jueves, 5 de noviembre de 2026

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXXII T.O. CICLO A - 8 NOVIEMBRE 2026

“¡LLEGA EL ESPOSO, SALGAN A RECIBIRLO!”

Vivir en Dios | 📖 Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,1-13):  En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de  los... | Instagram

 COMENTARIO

 

Podemos imaginar a diez doncellas de honor con sus vestidos alegres, sus sonrisas, el novio algo serio, la novia radiante, pero, una palabra dura viene a deshacer los sueños: cinco de aquellas muchachas eran “necias”. El proyector quedará fijo sobre ellas e irá detallando con crueldad su falta de sentido común. Inútil hacer preguntas sobre las cinco “sensatas” que se niegan brutalmente a compartir su aceite: no es ese el problema. Una parábola traza su camino sin preocuparse de los elementos que no casan.

Intentemos así ir directamente a la elección de ese aceite que escasea, ¿Qué falta corre el peligro de hacer de nosotros unos hombres necios?.

El necio de la parábola es el cristiano que había partido bien, pero que no se ha fijado en las distancias, que cae de nuevo enseguida en su vida vulgar, poco evangélica. Las cinco necias representan los alientos cortos, la gente desarmada ante las esperas y la duración del tiempo. Corren el peligro de verse asustadas ante el gripo repentino: “¡Qué llega el novio! Salgan a recibirlo. Uno piensa sin embargo en ese encuentro final. Se sabe que para que tengan éxito hay que encontrar ya a Jesús aquí abajo, en la oración, en la eucarística, en el evangelio, en los sacramentos del hermano (Mt 25, 40). Pero todas esas cosas cuestan, y se dan largas sin fin: “Mañana empezaré en serio”. ¡Se cree uno dueño del tiempo!

Incluso cuando durante un retiro, bajo el choc de un acontecimiento o de un testimonio desconcertante, tenemos un fuerte encuentro con Jesucristo, no escuchamos bastante su advertencia urgente y casi ansiosa, ya que nos conoce muy bien: “¡Vigilen!”, ¡Vigilen! Que no saben el día ni la hora”.

¿Hay que pensar entonces tan sólo en esa hora? No, estar dispuesto ante el gran grito es vivir lo más intensamente posible lo que uno está viviendo. La espiritualidad del presente”, o sea el bueno uso de la vida cotidiana, nos convierte en los mejores candidatos para el encuentro. Sentido evangélico del tiempo: el aceite para mañana se compra hoy. Hay que tener valentía para vivir a pleno tiempo el evangelio, sea cual fuere la duración de ciertos períodos difíciles.

Si no... Hay que llegar hasta el fondo de estas bodas tristes, aplastar las narices contra el portón cerrado, escuchar las palabras más duras todavía que aplastan toda esperanza: “No los conozco”. El último día, Jesús no podrá reconocer más que a “los suyos” a los que hayan intentado ser una luz de evangelio sin descanso, reponiendo constantemente su provisión de aceite.

Si este tremendo “no los conozco” no impresiona tal como Jesús quiere que nos impresione, reflexionemos sobre los dos comportamientos, el de las sensatas y el de las necias. ¿Dónde está nuestra lámpara?

R.P. Roland Vicente Castro Juárez


ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 87, 3

Llegue hasta ti mi súplica, inclina tu oído a mi clamor, Señor.

 

ORACIÓN COLECTA

Dios de poder y misericordia, aparta, propicio, de nosotros toda adversidad, para que, bien dispuestos cuerpo y espíritu, podamos aspirar libremente a lo que te pertenece.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Radiante e inmarcesible es la sabiduría, la ven con facilidad los que la aman y quienes la buscan la encuentran. Se adelanta en manifestarse a los que la desean. Quien madruga por ella no se cansa, pues la encuentra sentada a su puerta. Meditar sobre ella es prudencia consumada y el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones. Pues ella misma va de un lado a otro buscando a los que son dignos de ella; los aborda benigna por los caminos y les sale al encuentro en cada pensamiento.

 

SALMO RESPONSORIAL (Salmo 62, 2-8)

 

Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

 

Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R.

 

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R.

 

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R.

 

En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-18

No queremos que ignoren, hermanos, la suerte de los difuntos para que no se aflijan como los que no tienen esperanza. Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual modo Dios llevará con Él, por medio de Jesús, a los que han muerto. Esto es lo que les decimos apoyados en la Palabra del Señor: nosotros los que quedemos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que hayan muerto; pues el mismo Señor, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar; después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos entre nubes al encuentro del Señor, por los aires. Y así estaremos siempre con el Señor. Consuélense, pues, mutuamente con estas palabras.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 24, 42a.44

Aleluya. Estén en vela y preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del Hombre. Aleluya.

 

SANTO EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Se parecerá el Reino de los Cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salgan a su encuentro!". Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: "Dennos de su aceite, que se nos apagan las lámparas". Pero las prudentes con-testaron: "Por si acaso no hay bastante para ustedes y nosotras, mejor es que vayan a la tienda y se lo compren".

