LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
COMENTARIO
La Ascensión se
sitúa en Galilea. Este dato nos remite al comienzo de la actividad de Jesús
(Mt. 4, 12). Mateo hace, pues, coincidir el lugar de comienzo de la actividad
de la Iglesia con el de comienzo de la actividad de Jesús pues hay unidad
indisociable entre Jesús y su Iglesia. Pero hay todavía más: para Mateo,
Galilea es algo más que un dato geográfico. Galilea funciona en calidad de
símbolo de país desilusionado y sin horizontes, al que Jesús devuelve la
ilusión y la esperanza. Para Mateo, pues, la Iglesia devuelve la ilusión y la
esperanza a una tierra desilusionada y sin horizontes. La Iglesia es el nuevo
pueblo de Dios, que toma el relevo del viejo pueblo judío surgido del monte
Sinaí (véase la mención del monte en el v. 16). Los once funcionan en Mateo en
calidad de germen eclesial. El v. 17 es un esbozo lacónico de toda la
experiencia pascual de los discípulos. Estos tuvieron el gozo de ver a Jesús,
pasaron por la indecisión de dudar y terminaron con la certeza de adorar.
Las palabras de
Jesús (vs. 18-20) son una síntesis lapidaria de lo más esencial del pensamiento
de Jesús acerca de sí mismo, de la Iglesia y del mundo. Su vocabulario y
redacción tiene el timbre peculiar e inconfundible de Mateo. Bajo la aparente
rigidez, en estas palabras se respira el gozo profundo de una comunidad que
vivía la experiencia de tener al Señor Jesús, Vida, Luz y Fuerza de Dios. El
Padre ha comunicado al Hijo la plenitud de su soberanía sobre el universo. El
parecido de este poder con el poder humano se limite a la sola fonética de la
palabra "poder" (v 18b.). El poder de Dios es creativo y liberador.
En este mandato no hay ni sombra de los antiguos y modernos ensueños de dominio
y proselitismo políticos (vv. 19-20a.).
El Mesías
omnipotente no aspira a hacer de la universal comunidad humana su imperio. Ser
discípulo es entrar en una nueva relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu
de Dios. Esta relación relativiza y está muy por encima de todas las formas
humanas de convivencia. Sólo quien haya seguido a Mateo paso a paso desde sus
comienzos podrá comprender lo que significa ser discípulo y que el mandato de
Jesús no tiene nada de propagandístico. Los discípulos tendrán que llevar a
término su misión universal en un contexto de sufrimiento, crisis y
persecución. Cuando, en la historia bíblica, Dios encomienda a alguien una
misión, asegura al hombre comprometido su asistencia eficaz: No temas, yo
estaré contigo. Esta asistencia es garantía de eficacia y estímulo de audacia
humilde (v 20b.).
R.P.
Roland Vicente Castro Juárez
ANTIFONA DE ENTRADA Hch 1, 11
Galileos, ¿qué hacen ahí mirando al cielo?. Volverá como lo han visto
marcharse al cielo. Aleluya.
ORACION COLECTA
Dios
todopoderoso, concédenos exultar santamente de gozo y alegrarnos con religiosa
acción de gracias, porque la ascensión de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra
victoria, y adonde ya se ha adelantado gloriosamente nuestra Cabeza, esperamos
llegar también los miembros de su cuerpo. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 1, 1-11
En mi primer libro, Teófilo, escribí todo lo
que Jesús hizo y en señó desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al
cielo de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido
por el Espíritu Santo. Se les presentó Él mismo después de su pasión, dándoles
numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y
hablándoles del Reino de Dios.
Una vez que comían juntos, les ordenó que no
se alejaran de Jerusalén, sino «aguarden que se cumpla la promesa del Padre, de
la que me han oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán
bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días. Los que se habían
reunido le preguntaron diciendo: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el
Reino a Israel?». Les dijo: «No les toca a ustedes conocer los tiempos o
momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio,
recibirán la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre uste-des y serán
mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y "hasta el confín de
la tierra"». Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta
que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras
Él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les
dijeron: «Galileos, ¿qué hacen ahí plantados mirando al cielo?. El mismo Jesús
que ha sido tomado de entre ustedes y llevado al cielo, volverá como lo han
visto marcharse al cielo».
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 46, 2-3.6-9)
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.
Pueblos todos,
batan palmas, aclamen a Dios con gritos de júbilo; porque el Señor altísimo es
terrible, emperador de toda la tierra. R.
Dios asciende entre
aclamaciones; el Señor, al son de trompetas: toquen para Dios, toquen; toquen
para nuestro Rey, toquen. R.
Porque Dios es el
rey del mundo: toquen con maestría. Dios reina sobre las naciones, Dios se
sienta en su trono sagrado. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1,
17-23
Hermanos:
El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les dé espíritu de sabiduría
y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de su corazón para que
comprendan cual es la esperanza a la que los llama, cual la riqueza de gloria
que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder
en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa,
que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su
derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación,
y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro.
Y todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo.
Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.
ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO (Mt 28,
19a.20b)
Aleluya. Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos-dice
el Señor; yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de tiempos. Aleluya.
EVANGELIO
Conclusión del santo Evangelio
según san Mateo 28, 16-20
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a
Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron,
pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo
poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los
pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo;
enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con
ustedes todos los días, hasta el final de los tiempos».
PLEGARIA UNIVERSAL
Pongamos
nuestra mirada en Jesús y pidámosle por las necesidades de todos.
1.- Por el Papa León,
para que bajo su liderazgo inspire y fortalezca nuestra fe y vivamos con
entusiasmo la misión de anunciar el Evangelio y trabajemos unidos bajo la guía
del Espíritu Santo. Roguemos
al Señor.
2.- Por los gobernantes:
Para que busquen siempre el bienestar, la justicia y el respeto a la dignidad
humana, construyendo el mundo como una casa común para todos. Roguemos al Señor.
3.- Por los que sufren:
Por los enfermos, los pobres y los que se sienten solos, para que sientan la
presencia reconfortante de Cristo y encuentren solidaridad en nuestra caridad. Roguemos al Señor.
4.- Por nuestra
comunidad: Para que la esperanza de la vida eterna nos impulse a trabajar por
los bienes del cielo mientras servimos con amor a nuestros hermanos en la
tierra. Roguemos al Señor.
Padre
todopoderoso, que has resucitado a tu Hijo, y lo has hecho Señor del universo,
reconoce la voz de tu amado en las oraciones de la Iglesia y concédenos lo que
te hemos pedido. Por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de
los siglos.
