sábado, 19 de septiembre de 2026

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXV T.O. CICLO A - 20 SETIEMBRE 2026

 GRATUIDAD: VIVE ASOMBRADO DE LO QUE ES. AGRADECE SERLO

 

En resumen la parábola "Los obreros de la viña" de Mateo 20:1-16, que  enseñanza da a la Iglesia . ¿Quién es el padre de familia, los obreros, la  viña, y el pago convenido?

 

COMENTARIO

 

Para la comprensión de este texto es absolutamente indispensable tener en cuenta el contexto precedente. Al joven que quería saber lo que tendría que hacer para alcanzar la vida eterna, Jesús le ha propuesto repartir sus posesiones entre los pobres y seguirle. Oída la propuesta, es Pedro una vez más quien pregunta: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte; ¿qué recibiremos por ello?" Respuesta de Jesús: "Todos los que hayan dejado esposa... por causa mía, recibirán la herencia de la vida eterna. Ahora bien, muchos que son primeros, serán últimos y muchos que son últimos, serán primeros". La respuesta va dirigida exclusivamente a los discípulos y tiene una doble vertiente: promesas y llamada de atención. Por haber dejado todo, los discípulos son primeros, pero pueden ser últimos.

El texto de hoy empalma con esta respuesta de Jesús, explicando y dando razón a los discípulos de la llamada de atención que se les ha hecho. De ahí que, al final, se vuelva a repetir la inversión propuesta: "Así es como los últimos serán los primeros y los primeros los últimos" (v. 16). El sentido general del texto es, pues, el de hacer ver a los discípulos que ellos pueden ser los últimos. Centrándonos ya en el texto, éste es una parábola. Por estar dirigida a los discípulos no se trata de una parábola pura. El versículo final, en efecto, ofrece la pauta para su interpretación.

Las horas de contratación manejadas en la parábola son las siguientes: 6 de la mañana (amanecer, hora primera, prima), 9 (media mañana, hora tercera, tercia), 12 (mediodía, hora sexta), 3 de la tarde (media tarde, hora novena, nona), 5 de la tarde (caer de la tarde, hora undécima). Los judíos computaban las horas diurnas de 6 de la mañana a 6 de la tarde. Por consiguiente, los primeros jornaleros contratados trabajan doce horas frente a una que trabajan los últimos. El contraste entre los primeros y últimos no puede ser más gráfico y cortante.

El pago comienza por los últimos y termina por los primeros. Comienzo de la inversión: los últimos pasan a primeros y los primeros a últimos. Al ser el mismo el pago para todos, la inversión disgusta a los últimos en cobrar: éstos comparan y exigen. Se consuma así la inversión. Los últimos en cobrar no tienen altura ni categoría. Son, efectivamente, últimos, no porque sean malos sino porque no dan la talla en el Reino de Dios.

Presumo que muchos pensamos como los jornaleros de las 6 de la mañana. Lo siento. Somos buenos y muy trabajadores, pero no somos discípulos de Jesús. ¿Va quedando ya claro que ser discípulo de Jesús no es ser mejor sino ser diferente? El discípulo de Jesús no pasa la cuenta ni la hoja de servicios prestados; no exige; no establece comparaciones.

El discípulo de Jesús es; está; todo lo experimenta como don; vive asombrado de lo que es; agradece ser discípulo el mayor tiempo posible, sin preocuparle "el peso del día y el bochorno"; no se entiende a sí mismo ni actúa desde lo que está mandado ni desde el raquitismo de la ley del mínimo esfuerzo. He aquí algunos de los rasgos que conforman la talla de persona del Reino de los Cielos.

Pbro. Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTÍFONA DE ENTRADA

Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor. Cuando me invoquen en la tribulación, los escucharé y seré para siempre su Señor.

 

ORACIÓN COLECTA

Oh, Dios, que has puesto la plenitud de la ley divina en el amor a ti y al prójimo, concédenos cumplir tus mandamientos, para que merezcamos llegar a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 55,6-9

Busquen al Señor mientras se deja encontrar, invóquenlo mientras está cerca. Que el malvado abandone su camino, y el malhechor sus planes; que se convierta al Señor, y Él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. Porque mis planes no son los planes de ustedes, sus caminos no son mis caminos-oráculo del Señor-. Cuanto dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los suyos, y mis planes de sus planes.

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 144, 2-3.8-9.17-18)

 

Cerca está el Señor de los que lo invocan.

 

Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza. R.

 

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R.

 

El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones. Cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 20c-24. 27a

n Hermanos: Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo y el morir una ganancia. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro en esta alternativa: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para ustedes. Lo importante es que ustedes lleven una vida digna del Evangelio de Cristo.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Hch 16, 14b

Aleluya. Abre, Señor, nuestro corazón, para que aceptemos las Palabras de tu Hijo. Aleluya.

  

SANTO EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: "Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo debido". Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "Cómo es que están aquí el día entero sin trabajar?". Le respondieron: "Nadie nos ha contratado". Él les dijo: "Vayan también ustedes a mi viña".

Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acaban-do por los primeros". Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno". Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario?. Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?, ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?". Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Oremos al Señor, Dios nuestro, que está siempre cerca de todos los que lo invocan, y oremos por todos, diciendo:

 

1.- Por la Iglesia y por nuestro Papa León: Para que el Señor lo asista con su Espíritu Santo, lo Ilene de sabiduría y fortaleza en su ministerio, y guíe a toda la comunidad cristiana por caminos de unidad. Roguemos al Señor.

 

2.- Por los gobernantes: Para que actúen guiados por la justicia y el bien común, dejando de lado el egoísmo, la corrupción y buscando siempre proteger a los más vulnerables y necesitados. Roguemos al Señor.

 

3.- Por todos los necesitados, especialmente por aquellos que añoran su patria natal o sufren por vivir lejos de sus hogares, para que reciban de Dios el consuelo y la fortaleza. Roguemos al Señor.

 

4.- Para que nosotros, reunidos en torno al altar de Dios, para que no caigamos en la tentación de la envidia y de exigir nuestros derechos a costa de los demás. Roguemos al Señor.

 

Señor, Dios nuestro, justo en todos tus caminos, bondadoso en todas tus acciones, en ti ponemos nuestra confianza y te pedimos que atiendas a nuestras súplicas. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, en tu bondad las ofrendas de tu pueblo, para que cuanto creemos por la fe lo alcancemos por el sacramento celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNIÓN Sal 118, 4-5

Tú, Señor, promulgas tus decretos para que se observen exactamente; ojalá esté firme mi camino para cumplir tus consignas.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, apoya bondadoso con tu ayuda continua a los que alimentas con tus sacramentos, para que consigamos el fruto de la salvación en los sacramentos y en la vida diaria. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 21: Ef 4, 1-7. 11-13; Sal 18, 2-5; Mt 9, 9-13

Martes 22: Pr 21, 1-6. 10-13; Sal 118, 1. 27.30.34.35.44; Lc 8, 19-21

Miércoles 23: Pr 30, 5-9; Sal 118, 29. 72.89. 101. 104; Lc 9, 1-6

Jueves 24: Qo 1, 2-11; Sal 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17; Lc 9, 7-9

Viernes 25: Qo 3, 1-11; Sal 143, 1ª y 2abc. 3-4; Lc 9 18-22

Sábado 26: Qo 11, 9-12, 8; Sal 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17; Lc 9, 43b-45.

