viernes, 31 de julio de 2026

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XVIII T.O. CICLO A - 2 AGOSTO 2026

 COMIERON TODOS HASTA QUEDAR SATISFECHOS

Lectio Divina Dominical XVIII del Tiempo Ordinario Ciclo A |  Cristonautas.com

 COMENTARIO

 

Las parábolas de Mt 13 que hemos escuchado en domingos anteriores, habían puesto de manifiesto las contrariedades y las oposiciones que el Reino debía encontrar. Ahora en Mt 14 ya hallamos una, la de Herodes. La muerte de Juan Bautista es un anuncio y una amenaza de muerte para Jesús. Jesús se marcha a un lugar desierto. "Al saberlo la gente, lo siguió... Al desembarcar vio Jesús el gentío...": Jesús amenazado por el poder, por Herodes, pero rodeado por el gentío. Con todo, al escuchar anteriormente las parábolas, el gentío no había demostrado una especial comprensión del Reino. Aunque falte esta respuesta profunda de la fe, a Jesús "le dio lástima y curó a los enfermos". Jesús, perseguido e incomprendido, reúne con amor a los hombres, los cura y los alimenta.

"Estamos en un despoblado y es muy tarde...": En seguida hallamos una de las seis narraciones de la multiplicación de los panes y peces que hay en los evangelios. En un despoblado, como el pueblo de Israel en el desierto fue alimentado por el maná, ahora el nuevo pueblo de Dios, formado por gente dispersa y heterogénea, será alimentado por Jesús. Notamos en el texto las oposiciones entre la propuesta de los discípulos: "que vayan a las aldeas y se compren de comer" y la propuesta de Jesús: "denle ustedes de comer" y entre el hecho palpable del gentío y la escasez de lo que hay para dar: "no tenemos más que cinco panes y dos peces". Con todo, las siete piezas ya nos indican un número de plenitud.

"Alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente": Al igual que el cabeza de familia judía decía -al empezar la comida- la acción de gracias sobre el pan y lo repartía para cada miembro de la familia, igualmente lo hace Jesús, y a través de los discípulos da el alimento al pueblo congregado por él. No podemos desunir la lectura de este hecho, de la imagen de Jesús como Pan de vida que hallamos en el evangelio de Juan y de la referencia clara que hay, en el vocabulario, a la Eucaristía, signo del don total de Jesús a los hombres.

Ser alimentado por Jesús exige un vivo despertar de la fe; por eso en nuestras eucaristías, hay una preparación penitencial y un alimento de la fe. El creyente está preso entre dos realidades. La de la vida: el trabajo, las distracciones, las preocupaciones, el amor y las fatigas. Y la realidad de Dios. No son dos realidades yuxtapuestas o que se oponen entre sí, como a veces se siente la tentación de imaginarse. Sin Dios, la realidad de la vida es pobre, cerrada y pesada. Empapada por la realidad de Dios, es nuestra propia vida la que explota sin límites, danzante, transfigurada.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez.

 

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 69, 2.6

Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme. Que tú eres mi auxilio y mi liberación. Señor, no tardes.

 

ORACIÓN COLECTA

Atiende, Señor, a tus siervos y derrama tu bondad imperecedera sobre los que te suplican, para que renueves lo que creaste y conserves lo renovado en estos que te alaban como autor y como guía. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 55, 1-3

Esto dice el Señor: «Oigan, sedientos todos, acudan por agua; vengan, también los que no tienen dinero: compren trigo y coman, vengan y compren, sin dinero y de balde, vino y leche. ¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura? Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platos sustanciosos. Inclinen su oído, vengan a mí: escúchenme y vivirán. Sellaré con ustedes una alianza perpetua, las misericordias firmes hechas a David».

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 144, 8-9.15-18)

 

Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.

 

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R.

 

Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente. R.

 

El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. R

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 35.37-39

Hermanos: ¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 4, 46

Aleluya. No solo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios. Aleluya.

 

SANTO EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida». Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, denles ustedes de comer». Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». Les dijo: «Tráiganmelos». Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Invoquemos a Dios nuestro Padre y pidámosle con fe que venga en auxilio de nuestras necesidades.

 

1.- Oremos, por nuestro Santo Padre, el Papa León, por nuestro obispo y por todos los pastores de tu Iglesia. Concédeles la sabiduría, la salud y la fortaleza necesarias para guiar a tu grey y ser un instrumento vivo de tu amor en todo el mundo. Roguemos al Señor.