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: "Señor, señor, ábrenos". Pero él respondió: "En verdad les digo que no las conozco". Por tanto, velen, porque no saben el día ni la hora».

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Oremos por todos los hombres y por sus necesidades, para que nunca falte a nadie la ayuda de nuestra caridad:

 

1.- Para que la Iglesia viva en el mundo en paz, crezca constantemente y persevere con alegría en la presencia del Señor, confortada por el Espíritu Santo. Roguemos al Señor.

 

2.- Para que el Señor conceda a los que gobiernan el espíritu de sabiduría y de prudencia, a fin de que rijan a sus pueblos pensando en el bien y la prosperidad de todos. Roguemos al Señor.

 

3.- Para que Dios Padre libere al mundo de toda hambre y miseria, y auxilie a los que son tratados injustamente. Roguemos al Señor.

 

4.- Para que todos nosotros realicemos nuestro trabajo con espíritu cristiano y consigamos frutos abundantes por nuestras buenas obras. Roguemos al Señor.

 

Señor Dios, que miras complacido a los que aman tu sabiduría, haz que seamos dignos partícipes del banquete de bodas de tu Hijo; que no se apague el aceite de nuestras lámparas mientras esperamos su venida. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Mira con bondad, Señor, los sacrificios que te presentamos, para que alcancemos con piadoso afecto lo que actualizamos sacramentalmente de la pasión de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

ANTIFONA DE COMUNIÓN Salmo 22:1-2

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Alimentados con este don sagrado, te damos gracias, Señor, invocando tu misericordia, para que, mediante la acción de tu Espíritu, permanezca la gracia de la verdad en quienes penetró la fuerza del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 09: Ez 47, 1-2. 8-9.12; Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9; 1Co 3, 9c.11.16-17; Jn 2, 13-22

Martes 10: Tt 2, 1-8. 11-14; Sal 36, 3-4. 18 y 23. 27 y 29; Lc 17, 7-10

Miércoles 11: Tt 3, 1-7; Sal 22, 1b-3ª. 4.5.6; Lc 17, 11-19

Jueves 12: Flm 7-20; Sal 145, 7.8-9ª.9bc-10; Lc 17, 20-25

Viernes 13: 2Jn 4-9; Sal 118, 1.2.10.11.17.18; Lc 17, 26-37

Sábado 14: 2Jn 5-8; Sal 111, 1-2. 3-4. 5-6; Lc 18, 1-8

Domingo 15: Pr 31, 10-13.19-20.30-31; Sal 127, 1bc-2. 3.4-5; 1Ts 5, 1-6; Mt 25, 14-30

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 25, 1-13.

 

1.- Comenzamos a leer hoy el cap. 25 de Mt, que terminaremos dentro de 15 días, en la solemnidad de Cristo Rey. Para situar la parábola de hoy en su ambiente, citamos estas palabras de J. Jeremías: "Después de que el día se ha pasado en bailes y otras diversiones, tiene lugar la cena de la boda después de la caída de la noche. A la luz de las antorchas es conducida luego la novia a la casa del esposo. Finalmente, un mensajero anuncia la llegada del esposo, que hasta entonces ha tenido que permanecer fuera de la casa; las mujeres dejan a la novia y van con antorchas al encuentro del esposo... La demora está ocasionada por el regateo sobre los regalos a los parientes más cercanos a la novia... El punto cumbre de las fiestas de la boda es la entrada del novio en la casa" (Las parábolas de Jesús, pág. 210-211). (...)

La mejor explicación de la actitud que se expresa con el hecho de velar nos la dan las dos parábolas restantes de Mt 25.: una vida de fidelidad al don recibido y de servicio a los demás, especialmente a los pequeños (cfr. evangelio del próximo domingo y de Cristo Rey). Dentro del ministerio de Jesús, la parábola debió tener una primera aplicación. Con él se ha hecho presente el Reino de Dios, él es el Esposo que invita a la fiesta de bodas y esto exige una respuesta personal antes de que se cierre la puerta. La comunidad de Mt y la Iglesia de todos los tiempos se sirve también de ella para reforzar su llamada -siempre urgente- a tomar una decisión ante Xto y a vivir de tal manera que se esté a punto de recibirle en cualquier momento y a recibirlo en cada hermano.

J. ROCA - MISA DOMINICAL 19/81/21.


 

2.- OMISIÓN. NEUTRALIDAD. EL TEÓRICO "NO HACER NADA MALO" ES TAMBIÉN UNA MANERA DE HACER EL MAL. ALGO ASÍ COMO EL NEGAR AUXILIO EN CARRETERA.

Las cinco jóvenes poco previsoras reciben una dura sentencia condenatoria sin haber hecho nada malo. Ni siquiera maltrataron a los criados, como el mayordomo infiel. Tropezamos aquí con el tema clásico de la omisión y la neutralidad. El teórico "no hacer nada malo" es también una manera de hacer el mal. Algo así como el negar auxilio en carretera. Es no dar de comer al hambriento, es no vestir al desnudo. La neutralidad no existe. Todos estamos siempre comprometidos. Lo importante es saber con qué o con quién.

