“YO SOY EL CAMINO”
Jesús no es sólo un nuevo Moisés que guía a
su pueblo a través del desierto por rutas que otros hayan trazado. Moisés no
era la ley. Jesús afirma que él en persona es el camino verdadero y viviente
que sustituye a la ley mosaica. Para el cristiano, no serán ni diez, ni
trescientos trece los mandamientos de Dios; será la persona misma de Jesús por
medio de su Espíritu quien sirva de cauce buscado a su actuar diario.
Todo hombre, en
su vida, sigue un camino u otro. Todo hombre busca, en su vida, encontrar la
verdad. Y todo hombre desea, en fin, que su vida no termine para siempre. A
esos tres profundos anhelos del hombre da Jesús, en el evangelio de hoy,
respuesta bien cumplida. Y no una respuesta teórica, cabalística o extraña: él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida.
En él, y en vivir la vida como él la vivió,
está la respuesta a los interrogantes y las búsquedas del hombre. El Camino a
seguir, la Verdad a defender, la Vida que no se pierde, están al alcance de
nuestra mano. Elegirlos o rechazarlos es cosa nuestra.
Es necesario convertirse y dejar de
"judaizar". Hay que evitar entender las palabras de Jesús como letra
obligatoria, fijada y muerta. En la lectura de nuestra Biblia hemos de
encontrar no una nueva normativa superior a otras, sino a una persona
dinamizadora y vivificante. No se trataba ni se trata de seguir física o
miméticamente a Jesús por los polvorientos caminos de Palestina, ni siquiera de
saberse sus discursos o su doctrina. Se nos pide ser discípulos, no alumnos.
Convertirse a él implica en primer lugar encontrarse con él, aceptarle
convencida y voluntariamente, estar de acuerdo con sus sentimientos y su
concepción de la vida. De estas raíces saldrán en último término los frutos de
una actuación externa coherente con lo que en el interior se siente y se vive.
El programa de Jesús es él mismo.
R.P. Roland Vicente Castro Juárez
ANTIFONA DE ENTRADA Sal
97, 1-2
Canten al Señor un cántico nuevo porque ha hecho maravillas; reveló a las
naciones su salvación. Aleluya.
ORACION COLECTA
Dios
todopoderoso y eterno, lleva a su pleno cumplimiento en nosotros el Misterio
pascual, para que, quienes, por tu bondad, han sido renovados en el santo
Bautismo, den frutos abundantes con tu ayuda y protección y lleguen a los gozos
de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de los Hechos de los
Apóstoles 6, 1-7
En aquellos días, al crecer el número de los
discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea,
porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas. Los Doce, convocan-do
a la asamblea de los discípulos, dijeron: «No nos parece bien descuidar la
Palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos,
escojan a siete de ustedes, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de
sabiduría, y los encarga-remos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la
oración y al servicio de la Palabra».
La propuesta les pareció bien a todos y
eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo; a Felipe, Prócoro,
Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron
a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La Palabra de Dios iba
creciendo y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso
muchos sacerdotes aceptaban la fe.
SALMO RESPONSORIAL
Sal 32, 1-2.4-5.18-19

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de
ti.
Aclamen, justos, al
Señor, que merece la alabanza de los buenos. Den gracias al Señor con la
cítara, toquen en su honor el arpa de diez cuerdas. R.
La Palabra del
Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; Él ama la justicia y el
derecho, y su misericordia llena la tierra. R.
Los ojos del Señor
están puestos en quien lo teme, en los que esperan en su misericordia, para
librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura
de la primera carta del apóstol San Pedro 2,4-9
Queridos
hermanos: Acercándose al Señor piedra viva rechazada por los hombres, pero
elegida y preciosa para Dios, también ustedes, como piedras vivas, entran en la
construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer
sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo. Por eso se
dice en la Escritura: «Mira, pongo en Sion una piedra angular, elegida y
preciosa: quien cree en ella no queda defraudados.
Para
ustedes, pues, los creyentes, ella es el honor, pero para los incrédulos la
piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular, y también
«piedra de choque y roca de estrellarse; y ellos chocan al despreciar la
Palabra. A eso precisamente estaban expuestos. Ustedes, en cambio, son un
linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por
Dios para que anuncien las proezas del que los llamó de las tinieblas a su luz
maravillosa.
ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Jn 14,
6bc
Aleluya. Yo
soy el camino y la verdad y la vida-dice el Señor-; nadie va al padre sino por
mí. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 1-12
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe su corazón, crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi
Padre hay muchas moradas; si no, se lo habría dicho, porque me voy a
prepararles un lugar. Cuando vaya y les prepare un lugar, volveré y los llevaré
conmigo, para que donde estoy yo estén también ustedes. Y adonde yo voy, ya
saben el camino».
Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas,
¿cómo podemos saber el camino?». Jesús le responde: «Yo soy el camino y la
verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocieran a mí,
conocerían también a mi Padre. Ahora ya lo conocen y lo han visto». Felipe le
dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Jesús le replica: «Hace tanto
que estoy con ustedes, y no me conoces, Felipe?. Quien me ha visto a mi ha
visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"?, ¿No crees que
yo estoy en el Padre, y el Padre en mí?. Lo que yo les digo no lo hablo por cuenta
propia. El Padre, que permanece en mí, Él mismo hace las obras. Créanme: yo
estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, crean a las obras. En verdad, en
verdad les digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y
aún mayores, porque yo me voy al Padre.
PLEGARIA UNIVERSAL
Invoquemos
a Cristo, camino, verdad y vida, y, como pueblo sacerdotal, pidámosle por las
necesidades de todo el mundo.
1.- Oremos por el Papa
León, para que, al igual que la comunidad primitiva, crezca en unidad y
servicio, siendo auténticos testigos de la Resurrección de Cristo. Roguemos al Señor.
2.- Por los que buscan a
Dios: Para que en medio de sus dudas encuentren en Jesucristo el camino, la
verdad y la vida que da sentido a sus existencias. Roguemos al Señor.
3.- Por los enfermos y
afligidos: Para que sientan la presencia de Cristo Consolador y encuentren en
nuestra comunidad apoyo y fortaleza. Roguemos al Señor.
4.- Por nuestra
comunidad: Para que, al participar de esta Eucaristía, nos convirtamos en
piedras vivas que construyen el Reino de Dios con obras de amor. Roguemos al Señor.
Señor
Dios, padre todopoderoso, escucha las oraciones de tu Iglesia y haz que,
acercándonos a Cristo -la piedra desechada por los hombres, pero escogida y
preciosa, ante ti, seamos santificados como Tempos del Espíritu y como miembros
de un Pueblo sacerdotal. Por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los
siglos de los siglos.
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Oh,
Dios, que nos haces partícipes de tu única y suprema divinidad por el admirable
intercambio de este sacrificio, concédenos alcanzar en una vida santa la
realidad que hemos conocido en ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTIFONA DE COMUNION Jn 15,
1.5
Yo soy la verdadera vid,
y ustedes los sarmientos, dice el Señor, el que permanece en mí y yo en él, ese
da fruto abundante. Aleluya.
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Asiste,
Señor, a tu pueblo y haz que pasemos del antiguo pecado a la vida nueva los que
hemos sido alimentados con los sacramentos del cielo. Por Jesucristo, nuestro
Señor
PALABRA DE DIOS Y
SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes 04: 1Co
15, 1-8; Sal 18, 2-3. 4-5; Jn 14, 6-14
Martes 05: Hch 14, 19-28; Sal 144, 10-11.
12-13ab.21; Jn 14, 27-31a
Miércoles 06: Hch 15, 1-6; Sal 121, 1-2. 4-5; Jn
15, 1-8
Jueves 07: Hch 15, 7-21; Sal 95, 1-2ª. 2b-3.
10; Jn 15, 9-11
Viernes 08: Hch 15, 22-31; Sal 56, 8-9.10-12;
Jn 15, 12-17
Sábado 09: Hch 16, 1-10; Sal 99, 1-2. 3.5; Jn
15, 18-21
Domingo 10: Hch 8, 5-8.14-17; Sal 65, 1b-3ª.
4-5. 6-7ª. 16 y 20; 1P 3, 15-18; Jn 14, 15-21
COMENTARIOS
AL EVANGELIO
Jn 14. 1-12
1. - Jesús, a solas con la comunidad
cristiana, con aquéllos que le han prestado su adhesión saliendo del ámbito de
la esclavitud religiosa judía. En la vigilia de su paradójica glorificación,
cuando se ponga de manifiesto su gloria, es decir, su capacidad real de amar a
costa de su propia vida. Este amor es el lugar donde él mora y tiene la altura
de una cruz. Jesús se va al lugar que le es propio. Es un espacio, un ámbito
espacioso: el espacio del amor a toda costa. Un espacio ilimitado, con amplitud
infinita, la amplitud que le confiere el amor sin fronteras del Padre.
J/PADRE:
La religión judía había empequeñecido este espacio convirtiéndolo en un
"bunker" donde se refugiaban los heridos que causaba la propia
religión. En este "bunker", Yahvé había perdido su nombre y se había
convertido en divinidad sin rostro. El trabajo de Jesús ha consistido en
devolverle a Yahvé su rostro concreto, el de Padre que ama. Un continuo y arduo
trabajo de depuración del hecho religioso, invirtiendo totalmente la concepción
tradicional de Dios. En Jesús, Dios ha recobrado su verdadero rostro, deformado
por los hombres religiosos. Por eso, este rostro brillará en todo su esplendor
en la cruz, porque no hay mayor amor que dar la vida. La cruz, es decir, el
amor, es el lugar hacia el que Jesús va. Ver a Jesús es, pues, ver al Padre,
porque uno y otro no son más que amor a ultranza. De ahí que Jesús sea el
camino, la verdad, la vida. Su criterio de verificación son sus obras, sus
acciones concretas de amor: la mujer que no ha muerto apedreada, el ciego que
ve, el paralítico que anda, la gente hambrienta comiendo al aire libre, es
decir, personas liberadas, con capacidad de movimientos, personas emancipadas y
adultas. Personas así son las obras que el cristiano está llamado a realizar.
