ATREVERSE A REPROCHAR
COMENTARIO
Hay pocas personas que sean capaces de hacer lo que Jesús nos pide: Si tu hermano peca, ve y házselo saber, a solas entre los dos. Se habla mucho, pero a espaldas de la gente. Mira esa muchacha, ¿te has enterado?... ¡qué mala suerte!. O bien se enfrenta uno con el otro, se le echa en cara su conducta, se le grita, se le dicen cuatro verdades. Jesús nos pide que seamos prudentes y cariñosos: Hazle saber su falta, repréndele mansamente y a solas. Si te hace caso, lo habrás ganado. Ganarlo. Para comprender bien esta palabra, hay que pensar en el grito del padre del hijo pródigo. ¡Mi hijo estaba perdido y lo he vuelto a encontrar!. Cuando se habla a un culpable con estos sentimientos, hay algunas oportunidades de ganarlo. ¡Ganarlo!, ¡No conquistarlo a la fuerza!. Con frecuencia reprochamos a los demás sus defectos, pero quizás no hayamos demostrado nunca que se trata en ese caso de un acto evangélico, que exige por consiguiente un corazón evangélico.
¿Qué es lo que hormiguea en mi corazón en el momento
en que me dispongo a reprocharle algo a alguien? El interpretado descubrirá muy
pronto ese terrible gusto de humillar del que pocos corregidores se libran. O,
bien si ponemos el orden y nuestro honor por encima de todo, nos costará mucho
dominar nuestra cólera ¡Ya ves en qué situación nos has puesto! ¿Te imaginas lo
que la gente va a pensar de nosotros?. Generalmente la reacción del otro es:
¡Es asunto mío!.
Encontraremos el tono para decirles: Es también
problema mío. Yo no puedo quedarme indiferente. Perdona mi falta de acierto y
escucha solamente la preocupación que siento por ti, porque te quiero. Jesús
nos pide que permanezcamos en el amor, aunque sea muy difícil; si, no ¿qué es
lo que nos quiere decir amar?. Quizás tengamos que encajar cosas muy duras. Lo
dicen todos los padres y responsables: ahora, apenas se atreve uno a hacer
algunas advertencias, enseguida lo atacan: Mucho hablar y mucho predicar, pero
¿prácticas tú acaso tu moral? Podría intentarse la humorada (si se puede):
Tienes razón, yo veo tu paja y no viga en el ojo. Pero hablaremos ahora de tu
paja.
Las
advertencias se reciben muy mal y tenemos tantas necesidades de un poco de paz
que nos entrará la tentación de evitar ese deber tan desagradable. A no ser que
seamos malgeniados de nacimiento, ¡eso sería otra cuestión! De ordinario, nos
dejamos llevar, pero el deseo de tranquilidad a toda costa no es ciertamente
evangélico. ¡Cuántas veces una palabra inteligente, tranquila y cariñosa, había
a su alrededor amigos que veían claro y que se lamentaban, sin atreverse a dar
el paso: Sería conveniente hablar con él...
Pues
bien, háblale tú. Déjate impulsar por Jesús que te dice: Procura ganarlo.
R.P. Roland Vicente Castro Juárez
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal
118, 137.124
Señor, tú
eres justo, tus mandamientos son rectos. Trata con misericordia a tu siervo.
ORACIÓN COLECTA
Oh,
Dios, por ti nos ha venido la redención y se nos ofrece la adopción filial;
mira con bondad a los hijos de tu amor, para que cuantos creemos en Cristo
alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor
Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura
de la profecía de Ezequiel 33, 7-9
Esto dice
el Señor: «A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de
Israel; cuando escuches una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte. Si
yo digo al malvado: "Malvado, eres reo de muerte", pero tú no hablas
para advertir al malvado que cambie de conducta, él es un malvado y morirá por
su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. Pero si tú adviertes al
malvado que cambie de conducta, y no lo hace, él morirá por su culpa, pero tú
habrás salvado la vida».
SALMO RESPONSORIAL (Sal 94, 1-2.6-9)
Ojalá
escuchen hoy la voz del Señor: “No endurezcan su corazón”.
Vengan,
aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su
presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R.
Entren,
postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque Él es
nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que Él guía. R.
Ojalá
escuchen hoy su voz: «No endurezcan el corazón como en Meribá, como el día de
Masá en el desierto; cuando sus padres me pusieron a prueba y me tentaron,
aunque habían visto mis obras». R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13,
8-10
Hermanos. A
nadie le deban nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el
resto de la ley. De hecho, el “no cometerás adulterio, no matarás, no robarás,
no codiciarás”, y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto: “Amarás
a tu prójimo como a ti mismo”. El amor no hace mal a su prójimo; por eso la
plenitud de la ley es el amor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO 2 Co 5, 19ac
Aleluya. Dios estaba en Cristo reconciliando al
mundo consigo, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación. Aleluya.
SANTO EVANGELIO
Lectura
del santo Evangelio según san Mateo 18, 15-20
En aquel
tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca contra ti, repréndelo
estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te
hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado
por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y
si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un
publicano. En verdad les digo que todo lo que aten en la tierra quedará atado
en los cielos, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en los
cielos. Les digo, además, que, si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la
tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque
donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
ORACIÓN UNIVERSAL
Confiando
en la promesa de Cristo: «Si dos se ponen de acuerdo para pedir algo, se lo
dará mi Padre del cielo», oremos confiadamente:
1.- Por la
Iglesia, para que sea un lugar de reconciliación, manifestando así al mundo el
perdón de Dios. Roguemos al Señor.
2.- Por
cuantos ejercen cargos de responsabilidad a todos los niveles en la Iglesia, en
la sociedad civil, en la familia, para que sepan aceptar la crítica
constructiva, reconociendo los propios defectos. Roguemos al Señor.
3.- Por los
que sufren enfermedades graves, para que reciban de Dios la sanación, si es su
voluntad, y la fortaleza para que no se desanimen ante las dificultades y vivan
en la esperanza de los bienes eternos. Roguemos al Señor.
4.- Por
todos nosotros, para que hagamos vida el mensaje del amor que la Palabra de
Dios nos ha transmitido este día y aprendamos a amarnos, corrigiéndonos
fraternalmente. Roguemos al Señor.
