“¡VEN ESPÍRITU SANTO!”
COMENTARIO
Pentecostés era denominaba
como “fiesta de las semanas” y tenía lugar siete semanas después de la fiesta
de los primeros frutos (Lv 23 15-21; Dt 16,9). Siete semanas son cincuenta
días; de ahí el nombre de Pentecostés (= cincuenta) que recibió más tarde.
Según Ex 34 22 se celebraba al término de la cosecha de la cebada y antes de
comenzar la del trigo; era una fiesta movible pues dependía de cuándo llegaba
cada año la cosecha a su sazón, pero tendría lugar casi siempre durante el mes
judío de Siván, equivalente a nuestro Mayo/Junio. En su origen tenía un sentido
fundamental de acción de gracias por la cosecha recogida, pero pronto se le
añadió un sentido histórico: se celebraba en esta fiesta el hecho de la alianza
y el don de la ley.
Jesús en la Última Cena promete enviar el Espíritu Santo para
que esté con sus discípulos siempre. Esta es la Alianza del Nuevo Testamento,
cincuenta días después de la resurrección de Jesús (Hch 2, 1-4). En el marco de esta fiesta judía, el libro de los Hechos coloca la
efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles (Hch 2 1.4). A partir de este
acontecimiento, Pentecostés se convierte también en fiesta cristiana de primera
categoría (Hch 20 16; 1Cor 16, 8). Es una de las más grandes que celebra la Iglesia después de
Navidad y Resurrección, pues reconocemos la venida del Espíritu Santo sobre
aquella primera comunidad cristiana, infundiendo en ellos los dones y carismas
necesarios para perseverar en la verdad, llevar a cabo la misión encomendada
por Jesús, de ser testigos, ir, bautizar y enseñar a todas las naciones. (Jn
14,15). La Iglesia reconoce que el Espíritu Santo es quien guía el rumbo de la
Iglesia y, el de cada bautizado, sin importar la época en nos haya tocado
vivir.
Esto es lo que conmemoramos en Pentecostés, que el mismo
Espíritu de hace 2000 años es el que se sigue posando el día de hoy en cada
miembro de la Iglesia para llevarnos a Dios y asimilar nuestras vidas
cotidianas como obras del Espíritu Santo al servicio del prójimo.
La
fiesta de Pentecostés es un día en que tenemos la oportunidad de revivir
intensamente nuestra relación con Dios, gozarnos el fruto de la Pascua que hay
en nuestros corazones por la felicidad de saber que Cristo resucito en mí, que
soy tan amado por Dios, que puedo vivir la experiencia de la venida del
Espíritu Santo.
R.P. Roland Vicente Castro Juárez
ANTIFONA DE ENTRADA Sb
1, 7
El Espíritu del Señor llenó la tierra y todo lo abarca, y conoce cada
sonido. Aleluya.
ORACION COLECTA
Oh,
Dios, que por el misterio de esta fiesta santificas a toda tu Iglesia en medio
de los pueblos y de las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos
los confines de la tierra y realiza ahora también, en el corazón de tus fieles,
aquellas maravillas que te dignaste hacer en los comienzos de la predicación
evangélica. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de los Hechos de los
Apóstoles 2, 1-11
Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban
todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un
estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde
se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se
dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu
Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía
manifestarse. Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos
los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y
quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.
Estaban todos estupefactos y admira-dos, diciendo: «¿No son galileos todos esos
que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos
hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y
habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y
Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos
romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y
árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia
lengua». V. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 103,
1.24.29-31.34)
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la
tierra.
Bendice,
alma mía, al Señor: Dios mío, ¡qué grande eres! Cuán-tas son tus obras, Señor,
la tierra está llena de tus criaturas. R
Les
retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo; envías tu espíritu, y los
creas, y repuebla la faz de la tierra. R
Gloria
a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras; que le sea agradable mi
poema, y yo me alegraré con el Señor. R
PRIMERA LECTURA
Lectura
del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 1-11
Al
cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De
repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba
fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron
aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de
cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en
otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse. Residían entonces
en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo.
Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada
uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados,
diciendo: «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es
que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre
nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y
Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de
Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos
como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de
las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera
carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,
3b-7.12-13
Hermanos: Nadie
puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo. Y hay diversidad de
carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo
Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en
todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien
común. Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los
miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también
Cristo. Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido
bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos
bebido de un solo Espíritu.
ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO
Aleluya. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus
fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. Aleluya
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según
san Juan 20, 19-23
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana,
estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los
judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a ustedes». Y,
diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron
de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a ustedes. Como el Padre me ha
enviado, así también los envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les
dijo: «Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les
quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos».
PLEGARIA UNIVERSAL
Invoquemos
a Cristo, que ha recibido del Padre el Espíritu prometido, y pidámosle que lo
derrame sobre la Iglesia y sobre todo el mundo:
1.- Por el Papa León:
para que, ungido con los dones del Espíritu Santo en este nuevo Pentecostés,
guíe a la Iglesia con sabiduría y fortaleza, confirmando a sus hermanos en la
fe y siendo heraldo de la paz de Cristo en todo el mundo. Roguemos al Señor.
2.- Por los gobernantes:
Para que el Espíritu de Sabiduría los guíe en la búsqueda de la justicia, la
paz y el respeto a la dignidad de toda persona humana. Roguemos al Señor.
3.- Por los enfermos y
afligidos: Para que les dé fortaleza en sus sufrimientos y esperanza en medio
de sus pruebas. Roguemos
al Señor.
4.- Por nuestra comunidad
parroquial: Para que, como los apóstoles en el cenáculo, permanezcamos unidos
en la oración y abiertos a la acción transformadora de Dios. Roguemos al Señor.
Escucha,
Señor, las oraciones de tu pueblo y haz que vivamos continuamente la novedad
pascual y lleguemos un día a las fiestas de la Pascua eterna. Por Jesucristo,
tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Te
pedimos, Señor, que, según la promesa de tu Hijo, el Espíritu Santo nos haga
comprender más profundamente la realidad misteriosa de este sacrificio y se
digne llevarnos al conocimiento pleno de toda la verdad revelada. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
ANTIFONA DE COMUNION Hch
2, 4.11
Se llenaron todos del
Espíritu Santo y hablaron de las grande-zas de Dios. Aleluya
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Dios, que has comunicado a tu Iglesia los bienes del
cielo, conserva la gracia que le has dado, para que el don infuso del Espíritu
Santo sea siempre nuestra fuerza, y el alimento espiritual acreciente su fruto
para la redención eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PALABRA DE DIOS Y
SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes 25: Gn 3, 9-15.20 (o bien: Hch 1, 12-14); Sal 86, 1-2.
3 y 5. 6-7; Jn 19, 25-34
Martes 26: Ap 21, 1-5; (O bien: Flp 4, 4-9); Sal 44, 11-12.
14-15. 16-17; Mt 11, 25-30.
