EL YUGO DE
JESÚS
COMENTARIO
Después del discurso de
misión, el evangelio de Mateo nos habla de la embajada que Juan Bautista manda
a Jesús y de la queja de Jesús por las personas y las ciudades que no quieren
recibirlo ni escucharlo. Este fracaso ante "los sabios y entendidos"
y el rechazo en algunas poblaciones motiva estas palabras de Jesús. Pueden
relacionarse también con las palabras de la misión: "has escondido estas
cosas a los sabios y entendidos y las has revelado..."; "nada hay
escondido que no llegue a revelarse".
Estas palabras son una
plegaria al Padre en forma de bendición y al mismo tiempo de reconocimiento por
parte de Jesús -y de revelación para nosotros- de cuál es su voluntad. Se
bendice a Dios porque, de acuerdo con su voluntad, son los sencillos los que están
dispuestos a recibir y acoger la salvación y revelación de Dios de la que Jesús
es portador, mientras que los "sabios y entendidos" (los expertos en
materia religiosa, los que buscan un conocimiento intelectual por encima de
todo) la rechazan. Al mismo tiempo, esta
oración manifiesta la particular relación de Jesús con el Padre.
A esta voluntad del Padre
de dar a conocer el Reino a los más pequeños corresponde también la revelación
del Hijo según su voluntad. Esto es así por la relación y conocimiento únicos
que se dan entre el Padre y el Hijo. Llegar al conocimiento de Dios y de su
revelación es básicamente un don que se hace a aquellos que tienen la capacidad
de recibirlo: los "pequeños" o "la gente sencilla", los
"discípulos".
La segunda parte es una
llamada a la vinculación personal a Jesús. Jesús dirige esta llamada o
invitación a cuantos están "cansados y agobiados" por el peso de la
ley tal como era explicada por los "sabios y entendidos" (escribas y
fariseos) de su tiempo, que insistían mucho en el cumplimiento exacto y
legalista pero no hacían sentir la alegría de la salvación ofrecida por Dios. A
estos pequeños que se hallan agobiados les invita Jesús a que rompan la
relación con la escuela de los escribas y fariseos y se conviertan en
discípulos suyos: Él les ofrece alivio. Hacerse discípulo es descrito también
con la imagen de aceptar o cargar con el yugo, indicando la adhesión a Jesús de
la persona entera.
El discípulo hallará la
paz y el alivio no porque Jesús no sea exigente ("el que no toma su cruz y
me sigue no es digno de mi"; "bienaventurados..."), sino porque
es manso y humilde de corazón. Es decir, porque Jesús comunica a los que le
siguen la alegría de entrar en el Reino, de sentirse salvados y amados por El y
esta relación personal hace que el yugo sea suave y la carga, ligera.
R.P.
Roland Vicente Castro Juárez
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 47,
10-11
Oh, Dios, meditamos tu
misericordia en medio de tu templo; como tu nombre, oh, Dios, tu alabanza llega
al confín de la tierra. Tu diestra está llena de justicia.
ORACIÓN
COLECTA
Oh, Dios, que en la
humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída, concede a tus fieles
una santa alegría, para que disfruten del gozo eterno los que liberaste de la
esclavitud del pecado. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA
LECTURA
Lectura de la profecía de
Zacarías 9,9-10
Esto dice el Señor. ¡Salta de gozo, Sion; alégrate,
¡Jerusalén!. Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un
borrico, en un pollino no de asna. Suprimirá los carros de Efraín y los
caballos de Jerusalén; romperá el arco guerrero y proclamará la paz a los
pueblos. Su dominio irá de mar a mar, desde el Río hasta los extremos del
país».
SALMO RESPONSORIAL (Sal 144, 1-2.8-14)
Bendeciré tu nombre por
siempre, Dios mío, mi rey.
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré
tu nombre por siempre jamás. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por
siempre jamás. R.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso
con todas sus criaturas. R.
Que todas tus criaturas te den gracias,
Señor, que te bendigan tus fieles. Que proclamen la gloria de tu reinado, que
hablen de tus hazañas. R.
El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso
en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los
que ya se doblan. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 9.11-13
Hermanos: Ustedes no están en la carne,
sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en ustedes; en cambio
alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Y si el Espíritu del
que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el que resucitó de
entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por
el mismo Espíritu que habita en ustedes. Así pues, hermanos, somos deudores,
pero no de la carne para vivir según la carne. Pues si viven según la carne,
morirán; pero si con el Espíritu dan muerte a las obras del cuerpo, vivirán.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 11, 25
Aleluya. Bendito seas,
Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del
Reino a los pequeños. Aleluya.
SANTO EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11,25-30
En aquel tiempo, tomo la palabra Jesús y
dijo. Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has
escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los
pequeños. Si, Padre, así te ha parecido
bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre y nadie conoce al Hijo más que el
Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo
quiera revelar. Vengan a mi todos los que están cansados y agobiados, y Yo los
aliviare. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde
de corazón, y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es llevadero
y mi carga ligera».
ORACIÓN UNIVERSAL
Pidamos al Señor que
escuche nuestras súplicas y reciba benignamente nuestras oraciones:
1.- Oremos a Dios nuestro Padre por el papa
León, y pastores que Él ha puesto al frente de la Iglesia. Que el Señor les dé
fuerza y sabiduría para dirigir y gobernar santamente las comunidades que les
han sido encomendadas. Roguemos al Señor.
2.- Oremos por los que se han acostumbrado
a vivir en pecado, para que nuestro Señor les dé la gracia de convertirse,
purificarse en el sacramento del perdón y alcanzar así la salvación eterna. Roguemos
al Señor.
3.- Oremos por los enfermos, los que sufren
y los marginados: Para que sientan la presencia sanadora y liberadora de
Cristo. Roguemos al Señor.
4.- Oremos por a Dios por nuestros
difuntos, amigos y bienhechores, para que el Señor los reciba en su gloria y
los coloque entre los santos y elegidos. Roguemos al Señor.
Señor Dios, que has
revelado a los sencillos las riquezas de tu Reino, escucha nuestras oraciones.
Por Jesucristo nuestro Señor.
ORACIÓN
SOBRE LAS OFRENDAS
Que la oblación consagrada
a tu nombre nos purifique, Señor, y nos lleve, de día en día, a participar en
la vida del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTIFONA DE
COMUNIÓN Mt 11, 28
Vengan a mí todos los que
están cansados y agobiados, y yo los aliviaré, dice el Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Colmados de tan grandes
bienes, concédenos, Señor, alcanzar los dones de la salvación y no cesar nunca
en tu alabanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PALABRA DE DIOS
Y SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes 06: Os 2, 16.17b-18. 21-22;
Sal 144, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9; Mt 9, 18-26
Martes 07: Os 8, 4-5. 11. 13; Sal
113, 3-4. 5-6. 7-8. 9-10; Mt 9, 32-38
Miércoles 08: Os 10, 1-3.7-8. 12; Sal
104, 2-3. 4-5. 6-7; Mt 10, 1-7
Jueves 09: Os 11, 1-4. 8c-9; Sal 79,
2ac y 3b. 15-16; Mt 10, 7-15.
Viernes 10: Os 14, 2-10; Sal 50, 3-4.
8-9. 12-13. 14 y 17; Mt 10, 16-23
Sábado 11: Is 6, 1-8; Sal 92,
1ab.1c-2.5; Mt 10, 24-33
Domingo 12: Is 55, 10-11; Sal 64,
10abcd. 10e-11.12-13.14; Rm 8, 18-23; Mt 13, 1-13.
COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 11, 25-30
Par: Lc 10, 21-24
1. - Esta importante
oración de Jesús contiene tres afirmaciones fundamentales: sólo el Hijo es
capaz de revelar el verdadero rostro del Padre; la revelación del Padre se abre
a los pequeños y se cierra a los sabios, todos los que están cansados y
oprimidos pueden encontrar en Cristo alivio. La afirmación central es la
primera; las otras dos le sirven de marco y expresan su contenido.
Dios ha decidido
gratuitamente ("así te ha agradado") manifestar "estas
cosas" a los "pequeñuelos". Es una revelación que sigue esquemas
inesperados: oculta estas cosas a los prudentes y a los sabios y las revela a
los pequeños. Para dar aún más relieve a la paradoja, Jesús no dice simplemente
"Padre", sino que añade "Señor del cielo y de la tierra".
Aquí está la maravilla: el Dios del cielo y de la tierra tiene preferencias por
los humildes y los pequeños.
Mas en este punto las
preguntas se hacen numerosas: ¿Quiénes son concretamente los pequeños a los que
se manifiestan los secretos de Dios? ¿Quiénes son los sabios y prudentes a los
que, en cambio, se les ocultan? ¿Qué se ha manifestado y se ha mantenido oculto?
Jesús no dice exactamente qué ha revelado el Padre a los sencillos. Se limita a
decir "estas cosas". Pero es fácil comprender que se trata del
Evangelio en su totalidad, es decir, de aquella nueva comprensión de Dios y de
su voluntad que se contiene en las palabras y en los hechos de Jesús.
Cuando Jesús hablaba y
Mateo escribía, la expresión "los sabios y los prudentes" designaba
concretamente a las élites religiosas de Israel, rabinos y fariseos, que
permanecían ciegos ante la claridad de las palabras de Jesús y se irritaban por
su predicación en favor de los pobres (se escandalizaban de ella). Por
consiguiente, "pequeño" no se opone a adulto (y, por tanto, no
designa a los niños), sino que se opone a sabio y prudente.
