EL NACIMIENTO DE NUESTRA FE
COMENTARIO
Los cuatro
evangelistas, que son diferentes entre sí, empiezan de la misma forma su ultimo
capitulo, el de la resurrección: “El primer día de la semana”. En el amanecer
de aquel primer día nace la fe pascual, nuestra fe. Al principio fue tan solo
una conmoción en la sombra (“Aunque estaba oscuro”, indica Juan, el evangelista
preciso y buscador de símbolos), luego una agitación de amor, Juan el
“discípulo preferido de Jesús”, se preocupa de subrayar debidamente la
presencia de otra preferida, María de Magdalena; la fe y el amor están
estrechamente ligados entre sí. Al llegar al final de los cuatro evangelios, si
hay algo claro para nosotros es precisamente la certeza de que toda nuestra
vida se basa en ese binomio fe-amor. María ve la losa quitada, corre a avisar a
Pedro y a Juan y les dice algo tan terrible a propósito de Jesús que la idea de
muerte se hace aún más pesada: “No sé dónde lo han puesto”. No piensa más que
en un cadáver, en un objeto. Tan cerca de lo que va a ser nuestra fe, todavía
nos encontramos ante un abismo infranqueable. Pero Pedro y Juan van corriendo y
descubren los primeros signos de “otra cosa”: el sepulcro vacío, el sudario y
las vendas cuidadosamente enrolladas. Pedro sigue todavía perplejo, no
entiende. Mas intuitivo que Pedro, Juan da el inmenso paso de la fe: “Vio y
creyó”. El evangelista insiste en este fantástico “creyó” que en adelante va a
separar dos mundos, el de antes y el de después de la resurrección: “Hasta
entonces no habían entendido lo que dice la Escritura que tenía que rescatar de
la muerte”. El evangelista dice de sí mismo: “Vio y creyó”, y contará que María
dijo: “He visto”. Luego los discípulos “ven” y finalmente Tomás vio y creyó.
Pero el resucitado proclama entonces la gran bienaventuranza: “Dichosos los que
creen sin haber visto”. La fe no es una meditación sobre Dios, sino un don de
Dios que nos abre a los primeros creyentes vieron y comprendieron; el sepulcro
vacío, las apariciones de Jesús resucitado, el testimonio de la escritura.
La mayor parte de
nosotros hemos recibido fácilmente la fe y nos hemos quedado en la facilidad
pasiva. “Desde luego yo soy cristiano y hasta practicante”. Pero el aire que
respiramos es mortal para nuestra creencia y nuestras prácticas. En un clima de
lucro y de consumo, en la agresión permanente de los científicos, de los
psicólogos y de los medios de comunicación social, creer en la resurrección
exige un cultivo de la fe. Muchos padres se desalientan por el abandono de sus
hijos y preguntan cómo pueden transmitirles mejor la fe. La primera respuesta
es una cuestión ¿qué fuerza de fe, que inteligencia de la fe tenemos nosotros
para transmitírsela a ellos?
Una reflexión sobre
este punto nos infundirá quizás el deseo de conocer mejor la biblia y de seguir
la puesta al día de la fe en las enseñanzas de la iglesia. Esa fe sigue siendo
ciertamente la fe de la mañana de pascua, pero no cesa de enriquecerse con las
formas de vivirla en cultura diferentes. No basta con cantar: “¡Cristo ha
resucitado!”, es preciso advertir todas las consecuencias que esto lleva
consigo en el mundo entero y en nuestra propia vida.
R.P. Roland Vicente
Castro Juárez
ANTIFONA DE ENTRADA Lc
24, 34; Ap 1, 6
Verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya. A Él la gloria y el poder
por toda la eternidad, aleluya, aleluya.
ORACION COLECTA
Oh,
Dios, que, en este día, vencida la muerte, nos has abierto las puertas de la
eternidad por medio de tu Unigénito, concede, a quienes celebramos la
solemnidad de la resurrección del Señor, que, renovados por tu Espíritu,
resucitemos a la luz de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de los Hechos de los
Apóstoles 10, 34a.37-43
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y
dijo: «Ustedes conocen lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea,
después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido
por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que diablo, porque Dios estaba con
ÉL Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en
Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al
tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a
los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con Él
después de su resurrección de entre los muertos. Nos encargó predicar al
pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y
muertos. De Él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en Él
reciben, por su nombre, el perdón de los pecados»,
SALMO
RESPONSORIAL (Sal 117, 1-2.16-17,22-23)
Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Den gracias al
Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de
Israel: eterna es su misericordia. R.
La diestra del
Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré para
contar las hazañas del Señor. R.
La piedra que
desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha
hecho, ha sido un milagro patente. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3,
1-4
Hermanos:
Si han resucitado con Cristo, busquen los bienes de allá arriba, donde Cristo
está sentado a la derecha de Dios; aspiren a los bienes de arriba, no a los de
la tierra. Porque han muerto; y su vida está con Cristo escondida en Dios.
Cuando Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes aparecerán gloriosos,
juntamente con Él.
ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Co 5,
7b-Ba
Aleluya. Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo.
Así, pues, celebremos la Pascua en el Señor. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 1-9
El primer día de la semana, María la Magdalena
fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada
del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro
discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al
Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo
camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más
que Pedro; lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de
él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le
habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio
aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero
al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura:
que El había de resucitar de entre los muertos.
PLEGARIA UNIVERSAL
Dirijamos
nuestra oración a Dios nuestro Padre, para que la comunidad cristiana,
confirmada en la fe, dé razón de su esperanza ante todos los hombres.
