VIVIR CON LA CIZAÑA
COMENTARIO
Estamos ante una lección de realismo; aceptar a vivir en un mundo en el
que hay por todas partes buenos y malos, trigo y cizaña. A veces esto resulta
tan duro que siente uno la tentación del celo; ¡arranquemos la cizaña! Jesús
hablaba a personas llenas de esta impaciencia: ¿Por qué tantos malhechores?
¿Qué espera Dios para liquidarlos a todos? Es exactamente la idea que Juan
Bautista tenía del Mesías como destructor implacable del mal: “¡Van a verlo!
Trae la horquilla en la mano para aventar sus granos y reunir el trigo en su
granero; la paja en cambio la quemará en una hoguera”. (Mt.3 12).
Jesús tiene que calmar estas impaciencias. ¡Y las nuestras! Sí, habrá
un juicio al final de los tiempos. Y entonces el juez será únicamente Dios.
A veces nos tomamos por Dios: “Aquí, las personas decentes, allí, los
irrecuperables, ¡al fuego! Siempre ha existido una tentación en los mejores
cristianos: formar todos juntos un hermoso campo de trigo. Es una pena que haya
tanta cizaña en el mundo; lo menos que podemos hacer es limpiar nuestro
terreno, vivir entre verdaderos creyentes, entre gente limpia y bien educada.
Se sueña con una Iglesia de puros, con una parroquia pura, con una comunidad
pura, con una familia pura. ¡Arranquemos la cizaña! Estamos aquí, ante una
peligrosa tendencia a la secta; nada más que voluntarios y gente selecta, nada
más que los que se conformar con las reglas; nada de desviados, nada de
débiles, nada de semi-convencidos. Existen ciertamente grupos homogéneos que
son fervorosos, heroicos; es el caso típico de los comienzos de las órdenes
religiosas. Pero hay otros muchos mundillos escogidos contaminados por el
orgullo del buen trigo: detestan la cizaña.
Jesús ve a su Iglesia de un mundo muy distinto. Un pueblo de amplia
acogida y de paciencia, un pueblo de gente bonita y de gente fea. Un pueblo de
humildad y de esperanza.
Humildad. ¿Quién eres tú para eliminar la cizaña? ¿Te crees campo de
trigo? ¿Por qué no? Pero un campo mezclado. Mira tu corazón y tus hechos; así
tolerarás mejor que los otros en el mundo y a tu alrededor sean también una
mezcla sagrada.
Esperanza. Esa mezcla es una esperanza. Nadie es enteramente puro, pero
tampoco hay nadie que sea enteramente malo. Todos pueden ir evolucionando positivamente,
¡gracias a Dios! Cuando se nos acepta pacientemente con nuestras taras,
guardamos cierta esperanza de mejorar. Y
cuando somos nosotros los que aceptamos la cizaña, seguimos en contacto con
ellos y podemos ayudarles a convertirse en trigo. Esta parábola de la paciencia
es una maravillosa parábola del progreso.
R.P. Roland Vicente Castro Juárez
ANTÍFONA
DE ENTRADA Sal 53, 6.8
Dios es mi
auxilio, el Señor sostiene mi vida. Te ofreceré un sacrificio voluntario dando
gracias a tu nombre, que es bueno. Se dice el Gloria.
ORACIÓN COLECTA
Muéstrate propicio con tus siervos, Señor, y
multiplica compasivo los dones de tu gracia sobre ellos, para que, encendidos
de fe, esperanza y caridad, perseveren siempre, con observancia atenta, en tus
mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13.16-19
Fuera de ti no hay otro Dios que cuide de todo, a quien tengas que
demostrar que no juzgas injustamente. Porque tu fuerza es el principio de la
justicia y tu señorío sobre todo te hace ser indulgente con todos. Despliegas
tu fuerza ante el que no cree en tu poder perfecto y confundes la osadía de los
que lo conocen. Pero tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas
con mucha indulgencia, porque haces uso de tu poder cuando quieres. Actuando
así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano y diste a tus hijos una
buena esperanza, pues concedes el arrepentimiento a los pecadores.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 85,
5-6.9-10.15-16)
Tú, Señor, eres bueno y clemente.
Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los
que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende la voz de mi súplica. R
Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre: «Grande eres tú, y haces maravillas; tú eres el único
Dios». R
Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico
en piedad y leal, mírame, ten compasión de mí. R
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los
Romanos 8, 26-27
Hermanos: El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues
nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por
nosotros con gemidos inefables. Y el que escruta los corazones sabe cuál es el
deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 11, 25
Aleluya. Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque
has revelado los misterios del Reino a los pequeños. Aleluya
SANTO EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-43
Forma Breve: Mt 13, 24-30
(…)
{En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo: «El
Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo;
pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del
trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció
también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no
sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo:
“Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a
arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña pueden
arrancar también el trigo. Déjenlos crecer juntos hasta la siega y cuando
llegue la siega diré a los segadores: arranquen primero la cizaña y átenla en
gavillas para quemarla, y el trigo almacénenlo en mi granero”}.
Les propuso otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un grano
de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aun-que es la más pequeña de las
semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta
el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas». Les dijo
otra pará-bola: «El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la
amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». Jesús dijo todo
esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se
cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas;
anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo». Luego dejó a la gente y se
fue a casa. Los discípulos se le acerca-ron a decirle: «Explícanos la parábola
de la cizaña en el campo». Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es
el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos
del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra
es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los
ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al
final de los tiempos: el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de
su Reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los
arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.
Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga
oídos, que oiga».