Pequeños son los hombres
sin cultura (así se dice), sin competencia religiosa, sin habilidad dialéctica,
sin facilidad de palabra. Concretamente, en tiempo de Jesús eran los llamados
hombres de la tierra, los pobres aldeanos de Galilea, a quienes los doctores de
la Ley y los fariseos despreciaban. Decían ellos: "Un ignorante no puede
evitar el pecado y un hombre del campo no puede ser de Dios". Y en el
contexto histórico de la época de Jesús, los cansados y los oprimidos eran los
que penaban bajo las intolerables y complicadas prescripciones de la ley
farisaica y se sentían perdidos ante la doctrina sutil y difícil de los rabinos.
Jesús les invitaba a buscar en otra parte, a saber, en el evangelio y en su
ejemplo, la verdadera voluntad de Dios; una voluntad sin duda exigente, pero
rectilínea y simple y al alcance de todos. Para motivar su invitación y ofrecer
su ejemplo, se define Jesús "manso y humilde de corazón". Humilde
indica la actitud de Jesús, dócil en todo a la voluntad del Padre; una
docilidad interior, libre y querida ("de corazón"). Manso indica la
actitud de Jesús respecto a los hombres: una actitud rectilínea, valiente, no
violenta; misericordioso, tolerante, pronto al perdón, pero también exigente.
BRUNO MAGGIONI - EL RELATO
DE MATEO - EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 121.
2.- AUTOSUFICIENCIA PLAN-DEI/ORGULLO:
La acción de gracias tiene
como punto de referencia el rechazo que los escribas y fariseos habían hecho de
la palabra de Jesús.
Eran los doctos de la
época particularmente los escribas, los profesionales de la Ley. El misterio
del Reino no es accesible a esta clase de sabiduría humana. La acción de
gracias significa en este caso concreto la aceptación del plan o designio de
Dios. Y este plan no puede ser aceptado más que por aquéllos que se presentan
ante Dios conscientes de su vaciedad y pequeñez, con la pobreza sustantiva que
caracteriza al ser humano, con la actitud humilde y "desesperada"
búsqueda de algo o Alguien que sea capaz de llenar la propia vida.
Características que, por lo demás, pueden darse en la gente docta, en los
doctores de la Ley, como lo demuestra el caso de Nicodemo (Jn 3. 1ss). Dios no
admite que el hombre entre en petulante competencia con Él. La autosuficiencia
será el obstáculo mayor para que el misterio de Dios se abra a ellos. El plan
de Dios puede ser aceptado o rechazado por el hombre, pero no puede ser
discutido.
COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA
NT - EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1006.
3.- J/PADRE. J/CONCIENCIA-HIJO.
Digamos, en primer lugar,
que la oración de Jesús aquí citada no debe quedar separada de los versículos
que la preceden. Acostumbrados a cortar este capítulo, dejamos de lado el
estrecho lazo que une las palabras de Jesús al fracaso de su predicación en Galilea.
Este fracaso está aquí supuesto mediante la condena de las ciudades incrédulas.
El interés de la oración
de Jesús viene en primer término de que, después de constatar el fracaso de su
gira galilea, Jesús "bendice" a su Padre. No faltan, en el A.T.,
textos que muestran la reacción agresiva, muy humana, de los heraldos de la
Palabra de Dios, heridos ante el fracaso con que chocan, prontos a hacer
responsable a Dios de su falta de éxito. Las Confesiones de Jeremías refieren
la desesperación, también muy humana -¿quién, fuera de Jesús, podría condenar
tal desesperación?-, del desgraciado profeta, acosado por todas partes por los
oyentes a los que su palabra ha condenado. Esas frases de un profeta
desesperado ante su fracaso, dispuesto a dudar de Dios, que nos refiere
Jeremías (15. 15-18 o 15. 19-21) podrían servir como primera lectura: harían
ver la debilidad del creyente, del profeta mismo, inclinado a dudar de Dios; harían
percibir mejor la sublime fuerza de Jesús que, en lugar de lanzar invectivas de
dudar, "bendice". "Sí, Padre, dice, así te ha parecido
mejor". Y de la misma manera, en lugar del patético Jeremías, podrían
tomarse las frases de Jonás (3. 7-4. 4), obstinado en su incapacidad para
entender a Dios, su designio, su misericordia. Jesús, pues, bendice. La
bendición viene al final de un movimiento de admiración. Se bendice una obra
porque se la admira, y lo mismo a un personaje en quien se descubren los signos
de la perfección, del pleno cumplimiento. Del mismo modo Jesús mantiene que el
resultado de la predicación galilea, tan decepcionante en apariencia, tiene
algo de satisfactorio. Para apreciar las cosas así, se necesita superar los
motivos naturales. Porque el grito admirativo que se expresa en la bendición no
procede precisamente sólo de la cosa contemplada, vista, admirada. Viene de la
referencia a Dios. El impulso maravilloso brota porque Dios ha sido entrevisto;
la situación se ha mostrado como fruto de un acto de Dios, como obra divina; y
en ese caso es a Dios, más que a su obra, a quien se admira: y se
"bendice".
Jesús bendice a Dios
porque, sin olvidar nada de la responsabilidad que a los incrédulos corresponde
en su fracaso (la condena de las ciudades es un testimonio), reconoce un
misterio divino; sabe que Dios está presente en este drama que ha reducido casi
a la nada su esfuerzo de evangelización. Y admira esa presencia, esa obra de
Dios. Él es el que, a unos, a los incrédulos, ha "ocultado", y Él es
quien ha "revelado" a los "sencillos": por todo ello debe
ser bendecido. Él se ha demostrado como un Dios presente; más que presente:
como un Dios "paterno". "Yo te bendigo, Padre", dice Jesús.
Estamos muy lejos de Jeremías y de Jonás.
Y estamos más lejos
todavía de lo que los hombres son cotidianamente capaces, de eso a que nosotros
mismos llegamos. Jesús da además el motivo de esa superioridad. Si su oración
alcanza el nivel de disponibilidad, de confianza, de atención filiales a que Él
llega y que nosotros no sabemos alcanzar, es debido a los lazos especiales que
le unen a Dios: "Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al
Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar". (...) Lo
mismo que Jeremías se sabía "conocido" por Yahvé (Jr 1. 5), Jesús se
sabe también "conocido" con un conocimiento que penetra el más íntimo
secreto de sus disposiciones de confianza, de disponibilidad y afecto filiales.
Al mismo tiempo, y siempre a la manera de un Jeremías consciente de hablar en
nombre de Dios, de poseer sus secretos, Jesús sabe que él "conoce" a
Dios, su acción misteriosa, su oculto designio, y que lo conoce mejor que
cualquier otro, hasta el punto de saber identificar el carácter
"paterno" de esta obra, de este proyecto, como ningún otro hombre
sabe hacerlo.
Tal es la fuente de la
oración de Jesús y del carácter excepcional de esta oración. En el fondo, estas
frases breves dan testimonio de la conciencia que tenía Jesús de los lazos
especiales que le unían a Dios, lazos que "experimentaba" en la predicación
galilea. Entonces Jesús se descubría a sí mismo "paternalmente"
seguido, acompañado, ayudado por Dios de una manera que sólo puede expresar el
término tan humano de "Padre"; y además percibía en lo más profundo
de su ser la subida hacia ese Dios paterno, con un movimiento que corresponde a
lo que nosotros designamos como actitud o amor "filial".
LOUIS MONLOUBOU - LEER Y
PREDICAR EL EVANGELIO DE MATEO - EDIT. SAL TERRAE SANTANDER 1981.Pág. 179.
4.- SENCILLO/QUIEN-ES.
¿Quiénes son los
sencillos? Hay que distinguir dos niveles de interpretación: el de la tradición
y el del evangelista. En el primero, los "sencillos" son los pobres,
a los que es anunciado el Evangelio de Reino. En la perspectiva de Mt, el texto
adquiere un tono polémico antifarisaico: los "sencillos" son los
discípulos creyentes, opuestos a los sabios y entendidos, es decir, a los
escribas y fariseos. Esta doble interpretación se insiere en la oración de
Jesús, que reconoce la acción salvífica y gratuita del Padre en la doble
reacción ante su persona y su mensaje: gozosa acogida por parte de los pobres,
marginados, pecadores, pueblo sencillo; y obstinado rechazo de los responsables
cualificados por el "saber" y la práctica religiosa.
YUGO/DESCANSO:
Siguiendo a Jesús, el yugo (la alianza y la ley del Señor; en la tradición
judía, la Torah y los mandamientos) de la voluntad de Dios ya no es un yugo
opresor y duro, sino que genera ya ahora aquella gozosa paz prometida a los
humildes y pobres, garantía de la salvación definitiva ("el reposo").
Así, el yugo ya no es un sistema legal para interpretar y seguir, sino seguir a
Jesús, el Hijo, que revela la voluntad de Dios y la realiza plena y
definitivamente.
J. FONTBONA - MISA
DOMINICAL 1990/14.
5.- La cuestión de la
autenticidad, de la unidad y de la doctrina de este pasaje, plantea muchos
problemas a los exegetas. La primera parte (vv. 25-27) se parece mucho a la
versión de Lucas (/Lc/10/21-22), pero la segunda se separa mucho de ella
(/Lc/10/23-24 y /Mt/11/28-29). Parece, sin embargo, que Mateo transmite una
versión primitiva, si tenemos en cuenta el gran número de aramismos en este
relato. Primero, Cristo formula una acción de gracias a su Padre (vv. 25-27)
porque ambos son el uno para el otro y por la misión que Él ha recibido de
revelarlo a los pequeños (vv. 28-30) para invitarlos a entrar en comunión con
Él.
