SU ROSTRO RESPLANDECÍA COMO EL SOL
COMENTARIO
Durante la cuaresma, que nos pone en
movimiento hacia la pasión, la liturgia nos ofrece unos momentos del consuelo
que quiso Dios conceder a sus apóstoles en medio de sus pesares.
En esta etapa de su vida pública, Jesús
siente como se levanta contra él la hostilidad de los jefes religiosos y la
decepción de las gentes que esperaban un mesías-rey. En adelante se consagrará
a la formación de sus apóstoles, que también se sienten desalentados. Le dijeron
“¡Tú eres el Mesías!”. Y él contestó: “Si, pero voy a sufrir”. Se preguntan por
este hombre que parece tan poderoso y que habla de sufrir.
Dios mismo va a hablarles a estos
discípulos al borde de la duda: “Este hombre transfigurado es mi Hijo”. La transfiguración
es una gracia de revelación. Por todos los medios, el estilo sagrado, la
visión, la voz, los símbolos, el evangelista quiere hacernos entrever la gloria
de Jesús; él es, como dice San Pablo, “de condición divina” (Flp 2, 6). La nube
es el signo de Dios, así como los vestidos blancos y el rostro de sol. La
montaña, con Moisés y Elías, recuerda la revelación del Sinaí. El que va a
sufrir es ciertamente un hombre como nosotros, su vida es nuestra vida, pero
transfigurada por un misterio de inhabitación; el Padre en el Hijo y el Hijo en
el Padre. Desvelada por unos momentos, la gloria de Jesús nos dice que viene de
lejos, que es un salvador absolutamente único, que reaparecerá en esa gloria y
hará de nosotros unos transfigurados.
A veces necesitamos subir con Pedro,
Santiago y Juan hacia la montaña de la gloria. El misterio de Jesús, Dios y
hombre, estará siempre fuera de nuestro alcance, pero la palabra luminosa:
“este es mi hijo muy amado” nos pone en contemplación ante lo esencial: somos
amados. “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su hijo único” (Jn 3, 16). Y he
aquí lo que hace el amor, el único ha vencido no solo a morar en nuestra
atierra, sino también en nuestra vida. ¡Qué esplendor de esto a la condición
humana”. Desde luego, las imágenes de fealdad, de vacío, de sufrimiento y de
desesperación desaparecen pronto cuando decimos:”¡Ha llegado la vida”.
Volveremos a encontrarnos con ellas cuando tornemos a hablar de la
transfiguración vista por Marcos y por Lucas; escupirán sobre la gloria, el transfigurado
está punto de ser el desfigurado.
Pero el Padre proclama solemnemente que ese
hombre es su Hijo, para que sepamos bien que, a pesar de todo lo que pueda
pasar a él y a nosotros, él es el sol del mundo desde ahora y será el sol del
mundo venidero. La transfiguración nos aparta durante un breve momento de
fulgor de los aspectos duros o sin brillo que estamos a punto de vivir: “En su
gloria, mira tú gloria”.
R.P. Roland Vicente Castro Juárez
ANTIFONA DE ENTRADA
Sal 24, 6.2.22
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu
misericordia son eternas. Que no triunfen de nosotros nuestros enemigos;
sálvanos, Dios de Israel, de todos nuestros peligros.
ORACION COLECTA
Oh, Dios, que nos has mandado escuchar a tu Hijo amado, alimenta
nuestro espíritu con tu Palabra; para que, con mirada limpia, contemplemos
gozosos la gloria de tu rostro. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Génesis 12, 1-4a
En aquellos días, el Señor dijo a Abrán:
«Sal de la tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que
te mostraré. Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre y
serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te
maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra». Abrán
marchó, como le había dicho el Señor.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 32, 4-5.18-20.22)
Que tu misericordia, Señor, venga sobre
nosotros, como lo esperamos de ti.
La Palabra del Señor es sincera, y todas sus
acciones son leales; Él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena
la tierra. R.
Los ojos del Señor están puestos en quien
los teme, en los que esperan su misericordia, para librar sus vidas de la
muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
R.
Nosotros aguardamos al Señor: Él es nuestro
auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo
esperamos de ti. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la segunda
carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 8b-10
Querido
hermano: Toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de
Dios. Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras,
sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde
antes de los siglos, la cual se ha manifestado ahora por la aparición de
nuestro Salvador, Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y
la inmortalidad por medio del Evangelio.
ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO
En el esplendor de la nube se oyó la
vos del Padre: «Este es mi Hijo, el elegido, escúchenlo”.
EVANGELIO
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo 17, 1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó
consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un
monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el
sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les
aparecieron Moisés y Elías conversando con Él. Pedro, entonces, tomó la palabra
y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres
tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba
hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una vos desde la
nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escúchenlo». Al
oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y,
tocándolos, les dijo: «Levántense, no teman». Al alzar los ojos, no vieron a
nadie más que a Jesús solo. Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No
cuenten a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los
muertos»,
PLEGARIA
UNIVERSAL
Oremos, hermanos, a nuestro Dios, que,
manifestándonos el rostro glorioso de Jesús, su Hijo amado, nos invita a
escucharlo y a seguir sus huellas para que alcancemos la salvación. Digamos: R.
Muéstranos, Señor, tu rostro.
1.- Por la Iglesia: para que siguiendo las huellas de Jesús
podamos contribuir a la transformación de nuestra sociedad, y se viva en ella
los valores del Evangelio. Oremos. R.
2.- Por el Papa, los obispos y los sacerdotes: para que en su
misión de anunciar el Evangelio nos ayuden a acoger la gracia de la salvación
que nos trajo Jesús y despierten en nosotros el deseo de una vida santa. Oremos.
R.
3.- Por nuestro país: para que sintamos, como cristianos, el
llamado del Señor a vivir nuestra vocación de ser constructores de un mundo
mejor, buscando siempre el bien común más que los intereses particulares. Oremos.
R.
4.- Por todos los inmigrantes: para que, después de haber
dejado su país, su casa, su familia, puedan encontrar solidaridad y acogida, y
para que nosotros sepamos descubrir en ellos el rostro sufriente de Jesús. Oremos.
R.
5.- Por nuestra comunidad: para que este camino cuaresmal nos
permita llegar a celebrar la Pascua del Señor con el corazón purificado y
dispuestos a vivir nuestras relaciones con todos los hermanos con más amor,
como Jesús nos enseñó. Oremos. R.
Dios todopoderoso, acoge nuestras oraciones. Tú,
que durante la revelación gloriosa de tu Hijo nos invitaste a escucharlo, haz
que sepamos cada día acoger su Palabra de vida y, siguiendo su ejemplo, podamos
gozar de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Te pedimos, Señor, que
esta oblación borre nuestros pecados y santifique los cuerpos y las almas de
tus fieles, para que celebren dignamente las fiestas pascuales. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
ANTIFONA DE COMUNION Mt 17,5
Este
es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escúchenlo.
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Te
damos gracias, Señor, porque, al participar en estos gloriosos misterios, nos
haces recibir, ya en este mundo, los bienes eternos del cielo. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes
02: Dn
9, 4b-10; Sal 78, 8.9.11 y 13; Lc 6, 36-38.
