SOMOS PEREGRINOS DE EMAUS.
COMENTARIO
¿No han comprendido? ¡Qué torpes son y
lentos para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No tenía el Mesías que
padecer todo eso para entrar en su gloria? Hasta en el día de pascua, dejémonos
reprender por el resucitado. Quizás al decir eso, tenía la sonrisa de las
reprensiones amables y muy pronto acabaron también por sonreír los discípulos:
¡A veces es bueno recibir reprimendas de Jesús, vivo ¡Viviente! Cambiemos con
él esa misma sonrisa un tanto pícara. Somos peregrinos de Emaús. Avanzamos por
el camino de la vida con muchas esperanzas, al principio muy puras, luego cada
vez más mezcladas, unas veces cristianas y otras paganas, unas veces claras y
otras llenas de ignorancia: “¡Habíamos esperando tanto!”. Dice, y decimos con
ellos nosotros. Vinieron las decepciones, cristianas y también paganas. Y
llegaron hasta el fondo de su desconfianza: ¡Jesús se había acabado para ellos!
De pronto, el encuentro. Tan increíble que al principio no ven nada: “Jesús se
acercó y se puso a caminar con ellos. También nosotros hemos tenido ese
encuentro, pero hemos seguido tan cerrados como ellos a lo increíble: ¡Dios
ante nosotros, Dios con nosotros! Aun sabiendo nuestra fe no se despertó lo
bastante, nuestro corazón es demasiado lento, seguimos avanzando por la vida
como si él no estuviera allí. Pero a veces el corazón arde. “¿No estábamos como
sobresaltados mientras nos hablaba explicándonos las Escrituras?”.
¡Las Escritura! No esperemos avanzar en la
fe sin las Escrituras. Toda la biblia, el gran tesoro de la revelación cuya
clave nos entrega hoy Jesús: “El Mesías tenía que padecer para entrar en su
gloria”. Muy duro de comprender, muy duro de aceptar, sin embargo, Jesús nos
tratará cortésmente de tontos o idiotas mientras no interioricemos de veras
este secreto de los secretos. La gran trayectoria desde la cruz a la gloria es
la historia de Cristo, es la historia del mundo, es la historia de cada una de
nuestras vidas. El que comprende este camino de sufrimiento, lo ha comprendido
todo.
Los discípulos recibieron el gran secreto;
su corazón arde (“Quédate con nosotros”), pero aún no le reconocen. Se necesita
la fracción del pan y esta vez comprenden. Aunque “desaparece a su vista”, en
adelante seguirá allí, se podrá avanzar con él de la cruz a la gloria.
Inmediatamente tienen un buen reflejo: ir a
anunciar la maravilla: “El Señor vive”. Y todos responden: Es verdad”. Ser
cristiano será vivir de esta certeza y comunicarla. Así es como nació nuestra
fe con sus tres grandes momentos; la palabra, la eucaristía y el testimonio.
Lucas bordó esta página para hacer de ella el esquema de la existencia
cristiana vivida como una misa y por tanto como una aceptación de la cruz. Una
aceptación paradójicamente dichosa: se camina hacia la gloria de Dios y se
camina con Jesús: “Quédate con nosotros” es una palabra de amor para decir:
“Quiero seguir contigo”.
R.P. Roland Vicente Castro Juárez
Aclamen al Señor, tierra entera; toquen en
honor de su nombre, canten a su gloria. Aleluya.
ORACION COLECTA
Que tu pueblo, oh, Dios, exulte siempre al verse renovado y
rejuvenecido en el espíritu, para que todo el que se alegra ahora de haber
recobrado la gloria de la adopción filial, ansíe el día de la resurrección con
la esperanza cierta de la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de los Hechos de los
apóstoles 2, 14.22-33
El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en
pie junto a los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró: «judíos y
vecinos todos de Jerusalén, entérense bien y escuchen atentamente mis palabras.
A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante ustedes con los milagros,
prodigios y signos que Dios realizó por medio de Él, como ustedes mismos saben,
a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto,
ustedes lo mataron, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó,
librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo
retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a Él: “Veía siempre al
Señor delante de mí, pues está a mi derecha para que no vacile. Por eso se me
alegró el corazón, exultó mi lengua, y hasta mi carne descansará esperanzada.
Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos, ni dejarás que tu Santo
experimente corrupción. Me has enseñado senderos de vida, me saciarás de gozo
con tu rostro”.
Hermanos, permítanme hablarles con franqueza:
el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros
hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado
con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de
la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los
muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó
Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Exaltado, pues, por la diestra
de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha
derramado. Esto es lo que están viendo y oyendo».
SALMO
RESPONSORIAL (Sal 15, 1-2.5.7-11)
Señor, me enseñarás el sendero de la vida.
Protégeme, Dios
mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios». El Señor es el
lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano. R
Bendeciré al Señor,
que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre
presente al Señor, con Él a mi derecha no vacilaré. R.
Por eso se me
alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos, ni dejarás a tu fiel ver
la corrupción. R.
Me enseñarás el
sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a
tu derecha. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura
de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 17-21
Queridos
hermanos: Puesto que pueden llamar Padre al que juzga imparcialmente según las
obras de cada uno, compórtense con temor durante el tiempo de su peregrinación,
pues ya saben que fueron liberados de su conducta inútil, heredada de sus
padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre
preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya
antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por
ustedes, que, por medio de Él, creen en Dios, que lo resucitó de entre los
muertos y le dio gloria, de manera que la fe y la esperanza de ustedes estén
puestas en Dios.
ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Lc 24, 32
Aleluya. Señor
Jesús, explícanos las Escrituras: haz que arda nuestro corazón mientras nos
hablas. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 24, 13-35
Aquel mismo día, el primero de la semana, dos
de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante
de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que
había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y
se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él
les dijo: «¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y
uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único
forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?». Él les dijo:
«¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta
poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo
entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a
muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que Él iba a liberar a Israel,
pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es
verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo
ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron
diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen
que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo
encontraron como habían dicho las mujeres; pero a Él no lo vieron».
Entonces Él les dijo: «¡Qué necios y torpes son
para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías
padeciera esto y entrara así en su gloria?». Y,
comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería
a Él en todas las Escrituras. Llegaron cerca de
la aldea adonde iban y Él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo
apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de
caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el
pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les
abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció de su vista. Y se
dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el
camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose en aquel momento, se
volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus
compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha
aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el
camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
PLEGARIA
UNIVERSAL
Oremos al Señor por medio de Cristo resucitado,
intercesor entre Dios y los hombres.
1.- Por
el Papa, obispos y sacerdotes: Para que, al igual que los discípulos de Emaús,
nos ayuden a arder de fe al explicarnos las Escrituras y nos guíen hacia el
encuentro con el Resucitado. Roguemos al Señor.
2.- Por
los que no conocen a Cristo: Para que el testimonio de vida de los cristianos
sea el signo que les permita reconocer que Jesús está vivo y camina junto a
ellos. Roguemos
al Señor.
3.- Por
los enfermos y afligidos: Para que encuentren en la presencia real de Cristo el
alivio a sus dolores y la fuerza para no desfallecer en la prueba. Roguemos al Señor.
4.- Por
nuestra comunidad: Para que no seamos "torpes y lentos de corazón, sino
que reconozcamos a Jesús en los más necesitados y en la fracción del pan en
cada Eucaristía. Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestras súplicas; son la oración
de tu Iglesia, reunida en el nombre de tu Hijo Jesucristo, en quien creemos, a
quien proclamamos resucitado de entre los muertos, que vive y reina por los
siglos de los siglos.
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, las ofrendas de tu Iglesia exultante y, a quien diste
motivo de tanto gozo, concédele disfrutar de la alegría eterna. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
ANTIFONA DE COMUNION Lc
24, 35
Los
discípulos reconocieron al Señor Jesús al partir el pan. Aleluya.