Domingo 27: Ez 18, 25-28; Sal 24, 4-5. 6-7. 8-9; Flp 2, 1-11; Mt 21, 28-32

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 20, 1-16

 

1.- D/JUSTICIA. EL AGRAVIO FUNDAMENTAL QUE SE HACE A DIOS ES SU FALTA DE JUSTICIA /Ez/18/25-29 /Lc/15/29-30 /Jon/04/02 . ALIANZA/GRATUIDAD: LA ALIANZA ES UNA GRACIA DEL AMOR GRATUITO DE DIOS. NO TIENE NADA QUE VER CON EL CONTRATO DO UT DES: Dt 7. 7-10; 4. 7.

La consecuencia que Jesús quiso se dedujera de esta parábola está expresada en el v. 15. El agravio fundamental que acaba de hacerse al dueño de la viña (Dios) es su falta de "justicia".

Esta misma queja fue formulada por el hijo mayor al padre del hijo pródigo (Lc 15. 29-30), agravio de los "buenos" judíos a la audición de la doctrina de la retribución (Ez 18. 25-29), reproche de Jonás ante el perdón otorgado por Dios a Nínive, la ciudad pagana (Jon 4. 2). En cada uno de estos casos, los textos oponen la justicia de Dios, tal como los hombres la conciben, y su comportamiento misericordioso, no esperado por los hombres (Lc 15. 1-2).

Cristo sale al paso de esta objeción con un argumento "ad hominem": el amo de la viña es "justo" (según el modo humano de concebir la justicia) con los primeros, ya que les da el sueldo convenido; de igual modo es justo con los últimos de una manera divina, ya que entre el dueño y éstos no se había establecido ninguna clase de convenio condicionante del trabajo y salario. Este argumento es, no obstante, de poco valor, pues la injusticia que en este caso se le reprocha a Dios no reside en el trato dispersado a cada uno de estos grupos de jornaleros tomados separadamente de los otros, sino en la comparación entre las dos maneras de actuar. Además, Cristo pasa de un punto a otro, afirmando la primacía de la bondad de Dios. No es que su forma de actuar se oponga a la justicia humana, sino que la trasciende totalmente en el amor. Según esto, el pacto establecido entre el amo de la viña y los jornaleros se nos muestra como una imagen de la alianza entre Dios y los suyos, alianza que, por otra parte, no tiene nada que ver con el contrato "do ut des" que los judíos trataban de encontrar en ella, sino que es un acto gratuito de Dios (Dt/07/07-10; 4. 7). La alianza es, según el texto antes citado, una gracia del amor gratuito del Padre, gracia que descansa totalmente en la libertad de Dios y que supone la nuestra (Ga 3. 16-22; 4. 21-31). Al aplicar una justicia a los primeros y otra distinta a los segundos, Dios trata de poner de manifiesto su amor a unos y a otros, teniendo siempre en cuenta las situaciones en que cada uno se encuentra.

En esta perícopa, Cristo pretende dar a entender a los oyentes de su Palabra el comportamiento misericordioso de Dios, al margen de los cauces excesivamente estrechos y de las concepciones en que le darían cabida la visión humana de la justicia y los contratos bilaterales que rigen exclusivamente las relaciones entre los hombres.

MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA VII - MAROVA MADRID 1969.Pág.91 s.


 

2.- TEXTO. INTERPRETACIONES DIVERSAS.

Ya sabemos a estas alturas que Mt sigue fielmente el cap. 10 de Mc. Pero, después de la pregunta de Pedro y de la respuesta de Jesús ("Todo el que dejare casa o hermanos o hermanas o padre o madre o hijos o campos por mi nombre, recibirá el céntuplo y tendrá como herencia la vida eterna": 19. 29), interrumpe de improviso el hilo de Mc e introduce la parábola de los obreros llamados a trabajar a lo largo de todas las horas.

No es una interpretación al azar; efectivamente, la parábola, según veremos, le sugiere al discípulo preocupado de su recompensa ("Lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué obtendremos?: 19. 27) que no plantee la cuestión en términos fiscales: dar tanto y recibir tanto. El Reino de Dios se rige por otras leyes.

Se trata de una parábola difícil, que requiere mucha atención. El propietario de una viña ajusta a unos braceros para una jornada de trabajo. Recluta a algunos en la primera hora del día, siendo el salario ajustado por una jornada completa de un denario. Hasta aquí todo es normal; la escena era muy familiar para los aldeanos del tiempo de Jesús. Pero luego el amo llama también a otros obreros a lo largo de las horas del día, incluso hasta una hora antes del término de la jornada. Con los nuevos llamados, el señor no ajusta una paga precisa, sino que les dice simplemente: "Os daré lo que es justo". Hábilmente la parábola encamina al oyente a preguntarse: ¿Cómo se conducirá el amo con estos últimos? La respuesta es desconcertante y completamente inesperada: el amo da a todos la misma paga, incluso a los últimos. No es justo, dicen los obreros de la primera hora. Y, evidentemente, lo mismo piensan los otros oyentes: una sola hora de trabajo no merece la misma paga que una jornada entera.

-INTERPRETACIONES INSUFICIENTES. Se diría, pues, que el amo no respeta las normas más elementales de justicia. ¿Acaso quiere Jesús enseñarnos que lo que a nosotros nos parece injusto es justo para Dios, el cual está por encima de nuestros criterios y es sobradamente libre en su manera de obrar? ¿Quiere quizás Jesús mostrar a los fariseos que Dios supera la justicia del mérito (del tanto cuanto), y que salva por pura bondad y gracia? Muchos así lo piensan. Sin embargo, esta conclusión es demasiado apresurada y no puede menos de ser provisional. Conviene examinar otras interpretaciones propuestas por los estudiosos, antiguos y modernos.

Para algunos antiguos, el motivo central de la parábola lo constituye la "llamada". Dios llama a todas las horas, cuando y como le parece. El momento en que llegue, pronto o tarde, no tiene importancia. Lo importante es estar preparados para responder a la llamada cuando llegue y aferrar la ocasión única que se nos ofrece. El motivo de la llamada a cualquier hora -nunca es tarde y cada uno tiene su hora- es, indudablemente, evangélico. Sin embargo, no puede ser éste el punto central de la parábola. El acento no cae en la llamada, sino en el comportamiento del amo, que por la tarde da a todos el mismo salario.

Otros, apoyándose en algunos códices del evangelio de Mt que añaden el versículo final ("Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos"), ven en la parábola el tema del juicio. Existe siempre la posibilidad del rechazo, incluso para el que ha sido llamado a primera hora y ha trabajado toda la jornada. "Toma lo que te corresponde y vete", dice el amo. Luego se puede perder neciamente la salvación a causa de murmuraciones, de autosuficiencia, de rebeldía. Se puede perder el Reino incluso en la última hora después de haber trabajado todo el día.

El evangelista Mt da su propia interpretación de la parábola, según puede verse por la afirmación que abre (19. 30) y cierra (20. 16) la parábola misma: "Los primeros serán los últimos y los últimos los primeros". El Reino invierte las posiciones alterando las jerarquías de valores que el hombre ha construido. Dios tiene un módulo diverso; posee una justicia distinta; por ejemplo, prefiere los pobres a los ricos, los pecadores a los fariseos.