Señor,
Dios nuestro, Tú corriges poco a poco a los que caen, y a los que pecan les
recuerdas su pecado, para que se conviertan y crean en ti; enséñanos a amarnos
y escucha nuestras súplicas. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Oh,
Dios, autor de la piedad sincera y de la paz, te pedimos que con esta ofrenda
veneremos dignamente tu grandeza y nuestra unión se haga más fuerte por la
participación en este sagrado misterio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTIFONA DE COMUNIÓN Jn 8, 12
Yo soy la
luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz
de la vida, dice el Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Concede,
Señor, a tus fieles, alimentados con tu Palabra y vivificados con el sacramento
del cielo, beneficiarse de los dones de tu Hijo amado, de tal manera que
merezcamos participar siempre de su vida. Él, que vive y reina por los siglos
de los siglos.
PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes 07: 1Co 5, 1-8; Sal 5, 5-6.
7. 12; Lc 6, 6-11
Martes 08: Mi 5 1-4ª;(o bien Rm 8,
28-30); Sal 12, 6; Mt 1, 1-16.18-23
Miércoles 09: 1Co 7,
25-31; Sal 44, 11-12. 14-15. 16-17; Lc 6, 20-26
Jueves 10: 1Co
8, 1b-7.11-13; Sal 138, 1-3. 13-14ab.23-24; Lc 6, 27-38
Viernes 11: 1Co
9, 16-19. 22b-27; Sal 83, 3.4. 5-6. 12; Lc 6, 39-42
Sábado 12: 1Co
10, 14-22; Sal 115, 12-13. 17-18; Lc 6, 43-49
Domingo 13: Eclo
27, 33-28, 9; Sal 102, 1bc-2. 3-4. 9-10. 11-12; Rm 14, 7-9; Mt 18, 21-35
COMENTARIOS AL
EVANGELIO
Mt 18, 15-20
1.- Texto. Mateo aborda en él un nuevo aspecto en
la dinámica de la vida de los discípulos. Es la primera vez que emplea el
término "hermano" para designar la relación existente entre los
miembros de la comunidad de discípulos de Jesús. El pecado a que se refiere la
condicional "si tu hermano peca" es, con bastante probabilidad, la
ofensa o perjuicio de un hermano a otro.
Los tres versículos iniciales presentan tres
maneras o caminos de ganar al hermano. Detrás de los dos primeros son
perfectamente reconocibles procedimientos habituales entre los judíos y
sancionados por los propios libros sagrados. Para la reprensión privada ver
Lev. 19,17; para la reprensión en presencia de dos o tres testigos ver Deut.
19, 15.
Los procedimientos reseñados en estos tres últimos
versículos son considerados habitualmente como corrección fraterna. Y
ciertamente lo son, aunque son también mucho más por ir seguidos del v. 18,
cuyas palabras expresan y significan el poder de perdonar los pecados:
"Todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que
desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo". Estas palabras se
refieren al conjunto de los procedimientos anteriores, confiriendo a éstos la
condición de actos y gestos de perdón con valor ante Dios.
Quedan, por último, los versículos finales 19-20.
Corren el riesgo de ser leídos e interpretados como si no guardaran relación
alguna con lo anterior. La propia traducción no ayuda a percibir la relación.
"Os aseguro además" invita a pensar en un añadido distinto, cuando en
realidad el texto griego expresa repetición: "Os repito: si dos de
vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre
del cielo". Los versículos finales reiteran con otras palabras la
correlación de tierra y cielo, hombre y Dios, de la que ha hablado el v. 18. El
ponerse, pues, de acuerdo para pedir algo no tiene en este texto un contenido
indiscriminado; se refiere al acuerdo en materia de perdón. El Padre del cielo
ratifica el perdón otorgado en la tierra por un hermano a otro.
Comentario. Es de todos conocido que el cap. 18 de
Mateo está todo él centrado en el dinamismo que debe caracterizar a las
relaciones de los discípulos de Jesús entre sí. Se trata de un capítulo
genuinamente eclesial. En el texto de hoy este dinamismo recibe el nombre de
perdón. Las ofensas y perjuicios entre hermanos son escándalos que conllevan
pérdida de fraternidad. Esta no se recupera si el ofendido o perjudicado no
gana al ofensor por la vía del perdón.
Perdonar es ganar hermanos. Unirse para perdonar
es tarea cristiana, probablemente la más grata al Padre del cielo. Con la
prudencia y la reserva exigidas por el tema, me atrevo a sugerir la necesidad
de profundizar en las posibilidades que este texto ofrece de cara a una deseada
renovación y revitalización de las formas del sacramento del perdón. A la
vista, a su vez, del texto, estas posibilidades parten y pasan necesariamente
por una recuperación del sentido comunitario, es decir, del sentido de la
fraternidad. Si la vivencia de este sentido no falla o no se da, será difícil
que el orden existente pueda cambiar.
A. BENITO - DABAR 1990/45
Estas palabras de Jesús continúan el tema de la
parábola anterior en la que enseña que es preciso salir en busca de la oveja
perdida aun dejando en el monte las noventa y nueve restantes (v. 12-14). Es el
tema del cuidado por la salvación del prójimo. La corrección fraterna está al
servicio de ese cuidado.
La corrección fraterna debe tener lugar primero en
la intimidad, entre dos personas, con tacto y amorosamente. Si el pecador se
arrepiente, habrá salvado a un hermano para la vida eterna.
Según Dt. 19, 15, un tribunal sólo puede condenar
legítimamente si consta del delito por dos o tres testigos. En el presente
caso, el testimonio debe convencer al culpable de la necesidad de hacer
penitencia. El proceso sigue siendo todavía secreto.
La última instancia es la "iglesia", es
decir, la comunidad de los discípulos de Jesús reunida en un lugar concreto.
