martes, 3 de febrero de 2026

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO V T.O. CICLO A - 8 FEBRERO 2026

 “USTEDES SON LA LUZ DEL MUNDO”

 

 

COMENTARIO

 

Las dos pequeñas parábolas de la sal y de la luz que leemos en el evangelio de hoy enlazan directamente con el inicio del sermón del monte (las bienaventuranzas) que nos fue proclamado hace una semana, y se dirigen a los mismos oyentes: a los discípulos. Las bienaventuranzas terminan diciendo: "Ustedes serán dichosos cuando...", y el texto de hoy comienza: “ustedes son..." Las bienaventuranzas nos definían al discípulo de Jesús; estas dos parábolas -que expresan el pensamiento de Jesús con imágenes muy familiares a los oyentes- indican cuál es la misión de los discípulos en el mundo, ante los hombres. La primera imagen es la de la sal. Los discípulos -y todos los seguidores de Cristo- son la sal de la tierra, de los hombres.

Una primera aplicación de la imagen nos la podría dar el culto: las víctimas, antes de ser sacrificadas, eran cubiertas totalmente de sal y, en este sentido, la misión de los discípulos sería la de disponer la tierra para ser aceptable a Dios. Pero la imagen de la luz que viene a continuación nos inclina a pensar que su sentido se toma principalmente a partir del uso doméstico y cotidiano de la sal (artículo imprescindible y de primera necesidad), usada para dar gusto, purificar y conservar. A partir de esta última cualidad, la sal habría pasado a significar la validez y perennidad de un contrato o de una alianza: el discípulo debe conservar y dar gusto al mundo de los hombres en su alianza con Dios. Y del mismo modo que lo hace la sal: de forma discreta y prácticamente sin aparecer a la vista.

En Palestina se usaba sal procedente del mar Muerto, bastante impura y que podía perder el gusto; entonces no servía absolutamente para nada, como el discípulo que no realiza su misión.

La segunda imagen es la de la luz, de fuerte raigambre bíblica (véase primera lectura de hoy). Dios es luz y Cristo es la luz del mundo. Los discípulos deben serlo en tanto que están unidos a Cristo, que forman su pueblo, el nuevo Israel. La casa de la gente sencilla, de una sola habitación, era iluminada por una lamparilla colgada en el techo u otro utensilio casero era utilizado como apagavelas; por eso podemos entender "meter una vela bajo el celemín" como sinónimo de apagarla. ¡No se enciende una luz para apagarla enseguida! Su misión es iluminar a todos los de casa.

El testimonio del Evangelio que dan los discípulos y las obras que realizan de acuerdo con este Evangelio -cuyo primer anuncio son las bienaventuranzas- deben ser luz para todos, para que los hombres conozcan quién es Dios y le den gloria. Con palabras de la segunda lectura: viendo las obras de los discípulos, los hombres tienen que ver "el poder de Dios" que actúa en los creyentes y deben sentirse atraídos hacia Él.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTIFONA DE ENTRADA Sal 94, 6-7

Entren, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque Él es nuestro Dios.

 

ORACION COLECTA

Protege, Señor, con amor continuo a tu familia, para que, al apoyarse en la sola esperanza de tu gracia del cielo, se sienta siempre fortalecida con tu protección.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 58, 7-10

Esto dice el Señor: «Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre a que ves desnudo y no te desentiendas de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchara la justicia, detrás de ti la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor y te responderá: pedirás ayuda y te dirá: "Aquí estoy". Cuando alejas de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies al alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía».

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 111, 4-9)

 

El justo brilla en las tinieblas como una luz.

 

En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo. Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos. R.

 

Porque jamás vacilará. El recuerdo del justo será perpetuo. No temerá las malas noticias, su corazón está firme en el Señor. R.

 

Su corazón está seguro, sin temor. Reparte limosna a los pobres; su caridad dura por siempre y alzará la frente con dignidad. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1-5

Yo mismo, hermanos, cuando vine a ustedes a anunciarles el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre ustedes me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado. También yo me presenté a ustedes débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que su fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Jn 8, 12b

Aleluya. Yo soy la luz del mundo-dice el Señor-; el que me sigue tendrá la luz de la vida. Aleluya.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán. No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre que está en los cielos».

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Hermanos, congregados aquí en asamblea, somos una porción de la Iglesia católica que intercede ante nuestro Padre; hagamos pues que nuestra común oración sea también una oración universal.

 

1.- Por la Santa Iglesia, por el Papa, los obispos y sacerdotes, para que con su palabra y su vida sean un faro de luz que guíe a todos los hombres hacia Cristo. Roguemos al Señor

 

2.- Para que la palabra de los que anuncian el Evangelio no sea sólo sabiduría humana, sino manifestación y poder del Espíritu de Dios. Roguemos al Señor

 

3.- Por los enfermos, los que sufren, los que se sienten solos o marginados, para que encuentren en nuestra caridad y servicio un reflejo del amor de Dios y se sientan aliviados en sus pruebas. Roguemos al Señor.

 

4.- Por nosotros, reunidos aquí; para que se grabe en nuestra propia conciencia que la semilla tiene que sufrir y morir, según el ejemplo que Cristo nos dio. Roguemos al Señor

 

¡Señor! Haz que con nuestra paciencia vaya creciendo nuestra esperanza de la cosecha, para que, cuando tú lo quieras, podamos recoger contigo muchos y hermosos frutos. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Señor y Dios nuestro, que has creado estos dones como reme dio eficaz de nuestra debilidad. concédenos que sean también para nosotros sacramento de vida eterna.

 

ANTIFONA DE COMUNION Sal 106, 8-9

Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Calmó el ansia de los sedientos y a los hambrientos los colmó de bienes.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Oh, Dios, que has querido hacernos partícipes de un mismo pan y de un mismo cáliz, concédenos vivir de tal modo que, unidos en Cristo, fructifiquemos con gozo para la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 09: 1R 8, 1-7.9-13; Sal 131, 6-7. 8-10; Mc 6, 53-56.

Martes 10: 1R 8, 22-23.27-30; Sal 83, 3.4.5 y 10. 11; Mc 7, 1-13

Miércoles 11: 1R 10, 1-10; Sal 36, 5-6. 30-31. 39-40; Mc 7, 14-23

Jueves 12: 1R 11, 4-13; Sal 105, 3-4. 35-36. 37 y 40; Mc 7, 24-30

Viernes 13: 1R 11, 29-32;12, 19; Sal 80, 10-11ab. 13-13.14-15; Mc 7, 31-37.

Sábado 14: 1R 12, 26-32; 13, 33-34; Sal 105, 6-7ª. 19-20.21-22; Mc 8, 1-10

Domingo 15: Eclo 15, 15-20; Sal118, 1-2. 4-5. 17-18.33-34; 1Co  2, 6-10; Mt 5, 17-37.

  

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Mt 5, 13-16

 

1.- SAL/LUZ.

