viernes, 1 de mayo de 2026

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO V PASCUA CICLO A - 3 MAYO 2026

 “YO SOY EL CAMINO”

 Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 14, 1-12

 “COMENTARIO”

 En un pueblo de orígenes seminómadas, el tema del camino tiene un amplio uso en todas las facetas de la vida. La palabra "camino" se emplea para designar la ley de Moisés como cauce y dirección que el hombre ha de conocer y aceptar si quiere llegar a la felicidad que anhela. Es necesario conocer los caminos del Señor (las Sagradas Escrituras y preceptos legales: Sal 119.). La desobediencia a esta ley es un extravío (Dt 31. 17) que orienta hacia metas contrarias a las realmente deseadas por el hombre.

Jesús no es sólo un nuevo Moisés que guía a su pueblo a través del desierto por rutas que otros hayan trazado. Moisés no era la ley. Jesús afirma que él en persona es el camino verdadero y viviente que sustituye a la ley mosaica. Para el cristiano, no serán ni diez, ni trescientos trece los mandamientos de Dios; será la persona misma de Jesús por medio de su Espíritu quien sirva de cauce buscado a su actuar diario.

Todo hombre, en su vida, sigue un camino u otro. Todo hombre busca, en su vida, encontrar la verdad. Y todo hombre desea, en fin, que su vida no termine para siempre. A esos tres profundos anhelos del hombre da Jesús, en el evangelio de hoy, respuesta bien cumplida. Y no una respuesta teórica, cabalística o extraña: él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida.

En él, y en vivir la vida como él la vivió, está la respuesta a los interrogantes y las búsquedas del hombre. El Camino a seguir, la Verdad a defender, la Vida que no se pierde, están al alcance de nuestra mano. Elegirlos o rechazarlos es cosa nuestra.

Es necesario convertirse y dejar de "judaizar". Hay que evitar entender las palabras de Jesús como letra obligatoria, fijada y muerta. En la lectura de nuestra Biblia hemos de encontrar no una nueva normativa superior a otras, sino a una persona dinamizadora y vivificante. No se trataba ni se trata de seguir física o miméticamente a Jesús por los polvorientos caminos de Palestina, ni siquiera de saberse sus discursos o su doctrina. Se nos pide ser discípulos, no alumnos. Convertirse a él implica en primer lugar encontrarse con él, aceptarle convencida y voluntariamente, estar de acuerdo con sus sentimientos y su concepción de la vida. De estas raíces saldrán en último término los frutos de una actuación externa coherente con lo que en el interior se siente y se vive. El programa de Jesús es él mismo.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

 ANTIFONA DE ENTRADA Sal 97, 1-2

Canten al Señor un cántico nuevo porque ha hecho maravillas; reveló a las naciones su salvación. Aleluya.

 

 ORACION COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, lleva a su pleno cumplimiento en nosotros el Misterio pascual, para que, quienes, por tu bondad, han sido renovados en el santo Bautismo, den frutos abundantes con tu ayuda y protección y lleguen a los gozos de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 6, 1-7

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas. Los Doce, convocan-do a la asamblea de los discípulos, dijeron: «No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escojan a siete de ustedes, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encarga-remos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la Palabra».

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo; a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La Palabra de Dios iba creciendo y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

 

SALMO RESPONSORIAL Sal 32, 1-2.4-5.18-19

 

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

 

Aclamen, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Den gracias al Señor con la cítara, toquen en su honor el arpa de diez cuerdas. R.

 

La Palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; Él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R.

 

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol San Pedro 2,4-9

Queridos hermanos: Acercándose al Señor piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios, también ustedes, como piedras vivas, entran en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo. Por eso se dice en la Escritura: «Mira, pongo en Sion una piedra angular, elegida y preciosa: quien cree en ella no queda defraudados.

Para ustedes, pues, los creyentes, ella es el honor, pero para los incrédulos la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular, y también «piedra de choque y roca de estrellarse; y ellos chocan al despreciar la Palabra. A eso precisamente estaban expuestos. Ustedes, en cambio, son un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anuncien las proezas del que los llamó de las tinieblas a su luz maravillosa.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Jn 14, 6bc

Aleluya. Yo soy el camino y la verdad y la vida-dice el Señor-; nadie va al padre sino por mí. Aleluya.

 

 EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 1-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No se turbe su corazón, crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, se lo habría dicho, porque me voy a prepararles un lugar. Cuando vaya y les prepare un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo estén también ustedes. Y adonde yo voy, ya saben el camino».

Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre. Ahora ya lo conocen y lo han visto». Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con ustedes, y no me conoces, Felipe?. Quien me ha visto a mi ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"?, ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí?. Lo que yo les digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, Él mismo hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, crean a las obras. En verdad, en verdad les digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Invoquemos a Cristo, camino, verdad y vida, y, como pueblo sacerdotal, pidámosle por las necesidades de todo el mundo.

 

1.- Oremos por el Papa León, para que, al igual que la comunidad primitiva, crezca en unidad y servicio, siendo auténticos testigos de la Resurrección de Cristo. Roguemos al Señor.

 

2.- Por los que buscan a Dios: Para que en medio de sus dudas encuentren en Jesucristo el camino, la verdad y la vida que da sentido a sus existencias. Roguemos al Señor.

 

3.- Por los enfermos y afligidos: Para que sientan la presencia de Cristo Consolador y encuentren en nuestra comunidad apoyo y fortaleza. Roguemos al Señor.

 

4.- Por nuestra comunidad: Para que, al participar de esta Eucaristía, nos convirtamos en piedras vivas que construyen el Reino de Dios con obras de amor. Roguemos al Señor.

 

Señor Dios, padre todopoderoso, escucha las oraciones de tu Iglesia y haz que, acercándonos a Cristo -la piedra desechada por los hombres, pero escogida y preciosa, ante ti, seamos santificados como Tempos del Espíritu y como miembros de un Pueblo sacerdotal. Por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Oh, Dios, que nos haces partícipes de tu única y suprema divinidad por el admirable intercambio de este sacrificio, concédenos alcanzar en una vida santa la realidad que hemos conocido en ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 ANTIFONA DE COMUNION Jn 15, 1.5

Yo soy la verdadera vid, y ustedes los sarmientos, dice el Señor, el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante. Aleluya.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Asiste, Señor, a tu pueblo y haz que pasemos del antiguo pecado a la vida nueva los que hemos sido alimentados con los sacramentos del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 04:  1Co 15, 1-8; Sal 18, 2-3. 4-5; Jn 14, 6-14

Martes 05: Hch 14, 19-28; Sal 144, 10-11. 12-13ab.21; Jn 14, 27-31a

Miércoles 06: Hch 15, 1-6; Sal 121, 1-2. 4-5; Jn 15, 1-8

Jueves 07: Hch 15, 7-21; Sal 95, 1-2ª. 2b-3. 10; Jn 15, 9-11

Viernes 08: Hch 15, 22-31; Sal 56, 8-9.10-12; Jn 15, 12-17

Sábado 09: Hch 16, 1-10; Sal 99, 1-2. 3.5; Jn 15, 18-21

Domingo 10: Hch 8, 5-8.14-17; Sal 65, 1b-3ª. 4-5. 6-7ª. 16 y 20; 1P 3, 15-18; Jn 14, 15-21

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Jn 14. 1-12

 

1. - Jesús, a solas con la comunidad cristiana, con aquéllos que le han prestado su adhesión saliendo del ámbito de la esclavitud religiosa judía. En la vigilia de su paradójica glorificación, cuando se ponga de manifiesto su gloria, es decir, su capacidad real de amar a costa de su propia vida. Este amor es el lugar donde él mora y tiene la altura de una cruz. Jesús se va al lugar que le es propio. Es un espacio, un ámbito espacioso: el espacio del amor a toda costa. Un espacio ilimitado, con amplitud infinita, la amplitud que le confiere el amor sin fronteras del Padre.

J/PADRE: La religión judía había empequeñecido este espacio convirtiéndolo en un "bunker" donde se refugiaban los heridos que causaba la propia religión. En este "bunker", Yahvé había perdido su nombre y se había convertido en divinidad sin rostro. El trabajo de Jesús ha consistido en devolverle a Yahvé su rostro concreto, el de Padre que ama. Un continuo y arduo trabajo de depuración del hecho religioso, invirtiendo totalmente la concepción tradicional de Dios. En Jesús, Dios ha recobrado su verdadero rostro, deformado por los hombres religiosos. Por eso, este rostro brillará en todo su esplendor en la cruz, porque no hay mayor amor que dar la vida. La cruz, es decir, el amor, es el lugar hacia el que Jesús va. Ver a Jesús es, pues, ver al Padre, porque uno y otro no son más que amor a ultranza. De ahí que Jesús sea el camino, la verdad, la vida. Su criterio de verificación son sus obras, sus acciones concretas de amor: la mujer que no ha muerto apedreada, el ciego que ve, el paralítico que anda, la gente hambrienta comiendo al aire libre, es decir, personas liberadas, con capacidad de movimientos, personas emancipadas y adultas. Personas así son las obras que el cristiano está llamado a realizar.

