jueves, 16 de abril de 2026

LECTURAS Y COMENTARIO III DOMINGO PASCUA CICLO A - 19 ABRIL 2026

 SOMOS PEREGRINOS DE EMAUS.

COMENTARIO

 

¿No han comprendido? ¡Qué torpes son y lentos para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No tenía el Mesías que padecer todo eso para entrar en su gloria? Hasta en el día de pascua, dejémonos reprender por el resucitado. Quizás al decir eso, tenía la sonrisa de las reprensiones amables y muy pronto acabaron también por sonreír los discípulos: ¡A veces es bueno recibir reprimendas de Jesús, vivo ¡Viviente! Cambiemos con él esa misma sonrisa un tanto pícara. Somos peregrinos de Emaús. Avanzamos por el camino de la vida con muchas esperanzas, al principio muy puras, luego cada vez más mezcladas, unas veces cristianas y otras paganas, unas veces claras y otras llenas de ignorancia: “¡Habíamos esperando tanto!”. Dice, y decimos con ellos nosotros. Vinieron las decepciones, cristianas y también paganas. Y llegaron hasta el fondo de su desconfianza: ¡Jesús se había acabado para ellos! De pronto, el encuentro. Tan increíble que al principio no ven nada: “Jesús se acercó y se puso a caminar con ellos. También nosotros hemos tenido ese encuentro, pero hemos seguido tan cerrados como ellos a lo increíble: ¡Dios ante nosotros, Dios con nosotros! Aun sabiendo nuestra fe no se despertó lo bastante, nuestro corazón es demasiado lento, seguimos avanzando por la vida como si él no estuviera allí. Pero a veces el corazón arde. “¿No estábamos como sobresaltados mientras nos hablaba explicándonos las Escrituras?”.

¡Las Escritura! No esperemos avanzar en la fe sin las Escrituras. Toda la biblia, el gran tesoro de la revelación cuya clave nos entrega hoy Jesús: “El Mesías tenía que padecer para entrar en su gloria”. Muy duro de comprender, muy duro de aceptar, sin embargo, Jesús nos tratará cortésmente de tontos o idiotas mientras no interioricemos de veras este secreto de los secretos. La gran trayectoria desde la cruz a la gloria es la historia de Cristo, es la historia del mundo, es la historia de cada una de nuestras vidas. El que comprende este camino de sufrimiento, lo ha comprendido todo.

Los discípulos recibieron el gran secreto; su corazón arde (“Quédate con nosotros”), pero aún no le reconocen. Se necesita la fracción del pan y esta vez comprenden. Aunque “desaparece a su vista”, en adelante seguirá allí, se podrá avanzar con él de la cruz a la gloria.

Inmediatamente tienen un buen reflejo: ir a anunciar la maravilla: “El Señor vive”. Y todos responden: Es verdad”. Ser cristiano será vivir de esta certeza y comunicarla. Así es como nació nuestra fe con sus tres grandes momentos; la palabra, la eucaristía y el testimonio. Lucas bordó esta página para hacer de ella el esquema de la existencia cristiana vivida como una misa y por tanto como una aceptación de la cruz. Una aceptación paradójicamente dichosa: se camina hacia la gloria de Dios y se camina con Jesús: “Quédate con nosotros” es una palabra de amor para decir: “Quiero seguir contigo”.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

  ANTIFONA DE ENTRADA Sal 65, 1-2

Aclamen al Señor, tierra entera; toquen en honor de su nombre, canten a su gloria. Aleluya.

 

 ORACION COLECTA

Que tu pueblo, oh, Dios, exulte siempre al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu, para que todo el que se alegra ahora de haber recobrado la gloria de la adopción filial, ansíe el día de la resurrección con la esperanza cierta de la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14.22-33

El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró: «judíos y vecinos todos de Jerusalén, entérense bien y escuchen atentamente mis palabras. A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante ustedes con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de Él, como ustedes mismos saben, a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, ustedes lo mataron, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a Él: “Veía siempre al Señor delante de mí, pues está a mi derecha para que no vacile. Por eso se me alegró el corazón, exultó mi lengua, y hasta mi carne descansará esperanzada. Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos, ni dejarás que tu Santo experimente corrupción. Me has enseñado senderos de vida, me saciarás de gozo con tu rostro”.

Hermanos, permítanme hablarles con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que están viendo y oyendo».

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 15, 1-2.5.7-11)

 

Señor, me enseñarás el sendero de la vida.

 

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios». El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano.  R

 

Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con Él a mi derecha no vacilaré. R.

 

Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me abandonarás en la región de los muertos, ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R.

 

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 17-21

Queridos hermanos: Puesto que pueden llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras de cada uno, compórtense con temor durante el tiempo de su peregrinación, pues ya saben que fueron liberados de su conducta inútil, heredada de sus padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por ustedes, que, por medio de Él, creen en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que la fe y la esperanza de ustedes estén puestas en Dios.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Lc 24, 32

Aleluya. Señor Jesús, explícanos las Escrituras: haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas. Aleluya.

 

 EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?». Él les dijo: «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que Él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a Él no lo vieron».

Entonces Él les dijo: «¡Qué necios y torpes son para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería

a Él en todas las Escrituras. Llegaron cerca de la aldea adonde iban y Él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Oremos al Señor por medio de Cristo resucitado, intercesor entre Dios y los hombres.

 

1.- Por el Papa, obispos y sacerdotes: Para que, al igual que los discípulos de Emaús, nos ayuden a arder de fe al explicarnos las Escrituras y nos guíen hacia el encuentro con el Resucitado. Roguemos al Señor.

 

2.- Por los que no conocen a Cristo: Para que el testimonio de vida de los cristianos sea el signo que les permita reconocer que Jesús está vivo y camina junto a ellos. Roguemos al Señor.

 

3.- Por los enfermos y afligidos: Para que encuentren en la presencia real de Cristo el alivio a sus dolores y la fuerza para no desfallecer en la prueba. Roguemos al Señor.

 

4.- Por nuestra comunidad: Para que no seamos "torpes y lentos de corazón, sino que reconozcamos a Jesús en los más necesitados y en la fracción del pan en cada Eucaristía. Roguemos al Señor.

 

Escucha, Señor, nuestras súplicas; son la oración de tu Iglesia, reunida en el nombre de tu Hijo Jesucristo, en quien creemos, a quien proclamamos resucitado de entre los muertos, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, las ofrendas de tu Iglesia exultante y, a quien diste motivo de tanto gozo, concédele disfrutar de la alegría eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 ANTIFONA DE COMUNION Lc 24, 35

Los discípulos reconocieron al Señor Jesús al partir el pan. Aleluya.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Mira, Señor, con bondad a tu pueblo y, ya que has querido renovarlo con estos Sacramentos de vida eterna, concédele llegar a la incorruptible resurrección de la carne que habrá de ser glorificada. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 20: Hch 6, 8-15; Sal 118, 23-24.26-27.29-30; Jn 6, 22-29

Martes 21: Hch 7, 51—8, 1ª; Sal 30, 3cd-4. 6ab y 7b y 8ª. 17 y 21ab; Jn 6, 30-35

Miércoles 22:  Hch 8, 1b-8 Sal 65, 1-3ª.4-5.6-7ª; Jn 6, 35-40

Jueves 23: Hch 8, 26-40; Sal 65, 8-8. 16-17.20; Jn 6, 44-51

Viernes 24: Hch 9, 1-20; Sal 116, 1.2; Jn 6, 52-59

Sábado 25: 1P 5, 5b-14; Sal 88, 2-3.6-7.16-17; Mc 16, 15-20

Domingo 26: Hch 2, 14ª.36-41; Sal 22, 1b-3ª. 3b-4. 5.6; 1P 2, 20b-25; Jn 10, 1-10

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Lc 24, 13-35

Par: /Mc/16/12-13

 

1.- El evangelio de Emaús es demasiado conocido para que sea necesario describir toda su riqueza; su tono, tan humano, hace resonar un eco tan profundo en nuestros corazones, en el corazón de todos sus oyentes, que cualquier comentario corre el peligro de alterar su excepcional transparencia. Arriesguemos, no obstante, algunas sugerencias.