Exactamente como Jesús, que predica el Reino a multitudes innumerables, a los enfermos, a los pobres, a los publicanos, y no concede privilegios a los fariseos y a los escribas. Mas tampoco esta lectura de Mt (surgida quizás a la luz del conocido problema: ¿Por qué ha transferido Dios el Reino a los paganos?), aun sin ser enteramente extraña a la parábola, da en su punto central. Se apoya en un particular secundario: el amo comenzó por los últimos en lugar de los primeros. La verdadera razón de las quejas de los primeros obreros no es por haber sido pagados los últimos, sino porque han sido pagados "con el mismo salario que los últimos".

El sentido de la parábola, si olvidamos por un instante los vv. 19. 30 y 20. 16, estriba todo él en la paradoja de la injusticia del amo: ¿Por qué da a todos, incluidos los obreros de la última hora, el mismo salario que a los primeros? Este es el punto.

Volvemos a encontrarnos con una pregunta que ya hemos formulado: ¿Injusticia? Conocemos también la respuesta. Es la proclamación de la misericordia de Dios, la proclamación de la gracia. En esto consiste la novedad desconcertante del evangelio. Dios da su Reino a los pecadores, lo da a los paganos, lo da incluso a quienes, a nuestro entender, no lo merecerían (luego también a nosotros).

Pero si el discurso fuese solamente esto, habría que esperar que la parábola estuviera dirigida a los pecadores y a los pobres para consolarlos, para abrirles a la esperanza, para anunciarles la alegre nueva. En lugar de ello, la parábola va dirigida a los llamados justos, a los fariseos, que sienten envidia e irritación por la bondad de Dios con los otros, con lo que ellos condenaban.

Esto significa que el razonamiento de la parábola es distinto; significa, por lo menos, que hay un matiz importante que no se puede descuidar. 

-La envidia del justo

El centro de la parábola lo constituye el v. 10 ("Cuando llegaron los primeros creyeron que recibirían más, pero también ellos recibieron un denario cada uno"), y así lo aclaran las críticas que los obreros formulan contra el amo (vv. 11-12) y la respuesta de éste (vv. 13-15). Bien mirado, los obreros de la primera hora no se quejan de haber padecido una injusticia (ajustaron un denario y lo recibieron), sino más bien de la ventaja concedida a los otros. No pretenden recibir más, sino que se muestran envidiosos de que los otros hayan sido tratados como ellos.

Quieren defender una diferencia. Eso es lo que les irrita: la falta de distinción. La injusticia de que creen ser víctima no consiste en recibir una paga insuficiente, sino en ver que el amo es bueno con los otros. Es la envidia del justo frente a un Dios que perdona a los pecadores.

Así leída, la parábola no quiere enseñarnos en primer lugar cómo se conduce Dios, sino más bien cómo han de conducirse los justos ante la misericordia de Dios; concretamente ante la manera de obrar de Jesús y ante un Reino que se abre a los paganos. "El problema no es el de los derechos y los deberes de un amo, sino el de la solidaridad que debe unir a los obreros entre sí" (J. Dupont), a los afortunados con los desafortunados, a los justos con los pecadores. Los justos no deben sentir envidia, sino alegrarse ante un Padre que perdona a los hermanos pecadores.

De esta manera hemos llegado con toda probabilidad a la situación histórica concreta de la predicación de Jesús; en otras palabras, al ambiente en que nació la parábola. Con la parábola Jesús intenta justificar, frente a los fariseos celosos, su comportamiento, su familiaridad y su preferencia con los pecadores. Él no establece diferencias entre justos y pecadores, y por ello se sienten ofendidos los justos; él no parece reconocer su situación privilegiada delante de Dios. Y, además de la situación histórica, hemos llegado a la pretensión más profunda de Jesús: la de ser el revelador del Padre, la de señalar con su venida la llegada de una hora excepcional de gracia.

BRUNO MAGGIONI - EL RELATO DE MATEO - EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág.208 ss.

 


 

3.- MERITO/FARISEO: EL PROBLEMA DE LOS "JUSTOS" ARRANCA PRECISAMENTE DE SU "JUSTICIA"/DE SU OBLIGACIÓN CUMPLIDA/COMO DERECHO ADQUIRIDO/EXIGENCIA /SUPERIORIDAD. FARISEÍSMO/JUSTOS.

¿Qué te parece? Los de las 5 de la tarde son primeros y los de las 6 de la mañana últimos. Insisto: ¿Qué te parece? Formulémoslo de otra manera, tomando como base a Mt 19. 29: los que no han dejado casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, son primeros, y los que han dejado todo esto por Jesús, son últimos. Y de nuevo te pregunto: ¿Qué te parece? Queda descartado que se trate de un problema de injusticia. "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete". Indudablemente la parábola dibuja un perfil que rompe esquemas basados en conceptos tales como justicia-injusticia, obligación-derecho, cumplimiento-exigencia.

Un domingo más caemos en la cuenta, y son ya cinco, que Mt nos está introduciendo en un talante de vida que tiene poco que ver con esquemas y criterios habituales, incluso exquisitamente justos. Un talante de vida que tiene poco que ver con estos esquemas porque va más allá de ellos, los sobrepasa. A este talante se refiere ya Mt en 5. 20 con las siguientes palabras: "Si vuestra justicia no sobrepasa la de los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos". Varias veces, a lo largo de este ciclo, he escrito que el problema de los letrados y fariseos no es de maldad, de incumplimiento, de injusticia o de falta de prestación. Al contrario: ellos son primeros, de las 6 de la mañana, de los trabajadores que han aguantado el peso del día y el bochorno.

El problema de los primeros, de los de las 6 de la mañana, arranca precisamente de su justicia, de su obligación cumplida, de su prestación, de su cumplimiento. Todo esto lo vivencian como derecho adquirido, como exigencia, como superioridad. ¡Este es el problema! La novela de Bruce Marshall, "A cada uno un denario" podría ser un animado comentario al texto de hoy.

A. BENITO - DABAR 1987/47


 

4.- La parábola parte de la existencia de obreros parados que se presentaban en la plaza pública a la libre contratación de un propietario que necesitase de su trabajo. El tiempo de la jornada de trabajo está limitado por la luz del día: "desde la salida del sol hasta la aparición de las estrellas". El jornal diario normal era un denario. Exactamente lo convenido con los trabajadores de primera hora. Junto a ellos hay otros que han trabajado en la viña desde las nueve, las tres y las cinco de la tarde respectivamente. Esta diversidad en la duración del trabajo tiende a poner de relieve la enseñanza principal de la parábola.

Según las prescripciones del Antiguo Testamento el salario debía pagarse el mismo día en que había sido realizado el trabajo (Lev 19, 13; Deut 24, 15). El dueño de la viña manda a su mayordomo que pague a los obreros en orden inverso a como habían sido contratados. Y que todos reciban la misma cantidad. Estos dos detalles tienen también importancia para la enseñanza de la parábola. Las protestas de los obreros de primera hora no estarían justificadas en la parábola si no hubiesen visto que los de última hora recibían un denario. Es entonces cuando se acusa de injusticia al señor de la viña. Este, sin embargo, atribuye la protesta a que "tu ojo es malo", es decir, a la envidia y animosidad contra los favorecidos.