Ella tiene poder para expulsar a uno de sus miembros (cf. 1 Cor 5, 1-5) y para
admitirlo cuando se convierta de corazón. "Atar y desatar" tiene el
sentido de expulsar y admitir de nuevo en la comunidad eclesial. Según este
texto, Jesús confiere tal poder a la comunidad de sus discípulos. Claro que la
comunidad eclesial sólo puede actuar por medio de sus legítimos representantes,
de ahí que este mismo poder lo confiera Jesús de un modo especial a Pedro (16,
19). Sin embargo, la comunidad eclesial, todos los discípulos de Jesús debieran
participar más explícitamente en este proceso (cf. 1 Cor 5, 2) de lo que sucede
hoy en la "confesión". Así se vería más claramente que la paz con la
Iglesia es el signo de la paz con Dios, el perdón. La comunidad es siempre
comunión en el Señor, y comienza donde dos se reúnen en su nombre. La presencia
de Jesús en la comunidad hace que la oración eclesial sea escuchada por el
Padre. Por tanto, la misma presencia que confiere ese valor especial a la
oración es también la que da a la comunidad el poder de "atar y desatar".
EUCARISTÍA 1990/42
3.- "Donde dos o tres están reunidos en mi
nombre". He aquí la comunidad creyente: la que se reúne en nombre de
Jesús. Es el ámbito de la presencia de su Señor. De aquí que la palabra que
proclamamos juntos es más que recuerdo, estudio, exhortación: es presencia viva
y activa del Señor. De aquí la fuerza de los sacramentos: ni ritos mágicos, ni
compromisos voluntaristas; es el mismo Señor quien bautiza, es él mismo quien
celebra con nosotros la eucaristía, es él quien ora con nosotros y en nosotros;
o mejor, nosotros oramos "por él, con él y en él". Avivemos nuestra
fe: nos hemos reunido en nombre de Jesús. La Iglesia es siempre más que nuestra
suma.
-"Si tu hermano peca...". No estamos
acostumbrados a la corrección fraterna; más bien nos parece una práctica
ridícula de ciertas congregaciones religiosas. También la palabra
"pecado" ha perdido fuerza para nosotros y queda muy reducida a
determinadas dimensiones individuales. ¿No merecería la pena que
reflexionásemos sobre aquellos comportamientos que son contradictorios con el
seguimiento de Jesucristo?. La Iglesia no es una comunidad de puros, sino de
pecadores; pero es la comunidad de Jesús. Y el seguimiento del Señor no se
aviene con toda clase de comportamientos, que desfiguran su rostro y desvirtúan
a la comunidad. Entre el purismo y el laxismo, debemos encontrar un camino que
cohesione a los que hemos decidido seguir a Jesús, a pesar de las propias
debilidades y de los propios pecados.
-"Todo lo que atéis en la tierra...".
Hace quince días estas palabras se dirigían a Pedro; hoy se dirigen a la
Iglesia. Los vínculos que existen entre nosotros son más que simples lazos
humanos: comprometen al "cielo", porque el "cielo" se ha
comprometido con nosotros. Pero es siempre con temor que podemos proceder a
atar y desatar, a determinar cuál es el pecado que compromete de verdad el
seguimiento en la comunidad de Jesús. La excomunión no es un arma política; ni
tiene porqué ser un residuo o un recuerdo histórico. Pero sí pide una
actualización sobre los "pecados" que cuestionan el rostro público de
la comunidad de los seguidores de Jesús. Y una participación de la Iglesia -es
decir de toda la comunidad reunida- en su determinación.
J. TOTOSAUS - MISA DOMINICAL 1987/17
4.- PERDÓN/TALIÓN:
a) El tema importante de este pasaje es el perdón.
Cristo recuerda su obligatoriedad (vv. 21-23) y al mismo tiempo da poderes para
concederlo (vv. 15-18). La nueva era se caracteriza porque el Señor ofrece al
hombre la posibilidad de liberarse del pecado, no solo triunfando del suyo en
la vida personal, sino también triunfando del de los demás por medio del
perdón.
No será inútil recordar las principales etapas de
la legislación judía que han provocado y autorizado esta ley sobre el perdón.
La sociedad primitiva se manifestaba violentamente contra la falta del
individuo, porque carecía de medios para perdonarle y tan solo podía vengar la
ofensa mediante un castigo ejemplar setenta y siete veces más fuerte que la
misma falta (Gen 4, 24). Se producirá un progreso importante cuando la ley
establezca el talión (Ex 21, 24). El Levítico (Lev 19, 13-17) da un paso más
hacia adelante.
Propiamente hablando no establece la obligación
del perdón (el único caso de perdón en el Antiguo Testamento es: 1 Sam 24 y 1
Sam 26), pero insiste en la solidaridad que une a los hermanos entre sí y les
prohíbe acudir a los procedimientos judiciales para arreglar sus diferencias.
La doctrina de Cristo sobre el perdón señala un progreso decisivo. El Nuevo
Testamento multiplica los ejemplos: Cristo perdona a sus verdugos (Lc 23, 34);
Esteban (Act 7, 59-60), Pablo (1 Cor 4, 12-13) y otros muchos hacen lo mismo.
Generalmente, la exigencia del perdón va ligada a
la inminencia del juicio final: para que Dios nos perdone en ese momento
decisivo es necesario que nosotros perdonemos ya desde ahora a nuestros
hermanos (sentido parcial del v. 35) y que tomemos como medida del perdón la
misma que medía primitivamente la venganza (v. 22; cf. Gén 4, 24). Basado en la
doctrina de la retribución (Mt 6, 14-15; Lc 11, 4; Sant 2, 13), este punto de
vista es todavía muy judío. Pero la doctrina del perdón se orienta
progresivamente hacia un concepto típicamente cristiano; el deber del perdón
nace entonces del hecho de que uno mismo es perdonado por Dios (Mt 18, 23-35;
Col 3, 13). El perdón que se ofrece a los demás no es, pues, tan solo una
exigencia moral; se convierte en el testimonio visible de la reconciliación de
Dios que actúa en cada uno de nosotros (2 Cor 5, 18-20).
El perdón no podía concebirse dentro de una
economía demasiado sensible a la retribución y a la justicia de Dios entendida
como una justicia distributiva. Corresponde a una vida dominada por la
misericordia de Dios y por la justificación del pecador. Eco de esta manera de
concebir las cosas, Mt 18, 15-22 la formula aún a la manera judía. Pero al
menos el evangelista es consciente de que la Iglesia es una comunidad de
salvados que no pueden tener otras intenciones que salvar al pecador. Si no lo
consigue es porque el pecador se endurece y se niega a aceptar el perdón que se
le ofrece (v. 17). La comunidad cristiana se diferencia, pues, de la comunidad
judía en que no juzga al pecador sino perdonándole. Por consiguiente, la
condena solo puede caer sobre él si se niega a vivir en el seno de esa comunidad
acogedora.
b) El cap. 18 de Mateo es de redacción muy tardía.