A).- El trasfondo bíblico
de este himno es muy revelador: Cristo se aplica el himno de /Dn/02/23. Los
tres "niños" (cf Lc 10. 21) se oponen a los "sabios"
babilónicos; gracias a sus plegarias (Dn 2. 18) se les ha concedido la "revelación"
del misterio del Reino (expresión característica del libro de Daniel, que se
vuelve a encontrar también en Lc 10. 21), que ha escapado a los sabios y
doctores.
Cristo compara la oposición
entre sus discípulos y los sabios del judaísmo a la que separa a los
"niños y los sabios" en tiempos de Nabucodonosor. También Él va a
abrir su Reino y ofrecer la "revelación" a una categoría bien
determinada de "pobres", los que lo son en el plano de la
inteligencia. En esto se separa de algunos doctores del judaísmo, que con
frecuencia eran despiadados para con el pueblo ignorante (cf. Is 29. 14; 1 Co
1. 19-26).
b).- En otro pasaje del
libro de Daniel (/Dn/07/14), el Hijo del hombre "recibe todo" del Anciano
en días..., y este misterio constituye el objeto de la revelación hecha a
Daniel. Partiendo de este texto, Cristo, que reivindica para Sí el título de
Hijo del hombre (Mt 24. 36), bendice al Anciano en días, pero con un nuevo
nombre, el de Padre, porque ha "puesto todo en sus manos", es decir,
porque le ha dado, como en Daniel 7. 14, un "poder sobre todas las
cosas" (Mt 28. 18; Jn 5. 22; 13. 3; 17. 2), pero también un
"conocimiento" pleno del Padre, que deberá revelar a los hombres (v.
27). Cristo es, así, simultáneamente, el Rey y Revelador del Reino a los
pequeños. Agrupándose en torno a Él, éstos podrán conocer a Dios y constituir
una comunidad distinta de "los que no conocen a Dios"; primero, los
paganos (Jr 10. 25), y después los sabios judíos (v. 21; cf Jn 12. 39-50).
c)Los "cansados y
cargados" (v. 28) son los mismos que los pequeños y los ignorantes de los
versículos precedentes. En efecto, el peso o el "yugo" designa con
frecuencia en el judaísmo el cumplimiento de la ley (Si 51. 26; Jr 2. 20; 5. 5;
Ga 5. 1).
Los escribas les habían
sobrecargado con un número incalculable de prescripciones que los simples y los
ignorantes se esforzaban por observar, sin tener la capacidad suficiente para
distinguir lo necesario de lo accidental (Mt 23. 4). Los que Jesús ha reclutado
no son tanto los afligidos como los simples e ignorantes, esclavos de las
prescripciones del legalismo judío.
Cristo, que guardaba sus
distancias frente al intelectualismo, hace otro tanto frente al legalismo.
d)Jesús se presenta, sin
embargo, como los rabinos y los sabios que reclutaban discípulos para sus
escuelas (v. 29; cf Si 51. 31; Is 55. 1; Pr 9. 5; Si 24. 19). Impone a su vez
un yugo, pero fácil de llevar (1 Jn 5. 3-4; Jr 6. 6) porque Él también ha
formado parte de la comunidad de los pobres anunciada por So 3. 12-13, y porque
reúne a los mansos y humildes de corazón. El nuevo Maestro de sabiduría es,
pues, un Pobre, y lo es de corazón, porque ha adoptado libre y voluntariamente
esta condición.
Esta pobreza de Cristo da
unidad a todo el pasaje. Frente al intelectualismo de los sabios que creían
saberlo todo, Cristo se dirige a los ignorantes, pero como uno de ellos, pues
afirma que todo lo que Él sabe no proviene de Él, sino que lo ha recibido del
Padre (vv. 21-22). Frente al legalismo de los rabinos, Jesús se vuelve hacia
los que se encurvan bajo el yugo de la ley, que sienten complejo de culpa
frente a esa ley y se presenta igualmente como uno de ellos: también a Él le
han echado en cara faltas y pecados (el contexto de Mt 12. 1-11 lo muestra
claramente) y se ha liberado de ese complejo de culpa, invitando a cuantos son
víctimas de él a liberarse también.
Una comparación entre Ben
Sirá (Si) y Jesús puede ayudar a comprender la originalidad del mensaje de
Jesús. Ambos han vivido una relación especial con Dios: para uno, era de orden
sapiencial e intelectual; para el otro, de orden filial. Con el primero, Dios
comparte secretos; con el segundo, comparte su vida.
Ben Sirá y Jesús se
enfrentan con los problemas de la ley. A los ojos del primero, la ley emana de
la sabiduría y es un instrumento para encontrarse con Dios; para el segundo, su
yugo -al menos el yugo del legalismo- es una pantalla que impide el encuentro
con Dios, porque desvía a los ignorantes y falsifica sus relaciones con Dios.
Ambos atienden
especialmente a los pobres y a los humildes. Pero el segundo amplía el círculo
de los pobres a los ignorantes y a los que han sido explotados por una falsa
sabiduría y un legalismo estrecho. Ben Sirá y Jesús quieren ser maestros de sabiduría,
pero uno cree que su enseñanza sanará a los pobres, mientras el otro se hace
pobre entre los pobres y revela incluso sus relaciones con el Padre en la forma
de pobreza absoluta, pues Él no es nada por Sí mismo y solo es lo que se le ha
dado.
En Jesús, pues, la pobreza
adquiere una desviación de su centro de gravedad. La pobreza definía
una situación material o de ignorancia; representaba algunas veces una actitud
espiritual y moral; de ahora en adelante expresa una condición ontológica.
Cristo es pobre porque en Él el hombre se comprende en su relación con el
Padre, y esta pobreza es salvadora porque no está construida por fuerzas
humanas.
Serán discípulos de Jesús
los que acepten en lo más profundo de su ser la renovación que los hace
disponibles a la iniciativa divina y vivirán esta renovación en la comunidad
eclesial.
MAERTENS-FRISQUE - NUEVA
GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA V MAROVA MADRID 1969. Pág.136 ss.
6.- Texto. En el contexto
inmediato Mateo resalta la inmadurez y el inmovilismo de los contemporáneos de
Jesús. Contrarrestando esta situación Mateo inserta este espléndido texto.
Comienza con un canto de
acción de gracias de Jesús al Padre y al Señor del universo. Este primer
momento del texto abarca los versículos 25-26. El motivo de la acción de
gracias es la toma de postura del Padre en favor de la gente sencilla. En este
motivo es perfectamente reconocible la línea de conducta de Dios, cuyos
orígenes se encuentran en el texto fundacional de la Biblia: He visto la
opresión de mi pueblo en Egipto... y he bajado a liberarlos de los egipcios
(Ex. 3, 7-8).
La expresión gente
sencilla traduce adecuadamente el término figurado griego "niños
pequeños" y funciona en contraposición a "sabios y entendidos".
En el conjunto del evangelio de Mateo ambas categorías de personas son
transponibles a maestros de la Ley y fariseos (sabios entendidos) y a
recaudadores y gente de mala reputación (niños pequeños). Un motivo similar al
de este texto lo desarrolla Pablo cuando contrapone los considerados sabios por
el mundo a los que en el mundo tiene por necios (I Cor. 1, 18-31). En su acción
de gracias Jesús maneja magistralmente el recurso del contraste: el que es
imponente y majestuoso manifiesta su "impotencia" y majestad tomando
postura por los que nada pueden.
El segundo momento del
texto es el v. 27. El destinatario no es ya el Padre sino los oyentes y
lectores. Este segundo momento viene a dar razón y fundamento a la acción de
gracias precedente.
Si Jesús puede dar gracias
al Padre por su toma de postura y por su parecer, ello es debido al grado de
conocimiento y de compenetración que tiene con el Padre. Jesús lo sabe todo del
Padre, porque el propio Padre se lo ha enseñado. En el conjunto del texto este
verbo enseñar es traducción más ajustada que el genérico entregar. Mi Padre me
lo ha enseñado todo.
El tercer momento del
texto abarca los vs. 28-30. Se trata de una doble invitación, cuya fuerza y
valor residen en lo que conocemos de Jesús por el versículo anterior. Los
destinatarios de la invitación son los cansados y los agobiados. Ambos términos
están empleados en sentido figurado. En el conjunto del evangelio de Mateo se
trata del cansancio y agobio derivados de las cargas de la Ley, tal como lo
entienden y exponen los sabios y entendidos.
"Los maestros de la
Ley y los fariseos echan cargas pesadas sobre los hombros de los demás"
(Mt. 23, 4). La actitud de Jesús, expresada en la frase "yo os
aliviaré", contrasta con la de los sabios y entendidos, que "no están
dispuestos a tocar ni siquiera con un dedo" las cargas que echan (Mt. 23,
4). Ellos hablan del yugo de la Ley; también Jesús lo hace, pero unciéndose él
mismo el yugo y caminando delante con él. La invitación de Jesús a cargar con
el yugo parte de su mismo ejemplo.
En el conjunto del texto
el v. 27 ocupa el lugar central no sólo por posición sino, sobre todo, por
importancia. El, en efecto, irradia luz a los anteriores y a los posteriores.
Estos, a su vez, ayudan a ver la perspectiva de las afirmaciones del versículo
central. En él niega a la Ley toda pretensión de mediación válida para el
conocimiento del Padre y del Hijo. Comentario. La Biblia tiene su origen en un
acto de justicia social: la toma de postura de Dios en favor de los oprimidos.
En el texto de hoy Jesús confirma autoritariamente esta imagen de Dios, la cual
se convierte así en la única imagen válida de Dios.