 

2.- Oremos por los que están lejos de sus hogares, por los que se encuentran en peligro, para que el Señor lo proteja y los aleje de todo mal. Roguemos al Señor.

 

3.- Oremos por nuestros fallecidos, para que Dios perdone sus pecados, y los conduzca al lugar del descanso eterno. Roguemos al Señor.

 

4.- Por todos nosotros, para que cada eucaristía en la que participemos se convierta en un encuentro real con el Cristo vivo; y nos ayude a amarnos más unos a otros. Roguemos al Señor.

 

Señor Jesucristo, sé nuestro pan de vida, en la eucaristía; pero también sé la luz y la vida de todos los que te buscan. Permanece con nosotros ahora y por siempre. Amén.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Te pedimos, Señor, que, en tu bondad, santifiques estos dones, aceptes la ofrenda de este sacrificio espiritual y nos transformes en oblación perenne. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNIÓN Jn 6, 35

Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí no tendrá sed jamás, dice el Señor.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

A quienes has renovado con el don del cielo, acompáñalos siempre con tu auxilio, Señor, y, ya que no cesas de reconfortar-los, haz que sean dignos de la redención eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 03: Jr 28, 1-17; Sal 118, 29. 43.79.80.95.102; Mt 14, 13-21

Martes 04: Jr 30, 1-2. 12-15. 18-22; Sal 101, 16-18. 19-21. 29 y 22-23; Mt 14, 22-36

Miércoles 05: Jr 31, 1-7; Sal: Jr 31, 10.11-12ab. 13; Mt 15, 21-28

Jueves 06: Dn 7, 9-10. 13-14 ( o bien: 2P 1, 16-19); Sal 96, 1-2. 5-6. 9; Mt 17, 1-9

Viernes 07: Na 2, 1.3; 3, 1-3. 6-7; Sal: Dt 32, 35cd-36ab. 39abcd.41; Mt 16 24-28

Sábado 08: Ha 1, 12-2, 4; Sal 9, 8-9. 10-11. 12-13; Mt 17, 17-20

Domingo 09: 1R 19, 9ª.11-13ª; Sal 84, 9abc y 10. 11-12. 13-14; Rm 9, 1-5; Mt 14, 22-33

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 14. 13-21

Par.: Mc 6, 31-44   Lc 9, 10-17   Jn 6, 1-13

 

1.- COMPASION/BUDA

El texto manifiesta especial interés en involucrar al discípulo en la actuación del Maestro: "Dadles vosotros de comer... Partió los panes y se los dio a sus discípulos para que ellos los distribuyeran entre la gente". La mayor de las virtudes es la compasión (·Buda). El texto de hoy es la parábola de la compasión en acción. Y al igual que las parábolas-palabra, la parábola-acción requiere también oídos para oír.

Compasión es mucho más que un sentimiento. Compadecerse es salir de uno mismo llevando consigo lo que uno tiene, por poco que sea, para compartirlo con el que no lo tiene y que por eso mismo sufre. Lo poco pueden ser cinco panes y dos peces; eran todas las existencias alimenticias del grupo formado por Jesús y sus discípulos. Pero cuando la compasión es sincera y total, la abundancia de lo poco puede ser milagrosa. ¿Será esta la razón profunda de la frase de Buda de que la mayor de las virtudes es la compasión? Repito que, al igual que las parábolas-palabra, la parábola-acción requiere también oídos para oír.

La compasión así entendida es signo de que el Reino de Dios ya ha llegado. La compasión, pues, construye el Reino. Pero como un elemento esencial de la compasión es compartir gratuitamente lo que uno tiene, muy a menudo tengo la impresión de que el Reino de Dios debe estar lejos todavía, pues "gratis" parece ser una palabra que sólo tiene existencia en los diccionarios de la lengua. ¿Qué tiene, pues, de extraño que desconozcamos la abundancia milagrosa de lo poco compartido? La compasión a la que el texto invita al discípulo debe moverse en cualquier orden de la vida, pero no es ni mucho menos ajena al Reino de Dios la compasión en el orden de las necesidades básicas, como son la salud y la comida. La compasión de Jesús se movió también en este orden de necesidades.

