viernes, 3 de abril de 2026

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO DE RESURRECCION CICLO A - 5 ABRIL 2026

 EL NACIMIENTO DE NUESTRA FE

 Si no encontramos a Jesús dentro de nosotros, no lo encontraremos en  ninguna parte

COMENTARIO

 

Los cuatro evangelistas, que son diferentes entre sí, empiezan de la misma forma su ultimo capitulo, el de la resurrección: “El primer día de la semana”. En el amanecer de aquel primer día nace la fe pascual, nuestra fe. Al principio fue tan solo una conmoción en la sombra (“Aunque estaba oscuro”, indica Juan, el evangelista preciso y buscador de símbolos), luego una agitación de amor, Juan el “discípulo preferido de Jesús”, se preocupa de subrayar debidamente la presencia de otra preferida, María de Magdalena; la fe y el amor están estrechamente ligados entre sí. Al llegar al final de los cuatro evangelios, si hay algo claro para nosotros es precisamente la certeza de que toda nuestra vida se basa en ese binomio fe-amor. María ve la losa quitada, corre a avisar a Pedro y a Juan y les dice algo tan terrible a propósito de Jesús que la idea de muerte se hace aún más pesada: “No sé dónde lo han puesto”. No piensa más que en un cadáver, en un objeto. Tan cerca de lo que va a ser nuestra fe, todavía nos encontramos ante un abismo infranqueable. Pero Pedro y Juan van corriendo y descubren los primeros signos de “otra cosa”: el sepulcro vacío, el sudario y las vendas cuidadosamente enrolladas. Pedro sigue todavía perplejo, no entiende. Mas intuitivo que Pedro, Juan da el inmenso paso de la fe: “Vio y creyó”. El evangelista insiste en este fantástico “creyó” que en adelante va a separar dos mundos, el de antes y el de después de la resurrección: “Hasta entonces no habían entendido lo que dice la Escritura que tenía que rescatar de la muerte”. El evangelista dice de sí mismo: “Vio y creyó”, y contará que María dijo: “He visto”. Luego los discípulos “ven” y finalmente Tomás vio y creyó. Pero el resucitado proclama entonces la gran bienaventuranza: “Dichosos los que creen sin haber visto”. La fe no es una meditación sobre Dios, sino un don de Dios que nos abre a los primeros creyentes vieron y comprendieron; el sepulcro vacío, las apariciones de Jesús resucitado, el testimonio de la escritura.

La mayor parte de nosotros hemos recibido fácilmente la fe y nos hemos quedado en la facilidad pasiva. “Desde luego yo soy cristiano y hasta practicante”. Pero el aire que respiramos es mortal para nuestra creencia y nuestras prácticas. En un clima de lucro y de consumo, en la agresión permanente de los científicos, de los psicólogos y de los medios de comunicación social, creer en la resurrección exige un cultivo de la fe. Muchos padres se desalientan por el abandono de sus hijos y preguntan cómo pueden transmitirles mejor la fe. La primera respuesta es una cuestión ¿qué fuerza de fe, que inteligencia de la fe tenemos nosotros para transmitírsela a ellos?

Una reflexión sobre este punto nos infundirá quizás el deseo de conocer mejor la biblia y de seguir la puesta al día de la fe en las enseñanzas de la iglesia. Esa fe sigue siendo ciertamente la fe de la mañana de pascua, pero no cesa de enriquecerse con las formas de vivirla en cultura diferentes. No basta con cantar: “¡Cristo ha resucitado!”, es preciso advertir todas las consecuencias que esto lleva consigo en el mundo entero y en nuestra propia vida.

 

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

 ANTIFONA DE ENTRADA Lc 24, 34; Ap 1, 6

Verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya. A Él la gloria y el poder por toda la eternidad, aleluya, aleluya.

 

 ORACION COLECTA

Oh, Dios, que, en este día, vencida la muerte, nos has abierto las puertas de la eternidad por medio de tu Unigénito, concede, a quienes celebramos la solemnidad de la resurrección del Señor, que, renovados por tu Espíritu, resucitemos a la luz de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 34a.37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Ustedes conocen lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que diablo, porque Dios estaba con ÉL Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con Él después de su resurrección de entre los muertos. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De Él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en Él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados»,

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 117, 1-2.16-17,22-23)

Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

 

Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. R.

 

La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. R.

 

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4

Hermanos: Si han resucitado con Cristo, busquen los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspiren a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque han muerto; y su vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes aparecerán gloriosos, juntamente con Él.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Co 5, 7b-Ba

Aleluya. Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así, pues, celebremos la Pascua en el Señor. Aleluya.

 

 EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que El había de resucitar de entre los muertos.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Dirijamos nuestra oración a Dios nuestro Padre, para que la comunidad cristiana, confirmada en la fe, dé razón de su esperanza ante todos los hombres.

 

1.- Por la Iglesia, el Papa, los obispos, sacerdotes y diáconos, religiosos y religiosas, y por todos los fieles; que en todos crezca la fe y la esperanza que trae la resurrección del Señor. Roguemos al Señor.

 

2- Por nuestro país y por todos los países del mundo; que a todos alcance la paz y el bienestar. Roguemos al Señor.

