EL VIENTO AMAINÓ
COMENTARIO
En la Iglesia y en toda existencia cristiana las
cosas se desarrollan siempre entre la confianza y el miedo. Es lo que nos
indica el evangelio de Jesús caminando sobre las aguas. El miedo. Una barca
lejos de la orilla y amenazada por el oleaje, el viento contrario, la noche ¡Y
un fantasma! Aquellos hombres, a pesar de estar bien curtidos, gritan de
espanto. La confianza. La noche pasa, se reconoce a Jesús. ¡Camina sobre el
mar! Les habla: “¡Soy yo! ¡No tengan miedo! Y a Pedro: “¡Ven!”. Juego de la
confianza y del miedo. Pedro empieza a caminar sobre las aguas. Pero tiene
miedo y se hunde: “¡Sálvame!”. Jesús lo coge: “¡Por qué has dudado!”.
Cuestión clave de nuestra reflexión de hoy. La
respuesta será el impulso de confianza total hacia la que se dirige todo el
texto: “¡Tú eres el Hijo de Dios!”.
Este milagro parece inútil (los otros milagros
curan). Pero hay que ver en él una lección capital: es un milagro-revelación.
Simboliza nuestros miedos más hondos y las cimas de nuestra confianza, cuando
nuestra fe es vivida por nosotros como una experiencia: “Realmente eres el Hijo
de Dios”. ¿He hablado de símbolo para insinuar que el milagro no tuvo lugar y
que se trata tan solo de una enseñanza en imágenes sobre la confianza? No,
aquellos hombres vieron ciertamente a Jesús caminando sobre las aguas y
comprobaron cómo amainaba el viento. Jesús hizo aquello por ellos, para robustecer
su confianza: “¡Aquí estoy!. ¡No tengan miedo!”.
Ahora, releído por nosotros ese mismo suceso nos
hace pensar en nuestra confianza en Jesús. En la vida tranquila creer en Jesús
es un evangelio bonito: Nos gusta lo que él dice, sentimos ganas de hacer lo
que él exige, sobre todo cuando habla del amar. Llega la tempestad, la noche
del sufrimiento físico, la noche del fracaso, de la traición, de la vejez.
¿Cómo creer que Jesús va a sacarnos de estas aguas? El milagro de ayer puede
hacerse milagro para nosotros. El mismo Jesús - ¡El mismo! - está allí y nos
habla: “No tengas miedo”. Y nos dice: “¡Ven!”. Escuchar a comprender ese ¡Ven!
Es sentir en nosotros un calor de confianza, como si fuera calcio en nuestras
venas. Le pedimos poder acercarnos a él, hacia un poco de solidez y de calma y
él nos dice: “¡Ven!”. Si la batalla contra el miedo es ardua, sentimos sobre
nosotros su mirada de mansa severidad: “¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?”.
Nos lo dice a nosotros y se lo dice a la Iglesia;
el simbolismo de la barca es natural; la Iglesia está azotada por las olas,
pero él está allí. Cuando llegamos a escuchar esa voz que nos dice: “No tengas
miedo”, ¿Es que van a cambiar las cosas? No necesariamente, aunque a veces sea
así. Pero nosotros sí que cambiamos y llevamos lo que nos parecía imposible de
llevar. “Tú eres el Hijo de Dios; contigo caminaré sobre estas aguas del miedo
y del sufrimiento”.
No puedo llegar más lejos; sólo aquel que ha
realizado esta experiencia de confianza sabe lo que quiere decir: “El viento
amainó”.
R.P. Roland
Vicente Castro Juárez.
ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 73, 20.19.22.23)
Piensa,
Señor, en tu alianza, no olvides sin remedio la vida de tus pobres. Levántate,
oh, Dios, defiende tu causa, no olvides las voces de los que acuden a ti.
ORACIÓN COLECTA
Dios
todopoderoso y eterno, a quien, instruidos por el Espíritu Santo, nos atrevemos
a llamar Padre, renueva en nuestros corazones el espíritu de la adopción
filial, para que merezcamos acceder a la herencia prometida. Por nuestro Señor
Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura
del primer libro de los Reyes 19, 9a.11-13a
En aquellos
días, cuando Elías llegó hasta el Horeb, el monte de Dios, se introdujo en la
cueva y pasó la noche. Le llegó la Palabra del Señor, que le dijo: «Sal y
permanece de pie en el monte ante el Señor». Entonces pasó el Señor y hubo un
huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas ante el
Señor, aunque en el huracán no estaba el Señor. Después del huracán, un
terremoto, pero en el terremoto no estaba el Señor. Después del terremoto,
fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Señor. Después del fuego, el susurro
de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se
mantuvo en pie a la entrada de la cueva.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 84, 9-14)
Muéstranos,
Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Voy a
escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus
amigos». La salvación está ya cerca de los que lo temen, y la gloria habitará
en nuestra tierra. R.
La misericordia
y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota
de la tierra, y la justicia mira desde el cielo. R.
El Señor
nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante
Él, y sus pasos señalarán el camino. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 9,
1-5
Hermanos:
Digo la verdad en Cristo, no miento —mi conciencia me atestigua que es así, en
el Espíritu Santo—: siento una gran tristeza y un dolor incesante en mi corazón;
pues desearía ser yo mismo un proscrito, alejado de Cristo, por el bien de mis
hermanos, los de mi raza según la carne: ellos son israelitas y a ellos
pertenecen el don de la filiación adoptiva, la gloria, las alianzas, el don de
la ley, el culto y las promesas; suyos son los patriarcas y de ellos procede el
Cristo, según la carne; el cual está por encima de todo, Dios bendito por los
siglos.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Sal 129, 5
Aleluya. Espero en el Señor, espero en su
Palabra. Aleluya
SANTO EVANGELIO
Lectura
del santo Evangelio según san Mateo 14, 22-33
Después de
que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a
la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente.
Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la
noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra,
sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la
noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar
sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.
