viernes, 10 de abril de 2026

LECTURAS Y COMENTARIO II DOMINGO DE PASCUA CICLO A - 12 ABRIL 2026

QUE POR LA FE TENGA VIDA

 A propósito del II Domingo de Pascua. (Evangelio: Juan 20, 19-31)

COMENTARIO

 

Un pasaje bíblico que se compone de un relato en dos tiempos y de un epílogo o comentario final del autor a todo el Evangelio. El relato arranca al atardecer del mismo día en el que, de madrugada, Pedro y el discípulo amado habían comprobado que el sepulcro de Jesús estaba vacío. El lugar es un espacio cerrado a causa de un miedo al exterior humano. Jesús se hace presente en ese espacio y su presencia comunica paz e infunde alegría a los encerrados. Y con la paz y la alegría, el aliento de un envío a imagen y semejanza del envío de Jesús por el Padre.

La segunda parte del texto nos lleva a una problemática distinta, aunque ya insinuada el domingo pasado en Jn. 20, 1-9. "¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que creen sin haber visto".

Tomás ha puesto condiciones para poder creer que Jesús está vivo. De nuevo se hace Jesús presente comunicando paz, e inmediatamente se dirige al hombre que había puesto condiciones. Jesús no le reprocha su actitud, pero declara superior la exhibida por el discípulo amado en Jn. 20, 8: sin haberle visto a él, ha creído, sin embargo, que él estaba vivo.

Juan pone de manifiesto que la convivencia física con Jesús no es criterio suficiente para entender a Jesús en profundidad. Así mismo, adelanta que esta inteligencia de Jesús puede darse en los que no han convivido físicamente con El. Juan no niega ni minusvalora el papel de los testigos oculares o, más en concreto, de los Doce. Sencillamente, rompe una lanza en favor de los que no han convivido con Jesús. Se trata de una problemática fundamental vivida intensamente en las primeras comunidades cristianas. Exponentes de la misma son el libro de los Hechos y las Cartas de Pablo. El texto de este domingo nos proporciona la gran alegría de saber que hoy podemos entender a Jesús incluso mejor que los que convivieron con El. Estamos realmente en el tiempo pascual.

Los dos últimos versículos no se refieren sólo al relato de hoy, sino que tienen en cuenta la totalidad de la obra. Los interlocutores son el autor y sus lectores. El autor se dirige directa y explícitamente a los lectores, nosotros, por ejemplo. Nos habla de su labor de selección y del móvil que le ha llevado a escribir.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

 ANTIFONA DE ENTRADA 4 Esd 2, 36-37

Alégrense en su gloria, dando gracias a Dios, que los ha llama-do al Reino celestial. Aleluya.

 

 ORACION COLECTA

Dios de misericordia infinita, que reanimas, con el retorno anual de las fiestas de Pascua, la fe del pueblo a ti consagrado, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que todos comprendan mejor qué Bautismo nos ha purificado, qué Espíritu nos ha hecho renacer y qué sangre nos ha redimido. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 42-47

Los hermanos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado, y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común, vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón: alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando.

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 117, 2-4.13-15.22-24)

 


Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

 

Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia. Digan los que temen al Señor: eterna es su misericordia. R

 

Empujaban y empujaban para derribarme, pero el Señor me ayudó; el Señor es mi fuerza y mi energía, Él es mi salvación. Escuchen: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos. R.

 

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Este es el día que hizo el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1,3-9

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo a ustedes ustedes, que, mediante la fe, están protegidos con la fuerza de Dios; para una salvación dispuesta a revelarse en el momento final. Por ello ustedes se alegran, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de su fe más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo aman y, sin contemplarlo todavía, creen en Él y así se alegran con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de su fe: la salvación de sus almas.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Jn 20, 29

Aleluya. Porque me has visto, Tomás, has creído dice el Señor-; bienaventurados los que crean sin haber visto. Aleluya.

 

 EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a ustedes». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor. Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, los discípulos estaban otra vez dentro, y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a ustedes». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Oremos a Dios Padre, por Jesucristo, su Hijo, resucitado de entre los muertos, que vive para siempre, intercediendo por nosotros.

 

1.- Por la Iglesia: Para que, como comunidad de creyentes, sea un signo visible de la misericordia de Dios, acogiendo a todos con amor y anunciando con alegría que Cristo está vivo, Roguemos al Señor.

 

2.- Por el Papa León y los pastores: Para que el Espíritu del Resucitado los fortalezca en su misión de guiar al pueblo de Dios, siendo siempre canales de paz y perdón en el mundo. Roguemos al Señor.

 

3.- Por los enfermos, los abandonados y los que han perdido la esperanza, para que encuentren consuelo en las llagas de Cristo y experimenten el alivio a través de nuestra solidaridad cristiana. Roguemos al Señor.

 

4.- Por nuestra comunidad: Para que aprendamos a vivir con un solo corazón y una sola alma, venciendo el egoísmo y practicando la misericordia hacia nuestro prójimo en el día a día. Roguemos al Señor.

 

Escucha, Señor, nuestras súplicas; son la oración de tu Iglesia, reunida en el nombre de tu Hijo Jesucristo, en quien creemos, a quien proclamamos resucitado de entre los muertos, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, las ofrendas de tu pueblo [y de los recién bautizados), para que, renovados por la confesión de tu nombre y por el Bautismo, consigamos la eterna bienaventuranza. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 ANTIFONA DE COMUNION Jn 20, 27

Trae tu mano y métela en el agujero de los clavos: y no seas incrédulo, sino creyente. Aleluya.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Concédenos, Dios todopoderoso, que el sacramento pascual recibido permanezca siempre en nuestros corazones. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 13: Hch 4, 23-31; Sal 2, 1-3.4-6. 7-9; Jn 3, 1-8

Martes 14: Hch 4, 32-37; Sal 92, 1ab. 1c-2.5; Jn 3, 7b-15

Miércoles 15:  Hch 5, 17-26; Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9; Jn 3, 16-21

Jueves 16: Hch 5, 27-33; Sal 33, 2 y 9. 17-18.19-20, 2 y 9., 17-18.19-20; Jn 3, 31-36

Viernes 17: Hch 5, 34-42; Sal 26, 1bcde. 4. 13-14; Jn 6, 1-15

Sábado 18: Hch 6, 1-7; Sal 32, 1-2. 4-5. 18-19; Jn 6, 16-21

Domingo 19: Hch 2, 14.22-33; Sal 15, 1b-2ª y 5. 7-8. 9-10. 11; 1P 1,17-21; Lc 24, 13-35.

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Jn 20, 19-31

 

 1.- Nos encontramos ante el segundo grupo de episodios narrados por el cuarto Evangelio en el contexto de la resurrección de Jesús. En este conjunto hay claramente tres perícopas diversas: la aparición de Jesús a los discípulos, sin Tomás (vv 19-23); la aparición de Jesús estando presente Tomás (24-29), y, finalmente, la conclusión del Evangelio (30-31). Notemos que, con estos dos versículos (30-31) aparece la conclusión original de la obra, ampliada más tarde con la inclusión del capítulo 21. De esta forma, el enlace entre la escena de Tomás y la conclusión resulta todavía más directo e importante. La estructuración de las apariciones está hecha en paralelo con los dos primeros episodios de este capítulo 20: por una parte, los discípulos y la fe; por otra, la aparición a Tomás forma un claro paralelo con la aparición de Jesús a María de Magdala, y el énfasis en este segundo caso se centra en la dificultad de reconocer a Jesús y en la correspondencia de Jesús a la fe de los creyentes.

FE/VISION: Entre las muchas cosas que aparecen en estas escenas podríamos recoger una: el tema de la fe y la visión. Por una parte, parece que Jesús niega que la visión haya de ser considerada por los cristianos como necesaria para la fe. Pero, en cambio, la fe -según este Evangelio- comporta una visión («si tienes fe, verás el poder de Dios», dice Jesús a Marta: /Jn/11/40). Hay, en este Evangelio, una clara dialéctica entre visión y fe. Debemos destacar el carácter simbólico de la escena del ciego de nacimiento para comprender la profundidad de lo que se nos quiere decir: «Yo he venido a este mundo para abrir un proceso; así, los que no ven, verán, y los que ven, quedarán ciegos» (/Jn/09/39). El que se imagina que ve, el que ya tiene un conocimiento claro y definido de lo que ha de pasar («a nosotros nos consta...»: 9,24.29.31), en realidad ni ve ni sabe nada, es ciego. En cambio, el que todo lo ignora, el que no ve, éste llegará a contemplar el poder de Dios en Jesús. La visión no lleva necesariamente a la fe; en cambio, la fe sí que lleva a la visión.