 

3.- Por el cristiano que duda, por el incrédulo que quisiera creer y por todos los que buscan con amor la verdad; para que, iluminados por la gracia pascual, reconozcan que sólo en Cristo está la salvación. Roguemos al Señor.

 

4.- Por todos los que viven la experiencia del dolor; para que no se dejen vencer por el desánimo, sino que, por la fuerza de la fe y la solidaridad de los hermanos, sientan que Dios está cerca de ellos. Roguemos al Señor.

 

5.- Por todos los aquí presentes; para que en todo momento seamos resonancia viva de la Palabra que nos salva. Roguemos al Señor.

 

Padre, que en la resurrección de tu Hijo ahuyentas los temores y haces posible lo que nuestro corazón no se atreve a esperar; concédenos renovarnos con la fe de quien se siente resucitado en el bautismo. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

 ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Rebosantes de gozo pascual, ofrecemos, Señor, este sacrificio en el que tan maravillosamente renace y se alimenta tu iglesia Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 ANTIFONA DE COMUNION  1. Co 5, 7-8

Ha sido inmolada nuestra victima pascual: Cristo. Aleluya. Así, pues, celebremos con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad. Aleluya, aleluya.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Protege, oh, Dios, a tu Iglesia con misericordia perpetua, para que, renovada por los sacramentos pascuales, llegue a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 06: Hch 2, 14.22-33; Sal 15, 1-2 y 5, 7-8.9-10.11; Mt 28, 8-15

Martes 07: Hch 2, 36-41; Sal 32, 4-5.18-19.20 y 22; Jn 20, 11-18

Miércoles 08: Hch 3, 1-10; Sal 104, 1-2-. 3-4. 6-7. 8-9; Lc 24, 13-55

Jueves 09: Hch 3, 11-26; Sal 8, 2ª y 5.6-7.8-9; Lc 24, 35-48

Viernes 10: Hch 4, 1-12; Sal 117, 2-4. 13-15. 22-24; 1-2 y 4. 22-24. 25-27ª; Jn 21, 1-14

Sábado 11: Hch 4, 13-21; Sal 117, 1 y 14-15. 16-18. 19-21; Mc 16, 9-15

Domingo 12: Hch 2, 42-47; Sal 92, 1ab. 1c-2.5; 1P 1, 3-9; Jn 20, 19-31.

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Jn 20. 1-9

 

1.- "El había de resucitar de entre los muertos"

También en los relatos pascuales el evangelio de Juan presenta notables diferencias respecto a los evangelios sinópticos, si bien es probable que parta de tradiciones comunes, que, no obstante, han pasado por la criba de la teología propia del círculo juánico.

En las palabras de María Magdalena resuena probablemente la controversia con la sinagoga judía, que acusaban a los discípulos de haber robado el cuerpo de Jesús para así poder afirmar su resurrección. Los discípulos no se han llevado el cuerpo de Jesús. Más aún, al encontrar doblados y en su sitio la sábana y el sudario, queda claro que no ha habido robo.

La carrera de los dos discípulos puede hacer pensar en un cierto enfrentamiento, en un problema de competencia entre ambos. De hecho, se nota un cierto tira y afloja: "El otro discípulo" llega antes que Pedro al sepulcro, pero le cede la prioridad de entrar. Pedro entra y ve la situación, pero es el otro discípulo quien "ve y cree".

Seguramente que "el otro discípulo" es "aquel que Jesús amaba", que el evangelio de Juan presenta como modelo del verdadero creyente. De hecho, este discípulo, contrariamente a lo que hará Tomás, cree sin haber visto a Jesús. Sólo lo poco que ha visto en el sepulcro le permite entender lo que anunciaban las Escrituras: que Jesús no sería vencido por la muerte.

JOSEP Mª GRANÉ MISA DOMINICAL 1993, nº 6


 

2.-  TUMBA-VACIA:

Ninguno de los discípulos se esperaba la resurrección de Jesús. Puede notarse el simbolismo de la escena del sepulcro vacío: Jesús se ha "desatado" de los lazos del reino de la muerte; en cambio, Lázaro tiene que ser "desatado" para poder caminar (para seguir a Jesús). Esto es lo que "ve", desde la fe, el Discípulo amado, y con él, la comunidad. Es el hoy del resucitado.

JAUME FONTBONA - MISA DOMINICAL 1990, 8


 

3.- DISCIPULO-ANONIMO:

Algo, sin embargo, me parece importante destacar a propósito del discípulo a quien Jesús quiere y que nunca tiene nombre propio.

Esta falta de nombre no parece obedecer a un recuerdo de modestia del autor para evitar referirse a sí mismo (interpretación anecdótica), sino a la intención del autor de englobar a todos y cada uno de los creyentes en Jesús, incluidos los que no han conocido a Jesús según la carne, como diría Pablo. Por eso este discípulo no puede tener un único nombre propio. Su nombre es el tuyo y el mío, que este día de Pascua creemos en Jesús resucitado y experimentamos en nosotros el amor de Jesús resucitado.

A. BENITO - DABAR 1988, 23


 

4.- Texto. María hace una constatación en el sepulcro y comunica su interpretación a dos discípulos (vs, 1-2). Los dos discípulos inspeccionan por separado el sepulcro, llegando a conclusiones distintas (vs, 3-8). Comentario editorial explicando el presupuesto desde el que se había llevado a cabo la inspección (v. 9).