DABAR 1981/31.


 

2.- J/LEY /Jn/01/17-18

El autor del cuarto evangelio es de un radicalismo y de un atrevimiento que asustan. ¿La Ley es mala? La Ley es la Ley, pero no es reveladora de Dios. La Ley es necesaria en un mundo de tullidos religiosos, pero no en el mundo de los hijos de Dios. Las obras de éstos son de una altura y una categoría desconocidas en un sistema de Ley. Estas obras o trabajos posibilitan la libertad de movimientos (cf Jn 5. 1-9), la fiesta al aire libre (cf. Jn 6. 1-15), la autocrítica (cf. Jn 8. 2-11), la visión (cf. Jn 9. 1-7), la vida (cf Jn 11. 38-44). A través de estos trabajos es como el autor del cuarto evangelio nos ha presentado a Jesús revelando al Padre. A trabajos de este tipo nos invita el autor para poder ser reveladores del Padre.

A. BENITO - DABAR 1987/29.


 

3.- FE/PAZ/CALMA   /Jn/14/01.

"No perdáis la calma". Lo dice Jesús en un momento en el que las cosas estaban mal para Él y para los suyos. Lo van a matar, que es el acontecimiento por excelencia que puede alterar a un ser humano, y aquellos hombres a los que ha llamado desde diversos sitios y que han convivido con Él van a quedar desbordados por los acontecimientos. Era de lo más importante, por consiguiente, la recomendación de Jesús.

Pero, naturalmente, para mantener la calma es necesario tener unos firmes cimientos. Jesús los pone inmediatamente después de la recomendación que hace: "Creed en Dios y creed también en Mí". Ahí está el secreto de la calma que pide el Señor. No es la calma del apático ni del pasota. No. Es la calma del hombre que vive integrado en los problemas de su tiempo, que los siente, que los sigue, que se incorpora a ellos, que intenta -si puede- solucionarlos, pero que mantiene fija su vista en Dios, creyendo en Él. Es la calma del hombre sensible al dolor ajeno y propio, sensible a la injusticia, sensible ante los acontecimientos inexplicables que nos dejan asombrados y sin respuesta pero que, a pesar de todo, cree en Dios. La calma que pide el Señor es una calma activa, fruto de una personalidad forjada en el seguimiento de Cristo, que es el rostro del Dios en el que creemos y al que no hemos visto nunca, como le dice Felipe al Señor.

ANA M. CORTES - DABAR 1987/29.


 

5.- VIDA/SENTIDO

Cuando el hombre pregunta por el camino está preguntando por el sentido y meta de su existencia. Así se entiende la respuesta de Jesús.

Jesús es el camino para Dios porque en Jesús es Dios quien personalmente ha venido al hombre, abriéndole así el camino.


 

06.- Jesús anuncia que se va. La escena nos sitúa ante el llamado discurso de despedida de Jesús a sus discípulos. La escena empieza y acaba con una invitación de Jesús a creer (14,1.11-12). Y en medio, encontramos: la explicación del por qué Pedro ahora no puede ir a donde va Jesús (14,2-3); el diálogo con Tomás sobre el camino hacia la casa del Padre (14,4-6); y el diálogo con Felipe sobre la identidad de Jesús (14,7-10), centrada en la afirmación: Quien me ha visto a mí ha visto al Padre.

Antes Pedro ha expresado el deseo de seguir a Jesús hacia el lugar a donde va o a donde vuelve (13,36-38); incluso ha manifestado que está dispuesto a dar la vida por seguir a Jesús. Pero Pedro sólo irá por la fe en Jesús resucitado. Por eso, Jesús empieza con una llamada a la fe. Si ahora los discípulos no pueden seguirle, han de continuar apoyándose en su persona, tal como el creyente se apoya en Dios: ¿Por qué, alma mía, desfalleces y te agitas por mí? Espera en Dios" (Si 42,6.12; 43,5).

Jesús vuelve a la casa del Padre para prepararnos allí un lugar. Y el lugar dispuesto no es tanto un espacio como una existencia con Jesús en el Padre. Jesús nos dispone una estancia junto al Padre. La fe muestra la casa del Padre, el banquete festivo con el Padre, e invita a la vez, aquí y ahora, a poner nuestra atención en Jesús, el camino que lleva a él. El camino es una opción: Seguid el camino que Yahvé vuestro Dios os ha trazado: así viviréis, seréis felices y prolongaréis vuestros días en la tierra que vais a tomar en posesión (Dt 5,33). Mira, yo pongo hoy ante ti vida y felicidad, muerte y desgracia (Dt 30,15-19).

Jesús se presenta como el camino hacia el Padre. El salmo 43,3 afirma que sólo la luz y la verdad conducen al lugar donde reside Dios. Jesús es la luz (ó,12; 9,5) y la verdad (8,32; 18,37-38) que nos guía. Por eso, Jesús recuerda a Tomás, y a todos, que hagamos nuestra su pregunta: si creemos que él es la Verdad y la Vida, seguro que hallaremos en él el camino que lleva al Padre, a quien él retorna y donde ya está.

Jesús se presenta tan Dios como su Padre. Es aquí Felipe quien nos ayuda a plantearnos la relación entre Jesús y el Padre. Jesús es Dios hecho hombre, su humanidad es el camino, la puerta hacia el Padre. Sólo seremos como Dios si nos unimos a Jesús por la fe, que es amor. En efecto: Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. Hemos de creer que Jesús está en el Padre y el Padre en él. La fe es clave para poderlo percibir, vislumbrar o entrever.

Jesús satisface nuestra búsqueda de Dios, nuestra sed de Dios. Si buscamos a Dios, miremos a Jesús. La búsqueda de Dios es la búsqueda de todo creyente: Tiene mi alma sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo podré ir a ver la faz de Dios? (Sal 42,3). ¡Ahora sí sabemos que ver a Jesús es ver la faz de Dios!.

JAUME FONTBONA - MISA DOMINICAL 1999/07/08

 


 

7.- La marcha de Jesús y el miedo ante un mundo hostil hace nacer en los discípulos una profunda angustia que corre el peligro de hacerlos sucumbir (14. 27; 16. 6/20). Jesús quiere confortarlos mostrándoles que su marcha constituirá un paso serio para una unión de carácter más íntimo que la que ahora tienen entre ellos, por la fuerza del Espíritu. El miedo atenaza muchas veces al que cree en Jesús. Su fuerza y su palabra le liberan.

El camino para llegar a creer en Dios no es para nosotros más que uno solo: JC. De ahí que la fe, asegurada en la propia fe de Jesús, tiene que remontar la angustia que provoca la dureza de la vida hasta el encuentro con lo más íntimo de Dios. Para nosotros, hoy por hoy, nuestra fe es la fe en Jesús. Confiados en él sabemos que saldremos airosos de nuestra propia limitación y de la del mundo que nos rodea, por dura que sea la contradicción.

La imagen del camino largo y difícil que Israel debió recorrer para mantenerse en la fidelidad a su Dios se encuentra en toda su amplitud en el Éxodo y su simbólica. Después, la imagen fue aplicada a la ley como camino del justo hacia Dios (Dt 34. 4; Sal 25. 10). En el NT la forma de caminar según Dios es la persona misma de Jesús (Mc 8. 34; Lc 9. 23), pero en Juan tiene aún un significado más profundo: Jesús no es solamente el camino en la medida en que, por su enseñanza, conduce a la vida, sino que él es el camino que conduce al Padre en la medida en que él mismo es la verdad y la vida (cf. 10. 9). Está bien marcado el sentido último de nuestra misión cristiana: vivir como Jesús ha vivido y tener la misma manera de pensar adaptada al mundo de hoy. Felipe (1. 44) expresa la aspiración más profunda del hombre, aspiración que nadie de nosotros logra colmar (1. 18; 6. 46).

Pero Jesús se presenta en esta situación como la garantía de la consecución de ese fin último al que tiende con ansia el corazón del hombre. O, dicho de otro modo: Jesús puede hacer que el hombre sea feliz ya desde ahora.

EUCARISTÍA 1978/19.


