DÍA DE TODOS LOS SANTOS

COMENTARIO
La Iglesia nos
pide dar una mirada al cielo, que es nuestra futura patria, para ver allí esa
muchedumbre incontable de Santos, procedentes de Israel y de toda nación,
pueblo y lengua, los cuales revestidos de blancas túnicas y con palmas en las
manos, alaban sin cesar al Cordero sin mancha. Cristo, la
Virgen, los nueve coros de ángeles, los Apóstoles y Profetas, los Mártires
con su propia sangre purpurados, los Confesores, radiantes con sus blancos
vestidos, y los castos coros de Vírgenes forman ese majestuoso cortejo,
integrado por todos cuantos acá en la tierra se desasieron de los bienes
caducos y fueron mansos, mortificados, justicieros, misericordiosos, puros,
pacíficos y perseguidos por Cristo. Entre esos millones de Justos a quienes hoy
honramos y que fueron sencillos fieles de Jesús en la tierra, están muchos de
los nuestros, parientes, amigos, miembros de nuestra familia parroquial, a los
cuales van hoy dirigidos nuestros cultos. Ellos adoran ya al Rey de reyes y
Corona de todos los Santos y seguramente nos alcanzarán abundantes
misericordias de lo alto.
Esta
fiesta común ha de ser también nuestro algún día, ya que por desgracia son muy
contados los que tienen grandes ambiciones de ser santos, y de amontonar muchos
tesoros en el cielo. Alegrémonos, pues, en el Señor, y al considerarnos todavía
bogando en el mar revuelto, tendamos los brazos, llamemos a voces a los que
vemos gozar ya de la tranquilidad del puerto, sin exposición a mareos ni
tempestades. Ellos sabrán compadecerse de nosotros, habiendo pasado por más
recias luchas y penalidades que las nuestras. Muy necios seríamos si
pretendiéramos subir al cielo por otro camino que el que nos dejó allanado
Cristo Jesús y sus Santos.
La
Iglesia Católica ha llamado "santos" a aquellos que se han dedicado a
tratar de que su propia vida le sea lo más agradable posible a Nuestro Señor. Hay unos que han sido "canonizados",
o sea declarados oficialmente santos por el Papa, porque por su intercesión se
han conseguido admirables milagros, y porque después de haber examinado
minuciosamente sus escritos y de haber hecho una cuidadosa investigación e
interrogatorio a los testigos que lo acompañaron en su vida, se ha llegado a la
conclusión de que practicaron las virtudes en grado heroico. Se necesita toda una serie de trámites
rigurosos. Los santos
"canonizados" oficialmente por la Iglesia Católica son varios
millares.
Pero
existe una inmensa cantidad de santos no canonizados, pero que ya están gozando
de Dios en el cielo. A ellos especialmente está dedicada esta fiesta de hoy. La Sagrada Escritura afirma que al
Cordero de Dios lo sigue una multitud incontable. En el cielo están los “los angelitos” (los no nacidos por muerte
natural, abortados o muertos en su infancia), San Chofer de colectivo, Santa
Lavandera de ropa, San Mensajero, Santa Secretaria, Santa Madre de familia y
San Gerente de Empresa. San Obrero de construcción y San Agricultor. San
Colegial y Santa Estudiante. Santa Viuda, Santa Solterona, Santa Niña y Santa
Anciana. San Sacerdote, San Obispo, San Pontífice, San Limosnero, San Celador,
Santa Cocinera, San inquilino, San Periodista, San Médico, San Millonario, San
Pobre, San Joven, San Viejito, San Desempleado y muchos más que amaron a Dios y
cumplieron sus deberes de cada día.
Señor
Jesús: que cada uno de nosotros logremos formar también parte un día en el
cielo para siempre del número de tus santos, de los que te alabaremos y te
amaremos por los siglos de los siglos. Amén. Esta es la voluntad de Dios: Que lleguemos a la santidad.
R.P. Roland Vicente Castro Juárez
ANTÍFONA DE ENTRADA
Alegrémonos
todos en el Señor al celebrar este día de fiesta en honor de todos los santos.
Los ángeles se alegran de esta solemnidad y alaban a una al Hijo de Dios.
ORACIÓN COLECTA
Dios
todopoderoso y eterno, que nos has otorgado venerar en una misma celebración
los méritos de todos los santos, concédenos, por esta multitud de intercesores,
la deseada abundancia de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura
del libro del Apocalipsis 7, 2-4.9-14
Yo, Juan,
vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó
con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar,
diciéndoles: «No dañen a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que
marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios». Oí también el número de
los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.
Después de esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría
contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del
Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban
con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el
trono, y del Cordero!».
Y todos los
ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro
vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios,
diciendo: «Amén. La alabanza y la gloria de la sabiduría y la acción de gracias
y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los
siglos. Amén». Y uno de los ancianos me dijo: «Esos que están vestidos con vestiduras
blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?». Yo le respondí: «Señor mío, tú
lo sabrás». Él me respondió: «Estos son los que vienen de la gran tribulación:
han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero».