ALBERTO BENITO - DABAR 1990/40


 

2.- La compasión de Jesús es una actitud total y liberadora. La compasión en Jesús supone, en ese momento preciso de la vida diaria, una doble actuación: llegar, desde la necesaria convivencia, a dar una respuesta a las necesidades de los hombres; curar a los enfermos y saciar de pan a los que tenían hambre. Nada más lejos que nuestra realidad de lástima y enternecimiento. Compasión no es enternecerse el corazón; es comprometerse para que la realidad necesitada de unos hermanos nuestros pueda sufrir una transformación. Es evidente que en el amor es más importante el obrar que el simple decir. No son palabras, son las acciones las que muestran lo que es el amor. Seguimos estando bajo el peso de una mentalidad verbalista y nominalista. Está tan lejos nuestro prójimo, que sigue resultando fácil y enternecedor pronunciar palabras de amor.

FELIPE BORAU - DABAR 1990/40


 3.- Frente a la conmoción, compasión, emotiva y, casi siempre, ineficaz que tanto ha predominado en la tradición cristiana, por una mala visión de los sufrimientos de Xto en su pasión y muerte, presentados para despertar sentimientos de compasión y culpa más que como gritos de denuncia y llamada al esfuerzo de esperanza.

J. ALEGRE ARAGÜES - DABAR 1990/40


 

4.- COMPADECER/COMPARTIR

Jesús empieza "compadeciéndose" de la multitud y termina "compartiendo", que es la terminación normal a donde no llega casi nadie. Compadecerse, todos, sí. Todos tenemos un alma finísima y lloramos mucho por poca cosa. En seguida compadecemos a cualquiera. ¿Y compartir? ¡Hombre, eso ya es cosa de los elegidos! Pues no. Quien compadece y no comparte, ni compadece ni nada. Hace teatro. ¿Compartir qué? Todo, lo que se tenga, nada, cualquier cosa, unos panes y unos peces, dos pesetas, lo que sea. Verá usted cómo la cosa se multiplica. Compartir es multiplicar.

BERNARDINO HERNANDO - DABAR 1987/40


 

5.- El sentido de este texto se enriquece con las evocaciones que suscita. Hacia atrás el texto nos retrotrae al Éxodo, cuando en el desierto el Pueblo tenía hambre y añoraba la comida de la esclavitud en Egipto. Saciar el hambre con aquella comida hubiera significado una vuelta a la esclavitud. El Pastor del Pueblo sacia el hambre, pero con un pan nuevo (maná, manhú, ¿que es esto?). "Es el pan que os ha dado Yahvé para alimento" (Ex 16. 15).

Hacia adelante el texto nos proyecta hacia el futuro, hacia el banquete en los nuevos cielos y en la nueva tierra. Y siempre nos inserta en el presente, en esa Eucaristía que celebramos y donde comemos pan de vida y bebemos vino de salvación, un pan y un vino generadores de la libertad del Pueblo de Dios. La Eucaristía es celebración de un Pueblo o no es nada. Entendida como práctica de piedad se volatiliza en el fervor personal.

A. BENITO - DABAR 1987/40


 

6.- -"Si no tenemos más que cinco panes y dos peces". Lo mismo da: "Traédmelos" y los pondremos a la disposición de todo el mundo. Si esta fuera nuestra manera habitual de comportarnos, realizaríamos el milagro de alimentar al mundo entero y habría sobras abundantes. Pero no, cada uno se reserva lo que tiene, y todavía necesita guardias que lo vigilen y armas para defenderlo de los demás. Y así vamos. Si algo llama la atención de este milagro de la multiplicación de los panes y los peces es la disponibilidad, la apertura a los demás: Jesús, que se retira a un lugar despoblado, se encuentra allí con un gentío, y "le dio lastima y curó a los enfermos"; no quiere que los discípulos envíen a la multitud para que se procure algo de comida: "dadles vosotros de comer", les dice. También la eucaristía -¿quien no piensa en ella espontáneamente cuando escucha que Jesús "alzo la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos"?- nos habla del "cuerpo entregado" y de la "sangre derramada". Jesús nos da el pan porque nos da, sin límites, su vida: "Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos" (Jn 15,13). Jesús la ha dado para todo el mundo.

J. TOTOSAUS - MISA DOMINICAL 1987/15


 

7.- La noticia de la muerte del Bautista no es probablemente lo que motiva la retirada de Jesús a la otra orilla del lago. Marcos nos dice que Jesús deseaba estar a solas con sus discípulos y descansar con ellos, una vez éstos habían regresado de su primera misión evangélica (Mc 6,34). De todos modos, no se trata de una huida ante la posible intervención de Herodes, aunque Jesús era consciente de que su vida no será un paseo triunfal, sino una penosa subida a Jerusalén y a la misma cruz. Pero no debe ni quiere anticipar la hora de su "exaltación", la que el Padre le ha señalado. Jesús tiene compasión de la gente, no sólo porque ve que anda desorientada con la enseñanza de falsos maestros, sino porque conoce también sus necesidades materiales. Por eso cura a los enfermos y da de comer a los hambrientos.

