ESCUCHAR
LA PASION
COMENTARIO
El
relato de la pasión según Mateo recoge y amplía el de Marcos. Nos limitaremos a
señalar algunas características y matices. Leemos la última parte del
"acta del martirio": proceso civil y ejecución.
Mateo da
a la redacción un sentido más expresivamente teológico. Con cierto regusto
sacral, casi litúrgico. Le escribe a una comunidad que conoce las costumbres
judías. A través de su constante referencia a textos de la Escritura, se
transparenta el cumplimiento de las profecías. En el momento culminante del
proceso, acentúa la responsabilidad del pueblo de la alianza: v 25. Palabras
desnudas y dolorosas, que hay que leer con serena comprensión. No fue todo el
pueblo judío el responsable directo de la muerte de Jesús, sino unos cuantos
dirigentes corrompidos. Un puñado de hombres sobornados, de gente mal
informada. Con la colaboración servil de Pilatos. De la triste escena hace
Mateo un signo. El antiguo pueblo de la elección pierde el privilegio de su «herencia»
teológica, que pasará al nuevo Israel universal. Se realiza el drama
alegorizado en la parábola de los viñadores (21,33-46).
La
muerte de Cristo, acontecimiento escatológico. Quizá es el acento más
característico de Mateo (vv 51-53). La tierra que tiembla y las rocas que se
hunden avisan, en lenguaje apocalíptico, que el mundo antiguo ha llegado a su
fin. La resurrección de los muertos anuncia la renovación definitiva del pueblo
(Ez 37...). Se ha rasgado el velo del templo. Comienza la nueva y eterna
alianza en la sangre purificadora de Jesús (26,28).
«Los que
pasaban» (39s) actualizan la tentación del desierto: «Si eres Hijo de Dios...»
(cf. Mt 4,3ss). Precisamente porque es el Hijo de Dios ha aceptado la cruz
(26,42), y como Hijo de Dios se manifiesta en ella (27,54). Expresión infinita
de amor al Padre (= plegaria de Getsemani). Donación total de sí mismo (=
26,26-28) para la auténtica liberación del hombre (20,28).
El
evangelista rubrica la historia del Calvario recordando el ejemplo de firmeza
de aquellas mujeres (55-56), discípulos y seguidores del Maestro, que desde
donde podían miraban (exactamente: «contemplaban») al Crucificado. Insinúa en
ellas el ardor con que la espiritualidad cristiana, ya a partir de san Pablo,
hará de la cruz uno de los temas predilectos de contemplación religiosa.
R.P. Roland Vicente Castro Juárez
BENDICION DE LOS RAMOS
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, santifica con
tu † bendición estos ramos, y, a cuantos vamos a acompañar a Cristo Rey
aclamándolo con cantos, concédenos, por medio de Él, entrar en la Jerusalén del
cielo. Él, que vive y reina por los siglos de los
siglos.
EVANGELIO DE LA
ENTRADA DE SEÑOR
Lectura
del santo evangelio según san Mateo 21, 1‑11
Cuando
se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos,
Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles: «Vayan a la aldea de enfrente,
encontraran en seguida una borrica atada con su pollino, desátenla y
tráiganmelo. Si alguien les dice algo, contéstenle que el Señor los necesita y
los devolverá pronto.».
Esto
ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta: «Digan a la hija de Sión:
"Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un
pollino, hijo de acémila".».
Fueron
los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y
el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud extendió
sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la
calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Hosanna al Hijo de
David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!»
Al
entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada: «¿Quién es éste?».
La gente que venía con él decía: «Es Jesús, el Profeta de Nazaret de Galilea.»
ANTIFONA DE ENTRADA t 21, 9
Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor, el
Rey de Israel. Hosanna en el cielo.
ORACION COLECTA
Dios
todopoderoso y eterno, que hiciste que nuestro Salvador se encarnase y
soportara la cruz para que imitemos su ejemplo de humildad, concédenos,
propicio, aprender las enseñanzas de la pasión y participar de la resurrección
gloriosa. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 50, 4-7
El Señor Dios me ha dado una lengua de
discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me
espabila el oído, para que escuche como los discípulos. El Señor Dios me abrió
el oído; yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me
golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante
ultrajes y salivazos. El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes;
por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.
SALMO
RESPONSORIAL (Sal 21, 8-9.17-20.23-24)
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Al verme, se burlan de mí, hacen visajes,
menean la cabeza: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre si tanto
lo quiere». R.
Me acorrala una jauría de mastines, me cerca
una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis
huesos. R.
Se reparten mi ropa, echan
a suerte mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven
corriendo a ayudarme. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del
apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11
Cristo,
Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al
contrario, se despojó de sí mismo
tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.
Y así,
reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente
hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso
Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo
que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el
abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Flp 2,
8-9
Cristo
se ha hecho por nosotros obediente hasta la muerte,
y una
muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le
concedió
el «Nombre-sobre-todo-nombre».
EVANGELIO
Pasión
de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo
27, 11‑54
ESCUCHEMOS
ATENTAMENTE LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.
PLEGARIA UNIVERSAL
Oremos
al Señor nuestro Dios, que no quiere la muerte del pecador, sino que se
convierta y viva.
1.-
Por el Santo Padre, el Papa León; para que siga siendo testigo y fiel
colaborador del mensaje de la Buena Nueva de Cristo. Roguemos al Señor.
2.-
Por los gobernantes: Para que busquen siempre la justicia y la paz, inspirados
en la entrega de aquel que dio su vida por todos. Roguemos al Señor.
3.-
Por los que sufren: Por los enfermos, los perseguidos y los que se sienten
abandonados; para que encuentren consuelo en la cruz de Jesús y esperanza en su
resurrección. Roguemos al Señor.
4.-Por
nuestra comunidad: Para que la bendición de estos ramos sea un compromiso real
de vivir con fe y amor sincero durante estos días santos. Roguemos al Señor.
5.-
Por los difuntos: Para que, habiendo compartido la muerte de Cristo, participen
ahora de la gloria de su resurrección. Roguemos al Señor.
Escucha
Señor la oración de tu pueblo, que conmemora la pasión de tu Hijo, y haz que
podamos gozar de los frutos de la cruz gloriosa de Jesucristo. Él, que vive y
reina por los siglos de los siglos.
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Señor, que por la pasión de tu Unigénito se
extienda sobre nosotros tu misericordia y, aunque no la merecen nuestras obras,
que con la ayuda de tu compasión podamos recibirla en este sacrificio único.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTIFONA DE COMUNION Mt 26,
42
Padre mío, si
este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Saciados
con los dones santos, te pedimos, Señor, que, así como nos has hecho esperar lo
que creemos por la muerte de tu Hijo, podamos alcanzar, por su resurrección, la
plena posesión de lo que anhelamos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PALABRA DE DIOS Y
SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes 30: Is 42, 1-7; Sal 26, 1.2.3.13-14; Jn 12, 1-11
Martes 31: Is 49, 1-6; Sal 70, 1-2. 3-4ª. 5-6ab. 15 y 17; Jn
13, 21-33.36-38.
Miércoles 01: Is 50,4-9ª; Sal 88, 21-21. 25 y 27; 8-10. 21-22.
31 y 33-34; Mt 26, 14-25
Jueves 02: Misa Crismal: Is 61, 1-3ª. 6ª.
8b-9; Sal 88, 21-22. 25 y 27; Ap 1, 5-8; Lc 4, 16-21
Misa de la Cena del Señor: Ex 12,
1-8.11-14; Sal 115, 12-13. 15-16bc.17-18; 1Co 11, 23-26; Jn 13, 1-15
Viernes 03: Pasión del Señor: Is 52, 13—53,
12; Sal 30, 2 y 6.12-13.15-16. 17 y 25; Hb 4, 14-16; Jn 18, 1—19, 42.
Sábado 04: Primera Lectura: Gn 22, 1-18; (o bien Gn 22, 1-2. 1, 1.26-31ª)
Sal 103, 1-2ª. 5-6.10 y 12. 13-14. 24 y 35c; (O bien Salmo 32);
Segunda lectura: Gn 22, 1-18 (o bien más breve: Gn
22, 1-2.9ª.10-13.15-18; Sal 156, 5 y 8.9-10.11)
Tercera Lectura: Ex 14, 15-15, 1; Sal 15,
1-2.3-4.5-6. 17-18;
Cuarta lectura: Is 54, 5-14; Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11-12ª y 13b;
Quinta lectura: Is 55, 1-11; Sal: Is 12, 2-3. 4bcd.5-6;
Sexta lectura: Ba 3, 9-15.32—4, 4; Sal 18, 8.9.10.11
Séptima lectura: Ez 36, 16-28; Sal 41, 3.5bcd; 42, 3.4; (O bien Sal
50, 12-13.14-15.18-19);
Epístola: Rm 6, 3-11; Sal 117, 1-2.16ab-17.22-23;
Evangelio: Mt 28, 1-10
Domingo 05: Hch 10, 34ª.37-43; Sal 117, 1-2. 16ab-17.22-23;
Col 3, 1-4
COMENTARIOS AL
EVANGELIO
Mt 26, 14-27, 66
1. - -Traición de Judas. La
traición sale del mismo seno de la comunidad.
-Jesús ante Pilatos. La
acusación adquiere el tono de traición contra el poder romano. Irónicamente,
Barrabás ("hijo del padre") es amnistiado en vez del verdadero Hijo.
Y el que es "inocente" en el sueño de la mujer de Pilatos, es condenado.
J. NASPLEDA - MISA DOMINICAL
1987/08
2-. J/PASION/Mt.
Los Evangelio de este día
nos dan el relato de la Pasión según los tres sinópticos y, en consecuencia,
parece lo más indicado presentar, como comentario a cada uno de ellos, un
análisis de las características de cada relato. De esta forma penetramos en el
misterio de la pasión y la muerte de Cristo por tres accesos muy concretos.
* * * *
a) Apenas se comienza la
lectura de la versión de Mateo, inmediatamente se advierte la importancia que
tiene el tema del cumplimiento de las Escrituras. Mateo prueba a los
judeo-cristianos, que esperaban un Mesías triunfador y glorioso, que los
profetas anunciaron un Mesías paciente y que las Escrituras previeron el
desarrollo de la pasión hasta en sus menores detalles.
