“MARTHA LA RECIBIÓ
EN SU CASA. MARÍA HA ESCOGIDO LA PARTE MEJOR”
ORACION COLECTA
Muéstrate propicio con tus hijos,
Señor, y multiplica sobre ellos los dones de tu gracia, para que encendidos de
fe, esperanza y caridad perseveren fielmente en el cumplimiento de tu ley. Por
nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Génesis 18,1-10a
En aquellos días, el Señor se
apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la
puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en
pie frente a él.
Al verlos, corrió a su encuentro
desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo: «Señor, si he
alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua
para que se laven los pies y descansen junto al árbol. Mientras, traeré un
pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que han pasado junto
a su siervo.».
Contestaron: «Bien, haz lo que
dices.».
Abrahán entró corriendo en la tienda
donde estaba Sara y le dijo: «Aprisa, tres cuartillos de flor de harina,
amásalos y haz una hogaza.».
Él corrió a la vacada, escogió un
ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó
también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba
en pie bajo el árbol, ellos comieron.
Después le dijeron: «¿Dónde está
Sara, tu mujer?».
Contestó: «Aquí, en la tienda.».
Añadió uno: «Cuando vuelva a ti,
dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.».
SALMO
RESPONSORIAL (14)
Señor, ¿quién
puede hospedarse en tu casa?
El
que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones
leales y no calumnia con su lengua. R.
El
que no hace mal a su prójimo ni difama
al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al
Señor. R.
El
que no presta dinero a usura ni acepta
soborno contra el inocente. El que así
obra nunca fallará. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo
a los Colosenses 1,24-28
Ahora me alegro de
sufrir por ustedes: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo
por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro,
asignándome la tarea de anunciar a ustedes su mensaje completo: el misterio que
Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a
sus santos. A éstos ha querido Dios dar a conocer la gloria y riqueza que este
misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para ustedes la
esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos,
enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos
lleguen a la madurez en su vida en Cristo.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 38-42
En
aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en
su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del
Señor, escuchaba su palabra.
Y
Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y
dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el
servicio? Dile que me eche una mano.».
Pero
el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas
cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la
quitarán.».
COMENTARIO
El evangelio de este domingo recoge un incidente doméstico entre las
hermanas Marta y María. Lucas es el único evangelista que habla de él, tal vez
por su tendencia a dar entrada en su obra a personajes femeninos. El incidente
le sirve para resaltar la necesidad de escuchar la palabra de Jesús.
Este texto despierta siempre una corriente de simpatía y de solidaridad
con Marta. ¿Acaso no tiene razón al quejarse a Jesús por el comportamiento de
su hermana María? ¿Acaso no es injusto Jesús con Marta echándole en cara sus
desvelos y trabajos precisamente cuando él está disfrutando de ellos gracias a
la hospitalidad que ella le ha ofrecido? Pero enseguida me doy cuenta de que
éstas no son las preguntas adecuadas en un texto en el que Lucas no ha querido
escribir la crónica de un incidente. Lucas quiere, sencillamente, inculcar en
el lector la necesidad de una actitud de escucha, de abertura, cargada de
esperanza, a aquél que es la respuesta del Padre.
Se trata de una temática habitual en el tercer Evangelio, en el que, ya
en sus comienzos, se describe a María, la madre de Jesús, como prototipo de
escucha reflexiva. Léanse los vs. 19 y 51 del cap. 2. Marta es reprendida por
Jesús debido al exclusivismo que se encierra en su queja. A la queja de Marta
le sucede lo que tantas veces sucede en nuestras afirmaciones: que fallan no
por lo que dicen, sino por lo que niegan o silencian. Lo que la queja de Marta
niega o silencia es la actitud reposada de escucha de la Palabra. Y es esta
actitud la que Jesús quiere reivindicar cuando le dice a Marta que anda
nerviosa e inquieta con muchas cosas siendo así que sólo una es necesaria, la
que precisamente está haciendo su hermana María: escuchar.