La parábola podía haberse titulado "recompensa igual para un trabajo desigual". La parábola pretende únicamente acentuar la diversidad en el trabajo. No hace referencia ni a los diversos períodos en la historia de la salvación o de la humanidad ni a la diferente edad en que el hombre atiende la invitación que se le hace para formar parte del reino. Precisamente por eso resulta ilegítimo concluir que los últimos recibieron la misma recompensa que los primeros por su mayor aplicación y rendimiento en el trabajo. Esta interpretación destruiría la intención primera de la enseñanza parabólica.

El centro de interés lo tenemos en el v. 15: "¿No puedo hacer lo que quiero de mis bienes? ¿O has de ver con mal ojo que yo sea bueno?", y también en la recompensa, que es igual para todos.

Como el dueño de la viña es Dios, la parábola pone todo su acento en la liberalidad soberana de su actuación independiente.

Actuación divina que, juzgada con criterio humano, resulta incomprensible, pero lógica. ¿Quién puede pedir cuentas a Dios por su conducta? El hombre es su siervo (Lc 17,7-10). No puede presentarse ante su Señor con pretendidos derechos. La recompensa que Dios otorga al hombre será siempre pura gracia. El hombre nunca tiene derecho a pasar la factura a Dios. Cierto que Pablo espera la recompensa que le es debida en justicia (2 Tim 4,7).

Pero este premio tiene su último fundamento en la gracia previamente concedida por el Señor.

La conclusión de la parábola es, pues, la siguiente: Dios obra como el dueño de la viña en cuestión, que, por su bondad, se compadeció de aquellos hombres e hizo que, sin merecerlo, también llegase a ellos un salario desproporcionado a su trabajo. Pura gracia del Señor. ¡Así es Dios, así de bueno con los hombres! La sentencia final de los últimos y los primeros se halla en la misma línea de la parábola: los primeros son, en este caso, los fariseos y, en general, el pueblo elegido, que se creía con peculiares privilegios ante Dios y con el derecho de pasarle la factura. Jesús, con la parábola en cuestión y la sentencia final, dio el golpe de gracia a este concepto de Dios y de su retribución. Porque el escándalo por el proceder de Dios no estaba justificado desde el terreno de la justicia. ¡Lo había provocado su bondad! Pero, ¿la bondad para con el prójimo justifica esta clase de escándalos?

COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT - EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1058


 

5.- EGOISMO/SERVICIO: QUEREMOS COMERCIAR CON DIOS Y QUE NOS PAGUE PUNTUALMENTE EL TIEMPO QUE LE DEDICAMOS. MERITO/GRACIA.

El Talmud de Jerusalén contiene un relato parecido en la forma a la parábola que hemos escuchado. Se trata del discurso funerario que pronuncia un rabino al sepultar a un joven maestro de 28 años. En él se cuenta cómo un rey contrató obreros para su viña y también pagó a todos lo mismo. Pero, ante las protestas, su contestación fue: éste ha trabajado en dos horas más que vosotros en todo el día. El joven rabino difunto había hecho más en 28 años que muchos doctores en cien. Se le premiaba la cantidad de trabajo que fue capaz de realizar en poco tiempo. La forma narrativa, como se ve, es bien similar, pero el fondo es muy distinto: mientras el discurso rabínico habla de mérito, la parábola de Jesús se refiere a la gracia. En el primer caso, la causa del premio está en el trabajo de quien lo recibe; en el segundo, en la bondad del que lo otorga. En alguna ocasión, la liturgia de la misa recoge en sus oraciones: no por nuestros méritos sino conforme a tu bondad.

Nos cuesta entender que los caminos del Señor son distintos a los nuestros. Dios se presenta como un amo generoso que no funciona por rentabilidad, sino por amor gratuito e inmerecido. Esta es la buena noticia del evangelio. Pero nosotros insistimos en atribuirle el metro siempre injusto de nuestra humana justicia.

En vez de parecernos a él intentamos que él se parezca a nosotros con salarios, tarifas, comisiones y porcentajes. Queremos comerciar con él y que nos pague puntualmente el tiempo que le dedicamos y que prácticamente se reduce al empleado en unos ritos sin compromiso y unas oraciones sin corazón.

Con una mentalidad utilitarista, muy propia de nuestro tiempo, preguntamos: ¿Para qué sirve ir a misa, si Dios nos va a querer igual? Así evidenciamos que no hemos tenido la experiencia de que Dios nos quiere y no reaccionamos en consecuencia amándole también más por encima de leyes y medidas. Dios es gratuito.

Nuestra tendencia farisea (para enfado de Pablo) surge exigiendo normas cuyo cumplimiento diferencie a los buenos de los malos.

Vemos absurdo y hasta injusto ser queridos todos por igual. ¡A cada uno lo suyo!, decimos como quien da un argumento incontestable con tono de protesta sindical ante Dios. Tardamos en comprender que la traducción no es: "Paz a los hombres de buena voluntad", sino: "Paz a los hombres que Dios ama". Tampoco hay conexión entre culpa y desgracia. Olvidamos que la gracia ha sustituido a la ley. Necesitamos que existan los malos para podernos calificar de buenos. De esta forma, el amor al hermano se torna imposible.

EUCARISTÍA 1990/24


 

6.- ACEPTACION-DE-SI/VD: El hombre no puede pedirle cuentas a Dios. Pero esta verdad de que todo está comprendido dentro de la libre misericordia y de la incalculable disposición de Dios, es también una verdad que nos consuela y levanta, una verdad que nos libera de una opresión.

Lo que Dios dispone, aquello sobre lo que no podemos entrar en cuentas ni pleitos con él, somos en último término nosotros mismos. Tal como somos: con nuestra vida, con nuestro temperamento, con nuestro destino, con nuestra circunstancia, con nuestras taras hereditarias, con nuestros parientes, con nuestra estirpe, con todo lo que concreta y claramente somos, sin que lo podamos cambiar. Y, si entramos a menudo en el coro y en el corro de los que murmuran, de los que apuntan con el dedo a otros, en que Dios lo ha hecho de otro modo, somos en el fondo de los que no quieren aceptarse a sí mismos de manos de Dios. Y ahora podría decir que la parábola nos dice que somos nosotros los que recibimos el denario, y los que, a la vez, somos el denario. Y es así que nos recibimos a nosotros mismos con nuestro destino, con nuestra libertad, desde luego, con lo que hacemos con esta libertad; pero, a la postre, lo que recibimos somos nosotros mismos. Y hemos de recibirlo, no sólo sin murmurar; no sólo sin protestar interiormente, sino con verdadero gusto, pues ello es lo que Dios nos da al mismo tiempo que nos dice: ¿Es que no puedo yo ser bueno? De ahí que la gran hazaña de nuestra vida sea aceptarnos como un regalo incomprendido, sólo lentamente descubierto, de la eterna bondad de Dios. Porque saber que todo lo que somos y tenemos, aún lo amargo e incomprendido, es don de la bondad de Dios; sobre la que no murmuramos, sino que la aceptamos, sabiendo que si lo hacemos -y aquí vamos, una vez más, más allá de la parábola- Dios mismo se nos da juntamente con su don, y que así se nos da todo lo que podemos recibir; he ahí la sabiduría y la gran hazaña de nuestra vida cristiana.