En él descubrimos a la Iglesia primitiva ocupada en elaborar una disciplina y
en estructurar su vida. Tiene que hacerse a la idea de que el Reino no se
presentará inmediatamente y que tiene que aprender a subsistir hasta su
llegada. Se inspira, probablemente, en las reglas de las comunidades esenias.
Pero estas últimas se consideraban fervientes y condenaban fácilmente al
pecador, siquiera fuese en tercera sustancia: "Que sea para vosotros como
un publicano..." Una comunidad de fervientes se hace pronto sectaria. Por
eso la Iglesia primitiva se preocupa por mantener el diálogo más que por
pronunciar una condenación: mientras el pecador permanezca en la Iglesia,
mientras el "cristiano sociólogo" sea recibido en ella por la
paciencia, el perdón y la oración en común, la Iglesia se verá libre del
sectarismo y su misión estará asegurada.
El pecador no descubre el perdón de Dios si no
toma conciencia de la misericordia de Dios que actúa en la Iglesia y en la
asamblea eucarística. Los miembros de una y otra no viven tan solo una
solidaridad nacional que les obligaría a perdonar tan solo a sus hermanos;
están incorporados a una historia que arrastra a todos los hombres hacia el
juicio de Dios y que no es otra cosa que su perdón ofrecido en el tiempo hasta
su culminación eterna.
MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA
CRISTIANA VII – MAROVA MADRID 1969.Pág. 41.
DOMINGO 23 DEL TIEMPO ORDINARIO
-I-
Consignas para la vida de comunidad
Es
difícil ir edificando una buena comunidad. En tiempos de Cristo y ahora. Jesús,
en su evangelio, da mucha importancia a lo que va a ser su comunidad, por
ejemplo, asegurando que "donde dos o tres estén reunidos en mi nombre,
allí estoy yo", como dice en el evangelio de hoy. Varias veces da a sus
discípulos criterios y consignas para su actuación en comunidad. Hoy les enseña
la pedagogía con que han de ejercer la corrección fraterna, que también es
necesaria en una comunidad (inmediatamente antes de este pasaje que leemos hoy,
Mateo pone la parábola de la oveja descarriada, a la que el pastor va a buscar
y recupera). Aspecto este que prepara la lectura del profeta.
Ezequiel
33, 7-9. Si no hablas al malvado, te pediré
cuenta de su sangre.
Ezequiel
compara a un profeta con el vigía o centinela que guarda la ciudad desde una
torre, para avisar si se acerca algún peligro (hoy son los aparatos de radar
los que detectan la llegada de objetos extraños). Un profeta no sólo
"anuncia" cosas de parte de Dios. También "denuncia" y
reprende a las personas o a todo el pueblo, haciéndole ver las consecuencias
nefastas que puede tener su conducta improcedente. Si no lo hace así, y se
calla en los momentos en que debería dar la alarma (o se inventa el mensaje, en
vez de transmitir el que Dios quiere), de alguna manera se hace responsable del
mal que hace esa persona o ese pueblo, y Dios le pedirá cuentas también a él,
aunque el responsable último sea la persona concreta: "si no hablas al
malvado, te pediré cuenta de su sangre". Porque lo que Dios quiere es la
salvación de todos, también de los malos. Por eso pide al profeta que hable a
tiempo.
El
salmo recuerda la época del desierto, en la larga peregrinación
del pueblo hacia la tierra prometida, cuando Dios tuvo que amonestar y castigar
tantas veces a los israelitas, duros de cerviz, que se desviaban de la Alianza,
continuamente tentados por la idolatría y la moral de los pueblos vecinos. Por
eso la petición del salmo: "ojalá escuchéis hoy la voz del Señor, no
endurezcáis vuestro corazón".
Romanos 13, 8-10. Amar es cumplir
la ley entera.
En
la segunda parte de su carta, la más práctica, Pablo da consejos sobre la
manera como deben vivir los cristianos.
En
el breve pasaje de hoy su mensaje es claro: el amor es la síntesis de toda la
ley. Todos los mandamientos del AT y también los del NT se resumen en el amor a
los demás: "el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la
ley", "amarás a tu prójimo como a ti mismo", "amar es
cumplir la ley entera".
Mateo
18,15-20. Si te hace caso, has salvado a tu
hermano.
No
leemos, naturalmente, todo el evangelio de Mateo en la selección de los
domingos. Del capítulo 18, llamado "discurso comunitario o eclesial",
porque representa una "unidad literaria" en que Mateo reúne
enseñanzas de Jesús referentes a las relaciones mutuas entre los creyentes, hoy
y el domingo próximo escuchamos dos pasajes muy expresivos y de actualidad: el
de hoy sobre la corrección fraterna y el siguiente sobre el perdón.
Pero
además también ofrece afirmaciones sobre la responsabilidad de toda la
comunidad, que "ata y desata", y que "ora en común" y que
es el primer lugar de la presencia del Señor: "donde dos o tres están
reunidos en mi nombre, allí estoy yo".
El amor resume toda la ley
Si
hay algún mensaje que se repita más veces en la Palabra de Dios es este del
amor fraterno. Tanto en el Antiguo Testamento como en las cartas de los
apóstoles como en la enseñanza de Jesús, vamos escuchando una y otra vez el
mandamiento del amor, subrayado pedagógicamente por el ejemplo mismo de Jesús,
que dedica su tiempo y sus mejores energías a ejercer en la práctica ese amor.
Pablo,
hoy en coincidencia de perspectivas con las otras lecturas, también insiste en
lo que es uno de los aspectos principales de sus recomendaciones comunitarias:
el amor. Baste recordar el "himno de la caridad" de 1 Corintios 13.
Para él, el amor resume toda la ley y todos los mandamientos: "el que ama,
tiene cumplido el resto de la ley". Es un eco de la enseñanza de Jesús que
también afirmó que el principal mandamiento es el amor.
Más
aún: para Pablo el amor es una "deuda" que tenemos continuamente con
el hermano y que nunca terminamos de pagar. Es, por tanto, cuestión de justicia,
un deber, una deuda que hay que pagar. La caridad con el hermano no es como
una limosna o algo añadido que realizamos cuando nos sentimos generosos. La
caridad se la "debemos": "a nadie le debáis nada, más que
amor".