Pre-texto. Isaías 26, 19-21: "¡Vivirán tus muertos, tus cadáveres se alzarán, despertarán jubilosos los que habitan en el polvo! Porque tu rocío es rocío de luz y la tierra de las sombras parirá. Anda, pueblo mío, entra en los aposentos y cierra la puerta por dentro: escóndete un breve instante mientras pasa la cólera. Porque el Señor va a salir de su morada para castigar la culpa de los habitantes de la tierra: la tierra descubrirá la sangre derramada y no ocultará más a sus muertos".

Sentido del texto. María va al sepulcro poseída por la falsa concepción de la muerte; cree que la muerte ha triunfado; busca a Jesús como un cadáver. Su reacción, al llegar, es de alarma y va a avisar a Simón Pedro (símbolo de la autoridad) y al discípulo a quien quería Jesús (símbolo de la comunidad). Las dos veces que hasta ahora han aparecido juntos ambos (cfr. Jn. 13, 23-25; 18, 15-18), el autor ha establecido una oposición entre ellos dando la ventaja al segundo. Es lo mismo que vuelve a hacer en este relato y que volverá a hacer en 21, 7. El discípulo amado llega antes (v. 4) y cree (v. 8); Pedro, en cambio, llega más tarde (v. 6) y de él no dice que creyera. Correr (CORRER/SIMBOLO) más de prisa es imagen plástica para significar tener experiencia del amor de Jesús.

Pedro no concibe aún la muerte como muestra de amor y fuente de vida. En el atrio del sumo sacerdote había fracasado en su seguimiento de Jesús (cfr. Jn. 18, 17. 25-27); el otro discípulo, en cambio, siguió a Jesús (cfr. Jn. 19, 26). De esta manera, puede ahora marcar el camino a la autoridad en la tarea, común a ambas, de discernir a Jesús y encontrarse con él; corriendo tras la comunidad es como podrá la autoridad alcanzar su meta. Ambas, autoridad (Pedro) y la comunidad (discípulo amado) habían partido de la misma no-inteligencia, de la misma obscuridad, del mismo sepulcro. Ni Pedro ni el otro discípulo habían entendido, cuando partieron, el texto de Is. 26, 19-21. Pero el otro discípulo, al ver, creyó, captó el sentido del texto: la muerte física no podía interrumpir la vida de Jesús, cuyo amor hasta el final ha manifestado la fuerza de Dios.

DABAR 1983 23


 

5.- CZ/TRONO.

Contexto. Jesús ya ha transmitido el espíritu (cfr. Jn. 19, 30). De ahí que el que no nazca de arriba no puede ser del Reino (cfr. Jn. 3, 3). Arriba es la cruz. El espíritu es el amor capaz de dejarse matar por los demás. En el cuarto evangelio la cruz es trono y gloria: es la hora del triunfo de Jesús, pues pone de manifiesto quién es Jesús. La cruz expresa un estilo, un talante de vivir y de ser.

Sentido del texto. Este estilo, este talante, son una tarea ardua y difícil, pues pasa inevitablemente por la experiencia aniquiladora del que vive ese espíritu. En el relato de Juan, María Magdalena adquiere la función de recordar y hacer viva esta experiencia: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". En el relato de Juan no hay ángeles ni mensajes pascuales. Para Juan, el mensaje pascual y el triunfo de Jesús están en la cruz. La resurrección de Jesús es su amor a prueba de la propia vida. Es este amor el que ha roto la muerte, porque, al amar al máximo, Jesús se ha encontrado con la potencia viva del Padre, que es sólo amor. Esto requiere un gran esfuerzo de credibilidad (fe), porque es un desafío a las reglas elementales de lo empírico.

De los dos personajes que corren al sepulcro en el relato, sólo uno rompe el reto de lo empírico. El discípulo amado "vio y creyó" (v. 9). Una vez más, Pedro no capta la situación. De él sólo se dice que vio, pero no que creyó. Pedro todavía no ha entendido que vivir es amar. Pedro todavía no posee el espíritu que Jesús transmite. No lo poseerá hasta más adelante (cap. 21) y entonces sólo gracias a este discípulo amado que le ayudará en la ardua y difícil tarea de creer (cfr. Jn. 21, 7). De ser cierto lo que fundadamente dicen algunos exégetas de que el discípulo amado simboliza en el cuarto evangelio a la comunidad cristiana, habrá que restituir hoy para la comunidad cristiana el protagonismo que el autor del cuarto evangelio quiso darle.

DABAR 1981, 23


 

6.- María ha visto que el sepulcro está abierto y corre adonde están los discípulos, pero sólo puede hacer una banal constatación: "Se han llevado del sepulcro al Señor". María piensa en ladrones de cadáveres. Es verdad que aún no ha despertado del todo y no es un modelo de creyente: a pesar de lo cual, para los tiempos venideros será la iniciadora, la que presintió las secretas promesas del cuerpo sin vida que ella tanto amó.