Leído a continuación de las frases paulinas de las segundas lecturas, el episodio de los peregrinos de Emaús aparece como la celebración de la renovación que la resurrección de Jesús opera en aquellos que aceptan tal mensaje. Al final de su larga marcha, los dos discípulos están renovados por completo. Su comprensión de la vida ya es "otra". Hasta entonces, veían en la muerte el fracaso último de la humanidad. A sus ojos, cualquiera, por gran profeta que hubiera parecido, "por poderoso en obras y en palabras" que hubiese podido ser "delante de Dios y todo el pueblo", cualquiera que es "condenado a muerte y crucificado", corona su vida con un fracaso radical que destruye todo su significado. Ahora bien, esa teoría sobre la existencia, teoría que la experiencia corriente corrobora, es la que es falsa desde ahora.

Debido, en primer término, al Antiguo Testamento, que anunció por la voz de "Moisés y de los Profetas" que un hombre, el Mesías, tras haber soportado tales sufrimientos y experimentado el fracaso que significaban, "entraría", no obstante, "en la gloria" y obtendría el éxito verdadero.

Y ese anuncio de un vuelco tan categórico de las cosas, objeto por largo tiempo de una promesa, se ha hecho, a partir de ese día, realidad. El compañero de camino de los dos discípulos es "Jesús, el Nazareno", el mismo sobre el que se lamentaban los dos viajeros, a quien "concernía" la enseñanza de Moisés y de los Profetas, el que vive el destino inédito que aquellos héroes del pasado habían definido de antemano. Tras haber "soportado los sufrimientos predichos", "entra ahora en su gloria".

Se trata, pues, de una comprensión de la vida totalmente renovada, que Jesús, con su recuerdo del Antiguo Testamento, con su palabra, con su propia presencia, ofrece a los discípulos. Una teoría de las cosas que empalma con sus íntimas aspiraciones: se lo dicen uno a otro, reconociendo que la palabra de Jesús avivaba en ellos un deseo que el tema de la muerte había como sumido en el olvido.

Señalemos dos aspectos de esta renovación total que modifica la persona de los discípulos. En primer lugar, que esta novedad es necesariamente objeto de un compartir, de una comunicación, de un testimonio. No es posible guardar para sí tan "buena noticia". Una vez que se les muestra la verdad, los discípulos se van precipitadamente a Jerusalén para compartir su experiencia y proclamar su descubrimiento... El autor, además, señala un rasgo sugestivo: Jesús termina su comunicación con la fracción del pan.

En este gesto, en que san Lucas ve el acto eucarístico, el evangelista percibe como el espejo en el que aparecen en claro los rasgos de Jesucristo esbozados ya por "Moisés y los Profetas": ¿no es en ese momento cuando ambos compañeros reconocen a Jesús? La Eucaristía no celebra a un muerto, sino que proclama que el que estaba muerto vive, y corresponde a esta nueva representación de las cosas que sitúa la gloria más allá de los sufrimientos. Participar en la Eucaristía es adherirse a una comprensión de la vida que encuentra su realización en Jesucristo vivo, resucitado.

Decididamente, para los cristianos que celebran la Pascua, nada puede en absoluto ser como antes.

LOUIS MONLOUBOU - LEER Y PREDICAR EL EVANGELIO DE LUCAS - EDIT. SAL TERRAE SANTANDER 1982.Pág 315


 

2.- La narración parte de Jerusalén y termina en Jerusalén. Un mismo itinerario inversamente recorrido: de Jerusalén a Emaús (vv.13-32) y de Emaús a Jerusalén (vv. 33-35). Pero, para Lucas, Jerusalén es algo más que una ciudad. Es el lugar donde están los once y los demás. Jerusalén es el grupo creyente. Los dos de Emaús han abandonado el grupo y retornan a él.

Cuando retornan se encuentran con un grupo que ya cree en Jesús resucitado (v. 34). No son, pues, los dos de Emaús los que hacen que el grupo sea creyente. Este dato es importante a la hora de determinar el sentido del relato: éste no va en línea apologética (demostrar la resurrección de Jesús), sino en línea catequética (mostrar las vías de acceso a Jesús resucitado, cómo encontrarse con Jesús resucitado). Los destinatarios del relato no son los que rechazan la resurrección de Jesús, sino los cristianos que no han tenido el tipo de acceso que tuvieron los testigos presenciales. En los dos de Emaús estamos tipificados todos los cristianos que no hemos tenido el tipo de acceso a Jesús que tuvieron los testigos presenciales.

¿Cuáles son nuestras vías de acceso a Jesús? En primer lugar, la lectura profundizada del A.T. (vv. 25-27). En segundo lugar, y como culminación de la anterior, la celebración de la Eucaristía.

Es en esta celebración donde finalmente se abren nuestros ojos para reconocer a Jesús (v. 31). El encuentro interpersonal, dicen los psicólogos, sólo se da en la medida en que nos situamos en una realidad que nos trasciende a todos, al mismo tiempo que nos constituye. Esta realidad es la celebración eucarística en su doble vertiente de Palabra y de Comida.

DABAR 1981/29


 

3.- Para la liturgia, la semana de Pascua constituye una perfecta unidad con el mismo día de la resurrección (el prefacio nos hace decir todos los días de la semana: "en este día". No es fácil, ni incluso posible, establecer un determinado orden entre las diversas apariciones relatadas por los evangelistas.

"Si bien es verdad que ellos están de acuerdo al referir la aparición inicial del ángel (Mt 28. 5-7; Mc 16. 5-7; Lc 24. 4-7; Jn 10. 12-13), los cuatro evangelistas divergen en lo que respecta a las apariciones del mismo Jesús".

"La comparación con la detallada y tan antigua enumeración de 1 Co 15. 5-7, demuestra, por lo demás, que cada evangelista no quiso relatar todas las apariciones de Jesús resucitado".

En todo caso, resulta difícil señalar con precisión la fecha de algunas apariciones. Sin embargo, es cierto que el primer día de la resurrección fue un día repleto. Citemos las apariciones que entre todos refieren y sitúan en esta jornada histórica: a María Magdalena en el huerto (Jn 20. 11-18); a Pedro (alusión en Lc 24.34, consignada también en 1 Co 15. 5); siempre dentro de esta jornada, al caer de la tarde tiene lugar la conversación con los discípulos de Emaús y después la aparición a los once. El estupendo relato del reencuentro de Emaús nos recuerda a su modo la importancia capital, esencial, única, de la resurrección para nuestra fe. Hay cristianos que dan la impresión en ocasiones de conceder una importancia demasiado exclusiva a la muerte redentora del Salvador. Los discípulos de Emaús constituyen un ejemplo estupendo de los creyentes que detienen su creencia en la muerte... Les falta lo principal, lo que da sentido a todo lo demás, incluso a esa muerte que, sin la resurrección, es un fracaso: "Nosotros esperábamos", en imperfecto.