 

8.- I/CASA/CAMINO

Los Evangelios de este día y de los domingos siguientes proponen extractos del discurso pronunciado por Jesús después de la cena. Se trata de tres textos sucesivos. El primero (Jn 13, 33-14, 31) es un discurso de despedida, al final del cual los apóstoles y Cristo "se levantan" (Jn 14, 31); ha terminado la reunión. El segundo (Jn 15-16) es un doblete del primero, cuyos temas principales desarrolla. El tercero (Jn 17) reproduce la oración "sacerdotal" de Cristo a su Padre. El Evangelio de este primer ciclo pertenece al primer discurso.

Los apóstoles manifiestan su inquietud y su tristeza ante el abandono de Cristo. Jesús les anuncia que todos se reunirán en torno al Padre (Jn 14, 1-3, 19, 28), y les garantiza su presencia entre ellos por el amor (Jn 13, 33-35; 14, 21) y el conocimiento que de El tendrán (Jn 14, 4-10). Este pasaje evoca dos temas bíblicos importantes: el de la casa y el de la ruta.

a) La casa de Dios designa el Templo de Jerusalén. Pero Jesús ha dejado bien patente que la verdadera morada del Padre no podía confundirse con esta casa de comercio y de contratación (Jn 2, 17-20). Dio a entender, asimismo, que El mismo era esta casa de Dios (Jn 2, 20-22), ya que su fidelidad al Padre constituye el sacrificio definitivo y, en El, serán acogidos todos los hombres con mayor hospitalidad que en el templo de Sión. En esta primera parte de su discurso hace ver que la casa del Padre es la gloria en la que El entrará pronto y adonde no pueden seguirle los que aún no hayan vencido la muerte y el pecado (vv.1-3; cf. 2 Cor 5, 1). La casa llega a ser, según esto, una experiencia más: la de "vivir" con el Señor y el Padre (v. 3); no es tanto un lugar como una manera de existir sumergido en la vida divina y en la comunión con el Padre.

b) La imagen de la casa evoca sin esfuerzo alguno la de los caminos que a ella conducen: éxodo que lleva a la Tierra Prometida, peregrinaje que nos pone en el Templo, camino de regreso del destierro. Este tema del camino introduce la idea de la mediación de Cristo. Lo mismo que la estancia del Padre excluye un lugar físico, material, siendo más bien experiencia interna de comunión con El, de igual modo el camino que lleva a esa unión cae fuera de toda localización física, pues es una vivencia íntima en que se confunden autor y receptor de la misma, comunicada por Dios a los hombres (v. 10) mediante la enseñanza de su "verdad" y la comunicación de su "vida" (v. 6). Jesús es verdad porque es la revelación exacta del Padre, inabordable en todos los aspectos. Es vida porque, a partir de Él, puede el hombre participar de la comunión con Dios vivo (Jn 3, 36; 5, 24; 6, 47); y es, sobre todo, camino, porque sus funciones de verdad y vida tienen su realización definitiva dentro de un contexto escatológico cuyo cumplimiento está próximo.

Si tomamos las expresiones del v. 6 desde otro punto de vista, podría decirse que son, al mismo tiempo "descendentes" (verdad y vida) y "ascendentes" (camino); se completan entre sí para evocar la mediación exclusiva del Hombre-Dios. Cristo es el camino por el hecho de haber vivido en Sí mismo la transfiguración, bajo el influjo de la gloria de Dios, de la humanidad fiel, y por haber comunicado esta experiencia a sus hermanos. Es morada de Dios, porque en El y con El la humanidad encuentra al Padre y participa de su vida.

Los temas casa y camino son particularmente esclarecedores en eclesiología. Nos hacen caer en la cuenta de que la Iglesia no es aún la mansión de Dios, pero toma ya parte en el camino que conduce a ella. Aún no conoce realmente a Dios, pero el conocimiento que de El tiene es, sin embargo, verdadero. Ambos temas se completan y se corrigen mutuamente. A los cristianos sensibles a las ideas de estabilidad y perfección, el tema del camino recuerda que la Iglesia es susceptible de continua reforma y está obligada a hacer frecuentes altos en el camino; les recuerda también a los cristianos este tema que la Iglesia no puede -ni debe- conceder un valor absoluto a las culturas y ritos de que se vale para su misión; que no puede dar valor eterno a lo que, en ella, no es más que servicio a los demás y renuncia de sí. Por el contrario, el tema de la mansión recuerda, a los cristianos sensibles a los cambios y agitaciones violentas, que la Iglesia está avocada a la estabilidad y que en el propio seno de las revoluciones late un solo corazón y un alma idéntica a ella misma que le garantiza la presencia de su único e idéntico Señor.

MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA IV - MAROVA MADRID 1969.Pág. 158.


 

9.- Texto. Se halla en las antípodas del texto del domingo pasado. Los interlocutores de Jesús son sus discípulos; la forma no es la discusión sino la conversación: el ambiente no es de enfrentamiento, sino de enseñanza y de aprendizaje; el contexto es la amplia conversación de la cena previa a dejar Jesús este mundo para ir al Padre.

JESUS/PADRE: La palabra Padre es precisamente la palabra más repetida en el texto; doce veces, además de dos referencias y de una mención de Dios. El texto es, pues una conversación sobre el Padre, con quien Jesús va a reunirse pronto. El verbo ir, teniendo al Padre como destino, se menciona cinco veces. La conversación sobre el Padre es más concretamente una conversación sobre el camino para ir al Padre. La palabra camino se repite tres veces. Este camino es Jesús. Yo soy el camino... Nadie va al Padre si no es a través de mí. La frase es una reformulación de la frase del domingo pasado "Yo soy la puerta" y, consiguientemente, una descalificación de la Ley como camino para ir al Padre. Si Jesús es el camino que lleva al Padre, conocer o ver a Jesús equivale a conocer o ver al Padre. Los verbos conocer y ver son otros de los términos importantes del texto: cuatro y tres menciones respectivamente. En este texto ambos verbos vienen a ser sinónimos y no se mueven en el nivel empírico que tenía el verbo ver en el texto del sepulcro del día de Pascua o en el de Tomás del segundo domingo de Pascua. En esta ocasión conocer y ver se refieren al nivel hondo y total; es un conocer y un ver a Jesús en profundidad. Resultado de este conocimiento y de esta visión es la fe en Dios y en Jesús, que aparece enunciada al principio como invitación y programa de vida para el discípulo de Jesús: Creed en Dios y creed también en mí.

La expresión creer en Jesús vuelve a repetirse en el último versículo, esta vez introducida por la fórmula enfática Os lo aseguro, realzando así la importancia de lo que se dice en el versículo: El que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Reaparece el término obra, que nos es familiar desde los domingos de Cuaresma. Se trata de un término del mundo laboral, que designa el trabajo, el esfuerzo de ayudar a las gentes a salir de los sistemas religiosos en la medida en que éstos velen el rostro de Dios y produzcan personas heterónomas e infantiles. Estas son las obras que está llamado a realizar el discípulo de Jesús. Resulta emocionante saber que estas obras pueden exceder en importancia de las del propio Jesús. A modo de resumen para la reflexión: Jesús es el camino para ir al Padre; conocer a Jesús es conocer al Padre; conocerlos es creer en ellos; creer en ellos es realizar las obras que ellos hacen.

Comentario. Creo que fue Goethe quien escribió lo siguiente: Si buscas al infinito, anda tras lo finito en todas direcciones. La invitación tiene un antecedente en este texto de Juan. Si buscas a Dios, anda tras Jesús. El es lo finito de Dios, a la medida de las posibilidades humanas. El, es decir, una persona, no un sistema ni una ley, por muy sacrosantos que sean, y con los que jamás hay posibilidad de encuentro, de diálogo, de conversación, de enriquecimiento personal.

¡Qué hermoso sería, si Dios existiera! La frase se la oía ayer a un joven. Y como yo andaba a vueltas con este texto de Juan, me acordé de esta frase: El que me ve a mí, ve al Padre. Y sentí que Dios existe y es real.

Fue Sócrates quien en la Apología de Platón dice a sus jueces: Voy a aportaros pruebas, que no van a consistir en palabras, sino en algo que vosotros tenéis en mayor estima: obras. El testimonio tiene un seguidor en este texto de Juan: Creedme: Yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. ¡Cuántas palabras, y grandes palabras en lo que llevamos de siglo! El resultado se llama desencanto, repliegue, individualismo. La salida de la crisis pasa sólo ya por las obras. ¡Qué pena que la palabra se haya degradado tanto!

ALBERTO BENITO - DABAR 1990/28.