Pero aún le queda camino por recorrer. Primero necesita escuchar el testimonio oficial de la Iglesia, el que da Pedro y para el que el príncipe de los apóstoles reunió todas las pruebas: las vendas por el suelo, y en un lugar aparte, el sudario cuidadosamente doblado. Son unas pruebas silenciosas, pero ¿acaso no es el tiempo de recogimiento, en que cada objeto adquiere el valor de signo visible que remite a lo invisible? La ausencia del cuerpo no es, ciertamente, la prueba de la resurrección; es el indicio de que el poder glorificador del Espíritu no ha olvidado el cuerpo.

Juan es el último en llegar al final del camino. Ve las vendas, pero no las hace caso. En efecto, su mirada se ha vuelto ya hacia el interior; si revuelve algo, es en sus recuerdos y en su corazón. El vino de las bodas, el templo purificado, Lázaro...

Otros tantos presentimientos de lo posible, de un insospechado orden de las cosas. Un sepulcro abierto y unas vendas, una mujer y dos hombres para interpretar... Todo es ordinario y cotidiano, pero todo tiene valor de signo. "Vio y creyó"

DIOS CADA DIA - SIGUIENDO EL LECCIONARIO FERIAL - ADVIENTO-NAVIDAD Y SANTORAL
SAL TERRAE/SANTANDER 1989.Pág. 83 s.


 

DOMINGO 1 DE PASCUA

Ocho días vividos como uno solo

Hoy es el "tercer día" del Triduo Pascual y a la vez el primero de la Cincuen­tena. Hoy es el domingo más importante del año, del que reciben sentido todos los demás.

Para bastantes fieles este es el día en que comienzan a celebrar la Buena Noticia de la Resurrección del Señor, porque no han acudido a la Vigilia Pascual. Vale la pena que la celebración de hoy sea particularmente festiva y expresiva. El Cirio Pascual, encendido por primera vez la noche anterior, va a acompañarnos a lo largo de siete semanas, y todos tendrían que captar su sencillo y simpático mensaje de alegría y estímulo.

La "octava" de Pascua, los ocho días que abarcan el domingo 1 y 2 y los días intermedios, se viven en la comunidad cristiana como un solo día. En el prefacio de todos estos días se dirá cada vez "en este día en que Cristo, nuestra Pascua...". Y cada día recibiremos la bendición solemne al final de la celebración, como si cada uno fuera realmente "solemnidad" en la clasifi­cación de los días litúrgicos. Esta semana no admite ninguna otra festividad de Santos. Si coinciden, se recuperarán en la semana siguiente.

 

Hechos 10,34a.37-43. Hemos comido y bebido con él después de su resu­rrección

El libro de los Hechos de los Apóstoles es una óptima lectura para el tiempo pascual. Aquellos primeros cristianos fueron la "comunidad de Jesús Resuci­tado", nacida de la Pascua. El Señor sigue actuando en ella, invisiblemente, por medio de su Espíritu, y visiblemente por medio de su comunidad.

No les faltaron dificultades, persecuciones y martirio. Pero en verdad, pri­mero los apóstoles y luego otros discípulos, como los diáconos o Pablo y Bernabé, dieron un valiente testimonio de Cristo Jesús y fueron edificando comunidades llenas de fe y alegría. Hace bien la comunidad cristiana en mirarse al espejo de los Hechos de los Apóstoles en estas semanas, para estimularse a seguir su ejemplo de firmeza en la fe y en su maduración.

El primer pasaje que leemos es el testimonio de Pedro, en casa del pagano Cornelio, sobre la resurrección de Cristo. Lucas da mucha importancia a este episodio de la conversión de Cornelio: le dedica dos capítulos enteros, el 10 para narrar cómo sucedió, y el 11 para explicar cómo Pedro dio cuenta a la comunidad de Jerusalén de lo acontecido. Es un hecho fundamental para motivar la apertura universalista de la comunidad cristiana también a los paganos.

El testimonio principal de Pedro, que repite en todas sus "catequesis" o discursos, delante del pueblo o de las autoridades, y aquí en casa de unos paganos, es: "lo mataron colgándolo de un madero, pero Dios lo resucitó al tercer día", y "los que creen en él, reciben el perdón de los pecados".

El salmo no podía ser otro que el 117, el más "pascual" del Salterio: "este es el día en que actuó el Señor... la diestra del Señor es poderosa... no he de morir, viviré... la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular". De las actuaciones poderosas de Dios en la historia de la salvación, para nosotros la principal es esta de la resurrección de Jesús. Podemos repetir con convicción: "sea nuestra alegría y nuestro gozo".

 

Colosenses 3,1-4. Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo

El pasaje de Pablo en su carta a los de Colosas es el más apropiado para este domingo. Es breve pero denso y estimulante: "ya que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de allá arriba".

Celebrar la Pascua del Señor es asumir coherentemente lo que representa de novedad de vida en el Espíritu: "aspirad a los bienes de arriba", porque caminamos hacia la misma meta que Cristo: "entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria".

 

(o bien) 1 Corintios 5,6b-8. Quitad la levadura vieja para ser masa nueva -

También se puede elegir como 2a lectura este otro pasaje de Pablo a los cristianos de Corinto, que hace referencia a Cristo como "nuestra pascua". La levadura o el fermento del pan lo compara Pablo con la malicia o la corrupción, y quiere que las comunidades cristianas estén libres de esa mala levadura. Un pan sin levadura es pan "ázimo". Así debería ser la comunidad, un pan sin malicia.