1.- Por la Iglesia, el
Papa, los obispos, sacerdotes y diáconos, religiosos y religiosas, y por todos
los fieles; que en todos crezca la fe y la esperanza que trae la resurrección
del Señor. Roguemos al Señor.
2- Por nuestro país y por
todos los países del mundo; que a todos alcance la paz y el bienestar. Roguemos al Señor.
3.- Por el cristiano que
duda, por el incrédulo que quisiera creer y por todos los que buscan con amor
la verdad; para que, iluminados por la gracia pascual, reconozcan que sólo en
Cristo está la salvación. Roguemos
al Señor.
4.- Por todos los que
viven la experiencia del dolor; para que no se dejen vencer por el desánimo,
sino que, por la fuerza de la fe y la solidaridad de los hermanos, sientan que
Dios está cerca de ellos. Roguemos
al Señor.
5.- Por todos los aquí
presentes; para que en todo momento seamos resonancia viva de la Palabra que
nos salva. Roguemos al Señor.
Padre,
que en la resurrección de tu Hijo ahuyentas los temores y haces posible lo que
nuestro corazón no se atreve a esperar; concédenos renovarnos con la fe de
quien se siente resucitado en el bautismo. Por Jesucristo nuestro Señor.
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Rebosantes
de gozo pascual, ofrecemos, Señor, este sacrificio en el que tan
maravillosamente renace y se alimenta tu iglesia Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTIFONA DE COMUNION 1. Co 5, 7-8
Ha sido inmolada nuestra
victima pascual: Cristo. Aleluya. Así, pues, celebremos con los panes ázimos de
la sinceridad y la verdad. Aleluya, aleluya.
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Protege,
oh, Dios, a tu Iglesia con misericordia perpetua, para que, renovada por los
sacramentos pascuales, llegue a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE
CADA DÍA
Lunes 06: Hch 2, 14.22-33; Sal 15, 1-2 y 5, 7-8.9-10.11; Mt
28, 8-15
Martes 07: Hch 2, 36-41; Sal 32, 4-5.18-19.20 y 22; Jn 20,
11-18
Miércoles 08: Hch 3, 1-10; Sal 104, 1-2-. 3-4. 6-7. 8-9; Lc 24,
13-55
Jueves 09: Hch 3, 11-26; Sal 8, 2ª y 5.6-7.8-9; Lc 24, 35-48
Viernes 10: Hch 4, 1-12; Sal 117, 2-4. 13-15. 22-24; 1-2 y 4.
22-24. 25-27ª; Jn 21, 1-14
Sábado 11: Hch 4, 13-21; Sal 117, 1 y 14-15.
16-18. 19-21; Mc 16, 9-15
Domingo 12: Hch 2, 42-47; Sal 92, 1ab. 1c-2.5; 1P 1, 3-9; Jn
20, 19-31.
COMENTARIOS AL EVANGELIO
Jn 20. 1-9
1.-
"El había de resucitar de entre los muertos"
También
en los relatos pascuales el evangelio de Juan presenta notables diferencias
respecto a los evangelios sinópticos, si bien es probable que parta de
tradiciones comunes, que, no obstante, han pasado por la criba de la teología
propia del círculo juánico.
En las
palabras de María Magdalena resuena probablemente la controversia con la
sinagoga judía, que acusaban a los discípulos de haber robado el cuerpo de
Jesús para así poder afirmar su resurrección. Los discípulos no se han llevado
el cuerpo de Jesús. Más aún, al encontrar doblados y en su sitio la sábana y el
sudario, queda claro que no ha habido robo.
La
carrera de los dos discípulos puede hacer pensar en un cierto enfrentamiento,
en un problema de competencia entre ambos. De hecho, se nota un cierto tira y
afloja: "El otro discípulo" llega antes que Pedro al sepulcro, pero
le cede la prioridad de entrar. Pedro entra y ve la situación, pero es el otro
discípulo quien "ve y cree".
Seguramente
que "el otro discípulo" es "aquel que Jesús amaba", que el
evangelio de Juan presenta como modelo del verdadero creyente. De hecho, este
discípulo, contrariamente a lo que hará Tomás, cree sin haber visto a Jesús.
Sólo lo poco que ha visto en el sepulcro le permite entender lo que anunciaban
las Escrituras: que Jesús no sería vencido por la muerte.
JOSEP Mª
GRANÉ MISA DOMINICAL 1993, nº 6
2.-
TUMBA-VACIA:
Ninguno
de los discípulos se esperaba la resurrección de Jesús. Puede notarse el
simbolismo de la escena del sepulcro vacío: Jesús se ha "desatado" de
los lazos del reino de la muerte; en cambio, Lázaro tiene que ser
"desatado" para poder caminar (para seguir a Jesús). Esto es lo que
"ve", desde la fe, el Discípulo amado, y con él, la comunidad. Es el
hoy del resucitado.
JAUME
FONTBONA - MISA DOMINICAL 1990, 8
3.- DISCIPULO-ANONIMO:
Algo,
sin embargo, me parece importante destacar a propósito del discípulo a quien
Jesús quiere y que nunca tiene nombre propio.
Esta
falta de nombre no parece obedecer a un recuerdo de modestia del autor para
evitar referirse a sí mismo (interpretación anecdótica), sino a la intención
del autor de englobar a todos y cada uno de los creyentes en Jesús, incluidos
los que no han conocido a Jesús según la carne, como diría Pablo. Por eso este
discípulo no puede tener un único nombre propio. Su nombre es el tuyo y el mío,
que este día de Pascua creemos en Jesús resucitado y experimentamos en nosotros
el amor de Jesús resucitado.
