miércoles, 24 de junio de 2026

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XIII T.O. CICLO A - 28 JUNIO 2026

 PONER A JESUS POR ENCIMA DE TODO


Décimo tercer domingo del tiempo ordinario ~ Orando Solos Juntos

COMENTARIO

 

¿Por qué siembra Jesús la inquietud en nuestros afectos? En Mateo, Jesús dice: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí”. Pero no es cuestión de sentimiento (¿Por quién late más fuerte el corazón?), sino de una opción muy voluntaria y decisiva. Jesús dice: “Dame una prioridad absoluta ponme por encima de todos”.

Por consiguiente, no se trata de elegir entre dos amores: “Jesús o mi familia, Jesús o mi esposa”. No hay más que un amor, no hay más que una sola forma verdadera de amar. Cuando entramos en este mundo del amor verdadero, nos encontramos con Jesús, incluso sin conocerlo, tal como él dijo: “Cada vez que amaste a un hermano mí, me amaste a mí” (Mt 25, 40). Este es el único problema, ¡pero qué problema! Alcanzar esta calidad del amor, que nos concede amar a los nuestros como hay que amarlos, sin egoísmo, sin celos, sin posesividad, sin cansancio, sin negarles jamás el perdón. Esto nunca supone un amor menor hacia Jesús, sino todo lo contrario. El que, apuesta enteramente por Jesús, gana el amor y todos los amores. Solamente “en” Jesús, en el interior de nuestro amor a Jesús, es como podemos decirle verdaderamente a alguien: “Te amo”. La apuesta suprema (“encontrar la vida”) consiste en entrar en este amor primero, prioritario, englobante: Jesús. Por tanto, puede decirse con mayor justicia todavía: entrar en el amor.

Se comprenden mejor entonces aquellas tres frases tan duras que describen las renuncias necesarias para seguir a Jesús: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí. El que no coge su cruz.. El que conserve su vida.”. Estamos en el final del capítulo 10 de Mateo, escrito para definir al cristiano. Uno no es cristiano más que si entra en un amor a Jesús absolutamente incondicional, pero que llena al hombre entero: “Si quieres amarme, dice Jesús, te lo pediré todo y te lo daré todo”.

Escoger de este modo a Jesús puede exigir toda una cadena de rupturas que van desde la pena por sentirnos incomprendidos de los demás y de hacer sufrir a los nuestros, hasta la necesidad de tomar decisiones tremendas. Una mártir del siglo II, Perpetua, que escribió su diario hasta el último momento, nos revela cual fue su peor prueba antes de morir: “Llegó mi padre con mi hijo (un bebe) me abrazó y me dijo: ¡Sacrifica! ¡Acepta renegar de Cristo, ten piedad de tu Hijo! Entonces Hilarión, el procurador me dijo: Piensa en tu padre, piensa en tu hijo; “Sacrifica en honor del emperador! Pero yo me negué a ello”.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTÍFONA DE ENTRADA  Sal 46, 2

Pueblos todos, batan palmas, aclamen a Dios con gritos de júbilo.

 

ORACIÓN COLECTA

Oh, Dios, que por la gracia de la adopción has querido hacernos hijos de la luz, concédenos que no nos veamos envueltos por las tinieblas del error, sino que nos mantengamos siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11.14-16a

Pasó Eliseo un día por Sunén. Vivía allí una mujer principal que le insistió en que se quedase a comer; y, desde entonces, se detenía allí a comer cada vez que pasaba. Ella dijo a su marido: «Estoy segura de que es un hombre santo de Dios el que viene siempre a vernos. Construyamos en la terraza una pequeña habitación y pongámosle arriba una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que cuando venga pueda retirarse». Llegó el día en que Eliseo se acercó por allí y se retiró a la habitación de arriba, donde se acostó. Entonces se preguntó Eliseo: «¿Qué podemos hacer por ella?». Respondió Guejazí, su criado: «Por desgracia no tiene hijos y su marido es ya anciano». Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada. Eliseo le dijo: «El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando un hijo».

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 88, 2-3.16-19)

 

Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

 

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno», más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R.

 

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh, Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo. R.

 

Porque tú eres su honor y su fuerza, y con tu favor realzas nuestro poder. Porque el Señor es nuestro escudo, y el Santo de Israel nuestro rey. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4.8-11

Hermanos: Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte. Por el Bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre Él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO 1 P 2, 9

Aleluya. Ustedes son un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa; anuncien las proezas del que los llamó de las tinieblas a su luz maravillosa. Aleluya.

 

SANTO EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que los recibe a ustedes, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y

el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad les digo que no perderá su recompensa».

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Pidamos al Señor que escuche nuestras oraciones, para que podamos alegrarnos al recibir su ayuda:

 

1.- Por el papa León, los obispos y sacerdotes de la Iglesia que han consagrado su vida al Señor y por todos los pueblos que adoran al Dios verdadero. Roguemos al Señor.

 

2.- Por los enfermos, marginados, esclavos del vicio, para que el señor nos permita ver en ellos a nuestro prójimo y le extendamos una mano amiga. Roguemos al Señor.

 

3.- Por los que son víctimas de la debilidad humana, del odio o de la envidia. Roguemos al Señor.

 

4.- Por cada uno de los que participamos de esta celebración para que el señor toque nuestro corazón y le permitamos hacerlo parte de nuestra vida. Roguemos al Señor.

 

Escucha, Padre Santo, las oraciones de tu pueblo para que, unidos a Cristo, sigamos el camino de la cruz. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Oh, Dios, que actúas con la eficacia de tus sacramentos, concédenos que nuestro ministerio sea digno de estos dones sagrados. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNIÓN Sal 102, 1

Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

La ofrenda divina que hemos presentado y recibido nos vivifique, Señor, para que, unidos a ti en amor continuo, demos frutos que siempre permanezcan. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 29:  Hch 12, 1-11; Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9; 2Tm 4, 6-8. 17-18; Mt 16, 13-19

Martes 30: Am 3, 1-8; 4, 11-12; Sal 5, 5-6. 7. 8; Mt 8, 23-27

Miércoles 01: Am 5, 14-15. 21-24 Sal 49, 7. 8-9. 10-11. 12-13. 16bc-17; Mt 8, 28-34

Jueves 02: Am 7, 10-17; Sal 18, 8.9.10.11; Mt 9, 1-8.

Viernes 03: Ef 2, 19-22; Sal 116, 1. 2; Jn 20, 24-29

Sábado 04:  Am 9, 11-15; Sal 84, 9. 11-12. 13-14; Mt 9, 14-17

Domingo 05: Za 9, 9-10; Sal 144, 1bc-2. 8-9. 10-11.13cd-14; Rm 8, 9-11-13; Mt 11, 25-30.