El milagro de la multiplicación de los panes es una "señal" de la vida que ha venido a traer al mundo. Esta eucaristía campestre fue también una comida para saciar el hambre corporal de las muchedumbres que le seguían. Siempre que la Iglesia se ha planteado con cierta urgencia la solución de los problemas sociales, se ha llamado la atención sobre este milagro de Jesús. Pero es evidente que la Iglesia no puede multiplicar panes y peces. Ahora bien, si renunciara a multiplicar el amor fraterno y a repartir entre los pobres todo lo que tiene, la Iglesia no entendería este evangelio y el auténtico significado de su misión. Tampoco celebraría debidamente la eucaristía.

EUCARISTÍA 1993/36


 

8.- Así como en el evangelio según Marcos Jesús se retira buscando reposo para él y los discípulos, aquí parece que Jesús se retira a un lugar despoblado al enterarse de la muerte de Juan Bautista. El hecho narrado aquí debía ser uno de los que impactaron fuertemente a las primeras comunidades. Lo encontramos en los cuatro evangelios y, en dos (Mateo y Marcos), dos veces. La gente sigue a Jesús, en contraste con lo que acaba de suceder en Nazaret. La reacción de Jesús al ver la multitud es de "compasión", una compasión que quiere decir "ponerse en la piel del otro". Por eso es una compasión que provoca la acción: "Y curó a los enfermos". La indicación que los discípulos hacen a Jesús muestra su falta de fe en el poder del Maestro.

Traspasándoles a ellos la responsabilidad ("dadles vosotros de comer"), Jesús les pone en evidencia: no pueden; ¡no tienen comida ni tan sólo para ellos! La manera como Mateo explica los gestos de Jesús es muy cercana a la manera cómo relata la última cena: así subraya la referencia a la eucaristía.

Las sobras, así como la cantidad de personas que se benefician de la intervención de Jesús, indican la abundancia del don. El número doce seguramente hay que relacionarlo con "los Doce". Ellos han de repartir el pan que Jesús da a los que lo necesitan. Ellos no son los dueños, sino los distribuidores del pan. La "multiplicación de los panes" hace pensar en el episodio del maná, cuando Dios sacia a su pueblo hambriento en el desierto (Éxodo 16,4) y tiene muchos puntos de contacto con el gesto de Eliseo (2 Reyes 4, 42-44), incluso por lo que se refiere al papel de los judíos. Todo esto lleva a relacionar este gesto de Jesús con el banquete escatológico y, por tanto, con la eucaristía, que es su signo y prenda.

J. M. GRANÉ - MISA DOMINICAL 1993/10

 

DOMINGO 18 DEL TIEMPO ORDINARIO

-I-

 

Comieron todos hasta saciarse

Hoy el evangelio, y la primera lectura que lo prepara, junto con el salmo, describen los dones de Dios bajo la metáfora de la comida y la bebida. El profeta promete, de parte de Dios, bebida y comida que sacian de veras. Luego, Jesús, compadecido de la multitud, le da de comer, multiplicando. los panes y los peces. Todos entendemos que la humanidad tiene hambre y sed no sólo de pan y de agua, sino que existen también otras clases de sed y hambre, de valores más profundos y espirituales. Hoy se nos asegura que Dios nos ofrece el alimento verdadero.

 

Isaías 55, 1-3. Venid y comed

La segunda parte del libro de Isaías, el llamado "libro de la consolación", termina animando al pueblo con palabras de esperanza respecto al futuro, la vuelta del destierro. Entre las numerosas imágenes que utiliza, hoy leemos la de la comida y la bebida. Los sedientos tendrán agua y vino y leche gratis. Los hambrientos están invitados por Dios a platos sustanciosos, de los que sacian, de los que alimentan de veras. Lo que tienen que hacer los creyentes es "oír, acudir, venir, escuchar, hacer alianza con Dios".