A.
BENITO - DABAR 1988, 23
4.-
Texto. María hace una constatación en el sepulcro y comunica su interpretación
a dos discípulos (vs, 1-2). Los dos discípulos inspeccionan por separado el
sepulcro, llegando a conclusiones distintas (vs, 3-8). Comentario editorial
explicando el presupuesto desde el que se había llevado a cabo la inspección
(v. 9).
Pre-texto.
Isaías 26, 19-21: "¡Vivirán tus muertos, tus cadáveres se alzarán,
despertarán jubilosos los que habitan en el polvo! Porque tu rocío es rocío de
luz y la tierra de las sombras parirá. Anda, pueblo mío, entra en los aposentos
y cierra la puerta por dentro: escóndete un breve instante mientras pasa la
cólera. Porque el Señor va a salir de su morada para castigar la culpa de los
habitantes de la tierra: la tierra descubrirá la sangre derramada y no ocultará
más a sus muertos".
Sentido
del texto. María va al sepulcro poseída por la falsa concepción de la muerte;
cree que la muerte ha triunfado; busca a Jesús como un cadáver. Su reacción, al
llegar, es de alarma y va a avisar a Simón Pedro (símbolo de la autoridad) y al
discípulo a quien quería Jesús (símbolo de la comunidad). Las dos veces que
hasta ahora han aparecido juntos ambos (cfr. Jn. 13, 23-25; 18, 15-18), el
autor ha establecido una oposición entre ellos dando la ventaja al segundo. Es
lo mismo que vuelve a hacer en este relato y que volverá a hacer en 21, 7. El
discípulo amado llega antes (v. 4) y cree (v. 8); Pedro, en cambio, llega más
tarde (v. 6) y de él no dice que creyera. Correr (CORRER/SIMBOLO)
más de prisa es imagen plástica para significar tener experiencia del amor de
Jesús.
Pedro no
concibe aún la muerte como muestra de amor y fuente de vida. En el atrio del
sumo sacerdote había fracasado en su seguimiento de Jesús (cfr. Jn. 18, 17.
25-27); el otro discípulo, en cambio, siguió a Jesús (cfr. Jn. 19, 26). De esta
manera, puede ahora marcar el camino a la autoridad en la tarea, común a ambas,
de discernir a Jesús y encontrarse con él; corriendo tras la comunidad es como
podrá la autoridad alcanzar su meta. Ambas, autoridad (Pedro) y la comunidad
(discípulo amado) habían partido de la misma no-inteligencia, de la misma
obscuridad, del mismo sepulcro. Ni Pedro ni el otro discípulo habían entendido,
cuando partieron, el texto de Is. 26, 19-21. Pero el otro discípulo, al ver,
creyó, captó el sentido del texto: la muerte física no podía interrumpir la
vida de Jesús, cuyo amor hasta el final ha manifestado la fuerza de Dios.
DABAR
1983 23
5.- CZ/TRONO.
Contexto.
Jesús ya ha transmitido el espíritu (cfr. Jn. 19, 30). De ahí que el que no
nazca de arriba no puede ser del Reino (cfr. Jn. 3, 3). Arriba es la cruz. El
espíritu es el amor capaz de dejarse matar por los demás. En el cuarto
evangelio la cruz es trono y gloria: es la hora del triunfo de Jesús, pues pone
de manifiesto quién es Jesús. La cruz expresa un estilo, un talante de vivir y
de ser.
Sentido
del texto. Este estilo, este talante, son una tarea ardua y difícil, pues pasa
inevitablemente por la experiencia aniquiladora del que vive ese espíritu. En
el relato de Juan, María Magdalena adquiere la función de recordar y hacer viva
esta experiencia: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde
lo han puesto". En el relato de Juan no hay ángeles ni mensajes pascuales.
Para Juan, el mensaje pascual y el triunfo de Jesús están en la cruz. La
resurrección de Jesús es su amor a prueba de la propia vida. Es este amor el
que ha roto la muerte, porque, al amar al máximo, Jesús se ha encontrado con la
potencia viva del Padre, que es sólo amor. Esto requiere un gran esfuerzo de
credibilidad (fe), porque es un desafío a las reglas elementales de lo
empírico.
De los
dos personajes que corren al sepulcro en el relato, sólo uno rompe el reto de
lo empírico. El discípulo amado "vio y creyó" (v. 9). Una vez más,
Pedro no capta la situación. De él sólo se dice que vio, pero no que creyó.
Pedro todavía no ha entendido que vivir es amar. Pedro todavía no posee el
espíritu que Jesús transmite. No lo poseerá hasta más adelante (cap. 21) y
entonces sólo gracias a este discípulo amado que le ayudará en la ardua y
difícil tarea de creer (cfr. Jn. 21, 7). De ser cierto lo que fundadamente
dicen algunos exégetas de que el discípulo amado simboliza en el cuarto
evangelio a la comunidad cristiana, habrá que restituir hoy para la comunidad
cristiana el protagonismo que el autor del cuarto evangelio quiso darle.
DABAR
1981, 23
6.-
María ha visto que el sepulcro está abierto y corre adonde están los
discípulos, pero sólo puede hacer una banal constatación: "Se han llevado
del sepulcro al Señor". María piensa en ladrones de cadáveres. Es verdad
que aún no ha despertado del todo y no es un modelo de creyente: a pesar de lo
cual, para los tiempos venideros será la iniciadora, la que presintió las
secretas promesas del cuerpo sin vida que ella tanto amó.