El
que el amor al prójimo sea una "deuda", tiene otra consecuencia: si
nos esforzamos por ayudar al hermano, y le curamos, y le damos de comer, y le
enseñamos, y le perdonamos, no podemos decir que hayamos hecho nada
extraordinario: "somos siervos inútiles: hemos hecho lo que teníamos que hacer".
La corrección fraterna
Uno
de los aspectos del amor fraterno que no es fácil de ejercitar, y que por ello
con frecuencia se descuida, es el de la corrección fraterna. Es el que nos
enseña hoy Jesús, como también nos ha adelantado el profeta Ezequiel. La
corrección parece una de las constantes de la pedagogía de Dios ya en el AT.
Jesús corrige a sus discípulos y a Pedro en concreto. Pablo, en alguna ocasión,
tiene que decir palabras fraternas de crítica incluso a Pedro.
Amar
al prójimo no es siempre sinónimo de callar o dejarle que siga por malos
caminos, si en conciencia estamos convencidos de que es este el caso. Amar al
hermano no sólo es acogerle o ayudarle en su necesidad o tolerar sus faltas:
también, a veces, es saberle decir una palabra de amonestación y corrección
para que no empeore en alguno de sus caminos. Al que corre peligro de
extraviarse, o ya se ha extraviado, no se le puede dejar solo. Si tu hermano
peca, no dejes de amarle: ayúdale.
No
se niega que la responsabilidad es de cada persona. Ya al profeta se le dice
que amoneste al pecador: "si no cambia de conducta, él morirá por su
culpa". Pero los hermanos deben asumir su parte de responsabilidad en la
suerte de cada uno. Un centinela tiene que avisar. Un esposo o una esposa deben
ayudar a su cónyuge a corregirse de sus defectos. Un padre no siempre tiene que
callar respecto a la conducta y las costumbres que va adquiriendo su hijo. Ni
el maestro o el educador permitirlo todo en sus alumnos. Ni un amigo
desentenderse cuando ve que su amigo va por mal camino. Ni un obispo dejar de
ejercer su guía pastoral en la diócesis.
La
comunidad cristiana no es perfecta. Coexisten en ella, como en cada uno de
nosotros, el bien y el mal. Pero, como todos formamos parte de esa comunidad,
todos somos un poco corresponsables en ella: de un modo particular los que
tienen la misión de la autoridad, pero también todos los demás.
Eso
pasa dentro de la Iglesia. Son impresionantes al respecto las siete cartas del
ángel a las siete iglesias del Apocalipsis, en las que, con las alabanzas y
ánimos, se mezclan también palabras muy expresivas de corrección y acusación.
Pero
también pasa a un cristiano en su relación con la sociedad. Tanto los
responsables de la comunidad como los simples fieles, tienen el deber de llamar
la atención en contra de la corrupción de los poderosos o de las injusticias
que se cometen contra los débiles o de las desviaciones graves que afectan a
los derechos humanos o los de la comunidad eclesial o de los episodios graves
de racismo o genocidio...
Dios
quiere la salvación de todos. Jesús se entregó por todos, y dijo que no había
venido a salvar a los justos, sino a los pecadores, como el médico no está para
los sanos, sino precisamente para los enfermos. Así nosotros, los seguidores de
Jesús, debemos querer la salvación de todos y no podemos desentendernos del
hermano, también cuando le vemos tentado o frágil y en peligro de caer. Se nos
pide, no sólo que no hagamos el mal, sino que nos esforcemos en hacer
positivamente el bien. Además de los pecados de pensamiento y de obra, existen
también, como recordamos en la oración del "yo confieso", los pecados
"de omisión".
La
corrección fraterna bien hecha no sólo aporta beneficios al hermano -aunque de
momento tal vez reaccione con disgusto- sino también al que la realiza:
"has ganado a un hermano". Es interesante cómo termina Santiago su
carta: "Si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro le convierte,
sepa que el que convierte a un pecador de su camino desviado, salvará su alma
de la muerte y cubrirá multitud de pecados".
La pedagogía de una corrección eficaz
Los
"pasos" que recomienda Jesús para realizar con delicadeza y eficacia
esta corrección al hermano son ya conocidos en el AT., y se intentaban seguir
también en el ámbito de la sinagoga judía, cuando se trataba de expulsar a
alguien de ella.
El
primer paso es una conversación privada, un diálogo personal. En el AT ya se
recomendaba esta corrección como uno de los modos de mostrar el amor al
prójimo: "no odies a tu hermano, pero corrige a tu prójimo, para que no
cargues con pecado por su causa" (Lv 19,17). Un caso particular de este
primer paso es el del sacramento de la Reconciliación, en diálogo con el
ministro y el penitente, discerniendo la dirección de su vida. Aunque este caso
se refiere a cuando el mismo penitente se ha acercado y acusa su pecado.
El
segundo paso es la advertencia ante uno o dos testigos (ya en Dt 19,15). Así se
da cuenta el corregido de que la cosa es seria e importante, y puede sentirse
movido a corregirse. Aunque de momento no le guste, y pueda reaccionar con una
respuesta un tanto destemplada: "¡ocúpate de tus asuntos!".
El
tercer paso, si hace falta, lo indica Jesús: "díselo a la comunidad".
Sólo en casos extremos, cuando ninguno de estos métodos ha dado resultado, y el
hermano se obstina en su desvío, dice Jesús que habrá que considerar que esa
persona no quiere pertenecer a la comunidad. No se trata tanto de excomunión,
sobre todo en un sentido jurídico y penal, sino pastoral: el deseo es siempre
el bien de la persona, no su escarmiento o su castigo.
En
los casos que vemos en el NT, este recurso suele referirse a que se apele al
apóstol responsable de la comunidad, sobre todo Pablo, como en el caso del
"incestuoso de Corinto" (1 Co 5,4ss.). Y aun entonces, cuando el
hermano prácticamente se autoexcluye de la comunidad, hay que seguirle amando.
Esta página del evangelio es una invitación a que revisemos los métodos de
nuestra relación con los demás, sobre todo con los que consideramos que se
están desviando y habría que ayudarles.