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Te
presentamos ahora, Señor, el sacrificio para celebrar la admirable ascensión de
tu Hijo; concédenos, por este sagrado intercambio, elevarnos hasta las
realidades del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTIFONA DE COMUNION (Mt
28, 20)
Sepan que yo estoy con
ustedes todos los días, hasta el final de los tiempos. Aleluya.
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Dios
todopoderoso y eterno, que, mientras vivimos aún en la tierra, nos concedes
gustar los divinos misterios, te rogamos que el afecto de nuestra piedad
cristiana se dirija allí donde nuestra condición humana está contigo. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
PALABRA DE DIOS Y
SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes 18: Hch 19,
1-8; Sal 67, 2-3. 4.5ac. 6-7AB; Jn 16, 29-33
Martes 19: Hch 20, 17-27; Sal 67, 10-11. 20-21; Jn 17, 1-11a
Miércoles 20: Hch 20,
28-38; Sal 67, 29-30. 33-35ª. 35b y 36c; Jn 17, 11b-19
Jueves 21: Hch 22, 30; 23, 6-11; Sal 15, 1b-2ª y 5. 7-8. 9-10.
11; Jn 17, 20-26
Viernes 22: Hch 25, 13-21; Sal 102, 1-2. 11-12. 19-20ab; Jn 21,
15-19
Sábado 23: Hch 28, 16-20. 30-31; Sal 10, 4. 5 y 7; Jn 21,
20-25
Vigilia
de Pentecostés: Gn 11, 1-9 (o bien: Ex 19, 3-8ª.16-20b); (o bien
Ez 37, 1-14); (o bien Jl 3, 1-5); Sal 103, 1-2ª. 24.27-28.29bc-30; Rm 8, 22-27;
Jn 7, 37-39
Domingo 24: Hch 2, 1-11; Sal 103, 1ab y 24ac.
29bc-30. 31 y 34; 1Co 12, 3b-7. 12-13; Jn 20, 19-23
COMENTARIOS AL
EVANGELIO
1.- ASCENSIÓN: FORMA LITERARIA: APOTEOSIS AT
O HELENISTAS.
Lucas ha
configurado su descripción de la ascensión visible de Jesús al cielo a base de
elementos característicos, propios de narraciones del AT o de la literatura
helenística, que nos hablan de raptos y apoteosis. Un ejemplo
veterotestamentario típico de narración apoteósica lo constituye el relato de
cómo Elías es arrebatado de la tierra (2 R 2.). Como muestra helenística nos
puede servir lo narrado por el historiador romano Tito Livio sobre cómo Rómulo
es subido al cielo envuelto en una nube durante una revista a su ejército.
Lucas, que era un escritor formado en el helenismo, conocía el esquema
literario usual para narrar estos arrebatos apoteósicos y se sirvió de él para
la proclamación del mensaje cristiano. Esto en lo referente a la forma
literaria.
La ascensión del
Señor resucitado a la gloria de Dios sólo se describe en el NT como un suceso
visible al final del evangelio de Lc y al comienzo de los Hch de los Apóstoles.
Pero Lucas no relata ningún cuento ni ha desfigurado la verdad. Únicamente ha condensado
en una imagen de gran plasticidad lo que proclaman todos los escritores del NT:
que el Señor resucitado fue asumido en la forma existencial de Dios y desde
ella está al lado de su Iglesia. Su narración es artísticamente destacada y
teológicamente cierta.
Nada tenemos que
objetar a las coincidencias entre el evangelio de Lc y los Hch de los
apóstoles, explicables por ser el autor una misma persona. Lo que sorprende son
las divergencias. En los Hch no aparece la bendición del Señor ni la adoración
de los discípulos. En el evangelio no se habla de la nube que tapó a Jesús de
la vista de sus discípulos, ni de los hombres que les aseguraron que él
volvería de la misma manera. Además, en el evangelio, el Resucitado sube al
cielo el domingo de Pascua, según todos los indicios, y en los Hch pasan
cuarenta días en los que se aparece a los apóstoles. Lucas no veía ninguna
contradicción en esto. A pesar de su plástica, su interés no es el desarrollo
externo de la escena.
Las divergencias no
le molestan. La emplea incluso para elaborar sus asertos teológicos. La solemne
bendición final del Resucitado le viene bien para terminar el evangelio con una
escena de despedida. El anuncio de la nueva venida de Cristo en el libro de los
Hch subraya el intermedio entre esta presencia de Jesús y su vuelta al final de
los tiempos. La nube le servirá para anticipar la descripción de la venida:
"Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y
gloria" (Lc/21/27). El tránsito de Jesús de este mundo al mundo de Dios,
que es un proceso invisible, lo cristaliza el autor narrando un arrebato
visible de Jesús. Lo importante para Lucas es el significado profundo del
cuadro plástico que describe. Los lectores de su tiempo comprendían
perfectamente este lenguaje. El resto de evangelistas nos dicen lo mismo con
otro ropaje literario.
EUCARISTÍA 1990/25
2.- /Mt/28/20: ASCENSIÓN: NO DESPEDIDA SINO PRESENCIA DE JESÚS
RESUCITADO.
"Yo estoy con
vosotros... hasta el fin del mundo". Todos los años nos sucede lo mismo,
al celebrar la solemne ascensión de Jesús a los cielos. Inevitablemente nos
vienen a la memoria los sentidos versos de Fr. Luis de León: "Y dejas,
Pastor santo, tu grey en este valle hondo, oscuro...". No podemos recordar
el acontecimiento de fe sin que nos traicione el corazón con sus sentimientos
ante la despedida. Sin embargo, tales sentimientos, por más que naturales,
están muy lejos del evangelio, que es la buena noticia de la presencia de Jesús
que nos promete seguir con nosotros hasta el fin.
La resurrección no
es un hecho histórico, no pertenece a la historia, sino que la trasciende. La
resurrección de Jesús no ha pasado, no pertenece al pasado, sino que es
perennemente presente y actual. Jesús vive, está vivo, está presente, está con
nosotros. La fe cristiana no consiste en saber que Jesús murió y resucitó y
subió al cielo, como si se tratase de cosas que ocurrieron en aquel tiempo y en
aquellos lugares. La muerte de Jesús sí que es un hecho pasado. Jesús ya no
vuelve a morir. Pero su resurrección es de una actualidad inmarcesible. Jesús
sigue vivo y con nosotros según su promesa.
Nuestra fe descansa
en la resurrección en la medida que se apoya en Jesús que vive y está presente.
"Jesús vive" fue el santo y seña de los discípulos de Jesús. Como un
rumor primero, como un grito de gozo después, como un mensaje lleno de esperanza,
este evangelio fue propagándose de generación en generación hasta nosotros. Y
este es también nuestro santo y seña cada vez que nos juntamos a celebrar la
eucaristía, en memoria de Jesús y hasta que vuelva glorioso.
