HOMBRES VERDADEROS Y DIOS VERDADERO
COMENTARIO
Nunca
miraremos bastante al verdadero Jesús de los evangelios. Hay que vivir este
misterio: Dios en un hombre. El texto de las tres tentaciones es ante todo una
luz sobre la persona de Jesús. No busquemos allí demasiado pronto nuestros
propios combates. Es verdad que también ellos están allí, ya que Jesús es en
todo un modelo para nosotros. Pero fijémonos sobre todo en su combate y
aprenderemos muchas cosas sobre él. Antes de descubrirlos a través de sus
comportamientos y de sus palabras, se nos ha dado penetrar en su corazón, en
ese lugar en donde un hombre hace sus opciones decisivas. Lo que Jesús es en el
momento de las tentaciones lo será a lo largo de toda su vida pública,
inquebrantablemente. De ahí la importancia de este episodio, que no es un
simple preludio, sino un enfrentamiento radical en donde descubrimos en la
fuerza de Jesús la fuerza de un hombre. Si, Jesús es el Hijo de Dios, pero es
verdaderamente hombre y nos cuesta trabajo admitirlo. Hasta el fin llevará una
vida auténticamente humana, limitada y expuesta al fracaso. A pesar de esta
debilidad, la debilidad real del hombre, triunfará porque tiene total confianza
en su Padre.
Jesús
es el hombre que cree en el Padre y quiere inculcarnos la misma confianza:
creer en nuestro Padre celestial. Pero rechaza radicalmente la idea demoníaca:
la tentación de utilizar para sí, para su hambre, para su gloria, el poder de
Dios. ¡Y menos aún el poder de Satanás! Lo único que busca es sumergirse en los
designios del Padre. Este combate contra Satanás nos hace descubrir en Jesús su
inteligencia ante la palabra de Dios y lo absoluto de su confianza, el hombre
vive de Dios, el hombre no pone a prueba el poder de Dios, el hombre no adora
más que a Dios. Basado en estas tres convicciones, Jesús puede avanzar por los
caminos más difíciles; su vida no estará protegida, pero resultará victoriosa.
Esa mezcla de vida ardua y de vida triunfadora es la que iremos descubriendo a
lo largo de los evangelios. Vamos a aprender cómo un hombre puede ser el Hijo
de Dios: hombre verdadero y Dios verdadero.
R.P. Roland Vicente Castro Juárez
Me invocará y lo escucharé; lo defenderé, lo
glorificaré, lo saciaré de largos días.
ORACION COLECTA
Dios todopoderoso, por medio de las prácticas anuales del sacramento
cuaresmal, concédenos progresar en el conocimiento del misterio de Cristo, y
conseguir sus frutos con una conducta digna. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Génesis 2, 7-9; 3, 1-7
El Señor Dios modeló al hombre de polvo del
suelo e insufló en su nariz aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser
vivo. Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en
él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase
de árboles hermosos para la vista y buenos para comer, además, el árbol de la
vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.
La serpiente era más astuta que las demás
bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Conque Dios
les ha dicho que no coman de ningún árbol del jardín?». La mujer contestó a la
serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto
del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: "No coman de él
ni lo toquen, de lo contrario morirán". La serpiente replicó a la mujer:
«No, no morirán; es que Dios sabe que el día en que coman de él, se les abrirán
los ojos, y serán como Dios en el conocimiento del bien y el mal». Entonces la
mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atractivo a los ojos y
deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se
los dio a su marido, que también comió. Se les abrieron los ojos a los dos y
descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las
ciñeron.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 50, 3-6.12-14.17)
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por
tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R.
Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre
presente mi pecado. Contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad en tu
presencia. R.
Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme. No me arrojes lejos de tu rostro, no
me quites tu santo espíritu. R.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios, y mi boca
proclamará alabanza. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del
apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-19
a
Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el
pecado la muerte, y así la muerte, se propagó todos los hombres, porque todos
pecaron. Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado
no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán
hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como
la de Adán, que era figura del que tenía que venir. Sin embargo, no hay
proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron
todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un
hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos. Y tampoco hay proporción
entre la gracia y el pecado de uno: pues el juicio, a partir de uno, acabó en
condena, mientras que la gracia, a partir de muchos pecados, acabó en justicia.
Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno
solo, con cuanta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la
justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo.
En
resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así
también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos. Pues,
así como por la desobediencia de un solo hombre todos fueron constituidos
pecadores, así también, por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos
justos.
ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Mt 4, 40
No solo
de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios,
EVANGELIO
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo 4,1-11
En aquel tiempo, Jesús fue
llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y, después
de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El
tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se
conviertan en panes». Pero Él le contestó: «Está escrito: "No solo de pan
vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
Entonces el diablo lo llevó a
la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios,
tírate abajo, porque está escrito: "Ha dado órdenes a sus ángeles acerca
de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las
piedras". Jesús le dijo: «También está escrito: "No tentarás al
Señor, tu Dios"». De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le
mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te
postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está
escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a Él solo darás culto"».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo
servían.
PLEGARIA
UNIVERSAL
Hermanos, al iniciar este tiempo de renovación,
presentemos nuestras súplicas a Dios Padre, confiando en su infinita
misericordia.
1. Por la santa Iglesia: para que, en este tiempo de Cuaresma,
se renueve espiritualmente y sea para el mundo un signo visible de la victoria
de Cristo sobre el mal. Roguemos al Señor.
2. Por el Papa León y todos los pastores: para que guíen al
pueblo de Dios con sabiduría y santidad, siendo un referente en el camino de la
fe y la conversión. Roguemos al Señor.
3. Por los que sufren una enfermedad o la injusticia: para que
encuentren en nuestra ayuda fraterna el consuelo y la fuerza de Dios, y no
pierdan la esperanza. Roguemos al Señor.
4. Por nuestra comunidad parroquial: para que vivamos con
intensidad la oración, el ayuno y la limosna, pilares de la Cuaresma. Roguemos
al Señor.
Te pedimos, Padre, que venga a nosotros tu Reino,
tu justicia. Haz que, como máxima preocupación de cada día, coloquemos el
esfuerzo por realizar, por cumplir, tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Haz, Señor, que
nuestra vida responda a estos dones que van a ser ofrecidos y en los que
celebramos el comienzo de un mismo sacramento admirable. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
ANTIFONA DE COMUNION Mt 4, 4
No
solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Después de recibir el pan del cielo que alimenta la fe, con solida la
esperanza y fortalece el amor, te rogamos, Señor, que nos hagas sentir hambre
de Cristo, pan vivo y verdadero, y nos enseñes a vivir constantemente de toda
palabra que sale de tu boca. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes
23: Lv 19, 1-2.11-18; Sal 18, 8.9.10.15; Mt 25, 31-46
Martes
24: Is 55, 10-11; Sal 33, 4-5. 6-7.16-17.18-19; Mt 6,
7-15
Miércoles
25: Jon 3, 1-10; Sal 50, 3-4. 12-13.18-19; Lc 11,
29-32
Jueves
26: Est 14, 1.3-5.12-14; Sal 137, 1-2ª.2bc y 3. 7c-8;
Mt 7, 7-12
Viernes
27: Ez 18,
21-28; Sal 129, 1-2. 3-4. 5-7ª.7bc-8; Mt 5, 20-26
Sábado
28: Dt 26, 16-19; Sal 118, 1-2. 4-5. 7-8; Mt 5, 43-48
Domingo
29: Gn 12, 1-4ª; Sal 32, 4-5. 18-19. 20 y 22; 2Tm 1,
8b-10; Mt 17, 1-9.
COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 4. 1-11
Par.: Mc 1,
12-13 Lc 4, 1-13
Podemos
formular así las tentaciones con que se enfrentó Jesús (no sólo en el desierto,
sino a lo largo de toda su existencia): recorrer el camino mesiánico indicado
por la palabra de Dios (a saber, el camino de la cruz) o bien aceptar las
solicitaciones provenientes de las expectativas mesiánicas de la época. Tres
solicitaciones: la de la revolución y el poder (mesianismo zelota), la del
mesianismo restaurador (político o religioso), la del mesianismo convincente
(acompañado de signos espectaculares). Jesús rechazó enérgicamente las tres
sugerencias, renunciando a utilizar el procedimiento del poder, del prestigio o
de los milagros a toda costa. Sobre esto no hay duda; lo recuerda también Juan (6.
6). A la misma conclusión nos llevan también los numerosos pasajes en los que
Jesús se dirige a los discípulos, recordando que a él y a sus seguidores no les
conviene ser servidos, sino servir (Lc 22. 25-27; Mc 10. 42-45; Mt 20. 25-28).
Este rechazo constante del poder y de cuanto se le parece no es posible
minimizarlo ni discutirlo. Está demasiado subrayado.
-BAUTISMO Y
TENTACIÓN. J/BAU/TENTACION:
Los tres
sinópticos relacionan estrecha e intencionadamente la tentación con el
bautismo. Es una conexión llena de significado. Primero: en respuesta al
bautismo, Jesús inicia la vuelta al desierto, o sea, a una existencia en la
cual se vive continuamente enfrentado con Satanás y, al mismo tiempo, el
encuentro de la ayuda de Dios. Segundo: colocada al principio del evangelio, a
saber, en la sección que de alguna manera hace de prólogo, la experiencia del
desierto se presenta no sólo como el primer acto público de Jesús, sino como el
marco dentro del cual se desarrollará todos sus ministerios; como la escena en
la cual se representará también el resto del drama. Y tercero: el Espíritu dado
en el bautismo no aparta a Jesús de la historia y de su ambigüedad; al
contrario, le sitúa dentro de la historia y de la lucha que en ella se libra.
-LAS
TENTACIONES DE ISRAEL Las tres citas del Dt, que marcan el ritmo del relato (8.
3; 6. 16; 6. 13), evocan claramente las tentaciones de Israel en el desierto.
Las tentaciones de Jesús coinciden con las de Israel. La tentación de concebir
la esperanza como bienestar y de establecer correspondencia entre la esperanza
mesiánica y el esplendor del reino de David. Es una tentación que está siempre
al acecho. Luego, la tentación del mesianismo milagroso y espectacular: Israel
ha pretendido demasiadas veces que Dios intervenga de manera manifiesta y
terminante con su poder. Finalmente, la tentación más sutil y más socorrida: la
del mesianismo político, en la línea del dominio (¡por supuesto, para gloria de
Dios!), en lugar del servicio.
Según puede
verse, no está en litigio el mesianismo como tal (Israel jamás renunció a
proclamarse pueblo mesiánico), sino la vía mesiánica. Mateo se muestra muy
interesado en esta confrontación entre Jesús e Israel. Quiere mostrar que Jesús
se manifiesta como la persona a la cual está ordenada la historia entera de
Israel. Él es el cumplimiento de Israel.
Padeció sus
mismas tentaciones; pero, a diferencia de Israel, las superó. Jesús es el
verdadero y auténtico Israel.
-LAS
TENTACIONES DE CRISTO SON ACTUALES Está claro que el relato de Mateo posee una
dimensión eclesial, además de cristológica. Basta recordar a este respecto cómo
se formaron los evangelios. Si el relato de las tentaciones tuvo un puesto en
toda la tradición sinóptica, es porque no sólo servía para aclarar las ideas
sobre Jesús y su mesianismo (por lo demás, manifiesto a todos después de la
crucifixión), sino porque servía también para aclarar las ideas sobre la
Iglesia y su cometido. En la tentación de Cristo encuentra la Iglesia sus
propias tentaciones. La Biblia nos ofrece otros ejemplos de tentación (o
prueba); por ejemplo, en el caso de Abrahán, la tentación pone a prueba la
esperanza en la promesa; en el caso de Job prueba el desinterés de la fe. En
nuestro caso, la tentación pone a prueba la fidelidad-obediencia de Cristo a su
propia misión.
En el caso de
Cristo, concretamente, no se trata meramente de sucumbir a la fascinación y a
las solicitaciones del mesianismo político, sino de continuar por el camino del
siervo de Yahvé a pesar del fracaso que parece llevar consigo. En esta
experiencia de fracaso es donde la tentación tiene su fuerza y la propuesta de
Satanás su aparente sensatez.
Las tentaciones
no sólo empujan a Jesús a un falso mesianismo, sino también a la autonomía y
hacia la independencia. Son un intento de constituirse en Dios o, en todo caso,
de servirse de Dios como de instrumento de uno mismo. Más tarde, Jesús
multiplicará los panes, pero no para sí mismo. Será glorioso, pero por el
camino de la cruz. Realizará signos, mas no para poner a Dios a prueba.
Obsérvese, por
último, que Jesús no es instigado por Satanás a escoger entre Dios o el poder,
entre Dios o la riqueza. Le insinúa más bien: consigue el poder y, una vez
conseguido, úsalo para gloria de Dios. La tentación, según puede verse, es
sutil, actual e inquietante. Es la tentación de siempre.
BRUNO MAGGIONI
- EL RELATO DE MATEO - EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 42-45
2.- PALABRA DE DIOS. OBEDIENCIA. ÍDOLOS.
AUTONOMÍA. JESÚS. HIJO OBEDIENTE. REINO DE DIOS. SIGNOS.
La liturgia
dominical presenta tres veces el relato de la tentación de Jesús. Dos veces,
con los textos, muy parecidos, de Mateo y de Lucas; y otra vez, con los rápidos
versículos del 2º evangelio, que están marcados con otra mentalidad. Es preciso
diversificar la utilización homilética de estas tres lecturas. El relato de
Marcos de la tentación está construido sobre el paralelismo Adán-Jesús,
mientras que el relato mateano lo está sobre el paralelismo Jesús-Israel. El
lucano, menos claramente orientado, puede ayudar a reflexionar sobre las
"opciones" que Jesús ha tenido que realizar, y de las que el texto de
la Tentación no intenta sino presentar, de forma dramática, su sentido
profundo. (...) A lo largo de todo el evangelio de Mateo, y no únicamente en el
primer versículo de nuestro texto, se presenta al Espíritu en estrecha relación
con Jesús. El Espíritu está presente en el momento de la concepción virginal de
Jesús (1. 18/20); en el momento de su bautismo (3. 16); durante su permanencia
en el desierto (4. 1); a lo largo de su predicación (12. 18); en el momento en
que expulsa a los demonios (12. 28). La meditación evangélica de Mateo acaba
con las palabras de Jesús resucitado enviando a sus discípulos a bautizar bajo
la invocación de ese mismo Espíritu (28. 19).