SALMO RESPONSORIAL (Sal 23, 1-6)
Esta
es la generación que busca tu rostro, Señor.
Del Señor
es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: Él la fundó
sobre los mares, Él la afianzó sobre los ríos. R.
¿Quién
puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro?. El
hombre de manos inocentes y puro corazón que no confía en los ídolos. R.
Ese
recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Esta es
la generación que busca tu rostro, Dios de Jacob.
R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura
de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-3
Queridos
hermanos: Miren qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios,
pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a Él. Queridos,
ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos
que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él. Porque lo veremos tal cual
es. Todo el que tiene esperanza en Él se purifica a sí mismo, como Él es puro.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 11, 28
Aleluya. Vengan a mí todos los que están
cansados y agobiados, y yo los aliviaré-dice el Señor-.
Aleluya.
SANTO EVANGELIO
Lectura
del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12a
En aquel
tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron
sus discípulos y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el
espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los que lloran,
porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la
tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán
saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, Porque ellos verán a Dios. Dichosos los que
trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los hijos de Dios. Dichosos los
perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los
Cielos. Dichosos ustedes cuando los insulten y los persigan y los calumnien de
cualquier modo por mi causa. Estén alegres y contentos, porque su recompensa
será grande en el cielo».
ORACIÓN UNIVERSAL
Dirijamos
nuestra plegaria a Dios Padre todopoderoso, fuente de toda santidad.
1.- Por la
Iglesia de Cristo: para que sea en el mundo reflejo de la santidad de Dios y
madre de numerosos santos que anuncien el Evangelio con la vida. Roguemos
al Señor.
2.- Por los
que sufren, los afligidos y los perseguidos por causa de la justicia: para que
encuentren en el Señor el consuelo y la promesa de las bienaventuranzas. Roguemos
al Señor.
3.- Por los
jóvenes y las familias de nuestra comunidad: para que sepan descubrir que el
Ilamado a la santidad es posible y hermoso en la vida de todos los días. Roguemos
al Señor.
4.- Por
todos nuestros difuntos y por los que han partido en la esperanza de la
resurrección: para que el Señor los purifique y los admita en el banquete
celestial de su gloria. Roguemos al Señor.
Dios
de bondad, que acoges las súplicas de tu pueblo, concédenos imitar las virtudes
de los santos para que alcancemos un día la felicidad sin fin. Por Jesucristo
nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Sean
agradables a tus ojos, Señor, los dones que te ofrecemos en honor de todos los
santos, y haz que sintamos interceder por nuestra salvación a los que creemos
ya seguros en la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTIFONA DE COMUNIÓN Mt
5, 8-10
Bienaventurados
los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que
trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados
los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los
Cielos.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te
adoramos y admiramos, oh, Dios, el solo Santo entre todos los santos, e
imploramos tu gracia para que, realizando nuestra santidad en la plenitud de tu
amor, pasemos de esta mesa de los que peregrinamos al banquete de la patria
celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes 02: Jb 19, 1.23-27ª; Sal
24; Flp 3, 20-21; Mt 15, 33-39; 16, 1-6
Martes 03: Is 58, 6-11; Sal 1,
1-2. 3.4 y 6; 1Co 12, 31-13, 13; Mt 11, 25-30
Miércoles 04: Flp 2,
12-18; Sal 26, 1bcde. 4.13-14; Lc 14, 25-33
Jueves 05: Flp
3, 3-8ª; Sal 104, 2-3. 4-5. 6-7; Lc 15, 1-10
Viernes 06: Flp
3, 17—4, 1; Sal 121, 1-2. 4-5; Lc 16, 1-8
Sábado 07: Flp
4, 10-19; Sal 111, 1-2. 5-6. 8ª y 9; Lc 16, 9-15
Domingo 08: Sb
6, 12-16; Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 7-8; 1Ts 4, 13-18; Mt 25, 1-13.
COMENTARIOS
AL EVANGELIO
Ver más comentarios el DOMINGO/04A y DOMINGO/06C
1.- Bienaventuranzas
El texto comienza con un escenario de excepción.
Con bastante probabilidad, en la intención del autor, el monte desborda toda
ubicación geográfica en Palestina para situarse en el Sinaí, el monte por
excelencia en la tradición judía, donde tuvo lugar la constitución del pueblo
de Dios. Este pueblo había ido perdiendo su identidad hasta el punto de ser uno
más en el conjunto de pueblos, con los mismos recursos, los mismos intereses y
las mismas metas.
Presentando a Jesús subiendo al monte, Mateo
quiere significar con ello que va a tener lugar el acto fundacional del nuevo
pueblo de Dios, con Jesús como nuevo Moisés, como nuevo líder.