ORACIÓN UNIVERSAL
Pidamos al Dios de misericordia que auxilie nuestra
pequeñez, para que podamos invocar su nombre con los sentimientos que Él desea:
1.- Por el Papa León, los obispos y sacerdotes: Para que el Espíritu
Santo los llene de sabiduría y fortaleza, guiando a la Iglesia con paciencia y
misericordia, como auténticos pastores según el corazón de Cristo. Roguemos
al Señor.
2.- Por los responsables de las naciones, para que bajo su gobierno
tengamos una vida feliz y pacífica. Roguemos al Señor.
3.- Por los que sufren, para que, en medio de sus dificultades, o
enfermedades, sientan la cercanía de Dios. Roguemos al Señor.
4.- Por todos nosotros, para que Dios arranque de nuestros corazones la
cizaña del egoísmo y el rencor, y nos conceda ser una tierra fértil que dé
frutos de amor, paciencia y buenas obras. Roguemos al Señor.
Que nos sostenga, Señor, la fuerza y la paciencia de
tu amor, para que la palabra evangélica semilla sembrada y levadura escondida
en la Iglesia- fructifique en nosotros. Él, que vive y reina por los siglos de
los siglos.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Oh, Dios, que has llevado a la perfección del
sacrificio único los diferentes sacrificios de la ley antigua, recibe la
ofrenda de tus fieles siervos y santifica estos dones como bendijiste los de
Abel, para que la oblación que ofrece cada uno de nosotros en alabanza de tu
gloria beneficie a la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTIFONA DE COMUNIÓN Sal 110, 4-5
Ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y
clemente. Él da alimento a los que le temen.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Asiste, Señor, a tu pueblo y haz que pasemos del
antiguo pecado a la vida nueva los que hemos sido alimentados con los
sacramentos del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor
PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes 20: Mi 6, 1-4. 6-8; Sal 49, 5-6. 8-9. 16bc-17. 21 y 23; Mt
12, 38-42
Martes 21: Mi 7, 14-15. 18-20; Sal 84, 2-4. 5-6. 7-8; Mt 12,
46-50
Miércoles 22: Cant 3, 1-4ª (o bien: 2Co 5, 14-17); Sal 62, 2-6.8-9;
Jn 20, 1-2. 11-18.
Jueves
23: Jr 2, 1-3. 7-8. 12-13;
Sal 35, 6-7ab. 8-9. 10-11; Mt 13, 10-17
Viernes
24: Jr 3, 14-17; Sal: Jr
31, 10.11-12ab.13; Mt 13, 18-23
Sábado
25: Hch 4, 33; 5,
12.27-33; 12, 2; Sal 66, 2-3. 5. 7-8; Mt 20, 20-28
Domingo
26: 1R 3, 5.7-12; Sal
118, 57 y 72. 76-77. 127-128.129-130; Rm 8, 28-30; Mt 13, 44-52
COMENTARIOS AL
EVANGELIO
Mt 13, 24-43
1. - La llamada de atención con que se cierra la
aclaración de la primera de las parábolas pone en guardia al discípulo de Jesús
contra un riesgo que puede derivarse del hecho de experimentarse ciudadano del
Reino de Dios. Es el riesgo de erigirse en guardián y juez de las situaciones y
de la conducta ajena. A lo que el discípulo es invitado es a ser, sin más, buena
semilla, no a compararse con los demás ni a establecer juicios de valor sobre
lo que los demás sean. Un discípulo autocomplacido y fiscalizador resulta un
espectáculo triste y desafortunado. La segunda parábola le recuerda, además, al
discípulo que la realidad del Reino de Dios no está sujeta a sus criterios y
juicios personales de valor. En el Reino de Dios tienen cabida todos, incluidos
aquellos que el discípulo tal vez menos sospecha. ¡Que no nos vaya a pasar lo
que a los judíos religiosos contemporáneos de Jesús! La invitación a ser buena
semilla se completa con una nueva invitación en la tercera parábola a ser
levadura, es decir, fuerza transformadora del medio ambiente en el que el
discípulo viva.
ALBERTO BENITO - DABAR 1990/38
2.- IMPACIENCIA/MAL:
EL ESCÁNDALO DE LOS SIERVOS CONSISTE EN QUE LA CIZAÑA NO SEA ARRANCADA AHORA
MISMO. NO SE ENTIENDE LA PACIENCIA-POLITICA DE DIOS. SALVARNOS.
Como la parábola del sembrador, también la del trigo y
la cizaña va seguida de una explicación. Sin embargo, la parábola y la
explicación no pertenecen al mismo nivel de tradición: la primera se debe a
Jesús, la segunda pertenece a la comunidad. Esto nos impone dos lecturas: la
parábola en sí misma y, luego, la parábola a la luz de su explicación.
La parábola enseña que en el campo hay buenos y malos
(pero los hombres no están en condiciones de saber quiénes son los buenos y
quiénes son los malos). La presencia de la cizaña no constituye una sorpresa.
Y, sobre todo, no es señal de fracaso. La Iglesia no es la comunidad de los
salvados, de los elegidos, sino el lugar donde podemos salvarnos. La Iglesia no
se cierra a nadie.
Existen siempre "siervos impacientes" que
querrían anticipar el juicio de Dios; pero el juicio de Dios no debe
anticiparse (la misma enseñanza se contiene en la parábola de la red); no está
reservado a los hombres. Los hombres no saben juzgar; no conocen el metro de
Dios. Además, es Dios el que establece la hora; el bien y el mal deben llegar a
sazón, a su plenitud; san Pablo diría a su "parusía". (...). El
centro de la parábola no se encuentra simplemente en la presencia de la cizaña,
ni tampoco meramente en el hecho de que más tarde el trigo será separado de la
cizaña. El centro lo constituye el hecho de que la cizaña no sea arrancada ahora.