Martes
03: Is 1,
10.16-20; Sal 49, 8-9.16bc-17.21 y 23; Mt 23, 1-12
Miércoles
04: Jr 18, 18-20; Sal 30, 5-6. 14.15-16; Mt 20,
17-28
Jueves
05: Jr 17, 5-10; Sal 1, 1-2.3.4 y 6; Lc 16, 19-31
Viernes
06: Gn 37, 3-4.12-13ª.17b-28; Sal 104,
16-17.18-19.20-21; Mt 21, 33-43.45-46.
Sábado
07: Ml 7, 14-15.18-20; Sal 102, 1-2.3-4.9-10.11-12;
Lc 15, 1-3.11-32.
Domingo
08: Ex 17, 3-7; Sal 94, 1-2. 6-7c.7d-9; Rm 5,
1-2.5-8; Jn 4, 5-42
COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 17. 1-9
Más comentarios
en CUARESMA/02B
1. -CR/ESCUCHA. GLORIA/CZ:
El relato
de la transfiguración habría que leerlo junto con la página precedente (16.
13-28); efectivamente es la otra cara del misterio de Cristo: la cruz y la
gloria. Leyendo las dos páginas juntas nos damos cuenta de que se convoca en
torno al misterio de Jesús que se va precisando a todos los principales
personajes en orden creciente: la multitud (16. 13), los discípulos (16. 16),
Jesús (16. 21) y la voz celestial (17. 5). Y cada uno expresa su opinión: un
profeta, el Hijo de Dios vivo, el Hijo del hombre que debe sufrir mucho, el
Hijo amado.
Como en
Marcos, también para Mateo la transfiguración cumple una función bien precisa
en la progresiva revelación del misterio de Cristo y en el itinerario de fe del
discípulo. Los discípulos ya han comprendido que Jesús es el Mesías y están
persuadidos de que su camino conduce a la cruz. Más todavía no consiguen
comprender que su cruz (y la de ellos) pueda encubrir la gloria. Por eso Dios
les concede por un instante anticipar la Pascua. Pero se trata de un anticipo
fugaz y provisional; el camino que hay que recorrer sigue siendo el de la cruz.
De hecho, los tres discípulos predilectos (Pedro, Santiago y Juan), llamados a
ver por anticipado la gloria de Cristo son los mismos que dentro de poco, en
Getsemaní, serán llamados a ver su debilidad. Todo esto es muy importante; sin
embargo, tenemos la impresión de que no es todavía el punto central, que se
encuentra, en cambio, en las palabras de la voz ("Este es mi Hijo
amado") y en el mandato: "Escuchadle". Todo el resto sirve de algún
modo de marco. De hecho, la escucha es lo que define al discípulo.
La
palabra de Dios se ha hecho manifiesta en las palabras y en la existencia de
este Jesús que va camino de la cruz. No es una palabra que transmita nociones
de cualquier tipo. Cuenta quién es Dios, quiénes somos nosotros y cuál es el
sentido de la historia en la cual vivimos. Por tanto, una palabra que indica lo
que debemos hacer, la regla a seguir. Sólo queda escucharla con el corazón
atento, con obediencia y conversión.
Habiendo
visto a Elías y a Moisés al lado de Jesús, los discípulos se preguntan qué
puede significar aquello en relación con la concepción popular de la vuelta de
Elías (17. 10). En realidad, los rabinos hablaban, probablemente basándose en
algunos textos del A.T. (cf. Ml 3. 23-24; Si 48. 10-11), de la vuelta de Elías.
La respuesta de Jesús llama la atención sobre dos cosas: la primera es que,
ciertamente, Elías debe volver, pero que su vuelta se ha realizado ya con la
venida del Bautista; y la segunda, que el Bautista fue tratado "como han
querido" tratamiento que prefigura la suerte que a él mismo le espera.
BRUNO
MAGGIONI - EL RELATO DE MATEO - EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 177
2.- VD/J-NO-LEY.
La
narración tiene el formato típico de teofanía (similar a la de Sinaí): los seis
días de preparación, la montaña, la nube, la voz de Dios, el temor de los
testigos y la luminosidad de Jesús como un nuevo Moisés.
Dios
revela a las columnas de la Iglesia, germen de la comunidad futura, el sentido
de la persona de Jesús como nueva ley y llama a su seguimiento. Como un nuevo
Sinaí, la ley personificada en la persona de Moisés y los profetas en la de
Elías, ceden el paso a la palabra de Dios encarnada que será el definitivo
camino verdadero y viviente. La voz llama a su seguimiento:
"¡Escuchadle!". Dios ratifica las palabras y vida de Jesús. La
voluntad de Dios no está ya en la ley de Moisés, sino en la persona de Jesús.
Por eso el predicador del Padre se convierte en objeto de la predicación de los
discípulos.
Ningún
escrito, ninguna tienda sagrada ni ningún templo podrán encerrar esta palabra.
La propuesta de Pedro de construir tres cabañas está relacionada con la fiesta
de las tiendas que se celebraba al comienzo del otoño y en la que cada familia
habitaba durante siete días en chozas hechas de ramas entrecruzadas. Esta
fiesta de recuerdo y esperanza tenía entonces un fuerte carácter nacionalista.
Pero no era éste el verdadero sentido del mesianismo de Jesús.
Como en
el caso de Abrahán, el llamamiento de Dios para salir de sí mismo y seguir a
Jesús no se responde de una forma meramente intelectual o afectiva, sino que
requiere también ordenar la vida conforme al Maestro. La conversión y el
seguimiento se expresan en el compromiso. Por otra parte, ponerse sin medida en
las manos del nuevo Moisés conduce, a través de nuevos éxodos o salidas de
esclavitudes, hacia la plenitud humana. El discípulo y la comunidad serán
guiados en esta dirección por el espíritu de Jesús que poseen tanto en los
momentos de cruz como en los de gloria.
EUCARISTÍA
1990/12
3.- J/MOISES. MT/PENTATEUCO. J/LEY FIESTA/TABERNACULOS
La
versión primitiva de este relato, común a todos los sinópticos, presentaba, en
un estilo apocalíptico, la transfiguración como un descubrimiento por parte de
los discípulos de la personalidad de Jesús, figura escatológica y fuente de
salvación (vv. influidos por Dn 10. 5-6: Mt 17. 2-9; por Dn 10. 9: Mt 17. 6;
por Dn 10. 10: Mt 17. 7; por Dn 12. 4: Mt 17. 9). Más tarde fue interpretada
esta perspectiva escatológica de Cristo en función del ritual de la fiesta de
los Tabernáculos y de la entronización de un Mesías paciente que esta fiesta
implicaba. Trataremos esta cuestión desde este punto de vista sobre todo en el
comentario de Mc 9. 1-9 a).- Posteriormente los redactores debieron de acentuar
la relación entre la teofanía del Tabor (?) y la del Sinaí como para subrayar
mejor los dos grandes momentos decisivos de la historia de la salvación: la
alianza y la venida del Hijo del hombre. El paralelismo con Ex 19. 16-17; 24.