EUCARISTÍA 1987/26
3.- Mt/28/18-19. PODER.AUTORIDAD: SE ME HA DADO TODO
PODER...
v. 18: La
afirmación emplea la voz pasiva. Recurso típico judío por respeto a Dios. Se me
ha dado=Dios me ha dado. Cielo y tierra, expresión para designar el universo
creado. Toda la frase tiene un acusado colorido bíblico y es desde el trasfondo
bíblico desde el que hay que percibir su sentido. Se me ha dado todo poder
significa que Dios ha dado la razón a Jesús frente a otras razones. El sentido
del término poder no es el de mando, dominio o jurisdicción, sino el de razón y
autoridad o, si se prefiere, el de única referencia autorizada.
A. BENITO - DABAR
1990/30
4.- AUTORIDAD/PODER
El término poder
puede entenderse en dos sentidos: como potestad (potestas) o como autoridad
(auctoritas). El poder como potestad es algo conferido a una persona desde
fuera de ella y puede no coincidir con unas cualidades o un peso específico en
esa persona. La potestad se ejerce. Como autoridad, en cambio, el poder arranca
de algo en la persona, algo intrínseco a ella, un peso específico que le hace
merecedora de un reconocimiento y una elección por los demás. La autoridad no
se ejerce, se vive. El poder que Dios ha dado a Jesús tiene que ver con la
autoridad y no con la potestad. En la perspectiva de Mateo la resurrección de
Jesús supone el reconocimiento por parte de Dios del valor universal de Jesús.
Consecuencia: cualquier persona puede ser su discípulo. Antes no; sólo un judío
podía serlo. El v. 19 no es una invitación al proselitismo, sino la formulación
de la intencionalidad de Dios. Dios es de y para todos, y no de o para unos
pocos.
A. BENITO -
DABAR/87/31
5.- ASCENSIÓN MENSAJE.
-Vivir la certeza
de que Él "está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo".
Que la Encarnación es un gesto de Dios irreversible. Está, pero de otro modo. Y
los apóstoles necesitaron semanas para comprender y hacerse a la idea. Es el sentido
de lo sorprendente de cada "aparición". Reconocerle en tantas
mediaciones: Iglesia, comunidad concreta, sacramentos, Eucaristía, los más
abandonados, el perdón, etc. Encontrar al Señor en todo y de tantas maneras.
-No quedarnos
"ahí plantados mirando al cielo". Volver a la ciudad, al trabajo...,
pero siendo sus testigos aquí y allá, en medios eclesiales y fuera de ellos.
Que "la memoria de Jesús" no sea nostalgia ni simple recuerdo,
sentimiento intimista inoperante, intrascendente. Sino impulso de seguirle
hacia los hombres, hacia el Reino, hacia el Padre. Y para ello...
-"Seréis
bautizados con Esp. Sto.", ésta será la fuerza de Dios en nuestra
debilidad. Uno se sorprende al ver la serenidad, la ciencia y fortaleza de
aquellos primeros discípulos, pescadores temerosos y desalentados. ¡Cómo cambió
su suerte! Espíritu como aliento misionero y ayuda valiosa para poder encontrar
en cada circunstancia qué hacer de nuestra pequeña historia personal y
colectiva para que llegue a ser historia que no decepcione a Dios, historia de
salvación.
J. MARTINEZ - DABAR
1987/31
En Jerusalén, los
dirigentes dan curso entre el viejo pueblo a una mentira duradera. En Galilea,
Jesús da curso a la realidad duradera del nuevo pueblo. El sentido del texto
funciona una vez más en este evangelio por contraste entre Jerusalén y Galilea.
Es la misma disposición que encontrábamos el domingo de Ramos, donde veíamos
que ambas localizaciones tienen significado religioso. Para Mateo, en Jerusalén
no hay nada que hacer: es el ámbito religioso de la mentira (vv. 11-15). Por
eso el autor saca a los once de ese ámbito y los sitúa allí donde Jesús había
comenzado (cf. Mt 4. 12); más en concreto aún: en el monte de la gran
programación de Jesús (cf. Mt 5. 1). Los once son el nuevo pueblo, en contraste
con el viejo.
Desde Pascua, el
lector sabe que es Jesús quien tiene razón. El Templo ha quedado invalidado,
con el velo roto de arriba a abajo. La autoridad, pues, ya no la ejerce el
Templo (como pretenden los guías religiosos), sino Jesús: a Él es a quien Dios
ha dado la razón. Este es el poder del que se habla en el v. 18).
DABAR 1981/33
7.- PAS/ASC
Estrictamente
hablando la Ascensión no añade nada a la Pascua. El hecho de que Jesús
resucitara no significa que reviviera como Lázaro o como uno que "vuelve a
nacer" después de muchos días en estado de coma. Significa que, después de
la muerte, continúa viviendo de un modo rico y pleno: como Dios; que ha sido
transfigurado a imagen y semejanza del Padre. Celebramos la Pascua durante
siete semanas. Hasta ese momento poníamos el acento en el hecho de que Jesús
vive -es el Viviente por excelencia-, que no nos ha dejado, que está con
nosotros. La Ascensión subraya su glorificación. La primera lectura lo explica
como una gran "representación teatral"; la segunda lectura afirma: el
Padre resucitó a Jesús de entre los muertos y lo sentó a su derecha -Resurrección
y Ascensión constituyen un único acontecimiento-; el evangelio presenta al
Señor de la gloria ejerciendo su soberanía: "Se me ha dado pleno poder en
el cielo y en la tierra".
J. TOTOSAUS - MISA
DOMINICAL 1981/11
8.- La plena
manifestación de Jesús tiene lugar en Galilea. Allí habían sido encaminados
repetidas veces los discípulos (26,32; 28, 7-10). ¿Por qué en Galilea?
Probablemente para significar que Jerusalén había dejado de ser el centro del
culto y de la religiosidad. Desde ahora el acceso a Dios, el verdadero templo,
no se hallaba circunscrito a un lugar -ni aquí ni en Jerusalén (Jn 4, 21)- sino
a una persona, a la persona de Cristo.
La plena revelación
tiene lugar "en el monte que Jesús les había señalado". Mateo no nos
informa de este detalle en su evangelio. No sabemos de ningún monte que Jesús
les hubiese indicado previamente. El monte (MONTE/REVELACION)
es mencionado únicamente por razón de su simbolismo. El monte es el lugar de la
revelación. La revelación de Dios en el Antiguo Testamento tuvo lugar en el
monte Sinaí. La revelación de Jesús (nuevo Moisés; aspecto de Jesús
particularmente querido y destacado por Mateo) tiene lugar también en el monte:
en el de la transfiguración (donde manifiesta su naturaleza), en el de las
bienaventuranzas (donde manifiesta su enseñanza y sus exigencias morales) y en
el de Galilea (donde manifiesta su autoridad y misión).
