COMENTARIO
En su diálogo con Martha, Jesús
pide un sí que es capital para nuestras relaciones con él: “Yo soy la
resurrección y la vida. El que tiene fe en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el
que está vivo y tiene fe en mí, no morirá nunca. ¿Crees esto?”. Como es lógico,
nos apresuramos a responder: ¡Tú eres la vida”! Pero. ¿Qué clase de vida?
Nosotros somos seres vivos. ¿Qué añade él a nuestra vida? En realidad, somos
pequeños vivientes, bajo la asechanza de la muerte. Jesús quiere hacer de
nosotros vencedores de la muerte. En el largo y dramático relato de la
resurrección de Lázaro, se evocan y se entremezclan tres tipos de muerte: la de
Lázaro, la de Jesús y la nuestra. Cuando emprende su ida a casa de Lázaro,
Jesús sabe que la muerte planea también sobre él: “Hace poco querían apedrearte
los judíos, ¿y vas a ir allí otra vez?”.
Cuando ve la enorme pena de María,
Jesús también se siente conmovido y apenado. Siente profundamente toda la
miseria de la condición humana, llora al amigo, comulga con la pena de sus
hermanas y piensa en su muerte que esta ya cercana. Nunca había estado tan
sumergido en nuestras tristezas. Los que estaban a su lado se dijeron: “Vean
cuanto quería a su amigo”. Pero también se extrañan, lo mismo que nosotros:
“¿Es este aquel hombre tan poderoso que decía: “Vengo a traerles la vida. Yo
soy la resurrección y la vida?”. No está al margen de nuestras penas, de
nuestros dramas ni hasta de la muerte como quiere Jesús hacernos vivir en
plenitud. En lo más profundo de esta miseria que él soporta con nosotros, va a
dar una señal esplendorosa de la vida que vence a la muerte. Se pone en pie y
grita: “¡Sal fuera!”.
Como siempre, ante un signo hemos
de comprender que se trata de un signo, es decir de una invitación a ir más
lejos. La resurrección de Lázaro es una victoria sobre la muerte, pero una
victoria provisional. Jesús no resucitará como Lázaro. ¡Es algo muy distinto!
Esta vez se tratará de una victoria total sobre la muerte. La entrada en una
vida “eterna”, no solamente en el sentido de ilimitada sino de vida distinta.
Humana, desde luego, pero con características y dimensiones diferentes. Esta
vida distinta es la que nos ofrece: ¡Enseguida! De ahí precisamente aquel: “he
venido para que vivan”. Y también aquella afirmación extraordinaria porque está
en presente: “Quién oye mi mensaje, posee vida eterna, ya ha pasado de la
muerte a la vida” (Jn 5, 24). Jesús fue “resurrección” para él y será
“resurrección” para nosotros. Acto de fe difícil, pero que todos hacemos. O que
no acabamos de ver bien es como Jesús es ya resurrección.
No son cosas fáciles de concebir.
Creemos que María, los santos pasaron de este modo inmediatamente de una pura y
luminosa vida de amor aquí abajo a la plenitud eterna, pero nosotros probablemente
arrastraremos hasta el final una vida mezclada de muerte, porque no abrimos
suficientemente nuestras compuertas a la vida de Cristo.
R.P. Roland Vicente
Castro Juárez
ANTIFONA
DE ENTRADA Sal 42,
1-2
Hazme justicia,
oh, Dios, defiende mi causa contra gente sin piedad; sálvame del hombre traidor
y malvado, porque tú eres mi Dios y mi fortaleza.
ORACION
COLECTA
Te pedimos, Señor Dios
nuestro, que, con tu ayuda, avancemos animosamente hacia aquel mismo amor que
movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo. Por
nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA
LECTURA
Lectura de la
profecía de Ezequiel 37, 12-14
Esto dice el Señor
Dios: «Yo mismo abriré sus sepulcros, y los sacaré de ellos, pueblo mío, y los
llevaré a la tierra de Israel. Y cuando abra sus sepulcros y los saque de
ellos, pueblo mío, comprenderán que soy el Señor. Pondré mi espíritu en ustedes
y vivirán; los estableceré en su tierra y comprenderán que yo, el Señor, lo
digo y lo hago —oráculo del Señor—.
SALMO RESPONSORIAL (129, 1-8)
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.
Desde lo hondo a ti
grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi
súplica. R.
Si llevas cuenta de
los delitos, Señor, ¿Quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así
infundes temor. R.
Mi alma espera en el
Señor, espera en sus palabras; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la
aurora. Aguarde Israel al Señor, como el
centinela la aurora. R.
Porque del Señor
viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus
delitos. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los
Romanos 8, 8-11
Hermanos: Los que están en la carne no pueden agradar a
Dios. Pero ustedes no están en la carne, sino en el Espíritu, si es que el
Espíritu de Dios habita en ustedes; en cambio, si alguien no posee el Espíritu
de Cristo no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está
muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justicia. Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de
entre los muertos habita en ustedes, el que resucitó de entre los muertos a
Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por el mismo Espíritu
que habita en ustedes.
ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Jn 11, 25a.26
Yo soy la resurrección y la vida —dice el Señor—; el
que cree en mí no morirá para siempre.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Juan 11,
1-45
Forma breve: Jn 11, 3-7.17.20-27.33b-45 {...}
En aquel tiempo, había caído enfermo un cierto Lázaro, de Betania, la
aldea de María y de Marta, su hermana. María era la que ungió al Señor con
perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro.
{Las hermanas le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, el que tú amas está
enfermo». Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no es para
la muerte, sino que servirá para
la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». Jesús amaba a Marta, a su hermana
y a Lázaro.
Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde
estaba. Solo entonces dijo a sus
discípulos: «Vamos otra vez a Judea»}. Los discípulos le replicaron: «Maestro,
hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver de nuevo allí?».
Jesús contestó: «¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día no tropieza, porque ve la
luz de este mundo; pero si camina de noche tropieza, porque la luz no está en
él». Dicho esto, añadió: «Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a
despertarlo». Entonces le dijeron sus discípulos: «Señor, si duerme, se
levantará». Jesús se refería a su
muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús
les replicó claramente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de que no
hayamos estado allí, para que crean. Y ahora vamos a su encuentro». Entonces
Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: «Vamos también nosotros
y muramos con Él».
{Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado}. Betania
distaba poco de Jerusalén: unos quince estadios; y muchos judíos habían ido a
ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano. {Cuando Marta se
enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en
casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi
hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».
Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta respondió: «Sé que resucitará en
la resurrección en el último día». Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la
vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree
en mí, no morirá para siempre. ¿Crees
esto?». Ella le contestó:
«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que
tenía que venir al mundo»}.
Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja:
«El Maestro está ahí y te llama». Apenas lo oyó se levantó y salió adonde estaba
él, porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún
donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa
consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron,
pensando que iba al sepulcro a llorar ahí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús,
al verlo se echó a sus pies diciéndole: «Señor, si hubieras estado aquí no
habría muerto mi hermano».
{Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la
acompañaban, se conmovió en su espíritu, se estremeció y pregunto: «¿Dónde lo
han enterrado?». Le contestaron: «Señor,
ven a verlo». Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo
quería!». Pero algunos dijeron: «Y uno que
le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».
Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad
cubierta con una losa. Dijo Jesús: «Quiten la losa». Marta, la hermana del
muerto, le dijo: «Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días». Jesús le
replicó: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?». Entonces
quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias
porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la
gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado». Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro,
sal afuera». El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara
envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo y déjenlo andar». Y muchos
judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús,
creyeron en Él}.
PLEGARIA
UNIVERSAL
Unámonos en oración pidamos la misericordia del
Señor, confiando en su infinita compasión.
1.- Para que el Redentor del mundo, que se entregó
a la muerte para dar vida a su pueblo, libere a la Iglesia de todo mal y la
fortalezca en su misión. Rogamos al Señor.
2.- Por los enfermos y los que sufren, para que
encuentren en Cristo consuelo, esperanza y sanación. Rogamos al Señor.
3.- Por los difuntos, especialmente aquellos que
han partido sin conocer a Cristo, para que puedan gozar de la vida eterna. Rogamos
al Señor.
4.- Por nuestra comunidad y familias, paraque con
sinceridad, arrepentimiento y vivamos apertura a la gracia de Dios. Rogamos
al Señor.
Señor Dios, gloria del hombre, que manifestaste tu
compasión en las lágrimas que tu Hijo derramó en la tumba de Lázaro, atiende las
súplicas de tu Iglesia y realiza tus planes según tu voluntad.
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Escúchanos, Dios todopoderoso, y, por la acción de este sacrificio, purifica
a tus siervos, a quienes has iluminado con las enseñanzas de la fe cristiana. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTIFONA DE
COMUNION Jn 11, 26
El que está vivo y
cree en mí no morirá para siempre, dice el Señor.
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Te pedimos, Dios
todopoderoso, que nos cuentes siempre entre los miembros de Cristo, cuyo Cuerpo y
Sangre hemos recibido. Él, que vive y
reina por los siglos de los siglos.
PALABRA DE
DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes 23: Dn13, 1-9.15-17.19-30.33-62; Sal 22,
1-3ª.3b-4.5.6; Jn 8, 1-11
Martes 24: Nm 21, 4-9; Sal 102, 2-3. 16-18.19-21; Jn 8, 21-30
Miércoles 25: La
anunciación del Señor: Is 7, 10-14; 8, 10; Sal 39, 7-11; Hb 10, 4-10; Lc 1, 26-38
Jueves26: Gn 17, 3-9; Sal 104, 4-5. 6-7. 8-9; Jn 8, 51-59.
Viernes 27: Jr 20, 10-13; Sal 17, 2-3ª.3bc-4. 5-6. 7; Jn 10,
31-42
Sábado 28: Ez 37, 21-28; Sal Jr 31, 10.11-1 2ab.13; Jn 11,
45-57
Domingo 29: Is 50, 4-7; Sal 21, 8-9. 17-18ª.19-20. 23-24; Flp
2, 6-11; Mt 26, 14—27,66)
COMENTARIOS AL EVANGELIO
Jn 11. 1-45
A la hora de
interpretar un texto del cuarto evangelio hay que tener en cuenta la peculiar
técnica de composición empleada por su autor: yuxtaposición de un doble plano,
de superficie y profundo. El plano de superficie es el de la dimensión empírica
de los acontecimientos: es el plano de los interlocutores de Jesús. El plano
profundo es el del significado que los acontecimientos encierran dentro de sí.
El significado nunca es empírico ni verbal; hay que descubrirlo y hacerlo
palabra y esto es obra del intérprete. En el cuarto evangelio Jesús se mueve
habitualmente en este plano profundo; sus palabras representan la labor
interpretativa y verbalizadora de Juan del significado de la persona de Jesús.
No son, pues, una reproducción del lenguaje materialmente empleado por Jesús,
ni deben situarse al mismo nivel que las palabras de los interlocutores; en
otras palabras: Jesús nunca habló como lo hace en el cuarto evangelio y, sin
embargo, es profundamente verdad todo lo que el "dice" en el cuarto
evangelio.
Una buena
metodología para entender un texto de Juan será, pues, separar los dos niveles
de lenguaje que en él se entremezclan. En el texto de hoy tendríamos las
siguientes secuencias. Nivel de superficie: vs. 1-3. 5-8. 12-13. 16-22. 24.
28-39. 41a. 43-45. Nivel de significado: vs. 4. 9-11. 14-15. 23. 25-27. 40.
41b-42.
v. 4: El
sentido de estas palabras no es inmediatamente evidente. Se esclarecerá más
adelante a través de la siguiente afirmación: "No hay amor más grande que
dar la vida por los amigos" (Jn 15.13). Juan puede poner legítimamente
esta afirmación en labios de Jesús, porque responde a algo concreto vivido por
Jesús. En efecto, la muerte de Lázaro va a ser el motivo determinante de que
Jesús vaya a Judea (Betania dista unos tres kilómetros de Jerusalén, v. 18).
Ahora bien, dadas las circunstancias (cf. vv. 8 y 16), Jesús no puede ir a
Judea sin grave riesgo para su vida.
La demora de
dos días en ir a visitar al amigo (v. 6) no obedece a una conciencia sabedora
de su poder; sería un juego sádico por parte de Jesús y no explicaría
adecuadamente su llanto posterior.
La demora tiene
otra explicación: el cerco mortal que los adversarios de Jesús han montado en
torno a Él. Por eso nos estremece tanto el llanto de Jesús por su amigo muerto:
expresión dramática de amor y confesión impotente de una forzada tardanza (v. 35;
cf. vv. 21 y 32). Pero el amor por su amigo puede más que el cerco y al fin
Jesús consigue burlarlo; aunque sólo momentáneamente, porque la visita la terminará
pagando con su propia vida (cf. Jn 11. 49-50/53). Para Jesús es más importante
un amigo que la propia vida. Esto lo demuestra prácticamente: desafía a la
muerte yendo a ver a Lázaro.