EUCARISTÍA 1990/52.


 

3.- I/SANTA-PECADORA: DIEZ VÍRGENES, NECIAS Y SENSATAS, IMAGEN DE LA IGLESIA ANTES DE LAS BODAS.

Los primeros cristianos han querido ver a la Iglesia-esposa en las diez vírgenes, tanto las prudentes como las necias, pues la Iglesia, antes que las bodas se celebren, está compuesta de buenos y pecadores; en este sentido esta parábola tiene mucha semejanza con la red que recoge toda clase de peces, buenos y menos buenos (Mt 13, 48), a la sala de banquetes donde se reúnen justos y pecadores (Mt 22. 10), al campo, donde crecen tanto la buena como la mala semilla (Mt 13. 24-30). La Iglesia es, pues, semejante a un cortejo de hombres que caminan hacia el Señor; de ellos, unos tienen encendidas las lámparas de su vigilancia, mientras que los restantes no se preocupan de alimentar su fe. Los primeros procuran vivir sin dispersar su atención en mil cosas fútiles, ya que han escogido a Cristo y ponen los medios necesarios para permanecer fieles a Él; los otros se contentan con una pertenencia al grupo de los creyentes puramente sociológica. La discriminación sólo se hará al término del periplo de la Iglesia sobre la tierra, en el día de las nupcias de Cristo con la humanidad que permanezca fiel.

MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA VII - MAROVA MADRID 1969. Pág. 251s.


 

4.- La primera impresión que produce la lectura de la parábola de las vírgenes prudentes y necias es un interrogante: ¿qué pasaría si las prudentes hubieran prestado el aceite y todas tuvieran las lámparas encendidas?, ¿castigaría el Buen Dios a las que compartieron el aceite? Si Jesús quisiera decir eso que pensamos a primera vista habría que hablar de una contradicción y constatar inmediatamente que el mismo Jesús nos manda multitud de veces repartir nuestro aceite.

La conclusión es fácil: Jesús está hablando de alguna exigencia que no se puede resolver con aceite prestado. Tanto en el mundo de la fe como en el de la realidad humana hay multitud de valores que son ardua adquisición o no se tienen.

ACEITE/SB: El aceite y la lámpara encendida significan aquí algo personal e intransferible, que forma parte de la propia identidad, que está o no está en toda la biografía personal. Sin eso que aquí se significa, el hombre no es hombre, el hombre es irreconocible incluso para Dios: "no os conozco".

¿Qué significa tener aceite y tener lámparas encendidas? La liturgia sugiere una cierta identidad entre el aceite de la parábola y la Sabiduría (Sb 6. 13-17), y entre las lámparas apagadas y la aflicción desesperada ante la muerte (1 T 4, 13-17). Según esto, Dios no podría hacer nada por un hombre sin luz y sin esperanza, y esto no porque a Dios le falte misericordia, sino por la imposibilidad radical de poder llamar hombre a una vida sin luz y sin sentido. Sólo nos queda una salida: o afirmamos que no hay hombres sin luz, aunque sea mínima, o aceptar que si nos faltara ese mínimo estaríamos inevitablemente excluidos de la fiesta del Padre. De vigilar esa sería posibilidad que pesa sobre cada uno de nosotros nos habla la liturgia de estos domingos. ¿Se puede ser optimista?. Parece que sí; no por lo fácil que pueda parecer tener luz, sino porque Dios nos hizo heridos y marcados por ella. Lo leemos hoy: "La sabiduría se anticipa a darse a conocer a los que la desean...", "ella busca por todas partes a los que son dignos de ella".

JAIME CEIDE - ABC/DIARIO - DOMINGO 11-11-90/Pág. 95.


 

5.- PARUSIA/FUTURO:

El texto responde a una concepción de la peripecia humana con final en sintonía divina. Se trata de una concepción global de la historia, de su sentido y dirección. Como tal concepción global no se la puede reducir ni confundir con la muerte individual de las personas. El desconocimiento del día y de la hora no se refiere al hecho de nuestra muerte, de la que tampoco conocemos el momento. La venida del Hijo del hombre no tiene nada que ver con el día de nuestra muerte. Resulta, pues, totalmente desfasado interpretar la invitación a velar como una invitación a estar preparados para la muerte.

El texto no encierra tremendismos ni terrores, sino una concepción religiosa y positiva de la historia. El acontecer humano tiene sentido y se nos invita a vivir sabiendo que lo tiene. Por aquí va la invitación a velar.

El riesgo que hoy corremos, tal como lo empezaban a correr los contemporáneos de Mateo, es el pensar que el futuro divino se demora porque tal futuro no existe. Por aquí va uno de los problemas del hombre contemporáneo. De ahí su convulsivo aferramiento al goce del presente. El texto de hoy nos invita a salir de ese aferramiento limitante, estéril y falto de horizonte. El asunto es grave y ciertamente muy complejo. Pero el discípulo de Jesús debe caracterizarse, entre otras cosas, por vivir sabedor del horizonte que arranca en Dios.