La resurrección de
Jesús es un misterio inasequible e increíble desde la lógica humana.
Afortunadamente el temor y la duda -no sólo la alegría- fueron vividos en la
carne misma de los que más cerca estuvieron de Jesús. Es maravillosa la
acotación de Mateo; "al verlo lo adoraron, aunque algunos aún
dudaron".
La resurrección de
Jesús introdujo un cambio radical en la relación de sus discípulos con él.
Durante su vida terrena tenían frente a él la deferencia que el discípulo debe
al Maestro. Ahora aparece la relación del creyente frente a su Señor. La
postración -gesto reservado para el encuentro con los grandes monarcas
divinizados o considerados con categoría divina- de los discípulos, significa
claramente que los discípulos habían descubierto la divinidad en él (ver He 2,
36). La duda de algunos es explicable, y hasta plausible. Mientras no llega la
convicción profunda de la fe no resulta fácil, resulta imposible, descubrir en
Jesús a Dios. Este detalle de la duda de algunos resulta particularmente
significativo en la pluma de Mateo, que procura siempre que puede, e incluso a
veces forzando los textos, presentar a los discípulos como modelos perfectos.
Tal vez porque, cuando se constata la duda, el modelo resulta más humano y
atrayente. Aunque no es seguro que Mateo lo haya pensado así.
La autorrevelación
de Jesús se centra en su autoridad y la misión que encomienda a sus discípulos.
Su autoridad es la misma que la del Hijo del hombre. Y, para formularla,
recurre a las mismas palabras de Daniel: "Se le dio imperio, gloria y
reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su imperio es un
imperio eterno que nunca pasará, y su reino, un reino que no será destruido
jamás" (Dn. 7, 14). El siervo de Yahveh, doliente y humillado es el Hijo
del hombre glorificado. Así se definía la verdadera categoría de Jesús después
de resucitado. Pero, a continuación, la naturaleza de su autoridad. Una
autoridad no impuesta sino aceptada libremente por la inserción en su misterio,
el misterio pascual, mediante la recepción del bautismo y manifestada en el
esfuerzo permanente por asimilar sus enseñanzas y cumplir sus exigencias.
Autoridad ejercida en el ámbito de un discipulado voluntario y comprometido.
Discipulado
adquirido de entre todos los pueblos de la tierra. Si durante su ministerio
terreno había estado limitado por el tiempo y el espacio -particularismo- ahora
caían todas las fronteras. Se inauguraba el universalismo total. De hecho,
cuando Mateo escribe su evangelio, se habían roto ya muchas fronteras.
La actividad
encomendada a sus discípulos se centra en introducir a los hombres en el
misterio de Cristo mediante el bautismo -actividad sacramental- y en la
enseñanza de cuanto el Señor dijo e hizo como norma vinculante del discípulo al
Maestro, del siervo a su Señor.
El evangelio
termina como comenzó. Al principio nos fue anunciado el nombre de Emmanuel (ASC/EMMANUEL), Dios con nosotros, que había sido
anticipado por el profeta Isaías (Is/01/23). Ahora se nos asegura que aquella
profecía se ha hecho permanente realidad: "estaré con vosotros todos los
días hasta el fin del mundo". En otras palabras, sigue siendo Emmanuel,
Dios con nosotros.
COMENTARIOS A LA
BIBLIA LITURGICA NT - EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1101
9.- Las primeras
palabras de Jesús (v. 18b) son una revelación: "Me ha sido dado todo poder
en el cielo y en la tierra". Con esto declara Jesús que es el cumplimiento
de la profecía de Daniel (/Dn/07/13-14) respecto al Hijo del hombre (a lo cual
había hecho ya referencia Jesús durante el proceso): "En las nubes del
cielo venía uno como un hijo de hombre; se dirigió hacia el anciano y fue
conducido a su presencia. Se le dio poder, gloria e imperio, y todos los
pueblos, naciones y lenguas le servían; su poder era un poder eterno, que nunca
pasará, y su reino no será destruido jamás".
Este "dominio
universal" del Señor resucitado es la raíz de donde brota la universalidad
de la misión. Todo el breve discurso de Jesús está dominado por la idea de
plenitud y universalidad; el adjetivo "todo" aparece cuatro veces
(todo el poder, todas las gentes, todo lo que ha ordenado, todos los días). La
idea de la misión universal estaba también en el Antiguo Testamento; pero allí
en el orden de la espera (la misión universal era una esperanza reservada para
el tiempo mesiánico); aquí en el orden del cumplimiento (la misión universal es
un hecho).
Hacer discípulos
entre todas las gentes no significa necesariamente que todos hayan de
convertirse. Lo que importa es que el pueblo de Dios esté "entre todas las
gentes". CR/DISCIPULO: El fin de la misión
es "hacer discípulos" (19a). La expresión es interesante; contiene
todo el significado que posee en el evangelio "discípulo"
("machetes"). Es quizás la definición más sintética y correcta de la
existencia cristiana: el cristiano es un discípulo. No se trata de ofrecer un
mensaje, sino de establecer una estrecha relación con Cristo; una relación
personal y un seguimiento. Los discípulos de los rabinos no colocaban en el
primer puesto la relación personal con el maestro, sino la doctrina que el
maestro enseñaba. No ocurre así en el evangelio; el discípulo se liga a la
persona del Maestro y se compromete a compartir su proyecto de vida.
Dos son las
condiciones para hacer discípulos: el bautismo y la enseñanza. La segunda
reviste una importancia particular en el evangelio de Mateo. Jesús se define
Maestro en polémica con los malos maestros, tales como los escribas y los
fariseos (5,19; 15,9). Sólo en nuestro pasaje se dice que los discípulos deben,
a su vez, enseñar; pero no son maestros, sino que permanecen como discípulos.
Quizás parezca paradójico: discípulos y maestros simultáneamente. Pero es la
verdad. No enseñan algo propio, sino solamente "todo lo que les ha
mandado". Es una enseñanza con la fidelidad y la dependencia más
absolutas; nace de una escucha.
"Estoy con
vosotros hasta el fin del mundo" tal es la afirmación que cierra el
evangelio de Mateo. Es un final con sorpresa: el Señor resucitado no se ha ido,
sino que ha venido. Y la promesa que incluía el nombre de Jesús
("Emmanuel, Dios con nosotros") queda ahí mantenida.