"Vosotros sois la sal de la tierra": Las dos parábolas de este texto parten de dos realidades, la sal y la luz, que en el mundo antiguo tenían la fama de ser imprescindibles. La primera comparación, la de la sal, es una exhortación a los discípulos como comunidad ("vosotros"), que pone de relieve la preocupación eclesial que tiene constantemente Mateo en su evangelio. Juntos, los discípulos han de ser sal de la tierra, han de salar la tierra. ¿Qué significado tiene la sal? Indica las funciones de purificación, de dar sabor, de conservar aquello perecedero, de dar valor, etc. Los sacrificios eran salados, al igual que los pequeños al nacer. Aplicado a los discípulos indica que con sus obras y su testimonio del Evangelio han de dar sabor y valor a la humanidad.

"Si la sal se vuelve sosa...": Aunque propiamente la sal no puede perder su sabor, aquí la imagen queda manipulada al servicio del contenido. Lo que los discípulos pueden perder es la capacidad de manifestar, con sus obras y su testimonio, el Evangelio. Esta posibilidad de fracaso se aplica a la imagen de la sal, subrayando que, de la misma manera que sería totalmente inútil una sal que no tuviera sabor, también lo sería la comunidad si no hiciese presente en el mundo las obras de la fe.

"Vosotros sois la luz del mundo": La segunda comparación gira en el mismo sentido que la anterior, pero subraya la necesidad de que las obras de la comunidad de los discípulos sean visibles por los demás hombres. La imagen de la luz nos recuerda la comunidad de los esenios que se autodenominaban "hijos de la luz", pero vivían apartados del resto del pueblo en la soledad del desierto.

La comunidad cristiana no tiene la luz únicamente como un bien interno, tiene que huir de tentaciones sectarias y esotéricas. Ha recibido la luz y tiene que manifestarla al mundo.

J. NASPLEDA - MISA DOMINICAL 1990/03


 

2.-El Evangelio -colocado en el interior del sermón de la montaña- hace hincapié en este aspecto de la vocación del creyente. Éste es presentado como lleno de luz y transmisor de la luz. Se habla de la luz, la sal y la ciudad, evidenciando que el fiel debe influir en la vida de los demás a través del testimonio personal y comunitario (es importante que el testimonio se inserte siempre en la Iglesia, de lo contrario carece de sentido).

Finalmente se dice abiertamente que el testimonio del Hijo de Dios sólo es posible por las obras. En esta afirmación se halla todo el peso de la responsabilidad de los discípulos humildes y pobres, del Señor. En efecto, el mundo necesita una salvación en la que a los creyentes les corresponde un papel muy importante. Y ningún discípulo puede evadirse de su responsabilidad social (si lo hace no habrá sido fiel a su vocación y será tan inútil como la sal sosa o la lámpara escondida).

El tema no es difícil de desarrollar, pero habrá que cuidar el estilo; habrá que procurar mover el corazón hacia la conversión, y para ello se precisa una dureza suave.

JUAN GUITERAS - MISA DOMINICAL 1975/03


 

3.- LUZ/TESTIMONIO:

"Vosotros sois" conecta redaccionalmente la primera frase de hoy con la última del domingo pasado (dichosos vosotros cuando os insultan) y, a través de ésta, con los pobres, los sufridos, los que lloran, etc. Vosotros se refiere, pues, a todos los que el domingo pasado eran declarados dichosos por Jesús. Todos estos, con su existencia difícil y desde su existencia, son la sal de la tierra. La conexión redaccional del texto del domingo pasado y la metáfora misma de la sal quitan al proyecto al que Jesús llama cualquier ribete de apariencia, prepotencia o apologética. La sal sazona, conserva los alimentos desde su estar, sin más, en ellos.

"Pero si la sal se vuelve tonta", continúa la metáfora original. Sal tonta. ¡Qué imagen más gráfica! El v.13 es una invitación a los dichosos del domingo pasado a seguir abiertos a Dios, a seguir ilusionados y esperanzados, a no desfallecer. Ellos son demasiado importantes. Otra sorpresa de la enseñanza del Jesús de Mateo. ¡Y van ya unas cuantas! Recuerda las del domingo pasado.

"Vosotros sois la luz del mundo" (v.14). Una nueva metáfora a la que siguen dos imágenes subordinadas que explican su sentido: la del poblado en lo alto de un monte y la de la lamparilla colgada en el interior de las casas (en tiempos de Jesús, se sobreentiende). El poblado en lo alto del monte es punto de referencia para el caminante, la lamparilla en la casa posibilita los quehaceres y la reunión familiar. Es importante anotar esto porque da al proyecto de Jesús su justa perspectiva. El poblado y la lamparilla están sin más. Es el caminante o los moradores de la casa quienes aprecian su valor. Así pasa con los que Jesús declara bienaventurados. No tienen pretensiones de iluminar, no dicen: nosotros os ofrecemos la solución. Sencillamente están.

Son los demás quienes descubren su talante, sus buenas obras, y desde ese descubrimiento concluyen la existencia de un Dios Padre. Son los demás quienes descubren su importancia o valor. No son ellos quienes se dan importancia o valor. Son los demás quienes, gracias a ellos, llegan a la conclusión de que existe Dios y que Dios es Padre. Este es el significado de la expresión "dar gloria a vuestro Padre". "Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo".

ALBERTO BENITO - DABAR 1987/14


 

4.- Contexto: Continúa el desarrollo de lo que significa ser "pescador de hombres". Texto. Equiparación discípulo/sal (v.13a). Reflexión-advertencia en forma de pregunta y respuesta (v.13b). Equiparación discípulo/luz (v.14a). Invitación a base de dos ejemplos (vs. 14b-15). Aplicación (v.16).

Las equiparaciones están formuladas en oraciones nominales (se predica o afirma algo del sujeto). Predicado con artículo: el sujeto agota la capacidad de significación del predicado (= no hay otra sal ni otra luz en la tierra). El sujeto adquiere pues carácter absoluto en el orden de lo afirmado de él en el predicado.

El predicado está formulado con imágenes. Entre sujeto y predicado se establece pues la relación significado-significante.

Sal y luz son símbolos, e decir, imágenes-puente entre dos órdenes. Pre-texto. Imágenes domésticas: sal, ciudad en el monte, luz. La sal sazona, conserva preservando de la corrupción; medio de limpieza pública. "Una cena sin sal no es cena" (proverbio rabínico). Un manjar sin sal sería intolerable (/Jb/06/06).

Casa-judía popular: una única estancia, iluminada de noche por una pequeña lámpara de barro alimentada con aceite. Modio/medida de capacidad para áridos (en torno a ocho litro y medio).

Gloria en sentido objetivo: cualidad en el tú que impresiona al yo (por ejemplo en la expresión: la gloria de tal señor es imperecedera). Gloria en sentido subjetivo: movimiento del yo hacia el tú (expresiones: alabar a uno, dar gloria, bendecir).

Sentido del texto. Desde el momento que el texto está montado sobre imágenes, el primer paso para detectar su sentido deberá ser la contemplación sin prisas de esas imágenes. Fruto de esa contemplación caemos en la cuenta de que sal y luz son imágenes funcionales. Dada, pues, la equiparación discípulos (=vosotros)-luz y sal, la formulación general del sentido del texto podría ser ésta: funciones de los discípulos entre los hombres (tierra y mundo tienen sentido antropológico).

1. Los discípulos son sal, es decir, sazonan y evitan la corrupción, y esto con carácter absoluto (=la sal). Los discípulos de Jesús son necesarios e insustituibles en nuestro mundo. Cuando la sal se pierde, aún se puede usar en la limpieza pública. Pero inevitablemente los transeúntes la pisan. Si los discípulos no son sal no sirven para nada (invitación imperativa).