K. RAHNER - HOMILIARIO BIBLICO - BARCELONA 1967/Pág. 24-26


 

7.- TIEMPO/PLAN-DE-D

Siguiendo a Ireneo y Orígenes, los Padres de la Iglesia mostraron su interés por la función que desempeña el tiempo en esta historieta. En los sucesivos envíos de obreros vieron las grandes etapas de la historia bíblica durante las cuales Dios llama a hombres que "cuiden -dice Orígenes- la viña del culto de Dios": una primera vez, con Adán, cuando la creación del mundo; una segunda, con Noé, cuando la conclusión de una alianza universal; una tercera, con Abrahán y los Patriarcas; una cuarta, con Moisés, a quien se comunica la Ley, y una quinta, que corresponde a la undécima hora, con JC. O vieron también los principales momentos de la vida humana: algunos son llamados a trabajar en los asuntos del Reino desde la infancia o la más temprana edad; otros, al salir de la adolescencia; otros, en la edad adulta; otros todavía a una "determinada edad"; y otros, por fin, y es lo equivalente a la hora undécima, acogiendo la palabra de Dios en el momento de la muerte...

LOUIS MONLOUBOU - LEER Y PREDICAR EL EVANGELIO DE MATEO - EDIT. SAL TERRAE SANTANDER 1981. Pág.238


 

8.- Esta parábola de Jesús hace resaltar ya desde el comienzo la regia y soberana actitud del dueño de la viña. Dios es misericordioso porque puede serlo, porque todo le pertenece.

Reconocer esa soberanía generosa de Dios es el primer paso. Sin embargo el autor presenta a los jornaleros contratados como con cierta exigencia, al menos de tipo laboral, para con el amo. El desarrollo ulterior de la parábola dejará en claro la imposibilidad de comprender a Dios cuando se le va con "exigencias" del tipo que sean. Solamente una actitud de contemplación es la que podría introducirnos en el núcleo del asunto.

Todo el acento de la parábola recae sobre estos obreros de la hora undécima, los que no tienen nada que exigir, los que llegan tarde y se acogen al amparo de cualquiera que les pueda echar una mano. Aquí tenemos la interpretación de la parábola. No se trata de la idea del llamamiento o de la vocación, no se trata del juicio o de la retribución después de la muerte, ni siquiera de la igualdad de los hombres ante Dios soberano; sino que lo que se pretende afirmar es la bondad soberana de Dios que acoge, por Jesucristo, a los que han llegado tarde al reino de Dios, es decir a todos nosotros.

Situada en el contexto religioso del tiempo de Jesús esta parábola presenta un fuerte carácter polémico. Para el judío, el pagano no tiene posibilidad de salvación. Está condenado por ser pagano. Jesús indica, por el contrario, que esos son precisamente los sujetos del reino. No es de extrañar que "murmuraran", que se opusieran a esta concepción de las relaciones del hombre con Dios. El que está seguro de sí mismo, el que tiene la certeza de poseer algo entre manos y abriga la solapada intención de "comprar" el cielo no ha entendido de qué se trata en el evangelio.

En el tiempo en que se escribe el evangelio de Mt afluían a la Iglesia numerosos paganos convertidos con gran escándalo de parte de la mentalidad judía. Esta situación solamente puede ser comprendida por un corazón que haya hecho él mismo la prueba de su propia experiencia de pecado. Quien se sabe pecador quiere que la gracia de la muerte de Cristo caiga bien profundamente sobre todos. Ante una situación así ¿quién puede hablar de grupos y privilegios?

EUCARISTÍA 1978/44


 

9.- Hemos dejado Galilea. Entramos en la parte que precede a la pasión y muerte de Jesús en Jerusalén, Mt 19, 1-25, 46, donde destacan Jesús e Israel: conflicto y juicio. De las siete parábolas que incluye, leemos seis. Hoy empezamos por la primera que, además, es la primera de las tres inspiradas en la imagen de la viña.

La parábola de hoy, la del dueño de la viña, se inicia con la fórmula fija, v. 1a. La acción transcurre en dos fases, alrededor de la iniciativa del dueño: 1) Contrato de los trabajadores, vv. 1b-7: cuatro salidas, trabajo con contrato; última salida, trabajo sin contrato, es cuando el dueño establece un breve diálogo con los que todavía están en la plaza esperando a ser contratados (6-7). 2) Pago a los trabajadores y discusión, vv. 8-15: orden de pago (8-11); protesta de los "primeros" (12); respuesta del dueño (13-15) y sentencia conclusiva-aplicación, v.16 (cf. Mt 19, 30).

En su contexto original, invita a los oyentes, primero, a identificarse con los que protestan y, después, a tomar partido.

Sorprende el orden del dueño que alimenta la ilusión de los "primeros". Sorprende, todavía más el sistema de pago: los trabajadores que han realizado toda la jornada son tratados igual que aquellos que sólo han hecho una hora y en el momento más favorable; eso, ciertamente, ¡no es justo! Este es el punto de vista de los primeros, pero no el de los últimos que tienen todo derecho a vivir, aunque el dueño les haya contratado a última hora. Sorprende, pues, la libertad y la generosidad del dueño: v. 15.

En su contexto histórico, el de Jesús, expresa simbólicamente una situación conflictiva o polémica: las opciones de Jesús, a favor de los que no contaban para nada en el mundo socio-religioso de entonces, hacen explotar las críticas de los observantes y comprometidos (fariseos y escribas). Jesús, con esta parábola, se remite al estilo de Dios Padre. El actuar de Jesús revela y hace presente esta libertad del amor de Dios Padre, que ya tiene sus precedentes en la historia bíblica.

Mt, colocándola aquí, hace notar un aspecto del debate en el interior de la comunidad y del conflicto con el judaísmo: "Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos". Los paganos, los últimos, toman el lugar de Israel, llamado en primer lugar. Y aquellos que en la comunidad son considerados últimos, los más pequeños de entre los hermanos, en la perspectiva del Reino y del juicio de Dios serán primeros. Hay que decir que este texto ha sufrido diversas interpretaciones y que son legítimas en la medida en que no contradicen su sentido global originario, ligado al contexto histórico de Jesús.

JAUME FONTBONA - MISA DOMINICAL 1990/17


 

 

DOMINGO 25 DEL TIEMPO ORDINARIO

-I-

 

Enséñame tus caminos

La parábola que hoy escuchamos en el evangelio es en cierto modo "escandalosa", porque parece favorecer una injusticia social, o al menos un cierto "despotismo" en el amo de la viña a la hora de pagar a los jornaleros. Ahora nadie aceptaría que uno que trabaja la mitad del tiempo que otro, cobre igual. En el mundo de hoy no entra demasiado el perdón, o la generosidad, o la gratuidad. En la mentalidad de Dios, sí.