Jesús les dijo enseguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!». Pedro le
contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua». Él le dijo:
«Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús;
pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y
gritó: «Señor, sálvame». Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
«¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?». En cuanto subieron a la barca
amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él diciendo: «Realmente
eres Hijo de Dios».
ORACIÓN UNIVERSAL
Oremos
a nuestro Señor Jesucristo, para que escuche la oración de los que nos hemos
reunido en su nombre:
1.- Por el
Papa León, los obispos y todo el clero: Para que el Señor los proteja, renueve
sus fuerzas y guíe sus pasos con sabiduría, ayudándolos a ser faros de
esperanza y unidad para la Iglesia en medio de las dificultades. Roguemos
al Señor.
2.- Por los
gobernantes y líderes de las naciones: Para que actúen con justicia, promuevan
el bien común y dirijan sus esfuerzos a construir puentes de diálogo y
fraternidad. Roguemos al Señor.
3.- Por
todos los que sufren: Para que, ante las dificultades, escuchen la voz de Jesús
y encuentren consuelo, fortaleza y la gracia de no perder la esperanza. Roguemos
al Señor.
4.- Por
nosotros: Para que el Señor nos libre de la tentación del miedo y la
desesperanza, y nos conceda la valentía de mantener la mirada fija en Él cuando
las dificultades nos abrumen. Roguemos al Señor.
Señor
Dios nuestro, que con tu poder dominas la creación entera, haz que te
reconozcamos presente en todos los acontecimientos de nuestra historia, para
que sepamos así afrontar las pruebas con serenidad y avancemos hacia la paz de
tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta
complacido, Señor, los dones que en tu misericordia has dado a tu Iglesia para
que pueda ofrecértelos, y que ahora transformas con tu poder en sacramento de
nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTIFONA DE COMUNIÓN Jn 6, 51
El pan que
yo daré es mi carne por la vida del mundo, dice el Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
La
comunión en tus sacramentos nos salve, Señor, y nos afiance en la luz de tu
verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes 10: Ez 1, 2-5. 24-28c; Sal
148, 1-2. 11-12ab.12c-14ª.14bcd; Mt 17, 22-27
Martes 11: Ez 2, 8-3, 4; Sal 118,
14.24.72.103.111.131; Mt 18, 1-5. 10. 12-14
Miércoles 12: Ez 9, 1-7;
10, 18-22; Sal 112, 3-4. 5-6; Mt 18, 15-20
Jueves 13: Ez
12, 1-12; Sal 77, 56-57. 58-59. 61-62; 56-57. 58-59. 61-62; Mt 18, 21-29
Viernes 14: Ez
16, 1-15. 60. 63; Sal: Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6; Mt 19, 3-12
Sábado 15: 1Cro
15, 3-4. 15-16; 16, 1-2; Sal 131, 6-7. 9-10. 13-14; 1Co 15, 54-57; Lc 11, 27-28
Domingo 16: Is
56, 1.6-7; Sal 66, 2-3. 5.6 y 8; Rm 11, 13-15.29-32; Mt 15, 21-28
COMENTARIOS AL
EVANGELIO
Mt 14, 22-33
Par: Mc 6, 45-52 Jn 6, 16-21
1.- J/PEDAGOGIA EN
LA FORMACIÓN DE LOS DISCÍPULOS.
-Formación de los discípulos. Jesús enseña con las
palabras. Pero sobre todo es un auténtico maestro en la escuela de la vida.
Hace que sus discípulos se embarquen en la aventura de su seguimiento y
aprendan de su vida con él. La pedagogía de la vida cuando se goza del
acompañamiento de Jesús es más eficaz que muchos discursos.
En el episodio anterior, multiplicación de los
panes, Jesús había tenido que animar a sus discípulos a implicarse con la
multitud (/Mt/14/13-21).
Ellos querían dejarlos ir simplemente. Jesús les
provocó: "Dadles vosotros de comer". Y aprendieron que cinco panes y
dos peces bastaban cuando eran compartidos. La comida llegó a todos
("comieron todos") y esa comida produjo plenitud, bienestar
("hasta quedar satisfechos"). Jesús les había invitado a acercarse a
la muchedumbre hambrienta y a no inhibirse. Así los discípulos pudieron
comprender con sorpresa sus enormes posibilidades. Era un auto-descubrimiento
gozoso en medio de la gente. Los problemas de los hombres no hay que echarlos
solamente sobre los hombros de Jesús, sino que pueden acercarse a ellos
solidariamente con él. ¡Los discípulos se sintieron colaboradores del Reino!
Pero esta vez la lección va a ser más dolorosa. Aunque al final resulte igualmente
gozosa, Jesús "apremia" a sus discípulos a que suban a la barca y se
separen de la gente, mientras él los despedía y oraba. También en esta ocasión
quiere aclararles su situación, ayudarles a auto-descubrirse, empujarles a una
auténtica relación con él. La propia verdad puede ser dura, pero siempre
resulta liberadora. Cuando estaban con la multitud los discípulos aprendieron
que debían ser colaboradores de Jesús; cuando se alejan solos comprenderán que
llevan dentro la duda y el miedo, que necesitan reconocer la presencia amiga de
Jesús. Es ésta la grandeza y la miseria de los enviados de Dios. (...) En la
formación de los que siguen a Jesús esta experiencia es tan necesaria como la
de la multiplicación de los panes.
Tarde o temprano, una o muchas veces tendremos que
enfrentarnos a nuestros miedos y dudas, con nuestras frustraciones y
cansancios, con nuestra profunda angustia y ganas de abandonar. ¡Esa verdad es
liberadora! Esos somos también nosotros. Si habíamos creído otra cosa al ser
capaces de alimentar a una muchedumbre, nos habíamos equivocado. Pero la
presencia de Jesús está asegurada todos los días hasta el fin del mundo. Cuando
nos invita a no tener miedo, cuando nos agarra de la mano, cuando llega a la
serenidad y la calma, recibimos como gracia comprender que nuestra misión no se
basa en nuestra grandeza sino en su fidelidad absoluta. El discípulo conoce a
la vez su propia verdad y la Verdad salvadora.