Esto es lo que suscita la sorpresa y el escándalo de los siervos: esta política
de Dios, esta paciencia suya.
Es obvio que la parábola quiere responder a una
exigencia. Y es bastante fácil comprender que se trata de una exigencia
presente en la comunidad y, ya antes, presente en la situación histórica de
Jesús. Si nos colocamos en la situación de la comunidad, podemos advertir que
la comunidad primitiva estuvo siempre agitada por el problema del escándalo
frente a los pecados ocurridos después del bautismo. Sabemos, por ejemplo, que
existió una polémica sobre la posibilidad de perdonar o no perdonar los pecados
después del bautismo. Por lo demás, hay textos significativos: "Nada
juzguéis antes de tiempo, hasta que venga el Señor, que iluminará los
escondrijos de las tinieblas y declarará los propósitos de los corazones (1 Co
4. 5). Como se ve, la comunidad primitiva padeció pronto la tentación de la
rigidez.
Pero podemos también colocarnos en la situación de
Jesús. En su tiempo existía el movimiento fariseo, que pretendía ser el pueblo
santo, separado de la multitud de los pecadores. También existía el movimiento
de Qumran, con su idea de oposición y separación, de rígida santidad, que
exigía rechazar a cuantos no eran puros. Y estaba la misma predicación del
Bautista (Mt 3. 12), que anunciaba al Mesías como el que cribaría el grano y lo
separaría de la cizaña. Llega Jesús y parece hacer lo contrario de todas estas
tentativas: no se separa de los pecadores, sino que va con ellos. Incluso tiene
en el círculo de los doce a un traidor.
Podemos, pues, decir que los zelotes, fariseos y
Qumran querían las cosas nítidas; pretendían que el Reino interviniese de modo
claro; afirmaban la santidad a costa de la separación. En este contexto se
comprende toda la fuerza polémica de la parábola de Jesús. No es tanto una
predicación moral, una invitación a la paciencia, sino una explicación
teológica: una explicación de la política del Reino de Dios, una extraña
política de tolerancia.
El mensaje es éste: ha llegado el Reino, aunque no lo
parezca, aunque Israel no se haya convertido y aunque siga habiendo pecadores.
BRUNO MAGGIONI - EL RELATO DE MATEO - EDIC.
PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 144
3.- Contexto. El viejo Pueblo religioso es un
obstáculo para la Palabra que ha resonado en los caps. 5-7. Sólo el nuevo
Pueblo la entiende y fructifica. Texto. Como pasaba el domingo pasado, también
hoy hay que distinguir dos partes, delimitadas por el mismo doble auditorio.
Primera (vs. 24-35): Jesús y la gente. Tres parábolas
escuetas. Segunda (vs. 36-43): Jesús y los discípulos. Explicación de la
parábola de la cizaña.
Hay, sin embargo, dos cambios con respecto a la
estructura del texto del domingo pasado. Primero: el porqué de hablar en
parábolas se halla en la primera parte y no en la segunda.
Segundo cambio: el proverbio-reto ("el que tenga
oídos que oiga") va dirigido a los discípulos y no a la gente. Esto
constituye una auténtica novedad. A decir verdad, todo el texto refleja una
fuerte y difícil elaboración de materiales previos por parte del autor.
Sentido del texto.
1. Jesús en medio del viejo Pueblo de Dios(vs.24-35).
Más que nunca hay que hacer todo el esfuerzo necesario para interpretar las
parábolas de hoy dentro del engranaje de la obra. En este sentido, no se debe
perder de vista que las parábolas tienen en Mateo una función crítica respecto
al viejo Pueblo.
La parábola de la cizaña continúa y avanza en la línea
crítica de la parábola del sembrador. En ésta se le echaba en cara a los
fundamentalistas religiosos (viejo Pueblo) el ser un continuo contratiempo para
la cosecha. En la parábola de la cizaña se les echa en cara el ser precisamente
cizaña. Uno no puede menos de recordar al profeta Amós en su crítica despiadada
al Pueblo elegido, cuestionando y desmontando todas sus seguridades de hombres
religiosos. Ya Amós cambió el calificativo "elegido" por el de
maldito. En cuanto religiosos, sois cizaña: ésta es la crítica que Jesús les
hace.
Las dos siguientes parábolas (grano de mostaza y
levadura) son sinónimas. En ellas se apunta a la última parte de la parábola
del sembrador: a pesar de los contratiempos hay cosecha. En cuanto religiosos,
tampoco sois necesarios. Otros fructificarán abundantemente.
En su comentario de los vs. 34-35, Mateo cita el Salmo
78, 2, pero introduce un cambio en el final de la cita. Para Mateo, la crítica
religiosa de Jesús no es algo nuevo. Culmina una línea que arranca de los
comienzos mismos de la Biblia.
2. Jesús en medio del nuevo Pueblo de Dios (vs.
36-43). En la explicación se oponen dos órdenes religiosos. Los hijos del Reino
y los hijos del Maligno son el nuevo y el viejo pueblo, pero en cuanto
religiosos los dos. No se trata de una división entre buenos y malos, sino de
una división entre dos tipos de buenos.
Los buenos al estilo de Jesús (hijos del Reino) y los
buenos al estilo fundamentalista (hijos del Maligno; cfr. esta misma dirección
en Jn. 8, 39-47). Todos son religiosos, pero puede haber religiosos que maten
pensando que dan culto a Dios (cfr. Jn. 16,2 ). Religión y religioso no son
conceptos ni experiencias unívocos. Un día aparecerá claro todo esto (cfr. vs.
41-43).