Pero la intención de Jesús no es ciertamente damos una lección de justicia social en las relaciones laborales, sino presentamos, una vez más, el retrato de un Dios que es bondad y misericordia. Aunque nosotros muchas veces no entendamos los planes de Dios, estos planes están llenos de amor y de gracia, no sólo de justicia. Isaías nos prepara a escuchar esta parábola recordándonos que nuestros caminos no son los de Dios, ni sus planes son nuestros planes.

 

Isaías 55, 6-9. Mis planes no son vuestros planes

Este pasaje cierra la segunda parte del libro de Isaías con un mensaje optimista. El profeta quiere que nos convirtamos a Dios, al que describe como siempre fiel a su alianza y "rico en perdón", e invita a que todos rehagan su propio camino, si se han desviado ("que el malvado abandone su camino") y "busquen al Señor".

Tanto para el anuncio de su perdón como para la invitación a convertirse, sirve el aviso de Dios: "mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos". La lógica de Dios no es nuestra lógica.

Por eso en el salmo encontramos, por enésima vez, la afirmación de que "el Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad". Parece como si quisiera preparar el mensaje del evangelio de hoy: "el Señor es justo en todos sus caminos", aunque muchas veces no le entendamos, porque en verdad "el Señor es grande y es incalculable su grandeza". Por eso se nos hace cantar: "Cerca está el Señor de los que lo invocan".

 

Filipenses 1, 20c-24.27a. Para mí la vida es Cristo

Durante cuatro domingos escucharemos unos pasajes de la carta de Pablo a la comunidad de Filipos. Filipos era una ciudad de Macedonia, al norte de la actual Grecia, llamada así porque la había fundado Filipo II, el padre de Alejandro Magno, en el siglo IV antes de Cristo.

Es una de las llamadas "cartas de cautividad", porque la escribió desde la cárcel. De esa comunidad, la primera que fundó en Europa, guardaba Pablo un recuerdo muy amable, que se nota en toda la carta.

En el pasaje de hoy les confiesa que se encuentra ante una alternativa: ¿le llevarán a la muerte? ¿Le absolverán o al menos sobreseerán su causa y le dejarán vivo? Si le hacen morir, tal vez es lo mejor, porque Pablo "desea partir para estar con Cristo". Si le dejan en vida, tal vez "es más necesario para vosotros", y así podrá seguir trabajando por Cristo. "No sé qué escoger".

 

Mateo 20, 1-16. ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

La parábola que propone Jesús (y que es exclusiva del evangelio de Mateo) es voluntariamente desconcertante y paradójica: parece como si favoreciera la injusticia o al menos la voluntad omnímoda por parte del dueño de la viña sobre el salario de sus trabajadores. En verdad se cumple lo que había anunciado Isaías: "mis caminos no son vuestros caminos".

La parábola empieza con las diversas invitaciones al trabajo a distintos jornaleros, ociosos en la plaza del pueblo, a diversas horas del día. La parábola lleva al extremo la situación con la contratación de obreros a ultimísima hora. Pero lo que importa a Jesús es hacer ver la reacción de los que habían trabajado toda la jornada cuando ven que reciben lo mismo que los que han trabajado mucho menos. La respuesta de Jesús es rotunda: "¿es que no tengo libertad para hacer lo que quiero en mis asuntos?". Claro que con todos ha cumplido lo que era de justicia, lo que habían pactado, pero a los últimos ha querido ser magnánimo y les da más de lo que les tocaba.

La última afirmación es la que centra el mensaje: "¿o vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?".

 

Para mí la vida es Cristo

Es impresionante la convicción interior de Pablo, ante el dilema que se le presenta: su actual período de prisión, ¿terminará en la pena capital o le dejarán libre? No quiere guiarse por su gusto o por su seguridad personal, sino por lo que haga más falta para seguir predicando a Cristo y para el bien de las comunidades: "que vosotros llevéis una vida digna de Cristo".

Si sigue vivo, podrá trabajar por sus comunidades. Pero si muere, es la meta a la que aspira: estar con Cristo para siempre. Para él, "la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia". Lo importante para él es Cristo. También lo es para los cristianos de sus comunidades, a los que puede ayudar a vivir en Cristo: "lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo".

Pablo entiende toda su vida orientada a Cristo: "con tal de que se anuncie a Cristo, yo me alegro", "para mí la vida es Cristo". ¡Ojalá pudiéramos afirmar otro tanto de nosotros mismos!

 

Yo soy bueno

¿O vas a tener envidia porque yo soy bueno? En verdad, Dios aparece como nos lo ha descrito el salmo (¿cuántas veces hemos encontrado estas ideas en los salmos responsoriales de los domingos?): "el Señor es clemente y misericordioso... el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas"...

Así aparece ya en el AT. El pasaje de Isaías, con la afirmación de que los planes de Dios no son como los nuestros, está también en un contexto de perdón y misericordia de Dios con su pueblo: "el Señor tendrá piedad, Dios es rico en perdón". Por eso el salmo es un canto a ese Dios que es bueno con todos, lento a la ira y rico en perdón.

Pero mucho más se nos ha manifestado este amor misericordioso de Dios en el evangelio, en Cristo Jesús, que perdona a los pecadores, que se autoinvita a comer en casa del publicano Zaqueo, que tiene paciencia con los niños, que atiende a los que andan buscando sentido a sus vidas, que cura a enfermos y consuela a los que sufren. El padre del hijo pródigo ¿tenía que acogerle bien por justicia, o por misericordia? ¿Tenía que perdonar Jesús a Pedro por justicia o por misericordia?

También en la parábola de hoy aparece esta bondad de Dios. La afirmación "yo soy bueno" es la que da sentido a toda la parábola. No es una lección de justicia salarial -el dueño de la viña paga a todos lo justo-, sino de la generosidad que tiene Dios, que admite como jornaleros a los que se presentan sólo a última hora, sin dar demasiada importancia a este retraso, y luego paga a los últimos más de lo que les tocaría en rigor. Dios es generoso. No premia sólo conforme a nuestros méritos, sino según a su bondad. Su salvación es siempre gratuita.

Dios es justo. Pero, además, y fundamentalmente, es bueno. El apóstol Juan nos dijo que "el que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor".

 

 

 

¿O vas a tener tú envidia?

La parábola que nos cuenta Jesús, y el ejemplo que nos da con su propia vida, nos enseñan que también nosotros tenemos que aprender bondad de corazón en nuestra relación con los demás. ¿Tendemos a reaccionar como los jornaleros de primera hora ante la generosidad que notamos en el amo para con los que se lo han merecido menos que nosotros? ¿somos propensos a los celos y a la envidia?

La parábola iba para los judíos, que como pueblo elegido de Dios parecían los "titulares" de la promesa, mientras que otros no judíos, los paganos, que podemos considerar como los "suplentes", no deberían tener derecho a recibir la misma recompensa que ellos. Por ejemplo, los fariseos se escandalizaban cuando veían cómo Jesús comía con "pecadores y publicanos", gente considerada "impura". Cuando Mateo escribió su evangelio, muchos paganos iban entrando en la Iglesia, y tal vez iban adquiriendo importancia y peso específico dentro de la comunidad. Se cumplía lo de que "los últimos (los paganos) serán primeros, y los primeros (los del pueblo elegido, los judíos), últimos".