JOSÉ MARÍA ALEMANY - DABAR 1990/41
2.- FE/DUDA: LA DUDA PARECE
SER UN INTEGRANTE CONTINUO Y SIEMPRE PRESENTE EN LOS QUE QUIEREN VIVIR SU FE
DÍA TRAS DÍA.
En este relato, lo mismo que en el que le precede
(la multiplicación de los panes), los discípulos ocupan un puesto importante.
No son pasajes directamente relacionados con la teología del discipulado, pero
sí que encierran una relación directa con la postura del que quiere acercarse a
Jesús. La fe en él pasará por la superación y asimilación de la duda. La fuerza
del viento y el peligro de la vida son temas para dibujar la situación de
dificultad que presupone el reino de Dios y el esfuerzo necesario para superar
la actitud de duda. Pero la idea dominante no es el peligro en el que se
encuentran los discípulos, ni su inquietud; Mt concentra su relato en la
persona de Cristo, cuyos discípulos van a descubrir nuevamente, en el esfuerzo
y la duda, su autoridad soberana y su voz apaciguadora. El progresivo
acercamiento a la realidad que es Jesús supone un continuo estar a la escucha
de la Palabra en una actitud fuerte de superación.
Este diálogo de Pedro con Jesús exclusivo de Mt,
parece presentar a Pedro como un prototipo de discípulo por su amor a Jesús y
por la insuficiencia de su fe. No es aquí un líder que haya captado mejor que
otros su relación con Jesús, sino que se hace portador de la situación en que
se encuentra "todo" discípulo. La duda parece ser un integrante
continuo y siempre presente en los que quieren vivir su fe día tras día.
Pedro es aquí la figura del que confunde el
entusiasmo un tanto presuntuoso con la fe, y no se da cuenta que debe su
salvación más a un gesto salvador de Jesús, como lo hace observar el mismo
Maestro (v. 31). Si la fe conlleva una gran carga de duda, también contiene la
promesa del apoyo de Jesús a todo el que cree. Dios no solamente rehabilita al
hombre por la muerte de Jesús, sino que también lo salva, es decir, lo acompaña
en su caminar diario (cf Rm 5.)
v 33:Aunque como expresión hay que situarla en una
elaboración tardía, la confesión de Pedro encierra la confianza fundamental que
el creyente y toda la Iglesia, pone en la persona de Jesús.
Esta es la revelación que diariamente hace Jesús y
acepta el creyente. Sin ella es imposible construir el camino de la fe. Dios y
hombre coinciden en la tarea.
EUCARISTÍA 1978/37
3.- J/SEÑOR.PIDE
ADHESIÓN INQUEBRANTABLE DE FE EN MEDIO DE LAS CRISIS. EL DISCÍPULO DEBE FIARSE
TOTALMENTE DEL SEÑOR AUN EN MEDIO DE LAS CRISIS.
Jesús se revela a la comunidad de sus discípulos
en medio de las dificultades y los confirma en la fe, liberándolos del temor y
de la duda. El episodio paradigmático de Pedro, propio de Mt quiere destacar
que el discípulo es invitado a fiarse totalmente del Señor, también en las
situaciones que ponen en crisis la adhesión inquebrantable de fe.
Jesús viene de su experiencia de oración en el
monte; ello pone de relieve la importancia de ese encuentro misterioso con los
discípulos: Jesús se les acerca como Señor. Jesús es el Señor que controla el
peligro ("amainó el viento") y es el salvador ("extendió la
mano, lo agarró") eficaz de la comunidad en medio de las pruebas.
J. FONTBONA - MISA DOMINICAL 1990/16
4.- Jesús marchaba sobre las aguas como Señor del
mar. Así nuestra historia se halla en estrecha relación con la anterior. En la
multiplicación de los panes, Jesús se había dado a conocer como el Mesías a la
muchedumbre. Caminando sobre el mar, al estilo de una teofanía o cristofanía,
Jesús se revela a los discípulos que le reconocen como el Hijo de Dios. Se da
incluso el paso importante que va, desde el Mesías, a la confesión del Hijo de
Dios. Un notable progreso en la fe. Al lector del evangelio de Mateo no debe
sorprenderle esta confesión de fe de los discípulos. Nuestro evangelista ha
afirmado la filiación divina de Jesús explícita o implícitamente en otras
ocasiones: la voz que se dejó oír desde el cielo con ocasión de su bautismo, la
historia de las tentaciones, la confesión de los espíritus malos e,
implícitamente, cuando se habla de la filiación divina de los discípulos (5,9.
16. 45.48), que deriva de la de Jesús (6,9).
Pudiéramos tener la impresión de que este milagro
tiene como finalidad única la demostración de la divinidad de Cristo. En otra
ocasión (ver el comentario a 8, 1-4) dijimos que los milagros evangélicos no
tienen esa finalidad. También en nuestro caso, el milagro es predicación y
anuncio del evangelio, porque es provocado por la necesidad en que se ven los
discípulos. Como consecuencia de haberla remediado Jesús de forma tan milagrosa
surge el reconocimiento de Jesús como el Hijo de Dios.
Dijimos que nuestra historia tiene aspecto de
teofanía. En el Antiguo Testamento, aunque sea en textos poéticos, se describe
la soberanía de Yahvéh recurriendo también al dominio que tiene sobre las olas
del mar "...por el mar fue tu camino, por las grandes olas tu
sendero" (/Sal/077/20), "...camina sobre las alturas del mar"
(/Jb/09/08). La marcha de Jesús sobre las aguas le coloca al mismo nivel en que
era puesto Yahveh en el Antiguo Testamento. Habla por sí misma de la divinidad
de Cristo. Pero nuestra historia pone de relieve al mismo tiempo una
peculiaridad singular: este Hijo de Dios recurre con frecuencia a la oración;
en la que pasa largas horas: "subió al monte para orar. Entrada ya la
noche..."
Exactamente es lo que recoge la fe cristiana al
confesarlo verdadero Dios y verdadero hombre. Con necesidad de recurrir con
frecuencia a la oración, como todo mortal, y dando el ejemplo de su necesidad
para el hombre.