Para aquellos que parecen conocerlo todo, para quienes no necesitan la luz, pues piensan que ya la tienen, Jesús no actuará abriéndoles los ojos. En cambio, el que se siente en la necesidad de la luz y de la claridad, que no se fía de sí mismo, tal vez la fe en Jesús le puede llevar a contemplar la gloria de Dios.

ORIOL TUÑI - LA BIBLIA DIA A DIA - Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las Horas - Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981. Pág. 889 s.

 


 

2.- Comentario. Lo que un eminente exégeta escribía hace treinta años sobre el relato de la Pasión en el cuarto evangelio puede también aplicarse al relato de la Pascua: "No se trata de una construcción hecha con miras a ilustrar unas ideas, sino una interpretación teológica de una historia verdadera". Esta historia parte de una situación de miedo a las autoridades judías. La situación no es nueva en la obra. Es ya la cuarta vez que el autor la menciona (las otras tres en Jn. 7, 13; 9, 22; 19, 38). Por Jn. 7. 11-13 se ve claro que el miedo no es al pueblo judío, sino a sus autoridades. Este miedo encierra, incapacita, esteriliza. "En esto entra Jesús". Al autor no le interesa el cómo ni el modo. Lo importante es el hecho. Jesús está ahí, es la misma persona que había convivido antes con los que ahora están incapacitados por el miedo. "Paz a vosotros". Por dos veces resuena la frase. En vez del miedo, la paz. Esta debe ocupar el espacio interior del que antes se adueñaba el miedo. El corazón de los discípulos se distiende y la alegría termina por aflorar a sus rostros. "Paz a vosotros". El cambio ya se ha producido. No tiene ningún sentido seguir encerrados. "Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo". Padre, Jesús, cristianos (el término discípulos tiene en Juan este sentido amplio). Los cristianos son a Jesús lo que Jesús es al Padre. Jesús está ahí para desvelarles su identidad. Son sus enviados, como Él lo es, a su vez, del Padre. Por eso deben tener su mismo talante. "Recibid espíritu santo". La presencia del artículo determinado "el" en la traducción litúrgica puede desorientar un poco. El autor no está escribiendo en términos trinitarios, sino en términos de tipo o calidad de existencia. Es difícil condensar en unas líneas lo que Juan entiende por espíritu y que ha ido desentrañando a lo largo de su obra. Algo, sin embargo, nos puede orientar el hecho de que Juan maneja el lenguaje por oposición-negación. Jesús, por ejemplo, ha sido presentado de esta manera en Jn. 1, 17. El cuarto evangelio se abre con la gran oposición gracia-verdad por un lado y ley por otro. De ahí a la oposición espíritu-letra media sólo un paso, el formulado explícitamente bajo espíritu-carne en Jn. 3,6. Letra (autoridades judías) frente a espíritu (Jesús). Anquilosamiento frente a movilidad; rigidez frente a fluidez. "El espíritu sopla donde quiere, oyes el ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Eso pasa a todo el que ha nacido del espíritu" (Jn/03/08). Estos son los cristianos en su calidad de enviados de Jesús. Dan curso a una forma de existencia opuesta al atenazamiento y al miedo, característicos de la forma de existencia bajo la ley.

La segunda parte del texto nos lleva a una problemática distinta, aunque ya insinuada el domingo pasado en Jn. 20, 1-9. "¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que creen sin haber visto".

Por un lado, Juan pone de manifiesto que la convivencia física con Jesús no es criterio suficiente para entender a Jesús en profundidad. Por otro, adelanta que esta inteligencia de Jesús puede darse en los que no han convivido físicamente con El. Juan no niega ni minusvalora el papel de los testigos oculares o, más concreto, de los Doce. Sencillamente, rompe una lanza en favor de los que no han convivido con Jesús. Se trata de una problemática fundamental vivida intensamente en las primeras comunidades cristianas. Exponentes de la misma son el libro de los Hechos y las Cartas de Pablo. El texto de este domingo nos proporciona la gran alegría de saber que hoy podemos entender a Jesús incluso mejor que los que convivieron con El. Estamos realmente en el tiempo pascual.

A. BENITO - DABAR 1985, 23


 

3.- COR/PERSONA

No faltan comentaristas que establecen una relación entre "credere" y "cor-dare", entendiendo el corazón como la realidad que totaliza a la persona.


4.- DO/ORIGEN.

La liturgia invita a subrayar el sentido del domingo, manteniendo este evangelio -que constituye un precioso tejido teológico- en cada uno de los tres ciclos. El día del Señor es el día en que celebramos la fe pascual y la irrupción de la eternidad de la Trinidad en nuestra historia, lo celebramos alrededor de Jesús resucitado como centro de la vida de la comunidad de los discípulos.

Se podría considerar el evangelio de este día como el "lugar teológico del domingo cristiano". La narración de dos apariciones del Resucitado en dos domingos consecutivos nos hace casi asistir al nacimiento del domingo cristiano: la comunidad de creyentes se acostumbra a reunirse en domingo en memoria y en la espera del Resucitado. Nos permite presentar el sentido originario del domingo: como memoria y presencia del Resucitado en medio de los suyos; como el día de la Resurrección, Pascua semanal.

I. OÑATIBIA - MISA DOMINICAL 1990, 9.


 

5.- Son varios los temas que componen este Evangelio: las apariciones del Señor ritman de ocho en ocho días la vida de las comunidades primitivas; Cristo-Señor hace uso de su poder de Resucitado transmitiendo sus poderes a los apóstoles; finalmente, los discípulos se ven llevados a descubrir, lo mismo que Tomás, el desprendimiento de la fe. a) Las apariciones. Juan comienza por resumir los datos que han llegado a su conocimiento seguramente a través de las mismas fuentes que a San Lucas (24, 36-49): Cristo no es ya un hombre como los demás, puesto que pasa a través de los muros; pero no es un espíritu, puesto que se le puede ver y tocar sus manos y su costado (v. 20). Su resurrección ha supuesto para El un nuevo modo de existencia corporal. Juan no insiste tanto como Lucas en torno a la demostración: reemplaza la alusión a los pies por la alusión al costado y no señala que Cristo tuvo que comer con los apóstoles para que le reconocieran. Pero, mientras que en San Lucas el Señor está completamente vuelto hacia el pasado con el fin de probar que su resurrección estaba prevista, Juan le presenta más bien orientado hacia el futuro y preocupado por "enviar" a sus apóstoles al mundo.

Este envío de los apóstoles al mundo es prolongación del envío que el Padre ha hecho de su Hijo (Jn 17, 18). Los apóstoles están ya habilitados para terminar la obra que Cristo ha iniciado durante su vida terrestre (Jn 17, 11). La reunión de los discípulos en torno al Señor se hará en adelante en torno a los mismos apóstoles.

Un tema importante de las apariciones es la preocupación de Cristo por organizar los distintos elementos que prolongarán sobre la tierra su actividad de Resucitado: la jerarquía, los sacramentos, el banquete, la asamblea (adviértase la doble mención de la "reunión" de los apóstoles" vv. 19 y 26, ya con su ritmo dominical: v. 26).

b) El don del Espíritu (PAS/PENT). ¿Cómo puede Juan descubrir la venida del Espíritu sobre los apóstoles el domingo de Pascua, mientras que Lucas la anuncia para Pentecontés? (Lc 24, 49). Realmente, Juan se hace eco de una antigua idea de los medios judíos, en especial de los que se movían en torno a Juan Bautista. En esos medios se esperaba a un "Hombre" que "purgaría a los hombres de su espíritu de impiedad" y les purificaría por medio de su "Espíritu Santo" de toda acción impura, procediendo así a una nueva creación (Sal 50/51, 12-14; Ez 36, 25-27). Al "insuflar" su Espíritu, Cristo reproduce el gesto creador de Gén 2, 7 (Cf, 1 Cor 15, 42, 50, en donde Cristo debe su título de segundo Adán al "Espíritu" que recibe de la resurrección; Rom 1, 4).