El salmo también sigue con el mismo símil: "abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores". Con el "retrato" de la bondad de Dios que hemos cantado ya varias veces en los últimos domingos -y no deberíamos cansarnos nunca de repetir- se sigue afirmando que Dios es "clemente y misericordioso, bueno con todos...". En una de las estrofas escogidas para este salmo meditativo alabamos a Dios: "tú les das la comida a su tiempo y sacias de favores a todo viviente".

 

Romanos 8, 35.37-39. Ninguna criatura podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo

Es breve el pasaje de Pablo, y contiene una exclamación gozosa, a modo de himno entusiasta y convencido: "¿quién podrá apartamos del amor de Cristo?". Pablo enumera valientemente los obstáculos que pudiéramos tener para hacer peligrar ese amor de Cristo. Ni los elementos interiores como la aflicción o la angustia, ni los exteriores como las persecuciones o los peligros, ni siquiera elementos sobrenaturales, como los ángeles o los principados, ni el presente ni el futuro: nada podrá separamos de ese amor.

 

Mateo 14, 13-21 Comieron todos hasta quedar satisfechos

Jesús quiere retirarse con los suyos a un lugar tranquilo, pero la gente le sigue y él, una vez más, se compadece de tantas personas que buscan el sen­tido de la vida (en otra ocasión dijo que los veía "como ovejas sin pastor"). Están en el desierto. Les atiende, cura a los enfermos y luego da de comer a la gente multiplicando los panes y los peces que le presentan (la comida habitual para los galileos). Es un episodio lleno de simbolismo, en el que seguramente los evangelios ven el paralelo y el cumplimiento perfecto de los milagros parecidos de Moisés o de Eliseo en el AT.

La multiplicación de los panes es un milagro al que los evangelios le dan mucha importancia: nada menos que seis veces aparece su descripción. De ellas, dos en Mateo, de las que leemos la primera. Probablemente se trata de dos episodios distintos. El número de cinco mil seguramente es un número no estadístico sino simbólico, aunque no sepamos exactamente en qué clave habría que interpretarlo.

 

El amor de Dios se ha manifestado en Cristo

La segunda lectura de hoy es un himno lleno de entusiasmo lírico, en que Pablo alaba a Dios por lo que ha hecho por la humanidad: su amor se nos ha manifestado en Cristo Jesús. Es valiente el apóstol al afirmar que nada ni nadie -todos los seres y fuerzas posibles e imaginables- pueden destruir o apartarnos de ese amor. Con inte­rrogantes retóricos y respuestas muy vivas, expresa Pablo su total confianza en el amor de Dios. Claro que no se trata aquí del amor que nosotros tenemos a Cristo, que por desgracia es bien frágil y cedería a muchas de estas fuerzas. Sino del amor que Dios nos tiene a nosotros, y que se ha manifestado en Cristo Jesús: ese sí que es invencible. Con la ayuda de ese amor, venceremos todas las dificultades que nos salgan al camino. Como fue venciéndolas Pablo en su agitada vida de apóstol.

Pablo nos infunde esperanza. No es que vayan a faltamos tentaciones y obstáculos en nuestra particular historia de salvación. Pero con el apoyo de Dios, todo nos es posible. Nada nos puede separar de su amor. Esta es la fuerza más segura que tenemos a favor nuestro. ¿Creemos esto de veras? ¿Tenemos esta confianza de Pablo en el amor de Dios? Y si es así, ¿por qué andamos a veces tan poco animados por la vida?

 

La comida y la bebida de Dios, la comida verdadera

Dios sabe del hambre y de la sed de la humanidad y nos da beber y de comer. La invitación es muy antigua, y nos la ha transmitido Isaías: "Acudid por agua... venid, comed sin pagar vino y leche gratis... comeréis bien...".

Lo hemos experimentado de una manera más concreta y plena cuando Cristo Jesús, el Hijo de ese Dios misericordioso, ha pasado por la vida "haciendo el bien" y atendiendo a todos los que pasaban malos momentos. Esta mul­tiplicación de panes -y además, en abundancia: sobra comida: señal de que han llegado los tiempos mesiánicos- se enmarca en toda una vida en que aparece Jesús curando, escuchando, enseñando, consolando, resucitando, perdonando. Además de su poder divino, Jesús muestra una y otra vez un corazón lleno de misericordia.