Y aquí debería terminar el comentario de no ser por una
sub-interpretación que se ha colado con demasiada frecuencia: preeminencia de
la vida contemplativa sobre la activa y calificación sólo de la primera como de
estado de perfección. El apoyo quiere verse en las últimas palabras de Jesús:
María ha escogido la mejor parte. ¿De dónde ha salido el comparativo mejor? El
texto original no compara, simplemente reivindica lo que se quiere negar: María
ha escogido la parte buena. No olvidemos que se trata de un diálogo, con todo
el colorido y la riqueza de matices que tienen siempre los diálogos. Jesús le
dice a Marta que su hermana está en la dirección buena. Y nada más. Es decir,
no opone la contemplación a la acción, ni dice que la contemplación sea más
perfecta que la acción. Pienso en tantas Martas que trabajan duro gracias a su
actitud contemplativa y de escucha, pero a las que, en base al texto de hoy, se
las discrimina y desclasa. Mi simpatía y admiración por ellas, en nombre
precisamente de este texto. Ellas son a la vez María y Marta
PLEGARIA UNIVERSAL
En estos momentos de oración, traemos ante nuestro Padre celestial
todas las necesidades de su Iglesia y del mundo. A cada invocación diremos: R.
Señor, hazte presente en nuestra vida.
1.-
Poe la Iglesia, el Papa Francisco, el colegio apostólico, los sacerdotes y los
laicos, para que, siendo fieles a su vocación de hijos de Dios, sean luz para
el mundo. Señor, hazte presente en nuestra vida
2.- Por los gobiernos de las naciones, para que -
como Martha - estén atentos a
socorrer las naciones de sus ciudadanos. Señor, hazte presente en nuestra vida.
3.-
Por todos los que sufren, para que unan con fe ese sufrimiento al de
Cristo encontrando en El alivio y
consuelo. Señor, hazte presente en nuestra vida.
4.-
Por todos los que tienen que marchar
lejos de sus hogares, para que encuentren personas acogedoras que les tiendan una mano y
faciliten su integración en los nuevos lugares de destino. Señor, hazte presente en nuestra
vida.
5.-
Por las amas de casa, para que cada una de ellas, a la vez que dedica tiempo a
las tareas domésticas como Martha, tenga la posibilidad de descansar escuchando
y contemplando a Jesús como María. Señor, hazte presente en nuestra vida.
Padre celestial, en este tiempo de fiesta, hazte más presente en
nuestras vidas para que así podamos caminar siempre junto a Cristo, que contigo
vive y reina
por los siglos de los siglos. Amen
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Oh Dios, que has llevado a la perfección del sacrificio
único los diferentes sacrificios de la Antigua Alianza, recibe y santifica las
ofrendas de tus fieles, como bendijiste la de Abel, para que la oblación que
ofrece cada uno de nosotros en honor de tu nombre sirva para la salvación de
todos. Por Jesucristo nuestro Señor.
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Muéstrate propicio a tu Pueblo,
Señor, y a quienes has iniciado en los misterios del reino, concédeles
abandonar el pecado y pasar a una vida nueva. Por Jesucristo nuestro Señor.
PALABRA DE DIOS Y
SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes 18:
Mi 6, 1-4.6-8; Sal 49; Mt. 12, 38-42.
Martes19:
Mi. 7, 14-15.18-20; Sal 84; Mt. 12, 46-50.
Miércoles 20: Jer. 1, 1.4-10; Sal 70; Mt. 13, 1-9.
Jueves21:
Jer. 2, 1-3.7-8.12-13; Sal 35; Mt. 13, 10-17.
Viernes22:
Cant. 3, 1-4ª; Sal 62; Jn. 20, 1.11-18.
Sábado23:
Jer. 7, 1-11; Sal 83; Mt. 13, 24-30.
Domingo 24: Gen 18, 20-32; Sal 137; Col. 2, 12-14; Lc. 11, 1-13
COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 10. 38-42
Texto.
La habitual fórmula inicial litúrgica no debe impedirnos perder la perspectiva
de camino hacia Jerusalén, en que Lucas sitúa expresamente el texto. Fuera de
esta perspectiva el autor no tiene intereses localistas. Su atención se fija en
dos mujeres, Marta y María. Todo intento de ulterior identificación de las
mismas sería una distracción y un alejarse del texto. Sí, en cambio, debe
resaltarse el hecho, porque probablemente no era normal en aquel entonces que
las mujeres tomasen la iniciativa en ofrecer a los hombres su hospitalidad. Aún
más, Jesús aparece como teniendo con Marta y María una gran confianza. Tanto la
exigencia de Marta como la réplica de Jesús revelan una gran familiaridad y una
amistad cordial. El hecho viene a confirmar el intencionado protagonismo que
Lucas confiere a la mujer, en claro contraste con la mentalidad y las
estructuras sociales de la época. Pero aún hay más en el texto de hoy. Lucas
presenta a María en la postura clásica del discípulo, es decir, sentada a los
pies del maestro. Contrastando con esta presentación, un dicho judío de la
época rezaba así: El que enseña la Torá a una mujer le enseña necedades.