FE/PERFECTA-IMPERFECTA: La segunda gran lección
de nuestra perícopa gira en torno a la figura de Pedro. Quiere poner a prueba
la palabra de Jesús, que ya se les ha presentado en su categoría divina con la
frase "Yo soy", "...si eres tú..." La fe de Pedro busca su
apoyo más en el milagro que en la palabra de Jesús. Fe, por tanto, muy
imperfecta, porque la verdadera fe se halla determinada por una abertura total
a Dios y una confianza absoluta en su palabra, aun en las necesidades más
extremas de la vida. La fe imperfecta ("hombres de poca fe") es
precisamente aquella que se acepta como consecuencia de algo extraordinario y
milagroso. Ante las fuerzas de las olas Pedro dudó. Una duda que equivale a
falta de fe, falta de confianza en la palabra de Dios o de Jesús, como en el
caso presente (no debió dudar de la palabra de Jesús). Pedro comienza a caminar
hacia Jesús (v. 29) y, sin embargo, la violencia del viento y de las olas le
hace dudar y comienza a hundirse (v. 30). Dos rasgos que parecen excluirse:
caminar hacia Jesús y hundirse. La paradoja se resuelve diciendo que, desde que
comenzó la duda, dejó de caminar hacia Jesús.
La actitud de Pedro es verdaderamente
paradigmática. En ella se personifica y simboliza todo caminar hacia Jesús. Un
caminar que no está exento de dudas (28, 17; Rom 14, 1.23) porque, junto a la
certeza y seguridad absolutas que la palabra de Dios garantiza, está el riesgo
de salir de uno mismo hacia lo que no vemos. Sólo una fe perfecta, como la de
Abraham -salió de su tierra hacia lo desconocido, fiándose exclusivamente en la
palabra de Dios-, supera el riesgo humano en la seguridad divina. El riesgo de
la fe está precisamente en que a nuestros pies les falta la arena, como en las
grandes resacas... y entonces nos vemos suspendidos en el vacío. Entonces el
único grito apropiado es el lanzado por Pedro: "Señor, sálvame".
Acudir a Jesús convencidos de lo que significa y realiza su nombre:
"salvador" (1, 21).
COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT - EDIC
MAROVA/MADRID 1976
5.- MAR/MAL.
a) La victoria de Dios sobre las aguas es un tema
muy importante de la cosmogonía judía. El pensamiento bíblico ha heredado, en
efecto, de las viejas tradiciones semíticas la idea de una creación del mundo
en forma de un combate entre Dios y las aguas, hasta que el poder creador de
Dios se impuso a las aguas y a los monstruos del mal que contenía (Sal 103/104,
5-9; 105/106, 9; 73/74,13-14; 88/89, 9-11; Hab 3, 8-15; Is 51, 9-10). Incluso
la historia de la salvación aparece como una victoria de Yahvé sobre las aguas:
tal es el significado de la victoria sobre el mar Rojo (Sal 105/106, 9) y de la
victoria escatológica sobre el mar (Ap 20, 9-13).
Ahora bien: el poder de Cristo sobre las aguas
impresionó evidentemente a los primeros cristianos, que vieron en el relato de
la tempestad calmada (Mt/08/23-27) y en el caminar sobre las aguas (nuestro
Evangelio) la manifestación de quien vuelve a reanudar la obra de la creación y
la lleva a su plena realización triunfal. El Día de Yahvé debía ser un día de
victoria sobre las aguas (Hab 3, 8-15; Is 51, 9-10); Yahvé está, pues, entre
nosotros, para completar esa obra (cf. v. 33). El caminar sobre las aguas es,
por tanto, una especie de epifanía del poder divino que reside en Cristo.
b) Pero la victoria de Cristo sobre las aguas se
sitúa en un momento decisivo de la vida de Cristo. Su vida de rabbí itinerante,
ídolo de las multitudes, no conduce a nada. Al confrontar los pobres resultados
de ese ministerio con la voluntad salvífica de su Padre (cf. la oración del v.
23), Cristo cambia de política y se dedica a la formación intensiva de un grupo
de apóstoles -y de Pedro en particular- separado de la multitud.
La formación de estos apóstoles persigue dos
objetivos: enseñarles a utilizar los poderes mesiánicos de Cristo tal como se
los transmitiría un día y enseñarles a tener confianza en El.
El episodio de la marcha sobre las aguas responde
a este doble objetivo: Cristo convence a Pedro de que posee realmente los
poderes que le permitirán vencer al mal (simbolizado por las aguas sobre las
que Pedro camina) (vv. 28-29). Cristo enseña igualmente a Pedro que esa
victoria no dimana de un poder mágico, sino que depende de la fe (vv. 30-31).
La victoria sobre las fuerzas del mal es ofrecida,
pues, al cuerpo apostólico, con la condición de que a ese poder conferido sobre
tales fuerzas correspondan una fe y una adhesión confiadas a la persona de
Cristo. Lo mismo que en la primera lectura, la victoria sobre las fuerzas del
mal aparece, por tanto, como una posibilidad ofrecida al hombre en Jesucristo.
Afirmar que Cristo ha vencido al imperio del mal
es, en realidad, reconocer a la obra de Cristo sus dimensiones cósmicas. Hasta
El existía una solidaridad en el pecado que afectaba a toda la creación. En
adelante queda abierta una brecha en el círculo de esa solidaridad. Con Cristo
se rompe ese lazo cósmico en beneficio de otra solidaridad: la del amor.
Injertado en ese dinamismo de amor, el cristiano
no es solo vencedor de sí mismo y de las zonas oscuras de su persona, su
victoria tiene realmente una repercusión cósmica: ha vencido realmente al
mundo, ha dominado realmente a los elementos lo mismo que Cristo y Pedro han
dominado al mar. La misión del cristiano en el mundo consiste, efectivamente,
en destruir el influjo del imperio del mal en todos los terrenos en que se
sigue manifestando y hasta en la muerte que parece ser hasta ahora su mejor
sirvienta. La Eucaristía alimenta al cristiano para el combate efectivo de cada
día, puesto que le hace copartícipe de la victoria sobre Satanás y sobre la
muerte.
MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA
CRISTIANA V - MAROVA MADRID 1969.Pág. 253
DOMINGO
19 DEL TIEMPO ORDINARIO
-1-
La tempestad calmada
Después
de la multiplicación de los panes, que leíamos el domingo pasado, Mateo nos
cuenta el episodio de la tempestad calmada, cuando las olas y el viento del
lago sacudían y hacían casi zozobrar la barca de los discípulos.
Una
barca zarandeada por las olas y el viento son un buen símbolo de tantas
situaciones personales y comunitarias que se van repitiendo en la historia y en
nuestra propia vida. Como la del profeta Elías en el AT. Como la de tantos
cristianos que experimentan dificultades y miedos tan grandes como los de los
apóstoles.
1 Reyes 19, 9a11-13a. Ponte
en pie en el monte ante el Señor
Elías,
después de un gran éxito, al dejar en evidencia él solo y mandar castigar
delante de todo el pueblo a los más de cuatrocientos profetas y sacerdotes del
dios falso Baal, sabiéndose perseguido a muerte por la reina Jezabel, tiene que
huir al desierto.
En
la huida llega al monte Horeb, o Sinaí, donde el pueblo, a la salida de Egipto,
había experimentado la cercanía y había firmado la alianza con Dios. Ahí tiene
Elías la experiencia de la teofanía de Yahvé, que no se le "aparece"
en lo que él podría haber imaginado y que eran los signos tradicionales de la
presencia de Dios -el huracán, el terremoto, el fuego- sino en una brisa suave.
En ese encuentro recibe el encargo de volver a la ciudad, de nuevo, a seguir
ejerciendo su misión profética, se supone que con un ánimo más calmado y unos
métodos más suaves.
El
salmo habla también de un Dios lleno de paz y misericordia:
"muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación", "Dios
anuncia la paz", "el Señor nos dará la lluvia y nuestra tierra dará
su fruto".
Romanos
9, 1-5. Quisiera ser un proscrito, por el
bien de mis hermanos
Con
el capítulo 9, hasta el 11, empieza en la carta a los Romanos otro tema que a
Pablo le preocupa mucho: la suerte que le espera al pueblo de Israel.
El
apóstol muestra un apasionado amor a su pueblo, "los de mi raza según la
carne", y le duele profundamente que no hayan sabido acoger al Mesías,
después de tantos siglos de espera y anuncios proféticos.
Reconoce
con afecto una lista de dones que siguen teniendo los judíos, como herederos de
las promesas del AT.
Mateo 14, 22-33. Mándame ir hacia
ti andando sobre el agua
Después
de multiplicar los panes y dar de comer a la gente, al llegar la noche, Jesús
se retira solo al monte, a orar.
Los
discípulos, mientras tanto, adentrándose en el lago, están pasando momentos de
apuro por el viento recio y contrario que zarandea su barca, y eso que eran
pescadores de profesión. Momentos que se convierten en pánico y gritos cuando,
en la oscuridad, antes del amanecer, ven venir hacia ellos a Jesús caminando
sobre las aguas, tomándole por un fantasma, hasta que oyen su voz
tranquilizadora.
Mateo
es el único que añade el episodio de Pedro, que pide a Jesús que le deje
caminar también a él sobre el lago, pero luego pierde la confianza, tiene miedo
a hundirse y es salvado por la mano de Jesús.
La
conclusión es una profesión sincera de fe: "eres el Hijo de Dios".
Jesús se había presentado con un atributo divino: "yo soy", y Pedro
se había dirigido a él llamándole "Kyrios, Señor".
El destino del pueblo elegido
Es
admirable el amor que Pablo muestra por su pueblo. Él quisiera que todos sus
hermanos de raza creyeran en Jesús, como lo ha hecho él. Pero ante la
obstinación y el rechazo de su pueblo, siente "una gran pena y un dolor
incesante". Llega a decir, cosa que nos puede parecer hasta escandalosa,
que "por el bien de su pueblo" aceptaría incluso "ser un
proscrito lejos de Cristo", o sea, un maldito, un excomulgado, si con eso
vinieran a la fe sus hermanos.
Los
motivos de esta solidaridad son teológicos. Para él, fue seria la elección de
Dios en el AT, y todavía hoy los valores del pueblo de Israel siguen ahí: la
elección por parte de Dios, la adopción como hijos, la presencia particular de
Dios, la alianza que sellaron en el Sinaí, la ley dictada a través de Moisés,
el culto con el que entraban en contacto privilegiado con Dios en el Templo, la
presencia de patriarcas y profetas... Finalmente, el hecho de que el mismo
Jesús "según la carne", naciera de este pueblo.
Pablo
nos da una buena lección a nosotros, los cristianos del siglo XXI. Ante todo,
para examinar cuál es nuestra relación anímica con respecto a Israel. Sigue
siendo para nosotros un misterio y un interrogante el destino del pueblo judío.
También Jesús lloró sobre Jerusalén, porque la amaba, y preveía su ruina. Había
intentado "recoger a sus hijos como la gallina protege bajo sus alas a los
polluelos", pero fracasó.
Los
valores que Pablo enumera como heredados por su pueblo y transmitidos luego a
nosotros, los apreciamos también ahora. Jesús y sus padres y los primeros
cristianos eran judíos. Tenemos muchos y entrañables lazos en relación con el
pueblo elegido, el pueblo de "la primera Alianza". Además de la lista
que nos ha enumerado Pablo, podríamos recordar que les debemos los salmos, la
institución semanal, con el domingo como sustituto del sábado, las fiestas de
Pascua y de Pentecostés, que ahora nosotros hemos completado con un sentido
cristo céntrico, y categorías tan importantes como la asamblea celebrante, la
veneración por la Palabra, el memorial del acontecimiento pascual...
