jueves, 4 de diciembre de 2025

LECTURAS Y COMENTARIO II DOMINGO DE ADVIENTO CICLO A - 7 DICIEMBRE 2025

 

“DEN FRUTOS”


“COMENTARIO”

 

En este segundo domingo de Adviento tenemos la presentación de Juan el Bautista. Nadie mejor para prepararnos a recibir al Mesías. Diríamos que Juan está hecho para eso, para preparar los caminos de Cristo, para anunciar su llegada y promover los encuentros, el Precursor. Es, no una característica, sino la definición de Juan.

Juan era hijo de sacerdote y podía haberse manifestado en el templo. Pero él no iba a seguir el oficio de su padre, ni se iba a llamar como su padre, Zacarías, que significa «el Señor recuerda». Juan no estaba hecho para recordar, sino para anunciar algo nuevo. El nombre de Juan significa “Yahveh es misericordioso”, Yahveh se ha compadecido, Yahveh muestra su favor. Juan estaba hecho para anunciar el favor de Dios, que la misericordia de Dios se ha manifestado definitivamente.

Lo que Juan anuncia es que el Reino de Dios está cerca, que Dios mismo está cerca. Por lo tanto, hay que prepararse a fondo, desde la raíz. Hay que quitar impedimentos, hay que limpiar suciedades, hay que podar estorbos, hay que acabar con la esterilidad y ofrecer frutos buenos de todas clases. Para ello Juan bautiza con agua, pero anuncia un bautismo radical “de Espíritu Santo y fuego”. Con Jesús el pueblo será bautizado por el Espíritu, es decir, será sumergido en esta fuerza de vida y de santidad de Dios que es su Espíritu.

Mateo, al estilo judío, evita en lo posible, por un exagerado respeto, pronunciar el nombre de Dios y recurre a sucedáneos, como "el cielo". El reino de los cielos y el reino de Dios -de que nos hablan Marcos y Lucas- son la misma realidad. El reino, o mejor, reinado de Dios, era la más alta aspiración y esperanza del Antiguo Testamento y del judaísmo. Algo que pertenecía al más allá y que Dios concedería en el momento oportuno. Sería como el nuevo cielo y la nueva tierra donde no habrá pecado, muerte ni dolor. El Bautista anuncia que todo esto, que los judíos esperaban para un futuro incalculable, se realiza en la persona de Jesús y a través de ella. Estamos ante la razón última de las exigencias de la conversión: el hombre debe volverse a Dios, porque Dios se ha vuelto a los hombres.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTIFONA DE ENTRADA Is 30, 19.30

Pueblo de Sion, el Señor vendrá a salvar a los pueblos y hará resonar la majestad de su voz con alegría en su corazón.

 

 ORACION COLECTA

Dios todopoderoso, rico en misericordia, no permitas que, cuan-do salimos animosos al encuentro de tu Hijo, lo impidan los afanes terrenales, para que, aprendiendo la sabiduría celestial, podamos participar plenamente de su vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 11, 1-10

En aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor del Señor. Lo inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará de oídas; juzgará a los pobres con justicia, sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra; pero golpeará al violento con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. La justicia será ceñidor de su cintura, y la lealtad, cinturón de sus caderas. Habitará el lobo con el cordero, el leopardo se tumbará con el cabrito, el ternero y el león pacerán juntos: un muchacho será su pastor. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león, como el buey, comerá paja. El niño de pecho retoza junto al escondrijo de la serpiente, y el recién destetado extiende la mano hacia la madriguera del áspid. Nadie causará daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país del conocimiento del Señor, como las aguas colman el mar. Aquel día, la raíz de Jesé será elevada como enseña de los pueblos: se volverán hacia ella las naciones y será gloriosa su morada.

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 71, 1-2.7-8.12-13.17)

 

Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.

 

Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R.

 

En sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. R.

 

Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. R.

 

Que su nombre sea eterno y su fama dure como el sol: Él sea la bendición de todos los pueblos, y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 15, 4-9

Hermanos: Todo lo que se escribió en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, a fin de que a través de nuestra paciencia y del consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Que el Dios de la paciencia y del consuelo les conceda tener entre ustedes los mismos sentimientos, según Cristo Jesús; de este modo, unánimes, a una voz, ustedes glorificarán al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso, acójanse mutuamente, como Cristo los acogió para gloria de Dios. Es decir, Cristo se hizo servidor de la circuncisión en atención a la fidelidad de Dios, para llevar a cumplimiento las promesas hechas a los patriarcas y, en cuanto a los gentiles, para que glorifiquen a Dios por su misericordia; como está escrito: «Por esto te alabaré entre los gentiles y cantaré para tu nombre».

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Lc 3, 4cd.6

Aleluya. Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Toda carne verá la salvación de Dios. Aleluya.

 

 EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 3, 1-12

Por aquellos días, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Conviértanse, porque está cerca el Reino de los Cielos». Este es el que anunció el profeta Isaías diciendo: «Voz del que grita en el desierto: "Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos"». Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: ¡Raza de víboras!, ¿quién les ha enseñado a escapar del castigo inminente? Den el fruto que pide la conversión. Y no se hagan ilusiones, pensando: "Tenemos por padre a Abrahán", pues les digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego. Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga».

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Confiados en el Señor que viene a renovar la tierra, presentemos nuestras súplicas con fe.

 

1.- Por la Iglesia, para que sea voz profética que llame a la conversión y prepare los caminos del Señor. Roguemos al Señor.

 

2.- Por el Papa León y los obispos, para que, guiados por el Espíritu, conduzcan al pueblo de Dios hacia la justicia y la paz del Reino. Roguemos al Señor.

 

3.- Por las naciones, para que crezca entre ellas la concordia y el respeto, у florezca la paz anunciada por los profetas. Roguemos al Señor.

 

4.- Por los pobres, los enfermos y los que viven sin esperanza, para que encuentren consuelo en la cercanía del Señor que viene. Roguemos al Señor.