ALBERTO BENITO - DABAR/90/55.


 

6.- La parábola es una llamada a nuestra responsabilidad. Precisamente porque sabemos que el Padre nos invita a la gran fiesta, no tenemos que dejarnos perder la "sabiduría radiante" que, como dice la 1a. lectura es "inmarcesible; fácilmente la ven los que la aman y la encuentran los que la buscan".

Esta celebración de hoy tiene que ensanchar nuestro corazón y ahondar nuestro gozo de sabernos llamados al gran banquete de bodas: ya estamos en la casa de la novia con las lámparas encendidas, pero aún no ha llegado el novio. Entretanto la Eucaristía tiene que multiplicar y renovar, cada domingo, el aceite de nuestras lámparas, la verdadera sabiduría, que es JC. Y al mismo tiempo tiene que ser una intimación y una llamada -que bien necesitamos- a la responsabilidad de nuestra vida cristiana.

Recordemos otra palabra de Jesús: "Que así resplandezca vuestra luz ante los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre del cielo" (Mt 5. 16). Es así como tenemos que esperar al Señor: encendidas las lámparas de nuestras buenas obras.

J. TOTOSAUS - MISA DOMINICAL 1978/20.


 

7.- El hecho de que las sensatas no den parte de su aceite significa que la actitud que ellas representan no puede adquirirse sin preparación, sino que tiene su precio.

El hecho de que el Señor no les abra la puerta significa que las necias no pueden en realidad entrar en la sala del banquete; es algo parecido a lo que sucede con un profano en música, que no puede "entrar" en una sinfonía, sino que siempre se quedará fuera de ella, a pesar de lo que puedan desear los músicos (Mt 11, 17).

 

DOMINGO 32 DEL TIEMPO ORDINARIO
-1-

 

Se acerca el final del Año Cristiano.

Estamos terminando las semanas del Año Litúrgico, y por eso las lecturas nos van orientando hacia el final de la historia del mundo y la vuelta gloriosa del Resucitado. O sea, hacia la escatología. Hoy, con la parábola de las doncellas que debían estar preparadas para entrar como damas de honor al banquete de bodas. No hemos leído, pero conocemos bien, la del ladrón que puede abrir un boquete y entrar en casa cuando menos se le espera. El próximo domingo leeremos la parábola de los talentos de los que hay que dar cuenta a la vuelta del amo. Mirar al futuro es de sabios.

 

Sabiduría 6, 12-16. Encuentran la sabiduría los que la buscan.

El autor de este libro sapiencial personifica a la Sabiduría y la hace aparecer como una mujer radiante, hermosa, inmarcesible. Les hará mucho bien a todos, sobre todo a los gobernantes de los países, contar con ella.

Los que la aman y la buscan la encuentran. Pero es ella misma, la Sabiduría personificada, la que se da a conocer a los que la desean, la que está sentada a la puerta, ya de madrugada, esperando que alguien la encuentre, la que sale al paso de los que desean meditar y dejarse conducir por ella. Para el salmista, Dios es la fuente de toda sabiduría y felicidad: "mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío". Por eso "por ti madrugo" porque "tu gracia vale más que la vida". En la lª lectura se decía que la Sabiduría madrugaba para salir al paso de los deseos de sabiduría. Ahora es el salmista piadoso el que madruga para encontrarse con Dios.

 

1 Tesalonicenses 4, 13-17. A los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él.

Pablo presenta a los cristianos de Tesalónica una catequesis sobre la suerte de los difuntos y los acontecimientos del fin del mundo. No tienen que estar tristes "como los que están sin esperanza". Para los cristianos es la confianza la que debe dar color a su mirada al futuro, porque "si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto Dios los llevará con él".

En la segunda parte de la lectura -que no por ser más difícil de explicar deberíamos omitir sin más- Pablo dice lo que pasará "cuando venga el Señor". Las primeras generaciones creían inminente la vuelta gloriosa del Señor: recordemos que este escrito es el primero de los que se conservan del Nuevo Testamento. Según el misterioso orden que describe Pablo, los primeros en resucitar serán los difuntos: "él descenderá del cielo y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar". Después los que todavía están vivos iremos "al encuentro del Señor" y "estaremos siempre con el Señor".

No importa mucho si Pablo también creía o no en la inminencia de la vuelta del Señor. Lo principal es la consigna de confianza y paz que él transmite. Porque la muerte -o el fin del mundo- no va a ser la última palabra, pues Dios nos tiene destinados a la vida, con su Hijo Jesús.

 

Mateo 25, 1-13. ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!.

En el evangelio de Mateo hay cinco grandes "discursos" o "sermones" de Jesús, que en realidad son pasajes en los que el evangelista ha querido reunir enseñanzas seguramente dispersas del Maestro. El último de estos discursos es el llamado "escatológico", ya al final de su vida, como prólogo al relato de la Pasión.