Este pasaje tiene para nosotros un especial interés. Es la primera vigilia bíblica del N.T., ¡y bajo la dirección de qué celebrante! "Comenzando por Moisés y por todos los profetas, les fue declarando cuanto a él se refería en todas las Escrituras".

Ahí tenemos el hilo conductor y el plan ideal de una velada bíblica sobre un tema determinado: recorrer el A.T. bajo un punto de vista concreto y desembocar en Cristo que es la realización del mismo.

Esta "velada bíblica" de Emaús no es la única que en esta tarde dirige el celebrante extraordinario que es el Señor. En efecto, el evangelio de Lc, en el relato que hace de la aparición a los once de la misma tarde del día de la resurrección, nos dice: "Jesús les dijo: era preciso que se cumpliera todo lo que está escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y en los Salmos de mí. Entonces les abrió la inteligencia para que entendiesen las Escrituras" (Lc 24. 44-45).

Es característico señalar la unión existente entre estas meditaciones bíblicas y la comida. Cuando tiene lugar la aparición a los once, Jesús come con ellos para disipar toda duda sobre la realidad de su presencia (Lc 24. 43). Ya hemos leído que la conversación de Emaús desemboca en una comida. Incluso muy bien puede suceder que se trate de la primera eucaristía que fuese, a diferencia de la Cena, el Memorial de una realidad cumplida; en este caso tendríamos ahí el modelo de todas nuestras misas: Palabra y después Pan (Lc, al emplear aquí este término técnico -Fracción del Pan- que repetirá en Hch 2. 42, piensa, sin duda, en la Eucaristía.-Biblia de Jerusalén. Nota relativa a Lc 24. 35).

L. HEUSCHEN - LA BIBLIA CADA SEMANA - EDIC. MAROVA/MADRID 1965.Pág 165


 

4. - Buscar todo "lo bueno" que un hombre puede compartir con otro hombre, cualquiera que éste sea, es hacer un camino que, según la fe cristiana, desemboca en la fraternidad universal. Jesús caminaba junto a dos hombres que sólo iban a Emaús. Estos andaban un camino muy corto; aquél, resucitado, acababa de comenzar con su vida y con su entrega a la muerte un camino mucho más largo y ambicioso, el camino del hombre, de todo hombre hacia el Reino de Dios. Unos y otros, al partir y al compartir, se juntaron en una misma marcha hacia un mismo destino.

EUCARISTÍA 1990/21


 

5.- EU/CAMINO-EMAUS.

Este evangelio es -precisamente porque refleja nuestro propio camino de fe- un retrato de la Eucaristía que celebramos cada domingo. Cuando nos juntamos para la celebración hemos estado haciendo camino, durante la semana, con ilusiones y decepciones, con momentos de búsqueda y de duda, con experiencias dolorosas y otras de alegría. Es el camino de Emaús. Y aquí, en la asamblea, los compartimos con Jesús, en la Escritura. Los "sucesos" de nuestra vida los ponemos ante los "sucesos" vividos por Jesús. La Palabra viva del Señor "enciende nuestros corazones" y da una nueva luz a todo aquello vivido. Después, en el gesto de compartir la mesa, renovamos aquel gesto del Señor, la fracción del pan, y todos sus actos de amor a hombres y mujeres concretos.

Jesús se nos hace presente y se nos hace alimento. Finalmente nos levantamos y volvemos al lugar de donde hemos venido, nos disponemos a rehacer el camino, a vivirlo con nueva ilusión, a anunciar a los demás la alegría de haber visto al Señor.

J. ROMAGUERA - MISA DOMINICAL 1990/09


 

6.- ADMIRACION/J

La fe en JC tiene además una historia personal que acontece en cada individuo. Al comienzo de esa historia se encuentra casi siempre la admiración. Y es que nos admiramos cuando topamos con algo que, anteriormente, no nos habíamos encontrado, que sobrepasa nuestra capacidad de imaginación y de lo que en adelante ya no nos podemos deshacer; ésta es, precisamente, la experiencia del evangelio cuando en él se describe que "ardía el corazón".

EUCARISTÍA 1987/22


 

7.- Texto: Este domingo no está tomado de Juan, sino de Lucas. Muy en consonancia con los gustos de este autor, el texto es un relato de viaje o de camino. Pero el sentido del camino que hacen los dos discípulos es exactamente el contrario del que habían hecho antes siguiendo a Jesús. Contrario en geografía, porque se marchan de Jerusalén; contrario sobre todo en motivación, porque el camino que ahora hacen es el de la desesperanza. "Nosotros teníamos la esperanza de que él fuera el libertador de Israel". El término "libertador" y la expresión "libertador de Israel" son característicos de Lucas. Remiten a la expresión "liberación de Israel", usada en los comienzos de la obra para expresar las esperanzas del pueblo, representadas por Simeón (Lc 2, 25) y por Ana (Lc 2, 38). Esta liberación debía ser función del Mesías. Ya desde esos comienzos ha dejado Lucas muy claro su punto de vista: Jesús es el Mesías y, consiguientemente, el libertador de Israel.

Los dos discípulos, en cambio, han dejado de compartir este punto de vista. La condena a muerte de Jesús por la autoridad competente les cierra toda posibilidad de ver en Jesús al libertador de Israel. La cruz no encajaba en sus esquemas de Mesías y por ello mismo era un escándalo y un obstáculo insalvable. De ahí su camino de desesperanza. CZ/ESCANDALO: El desconocido caminante que se ha unido a los dos discípulos les echa en cara su desconocimiento del Antiguo Testamento. La frase "lo que anunciaron los profetas" es una expresión que designa al Antiguo Testamento en su totalidad. La cruz del Mesías no es un escándalo; es una misteriosa necesidad recogida en todo el Antiguo Testamento.

La hospitalidad de los dos discípulos hace posible el reconocimiento definitivo del desconocido en la mesa al partir el pan, en clara preferencia al gesto de la cena del Señor de Lc.22, 19. Los dos discípulos pueden así rehacer el camino a Jerusalén y formar parte del grupo cristiano, el cual lo es por vivir la certeza de la resurrección de Jesús. Comentario: Es bastante perceptible que la finalidad de Lucas es didáctica: hacer ver que al libertador o Mesías se le encuentra en la lectura de la Palabra de Dios y en la celebración de la Eucaristía. El relato no responde al qué, sino al dónde. No pretende hacer ver que Jesús ha resucitado, sino dónde encontrar a Jesús resucitado.

Biblia y Eucaristía. Lectura y celebración. Ambas le son necesarias al cristiano si ha de ser portador de esperanza.

A. BENITO - DABAR 1990/26


 

8.- JERUSALEN/ Lc.

La narración parte de Jerusalén (v. 13) y termina en Jerusalén (v. 33). Un mismo itinerario inversamente recorrido: de Jerusalén a Emaús, salida de (vs. 13-32), de Emaús a Jerusalén, vuelta a (vs. 33-35). Pero para Lucas Jerusalén es algo más que una ciudad; es el lugar donde están "los once y los demás" (vs. 9 y 33). Jerusalén es algo más que una referencia geográfica; es una referencia a un grupo de personas. A este nivel hay que hablar de abandono del grupo y retorno al grupo.

La situación del grupo es distinta al comienzo y al final del relato. Al comienzo es una situación de incredulidad (cfr. 24, 11: "Ellos lo tomaron por un delirio y se negaron a creerlas").