Los ámbitos de la corrección fraterna
Son
consignas que se deben aplicar en el ámbito de una familia, o de una comunidad
religiosa, y también en el nivel eclesial más universal. Cuando los
responsables de una diócesis o de la Iglesia universal tienen que llamar la
atención a alguien (con un "monitum"), sobre todo si es escritor o
enseña en los seminarios o facultades, se supone que la primera medida que
toman no es la de descalificarle sin más, sino de dialogar con él
discretamente, y sólo en casos excepcionales llegar a prohibirle la enseñanza o
que escriba.
En
la regla de san Benito se dice: "El abad se preocupará con toda solicitud
de los hermanos culpables, porque no necesitan médico los sanos, sino los
enfermos. Por tanto, como un médico perspicaz, recurrirá a todos los medios;
como quien aplica cataplasmas, esto, es, enviándole monjes ancianos y
prudentes, quienes como a escondidas consuelen al hermano vacilante y le muevan
a una humilde satisfacción, animándole para que la excesiva tristeza no
le haga naufragar, sino que, como dice también el Apóstol, la caridad se
intensifique y oren todos por él".
Tampoco
es el caso de exagerar y estar continuamente haciendo sonar "falsas
alarmas" por cualquier minucia. Ni tampoco hay que asumir fácilmente el
papel de "fiscal" de la humanidad o poco menos, o de
"espía" en nuestro mundo doméstico. Además, la palabra de
"corrección", para que sea cristiana y eficaz, la tenemos que decir
desde el amor, desde ese amor del que nos habla Pablo. Que se vea que no
lanzamos nuestro aviso a la cara, con agresividad o deseos de venganza, sino
desde la comprensión y el interés fraterno. Sólo quien ama tiene derecho a
corregir. Seguro que lo hará con delicadeza y sabrá encontrar los momentos y
las palabras oportunos.
También
tiene que ser una corrección hecha desde la humildad. No nos dirigimos al
hermano como jueces ni como fiscales, ni desde la perfección y santidad que
tenemos nosotros, sino desde la debilidad que reconocemos en todos, en el otro
y en nosotros: como personas débiles que se dirigen a otra persona débil. Son
buenas las recomendaciones de Pablo sobre la corrección fraterna: "cuando
alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con
espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser
tentado" (Ga 6,1).
Para
eso, no podemos empezar ya de entrada con la condena o la humillación. Muchas
veces hay que interpelarle "provisionalmente", sabiendo antes, si es
el caso, escuchar sus explicaciones, porque no siempre son ciertas las cosas
que se dicen de los demás. No nos atrevemos a "juzgar" a nadie de
entrada. Se supone que cuando un responsable de la comunidad recibe una
"denuncia" o queja con respecto a un hermano, lo primero que hace no
es creer lo que oye, sino investigar discretamente sobre su veracidad. Ni nos
constituimos fácilmente poco menos que en fiscales de la humanidad, con una
mentalidad farisaica del que se cree él justo y los demás son unos pecadores.
La
corrección es cristiana cuando ayuda, cuando echa una mano, cuando hace fácil
la rehabilitación. Como cuando Jesús perdonó a Pedro, o cuando acompañó a los
dos discípulos de Emaús saliendo a su encuentro, escuchándoles, explicándoles,
y sólo después reprendiéndoles por su cortedad de miras.
Fraternidad corresponsable
La
primera reacción que solemos tener cuando vemos a alguien que pasa necesidad,
material o espiritual, es desentendernos de él: "no me quiero meter en los
asuntos de los demás", o incluso, ante la pregunta acusadora de Dios:
"¿qué has hecho con tu hermano?", nos atreveríamos más o menos
explícitamente a formular la misma excusa de Caín: "¿soy yo acaso el
guardián de mi hermano?".
Pues
sí lo soy. Cada uno no sólo responde ante Dios de su propia conducta y de sus
decisiones, sino también en cierto modo es responsable de su hermano. No sólo
reza por él, o trata de comprenderle, y le da buen ejemplo, sino que también
alguna vez, en el modo que le parezca más conveniente, tendrá que ejercer la
corrección fraterna, si le quiere de veras. La suerte de un hermano no nos
puede dejar indiferentes. Nadie es extraño para mí.
En
la sociedad de hoy, tremendamente individualista, prevalece la actitud, más o
menos camuflada con argumentos de libertad y respeto a la persona, de no
inmiscuirse en los asuntos de los demás. Pero una cosa es entrometerse en
todo, y otra desentenderse del vecino y del hermano, y no atenderle cuando
creemos que convendría hacerlo. No asistir a la persona que está en un peligro,
no sólo físico, sino también moral, es uno de esos "pecados de
omisión" de los que nos tenemos que examinar y arrepentir.
Tampoco
es bueno ir propalando entre los demás el "pecado" del hermano, o
convertirse en inquisidores entrometidos, o en un continuado "partido de
oposición" que lo critica todo negativamente. No se trata de "hablar
del" prójimo, sino de "hablar con" el prójimo. Ni debe
constituirse la comunidad en un tribunal, ni perseguir al pecador y
avergonzarle, sino ayudarle a salvarse. Lo principal no es restablecer el
orden, o hacer justicia, o mantener la disciplina, por importantes que sean
estos aspectos. Sino salvar al hermano.
Pero,
además de las palabras amables y de alabanza -que es de esperar que sean las
más- también, cuando hace falta, tenemos que dirigir al hermano palabras de
ánimo y corrección, para que recapacite y cambie de conducta. Eso no sólo les
toca al Papa o a los pastores de la comunidad, sino en cierto modo a todos. No
somos "sociedad anónima". Muchas veces podemos colaborar
responsablemente en la comunidad formando parte activa de equipos o consejos
pastorales, pero también personalmente.
"El Señor esté (está) con vosotros"
En
nuestra Eucaristía ejercemos la "corrección"- no tanto
para con los demás, sino para nosotros mismos: en el acto penitencial, en la
escucha de la Palabra, a cuya luz revisamos nuestra vida, en la oración
universal donde presentamos a Dios nuestra intercesión y nuestro compromiso por
los aspectos más deficitarios de nuestra generación...