2. Los discípulos de Jesús son luz que ilumina a los hombres y no hay más luz que ellos. Invitación imperativa a serlo porque para esto están. De ellos depende que los demás hombres den gloria al Padre, es decir, descubran que Dios es Padre. Y esto sólo lo descubrirán si los discípulos viven y son hermanos. En esta fraternidad consisten las buenas obras a que Jesús se refiere. ¿Tienen los discípulos de Jesús una identidad entre los hombres? Ante este texto la duda sobra. ¡Qué inabarcable responsabilidad!

DABAR 1978/13


 

5.-  "Vosotros sois la luz del mundo". Texto del Evangelio (Mt 5,13-16):
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos".
Artículo originalmente publicado por evangeli.net

 


 

6.- SAL/LUZ/QUIENES-SON:

Por lo que se refiere al texto evangélico, convendrá subrayar su carácter de continuación de las bienaventuranzas. Son los dichosos según JC -son los "bienaventurados"- quienes son sal y luz. Es necesario precisarlo para evitar la impresión de que el simple hecho de ser cristianos nos constituya en sal y luz. La frase introducida para iniciar la lectura litúrgica ("dijo Jesús a sus discípulos") podría ser interpretada equivocadamente y de hecho hay una larga costumbre -larga y mala costumbre- de atribuirnos este carácter de luz y sal sin reconocer que Jesús habla de quienes son pobres, trabajan por la paz, luchan por la justicia, saben ser misericordiosos y limpios de corazón... Ellos son quienes son sal y luz de Dios -porque son realmente "hijos de Dios en el mundo.

Con todo, en la redacción mateana, se incluye un grito de alerta atribuido a Jesús ante el peligro -fácil peligro- de quienes se creen luz y sal dejen de serlo (y, sin embargo, se sigan atribuyendo con hueca jactancia estas cualidades). Se trata, evidentemente, de un grito de alerta dirigido a quienes por el hecho de ser discípulos de Jesús y sin que sus "buenas obras" -las descritas en la primera lectura- lo acrediten, se creen luz y sal.

La sal que se vuelve sosa...; la luz que ya no alumbra, ya no ilumina... No se trata tanto de un voluntarismo -como con frecuencia se interpreta- sino de una realidad (de nuevo: de las "buenas obras"). El discípulo de Jesús que vive realmente fiel a las "bienaventuranzas" -que se siente interpelado, afectado, tocado por ellas...- es luz y sal del mundo sin necesidad de proponérselo. En nuestra sociedad "secularizada", el testimonio cristiano podría caer en la tentación de imaginar que lo más urgente e importante es querer ser luz y sal, cuando -ahora y siempre- lo urgente e importante es simplemente serlo. No es un problema de publicidad, sino de realidad.

J. GOMIS - MISA DOMINICAL 1987/03


 

7.-

Ser la sal de la tierra es ser su elemento más precioso: sin la sal, la tierra no tiene ya razón de ser; con la sal, por el contrario, si sigue siendo sal, la tierra puede proseguir su vocación y su historia. La Iglesia que no es ya fiel a sí misma no solo se pierde, sino que deja al mundo sin salvador.

(...) Cada discípulo es luz en la medida en que sus acciones se convierten en signos de Dios para el mundo. El testimonio cristiano está, pues, dotado de visibilidad y responde a una exigencia misionera: no se santifica uno de manera puramente interior; no se encuentra uno dispersado en el mundo hasta el punto de perderse en él en la conformidad total con ese mundo o de olvidar el testimonio de la trascendencia.

MAERTENS-FRISQUE
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA II - MAROVA MADRID 1969.Pág. 180


 

8.- -Sal y luz. Las dos comparaciones empleadas por Jesús (5,13-16) -que encontramos también en Marcos y en Lucas, aunque en contextos diferentes- son cristalinas y han de tomarse en su sentido obvio.

Jesús dice -con gran fuerza y simplicidad- que los discípulos deben ser "sal" y "luz"; es decir, que deben ser punto de referencia, de purificación, de transformación, so pena de la más total inutilidad.

Podemos precisar más. Marcos (/Mc/04/21-22) interpreta las palabras de Jesús así: hay que manifestar el reino de Dios. A su vez, Lucas (/Lc/08/16-17) parece decir: hay que poner de manifiesto y en claro para todo el mundo la verdad del mensaje de Cristo y su validez. Mateo es más moralista, como siempre; haced las obras que sugiere el evangelio ("Así ha de lucir vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos").

De cualquier modo, en el fondo, el pensamiento es común: haced visible en vuestra vida la fuerza transformadora del evangelio; demostrad que el amor nuevo -del que Cristo ha dado ejemplo- es posible. Jesús, pues, está hablando del deber misionero de su comunidad. Obsérvese asimismo la dimensión universalista: la "tierra" y el "mundo" son la humanidad entera sin distinción. Las comparaciones de la luz y de la ciudad edificada sobre el monte (Jerusalén) se usan a menudo en el Antiguo Testamento para indicar el significado salvífico universal de Israel, su deber de ser "signo" de Dios ante todos, punto de convergencia y de encuentro de la humanidad entera. En otros términos, la comunidad de los discípulos (so pena de ser una completa inutilidad: ¿de qué serviría la sal insípida o una luz oculta?) debe hacerse "profecía"; y no de palabra, sino con las obras.

BRUNO MAGGIONI - EL RELATO DE MATEO - EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 60


 

9.- Jesús habla a la muchedumbre desde una montaña. Acaba de proclamar un estilo de vida tan nuevo como chocante. Y lo ha hecho con autoridad divina. El es el mesías, el salvador. Por él vivimos la nueva y definitiva alianza con Dios.

En esta perspectiva, quien dice "sí" con su vida a estas enseñanzas es sal y luz. Dos imágenes de lo que Dios quiere del cristiano en el mundo. La sal da valor y sabor a lo que toca. Para ello tiene que dejar el salero y disolverse en los alimentos. La luz también es para otro. Con ella se ve, se puede caminar. Ocultarla no tiene sentido.

Así el cristiano, portador del don de Dios, no puede limitarse a gozarlo y vivirlo sólo él. Debe alumbrar y dar sabor al mundo. No por vanagloria o haciendo alarde de lo que posee, sino para que los demás, viéndolo, den gloria al Padre. El ejemplo más claro es el mismo Jesús, que siempre actuó poniendo su poder y enseñanzas al servicio de la gloria del Padre.

Estas dos pequeñas parábolas, con preocupación eclesial, dirigidas a los que han escuchado las bienaventuranzas, señalan, pues, el valor de las obras en favor de los hombres... Los discípulos harán de la tierra entera una ofrenda o acción de gracias a Dios. La dificultad de que la sal químicamente no pueda perder su sabor (esta impropiedad de la imagen), pone de relieve la gravedad de lo que sucede, si los discípulos descuidan las obras: un aviso explícito para los que por la fe queremos hacer la obra de Dios.