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Mira, Señor, con bondad a tu pueblo y, ya que has
querido renovarlo con estos Sacramentos de vida eterna, concédele llegar a la
incorruptible resurrección de la carne que habrá de ser glorificada. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
PALABRA
DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes 20: Hch
6, 8-15; Sal 118, 23-24.26-27.29-30; Jn 6, 22-29
Martes 21: Hch
7, 51—8, 1ª; Sal 30, 3cd-4. 6ab y 7b y 8ª. 17 y 21ab; Jn 6, 30-35
Miércoles 22: Hch
8, 1b-8 Sal 65, 1-3ª.4-5.6-7ª; Jn 6, 35-40
Jueves 23: Hch
8, 26-40; Sal 65, 8-8. 16-17.20; Jn 6, 44-51
Viernes 24: Hch 9, 1-20; Sal 116, 1.2; Jn 6, 52-59
Sábado 25: 1P
5, 5b-14; Sal 88, 2-3.6-7.16-17; Mc 16, 15-20
Domingo 26: Hch 2, 14ª.36-41; Sal 22, 1b-3ª. 3b-4. 5.6; 1P 2, 20b-25; Jn 10, 1-10
COMENTARIOS
AL EVANGELIO
Lc 24, 13-35
Par: /Mc/16/12-13
1.- El evangelio de Emaús es demasiado
conocido para que sea necesario describir toda su riqueza; su tono, tan humano,
hace resonar un eco tan profundo en nuestros corazones, en el corazón de todos
sus oyentes, que cualquier comentario corre el peligro de alterar su
excepcional transparencia. Arriesguemos, no obstante, algunas sugerencias.
Leído a continuación de las frases paulinas
de las segundas lecturas, el episodio de los peregrinos de Emaús aparece como
la celebración de la renovación que la resurrección de Jesús opera en aquellos
que aceptan tal mensaje. Al final de su larga marcha, los dos discípulos están
renovados por completo. Su comprensión de la vida ya es "otra". Hasta
entonces, veían en la muerte el fracaso último de la humanidad. A sus ojos,
cualquiera, por gran profeta que hubiera parecido, "por poderoso en obras
y en palabras" que hubiese podido ser "delante de Dios y todo el
pueblo", cualquiera que es "condenado a muerte y crucificado",
corona su vida con un fracaso radical que destruye todo su significado. Ahora
bien, esa teoría sobre la existencia, teoría que la experiencia corriente
corrobora, es la que es falsa desde ahora.
Debido, en primer término, al Antiguo
Testamento, que anunció por la voz de "Moisés y de los Profetas" que
un hombre, el Mesías, tras haber soportado tales sufrimientos y experimentado
el fracaso que significaban, "entraría", no obstante, "en la
gloria" y obtendría el éxito verdadero.
Y ese anuncio de un vuelco tan categórico de
las cosas, objeto por largo tiempo de una promesa, se ha hecho, a partir de ese
día, realidad. El compañero de camino de los dos discípulos es "Jesús, el
Nazareno", el mismo sobre el que se lamentaban los dos viajeros, a quien
"concernía" la enseñanza de Moisés y de los Profetas, el que vive el
destino inédito que aquellos héroes del pasado habían definido de antemano.
Tras haber "soportado los sufrimientos predichos", "entra ahora
en su gloria".
Se trata, pues, de una comprensión de la vida
totalmente renovada, que Jesús, con su recuerdo del Antiguo Testamento, con su
palabra, con su propia presencia, ofrece a los discípulos. Una teoría de las
cosas que empalma con sus íntimas aspiraciones: se lo dicen uno a otro,
reconociendo que la palabra de Jesús avivaba en ellos un deseo que el tema de
la muerte había como sumido en el olvido.
Señalemos dos aspectos de esta renovación
total que modifica la persona de los discípulos. En primer lugar, que esta
novedad es necesariamente objeto de un compartir, de una comunicación, de un
testimonio. No es posible guardar para sí tan "buena noticia". Una
vez que se les muestra la verdad, los discípulos se van precipitadamente a
Jerusalén para compartir su experiencia y proclamar su descubrimiento... El
autor, además, señala un rasgo sugestivo: Jesús termina su comunicación con la
fracción del pan.
En este gesto, en que san Lucas ve el acto
eucarístico, el evangelista percibe como el espejo en el que aparecen en claro
los rasgos de Jesucristo esbozados ya por "Moisés y los Profetas":
¿no es en ese momento cuando ambos compañeros reconocen a Jesús? La Eucaristía
no celebra a un muerto, sino que proclama que el que estaba muerto vive, y
corresponde a esta nueva representación de las cosas que sitúa la gloria más
allá de los sufrimientos. Participar en la Eucaristía es adherirse a una comprensión
de la vida que encuentra su realización en Jesucristo vivo, resucitado.
Decididamente, para los cristianos que
celebran la Pascua, nada puede en absoluto ser como antes.
LOUIS MONLOUBOU - LEER Y PREDICAR EL
EVANGELIO DE LUCAS - EDIT. SAL TERRAE SANTANDER 1982.Pág 315
2.- La narración parte de Jerusalén y termina
en Jerusalén. Un mismo itinerario inversamente recorrido: de Jerusalén a Emaús
(vv.13-32) y de Emaús a Jerusalén (vv. 33-35). Pero, para Lucas, Jerusalén es
algo más que una ciudad. Es el lugar donde están los once y los demás.
Jerusalén es el grupo creyente. Los dos de Emaús han abandonado el grupo y
retornan a él.
Cuando retornan se encuentran con un grupo
que ya cree en Jesús resucitado (v. 34). No son, pues, los dos de Emaús los que
hacen que el grupo sea creyente. Este dato es importante a la hora de
determinar el sentido del relato: éste no va en línea apologética (demostrar la
resurrección de Jesús), sino en línea catequética (mostrar las vías de acceso a
Jesús resucitado, cómo encontrarse con Jesús resucitado). Los destinatarios del
relato no son los que rechazan la resurrección de Jesús, sino los cristianos que
no han tenido el tipo de acceso que tuvieron los testigos presenciales. En los
dos de Emaús estamos tipificados todos los cristianos que no hemos tenido el
tipo de acceso a Jesús que tuvieron los testigos presenciales.
¿Cuáles son nuestras vías de acceso a Jesús?
En primer lugar, la lectura profundizada del A.T. (vv. 25-27). En segundo
lugar, y como culminación de la anterior, la celebración de la Eucaristía.
Es en esta celebración donde finalmente se
abren nuestros ojos para reconocer a Jesús (v. 31). El encuentro interpersonal,
dicen los psicólogos, sólo se da en la medida en que nos situamos en una
realidad que nos trasciende a todos, al mismo tiempo que nos constituye. Esta
realidad es la celebración eucarística en su doble vertiente de Palabra y de
Comida.
DABAR 1981/29
3.- Para la liturgia, la semana de Pascua
constituye una perfecta unidad con el mismo día de la resurrección (el prefacio
nos hace decir todos los días de la semana: "en este día". No es
fácil, ni incluso posible, establecer un determinado orden entre las diversas
apariciones relatadas por los evangelistas.
"Si bien es verdad que ellos están de
acuerdo al referir la aparición inicial del ángel (Mt 28. 5-7; Mc 16. 5-7; Lc
24. 4-7; Jn 10. 12-13), los cuatro evangelistas divergen en lo que respecta a
las apariciones del mismo Jesús".
"La comparación con la detallada y tan
antigua enumeración de 1 Co 15. 5-7, demuestra, por lo demás, que cada
evangelista no quiso relatar todas las apariciones de Jesús resucitado".