No
tendríamos que olvidar la declaración del Vaticano II "Nostra
aetate", sobre "las relaciones con las religiones no
cristianas", en las cuales la Iglesia ve ciertamente también cosas
verdaderas y santas. Sobre todo, podríamos leer el número 4 de este documento,
donde habla del pueblo elegido, la estirpe de Abrahán. También se puede
extender esta visión más amplia de Pablo a otras religiones, con las que ahora,
tal vez, estamos entrando más en contacto, como la budista o la islámica. La
lección es siempre actual: ¿amamos a la humanidad? ¿Amamos a esta generación en
la que nos ha tocado vivir? ¿Sabemos reconocer los valores que tiene el mundo
de hoy, la juventud de hoy, los hombres de hoy, aunque también veamos sus
deficiencias?
Nos
duele, ciertamente, la pérdida actual de fe, no ya en el pueblo judío, sino
entre los cristianos, en "nuestro pueblo", a veces en nuestra propia
familia. Pero no por eso dejamos de amar a nuestros contemporáneos y de
trabajar por ellos. ¿Somos capaces de sacrificarnos por ellos, de rezar por
ellos?.
Lecciones para los discípulos demasiado ardorosos
A
Elías, Dios le da una buena lección. El profeta, en su camino de huida al
desierto, al llegar al monte santo, Horeb, quiere tener la experiencia de la
presencia de Dios. Acaba de realizar, en la escena anterior, un gran milagro,
haciendo bajar fuego del cielo sobre los ídolos falsos y sobre sus sacerdotes,
dando así testimonio del poder del verdadero Dios. Es un hombre fogoso,
batallador, guerrero.
¿Cómo
se le aparecerá ahora el Señor? Aquí le espera la lección. Cuando Elías está en
la cueva del monte, sucede un huracán muy violento, pero el Señor no está en
ese huracán. Luego viene un fuerte terremoto, pero el Señor no está ahí. Le
sigue un fuego tremendo, pero tampoco ahí está Dios. Finalmente se siente una
brisa tenue, y ahí sí, ahí se le manifiesta el Señor y le hace oír su voz. En
vez de "brisa tenue", algunos entendidos dicen que habría que
traducir "el rumor de un silencio".
Dios
es imprevisible. Nos prepara continuas sorpresas. No le encontramos allí donde
nosotros le suponemos o le queremos. A Dios no le podemos programar con ningún
ordenador. Es el Todo Otro. Sus caminos no son nuestros caminos.
A
Elías le enseña Dios a calmar su temperamento y suavizar sus métodos. Un
profeta que todo él es un fuego, un terremoto, un huracán, por su carácter y
sus métodos, aprende que no son esos los métodos de Dios. Dios prefiere una
cercanía suave, discreta, hecha a veces de silencio, no la espectacularidad de
una tormenta. Jesús tuvo que reprochar a Pedro cuando, en el Huerto, sacó la
espada y cortó la oreja a uno de los que venían a prenderle.
Como
dice el salmo de hoy, "Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus
amigos". Cuando Isaías anunció, en el primero de los "cantos del
Siervo", cómo sería y actuaría el enviado de Dios, nos aseguró que
"no voceará, no gritará por las calles... la caña cascada no la acabará de
romper... el pábilo vacilante no lo terminará de apagar...". Jesús nos
invitó a imitarle en su actuación: "aprended de mí, que soy manso y
humilde de corazón".
¡Qué
poca fe! ¿Por qué has dudado?
También
Pedro recibe una lección en el episodio que hemos leído hoy. Él tiene muchas
intervenciones en el evangelio. Algunas brillantes, como en su confesión del
mesianismo de Jesús. Otras, no tanto, como la de hoy.
Pedro
sintió, al igual que los demás que estaban en la barca, verdadero pánico, hasta
llegar a gritar del susto, ante el agitarse del lago y la presencia del que les
pareció un fantasma. Hay días en que el pescador más curtido les tiene respeto
a las olas.
Ahí
entró en acción Pedro, un poco presuntuoso, y siempre protagonista, y se
arriesgó, fiado en el Maestro: "Señor, si eres tú, mándame ir donde ti
sobre las aguas". Decidido, valiente en principio, salta de la barca y se
pone a caminar sobre las aguas. Hasta que la duda le hace perder la seguridad y
comienza a hundirse. ¿Esperaba que todo fuera sencillo? ¿que también él podría
hacer esos milagros que veía hacer a su Maestro? Pedro es espontáneo, primario,
a veces presuntuoso. Sería interesante ver la sonrisa de sus compañeros, ante
la situación nada brillante en que se había metido Pedro. Hombre de poca fe...
Es interesante comparar su "oración" de hoy: "¡Señor, sálvame!
", con la que le vino espontánea en el monte Tabor, cuando la transfiguración
de Jesús: "qué bien se está aquí, Señor, hagamos tres tiendas...".
La
escena concluye con una profesión de fe: "realmente eres Hijo de
Dios".
Sin
la ayuda de Jesús, ni siquiera los apóstoles, incluido Pedro, pueden hacer
nada. Jesús tiene que alargar su mano para dar firmeza a Pedro y a los demás.
Las tempestades de la Iglesia y de cada cristiano
Es
fácil ver en el episodio de hoy una imagen de las numerosas tempestades que ha
tenido que sufrir la comunidad de Jesús a lo largo de los siglos, con vientos
realmente contrarios. También las que sufre cada uno de nosotros, en algún
momento de nuestra vida, hasta el punto de que nuestra barca personal también
amenaza a veces con irse a pique por las circunstancias contrarias internas o
externas.
A
la Iglesia se la ha comparado desde siempre con una embarcación, "la barca
de Pedro". Todos sabemos que ha tenido tempestades fuertes a lo largo de
los siglos y sigue teniéndolas ahora: a veces combatida desde fuera, con
vientos fuertes y olas encrespadas, y otras desde dentro, con "mar de
fondo". También tenemos la experiencia de que a veces nos vienen a los
labios oraciones como la de Pedro: "sálvanos, Señor, que perecemos".