DABAR 1981/31.
2.- J/LEY /Jn/01/17-18.
El autor del cuarto evangelio es de un radicalismo
y de un atrevimiento que asustan. ¿La Ley es mala? La Ley es la Ley, pero no es
reveladora de Dios. La Ley es necesaria en un mundo de tullidos religiosos,
pero no en el mundo de los hijos de Dios. Las obras de éstos son de una altura
y una categoría desconocidas en un sistema de Ley. Estas obras o trabajos
posibilitan la libertad de movimientos (cf Jn 5. 1-9), la fiesta al aire libre
(cf. Jn 6. 1-15), la autocrítica (cf. Jn 8. 2-11), la visión (cf. Jn 9. 1-7),
la vida (cf Jn 11. 38-44). A través de estos trabajos es como el autor del
cuarto evangelio nos ha presentado a Jesús revelando al Padre. A trabajos de
este tipo nos invita el autor para poder ser reveladores del Padre.
A. BENITO - DABAR 1987/29.
3.- FE/PAZ/CALMA /Jn/14/01.
"No perdáis la calma". Lo dice Jesús en
un momento en el que las cosas estaban mal para Él y para los suyos. Lo van a
matar, que es el acontecimiento por excelencia que puede alterar a un ser
humano, y aquellos hombres a los que ha llamado desde diversos sitios y que han
convivido con Él van a quedar desbordados por los acontecimientos. Era de lo
más importante, por consiguiente, la recomendación de Jesús.
Pero, naturalmente, para mantener la calma es
necesario tener unos firmes cimientos. Jesús los pone inmediatamente después de
la recomendación que hace: "Creed en Dios y creed también en Mí". Ahí
está el secreto de la calma que pide el Señor. No es la calma del apático ni
del pasota. No. Es la calma del hombre que vive integrado en los problemas de
su tiempo, que los siente, que los sigue, que se incorpora a ellos, que intenta
-si puede- solucionarlos, pero que mantiene fija su vista en Dios, creyendo en
Él. Es la calma del hombre sensible al dolor ajeno y propio, sensible a la
injusticia, sensible ante los acontecimientos inexplicables que nos dejan
asombrados y sin respuesta pero que, a pesar de todo, cree en Dios. La calma
que pide el Señor es una calma activa, fruto de una personalidad forjada en el
seguimiento de Cristo, que es el rostro del Dios en el que creemos y al que no
hemos visto nunca, como le dice Felipe al Señor.
ANA M. CORTES - DABAR 1987/29.
5.- VIDA/SENTIDO
Cuando el hombre pregunta por el camino está
preguntando por el sentido y meta de su existencia. Así se entiende la
respuesta de Jesús.
Jesús es el camino para Dios porque en Jesús es
Dios quien personalmente ha venido al hombre, abriéndole así el camino.
06.- Jesús anuncia que se va. La escena nos sitúa
ante el llamado discurso de despedida de Jesús a sus discípulos. La escena
empieza y acaba con una invitación de Jesús a creer (14,1.11-12). Y en medio,
encontramos: la explicación del por qué Pedro ahora no puede ir a donde va
Jesús (14,2-3); el diálogo con Tomás sobre el camino hacia la casa del Padre
(14,4-6); y el diálogo con Felipe sobre la identidad de Jesús (14,7-10),
centrada en la afirmación: Quien me ha visto a mí ha visto al Padre.
Antes Pedro ha expresado el deseo de seguir a Jesús
hacia el lugar a donde va o a donde vuelve (13,36-38); incluso ha manifestado
que está dispuesto a dar la vida por seguir a Jesús. Pero Pedro sólo irá por la
fe en Jesús resucitado. Por eso, Jesús empieza con una llamada a la fe. Si
ahora los discípulos no pueden seguirle, han de continuar apoyándose en su
persona, tal como el creyente se apoya en Dios: ¿Por qué, alma mía, desfalleces
y te agitas por mí? Espera en Dios" (Si 42,6.12; 43,5).
Jesús vuelve a la casa del Padre para prepararnos
allí un lugar. Y el lugar dispuesto no es tanto un espacio como una existencia
con Jesús en el Padre. Jesús nos dispone una estancia junto al Padre. La fe
muestra la casa del Padre, el banquete festivo con el Padre, e invita a la vez,
aquí y ahora, a poner nuestra atención en Jesús, el camino que lleva a él. El
camino es una opción: Seguid el camino que Yahvé vuestro Dios os ha trazado:
así viviréis, seréis felices y prolongaréis vuestros días en la tierra que vais
a tomar en posesión (Dt 5,33). Mira, yo pongo hoy ante ti vida y felicidad,
muerte y desgracia (Dt 30,15-19).
Jesús se presenta como el camino hacia el Padre. El
salmo 43,3 afirma que sólo la luz y la verdad conducen al lugar donde reside
Dios. Jesús es la luz (ó,12; 9,5) y la verdad (8,32; 18,37-38) que nos guía.
Por eso, Jesús recuerda a Tomás, y a todos, que hagamos nuestra su pregunta: si
creemos que él es la Verdad y la Vida, seguro que hallaremos en él el camino
que lleva al Padre, a quien él retorna y donde ya está.
Jesús se presenta tan Dios como su Padre. Es aquí
Felipe quien nos ayuda a plantearnos la relación entre Jesús y el Padre. Jesús
es Dios hecho hombre, su humanidad es el camino, la puerta hacia el Padre. Sólo
seremos como Dios si nos unimos a Jesús por la fe, que es amor. En efecto:
Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. Hemos de creer que Jesús está en el
Padre y el Padre en él. La fe es clave para poderlo percibir, vislumbrar o
entrever.
Jesús satisface nuestra búsqueda de Dios, nuestra
sed de Dios. Si buscamos a Dios, miremos a Jesús. La búsqueda de Dios es la
búsqueda de todo creyente: Tiene mi alma sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo
podré ir a ver la faz de Dios? (Sal 42,3). ¡Ahora sí sabemos que ver a Jesús es
ver la faz de Dios!.
JAUME FONTBONA - MISA DOMINICAL 1999/07/08
7.- La marcha de Jesús y el miedo ante un mundo
hostil hace nacer en los discípulos una profunda angustia que corre el peligro
de hacerlos sucumbir (14. 27; 16. 6/20). Jesús quiere confortarlos mostrándoles
que su marcha constituirá un paso serio para una unión de carácter más íntimo
que la que ahora tienen entre ellos, por la fuerza del Espíritu. El miedo
atenaza muchas veces al que cree en Jesús. Su fuerza y su palabra le liberan.
El camino para llegar a creer en Dios no es para
nosotros más que uno solo: JC. De ahí que la fe, asegurada en la propia fe de
Jesús, tiene que remontar la angustia que provoca la dureza de la vida hasta el
encuentro con lo más íntimo de Dios. Para nosotros, hoy por hoy, nuestra fe es
la fe en Jesús. Confiados en él sabemos que saldremos airosos de nuestra propia
limitación y de la del mundo que nos rodea, por dura que sea la contradicción.
La imagen del camino largo y difícil que Israel
debió recorrer para mantenerse en la fidelidad a su Dios se encuentra en toda
su amplitud en el Éxodo y su simbólica. Después, la imagen fue aplicada a la
ley como camino del justo hacia Dios (Dt 34. 4; Sal 25. 10). En el NT la forma
de caminar según Dios es la persona misma de Jesús (Mc 8. 34; Lc 9. 23), pero
en Juan tiene aún un significado más profundo: Jesús no es solamente el camino
en la medida en que, por su enseñanza, conduce a la vida, sino que él es el
camino que conduce al Padre en la medida en que él mismo es la verdad y la vida
(cf. 10. 9). Está bien marcado el sentido último de nuestra misión cristiana:
vivir como Jesús ha vivido y tener la misma manera de pensar adaptada al mundo
de hoy. Felipe (1. 44) expresa la aspiración más profunda del hombre,
aspiración que nadie de nosotros logra colmar (1. 18; 6. 46).
Pero Jesús se presenta en esta situación como la
garantía de la consecución de ese fin último al que tiende con ansia el corazón
del hombre. O, dicho de otro modo: Jesús puede hacer que el hombre sea feliz ya
desde ahora.
EUCARISTÍA 1978/19.
8.- I/CASA/CAMINO
Los Evangelios de este día y de los domingos
siguientes proponen extractos del discurso pronunciado por Jesús después de la
cena. Se trata de tres textos sucesivos. El primero (Jn 13, 33-14, 31) es un
discurso de despedida, al final del cual los apóstoles y Cristo "se
levantan" (Jn 14, 31); ha terminado la reunión. El segundo (Jn 15-16) es
un doblete del primero, cuyos temas principales desarrolla. El tercero (Jn 17)
reproduce la oración "sacerdotal" de Cristo a su Padre. El Evangelio
de este primer ciclo pertenece al primer discurso.
Los apóstoles manifiestan su inquietud y su
tristeza ante el abandono de Cristo. Jesús les anuncia que todos se reunirán en
torno al Padre (Jn 14, 1-3, 19, 28), y les garantiza su presencia entre ellos
por el amor (Jn 13, 33-35; 14, 21) y el conocimiento que de El tendrán (Jn 14,
4-10). Este pasaje evoca dos temas bíblicos importantes: el de la casa y el de
la ruta.
a) La casa de Dios designa el Templo de Jerusalén.