Ya que "Cristo, nuestra Pascua (o nuestra víctima pascual) ha sido inmolado", tenemos que evitar toda maldad y "celebrar la Pascua con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad".

Después de la 2A lectura, como anticipo del evangelio, esta semana cantamos l a.recuencia que en latín tiene el nombre de "Victimae paschali laudes", "a la víctima pascual alabanzas...", probablemente del siglo XI. Es un simpático poema, que además de esa alabanza a Cristo como nuestra víctima pascual, "dialoga" poéticamente con María Magdalena sobre cómo se encontró en el camino con el Resucitado.

 

Juan 20,1-9. Él había de resucitar de entre los muertos

Hoy tenemos tres evangelios a elegir: a) el de Jn 20, con la visita de María Magdalena y de Pedro y Juan al sepulcro vacío; b) el que ya hemos leído la noche pasada, de Mateo, con el anuncio de la resurrección (sobre todo si vemos que la mayoría de los que participan en la Misa del domingo no han acudido a la Vigilia); y e) si la celebración es por la tarde, el evangelio de Lucas 24, con la escena de Emaús.

Si optamos por el evangelio de Juan, nos encontramos con la experiencia de María Magdalena, testigo del sepulcro vacío, que corrió a anunciarlo a los apóstoles, convirtiéndose así en "apóstol de los apóstoles", la primera evangelizadora de la Buena Noticia de la Pascua. También Pedro y Juan ven el sepulcro vacío. Ninguno de ellos se acaba de creer que Jesús haya resucitado: "no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos".

 

Mateo 28,1-10. Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea

Si elegimos repetir el evangelio de Mateo, ya proclamado anoche, c£ la reflexión que hacíamos en la Vigilia.

 

Lucas 24,13-35. Quédate con nosotros, porque atardece

En las misas vespertinas se puede leer el evangelio de Lucas con la escena de los discípulos de Emaús, muy propia para este día y hora.

Es magnífico el relato "catequético" que hace Lucas, en el último capítulo de su evangelio, del viaje "de ¡da y vuelta" de aquellos dos discípulos que van a Emaús y luego vuelven a Jerusalén. El viaje de ida es triste, en silencio, con sentimientos de desilusión ("nosotros esperábamos..."). No recono­cen al caminante que se les junta. El viaje de vuelta es lo contrario: corren presurosos, llenos de alegría, los ojos abiertos ahora a la inteligencia de las Escrituras, impacientes por anunciar su experiencia a la comunidad.

En medio ha sucedido algo decisivo: el Señor Jesús les ha salido al encuen­tro, dialoga con ellos, les explica las Escrituras y finalmente le reconocen en "la fracción del pan", aunque luego recuerdan que ya "ardía su corazón cuando les explicaba las Escrituras".

 

"Este es el día en que actuó el Señor". ¡Aleluya!

Naturalmente, el mensaje de este día de Pascua es la resurrección de Cristo: la noticia mejor de todo el año para los cristianos. La que cambió la vida de los primeros discípulos. La que proclamó con valentía Pedro, en su catequesis en casa de Cornelio: que a ese Jesús, el Ungido por el Espíritu, "a quien mataron colgándolo de un madero, Dios lo resucitó al tercer día y lo nombró Juez de vivos y muertos". Contagiándonos de su entusiasmo cantamos en el salmo nuestra alegría: "este es el día en que actuó el Señor".

Vale la pena que resuene, también en las misas de este domingo, el anuncio gozoso del ángel a las mujeres (según el evangelio de la noche): "¡No está aquí: ha resucitado!". Es bueno detenernos en esta convicción -"Cristo es el que vive"-, porque nos hace falta para seguir con más ánimos nuestro camino cristiano. Lo mismo que, si leemos el evangelio de Emaús, la tarde del domingo, nos tenemos que dejar convencer también nosotros y llegar a "reconocer" al Resucitado en su Palabra, en su Eucaristía, en su comunidad y luego dar testimonio de esa experiencia en nuestra vida.

Ojalá el canto de entrada que elijamos refleje bien las antífonas que ofrece el MisaL "He resucitado y aún estoy contigo", o bien "Era verdad, ha resu­citado el Señor, aleluya".

No puede ocultar su alegría la oración colecta: "en este día has abierto las puertas de la vida por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte", y pide que esta Pascua histórica que estamos celebrando nos oriente hacia la eterna: "que renovados por el Espíritu, vivamos en la esperanza de nuestra resurrección futura". La alegría de la Pascua es evidente también en la oración sobre las ofrendas: "rebosantes de gozo pascual, celebramos estos sacramentos".

El prefacio describe lapidaria y magistralmente el contenido de la fiesta de hoy: "Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado: muriendo, destruyó nuestra muerte, resucitando, restauró la vida". ¿Se puede expresar en menos palabras el misterio de la redención que Cristo ha obrado en su Pascua? Parece un "parte de guerra", el telegrama de una victoria anunciada a la comunidad.