A ese pasaje pertenece la parábola de las diez doncellas, que es propia de Mateo. Como todas, está tomada de los hechos corrientes de la vida, esta vez de como se hacían las bodas en su tiempo. El esposo tarda en llegar, y las doncellas que están designadas para recibirle cuando llegue, se duermen. Pero cinco tienen aceite para sus lámparas, y cinco, no. A estas necias se les cierra la puerta del banquete mientras van a comprar aceite, y las otras cinco sí entran.

Jesús mismo saca la lección de esta parábola: "por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora", se entiende, de la venida última del Señor.

 

Mirada de esperanza hacia el final de la historia.

Los primeros cristianos vivían esperando como inminente el retorno de Jesucristo. Pero sea cuando sea esta venida, Pablo quiere que los cristianos vivan llenos de esperanza. Tanto si el fin del mundo sucede después de nuestra muerte o nos encuentra vivos, todos tenemos el mismo destino en Cristo Jesús, o bien, el mismo destino que Cristo Jesús: si él murió y resucitó, así también a nosotros "Dios nos llevará con él", y así "estaremos siempre con el Señor".

Lo principal de este mensaje no es el lenguaje apocalíptico que emplea para esta vuelta del Señor (que "desciende", que suena la "voz del arcángel" y la "trompeta divina"), sino que todos los que creemos en Cristo Jesús "estaremos siempre con el Señor", que "Dios los llevará con él". Esto debe llenarnos de consuelo y esperanza. Pablo quiere que los cristianos de sus comunidades vivan con serenidad su vida y también la expectativa del futuro: "consolaos, pues, mutuamente, con estas palabras".

Nosotros no andamos preocupados precisamente por saber cuándo será el fin del mundo, a pesar de todas las amenazas de cataclismos nucleares o cósmicos. Tal vez sí por saber cuándo será nuestro fin personal, la hora de nuestra muerte, y cómo nos encontrará en aquel momento el juicio de Dios. En ambas direcciones, Pablo nos invita a la confianza. Nos impone mucho respeto el pensar en nuestra muerte. Pero la fe cristiana debería dar a esta mirada, que lógicamente es seria y no nos deja indiferentes, un color de esperanza, por el mismo motivo que dice Pablo: los que creemos y seguimos a Cristo, tenemos en los planes de Dios el mismo destino que él: "si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto Dios, por medio de Jesús, los llevará con él".

 

La verdadera sabiduría.

Hoy se nos invita a ser sabios. La primera lectura, del libro de la Sabiduría -el último libro del AT, escrito unos cincuenta años antes de Cristo-, nos ha cantado las ventajas de encontrar la sabiduría auténtica, que sale a nuestro encuentro y quiere que la busquemos: el que está con los ojos abiertos y sabe acogerla, ese será en verdad afortunado.

Según este libro, es fácil poseer la sabiduría. No hace falta mucha ciencia o cultura: muchas personas sencillas, de las que seguramente hemos conocido algunas en nuestra misma familia o entorno, han tenido ese don de la sabiduría y han visto claramente lo que valía la pena en esta vida, mientras que otros que se creían sabios -lo más, serían eruditos o cultos- no han dado con la clave justa y han malogrado sus energías y su vida.

Sobre todo, ha sido Jesús, en su parábola de hoy, narrada con pedagogía y elegancia hasta literaria, quien nos ha puesto ante el dilema. Las muchachas que no supieron estar atentas y preparadas para la venida del novio y no pudieron entrar a la fiesta, son tontas. Las otras, sabias. Además de vírgenes (o sea, muchachas solteras), se les pedía que fueran inteligentes.

Cara al fin del mundo, o incluso a nuestra propia muerte, lo principal no es responder a la curiosidad de saber cuándo sucederán y cómo, sino estar en vela, preparados para que cuando lleguen esos momentos podamos afrontarlos positivamente.

Además, la sabiduría no sólo es esperar, sino también, como nos dice la primera lectura de hoy, salir a su encuentro, buscarla, desearla. Así nuestra disposición receptiva se encontrará con la iniciativa de Dios. Para nosotros, Cristo no sólo fue el Maestro que nos transmitió "palabras", sino que él mismo "es la Palabra" definitiva que Dios ha dicho a la humanidad. Por eso, la Palabra de Dios que nos es proclamada en la Eucaristía, y la que podemos leer nosotros mismos, o la que meditamos en grupo, es un alimento de auténtica sabiduría que Dios nos ofrece.

 

Velad, pues.

La Palabra de Dios nos invita repetidamente a vigilar.

En la parábola de hoy no importa analizar si son o no verosímiles algunos de los detalles: la tardanza precisamente del esposo, la poca solidaridad de las muchachas prudentes, la idea de que las tiendas puedan estar abiertas a esas horas de la noche, la dureza del esposo que cierra las puertas a los que llegan tarde, contra todas las leyes de la hospitalidad oriental...