Pero también a nosotros se nos puede aplicar la misma lección. Los sacerdotes y religiosos pueden tener la tentación de creerse más acreedores del premio que los laicos, o los mayores que los más jóvenes, o los autóctonos que los que vienen de fuera. ¿Cómo reaccionamos ante los éxitos que tienen otras personas en trabajos en que tal vez nosotros hemos fracasado? ¿Estamos dispuestos a alabar los buenos resultados de los demás, a alegrarnos de las cualidades que otros tienen? ¿o adoptamos fácilmente la actitud del hermano mayor, que había trabajado mucho más que el joven, y no había recibido en regalo un cabrito para merendar con sus amigos? ¿Hubiéramos aceptado fácilmente a Pablo, que no era del colegio apostólico, sino perseguidor de Cristo, por más que dijera que ahora se había convertido? ¿Hubiéramos perdonado fácilmente a Pedro sus negaciones?

La pregunta es si tenemos buen corazón o no. Somos a veces tacaños, de corazón pequeño, calculadores en nuestra relación con Dios y con los hermanos. Tenemos una clara tendencia a llevar como una contabilidad de las horas que trabajamos para Dios, sobre todo si son "horas extra", como siguiendo las pautas de un contrato laboral. Por eso podemos llegar a pensar que tenemos "derecho al premio" o a la paga. Como Pedro, que un día recordó a Jesús que ellos (los de la primera hora) habían dejado todo por él: "¿y qué nos va a tocar?". ¿Se podría pensar que un amigo lleve cuentas de los favores que le hace al amigo, o una madre de las horas que dedica al esposo o a los hijos?

Esto no es una invitación a "llegar tarde" o a trabajar menos, sino a evitar la tentación de llevar la contabilidad de los méritos y horas que trabajamos para Dios, "a tanto la hora".

 

Los planes de Dios son distintos de los nuestros y, a veces, sorprendentes

En verdad, muchas veces constatamos que nuestra manera de pensar, nuestra mentalidad, no coincide para nada con la de Dios tal como se nos muestra en las lecturas bíblicas tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. No conocemos a Dios en profundidad. Nos resulta en verdad trascendente y a veces desconcertante.

A medida que vamos escuchando la Palabra de Dios, nos damos cuenta de que sus caminos no son nuestros caminos. La tendencia es "interpretar" a nuestro modo lo que dice el evangelio, si no cabe en nuestros esquemas mentales. O crearnos un "dios" a nuestra imagen y semejanza.

Entre las muchas cosas que no entendemos de Dios, está su capacidad de perdonar. En el pasaje de Isaías leemos que "nuestro Dios es rico en perdón", y por eso "mis planes no son vuestros planes". El salmo alaba a Dios porque es "clemente y misericordioso, len to a la cólera y rico en piedad". Recordamos el disgusto infantil que Jonás tuvo cuando Dios se desdijo de sus propósitos de castigo y perdonó a Nínive. En la mentalidad del profeta no cabía la misericordia y el perdón. En la de Dios, sí.

Los trabajadores que habían aguantado el calor de toda la jornada en la viña, murmuraban del dueño. No podían quejarse de que a ellos les engañara en su paga, pero no entendieron que pudiera ser generoso con los últimos. No entendemos que Dios pueda perdonar. Tal vez porque eso nos compromete. El hijo mayor no entendió la mentalidad del padre que acogía al hijo pródigo y se escandalizó de la fiesta. Nosotros, si nos hubieran dejado inventar el final de la parábola, tal vez hubiéramos hecho que el padre castigara al aventurero, o al menos le corrigiera y le exigiera cambiar de conducta.

Tenemos que ir aprendiendo los caminos de Dios, reconocer su soberana libertad, y no escandalizarnos porque a veces "los últimos son los primeros" y Dios es "demasiado bueno" con los pecadores y también les da su denario, como Jesús al buen ladrón que en el último momento dio muestras de conversión. Dios sigue llamando a trabajar en su viña a jóvenes y a mayores, a fuertes y a débiles, a hombres y mujeres, a religiosos y laicos. ¿Admitimos sólo a regañadientes que en la Iglesia actual los laicos o las mujeres tengan más protagonismo que antes?.

No tendríamos que proyectar sobre Dios nuestros cálculos y nuestras medidas. A veces nos encontramos perplejos ante Dios, y no tenemos más remedio que reconocer que Dios es el Todo Otro, que es misterioso, que no le podemos encerrar en nuestras medidas, ni le admiten nuestras programaciones de ordenador. A veces quedamos en silencio ante Dios. No tenemos respuesta para todo. Pero lo que sí podemos estar seguros es que él sí la tiene, que nos quiere como un Padre bondadoso, que no lleva contabilidad de nuestras "horas extra", sino que nos concede gratuitamente sus dones. Él no se rige tanto por la justicia, cuanto por la gracia.

Tendremos que hacer caso de la recomendación de Isaías: "buscad al Señor", y pedirle una y otra vez: "enséñame tus caminos".

 

PROPUESTA DE CANTOS XXV DEL TIEMPO ORDINARIO 2026

(20 DE SETIEMBRE)

TEMA:  “¿VAS A TENER TU ENVIDIA PORQUE YO SOY BUENO?”

 

01..-HORA DE LA TARDE (Juan Antonio Espinoza)

HORA DE LA TARDE, FIN DE LAS LABORES.

AMO DE LAS VIÑAS, PAGA LOS TRABAJOS DE TUS VIÑADORES.

 

Al romper el día nos apalabraste.

Cuidamos tu viña del alba a la tarde.

Ahora que nos pagas, nos lo das de balde,

que a jornal de gloria no hay trabajo grande.        

 

HORA DE LA TARDE, FIN DE LAS LABORES.

AMO DE LAS VIÑAS, PAGA LOS TRABAJOS DE TUS VIÑADORES.

 

Das al vespertino lo que al mañanero.

Son tuyas las horas y tuyo el viñedo.

A lo que sembramos dale crecimiento.

Eres Tú la viña, cuida los sarmientos.

 

02.- VIENEN CON ALEGRIA (Cesáreo Garabaín)

VIENEN CON ALEGRÍA, SEÑOR,

CANTANDO VIENEN CON ALEGRIA, SEÑOR,

LOS QUE CAMINAN POR LA VIDA, SEÑOR,

SEMBRANDO TU PAZ Y AMOR.  (2)

 

Vienen trayendo la esperanza

a un mundo cargado de ansiedad,

un mundo que busca y que no alcanza

caminos de amor y de amistad.

 

Vienen trayendo entre sus manos

esfuerzos de hermanos por la paz,

deseos de un mundo más humano

que nacen del bien y la verdad.

 

Cuando el odio y la violencia

aniden en nuestro corazón,

el mundo sabrá que por herencia

le aguardan tristezas y dolor.

 

03 EL SEÑOR NOS LLAMA (Alberto Taule)

EL SEÑOR NOS LLAMA Y NOS REÚNE,

SOMOS SU PUEBLO, SIGNO DE UNIDAD.

ÉL ESTÁ EN MEDIO DE NOSOTROS,

SIRVE A LA MESA, NOS REPARTE EL PAN.

 

1.- Por todos los caminos nos sales al encuentro,

por todos hemos visto señales de tu amor.