Jesús nos revela a un Dios
que toma partido en favor de los oprimidos por las cargas que les imponen los
sabios y entendidos. No pretendamos ver en este texto un planteamiento
anti-intelectual. Se trata pura y simplemente de un acto de justicia social. Un
acto de justicia social no verbal ni teórico, sino real y práctico. En este
texto no hay fractura entre teoría y praxis ni un planteamiento orientado al
dominio técnico de las conciencias.
A diferencia de los
maestros de la Ley, que son expertos, Jesús es un guía que camina por delante
del yugo que impone. Mientras que el experto convierte el saber en un
instrumento en favor de algo, el guía es ante todo una posición vital que
integra la teoría y la praxis. La imagen de Dios que Jesús revela tiene su
confirmación y constatación en Jesús. De ahí el papel esencial e insustituible
de Jesús como mediador de Dios por un lado y su valor de ejemplaridad esencial
e insustituible por otro.
Nos hallamos ante un texto
de trascendencia incalculable; uno de los textos indispensables, porque dan
respiro y libertad a la vida tan desafortunadamente atormentada por códigos y
leyes. Gracias a este texto la mirada del creyente deja de tener el aspecto
cansino y agobiado de un animal humano de carga. Si Jesús da gracias al Padre,
justo es que nosotros entonemos un canto de acción de gracias a Jesús por
habernos dicho lo que en este texto nos dice. Hoy es una de las ocasiones en
las que la exégesis no puede cerrarse al sentimiento.
A. BENITO - DABAR 1990/36
7.- Contexto. El nuevo
Pueblo de Dios es ya una realidad literaria (9, 35-10). Hay que calificarlo de
realidad literaria porque en el Evangelio de Mateo este pueblo no comenzará su
actuación sino después de 28, 16-20. De momento, Mateo quiere que el nuevo
Pueblo siga formándose en la escuela de su líder y maestro. Un liderazgo que
Mateo sigue concibiéndolo, en un contexto realístico de incomprensión por parte
de los contemporáneos religiosos (11, 1-24).
Sentido del texto. Si en
los caps. 8-9 Mateo había ido dando entrada paulatina a la oposición religiosa,
en 11, 1-24 está oposición es una realidad plena. El autor presenta, pues,
claramente diferenciados al viejo y al nuevo Pueblo de Dios. El v. 25 comienza reflejando
el alborozo incontenido de Jesús por la existencia del nuevo Pueblo. El viejo
Pueblo es calificado como sabio y entendido; el nuevo, como gente sencilla
(textualmente; personas sin voz). Muy probablemente, Jesús se refiere a los
dirigentes del viejo Pueblo, ante los cuales los que aceptan a Jesús se sienten
impotentes para hablar. En efecto, ésta era la realidad dentro del viejo
Pueblo: sólo los dirigentes, los constituidos en jerarquía, podían hablar; los
demás sólo podían escuchar y aceptar. Los dirigentes, sobre todo de corriente
farisea (los letrados), eran los únicos intérpretes de la Escritura y de la
Tradición, movidos ciertamente por un noble espíritu de actualización de las
mismas. El resultado a nivel de pueblo era una existencia dirigida y
heterónoma. Un pueblo fatigado y angustiado por el fardo pesado de una
reglamentación de la conciencia (cfr. Mt. 23, 4). Un pueblo, en definitiva,
maltrecho y derrengado por culpa de sus pastores (cfr. Mt. 9, 36).
Estas son las gentes sin
voz (la traducción litúrgica "gente sencilla" no quiere decir gente
inculta o sin recursos materiales) que respiraron el aire fresco de Jesús. Un
Jesús manso, es decir, sencillo, que no atosiga ni abruma las conciencias. Un
Jesús humilde, es decir, sin ese aire arrogante y prepotente que
inevitablemente exhalan sin darse cuenta los religiosos del cumplimiento. Sí,
Jesús fue aire fresco, alivio y descanso en aquel mundo perfectamente
religioso.
Frente a la tradición de
los mayores, Jesús habla de la tradición del Padre (v. 27a; el matiz de
"tradición" aparece muy claro en el texto original). Al fin, Dios
deja de ser impositivo y atosigador de conciencias. La tradición de los mayores
convierte la existencia en un peso insoportable y agobiante. La tradición del Padre
devuelve a la existencia agilidad y frescura. Desde Jesús tenemos, pues, un
criterio de discernimiento para saber si una tradición es cosa de los hombres o
de Dios. Desde Jesús sabemos quién y cómo es Dios. Desde Jesús sabemos cómo
debe experimentarse el Pueblo de Dios. Un Pueblo así es el que hace estallar de
alegría a Jesús, quien en gesto de intimidad insondable se la ofrece a su
Padre. En Jesús es Dios quien palpita. ¡Fantásticos versículos! El viejo
soñador de Génesis 1, puede, al fin, ser el que es; gracias a Jesús deja de ser
el que los hombres religiosos le imponen ser. ¡Por favor: no sigamos haciendo
violencia a Dios! ¡Dejémosle ser el que Jesús revela en estos versículos!
¡Dejemos que las gentes sin voz puedan sentir alivio y descanso!
DABAR 1981/39
8.- CONOCIMIENTO BIBLICO.
Conocer en la Biblia tiene
un significado mucho más extenso. La imagen del "árbol de la ciencia del
bien y del mal" en el paraíso del Edén designaba unos conocimientos
amplios, una inteligencia inmediata de las razones y causas de las cosas. Además,
el verbo conocer indica que se está familiarizado con otra cosa, designa la
aceptación juiciosa y la apropiación amante de una cosa. Participan por igual
en la acción de conocer la voluntad, los sentimientos y la inteligencia. Por
eso la Escritura puede designar con el verbo "conocer" el encuentro
más íntimo del hombre y de la mujer en el matrimonio. Si Dios conoce al hombre,
lo penetra por completo con su espíritu y al mismo tiempo le abraza con amorosa
propensión. Conocer y amar son entonces una misma cosa.
EL NT Y SU MENSAJE 01-1 -
EL EVANGELIO SEGUN SAN MATEO - HERDER BARCELONA 1970.Pág. 250
9.- Mateo reúne aquí tres
palabras o dichos que Jesús pronunció seguramente en diversas ocasiones, pero
que en su conjunto nos ofrecen uno de los testimonios más claros del Maestro
sobre sí mismo, sobre su persona y su misión en el mundo. Hallamos el texto
dividido convenientemente en tres estrofas; aunque, dada su coherencia
temática, debemos interpretarlo como un todo.
Comienza Jesús dando
gracias al Padre y alabándolo porque ha revelado "estas cosas" a la
gente sencilla y las ha escondido a los sabios y prudentes. Como se desprende
de la situación en la que está hablando según informa Lucas (10, 21) los discípulos
acaban de llegar de su primera misión), Jesús, al decir "estas
cosas", se refiere a toda su predicación del reinado de Dios. Los
"sabios y prudentes" son las personas cultas y mejor formadas, de las
que cabría esperar una mejor comprensión del evangelio, pero que encuentran en
su autosuficiencia el mayor obstáculo. Creen saberlo todo de las ciencias
humanas y divinas; por eso Dios confunde su sabiduría (cfr. Is 29, 14; I Cor 1,
19). Sabios y prudentes eran en aquel tiempo los escriba y fariseos que
rechazaron a Jesús con toda su alma. Por el contrario, la "gente
sencilla" son los que llama Jesús "pobres" en sus
bienaventuranzas (Lc 6, 20; Mt 5, 3). Son hombres que no tienen ni bienes ni
cultura; son los "isidros" o gente ruda del campo; son todos aquellos
que entonces parecían los últimos, porque no sabían interpretar la Ley y no
conocían los preceptos, y por ello eran despreciados por los fariseos y los
escribas en Jerusalén.
Todos estos son "la
gente sencilla" y "los pobres" cuando buscan, preguntan y se
abren a la gracia y a la verdad de Dios. En el rechazo que padece el evangelio
de parte de los "sabios y prudentes" y en la acogida que recibe en la
"gente sencilla", como sus discípulos, ve Jesús los planes de Dios y
los acepta con entusiasmo. Lucas nos dice que "en aquel momento se llenó
de gozo Jesús en el Espíritu Santo..." La exclamación gozosa de Jesús y su
alabanza al Padre está animada por el mismo Espíritu de Dios.
J/MEDIADOR:
Sólo a Jesús se ha revelado el Padre en plenitud y le ha entregado todo su
poder. Jesús es el único Mediador, porque es el Hijo amado del Padre y está
lleno de verdad y de vida para que de él todos participemos. Es aquí donde
alcanza su culminación en el evangelio según san Mateo la revelación que hace
Jesús de sí mismo. Estas palabras suenan evidentemente a san Juan (cfr. Jn 3,
35; 8, 19; 10, 15; 13, 3; 17, 25).
Los "cansados y
agobiados" son todos los que se afanaban inútilmente en el cumplimiento de
la Ley y de las tradiciones de los judíos. Los fariseos imponían a la gente
sencilla un fárrago de leyes y obligaciones que ellos mismos no podían soportar
y no cumplían (23, 2-4). De esta manera, lo único que conseguían era atormentar
las conciencias y dominar sobre los que se sentían culpables. Jesús quiere ser
un alivio para todos estos. Él había dicho que la ley es para el hombre y no a
la inversa ("No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el
hombre"), y en muchas ocasiones contesta con obras y palabras al legalismo
de los fariseos. Sin embargo, este alivio es a su vez un yugo, sólo que mucho
más ligero, porque es el yugo único del amor. Y es "suave" porque el
mismo Jesús lleva ese yugo como ningún otro.
"Manso y humilde de
corazón" significa precisamente esto, que sabe comprender a los pobres y a
los humildes, porque padece con ellos y es pobre lo mismo que ellos.