Mediante su resurrección, Cristo se ha convertido, pues, en el hombre nuevo, animado por el soplo que presidirá los últimos tiempos y purificará la humanidad. Al conferir a sus apóstoles el poder de remitir los pecados, el Señor no instituye tan solo un sacramento de penitencia; comparte su triunfo sobre el mal y el pecado.

Se comprende por qué San Juan ha querido asociar la transmisión del poder de perdonar con el relato de la primera aparición del Resucitado. La espiritualización que se ha producido en el Señor a través de la resurrección se prolonga en la humanidad por medio de los sacramentos purificadores de la Iglesia.

c) De la visión a la fe (J/PRESENCIA). La forma de vida del Resucitado es de tal especie que no se le reconoce: María Magdalena le toma primero por el jardinero (Jn 20, 11-18). Cuando le "reconoce" (v.16) ve cómo se le prohíbe las muestras de respeto con que trataba al Cristo pre-Pascual (v. 17). Aun cuando este tema figura también en San Lucas (Lc 24, 16, 31), adquiere en San Juan el evangelista del "conocimiento" (Jn 21, 4), un relieve particular.

Esta pedagogía del Señor resucitado nos permite comprender la lección dada a Tomás. La nueva forma de vida del Señor no permite ya que se le conozca según la carne, es decir, a base tan solo de los medios humanos. Ya no se le reconocerá como hombre terrestre, sino en los sacramentos y la vida de la Iglesia, que son la emanación de su vida de resucitado. La "fe" que se le pide a Tomás permite "ver" la presencia del resucitado en esos elementos de la Iglesia, por oposición a toda experiencia física o histórica. La fe está ligada al "misterio", en el sentido antiguo de la palabra.

d) No hay que perder de vista que esta aparición asocia el don del Espíritu y la fe a la revelación del costado de Jesús (v.20). Ahora bien: Juan ya había dicho, en el momento en que fue herido el costado de Cristo en la cruz (Jn 19, 34-37), que la fe captaría a quienes vieran su costado herido. He aquí lo que sucede: la contemplación de la muerte de Cristo provoca la fe en la acción del Espíritu. Si Cristo muestra su costado no lo hace por simples razones apologéticas: revela a los contemplativos la fuente de la nueva economía.

En este sentido, el género de visión (v. 25) que los apóstoles han tenido de Cristo resucitado no ha sido ese tipo de visión material (vv. 26-31) exigida por Tomás. Si no hay diferencia entre estas dos experiencias, no se ve por qué Cristo habría de reprocharle lo que no reprocha a los demás y por qué habría que exigir al primero una fe que no les ha exigido a los segundos. En realidad, los diez apóstoles han tenido una experiencia real del Señor resucitado, pero probablemente fue más mística que la experiencia a que aspiraba Tomás. Para evitar a los hombres a "creer sin ver", ¿no deben, los apóstoles, los primeros, aprender a pasar las pruebas materiales? La resurrección no es, desde luego, una cuestión de apologética ni un acontecimiento maravilloso: ella no es signo más que en la medida en que la fe la ilumina, y es, al mismo tiempo, interior a la fe.

MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA IV - MAROVA MADRID 1969.Pág. 36


 

6.- CR/ELECCION

En los textos bíblicos, las denominaciones de elegido, ungido y enviado son equivalentes. Cuando los primeros cristianos se llaman a sí mismos elegidos, no están presumiendo por ningún privilegio, sino recordándose que han sido enviados a cumplir una misión, en favor de los demás, que prolonga en cierto sentido la del mismo Cristo: "Como el Padre me ha enviado, así os envío yo". Para la realización de esta tarea reciben también la fuerza del Espíritu. El episodio de Tomás quiere animar la fe de todos aquellos que no vieron directamente al Señor y para los que se han escrito todos los signos que Juan narra en su evangelio. "Dichosos los que crean sin haber visto". De cualquier modo, la simple contemplación de lo exterior de los acontecimientos nos da su sentido profundo. Sólo la fe permite ver y entender la trascendencia de lo que se está presentando. En el resucitado reconocen los apóstoles al Jesús que anduvo con ellos por los caminos de Palestina. Distinto, pero él mismo. El Jesús de la historia es el Cristo de la fe, Jesús es el Cristo. La más breve confesión cristiana quedará en esta palabra: Jesucristo.

EUCARISTÍA 1990, 20


 

7.- Texto. La mañana del domingo del descubrimiento del sepulcro vacío tiene su culminación en el cuarto Evangelio en la tarde de ese mismo domingo. Si por la mañana el sepulcro vacío dominaba el relato, por la tarde lo domina la presencia de Jesús en medio de sus discípulos. Esta presencia explica aquel vacío, pero, sobre todo, restablece una continuidad de relación Jesús-discípulos. De aquí arranca la intencionalidad del texto. Al servicio del final de la relación está el miedo de los discípulos; al servicio de la reanudación de la relación están el saludo, enfáticamente repetido, y la identificación del propio Jesús como la misma persona que antes habían conocido los discípulos. La reanudación de la relación se sella con la alegría de los discípulos, quienes, a partir de ahora, hablan de Jesús como el Señor, enraizándolo por completo con Dios. La aceptación de la identificación de Jesús por los discípulos se plasma en la fórmula de confesión de fe "ver al Señor".

Pero la reanudación de la relación es sólo un primer paso. El siguiente es el envío de los discípulos por Jesús, en continuidad con el envío de Jesús por el Padre. Los discípulos deben hacer presente a Jesús y prolongar su obra, como Jesús ha hecho presente al Padre y prolongado su obra. Este envío no debe entenderse limitado a los doce. En el cuarto Evangelio la denominación discípulos es sinónima de creyentes. La comunidad creyente en su totalidad es la enviada.

El tercer paso es la donación del Espíritu, que capacita para el envío. El símbolo de exhalar el aliento significa la transmisión de vida. Aquí se trataría, por consiguiente, de una participación en la vida de Jesús resucitado, que posee personalmente el Espíritu de Dios y que lo transmite a la comunidad creyente. El último paso es la potestad de perdonar los pecados. La potestad se da en el seno de la comunidad creyente, más allá y por encima de las concreciones históricas que esa potestad ha asumido con posterioridad.

A partir del v. 24 el relato avanza con la conocida historia de Tomás, al que el autor presenta como "uno de los doce", una expresión que en el cuarto Evangelio se reserva para Tomás y para Judas el traidor. Los discípulos hacen ante Tomás confesión de su fe: "hemos visto al Señor". Tomás les responde que él hará suya esta misma confesión, siempre y cuando tenga razones tangibles para hacerlo. Jesús en persona le aporta esas razones y Tomás hace suya la confesión de fe. Jesús la acepta, pero reprocha a Tomás el modo de llegar a ella, declarando, en cambio, bienaventurados a los que crean sin necesidad de basarse en la comprobación tangible.

A través de esta bienaventuranza el texto se abre al futuro, a las personas no contemporáneas de Jesús, a los lectores del cuarto Evangelio. Así se pone explícitamente de manifiesto en los dos versículos finales, en los que el autor da cuenta de la doble finalidad de su escrito.

Con la mayor parte de los exégetas, la frase "para que creáis" no va dirigida a no creyentes, a quienes se intenta ganar, sino a creyentes, a quienes se intenta afianzar en la fe que ya tienen.

Esta finalidad cristológica se completa con otra soteriológica: "para que tengáis vida". El cuarto Evangelio es esencialmente un mensaje de salvación, poniendo explícitamente de manifiesto que no hay cristología separada de la soteriología.

Comentario. Más allá y por encima de las legítimas concreciones históricas que, sobre todo en lo relativo a la potestad de perdonar los pecados, ha ido asumiendo el texto de hoy, en él se plasman los componentes fundamentales del ser cristiano, a los que una y otra vez hay que remitir cuando de dar razón de lo que como Iglesia somos se trata.

Es bien sabido que el cuarto Evangelio no renuncia a los Doce, pero debe también saberse que en el cuarto Evangelio se formulan serios reparos a los Doce, cuando de entender a Jesús se trata.