J/MOISES. La duración de la estancia de Jesús en el
desierto queda definida por un número que recuerda la presencia de Israel en el
desierto del Éxodo: cuarenta (años) (Dt 8. 2), y la de Moisés en la montaña:
cuarenta días y cuarenta noches (Ex 24.18), exactamente lo que dice Mateo de
Jesús. Esta última relación es de gran interés: de igual modo que Moisés, al
final de su permanencia solitaria, prolongada, se convierte en el predicador de
la Ley de Dios (Ex 24. 17), también Jesús, al término de un ayuno igualmente
largo, se convierte en el predicador del arrepentimiento y de la venida del
Reino (v.17), antes de serlo de la nueva Ley (cap. 5-7).
De todos modos,
la prueba del desierto vincula a Jesús sobre todo con Israel. Porque en el
desierto había sido puesto Israel a prueba. Hambriento, había sentido la
pobreza de sus propios medios, su debilidad: había sido humillado. Empujado por
esta "humillación", adoptó un comportamiento que dejaba ver
claramente el fondo de su corazón. Israel no era capaz de abandonarse
totalmente a las promesas de Dios, de confiar en su palabra, de sufrir el
hambre y la pobreza, sin desesperar, sin buscar la salvación en otro sitio
fuera de la palabra de Dios y de la sumisión a esta palabra.
Además, Israel
había "tentado a su Dios", le puso a prueba (Dt 6. 16, adonde remite
la cita de Mt 4. 7). En Masá (Ex 17. 1-7; Nm 20. 2-13), Israel sediento, puso a
Yahvé entre la espada y la pared: era preciso que Yahvé les diese
inmediatamente el agua que necesitaban, o de lo contrario, dudarían de él. Al
lanzar semejante desafío, Israel demostraba su desconfianza respecto a Yahvé,
su Dios, cuyos actos salvadores se negaba a entender. La salida de Egipto, por
lo tanto, ya no se veía como un beneficio divino, sino como un acto insensato
del que el pueblo era no el beneficiario sino la víctima. Israel, en fin, se
abandonó a la idolatría. Al "seguir a otros dioses escogidos entre los
dioses de las naciones", ya no había "temido a su Dios ni le había
servido". Había "olvidado a Yahvé, su Dios", sin cuidarse de
Aquél que le había "hecho salir del país de Egipto, de la casa de
servidumbre" (Dt 6.12-14, contexto de la cita de Mt 4. 10).
¿De dónde
procedía esta idolatría? De la negativa por otra parte del pueblo a recibir su
felicidad de otro, del Otro; de la negativa a depender de Él; de la necesidad
de ser independiente, de no tener su propia felicidad más que de sí mismo; del
deseo de gloriarse de sus propias obras, de adorarse en la silueta de los
dioses fabricados por sus propias manos.
Jesús
experimenta, a su vez, esas mismas tentaciones; pero, contrariamente al pueblo
antiguo, no sucumbe a ellas. Israel, el pueblo-hijo (Os 11. 1, citado en 2. 15)
actuó en otros tiempos como hijo insumiso; Jesús, con su docilidad perfecta, se
muestra realmente hijo de Dios, el Hijo de Dios.
Asaltado por el
hambre, no se deja llevar a ninguna murmuración. Confía en Dios, en su promesa;
no intenta plantearle un desafío obligándole a un milagro tanto menos oportuno
cuanto que, además de ser signo de una profunda desconfianza o indocilidad,
sería un gesto torpemente interesado.
Jesús otorga
una confianza absoluta a la palabra de Dios. Precisamente esa palabra promete a
todo creyente, y más especialmente al Mesías-hijo de Dios, salvarle, aunque sea
con la milagrosa intervención de los Ángeles desde el momento en que se encontrara
en una situación humanamente desesperada. Así al menos lo hace entrever el
texto poético del Salmo 91 (90) citado por el Diablo (v. 6). Era verdad; pero
buscarse esa situación desesperada por el solo motivo de hacer que apareciera
la salvación de Dios, es, en primer lugar, considerarse privilegiado de Dios y
querer disfrutar de tal imagen; y es sobre todo negarse a confiar en su
palabra.
Porque
pretender coaccionar a Dios en orden a que actúe, ¿no es dudar de él? ¿Dudar de
Dios. Pero de hecho, ¿quién es Dios? ¿No es, a fin de cuentas, una idealización
del hombre, de su fuerza, de su poder? ¿No es una sublimación de la gloria que
dan al hombre su ciencia o su dinero? ¿No es la silueta idealizada del mérito
que le proporcionan al hombre su pobreza, o su generosidad, o su entrega
social, o su sentido político? ¿No es en todo esto donde hay que buscar la
verdadera y última salvación, el medio eficaz de "poseer la tierra"?
Aquella tierra que Moisés contempló sobre la montaña (Dt 34. 1-4), cuyo esplendor
admirara, ¿de quién puede obtenerse sino de esa omnipotencia del hombre,
encontrada de nuevo en los dioses de fabricación humana, más bien que en un
Dios evanescente, jamás alcanzado, y menos aún asido, acaparado...? Para Jesús,
"Dios es Dios"... Está más allá del hombre. El don que Él hace tiene
la gratuidad de una generosidad suprema. Por eso no existe adoración legítima
alguna, sea cual fuere la forma que adopte esa adoración, hacia manifestación
alguna del hombre, sino únicamente hacia Dios. ¿Abstracción fácil? ¿Teoría
gratuita? No, porque tras el escenario de las antiguas tentaciones de Israel,
que Jesús rechaza con valor, más especialmente tras la última que las resume a
todas, se oculta una realidad permanente que vivieron, a continuación de los
padres del Éxodo, el entorno de Jesús y el propio Jesús, que viven los hombres
de siempre y, entre ellos, en primer lugar, los discípulos de Jesús.
Detengámonos en
estos últimos, ya que de ellos es, en definitiva, de quien se trata, según
hemos visto más arriba. Rechazando las tentaciones que se le proponían, Jesús
supo vivir como "hijo de Dios", mostrarse "el Hijo de
Dios". A ejemplo suyo, los cristianos, hijos de Dios, deben vivir de una
manera acorde con su nueva naturaleza.
D/CONFIANZA: Como Jesús, los discípulos rechazan, por lo
tanto, exigir a Dios actos que no tendrían otra finalidad que la propia
satisfacción si no ya la propia vanagloria. Conscientes de que Dios "sabe
lo que necesitan" (6. 8), confían en su palabra, cuentan con su promesa,
negándose a ligar su fe a la realización de sus deseos espontáneos. Al igual
que Jesús, rehúsan poner a Dios entre la espada y la pared, o a dejarse llevar
de un imperioso deseo de milagros que disimularía mal la propensión humana al
espectáculo. Cuando en la Escritura leen la promesa divina, se niegan a torcer
el texto en el sentido de sus ingenuas impaciencias, dedicándose, por el
contrario, a esperar pacientemente la realización de las auténticas promesas
con tanta gozosa esperanza como sosegada obstinación.