Miércoles 27: 1P 1, 18-25; Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20; Mt 10,
32-45
Jueves 28: Gn 22, 9-18; (o bien Hb 10, 4-10) Sal 39, 7-8ª.
8b.10-11ab.17; Mt 26, 36-42
Viernes 29: 1P 4, 7-13; Sal 95, 10.11-12.13; Mc 11, 11-26
Sábado 30: Judas 17. 20b-25; Sal 62, 2. 3-4. 5-6; Mc 11, 27-33
Domingo 31: Ex 34, 4b-6.8-9; Sal: Dn 3, 52-56; 2Co 13, 11-13;
Jn 3, 16-18.
COMENTARIOS AL EVANGELIO
1.-
El evangelista quiere demostrar que con la resurrección de Jesús se ha creado
una situación totalmente nueva. La resurrección señala el inicio de una nueva
creación que toma forma en la comunidad neotestamentaria de la salvación.
Con
la exaltación del Resucitado se pasa del tiempo de Cristo al tiempo del
Espíritu. El resucitado actúa en la comunidad con el poder y la actividad del
Espíritu. Este poder y esta actividad manifiestan al mundo la misión que los
apóstoles han recibido de Cristo. Con ocasión del bautismo de Jesús, el ES
había consagrado de manera oficial al Mesías y había inaugurado su actividad
pública.
En
Pentecostés el Espíritu hace que el pequeño núcleo de discípulos se presente en
público, asuma el lugar que le toca en la historia de la salvación y que no lo
abandone hasta el retorno del Señor. La misión de los discípulos es anunciar el
don de la reconciliación y de la paz.
Hay
cuatro hechos principales:
1.
El saludo, el don de la paz, que ahora es la paz mesiánica prometida para los
tiempos escatológicos. Paz que, para los discípulos reunidos, quiere decir
perdón por la infidelidad durante la pasión, superación de la incredulidad y
victoria sobre el miedo.
2.
La identificación de Cristo. Es aquel con quien convivieron, al que
crucificaron... sus manos y sus pies...
3.
La misión. La paz y el perdón que ellos reciben deben transmitirlo a todos los
hombres.
4.
El "aliento" que indica la realidad y la naturaleza del don que se
les ha hecho. "Recibid el Espíritu". Al principio de la creación el
espíritu planeaba sobre las aguas -Gn 1. 2-, es el soplo de Dios que ha dado
vida al hombre (Gn 2. 7). Así ahora el Espíritu plasma el hombre nuevo e
inaugura la nueva creación.
PERE
FRANQUESA - MISA DOMINICAL 1986, 11
2.- ES/MISION:
El
evangelio de hoy fue leído ya el domingo segundo de Pascua, dentro del contexto
más amplio del episodio de Tomás. El fragmento de hoy está centrado en el
Espíritu como don pascual de Cristo resucitado. La escena se desarrolla,
efectivamente, "al anochecer de aquel día", "el primero de la
semana" (cf. 20. 1) que, paralelamente al primer día del Génesis, supone
el inicio de la nueva creación y de la nueva alianza. Jesús exhala su aliento
sobre el grupo de los discípulos y les da su Espíritu del mismo modo que Dios
infundió su aliento sobre el primer hombre para darle la vida (cf. Gn 2. 7).
Juan
no habla de misión en su evangelio hasta que en este momento es el Resucitado
quien da el Espíritu y la misión a los discípulos, a los representantes de
todos los que, por su palabra, van a creer en Jesús. Donación del Espíritu y
misión están íntimamente unidos: Jesús les da el Espíritu para que les consagre
como lo consagró a Él y sean enviados como Él fue enviado. La misión supone una
oferta de vida y de salvación a todos los que quieran creer, ya que están
llenos de este Espíritu que es fuente de vida; y Jesús va a estar presente en
esta misión de los discípulos ("el que recibe a mi enviado me recibe a
mí", /Jn/13/20) del mismo modo que el Padre siempre estaba presente en la
suya ("el que me ve a mí, ve al que me ha enviado", Jn/12/45).
J.
ROCA - MISA DOMINICAL 1981, 12
3.- CR/TESTIGO
La
Pascua comienza de color rojo y termina de color rojo: el Viernes Santo, cuando
Jesús empieza su paso de muerte a vida, el rojo de los ornamentos nos habla de
sangre derramada, de testimonio ardiente; el domingo de Pentecostés, concluimos
la celebración de este paso de muerte a vida con el rojo del fruto, del fuego
que renueva e ilumina, del testimonio de los creyentes transformados por el
Espíritu de JC.
Recordar
la entrega de JC y celebrar el don del Espíritu nos invita a pensar en una fe
que haga de nosotros hombres y mujeres con empuje, con ilusión, con entrega.
Hombres y mujeres que quieren vivir de modo que se note que hemos sido tocados
por una sangre derramada con amor infinito, y que hemos sido introducidos en
una vida más fuerte que todo mal. Hombres y mujeres que aman profundamente su
fe, y que creen que por sus venas circula la misma savia que circulaba por las
venas de JC y que quieren compartir esa alegría con todo el mundo.
J.
LLIGADAS - MISA DOMINICAL 1988, 11
4.
- A este texto remitía la siguiente frase de hace dos domingos (del ciclo A):
Aquel día sabréis que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros
(Jn.14,20). Aquel día se refiere a la escena de hoy, a Pentecostés. El autor
del cuarto evangelio concibe este día y esta escena como la inauguración del
tiempo último y definitivo de la historia. Los participantes en la escena son
los discípulos. En el cuarto evangelio este término designa a los creyentes en
Jesús. Su alcance va, pues, más allá de los doce, como también va más allá del
día indicado en el texto la situación de cautela y de miedo.
En
el atardecer del domingo de Pascua Juan sitúa retrospectivamente situaciones de
cautela y de miedo posteriores. Es pues toda la comunidad creyente la que se
alegra con los que vieron a Jesús resucitado. Y es también toda la comunidad
creyente la que recibe el siguiente encargo de Jesús:
Como
el Padre me ha enviado, así también os envío yo. A lo largo de la pasada
cuaresma hemos tenido ocasión de familiarizarnos con el sentido y la función
que este envío o misión tienen en el cuarto evangelio. Se trata de un trabajo
fatigoso y complejo porque choca con tendencias muy arraigadas, que, a pesar de
ser religiosas, pueden desfigurar a Dios y al Hombre. Los creyentes han
recibido de Jesús el encargo de llevar adelante la tarea emprendida por Jesús.
Cuentan
para ello con el mimo Espíritu que él tenía. Es este Espíritu el que eleva a
los cristianos a la categoría de signo visible de gracia y de enjuiciamiento en
el tiempo último y definitivo inaugurado por El.
Comentario.
El creyente en Jesús sabe hoy que Jesús está con el Padre, que él está con
Jesús y que Jesús está con él. Hoy, Pentecostés, cuando el Espíritu de Jesús y
del Padre se posesiona del creyente y lo eleva a sacramento de Dios en el
mundo. Hoy, Pentecostés, cuando el mundo empieza a ser definitivamente nuevo,
porque las gentes pueden entenderse desde su propia peculiaridad, y Babel, es
decir, la confusión deja paso a la comprensión. Hoy, Pentecostés, cuando todos
empezamos a ser conscientes de que formamos un solo cuerpo.