En el cuarto Evangelio no son precisamente los Doce -Tomás es un ejemplo- quienes más se distinguen por la prontitud y facilidad en captar a Jesús. Y, sin embargo, la captación de Jesús constituye el rasgo básico y fundamental del ser cristiano. Captar a Jesús es llegar a descubrir en él al Hijo de Dios. Nosotros estamos en condiciones de hacerlo con más facilidad incluso que los Doce. Este es probablemente el mensaje que quiere transmitirnos el autor de la historia de Tomás.

Del reconocimiento de Jesús como Hijo de Dios surge la alegría, componente esencial del ser cristiano, no siempre suficientemente resaltado. Actitud existencial sin los miedos y temores radicalmente humanos; estado de ánimo distendido y grato; fuerza vital desbordante. Todo lo anterior pertenece al ámbito de lo individual y privado. Con el componente esencial del envío el ser cristiano se hace social y público. El envío no es proselitismo, sino presencia. El cristiano es otro Cristo; a través suyo toma cuerpo una forma de ser, de organizarse y de vivir. Una forma distinta, porque está animada por el Espíritu de Dios y porque en ella existe el perdón de los pecados.

A. BENITO - DABAR 1992, 26


 

8.- Texto.- Son fácilmente discernibles tres partes. La primera la forman los vs. 19-23. Se desarrolla en un lugar cerrado. Dentro se encuentran los discípulos, en quienes ha hecho presa el miedo a los judíos. Llega Jesús y, tras saludarles, se identifica. El autor comenta lacónicamente: Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. El saludo repetido abre después las palabras de Jesús, constituyendo a los discípulos en enviados suyos. Un suave soplo de aire de Jesús es el símbolo de ese envío, que el propio Jesús explica. La segunda parte está formada por los vs. 24-29, con Tomás como protagonista. No cree lo que los demás le cuentan sobre Jesús. Más aún, pone condiciones para su aceptación. A los ocho días se repite el hecho en las mismas circunstancias de lugar y miedo.

Tras el saludo a todos, Jesús se dirige directamente a Tomás, a quien invita a dar crédito a la realidad de su persona. Tomás así lo hace, pero Jesús le puntualiza que el camino que ha seguido para creer en él no es ni el único ni el más dichoso. La tercera parte del texto son los vs. 30-31. Se trata de una conclusión del autor a toda su obra, indicando las dos motivaciones que ha tenido para escribirla.

Comentario. -Cuando el cuarto Evangelio habla de judíos no emplea el término en sentido nacional de pueblo judío, y cuando habla de discípulos no está hablando de los doce. Judíos y discípulos representan una actitud y una mentalidad religiosas que se ponen de manifiesto en el modo de entender el sentido y el papel de Jesús. No parece tratarse de una cuestión tan simple como la que presuponemos cuando denostamos a los judíos. El autor relaciona fe en Jesús con signos realizados por él. Véase la tercera parte del texto de hoy. Esta relación de fe y signo la encontramos desde Jn. 2, 11, es decir, desde el comienzo de la obra. Ahora bien, la elección del término "signo" nos está indicando que creer en Jesús no lo entiende el autor en un plano de superficie o de solas evidencias empíricas. De ahí la crítica a Tomás por querer aferrarse en exclusividad a este plano: ¿Porque me has visto has creído?. Dichosos los que crean sin haber visto. Estas palabras no pretenden quitar importancia a los testigos oculares.

SIGNO/QUÉ-ES: Tratan sencillamente de situar la fe, la nuestra, en su verdadera dimensión. Y esta dimensión no es la de la evidencia empírica, sino la de la significación o representación. El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra signo de la siguiente manera: "cosa que por su naturaleza o convencionalmente evoca en el entendimiento la idea de otra". Para el autor del cuarto Evangelio, creer en Jesús es descubrir lo que sus hechos y palabras evocan y quieren decir. Esto es, sitúa la fe en el plano de lo hondo a buscar y descubrir, porque a primera vista no aparece ni se ve. Es entonces cuando se es discípulo, es decir, creyente. ¡Y la vida empieza a brotar con fuerza! En realidad, así es como el autor del cuarto Evangelio ha presentado la fe en Jesús resucitado por parte de los discípulos.

Lo veíamos el domingo pasado. A ella han llegado a partir de la profundización en un signo, el sepulcro vacío. Por consiguiente, la primera parte del texto de hoy no quiere ser una demostración de que Jesús vive. En el planteamiento de Juan no entra la fe como apologética. Lo que Juan quiere poner de manifiesto en esa primera parte es el papel de los discípulos en cuanto creyentes.

Son los enviados de Jesús, como él lo ha sido del Padre. Lo son, por supuesto, desde la íntima paz y alegría nacidas de la efectiva y real presencia de Jesús. Pero no es esa presencia lo que se quiere hacer resaltar, sino el envío de los discípulos. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Los creyentes son una comunidad con un aire nuevo, el aire de Jesús, simbolizado en su suave soplo sobre ellos. Los creyentes son la comunidad del perdón de los pecados. ¡Lástima del aire viejo y enrarecido que a veces se ha infiltrado en estas palabras!

A. BENITO - DABAR 1986, 23


 

9.- Cuando se escribe este evangelio, el domingo, el día del Señor, es ya el día de la reunión de los cristianos. Estamos en el mismo día de la resurrección y es el mismo día de la efusión del Espíritu. Juan muestra que el misterio pascual es una unidad. Miedo y cerrazón. Unas actitudes de los discípulos que Jesús resucitado supera. A pesar del miedo y la cerrazón, él se les pone en medio. (Vale la pena tenerlo siempre presente: como una advertencia y como un motivo de esperanza). El evangelio subraya que la presencia de Jesús es real, pero distinta de la de antes, y que este Jesús es el crucificado: la resurrección no quita nada de la absurdidad y el sufrimiento de la muerte; en todo caso, nos hace ir más allá, nos la hace mirar con otra esperanza.

Jesús puede dar aquella paz que proviene de dar la vida. Jesús resucitado, dador de la paz, lleva la alegría. Quizá podríamos decir: al principio de la comunidad hay ya alegría... Jesús, enviado del Padre, envía a los discípulos. La misión de los discípulos es la misma de Jesús: ser testimonios del Padre, del Dios que ama tanto al mundo que le da la propia vida. Y el evangelista no habla de unos cuantos discípulos privilegiados, sino de todos. Empieza una nueva creación. Así como Dios había alentado sobre aquella figura de barro para darle la vida, Jesús da el Espíritu a los discípulos para que tengan su misma vida, una vida que se caracteriza por la reconciliación, por la capacidad de ser corderos de Dios que quitan el pecado del mundo a base de dar la propia vida por amor y con plena libertad. Tomás pide otros signos que no son el testimonio de la comunidad creyente que habla en nombre del Señor. De hecho, le bastará con el "reproche" que le dirige Jesús, y creerá como los demás, por su palabra. Y no sólo eso: hará la confesión máxima de la fe. ¡Exclama que Jesús es Dios! La bienaventuranza final se dirige a todos aquellos que creerán por la palabra y el testimonio.

J. M. GRANÉ - MISA DOMINICAL 1992, 6


 

10.- Sentido del texto. 1. Versículos 19-23. Como el antiguo Israel, los discípulos, que habían comenzado su éxodo siguiendo a Jesús, se encuentran desamparados en medio de un ambiente hostil. No tienen experiencia de Jesús vivo. Pero están en la noche en que el Señor va a sacarlos de la opresión. Jesús viene a liberar a los suyos. Su primer saludo de paz recuerda a los discípulos su presencia anterior en medio de ellos y su victoria, eliminando el miedo y la incertidumbre. Se les da a conocer como el que les demuestra su amor hasta la muerte, con las señales que indican su poderío (manos) y la permanencia de su amor (costado). El nuevo saludo en v. 21 sirve para transmitir seguridad y valentía en la misión que comienza para ellos y que, como la de Jesús, va a consistir en la actividad liberadora del hombre, hasta la entrega total. La comunidad cristiana es la alternativa que Jesús ofrece para dar testimonio ante el mundo de la realidad del amor del Padre. El resultado de la misión de la comunidad viene formulado en términos positivo y negativo en el v. 23. Ante el testimonio de amor que la comunidad tiene que dar, sucederá lo mismo que sucedió con Jesús: habrá quienes lo acepten y den su adhesión y quienes se endurezcan en su actitud hostil al hombre. Como Jesús, pues, la comunidad es mediación de salvación o de condena, no porque ella enjuicie a nadie, sino porque la actitud que se adopte ante ella refrendará lo que cada uno es y decide de por sí.

