su expresión y su presencia, su enviado.

El misterio de Jesús implica según eso dos vertientes: a)por un lado es el Mesías (el ungido), porque tiene la fuerza del Espíritu y realiza su obra entre los hombres (les introduce en la urgencia escatológica del juicio); b) por otro es Hijo, porque se halla cerca de su Padre, ha recibido su palabra creadora (tú eres mi Hijo) y le hace presente sobre el mundo.

De todo esto debemos sacar dos conclusiones: a)la primera pertenece al campo de la fe: somos cristianos los que en el fondo de Jesús descubrimos el amor del Padre que le envía y la fuerza del Espíritu que actúa por medio de su obra; b)la segunda nos introduce en la práctica: aceptar el bautismo de Jesús (3,16) significa recibir su "Espíritu" (de gracia y exigencia) como la verdad definitiva, el juicio de Dios sobre la historia. Y no olvidemos que a esto se llega a través del bautismo de conversión que Juan ha proclamado un día en medio de su pueblo.

COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT - EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1251 ss.

 


 

7.- Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo

Después de la preparación que Juan ha llevado a cabo (cf. domingos 2 y 3 de Adviento), Jesús aparece en público y tiene lugar la manifestación divina que marca el inicio de su misión.

La primera parte del evangelio de hoy presenta el contraste entre Juan y Jesús, que Lucas quiere resaltar especialmente por las confusiones que seguramente se daban en su ambiente.

Juan, con su bautismo de agua, hace solamente un acto simbólico de voluntad de purificación. Jesús, en cambio, aparece con las características del enviado de Dios para los últimos tiempos: es "poderoso" y realizará la transformación definitiva esperada, la irrupción de Dios "con Espíritu Santo y fuego".

La segunda parte presenta a Jesús en el Jordán, el lugar adonde se dirige el pueblo deseoso de purificación. Lucas dice casi de pasada que Jesús es bautizado, y se centra en la teofanía que tiene lugar a continuación. La escena ocurre en la oración, es una experiencia de relación intensa con Dios, como a Lucas le gusta subrayar a menudo. Y la experiencia es explicada recurriendo a referencias del AT: el cielo se abre para que Dios baje y dé cumplimiento al anhelo manifestado en Is 45,8 y 63,19; el Espíritu baja sobre Jesús evocando a Is 61,1 y también las promesas del fin de los tiempos; y lo hace en forma de paloma, revoloteando sobre las aguas del mismo modo que en la creación, para señalar que se inicia una nueva creación. Finalmente, las palabras que se oyen son el inicio del primer cántico del siervo de Yahvé (Is 42,1-7): Jesús es este siervo, y a él se aplica con propiedad el nombre de Hijo amado; él, como dice el cántico, será alianza del pueblo, luz de las naciones, para devolver la vista a los ojos que han quedado ciegos...

Lucas empezará su segundo libro, los Hechos de los apóstoles, con otra escena como ésta, pero que tiene como destinatarios a todos los creyentes: Pentecostés.

JOSEP LLIGADAS - MISA DOMINICAL 1995, 1

 


 

8.- Un padre debe decir a su hijo que le quiere, sugiere el predicador del Papa
Comenta el Evangelio de la fiesta del Bautismo del Señor. ROMA, viernes, 7 enero 2005 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, al Evangelio de la liturgia del próximo domingo, 9 de enero (Mt 3,13-17), fiesta del Bautismo del Señor.

Cuando se escribe la vida de los grandes artistas y poetas, siempre se intenta descubrir la persona (en general la mujer) que ha sido, para el genio, la fuente de inspiración, la musa frecuentemente escondida. También en la vida de Cristo hallamos un amor secreto que ha sido el motivo inspirador de todo lo que hizo: su amor por el Padre celestial. Ahora, con ocasión del Bautismo en el Jordán, descubrimos que este amor es recíproco. El Padre proclama a Jesús su «Hijo predilecto» y le manifiesta toda su complacencia enviando sobre él el Espíritu Santo, que es su mismo amor personificado. 
Según la Escritura, como la relación hombre-mujer tiene su modelo en la relación Cristo-Iglesia, así la relación padre-hijo tiene su modelo en la relación entre Dios Padre y su Hijo Jesús. De Dios padre «toda paternidad en los cielos y en la tierra toma nombre» (Ef 3,15), esto es, saca existencia, sentido y valor. Es una ocasión para reflexionar sobre este delicado tema. Quién sabe por qué la literatura, el arte, el espectáculo, la publicidad explotan una sola relación humana: la de fondo sexual entre el hombre y la mujer, entre el marido y la esposa. Dejamos en cambio casi del todo inexplorada otra relación humana igualmente universal y vital, otra de las grandes fuentes de gozo de la vida: la relación padres-hijos, la alegría de la paternidad. 

Igual que el cáncer ataca habitualmente los órganos más delicados en el hombre y en la mujer, así el poder destructor del pecado y del mal ataca los ganglios más vitales de la existencia humana. No hay nada que sea sometido al abuso, a la explotación y a la violencia como la relación hombre-mujer, y no hay nada que esté tan expuesto a la deformación como la relación padre-hijo: autoritarismo, paternalismo, rebelión, rechazo, incomunicación... El sufrimiento es recíproco. Hay padres cuyo sufrimiento más profundo en la vida es ser rechazados o directamente despreciados por los hijos, por los cuales han hecho cuanto han podido. Y hay hijos cuyo más profundo y no confesado sufrimiento es sentirse incomprendidos o rechazados por el padre, y que en un momento de irritación, tal vez han oído decir del propio padre: «¡Tú no eres mi hijo!». ¿Qué hacer? Ante todo creer. Reencontrar la confianza en la paternidad. Pedir a Dios el don de saber ser padre. Después esforzarse también en imitar al Padre celeste.

San Pablo traza así la relación padres-hijos: «Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios en el Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que se desanimen» (Col 3,20-21). A los hijos recomienda la obediencia, pero una obediencia filial, no de esclavos o de militares; a los padres que «no exasperen» a los hijos; esto es, en sentido positivo, tener paciencia, comprensión, no exigir todo inmediatamente, saber esperar a que los hijos maduren, saber disculpar sus errores. Se trata de no desalentar con continuos reproches y observaciones negativas, sino más bien animar cada pequeño esfuerzo. Comunicar sentido de libertad, de protección, de confianza en sí mismos, de seguridad. 

Como hace Dios, que dice querer ser siempre para nosotros una «roca de defensa» y una «ayuda siempre cercada en las angustias» (Sal 46). No tengáis miedo de imitar alguna vez, a la letra, a Dios Padre y de decir al propio hijo o hija: «¡Tú eres mi hijo amado! ¡Tú eres mi hija amada! ¡Estoy orgulloso de ti, de ser tu padre!». Si sale del corazón en el momento adecuado, esta palabra hace milagros, da alas al corazón del chaval o de la joven. Y para el padre es como generar una segunda vez, más conscientemente, al propio hijo.