 

Escucha, Señor, nuestras oraciones y prepara nuestros corazones para recibir con alegría a tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Que los ruegos y ofrendas de nuestra pobreza te conmuevan, Señor, y, al vernos desvalidos y sin méritos propios, acude, compasivo, en nuestra ayuda. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 ANTIFONA DE COMUNION Ba 5, 5, 4, 36

En pie, Jerusalén, sube a la altura, contempla la alegría que Dios te envía.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Saciados con el alimento espiritual te pedimos, Señor, que, por la participación en este sacramento, nos enseñes a sopesar con sabiduría los bienes de la tierra y amar intensamente los del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 08: Gn 3, 9-15.20: Sal 97; Ef 1, 3-6-.1112; Lc 1, 26-38

Martes 09: Is 40, 1-11; Sal 95, 1-2. 3 y10ac.11-12.13-14; Mt 18, 12-14

Miércoles 10: Is 40, 25-31; Sal 102, 1-2. 3-4. 8 y 10; Mt 11, 28-30

Jueves 11: Is 41, 13-20; Sal 144, 1 y 9.10-11.12-13ab; Mt 11, 11-15

Viernes 12: Eclo 24, 17-22 (o bien: Rm 8, 28-30); Sal : Lc 1, 46-55; Lc 1, 39-48

Sábado 13: Eclo 48, 1-4.9-11; Sal 79, 2ac y 3b. 15-16.18-19; Mt 17, 10-13

Domingo 14: Is 35, 1-6ª; Sal 145; Stg 5, 7-10; Mt 11, 2-11

 

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Mt 3. 1-12

Paralelos: Mc 1, 1-8   Lc 3, 1-18

 

1.- El verbo "convertirse" y el sustantivo correspondiente aparecen en Mt en momentos de gran importancia para el mensaje evangélico (3. 2; 4. 17; 11. 20; 12. 41). Más que cambio de mentalidad (según el pensamiento griego) habría que entender "cambio de camino (según la manera de pensar del A.T.). Todo el que inicia un camino de fe tiene que encontrarse con esta realidad: vivir de fe es ir cambiando poco a poco nuestra manera de andar por el camino de la vida.

EUCARISTÍA 1989/57


 

2.- Todos los evangelistas cuentan con la actividad del Bautista como previa a la de Jesús. Cada uno lo presenta desde un punto de vista y los diversos aspectos de esta figura singular nos proporcionan otros tantos elementos para reconstruir su extraordinaria personalidad. Mateo acentúa el aspecto de predicador que lleva a cabo su quehacer al estilo profético. Los profetas antiguos se distinguían tanto por sus vestidos ásperos como por la austeridad de su vida (2 Re 1, 8). El Bautista entra en escena como un predicador penitencial.

El contenido esquematizado de su predicación coincide absolutamente con lo que después anunciaría Jesús (4, 17). Exige la conversión. Era tema y exigencia continua también entre los fariseos. La diferencia estaba en el modo de entenderla. La conversión "farisaica" significaba únicamente el "cambio de mente". La conversión exigida por el Bautista, y por Jesús, es mucho más: la exigencia de un cambio radical, total, en la relación con Dios y esta relación con Dios comprende no sólo el interior sino también lo externo, todo lo que es visible en la conducta humana (v. 8: dar frutos dignos de penitencia). La recta relación con Dios debe traducirse en la correspondiente ordenación y conducta recta de toda la vida. El ejemplo del árbol lo ilustra: si el árbol es bueno, produce buenos frutos, frutos dignos de sí. Quien se convierte a Dios es como una planta de su inmenso campo y sus frutos-obras deben ser buenos. Si el árbol no produce buenos frutos es señal evidente de que no es bueno. Entonces será cortado y arrojado al fuego.

Las radicalidades en las exigencias del Bautista molestaban a los piadosos de la época: los "fariseos", movimiento de laicos instruidos y piadosos, que buscaban, con su conversión interna, la seguridad frente al juicio divino, y los "saduceos", la nobleza sacerdotal influyente. Había entre ellos diferencias radicales, por ejemplo, los saduceos no creían en la resurrección, pero existía entre ellos un denominador común: su situación de privilegio por ser hijos de Abraham. A estas clases privilegiadas les anuncia Juan: ante Dios no existe seguridad basada en privilegios, ante Dios no hay acepción de personas. El juzga según la conducta observada. Más aún, Dios puede hacer hijos de Abraham de las piedras. Dios puede llevar a cabo una nueva creación, lo mismo que hizo al primer hombre del polvo. San Pablo lo formularía diciendo que los que creen en Cristo son nuevas criaturas. Y esto es, en definitiva, lo que cuenta. El auto-afianzamiento y seguridad propia es el medio más adecuado para caer en la ira de Dios. Evidentemente estamos ante una metáfora. La ira de Dios significa su incompatibilidad con el pecado, la separación-lejanía de Dios de aquéllos que se separan de él.

El motivo de estas exigencias es la proximidad del reino de los cielos. Mateo, al estilo judío, evita en lo posible, por un exagerado respeto, pronunciar el nombre de Dios y recurre a sucedáneos, como "el cielo". El reino de los cielos y el reino de Dios -de que nos hablan Marcos y Lucas- son la misma realidad. El reino, o mejor, reinado de Dios, era la más alta aspiración y esperanza del Antiguo Testamento y del judaísmo. Algo que pertenecía al más allá y que Dios concedería en el momento oportuno. Sería como el nuevo cielo y la nueva tierra donde no habrá pecado, muerte ni dolor. El Bautista anuncia que todo esto, que los judíos esperaban para un futuro incalculable, se realiza en la persona de Jesús y a través de ella. Estamos ante la razón última de las exigencias de la conversión: el hombre debe volverse a Dios, porque Dios se ha vuelto a los hombres.