Pero Jesús ha dejado bien patente que la verdadera morada del Padre no podía
confundirse con esta casa de comercio y de contratación (Jn 2, 17-20). Dio a
entender, asimismo, que El mismo era esta casa de Dios (Jn 2, 20-22), ya que su
fidelidad al Padre constituye el sacrificio definitivo y, en El, serán acogidos
todos los hombres con mayor hospitalidad que en el templo de Sión. En esta
primera parte de su discurso hace ver que la casa del Padre es la gloria en la
que El entrará pronto y adonde no pueden seguirle los que aún no hayan vencido
la muerte y el pecado (vv.1-3; cf. 2 Cor 5, 1). La casa llega a ser, según
esto, una experiencia más: la de "vivir" con el Señor y el Padre (v.
3); no es tanto un lugar como una manera de existir sumergido en la vida divina
y en la comunión con el Padre.
b) La imagen de la casa evoca sin esfuerzo alguno
la de los caminos que a ella conducen: éxodo que lleva a la Tierra Prometida,
peregrinaje que nos pone en el Templo, camino de regreso del destierro. Este
tema del camino introduce la idea de la mediación de Cristo. Lo mismo que la
estancia del Padre excluye un lugar físico, material, siendo más bien
experiencia interna de comunión con El, de igual modo el camino que lleva a esa
unión cae fuera de toda localización física, pues es una vivencia íntima en que
se confunden autor y receptor de la misma, comunicada por Dios a los hombres
(v. 10) mediante la enseñanza de su "verdad" y la comunicación de su
"vida" (v. 6). Jesús es verdad porque es la revelación exacta del
Padre, inabordable en todos los aspectos. Es vida porque, a partir de Él, puede
el hombre participar de la comunión con Dios vivo (Jn 3, 36; 5, 24; 6, 47); y
es, sobre todo, camino, porque sus funciones de verdad y vida tienen su
realización definitiva dentro de un contexto escatológico cuyo cumplimiento
está próximo.
Si tomamos las expresiones del v. 6 desde otro
punto de vista, podría decirse que son, al mismo tiempo
"descendentes" (verdad y vida) y "ascendentes" (camino); se
completan entre sí para evocar la mediación exclusiva del Hombre-Dios. Cristo
es el camino por el hecho de haber vivido en Sí mismo la transfiguración, bajo
el influjo de la gloria de Dios, de la humanidad fiel, y por haber comunicado
esta experiencia a sus hermanos. Es morada de Dios, porque en El y con El la
humanidad encuentra al Padre y participa de su vida.
Los temas casa y camino son particularmente
esclarecedores en eclesiología. Nos hacen caer en la cuenta de que la Iglesia
no es aún la mansión de Dios, pero toma ya parte en el camino que conduce a
ella. Aún no conoce realmente a Dios, pero el conocimiento que de El tiene es,
sin embargo, verdadero. Ambos temas se completan y se corrigen mutuamente. A
los cristianos sensibles a las ideas de estabilidad y perfección, el tema del
camino recuerda que la Iglesia es susceptible de continua reforma y está obligada
a hacer frecuentes altos en el camino; les recuerda también a los cristianos
este tema que la Iglesia no puede -ni debe- conceder un valor absoluto a las
culturas y ritos de que se vale para su misión; que no puede dar valor eterno a
lo que, en ella, no es más que servicio a los demás y renuncia de sí. Por el
contrario, el tema de la mansión recuerda, a los cristianos sensibles a los
cambios y agitaciones violentas, que la Iglesia está avocada a la estabilidad y
que en el propio seno de las revoluciones late un solo corazón y un alma
idéntica a ella misma que le garantiza la presencia de su único e idéntico
Señor.
MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA
CRISTIANA IV - MAROVA MADRID 1969.Pág. 158.
9.- Texto. Se halla en las antípodas del texto del
domingo pasado. Los interlocutores de Jesús son sus discípulos; la forma no es
la discusión sino la conversación: el ambiente no es de enfrentamiento, sino de
enseñanza y de aprendizaje; el contexto es la amplia conversación de la cena
previa a dejar Jesús este mundo para ir al Padre.
JESUS/PADRE: La palabra Padre es precisamente la palabra más
repetida en el texto; doce veces, además de dos referencias y de una mención de
Dios. El texto es, pues una conversación sobre el Padre, con quien Jesús va a
reunirse pronto. El verbo ir, teniendo al Padre como destino, se menciona cinco
veces. La conversación sobre el Padre es más concretamente una conversación
sobre el camino para ir al Padre. La palabra camino se repite tres veces. Este
camino es Jesús. Yo soy el camino... Nadie va al Padre si no es a través de mí.
La frase es una reformulación de la frase del domingo pasado "Yo soy la
puerta" y, consiguientemente, una descalificación de la Ley como camino
para ir al Padre. Si Jesús es el camino que lleva al Padre, conocer o ver a Jesús
equivale a conocer o ver al Padre. Los verbos conocer y ver son otros de los
términos importantes del texto: cuatro y tres menciones respectivamente. En
este texto ambos verbos vienen a ser sinónimos y no se mueven en el nivel
empírico que tenía el verbo ver en el texto del sepulcro del día de Pascua o en
el de Tomás del segundo domingo de Pascua. En esta ocasión conocer y ver se
refieren al nivel hondo y total; es un conocer y un ver a Jesús en profundidad.
Resultado de este conocimiento y de esta visión es la fe en Dios y en Jesús,
que aparece enunciada al principio como invitación y programa de vida para el
discípulo de Jesús: Creed en Dios y creed también en mí.
La expresión creer en Jesús vuelve a repetirse en
el último versículo, esta vez introducida por la fórmula enfática Os lo
aseguro, realzando así la importancia de lo que se dice en el versículo: El que
cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Reaparece el
término obra, que nos es familiar desde los domingos de Cuaresma. Se trata de
un término del mundo laboral, que designa el trabajo, el esfuerzo de ayudar a
las gentes a salir de los sistemas religiosos en la medida en que éstos velen
el rostro de Dios y produzcan personas heterónomas e infantiles. Estas son las
obras que está llamado a realizar el discípulo de Jesús. Resulta emocionante
saber que estas obras pueden exceder en importancia de las del propio Jesús. A
modo de resumen para la reflexión: Jesús es el camino para ir al Padre; conocer
a Jesús es conocer al Padre; conocerlos es creer en ellos; creer en ellos es
realizar las obras que ellos hacen.
Comentario. Creo que fue Goethe quien escribió lo
siguiente: Si buscas al infinito, anda tras lo finito en todas direcciones. La
invitación tiene un antecedente en este texto de Juan. Si buscas a Dios, anda
tras Jesús. El es lo finito de Dios, a la medida de las posibilidades humanas.
El, es decir, una persona, no un sistema ni una ley, por muy sacrosantos que
sean, y con los que jamás hay posibilidad de encuentro, de diálogo, de
conversación, de enriquecimiento personal.
¡Qué hermoso sería, si Dios existiera! La frase se
la oía ayer a un joven. Y como yo andaba a vueltas con este texto de Juan, me
acordé de esta frase: El que me ve a mí, ve al Padre. Y sentí que Dios existe y
es real.
Fue Sócrates quien en la Apología de Platón dice a
sus jueces: Voy a aportaros pruebas, que no van a consistir en palabras, sino
en algo que vosotros tenéis en mayor estima: obras. El testimonio tiene un
seguidor en este texto de Juan: Creedme: Yo estoy en el Padre y el Padre en mí.
Si no, creed a las obras. ¡Cuántas palabras, y grandes palabras en lo que
llevamos de siglo! El resultado se llama desencanto, repliegue, individualismo.
La salida de la crisis pasa sólo ya por las obras. ¡Qué pena que la palabra se
haya degradado tanto!
ALBERTO BENITO - DABAR 1990/28.
10.- Jesús acaba de decir a sus discípulos que se
va, que uno de ellos le traicionará y otro le va a negar tres veces antes de
cantar el gallo. Los discípulos están deprimidos por lo que han oído. Y, ahora,
Jesús trata de consolarles y levantarles el ánimo. Les pide que confíen en Dios
y en él. Lo primero es comprensible, y lo segundo debiera serlo también para
aquellos discípulos si han creído lo que claramente les ha dicho Jesús sobre su
persona: que "él y el Padre son uno" (10, 30 y 38). Por eso la fe y la
confianza en Dios y en Cristo ha de ser la misma (12, 44).
Jesús les infunde una esperanza que debe ayudarles
a superar todas las dificultades. Les dice que se reunirá con ellos en la casa
del Padre, en donde hay sitio para todos. Si él marcha ahora es para
prepararles un sitio. Cuando todo se haya terminado y Jesús haya resucitado de
entre los muertos, comprenderán, bajo la luz pascual, que Jesús ha abierto con
su muerte las puertas de la gloria y que es así como ha ganado para sus
discípulos el derecho de entrar en la casa del Padre.
Los discípulos debieran ya saber a dónde va Jesús,
al Padre. Jesús, después de haberles hablado de su propia persona y de su
misión, supone también que conocen el camino. Sin embargo, no parece que le
hayan entendido muy bien; por lo que Tomás, en nombre de todos, le pregunta
adónde va y cuál es el camino del que habla. El mismo es el camino por el que
se llega al Padre. En la persona de Jesús, en sus palabras y obras, se hace
presente en medio de los hombres el misterio de Dios, se revela el Dios invisible
(1, 1 s.; 3, 32; 8, 31 s.; 12, 45). Pero la revelación de Dios en su Hijo
encarnado no sólo manifiesta lo que Dios es y quiere ser para los hombres, sino
que además da vida a cuantos la aceptan con fe. Por eso Jesús es el Camino para
encontrar al Padre, la Verdad en la que Dios se manifiesta y la Vida misma que
Dios nos da. De todo esto ya había hablado Jesús a sus discípulos mediante la
"comparación" de la puerta que se abre a las ovejas para que tengan
vida abundante (10, 9).
Jesús es más que un camino, es el Camino,
absolutamente hablando y, por consiguiente, es también Dios, uno con el Padre.
