¿ERES TÚ EL QUE HA DE VENIR O TENEMOS QUE ESPERAR A OTRO?.
En este domingo la Liturgia nos vuelvas a
presentar la imagen de Juan el Bautista, pero en relación con Jesús.
Un visionario judío llamado
Isaías dijo una vez lo siguiente: En aquel día oirán los sordos las palabras
del libro y, libres de las tinieblas y la oscuridad, los ojos de los ciegos
verán. Así imaginaba él lo que nosotros denominamos utopía y que él denominaba
día de Yahvé. Siglos más tarde, un judío llamado Mateo cayó en la cuenta de que
esto era precisamente lo que había sucedido en torno a Jesús. Es entonces
cuando tiene la osadía de escribir lo que hoy hemos leído y escuchado.
Así pues, Juan, el gran profeta, estando en
la cárcel, entró en crisis, como si también se pusiera nervioso. ¿Qué pasa con
el Mesías? ¿Será el que yo bauticé en el Jordán? Pero no parece dar señales.
Todo sigue igual. No hay manifestaciones gloriosas, ni castigos ejemplares. Ni
siquiera mueve un dedo para sacarme de la cárcel.
La respuesta de Jesús es convincente. Le
explica las señales del Reino, como anunciaron los profetas. Ya han empezado a
cumplirse. Pero de otra manera a como espera Juan: el Reino es una semilla
pequeña, un fermento escondido. El Mesías actúa desde dentro. Esta respuesta fue un rayo de luz en la noche
de Juan. Él estaba acostumbrado a interpretar los signos desde el seno de su
madre o en el Jordán. Sentía enseguida la presencia de lo divino. Jesús hará de
él cumplido elogio. Y lo mejor que hizo fue callar a tiempo, para que hablara
la Palabra.
Y no extrañarse que también nosotros
podamos dudar sobre la presencia de Dios en nuestra vida o de Cristo en la
Iglesia. Habrá que orar, dialogar y estar atentos a los signos.
R.P. Roland Vicente Castro Juárez
ANTIFONA DE ENTRADA Flp 4, 4-5
Alégrense siempre en el Señor, se lo repito,
alégrense. El Señor está cerca.
ORACION COLECTA
Oh, Dios, que contemplas cómo tu pueblo espera con fidelidad la fiesta
del nacimiento del Señor, concédenos llegar a la alegría de tan gran
acontecimiento de salvación y celebrarlo siempre con solemnidad y júbilo
desbordante. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 35, 1-6a.10
El desierto y el yermo se regocijarán, se
alegrará la estepa y florecerá, germinará y florecerá como flor de narciso,
festejará con gozo y cantos de júbilo. Le ha sido dada la gloria del Libano, el
esplendor del Carmelo y del Sarón, Contemplarán la gloria del Señor, la
majestad de nuestro Dios, Fortalezcan las manos débiles, afiancen las rodillas
vacilantes, digan a los inquietos: Sean fuertes, no teman. He aquí su Dios!
Llega el desquite, la retribución de Dios. Viene en persona y los salvarás.
Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se
abrirán; entonces saltará el cojo como un ciervo. Retornan los rescatados del
Señor. Llegarán a Sion con cantos de júbilo: alegría sin límite en sus rostros.
Los dominan el gozo y la alegría. Quedan atrás la pena y la aflicción.
SALMO
RESPONSORIAL (Sal 145, 6-10)
Ven, Señor, a salvarnos.
El Señor mantiene su fidelidad
perpetuamente, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos. El
Señor liberta a los cautivos. R.
El Señor abre los ojos al ciego, el Señor
endereza a los que ya se doblan, el Señor
ama a los justos. El Señor guarda a los peregrinos. R.
Sustenta
al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor
reina eternamente, tu Dios, Sion, de edad en edad. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del
apóstol Santiago 5,7-10
Hermanos:
esperen con paciencia hasta la venida del Señor. Miren: el labrador aguarda el
fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia
temprana y la tardía. Esperen también con paciencia también ustedes, y
fortalezcan sus corazones, porque la venida del Señor está cerca. Hermanos, no
se quejen los unos de los otros, para que no sean condenados; miren: el juez
está ya a las puertas. Hermanos, tomen como modelo de resistencia y de
paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.
ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Is 61, 1
Aleluya. El Espíritu del Señor está sobre mí: me ha enviado a
evangelizar a los pobres. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo 11,2-11
En aquel tiempo, Juan, que
había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a
preguntarle: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?», Jesús
les respondió: Vayan a anunciar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos
ven, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los
muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no
se escandalice de mí!». Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre
Juan: ¿Qué salieron a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el
viento? ¿O qué salieron a ver, un hombre vestido con lujo? Miren, los que
visten con lujo habitan en los palacios. ¿Entonces, ja qué salieron?, ¿a ver a
un profeta? Sí, les digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito:
"Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante
ti". En verdad les digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan
el Bautista; aunque el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que
él».
PLEGARIA
UNIVERSAL
Con alegría y esperanza, presentemos al Señor
nuestras súplicas, porque Él está cerca.
1. Por la Iglesia, para que sea testigo del gozo del Evangelio
y fortalezca en el mundo la esperanza de la venida del Señor. Roguemos
al Señor.
2. Por el Papa León y por los obispos, para que animen al
pueblo de Dios a vivir con serenidad y fe en medio de las pruebas. Roguemos
al Señor.
3. Por los pueblos que sufren violencia, injusticia o pobreza,
para que el Señor que viene traiga consuelo y paz. Roguemos al Señor.
4. Por nuestra comunidad, para que la espera del Señor nos
encuentre unidos, alegres y firmes en la esperanza. Roguemos al Señor.
Padre de bondad, escucha nuestras súplicas y llena
de tu alegría a los que esperan tu venida. Por Cristo nuestro Señor.
ORACION
SOBRE LAS OFRENDAS
Haz, Señor, que te
ofrezcamos siempre este sacrificio como expresión de nuestra propia entrega,
para que se realice el santo sacramento que tú instituiste y se lleve a cabo en
nosotros eficaz-mente la obra de tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTIFONA DE COMUNION Is
35, 4
Digan
a los cobardes de corazón: sean fuertes, no teman. He aquí nuestro Dios que
viene y nos salvará.