El acto constitucional del nuevo pueblo no son
principios abstractos, sino que recoge situaciones de hecho de sus miembros.
De estas situaciones, unas son pasivas, en cuanto
que sus miembros las padecen (vs.3. 4. 6. 10 y 11), y otras activas, en cuanto
las generan (vs. 5. 7-9). A las primeras pertenecen la pobreza, el llanto, el
hambre y la sed, los malos tratos y la persecución. Se trata de situaciones de
sufrimiento físico que el miembro del pueblo de Dios se ve obligado a padecer
por causa de su dedicación a la justicia, es decir, a la construcción de un
nuevo modelo de sociedad llamado Reino de Dios. No se deja vencer por ellas,
sino que las sufre con gozo. A estos que viven así el realismo de la vida,
Jesús los declara bienaventurados. No son, pues, las situaciones las que son
objeto de la bienaventuranza de Jesús, sino las personas que no se dejan
derrotar por ellas; las personas, por ejemplo, que aceptan vivir el mal de la
pobreza.
Esto es lo que significa la formulación
"pobres de espíritu" de Mateo.
El comienzo del acto constitucional del nuevo
pueblo de Dios es un canto a las personas que sufren por intentar hacer posible
el Reino de Dios. Es un canto fantástico por su sencillez y que ciertamente
gustan en toda su hondura las personas que saben de sufrimiento por construir
algo mejor.
DABAR 1980, nº 55
2.- ABNEGACIÓN RESIGNACIÓN BITS/QUE-SON
Las bienaventuranzas no son propiamente una
enseñanza sino una declaración. Jesús declara dichosas a todas aquellas
personas que se encuentren en las siguientes situaciones: pobreza voluntaria,
no violencia, llanto, ansia de justicia, ayuda a los demás, limpieza de miras,
búsqueda de la paz y, por último, persecución por causa de la justicia o por
seguir a Jesús.
Las personas que Jesús declara dichosas son todas
ellas activas y comprometidas en la consecución de un orden de cosas diferente
al habitual. A todas ellas Jesús les abre un futuro y una esperanza: el futuro
y la esperanza que tienen su origen en el orden de cosas en el que Dios en
persona está comprometido.
Comentario. Resulta iluminador leer este texto
después de tantos domingos de familiaridad con el evangelio de Mateo. Estamos
así en posición mejor para poder comprender que Mateo ha escrito su evangelio
teniendo presente un proyecto ambicioso y arriesgado de discípulo. Ambicioso
porque apunta a un orden de cosas diferente al existente; arriesgado porque
compromete la tranquilidad y la vida misma del discípulo.
En una ocasión hablábamos del negarse a sí mismo
no como una autodisciplina sino como un ponerse en la cola y un estar a
disposición de los demás. Hoy, en este texto, encontramos situaciones típicas
de negación de sí mismo. Permítaseme repetirlas para que se nos queden bien
grabadas: pobreza con los que son pobres, no-violencia, llanto con el que
sufra, ansia de justicia, ayuda a los demás, limpieza de miras, compromiso con
la paz, persecución.
Probablemente podrían formularse tantas
situaciones cuantas personas concretas estamos en el mundo. Pero probablemente
también, las ocho recogidas en este texto reflejan y engloban los mil y uno
casos concretos.
J/MAESTRO. Estamos ante un texto
grandioso por muchas razones. Hoy quiero apuntar sólo una. La actividad docente
de un Maestro de la categoría de Jesús no se inaugura dando doctrina, sino
teniendo una palabra de ánimo para todos aquellos que tienen el coraje y la
altura de hacer algo por los demás y por cambiar el orden existente. Todos
ellos están en la línea de lo que significa ser discípulo de Jesús. Discípulo
de Jesús sólo se es en la medida en que se haga algo por los demás y por cambiar
el orden existente.
ALBERTO BENITO - DABAR 1990, 53
3.- Las bienaventuranzas no son una compensación
fantaseada para hacer que las masas se resignen más fácilmente ante las
frustraciones que ofrece la realidad; no son un consuelo por las privaciones
que impone la vida, no son un estímulo para encajar situaciones injustas; no
son un freno al cambio activo de la realidad.
Las bienaventuranzas son más bien la voluntad
inconformista y decidida de transformar la realidad. Jesús en esta catequesis
habla de hombres y mujeres activos que, frente a situaciones concretas
injustas, adoptan actitudes justas. Y por el solo hecho de adoptarlas, son
bienaventurados, no desgraciados o ilusos según criterios de muchísimos
humanos. Porque en realidad sólo Dios es capaz de hacer justicia, y es él quien
los llama dichosos.