2. Versículos 24-29. La fe en Jesús vivo y resucitado consiste en reconocer su presencia en la comunidad de los creyentes, que es el lugar natural donde él se manifiesta y de donde irradia su amor. Tomás representa la figura de aquél que no hace caso del testimonio de la comunidad ni percibe los signos de la nueva vida que en ella se manifiestan. En lugar de integrarse y participar de la misma experiencia, pretende obtener una demostración particular. No quiere aceptar que Jesús vive realmente y que la señal tangible de ello es la comunidad transformada en la que ahora se encuentra. La comunidad transformada es ahora lo importante: ella es el medio que las generaciones posteriores tendrán para saber que Jesús vive realmente.

DABAR 1983, 23


 

11.- PERDON/A.

Así como en la primera creación del hombre, Dios le infundió la vida, así también el aliento de Jesús comunica la vida a la nueva creación espiritual. Cristo, que murió para quitar el pecado del mundo, ya resucitado, deja a los suyos el poder de perdonar. Así se realiza la esperanza del pueblo de la Biblia. Dios lo había educado de modo que sintiera la presencia universal del pueblo. En el templo se ofrecían animales en forma ininterrumpida para aplacar a Dios. Pero ese río de sangre no lograba destruir el pecado, y los mismos sacerdotes debían ofrecer sacrificios por sus propios pecados antes de rogar a Dios por los demás. Las ceremonias y los ritos no limpiaban el corazón ni daban el Espíritu Santo. Pero ahora, en la persona de Jesús resucitado, ha llegado un mundo nuevo. Aunque la humanidad siga pecando, ya el primero de sus hijos, el "hermano mayor de todos ellos", ha ingresado en la vida santa de Dios.

Los que se afanan por la vida espiritual, sufren sobre todo por la presencia universal del pecado. Su tristeza profunda está en no hallarse aun totalmente liberados de él. De ahí que el perdón de los pecados sea para ellos la riqueza más grande de la iglesia. La capacidad de perdonar es la fuerza que permite solucionar las grandes tensiones de la humanidad. Si bien penetra difícilmente en los corazones, ella no deja de ser un gran secreto... Quien no sabe perdonar, no sabe amar. En la reconciliación se muestra al prójimo el amor más auténtico.

EUCARISTÍA 1992, 21


 

12.- Cristo es percibido como presente entre sus discípulos reunidos en la tarde del primer día de la semana (tal vez convenga ver aquí una alusión a las reuniones cristianas que se celebraban en domingo). Este dato, confirmado por 1 Cor 15, 4 (uno de los más antiguos relatos sobre la resurrección), no parece que se refiera solamente a la costumbre literaria de hacer resucitar a los dioses a los tres días. Sino que, dado el número, la confluencia de testigos y la simplicidad de los relatos, podemos admitir que así fue. Posteriormente los creyentes tomaron este día como el más significativo para celebrar al misterio cristiano. Obligación de amor, que no de ley.

La misión de los discípulos se deriva del suceso de Pascua (cf. Mt 28, 16-20; Mc 16, 15-20; Lc 24,44-49); pero Juan lo encuadra en el conjunto de la misión de Jesús (17, 17-19). Además, no subraya el carácter universal de la misión; tal vez porque esta meta ya ha sido conseguida a la hora en que se escribe el evangelio de Juan (cf. 4, 35-38). Los apóstoles y todos los discípulos son portadores de la misión de Jesús. La Iglesia, si cree de verdad en la resurrección, tiene que acercarse a los extremos de la miseria humana; allí está su campo de misión, su labor de hacer ver que el mensaje pascual es coherente y válido.

A pesar de que en las diferentes Iglesias hay controversia sobre el punto de quién ejerce el don del perdón, lo que sí es cierto es que la fuerza perdonadora del resucitado reside en los creyentes, en los discípulos de Jesús (cf. Mt 16, 19). Después de la resurrección es posible creer en el perdón porque el poder de las tinieblas ya no volverá a reinar en el mundo. Creer en esto y trabajar en consecuencia es ser cristiano. En adelante, la fe reposa no sobre el "ver", sino sobre el testimonio de los que han visto. Por esta fe es por la que los cristianos llegamos a Cristo (17, 20). Y recreamos en nuestras vidas el mismo hecho salvador de la cruz y la misma alegría de la resurrección. Así entramos en comunión con los Apóstoles, que "vivieron", y participamos de su experiencia pascual.

EUCARISTÍA 1977, 20


 

13.- Podríamos llamar «oficiales», apariciones colectivas, a las de Jesús resucitado a todos los discípulos juntos. De entre ellas, aquellas cuyo día nos es señalado claramente, tienen lugar en domingo. La tarde del mismo día de Pascua los discípulos de Emaús, después de la aparición con que ellos han sido agraciados, se reúnen con los otros discípulos en Jerusalén (Lc. XXIV, 33), Jesús se aparece a todo el grupo en ausencia de Tomás. Una semana más tarde se aparece de nuevo y confunde el escepticismo de Tomás que no creyó lo que le refirieron sus compañeros. El evangelio de este domingo nos relata punto por punto estas dos primeras apariciones generales, separadas por una semana. La elección de este pasaje para el domingo posterior a la Pascua está inspirada en la concreta indicación que figura en medio del texto y que es como el quicio del evangelio de este domingo: «ocho días más tarde» (v. 26).

DO/ANIVERSARIO: Este domingo después de Pascua es, verdaderamente, el primero de todos los domingos. En efecto, la Resurrección de Jesús es un acontecimiento histórico, único en el transcurso de los siglos. La reunión de los discípulos, justamente una semana después, y la visita de Jesús que viene a solemnizar esta reunión como si le confiriese un carácter oficial, hacen que el misterio de la Resurrección deje de tener, si así se puede decir, carácter de acontecimiento para adquirir el de institución. Se trata de algo que no basta recordar como un hecho histórico, sino que es preciso celebrarlo, es decir, empaparse de su realidad y de su riqueza espiritual. La primera celebración de la Pascua tuvo lugar el primer domingo siguiente a la misma. De este modo, el domingo ha venido a ser el «hebdoversario» de la Resurrección, su celebración hebdomadaria.

Los discípulos del Señor, judíos de origen, tenían la costumbre de dedicar al Señor un día por semana; pero ya estaba el sábado. Les era necesario conservar el ritmo religioso hebdomadario, pero también les era necesario indicar que convenía cambiar de día para que el día del Señor fuese el día de la Resurrección del Señor. Jesús, con su aparición del primer domingo después de Pascua, contribuyó a este desplazamiento del día consagrado y de descanso. Con ocasión de la Pascua todos los cristianos han cumplido su "deber pascual". Los inconstantes, los negligentes y los indiferentes también han hecho el cumplimiento pascual. Es necesario ayudarles a permanecer fieles, a no retornar a su negligencia... hasta la próxima Pascua. Muchos pastores toman voluntariamente la negligencia como tema para su predicación del domingo in albis. La celebración hebdomadaria inaugurada por el Señor, el pasaje del acontecimiento único convertido en institución habitual, todos estos pensamientos enmarcados en la liturgia del día, ¿no constituyen un buen punto de partida para una tal predicación dirigida a los que han hecho el cumplimiento pascual? San Gregorio Nacianceno escribió en el siglo IV a propósito del domingo octava de la Pascua: «Después de ocho días, que la octava sea para ti una gran fiesta... El domingo aquel (la Pascua) era el de la salud, éste es el del aniversario de la salud; aquél era la frontera entre el sepulcro y la resurrección; éste es sencillamente el de la segunda creación, a fin de que, igual que la primera creación comenz6 en domingo, así también la segunda creación comience en el mismo día, que es, al mismo tiempo, el primero en relación con los que le siguen y el octavo con relación a los que le preceden, más sublime que el día sublime y más admirable que el día admirable: él se refiere, en efecto, a la vida de arriba».

L. HEUSCHEN - LA BIBLIA CADA SEMANA - EDIC. MAROVA/MADRID 1965.Pág 175 s.


 

DOMINGO 2 DE PASCUA

Concluye la octava de Pascua

Dentro de la Cincuentena Pascual, tiene personalidad propia esta primera semana que hoy acaba, la "octava de Pascua", que se celebra como un único día. Hoy, en el prefacio, todavía decimos: "en este día en que Cristo nuestra Pascua ha sido inmolado".