Ahora bien,
para Juan el amor constituye la esencia misma de Dios (cf. 1 Jn 4. 8); el amor
es la gloria de Dios. El desafío a la muerte que supone el ir a ver a Lázaro es
el timbre de gloria que manifiesta quién es Jesús. Ahora podemos entender el v.
4. La enfermedad de Lázaro no es para muerte, sino para manifestar palpablemente
la gloria de Dios, es decir, el amor que Dios tiene, revelado a través de su
Hijo (cf. v. 42). La visita a Lázaro es la ocasión de la glorificación de
Jesús, es decir, la ocasión que va a propiciar la posibilidad de amar
desafiando a la muerte. De ahí que en el cuarto evangelio la glorificación vaya
unida a la muerte; más aún, en la muerte consiste precisamente la glorificación
(cf. Jn 12. 24/27-28/32-33; 13. 31-32; 17. 1-2).
De esta manera,
el relato de la muerte y resurrección de Lázaro, Juan lo ha compuesto en clave
simbólica: Lázaro es símbolo de Jesús. Y lo que es más importante para el hombre:
Lázaro es símbolo de la destrucción del destino inexorable y de la fatalidad.
El hombre no es ya un ser para la muerte. El símbolo es una realidad en Jesús: Él
es la resurrección y la vida (v. 25). ¡Qué fantástico sería si a la pregunta
"¿Crees esto?", respondiéramos como Marta: "¡Sí, Señor: yo creo
que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo!"
(v. 27).
DABAR 1978/18
2.- MU/RS
Jesús inicia la
subida a Jerusalén que, sus discípulos ya lo saben, es una marcha hacia la muerte
(cf. Jn 7.1/8). Y no sin reticencia ni humor negro aceptan los discípulos el
seguir a Jesús en ese viaje (vv. 8/12/16) Pero Jesús quiere hacer comprender de
entrada a sus apóstoles incrédulos que esa subida a Jerusalén se terminará con
la victoria de la vida sobre la muerte y el don de la vida a través de la
muerte misma.
a). El relato
de la resurrección de Lázaro está pensado todo él como la más adecuada ilustración
de esa paradoja entre la vida y la muerte. Jesús espera a que su amigo enfermo
haya muerto realmente (vv. 5/17/39): quiere revelar así su imperio sobre la
muerte en el momento en que la muerte se va a apoderar de él. Otra paradoja es
el hecho de que el haber devuelto la vida a un muerto precipite su propia
muerte (v. 47).
b) Como sucede
siempre en san Juan, la obra realizada por Jesús está destinada sobre todo a
revelar su personalidad divina (tema de la gloria en el v. 40). El relato de la
resurrección de Lázaro no se sustrae a esa ley. Mientras que Marta cree sólo en
una resurrección al final de los tiempos (v. 24), Jesús revela que es Él mismo
esa resurrección (Yo soy:v. 25): no sólo ahora, sino sobre todo más tarde, en
el momento de su propia victoria sobre la muerte a la que, para Juan, le
prepara su divinidad.
c)El relato que
Juan hace de la reanimación de Lázaro está evidentemente compuesto con la
intención de prefigurar el drama pascual: en el deceso de su amigo Lázaro es la
muerte la que se presenta ante Jesús y este se "turba" ya como en
Getsemaní (v. 33). Pero los signos de la resurrección de Jesús están ya
reunidos en el relato de Lázaro: las lágrimas de María ante la tumba (v.33; cf.
Jn 20. 11), el sepulcro y la pesada piedra (vv. 38-40; cf. Jn 20. 1), las
vendas (v. 43; cf. Jn 20. 5), y sobre todo el hecho de que se hubiera
"dejado" a Lázaro irse (v. 44; cf. Jn 20. 17). S. Juan, que creyó
ante el sepulcro vacío de Pascua, descifra ya en la muerte y la reanimación de
Lázaro la Pascua de Jesús. Juan no nos ofrece el menor detalle sobre las
impresiones de Lázaro resucitado, sobre lo que ha podido ver en la muerte,
sobre lo que experimenta al ser devuelto (provisionalmente por lo demás) a la
vida terrestre. Esto no tiene para él interés alguno: no piensa en absoluto que
la vida cristiana sea una especie de estado paradisíaco prematuro concedido al
hombre por simple arbitrariedad de un Señor todopoderoso e independientemente
de toda decisión del hombre mismo.
Para Juan, las
"vueltas a la vida" operadas por Jesús son ante todo
"signos" de la actividad misma de Dios, que es vida, en el seno de
todas las actividades humanas, comprendida la muerte. La lectura del milagro de
la resurrección no tiene, pues, sentido, si no es animada por la intencionalidad
religiosa de la fe. Dentro de esta perspectiva interesa más saber quién es
Jesús que lo que fue de Lázaro; interesa más saber que en Jesús ha encontrado
Lázaro un medio de comulgar con la vida en el seno mismo de la muerte: en eso
radica la fe y ese conocimiento es muy distinto del que manifiestan Marta y
María cuando afirman su creencia en una resurrección escatológica.
MAERTENS-FRISQUE
- NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA III - MAROVA MADRID 1969.Pág. 199
3.- D/V.
El relato nos
presenta la acción significativa de un Dios que se manifiesta partidario de la
vida. Jesús se expresa como alguien tremendamente humano a quien un profundo
dolor le hace llorar.
Dios se duele
por la muerte de los hombres. Sin embargo, es frecuente que el hombre mate,
física o moralmente, en nombre de Dios. Las mismas personas que leían en la
sinagoga lo escrito por el profeta: "No quiero la muerte del pecador, sino
que se convierta y viva", mataban a pedradas a ciertos predicadores y,
sobre todo, a pecadoras. Al grito de ¡Dios lo quiere!, los cruzados de todos
los tiempos han practicado algo tan sin sentido como matar "en el nombre
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" a quienes llamaban infieles.
Así, el mártir Santiago se convierte en modélico "matamoros". Aún
hoy, podemos encontrarnos pidiéndole a Dios que baje cierto fuego del cielo
para castigar a sus enemigos, sin pensar que él no tiene enemigos, sino hijos.
