viernes, 21 de agosto de 2026

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXI T.O. CICLO A - 23 AGOSTO 2026

 TU ERES PEDRO Y TE DARÉ LAS LLAVES DEL REINO DE LOS CIELOS

 


 COMENTARIO

La región en que tiene lugar la escena se encuentra al noreste de Galilea de los paganos. Mateo no solamente muestra interés por el tema cristológico, que sin lugar a dudas es el central, sino también por la Iglesia. Nos habla de ello en términos explícitos y quiere llamar nuestra atención sobre su pertenencia a Cristo ("mi Iglesia") y sobre su perenne estabilidad. La Iglesia es una casa construida sobre roca, aunque se apoya en la fragilidad de los hombres. Por tanto, una estabilidad atormentada, inquieta. El destino de la Iglesia es como el de Cristo: un camino en la contradicción. Y no se trata solamente de enemigos externos; dentro de la Iglesia habrá siempre pecadores; por eso la Iglesia tiene necesidad de "atar y desatar"; continúa el pecado; por eso debe continuar el perdón. Dentro del motivo cristológico y del motivo eclesial es como se han de entender las palabras dirigidas por Jesús a Pedro. Son palabras afines a otros dos textos célebres: Lc 22, 31ss. y Jn 21, 15-17. Por lo demás, el evangelio entero de Mt. muestra interés por Pedro. No importa aquí saber si se trata o no de una inserción redaccional del evangelista. El hecho es que estos vv. están aquí y que su presencia confiere un significado particular a este texto.

La función de Pedro se define con tres metáforas: la piedra, las llaves, atar y desatar. Para comprender la primera expresión podemos recurrir a otro texto de Mt (7, 24-27): Pedro es la roca que mantiene firme a la Iglesia. En otras palabras, es el punto alrededor del cual se constituye la unidad de la comunidad. La segunda metáfora es todavía más clara: dar las llaves significa confiar una autoridad verdadera y plena. Finalmente, la tercera metáfora (atar y desatar) tiene el sentido de permitir y prohibir, de separar y perdonar. En conclusión, el texto atribuye a Pedro títulos y prerrogativas que a lo largo de la Biblia se atribuyen al Mesías. Es como decir que la autoridad de Pedro es vicaria; él es imagen de otro, de Cristo, que es el verdadero Señor de la Iglesia. Más precisamente porque es imagen de Cristo, la autoridad de Pedro es plena e indiscutible.

No obstante, hay todavía otro punto que hemos de observar con particular atención; no es ciertamente casual la presencia en el mismo fragmento de dos aspectos aparentemente en contraste: la fe de Pedro y su incomprensión del misterio de Jesús: la autoridad confiada a Pedro y el reproche que le hace Jesús. El tema es de fondo, hasta el punto de que recorre todo el fragmento bajo la forma de contraste entre debilidad y gracia. También los otros dos textos citados (Lc 22 y Jn 21) evidencian el mismo contraste; por una parte, la debilidad de Pedro; por otra, su carácter de punto de referencia. Luego, los evangelistas subrayan intencionadamente este contraste para acentuar que por gracia, en virtud de una elección divina y no por dones naturales, es Pedro la roca sobre la cual funda Cristo la Iglesia.

R.P Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 85, 1-3)

Inclina tu oído, Señor, escúchame. Salva a tu siervo que confía en ti. Piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día.

 

ORACIÓN COLECTA

Oh, Dios, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo, concede a tu pueblo amar lo que prescribes y esperar lo que prometes, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros ánimos se afirmen allí donde están los gozos verdaderos. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 22, 19-23

Esto dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio: «Te echaré de tu puesto, te destituirán de tu cargo. Aquel día llamaré a mi siervo, a Eliaquín, hijo de Esquías, le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; será padre para los habitantes de Jerusalén y para el pueblo de Judá. Pongo sobre sus hombros la llave del palacio de David: abrirá y nadie cerrará; cerrará y nadie abrirá. Lo clavaré como una estaca en un lugar seguro, será un trono de gloria para la estirpe de su padre».


SALMO RESPONSORIAL (Sal 137, 1-3.6.8)

 

Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.

 

Te doy gracias, Señor, de todo corazón, porque escuchaste las palabras de mi boca; delante de los ángeles tañeré para ti; me postraré hacia tu santuario. R

 

Daré gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera a tu fama. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R

 

El Señor es sublime, se fija en el humilde y de lejos conoce al soberbio. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 33-36

¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! En efecto, ¿quién conoció la mente del Señor? O ¿quién fue su consejero?. O ¿quién le ha dado primero para tener derecho a la recompensa? Porque de Él, por Él y para Él existe todo. A Él la gloria por los siglos. Amén.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 16, 18

Aleluya, Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Aleluya.

 

SANTO EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-20

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?». Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, ¡hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Mesías.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Oremos a Dios Padre, origen, guía y meta del universo, diciendo todos:

 

1.- Por la Iglesia, para que viva diariamente su fidelidad a Jesucristo, reconociéndolo como Señor y salvador de los hombres. Roguemos al Señor.

 

2.- Por el papa León, que ha recibido de Cristo la misión de guardar la unidad de la Iglesia y confirmar en la fe a sus hermanos, para que siempre sea dócil al Espíritu Santo, que viene en su auxilio en el desempeño de su tarea. Roguemos al Señor.

 

3.- Por los pueblos y las naciones, para que vivan en paz, concordia y fraternidad, como una gran familia. Roguemos al Señor.

 

4.- Por los enfermos e incapacitados, para que encuentren en Dios la paz que necesitan para llevar la cruz de su dolor. Roguemos al Señor.