En todo caso, resulta difícil señalar con
precisión la fecha de algunas apariciones. Sin embargo, es cierto que el primer
día de la resurrección fue un día repleto. Citemos las apariciones que entre
todos refieren y sitúan en esta jornada histórica: a María Magdalena en el
huerto (Jn 20. 11-18); a Pedro (alusión en Lc 24.34, consignada también en 1 Co
15. 5); siempre dentro de esta jornada, al caer de la tarde tiene lugar la
conversación con los discípulos de Emaús y después la aparición a los once. El estupendo
relato del reencuentro de Emaús nos recuerda a su modo la importancia capital,
esencial, única, de la resurrección para nuestra fe. Hay cristianos que dan la
impresión en ocasiones de conceder una importancia demasiado exclusiva a la
muerte redentora del Salvador. Los discípulos de Emaús constituyen un ejemplo
estupendo de los creyentes que detienen su creencia en la muerte... Les falta
lo principal, lo que da sentido a todo lo demás, incluso a esa muerte que, sin
la resurrección, es un fracaso: "Nosotros esperábamos", en
imperfecto.
Este pasaje tiene para nosotros un especial
interés. Es la primera vigilia bíblica del N.T., ¡y bajo la dirección de qué
celebrante! "Comenzando por Moisés y por todos los profetas, les fue
declarando cuanto a él se refería en todas las Escrituras".
Ahí tenemos el hilo conductor y el plan ideal
de una velada bíblica sobre un tema determinado: recorrer el A.T. bajo un punto
de vista concreto y desembocar en Cristo que es la realización del mismo.
Esta "velada bíblica" de Emaús no
es la única que en esta tarde dirige el celebrante extraordinario que es el
Señor. En efecto, el evangelio de Lc, en el relato que hace de la aparición a
los once de la misma tarde del día de la resurrección, nos dice: "Jesús
les dijo: era preciso que se cumpliera todo lo que está escrito en la Ley de
Moisés y en los Profetas y en los Salmos de mí. Entonces les abrió la
inteligencia para que entendiesen las Escrituras" (Lc 24. 44-45).
Es característico señalar la unión existente
entre estas meditaciones bíblicas y la comida. Cuando tiene lugar la aparición
a los once, Jesús come con ellos para disipar toda duda sobre la realidad de su
presencia (Lc 24. 43). Ya hemos leído que la conversación de Emaús desemboca en
una comida. Incluso muy bien puede suceder que se trate de la primera
eucaristía que fuese, a diferencia de la Cena, el Memorial de una realidad
cumplida; en este caso tendríamos ahí el modelo de todas nuestras misas: Palabra
y después Pan (Lc, al emplear aquí este término técnico -Fracción del Pan- que
repetirá en Hch 2. 42, piensa, sin duda, en la Eucaristía.-Biblia de Jerusalén.
Nota relativa a Lc 24. 35).
L. HEUSCHEN - LA BIBLIA CADA SEMANA - EDIC.
MAROVA/MADRID 1965.Pág 165
4. - Buscar todo "lo bueno"
que un hombre puede compartir con otro hombre, cualquiera que éste sea, es
hacer un camino que, según la fe cristiana, desemboca en la fraternidad
universal. Jesús caminaba junto a dos hombres que sólo iban a Emaús. Estos
andaban un camino muy corto; aquél, resucitado, acababa de comenzar con su vida
y con su entrega a la muerte un camino mucho más largo y ambicioso, el camino
del hombre, de todo hombre hacia el Reino de Dios. Unos y otros, al partir y al
compartir, se juntaron en una misma marcha hacia un mismo destino.
EUCARISTÍA 1990/21
5.- EU/CAMINO-EMAUS.
Este evangelio es -precisamente porque
refleja nuestro propio camino de fe- un retrato de la Eucaristía que celebramos
cada domingo. Cuando nos juntamos para la celebración hemos estado haciendo
camino, durante la semana, con ilusiones y decepciones, con momentos de
búsqueda y de duda, con experiencias dolorosas y otras de alegría. Es el camino
de Emaús. Y aquí, en la asamblea, los compartimos con Jesús, en la Escritura.
Los "sucesos" de nuestra vida los ponemos ante los
"sucesos" vividos por Jesús. La Palabra viva del Señor "enciende
nuestros corazones" y da una nueva luz a todo aquello vivido. Después, en
el gesto de compartir la mesa, renovamos aquel gesto del Señor, la fracción del
pan, y todos sus actos de amor a hombres y mujeres concretos.
Jesús se nos hace presente y se nos hace
alimento. Finalmente nos levantamos y volvemos al lugar de donde hemos venido,
nos disponemos a rehacer el camino, a vivirlo con nueva ilusión, a anunciar a
los demás la alegría de haber visto al Señor.
J. ROMAGUERA - MISA DOMINICAL 1990/09
6.- ADMIRACION/J
La fe en JC tiene además una historia
personal que acontece en cada individuo. Al comienzo de esa historia se
encuentra casi siempre la admiración. Y es que nos admiramos cuando topamos con
algo que, anteriormente, no nos habíamos encontrado, que sobrepasa nuestra
capacidad de imaginación y de lo que en adelante ya no nos podemos deshacer;
ésta es, precisamente, la experiencia del evangelio cuando en él se describe
que "ardía el corazón".
EUCARISTÍA 1987/22
7.- Texto: Este domingo no está tomado de
Juan, sino de Lucas. Muy en consonancia con los gustos de este autor, el texto
es un relato de viaje o de camino. Pero el sentido del camino que hacen los dos
discípulos es exactamente el contrario del que habían hecho antes siguiendo a
Jesús. Contrario en geografía, porque se marchan de Jerusalén; contrario sobre
todo en motivación, porque el camino que ahora hacen es el de la desesperanza.
"Nosotros teníamos la esperanza de que él fuera el libertador de Israel".
El término "libertador" y la expresión "libertador de
Israel" son característicos de Lucas. Remiten a la expresión
"liberación de Israel", usada en los comienzos de la obra para
expresar las esperanzas del pueblo, representadas por Simeón (Lc 2, 25) y por
Ana (Lc 2, 38). Esta liberación debía ser función del Mesías. Ya desde esos
comienzos ha dejado Lucas muy claro su punto de vista: Jesús es el Mesías y,
consiguientemente, el libertador de Israel.
Los dos discípulos, en cambio, han dejado de
compartir este punto de vista. La condena a muerte de Jesús por la autoridad
competente les cierra toda posibilidad de ver en Jesús al libertador de Israel.
La cruz no encajaba en sus esquemas de Mesías y por ello mismo era un escándalo
y un obstáculo insalvable. De ahí su camino de desesperanza. CZ/ESCANDALO: El desconocido caminante que se ha unido
a los dos discípulos les echa en cara su desconocimiento del Antiguo
Testamento. La frase "lo que anunciaron los profetas" es una
expresión que designa al Antiguo Testamento en su totalidad. La cruz del Mesías
no es un escándalo; es una misteriosa necesidad recogida en todo el Antiguo
Testamento.
La hospitalidad de los dos discípulos hace
posible el reconocimiento definitivo del desconocido en la mesa al partir el
pan, en clara preferencia al gesto de la cena del Señor de Lc.22, 19. Los dos
discípulos pueden así rehacer el camino a Jerusalén y formar parte del grupo
cristiano, el cual lo es por vivir la certeza de la resurrección de Jesús.
Comentario: Es bastante perceptible que la finalidad de Lucas es didáctica:
hacer ver que al libertador o Mesías se le encuentra en la lectura de la
Palabra de Dios y en la celebración de la Eucaristía. El relato no responde al
qué, sino al dónde. No pretende hacer ver que Jesús ha resucitado, sino dónde
encontrar a Jesús resucitado.
Biblia y Eucaristía. Lectura y celebración.
Ambas le son necesarias al cristiano si ha de ser portador de esperanza.
A. BENITO - DABAR 1990/26
La narración parte de Jerusalén (v. 13) y
termina en Jerusalén (v. 33). Un mismo itinerario inversamente recorrido: de
Jerusalén a Emaús, salida de (vs. 13-32), de Emaús a Jerusalén, vuelta a (vs.
