jueves, 9 de julio de 2026

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XV T.O. CICLO A - 12 JULIO 2026

 SIEMPRE HAY UNA COSECHA

 

Mateo 13,1-23 – 15º Domingo durante el año | Parroquia San Francisco Solano  – Bella Vista

 

COMENTARIO

 

El leccionario nos permite elegir hoy entre una lectura corta, nada más que la parábola del sembrador que salió a sembrar y una lectura larga que trae además la respuesta de Jesús a la pregunta de los discípulos: ¿Por qué razón hablas en parábolas? Y la explicación de la parábola del sembrador. Escogeré el texto corto que nos describe la siembra de Jesús. Al llegar a este capítulo trece de Mateo, el capítulo de las parábolas, ¿Qué es lo que sabemos? Jesús ha estado ya sembrando por todos los terrenos: ha chocado con las cabezas duras de los escribas y fariseos, ha visto como algunos entusiastas lo dejaban muy pronto, ha aclarado las dudas de los discípulos de Juan Bautista y las perplejidades de este. “¿Eres tú el que tenía que venir?”. La indiferencia de algunas poblaciones le ha afectado mucho. “¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti Betsaida! Todo esto constituye un cuadro bastante sombrío; parece ser que el reino ha empezado con mal paso.

En este contexto es donde la parábola del sembrador cobra toda su importancia. Simboliza la constatación de Jesús, lúcida y sin embargo lejos del desaliento. Nos invita a nosotros mismos a ser valientes, fijando nuestra mirada en lo que más importa: aquel sembrador que salió a sembrar. ¡Pero que sembrador! El salió a las profundidades de Dios y vino a nosotros para sembrar a Dios. Es un acontecimiento inaudito: no un simple episodio de la historia, sino la convulsión de toda ella: ¡Hay que convertirse pronto, en el reino que llega!

Esta buena nueva suscitó el entusiasmo. Luego, cuando la predicación se hizo exigente, algunos oyentes hundieron en ellas sus raíces, pero otros volvieron a caer en su vida superficial o complicada, incluso en la hostilidad. Senderos, piedras, zarzas, tierra buena: ¡qué diferentes son los terrenos! No importa: ese sembrador extraordinario ve ya la cosecha: del 30, del 40, del 100 por uno. ¡Quien tenga oídos, que oiga!.

Hay que escuchar la llamada a la confianza cuando la siembra parece haber sido un fracaso. Ese fue el caso de muchos misioneros y lo es para el apóstol de hoy, para cualquier cristiano que se ponga frente a la TV, el internet y a la gente por la calle: ¿Por dónde estás los tallos que brotan! La respuesta está ahí. El que mejor conoce las tierras de los hombres nos asegura que, si hay algunas duras, hay otras excelentes. Y que siempre hay cosecha. Jesús le dijo esto a la gente desalentada, a los discípulos cansados. Nos lo dice ahora a nosotros que medimos el abandono de la práctica religiosa, la indiferencia de nuestros hijos, la oleada creciente de increencia. El sembrador está ahí: nadie, en ningún sitio, tiene derecho a juzgar que se pierde todo el grano. Mientras se siembre el evangelio, siempre habrá fruto al 100, al 60, al 30 por uno.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 16, 15

Yo apareceré ante ti con la justicia, y me saciaré mientras se manifestará tu gloria.

 

ORACIÓN COLECTA

Oh, Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados para que puedan volver al camino, concede a todos los que se profesan cristianos rechazar lo que es contrario a este nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 55, 10-11

Esto dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi Palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo».

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 64, 10-14)

 

La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.

 

Tú cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida; la acequia de Dios va llena de agua, preparas los trigales. R.

 

Así preparas la tierra. Riegas los surcos, igualas los terrones, tu llovizna los deja mullidos, bendices sus brotes. R.

 

Coronas el año con tus bienes, tus carriles rezuman abundancia; rezuman los pastos del páramo, y las colinas se orlan de alegría. R.

 

Las praderas se cubren de rebaños, y los valles se visten de mieses, que aclaman y cantan. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 18-23

Hermanos: Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió con la esperanza de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto. Y no solo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Aleluya. La semilla es la Palabra de Dios, y el sembrador es Cristo todo el que lo encuentra vive para siempre. Aleluya.

 

SANTO EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 1-23

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a Él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que oiga»).

Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les contestó: «A ustedes se les ha dado a conocer los secretos del Reino de los Cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías: "Oirán con los oídos sin entender; mirarán con los ojos sin ver, porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure". Pero bienaventurados los ojos de ustedes porque ven y sus oídos porque oyen. En verdad les digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.

Ustedes, pues, oigan lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la Palabra del Reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la Palabra y la acepta enseguida con alegría, pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la Palabra, enseguida sucumbe Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la Palabra, pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la Palabra y la entiende ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Que nuestras oraciones lleguen a la presencia del Señor y que nuestros ruegos sean escuchados:

 

1.- Por el papa León, los obispos y sacerdotes, para que continúen sembrando la Buena Nueva con valentía y alegría, guiando a los fieles por el camino de la verdad. Roguemos al Señor.

 

2.- Por los cristianos separados de la Iglesia católica y por los que no conocen al Dios verdadero. Roguemos al Señor.

 

3.- Por los que sufren y los más necesitados: Para que la semilla de la esperanza y el consuelo florezca en medio de sus dolores, pobreza o enfermedad. Roguemos al Señor.

 

4.- Por todos nosotros, para que seamos tierra fértil; que su Palabra no se pierda en la superficialidad de nuestras preocupaciones, sino que eche raíces profundas y dé frutos de amor, perdón y caridad. Roguemos al Señor.

 

Escucha, Señor, las oraciones de tu pueblo y aumenta en nosotros el deseo de acoger la semilla de tu palabra. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Mira, Señor, los dones de tu Iglesia suplicante y concede que sean recibidos para crecimiento en santidad de los creyentes. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNIÓN Jn 6, 57

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él, dice el Señor.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Después de recibir estos dones, te pedimos, Señor, que aumente el fruto de nuestra salvación con la participación.

  

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 13: Is 1, 10-17; Sal 49, 8-9.16bc-17. 21 y 23; Mt 10, 34-11, 1.

Martes 14: Is 52, 7-10; (o bien: 1Co 1, 18-25); Sal 95, 1-2ª. 2b-3. 7-8ª. 10; Mc 16, 15-20

Miércoles 15: Is 10, 5-7. 13-16; Sal 93, 5-6. 7-8. 9-10. 14-15; Mt 11, 25-27

Jueves 16: Is 26, 7-9. 12. 16-19; Sal 101, 13-14ab y 15. 16-18. 19-21; Mt 11, 28-30

Viernes 17: Is 38, 1-6. 21-22. 7-8; Sal: Is 38, 10.11. 12abdc. 16; Mt 12, 1-8

Sábado 18: Mi 2, 1-5; Sal 9, 22-23. 24-25. 28-29.35; Mt 12, 14-21

Domingo 19: Sb 12, 13.16-19; Sal 85, 5-6. 9-10. 15-16ª; Rm 8, 26-27; Mt 13, 24-43

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Mt 13. 1-23

Par: Mc 4, 1-20.  Lc 8, 4-15

 

1.- Sabemos que cada página del evangelio se puede leer en una doble dimensión: la situación originaria del tiempo de Cristo y su actualización en tiempo de la Iglesia. Esto es así sobre todo para las parábolas. Por eso se han de tener presentes las dos dimensiones en nuestra lectura.

La enseñanza de la parábola del sembrador -ésta parece ser la situación más originaria: la de Cristo- no se refiere ante todo a los oyentes de la palabra, sino a los sembradores, o sea, a los predicadores, el primero de los cuales es Cristo, y en pos de él todos los demás, los cuales no pueden pretender ser más que el Maestro. La parábola, leída en sí misma, sin tener en cuenta las explicaciones que ofrece más adelante el evangelista, llama la atención sobre el trabajo del sembrador; trabajo abundante, sin medida, sin distinciones, que parece inútil por el momento, infructuoso y desperdiciado; sin embargo, dice Jesús llegarán los frutos en abundancia. Porque el fracaso no es más que aparente; en el Reino de Dios no existe trabajo inútil; nada se malgasta.