 

Señor, Dios nuestro, por tu misericordia escúchanos y no abandones la obra de tus manos. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, que adquiriste para ti un pueblo de adopción con el sacrificio de una vez para siempre, concédenos propicio los dones de la unidad y de la paz en tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNIÓN Jn 6, 54

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día, dice el Señor.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te pedimos, Señor, que realices plenamente en nosotros el auxilio de tu misericordia, y haz que seamos tales y actuemos de tal modo que en todo podamos agradarte. Por Jesucristo, nuestro Señor

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 24: Ap 21, 9b-14; Sal 144, 10-13b. 17-18; Jn 1, 45-51

Martes 25: 2Ts 2, 1-3ª. 14-17; Sal 95, 10. 11-12ª. 12b-13; Mt 23, 23-26

Miércoles 26: 2Ts 3, 6-10. 16-18; Sal 127, 1-2. 4-5; Mt 23, 27-32

Jueves 27: 1Co 1, 1-9; Sal 144, 2-3. 4-5. 6-7; Mt 24, 42-51

Viernes 28: 1Co 1, 17-25; Sal 32, 1-2. 4-5. 10ab y 11; Mt 25, 1-13

Sábado 29: Jr 1, 17-19; Sal 70, 1-2. 3-4ª. 5-6b y 17; Mc 6, 17-29

Domingo 30: Eclo 3, 17-24; Sal 15, 1-2ª y 5. 7-8. 11; Flp 3, 8-14; Mt 13, 31-35

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Mt 16, 13-20

Paralelos:
Mc 8, 27-30   Lc 9, 18-21

 

1.- La región en que tiene lugar la escena se encuentra al noreste de Galilea de los paganos. Sin ser totalmente una tierra extranjera, la región participa mucho de esta condición. Si a esto se añade el contexto precedente que habla de la prevención contra la enseñanza específicamente religiosa judía, tendremos que concluir que Mateo está presentando y escribiendo en clave y perspectiva de una nueva realidad religiosa.

Esta nueva realidad va a recibir en este texto el nombre de Iglesia de Jesús (v.18). Es la primera vez que el término Iglesia aparece en el evangelio de Mateo para designar la comunidad de discípulos de Jesús, es decir, la comunidad de creyentes en él.

El término griego empleado es el mismo que la traducción griega del A.T., llamada de los Setenta, emplea para traducir pueblo, asamblea, congregación.

En el texto de hace dos domingos escuchábamos de labios de los discípulos el reconocimiento de Jesús como Hijo de Dios (Mt 14. 33). Es el mismo reconocimiento que escuchamos hoy de labios de Simón. Este reconocimiento distingue al discípulo de la gente.

"¿Quién dice la gente... quién decís vosotros que soy yo?" Mateo sigue operando con la división claramente introducida a partir del capítulo de las parábolas.

PEDRO/PIEDRA: El reconocimiento de Simón adquiere la condición de fundamento o cimiento sólido. A esta condición debe Simón su sobrenombre de Pedro. Algo del juego de palabras del texto griego puede percibirse también en castellano: Pedro-piedra.

Sobre este cimiento, consistente en el reconocimiento de la identidad divina de Jesús por el hijo de Jonás, se levanta la comunidad o pueblo creyente. Por tratarse de un cimiento sólido, el edificio construido sobre él ofrece totales garantías. Esto es lo que quiere expresar la imagen recogida en la frase "el poder del infierno no la derrotará". El edificio es inexpugnable a la destrucción y a la muerte. Esta misma idea de la consistencia de un edificio construido sobre cimientos sólidos la ha expresado Jesús con otra imagen diferente en /Mt/07/25: "Vinieron las lluvias, se desbordaron los ríos y los vientos soplaron violentamente contra la casa; pero no cayó, porque estaba construida sobre un verdadero cimiento de piedra".

INFIERNO/HADES: A decir verdad, el término "infierno" no es la traducción más adecuada del término "hades" empleado en el texto griego. En la mitología clásica el hades es la mansión de los muertos, el lugar de la muerte, equivalente al "sheol" de los judíos.

A propósito del v. 19 hay que hacer notar que en él no se identifican Iglesia y Reino de Dios. Recuérdese que la expresión Reino de los cielos es la formulación judía de la expresión Reino de Dios. A su vez, Reino de Dios no se equipara tampoco con el cielo del más allá. Lo mismo que en el v. 18 se habla de la Iglesia como de un edificio, el v. 19 concibe también el Reino de Dios como un edificio. Ambos edificios son diferentes, pero están comunicados entre sí. El cauce de comunicación es el reconocimiento de la identidad divina de Jesús por el hijo de Jonás. Probablemente es así como hay que interpretar la imagen de las llaves. Ese reconocimiento confiere el poder de perdonar, del que Pedro es garantía en su condición de cimiento del edificio.

Comentario. El discípulo que Mateo va poco a poco diseñando tiene su núcleo en la respuesta a una pregunta sobre Jesús. "¿Quién decís que soy yo?". La pregunta es la misma ayer y hoy. La respuesta a ella dará la medida del discípulo.

La superioridad de Pedro en la respuesta a esta pregunta no estriba en la respuesta en sí. La respuesta en efecto, es la misma que la dada por los demás discípulos hace dos domingos (ver Mt 14. 22-23). La superioridad de Pedro reside más bien en conferir garantía de solidez a lo que los demás descubren. Por ello mismo el modelo de Iglesia que el texto de hoy sugiere, leído el texto en el contexto global del evangelio de Mt, es tal vez el inverso al habitualmente practicado.

A. BENITO - DABAR 1990 43


2.- FE/DON

¿Quién es éste a quien obedecen el viento y el mar? ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Jesús pregunta qué opinión tienen los hombres de él. El interrogante que Jesús abre en esta ocasión sigue abierto para todos los hombres de todos los tiempos. ¿Y vosotros, quién decís que soy yo? La respuesta solamente puede darse desde dos puntos de vista.

El punto de vista de los hombres, la apreciación humana sobre este personaje de la Historia, y el punto de vista de Dios, el de la revelación y el conocimiento sobrenatural. Pedro personifica la confesión cristiana de la fe; el Mesías, el Hijo de Dios.