33-35). Pero para Lucas Jerusalén es algo más que una ciudad; es el lugar donde
están "los once y los demás" (vs. 9 y 33). Jerusalén es algo más que
una referencia geográfica; es una referencia a un grupo de personas. A este
nivel hay que hablar de abandono del grupo y retorno al grupo.
La situación del grupo es distinta al
comienzo y al final del relato. Al comienzo es una situación de incredulidad
(cfr. 24, 11: "Ellos lo tomaron por un delirio y se negaron a
creerlas").
Al final es una situación de fe (cfr. 24, 34:
"Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón").
Nótese que esta situación existe ya cuando los dos de Emaús se reencuentran con
el grupo; no son ellos los que la crean. Este dato literario es muy importante
para detectar el sentido del texto.
Fijémonos detenidamente en el v. 34. Es una
exclamación entusiasta. Pero en esta exclamación puede distinguirse un doble
momento: "El Señor ha resucitado", "se ha aparecido a
Simón". Es decir, el v. 34 reproduce en pequeño lo que el lector ha podido
ver desarrollado en los vs. 13-32. La creencia en Jesús resucitado descansa en
unos testigos presenciales en nada predispuestos a tal creencia. La fe en la
resurrección tiene una base pericial suficiente para generar una certeza
histórica. La estructuración global del relato y la particular del v. 34 están
al servicio de esta certeza. Lucas viene a decir lo siguiente: la fe en la
resurrección de Jesús está fundamentada en criterios de autenticidad histórica.
Por consiguiente, añadimos nosotros, la opción creyente es más fidedigna que la
no creyente. Pero esta última afirmación es sólo un añadido nuestro. El
análisis literario revela que la finalidad de Lucas al componer el relato no va
por la línea apologética (demostrar la resurrección de Jesús). La finalidad de Lucas
es catequética: mostrar las vías de acceso a Jesús resucitado, cómo encontrarse
con Jesús resucitado. Los destinatarios del relato no son los que rechazan la
resurrección de Jesús, sino los cristianos que no han tenido el tipo de acceso
que tuvieron los testigos presenciales.
El paradigma de estos cristianos es los dos
de Emaús. Ellos experimentan el desencanto y la duda. El símbolo de esta
experiencia es el camino de Emaús (cfr. vs. 13-14. 21-24). Es un camino de
retirada, de falta de visibilidad (v. 16). ¿Por qué asustarnos si hacemos esta
misma experiencia? Teniendo a la vista esta experiencia y en respuesta a la
misma compone Lucas el relato. Una primera vía de acceso a Jesús resucitado es
la lectura profundizada del Antiguo Testamento (vs.25-27). ¿No ardía nuestro
corazón mientras nos explicaba las Escrituras? (v. 32). Una segunda vía,
culminación de la anterior, es la fracción del pan (v. 30), término técnico
para designar la Eucaristía (cfr. Hch. 2, 42; 20, 7). Es aquí donde finalmente
"se les abrieron los ojos y lo reconocieron" (v. 31). En la Palabra y
la Cena (las dos partes de la Misa) es donde nos encontraremos también nosotros
con Jesús resucitado. Este encuentro del mismo tipo (tipo de encuentro, no tipo
de acceso; no hay, pues, contradicción con lo escrito anteriormente) al vivido
por los primeros testigos. Ellos garantizan un encuentro por el tipo de acceso
que tuvieron a él, pero no son los únicos en poder vivir el encuentro con el
resucitado; también nosotros podemos vivirlo si escuchamos la Palabra e
insistimos en hospedar al que viene tan desapercibidamente que puede
confundírsele con unas raciones de pan y vino.
DABAR 1978/25
9.- Jesús alcanza a estos dos discípulos que
marchan hacia Emaús que dista de Jerusalén unos treinta kilómetros. Ellos han
oído hablar a las mujeres sobre la tumba vacía, pero, al parecer, no hacen
mucho caso de esta noticia. Jesús les invita a conversar con él mediante su
pregunta y ellos se desahogan contándole los sucesos que han tenido lugar en
Jerusalén. Su situación de ánimo es significativa y debe considerarse que era
común entre todos los discípulos de Jesús. Vieron en el Maestro a un gran profeta,
acreditado por sus palabras y obras ante todo el pueblo; pero al fin sucedió lo
incomprensible: sus enemigos, los que ostentaban el poder temporal y espiritual
de Israel, lo han crucificado.
Estos discípulos no culpan de la muerte de
Jesús al pueblo, sino sólo a las autoridades. En el Profeta de Nazaret creyeron
haber encontrado al Mesías prometido que libraría a Israel de todas las
opresiones, y ahora resulta que, antes de iniciar su obra, ha sucumbido ante
sus enemigos sin que Dios haya intervenido ni antes ni después de su muerte.
Por eso no comprenden nada y marchan derrotados y sin esperanza, que ya han
pasado tres días y el "asunto" del Nazareno parece haber sido
liquidado para siempre.
Si hubieran contado con la resurrección,
estos discípulos hubieran recibido con gozo la noticia de las mujeres y no
hubieran dejado que su escepticismo les quitara la esperanza. Jesús no les
reprocha su falta de fe, sino su falta de entendimiento para comprender las
Escrituras. Ellos sólo habían tenido ojos y oídos para la gloria del Mesías,
pero no comprendieron una sola palabra de lo que habían anunciado los profetas
sobre el "Siervo de Yavé". No comprendieron que el camino hacia la
gloria pasaba por la cruz. No comprendieron que Jesús "tenía" que
padecer según el plan de Dios y según lo que él mismo les había dicho
repetidamente (9, 22; 13, 33; 17, 25; 22, 37; 24, 44) Y no comprendieron nada
de esto porque estaban llenos de prejuicios sobre un mesianismo a ras de tierra
y de los problemas meramente temporales de Israel. Jesús les muestra cuán
equivocados andaban y les interpreta el sentido de los textos mesiánicos del
A.T. Pero no les recuerda lo que él mismo ya había anunciado porque todavía no
quiere darse a conocer.
Jesús quiere hacerse invitar por los dos
discípulos, según el modo de hablar de los judíos, "el día va de
caída" a partir de mediodía. No hace falta pensar que fuera excesivamente
tarde.
Para honrar a su huésped le invitan a que
presida la mesa. Y según era costumbre entre los judíos, Jesús pronunció la
acción de gracias, bendiciendo a Dios por el pan, lo partió y les dio para que
comieran. En este momento le reconocieron. Jesús resucitado se les manifestó y
ellos se convirtieron en sus testigos. Naturalmente, corrieron a comunicar la
noticia.
EUCARISTÍA 1981/22
10.- El camino a Emaús es el camino de la fe
a partir de la vida y acción ("¿eres tú el único forastero en Jerusalén
que no sabes lo que ha pasado allí estos días?"), el camino del
reconocimiento, el camino de experimentar como se van abriendo los ojos (te son
abiertos y no sabes cómo), escuchando la Palabra de Dios y participando de la
fracción del pan, alrededor del Resucitado (un ausente presente).
Lucas, a partir de un "material
común", elabora una preciosa catequesis cristológica sobre la fracción del
pan y sobre cómo se lee la Escritura desde el acontecimiento pascual. La clave
interpretativa gira alrededor del hecho de reconocer a Jesús resucitado, que,
al mismo tiempo, implica la misión de anunciarlo vivo. Esta catequesis tiene
como marco "el primer día de la semana" (Día del Señor) y como
objetivo posibilitar que los ojos "te sean abiertos" después de
participar en la escuela de la Palabra y en la fracción del pan, aspectos de la
presencia del Resucitado (en un contexto de ausencia: "pero él
desapareció").
Es necesaria la iniciativa de Jesús: "se
acercó y se puso a caminar con ellos"; pero, sus ojos eran incapaces de
reconocerlo.