Dios ha dicho "sí" a su Hijo y a la humanidad. El grano de trigo, sepultado en la tierra, ha muerto, pero ha renacido y dará fruto abundante. Es también la fiesta de nuestra liberación y nuestra resurrección. Podemos manifestar con aleluyas solemnes y$ores nuestra alegría de cristianos seguidores del Resucitado. Haciendo caso del salmo de hoy, que nos invita a que este día, "en que actuó el Señor", también "sea nuestra alegría y nuestro gozo".

 

Carácter bautismal de la Pascua

Pascua es la fiesta bautismal, porque en el Bautismo es cuando por primera vez nos sumergimos en la muerte y resurrección, en la nueva vida del Señor. Pablo, con una comparación "botánica" muy expresiva, decía que, por el Bautismo, hemos sido "injertados" ("complantati sumus") en la nueva vida de Cristo. En la Vigilia de anoche se han celebrado probablemente, si no se han dejado para las misas de este domingo, los bautizos, después de la preparación de la Cuaresma.

Este día, y todo el Tiempo Pascual, tiene carácter bautismal. En la oración sobre las ofrendas hablamos de "estos sacramentos en los que tan maravi­llosamente ha renacido y se alimenta tu Iglesia", o sea, los sacramentos de la iniciación cristiana. La oración poscomunión insiste: "tu Iglesia, renovada por los sacramentos pascuales".

Por eso es lógico que, al comienzo de la Eucaristía de los ocho domingos del Tiempo Pascual, realicemos el gesto simbólico de la aspersión bautismal. En vez del acto penitencial y del "Señor ten piedad", nos dejamos "mojar" en recuerdo del sacramento por el que fuimos "sumergidos" por primera vez en Cristo muerto y resucitado.

Por la tarde, como les ha parecido a bastantes comunidades, se puede recupe­rar la antigua costumbre de las "vísperas bautismales", yendo en procesión, durante el Magn~ficat, a la fuente bautismal y santiguándose todos con su agua bendita.

Los apóstoles, testigos

Leyendo, desde hoy, el libro de los Hechos de los Apóstoles durante el Tiempo Pascual, se nos propone el ejemplo de aquella comunidad que dio testimonio de su fe en Cristo Jesús y se dejó guiar por su Espíritu en su expansión al mundo conocido.

Las primeras "evangelizadoras" fueron las mujeres. En el evangelio de la noche, son las mujeres que acudieron al sepulcro las que oyeron de labios del ángel la noticia: "no está aquí, ha resucitado". En el evangelio de Juan es Magdalena la que va al sepulcro, lo ve vacío, y corre a anunciarlo a los apóstoles. Para los discípulos de Emaús fue aquel "viajero peregrino", Cristo mismo, a, quien de momento no supieron reconocer, quien les explicó las Escrituras y les aseguró la verdad de su resurrección.

Luego van a ser los apóstoles, los ministros de la comunidad, los que más oficialmente aparecen en el libro de los Hechos como anunciadores de la Pascua. Pedro, en casa de Cornelio, es consciente de que Cristo les ha encomendado este anuncio: "nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado, a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de la resurrección". E insiste: "nosotros somos testigos... nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos". En verdad los apóstoles dieron con valentía este testimonio.

El libro de los Hechos nos recuerda que la historia continúa. Se puede decir que no tiene último capítulo: nosotros mismos, a inicios del siglo XXI, seguimos escribiendo estos "hechos". En el rito copto, que celebran los cristianos sobre todo de Egipto, cuando se proclama este libro en Misa, el lector dice al final, a modo de aclamación: "Y la Palabra de Dios sigue creciendo, en esta Iglesia y en todas las Iglesias".

Ahora somos nosotros los que en nuestro siglo nos comprometemos a anunciar a Cristo a este mundo, a nuestra familia, a nuestros amigos, a la sociedad. Los cristianos no sólo debemos ser buenas personas, sino además "testigos" de la resurrección de Cristo, con nuestra conducta y con nuestra palabra. En casa de Cornelio, un pagano, o en medio de una sociedad también paganizada, tenemos que dar testimonio de que Jesús es el Salvador: en nuestra familia, en el mundo de educación, en el cuidado de los ancianos y enfermos, en la actividad profesional, en los medios de comunicación.

 

Vida pascual

La Pascua de Cristo debe contagiarnos también a nosotros y convertirse en Pascua nuestra, de modo que imitemos la vida nueva de Jesús.

Es lo que le preocupa a Pablo. En su carta a los Colosenses les invita a que, ya que en el orden del ser -ontológicamente- han recibido la vida de Cristo en el Bautismo, ahora en la práctica la vivan pascualmente. Para Pablo eso significa vivir como resucitados, "buscar los bienes de allá arriba", "aspirar a los bienes de arriba, no a los de la tierra". Si celebramos bien la Pascua, también nosotros debemos morir a lo viejo y resucitar a lo nuevo, morir al pecado y vivir con Cristo la novedad de su vida. Al final seremos resucitados, pero ya ahora vivimos como resucitados, alimentados como estamos con la Eucaristía, que nos hace participar de la vida ya definitiva del Señor.

Vivimos en este mundo, y nuestro compromiso con la tarea que aquí tene­mos encomendada es serio, pero los cristianos "buscamos los bienes de allá arriba", porque estamos en camino y somos ciudadanos de otro mundo, el mundo en el que ya ha entrado Cristo Resucitado.