 

10.- Jesús acaba de decir a sus discípulos que se va, que uno de ellos le traicionará y otro le va a negar tres veces antes de cantar el gallo. Los discípulos están deprimidos por lo que han oído. Y, ahora, Jesús trata de consolarles y levantarles el ánimo. Les pide que confíen en Dios y en él. Lo primero es comprensible, y lo segundo debiera serlo también para aquellos discípulos si han creído lo que claramente les ha dicho Jesús sobre su persona: que "él y el Padre son uno" (10, 30 y 38). Por eso la fe y la confianza en Dios y en Cristo ha de ser la misma (12, 44).

Jesús les infunde una esperanza que debe ayudarles a superar todas las dificultades. Les dice que se reunirá con ellos en la casa del Padre, en donde hay sitio para todos. Si él marcha ahora es para prepararles un sitio. Cuando todo se haya terminado y Jesús haya resucitado de entre los muertos, comprenderán, bajo la luz pascual, que Jesús ha abierto con su muerte las puertas de la gloria y que es así como ha ganado para sus discípulos el derecho de entrar en la casa del Padre.

Los discípulos debieran ya saber a dónde va Jesús, al Padre. Jesús, después de haberles hablado de su propia persona y de su misión, supone también que conocen el camino. Sin embargo, no parece que le hayan entendido muy bien; por lo que Tomás, en nombre de todos, le pregunta adónde va y cuál es el camino del que habla. El mismo es el camino por el que se llega al Padre. En la persona de Jesús, en sus palabras y obras, se hace presente en medio de los hombres el misterio de Dios, se revela el Dios invisible (1, 1 s.; 3, 32; 8, 31 s.; 12, 45). Pero la revelación de Dios en su Hijo encarnado no sólo manifiesta lo que Dios es y quiere ser para los hombres, sino que además da vida a cuantos la aceptan con fe. Por eso Jesús es el Camino para encontrar al Padre, la Verdad en la que Dios se manifiesta y la Vida misma que Dios nos da. De todo esto ya había hablado Jesús a sus discípulos mediante la "comparación" de la puerta que se abre a las ovejas para que tengan vida abundante (10, 9).

Jesús es más que un camino, es el Camino, absolutamente hablando y, por consiguiente, es también Dios, uno con el Padre. De suerte que los discípulos, al conocer a Jesús, conocen ya al Padre. Posiblemente Felipe le pide algo así como una manifestación de Dios ante sus propios ojos, semejante a lo que ha leído en las Escrituras (Ex 24, 10; 33, 18-34, 35; Is 6; Ez 1; etc). Piensa que sólo así saldrá del sentimiento de inseguridad y abandono en el que se encuentra ante la despedida de Jesús.

Jesús le indica que él se mueve todos los días en una relación mucho más inmediata con el Padre de lo que era posible en aquellas manifestaciones y visiones momentáneas, Felipe, como los otros discípulos que le siguen, vive en un trato familiar con Jesús y por lo tanto con el Padre.

Sin embargo, esta visión del Padre no es posible sin la fe. Dios no sólo se manifiesta, sino que también se oculta en la naturaleza humana de Jesús. Es preciso aceptar la fe con todas sus consecuencias para experimentar el gozo de esta comunicación con Dios en Cristo y por Cristo. Las palabras y las obras de Jesús son el testimonio en el que se funda esa fe, pues son también palabras y obras del Padre.

EUCARISTÍA 1981/24.


 

11.- Contexto. El evangelio de hoy se enmarca en la situación motivada por la marcha de Judas (Jn. 13, 30). Esta marcha expresa simbólicamente la muerte de Jesús cfr. Jn. 13, 31. La muerte como glorificación; recuérdese lo escrito el quinto domingo de cuaresma comentando el relato de la resurrección de Lázaro). Leída, pues, a nivel de significado (lectura de Juan), la marcha de Judas enfrenta a los discípulos (=los cristianos) con una situación nueva, derivada de la desaparición de Jesús (cfr. Jn. 13, 33). ¿Qué será de los discípulos en esta situación? ¿Cuál es su función? A estas preguntas responde el evangelio de hoy, que ha sido acertadamente calificado como "exhortación ante la desaparición del Maestro" (M. J. Lagrange).

Texto y sentido. Doble ruego de Jesús a sus discípulos (v. 1) y fundamentación del mismo (vs. 2-11). La fórmula solemne del versículo 12 introduce una nueva perspectiva, centrada en el papel de los discípulos como continuadores de la obra de Jesús. El esquema formal nos lleva a distinguir, pues, dos partes. Pero este modo de hablar resulta tremendamente pobre e inexacto, dada la situación crítica que viven los personajes. Por eso, más que de partes hay que hablar de vivencias.

Versículos 1-11 o invitación al consuelo y a la confianza. Estos versículos sólo los podrá "entender" quien haya vivido la experiencia del desconsuelo y del abandono por la pérdida de un ser querido. Esta experiencia constituye el presupuesto hermenéutico necesario para captar el sentido de este texto.

Ante el desconsuelo que su muerte desencadena en los discípulos (v. 1a), Jesús les habla de un reencuentro en la casa del Padre, de un volverse a ver, de un camino que lleva a ese reencuentro (vs. 2-4). A la hora de interpelar los vs. 2-4 hay que evitar el peligro de la racionalización. Racionalizar o de estancias diferenciadas. Otro ejemplo: preguntarse cuándo tiene lugar la vuelta de Jesús (manifestación solemne de la Parusía; cuando uno muere). El v. 3 no dice nada de esto; simplemente está usando unas imágenes, poniendo una comparación. Todo, para decir lo único que en una situación así importa: me voy, pero nos volveremos a ver.

El segundo ruego de Jesús es una invitación a la confianza, a fiarse del Padre y de El (v. 1b). El desarrollo-justificación de este ruego se realiza en forma de preguntas y respuestas (vs.5-11). Las preguntas de los discípulos aferran la dificultad que, en última instancia, una tal invitación plantea: ¿Cómo saber que podemos tener confianza?, ¿Dónde está la base segura y la fuerza motora de esa confianza? Frente a la mística gnóstica contemporánea, preocupada por conocer la vía de la inmortalidad, el itinerario a seguir en el otro mundo a través de las esferas celestes, Juan propone la mística realística de Jesús: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". El que cree en Jesús no tiene necesidad de ninguna otra gnosis o doctrina de salvación; está ya seguro de llegar a la meta y ya la está tocando desde ahora. Se trata, como se ve, de la misma idea del domingo anterior ("Yo soy la puerta"), pero desarrollada desde símbolos distintos. Puerta y camino son metáforas; verdad y vida son experiencias humanas.

Jesús es además el que revela al Padre. El nos ofrece la garantía absoluta de que Dios existe y de que es Padre. ¡Precisamente la garantía que como humanos necesitamos!. Versículo 12. A la invitación al consuelo y a la confianza sigue ahora la invitación a la acción. En ausencia de Jesús, los discípulos deben desempeñar entre los hombres el mismo papel que Jesús ha desempeñado entre ellos. La fe de los discípulos no es un término, sino un punto de partida. Y un punto de partida con unas repercusiones mayores que las de Jesús, porque la actuación de los discípulos no estará limitada al estrecho marco judío, como fue el caso de Jesús. Los discípulos deberán ser para los demás hombres testimonio de consuelo y testimonio de confianza en el Padre y en Jesús; deberán ofrecer la garantía de que Dios existe y de que es Padre. ¡Precisamente la garantía que como humanos están necesitando!.

DABAR 1978/27.


 

12- . FE/CREER-J:

Según la concepción veterotestamentaria y judía, la fe es un apoyarse del hombre en el fundamento vital divino, que le confiere vida y existencia; un entregarse sin reservas y confiado en la promesa, bondad y lealtad de Dios. Justamente en este sentido no es posible creer en todo. Más aún no se puede creer absolutamente en nada del mundo, sino sólo en Dios, porque solo él responde al anhelo de una fidelidad incondicional. En Juan el concepto "creer" tiene ya detrás de sí una historia cristiana, y ha experimentado por lo mismo una ampliación importante. Ahora la fe no se dirige tan sólo a Dios, sino también a la persona de Jesús. Para el cristianismo primitivo Jesucristo está tan estrechamente vinculado a Dios que él mismo se ha convertido en el "objeto de la fe". La fe en Dios aparece mediatizada por Jesús; es Jesús quien ha pasado a ser el fiador de la fe. Y, a la inversa, la fe en Dios se ha hecho fundamento de la fe en Jesús, de tal modo que, según Juan, fe en Dios y fe en Jesús constituyen una unidad indestructible.

