jueves, 11 de diciembre de 2025

LECTURAS Y COMENTARIOS III DOMINGO ADVIENTO CICLO A - 14 DICIEMBRE 2025

 

¿ERES TÚ EL QUE HA DE VENIR O TENEMOS QUE ESPERAR A OTRO?.

 
COMENTARIO.

 

En este domingo la Liturgia nos vuelvas a presentar la imagen de Juan el Bautista, pero en relación con Jesús.

Un visionario judío llamado Isaías dijo una vez lo siguiente: En aquel día oirán los sordos las palabras del libro y, libres de las tinieblas y la oscuridad, los ojos de los ciegos verán. Así imaginaba él lo que nosotros denominamos utopía y que él denominaba día de Yahvé. Siglos más tarde, un judío llamado Mateo cayó en la cuenta de que esto era precisamente lo que había sucedido en torno a Jesús. Es entonces cuando tiene la osadía de escribir lo que hoy hemos leído y escuchado.

Así pues, Juan, el gran profeta, estando en la cárcel, entró en crisis, como si también se pusiera nervioso. ¿Qué pasa con el Mesías? ¿Será el que yo bauticé en el Jordán? Pero no parece dar señales. Todo sigue igual. No hay manifestaciones gloriosas, ni castigos ejemplares. Ni siquiera mueve un dedo para sacarme de la cárcel.

La respuesta de Jesús es convincente. Le explica las señales del Reino, como anunciaron los profetas. Ya han empezado a cumplirse. Pero de otra manera a como espera Juan: el Reino es una semilla pequeña, un fermento escondido. El Mesías actúa desde dentro.  Esta respuesta fue un rayo de luz en la noche de Juan. Él estaba acostumbrado a interpretar los signos desde el seno de su madre o en el Jordán. Sentía enseguida la presencia de lo divino. Jesús hará de él cumplido elogio. Y lo mejor que hizo fue callar a tiempo, para que hablara la Palabra.

Y no extrañarse que también nosotros podamos dudar sobre la presencia de Dios en nuestra vida o de Cristo en la Iglesia. Habrá que orar, dialogar y estar atentos a los signos.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTIFONA DE ENTRADA Flp 4, 4-5

Alégrense siempre en el Señor, se lo repito, alégrense. El Señor está cerca.

 

 ORACION COLECTA

Oh, Dios, que contemplas cómo tu pueblo espera con fidelidad la fiesta del nacimiento del Señor, concédenos llegar a la alegría de tan gran acontecimiento de salvación y celebrarlo siempre con solemnidad y júbilo desbordante. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 35, 1-6a.10

El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá, germinará y florecerá como flor de narciso, festejará con gozo y cantos de júbilo. Le ha sido dada la gloria del Libano, el esplendor del Carmelo y del Sarón, Contemplarán la gloria del Señor, la majestad de nuestro Dios, Fortalezcan las manos débiles, afiancen las rodillas vacilantes, digan a los inquietos: Sean fuertes, no teman. He aquí su Dios! Llega el desquite, la retribución de Dios. Viene en persona y los salvarás. Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán; entonces saltará el cojo como un ciervo. Retornan los rescatados del Señor. Llegarán a Sion con cantos de júbilo: alegría sin límite en sus rostros. Los dominan el gozo y la alegría. Quedan atrás la pena y la aflicción.

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 145, 6-10)

 

Ven, Señor, a salvarnos.

 

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. R.

 

El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos. El Señor guarda a los peregrinos. R.

 

Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sion, de edad en edad. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol Santiago 5,7-10

Hermanos: esperen con paciencia hasta la venida del Señor. Miren: el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía. Esperen también con paciencia también ustedes, y fortalezcan sus corazones, porque la venida del Señor está cerca. Hermanos, no se quejen los unos de los otros, para que no sean condenados; miren: el juez está ya a las puertas. Hermanos, tomen como modelo de resistencia y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Is 61, 1

Aleluya. El Espíritu del Señor está sobre mí: me ha enviado a evangelizar a los pobres. Aleluya.


 EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11,2-11

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?», Jesús les respondió: Vayan a anunciar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!». Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: ¿Qué salieron a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salieron a ver, un hombre vestido con lujo? Miren, los que visten con lujo habitan en los palacios. ¿Entonces, ja qué salieron?, ¿a ver a un profeta? Sí, les digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: "Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti". En verdad les digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él».

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Con alegría y esperanza, presentemos al Señor nuestras súplicas, porque Él está cerca.

 

1. Por la Iglesia, para que sea testigo del gozo del Evangelio y fortalezca en el mundo la esperanza de la venida del Señor. Roguemos al Señor.

 

2. Por el Papa León y por los obispos, para que animen al pueblo de Dios a vivir con serenidad y fe en medio de las pruebas. Roguemos al Señor.

 

3. Por los pueblos que sufren violencia, injusticia o pobreza, para que el Señor que viene traiga consuelo y paz. Roguemos al Señor.

 

4. Por nuestra comunidad, para que la espera del Señor nos encuentre unidos, alegres y firmes en la esperanza. Roguemos al Señor.

 

Padre de bondad, escucha nuestras súplicas y llena de tu alegría a los que esperan tu venida. Por Cristo nuestro Señor.

 

 ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Haz, Señor, que te ofrezcamos siempre este sacrificio como expresión de nuestra propia entrega, para que se realice el santo sacramento que tú instituiste y se lleve a cabo en nosotros eficaz-mente la obra de tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 ANTIFONA DE COMUNION Is 35, 4

Digan a los cobardes de corazón: sean fuertes, no teman. He aquí nuestro Dios que viene y nos salvará.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Imploramos tu misericordia, Señor, para que este divino alimento que hemos recibido nos purifique del pecado y nos prepare a las fiestas que se acercan. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

 