Pero
todavía hay más en el texto de hoy. Lucas hace de María un modelo de discípulo
de Jesús en razón de la escucha de la palabra: éste es el objetivo central del
texto, lo que Lucas quiere inculcar en sus lectores. La temática no es nueva.
Ha aparecido ya en Lc. 6, 46-49, en Lc. 8,15 y 8,21. En estos textos se habla
de escuchar y de poner en práctica lo escuchado. Hoy se insiste sólo en lo
primero, en la escucha, a la que se califica de parte mejor y de la que no se
puede prescindir si se quiere ser discípulo de Jesús.
¿La
parte mejor por contraposición a otra peor, que sería la escogida por Marta?
Aparentemente esto es lo que se deduce de la presentación por contraste que Lucas
hace de las dos hermanas y de la respuesta de Jesús al requerimiento de Marta.
La regañina que Marta pedía para su hermana por no ayudarle en los
preparativos. Una vez más, sin embargo, la agresividad del lenguaje y la
plasticidad narrativa nos desconciertan y nos desbordan. El contrate de
situaciones ni tiene razón de ser en sí ni comporta valoración alguna. Se trata
de un recurso gráfico para dar realce y viveza a la única idea que el escritor
quiere desarrollar: la necesidad imperiosa que tiene el discípulo de estar
atento a la palabra del maestro. Y punto. Ni se contraponen ámbitos de la vida
ni se hace una división dual de la vida en contemplativa y activa. Interpretar
este episodio como una recomendación de la vida contemplativa, en cuanto superior
a la vida activa, es introducir un enfoque alegórico, que no sólo carece de
fundamento en el propio relato, sino que, además, da carta de ciudadanía a una
distinción originada posteriormente como fruto de otras preocupaciones
teológicas. El mensaje del texto va exclusivamente dirigido al cristiano, al
cual se le pide estar a la escucha de Jesús.
Comentario.
El cristiano puede llegar a prescindir de todo, si la palabra de Jesús es su
alimento y guía; si no lo es, todo le parecerá poco y nada le satisfará. Pero
entonces, ¿en qué se distinguiría un cristiano de uno que no fuera o no se
proclamara cristiano? En evidente contraste con la mentalidad y la práctica de
la época Lucas no tiene reparo en presentar a una mujer en actitud de
discípulo, sentada a los pies de Jesús, e incluso en hacer de ella un modelo de
discípulo. Ello indica una línea de pensamiento que, implícitamente, abría
horizontes a una nueva identidad personal de las mujeres y a una nueva posición
social de las mismas. Pero, sobre todo, se impone devolver al hecho toda su
fuerza de novedad, ruptura y progresismo. Un hecho de tal envergadura bien
puede considerarse como prototipo para otros en el futuro. Pienso, por ejemplo,
en el sacerdocio de la mujer.
ALBERTO
BENITO
DABAR
1989, 38
2.- Texto.
Recoge un incidente doméstico entre las hermanas Marta y María. Lucas es el
único evangelista que habla de él, tal vez por su tendencia a dar entrada en su
obra a personajes femeninos. El incidente le sirve para resaltar la necesidad
de escuchar la palabra de Jesús.
Comentario.
Comienzo confesando que la lectura de este texto me despierta siempre una
corriente de simpatía y de solidaridad con Marta. ¿Acaso no tiene razón al
quejarse a Jesús por el comportamiento de su hermana María? ¿Acaso no es
injusto Jesús con Marta echándole en cara sus desvelos y trabajos precisamente
cuando él está disfrutando de ellos gracias a la hospitalidad que ella le ha
ofrecido? Pero enseguida me doy cuenta de que éstas no son las preguntas
adecuadas en un texto en el que Lucas no ha querido escribir la crónica de un
incidente. Lucas quiere, sencillamente, inculcar en el lector la necesidad de
una actitud de escucha, de abertura, cargada de esperanza, a aquél que es la
respuesta del Padre. Se trata de una temática habitual en el tercer Evangelio,
en el que, ya en sus comienzos, se describe a María, la madre de Jesús, como
prototipo de escucha reflexiva. Léanse los vs. 19 y 51 del cap. 2.