Pero aún
le queda camino por recorrer. Primero necesita escuchar el testimonio oficial
de la Iglesia, el que da Pedro y para el que el príncipe de los apóstoles
reunió todas las pruebas: las vendas por el suelo, y en un lugar aparte, el
sudario cuidadosamente doblado. Son unas pruebas silenciosas, pero ¿acaso no es
el tiempo de recogimiento, en que cada objeto adquiere el valor de signo
visible que remite a lo invisible? La ausencia del cuerpo no es, ciertamente,
la prueba de la resurrección; es el indicio de que el poder glorificador del
Espíritu no ha olvidado el cuerpo.
Juan es
el último en llegar al final del camino. Ve las vendas, pero no las hace caso.
En efecto, su mirada se ha vuelto ya hacia el interior; si revuelve algo, es en
sus recuerdos y en su corazón. El vino de las bodas, el templo purificado,
Lázaro...
Otros
tantos presentimientos de lo posible, de un insospechado orden de las cosas. Un
sepulcro abierto y unas vendas, una mujer y dos hombres para interpretar...
Todo es ordinario y cotidiano, pero todo tiene valor de signo. "Vio y
creyó"
DIOS
CADA DIA - SIGUIENDO EL LECCIONARIO FERIAL - ADVIENTO-NAVIDAD Y SANTORAL
SAL TERRAE/SANTANDER 1989.Pág. 83 s.
DOMINGO
1 DE PASCUA
Ocho
días vividos como uno solo
Hoy es el "tercer día" del Triduo
Pascual y a la vez el primero de la Cincuentena. Hoy es el domingo más
importante del año, del que reciben sentido todos los demás.
Para bastantes fieles este es el día en que
comienzan a celebrar la Buena Noticia de la Resurrección del Señor, porque no
han acudido a la Vigilia Pascual. Vale la pena que la celebración de hoy sea
particularmente festiva y expresiva. El Cirio Pascual, encendido por primera
vez la noche anterior, va a acompañarnos a lo largo de siete semanas, y todos
tendrían que captar su sencillo y simpático mensaje de alegría y estímulo.
La "octava" de Pascua, los ocho
días que abarcan el domingo 1 y 2 y los días intermedios, se viven en la
comunidad cristiana como un solo día. En el prefacio de todos estos días se
dirá cada vez "en este día en que Cristo, nuestra Pascua...". Y cada
día recibiremos la bendición solemne al final de la celebración, como si cada
uno fuera realmente "solemnidad" en la clasificación de los días
litúrgicos. Esta semana no admite ninguna otra festividad de Santos. Si
coinciden, se recuperarán en la semana siguiente.
Hechos 10,34a.37-43. Hemos comido y bebido con él
después de su resurrección
El libro de los Hechos de los Apóstoles es
una óptima lectura para el tiempo pascual. Aquellos primeros cristianos fueron
la "comunidad de Jesús Resucitado", nacida de la Pascua. El Señor
sigue actuando en ella, invisiblemente, por medio de su Espíritu, y
visiblemente por medio de su comunidad.
No les faltaron dificultades, persecuciones y
martirio. Pero en verdad, primero los apóstoles y luego otros discípulos, como
los diáconos o Pablo y Bernabé, dieron un valiente testimonio de Cristo Jesús y
fueron edificando comunidades llenas de fe y alegría. Hace bien la comunidad
cristiana en mirarse al espejo de los Hechos de los Apóstoles en estas semanas,
para estimularse a seguir su ejemplo de firmeza en la fe y en su maduración.
El primer pasaje que leemos es el testimonio
de Pedro, en casa del pagano Cornelio, sobre la resurrección de Cristo. Lucas
da mucha importancia a este episodio de la conversión de Cornelio: le dedica
dos capítulos enteros, el 10 para narrar cómo sucedió, y el 11 para explicar
cómo Pedro dio cuenta a la comunidad de Jerusalén de lo acontecido. Es un hecho
fundamental para motivar la apertura universalista de la comunidad cristiana
también a los paganos.
El testimonio principal de Pedro, que repite
en todas sus "catequesis" o discursos, delante del pueblo o de las
autoridades, y aquí en casa de unos paganos, es: "lo mataron colgándolo de
un madero, pero Dios lo resucitó al tercer día", y "los que creen en
él, reciben el perdón de los pecados".
El salmo no podía ser otro que el 117,
el más "pascual" del Salterio: "este es el día en que actuó el
Señor... la diestra del Señor es poderosa... no he de morir, viviré... la
piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular". De las
actuaciones poderosas de Dios en la historia de la salvación, para nosotros la
principal es esta de la resurrección de Jesús. Podemos repetir con convicción:
"sea nuestra alegría y nuestro gozo".
Colosenses 3,1-4. Buscad los bienes de allá
arriba, donde está Cristo
El pasaje de Pablo en su carta a los de
Colosas es el más apropiado para este domingo. Es breve pero denso y
estimulante: "ya que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de
allá arriba".
Celebrar la Pascua del Señor es asumir
coherentemente lo que representa de novedad de vida en el Espíritu:
"aspirad a los bienes de arriba", porque caminamos hacia la misma
meta que Cristo: "entonces también vosotros apareceréis, juntamente con
él, en gloria".