Pero,
sobre todo, en la Eucaristía se cumple lo que Jesús nos ha prometido hoy:
"allí estoy yo en medio de ellos". El primer lugar de la presencia
del Señor Resucitado en la Eucaristía es la misma comunidad reunida en su
nombre. Luego su presencia se hará todavía más viva en la Palabra, y, sobre
todo, en el Pan y Vino convertidos en su Cuerpo y Sangre. Pero antes, ya está
en la comunidad y en el que la preside "in persona Christi".
Cuando
el que preside la celebración saluda a la comunidad con las palabras "el
Señor esté con vosotros" (que en latín no tiene verbo, Dominus vobiscum, y
que se hubiera podido traducir también como "el Señor está con
vosotros"), el Misal explica así la intención teológica de este saludo:
"el sacerdote, por medio del saludo, manifiesta a la asamblea reunida la
presencia del Señor; con este saludo y con la respuesta del pueblo queda de
manifiesto el misterio de la Iglesia congregada" (IGMR 50).
Con
esta presencia del Resucitado en su comunidad se explican las palabras que
hemos escuchado hoy: "lo que atéis... quedará atado, y lo que desatéis...
será desatado". Palabras que antes había aplicado en singular a Pedro y
ahora dirige a la comunidad. Todos somos responsables, cada uno a su modo y en
su nivel, de la marcha de la Iglesia. También ha dicho: "si dos de
vosotros se ponen de acuerdo (en griego dice: "en sinfonía") para
pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo". Este protagonismo y fuerza de
la comunidad no se debe a la sociología ni a la dinámica de grupos, sino a la
teología: "donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en
medio de ellos".
La
presencia del Señor en la Eucaristía, y luego en nuestra vida ("a mí me lo
hicisteis"), es una de las perspectivas que más sentido y fuerza da a
nuestra existencia de cristianos. El evangelio de Mateo empieza con el anuncio
del "Emmanuel = el Señor con nosotros", termina con el "yo estoy
con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo", y aquí, en medio,
nos asegura que "donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy
yo en medio de ellos".
LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)
PROPUESTA DE CANTOS XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO 2026
(06 DE SETIMBRE)
01.- SEÑOR, MIRAME (Brotes de Olivo)
Dios espera en el altar, vamos todos hasta él,
llevemos nuestras sonrisas, la inquietud, nuestra
hambre y nuestra sed.
Dios, sobre todo, es amor, quiere nuestra
salvación,
que juntos nos salvemos para ir de la mano hasta
Dios.
Al entrar en la casa de Dios, libre de rencores he
de entrar,
llevar el alma tranquila y pensar que al salir más
he de amar.
ÉSE ES CRISTO, ESE ES DIOS; ÉSE ES CRISTO, NUESTRO
DIOS.
Vengo a tu altar porque tengo sed de ti, porque tu
mirar a mi alma da la fe.
Mírame, Señor, no dejes de mirar y mi alma contigo
irá, se salvará.
02.- MARCHA DE LA IGLESIA (Emilio Vicente Mateu)
LOS QUE SOMOS LLAMADOS A LA IGLESIA
CANTEMOS TODOS AL SEÑOR QUE NOS REÚNE. (BIS)
Venimos desde lejos ante el Señor,
trayendo en nuestras manos la alegría.
Un solo corazón nos une en el amor
al ser invitados a la fiesta.
Formamos con Dios mismo en comunión,
una unidad de vida y esperanza,
que cruza por el mundo sintiendo la emoción
de ser el cuerpo santo de la Iglesia.
Formando un solo cuerpo con el Señor,
marchamos a la Gloria de Dios Padre.
La fuerza del amor resuena en nuestra voz
buscando un mundo nuevo más humano.
03.- ALREDEDOR DE TU MESA (Francisco Palazón)
ALREDEDOR DE TU MESA VENIMOS A RECORDAR (BIS)
QUE TU PALABRA ES CAMINO, TU CUERPO FRATERNIDAD,
QUE TU PALABRA ES CAMINO, TU CUERPO FRATERNIDAD.
1.- Hemos venido a tu mesa
a renovar el misterio de tu amor,
con nuestras manos manchadas
arrepentidos buscamos tu perdón.
2.- Juntos y a veces sin vernos,
celebramos tu presencia sin sentir
que se interrumpe el camino
si no vamos como hermanos hacia Ti.
04.- A TU ALTAR HE LLEGADO
(Brotes de Olivo)
Venir a buscar a Cristo es gozar de pleno amor.
No puede haberlo en mi alma cuando yo tenga rencor.
Si triste quedó alguno y sé su falta de amor,
vaya y le traiga conmigo; sin él no me quiere Dios.
He creído que iba a ti y hasta tu altar he llegado,
y al encontrarme contigo, algo me has preguntado:
"¿Cómo se encuentra tu vida y la amistad con
tu hermano?
Si con él no te hallas bien, anda vete y ve a
buscarlo.
Cuando con él tengas paz, ven aquí, junto a mi
lado.
Entonces sí te recibo, porque yo vivo en tu
hermano".
Aquel que nos desagrada es costumbre abandonar.
Busco tan sólo al amigo, los otros suelo dejar.
Ése que tanto molesta y de él yo nada sé,
Dios lo ha puesto en mi camino; sin él no me
salvaré. ¤
05.- TE OFRECEMOS, SEÑOR (Francisco Palazón)
Te ofrecemos, Señor, este pan y este vino,
que en tu Cuerpo y en tu Sangre
quedarán convertidos.
Con el vino y el pan
te ofrecemos el fruto de nuestro trabajo,
la ilusión de vivir,
el placer y el dolor, la alegría y el llanto.
Juntamente, Señor,
te ofrecemos la vida que Tú nos has dado,
la esperanza, la fe y el amor,
que nos hace sentirnos hermanos.
06.- DONDE HAY CARIDAD (Joaquín Madurga)
DONDE HAY CARIDAD Y AMOR
ALLÍ ESTÁ EL SEÑOR. (BIS)
Una sala y una mesa,
una copa, vino y pan,
los hombres compartiendo
en amor y en unidad.
Nos reúne la presencia
y el recuerdo del Señor,
celebramos su memoria
y la entrega de su amor.
Invitados a la mesa
del banquete del Señor,
recordemos su mandato
de vivir en el amor.
Comulguemos en el Cuerpo
y la Sangre que Él nos da
y también en el hermano,
si lo amamos de verdad.