Al final del camino (que, a pie, notemos, es
largo, y que parte del lugar clave: Jerusalén), "a ellos se les abrieron
los ojos" (gratuitamente, no por iniciativa suya) "y lo reconocieron
" (cumbre del texto).
Una vez lo han reconocido, vuelven a
Jerusalén, donde con los Once hacen la profesión de fe (cf. 1C 15,4-5). Lucas
hace coincidir la reunión de todos los discípulos en Jerusalén porque es desde
allí, una vez recibido el Espíritu Santo, que el anuncio pascual se extenderá a
todos los rincones de la tierra (cf. Continuación en el Libro de los Hechos).
La escena del camino de Emaús no tiene paralelos en los evangelios, excepto un
eco en el final canónico de Mc 16,9-20(vv. 12-13).
JAUME FONTBONA - MISA DOMINICAL 1990/09
11.- Como otros relatos y secciones de la
obra lucana, este relato tiene una estructura concéntrica bien definida, al
servicio del interés teológico. El encuentro del eunuco con Felipe que hallamos
en el libro de los Hechos de los Ap6stoles sigue una estructura idéntica al
relato de los dos discípulos de Emaús.
Desde la salida de Jerusalén hasta la vuelta,
diversas correspondencias convergen en el centro: "¡El está vivo!" El
intento de Lucas es mostrar la presencia viva del crucificado-resucitado entre
sus discípulos.
La tristeza inicial contrasta con la alegría
del final que hay que comunicar inmediatamente.
Los dos discípulos hablan de Jesús de
Nazaret, de sus obras y palabras poderosas, de su crucifixión. Jesús les dará
el sentido de su vida a la luz de las Escrituras. Ellas hablan de Jesús. Jesús
habla de ellas.
La fe en Jesús resucitado no nace del
sepulcro vacío, sino del encuentro con él. Lucas centra este encuentro en las
Escrituras (que preparan el corazón) y en la Eucaristía (lo reconocen al partir
el pan).
Ni que decir tiene que, además del mensaje
central de este relato, hay una infinidad de elementos vitales que Lucas sabe
describir o insinuar con una gran belleza y eficacia, y que nos pueden ayudar a
comprender el itinerario de la fe.
J. M. GRANÉ - MISA DOMINICAL 1993/06
12.- Lc/24/13-35
El relato de la aparición a los discípulos de
Emaús nos presenta la experiencia de dos discípulos el día de Pascua. Son dos
seguidores de Jesús -uno de ellos se llamaba Cleofás (v 18) y no pertenecía al
grupo de los once.
El episodio transmite, con un arte difícil de
igualar, una experiencia humana única, en la que advertimos tanto el
abatimiento y la desolación por lo que había acontecido a Jesús de Nazaret como
el renacimiento de la esperanza gracias a una manifestación del resucitado. El
encuentro (13-16) y el diálogo (17-27) permiten ver los límites de la fe que
aquellos discípulos tenían puesta en Jesús. Veían en él a «un hombre y profeta
poderoso» (19) que hubiera podido redimir a Israel como un nuevo Moisés -también
llamado profeta poderoso en Hch 7,22-35-, pero no habían descubierto todavía
que Jesús redimiría a Israel precisamente a través de su muerte y resurrección.
Habían oído los rumores de las apariciones de los ángeles a las mujeres,
afirmando que «Jesús estaba vivo» (23; cf. v 5 y Hch 1,3- 25,19), pero no las
habían creído. Haciendo camino (25-27), Jesús les interpreta las profecías del
AT, que anunciaban el sufrimiento del Mesías (cf. Lc 18,31- Hch 26,23). Así les
ayuda a aceptar que la pasión de Jesús era su camino hacia la gloria (26; cf.
Lc 9,22; 22,69).
La escena en la que culmina la narración es
-como en todas las apariciones del resucitado- la del reconocimiento: «se les
abrieron los ojos y lo reconocieron» (31) Eso ocurría cuando Jesús, al ser
convidado a casa de uno de ellos, tomó la iniciativa de bendecir, partir y
darles el pan. Jesús quiere que le reconozcan al principio de la cena, mientras
él, bendiciendo el pan, cumple la función de cabeza de familia. Al descubrirlo
los dos, se les hace invisible, porque su presencia gloriosa no es ya la misma
que la de su vida terrena.
El final de la narración nos presenta a los
discípulos corriendo a comunicar la noticia a los once y a sus compañeros (33).
Los encuentran comentando lo que le había pasado a Simón: «Verdaderamente el
Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón» (34). La narración incorpora así
otra aparición del resucitado, en este caso a uno de los once, aparición
referida también en la primera carta a los corintios (15,5).
D. ROURE - LA BIBLIA DIA A DIA - Comentario
exegético a las lecturas de la Liturgia de las Horas - Ediciones
CRISTIANDAD.MADRID-1981. Pág. 886 s.
DOMINGO 3 DE PASCUA
Era verdad: ha resucitado el Señor
La
resurrección de Jesús sigue siendo la Buena Noticia por excelencia. Es la que
anuncia Pedro en su discurso de Pentecostés ("vosotros lo matasteis pero
Dios lo resucitó"), la que invoca la carta del mismo Pedro para sacar
consecuencias para la vida de los cristianos ("Dios le resucitó y le dio
gloria"), y el centro de la conversación y de la experiencia de los
discípulos de Emaús en su encuentro con el Señor ("es verdad: ha
resucitado el Señor").
Y
es que, como anticipa el salmo y argumenta Pedro, Dios no podía permitir que el
Justo, su Hijo, "conociera la corrupción".
Continúa
la Pascua. Sigue el Cirio encendido y las flores y los cantos y los aleluyas.
Y, sobre todo, el pueblo cristiano se siente "renovado y rejuvenecido en
el espíritu", con la "alegría de haber recobrado la adopción
filial" (oración colecta), "renovado con estos sacramentos de vida
eterna" (poscomunión), "exultante de gozo porque en la resurrección
de tu Hijo nos diste motivo para tanta alegría" (oración sobre las
ofrendas).
Hechos 2, 14.22-33. No era
posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio
El
domingo pasado leíamos el primer "sumario" que intercala Lucas en los
Hechos sobre la vida de la comunidad. Hoy se nos presenta parte del importante
discurso del apóstol Pedro el día de Pentecostés, el primero de los cinco suyos
que ofrece el libro de los Hechos.
Con
valentía y claridad dice Pedro a la multitud: "lo matasteis en una cruz,
pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte... Dios resucitó a
este Jesús y nosotros somos testigos". Es admirable el "éxito"
que tiene esta primera predicación: tres mil personas se convierten a la fe en
Cristo.
El
salmo de hoy ha sido escogido por la cita que de él hace Pedro en su
discurso de Pentecostés, aplicando sus afirmaciones a la resurrección de Jesús:
"se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas y mi carne descansa
segura... porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la
corrupción".
1 Pedro 1,17-21. Os
rescataron aprecio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto
Para
el autor de la carta de Pedro se derivan consecuencias muy concretas del hecho
de la resurrección de Jesús. Ya que los cristianos han sido rescatados "a
precio de la sangre de Cristo" y ahora "creen en Dios y han puesto en
él su fe y su esperanza", se sigue lógicamente la consigna que les da a
continuación: "tomad en serio vuestro proceder en esta vida",
viviendo fuertes en la fe y en la esperanza, a pesar de que seguramente vivían
en un ambiente hostil.
Lucas 24, 13-35. Le
reconocieron al partir el pan
Este
domingo leemos a Lucas, que nos narra con exquisita delicadeza y una estructura
muy bien pensada la aparición de Jesús a los dos discípulos de Emaús.