Todavía seguimos usándolo como instrumento de dominio sobre los hijos o los
inferiores: el niño Jesús no haría eso, la voz del superior es la voz de
Dios...
EUCARISTÍA
1990/16
4.- NU/000002-DIAS MU/LIMITE.
La distancia y
el riesgo puede ser razón explicativa de la tardanza de Jesús en acudir a ver a
su amigo, pero no son razón para esperar "dos días", como se afirma
en el v. 6. Este v. es un caso concreto de formulación no empírica, sino
interpretativa.
Hace dos domingos
veíamos que Jesús se quedaba también "dos días" en el pueblo de los
samaritanos (Jn 4. 40). A continuación de esos dos días el autor presenta a
Jesús curando a una persona que está a punto de morir (Jn 4. 46-54). Los dos
días son un recurso del autor para poner a Jesús a las puertas del tercer día y
de lo que esta expresión significaba en la tradición cristiana cuando él
escribía su Evangelio. Jesús es lo que significa el tercer día, es decir,
resurrección, vida. Los dos días de espera no obedecen a la crónica de los
hechos, sino al quehacer teológico del autor.
-Gloria no
tiene en esta frase el sentido sociológico de la fama y honor resultantes del
hecho de resucitar a Lázaro, sino el sentido esencial de lo que son Dios y su
Hijo. El término castellano gloria está usado en el sentido etimológico del
término hebreo correspondiente y significa peso, consistencia. El autor quiere
que leamos este relato como una manifestación de lo que son en sí mismos Dios y
Jesús, una manifestación de lo que es su esencia de personas y que como tal les
caracteriza. En otras palabras, el relato quiere poner de manifiesto que Dios y
Jesús son vida.
El diálogo de
Jesús con sus discípulos en los vs. 7-16 es el primer acto de la manifestación.
Un acto en el que coexisten, sin invalidarse mutuamente, los dos niveles de la
realidad: el empírico (Lázaro ha muerto) y el profundo (Lázaro está dormido).
Crudeza y dulzura. Un acto en el que, decidiendo acudir a donde está Lázaro, el
portador de vida sume la posibilidad de su propia muerte.
El segundo acto
es el diálogo de Marta y de Jesús (vs. 17-27). El acto se abre con la crudeza
de lo empírico. Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Y
con la muerte, la tristeza y la solidaridad humanas ante lo inevitable. En este
contexto Marta representa lo máximo a lo que un creyente judío podía llegar: la
fe en una resurrección al final de los tiempos.
Marta cree, en
definitiva, que lo inevitable no es definitivo, pero su perspectiva es a largo
plazo, en el futuro. Es en estas coordenadas cuando suena nítida la frase: Yo
soy la resurrección y la vida. En esta frase nada es futuro: todo es presente,
con la presencia empírica y constatable de la persona que la pronuncia.
El futuro del
que habla Marta se adelanta y se acerca al presente hasta hacerse uno con él.
Yo soy la resurrección y la vida. Aquí no hay ya espera, sólo hay
acontecimiento. ¿Crees esto? Es la pregunta crucial del relato. El tercer y
definitivo acto es la realización de lo formulado verbalmente en los dos anteriores,
la verificación de las palabras de Jesús. Retorna al esquema narrativo de salir
de algo para acudir a donde está Jesús, que veíamos hace dos domingos. Retorna
el caso del invidente del domingo pasado. Da la sensación que el autor quiere
hacer confluir aquí todo lo escrito con anterioridad. Aquí están efectivamente
los judíos y los discípulos, es decir, dos personajes clave en la obra. Aquí
están, sobre todo, Jesús y el Padre. Es el momento culminante en lo que
llevamos de Evangelio. La reiterada conmoción de Jesús así lo resalta. Es la
única vez que aparece este dato en todo el cuarto evangelio. La crudeza de lo
empírico es tan total que se hace llanto en el portador de vida. Pero con el
mismo realismo de lo empírico emerge lo que Jesús y el Padre son y transmiten:
Lázaro vive.
Comentario: No
nos hallamos ante un texto prepotente, sino ante un texto indefenso, con la
indefensión de quien pregunta. ¿Crees esto? El texto nos dice que Dios es vida
en el sentido más literal del término y que esta vida la hace creíble Jesús.
¿Crees esto? El texto es fundamentalmente una invitación a ir al encuentro de
Jesús y a descubrir la realidad plena de su persona. Sí, Señor: yo creo que tú
eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. Tres facetas diferentes
de la persona de Jesús. Sólo después del encuentro con Jesús podremos entender
una frase tan inaudita como la siguiente: no morirnos nunca. Entenderla y tener
certeza de ella. ¿Crees esto? El texto no niega nada de la realidad; sencillamente
ahonda en ella y amplía su alcance allí donde éste parece tener un límite: la
muerte. El texto no niega la muerte: sencillamente afirma que la muerte no es
el límite de la realidad humana. ¿Crees esto? Sal al encuentro de Jesús y
descubrirás que todo es real y verdadero.
DABAR 1990/21
5.- FE/RS.
Como a Marta,
me queda una etapa por franquear. Sé muy bien por todo lo que he aprendido, que
resucitaremos en el último día. Ante el sufrimiento y la muerte, puedo apoyarme
en el dogma; puedo recitar mi catecismo, como lo recita Marta: "Le dice
Jesús: Tu hermano resucitará. Le respondió Marta: Ya sé que resucitará en la
resurrección, el último día", pero el dogma no me aporta nada si no
descubro que la resurrección no es un momento en el tiempo sino que es alguien.
"Jesús le respondió: Yo soy la resurrección". Comprendo entonces que
puedo sobrevivir más allá de la muerte si existe otro, eterno, que me ame con
un amor tan grande que me acoja en él. Sólo puedo ser inmortal en Dios porque
Dios es amor. "El que cree en mí, aunque muera vivirá; y todo el que vive
y cree en mí, no morirá jamás, ¿crees esto?".
ALAIN
GRZYBOWSKI - BAJO EL SIGNO DE LA ALIANZA - NARCEA/MADRID 1988.Pág. 95
6.- J/V
Sería
desconocer lo más elemental del cuarto evangelio quedarse en la simple consideración
de la escena como tal. El evangelista ha seleccionado este gesto de Jesús para
acentuar lo que en el signo se halla significado. No se trata simplemente de
afirmar el poder de Jesús sobre la muerte. La enseñanza va en la dirección siguiente:
los discípulos, los creyentes, se hallan tan íntimamente unidos a Cristo que ni
la muerte puede separarlos. Dicho con las palabras del evangelista: el creyente
no morirá para siempre. Esta enseñanza se halla concentrada en la conversación
entre Marta y Jesús cuando dice: Yo soy la resurrección y la vida.