Marta es
reprendida por Jesús debido al exclusivismo que se encierra en su queja. A la
queja de Marta le sucede lo que tantas veces sucede en nuestras afirmaciones:
que fallan no por lo que dicen, sino por lo que niegan o silencian. Lo que la
queja de Marta niega o silencia es la actitud reposada de escucha de la
Palabra. Y es esta actitud la que Jesús quiere reivindicar cuando le dice a
Marta que anda nerviosa e inquieta con muchas cosas siendo así que sólo una es
necesaria, la que precisamente está haciendo su hermana María: escuchar.
Y aquí
debería terminar el comentario de no ser por una subinterpretación que se ha
colado con demasiada frecuencia: preeminencia de la vida contemplativa sobre la
activa y calificación sólo de la primera como de estado de perfección. El apoyo
quiere verse en las últimas palabras de Jesús: María ha escogido la mejor parte.
¿De dónde ha salido el comparativo mejor? El texto original no compara,
simplemente reivindica lo que se quiere negar: María ha escogido la parte
buena. No olvidemos que se trata de un diálogo, con todo el colorido y la
riqueza de matices que tienen siempre los diálogos. Jesús le dice a Marta que
su hermana está en la dirección buena. Y nada más. Es decir, no opone la
contemplación a la acción, ni dice que la contemplación sea más perfecta que la
acción. Pienso en tantas Martas que trabajan duro gracias a su actitud
contemplativa y de escucha, pero a las que, en base al texto de hoy, se las
discrimina y desclasa. Mi simpatía y admiración por ellas, en nombre
precisamente de este texto. Ellas son a la vez María y Marta.
ALBERTO
BENITO
DABAR
1986, 39
Lo
sorprendente de la escena presentada por Lucas es que el alumno sea una mujer.
Los rabinos nunca enseñaban a las mujeres.
Del
rabino Eliezer procede la frase: "Mejor fuera que desapareciera en las
llama la Torá antes de que les fuera entregada a las mujeres".
Sentido
del texto. A la luz de lo dicho anteriormente aparece clara la finalidad
doctrinal o catequética de Lucas en este pasaje. La enseñanza se encuentra
formulada en el v. 42: Una sola cosa es necesaria. ¿Qué cosa es ésta? La
escucha de la palabra del Señor (cfr. v.39). La contraposición de Marta y María
no es a nivel de vida activa y vida contemplativa sino a nivel de escucha o no
escucha de la palabra. No se contraponen dos formas de vida sino dos actitudes
que pueden darse en una misma forma de vida, sea ésta activa o contemplativa.
La escucha de la palabra de Jesús es una exigencia fundamental del amor a Dios.
Esta exigencia de escucha es tanto más imperiosa cuanto que a veces damos la
sensación de organizar el mundo a partir de nosotros mismos y no de Dios.
DABAR
1977, 43
4.- La
literatura mística y piadosa ha contrapuesto a menudo a las dos hermanas,
convirtiéndolas en símbolos de la vida activa y de la vida contemplativa
respectivamente. La palabra de Jesús, en este supuesto, elevaría la
contemplación por encima de la acción. Pero todo esto son elucubraciones que
rebasan el marco y la situación familiar en la que se desarrolla la escena.
Jesús quiere decir a Marta que no se moleste demasiado, que cualquier cosa es
suficiente para comer, que ha ido a verles y a hablar con sus amigos del
reinado de Dios, y esto es lo que importa de verdad.