"Aunque a los ojos de los hombres gran parte de su trabajo parece inútil y vano, aunque los fracasos parezcan sumarse a los fracasos, Jesús está rebosante de alegría y de certeza; la hora de Dios llega y, con ella, una cosecha abundante superior a toda súplica e imaginación. A despecho de los fracasos y las resistencias, Dios hace que de comienzos desesperados brote el espléndido final que ha prometido" (J. ·Jeremías-JQ). De todas formas, éxito o fracaso, derroche o no derroche, el trabajo de la siembra no ha de ser calculado, cauto, precavido; sobre todo, no hay que escoger el terreno o echar las semillas en unos sí y en otros no. El sembrador arroja la simiente a voleo y sin distinguir. ¿Cómo saber en el momento de la siembra qué terrenos van a fructificar y cuáles no? Por eso, dirá Jesús, más adelante, nadie debe anticipar el juicio de Dios; ni siquiera el sembrador tiene derecho a hacerlo.

-La actualización de la parábola. La tradición, ya conocida por Marcos y recogida por Mateo, no se contentó con transmitir la parábola, sino que le añadió una explicación o, mejor, una actualización, que transforma la parábola -dirigida en su origen a los predicadores- en una catequesis para convertidos. La explicación tiene presentes a los fieles, e insiste en la necesidad de algunas disposiciones interiores y personales para que la palabra escuchada sea entendida y crezca. Las principales disposiciones son: apertura y sensibilidad a los valores del Reino, valor frente a las persecuciones, constancia, resistencia al espíritu mundano y libertad interior.

BRUNO MAGGIONI - EL RELATO DE MATEO - EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 140.


 

2.- Jesús continúa enseñando, pero lo hace en un lenguaje parabólico. Este lenguaje, lo mismo que todo símbolo, abre la puerta a interpretaciones muy diversas; resultará tanto más fácil a los espíritus tercos encerrarse en sus propias ideas y quedarse en la historieta, ignorando su significado; y a la inversa, los espíritus abiertos, los corazones dóciles, serán discretamente introducidos en el conocimiento de una doctrina profunda: de unos "misterios".

Hay, pues, personas que no acogen como conviene la palabra de Jesús. A los ojos de los discípulos, testigos de este "fracaso" del Maestro, o a los de los cristianos que meditan en la vida de Jesús, en la que, por lo demás, vuelven a ver su propia historia, el esfuerzo de evangelización en medios judíos, ¿no topa con un fracaso casi total? ¿No es la palabra de Dios lo que Jesús trae? ¿Y la palabra de Dios puede ser tan limitada, tan ineficaz e infructuosa? No se trata de ir a buscar la explicación de este drama en la insignificancia de la Palabra o en su ineficacia. La lección que transmite hoy la primera lectura ha sido bien asimilada por el evangelista. Antaño, un profeta isaiano del destierro había hecho reflexionar a sus compañeros de exilio en la incoercible eficacia de la Palabra, en la inevitable realización de lo que Dios ha prometido. Se trataba de mantener en aquellos desgraciados que lloraban "a orillas de los ríos de Babilonia" (Sal 137. 1), la verdad del anuncio profético que prometía, en nombre de Dios, la inminente liberación y un retorno feliz a la tierra de los antepasados.

El evangelista conoce todo esto: está, pues, seguro de que la semilla, símbolo de la Palabra, es capaz de dar frutos abundantes. No hay más que un solo motivo que pueda explicar la esterilidad de una semilla echada en la tierra o la ineficacia de la Palabra predicada a los judíos: la pobreza del suelo que recibe el grano, o en otras palabras, las malas disposiciones de los oyentes.

En cuanto a estas malas disposiciones, Mateo dice varias cosas. En primer lugar, las nombra: inconstancia, afanes de este mundo, seducción de la riqueza. Ve en ello, además, el efecto de la actividad disimulada del Maligno (una causa entre otras). Porque advierte sobre todo que la Palabra se halla en el centro de un conflicto. Hay persecuciones que hacen vacilar a los oyentes inconstantes y que son provocados por la Palabra. Esta tiene, asimismo, adversarios que luchan encarnizadamente contra ella, en un conflicto permanente. Y es que el fracaso que Jesús conoció, mal recibido por los judíos incrédulos, lo experimenta la Iglesia a su vez; pero el profeta Isaías había ya pasado por esa dolorosa experiencia (v. 14/15). El combate de la Palabra y de la incredulidad viene desde los más remotos tiempos de la historia del pueblo de Dios y parece que ha de durar tanto como esa historia.

¿Cuál es su final? Este combate lleva a fracasos repetidos que preocupan al evangelista. Pero al autor le interesa más otra cosa: el éxito maravilloso que, en último término, obtiene la proclamación de la Palabra.

Porque el Evangelio, rechazado, perseguido, combatido ya ha "triunfado". En el seno de un mundo incrédulo, existe hoy una comunidad de discípulos. El inmediato entorno de Jesús era, en un principio, el signo modesto de un cierto éxito de la palabra de Jesús; pero a partir de entonces, todos aquellos que en todos los tiempos, especialmente hoy, se tienen por discípulos de Jesús, son signos de que la Palabra da sus frutos. Tras el "vosotros" (v.11), se oculta, en efecto, toda la Iglesia, se oculta incluso el auditorio que escucha hoy nuestro comentario del Evangelio.

Más que en los adversarios obstinados, Mateo se fija con entusiasta atención en los discípulos de Jesús; los ve vivir en medio de un mundo (v.38) incrédulo: "aquellos que..." (v.12). Los ve, sin embargo, colmados: "A vosotros es dado". Y puesto que en ellos el "don" se ha demostrado eficaz, se les da cada vez más: "A quien tenga se le dará". Este don pródigamente concedido es el de un conocimiento supremo: "conocer los misterios del Reino de Dios". Este conocimiento ilumina toda la vida; gracias a él, sabrán los discípulos hacer las opciones que se imponen y participar como conviene en el combate de la Palabra. Y es cierto que tras la explicación de las vicisitudes que atraviese el Reino al implantarse en el mundo, se oculta un mensaje decisivo: el mensaje pascual. Porque la aventura de la Palabra, constantemente desdeñada, perseguida pero siempre viva y eficaz, semejante al grano de trigo que debe "morir" para dar fruto (Jn/12/24), ¿no es el misterio de Pascua? El conocimiento de tales misterios es un privilegio del que los discípulos deben ser conscientes. Lo que los cristianos oyen en la proclamación del Evangelio, lo que ven en la experiencia cristiana, hay muchos hombres que no pueden verlo ni oírlo. Aun los Profetas, esos privilegiados del A.T. y con ellos, por lo tanto, todo el pueblo de la Antigua Alianza, no pudieron, a pesar de sus deseos, obtener semejante revelación de los "caminos" de Dios, de los secretos de su Reino.

Esta parábola, al igual que muchas otras parábolas de Mateo, tiene algo de doloroso, de dramático incluso: ¡tanta semilla perdida, tanta palabra rechazada! Pero no percibir los sonidos alegres con que resuena, sería entenderla mal. Aunque no esté permitido permanecer insensibles a esa tragedia que constituye la evangelización y a sus "fracasos", cuyos perdedores son los hombres, ¿sería lícito no dejar resonar nunca en nosotros -acogidas con una profunda humildad- estas palabras de esperanza.

"¡Ah, sí, dichosos vosotros!; dichosos vuestros ojos porque han sabido ver y vuestros oídos porque han sabido oír"? ¿Sería lícito permanecer insensibles ante la promesa, implícitamente contenida en la última frase del Evangelio, y de la que encontramos una formulación más clara en el apóstol Pablo, cuando habla de la "Gloria de los hijos de Dios"? Nosotros sabemos de esa Gloria no sólo que está "preparada" para nosotros, sino además que, con la transmisión de la Palabra, nos está ya comunicada; y que, semejante a una semilla, crece en nosotros. ¡Cómo, entonces, negarse uno a llamarse "dichoso"!.