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Mt 10. 37-42

 

1. - Lo que intenta JC es establecer gráficamente el criterio radical de actuación del discípulo: no amar menos (padres, hijos, a quien sea) sino amar más porque todo se basa en una opción de amor incondicional por el Hijo del Hombre y, por tanto, por todos los hombres. No por simples vinculaciones de la carne sino por una opción de amor total, es decir, por Dios. Dicho de otro modo, amor como Jc amó.

Y esta opción de amor incondicional pasa por un camino difícil -un camino de cruz- que es el criterio del amor auténtico. Aquel amor que busca más dar que recibir. Aquel que no se echa atrás, si es preciso dar la vida (que no se obsesiona por "no perder la vida"). Es lo que san Pablo presenta en la 2ª lectura: el camino cristiano pasa por sumergirse -incorporarse- en la muerte de JC (=en la lucha total contra todo lo que hay de mal en nosotros, en el mundo, solidarios con todos los que sufren por esta presencia de mal) para vivir así una nueva vida, en comunión con Dios (=viviendo en progresiva realización de su amor que comunica vida).

J. GOMIS - MISA DOMINICAL 1978/13


 

2.- PROJIMO/ACOGIDA:

Acoger, saber valorar "a uno de estos pobrecillos sólo porque es mi discípulo" No porque es de "mi comunidad" o de mi tendencia, o amigo, o... Sino, simplemente, porque es cristiano. Y que esta valoración se exprese muy humanamente con gestos (por más sencillos que sean, pero también expresivos: "un vaso de agua fresca"). El programa a concretar puede ser amplísimo: informar a todos, acoger a todos, ayudar cordialmente, organizar la comunidad, crear grupos, apuntarse a diversas tareas comunitarias, interesarse, etc.

J. GOMIS - MISA DOMINICAL 1978/13


 

3.- PARADOJAS/EV PARADOJA/QUÉ-ES  
LA PARADOJA BUSCA PROVOCAR/PREOCUPAR. LA PARADOJA NO ES PARA SER EXPLICADA SINO PARA SER RUMIADA.

Por lenguaje, tono y contenido podemos distinguir dos grupos de versículos. Los tres primeros son paradójicos, provocadores, van dirigidos al evangelizador (vv. 37-39). "El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí, etc". Sigue leyendo despacio cada uno de ellos. ¿Que te parecen? ¿Duros? ¿Extraños? ¿Imposibles? ¿Intolerables? ¿Locos? ¿Presuntuosos? ¿Excesivos? Los tres últimos son tranquilizadores, gratificantes, van dirigidos al evangelizado (vv. 40-42). "El que os recibe a vosotros." Léelos también despacio. Los tres primeros avisan, los tres últimos dan confianza; los primeros inquietan, los últimos serenan.

Expresión paradójica es aquella en que hay una incompatibilidad aparente, que está resuelta en un pensamiento más profundo del que la anuncia. El sentido de la paradoja no está en la superficie de la frase. La paradoja busca provocar, preocupar. La paradoja no es para ser explicada, sino para ser rumiada. Si yo te digo "el que no tiene nada, lo tiene todo" ¿qué te quiero decir? Si el Jesús de Mateo te dice: "el que ama a su padre, a su madre, a su hijo, a su hija más que a mí, no es digno de mí", ¿que te quiere decir? Rúmialo, dale vueltas, discute, argumenta, corrige, haz lo mismo con cada una de las paradojas de los tres primeros versículos. Son versículos de los que dejan K.O. "Las palabras más duras del evangelio" (Isidro Goma, t. 1, p. 552).

Creo poder dar, sin embargo, la pauta orientadora. La evangelización sólo es posible si se tiene una determinada escala de valores. La evangelización es una tarea arriesgada dentro de Israel, es decir, dentro de la Iglesia. No olvidemos nunca que Israel no es término político sino religioso.

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-PARADOJAS PARA RUMIAR:

En el Evangelio hay tal cantidad de paradojas, y de tal hondura que podemos afirmar que el Evangelio entero es una paradoja.

-El que pierde su vida, la gana, el que quiera ganar su vida la pierde" (Lc 9. 24).

-"Dichoso el que llora" (Mt 5. 4).

-"Los últimos serán los primeros; los primeros serán los últimos" (Mt 20. 16).

-"Dichoso el pobre" (Mt 5 3).

-"¡Ay si todos hablan bien de vosotros!" (Lc 6. 26).

-"Dichoso el perseguido" (Mt 5. 10).

-"El maestro, que sirva" (Jn 13. 14).

-El que se haga tan poca cosa como un niño, es el más grande" (Lc 18. 3).

-"El camino estrecho lleva a la vida" (Mt 7. 14).

-"No he venido a traer paz sino espada" (Mt 10. 35).

-"Amad a los que os odian" (Mt 5. 44).

-"Estas cosas son escondidas a los sabios y reveladas a los sencillos" (Mt 11. 25.

-"Vended vuestros bienes y tendréis un tesoro inagotable" (Lc 12.33).

Estas, y muchas otras más que encontramos a lo largo de todos los escritos del N.T. Las conocemos bien; pero lo importante no es conocerlas, ni saberlas de memoria, ni repetirlas con mayor o menor frecuencia. Lo importante es vivirlas. Pero, evidentemente, esa es otra historia.

-LA LÓGICA DEL MUNDO. La vida cristiana, si fuese conforme al Evangelio, se convertiría en una paradoja; pero preferimos seguir la corriente de la sociedad, la corriente de la lógica, la corriente del "mundo" que diría San Juan. (...) Y lo más curioso es que los propios cristianos no estamos exentos de extrañarnos ante las paradojas que plantea Jesús. Y nos extrañamos porque no acabamos de captar el sentido de la misión y el mensaje de Jesús; no acabamos de captar que lo de Jesús es "otra cosa", que no es una religión más entre otras, ni siquiera una religión especial; lo de Jesús fue mostrarnos el rostro de Dios, Dios que es Padre, que perdona, que no establece con el hombre las relaciones que el hombre se imaginaba (de superior a inferior) sino que las quiere establecer de igualdad, que no está para castigar sino para salvar; que no busca la destrucción del hombre sino su salvación; que Dios no deja de querernos aunque seamos el peor de los mortales; que su amor al hombre es incondicional y sin precio, que la postura del hombre ante Dios no puede ser ni la del miedo ni la de intentar utilizarlo sino la de la confianza incondicional.