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Imploramos tu misericordia, Señor, para que este divino alimento que
hemos recibido nos purifique del pecado y nos prepare a las fiestas que se
acercan. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PALABRA DE
DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes
15: Nm 24, 2-7.15-17ª; Sal 24, 4-5ab.6-7bc.8-9; Mt
21, 23-27
Martes
16:
So 3, 1-2.9-13; Sal 33, 2-3. 6-7. 17-18. 19 y 23; Mt 21, 28-32
Miércoles
17: Gn 49, 2.8-10; Sal 71, 1-2. 3-4ab. 7-8.17; Mt 1,
1-17
Jueves
18:
Jr 23, 5-8; Sal 71, 1-2. 12-13. 18-19; Mt 1, 18-24
Viernes
19: Jc 13, 2-7.24-25ª; Sal 70, 3-4ª. 5-6ab.16-17; Lc
1, 5-25
Sábado
20:
Is 7, 10-14; Sal 23, 1-2. 3-4ab.5-6; Lc 1, 26-38
Domingo
21:
Is 7, 10-14; Sal 23; Rm 1, 1-7; Mt 1, 18-24
COMENTARIOS
AL EVANGELIO
Mt 11, 2-11
Paralelo:
Lc 7, 18-28
Juan el
Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando un "bautismo de
penitencia para la remisión de los pecados". Fue un predicador
penitencial. Esto ya lo sabe el lector del evangelio. Pero la razón última de
su misión estaba en anunciar "al que había de venir", el que era más
fuerte que él y a quien él no era digno de desatar la correa de su sandalia.
Juan había tenido ya algún contacto con Jesús. Más aún, según el cuarto
evangelio, le había presentado oficialmente como "el cordero de Dios que
quita el pecado del mundo". No obstante, en la misma mentalidad de Juan,
¿hasta qué punto realizaba Jesús aquello que los judíos esperaban del Mesías?
La actividad de Jesús ¿se identificaba con la figura del Mesías tal como el
Bautista se lo imaginaba? Hay razones serias para dudarlo y una de ellas la
tenemos en la embajada que, desde la prisión, hace llegar a Jesús a través de
sus discípulos.
¿Eres el que
había de venir? Para nosotros, la expresión indica evidentemente la culminación
de todas las esperanzas en la persona del Mesías. Se había convertido en frase
técnica para describir el tiempo mesiánico y designaría o bien "el
profeta" que había de venir (Deut 18, 15) o al Mesías en persona. Los
judíos no habían vinculado a esta expresión un significado tan denso, aunque la
idea de su venida "en el nombre del Señor" era una convicción
generalizada.
Jesús, en su
respuesta, se limita a citar la Escritura (Is 35, 5-6; 61, 1). Una respuesta
excesivamente concentrada y que nosotros explicitaríamos así: todas estas cosas
estaban anunciadas en el Antiguo Testamento para los días del Mesías; todas
estas cosas están siendo realizadas por Jesús; luego, han llegado los días
mesiánicos en la persona de Jesús.
Efectivamente,
él es el que había de venir. Es la conclusión lógica que debía deducir el
Bautista.
Por si el texto
no tuviese la suficiente claridad Jesús añade: dichoso aquél que no se
escandalice de mí. ¿Por qué? Probablemente por el contraste entre lo que se
esperaba -mucho más en la línea del sensacionalismo- y lo que veían
realizándose en su persona. La advertencia de Jesús está en la línea de la identificación
entre su persona y su palabra. La palabra de Jesús no puede separarse de su
persona ni la persona de su palabra. Por algo es la Palabra (Jn 1, 1). Sólo
quien comprende su palabra comprenderá su persona y viceversa. Quien no lo
entiende así, permanecerá a oscuras ante el misterio de la persona de Jesús. La
razón de escandalizarse de él está en su humildad. ¿Es éste el camino hacia
Dios?, ¿un camino de sufrimiento y de cruz? El mismo Pedro se escandalizó y,
con su escándalo, escandalizó a Jesús (/Mc/08/31ss). El mismo escándalo ante el
que sucumbieron sus paisanos de Nazaret (Mc 6,3) y sus mismos discípulos ante
la pasión (Mc 14, 27); el escándalo de la cruz del que nos habla San Pablo (1
Cor 1, 23; Gál 5,1). Terminada su respuesta, Jesús hace la presentación del
Bautista.
Cuantos
salieron al desierto atraídos por su predicación no vieron en él una caña
agitada por el viento, es decir, Juan no era de esas personas que se doblegan
fácilmente ante amenazas o promesas. Era un hombre íntegro e inflexible ante el
mal. El caso de Herodes Antipas lo pone bien de manifiesto (14, 1ss). Tampoco
se presentó Juan como una figura celeste con atuendo regio al estilo de lo que
esperaban los judíos para cuando llegasen los días mesiánicos. Juan era un
profeta. Pero un profeta singular.
Era el
mensajero, el heraldo que había de venir a anunciar la presencia del Mesías y a
preparar sus caminos (Mal 3, 1). Era el precursor del Mesías. Todo esto quería
decir que, efectivamente, había llegado el que tenía que venir. Que había sido
inaugurada la era mesiánica, el mundo nuevo creado por Dios por su última y
definitiva intervención en la historia.
Juan era el
precursor del que había de venir. En ser precursor estaba su grandeza y su
pequeñez. ¿Cómo explicar que el más pequeño en el reino de los cielos es mayor
que Juan? Por supuesto, que no desde la categoría personal de cada uno. Aquí se
nos está diciendo que el reino de Dios pertenece a un nivel distinto al
nuestro. Para pertenecer a él, a ese mundo nuevo, el nuevo eón, es necesaria
una nueva intervención de Dios en el hombre, un nuevo nacimiento (Jn 3. 3ss).
Esto nadie, ni el más grande de los hombres -como nos es descrito Juan-, puede
lograrlo por sí mismo. Sin embargo, el más pequeño e insignificante a los ojos
humanos, en quien se haya realizado este nuevo nacimiento, esta nueva
existencia, es mayor que la personalidad más destacada -como era la de Juan.
COMENTARIOS A
LA BIBLIA LITURGICA NT - EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 998
2.- Este
Evangelio se compone de dos partes muy distintas: el relato de la embajada de
los discípulos de Juan Bautista (vv. 2-6) y el elogio de este último por el
mismo Cristo (vv.7-10).
a) La embajada
de los discípulos del Bautista lleva el encargo de investigar si Cristo es
realmente "el que tiene que venir". Hay que comprender esta última
expresión en el sentido que le da Juan Bautista. Está tomada de Is 40, 10
(pasaje que el Precursor conoce bien, puesto que cita ya el v. 3 en Mt 3, 3),
en donde la venida del Mesías va acompañada de fuerza y de violencia. Ahora
bien, para Juan Bautista no hay lugar a duda de que el Mesías que él anuncia
será particularmente violento (Mt 3, 11). El Mesías, en efecto, debe hacer su
aparición dentro del aparato terrible de un día de Yahvé.