El bautismo administrado por Juan apuntaba ya a una nueva vida con auténticas exigencias de conversión verdadera. Incluso, en el judaísmo, el bautismo era utilizado como medio y signo para incorporar a un pagano, un no judío, al pueblo de Dios. Era como sepultar el ser antiguo y revestirse de una nueva vida. Si el Bautista anuncia un nuevo bautismo, tan necesario para los judíos como para los paganos, esto significaba que, ante Dios, todos -judíos y paganos- se hallan en la misma situación de indigencia. Y esta situación la remediará "el que viene", es decir, el Mesías. El que viene (ver Dn 7, 13ss) es también el juez y, por supuesto, más poderoso que el bautista (Is 9, 1-6; 11, 1-10).

Pero este poderío está muy lejos de ser triunfalismo. Lo demuestra el hecho de que su poder está en el "bautismo del espíritu". El bautismo del Espíritu significa la presencia inmediata de Dios y la experiencia personal que de él puede tenerse, gracias a la aparición de Cristo.

COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT - EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 936


3.- Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos

Mateo presenta, por un lado, la figura de Juan, el Bautista, y su acción profética confirmada por la Escritura (3,1-6); y por otro, su predicación (3,7-12). De este retrato de Juan emerge su estilo de vida, que bautice y que haga lo que el profeta Isaías había anunciado. Y de su predicación, destaca la llamada a la conversión y el anuncio del juicio de Dios.

El Bautista aparece como el predicador de la conversión, de la opción por una vida nueva, condicionada por el hecho de que el Reino de Dios se ha manifestado históricamente en Jesús de Nazaret, el hombre que trae el juicio de Dios. El papel de Juan es de precursor: hace que se entrevea en su estilo de vida y mensaje cuál será la misión de Jesús de Nazaret.

La predicación de Juan Bautista denuncia el conjunto del judaísmo oficial, que se opone al proyecto salvador de Jesús. Los fariseos (reformadores laicos con pinceladas fuertemente integristas) y los saduceos (conservadores del clero y de los notables de la ciudad) son emparentados con la estirpe de la serpiente (3,7), imagen que significa la maldad perversa y obstinada, y que contrasta con la estirpe del Mesías. Detrás de esta denuncia del Bautista, resuena la preocupación del evangelista Mateo por desenmascarar la falsa seguridad de un ritualismo estéril, que aseguraría la inmunidad ante el juicio de Dios (el bautismo no sería ninguna garantía); así como la falsa seguridad de la pertenencia a la estirpe de Abrahán, que serviría de coartada para escaparse del juicio de condena (3,9). El criterio último y decisivo es la conversión y la adhesión íntegra y fiel a Dios, que implica un estilo de vida conforme a las exigencias de su voluntad (hay que dar buen fruto).

Al final, el Bautista presenta al protagonista del juicio de Dios, el que bautizará con Espíritu Santo y fuego. Aquí se definen las características de los dos bautismos y se presentan a sus protagonistas (3,11): un bautismo es con agua para la conversión y el otro es con Espíritu y fuego para la salvación; el primero es menos que un esclavo y el que viene después es más que Señor; uno anuncia el juicio y el otro es el juez, el purificador de su parva.

Por tanto, ante la inminencia de la venida del Señor y juez, Juan propone llevar una vida enraizada en la fidelidad a la voluntad de Dios (el buen fruto) y no enraizada en falsas seguridades.

J. FONTBONA - MISA DOMINICAL 1995/15

 


 

4.- Texto. A diferencia de Marcos y de Lucas, Mateo introduce a Juan Bautista en acción y después lo presenta. De esta forma resalta más el mensaje transmitido (v.2) que la identidad del mensajero (vs. 3-4). Como los otros evangelistas, también Mateo resalta el impacto y acogida del mensaje (vs. 5-6), pero a partir del v. 7 tiene un punto de mira propio: fariseos y saduceos. Ellos, en exclusiva, son los destinatarios del desarrollo del mensaje. Fariseos y saduceos representaban las dos corrientes religiosas más representativas de la sociedad judía. Los fariseos, con sus haburot o fraternidades laicales, empeñadas en el más estricto cumplimiento de la Ley, interpretada ésta de acuerdo a una tradición que buscaba acomodar los principios a las situaciones siempre cambiantes; los saduceos, con su sacerdocio y su culto en el Templo y con su fundamentalismo religioso que sólo tenía en cuenta la Ley escrita, sin la dinámica de la tradición.

Fariseos y saduceos son objeto de crítica en su calidad de corrientes religiosas que apelaban a su pertenencia al Pueblo de Dios. No os hagáis ilusiones pensando que sois descendientes de Abrahán. A pesar de esa pertenencia se les acusa de no dar frutos adecuados de conversión y por eso se les amenaza con la llegada del día del Señor, una llegada en la que precisamente ellos tenían depositada la máxima esperanza. Se les dice que esa llegada es inminente en la persona del que tiene toda la fuerza y la autoridad de Dios para discernir los corazones.

En su identificación de Juan en los vs. 3-4, Mateo lo había presentado vestido a la usanza de Elías (ver 2 Reyes 1, 8). Para Mateo, Juan es el mensajero del día del Señor, el Elías esperado inmediatamente antes del final de los tiempos para preparar a los miembros del Pueblo de Dios a salir airosos ante la llegada del Mesías.

Comentario. Por encima de los inevitables modelos culturales y religiosos, lo significativo en el texto de hoy es la necesidad de conversión en los miembros del Pueblo de Dios. A fuerza de manida, la afirmación ni nos sorprende ni nos inquieta. Quisiera, sin embargo, indicar que la categoría y altura morales de los destinatarios de la exigencia de Juan hacen de ésta una sorpresa, en el mejor de los casos. ¿De qué tenían, en efecto, que convertirse unas personas que, como los fariseos, se caracterizaban por un estricto cumplimiento de la Ley? Hasta tal punto era ejemplar su cumplimiento que constituyeron un modelo y un reclamo moral en todo el ámbito greco-romano. Es ciertamente sorprendente exigir conversión a unas personas así.