Jn/14/02: "El que quiera servirme que me siga; y donde yo esté, allí estará también mi servidor" (12,26). Ahora bien, el camino que Jesús recorre es el camino del Hijo del hombre, que, a través del mundo, pasando por la cruz y resurrección, conduce hasta el Padre. Justamente ese camino es el que ahora se impone como obligatorio también para los discípulos; pues, pertenecer a Jesús equivale a estar con él, por fe y amor, en una especie de comunidad de destino. En la casa de Dios, del Padre, hay "muchas moradas". O, formulado de una manera abstracta: en Dios encontrará cada uno su plena posibilidad de amor, la felicidad eterna acomodada a su propia capacidad; nadie tiene, pues, que preocuparse de que no vaya a haber para él ninguna posibilidad, ninguna consumación. Como quiera que sea, allí ya no imperará ninguna "necesidad de vivienda". La partida de Jesús -así lo ve Juan- tiene el significado de que él es en cierto modo el aposentador celestial que prepara la vivienda a sus amigos. Con ello, sin embargo, va aneja la idea de que para los hombres no hay otra posibilidad de llegar a Dios si no es por Jesús, que nos lo revela. Su camino es el camino modélico del hombre hasta Dios. (...)

Jesucristo representa la respuesta definitiva a la cuestión planteada en los símbolos religiosos; es el cumplimiento del anhelo religioso de la humanidad, tanto por lo que respecta a la esperanza judía de salvación como al anhelo religioso de los gentiles. En Jesús se encarnan los valores e ideales supremos de la vida. En las metáforas aflora una y otra vez como concepto fundamental la idea de vida, de vida eterna. Jesús es el revelador que comunica al hombre la verdadera y eterna vida divina.

J/SALVADOR-UNICO: De ahí deriva una doble relación. Ante todo, la de que Jesús de Nazaret, como personaje humano e histórico, es el revelador de Dios y el portador escatológico de la salvación; ése es el supuesto básico del mensaje soteriológico de Juan, como de todo el cristianismo primitivo. Eso significa, por una parte, que desde ese fundamento se contemplan críticamente todas las demás expectativas de salvación sin que puedan asegurar la salvación que prometen. Por otra parte, sin embargo, aflora una visión positiva de las religiones, que se puede formular poco más o menos así: con sus diversas formas de interpretar la existencia, las religiones son la expresión más profunda y vigorosa del deseo humano de salvación. Ese anhelo de salvación, el afán religioso no es una ilusión, sino una verdad humana existencial, que cada uno puede experimentar en sí mismo. En Jesucristo y en el Dios del amor universal a los hombres, al que Jesús llama Padre suyo, encuentra ese anhelo su consumación insuperable. Lo que se dice explícitamente del Antiguo Testamento, a saber, que ha de entenderse como una promesa de Cristo, cabe decirlo también analógicamente de todas las religiones. En la fe cristiana están sublimadas las religiones en el doble sentido hegeliano de la palabra: en ella se realizan y consuman.

JESUS/CAMINO: El hombre -y así lo hemos dicho en conexión con el versículo 5 -pregunta por el camino, el camino de la vida o el camino de la salvación, y consiguientemente por el sentido y finalidad de su propia existencia. Las religiones intentan, por su parte, dar una respuesta a esa pregunta acerca del camino. Aquí dice Jesús de sí mismo: Yo soy el camino. Lo cual significa de primeras, frente a todos los otros caminos, que Jesús personalmente es el camino salvífico del hombre hacia Dios, al lado del cual para la fe no cuentan para nada ni el camino soteriológico judío de la piedad nomista (la tora) ni el gnóstico de un conocimiento puramente interno de la salvación.

Pero la palabra dice aún más. Y así lo expresa R. Bultmann: "Al designarse Jesús a sí mismo como el camino, queda claro: 1. que para los discípulos las cosas discurren de distinto modo que para él; Jesús no necesita para sí ningún camino en el sentido que lo precisan los discípulos; más bien es él el camino para ellos; 2. que camino y meta no pueden separarse en el sentido que lo hace el pensamiento mitológico". En el encuentro con el revelador Jesús está la salvación del hombre. Respecto de Jesús el concepto "camino" abraza toda su historia, es decir, su actividad terrestre, su muerte y resurrección. Y todavía un paso más: su camino desde la preexistencia celeste hasta el mundo y de nuevo su retorno al Padre, su venida desde Dios y su ida a él. El hombre tiene ya un camino hacia Dios, porque en Jesús es Dios quien personalmente ha venido hasta el hombre, abriéndole así el camino. Con la revelación de Dios en Jesús queda resuelto el problema del hombre acerca del camino.

Simultáneamente late ahí también una referencia a la fe: si Jesús en persona es el camino, también la fe en cuanto respuesta humana a la revelación hay que entenderla ya como camino. La fe es asimismo algo vivo y dinámico, un movimiento que se adueña de la vida del hombre y la convierte en una "marcha" permanentemente. Ahí entra ciertamente la vinculación con Jesús, así como el buscarle de continuo. Su persona no resulta jamás superflua para la orientación de la fe, nunca queda superada.

JESUS/VERDAD: Para nosotros no es tan fácil de comprender que Jesús se designe a sí mismo como la verdad; no, desde luego, porque nosotros hayamos ligado al concepto "verdad" unas representaciones muy distintas. Así, por ejemplo, se entiende como verdad (1) el que uno diga lo que piensa y quiere, la armonía entre pensamiento, propósito y lenguaje, en oposición al engaño o mentira. O bien (2) la concordancia de una idea o afirmación, o bien de una doctrina, con la realidad, en oposición al error. Hoy es frecuente sobre todo (3) entender la verdad como introducción a la práctica recta; y, finalmente (4), se entiende a menudo verdad en el sentido de que una afirmación o teoría responda a las reglas de la razón, de la lógica o de los métodos científicos. La verdad del presente texto no se deja encasillar en ninguna de las concepciones mentadas; buena prueba de que la idea de verdad es aquí distinta de la que emplean el lenguaje cotidiano y la ciencia. No se trata, por consiguiente, de que Jesús haya dicho la verdad, ni de que en él concuerden pensamiento y lenguaje, o incluso lenguaje y obrar, de que jamás haya mentido. Aquí se trata ciertamente de la radical búsqueda humana de la verdad como experiencia de sentido y certeza. En esa dirección fundamental podría apuntar la afirmación joánica.

Al tiempo hay que pensar también especialmente en la idea veterotestamentaria de la verdad (heb. emet). El término hebreo emet en sentido teológico expresa la absoluta fidelidad de Dios en su obrar, en su revelación y en sus mandamientos. Verdad significa la credibilidad absoluta de Dios frente al hombre, de tal modo que éste puede confiar incondicional- mente en la palabra de Dios, en su promesa y lealtad. De esa fiabilidad, lealtad y verdad de Dios puede vivir el hombre; ahí adquiere la constancia y firmeza básica para su vida. El hombre, que se confía a la palabra y revelación de Dios y que cuenta con ella totalmente en la práctica, en cuanto que obra la verdad con fe, participará en la verdad de Dios. En esa concepción de la verdad, la visión y el obrar (teoría y práctica), conocimiento y experiencia, están en íntima relación.

Ahora bien, la afirmación central del evangelio de Juan está en que esa verdad de Dios sale al encuentro del hombre en Jesús; con él han venido la gracia y la verdad (1,17). Esa verdad que sale al encuentro, que es objeto de experiencia y que habla, es la que hace al hombre libre: "Si vosotros permanecéis en mi palabra, sois verdaderamente discípulos míos: conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (/Jn/08/31). En contacto con Jesús y su mensaje el hombre encuentra la verdad y realidad liberadora de Dios: experimenta la verdad en Jesús como salvación y como amor; puede ser de la verdad. Cierto que esa verdad nunca se convierte en posesión disponible. Lo decisivo para la fe es que la verdad liberadora sólo se experimenta en el encuentro con Jesús y su palabra; tiene que ser otorgada al hombre. Pero en Jesús se nos da de hecho y de forma permanente. De ahí que hable el deseo humano de la suprema verdad y sentido de una manera insuperable. 