De suerte que los discípulos, al conocer a Jesús, conocen ya al Padre.
Posiblemente Felipe le pide algo así como una manifestación de Dios ante sus
propios ojos, semejante a lo que ha leído en las Escrituras (Ex 24, 10; 33,
18-34, 35; Is 6; Ez 1; etc). Piensa que sólo así saldrá del sentimiento de
inseguridad y abandono en el que se encuentra ante la despedida de Jesús.
Jesús le indica que él se mueve todos los días en
una relación mucho más inmediata con el Padre de lo que era posible en aquellas
manifestaciones y visiones momentáneas, Felipe, como los otros discípulos que
le siguen, vive en un trato familiar con Jesús y por lo tanto con el Padre.
Sin embargo, esta visión del Padre no es posible
sin la fe. Dios no sólo se manifiesta, sino que también se oculta en la
naturaleza humana de Jesús. Es preciso aceptar la fe con todas sus
consecuencias para experimentar el gozo de esta comunicación con Dios en Cristo
y por Cristo. Las palabras y las obras de Jesús son el testimonio en el que se
funda esa fe, pues son también palabras y obras del Padre.
EUCARISTÍA 1981/24.
11.- Contexto. El evangelio de hoy se enmarca en la
situación motivada por la marcha de Judas (Jn. 13, 30). Esta marcha expresa
simbólicamente la muerte de Jesús cfr. Jn. 13, 31. La muerte como
glorificación; recuérdese lo escrito el quinto domingo de cuaresma comentando
el relato de la resurrección de Lázaro). Leída, pues, a nivel de significado
(lectura de Juan), la marcha de Judas enfrenta a los discípulos (=los
cristianos) con una situación nueva, derivada de la desaparición de Jesús (cfr.
Jn. 13, 33). ¿Qué será de los discípulos en esta situación? ¿Cuál es su
función? A estas preguntas responde el evangelio de hoy, que ha sido
acertadamente calificado como "exhortación ante la desaparición del
Maestro" (M. J. Lagrange).
Texto y sentido. Doble ruego de Jesús a sus
discípulos (v. 1) y fundamentación del mismo (vs. 2-11). La fórmula solemne del
versículo 12 introduce una nueva perspectiva, centrada en el papel de los
discípulos como continuadores de la obra de Jesús. El esquema formal nos lleva
a distinguir, pues, dos partes. Pero este modo de hablar resulta tremendamente
pobre e inexacto, dada la situación crítica que viven los personajes. Por eso,
más que de partes hay que hablar de vivencias.
Versículos 1-11 o invitación al consuelo y a la
confianza. Estos versículos sólo los podrá "entender" quien haya
vivido la experiencia del desconsuelo y del abandono por la pérdida de un ser
querido. Esta experiencia constituye el presupuesto hermenéutico necesario para
captar el sentido de este texto.
Ante el desconsuelo que su muerte desencadena en
los discípulos (v. 1a), Jesús les habla de un reencuentro en la casa del Padre,
de un volverse a ver, de un camino que lleva a ese reencuentro (vs. 2-4). A la
hora de interpelar los vs. 2-4 hay que evitar el peligro de la racionalización.
Racionalizar o de estancias diferenciadas. Otro ejemplo: preguntarse cuándo
tiene lugar la vuelta de Jesús (manifestación solemne de la Parusía; cuando uno
muere). El v. 3 no dice nada de esto; simplemente está usando unas imágenes,
poniendo una comparación. Todo, para decir lo único que en una situación así
importa: me voy, pero nos volveremos a ver.
El segundo ruego de Jesús es una invitación a la
confianza, a fiarse del Padre y de El (v. 1b). El desarrollo-justificación de
este ruego se realiza en forma de preguntas y respuestas (vs.5-11). Las
preguntas de los discípulos aferran la dificultad que, en última instancia, una
tal invitación plantea: ¿Cómo saber que podemos tener confianza?, ¿Dónde está
la base segura y la fuerza motora de esa confianza? Frente a la mística
gnóstica contemporánea, preocupada por conocer la vía de la inmortalidad, el
itinerario a seguir en el otro mundo a través de las esferas celestes, Juan
propone la mística realística de Jesús: "Yo soy el camino, la verdad y la
vida". El que cree en Jesús no tiene necesidad de ninguna otra gnosis o
doctrina de salvación; está ya seguro de llegar a la meta y ya la está tocando
desde ahora. Se trata, como se ve, de la misma idea del domingo anterior
("Yo soy la puerta"), pero desarrollada desde símbolos distintos.
Puerta y camino son metáforas; verdad y vida son experiencias humanas.
Jesús es además el que revela al Padre. El nos
ofrece la garantía absoluta de que Dios existe y de que es Padre. ¡Precisamente
la garantía que como humanos necesitamos!. Versículo 12. A la invitación al
consuelo y a la confianza sigue ahora la invitación a la acción. En ausencia de
Jesús, los discípulos deben desempeñar entre los hombres el mismo papel que
Jesús ha desempeñado entre ellos. La fe de los discípulos no es un término,
sino un punto de partida. Y un punto de partida con unas repercusiones mayores
que las de Jesús, porque la actuación de los discípulos no estará limitada al
estrecho marco judío, como fue el caso de Jesús. Los discípulos deberán ser
para los demás hombres testimonio de consuelo y testimonio de confianza en el
Padre y en Jesús; deberán ofrecer la garantía de que Dios existe y de que es
Padre. ¡Precisamente la garantía que como humanos están necesitando!.
DABAR 1978/27.
12- . FE/CREER-J:
Según la concepción veterotestamentaria y judía, la
fe es un apoyarse del hombre en el fundamento vital divino, que le confiere
vida y existencia; un entregarse sin reservas y confiado en la promesa, bondad
y lealtad de Dios. Justamente en este sentido no es posible creer en todo. Más
aún no se puede creer absolutamente en nada del mundo, sino sólo en Dios,
porque solo él responde al anhelo de una fidelidad incondicional. En Juan el
concepto "creer" tiene ya detrás de sí una historia cristiana, y ha
experimentado por lo mismo una ampliación importante. Ahora la fe no se dirige
tan sólo a Dios, sino también a la persona de Jesús. Para el cristianismo
primitivo Jesucristo está tan estrechamente vinculado a Dios que él mismo se ha
convertido en el "objeto de la fe". La fe en Dios aparece mediatizada
por Jesús; es Jesús quien ha pasado a ser el fiador de la fe. Y, a la inversa,
la fe en Dios se ha hecho fundamento de la fe en Jesús, de tal modo que, según
Juan, fe en Dios y fe en Jesús constituyen una unidad indestructible.
Jn/14/02: "El que quiera servirme que me siga; y donde
yo esté, allí estará también mi servidor" (12,26). Ahora bien, el camino
que Jesús recorre es el camino del Hijo del hombre, que, a través del mundo,
pasando por la cruz y resurrección, conduce hasta el Padre. Justamente ese
camino es el que ahora se impone como obligatorio también para los discípulos;
pues, pertenecer a Jesús equivale a estar con él, por fe y amor, en una especie
de comunidad de destino. En la casa de Dios, del Padre, hay "muchas moradas".
O, formulado de una manera abstracta: en Dios encontrará cada uno su plena
posibilidad de amor, la felicidad eterna acomodada a su propia capacidad; nadie
tiene, pues, que preocuparse de que no vaya a haber para él ninguna
posibilidad, ninguna consumación. Como quiera que sea, allí ya no imperará
ninguna "necesidad de vivienda". La partida de Jesús -así lo ve Juan-
tiene el significado de que él es en cierto modo el aposentador celestial que
prepara la vivienda a sus amigos. Con ello, sin embargo, va aneja la idea de
que para los hombres no hay otra posibilidad de llegar a Dios si no es por
Jesús, que nos lo revela. Su camino es el camino modélico del hombre hasta
Dios. (...)
Jesucristo representa la respuesta definitiva a la
cuestión planteada en los símbolos religiosos; es el cumplimiento del anhelo
religioso de la humanidad, tanto por lo que respecta a la esperanza judía de
salvación como al anhelo religioso de los gentiles. En Jesús se encarnan los
valores e ideales supremos de la vida. En las metáforas aflora una y otra vez
como concepto fundamental la idea de vida, de vida eterna. Jesús es el
revelador que comunica al hombre la verdadera y eterna vida divina.
J/SALVADOR-UNICO: De ahí deriva una doble relación. Ante todo, la
de que Jesús de Nazaret, como personaje humano e histórico, es el revelador de
Dios y el portador escatológico de la salvación; ése es el supuesto básico del
mensaje soteriológico de Juan, como de todo el cristianismo primitivo. Eso
significa, por una parte, que desde ese fundamento se contemplan críticamente
todas las demás expectativas de salvación sin que puedan asegurar la salvación
que prometen. Por otra parte, sin embargo, aflora una visión positiva de las
religiones, que se puede formular poco más o menos así: con sus diversas formas
de interpretar la existencia, las religiones son la expresión más profunda y
vigorosa del deseo humano de salvación. Ese anhelo de salvación, el afán religioso
no es una ilusión, sino una verdad humana existencial, que cada uno puede
experimentar en sí mismo. En Jesucristo y en el Dios del amor universal a los
hombres, al que Jesús llama Padre suyo, encuentra ese anhelo su consumación
insuperable. Lo que se dice explícitamente del Antiguo Testamento, a saber, que
ha de entenderse como una promesa de Cristo, cabe decirlo también
analógicamente de todas las religiones. En la fe cristiana están sublimadas las
religiones en el doble sentido hegeliano de la palabra: en ella se realizan y
consuman.