Precisamente se trata de dos palabras que en las bienaventuranzas se refieren
también a los "pobres".
EUCARISTÍA 1975/39.
10.- Esta exclamación
gozosa, en la que Jesús celebra la voluntad del Padre y le da gracias, y le
bendice, porque se ha revelado a los humildes parece situarse mejor en el
contexto de San Lucas. En el tercer evangelio estas palabras de Jesús se
encuentran inmediatamente después del informe que hacen los discípulos sobre el
éxito de su primera misión evangélica (Lc 10, 21 ss). Si muchos "sabios y
entendidos" (principalmente, fariseos y doctores de la Ley) no quieren ver
y escuchar lo que Jesús hace y lo que Jesús dice, otros ven y creen en él. La
obcecación de los primeros, que se enorgullecen de su propia sabiduría y de sus
títulos, no es un impedimento para que no se cumplan los planes de Dios. La
sabiduría de los doctores que no puede salvarles se muestra necedad, en cambio
la sabiduría de la gente sencilla es una sabiduría divina. Estos son los
"pobres de espíritu" (5, 3), cuyo es el Reino de los Cielos. Entre
esta gente sencilla están los discípulos de Jesús, pero también algún hombre
docto como Nicodemo (Jn 3, 1-15), que no presume de su propia ciencia y abre
humildemente sus oídos al Evangelio. También san Pablo, discípulo de fariseos,
elegirá este camino de los "necios" ante el mundo, que es el camino
de los verdaderamente sabios delante de Dios (cf. 1 Cor 1, 18-2, 16; 3, 18-20).
Sólo a Jesús se ha revelado el Padre plenamente, sólo a él le ha entregado todo
su poder. Jesús está lleno de la verdad y de la vida divina, es el Mediador, el
Hijo de Dios. El Hijo es el único que conoce al Padre y el Padre es el único
que conoce al Hijo. El Hijo y el Padre son un mismo Dios. En este lugar llega a
su punto culminante la revelación que hace Jesús de sí mismo en todo el
evangelio de San Mateo. Estas palabras suenan evidentemente a San Juan (cf. Jn
3, 35; 8, 19; 10, 15; 13, 3; 17, 25).
Porque es el Enviado de
Dios, el Mediador, para salvar a los hombres, Jesús llama a sí a todos los que
necesitan de salvación; a los que gimen bajo la carga de la vida, bajo el peso
de sus pecados, bajo las exigencias de la ley y de los mil preceptos que de
ella se derivan, de aquellos preceptos que escribas y fariseos tratan de
explicar y que ni ellos mismos son capaces de cumplir (cf. 23, 2-4). Y a todos
éstos Jesús les llama para que le sigan, prometiéndoles alivio para tantos
males y liberación de tantos yugos intolerables. El Evangelio de Jesús es un
yugo que oprime; es, en primer lugar, el anuncio de la salvación y, sólo en
segundo lugar, la proclamación de las exigencias del amor de Dios. Primero es
evangelio y sólo después Ley. ¿Qué hemos hecho nosotros del Evangelio?.
EUCARISTÍA 1987/32
11. - Este pasaje es
propio de Mt; viene inmediatamente después del himno de júbilo en el que Cristo
bendice al Padre por haber revelado su misterio a los "pequeñitos" y
no a los sabios (vv. 25-27). En los vv. que preceden a nuestro pasaje, Cristo
ha contrapuesto un pueblo ignorante y simple a los sabios expertos de la ley,
los "pequeñitos" a los doctores, para explicar cómo los primeros, a
falta de ciencia y de conocimientos, se benefician de una
"revelación" divina que compensa su ignorancia.
Cristo introducía así a
los ignorantes en la comunidad de los pobres de Yahvé destinada a la
participación en el reino. Es, pues, verosímil que quienes sufren y están
doblados bajo el peso (v. 28) son los mismos "pequeños" e ignorantes
de los vv. anteriores. Efectivamente, el peso y el yugo designan, frecuentemente,
en el judaísmo, las observancias de la Ley (Si 51. 26; Jr 2. 20; 5. 5). Pero
los escribas los habían sobrecargado con un número incalculable de
prescripciones que los simples trataban de cumplir, sin tener siempre la
perspectiva suficiente para diferenciar lo esencial de lo accesorio (Mt 23. 4).
El pueblo invitado por Cristo no son siempre los afligidos en general, sino los
simples esclavos de las prescripciones demasiado pesadas del legalismo.
Siempre habrá en el mundo
yugos pesados y cargas aplastantes: el hombre está tan angustiado que acepta
las prescripciones, los ritos y los dogmas religiosos, a fin de encontrar en
ellos un poco de garantía y de seguridad. ¡No hay más que ver la confusión de
muchas personas cuando la religión cambia o se simplifica y les enfrenta con su
angustia básica! Si sucede que el rechazar la carga de la religión es, muchas
veces, para cargarse con yugos más pesados aún, que van desde el fanatismo
político hasta la religión de la ciencia.
Cuando Jesús anuncia un
yugo ligero, no anuncia en absoluto una religión que vaya a ser menos legalista
que las demás, menos ritualista o menos dogmática. Jesús no predica una nueva
religión, sino que propone al hombre la posibilidad de incorporarse a una
realidad nueva. Al revelarnos que somos aceptados tal como somos, angustiados y
desgarrados, nos tranquiliza y da un sentido a nuestro valor. En adelante
sabemos que estamos en Dios porque Él mismo nos ha captado, sea cual fuere
nuestra debilidad y nuestro pecado, a pesar del carácter fragmentario y
disforme de nuestra persona y del mundo. Así es el Dios de JC: no podemos
encontrarle por nosotros mismos, sino que es JC quien nos acerca a Él.
La Iglesia, a su vez,
repite la invitación de Cristo: "Venid..." Pero no tiene derecho a
apelar al cristianismo si éste se ve obstaculizado por el particularismo y el
legalismo, por cargas y yugos; es enviada para llamar al hombre a esa realidad
nueva que se ha manifestado en Jesús, del que no es más que signo y testigo.
Esto es importante, en especial para el diálogo entre cristianos y ateos. Si la
Iglesia propone el mensaje de Jesús, no es para transformar a los ateos en
adeptos de una religión, sino para anunciar la persona de Jesús que está por
encima de la religión y de la no-religión, y para llamar al hombre a un nivel
más profundo de su vida: allí donde se siente aceptado por el Otro.
MAERTENS-FRISQUE - NUEVA
GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA I - MAROVA MADRID 1969.Pág. 93
12.- LEY/YUGO J/LIBERTAD:
¿Quién no sueña con una
vida sencilla, libre de las mil y una molestias que cada día le ensombrecen a
uno la vida desde que se despierta? ¿Y qué decir de esas obligaciones
religiosas, imaginadas para quién sabe qué humanidad perpetuamente al acecho de
inauditas desviaciones?: Eso no se puede hacer... Cuidado con aquello... Con
harta frecuencia, las leyes elaboradas por las gentes de Iglesia contienen
ciertos resabios de sadismo, muy ajeno al Evangelio.
No es que predique la
facilidad y la indolencia. Él sabe mejor que nadie que el corazón del hombre
necesita ser continuamente encauzado. Pero sólo él sabe también cuál es el
camino para ello: su yugo es sencillo, fácil, esencial. Sí, la vida cristiana
conlleva una carga, pero ésta, comparada con las cargas que los hombres
imponen, es una auténtica liberación. ¡Esto lo entenderán los que han aceptado
el yugo del amor! Nada hay tan inverosímil como esa imagen de un Dios creador
siempre tramando nuevas leyes para los hombres o, mejor dicho, ¡contra los
hombres! Pero ¿no es ya de por sí la existencia una carga bastante pesada de
llevar? Es verdad que el Dios infinito se interesa infinitamente por ese
microcosmos que es el hombre; pero la manera de actuar de Dios está en las
antípodas de los dioses inventados por los poderosos. Nuestro Dios es
"manso y humilde de corazón"... Entonces, cuando ya no funciona
ninguna otra cosa, cuando la religión te parece sobrecargada por el peso de la
ley, piensa en esto y cobra nueva vida: Dios es manso, Dios es humilde. ¡El
dueño de la vida es humilde.
DIOS CADA DIA - SIGUIENDO
EL LECCIONARIO FERIAL - ADVIENTO-NAVIDAD Y SANTORAL - SAL TERRAE/SANTANDER
1989.Pág. 34
13.- Mt/11/28-30
En este tiempo de Adviento
recibimos esta invitación ¡venid a mí! ¿Acepto yo esta llamada? ¿Me dirijo
hacia El? La voluntad de Dios se vuelve ligera si se hace lo que dice Jesús;
aprended de mí. Jesús lleva también las dos cosas: su misión para él es yugo y
peso; con todo, él los ha aceptado como siervo humilde de Dios. Se ha hecho
inferior y cumple con toda sumisión, lo que Dios le ha encargado, se hace
servidor de todos. Jesús promete el descanso para el peso abrumador de la vida
diaria, para el cumplimiento de la voluntad de Dios en todas las cosas
pequeñas. El que vive entregándose a Dios y ejercita incesantemente el amor es
levantado interiormente y se serena.
Nuestra fe nunca puede
convertirse en carga agobiante. Entonces se apreciaría la fe de una forma
falsa. Siempre es una fuente de consuelo y de apacible serenidad.
14.- RV/DESTINATARIOS
Después de hacer el elogio
de Juan Bautista, después de "quejarse" de su generación porque no ha
aceptado ni el mensaje de Juan ni el suyo, Jesús hace esta plegaria de
bendición que expresa quiénes son los destinatarios de su predicación. Es típico
del judaísmo hacer plegarias de bendición al Señor, que suelen constar de una
exclamación de agradecimiento y del motivo por el cual se expresa la bendición.