LOUIS MONLOUBOU - LEER Y PREDICAR EL EVANGELIO DE MATEO - EDIT. SAL TERRAE SANTANDER 1981.Pág. 183


 

3.- EV/INTERPRETACION: PUEDE HABER TRES SIGNIFICACIONES EN UNA PARÁBOLA: LA DE XTO/LA DEL EVANGELISTA Y LA DE LA IGLESIA PRIMITIVA.

La parábola del sembrador plantea al lector tres problemas sucesivos: el significado de la parábola tal como salió de los labios de Cristo (vv. 1-9), el valor que Mateo le atribuye introduciéndola en esta parte de su Evangelio y, finalmente, la significación de la explicación que da la Iglesia primitiva (vv. 18-23).

a).- En cuatro escenas sucesivas, colocadas entre una descripción de la siembra (v. 3) y una descripción de la recolección (v. 8), la parábola propiamente dicha se interesa, sobre todo, por la suerte reservada a la semilla en los cuatro terrenos diferentes. Las escenas están dispuestas de manera progresiva y optimista, para desembocar en la visión de la fructificación extraordinaria de la semilla.

El tema de la cosecha, imagen de los últimos tiempos, es tradicional en Israel (Jl 4. 13); lo nuevo es la insistencia en las laboriosas siembras que la preparan. Jesús, pues, suaviza ligeramente el matiz escatológico de la venida del Reino (cosecha) subrayando más bien las condiciones difíciles de su realización. Proclama la venida del Reino, pero insiste en la lentitud de su instauración y en la dificultad de su maduración.

b).- Insertando esta parábola en este lugar de su Evangelio, Mateo da una interpretación cristológica de la parábola. Jesús se plantea el problema de los fracasos y de las resistencias que se oponen a su mensaje: ceguera de los escribas, entusiasmo superficial de las masas, desconfianza de sus parientes, etc.

Pretende dar un sentido a esta incomprensión y lo descubre en la oposición entre el trabajo casi infructuoso del sembrador y la rica cosecha que se recogerá en su tiempo oportuno. Jesús piensa en su misión difícil y la analiza a la luz del juicio que se acerca. Concretamente, este juicio se produce a través de la inteligencia que los discípulos parecen mostrar (vv. 10-17) y que compensa la indiferencia de los otros miembros del auditorio. c)La explicación de esta parábola nos la dan las comunidades primitivas. Para ellas ya no hay que explicar la misión de Cristo, sino las motivaciones de su conversión; la cosecha final no les da miedo, sino más bien las dificultades cotidianas que suscita la persecución (v. 21).

Desde este momento la interpretación adopta un matiz alegorizante; cada escena de la parábola se interpreta en función de un tipo de "conversión": ya no importa tanto la semilla como la manera en que es acogida. Hasta el matiz escatológico de la parábola se difumina en consideraciones, sobre todo psicológicas y parenéticas (v. 24). Jesús era optimista sobre el sentido de su misión; la Iglesia primitiva parece más preocupada.

MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA V - MAROVA MADRID 1969.Pág. 160


 

4.- PARA/FINALIDAD: PALABRAS ESCANDALOSAS.SU VERDADERO SENTIDO.

Digamos algo sobre "la finalidad de las parábolas", ya que, en nuestro texto, aparecen esas palabras casi escandalosas de Jesús: ¿utilizó las parábolas para que no le entendiesen? Ha habido dos teorías que se han hecho clásicas para explicar estas duras palabras: teoría de la justicia: la parábola oculta la verdad para castigar la infidelidad del pueblo que ha rechazado la palabra de Dios cuando le era expuesta con toda claridad. Esta teoría va en contra de la naturaleza de las parábolas y en contra de la misión de Jesús. Teoría de la misericordia: la parábola no habla con claridad. Jesús recurre a ellas para mitigar la culpabilidad de los que no creían. Teoría injustificada desde las parábolas mismas, que son suficientemente claras. Además, en otras ocasiones, Jesús hablaba no sólo con claridad sino hasta con crudeza.

Para resolver el problema hay que contar con los elementos siguientes: a)el texto está fuera de lugar (lo demuestra el hecho elemental de ser preguntado Jesús por "las" parábolas, cuando en realidad no ha expuesto más que una); b)la expresión se refería originariamente a toda la enseñanza de Jesús, ya que el término "parábola", "mashal" en hebreo, puede significar tanto parábola como misterio, sentencia, enigma, proverbio, enseñanza; c)esta diversidad de significados hizo que, al traducir la palabra "mashal" al griego, y después a las demás lenguas, se convirtiese en "parábola"; d)el texto se halla traducido defectuosamente y reconstruyéndolo en su forma original aramea tendríamos lo siguiente: "a vosotros os ha sido dado a conocer el misterio del reino de Dios, pero a los de fuera todo les resulta misterioso".

A continuación, viene la partícula final "para que"; pero esta partícula puede ser, además de final, consecutiva y entonces traduciríamos así: "de modo que se cumple la palabra de la Escritura" (a continuación, viene la cita del profeta Isaías 6. 9-10). Quedan, por tanto, las últimas palabras, las más "escandalosas": "no sea que se conviertan...". Tendríamos aquí latente o subyacente la partícula aramea "dilema", que, además de los sentidos "para que no", "no sea que", tiene también este otro "sea, pues, que..." y en este sentido debe ser entendida aquí.

La conclusión que parece imponerse hoy es que la traducción del célebre y torturante texto debe ser la siguiente: "a vosotros os ha dado Dios a conocer el misterio del Reino; para los que están fuera todo es misterioso, de modo que -como está escrito- miran y no ven, oyen y no entienden; que se conviertan, pues, y Dios les perdonará". La solución de los que están fuera no es desesperada. Tienen todavía una oportunidad: que se conviertan.

COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT - EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1015


 

5.- Texto. En el contexto precedente Mateo remarca la línea divisoria entre sabios y entendidos por un lado y gente sencilla por otro.

Los primeros se perfilan ya como adversarios y los segundos como familiares. En este contexto introduce Mateo un tipo de enseñanza basada en la parábola. "Jesús comenzó a exponerles muchas cosas por medio de parábolas". Mejor traducción ésta que el "hablar mucho rato" de la traducción litúrgica. Las líneas maestras del texto van más por el método de enseñanza empleado que por el contenido de la misma. Veamos. La parábola del sembrador termina con un lacónico "el que tenga oídos que oiga" (v.9). Esta frase está indicando que la parábola contada oculta tanto como desvela, si no más.

Ello motiva la pregunta de los discípulos: "¿Por qué hablas a la gente por medio de parábolas?" (v. 10). En los vs. 11-17 se da respuesta a esta pregunta. La respuesta deja en claro una cosa: las parábolas son un medio adecuado de no decir nada a quien no esté en disposición de escuchar y de decir mucho a quien esté en esa disposición. Por lo tanto, el recurso a la parábola lo entiende Mateo como una forma de remarcar la línea divisoria entre dos grupos. A un lado de la línea están los que no ven ni entienden; al otro, los discípulos, es decir, "todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mt 12, 50). Esta última cita de Mateo ayuda a aclarar el origen de la división. Esta no obedece a un decreto de Dios, sino a la decisión de las propias personas involucradas. Por aquí van los sorprendentes vs. 11 y 12. El v. 11 parece a primera vista estar formulado en el sentido de una división determinada por Dios.

Sirviéndose del recurso de la voz pasiva, este versículo afirma, en efecto, que es Dios quien concede o permite a unos conocer los secretos de su Reino y a otros no. Sin embargo, el v. 11 hay que leerlo a la luz del v. 12, el cual sirve de explicación a aquél. Lo que pasa es que la explicación está formulada en términos absolutamente chocantes y sorprendentes, muy en consonancia con el estilo oral, agresivo e hiriente, empleado frecuentemente por Jesús. "Al que tienen se le dará más todavía; al que no tiene se le quitará hasta lo poco que tiene". El problema nos surge por entender el verbo tener en sentido de poseer. Pero no es éste el sentido del verbo ni en la dinámica del texto ni en el contexto de Mateo. "Tener" tiene el sentido activo de "producir". "Al que produce se le dará; al que no produce, no". Así entendida la frase, se comprende perfectamente que el v. 11, del cual el 12 es explicación, no pueda entenderse en el sentido de decreto arbitrario de Dios.