Así, la agonía de Jesús en
Getsemaní estaba prevista por el Sal 41/62, 6 (26, 38). Apenas detenido Jesús,
Mateo precisa que era necesario que así sucediera para cumplir las Escrituras
(26, 54, 56), rechazando con ello la opinión de quienes pudieran ser partidarios
de una respuesta armada a la detención de Jesús. Y cuando se produce este
suceso, Jesús hace alusión al procedimiento que le identifica con los maleantes
(26, 55), actuación que él relaciona con la del Siervo paciente en Is. 53, 9,
12, según los Setenta: "Catalogado entre los criminales".
En el diálogo entre Cristo y
el sumo sacerdote, Mateo subraya también el tema del Templo (26, 21),
"cumplido" en la persona de Cristo, y cita (mejor que Lucas) el
pasaje de Dan. 7, 13 sobre el Hijo del hombre (26, 64). El evangelista es
también el único que descubre la muerte de Judas (27, 3-10), en la que ve de
nuevo el cumplimiento de las Escrituras (cita de Zac. 11, 12-13).
Al contrario que Lucas y
Juan, Mateo y Marcos insisten en el hecho de que Jesús no contesta nada a
Pilatos. Reflejan así el silencio del Siervo paciente ante las injurias (Is.
53, 7). Mateo alude igualmente al gesto de Pilatos lavándose las manos (26, 24-25),
duda porque en él ve un rito ejecutado en cumplimiento de la ley (Dt. 21, 6-9;
Sal. 72/73, 13). La multitud responde también a Pilatos por medio de una
expresión tradicional: "Que su sangre caiga..." (27, 25; cf. 2 Sam.
1, 16); quizá Mateo haya visto en ello una profecía de la decadencia del pueblo
judío.
Mientras que los demás
evangelistas no prestan gran atención al detalle, Mateo especifica que la
bebida que se le ofrece a Cristo en la cruz era de hiel, con lo que verifica el
texto del Sal. 68/69, 22 (Mt. 27, 34). Utiliza el mismo procedimiento a propósito
del reparto de sus vestiduras, y del grito lanzado en la cruz, y otras
aplicaciones, según él, del Sal. 21/22 (Mt. 27, 35). Mateo es igualmente el
único que relaciona las burlas de los judíos contra Cristo en la cruz: "Ha
salvado a otros...", con las burlas de los impíos respecto al Justo (cf.
27, 43; Sab. 2, 18-20).
Y también es el único autor
que describe los episodios que se desarrollaron después de la muerte de Jesús:
el velo del Templo que se rasga, las resurrecciones, los temblores de tierra
son fenómenos anunciados por los profetas para el día de Yahvé (Am. 8, 9).
Mateo es, finalmente, el único que menciona la riqueza de José de Arimatea
(Marcos habla de su notoriedad y Lucas de su piedad), con el fin de verificar
la profecía de Is. 53, 9: tendrá su sepulcro entre los ricos. No estará de más
señalar que, en el pensamiento de Isaías, esta profecía quería significar que
el Siervo sería confundido con los impíos.
Es evidente que Mateo siente
la preocupación por explicar los hechos por la Palabra: palabra de las
Escrituras cumplidas, palabra del mismo Jesús (mucho más pródigo en Mateo que
en las demás versiones). No se trata, pues, de una simple visión de conjunto:
en Mateo se elabora ya una teología que se centra preferentemente en torno a la
idea de cumplimiento: los acontecimientos de la Pasión no tienen nada de
accidental y forman parte del designio de Dios sobre el mundo.
Todo se desarrolla tan bien
de la mano de Dios en los acontecimientos de la Pasión que Mateo puede hacer de
ella el final de la era antigua y el comienzo de la era de la Iglesia. Más aún
que los otros, el primer Evangelio subraya el alcance escatológico y
eclesiológico de los acontecimientos. El velo desgarrado es señal de la
caducidad de la economía antigua y el temblor de tierra señala la introducción
de la nueva. La fe del centurión constituye las primicias de la conversión de
las naciones. Al devolver a los "discípulos" el cuerpo de Cristo, los
sumos sacerdotes abdican definitivamente sus prerrogativas y dejan a la Iglesia
la tarea de ser signo de Cristo en el mundo.
Una de las características
propias del relato de Mateo, bastante compleja por otro lado, es la mención de
los guardias en la cruz (Mt. 27, 36 y 54) y sobre todo en el sepulcro (Mt. 27,
62-66), una mención que no hacen los demás evangelistas. La clave de esa
mención nos la da el mismo Mateo en 28, 11-15.
Parece que Mateo, o la
tradición que representa, compuso esta narración de la custodia con una
finalidad apologética: contrarrestar la fábula judía de la sustracción del
cuerpo. La fe de Mateo en Cristo es tan fuerte que llega incluso a componer un
relato con el fin de anular radicalmente la mentira de los judíos. De hecho, si
Mateo parece engañarnos, a nosotros y a nuestra mentalidad moderna, es fiel a
una historia más verdadera, la de su fe, de la que sabe perfectamente que no
descansa sobre la experiencia verificable de Jesús saliendo del sepulcro.
MAERTENS-FRISQUE - NUEVA
GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA III - MAROVA MADRID 1969.Pág. 232-234
3.- /Mt/26/36-41 CR/VIGILANCIA J/DEBILIDAD DEBILIDAD/J:
-Getsemaní
No hace falta decir que el
episodio de Jesús en Getsemaní posee gran importancia para comprender la pasión
que sigue. Es una escena de revelación. Mientras que la transfiguración
(17,1-9) revelaba por anticipado la gloria del Hijo del hombre, aunque encaminándose
hacia la cruz, aquí se revela la profunda humanidad de Cristo, su
"debilidad". Es una revelación que podemos resumir así: este hombre
que siente "tristeza y angustia", cuya alma está triste hasta morir y
que experimenta el peso de la "carne débil", es el portador de la
revelación definitiva de Dios, ¡es el Hijo de Dios! Así pues, una profunda
revelación del misterio de Cristo que el discípulo, como siempre, no comprende;
en lugar de velar y acompañar, el discípulo se abandona al sueño. Efectivamente,
se advierte un doble movimiento en el relato: por una parte, Jesús que se
aleja, solo (es una manera de subrayar el carácter inaccesible del misterio
encerrado en la oración de Jesús); por otra, Jesús que se acerca, que vuelve a
los discípulos y les invita a acompañarlo (se subraya la cercanía del misterio
de Jesús); pero el discípulo, aunque invitado, no comprende. Además de
revelarnos la profunda humanidad de Jesús (por tanto, el relato que sigue se ha
de leer tomando muy en serio la humanidad del Hijo de Dios), el relato nos
manifiesta la reacción íntima de Jesús frente a los acontecimientos dolorosos
inminentes. Es la pasión interior del Maestro. Los relatos que siguen (proceso,
condena, insultos, crucifixión) son la superficie de la pasión, los hechos, la
crónica; aquí se nos revela la reacción íntima de Jesús; allí lo que los
hombres hicieron con Jesús; aquí cómo reaccionó en su ánimo. Por tanto, la
escena de Getsemaní es, también desde este punto de vista, una clave
indispensable para comprender en profundidad el resto de la narración.
Finalmente, hay un tercer punto, no ya cristológico como los dos primeros, sino
eclesial; refleja la lección de vida que la comunidad cristiana obtenía de la
meditación de la oración de Jesús en el huerto. Como Cristo, por medio de la
vigilancia y de la oración al Padre, superó victoriosamente el momento decisivo
de la prueba, así el discípulo: "Vigilad y orad" es la invitación
reiterada a la Iglesia. El episodio se convierte en un modelo para la
existencia cristiana, en una ilustración de la advertencia que Mateo ha
colocado como conclusión del discurso escatológico (24,42): "Velad, pues,
porque no sabéis el día en que vendrá el Señor".
BRUNO MAGGIONI - EL RELATO
DE MATEO - EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 275
4.- J/REY /Mt/27/11-29
El evangelista no pierde
ocasión de subrayar que Jesús es inocente. La mujer de Pilatos lo llama
"hombre justo" (27,19) y Pilatos, a su vez, reconoce públicamente su
inocencia (27-24): "Yo soy inocente de la sangre de este justo. Allá vosotros".
Jesús es condenado como inocente por su pueblo; una inocencia tan clara, que
hasta los paganos la reconocen. Sin embargo, es condenado, a pesar de la
afirmación de la inocencia por el mismo Pilatos. El procurador romano asume una
actitud manifiestamente contradictoria. Abre el proceso con una clara intención
de objetividad y se esfuerza en librar a Cristo de la condena. Mas apenas se ve
comprometido personalmente ("Viendo que no conseguía nada y que aumentaba
el alboroto": v.24), su objetividad desaparece; su deseo de objetividad no
va más allá de un cierto precio. Hay una razón de estado que prevalece sobre la
verdad y la justicia. Pilatos no está de ningún modo dispuesto a perderse a sí
mismo.
De todas formas, el intento
de objetividad de Pilatos y su pública proclamación de la inocencia de Jesús
ponen de relieve la obstinación y la injusticia que implica el rechazo de los
judíos.
Ellos deben elegir entre el
Mesías y Barrabás (v.17); se ven forzados a elegir -ironía de la vida- entre el
Mesías y un ladrón. La escena es altamente simbólica. No se puede rechazar a
Cristo sin más; se lo cambia. Todo rechazo es una elección.
Mateo precisa que el rechazo
es colectivo (v.20). Es todo el pueblo quien condena al Mesías, y no sólo los
jefes: "Todo el pueblo respondió: Recaiga su sangre sobre nosotros y sobre
nuestros hijos". Mateo piensa probablemente en algunos textos bíblicos;
por ejemplo, 2 Samuel 1,16; Jer 51,31, según los cuales el que derrama sangre
inocente es maldito de Dios.