JESUS/CAMINO: El hombre -y así lo hemos dicho en conexión con
el versículo 5 -pregunta por el camino, el camino de la vida o el camino de la
salvación, y consiguientemente por el sentido y finalidad de su propia
existencia. Las religiones intentan, por su parte, dar una respuesta a esa
pregunta acerca del camino. Aquí dice Jesús de sí mismo: Yo soy el camino. Lo
cual significa de primeras, frente a todos los otros caminos, que Jesús
personalmente es el camino salvífico del hombre hacia Dios, al lado del cual
para la fe no cuentan para nada ni el camino soteriológico judío de la piedad
nomista (la tora) ni el gnóstico de un conocimiento puramente interno de la
salvación.
Pero la palabra dice aún más. Y así lo expresa R.
Bultmann: "Al designarse Jesús a sí mismo como el camino, queda claro: 1.
que para los discípulos las cosas discurren de distinto modo que para él; Jesús
no necesita para sí ningún camino en el sentido que lo precisan los discípulos;
más bien es él el camino para ellos; 2. que camino y meta no pueden separarse
en el sentido que lo hace el pensamiento mitológico". En el encuentro con
el revelador Jesús está la salvación del hombre. Respecto de Jesús el concepto
"camino" abraza toda su historia, es decir, su actividad terrestre,
su muerte y resurrección. Y todavía un paso más: su camino desde la
preexistencia celeste hasta el mundo y de nuevo su retorno al Padre, su venida
desde Dios y su ida a él. El hombre tiene ya un camino hacia Dios, porque en
Jesús es Dios quien personalmente ha venido hasta el hombre, abriéndole así el
camino. Con la revelación de Dios en Jesús queda resuelto el problema del
hombre acerca del camino.
Simultáneamente late ahí también una referencia a
la fe: si Jesús en persona es el camino, también la fe en cuanto respuesta
humana a la revelación hay que entenderla ya como camino. La fe es asimismo
algo vivo y dinámico, un movimiento que se adueña de la vida del hombre y la
convierte en una "marcha" permanentemente. Ahí entra ciertamente la
vinculación con Jesús, así como el buscarle de continuo. Su persona no resulta
jamás superflua para la orientación de la fe, nunca queda superada.
JESUS/VERDAD: Para nosotros no es tan fácil de comprender que
Jesús se designe a sí mismo como la verdad; no, desde luego, porque nosotros
hayamos ligado al concepto "verdad" unas representaciones muy
distintas. Así, por ejemplo, se entiende como verdad (1) el que uno diga lo que
piensa y quiere, la armonía entre pensamiento, propósito y lenguaje, en
oposición al engaño o mentira. O bien (2) la concordancia de una idea o
afirmación, o bien de una doctrina, con la realidad, en oposición al error. Hoy
es frecuente sobre todo (3) entender la verdad como introducción a la práctica
recta; y, finalmente (4), se entiende a menudo verdad en el sentido de que una
afirmación o teoría responda a las reglas de la razón, de la lógica o de los
métodos científicos. La verdad del presente texto no se deja encasillar en
ninguna de las concepciones mentadas; buena prueba de que la idea de verdad es
aquí distinta de la que emplean el lenguaje cotidiano y la ciencia. No se
trata, por consiguiente, de que Jesús haya dicho la verdad, ni de que en él
concuerden pensamiento y lenguaje, o incluso lenguaje y obrar, de que jamás
haya mentido. Aquí se trata ciertamente de la radical búsqueda humana de la
verdad como experiencia de sentido y certeza. En esa dirección fundamental
podría apuntar la afirmación joánica.
Al tiempo hay que pensar también especialmente en
la idea veterotestamentaria de la verdad (heb. emet). El término hebreo emet en
sentido teológico expresa la absoluta fidelidad de Dios en su obrar, en su
revelación y en sus mandamientos. Verdad significa la credibilidad absoluta de
Dios frente al hombre, de tal modo que éste puede confiar incondicional- mente
en la palabra de Dios, en su promesa y lealtad. De esa fiabilidad, lealtad y
verdad de Dios puede vivir el hombre; ahí adquiere la constancia y firmeza
básica para su vida. El hombre, que se confía a la palabra y revelación de Dios
y que cuenta con ella totalmente en la práctica, en cuanto que obra la verdad
con fe, participará en la verdad de Dios. En esa concepción de la verdad, la
visión y el obrar (teoría y práctica), conocimiento y experiencia, están en
íntima relación.
Ahora bien, la afirmación central del evangelio de
Juan está en que esa verdad de Dios sale al encuentro del hombre en Jesús; con
él han venido la gracia y la verdad (1,17). Esa verdad que sale al encuentro,
que es objeto de experiencia y que habla, es la que hace al hombre libre:
"Si vosotros permanecéis en mi palabra, sois verdaderamente discípulos
míos: conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (/Jn/08/31). En
contacto con Jesús y su mensaje el hombre encuentra la verdad y realidad liberadora
de Dios: experimenta la verdad en Jesús como salvación y como amor; puede ser
de la verdad. Cierto que esa verdad nunca se convierte en posesión disponible.
Lo decisivo para la fe es que la verdad liberadora sólo se experimenta en el
encuentro con Jesús y su palabra; tiene que ser otorgada al hombre. Pero en
Jesús se nos da de hecho y de forma permanente. De ahí que hable el deseo
humano de la suprema verdad y sentido de una manera insuperable.
JESUS/VIDA: Finalmente, por lo que hace al concepto de vida,
es difícil agotar el contenido transcendental de esa palabra en el marco de la
teología joánica. En conexión con el pensamiento veterotestamentario y judío la
vida (o la vida eterna) se convierte en palabra clave para la salvación; es
decir, para todo aquello que la revelación tiene que ofrecer al hombre. Si en
la tradición sinóptica esa palabra clave para la salvación es el concepto
"reino de Dios", en Juan lo es la palabra "vida". Para una
comprensión adecuada de la importancia que tiene esa palabra podemos recurrir
al concepto moderno "calidad de vida". Según ese concepto, lo que le
interesa al hombre no es simplemente un mínimo existencial, como es el disponer
de alimento, vestido y vivienda, sino que para una vida humana plena hay otras
cosas, como la participación en un cierto nivel de vida o en los bienes de la
cultura. La fe dice que ni siquiera eso basta, sino que la vida humana sólo
alcanza su plena consumación en la comunión con Dios. Podemos calificar esa
concepción como una calidad de vida escatológica. Justamente eso es lo que
preocupa al cuarto evangelista: la lejanía de Dios, como ausencia de sentido,
de felicidad y alegría es lo que constituye el problema más grave y la
auténtica enajenación de nuestra vida; mientras que la vida verdadera, como
podría ofrecerla la revelación, consiste en que por Jesús se nos brinda la
comunión divina. Jesús, el Hijo del hombre, es el donador de vida escatológica.
Por él ha sido dada aquella posibilidad de vida, que supera toda otra
calidad. FE/INICIO/VE:
En Juan se suma como elemento decisivo el que esa
vida eterna no se entienda sólo como algo futuro que sólo se nos otorgará en el
futuro lejano o después de la muerte, sino que la fe es el comienzo de esa vida
eterna. Con la fe el hombre alcanza ya, aquí y ahora, una nueva calidad de vida
escatológica. La fe es el paso decisivo "de la muerte a la vida",
porque es la participación del hombre en la comunión divina que se le ha
abierto por Jesús (cf. al respecto 1Jn/01/01-04).
Dícele Felipe: "Señor, muéstranos al
Padre..." Objetivamente la súplica formula el deseo de una contemplación
de Dios. En ese deseo de contemplar directamente la divinidad en toda su
plenitud, se condensa la quintaesencia de todo anhelo religioso, el anhelo de
que en el encuentro con Dios se nos abra el sentido del universo. Pese a toda
la diversidad de sus respuestas, las religiones son las formas expresivas de un
sentido último definitivo y que ya no puede superarse. También la Biblia conoce
ese deseo del hombre de contemplar a Dios, pero alude una y otra vez a sus
limitaciones. A Moisés, que dirige a Yahveh la súplica "Déjame contemplar
tu gloria", se le da la respuesta: "No puedes contemplar mi rostro,
pues ningún hombre que me ve puede seguir viviendo." Lo más que puede
otorgársele es que pueda contemplar "las espaldas" de la gloria
divina, pero nada más (cf. Ex 34,18-23). También el evangelio de Juan mantiene
esta concepción de que ningún hombre ha visto a Dios ni puede verle (1,18;
6,46; cf. 1Jn 4,12). Ese principio de la invisibilidad de Dios por el hombre
constituye precisamente un supuesto básico de la teología joánica de la
revelación. Ciertamente que al hablar de Dios se tiene a menudo la impresión de
que ese principio básico ha quedado en el olvido, pues de otro modo nos
encontraríamos hombres con mayor inteligencia que no se contentan con la fe en
Dios.
Según la concepción bíblica Dios se muestra sobre
todo al "oyente de la palabra". La respuesta de Jesús se mantiene
exactamente en ese cuadro. El reproche "Llevo tanto tiempo con vosotros,
¿y no me has conocido, Felipe?", remite al lector una vez más al trato con
el Jesús histórico. Conocer a Jesús equivale justamente a reconocerle como el
revelador de Dios. Sobre Jesús se pueden decir muchas cosas. Cuando no se ha
encontrado ese punto decisivo, es que aún no se ha dado con el lugar justo para
hablar de Jesús, por seguir moviéndose siempre en preliminares y cuestiones
acusatorias. Todo trato con Jesús, el teológico y el piadoso, así como el trato
mundano con él, debe siempre plantearse esta cuestión.
Ahora el lado positivo: "El que me ha visto a
mí, ha visto al Padre". En el encuentro con Jesús encuentra su objetivo la
búsqueda de Dios. Pues ése es el sentido de la fe en Jesús: que en él se halla
el misterio de lo que llamamos Dios. Por lo demás, el "ver a Jesús",
de que aquí se trata, no es una visión física, sino la visión creyente. La fe
tiene su propia manera de ver, en que siempre debe ejercitarse de nuevo. Pero
lo que en definitiva llega a ver la fe en Jesús es la presencia de Dios en este
revelador. Y es evidente que, así las cosas, huelga la súplica de
"¡Muéstranos al Padre"!.