De modo
semejante dice a la samaritana que el agua que sacia de verdad es la que salta
hasta la vida eterna y no la del pozo, sin que esto signifique que no tuviera
sed o que no le agradeciera el vaso de agua que le pedía para beber. Y cuando
regresaban los discípulos, que había enviado al pueblo a comprar unos
bocadillos mientras él se quedaba junto al pozo hablando con la mujer, les
habla de otro alimento muy superior: el cumplimiento de la voluntad del Padre
(Jn 4,8.34). Jesús no ignora las necesidades inmediatas del cuerpo y no
prescinde en absoluto de la vida cotidiana, pero se eleva por encima de esto para
descubrir lo más necesario y manifestar el sentido profundo de la vida. Tampoco
la contemplación anula o prescinde de los cotidiano. Si bien es cierto que
María ha escogido la mejor parte, Jesús no reprende a Marta como si fuera una
mujer distraída y superficial. Marta continuaría sin duda con su trabajo
doméstico, no obstante desear también sentarse a los pies del Maestro. Pensaría
que, de momento, era más importante dar que recibir.
EUCARISTÍA
1989, 16
5. Sólo
una cosa es necesaria (evangelio). Marta y María, dos dimensiones de la
acogida: el servicio diligente a las necesidades de los demás y la atención a
su intimidad. La acogida debe ser total: al cuerpo y al espíritu. Jesús nos
invita a reconocer esta necesidad de atención que tenemos cada uno de nosotros
y que no se satisface con prisas y obsequios. ¡Qué superficial es muy a menudo
la atención que nos damos unos a otros y qué pobre la comunicación!. También
como cristianos: todo debe partir de la escucha atenta de la palabra del Señor,
de la apertura a su intimidad: "a vosotros os llamo amigos, porque todo lo
que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer" (Jn 15,15).
¿No
podríamos aprovechar las vacaciones para dedicar más tiempo, más tiempo
"libre", a esta comunicación personal con el Señor Jesús?
JOSÉ M.
TOTOSAUS
MISA
DOMINICAL 1889, 15
6. La
hospitalidad que Marta y María ofrecieron a Jesús es un episodio exclusivo de
Lucas. Jesús en este momento está de camino, en la estructura del evangelio de
Lucas. Lo que no ha encontrado en la ciudad samaritana lo encuentra ahora: una
casa acogedora y hospitalaria.
El
relato presenta la actitud libre de Jesús, que, contra el ambiente, acepta la
hospitalidad que le ofrecen dos mujeres. Era romper con la tradición judía. El
evangelio no nos dice cómo ha surgido la relación de Jesús con las dos
hermanas. Jesús va con el grupo de sus discípulos.
La
afirmación fundamental de todo el relato es que sólo una cosa es necesaria.
Marta se preocupa de muchas cosas, quiere servir y obsequiar al huésped. Pero
Jesús le dice: lo importante es la salvación que el huésped le trae, lo
necesario es escuchar, acoger la palabra. En este momento, María, que se ha
concentrado en la escucha de la palabra, ha escogido lo que debe, lo mejor.
Lo que
hace Marta no es malo, pero supone desconocer la oportunidad de la visita del
Señor. Se le ofrece una ocasión que debe aprovechar. Marta quiere servir a
Jesús, pero Jesús quiere que acoja la salvación.
La
palabra debe ser escuchada. María se convierte aquí en símbolo de la comunidad
que ha de estar a la escucha de la palabra. Es un eco del "buscad primero
el reino de los cielos..." (Mt 6,33). En esta actitud de María y de la
comunidad hay un cambio de papeles. María, igual que Marta, acoge a Jesús, pero
la acogida que ella le da no es un don que ella le ofrece. Ella acoge, pero al
mismo tiempo se siente acogida. La diferencia entre las dos hermanas está en
que Marta se da al Señor y siente el gozo de darse, mientras que María se da
pero no tiene la satisfacción de darse, sino la de ser acogida. Esta ha de ser
la actitud de la Iglesia y de los evangelizadores al acoger a los pobres. Hay
que dejarse evangelizar por aquellos a quienes se evangeliza, por los pobres.
PERE
FRANQUESA
MISA
DOMINICAL 1986, 14
7.
MUJER-JUDIA.