Los judíos habían entregado
Jesús a Pilatos (v.27,2); ahora Pilatos lo entrega a los soldados para que lo
crucifiquen (v.26). Pero antes del viaje al Calvario, el evangelista relata una
segunda escena de ultraje (vv. 27-31), paralela a la escena precedente, que
seguía al proceso judío; allí se hacía burla de Jesús profeta; aquí, de Jesús
rey. Es una escena importante; en cierto sentido ocupa el centro de toda la
sección y enlaza los dos temas principales que el evangelista desarrolla, a
saber, la revelación de la realeza de Jesús y su rechazo por parte del mundo.
El juego cruel de los soldados es burla y rechazo; Jesús es revestido de las
enseñas reales por burla. Sin embargo, y a despecho de todo, es proclamado
"el rey de los judíos".
-La Realeza de Jesús
Decíamos que el tema más
importante de nuestra perícopa es la realeza de Jesús. Es preciso profundizar
en él. Mateo lo ha introducido desde el principio de su evangelio (2,2), y ya
entonces tuvo cuidado de situarlo en un contexto de oposición y rechazo: Jesús
es un rey que marcha al destierro. Luego, el título de rey desaparece por
completo del relato evangélico y no reaparece hasta el relato de la pasión,
precisamente en nuestra perícopa y en la escena de la crucifixión. Esto es ya
un dato de suma importancia. La de Jesús es una realeza que únicamente en un
contexto de pasión destaca en todo su verdadero esplendor y en su auténtico
sentido; solamente a la sombra de la cruz se la puede entender sin equívocos.
La escena de los ultrajes no expresa solamente hasta qué punto Jesús fue
rechazado y en qué grado se humilló; pretende demostrar hasta dónde la realeza
de Dios, manifestada en Jesús, es diversa de los esquemas comunes; lo es hasta
el punto de parecer una burla. Sin embargo, esta diversidad ya la había dejado
entrever Jesús precedentemente (/Mt/20/25-28): "Sabéis que los jefes de
las naciones las tiranizan y que los grandes imperan sobre ellas. No habrá de
ser así entre vosotros, sino que el que quiera ser grande entre vosotros, sea
vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros, se haga
vuestro esclavo; como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino
para servir y dar su vida en redención de muchos".
Luego hay una diferencia
radical entre la realeza de Cristo y la del mundo, entre las manifestaciones de
la primera y las manifestaciones de la segunda. No hay nada en común entre
ambas; la realeza del mundo se manifiesta en el poder, en la imposición, en la
salvación de sí mismo; la realeza de Cristo se manifiesta en el servicio, en el
amor, en el rechazo del poder como medio de sustraerse a las contradicciones.
Por eso el mundo rechaza la realeza de Cristo, no la comprende y hasta la
considera una realeza de burla. Por eso los mismos discípulos se sienten con
frecuencia tentados -¡incluso por amor al Maestro!- a modificar la realeza de
Jesús, a hacerla semejante a la del mundo, en un intento, se diría, de hacerla
más convincente y eficaz.
BRUNO MAGGIONI - EL RELATO
DE MATEO - EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 289
5.- J/SOLEDAD/ABANDONO:
-El Mesías, abandonado
Jesús moribundo es insultado
por los transeúntes (vv. 39-40), que lanzan contra él nuevamente la acusación
de los falsos testigos en el proceso: se glorió de poder destruir el templo y
luego reconstruirlo; que se salve a sí mismo.
Le insultan los escribas,
los fariseos y los ancianos, sus jueces: Ha salvado a otros y no puede salvarse
a sí mismo; si realmente fuera el Mesías, Dios le bajaría de la cruz; si
realmente fuera amigo de Dios, Dios lo libraría. Así pues, éstos ponen en duda
la validez de sus milagros (ya los habían interpretado como provenientes de
Satanás: 12/24), la verdad de sus pretensiones mesiánicas y la validez de su
experiencia del Padre. Se niega la identidad más profunda de Jesús. También los
dos malhechores crucificados con él le insultan del mismo modo.
El hombre corriente, las
autoridades y los desheredados, todos están contra Jesús. Para comprender el
significado profundo de estos insultos hemos de hacer una precisión. En la voz
de los transeúntes, de los sacerdotes y de los dos malhechores resuena la misma
voz de satanás que ya escuchamos en el relato de la tentación (/Mt/04/03):
"Si eres el Hijo de Dios...". Si realmente eres el Hijo de Dios,
debes usar el poder de que dispones para obtener credibilidad, para hacer
triunfar la verdad. Y no se diga que se trata de un razonamiento meramente
humano; existe toda una literatura de martirio que asegura justamente que Dios
interviene siempre, aunque sea en el último momento, para derrotar a los
enemigos y hacer triunfar al justo. Así en Sal 34,8 y en Sal 1,9-12:
"Teniendo a Yahvé por refugio, el Altísimo por tu asilo, no te llegará la
calamidad ni se acercará la plaga a tu tienda, pues te encomendará a sus
ángeles para que te guarden en todos sus caminos". Por tanto, los jueces
tienen ahora la prueba de la verdad de su veredicto (una prueba, diríamos,
¡tomada de las Escrituras!): si no puede salvarse, si Dios no le salva,
significa que hemos tenido razón al tomarlo por un falso mesías, por un
impostor y un blasfemo. Así comprendemos la soledad de Jesús. Es la soledad del
que se siente al final desmentido, abandonado de aquel mismo Dios en el que
únicamente había confiado y por cuya obediencia ha emprendido su camino:
"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (/Mt/27/46).
Como de costumbre, el
evangelista no se limita a relatar los hechos, sino que los interpreta a la luz
de las Escrituras. Lo que está acaeciendo es el cumplimiento de las Escrituras.
BRUNO MAGGIONI - EL RELATO
DE MATEO -EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 294
6.- La Pasión es el relato
de la Cruz de Jesús. ¿Cómo ha entendido Jesús su propia muerte? Es difícil
penetrar en el secreto de Dios; pero sí que podemos dar algunos datos: Jesús
soluciona su papeleta él solo (26, 29s). Además Jesús experimenta vivísimamente
la fuerza del pecado: el pecado se mete de lleno en toda la persona de Jesús
("por nosotros se hizo un maldito", /Ga/03/13). Llega hasta a
identificarse con los pecadores: palpa el convencimiento de que él no muere
solamente por la fuerza de las circunstancias, adversas cuanto cabe, ni
siquiera por ser hombre, porque alguna vez debía morir. Jesús se sabe
"muriendo por otros" o, dicho de otro modo: a lo largo del evangelio
vamos viendo que Jesús tiene la intuición de que encarna en su persona de algún
modo la figura de aquel "siervo" del que hablaba el AT (Is 53; Sal 22
y 69) del que se dice que sufrirá por todos (Is 53, 4-5: "Y llevó los
pecados de muchos e intercedió por los culpables". Is 53, 12). Esta
identificación de Jesús con los pecadores es bien real, capaz de motivar la
náusea más grande, la tristeza de los que mueren (26, 38).
J/OBEDIENCIA: En segundo lugar, es el
colmo de la obediencia. Según Hb/05/07-10, la trágica oración de Jesús en el
huerto se dice que fue escuchada, y por eso salvado de la muerte. Siendo esto
así, el morir de Jesús fue, según los planes del reino, llegar a la vida. La
obediencia de Jesús llega a unos extremos de fe insospechados. En tercer lugar,
vemos que Jesús es entregado por Dios a la furia de sus enemigos (26, 46).
Ocurre a veces en el AT que Israel es "entregado" por Dios a la
devastación de sus enemigos normalmente por incumplimiento de la alianza (Lv
26, 25). A veces suele ocurrir también que el privilegio de Dios es entregado a
otros contrincantes (1 Sam. 24, 5). Otras veces son los mismos pueblos paganos
quienes son entregados por Dios a los ejecutores de su venganza (Ex 29, 19). En
todos estos casos Dios se desentiende, ya no quiere saber absolutamente nada de
su pueblo, o de los que antes estaban bajo su protección. Israel se queda en el
más completo desamparo porque Dios, su goel, su valedor, le hace ascos y le
entrega a sus enemigos como cosa de ningún valor. Jesús se identifica con ese
Israel pecador y se ve abandonado de Dios en el sentido más profundo del
término, en el abandono último. Una diferencia hay, sin embargo, entre Jesús e
Israel: éste es entregado por su incumplimiento de la Alianza, mientras que
aquél es entregado por otros, por el pecado de los que le entregan
("Cristo murió por nosotros cuando éramos aún pecadores". Rm 5, 8). Y
además, paradoja enorme, el entregado, perfecto, obediente, está de acuerdo en
ser entregado (cf. Fllp 2): este es el misterioso e irresoluble porqué de la
Pasión.
Finalmente hacemos notar el
fracaso absoluto del programa de Jesús, quien ve claro que ha llegado la
"hora del poder de las tinieblas" (/Lc/22/53).
Por un cierto tiempo los pecadores van a estar por encima de Jesús. Todo lo que
había construido en su vida, en su predicación, parece venirse abajo. Por eso
no es de extrañar que Jesús muriera con la incertidumbre de la prueba (27, 46).
Sin embargo, de una vez para siempre, Jesús ha puesto su confianza en el Padre,
se fía de él y sabe que, aunque no lo parezca, esto terminará bien. La
incertidumbre de la prueba fue superada por el éxito y el gozo de la
resurrección. No hay palabras en los vocabularios de los hombres para llegar a
ponderar este triunfo tanto del Padre como del Hijo: el Padre por su fidelidad,
el Hijo por su confianza.
V. 11: Esta pregunta de
Pilatos no se comprende bien sin las precisiones de Lc 23 1-2 que presenta al
pueblo denunciando a Jesús como uno que pretende llegar a ser rey. El término
rey tenía en el mundo judío unas claras connotaciones mesiánicas y políticas.
De ahí que la desconfianza del procurador fuera grande. No olvidemos el pasado
político de Israel con sus ansias de independencia que posteriormente se verán
confirmadas en la guerra del 70 contra los romanos. La respuesta de Jesús ha de
entenderse en sentido positivo: eres tú quien lo dice y tienes razón. Sin
embargo, el contexto indica que la realeza que pretende Jesús es de un estilo
muy diferente (esto ha motivado la explicación de Jn 18, 34s). Pretender ser
rey en una situación de tal opresión no es una ironía, sino que se inscribe en
lo paradójico del reino y de la pasión de Jesús: rey de la vida, rey para
salvar.