Pues bien,
Cristo desmiente esa espera poniendo de relieve que sus obras mesiánicas están
todas ellas hechas de dulzura y de salvación: en lugar de juzgar y de condenar,
cura y libera.
Aunque, por
otro lado, en todo eso no hay nada que no esté previsto por la Escrituras y
esté en conformidad igualmente con la esperanza mesiánica (cf. Is 61, 1; 35,
5-8). Pero hay dos conceptos opuestos del mesianismo que en aquella época se
repartían al pueblo elegido: los unos esperaban los últimos tiempos como
tiempos de poder y de violencia; los otros, como tiempos de liberación y de
felicidad. Oponiéndose a los discípulos de Juan, Cristo revela un estilo de
vida que constituye un problema para ellos y que no dejará de producir
escándalo hasta tanto no se penetre en el misterio del Hombre-Dios sobre la cruz.
Eso es precisamente el alcance del v. 6 (cf. Mt 13, 54-57; 16, 20-23; 26,
31-33, y , sobre todo, 1 Cor 1, 17; 2, 5). Si se produce el escándalo a causa
de Cristo, aun comprendiendo que da cumplimiento a tal o cual profecía, es
porque en El se ha producido algo inesperado, algo que ninguna profecía podía
prever: el misterio del Hombre-Dios.
b) Ni el mismo
Juan Bautista ha podido prever este aspecto inesperado de la personalidad de
Cristo. Y precisamente Jesús consagra su elogio del Precursor a demostrarlo.
Para preparar a
su auditorio a la idea de que el Bautista es un profeta, Jesús utiliza una
serie de imágenes: el contraste entre gentes bien vestidas y el hombre vestido
de pelos de camello (Mt 3, 4; 2 Re 1-8), entre el profeta que no tiembla y la
caña frágil (Jer 1, 17-19). Juan es incluso más que un profeta: es el mayor de
los profetas: citando Mal 3,1 y Ex 23, 20, Jesús define, en efecto, la misión
del precursor como la de un servidor que conduce al pueblo de Dios hacia la
tierra tanto tiempo prometida. Y, sin embargo (v. 11), Juan es el personaje más
pequeño del reino. Esta observación es capital para la comprensión del
verdadero alcance del Evangelio. Juan es el mayor del Antiguo Testamento, pero,
en cuanto tal, se mueve aún dentro de una interpretación demasiado humana y
demasiado específicamente judía de las profecías. Por eso es el más pequeño en
el reino: le falta, en efecto, la inteligencia del estilo absolutamente
inesperado que Cristo introduce con su existencia de Hombre-Dios.
Las dos partes
del Evangelio, por tanto, se complementan: no basta con comprender que Cristo y
su Precursor dan cumplimiento a las Escrituras, ni con definirlas partiendo de
las profecías antiguas. Y se es el más pequeño en el Reino cuando uno se
detiene ahí, sin llegar a penetrar en el misterio de la personalidad de Cristo.
Este no es tan solo el final de una cadena de pobres espirituales, de la que
Juan sería el penúltimo eslabón (vv. 8-9); Jesús es "ontológicamente"
pobre por su obediencia humana y divina al Padre, y su pobreza hasta la cruz no
es más que la repercusión terrestre de su situación eterna de absoluta
dependencia de Hijo respecto al Padre.
Después de
Cristo, los hombres pueden alcanzar esa pobreza de los hijos de Dios merced a
su dependencia del Padre, y la Eucaristía que celebran, proponiéndoles que se
dejen guiar por la iniciativa del Padre, les capacita para esa aventura.
MAERTENS-FRISQUE
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA I - MAROVA MADRID 1969.Pág. 111
3.- Juan, el
gran profeta, estando en la cárcel, entró en crisis, como si también se pusiera
nervioso. ¿Qué pasa con el Mesías? ¿Será el que yo bauticé en el Jordán? Pero
no parece dar señales. Todo sigue igual. No hay manifestaciones gloriosas, ni
castigos ejemplares. Ni siquiera mueve un dedo para sacarme de la cárcel.
La respuesta de
Jesús es convincente. Le explica las señales del Reino, como anunciaron los
profetas. Ya han empezado a cumplirse. Pero de otra manera a como espera Juan:
el Reino es una semilla pequeña, un fermento escondido. El Mesías actúa desde
dentro.
Esta respuesta
fue un rayo de luz en la noche de Juan. El estaba acostumbrado a interpretar
los signos desde el seno de su madre o en el Jordán. Sentía enseguida la
presencia de lo divino. Jesús hará de él cumplido elogio. Y lo mejor que hizo
fue callar a tiempo, para que hablara la Palabra.
Y no extrañarse
que también nosotros podamos dudar sobre la presencia de Dios en nuestra vida o
de Cristo en la Iglesia. Habrá que orar, dialogar y estar atentos a los signos.
LA MANO AMIGA
DE DIOS - ADVIENTO Y NAVIDAD 1989.Págs. 56
4.- Texto. El
domingo pasado escuchábamos a Juan hablar del que viene detrás de él con el
poder y el derecho. En el texto de hoy, Mateo igual que Lucas, recoge una
tradición sobre la perplejidad de ese mismo Juan ante la actuación del Mesías.
El término Cristo, empleado en la traducción litúrgica deriva del griego y es
traducción del hebreo Mesías. En este texto Cristo no es nombre propio sino
título.
Jesús
reivindica su condición de Mesías, entendiendo ésta no en la línea de los
apocalípticos, sino en la de diversos profetas agrupados bajo el nombre de
Isaías. El v. 5 del texto es una refundición de Is. 29, 18-19; 35, 5-6 y 61, 1.
en línea con estos profetas la actuación de Jesús no es destructora, sino
reparadora de los desajustes existentes.
La
reivindicación de Jesús se cierra con una bienaventuranza. Sería incorrecta
interpretarla como advertencia o llamada de atención a Juan. Es más bien una
declaración a favor de los que no ven en Jesús un motivo de escándalo.
La segunda
parte del texto se centra en Juan y en su papel dentro de la historia de la
salvación. La interpelación y la pregunta retórica dan a esta parte viveza y
fuerza. El desierto del que se habla es la misma falla geológica del domingo
pasado, paisaje árido y tórrido, salpicado en algunos lugares por matorrales,
arbustos y cañaverales. Siguiendo la margen occidental del Mar Muerto, se llega
a la altiplanicie rocosa, rodeada de barrancos. Su nombre actual es Masada, que
significa fortaleza. Se trata, en efecto, de una fantástica fortaleza
inexpugnable, donde, entre los años 37 a 31 a. de C., Herodes había construido
un palacio dotado de todos los lujos y comodidades. Un palacio proverbial, del
que todo el mundo contaba mil maravillas.