15-18; 40. 34-38; 34. 29-30, está efectivamente claro. Ya en el judaísmo, sobre
todo a través de la fiesta de los Tabernáculos, era transportada la teofanía
del Sinaí a la era escatológica (Is 40. 3-5; Za 14.; Ap 7. 9-17). Esta alusión
a la teofanía del Sinaí y a la fiesta de los Tabernáculos no hacía, por lo
demás, sino acentuar el carácter escatológico de la entronización del Mesías.
Mateo no
tenía ya más que dar un paso para acentuar el paralelismo entre el Moisés del
Sinaí y el Cristo de la transfiguración.
En efecto,
ha montado su Evangelio partiendo de los cinco discursos de Cristo (en
correspondencia con los cinco libros de la ley antigua). Cada una de esas
partes agrupa algunos acontecimientos seguidos de un discurso. En la cuarta,
que es la que ahora nos interesa, la sucesión de los acontecimientos (entre los
que está la transfiguración) prepara el discurso del Señor sobre la vida futura
de la Iglesia (Mt 18.).
Mateo se
preocupa sobre todo por presentar a Jesús como el nuevo Moisés, legislador de
la nueva economía. Espera convencer así a los judeo-cristianos de que la ley ha
sido superada por la de JC. Por eso, al contrario que Mc 9. 4, Mateo nombra a
Moisés antes que a Elías (v. 3). Es también el único evangelista que habla de
la irradiación del rostro de Cristo (v. 2), en correspondencia con la
irradiación de la figura de Moisés en el Sinaí (Ex 34. 29-35; 2 Co 3. 7-11).
Igualmente,
la voz que habla desde la nube (v. 5) corresponde a la que se dejó oír en la
nube del Sinaí (Ex 19. 16-24). La recomendación "escuchadle" (v. 5)
evoca el anuncio hecho a Moisés de una futura réplica de sí mismo "al que
tú escucharás" (Dt 18. 15). Además, contrariamente a Lucas y a Marcos, que
citan únicamente el Sal 2: "He aquí a mi Hijo", Mateo añade algunas
palabras tomadas de Is 42. 1: "En quien me he complacido" (v. 5),
alusión al Siervo, "luz de las naciones" porque hace la voluntad de
Dios. Finalmente, el hecho de que la transfiguración se sitúe al final de
"seis días" (v. 1), contrariamente a Lc 9. 28, permite relacionar
este episodio con la subida de Moisés al Sinaí (Ex 24. 16-18). En conclusión,
por encima de su carácter escatológico, Cristo aparece como el nuevo Moisés,
legislador del nuevo pueblo.
Recibe
este título porque primero pasó por la obediencia al sufrimiento y a la muerte.
El nuevo Moisés ha comenzado por obedecer personalmente a la ley que propone;
contrariamente a Moisés, Cristo es un legislador que no se contenta con imponer
una ley, sino que proporciona al mismo tiempo los medios interiores de
corresponder a ella.
b).- La
transfiguración no pierde en Mateo su carácter fundamental de investidura
mesiánica (cf. la alusión a la fiesta de los Tabernáculos, por ejemplo), sino
que se especifica, si así puede decirse, en las prerrogativas magistrales de
Cristo, nuevo maestro de pensamiento. Lo mismo que el Siervo paciente debió a
su obediencia en convertirse en luz del mundo, así Cristo está habilitado para
convertirse en el maestro del pensamiento y en el nuevo legislador del mundo
porque ha sido el primero en someterse a la ley nueva que Él mismo trae, ley de
amor y de renuncia (v. 9). Señalemos que este relato de la transfiguración
introduce, en Mateo, el discurso del cap. 18, en el que Cristo establece los
poderes mesiánicos en la Iglesia, confiriendo en particular a sus apóstoles el
derecho a ser escuchados (Mt 18. 15-18), ese derecho que Él mismo ha recibido
en su transfiguración.
......................
¿Cómo
situar la obra de Jesús con respecto a la de Moisés? Como ha dicho Él mismo,
Jesús no vino para añadir nada a la ley, sino que ha venido a cumplirla,
llevarla a término. En la intención del primer legislador, la ley debía revelar
los caminos de la verdadera fidelidad a Yahvé. En realidad, encontrará su
primer fiel, ejemplar, en Jesús. Él sitúa correcta y definitivamente en su
lugar las relaciones entre la fe y la ley. La condición de ese ajuste no se
verifica, por lo demás, sino sólo en Él. Sólo su humanidad, por pertenecer al
Hombre-Dios, está habilitada para construir la fidelidad exigida por la
verdadera alianza. Cumplida en Jesús, la ley se ha renovado en su contenido. El
marco de la antigua alianza estalla bajo la presión de ese cumplimiento. Se
abandonan los viejos odres por la fuente viva. La ley evangélica basada en el
amor universal se dirige ahora a todos los hombres. Jesús no es ya en nada el
esclavo de una ley exterior; la ley, grabada en su corazón, tiene como fuente
íntima al Espíritu Santo. Según el anuncio de los profetas, la renovación del
corazón introduce la ley nueva.
El
misterio de la transfiguración lleva a comprender el ritmo pascual de la ley
evangélica. La fidelidad de Jesús a la ley nueva toma un camino de obediencia
hasta la muerte de cruz. No hay posibilidad de hacerse prójimo de todos los
hombres sino haciendo entrega de la propia vida. Hay que enfrentarse a la
muerte en su propio terreno para salir victoriosos de ella.
MAERTENS-FRISQUE
- NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA III - MAROVA MADRID 1969.Pág. 70
4.- PD/ESCUCHA.
"Escuchadle".
Se trata probablemente del elemento central en el relato de hoy. Captar a Jesús
no es fácil para los que somos religiosos. Nuestras concepciones religiosas
pueden ser el gran obstáculo para entender a Jesús. Por eso, seamos humildes y
aceptemos la invitación que el propio Dios nos hace de escuchar a Jesús.-
A. BENITO
- DABAR 1987/19
5.- El
relato de la transfiguración resulta absolutamente incomprensible desde un
historicismo literalista. Lo mandaríamos inevitablemente al campo de la
fantasía o de la leyenda. Lo principal aquí es la teología y el mensaje contenido
en la narración. Teología y mensaje que han utilizado como vehículo de
expresión una serie de creencias procedentes del mundo judío. Entre ellas es
preciso enumerar la aparición de Moisés y Elías, la voz oída desde la nube, el
resplandor y la gloria. Una serie de detalles funcionales puestos al servicio
de la finalidad perseguida por el evangelista: todo lo esperado para el futuro
se ha hecho realidad en el presente, en la persona de Jesús.