V. 16: Según manuscritos de
mucho peso el nombre completo es "Jesús Barrabás", nombre común en la
época del Señor. La actitud de Pilatos de desprecio irónico más por los judíos
que por Jesús mismo, encaja muy bien en el carácter del procurador tal como lo
describe Josefo. La "envidia" del v. 18 es el ascendiente que Jesús
tiene entre la gente. Pilatos se da cuenta de ello. Mateo y los otros
evangelios también se sirven de la figura de Barrabás para hacer notar la
responsabilidad que han tenido en este proceso los jefes del pueblo. Estos son
los que han manejado hábilmente la voluntad del pueblo, que, en el fondo, se
adherirá a Jesús (v. 20).
V. 19: Este rasgo es
exclusivo del evangelio de Mt. Pero no hay que ver en la mujer de Pilatos una
cristiana antes de tiempo. Sino que, atormentada por un sueño (en la antigüedad
tenían mucha importancia) que le deja perpleja, no considera a Jesús como un
justo en sentido judío o del mismo Mt. (fiel a la voluntad de Dios: cf. 1, 19;
5, 45; 9, 13), sino en el sentido griego de un hombre de bien, interesante e
inquietante a la vez. Figuras que, por contraposición, hacen resaltar más la
inocencia de Jesús, y el valor incomprensible de su muerte.
Los vv. 24-26 son también
propios de Mt, cuya intención general es disculpar a Pilatos y hacer cargar las
culpas al pueblo. No olvidemos que este evangelio está escrito hacia el 85,
momento en que el cristianismo se separaba definitivamente del judaísmo y
menudeaban las tensiones. Esta exclamación de los judíos tiene también raíces
en el AT (2 Sam 1, 13-16; 3, 29; Jer 51, 35; ver también Lc 23, 38). Más allá
de una toma de posición política por parte de los judíos, éstos se ven
presionados a una alternativa de tipo religioso: o reconocen a Jesús como el
mesías prometido, o tienen que pedir su muerte como un blasfemo. Implícitamente
se toma la primera posición por parte del autor. Evidentemente que todo
antisemitismo a partir de esta expresión no tiene sentido alguno.
V. 26: Jesús llega aquí al
colmo de la entrega en manos de los hombres (cf. nota 1) y se cumple
perfectamente el anuncio que hiciera meses antes: "A este hombre lo van a
entregar en manos de los hombres" (17, 22). Además, aparece con bastante claridad
la imagen del siervo sufriente: "despreciado y abandonado de los hombres,
tenido en nada" (Is 53, 3). La espiritualidad judía del tiempo hablaba
también con frecuencia del siervo que sufrirá (Salmos de Salomón 17; 1 QH.2,
9-11; 6, 8; etc.) pero siempre terminan diciendo que Dios le dará el poder y
romperá la fuerza de sus propios enemigos. Es escandaloso ver a Jesús en tal
extremo de postración y tenerlo a pesar de todo como el mesías de Dios y el que
es capaz de salvar.
Mateo, como buen catequeta,
insiste más en algunos aspectos, al parecer secundarios, que, en la misma
crucifixión, que la narra, muy de pasada. Uno de estos tres motivos
catequéticos (los otros dos serán el de la inscripción en la cabeza del leño y
las burlas de los judíos) es el del reparto de la ropa (vv. 35-36). Es el
despojo total de Jesús que se indica con el Sal 22 que es una súplica a Dios en
un momento de abandono, ya que hasta Dios mismo parece que no escucha la
oración del sufriente (Sal 22, 1). Es el despojo máximo de Jesús junto con la
irrisión que lleva consigo.
La inscripción o título de
la cruz era una tablilla que llevaba el condenado especificando la causa de la
condena. Pilatos hizo escribir esto para burlarse de la religiosidad judía.
Esta perícopa narra con claridad las objeciones que entonces, y ahora, se
pueden hacer a una muerte tan calamitosa: ¿cómo puede ser rey nuestro un
crucificado? (objeción judía o farisea): ¿cómo puede ser éste el Hijo de Dios?
(objeción cristiana de los discípulos): ¿cómo va a poder este pobre salvar?
(objeción de la sabiduría griega). Parece imposible dar crédito a una persona
en tal estado de fracaso. Ya lo decía Pablo con claridad: "para los judíos
un escándalo, para los paganos una locura" (/1Co/01/23).
Sin embargo éste es el Cristo de nuestra fe. CZ/ESCANDALO
v. 41: Este es el tercer
motivo catequético y en el que Mateo quiere hacer sobre todo hincapié. Si se
tiene en cuenta los versículos del Sal 22 que se citan (vv. 2.8.9.19) nos damos
cuenta de que las burlas no vienen a subrayar la maldad de los hombres o los
sufrimientos morales de Jesús, sino el hecho irrisorio para el justo de que el
mesías haya sido entregado a la muerte por Dios. Cristo abandonado por su Dios.
Esto no lo puede comprender una mentalidad que esperaba un mesías libertador y
potente. Jesús ha elegido un camino de salvación perfectamente incomprensible
para judíos y griegos. Este es el escándalo de la cruz. Pero precisamente lo
que parecía muerte se convertirá en vida de verdad. El camino del triunfo en la
fe es el de saber valorar la cruz de ser hombre, con las limitaciones que esto
conlleva.
Este grito del v. 46 está en
estrecha relación con el del v. 50. Son, evidentemente, dos gritos de
aflicción. Pero hacemos notar en primer lugar, que estos gritos se dirigen a su
Padre ("Dios mío"), es decir, que son gritos de fe. En segundo lugar,
que son el grito de un judío fiel (no en vano emplea el Sal 22, salmo
oracional) que confía en Dios, de ahí que se trate de una aflicción tanto más
real por cuanto no ha abandonado el plano de la fidelidad al Dios que salva. En
él se realiza el juicio salvador de Dios (Rm 3, 21s). Lo trágico del desenlace
de Jesús llega aquí a los más hondos niveles antropológicos y teológicos. No
hay ficción, sino cruda realidad.
La reacción del centurión
ante los raros fenómenos que acompañan a la muerte de Jesús es (típicamente
pagana, por lo que se excluye una confesión de la divinidad de Jesús en boca
del soldado. Incluso parece ser que esta expresión era corriente en labios de
paganos para designar a personalidades extraordinarias. No obstante, la primera
comunidad cristiana vio aquí una confesión de fe que ella misma se apropia.
Como luego dirá en su reflexión teológica el evangelista Juan: Jesús jamás fue
el Hijo único de Dios en tanto grado como en la humillación de la cruz. Todo
este relato constituye un cúmulo de paradojas para el que no tiene fe: para el
creyente es fuente de adoración y de actuación en la vida.
EUCARISTÍA 1981/18
7.- La Pasión de Jesús, la
más hermosa historia de amor y la más sucia historia de pecados, debe leerse,
proclamarse, en la celebración eucarística, despacio, que sirva casi de homilía
y de pregón de Semana Santa; por eso, conviene que se escuche sentado.
Seguro que la Pasión fue lo
primero que se escribió de la vida de Jesús, no sólo para contar lo sucedido,
sino para interpretar los hechos. La pasión tan cruel y la muerte tan
humillante del Mesías, y el que fuese condenado incluso por las máximas autoridades
religiosas, era algo incomprensible y desequilibrador. Bastaría comprobar la
reacción de los discípulos.
Mateo, que escribe en una
comunidad judía, se esfuerza por demostrar que también en la Pasión se cumplen
las Escrituras. El Mesías es el Siervo de Yahveh, el justo perseguido. Los
jefes obran como los reyes del salmo 2 (cf. Mt 26, 3), que se amotinan contra
Dios y su Mesías. La actuación de los discípulos está ya cantada en Zacarías y
Jeremías (cf. Mt 27, 9 y Zac 11, 12: las treinta monedas de plata; Mt 26, 31 y
Zac 13, 7: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño»).
Datos propios de este
evangelista son la reacción final de Judas, el sueño de la mujer de Pilatos,
los hechos extraordinarios acaecidos a la muerte de Cristo, la presencia de los
guardias en el sepulcro. Mateo se esfuerza por probar los hechos y dar respuesta
a algunas malévolas interpretaciones sobre la resurrección.
CARITAS - RIOS DEL CORAZON -
CUARESMA Y PASCUA 1993.Pág. 142
8.- /Mt/26/14-25:
Para el evangelista Juan, la
Pascua tiene en la vida de Jesús una importancia extraordinaria. Menciona
expresamente como tres jalones, las tres Pascuas de su vida pública, y la
última, la que celebramos esta tarde, es señalada de antemano nada menos que tres
veces. No carece de sentido semejante manera de precisar. Una tras otra, esas
sucesivas fechas litúrgicas iban aproximando a Cristo a la gran Pascua o
tránsito del mundo al Padre: "He deseado enormemente celebrar esta Pascua
con vosotros antes de padecer".
Jesús celebra el banquete
pascual en compañía de los doce. Pero entre sus íntimos hay un traidor.
Cuando Jesús anuncia la
traición de uno de los doce, cada uno de ellos se siente obligado a preguntar:
¿Soy yo acaso, Señor?" Ante una acusación inquietante como ésta, me parece
muy auténtica la actitud de no desviar la palabra hacia los demás, sino de
permitir que nos golpee, que se abra camino hacia la conciencia, de permitir
que nos juzgue y nos cuestione.
Este es, en el fondo, el
camino de la salvación: que cuando se oiga hablar de un culpable, no se dirija
la vista hacia el vecino, sino que cada uno se mire a sí mismo. Porque también
se manifiesta la fidelidad reconociéndonos capaces de cualquier traición.
S. Felipe Neri le decía
todas las noches a Dios antes de meterse en la cama: "no te fíes de mí,
Señor, que te puedo traicionar".
Hay que ser conscientes de
que todos llevamos en la boca, con la posibilidad de darlo un día, el beso de
Judas.
El relato de la pasión según
Mateo recoge y amplía el de Marcos. Nos limitaremos a señalar algunas
características y matices. Leemos la última parte del "acta del
martirio": proceso civil y ejecución.