Pero esta confesión cristiana "no procede de la carne ni de la sangre", es decir, no es posible llegar a través de la lógica y de la razón humana, Se hace posible únicamente gracias a la revelación del Padre. Sí, la fe viene de fuera. El hombre, por muy inteligente que sea, es radicalmente incapaz de acceder a lo que es dominio misterioso de Dios.

"Mi Padre te lo ha revelado." Mi Padre: esa relación fundamental de Jesús con ese otro a quien llama Padre, esa unión esencial con el Padre: "mi Padre y Yo somos uno", y al mismo tiempo esa distinción. Nos deja entrever el abismo infinito de su persona.

 


 

3.- El relato se encuentra centrado en torno al doble intercambio de títulos entre Jesús y Pedro. Este aplica al primero el título de Mesías; aquél responde atribuyendo al segundo el título de Piedra y confiriéndole los poderes mesiánicos de las llaves. Pedro rehúsa aplicar a Xto el título de Siervo paciente, Xto replica atribuyéndole el título Piedra de escándalo.

MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA V - MAROVA MADRID 1969.Pág. 300


 

4.- Contexto. Desde 15, 21, Mateo ha dotado a la dialéctica Jesús-viejo Pueblo de una delimitación geográfica. Desde entonces demuestra interés por situar a Jesús en territorio no típicamente judío. De esta manera Mateo recalca la existencia de un nuevo Pueblo de dimensiones universales y que no deberá reproducir la doctrina de fariseos y saduceos (cfr. Mateo 16, 12). En los versículos del cap. 16 inmediatamente anteriores al Evangelio de hoy, Mateo centra su atención en la principal línea dirigente del viejo Pueblo.

Texto. El autor ya no estructura el texto partiendo de Jesús solo, para después ir dando entrada a unos y otros. El texto de hoy está estructurado desde el comienzo a partir de Jesús y sus discípulos conjuntamente. Se trata de una novedad importante en la técnica de composición de Mateo.

En consonancia con esta novedad, la forma literaria es coloquial desde el comienzo. La conversación gira en torno a la persona de Jesús (¿quién es Jesús?). El tema es también una novedad en lo que llevamos de evangelio.

La conversación adquiere su momento culminante en el diálogo entre Pedro y Jesús. En lo que llevamos de obra es la segunda vez que Pedro aparece como personaje activo. La primera fue hace dos domingos (Mt. 14, 22-33). En aquella ocasión la actuación de Pedro fue negativa. Mateo lo resaltaba no haciéndole participe del reconocimiento que el resto de discípulos hizo de Jesús (cfr. Mt. 14, 32-33). Es en esta segunda actuación cuando Pedro hace el reconocimiento que entonces no hizo. Este reconocimiento le vale la felicitación de Jesús y el reconocimiento a la recíproca por parte de Jesús: Tú has dicho de mí que soy el Mesías; yo digo de ti que eres la Piedra.

Sentido del texto. La novedad en la técnica de composición pone de relieve al nuevo Pueblo de Dios al margen del viejo. A partir de ahora, el autor quiere dedicar su atención a esbozar un modelo positivo de Pueblo de Dios. Hasta ahora ha desarrollado más bien un modelo negativo: el del viejo Pueblo. Y lo ha hecho con una finalidad didáctico-preventiva: el nuevo Pueblo no deberá reproducir ese modelo, pero tiene el peligro de hacerlo. Con el texto de hoy Mateo comienza su tarea de esbozar un modelo positivo de Pueblo. El Pueblo de Dios debe nutrirse de la búsqueda y del encuentro con Jesús; del hallazgo fascinado y fascinador de su persona.

Búsqueda sosegada, contemplativa, hecha de silencios activos, de aperturas disponibles, de docilidad dolorosa, de pasión indeficiente. El encuentro tendrá lugar. Imprevistamente, imprevisiblemente, cuando a lo mejor el esfuerzo de la carne y de la sangre menos lo podía imaginar. ¡Tú eres el Hijo de Dios! En el momento tal vez en que veamos horrorizados cómo, pese a todos nuestros esfuerzos, no sólo no nos hemos aproximado al fin, sino que incluso parezca que nos hemos alejado de él, tal vez en ese mismo instante experimentaremos la fuerza del Padre. ¡Tú eres el Hijo de Dios! El Pueblo de Dios debe nutrirse de este encuentro, debe vivirse desde él, pero no debe decirlo, no debe alardearlo (v. 20). Esto está bien para el proselitismo, pero el Hijo de Dios no es vendible como un producto (cfr. Mt. 23, 15).

Este Pueblo así nutrido es la Iglesia de Jesús. Y esta Iglesia tiene en Pedro su fuerza, su autoridad. La autoridad de confesar quién es Jesús, y en cuanto tal confesor es refrendado por el mismo Dios. Ciertamente Mateo nos presenta un Pedro incuestionable (cfr. exégesis de hace dos domingos a propósito de Mt. 14, 22-33), pero ciertamente presenta un Pedro imprescindible.

DABAR 1981, 46


 

5.- Saliendo de Betsaida (Mc 8, 22) y remontando el valle del Jordán, Jesús se retira con los "doce" a la región de Cesárea de Felipe, al pie del monte Hermón. El Maestro quiere disponer de tiempo y de un lugar tranquilo para iniciar a sus discípulos en el misterio de su persona. Para introducir el tema, Jesús comienza preguntando qué han oído ellos sobre su persona y su misión, de la gente.

Y cada uno de los discípulos dice lo que ha oído al respecto. Según sus respuestas, hay que pensar que la gente se había formado un concepto ciertamente elevado de Jesús: pero no había reconocido en su persona al Mesías prometido, al parecer porque no veía nadie que su comportamiento se ajustase a los prejuicios mesiánicos populares.

Jesús no hace ningún comentario y no valora la encuesta sobre la opinión de la gente; pues lo que realmente le importa en estos momentos es conocer hasta dónde le han comprendido sus discípulos y qué piensan éstos de él.