JESUS/VIDA: Finalmente, por lo que hace al concepto de vida, es difícil agotar el contenido transcendental de esa palabra en el marco de la teología joánica. En conexión con el pensamiento veterotestamentario y judío la vida (o la vida eterna) se convierte en palabra clave para la salvación; es decir, para todo aquello que la revelación tiene que ofrecer al hombre. Si en la tradición sinóptica esa palabra clave para la salvación es el concepto "reino de Dios", en Juan lo es la palabra "vida". Para una comprensión adecuada de la importancia que tiene esa palabra podemos recurrir al concepto moderno "calidad de vida". Según ese concepto, lo que le interesa al hombre no es simplemente un mínimo existencial, como es el disponer de alimento, vestido y vivienda, sino que para una vida humana plena hay otras cosas, como la participación en un cierto nivel de vida o en los bienes de la cultura. La fe dice que ni siquiera eso basta, sino que la vida humana sólo alcanza su plena consumación en la comunión con Dios. Podemos calificar esa concepción como una calidad de vida escatológica. Justamente eso es lo que preocupa al cuarto evangelista: la lejanía de Dios, como ausencia de sentido, de felicidad y alegría es lo que constituye el problema más grave y la auténtica enajenación de nuestra vida; mientras que la vida verdadera, como podría ofrecerla la revelación, consiste en que por Jesús se nos brinda la comunión divina. Jesús, el Hijo del hombre, es el donador de vida escatológica. Por él ha sido dada aquella posibilidad de vida, que supera toda otra calidad. FE/INICIO/VE:

En Juan se suma como elemento decisivo el que esa vida eterna no se entienda sólo como algo futuro que sólo se nos otorgará en el futuro lejano o después de la muerte, sino que la fe es el comienzo de esa vida eterna. Con la fe el hombre alcanza ya, aquí y ahora, una nueva calidad de vida escatológica. La fe es el paso decisivo "de la muerte a la vida", porque es la participación del hombre en la comunión divina que se le ha abierto por Jesús (cf. al respecto 1Jn/01/01-04).

Dícele Felipe: "Señor, muéstranos al Padre..." Objetivamente la súplica formula el deseo de una contemplación de Dios. En ese deseo de contemplar directamente la divinidad en toda su plenitud, se condensa la quintaesencia de todo anhelo religioso, el anhelo de que en el encuentro con Dios se nos abra el sentido del universo. Pese a toda la diversidad de sus respuestas, las religiones son las formas expresivas de un sentido último definitivo y que ya no puede superarse. También la Biblia conoce ese deseo del hombre de contemplar a Dios, pero alude una y otra vez a sus limitaciones. A Moisés, que dirige a Yahveh la súplica "Déjame contemplar tu gloria", se le da la respuesta: "No puedes contemplar mi rostro, pues ningún hombre que me ve puede seguir viviendo." Lo más que puede otorgársele es que pueda contemplar "las espaldas" de la gloria divina, pero nada más (cf. Ex 34,18-23). También el evangelio de Juan mantiene esta concepción de que ningún hombre ha visto a Dios ni puede verle (1,18; 6,46; cf. 1Jn 4,12). Ese principio de la invisibilidad de Dios por el hombre constituye precisamente un supuesto básico de la teología joánica de la revelación. Ciertamente que al hablar de Dios se tiene a menudo la impresión de que ese principio básico ha quedado en el olvido, pues de otro modo nos encontraríamos hombres con mayor inteligencia que no se contentan con la fe en Dios.

Según la concepción bíblica Dios se muestra sobre todo al "oyente de la palabra". La respuesta de Jesús se mantiene exactamente en ese cuadro. El reproche "Llevo tanto tiempo con vosotros, ¿y no me has conocido, Felipe?", remite al lector una vez más al trato con el Jesús histórico. Conocer a Jesús equivale justamente a reconocerle como el revelador de Dios. Sobre Jesús se pueden decir muchas cosas. Cuando no se ha encontrado ese punto decisivo, es que aún no se ha dado con el lugar justo para hablar de Jesús, por seguir moviéndose siempre en preliminares y cuestiones acusatorias. Todo trato con Jesús, el teológico y el piadoso, así como el trato mundano con él, debe siempre plantearse esta cuestión.

Ahora el lado positivo: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre". En el encuentro con Jesús encuentra su objetivo la búsqueda de Dios. Pues ése es el sentido de la fe en Jesús: que en él se halla el misterio de lo que llamamos Dios. Por lo demás, el "ver a Jesús", de que aquí se trata, no es una visión física, sino la visión creyente. La fe tiene su propia manera de ver, en que siempre debe ejercitarse de nuevo. Pero lo que en definitiva llega a ver la fe en Jesús es la presencia de Dios en este revelador. Y es evidente que, así las cosas, huelga la súplica de "¡Muéstranos al Padre"!.

Se da ahora la razón de por qué la fe en Jesús puede ver al Padre: "¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí?" Hallamos aquí una forma de lenguaje típica de Juan (fórmula de inmanencia recíproca), para indicar que Jesús está "en el Padre" y que el Padre está "en Jesús". En esa fórmula, que no debe interpretarse mal como una concepción espacial, se manifiesta la íntima relación y comunión entre Dios y Jesús. Que Jesús "está en el Padre" quiere decir que está condicionado en su existencia y en su obrar por Dios, a quien él entiende como su Padre; y, a la inversa, que Dios se revela a través de la obra Jesús, hasta el punto de que "en Jesús" se hace presente. Se comprende que la verdad de esta afirmación sólo se manifiesta en la fe, y no en una especulación sobre Dios que pueda separarse de la fe. Y que la fe pone al hombre en una relación viva con Jesús y, justamente por ello, en una relación viva con Dios, asegurando una participación en la comunión divina. (...)

FE/SENTIDO: A la fe le incumbe siempre un problema de sentido, no la cuestión del éxito externo o del progreso. Pero si se dejase arrastrar hasta ahí, volvería a estar en posición de poder alcanzar una nueva certeza. Ese sentido no es posible demostrárselo a nadie; lo que sí se puede es vivir del mismo y testificarlo vitalmente, y eso es lo que importa, en definitiva.

MAS-ALLA/MU: Sobre los v. 2-4: Con ello quedaría también aclarado el problema del "más allá". Juan responde de forma breve y rotunda a esta cuestión, inquietante para muchos hombres: quien se orienta según Jesús y en él ha encontrado la salvación, no tiene ya en definitiva por qué seguir cavilando acerca del "más allá", acerca de las "moradas" del cielo. A las preguntas de ¿qué ocurre después de la muerte?, ¿concluye todo con la muerte?, Juan da la respuesta siguiente: la realidad del Dios del amor es mayor. Quien durante esta vida confía en Dios, puede y debe mantener esa confianza. No caerá en el vacío. Dios es el amor que abraza a todos los hombres, todos los tiempos y la historia toda; y, por ende, también nuestra pequeña vida que alcanza su verdadero significado sobre el trasfondo de ese amor. Todos los caminos del hombre acaban por desembocar ahí. Con esa idea se puede vivir y morir. Tal vez sea importante decir que ¡con eso solo se puede vivir! No es necesaria ninguna otra respuesta, ni se necesita tampoco ninguna "geografía del más allá".

EL NT Y SU MENSAJE - EL EVANG. SEGUN S. JUAN, 4-2 - HERDER BARCELONA 1979.Pág. 71ss.


 

13.- Jesús empieza a despedirse de sus discípulos, pero ¡qué diferencia y qué distancia! Las palabras de Jesús son tan bellas, tan profundas, que los discípulos no se enteran. Sus preguntas manifiestan la diferencia de niveles en que se encuentran. Jesús empieza la despedida tratando de animarles. «No perdáis la calma». Una palabra que no pierde actualidad y que nos ayuda a nosotros en tantas y tantas ocasiones. Después les promete que no les dejará solos, que se acordará siempre de ellos, que algún día volverán a estar todos juntos. Pero ¿dónde? Las respuestas de Jesús alcanzan una significación admirable que nunca nos cansaremos de meditar. Nos revelan el misterio personal de Jesús, su unión íntima con el Padre y su misión salvadora para el hombre.

CARITAS - RIOS DEL CORAZON - CUARESMA Y PASCUA 1993. Pág. 241


 

 

DOMINGO 5 DE PASCUA

La Pascua sigue creciendo

Los domingos 5'y 6° de Pascua (y, allí donde la Ascensión no se celebra en domingo, también e17°), escuchamos en el evangelio, distribuidas en los tres ciclos, palabras de Jesús en su Cena de despedida, dándoles a sus discípulos consignas para cuando él falte. Se acerca la Ascensión, su "despedida".

Hoy escuchamos su afirmación: "yo soy el Camino y la Verdad y la Vida". También en la carta de Pedro nos encontramos con otra gran convicción teológica y pastoral: la comunidad cristiana es un pueblo sacerdotal, un templo vivo en el Espíritu. Y la página de los Hechos nos presenta otro factor importante en este crecimiento pascual de la comunidad: los minis­tros ordenados. Las tres realidades básicas: Cristo, la comunidad sacerdotal y los ministros de la comunidad. Son elementos que nos ayudan a vivir gozosamente la Pascua.