Lo mismo que
Jesús, en fin, se niegan a buscar la realización universal del Reino de Dios, a
"poseer la tierra", toda la tierra, a base de medios
"diabólicos", que suponen la adoración de cuanto no es Dios. Medios
humanos: financieros, políticos, sociales... todos pueden servir al Reino, pero
ninguno puede ser el medio supremo íntegramente..., religiosamente aceptado.
En definitiva,
esa es la opción de Jesús y de los cristianos: entre Dios y lo que no es Dios.
Dios, percibido a través de los signos y siempre más allá de esos signos,
aunque sean los más elocuentes, los más necesarios...
Opción de otros
tiempos... de siempre... de hoy.
LOUIS MONLOUBOU
- LEER Y PREDICAR EL EVANGELIO DE MATEO - EDIT. SAL TERRAE SANTANDER 1981.Pág.
91
3.- Con una
frase característica de la narración bíblica, Mt nos presenta a Jesús en una
situación de tener que decidir. Se tienta a uno en sentido bíblico, cuando se
le coloca en una situación en que deberá dar buena prueba de sí o decidirse o
al menos manifestarse. El marco y las circunstancias de la tentación de Jesús
recuerdan la pasada historia del pueblo de Israel. "Recuerda el camino que
el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto,
para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones, si guardas sus
preceptos o no" (/Dt/08/02). Es muy probable que Mateo pensara en este
texto al escribir el suyo, poniendo una vez más de manifiesto la matriz
histórica en que Jesús se mueve y a la que da sentido y plenitud.
Las pruebas de
Jesús son tres, todas ellas puntualmente superadas haciendo suyos sendos
pasajes del Dt, el viejo libro que contiene la Constitución del Pueblo de
Israel. Comentario: Considerado globalmente, el texto es un desafío a Jesús
para que elija sus prioridades como libertador prometido por Dios, como Mesías.
En primer
lugar, está la tentación de construir la nueva sociedad mediante medios
económicos, convirtiendo las piedras en panes. Había ciertamente abundancia de
personas hambrientas en el mundo que habrían aceptado gustosas ese pan, viniera
de donde viniera. Jesús mismo conoció sin duda las estrecheces y el hambre.
Además, el A.T. había descrito a menudo la nueva sociedad como una época de
gran prosperidad material en la que los hambrientos serían alimentados y las
necesidades de cada uno serían satisfechas. Había por eso abundantes y buenas
razones para que Jesús se interesase por ello. Una palabra de Dios al pueblo de
Israel en un momento crucial de su pasada historia ayudó a Jesús a vencer la
tentación: "no sólo de pan vive el hombre". No es que Jesús dejase de
reconocer que el pueblo tenía necesidades económicas; más bien reconoció, por
una parte, que no era ésta su más profunda necesidad y, por otra, que no era
esto lo que Dios quería que fuera el objetivo principal de su obra. De hecho,
Jesús proveyó posteriormente de alimento al pueblo hambriento. Pero sabía que
ésta no debía ser la principal finalidad de su obra.
Una segunda
tentación fue la de arrojarse abajo, sin hacerse daño, desde la torre del
templo al concurrido atrio. Habría sido cosa fácil demostrar que era el Mesías
obrando milagros, porque lo milagroso e insólito tenía y sigue teniendo un
especial atractivo. También aquí había para esta tentación algo más que la
simple lógica de la situación, pues existía efectivamente una profecía en el
A.T. acerca del Mesías que aparecería de repente y de un modo dramático en el
templo (Ml 3. 1-3). Había también una promesa en el salmo 91 que decía que Dios
protegería a aquellos que le pusieran a prueba. ¿Y no era éste el momento de
hacerlo? Si Jesús era realmente el Mesías, podía entonces con toda seguridad
esperar que Dios cumpliera honorablemente sus promesas. Una idea muy seductora.
La respuesta a
ella vino del mismo tiempo crucial de la pasada historia de Israel: "no
pondrás a prueba al Señor tu Dios". El contexto de la promesa de Dios en
el salmo 91 aclara que ésta era válida sólo para aquellos que vivían en
obediencia a la voluntad divina. Y para Jesús hacer la voluntad de Dios
significaba servicio y sufrimiento, y no el uso arbitrario de las promesas de
Dios para sus propios fines personales y egoístas. Por eso rechazó la tentación
de ser reconocido como el salvador prometido por Dios mediante un despliegue
del poder de hacer milagros. Naturalmente que los obró, pero también dio a entender
claramente que los milagros eran signos vivos de su mensaje: no eran el mensaje
mismo.
MESIANISMO-POLITICO La tercera tentación
consistía en ser un Mesías político. No cabe la menor duda de que ésta debió
ser la tentación más fuerte. Después de todo, esto era precisamente lo que los
judíos esperaban del Mesías. También creían comúnmente que ellos gobernarían a
todas las demás naciones en la nueva era que iba a seguir, y Jesús fue tentado
para que aceptase la autoridad de Satanás con el fin de conseguir el poder
sobre el mundo. La idea apareció todavía más viva mediante una visión del
esplendor de los reinos del mundo, pero Jesús se dio cuenta de nuevo de que
esto era muy diferente de la nueva sociedad que tenía que inaugurar. No es que
Jesús no sintiera simpatía por el profundo deseo de libertad que experimentaba
su pueblo. Después de todo, Él mismo vivía bajo la tiranía de Roma. Había
trabajado con sus propias manos para producir lo suficiente para pagar los
impuestos romanos. Conocía muy bien la miserable condición de sus compatriotas,
pero rechazó el mesianismo político por dos razones: primeramente, rechazó las
condiciones en que el demonio se lo ofrecía: compartir soberanía con él. Si
Jesús aceptaba que el demonio tenía autoridad sobre el mundo, entonces se le
otorgaría una autoridad política limitada a cambio. Esto era algo que Jesús no
podía aceptar. Su propio compromiso, y el que exigió a sus seguidores, era
exclusivamente con Dios, como soberano y señor. Reconocer el poder del demonio
en cualquier área de la vida habría sido negar la suprema autoridad de Dios.
VD/IMPONERLA. Pero, además, a Jesús se le ofrecía la
posibilidad de gobernar con la autoridad y la gloria de un imperio semejante al
de los romanos. Y él sabía que ésta no era su misión. Sabía también que la ley
de Dios nunca podía imponerse desde fuera en la vida de los hombres y en la
sociedad. Si había una lección que aprender de la historia de su pueblo era
ésta. Poseían todas las leyes del A.T., pero una y otra vez se habían mostrado totalmente
incapaces de cumplirlas. Jesús veía que lo que los hombres necesitaban era
entregar su voluntad y libre obediencia a Dios, y de este modo recibir la
libertad moral para crear la clase de sociedad nueva que Dios quería que
tuvieran.
Esta tercera tentación
fue, ciertamente, la más fuerte y apremiante, y fue también rechazada del modo
más decidido: "¡Apártate, Satanás!" Jesús no trataba de imponer un
nuevo autoritarismo para reemplazar al viejo autoritarismo de Roma. Su nueva
sociedad no iba a ser un gobierno tiránico y cruel como muchos judíos preveían,
sino algo que brotaría de la nueva e íntima naturaleza de aquellos que formaban
parte de ella, puesto que servían y adoraban a Dios únicamente.