Mateo da a la redacción un
sentido más expresivamente teológico. Con cierto regusto sacral, casi
litúrgico. A través de su fraseología, alusiva a textos de la Escritura, se
transparenta el cumplimiento de las profecías. En el momento culminante del
proceso, acentúa la responsabilidad del pueblo (laós) de la alianza: v 25.
Palabras desnudas y dolorosas, que hay que leer con serena comprensión. No fue
todo el pueblo judío el responsable directo de la muerte de Jesús, sino unos
cuantos dirigentes corrompidos. Un puñado de hombres sobornados, de gente mal
informada. Con la colaboración servil de Pilatos. De la triste escena hace
Mateo un signo. El antiguo pueblo de la elección pierde el privilegio de su
«herencia» teológica, que pasará al nuevo Israel universal. Se realiza el drama
alegorizado en la parábola de los viñadores (21,33-46).
La muerte de Cristo,
acontecimiento escatológico. Quizá es el acento más característico de Mateo (vv
51-53). La tierra que tiembla y las rocas que se hienden avisan, en lenguaje
apocalíptico, que el mundo antiguo ha llegado a su fin. La resurrección de los
muertos anuncia la renovación definitiva del pueblo (Ez 37...). Se ha rasgado
el velo del templo. Comienza la nueva y eterna alianza en la sangre
purificadora de Jesús (26,28).
«Los que pasaban» (39s)
actualizan la tentación del desierto: «Si eres Hijo de Dios...» (cf. Mt 4,3ss).
Precisamente porque es el Hijo de Dios ha aceptado la cruz (26,42), y como Hijo
de Dios se manifiesta en ella (27,54). Expresión infinita de amor al Padre ( =
plegaria de Getsemani). Donación total de sí mismo (= 26,26-28) para la
auténtica liberación del hombre (20,28).
El evangelista rubrica la
historia del Calvario recordando el ejemplo de firmeza de aquellas mujeres
(55-56), discípulos y seguidores del Maestro, que desde donde podían miraban
(exactamente: «contemplaban») al Crucificado. Insinúa en ellas el ardor con que
la espiritualidad cristiana, ya a partir de san Pablo, hará de la cruz uno de
los temas predilectos de contemplación religiosa.
I. GOMA - LA BIBLIA DIA A
DIA - Comentario exegético a las lecturas - de la Liturgia de las Horas -
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981. Pág. 899 s.
10.- /Mt/27/57-66
San Mateo, en paralelo con
los otros evangelistas, relata concisamente la sepultura de Jesús. Añade por su
cuenta un inciso polémico: la guardia del sepulcro.
La primera parte de la
redacción es muy parecida a la de Marcos: Mateo hace el mayor elogio de José de
Arimatea al decir que también era «discípulo» de Jesús. Anota que era
"rico" para subrayar el cumplimiento de las profecías (alusión a Is
53,9). La sábana «pura» (limpia) y el sepulcro «nuevo» insinúan una sacralidad
casi litúrgica.
La gestión de los «grandes
sacerdotes» y los «fariseos» para sellar oficialmente el sepulcro y ponerle
custodia, prepara otro inciso, también exclusivo de Mateo: el soborno de los
soldados, testimonios involuntarios de la tumba maravillosamente abierta por el
ángel del Señor, y la invención del cuerpo robado (28,4. 11-15). El mensaje
fundamental de la fe queda así enmarcado por el contra-mensaje de una mentira.
El evangelista concreta en una narración popular, no exenta de irónica
amargura, las discusiones entre el judaísmo oficial de su tiempo y los
cristianos en torno al acontecimiento principal de la salvación. Quizá este
inciso, polémico y circunstancial, nos puede confortar con la certidumbre que
da la larga experiencia: que las tinieblas, de cualquier forma en que se
manifiesten, no apagarán nunca la luz.
I. GOMA - LA BIBLIA DIA A
DIA - Comentario exegético a las lecturas
de la Liturgia de las Horas - Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981. Pág. 902 s.
DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR
Comienza la
Semana Santa con gloria y dolor
Damos inicio hoy a la "Semana Santa" o "Semana
Grande", que es mitad Cuaresma (hasta la Eucaristía del Jueves) y mitad
Triduo Pascual (desde esa Eucaristía hasta la Vigilia Pascual y luego todo el
domingo).
La empezamos con este domingo que, como su nombre compuesto refleja
-"domingo de Ramos en la Pasión"-, tiene dos dimensiones muy
distintas: las alabanzas que la multitud dedicó a Jesús en su entrada a
Jerusalén, con palmas y Hosannas, y luego la Eucaristía, más adusta, con las
tres lecturas apuntando al drama de la cruz, sobre todo la de la pasión.
Por eso, la Eucaristía de este domingo tiene dos elementos
característicos: la entrada procesional y el evangelio de la Pasión. A veces,
resulta difícil conjugar estas dos actitudes, sobre todo en comunidades en que
abundan los niños, que tienen en esta fiesta un protagonismo evidente, como el
que tuvieron en Jerusalén. Pero es una sucesión de aspectos que está bien
pensada: la entrada de Jesús en la ciudad santa fue acompañada por un
inesperado entusiasmo por parte de la gente sencilla, pero él iniciaba esta
última semana de su vida dispuesto a cumplir su misión con su muerte en la
cruz. Las dos cosas se unen en la celebración de hoy, a pesar de su contraste.
Todavía estamos en Cuaresma, y hoy vamos a escuchar lecturas muy profundas
que retratan el camino de Jesús hacia su Pascua, con el poema de Isaías y sobre
todo con la pasión según Mateo. Ya desde la oración colecta de la Misa, nada
más terminar la procesión, el discurso es diferente: "tú quisiste que
nuestro Salvador se anonadase, muriendo en la cruz, para que todos nosotros
sigamos su ejemplo".
(Antes de la procesión) Mateo 21, 1-11. Bendito el que viene en nombre del Señor
La lectura evangélica antes de la procesión nos cuenta lo que sucedió
aquel día, cuando, sabiendo que había llegado su hora, Jesús decide entrar en
Jerusalén. Montado en un borrico, entra en la ciudad acompañado de las
aclamaciones de los discípulos: "viva (¡hosanna!) el Hijo de David...
bendito el que viene en nombre del Señor". No sería seguramente un gran
acontecimiento, sino más bien una manifestación (menos mal que entonces no
había el prurito de contar el número de presentes) popular y espontánea de admiración
al que consideraban como el Profeta enviado de Dios. Tampoco la cabalgadura en
que entra es demasiado gloriosa.
Esta procesión en honor a Cristo el domingo de Ramos tuvo su origen en
Jerusalén, ya en el siglo IV, y luego se difundió a toda la Iglesia. Las comunidades
que pueden hacerlo organizan hoy una procesión partiendo de un lugar diferente,
mientras van dedicando cantos de alabanza a Cristo.
Lo principal no son los ramos benditos, sino que la comunidad
"acompaña a Cristo aclamándole con cantos", agitando, eso sí, esos
ramos que han sido "bendecidos" porque se les da un significado
simbólico de fe.
Isaías 50, 4-7. No me tapé el rostro ante los ultrajes,
sabiendo que no quedaría defraudado
En el repaso celebrativo de los momentos importantes de la historia de la
salvación, llegamos al tercer "cántico del Siervo del Señor", de
Isaías. Un poema que nosotros vemos cumplido en Jesús de Nazaret. El cuarto, el
más impresionante, lo proclamamos el Viernes Santo.
Hoy se afirma de este Siervo que tiene "una lengua de iniciado, para
saber decir al abatido una palabra de aliento". Pero también se dice que
antes, "cada mañana, me espabila el oído para que escuche como los
iniciados". Escucha para luego poder comunicar las palabras de Dios. El
Siervo es, además, consciente de que su misión va a ir acompañada de oposición:
"ofrecí la espalda a los que me golpeaban", siempre, eso sí, con la
ayuda de Dios: "mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido".
A esta lectura, que ya preludia la Pasión, le hace eco uno de los salmos
más impresionantes: "Dios mío, ¿por qué me has abandonado", el
salmo que los evangelistas ponen en labios de Jesús en la cruz. En verdad, la
pasión de Jesús está narrada después como siguiendo la pauta de los versículos
de este salmo: "se burlan de mí... acudió al Señor, que lo libre... me
taladran las manos y los pies... echan a suertes mi túnica". Incluida
también la confianza en Dios: "tú, Señor, no te quedes lejos, ven a
ayudarme".
Filipenses 2, 6-11. Se rebajó: por eso Dios lo
levantó sobre todo
En su carta a los cristianos de Filipos, Pablo incluye un himno
cristológico que seguramente ya se cantaba en las primeras comunidades. Un
himno que habla del proceso "pascual", su "paso" o
"tránsito". Desde su condición divina se rebaja a la humana y a la
humillación de la muerte, el anonadamiento total (movimiento descendente).
Desde ahí la fuerza de Dios lo eleva como Señor de toda la creación (movimiento
ascendente).
Es un resumen poético y teológico de la Pascua de Cristo. No es de
extrañar que en la celebración de las Vísperas de cada sábado recitemos este
himno, que resume el misterio pascual de Cristo con su muerte (viernes), su
estancia en la sepultura (sábado) y la resurrección en la madrugada del
domingo.
Mateo 26, 14 -
27, 66. Pasión de Nuestro Señor
Jesucristo
El relato de la Pasión -en el que se ve cómo se cumplen a la perfección
las anteriores lecturas- presenta en Mateo unos matices propios. Por ejemplo,
es el que más citas bíblicas aporta, para demostrar, como pretende en todo su
evangelio, que en Jesús se cumplen las promesas del AT. Es el único
que nos habla del remordimiento y suicidio de Judas; pone énfasis en los
espectaculares fenómenos que suceden a la muerte de Jesús en el velo del
templo, en la tierra, en las rocas y en la resurrección de muertos; también se
detiene en los ultrajes que dirigen a Jesús en la cruz la gente, las
autoridades y los ladrones ajusticiados con él.
La pasión empieza en Mateo en la última cena de Jesús con los suyos, el
anuncio de la traición de Judas, las palabras y gestos sobre el pan y el vino,
la advertencia a Pedro sobre su negación; para seguir con la oración y la
agonía en el huerto, la traición de Judas y la detención por los enviados de
las autoridades, el episodio de las negaciones de Pedro, el juicio ante las
autoridades religiosas y luego ante las civiles, la condena a muerte por
Pilato, el camino hacia el Gólgota y la muerte en la cruz, gritando las
palabras del salmo: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?", para terminar con la sepultura del cuerpo de Jesús por parte
de José de Arimatea.