Eucaristía 1988, 52
Llamando bienaventurados a los pobres, Jesús no
expresa simplemente un buen deseo para que todo les vaya bien, sino que
proclama un hecho: que "de ellos es el Reino de los Cielos" (esto es,
el Reino de Dios; los judíos hablaban de los "Cielos" refiriéndose a
Dios, no a un lugar). Aunque este Reino está por venir, vendrá ciertamente para
los pobres y no para los que no lo son. A partir de la cautividad de Babilonia
se llamaba "pobres" a los fieles o "justos" y a la inversa,
pues eran precisamente los pobres los que mantenían la esperanza y conservaban
la fe de Israel. Jesús llama "pobres" a quienes, no teniendo nada
(sentido social de la pobreza) ponen su confianza en Dios (sentido religioso de
la pobreza). A partir de ahí Mateo acentuaría más el sentido religioso y Lucas
el sentido o significado social de la pobreza. La especial atención que
presentó Jesús a los desposeídos, a los enfermos y marginados de su tiempo,
demuestra que puso en primer plano la pobreza real sin la que no es posible la
pobreza espiritual. Sólo cuando nos olvidamos de que Jesús exigió la pobreza
real como condición para seguirle, podemos utilizar ideológicamente lo que en
la versión de Mateo se dice de "los pobres de espíritu". La pobreza
espiritual no es otra cosa que la radicalización e interiorización de la
pobreza real y, de ningún modo, un pretexto para hacer más confortable el
cristianismo a los que siguen siendo ricos a costa de los pobres.
......
Mientras Lucas se refiere al hambre corporal,
Mateo nos habla del hambre y sed de Justicia. Ciertamente que la
"justicia" es aquí el cumplimiento de la voluntad de Dios o de la
palabra de Dios, que es el alimento de la verdadera vida; pero los que sienten
hambre de esta justicia no pueden estar satisfechos con las injusticias
sociales. Por otra parte, cuando se manifiesta toda la justicia de Dios no
quedará sin cumplir cualquier otra justicia.
EUCARISTÍA 1985, 50
5.- La liturgia de hoy nos presenta las
Bienaventuranzas como síntesis del mensaje cristiano, como proyecto de vida
para vivir la santidad de Dios. Exegéticamente, el género bienaventuranza no es
nuevo en el NT, ni tampoco es exclusivo de los evangelios. El AT nos presenta
numerosos ejemplos de bienaventuranzas; sólo en el libro de los Salmos nos
encontramos con más de 20 (cf. Sal 4O, 2; 127, 1 etc.). El Apocalipsis de Juan
ritma su texto con 7 bienaventuranzas (cf. 1,3; 14,13; 16,15; 19,9; 2O,6; 22,7;
22,14).
Las ocho bienaventuranzas con que Mateo introduce
el Sermón de la Montaña se muestran literariamente bien construidas, lo que nos
muestra la mano del redactor eclesial: la primera y la última contienen la
misma promesa y la cuarta y la octava (dos mitades) mencionan la justicia.
Cuatro de ellas presentan situaciones de conflicto: pobreza, llanto,
sufrimiento, hambre-sed y persecución. Y tres se centran en acciones positivas:
misericordia, limpieza de corazón, esfuerzo por la paz. No pretenden ser
exhaustivas, presentar todas las situaciones humanas susceptibles de dicha
evangélica: pero sí nos muestran un amplio abanico de situaciones de indigencia
y de compromiso por el prójimo: en todos ellos se hace patente el rostro de
Dios.
En la novena bienaventuranza recae el acento: en
la misma persecución por causa del Evangelio se manifiesta el gozo de Dios.
Cualquier situación humana, vivida en la línea del Evangelio, es buena para
realizar el proyecto de santidad que Dios espera de nosotros.
JORDI LATORRE - MISA DOMINICAL 1991, 15
FESTIVIDAD DE TODOS LOS SANTOS
1 de noviembre
I
Los Santos, nuestros hermanos e intercesores.
Hoy
las tres lecturas se refieren a la fiesta que celebramos: el misterio de esa
multitud innumerable de personas que ya gozan de Dios y siguen en comunión con
nosotros.
Es
una fiesta que nos transmite alegría y optimismo. No es nada extraño que haya
calado muy hondo en la sensibilidad del pueblo de Dios, junto con el recuerdo
de los difuntos el día siguiente. ¡Qué hermoso es el canto de
"introito" clásico en este día, el "Gaudeamus":
"alegrémonos todos en el Señor, al celebrar este día de fiesta en honor de
todos los Santos"!
Como
ambientación espiritual estaría bien que leyéramos las páginas que dedica el
Catecismo al artículo del Credo: "Creo en la comunión de los Santos"
(CCE 946-962).
Apocalipsis
7,24.944. Apareció en la visión una
muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y
lengua.
En
las visiones del Apocalipsis aparece hoy una muy dinámica: el panorama de una
gran asamblea, "una muchedumbre inmensa de toda nación, raza y
lengua", los bienaventurados, que están en el cielo "de pie delante
del trono (de Dios Padre) y del Cordero (Cristo) vestidos con vestiduras
blancas y con palmas en sus manos", y cantan con voz potente las alabanzas
de Dios. El número 144.000 es evidentemente simbólico, el resultado de esta
multiplicación: 12 por 12 por 1000, la plenitud de las doce tribus de Israel.