Esta
finalidad del evangelista se pone de relieve con los cambios que son
introducidos en los relatos en relación a las creencias judías mencionadas: a)
Moisés y Elías aparecen simplemente hablando con Jesús, no preparando la nueva
comunidad de Yahveh mediante su predicación y milagros (como lo hacía la especulación
judía, al hacer entrar en escena a estas dos figuras del Antiguo Testamento);
b) La nube no cubre a todo el pueblo, sino sólo a los discípulos y las figuras
celestes; c) la luz que transfigura a Jesús no es una manifestación masiva (al
estilo de las manifestaciones de Yahveh); se centra en él e intenta presentarlo
como el salvador de su pueblo y el juez de los incrédulos; en lugar de una
manifestación a todo el pueblo, aquí se limita a los tres que pertenecían al
círculo de los íntimos de Jesús.
El centro
de gravedad de la narración recae en la afirmación siguiente: el transfigurado
es la presencia de Dios entre los hombres. Los detalles mencionados son como
otros tantos rasgos parabólicos que deben poner de relieve esa enseñanza
fundamental. La consecuencia ineludible que de esta presencia de Dios entre los
hombres se deduce, se halla expresada en la voz del cielo:
..."escuchadle". ¿Se acentúa la relación "discípulo-Maestro? Por
supuesto. Pero la intención del evangelista va más allá: la palabra de este
Maestro es la última que Dios tenía que decir a los hombres (esto se hace
comprensible desde los rasgos anteriormente mencionados). Y esta palabra oída
por los tres "íntimos" debe ir comunicándose y trasmitiéndose a los
demás. Ha surgido "el profeta" semejante a Moisés (Deut 18,15) a
quien es preciso escuchar.
La
diferencia en relación con los acontecimientos del pasado es también
significativa: allí Moisés hablaba al pueblo, aquí "el Profeta" habla
a los tres discípulos representativos del nuevo pueblo de Dios que debe surgir
desde su predicación.
Jesús es
el Maestro que habla y enseña a sus discípulos. Pero, al mismo tiempo, es el
Señor divino, penetrado por la luz de Dios y envuelto en la nube (signos de la
presencia divina).
Una
realidad única con dos formas de existencia, la humana y la divina
(posteriormente el magisterio y la teología lo formularán hablando de una
persona y dos naturalezas). Nuestro relato, más primario y adecuado, presenta
la unión de esas dos formas de existencia recurriendo a la transformación o
penetración de lo humano por lo divino y a la afirmación de la voz celeste:
"este es mi Hijo muy amado". El encanto y valor insuperables (desde
luego no superados por ninguna de las descripciones teológicas posteriores) del
relato está en la presentación extraordinaria que hace del protagonista: Jesús,
que aparece normalmente en el evangelio como el hombre manifiesto y el Señor
oculto, aquí es presentado como el Señor manifiesto y el hombre oculto. Dios
quiso descorrer el velo tras el cual se esconde el misterio de Jesús. Los
discípulos caen en tierra ante él. Es la actitud de adoración ante el Señor. Y
el temor surge del pensamiento de estar ante Dios; un temor que es superado
gracias a la presencia y la palabra de Jesús: "no temáis".
COMENTARIOS
A LA BIBLIA LITURGICA NT - EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1039
6.-
Texto: Una indicación temporal precisa (seis días después) relaciona este texto
con las afirmaciones precedentes, que hablan de la muerte, resurrección y
venida gloriosa del Hijo del Hombre para reinar en la Tierra.
La
ubicación en un monte alto no especificado nos sitúa en un contexto de epifanía
o revelación, en línea con la tradición del Sinaí. La escena es, efectivamente,
una revelación de la persona de Jesús a tres de sus discípulos.
La
escenografía está en línea con las concepciones judías sobre la venida gloriosa
del Hijo del Hombre para inaugurar los tiempos nuevos: resplandor, vestidos
blancos, Moisés y Elías. Es de todos conocido que los judíos esperaban el
retorno a la Tierra de estas dos personalidades inmediatamente antes de la
venida del Mesías. Mateo ha reforzado explícitamente esta perspectiva de final
y de inauguración de los nuevos tiempos cuando sólo él entre los sinópticos
escribe que el rostro de Jesús resplandecía como el sol. Así es como imaginan
los judíos que resplandecerán los justos cuando llegue el Reino de Dios (véase
Mt. 13, 43). También Mateo es el único evangelista que parece haberse servido
del apocalíptico libro de Daniel a propósito de la reacción de los discípulos
en el v. 6 y del posterior gesto de Jesús invitándoles a levantarse y a no
tener miedo (véase la descripción del efecto producido en Daniel por la visión
descrita en Dan. 10, 1-12).
En un
contexto, pues, de revelación de Jesús como Hijo del Hombre que inaugura los
nuevos tiempos, la voz del Padre ratifica esa revelación, a la vez que insta a
los discípulos a hacer caso a ese Hijo del Hombre.
Otro dato
a tener en cuenta en la redacción de Mateo es que este autor ha suprimido la
nota negativa de desconocimiento de la situación por parte de Pedro. Este se
dirige, además, a Jesús con el título divino de Señor, en vez del título de
rabí o maestro que emplean Marcos y Lucas. En el Evangelio de Mateo sólo Judas
Iscariote interpreta a Jesús como rabí (ver Mt. 26, 25, 49).
Comentario:
Especulaciones sobre un futuro mejor las hacemos todos. Y es bueno que así sea.
Pero estas especulaciones dejan de ser justas y buenas si conllevan una huida
hacia adelante, descalificando el presente.
El
fascinante texto que hoy nos ofrece Mateo es una invitación al ensueño, pero
sin huir y asumiendo el presente. El Hijo del Hombre glorioso lo es en y desde
su paso por el crudo realismo de la cruz. Todo mesianismo que no arranque del
real presente son cantos de sirena sibilina. A nadie contéis la visión hasta
que el Hijo del Hombre haya resucitado. Resucitar supone morir antes, dejar la
piel en un presente que, aunque contradictorio, es generador de futuro, y por
ello mismo, también glorioso, como glorioso es el futuro en que desemboca.
PRESENTE/FUTURO: Levantaos, no tengáis miedo al presente,
porque el presente no es ninguna encerrona. El presente es duro, es crudo; pero
es también semilla que da razón de la espera y la esperanza. La gloria del
futuro está ya contenida en el presente. Algo así nos dice la voz del Padre
cuando le oímos gritar a los tres discípulos: Este es mi Hijo amado. Escuchadle
a él.
A. BENITO
- DABAR 1990/18
7.-
GLORIA/NUBE/CRC:
Sabemos
que es inexacto, en parte, decir que el Adviento «prepara» la Navidad; es mucho
mejor decir que el Misterio de la Venida se «celebra» en un conjunto, el
Adviento, que «culmina» en la Navidad y la Epifanía. De una manera un poco
semejante, nos exponemos a perder una parte de la riqueza cuaresmal si pensamos
que ella «prepara» la Pascua. El misterio del paso del Señor por la Muerte, la
Resurrección y la Glorificación por nuestra salud, se celebra en un todo
conjunto: Cuaresma, Pascua, Ascensión y Pentecostés.
Precisamente
porque la representación del misterio pascual va completándose desde el
principio de la Cuaresma, es por ello que el evangelio de este segundo domingo
viene a completar la primera semana: la ascesis de cuarenta días, a la cual
somos convidados, finalizará y recibirá su «retribución» en la glorificación
pascual.