BRUNO MAGGIONI - EL
RELATO DE MATEO - EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 302
10.- Palabras
finales del evangelio de Mateo. Los discípulos van a "un monte" de
Galilea. En un monte Jesús sufrió la tentación del poder, en un monte se
transfiguró, en un monte proclamó su mensaje. Seguramente que hay que tener en
cuenta todas estas indicaciones del evangelio de Mateo para captar toda la
riqueza del "monte", que, además, es lugar de la presencia de Dios.
Los discípulos se
prosternan. Se hallan ante una manifestación divina. Jesús, que había rehusado
todo tipo de poder, ha recibido todo el poder de Dios. Y, con este poder,
confía una misión a los discípulos. Los envía a todos los pueblos, también al
de Israel, para "hacer discípulos".
Este "haced
discípulos" se concreta en "bautizar" y "enseñar".
Bautizar en el nombre de alguien significa establecer con él una relación
personal. Por el bautismo entramos en relación personal con el Dios de Jesús,
Padre, Hijo y Espíritu Santo. La enseñanza no es otra que la misma de Jesús.
Quizá aquí hay que recordar la enseñanza fundamental que Jesús hizo "en el
monte" (capítulos 5-7 de este evangelio). Finalmente, Jesús promete su
presencia continuada en sus discípulos hasta el fin del mundo.
Aquel deseo del
pueblo de Israel se ha cumplido. Dios es el Emmanuel, Dios-con-nosotros. Así,
el final del evangelio remite al comienzo, cuando el ángel comunica a José que
al niño "le pondrán Emmanuel".
J. M. GRANÉ - MISA
DOMINICAL 1993/07
DOMINGO 7 DE
PASCUA:
LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
La Ascensión, complemento y desarrollo de la Pascua
No
en otras regiones del mundo, pero sí entre nosotros, la Conferencia de los
Obispos ha decidido que la solemnidad de la Ascensión se celebre en el domingo
séptimo de Pascua, y no, como antes, en el jueves anterior. Ambas opciones son
buenas. No era lo principal el respetar la cronología exacta que parece
presentar Lucas (cuarenta días después de la resurrección) para celebrar este
misterio de la Ascensión, que forma una unidad con el de la resurrección del
Señor. También tiene muy buen sentido que lo celebremos este domingo dentro de
la Pascua, y precisamente el anterior al envío del Espíritu.
La
Ascensión es como el desarrollo del acontecimiento de la Pascua, su plenitud,
que todavía "madurará" más con el envío del Espíritu. Pascua,
Ascensión y Pentecostés no son unos hechos aislados, sucesivos, que
conmemoramos con la oportuna fiesta anual. Son un único y dinámico movimiento
de salvación que ha sucedido en Cristo, nuestra Cabeza, y que se nos va
comunicando en la celebración pascual de cada año. Se pueden leer con provecho
los números que el Catecismo dedica a la Ascensión del Señor: CCE 659-667.
Hechos 1, 1-11. Lo vieron
levantarse
Hoy
escuchamos dos veces el relato de la Ascensión. Primero, en boca de Lucas, que
lo cuenta al inicio del libro de los Hechos. Y en el evangelio de Mateo, que es
el evangelista de este ciclo A, en su último capítulo, con las consignas de
despedida de Jesús (aunque no se refiera expresamente a la Ascensión).
Podríamos decir que la Ascensión es "punto de llegada" de la misión
de Jesús (el evangelio) y "punto de partida" de la misión de la
Iglesia (el libro de los Hechos).
En
los Hechos dice Lucas que Jesús estuvo cuarenta días hablando con sus
discípulos del Reino de Dios y prometiéndoles su Espíritu. Entonces "le
vieron levantarse hasta que una nube se lo quitó de la vista". Unos
ángeles les aseguraron que el mismo Señor volvería al final de los tiempos.
El salmo
46 no puede ser más adecuado para hoy. Invita a los pueblos a batir palmas
porque "Dios asciende entre aclamaciones, el Señor, al son de
trompetas". El salmista lo decía de Yahvé, con ocasión de alguna victoria.
Nosotros, después de la Pascua del Señor, lo cantamos con entusiasmo confesando
nuestra fe en la victoria de Cristo Jesús.
Efesios
1, 17-23. Lo sentó a su derecha en el cielo
Pablo,
en su carta a la comunidad de Éfeso (actual Turquía), les desea que sepan
comprender en profundidad el misterio de Cristo y la "extraordinaria
grandeza del poder" que desplegó Dios en Cristo, "resucitándolo de
entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo". Ese Cristo es
ahora Cabeza y plenitud de la Iglesia y del cosmos entero. El pasaje está
ciertamente bien elegido para la solemnidad que celebramos: es el himno
cristológico, el cántico de alabanza a Dios con el que da comienzo la carta de
Pablo a los Efesios.
Mateo 28, 16-20. Se me ha dado pleno poder en el
cielo y en la tierra
Al
final de su evangelio, Mateo nos cuenta el encuentro de los discípulos con el
Resucitado en Galilea, a modo de despedida. En realidad, Mateo sólo
"sugiere" la Ascensión, presentándonos las últimas palabras de Jesús
a los suyos, llenas de gran contenido para la misión de la Iglesia.
Después
de afirmar: "se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra",
les da la consigna múltiple que es la misión de la Iglesia hasta el final de
los tiempos: evangelizar (hacer discípulos), bautizar en nombre de Dios Trino y
enseñar a todos a "guardar todo lo que os he mandado".
La
afirmación final -de la escena y del evangelio- ofrece la clave para que toda
esta tarea sea posible: "y sabed que yo estoy con vosotros todos los días
hasta el fin del mundo".
El triunfo de Jesús
La
comunidad cristiana se alegra con el triunfo de su Señor y Cabeza. Jesús es
glorificado. Ha cumplido su misión y ahora ha alcanzado la plenitud, también en
cuanto Hombre, junto al Padre. El Catecismo describe así el misterio: la
Ascensión significa que Jesús "participa en su humanidad en el poder y la
autoridad del mismo Dios" (CCE 668) y que se ha convertido en Señor del
cosmos y de la historia y de la Iglesia.
"Subir",
o la "Ascensión", supone una concepción no histórico-geográfica de la
localización del cielo con respecto a la tierra, sino un símbolo de la
glorificación plena del Señor Resucitado. También lo decimos en el Credo:
"subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios". Celebramos
el triunfo de Cristo Jesús, a la derecha del Padre, en el puesto de honor,
constituido Juez y Señor y Mediador universal.
Ahora
podemos entender mejor, desde la Pascua cumplida, el misterio de Jesús. Podemos
admirar, como quiere Pablo, "la fuerza poderosa que ha desplegado el
Padre resucitando a Jesús" y constituyéndolo superior a todo.