Todos han respondido a la primera pregunta según lo que han oído a la gente; pero a la segunda responde únicamente Pedro según lo que ha sido revelado por el Padre. Nadie puede penetrar en el misterio de la persona de Jesús sin la ayuda del Padre (cf. 25ss). Algunos comentarios ponen en duda que la confesión de Pedro sobre la divinidad de Jesús fuera ya tan explícita en esta ocasión.

Adviértase que Mateo sigue ordinariamente el esquema del evangelio según Marcos, y que éste en el lugar paralelo no menciona las palabras "Hijo de Dios vivo". Tampoco las menciona Lucas (9, 20; cfr. Mc 8, 29). Es muy posible que Mateo anticipe aquí lo que sólo sería un hecho después de la experiencia pascual de la resurrección: la fe en la divinidad de Jesús y el reconocimiento de que él es el Señor.

Que el conocimiento que Pedro tenía de Jesús no superara con mucho a la opinión de la gente en aquella ocasión, parece probable si tenemos en cuenta su comportamiento en la escena inmediata (vv. 21-23). Pedro confesaría entonces que Jesús era el Mesías; pero la idea que tenía del Mesías estaba sin duda viciada con todos los prejuicios de sus paisanos galileos.

La solemne bienaventuranza que pronuncia Jesús en favor de Pedro enlaza con la confesión de éste de que Jesús es "el Hijo de Dios vivo". Estas palabras de Jesús y la promesa del primado que hace seguidamente, se encuentran, por otra parte, sólo en el texto de Mateo. Por esta razón parece que deben situarse igualmente en un momento posterior a la Resurrección. En general, Mateo se interesa más por una ordenación temática que cronológica.

D/ROCA: Jesús conoce la misión que va a encomendarle a Simón; por eso le da también el nombre apropiado. Se llamará Pedro, es decir, "roca". En el A.T se llama "roca" a Yavé, también a Abrahán (Is 51, 1ss). Yavé es roca por su fidelidad, porque no le falla al creyente que funda en él su vida. Abrahán y Pedro sólo pueden ser roca por su fe y por su confianza en Dios.

Jesús elige a Pedro como fundamento de su iglesia. Jesús quiere construir algo nuevo desde el fundamento; su iglesia no es un apaño del viejo Israel. Y esta iglesia que Jesús edifica es suya, no de Pedro y de sus sucesores.

Las "puertas del infierno" o "poder del infierno" son, para los judíos, el poder de la muerte, que retiene sin vida a los difuntos. Es el poder de la destrucción. Jesús promete que su iglesia sobrevivirá, no obstante, las fuerzas de la destrucción y de la muerte. Poseer "las llaves" en sentido bíblico significa tener autoridad suprema en la casa, en este caso, dentro de la Iglesia. "Atar y desatar" se refiere a la potestad de interpretar auténticamente una ley o una doctrina; pero, sobre todo, a la de expulsar y admitir en la comunidad eclesial. Todo ese poder debe ejercerse con un espíritu de servicio, sin olvidar que la iglesia es de Cristo, y que el fundamento de cualquier fundamento es, en definitiva, el Señor.

EUCARISTÍA 1987, 41


 

6.- -Lo que la gente opina de Jesús

Y yo, ¿que es lo que digo de Jesús? La pregunta sobre Cristo es la más actual, la más importante. Los contemporáneos de Jesús no llegaban a abarcar totalmente su misterio y habitualmente se equivocaban sobre su profunda identidad.

Para llegar a ese descubrimiento de toda la hondura de su ser-región inaccesible a nuestras investigaciones humanas. Se precisa una lenta, frecuente y perseverante relación. Una persona enamorada no descubre en un solo día todas las cualidades de la persona amable.

¿Cuánto tiempo paso cada día con Cristo?

"Nadie puede decir Jesús es Señor sino en el Espíritu Santo".


 

 

 

DOMINGO 21 DEL TIEMPO ORDINARIO

A Pedro lo ha puesto el mismo Señor al frente de la Iglesia

El episodio que leemos hoy es importante para el nacimiento de la primera comunidad, y por tanto de la Iglesia.

Como respuesta a un expresivo acto de fe por parte de Pedro, Jesús le alaba y le anuncia la misión que ha pensado para él en la primera comunidad. En otras ocasiones le dice que le hará "pescador de hombres", o le encomienda que "apaciente sus ovejas". Hoy emplea dos imágenes más: Pedro será la "piedra" sobre la que quiere edificar su Iglesia, y además le dará "las llaves" de esa comunidad que Cristo quiere fundar.

No encontraremos aquí argumentos para las diversas formas de ejercer el "primado" de Pedro y sus sucesores, pero sí aparece que Cristo, que es la Roca auténtica y el que posee por título propio las llaves del Reino de los cielos, se ha querido servir de personas humanas, aunque sean débiles, como en este caso, para ir edificando su Iglesia.

 

Isaías 22, 19-23. Colgaré de su hombro la llave del palacio de David

El profeta pronuncia un oráculo contra un tal Sobná, mayordomo de palacio del rey de Judá, que se ve que se hizo odioso por su arrogancia. Por ese orgu­llo será castigado, pasando su cargo a otro. El profeta expresa la destitución y el nuevo nombramiento aludiendo a unos signos de ese cargo: la túnica, la banda y, sobre todo, las llaves colgadas al hombro. El mayordomo era el que tenía autorización para abrir y cerrar las puertas de palacio. El sucesor sí será lo que el anterior no había querido ser: "padre para los habitantes de Jerusalén", que es para lo que es elegido un político o un administrador.

Es evidente que se ha elegido este episodio, en sí nada importante en la his­toria de Israel, para preparar lo que Jesús va a decir a Pedro, concediéndole las llaves del Reino.

El salmo recoge, sobre todo, la lección de humildad y confianza en Dios. Así como Dios castiga al mayordomo anterior, el salmista espera que se apiade de todos nosotros: "Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos", porque está seguro de que "el Señor se fija en el humilde y de lejos conoce al soberbio".