Precisamente
por eso, la resurrección de Lázaro no puede ser considerada simplemente como un
milagro realizado por Jesús, sino como un signo que demuestra el poder eficaz
de la fe: el resultado de la fe es la posesión de la vida eterna ya en el
momento presente, por parte del creyente. No es necesario esperar hasta el
"último día" para la posesión de la vida eterna, como lo pensaba
Marta participando de la creencia del judaísmo.
El significado
que acabamos de apuntar no se halla condicionado por la historicidad de lo
ocurrido en aquel pequeño pueblo llamado Betania. Pero, por otra parte, es
imprescindible remitir a las resurrecciones enumeradas por los Sinópticos (Mc
5. 15ss; Lc 7. 11ss.). Más aún, Juan no hubiese recordado la historia si no
hubiese creído que había tenido lugar. Y ello porque su convicción más profunda
es que el Verbo se hizo hombre y manifestó su gloria en sucesos históricos. No
se trata, por tanto, de una simple alegoría inventada en función de una
enseñanza.
En esta
historia, como es habitual en el cuarto evangelio, se recurre con frecuencia a
la ambigüedad de las afirmaciones. Por ejemplo: esta enfermedad no es para la
muerte. Lázaro, sin embargo, murió. Pero se halla latente otro pensamiento: la
muerte no tendrá poder sobre él, cuando Jesús haga acto de presencia en
Betania. Jesús se presenta como la vida desafiando la muerte y venciéndola en
su terreno, en un hombre del que ya se había adueñado.
El pensamiento
del evangelista no se agota ahí. La resurrección de Lázaro provoca en los
enemigos de Jesús el deseo y la decisión de darle muerte. Matar al que es capaz
de dar la vida a un muerto arrancándolo del sepulcro.
Otra ambigüedad
tenemos en el uso que se hace de la palabra "sueño" (vv. 11ss.). Los
discípulos no entienden este lenguaje ambiguo: el sueño significaba la muerte;
el despertarlo, significaba la resurrección. Notemos, finalmente, la aparición
de las dos clases de escatologías: la futurista, representada en las palabras
de Marta, "resucitará en el último día", y la realizada, aunque no
final, que se halla provocada por la presencia de Jesús y su fe en él.
COMENTARIOS A
LA BIBLIA LITURGICA NT - EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1512
7.- Marta y
María anuncian a Jesús que su amigo Lázaro está enfermo. Jesús responde que
esta enfermedad no es para la muerte, sino para que en ella se manifieste la
gloria de Dios. Con estas palabras alimentaba en las dos hermanas la esperanza
de una posible curación milagrosa. Además, revela el propósito de querer dar
una prueba ostensible de su misión divina.
Marta cree que
Jesús puede curar a los enfermos sólo con su presencia, por eso se lamenta
ahora de que llegue después de haber enterrado a su hermano. Cree también en
general que Dios escucha siempre la oración de Jesús y que Dios puede resucitar
a los muertos. Con todo, la respuesta de Jesús es tan sorprendente que Marta
piensa que Jesús se refiere a la resurrección de los muertos al fin de los
tiempos. En esa resurrección creían todos los judíos con la sola excepción de
los saduceos (Mt 22, 23).
Jesús dice que
él mismo es "la resurrección y la vida"; es decir, que tiene poder
para resucitar y dar la vida a cuantos crean en él. Los que creen en Jesús
viven ya ahora la "vida eterna", y no morirán para siempre. Esta vida
es un don que no puede arrebatar al creyente la muerte corporal. Por lo que la
muerte, toda muerte, ya ha sido vencida y ha perdido su virulencia. La muerte
de los que creen en Jesús es el paso necesario para que se manifieste plenamente
en ellos la vida que ya han recibido.
Marta no puede
comprender todo lo que escucha, pero cree que Jesús es el mesías. Esto le basta
para aceptar cuanto le dice. Esta oración de acción de gracias presupone otra
de petición. Jesús oró de las dos maneras, pidiendo y dando gracias al Padre.
Pero la oración de Jesús difiere en un punto esencial de la que nosotros
hacemos: Jesús tiene conciencia de su íntima y singularísima unión con el Padre
(cf. 10, 30) y sabe que su oración es, por ello mismo, escuchada; además, Jesús
pide siempre que se haga la voluntad del Padre, es para que todos cuantos vean
después el milagro crean que él es el enviado del Padre.
El milagro es
siempre milagro para la fe, para que los hombres crean y tengan vida creyendo.
Pero no todos los que vieron creyeron. Algunos de los testigos fueron enseguida
a contar lo sucedido a los fariseos, los enemigos de Jesús. Y éstos decidieron
acabar con él.
En la dura
lucha que Jesús mantuvo contra la incredulidad de los judíos su última palabra
fue ésta: "Yo soy la resurrección y la vida". En torno a esta palabra
se cuenta la resurrección de Lázaro, la señal más portentosa y la explicación
visible de lo que Jesús es para todos los que creen en él. Cualquiera que sea
la fuente de esta narración, Juan la sitúa en su evangelio dentro de un
contexto polémico. Por eso no se trata simplemente de un milagro para socorrer
la necesidad de una vida abandonada (como en Naím) o atender las súplicas de un
padre afligido (Jairo), sino de una demostración pública y solemne de la verdad
de Jesús y en un momento crítico y definitivo. No es casual que en el mismo
instante en el que el Hijo de Dios manifiesta de forma suprema su poder como
autor de la vida, los incrédulos decidan su muerte y tomen las medidas
necesarias para realizar su crimen.
EUCARISTÍA
1981/17
8.- Lázaro era
el pobre, el desposeído de todo, privado de la gracia, privado de la vida,
privado del Padre celestial. Se hallaba en el pecado, en la muerte, en la
sepultura. No era sólo el leproso, no era sólo el hambriento; era, incluso, el
alimento de los gusanos; se encontraba en el reino de la muerte y de la
corrupción, en el hedor de la putrefacción. Lázaro, el desposeído de todo, el
hombre en el pecado. Adán después de la caída, el género humano que suspira por
la redención.
