“DEN FRUTOS”
“COMENTARIO”
En este segundo
domingo de Adviento tenemos la presentación de Juan el Bautista. Nadie mejor
para prepararnos a recibir al Mesías. Diríamos que Juan está hecho para eso,
para preparar los caminos de Cristo, para anunciar su llegada y promover los
encuentros, el Precursor. Es, no una característica, sino la definición de
Juan.
Juan era hijo de
sacerdote y podía haberse manifestado en el templo. Pero él no iba a seguir el
oficio de su padre, ni se iba a llamar como su padre, Zacarías, que significa
«el Señor recuerda». Juan no estaba hecho para recordar, sino para anunciar
algo nuevo. El nombre de Juan significa “Yahveh es misericordioso”, Yahveh se
ha compadecido, Yahveh muestra su favor. Juan estaba hecho para anunciar el
favor de Dios, que la misericordia de Dios se ha manifestado definitivamente.
Lo que Juan anuncia
es que el Reino de Dios está cerca, que Dios mismo está cerca. Por lo tanto,
hay que prepararse a fondo, desde la raíz. Hay que quitar impedimentos, hay que
limpiar suciedades, hay que podar estorbos, hay que acabar con la esterilidad y
ofrecer frutos buenos de todas clases. Para ello Juan bautiza con agua, pero
anuncia un bautismo radical “de Espíritu Santo y fuego”. Con Jesús el pueblo
será bautizado por el Espíritu, es decir, será sumergido en esta fuerza de vida
y de santidad de Dios que es su Espíritu.
Mateo, al estilo judío, evita en lo posible, por un
exagerado respeto, pronunciar el nombre de Dios y recurre a sucedáneos, como
"el cielo". El reino de los cielos y el reino de Dios -de que nos
hablan Marcos y Lucas- son la misma realidad. El reino, o mejor, reinado de
Dios, era la más alta aspiración y esperanza del Antiguo Testamento y del
judaísmo. Algo que pertenecía al más allá y que Dios concedería en el momento
oportuno. Sería como el nuevo cielo y la nueva tierra donde no habrá pecado,
muerte ni dolor. El Bautista anuncia que todo esto, que los judíos esperaban
para un futuro incalculable, se realiza en la persona de Jesús y a través de
ella. Estamos ante la razón última de las exigencias de la conversión: el
hombre debe volverse a Dios, porque Dios se ha vuelto a los hombres.
R.P. Roland Vicente
Castro Juárez
ANTIFONA DE ENTRADA Is 30, 19.30
Pueblo de Sion, el Señor vendrá a salvar a los
pueblos y hará resonar la majestad de su voz con alegría en su corazón.
ORACION COLECTA
Dios todopoderoso, rico en misericordia, no permitas que, cuan-do
salimos animosos al encuentro de tu Hijo, lo impidan los afanes terrenales,
para que, aprendiendo la sabiduría celestial, podamos participar plenamente de
su vida. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 11, 1-10
En aquel día, brotará un renuevo del tronco
de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del
Señor: espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza,
espíritu de ciencia y temor del Señor. Lo inspirará el temor del Señor. No
juzgará por apariencias ni sentenciará de oídas; juzgará a los pobres con
justicia, sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra; pero golpeará
al violento con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios hará morir al
malvado. La justicia será ceñidor de su cintura, y la lealtad, cinturón de sus
caderas. Habitará el lobo con el cordero, el leopardo se tumbará con el
cabrito, el ternero y el león pacerán juntos: un muchacho será su pastor. La
vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león, como el buey,
comerá paja. El niño de pecho retoza junto al escondrijo de la serpiente, y el
recién destetado extiende la mano hacia la madriguera del áspid. Nadie causará
daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país del
conocimiento del Señor, como las aguas colman el mar. Aquel día, la raíz de
Jesé será elevada como enseña de los pueblos: se volverán hacia ella las
naciones y será gloriosa su morada.
SALMO
RESPONSORIAL (Sal 71, 1-2.7-8.12-13.17)
Que en sus días florezca la justicia, y la
paz abunde eternamente.
Dios mío, confía tu juicio al rey, tu
justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus
humildes con rectitud. R.
En sus días florezca la justicia y la paz
hasta que falte la luna; domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la
tierra. R.
Él librará al pobre que clamaba, al afligido
que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la
vida de los pobres. R.
Que su nombre sea eterno y su fama dure como
el sol: Él sea la bendición de todos los pueblos, y lo proclamen dichoso todas
las razas de la tierra. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del
apóstol san Pablo a los Romanos 15, 4-9
Hermanos:
Todo lo que se escribió en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, a fin
de que a través de nuestra paciencia y del consuelo que dan las Escrituras mantengamos
la esperanza. Que el Dios de la paciencia y del consuelo les conceda tener
entre ustedes los mismos sentimientos, según Cristo Jesús; de este modo,
unánimes, a una voz, ustedes glorificarán al Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo. Por eso, acójanse mutuamente, como Cristo los acogió para gloria de
Dios. Es decir, Cristo se hizo servidor de la circuncisión en atención a la
fidelidad de Dios, para llevar a cumplimiento las promesas hechas a los
patriarcas y, en cuanto a los gentiles, para que glorifiquen a Dios por su
misericordia; como está escrito: «Por esto te alabaré entre los gentiles y
cantaré para tu nombre».
ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Lc 3, 4cd.6
Aleluya. Preparen el camino del
Señor, allanen sus senderos. Toda carne verá la salvación de Dios. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo 3, 1-12
Por aquellos días, Juan Bautista se presentó
en el desierto de Judea, predicando: «Conviértanse, porque está cerca el Reino
de los Cielos». Este es el que anunció el profeta Isaías diciendo: «Voz del que
grita en el desierto: "Preparen el camino del Señor, allanen sus
senderos"». Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de
cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a
él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán; confesaban
sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y
saduceos venían a que los bautizara, les dijo: ¡Raza de víboras!, ¿quién les ha
enseñado a escapar del castigo inminente? Den el fruto que pide la conversión.
Y no se hagan ilusiones, pensando: "Tenemos por padre a Abrahán",
pues les digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya
toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será
talado y echado al fuego. Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero
el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las
sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en
la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en
una hoguera que no se apaga».