En este caso, Jesús habla del "Señor de cielo y tierra", es decir,
del Dios creador de todas las cosas, como Padre. El motivo de su bendición es
que el Padre se da a conocer a la "gente sencilla" y no a los
"sabios y entendidos".
Los sencillos nos
recuerdan a los pobres y humildes de las bienaventuranzas, aquéllos que no
ponen las seguridades en ellos mismos, sino que confían plenamente en Dios;
básicamente se refieren a los discípulos, a quienes les han sido reveladas
todas "estas cosas". Los sabios y entendidos hacen referencia sobre
todo a los doctores de la Ley y a todos los que pretenden saber sin abrirse
dócilmente a la revelación de Dios. En el trasfondo, parece que está el texto
de Daniel, aquel jovencito que muestra tener más sabiduría que todos los sabios
de Nabucodonosor.
El Padre, el Señor de
cielo y tierra, lo ha puesto todo en manos de Jesús: véanse las palabras
finales del evangelio de Mateo, donde Jesús dice esto mismo. El poder de Jesús
es el poder de Dios y no ningún otro. El conocimiento entre el Padre y el Hijo
indica la unión íntima y afectiva de ambos, y no un simple conocimiento
racional.
La plegaria da paso a una
llamada al seguimiento. El yugo significaba en el Antiguo Testamento la Ley de
Dios y era visto en términos de alegría. Jesús propone un yugo totalmente
liberador, que conduce al reposo. La Ley acabará siendo una carga insoportable,
sobre todo para los sencillos. Jesús les propone su yugo, y se pone él mismo
como ejemplo: él es manso y humilde de corazón. Jesús es el que ha vivido
plenamente las bienaventuranzas, es el que vive la alegría de hacer siempre la
voluntad del Padre. Los que hagan como él, serán felices como él.
J. M. GRANE - MISA
DOMINICAL 1993/09
15.- ACI DIGITAL 2003
25. El Evangelio no es
privilegio de los que se creen sabios y prudentes, sino que abre sus páginas a
todos los hombres de buena voluntad, sobre todo a los pequeñuelos, esto es, a
los pobres en el espíritu y humildes de corazón, porque "aquí tienen todos
a Cristo, sumo y perfecto ejemplar de justicia, caridad y misericordia, y están
abiertas para el género humano, herido y tembloroso, las fuentes de aquella
divina gracia, postergada la cual y dejada a un lado, ni los pueblos ni sus
gobernantes pueden iniciar ni consolidar la tranquilidad social y la
concordia" (Pío XII en la Encíclica "Divino Afflante Spiritu").
28. No sólo los muy
agobiados; también todos los cargados, para que la vida les sea llevadera.
29. Nótese que no dice que soy manso, sino porque soy manso. No se pone aquí
como modelo, sino como Maestro al cual debemos ir sin timidez, puesto que es
manso y no se irrita al vernos tan torpes.
30. El adjetivo griego
"jrestós" que Jesús aplica a su yugo, es el mismo que se usa en Luc.
5, 39 para calificar el vino añejo. De ahí que es más exacto traducirlo por
"excelente", pues "llevadero" sólo da la idea de un mal menor,
en tanto que Jesús nos ofrece un bien positivo, el bien más grande para nuestra
felicidad aun temporal, siempre que le creamos. El yugo es para la carne mala,
mas no para el espíritu, al cual, por el contrario, Él le conquista la libertad
(Juan 8, 31 s.; II Cor. 3, 17; Gál. 2, 4; Sant. 2, 12). Recordemos siempre esta
divina fórmula, como una gran luz para nuestra vida espiritual. El Evangelio
donde el Hijo nos da a conocer las maravillas del Eterno Padre, es un mensaje
de amor, y no un simple código penal. El que lo conozca lo amará, es decir, no
lo mirará ya como una obligación sino como un tesoro, y entonces sí que le será
suave el yugo de Cristo, así como el avaro se sacrifica gustosamente por su
oro, o como la esposa lo deja todo por seguir a aquel que ama. Jesús acentúa
esta revelación en Juan 14, 23 s., al decir a San Judas Tadeo que quien lo ama
observará su doctrina y el que no lo ama no guardará sus palabras. Tal es el
sentido espiritual de las parábolas del tesoro escondido y de la perla preciosa
(13, 44 ss.). Del conocimiento viene el amor, esto es, la fe obra por la
caridad (Gál. 5 y 6). Y si no hay amor, aunque hubiera obras, no valdrían nada
(I Cor. 13, 1 ss.). Todo precepto es ligero para el que ama, dice S. Agustín;
amando, nada cuesta el trabajo: Ubi amatur, non laboratur.
DOMINGO 14 DEL TIEMPO ORDINARIO
Venid a mí los que estáis agobiados, y yo os aliviaré
Hay
días en que la Palabra de Dios nos ofrece una luz amable y un bálsamo para
nuestra vida a veces ajetreada y complicada.
Hoy
las lecturas nos invitan a alegrarnos en Dios, con sencillez de corazón, a
confiar en él, porque es "clemente y misericordioso", "cariñoso
con todas sus creaturas". Y porque Jesús, nuestro Maestro, es "manso
y humilde de corazón" y nos ofrece alivio y descanso.
A
la vez, Pablo nos urge a que los cristianos, fieles a la vida nueva que
recibimos en el Bautismo, seamos consecuentes con ella, dejándonos guiar por el
Espíritu de Dios, y no por los criterios de este mundo.
Zacarías
9, 9-10. Mira a tu rey que viene a ti modesto
Leemos
pocas veces a lo largo del año al profeta Zacarías, aunque se le cita muchas
veces en el evangelio. La página de hoy probablemente pertenece al que
podríamos llamar "segundo Zacarías", y es un pasaje lleno de alegría
y entusiasmo, que prepara lo que escucharemos en el evangelio sobre cómo el
yugo del Mesías, de Cristo Jesús, es suave y llevadero. Zacarías invita al
pueblo de Israel a alegrarse, a cantar a su Dios, que nos envía a un rey
victorioso, pero humilde, que nos librará de toda esclavitud y guerra.
Describe a ese rey cabalgando en un asno, que es como los evangelios describen
la entrada de Jesús en Jerusalén el domingo de Ramos: montado sobre un asno.
Por
eso también el salmo expresa sentimientos de paz y alabanza: "día
tras día te bendeciré", y hace un "retrato" de Dios como
"clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad... bueno
con todos...".
Romanos 8, 9. ll-13. Si
con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
Durante
varios domingos leeremos este importante capítulo 8 de la carta a los Romanos,
que se podría titular "la vida del cristiano en el Espíritu". A los
que por el Bautismo han entrado a formar parte de la comunidad de Cristo Jesús,
les dice Pablo que tienen que vivir una vida nueva, lejos de todo pecado. El
binomio que aquí repite, como en otras cartas, es el de "Espíritu-carne".
Vivir guiados por el Espíritu de Jesús nos lleva a un estilo de vida.
"Vivir según la carne", o sea, según los criterios meramente humanos,
nos aleja de ese estilo de vida que Cristo Jesús quiere de nosotros.
Mateo 11, 25-30. Soy manso y
humilde de corazón
Mateo
no sólo nos dice aquí que Jesús rezaba, sino que nos transmite el contenido de
esa oración. Esta vez se trata de un himno de alabanza, de bendición a Dios
Padre, a quien llama "Padre" y "Señor de cielos y tierra".
El
motivo de esta bendición es que Dios ha "escondido" los misterios del
Reino a los que se creen sabios, y los ha "revelado" a los sencillos
de corazón. Jesús considera como un éxito que los entendidos de su época no le
acepten, mientras que la gente sencilla, sí le sigue.
También
habla de sí mismo, de su profunda relación con Dios Padre. Es un resumen de
"cristología". Además, invita a todos a seguirle, por cansados y
agobiados que estén, porque en él encontrarán paz y descanso: él es "manso
y humilde de corazón".
Vivir guiados por el Espíritu de Jesús
Si
el domingo pasado ya hablaba Pablo de las consecuencias de haber sido
bautizados en Cristo, incorporados a su misterio de muerte y resurrección e
injertados en él, hoy saca las consecuencias respecto a la vida nueva que se
espera de los bautizados. Lo hace sirviéndose, como hace en otras cartas, del
binomio "carne-Espíritu".
Aquí
"carne" no se refiere al cuerpo humano (lo "carnal" en su
dimensión sexual, por ejemplo), sino a las fuerzas meramente humanas,
materiales, que sólo saben llevarnos al pecado, con todos los "frutos de
la carne" (que describe en Gálatas 5). El "Espíritu" es el
Espíritu Santo de Dios, el que resucitó a Jesús de entre los muertos y que
quiere resucitarnos también a nosotros: "vivificará también vuestros
cuerpos mortales". Seguir al Espíritu como criterio de vida nos llevará a
la plenitud de la vida en Cristo.
Para
Pablo, esta es cuestión muy importante: "si vivís según la carne, vais a
la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis".
Se trata de dos dinamismos que actúan en cada uno de nosotros y tiran de
nosotros hacia estilos de actuación muy diferentes. Pablo constata en sí mismo
esta doble "ley", exclama: "¿quién me librará?" y se da
confiadamente la respuesta: "¡la gracia de Dios!". Por el Bautismo
hemos recibido ya la vida nueva que nos da el Espíritu. Ahora se trata de vivir
conforme a esa vida nueva, guiados, no por criterios humanos -la
"carne"- sino por el Espíritu.