EMILIANA LÖHR -
EL AÑO DEL SEÑOR - EL MISTERIO DE CRISTO EN EL AÑO LITURGICO I EDIC.GUADARRAMA
MADRID 1962.Pág. 402
9.- Cristo convierte
en realidad la metáfora de Ezequiel. Cristo pasó por la vida abriendo sepulcros
y resucitando muertos. Todo tipo de muertos. El es la Resurrección. Un cuadro
plástico inmortal: Vida y Muerte enfrentados en el sepulcro de Lázaro. Un signo
concentrado de esa interminable partida de ajedrez entre la muerte y la vida.
¿Qué hay que destacar más en Jesús: sus gestos humanos o su poder divino? Jesús
es el que llora por un amigo y es el "Yo soy". ¿Quieres ser amigo de
Jesús, el que abre los sepulcros? Pues sólo te pide una cosa: creer.
CARITAS - LA
MAS URGENTE RECONVERSION - CUARESMA 1984.Pág. 59
10.- Cristo convierte
en realidad la metáfora de Ezequiel. «Yo mismo abriré tu sepulcro», amigo mío;
yo te rescataré del lugar de los muertos; yo te llenaré de espíritu de vida; yo
venceré tu muerte; yo derrotaré toda muerte. En un cuadro plástico de gran
belleza, se nos pinta la Vida y la Muerte enfrentados en el sepulcro de Lázaro.
La resurrección del amigo es parábola y profecía de futuras victorias sobre
todo tipo de muertes: Cristo ha venido para que «tengamos vida y la tengamos en
abundancia» y la tengamos para siempre. Él nos repite: «Amigo mío, pueblo mío,
yo abriré vuestros sepulcros»; yo abriré todos los sepulcros. En la narración
evangélica no sabemos qué admirar más en Jesús: sus sentimientos humanos o su
poder divino, al Jesús que llora o al que se proclama «resurrección y vida».
Ambas dimensiones nos convencen de su verdad.
CARITAS - LA
MANO AMIGA DE DIOS - CUARESMA Y PASCUA 1990.Pág. 100
DOMINGO 5 DE
CUARESMA
Seguimos los pasos de Cristo, vida del mundo
Estamos
a dos semanas de la Pascua. El domingo próximo ya será Domingo de Ramos, la
puerta de la Semana Santa. Las lecturas de hoy nos preparan muy bien a la
Pascua: nos ayudan a fijar nuestros ojos en Jesús, en su camino hacia la cruz y
hacia la vida nueva. Como dice el prefacio V de Cuaresma, "en nuestro
itinerario hacia la luz pascual, seguimos los pasos de Cristo, maestro y modelo
de la humanidad reconciliada en el amor".
En
la serie de etapas salvíficas de la historia del AT llegamos hoy a la figura de
los profetas, don eximio de Dios a su pueblo. En concreto, el profeta Ezequiel.
Mientras que en el evangelio leemos la resurrección de Lázaro, donde Jesús se
revela a sí mismo como la vida del mundo, después de haberse manifestado en
domingos pasados como la fuente de agua viva y como la luz.
Hoy
las tres lecturas bíblicas apuntan al mismo y gozoso mensaje: la vida. Tanto
Ezequiel para su pueblo, como Pablo para sus lectores como, sobre todo, el evangelio
con el relato de Lázaro, nos aseguran que nuestro destino es la vida.
Ezequie137, 12-14. Os infundiré mi espíritu y viviréis
A
los profetas les escuchamos muchas veces a lo largo del año. Pero hoy nos
fijamos sobre todo en el don tan valioso de Dios que supuso el ministerio de
los profetas en los diversos períodos de la historia de Israel.
Como
representante de estos profetas se ha elegido a Ezequiel, un profeta muy
singular, lleno de fantasía, con un lenguaje cargado de simbolismos. Era
sacerdote en Jerusalén cuando, junto con otros muchos israelitas, fue deportado
a Babilonia. Allí compartió con su pueblo la experiencia de este desastre
nacional, en el siglo VI antes de Cristo.
De
Ezequiel leemos, no el famoso oráculo de los huesos que revivirán, sino unas
palabras esperanzadoras para los desterrados: "abriré vuestros sepulcros
y os traeré a la tierra de Israel... os infundiré mi espíritu y viviréis".
Palabras que se corresponden muy bien con el evangelio de la resurrección de
Lázaro.
Con
razón podemos cantar con el salmo que "del Señor viene la
misericordia y la redención copiosa". Es el famoso salmo "De
profundis", que asociamos instintivamente al recuerdo de los difuntos, y
que es un salmo de esperanza confiada: "mi alma espera en el Señor, más
que el centinela la aurora".
Romanos
8, 8-11. El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos
habita en vosotros
El
capítulo 8 de la carta a los Romanos es una catequesis muy densa del
protagonismo del Espíritu en la vida de una comunidad cristiana. A Pablo le
gusta distinguir el binomio "carne - espíritu", no como elementos
constitutivos de la persona humana, sino como dos dinamismos que actúan en
ella y tiran de ella hacia ámbitos distintos. Vivir en la carne es vivir según
la mentalidad meramente humana. Vivir en el Espíritu es dejarse llevar por la
fuerza salvadora de Dios y sus criterios de vida.
Las
afirmaciones que leemos hoy son ciertamente valientes y nos ofrecen una
perspectiva optimista: "si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre
los muertos (o sea, el Espíritu de Dios Padre) habita en vosotros... vivificará
también vuestros cuerpos mortales". Es una página que nos prepara a
escuchar el evangelio de la resurrección de Lázaro, que es también el destino
que nos espera a todos los que creemos y seguimos a Cristo.
Juan 11, l-45. Yo soy la resurrección y la vida
La
resurrección de Lázaro fue el último de los grandes "signos" de
Jesús, que aceleró su muerte, por la reacción de sus adversarios. El
evangelista Juan, como leíamos en los domingos anteriores, elabora una
progresiva "catequesis" cristológica, esta vez bajo la clave de la vida.
El milagro en sí ocupa pocos versículos. Pero Juan lo hace preceder de un
diálogo muy vivo entre Jesús y las hermanas de Lázaro.
Todo
desemboca en el "yo soy" de Cristo, que se nos había presentado ya
como "fuente de agua viva" y como "luz del mundo": hoy se revela
como "la resurrección y la vida".
Convendrá
leer el evangelio entero, expresivamente, porque todo él está lleno de
intención teológica y espiritual.