La tercera edición oficial del Misal Romano (año 2002) le da a este domingo el nombre de "Domingo II de Pascua o de la divina misericordia". Lo cual no significa ninguna fiesta nueva, ni ningún cambio en los textos del domingo. Es antigua tradición en diversas liturgias (como en la hispánica) de distinguir los varios domingos con un título que alude a sus contenidos: "el domingo de Lázaro", o "de la samaritana", o "del Buen Pastor". A este mismo domingo otros le llaman "domingo de Tomás". Desde muy antiguo, se le ha llamado también "dominica in albis", porque en Roma, durante toda esta octava, los neófitos conservaban el vestido blanco que habían recibido en el Bautismo de la Noche pascual, y el domingo de la octava se despojaban de él: por eso se llamaba este domingo "in albis", o sea, "in albis deponendis", "el domingo en que se despojan ya de los vestidos blancos". Por influencia de una santa polaca, Faustina Kowalska, se ha generalizado en Polonia, y después en otras partes, esta "devoción a la divina misericordia". Pero el decreto con que se estableció el nuevo nombre de este domingo, el año 2000, indica claramente que seguimos celebrando la Pascua del Señor, precisamente en su día octavo, y que no cambian los textos ni bíblicos ni de oración de este domingo.

Hoy es un buen día para dirigir la atención de la comunidad hacia la realidad del domingo, como día en el que de modo privilegiado "se aparece" el Señor Resucitado a los suyos: el "primer día" de la semana, y luego "a los ocho días", o sea, de nuevo el primer día, pero de la semana siguiente.

 

Hechos 2, 42-47. Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común.

En el libro de los Hechos de los Apóstoles podemos espejamos en verdad las comunidades cristianas de todos los tiempos.

Hoy leemos un pasaje que se puede considerar como un resumen de lo que era la vida de aquella primera comunidad, uno de los "sumarios" que Lucas incluye en los Hechos. Este es el primero (hay otros en el c. 4 y en el c. 5). Y nos informa de que las cuatro dimensiones básicas de la vida de aquella comunidad eran la doctrina apostólica, la comunión de bienes, la celebración de la eucaristía y la plegaria común.

El salmo responsorial, más que comentar la lectura 1ª, sintoniza con la Pascua que estamos celebrando: "hay cantos de victoria en las tiendas de los justos". Nos invita a alabar a Dios: "dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia". En ningún tiempo como en el de Pascua tenemos motivos para expresar esta alegría agradecida, porque sigue siendo "el día en que actuó el Señor, y tiene que ser nuestra alegría y nuestro gozo".

 

1 Pedro 1, 3-9. Por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva.

Este año, como decíamos en la introducción a la Cincuentena, es la primera carta atribuida a Pedro la que nos acompañará los domingos de Pascua, una carta que se dirigía a las comunidades cristianas del Asia Menor que vivían en un ambiente nada favorable, y que se puede considerar como una catequesis bautismal-pascual.

La página de hoy es un himno de acción de gracias a Dios Padre, porque "por la resurrección de Cristo nos ha hecho nacer de nuevo para una espe­ranza viva", y eso nos da ánimos para seguir fieles a Cristo, a pesar de que haya pruebas y sufrimientos, mientras caminamos hacia la herencia final que tenemos ya reservada para nosotros en el cielo.

 

Juan 20, 19-31. A los ocho días, se les apareció Jesús

Por una venerable tradición, se lee cada año en este domingo el evangelio en el que Juan nos cuenta las dos apariciones del Resucitado a los apóstoles: el "primer día de la semana", en ausencia de Tomás, y "a los ocho días", ahora con la presencia del incrédulo, que tiene la ocasión de expresar su fe con una confesión muy afortunada: "Señor mío y Dios mío".

Las dos veces el saludo de Jesús es un saludo de paz que les llena de alegría: "¡shalom!". Pero el encuentro es también de misión, "así también os envío yo", y de donación del Espíritu, "recibid el Espíritu Santo". Para Juan la infusión del Espíritu sucede en el día mismo de Pascua, y no a los cincuenta días, como en el relato de Lucas.

Esta infusión del Espíritu y esta misión tienen un contenido muy importante: "a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados" (este es el motivo por el que desde la Iglesia de Polonia se ha pedido que este domingo se llame también "de la misericordia divina").

 

Se llenaron de alegría al ver al Señor

La noticia pascual por excelencia -que Cristo vive y nos está presente-, sigue resonando hoy con fuerza para todas las comunidades cristianas del mundo. El Resucitado es el mismo que el Crucificado, y por eso enseña las llagas de sus manos y de su costado. Pero también el Crucificado es ahora el Resucitado, que vive para siempre.

La aparición de Jesús a los suyos el primer día, y luego el día octavo, les llena con razón de alegría. Esa misma resurrección y presencia es la razón de ser de la alegría y la confianza que rezuma la carta de Pedro: "no habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él, y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado".

Continúa, por tanto, al final de esta octava, el carácter pascual de nuestra fe y de nuestra Eucaristía, como también el carácter bautismal de nuestra comunidad, porque es todavía muy reciente la experiencia de los bautizos y tal vez han comenzado ya las Confirmaciones. La oración colecta, alu­diendo claramente a los "sacramentos de iniciación", que son también los sacramentos más pascuales, pide la gracia de que "comprendamos mejor que el Bautismo nos ha purificado, que el Espíritu nos ha hecho renacer y que la sangre nos ha redimido". En la oración sobre las ofrendas también afirmamos sentimos "renovados por la fe y el Bautismo", camino de la eterna bienaventuranza.

 

Una comunidad "pascual": ¿cuadro utópico? ¿un reto para nosotros?

El primer fruto de la Pascua de Cristo y de su envío del Espíritu fue su comu­nidad, transformada por el gran acontecimiento: "¡hemos visto al Señor!".

Es una comunidad que, según Lucas, permanece fiel a cuatro aspectos de su vida: la doctrina de los apóstoles, la comunión fraterna, la fracción del pan y la oración. Podríamos decir que estos cuatro pilares de la comunidad son la evangelización, la oración, la Eucaristía y la comunión fraterna.

Es una comunidad de creyentes. Los que forman esa comunidad son los que han sido agraciados con el don de la fe, los que han creído "que Jesús es el Mesías, el hijo de Dios" y que en su nombre se nos da la vida, los que han creído a pesar de no haberle visto. Además, "perseveran en la enseñanza de los apóstoles".

Es una comunidad sacramental. Los que creen y reciben el Bautismo "nacen de nuevo", se agregan a la comunidad y se reúnen cada domingo para celebrar la Eucaristía. También es una comunidad depositaria de otro signo sacramental, el de la Reconciliación: "a quienes les perdonéis los pecados, les quedarán perdonados".

Es una comunidad fraterna y solidaria. "Lo tenían todo en común: vendían posesiones y bienes y lo repartían entre todos". Los creyentes no comparten sólo su fe, sino también se muestran solidarios y van trabajando para que crezca la fraternidad entre ellos. Es una comunidad unida hacia dentro.

Es una comunidad misionera que crece. "Yo os envío", dice Jesús a sus apóstoles, y en los Hechos nos enteramos de que la gente sabía apreciar el testimonio que daba aquel grupo de cristianos: "eran bien vistos por todo el pueblo", y por eso "día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando". No es una comunidad cerrada, sino abierta y enviada a una misión. Están en el mundo, aunque son distintos y dan testimonio de valores nuevos.

Es una comunidad experta en dolor. Ahora ya está formada por personas que "no han visto a Jesús" y que por eso a veces tienen la tentación de la duda. Una comunidad que ya desde el primer siglo es perseguida por un mundo hostil o indiferente. El libro de los Hechos nos contará muchos de estos momentos difíciles, y la carta de Pedro habla ya desde el inicio de que los que creen en Jesús tendrán que sufrir un poco, en pruebas diversas. Pero también dice que lo podrán superar todo movidos por la fe y la esperanza en Cristo Jesús.