Ciertamente
nuestra travesía por la historia no ha sido ni está siendo ahora un crucero de
placer. Más bien sabemos de vientos y de nieblas y de oscuridad de noche y
hasta de fantasmas. Cristo nunca nos prometió que no habría tormentas en
nuestra vida. Al revés, nos avisó de persecuciones y peligros de dentro y de
fuera. Eso sí: nos prometió que estaría con nosotros hasta el final del mundo.
Cristo venía del monte, de pasar la noche en oración. Como pasó orando la otra
noche, dramática, del huerto de Getsemaní, en la que tampoco los apóstoles
oraban, porque estaban cargados de sueño.
Tanto
en las tempestades eclesiales como en las personales, hay una gran diferencia:
si Cristo no está en nuestra barca, todo parece que va a zozobrar. Si le
admitimos a bordo, se amaina el viento y encontramos fuerza para remar y salvar
las peores situaciones: "soy yo, no tengáis miedo". A veces se nos
echa el mundo encima. 0 creemos que la Iglesia se hunde. O que Jesús está
ausente, o dormido. Si oráramos más, como Jesús en la noche, tendríamos más
seguridad y más eficacia en nuestra misión. Oiríamos su voz: "no tengáis miedo,
soy yo".
Pedro
aparece aquí como el representante de tantos cristianos que creen en Cristo,
que le siguen, que intentan serle fieles, pero que a veces dudan y tienen
crisis de fe y sienten miedo e inquietud ante el futuro y caminan en la
oscuridad de la noche, con viento en contra.
¡Qué
poca fe! ¿Por qué tenéis miedo?. Ya nos avisó que "sin mí no podéis hacer
nada". Con él amainó el viento. Debemos confiar más en el Señor. Él está
dispuesto siempre a darnos paz y serenidad. No tendríamos que asustarnos
demasiado ante las tempestades y los fracasos. Ni entusiasmamos en exceso por
los éxitos.
Vale
la pena que recordemos la otra consigna de Jesús: "duc in altum",
"rema mar adentro". Con el apoyo de la oración y de la presencia del
Resucitado y de su Espíritu, nuestra barca comunitaria y personal puede vencer
todas las dificultades y tempestades.
LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)
PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO XIX TIEMPO ORDINARIO 2026
(09 DE AGOSTO)
01.- IGLESIA PEREGRINA (Cesareo
Garabain)
Todos unidos formando
un solo cuerpo,
un pueblo que en la
Pascua nació;
miembros de Cristo en
sangre redimidos:
¡Iglesia peregrina de
Dios!.
Vive en nosotros la
fuerza del Espíritu
que el Hijo desde el
Padre envió,
Él nos empuja, nos guía
y alimenta:
¡Iglesia peregrina de
Dios!
SOMOS EN LA TIERRA
SEMILLA DE OTRO REINO,
SOMOS TESTIMONIO DE
AMOR,
PAZ PARA LAS GUERRAS Y
LUZ
ENTRE LAS SOMBRAS:
¡IGLESIA PEREGRINA DE
DIOS! (2)
Rugen tormentas y a
veces nuestra barca
parece que ha perdido
el timón,
miras con miedo, no
tienes confianza:
¡Iglesia peregrina de
Dios!
Una esperanza nos llena
de alegría,
presencia que el Señor
prometió;
vamos cantando, Él
viene con nosotros:
¡Iglesia peregrina de
Dios!
Todos nacidos en un
solo bautismo,
unidos en la misma
comunión,
todos viviendo en una
misma casa:
¡Iglesia peregrina de
Dios!
Todos prendidos en una
misma suerte,
ligados a la misma
salvación;
somos un cuerpo y
Cristo es la cabeza:
¡Iglesia peregrina de
Dios!
02.- JUNTOS CANTANDO LA ALEGRIA
JUNTOS CANTANDO LA
ALEGRÍA
DE VERNOS UNIDOS EN LA
FE Y EL AMOR;
JUNTOS SINTIENDO EN
NUESTRAS
VIDAS LA ALEGRE
PRESENCIA DEL SEÑOR.
1.- Somos la Iglesia
peregrina que Él fundó,
somos un pueblo que
camina sin cesar.
Entre cansancios y
esperanzas hacia Dios;
nuestro amigo Jesús nos
llevará.
2.- Hay una fe que nos
alumbra con su luz,
una esperanza que
empapó nuestro esperar.
Aunque la noche nos
envuelva en su inquietud,
nuestro amigo Jesús nos
guiará.
3.- Es el Señor, nos
acompaña al caminar,
con su ternura a
nuestro lado siempre va.
Si los peligros nos
acechan por doquier,
nuestro amigo Jesús nos
salvará.
03.- CAMINABA SOBRE EL MAR (Javier
Iturralde)
EL POLVO DE LOS CAMINOS
ERA AMIGO DE SU ANDAR,
PERO TAMBIÉN CAMINABA
SOBRE LAS OLAS DEL MAR. (2)
1.-Aunque era rico en
milagros y en potestad,
Él fue amigo de los
pobres, de la humildad.
2.-Aunque tenía remedio
para la sed,
dijo a la Samaritana:
"quiero beber".
3. Aunque a tristes y
afligidos Él consoló,
por su patria y por su
gente también lloró.
04.- COMO EL CIERVO AL AGUA VA
(Alejandro Mejia)
Como el ciervo al agua va
Vamos hacia ti, Señor
Pues de ti tenemos sed
Fuente del eterno amor.
Caminamos hacia ti
Con alegre cantico
Hoy venimos a tu altar
Para amarte más, Señor.
¿Quién escucha mi gemir?
Y sé dónde está tu Dios
El Señor se encuentra aquí.
En la voz de júbilo
Ya mi llanto ha de cesar
El Señor es Salvador
Cuando tenga que sufrir
En mi pensaré, Señor.
Gloria al Padre eterno
Gloria al Hijo redentor
Gloria al Espíritu
Que nos une en el amor.