Cristo, la Vida
La
tercera de las "revelaciones" cristológicas de estos domingos
-después de la clave del agua y la de la luz- es también la más decisiva y
profunda. Antes de su Pasión, Jesús resucita a Lázaro y se presenta a sí mismo
como "la resurrección y la vida" para la humanidad.
Ya
en el prólogo de su evangelio, Juan nos decía que "en él estaba la vida y
la vida era la luz de los hombres". Pero hoy, en su diálogo con las
hermanas de Lázaro, afirma más insistentemente: "yo soy la resurrección y
la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá".
El
prefacio de hoy da gracias a Dios porque Cristo, su Hijo, además de resucitar a
su amigo Lázaro "como Señor de la vida", y ahora "extiende su
compasión a todos los hombres y por medio de sus sacramentos los restaura a una
vida nueva".
Dios quiere abrir sepulcros
También
ahora necesitamos todos, como personas y como comunidad, oír las palabras de
esperanza pascual y de vida que rezuman los textos de hoy. Porque podemos
sentir la tentación del desánimo o de la impotencia ante un mundo que puede
parecemos que no tiene mucho futuro, o ante una comunidad eclesial poco viva y
creativa, o ante personas determinadas -nuestra comunidad cristiana, o nosotros
mismos- que pueden presentar síntomas de cansancio y hasta de muerte.
Los
tres evangelios "bautismales" de estos domingos parece como si quisieran
presentarnos los diversos estados deficitarios de la humanidad: la situación
problemática de la mujer samaritana, una persona con sed, y no sólo de agua; la
situación lastimosa del ciego de nacimiento, condenado a una oscuridad total y
perpetua; y ahora la situación de Lázaro, todavía más radical: la muerte. Un
sepulcro es la imagen más clara de la no-vida, y no favorece precisamente la
esperanza.
Pero
Dios nos invita a la esperanza. Por medio de Ezequiel, de Pablo y, sobre todo,
de Cristo Jesús.
En
Ezequiel, hoy hemos escuchado palabras muy esperanzadoras: "abriré
vuestros sepulcros... os infundiré mi espíritu y viviréis". Dios es Dios
de vida. Sus planes no son de muerte, sino de vida.
Para
Pablo también nosotros, si vivimos en el Espíritu, estamos destinados a que
nuestros cuerpos mortales sean vivificados.
Pero
es en Jesús donde más expresivamente manifiesta y realiza Dios su plan de
resurrección y vida. El evangelio describe al cadáver de Lázaro "en una
cavidad cubierta de una losa... los pies y las manos atadas con vendas".
¿Puede ser hoy el retrato de una persona o de una comunidad
"muertas"? Pero llega Jesús, que dice escuetamente "quitad la
losa", y a continuación "grita con voz potente: Lázaro, ven afuera...
desatadlo y dejadlo andar". Es la mejor imagen de un Dios que, por medio
de su Hijo, quiere abrir sepulcros y resucitamos a la vida, en la Pascua de
este año.
Lázaro,
por una parte, es como la figura anticipada del mismo Jesús que dentro de unos
días saldrá victorioso del sepulcro, liberado, para siempre, de las ataduras de
la muerte (mientras que Lázaro resucitó sólo para un tiempo). Y, por otra,
también es la figura y ejemplo de cómo nosotros, en la Pascua, somos invitados
a abandonar nuestros sepulcros, con la fuerza de Dios.
Es el Espíritu quien da la vida
Pero
este paso a la vida será posible sólo por el Espíritu de Dios. Pablo nos ha
dicho que si ese Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos
"habita en nosotros", nos resucitará también a nosotros. Ese es el
programa que Dios .tiene para la Pascua.
En
la profesión de fe de nuestro Credo afirmamos del Espíritu Santo que es
"Señor y dador de vida". Es él quien nos transmite la vida nueva de
Cristo, su gracia, su amor, sus sacramentos, la fuerza de la Palabra. Quiere
realizar en nosotros lo mismos que en Pentecostés, cuando transformó y llenó de
vida a la primera comunidad, y de comunidad muda la hizo comunidad
evangelizadora, y a personas cobardes las llenó de ánimos para anunciar
valientemente a Cristo, y a un grupo encerrado por miedo le hizo abrir los
balcones y manifestarse ante el pueblo y las autoridades.
Si
nos sentimos movidos por el Espíritu de Cristo, y es él quien anima nuestra oración,
nuestra caridad, nuestra alegría, nuestra esperanza, superaremos toda muerte,
toda anemia espiritual, todo pesimismo y desaliento.
El
domingo pasado podíamos pensar que "hay ciegos y ciegos": ciegos
físicos y ciegos morales. También hoy podemos afirmar que "hay muertos y
muertos". Hay personas que parecen vivas, y ofrecen una fachada llena de
éxitos y efectos y, sin embargo, están muertas. A algunos les atenaza el miedo,
a otros la pasión, la ignorancia.
Una
vez más escuchamos la buena noticia de que la muerte no es la última palabra.
No sabemos explicar cómo será esa "vida nueva". Pero estamos seguros
y confiados en la palabra de Jesús: "el que cree en mí, aunque haya
muerto, vivirá... no morirá para siempre". Es hermoso recordar lo que dijo
el P. Arrupe, un poco antes de su muerte: "la muerte para un cristiano es
el último amén de su vida y el primer aleluya de su vida
nueva".
La Eucaristía, garantía y semilla de vida
La
Eucaristía es semilla, anticipo y garantía de vida.
El
Señor Resucitado, que ya está en la escatología, en la vida definitiva, se
apodera de ese pan y ese vino que traemos en el ofertorio al altar, y entonces,
identificado radicalmente con esos dos elementos, se nos da a nosotros,
comunicándonos así su vida escatológica. Por eso nos dijo, según Juan, en su
"discurso del Pan de vida": "el que come mi Carne y bebe mi
Sangre tiene vida... yo le resucitaré el último día... Como yo vivo por el
Padre, así el que me coma vivirá por mí".
Estamos
en primavera, que ve brotar con nuevo brío la vegetación. Estamos a punto de
entrar en la Pascua, que es vida nueva para Cristo y para nosotros. La Pascua
de este año debería ser una primavera espiritual en la que estemos todos
sumergidos. Dios quiere ayudarnos a pasar a una vida más abundante en cada Eucaristía.
Y, de un modo especial, en la Pascua próxima.
El
mensaje de este domingo es en verdad esperanzador. Para Israel. Para Lázaro.
Para Cristo. Para nosotros. Eso significa la Pascua. Eso significa el Bautismo,
que nos sumergió ya desde el principio, con Cristo, en su muerte y en su vida.