El impresionante relato es muy conveniente leerlo por entero, y con los
mejores recursos de una buena lectura y comunicación: es lo que más bien puede
hacer a la comunidad cristiana, año tras año, poniéndonos ante la gran lección
de generosidad que Cristo nos dio al entregarse como reconciliación entre Dios
y la humanidad. Aunque lo escuchemos cada año -y por duplicado, porque también
se proclama el Viernes- nunca deja de impresionarnos.
Pascua es muerte
y vida
La procesión de hoy no es sólo la entrada a la Eucaristía: es la entrada
a toda la Semana Santa. Cada Misa la iniciamos con una "entrada",
pero la de hoy es especial, recordando la de Jesús cuando llegó a Jerusalén
para su semana decisiva. Sus discípulos seguramente pensarían que este era el
momento decisivo para proclamar rey a su Maestro. Pero Jesús sabe que, aunque
parece entrar como Señor y Rey, en realidad, antes tiene que sufrir como el
Siervo, y que en vez de un trono le espera la cruz.
Las dos dimensiones son importantes para hoy y van íntimamente unidas.
Tal vez algunos de los que hoy vienen a "bendecir ramos", no acudan
después a las celebraciones del Triduo Pascual. Por eso es bueno que se unan en
la celebración de hoy el recuerdo de la muerte, con la lectura de la pasión, y
también el adelanto de la resurrección, que aparece en varios textos, y se
escenifica de alguna manera en la procesión.
La Pascua son las dos cosas: cruz y vida. El prefacio de hoy dice, por
una parte, que "Cristo, siendo inocente, se entregó a la muerte por los
pecadores, y aceptó la injusticia de ser contado entre los criminales",
pero a la vez da gracias a Dios porque "de esta forma, al morir, destruyó
nuestra culpa y, al resucitar, fuimos justificados". En la oración colecta
pedimos a Dios "que las enseñanzas de su pasión nos sirvan de testimonio y
que un día participemos en su resurrección gloriosa".
Nosotros también nos unimos a las aclamaciones de la gente de Jerusalén,
expresándole a Jesús, al comienzo de "su" Semana Grande, toda nuestra
admiración y gratitud, dispuestos a acompañarle esos días en su camino de cruz
a la alegría de la Pascua.
"Por eso
Dios lo levantó sobre todo"
Jesús camina decidido a su Pascua, a la Pascua completa, que es muerte y
resurrección. Y nos da una gran lección desde la cruz.
Para Isaías, la misión del Siervo es "decir una palabra de aliento a
los abatidos", pero él mismo tiene que asumir el dolor y el castigo de la
humanidad: "ofrecí la espalda a los que me golpeaban". Aspecto que ha
subrayado fuertemente el salmo: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?". Pero el poema del Siervo no sólo se puede considerar figura
de la muerte de Cristo, sino también de su glorificación: "mi Señor me
ayudaba... sé que no quedaré avergonzado".
Lo mismo sucede con Pablo, que describe el "viaje pascual" de
Cristo Jesús: "se despojó... se rebajó... y muerte de cruz... Dios lo
levantó sobre todo". Muerte y resurrección. Al contrario que Adán y Eva,
que querían "ser como dioses", Jesús se rebaja, se despoja de su
rango, hasta la muerte.
El relato de la pasión nos ha presentado toda la seriedad del camino de
Jesús, por solidaridad con los hombres, hasta la muerte en cruz. Pero no va a
ser esa la última palabra: en la Vigilia Pascual escucharemos el evangelio más
importante del año, el de la resurrección, que será la respuesta de Dios a la
entrega de Jesús.
De momento, color rojo: rojo de sangre, rojo de cruz, rojo de fiestas de
mártires, rojo de Viernes Santo. Para desembocar dentro de una semana en el
blanco de la vida y de la Pascua.
¡Desde el "hosanna" de hoy hasta el "crucifícale" del
Viernes y el "aleluya" de la noche pascual!
Cruz y gloria
también en nuestra vida
La impresionante lectura de la Pasión nos afecta a todos y se refleja
también en nuestra vida, a lo largo del año.
Nuestro seguimiento de Cristo comporta, a veces, cargar como él con la
cruz. Seguramente no será tan dramático nuestro camino como el suyo: abandonado
de todos, incluso con silencio o ausencia aparente de Dios, azotado cruelmente,
escarnecido, clavado en la cruz, ejecutado injustamente. Pero sí tendremos
días en que se acumulan los motivos de dolor y desánimo.
Por eso también nosotros necesitamos reafirmar hoy de alguna manera, con
la procesión de ramos, la confianza en el triunfo de Cristo y nuestro. Estamos
destinados, no a la cruz, sino a la vida. No al sufrimiento, sino a la alegría
perfecta. Aunque el camino sea como el que nos ha señalado Jesús. No todo el
año será Semana Santa. O si lo es, también irá acompañada de Pascua. Las
celebraciones de esta Semana, sobre todo las del Triduo Pascual, son como el
faro que da sentido a la vivencia de todo el año.
En la monición que el sacerdote dice, según el Misal, antes de la
procesión, se expresa bien el sentido de este domingo: "recordando con fe
y devoción la entrada triunfal de Jesucristo en la ciudad santa, le acompañemos
con nuestros cantos, para que, participando ahora de su cruz ("per gratiam
consortes effecti crucis", hechos por la gracia partícipes de la cruz),
merezcamos un día tener parte en su resurrección ("resurrectionis et
vitae", de la resurrección y de la vida)".
El texto de Pablo a los de Filipos es breve. Si leyéramos el versículo
inmediatamente anterior a este "himno", veríamos la intención con la
que Pablo incluye este himno de la comunidad en su carta: "tened entre
vosotros los mismos sentimientos que Cristo: el cual, siendó" de condición
divina...". Se trata de que cada uno de nosotros haga suya esta actitud de
Jesús en su Semana Santa. La Pascua de Cristo -su paso por la muerte a la vida-
es también la Pascua de la Iglesia, y de la Humanidad, y de cada uno de
nosotros.
PROPUESTA DE
CANTOS DOMINGO DE RAMOS CICLO A 2026
“¿ERES TU EL REY
DE LOS JUDIOS?”.”
01.- SALMO 12 QUE ALEGRIA CUANDO ME DIJERON (Autor: Miguel
Manzano)
QUE
ALEGRÍA CUANDO ME DIJERON:
VAMOS
A LA CASA DEL SEÑOR.
YA
ESTÁN PISANDO NUESTROS PIES,
TUS
UMBRALES JERUSALÉN.
Jerusalén
está fundada
como
ciudad bien compacta.
Allá
suben las tribus,
las
tribus del Señor.
Según
la costumbre de Israel,
a
celebrar el nombre del Señor;
5en
ella están los tribunales de justicia,
en
el palacio de David.
Por
mis hermanos y compañeros,
voy
a decir: «La paz contigo».
Por
la casa del Señor, nuestro Dios,
te
deseo todo bien.
02.- HOSSANA AL SEÑOR (Autor: P. Josico)
HOSSANA,
HOSSANA, HOSSANA AL SEÑOR (3V)
Los
niños hebreos con ramos de olivo
Gritaban
gozosos al ver al Señor.
Bendito
el que viene en nombre de Dios
Gritaban
los pobres al ver al Señor.
03.- SHALOM HOSSANA
(Joaquín Madurga)
SHALOM,
HOSANNA,
SHALOM,
HOSANNA.
BENDITO
EL QUE VIENE
EN
NOMBRE DEL SEÑOR,
SHALOM,
HOSANNA.
1.
Los niños hebreos
con
ramos de olivo,
aclamaban
al Señor.
2.
Los niños hebreos,
tendiendo
sus mantos,
aclamaban
al Señor.
3.
Con ellos nosotros,
con
palmas y ramos,
aclamamos
al Señor.
04.- GLORIA, HOSANA (Kairoi)
1.
No preguntéis por qué
os
lo pide el Señor,
vamos
hacia Jerusalén,
esta
es tu razón:
Porque
debéis saber
que
es el tiempo de Amor,
así
nos lo ha dicho Él:
¡Alabad
a Dios!
HOSANA,
HOSANA
GLORIA
AL QUE VIENE
EN
NOMBRE DEL SEÑOR.
2.
Hoy me has hecho llorar,
pobre
Jerusalén...
no
pierdas la oportunidad
que
te da tu Dios.
3.
Ya no temas, Sión,
mira,
tu Rey está aquí,
y
su llanto convertirá
en
sonrisa y perdón.
Cómo
hacerlos callar,
sí
es un canto de amor.
Hasta
las piedras gritarán:
¡Alabad
a Dios!
05.- HOSANNA (Joaquin Madurga)
Gloria
y honor, gloria al Señor, él es nuestro Rey, es el redentor.
Gloria
y honor, gloria al Señor bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna,
hosanna, paz en el cielo, gloria en lo alto
Hosanna, hosanna, hosanna en el cielo.
Gloria
y honor, gloria al Señor, los niños hebreos alzan su voz.
Gloria
y honor, gloria al Señor, bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna,
hosanna paz en el cielo gloria en lo alto
Hosanna,
hosanna, hosanna en el cielo
Gloria
y honor, gloria al Señor, la gente sus mantos extiende en su honor,
gloria
y Honor, gloria al Señor, bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna,
hosanna paz en el cielo gloria en lo alto.
Hosanna,
hosanna, hosanna en el cielo.
Gloria
y honor, gloria al Señor, el cielo y la tierra alaban a Dios,
Gloria
y honor, gloria al Señor, bendito el que viene en nombre del Señor.
06.- LOS NIÑOS HEBREOS (Francisco Palazón)
Los
niños hebreos, llevando ramos de olivo
salieron
al encuentro del Señor aclamando
hosanna
en el cielo, hosanna en el cielo,
hosanna
en el cie-e-lo.
Portones
abrid los dinteles,
que
se alcen las puertas eternas.