El recurso, pues, a las parábolas marca en el Evangelio de Mateo la quiebra de un mundo religioso cerrado en sí mismo, el de los sabios y entendidos, y el surgimiento de una perspectiva abierta y universal, la representada por los discípulos o nueva familia de Jesús. De ahí la larga cita de Isaías, donde se habla del corazón embotado de este pueblo; de ahí también el realce del momento a través del v. 17: "Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver y oír lo que vosotros". Obsérvense las dos mismas denominaciones de profetas y justo que encontrábamos hace dos domingos en Mt. 10, 41 y que responden a categorías de personas cuyo alcance se nos escapa hoy.

El texto finaliza desvelando a los discípulos lo oculto de la parábola, y por consiguiente, lo que Mateo considera importante en la misma. Lo significativo está en los lugares receptores: vereda, pedregal, maleza, terreno fértil. Los tres primeros tienen en común su falta de productividad. Esto es precisamente lo que hay que evitar. La parábola del sembrador en la versión de Mateo es una invitación a ser terreno fértil. No importa la cantidad producida; eso depende de mil circunstancias e imponderables. Lo verdaderamente importante es el ser productivos.

Comentario. Dos aspectos resaltan con luz propia en el texto: la alegría y la invitación a hacer algo. Alegría por los nuevos tiempos traídos por Jesús. El discípulo de Jesús está llamado a ser portavoz del cambio cualitativo aportado por Jesús y a vivir desde la alegría por ese camino. "Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen". Dios me libre de decir a nadie lo que tiene que hacer. Pero en nombre de Dios, que habla por el texto de hoy, sí que te digo: haz, actúa, sé productivo.

ALBERTO BENITO - DABAR 1990/37


 

6.- /Mt/13/10-17 Entre la parábola del sembrador (Mt 13, 1-9) dirigida a la muchedumbre (Mt 13, 3) y la explicación que de ella da a los discípulos (v. 11), Mateo inserta este pasaje manifiestamente adventicio y destinado a servir de transición. Pero los sinópticos, al tiempo que concuerdan en cuanto al contenido literal de la parábola y de su explicación, ponen de manifiesto una gran libertad en la redacción de esta transición (Mc 4, 10-13; Lc 8, 9-11). El núcleo del pasaje se halla localizado en el v. 11; el v. 12, sin duda un añadido tardío de Mateo (cf. Mc.4, 25), podría ser una restricción al versículo precedente a propósito de Judas (?). El v. 13 saca las conclusiones del v. 11, confirmadas aún más en la larga cita de Is 6, 9-10 (vv. 14-15).

Los vv. 16-17 son igualmente extraídos de otro contexto (Lc 10, 21-22). a) En la literatura judía, los de fuera es un término utilizado para designar a los gentiles (cf. 1 Cor 5, 12-13; 2 Cor 4, 16; Col 4, 5; 1 Tim 4, 2). Marcos le atribuye, sin embargo, otro sentido (Mc 4, 11), refiriéndose a aquellos que, en el momento en que Cristo habla "en casa" (Mc 3, 20) a sus apóstoles y discípulos, se encuentran "fuera" de ella (cf. M 3, 31), es decir, sus parientes y los fariseos (Mc 3, 22). Con la expresión los "de fuera", Marcos se estaría refiriendo a los mismos judíos, los cuales no podrán entrar en el Reino y convertirse (Mc 4, 12) sin que antes hayan depuesto su incredulidad.

b) El texto, en su totalidad, presenta una acusada mentalidad apocalíptica semejante a la del libro de Daniel. Como en el profeta (Dan 2, 47), también aquí parece la revelación en dos tiempos, "secreto" y "misterio", perfectamente marcados; el primero, mediante visiones y símbolos o parábolas; el segundo, mediante explicaciones. Finalmente, las sentencias subrayan el privilegio de los que pueden oír y comprenden las posibles aplicaciones del lenguaje parabólico. Mediante esta forma apocalíptica (véase Mt 11, 25), Mateo trataría de dar a la enseñanza parabólica de Jesús su significación de verdadera revelación procedente de lo alto.

c) En su extensa cita de Is 6, 9-10 (vv. 14-15), Mateo pretende hacer resaltar otra intención de Cristo. Jesús conoce su calidad de profeta y acepta las oposiciones y repulsas inherentes a este ministerio, dificultades a que se ha expuesto conscientemente con motivo de su enseñanza por medio de parábolas, trazando así la línea de demarcación entre fe e incredulidad. A Jesús no le extraña su falta de éxito; su actuación es conforme a las Escrituras y concretamente a Isaías. El mismo se encamina así hacia su Pasión. La cita de Is 6, 9-10 es, sin embargo, diferente en Mateo y en Marcos. Para este último, hablar en parábolas es un acto de Dios que, mediante este procedimiento, juzga y condena a los incrédulos. Las modificaciones aportadas por Mateo ("porque" en lugar de "para qué" y "no ven" en lugar de "ven y no conocen", en los vv. 12-13) ponen de manifiesto que la razón de hablar en parábolas no debe ser buscada en Dios, sino en las disposiciones hostiles del auditorio. Veamos en todo esto más un clima de pasión por parte del profeta que un auténtico juicio de Dios.

d) Al redactar este texto, Mateo bloquea las corrientes apocalíptica y profética, uniendo el optimismo de la primera ante los privilegios de los que reciben la revelación, al pesimismo de la segunda, con motivo del rechazo de que es objeto el profeta por parte de la mayoría. Hecho esto, confiere al conjunto un acento nuevo; el de la oposición entre creyentes y no-creyentes, oposición que se acentúa más aún cuando se descubre como algo evidente que es "secreto" de Dios, un misterio insondable suyo (corriente apocalíptica) el oponer aquellas dos categorías, mientras que el pensamiento de Jesús era distinto.

e) Mateo (como Mc 4, 1-34) escribe en un momento en que la Iglesia naciente está preocupada por la incredulidad de Israel. El cap. 13 responde a esta inquietud. Mc 4, 11-12 subraya que Jesús no revela su secreto más que a los discípulos y deja a las gentes de fuera en la ignorancia; y así, gracias a la enseñanza parabólica, establece una especie de juicio entre creyentes e incrédulos. Mateo soluciona el problema haciendo ver que, el no comprender la enseñanza de Cristo, si esa falta de comprensión es querida por Dios, no resulta de una decisión arbitraria, sino que es consecuencia de disposiciones espirituales insuficientes.

Cristo se pregunta sobre la significación del fracaso de su ministerio profético, y la conclusión que de ello saca es clara: la Pasión ha sentado ya plaza en su vida; la muerte se perfila al término de su misión, y esta prueba definitiva será la que dé el verdadero tono de su fidelidad.

La comunidad primitiva también se pregunta, a propósito de este mismo pasaje, sobre el fracaso que constituye para ella la negativa de Israel a admitirla en su fe en el Señor. En la apocalíptica judía encuentra la solución a esta angustia: es "secreto" de Dios el separar así a los hombres en creyentes y no creyentes, y el preparar de este modo el juicio de la humanidad.

También la Iglesia actual se pregunta sobre su aparente fracaso y sobre su creciente disminución en el mundo. Pero sabe guardarse muy bien de recurrir a la apocalíptica judía para dividir el mundo entre buenos e impíos, ya que la frontera entre el bien y el mal pasa a través de cada hombre. La única salida que le queda entonces es hacer suyo el punto de vista de Cristo. Porque, aunque Cristo haya entrado en la gloria, no por eso la Iglesia quedará dispensada de la ley del fracaso y de la significación pascual del sufrimiento.

MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA VI - MAROVA MADRID 1969.Pág. 189s

 


 

7.-  Mt/13/10-17FE/ESCUCHA:  D/MISTERIO

Jesús responde que Dios es "misterio": no es una realidad fácil de conocer. Dios no está a nivel de las cosas; se toca una piedra, se ve un árbol, se oye a un amigo. Dios no es de este orden.

El misterio de Dios no es una verdad que se impone a la inteligencia humana. Es un secreto, un misterio, que sólo se da a los que están dispuesto a escuchar. "Mirar sin ver y escuchar sin oír ni entender".

Esta es la segunda razón dada por Jesús. Si el misterio de Dios, es de por sí un secreto difícil de descubrir, es también verdad que muchos hombres son culpables de ni siquiera buscarlo.

¿Busco yo a Dios? "Ni entender con el corazón" En-tender, o sea tender en dirección de alguien. Ser fascinados por Dios. Tomar postura ante él. Dirigirse a él con todo el ser. Sólo entonces se está en disposición de oír y comprender. Primero se convierte uno, o sea, se vuelve hacia... se tiende hacia... y después se comprende.

Hasta humanamente, las mismas cosas son vistas y oídas, de distinta manera por varias personas. ·Scheler ha escrito que si atraviesan un bosque tres sujetos: un pintor, un botánico y un comerciante de maderas, uno habrá visto unas violetas y colores maravillosos (el pintor); otro habrá visto unos musgos diminutos y muy raros, que sólo existen en esa región (el botánico); otro habrá visto cuántos metros cúbicos de madera se pueden sacar por hectárea (el maderero).

"Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen". Debiéramos pedir esos ojos que ven y esos oídos que oyen. Ver con los ojos de la fe tantos acontecimientos de nuestra vida que solamente vemos con una mirada humana. Toda nuestra vida es una parábola en la que Dios está escondido y desde donde nos habla. Uno puede quedarse en el interior de las cosas y de los acontecimientos, o bien, "ver" y "oír" a Dios en el centro de todas las situaciones humanas. Creyente es el que ve y oye a Dios en las cosas vulgares -alegres o tristes- de cada día.


 

8.- Texto. El domingo pasado remarcaba Mateo una línea divisoria entre sabios y entendidos por un lado y gente sencilla por otro. En este contexto se abre la tercera compilación doctrinal del primer evangelio, caracterizada por las parábolas como vehículo de enseñanza. El texto comienza con la exposición de la parábola del sembrador y finaliza con la aclaración de la misma. Entremedio se recoge una conversación de Jesús con sus discípulos acerca del método de enseñanza adoptado: ¿por qué hablas a la gente por medio de parábolas?.

La respuesta de Jesús a esta pregunta deja en claro una cosa: las parábolas son un medio adecuado de no decir nada a quien no esté en disposición de escuchar y de decir a quien está en esa disposición. El recurso, pues a las parábolas es una forma de remarcar la línea divisoria entre los dos grupos arriba mencionados. A un lado de la línea están los que no ven ni entienden; al otro, los discípulos, es decir, todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos (Mt. 12,50).

Esta cita de Mateo, tomada del contexto inmediatamente precedente al texto de hoy, ayuda a aclarar el origen de la división en dos grupos. Esta no obedece a un decreto de Dios, sino a la decisión de las propias personas involucradas. El v.11, en efecto, parece a primera vista estar formulado en el sentido de una división determinada por Dios. Este versículo, sin embargo, ha de leerse a la luz del 12: al que tiene se le dará más todavía; al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Esta formulación resulta chocante, pues tener suele entenderse en sentido de poseer. No existe, sin embargo, el sentido del verbo ni en la dinámica del texto ni en el contexto de Mateo. Tener tiene el sentido activo de PRODUCIR. Al que produce se le dará; al que no produce, no. Así entendida la frase, se comprende perfectamente que el v. 11 no deba interpretarse en el sentido de decreto arbitrario de Dios. El recurso, pues, a las parábolas marca en el evangelio de Mateo la quiebra de un mundo religioso cerrado en sí mismo, el de los sabios y entendidos, y el surgimiento de una perspectiva abierta y universal, la representada por los discípulos o gente sencilla. De ahí la larga cita de Isaías hablando del corazón embotado. De ahí también el realce del momento en el v. 17: os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver y oír lo que vosotros.

El texto finaliza desvelando a los discípulos lo oculto de la parábola. Lo significativo en la misma son los lugares receptores: vereda, pedregal, maleza, terreno fértil. Los tres primeros tienen en común su falta de productividad, justamente lo que hay que evitar. En la versión de Mateo la parábola del sembrador quiere ser una invitación a ser terreno fértil. No importa la cantidad que se produzca; eso depende de mil circunstancias e imponderables. Lo verdaderamente importante es ser productivos.

Comentario.- Lo expuesto en el análisis del texto no dejar lugar a dudas al buen entendedor: menos palabras y más hechos. He aquí el santo y seña del buen discípulo. Junto a este aspecto esencial del texto, hay otro apenas mencionado en el análisis: alegría por los nuevos tiempos traídos por Jesús. El discípulo está llamado a ser portavoz del cambio cualitativo aportado por Jesús y a vivir desde la alegría de ese cambio.

DABAR 1993/37


 

9.- La presente parábola es la primera de una serie que recoge Mateo en el capítulo 13. Jesús la pronunció sin duda en un momento crítico y culminante de su vida pública, cuando comenzaba a concentrar su atención en los discípulos ante la creciente incredulidad del pueblo y el rechazo de los fariseos. La parábola del sembrador experimentó una acomodación pastoral cuando los apóstoles la predicaron a la primitiva comunidad de Jesús. El comentario que sigue a la parábola y su interpretación en los v. 18 al 23 es el resultado de dicha adaptación.

El sentido de la parábola de Jesús es que, a pesar de las dificultades de la siembra, la cosecha está asegurada; es decir, que el Reino de Dios, iniciado en la persona de Jesús y proclamado por Jesús, es una fuerza viva que avanza irresistiblemente hacia su plenitud y gloriosa manifestación, hacia la cosecha final. La Palabra de Dios es como una semilla, pequeña en apariencia, pero llena de vida. No todos la escuchan y la albergan en su corazón; pero quienes la reciben con fe darán fruto. Jesús no habla en parábolas para que no le entiendan; nadie habla en verdad para que no le entiendan. Esta sentencia (cf. 1,15) significa que la parábola esconde siempre un sentido profundo y sugiere la conveniencia de una seria meditación. Sobre todo, es una manera de provocar y de estimular la atención.

EUCARISTÍA 1993/33


 

10.- Mateo recoge en el capítulo 13 siete parábolas sobre el Reino de Dios. Leemos la primera parte y su interpretación, separadas por una explicación sobre el porqué del lenguaje parabólico. A lo largo del capítulo se adivina fácilmente la mano del evangelista en la elaboración de los materiales de que dispone.

A menudo el evangelio según Mateo nos dice si Jesús está "en casa", donde habla privadamente con los discípulos, o bien si sale para encontrarse con la gente. En este caso, vemos que Jesús habla a la gente desde una barca, y no se dice que vuelva a casa hasta el versículo 36; pero, entre la parábola del sembrador y su explicación, Jesús habla privadamente a los discípulos, lo que no concuerda con el hilo de toda la narración. La parábola del sembrador apunta a lo que sucede en la acción de sembrar, teniendo en cuenta la manera cómo se hacía en tiempos de Jesús en Palestina: se araba después de sembrar. La parábola hace referencia al fracaso de la siembra (que se menciona tres veces y de manera progresiva) y, sobre todo, al éxito final, que es esplendoroso.

La explicación de la parábola, que seguramente no es original de Jesús, hace referencia más bien a la tierra que recibe la semilla, es decir, a las disposiciones de los que escuchan la palabra de Dios y a la acogida que le dan.

Entre la parábola y su explicación, Mateo ha inserido un fragmento sobre el porqué del lenguaje parabólico que Jesús utiliza. La parábola revela y esconde a la vez: todo depende de la sintonía y la disposición del que escucha. Una cita de Isaías sirve para mostrar lo que ha pasado realmente: algunos se han cerrado a la palabra de Jesús, mientras que otros (los discípulos) han hecho caso de ella. Quizá podríamos decir que los discípulos son el verdadero "resto de Israel" que ha sido fiel a la línea de los profetas y los justos que deseaban la manifestación de Dios.