Lucas
nos ofrece un hermoso relato "catequético", en el último capítulo de
su evangelio, del viaje "de ida y vuelta" de aquellos dos discípulos
que van a Emaús y luego vuelven a Jerusalén. El viaje de ida es triste, en
silencio, con los ojos cerrados, con sentimientos de desilusión ("nosotros
esperábamos"). No creen a los que afirman que han visto el sepulcro vacío,
ni reconocen al caminante que se les junta. El viaje de vuelta es lo contrario:
corren presurosos, llenos de alegría, los ojos abiertos a la inteligencia de las Escrituras,
impacientes por anunciar su experiencia a la comunidad.
En
medio ha sucedido algo decisivo: el Señor Jesús les ha salido al encuentro, ha
dialogado con ellos, les ha explicado las Escrituras y finalmente le han
reconocido en "la fracción del pan", aunque luego recuerdan que ya
"ardía su corazón cuando les explicaba las Escrituras".
Sigue la alegría de la Pascua
Los
textos de hoy siguen, naturalmente, con el tono de entusiasmo y alegría que
inauguramos hace apenas dos semanas. Esta alegría viene, por una parte, de la
resurrección del Señor. Y, por otra, porque estamos convencidos de que a
nosotros nos está preparado el mismo destino de vida perpetua.
Así,
en la oración colecta pedimos a Dios "que la alegría de haber recobrado la
adopción filial afiance su esperanza de resucitar gloriosamente". La
oración sobre las ofrendas habla también de la "Iglesia exultante de
gozo" y pide que "pues en la resurrección de tu Hijo nos diste motivo
para tanta alegría, concédenos participar de este gozo eterno". También la
poscomunión enlaza las dos perspectivas: "ya que has querido renovar a tu
pueblo con estos sacramentos de vida eterna, concédele también la resurrección
gloriosa".
Tanto
el salmo como la cita de Pedro en su discurso ante el pueblo, nos aplican a
nosotros, ahora desde la clave de Cristo Resucitado, las esperanzadoras
palabras: "me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu
derecha".
Por
otra parte, Pedro, en su carta, dirige a sus cristianos palabras de ánimo y
confianza. Han sido rescatados por Cristo (ha pagado la "fianza" que
debían) y ahora han puesto en Dios su fe y su esperanza. Cambia radicalmente el
sentido de sus vidas.
Todavía
nos quedan cinco semanas de Pascua. ¿Estamos progresando en esta actitud de
alegría interior, de paz, de confianza? ¿Nos creemos de veras la Buena Noticia
de la Vida de Jesús y su aplicación a nosotros? ¿Se puede decir que los demás
nos ven con otra cara, con cara pascual, ante los acontecimientos y las
personas?
¿Dónde
le "reconocemos" nosotros?
Tal
vez nos sentimos retratados en esos dos discípulos que caminan hacia Emaús.
Tienen una clara crisis de fe. "Nosotros esperábamos...". No están
seguros de nada. No reconocen al Maestro: sus ojos están cerrados. No tendrían
que haberse puesto en marcha para refugiarse en su casita de Emaús: a la
comunidad no hay que abandonarla, sobre todo si está pasando momentos de
desánimo y desorientación.
En
nuestra vida hay días de eclipse. No reconocemos al Señor ni aunque se nos
presente como compañero de camino. El relato de Lucas está escrito con toda la
intención para animar a las generaciones siguientes, a nosotros, a los
cristianos que no han tenido la suerte de ver y oír y tocar al Maestro. También
ellos le pueden reconocer y animarse con su presencia.
Le
podemos reconocer en la fracción del pan, o sea, en la Eucaristía, el sacramento
más inefable que pensó Jesús para seguir siendo él mismo alimento para el
camino de los suyos "hasta que venga" al final de los tiempos.
Le
podemos reconocer en la celebración de la Palabra: "les explicó las Escrituras...
¿no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba?". Cuando en nuestra
celebración se proclaman las lecturas bíblicas, sobre todo el evangelio, es
Jesús mismo, aunque no le veamos ni nos parezca oírle directamente, quien nos
comunica su mensaje, más aún, quien se nos da él mismo, porque él es la Palabra
definitiva de Dios.
Le
podemos reconocer en la comunidad. Cuando los dos de Emaús llegaron a donde
estaba el grupo de Jerusalén, oyeron la Buena Noticia: "era verdad, ha
resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón".
Le
podemos reconocer en la caridad fraterna. Ellos, aunque estuvieran tan
desanimados, tuvieron el gesto de invitar al "peregrino" desconocido
a cenar con ellos. Y allí es donde se les abrieron los ojos. La caridad
fraterna es la mejor clave y el mejor ambiente para reconocer la presencia del
Señor en nuestras vidas. ¿Por qué será que una buena parte de las apariciones
del Resucitado se realizaron en el clima de una comida fraterna?
Le reconocieron en la fracción del Pan
Sobre
todo, aparece destacado el énfasis en esta frase: "ellos contaron lo que
les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el
pan". Parece como si Lucas quisiera demostrar, con su relato, que también
los cristianos de las generaciones siguientes tienen un momento privilegiado
donde pueden "ver" al Resucitado. Este momento es la fracción del
pan, el nombre que en el primer siglo recibía la Eucaristía.
Dicen
los estudiosos que Lucas, sin pretender contarnos que la escena fuera
celebración eucarística -impensable todavía, antes de Pentecostés- quiso
dejamos en el último capítulo de su evangelio tina "catequesis
historizada" de esta importante convicción. Que Cristo Jesús sigue también
presente a las generaciones siguientes sobre todo en la Eucaristía, en la que
se concentran los varios aspectos del episodio: ver a Cristo, con los ojos de
la fe, en la comunidad reunida, en la Palabra, en la fracción del pan, en la
caridad fraterna. Es lo que hacemos cada vez que acudimos a la celebración comunitaria
de este sacramento.
La
Eucaristía dominical es para los cristianos como el motor de toda su vida de fe
durante la semana. No suceden en ella milagros. Pero siempre nos ofrece un
encuentro con Cristo Palabra y con Cristo Pan. Y nos hace recordar que la
comunidad es el primer "sacramento" de su presencia en medio de
nosotros: "donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo".
Son diversos modos de manifestarse la presencia siempre viva del Resucitado,
además del modo privilegiado del Pan y el Vino eucarísticos. Y que también
sigue siendo real y experimentable fuera de la celebración: en la caridad
fraterna.
Y nosotros somos testigos
La
experiencia del encuentro con el Resucitado -sobre todo en la Eucaristía- debe
cambiar algo en nuestras vidas, como lo hizo con los dos de Emaús o con Pedro.
Nos debe enviar claramente a una "misión", a dar testimonio de
nuestra fe en la vida.
Hoy
es Pedro quien nos da un admirable ejemplo de coherencia y valentía. Hacía
pocos días había negado que conociera a Jesús y, en el momento de la cruz,
había huido como casi todos los demás, acobardados. Pero ahora han tenido la
experiencia de la Pascua, se han visto inundados por la fuerza del Espíritu el
día de Pentecostés, están llenos de ánimo y se atreven a decir ante las
autoridades: "vosotros lo matasteis, pero Dios lo resucitó".
Entonces
fue Pedro quien ante el pueblo -luego lo repetirá ante las autoridades- dio
testimonio de su fe: "Dios resucitó a este Jesús y todos nosotros somos
testigos".
Ahora
también hacen falta cristianos y comunidades así, que actúen como testigos de
Cristo. La Buena Noticia de Jesús no la hemos escuchado nosotros por boca de
ángeles, sino por el testimonio de la comunidad eclesial, desde hace ya dos mil
años. Nadie nace cristiano: continuamente está en marcha esta dinámica de
"nueva evangelización", por parte de la comunidad eclesial, ayudada
por las familias y las escuelas cristianas.
Son
testigos creíbles de Cristo las comunidades y las familias que se aman y
promueven la paz y la justicia, que se esfuerzan por ayudar a todos, en actitud
de servicialidad, en medio de un mundo egoísta. Ya nos dijo él: "en esto
conocerán que sois mis discípulos: si os amáis los unos a los otros".