Va
a entrar el rey de la gloria,
el
valeroso y Dios de Israel.
Los
niños hebreos, llevando ramos de olivo
salieron
al encuentro del Señor aclamando
hosanna
en el cielo, hosanna en el cielo,
hosanna
en el cie-e-lo.
07.- HOY VUELVO DE LEJOS (Carmelo Erdozain)
HOY
VUELVO DE LEJOS, DE LEJOS, HOY VUELVO A TU CASA,
SEÑOR,
A MI CASA.
Y
UN ABRAZO ME HAS DADO,
PADRE
DEL ALMA.
Salí
de tu casa, Señor,
salí
de mi casa.
Anduve
vacío, sin Ti;
perdí
la esperanza,
y
una noche lloré, lloré mi desgracia (2v)
Hoy
vuelvo de lejos, de lejos, hoy vuelvo a tu casa,
Señor,
a mi casa.
Y
un abrazo me has dado, Padre del alma (2v)
Camino
de vuelta, Señor,
pensé
en tus Palabras:
La
oveja perdida, el Pastor,
el
pan de tu casa,
y
a mis ojos volvió, volvió la esperanza (2v)
Hoy
vuelvo de lejos, de lejos, hoy vuelvo a tu casa,
Señor,
a mi casa.
Y
un abrazo me has dado, Padre del alma
Tu
casa, mi casa será,
será
mi morada.
Banquete
de fiesta, mi hogar,
vestido
de gracia,
y
una túnica nueva para la Pascua (2v)
Hoy
vuelvo de lejos, de lejos, hoy vuelvo a tu casa,
Señor,
a mi casa.
Y
un abrazo me has dado, Padre del alma (3v)
08.- JUNTO AL VINO Y EL PAN
Junto
al vino y al pan hoy te traigo mi voz,
vida
en una canción, para ti serán,
traigo
risa y dolor, traigo al mundo sin luz
de
los hombres, la sed para que la calmes tú.
El
agua de la risa de los niños,
el
viento de las madres al cantar,
hoy
para ti serán, ¡oh Señor!
Junto
al vino y al pan yo te traigo mi voz,
vida
en una canción, para ti serán,
traigo
risa y dolor, traigo al mundo sin luz
de
los hombres, la sed para que la calmes tú.
El
ruido de la fuerza de los hombres,
la
tierra de su débil corazón,
hoy
para ti serán, ¡oh Señor!
Junto
al vino y al pan yo te traigo mi voz,
vida
en una canción, para ti serán,
traigo
risa y dolor, traigo al mundo sin luz
de
los hombres, la sed para que la calmes tú.
Para
que la calmes tú, para que la calmes tú
09.- PRESENTAMOS NUESTROS DONES (Mariano Fuertes)
1.
Presentamos nuestros dones,
este
vino y este pan;
frutos
que nos dan los campos,
frutos
son de tu bondad.
Presentamos
las ofrendas,
de
nuestra comunidad;
destinadas
a los pobres,
a
la Iglesia y al altar.
TOMA
ESTE PAN, HAZLO TU PAN,
TOMA
ESTE VINO, HAZLO TU VINO;
TRANSFÓRMALOS,
EN
TUS MANOS, SEÑOR.
2.
Este pan y este vino,
frutos
de nuestra labor;
es
la ofrenda que te hacemos,
en
respuesta a tu amor.
Toma
nuestros pobres dones,
tan
humildes como son;
bendecidos
por tu mano,
multiplícalos,
Señor.
010.- NADIE TE AMA COMO YO (Martin Valverde)
Cuanto
he esperado este momento
cuanto
he esperado que estuvieras así
cuanto
he esperado que me hablaras
cuanto
he esperado que vinieras a mí.
Yo
sé bien lo que has vivido
yo
sé bien porque has llorado
yo
sé bien lo que has sufrido
pues
de tu lado no me he ido.
PUES
NADIE TE AMA COMO YO (BIS)
MIRA
LA CRUZ ESA ES MI MÁS GRANDE PRUEBA
NADIE
TE AMA COMO YO
PUES
NADIE TE AMA COMO YO (BIS)
MIRA
LA CRUZ FUE POR TI
FUE
PORQUE TE AMO
NADIE
TE AMA COMO YO.
Yo
sé bien lo que me dices
aunque
veces no me hablas
yo
sé bien lo que en ti sientes
aunque
nunca lo compartas.
Yo
a tu lado he caminado
junto
a ti yo siempre he ido
aun
a veces te he cargado
yo
he sido tu mejor amigo
Pues
nadie te ama como yo (bis)
mira
la cruz esa es mi más grande prueba
nadie
te ama como yo
Pues
nadie te ama como yo (bis)
mira
la cruz fue por ti
fue
porque te amo
nadie
te ama como yo
nadie
te ama ni te amara
nadie
te ama,
como
yo (bis 4).
011.- YO SOY EL PAN DE VIDA (Ed Sereca)
Yo
soy el Pan de Vida
El
que viene a mí no tendrá hambre
El
que crea en mí no tendrá sed
Nadie
viene a mí, si el Padre no lo llama.
YO
LO RESUCITARÉ
YO
LO RESUCITARÉ
YO
LO RESUCITARÉ
EN
EL DÍA FINAL.
El
Pan que Yo les daré
Es
mi Cuerpo, vida para el mundo
El
que coma de mi Carne
Tendrá
vida eterna (Tendrá vida eterna).
Mientras
no comas
el
Cuerpo del hijo del hombre,
y
bebas de su sangre, y bebas de su sangre,
no
tendrás vida en ti.
Yo
soy la resurrección. Yo soy la vida.
El
que crea en mí, aunque muriera
Tendrá
vida eterna tendrá vida eterna.
Si,
Señor, yo creo que tú eres el Cristo,
El
Hijo de Dios, que vino al mundo
para
salvarnos para salvarnos.
VERSION PERUANA
YO
LO RESUCITAR (3V) EN EL DIA FINAL
Yo
soy el Pan de vida; el que viene a Mí no tendrá hambre,
el
que viene a Mí no tendrá sed.
Nadie
viene a Mi si mi padre no llama.
El
Pan que yo daré es mi Cuerpo, vida del mundo,
el
que coma de mi carne,
el
que beba de mi Sangre tiene ya la vida eterna.
Si
tu no te alimentas del Cuerpo del Hijo del Hombre,
y
no bebes de su Sangre,
no
tendrás parte con El, no tendrás la vida eterna.
Yo
soy la Resurrección, el camino y la verdad,
todo
aquel que crea en Mí,
aunque
muera, tendrá vida, porque tiene vida eterna.
Si,
Señor, yo creo que tú eres el Hijo de Dios,
que
enviado por tu Padre
has
venido al mundo para darnos vida eterna.
012.- VASO NUEVO
1.
Gracias quiero darte por amarme
gracias
quiero darte yo a ti Señor.
Hoy
soy feliz porque te conocí.
Gracias
por amarme a mí también.
YO
QUIERO SER, SEÑOR, AMADO
COMO
EL BARRO EN MANOS DEL ALFARERO.
TOMA
MI VIDA, HAZLA DE NUEVO,
YO
QUIERO SER UN VASO NUEVO.
2.
Te conocí y te amé,
te
pedí perdón y me escuchaste.
Sí,
te ofendí, perdóname Señor
pues
te amo y nunca te olvidaré.
Yo
quiero ser, Señor, amado
como
el barro en manos del alfarero.
Toma
mi vida, hazla de nuevo,
yo
quiero ser un vaso nuevo.
013.- MANOS ABIERTAS
Qué suerte es tener
un corazón sin puertas,
qué suerte es tener
las manos siempre abiertas.
(2 veces).
Manos abiertas,
para estrechar las de un amigo.
Manos abiertas,
para ayudar en el camino.
Manos abiertas,
para buscar un mundo nuevo.
Manos abiertas,
para un hacer, no para un sueño.
Qué suerte es tener
un corazón sin puertas,
qué suerte es tener
las manos siempre abiertas.
(2 veces).
Manos abiertas,
las de Jesús, las del Maestro.
Manos abiertas,
las del que supo amar primero.
Manos abiertas,
llenas de amor, las de María.
Manos abiertas,
ellas son nuestra luz y guía.
014.- DOLOROSA (J.A. Espinoza)
DOLOROSA,
DE PIE, JUNTO A LA CRUZ.
TU
CONOCES NUESTRAS PENAS,
PENAS
DE UN PUEBLO QUE SUFRE.
TU
CONOCES NUESTRAS PENAS,
PENAS
DE UN PUEBLO QUE SUFRE.
Dolor
de los cuerpos que sufren enfermos,
El
hambre de gentes que no tienen pan,
Silencio
de aquellos que callan por miedo
La
pena del triste que está en soledad.
El
drama del hombre que fue marginado,
Tragedia
de niños que ignoran reír.
La
burda comedia de huecas promesas
La
farsa de muertos que deben vivir.
Dolor
de los hombres sin tregua oprimidos,
Cansancio
de brazos en lucha sin fin,
Cerebros
lavados a base de "slogans",
El
rictus amargo del pobre infeliz.
El
llanto de aquellos que suman fracasos
la
cruz del soldado que mata el amor
pobreza
de muchos sin libro en las manos
derechos
del hombre truncados en flor
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según
san Mateo 26, 14 —27, 66
¿Qué están dispuestos a darme si se lo entrego a ustedes?
C. En aquel tiempo,
uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les
propuso:
S. «¿Qué están
dispuestos a darme si se lo entrego a ustedes?».
C. Ellos se
ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando
ocasión propicia para entregarlo.
¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?
C. El primer día de
los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
S. «¿Dónde quieres
que te preparemos la cena de Pascua?».
C. Él contestó:
X «Vayan a la
ciudad, a casa de quien ustedes saben, y díganle: “El Maestro dice: mi hora
está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”».
C. Los discípulos
cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
Uno de ustedes me va a entregar
C. Al atardecer se
puso a la mesa con los Doce. Mientras comían, dijo:
X «En verdad les
digo que uno de ustedes me va a entregar».
C. Ellos, muy
entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
S. «¿Soy yo acaso,
Señor?».
C. Él respondió:
X «El que ha
metido conmigo la mano en la fuente, ese me va entregar. El Hijo del Hombre se
va como está escrito de Él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del Hombre es
entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».