EUCARISTÍA 1993/08


 

10.- REFLEXION Evangelio Mateo (5, 13-16)
Ser sal y ser luz El Señor nos presenta hoy la necesidad de “ser sal”, y lo seremos al introducir en todos los medios y actividades en las que estamos involucrados, el ingrediente de la palabra, del amor y del criterio de Jesucristo. Siendo sal, tenemos todas las posibilidades de “ser” para los demás y de dar el sabor de Dios a la vida del prójimo. Mas esa sal se puede desvirtuar, nos dice el Señor: cuando empezamos a posponer los compromisos de oración, cuando el programa de vida se queda arrumbado en el cajón, o cuando frenamos el esfuerzo de superación humana y espiritual, la sal que somos va perdiendo su fuerza, y se puede caer en la tibieza espiritual o en la mediocridad como personas.

 


Hay que vivir la función de “sal” en la familia ayudando a que vaya resaltando en cada miembro de ella, lo propio y lo positivo de su ser y armonizar, entre sí, las distintas personalidades y de ese modo presentar al mundo la certeza de que la armonía familiar influye en bien de la sociedad.


 

11.- Leer el comentario del Evangelio por : San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975), presbítero, fundador, Homilía del 4/5/57 «Brilla para todos aquellos que están en la casa»
Llenar el mundo de luz, ser sal y luz, es tal como el Señor ha descrito la misión de los discípulos. Llevar hasta los confines de la tierra la buena noticia del amor de Dios. Es eso a lo que todos los cristianos, de una u otra manera, deben consagrar su vida... La gracia de la fe no nos ha sido conferida para tenerla escondida, sino bien al contrario, para brillar delante de los hombres...

Quizás algunos se preguntarán cómo pueden comunicar este conocimiento de Cristo a los demás. Yo os respondo: con naturalidad, con simplicidad, viviendo exactamente tal como lo hacéis en medio del mundo, dándoos cuenta que estáis en vuestro trabajo profesional o al cuidado de vuestra familia, participando de todas las nobles aspiraciones de los hombres, respetando la legítima libertad de cada uno... La vida ordinaria puede ser santa y llena de Dios, el Señor nos llama a santificar nuestras tareas habituales, porque también ahí reside la perfección cristiana.


No olvidemos que la casi totalidad de los días que María ha pasado en esta tierra se han desarrollado de manera muy semejante a los días de millones de otras mujeres, consagradas, como ella, a su familia, a la educación de sus hijos, a los quehaceres del hogar. De todo esto Maria santifica hasta el más mínimo detalle, eso que muchos consideran, equivocadamente, como insignificante y sin valor... ¡Bendita vida ordinaria que puede, de tal manera, estar llena del amor de Dios! Porque he aquí cual es la explicación de la vida de María: su amor llevado hasta el olvido total de sí, contenta de encontrarse en el lugar en el cual Dios la quería. Por eso el más pequeño de sus gestos no ha sido nunca banal, sino al contrario, aparecía lleno de significado... Nos toca a nosotros intentar ser como ella en las circunstancias precisas en las que Dios ha querido que vivamos.

 


 

† Meditación diaria


Quinto Domingo

ciclo a

SER LUZ CON EL EJEMPLO

— Los cristianos debemos ser sal y luz en medio del mundo. El ejemplo ha de ir por delante.

—Ejemplaridad en la vida familiar, profesional, etc.

— Ejemplares en la caridad y en la templanza. Para nada sirve la sal insípida.

I. En el Evangelio de la Misa de este domingo1 nos habla el Señor de nuestra responsabilidad ante el mundo: Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo. Y nos lo dice a cada uno, a quienes queremos ser sus discípulos.

La sal da sabor a los alimentos, los hace agradables, preserva de la corrupción y era un símbolo de la sabiduría divina. En el Antiguo Testamento se prescribía que todo lo que se ofreciera a Dios llevase la sal2, significando la voluntad del oferente de que fuera agradable. La luz es la primera obra de Dios en la creación3, y es símbolo del mismo Señor, del Cielo y de la Vida. Las tinieblas, por el contrario, significan la muerte, el infierno, el desorden y el mal.
Los discípulos de Cristo son la sal de la tierra: dan un sentido más alto a todos los valores humanos, evitan la corrupción, traen con sus palabras la sabiduría a los hombres. Son también luz del mundo, que orienta y señala el camino en medio de la oscuridad. Cuando viven según su fe, con su comportamiento irreprochable y sencillo, brillan como luceros en el mundo4, en medio del trabajo y de sus quehaceres, en su vida corriente. En cambio, ¡cómo se nota cuando el cristiano no actúa en la familia, en la sociedad, en la vida pública de los pueblos! Cuando el cristiano no lleva la doctrina de Cristo allí donde se desarrolla su vida, los mismos valores humanos se vuelven insípidos, sin trascendencia alguna, y muchas veces se corrompen.
Cuando miramos a nuestro alrededor nos parece como si, en muchas ocasiones, los hombres hubieran perdido la sal y la luz de Cristo. “La vida civil se encuentra marcada por las consecuencias de las ideologías secularizadas, que van, desde la negación de Dios o la limitación de la libertad religiosa, a la preponderante importancia atribuida al éxito económico respecto a los valores humanos del trabajo y de la producción; desde el materialismo y el hedonismo, que atacan los valores de la familia prolífica y unida, los de la vida recién concebida y la tutela moral de la juventud, a un “nihilismo” que desarma la voluntad para afrontar problemas cruciales como los de los nuevos pobres, emigrantes, minorías étnicas y religiosas, recto uso de los medios de información, mientras arma las manos del terrorismo”5. Hay muchos males que se derivan de “la defección de bautizados y creyentes de las razones profundas de su fe y del vigor doctrinal y moral de esa visión cristiana de la vida, que garantiza el equilibrio a personas y comunidades”6. Se ha llegado a esta situación –en la que es preciso evangelizar de nuevo a Europa y al mundo7– por el cúmulo de omisiones de tantos cristianos que no han sido sal y luz, como el Señor les pedía.

Cristo nos dejó su doctrina y su vida para que los hombres encuentren sentido a su existencia y hallen la felicidad y la salvación. No puede ocultarse una ciudad situada en lo alto de un monte; ni se enciende una luz para ponerla debajo del celemín, sino sobre un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa, nos sigue diciendo el Señor en el Evangelio de la Misa. Alumbre así vuestra luz ante los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Y para eso es necesario, en primer lugar, el ejemplo de una vida recta, la limpieza de conducta, el ejercicio de las virtudes humanas y cristianas en la vida sencilla de todos los días. La luz, el buen ejemplo, ha de ir por delante.
II. Frente a esa marea de materialismo y de sensualidad que ahoga a los hombres, el Señor “quiere que de nuestras almas salga otra oleada –blanca y poderosa, como la diestra del Señor–, que anegue, con su pureza, la podredumbre de todo materialismo y neutralice la corrupción, que ha inundado el Orbe: a eso vienen –y a más– los hijos de Dios”8, a llevar a Cristo a tantos que conviven con nosotros, a que Dios no sea un extraño en la sociedad.