"El que tenga oídos, que oiga". Por tratarse
de un proverbio-reto, choca su mención en un ambiente distendido y de intimidad
como es el de Jesús con los suyos. ¿Es tal vez una llamada de atención a
entender que nunca hay Pueblo de Dios descontado? Es la suposición que me
parece más coherente.
DABAR 1981/41
DOMINGO 16 DEL TIEMPO
ORDINARIO
¿Por qué permite Dios tanta
cizaña?
Siguiendo con la serie de
parábolas que Mateo reúne en su capítulo 13, y de la que el domingo pasado
leíamos la primera, la de la semilla que es la Palabra de Dios, escuchamos hoy
tres más, sobre todo la del trigo y la cizaña.
Una pregunta aparece
continuamente en nuestra historia: ¿por qué permite Dios tanto mal, tanta
malicia?, ¿por qué no castiga a los malhechores que cometen tantas
injusticias?, ¿por qué permite que la cizaña crezca junto con el trigo, los
malos con los buenos?
La respuesta de las lecturas
de hoy es que Dios tiene paciencia, que respeta la libertad del hombre, y nos
enseña a ser también nosotros más pacientes.
Sabiduría 12,
13.16-19. En el pecado, das lugar al arrepentimiento
En este libro de la
Sabiduría, uno de los últimos del AT, tal vez un siglo antes de Cristo, leemos
hoy una página que ensalza la bondad de Dios para con su pueblo, demostrada
continuamente en la historia.
La idea central es que,
aunque Dios es todopoderoso y puede hacer lo que quiera, y no tiene que
responder de su actuación ante nadie, sin embargo, "juzga con moderación y
gobierna con gran indulgencia", y al pecador siempre le "da lugar al
arrepentimiento". Esta lectura prepara hermosamente la lección que nos
dará Jesús con su parábola del trigo y la cizaña.
El salmo, una vez
más, como hace dos domingos, canta la bondad de Dios. Nos hace repetir
"tú, Señor, eres bueno y clemente". Llama a Dios "rico en
misericordia", "Dios clemente y misericordioso, rico en piedad y
leal".
Romanos 8, 26-27. El
Espíritu intercede con gemidos inefables
Sigue Pablo sacando las
consecuencias de nuestro Bautismo, que ya nos dio la vida divina como en
embrión, pero que tiene que crecer y madurar, ayudado por el Espíritu de Dios.
En la breve página de hoy
nos dice cómo el Espíritu-es quien sale en ayuda de nuestra debilidad y nos
enseña a rezar, porque nosotros "no sabemos pedir lo que nos
conviene". Más aún, es el Espíritu quien ora por nosotros y en nosotros:
"el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables".
Mateo 13, 24-43. Dejadlos
crecer juntos hasta la siega
Hoy Jesús nos propone tres
parábolas muy breves, que conviene leer íntegras, aunque se entretiene más en
la tercera, la del trigo y la cizaña, que luego explica -o aplica- a nuestra
vida eclesial. Al menos, si se lee sólo la de la cizaña, habría que unirle la
explicación de Jesús.
La primera es la del grano
de mostaza, una semilla minúscula que da origen a un arbusto bastante grande.
La segunda, la de la levadura, que a pesar de su pequeño volumen, tiene
capacidad de hacer fermentar toda la masa de harina.
La tercera es la del trigo
que siembra el campesino, pero que crece junto con la cizaña, una mala hierba
particularmente dañina para las plantas, que ha sembrado de noche "el
enemigo". Los labradores preguntan al amo si será mejor arrancar esa cizaña.
El amo prefiere esperar a la cosecha para hacer la separación, no vayan a
arrancar también el trigo. En efecto, las raíces de la cizaña se entrelazan
fuertemente con las del trigo.
Más tarde, aparte, a sus
discípulos, les explica Jesús más detenidamente la tercera parábola, la de la
cizaña.
El Espíritu ora
en nosotros
El aspecto que Pablo toca
hoy, en la carta a los Romanos, es que el Espíritu, que nos ha comunicado su
vida desde el Bautismo, nos ayuda a rezar, más aún, ora por nosotros y en
nosotros, con gemidos inefables.
Es el Espíritu quien nos
hace recordar todo lo que Jesús nos había enseñado (cf. Jn 14,26), y quien
también nos enseña a orar y nos mueve a decir la oración más breve y más densa
del cristiano: "Abbá, Padre" (en el Catecismo se insiste mucho en que
es el Espíritu quien nos anima en nuestra oración: basta leer CCE 2766).
Es el Espíritu quien inspiró
los libros sagrados de la Biblia y quien en la primera parte de la Eucaristía
hace que esa Palabra revelada llegue a nosotros con fuerza. Es él quien en la
segunda parte es invocado para que transforme el pan y el vino en el Cuerpo y
Sangre del Señor Resucitado, que quiere ser nuestro alimento. Y quien vuelve a
ser invocado más tarde para que transforme a la comunidad, "a cuantos
participamos" de ese Cuerpo y Sangre, para que seamos un solo cuerpo y un
solo espíritu.
La fuerza
transformadora de la Palabra de Dios
Ya el domingo pasado se nos
proponía la fuerza interior de la Palabra de Dios, comparada con la que tiene
una semilla sembrada en tierra. Hoy se nos habla del grano de mostaza que es
pequeño pero produce un arbusto en el que pueden anidar los pájaros, y de la
levadura, que tiene fuerza para transformar la masa de la harina y hacerla
fermentar, convirtiéndola en sabroso pan.
Todas estas comparaciones
ponen en evidencia la pequeñez del comienzo -el grano de mostaza, la levadura-
y los resultados mucho más grandes, el arbusto y la masa fermentada. Sobre todo
pone en evidencia la fuerza interior que tiene el Evangelio y la Palabra de
Dios, capaz de transformar el universo. Los creyentes debemos tener confianza
en él. Es él quien hará brotar y crecer el Reino, aunque haya empezado de una
forma tan sencilla y humilde.