El
misterio de la Transfiguración, al sernos presentado en esta segunda semana de
Cuaresma, aparece fundamentalmente como el polo opuesto de la tentación (tema
del primer domingo), como antípoda de la agonía y pasión del Señor en su duelo
con el Mal. Muchos elementos en la Transfiguración subrayan la unión entre
sufrimiento y gloria:
-Es
interesante constatar lo que precede y sigue a la Transfiguración en el
evangelio; en los tres sin6pticos la Transfiguración es precedida por la
afirmaci6n del Señor: «Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí
mismo, tome su cruz y me siga» (Mt. XVI, 24; Mc. VIII, 34; Lc. IX, 23); en
Mateo y Marcos al relato de la Transfiguración sigue inmediatamente la
afirmación de que el Hijo del hombre debe sufrir mucho (Mt. XVII, 12; Mc. IX,
12).
-Los tres
testigos privilegiados son los que serán testigos de la agonía, momento en el
cual el Señor rayará con la derrota en su lucha contra el Mal.
-Más aún:
San Lucas, en su relato de la Transfiguración, precisa el tema de la conversación
que Moisés y Elías (la Ley y el profeta) tienen con Jesús: «hablaban de su
muerte que había de cumplirse en Jerusalén» (Lc. IX, 31): Todo lo que Jesús
tendrá que pasar, su Éxodo («éxodos»: pasaje en griego), su Pasión, su Muerte.
-Finalmente,
Jesús reconoce al final del relato que la Transfiguración es una anticipación,
un poco anacrónica, «intempestiva». de su gloria al resucitar. Sin duda El lo
quiso así para sostener en las horas difíciles a aquellos de quienes esperaba
una particular fidelidad, aunque los tres sinópticos mencionan el silencio que
deben guardar los privilegiados (Mt. XVII, 9; Mc. IX, 9; Lc. IX, 36).
El Éxodo
era para los judíos el tipo de la prueba que tiene un término. Cuando los
judíos, establecidos en la Tierra Prometida, conmemoraban el Éxodo, tenían muy
presente los dos términos de la dualidad: Prueba-Recompensa. La fiesta de los
Tabernáculos es referida a la esperanza mesiánica y las perspectivas
escatológicas, tanto más que a la misma entrada ya realizada en la Tierra Prometida.
En
efecto, la fiesta de los Tabernáculos era la que celebraba este Misterio: los
judíos abandonaban momentáneamente el confort de la Tierra Prometida para vivir
bajo tiendas de nómadas. Sin duda alguna, en la escena de la Transfiguración
existen ciertas reminiscencias de la fiesta de los Tabernáculos. «HARALD
RIESENFELD ha hecho notar que la Transfiguración presenta unos rasgos que
parecen copiados del ritual de la fiesta de los Tabernáculos, como por ejemplo
las tiendas de follaje que Pedro propone hacer y que significaban para los
judíos de aquel tiempo las moradas de los justos en el reino mesiánico. Pedro
quería significar con ello que habían llegado los tiempos mesiánicos, los de la
manifestación del Mesías» (5).
Lo que
aparece en la Transfiguración es el reflejo de la Gloria de Dios dentro de la
humanidad, una vez que esta humanidad está enteramente poseída por Dios. La
Gloria manifiesta ante nuestros ojos la riqueza íntima de Dios exultante y
resplandeciente. Esta Gloria de Dios no puede ser vista por el hombre:
"Todo el pueblo oía los truenos y el sonido de trompeta y veía las llamas
y la montaña humeante; y, atemorizados, llenos de pavor, se estaban lejos.
Dijeron a Moisés: Háblanos tú y te escucharemos; pero que no nos hable Dios, no
muramos... El pueblo se estuvo a distancia, pero Moisés se acercó a la nube
donde estaba Dios" (Ex. XX, 18-21). Dijo Yahvé a Moisés: "No podrás
ver mi faz, porque no puede verla hombre y vivir... Ahí te pondrás conmigo
sobre la roca. Cuando pase mi gloria, Yo te meteré en el hueco de la roca y te
cubriré con mi mano mientras paso; luego retiraré mi mano y me verás las
espaldas, pero mi faz no la verás" (Ex. XXXIII, 20-22).
La Gloria
de Dios se manifiesta al mundo pagano bajo el velo de la creación: «La ira de
Dios se manifiesta desde el cielo sobre toda impiedad e injusticia de los
hombres, que en su injusticia aprisionan la verdad con la injusticia. En
efecto, lo cognoscible de Dios es manifiesto entre ellos, pues Dios se lo
manifestó; porque desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno
poder y su divinidad, son conocidos mediante las criaturas. De manera que son
inexcusables, por cuanto, conociendo a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni
le dieron gracias" (/Rm/01/18-21). Para el pueblo elegido, la Gloria de
Dios aparece ligada a la nube, que al mismo tiempo manifiesta y oculta:
«Entonces la nube cubrió el tabernáculo de la reunión, y la gloria de Yahvé
llenó el habitáculo. Moisés no pudo ya entrar en el tabernáculo de la reunión,
porque estaba encima la nube y la gloria de Yahvé llenaba el habitáculo».
(/Ex/40/34-35).
L.
HEUSCHEN - LA BIBLIA CADA SEMANA - EDIC. MAROVA/MADRID 1965.Pág 136 ss.
El Tabor
es una experiencia luminosa, espléndida; una manifestación de Dios en dicha y
en gloria; una cercanía de Dios que conmociona y transfigura. Se le puede
escuchar, se le puede sentir, casi se le puede tocar. Es una certeza tal de
Dios que casi no es necesaria la fe.
Estas
experiencias no son duraderas. Sería el cielo en la tierra. Pero las
necesitamos tanto. La necesitaban los discípulos de Jesús, que deberían hacer
acopio de luz, para cuando les llegara la noche, que sería bien cerrada. La
necesitaba el mismo Jesús, que tenía delante el problema de la muerte, nada
fácil de entender ni de aceptar. Nada fácil para el mismo Jesucristo. Y las
necesitamos nosotros, porque muchas veces se nos apaga la fe, y porque nos pesa
demasiado la vida. Necesitamos un anticipo de luz y de consuelo, aunque lo
paguemos después.
CARITAS
1996-1.Pág. 52
DOMINGO
2 DE CUARESMA
El domingo de la transfiguración
En
este segundo domingo de Cuaresma escuchamos cada año la escena de la
transfiguración de Jesús ante sus discípulos, este año según Mateo. Esta escena
aparece como muy importante en el evangelio: es la revelación solemne de Jesús
como Hijo, como predilecto, como Maestro.
Nada
más dar inicio en la Cuaresma al camino de la cruz, hacia la pasión y muerte de
Cristo, ya se nos propone el destino último de este camino: la gloria de Cristo
y nuestra. Después de haber leído el domingo pasado la lucha contra las
tentaciones y el mal, hoy se nos asegura que el proceso termina con la victoria
y la glorificación de Cristo. Que también a nosotros la lucha contra el mal nos
conduce a la vida. En nuestro camino cuaresmal, no nos olvidamos de pedir a
Dios que esta Eucaristía "nos prepare a celebrar dignamente las fiestas
pascuales".