L. GRACIETA - DABAR 1987/35


 

4.- EL FRAGMENTO DE MATEO

La reanudación de la lectura de Mateo la hacemos tomando el último trozo del capítulo 10, el "discurso de la misión". El texto tiene dos partes bien diferenciadas: las claras condiciones que Jesús pone al que quiera ser de los suyos, y el valor que tiene toda colaboración en la causa del Evangelio. El texto tiene su pleno sentido en la situación de la primitiva Iglesia, cuando todos los seguidores de Jesús se sienten realmente "enviados", y en cambio hay gente que, sin ser seguidores de Jesús, valoran la tarea de esos seguidores y les ayudan. Ahora la situación es diferente y por ello hay que adaptarlo (sin que esa adaptaci6n consista en hacer distinción entre los sacerdotes o los misioneros y después los "cristianos normales": ¡todo "cristiano normal" ha de ser seguidor y debe sentirse enviado!).

-Las condiciones de Jesús.

El lenguaje es radical, pero ciertamente que no es válido aplicarlo exclusivamente a algunos determinados cristianos. Ningún seguidor de Jesús, por ejemplo, puede pensar que el bienestar de sus hijos pase por encima de todo: los hijos han de ser educados no como superiores a otros niños o chicos que tienen menos posibilidades, sino que parte de su bienestar debe ser sacrificado como contribución solidaria a los que tienen menos; igualmente los padres no pueden quedar absorbidos totalmente por los hijos, sino que han de pensar también de qué manera contribuyen ellos a la causa del Reino de Dios. (También habría que hablar de la importancia que tiene que algunos cristianos renuncien a crear una familia por causa del Reino). Igualmente es condición aceptar "la cruz", que no sólo quiere decir de entrada resignarse ante las contrariedades, sino querer vivir según el Evangelio, como Jesús, aunque cueste y cree dificultades (aunque comporte la cruz).

-La acogida a los discípulos.

Esta segunda parte del texto nos la podemos aplicar desde dos ángulos distintos. Por un lado, nosotros somos discípulos "pobrecillos" que intentamos vivir y transmitir el Evangelio y que, en la medida en que lo hacemos, Jesucristo se identifica con nosotros, y eso ha de darnos mucho gozo y mucha confianza. Por otro lado, nosotros nos podemos sentir también como gente que únicamente es capaz de "dar un vaso de agua fresca", que sólo es capaz de acoger y ayudar la vida de discípulo y de enviado que hacen otros con mayor dedicación: también entonces Jesús nos dice que eso que hacemos, por poco que sea, no dejará de tener su paga.

JOSEP LLIGADAS - MISA DOMINICAL 1990/14


5.-  FE/SENTIMIENTOS: JESÚS SOLO PIDE SERIEDAD Y ENTREGA. NO IMPONE DISYUNTIVA DE QUERERES NI ROBA LOS SENTIMIENTOS HUMANOS.

Jesús no impone al enviado una disyuntiva de quereres, es decir, no opone dos quereres por uno de los cuales haya que optar. Jesús no sustituye al padre, la madre, el hijo o la hija del enviado.

Al enviado Jesús no le pide sentimientos ni pretende robárselos: le pide entrega y seriedad. Hasta donde sea preciso. Ya se encargarán las circunstancias de determinar el alcance de este "hasta donde sea preciso".

A. BENITO - DABAR 1990/35


 

6. - -Las condiciones de Jesús.-El lenguaje es radical, pero ciertamente que no es válido aplicarlo exclusivamente a algunos determinados cristianos. Ningún seguidor de Jesús, por ejemplo, puede pensar que el bienestar de sus hijos pase por encima de todo: los hijos han de ser educados no como superiores a otros niños o chicos que tienen menos posibilidades, sino que parte de su bienestar debe ser sacrificado como contribución solidaria a los que tienen menos; igualmente los padres no pueden quedar absorbidos totalmente por los hijos, sino que han de pensar también de qué manera contribuyen ellos a la causa del Reino de Dios. También habría que hablar de la importancia que tiene que algunos cristianos renuncien a crear una familia por causa del Reino. Aceptar "la cruz" no quiere decir de entrada resignarse ante las contrariedades, sino querer vivir según el Evangelio.

J. LLIGADAS - MISA DOMINICAL 1990/14


 

7.- Recibir a los profetas no es fácil, porque el anuncio que llevan suscita divisiones; la elección por Cristo o contra Cristo -elección que no admite compromisos- divide a la humanidad, a la familia y el corazón de cada uno. A veces desearíamos que los profetas nos ayudasen a ajustar nuestros compromisos y que justificasen nuestros falsos irenismos. Pero el profeta es inflexible en esto. Por eso acoger a un profeta es casi tan difícil como ser profeta. Ambos tendrán el mismo premio.

BRUNO MAGGIONI - EL RELATO DE MATEO- EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 114


 

8. - Estamos ante una de las paradojas más violentas. Las palabras de Jesús contradicen las esperanzas en un Mesías que sería el príncipe de la paz (Is 9,5); contradicen las esperanzas de todos los hombres que luchan y trabajan por la paz; contradicen la propia palabra de Jesús que ha beatificado a todos aquéllos que trabajan por la paz (5,9: serán llamados hijos de Dios) y ha mandado a sus discípulos que anuncien la paz (la paz puesta en equivalencia con el Reino; ver el comentario a 10, 7-15).

Esta tremenda paradoja ¿tiene una salida airosa? Por supuesto, no, en el sentido en que fue interpretada, a veces, para justificar una "guerra santa" o apetencias humanas o intransigencia religiosa. La espada o lucha traída por Jesús no es declaración de guerra contra el resto de los mortales que no acepten la fe cristiana. Los hijos del trueno fueron reprendidos duramente por esta mentalidad: "¿Quieres que mandemos bajar fuego del cielo que devore esta ciudad?". Pero él les reprendió (/Lc/09/54-55). La lucha no es de los discípulos contra otros hombres, sino de estos hombres contra los discípulos.

La espada-división se halla implicada en las exigencias de la presencia de Jesús. El mismo mensaje lleva a la división: exige la renuncia a lo más querido, que nada ni nadie esté por encima de él en la escala de valores que el hombre debe hacerse. Al jerarquizar estos valores, él quiere estar en la cumbre. Y no todos, ni mucho menos, comparten este criterio. Sólo una fe profunda puede aceptarlo. La división de que se habla en el texto había sido ya vivida como experiencia amarga en la Iglesia a raíz del decreto de excomunión que el judaísmo oficial había lanzado contra todos aquéllos que confesasen a Jesús como el Mesías. Esto trajo la división familiar a que alude el texto. Pero, por encima y más allá de este primer nivel, está la experiencia de la Iglesia, de los discípulos de Jesús, que quieren ser plenamente consecuentes con su vocación, con la llamada del Señor y con las exigencias cristianas. La exigencia que a veces se impone a los discípulos de Jesús, de renunciar a todo y a todos, aun a lo más querido (8, 22), se encuentra con la incomprensión, la división, la lucha. La espada en acción, que es la misma palabra de Jesús (Heb 4, 12).

COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT - EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 995


 

9.- Contexto. Continuación de las palabras de recomendación y de ánimo al nuevo Pueblo de Dios en previsión de las dificultades que ciertamente experimentará, desencadenadas por la oposición de los hombres religiosos de corte estrecho.

Sentido del texto. El v. 37 suena como una auténtica bomba. Sobre todo si se tiene en cuenta que las palabras van dirigidas a todos y cada uno de los componentes del nuevo Pueblo y no a un grupo especial o de aspirantes a la perfección. Nos hallamos ante un caso típico de lenguaje profético: rápido, intuitivo, desconcertante. Un lenguaje que tiene muy poco de juego literario y que busca concienciar al oyente de una necesidad imperiosa. Un lenguaje revulsivo. No es fin en sí mismo sino medio para algo.

Descubrir este "para algo" es dar con el sentido de lo que se dice. El "para algo" de nuestro texto es la urgencia imperiosa de un nuevo Pueblo que revele y sustituya al viejo y decrépito pueblo religioso. La necesidad de un nuevo Pueblo religioso es un objetivo indeclinable; su existencia no se puede diferir en absoluto. El v. 37 no establece una jerarquía o una prioridad de sentimientos o afectos (primero Jesús, después la familia). Jesús no reclama el afecto de sus seguidores. Jesús no es un líder frustrado y frustrante que quiera acaparar el mundo del sentimiento de sus seguidores. Jesús sencillamente resitúa el mundo del sentimiento en el marco de un objetivo que dé a ese mundo una perspectiva, un horizonte, una razón de ser última.

Jesús no reclama para sí el mundo de los afectos familiares. Lo que pide es que esos afectos sirvan para un objetivo de bien común, y no para cerrarse en sí mismos. Este mismo objetivo de bien común del que Jesús es el primer seguidor, está a la base del v. 38. La idea del versículo es la siguiente: seguir a Jesús es seguirle por un camino de sufrimientos públicos y violentos.

CZ/LLEVAR:"Tomar la propia cruz" no es una expresión metafórica. La Cruz no es el medio y el símbolo de la unión mística del cristiano con Cristo. La cruz es el medio para hacer morir a Jesús y a sus discípulos. Jesús no prescribe a sus discípulos hacerse una cruz para seguirlo hasta el Calvario; pero tampoco alude a cualquier clase de sufrimientos más o menos vagos. Anuncia a sus discípulos la misma violencia y el mismo desprecio público que soportará él mismo. Por consiguiente, no se trata principalmente de cargar consigo mismo (identificando la persona con la cruz), ni de cargar para ofrecerlo a Jesús o aceptar tal o cual sufrimiento personal, ni de reconocerse culpable ante Dios, ni siquiera de imitar a Jesús, sino de prever y aceptar la soledad humana y la oposición violenta y cuasi oficial.

"Tomar la cruz" es lo que en el v. 39 viene expresado como "perder la vida". Son expresiones equivalentes para significar "morir de muerte violenta". Pero Jesús dice a su discípulo que esta disponibilidad hasta dejarse matar es la verdadera manera de ser uno mismo, de ganarse, de vivir.

En la línea del domingo anterior, el v. 39 es una palabra de ánimo a quien puede comprensiblemente experimentar el desánimo por lo difícil de la situación. En esta misma línea de levantar el ánimo están redactados los vs. 40-42. En medio de la oposición a manos de los religiosos de corte estrecho, el discípulo de Jesús debe saberse uno con Jesús y con el Padre, aunque por su situación sea pequeño (pobrecillo, traduce el texto litúrgico).

DABAR 1981/38


 

10.- Los vv. 37-39 tratan específicamente de la adhesión personal e íntima que hay que dar a Jesús para seguirle. Posteriormente, vv. 40-42, harán ver que esta adhesión íntima tendrá que hacerse totalmente pública. La visión que Jesús tiene de los lazos familiares no es negativa; solamente quiere decir que, cuando la familia, en el grado o nivel que sea, llega a constituir un obstáculo para el reino, es preciso romper y hacer una clara opción por Jesús. No se pone tanto el acento en una situación límite cuanto en lo absoluto del reino, en la total disponibilidad del que va por los caminos de la fe.

Este "cargar con la cruz" tiene un sentido muy concreto. Hace alusión al momento en que el condenado comenzaba el camino que le llevaba a la ejecución, el momento en que el delincuente cargaba en sus hombros el "patibulum" y abandonaba la sala del tribunal para salir a la calle ante la multitud hostil. Lo más terrible no es la ejecución al final del camino, sino el sentimiento de haber sido expulsado de la comunidad, de hallarse sin defensa y de ser objeto del desprecio general (Mischná, San 85 a). Seguir a Jesús significaría arriesgarse a un tipo de vida que es tan difícil como el del último camino del condenado a muerte.

Hay en la primera parte del libro de Job (/Jb/02/04) un curioso episodio: Satán se presenta ante Dios. Dios está orgulloso de la fidelidad de Job, pues aunque se le han arrebatado la familia y las posesiones, no ha renegado de Dios. Dice entonces Satán: "Uno da una piel por otra piel; por la vida, todo lo que tiene". Esto quiere decir la cosa tan común de que el hombre en peligro de muerte da todo lo que tiene, de no ser un necio, por salvar su vida. Jesús dice: un bien mayor que la vida, que es el evangelio.

Todo el que da su vida, en poco o en mucho, por causa del evangelio, de hecho, está ganando la vida de verdad.

v. 40: Estos versos son la gran conclusión de la instrucción a los apóstoles. Lo que es una adquisición personal, el conocimiento de la persona de Jesús, tienen que llegar a plenitud por la vida. Vivir la fe es construir la vida, no con una pretenciosa relevancia, sino con una sencilla colaboración. Así, dar hospitalidad al mensajero no es solamente recibir con los brazos abiertos al hermano, sino también acoger la palabra, aceptar el vivir como lo exige el compromiso adquirido ante Jesús. Palabras difíciles del evangelio, pero cargadas de esperanza.

EUCARISTÍA 1978/30


 

11.- En estas palabras finales del discurso de misión podemos distinguir dos pequeñas secciones: en primer lugar, la necesidad que tiene aquel que es enviado de una adhesión personal a Cristo por encima de todo; y, en segundo lugar, la acogida que deben recibir los que son enviados.