CV/MANDAMIENTOS: Por eso mismo la conversión que se les pide tiene que ir por derroteros distintos de los de la buena conducta. No es que ésta se excluya; sencillamente se da por supuesta. Ser miembro del Pueblo de Dios presupone ser buena persona, es decir, cumplir los mandamientos. La buena conducta pertenece a los presupuestos, no a la esencia del creyente.

La conversión que se le pide a un miembro del Pueblo de Dios ahonda sus raíces en el complejo y misterioso mundo de las estructuras de la conducta. Se trata de un cambio de mentalidad y de talante; de un modo de ser, de orientarse y de estar situado diferentes a los modos al uso. La cercanía de una persona diferente como es Jesús exige también personas diferentes. Lo que no sea esto equivaldrá a tener el mundo que tenemos, pero no el Reino de los cielos.

ALBERTO BENITO  DABAR 1989/02


 

5.- Comentario. Si hemos de ser fieles a Mateo no tenemos más remedio que reconocer lo siguiente: Juan Bautista amenaza con Jesús a fariseos y saduceos. La imagen del pregonero de Isaías anunciando al pueblo la alegre noticia del final del cautiverio queda contrapesada y eclipsada por la imagen de Elías, que según los judíos tiene que retornar antes del final del presente estado de cosas para poner orden y concierto. Para Mateo, en efecto, Juan Bautista es el duro y terrible Elías, el del segundo libro de los Reyes que hace bajar fuego del cielo. Esto quiere decir que Mateo se sitúa en el final de un estado de cosas intolerable. De ahí la irrupción de Juan clamando por el cambio. ¿Qué cambio? No se nos dice. Sencillamente, se formula su necesidad: Convertíos. El grito queda así como una exigencia abierta a las mil concreciones de los oyentes-lectores.

Hay con todo un dato sugerente. Me refiero a las personas fustigadas. Todo conocedor de la historia judía sabe que fariseos y saduceos no pueden ser contertulios y compañeros de peregrinación, y sabe también que, sobre todo, los fariseos, moldean su conducta en el crisol de la Ley de Dios. ¿Qué sentido puede tener para ellos la exigencia de dar el fruto que pide la conversión? ¿Un mayor o ejemplo cumplimiento de la Ley? Pero si es así no parecen merecedoras de una interpelación tan dura como la de raza de víboras.

Casi siempre asociamos conversión y comportamiento. Y no está mal. Pero casi nunca asociamos conversión y actitud. ¿Se nos ha ocurrido pensar que en un comportamiento bueno puede darse una actitud mala? Por ejemplo, de intransigencia, de engreimiento... "Abrahán es nuestro padre" era el santo y seña común a fariseos y saduceos. De ahí que Mateo los mencione al unísono. Esa frase equivalía a esta otra: Somos el pueblo de Dios. Y tras ella podía esconderse una conciencia con alguno de los siguientes componentes: intransigencia, cerrazón, superioridad, desprecio. El duro y terrible Elías de Mateo asesta su golpe en esta conciencia, desenmascara al Pueblo de Dios en cuanto Pueblo de Dios. Y lo hace en nombre del que está para llegar. Jesús es, pues, una amenaza para el Pueblo de Dios.

A. BENITO - DABAR 1986/02


 

6.- Juan el Bautista es una figura señera que marca la espiritualidad del tiempo de Adviento. Su importancia no viene dada sólo por el hecho de ser el último y "el mayor de los profetas", sino, sobre todo, porque él es el profeta de la inminencia, el que anuncia la presencia del Señor: por este motivo Juan escapa de los tiempos antiguos y se inserta destacadamente en el NT. Los tres sinópticos coinciden en reservar una parte importante de su narración a la descripción del ministerio de Juan el Bautista.

Concretamente, el evangelio de san Mateo, hoy, hace intencionadamente hincapié en que la aparición del Bautista representa el cumplimiento de las profecías recordando Is 40, 3, en que la expresión "camino a Yavhé" queda sustituida por "camino al Señor": Jesús es la manifestación suprema de Dios entre los hombres. Nos encontramos, pues, dentro de una época nueva: la expresión inicial "por aquel tiempo" es cronológicamente poco concreta, pero suficientemente para enterarnos de que la narración evangélica no se coloca en la línea de las teorías, sino dentro de la temporalidad de los hechos de la historia. No es el hombre el que interpreta unos hechos, sino que son los hechos los que revelan el sentido de la historia que ahora empieza a narrar el evangelista.

Notemos el poder de convocatoria que tiene la predicación de Juan. Más allá de todo partidismo, los evangelistas ven y destacan el universalismo de su palabra. En torno a su persona comienza a formarse el nuevo pueblo mesiánico del cual surgirá Jesús. El contenido de la predicación, centrado especialmente en las palabras dirigidas contra los fariseos y saduceos, muestra una vez más que una realidad nueva empieza: no es suficiente la religión formalista, ni la pureza del linaje; el tiempo nuevo se debe caracterizar por una conversión fáctica, nacida del fondo del corazón del hombre. El tiempo de la "fidelidad de Dios" exige asimismo la fidelidad del hombre.

Mateo deja claro que, a pesar de la importancia de Juan, él queda sujeto y subordinado a la persona de Jesús. Sólo él es portador del Espíritu de Dios y del juicio definitivo sobre la vida de los hombres y de los pueblos.

A. R. SASTRE - MISA DOMINICAL 1977/22


 

7.- Después de hablar de la genealogía, nacimiento y narraciones de la infancia de Jesús en los capítulos 1 y 2, Mateo inicia el evangelio de la proclamación del Reino, proclamación hecha en primer lugar por Juan, luego por Jesús, y por encargo de Él, por los apóstoles. La expresión inicial "por aquel tiempo" nos indica que entramos en una nueva sección.