Lunes 15: Nm 24, 2-7.15-17ª; Sal 24, 4-5ab.6-7bc.8-9; Mt 21, 23-27

Martes 16: So 3, 1-2.9-13; Sal 33, 2-3. 6-7. 17-18. 19 y 23; Mt 21, 28-32

Miércoles 17: Gn 49, 2.8-10; Sal 71, 1-2. 3-4ab. 7-8.17; Mt 1, 1-17

Jueves 18: Jr 23, 5-8; Sal 71, 1-2. 12-13. 18-19; Mt 1, 18-24

Viernes 19: Jc 13, 2-7.24-25ª; Sal 70, 3-4ª. 5-6ab.16-17; Lc 1, 5-25

Sábado 20: Is 7, 10-14; Sal 23, 1-2. 3-4ab.5-6; Lc 1, 26-38

Domingo 21: Is 7, 10-14; Sal 23; Rm 1, 1-7; Mt 1, 18-24


COMENTARIOS AL EVANGELIO

Mt 11, 2-11

Paralelo: Lc 7, 18-28

 

1. - JBTA/DUDAS FE/ESCANDALO

Juan el Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando un "bautismo de penitencia para la remisión de los pecados". Fue un predicador penitencial. Esto ya lo sabe el lector del evangelio. Pero la razón última de su misión estaba en anunciar "al que había de venir", el que era más fuerte que él y a quien él no era digno de desatar la correa de su sandalia. Juan había tenido ya algún contacto con Jesús. Más aún, según el cuarto evangelio, le había presentado oficialmente como "el cordero de Dios que quita el pecado del mundo". No obstante, en la misma mentalidad de Juan, ¿hasta qué punto realizaba Jesús aquello que los judíos esperaban del Mesías? La actividad de Jesús ¿se identificaba con la figura del Mesías tal como el Bautista se lo imaginaba? Hay razones serias para dudarlo y una de ellas la tenemos en la embajada que, desde la prisión, hace llegar a Jesús a través de sus discípulos.

¿Eres el que había de venir? Para nosotros, la expresión indica evidentemente la culminación de todas las esperanzas en la persona del Mesías. Se había convertido en frase técnica para describir el tiempo mesiánico y designaría o bien "el profeta" que había de venir (Deut 18, 15) o al Mesías en persona. Los judíos no habían vinculado a esta expresión un significado tan denso, aunque la idea de su venida "en el nombre del Señor" era una convicción generalizada.

Jesús, en su respuesta, se limita a citar la Escritura (Is 35, 5-6; 61, 1). Una respuesta excesivamente concentrada y que nosotros explicitaríamos así: todas estas cosas estaban anunciadas en el Antiguo Testamento para los días del Mesías; todas estas cosas están siendo realizadas por Jesús; luego, han llegado los días mesiánicos en la persona de Jesús.

Efectivamente, él es el que había de venir. Es la conclusión lógica que debía deducir el Bautista.

Por si el texto no tuviese la suficiente claridad Jesús añade: dichoso aquél que no se escandalice de mí. ¿Por qué? Probablemente por el contraste entre lo que se esperaba -mucho más en la línea del sensacionalismo- y lo que veían realizándose en su persona. La advertencia de Jesús está en la línea de la identificación entre su persona y su palabra. La palabra de Jesús no puede separarse de su persona ni la persona de su palabra. Por algo es la Palabra (Jn 1, 1). Sólo quien comprende su palabra comprenderá su persona y viceversa. Quien no lo entiende así, permanecerá a oscuras ante el misterio de la persona de Jesús. La razón de escandalizarse de él está en su humildad. ¿Es éste el camino hacia Dios?, ¿un camino de sufrimiento y de cruz? El mismo Pedro se escandalizó y, con su escándalo, escandalizó a Jesús (/Mc/08/31ss). El mismo escándalo ante el que sucumbieron sus paisanos de Nazaret (Mc 6,3) y sus mismos discípulos ante la pasión (Mc 14, 27); el escándalo de la cruz del que nos habla San Pablo (1 Cor 1, 23; Gál 5,1). Terminada su respuesta, Jesús hace la presentación del Bautista.

Cuantos salieron al desierto atraídos por su predicación no vieron en él una caña agitada por el viento, es decir, Juan no era de esas personas que se doblegan fácilmente ante amenazas o promesas. Era un hombre íntegro e inflexible ante el mal. El caso de Herodes Antipas lo pone bien de manifiesto (14, 1ss). Tampoco se presentó Juan como una figura celeste con atuendo regio al estilo de lo que esperaban los judíos para cuando llegasen los días mesiánicos. Juan era un profeta. Pero un profeta singular.

Era el mensajero, el heraldo que había de venir a anunciar la presencia del Mesías y a preparar sus caminos (Mal 3, 1). Era el precursor del Mesías. Todo esto quería decir que, efectivamente, había llegado el que tenía que venir. Que había sido inaugurada la era mesiánica, el mundo nuevo creado por Dios por su última y definitiva intervención en la historia.

Juan era el precursor del que había de venir. En ser precursor estaba su grandeza y su pequeñez. ¿Cómo explicar que el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que Juan? Por supuesto, que no desde la categoría personal de cada uno. Aquí se nos está diciendo que el reino de Dios pertenece a un nivel distinto al nuestro. Para pertenecer a él, a ese mundo nuevo, el nuevo eón, es necesaria una nueva intervención de Dios en el hombre, un nuevo nacimiento (Jn 3. 3ss). Esto nadie, ni el más grande de los hombres -como nos es descrito Juan-, puede lograrlo por sí mismo. Sin embargo, el más pequeño e insignificante a los ojos humanos, en quien se haya realizado este nuevo nacimiento, esta nueva existencia, es mayor que la personalidad más destacada -como era la de Juan.

COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT - EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 998


 

2.- Este Evangelio se compone de dos partes muy distintas: el relato de la embajada de los discípulos de Juan Bautista (vv. 2-6) y el elogio de este último por el mismo Cristo (vv.7-10).

a) La embajada de los discípulos del Bautista lleva el encargo de investigar si Cristo es realmente "el que tiene que venir". Hay que comprender esta última expresión en el sentido que le da Juan Bautista. Está tomada de Is 40, 10 (pasaje que el Precursor conoce bien, puesto que cita ya el v. 3 en Mt 3, 3), en donde la venida del Mesías va acompañada de fuerza y de violencia. Ahora bien, para Juan Bautista no hay lugar a duda de que el Mesías que él anuncia será particularmente violento (Mt 3, 11). El Mesías, en efecto, debe hacer su aparición dentro del aparato terrible de un día de Yahvé.

Pues bien, Cristo desmiente esa espera poniendo de relieve que sus obras mesiánicas están todas ellas hechas de dulzura y de salvación: en lugar de juzgar y de condenar, cura y libera.