Al final es una situación de fe (cfr. 24, 34: "Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón"). Nótese que esta situación existe ya cuando los dos de Emaús se reencuentran con el grupo; no son ellos los que la crean. Este dato literario es muy importante para detectar el sentido del texto.

Fijémonos detenidamente en el v. 34. Es una exclamación entusiasta. Pero en esta exclamación puede distinguirse un doble momento: "El Señor ha resucitado", "se ha aparecido a Simón". Es decir, el v. 34 reproduce en pequeño lo que el lector ha podido ver desarrollado en los vs. 13-32. La creencia en Jesús resucitado descansa en unos testigos presenciales en nada predispuestos a tal creencia. La fe en la resurrección tiene una base pericial suficiente para generar una certeza histórica. La estructuración global del relato y la particular del v. 34 están al servicio de esta certeza. Lucas viene a decir lo siguiente: la fe en la resurrección de Jesús está fundamentada en criterios de autenticidad histórica. Por consiguiente, añadimos nosotros, la opción creyente es más fidedigna que la no creyente. Pero esta última afirmación es sólo un añadido nuestro. El análisis literario revela que la finalidad de Lucas al componer el relato no va por la línea apologética (demostrar la resurrección de Jesús). La finalidad de Lucas es catequética: mostrar las vías de acceso a Jesús resucitado, cómo encontrarse con Jesús resucitado. Los destinatarios del relato no son los que rechazan la resurrección de Jesús, sino los cristianos que no han tenido el tipo de acceso que tuvieron los testigos presenciales.

El paradigma de estos cristianos es los dos de Emaús. Ellos experimentan el desencanto y la duda. El símbolo de esta experiencia es el camino de Emaús (cfr. vs. 13-14. 21-24). Es un camino de retirada, de falta de visibilidad (v. 16). ¿Por qué asustarnos si hacemos esta misma experiencia? Teniendo a la vista esta experiencia y en respuesta a la misma compone Lucas el relato. Una primera vía de acceso a Jesús resucitado es la lectura profundizada del Antiguo Testamento (vs.25-27). ¿No ardía nuestro corazón mientras nos explicaba las Escrituras? (v. 32). Una segunda vía, culminación de la anterior, es la fracción del pan (v. 30), término técnico para designar la Eucaristía (cfr. Hch. 2, 42; 20, 7). Es aquí donde finalmente "se les abrieron los ojos y lo reconocieron" (v. 31). En la Palabra y la Cena (las dos partes de la Misa) es donde nos encontraremos también nosotros con Jesús resucitado. Este encuentro del mismo tipo (tipo de encuentro, no tipo de acceso; no hay, pues, contradicción con lo escrito anteriormente) al vivido por los primeros testigos. Ellos garantizan un encuentro por el tipo de acceso que tuvieron a él, pero no son los únicos en poder vivir el encuentro con el resucitado; también nosotros podemos vivirlo si escuchamos la Palabra e insistimos en hospedar al que viene tan desapercibidamente que puede confundírsele con unas raciones de pan y vino.

DABAR 1978/25


 

9.- Jesús alcanza a estos dos discípulos que marchan hacia Emaús que dista de Jerusalén unos treinta kilómetros. Ellos han oído hablar a las mujeres sobre la tumba vacía, pero, al parecer, no hacen mucho caso de esta noticia. Jesús les invita a conversar con él mediante su pregunta y ellos se desahogan contándole los sucesos que han tenido lugar en Jerusalén. Su situación de ánimo es significativa y debe considerarse que era común entre todos los discípulos de Jesús. Vieron en el Maestro a un gran profeta, acreditado por sus palabras y obras ante todo el pueblo; pero al fin sucedió lo incomprensible: sus enemigos, los que ostentaban el poder temporal y espiritual de Israel, lo han crucificado.

Estos discípulos no culpan de la muerte de Jesús al pueblo, sino sólo a las autoridades. En el Profeta de Nazaret creyeron haber encontrado al Mesías prometido que libraría a Israel de todas las opresiones, y ahora resulta que, antes de iniciar su obra, ha sucumbido ante sus enemigos sin que Dios haya intervenido ni antes ni después de su muerte. Por eso no comprenden nada y marchan derrotados y sin esperanza, que ya han pasado tres días y el "asunto" del Nazareno parece haber sido liquidado para siempre.

Si hubieran contado con la resurrección, estos discípulos hubieran recibido con gozo la noticia de las mujeres y no hubieran dejado que su escepticismo les quitara la esperanza. Jesús no les reprocha su falta de fe, sino su falta de entendimiento para comprender las Escrituras. Ellos sólo habían tenido ojos y oídos para la gloria del Mesías, pero no comprendieron una sola palabra de lo que habían anunciado los profetas sobre el "Siervo de Yavé". No comprendieron que el camino hacia la gloria pasaba por la cruz. No comprendieron que Jesús "tenía" que padecer según el plan de Dios y según lo que él mismo les había dicho repetidamente (9, 22; 13, 33; 17, 25; 22, 37; 24, 44) Y no comprendieron nada de esto porque estaban llenos de prejuicios sobre un mesianismo a ras de tierra y de los problemas meramente temporales de Israel. Jesús les muestra cuán equivocados andaban y les interpreta el sentido de los textos mesiánicos del A.T. Pero no les recuerda lo que él mismo ya había anunciado porque todavía no quiere darse a conocer.

Jesús quiere hacerse invitar por los dos discípulos, según el modo de hablar de los judíos, "el día va de caída" a partir de mediodía. No hace falta pensar que fuera excesivamente tarde.

Para honrar a su huésped le invitan a que presida la mesa. Y según era costumbre entre los judíos, Jesús pronunció la acción de gracias, bendiciendo a Dios por el pan, lo partió y les dio para que comieran. En este momento le reconocieron. Jesús resucitado se les manifestó y ellos se convirtieron en sus testigos. Naturalmente, corrieron a comunicar la noticia.

EUCARISTÍA 1981/22


 

10.- El camino a Emaús es el camino de la fe a partir de la vida y acción ("¿eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?"), el camino del reconocimiento, el camino de experimentar como se van abriendo los ojos (te son abiertos y no sabes cómo), escuchando la Palabra de Dios y participando de la fracción del pan, alrededor del Resucitado (un ausente presente).

Lucas, a partir de un "material común", elabora una preciosa catequesis cristológica sobre la fracción del pan y sobre cómo se lee la Escritura desde el acontecimiento pascual. La clave interpretativa gira alrededor del hecho de reconocer a Jesús resucitado, que, al mismo tiempo, implica la misión de anunciarlo vivo. Esta catequesis tiene como marco "el primer día de la semana" (Día del Señor) y como objetivo posibilitar que los ojos "te sean abiertos" después de participar en la escuela de la Palabra y en la fracción del pan, aspectos de la presencia del Resucitado (en un contexto de ausencia: "pero él desapareció").

Es necesaria la iniciativa de Jesús: "se acercó y se puso a caminar con ellos"; pero, sus ojos eran incapaces de reconocerlo.

Al final del camino (que, a pie, notemos, es largo, y que parte del lugar clave: Jerusalén), "a ellos se les abrieron los ojos" (gratuitamente, no por iniciativa suya) "y lo reconocieron " (cumbre del texto).