Podemos
hacer nuestras las expresiones de entusiasmo del prefacio, en el que damos
gracias a Dios "porque Jesús el Señor, el rey de la gloria, vencedor del
pecado y de la muerte, ha ascendido hoy ante el asombro de los ángeles a lo más
alto del cielo, como mediador entre Dios y los hombres, como juez de vivos y
muertos".
Nunca
conoceremos del todo la profundidad del misterio de Cristo. Pero tenemos en
esta Pascua, ahora completada por la Ascensión, y el domingo que viene por la
venida del Espíritu, motivos abundantes de alegría y fiesta, y también para dar
sentido y motivación a nuestra vida de seguimiento de ese Cristo Jesús que ha
triunfado y que nos comunicará a su debido tiempo su mismo destino a nosotros:
"ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de
su cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su reino"
(prefacio l).
Comienza la misión de la Iglesia
El
triunfo de Jesús, que es también nuestro triunfo, es a la vez el inicio de la
misión por parte de su comunidad a través de los siglos. La comunidad no se
queda "mirando al cielo", sino que baja a la ciudad, por encargo de
los ángeles. Quedarse mirando al cielo es más cómodo. Como lo era para Pedro y
sus compañeros levantar tres tiendas y quedarse en la luz del monte Tabor. Pero
la tarea está en "el valle", en la vida de cada día.
La
Ascensión es para Jesús el punto de llegada triunfal. Para su comunidad, el
punto de partida, el comienzo de su camino misionero desde Galilea y Jerusalén
hasta los confines del mundo. Como Jesús fue el auténtico testigo de Dios en su
vida terrena, ahora lo debe ser su comunidad, hasta el final de los siglos.
Esta
misión parece un paralelo de la que recibió Abrahán, partiendo de su ciudad a
un destino para él entonces desconocido. La promesa que al patriarca se le
hizo, de que todas las naciones serían bendecidas en él, sólo se ve que se
cumpla ahora, con la comunidad del Resucitado enviada a todo el mundo.
El
encargo no es nada fácil, como se sigue demostrando en la historia pasada y en
la presente. Los cristianos somos testigos de Cristo en el mundo y se nos
encomienda la tarea de a) la evangelización, predicando la Buena Noticia,
convenciendo a las personas de cada generación de que se agreguen al grupo de
seguidores de Jesús; b) la celebración de los sacramentos, comenzando desde el
Bautismo; y c) la construcción de un mundo mejor, enseñando a los demás, sobre
todo con nuestro propio ejemplo, a guardar el mismo estilo de vida que nos
enseñó Jesús.
En
rigor, el libro de los Hechos no tiene último capítulo: lo tendrá al final de
los tiempos, cuando concluya la misión de la comunidad del Señor.
Con una doble presencia y garantía
Eso
sí, hay una doble garantía para que una comunidad débil como la nuestra pueda
realizar esa misión.
Ante
todo, la presencia y la ayuda del mismo Señor Resucitado, que prometió que
estaría con nosotros "todos los días hasta el fin del mundo"
(antífona de comunión, tomada precisamente del evangelio de Mateo), porque,
como dice el prefacio 1 de la Ascensión, "no se ha ido para desentenderse
de este mundo". La Ascensión no es anuncio de una "ausencia",
sino de una "presencia misteriosa e invisible", más real incluso que
la física o geográfica que tenía Jesús antes de su Pascua. Estará presente a su
comunidad todos los días, hasta el fin del mundo. Si el evangelio daba comienzo
con el anuncio del "Dios-con-nosotros", el Emmanuel y Mesías, ahora
termina con el "yo-estoy-con-vosotros" del Resucitado, que se
extiende "todos los días, hasta el fin del mundo".
Además,
hay otro protagonista, también invisible, que acompaña esta tarea de la
Iglesia, el Espíritu, a quien Jesús ha prometido como "fuerza de lo
alto" y cuya venida sobre la Iglesia celebraremos de un modo especial el
domingo que viene. Las últimas palabras de Jesús, según los Hechos, antes de
ser elevado al cielo, fueron: "cuando el Espíritu Santo descienda sobre
vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea,
en Samaria y hasta los confines del mundo".
Un
prefacio de la Ascensión afirma que Jesús "ahora intercede por nosotros,
como mediador que asegura la perenne efusión del Espíritu" (prefacio III).
Con alegría y esperanza
Lo
importante es que cada uno de nosotros, miembros de la comunidad de Jesús y del
Espíritu, realicemos esa misión, en medio de circunstancias favorables o
desfavorables, en el ambiente familiar y en el profesional, con alegría y
esperanza.
Con
alegría, "porque la ascensión de Jesucristo es ya nuestra victoria"
(oración), y porque el misterio del Cristo Resucitado ha dignificado nuestra
naturaleza humana, dándole sus mejores valores: "fue elevado al cielo para
hacemos compartir su divinidad" (prefacio II), y en Cristo "nuestra
naturaleza humana ha sido tan extraordinariamente enaltecida que participa de
tu misma gloria" (poscomunión). El triunfo de Jesús es nuestro mejor
motivo de alegría.
Con
esperanza, porque la fiesta de la Ascensión nos invita también a mirar hacia
delante "y donde nos ha precedido él, que es nuestra Cabeza, esperamos
llegar también nosotros como miembros de su cuerpo" (oración). No nos ha
abandonado, "sino que ha querido precedernos como cabeza nuestra para que
nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo
en su reino" (prefacio). En la oración sobre las ofrendas pedimos a Dios
"que la participación en este misterio eleve nuestro espíritu a los bienes
del cielo". Pablo quiere, en su carta, que los cristianos de Éfeso, junto
al misterio de Cristo, entiendan también "cuál es la esperanza a la que os
llama".
Hoy
es la fiesta de la esperanza. Es verdad que el compromiso de ser testigos de
Cristo en el mundo es exigente y muchas veces comporta dificultades. Es más
cómodo seguir las propuestas de este mundo. Pero debe prevalecer la fidelidad a
Cristo y, si surgen dificultades, la esperanza. Todos estamos incluidos en el
triunfo de Cristo, aunque todavía nos queda camino por recorrer. La Virgen
Madre sí, ya terminó su camino, y es la "asunta", ascendida tras su
muerte e incorporada al triunfo final de su Hijo. También en esto es ella la
"primera cristiana".
Pablo
quiere que también nosotros, como los cristianos de Éfeso, comprendamos
"cuál es la esperanza a la que nos llama, cuál la riqueza de gloria que da
en herencia a los santos".