--a) El hecho de colocar el amor a los padres y a los hijos y el amor a Cristo uno junto al otro, no significa de ninguna manera un desprecio para el primero. Lo que quiere subrayarse es la exigencia y el sentido de totalidad que debe tener el amor a Cristo. La exigencia del seguimiento de Cristo es tan fuerte que pone en juego a toda la persona, de tal modo que esta debe estar dispuesta a perder su propia vida, a renunciar a sí mismo. La exigencia del amor a Cristo parece que va aumentando en intensidad en estas sentencias iniciales: en caso de conflicto, el discípulo será lo suficientemente libre como para que el amor humano no sea un impedimento para seguir a Cristo. Y esta vida de seguimiento es definida como tomar la cruz juntamente con el Maestro, como signo de la actitud de entrega personal y de sufrimiento que esto lleva consigo. Esta actitud supone, evidentemente, no tener miedo a perder la propia vida -lo mejor que tiene el hombre- por fidelidad a Cristo. Esta actitud va acompañada de una promesa: estos serán los únicos que verdadera y definitivamente se apropiarán de la vida.

--b) "El enviado es igual que aquel que le envía". Las palabras de Jesús del versículo 40 ("el que os recibe a vosotros, me recibe a mí...") encajan perfectamente en esta idea corriente en el mundo judío. La dignidad le viene al discípulo de la palabra que le ha sido confiada por el propio Jesús, y, a través de Jesús, por el Padre. "Recibir" al discípulo no significará sólo ofrecerle hospitalidad, sino sobre todo aceptar la palabra de la que es portador. La actitud que se adopte para con el enviado es reflejo de la actitud que se tiene hacia Cristo.

Este principio enunciado por Jesús queda desarrollado en los dos últimos versículos que leemos. Se da a los apóstoles el nombre de "profeta" y "justo" y se subraya tanto la dignidad de aquel que es enviado como la del que lo recibe ("tendrá paga de profeta"). "Estos pobrecillos" puede referirse directamente a los apóstoles que son explícitamente enviados por Jesús, como también a todos los discípulos en general, en cuanto testigos de Jesús y del Reino; o quizá también se hace una referencia explícita a los más humildes y "pobrecillos" dentro de la comunidad, que, en tanto que discípulos de Cristo, participan de la mayor dignidad. Nada de lo que se haga a los discípulos o enviados del Cristo -y a través de ellos al propio Cristo- puede considerarse sin importancia.

JOSEP ROCA


 

12.- Jesús no reclama el afecto de sus seguidores, porque no es un líder frustrado y frustrante que quiera acaparar el mundo del sentimiento de sus discípulos, sino colocar este en el marco objetivo de un horizonte último. Lo que pide Jesús es que sirvan a un objetivo para el bien común. La idea del versículo 38 es que seguir a Jesús supone un camino de sufrimientos públicos y violentos.

"Tomar la propia cruz" no es una metáfora, como si esa cruz fuera el símbolo y el medio para la unión mística del cristiano con Cristo. La cruz es más bien el medio para hacer morir a Jesús y a sus discípulos. Con lo cual no les prescribe Jesús que se hagan una cruz para llegar con él hasta el calvario, como tampoco alude a cualquier clase de sufrimientos más o menos vagos. Sencillamente anuncia que la violencia y el desprecio públicos se cebarán en el seguidor como lo han hecho en él.

Por tanto, no se trata de cargar consigo mismo (identificando la persona con la cruz) ni de cargar para hacer una ofrenda a Jesús de tal o cual sufrimiento ni de reconocerse culpable ante Dios imitando a Jesús. Sólo se trata de prever y aceptar la soledad humana y la oposición violenta por ser discípulo de Cristo.

EUCARISTÍA 1993/31


 

13.- Como el domingo pasado, el evangelio de hoy nos sitúa en el contexto de las instrucciones de Jesús a los doce sobre la misión. Acaba de anunciar que la siembra del Evangelio es conflictiva: la opción por el Reino provoca inevitablemente divisiones. - "El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí": Un ámbito en el que los primeros cristianos ven cómo se reflejan estas divisiones es el de la familia. Como en el AT Yahvé es un Dios celoso, también ahora la fidelidad a Cristo no admite a su lado otras fidelidades que la puedan enturbiar. Los discípulos forman parte de una nueva comunidad que tiene unos lazos mas fuertes que los de la sangre.

- "El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí": Esta frase y la siguiente son palabras de Jesús que hallamos tanto en la fuente Q, común en Mateo y Lucas, como en el evangelio de Marcos. Es un dato que nos manifiesta que estamos ante la expresión de unos principios fundamentales de la vida cristiana.

Tomar la cruz no quiere decir aquí soportar los propios defectos, condicionamientos o sufrimientos, sino que indica la aceptación de la dificultad y de la persecución que sufre el discípulo de Cristo en su misión de testigo: seguir a Jesús implica cargar con su misma cruz.

- "El que encuentre su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará": Quizá el significado de esta otra palabra fundamental quedaría más claro traduciendo el término "psyche" no como "vida", sino como "el propio yo". Uno sólo puede encontrar la propia salvación entregándose totalmente a la causa de Cristo. El que se entrega a la propia causa se pierde.

- "El que os recibe a vosotros, me recibe a mí...": Hemos llegado al final de la instrucción de los doce. Es el momento de la alabanza para con aquellos que los recibirán, y recibirán por medio de ellos el mensaje. El mismo Jesús se identifica con ellos, está presente en quienes anuncian el Evangelio. Aquí los doce representan toda la comunidad de los discípulos, en la que hay "profetas", "justos" y "pobrecillos". Este último adjetivo los caracteriza de una forma muy conforme con la primera bienaventuranza (5,3). Quizás en el pensamiento del evangelista aquí está el recuerdo de todos aquellos nuevos miembros recién incorporados a su comunidad, procedentes del paganismo, y que son observados a distancia por los judeocristianos.

JOAN NASPLEDA - MISA DOMINICAL 1987/13

 

 

DOMINGO 13 DEL TIEMPO ORDINARIO

La hospitalidad, virtud humana y cristiana

De los varios temas que trata el evangelio de hoy -el seguimiento radical de Cristo Jesús, las exigencias de la identidad cristiana, la acogida a los enviados de Cristo-podemos dar relieve al que las mismas lecturas subrayan más: la hospitalidad.