Aunque, por otro lado, en todo eso no hay nada que no esté previsto por la Escrituras y esté en conformidad igualmente con la esperanza mesiánica (cf. Is 61, 1; 35, 5-8). Pero hay dos conceptos opuestos del mesianismo que en aquella época se repartían al pueblo elegido: los unos esperaban los últimos tiempos como tiempos de poder y de violencia; los otros, como tiempos de liberación y de felicidad. Oponiéndose a los discípulos de Juan, Cristo revela un estilo de vida que constituye un problema para ellos y que no dejará de producir escándalo hasta tanto no se penetre en el misterio del Hombre-Dios sobre la cruz. Eso es precisamente el alcance del v. 6 (cf. Mt 13, 54-57; 16, 20-23; 26, 31-33, y , sobre todo, 1 Cor 1, 17; 2, 5). Si se produce el escándalo a causa de Cristo, aun comprendiendo que da cumplimiento a tal o cual profecía, es porque en El se ha producido algo inesperado, algo que ninguna profecía podía prever: el misterio del Hombre-Dios.

b) Ni el mismo Juan Bautista ha podido prever este aspecto inesperado de la personalidad de Cristo. Y precisamente Jesús consagra su elogio del Precursor a demostrarlo.

Para preparar a su auditorio a la idea de que el Bautista es un profeta, Jesús utiliza una serie de imágenes: el contraste entre gentes bien vestidas y el hombre vestido de pelos de camello (Mt 3, 4; 2 Re 1-8), entre el profeta que no tiembla y la caña frágil (Jer 1, 17-19). Juan es incluso más que un profeta: es el mayor de los profetas: citando Mal 3,1 y Ex 23, 20, Jesús define, en efecto, la misión del precursor como la de un servidor que conduce al pueblo de Dios hacia la tierra tanto tiempo prometida. Y, sin embargo (v. 11), Juan es el personaje más pequeño del reino. Esta observación es capital para la comprensión del verdadero alcance del Evangelio. Juan es el mayor del Antiguo Testamento, pero, en cuanto tal, se mueve aún dentro de una interpretación demasiado humana y demasiado específicamente judía de las profecías. Por eso es el más pequeño en el reino: le falta, en efecto, la inteligencia del estilo absolutamente inesperado que Cristo introduce con su existencia de Hombre-Dios.

Las dos partes del Evangelio, por tanto, se complementan: no basta con comprender que Cristo y su Precursor dan cumplimiento a las Escrituras, ni con definirlas partiendo de las profecías antiguas. Y se es el más pequeño en el Reino cuando uno se detiene ahí, sin llegar a penetrar en el misterio de la personalidad de Cristo. Este no es tan solo el final de una cadena de pobres espirituales, de la que Juan sería el penúltimo eslabón (vv. 8-9); Jesús es "ontológicamente" pobre por su obediencia humana y divina al Padre, y su pobreza hasta la cruz no es más que la repercusión terrestre de su situación eterna de absoluta dependencia de Hijo respecto al Padre.

Después de Cristo, los hombres pueden alcanzar esa pobreza de los hijos de Dios merced a su dependencia del Padre, y la Eucaristía que celebran, proponiéndoles que se dejen guiar por la iniciativa del Padre, les capacita para esa aventura.

MAERTENS-FRISQUE
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA I - MAROVA MADRID 1969.Pág. 111


 

3.- Juan, el gran profeta, estando en la cárcel, entró en crisis, como si también se pusiera nervioso. ¿Qué pasa con el Mesías? ¿Será el que yo bauticé en el Jordán? Pero no parece dar señales. Todo sigue igual. No hay manifestaciones gloriosas, ni castigos ejemplares. Ni siquiera mueve un dedo para sacarme de la cárcel.

La respuesta de Jesús es convincente. Le explica las señales del Reino, como anunciaron los profetas. Ya han empezado a cumplirse. Pero de otra manera a como espera Juan: el Reino es una semilla pequeña, un fermento escondido. El Mesías actúa desde dentro.

Esta respuesta fue un rayo de luz en la noche de Juan. El estaba acostumbrado a interpretar los signos desde el seno de su madre o en el Jordán. Sentía enseguida la presencia de lo divino. Jesús hará de él cumplido elogio. Y lo mejor que hizo fue callar a tiempo, para que hablara la Palabra.

Y no extrañarse que también nosotros podamos dudar sobre la presencia de Dios en nuestra vida o de Cristo en la Iglesia. Habrá que orar, dialogar y estar atentos a los signos.

LA MANO AMIGA DE DIOS - ADVIENTO Y NAVIDAD 1989.Págs. 56


 

4.- Texto. El domingo pasado escuchábamos a Juan hablar del que viene detrás de él con el poder y el derecho. En el texto de hoy, Mateo igual que Lucas, recoge una tradición sobre la perplejidad de ese mismo Juan ante la actuación del Mesías. El término Cristo, empleado en la traducción litúrgica deriva del griego y es traducción del hebreo Mesías. En este texto Cristo no es nombre propio sino título.

Jesús reivindica su condición de Mesías, entendiendo ésta no en la línea de los apocalípticos, sino en la de diversos profetas agrupados bajo el nombre de Isaías. El v. 5 del texto es una refundición de Is. 29, 18-19; 35, 5-6 y 61, 1. en línea con estos profetas la actuación de Jesús no es destructora, sino reparadora de los desajustes existentes.

La reivindicación de Jesús se cierra con una bienaventuranza. Sería incorrecta interpretarla como advertencia o llamada de atención a Juan. Es más bien una declaración a favor de los que no ven en Jesús un motivo de escándalo.

La segunda parte del texto se centra en Juan y en su papel dentro de la historia de la salvación. La interpelación y la pregunta retórica dan a esta parte viveza y fuerza. El desierto del que se habla es la misma falla geológica del domingo pasado, paisaje árido y tórrido, salpicado en algunos lugares por matorrales, arbustos y cañaverales. Siguiendo la margen occidental del Mar Muerto, se llega a la altiplanicie rocosa, rodeada de barrancos. Su nombre actual es Masada, que significa fortaleza. Se trata, en efecto, de una fantástica fortaleza inexpugnable, donde, entre los años 37 a 31 a. de C., Herodes había construido un palacio dotado de todos los lujos y comodidades. Un palacio proverbial, del que todo el mundo contaba mil maravillas.