Marta es
un nombre arameo, que significa "señora". Aparece como dueña de la
casa: ella es la que acoge a Jesús (v.38). María, su hermana, no lo recibe como
huésped sino como maestro: escucha "su palabra" sentada a sus pies,
en la actitud propia de los discípulos, como san Pablo decía que se había
instruido en la Ley "a los pies de Gamaliel" (Hch 22,3). El hecho es
nuevo, por no decir revolucionario. En 8,2-3 Lucas ha hablado de las mujeres
que acompañaban a Jesús y lo servían con sus bienes (que es más o menos lo que
aquí hace Marta), lo cual ya es sorprendente, porque entre los judíos las
mujeres eran equiparadas a los esclavos y a los niños, no podían participar de
los oficios de la sinagoga y estaban exentas de una serie de deberes
religiosos, tales como la recitación del Shemá y la acción de gracias de las
comidas. Pero admitirlas como discípulos era impensable. No se les podía
enseñar la Torá, y el rabí Elicer ben Hirkanos decía que "el que enseña la
Ley a su hija, le enseña la estupidez".
Se ha
opuesto tradicionalmente a Marta y María como, respectivamente, la vida activa
y la vida contemplativa, y no es ese exactamente el sentido del texto. Marta
está atareada y se queja de que le hayan dejado sola "con el
servicio", literalmente "en la diaconía", o sea el ministerio o
servicio de la mesa. El propio Lucas, en Hch 6, nos hablará del conflicto entre
la diaconía de las distribuciones materiales y la diaconía de la Palabra y de
la oración, que debe tener la primacía y para la cual deben reservarse los
apóstoles, que por ello instituirán ministros de las mesas (los siete llamados
diáconos). También en casa de Marta y María el servicio de la Palabra debe
pasar por delante del servicio de la mesa. Ello no prejuzga que María sea mejor
que Marta, porque el que en aquellos momentos hace de ministro de la Palabra no
es María, sino Jesús. El Señor no dice que María haya hecho la mejor obra, sino
que ha escogido la mejor parte. No se trata de juzgar cual de las dos hermanas,
o cual de dos estilos o estados de vida es mejor, sino de hacer ver con claridad
que cuando el Señor pasa hay que acogerlo en casa, como ha hecho Marta, y
cuando habla escucharlo, como hace María.
Parece
que Jesús regaña a Marta, desagradecido con su solicitud. Pero Jacques Dupont,
como conclusión de una conferencia familiar sobre esta perícopa, decía con
humor que probablemente Jesús añadiría al final: "Y ahora, María, anda a
ayudar un poco a tu hermana".
H.
RAGUER
MISA
DOMINICAL 1977, 14
8. ESCUCHA/PD:
Se ha
transformado muchas veces la anécdota narrada en este pasaje en una alegoría,
según la cual Marta representaría la acción y María la contemplación, y que
estaría destinada a mostrar la superioridad de la segunda sobre la primera.
De
hecho, se trata de una anécdota perteneciente al fondo de las tradiciones
referidas por Lucas en el círculo de sus discípulos -especialmente las mujeres-
y que están a menudo concebidas desde una óptica y en un tono bastante
originales.
a)La
familia de Lázaro y sus hermanas es objeto de tres tradiciones evangélicas
importantes (Lc 10. 38-42; Jn 11. 1-44; 12. 1-8). María y Marta aparecen cada
vez en los papeles y sentimientos que Lucas les atribuye aquí: amoldándose sin
duda a las costumbres familiares de la época, Marta se ocupa de las tareas
domésticas; María, del recibimiento y la atención de los invitados. Se trata de
un reparto de las tareas domésticas para asegurar lo más posible el
"confort" del invitado. Se encuentra, en los tres relatos que sitúan
en escena a Marta y María, esta misma complementariedad de las funciones domésticas
con vistas a la mejor hospitalidad posible.
Esta
anécdota recibirá, sin embargo, diferentes interpretaciones a lo largo de toda
su historia literaria en las comunidades primitivas. La primera versión del
relato ha hecho de él una expresión de la espera escatológica: el tiempo
apremia demasiado para preocuparse encima de los cuidados materiales. Marta ha
querido, sin duda, hacer honor a su huésped presentándole una cocina refinada,
pero esta intención se vuelve contra ella y ha de reclamar la ayuda de su
hermana (v.40). El Señor interviene para pedirle que se inquiete menos por la
comida (basta con sólo un plato:v.42): "hace falta poco" (v.42a).