Por
grandes que sean las dificultades y por hostil o indiferente que nos parezca el
ambiente social, si estamos llenos de la Pascua del Señor, convencidos de la fe
en él, y movidos por el Espíritu, se nos notará en todo momento, en las
palabras y en los hechos, cuál es nuestra motivación. Nos mantendremos firmes
en nuestra fe, independientes de las modas o de las corrientes ideológicas o
de los intereses humanos o de nuestras cobardías y miedos.
Pedro,
hablando a judíos que habían acudido a Jerusalén para la fiesta, argumenta a
partir de las citas del AT - con un lenguaje que pudiera parecer poco
diplomático y demasiado; directo- para demostrar que Jesús es el Enviado de
Dios. Cuando luego Pablo se dirija a paganos, empleará otro lenguaje, partiendo
de lo que sus oyentes saben y creen. Lo importante es anunciar a Cristo Jesús y
ser sus testigos en la familia y en la sociedad.
También
los dos discípulos de Emaús corren presurosos a anunciar a los demás su
entrañable experiencia de encuentro con el Resucitado, como lo habían hecho
antes las mujeres que habían acudido al sepulcro.
¿Y
nosotros? Al empezar la tercera semana de Pascua, ¿se nota algún cambio en
nuestra vida? ¿Estamos todavía en el "viaje de ida" de los de Emaús,
o ya en el de vuelta? ¿Todavía en la penumbra y la tristeza, o ya en la luz y
la alegría? ¿En la cobardía o en la valentía del testimonio?
LOS DOMINGOS DEL CICLO A
(JOSE ALDAZABAL)
PROPUESTA DE
CANTOS DOMINGO III DE PASCUA CICLO A 2026
DOMINGO III DE
PASCUA
01.- ACLAMEMOS HOY AL SEÑOR (J. P. Martins)
ACLAMEMOS
HOY AL SEÑOR
CON
CANCIONES DE ALEGRÍA.
ACLAMEMOS
HOY AL SEÑOR
CELEBREMOS
SU BONDAD.
Cantad
un cántico nuevo,
cantad
a Dios tierra entera,
porque
hizo Dios maravillas
y
nos dio la salvación.
Hizo
alianza de amor,
en
Jesucristo su Hijo;
Él
es el Libertador,
es
nuestra Luz y Camino.
Cristo
a todos nos llama
y
nos invita a su Mesa.
Es
Cristo nuestro alimento,
es
Cristo nuestra promesa.
Cristo
nos dio la medida
de
lo que puede el amor.
Juntos
iremos cantando
02.- ALREDEDOR DE TU MESA (F. Palazon – Pascual)
ALREDEDOR
DE TU MESA VENIMOS A RECORDAR (BIS)
QUE
TU PALABRA ES CAMINO, TU CUERPO FRATERNIDAD,
QUE
TU PALABRA ES CAMINO, TU CUERPO FRATERNIDAD.
1.-
Hemos venido a tu mesa
a
renovar el misterio de tu amor,
con
nuestras manos manchadas
arrepentidos
buscamos tu perdón.
2.-
Juntos y a veces sin vernos,
celebramos
tu presencia sin sentir
que
se interrumpe el camino
si
no vamos como hermanos hacia Ti.
03.- EL SEÑOR NOS LLAMA (Alberto Taule)
EL
SEÑOR NOS LLAMA Y NOS REÚNE,
SOMOS
SU PUEBLO, SIGNO DE UNIDAD.
ÉL
ESTÁ EN MEDIO DE NOSOTROS,
SIRVE
A LA MESA, NOS REPARTE EL PAN.
1.-
Por todos los caminos nos sales al encuentro,
por
todos hemos visto señales de tu amor.
Tu
pueblo se reúne Señor a bendecirte,
a
celebrar con gozo tu paso salvador.
2.-
Convocas a tus fieles, nacidos de las aguas,
a
festejar unidos la nueva creación.
La
sala del banquete se llena de invitados;
estamos
reunidos y en medio está el Señor.
3.-
Revélanos al Padre oh Cristo, nuestra fiesta,
aumenta
la esperanza de nuestro caminar.
Tu
Espíritu divino nos dé la fortaleza,
los
bienes que esperamos nos haga pregustar.
04.- UNIDOS EN LA VIDA
FA
UNIDOS
EN LA VIDA
SIB DO7
EN
UN MISMO TRABAJAR
FA
NOS
UNIMOS EN LA FIESTA
DO7 FA
COMPARTIENDO
EL MISMO PAN.
1.-
La semana nos ha unido
SIb FA
en
el trabajo y sudor
SIb FA
la
Eucaristía nos junta
SOL7 DO7
con
Cristo en el amor.
2.-
Los esfuerzos de los hombres
buscando
un mundo mejor
son
los esfuerzos de Cristo
que
trae la salvación.
3.-
Los que abrís surco en la vida
a
golpe de trabajar
sois
invitados por Cristo
a
repartiros su pan.
05.- TRAEMOS A TU ALTAR
TRAEMOS A TU ALTAR CON EL VINO Y EL PAN
NUESTRAS OFRENDAS.
TRAEMOS A TU ALTAR CON LOS HOMBRES
SU AFÁN Y SUS PROBLEMAS.
1.-
Con los hombres que trabajan el pan con sudor
ofrecemos
nuestro esfuerzo;
por
los hombres que no tienen trabajo ni pan,
te
pedimos el sustento.
2.-
Con los hombres cuyas vidas son fruto de bien
ofrecemos
nuestra entrega;
por
los hombres cuyas vidas son pena y dolor,
que
sepamos estar cerca.
3.-
Con los hombres que construyen un mundo de paz,
ofrecemos
nuestras manos;
por
los hombres que padecen la guerra y el mal,
que
seamos solidarios
06.- PAN SABROSO (Carmelo Erdozain)
PAN
SABROSO DEL TRIGAL,
VINO
NUEVO DE AMISTAD,
HOY
LE LLEVAMOS, LE PRESENTAMOS,
ELLOS
SERÁN SACRAMENTO Y MANJAR.
1.-
Presentemos al Señor
como
ofrenda, nuestro amor,
nuestro
trabajo, nuestro descanso:
ellos
serán, nuestra humilde oblación.
2.-
Le llevamos al Señor
la
pobreza y el dolor,
nuestras
cosechas, nuestras ofrendas,
ellas
serán, nuestra liberación.
07.- CON AMOR TE PRESENTO SEÑOR
1.-
Con amor te presento, Señor,
lo
mejor de mi vida,
te
presento, Señor, mi amistad.
Con
amor te presento, Señor,
para
ser mi manjar.
La
viña, el racimo, el trigal,
el
pan de mi hogar
te
presento con amor.
2.-
Con mis manos abiertas a Ti,
contemplando
tu lámpara,
te
presento, Señor, mi esperanza.
Hacia
Ti se dirige mi barca,
hacia
el cielo se va.
Es
largo el camino, el remar,
ruta
pascual,
Dios
me guía al caminar.
3.-
Con mi ofrenda también yo te doy
lo
mejor de mis lágrimas.
Te
presento, Señor, mi dolor.
Te
presento, Señor, mi oración,
ofertorio
de amor.
El
grano enterrado ya es flor,
la
espiga oblación,
la
semilla redención.
08.- EN TORNO AL PAN
EN TORNO AL PAN LE CONOCEMOS,
EN TORNO AL PAN, EN TORNO A ÉL.
1.- La entrega
suprema de su amor,
a manos llenas se
reparte;
Comamos todos de
este pan,
a manos llenas se
reparte.
2.- Comamos todos
de este pan
en esta mesa
compartida,
Jesús invita con
su cuerpo,
Jesús invita a
esta comida.