JOSEP M. GRANE - MISA DOMINICAL 1994/09

 

DOMINGO 15 DEL TIEMPO ORDINARIO

Les habló en parábolas

Durante tres domingos, a partir de hoy, escucharemos una serie de parábolas de Jesús sobre la vida cristiana, que Mateo ha reunido en el capítulo 13, en el tercero de los "discursos" o "sermones" que ofrece en su evangelio (ya hemos escuchado el sermón de la montaña y el discurso de la misión). Estas parábolas, tomadas casi siempre del ambiente doméstico o de la vida del campo, que era el que más conocían sus oyentes, pero que fácilmente podemos entender también los que vivimos en la ciudad, son relatos peda­gógicamente construidos que le sirven a Jesús para transmitir los mensajes del Reino, con comparaciones llenas de expresividad. Pero, como dice él mismo, ante estas parábolas, algunos "oyen y no entienden", o "miran y no ven". Mientras que a otros "se les ha dado conocer los misterios del Reino", precisamente a la "gente sencilla" de la que nos hablaba en el evangelio del domingo pasado.

Hoy, y preparada por la breve comparación que hace Isaías de la Palabra de Dios con la lluvia que empapa la tierra y la hace fértil, escuchamos la conocida parábola del sembrador y de la eficacia mayor o menor de la semilla, que Jesús compara con la Palabra de Dios. Vale la pena proclamar serenamente la versión larga de este evangelio, porque contiene también la "homilía" del mismo Jesús.

 

Isaías 55, 10-11. La lluvia hace germinar la tierra

El profeta -seguramente el "segundo Isaías"- invita a la esperanza. Con la comparación de la lluvia, que fecunda la tierra y le hace producir fruto, nos asegura que la Palabra de Dios es siempre eficaz y fecunda. Así nos prepara para escuchar el evangelio, con la parábola del sembrador y la eficacia de la semilla que es la Palabra de Dios.

También el salmo sigue con la comparación poética de la vida del campo: la tierra, la acequia de agua, el riego, la llovizna suave que empapa los terrones, los brotes y, por fin, la cosecha que llena de gozo al campesino: "las colinas se orlan de alegría... los valles se visten de mieses que aclaman y cantan".

 

Romanos 8, 18-23. La creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios

Sigue hablando Pablo de las consecuencias del Bautismo, por el que hemos entrado en la vida de Cristo Jesús y somos movidos por el Espíritu. Ya tenemos "las primicias del Espíritu" en nosotros. Pero ahora queda todo un proceso de crecimiento, que Pablo describe con fuerza y esperanza incluso cósmica: "la creación, expectante, aguarda la plena manifestación de los hijos de Dios". El apóstol se sirve de una comparación muy expresiva, la del parto: "la creación entera está gimiendo con dolores de parto". Aunque ahora tengamos que sufrir, la perspectiva futura es optimista, porque esperamos la liberación de toda esclavitud y la libertad de los hijos de Dios. Como los dolores del parto -los "gemidos"- de una mujer anuncian la alegría del nacimiento de una nueva vida.

 

Mateo 13, 1-23. Salió el sembrador a sembrar.

La parábola del sembrador, la primera de la serie, en sí es muy breve, des­cribiendo el proceso desde la siembra hasta la cosecha, con el dispar éxito de la semilla que el sembrador siembra en el campo en cuanto a los frutos finales, por culpa de los pájaros, o del sol, o de los espinos.

Pero Jesús, después, nos ofrece él mismo lo que se podría llamar la "homilía" de la parábola, aplicándola a la escucha de la Palabra de Dios por parte de los creyentes, y las diversas circunstancias y actitudes nuestras que hacen que esa Palabra, que de por sí es eficaz y siempre salvadora, produzca más o menos fruto.

 

La Palabra es eficaz

Se puede entender la parábola de Jesús desde dos perspectivas. Una, más optimista, que parece ser su sentido original: a pesar de todos los obstá­culos que los humanos le ponemos, la Palabra de Dios está llena de vigor y siempre produce fruto y, a la larga, es fecunda. O se puede ver desde el otro lado, más pesimista: por muy eficaz y llena de fuerza interior que sea la Palabra de Dios, el Maligno nos la roba o nosotros mismos le ponemos tantos obstáculos, que le podemos restar eficacia.

La comparación de Isaías es muy clara y apunta a la primera línea: la lluvia y la nieve empapan la tierra y la hacen fecunda. Así la Palabra de Dios cumple siempre su misión: "no vuelve a Dios vacía". Nuestras palabras humanas muchas veces sí son estériles y vacías. Lo que se dice en Hamlet: "palabras, palabras, palabras". Pero la de Dios siempre es cercana y despierta y eficaz. Como la del Génesis: "dijo, y se hizo". Es siempre Palabra creadora, vivifi­cadora. Es como la semilla que contiene en sí misma una potencia admirable que dará lugar a un proceso de germinación y al fruto. Es lo que nos ha hecho repetir el salmo responsorial: "la semilla cayó en tierra buena y dio fruto". Ojalá que el ciento por uno.

 

No da fruto automáticamente

Pero por muy poderosa que sea esa Palabra, no actúa automáticamente.

Es hermosa y comprensible para toda la comparación de la semilla que cae en los surcos preparados en el campo y que está destinada a dar una cosecha lo más abundante posible. Así es la Palabra de Dios que nos es proclamada y que escuchamos y acogemos los creyentes, por ejemplo, en la celebración de la Eucaristía.

Pero la semilla no siempre produce igual fruto: si cae en el camino o entre espinos o entre piedras, producirá mucho menos que si en tierra buena. Y aun la que cae en el terreno previsto, depende de si encuentra una parcela más o menos abonada o más o menos profunda, para que el fruto sea de treinta o sesenta o ciento por uno. Así es la Palabra que escuchamos. Dios la siembra en nosotros con la misma ilusión con que un campesino siembra su semilla en el campo. Pero Jesús nos dice qué suerte dispar puede tener en nosotros el proceso de asimilación de esa Palabra. Por parte de Dios siempre es eficaz, y salvadora. Pero por parte nuestra, no.

La semilla que cae en el camino, y se la llevan los pájaros, dice Jesús que es la Palabra que hemos oído, seguramente con buena voluntad, pero viene el Maligno y nos la arrebata. La que cae entre piedras y no puede echar raíces y acaba por quedar reseca por el sol implacable, dice Jesús que es como la Palabra que no puede echar raíces en algunas personas, por lo superficiales que son, y sus buenos propósitos se van al traste ante cualquier pequeña dificultad. La semilla que cae entre espinos, es la Palabra que es ahogada por la seducción de las riquezas y las demás preocupaciones de nuestra vida.

Cada uno sabrá qué obstáculos encuentra en su caso la Palabra poderosa y salvadora de Dios para no producir los frutos que se esperaban. Esto les puede pasar no sólo a los que están alejados de la fe, sino también a los creyentes, que van acogiendo la semilla de la Palabra, pero a la vez se dejan llenar la mente de mil preocupaciones que les hacen olvidar lo que han escuchado, se "distraen" con otras palabras que también escuchan, son inconstantes o superficiales, y así no puede producir fruto. La Palabra nos interpela muy personalmente, si la dejamos resonar. Nos ilumina, nos juzga, nos ayuda a discernir, nos estimula, no nos deja en paz. Pero pueden ponerse en marcha, casi insensiblemente, mecanismos de auto­defensa que impiden que tomemos en serio lo que nos ha dicho Dios.

 

Salió el sembrador...

Ante los muchos casos de fracaso en la tarea de evangelización, no pode­mos caer en la tentación de dudar de la fuerza interna que pueda tener la Palabra misma. Como dice Isaías, siempre produce algún fruto, no vuelve a Dios vacía.