Jesús rinde a Juan tributo de admiración por su entereza y austeridad. Sus referencias a las cañas y a los palacios se explican y comprenden a la luz de lo mencionado en el párrafo anterior.

Pero la verdadera grandeza de Juan reside en su función de mensajero inmediato del Mesías. Esta grandeza, sin embargo, palidece ante la realidad del reino de los cielos traída por el Mesías. La llegada del reino de los cielos hace realmente grandes a las personas. Comentario. Dos son las ideas matrices del texto. Primera: El reino de los cielos es ya una realidad en nuestro mundo. Segunda: este reino no destruye el mundo, sino repara lo desajustado en él existente.

Síntomas de este desajuste son la enfermedad y la marginación de los pobres. La primera es un misterio; la segunda, una injusticia intolerable. La enfermedad debe ser combatida como desajuste y aceptada como misterio; la marginación de los pobres debe sólo ser combatida, nunca aceptada.

A pesar de todo hay que seguir afirmando la realidad del reino de los cielos en nuestro mundo. Mucho, sin embargo, nos queda aún por aprender del mensajero, Juan. Existente entre nosotros demasiado arribismo y búsqueda del sol que más calienta; existe demasiado despilfarro. Entereza y austeridad: dos grandes olvidadas.

ALBERTO BENITO - DABAR 1992/03


 

 

5.- El texto del domingo pasado terminaba con el anuncio-amenaza de Juan a fariseos y saduceos con uno que está al llegar. Literalmente: el que viene, el que llega. Una de las expresiones utilizadas por los judíos para designar al Mesías, el personaje que inauguraría el nuevo estado de cosas o Reino de los cielos, circunlocución esta última para designar a Dios, ya que los judíos no pronunciaban jamás su nombre por respeto. El texto de hoy comienza con esta misma expresión. ¿Eres tú ese personaje? ¿Estamos ya en el nuevo estado de cosas o Reino de los cielos? La pregunta la hace el propio Juan. Pero entre la pregunta de hoy y el anuncio del domingo pasado median ocho capítulos en los que Mateo ha ido moldeando dichos y hechos de Jesús.

-Versículos 4-6. La respuesta es del que ha llegado y Mateo la concibe como cita y como recuento. Recuento de los ocho capítulos anteriores. Cita de textos de Isaías que hablan de un futuro maravilloso, del día de Yahvé. Se trata en concreto de Is. 29, 18-19 y 35, 5-6. Mejor leer ambos capítulos en su totalidad. Son fascinantes. Pero la respuesta no es sólo esto. Es también promesa de alegría y de dicha. Dichoso el que no se escandalice por causa mía. La intención del evangelista parece muy clara: nos hallamos en el nuevo estado de cosas o Reino de los cielos. Pero alberga la sospecha de que esto se lo creen muy pocos. A éstos va dirigidos la bienaventuranza.

-Versículos 7-11. La liturgia ha cortado las palabras de Jesús en el momento tal vez más aclarador de las mismas. En su estado litúrgico se trata de palabras sobre Juan, cuando en realidad no es de Juan de quien Mateo quiere hablar aquí, y ni siquiera de Jesús. Obsérvese como en su respuesta Jesús no habla de él, sino de la situación en torno a él. Mateo quiere hablar del Reino de los cielos que ya ha llegado. Juan es la recta final que precede a la meta, su precursor, su heraldo, ascético, duro, recio, admirable. Pero no es la meta. Esta la constituye el Reino de los cielos. Este Reino es lo central, lo verdaderamente importante. Su presencia lo eclipsa todo.

-Comentario. El interés absorbente de la mayor parte de los comentaristas ha enfocado la problemática de este texto hacia las disposiciones psicológico-religiosas por las que el bautista prisionero se decidió a enviar su embajada. Estado de duda, de impaciencia, estrategia pedagógica para fomentar y favorecer la fe en Jesús. Todo esto puede tener su razón de ser a nivel de pre-texto, pero en absoluto la tiene a nivel de texto. El centro de interés del texto, ya lo hemos visto, no es Juan. El centro es la utopía. Sí, eso que todos anhelamos y que todos andamos buscando. Eso mismo de lo que nadie tenemos la osadía de decir que exista y de lo que, a lo sumo y con mucho escepticismo, decimos que puede que a lo mejor alguna vez exista.

Un visionario judío llamado Isaías dijo una vez lo siguiente: En aquel día oirán los sordos las palabras del libro y, libres de las tinieblas y la oscuridad, los ojos de los ciegos verán. Así imaginaba él lo que nosotros denominamos utopía y que él denominaba día de Yavé. Siglos más tarde, un judío llamado Mateo cayó en la cuenta de que esto era precisamente lo que había sucedido en torno a Jesús. Es entonces cuando tiene la osadía de escribir lo que hoy hemos leído y escuchado. Que no es otra cosa que lo siguiente: el Reino de los cielos existe ya. Dichoso el que crea y acepte esto de corazón. Es el mayor acontecimiento y la mayor grandeza que pueda darse.

ALBERTO BENITO - MISA DOMINICAL


 

6.- -"Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo!..": Juan aparece encarcelado por Herodes, pero como era habitual en las personas del mundo antiguo no pierde el contacto con el exterior. Conoce la actividad de Jesús y le envía a sus discípulos. Los discípulos de Juan subsistirán después de su muerte y algunos mantendrán polémica con la comunidad cristiana primitiva sobre la mesianidad de Jesús. Por eso el texto evangélico pone sobre la mesa las dudas del Bautista a fin de darles respuesta.

-"¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?": La acción y la predicación de Jesús no han encontrado acogida en Galilea. Mateo subrayará en los textos que vienen a continuación de esta perícopa el carácter escondido del Reino. No es extraño que Juan manifieste también su desconcierto: él esperaba al Mesías juez poderoso de la apocalíptica judía de su tiempo y, en cambio, ve en Jesús otro tipo de actuación bien diferente y él mismo está encarcelado. ¡El Mesías no actúa como liberador!