A.
BENITO - DABAR 1990, 31
5.-
Texto. La opción que los discípulos han hecho por Jesús les ha granjeado la
enemistad de los judíos. La expresión miedo a los judíos es de carácter
religioso. No significa miedo al pueblo judío (los discípulos eran judíos),
sino miedo a la exclusión de la sinagoga, decisión está que los guardianes de
la Ley de Dios habían tomado contra todo el que reconociera a Jesús como Mesías
(ver Jn.9,22). Excluidos de la comunidad creyente, los discípulos de Jesús eran
un grupo sin puesto y sin paz.
La
presencia de Jesús cambia esta situación de los discípulos. Es el Jesús de
siempre, al que habían conocido, con el que habían convivido y por el que
habían optado. Jesús les devuelve primero la paz de la que carecían por estar
excluidos de la sinagoga. En segundo lugar, Jesús les da un puesto y una razón
de ser en el mundo convirtiéndolos en enviados suyos, de la misma manera que él
lo había sido antes del Padre. Surge así la comunidad creyente, que se llamará
Iglesia para distinguirse de la Sinagoga.
A
diferencia de ésta, caracterizada por el espíritu de la Ley, la nueva comunidad
se caracteriza por el Espíritu de Jesús y del Padre. En razón de este Espíritu
la nueva comunidad encarna la oferta de gracia de Dios a los hombres. Las
últimas palabras del texto se pueden parafrasear de la siguiente manera:
Vosotros sois a partir de ahora los responsables de la oferta de mi Padre a
todos los hombres. De vosotros depende ahora esta oferta.
Los
destinatarios de estas palabras no son sólo los doce como a veces se piensa,
sino la totalidad de la comunidad. El trasfondo de este texto no es jerárquico,
sino comunitario. El sentido de esta palabra es a su vez mucho más amplio y
rico que la práctica del actual sacramento de la Penitencia.
Comentario.
El texto de hoy es especialmente significativo para la Iglesia por cuanto que
marca el comienzo y el sentido de su andadura. Por su comienzo la Iglesia nace
excluida de lo que había sido su medio y marco de referencias religiosas.
Históricamente la Iglesia nace sin puesto y contra corriente, pero no respecto
al mundo civil, sino respecto al mundo religioso. El valor de ejemplaridad de
los comienzos de la Iglesia reside en que los problemas le vienen del propio
mundo de la creencia.
La
misión de la Iglesia es ser reveladora de Jesús y, en última instancia, de
Dios. La misión la realiza en la medida en que es portadora del Espíritu de
Jesús y de Dios. Vistas las cosas en sus comienzos históricos (así es como
necesariamente las tiene que ver la exégesis), este Espíritu, que en razón de
su origen se llama santo, está en las antípodas del espíritu que reina en los
responsables de la Ley de Dios. Los retos no le vienen a la Iglesia desde el
exterior. El auténtico reto es su capacidad de apertura al Espíritu de Jesús.
Este Espíritu cambia mucho las cosas. Probablemente las renueva siempre.
A.
BENITO - DABAR 1989, 27
6.- C/UNIDAD
Con
la reiteración del saludo en el v.21 se inicia el segundo momento: libertad
para una nueva forma de existencia. Es la misión de la comunidad cristiana,
alentada por el Espíritu del Padre y del Hijo. Una comunidad donde es posible
la unidad dentro mismo de la multiplicidad, donde pueden entenderse personas
con ideas distintas, porque todos están situados en una realidad que los
transciende a todos, al mismo tiempo que los constituye: el Espíritu del Padre
y del Hijo. Es así y sólo, así como la comunidad cristiana es referencia de
esperanza para los demás hombres y grupos. Es así y sólo, así como es
reveladora del Padre.
Es
así y sólo, así como es generadora de madurez; una comunidad así, porque da la
medida y la talla de lo que es un grupo de gente madura, se convierte en modelo
referencial para todos. No porque esta comunidad enjuicie a nadie, sino porque
la actitud que se adopte ante ella pone de manifiesto y refrenda lo que cada
uno es. Confrontándose con ella, los hombres pueden conocer su propia
situación; gracias a ella pueden saber si han tomado la dirección satisfactoria
o la dirección frustrante.
DABAR
1980, 31
7.- RECREACION/ES
Viernes
Santo, pascua de resurrección, ascensión y pentecostés: en esta secuencia
temporal celebra la fe el único misterio pascual de la exaltación de Jesús y de
la salvación del hombre.
También
el envío del Espíritu pertenece al acontecimiento pascual y se proclama en el
evangelio de Juan el domingo de pascua.
El
saludo pascual del resucitado es "¡Paz!"; su don es la alegría. Ambas
cosas son frutos del Espíritu Santo (cf. Gál 5,22); él es el gran don pascual
que encierra en sí todos los demás dones. El Espíritu une para siempre a todos
los discípulos con su Maestro, con su Señor resucitado; reúne a todos entre sí
e inaugura un mundo nuevo por medio del perdón de los pecados.
Lo
dicho anteriormente se expresa en la narración de Juan con un gesto: el soplo
de Jesús sobre sus discípulos. Esto evoca el episodio del Génesis (2,7), donde
se dice que Dios exhaló su aliento sobre Adán y éste comenzó a vivir. Aquí
también se trata de una creación, una nueva vida, que es posible al hombre
después de la resurrección.
La
conversión y el perdón de los pecados aparecen siempre en la primera
predicación apostólica impulsada por el Espíritu Santo.
EUCARISTÍA
1989, 22
8.-
Los discípulos tienen miedo a los judíos y se encierran a cal y canto en una
casa. Allí permanecen hasta que la fuerza del Espíritu, como un viento
impetuoso, los eche a la calle y los disperse por toda la tierra. También
nosotros, no obstante creer que Jesús ha resucitado, seguimos teniendo miedo.
Sobre todo, miedo a la vida y a la libertad. Se nos ha educado en el miedo.
Se
nos ha dicho muchas veces que la vida es un peligro, y nos hemos olvidado que
el mayor peligro es renunciar a la vida... por miedo. Contra el miedo que
guarda la ropa e inventa sistemas de seguridad, Jesús nos ofrece la paz
verdadera en medio de los peligros del camino y aún en medio de las
persecuciones. Nos ofrece la paz de los testigos, la paz y el coraje del que
predica el evangelio y confiesa que el mundo no puede dar.
Jesús
les muestra las llagas para que comprueben que es él mismo, el que fue
crucificado y ahora sigue viviendo. Todo el evangelio es la gozosa proclamación
de esa identidad: Jesús, el que padeció bajo Poncio Pilato y no otro, es el
Señor. En esta alegría se cumple lo que Jesús les había prometido (Jn
16,20-22;17,13). Con esta alegría deberán anunciar a todo el mundo que han
visto al Señor y que el Señor vive. Evangelizar es anunciar la buena noticia,
la mejor de todas. Y esto sólo puede hacerse con inmensa alegría.