PLEGARIA
UNIVERSAL
Confiados en el
Señor que viene a renovar la tierra, presentemos nuestras súplicas con fe.
1.- Por la Iglesia, para que
sea voz profética que llame a la conversión y prepare los caminos del Señor. Roguemos
al Señor.
2.- Por el Papa León y los
obispos, para que, guiados por el Espíritu, conduzcan al pueblo de Dios hacia
la justicia y la paz del Reino. Roguemos al Señor.
3.- Por las naciones, para que
crezca entre ellas la concordia y el respeto, у florezca la paz anunciada por
los profetas. Roguemos al Señor.
4.- Por los pobres, los
enfermos y los que viven sin esperanza, para que encuentren consuelo en la
cercanía del Señor que viene. Roguemos al Señor.
Escucha, Señor,
nuestras oraciones y prepara nuestros corazones para recibir con alegría a tu
Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Que los ruegos y
ofrendas de nuestra pobreza te conmuevan, Señor, y, al vernos desvalidos y sin
méritos propios, acude, compasivo, en nuestra ayuda. Por Jesucristo, nuestro
Señor.
ANTIFONA DE COMUNION
Ba 5, 5, 4, 36
En
pie, Jerusalén, sube a la altura, contempla la alegría que Dios te envía.
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Saciados con el
alimento espiritual te pedimos, Señor, que, por la participación en este
sacramento, nos enseñes a sopesar con sabiduría los bienes de la tierra y amar
intensamente los del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes
08:
Gn 3, 9-15.20: Sal 97; Ef 1, 3-6-.1112; Lc 1, 26-38
Martes
09:
Is 40, 1-11; Sal 95, 1-2. 3 y10ac.11-12.13-14; Mt 18, 12-14
Miércoles
10:
Is 40, 25-31; Sal 102, 1-2. 3-4. 8 y 10; Mt 11, 28-30
Jueves
11:
Is 41, 13-20; Sal 144, 1 y 9.10-11.12-13ab; Mt 11, 11-15
Viernes
12:
Eclo 24, 17-22 (o bien: Rm 8, 28-30); Sal : Lc 1, 46-55; Lc 1, 39-48
Sábado
13:
Eclo 48, 1-4.9-11; Sal 79, 2ac y 3b. 15-16.18-19; Mt 17, 10-13
Domingo
14:
Is 35, 1-6ª; Sal 145; Stg 5, 7-10; Mt 11, 2-11
COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 3. 1-12
Paralelos: Mc 1,
1-8 Lc 3, 1-18
1.- El verbo "convertirse" y el
sustantivo correspondiente aparecen en Mt en momentos de gran importancia para
el mensaje evangélico (3. 2; 4. 17; 11. 20; 12. 41). Más que cambio de
mentalidad (según el pensamiento griego) habría que entender "cambio de
camino (según la manera de pensar del A.T.). Todo el que inicia un camino de fe
tiene que encontrarse con esta realidad: vivir de fe es ir cambiando poco a
poco nuestra manera de andar por el camino de la vida.
EUCARISTÍA 1989/57
2.- Todos los evangelistas cuentan con la actividad
del Bautista como previa a la de Jesús. Cada uno lo presenta desde un punto de
vista y los diversos aspectos de esta figura singular nos proporcionan otros
tantos elementos para reconstruir su extraordinaria personalidad. Mateo acentúa
el aspecto de predicador que lleva a cabo su quehacer al estilo profético. Los
profetas antiguos se distinguían tanto por sus vestidos ásperos como por la
austeridad de su vida (2 Re 1, 8). El Bautista entra en escena como un
predicador penitencial.
El contenido esquematizado de su predicación
coincide absolutamente con lo que después anunciaría Jesús (4, 17). Exige la
conversión. Era tema y exigencia continua también entre los fariseos. La
diferencia estaba en el modo de entenderla. La conversión "farisaica"
significaba únicamente el "cambio de mente". La conversión exigida
por el Bautista, y por Jesús, es mucho más: la exigencia de un cambio radical,
total, en la relación con Dios y esta relación con Dios comprende no sólo el
interior sino también lo externo, todo lo que es visible en la conducta humana
(v. 8: dar frutos dignos de penitencia). La recta relación con Dios debe
traducirse en la correspondiente ordenación y conducta recta de toda la vida.
El ejemplo del árbol lo ilustra: si el árbol es bueno, produce buenos frutos,
frutos dignos de sí. Quien se convierte a Dios es como una planta de su inmenso
campo y sus frutos-obras deben ser buenos. Si el árbol no produce buenos frutos
es señal evidente de que no es bueno. Entonces será cortado y arrojado al
fuego.
Las radicalidades en las exigencias del Bautista
molestaban a los piadosos de la época: los "fariseos", movimiento de
laicos instruidos y piadosos, que buscaban, con su conversión interna, la
seguridad frente al juicio divino, y los "saduceos", la nobleza
sacerdotal influyente. Había entre ellos diferencias radicales, por ejemplo,
los saduceos no creían en la resurrección, pero existía entre ellos un denominador
común: su situación de privilegio por ser hijos de Abraham. A estas clases
privilegiadas les anuncia Juan: ante Dios no existe seguridad basada en
privilegios, ante Dios no hay acepción de personas. El juzga según la conducta
observada. Más aún, Dios puede hacer hijos de Abraham de las piedras. Dios
puede llevar a cabo una nueva creación, lo mismo que hizo al primer hombre del
polvo. San Pablo lo formularía diciendo que los que creen en Cristo son nuevas
criaturas. Y esto es, en definitiva, lo que cuenta. El auto-afianzamiento y
seguridad propia es el medio más adecuado para caer en la ira de Dios.
Evidentemente estamos ante una metáfora. La ira de Dios significa su
incompatibilidad con el pecado, la separación-lejanía de Dios de aquéllos que
se separan de él.
El motivo de estas exigencias es la proximidad del
reino de los cielos. Mateo, al estilo judío, evita en lo posible, por un
exagerado respeto, pronunciar el nombre de Dios y recurre a sucedáneos, como
"el cielo". El reino de los cielos y el reino de Dios -de que nos
hablan Marcos y Lucas- son la misma realidad. El reino, o mejor, reinado de
Dios, era la más alta aspiración y esperanza del Antiguo Testamento y del
judaísmo. Algo que pertenecía al más allá y que Dios concedería en el momento
oportuno. Sería como el nuevo cielo y la nueva tierra donde no habrá pecado,
muerte ni dolor. El Bautista anuncia que todo esto, que los judíos esperaban
para un futuro incalculable, se realiza en la persona de Jesús y a través de
ella. Estamos ante la razón última de las exigencias de la conversión: el
hombre debe volverse a Dios, porque Dios se ha vuelto a los hombres.