Es una comunidad alegre y esperanzada. La página de Pedro está llena de optimismo: resurrección, nacimiento nuevo, esperanza, alegría, fuerza, marcha dinámica hacia la salvación final. Que en medio haya momentos de prueba es menos importante, porque con la fuerza de Dios lo superan todo.

Es un buen espejo para que nos examinemos nosotros hoy: nuestras comu­nidades cristianas, parroquiales o religiosas, ¿tienen estas cualidades que admiramos en la primera? Puede parecernos un poco utópico el cuadro "pascual" que nos presenta Lucas (seguramente está idealizado: basta seguir leyendo en los capítulos siguientes). Pero es el programa de vida nueva al que Dios nos invita al unirnos al Resucitado y dejarnos guiar por su Espíritu. Es un reto para toda comunidad cristiana de hoy.

 

Los domingos se nos "aparece" el Señor

Sobre todo, la comunidad cristiana, ya desde el principio, es una comuni­dad eucarística, que se reúne cada domingo para celebrar y participar en el memorial de la Pascua que Jesús les ha dejado en testamento. Para nosotros, cada domingo es la Pascua semanal. Hoy parece como si el evangelio nos quisiera transmitir una "catequesis del domingo cristiano". La primera de las apariciones que nos cuenta Juan sucede "el día primero de la semana", y la segunda "a los ocho días", o sea, de nuevo el primer día: pero de la semana siguiente, lo cual apunta a nuestra marcha incesante, semana tras semana, hacia la plenitud de los tiempos.

Uno puede preguntarse si en los días intermedios no tuvieron aquellos discí­pulos la convicción de la presencia del Resucitado. Jesús se había despedido diciendo: "estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo". Pero aquí Juan parece como si quisiera convencernos de que es en este día del domingo cuando de un modo privilegiado podemos experimentar la gracia que nos hace el Señor con su presencia.

La reunión dominical es un momento muy significativo en que nos reuni­mos en tomo a Cristo ("donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo"), escuchamos su Palabra y participamos en el memorial de su sacrificio pascual, comulgando con su Cuerpo y Sangre.

Vale también hoy lo que ha sido lema y consigna desde el principio de la Iglesia: la "comunidad del Señor" se reúne en "el día del Señor" para cele­brar la "cena del Señor".

Ser fieles a esta convocatoria eucarística del domingo es como una garantía de que los cristianos seguiremos creciendo en nuestra unión con Cristo, en nuestra pertenencia a su comunidad y en nuestra vida de fe. La Eucaristía dominical es como una inyección de esperanza y valentía para la vida de cada día.

 

Creer en tiempo de dudas

El que Tomás tuviera dudas puede resultar estimulante para nosotros: "si no meto la mano en su costado, no lo creo". No creyó a lo que le decían sus hermanos de comunidad. A todos nos viene la tentación de pedir a Dios pruebas de su cercanía, como un "seguro de felicidad" o poco menos. Qui­siéramos tal vez "ver el rostro de Dios" (como en el AT había sido el deseo de Moisés y de Elías), o recibir signos de que nuestro camino es el bueno. Algunos, incluso, tienen un excesivo afán de milagros y apariciones en los que basar su fe. Queremos "ver" para poder "creer". Mientras que Jesús llama bienaventurados a los que creen sin haber visto.

Todos tenemos dudas y momentos de crisis en la fe: o porque Dios parece haber entrado en eclipse en nuestra vida, o porque se nos han acumulado las desgracias que nos hacen dudar del amor de Dios, o porque las tentaciones nos han llevado por caminos no rectos o porque nos hemos ido enfriando en nuestro fervor inicial.

No es que sea buena la duda en sí, sobre todo si es sistemática y puede resultar casi patológica e impedimos seguir el camino. Pero la duda tiene también aspectos positivos. Dudar puede significar que no ponemos nuestra confianza en cosas superficiales, que somos humildes en nuestros planteamientos, que seguimos siempre en búsqueda y apertura. Dudar puede significar que somos peregrinos, y que nuestra fe no se basa sólo en que nuestra familia o nuestro entorno nos la han transmitido, sino que, además de ser don de Dios, es también conquista nuestra, que pide nuestro "sí" personal, en medio de la ventolera de ideas que hay a nuestro alrededor, que puede hacer tambalear nuestras seguridades en un momento determinado.

Podemos aprender de la duda de Tomás a despojarnos de falsos apoyos, a estar un poco menos seguros de nosotros mismos y aceptar la purificación que suponen los momentos de inseguridad, sabiendo creer en el testimonio de la Iglesia que, desde hace dos mil años, nos anuncia de palabra y de obra la presencia del Resucitado, aunque no le veamos.

Nosotros, después de dos mil años de los acontecimientos pascuales de Jerusalén, pertenecemos a esas generaciones que tienen todavía más mérito que la primera al creer en Cristo, porque, como decía Pedro a sus lectores de la segunda generación, nosotros tampoco hemos oído ni visto ni tocado personalmente a Jesús y, sin embargo, creemos en él. Se nos aplica perfec­tamente lo que Jesús dijo al incrédulo Tomás: "porque me has visto, Tomás, has creído: dichosos los que crean sin haber visto".

Tanto en los momentos en que brilla el sol en nuestra vida como cuando hay nubarrones que nos hacen tener miedo o dudas, debemos imitar a Tomás en la segunda de sus actitudes, en su fe, que nos haga decir también a nosotros: "Señor mío y Dios mío". Y nos haga vivir de acuerdo con esa fe.

Ojalá a los que no "vemos" personalmente a Jesús nos resulte fácil "descu­brirle" presente por el testimonio de su comunidad. Si la comunidad eclesial, si cada creyente, si cada familia cristiana, fueran como la que dibuja Lucas unida, alegre, abierta, solidaria, rica en fe y esperanza- seguramente no necesitaríamos milagros ni apariciones para creer en Jesús. Su "aparición" serían las personas que dicen creer en él y, en efecto, imitan su estilo de vida y crean a su alrededor un espacio de esperanza. Para eso no hace falta que la Iglesia sea perfecta: pero en medio de sus debilidades o tensiones o dificul­tades, debe dar testimonio creíble de esa buena noticia que es la presencia viva del Señor y la herencia que nos está reservada a sus seguidores.

LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)

 

PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO II DE PASCUA CICLO A 2026

DOMINGO II DE PASCUA

 

01.- SALMO 118 ESTE EL DIA QUE ACTUO EL SEÑOR (Miguel Manzano)

ESTE ES EL DÍA EN QUE ACTUÓ EL SEÑOR,

SEA NUESTRA ALEGRÍA Y NUESTRO GOZO.

DAD GRACIAS AL SEÑOR, PORQUE ES BUENO,

PORQUE ES ETERNA SU MISERICORDIA.

¡ALELUYA! ¡ALELUYA!

 

1. Que lo diga la Casa de Israel:

es eterna su misericordia.

Que lo diga la Casa de Aarón:

es eterna su misericordia.

Que lo digan los fieles del Señor:

es eterna su misericordia.

 

2- Escuchad, hay cantos de victoria

en las tiendas de los justos:

¡La diestra del Señor es poderosa,

es excelsa la diestra del Señor!

¡La diestra del Señor es poderosa,

es excelsa la diestra del Señor!.

 

02.- UNIDOS EN LA FIESTA (Joaquin Madurga)

UNIDOS EN LA FIESTA,

LA ALEGRÍA SE HACE CANCIÓN.

UNIDOS EN LA FE,

LA ALEGRÍA SE HACE ORACIÓN.

 

Cantaremos al Señor

aleluyas con himnos y salmos,

porque grande es el amor

que en nosotros por siempre mostró.

Cantad, cantad, cantad…

 

Cantaremos la bondad

del Señor que nos sienta a su mesa,

y nos llama a comulgar

como hermanos su vino y su pan.

Cantad, cantad, cantad…

 

Nuestras voces cantarán

el amor de su misericordia,

porque sabe perdonar

y nos llena de eterna bondad.

Cantad, cantad, cantad…

 

Cantaremos al Señor

aleluyas al son de instrumentos

y será nuestra canción

la alabanza que ensalza su amor.

Cantad, cantad, cantad…

 

03.- AL ALTAR DEL SEÑOR

AL ALTAR DEL SEÑOR, VAMOS CON AMOR

A ENTREGAR AL SEÑOR, LO QUE EL NOS DIO.