Jesús rinde a
Juan tributo de admiración por su entereza y austeridad. Sus referencias a las
cañas y a los palacios se explican y comprenden a la luz de lo mencionado en el
párrafo anterior.
Pero la
verdadera grandeza de Juan reside en su función de mensajero inmediato del Mesías.
Esta grandeza, sin embargo, palidece ante la realidad del reino de los cielos
traída por el Mesías. La llegada del reino de los cielos hace realmente grandes
a las personas. Comentario. Dos son las ideas matrices del texto. Primera: El
reino de los cielos es ya una realidad en nuestro mundo. Segunda: este reino no
destruye el mundo, sino repara lo desajustado en él existente.
Síntomas de
este desajuste son la enfermedad y la marginación de los pobres. La primera es
un misterio; la segunda, una injusticia intolerable. La enfermedad debe ser
combatida como desajuste y aceptada como misterio; la marginación de los pobres
debe sólo ser combatida, nunca aceptada.
A pesar de todo
hay que seguir afirmando la realidad del reino de los cielos en nuestro mundo.
Mucho, sin embargo, nos queda aún por aprender del mensajero, Juan. Existente
entre nosotros demasiado arribismo y búsqueda del sol que más calienta; existe
demasiado despilfarro. Entereza y austeridad: dos grandes olvidadas.
ALBERTO BENITO
- DABAR 1992/03
5.- El texto
del domingo pasado terminaba con el anuncio-amenaza de Juan a fariseos y
saduceos con uno que está al llegar. Literalmente: el que viene, el que llega.
Una de las expresiones utilizadas por los judíos para designar al Mesías, el
personaje que inauguraría el nuevo estado de cosas o Reino de los cielos,
circunlocución esta última para designar a Dios, ya que los judíos no
pronunciaban jamás su nombre por respeto. El texto de hoy comienza con esta
misma expresión. ¿Eres tú ese personaje? ¿Estamos ya en el nuevo estado de
cosas o Reino de los cielos? La pregunta la hace el propio Juan. Pero entre la
pregunta de hoy y el anuncio del domingo pasado median ocho capítulos en los
que Mateo ha ido moldeando dichos y hechos de Jesús.
-Versículos
4-6. La respuesta es del que ha llegado y Mateo la concibe como cita y como
recuento. Recuento de los ocho capítulos anteriores. Cita de textos de Isaías
que hablan de un futuro maravilloso, del día de Yahvé. Se trata en concreto de
Is. 29, 18-19 y 35, 5-6. Mejor leer ambos capítulos en su totalidad. Son
fascinantes. Pero la respuesta no es sólo esto. Es también promesa de alegría y
de dicha. Dichoso el que no se escandalice por causa mía. La intención del
evangelista parece muy clara: nos hallamos en el nuevo estado de cosas o Reino
de los cielos. Pero alberga la sospecha de que esto se lo creen muy pocos. A
éstos va dirigidos la bienaventuranza.
-Versículos
7-11. La liturgia ha cortado las palabras de Jesús en el momento tal vez más
aclarador de las mismas. En su estado litúrgico se trata de palabras sobre
Juan, cuando en realidad no es de Juan de quien Mateo quiere hablar aquí, y ni
siquiera de Jesús. Obsérvese como en su respuesta Jesús no habla de él, sino de
la situación en torno a él. Mateo quiere hablar del Reino de los cielos que ya
ha llegado. Juan es la recta final que precede a la meta, su precursor, su
heraldo, ascético, duro, recio, admirable. Pero no es la meta. Esta la
constituye el Reino de los cielos. Este Reino es lo central, lo verdaderamente
importante. Su presencia lo eclipsa todo.
-Comentario. El
interés absorbente de la mayor parte de los comentaristas ha enfocado la
problemática de este texto hacia las disposiciones psicológico-religiosas por
las que el bautista prisionero se decidió a enviar su embajada. Estado de duda,
de impaciencia, estrategia pedagógica para fomentar y favorecer la fe en Jesús.
Todo esto puede tener su razón de ser a nivel de pre-texto, pero en absoluto la
tiene a nivel de texto. El centro de interés del texto, ya lo hemos visto, no
es Juan. El centro es la utopía. Sí, eso que todos anhelamos y que todos
andamos buscando. Eso mismo de lo que nadie tenemos la osadía de decir que
exista y de lo que, a lo sumo y con mucho escepticismo, decimos que puede que a
lo mejor alguna vez exista.
Un visionario
judío llamado Isaías dijo una vez lo siguiente: En aquel día oirán los sordos
las palabras del libro y, libres de las tinieblas y la oscuridad, los ojos de
los ciegos verán. Así imaginaba él lo que nosotros denominamos utopía y que él
denominaba día de Yavé. Siglos más tarde, un judío llamado Mateo cayó en la
cuenta de que esto era precisamente lo que había sucedido en torno a Jesús. Es
entonces cuando tiene la osadía de escribir lo que hoy hemos leído y escuchado.
Que no es otra cosa que lo siguiente: el Reino de los cielos existe ya. Dichoso
el que crea y acepte esto de corazón. Es el mayor acontecimiento y la mayor
grandeza que pueda darse.
ALBERTO BENITO
- MISA DOMINICAL
6.-
-"Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo!..": Juan
aparece encarcelado por Herodes, pero como era habitual en las personas del
mundo antiguo no pierde el contacto con el exterior. Conoce la actividad de
Jesús y le envía a sus discípulos. Los discípulos de Juan subsistirán después
de su muerte y algunos mantendrán polémica con la comunidad cristiana primitiva
sobre la mesianidad de Jesús. Por eso el texto evangélico pone sobre la mesa
las dudas del Bautista a fin de darles respuesta.
-"¿Eres tú
el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?": La acción y la
predicación de Jesús no han encontrado acogida en Galilea. Mateo subrayará en
los textos que vienen a continuación de esta perícopa el carácter escondido del
Reino. No es extraño que Juan manifieste también su desconcierto: él esperaba
al Mesías juez poderoso de la apocalíptica judía de su tiempo y, en cambio, ve
en Jesús otro tipo de actuación bien diferente y él mismo está encarcelado. ¡El
Mesías no actúa como liberador!