3.- La mesa
siempre está servida,
caliente siempre
está su pan,
Comamos todos de
su cuerpo,
comamos todos de
su pan.
4.- Una vez más
hoy le recibes,
Jesús te llena de
su amor,
felices y
contentos hoy comamos,
vivamos
una Iglesia en comunión.
09.- EL PEREGRINO DE EMAUS
¿Qué llevabais conversando?, Me dijiste,
buen amigo.
Y me detuve asombrado a la vera del
camino.
¿No sabes lo que ha pasado ayer en
Jerusalén,
de Jesús de Nazaret a quien clavaron en
cruz?
Por eso me vuelvo triste a mi aldea de
Emaús. (bis)
Van tres días que se ha muerto y se acaba
mi esperanza.
Dicen que algunas mujeres al sepulcro
fueron de alba.
Pedro, Juan y algunos otros hoy también
allá buscaron,
más se acaba mi esperanza no encontraron a
Jesús.
Por eso me vuelvo triste a mi aldea de
Emaús. (bis)
POR EL CAMINO DE
EMAÚS
UN PEREGRINO IBA
CONMIGO;
NO LE CONOCÍ AL
CAMINAR,
AHORA SÍ, EN LA
FRACCIÓN DEL PAN.
¡Oh tardíos corazones! ¡Qué ignoráis las
escrituras!
Los profetas, en la ley ya se anunció que
el Mesías padeciera.
Y por llegar a su gloria escogiera la
aflicción.
En la tarde de aquel día yo sentí que con
Jesús
nuestro corazón ardía, a la vista de
Emaús. (bis)
Hizo señas de seguir más allá de nuestra
aldea,
y la luz del sol poniente pareció que se
muriera;
quédate forastero, ponte a la mesa y
bendice”.
Y al destello de su luz, en la bendición
del pan,
mis ojos conocerán al amigo de Emaús.
(bis).
10.- TE CONOCIMOS AL PARTIR EL PAN (Joaquin Madurga)
Andando
por el camino te tropezamos, Señor,
te
hiciste el encontradizo, nos diste conversación.
Tenían
tus palabras fuerza de vida y amor,
ponían
esperanza y fuego en el corazón.
TE
CONOCIMOS, SEÑOR, AL PARTIR EL PAN.
TÚ
NOS CONOCES, SEÑOR, AL PARTIR EL PAN. (2)
Llegando
a la encrucijada, Tú proseguías, Señor,
te
dimos nuestra posada, techo, comida y calor;
sentados
como amigos a compartir el cenar,
allí
te conocimos al repartirnos el pan.
Andando
por los caminos te tropezamos, Señor,
en
todos los peregrinos que necesitan amor;
esclavos
y oprimidos que buscan la libertad,
hambrientos,
desvalidos, a quienes damos el pan.
11.- JESUS NUESTRA PASCUA (J. P. Martins)
JESÚS,
NUESTRA PASCUA,
POR
TODOS MURIÓ.
CANTEMOS
ALEGRES
QUE
RESUCITÓ.
CANTEMOS
ALEGRES
QUE
RESUCITÓ.
1.-
Pascua sagrada,
oh
fuente de alegría.
Despierta
tú que duermes
que
el Señor resucitó.
Despierta
tú que duermes
que
el Señor resucitó.
Pascua
sagrada,
oh
pascua siempre nueva.
Dejad
al hombre viejo
revestíos
del Señor.
Dejad
al hombre viejo
revestíos
del Señor.
2.-
Pascua sagrada,
Dios
se hizo igual al hombre.
Nos
habla por su Hijo
que
es Maestro y Salvador.
Nos
habla por su Hijo
que
es Maestro y Salvador.
Pascua
sagrada,
oh
fiesta del bautismo.
Renacidos
por el agua
somos
hijos del Señor.
Renacidos
por el agua
somos
hijos del Señor.
3.-
Pascua sagrada,
oh
Pascua salvadora.
Al
pueblo prisionero,
el
Señor ya rescató.
Al
pueblo prisionero,
el
Señor ya rescató.
Pascua
sagrada,
oh
pascua redentora.
Jesús
es el Cordero
que
por todos se inmoló.
Jesús
es el Cordero
que
por todos se inmoló.
4.-
Pascua sagrada,
oh
canto de Alabanza:
su
nombre alabemos
porque
eterno es Su Amor.
Su
nombre alabemos
porque
eterno es Su Amor.
12.- QUEDATE CON NOSOTROS (Juan A. Espinoza)
QUÉDATE
CON NOSOTROS,
LA
TARDE ESTÁ CAYENDO. ¡QUÉDATE!.
1.-
¿Cómo te encontraremos, al declinar el día,
si
tu camino no es nuestro camino?
Detente
con nosotros, la mesa está servida,
caliente
el pan y envejecido el vino.
2.-
¿Cómo sabremos que eres un hombre
entre
los hombres,
si
no compartes nuestra mesa humilde?
Repártenos
tu Cuerpo y el gozo irá alejando
la
obscuridad que pesa sobre el hombre.
3.-
Vimos romper el día sobre tu hermoso rostro
y
al sol abrirse paso por tu frente,
que
el viento de la noche no apague el fuego vivo
que
nos dejó tu paso en la mañana.
4.-
Arroja en nuestras manos, tendidas en tu busca,
las
ascuas encendidas del Espíritu,
y
limpia en lo más hondo del corazón del hombre,
tu
imagen empañada por la culpa.
13.- REGINA CAELI
Como se debe leer el Regina Caeli
Reyina
cheli létare Aleluya
Cuia
cuem meruisti portare Aleluya
Resurrexit,
sicut dixit Aleluya
Ora
pro nobis Deum Aleluya
Como se escribe
Regina
Caeli, laetáre Alleluia
Quia
quem meruisti portare Alleluia
Resurréxit,
sicut dixit Alleluia
Ora
pro nobis Deum Alleluia
14.- REINA DEL CIELO
Reina
del cielo, alégrate, ¡Aleluya!
porque
el Señor,
a
quien mereciste llevar, ¡Aleluya!
resucitó
según su Palabra, ¡Aleluya!
Ruega
al Señor por nosotros, ¡Aleluya!.
15.- MADRE DE LOS CREYENTES (F. Palazón)
MADRE
DE LOS CREYENTES
QUE
SIEMPRE FUISTE FIEL,
DANOS
TU CONFIANZA,
DANOS
TU FE.
1.-
Pasaste por el mundo
en
medio de tinieblas
sufriendo
a cada paso
la
noche de la fe
sintiendo
cada día
la
espada del silencio
a
oscuras padeciste
el
riesgo de creer.
2.-
La fe por el desierto
a
lomos de un asnillo
la
fe cuando en las bodas
Jesús
se hizo esperar
la
fe cuando pensaron
que
el Hijo estaba loco
la
fe sobre el calvario
al
borde de acabar.
3.-
Guardaste bajo llave
las
dudas y batallas
formándose
el misterio
al
pie del corazón
debajo
de tu pecho
de
amor inagotable
la
historia se escribía
de
nuestra redención.
16.- HOY SEÑOR TE DAMOS GRACIAS (Cesare Gabarain)
HOY
SEÑOR, TE DAMOS GRACIAS,
POR
LA VIDA, LA TIERRA Y EL SOL.
HOY
SEÑOR, QUEREMOS CANTAR,
LAS
GRANDEZAS DE TU AMOR.
1.-
Gracias Padre, mi vida es tu vida,
tus
manos amasan mi barro,
mi
alma es tu aliento divino,
tu
sonrisa en mis ojos está.
2.-
Gracias, Padre, Tú guías mis pasos,
Tú
eres la luz y el camino,
conduces
a Ti mi destino,
como
llevas los ríos al mar.
3.-
Gracias, Padre, me hiciste a tu imagen
y
quieres que siga tu ejemplo
brindando
mi amor al hermano,
construyendo
un mundo de paz.