Se da ahora la razón de por qué la fe en Jesús
puede ver al Padre: "¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre
está en mí?" Hallamos aquí una forma de lenguaje típica de Juan (fórmula
de inmanencia recíproca), para indicar que Jesús está "en el Padre" y
que el Padre está "en Jesús". En esa fórmula, que no debe
interpretarse mal como una concepción espacial, se manifiesta la íntima
relación y comunión entre Dios y Jesús. Que Jesús "está en el Padre"
quiere decir que está condicionado en su existencia y en su obrar por Dios, a
quien él entiende como su Padre; y, a la inversa, que Dios se revela a través
de la obra Jesús, hasta el punto de que "en Jesús" se hace presente.
Se comprende que la verdad de esta afirmación sólo se manifiesta en la fe, y no
en una especulación sobre Dios que pueda separarse de la fe. Y que la fe pone
al hombre en una relación viva con Jesús y, justamente por ello, en una
relación viva con Dios, asegurando una participación en la comunión divina.
(...)
FE/SENTIDO: A la fe le incumbe siempre un problema de
sentido, no la cuestión del éxito externo o del progreso. Pero si se dejase
arrastrar hasta ahí, volvería a estar en posición de poder alcanzar una nueva
certeza. Ese sentido no es posible demostrárselo a nadie; lo que sí se puede es
vivir del mismo y testificarlo vitalmente, y eso es lo que importa, en
definitiva.
MAS-ALLA/MU: Sobre los v. 2-4: Con ello quedaría también
aclarado el problema del "más allá". Juan responde de forma breve y
rotunda a esta cuestión, inquietante para muchos hombres: quien se orienta
según Jesús y en él ha encontrado la salvación, no tiene ya en definitiva por
qué seguir cavilando acerca del "más allá", acerca de las
"moradas" del cielo. A las preguntas de ¿qué ocurre después de la
muerte?, ¿concluye todo con la muerte?, Juan da la respuesta siguiente: la
realidad del Dios del amor es mayor. Quien durante esta vida confía en Dios,
puede y debe mantener esa confianza. No caerá en el vacío. Dios es el amor que
abraza a todos los hombres, todos los tiempos y la historia toda; y, por ende,
también nuestra pequeña vida que alcanza su verdadero significado sobre el
trasfondo de ese amor. Todos los caminos del hombre acaban por desembocar ahí.
Con esa idea se puede vivir y morir. Tal vez sea importante decir que ¡con eso
solo se puede vivir! No es necesaria ninguna otra respuesta, ni se necesita tampoco
ninguna "geografía del más allá".
EL NT Y SU MENSAJE - EL EVANG. SEGUN S. JUAN, 4-2 -
HERDER BARCELONA 1979.Pág. 71ss.
13.- Jesús empieza a despedirse de sus discípulos,
pero ¡qué diferencia y qué distancia! Las palabras de Jesús son tan bellas, tan
profundas, que los discípulos no se enteran. Sus preguntas manifiestan la
diferencia de niveles en que se encuentran. Jesús empieza la despedida tratando
de animarles. «No perdáis la calma». Una palabra que no pierde actualidad y que
nos ayuda a nosotros en tantas y tantas ocasiones. Después les promete que no
les dejará solos, que se acordará siempre de ellos, que algún día volverán a
estar todos juntos. Pero ¿dónde? Las respuestas de Jesús alcanzan una
significación admirable que nunca nos cansaremos de meditar. Nos revelan el
misterio personal de Jesús, su unión íntima con el Padre y su misión salvadora
para el hombre.
CARITAS - RIOS DEL CORAZON - CUARESMA Y PASCUA
1993. Pág. 241
DOMINGO 5 DE PASCUA
La
Pascua sigue creciendo
Los domingos 5'y
6° de Pascua (y, allí donde la Ascensión no se celebra en domingo, también
e17°), escuchamos en el evangelio, distribuidas en los tres ciclos, palabras de
Jesús en su Cena de despedida, dándoles a sus discípulos consignas para cuando
él falte. Se acerca la Ascensión, su "despedida".
Hoy escuchamos su
afirmación: "yo soy el Camino y la Verdad y la Vida". También en la
carta de Pedro nos encontramos con otra gran convicción teológica y pastoral:
la comunidad cristiana es un pueblo sacerdotal, un templo vivo en el Espíritu.
Y la página de los Hechos nos presenta otro factor importante en este
crecimiento pascual de la comunidad: los ministros ordenados. Las tres
realidades básicas: Cristo, la comunidad sacerdotal y los ministros de la
comunidad. Son elementos que nos ayudan a vivir gozosamente la Pascua.
Han transcurrido
ya cuatro semanas de Pascua y hoy inauguramos la quinta. Las lecturas bíblicas
nos van ayudando a entrar cada vez con mayor fuerza en la vida nueva del
Resucitado y las consecuencias que tiene para la comunidad cristiana. No
debemos cansarnos de celebrar nuestra fiesta principal, que dura siete semanas:
nuestra fe cristiana es fundamentalmente alegría y visión optimista.
Ya en dirección a
Pentecostés, a muchos les ayudará también el recuerdo de la Virgen María, en el
mes de mayo. En efecto, ella es el mejor modelo que podemos tener para sumarnos
a la Pascua de Jesús, ella, que la vivió muy de cerca y se dejó llenar otra vez
en plenitud del Espíritu, junto con la comunidad.
Hechos 6, 1-7. Eligieron
a siete hombres llenos de espíritu
Todo colectivo
humano sabe de conflictos y desavenencias. En la comunidad de Jerusalén se creó
una seria tensión entre los de lengua hebrea y los de lengua griega,
procedentes estos de la diáspora romana y helénica, y que también como judíos
tenían en Jerusalén sinagogas propias. Los de lengua griega se quejaban de que
en la distribución benéfica que se hacía en la comunidad a los pobres, las
viudas de su grupo no recibían el mismo trato que las del grupo más autóctono.
Se establece sin
tardar un diálogo comunitario, y se resuelve la situación, creando siete
"diáconos" específicos para los del grupo helénico. El resultado es
el que Dios persigue, a pesar de las debilidades humanas: "la Palabra de
Dios iba cundiendo y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos".
Esos diáconos de lengua griega, por cierto, tendrán un papel importante en el
desarrollo de la comunidad.
El salmo es
de alabanza: "aclamad, justos, al Señor", y de confianza en ese Dios
que va guiando a su comunidad: "que tu misericordia, Señor, venga sobre
nosotros como lo esperamos de ti... los ojos del Señor están puestos en sus
fieles...".
1 Pedro 2, 4-9.
Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real
Si es verdad lo
que dicen los entendidos de que esta carta atribuida a Pedro es como una larga
catequesis bautismal, se explica mejor que el pasaje de hoy afirme de la
comunidad de los bautizados que son "raza elegida, sacerdocio real, nación
consagrada, un pueblo adquirido por Dios".
También compara
simbólicamente al pueblo de Dios a un templo construido con piedras vivas -cada
uno de los cristianos-, sobre el cimiento o piedra angular que es Cristo, para
construir el Templo del Espíritu.
Juan 14, 1-12. Yo
soy el camino, y la verdad y la vida
Empezamos a leer
los capítulos que Juan dedica a la última Cena de Jesús con los suyos. Hoy
escuchamos unas revelaciones de Jesús sobre su relación con el Padre:
"quien me ve a mí, ha visto al Padre", "yo estoy en el Padre y
el Padre en mí". De alguna manera anuncia ya su Ascensión: "yo me voy
al Padre... me voy a prepararos sitio".
Pero la
afirmación central es "yo soy el camino y la verdad y la vida".
Cristo,
centro de nuestra Pascua
Cristo Resucitado
sigue siendo el centro de nuestra fiesta. Hoy, por ejemplo, con el símbolo de
la "piedra angular" que había sido desechada por los hombres, pero
que resultó ser, como ha dicho la carta de Pedro, "piedra escogida y
preciosa ante Dios: el que cree en ella, no quedará defraudado".
Sobre todo, en el
evangelio se nos motiva la razón de ser de nuestra fe y de nuestra alegría:
"yo soy el camino y la verdad y la vida". Si el domingo pasado Jesús
se presentaba a sí mismo como el Pastor y como la Puerta, hoy hace tres
afirmaciones a cual más expresivas de su identidad: a) "yo soy el
Camino": si él es la Puerta de acceso a Dios, hoy emplea una comparación
semejante, la del camino; b) "yo soy la Verdad": no sólo es el
Maestro o Profeta enviado por Dios, sino que él "es" la Verdad misma,
la Palabra viviente que Dios dirige a la humanidad de una vez para siempre; y
c) "yo soy la Vida": no sólo resucita muertos y cura enfermos: él
"es" la Vida misma. Difícilmente se puede expresar mejor la
centralidad de Cristo Jesús para nuestras vidas.
Una
comunidad sacerdotal
La comunidad
cristiana, la que cree en Cristo Jesús y se ha reunido en torno a él, es
"raza elegida, sacerdocio real, nación consagrada, un pueblo adquirido
por Dios". Es un pueblo sacerdotal, o sea, mediador, evangelizador,
misionero, constructor de un mundo nuevo.
Este
sacerdocio-mediación-que el pueblo cristiano tiene como participación en el
único sacerdocio de Cristo, se ejerce en dos direcciones. Una, hacia Dios,
ofreciéndole nuestras alabanzas y sacrificios: "para ofrecer sacrificios
espirituales que Dios acepta por Jesucristo". Y otra hacia los hombres,
con el encargo misionero de la evangelización, del anuncio a todos de la buena
nueva de Dios: "para proclamar las hazañas del que nos llamó a salir de la
tiniebla".