Una vez lo han reconocido, vuelven a Jerusalén, donde con los Once hacen la profesión de fe (cf. 1C 15,4-5). Lucas hace coincidir la reunión de todos los discípulos en Jerusalén porque es desde allí, una vez recibido el Espíritu Santo, que el anuncio pascual se extenderá a todos los rincones de la tierra (cf. Continuación en el Libro de los Hechos). La escena del camino de Emaús no tiene paralelos en los evangelios, excepto un eco en el final canónico de Mc 16,9-20(vv. 12-13).

JAUME FONTBONA - MISA DOMINICAL 1990/09


 

11.- Como otros relatos y secciones de la obra lucana, este relato tiene una estructura concéntrica bien definida, al servicio del interés teológico. El encuentro del eunuco con Felipe que hallamos en el libro de los Hechos de los Ap6stoles sigue una estructura idéntica al relato de los dos discípulos de Emaús.

Desde la salida de Jerusalén hasta la vuelta, diversas correspondencias convergen en el centro: "¡El está vivo!" El intento de Lucas es mostrar la presencia viva del crucificado-resucitado entre sus discípulos.

La tristeza inicial contrasta con la alegría del final que hay que comunicar inmediatamente.

Los dos discípulos hablan de Jesús de Nazaret, de sus obras y palabras poderosas, de su crucifixión. Jesús les dará el sentido de su vida a la luz de las Escrituras. Ellas hablan de Jesús. Jesús habla de ellas.

La fe en Jesús resucitado no nace del sepulcro vacío, sino del encuentro con él. Lucas centra este encuentro en las Escrituras (que preparan el corazón) y en la Eucaristía (lo reconocen al partir el pan).

Ni que decir tiene que, además del mensaje central de este relato, hay una infinidad de elementos vitales que Lucas sabe describir o insinuar con una gran belleza y eficacia, y que nos pueden ayudar a comprender el itinerario de la fe.

J. M. GRANÉ - MISA DOMINICAL 1993/06


 

12.- Lc/24/13-35

El relato de la aparición a los discípulos de Emaús nos presenta la experiencia de dos discípulos el día de Pascua. Son dos seguidores de Jesús -uno de ellos se llamaba Cleofás (v 18) y no pertenecía al grupo de los once.

El episodio transmite, con un arte difícil de igualar, una experiencia humana única, en la que advertimos tanto el abatimiento y la desolación por lo que había acontecido a Jesús de Nazaret como el renacimiento de la esperanza gracias a una manifestación del resucitado. El encuentro (13-16) y el diálogo (17-27) permiten ver los límites de la fe que aquellos discípulos tenían puesta en Jesús. Veían en él a «un hombre y profeta poderoso» (19) que hubiera podido redimir a Israel como un nuevo Moisés -también llamado profeta poderoso en Hch 7,22-35-, pero no habían descubierto todavía que Jesús redimiría a Israel precisamente a través de su muerte y resurrección. Habían oído los rumores de las apariciones de los ángeles a las mujeres, afirmando que «Jesús estaba vivo» (23; cf. v 5 y Hch 1,3- 25,19), pero no las habían creído. Haciendo camino (25-27), Jesús les interpreta las profecías del AT, que anunciaban el sufrimiento del Mesías (cf. Lc 18,31- Hch 26,23). Así les ayuda a aceptar que la pasión de Jesús era su camino hacia la gloria (26; cf. Lc 9,22; 22,69).

La escena en la que culmina la narración es -como en todas las apariciones del resucitado- la del reconocimiento: «se les abrieron los ojos y lo reconocieron» (31) Eso ocurría cuando Jesús, al ser convidado a casa de uno de ellos, tomó la iniciativa de bendecir, partir y darles el pan. Jesús quiere que le reconozcan al principio de la cena, mientras él, bendiciendo el pan, cumple la función de cabeza de familia. Al descubrirlo los dos, se les hace invisible, porque su presencia gloriosa no es ya la misma que la de su vida terrena.

El final de la narración nos presenta a los discípulos corriendo a comunicar la noticia a los once y a sus compañeros (33). Los encuentran comentando lo que le había pasado a Simón: «Verdaderamente el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón» (34). La narración incorpora así otra aparición del resucitado, en este caso a uno de los once, aparición referida también en la primera carta a los corintios (15,5).

D. ROURE - LA BIBLIA DIA A DIA - Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las Horas - Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981. Pág. 886 s.

 

DOMINGO 3 DE PASCUA

Era verdad: ha resucitado el Señor

La resurrección de Jesús sigue siendo la Buena Noticia por excelencia. Es la que anuncia Pedro en su discurso de Pentecostés ("vosotros lo matasteis pero Dios lo resucitó"), la que invoca la carta del mismo Pedro para sacar consecuencias para la vida de los cristianos ("Dios le resucitó y le dio gloria"), y el centro de la conversación y de la experiencia de los discípulos de Emaús en su encuentro con el Señor ("es verdad: ha resucitado el Señor").

Y es que, como anticipa el salmo y argumenta Pedro, Dios no podía permitir que el Justo, su Hijo, "conociera la corrupción".

Continúa la Pascua. Sigue el Cirio encendido y las flores y los cantos y los aleluyas. Y, sobre todo, el pueblo cristiano se siente "renovado y rejuvenecido en el espíritu", con la "alegría de haber recobrado la adopción filial" (oración colecta), "renovado con estos sacramentos de vida eterna" (poscomunión), "exultante de gozo porque en la resurrección de tu Hijo nos diste motivo para tanta alegría" (oración sobre las ofrendas).

 

Hechos 2, 14.22-33. No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio

El domingo pasado leíamos el primer "sumario" que intercala Lucas en los Hechos sobre la vida de la comunidad. Hoy se nos presenta parte del importante discurso del apóstol Pedro el día de Pentecostés, el primero de los cinco suyos que ofrece el libro de los Hechos.

Con valentía y claridad dice Pedro a la multitud: "lo matasteis en una cruz, pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte... Dios resucitó a este Jesús y nosotros somos testigos". Es admirable el "éxito" que tiene esta primera predicación: tres mil personas se convierten a la fe en Cristo.

El salmo de hoy ha sido escogido por la cita que de él hace Pedro en su discurso de Pentecostés, aplicando sus afirmaciones a la resurrección de Jesús: "se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas y mi carne descansa segura... porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción".

 

1 Pedro 1,17-21. Os rescataron aprecio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto

Para el autor de la carta de Pedro se derivan consecuencias muy concretas del hecho de la resurrección de Jesús. Ya que los cristianos han sido resca­tados "a precio de la sangre de Cristo" y ahora "creen en Dios y han puesto en él su fe y su esperanza", se sigue lógicamente la consigna que les da a continuación: "tomad en serio vuestro proceder en esta vida", viviendo fuertes en la fe y en la esperanza, a pesar de que seguramente vivían en un ambiente hostil.

 

Lucas 24, 13-35. Le reconocieron al partir el pan

Este domingo leemos a Lucas, que nos narra con exquisita delicadeza y una estructura muy bien pensada la aparición de Jesús a los dos discípulos de Emaús.

Lucas nos ofrece un hermoso relato "catequético", en el último capítulo de su evangelio, del viaje "de ida y vuelta" de aquellos dos discípulos que van a Emaús y luego vuelven a Jerusalén. El viaje de ida es triste, en silencio, con los ojos cerrados, con sentimientos de desilusión ("nosotros esperábamos"). No creen a los que afirman que han visto el sepulcro vacío, ni reconocen al caminante que se les junta. El viaje de vuelta es lo contrario: corren presurosos, llenos de alegría, los ojos abiertos a la inteligencia de las Escrituras, impacientes por anunciar su experiencia a la comunidad.