Transformaremos de verdad el mundo –comenzando por ese mundo quizá pequeño en el que se lleva a cabo nuestra actividad y en el que se despiertan nuestras ilusiones– si la enseñanza comienza con el testimonio de la vida personal: si somos ejemplares, competentes y honrados en el trabajo profesional; en la familia, dedicando a los hijos, a los padres, el tiempo que necesitan; si nos ven alegres, también en medio de la contradicción y del dolor; si somos cordiales..., “creerán a nuestras obras más que a cualquier otro discurso”9 y se sentirán atraídos a la vida que muestran nuestras acciones. El ejemplo prepara la tierra en la que fructificará la palabra. Sin nada que no sea propio de cristianos corrientes, podemos mostrar lo que significa seguir de verdad al Señor en el quehacer cotidiano, como hicieron los primeros cristianos. San Pablo lo urgía así a los fieles de Éfeso: os conjuro a que os portéis de una manera digna de la vocación a la que habéis sido llamados10.

Nos han de conocer como hombres y mujeres leales, sencillos, veraces, alegres, trabajadores, optimistas; nos hemos de comportar como personas que cumplen con rectitud sus deberes y que saben actuar en todo momento como hijos de Dios, que no se dejan arrastrar por cualquier corriente. La vida del cristiano constituirá entonces una señal por la que conocerán el espíritu de Cristo. Por eso, debemos preguntarnos con frecuencia en nuestra oración personal si nuestros compañeros de trabajo, nuestros familiares y amigos, al presenciar nuestras acciones, se ven movidos a glorificar a Dios, porque ven en ellas la luz de Cristo: será un buen signo de que hay luz en nosotros y no oscuridad, amor a Dios y no tibieza. “Él –nos dice el Papa Juan Pablo II– tiene necesidad de vosotros... De algún modo le prestáis vuestro rostro, vuestro corazón, toda vuestra persona, convencidos, entregados al bien de los demás, servidores fieles del Evangelio. Entonces será Jesús mismo el que quede bien; pero si fueseis flojos y viles, oscureceríais su auténtica identidad y no le haríais honor”11. No perdamos nunca de vista esta realidad: los demás han de ver a Cristo en nuestro sencillo y sereno comportamiento diario: en el trabajo, en el descanso, al recibir buenas o malas noticias, cuando hablamos o permanecemos en silencio... Y para esto es necesario seguir muy de cerca al Maestro.

III. En la Primera lectura12, el Profeta Isaías enumera una serie de obras de misericordia, que darán al cristiano la posibilidad de manifestar la caridad de su corazón, y que consisten en amar a los demás como nos ama el Señor13: compartir el pan y el techo, vestir al desnudo, desterrar los gestos amenazadores y las maledicencias. Entonces –canta el Salmo responsorial– romperá tu luz como la aurora (...), brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía14. La caridad ejercida a nuestro alrededor, en las circunstancias más diferentes, será un testimonio que atraerá a muchos a la fe de Cristo, pues Él mismo dijo: En esto conocerán que sois mis discípulos15. Las mismas normas corrientes de la convivencia, que para muchas personas se quedan en algo exterior y solo las practican porque hacen más fácil el trato social, para los cristianos deben ser fruto también de la caridad –de su unión con Dios, que llena de contenido sobrenatural esos gestos–, manifestación externa de aprecio y de interés. “Ahora adivino –escribe Santa Teresa de Lisieux– que la verdadera caridad consiste en soportar todos los defectos del prójimo, en no extrañar sus debilidades, en edificarse con sus menores virtudes; pero he aprendido especialmente que la caridad no debe quedar encerrada en el fondo del corazón, pues no se enciende una luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa. Me parece que esta antorcha representa la caridad que debe iluminar y alegrar no solo a aquellos que más quiero, sino a todos los que están en la casa”16, a toda la familia, a cada uno de los que comparten nuestro trabajo... Caridad que se manifestará en muchos casos a través de las formas usuales de la educación y de la cortesía.

Otro aspecto importante, en el que los cristianos hemos de ser esa sal y luz de la que nos habla el Señor, es la templanza y la sobriedad. Nuestra época “se caracteriza por la búsqueda del bienestar material a cualquier coste, y por el correspondiente olvido –mejor sería decir miedo, auténtico pavor– de todo lo que pueda causar sufrimiento. Con esta perspectiva, palabras como Dios, pecado, cruz, mortificación, vida eterna..., resultan incomprensibles para gran cantidad de personas, que desconocen su significado y su contenido”17. Por ello, es particularmente urgente dar testimonio generoso de templanza y de sobriedad, que manifiestan el señorío de los hijos de Dios, utilizando los bienes “según las necesidades y deberes, con la moderación del que los usa, y no del que los valora demasiado y se ve arrastrado por ellos”18.

Le pedimos hoy a la Virgen que sepamos ser sal, que impide la corrupción de las personas y de la sociedad, y luz, que no solo alumbra sino que calienta, con la vida y con la palabra; que estemos siempre encendidos en el amor, no apagados; que nuestra conducta refleje con claridad el rostro amable de Jesucristo. Con la confianza que Ella nos inspira, pidamos en la intimidad de nuestro corazón: Señor Dios nuestro, tú que hiciste de tantos santos una lámpara que a la vez ilumina y da calor en medio de los hombres, concédenos caminar con ese encendimiento de espíritu, como hijos de la luz19.


 

DOMINGO 5 DEL TIEMPO ORDINARIO

La luz como símbolo

Estamos muy acostumbrados al simbolismo cristológico de la luz, porque el mismo Jesús se presenta como luz del mundo. También en nuestras celebraciones hacemos uso simbólico -y no sólo práctico- de la luz: las velas encendidas sobre el altar, la lámpara del sagrario, el Cirio pascual que se enciende en "la noche de la luz", la Vigilia Pascual, y luego en los bautizos y exequias. En la civilización de la luz artificial, sigue teniendo fuerza expresiva el simbolismo de la luz: tanto en la mesa festiva de un banquete como en la procesión de luminarias en Lourdes.

En las lecturas de hoy se dirige este simbolismo a la vida misma del cristiano: es la persona del creyente la que tiene que ser luz para los demás. Esto nos lo dicen el profeta en la primera lectura y Jesús en el evangelio.

 

Isaías 58,7-10. Romperá tu luz como la aurora

El simbolismo de la "luz", que prepara lo que va a decir Jesús en su evangelio ("vosotros sois la luz del mundo"), lo entiende el profeta, seguramente el "tercer Isaías", de un modo muy concreto y vivencial: seremos luz para los demás si compartimos el pan con ellos, si hospedamos al que no tiene techo, si vestimos al desnudo, si evitamos toda opresión o amenaza o maledicencia.

Esto lo dice en la sección en que habla del ayuno, que no tiene que ser ritualismo vacío, sino ir acompañado de las obras. Además, asegura que entonces sí nos escuchará Dios si le suplicamos, y nos dirá "aquí estoy".

El salmo refleja la misma perspectiva: "el justo brilla en las tinieblas corno una luz", pero sólo si "reparte limosna a los pobres y su caridad es constante, sin falta".

 

1 Corintios 2,1-5. Os anuncié el misterio de Cristo crucificado

Pablo hace una confesión de humildad. Cuando fue a Corinto y se quedó allí evangelizando a los que iban a formar la comunidad cristiana de aquella ciudad pagana, se presentó ante los griegos "débil y temeroso", y no se apoyó en elocuencias y sabidurías humanas, sino en "el poder del Espíritu" o "el poder de Dios".