-"Id a
anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo..": La respuesta de Jesús a
las dudas de Juan remite de nuevo a las obras que hace y que ilustra con el
texto de Isaías leído en la primera lectura y que recibe el complemento de una
referencia a los leprosos y a los muertos. Los signos que realiza Jesús no se
imponen por su evidencia abrumadora ante la gente, sino que piden siempre la
fe.
-"¿Qué
salisteis a contemplar en el desierto...?": Seguidamente Jesús expresa su
pensamiento sobre la figura de Juan, y lo hace interrogando a los oyentes con
tres cuestiones que tiene una progresión impresionante: ¿una caña? ¿un hombre
bien vestido? (¿notemos la ironía al contrastar el vestido de Juan con la corte
de Herodes?, ¿un profeta? La figura de Juan sólo se puede entender con relación
a Jesús, por eso es más que un profeta: "él es de quien está escrito: Yo
envío mi mensajero delante de ti...".
-"El más
pequeño en el Reino de los cielos es más grande que él...": La relación de
Juan con Jesús es lo que le da su grandeza, aunque ésta se mide sobre todo por
la participación en el Reino de Dios. Juan está a las puertas del Reino; en
cambio, los discípulos de Jesús ya participan plenamente de la realidad del
Reino.
JOAN NASPLEDA -
MISA DOMINICAL 1989/24
DOMINGO 3 DE ADVIENTO
El
domingo "Gaudete"
Este
domingo ha sido llamado desde hace siglos domingo "Gaudete", que es
la primera palabra latina de la antífona de entrada (tornada, a su vez, de la
carta de Pablo a los Filipenses): "Gaudete in Domino semper... Estad
siempre alegres, alegraos".
La
consigna de la alegría, característica del Adviento, se repite hoy en la la
lectura: "el desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y
la estepa... se alegrará con gozo y alegría... vendrá a Sión con cánticos,
alegría perpetua, gozo y alegría: pena y aflicción se alejarán".
En
la oración colecta pedimos a Dios que, ya que "su pueblo espera con fe la
fiesta del nacimiento de su Hijo", nos conceda "llegar a la Navidad,
fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante".
En
un mundo con tantos quebraderos de cabeza, no está mal que los cristianos
escuchemos esta voz profética que nos invita a la esperanza y a la alegría,
basadas en la buena noticia de que Dios ha querido entrar en nuestra historia
para siempre. Hoy escuchamos nosotros con mayor convicción la promesa del
profeta: "mirad a vuestro Dios... viene en persona y os salvará".
Isaías
35,1-6a.10. Dios viene en persona y
os salvará
Leemos una página de Isaías llena de optimismo,
poética, con comparaciones tomadas del mundo del campo y de la vida humana.
Anuncia
a su pueblo -que está sufriendo la calamidad del destierro- la vuelta gozosa a
la patria, hablándoles de un desierto que florece, de unas manos débiles y unas
rodillas vacilantes que Dios quiere que se robustezcan, de unos cobardes que
deben recobrar ánimos. El motivo es claro: "mirad a vuestro Dios... viene
en persona y os salvará". El plan de Dios es de alegría y liberación
total. Si antes agradecían los israelitas a Dios su liberación de Egipto -el
"éxodo"-, ahora van a tener un motivo aún más glorioso para alegrarse
porque les van a hacer volver del destierro de Babilonia.
El
salmo dirige a Dios una súplica muy confiada, porque "el Señor mantiene
su fidelidad" y está siempre dispuesto a hacer justicia a los oprimidos,
curar a los ciegos y sustentar al huérfano y a la viuda. El salmista acentúa la
"opción preferencial" de Dios por los pobres.
Santiago
5,7-10. Manteneos firmes, porque la venida
del Señor está cerca
Santiago
invita a sus lectores a tener paciencia ante la venida del Señor, que los de
aquella generación esperaban tal vez como algo inminente, y a ser constantes en
su vida de fe, sin cansarse de ser buenos.
Les
pone la comparación con el labrador, que también sabe tener paciencia para que
el campo dé sus frutos a su tiempo. Es verdad que siempre se puede decir que
"la venida del Señor está cerca... y el juez a la puerta", pero hay
que tener paciencia. Como la tuvieron los profetas del AT, que anunciaron unos
tiempos que tampoco llegaron en seguida.
Mateo 11,2-11. ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?
Juan
el Bautista vuelve a ser protagonista del evangelio de hoy. Desde su cárcel -la
fortaleza de Maqueronte, en el desierto- envía mensajeros que pregunten a Jesús
si es el Mesías o han de esperar a otro. Importa poco que no se pongan de
acuerdo los intérpretes del evangelio en si esta pregunta era
"pedagógica", para que los discípulos se convencieran por sí mismos,
al ver cómo se cumplían en Jesús los signos prometidos por Isaías, o bien se
debía a las dudas que el mismo Juan pudo haber tenido, sobre todo si esperaba
un Mesías más decidido y enérgico.
Jesús,
después de contestar a esos mensajeros, hace delante de toda una alabanza de
Juan que parece una auténtica "canonización". Juan es un profeta y
más que un profeta, no precisamente una caña agitada por el viento ni una
persona que busca comodidades y ropas y casas de lujo: es el mayor de los
nacidos de mujer. Tampoco aquí se ponen los comentaristas de acuerdo respecto
al sentido de la frase que sigue, de que "el más pequeño en el Reino, de
los Cielos es más grande que él": ¿puede indicar que Juan pertenece todavía
al AT y no ha penetrado la puerta del NT?, ¿o bien, que Juan es también miembro
del Reino y eso es lo que le hace más grande, no tanto su carácter de profeta?
¿lo presenta como el último del AT o el primero del NT? En este segundo caso
sería como cuando Jesús dijo, ante el que alababa a su madre, que son más
importantes los que cumplen la Palabra de Dios: cosa que, ciertamente, hizo
mejor que ninguno precisamente su madre.
¡Ánimo, no tengáis miedo!
Es
bueno que suene un pregón como el de Isaías también en nuestro tiempo. Lo
necesitamos, porque tanto en la vida personal como en la comunitaria puede ser
que nuestra historia no sea demasiado gloriosa.
¿Puede
alegrarse un desierto y convertirse en un jardín? ¿Puede alegrarse el que va
caminando, arrastrando sus pies cansados, sediento, por el desierto? Para
Isaías, sí. Él, acentuando poéticamente el cambio que Dios quiere obrar, no
sólo dice que los cojos caminarán, sino que saltarán; y que los mudos no
sólo hablarán, sino cantarán. ¿También para nosotros es esto posible? ¿o hemos
perdido ya la esperanza? ¿Creemos de veras en que Dios es un Dios cercano, el
Dios-con-nosotros, sobre todo desde la venida de Cristo a nuestra historia? Y
si lo creemos, ¿por qué ponemos la cara que ponemos?