Jesús
los envía al mundo lo mismo que él fue enviado por el Padre. La misión de los
discípulos, la evangelización, no será posible sin la fuerza del Espíritu
Santo.
El
gesto de Jesús encuentra su antecedente en Gn 2.7. donde se dice que Dios
exhaló su aliento sobre el rostro de Adán y éste comenzó a vivir. También ahora
comienza una nueva vida, una nueva creación. Esta nueva creación proclamada por
el evangelio es obra del Espíritu.
Pero
la vida nueva no es posible sin el perdón de Dios como base de reconciliación
entre todos los hombres. Predicar el evangelio es reconciliar con la fuerza del
Espíritu Santo, es recrear todas las cosas.
EUCARISTÍA
1986, 24
9.-
En la culminación del tiempo de Pascua, leemos una escena del mismo día de
Pascua (que ya leímos el domingo segundo). Eso nos muestra que lo que hoy
celebramos es realmente una de las caras de la resurrección de Jesús.
Jesús
resucitado es, para nosotros, aquel que nos ha dado su mismo Espíritu, su
Espíritu Santo. La resurrección de Jesús significa para los discípulos
experimentar que en su interior tienen aquel mismo Espíritu que movió a Jesús,
y que los identifica con él: incluso Jesús hace el gesto físico de exhalar el
aliento sobre ellos, para significar que les traspasa lo que el lleva en su
interior.
Y
este don del Espíritu es lo que hace realidad en el creyente y en la Iglesia lo
que Jesús dice y da en esta aparición a los discípulos: la paz que es la
síntesis de todos los bienes; la misión de anunciar la Buena Noticia, para
continuar la misión que el Padre encomendó a Jesús; el mensaje del perdón y la
reconciliación de los hombres con Dios, de la que los continuadores de Jesús
quedan constituidos también intermediarios.
JOSEP
LLIGADAS - MISA DOMINICAL 1994, 7
10.-
En Juan, Pascua y Pentecostés se unen. El mismo día en que Jesús resucita, «el
primer día de la semana», infunde sobre sus discípulos el Espíritu Santo. Lo
hace con un gesto magnífico: exhalando su aliento sobre ellos. Este soplo
recuerda, en primer lugar, el primer soplo de Dios sobre el hombre, y lo llenó
de espíritu de vida. Jesús comunica a sus discípulos su aliento, su espíritu,
el primer día de la primera semana de la nueva era para la nueva humanidad.
Estos discípulos revivieron y quedaron transformados, recreados; empezaron a
ser hombres nuevos, superando miedos y tristezas.
Por
otra parte, este aliento de Jesús significa que transmite a los discípulos su
propio Espíritu, que es algo suyo y que es el regalo de su Pascua. Ahora los
discípulos, animados por el Espíritu, continuarán la obra de Jesús y harán
presente a Jesús. Es fácil, porque el Espíritu es el mismo.
CARITAS
1991, 1, pág. 245
11.-
El Espíritu Santo es el aliento de Jesús. Lo que respira la Iglesia es el
Espíritu de Jesús. Lo que nosotros oramos en el Espíritu es la oración de
Jesús. Toda nuestra vida íntima es la vida de Jesús, que el Espíritu nos
comunica.
El
mismo día de Pascua, el Señor resucitado, rebosante de Espíritu, exhaló su
aliento sobre sus discípulos. Un gesto vitalista que recuerda el de la
creación. Cristo quiso recrear a sus discípulos desanimados, sin «espíritu de
vida»; por eso, sopló sobre ellos el Espíritu vivificador. El Espíritu que
resucitó a Jesús de entre los muertos, resucitaría también a sus discípulos
medio muertos.
Y
aquellos hombres se llenaron de vida nueva. Fue el primer día de la semana
cuando Dios se puso a crear. Este sería el primer día de la nueva creación.
Empezaba así la era del Espíritu.
CARITAS
1992, 1, pág. 253
12.-
Todo fue el día primero de la semana, el día del sol, después del descanso del
sábado. Fue la resurrección de Jesucristo, y desde entonces ese día es el Día,
el sol de primavera que no termina. Fue también la efusión del Espíritu, un
aliento que todo lo vivifica, lo reanima y lo fecunda. Es el soplo de la
creación segunda. En el día de Pascua, Jesús continúa la creación del Padre,
exhalando su Espíritu, dando vida a sus discípulos, vida de su propia vida.
Pero
este aliento de Jesús llega también a nosotros, produciendo los mismos efectos
que en los primeros discípulos. La verdad es que el aliento de Jesús llena toda
la tierra. Él es nuestra oración y la oración del mundo.
Quien
recibe este Espíritu no sólo se santifica, sino que es capaz de santificar, de
perdonar pecados, de trabajar por un mundo nuevo. Hay que alentar sobre toda
muerte y toda impureza. Hay que dejarlo todo lleno de limpieza y hermosura. Hay
que llenarlo todo del Espíritu de Jesús.
CARITAS
1993, 1, pág. 278
Nota:
Como los versículos del evangelio de hoy pertenecen también al evangelio del
domingo segundo de Pascua, puedes acudir allí si necesitas más ideas. En dicho caso haz clic aquí
DOMINGO DE PENTECOSTÉS
A los cincuenta días, el Espíritu
"Pentecostés", en griego, significa "día
quincuagésimo". El 50 es un número que ya los judíos tenían asimilado
desde hace siglos como símbolo de plenitud: una semana de semanas, siete por
siete más uno. Es cuando celebran, después de la Pascua-Éxodo, la fiesta de la
recolección agrícola y la alianza que sellaron con Yahvé en el monte Sinaí,
guiados por Moisés, a los cincuenta días de su salida de Egipto.
Los cristianos celebramos hoy, después de la Pascua-Resurrección de
Jesús, su donación del Espíritu a la comunidad apostólica precisamente a los
cincuenta días. No como fiesta independiente, sino como culminación de la
Pascua: la "Pascua granada", que completa la "Pascua
florida".
Esta fiesta tiene textos propios para la Eucaristía que se celebra la
tarde anterior. Eucaristía vespertina que se puede también prolongar a modo de
Vigilia, similar a la de la Noche Pascual, con la comunidad reunida en oración
como lo estuvo la primera con la Virgen y los Apóstoles. Además, esta fiesta
posee también una hermosa Secuencia, "Ven¡, Sancte Spiritus",
atribuida al arzobispo inglés Langton en el siglo XIII.
Si uno quiere meditar sobre el misterio de Pentecostés, puede leer los
números que el Catecismo dedica al artículo del Credo "Creo en el Espíritu
Santo": CCE 687-747.
Una Vigilia rica en textos bíblicos
Las lecturas bíblicas de la Vigilia nos presentan una visión muy rica
de la misión del Espíritu.