Toda la carta a los Corintios -no olvidemos que era ciudad griega, y los griegos eran los "sabios" y los "prudentes" en el conjunto de los pueblos de entonces- está llena de una fina ironía. Para Pablo no es la ciencia la que salva, sino la caridad. Por eso se presenta él mismo como "no sabio" según las medidas humanas griegas. Él sólo sabe, y lo afirma valientemente ante los sabios griegos, "a Jesucristo, y a este crucificado":

 

Mateo 5,13-16. Vosotros sois la luz del mundo

Inmediatamente después de la lista de bienaventuranzas, que leíamos el domingo anterior, pasa Jesús, en su sermón del monte, a hacer estas afirmaciones de hoy: "vosotros sois la sal de la tierra... sois la luz del mundo".

Son dos comparaciones tomadas de la vida y que admiten una fácil traducción metafórica a la conducta y a las relaciones interpersonales. La de la luz va acompañada de otra comparación: la ciudad que se halla situada en un lugar visible, para orientar a los viajeros. Mientras que la de la sal se contrapone a lo inútil que se vuelve esta si pierde su fuerza y su identidad.

 

Vosotros sois la sal de la tierra

Después de las bienaventuranzas, Jesús sigue enseñando qué debe aportar un seguidor suyo en este mundo. Ciertamente no podemos interpretar las bienaventuranzas como una invitación a una actitud resignada y pasiva. Las dos afirmaciones que hoy leemos son muy concretas: un cristiano debe ser sal y luz en su ambiente, testigo y profeta en medio del mundo.

La sal condimenta y da sabor a las comidas. Una comida sin un poco de sal -sin exagerar, que los médicos nos recomiendan cuidar la tensión- no apetece. Una comida sin sal es como un día sin sol, reza el dicho popular. La sal también preserva de la corrupción. Lo que ahora hace la cámara frigorífica para conservar los alimentos, lo ha hecho desde siempre la sal.

Desde siempre se ha visto en la sal una dimensión simbólica respecto a la vida, a la sabiduría, al gusto, a la purificación.

En el AT se prescribía que las víctimas ofrecidas como signo de alianza tuvieran sal: "sazonarás con sal toda oblación que ofrezcas... no permitas nunca que falte la sal de la alianza de tu Dios" (Lv 2,13). También ha sido siempre la sal símbolo de la hospitalidad y acogida: ofrecer el pan y la sal es acoger amablemente en casa al forastero.

Otras veces se interpreta en la Biblia la sal como ese sabor o gracia que debe existir en nuestra convivencia fraterna: "tened sal en vosotros y tened paz unos con otros" (Me 9,50); "que vuestra conversación sea siempre amena, sazonada con sal, sabiendo responder a cada cual como conviene" (Col 4,6). Por todo ello no nos extraña que Jesús, en el pasaje de hoy, nos diga que tenemos que ser "sal de la tierra".

Estos simbolismos han hecho que la sal encontrara un lugar en el lenguaje sacramental del bautizo cristiano. Desde antiguo, en bastantes culturas, a los recién nacidos se les daba sal, tal vez como signo de la sabiduría, o de la incorrupción que se les deseaba. Lo mismo ha pasado en la celebración del Bautismo: la sal en la boca se ha conservado hasta la última reforma, y podría muy bien continuar usando su lenguaje expresivo en las culturas que lo crean conveniente.

Toda la Iglesia en medio del mundo, y cada comunidad local y cada cristiano en su propio ambiente, debemos ser "sal de la tierra". Sal (le sabiduría humana y cristiana, de amabilidad y de humor. Sal que contagia sabor y gracia a la vida. Sal que es un poco de alegría y humor v amor e ilusión en la convivencia humana. El cristiano puede contribuir calladamente (la sal no se impone ni usa violencia).a dar a una familia o una comunidad un gusto de evangelio, que en el fondo es un valor cristiano v radicalmente también humano.

También puede ser que, a veces, tengamos que ser sal que denuncia los males, recordando a la sociedad que debe preservar de la corrupción los valores fundamentales. Se nos invita a ser "sal", y no "azúcar".

 

Cristo, Luz del mundo

En la Biblia la luz ha sido siempre símbolo del bien, del amor, de la verdad, de la felicidad. Es a Dios mismo a quien radicalmente se aplica este simbolismo, ese Dios "que habita en una luz inaccesible", ese Dios "que es luz, y en él no hay tiniebla alguna".

De una manera especial se aplica este lenguaje a Cristo, que es "la luz verdadera que ilumina a todo hombre", como dice Juan en el prólogo de su evangelio. O como afirmó el anciano Simeón, presentando al Niño como "luz para iluminar a las naciones". Lo dijo el mismo Jesús: "yo soy la luz del mundo: el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida". Frase que repetimos hoy como antífona del aleluya antes del evangelio.

El Credo llama a Cristo "luz de luz". Y uno de los himnos más conocidos de las primeras generaciones le canta así: "Oh luz gozosa de la santa gloria del Padre celeste".

 

Los cristianos, luz del mundo

Pero el mismo que dijo "yo soy la luz del mundo", dice también "vosotros sois la luz del mundo... alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre".

Iluminados por Cristo, nos convertimos en iluminadores de los demás. Algo así como pasa con la luna, nuestro satélite, que, iluminada por el sol, se convierte en luz para nuestras noches.

Todos necesitamos a alguien que nos ilumine, que nos aconseje, que responda a nuestras dudas. El día del Bautismo se encendió una vela, tomando la luz del Cirio pascual de Cristo. Cada año, en la Vigilia Pascual, entramos en la iglesia con una vela encendida en la mano. Es la luz que debe brillar en nuestra vida de cristianos, la luz del testimonio, de la palabra oportuna, de la entrega generosa.

Jesús completa esta metáfora de la luz con dos comparaciones más. Una ciudad debe ser visible, en lo alto de una colina, para orientar a los peregrinos. Y una lámpara no debe esconderse, sino que pueda iluminar todos los rincones de casa.

Los cristianos somos invitados a ser luz para los demás. No se trata de encender una vela, o regalar lámparas o pilas eléctricas. Se trata de que "seamos luz" nosotros mismos, con nuestra vida, para los que nos rodean y nos ven, testigos de esperanza y del verdadero sentido de la vida, en medio de una sociedad secularizada en la que se está perdiendo el sentido de Dios. Que seamos luz para tantas personas desorientadas, que viven en crisis, en la oscuridad o en la penumbra.

 

La luz de las obras de misericordia

Aparte de las comparaciones, que podrían parecer un poco poéticas, ¿qué significa que un creyente debe ser luz para los demás`? Las lecturas de hoy orientan este lenguaje hacia la vida concreta, hacia el efecto que produce en los demás nuestro estilo de actuación. En el evangelio el mismo Jesús habla de que los demás "vean vuestras buenas obras".

Pero es en la lectura profética donde se nos concreta más qué significa ser luz para los demás, y por eso la han elegido, porque viene a darnos la clave para interpretar lo que dice Jesús: seremos luz para los demás, no tanto por lo que sabemos y decimos, sino por lo que hacemos. Uno esperaría que se nos invitara a ser "sabios" y así ayudar con nuestra ciencia a los demás. O bien, que se nos recordara la obligación del culto o de la oración. No es por ahí por donde Isaías Su aplicación es existencial, no intelectual.