También
ahora Dios quiere "fortalecer las manos débiles y robustecer las rodillas
vacilantes". A todos nos pueden llegar días de flaqueza e impotencia. El
Adviento y la Navidad nos quieren asegurar que Dios está cerca y que es médico
y buen pastor. Por si acaso tenemos la tentación del desánimo, va para
nosotros, en la Navidad de este año, la palabra de Dios: "decid a los
cobardes de corazón: sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que viene en
persona y os salvará".
Dios quiere que los mudos vuelvan a recobrar el
habla y que los prisioneros alcancen la libertad y los que están tristes se
llenen de alegría.
La
paciencia de los labradores y de los profetas
También
Santiago nos ha invitado a no perder la esperanza. Nos ha puesto dos modelos de
"paciencia": el labrador que deja que la tierra siga sus tiempos y
sus ritmos, sin impacientarse; y los profetas del AT, que anunciaban de parte
de Dios la salvación a su pueblo, pero no siempre la veían con sus ojos a corto plazo.
El
labrador no se asusta si llueve o hace nieve, porque comprende que son cosas
que pueden ser incluso beneficiosas para el campo. Ni se extraña de que haga
viento, porque puede contribuir a fortalecer sus plantas. Ni pierde la
compostura si no ve crecer el trigo todo lo rápidamente que él desearía. Tiene
paciencia. Eso sí: su paciencia no es pasiva ni inactiva. Ha preparado el
terreno, ha sembrado, ha regado, ha arrancado las malas hierbas: y entonces,
sí, "tiene paciencia".
Los
profetas también podían caer en la tentación de las prisas y de los resultados
a corto plazo: la venida inmediata del Salvador que anunciaban. Pero supieron
también tener paciencia. Y no dejaron de anunciar y esperar, aunque no vieran
claro ni palparan con sus manos los resultados de su misión.
Cosa
que no pasaba, por ejemplo, a algunos discípulos de Jesús, que perdieron la
compostura cuando un pueblo de Samaría no les recibió, y querían hacer bajar
fuego del cielo para castigar a sus habitantes. O, como los labradores de la
parábola, que querían arrancar ya inmediatamente la cizaña, aunque corrieran el
peligro de arrancar también el trigo. Jesús tuvo que invitar a la paciencia.
Cada cosa tiene su tiempo.
Los
cristianos de las primeras generaciones tal vez corrieron el peligro de
desanimarse o impacientarse porque la vuelta gloriosa del Señor, que habían
creído inminente, no acababa de suceder. Nosotros también quisiéramos recoger
los frutos de nuestro trabajo a corto plazo. Quisiéramos que ese mundo nuevo,
rico en paz y justicia, lo pudiéramos ya palpar con nuestros ojos. La Palabra
de Dios nos enseña la paciencia también a nosotros. Para que sigamos
trabajando, pero sin angustias ni precipitación.
Las
obras del Mesías
Llama
la atención la correspondencia perfecta entre el anuncio de Isaías en la
lectura primera y la respuesta de Jesús en la tercera. Las "obras del
Mesías" son las que van a atestiguar que es en verdad el enviado de Dios.
Jesús mismo cita a Isaías para demostrar que ha venido a cumplir sus anuncios
proféticos.
La
señal de que han empezado los tiempos definitivos es que ya se producen los
cambios anunciados: Cristo cura, libera, resucita. Como había anunciado el
profeta, los que veían cómo Jesús devolvía la vista a los ciegos, el oído a los
sordos y la vida a los muertos, los que le oían anunciar la Buena Nueva a los
pobres, podían deducir claramente que él era el Mesías anunciado, el Liberador
de todos los males. ¡Cuántas manos débiles y cuántas rodillas vacilantes
fortaleció él con sus palabras y sus hechos!
Los
"signos" que había anunciado Isaías y que cumplía en efecto Jesús,
están muy relacionados con las bienaventuranzas del sermón de la montaña a
favor de los pobres, los que lloran, los que son perseguidos. Jesús hizo otras
muchas cosas, y más sublimes desde el punto de vista teológico o cúltico. Pero
los signos de su mesianismo son su atención a los débiles y a los pobres.
Jesús
expresó su deseo de que nadie se escandalice en él: o sea, que no se vea
frustrado porque el Mesías llega con unas características -por ejemplo, con
humildad y suavidad, con predilección por los pobres y los que sufren-
distintas de las que muchos esperaban en Israel.
Las
obras de nuestro Adviento
Los
mismos "signos del Mesías" que caracterizaban a Jesús de Nazaret, son
los que tendrían que caracterizar hoy a sus seguidores, a su Iglesia. Ahora a
Cristo no le vemos ni le oímos en nuestras calles, él ya no cura directamente a
los enfermos ni anima a los cobardes. Pero su comunidad sí hace lo mismo: esta
familia cristiana o esta comunidad de religiosas, o este cristiano sencillo,
pero valiente, trabajan para que haya más esperanza en el mundo y para que se
vayan curando heridas y miedos.
Los
cristianos no haremos milagros, como Jesús. Pero sí podemos echar una mano a
los desanimados y transmitirles un poco de esperanza. Los mejores signos no son
las palabras hermosas ni los sistemas teológicos admirables ni los cantos y los
ritos con que celebramos la Navidad. Donde reconocerán nuestros contemporáneos
que está presente el Señor, que es en verdad Dios-con-nosotros, es en nuestras
obras. En las mismas obras que hacía Jesús.
Si
a nuestro alrededor -en el ambiente concreto de cada uno de nosotros algunos
recobran la vista y caminan animados y vuelven a oír; si en nuestro ambiente
hay un poco más de paz y tolerancia, de justicia y de acogida de los más
pobres, entonces sí que se podrá decir que Dios está viniendo y que se va
cumpliendo ya el programa optimista de su Reino. Si gracias a nuestra
colaboración algo mejora en esta sociedad, entonces sí que se está
estableciendo el Reino de Dios. Si los pobres pueden oír con esperanza la Buena
Nueva de la salvación, porque la ven en nuestras obras de cercanía y
misericordia, no ha sido inútil el anuncio de Isaías y la venida del Mesías
hace dos mil años.