¡Cuántas veces, en la
historia de la Iglesia, admiramos obras gigantescas de apostolado que tuvieron
orígenes bien modestos, humana y económicamente! Pero la eficacia viene de
Dios.
El estilo de
las obras de Dios
Las dos comparaciones de la
semilla de mostaza y de la levadura nos enseñan también cuál es el estilo de la
actuación de Dios.
No es el estilo de la
violencia, ni de la espectacularidad. ¿Qué ruido hacen la semilla y la levadura
para realizar el admirable proceso de la transformación que producen? El Reino
actúa calladamente y con eficacia, porque tiene una fuerza interior que hace
pasar a la semilla desde su estado inicial a la madurez del fruto y a la
levadura le da la capacidad de transformar una masa de pan. El Reino que vino a
implantar Jesús nació en un pueblo insignificante, fue rechazado por las
autoridades y el mismo Jesús acabó ajusticiado. Pero ese Reino tenía una fuerza
tal que germinó y creció y se ha convertido en un árbol gigantesco que ofrece
la salvación a toda la humanidad.
Los creyentes en Jesús, la
Iglesia, también deberíamos seguir un estilo de actuación parecido, no basado
ni en el poder, ni en el prestigio, ni en la organización admirable de las
instituciones, ni en las estadísticas triunfalistas. Los seguidores de Jesús
no buscamos aplausos ni pregonamos nuestros éxitos, ni queremos ser
protagonistas. Más bien seguimos la consigna que él nos dio: que tu mano
izquierda no sepa lo que hace tu derecha.
Una familia que, con
sencillez y constancia, ejerce de "levadura" a su alrededor. Unos
jóvenes que dan testimonio, dando ejemplo de honradez y de fidelidad cristiana
a sus compañeros en el mundo de la escuela o del trabajo.
Una comunidad religiosa o
parroquial que ilumina y transforma, con paciencia y humildad, la sociedad que
tiene alrededor. El Reino de Jesús actúa en silencio. Como actúa la semilla
sembrada en tierra o como la levadura que actúa dentro de la masa de harina:
con eficacia, apoyadas en Dios.
Dios tiene
paciencia: no quiere arrancar ya la cizaña
La comparación de la cizaña
la aplica el mismo Jesús a la vida cristiana y al proceso del Reino de los
cielos. El sembrador es Cristo; el campo, el mundo; el trigo, los buenos
("los ciudadanos del Reino"); el enemigo que siembra mala hierba, el
diablo (no sólo "roba" la semilla, como en la parábola del domingo
pasado, sino que él mismo siembra mala hierba); la cizaña, "los hijos del
mal"; la siega, el final de los tiempos; los segadores, los ángeles...
Jesús aborda aquí la
coexistencia del bien y del mal en este mundo, o sea, la coexistencia de los
buenos y los malos, del bien y del mal, en este mundo y también en la Iglesia y
en nuestro ambiente familiar o social más cercano. En el mundo conviven los
buenos y los malos. Hay quien dedica todas sus energías a ayudar a los demás, a
curar sus males, a hacer progresar el bienestar, a atender a los enfermos o a
los ancianos. Pero hay quien no tiene ningún escrúpulo en producir la muerte y
en aprovecharse de los demás para su propio provecho.
Se trata, como en el caso de
los muchos salmos que hablan de "los malos", de las personas cínicas,
malvadas, que se ríen de todos, también de Dios, y aplastan a quien pueden para
salir airosas en lo suyo. Baste recordar todos los géneros de terrorismo, o el
negocio del narcotráfico, o los muchos episodios de genocidio que siguen
dándose en el mundo, o los casos de violencia doméstica o de género que nos
azota cada vez con más fuerza.
Todo eso no lo quiere Dios,
ciertamente. A Dios no le gusta que haya cizaña, ni que triunfen los
"corruptores y malvados". Pero tampoco quiere suprimirlos con una
intervención drástica. Como dice el libro de la Sabiduría, aunque Dios es
todopoderoso, y lo podría hacer, no castiga al malo: "tu soberanía
universal te hace perdonar a todos", "juzgas con moderación y nos
gobiernas con gran indulgencia". Uno se explica por qué uno de los nombres
que más a gusto aplican los musulmanes a Dios es el de "el
Pacientísimo".
Jesús quiere que se deje el
juicio y la separación para el día final, sin precipitarse. Propone una
perspectiva más a largo plazo. El Juez es Dios, y es él quien hará justicia.
Nosotros no tenemos esa misión. Lo nuestro es seguir trabajando, sin perder la
paciencia ni la esperanza, respetando la libertad de las personas, dándoles un
voto de confianza. No vaya a ser que, queriendo arrancar lo malo, arranquemos
también las posibilidades de bien que tienen todos, también los que podemos
considerar malos. El ideal no es una Iglesia de sólo santos.
¿Por qué no interviene más
Dios para poner orden en este mundo? ¿Por qué no castiga a los malvados y les
impide seguir haciendo el mal? Dios tiene paciencia. Dios cree en el hombre. Le
concede siempre un voto de confianza. No le quiere privar de la libertad. Como
ha dicho el libro de la Sabiduría, "en el pecado, das lugar al arrepentimiento".
¿Tenemos un corazón
misericordioso, como el de Dios?
Deberíamos copiar esta
actitud de bondad y misericordia en nuestra manera de tratar a los demás. En el
libro de la Sabiduría hemos leído, hablando de la bondad y misericordia de
Dios: "obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser
humano".