 

Romanos 11, 33-36. Él es origen, guía y meta del universo

La suerte de los judíos, los hijos de la promesa en el AT, pero que ahora parecen rechazar la salvación del Mesías enviado por Dios, sigue preocupando a Pablo, y le sugiere una larga serie de reflexiones (capítulos 9-11 de la carta).

Estas reflexiones terminan en el breve pasaje de hoy: un canto entusiasta de alabanza aDios, de admiración por su sabiduría, que nosotros no entendemos, pero que es la que va guiando la historia de la humanidad.

Pablo plantea unas preguntas retóricas: ¿quién conoció.. . quién fue su con­sejero... quién le ha dado primero? Preguntas que, naturalmente, esperan una respuesta negativa: ¡nadie!, porque "él es el origen, guía y meta del universo". Él sabrá cómo ser fiel a las promesas hechas a su pueblo elegido y cómo conducirlo también a la salvación.

Mateo 16, 13-20. Tú eres Pedro y te daré las llaves del Reino de los cielos

En un momento significativo de su ministerio, cuando acaba su estancia en Galilea y se dispone a subir a Jerusalén, Jesús plantea una doble pregunta a sus discípulos.

La primera es a modo de encuesta sobre lo que "la gente" opina de él. La respuesta es dispersa: unos que el Bautista, o que Elías, o que Jeremías, u otro profeta. La segunda pregunta es directa para ellos: ¿y vosotros? Pedro, una vez más, toma la palabra en nombre de todos y hace una ajustada con­fesión de fe: "tú eres el Mesías... (esta expresión es común también a los otros evangelios sinópticos, pero Mateo añade:) ...el Hijo de Dios".

Con ello merece Pedro una alabanza por parte de Cristo, porque esta afir­mación se la ha revelado Dios. Con una doble imagen le anuncia que ha pensado en él como j efe de la primera comunidad y 1 e da como una solemne investidura: "yo te digo"... La imagen de la piedra, sobre la que edificará su Iglesia (una de las pocas veces que en el evangelio aparece la palabra griega "ecclesia", equivalente al "qahal" del AT, la comunidad de Yahvé), y la de las llaves del Reino de los cielos, que tendrá que administrar Pedro.

Jesús asegura que las "puertas del hades o del infierno (o del abismo, de la muerte) no prevalecerán contra esta Iglesia".

 

¿Quién conoce la mente del Señor?

La exclamación final de Pablo, alabando la sabiduría insondable de Dios, nos recuerda también a nosotros que no podemos entender todos los planes de Dios.

A Pablo le preocupaba el destino de su pueblo, que no acababa de entender. A nosotros se nos plantean continuamente otros interrogantes sobre la vida y la muerte, sobre la existencia del mal en el mundo, sobre el sufrimiento de los inocentes. Dios es insondable. No podemos abarcarle ni encerrarle en nuestros progra­mas y ordenadores. Nosotros somos limitados y él es el "todo Otro", y está lleno de sorpresas. A veces, la única solución que tenemos es, como para Pablo, el silencio, la adoración, la confianza, la alabanza, y saber entonar con convicción el "Gloria a Dios en el cielo" y el "Santo es el Señor, Dios del universo", y "llenos están los cielos y la tierra de tu gloria".

Lo que sí sabemos, porque nos lo dice continuamente la Palabra revelada, es que Dios es Padre, Liberador, que busca nuestro bien, que continuamente está perdonando, que él sabrá cómo conducir a la salvación, siempre gratui­tamente, a judíos y paganos. "A él la gloria por los siglos". Si Pedro, en su sencillez, ha "acertado" con la gran afirmación cristológica del evangelio de hoy, no es ciertamente porque haya estudiado mucho, sino porque se lo ha revelado el Padre. Ya dijo Jesús que "nadie conoce al Hijo sino el Padre y aquel a quien el Padre se lo quiera revelar", que es a las personas sencillas y humildes, no precisamente a los que se creen sabios.

 

Para nosotros ¿quién es Jesús?

Es una pregunta importante, esta que recorre todo el evangelio, y luego toda la historia, también la actual: ¿quién es Jesús?

Sus contemporáneos ya dieron respuestas muy diferentes: le llamaron desde embaucador, fanático y aliado con el mismo demonio, hasta profeta, o uno de los profetas que vuelven a la tierra, desde Elías o Jeremías hasta el recientemente fallecido Bautista.

También en el mundo de hoy son divergentes las posturas que se toman en torno a Jesús: desde las dudas de los agnósticos sobre su existencia o sobre su muerte, y las increíbles historias llenas de fantasía-que vuelven a aparecer periódicamente en la historia- sobre su supervivencia en un país del Oriente, o la admiración de quienes le tienen como el hombre ideal, defensor de lo humano, gran maestro, profeta libre y valiente, luchador contra la injusticia, pero sin llegar a lo profundo, hasta la fe más fervorosa, a imagen de la que profesó Pedro afirmando que para él, y para los demás discípulos, Jesús es el Mesías esperado y el Hijo de Dios.

También para nosotros la pregunta debería ser muy concreta y personal. Nos tendríamos que aplicar la interpelación a nosotros mismos, a los que nos confesamos cristianos y participamos en la Eucaristía: ¿quién es Jesús para nosotros, para mí? Como los discípulos, tenemos que definirnos y tomar partido. No se trata de responder según los libros, o según los conocimientos que tenemos desde pequeños. Claro que todos sabemos que Jesús es "Dios y hombre verdadero", y que con su muerte y resurrección nos ha salvado. Pero hay afirmaciones que de tanto repetirlas ya no nos dicen nada. Hay que "descongelar" esos conceptos.

Nuestra fe en Cristo Jesús, ¿impregna de veras nuestra vida? ¿o se queda en la esfera del conocimiento teórico? No se trata sólo de formular exactamente nuestras convicciones teológicas, sino que lleguen a influir y configurar nuestra vida. Jesús, para nosotros, no es una doctrina, sino una Persona que vive y que nos interpela y que da sentido a nuestra vida.