La proclamación de Juan consiste en decir: Convertíos que está cerca el Reino de los Cielos. Convertirse debe entenderse como un cambio radical en la vida de cada hombre; siguiendo la línea del Antiguo Testamento, consistiría en un retorno incondicional al Dios que hizo la alianza con el hombre. Mateo, siguiendo la tradición judía, evita decir el nombre de Dios, y por eso habla del "Reino de los Cielos": Dios, que reina en los cielos, se dispone a reinar también en la tierra y sobre los hombres, y por eso hay que prepararle el camino, volverse hacia El para que pueda reinar sobre cada persona.

Las características externas de Juan son las de un profeta, especialmente las de Elías (cfr. 2 R 1,8): es él quien prepara el camino para la venida del Señor. Y su predicación tiene una respuesta verdaderamente popular: "de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán". Para poder aceptar el reinado de Dios es necesaria una purificación interior, que se expresa por medio del bautismo (el baño de inmersión dentro del agua) y que debe manifestarse en frutos ("dad el fruto que os pide la conversión") que vayan estrechamente unidos con el deseo y el signo de la conversión. Para Juan, la llegada del que "puede más que él" supone también el juicio: todo el que no haya dado frutos de conversión será excluido del reinado de Dios por este juicio que está ya aquí mismo. Será el propio Mesías quien haga este juicio: con la imagen de aventar el trigo en la era, se indica la función purificadora y separadora que va a ejercer.

El bautismo mesiánico tendrá también esta característica: será una purificación hecha por medio del fuego del Espíritu Santo. El bautismo de Juan no es más que una purificación para prepararse a recibir el del Mesías, que consistirá en una donación del Espíritu. De ahí que este bautismo del Espíritu no lo dé Juan, sino el que viene después de él, a quien llama "el Poderoso", "el Fuerte", refiriéndose a unos de los nombres que en el Antiguo Testamento se dan a Dios: "Dios grande, fuerte, Yavhé de los ejércitos es su nombre" (Is 32,18). Ante El, Juan se sitúa en una postura como la que el esclavo tenía para con su señor.

Con Jesús el pueblo será bautizado por el Espíritu, es decir, será sumergido en esta fuerza de vida y de santidad de Dios que es su Espíritu.

J. ROCA - MISA DOMINICAL 1980/23


 

DOMINGO 2 DE ADVIENTO

Juan, un profeta recio y de voz potente

Iniciamos la segunda semana de Adviento, todavía con la mirada puesta en el horizonte escatológico, el final de los tiempos. Los prefacios 1 y 111 nos orientan en esa dirección.

En este domingo escuchamos, no sólo a Isaías, sino ahora también a Juan, el Bautista, personaje importante en los cuatro evangelios, como profeta recio, consecuente, que sabe estar en su sitio de precursor del Mesías y que hace oír su voz en el desierto de Judá, más allá del Jordán, preparando los caminos del Señor. Juan morirá mártir, porque su voz de denuncia estorbaba a los poderosos de la época.

 

Isaías 11, 1-10. Juzgará a los pobres con justicia

Sigue Isaías con su tono poético y hasta idílico. Con comparaciones toma­das de la vida rural, que, aunque no conozcamos muy de cerca, podemos entender todos, el profeta anuncia que del tronco viejo, ya casi seco, de Jesé -el padre de David, y por tanto, símbolo de la dinastía principal de Israel- brotará un renuevo, un vástago verde, como prueba de que sigue viva la historia del pueblo elegido, a pesar de sus actuales circunstancias calamitosas en el destierro.

A ese vástago, que pronto los israelitas identificaron con el futuro Mesías, le llenará de sus dones el Espíritu. Sobre todo, será un juez justo y traerá la paz a la nación. Esta paz la describe expresivamente Isaías con la imagen de un lobo pastando junto con un cordero, y una vaca con un oso, y unos niños jugando tranquilamente con las serpientes. Y la ciencia del Señor inundará a su pueblo, que se convertirá también en señal de salvación para otros pueblos.

El salmo parece como el programa de gobierno de un rey justo, que procura a su pueblo la rectitud y la justicia, que consigue para todos la paz y que, sobre todo, se cuidará de los pobres y afligidos.

Romanos 15, 4-9. Cristo salva a todos los hombres

Como el domingo pasado, la 2a lectura es de la carta a los Romanos, en su apartado exhortativo final, donde Pablo invita a sus lectores a mantener la esperanza con paciencia, acogiendo el consuelo que proviene de Dios.

Pero, además, les exhorta vivamente a que estén de acuerdo entre ellos, como buenos cristianos, a que se acojan mutuamente como Cristo nos ha acogido a todos: a los judíos y a los paganos.

Mateo 3, 1-12. Convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos

Después de los capítulos que Mateo dedica a la infancia de Jesús, habla por primera vez de Juan el Bautista, que proclama valientemente el mensaje que Dios le encomienda: "convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos". A todos les exhorta a preparar los caminos al Señor que viene a bautizar, no en agua, como él, sino en Espíritu y fuego. En efecto, muchas personas oyen su voz y se dejan bautizar por él, confesando sus pecados. Lo que come Juan, según el evangelio de hoy, saltamontes y miel silvestre, era algo común en las gentes sencillas que viven en el campo.

Pero increpa duramente -como hará más tarde Jesús- a los fariseos y otros dirigentes de la sociedad, reprochándoles que, fiados en su pertenencia a Abrahán según la raza, no dan los frutos que Dios pide de ellos. Por eso van a caer en el juicio que se avecina, porque -otra comparación de la vida del campo- el hacha ya está preparada para talar los árboles inútiles.

Convertíos, porque está cerca el Reino

El mensaje del Adviento, con la cercanía de la Navidad, la fiesta del Dios­ con-nosotros, es fundamentalmente mensaje de alegría y esperanza. Pero no hay nada más exigente que el amor y la fiesta. Por eso escuchamos hoy llamadas claras a una seria preparación.