En medio ha sucedido algo decisivo: el Señor Jesús les ha salido al encuentro, ha dialogado con ellos, les ha explicado las Escrituras y finalmente le han reconocido en "la fracción del pan", aunque luego recuerdan que ya "ardía su corazón cuando les explicaba las Escrituras".

 

Sigue la alegría de la Pascua

Los textos de hoy siguen, naturalmente, con el tono de entusiasmo y alegría que inauguramos hace apenas dos semanas. Esta alegría viene, por una parte, de la resurrección del Señor. Y, por otra, porque estamos convencidos de que a nosotros nos está preparado el mismo destino de vida perpetua.

Así, en la oración colecta pedimos a Dios "que la alegría de haber recobrado la adopción filial afiance su esperanza de resucitar gloriosamente". La oración sobre las ofrendas habla también de la "Iglesia exultante de gozo" y pide que "pues en la resurrección de tu Hijo nos diste motivo para tanta alegría, concédenos participar de este gozo eterno". También la poscomunión enlaza las dos perspectivas: "ya que has querido renovar a tu pueblo con estos sacramentos de vida eterna, concédele también la resurrección gloriosa".

Tanto el salmo como la cita de Pedro en su discurso ante el pueblo, nos aplican a nosotros, ahora desde la clave de Cristo Resucitado, las esperan­zadoras palabras: "me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha".

Por otra parte, Pedro, en su carta, dirige a sus cristianos palabras de ánimo y confianza. Han sido rescatados por Cristo (ha pagado la "fianza" que debían) y ahora han puesto en Dios su fe y su esperanza. Cambia radicalmente el sentido de sus vidas.

Todavía nos quedan cinco semanas de Pascua. ¿Estamos progresando en esta actitud de alegría interior, de paz, de confianza? ¿Nos creemos de veras la Buena Noticia de la Vida de Jesús y su aplicación a nosotros? ¿Se puede decir que los demás nos ven con otra cara, con cara pascual, ante los acon­tecimientos y las personas?

 

¿Dónde le "reconocemos" nosotros?

Tal vez nos sentimos retratados en esos dos discípulos que caminan hacia Emaús. Tienen una clara crisis de fe. "Nosotros esperábamos...". No están seguros de nada. No reconocen al Maestro: sus ojos están cerrados. No ten­drían que haberse puesto en marcha para refugiarse en su casita de Emaús: a la comunidad no hay que abandonarla, sobre todo si está pasando momentos de desánimo y desorientación.

En nuestra vida hay días de eclipse. No reconocemos al Señor ni aunque se nos presente como compañero de camino. El relato de Lucas está escrito con toda la intención para animar a las generaciones siguientes, a nosotros, a los cristianos que no han tenido la suerte de ver y oír y tocar al Maestro. También ellos le pueden reconocer y animarse con su presencia.

Le podemos reconocer en la fracción del pan, o sea, en la Eucaristía, el sacra­mento más inefable que pensó Jesús para seguir siendo él mismo alimento para el camino de los suyos "hasta que venga" al final de los tiempos.

Le podemos reconocer en la celebración de la Palabra: "les explicó las Escri­turas... ¿no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba?". Cuando en nuestra celebración se proclaman las lecturas bíblicas, sobre todo el evangelio, es Jesús mismo, aunque no le veamos ni nos parezca oírle directamente, quien nos comunica su mensaje, más aún, quien se nos da él mismo, porque él es la Palabra definitiva de Dios.

Le podemos reconocer en la comunidad. Cuando los dos de Emaús llegaron a donde estaba el grupo de Jerusalén, oyeron la Buena Noticia: "era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón".

Le podemos reconocer en la caridad fraterna. Ellos, aunque estuvieran tan desanimados, tuvieron el gesto de invitar al "peregrino" desconocido a cenar con ellos. Y allí es donde se les abrieron los ojos. La caridad fraterna es la mejor clave y el mejor ambiente para reconocer la presencia del Señor en nuestras vidas. ¿Por qué será que una buena parte de las apariciones del Resucitado se realizaron en el clima de una comida fraterna?

 

Le reconocieron en la fracción del Pan

Sobre todo, aparece destacado el énfasis en esta frase: "ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan". Parece como si Lucas quisiera demostrar, con su relato, que también los cristianos de las generaciones siguientes tienen un momento privilegiado donde pueden "ver" al Resucitado. Este momento es la fracción del pan, el nombre que en el primer siglo recibía la Eucaristía.

Dicen los estudiosos que Lucas, sin pretender contarnos que la escena fuera celebración eucarística -impensable todavía, antes de Pentecostés- quiso dejamos en el último capítulo de su evangelio tina "catequesis historizada" de esta importante convicción. Que Cristo Jesús sigue también presente a las generaciones siguientes sobre todo en la Eucaristía, en la que se con­centran los varios aspectos del episodio: ver a Cristo, con los ojos de la fe, en la comunidad reunida, en la Palabra, en la fracción del pan, en la caridad fraterna. Es lo que hacemos cada vez que acudimos a la celebración comu­nitaria de este sacramento.

La Eucaristía dominical es para los cristianos como el motor de toda su vida de fe durante la semana. No suceden en ella milagros. Pero siempre nos ofrece un encuentro con Cristo Palabra y con Cristo Pan. Y nos hace recordar que la comunidad es el primer "sacramento" de su presencia en medio de nosotros: "donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo". Son diversos modos de manifestarse la presencia siempre viva del Resucitado, además del modo privilegiado del Pan y el Vino eucarísticos. Y que también sigue siendo real y experimentable fuera de la celebración: en la caridad fraterna.

 

Y nosotros somos testigos

La experiencia del encuentro con el Resucitado -sobre todo en la Eucaris­tía- debe cambiar algo en nuestras vidas, como lo hizo con los dos de Emaús o con Pedro. Nos debe enviar claramente a una "misión", a dar testimonio de nuestra fe en la vida.

Hoy es Pedro quien nos da un admirable ejemplo de coherencia y valentía. Hacía pocos días había negado que conociera a Jesús y, en el momento de la cruz, había huido como casi todos los demás, acobardados. Pero ahora han tenido la experiencia de la Pascua, se han visto inundados por la fuerza del Espíritu el día de Pentecostés, están llenos de ánimo y se atreven a decir ante las autoridades: "vosotros lo matasteis, pero Dios lo resucitó".

Entonces fue Pedro quien ante el pueblo -luego lo repetirá ante las autori­dades- dio testimonio de su fe: "Dios resucitó a este Jesús y todos nosotros somos testigos".

Ahora también hacen falta cristianos y comunidades así, que actúen como testigos de Cristo. La Buena Noticia de Jesús no la hemos escuchado noso­tros por boca de ángeles, sino por el testimonio de la comunidad eclesial, desde hace ya dos mil años. Nadie nace cristiano: continuamente está en marcha esta dinámica de "nueva evangelización", por parte de la comunidad eclesial, ayudada por las familias y las escuelas cristianas.

Son testigos creíbles de Cristo las comunidades y las familias que se aman y promueven la paz y la justicia, que se esfuerzan por ayudar a todos, en actitud de servicialidad, en medio de un mundo egoísta. Ya nos dijo él: "en esto conocerán que sois mis discípulos: si os amáis los unos a los otros".