¿Qué
va a cambiar estos días en nuestra familia, en la comunidad religiosa, en la
parroquia? ¿va a crecer la ilusión, la esperanza, la colaboración sincera, la
mano tendida? ¿o nuestra fe y nuestra celebración de la Navidad va a quedar
encerrada sólo en nuestros momentos de iglesia? De palabras y discursos ya
estamos saturados. Hacen falta obras visibles. Cambios de estilo en la vida,
con mayor paz y convivencia y solidaridad.
Con
alegría, pero con las obras del Reino
El
domingo tercero de Adviento nos proclama la alegría, a pesar del largo camino
por el desierto que podamos estar pasando como personas o como comunidad
eclesial o como humanidad. Las lecturas nos aseguran que en Cristo Jesús Dios
ha salido ya al encuentro de todos nuestros males y se dispone a curarlos.
Pero
a la vez, las lecturas nos urgen a dar pasos eficaces hacia el Reino:
trabajando para que en la Navidad de este año crezca la paz, la justicia y la
misericordia en torno nuestro. Este mundo tiene remedio. "Ánimo. No
tengáis miedo".
Nos
invitan a no rendirnos, a no desesperar. A pesar de los retrasos que podamos
creer que existen en la venida del Reino, y de las oscuridades y fracasos que
nos puedan tentar al desánimo. Hoy es un domingo para crecer en alegría y
confianza. Los tiempos mesiánicos empezaron hace dos mil años, siguen vivos en
infinidad de signos que suceden a nuestro alrededor, si los sabemos ver: en
tantos actos de amor y sacrificio, tanta solidaridad humana, tantos esfuerzos
por la paz y la justicia. Pero todavía queda todo un programa por realizar.
Nosotros somos los colaboradores de Cristo para que este año su Reino dé un
decidido paso adelante.
Navidad
se acerca con fuerza, al menos en los planes de Dios. Él quiere transformar,
consolar, cambiar, curar. Si cada uno de nosotros pone su granito de arena, la
venida del Señor será más clara y experimentable en medio de este mundo, y la
Navidad habrá valido la pena. La sociedad será más fraterna; la Iglesia, más
gozosa; las parroquias más vivas; cada persona, más llena de esperanza. Dios
quiere una Iglesia valiente para emprender caminos, para echar mano a tareas,
para colaborar en el cambio de este mundo según los planes de Dios.
JOSÉ
ALDAZABAL, DOMINGO CICLO A
PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO III DE ADVIENTO CICLO A
01.-ALEGRATE
Y GOZA JERUSALEN (Francisco Palazon)
Alégrate
y goza, Jerusalén,
mira
que viene tu rey;
no
temas Sión
que
está cerca tu salvación. (bis)
Cantad
al Señor un cántico nuevo,
porque
ha hecho maravillas, (bis)
su
diestra le ha dado la victoria,
su
santo brazo. (bis)
El
Señor da a conocer su victoria,
revela
a las naciones su justicia,
se
acordó de su misericordia y fidelidad
a
favor de la casa de Israel.
Los
confines de la tierra han contemplado
la
victoria de nuestro Dios,
con
clarines y al son de trompetas
aclamad
a rey y Señor.
02.- VEN, NO
TARDES MAS ADVIENTO (Cesareo Garabain)
VEN,
SEÑOR, NO TARDES MÁS,
VEN
SEÑOR JESÚS.
VEN,
SEÑOR, NO TARDES MÁS,
VEN
SEÑOR JESÚS.
VEN,
SEÑOR, NO TARDES MÁS,
VEN
SEÑOR JESÚS.
1.-
Desde el fondo de los siglos
va
elevándose un clamor,
como
un grito de esperanza
ansiando
un Redentor,
como
un grito de esperanza
ansiando
un Redentor.
2.-
Desde el fondo de los siglos
busca
el hombre un Salvador,
mira
al cielo y a la tierra,
va
buscando al Dios Amor,
Mira
al cielo y a la tierra
va
buscando al Dios Amor.
3.-
Las promesas se han cumplido,
va
a nacer el Niño Dios.
Cielo
y tierra ya se abrazan,
la
esperanza floreció,
cielo
y tierra ya se abrazan,
la
esperanza floreció.
03.- LLEGARA
LA LIBERTAD (J.A. Espinoza)
1.-
Caminamos hacia el sol
esperando
la verdad;
la
mentira, la opresión,
cuando
vengas, cesarán.
LLEGARÁ
CON LA LUZ
LA
ESPERADA LIBERTAD [BIS]
2.-
Construimos hoy la paz
en
la lucha y el dolor;
nuestro
mundo surge ya
en
la espera del Señor.
3.-
Te esperamos, Tú vendrás
a
librarnos del temor.
La
alegría, la amistad,
son
ya signos de tu amor.
04.- ACEPTA
SEÑOR EL VINO Y EL PAN (Joaquín Madurga)
ACEPTA
SEÑOR EL VINO Y EL PAN
CON
ELLOS TRAEMOS TU OFRENDA A TU ALTAR.
1.-
Sobre tu altar Señor va nuestra ofrenda
el
abrazo sincero al hermano
perdonándonos
nuestras ofensas.
2.-Sobre
el Altar, Señor, va nuestra ofrenda:
trabajar
por un mundo más justo de igualdad
y
concordia fraterna.
3.-
Sobre el Altar, Señor, va nuestra ofrenda:
convertir
nuestra vida pasada
al
mensaje de tu Buena Nueva.
05.- VEN
SEÑOR NO TARDES
VEN,
SEÑOR, NO TARDES MÁS
VEN,
SEÑOR, EL MUNDO TE ESPERA
VEN,
SEÑOR, NO TARDES MÁS
QUE
SIN TI NO HAY SALVACIÓN.
1.-
Sobre la Tierra se oyó
una
voz de promesa,
un
nuevo tallo dará
la
raíz de Jesé.
Sobre
la Tierra se oyó
una
voz de esperanza:
el
“hágase” de la Virgen,
milagro
de fe.
2.-
Hacia tu encuentro vendrán
los
humildes y pobres,
hacia
tu encuentro vendrán
los
que anhelan la paz.
Hacia
tu encuentro vendrán
los
que buscan tu Reino,
los
que han sabido sufrir
por
lograr libertad.
3.
Hoy más que nunca Señor,
necesito
consuelo,
hoy
más que nunca Señor,
necesito
perdón.
Hoy
más que nunca Señor,
necesito
alegría,
hoy
más que nunca Señor,
necesito
tu amor.