La llamada del Bautista no era sólo para sus contemporáneos que le escu­chaban. Su voz nos alcanza hoy a nosotros. Y es siempre actual su mensaje: "convertíos, porque está cerca del Reino de los Cielos". Haciendo suyas las palabras que ya había proclamado Isaías, Juan nos urge a que preparemos y allanemos los caminos del Señor.

La conversión no significa algo superficial, unas prácticas más o menos clásicas de oración o de ayuno. La palabra correspondiente en griego es "metánoia", que significa "cambio de mentalidad". Para convertirnos, no hace falta que seamos grandes pecadores. A todos nosotros, desde nuestra existencia concreta, que puede ser sencillamente de pereza, tibieza o dejadez, se nos pide que en vísperas de la Navidad, nos convirtamos, que reorientemos nuestra vida, para poder celebrar bien la venida del Señor.

Juan bautizaba "en agua", y el agua es un buen símbolo de purificación y limpieza. Pero anunció que venía otro detrás que convocaría a un bautismo "en Espíritu y fuego". El Espíritu, como viento recio de Dios, penetra en lo más profundo. Y el fuego no sólo purifica: lo hace quemando lo que está mal. Quiere producir un cambio profundo en nuestra vida.

Se trata, no de decir palabras bonitas, sino de dar frutos, de hacer las obras de Dios. Los fariseos tenían palabras muy bonitas. Eran cumplidores, no faltaban a ninguna de las leyes. Pero no eran verdaderos hijos de Abrahán, no imitaban su fe y su obediencia al plan de Dios. Como diría más tarde Jesús, no se salva quien dice "Señor, Señor", sino "el que cumple la volun­tad de Dios".

Los fariseos, y nosotros también si les imitamos, eran árboles secos, que no daban frutos, y por eso iban a ser cortados por el hacha que ya estaba preparada. Tampoco nosotros podemos quedar tranquilos, fiados falsamente en nuestra condición de cristianos, o de "personas buenas": tenemos que imitar en nuestras vidas el estilo de actuación de Cristo Jesús.

 

La acogida mutua, signo de un buen Adviento

Entre lo que podríamos llamar "las obras del Adviento" que hoy nos propone la Palabra, como signos de nuestra conversión, está, ante todo, la alabanza a Dios: "para que unánimes alabéis al Dios y Padre de Nuestro Señor Jesu­cristo" (Pablo).

Pero también hay una dirección horizontal: la paz, la acogida mutua, la práctica de la justicia. En este Adviento y en esta Navidad tendríamos que crecer en paz, en armonía, en convivencia humana y cristiana. Para que se cumpla este año mejor que el pasado lo que hemos dicho en el salmo: "que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente".

¿Es posible que el lobo y el cordero sean amigos? Pues Isaías nos lo propone como modelo de lo que debería pasar en los "tiempos mesiánicos", en los que nosotros ya estamos. Unos animales domésticos que pacen tranquila­mente con otros animales salvajes. Detrás de la metáfora, que no es difícil de entender, podemos pensar nosotros que será buen Adviento el de este año si entre nosotros progresa esta convivencia pacífica entre los miembros de una misma familia, o entre los jóvenes y los mayores, o entre los ricos y los pobres, o entre los obreros y los empresarios, o entre personas de diversa raza y religión... Se puede resumir el idílico cuadro del profeta con su afirmación de que "nadie hará daño a nadie".

Pablo, hablando ya más directamente de la vida de una comunidad cristiana, también nos urge a la acogida mutua. El modelo que nos propone es muy significativo: "acogeos mutuamente como Cristo os acogió para gloria de Dios... Cristo se hizo servidor de los judíos... y acoge a los gentiles". También nosotros tendríamos que admitir en nuestra buena voluntad a los de carácter diferente, a los que no nos resultan naturalmente simpáticos. Una de las señales más creíbles de que el plan de Dios sigue adelante es si sabemos ser este año un poco más abiertos a los demás, sobre todo a los inmigrantes y a los pobres y a los que más lo necesitan, empezando por nuestra propia familia.

Invitación a seguir soñando

Parece inalcanzable el listón que nos ofrecen las lecturas bíblicas. ¿Es posible que de un tronco seco brote un renuevo vigoroso? Y sin embargo, el profeta nos lo anuncia como factible, como el programa que persigue Dios. Parece como si Isaías soñara con la vuelta al paraíso terrenal del Génesis.

¿Es posible mantener la esperanza en el mundo de hoy? Y sin embargo Pablo nos dice que las Escrituras se han escrito para que "entre nuestra paciencia y el consuelo que viene de Dios mantengamos la esperanza".

Hay un salmo, el 125, que nos hace decir que "cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca senos llenaba de risas...". También nosotros podemos pensar que la Iglesia no tiene remedio, y que la juventud no acabará de entrar en los valores cristianos, y que la humanidad va a la ruina. Pero ¿qué derecho tenemos a perder los ánimos, si no los pierde Dios? ¿quiénes somos nosotros para desesperar de esta nuestra generación o de la juventud o de la Iglesia?

El Adviento no es una ficción: ese sería el caso si esperáramos un aconteci­miento que ya pasó. Lo que esperamos es que lo que empezó en Belén siga adelante, madure y crezca.

 

¡Venga a nosotros tu Reino!

Tenemos que entrar en la dinámica del Adviento. No esperamos sólo la Navi­dad. No esperamos como inminente el fin del mundo. Lo que sí esperamos, y trabajamos para conseguirlo, es que el Reino venga de veras a nosotros, a nuestra existencia personal y comunitaria.

Por eso repetimos en el Padrenuestro, que nos enseñó Jesús, la petición "venga a nosotros tu Reino".

El Reino ya vino. Ya está presente y vendrá al final de los tiempos en ple­nitud. Pero, mientras tanto, tiene que ir entrando en nuestra vida. Porque nunca lo acabamos de admitir en nosotros y abrirle nuestras puertas. Está en la Iglesia y en la Eucaristía y en la Palabra. Pero está también en las per­sonas y los acontecimientos: porque Dios se nos manifiesta -si lo queremos reconocer- de mil maneras en nuestra vida de cada día.