-"Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo..": La respuesta de Jesús a las dudas de Juan remite de nuevo a las obras que hace y que ilustra con el texto de Isaías leído en la primera lectura y que recibe el complemento de una referencia a los leprosos y a los muertos. Los signos que realiza Jesús no se imponen por su evidencia abrumadora ante la gente, sino que piden siempre la fe.

-"¿Qué salisteis a contemplar en el desierto...?": Seguidamente Jesús expresa su pensamiento sobre la figura de Juan, y lo hace interrogando a los oyentes con tres cuestiones que tiene una progresión impresionante: ¿una caña? ¿un hombre bien vestido? (¿notemos la ironía al contrastar el vestido de Juan con la corte de Herodes?, ¿un profeta? La figura de Juan sólo se puede entender con relación a Jesús, por eso es más que un profeta: "él es de quien está escrito: Yo envío mi mensajero delante de ti...".

-"El más pequeño en el Reino de los cielos es más grande que él...": La relación de Juan con Jesús es lo que le da su grandeza, aunque ésta se mide sobre todo por la participación en el Reino de Dios. Juan está a las puertas del Reino; en cambio, los discípulos de Jesús ya participan plenamente de la realidad del Reino.

JOAN NASPLEDA - MISA DOMINICAL 1989/24

 


 

DOMINGO 3 DE ADVIENTO

El domingo "Gaudete"

Este domingo ha sido llamado desde hace siglos domingo "Gaudete", que es la primera palabra latina de la antífona de entrada (tornada, a su vez, de la carta de Pablo a los Filipenses): "Gaudete in Domino semper... Estad siempre alegres, alegraos".

La consigna de la alegría, característica del Adviento, se repite hoy en la la lectura: "el desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa... se alegrará con gozo y alegría... vendrá a Sión con cánticos, alegría perpetua, gozo y alegría: pena y aflicción se alejarán".

En la oración colecta pedimos a Dios que, ya que "su pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de su Hijo", nos conceda "llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante".

En un mundo con tantos quebraderos de cabeza, no está mal que los cristianos escuchemos esta voz profética que nos invita a la esperanza y a la alegría, basadas en la buena noticia de que Dios ha querido entrar en nuestra historia para siempre. Hoy escuchamos nosotros con mayor convicción la promesa del profeta: "mirad a vuestro Dios... viene en persona y os salvará".

 

Isaías 35,1-6a.10. Dios viene en persona y os salvará

Leemos una página de Isaías llena de optimismo, poética, con comparaciones tomadas del mundo del campo y de la vida humana.

Anuncia a su pueblo -que está sufriendo la calamidad del destierro- la vuelta gozosa a la patria, hablándoles de un desierto que florece, de unas manos débiles y unas rodillas vacilantes que Dios quiere que se robustezcan, de unos cobardes que deben recobrar ánimos. El motivo es claro: "mirad a vuestro Dios... viene en persona y os salvará". El plan de Dios es de alegría y liberación total. Si antes agradecían los israelitas a Dios su liberación de Egipto -el "éxodo"-, ahora van a tener un motivo aún más glorioso para alegrarse porque les van a hacer volver del destierro de Babilonia.

El salmo dirige a Dios una súplica muy confiada, porque "el Señor man­tiene su fidelidad" y está siempre dispuesto a hacer justicia a los oprimidos, curar a los ciegos y sustentar al huérfano y a la viuda. El salmista acentúa la "opción preferencial" de Dios por los pobres.

 

Santiago 5,7-10. Manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca

Santiago invita a sus lectores a tener paciencia ante la venida del Señor, que los de aquella generación esperaban tal vez como algo inminente, y a ser constantes en su vida de fe, sin cansarse de ser buenos.

Les pone la comparación con el labrador, que también sabe tener paciencia para que el campo dé sus frutos a su tiempo. Es verdad que siempre se puede decir que "la venida del Señor está cerca... y el juez a la puerta", pero hay que tener paciencia. Como la tuvieron los profetas del AT, que anunciaron unos tiempos que tampoco llegaron en seguida.

 

Mateo 11,2-11. ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Juan el Bautista vuelve a ser protagonista del evangelio de hoy. Desde su cárcel -la fortaleza de Maqueronte, en el desierto- envía mensajeros que pregunten a Jesús si es el Mesías o han de esperar a otro. Importa poco que no se pongan de acuerdo los intérpretes del evangelio en si esta pregunta era "pedagógica", para que los discípulos se convencieran por sí mismos, al ver cómo se cumplían en Jesús los signos prometidos por Isaías, o bien se debía a las dudas que el mismo Juan pudo haber tenido, sobre todo si esperaba un Mesías más decidido y enérgico.

Jesús, después de contestar a esos mensajeros, hace delante de toda una alabanza de Juan que parece una auténtica "canonización". Juan es un pro­feta y más que un profeta, no precisamente una caña agitada por el viento ni una persona que busca comodidades y ropas y casas de lujo: es el mayor de los nacidos de mujer. Tampoco aquí se ponen los comentaristas de acuerdo respecto al sentido de la frase que sigue, de que "el más pequeño en el Reino, de los Cielos es más grande que él": ¿puede indicar que Juan pertenece toda­vía al AT y no ha penetrado la puerta del NT?, ¿o bien, que Juan es también miembro del Reino y eso es lo que le hace más grande, no tanto su carácter de profeta? ¿lo presenta como el último del AT o el primero del NT? En este segundo caso sería como cuando Jesús dijo, ante el que alababa a su madre, que son más importantes los que cumplen la Palabra de Dios: cosa que, ciertamente, hizo mejor que ninguno precisamente su madre.

 

¡Ánimo, no tengáis miedo!

Es bueno que suene un pregón como el de Isaías también en nuestro tiempo. Lo necesitamos, porque tanto en la vida personal como en la comunitaria puede ser que nuestra historia no sea demasiado gloriosa.

¿Puede alegrarse un desierto y convertirse en un jardín? ¿Puede alegrarse el que va caminando, arrastrando sus pies cansados, sediento, por el desierto? Para Isaías, sí. Él, acentuando poéticamente el cambio que Dios quiere obrar, no sólo dice que los cojos caminarán, sino que saltarán; y que los mudos no sólo hablarán, sino cantarán. ¿También para nosotros es esto posible? ¿o hemos perdido ya la esperanza? ¿Creemos de veras en que Dios es un Dios cercano, el Dios-con-nosotros, sobre todo desde la venida de Cristo a nuestra historia? Y si lo creemos, ¿por qué ponemos la cara que ponemos?