(o bien) 1 Corintios 5,6b-8. Quitad
la levadura vieja para ser masa nueva -
También se puede elegir como 2a lectura este
otro pasaje de Pablo a los cristianos de Corinto, que hace referencia a Cristo
como "nuestra pascua". La levadura o el fermento del pan lo compara
Pablo con la malicia o la corrupción, y quiere que las comunidades cristianas
estén libres de esa mala levadura. Un pan sin levadura es pan
"ázimo". Así debería ser la comunidad, un pan sin malicia.
Ya que "Cristo, nuestra Pascua (o
nuestra víctima pascual) ha sido inmolado", tenemos que evitar toda maldad
y "celebrar la Pascua con los panes ázimos de la sinceridad y la
verdad".
Después de la 2A lectura, como anticipo del
evangelio, esta semana cantamos l a.recuencia que en latín tiene el
nombre de "Victimae paschali laudes", "a la víctima pascual
alabanzas...", probablemente del siglo XI. Es un simpático poema, que
además de esa alabanza a Cristo como nuestra víctima pascual,
"dialoga" poéticamente con María Magdalena sobre cómo se encontró en
el camino con el Resucitado.
Juan 20,1-9. Él había de resucitar de entre
los muertos
Hoy tenemos tres evangelios a elegir: a) el
de Jn 20, con la visita de María Magdalena y de Pedro y Juan al sepulcro vacío;
b) el que ya hemos leído la noche pasada, de Mateo, con el anuncio de la
resurrección (sobre todo si vemos que la mayoría de los que participan en la
Misa del domingo no han acudido a la Vigilia); y e) si la celebración es por la
tarde, el evangelio de Lucas 24, con la escena de Emaús.
Si optamos por el evangelio de Juan, nos
encontramos con la experiencia de María Magdalena, testigo del sepulcro vacío,
que corrió a anunciarlo a los apóstoles, convirtiéndose así en "apóstol de
los apóstoles", la primera evangelizadora de la Buena Noticia de la
Pascua. También Pedro y Juan ven el sepulcro vacío. Ninguno de ellos se acaba
de creer que Jesús haya resucitado: "no habían entendido la Escritura: que
él había de resucitar de entre los muertos".
Mateo 28,1-10. Ha resucitado y va por delante
de vosotros a Galilea
Si elegimos repetir el evangelio de Mateo, ya
proclamado anoche, c£ la reflexión que hacíamos en la Vigilia.
Lucas 24,13-35. Quédate con nosotros, porque
atardece
En las misas vespertinas se puede leer el
evangelio de Lucas con la escena de los discípulos de Emaús, muy propia para
este día y hora.
Es magnífico el relato
"catequético" que hace Lucas, en el último capítulo de su evangelio,
del viaje "de ¡da y vuelta" de aquellos dos discípulos que van a
Emaús y luego vuelven a Jerusalén. El viaje de ida es triste, en silencio, con
sentimientos de desilusión ("nosotros esperábamos..."). No reconocen
al caminante que se les junta. El viaje de vuelta es lo contrario: corren
presurosos, llenos de alegría, los ojos abiertos ahora a la inteligencia de las
Escrituras, impacientes por anunciar su experiencia a la comunidad.
En medio ha sucedido algo decisivo: el Señor
Jesús les ha salido al encuentro, dialoga con ellos, les explica las
Escrituras y finalmente le reconocen en "la fracción del pan", aunque
luego recuerdan que ya "ardía su corazón cuando les explicaba las
Escrituras".
"Este es el día en que
actuó el Señor". ¡Aleluya!
Naturalmente, el mensaje de este día de
Pascua es la resurrección de Cristo: la noticia mejor de todo el año para los
cristianos. La que cambió la vida de los primeros discípulos. La que proclamó
con valentía Pedro, en su catequesis en casa de Cornelio: que a ese Jesús, el
Ungido por el Espíritu, "a quien mataron colgándolo de un madero, Dios lo
resucitó al tercer día y lo nombró Juez de vivos y muertos".
Contagiándonos de su entusiasmo cantamos en el salmo nuestra alegría:
"este es el día en que actuó el Señor".
Vale la pena que resuene, también en las
misas de este domingo, el anuncio gozoso del ángel a las mujeres (según el
evangelio de la noche): "¡No está aquí: ha resucitado!". Es bueno
detenernos en esta convicción -"Cristo es el que vive"-, porque nos
hace falta para seguir con más ánimos nuestro camino cristiano. Lo mismo que,
si leemos el evangelio de Emaús, la tarde del domingo, nos tenemos que dejar
convencer también nosotros y llegar a "reconocer" al Resucitado en su
Palabra, en su Eucaristía, en su comunidad y luego dar testimonio de esa
experiencia en nuestra vida.
Ojalá el canto de entrada que elijamos
refleje bien las antífonas que ofrece el MisaL "He resucitado y aún estoy
contigo", o bien "Era verdad, ha resucitado el Señor, aleluya".
No puede ocultar su alegría la oración
colecta: "en este día has abierto las puertas de la vida por medio de tu
Hijo, vencedor de la muerte", y pide que esta Pascua histórica que estamos
celebrando nos oriente hacia la eterna: "que renovados por el Espíritu,
vivamos en la esperanza de nuestra resurrección futura". La alegría de la
Pascua es evidente también en la oración sobre las ofrendas: "rebosantes
de gozo pascual, celebramos estos sacramentos".