Este pasaje de la
carta de Pedro sobre el sacerdocio bautismal de los cristianos es el que más se
cita para motivar el sacerdocio bautismal de los cristianos. Así lo hace el
Concilio en la constitución Lumen Gentium (LG 9-11), donde se desarrolla
ampliamente esta dignidad y esta misión sacerdotal de todo el pueblo cristiano.
O el Misal, cuando, por ejemplo, motiva el que los que participan en la
Eucaristía eleven a Dios su "oración universal", la "oración de
los fieles", "ejerciendo su sacerdocio bautismal".
Precisamente en
este tiempo de Pascua en que muchos reciben el Bautismo, y otros participan por
primera vez plenamente de la mesa eucarística de la comunidad, o reciben el
Sacramento del don del Espíritu, la Confirmación, es bueno recordar que la
comunidad del Señor se les debe presentar a ellos -a las generaciones jóvenes-
como una comunidad viva, llena de fe, sacerdotal, animada por el Espíritu, que
canta alabanzas a Dios y participa de los sacramentos, pero que también da
testimonio de su fe en la vida. Es una comunidad creyente, celebrante y
misionera. A la vez que es una comunidad siempre en construcción, siendo cada
uno de nosotros "piedras vivas" en ese edificio que es la Iglesia de
Dios, basada en la piedra angular que es Cristo, y animada por los ministros
ordenados.
Ojalá se pudiera
decir de la comunidad cristiana lo que dijo de sí Jesús: "el que me ve a
mí, ha visto al Padre". ¿Podría atreverse a afirmar una comunidad
cristiana: "el que me ve a mí, ha visto a Cristo"?.
Cuando
surgen las tensiones
Ahora bien, por
buena que sea una comunidad, no es nada extraño que en su vida haya momentos de
tensión. Tenemos que ver las cosas con los pies en el suelo. Pascua es fiesta,
pero también tarea, camino, misión, lucha.
En la vida de la
primera comunidad, y a pesar del idílico cuadro que Lucas nos había dibujado en
el primero de sus "sumarios" (y que leíamos el domingo 2° de Pascua),
empiezan a surgir dificultades. En Jerusalén algunos judíos procedentes del helenismo
se convirtieron al cristianismo, y formaban un grupo étnico y lingüístico
bastante diferente, con lengua y sensibilidad propia, aún dentro de la fe
cristiana. La lengua no es sólo una gramática y un vocabulario: es reflejo de
una cultura y de una formación. La fe en Cristo puede unir a todos, pero la
sensibilidad no cambia fácilmente. Estos cristianos de lengua griega se
quejaron de que no se les respetaban los mismos derechos y modos de
beneficencia que a los de lengua hebrea.
La comunidad de
Jerusalén nos da aquí -y lo hará más adelante con el conflicto de la admisión
apersonas procedentes del paganismo- un buen ejemplo de serenidad y diálogo.
Los apóstoles escuchan las quejas y establecen en seguida un diálogo, llegando
a un acuerdo: nombrar a siete diáconos, todos de nombre griego, presentados por
la comunidad. Se llega, por tanto, también a una descentralización y una nueva
distribución de responsabilidades dentro de la Iglesia.
A lo largo de la
historia van apareciendo continuamente situaciones nuevas, y ya desde muy
pronto, como vemos. A veces es por el número creciente de los cristianos, o por
el carácter heterogéneo de la composición de sus grupos, o por las tensiones
que se crean desde dentro, además de las persecuciones externas.
Hoy, la venida de
numerosos inmigrantes de otras regiones del propio país o de otras naciones más
o menos lejanas y diferentes en lengua, cultura y religión, hace que la
convivencia, incluso dentro de la comunidad cristiana, sea más complicada que
antes. Todos compartimos la misma fe, pero pueden surgir problemas de
sensibilidad no pequeños. En todas partes hay el peligro de la discriminación,
por motivos de edad o lengua, de formación o procedencia, entre jóvenes y mayores,
hombres y mujeres, religiosos y laicos, nativos e inmigrantes.
La página de hoy
nos interpela. No hay que asustarse por la existencia de problemas, pero hay
que saber resolverlos. Las tensiones que surgen no se resuelven ignorándolas, o
adoptando posturas crispadas, sino dialogando. También en el ámbito eclesial
tiene que funcionar lo de que "tos hombres hablando se entienden".
También entre
nosotros, si adoptamos un talante de tolerancia y de diálogo constructivo,
sucederá como en la comunidad primera: "la Palabra de Dios iba cundiendo y
crecía el número de discípulos". La unidad fraterna es la que posibilita
el trabajo misionero. El signo que hace más creíble lo que se predica, es la
caridad: la caridad hacia dentro y hacia fuera.
Los
ministros, al servicio de la comunidad
Un factor que
ayuda a que las comunidades cristianas vivan su misión con más eficacia es,
según la primera lectura de hoy, la presencia en ellas de los ministros
ordenados.
Esos ministros
son fieles que, además de estar bautizados y confirmados por el Espíritu, como
los demás, han recibido otro sacramento, el del Orden, que les confiere la
gracia de configurarse más explícitamente a Cristo Buen Pastor, para bien de la
comunidad. Son los diáconos, los presbíteros y los obispos que, haciendo las
veces de Cristo en medio de la comunidad, realizan con toda su buena voluntad
el ministerio de la palabra, de la oración, del servicio fraterna y de la
autoridad.
En el caso que
leemos hoy, se trata de los diáconos (en griego, "servidores"),
elegidos entre "los hombres de buena fama, llenos de espíritu y de
sabiduría".
De esos diáconos,
destacan en los siguientes capítulos de los Hechos dos: Felipe, el que
evangelizó Samaría y tuvo el encuentro con el eunuco de Candace; y Esteban, que
asombró e irritó a las autoridades con su valiente predicación y sus
maravillosos signos y se convirtió en el primer mártir de la comunidad
eclesial.
En Jerusalén se
pensó en una división de responsabilidades: los apóstoles se dedicarán a la
oración y a la predicación, mientras que los diáconos se cuidarán de "las
mesas", de la distribución de la beneficencia en la comunidad. Aunque en
seguida notamos que esta división no fue tan inflexible, porque vemos pronto a
diáconos como Felipe y Esteban predicando y bautizando. Los diáconos se
convirtieron, por tanto, en eficaces auxiliares de los apóstoles en la
dirección de las comunidades.
En las nuestras
hay también otros ministerios o servicios que no requieren necesariamente el
sacramento del Orden, sino que los realizan los laicos: los catequistas, los
educadores, los padres de familia, los encargados de la pastoral de los
enfermos, de los ancianos o de los niños, los que animan las iniciativas de
caridad y las celebraciones litúrgicas de la comunidad...
La
Iglesia vive de la Eucaristía
Este fue el
título de la encíclica de Juan Pablo II sobre la Eucaristía, en la Pascua del
2003.
Todos los
aspectos que las lecturas de hoy nos proponen parecen como resumidos y
fotografiados en nuestra celebración eucarística.
En ella es cuando
mejor se experimenta que el Resucitado sigue presente para nosotros como
Maestro y Alimento. En ella se ve a la comunidad reunida, comunidad sacerdotal,
abierta a la Palabra, que alaba a Dios, intercede por todo el mundo y participa
en la Mesa eucarística que le da fuerza para su vida de testimonio. También se
ve el papel de los ministros ordenados, miembros de esa misma comunidad, con el
ministerio adicional de ayudar a los demás, de dirigir su oración y su vida,
como signos visibles de Cristo Buen Pastor. Y los ministerios de otras personas
que ayudan, como lectores, cantores, monitores, sacristanes, etc., a que la
comunidad cristiana pueda celebrar mejor la Eucaristía. Y así pueda decirse en
verdad que "la Iglesia vive de la Eucaristía".
LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)
PROPUESTA DE
CANTOS DOMINGO V DE PASCUA CICLO A 2026
DOMINGO V DE
PASCUA (03 DE MAYO)
01.- CON ALEGRIA EN EL CORAZON
F C7 F7
CON
ALEGRÍA EN EL CORAZÓN
BB
F C7
QUEREMOS
CANTARTE SEÑOR;
F C7 F7
CON
ESPERANZA, CON FE Y CON AMOR
BB
F C7 F
QUEREMOS
LLEGAR A TU MESA SEÑOR.
F
1.-
Con alegría de amistad compartida
G7
C7
en
una comida
BB F C7
con
esperanza de escuchar tu palabra
F
que
da la vida.
2.-
Con alegría de fiesta de hermanos
en
la Eucaristía;
Con
la fe y el amor que exige el juntarnos
en
tu comida.
3.-
Con alegría los primeros cristianos
su
amor compartían;
Con
esperanza seguiremos sus huellas
y
ejemplo de vida.
02.- ALREDEDOR DE TU MESA
ALREDEDOR DE TU MESA,
VENIMOS A RECORDAR
(2)
QUE TU PALABRA ES
CAMINO
TU CUERPO FRATERNIDAD
(2).
Hemos venido a tu
mesa
a renovar el misterio
de tu amor
con nuestras manos
manchadas
arrepentidos buscamos
tu perdón.
Juntos y a veces sin
vernos,
celebramos tu
presencia sin sentir
que se interrumpe el
camino,
si no vamos como
hermanos hacia ti.
03.- ALELUYA EL SEÑOR ES NUESTRO REY (Miguel Manzano)
DO FA SI7 Mim
ALELUYA,
ALELUYA,
DO FA RE SOL
EL
SEÑOR ES NUESTRO REY.
DO FA SI7 Mim
ALELUYA,
ALELUYA,
DO FA
SOL7 DO
EL
SEÑOR ES NUESTRO REY. (2)
DO SOL7 DO
1.-
Cantad al Señor un cántico nuevo
FA
DO RE SOL
porque
ha hecho maravillas;
DO MI LA-FA
su
diestra le ha dado la victoria,
RE
SOL DO
su
Santo Brazo.