Han transcurrido ya cuatro semanas de Pascua y hoy inauguramos la quinta. Las lecturas bíblicas nos van ayudando a entrar cada vez con mayor fuerza en la vida nueva del Resucitado y las consecuencias que tiene para la comu­nidad cristiana. No debemos cansarnos de celebrar nuestra fiesta principal, que dura siete semanas: nuestra fe cristiana es fundamentalmente alegría y visión optimista.

Ya en dirección a Pentecostés, a muchos les ayudará también el recuerdo de la Virgen María, en el mes de mayo. En efecto, ella es el mejor modelo que podemos tener para sumarnos a la Pascua de Jesús, ella, que la vivió muy de cerca y se dejó llenar otra vez en plenitud del Espíritu, junto con la comunidad.

Hechos 6, 1-7. Eligieron a siete hombres llenos de espíritu

Todo colectivo humano sabe de conflictos y desavenencias. En la comunidad de Jerusalén se creó una seria tensión entre los de lengua hebrea y los de lengua griega, procedentes estos de la diáspora romana y helénica, y que también como judíos tenían en Jerusalén sinagogas propias. Los de lengua griega se quejaban de que en la distribución benéfica que se hacía en la comunidad a los pobres, las viudas de su grupo no recibían el mismo trato que las del grupo más autóctono.

Se establece sin tardar un diálogo comunitario, y se resuelve la situación, creando siete "diáconos" específicos para los del grupo helénico. El resultado es el que Dios persigue, a pesar de las debilidades humanas: "la Palabra de Dios iba cundiendo y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos". Esos diáconos de lengua griega, por cierto, tendrán un papel importante en el desarrollo de la comunidad.

El salmo es de alabanza: "aclamad, justos, al Señor", y de confianza en ese Dios que va guiando a su comunidad: "que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti... los ojos del Señor están puestos en sus fieles...".

 

1 Pedro 2, 4-9. Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real

Si es verdad lo que dicen los entendidos de que esta carta atribuida a Pedro es como una larga catequesis bautismal, se explica mejor que el pasaje de hoy afirme de la comunidad de los bautizados que son "raza elegida, sacerdocio real, nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios".

También compara simbólicamente al pueblo de Dios a un templo construido con piedras vivas -cada uno de los cristianos-, sobre el cimiento o piedra angular que es Cristo, para construir el Templo del Espíritu.

 

Juan 14, 1-12. Yo soy el camino, y la verdad y la vida

Empezamos a leer los capítulos que Juan dedica a la última Cena de Jesús con los suyos. Hoy escuchamos unas revelaciones de Jesús sobre su relación con el Padre: "quien me ve a mí, ha visto al Padre", "yo estoy en el Padre y el Padre en mí". De alguna manera anuncia ya su Ascensión: "yo me voy al Padre... me voy a prepararos sitio".

Pero la afirmación central es "yo soy el camino y la verdad y la vida".

 

Cristo, centro de nuestra Pascua

Cristo Resucitado sigue siendo el centro de nuestra fiesta. Hoy, por ejemplo, con el símbolo de la "piedra angular" que había sido desechada por los hom­bres, pero que resultó ser, como ha dicho la carta de Pedro, "piedra escogida y preciosa ante Dios: el que cree en ella, no quedará defraudado".

Sobre todo, en el evangelio se nos motiva la razón de ser de nuestra fe y de nuestra alegría: "yo soy el camino y la verdad y la vida". Si el domingo pasado Jesús se presentaba a sí mismo como el Pastor y como la Puerta, hoy hace tres afirmaciones a cual más expresivas de su identidad: a) "yo soy el Camino": si él es la Puerta de acceso a Dios, hoy emplea una comparación semejante, la del camino; b) "yo soy la Verdad": no sólo es el Maestro o Profeta enviado por Dios, sino que él "es" la Verdad misma, la Palabra viviente que Dios dirige a la humanidad de una vez para siempre; y c) "yo soy la Vida": no sólo resucita muertos y cura enfermos: él "es" la Vida misma. Difícilmente se puede expresar mejor la centralidad de Cristo Jesús para nuestras vidas.

 

Una comunidad sacerdotal

La comunidad cristiana, la que cree en Cristo Jesús y se ha reunido en torno a él, es "raza elegida, sacerdocio real, nación consagrada, un pueblo adqui­rido por Dios". Es un pueblo sacerdotal, o sea, mediador, evangelizador, misionero, constructor de un mundo nuevo.

Este sacerdocio-mediación-que el pueblo cristiano tiene como participación en el único sacerdocio de Cristo, se ejerce en dos direcciones. Una, hacia Dios, ofreciéndole nuestras alabanzas y sacrificios: "para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo". Y otra hacia los hombres, con el encargo misionero de la evangelización, del anuncio a todos de la buena nueva de Dios: "para proclamar las hazañas del que nos llamó a salir de la tiniebla".

Este pasaje de la carta de Pedro sobre el sacerdocio bautismal de los cristianos es el que más se cita para motivar el sacerdocio bautismal de los cristianos. Así lo hace el Concilio en la constitución Lumen Gentium (LG 9-11), donde se desarrolla ampliamente esta dignidad y esta misión sacerdotal de todo el pueblo cristiano. O el Misal, cuando, por ejemplo, motiva el que los que participan en la Eucaristía eleven a Dios su "oración universal", la "oración de los fieles", "ejerciendo su sacerdocio bautismal".

Precisamente en este tiempo de Pascua en que muchos reciben el Bautismo, y otros participan por primera vez plenamente de la mesa eucarística de la comunidad, o reciben el Sacramento del don del Espíritu, la Confirmación, es bueno recordar que la comunidad del Señor se les debe presentar a ellos -a las generaciones jóvenes- como una comunidad viva, llena de fe, sacer­dotal, animada por el Espíritu, que canta alabanzas a Dios y participa de los sacramentos, pero que también da testimonio de su fe en la vida. Es una comunidad creyente, celebrante y misionera. A la vez que es una comunidad siempre en construcción, siendo cada uno de nosotros "piedras vivas" en ese edificio que es la Iglesia de Dios, basada en la piedra angular que es Cristo, y animada por los ministros ordenados.

Ojalá se pudiera decir de la comunidad cristiana lo que dijo de sí Jesús: "el que me ve a mí, ha visto al Padre". ¿Podría atreverse a afirmar una comu­nidad cristiana: "el que me ve a mí, ha visto a Cristo"?.

 

Cuando surgen las tensiones

Ahora bien, por buena que sea una comunidad, no es nada extraño que en su vida haya momentos de tensión. Tenemos que ver las cosas con los pies en el suelo. Pascua es fiesta, pero también tarea, camino, misión, lucha.

En la vida de la primera comunidad, y a pesar del idílico cuadro que Lucas nos había dibujado en el primero de sus "sumarios" (y que leíamos el domingo 2° de Pascua), empiezan a surgir dificultades. En Jerusalén algunos judíos procedentes del helenismo se convirtieron al cristianismo, y formaban un grupo étnico y lingüístico bastante diferente, con lengua y sensibilidad propia, aún dentro de la fe cristiana. La lengua no es sólo una gramática y un voca­bulario: es reflejo de una cultura y de una formación. La fe en Cristo puede unir a todos, pero la sensibilidad no cambia fácilmente. Estos cristianos de lengua griega se quejaron de que no se les respetaban los mismos derechos y modos de beneficencia que a los de lengua hebrea.

La comunidad de Jerusalén nos da aquí -y lo hará más adelante con el con­flicto de la admisión apersonas procedentes del paganismo- un buen ejemplo de serenidad y diálogo. Los apóstoles escuchan las quejas y establecen en seguida un diálogo, llegando a un acuerdo: nombrar a siete diáconos, todos de nombre griego, presentados por la comunidad. Se llega, por tanto, tam­bién a una descentralización y una nueva distribución de responsabilidades dentro de la Iglesia.

A lo largo de la historia van apareciendo continuamente situaciones nuevas, y ya desde muy pronto, como vemos. A veces es por el número creciente de los cristianos, o por el carácter heterogéneo de la composición de sus grupos, o por las tensiones que se crean desde dentro, además de las per­secuciones externas.

Hoy, la venida de numerosos inmigrantes de otras regiones del propio país o de otras naciones más o menos lejanas y diferentes en lengua, cultura y religión, hace que la convivencia, incluso dentro de la comunidad cris­tiana, sea más complicada que antes. Todos compartimos la misma fe, pero pueden surgir problemas de sensibilidad no pequeños. En todas partes hay el peligro de la discriminación, por motivos de edad o lengua, de formación o procedencia, entre jóvenes y mayores, hombres y mujeres, religiosos y laicos, nativos e inmigrantes.