En los domingos del Tiempo Ordinario, la primera lectura anticipa ya el mensaje del evangelio, haciéndonos así ver este mensaje ya presente en el Antiguo Testamento. Hoy, la exquisita amabilidad de aquel matrimonio de Sunem para con el profeta Elíseo es la que adelanta la invitación que nos hace Jesús en el evangelio, de saber acoger a los profetas actuales, incluso a las personas más pobres y menos significativas socialmente, como si fueran él mismo.

Pero también podemos reflexionar sobre la fuerte exigencia que supone ser seguidores de Cristo Jesús, así como sobre las consecuencias que Pablo deduce de nuestro Bautismo. No sería mala idea dar comienzo a la celebra­ción de este domingo con la aspersión bautismal, en lugar del acto peniten­cial, aludiendo en una oportuna monición a esta lectura que se escuchará a continuación.

 

2 Reyes 4, 8-11.14-16. Ese hombre de Dios es un santo, se quedará aquí

Leemos un simpático episodio -a modo de "florecilla"- de la vida del profeta Elíseo. Una buena mujer de Sunem, de acuerdo con su marido, decide poner a disposición del profeta itinerante una sencilla habitación en la parte alta de su casa, en un gesto de elegante hospitalidad.

El profeta anuncia a la pareja que tendrán un hijo, como premio de Dios a su bondad, superando así la mayor desgracia que podía tener una mujer en aquel ambiente: el no tener hijos (más adelante, se cuenta cómo murió ese hijo y cómo Eliseo lo devolvió a la vida; es una serie de episodios en paralelo con el de la viuda de Sarepta y el profeta Elías).

El salmo entona alabanzas a Dios porque siempre ha estado cerca del pueblo para salvarlo: "cantaré eternamente las misericordias del Señor". El salmista quiere que todos saquen la conclusión de seguir los caminos del Señor, de "caminar a la luz de su rostro".

 

Romanos 6, 3-4.8-11. Por el Bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que andemos en una vida nueva

Pablo, siguiendo con su decidida doctrina de la salvación por la fe en Cristo, acude aquí al hecho del Bautismo. Los cristianos, por este sacramento, se han incorporado a Cristo y han pasado con él de la muerte a la vida.

Pablo tiene que inventar neologismos en griego para expresar el movimiento dinámico del Bautismo, que se supone realizado por inmersión: hemos sido con-crucificados, con-muertos, con-sepultados, pero también con-resucitados con Cristo a nueva vida (en otro pasaje dirá también que con-sentados a la derecha de Dios). Pablo expresa ese acontecimiento sacramental como un "injerto" de los creyentes en Cristo. Lo que le interesa resaltar es que ya desde el Bautismo hemos de morir al pecado y vivir para Dios, al igual que Cristo ya no muere más, sino que vive para Dios.

 

Mateo 10, 37-42. El que no toma su cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí.

Leemos hoy la parte final del segundo de los grandes discursos que Mateo pone en labios de Jesús: el sermón de la misión. Este evangelio tiene dos mensajes diferentes, con sus correspondientes consejos y consignas.

En el primero, con formulaciones que pueden parecer exageradas y paradó­jicas, Jesús afirma la radicalidad que supone en su seguimiento: ni siquiera el afecto a los padres o a los hijos puede ser superior a la fidelidad que debemos tener para con él. Más aún, incluso la propia vida nos debe pare­cer relativamente menos importante que el seguimiento de Jesús. El que le quiere seguir debe cargar con la cruz y seguirle.

En el segundo, promete que tendrán premio de parte de Dios los que acojan a los que Jesús envía a predicar. El que le recibe a él, recibe al Enviado de Dios: así quien acoge en su nombre a los profetas o discípulos, e incluso a los más pequeños que Jesús envía con una misión, le recibe a él mismo: "el que os recibe a vosotros me recibe a mí".

 

El Bautismo, inicio de vida nueva

San Pablo se basa en el sacramento del Bautismo para motivar con más urgencia la vida nueva que deben vivir los cristianos, su paso de la esfera del pecado a la de la gracia.

El acontecimiento fundamental es la Pascua de Cristo: su "tránsito" a través de la muerte a la vida nueva de Resucitado. Ese paso lo dio como Cabeza de la nueva humanidad. Por eso, los que nos incorporamos a él -Pablo habla de que hemos sido "injertados" a Cristo ("synfitoi, complantati")- debemos vivir su vida nueva, y no la vida antigua de pecado.

La muerte y resurrección de Cristo fueron una realidad histórica, mientras que nuestra muerte y paso a la vida nueva, en el Bautismo, han sido una realidad sacramental, para que vivamos en unión con Cristo la vida de Dios.

Este es el programa que Pablo recuerda a los cristianos: tienen que morir al pecado y vivir para Dios. Tienen que entrar decididamente en la vida nueva de Cristo Resucitado.

 

Ser cristiano tiene sus exigencias

Ser discípulo de Jesús tiene sus exigencias. Hoy aparecen expresadas de una manera que nos puede parecer exagerada. Jesús exige a los suyos que le prefieran a él por encima de todos y de todo, que le prefieran a los padres o a los hijos. Más aún: que le prefieran a la misma vida. El que quiera con­servar su vida la perderá, mientras que el que renuncie a ella por Cristo, la ganará.

Es una afirmación atrevida, en cierto modo escandalosa. Lo que los manda­mientos dicen de Dios mismo -"amarás a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza"-, ahora se lo aplica Jesús a sí mismo. No tenemos que anteponer nada a él. Los demás profetas -como el Bautista- no dicen nada parecido. Ellos orientan a sus oyentes hacia Dios. Mientras que Jesús se atreve a exigir la fe en él mismo como condición para salvarse. Jesús y el Padre "son una cosa", como afirma varias veces. Por eso, el que cree en él y le acoge, acoge al mismo Dios. Los cristianos no creemos en un libro, o en una doctrina. Creemos en una Persona, que es Cristo Jesús, el Hijo de Dios.

No es que tengamos que rechazar el afecto a la familia, o que Jesús esté aquí aboliendo el cuarto mandamiento. Ni nos está invitando a descuidar la defensa de nuestra vida. Pero tenemos que subordinarlo todo a nuestro seguimiento de Jesús. Los demás valores son penúltimos, son secundarios. Cuando tengamos que optar entre nuestra fidelidad a Cristo y la incompren­sión o hasta las persecuciones familiares o sociales, tendremos que optar claramente por Cristo, como han hecho tantos y tantos mártires de todos los tiempos. Los deportistas, para conseguir su premio, o los estudiantes, para sacar adelante su carrera, tienen que renunciar a otras opciones, que son en sí buenas, pero que ellos saben que son relativamente menos importantes que las metas que se han propuesto.