Además de ese número, se habla de una multitud innumerable.
Esta
multitud de creyentes que ya participan de la salvación tienen una historia:
"son los que vienen de la gran tribulación". En el cielo se unen a
los ángeles, los "ancianos", los "cuatro vivientes" y todos
adoran a Dios y le entonan himnos de alabanza.
El
salmo se fija en los que ya gozan de la victoria, pero
señalando cuál ha sido su camino para llegar a esta alegría: "estos son
los que buscan al Señor". Porque "quién puede subir al monte del
Señor... el hombre de manos inocentes y puro corazón".
1 Juan 3,1-3. Veremos a Dios tal cual es
La
idea que más veces repiten las cartas de Juan, que somos hijos de Dios y
objetos de su amor de Padre, se une hoy a la de nuestro destino en la salvación
definitiva.
La
realidad de ahora ya es gozosa, pero todavía tiene que llegar lo mejor:
"ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que
seremos". Cuando llegue el final, "cuando se manifieste",
"seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es".
Mateo
5,1-12a. Estad alegres y contentos, porque
vuestra recompensa será grande en el cielo
El
evangelio elegido para esta fiesta es el de las bienaventuranzas, porque se
consideran el mejor camino para llegar a esa felicidad definitiva del cielo, el
camino que han seguido los Santos de todos los tiempos. Dando inicio al sermón
de la montaña, Jesús proclama unas sorprendentes bienaventuranzas: llama
felices a los pobres, a los que sufren, los que lloran, los que tienen hambre y
sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan
por la paz, los que son perseguidos por su fe. En realidad hay una novena
bienaventuranza, esta vez en segunda persona: "dichosos vosotros cuando os
insulten y os persigan...", mientras que las ocho anteriores están en
tercera: "dichosos los pobres porque de ellos es el Reino de los Cielos".
Son hermanos nuestros
Las
innumerables personas que ya gozan de la plenitud de vida en el cielo son
nuestros hermanos. De la mayoría no conocemos los nombres. Algunos, pocos en
comparación con la muchedumbre de los bienaventurados, han sido canonizados o
beatificados, reconocidos por la iglesia en su "Martirologio" y
propuestos como modelos de vida cristiana. De ellos, a algunos, también muy
pocos en comparación con los varios miles del Martirologio, se les rinde culto
oficial en la Iglesia universal o en las particulares: son los que aparecen en
el Calendario litúrgico.
Hoy
celebramos a todos, no sólo a los que constan en las listas oficiales, sino a
los que están en la lista de Dios, que son muchísimos más. Nuestra contabilidad
no tiene ni punto de comparación con la de Dios. El prefacio de hoy afirma que
son "nuestros hermanos", "los mejores hijos de la Iglesia"
y que "en ellos encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad".
Son
personas que han tenido los mismos oficios y las mismas dificultades y
tentaciones que nosotros, que han seguido a Cristo, viviendo su evangelio, y
ahora gozan de la plenitud de la vida en Dios. Entre ellos, están la Virgen
María y los Santos más importantes y conocidos, los patronos de la diócesis o
de la ciudad o de la parroquia, los fundadores de comunidades religiosas, los
que aparecen en las cristaleras o en los varios laterales de nuestras iglesias.
Otros, la mayoría, nos son desconocidos, pero han tenido el mérito de una fe
sufrida y humilde, y ahora gozan de Dios. Entre ellos, seguramente, familiares
y conocidos nuestros.
El mejor éxito de Cristo
Estos
Santos se puede decir que son el mejor éxito de Cristo Jesús. Son miles y
millones de personas que le han seguido fielmente a lo largo de los siglos y
han dado testimonio de él con su vida. El canto de júbilo de los salvados es
también el nuestro: "la victoria es de nuestro Dios, que está sentado en
el trono, y del Cordero, Cristo Jesús". Por su número y porque han
demostrado que es posible vivir según el evangelio de Jesús, los Santos son
dignos de que celebremos su fiesta, y que se convierta su fiesta en alabanza de
Cristo, porque ellos son el mejor fruto de su Pascua.
La
visión optimista del Apocalipsis, con las multitudes que describe, de toda raza
y condición, unidas a los miles y miles de ángeles, nos llena de orgullo y de
estímulo. Ha habido muchísimas personas buenas que han tomado en serio su fe y
su vida cristiana. Ellas representan para Cristo su mejor victoria y, para
nosotros, un estímulo y una garantía de que sí es posible cumplir el estilo de
vida de Jesús.