Nosotros, que creemos en Cristo resucitado, no podemos vivir sin esperanza. No
hay tumba que se resista a ese Espíritu vivificador que está dispuesto a
repetir el portento de la Pascua con nosotros.
¿Se
va a notar en nosotros, en nuestras personas y en nuestras comunidades, una
vida más floreciente, más pascual? ¿se va a notar que el Espíritu del
Resucitado nos comunica su energía, su novedad, su libertad, su alegría, su
vida? ¿o seguiremos igual de perezosos, o conformistas, o instalados en una
estéril mediocridad? ¿o, peor aún, encerrados en el sepulcro sin darnos cuenta
nosotros mismos que estamos muertos?
Tendremos
que oír la voz imperiosa de Jesús: "sal fuera".
PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO V CUARESMA CICLO A 2026
DOMINGO V DE CUARESMA
“YO SOY LA RESURRECCION Y LA VIDA”
039.- HACIA TI MORADA
SANTA (Kiko Arguello).
HACIA TI, MORADA SANTA,
HACIA TI TIERRA DEL SALVADOR,
PEREGRINOS, CAMINANTES,
VAMOS HACIA TI.
Venimos a tu mesa, sellaremos tu pacto,
comeremos tu carne, tu sangre nos
limpiará.
Reinaremos contigo en tu morada santa,
beberemos tu sangre, tu fe nos salvará.
Somos tu pueblo santo, que hoy camina
unido,
Tú vas entre nosotros tu amor nos
guiará.
Tú eres el camino, Tú eres la
esperanza,
hermano de los pobres, Amén. Aleluya.
040.- PAN Y VINO DE AMOR
(Autor: Brotes de Olivo)
En la tierra la sembró el sembrador,
la semilla de tu pan, Señor.
Y después el viñador trabajó en buena
lid,
y las tierras ven crecer las espigas y
la vid (2)
El trigo se molió en el molino
rompiendo su cuerpo como tú.
La uva la pisó el hombre en el lagar,
igual que tú te dejaste pisar.
Y ahora, convertido en pan y vino,
tu pueblo lo ofrece en tu altar.
Conviértelos, oh, Dios, son frutos de
tu amor,
en tu Cuerpo y Sangre, Señor (2v).
041.- DIOS ES FIEL (Autor:
Alberto Taule).
Dios es fiel, guarda siempre su
Alianza,
libra al pueblo de toda esclavitud.
Su Palabra resuena en los profetas
reclamando el bien y la virtud.
Pueblo en marcha por el desierto
ardiente:
horizontes de paz y libertad.
Asamblea de Dios eterna fiesta;
tierra nueva perenne heredad.
Si al mirar hacia atrás somos tentados
de volver a Egipto seductor,
el Espíritu empuja con su fuerza
a avanzar por la vía del amor.
El maná es un don que el cielo envía,
pero el pan hoy se cuece con sudor.
Leche y miel nos dará la tierra nueva
si el trabajo es fecundo y redentor.
Y Jesús nos dará en el Calvario
su lección: «Hágase tu voluntad».
Y su sangre, vertida por nosotros,
será el precio de nuestra libertad.
042.- YO SOY EL PAN DE
VIDA
Yo soy el Pan de vida
El que viene a mí no tendrá hambre
El que cree en mí no tendrá sed
Nadie viene a mí, si el Padre no lo
llama.
“YO LO RESUCITARE, YO LO RESUCITARE
YO LO RESUCITAREE, EL DÍA DE EL.”.
El Pan que yo daré,
es mi Cuerpo, vida del mundo.
El que coma de mi carne tendrá vida
eterna,
tendrá vida eterna.
Mientras no comas
el Cuerpo del hijo del hombre,
y bebas de su sangre, y bebas de su
sangre,
no tendrás vida en ti.
Yo soy la resurrección. Yo soy la vida.
El que crea en mi aunque muriera
Tendrá vida eterna tendrá vida eterna.
044.- LLAGA
Busco
yo no sé qué busco creo que es un rostro que una vez perdí,
siento,
siento una nostalgia de algo que me falta desde que nací.
LLAGA,
LLAGA SIEMPRE ABIERTA LLENO DE VACÍO ESTOY.
Llaga
soy todo una llaga que tan sólo al verte cicatrizará.
Nombre
yo no sé tu nombre, pero sé que rondas muy cerca de mí.
Llaga......
Río,
soy un río turbio y tú, mar inmenso Guíame hacia Ti
045.- DOLOROSA
DOLOROSA, DE PIE JUNTO A
LA CRUZ, TU CONOCES NUESTRAS PENAS, PENAS DE UN PUEBLO QUE SUFRE (2).
Dolor de los cuerpos que
sufren enfermos, el hambre de gentes que no tienen pan, silencio de aquellos
que callan por miedo, la pena del triste que está en soledad.
El drama del hombre que
fue marginado, tragedia de niños que ignoran reír, la burda comedia que huecas
promesas, la farsa de muertos que deben vivir.
046.- A TI LEVANTO MIS
OJOS (Autor: Miguel Manzano)
A TI LEVANTO MIS OJOS, A TI QUE HABITAS
EN EL CIELO.
A TI LEVANTO MIS OJOS, POR QUE ESPERO
TU MISERICORDIA (2V)
Como están los ojos de los esclavos,
fijos en las
manos de sus señores, así están nuestros
ojos en
el Señor, esperando su misericordia.
Misericordia Señor, misericordia, que
estamos
saciados de burlas; misericordia Señor,
misericordia
que estamos saciados de desprecios.
Nuestra alma esta saciada del sarcasmo
de los satisfechos;
nuestra alma esta saciada del desprecio
de los orgullosos.
047.- SI ME FALTA EL AMOR
Aunque
yo dominara las lenguas cercanas
y el lenguaje del cielo supiera expresar
solamente
sería una hueca campaña
sí
me falta el amor.
SI
ME FALTA EL AMOR, NO ME SIRVE DE NADA
SI
ME FALTA DEL AMOR NADA SOY. (2V).
Aunque
todos mis bienes dejara a los pobres
y
mi cuerpo en el fuego quisiera inmolar,
todo
aquello sería una inútil hazaña
sí
me falta el amor nada soy.
Aunque
yo desvelase los grandes misterios,
y
mi fe las montañas pudiera mover,
no
tendría valor ni me sirve de nada
sí
me falta el amor.