En
un mundo en que no abunda la esperanza, se nos pide que seamos personas
ilusionadas. En medio de un mundo egoísta, que mostremos un amor desinteresado.
En un mundo centrado en lo inmediato y lo material, que seamos testigos de los
valores que no acaban. Y esto lo debemos realizar, no sólo los sacerdotes y los
religiosos y los misioneros, sino todos: los padres para con los hijos y los
hijos para con los padres, los mayores y los jóvenes, los políticos y
escritores cristianos, los maestros y los educadores.
En medio, la Eucaristía
Esta
comunidad que camina en tensión escatológica, entre la Ascensión y la vuelta
definitiva de Jesús, concentra su vivencia de fe en la Eucaristía: "cada
vez que coman... proclamen la muerte del Señor hasta que vuelva" (1Co
11,26). En cada Eucaristía recordamos la Pascua primera de Cristo, la que
sucedió en Jerusalén hace dos mil años; anticipamos ya la Pascua final,
definitiva, al final de la historia; y, mientras tanto, nos alimentamos con su
Cuerpo y Sangre, que es el memorial de las dos Pascuas, la pasada y la futura.
En
la Eucaristía es donde más concretamente "experimentamos", desde la
fe, la presencia viva del Resucitado: en la comunidad, en el presidente que es
su imagen personal, en la proclamación de la Palabra, y sobre todo en la mesa
eucarística, en la que participamos del Cuerpo y Sangre de ese Cristo que ha
vencido a la muerte y nos comunica cada vez su vida de Resucitado como garantía
y prenda de nuestra futura resurrección y vida plena. "El que come mi
Carne y bebe mi Sangre tendrá vida eterna: yo le resucitaré el último
día".
Con
la consecuencia de que también fuera de la celebración, en la vida de cada día,
sabremos descubrir la presencia del Señor, por ejemplo, en la persona del
prójimo, sobre todo de los que sufren o tienen hambre o están enfermos, para
que podamos oír la alentadora palabra final del Juez: "a mí me lo
hiciste".
El
"poder ir en paz" conclusivo de cada celebración es el envío a la
vida, "para que cada uno regrese a sus honestos quehaceres alabando y
bendiciendo a Dios" (IGMR 90).
LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)
PROPUESTA DE CANTOS LA ASCENSION
DEL SEÑOR CICLO A 2026
01.- YO NO DEJO LA TIERRA (J.A. Espinoza)
NO. YO NO DEJO LA TIERRA.
NO. YO NO OLVIDO A LOS HOMBRES.
AQUÍ, YO HE DEJADO LA GUERRA.
ARRIBA, ESTÁN VUESTROS NOMBRES.
1.- ¿Qué hacéis mirando el cielo,
varones, sin alegría?
Lo que ahora parece un vuelo
ya es vuelta y es cercanía.
2.- El gozo es mi testigo.
La paz, mi presencia viva,
que al irme se va conmigo
la cautividad cautiva.
3.- El cielo ha comenzado.
Vosotros sois mi cosecha.
El Padre ya os ha sentado
conmigo, a su derecha.
4.- Partid frente a la aurora,
salvad a todo el que crea,
vosotros marcáis mi hora,
comienza vuestra tarea.
02.- A CASA DEL PADRE (J.P. Martins)
A CASA DEL PADRE
CANTANDO LLEGAMOS,
LA MESA ESTÁ PUESTA,
SU NOMBRE CANTAMOS. (BIS)
La cena de Cristo
nos da nueva vida,
da fuerza y amor,
da luz y alegría. (Bis)
Jesús nuestra pascua
por todos murió
y como alimento
su cuerpo entregó. (Bis)
Triunfó de la muerte
la vida nos dio
las puertas del cielo
abiertas dejó. (Bis)
La mesa está puesta
su nombre alabamos.
03.- EL SEÑOR VIVE (Emilio Vicente Mateu)
NO BUSQUÉIS ENTRE LOS MUERTOS A LA VIDA.
NO LLORÉIS ENTRE LAS SOMBRAS A LA LUZ.
CANTAD PORQUE LA MUERTE ESTÁ VENCIDA.
CANTAD QUE DIOS ES EL SEÑOR JESÚS.
1.- No busquéis por las montañas ni los
valles.
No busquéis en las estrellas junto al sol.
Buscadle por las plazas y las calles;
en cada ser que vive está el Señor.
2.- No quedéis mirando al cielo o a las nubes,
esperando un nuevo gran libertador.
Mirad la luz que sale de las sombras,
es la fuerza salvadora del Señor.
3.- No te canses recorriendo tu camino,
si la luz de nuestra Pascua no es tu luz.
No sueñes vanamente tu destino;
no hay vida, si no está el Señor Jesús.
04.- TESTIGOS (Cesareo
Garabain)
1.- Nos envías por el mundo
anunciar la Buena Nueva, (2)
mil antorchas encendidas
y una nueva primavera. (2)
2.- Si la sal se vuelve sosa,
quién podrá salar el mundo. (2)
Nuestra vida es levadura,
nuestro amor será fecundo. (2)
3.- Siendo siempre tus testigos,
cumpliremos el destino, (2)
sembraremos de esperanza,
y alegría los caminos. (2)
4.- Cuanto soy y cuanto tengo,
la ilusión y el desaliento. (2)
Yo te ofrezco mi semilla
y tú pones el fermento. (2)
05.- ACEPTA SEÑOR EL VINO Y EL PAN (Joaquin Madurga)
ACEPTA
SEÑOR EL VINO Y EL PAN
CON ELLOS
TRAEMOS TU OFRENDA A TU ALTAR
1.- Sobre
tu altar Señor va nuestra ofrenda
el abrazo
sincero al hermano
perdonándonos
nuestras ofensas.
2.- Sobre
el Altar, Señor, va nuestra ofrenda:
trabajar
por un mundo más justo de igualdad
y
concordia fraterna.
3.- Sobre
el Altar, Señor, va nuestra ofrenda:
convertir
nuestra vida pasada
al mensaje
de tu Buena Nueva.
06.- EN SU MESA HAY AMOR (Kairoi)
EL SEÑOR NOS HA REUNIDO JUNTO A EL
EL SEÑOR NOS HA INVITADO A ESTAR CON ÉL.
EN SU MESA HAY AMOR
LA PROMESA DEL PERDÓN
Y EN EL VINO Y PAN SU CORAZÓN (BIS)
Cuando, señor, tu voz
llega en silencio a mi
y mis hermanos me hablan de ti
sé que a mi lado estas
te sientas junto a mi
acoges mi vida y mi oración.