¿Se puede decir que creemos en Cristo Jesús de tal modo que aceptamos para nuestra vida su estilo y su mentalidad? ¿O venimos a creer en un Jesús a quien hemos "fabricado" a nuestra imagen y semejanza?.

 

Pedro no duda en dar su respuesta de fe en Jesús

Pedro es el otro protagonista de hoy y, por extensión, también sus sucesores, los Papas.

¡Qué hermosa la profesión de fe que hace, en nombre de sus compañeros, del mesianismo y la divinidad de Jesús! Jesús es el Ungido de Dios, el Enviado, el Salvador que Israel esperaba. Es el Hijo de Dios vivo: fórmula que tal vez no refleja todavía toda la densidad que luego tendría, pero ciertamente supone que Pedro intuye que Jesús es algo más que el Mesías político que el pueblo esperaba.

Es una respuesta todavía no madura, en la que no podemos asegurar que se entiendan en profundidad afirmaciones de una cristología posterior. Pero es una hermosa confesión de fe. Como la que hizo el mismo Pedro cuando, después del discurso del pan de vida, se iban marchando los discípulos, y él se adelantó a expresar su fidelidad total a Cristo: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna".

¡Qué hermosa también la respuesta de Jesús, encomendando a Pedro la misión que para él ha pensado en medio de la comunidad eclesial! A veces Jesús tiene que reprender a Pedro, como leeremos el domingo próximo, pero esta vez sus palabras son de alabanza amable, una "bienaventuranza": "dichoso tú...", porque eso se lo ha revelado el Padre. Jesús había dicho que "nadie conoce al Hijo sino el Padre y aquel a quien el Padre se lo quiera revelar". Uno de ellos, de esas "personas sencillas", es Pedro.

 

¿Puede ser Pedro una Roca firma para edificar la Iglesia?

Las dos imágenes con que Jesús expresa el cargo que le va a dar son muy expresivas: la de la piedra o la roca y la de las llaves.

La primera supone el juego de palabras entre el griego "Petros" y el arameo "Cefas", que significan "piedra, roca" y así Jesús le da al apóstol, además del antiguo nombre de "Simón, hijo de Jonás", el sobrenombre de "Piedra" o "Pedro", con el que nosotros le conocemos más.

Pero podemos preguntarnos: ¿puede Pedro ser una roca firme como para edificar sobre ella la comunidad eclesial? Porque según aparece en los evangelios, y luego en los Hechos, Pedro tiene muy buenas cualidades de decisión, liderazgo, amor a Cristo, pero a la vez es inseguro, presuntuoso, contradictorio, a veces violento -como cuando sacó la espada y cortó la oreja a Malco-, otras, cobarde, hasta llegar a negar una y otra vez a Cristo Jesús, a pesar de haber prometido que le seguiría hasta la muerte. Pedro es débil, es frágil. Le costó madurar en su fe, le costó prescindir de los prejuicios que tenía por su formación y aceptar los proyectos salvadores de Jesús. ¿Es esa la "roca" sobre la que estamos fundados?

No. La Roca es Cristo, "la piedra que desecharon los arquitectos y es ahora la piedra angular", como anunciaba ya el salmo 117 y cita Jesús varias veces (cf. Mt 21,42), y el mismo Pedro en su discurso ante el Sanedrín (cf. Hch 4,11) y en una de sus cartas (cf. 2P 2,6-8).

Pero Pedro, precisamente por la profesión de fe que ha sabido formular con tanta decisión, es el signo visible de ese fundamento sólido que es Cristo. La fe de Pedro, en esta escena del evangelio, todavía no es madura. Jesús tendrá que rezar por Pedro: "he pedido por ti, para que tu fe no se apague, y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos" (Le 22, 31-32). Pero madurará por la experiencia de Pascua y por la gracia del Espíritu en Pentecostés.

Tampoco la fe de los sucesores de Pedro, a lo largo de los dos mil años de existencia que tiene la Iglesia, ha sido siempre madura y ejemplar. Pero no es la fe concreta de unas personas la que salva o hace firme a la Iglesia, sino la presencia de Cristo y su Espíritu, que también ahora tienen que "confir­mar en la fe" a los sucesores de Pedro para que estos, a su vez, confirmen en la fe a sus hermanos. Con esa ayuda de Cristo y de su Espíritu, Pedro, y ahora sus sucesores, son los fundamentos visibles de la unidad y de la caridad en la Iglesia.

Cuando en cada Eucaristía nombramos al Papa y al obispo de la diócesis, pedimos por ellos a Dios que les "confirme en la fe y en la caridad". Es bueno que Pedro, en el que Jesús puso su confianza, fuera una persona frágil, y que Jesús tuviera que "rehabilitarle" luego después de su caída. La solidez del fundamento de la Iglesia está sobre todo en Cristo y en su Espíritu.

 

Llaves que abren y cierran

La otra imagen con la que expresa Jesús su nombramiento de Pedro es la de las llaves del Reino de los cielos.

Las llaves son necesarias para mantener cerradas o abrir en el momento oportuno las puertas de una casa o de una habitación. Por eso se convierten fácilmente en "símbolo" de poder y de autoridad. Cuando una visita importante llega a una población, uno de los gestos simbólicos de acogida y cortesía era entregarle solemnemente las llaves de la ciudad (o bien, otro símbolo: el bastón de mando, porque ahora las ciudades no tienen ya "puertas" para abrir o cerrar). Por eso, cuando se dice que al tal Sobná le será quitada la autoridad y dada a otro, se afirma que a su sucesor le "colgará del hombro la llave del palacio de David".

También aquí sabemos que el auténtico poseedor de las llaves del Reino es Cristo. El Apocalipsis habla de él como el Señor que tiene las llaves, que abre y nadie puede cerrar, cierra y nadie puede abrir (cf. Ap 3,7). En una de las "antífonas O" de la novena de Navidad cantamos a Cristo como "Llave de David y Cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir".