No sólo hay hambre de pan. Lo que más regaló Jesús a sus contemporá­neos fue esperanza y sentido de la vida. El profeta Isaías apunta a cuál es el alimento verdadero: "¿por qué gastar dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura?". El profeta nos habla de la Palabra y de la Alianza que nos ofrece Dios. La metáfora de la comida y de la bebida es muy apropiada para hacer comprender otros bienes que nos regala Dios: su cercanía, su perdón, su amor. Como hizo tantas veces Jesús, que utilizó el ambiente de una comida, o a veces la imagen de la misma, para proclamar el perdón y la salvación de Dios.

También a los cristianos de nuestro tiempo nos ofrece Dios la verdadera respuesta a nuestras preguntas y hambres.

 

Dadles vosotros de comer

Además, nos invita a que nosotros, por nuestra parte, demos de comer a los demás. Los apóstoles tenían buen corazón. De ellos salió la idea de que la gente debía estar ya muy cansada y hambrienta. Era hora de enviarlos a descansar y a alimentarse. Pero para Jesús eso no bastaba.

En un primer momento, parece como si Jesús quisiera poner a prueba a sus discípulos. Les dice: "dadles vosotros de comer". Pero ¿cómo iban a poder dar de comer a tanta gente si tenían sólo cinco panes y dos peces? Menos mal que Jesús está dispuesto a salir al paso del problema con su milagro.

Pero sigue en pie la primera consigna de Jesús: dadles vosotros de comer. No todo lo hace Dios. No todo lo provee Cristo con su milagro. Es interesante el matiz que aporta Mateo: Cristo da los panes y peces multiplicados a los discípulos, y luego estos se los dan a la gente. Los cristianos, los discípulos de Jesús, deben compartir con él su compasión y su sintonía con el ham­briento. En todos los sentidos del hambre y de la sed. Los cristianos somos colaboradores de ese Dios y de ese Cristo que quiere saciar el hambre y la sed de la humanidad.

Consigna que sigue en pie para su comunidad eclesial: ¿no es lo que está haciendo en el mundo, hace ya dos mil años? ¿a cuántos ha partido la comunidad cristiana el Pan con mayúscula de la Eucaristía y los demás sacramentos, y el pan con minúscula de la atención sanitaria, del alimento, del consuelo, de la cultura? La Iglesia, o sea nosotros, aprendemos conti­nuamente la lección de solidaridad y buen corazón de Cristo Jesús.

La caridad de Cristo es concreta. La caridad de sus seguidores lo debe ser también: la atención a los enfermos, a los ancianos, a los que física o moral­mente tienen hambre y sed, a los familiares o amigos en situación difícil, a los inmigrantes que encuentran difícil la incorporación a nuestra sociedad... Nosotros no podremos hacer milagros. Pero sí podemos atender al que pasa necesidad y dedicarle nuestro tiempo, nuestro interés, y todos los medios, morales y materiales que estén a nuestro alcance. Eso no sólo con los del Tercer Mundo, sino también con los más cercanos a nosotros, empezando por nuestra propia comunidad y familia. A nuestro lado hay personas que tienen sed, que pasan hambre: de agua, de pan, y también de amor y de felicidad y de sentido de la vida.

Muchas personas están verdaderamente en el desierto, perdidas por el mundo, como la gente que seguía a Jesús, con sus carencias de paz, de amor, de comunicación, de seguridad, de sentido de la vida. ¿Conocemos nosotros la situación de nuestro mundo?, ¿sintonizamos con las grandes preocupacio­nes de la humanidad?, ¿qué hacemos para salir al paso de esa sed y de esa hambre?, ¿se nos ocurre sólo invitarles a que se vayan a comprar comida al pueblo vecino?

En el juicio final, que nos contará Mateo en uno de sus últimos capítulos, la primera prueba o test de si hemos sido buenos discípulos de Jesús y mere­cemos su Reino va a ser esta: si hemos dado o no de comer al hambriento.

Además, él lo interpreta como un gesto hecho (o no hecho) a él mismo: "tenía hambre y me disteis de comer... a mí me lo hicisteis". Vale la pena recoger también el matiz de Isaías: "acudid a por agua también los que no tenéis dinero... tomad sin pagar vino y leche gratis". Dar gratis, porque también nosotros recibimos gratis los dones de Dios.