El bautismo administrado por Juan apuntaba ya a una
nueva vida con auténticas exigencias de conversión verdadera. Incluso, en el
judaísmo, el bautismo era utilizado como medio y signo para incorporar a un
pagano, un no judío, al pueblo de Dios. Era como sepultar el ser antiguo y
revestirse de una nueva vida. Si el Bautista anuncia un nuevo bautismo, tan
necesario para los judíos como para los paganos, esto significaba que, ante
Dios, todos -judíos y paganos- se hallan en la misma situación de indigencia. Y
esta situación la remediará "el que viene", es decir, el Mesías. El
que viene (ver Dn 7, 13ss) es también el juez y, por supuesto, más poderoso que
el bautista (Is 9, 1-6; 11, 1-10).
Pero este poderío está muy lejos de ser
triunfalismo. Lo demuestra el hecho de que su poder está en el "bautismo
del espíritu". El bautismo del Espíritu significa la presencia inmediata
de Dios y la experiencia personal que de él puede tenerse, gracias a la
aparición de Cristo.
COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT - EDIC
MAROVA/MADRID 1976.Pág. 936
3.- Convertíos, porque está cerca el reino de los
cielos
Mateo presenta, por un lado, la figura de Juan, el
Bautista, y su acción profética confirmada por la Escritura (3,1-6); y por
otro, su predicación (3,7-12). De este retrato de Juan emerge su estilo de
vida, que bautice y que haga lo que el profeta Isaías había anunciado. Y de su
predicación, destaca la llamada a la conversión y el anuncio del juicio de
Dios.
El Bautista aparece como el predicador de la
conversión, de la opción por una vida nueva, condicionada por el hecho de que
el Reino de Dios se ha manifestado históricamente en Jesús de Nazaret, el
hombre que trae el juicio de Dios. El papel de Juan es de precursor: hace que
se entrevea en su estilo de vida y mensaje cuál será la misión de Jesús de
Nazaret.
La predicación de Juan Bautista denuncia el
conjunto del judaísmo oficial, que se opone al proyecto salvador de Jesús. Los
fariseos (reformadores laicos con pinceladas fuertemente integristas) y los
saduceos (conservadores del clero y de los notables de la ciudad) son
emparentados con la estirpe de la serpiente (3,7), imagen que significa la
maldad perversa y obstinada, y que contrasta con la estirpe del Mesías. Detrás
de esta denuncia del Bautista, resuena la preocupación del evangelista Mateo
por desenmascarar la falsa seguridad de un ritualismo estéril, que aseguraría
la inmunidad ante el juicio de Dios (el bautismo no sería ninguna garantía);
así como la falsa seguridad de la pertenencia a la estirpe de Abrahán, que
serviría de coartada para escaparse del juicio de condena (3,9). El criterio
último y decisivo es la conversión y la adhesión íntegra y fiel a Dios, que
implica un estilo de vida conforme a las exigencias de su voluntad (hay que dar
buen fruto).
Al final, el Bautista presenta al protagonista del
juicio de Dios, el que bautizará con Espíritu Santo y fuego. Aquí se definen
las características de los dos bautismos y se presentan a sus protagonistas
(3,11): un bautismo es con agua para la conversión y el otro es con Espíritu y
fuego para la salvación; el primero es menos que un esclavo y el que viene
después es más que Señor; uno anuncia el juicio y el otro es el juez, el
purificador de su parva.
Por tanto, ante la inminencia de la venida del
Señor y juez, Juan propone llevar una vida enraizada en la fidelidad a la
voluntad de Dios (el buen fruto) y no enraizada en falsas seguridades.
J. FONTBONA - MISA DOMINICAL 1995/15
4.- Texto. A diferencia de Marcos y de Lucas, Mateo
introduce a Juan Bautista en acción y después lo presenta. De esta forma
resalta más el mensaje transmitido (v.2) que la identidad del mensajero (vs.
3-4). Como los otros evangelistas, también Mateo resalta el impacto y acogida
del mensaje (vs. 5-6), pero a partir del v. 7 tiene un punto de mira propio:
fariseos y saduceos. Ellos, en exclusiva, son los destinatarios del desarrollo
del mensaje. Fariseos y saduceos representaban las dos corrientes religiosas
más representativas de la sociedad judía. Los fariseos, con sus haburot o
fraternidades laicales, empeñadas en el más estricto cumplimiento de la Ley,
interpretada ésta de acuerdo a una tradición que buscaba acomodar los
principios a las situaciones siempre cambiantes; los saduceos, con su
sacerdocio y su culto en el Templo y con su fundamentalismo religioso que sólo
tenía en cuenta la Ley escrita, sin la dinámica de la tradición.
Fariseos y saduceos son objeto de crítica en su
calidad de corrientes religiosas que apelaban a su pertenencia al Pueblo de
Dios. No os hagáis ilusiones pensando que sois descendientes de Abrahán. A
pesar de esa pertenencia se les acusa de no dar frutos adecuados de conversión
y por eso se les amenaza con la llegada del día del Señor, una llegada en la
que precisamente ellos tenían depositada la máxima esperanza. Se les dice que
esa llegada es inminente en la persona del que tiene toda la fuerza y la
autoridad de Dios para discernir los corazones.
En su identificación de Juan en los vs. 3-4, Mateo
lo había presentado vestido a la usanza de Elías (ver 2 Reyes 1, 8). Para
Mateo, Juan es el mensajero del día del Señor, el Elías esperado inmediatamente
antes del final de los tiempos para preparar a los miembros del Pueblo de Dios
a salir airosos ante la llegada del Mesías.