Ven Señor, Maranatha
Amén, Aleluya
Ven Señor, Maranatha
Amén, Aleluya
05.- TE OFRECEMOS, SEÑOR (Coro Reina
de la paz)
TE OFRECEMOS, SEÑOR,
ESTE PAN Y ESTE VINO;
QUE EN TU CUERPO Y TU
SANGRE
QUEDARÁN CONVERTIDOS
(bis).
1.- Con el vino y el
pan,
te ofrecemos el fruto
de nuestro trabajo;
la ilusión de vivir,
el placer y el dolor,
la alegría y el llanto.
2.- Juntamente, Señor,
te ofrecemos la vida
que Tú nos has dado;
la esperanza, la fe y
el amor,
que nos hace sentirnos
hermanos.
06.- LLEVEMOS AL SEÑOR (Carmelo
Erdozain)
1.- Llevemos al Señor
el vino y el pan.
Llevemos al altar
la viña, el trigal.
EL SEÑOR NOS DARÁ
ÉL NOS DARÁ SU AMISTAD.
[BIS]
2.- Llevemos al Señor
pureza y amor.
Llevemos al altar
justicia, hermandad.
3.- Llevemos al Señor
trabajo y dolor.
Llevemos al altar
ofrendas de paz.
07.- CON AMOR TE PRESENTO SEÑOR
(Carmelo Erdozain)
1.- Con amor te presento, Señor,
lo mejor de mi vida,
te presento, Señor, mi
amistad.
Con amor te presento,
Señor,
para ser mi manjar.
La viña, el racimo, el
trigal,
el pan de mi hogar
te presento con amor.
2.- Con mis manos abiertas a Ti,
contemplando tu
lámpara,
te presento, Señor, mi
esperanza.
Hacia Ti se dirige mi
barca,
hacia el cielo se va.
Es largo el camino, el
remar,
ruta pascual,
Dios me guía al
caminar.
3.- Con mi ofrenda
también yo te doy
lo mejor de mis
lágrimas.
Te presento, Señor, mi
dolor.
Te presento, Señor, mi
oración,
ofertorio de amor.
El grano enterrado ya
es flor,
la espiga oblación,
la semilla redención.
08.- SI VIENES CONMIGO (Cesareo
Garabain)
SI VIENES CONMIGO Y
ALIENTAS MI FE,
SI ESTÁS A MI LADO ¿A
QUIÉN TEMERÉ?. (BIS)
1.- A nada tengo miedo,
a nadie he de temer,
Señor, si me protegen
tu amor y tu poder.
Me llevas de la mano,
me ofreces todo bien.
Señor, Tú me levantas
si vuelvo a caer.
2.- ¡Qué largo mi
camino! ¡qué hondo mi dolor!
Ni un árbol me da
sombra ni escucho una canción.
¿Será que a nadie puedo
mirar ni sonreír?
Señor, Tú sólo quedas,
Tú sólo junto a mí.
3.- En cosas que se
mueren yo puse el corazón.
Fue tierra mi tesoro,
fue vana mi ilusión.
En cosas que se mueren
me voy muriendo yo,
Tú sólo vives siempre,
Tú sólo, mi Señor.
09.- TU QUE CAMINAS SOBRE LA MAR
(Cesareo Garabain)
1.- Tú que caminas sobre la mar
calmas el viento y la tempestad,
cubres la tierra con tu poder,
cantan los cielos tu majestad.
RUGEN TORMENTAS, BRAMAN VENDAVALES,
MAS TÚ SEÑOR, NOS SALVARÁS.
FIRME ESTÁ LA ROCA QUE EN TI SE APOYA,
A NUESTRO LADO SIEMPRE ESTARÁS.
2.- Tú multiplicas peces y pan
y el agua en vino puedes cambiar.
Almas y cuerpos curas del mal
vences la muerte al resucitar.
3.- Tuya es la fuerza, tuyo el poder
nuestro el deseo y el caminar.
Tu gran amor nos va a socorrer
en nuestra frágil debilidad.
10.- EL SEÑOR ES MI FUERZA (J.A.
Espinoza)
EL SEÑOR ES MI FUERZA
MI ROCA Y SALVACIÓN.
1.- Tú me guías por
sendas de justicia
me enseñas la verdad
Tú me das el valor para
la lucha
sin miedo avanzaré.
2.- Iluminas las
sombras de mi vida
al mundo das la luz
aunque pase por valles
de tiniebla
yo nunca temeré.
3.- Yo confío el destino
de mi vida
al Dios de mi salud
a los pobres enseñas el
camino
su escudo eres Tú.
4.- El Señor es la
fuerza de su pueblo
su gran libertador
Tú le haces vivir en
confianza
seguro en tu poder.
11.- DEJALO TODO (J.A. Espinoza)
TODO, DÉJALO TODO,
Y ANDA ENTRA EN EL MAR
TODO, EL MAR LO ES TODO
ANDA, ÉCHATE A ANDAR.
1.- Deja la orilla,
deja la arena,
la maravilla está más
allá
donde Dios llama no
existe la espuma
ni existe la playa sino
solo el mar.
2.- Que hay un destino
que a Dios nos lleva
pero el camino está
sobre el mar
mientras no olvides que
es firme la tierra
y pienses que acaso lo
firme es el mar.
Todo, todo es posible
y andarás sobre el mar.
12.- MADRE DE LOS CREYENTES
MADRE DE LOS CREYENTES
QUE SIEMPRE FUISTE
FIEL,
DANOS TU CONFIANZA,
DANOS TU FE.
1.- Pasaste por el
mundo
en medio de tinieblas
sufriendo a cada paso
la noche de la fe
sintiendo cada día
la espada del silencio
a oscuras padeciste
el riesgo de creer.
2.- La fe por el
desierto
a lomos de un asnillo
la fe cuando en las
bodas
Jesús se hizo esperar
la fe cuando pensaron
que el Hijo estaba loco
la fe sobre el calvario
al borde de acabar.
3.- Guardaste bajo
llave
las dudas y batallas
formándose el misterio
al pie del corazón
debajo de tu pecho
de amor inagotable
la historia se escribía
de nuestra redención.