Lo principal es la lección que nos da Jesús: las diez tendrían que haber estado preparadas para cuando llegara el novio. Velar es estar alerta, despiertos, preparados, vigilantes. Puede ser que el sueño domine a todos (las muchachas prudentes también se durmieron), pero si uno está preparado, si "tiene aceite para la lámpara", el dormirse no es grave ni le ha de producir angustia, porque cuando le despierten estará preparado y será admitido a la fiesta.

Velar es mirar al futuro para vivir el presente con mayor motivación y discernimiento. ¿Estamos siempre preparados?, ¿habrá aceite en nuestras lámparas cuando nos llame el Señor a rendir cuentas?.

Debemos permanecer vigilantes no sólo en relación a los últimos tiempos, sino a nuestra propia muerte y también a los mil momentos importantes de "encuentros con el Señor" que se van sucediendo en nuestra vida, que son auténticas ocasiones de gracia (en griego, "kairoi", tiempos propicios). Si estamos despiertos, los podemos aprovechar para ir madurando. Si estamos dormidos o amodorrados, preocupados por otras cosas, se nos pasará la ocasión, no sabremos descubrir a Cristo presente en los signos de los tiempos, ni en las personas, ni en la Palabra, ni en los sacramentos, y no entraremos a la fiesta.

Velar, mantenerse en vigilia, es lo que hacemos cuando estamos junto al lecho de un enfermo, o lo que hacen los guardias y centinelas en su puesto de observación, o los médicos y enfermeros de guardia. Así, la comunidad eclesial se mantiene en la espera mirando hacia el futuro: es un pueblo en marcha, peregrino, que camina hacia la venida última de su Señor y Esposo. Es una actitud fundamental para todo cristiano: además de creyente y servicial (fe y caridad), un cristiano es una persona que espera, que está en vela, mirando al futuro. Los judíos no supieron reconocer la llegada del Enviado de Dios. También nosotros corremos el peligro de adormecemos y dejar pasar los momentos de gracia que Dios nos ofrece una y otra vez.

 

No sabemos el día ni la hora.

En esta parábola, como en otras, Jesús introduce un aspecto importante: el amo tarda en llegar, el esposo se retrasa, el ladrón no avisa de la hora en que vendrá. "De aquel día y hora, nadie sabe nada, sólo el Padre" (Mt 24,36). "Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor" (Mt 24,42). "Si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le abriera un boquete en su casa. Por eso también vosotros estad preparados porque en el momento que no penséis vendrá el Hijo del Hombre" (Mt 24,43).

No sabemos el día ni la hora. Dios no tiene por qué obedecer nuestros cálculos. Actúa cuando menos se le espera. Dios se retrasa: esto es, no sigue necesariamente el horario que le habíamos marcado nosotros. Los de Tesalónica andaban preocupados porque Cristo "tardaba en volver". Tarda según nuestro reloj: según el suyo, llegará puntualmente. La mejor manera de estar preparados en el momento decisivo, por ejemplo, de nuestra muerte, es estar preparados día a día. Las cosas importantes no se improvisan.

 

Que no nos falte el aceite.

El aceite tiene muchos usos prácticos en la vida: para cocinar, para suavizar, para curar, para alimentar lámparas. Por eso es también símbolo de realidades más profundas: luz, paz y suavidad (poner un poco de aceite en las relaciones de una comunidad), amor, alegría, salud. En el uso religioso, ya en el AT se empleaba la unción (el masaje con aceite) como signo de la elección y consagración de reyes, profetas o sacerdotes de parte de Dios. Las muchachas que tenían sus lámparas encendidas, símbolo de fe, de atención, de interés, de amor, entraron a la fiesta de las bodas.

Las comparaciones con nuestro mundo son fáciles. Tienen su lámpara encendida el estudiante al que no conviene que le sorprendan los exámenes sin preparación, el deportista que no espera a última hora en esforzarse por ganar la carrera o al menos a no llegar fuera de control, el viajero que procura muy bien que no le falta carburante para el viaje que emprende en su coche, el administrador que no descuida la economía de cada día para poder llegar a fin de mes, los ecologistas que advierten de que no podemos malgastar en nuestra generación algunos de los bienes de la naturaleza (oxígeno, agua) que van a hacer falta a nuestros sucesores...

Al final, cuando Jesús el Juez nos llame ante sí, aparecerá cuál era ese aceite que teníamos que haber asegurado para nuestra lámpara: si hemos amado, si hemos dado de comer, si hemos visitado al enfermo... Las cuentas corrientes y los aplausos que hayamos recibido de los hombres y la fama que hayamos acumulado, pueden no servimos para nada. Lo que nos hacía falta era el aceite de la fe, del amor, de las buenas obras.