Un retrato consolador de nuestro Dios
En
la primera lectura y en el salmo se nos presenta una vez más un hermoso
"retrato" de Dios, que nos mueve a una actitud de confianza en él.
Zacarías nos habla de un rey victorioso, justo, pero humilde. Parece una paradoja.
Los reyes poderosos iban montados a caballo, acompañados de carros de
combate, con arcos preparados en las manos. El rey mesiánico, no. Viene
cabalgando un asno y viene a traer paz: "dictará paz a las naciones".
En
el salmo se especifica cómo es ese Dios en quien creemos y a quien alabamos,
con una definición no filosófica, sino muy cercana a la vida: "el Señor es
clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad... el Señor es
bueno con todos, es cariñoso con todas sus creaturas... el Señor sostiene a los
que van a caer, endereza a los que ya se doblan".
El
mejor retrato de cómo es Dios lo sabemos por su Hijo, Jesús. Él es quien nos lo
revela en su identidad, cuando en las parábolas le describe como el padre del
hijo pródigo o el pastor que va en busca de la oveja perdida.
Soy manso y humilde de corazón
Pero,
sobre todo, cuando se nos dice cómo es Dios es cuando al mismo Jesús se le ve a
lo largo del evangelio perdonando, curando, animando a todos. Jesús aparece en
verdad como "manso y humilde de corazón", comprensivo, tolerante,
acogedor, que acepta a las personas como son, aunque les invite a dar pasos
adelante, que sintoniza con los que sufren, que nunca pasa al lado de uno que
le necesita sin detenerse y dedicarle su tiempo, que parece que tiene
predilección por los despreciados por la sociedad de su tiempo.
Decir
que Jesús es "manso y humilde" no significa tampoco que todo le es
igual. Él no sólo anuncia perdón y salvación: también se indigna a veces y
eleva la voz denunciando las injusticias y lo que sabe que va contra el bien
del pueblo, y sabe coger el látigo y expulsar a los mercaderes del Templo.
Jesús tiene convicciones firmes. Es recio en su camino.
Hay
días en que escuchamos de sus labios palabras que nos hablan de la exigencia de
su seguimiento, o ataques duros contra los orgullosos. Pero hoy se completa su
imagen con esta invitación a la confianza y la afirmación de la bondad de Dios.
En
verdad, Jesús puede decir las palabras que escuchamos hoy, "venid a mí
todos los que estáis cansados y yo os aliviaré... yo soy manso y humilde de
corazón", porque en realidad actuó así durante toda su vida. En el
evangelio aparece como el que perdona delicadamente a la pecadora, y nos habla
del padre que perdona y acoge al hijo aventurero, y del pastor que se alegra
del reencuentro con la oveja descarriada.
Venid a mí los que estáis fatigados
Después
de bendecir a Dios porque revela los misterios más profundos a la gente
sencilla, Jesús hace una invitación que después de dos mil años resuena todavía
con una fuerza inmensa de esperanza: "venid a mí los que estáis fatigados
y agobiados, y yo os aliviaré... cargad con mi yugo y encontraréis vuestro
descanso".
Parece
una paradoja el que Jesús nos invite a cargar con su "yugo", una
metáfora que puede recordarnos esclavitud y total dependencia. Jesús se quejó
una vez de que los doctores de la ley, en Israel, cargaban fardos pesados en
los hombros de los creyentes. Él, no. Nos dice que si cargamos con ese yugo él
nos aliviará y nos dará descanso. Porque él es "manso y humilde de
corazón".
Esto
no significa que el estilo de vida que nos enseña Jesús, su Evangelio, no es
exigente. Ciertamente no nos presenta un programa de vida dulzón, sino
empeñativo. Lo que aquí dice, "cargad con mi yugo", se parece mucho a
lo que nos había dicho: "tome su cruz y sígame".
Ese
"yugo" y esa "cruz" que él nos invita a llevar son
llevaderos, no por nuestras fuerzas, sino con su ayuda: "venid a mí y yo
os aliviaré... encontraréis vuestro descanso". Jesús es un maestro y un
pastor "manso y humilde de corazón": no nos va a exigir más allá de
nuestras fuerzas. "Encontraréis vuestro descanso". Lo que nos dice
(amar a Dios y amar al prójimo) no es en sí nada fácil. Pero con su ejemplo y
su ayuda, es llevadero y factible. "Mi yugo es llevadero y mi carga,
ligera". Como el Cirineo le ayudó a él a llevar la cruz, él, Jesús, nos
ayudará a nosotros a llevarla y a vencer al mal en nuestras vidas.
Nos
viene bien escuchar hoy estas palabras de Jesús, que nos aseguran su cercanía y
nos hablan del amor de Dios, porque la vida nos agobia con su ritmo y va
gastando nuestra capacidad de esperanza, y a veces hasta nos hace dudar del
amor de Dios.
Son los sencillos los que entienden... y son felices
Es
bueno que aceptemos también otra lección del evangelio de hoy: la invitación a
ser sencillos de corazón, porque así sabremos captar mejor la presencia de Dios
en nuestra vida y seremos más felices.
Jesús
se alegra de que la gente sencilla de su pueblo, que no son tan rebuscados en
sus motivaciones ni tan esclavos de sus prejuicios, saben captar los misterios
del Reino. Los que entienden a Jesús son los que no son autosuficientes, los
que no están llenos de sí mismos. Los que se creen sabios dejan escapar las
cosas más importantes, porque creen saberlo todo y se fían de sí mismos.
Cuántas
veces, en las páginas de la Biblia, los que a los ojos de este mundo
aparecen como ignorantes o pobres personas, son las que demuestran haber
alcanzado la verdadera sabiduría, los que captan las cosas de Dios y se dejan
llenar de su felicidad: los sencillos, los "anawim, los pobres de
Yahvé", los que saben que necesitan de Dios, los que saben escuchar y
admirarse y sorprenderse de las obras de Dios en la vida de cada día.
A
lo largo de la vida de Jesús, las buenas gentes -no por ignorantes, sino por
personas de sentido común y buena voluntad- supieron reconocer a Jesús como el
profeta de Dios, mientras que los letrados y fariseos buscaron mil excusas para
no creer. Un caso notorio fue el contraste entre el ciego curado por Jesús
(Juan 9), sin cultura humana, pero capaz de razonar con lógica y sacar las
consecuencias del milagro, cosa que no pudieron o no quisieron hacer los
fariseos y autoridades que le interpelaban.
Pero
es más entrañable todavía el ejemplo de la Madre de Jesús, que en su Magnificat
canta a Dios porque ha mirado complacido la humildad de su sierva y porque
a los pobres "los llena de bienes", mientras que a los que se creen
ricos y sabios "los despide vacíos".
También
ahora, hay muchos hombres y mujeres que no han ido a la universidad, pero con
una intuición admirable saben comprender con serenidad gozosa los designios de
Dios y los aceptan en su vida. ¡Cuántos familiares nuestros, que tal vez no han
tenido mucha formación humana ni religiosa, nos han dejado ejemplo de profundidad
en su fe y en su vida! En la Plegaria Eucarística IV del Misal damos gracias a
Dios porque Cristo Jesús "anunció la salvación a los pobres".
No
se trata de desautorizar a los doctos y a los profesores. También los que
tienen cultura humana y religiosa pueden ser "sencillos de corazón",
porque no se enorgullecen de su sabiduría, y no se fían tanto de su erudición
sino que saben que la sabiduría y la salvación auténticas vienen de Dios.
¿Somos
nosotros sencillos de corazón? ¿Sabemos admirar y agradecer las obras de Dios?
¿o somos tan retorcidos y llenos de nosotros mismos que no sabemos escuchar a
Dios ni creemos necesitar su salvación? Si fuéramos un poco más sencillos, no
amantes de grandezas, si tuviéramos "ojos de niño" y un
corazón más humilde, tendríamos mayor armonía interior, una paz más serena en
nuestras relaciones con los demás, una sabiduría más profunda y una fe más
estimulante y activa. Seríamos mucho más felices. Encontraríamos de veras paz y
descanso en Cristo Jesús.
LOS DOMINGOS DEL CICLO A
(JOSE ALDAZABAL)
PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO XIV TIEMPO ORDINARIO 2026
(05 DE JULIO)
01.- EL
SEÑOR ME HA INVITADO A SU CASA (Juan Antonio Cubiela)
EL SEÑOR ME HA
INVITADO A SU CASA:
LA MESA ESTA
PUESTA,
DISPUESTO ESTA
EL PAN.
UN LUGAR EN LA
MESA YO TENGO;
HAY FIESTA EN MI
ALMA
Y QUIERO CANTAR.
1.- Gracias,
Señor,
porque llego
cansado y vencido
y me esperas
igual que un amigo
espera al amigo
que en todo triunfó.
Gracias, Señor,
porque mi alma
está triste y desierta
y me estás
esperando a la puerta
dispuesto a
llenarme de fuerza y valor.
2.- Gracias,
Señor,
porque llego
como el peregrino
que ha perdido
la fe en el camino
y Tú me
devuelves la fe en el amor.
Gracias, Señor,
porque traigo en
mi rostro amargura
y tu imagen
derrama ternura
sembrando en mi
alma la luz del perdón.
02.- EL
SEÑOR NOS LLAMA (Alberto Taule)
EL SEÑOR NOS LLAMA Y NOS REÚNE,
SOMOS SU PUEBLO, SIGNO DE UNIDAD.
ÉL ESTÁ EN MEDIO DE NOSOTROS,
SIRVE A LA MESA, NOS REPARTE EL PAN.
1.- Por todos los caminos nos sales al
encuentro,
por todos hemos visto señales de tu amor.