Así nos pasa a los discípulos de Jesús. Él no admite medias tintas. No nos propone ciertamente un cristianismo "light", sino exigente y radical. Nos dice que tendremos que tomar la cruz y seguirle, negarnos a nosotros mismos, renunciar incluso a la vida, si es el caso, para encontrar la verdadera felicidad y la vida.

¿No es el caso de tantos millones de mártires de todos los tiempos, también actuales, que han sido perseguidos por su fe y se han mantenido fieles, dando testimonio de Cristo, incluso con su vida? ¿No es el caso de tantos cristia­nos que renuncian a una fácil carrera social o comercial porque se les pide que para ello renieguen de valores en los que creen firmemente? ¿No es el caso de tantos y tantos creyentes que aceptan seguir la vocación a la vida religiosa, o al ministerio sacerdotal, o a la entrega misionera, renunciando a otros valores buenos, pero considerando superiores los valores del Reino de Cristo Jesús?

El seguimiento de Cristo no comporta sólo consuelo y bendiciones de Dios. Supone muchas veces renuncias y sacrificios. Hay continuas ocasiones, en la vida personal o familiar o social, en que nos encontramos ante la encrucijada de opciones contradictorias: aceptar o no la cruz, optar por los valores del evangelio o por los más fáciles de este mundo. Hoy Cristo nos dice que debemos optar por él, por encima de intereses económicos o de lazos familiares, si queremos alcanzar la vida.

 

Acoger a los demás como al mismo Jesús

Pero hay otro mensaje en las lecturas de hoy, la hospitalidad, actitud que deben tener todas las personas y, por lo que se ve, también de un modo espe­cial los seguidores de Jesús. En el "juicio final", según Mateo 25, oiremos esta palabra: "era peregrino y me hospedasteis".

La buena mujer del Antiguo Testamento, y su marido, pusieron a disposición del profeta Eliseo una pequeña habitación y una cama, para cuando tuviera que pasar por aquella población. La mujer razona así su actitud: "ese hombre de Dios es un santo". Se puede decir que es la precursora de aquellas otras mujeres que, según el evangelio, atendían a Jesús y a sus discípulos, y de tantas personas que a lo largo de los siglos han dedicado su tiempo y sus mejores energías a cuidar a los demás, viendo en ellos al mismo Jesús. En concreto a ayudar también materialmente a los ministros o misioneros de la comunidad.

Jesús habla primero de recibir a los profetas y apóstoles, a los enviados por él a predicar el Reino, como dice también en otros momentos: "el que recibe a mi enviado me recibe a mí" (Jn 13,20). A ellos les pide desprendimiento y desinterés económico, y a los demás les asegura que si les acogen con generosidad, también ellos serán premiados con generosidad.

Pero en otras ocasiones, como aquí, amplía la actitud de hospitalidad también hacia los que no son necesariamente apóstoles o profetas oficiales: "el que dé de beber a uno de estos pobrecillos". En otra ocasión dirá: "el que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí" (Mt 18,5). Acoger a los poderosos, a los ricos, a los que nos resultan simpáticos, no tiene mérito ("si saludáis al que os saluda, ¿qué hacéis de extraordinario?"). Hay que acoger también a los socialmente pequeños, a los que él hoy llama "pobre­cillos". ¿Cómo acogemos a los pobres, a los enfermos, a los ancianos, a los inmigrantes, a los que se encuentran solos y marginados por la sociedad? ¿Vemos en ellos al mismo Jesús?

El motivo es claro: "el que os recibe a vosotros me recibe a mí". Es lo que dice Jesús, según Mateo 25, poniendo la expresión en labios del Juez supremo: el que da de comer al hambriento o de beber al sediento o visita al enfermo u hospeda al peregrino, se lo hace a él mismo: "a mí me lo hicisteis".

Recordamos la carta en la que Pablo le pide a su discípulo Filemón que acoja al fugitivo esclavo Onésimo como a un hermano, ahora que ya es cristiano, que lo reciba como si fuera el mismo Pablo. Esta vez es Jesús quien nos dice que acojamos al prójimo como si fuera él mismo.

No se trata sólo de gestos solemnes, dignos de aparecer en la prensa. Jesús pone un ejemplo bien sencillo, de la vida cotidiana: un vaso de agua (fresca, añade Mateo), dado en nombre de Jesús, no quedará sin paga. Un detalle humano: Jesús sabe lo que se agradece en un día de calor o después de un camino largo un vaso de agua. Él mismo, junto al pozo de Jacob, pidió a la mujer samaritana que le diera de beber.

A veces lo que los demás esperan de nosotros -en un mundo técnicamente muy adelantado, pero humanamente deficitario- no es dinero, ni milagros, sino un detalle, una atención, un poco de nuestro tiempo, una mano tendida, una palabra amable.

Jesús nos asegura que cualquier gesto de hospitalidad que hagamos "no que­dará sin recompensa". Como el profeta Eliseo logró de Dios que premiara a aquel matrimonio hospitalario con lo que ellos más deseaban: un hijo.

En cada Eucaristía aprendemos y ejercemos simbólicamente esta hospita­lidad. Realizamos un gesto de paz con los más cercanos, antes de acudir a comulgar con Cristo. Es el símbolo de que también fuera de la Misa queremos ser acogedores y universales.

Es que en cada Misa comemos al "entregado por", y eso nos compromete para que nosotros seamos también en la vida "entregados por" los demás. "Partimos el Pan", comulgando con el mismo Cristo, para luego "compartir el pan" también con los demás, sobre todo con los más necesitados.

LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)

 

PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO XIII TIEMPO ORDINARIO  2026

(28 DE JUNIO)

 

01.- ACLAMAD AL SEÑOR (Joaquin Madurga)

Aclamad al Señor, con toda la tierra,

aleluya, aleluya.

Aclamad al Señor con el universo,

aleluya, aleluya.

Aclamad al Señor por su inmenso poder,

aleluya, aleluya.

 

ALELUYA, (Aleluya)

ALELUYA, (Aleluya)

ALELUYA. (Aleluya)

 

Aclamad al Señor, con todas las gentes,

aleluya, aleluya.

Aclamad al Señor con todos los pueblos,

aleluya, aleluya.

Aclamad al Señor por eterna bondad,

aleluya, aleluya.

 

Aclamad al Señor, en nuestra asamblea,

aleluya, aleluya.

Aclamad al Señor en medio del Pueblo,

aleluya, aleluya.

Aclamad al Señor porque grande es su amor,

aleluya, aleluya.