ALBERTO BENITO
- DABAR 1990/17
4.- Sentido del
texto. El autor del evangelio cree en Jesús como el enviado de Dios en calidad
de Hijo. Con esta convicción se ha puesto a escribir su evangelio. De esta
convicción suya quiere hacer partícipes a unos lectores judíos. Estos estaban
familiarizados con toda una literatura de la que resultaba una imagen concreta
de enviado de Dios (Mesías). Mateo tiene que servirse de esta literatura si
quiere que sus lectores le entiendan a la hora de decirles que Jesús es el
Mesías.
Una creencia
popular sobre el Mesías es que su llegada daría lugar a una gran lucha de la
que él saldría victorioso. Esta creencia, con su escenografía, es lo que Mateo
recoge, con la única finalidad de que sus lectores puedan entender quién es
Jesús.
Pero al hacerlo
corrige críticamente la imagen de Mesías que sus lectores tenían. Frente al ser
radiante, frente al superhombre de la literatura de la que se sirve, Mateo
presenta hoy un personaje -permítaseme la expresión- tozudamente humano.
Comprobémoslo. Primer asalto (vs. 3-4). Si eres hijo de Dios. Respuesta: No
sólo de pan vive el hombre. Tú quieres que sea Dios; yo te digo que soy hombre.
Segundo asalto
(vs. 5-7). Si eres hijo de Dios. El enviará a sus ángeles. Respuesta: No
tentarás al Señor tu Dios. Deja en paz a Dios; soy yo el llamado a solucionar
mis problemas.
Tercer asalto
(vs. 8-10). Dios soy yo. Respuesta: adorarás al Señor tu Dios. ¿Es que acaso
piensas que mis anteriores críticas religiosas significan que yo no soy
religioso y que no sé quién es el único Dios a quien hay que adorar?
DABAR 1981/17
5.- La
tentación es experiencia permanente y universal. Todos los humanos fueron, son
y serán tentados.
El primer Adán,
tentado en el paraíso; el segundo, en el desierto. El primer Adán, tentado con
la manzana de la ciencia y del poder; el segundo, con la manzana del consumo y
de la gloria. El primer Adán, tentado para que sea Dios; el segundo, tentado
para que no sea siervo.
Son las mismas
tentaciones de todos los hombres y pueblos. La tentación de Israel en el
desierto, la de la Iglesia en la historia. En el fondo es la desconfianza, la
no dependencia, la autosuficiencia. Es negarse a servir, negarse a morir,
negarse a amar.
CARITAS - LA
MAS URGENTE RECONVERSION - CUARESMA 1984.Pág. 14
6.- Las
tentaciones de Jesús nos prueban, por una parte, que Jesús era hijo de Adán,
con todas sus consecuencias. Sufrió las mismas tentaciones que el primer hombre
y que todos los hombres. Pero, por el desarrollo de las tentaciones, sabemos
que Jesús es algo nuevo. Dará una respuesta contraria a la de Adán. No se deja
seducir por el diablo, porque su corazón se halla enteramente seducido por
Dios. Ahí está el principio de la salvación. Las tentaciones de Jesús son
paradigmáticas: son las tentaciones del pueblo de Dios por el desierto; son las
tentaciones del hombre universal; son las tentaciones del tener, del poder y de
la gloria. Son las tentaciones de la autosuficiencia y la independencia. Son
las tentaciones de querer manipular a Dios, incluso de querer ser y vivir como
Dios. La estructura de los cuarenta días en el desierto -un relato más bien
simbólico- da origen a la Cuaresma cristiana.
CARITAS - RIOS
DEL CORAZON - CUARESMA Y PASCUA 1993.Pág. 43
DOMINGO 1 DE CUARESMA
Iniciamos el camino cuaresmal hacia la Pascua
Para
muchos cristianos empieza hoy prácticamente la Cuaresma, mientras que otros han
vivido ya los días de introducción desde el miércoles de ceniza, con el gesto
simbólico de la ceniza y los ricos programas de vida cuaresmal-pascual que nos
proponen las misas de estas ferias.
Ayudados
por los recursos pedagógicos de la Cuaresma-ambientación más austera, cantos
propios de este tiempo, el silencio del aleluya y del Gloria- y sobre todo por
los textos de oración y las lecturas bíblicas, nos disponemos a emprender, en
compañía de Jesús, su "subida a la Cruz", para pasar juntamente con
él, este año con mayor decisión que en los anteriores, a la vida nueva de la
Pascua. Es lo que el Ceremonial de los Obispos llama "el tiempo de
preparación por el que se asciende al monte santo de la Pascua" (CE 249).
Pascua
es un acontecimiento nuevo cada año: no celebraremos el "aniversario de
la muerte y resurrección de Cristo en una primavera como esta". Él, que
ahora está en su existencia de Resucitado, quiere comunicarnos en la Pascua de
este año su gracia, su vida nueva, su energía.
Las
tres lecturas de hoy tienen un mensaje bastante unitario: su tono está en la
tentación, en la presencia del mal en nuestra existencia y en la lucha que pide
para que lleguemos preparados a la Pascua.
Génesis 2, 7-9; 3, 1-7. Creación y pecado de los
primeros padres
De
las grandes etapas de la historia de la salvación que iremos meditando en las
primeras lecturas de los domingos de Cuaresma, hoy empezamos con la primera
página del Génesis: después de la admirable creación por parte de Dios, nos
encontramos en seguida con la tentación y el pecado.
1-;1
Génesis nos describe el origen del mundo y de la humanidad, no con un lenguaje
científico, sino religioso y sapiencial. Por ejemplo, la creación de Adán de la
arcilla de la tierra (parece que hay un juego de palabras entre
"adamah", arcilla, y "adán", ser humano).
No
sabemos en qué consistió exactamente la prohibición y luego la caída. Pero lo
que sí sabemos es que Adán y Eva, seducidos por la promesa del enemigo
-"seréis como dioses"- desobedecieron a Dios, quisieron independizarse
o ser iguales a él. Las consecuencias, en las páginas siguientes del Génesis,
van a ser desastrosas: empezando por el asesinato de uno de sus hijos a manos
de su hermano. Toda una historia de guerras y ambiciones que no ha terminado
todavía.
En
el salmo hacemos nuestras
las palabras del salmo Miserere: "misericordia,
Señor, hemos pecado... crea en mí un corazón puro, renuévame por
dentro...". Palabras que retratan la actitud de David, o de quien sea el
autor del salmo 50, y deberían también coincidir con nuestros sentimientos,
porque todos somos débiles y pecadores.
Romanos 5, 12-19. Si creció el pecado,
más abundante fue la gracia
Si
la segunda lectura de los domingos comenta a veces lo que ha dicho la 1ª y
otras adelanta el tema del evangelio, hoy se puede decir que el pasaje de
Romanos conecta perfectamente a los dos protagonistas de las otras lecturas:
Adán y Cristo.
Lo
que acarreó el pecado del primer Adán -la muerte- ha quedado ampliamente
superado por lo que nos ha conseguido el segundo y definitivo Adán, Cristo
Jesús: la vida. Los contrastes son elocuentes. Por Adán entró el pecado y, con
el pecado, la muerte y la condena. Por Cristo conseguimos el perdón, la
gracia, la vida, la salvación. Sin proporción, porque lo positivo de Jesús
supera inmensamente a lo negativo de Adán.