Pero sí podemos detenernos a pensar si el defecto puede estar en el sem­brador, o en su "falta de puntería" al no arrojar la semilla en el campo, o sencillamente en la ausencia de sembradores. Es una palabra de ánimo para los diversos "sembradores" que también ahora hacen falta para dar a conocer el plan salvador de Dios: los misioneros, los predicadores, los catequistas, los padres cristianos, los maestros que quieren educar también en la fe...

No siempre producirá efecto nuestro esfuerzo. Como tampoco fueron sólo éxitos los que cosechó el mismo Jesús, o el infatigable Pablo. Pero, sean cuales sean los resultados inmediatos, tenemos que ser generosos en la tarea de evangelización y sembrar con ilusión a diestro y siniestro, comunicar a cuantos podamos la Palabra salvadora de Dios. Ella es la que producirá fruto.

El sembrador no siempre es el que cosecha a corto plazo. Una persona puede recibir la semilla del evangelio en un retiro, en la experiencia de una visita del Papa, en la peregrinación a un santuario, en el coloquio con una persona creyente. Es la semilla. Nosotros tenemos que favorecer el que exista este contacto. Debemos procurar que no caiga entre espinos o entre piedras o en el camino, sino en tierra buena. Dios será quien riegue y haga crecer esa semilla, hasta producir fruto. Lo que nos toca a nosotros es sembrar con ilusión, aunque no veamos resul­tados. Es Dios quien salva, y su Palabra, nos dice Jesús, es eficaz.

 

Con dolores de parto

Es valiente y poderosa la comparación que aporta Pablo para hacernos entender el proceso dinámico que espera a los cristianos desde el inicio del Bautismo hasta la plenitud de la vida eterna. Estamos todos, el cosmos y cada uno, en gestación, como en dolores de parto.

Ya poseemos las primicias del Espíritu, pero esperamos la plenitud, la madu­ración, la "plena manifestación de los hijos de Dios", "la libertad gloriosa", "la redención de nuestro cuerpo". Es una visión dinámica y comprometedora de la vida cristiana. La comparación de la mujer que espera un hijo la puso el mismo Jesús: "La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora. Pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto, por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo" (Jn 16,21). Pablo dice que no hay ni punto de comparación entre lo que nos toca sufrir aquí abajo con la gloria que Dios nos prepara en la vida definitiva.

Uniendo esta imagen de las dificultades con la de la siembra y la cosecha, recordemos el salmo 125, que dice que los campesinos "al ir iban llorando, sembrando la semilla; al volver vuelven cantando, trayendo las gavillas". Sembrar a veces cuesta, y también seguir cuidando el campo. Pero la alegría de la cosecha supera y da por bien empleados todos los sudores del camino.

En la Plegaria Eucarística IV del Misal miramos esperanzados hacia el final de la historia, cuando "junto con toda la creación, libre ya del pecado y de la muerte", esperamos todos gozar definitivamente de la plenitud de gloria y de vida con Dios.

 

Invitación a la vigilancia

La parábola de hoy incluye una advertencia a los creyentes: tienen que vigilar, porque el Maligno puede robarnos esa semilla de la Palabra de Dios que hemos escuchado. En medio de la vida ajetreada de hoy, y con tantas voces discordantes, puede suceder esto con facilidad.

Pablo nos viene avisando de que la semilla del Bautismo debe ir creciendo y madurando en nuestra vida. Según la enseñanza de Jesús, nosotros mismos somos el campo en el que puede suceder una historia de fecundidad o de esterilidad. Nosotros mismos, no los pecadores de este mundo o las gentes que no tienen todavía mucha formación religiosa, debemos, no sólo escuchar la Palabra, sino acogerla, asimilarla, "guardarla", intentar vivir según ella, para producir el fruto que Dios espera de nosotros.

Nos podemos hacer con sinceridad la pregunta: ¿cómo es que esa Palabra de Dios, que escuchamos tantas veces, y con buena voluntad, no produce frutos en nosotros? Ciertamente no es que la rechacemos, sino que algo la ahoga y la hace ineficaz. La semilla quiere crecer, brotar, dar fruto. Pero tenemos que vigilar para no ponerle dificultades. Para eso necesitamos estar despiertos, vigilantes.

El mundo de hoy -no hace falta que el Maligno actúe de un modo explícito tentándonos- tiene a veces más cercanía y fuerza que la misma Palabra. La vigilancia sobre nuestro "campo" es necesaria. A veces un niño es educado en la fe, y la vive con gozo, y puede seguir haciéndolo en la adolescencia, pero luego entra el joven en la Universidad o en el mundo del trabajo, y según en qué compañías de amigos caiga, puede enfriarse su fe y alejarse de la Palabra. Alguien ha "robado" esa semilla que tenía sembrada. Espinos, pájaros, el sol, el Maligno...

La Palabra que nos dirige Dios es a la vez don y responsabilidad, regalo y compromiso. La Palabra es eficaz de por sí. Pero necesita que se cuide el terreno. No actúa milagrosamente. La Palabra respeta la libertad de cada persona, y cada uno debe poner de su parte su actitud de acogida y de asimilación. Como en los campos se colocan estratégicamente unos espan­tapájaros para ahuyentar a las aves que pueden robar la semilla, en nuestra vida deberíamos poner todos los medios para que las voces y los afanes de este mundo no hagan estéril la semilla de la Palabra de Dios que quiere actuar en nosotros. Cada uno sabrá cuáles son los "pájaros" o las "zarzas" o las "piedras" o "el Maligno" que inutilizan en nosotros la fuerza salvadora y transformadora de la Palabra.

Al final del capítulo de las parábolas, que hemos empezado a escuchar hoy, Jesús pregunta a los suyos: ¿habéis entendido todo esto? Ojalá podamos responder nosotros que sí, que no sólo hemos oído la historia, sino que hemos comprendido y aceptado su intención y su interpelación para nuestra vida. Entonces se cumplirá otra bienaventuranza que Jesús añade hoy a su lista: "dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen".

LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)

 

PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO XV TIEMPO ORDINARIO  2026

(12 DE JULIO)

 

01.- CRISTO LUZ DE LOS PUEBLOS

Proclamemos el reino de la vida,

aclamemos el triunfo del Señor,

celebremos ya todos reunidos

el banquete del Pan y del Amor.

¡Cristo, luz de los pueblos, aleluya!

¡Cristo, luz de los pueblos, pascua y liberación!.

 

Por todos los caminos de la tierra, llegamos a ti.

Cargados de pesares y esperanzas, te buscamos a ti.

Tu mesa es nuestro mundo,

tu pan multiplicaste,

el vino nos alegra el corazón.

 

¡Cristo, luz de los pueblos, aleluya!

¡Cristo, luz de los pueblos, pascua y liberación!

 

Sembraste el evangelio en nuestros surcos

florece la verdad.

Madura contra el hombre

el fruto cierto de la fraternidad.

Tu amor y tu justicia rompen toda frontera,

la paz es el fin de la tribulación.

¡Cristo, luz de los pueblos, aleluya!

¡Cristo, luz de los pueblos, pascua y liberación!

 

Haremos de esta tierra ya tu casa,

la nueva humanidad.

Unidos los hermanos brindaremos

con tu vino y con tu pan.

Revestidos de gozo cantaremos

 

la vida que nos ganaste en tu resurrección.

¡Cristo, luz de los pueblos, aleluya!

¡Cristo, luz de los pueblos, pascua y liberación!

 

02.- CADA MAÑANA (Cesareo Garabain)

1.- Una mañana el sembrador

salió a los campos para sembrar;

una mañana el sembrador

sembró en mi vida su bondad.

 

CADA MAÑANA EL SEMBRADOR,

SEMBRANDO ESTÁ EN MI CORAZÓN.

CADA MAÑANA EL SEMBRADOR,

ESPERA EL TRIGO DE MI AMOR.

 

2.- Una mañana el sembrador

sembró el camino y el pedregal;

una mañana el sembrador

no pudo entrar en mi heredad.

 

3.- Una mañana el sembrador

en tierra buena quiso sembrar;

una mañana el sembrador

tan solo espinas pudo hallar.