(También en la otra carta alternativa, a los Corintios, Pablo nos invita a que eliminemos de nuestra comunidad toda levadura vieja, toda malicia y corrupción, y vivamos una vida nueva, en la sinceridad y la verdad).

Una instrucción que se publicó en 1964, Inter Oecumenici, para la recta aplicación de la reforma litúrgica, daba una feliz definición de lo que es una liturgia bien celebrada, sobre todo de la liturgia pascual: "ut Mysterium Pas­chale vivendo exprimatur", que expresemos el misterio pascual con nuestra vida. Con nuestra alegría, nuestra entrega por los demás, nuestra energía para el bien, nuestra valentía en la lucha contra el mal y contra toda injusticia, nuestra esperanza y novedad de vida.

 

SEMANA SANTA  - CANTOS DE LA VIGILIA PASCUAL 2026

 

 

01.-. EN LA MAÑANA DE RESURRECCION

En la mañana de Resurrección

caminan al sepulcro donde está el Redentor.

Se preguntan al marchar: ¿quién moverá,

quién abrirá la tumba donde está el Señor?

 

EL SEÑOR NUESTRO DIOS RESUCITÓ, ALELUIA, ALELUIA, ALELUIA.

 

En la mañana de Resurrección

vivimos la esperanza de un futuro mejor.

Ser testigos del Señor exige cambiar, exige luchar,

 

02.- GLORIA (Palazon)

GLORIA A DIOS EN EL CIELO,

Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES,

QUE AMA EL SEÑOR.

 

Por Tu inmensa gloria

Te alabamos, Te bendecimos,

Te adoramos, Te glorificamos,

Te damos gracias.

 

Señor Dios Rey celestial,

Dios Padre Todopoderoso,

Señor Hijo único, Jesucristo,

Señor Dios, Cordero de Dios,

Hijo del Padre.

 

Tú que quitas el pecado del mundo,

¡Ten piedad de nosotros!

Tú que quitas el pecado del mundo,

¡Atiende nuestra súplica!

 

Tú que estás sentado

a la derecha del Padre,

¡Ten piedad de nosotros!

 

Porque sólo Tú eres Santo,

sólo Tú Señor,

sólo Tú, Altísimo Jesucristo,

con el Espíritu Santo,

en la Gloria de Dios Padre.

 

luchar por un mundo de justicia y paz.

03.- ALELUYA, EL SEÑOR RESUCITO

ALELUYA, ALELUYA (BIS 3V). EL SEÑOR RESUCITÓ.

 

El Señor resucitó. (Aleluya). Cantad con alegría. (Aleluya).

Demos gracias al Señor. Aleluya (bis).

 

Mi pecado redimió. (Aleluya). Cristo Dios subiendo al Cielo. (Aleluya).

Nueva vida ahora tengo. Aleluya (bis).

 

Ahora tengo la esperanza... (Aleluya), de que Dios siempre perdona. (Aleluya),

que Cristo no me abandona. Aleluya (bis).

 

04.- ALELUYA POR ESA GENTE (Palito ORTEGA)

Los que tienen y nunca se olvidan que a otros les falta,

que nunca usaron la fuerza sino la razón.

Los que dan una mano y ayudan a los que han caído, 

esa gente es feliz porque vive muy cerca de Dios.

 

ALELUYA, ALELUYA, POR ESA GENTE QUE VIVE 

Y QUE SIENTE, EN SU VIDA EL AMOR. (BIS).

 

Los que son generosos y dan de su pan un pedazo, 

los que siempre trabajan pensando en mundo mejor.

Los que están liberados de todas sus ambiciones,

esa gente es feliz porque vive muy cerca de Dios.

 

05.- ESTE ES EL MOMENTO (Marco Lopez)

Este es el momento de alegrar la mesa

con el vino y con el pan,

que consagraremos

y que ofreceremos

y que hemos de comulgar.

 

Este es el momento de llegar confiados

a la mesa del altar,

porque tu palabra vivificadora

nos acaba de llamar.

 

PADRE DE JESÚS BENDICE

LO QUE PRESENTAMOS HOY,

Y QUE AL PREPARAR TÚ MESA

SE RENUEVE EL GOZO DE SABER TU AMOR. (BIS).

 

Pan de nuestras vidas, pan de nuestras manos,

pan de nuestra juventud.

pan que hoy entregamos

juntos como hermanos

en señal de gratitud.

06.- TOMA MI MANO HERMANO

Toma mi mano hermano, Cristo resucitó. 

Ven conmigo a la mesa que nos ofrece Dios. 

Toma mi mano, hermano, Cristo resucitó.

 

VEN, HERMANO VEN, TOMA MI MANO Y VEN, 

VEN A LA MESA, DE NUESTRO REDENTOR, 

UNIDOS EN LA IGLESIA, POR LA FE Y EL AMOR. (BIS)

 

Al ver nuestra tristeza, Cristo al mundo llegó. 

Y en la Eucaristía, nos da él todo su amor. 

Toma mi   mano hermano, Cristo en la Cruz murió.

 

El vino de su sangre, nuestro dolor borró.