El prefacio describe lapidaria y
magistralmente el contenido de la fiesta de hoy: "Cristo, nuestra Pascua,
ha sido inmolado: muriendo, destruyó nuestra muerte, resucitando, restauró la
vida". ¿Se puede expresar en menos palabras el misterio de la redención
que Cristo ha obrado en su Pascua? Parece un "parte de guerra", el
telegrama de una victoria anunciada a la comunidad.
Dios ha dicho "sí" a su Hijo y a la
humanidad. El grano de trigo, sepultado en la tierra, ha muerto, pero ha
renacido y dará fruto abundante. Es también la fiesta de nuestra liberación y
nuestra resurrección. Podemos manifestar con aleluyas solemnes y$ores nuestra
alegría de cristianos seguidores del Resucitado. Haciendo caso del salmo de
hoy, que nos invita a que este día, "en que actuó el Señor", también
"sea nuestra alegría y nuestro gozo".
Carácter bautismal de la Pascua
Pascua es la fiesta bautismal, porque en el
Bautismo es cuando por primera vez nos sumergimos en la muerte y resurrección,
en la nueva vida del Señor. Pablo, con una comparación "botánica" muy
expresiva, decía que, por el Bautismo, hemos sido "injertados"
("complantati sumus") en la nueva vida de Cristo. En la Vigilia de
anoche se han celebrado probablemente, si no se han dejado para las misas de
este domingo, los bautizos, después de la preparación de la Cuaresma.
Este día, y todo el Tiempo Pascual, tiene
carácter bautismal. En la oración sobre las ofrendas hablamos de "estos
sacramentos en los que tan maravillosamente ha renacido y se alimenta tu
Iglesia", o sea, los sacramentos de la iniciación cristiana. La oración
poscomunión insiste: "tu Iglesia, renovada por los sacramentos
pascuales".
Por eso es lógico que, al comienzo de la
Eucaristía de los ocho domingos del Tiempo Pascual, realicemos el gesto
simbólico de la aspersión bautismal. En vez del acto penitencial y del
"Señor ten piedad", nos dejamos "mojar" en recuerdo del
sacramento por el que fuimos "sumergidos" por primera vez en Cristo
muerto y resucitado.
Por la tarde, como les ha parecido a
bastantes comunidades, se puede recuperar la antigua costumbre de las
"vísperas bautismales", yendo en procesión, durante el Magn~ficat,
a la fuente bautismal y santiguándose todos con su agua bendita.
Los apóstoles, testigos
Leyendo, desde hoy, el libro de los Hechos de
los Apóstoles durante el Tiempo Pascual, se nos propone el ejemplo de aquella
comunidad que dio testimonio de su fe en Cristo Jesús y se dejó guiar por su
Espíritu en su expansión al mundo conocido.
Las primeras
"evangelizadoras" fueron las mujeres. En el evangelio de la noche,
son las mujeres que acudieron al sepulcro las que oyeron de labios del ángel la
noticia: "no está aquí, ha resucitado". En el evangelio de Juan es
Magdalena la que va al sepulcro, lo ve vacío, y corre a anunciarlo a los
apóstoles. Para los discípulos de Emaús fue aquel "viajero
peregrino", Cristo mismo, a, quien de momento no supieron reconocer, quien
les explicó las Escrituras y les aseguró la verdad de su resurrección.
Luego van a ser los apóstoles, los ministros
de la comunidad, los que más oficialmente aparecen en el libro de los Hechos
como anunciadores de la Pascua. Pedro, en casa de Cornelio, es consciente de
que Cristo les ha encomendado este anuncio: "nos lo hizo ver, no a todo el
pueblo, sino a los testigos que él había designado, a nosotros, que hemos
comido y bebido con él después de la resurrección". E insiste:
"nosotros somos testigos... nos encargó predicar al pueblo, dando solemne
testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos". En verdad
los apóstoles dieron con valentía este testimonio.
El libro de los Hechos nos recuerda que la
historia continúa. Se puede decir que no tiene último capítulo: nosotros
mismos, a inicios del siglo XXI, seguimos escribiendo estos "hechos".
En el rito copto, que celebran los cristianos sobre todo de Egipto, cuando se
proclama este libro en Misa, el lector dice al final, a modo de aclamación:
"Y la Palabra de Dios sigue creciendo, en esta Iglesia y en todas las
Iglesias".
Ahora somos nosotros los que en nuestro siglo
nos comprometemos a anunciar a Cristo a este mundo, a nuestra familia, a
nuestros amigos, a la sociedad. Los cristianos no sólo debemos ser buenas
personas, sino además "testigos" de la resurrección de Cristo, con
nuestra conducta y con nuestra palabra. En casa de Cornelio, un pagano, o en
medio de una sociedad también paganizada, tenemos que dar testimonio de que
Jesús es el Salvador: en nuestra familia, en el mundo de educación, en el
cuidado de los ancianos y enfermos, en la actividad profesional, en los medios
de comunicación.
Vida pascual
La Pascua de Cristo debe contagiarnos también
a nosotros y convertirse en Pascua nuestra, de modo que imitemos la vida nueva
de Jesús.
Es lo que le preocupa a Pablo. En su carta a
los Colosenses les invita a que, ya que en el orden del ser -ontológicamente-
han recibido la vida de Cristo en el Bautismo, ahora en la práctica la vivan
pascualmente. Para Pablo eso significa vivir como resucitados, "buscar los
bienes de allá arriba", "aspirar a los bienes de arriba, no a los de
la tierra". Si celebramos bien la Pascua, también nosotros debemos morir a
lo viejo y resucitar a lo nuevo, morir al pecado y vivir con Cristo la novedad
de su vida. Al final seremos resucitados, pero ya ahora vivimos como
resucitados, alimentados como estamos con la Eucaristía, que nos hace
participar de la vida ya definitiva del Señor.