Por grandes que sean las dificultades y por hostil o indiferente que nos parezca el ambiente social, si estamos llenos de la Pascua del Señor, convencidos de la fe en él, y movidos por el Espíritu, se nos notará en todo momento, en las palabras y en los hechos, cuál es nuestra motivación. Nos mantendremos firmes en nuestra fe, independientes de las modas o de las corrientes ideo­lógicas o de los intereses humanos o de nuestras cobardías y miedos.

Pedro, hablando a judíos que habían acudido a Jerusalén para la fiesta, argu­menta a partir de las citas del AT - con un lenguaje que pudiera parecer poco diplomático y demasiado; directo- para demostrar que Jesús es el Enviado de Dios. Cuando luego Pablo se dirija a paganos, empleará otro lenguaje, partiendo de lo que sus oyentes saben y creen. Lo importante es anunciar a Cristo Jesús y ser sus testigos en la familia y en la sociedad.

También los dos discípulos de Emaús corren presurosos a anunciar a los demás su entrañable experiencia de encuentro con el Resucitado, como lo habían hecho antes las mujeres que habían acudido al sepulcro.

¿Y nosotros? Al empezar la tercera semana de Pascua, ¿se nota algún cambio en nuestra vida? ¿Estamos todavía en el "viaje de ida" de los de Emaús, o ya en el de vuelta? ¿Todavía en la penumbra y la tristeza, o ya en la luz y la alegría? ¿En la cobardía o en la valentía del testimonio?

LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)

 


PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO III DE PASCUA CICLO A 2026

 

DOMINGO III DE PASCUA

 

01.- ACLAMEMOS HOY AL SEÑOR (J. P. Martins)

ACLAMEMOS HOY AL SEÑOR

CON CANCIONES DE ALEGRÍA.

ACLAMEMOS HOY AL SEÑOR

CELEBREMOS SU BONDAD.

 

Cantad un cántico nuevo,

cantad a Dios tierra entera,

porque hizo Dios maravillas

y nos dio la salvación.

 

Hizo alianza de amor,

en Jesucristo su Hijo;

Él es el Libertador,

es nuestra Luz y Camino.

 

Cristo a todos nos llama

y nos invita a su Mesa.

Es Cristo nuestro alimento,

es Cristo nuestra promesa.

 

Cristo nos dio la medida

de lo que puede el amor.

Juntos iremos cantando

 

02.- ALREDEDOR DE TU MESA (F. Palazon – Pascual)

ALREDEDOR DE TU MESA VENIMOS A RECORDAR (BIS)

QUE TU PALABRA ES CAMINO, TU CUERPO FRATERNIDAD,

QUE TU PALABRA ES CAMINO, TU CUERPO FRATERNIDAD.

 

1.- Hemos venido a tu mesa

a renovar el misterio de tu amor,

con nuestras manos manchadas

arrepentidos buscamos tu perdón.

 

2.- Juntos y a veces sin vernos,

celebramos tu presencia sin sentir

que se interrumpe el camino

si no vamos como hermanos hacia Ti.

 

03.- EL SEÑOR NOS LLAMA (Alberto Taule)

EL SEÑOR NOS LLAMA Y NOS REÚNE,

SOMOS SU PUEBLO, SIGNO DE UNIDAD.

ÉL ESTÁ EN MEDIO DE NOSOTROS,

SIRVE A LA MESA, NOS REPARTE EL PAN.

 

1.- Por todos los caminos nos sales al encuentro,

por todos hemos visto señales de tu amor.

Tu pueblo se reúne Señor a bendecirte,

a celebrar con gozo tu paso salvador.

 

2.- Convocas a tus fieles, nacidos de las aguas,

a festejar unidos la nueva creación.

La sala del banquete se llena de invitados;

estamos reunidos y en medio está el Señor.

 

3.- Revélanos al Padre oh Cristo, nuestra fiesta,

aumenta la esperanza de nuestro caminar.

Tu Espíritu divino nos dé la fortaleza,

los bienes que esperamos nos haga pregustar.

 

04.- UNIDOS EN LA VIDA

FA

UNIDOS EN LA VIDA

               SIB                    DO7

EN UN MISMO TRABAJAR

                                        FA

NOS UNIMOS EN LA FIESTA

                 DO7                            FA

COMPARTIENDO EL MISMO PAN.

 

1.- La semana nos ha unido

     SIb                        FA

en el trabajo y sudor

   SIb                         FA

la Eucaristía nos junta

        SOL7                 DO7

con Cristo en el amor.

 

2.- Los esfuerzos de los hombres

buscando un mundo mejor

son los esfuerzos de Cristo

que trae la salvación.

 

3.- Los que abrís surco en la vida

a golpe de trabajar

sois invitados por Cristo

a repartiros su pan.

 

05.- TRAEMOS A TU ALTAR

TRAEMOS A TU ALTAR CON EL VINO Y EL PAN

NUESTRAS OFRENDAS.

TRAEMOS A TU ALTAR CON LOS HOMBRES

SU AFÁN Y SUS PROBLEMAS.

 

1.- Con los hombres que trabajan el pan con sudor

ofrecemos nuestro esfuerzo;

por los hombres que no tienen trabajo ni pan,

te pedimos el sustento.

 

2.- Con los hombres cuyas vidas son fruto de bien

ofrecemos nuestra entrega;

por los hombres cuyas vidas son pena y dolor,

que sepamos estar cerca.

 

3.- Con los hombres que construyen un mundo de paz,

ofrecemos nuestras manos;

por los hombres que padecen la guerra y el mal,

que seamos solidarios

 

06.- PAN SABROSO (Carmelo Erdozain)

PAN SABROSO DEL TRIGAL,

VINO NUEVO DE AMISTAD,

HOY LE LLEVAMOS, LE PRESENTAMOS,

ELLOS SERÁN SACRAMENTO Y MANJAR.

 

1.- Presentemos al Señor

como ofrenda, nuestro amor,

nuestro trabajo, nuestro descanso:

ellos serán, nuestra humilde oblación.

 

2.- Le llevamos al Señor

la pobreza y el dolor,

nuestras cosechas, nuestras ofrendas,

ellas serán, nuestra liberación.

 

07.- CON AMOR TE PRESENTO SEÑOR

1.- Con amor te presento, Señor,

lo mejor de mi vida,

te presento, Señor, mi amistad.

 

Con amor te presento, Señor,

para ser mi manjar.

La viña, el racimo, el trigal,

el pan de mi hogar

te presento con amor.

 

2.- Con mis manos abiertas a Ti,

contemplando tu lámpara,

te presento, Señor, mi esperanza.

 

Hacia Ti se dirige mi barca,

hacia el cielo se va.

Es largo el camino, el remar,

ruta pascual,

Dios me guía al caminar.

 

3.- Con mi ofrenda también yo te doy

lo mejor de mis lágrimas.

Te presento, Señor, mi dolor.

 

Te presento, Señor, mi oración,

ofertorio de amor.

El grano enterrado ya es flor,

la espiga oblación,

la semilla redención.

 

08.- EN TORNO AL PAN

EN TORNO AL PAN LE CONOCEMOS,

EN TORNO AL PAN, EN TORNO A ÉL.

 

1.- La entrega suprema de su amor,

a manos llenas se reparte;

Comamos todos de este pan,

a manos llenas se reparte.

 

2.- Comamos todos de este pan

en esta mesa compartida,

Jesús invita con su cuerpo,

Jesús invita a esta comida.

 

3.- La mesa siempre está servida,

caliente siempre está su pan,

Comamos todos de su cuerpo,

comamos todos de su pan.