Lucas concede mucha importancia a esta enseñanza: no conviene inquietarse por
los asuntos del mundo mientras está tan próximo el Reino (Lc 12.22).
b(Cabe
además preguntarse si Lucas no se hace aquí discípulo de Pablo: un vocabulario
común relaciona, en efecto, a Lc 10. 38-42 y 1 Co 7. 29-35, y una misma
doctrina tiende a demostrar que la virginidad (porque Marta y María serán
consideradas posteriormente como vírgenes) permite esperar el Reino que viene,
sin estar demasiado retenido por las obligaciones del matrimonio.
c)Si
Lucas manifiesta una gran predilección por la pobreza, signo de la espera
escatológica, concede igualmente un gran valor a la escucha de la Palabra (Lc
11. 27-28). Así, en otro lugar, opone a la familia de Cristo, preocupada por su
subsistencia (Lc 8. 19, aclarado por Mc 3. 20), los que prefieren escuchar su
palabra y ponerla en práctica (Lc 8. 20). Esto no significa que Cristo conceda
una preferencia a la contemplación sobre la acción, sino más bien que la
atención a las realidades del Reino (representado muchas veces como una
Palabra: cf. Lc 8. 11-15) no puede dejarse distraer por una preocupación
demasiado exclusiva por las realidades terrestres. Para S.Lucas, además,
escuchar la Palabra no tiene nada de una contemplación ociosa, sino que
desemboca en la acción y la puesta en práctica concreta y exigente (Lc 8. 15).
MAERTENS-FRISQUE
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA V
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA V
MAROVA
MADRID 1969.Pág. 186
9.-
Jesús sigue su camino; hace un alto poco antes de llegar a Jerusalén, al
término de su misión. Se detiene en Betania, en casa de sus amigos de siempre.
En el camino de la llegada del Reino, Jesús se detiene en la casa amiga y le
presta acogida la Iglesia, como las dos hermanas.
Como
suele ocurrir con las amas de casas, demasiado preocupadas por los preparativos
para recibir bien a los huéspedes, Marta se olvida de algo esencial: el
visitante. Corre a la cocina, de la cocina al comedor, del comedor a la
despensa; es del huésped del que tenía que ocuparse y atender todos sus deseos;
era a él a quien habría que servir. Todo estará realmente bien preparado cuando
no pueda ocurrir nada nuevo e inesperado. Cuando la Iglesia se pone a imitar a
Marta, se diría que estamos ante una empresa en cadena, donde todo está
programado: se respetará el menú establecido, la cortesía un tanto ficticia
evitará los malos modales, todo irá bien, pero la fiesta se acabará apenas se
apaguen las lámparas. Una Iglesia que se basa en la sabiduría y en la
prudencia, en la organización y en la maña. Una Iglesia de estrategias
misioneras y de medios de presión: "Te afanas y preocupas por muchas
cosas..." "María ha elegido la mejor parte". Una Iglesia recoge
con diligencia la palabra del Maestro. Lo único que le importa es su presencia,
aunque luego haya que improvisar un poco la comida.
Una
Iglesia que tiene el candor de los niños, que se olvidan de todo al escuchar
una historia que les conmueve y les hace salir de la realidad e ir a vivir en
otra parte, de otra manera. Una Iglesia con los ojos abiertos, seducida por un
viajero que se ha detenido en su casa. Una Iglesia de la verdadera
contemplación, que va a lo esencial. Una Iglesia que prefiere la brisa áspera
del camino a los sabores demasiado conocidos e insípidos de las cocinas
cerradas. Una Iglesia que prefiere la falta de confort de la tienda de los
nómadas a la seguridad de las moradas demasiado estables, que pronto se
convierten en cargas o prisiones. Una Iglesia de la pasión y del corazón:
María, que contempla a Jesús, correrá hasta el sepulcro cuando todavía la razón
de los hombres se ríe de tan loca esperanza. María saborea las palabras de
Jesús, y las frases grabadas en lo más íntimo de ella misma serán una fuente de
asombro y de seguridad gozosa: más allá de las evidencias y de la muerte, será
capaz de descubrir la sorpresa inesperada de la Pascua.
Una
Iglesia de la contemplación que ve más allá de la dura realidad humana. Una
Iglesia que descubre la imposible novedad pascual y la otra cara de las cosas.
Una Iglesia del asombro. "¡Tú has escogido la mejor parte!", ¡no se
te quitará! Tu esperanza se arraiga en la promesa del mismo Dios.