Ante todo, no deberíamos
extrañarnos ni asustarnos demasiado porque veamos que existe el mal en la
Iglesia o en el mundo. Así como hay mala hierba dentro de cada uno de nosotros,
no nos debería poner nerviosos el ver que hay también cizaña en la comunidad
cristiana y en la sociedad, en las familias y en las comunidades religiosas.
Todos somos débiles, y hay mil tentaciones a nuestro alrededor. En nosotros
mismos también coexisten el bien y el mal, la tendencia al bien y la seducción
del mal. Alguien que no es precisamente Cristo Jesús siembra "de
noche" semillas que no son trigo bueno.
Tampoco deberíamos
considerarnos demasiado maniqueísticamente a nosotros mismos ("yo",
o "nosotros los cristianos") como "el trigo", y a los otros
("tú", o "los no cristianos") como "la cizaña".
Como si la culpa la tuvieran siempre los demás, y nosotros, siempre, la razón.
Nos cuesta entonar el "mea culpa" o hacer autocrítica. Nuestra
primera reacción es la tentación de la intransigencia, y hasta el deseo de
eliminar al adversario. Jesús nos enseña a dejar el juicio a Dios.
Los que trabajan por el
Reino, los sembradores de la semilla, los predicadores, los cristianos
"practicantes", no deberían tener tendencias integristas y
fiscalizantes, ni precipitación en querer separar a los malos de los buenos. En
el evangelio se nos cuenta algunas veces la actitud de impaciencia e
intolerancia de los discípulos de Jesús, como cuando no les quisieron acoger en
un pueblo de Samaria. La reacción de los discípulos (de los "hijos del
Trueno", Santiago y Juan) fue tajante: ¿quieres que hagamos bajar fuego
del cielo? Es una reacción visceral, poco conforme al estilo de Dios. Jesús les
reprochó su actitud y les dio una lección de paciencia.
Deberíamos aprender de Dios
su actitud de generosidad y misericordia, y ser más tolerantes con los que
tenemos por malos, con los hijos o los amigos o los miembros de la comunidad
que pasan por momentos difíciles. Deberíamos tener una paciencia "escatológica",
que concede tiempo a las personas. Como la paciencia infinita de Dios. No somos
jueces, ni podemos tan fácilmente condenar a los demás. No porque nos dé igual
que se haga el bien o el mal. Lucharemos para que triunfe el bien. Pero no con
una actitud intolerante ni violenta. Tenemos que imitar a ese Dios que ya en el
AT se nos presenta como clemente y misericordioso, lento al castigo y a la ira,
rico en perdón. Un Dios que Jesús nos describió también como el padre que
perdona y como el pastor que busca a la oveja perdida y como el sembrador que
espera a la cosecha para luego separar la cizaña.
¿Qué actitud hubiéramos
tenido nosotros ante el hijo pródigo que vuelve? ¿Y ante la oveja que se ha
descarriado voluntariamente, hubiéramos actuado con el corazón comprensivo que
muestra Dios, que muestra Jesús, o con un corazón mezquino? Cuando se nos presenta
la ocasión, en la vida familiar o social, ¿hacemos fácil la rehabilitación a
los que se arrepienten de sus errores o disparates? ¿Hubiéramos ayudado a Pedro
a recuperar su dignidad personal, como hizo Jesús? Un testimonio impresionante
es el que dio un hombre alcohólico que intentaba salir de su situación:
"lo más difícil para un enfermo alcohólico no es dejar de beber, sino que
le crean". A veces, en nuestro entorno, también en el de la Iglesia, un
error puede costar a una persona la mala fama el resto de su vida.
Nos gusta meternos a jueces
y tomar la justicia por nuestra mano, y no es esa nuestra misión. Lo que nos
toca a nosotros es seguir sembrando, y cuidando el campo, y regando, para que
la cosecha del Reino sea lo más fecunda posible. Sin pretender un elitismo
exagerado, sin recurrir a medidas drásticas ni violentas, sino sabiendo
dialogar con los que no piensan como nosotros.
Convivir con el mal no
significa aprobarlo, ni que todo nos es indiferente o que tenemos que dejar de
luchar a favor del bien. Pero sí hemos de aprender la lección de paciencia y
de misericordia infinita de Dios, que se nos ha manifestado en Cristo Jesús. Él
nos contó la parábola de la higuera, a la que el dueño, antes de declararla
definitivamente como estéril, le concedió tiempo para ver si daba fruto.
LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)
PROPUESTA DE CANTOS
DOMINGO XVI TIEMPO ORDINARIO 2026
(19
DE JULIO)
01.- ALREDEDOR DE TU MESA (F.
Palazon)
ALREDEDOR DE TU MESA,
VENIMOS A RECORDAR,
ALREDEDOR DE TU MESA,
VENIMOS A RECORDAR,
QUE TU PALABRA ES
CAMINO, TU CUERPO, FRATERNIDAD,
QUE TU PALABRA ES
CAMINO, TU CUERPO, FRATERNIDAD.
1.- Hemos venido a tu
mesa
a renovar el misterio
de tu amor,
con nuestras manos
manchadas,
arrepentidos buscamos
tu perdón.
2.- Juntos y a veces
sin vernos,
celebramos tu
presencia, sin sentir,
que se interrumpe el
camino,
si no vamos como
hermanos hacia Ti.
02.- VIENEN CON ALEGRIA (Cesareo
Garabain)
VIENEN CON ALEGRÍA,
SEÑOR,
CANTANDO VIENEN CON
ALEGRIA, SEÑOR,
LOS QUE CAMINAN POR
LA VIDA, SEÑOR,
SEMBRANDO TU PAZ Y
AMOR. (2).