También ahora Dios quiere "fortalecer las manos débiles y robustecer las rodillas vacilantes". A todos nos pueden llegar días de flaqueza e impotencia. El Adviento y la Navidad nos quieren asegurar que Dios está cerca y que es médico y buen pastor. Por si acaso tenemos la tentación del desánimo, va para nosotros, en la Navidad de este año, la palabra de Dios: "decid a los cobardes de corazón: sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que viene en persona y os salvará".

Dios quiere que los mudos vuelvan a recobrar el habla y que los prisioneros alcancen la libertad y los que están tristes se llenen de alegría.

 

La paciencia de los labradores y de los profetas

También Santiago nos ha invitado a no perder la esperanza. Nos ha puesto dos modelos de "paciencia": el labrador que deja que la tierra siga sus tiem­pos y sus ritmos, sin impacientarse; y los profetas del AT, que anunciaban de parte de Dios la salvación a su pueblo, pero no siempre la veían con sus ojos a corto plazo.

El labrador no se asusta si llueve o hace nieve, porque comprende que son cosas que pueden ser incluso beneficiosas para el campo. Ni se extraña de que haga viento, porque puede contribuir a fortalecer sus plantas. Ni pierde la compostura si no ve crecer el trigo todo lo rápidamente que él desearía. Tiene paciencia. Eso sí: su paciencia no es pasiva ni inactiva. Ha prepa­rado el terreno, ha sembrado, ha regado, ha arrancado las malas hierbas: y entonces, sí, "tiene paciencia".

Los profetas también podían caer en la tentación de las prisas y de los resul­tados a corto plazo: la venida inmediata del Salvador que anunciaban. Pero supieron también tener paciencia. Y no dejaron de anunciar y esperar, aunque no vieran claro ni palparan con sus manos los resultados de su misión.

Cosa que no pasaba, por ejemplo, a algunos discípulos de Jesús, que perdieron la compostura cuando un pueblo de Samaría no les recibió, y querían hacer bajar fuego del cielo para castigar a sus habitantes. O, como los labradores de la parábola, que querían arrancar ya inmediatamente la cizaña, aunque corrieran el peligro de arrancar también el trigo. Jesús tuvo que invitar a la paciencia. Cada cosa tiene su tiempo.

Los cristianos de las primeras generaciones tal vez corrieron el peligro de desanimarse o impacientarse porque la vuelta gloriosa del Señor, que habían creído inminente, no acababa de suceder. Nosotros también quisiéramos recoger los frutos de nuestro trabajo a corto plazo. Quisiéramos que ese mundo nuevo, rico en paz y justicia, lo pudiéramos ya palpar con nuestros ojos. La Palabra de Dios nos enseña la paciencia también a nosotros. Para que sigamos trabajando, pero sin angustias ni precipitación.

 

Las obras del Mesías

Llama la atención la correspondencia perfecta entre el anuncio de Isaías en la lectura primera y la respuesta de Jesús en la tercera. Las "obras del Mesías" son las que van a atestiguar que es en verdad el enviado de Dios. Jesús mismo cita a Isaías para demostrar que ha venido a cumplir sus anun­cios proféticos.

La señal de que han empezado los tiempos definitivos es que ya se producen los cambios anunciados: Cristo cura, libera, resucita. Como había anunciado el profeta, los que veían cómo Jesús devolvía la vista a los ciegos, el oído a los sordos y la vida a los muertos, los que le oían anunciar la Buena Nueva a los pobres, podían deducir claramente que él era el Mesías anunciado, el Liberador de todos los males. ¡Cuántas manos débiles y cuántas rodillas vacilantes fortaleció él con sus palabras y sus hechos!

Los "signos" que había anunciado Isaías y que cumplía en efecto Jesús, están muy relacionados con las bienaventuranzas del sermón de la montaña a favor de los pobres, los que lloran, los que son perseguidos. Jesús hizo otras muchas cosas, y más sublimes desde el punto de vista teológico o cúltico. Pero los signos de su mesianismo son su atención a los débiles y a los pobres.

Jesús expresó su deseo de que nadie se escandalice en él: o sea, que no se vea frustrado porque el Mesías llega con unas características -por ejem­plo, con humildad y suavidad, con predilección por los pobres y los que sufren- distintas de las que muchos esperaban en Israel.

 

Las obras de nuestro Adviento

Los mismos "signos del Mesías" que caracterizaban a Jesús de Nazaret, son los que tendrían que caracterizar hoy a sus seguidores, a su Iglesia. Ahora a Cristo no le vemos ni le oímos en nuestras calles, él ya no cura directamente a los enfermos ni anima a los cobardes. Pero su comunidad sí hace lo mismo: esta familia cristiana o esta comunidad de religiosas, o este cristiano sencillo, pero valiente, trabajan para que haya más esperanza en el mundo y para que se vayan curando heridas y miedos.

Los cristianos no haremos milagros, como Jesús. Pero sí podemos echar una mano a los desanimados y transmitirles un poco de esperanza. Los mejores signos no son las palabras hermosas ni los sistemas teológicos admirables ni los cantos y los ritos con que celebramos la Navidad. Donde reconocerán nuestros contemporáneos que está presente el Señor, que es en verdad Dios-con-nosotros, es en nuestras obras. En las mismas obras que hacía Jesús.

Si a nuestro alrededor -en el ambiente concreto de cada uno de nosotros ­algunos recobran la vista y caminan animados y vuelven a oír; si en nuestro ambiente hay un poco más de paz y tolerancia, de justicia y de acogida de los más pobres, entonces sí que se podrá decir que Dios está viniendo y que se va cumpliendo ya el programa optimista de su Reino. Si gracias a nuestra colaboración algo mejora en esta sociedad, entonces sí que se está estableciendo el Reino de Dios. Si los pobres pueden oír con esperanza la Buena Nueva de la salvación, porque la ven en nuestras obras de cercanía y misericordia, no ha sido inútil el anuncio de Isaías y la venida del Mesías hace dos mil años.