El señor nos ha reunido junto a el
El señor nos ha invitado a estar con el
En su mesa hay amor
La promesa del perdón
y en el vino y pan su corazón (bis)
07.- SEÑOR TE OFRECEMOS (Agustin Sánchez)
1.- En torno a tu mesa, Señor, te ofrecemos,
toda nuestra vida, el vino y el pan.
Son para nosotros, tu cuerpo y tu sangre,
promesa de vida, luz y libertad.
SEÑOR, EL PAN QUE NOS DAS
BORRA NUESTRAS MISERIAS.
SEÑOR, TU COPA SERÁ
SANGRE DE VIDA ETERNA.
SEÑOR, SABEMOS QUE TÚ
TE DAS SIN CONDICIONES.
DANOS TU ESPÍRITU Y HAZ
DE CARNE LOS CORAZONES… SEÑOR.
2.- Tu Espíritu inflama de amor nuestras
vidas,
nos sigues llamando; Señor, ¿dónde estás?.
Más tú nos respondes: “me encuentras amando”.
Queremos sentirte nuestro Salvador.
08.- NO OS QUEDEIS TRISTES (J.P. Martins)
NO QUEDEN TRISTES, AUNQUE ME VOY,
AUNQUE ME VOY YO VOLVERÉ (BIS).
1.- Voy a la casa de mi Padre a prepararles un
lugar.
2.-Vendrá mi Espíritu a ustedes para
enseñarles la verdad.
3.-. Serán testigos de mi amor por los
confines de la tierra.
4.- Anunciarán la buena nueva a cada pueblo de
la tierra.
5.- Cuando los hombres los persigan no tengan
miedo, confíen.
6.- Yo estaré siempre con ustedes acompañando
hasta el final.
09.- ID Y ENSEÑAD (Cesareo Garabain)
Sois la semilla que ha de crecer,
sois estrella que ha de brillar,
sois levadura sois grano de sal,
antorcha que debe alumbrar.
Sois la mañana que vuelve a nacer,
sois espiga que empieza a granar,
sois aguijón y caricia a la vez
testigos que voy a enviar.
Id amigos por el mundo,
anunciando el amor,
mensajeros de la vida,
de la paz y el perdón.
Sed amigos, los testigos
de mi resurrección,
id llevando mi presencia,
con vosotros estoy.
Sois una llama que ha de encender
resplandores de fe y caridad.
Sois los pastores que han de guiar
al mundo por sendas de paz.
Sois los amigos que quise escoger,
sois palabra que intento gritar.
Sois reino nuevo que empieza a engendrar
justicia, amor y verdad.
10.- CON NOSOTROS ESTA EL SEÑOR (Carmelo Erdozain)
CON
NOSOTROS ESTÁ EL SEÑOR
CON
NOSOTROS
SU PALABRA
ES CAMINO Y VERDAD
Y EN LA
MESA DEL ALTAR
NUESTRA
VIDA, NUESTRA VIDA.
1.- Por
nosotros está en el altar
por
nosotros su cuerpo es manjar
por
nosotros, camino,
por
nosotros, verdad
Él con
nosotros está.
2.- Con
los hombres que buscan la paz
con los
hombres que piden su pan
con el
débil y enfermo,
con quien
no tiene hogar
Él pide
amor y hermandad.
3.- Como
hermanos en un mismo hogar
como hijos
que comparten su pan
celebremos
la cena,
sacrificio
pascual
sacramento
de fraternidad.
11.- MADRE DE NUESTRO PUEBLO (Emilio Vicente Mateu)
MADRE DE NUESTRO PUEBLO,
LOS HOMBRES ABREN EL CORAZÓN:
QUIEREN LLAMARTE MADRE;
EN SUS PALABRAS, EN SU CANCIÓN.
Madre te llaman los pobres,
pobres sin pan ni calor,
pobres sin libros en las manos,
pobres sin una ilusión.
Madre te llama el que sufre
penas de llanto y dolor,
penas de verse oprimido,
penas que evoca el amor.
Madre te llama este pueblo,
pueblo nacido en la cruz,
pueblo que marcha hacia el Reino,
Madre del pueblo eres tú.
Madre te llama el que ríe,
el que camina en la luz.
Madre de todos los hombres,
Virgen María, eres Tú.
12.- AVE MARIA (Francisco Palazon)
Lam, MI7, Lam, MI7
Lam Lam MI7 Lam
Dios te salve María llena eres de gracia
Rem SOL7 DO
El Señor es contigo, bendita tú eres
Rem MI7 Lam MI7
Entre todas las mujeres, y bendito es el fruto
Lam (MI7)
de tu vientre Jesús
Lam
MI7 Lam
Santa María Madre de Dios,
SOL
DO Rem MI
ruega por nosotros pecadores.
Lam
MI7 Lam
Santa María Madre de Dios,
SOL
DO Rem MI
ruega por nosotros pecadores
Rem Lam MI7 Lam
Ahora y en la hora de nuestra muer-te
Rem
Lam MI7 Lam
Ahora y en la hora de nuestra muer-te.
13.- ESPIRITU SANTO VEN (Pedro Mario)
RE Sim
Espíritu Santo, ven, ven,
RE LA7
Espíritu Santo, ven, ven,
Mim
Espíritu Santo, ven, ven
LA7 RE
en el nombre del Señor.
SOL LA7 RE
Sim
Acompáñame, ilumíname,
Mim
LA7 RE
toma mi vida.
SOL LA7 RE
Sim
Acompáñame, ilumíname,
Mim LA7 RE
¡Espíritu Santo ven!
Santifícame, transfórmame,
Tú cada día.
Santifícame, transfórmame,
¡Espíritu Santo, ven!
Resucítame, conviérteme,
todos los días.
Glorifícame, renuévame,
¡Espíritu Santo, ven!
Acompáñame, transfórmame,
toma mi vida.
Ilumíname, condúceme,
¡Espíritu Santo ven!.
14.- EN LA IGLESIA
EN LA IGLESIA LOS CRISTIANOS
NOS AMAMOS COMO HERMANOS,
Y BUSCAMOS TODOS UNIDOS
DEL PECADO LIBERARNOS. (bis)
Cuando Pedro con todos los creyentes, vivían
en espíritu fraterno,
ponían en común todos sus bienes y no había
entre ellos disensiones.
Y ninguno sufría humillaciones, conformes al
espíritu de Cristo:
teniendo cada quien lo necesario, tratando que
no sufriera ninguno.
Y partiendo el pan ellos en casa, y de
fraternidad dando el ejemplo,
de Dios eran a diario bendecidos, gozando de
la estima en las ciudades.
Y nosotros, sintiéndonos Iglesia, queremos
asimismo con empeño
vivir aquel espíritu de Cristo de acuerdo a lo
que enseña su Evangelio.