Los
Santos no han sido ángeles o héroes de otro planeta: son personas que han
vivido en este nuestro mundo, en tiempos tan difíciles o más que los nuestros
("vienen de la gran tribulación"). Poco ayudados generalmente, como
nosotros, por el ambiente. Pero han amado. Se han esforzado. Han realizado en
sus vidas el proyecto de vida de Cristo, sus bienaventuranzas.
Un regalo del Espíritu
En
un mundo en que no abundan ni las noticias positivas ni los modelos de vida
coherente, vale la pena subrayar lo que representan los Santos: un regalo de
Dios a la humanidad y el mejor don del Espíritu a su Iglesia. Es bueno que
hayan aparecido y sigan apareciendo carismas, instituciones y movimientos: pero
sobre todo podemos alegrarnos de que el Espíritu Santo nos regale personas
santas, que son la mejor gloria de la familia cristiana y hasta de la
humanidad. Hayan sido o no importantes, hayan dejado o no grandes obras
escritas o fundado familias religiosas, o hayan vivido sencillamente,
desconocidas de todos menos de Dios, dando un ejemplo de entereza y
generosidad.
Estas
personas son las que nos devuelven la fe en el género humano. Muchos van
obteniendo premios y medallas por sus éxitos deportivos o artísticos o
culturales. Es muy bueno que así sea, porque vale la pena premiar a los que
enriquecen de alguna manera a la humanidad. Pero hoy podríamos pensar que los
que merecen más premios y homenajes son estas personas, famosas o desconocidas,
que han cumplido su carrera recibiendo los aplausos de Dios y ennobleciendo a
la humanidad entera.
El
que últimamente se estén realizando tantas beatificaciones y canonizaciones,
por parte del papa Juan Pablo II, tiene, según él mismo, esta finalidad: que
puedan alegrarse todos, en la Iglesia universal o en las Iglesias locales, de
que el Espíritu sigue enriqueciendo a su comunidad con el don de la santidad, y
así pueden mirarlos como a modelos e intercesores más cercanos.
Nos señalan el camino
Papas
y niños, mártires y religiosos, fundadores y laicos, reyes y sencillas madres
de familia, misioneros y personas que han pasado años en su lecho de enfermedad,
doctores de la Iglesia y humildes legos de un monasterio desconocido: los
Santos nos están demostrando que es posible cumplir el evangelio y programar la
vida según Dios. No son teorías, son modelos vivientes y cercanos.
No
todos han obrado milagros, ni han dejado escritas obras admirables. Muchos se
han santificado en la vida normal de cada día y ahora experimentan en plenitud
la felicidad que Cristo prometió a los que le son fieles. Sobre todo, nos han
enseñado que las bienaventuranzas de Cristo siguen teniendo todo su valor. Es
el camino que ellos han intentado seguir: la humildad, la pobreza, la apertura
a Dios, la búsqueda de la verdad y de la justicia, la pureza de corazón, la
actitud de misericordia, el trabajo por la paz, la entereza ante las
tentaciones y las dificultades...
Ese
camino nos lleva a la felicidad y a la vida: "cuando se manifieste,
seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es". Vale la pena que
nos dejemos animar, en la fiesta de hoy, por el ejemplo de todos estos Santos.
Que le demos gracias a Dios porque también en nuestro tiempo sigue regalándonos
esta clase de personas que nos devuelven la confianza en la humanidad y en la
Iglesia.
Sintiéndonos
ayudados por esta multitud de Santos, podemos dar gracias a Dios, en el
prefacio: "nos concedes celebrar la gloria de tu ciudad santa, la
Jerusalén celeste, que es nuestra madre, donde eternamente te alaba la asamblea
festiva de todos los Santos. Hacia ella, aunque peregrinos en país extraño, nos
encaminamos alegres, guiados por la fe y gozosos por la gloria de los mejores
hijos de la Iglesia: en ellos encontramos ejemplo y ayuda para nuestra
debilidad".
La comunión de los Santos
Estamos
celebrando la fiesta de nuestros hermanos, en un día muy especial. Pero es que
a lo largo de nuestra vida les tenemos muy presentes, igual que a los difuntos,
a los que mañana recordaremos de modo especial, pero a los que no olvidamos en
otros muchos momentos de nuestra vida.
Una
de las verdades más consoladoras de nuestra fe es la "comunión de los
Santos", o sea, la unión misteriosa que existe entre ellos y nosotros,
entre la Iglesia de los bienaventurados del cielo y la Iglesia peregrina en la
tierra.
En
cada Eucaristía les recordamos, deseando seguir su mismo camino aquí abajo y
compartir después la herencia definitiva con ellos. Cuando decimos el "yo
confieso" les invocamos para que intercedan por nosotros: "por eso
ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles y a los santos...".
Cuando encomendamos a Dios a los difuntos, pedimos a Dios que salgan a su
encuentro los Ángeles y los Santos.