Tu pueblo se reúne Señor a bendecirte,

a celebrar con gozo tu paso salvador.

 

2.- Convocas a tus fieles, nacidos de las aguas,

a festejar unidos la nueva creación.

La sala del banquete se llena de invitados;

estamos reunidos y en medio está el Señor.

 

3.- Revélanos al Padre oh Cristo, nuestra fiesta,

aumenta la esperanza de nuestro caminar.

Tu Espíritu divino nos dé la fortaleza,

los bienes que esperamos nos haga pregustar.

 

04.- TE PRESENTAMOS EL VINO Y EL PAN (Juan Antonio Espinoza)

TE PRESENTAMOS EL VINO Y EL PAN,

BENDITO SEAS POR SIEMPRE SEÑOR (bis).

 

Bendito seas, Señor,

por este pan que nos diste,

fruto de la tierra

y del trabajo de los hombres.

 

Bendito seas, Señor,

el vino Tú nos lo diste,

fruto de la tierra

y del trabajo de los hombres.

 

05.- PAN Y VINO DE AMOR (Brotes de Olivo)

En la tierra,

la sembró el sembrador,

la semilla de Tu pan, Señor.

Y después el viñador,

trabajó en buena lid,

y las tierras ven crecer,

las espigas y la vid.

(bis).

 

El trigo se molió en el molino,

rompiendo su cuerpo como Tú.

La uva la pisó el hombre en el lagar,

igual que Tú te dejaste pisar.

 

Y ahora convertido en Pan y Vino,

Tu pueblo lo ofrece en Tu altar.

Conviértelos, ¡oh Dios!

son frutos de Tu amor,

en Tu Cuerpo y Sangre, Señor.

(2 veces).

 

06.- BENDITO SEAS SEÑOR (Francisco Palazón)

BENDITO SEAS, SEÑOR,

POR ESTE PAN Y ESTE VINO

QUE GENEROSO NOS DISTE

PARA CAMINAR CONTIGO,

Y SERÁN PARA NOSOTROS

ALIMENTO EN EL CAMINO.

 

1.- Te ofrecemos el trabajo,

las penas y la alegría,

el pan que nos alimenta

y el afán de cada día.

 

2.- Te ofrecemos nuestro barro

que oscurece nuestras vidas

y el vino que no empleamos

para curar las heridas.

 

07.- EL PAN DE VIDA (Brotes de Olivo)

TÚ ERES, SEÑOR, EL PAN DE VIDA,

MI VIDA SIN TI NO SERÁ VIDA.

 

1.- El pan que yo os daré

ha de ser mi propia carne.

Contigo viviré

cuando coma de tu pan.

 

2.- Aquel que cree en ti

tiene ya la vida eterna.

Si como de tu pan,

de tu vida gozaré.

 

3.- Mi Padre es quien os da

verdadero pan del cielo,

y a la tierra bajó

para el mundo alimentar.

 

4.- Quien come de tu pan

no padecerá más hambre.

Quien bebe de tu sangre

ya no tendrá sed jamás

 

08.- HOMBRES NUEVOS (Juan Antonio Espinoza)

DANOS UN CORAZÓN, GRANDE PARA AMAR,

DANOS UN CORAZÓN, FUERTE PARA LUCHAR.

 

Hombres nuevos creadores de la historia,

constructores de nueva humanidad,

hombres nuevos que viven la existencia

como riesgo de un largo caminar.

 

Hombres nuevos luchando en esperanza,

caminantes sedientos de verdad,

hombres nuevos sin frenos ni cadenas,

hombres libres que exigen libertad.

 

Hombres nuevos amando sin fronteras,

por encima de razas y lugar,

hombres nuevos al lado de los pobres,

compartiendo con ellos techo y pan.

 

09.- PADRE BUENO, DIOS HERMANO (Cesáreo Garabaín)

1.- Tú, Señor, que enciendes las estrellas,

Tú que al sol le das su resplandor,

Tú que cuidas del pájaro perdido

que va buscando un nido guiado por tu amor.

Tú que siembras rosas y trigales,

Tú que al lirio vistes de esplendor,

nos proteges, Señor, con más cariño,

pues quieres más a un niño

que al pájaro y la flor.

 

PADRE BUENO, DIOS ALEGRE,

PRIMAVERA Y MANANTIAL,

DIOS HERMANO, DIOS AMIGO,

PADRE NUESTRO, CELESTIAL.

 

2.- Tú, Señor, que velas por el pobre,

y al humilde das tu protección,

al que amas le ofreces un tesoro

que vale más que el oro

le das tu corazón.

Tú, Señor, que alumbras mi camino,

Tú que escuchas siempre mi oración,

en tu amor pongo yo mi confianza,

renace mi esperanza,

se acuna mi canción.

 

10.-  HIMNO VIRGEN DE LAS MERCEDES

MADRE DE LAS MERCEDES, BENDITA SIEMPRE BENDITA,

ENTRE TODAS LAS MUJERES, EN LOS DESIGNIOS DE DIOS (BIS)

 

Te contemplamos gozosos, vestida de blanco lino,

Engalanada en tu trono, llena de Luz en tu altar,

Admiramos humildes, tu rostro de Madre hermosa,

con la herida en tu cuello, con cetro de majestad. (2)

 

Estrella del Evangelio, por Juan Pablo proclamada,

Paita, Oh Madre Santa, siempre te alabará.

Madre De las Mercedes, como hijos peregrinos,

venimos desde muy lejos, a compartir tu bondad (2)

 

11.- EN EL TRABAJO (Cesáreo Garabaín)

EN EL TRABAJO DE CADA DÍA,

COMO VIVÍAS Y AMABAS TÚ.

QUEREMOS MADRE SERVIR AMANDO,

VIVIENDO SIEMPRE JUNTO A JESÚS.  (2)

 

1.- En el silencio de aquella que era

la casa humilde de Nazareth,

se va empapando de tu ternura,

de tu trabajo, de amor y fe.

 

2.- Tú te afanabas como mi madre,

en mil trabajos que da el hogar,

mujer humilde de hermosas manos

encallecidas de trabajar.

 

3.- Dios quiso honrarte como a ninguna,

con mil encantos enriquecer.

Te hizo humilde de gracia llena,

trabajadora te quiso hacer.

 

12.- MADRE DE LOS POBRES (Cesáreo Garabaín)

MADRE DE LOS POBRES,

LOS HUMILDES Y SENCILLOS,

DE LOS TRISTES Y LOS NIÑOS

QUE CONFÍAN SIEMPRE EN DIOS.

 

1.- Tú, la más pobre, porque nada ambicionaste;

Tú, perseguida, vas huyendo de Belén.

Tú, que un pesebre ofreciste al rey del cielo,

toda tu riqueza fue tenerlo sólo a Él.

 

2.- Tú, que en sus manos sin temor te abandonaste,

Tú, que aceptaste ser la esclava del Señor,

vas entonando un poema de alegría;

Canta alma mía, porque Dios me engrandeció.

 

3.- Tú, que has vivido el dolor y la pobreza,

Tú, que has sufrido en las noches sin hogar,

Tú, que eres la madre de los pobres y olvidados,

eres el consuelo del que reza en su llorar.