 

Tomad y comed, tomad y bebed

En la Eucaristía tenemos nosotros más suerte que los que comieron los panes y peces milagrosamente multiplicados por Jesús. En la Eucaristía tenemos un sacramento admirable, en el que el mismo Jesús se ha querido convertir en alimento para nuestro camino. Cristo se nos como la Palabra: es nuestro Maestro, que continuamente nos enseña los caminos de Dios, y se nos da como comida y alimento de vida eterna: partimos el pan y repartimos el vino, que él nos ha dicho -y su palabra se mantiene veraz para siempre- que son su propio Cuerpo y su propia Sangre. Él ya sabía que nuestro camino era difícil. Que muchas veces nos encontraríamos perdidos en el desierto y sufriríamos sus cansancios y hambres. Por eso pensó en este sacramento. En el Padrenuestro pedimos a Dios: "danos hoy nuestro pan de cada día". Ciertamente Dios nos ha dado el mejor Pan: Cristo mismo.

También en la Eucaristía podemos cumplir la consigna de Jesús: "dadles vosotros de comer". Los diversos ministerios que se ponen en marcha en la vida de la comunidad (catequistas, educadores, atención sanitaria a los enfermos y ancianos, acompañamiento a los inmigrantes o a los marginados) se concretan también dentro de la celebración litúrgica: no sólo podemos celebrar bien nosotros, y en profundidad, el sacramento de la Eucaristía, sino también ayudar a los demás, transmitiéndoles, como hicieron los primeros discípulos, la comida multiplicada por Cristo, la Palabra, la invitación a la oración, la posibilidad del canto, la explicación de la Palabra, la Eucaristía misma... Proclamar bien las lecturas bíblicas, dirigir bien los oportunos cantos, guiar la celebración con bien preparadas moniciones, y sobre todo el ministerio de la presidencia y la homilía, ayudan a todos a aprovechar más ese alimento que Cristo nos ofrece.

LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)

 

PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO XVIII TIEMPO ORDINARIO  2026

(02 DE AGOSTO)

 

TEMA “COMIERON TODOS HASTA QUEDAR SATISFECHOS”

 

01.- UNIDOS EN LA FIESTA (Joaquin Madurga)

Unidos en la fiesta,

la alegría se hace canción.

Unidos en la fe,

la alegría se hace oración.

 

Cantaremos al Señor

aleluyas con himnos y salmos,

porque grande es el amor

que en nosotros por siempre mostró.

 

CANTAD, (CANTAD)

CANTAD,  (CANTAD)

CANTAD. (CANTAD)

 

Cantaremos la bondad

del Señor que nos sienta a su mesa,

y nos llama a comulgar

como hermanos su vino y su pan.

 

Nuestras voces cantarán

el amor de su misericordia,

porque sabe perdonar

y nos llena de eterna bondad.

 

Cantaremos al Señor

aleluyas al son de instrumentos

y será nuestra canción

la alabanza que ensalza su amor.

 

02.- JUNTOS CANTANDO LA ALEGRIA (Cesareo Gabarain)

JUNTOS CANTANDO LA ALEGRÍA

DE VERNOS UNIDOS EN LA FE Y EL AMOR

JUNTOS SINTIENDO EN NUESTRAS VIDAS

LA ALEGRE PRESENCIA DEL SEÑOR.

 

1.- Somos la Iglesia peregrina que Él fundó,

somos un pueblo que camina sin cesar.

Entre cansancios y esperanzas hacia Dios,

nuestro amigo Jesús nos llevará.

 

2.- Hay una fe que nos alumbra con su luz,

una esperanza que empapa nuestro esperar.

Aunque la noche nos envuelva en su inquietud,

nuestro amigo Jesús nos guiará.

 

3.- Es el Señor, nos acompaña al caminar,

con su ternura a nuestro lado siempre va.

Si los peligros nos acechan por doquier,

nuestro amigo Jesús nos salvará.

 

03..- VAYAMOS JUNTOS (Alfonso Luna)

Vayamos juntos al altar

alabando el nombre del Señor

 

VENID LOS HAMBRIENTOS,

VENID LOS CANSADOS,

VENID A LA FIESTA DE SU PAN. [BIS TODO]

 

1.- En su nombre nos hemos reunido

su palabra es fuente de verdad

unamos nuestras voces,

juntemos nuestras manos,

venid a la fiesta de su pan.

 

2.- En domingo nos hemos reunido

es la fiesta de tu comunidad

unid los corazones,

unamos nuestras manos,

venid a la fiesta de su pan.

 

3.- Hoy la misa a todos nos congrega

es la fiesta de la fraternidad

unamos nuestras voces,

juntemos nuestras manos,

venid a la fiesta de su pan.