Comentario. Por encima de los inevitables modelos
culturales y religiosos, lo significativo en el texto de hoy es la necesidad de
conversión en los miembros del Pueblo de Dios. A fuerza de manida, la
afirmación ni nos sorprende ni nos inquieta. Quisiera, sin embargo, indicar que
la categoría y altura morales de los destinatarios de la exigencia de Juan
hacen de ésta una sorpresa, en el mejor de los casos. ¿De qué tenían, en
efecto, que convertirse unas personas que, como los fariseos, se caracterizaban
por un estricto cumplimiento de la Ley? Hasta tal punto era ejemplar su
cumplimiento que constituyeron un modelo y un reclamo moral en todo el ámbito
greco-romano. Es ciertamente sorprendente exigir conversión a unas personas
así.
CV/MANDAMIENTOS: Por eso mismo la conversión que se les pide tiene
que ir por derroteros distintos de los de la buena conducta. No es que ésta se
excluya; sencillamente se da por supuesta. Ser miembro del Pueblo de Dios
presupone ser buena persona, es decir, cumplir los mandamientos. La buena
conducta pertenece a los presupuestos, no a la esencia del creyente.
La conversión que se le pide a un miembro del
Pueblo de Dios ahonda sus raíces en el complejo y misterioso mundo de las
estructuras de la conducta. Se trata de un cambio de mentalidad y de talante;
de un modo de ser, de orientarse y de estar situado diferentes a los modos al
uso. La cercanía de una persona diferente como es Jesús exige también personas
diferentes. Lo que no sea esto equivaldrá a tener el mundo que tenemos, pero no
el Reino de los cielos.
ALBERTO BENITO
DABAR 1989/02
5.- Comentario. Si hemos de ser fieles a Mateo no
tenemos más remedio que reconocer lo siguiente: Juan Bautista amenaza con Jesús
a fariseos y saduceos. La imagen del pregonero de Isaías anunciando al pueblo
la alegre noticia del final del cautiverio queda contrapesada y eclipsada por
la imagen de Elías, que según los judíos tiene que retornar antes del final del
presente estado de cosas para poner orden y concierto. Para Mateo, en efecto,
Juan Bautista es el duro y terrible Elías, el del segundo libro de los Reyes
que hace bajar fuego del cielo. Esto quiere decir que Mateo se sitúa en el
final de un estado de cosas intolerable. De ahí la irrupción de Juan clamando
por el cambio. ¿Qué cambio? No se nos dice. Sencillamente, se formula su
necesidad: Convertíos. El grito queda así como una exigencia abierta a las mil
concreciones de los oyentes-lectores.
Hay con todo un dato sugerente. Me refiero a las
personas fustigadas. Todo conocedor de la historia judía sabe que fariseos y
saduceos no pueden ser contertulios y compañeros de peregrinación, y sabe
también que, sobre todo, los fariseos, moldean su conducta en el crisol de la
Ley de Dios. ¿Qué sentido puede tener para ellos la exigencia de dar el fruto
que pide la conversión? ¿Un mayor o ejemplo cumplimiento de la Ley? Pero si es
así no parecen merecedoras de una interpelación tan dura como la de raza de
víboras.
Casi siempre asociamos conversión y comportamiento.
Y no está mal. Pero casi nunca asociamos conversión y actitud. ¿Se nos ha
ocurrido pensar que en un comportamiento bueno puede darse una actitud mala?
Por ejemplo, de intransigencia, de engreimiento... "Abrahán es nuestro
padre" era el santo y seña común a fariseos y saduceos. De ahí que Mateo
los mencione al unísono. Esa frase equivalía a esta otra: Somos el pueblo de
Dios. Y tras ella podía esconderse una conciencia con alguno de los siguientes
componentes: intransigencia, cerrazón, superioridad, desprecio. El duro y
terrible Elías de Mateo asesta su golpe en esta conciencia, desenmascara al
Pueblo de Dios en cuanto Pueblo de Dios. Y lo hace en nombre del que está para
llegar. Jesús es, pues, una amenaza para el Pueblo de Dios.
A. BENITO - DABAR 1986/02
6.- Juan el Bautista es una figura señera que marca
la espiritualidad del tiempo de Adviento. Su importancia no viene dada sólo por
el hecho de ser el último y "el mayor de los profetas", sino, sobre
todo, porque él es el profeta de la inminencia, el que anuncia la presencia del
Señor: por este motivo Juan escapa de los tiempos antiguos y se inserta
destacadamente en el NT. Los tres sinópticos coinciden en reservar una parte
importante de su narración a la descripción del ministerio de Juan el Bautista.
Concretamente, el evangelio de san Mateo, hoy, hace
intencionadamente hincapié en que la aparición del Bautista representa el
cumplimiento de las profecías recordando Is 40, 3, en que la expresión
"camino a Yavhé" queda sustituida por "camino al Señor":
Jesús es la manifestación suprema de Dios entre los hombres. Nos encontramos,
pues, dentro de una época nueva: la expresión inicial "por aquel
tiempo" es cronológicamente poco concreta, pero suficientemente para
enterarnos de que la narración evangélica no se coloca en la línea de las
teorías, sino dentro de la temporalidad de los hechos de la historia. No es el
hombre el que interpreta unos hechos, sino que son los hechos los que revelan
el sentido de la historia que ahora empieza a narrar el evangelista.
Notemos el poder de convocatoria que tiene la
predicación de Juan. Más allá de todo partidismo, los evangelistas ven y
destacan el universalismo de su palabra. En torno a su persona comienza a
formarse el nuevo pueblo mesiánico del cual surgirá Jesús. El contenido de la
predicación, centrado especialmente en las palabras dirigidas contra los
fariseos y saduceos, muestra una vez más que una realidad nueva empieza: no es
suficiente la religión formalista, ni la pureza del linaje; el tiempo nuevo se
debe caracterizar por una conversión fáctica, nacida del fondo del corazón del
hombre. El tiempo de la "fidelidad de Dios" exige asimismo la
fidelidad del hombre.
Mateo deja claro que, a pesar de la importancia de
Juan, él queda sujeto y subordinado a la persona de Jesús. Sólo él es portador
del Espíritu de Dios y del juicio definitivo sobre la vida de los hombres y de
los pueblos.
A. R. SASTRE - MISA DOMINICAL 1977/22
7.- Después de hablar de la genealogía, nacimiento
y narraciones de la infancia de Jesús en los capítulos 1 y 2, Mateo inicia el
evangelio de la proclamación del Reino, proclamación hecha en primer lugar por
Juan, luego por Jesús, y por encargo de Él, por los apóstoles. La expresión
inicial "por aquel tiempo" nos indica que entramos en una nueva
sección.