Mateo
4, 1-11. Jesús ayuna cuarenta días y es
tentado
El
relato de las tentaciones -que este año escuchamos según el evangelista Mateo-
sigue inmediatamente al del Bautismo de Jesús. Y esto, seguramente no sólo por
un motivo cronológico, sino temático, porque en el Bautismo se declara la
mesianidad de Jesús y aquí el diablo le intenta desviar del verdadero concepto
del mesianismo. Mateo tiene en su relato algunas particularidades, como el
orden diferente entre la segunda y la tercera tentación, comparadas con Lucas,
o la cita más completa del Deuteronomio en la respuesta de Jesús, a la primera.
Después
del Bautismo, Jesús "es llevado al desierto por el Espíritu para ser
tentado por el diablo", a quien en este mismo pasaje se le dan los nombres
de "tentador", "diablo" y "Satanás". En el
desierto está Jesús en ayunas cuarenta días. El desierto nos recuerda también
la larga marcha del pueblo elegido hacia la libertad, con sus continuas tentaciones
y caídas. Cuarenta años de éxodo para Israel y cuarenta días de ayuno para
Jesús.
En
ese momento le vienen de parte del demonio las famosas tentaciones, que le
quieren hacer interpretar en provecho propio su condición mesiánica y de
filiación divina: "si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se
conviertan en panes", "tírate de aquí abajo y Dios encargará a los
ángeles que cuiden de ti", "todo esto te daré si te postras y me
adoras". Son la tentación de entender el mesianismo como triunfal, fácil,
favorable a sí mismo, con prestigio y poder. De todas esas tentaciones sale
vencedor Jesús y se mantiene fiel y totalmente disponible al plan salvador de
Dios.
Con la Cuaresma ya inauguramos la Pascua
La
Cuaresma no es un tiempo aislado: está íntimamente unida a la Pascua, a la
Cincuentena Pascual. Los 40 días de la preparación y los 50 de la celebración
forman esos 90 días de "tiempo fuerte" en que acompañamos a Cristo en
su camino a la Cruz, hacia la Vida Nueva y el envío de su Espíritu.
Los
textos de estos domingos repiten la idea de que ya estamos iniciando la Pascua.
La Eucaristía de hoy "inaugura el camino hacia la Pascua" (oración
sobre las ofrendas); si vencemos con Cristo las tentaciones y el pecado,
"celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua, podremos pasar un
día a la Pascua que no acaba" (prefacio); al celebrar la transfiguración
del Señor, expresamos la convicción de "que la pasión es el camino de la
resurrección" (prefacio domingo II); la Eucaristía "nos prepara a
celebrar dignamente las fiestas pascuales" (oración sobre las ofrendas,
domingo II); a medida que pasan los días de la Cuaresma, pedimos a Dios que
"vaya creciendo en intensidad nuestra entrega para celebrar dignamente el
misterio pascual" (oración colecta del jueves III); "concedes, año
tras año, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua"
(prefacio l), ahora que "en nuestro itinerario hacia la luz pascual,
seguimos los pasos de Cristo" (prefacio V).
Pascua
tiene un sentido dinámico: significa "paso, tránsito". Para Israel,
Pascua fue el "paso" desde la esclavitud a la libertad, a través del
Mar Rojo y el desierto. Para Cristo, Pascua fue su "paso" a través de
la muerte y la sepultura a la vida nueva de Resucitado. Para nosotros, Pascua
es -debería ser, cada año- el "paso" de lo viejo a lo nuevo, del
pecado a la gracia.
Cuaresma
es algo más que un período de ascesis y penitencia. Es un "sacramento".
Es lo que los textos (latinos) de estos días llaman "sacramento de la
Pascua", o "venerable sacramento de la Cuaresma". Lástima que en
la oración colecta de hoy se traduzca sencillamente por "celebrar un año
más la santa Cuaresma" lo que el latín afirma con mayor profundidad:
"annua quadragesimalis exercitia sacramenti: el ejercicio anual del
sacramento cuaresmal". La oración sobre las ofrendas, en latín, no dice
sólo que "inauguramos el camino hacia la Pascua", sino que habla del
inicio del sacramento venerable de la Cuaresma: "venerabilis sacramenti
exordium". Decir que la Cuaresma es "sacramento" es decir que
son cuarenta días de gracia.
Pecado y gracia, muerte y vida
Empezamos
el camino pascual con realismo: existe la tentación y existe el pecado.
Empezamos con "el negativo de la Pascua", el pecado. Adán y Eva
cayeron en la tentación. Israel, en su travesía por el desierto y luego en la
tierra prometida, cayó en muchas tentaciones. Jesús venció las que le proponía
el adversario. ¿Y nosotros? ¿a quién imitamos: al primer Adán en su pecado o al
segundo Adán en su victoria?
Desde
la primera página de la Biblia aparece la tensión entre el fuerte binomio:
muerte y vida. Es importante discernir qué caminos llevan a la muerte y cuáles
a la vida. Adán y Eva -o la humanidad de todos los tiempos- creyeron alcanzar
la felicidad y la plenitud, pero pecando encontraron la tragedia y la muerte.
Israel cayó con frecuencia en las tentaciones de idolatría y desobediencia a
Dios. Los libros sagrados interpretan los males de su atormentada historia como
un castigo que ellos mismos merecieron con su conducta.
Todos
experimentamos la lucha entre las dos fuerzas: la vida y la muerte, con sus
caminos respectivos. Como a los primeros padres, el maligno disfraza
astutamente el mal con apariencias de bien: "no es verdad que vayáis a
morir... al contrario, se os abrirán los ojos...". Ahora sonaría: "no
tengáis miedo, no existe el pecado... ¿qué hay de malo en esto? haced esto y lo
otro, y seréis libres".
Todos
somos hijos del primer Adán y a la vez hermanos del segundo Adán. Sentimos la
debilidad y a la vez experimentamos la fuerza de Jesús. La verdadera sabiduría
-el "conocimiento" de que habla el Génesis- está en saber discernir
dónde está el buen camino. Donde Adán y Eva creían encontrar la plenitud y la
libertad, encontraron la ruina. Cristo encontró la vida precisamente allí donde
el mundo diría que era imposible: en su muerte en la cruz. Y así nos enseña
también a nosotros el camino de la felicidad verdadera.
Una historia en cuatro actos
Podemos
establecer un sencillo cuadro comparativo con las lecturas de hoy:
1°
lectura: en aquel tiempo / Adán / conducido
al jardín / fue tentado por la serpiente /no escuchó la Palabra / comió de lo
prohibido / se dio cuenta que estaba desnudo /y fue arrojado del paraíso;
3°lectura:
en aquel tiempo / Cristo /conducido al desierto /fue
tentado por el demonio /escuchó a Dios /no comió, ayunó /y venció /y los
ángeles le servían;
2°
lectura: la muerte reinó desde Adán / pero
donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia / y si por culpa de uno todos
fueron pecadores / por la obediencia de uno todos son justos;
homilía:
hoy / nosotros / conducidos al desierto de la
Cuaresma / tentados / ¿escucharemos la Palabra? /¿ayunaremos, nos convertiremos
en la Pascua de este año? / si es así, venceremos / y donde abundó el pecado
/sobreabundará la gracia de la Pascua.