Este pan que da la vida
y este cáliz de salud,
nos reúne a los hermanos
en el nombre de Jesús.
Anunciamos su memoria,
celebramos su pasión,
el misterio de su muerte
y de su Resurrección.
07.- EL PAN QUE COMPARTIMOS (Francisco Palazón)
1.- El pan que compartimos en esta Eucaristía
es signo permanente de amor y de unidad;
en él se nos ofrece en forma de comida
aquel que con su muerte
nos devolvió la vida y nos dio la libertad.
2.- Unidos como hermanos formando un solo cuerpo,
con gozo celebremos la Pascua del Señor;
Él es para nosotros el pan que da la vida,
la víctima elegida
que derramó su sangre por nuestra salvación.
3.- Que suene eternamente un canto de alabanza,
que todas las naciones conozcan su bondad;
que sea proclamado por todas las edades,
que no tiene medida
ni su misericordia, ni su fidelidad.
08.- EL SEÑOR NOS INVITA (Carmelo Erdozaín)
EL SEÑOR NOS INVITA A SU MESA
EL SEÑOR NOS OFRECE SU AMISTAD,
SU PAN ES COMIDA PASCUAL,
SU MANJAR ES FRATERNIDAD (BIS)
Pan del cielo, cuerpo del Señor,
sacramento de la comunión,
manjar de resurrección,
memorial de la redención.
Dios se acerca, viene a nuestro altar,
su presencia, fuente de hermandad,
maná de inmortalidad, manantial de la caridad.
09.- COMIENDO DEL MISMO PAN (Joaquín Madurga)
COMIENDO DEL MISMO PAN,
BEBIENDO DEL MISMO VINO,
QUERIENDO EN EL MISMO AMOR,
SELLAMOS TU ALIANZA, CRISTO.
1.- La noche de su pasión
cogió el pan entre sus manos
y dijo: "Tomad, comed,
esto es mi Cuerpo entregado."
2.- La noche de su pasión
tomó el cáliz en sus manos
y dijo: "Tomad, bebed,
es la Sangre que derramo."
3.- La noche de su pasión
nos dio el Señor su mandato:
"Amaos unos a otros,
lo mismo que yo os amo."
10.- VEN JESUS (Faustino Diez Iglesias)
VEN JESÚS VEN A MI VIDA
DANOS TU FUERZA PARA ANDAR (BIS)
Caminar a lo largo de esta vida
Pero agarrados de tu vida
Y saber que no hay nada en este mundo
Que pueda separarnos.
Recordar siendo niños de momento
Cuando supe abrir mis labios
Descubrir Mis secretos en tus manos
y decirte que te quiero.
Compartir una fiesta como amigos
Recordando tus palabras
Y comer y beber de tu alimento
Que da vida en abundancia.
11.- AMEMONOS DE CORAZON
Amémonos de corazón no de labios ni fingidos (bis)
Para cuando cristo venga, para cuando cristo
Venga, nos encuentre bien unidos (bis)
Como puedes tu orar disgustado con tu hermano (bis)
Dios no oye la oración, Dios no oye la oración si
no estás reconciliado (bis).
Un mandamiento nuevo os doy que os améis
Unos a otros (bis) como yo los he amado (bis)
Os améis también vosotros (bis).
Tu rebaño en ti confía, esperamos tu llegada (Bis)
Para cuando cristo venga, para cuando cristo
Venga, nos encuentre en pleno día (bis)
12.- GRANITO DE MOSTAZA
Si tuvieras fe, si tuvieras fe
Como un granito de mostaza
Eso dice el señor.
Si tuvieras fe, si tuvieras fe
Como un granito de mostaza
Eso dice el señor
Tú le dirías a las montañas
Muévanse, muévanse, muévanse
Tú le dirías a las montañas
Muévanse, muévanse, muévanse
Y las montañas se moverán
Se moverán, se moverán
Y las montañas se moverán
Se moverán, se moverán
Si tuvieras fe, si tuvieras fe
Como un granito de mostaza
Eso dice el Señor.
Si tuvieras fe, si tuvieras fe
Como un granito de mostaza
Eso dice el Señor.
Tú le dirías a los enfermos
Sánense, sánense, sánense
Tú le dirías a los enfermos
Sánense, sánense, sánense.
Y los enfermos se sanarán
Se sanarán, se sanarán
Y los enfermos se sanarán
Se sanarán, se sanarán.
13.- MADRE (Joaquín Madurga)
Madre, ilusión y
esperanza, Madre, corazón y ternura,
Madre espejo limpio del
amor.
Madre, virginal y
fecunda,
Madre, generosa y
humilde,
Madre, fiel entrega en
oblación.
Madre consagrada en
cuerpo y alma,
siempre abierta a la
palabra de tu Dios y tu Señor.
MADRE, CUANDO A TI TE
LLAMAMOS MADRE,
RENACEMOS A LA
ESPERANZA Y LA ILUSIÓN.
MADRE CUANDO A TI TE
LLAMAMOS MADRE,
NOS SENTIMOS TAMBIÉN
HERMANOS DEL SEÑOR.
MADRE, CUANDO A TI TE
LLAMAMOS MADRE,
ESPERAMOS UN MUNDO
HERMANO EN EL AMOR.
Madre de Belén al
Calvario,
Madre, fuiste siempre
amorosa
Madre de Jesús el
Salvador.
Madre, en la cruz fue
tu Hijo,
Madre, quien nos dio
por regalo,
Madre tu materna
protección.
Madre a la Iglesia
naciente unida,
esperaste la venida del
Espíritu de Dios.
14.- HIMNO VIRGEN DE LAS MERCEDES
MADRE DE LAS MERCEDES,
BENDITA SIEMPRE
BENDITA,
ENTRE TODAS LAS
MUJERES,
EN LOS DESIGNIOS DE
DIOS. (BIS)
Te contemplamos gozosos, vestida de blanco
lino,
Engalanada en tu trono,
llena de Luz en tu altar,
Admiramos humildes, tu
rostro de Madre hermosa,
con la herida en tu
cuello, con cetro de majestad. (2)
Estrella del Evangelio, por Juan Pablo
proclamada,
Paita, Oh Madre Santa,
siempre te alabará.
Madre de las Mercedes,
como hijos peregrinos,
venimos desde muy
lejos, a compartir tu bondad. (2)