La proclamación de Juan consiste en decir:
Convertíos que está cerca el Reino de los Cielos. Convertirse debe entenderse
como un cambio radical en la vida de cada hombre; siguiendo la línea del
Antiguo Testamento, consistiría en un retorno incondicional al Dios que hizo la
alianza con el hombre. Mateo, siguiendo la tradición judía, evita decir el
nombre de Dios, y por eso habla del "Reino de los Cielos": Dios, que
reina en los cielos, se dispone a reinar también en la tierra y sobre los
hombres, y por eso hay que prepararle el camino, volverse hacia El para que
pueda reinar sobre cada persona.
Las características externas de Juan son las de un
profeta, especialmente las de Elías (cfr. 2 R 1,8): es él quien prepara el
camino para la venida del Señor. Y su predicación tiene una respuesta
verdaderamente popular: "de Jerusalén, de Judea y del valle del
Jordán". Para poder aceptar el reinado de Dios es necesaria una
purificación interior, que se expresa por medio del bautismo (el baño de
inmersión dentro del agua) y que debe manifestarse en frutos ("dad el
fruto que os pide la conversión") que vayan estrechamente unidos con el
deseo y el signo de la conversión. Para Juan, la llegada del que "puede
más que él" supone también el juicio: todo el que no haya dado frutos de
conversión será excluido del reinado de Dios por este juicio que está ya aquí
mismo. Será el propio Mesías quien haga este juicio: con la imagen de aventar
el trigo en la era, se indica la función purificadora y separadora que va a
ejercer.
El bautismo mesiánico tendrá también esta
característica: será una purificación hecha por medio del fuego del Espíritu
Santo. El bautismo de Juan no es más que una purificación para prepararse a
recibir el del Mesías, que consistirá en una donación del Espíritu. De ahí que
este bautismo del Espíritu no lo dé Juan, sino el que viene después de él, a
quien llama "el Poderoso", "el Fuerte", refiriéndose a unos
de los nombres que en el Antiguo Testamento se dan a Dios: "Dios grande,
fuerte, Yavhé de los ejércitos es su nombre" (Is 32,18). Ante El, Juan se
sitúa en una postura como la que el esclavo tenía para con su señor.
Con Jesús el pueblo será bautizado por el Espíritu,
es decir, será sumergido en esta fuerza de vida y de santidad de Dios que es su
Espíritu.
J. ROCA - MISA DOMINICAL 1980/23
DOMINGO 2 DE ADVIENTO
1
Juan, un profeta recio y de voz potente
Iniciamos la segunda semana de
Adviento, todavía con la mirada puesta en el horizonte escatológico, el final
de los tiempos. Los prefacios 1 y 111 nos orientan en esa dirección.
En este domingo escuchamos, no
sólo a Isaías, sino ahora también a Juan, el Bautista, personaje importante en
los cuatro evangelios, como profeta recio, consecuente, que sabe estar en su
sitio de precursor del Mesías y que hace oír su voz en el desierto de Judá, más
allá del Jordán, preparando los caminos del Señor. Juan morirá mártir, porque
su voz de denuncia estorbaba a los poderosos de la época.
Isaías 11, 1-10. Juzgará a los pobres con
justicia
Sigue Isaías con su tono poético
y hasta idílico. Con comparaciones tomadas de la vida rural, que, aunque no
conozcamos muy de cerca, podemos entender todos, el profeta anuncia que del
tronco viejo, ya casi seco, de Jesé -el padre de David, y por tanto, símbolo de
la dinastía principal de Israel- brotará un renuevo, un vástago verde, como
prueba de que sigue viva la historia del pueblo elegido, a pesar de sus
actuales circunstancias calamitosas en el destierro.
A ese vástago, que pronto los israelitas
identificaron con el futuro Mesías, le llenará de sus dones el Espíritu. Sobre
todo, será un juez justo y traerá la paz a la nación. Esta paz la describe
expresivamente Isaías con la imagen de un lobo pastando junto con un cordero, y
una vaca con un oso, y unos niños jugando tranquilamente con las serpientes. Y
la ciencia del Señor inundará a su pueblo, que se convertirá también en señal
de salvación para otros pueblos.
El salmo parece como el programa de
gobierno de un rey justo, que procura a su pueblo la rectitud y la justicia,
que consigue para todos la paz y que, sobre todo, se cuidará de los pobres y
afligidos.
Romanos 15, 4-9. Cristo salva a todos los hombres
Como el domingo pasado, la 2a lectura es de
la carta a los Romanos, en su apartado exhortativo final, donde Pablo invita a
sus lectores a mantener la esperanza con paciencia, acogiendo el consuelo que
proviene de Dios.
Pero, además, les exhorta vivamente a que
estén de acuerdo entre ellos, como buenos cristianos, a que se acojan
mutuamente como Cristo nos ha acogido a todos: a los judíos y a los paganos.
Mateo
3, 1-12. Convertíos,
porque está cerca el Reino de los Cielos
Después de los capítulos que Mateo dedica a
la infancia de Jesús, habla por primera vez de Juan el Bautista, que proclama
valientemente el mensaje que Dios le encomienda: "convertíos, porque está
cerca el Reino de los Cielos". A todos les exhorta a preparar los caminos
al Señor que viene a bautizar, no en agua, como él, sino en Espíritu y fuego.
En efecto, muchas personas oyen su voz y se dejan bautizar por él, confesando
sus pecados. Lo que come Juan, según el evangelio de hoy, saltamontes y miel
silvestre, era algo común en las gentes sencillas que viven en el campo.
Pero increpa duramente -como hará más tarde
Jesús- a los fariseos y otros dirigentes de la sociedad, reprochándoles que,
fiados en su pertenencia a Abrahán según la raza, no dan los frutos que Dios
pide de ellos. Por eso van a caer en el juicio que se avecina, porque -otra
comparación de la vida del campo- el hacha ya está preparada para talar los
árboles inútiles.
Convertíos, porque está cerca el Reino
El mensaje del Adviento, con la cercanía de
la Navidad, la fiesta del Dios con-nosotros, es fundamentalmente mensaje de
alegría y esperanza. Pero no hay nada más exigente que el amor y la fiesta. Por
eso escuchamos hoy llamadas claras a una seria preparación.