Sobre
todo en la Plegaria Eucarística nos sentimos unidos a los que han recorrido ya
el camino y participan de la Pascua definitiva de Cristo, que siguen
perteneciendo a nuestra familia y son nuestro mejor modelo, nuestros más
válidos "intercesores" ante Dios: "veneramos la memoria, ante
todo, de la gloriosa siempre Virgen María... y la de todos los Santos: por sus
méritos y oraciones concédenos en todo tu protección" (Plegaria l),
"y así con María y los apóstoles... merezcamos por tu Hijo Jesucristo
compartir la vida eterna" (Plegaria II), "y un día reúnenos cerca de
ti con María la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, para celebrar en tu
reino la gran fiesta del cielo" (Plegaria 1 niños).
LOS
DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)
PROPUESTA DE CANTOS DE SANTOS
2026
(01 DE NOVIEMBRE)
TEMA: “ESTEN
ALEGRES Y CONTENTOS, PORQUE SU RECOMPENSA SERA GRANDE EN EL CIELO”
01.- PUEBLO SANTO Y ELEGIDO (J.P.
Martins)
1.- Caminamos hacia ti,
oh ciudad de nuestro Dios,
construyendo en este mundo
la verdad y el amor.
PUEBLO SANTO Y ELEGIDO
CONGREGADO EN EL AMOR,
VAS BUSCANDO, PEREGRINO,
LA CIUDAD DE NUESTRO DIOS.
2.- Avanzamos, peregrinos,
con Jesús, nuestra esperanza.
Él nos salva, Él nos guía,
con la luz de su palabra.
3.- Quien tiene hambre de justicia,
quien anhela la verdad,
en la mesa del Señor
su Palabra encontrará.
4.- Reunidos en la Iglesia
proclamamos su verdad:
Jesucristo es el que salva
dando al mundo su amistad.
5.- Los caminos de este mundo
son caminos sin final:
sólo Cristo es el sendero
que conduce a la verdad.
6.- Cuando llegue el momento
de nuestra hora final,
Jesucristo, nuestro hermano,
nos dará su eternidad.
02.- ACERQUEMONOS TODOS AL ALTAR
(E. Pascual; F. Palazon)
ACERQUÉMONOS TODOS AL ALTAR
QUE ES LA MESA FRATERNA DEL AMOR,
PUES SIEMPRE QUE COMEMOS DE ESTE PAN
RECORDAMOS LA PASCUA DEL SEÑOR. (BIS)
1.- Los hebreos en medio del desierto comieron el
maná
nosotros peregrinos de la vida comemos de este
pan,
los primeros cristianos ofrecieron su cuerpo como
trigo
nosotros acosados por la muerte bebemos este vino.
2.- Como Cristo hecho pan de cada día, se ofrece
en el altar
nosotros entregados al hermano comemos de este
pan,
como el cuerpo de Cristo es uno solo por todos
ofrecidos
nosotros olvidando divisiones bebemos este vino.
3.- Como ciegos en busca de la aurora dolientes
tras la paz
buscamos tierra nueva y cielos nuevos comiendo de
este pan,
acerquémonos todos los cansados porque él es
nuestro alivio
y siempre que el desierto nos agobie bebamos este
vino.
03.- RACIMO Y TRIGAL (Carmelo
Erdozain)
1.- Racimo y trigal hoy hemos presentado,
maná celestial hoy el Señor nos da;
COMO MANJAR ÉL PONE EN NUESTRAS MANOS
EL PAN DE LA ETERNIDAD;
COMO MANJAR ÉL PONE EN NUESTRAS MANOS
EL PAN DE FRATERNIDAD.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
2.- En torno al altar somos sus invitados,
en torno al altar Él esperando está;
COMO MANJAR ÉL PONE EN NUESTRAS MANOS
EL PAN DE LA ETERNIDAD;
COMO MANJAR ÉL PONE EN NUESTRAS MANOS
EL PAN DE FRATERNIDAD.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
3.- Tristeza y dolor corren por nuestros labios,
pureza y amor trae nuestro Señor;
VIENE MI AMOR Y ÉL PONE EN NUESTRAS MANOS
EL PAN DE LA COMUNIÓN;
VIENE MI AMOR Y ÉL PONE EN NUESTRAS MANOS
EL PAN DE LA SALVACIÓN.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
4.- La Cena Pascual hoy hemos celebrado,
la Cena Pascual signo de hermandad;
GRACIAS SEÑOR, GRACIAS POR TU PRESENCIA
Y GRACIAS POR TU AMISTAD;
GRACIAS SEÑOR, GRACIAS POR TU PRESENCIA
Y GRACIAS POR TU AMISTAD.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
04.- BENDITO SEAS SEÑOR (F. Palazon)
BENDITO SEAS, SEÑOR, POR ESTE PAN Y ESTE VINO
QUE GENEROSO NOS DISTE, PARA CAMINAR CONTIGO,
Y SERÁN PARA NOSOTROS ALIMENTO EN EL CAMINO.