06.- CERCA ESTA
EL SEÑOR (Carmelo Erdozain)
CERCA
ESTÁ EL SEÑOR, CERCA ESTÁ EL SEÑOR,
CERCA
DE MI PUEBLO, CERCA DEL QUE LUCHA CON AMOR.
CERCA
ESTÁ EL SEÑOR, CERCA ESTÁ EL SEÑOR,
ES
EL PEREGRINO QUE COMPARTE MI DOLOR.
1.-
También está el Señor, lo conoceréis
en
el que lucha por la igualdad;
también
está el Señor, lo conoceréis
en
el que canta la libertad;
también
está el Señor, no olviden su voz,
sufre
el gran dolor del oprimido.
2.- También está el Señor, lo conocerán
en
el obrero en su taller;
también
está el Señor, lo conocerán
en
el anciano en su vejez;
también
está el Señor, no olviden su voz,
en
el hospital, junto al enfermo.
3.-
Jesús es el Señor, lo conocerán,
Él
es la vida, es la verdad.
Jesús
es el Señor, lo conocerán,
es
el camino de libertad.
Jesús
es el Señor, no olviden su voz,
es
el Redentor de nuestro pueblo.
07.- NO
PODEMOS CAMINAR (J.A. Espinoza)
NO
PODEMOS CAMINAR
CON
HAMBRE BAJO EL SOL,
DANOS
SIEMPRE EL MISMO PAN:
TU
CUERPO Y SANGRE, SEÑOR.
1.-
Comamos todos de este Pan,
el
Pan de la unidad.
En
un cuerpo nos unió el Señor,
por
medio del amor.
2.-
Señor, yo tengo sed de TI,
sediento
estoy de Dios;
pero
pronto llegaré a ver
el
rostro del Señor.
3.-
Por el desierto el pueblo va
cantando
su dolor;
en
la noche brillará tu luz,
nos
guía la verdad.
08.- CONSOLAD
A MI PUEBLO (Noviciado Consolación)
Consolad,
a mi pueblo, dice el Señor,
hablad
al corazón del hombre.
Gritad
que mi amor ha vencido,
preparad
el camino, que viene tu Redentor.
Yo
te he elegido para amar,
te
doy mi fuerza y luz para guiar,
yo
soy consuelo en tu mirar,
¡gloria
a Dios!, ¡gloria a Dios!.
Consolad
a mi pueblo, dice el Señor,
mostradles
el camino de libertad.
Yo
os daré fuertes alas,
transformaré
tus pisadas,
en
sendas de eternidad.
Consolad
a mi pueblo, dice el Señor,
sacad
de la ceguera a mi pueblo;
Yo
he sellado contigo
alianza
perpetua, Yo soy el único Dios.
09.- ENTRE
LOS NACIDOS
Cuando subo a la montaña Isabel me
recibe al alba
Cuando subo a la montaña de madrugada
Saber que tu niño canta salmos nuevos
de esperanza
Isabel que tu niño canta en tus
entrañas
Isabel que tu niño sueña va soñando
primaveras
Isabel que tu niño se marcha por las
riberas
El Jordán bajo con fuerza corre vientos
de protestas
Porque la paja no sirva como cosecha
Porque se llenan las aguas de nubes
negras
El Jordán es penitencial el Jordán es
nueva senda
Donde los hombres no riñen por sus
haciendas
Donde los hombres comparten sus
herramientas
Por decir la verdad entera porque supo
ser profeta
Lo acallaron con cadenas los encerraron
en las celdas
Al final de un gran banquete le
cortaron la cabeza
ENTRE LOS NACIDOS DE MUJER
NO HAY NADIE MAYOR (2V)
QUE JUAN EL BAUTISTA (2V).
10.- VIRGEN
DEL ADVIENTO (Antonio Alcalde)
VIRGEN DEL ADVIENTO,
ESPERANZA NUESTRA;
DE JESÚS LA AURORA,
DEL CIELO LA PUERTA.
1.- Madre de los hombres,
de la mar estrella;
llévanos a Cristo,
danos sus promesas.
2.- Eres Virgen Madre,
la de gracia llena;
del Señor la esclava,
del mundo la Reina.
3.- Alza nuestros ojos,
hacia tu belleza;
guía nuestros pasos,
a la vida eterna.
11.- TU ERES EL DIOS QUE NOS SALVA
(J.A. Espinoza)
1.-
Tú eres el Dios que nos salva,
la
luz que nos ilumina,
la
mano que nos sostiene
y
el techo que nos cobija.
La
mano que nos sostiene
y
el techo que nos cobija.
TE
DAMOS GRACIAS, SEÑOR,
TE
DAMOS GRACIAS, SEÑOR. [BIS]
2.-
Te damos gracias, Señor,
porque
has depuesto la ira
y
has detenido ante el pueblo
la
mano que lo castiga.
Y
has detenido ante el pueblo
la
mano que lo castiga.
3.-
Y sacaremos con gozo
del
manantial de la vida
las
aguas que dan al hombre
la
fuerza que resucita.
Las
aguas que dan al hombre
la
fuerza que resucita.
4.-
Entonces proclamaremos:
"Cantadle
con alegría.
El
nombre de Dios es grande,
Su
caridad infinita.
El
nombre de Dios es grande,
Su
caridad infinita".
5.-
Que alabe al Señor la Tierra
Contadle
las maravillas.
Qué
grande en medio del pueblo
el
Dios que nos justifica.
Qué
grande en medio del pueblo
el
Dios que nos justifica.
12.- TU ERES
LA PARTE DE NUESTRA HERENCIA (J.A. Espinoza)
TÚ
ERES LA PARTE DE NUESTRA HERENCIA,
DE
TI NOS VIENE LA LIBERTAD.
1.-
Refugio en los momentos de peligro,
buscamos
en Ti nuestra alegría,
y
en todos los que entregan por el pueblo
sus
fuerzas, ilusiones y la vida.
2.-
Qué fácil adorar a dioses falsos
poniendo
la ilusión en el dinero,
siguiendo
sin pensar en los de arriba,
aceptando
sus modas y su credo.
3.-
No envidio el esplendor de sus banquetes
ni
el oro que ostentan en sus fiestas;
prefiero
cantar con los sencillos
canciones
de un pueblo que despierta.
4.-
Señor, eres la herencia de tu pueblo,
con
tus manos defiendes nuestra suerte,
es
bella la tierra que preparas
a
los hombres que luchan y combaten.
5.-
Tú siempre vas delante de nosotros
sin
dejar que la muerte nos oprima,
por
eso al caminar vamos alegres,
nos
muestras el sendero de la vida.