 

4.- Una vez más hoy le recibes,

Jesús te llena de su amor,

felices y contentos hoy comamos,

vivamos una Iglesia en comunión.

 

09.- EL PEREGRINO DE EMAUS

¿Qué llevabais conversando?, Me dijiste, buen amigo.

Y me detuve asombrado a la vera del camino.

¿No sabes lo que ha pasado ayer en Jerusalén,

de Jesús de Nazaret a quien clavaron en cruz?

Por eso me vuelvo triste a mi aldea de Emaús. (bis)

 

Van tres días que se ha muerto y se acaba mi esperanza.

Dicen que algunas mujeres al sepulcro fueron de alba.

Pedro, Juan y algunos otros hoy también allá buscaron,

más se acaba mi esperanza no encontraron a Jesús.

Por eso me vuelvo triste a mi aldea de Emaús.  (bis)

POR EL CAMINO DE EMAÚS

UN PEREGRINO IBA CONMIGO;

NO LE CONOCÍ AL CAMINAR,

AHORA SÍ, EN LA FRACCIÓN DEL PAN.

 

¡Oh tardíos corazones! ¡Qué ignoráis las escrituras!

Los profetas, en la ley ya se anunció que el Mesías padeciera.

Y por llegar a su gloria escogiera la aflicción.

En la tarde de aquel día yo sentí que con Jesús

nuestro corazón ardía, a la vista de Emaús. (bis)

 

Hizo señas de seguir más allá de nuestra aldea,

y la luz del sol poniente pareció que se muriera;

quédate forastero, ponte a la mesa y bendice”.

Y al destello de su luz, en la bendición del pan,

mis ojos conocerán al amigo de Emaús. (bis).

 

10.- TE CONOCIMOS AL PARTIR EL PAN (Joaquin Madurga)

Andando por el camino te tropezamos, Señor,

te hiciste el encontradizo, nos diste conversación.

Tenían tus palabras fuerza de vida y amor,

ponían esperanza y fuego en el corazón.

 

TE CONOCIMOS, SEÑOR, AL PARTIR EL PAN.

TÚ NOS CONOCES, SEÑOR, AL PARTIR EL PAN. (2)

 

Llegando a la encrucijada, Tú proseguías, Señor,

te dimos nuestra posada, techo, comida y calor;

sentados como amigos a compartir el cenar,

allí te conocimos al repartirnos el pan.

 

Andando por los caminos te tropezamos, Señor,

en todos los peregrinos que necesitan amor;

esclavos y oprimidos que buscan la libertad,

hambrientos, desvalidos, a quienes damos el pan.

 

11.- JESUS NUESTRA PASCUA (J. P. Martins)

JESÚS, NUESTRA PASCUA,

POR TODOS MURIÓ.

CANTEMOS ALEGRES

QUE RESUCITÓ.

CANTEMOS ALEGRES

QUE RESUCITÓ.

 

1.- Pascua sagrada,

oh fuente de alegría.

Despierta tú que duermes

que el Señor resucitó.

Despierta tú que duermes

que el Señor resucitó.

 

Pascua sagrada,

oh pascua siempre nueva.

Dejad al hombre viejo

revestíos del Señor.

Dejad al hombre viejo

revestíos del Señor.

 

2.- Pascua sagrada,

Dios se hizo igual al hombre.

Nos habla por su Hijo

que es Maestro y Salvador.

Nos habla por su Hijo

que es Maestro y Salvador.

 

Pascua sagrada,

oh fiesta del bautismo.

Renacidos por el agua

somos hijos del Señor.

Renacidos por el agua

somos hijos del Señor.

 

3.- Pascua sagrada,

oh Pascua salvadora.

Al pueblo prisionero,

el Señor ya rescató.

Al pueblo prisionero,

el Señor ya rescató.

 

Pascua sagrada,

oh pascua redentora.

Jesús es el Cordero

que por todos se inmoló.

Jesús es el Cordero

que por todos se inmoló.

 

4.- Pascua sagrada,

oh canto de Alabanza:

su nombre alabemos

porque eterno es Su Amor.

Su nombre alabemos

porque eterno es Su Amor.

 

12.- QUEDATE CON NOSOTROS (Juan A. Espinoza)

QUÉDATE CON NOSOTROS,

LA TARDE ESTÁ CAYENDO. ¡QUÉDATE!.

 

1.- ¿Cómo te encontraremos, al declinar el día,

si tu camino no es nuestro camino?

Detente con nosotros, la mesa está servida,

caliente el pan y envejecido el vino.

 

2.- ¿Cómo sabremos que eres un hombre

entre los hombres,

si no compartes nuestra mesa humilde?

Repártenos tu Cuerpo y el gozo irá alejando

la obscuridad que pesa sobre el hombre.

 

3.- Vimos romper el día sobre tu hermoso rostro

y al sol abrirse paso por tu frente,

que el viento de la noche no apague el fuego vivo

que nos dejó tu paso en la mañana.

 

4.- Arroja en nuestras manos, tendidas en tu busca,

las ascuas encendidas del Espíritu,

y limpia en lo más hondo del corazón del hombre,

tu imagen empañada por la culpa.

 

13.- REGINA CAELI

Como se debe leer el Regina Caeli

 

Reyina cheli létare Aleluya

Cuia cuem meruisti portare Aleluya

Resurrexit, sicut dixit Aleluya

Ora pro nobis Deum Aleluya

 

Como se escribe

 

Regina Caeli, laetáre Alleluia

Quia quem meruisti portare Alleluia

Resurréxit, sicut dixit Alleluia

Ora pro nobis Deum Alleluia

 

14.- REINA DEL CIELO

Reina del cielo, alégrate, ¡Aleluya!

porque el Señor,

a quien mereciste llevar, ¡Aleluya!

resucitó según su Palabra, ¡Aleluya!

Ruega al Señor por nosotros, ¡Aleluya!.

 

15.- MADRE DE LOS CREYENTES (F. Palazón)

MADRE DE LOS CREYENTES

QUE SIEMPRE FUISTE FIEL,

DANOS TU CONFIANZA,

DANOS TU FE.

 

1.- Pasaste por el mundo

en medio de tinieblas

sufriendo a cada paso

la noche de la fe

sintiendo cada día

la espada del silencio

a oscuras padeciste

el riesgo de creer.

 

2.- La fe por el desierto

a lomos de un asnillo

la fe cuando en las bodas

Jesús se hizo esperar

la fe cuando pensaron

que el Hijo estaba loco

la fe sobre el calvario

al borde de acabar.

 

3.- Guardaste bajo llave

las dudas y batallas

formándose el misterio

al pie del corazón

debajo de tu pecho

de amor inagotable

la historia se escribía

de nuestra redención.

 

16.- HOY SEÑOR TE DAMOS GRACIAS (Cesare Gabarain)

HOY SEÑOR, TE DAMOS GRACIAS,

POR LA VIDA, LA TIERRA Y EL SOL.

HOY SEÑOR, QUEREMOS CANTAR,

LAS GRANDEZAS DE TU AMOR.

 

1.- Gracias Padre, mi vida es tu vida,

tus manos amasan mi barro,

mi alma es tu aliento divino,

tu sonrisa en mis ojos está.

 

2.- Gracias, Padre, Tú guías mis pasos,

Tú eres la luz y el camino,

conduces a Ti mi destino,

como llevas los ríos al mar.

 

3.- Gracias, Padre, me hiciste a tu imagen

y quieres que siga tu ejemplo

brindando mi amor al hermano,

construyendo un mundo de paz.