La llamada del Bautista no era
sólo para sus contemporáneos que le escuchaban. Su voz nos alcanza hoy a
nosotros. Y es siempre actual su mensaje: "convertíos, porque está cerca
del Reino de los Cielos". Haciendo suyas las palabras que ya había
proclamado Isaías, Juan nos urge a que preparemos y allanemos los caminos del
Señor.
La conversión no significa algo superficial,
unas prácticas más o menos clásicas de oración o de ayuno. La palabra
correspondiente en griego es "metánoia", que significa "cambio
de mentalidad". Para convertirnos, no hace falta que seamos grandes
pecadores. A todos nosotros, desde nuestra existencia concreta, que puede ser
sencillamente de pereza, tibieza o dejadez, se nos pide que en vísperas de la
Navidad, nos convirtamos, que reorientemos nuestra vida, para poder celebrar
bien la venida del Señor.
Juan bautizaba "en agua", y el agua
es un buen símbolo de purificación y limpieza. Pero anunció que venía otro
detrás que convocaría a un bautismo "en Espíritu y fuego". El
Espíritu, como viento recio de Dios, penetra en lo más profundo. Y el fuego no
sólo purifica: lo hace quemando lo que está mal. Quiere producir un cambio
profundo en nuestra vida.
Se trata, no de decir palabras bonitas, sino
de dar frutos, de hacer las obras de Dios. Los fariseos tenían palabras muy
bonitas. Eran cumplidores, no faltaban a ninguna de las leyes. Pero no eran
verdaderos hijos de Abrahán, no imitaban su fe y su obediencia al plan de Dios.
Como diría más tarde Jesús, no se salva quien dice "Señor, Señor",
sino "el que cumple la voluntad de Dios".
Los fariseos, y nosotros también si les
imitamos, eran árboles secos, que no daban frutos, y por eso iban a ser
cortados por el hacha que ya estaba preparada. Tampoco nosotros podemos quedar
tranquilos, fiados falsamente en nuestra condición de cristianos, o de
"personas buenas": tenemos que imitar en nuestras vidas el estilo de
actuación de Cristo Jesús.
La acogida mutua, signo de un buen Adviento
Entre lo que podríamos llamar "las obras
del Adviento" que hoy nos propone la Palabra, como signos de nuestra
conversión, está, ante todo, la alabanza a Dios: "para que unánimes
alabéis al Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo" (Pablo).
Pero también hay una dirección horizontal: la
paz, la acogida mutua, la práctica de la justicia. En este Adviento y en esta
Navidad tendríamos que crecer en paz, en armonía, en convivencia humana y
cristiana. Para que se cumpla este año mejor que el pasado lo que hemos dicho
en el salmo: "que en sus días florezca la justicia y la paz abunde
eternamente".
¿Es posible que el lobo y el cordero sean
amigos? Pues Isaías nos lo propone como modelo de lo que debería pasar en los
"tiempos mesiánicos", en los que nosotros ya estamos. Unos animales
domésticos que pacen tranquilamente con otros animales salvajes. Detrás de la
metáfora, que no es difícil de entender, podemos pensar nosotros que será buen
Adviento el de este año si entre nosotros progresa esta convivencia pacífica
entre los miembros de una misma familia, o entre los jóvenes y los mayores, o
entre los ricos y los pobres, o entre los obreros y los empresarios, o entre
personas de diversa raza y religión... Se puede resumir el idílico cuadro del
profeta con su afirmación de que "nadie hará daño a nadie".
Pablo, hablando ya más
directamente de la vida de una comunidad cristiana, también nos urge a la
acogida mutua. El modelo que nos propone es muy significativo: "acogeos
mutuamente como Cristo os acogió para gloria de Dios... Cristo se hizo servidor
de los judíos... y acoge a los gentiles". También nosotros tendríamos que
admitir en nuestra buena voluntad a los de carácter diferente, a los que no nos
resultan naturalmente simpáticos. Una de las señales más creíbles de que el
plan de Dios sigue adelante es si sabemos ser este año un poco más abiertos a
los demás, sobre todo a los inmigrantes y a los pobres y a los que más lo
necesitan, empezando por nuestra propia familia.
Invitación a seguir soñando
Parece inalcanzable el listón que nos ofrecen
las lecturas bíblicas. ¿Es posible que de un tronco seco brote un renuevo
vigoroso? Y sin embargo, el profeta nos lo anuncia como factible, como el
programa que persigue Dios. Parece como si Isaías soñara con la vuelta al
paraíso terrenal del Génesis.
¿Es posible mantener la esperanza en el mundo
de hoy? Y sin embargo Pablo nos dice que las Escrituras se han escrito para que
"entre nuestra paciencia y el consuelo que viene de Dios mantengamos la
esperanza".
Hay un salmo, el 125, que nos hace decir que
"cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca
senos llenaba de risas...". También nosotros podemos pensar que la Iglesia
no tiene remedio, y que la juventud no acabará de entrar en los valores
cristianos, y que la humanidad va a la ruina. Pero ¿qué derecho tenemos a perder
los ánimos, si no los pierde Dios? ¿quiénes somos nosotros para desesperar de
esta nuestra generación o de la juventud o de la Iglesia?
El Adviento no es una ficción: ese sería el
caso si esperáramos un acontecimiento que ya pasó. Lo que esperamos es que lo
que empezó en Belén siga adelante, madure y crezca.
¡Venga
a nosotros tu Reino!
Tenemos que entrar en la dinámica del
Adviento. No esperamos sólo la Navidad. No esperamos como inminente el fin del
mundo. Lo que sí esperamos, y trabajamos para conseguirlo, es que el Reino
venga de veras a nosotros, a nuestra existencia personal y comunitaria.
Por eso
repetimos en el Padrenuestro, que nos enseñó Jesús, la petición "venga a
nosotros tu Reino".
El Reino ya vino. Ya está
presente y vendrá al final de los tiempos en plenitud. Pero, mientras tanto,
tiene que ir entrando en nuestra vida. Porque nunca lo acabamos de admitir en
nosotros y abrirle nuestras puertas. Está en la Iglesia y en la Eucaristía y en
la Palabra. Pero está también en las personas y los acontecimientos: porque
Dios se nos manifiesta -si lo queremos reconocer- de mil maneras en nuestra
vida de cada día.