1.- Te ofrecemos el trabajo, las penas y alegrías,
el pan que nos alimenta y el afán de cada día.
2.- Te ofrecemos nuestro barro que oscurece
nuestras vidas
y el vino que no empleamos para curar las heridas.
05.- LAS BIENAVENTURANZAS
(Cesareo Garabain)
1.- Los que a la pobreza se abrazan
de los cielos han de gozar.
CERCA DEL SEÑOR POR UNA ETERNIDAD,
BIENAVENTURADOS SERÁN.
2.- Los que sean mansos y humildes,
poseen la tierra total.
3.- Todos los que gimen y lloran
luego consolados serán.
4.- Quien tenga hambre y sed de justicia,
su hambre y sed saciadas verán.
5.- Los de corazón compasivo,
compasión en Dios hallarán.
6.- Los que el corazón tengan limpio
cara a cara a Dios han de ver.
7.- Los que siembran paz a su paso,
de Dios hijos se llamarán.
8.- De los perseguidos sin causa
el reino del cielo será.
06.- BIENAVENTURADOS (Carlos
Montero)
1.- Bienaventurados los hombres inquietos
que nunca se venden a una situación
bienaventurados los hombres sencillos
ajenos al ruido de la ostentación.
BIENAVENTURADO ES
QUIEN VIVE CONTRACORRIENTE
Y SALE AL PASO A LA GENTE
SI ESTÁ LA GENTE EN ERROR.
2.- Bienaventurados los hombres sinceros
contiene su vida conciencia y verdad,
bienaventurados los hombres cansados
de andar por los días sin un ideal.
3.- Bienaventurados los hombres que pierden
dinero y honores por no claudicar,
bienaventurados los hombres que viven
buscando el sentido de su libertad.
4.- Bienaventurados los hombres sin brillo
en torno a su vida no hay expectación,
bienaventurados los hombres que callan
y solo en sus obras nos dan su opinión
07.- YO SOY EL PAN DE VIDA
1.- Yo soy el Pan de Vida
el que viene a Mí no tendrá hambre,
el que cree en Mí no tendrá sed.
Nadie viene a Mí si mi Padre no lo atrae.
YO LO RESUCITARÉ, YO LO RESUCITARÉ,
O LO RESUCITARÉ, EN EL DÍA FINAL.
2.- El Pan que Yo daré
es mi Cuerpo, Vida para el mundo.
El que siempre coma de mi Carne,
vivirá en Mí como Yo vivo en mi Padre.
3.- Yo soy esa bebida
que se prueba y no se siente sed.
El que siempre beba de Mi Sangre
vivirá en Mí y tendrá la vida eterna.
4.- Sí mi Señor, yo creo,
que has venido al mundo a redimirnos.
Que Tú eres el Hijo de Dios,
y que estás aquí para darnos nueva vida.
08.- EL PAN DE VIDA
TÚ ERES, SEÑOR, EL PAN DE VIDA,
MI VIDA SIN TI NO SERÁ VIDA.
1.- El pan que yo os daré
ha de ser mi propia carne.
Contigo viviré
cuando coma de tu pan.
2.- Aquel que cree en ti
tiene ya la vida eterna.
Si como de tu pan,
de tu vida gozaré.
3.- Mi Padre es quien os da
verdadero pan del cielo,
y a la tierra bajó
para el mundo alimentar.
4.- Quien come de tu pan
no padecerá más hambre.
Quien bebe de tu sangre
ya no tendrá sed jamás.
09.- HOY SEÑOR TE DAMOS GRACIAS
HOY, SEÑOR, TE DAMOS GRACIAS,
POR LA VIDA, LA TIERRA Y EL SOL.
HOY, SEÑOR, QUEREMOS CANTAR
LAS GRANDEZAS DE TU AMOR.
Gracias, Padre, mi vida es tu vida,
tus manos amasan mi barro,
mi alma es tu aliento divino,
tu sonrisa en mis ojos está.
Gracias, Padre, tú guías mis pasos,
tú eres la luz y el camino,
conduces a ti mi destino
como llevas los ríos al mar.
Gracias, Padre, me hiciste a tu imagen,
y quieres que siga tu ejemplo
brindando mi amor al hermano,
construyendo un mundo de paz.
10.- TE DEN GRACIAS (E. de Zayas)
TE
DEN GRACIAS TODOS LOS PUEBLOS,
QUE
TODOS LOS PUEBLOS TE DEN GRACIAS (2 VECES)
1.-
Señor, Señor, Señor gracias te damos,
por
esta misa que hemos celebrado
Tu
cuerpo y sangre ya hemos recibido
Volvemos
a la vida entusiasmados.
2.-
Señor que bien se vive aquí en tu casa
En
Cristo siempre unidos como hermanos
Señor
que sea esto un anticipo del cielo
Que
ya estamos comenzando.