La primera se puede elegir de entre las cuatro del AT que ofrece el
Leccionario, que preparan y completan, a veces por contraste, lo que nos van a
decir las lecturas del NT y el evangelio:
• Gn 11,1-9 nos cuenta lo que sucedió en Babel, con la dispersión de las
lenguas: mientras que el Espíritu, en Pentecostés, a partir de las muchas
lenguas, obra la unidad;
• Ex 19,3-8a.16-20b: Dios se manifiesta a Moisés en el
monte en medio de truenos, sonido de trompetas y fuego: lenguaje que Lucas
emplea para describir la irrupción del Espíritu en la primera comunidad;
• Ez 37,1-4: la visión de Ezequiel sobre los huesos
secos que reciben el Espíritu de Dios y reviven: al Espíritu le llamamos en el
Credo "Señor y dador de vida";
* J13,1-6: Joel
anuncia que el Espíritu será derramado y profetizarán mayores y jóvenes: esta
es la explicación que da Pedro, en la mañana de Pentecostés, ante la evidencia
de los carismas del Espíritu.
El salmo nos
hace repetir la antífona: "Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de
la tierra".
Ya en las
lecturas del NT de esta misa vespertina, Pablo (Rm 8,22-27) habla de "los
dolores de parto" de la humanidad y el papel del Espíritu, quien intercede
por nosotros con gemidos inefables. En el evangelio (Jn 7,37-39) Jesús promete
a los suyos que les enviará su Espíritu con la expresiva comparación de los
"torrentes de agua viva" que brotarán dentro del creyente.
Es interesante la
perspectiva. Pero nosotros aquí nos vamos a limitar a la reflexión y comentario
de la misa del día.
Misa
del día
Hechos
2, 1-11. Se llenaron todos de Espíritu Santo y
empezaron a hablar
La página de hoy
es continuación de la que leíamos el domingo pasado, en la fiesta de la
Ascensión, y nos narra el gran acontecimiento que supuso para la primera
comunidad la venida del Espíritu.
El episodio de
Pentecostés lo describe Lucas con el lenguaje de la teofanía del Sinaí: estando
todos reunidos, bajó sobre ellos el Espíritu, con viento recio y ruido y
lenguas de fuego. Aquí se confirmó y manifestó la nueva y definitiva Alianza
que Jesús había sellado con su Sangre en la cruz.
El primer efecto
del don del Espíritu es que empezaron a hablar en lenguas y, además, cada uno
de los oyentes, que en aquellos días eran muy numerosos en Jerusalén, y de
pueblos distintos, les oía hablar en su propia lengua.
El salmo es
de alabanza y entusiasmo: "bendice, alma mía, al Señor... Dios mío, qué
grande eres... gloria a Dios para siempre". Como antífona se nos hace
repetir una frase con clara visión del NT: "envía tu Espíritu, Señor, y
repuebla la faz de la tierra". Este es el mismo salmo que cantamos en la
Vigilia Pascual después de la lectura de la creación en el Génesis: el
Espíritu, que ya aleteaba sobre las aguas primordiales, "renueva ahora la
faz de la tierra" con la Pascua de Cristo.
1 Corintios 12,
3b-7.12-13. Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para
formar un solo cuerpo.
La segunda
lectura de hoy es de la lª carta a los Corintios, en el capítulo en que
describe los dones y carismas tan variados que hay en una comunidad griega como
la Corinto, famosa por su sabiduría y riqueza creativa. Pablo atribuye todos
estos dones al único Espíritu, que es el que tiene que mantener unida a la
comunidad.
El razonamiento
es sencillo: todos formamos un solo cuerpo en Cristo, hemos sido bautizados en
el mismo Espíritu y, por tanto, la diversidad de dones no tiene que romper la
unidad, sino edificar la única comunidad.
Juan 20, 19-23. Como
el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo.
Antes del
evangelio recitamos o cantamos la Secuencia de este día, 'Veni, Sancte
Spiritus", una antigua composición poética que es una oración muy sentida
dirigida al Espíritu Santo: "ven, Espíritu divino,... don en tus dones
espléndido... dulce huésped del alma... riega la tierra en sequía, sana el
corazón enfermo... danos tu gozo eterno".
El evangelio más
adecuado para hoy es ciertamente el de la aparición de Jesús a sus discípulos
la tarde del primer "domingo" cristiano, el mismo día de la
resurrección del Señor. Para Juan, la donación del Espíritu no parece haber
tenido lugar a los cincuenta días de la resurrección del Señor, sino el mismo
día de la Pascua, poniendo de relieve, por tanto, la unidad de todo el
misterio: la glorificación del Señor y el envío de su Espíritu.
Después del
saludo, "paz a vosotros", que llena de alegría al grupo de
discípulos, Jesús les envía como él había sido enviado por el Padre y, para que
puedan cumplir esta misión, les da su mejor ayuda, exhalando sobre ellos su
Espíritu, como hizo Dios al crear al primer hombre en el Génesis, diciendo:
"recibid el Espíritu Santo". En concreto, esta misión va a ser ante
todo la reconciliación: "a quienes les perdonéis los pecados, les quedan
perdonados".
El
don pascual del Resucitado: su Espíritu
El centro de
nuestra celebración es, naturalmente, el acontecimiento de Pentecostés. La
primera comunidad recibe de su Señor, como se lo había prometido, el mejor Don,
su Espíritu Santo, plenitud y complemento de la Pascua. Jesús sopló sobre sus
discípulos, diciendo: "recibid el Espíritu Santo".
El mismo que
resucitó a Jesús es el que ahora despierta y llena de vida a la comunidad
y la hace capaz de una insospechada valentía para la misión que tiene
encomendada. El libro de los Hechos nos ha contado el cambio radical que se dio
en la primera comunidad cuando bajó sobre ella el Espíritu. De una comunidad
muda la convirtió en evangelizadora. De una comunidad cobarde, en valiente. De
una comunidad cerrada, a una comunidad con las ventanas abiertas. El Espíritu
actúa así, llena por dentro y lanza hacia fuera: "se llenaron todos de
Espíritu Santo y empezaron a-hablar".
Es entusiasta el
lenguaje del prefacio de hoy agradeciendo a Dios Padre esta donación de su
Espíritu: a) El Espíritu es la plenitud de la Pascua: "para llevar a
plenitud el misterio pascual, enviaste hoy el Espíritu Santo sobre los que
habías adoptado como hijos tuyos por su participación en Cristo"; b) el
Espíritu anima y da vida a la comunidad: "Aquel mismo Espíritu que, desde
el comienzo, fue el alma de la Iglesia naciente", o como dice la oración
colecta: "por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia extendida
por todas las naciones"; c) también es quien actúa, con una proyección
misionera y universal, el proyecto de salvación: "el Espíritu que infundió
el conocimiento de Dios a todos los pueblos, que congregó en la confesión de
una misma fe a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas".