Vienen trayendo la
esperanza
a un mundo cargado de
ansiedad,
un mundo que busca y
que no alcanza
caminos de amor y de
amistad.
Vienen trayendo entre
sus manos
esfuerzos de hermanos
por la paz,
deseos de un mundo
más humano
que nacen del bien y
la verdad.
Cuando el odio y la
violencia
aniden en nuestro
corazón,
el mundo sabrá que
por herencia
le aguardan tristezas
y dolor.
03.- SALMO 91. ES BUENO DAR GRACIAS
AL SEÑOR (F. Palazon)
Es bueno dar gracias
al Señor
y tañer para tu
nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana
tu misericordia
y de noche tu
fidelidad.
1.- El justo crecerá
como una palmera,
se alzará como un
cedro del Líbano:
plantado en la casa
del Señor,
crecerá en los atrios
de nuestro Dios.
2.- En la vejez
seguirá dando fruto,
y estará lozano y
frondoso,
para proclamar que el
Señor es justo,
que en mi Roca no
existe la maldad.
04.- ESTE PAN Y VINO (Carmelo
Erdozain)
ESTE PAN Y VINO,
SEÑOR, SE TRANSFORMARÁN
EN TU CUERPO Y
SANGRE, SEÑOR, EN NUESTRO MANJAR (bis)
Gracias al sol y al
labrador,
en el altar florecen
hoy
las espigas, los
racimos
que presentamos a
Dios.
Lo que sembramos con
el dolor,
lo que pedimos en
oración,
hoy son frutos, son
ofrendas
que presentamos a
Dios.
05.- ENTRE TUS MANOS
ENTRE TUS MANOS ESTÁ
MI VIDA SEÑOR,
ENTRE TUS MANOS PONGO
MI EXISTIR.
HAY QUE MORIR PARA
VIVIR,
ENTRE TUS MANOS
CONFÍO MI SER.
1.- Si el grano de
trigo no muere,
si no muere sólo
quedará,
pero si muere en
abundancia dará
un fruto eterno que
no morirá.
2.- Es mi anhelo, mi
anhelo creciente
en el surco, contigo
morir;
y fecunda será la
simiente, Señor,
revestida de eterno
vivir.
3.- Y si vivimos,
para él vivimos;
y si morimos, para él
morimos.
Sea que vivamos o que
muramos,
somos del Señor,
somos del Señor.
4.- Cuando diere por
fruto una espiga,
a los rayos de
ardiente calor,
tu reinado tendrá
nueva vida de amor,
en una Hostia de
eterno esplendor.
06.- BANQUETE SAGRADO
Invitados al Banquete
del Señor,
compartimos nuestra
vida y nuestro pan,
con su sangre y con
su cuerpo inundados por su amor,
nuestras manos se entrelazan
para dar.
OH BANQUETE SAGRADO,
PAN DE VIDA ETERNA,
PAN DEL POBRE Y
HAMBRIENTO
QUE VA CAMINANDO
SEDIENTO DE TI (BIS).
Tu entrega amorosa en
comunión,
es prodigio que
renueva nuestro ser,
asumidos por tu
gracia, consumidos por tu luz,
fortaleces nuestros
pasos al andar.
Todo tú mi creador
vienes a mí
y te encierras en mi
simple pequeñez,
Tú el verbo
encarnado, Tú el todopoderoso,
te conviertes en
mendigo de mi amor.
Me llamaste a
compartir tu intimidad,
en la cena del perdón
y la amistad,
tú en mí yo en ti, en
perfecta unidad,
no hay dicha para mí
fuera de ti.
CORO… SEDIENTO DE TI
(BIS).
07.- A TU LADO SEÑOR (Kairoi)
Jesucristo, yo siento
tu voz
Tú me has dicho ven y
sígueme
déjalo todo y dalo a
los pobres.
Quiero que seas sal y
luz
Confía siempre porque
a tu lado estoy
Aquí Señor tienes mi
vida
que quiere ser
presencia de tu amor
sé que no es fácil
seguir tus huellas
pero con tu fuerza seré fiel,
Te serviré entre los
hombres, tu reino anunciaré
Porque a tu lado
quiero caminar
Te serviré entre los
hombres, tu cruz abrazaré
si no respondo
vuélveme a llamar. Amé e e n
08.- ALABO TU BONDAD (Kairoi)
Todo mi ser canta hoy
por las cosas que hay
en mí.
Gracias te doy, mi
Señor,
tú me haces tan
feliz.
Tú me has regalado tu
amistad,
confío en Ti, me
llenas de tu Paz,
Tú me haces sentir tu
gran bondad,
yo cantaré por
siempre tu fidelidad.
GLORIA A TI, SEÑOR,
POR TU BONDAD.
GLORIA, GLORIA,
SIEMPRE CANTARÉ TU
FIDELIDAD. (2)
Siempre a tu lado
estaré
alabando tu bondad.
A mis hermanos diré
el gran gozo que hay
en Ti.
En Ti podrán siempre
encontrar
fidelidad, confianza
y amistad.
Nunca faltará tu gran
amor,
ni tu perdón,
me quieres tal como
soy.
09.- SI LO MALO LLEGA A TU CORAZON
(José Pagan)
Si lo malo llega a tu
corazón y te dice déjame entrar (bis)
dile no, no, no!
Cristo vive en mí y
no hay lugar para ti (bis)
Si la duda llega a tu
corazón y te dice déjame entrar (bis)
dile no, no, no!
Cristo vive en mí y
no hay lugar para ti (bis).
Si el odio llega a tu
corazón y te dice déjame entrar (bis)
dile no, no, no!