Pero es el mismo Jesús quien transmite esta misión de autoridad a Pedro con

el símbolo de las llaves. Aquí se utiliza como equivalente la imagen de "atar y desatar", en vez de la más lógica de "abrir" y "cerrar", para expresar el hecho de admitir o no admitir a la comunidad. Es una imagen no exclusiva de Pedro, porque unos capítulos más adelante, el mismo Mateo (Mt 18) la aplica a todos los discípulos.

Uno piensa en seguida en las decisiones que fue tomando Pedro, inmedia­tamente después de Pentecostés, en la primera comunidad, y cómo, por ejemplo, "abrió las puertas" de la comunidad a los paganos -a Cornelio y a su familia-, aunque no a todos les pareciera de entrada una actitud oportuna.

 

Aceptar el ministerio del Papa

Como en torno a la figura de Jesús, también caben posturas muy diferentes en los tiempos actuales en relación con los sucesores de Pedro, los Papas: desde la agresivamente contraria, hasta la selectiva, que les apoya o les critica según coincidan o no su talante y sus decisiones con la propia ideología.

El evangelio de hoy nos invita a considerar al Papa como un ministerio querido por el mismo Cristo y, por tanto, a mirarlo con los ojos de la fe. El Papa ha recibido el encargo de asegurar el servicio de la fe, de la caridad, de la unidad, de la misión. La comunidad no es del Papa, sino de Cristo ("edi­ficaré mi Iglesia"). Pero el Papa es quien más explícitamente ha recibido la misión de animar, discernir, unir, confirmar a la comunidad de Cristo que, además de una, santa y católica, es también "apostólica".

Cada vez que celebramos la Eucaristía nombramos al Papa, juntamente con el Obispo de la propia diócesis, para expresar nuestra unión con ellos y para pedir al Señor que les "confirme en la fe y en la caridad". Este recuerdo de la Misa debería traducirse en una actitud de comunión también en la vida, en la respuesta a su magisterio, en la visión de fe de su papel en la Iglesia. No se trata de una aceptación ciega, pero sí de una postura positiva, desde la fe y el amor, desde la confianza en Cristo y en su Espíritu, que se sirven de los hombres, siempre débiles, para guiar a su Iglesia.

LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)

 

PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO XXI TIEMPO ORDINARIO  2026

(23 DE AGOSTO)

4TEMA:” TU ERES PEDRO, Y TE DARE LAS LLAVES DEL REINO DE LOS CIELOS”

 

01.- JUNTOS COMO HERMANOS

JUNTOS COMO HERMANOS

MIEMBROS DE UNA IGLESIA

VAMOS CAMINANDO

AL ENCUENTRO DEL SEÑOR.

 

1.- Un largo caminar

por el desierto bajo el sol,

no podemos avanzar

sin la ayuda del Señor.

 

2.- Unidos al rezar

unidos en una canción,

viviremos nuestra fe,

con ayuda del Señor.

 

3.- La iglesia en marcha está,

a un mundo nuevo vamos ya,

donde reinará el amor,

donde reinará la paz.

 

02.- A LA MESA DEL SENOR (Alberto Taule)

A la mesa del Señor,

miembros vivos de la Iglesia;

no dejamos de cantar,

al Pastor que nos sustenta.

 

Nos reúne en torno a Él,

vencedor, resucitado;

y nos habla al corazón,

conduciendo nuestros pasos.

 

Nos sentamos a comer,

este cuerpo maltratado;

nos llenamos de su amor,

y de amor a los hermanos.

 

03.- EN LA FIESTA DEL DOMINGO (Erdozain)

EN LA FIESTA DEL DOMINGO,

EL SEÑOR NOS ESPERA;

REUNIDOS EN SU MESA,

ESCUCHAMOS SU VOZ.

 

SU PALABRA ES ALIMENTO,

ES LA BUENA NOTICIA;

COMO PRENDA DE VIDA,

ÉL SE DA EN COMUNIÓN.

 

1.- Un altar, un manjar,

una Iglesia, una Iglesia;

una ofrenda, sacrificio pascual,

con nosotros está, revestido de pan.

 

2.- El Señor, buen Pastor,

Él nos guía, Él nos guía;

nos perdona, nos orienta su voz,

el Señor, buen Pastor, Él se da en comunión.

 

04.- JUNTOS CANTANDO LA ALEGRIA (Cesáreo Garabain)

JUNTOS CANTANDO LA ALEGRÍA

DE VERNOS UNIDOS EN LA FE Y EL AMOR

JUNTOS SINTIENDO EN NUESTRAS VIDAS

LA ALEGRE PRESENCIA DEL SEÑOR.

 

1.- Somos la Iglesia peregrina que Él fundó,

somos un pueblo que camina sin cesar.

Entre cansancios y esperanzas hacia Dios,

nuestro amigo Jesús nos llevará.

 

2.- Hay una fe que nos alumbra con su luz,

una esperanza que empapa nuestro esperar.

Aunque la noche nos envuelva en su inquietud,

nuestro amigo Jesús nos guiará.

 

3.- Es el Señor, nos acompaña al caminar,

con su ternura a nuestro lado siempre va.

Si los peligros nos acechan por doquier,

nuestro amigo Jesús nos salvará.

 

05.- JUNTO AL VINO Y EL PAN (Cantos Salesianos)

JUNTO AL VINO AL PAN

YO TE TRAIGO MI VOZ,

VIDA EN UNA CANCIÓN,

PARA TI SERÁN.

TRAIGO RISA Y DOLOR,

TRAIGO EL MUNDO SIN LUZ,

DE LOS HOMBRES LA SED

PARA QUE LA CALMES TÚ.

 

1.- El agua de la risa de los niños,

el viento de las madres al cantar

hoy para Ti serán, oh, Señor.

 

2.- El fuego de la fuerza de los hombres,

la tierra de su débil corazón

hoy para Ti serán, oh, Señor.