Vivimos en este mundo, y nuestro compromiso
con la tarea que aquí tenemos encomendada es serio, pero los cristianos
"buscamos los bienes de allá arriba", porque estamos en camino y
somos ciudadanos de otro mundo, el mundo en el que ya ha entrado Cristo
Resucitado.
(También en la otra carta alternativa, a los
Corintios, Pablo nos invita a que eliminemos de nuestra comunidad toda levadura
vieja, toda malicia y corrupción, y vivamos una vida nueva, en la sinceridad y
la verdad).
Una instrucción que se publicó en 1964, Inter
Oecumenici, para la recta aplicación de la reforma litúrgica, daba una
feliz definición de lo que es una liturgia bien celebrada, sobre todo de la
liturgia pascual: "ut Mysterium Paschale vivendo exprimatur", que
expresemos el misterio pascual con nuestra vida. Con nuestra alegría, nuestra
entrega por los demás, nuestra energía para el bien, nuestra valentía en la
lucha contra el mal y contra toda injusticia, nuestra esperanza y novedad de
vida.
SEMANA SANTA
- CANTOS DE LA
VIGILIA PASCUAL 2026
01.-. EN LA MAÑANA DE RESURRECCION
En la
mañana de Resurrección
caminan al
sepulcro donde está el Redentor.
Se
preguntan al marchar: ¿quién moverá,
quién
abrirá la tumba donde está el Señor?
EL SEÑOR
NUESTRO DIOS RESUCITÓ, ALELUIA, ALELUIA, ALELUIA.
En la
mañana de Resurrección
vivimos la
esperanza de un futuro mejor.
Ser
testigos del Señor exige cambiar, exige luchar,
02.- GLORIA (Palazon)
GLORIA
A DIOS EN EL CIELO,
Y
EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES,
QUE
AMA EL SEÑOR.
Por
Tu inmensa gloria
Te
alabamos, Te bendecimos,
Te
adoramos, Te glorificamos,
Te
damos gracias.
Señor
Dios Rey celestial,
Dios
Padre Todopoderoso,
Señor
Hijo único, Jesucristo,
Señor
Dios, Cordero de Dios,
Hijo
del Padre.
Tú
que quitas el pecado del mundo,
¡Ten
piedad de nosotros!
Tú
que quitas el pecado del mundo,
¡Atiende
nuestra súplica!
Tú
que estás sentado
a
la derecha del Padre,
¡Ten
piedad de nosotros!
Porque
sólo Tú eres Santo,
sólo
Tú Señor,
sólo
Tú, Altísimo Jesucristo,
con
el Espíritu Santo,
en
la Gloria de Dios Padre.
luchar por
un mundo de justicia y paz.
03.- ALELUYA, EL SEÑOR RESUCITO
ALELUYA,
ALELUYA (BIS 3V). EL SEÑOR RESUCITÓ.
El Señor
resucitó. (Aleluya). Cantad con alegría. (Aleluya).
Demos
gracias al Señor. Aleluya (bis).
Mi pecado
redimió. (Aleluya). Cristo Dios subiendo al Cielo. (Aleluya).
Nueva vida
ahora tengo. Aleluya (bis).
Ahora
tengo la esperanza... (Aleluya), de que Dios siempre perdona. (Aleluya),
que Cristo
no me abandona. Aleluya (bis).
04.- ALELUYA POR ESA GENTE (Palito ORTEGA)
Los que
tienen y nunca se olvidan que a otros les falta,
que nunca
usaron la fuerza sino la razón.
Los que
dan una mano y ayudan a los que han caído,
esa gente
es feliz porque vive muy cerca de Dios.
ALELUYA,
ALELUYA, POR ESA GENTE QUE VIVE
Y QUE
SIENTE, EN SU VIDA EL AMOR. (BIS).
Los que
son generosos y dan de su pan un pedazo,
los que
siempre trabajan pensando en mundo mejor.
Los que
están liberados de todas sus ambiciones,
esa gente
es feliz porque vive muy cerca de Dios.
05.- ESTE ES EL MOMENTO (Marco
Lopez)
Este es el
momento de alegrar la mesa
con el
vino y con el pan,
que
consagraremos
y que
ofreceremos
y que
hemos de comulgar.
Este es el
momento de llegar confiados
a la mesa
del altar,
porque tu
palabra vivificadora
nos acaba
de llamar.
PADRE DE
JESÚS BENDICE
LO QUE
PRESENTAMOS HOY,
Y QUE AL
PREPARAR TÚ MESA
SE RENUEVE
EL GOZO DE SABER TU AMOR. (BIS).
Pan de
nuestras vidas, pan de nuestras manos,
pan de
nuestra juventud.
pan que
hoy entregamos
juntos
como hermanos
en señal
de gratitud.
06.- TOMA MI MANO HERMANO
Toma mi
mano hermano, Cristo resucitó.
Ven
conmigo a la mesa que nos ofrece Dios.
Toma mi
mano, hermano, Cristo resucitó.
VEN,
HERMANO VEN, TOMA MI MANO Y VEN,
VEN A LA
MESA, DE NUESTRO REDENTOR,
UNIDOS EN
LA IGLESIA, POR LA FE Y EL AMOR. (BIS)
Al ver
nuestra tristeza, Cristo al mundo llegó.
Y en la
Eucaristía, nos da él todo su amor.