Génesis
12, 1-4a. Vocación de Abrahán, padre del
pueblo de Dios
La
etapa de la historia de la salvación que se proclama el segundo domingo de
Cuaresma es cada año la figura de Abrahán: en ese ciclo A, su inicio, su
vocación, que él acepta inmediatamente.
A
Abrahán, un hombre ya mayor, que vive en Ur, una próspera ciudad en el actual
Irak, en una sociedad pagana y politeísta, Dios le pide: "sal de tu
tierra", y le promete "y haré de ti un gran pueblo". Era difícil
de creer esta promesa, porque su mujer, Sara, era estéril y ambos muy mayores.
Pero Abrahán cree y sale de su tierra, "como le había dicho el Señor".
Es el comienzo de la historia del pueblo de Israel.
Dios
le anuncia que en él recibirán la bendición todos los pueblos. Y parece como si
el salmo quisiera comentar esta bendición: "que tu misericordia,
Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti". El salmista, y nosotros
con él, entendemos que "el Señor es nuestro auxilio y escudo".
2 Timoteo 1, 8b-10. Dios nos llama y nos ilumina
En
la segunda lectura de hoy podemos decir que Pablo aplica la vocación de
Abrahán, y su respuesta de fe, a los cristianos: en concreto a Timoteo, uno de
sus discípulos predilectos. Esta carta, que Pablo le dirige desde la cárcel de
Roma, es como su testamento espiritual.
La
vocación de un cristiano, y más si es llamado a la responsabilidad pastoral, no
es fácil. Dios nos ha llamado a todos "a una vida santa según las fuerzas
que Dios nos da". Pero eso comportará seguramente dificultades en el
camino. El cristiano debe "tomar parte en los duros trabajos del
Evangelio".
Mateo 17, 1-9. Su rostro resplandeció
como el sol
Mateo
nos cuenta la transformación que experimentó Jesús en presencia de sus tres
discípulos más cercanos, Pedro, Santiago y Juan. El verbo griego que emplea
para esta "transfiguración" es el correspondiente a la
"metamorfosis". Sólo Mateo nos dice que el rostro de Jesús
"resplandecía como el sol".
Jesús
está acompañado por Moisés y Elías, y conversa con ellos. La presencia de estos
dos personajes se debe tal vez a que son como los representantes de la
"ley" y los "profetas" del AT, o bien porque ambos gozaron
de la visión de la gloria de Dios en el monte, o porque los dos habían
experimentado en sus vidas este número simbólico: cuarenta días en el monte,
Moisés; cuarenta días de viaje hacia el monte, Elías.
La
reacción de Pedro, Juan y Santiago, es de alegría inmensa, y luego de susto al
verse envueltos en la nube y ver finalmente solo a Jesús. El comentario de
Pedro sobre las tres chozas y su deseo de quedarse allí para siempre, lo
explican otros evangelistas porque "no sabía lo que decía".
El
momento culminante es la teofanía: la nube luminosa y, sobre todo, lo que dice
"una voz desde la nube: este es mi Hijo, el Escogido, escuchadle". Es
la afirmación de su Filiación divina y su misión de Maestro y Salvador.
Abrahán, el que creyó contra toda esperanza
Abrahán,
por su fe, se nos presenta como un buen modelo de nuestro camino cuaresmal. Su
respuesta a la llamada de Dios es en verdad admirable: "Abrahán marchó
como le había dicho el Señor".
Prototipo4de
tantas vocaciones, llamadas de Dios, a las que muchísimas personas, de antes y
después de Cristo, han sabido responder con generosidad. Por eso Abrahán es
considerado el patriarca de la fe, tanto por los judíos como por los musulmanes
y los cristianos, y es tantas veces alabado en el NT por Pablo o por el mismo
Jesús.
Lo
que Dios le pidió a Abrahán fue que "saliera de su tierra", o sea,
que rompiera con el pasado, que realizara un "éxodo" y, además, sin
especificarle a dónde le llevaba. Se va a convertir en nómada, una persona
siempre desarraigada, sin poder instalarse en ninguna parte. Salió, como dice
la carta a los Hebreos, "sin saber a dónde iba" (Hb 11,8). La llamada
de Dios siempre es gratuita. Abrahán era pagano cuando inició su proceso. Pablo
le dice a Timoteo que Dios nos ha llamado "no por nuestros méritos, sino porque
él dispuso darnos su gracia".
Abrahán
creyó en Dios y salió de su tierra, emprendiendo un camino que le llevaría a
ser el padre de numerosos pueblos y el modelo mejor de los creyentes. A pesar
de que no le debió resultar fácil cumplir la misión que Dios le encomendaba ya
en su edad madura, pero se fió de Dios y fue fiel a lo que se le pedía.
La cruz como camino y garantía de victoria
Pero
tenemos un modelo más vivo e interpelante: Cristo mismo, que sigue su camino
mesiánico, incluida la cruz, con fidelidad absoluta al proyecto salvador de su
Padre. Mirándole a él, nos damos cuenta de la seriedad de su vocación y a la
vez del destino de luz y de vida que va a ser su Pascua. Abrahán fue figura y
profecía de Cristo. Cristo es la plenitud y la verdad. Es interesante que esta
escena de la transfiguración la leamos precisamente en Cuaresma. Su intención
la expresa bien el prefacio de hoy: "él, después de anunciar su muerte a
los discípulos, les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria, para
testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino
de la resurrección". Mateo sitúa este episodio inmediatamente después del
primer anuncio, por parte de Jesús, de su muerte y resurrección. Quiere animar
a los suyos asegurándoles que la última palabra no será esa muerte, sino la
glorificación plena. Que la cruz no es destino, sino camino para la gloria.
La
cruz ha sido siempre un escándalo para los hombres. También para los apóstoles
de Jesús, que no entendieron cómo su Maestro les podía decir que iba a morir.
Hasta el punto de que Pedro reaccionó diciendo que eso era imposible, lo que le
trajo escuchar palabras duras de reproche de Jesús. Mientras que aquí, en el
monte de la transfiguración, sí que está entusiasmado Pedro y quiere quedarse
para siempre en él. Acepta la gloria, pero no el camino de la gloria, que es la
cruz.
Tendrán
que madurar bastante, Pedro y los demás, hasta que entiendan y acepten los
planes de salvación que Dios tiene para la humanidad. A los dos discípulos de
Emaús, y luego a los demás, tuvo que explicarles Jesús Resucitado que era
necesario que el Mesías muriese para salvar a los hombres. Va también para
nosotros la invitación que Pablo hace a Timoteo de que no tenga miedo, que tome
parte en los duros trabajos del Evangelio. Los cristianos no seguimos a Cristo
sólo cuando luce el sol y nos encontramos bien en el monte Tabor. También
cuando nos toca luchar y participar en su cruz. La transfiguración supuso
seguramente una inyección de ánimo para los tres discípulos en su seguimiento
de Cristo. Pedro, años después, en su primera carta, se muestra orgulloso de
poder decir que "estaba con él en la montaña" y que "había sido
testigo ocular de su grandeza", porque "recibió de Dios. Padre honor
y gloria, cuando la sublime Gloria le dirigió esta voz: este es mi Hijo muy
amado en quien me complazco".