El Adviento es una postura dinámica, activa.
Le pedimos a Dios, en la oración colecta, que no permita que nos
distraiga de nuestro camino ninguna tentación de las que nos salen al paso:
"que cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo
impidan los afanes de este mundo...". En la poscomunión le pedimos
que la Eucaristía que celebramos nos ayude a recentrar continuamente nuestro
camino con discernimiento y lucidez para ver dónde están los verdaderos
valores: "por la comunión de tu sacramento, nos des sabiduría para sopesar
los bienes de la tierra amando intensamente los del cielo".
José Aldazabal,
Domingo ciclo A
PROPUESTA
DE CANTOS DOMINGO II DE ADVIENTO CICLO A
01.- UN PUEBLO QUE CAMINA POR
EL MUNDO (J.A. Espinoza)
UN PUEBLO
QUE CAMINA POR EL MUNDO
GRITANDO:
VEN SEÑOR,
UN PUEBLO
QUE BUSCA EN ESTA VIDA
LA GRAN
LIBERACIÓN.
1.- Los
pobres siempre esperan el amanecer
de un día
más justo y sin opresión.
Los pobres
hemos puesto la esperanza en ti,
Libertador.
2.-
Salvaste nuestra vida de la esclavitud,
esclavos
de la ley sirviendo en el temor.
Nosotros
hemos puesto la esperanza en ti,
Dios del
amor.
3. - El
mundo por la guerra sangra sin razón,
familias
destrozadas buscan un hogar.
El mundo
tiene puesto su esperanza en ti,
Dios de la
paz.
02.-OH JERUSALEN (J.Pedro
Martins)
Sol Re7
Sol lam
Oh
Jerusalén, elegida del Señor
Re7 Sol
resplandece
de alegría mim Re7 Sol
porque
llega el Salvador.
Sol mim
Ven Jesús,
no tardes más,
lam Re7
te
esperamos, ven Señor,
mim lam
eres luz
en nuestras vidas,
La7 Re7
muéstranos
tu eterno amor.
Sol mim
Ven Señor,
ven oh Mesías,
lam Re7
te espera
la humanidad
mim lam
y tu
eterna luz derrama,
La7 Re7
pon en
nuestro mundo paz.
Sol mim
Muestra tu
eterna bondad,
lam Re7
Oh Dios,
nuestro Salvador,
mim lam
venga tu
Reino a nosotros,
La7 Re7.
03.- CANTA JERUSALEN (Grupo
Kairoi)
CANTA,
JERUSALÉN.
CANTA,
JERUSALÉN.
CANTA,
JERUSALÉN.
eres
pueblo santo escogido
por la
gracia del señor.
Juntos
caminamos en la fe
que nos
conduce a nuestro Dios.
Eres tú la
tierra que promete
a los
hombres el Señor.
Eres la
promesa de los siglos
donde nace
el Salvador.
Vives en
confianza esperando
que algún
día sea mejor.
Pero tu
esperanza se sostiene
en el
Cristo Redentor.
Vives la
alegría de la vida
si contigo
va el Señor.
Sufres en
tu cuerpo,
y en tu
alma está escrito el amor.
04.- VAMOS A PREPARAR EL
CAMINO (Carmelo Erdozain)
VAMOS A
PREPARAR EL CAMINO DEL SEÑOR,
VAMOS A
CONSTRUIR LA CIUDAD DE NUESTRO DIOS.
VENDRÁ EL
SEÑOR CON LA AURORA,
ÉL
BRILLARÁ EN LA MAÑANA,
PREGONARÁ
LA VERDAD.
VENDRÁ EL
SEÑOR CON SU FUERZA,
ÉL ROMPERÁ
LAS CADENAS,
ÉL NOS
DARÁ LA LIBERTAD.
1.- Él
estará a nuestro lado,
Él guiará
nuestros pasos,
ÉL NOS
DARÁ LA SALVACIÓN.
Nos
limpiará del pecado,
ya no
seremos esclavos,
ÉL NOS
DARÁ LA LIBERTAD.
2. - Visitará
nuestras casas,
nos
llenará de esperanzas,
ÉL NOS
DARÁ LA SALVACIÓN.
Compartirá
nuestros cantos,
todos
seremos hermanos,
ÉL NOS
DARÁ LA LIBERTAD.
3.-
Caminará con nosotros,
nunca
estaremos ya solos,
ÉL NOS
DARÁ LA SALVACIÓN.
Él
cumplirá la promesa,
y llevará
nuestras penas,
ÉL NOS
DARÁ LA LIBERTA
05.- EL MUNDO TE ESPERA
(Gregorio Fernández)
VEN,
SEÑOR, NO TARDES MÁS
VEN,
SEÑOR, EL MUNDO TE ESPERA
VEN,
SEÑOR, NO TARDES MÁS
QUE SIN TI
NO HAY SALVACIÓN.
1.- Sobre
la Tierra se oyó
una voz de
promesa,
un nuevo
tallo dará
la raíz de
Jesé.
Sobre la
Tierra se oyó
una voz de
esperanza:
el “hágase”
de la Virgen,
milagro de
fe.
2.- Hacia
tu encuentro vendrán
los
humildes y pobres,
hacia tu
encuentro vendrán
los que
anhelan la paz.
Hacia tu
encuentro vendrán
los que
buscan tu Reino,
los que
han sabido sufrir
por lograr
libertad.
3.- Hoy
más que nunca Señor,
necesito
consuelo,
hoy más
que nunca Señor,
necesito
perdón.
Hoy más
que nunca Señor,
necesito
alegría,
hoy más
que nunca Señor,
necesito
tu amor.
06.- ESTE PAN Y VINO (Carmelo
Erdozain)
Este pan y
vino, Señor
Se
transformarán
En tu
cuerpo y sangre, Señor
En nuestro
manjar. (bis)
Gracias al
sol y al labrador
En el
altar florecen hoy
Las
espigas, los racimos
Que
presentamos a Dios.