Tu pueblo se reúne Señor a bendecirte,
a celebrar con gozo tu paso salvador.
2.- Convocas a tus fieles, nacidos de las
aguas,
a festejar unidos la nueva creación.
La sala del banquete se llena de invitados;
estamos reunidos y en medio está el Señor.
3.- Revélanos al Padre oh Cristo, nuestra
fiesta,
aumenta la esperanza de nuestro caminar.
Tu Espíritu divino nos dé la fortaleza,
los bienes que esperamos nos haga
pregustar.
03.- VAYAMOS
JUNTOS (Alfonso Luna)
Vayamos juntos
al altar
alabando el
nombre del señor.
VENID LOS
HAMBRIENTOS
VENID LOS
CANSADOS
VENID A LA
FIESTA DE SU PAN (2V).
En su nombre
nos hemos reunido,
Su palabra es
fuente de verdad
Unamos nuestras
voces
Juntemos
nuestras manos
Venid a la
fiesta de su pan
El domingo nos
hemos reunido
Es la fiesta de
tu comunidad
Unid los
corazones
Unamos nuestras
manos
Venid a la
fiesta de su pan.
04.- IGLESIA
SOMOS (Cesareo Gabarain)
Iglesia soy, y tú también.
En el Bautismo renacimos
a una vida singular
y al confirmar hoy nuestra fe,
lo proclamamos compartiendo el mismo pan.
No vayas triste en soledad
ven con nosotros y verás
a los hermanos caminando en el amor.
Ven con nosotros y serás
en la familia un hijo más,
iremos juntos caminando en el amor.
Yo la veré envejecer,
pero a mi madre aún con arrugas
y defectos la querré.
La quiero más, pues sé muy bien,
que ha envejecido sin dejarme de querer.
La Iglesia es tan maternal
que me ha engendrado,
me alimenta y acompaña sin cesar.
La Iglesia es tan maternal
que nunca duda en abrazarme y perdonar.
Tensiones hay y las habrá
porque nosotros somos hombres
y no ángeles de luz,
pero al final, sólo al final
la Iglesia humilde encontrará su plenitud.
05.- EL SEÑOR NOS INVITA A SU MESA (Carmelo
Erdozain)
El Señor nos invita junto a su mesa.
Como hermanos venimos para la cena.
[Como hermanos venimos para la cena.
Haya paz y alegría que hoy es su fiesta. (bis)
Con el pan, con el vino de las ofrendas
el Señor nos recibe en su presencia,
[el Señor nos recibe en su presencia.
La oración es ofrenda: sueño y promesa].
Con las manos vacías vengo a su mesa.
El Señor me las llena con su pureza,
[el Señor me las llena con su pureza,
Con el pan de la vida, la vida eterna]
Con mis manos abiertas abro fronteras
liberando a las gentes de su pobreza.
[liberando a las gentes de su pobreza.
Llevaré el evangelio, la Buena Nueva. (bis)]
06.- CON
AMOR TE PRESENTO SEÑOR (Carmelo Erdozain)
Con amor te presento Señor
lo mejor de mi vida;
te presento Señor mi amistad;
con amor te presento Señor,
para ser mi manjar,
la viña, el racimo, el trigal, el pan de mi hogar
te presento con amor.
Con mis manos abiertas a ti,
contemplando tu lámpara,
te presento Señor mi esperanza;
hacia ti se dirige mi barca,
hacia el cielo se va;
es largo el camino, el remar, ruta pascual,
Dios me guía al caminar.
Con mi ofrenda también yo
te doy,
lo mejor de mis lágrimas;
te presento Señor mi
dolor;
te presento Señor mi
oración, ofertorio de amor;
el grano enterrado ya es
flor; la espiga oblación,
la semilla redención.
07.- GUSTAD
Y VED (Francisco Palazon)
GUSTAD Y VED QUÉ BUENO ES EL SEÑOR,
DICHOSO EL QUE SE ACOGE A ÉL;
GUSTAD Y VED QUÉ BUENO ES EL SEÑOR,
DICHOSO EL QUE SE ACOGE A ÉL.
1.- La Palabra del Señor es sincera
y todas sus acciones son leales;
Él ama la justicia y el derecho
y de su amor está llena la tierra.
2.- El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones;
cerca está de aquellos que lo invocan
y lo invocan de todo corazón.
08.- PRESENTEMOS
NUESTROS DONES (Mariano Fuertes)
1.- Presentamos nuestros dones,
este vino y este pan;
frutos que nos dan los campos,
frutos son de tu bondad.
Presentamos las ofrendas,
de nuestra comunidad;
destinadas a los pobres,
a la Iglesia y al altar.
TOMA ESTE PAN, HAZLO TU PAN,
TOMA ESTE VINO, HAZLO TU VINO;
TRANSFÓRMALOS,
EN TUS MANOS, SEÑOR. [BIS]
2.- Este pan y este vino,
frutos de nuestra labor;
es la ofrenda que te hacemos
en respuesta a tu amor.
Toma nuestros pobres dones,
tan humildes como son;
bendecidos por tu mano,
multiplícalos, Señor.
09.- PAN
SABROSO (Carmelo Erdozain)
Pan sabroso del trigal,
vino nuevo de amistad,
hoy le llevamos, le presentamos,
ellos serán sacramento y manjar.
Presentemos al Señor
como ofrenda, nuestro amor,
nuestro trabajo, nuestro descanso:
ellos serán, nuestra humilde oblación.
Le llevamos al Señor
la pobreza y el dolor,
nuestras cosechas, nuestras ofrendas,
ellas serán, nuestra liberación.
10.- VENID
A MI (Noviciado Consolacion)
VENID A MI LOS QUE ESTÁIS CANSADOS
Y YO SERÉ VUESTRO DESCANSO (2V).
Y
aprended de mí que soy manso y humilde de corazón
(2v).
Y hallaré descanso para vuestras
almas;
porque mi yugo es
suave y mi carga ligera (2v).
VENID A MI LOS QUE ESTÁIS
CANSADOS
Y YO SERÉ VUESTRO DESCANSO
Venid a mí y encontrareis alivio
Y aprended de mí que soy
manso
y humilde de corazón, venid a mí.
VENID A MI LOS QUE ESTÁIS
CANSADOS
Y YO SERÉ VUESTRO
DESCANSO (2V).
11.- A
COMER TU PAN (J.J. Carchenilla)
1.- Tú, Jesús, eres mi amigo,
mi alegría y mi ansiedad.
Dame, Señor, la luz que busco;
quiero caminar sin dudar.
A COMER TU PAN NOS ACERCAMOS,
FUERZA NOS DARÁ PARA VIVIR.
ERES TU, SEÑOR, EL PAN DE VIDA,
QUE NOS DA CONSUELO
Y PAZ EN EL SUFRIR.
2.- El que sufre y el cansado,
el que busca la verdad,
el que quiere el bien y no lo logra,
buscan el amor y la paz.
3.- Tú, camino y esperanza
de quien ama al caminar,
si no se siembre, no habrá fruto;
el trigo, al morir, vida da.
4.- Ahora que te encuentro
Jesús mi salvador,
hoy quiero entregarte
mi corazón a Ti, Señor.
12.- NO
PODEMOS CAMINAR (J.A. Espinoza)
NO PODEMOS CAMINAR
CON HAMBRE BAJO EL SOL.
DANOS SIEMPRE EL MISMO PAN,
TU CUERPO Y SANGRE, SEÑOR. (2V).
Comamos todos de este pan,
el pan de la unidad.
En un cuerpo nos unió el Señor
por medio del amor.
Señor, yo tengo sed de ti,
sediento estoy de Dios,
pero pronto llegaré a ver
el rostro del Señor.
Por el desierto el pueblo va
cantando su dolor;
en la noche brillará tu luz,
nos guía la verdad.
13.- HOY
SEÑOR TE DAMOS GRACIAS (Cesareo Garabain)
HOY SEÑOR TE DAMOS
GRACIAS
POR
HOY SEÑOR QUEREMOS
CANTAR
LAS GRANDEZAS DE TU AMOR.
Gracias padre mi vida es tu vida,
tus manos amasan mi barro,
mi alma es tu aliento divino
tu sonrisa en mis ojos está.
Gracias padre tu guía mis pasos
tú eres la luz y el camino,
conduces a ti mi destino
como llevas los ríos al mar.
Gracias padre me hiciste a tu imagen
y quieres que siga tu ejemplo
brindando tu amor al hermano
construyendo un mundo de paz.
14.- BUSCO
TU ROSTRO Noviciado Consolacion)
Caminando por la vida
busco tu rostro, Señor.
¡Busco tu rostro!.
MUÉSTRAME TU VIDA,
MUÉSTRAME TU ESPÍRITU,
TENGO SED DE TI,
TENGO SED DE TI. (BIS).
Con tu gracia y con mi nada
hoy me acerco a Ti.
¡Busco tu rostro!.
Con la fuerza de tu Espíritu
y el impulso de tu amor.
15.- EL
SEÑOR NOS INVITA (Carmelo Erdozain)
El Señor nos invita junto a su mesa
como hermanos venimos para la cena
como hermanos venimos para la cena
haya paz y alegría que hoy es su fiesta
Con el pan con el vino de las ofrendas
el señor nos recibe en su presencia
el señor nos recibe en su presencia
la oración es ofrenda sueño y promesa
Con las manos vacías vengo a su mesa
el señor me las llena con su pureza
el señor me las llena con su pureza
con el pan de la vida, la vida eterna
Con mis manos abiertas cruzo fronteras
liberando a las gentes de su pobreza
liberando a las gentes de su pobreza
llevare el evangelio la buena nueva