Toma
mi mano hermano, Cristo en la Cruz
murió.
El vino de
su sangre, nuestro dolor borró.
Y el pan de Eucaristía, nueva vida nos
dio.
Toma mi
mano hermano, Cristo nos redimió.
07.- REINA DEL CIELO
Reino del
cielo alégrate, Aleluya,
porque el
Señor a quien mereciste llevar,
Aleluya
Resucitó
según su palabra Aleluya,
ruega al Señor por nosotros, Aleluya....
08.- REGINA CAELI
Regina
caeli, laetare, ALLELUIA,
quia quem
meruisti portare, ALLELUIA,
resurrexit
sicut dixit, ALLELUIA.
Ora pro
nobis Deum, ALLELUIA.
09.- EL PEREGRINO DE EMAUS
1.- ¿Que
llevabas conversando?
Me
dijiste, buen amigo.
Y me
detuve asombrado
a la vera
del camino.
¿No sabes
lo que ha pasado
ayer en
Jerusalén,
de Jesús,
el Nazaret
a quien
clavaron en cruz?
Por eso me
vuelvo triste
a mi aldea
de Emaús.
POR LA
CALZADA EMAÚS
UN
PEREGRINO IBA CONMIGO.
NO LE
CONOCÍ AL CAMINAR;
AHORA SÍ,
EN LA FRACCIÓN DEL PAN.
2.- Van tres días que se ha muerto
y se acaba
mi esperanza.
Dicen que
algunas mujeres
al
sepulcro fueron de alba.
Me dijeron
que algunos otros
hoy
también allá buscaron,
más se
acaba mi confianza:
no
encontraron a Jesús.
Por eso me
vuelvo triste
a mi aldea
de Emaús.
3.- ¡Qué tardíos corazones!
¡Que
ignorancia a los profetas!
En la ley
ya se anunció
que al
Mesías padeciera,
y por
llegar a su gloria
escogiera
la aflicción.
En la
tarde de aquel día
yo sentí
que con Jesús
nuestro
corazón ardía
a la vista
de Emaús.
4.- Hizo
señas de seguir
más allá
de nuestra aldea,
y la luz
del sol poniente
pareció
que se muriera.
Quédate,
forastero;
Ponte a la
mesa y bendice.
Y al
destello de tu luz,
en la
bendición del pan,
mis ojos
conocerán
al amigo
de Emaús.
10.- PREGON PASCUAL
Exulten
los coros de los ángeles,
exulte la
asamblea celeste,
y un himno
de gloria
aclame el
triunfo del Señor resucitado.
Alégrese
la tierra inundada por la nueva luz;
EL
ESPLENDOR DEL REY DESTRUYÓ LAS TINIEBLAS,
DESTRUYÓ
LAS TINIEBLAS,
LAS
TINIEBLAS DEL MUNDO. / (2)
Que se
alegre nuestra Madre la Iglesia
resplandeciente
de la gloria de su Señor,
y que en
este lugar resuene unánime
la
aclamación de un pueblo en fiesta.
El Señor
esté con vosotros,
Y CON
TU ESPÍRITU.
Levantemos
el corazón,
LO
TENEMOS LEVANTADO HACIA EL SEÑOR.
Demos
gracias al Señor, nuestro Dios.
/ ES
JUSTO Y NECESARIO. / (2)
Realmente
es justo y necesario
exaltar
con el canto la alegría del espíritu,
y elevar
un himno al Padre Todopoderoso
y a su
único Hijo, Jesucristo.
Él ha
pagado por todos al eterno Padre
la deuda
de Adán,
y con su
sangre, derramada por amor,
ha
cancelado la condena antigua del pecado.
Esta es la
Pascua en que se inmola el Cordero.
Esta es la
noche en que fueron liberados
nuestros
padres de Egipto.
Esta es la
noche
que nos
salva de la oscuridad del mal.
ESTA ES LA NOCHE
EN QUE
CRISTO HA VENCIDO LA MUERTE
Y DEL
INFIERNO RETORNA VICTORIOSO. / (2)
¡Oh
admirable condescendencia de tu amor!
¡Oh
incomparable ternura y caridad!
Por
rescatar al esclavo, has sacrificado al Hijo.
Sin el
pecado de Adán
Cristo no
nos habría rescatado.
¡OH
FELIZ CULPA
QUE
MERECIÓ TAN GRANDE REDENTOR!
¡OH
FELIZ CULPA! / (2)
¡Oh
noche maravillosa,
que
despojaste al faraón y enriqueciste a Israel!
¡Oh
noche que destruyes el pecado
y
lavas todas nuestras culpas!
¡Oh
noche realmente gloriosa
que
reconcilias al hombre con su Dios!
ESTA ES
LA NOCHE
EN QUE
CRISTO HA VENCIDO LA MUERTE
Y DEL
INFIERNO RETORNA VICTORIOSO. / (2)
En esta
noche acepta, Padre santo,
este
sacrificio de alabanza
que la
Iglesia te ofrece
por medio
de sus ministros,
en la
liturgia solemne de este cirio
que es
signo de la nueva luz.
Te
rogamos, Señor,
Que
este cirio,
ofrecido
en honor de tu nombre, brille radiante;
llegue
hasta ti como perfume suave,
se
confunda con las estrellas del cielo;
lo
encuentre encendido el lucero de la mañana,
esa
estrella que no conoce el ocaso;
QUE ES
CRISTO TU HIJO,
RESUCITADO,
RESUCITADO
DE LA
MUERTE. / (2)