Los ejemplos que enumera él no se refugian en la poesía, son bien concretos y valen exactamente igual ahora que hace dos mil quinientos años: partir el pan con el que no tiene, no oprimir a nadie, no hablar mal de nadie, sobre todo de nuestro hermano, no cerrarse a nadie, hospedar a los sin techo, no adoptar nunca un gesto amenazador... Parece una versión antigua de lo que siempre hemos llamado "obras de misericordia". Sólo entonces seremos luz. Sólo el que ama es luz para los demás. Sólo entonces podremos pedir que Dios nos escuche también a nosotros.

A veces, cuando hablamos de violencia o agresividad, pensamos en las naciones poderosas que se aprovechan de las débiles. Pero también pasa o puede pasar en nuestro nivel doméstico. Lo mismo puede pasar con la "maledicencia", que consiste en difamar a los demás.

También el salmo nos hace decir que "el que es justo, clemente y compasivo, en las tinieblas brilla como una luz". En un mundo egoísta, en que cada uno mira por lo suyo, la misión que tiene un creyente es salir un poco de sí mismo y ayudar a los demás, con una palabra oportuna, con el ejemplo de coherencia y entrega. Además, empezando por casa. Jesús dice en el evangelio que esa luz debe alumbrar a todos los de casa. El profeta nos ha dicho: "no te cierres a tu propia carne". La caridad empieza por la propia familia o comunidad.

No se trata de que todos seamos "lumbreras" que suscitan la admiración y el aplauso de todos. No se trata de "deslumbrar" con nuestros talentos a los demás. Se trata de "alumbrar", de ayudar con nuestra luz a que otros también tengan luz.

Cada cristiano es llamado, no sólo a vivir él en la luz, a ser "hijo de la luz", sino también a ser luz para los demás. Una familia cristiana puede ser luz y sal para otras familias de la misma escalera o para los compañeros de trabajo. Que sea conocida porque "siempre van a Misa", pero también, porque "siempre están dispuestos a ayudar a los demás".

 

Pablo, apóstol de Corinto

No le resultó nada fácil a Pablo evangelizar a los habitantes de aquella sociedad pagana de Corinto. Pero apoyado, no en sabidurías humanas ni en cualidades personales, sino en "el poder del Espíritu", "el poder de Dios", anunció valientemente a Cristo Crucificado.

El evangelio de Jesús es un mensaje que el mundo de hoy tampoco tiene muchas ganas de escuchar. Más bien quieren palabras bonitas y con sabidurías más o menos persuasivas desde el punto de vista humano. También hoy, la comunidad cristiana -desde el Papa hasta los misioneros y los catequistas y todo cristiano que quiere dar testimonio de su fe- se podría decir que se presenta ante la sociedad, como Pablo, "débil y temerosa", sin grandes ilusiones. Eso sí, también como Pablo, apoyada en la fuerza de Dios. No tuvo grandes éxitos Pablo en Grecia. No tiene muchos éxitos la Iglesia de hoy en muchas ocasiones. Pero la fuerza de Dios se manifiesta en lo débil y en lo humilde, en la fragilidad de nuestras personas.

Pablo fue en verdad luz y sal para Corinto. Evangelizador, constructor de una comunidad, anunciador incansable de Cristo Jesús, crucificado y resucitado.

 

La Eucaristía, motor de nuestra vida

Sí, un cristiano es sal y luz. Pero corre el peligro que corren la sal y la luz, según Jesús. La sal a veces se desvirtúa, se echa a perder y ella misma se vuelve "insípida" (el término griego indica "necia") y entonces ¿para qué sirve? Y si la luz o la lámpara se esconde, ¿a quién aprovecha?

En la Eucaristía tenemos la mejor fuente de la sabiduría y de la luz y de la sal, para que después, en la vida, podamos ser eso mismo para los demás.

LOS DOMINGOS, CICLO A, JOSÉ ALDAZABAL

 

PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO V T.O. CICLO A – 8 FEBRERO 2026

  

01.- EL SEÑOR NOS HA LLAMADO

El Señor nos ha llamado,

a formar un solo cuerpo en el amor,

en nosotros ha cumplido su promesa,

somos hijos de la luz de un nuevo sol.

 

TODOS JUNTOS CAMINAMOS,

COMO PUEBLO DEL SEÑOR,

EL CAMINO ES LA ESPERANZA,

NUESTRA LUZ ES EL AMOR (2).

 

El Señor nos ha llamado,

somos parte de un mismo corazón.

Compartimos ilusiones y esperanzas,

pues sabemos que Jesús es el señor.

 

El Señor nos ha llamado,

Y nos pide que guardemos la unidad

El Espíritu de Dios está en nosotros

Para unirnos con el signo de la paz

 

02.- EL SEÑOR NOS LLAMA

EL SEÑOR NOS LLAMA Y NOS REÚNE,

SOMOS SU PUEBLO, SIGNO DE UNIDAD.

ÉL ESTÁ EN MEDIO DE NOSOTROS,

SIRVE A LA MESA, NOS REPARTE EL PAN.

 

1. Por todos los caminos nos sales al encuentro,

por todos hemos visto señales de tu amor.

Tu pueblo se reúne Señor a bendecirte,

a celebrar con gozo tu paso salvador.

 

2. Convocas a tus fieles, nacidos de las aguas,

a festejar unidos la nueva creación.

La sala del banquete se llena de invitados;

estamos reunidos y en medio está el Señor.

 

3. Revélanos al Padre oh Cristo, nuestra fiesta,

aumenta la esperanza de nuestro caminar.

Tu Espíritu divino nos dé la fortaleza,

los bienes que esperamos nos haga pregustar.

 

03.- REUNIDOS EN EL NOMBRE DEL SEÑOR (F. Palazon)

REUNIDOS EN EL NOMBRE DEL SEÑOR

QUE NOS HA CONGREGADO ANTE TU ALTAR;

CELEBREMOS EL MISTERIO DE LA FE

BAJO EL SIGNO DEL AMOR Y LA UNIDAD.

 

1. Tú, Señor, das sentido a nuestra vida,

tu presencia nos ayuda a caminar,

tu Palabra es fuente de agua viva

que nosotros sedientos a tu mesa

venimos a buscar.

 

2. Purifica con tu gracia nuestras manos,

ilumina nuestra mente con tu luz

que la fe se fortalezca en tu Palabra

y tu Cuerpo tomado en alimento

nos traiga la salud.

 

04.- VENID ACLAMEMOS AL SEÑOR

VENID, ACLAMEMOS AL SEÑOR,

ENTRAD EN SU PRESENCIA DÁNDOLE GRACIAS,

ACLAMANDO CON CANTOS,

CON HIMNOS DE JÚBILO,

 

PORQUE ÉL ES NUESTRO DIOS,

NOSOTROS SU PUEBLO.

ACLAMEMOS AL SEÑOR.

 

PORQUE ÉL ES NUESTRO DIOS,

NOSOTROS SU PUEBLO,

DEMOS GRACIAS AL SEÑOR.

 

1. Él es nuestro Salvador.

Él es nuestro Redentor

Nos invita a su mesa,

Nos recibe en su altar.

Él nos alimenta

Con el pan de la vida.

 

2. Nos invita a escuchar su palabra;

Nos revela su mensaje de amor;

Escuchad su voz,

abrid vuestro corazón.