Dios,
que pones tu morada entre nosotros, no permitas que nos acostumbremos a tu
presencia. Concédenos saborear tu palabra siempre nueva: que nos admiremos
siempre de tanto amor.
DIOS
CADA DIA
SAL
TERRAE/SANTANDER 1990.Pág. 98 s
10.- Con
el buen samaritano (10, 25-37) podemos suponer que sólo es necesario amar al
prójimo. ¿Es cierta esa actitud? La respuesta nos la ofrece la misma división
del evangelio. Continuamos leyendo y descubrimos que Jesús ha entrado en casa
de Marta y María. Marta se ocupa del trabajo. María, sentada a los pies del
Señor, escucha la palabra. Ante la protesta de Marta, Jesús ha formulado una
sentencia decisiva: "Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas
cosas: sólo una es necesaria. María ha escogido la mejor parte" (10,
41-42).
Marta
simboliza aquel trabajo repetido y agobiante que nos hace esclavos de la tierra
y no permite que tengamos tiempo de escuchar el gran misterio de Dios que nos
rodea. María, en cambio, es la que atiende a la palabra. Ciertamente deberá
actuar, pero su obra no será un hacer desnudo, sino un poner en cumplimiento
aquello que ha escuchado. Ordinariamente se oponen entre sí Marta y María como
la acción y la contemplación. Esta perspectiva no es exacta. Marta representa
únicamente aquella acción que no se basa en la palabra de Jesús (no se mantiene
abierta al reino). María simboliza un escuchar la palabra que se tiene que
traducir necesariamente en amor, es decir, en servicio hacia el prójimo.
Recordemos
que nos apoyamos sobre el fondo de experiencia del antiguo testamento.
Contrariamente al mundo griego, Israel ha desconocido el ideal de la
contemplación pura. Ya por eso resulta imposible interpretar a María como
expresión de la mística, que deja el mundo de las cosas (lo sensible) y se
preocupa de ahondar en lo divino. Conocer a Dios implica en Israel el escuchar
la palabra y llevarla a la práctica. Sólo desde aquí se entiende el mensaje
radical de nuestro texto.
María es
la que atiende a Jesús. Frente al judío que escucha la voz que Dios le ha
transmitido por la ley se sitúa la figura del cristiano, que descubre la
palabra de Dios en Jesucristo. Por eso la actitud de María no es la de un
místico que sube hacia Dios, sino la de un creyente que está atento a la
palabra concreta que Dios le ha dirigido. Pues bien, para que esa escucha sea
auténtica se debe traducir en la práctica de la vida, es decir, en el amor al
prójimo que estaba reflejado en la parábola del buen samaritano. Marta, en
cambio, ocupada en sus cosas no ha descubierto la voz de Dios, que le ha
llegado en Jesucristo.
Desde
aquí podemos esbozar tres conclusiones importantes. a)La primera se refiere
simplemente al sexo de María. En el contexto social de Israel, la mujer se
consideraba como un creyente de segunda categoría; no tomaba parte oficial en
el culto de la sinagoga ni se podía dedicar a la escucha y cultivo de la ley.
Nuestro pasaje refleja una actitud totalmente distinta. El tipo del auténtico
cristiano (que escucha y cumple la palabra de Jesús) se ha reflejado en la
figura femenina de María. Pensamos que este rasgo no ha sido valorado por la
Iglesia, que, en cierto modo, ha padecido una regresión volviendo a colocar a
la mujer en actitud fundamentalmente pasiva dentro de la comunidad de los
cristianos. b) Para que sea auténtica, la acción del creyente (el amor al
prójimo) tiene que estar fundamentada en la escucha de la palabra, es decir, en
la aceptación del misterio del amor de Dios que se refleja en Cristo. Sólo
porque Dios me ha revelado toda la fuerza de su amor, me puedo convertir en
fuente de amor para los otros. c)Una vez dicho todo lo anterior, podemos añadir
que la "escucha de Jesús" puede venir a determinar un tipo de
existencia cristiana que profundiza especialmente en el don de la fe. Tal sería
el fundamento de la contemplación, que no está basada en un proceso ascensional
de la mente que tiende hacia Dios, sino en la auténtica obediencia del que
escucha la palabra y vive inmerso en el gozo y exigencia que ella nos produce.
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A LA BIBLIA LITURGICA NT
EDIC
MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1324 ss.