 

04.-  UN NIÑO SE TE ACERCO

1.- Un niño se te acercó aquella tarde,

sus cinco panes te dio para ayudarte,

los dos hicisteis que ya no hubiera hambre. (bis)

 

2.- La tierra, el aire y el sol son tu regalo,

y mil estrellas de luz sembró tu mano.

El hombre pone su amor y su trabajo. (bis)

 

3.- También yo quiero poner sobre la mesa

mis cinco panes que son una promesa

de darte todo mi amor y mi pobreza. (bis)

 

04A.-  UN NIÑO SE TE ACERCO (Cesareo Garabain)

1.- Un niño se te acercó aquella tarde,

sus cinco panes te dio para ayudarte,

los dos hicisteis que ya no hubiera hambre. (bis)

 

2.- La tierra, el aire y el sol son tu regalo,

y mil estrellas de luz sembró tu mano.

El hombre pone su amor y su trabajo. (bis)

 

3.- También yo quiero poner sobre la mesa

mis cinco panes que son una promesa

de darte todo mi amor y mi pobreza. (bis)

 

05.-  EUCARISTIA, MISTERIO DE AMOR

1.- Eucaristía, misterio de amor,

Eucaristía, comida del pan.

Hoy le comemos en esta mesa,

hoy nos unimos al comulgar.

 

CRISTO ESTA AQUÍ, VINO AL ALTAR.

DIOS ES COMIDA QUE SE NOS DA.  (BIS)

 

2.- Tu vida, joven, tiene sentido,

cuando te acercas a comulgar;

en esta fiesta, Cristo te invita:

Dios es comida, comparte tu pan.

 

3.- Eucaristía, es su regalo,

Eucaristía es un gran don:

en esta Misa lo celebramos

todos unidos en comunión.

 

06.- HAMBRE DE DIOS (J.A. Espinoza)

NO PODEMOS CAMINAR

CON HAMBRE BAJO EL SOL,

DANOS SIEMPRE EL MISMO PAN:

TU CUERPO Y SANGRE, SEÑOR.

 

1.- Comamos todos de este Pan,

el Pan de la unidad.

En un cuerpo nos unió el Señor,

por medio del amor.

 

2.- Señor, yo tengo sed de TI,

sediento estoy de Dios;

pero pronto llegaré a ver

el rostro del Señor.

 

3.- Por el desierto el pueblo va

cantando su dolor;

en la noche brillará tu luz,

nos guía la verdad.

 

07..- DANOS DE TU PAN SEÑOR

DANOS DE TU PAN, SEÑOR,

DANOS DE TU PAN. [BIS]

 

QUE ES COMO EL AMOR, TU PAN,

ES COMO EL AMOR;

CUÁNTO MÁS SE DA, SEÑOR,

MÁS ABUNDARÁ. [BIS]

1.- Siento pena de la gente

que va errante como oveja sin pastor,

tengo miedo desfallezcan

si no encuentran un apoyo en su aflicción.

 

2.- Cinco panes y dos peces

compartidos con amor con los demás,

son el signo del milagro

que en el mundo logra la fraternidad.

 

3.- Repartid con los hermanos,

repartid con los hambrientos vuestro pan,

y en la mesa de los hombres

para todos habrá pan hasta sobrar.

 

08.-  LA MISA NO TERMINA

LA MISA NO TERMINA AQUÍ EN LA IGLESIA.

AHORA LA EMPEZAMOS A VIVIR. [BIS]

 

1.- Porque en la vida, cada día,

recordaremos lo que aquí

hemos vivido y aprendido a compartir.

 

2.- Hemos de ser la levadura,

hemos de ser semilla y luz.

Junto a nosotros, caminando, viene Jesús.

 

09.- SANTA MARIA DEL CAMINO (J.A. Espinoza)

1.- Mientras recorres la vida, tú nunca solo estás,

contigo por el camino santa María va.

 

VEN CON NOSOTROS AL CAMINAR, SANTA MARÍA, VEN. (BIS)

 

2.- Aunque te digan algunos que nada puede cambiar,

lucha por un mundo nuevo, lucha por la verdad.

 

VEN CON NOSOTROS AL CAMINAR, SANTA MARÍA, VEN. (BIS)

 

3.- Si por el mundo los hombres sin conocerse van,

no niegues nunca tu mano al que contigo va.

 

VEN CON NOSOTROS AL CAMINAR, SANTA MARÍA, VEN. (BIS)

 

4.- Aunque parezcan tus pasos inútil caminar,

tú vas haciendo caminos: otros los seguirán.