 

06.- TE PRESENTAMOS EL VINO Y EL PAN (J.A. Espinoza)

TE PRESENTAMOS EL VINO Y EL PAN

BENDITO SEAS POR SIEMPRE SEÑOR (BIS)

 

1.- Bendito seas, Señor

por este pan que nos diste,

fruto de la tierra y del trabajo de los hombres.

 

2.- Bendito seas, Señor,

el vino tú nos lo diste,

fruto de la tierra y del trabajo de los hombres.

 

07.-  SEÑOR A QUIEN IREMOS (Alejandro Mejía)

SEÑOR A QUIEN IREMOS

TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA

NOSOTROS HEMOS CREÍDO

QUE TÚ ERES EL HIJO DE DIOS. (BIS)

 

Soy el pan que os da la vida eterna,

el que viene a mí no tendrá hambre,

el que viene a mí no tendrá sed

así ha hablado Jesús.

 

No busquéis alimento que perece

sino aquel que perdura eternamente;

el que ofrece el hijo del hombre

que el Padre os ha enviado.

 

No es Moisés quien os dio el pan del cielo

es mi Padre quien da pan verdadero,

porque el pan de Dios baja del cielo

y da la vida al mundo.

 

Pues si yo he bajado del cielo

no es para hacer mi voluntad

sino la voluntad de mi Padre

que es dar al mundo la vida.

 

El que viene al banquete de mi cuerpo,

en mí vive y yo vivo en él;

brotará en él la vida eterna,

y yo lo resucitaré.

 

Soy el pan vivo que del cielo baja;

el que come de este pan por siempre vive.

Pues el pan que daré es mi carne,

que da la vida al mundo.

 

El que viene al banquete de mi cuerpo

en mi vive y yo vivo en él.

Brotará en él la vida eterna,

 

08.- CREO EN JESUS (Carmelo Erdozain)

CREO EN JESÚS, CREO EN JESÚS, ES MI AMIGO, ES MI ALEGRÍA,

ÉL ES MI AMOR, ÉL ES MI SALVADOR.

 

Él llamó a mi puerta, me invitó a compartir su heredad.

Seguiré a su lado, llevaré su mensaje de paz.

 

Ayudó al enfermo y le trajo la felicidad.

Defendió al humilde, combatió la mentira y el mal.

 

Día y noche Él está a mi lado, sigo sus palabras,

doy por Él la vida, es mi Salvador.

 

Enseñó a Zaqueo a partir su hacienda y su pan.

Alabó a la viuda porque dio cuanto pudo ella dar.

 

Aleluya, Él es el Mesías, Él es mi esperanza,

vive para siempre, es mi Salvador.

 

09.- ERES TU JESUS (T. Rubí)

ERES TÚ, JESÚS

ERES TÚ, JESÚS

ERES TÚ

ERES TÚ EN UN TROZO DE PAN Y EN UN POCO DE VINO.

 

¡Qué alegría encontrarte Jesús en tu vino y tu pan!

¡Oh Señor qué consuelo saber que me amas!

Eres Tú la palabra de Dios, la eterna palabra de Dios

Y has querido venir a morar en mi pecho.

 

Eres Tú el principio y fin manantial de la vida

Eres Tú, Luz de Luz, Dios de Dios, verdadero

Eres Tú oh milagro de amor, Oh eterno milagro de amor

Eres Tú mi Señor y mi Dios, mi Alimento.

 

Sólo en ti, oh Señor del Amor que comprende y perdona,

Sólo en ti, Oh Jesús, hay amor verdadero.

¡Oh Jesús quiero amar como Tú, quiero amar hasta el fin como Tú!

Oh Señor dale vida a mi amor con tu Vida.

 

10. - MADRE (Joaquín Madurga)

Madre, ilusión y esperanza, Madre corazón y

Ternura Madre espejo limpio del amor

Madre, virginal y fecunda Madre

Generosa y humilde Madre,

Fiel entrega en oblación

Madre, consagrada

en cuerpo y alma,

Siempre abierta a la

palabra de Dios y tu Señor.

 

Madre, cuando a ti te llamamos Madre,

Renacemos a la esperanza y la ilusión.

Madre, cuando a ti te llamamos Madre

Nos sentimos también hermanos del Señor

Madre, cuando a ti te llamamos Madre

Esperamos un mundo hermano en el amor.

 

Madre, de Belén al Calvario Madre,

fuiste siempre amorosa,

Madre de Jesús el Salvador.

Madre, en la cruz fue tu Hijo Madre,

quien nos dio por regalo,

Madre, tu materna protección.

Madre, a la Iglesia naciente unida,

esperaste la venida, del Espíritu de Dios.

 

11.- CAMINANDO JUNTOS (E. de Zayas)

1.- Caminando juntos vamos a salir

y nos despedimos con un breve adiós.

 

ADIÓS QUIERE DECIR: «VAYA USTED CON DIOS».

MI CORAZÓN SE ALEGRA: CONTIGO VOY, SEÑOR.

 

2.- Vamos siempre a oscuras si nos falta el sol;

vamos siempre solos si nos falta Dios.

 

3.- Dios es buen amigo para caminar;

si Él viene conmigo, qué seguro andar.

 

4.- No camino solo porque voy con Dios;

y saludo a todos con un gran Adiós.

 

12.- HIMNO A SANTA ROSA DE LIMA

GLORIA A TI ROSA BENDITA

DEL PERU RADIANTE ESTRELLA

FLOR DE LOS CIELOS MAS BELLA

QUE LA FLOR DE JERICO (bis)

 

Hollando con fe profunda

los placeres de este suelo,

desde joven en el cielo

tu corazón se fijó (bis)

 

Al suyo con lazo fuerte

Júntale su dulce esposo

y de su amor generoso

suavemente le inflamo (bis)

 

Virgen te aclaman los cielos;

virgen pura, el nuevo mundo;

ángel de Dios sin segundo,

el Perú te crió (bis)

 

En vano, límpido espejo,

Satanás quiso empañarte

nunca pudo derribarte,

porque en Dios tu alma se fió (bis)