Nuestra
generación ha tenido la suerte de "redescubrir" al Espíritu y su
actuación. Se ha notado, sobre todo, a partir del Catecismo de 1992, en el que
él aparece como protagonista de toda la vida de la Iglesia, y en particular de
su celebración sacramental.
El
Espíritu sigue actuando hoy
En la oración
colecta le pedimos a Dios: "no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus
fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la
predicación evangélica".
En efecto, lo que
ha hecho el Espíritu en la historia ("in illo tempore") lo sigue
haciendo hoy ("hodie") en el mundo, en la Iglesia y en cada uno de
nosotros:
* él sigue siendo
el alma de la Iglesia, llenándola de sus dones y carismas, más todavía que en
la comunidad de Corinto: el Concilio, el Jubileo y tantos otros acontecimientos
eclesiales, universales o diocesanos, son en verdad señales de la activa presencia
del Espíritu en la animación de su comunidad;
• es él quien suscita y hace florecer tantas
comunidades cristianas llenas de fuerza, y anima tantos movimientos y renueva a
su Iglesia en tantos aspectos;
• el Espíritu de la verdad sigue influyendo en estos
últimos años para que se renueve en profundidad la teología, la comprensión del
misterio de Cristo;
• él sigue inspirando nuestra oración y guiando a la
Iglesia a renovar la celebración litúrgica, la oración personal y un
conocimiento más espiritual y profundo de la Palabra de Dios; como dice Pablo,
"nadie puede decir Jesús es Señor si no es bajo la acción del
Espíritu";
* él, el Espíritu
del amor, suscita y sostiene tantos ejemplos de amor, entrega y compromiso de
los cristianos en el mundo, a veces hasta el martirio, en defensa de la
justicia o de la vida o de la verdad;
• él, que en Pentecostés unió a los que "hablaban
en lenguas diferentes", es el que promueve también hoy iniciativas de
unidad interna y ecuménica, en línea con la diversidad de dones y ministerios
de que nos habla la carta a los Corintios.
También hoy, a
principios del siglo XXI, tenemos motivos claros para renovar nuestra profesión
de fe: "Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida". Le
seguimos necesitando.
Dejarnos
transformar por el Espíritu del Resucitado
Debemos
alegrarnos de este Don de Dios, plenitud de la Pascua. En nuestra oración,
solemos pedir a Dios paz, justicia, salud, libertad, perdón de nuestras faltas,
buenas cosechas del campo, éxito en nuestras empresas. Y Dios nos da... su
Espíritu, que es lo mejor, el que nos regala la verdadera paz y libertad y
éxito.
Pero, a la vez,
nos tenemos que dejar transformar por él y vivir según él. Le hemos pedido a
Dios insistentemente en el salmo responsorial que envíe su Espíritu y repueble
la faz de la tierra. Pentecostés es una gracia renovada, cada año, por la que
Dios quiere seguir renovando y purificando. El Espíritu es viento y aire, a
veces suave como una brisa, y otras, impetuoso y purificador. El Espíritu es
fuego, y el fuego calienta, ilumina, purifica y transforma en fuego todo lo que
toca.
La comunidad es
enviada por el Resucitado a una misión: para que sea luz y levadura, y anuncie
la Buena Noticia. Y a la vez le da la fuerza del Espíritu para que pueda
cumplir esa misión. Aquel puñado de primeros discípulos -el día de Pentecostés
eran ciento veinte- no parecían precisamente los más indicados para
revolucionar el mundo. Pero lo consiguieron.
El mismo Espíritu
que actuó en el seno de María de Nazaret y la hizo madre del Hijo de Dios, el
mismo Espíritu que actuó en el sepulcro de Jesús y lo resucitó a una nueva
existencia, el mismo Espíritu que bajó sobre la comunidad el día de
Pentecostés y la llenó de vida, es el que ahora quiere actuar en nosotros y nos
quiere transformar.
Sería bueno que
leyéramos despacio la secuencia de hoy, en la que pedimos directamente al
Espíritu que nos llene de su gracia, que encienda en nosotros el fuego del
amor, que envíe sobre nosotros su luz, que riegue nuestras sequías...
Una
comunidad orgánicamente unida y que habla lenguas
Sobre todo,
siguiendo la línea de pensamiento de Pablo, tendríamos que aprender y dejarnos
transformar por el Espíritu para llegar a ser una comunidad unida, dentro de
la pluralidad de sus ministerios, carismas y movimientos. Todos los dones que
puede haber en la Iglesia en general, y en cada comunidad en particular, son
dones de Dios, del Espíritu, y son "para el bien común". Esta unidad,
dentro de la diversidad, se debe a que "todos hemos bebido del mismo
Espíritu".
Ya sería un buen
fruto de nuestras siete semanas de Pascua si de ellas saliéramos con la
convicción de que todos somos hijos en la familia de Dios, y que nos
sintiéramos más dispuestos a colaborar orgánicamente en la tarea eclesial
común, con un espíritu más universal y acogedor, superando la diferencia de
edad o de cultura, de situación social o eclesial. A Pablo le gustaba la
comparación de una comunidad con el cuerpo humano, en el que los diversos
miembros cumplen una misión diferente, pero para bien de todo el organismo.
Si en Babel, en
la historia del AT, sucedió la gran confusión por la diversidad de lenguas,
Pentecostés se nos presenta en el NT como el anti-Babel, porque los apóstoles
hablan en lenguas, y los oyentes les entienden cada uno en su propia lengua.
Podríamos sentir
envidia de aquellos primeros discípulos que recibieron del Espíritu el don de
lenguas: hablaban, y todos sus oyentes, cada uno de procedencia distinta, les
entendían. Y así se experimentó que la salvación de Jesús es universal, para
todas las razas y naciones.
En Pentecostés
debemos dejarnos llenar del Espíritu, de su novedad, de su creatividad, de su
fuego, de su aire renovador, de sus sorpresas, de sus ideas nuevas, de sus
ventanas abiertas. Sin quedarnos anquilosados, instalados en costumbres viejas,
encerrados en unos esquemas. El Espíritu es siempre sorprendente. No hay
ordenador que lo pueda contener.
Una
Eucaristía siempre "pentecostal"
El Espíritu es
quien actúa cada vez en los Sacramentos, como ha hecho ver de modo más claro el
Catecismo de la Iglesia Católica (cf. CCE 1091 ss). En las lecturas de hoy se
nombra explícitamente al Espíritu en relación con el Bautismo (carta a los
Corintios) y a la Penitencia (evangelio: "recibid al Espíritu Santo, a
quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados").
De modo
particular en la Eucaristía invocamos su venida dos veces: sobre los dones del
pan y del vino, para que él los transforme en el Cuerpo y Sangre del
Resucitado; y luego sobre la comunidad que va a participar de estos dones, para
que también ella quede transformada en el Cuerpo único y sin división de Cristo
Jesús. Esta segunda invocación es claramente "pentecostal": lo que
sucedió a aquella primera comunidad cuando bajó sobre' ella la fuerza del
Espíritu es lo que tendría que suceder a cada una de las nuestras cuando
participa de la Eucaristía.