También
a nosotros nos conviene recordar que el desierto de la Cuaresma tiene como meta
la alegría de la Pascua. Que a la noche le sigue siempre la aurora. Que todo
túnel tiene salida. Que no van a ser vanos nuestros esfuerzos por vivir según
Cristo, en medio de este mundo contrario o indiferente.
Para
ambientamos en la teología y la espiritualidad de esta escena de la
transfiguración podríamos leer las páginas que le dedica el Catecismo de la Iglesia:
CCE 554-556. 0 la sabrosa meditación que J. Castellano ofrece ante el icono de
la transfiguración en su libro "Oración ante los iconos" (Dossiers
CPL 56, pp. 89-96).
Cada uno responde a la llamada que le hace Dios
Nos
deben animar en esta Cuaresma el camino recio y fiel de Abrahán y, sobre todo,
el de Cristo hacia su Pascua.
Haremos
bien en mirarnos al espejo de Abrahán, confiar en Dios y seguir el camino de la
vocación a la que nos haya llamado a cada uno de nosotros, aunque el cielo esté
oscuro. No vale servir a Dios sólo cuando es fácil y todo nos va bien. Tenemos
que creer en Dios, o creer a Dios, también cuando nos asalta la duda y nuestra
fidelidad se ve tentada por las voces y criterios de este mundo.
También
la Virgen María, ya en el NT, nos da un ejemplo de fidelidad y obediencia:
"hágase en mí según tu Palabra".
Y,
sobre todo, Jesús mismo es nuestro mejor modelo. Su misión es dura. Es una
subida a Jerusalén en el sentido físico y simbólico: va a caminar hasta la cruz
para conseguir la salvación de todos. Es un camino serio, de dolor y renuncia,
de fidelidad recia. Cristo en sí mismo condensa todas las "cuaresmas"
difíciles del AT: Moisés y Elías, que supieron de largos caminos de búsqueda y
esfuerzo por cumplir la misión que se les había encomendado. Por eso están
ahora acompañando a Cristo en la gloria del Tabor. Y también las no menos
difíciles "cuaresmas" de tantas personas de todos los tiempos que han
querido ser fieles a Dios.
Eso
sí, la escena de hoy nos asegura la victoria final, con el mismo destino que
Cristo. La cruz lleva a la vida. La Cuaresma, a la Pascua. La noche oscura que
a veces nos sorprende en nuestra existencia, se ve iluminada por la
transfiguración. En Mateo todo es luminoso: el rostro de Jesús, sus vestidos,
la nube...
"Este es mi Hijo: escuchadle"
Los
tres apóstoles que Jesús llevó consigo al monte tuvieron la fuerte experiencia
de una teofanía, de una manifestación misteriosa de Dios, con la voz del Padre:
"este es mi Hijo, el Escogido: escuchadlo". Con la presencia testimonial
de dos representantes del AT, Moisés y Elías, Jesús aparece como el
cumplimiento de las antiguas promesas, y la voz de Dios le proclama como Hijo
suyo, y además, como su Palabra y como el Maestro que él envía a la humanidad:
"escuchadle".
En
la teofanía que había sucedido el día del Bautismo de Jesús en el Jordán, donde
se oyen palabras muy semejantes, no se añadía el final: "escuchadle".
Aquí, sí. Jesús es el Maestro auténtico que nos ha enviado Dios.
Este
es el Jesús en quien nosotros creemos, a quien escuchamos en cada Eucaristía y
a quien intentamos seguir en nuestra vida. Vamos por buen camino. Jesús es el
Hijo de Dios y el Maestro y la Palabra definitiva que Dios dirige a la
humanidad.
Hoy
somos invitados a remotivar y refrescar nuestra condición de discípulos:
tenemos que "escuchar" más a Jesús. En Cuaresma y a lo largo del año,
domingo tras domingo -día tras día- acudimos a la escuela de este Maestro y él
nos va enseñando, con su ejemplo y con su palabra, el camino de la salvación y
de la vida.
En
la oración del principio de la misa hemos pedido a Dios: "tú nos has
mandado escuchar a tu Hijo: alimenta nuestro espíritu con tu Palabra".
No
nos quedaremos en la montaña, fabricando tres tiendas. Bajaremos al valle, a
trabajar y a anunciar el Reino. Pero la experiencia de la montaña-de cada
celebración de la Eucaristía- nos da fuerzas y ánimos para ser luego
consecuentes con nuestra fe en la vida.
JOSÉ
ALDAZABAL, COMENTARIO DOMINICAL, CICLO A
PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO II CICLO A 2026
DOMINGO II DE CUARESMA
“SU ROSTRO RESPLANDECIA COMO
EL SOL”
01.- CAMINARE EN PRESENCIA DEL SEÑOR (Salmo 114) (J.A.
Espinoza)
CAMINARÉ EN PRESENCIA DEL SEÑOR,
CAMINARÉ EN PRESENCIA DEL SEÑOR.
1.- Amo al Señor porque escucha mi voz
suplicante,
Porque inclina su oído hacia mí,
El día que lo invoco.
2.- Me envolvían redes de muerte,
Caí en tristeza y en angustia,
Invoqué el Nombre del Señor:
¡Señor, Salva Mi Vida!
3.- El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo,
el Señor guarda a los sencillos,
estando yo sin fuerzas me salvó.
4.- Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo,
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
02.- VAYAMOS JUBILOSOS (Euswbio Goicochea A.M. Danoz)
VAYAMOS JUBILOSOS AL ALTAR DE DIOS
(BIS)
Al sagrado Altar nos guíen
su verdad y su justicia,
a ofrecer el sacrificio
que le da Gloria infinita.
Al Dios santo celebremos,
que nos llena de alegría,
y subamos hasta el monte
donde Dios se sacrifica.
Ofrezcamos todos juntos
esta víctima divina,
que se inmola por nosotros
para darnos luz y vida.
Gloria sea al Padre Eterno,
gloria a Cristo, nuestro guía,
y al Espíritu Divino
alabanzas infinitas.
03.- REUNIDOS EN EL NOMBRE DEL SEÑOR (Francisco Palazon)
REUNIDOS EN EL NOMBRE DEL SEÑOR,
QUE NOS HA CONGREGADO ANTE SU ALTAR,
CELEBREMOS EL MISTERIO DE LA FE
BAJO EL SIGNO DEL AMOR Y LA UNIDAD
(BIS)
1.- Tú, Señor, das sentido a nuestra
vida,
tu presencia nos ayuda a caminar,
tu palabra es fuente de agua viva
que nosotros, sedientos, a tu mesa venimos
a buscar.
2.- Purifica con tu gracia nuestras
manos,
ilumina nuestra mente con tu luz,
que la fe se fortalezca en tu palabra,
y tu cuerpo, tomado en alimento, nos
traiga la salud
04.- ENTRE TUS MANOS
Entre Tus manos está mi vida, Señor.