C. Entonces
pregunto Judas, el que lo iba a entregar:
S. «¿Soy yo acaso,
Maestro?».
C. Él respondió:
X «Tú lo has
dicho».
Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre
C. Mientras comían, Jesús tomó pan y,
después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les
dijo:
X «Tomen, coman:
esto es mi cuerpo».
C. Después tomó el
cáliz, pronunció la acción de gracia y dijo:
X «Beban todos;
porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el
perdón de los pecados. Y les digo que desde ahora ya no beberé del fruto de la
vid hasta el día que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre».
C. Después de cantar
el himno, salieron para el monte de los Olivos.
“Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño”.
C. Entonces Jesús
les dijo:
X «Esta noche se
van a escandalizar todos por mi causa, porque está escrito: “Heriré al pastor y
se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero cuando resucite, iré delante de ustedes a Galilea».
C. Pedro replicó:
S. «Aunque todos
caigan por tu causa, yo jamás caeré».
C. Jesús le dijo:
X «En verdad te
digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces».
C. Pedro le
replicó:
S. «Aunque tenga
que morir contigo, no te negaré».
C. Y lo mismo
decían los demás discípulos.
Empezó a sentir tristeza y angustia
C. Entonces Jesús
fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos:
X «Siéntense aquí,
mientras voy allá a orar».
C. Y llevándose a
Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.
Entonces les dijo:
X «Mi alma está
triste hasta la muerte; quédense aquí y velen conmigo».
C. Y, adelantándose
un poco, cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
X «Padre mío, si
es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino
como quieras tú».
C. Y volvió a los
discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
X «¿No han podido
velar una hora conmigo? Velen y oren para no caer en tentación, pues el
espíritu está pronto, pero la carne es débil».
C. De nuevo se
apartó por segunda vez y oraba diciendo:
X «Padre mío, si
este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».
C. Y viniendo otra
vez, los encontró dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño. Dejándolos de
nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió a los discípulos,
los encontró dormidos y les dijo:
X «Ya pueden dormir
y descansar. Miren, está cerca la hora y el Hijo del Hombre va a ser entregado
en manos de los pecadores. ¡Levántense, vamos! Ya está cerca el que me
entrega».
Se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron
C. Todavía estaba
hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de
gente, con espadas y palos, enviados por los sumos sacerdotes y los ancianos
del pueblo.
El traidor les había dado esta
contraseña:
S. «Al que yo bese,
ese es: préndanlo».
C. Después se
acercó a Jesús y le dijo:
S. «¡Salve,
Maestro!».
C. Y lo besó. Pero
Jesús le contestó:
X «Amigo, ¿a qué
vienes?».
C. Entonces se
acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron. Uno de los que estaba con
Él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del
sumo sacerdote. Jesús le dijo:
X «Envaina la
espada; que todos los que empuñan espada, a espada morirán. ¿Piensas tú que no
puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida más de doce legiones de
ángeles. ¿Cómo se cumplirán entonces las Escrituras que dicen que esto tiene
que pasar?».
C. Entonces dijo
Jesús a la gente:
X «¿Han salido a
prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido? A diario me sentaba en
el templo a enseñar y, sin embargo, no me prendieron. Pero todo esto ha
sucedido para que se cumplieran las Escrituras de los profetas».
C. En aquel momento
todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
Verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Padre
C. Los que
prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se
habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el
palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para
ver cómo terminaba aquello.
Los sumos sacerdotes y el Sanedrín
en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y
no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían.
Finalmente, comparecieron dos que
declararon:
S. «Este ha dicho:
“Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”».
C. El sumo
sacerdote se puso en pie y le dijo:
S. «¿No tienes nada
que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?».
C. Pero Jesús
callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
S. «Te conjuro por
el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios».
C. Jesús le
respondió:
X «Tú lo has
dicho. Más aún, yo les digo: desde ahora verán al Hijo del Hombre sentado a la
derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo».
C. Entonces el sumo sacerdote rasgó
sus vestiduras diciendo:
S. «Ha blasfemado.
¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?. Acaban de oír la blasfemia. ¿Qué
deciden?».
C. Y ellos
contestaron:
S. «Es reo de
muerte».
C. Entonces le
escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo:
S. «Haz de
profeta, Mesías; dinos quien te ha pegado».
Antes de que cante el gallo me negarás tres veces
C. Pedro estaba
sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo:
S. «También tú
estabas con Jesús el Galileo».
C. Él lo negó
delante de todos diciendo:
S. «No sé qué
quieres decir».
C. Y al salir al
portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
S. «Este estaba
con Jesús el Nazareno».
C. Otra vez negó
él con juramento:
S. «No conozco a
este hombre».
C. Poco después se
acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:
S. «Seguro tú
también eres de ellos, tu acento te delata».
C. Entonces él se
puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:
S. «No conozco a
ese hombre».
C. Y enseguida cantó
un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y, saliendo afuera, lloró amargamente.
Entregaron a Jesús a Pilato, el gobernador
C. Al hacerse de
día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para
preparar la condena a muerte de Jesús.
Y, atándolo, lo
llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.
No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio
de sangre
C. Entonces Judas,
el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las
treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos diciendo:
S. «He pecado
entregando sangre inocente».
C. Pero ellos
dijeron:
S. «¿A nosotros que?
¡Allá tú!».
C. Él, arrojando
las monedas de plata en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los
sacerdotes, recogiendo las monedas de plata, dijeron:
S. «No es lícito
echarlas en el arca de las Ofrendas, porque son precio de sangre».
C. Y, después de
discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de
forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se
cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías: «Y tomaron las treinta monedas
de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de
Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el
Señor».
¿Eres tú el rey de los judíos?
C. Jesús fue
llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:
S. «¿Eres tú el
rey de los judíos?».
C. Jesús
respondió:
X «Tú lo dices».
C. Y mientras lo
acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada. Entonces
Pilato le preguntó: S. «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?».
C. Como no
contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera. Tenía
entonces un preso famoso,
llamado Barrabás. Cuando la gente
acudió, dijo Pilato:
S. «¿A quién
quieren que les suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?».
C. Pues sabía que
se lo habían entregado por envidia. Y, mientras estaba sentado en el tribunal,
su mujer le mandó a decir:
S. «No te metas
con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con Él».
C. Pero los sumos
sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad
de Barrabás y la muerte de Jesús.
El gobernador preguntó:
S. «¿A cuál de los
dos quieren que les suelte?».
C. Ellos dijeron:
S. «A Barrabás».
C. Pilato les
preguntó:
S. «¿Y qué hago con
Jesús, llamado el Mesías?».
C. Contestaron
todos:
S. «Sea
crucificado».
C. Pilato
insistió:
S. «Pues, ¿qué mal
ha hecho?».
C. Pero ellos
gritaban más fuerte:
S. «¡Sea
crucificado!».
C. Al ver Pilato
que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó
agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo:
S. «Soy inocente
de esta sangre. ¡Allá ustedes!».
C. Todo el pueblo
contestó:
S. «¡Caiga su
sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!».
C. Entonces les
soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo
crucificaran.
¡Salve, rey de los judíos!
C. Entonces los
soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor
de Él a toda la cohorte: lo desnudaron y
le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de
espinas, se la ciñeron a la cabeza y
le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante Él la rodilla, se
burlaban de Él diciendo:
S. «¡Salve, rey de
los judíos!».
C. Luego le
escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada
la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
Crucificaron con Él a dos bandidos
C. Al salir,
encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su
cruz.
Cuando llegaron al lugar llamado
Gólgota (que quiere decir lugar de la Calavera), le dieron a beber vino
mezclado con hiel; Él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo,
se repartieron su ropa echándola a suerte y luego se sentaron a custodiarlo.
Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el
rey de los judíos». Crucificaron con Él a dos bandidos, uno a la derecha y otro
a la izquierda.
Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz
C. Los que pasaban,
lo injuriaban, y, meneando la cabeza, decían:
S. «Tú que
destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres
Hijo de Dios, baja de la cruz».
C. Igualmente los
sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo:
S. «A otros ha
salvado y Él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la
cruz y le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo:
“Soy Hijo de Dios”».
C. De la misma
manera los bandidos que estaban crucificados con Él lo insultaban».
«Elí, Elí, lemá sabaqtaní?»
C. Desde la hora sexta hasta la hora
nona vinieron tinieblas
sobre toda la tierra. A la hora
nona, Jesús gritó con voz potente:
X «Elí, Elí, lemá
sabaqtaní?»
C. (Es decir:
X «Dios mío, Dios
mío, ¿por qué me has abandonado?»).
C. Al oírlo,
algunos de los que estaban allí dijeron:
S. «Está llamando
a Elías».
C. Enseguida uno de
ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en
una caña, le dio de beber. Los demás decían:
S. «Déjalo, a ver
si viene Elías a salvarlo».
C. Jesús, gritando
de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.
Todos se arrodillan y se hace una pausa
C. Entonces el velo
del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se
resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían
muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Él resucitó, entraron
en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que
custodiaban a Jesús, al ver el
terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:
S. «Verdaderamente
este era Hijo de Dios».
C. Había allí
muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús
desde Galilea para servirlo; entre ellas, María la Magdalena y María, la madre
de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
José puso en su sepulcro nuevo el cuerpo de Jesús
C. Al anochecer,
llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulos de
Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se
lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana
limpia, lo puso en su sepulcro nuevo que se había excavado en la roca, rodó una
piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María la Magdalena y la
otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.
Ahí tienen la guardia: vayan ustedes y aseguren la vigilancia como
saben
C. A la mañana
siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos
sacerdote y los fariseos a Pilato y le dijeron:
S. «Señor, nos
hemos acordado de que aquel impostor estando en vida anunció: “A los tres días
resucitaré”. Por eso ordena que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los
muertos”. La última impostura sería peor que la primera».
C. Pilato
contestó:
S. «Ahí tienen la
guardia: vayan ustedes y aseguren la vigilancia como saben».
C. Ellos
aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y colocando la guardia.
V. Palabra del
Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús. Se dice el Credo.