En la Eucaristía
pedimos como fruto específico de la comunión, que el Espíritu haga de nosotros
"un solo cuerpo y un solo espíritu", sin divisiones. El primer día de
Pentecostés unió a aquellos discípulos de Jesús. El de este año tendría que
ayudarnos a todos a superar diversidad de lenguas y formación, colaborando, con
una unidad interna, a la evangelización más animada de este mundo. En aquella
ocasión dice Lucas que "todos quedaron llenos de Espíritu y empezaron a
hablar". Nosotros, ciertamente, no debemos "apagar el Espíritu",
sino dejarnos llenar de vida por él.
LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)
PROPUESTA DE
CANTOS DE PENTECOSTES CICLO A 2026
DOMINGO DE
PENTECOSTES (24 DE MAYO)
01.- PENTECOSTES (Cesareo Garabain)
1.- El Espíritu de
Dios descenderá. (bis)
El Espíritu de Dios
nos llenará. (bis)
El Espíritu de Dios
(bis)
Ven Espíritu divino,
ven y llénanos.
2.- El Espíritu de
Dios nos quemará. (bis)
El Espíritu de Dios
nos cambiará. (bis)
El Espíritu de Dios.
(bis)
Ven Espíritu divino,
ven y cámbianos.
3.- El Espíritu de
Dios unirá. (bis)
El Espíritu de Dios
nos guiará. (bis)
El Espíritu de Dios.
(bis)
Ven Espíritu divino,
ven y guíanos.
El Espíritu de Dios
nos llenará.
02.- LLENANOS DE TI (Alfonso Luna)
HOY
VENIMOS A TU ALTAR,
TÚ
NOS MARCAS CON TU AMOR,
CONCÉDENOS
TU ESPÍRITU,
CONCÉDENOS
TU ESPÍRITU, SEÑOR,
Y
LLÉNANOS DE TI.
1.-
Tu amor nos empuja
a
ser testigos de tu amor;
el
pan de la Eucaristía
será
nuestra fuerza
para
ser testigos
de
tu Resurrección.
2.-
La mesa está servida
caliente
ya está el pan
y
envejecido el vino;
el
pan de la Eucaristía
será
nuestra fuerza
para
ser testigos
de
tu Resurrección.
03.- IGLESIA PEREGRINA (Cesareo Garabain)
Todos unidos formando
un solo cuerpo,
un pueblo que en la
Pascua nació;
miembros de Cristo en
sangre redimidos:
¡Iglesia peregrina de
Dios!.
Vive en nosotros la
fuerza del Espíritu
que el Hijo desde el
Padre envió,
Él nos empuja, nos
guía y alimenta:
¡Iglesia peregrina de
Dios!.
SOMOS EN LA TIERRA
SEMILLA DE OTRO
REINO,
SOMOS TESTIMONIO DE
AMOR,
PAZ PARA LAS GUERRAS
Y LUZ
ENTRE LAS SOMBRAS:
¡IGLESIA PEREGRINA DE
DIOS! (2)
Rugen tormentas y a
veces nuestra barca
parece que ha perdido
el timón,
miras con miedo, no
tienes confianza:
¡Iglesia peregrina de
Dios!.
Una esperanza nos
llena de alegría,
presencia que el
Señor prometió;
vamos cantando, Él
viene con nosotros:
¡Iglesia peregrina de
Dios!
Todos nacidos en un
solo bautismo,
unidos en la misma
comunión,
todos viviendo en una
misma casa:
¡Iglesia peregrina de
Dios!.
Todos prendidos en
una misma suerte,
ligados a la misma
salvación;
somos un cuerpo y
Cristo es la cabeza:
¡Iglesia peregrina de
Dios!.
04.- EL SEÑOR NOS LLAMA (Alberto Taule)
EL SEÑOR NOS LLAMA Y
NOS REÚNE,
SOMOS SU PUEBLO,
SIGNO DE UNIDAD.
ÉL ESTÁ, EN MEDIO DE
NOSOTROS:
SIRVE A LA MESA, NOS
REPARTE EL PAN.
Por todos los
caminos, nos sales al encuentro,
por todos hemos
visto, señales de tu amor.
Tu pueblo se reúne,
Señor, a bendecirte,
a celebrar con gozo
tu paso salvador.
Convocas a tus
fieles, nacidos de las aguas,
a festejar unidos, la
nueva creación.
La sala del banquete,
se llena de invitados,
estamos reunidos y en
medio está el Señor.
Revélanos al Padre,
oh Cristo, nuestra fiesta,
aumenta la esperanza,
de nuestro caminar.
Tu Espíritu divino,
nos dé la fortaleza,
los bienes que
esperamos, nos haga pregustar.
05.- SECUENCIA DE PENTECOSTES – VEN ESPIRITU DIVINO
Ven, Espíritu Divino
manda tu luz desde el
cielo.
Padre amoroso del
pobre;
don, en tus dones
espléndido;
luz que penetra las
almas;
fuente del mayor
consuelo.
Ven, dulce huésped
del alma,
descanso de nuestro
esfuerzo,
tregua en el duro
trabajo,
brisa en las horas de
fuego,
gozo que enjuga las
lágrimas
y reconforta en los
duelos.
Entra hasta el fondo
del alma,
divina luz y
enriquécenos.
Mira el vacío del
hombre,
si tú le faltas por
dentro;
mira el poder del
pecado,
cuando no envías tu
aliento.
Riega la tierra en
sequía,
sana el corazón
enfermo,
lava las manchas,
infunde
calor de vida en el
hielo,
doma el espíritu
indómito,
guía al que tuerce el
sendero.
Reparte tus siete
dones,
según la fe de tus
siervos;
por tu bondad y tu
gracia,
dale al esfuerzo su
mérito;
salva al que busca
salvarse
y danos tu gozo
eterno. Amén.
06.- BENDITO SEAS SEÑOR (F. Palazon)
BENDITO
SEAS, SEÑOR, POR ESTE PAN Y ESTE VINO
QUE GENEROSO NOS
DISTE, PARA CAMINAR CONTIGO,
Y SERÁN PARA NOSOTROS
ALIMENTO EN EL CAMINO.
1.- Te ofrecemos el
trabajo, las penas y alegrías,
el pan que nos
alimenta y el afán de cada día.
2.- Te ofrecemos
nuestro barro que oscurece nuestras vidas
y el vino que no
empleamos para curar las heridas.
07.- VEN ESPIRITU SANTO (Juan José López)
Rem Solm Rem
VEN ESPÍRITU SANTO,
LA# FA
SOLM
VEN A ILUMINAR
NUESTRAS INTELIGENCIAS
DO RE
Y A DEFENDERNOS DEL
MAL.
FA Solm
Tú, promesa del
Padre,
Rem DO FA
don de Cristo Jesús,
Rem Solm
ven y danos tu fuerza
DO Rem
para llevar nuestra
cruz.