 Y el pan de Eucaristía, nueva vida nos dio. 

Toma mi mano hermano, Cristo nos redimió.

 

07.- REINA DEL CIELO

Reino del cielo alégrate, Aleluya,

porque el Señor a quien mereciste llevar,

Aleluya

 

Resucitó según su palabra Aleluya,

 ruega al Señor por nosotros, Aleluya....

 

08.- REGINA CAELI

Regina caeli, laetare, ALLELUIA,

quia quem meruisti portare, ALLELUIA,

resurrexit sicut dixit, ALLELUIA.

Ora pro nobis Deum, ALLELUIA.

 

09.- EL PEREGRINO DE EMAUS

1.- ¿Que llevabas conversando?

Me dijiste, buen amigo.

Y me detuve asombrado

a la vera del camino.

¿No sabes lo que ha pasado

ayer en Jerusalén,

de Jesús, el Nazaret

a quien clavaron en cruz?

Por eso me vuelvo triste

a mi aldea de Emaús.

 

POR LA CALZADA EMAÚS

UN PEREGRINO IBA CONMIGO.

NO LE CONOCÍ AL CAMINAR;

AHORA SÍ, EN LA FRACCIÓN DEL PAN.

 

2.-  Van tres días que se ha muerto

y se acaba mi esperanza.

Dicen que algunas mujeres

al sepulcro fueron de alba.

Me dijeron que algunos otros

hoy también allá buscaron,

más se acaba mi confianza:

no encontraron a Jesús.

Por eso me vuelvo triste

a mi aldea de Emaús.

 

3.-  ¡Qué tardíos corazones!

¡Que ignorancia a los profetas!

En la ley ya se anunció

que al Mesías padeciera,

y por llegar a su gloria

escogiera la aflicción.

En la tarde de aquel día

yo sentí que con Jesús

nuestro corazón ardía

a la vista de Emaús.

 

4.- Hizo señas de seguir

más allá de nuestra aldea,

y la luz del sol poniente

pareció que se muriera.

Quédate, forastero;

Ponte a la mesa y bendice.

Y al destello de tu luz,

en la bendición del pan,

mis ojos conocerán

al amigo de Emaús.

 

10.- PREGON PASCUAL

Exulten los coros de los ángeles,

exulte la asamblea celeste,

y un himno de gloria

aclame el triunfo del Señor resucitado.

 

Alégrese la tierra inundada por la nueva luz;

EL ESPLENDOR DEL REY DESTRUYÓ LAS TINIEBLAS,

DESTRUYÓ LAS TINIEBLAS,

LAS TINIEBLAS DEL MUNDO. / (2)

 

Que se alegre nuestra Madre la Iglesia

resplandeciente de la gloria de su Señor,

y que en este lugar resuene unánime

la aclamación de un pueblo en fiesta.

 

El Señor esté con vosotros,

Y CON TU ESPÍRITU.

Levantemos el corazón,

LO TENEMOS LEVANTADO HACIA EL SEÑOR.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

/ ES JUSTO Y NECESARIO. / (2)

 

Realmente es justo y necesario

exaltar con el canto la alegría del espíritu,

y elevar un himno al Padre Todopoderoso

y a su único Hijo, Jesucristo.

 

Él ha pagado por todos al eterno Padre

la deuda de Adán,

y con su sangre, derramada por amor,

ha cancelado la condena antigua del pecado.

 

Esta es la Pascua en que se inmola el Cordero.

Esta es la noche en que fueron liberados

nuestros padres de Egipto.

Esta es la noche

que nos salva de la oscuridad del mal.

 

 ESTA ES LA NOCHE

EN QUE CRISTO HA VENCIDO LA MUERTE

Y DEL INFIERNO RETORNA VICTORIOSO. / (2)

 

¡Oh admirable condescendencia de tu amor!

¡Oh incomparable ternura y caridad!

Por rescatar al esclavo, has sacrificado al Hijo.

Sin el pecado de Adán

Cristo no nos habría rescatado.

 

¡OH FELIZ CULPA

QUE MERECIÓ TAN GRANDE REDENTOR!

¡OH FELIZ CULPA! / (2)

 

¡Oh noche maravillosa,

que despojaste al faraón y enriqueciste a Israel!

¡Oh noche que destruyes el pecado

y lavas todas nuestras culpas!

¡Oh noche realmente gloriosa

que reconcilias al hombre con su Dios!

 

ESTA ES LA NOCHE

EN QUE CRISTO HA VENCIDO LA MUERTE

Y DEL INFIERNO RETORNA VICTORIOSO. / (2)

 

En esta noche acepta, Padre santo,

este sacrificio de alabanza

que la Iglesia te ofrece

por medio de sus ministros,

en la liturgia solemne de este cirio

que es signo de la nueva luz.

 

Te rogamos, Señor,

 

Que este cirio,

ofrecido en honor de tu nombre, brille radiante;

llegue hasta ti como perfume suave,

se confunda con las estrellas del cielo;

lo encuentre encendido el lucero de la mañana,

esa estrella que no conoce el ocaso;

 

QUE ES CRISTO TU HIJO,

RESUCITADO, RESUCITADO

DE LA MUERTE. / (2)