El Adviento es una postura dinámica, activa. Le pedimos a Dios, en la oración colecta, que no permita que nos distraiga de nuestro camino ninguna tentación de las que nos salen al paso: "que cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo...". En la poscomunión le pedimos que la Eucaristía que celebramos nos ayude a recentrar continuamente nuestro camino con discernimiento y lucidez para ver dónde están los verdaderos valores: "por la comunión de tu sacramento, nos des sabiduría para sopesar los bienes de la tierra amando intensamente los del cielo".

José Aldazabal, Domingo ciclo A


 

PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO II DE ADVIENTO CICLO A

 

01.- UN PUEBLO QUE CAMINA POR EL MUNDO (J.A. Espinoza)

UN PUEBLO QUE CAMINA POR EL MUNDO

GRITANDO: VEN SEÑOR,

UN PUEBLO QUE BUSCA EN ESTA VIDA

LA GRAN LIBERACIÓN.

 

1.- Los pobres siempre esperan el amanecer

de un día más justo y sin opresión.

Los pobres hemos puesto la esperanza en ti,

Libertador.

 

2.- Salvaste nuestra vida de la esclavitud,

esclavos de la ley sirviendo en el temor.

Nosotros hemos puesto la esperanza en ti,

Dios del amor.

 

3. - El mundo por la guerra sangra sin razón,

familias destrozadas buscan un hogar.

El mundo tiene puesto su esperanza en ti,

Dios de la paz.

 

02.-OH JERUSALEN (J.Pedro Martins)

Sol Re7 Sol lam

Oh Jerusalén, elegida del Señor

 Re7 Sol

resplandece de alegría mim Re7 Sol

porque llega el Salvador.

 

Sol mim

Ven Jesús, no tardes más,

 lam Re7

te esperamos, ven Señor,

 mim lam

eres luz en nuestras vidas,

 La7 Re7

muéstranos tu eterno amor.

 

Sol mim

Ven Señor, ven oh Mesías,

 lam Re7

te espera la humanidad

 mim lam

y tu eterna luz derrama,

 La7 Re7

pon en nuestro mundo paz.

 

Sol mim

Muestra tu eterna bondad,

 lam Re7

Oh Dios, nuestro Salvador,

 mim lam

venga tu Reino a nosotros,

 La7 Re7.

 

03.- CANTA JERUSALEN (Grupo Kairoi)

CANTA, JERUSALÉN.

CANTA, JERUSALÉN.

CANTA, JERUSALÉN.

 

eres pueblo santo escogido

por la gracia del señor.

Juntos caminamos en la fe

que nos conduce a nuestro Dios.

 

Eres tú la tierra que promete

a los hombres el Señor.

Eres la promesa de los siglos

donde nace el Salvador.

 

Vives en confianza esperando

que algún día sea mejor.

Pero tu esperanza se sostiene

en el Cristo Redentor.

 

Vives la alegría de la vida

si contigo va el Señor.

Sufres en tu cuerpo,

y en tu alma está escrito el amor.

 

04.- VAMOS A PREPARAR EL CAMINO (Carmelo Erdozain)

VAMOS A PREPARAR EL CAMINO DEL SEÑOR,

VAMOS A CONSTRUIR LA CIUDAD DE NUESTRO DIOS.

VENDRÁ EL SEÑOR CON LA AURORA,

ÉL BRILLARÁ EN LA MAÑANA,

PREGONARÁ LA VERDAD.

VENDRÁ EL SEÑOR CON SU FUERZA,

ÉL ROMPERÁ LAS CADENAS,

ÉL NOS DARÁ LA LIBERTAD.

1.- Él estará a nuestro lado,

Él guiará nuestros pasos,

ÉL NOS DARÁ LA SALVACIÓN.

 

Nos limpiará del pecado,

ya no seremos esclavos,

ÉL NOS DARÁ LA LIBERTAD.

 

2. - Visitará nuestras casas,

nos llenará de esperanzas,

ÉL NOS DARÁ LA SALVACIÓN.

 

Compartirá nuestros cantos,

todos seremos hermanos,

ÉL NOS DARÁ LA LIBERTAD.

 

3.- Caminará con nosotros,

nunca estaremos ya solos,

ÉL NOS DARÁ LA SALVACIÓN.

 

Él cumplirá la promesa,

y llevará nuestras penas,

ÉL NOS DARÁ LA LIBERTA

 

05.- EL MUNDO TE ESPERA (Gregorio Fernández)

VEN, SEÑOR, NO TARDES MÁS

VEN, SEÑOR, EL MUNDO TE ESPERA

VEN, SEÑOR, NO TARDES MÁS

QUE SIN TI NO HAY SALVACIÓN.

 

1.- Sobre la Tierra se oyó

una voz de promesa,

un nuevo tallo dará

la raíz de Jesé.

 

Sobre la Tierra se oyó

una voz de esperanza:

el “hágase” de la Virgen,

milagro de fe.

 

2.- Hacia tu encuentro vendrán

los humildes y pobres,

hacia tu encuentro vendrán

los que anhelan la paz.

 

Hacia tu encuentro vendrán

los que buscan tu Reino,

los que han sabido sufrir

por lograr libertad.

 

3.- Hoy más que nunca Señor,

necesito consuelo,

hoy más que nunca Señor,

necesito perdón.

 

Hoy más que nunca Señor,

necesito alegría,

hoy más que nunca Señor,

necesito tu amor.

 

06.- ESTE PAN Y VINO (Carmelo Erdozain)

Este pan y vino, Señor

Se transformarán

En tu cuerpo y sangre, Señor

En nuestro manjar. (bis)

 

Gracias al sol y al labrador

En el altar florecen hoy

Las espigas, los racimos

Que presentamos a Dios.