Cristo vive en mí y
no hay lugar para ti (bis)
Si el amor llega a tu
corazón y te dice déjame entrar (bis)
dile Sí, sí, sí!.
Cristo vive en mí y
si hay lugar para ti (bis).
10.- TE ESTAMOS ESPERANDO (J.A.
Espinoza)
Porque sabemos que un
día vendrás,
para apartar la
cizaña del trigo;
porque sabemos que Tú
eres amigo,
que a los amigos Tú
no fallas jamás.
Porque sabemos que
vas a volver,
para implantar tu
justicia en la tierra;
una justicia que toda
se encierra,
en el amor que
viniste a traer.
1.- Te estamos,
Señor, esperando,
como la tierra espera
la lluvia;
como la noche espera
la luna,
y el jardinero espera
la flor.
Te estamos, Señor,
esperando,
como el amigo espera
al amigo;
como la madre espera
a su hijo,
como los campos
esperan el sol.
2.- Te estamos,
Señor, esperando,
como el camino espera
al viajero;
como el trabajo
espera al bracero,
como el estío espera
al calor.
Te estamos, Señor,
esperando,
como la playa espera
al verano.
como el hermano
espera al hermano,
como el amado espera
a su amor.
11.- ID Y ENSEÑAD (Cesareo Garabain)
Sois la semilla que
ha de crecer
Sois la estrella que
ha de brillar
Sois levadura, sois
grano de sal
Antorcha que ha de
alumbrar.
Sois la mañana que
vuelve a nacer
Sois espiga que
empieza a granar
Sois aguijón y
caricia a la vez
Testigos que voy a
enviar.
ID, AMIGOS, POR EL
MUNDO, ANUNCIANDO EL AMOR
MENSAJEROS DE LA
VIDA, DE LA PAZ Y EL PERDÓN
SED, AMIGOS, LOS
TESTIGOS DE MI RESURRECCIÓN
ID LLEVANDO MI
PRESENCIA. ¡CON VOSOTROS ESTOY!.
Sois una llama que ha
de encender
Resplandores de fe y
caridad
Sois los pastores que
han de guiar
Al mundo por sendas
de paz.
Sois los amigos que
quise escoger
Sois palabra que
intento gritar
Sois reino nuevo que
empieza a engendrar
Justicia, amor y
verdad.
Sois fuego y savia
que viene a traer
Sois la ola que agita
la mar
La levadura pequeña
de ayer
Fermenta la masa del
pan.
Una ciudad no se
puede esconder
Ni los montes se han
de ocultar
En vuestras obras que
buscan el bien
Los hombres al padre
verán.
12.- TESTIGOS DEL REINO (Gilmer
Torres)
1.- Como semilla
pequeña, en manos de los pobres,
como el trigo que
germina en las sombras de la noche,
tu Reino en nuestras
manos agitan nuestro espíritu
y nos lleva por
caminos de luchas y esperanza. (Bis)
TU VOZ ES NUESTRO
CANTO,
TU GRITO ES LA
PALABRA QUE PALPITA
EN EL CORAZÓN
ARDIENTE DE TU PUEBLO,
CREADORES DE LA
HISTORIA, TESTIGOS DE TU REINO.
2.- Danos tus manos
duras y seremos una fuerza,
danos tu voz valiente
y seremos grito viviente.
Danos tus pasos
firmes
para abrir nuevos
caminos,
danos tu amor sincero
pa' crear un mundo
nuevo (Bis).
3.- Ven junto a tu
pueblo, Señor, con nosotros,
llevamos tu regalo en
vasos de barro.
Porque nada tenemos,
estamos esperando
que tus manos nos
agarren para seguir andando. (Bis)
13.- HOY HE VUELTO (Cesareo Garabain)
Cuantas veces, siendo
niño, te recé,
con mis besos te
decía que te amaba,
poco a poco, con el
tiempo alejándome de ti,
por caminos que se
alejan me perdí. (2).
HOY HE VUELTO MADRE A
RECORDAR,
CUÁNTAS COSAS DIJE
ANTE TU ALTAR
Y AL REZARTE PUEDO
COMPRENDER
QUE UNA MADRE NO SE
CANSA DE ESPERAR
QUE UNA MADRE NO SE
CANSA DE ESPERAR.
Al regreso me
encendías una luz,
sonriendo desde lejos
me esperabas,
en la mesa la comida
aún caliente y el mantel,
y tu abrazo en mi
alegría de volver,
y tu abrazo en mi
alegría de volver.
Aunque el hijo se
alejara del hogar,
una madre siempre
espera su regreso,
que el regalo más
hermoso que a los hijos da el Señor
es su madre y el
milagro de su amor,
es su madre y el
milagro de su amor.
14.- YA NO TEMO SEÑOR (J.A. Espinoza)
CRISTO ESTÁ CONMIGO
JUNTO A MÍ VA EL
SEÑOR.
ME ACOMPAÑA SIEMPRE
EN MI VIDA HASTA EL
FIN.
Ya no temo Señor la
tristeza
ya no temo Señor la
soledad
porque tú eres Señor
mí alegría
tengo siempre tu
amistad.
Ya no temo Señor a la
noche
ya no temo Señor la
oscuridad
porque brilla tu luz
en las sombras
ya no hay noche tú
eres luz.
Ya no temo, Señor,
los fracasos,
ya no temo, Señor, la
ingratitud;
porque el triunfo,
Señor, en la vida,
Tú lo tienes, Tú lo
das.
Ya no temo Señor los
abismos
ya no temo Señor la
inmensidad
porque tú eres Señor
el Camino
y la Vida y la
Verdad.
Ya no temo Señor a la
muerte
ya no temo Señor la
eternidad
porque tú estás allá
esperando
que yo llegue hasta
Ti.