¿Qué va a cambiar estos días en nuestra familia, en la comunidad religiosa, en la parroquia? ¿va a crecer la ilusión, la esperanza, la colaboración sin­cera, la mano tendida? ¿o nuestra fe y nuestra celebración de la Navidad va a quedar encerrada sólo en nuestros momentos de iglesia? De palabras y discursos ya estamos saturados. Hacen falta obras visibles. Cambios de estilo en la vida, con mayor paz y convivencia y solidaridad.

 

Con alegría, pero con las obras del Reino

El domingo tercero de Adviento nos proclama la alegría, a pesar del largo camino por el desierto que podamos estar pasando como personas o como comunidad eclesial o como humanidad. Las lecturas nos aseguran que en Cristo Jesús Dios ha salido ya al encuentro de todos nuestros males y se dispone a curarlos.

Pero a la vez, las lecturas nos urgen a dar pasos eficaces hacia el Reino: trabajando para que en la Navidad de este año crezca la paz, la justicia y la misericordia en torno nuestro. Este mundo tiene remedio. "Ánimo. No tengáis miedo".

Nos invitan a no rendirnos, a no desesperar. A pesar de los retrasos que podamos creer que existen en la venida del Reino, y de las oscuridades y fracasos que nos puedan tentar al desánimo. Hoy es un domingo para crecer en alegría y confianza. Los tiempos mesiánicos empezaron hace dos mil años, siguen vivos en infinidad de signos que suceden a nuestro alrededor, si los sabemos ver: en tantos actos de amor y sacrificio, tanta solidaridad humana, tantos esfuerzos por la paz y la justicia. Pero todavía queda todo un programa por realizar. Nosotros somos los colaboradores de Cristo para que este año su Reino dé un decidido paso adelante.

Navidad se acerca con fuerza, al menos en los planes de Dios. Él quiere transformar, consolar, cambiar, curar. Si cada uno de nosotros pone su granito de arena, la venida del Señor será más clara y experimentable en medio de este mundo, y la Navidad habrá valido la pena. La sociedad será más fraterna; la Iglesia, más gozosa; las parroquias más vivas; cada persona, más llena de esperanza. Dios quiere una Iglesia valiente para emprender caminos, para echar mano a tareas, para colaborar en el cambio de este mundo según los planes de Dios.

JOSÉ ALDAZABAL, DOMINGO CICLO A

 


 

PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO III DE ADVIENTO CICLO A

 

 

01.-ALEGRATE Y GOZA JERUSALEN (Francisco Palazon)

Alégrate y goza, Jerusalén,

mira que viene tu rey;

no temas Sión

que está cerca tu salvación. (bis)

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

porque ha hecho maravillas, (bis)

su diestra le ha dado la victoria,

su santo brazo. (bis)

 

El Señor da a conocer su victoria,

revela a las naciones su justicia,

se acordó de su misericordia y fidelidad

a favor de la casa de Israel.

 

Los confines de la tierra han contemplado

la victoria de nuestro Dios,

con clarines y al son de trompetas

aclamad a rey y Señor.

 

02.- VEN, NO TARDES MAS ADVIENTO (Cesareo Garabain)

VEN, SEÑOR, NO TARDES MÁS,

VEN SEÑOR JESÚS.

VEN, SEÑOR, NO TARDES MÁS,

VEN SEÑOR JESÚS.

VEN, SEÑOR, NO TARDES MÁS,

VEN SEÑOR JESÚS.

 

1.- Desde el fondo de los siglos

va elevándose un clamor,

como un grito de esperanza

ansiando un Redentor,

como un grito de esperanza

ansiando un Redentor.

 

2.- Desde el fondo de los siglos

busca el hombre un Salvador,

mira al cielo y a la tierra,

va buscando al Dios Amor,

Mira al cielo y a la tierra

va buscando al Dios Amor.

 

3.- Las promesas se han cumplido,

va a nacer el Niño Dios.

Cielo y tierra ya se abrazan,

la esperanza floreció,

cielo y tierra ya se abrazan,

la esperanza floreció.

 

03.- LLEGARA LA LIBERTAD (J.A. Espinoza)

1.- Caminamos hacia el sol

esperando la verdad;

la mentira, la opresión,

cuando vengas, cesarán.

 

LLEGARÁ CON LA LUZ

LA ESPERADA LIBERTAD [BIS]

 

2.- Construimos hoy la paz

en la lucha y el dolor;

nuestro mundo surge ya

en la espera del Señor.

 

3.- Te esperamos, Tú vendrás

a librarnos del temor.

La alegría, la amistad,

son ya signos de tu amor.

 

04.- ACEPTA SEÑOR EL VINO Y EL PAN (Joaquín Madurga)

ACEPTA SEÑOR EL VINO Y EL PAN

CON ELLOS TRAEMOS TU OFRENDA A TU ALTAR.

 

1.- Sobre tu altar Señor va nuestra ofrenda

el abrazo sincero al hermano

perdonándonos nuestras ofensas.

 

2.-Sobre el Altar, Señor, va nuestra ofrenda:

trabajar por un mundo más justo de igualdad

y concordia fraterna.

 

3.- Sobre el Altar, Señor, va nuestra ofrenda:

convertir nuestra vida pasada

al mensaje de tu Buena Nueva.

 

05.- VEN SEÑOR NO TARDES

VEN, SEÑOR, NO TARDES MÁS

VEN, SEÑOR, EL MUNDO TE ESPERA

VEN, SEÑOR, NO TARDES MÁS

QUE SIN TI NO HAY SALVACIÓN.

 

1.- Sobre la Tierra se oyó

una voz de promesa,

un nuevo tallo dará

la raíz de Jesé.

 

Sobre la Tierra se oyó

una voz de esperanza:

el “hágase” de la Virgen,

milagro de fe.

 

2.- Hacia tu encuentro vendrán

los humildes y pobres,

hacia tu encuentro vendrán

los que anhelan la paz.

 

Hacia tu encuentro vendrán

los que buscan tu Reino,

los que han sabido sufrir

por lograr libertad.

 

3. Hoy más que nunca Señor,

necesito consuelo,

hoy más que nunca Señor,

necesito perdón.

 

Hoy más que nunca Señor,

necesito alegría,

hoy más que nunca Señor,

necesito tu amor.