 

Este pan y vino, Señor

Se transformarán

En tu cuerpo y sangre, Señor

En nuestro manjar

 

Lo que sembré con mi dolor

Lo que pedí en mi oración

Hoy son frutos, son ofrendas

Que presentamos a Dios

 

Este pan y vino, Señor

Se transformarán

En tu cuerpo y sangre, Señor

En nuestro manjar

 

07.- VAMOS A PREPARAR LOS CAMINOS

VAMOS A PREPARAR EL CAMINO DEL SEÑOR,

VAMOS A CONSTRUIR LA CIUDAD DE NUESTRO DIOS.

VENDRÁ EL SEÑOR CON LA AURORA,

ÉL BRILLARÁ EN LA MAÑANA,

PREGONARÁ LA VERDAD.

 

VENDRÁ EL SEÑOR CON SU FUERZA,

ÉL ROMPERÁ LAS CADENAS,

ÉL NOS DARÁ LA LIBERTAD.

 

1.- Él estará a nuestro lado,

Él guiará nuestros pasos,

ÉL NOS DARÁ LA SALVACIÓN.

 

Nos limpiará del pecado,

ya no seremos esclavos,

ÉL NOS DARÁ LA LIBERTAD.

 

2.- Visitará nuestras casas,

nos llenará de esperanzas,

ÉL NOS DARÁ LA SALVACIÓN.

 

Compartirá nuestros cantos,

todos seremos hermanos,

ÉL NOS DARÁ LA LIBERTAD.

 

3.- Caminará con nosotros,

nunca estaremos ya solos,

ÉL NOS DARÁ LA SALVACIÓN.

 

Él cumplirá la promesa,

y llevará nuestras penas,

ÉL NOS DARÁ LA LIBERTAD.

 

08.- ALLANAD LOS CAMINOS (Brotes de Olivo)

Allanad, allanad los caminos

que viene el Señor.

Pasará, pasará por tu lado

sediento de amor. (bis)

 

Él camina con vosotros no le conocéis.

Te acompaña en tu camino vives tú con Él.

 

Es el pobre que se acerca

buscando tu comprensión.

Es el triste que deambula

sediento de paz y amor.

 

Tú has de ser quien pondrá

la sonrisa en su corazón

sembrarás una flor

en su campo falto de Dios. (2)

 

Caminad, caminad los senderos

que marca el Señor.

Y quitad, y quitad las espinas

de su corazón.

 

Él te busca, Él te llama quiere tu lealtad.

Entre rejas, en las guerras esperando está.

 

Vive enfermo en las cabañas

con hambre de luz y pan.

Es el rico de dinero

que harto de todo está.

 

Allanad y quitad

los pedriscos que hay al andar.

Descansadle los pies

al descalzo que andando va. (2).

 

09.- ARRIESGATE

TODOS UNIDOS EN LA VIDA.

VAMOS BUSCANDO UN HORIZONTE,

ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE, HAY ALGO MÁS,

ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE SIN VACILAR.

 

Ningún camino es largo

para el que cree,

ningún esfuerzo es grande

para el que ama,

ninguna cruz vacía

para el que lucha.

 

TODOS UNIDOS EN LA VIDA.

VAMOS BUSCANDO UN HORIZONTE,

ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE, HAY ALGO MÁS,

ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE SIN VACILAR.

 

Cambiemos las promesas

en realidades,

luchemos como hermanos

por la justicia,

sembremos hoy la aurora

de un nuevo día.

 

TODOS UNIDOS EN LA VIDA.

VAMOS BUSCANDO UN HORIZONTE,

ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE, HAY ALGO MÁS,

ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE SIN VACILAR.

 

El pan que trabajamos

con nuestras manos,

el cáliz que llevamos

con alegría,

traerán la primavera

a nuestras vidas.

 

TODOS UNIDOS EN LA VIDA

VAMOS BUSCANDO UN HORIZONTE,

ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE, HAY ALGO MÁS,

ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE, ARRIÉSGATE SIN VACILAR.

 

10.- VEN SALVADOR (Carmelo Erdozain)

VEN, SALVADOR, VEN SIN TARDAR:

DANOS TU GRACIA Y TU PAZ.

VEN, SALVADOR, VEN SIN TARDAR:

DANOS TU FUERZA Y VERDAD.

 

1.- Nos diste tu palabra,

es firme nuestra espera,

iremos tras tus huellas,

sabemos que vendrás.

VEN, VEN, SEÑOR JESÚS.

 

2.- Los hombres de mi pueblo

esperan que Tú vengas,

que se abran horizontes

por donde caminar.

VEN, VEN, SEÑOR JESÚS.

 

3.- Vendrás con los que luchan

por una tierra nueva,

vendrás con los que cantan

justicia y hermandad.

VEN, VEN, SEÑOR JESÚS.

 

11.- MADRE NUESTRA (Francisco Palazón)

MADRE NUESTRA QUE EN MEDIO DE LA NOCHE

DISTE AL MUNDO LA LUZ DEL REDENTOR

DANOS HOY OTRA VEZ AL ESPERADO

QUE ANDAMOS COMO OVEJAS SIN PASTOR

 

1.- Aquel a quien adoran el sol y las estrellas

el que viste las flores y amansa el fiero mar

El Dios que a todos ama con toda su grandeza

al seno de una virgen bajó para habitar

 

2.- María se llamaba mujer era del pueblo

y cerrando los ojos un SÍ rotundo dio

en esa hermana nuestra el que hizo tierra y cielos

El Dios omnipotente un día se encarnó

 

12.-  VIRGEN DE ADVIENTO (Antonio Alcalde)

VIRGEN DEL ADVIENTO,

ESPERANZA NUESTRA;

DE JESÚS LA AURORA,

DEL CIELO LA PUERTA.

 

1.- Madre de los hombres,

de la mar estrella;

llévanos a Cristo,

danos sus promesas.

 

2.- Eres Virgen Madre,

la de gracia llena;

del Señor la esclava,

del mundo la Reina.

 

3.- Alza nuestros ojos,

hacia tu belleza;

guía nuestros pasos,

a la vida eterna.