Las tentaciones de Jesús y las nuestras
Jesús
nos invita a ir con él al desierto: a entrar dentro de nosotros mismos, a
luchar contra las tentaciones y a encontrarnos con Dios. Para animarnos en este
camino de desierto que a veces es nuestra vida, encontramos hoy esta página tan
estimulante de las tentaciones de Jesús, que pueden reflejar bien las que
encontramos nosotros en nuestro camino. Adán falló. Israel falló. Nosotros, por
desgracia, también fallamos. Pero hoy se nos presenta a Jesús saliendo victorioso
de la tentación.
Las
que describen los evangelistas parecen como un resumen y eco de las tentaciones
que Israel encontró en su marcha por el desierto. Como dice el Catecismo,
"Satanás le tienta tres veces tratando de poner a prueba su actitud filial
hacia Dios: Jesús rechaza estos ataques que recapitulan las tentaciones de Adán
en el Paraíso y las de Israel en el desierto" (CCE 538).
Además,
estas tentaciones se pueden considerar, no sólo como acontecimientos
puntuales, sino como el símbolo de toda la vida de Jesús dedicada a la lucha
contra el mal. Se repite siempre la tentación del querer ser más que los demás
-Adán y Eva, Caín, la tentación de Jesús, al que querían hacer rey después de
la multiplicación de los panes- y buscar una vida más fácil. ¿No es también la
tentación de la Iglesia a lo largo de los siglos? ¿y la nuestra?
Cristo
nos enseña el camino de la Pascua y nos anima a vencer las tentaciones. La
tentación de convertir las piedras en pan, como si lo material fuera lo
principal. La tentación de pedir milagros a Dios, manipulando a nuestro favor
la vida religiosa. La tentación de adorar al diablo, o a los valores que no son
los últimos, olvidando que Dios es el único absoluto a quien tenemos que
adorar. Tal vez se puede resumir todo en la tentación de evitar el propio
destino, la misión encomendada por Dios, la cruz. Para Jesús, la tentación de
desviar el mesianismo en su favor. Para nosotros, la de desviar la fe también a
nuestro favor, evitando sus exigencias.
Aparte
de lo que pueda significar cada una de las tentaciones experimentadas por
Jesús, lo principal es que, en nuestra lucha contra el mal, él nos da ejemplo
de fortaleza, apoyado en la palabra de Dios: siempre cita las Escrituras para
contestar al diablo. En el prefacio de hoy damos gracias a Dios porque
"Cristo, al rechazar las tentaciones del enemigo, nos enseñó a sofocar la
fuerza del pecado".
No
son sólo las naciones las que muestran a veces una ambición desmedida para
conseguir la supremacía, pasando sin escrúpulos por encima de toda justicia.
También nosotros experimentamos tentaciones que nos impulsan a buscar el camino
fácil, egoísta, materialista, el de las cosas "a corto plazo", sin
abrimos a las verdaderamente importantes. Son tentaciones como las que muchas
veces no supo vencer Israel en su travesía del desierto, seducido por los
dioses falsos de los pueblos vecinos y su estilo de vida menos exigente que la
alianza que habían firmado con Yahvé.
También
nosotros caemos fácilmente en la idolatría, faltando al primer mandamiento, que
sigue siendo el principal: "no tendrás otro dios más que a mí".
Nuestros "ídolos" no son ahora estatuillas de madera o piedra, sino
otros dioses y diosecillos que nos creamos nosotros mismos -dioses a nuestra
medida-, los valores que absolutizamos: el dinero, el placer, el poder, el
prestigio, el propio yo...
Todos
estamos comprometidos en una continuada lucha entre el bien y el mal. El mal
existe. También dentro de nosotros. A todos nos cuesta vencer las tentaciones
de nuestro camino. Pero es la condición para poder llegar también nosotros a la
Pascua y su vida nueva: desierto, tentaciones, cansancio, sed, soledad, lucha,
victoria, vida plena... Con la ayuda de Dios y el ejemplo estimulante de Cristo
podemos y debemos vencer.
En
la Vigilia Pascual se nos preguntará si renunciamos al demonio y a sus obras.
Contestaremos que sí. Pero antes habremos de demostrarlo en las "obras de
la Cuaresma", pasando del hombre viejo al nuevo.
La Palabra, alimento para el camino
En
el camino cuaresmal nos ayuda eficazmente la Palabra siempre viva e
interpelante de Dios.
En
la poscomunión de hoy pedimos a Dios que "después de recibir el pan del
cielo que alimenta la fe, consolida la esperanza y fortalece el amor", nos
ayude a "sentir hambre de Cristo, pan vivo y verdadero, y nos enseñe a
vivir constantemente de toda Palabra que sale de su boca".
Jesús,
respondiendo a la primera tentación, cita el Deuteronomio con la afirmación de
"no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca
de Dios". Para nosotros, esa Palabra que vamos escuchando en cada
Eucaristía, es, junto con el alimento eucarístico que le sigue, nuestra fuerza
para el camino de la vida y para la lucha contra el mal.
Es
esa Palabra y esa Eucaristía las que nos permiten "avanzar en la inteligencia
del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud" (oración colecta).
PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO I CUARESMA CICLO A 2026
“JESUS AYUNA CUARENTA DIAS Y ES TENTADO”
01.- PUEBLO SANTO Y ELEGIDO (J.P Martins)
1.-
Caminamos hacia ti, oh ciudad de nuestro Dios,
construyendo en este mundo la verdad y el amor.
PUEBLO SANTO Y ELEGIDO CONGREGADO EN EL AMOR,
VAS BUSCANDO, PEREGRINO, LA CIUDAD DE NUESTRO
DIOS.
2.- Avanzamos, peregrinos, con Jesús, nuestra
esperanza.
Él nos salva, Él nos guía, con la luz de su
palabra.
3.- Quien tiene hambre de justicia, quien anhela
la verdad,
en la mesa del Señor su Palabra encontrará.
4.- Reunidos en la Iglesia proclamamos su
verdad:
Jesucristo es el que salva dando al mundo su
amistad.
5.- Los caminos de este mundo son caminos sin
final:
sólo Cristo es el sendero que conduce a la
verdad.
02.- NOS HA LLAMADO AL DESIERTO (Antonio Alcalde)
Nos has llamado al desierto
Señor de la libertad
y está el corazón abierto
a la luz de tu verdad.
Subimos con esperanza
la escalada cuaresmal
el pueblo de Dios avanza
hasta la cumbre pascual.
1.- Tu pueblo, Señor,
camina
desde la aurora al ocaso
a tu Pascua se encamina
y te sigue paso a paso.
2.- Señor te reconocemos
y tu Palabra escuchamos
tus caminos seguiremos
y tu ley de amor cantamos.
3.- Se acerca, Señor, tu
día
en el que todo florece
con su luz y su alegría
ya el camino resplandece.
03.-HOMBRES NUEVOS (J.A. Espinoza)
¿DANOS UN CORAZÓN GRANDE PARA AMAR
DANOS UN CORAZÓN FUERTE PARA LUCHAR
1.-
Hombres nuevos creadores de la historia
constructores de nueva humanidad.
Hombres nuevos que viven la existencia
como riesgo de un largo caminar.
2.-
Hombres nuevos luchando en esperanza
caminantes sedientos de verdad.
Hombres nuevos sin frenos ni cadenas
hombres libres que exigen libertad.