 

05.- EN TORNO A TU MESA (Agustin Sanchez)

1. En torno a tu mesa, Señor, te ofrecemos,

toda nuestra vida, el vino y el pan.

Son para nosotros, tu cuerpo y tu sangre,

promesa de vida, luz y libertad.

 

SEÑOR, EL PAN QUE NOS DAS

BORRA NUESTRAS MISERIAS.

SEÑOR, TU COPA SERÁ

SANGRE DE VIDA ETERNA.

SEÑOR, SABEMOS QUE TÚ

TE DAS SIN CONDICIONES.

DANOS TU ESPÍRITU Y HAZ

DE CARNE LOS CORAZONES... SEÑOR.

 

2. Tu Espíritu inflama de amor nuestras vidas,

nos sigues llamando; Señor, ¿dónde estás?.

Mas tú nos respondes: “me encuentras amando”.

Queremos sentirte nuestro Salvador.

 

06.- TE OFRECEMOS NUESTRA JUVENTUD (J.A. Espinosa)

TE OFRECEMOS, SEÑOR,

NUESTRA JUVENTUD.

 

1. Este día que amanece (anochece)

entre cantos y alegrías,

este día en que sentimos

tu presencia en nuestras vidas.

 

2. Ilusiones y esperanzas,

la alegría de vivir

todos juntos como hermanos,

caminando hacia ti.

 

3. El esfuerzo de los hombres,

el dominio de la tierra,

la llegada de tu reino,

inquietud que se hace eterna.

 

4. Ofrecemos todos juntos

nuestras vidas al Señor,

los trabajos y dolores,

la alegría y el amor.

 

07.- PAN SABROSO DEL TRIGAL (Erdozain)

Pan sabroso del trigal,

vino nuevo de amistad,

hoy le llevamos, le presentamos,

ellos serán sacramento y manjar.

 

Presentemos al Señor

como ofrenda, nuestro amor,

nuestro trabajo, nuestro descanso:

ellos serán, nuestra humilde oblación.

 

Le llevamos al Señor

la pobreza y el dolor,

nuestras cosechas, nuestras ofrendas,

ellas serán, nuestra liberación.

 

08.- SEÑOR, NO SOY DIGNO (J.A. Espinosa)

SEÑOR, NO SOY DIGNO

DE QUE ENTRES EN MI CASA

PERO UNA PALABRA TUYA

BASTARÁ PARA SANARME.

 

1. Eres el Pan de Vida,

a todos das la paz;

quien come de tu carne

por siempre vivirá.

 

2. Somos el nuevo pueblo

que Cristo congregó,

vivamos siempre unidos,

testigos del amor.

 

3. Vamos por esta vida

buscando la verdad,

la paz y la justicia,

un mundo que vendrá.

 

09.- LA SAL Y LA LUZ (Brotes de Olivos)

El que me sigue en la vida

sal de la tierra será

más si la sal se adultera

los hombres la pisarán

 

QUE SEA MI VIDA LA SAL

QUE SEA MI VIDA LA LUZ

SAL QUE SALA, LUZ QUE BRILLA

SAL Y FUEGO ES JESUS

 

Sois como la luz del mundo

que a la ciudad alumbra

esta se pone en la cima

donde el monte se encumbra

 

Que brille así vuestra vida

ante los hombres del mundo

que pasen las buenas obras

de lo externo a lo profundo

 

010.- EUCARISTÍA, MISTERIO DE AMOR (A. Luna)

1. Eucaristía, misterio de amor,

Eucaristía, comida del pan.

Hoy le comemos en esta mesa,

hoy nos unimos al comulgar.

 

VEN, SÁCIATE, VEN AL ALTAR.

DIOS ES COMIDA QUE SE NOS DA. (BIS TODO)

 

2. Eucaristía es su regalo,

Eucaristía es su gran don:

en esta mesa lo celebramos

todos unidos en comunión.

 

3. Tu vida, joven tiene sentido

cuando te acercas a comulgar;

en esta fiesta Cristo te invita:

Dios es comida, comparte tu pan.

 

4. En esta mesa de los hermanos

Dios nos entrega todo su amor.

Jesús te invita a dar tu vida,

a abrir tus manos y el corazón.

 

011.- ID Y ENSEÑAD (C. Gabarain)

Sois la semilla que ha de crecer

Sois la estrella que ha de brillar

Sois levadura, sois grano de sal

Antorcha que debe alumbrar

Sois la mañana que vuelve a nacer

Sois espiga que empieza a granar

Sois aguijón y cariño a la vez

Testigos que voy a enviar

 

ID, AMIGOS, POR EL MUNDO

ANUNCIANDO EL AMOR

MENSAJEROS DE LA VIDA

DE LA PAZ Y EL PERDÓN

SED, AMIGOS

LOS TESTIGOS DE MI RESURRECCIÓN

ID LLEVANDO MI PRESENCIA

CON VOSOTROS ESTOY

 

Sois una llama que ha de encender

Resplandores de fe y caridad

Sois los pastores que han de guiar

Al mundo por sendas de paz

Sois los amigos que quise escoger

Sois palabra que intento gritar

Sois reino nuevo que empieza a engendrar

Justicia, amor y verdad

 

Sois fuego y savia que viene a traer

Sois la ola que agita la mar

La levadura pequeña de ayer

Fermenta la masa del pan

Una ciudad no se puede esconder

Ni los montes se han de ocultar

En vuestras obras que buscan el bien

Los hombres, al Padre verán

 

12.- ÓYENOS MADRE (Juan José López Sedano)

 

Gm               Gm

ÓYENOS MADRE DE CRISTO

         Eb      Bb   

ÓYENOS MADRE DE DIOS,

          Gm          Cm

ESTA CANCIÓN QUE TUS HIJOS

      Gm            D7     G

TE DIRIGIMOS CON NUESTRO AMOR.

 

         G            G6

Porque sabemos ue con gran amor de Madre

   Em         D

cuidas a quienes te invocan de corazón,

          G                          G6

por eso ahora te entonamos nuestro canto,

                  Em            D

para alabarte y pedir tu intercesión.

 

En esta vida de alegrías y problemas

tenemos siempre que luchar con decisión.

Ayúdanos a combatir con fortaleza

para acercarnos más y más al Dios amor.

 

Tú muy bien sabes que nosotros pecadores

necesitamos de una Madre como Tú,

para alcanzar de nuestro Dios misericordia,

y en esta vida tener gracia, paz y luz.

 

Madre de todos los que somos pecadores

hoy te alabamos entonando esta canción;

y te pedimos que nos sigas ayudando

para cumplir la misión que Dios nos confió.

 

013.- SI ME FALTA EL AMOR (F. Palazon)

Aunque yo dominara las lenguas arcanas,

y el lenguaje del cielo supiera expresar,

solamente sería una hueca campana,

si me falta el amor.

 

SI ME FALTA EL AMOR, NO ME SIRVE DE NADA,

SI ME FALTA EL AMOR, NADA SOY. (BIS)

 

Aunque todos mis bienes dejase a los pobres,

y mi cuerpo en el fuego quisiera inmolar,

todo aquello sería una inútil hazaña,

si me falta el amor.

 

Aunque yo desvelase los grandes misterios,

y mi fe las montañas pudieran mover,

no tendría valor ni me sirve de nada,

si me falta el amor.