 

06.- CERCA ESTA EL SEÑOR (Carmelo Erdozain)

CERCA ESTÁ EL SEÑOR, CERCA ESTÁ EL SEÑOR,

CERCA DE MI PUEBLO, CERCA DEL QUE LUCHA CON AMOR.

CERCA ESTÁ EL SEÑOR, CERCA ESTÁ EL SEÑOR,

ES EL PEREGRINO QUE COMPARTE MI DOLOR.

 

1.- También está el Señor, lo conoceréis

en el que lucha por la igualdad;

también está el Señor, lo conoceréis

en el que canta la libertad;

también está el Señor, no olviden su voz,

sufre el gran dolor del oprimido.

 

 2.- También está el Señor, lo conocerán

en el obrero en su taller;

también está el Señor, lo conocerán

en el anciano en su vejez;

también está el Señor, no olviden su voz,

en el hospital, junto al enfermo.

 

3.- Jesús es el Señor, lo conocerán,

Él es la vida, es la verdad.

Jesús es el Señor, lo conocerán,

es el camino de libertad.

Jesús es el Señor, no olviden su voz,

es el Redentor de nuestro pueblo.

 

07.- NO PODEMOS CAMINAR (J.A. Espinoza)

NO PODEMOS CAMINAR

CON HAMBRE BAJO EL SOL,

DANOS SIEMPRE EL MISMO PAN:

TU CUERPO Y SANGRE, SEÑOR.

 

1.- Comamos todos de este Pan,

el Pan de la unidad.

En un cuerpo nos unió el Señor,

por medio del amor.

 

2.- Señor, yo tengo sed de TI,

sediento estoy de Dios;

pero pronto llegaré a ver

el rostro del Señor.

 

3.- Por el desierto el pueblo va

cantando su dolor;

en la noche brillará tu luz,

nos guía la verdad.

 

08.- CONSOLAD A MI PUEBLO (Noviciado Consolación)

Consolad, a mi pueblo, dice el Señor,

hablad al corazón del hombre.

Gritad que mi amor ha vencido,

preparad el camino, que viene tu Redentor.

 

Yo te he elegido para amar,

te doy mi fuerza y luz para guiar,

yo soy consuelo en tu mirar,

¡gloria a Dios!, ¡gloria a Dios!.

 

Consolad a mi pueblo, dice el Señor,

mostradles el camino de libertad.

Yo os daré fuertes alas,

transformaré tus pisadas,

en sendas de eternidad.

 

Consolad a mi pueblo, dice el Señor,

sacad de la ceguera a mi pueblo;

Yo he sellado contigo

alianza perpetua, Yo soy el único Dios. 

 

09.- ENTRE LOS NACIDOS

Cuando subo a la montaña Isabel me recibe al alba

Cuando subo a la montaña de madrugada

Saber que tu niño canta salmos nuevos de esperanza

Isabel que tu niño canta en tus entrañas

 

Isabel que tu niño sueña va soñando primaveras

Isabel que tu niño se marcha por las riberas

El Jordán bajo con fuerza corre vientos de protestas

Porque la paja no sirva como cosecha

Porque se llenan las aguas de nubes negras

 

El Jordán es penitencial el Jordán es nueva senda

Donde los hombres no riñen por sus haciendas

Donde los hombres comparten sus herramientas

Por decir la verdad entera porque supo ser profeta

Lo acallaron con cadenas los encerraron en las celdas

Al final de un gran banquete le cortaron la cabeza

 

ENTRE LOS NACIDOS DE MUJER                 

NO HAY NADIE MAYOR (2V)

QUE JUAN EL BAUTISTA (2V).

 

10.- VIRGEN DEL ADVIENTO (Antonio Alcalde)

VIRGEN DEL ADVIENTO,
ESPERANZA NUESTRA;
DE JESÚS LA AURORA,
DEL CIELO LA PUERTA.

1.- Madre de los hombres,
de la mar estrella;
llévanos a Cristo,
danos sus promesas.

2.- Eres Virgen Madre,
la de gracia llena;
del Señor la esclava,
del mundo la Reina.

3.- Alza nuestros ojos,
hacia tu belleza;
guía nuestros pasos,
a la vida eterna.

 

11.- TU ERES EL DIOS QUE NOS SALVA (J.A. Espinoza)

1.- Tú eres el Dios que nos salva,

la luz que nos ilumina,

la mano que nos sostiene

y el techo que nos cobija.

La mano que nos sostiene

y el techo que nos cobija.

 

TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR,

TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR. [BIS]

 

2.- Te damos gracias, Señor,

porque has depuesto la ira

y has detenido ante el pueblo

la mano que lo castiga.

Y has detenido ante el pueblo

la mano que lo castiga.

 

3.- Y sacaremos con gozo

del manantial de la vida

las aguas que dan al hombre

la fuerza que resucita.

Las aguas que dan al hombre

la fuerza que resucita.

 

4.- Entonces proclamaremos:

"Cantadle con alegría.

El nombre de Dios es grande,

Su caridad infinita.

El nombre de Dios es grande,

Su caridad infinita".

 

5.- Que alabe al Señor la Tierra

Contadle las maravillas.

Qué grande en medio del pueblo

el Dios que nos justifica.

Qué grande en medio del pueblo

el Dios que nos justifica.

 

12.- TU ERES LA PARTE DE NUESTRA HERENCIA (J.A. Espinoza)

TÚ ERES LA PARTE DE NUESTRA HERENCIA,

DE TI NOS VIENE LA LIBERTAD.

 

1.- Refugio en los momentos de peligro,

buscamos en Ti nuestra alegría,

y en todos los que entregan por el pueblo

sus fuerzas, ilusiones y la vida.

 

2.- Qué fácil adorar a dioses falsos

poniendo la ilusión en el dinero,

siguiendo sin pensar en los de arriba,

aceptando sus modas y su credo.

 

3.- No envidio el esplendor de sus banquetes

ni el oro que ostentan en sus fiestas;

prefiero cantar con los sencillos

canciones de un pueblo que despierta.

 

4.- Señor, eres la herencia de tu pueblo,

con tus manos defiendes nuestra suerte,

es bella la tierra que preparas

a los hombres que luchan y combaten.

 

5.- Tú siempre vas delante de nosotros

sin dejar que la muerte nos oprima,

por eso al caminar vamos alegres,

nos muestras el sendero de la vida.