3.-
Hombres nuevos amando sin fronteras
por encima de razas y lugar.
Hombres nuevos al lado de los pobres
compartiendo con ellos techo y pan. .
04.- CON AMOR TE PRESENTO SEÑOR (Carmelo Erdozain)
Con amor te presento Señor lo mejor de
mi vida;
te presento Señor mi amistad; con amor
te presento Señor,
para ser mi manjar, la viña, el racimo,
el trigal,
el pan de mi hogar te presento con
amor.
Con mis manos abiertas a ti,
contemplando tu lámpara,
te presento Señor mi esperanza; hacia
ti se dirige mi barca,
hacia el cielo se va; es largo el
camino, el remar, ruta pascual,
Dios me guía al caminar.
Con mi
ofrenda también yo te doy,
lo mejor de
mis lágrimas;
te presento
Señor mi dolor;
te presento
Señor mi oración, ofertorio de amor;
el grano
enterrado ya es flor; la espiga oblación,
la semilla redención.
05.- TE OFRECEMOS, SEÑOR (Francisco Palazón)
TE OFRECEMOS, SEÑOR,
ESTE PAN Y ESTE VINO;
QUE EN TU CUERPO Y TU SANGRE
QUEDARÁN CONVERTIDOS. (BIS)
1.- Con el vino y el pan,
te ofrecemos el fruto de nuestro
trabajo;
la ilusión de vivir,
el placer y el dolor,
la alegría y el llanto.
2.- Juntamente, Señor,
te ofrecemos la vida que Tú nos has
dado;
la esperanza, la fe y el amor,
que nos hace sentirnos hermanos.
06.- TE OFRECEMOS PADRE ETERNO (Néstor Jaén)
Te ofrecemos Padre eterno de la tierra
nuestro don,
para que nos lo conviertas en tu Hijo
el Salvador (Bis)
VINO Y PAN DAMOS HOY, SE TRANSFORMARÁN
EN DIOS. (BIS)
Todo el alma de este pueblo la ponemos
con amor,
junto al cáliz y las hostias en señal
de adoración (bis)
Presentamos nuestras culpas ante el ara
del perdón,
las ofrendas hechas Cristo nos darán la
salvación. (bis)
Te ofrecemos nuestras luchas por la
nueva humanidad,
pon tu amor en medio de ellas y el
pueblo verá la paz. (bis)
07.- HAMBRE DE DIOS (J.A. Espinoza)
NO PODEMOS CAMINAR
CON HAMBRE BAJO EL SOL,
DANOS SIEMPRE EL MISMO PAN:
TU CUERPO Y SANGRE, SEÑOR.
1.- Comamos todos de este Pan,
el Pan de la unidad.
En un cuerpo nos unió el Señor,
por medio del amor.
2.- Señor, yo tengo sed de TI,
sediento estoy de Dios;
pero pronto llegaré a ver
el rostro del Señor.
3.- Por el desierto el pueblo va
cantando su dolor;
en la noche brillará tu luz,
nos guía la verdad.
08.- ESTE ES EL AYUNO (Antonio Alcalde)
ÉSTE ES EL AYUNO QUE AGRADA AL SEÑOR,
ÉSTA ES LA SINCERA CONVERSIÓN;
ÉSTE ES EL AYUNO QUE AGRADA AL SEÑOR.
1.- Parte tu pan con el hambriento,
dale posada al peregrino;
acoge al emigrante y extranjero.
2.- Abre las cárceles injustas,
libra los presos y oprimidos;
y rompe las cadenas y los cepos.
3.- Mira al Señor que está escondido,
sale a tu encuentro en los hermanos,
y rasga el corazón y no el vestido.
09.- DIOS ES FIEL
Dios es fiel, guarda siempre su
Alianza,
libra al pueblo de toda esclavitud.
Su Palabra resuena en los profetas
reclamando el bien y la virtud.
Pueblo en marcha por el desierto
ardiente:
horizontes de paz y libertad.
Asamblea de Dios eterna fiesta;
tierra nueva perenne heredad.
El maná es un don que el cielo envía,
pero el pan hoy se cuece con sudor.
Leche y miel nos dará la tierra nueva
si el trabajo es fecundo y redentor.
Si al mirar hacia atrás somos tentados
de volver a Egipto seductor,
el Espíritu empuja con su fuerza
a avanzar por la vía del amor.
Y Jesús nos dará en el Calvario
su lección: «Hágase tu voluntad».
Y su sangre, vertida por nosotros,
será el precio de nuestra libertad.
10.- TENTACIONES (Brotes de Olivo)
APARTA DE MÍ, SEÑOR, LA TENTACIÓN DEL
MUNDO,
LA TENTACIÓN DE MI EGOÍSMO ¡APARTA DE
MÍ!.
Aparta de mí lo que me aleja de tu
amor.
Cambia mi vida hacia ti, mi Señor.
APARTA DE MÍ, SEÑOR, LA TENTACIÓN DEL
MUNDO,
LA TENTACIÓN DE MI EGOÍSMO ¡APARTA DE
MÍ!.
Puse mi afán sólo en mi vida, mi Señor,
Haz que los otros sean en mí más que
yo.
APARTA DE MÍ, SEÑOR, LA TENTACIÓN DEL
MUNDO,
LA TENTACIÓN DE MI EGOÍSMO ¡APARTA DE
MÍ!.
11.- MARIA, LA MADRE BUENA (Kairoi)
Tantas cosas en la vida nos ofrecen
plenitud,
y no son más que mentiras que desgastan
la inquietud
Tú has llenado mi existencia al
quererme de verdad
yo quisiera Madre Buena amarte más.
En silencio escuchabas la palabra de
Jesús
y la hacías pan de vida meditando en tu
interior,
la semilla que ha caído ya germina y
está en flor
con el corazón en fiesta cantaré.
AVE MARÍA, AVE MARÍA
AVE MARÍA, AVE MARÍA
Desde que yo era muy niño has estado
junto a mi
y guiado de tu mano aprendí a decir si
Al calor de la Palabra nunca se enfrió
mi fe
en la noche más oscura fuiste luz
No me dejes Madre mía, ven conmigo a
caminar
y quiero compartir mi vida y crear
fraternidad
muchas cosas en nosotros son el fruto
de tu amor
la plegaría más sencilla cantaré
AVE MARÍA, AVE MARÍA
AVE MARÍA, AVE MARÍA
12.- YO PENSABA
Yo
pensaba que el hombre era grande por su poder,
grande
por su saber, grande por su valor.
Yo
pensaba que el hombre era grande y me equivoqué,
pues
grande es sólo Dios.
SUBE HASTA EL CIELO Y LO VERÁS
QUE PEQUEÑITO EL MUNDO ES,
SUBE HASTA EL CIELO Y LO VERÁS.
COMO UN JUGUETE DE CRISTAL,
QUE CON CARIÑO HAY QUE CUIDAR,
SUBE HASTA EL CIELO Y LO VERÁS.
Muchas
veces el hombre buscaba ser como Dios,
quería
ser como Dios, soñaba ser como Dios.
Muchas
veces el hombre soñaba y se despertó,
pues
grande es sólo Dios.
Caminando
por la vida hay veces que encontrarás cosas
que
extrañarás, hombres que admirarás.
Caminando
por la vida, hay veces que pensarás
que
el hombre es como Dios.