Vigilar no es vivir con miedo ni dejarnos atenazar por la angustia. Un cristiano no deja de vivir el presente, de incorporarse seriamente a las tareas de la sociedad y de la Iglesia. Pero lo hace con responsabilidad, y con la atención puesta en los verdaderos valores, sin dejarse amodorrar por las drogas de este mundo o por la pereza.

Ojalá acertemos con lo verdaderamente importante en la vida. Ojalá de buena mañana, cuando empecemos la jornada, encontremos sentada a nuestra puerta la Sabiduría divina, y la convicción de que Cristo "está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo", y eso nos dé la paz y la serenidad que nos hacen falta para vivir humana y cristianamente. Con aquella esperanza cristiana que mostraba el P. Arrupe cuando dijo que para él la muerte era "el último amén de la vida presente y el primer aleluya de la vida definitiva"... El aleluya de haber entrado al banquete de bodas.

 

La Eucaristía mira al futuro

Cuando celebramos la Eucaristía no sólo miramos al pasado -la Pascua del Señor, hace dos mil años-, y al presente, sino también al futuro: "mientras esperamos la gloriosa venida de Nuestro Señor Jesucristo". La comunidad, después del relato de la consagración, resume en una aclamación esta perspectiva histórica: "anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección: ven, Señor Jesús".

Cuando somos invitados a acercamos a la comunión con el Cuerpo y Sangre de Cristo, el sacerdote nos propone una perspectiva más lejana. No sólo nos invita (aunque así parecen decirlo las varias traducciones de la frase), a la comida eucarística de hoy, sino al banquete de bodas del Cordero, ya en el Reino definitivo. En latín dice: "beati qui ad cenam Agni vocati sunt", "dichosos los invitados a la cena (de bodas) del Cordero".

Cuando Jesús anunció por primera vez que iba a dejarnos la Eucaristía como testamento, ya dijo explícitamente que este sacramento sería como la garantía y la pregustación de la vida eterna: "el que come si Carne y bebe mi Sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día".

LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)

 

PROPUESTA DE CANTOS XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO 2026

(08 DE NOVIEMBRE)

 TEMA: “YA VIENE EL NOVIO, SALGAN A RECIBIRLO”

 

01.- CANTANDO LA ALEGRIA (Cesáreo Garabain)

DENTRO DE MI ALMA CANTANDO DE ALEGRÍA,

SOL DE MIL COLORES ESTALLA UN SURTIDOR.

QUIERO AMAR A TODOS LO MISMO QUE MARÍA,

QUIERO SER DE TODOS AMANDO UN MISMO AMOR.

 

Tú, Señor, me dices que te siga,

sé muy bien a donde debo ir.

Porque estás en todos mis hermanos

y en su amor te estoy amando a ti.

 

Tú, Señor, que solo estás a veces,

tu dolor profundo y sin hablar;

un temblor de manos ya cansadas,

un buscar amigos y soñar.

 

Tú, Señor, hambriento de cariño,

hallarás refugio en mi jardín.

Floreció de rosas muy pequeñas,

más tendrás un sol que compartir.

 

02.- CANTA JERUSALÉN (KAIROI)

CANTA, JERUSALEN.

CANTA, JERUSALEN,

CANTA, JERUSALÉN.

 

Eres pueblo santo escogido

por la gracia del Señor.

Juntos caminamos en la fe

que nos conduce a nuestro Dios.

 

Eres tú la tierra que promete

a los hombres, el Señor.

Eres la promesa de los siglos

donde nace el Salvador.

 

Vives en confianza esperando

que algún día sea mejor.

Pero tu esperanza se sostiene

en el Cristo Redentor.

Vives la alegría de la vida

sí contigo va el Señor.

Sufres en tu cuerpo,

y en tu alma está escrito el amor.

 

Canta tu alabanza con el canto

que te ofrezca el corazón.

Oh Jerusalén, Él es tu fuerza,

tu verdad y tu perdón.

 

03.- COMO EL CIEVO AL AGUA VA (Alejandro Mejias)

Como el ciervo al agua va,

vamos hacia ti, Señor,

pues de Ti tenemos sed,

fuente del eterno amor.

Caminamos hacia Ti

con alegres cánticos:

hoy venimos a tu altar

para amarte más, Señor.

 

Quien escucha mi gemir dice:

«¿Dónde está tu Dios?»;

el Señor se encuentra aquí

en la voz de júbilo.

Ya mi llanto ha de cesar,

el Señor es Salvador;

cuando tenga que sufrir,

en Ti pensaré, Señor.

 

Gloria al Padre eterno,

gloria al Hijo Redentor,

gloria al Espíritu

que nos une en el amor.

Ven, Señor, ¡maranatha!

Amén, ¡aleluya!

Ven, Señor, ¡maranatha!

Amén, ¡aleluya!.

 

04.- PAN Y VINO DE AMOR (Brotes de olivo)

En la tierra la sembró el sembrador,

la semilla de tu pan, Señor.

Y después el viñador trabajó en buena lid,

y las tierras ven crecer las espigas y la vid.

El trigo se molió en el molino

rompiendo su cuerpo como tú.