Este pan y
vino, Señor
Se
transformarán
En tu
cuerpo y sangre, Señor
En nuestro
manjar
Lo que
sembré con mi dolor
Lo que
pedí en mi oración
Hoy son
frutos, son ofrendas
Que
presentamos a Dios
Este pan y
vino, Señor
Se
transformarán
En tu
cuerpo y sangre, Señor
En nuestro
manjar
07.- VAMOS A PREPARAR LOS
CAMINOS
VAMOS A
PREPARAR EL CAMINO DEL SEÑOR,
VAMOS A
CONSTRUIR LA CIUDAD DE NUESTRO DIOS.
VENDRÁ EL
SEÑOR CON LA AURORA,
ÉL
BRILLARÁ EN LA MAÑANA,
PREGONARÁ
LA VERDAD.
VENDRÁ EL
SEÑOR CON SU FUERZA,
ÉL ROMPERÁ
LAS CADENAS,
ÉL NOS
DARÁ LA LIBERTAD.
1.- Él
estará a nuestro lado,
Él guiará
nuestros pasos,
ÉL NOS
DARÁ LA SALVACIÓN.
Nos
limpiará del pecado,
ya no
seremos esclavos,
ÉL NOS
DARÁ LA LIBERTAD.
2.-
Visitará nuestras casas,
nos
llenará de esperanzas,
ÉL NOS
DARÁ LA SALVACIÓN.
Compartirá
nuestros cantos,
todos
seremos hermanos,
ÉL NOS
DARÁ LA LIBERTAD.
3.-
Caminará con nosotros,
nunca
estaremos ya solos,
ÉL NOS
DARÁ LA SALVACIÓN.
Él
cumplirá la promesa,
y llevará
nuestras penas,
ÉL NOS
DARÁ LA LIBERTAD.
08.- ALLANAD LOS CAMINOS
(Brotes de Olivo)
Allanad,
allanad los caminos
que viene
el Señor.
Pasará,
pasará por tu lado
sediento
de amor. (bis)
Él camina
con vosotros no le conocéis.
Te
acompaña en tu camino vives tú con Él.
Es el
pobre que se acerca
buscando
tu comprensión.
Es el
triste que deambula
sediento
de paz y amor.
Tú has de
ser quien pondrá
la sonrisa
en su corazón
sembrarás
una flor
en su
campo falto de Dios. (2)
Caminad,
caminad los senderos
que marca
el Señor.
Y quitad,
y quitad las espinas
de su
corazón.
Él te
busca, Él te llama quiere tu lealtad.
Entre
rejas, en las guerras esperando está.
Vive
enfermo en las cabañas
con hambre
de luz y pan.
Es el rico
de dinero
que harto
de todo está.
Allanad y
quitad
los
pedriscos que hay al andar.
Descansadle
los pies
al
descalzo que andando va. (2).
09.- ARRIESGATE
TODOS
UNIDOS EN LA VIDA.
VAMOS BUSCANDO
UN HORIZONTE,
ARRIÉSGATE,
ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE, HAY ALGO MÁS,
ARRIÉSGATE,
ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE SIN VACILAR.
Ningún
camino es largo
para el
que cree,
ningún
esfuerzo es grande
para el
que ama,
ninguna
cruz vacía
para el
que lucha.
TODOS
UNIDOS EN LA VIDA.
VAMOS
BUSCANDO UN HORIZONTE,
ARRIÉSGATE,
ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE, HAY ALGO MÁS,
ARRIÉSGATE,
ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE SIN VACILAR.
Cambiemos
las promesas
en
realidades,
luchemos
como hermanos
por la
justicia,
sembremos
hoy la aurora
de un
nuevo día.
TODOS
UNIDOS EN LA VIDA.
VAMOS
BUSCANDO UN HORIZONTE,
ARRIÉSGATE,
ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE, HAY ALGO MÁS,
ARRIÉSGATE,
ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE SIN VACILAR.
El pan que
trabajamos
con
nuestras manos,
el cáliz
que llevamos
con
alegría,
traerán la
primavera
a nuestras
vidas.
TODOS
UNIDOS EN LA VIDA
VAMOS
BUSCANDO UN HORIZONTE,
ARRIÉSGATE,
ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE, HAY ALGO MÁS,
ARRIÉSGATE,
ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE SIN VACILAR.
10.- VEN SALVADOR (Carmelo
Erdozain)
VEN,
SALVADOR, VEN SIN TARDAR:
DANOS TU
GRACIA Y TU PAZ.
VEN,
SALVADOR, VEN SIN TARDAR:
DANOS TU
FUERZA Y VERDAD.
1.- Nos
diste tu palabra,
es firme
nuestra espera,
iremos
tras tus huellas,
sabemos
que vendrás.
VEN, VEN,
SEÑOR JESÚS.
2.- Los
hombres de mi pueblo
esperan
que Tú vengas,
que se
abran horizontes
por donde
caminar.
VEN, VEN,
SEÑOR JESÚS.
3.-
Vendrás con los que luchan
por una
tierra nueva,
vendrás
con los que cantan
justicia y
hermandad.
VEN, VEN,
SEÑOR JESÚS.
11.- MADRE NUESTRA (Francisco Palazón)
MADRE
NUESTRA QUE EN MEDIO DE LA NOCHE
DISTE AL
MUNDO LA LUZ DEL REDENTOR
DANOS HOY
OTRA VEZ AL ESPERADO
QUE
ANDAMOS COMO OVEJAS SIN PASTOR
1.- Aquel
a quien adoran el sol y las estrellas
el que
viste las flores y amansa el fiero mar
El Dios
que a todos ama con toda su grandeza
al seno de
una virgen bajó para habitar
2.- María
se llamaba mujer era del pueblo
y cerrando
los ojos un SÍ rotundo dio
en esa
hermana nuestra el que hizo tierra y cielos
El Dios
omnipotente un día se encarnó
12.- VIRGEN DE ADVIENTO (Antonio Alcalde)
VIRGEN DEL
ADVIENTO,
ESPERANZA
NUESTRA;
DE JESÚS
LA AURORA,
DEL CIELO
LA PUERTA.
1.- Madre
de los hombres,
de la mar
estrella;
llévanos a
Cristo,
danos sus
promesas.
2.- Eres
Virgen Madre,
la de
gracia llena;
del Señor
la esclava,
del mundo
la Reina.
3.- Alza
nuestros ojos,
hacia tu
belleza;
guía
nuestros pasos,
a la vida
eterna.