Entre Tus manos pongo mi existir.
Hay que morir, para vivir.
Entre Tus manos confío mi ser.
Si el grano de trigo no muere,
si no muere solo quedará,
pero si muere en abundancia dará
un fruto eterno que no morirá.
Hay que morir, para vivir.
Entre Tus manos confío mi ser.
05.- QUIERO ESTAR SEÑOR EN TU PRESENCIA (Carmelo Erdozain)
1.- Quiero estar, Señor, en tu
presencia,
quiero estar, Señor, junto a tu mesa.
Y llevarte hoy mis manos llenas,
y entregarte hoy todo mi amor.
TÓMALO Y ACÉPTALO, SEÑOR,
ES MI COSECHA.
TÓMALO, TRANSFÓRMALO, SEÑOR,
EN PURA OFRENDA.
2.- Con el pan, Señor, llevo mi vida,
con el cáliz lava mis heridas.
A tu altar, Señor, llevo mi espiga,
a tu altar de amor, mi corazón.
3.- Quiero estar, Señor, junto a tu
mesa
y entregar mi vida entera.
Quiero estar, Señor, en tu presencia
y entregar mi corazón.
06.- TE OFRECEMOS PADRE ETERNO
Te ofrecemos Padre eterno de la tierra
nuestro don,
para que nos lo conviertas en tu Hijo
el Salvador. (BIS)
VINO Y PAN DAMOS HOY, SE TRANSFORMARÁN
EN DIOS.
Todo el alma de este pueblo la ponemos
con amor,
junto al cáliz y las hostias en señal
de adoración. (Bis)
Presentamos nuestras culpas ante el ara
del perdón,
las ofrendas hechas Cristo nos darán la
salvación.
Te ofrecemos nuestras luchas por la
nueva humanidad,
pon tu amor en medio de ellas y el
pueblo verá la paz.
07.- DANOS TU LUZ (J.A. Espinoza)
SEÑOR, TÚ QUE BRILLAS EN LAS TINIEBLAS,
DANOS TU LUZ.
1.- Mi corazón está sangrando,
me siento lejos, lejos de ti.
La vida es triste si Tú nos dejas,
si Tú nos dejas solos, sin luz.
2.- En esta noche sigo tus pasos,
aunque no vea, clara tu luz.
Guíanos Tú, por esta vida,
por esta vida, hasta la luz.
3.- Pronto vendrá el nuevo día,
amanecer de eterna luz.
Nace en nosotros paz y esperanza,
juntos veremos la luz sin fin.
08.- BUSCO TU ROSTRO
Caminando por la vida
busco tu rostro, Señor.
¡Busco tu rostro!.
Muéstrame Tu Vida,
Muéstrame Tu Espíritu,
Tengo Sed De Ti,
Tengo Sed De Ti. (Bis)
Con tu gracia y con mi nada
hoy me acerco a Ti.
¡Busco tu rostro!.
Con la fuerza de tu Espíritu
y el impulso de tu amor.
09.- PURIFICAME SEÑOR CON TU GRACIA (Carmelo Erdozain)
1.- Purifícame, Señor, con tu gracia
purifícame, Señor, con la lluvia de tu
gracia
purifícame, lléname Señor, de alegría
y al entrar en tu morada purifícame.
2.- Transfigúrame, Señor, a tu imagen
transfigúrame, Señor, a la luz de tus
palabras
transfigúrame, guíame Señor por tus
sendas
y al calor de tu mirada, transfigúrame.
3.- A tu lado quiero estar en tu mesa
a tu lado quiero estar y gozar de tu
presencia,
compartir tu pan. Yo no sé Señor
si soy digno de que hagas de mi casa tu
morada.
4.- Pero yo quisiera ser tu invitado
tu invitado quiero ser y sentir con mis
hermanos
que tu cuerpo es pan, pan de eternidad
pan del cielo, vino nuevo de la
Alianza, sacramento.
5.- En tu nombre anunciaré tu evangelio
en tu nombre anunciaré el mensaje de tu
reino
quiero serte fiel. Tú vendrás, Señor, a
mi lado
llevaré la buena nueva a mis hermanos.
10.- SANTA MARIA DEL AMEN (J.A. Espinoza)
MADRE DE TODOS
LOS HOMBRES
ENSEÑANOS A
DECIR: AMEN.
Cuando la noche se acerca,
y se oscurece la fe.
Cuando el dolor nos oprime,
y
la ilusión ya no brilla.
Cuando aparece la luz,
y
nos sentimos felices.
Cuando nos llegue la muerte,
y
tú nos lleves al cielo.
11.- YA NO TEMOS, SEÑOR (J.A.
Espinoza)
CRISTO ESTÁ
CONMIGO, JUNTO A MÍ VA EL SEÑOR;
ME ACOMPAÑA
SIEMPRE EN MI VIDA, HASTA EL FIN.
Ya
no temo, Señor, la tristeza;
ya
no temo, Señor, la soledad;
porque
eres, Señor, mi alegría,
tengo
siempre tu amistad.
Ya no temo, Señor, a la noche,
ya no temo, Señor, la oscuridad,
porque brilla tu luz en las sombras,
ya no hay noche, eres luz.
Ya
no temo, Señor, los fracasos,
ya
no temo, Señor, la ingratitud;
porque
el triunfo, Señor, en la vida,
Tú
lo tienes, Tú lo das.
Ya
no temo, Señor, los abismos;
ya
no temo, Señor, la inmensidad;
porque
eres, Señor, el camino
y
la vida, la verdad.
12.- TU ERES EL DIOS QUE NOS SALVA (J.A. Espinoza)
Tú eres el Dios que nos salva,
la luz que nos ilumina,
la mano que nos sostiene
y el techo que nos cobija.
Te damos gracias Señor,
te damos gracias Señor. (bis)
Te damos gracias Señor
porque has depuesto la ira
y has detenido ante el pueblo
la mano que los castiga.
Y sacaremos con gozo
del manantial de la vida,
las aguas que dan al hombre
la fuerza que resucita.
Entonces proclamaremos
cantadle con alegría,
el nombre de Dios es agradable
su caridad infinita.
Que alabe al Señor la tierra.
Cantadle sus maravillas
que grande en medio del pueblo
el Dios que nos justifica.
13.- TE DAMOS GRACIAS SEÑOR (J.A. Espinoza)
TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR,
DE TODO CORAZÓN,
TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR,
CANTAMOS PARA TI.
1.- A tu nombre daremos gracias,
por tu amor y tu lealtad,
te llamé y me escuchaste,
aumentaste el valor en mi alma.
2.- Te alaban los reyes de la tierra,
porque oyeron la voz de tu palabra;
y en los caminos del Señor van
cantando,
porque grande es la gloria del Señor.
3.- Si camino en medio de la angustia,
me das vida a pesar del enemigo;
Tú miras al pobre y al humilde,
grandioso es el Señor.
4.- Tiendes tu mano y nos salvas,
cumplirás tu favor hacia mí;
Señor, tu amor es eterno;
no abandones la obra de tus manos.