 

4. Una mañana el sembrador

en cada grano cien quiere hallar;

una mañana el sembrador

sembró en mi vida con afán.

 

03.- CON ALEGRIA EN EL CORAZON

CON ALEGRÍA EN EL CORAZÓN

QUEREMOS CANTARTE, SEÑOR.

CON ESPERANZA, CON FE Y CON AMOR

QUEREMOS LLEGAR A TU MESA, SEÑOR.

 

1.- Con alegría de amistad

compartida en una comida;

con esperanza de escuchar

tu Palabra, que da la vida.

 

2.- Con alegría de fiesta

de hermanos en la Eucaristía;

con la fe y el amor que exige

juntarnos en tu comida.

 

3.- Con alegría los primeros cristianos

su amor compartían;

con esperanza seguiremos

sus huellas y ejemplo de vida.

 

04.- BENDITO SEAS SEÑOR (F. Palazon)

BENDITO SEAS, SEÑOR,

POR ESTE PAN Y ESTE VINO

QUE GENEROSO NOS DISTE

PARA CAMINAR CONTIGO,

Y SERÁN PARA NOSOTROS

ALIMENTO EN EL CAMINO.

 

1.- Te ofrecemos el trabajo,

las penas y la alegría,

el pan que nos alimenta

y el afán de cada día.

 

2.- Te ofrecemos nuestro barro

que oscurece nuestras vidas

y el vino que no empleamos

para curar las heridas.

 

05.- ESTE PAN (Alfonso Luna)

1.- Este pan y este vino

te ofrecemos hoy

este pan y este cáliz

te ofrecemos hoy.

 

Es el fruto de nuestro trabajo, Señor

y es el fruto de nuestra unión.

 

BENDITO SEAS POR SIEMPRE SEÑOR

BENDITO SEAS POR SIEMPRE SEÑOR.

 

2.- Estas manos y estos dones

te ofrecemos hoy

nuestras vidas y estas flores

te ofrecemos hoy.

 

Es el fruto de nuestro trabajo, Señor

y es el fruto de nuestra unión.

 

BENDITO SEAS POR SIEMPRE SEÑOR

BENDITO SEAS POR SIEMPRE SEÑOR

POR SIEMPRE, POR SIEMPRE.

 

06.- PAN Y VINO DE AMOR (Brotes de Olivo)

En la tierra la sembró el sembrador,

la semilla de tu pan, Señor.

Y después el viñador trabajó en buena lid,

y las tierras ven crecer las espigas y la vid.

 

El trigo se molió en el moli-ino

rompiendo su cuerpo como tú.

La uva la pisó el hombre en el lagar,

igual que tú te dejaste pisar.

 

Y ahora, convertido en pan y vino,

tu pueblo lo ofrece en tu altar.

Conviértelos, oh, Dios, son frutos de tu amor,

en tu Cuerpo y Sangre, Señor.

 

El trigo se molió en el moli-ino

rompiendo su cuerpo como tú.

La uva la pisó el hombre en el lagar,

igual que tú te dejaste pisar.

 

Y ahora, convertido en pan y vino,

tu pueblo lo ofrece en tu altar.

Conviértelos, oh, Dios, son frutos de tu amor,

en tu Cuerpo y Sangre, Señor.

 

07.- EUCARISTIA, MISTERIO DE AMOR (Alfonso Luna)

1.- Eucaristía, misterio de amor,

Eucaristía, comida del pan.

Hoy le comemos en esta mesa,

hoy nos unimos al comulgar.

 

CRISTO ESTA AQUÍ, VINO AL ALTAR.

DIOS ES COMIDA QUE SE NOS DA.

 

2.- Eucaristía, es su regalo,

Eucaristía es un gran don:

en esta Misa lo celebramos

todos unidos en comunión.

 

3.- Tu vida, joven, tiene sentido,

cuando te acercas a comulgar;

en esta fiesta, Cristo te invita:

Dios es comida, comparte tu pan.

 

08.- LA EUCARISTIA ES COMPARTIR (Alfonso Luna)

LA EUCARISTÍA ES COMPARTIR,

EL MISMO PAN, EL MISMO DIOS;

LA EUCARISTÍA ES COMPARTIR,

TODO EL MUNDO EN TU CORAZÓN.

 

1.- La misma fe nos congrega,

la misma fe en tu altar;

a todos los hombres, en todo lugar.

 

2.- Los niños del mundo unidos,

en un sólo corazón;

vivamos juntos la Misa,

unidos los hombres en un sólo amor.

 

09.- UNA ESPIGA DORADA POR EL SOL

UNA ESPIGA DORADA POR EL SOL,

UN RACIMO QUE CORTA EL VIÑADOR,

SE CONVIERTEN AHORA EN PAN Y VINO DE AMOR,

EN EL CUERPO Y EN LA SANGRE DEL SEÑOR.

 

Compartimos la misma comunión,

somos trigo del mismo sembrador,

un molino, la vida nos tritura con amor,

Dios nos hace Eucaristía en el amor.

 

Como granos que han hecho el mismo pan,

como notas que tejen un cantar,

como gotas de agua que se funden en el mar,

los cristianos un cuerpo formarán.

 

A la mesa de Dios se sentarán,

como hijos su pan comulgarán,

una misma esperanza caminando cantarán,

y en la vida como hermanos se amarán.

 

09.- UNA ESPIGA DORADA (OTRA VERSION) (Cesareo Garabaín)

UNA ESPIGA DORADA POR EL SOL,

EL RACIMO QUE CORTA EL VIÑADOR,

SE CONVIERTEN AHORA EN PAN Y VINO DE AMOR

EN EL CUERPO Y LA SANGRE DEL SEÑOR.

 

2.- Comulgamos la misma comunión,

somos trigo del mismo sembrador,

un molino, la vida nos tritura con dolor,

Dios nos hace Eucaristía en el amor.

 

3.- Como granos que han hecho el mismo pan

como gotas que tejen un cantar,

como gotas de agua que se funden en el mar

los cristianos un cuerpo formarán.

 

4.- En la mesa de Dios se sentarán,

como hijos, su pan comulgarán,

una misma esperanza caminando, cantarán,

en la vida como hermanos se amarán.

 

10.- EL VIÑADOR (Cesareo Garabain)

1.- Por los caminos sedientos de luz,

levantándose antes que el sol,

hacia los campos que lejos están

muy temprano se va el viñador.

 

No se detiene en su caminar

No le asusta la sed ni el calor.

Hay una viña que quiere cuidar

Una viña que es todo su amor.

 

DIOS ES TU AMIGO, EL VIÑADOR

EL QUE TE CUIDA DE SOL A SOL

DIOS ES TU AMIGO, EL VIÑADOR

EL QUE TE PIDE FRUTOS DE AMOR.

 

2.- Él te protege con un valladar

Levantado en tu derredor

Quita del alma las piedras del mal

Y ha elegido la cepa mejor.

 

Limpia los surcos con todo su afán

Y los riega con sangre y sudor

Dime si puede hacer algo más

Por su viña el viñador.

 

3.- Por los caminos sedientos de luz

Levantándose antes que el sol

Hacia los campos que lejos están

Muy temprano se va el viñador.

 

Sólo racimos de amargo sabor

Ha encontrado en tu corazón

Dime si puede hacer algo más

Por su viña el viñador.

 

11.- VIRGEN DEL CARMEN

Virgen del Carmen bella,

Madre del Salvador,

de tus amantes hijos

oye el cantar de amor (bis).

 

Dios te salve María,

del Carmen bella flor,

Estrella que nos guía

hacia el sol del Señor (bis).

 

Junto a ti nos reúnes,

nos llamas con tu voz,

quieres formar de Perú

un pueblo para Dios (bis).

 

Dios te salve María…

Somos un pueblo en marcha

en busca de tu luz, guíanos,

Madre nuestra,

llévanos a Jesús (bis).

 

Dios te salve María…

Haznos cristianos Madre,

cristianos de verdad,

Hombres de fe sincera,

de viva caridad.

Dios te salve María…