2.-
El Señor da a conocer su victoria,
revela
a las naciones su justicia:
se
acordó de su misericordia y su fidelidad
en
favor de la casa de Israel.
3.-
Los confines de la tierra han contemplado
la
victoria de nuestro Dios.
Aclama
al Señor, tierra entera;
gritad,
vitoread, tocad:
4.-
tañed la cítara para el Señor,
suenen
los instrumentos:
con
clarines y al son de trompetas,
aclamad
al Rey y Señor.
Regirá
el orbe con justicia
y
los pueblos con rectitud.
04.- RECIBE SEÑOR
Te ofrecemos, Señor,
este pan
es el signo de
nuestra libertad.
Te ofrecemos, Señor,
este vino
que la vid y el
trabajo nos dan.
RECIBE, SEÑOR,
NUESTRAS VIDAS.
RECIBE, SEÑOR,
NUESTRO AMOR.
MANOS FUERTES DE UN
MUNDO MEJOR. (2)
Te ofrecemos, Señor,
nuestras manos
y el deseo de amar y
trabajar,
por un mundo más
justo y humano,
donde habite la
fraternidad.
05.- ACEPTA SEÑOR EL VINO Y EL PAN (Joaquin Madurga)
FA SIb DO7
ACEPTA
SEÑOR EL VINO Y EL PAN
FA SOLm FA
CON
ELLOS TRAEMOS TU OFRENDA A TU ALTAR
FA DO7
1.-
Sobre tu altar Señor va nuestra ofrenda
FA
el
abrazo sincero al hermano
DO7 FA
perdonándonos
nuestras ofensas.
2.-
Sobre el Altar, Señor, va nuestra ofrenda:
trabajar
por un mundo más justo de igualdad
y
concordia fraterna.
3.-
Sobre el Altar, Señor, va nuestra ofrenda:
convertir
nuestra vida pasada
al
mensaje de tu Buena Nueva.
06.- PAN Y VINO DE AMOR (Brotes de Olivo)
En la tierra, la
sembró el sembrador,
la semilla de Tu pan,
Señor.
Y después el viñador,
trabajó en buena lid,
y las tierras ven
crecer, las espigas y la vid. (2 veces).
El trigo se molió en
el molino,
rompiendo su cuerpo
como Tú.
La uva la pisó el
hombre en el lagar,
igual que Tú te
dejaste pisar.
Y ahora convertido en
Pan y Vino,
Tu pueblo lo ofrece
en Tu altar.
Conviértelos, ¡oh
Dios!
son frutos de Tu
amor,
en Tu Cuerpo y
Sangre, Señor. (2 veces).
07.- SEÑOR, NO SOY DIGNO (J.A. Espinoza)
SEÑOR,
NO SOY DIGNO
DE
QUE ENTRES EN MI CASA
PERO
UNA PALABRA TUYA
BASTARÁ
PARA SANARME.
1.-
Eres el Pan de Vida,
a
todos das la paz;
quien
come de tu carne
por
siempre vivirá.
2.-
Somos el nuevo pueblo
que
Cristo congregó,
vivamos
siempre unidos,
testigos
del amor.
3.-
Vamos por esta vida
buscando
la verdad,
la
paz y la justicia,
un
mundo que vendrá.
08.-SEÑOR A QUIEN IREMOS (Alejandro Mejia)
SEÑOR, ¿A QUIÉN
IREMOS?
TÚ TIENES PALABRAS DE
VIDA.
NOSOTROS HEMOS CREÍDO
QUE TÚ ERES EL HIJO
DE DIOS.
1.- Soy el pan que os
da la vida eterna;
el que viene a mí no
tendrá hambre,
el que viene a mí no
tendrá sed.
Así ha hablado Jesús.
2.- El que viene al
banquete de mi cuerpo
en mí vive y yo vivo
en él;
brotará en él la vida
eterna
y lo resucitaré.
09.- NO TENGO MIEDO
1.- Cristo, tu Cruz
es respuesta real
para este mundo, para
este tiempo
que huye en temores.
Tú eres Camino, eres
Verdad, eres la Vida.
NO TENGO MIEDO DE LA
LIBERTAD,
NO TENGO MIEDO, SEÑOR
DE LA VIDA,
ME QUIERO ENTREGAR.
TOMA MIS MANOS MI VOZ
Y MI ANDAR
Y YO ALZARÉ ALTO LA
CRUZ DERRAMADA DE AMOR,
PARA QUE SEA BANDERA
DE LA JUVENTUD,
TU TRIUNFO SANTO QUE
JUNTO A MI CANTO
SE HARÁN FUERTE LUZ
PARA QUE VEAN TU
ROSTRO, JESÚS,
HOMBRES CON SED,
HOMBRES VALIENTES QUE
QUIERAN SEGUIR TU CAMINAR.
2.- Al verte herido
reinando en la Cruz,
dices mi nombre,
Suenan tambores al
escucharte.
Oigo las voces de
aquellos hombres
que tienen hambre.
3.- Santa María, me
acojo a tu amor,
pido tu fuego que
arde de ruegos hoy por tus hijos.
Virgen María, Rosa
del cielo, oye mi canto.
10.- JESUS, TE AMA (Kairoi)
Juégate la vida por
Jesús,
serás libre.
Él te ama como eres
tú,
serás joven.
Él te acepta siempre,
te conoce bien,
juégate la vida por
Jesús.
Muestra la alegría en
tu vivir,
serás libre.
Te esperó de mucho
tiempo atrás,
serás joven.
No te clasifica,
no te juzgará,
muestra la alegría en
tu vivir.
PORQUE JESÚS TE AMA,
JESÚS CONFÍA
QUE SERÁS CAPAZ
DE AMAR CÓMO ÉL, DE
AMAR CÓMO ÉL,
DE AMAR CÓMO ÉL, DE
AMAR CÓMO ÉL.
Grita que Jesús resucitó,
serás libre.
Grita que a tu lado siempre está,
serás joven.
Él te dio su vida,
el murió en la cruz,
grita que Jesús resucitó.
Tienes que ser uno con Jesús,
serás libre.
Tienes que crecer con los demás,
serás joven.
Hazlo humildemente,
y con sencillez,
tienes que ser uno con Jesús.
11.- SOLO TU (Cesareo Garabain)
MI LA
1.- Solo Tú eres mi
plenitud
SI7 MI
eres mi apoyo, mi
fuerza y mi luz
LA
eres mi vida y mi
juventud
SI7 MI
eres mi gozo y mi
cruz.
LA MI
SOLO TÚ ERES TODO MI
BIEN
SI7 MI
SOLO TÚ, SOLO TÚ
LA MI
SOLO TÚ ERES MI
PLENITUD
SI7 MI
SOLO TÚ, SOLO TÚ.
2.- Samaritana
siempre con sed
cuando en la tarde
abrasaba el calor
pero me diste un día
a beber
del manantial de tu
amor.
3.- Siento a mi lado
tu palpitar
por el camino que va
hacia Emaús
das un sentido a mi
caminar
mi Salvador eres Tú.
12.- MADRE DE LOS APOSTOLES
María, Tú eres madre
de los que hemos
dejado padre y madre
por seguir la llamada
del Señor.
ayúdanos, Oh Madre
a llevar a los
hombres el mensaje
de tu hijo redentor.
Madre de los
apóstoles
María, aumenta
nuestra entrega y nuestro amor,
nuestra fidelidad a
la palabra
nuestra fe en el
poder de la oración.
Madre de los
apóstoles
María, incúlcanos el
celo abrasador
que tuvieron un día
Pedro y Pablo,
respondiendo
a la llamada del Señor.
13.- SANTA MARIA DEL CAMINO (J.A. Espinoza)
1.-
Mientras recorres la vida, tú nunca solo estás,
contigo
por el camino santa María va.
VEN
CON NOSOTROS AL CAMINAR, SANTA MARÍA, VEN. (BIS)
2.-
Aunque te digan algunos que nada puede cambiar,
lucha
por un mundo nuevo, lucha por la verdad.
VEN
CON NOSOTROS AL CAMINAR, SANTA MARÍA, VEN. (BIS)
3.-
Si por el mundo los hombres sin conocerse van,
no
niegues nunca tu mano al que contigo va.
VEN
CON NOSOTROS AL CAMINAR, SANTA MARÍA, VEN. (BIS)
4.-
Aunque parezcan tus pasos inútil caminar,
tú
vas haciendo caminos: otros los seguirán.
14.- CREO EN DIOS AMOR (Cesareo Garabain)
ALELUYA ALELU
ALELUYA, CREO EN TI SEÑOR
CREO EN TI MI DIOS
AMOR.
ALELUYA ALELU
ALELUYA,
CREO EN TI SEÑOR,
CREO EN TI MI DIOS AMOR. (2)
1.- Creo en Dios, mi
Padre, que es mi luz y es mi vivir,
que habla en el
silencio en el hermano y en la flor.
Creo que me llama y
compromete a construir
una tierra nueva en
la justicia y el amor. (2)
2.- Creo en
Jesucristo, Dios y hombre, Redentor,
que a nadie rechaza y
va buscando al pecador.
Creo que es mi
hermano, es mi amigo y salvador,
que nos compromete en
la tarea del amor. (2)
3.- Creo en el
Espíritu que alienta nuestro ser,
que transforma el
mundo con su fuerza y su calor.
Creo que nacemos en
un nuevo amanecer,
llenos de alegría,
caminando en el amor. (2)
4.- Creo que nosotros
somos el Pueblo de Dios,
que en los
sacramentos celebramos al Señor.
Pueblo que camina en
la alegría y el dolor,
una fe nos guía, nos
empuja el mismo amor. (2)