FA Solm
Tú, llamado abogado,
Rem DO FA
nuestro consolador,
Rem Solm
ven, y habita en
nosotros
Rem Solm
por la fe y por el
amor.
Haz que cada
cristiano,
bajo tu inspiración,
sea testigo de Cristo
con la palabra y la
acción.
Guiados por el
Espíritu
hacia Cristo Jesús,
caminemos con júbilo
a la Ciudad de la
luz.
08.- SIEMPRE ES PENTECOSTES (Cesareo Garabain)
Cuando rezamos,
cuando cantamos,
cuando la fiesta es
un celebrar gozoso es
el día
grande: Pentecostés.
Cuando llevamos en
nuestras manos
un resplandor de luz
en nuestro pecho vive
y palpita,
el que murió en la
cruz. (2)
CUANDO EL SEÑOR,
ALIENTA EN NOSOTROS,
SIEMPRE ES
PENTECOSTÉS.
CUANDO EL AMOR, NOS
LANZA A LA VIDA,
SIEMPRE ES
PENTECOSTÉS.
Cuando queremos
comprometernos
en una misma fe,
una tarea, un
compromiso...
siempre es
Pentecostés.
Cuando decimos sí a
la Iglesia
con plena lucidez,
soplan de nuevo
vientos del cielo,
porque es
Pentecostés. (2)
Cuando los hijos ya
van creciendo
y dicen que quieren
ser
miembros de Cristo y
de su Iglesia,
siempre es
Pentecostés.
No nos separan
lenguas ni razas,
nuestra consigna es,
ser en el mundo un
testimonio,
porque es
Pentecostés. (2)
Cuando la fuerza que
estaba oculta
vence con su poder,
nuestros temores,
nuestro egoísmo,
siempre es
Pentecostés.
Cuando aceptamos ser
levadura
y llama que quiere
arder,
nos vinculamos más a
la Iglesia,
porque es
Pentecostés. (2)
09.- ESPIRITU SANTO VEN
RE Sim
ESPÍRITU SANTO, VEN,
VEN,
RE LA7
ESPÍRITU SANTO, VEN,
VEN,
MIM
ESPÍRITU SANTO, VEN,
VEN
LA7 RE
EN EL NOMBRE DEL
SEÑOR.
SOL LA7
RE Sim
Acompáñame,
ilumíname,
Mim LA7
RE
toma mi vida.
SOL LA7
RE Sim
Acompáñame,
ilumíname,
Mim LA7 RE
¡Espíritu Santo ven!.
Santifícame,
transfórmame,
Tú cada día.
Santifícame,
transfórmame,
¡Espíritu Santo, ven!
Resucítame,
conviérteme,
todos los días.
Glorifícame,
renuévame,
¡Espíritu Santo, ven!
Acompáñame,
transfórmame,
toma mi vida.
Ilumíname, condúceme,
¡Espíritu Santo ven!.
10.- ESPERANDO CON MARIA (Kairoi)
El Señor ha estado
grande, a Jesús resucitó,
con María sus
hermanos, entendieron qué pasó.
Como el viento que da
vida, el Espíritu sopló,
y aquella fe incierta
en firmeza se cambió.
GLORIA AL SEÑOR, ES
NUESTRA ESPERANZA,
Y CON MARÍA SE HACE
VIDA SU PALABRA.
GLORIA AL SEÑOR,
PORQUE EN EL SILENCIO,
GUARDÓ LA FE SENCILLA
Y GRANDE CON AMOR.
Pues sus ojos se
abrieron y también su corazón,
la tristeza fue
alegría, fue su gozo en el dolor.
Esperando con María
se llenaron del Señor,
porque Dios está
presente si está limpio el corazón.
Nuestro tiempo es
tiempo nuevo cada vez que sale el sol
y escuchamos su
Palabra, fuerza viva de su amor.
Que disipa las
tinieblas y aleja del temor.
Se hacen fuertes
nuestras manos
con la Madre del
Señor.
11.- REINA DE LOS APOSTOLES
REINA DE LOS
APÓSTOLES,
MADRE DE DIOS,
FORMA TÚ NUESTRA
MENTE Y VOLUNTAD,
Y NUESTRO CORAZÓN.
Cuando se fue Jesús,
tú te quedaste
al frente de la fe y
de la oración,
alentando la unión de
los discípulos
y esperando al
Espíritu que es Vida y es Amor.
Sigues, oh, Madre,
hoy viva en la Iglesia,
pendiente de quien va
firme al timón,
esperando, puntual,
con los que esperan
la llegada gozosa de
Cristo Redentor.
Siempre estuviste,
Madre, con Cristo,
y fuiste así quien
más Lo conoció.
Eres hoy para todos
la Puerta abierta
que conduce hasta
Cristo, Camino y Salvación.
Fuiste, María, el
primer apóstol
que al mundo le hizo
entrega del Señor.
Le enseñaste a
entregarse siempre a todos,
y de Él aprendiste lo
inmenso de su amor.
12.- A LA SOMBRA DE PEDRO
Con la sombra de
Pedro los enfermos se sanaban
Con la sombra de
Pedro los enfermos se sanaban
No era la sombra ni
tampoco Pedro,
No era la sombra ni
tampoco Pedro
Era porque Pedro
tenía el espíritu de Nazareno
Era porque Pedro
tenía el espíritu de Nazareno.
Nazareno, nazareno
espíritu de nazareno,
Nazareno, nazareno
espíritu de nazareno
Nazareno, nazareno
espíritu de nazareno,
Nazareno, nazareno
espíritu de nazareno
A que tú lo tienes
(yo lo tengo) a que tú lo tienes (yo lo tengo)
A que tú lo tienes
(yo lo tengo) a que tú lo tienes (yo lo tengo)
A que tú lo tienes
(yo lo tengo) a que tú lo tienes (yo lo tengo)
A que tú lo tienes
(yo lo tengo) a que tú lo tienes (yo lo tengo).
Fluye, fluye espíritu
santo fluye, fluye espíritu santo
Fluye, fluye espíritu
santo fluye, fluye espíritu santo
Este sí que da poder
este sí que da poder
Yo me siento en
Pentecostés de la cabeza a los pies.
Este sí que da poder
este sí que da poder
Yo me siento en
Pentecostés de la cabeza a los pies. (2X)
Fluye, fluye espíritu
santo……….
13.- VEN, VEN, VEN (Pedro Mario)
Ven, ven, ven.
Espíritu Divino,
SOL SI
ven, ven, ven,
acércate a mí. (bis)
SI7
MI LA7 RE
Apodérate, apodérate,
FA#7 SI
apodérate de todo mi
ser. (bis)
SI
FA#7 SI
Aquí se siente la
presencia de Dios. (bis)
SI7
MI LA7 RE
Siento el fuego del
Espíritu Santo. (bis)
SI
FA#7
Siento gozo, siento
paz,
SI
siento el amor que
Dios me da.
SI
FA#7 SI
Aquí se siente la
presencia de Dios. (bis)