 

02.-  ALELUYA, ALELEYA, (Salmo 46)  (Francisco Palazon)

Pueblos todos, batid palmas,

aclamad a Dios con gritos de júbilo;

porque el Señor es sublime y terrible,

emperador de toda la tierra.

 

Él nos somete los pueblos

y nos sojuzga las naciones;

él nos escogió por heredad suya:

gloria de Jacob, su amado.

 

Dios asciende entre aclamaciones;

el Señor, al son de trompetas:

tocad para Dios, tocad,

tocad para nuestro rey, tocad.

 

Porque Dios es el rey del mundo:

tocad con maestría.

Dios reina sobre las naciones,

Dios se sienta en su trono sagrado.

 

Los príncipes de los gentiles se reúnen

con el pueblo del Dios de Abrahán;

porque de Dios son los grandes de la tierra,

y él es excelso.

 

03.- ACLAMEMOS HOY AL SEÑOR (A.J. Pedro Martins)

ACLAMEMOS HOY AL SEÑOR

CON CANCIONES DE ALEGRÍA.

ACLAMEMOS HOY AL SEÑOR

CELEBREMOS SU BONDAD.

 

Cantad un cántico nuevo,

cantad a Dios tierra entera,

porque hizo Dios maravillas

y nos dio la salvación.

 

Hizo alianza de amor,

en Jesucristo su Hijo;

Él es el Libertador,

es nuestra Luz y Camino.

 

Cristo a todos nos llama

y nos invita a su Mesa.

Es Cristo nuestro alimento,

es Cristo nuestra promesa.

 

Cristo nos dio la medida

de lo que puede el amor.

Juntos iremos cantando

a la casa del Señor.

 

04.- VENID ACLAMEMOS AL SEÑOR (Carmelo Erdozain)

VENID, ACLAMEMOS AL SEÑOR,

ENTRAD EN SU PRESENCIA DÁNDOLE GRACIAS,

ACLAMANDO CON CANTOS,

CON HIMNOS DE JÚBILO,

 

PORQUE ÉL ES NUESTRO DIOS,

NOSOTROS SU PUEBLO.

ACLAMEMOS AL SEÑOR.

 

PORQUE ÉL ES NUESTRO DIOS,

NOSOTROS SU PUEBLO,

DEMOS GRACIAS AL SEÑOR.

 

1.- Él es nuestro Redentor

Él es nuestro Salvador.

Nos invita a su mesa,

Nos recibe en su altar.

Él nos alimenta

Con el pan de la vida.

 

2.- Nos invita a escuchar su palabra;

Nos revela su mensaje de amor;

Escuchad su voz,

abrid vuestro corazón.

 

05.- EL SEÑOR NOS INVITA A SU MESA (Carmelo Erdozain)

1.- El Señor nos invita junto a su mesa

como hermanos venimos para la cena

como hermanos venimos para la cena

haya paz y alegría que hoy es su fiesta

 

2.- Con el pan con el vino de las ofrendas

el Señor nos recibe en su presencia

el Señor nos recibe en su presencia

la oración es ofrenda sueño y promesa

 

3.- Con las manos vacías vengo a su mesa

el Señor me las llena con su pureza

el Señor me las llena con su pureza

con el pan de la vida, la vida eterna

 

4.- Con mis manos abiertas cruzo fronteras

liberando a las gentes de su pobreza

liberando a las gentes de su pobreza

llevaré el evangelio la buena nueva

 

06.- RECIBE SEÑOR NUESTRAS VIDAS (Alejandro Fernández)

Te ofrecemos, Señor, este pan

es el signo de nuestra libertad.

Te ofrecemos, Señor, este vino

que la vid y el trabajo nos dan.

 

RECIBE, SEÑOR, NUESTRAS VIDAS.

RECIBE, SEÑOR, NUESTRO AMOR.

MANOS FUERTES DE UN MUNDO MEJOR. (2)

 

Te ofrecemos, Señor, nuestras manos

y el deseo de amar y trabajar,

por un mundo más justo y humano,

donde habite la fraternidad.

 

07.- BENDICE ALMA MIA AL SEÑOR (Francisco Palazón)

Bendice, alma mía, al Señor,

y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides sus beneficios.

 

Él perdona todas tus culpas

y cura todas tus enfermedades;

el rescata tu vida de la fosa

y te colma de gracia y de ternura.

 

El Señor hace justicia

y defiende a todos los oprimidos;

enseñó sus caminos a Moisés

y sus hazañas a los hijos de Israel.

El Señor es compasivo y misericordioso,

lento a la ira y rico en clemencia.

No nos trata como merecen nuestros pecados

ni nos paga según nuestras culpas.

 

08.- NUESTRO PAN DE CADA DIA

Para mostrar tu imagen a los hombres y alimentarlos de tu eucaristía

Danos hoy nuestro pan de cada día.

 

Para llevar al mundo el evangelio y cambiar la tristeza en alegría.

Danos hoy nuestro pan de cada día.

 

Para no sucumbir en el camino siguiéndote maestro luz y guía.

Danos hoy nuestro pan de cada día.

 

Para vivir la vida que nos diste y estar contigo siempre en cercanía:

Danos hoy nuestro pan de cada día.

 

Para llegar al cielo nuestra patria hijo del padre, hijo de María.

Danos hoy nuestro pan de cada día.

 

Para vivir el mandamiento nuevo en un mundo de paz y de armonía:

Danos hoy nuestro pan de cada día.

 

Para tener tu fuerza en nuestro pecho, para llevar la cruz que es tuya y mía:

Danos hoy nuestro pan de cada día.

 

09.- TU DEJALO TODO (Alfonso Luna)

TÚ, DÉJALO TODO, VEN Y SÍGUEME.

TÚ, DÉJALO TODO, VEN Y SÍGUEME.

 

1.- Si sueñas con vivir la vida plena, tú, déjalo todo,

si tu barca no acaba de tocar la otra orilla, ven y sígueme,

si quieres compartir mi mesa y mi camino, tú déjalo todo,

si sientes el aliento que empuja al desierto.

 

2.- Si sueñas con vivir un mundo nuevo, tú déjalo todo,

si las cosas no acaban de llenarte del todo, ven y sígueme,

si quieres compartir tu vino y tu trabajo, tú, déjalo todo,

si sientes la alegría que te llena por dentro.

 

3.- Si buscas el sentido verdadero, tú, déjalo todo,

y quieres entregarte por el evangelio, ven y sígueme,

si quieres compartir tus penas y alegrías, tú, déjalo todo,

Jesús es el camino, la verdad y la vida.

 

TÚ, DÉJALO TODO, VEN Y SÍGUEME.

TÚ, DÉJALO TODO, VEN Y SÍGUEME.