La uva la pisó el hombre en el lagar,

igual que tú te dejaste pisar.

 

Y ahora, convertido en pan y vino,

tu pueblo lo ofrece en tu altar.

Conviértelos, oh, Dios, son frutos de tu amor,

en tu Cuerpo y Sangre, Señor.

 

05.- VEN, JESUS

Solista: Ven Jesús ven a mi vida, danos tu fuerza para andar.

Caminar a lo largo de esta vida. Pero agarrados de tu mano.

Y saber que no hay nada en este mundo que pueda separarnos.

 

VEN JESÚS, VEN A MI VIDA.

DANOS TU FUERZA PARA ANDAR (BIS).

 

Recordar siendo niños es momento cuando supe abrir mis labios.

Descubrir mis secretos en tus manos y decirte que te quiero.

 

Compartir, una fiesta con amigos, recordando tus palabras.

Y comer, y beber de tu alimento queda vida en abundancia

(Repetir 3v).

 

06.- BANQUETE SAGRADO

Invitados al Banquete del Señor,

compartimos nuestra vida y nuestro pan,

con su sangre y con su cuerpo inundados por su amor,

nuestras manos se entrelazan para dar.

 

OH BANQUETE SAGRADO,

PAN DE VIDA ETERNA,

PAN DEL POBRE Y HAMBRIENTO

QUE VA CAMINANDO SEDIENTO DE TI (BIS).

 

Tu entrega amorosa en comunión,

es prodigio que renueva nuestro ser,

asumidos por tu gracia, consumidos por tu luz,

fortaleces nuestros pasos al andar.

 

Todo tú mi creador vienes a mí

y te encierras en mi simple pequeñez,

Tú el verbo encarnado, Tú el todopoderoso,

te conviertes en mendigo de mi amor.

 

Me llamaste a compartir tu intimidad,

en la cena del perdón y la amistad,

tú en mí yo en ti, en perfecta unidad,

no hay dicha para mí fuera de ti.

 

CORO… SEDIENTO DE TI (BIS).

 

07.- MADRE DE NUESTRA ALEGRÍA (Cesáreo Garabain)

MARÍA, TÚ QUE VELAS JUNTO A MÍ,

Y VES EL FUEGO DE MI INQUIETUD.

MARÍA, MADRE, ENSÉÑAME A VIVIR

CON RITMO ALEGRE DE JUVENTUD (bis)

 

1. Ven, Señora a nuestra soledad,

ven, a nuestro corazón,

a tantas esperanzas que se han muerto,

a nuestro caminar sin ilusión.

 

Ven y danos la alegría

que nace de la fe y del amor,

el gozo de las almas que confían

en medio del esfuerzo y el dolor.

 

2. Ven y danos la esperanza

para sonreír en la aflicción

la mano que del suelo nos levanta,

la gracia de la paz en el perdón.

 

Ven y danos confianza,

sonrisa que en tu pena floreció,

sabiendo que en la duda y las tormentas

jamás nos abandona nuestro Dios.

 

08.- SANTA MARIA DE LA ESPERANZA (Juan Antonio Espinoza)

SANTA MARÍA DE LA ESPERANZA:

MANTÉN EL RITMO DE NUESTRA ESPERA,

MANTÉN EL RITMO DE NUESTRA ESPERA,

 

Nos diste al esperado de los tiempos

mil veces prometido en los profetas,

y nosotros de nuevo deseamos que vuelva

a repetirnos sus promesas.

Brillaste como aurora del gran día,

plantaba Dios tu tienda en nuestro suelo,

y nosotros soñamos con su vuelta

queremos la llegada de su Reino.

 

Viviste con la cruz de la esperanza

tensando en el amor la larga espera;

y nosotros buscamos con los hombres

el nuevo amanecer de nuestra tierra.

 

Esperaste cunado todos vacilaban,

el triunfo de Jesús sobre la muerte;

y nosotros esperamos que su vida

anime nuestro mundo para siempre.

 

09.- DONDE ESTÁ TU TESORO (Brotes de olivo)

No atesores en la tierra, donde la herrumbre corroe,

donde los ladrones roban y la polilla carcome.

 

Atesora en las alturas, allí la herrumbre no existe,

la polilla no devora y el ladrón de Dios se viste.

 

Confiaos en la vida, esperad siempre en Dios;

al crearte ya te amaba, y en tu vida Él confió.

 

No hay fortuna más grande que esperar siempre en Dios,

y si en Dios tú confías, Él vive en tú corazón.

 

No te preocupe tu vida, el vestido o alimento,

es más, la vida que el pan, y que la ropa, el cuerpo.

 

El ave nunca sembró, ni recogió en graneros.

El Dios Padre lo alimenta: sois vosotros más que ellos.

 

Tu tesoro puede estar en el cielo o en arcón,

y donde está tu tesoro, allí está tu corazón.

 

No hay riqueza más grande que el tesoro de tu amor,

es tesoro que no muere porque es riqueza de Dios.