 

Pan le traemos, trigo de Dios

para la mesa que Él nos preparó

Vino traemos, viña de Dios

para la fiesta de la comunión.

 

Luces traemos, para alumbrar

la mesa santa de nuestro altar

Flores traemos para alegrar

esta comida de la amistad.

 

Hoy nuestro juego, nuestro dolor

nuestros estudios, Canciones al Señor

Toda la vida vamos a dar

para la ofrenda de Cristo en el altar.

 

04.-TE CONOCIMOS AL PARTIR EL PAN (Joaquin Madurga).

Andando por el camino te tropezamos, Señor,

te hiciste el encontradizo, nos diste conversación.

Tenían tus palabras fuerza de vida y amor,

ponían esperanza y fuego en el corazón.

 

TE CONOCIMOS, SEÑOR, AL PARTIR EL PAN.

TÚ NOS CONOCES, SEÑOR, AL PARTIR EL PAN. (2).

 

Llegando a la encrucijada, Tú proseguías, Señor,

te dimos nuestra posada, techo, comida y calor;

sentados como amigos a compartir el cenar,

allí te conocimos al repartirnos el pan.

 

Andando por los caminos te tropezamos, Señor,

en todos los peregrinos que necesitan amor;

esclavos y oprimidos que buscan la libertad,

hambrientos, desvalidos, a quienes damos el pan.

 

05.- LA MISERICORDIA DEL SEÑOR (Taize)

Rem      La        Rem        Do

La misericordia del Señor,

   Fa    Do   Rem La Rem

cada día cantaré.

 

Rem La         Rem      Do

1. Cantaré eternamente,

    Fa          Do          Rem La Rem

las misericordias del Señor.

 

Rem  La      Rem Do   Fa

2. Anunciaré tu fidelidad,

         Do            Rem La Rem

por todas las edades.

 

Rem  La      Rem Do   Fa

3. Porque dije: tu misericordia,

 Do            Rem La Rem

es un edificio eterno.

 

Rem  La      Rem Do   Fa

4. Más que el cielo has afianzado,

  Do   Rem La Rem

Señor tu fidelidad.

 

         Rem             La           Rem        Do

5. El poder y la fidelidad te rodean,

Fa          Do                           Rem LA   Rem

misericordia y fidelidad te preceden.

 

Rem           La   Rem     Do       Fa   

6. Bendito el Señor por siempre,

Do    Rem La   Rem

amén, amén.

 

06.- MISERICORDIA, SEÑOR (Joaquin Madurga)

MISERICORDIA, SEÑOR,

POR TU BONDAD, MISERICORDIA (2V)

 

Piedad de mí, Señor, por tu bondad,

por tu inmensa ternura borra mis pecados,

lávame de todos mis delitos y de mis culpas purifícame.

 

Crea en mí un nuevo corazón,

un espíritu nuevo pon dentro de mí;

no me rechaces lejos de tu rostro,

y no retires de mi tu Santo Espíritu.

 

Devuélveme la alegría de tu amor,

y devuélveme el gozo de ser un hombre bueno;

enseñaré a todos tus caminos,

los pecadores volverán a ti.

 

07.- MISERICORDIA QUIERO (Obispado de Huelva)

MISERICORDIA QUIERO Y NO SACRIFICIOS.

MISERICORDIA QUIERO Y NO SACRIFICIOS.

 

Escucha, pueblo mío, acoge mi palabra.

Este tu oído atento: te mostrare la vida.

No me gustan las ofrendas que se quedan en lo externo.

El culto que yo quiero es la humilde y justicia.

 

No olvides la denuncia que hicieron los profetas:

“Mi pueblo me da honra tan solo con los labios,

pero esta su corazón lejos de mi voluntad.

Su doctrina son preceptos inventados por los hombres”.

 

Quitad de vuestro culto las practicas vacías,

Buscadme sin descanso con todo el corazón,

Vuestra ofrenda habrá de ser un espíritu contrito,

Un humilde corazón será vuestro sacrificio.

 

Levanta al oprimido; al huérfano defiende;

Protege a las viudas; lo recto buscaras.

Compasión y bondad son los dones que me agrandan.

Holocausto aceptable es hacer mi voluntad.

 

08.- REGINA CAELI

Como se debe leer el Regina Caeli

 

Reyina cheli létare Aleluya

Cuia cuem meruisti portare Aleluya

Resurrexit, sicut dixit Aleluya

Ora pro nobis Deum Aleluya

 

Como se escribe

 

Regina Caeli, laetáre Alleluia

Quia quem meruisti portare Alleluia

Resurréxit, sicut dixit Alleluia

Ora pro nobis Deum Alleluia

 

09.- REINA DEL CIELO

Reina del cielo, alégrate, ¡Aleluya!

porque el Señor,

a quien mereciste llevar, ¡Aleluya!

resucitó según su Palabra, ¡Aleluya!

Ruega al Señor por nosotros, ¡Aleluya!.

 

10.- MI DIOS ESTA VIVO

Mi Dios está vivo, Él no está muerto.

Mi Dios está vivo en mi corazón.

 

Mi Dios está vivo, ha resucitado,

lo siento en mis manos,

lo siento en mis pies,

lo siento en mi alma y en mi ser.

 

OH, OH, OH, OH, HAY QUE NACER DEL AGUA.

OH, OH, OH, OH, HAY QUE NACER

DEL ESPÍRITU DE DIOS.

OH, OH, OH, OH, HAY QUE NACER DEL AGUA

Y DEL ESPÍRITU DE DIOS

HAY QUE NACER DEL SEÑOR.  (2)

 

PREPÁRATE PARA QUE SIENTAS (3)

EL ESPÍRITU DE DIOS.

DÉJALO QUE SE MUEVA (3)

DENTRO DE TU CORAZÓN.

 

Mi Dios está vivo, Él no está muerto.

Mi Dios está vivo en mi corazón.

Lo veo a mi lado nunca me abandona,

lo veo por el aire, lo veo junto al mar,

lo veo por el monte caminar.

ESTRIBILLO.

 

11.- SOMOS TESTIGOS (Kairoi)

El Señor resucitó

venciendo la muerte en la cruz,

nuestra esperanza está en Él,

Él es nuestro Salvador.

Atrás quedó el temor,

la duda y la poca fe,

hagamos ya realidad

un Reino nuevo de amor.

 

SOMOS TESTIGOS DE LA RESURRECCIÓN,

ÉL ESTÁ AQUÍ, ESTÁ PRESENTE,

ES VIDA Y ES VERDAD.

SOMOS TESTIGOS DE LA RESURRECCIÓN,

ÉL ESTÁ AQUÍ,

SU ESPÍRITU NOS MUEVE PARA AMAR.

 

Tú nos reúnes, Señor,

en torno al cáliz y al pan,

y nos invitas a ser

la luz del mundo y la sal.

Donde haya odio y dolor

haremos presente tu paz;

en cada gesto de amor,

María, Madre, estará.

 

12.- CRISTO NUESTRO HERMANO (Cesareo Garabain)

ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.

 

Porque Cristo nuestro hermano, ha resucitado:

María, alégrate.  (2)

 

Porque Cristo nuestro hermano, nos ha redimido:

María, alégrate. (2)

 

Porque en Cristo nuestro hermano, hemos renacido:

María, alégrate.  (2)

 

Porque en Cristo nuestro hermano, todos somos hijos:

María, alégrate.  (2)

 

13.- ENVIADOS (Antonio Alcalde)

LO QUE HEMOS VISTO Y OÍDO,

     SOL   MIm      LA

LO VIVIDO ANTE EL ALTAR,

   RE      SOL      LA

A TODOS NUESTROS HERMANOS

    MIm    SOL  LA

LO TENEMOS QUE LLEVAR.

        RE    SOL    RE

LO QUE HEMOS VISTO Y OÍDO,

SOL  RE    LA      RE

LO VIVIDO ANTE EL ALTAR.

 

 

RE  SOL             RE

Es Cristo quien no envía:

  SOL            LA

testigos de la verdad,

  SOL   MIm    RE

profetas y misioneros,

    SOL       MIm   LA

constructores de la paz.

 

 

RE         SOL    RE

Peregrinos sin fronteras

   SOL           LA

de una patria universal,

  SOL    MIm   RE

esperamos la venida

     SOL      MIm  LA

del Señor que volverá.