La página de hoy nos interpela. No hay que asustarse por la existencia de problemas, pero hay que saber resolverlos. Las tensiones que surgen no se resuelven ignorándolas, o adoptando posturas crispadas, sino dialogando. También en el ámbito eclesial tiene que funcionar lo de que "tos hombres hablando se entienden".

También entre nosotros, si adoptamos un talante de tolerancia y de diálogo constructivo, sucederá como en la comunidad primera: "la Palabra de Dios iba cundiendo y crecía el número de discípulos". La unidad fraterna es la que posibilita el trabajo misionero. El signo que hace más creíble lo que se predica, es la caridad: la caridad hacia dentro y hacia fuera.

 

Los ministros, al servicio de la comunidad

Un factor que ayuda a que las comunidades cristianas vivan su misión con más eficacia es, según la primera lectura de hoy, la presencia en ellas de los ministros ordenados.

Esos ministros son fieles que, además de estar bautizados y confirmados por el Espíritu, como los demás, han recibido otro sacramento, el del Orden, que les confiere la gracia de configurarse más explícitamente a Cristo Buen Pastor, para bien de la comunidad. Son los diáconos, los presbíteros y los obispos que, haciendo las veces de Cristo en medio de la comunidad, rea­lizan con toda su buena voluntad el ministerio de la palabra, de la oración, del servicio fraterna y de la autoridad.

En el caso que leemos hoy, se trata de los diáconos (en griego, "servido­res"), elegidos entre "los hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría".

De esos diáconos, destacan en los siguientes capítulos de los Hechos dos: Felipe, el que evangelizó Samaría y tuvo el encuentro con el eunuco de Candace; y Esteban, que asombró e irritó a las autoridades con su valiente predicación y sus maravillosos signos y se convirtió en el primer mártir de la comunidad eclesial.

En Jerusalén se pensó en una división de responsabilidades: los apóstoles se dedicarán a la oración y a la predicación, mientras que los diáconos se cuidarán de "las mesas", de la distribución de la beneficencia en la comu­nidad. Aunque en seguida notamos que esta división no fue tan inflexible, porque vemos pronto a diáconos como Felipe y Esteban predicando y bau­tizando. Los diáconos se convirtieron, por tanto, en eficaces auxiliares de los apóstoles en la dirección de las comunidades.

En las nuestras hay también otros ministerios o servicios que no requieren necesariamente el sacramento del Orden, sino que los realizan los laicos: los catequistas, los educadores, los padres de familia, los encargados de la pastoral de los enfermos, de los ancianos o de los niños, los que animan las iniciativas de caridad y las celebraciones litúrgicas de la comunidad...

 

La Iglesia vive de la Eucaristía

Este fue el título de la encíclica de Juan Pablo II sobre la Eucaristía, en la Pascua del 2003.

Todos los aspectos que las lecturas de hoy nos proponen parecen como resumidos y fotografiados en nuestra celebración eucarística.

En ella es cuando mejor se experimenta que el Resucitado sigue presente para nosotros como Maestro y Alimento. En ella se ve a la comunidad reunida, comunidad sacerdotal, abierta a la Palabra, que alaba a Dios, intercede por todo el mundo y participa en la Mesa eucarística que le da fuerza para su vida de testimonio. También se ve el papel de los ministros ordenados, miembros de esa misma comunidad, con el ministerio adicional de ayudar a los demás, de dirigir su oración y su vida, como signos visibles de Cristo Buen Pastor. Y los ministerios de otras personas que ayudan, como lectores, cantores, monitores, sacristanes, etc., a que la comunidad cristiana pueda celebrar mejor la Eucaristía. Y así pueda decirse en verdad que "la Iglesia vive de la Eucaristía".

LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)

 


PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO V DE PASCUA CICLO A 2026

 

DOMINGO V DE PASCUA (03 DE MAYO)

 

 

01.- CON ALEGRIA EN EL CORAZON

F              C7     F7

CON ALEGRÍA EN EL CORAZÓN

   BB       F       C7

QUEREMOS CANTARTE SEÑOR;

 F                 C7        F7

CON ESPERANZA, CON FE Y CON AMOR

   BB       F         C7    F

QUEREMOS LLEGAR A TU MESA SEÑOR.

 

   F

1.- Con alegría de amistad compartida

   G7    C7

en una comida

BB       F                       C7

con esperanza de escuchar tu palabra

            F

que da la vida.

 

 

2.- Con alegría de fiesta de hermanos

en la Eucaristía;

Con la fe y el amor que exige el juntarnos

en tu comida.

 

3.- Con alegría los primeros cristianos

su amor compartían;

Con esperanza seguiremos sus huellas

y ejemplo de vida.

 

02.- ALREDEDOR DE TU MESA

ALREDEDOR DE TU MESA,

VENIMOS A RECORDAR (2)

QUE TU PALABRA ES CAMINO

TU CUERPO FRATERNIDAD (2).

 

Hemos venido a tu mesa

a renovar el misterio de tu amor

con nuestras manos manchadas

arrepentidos buscamos tu perdón.

 

Juntos y a veces sin vernos,

celebramos tu presencia sin sentir

que se interrumpe el camino,

si no vamos como hermanos hacia ti.

03.- ALELUYA EL SEÑOR ES NUESTRO REY (Miguel Manzano)

DO  FA SI7 Mim

ALELUYA, ALELUYA,

      DO FA           RE SOL

EL SEÑOR ES NUESTRO REY.

DO  FA SI7 Mim

ALELUYA, ALELUYA,

      DO FA   SOL7 DO

EL SEÑOR ES NUESTRO REY. (2)

 

DO                        SOL7  DO

1.- Cantad al Señor un cántico nuevo

          FA   DO      RE  SOL

porque ha hecho maravillas;

    DO              MI      LA-FA

su diestra le ha dado la victoria,

    RE    SOL DO

su Santo Brazo.

 

2.- El Señor da a conocer su victoria,

revela a las naciones su justicia:

se acordó de su misericordia y su fidelidad

en favor de la casa de Israel.

 

3.- Los confines de la tierra han contemplado

la victoria de nuestro Dios.

Aclama al Señor, tierra entera;

gritad, vitoread, tocad:

 

4.- tañed la cítara para el Señor,

suenen los instrumentos:

con clarines y al son de trompetas,

aclamad al Rey y Señor.

 

Regirá el orbe con justicia

y los pueblos con rectitud.

 

04.- RECIBE SEÑOR

Te ofrecemos, Señor, este pan

es el signo de nuestra libertad.

Te ofrecemos, Señor, este vino

que la vid y el trabajo nos dan.

 

RECIBE, SEÑOR, NUESTRAS VIDAS.

RECIBE, SEÑOR, NUESTRO AMOR.

MANOS FUERTES DE UN MUNDO MEJOR. (2)

 

Te ofrecemos, Señor, nuestras manos

y el deseo de amar y trabajar,

por un mundo más justo y humano,

donde habite la fraternidad.

 

05.- ACEPTA SEÑOR EL VINO Y EL PAN (Joaquin Madurga)

FA               SIb      DO7

ACEPTA SEÑOR EL VINO Y EL PAN

             FA        SOLm          FA

CON ELLOS TRAEMOS TU OFRENDA A TU ALTAR

 

  FA                                DO7

1.- Sobre tu altar Señor va nuestra ofrenda

                         FA

el abrazo sincero al hermano

       DO7               FA

perdonándonos nuestras ofensas.

 

2.- Sobre el Altar, Señor, va nuestra ofrenda:

trabajar por un mundo más justo de igualdad

y concordia fraterna.

 

3.- Sobre el Altar, Señor, va nuestra ofrenda:

convertir nuestra vida pasada

al mensaje de tu Buena Nueva.

 

06.- PAN Y VINO DE AMOR (Brotes de Olivo)

En la tierra, la sembró el sembrador,

la semilla de Tu pan, Señor.

 

Y después el viñador, trabajó en buena lid,

y las tierras ven crecer, las espigas y la vid. (2 veces).

 

El trigo se molió en el molino,

rompiendo su cuerpo como Tú.

La uva la pisó el hombre en el lagar,

igual que Tú te dejaste pisar.

 

Y ahora convertido en Pan y Vino,

Tu pueblo lo ofrece en Tu altar.

Conviértelos, ¡oh Dios!

son frutos de Tu amor,

en Tu Cuerpo y Sangre, Señor. (2 veces).

 

07.- SEÑOR, NO SOY DIGNO (J.A. Espinoza)

SEÑOR, NO SOY DIGNO

DE QUE ENTRES EN MI CASA

PERO UNA PALABRA TUYA

BASTARÁ PARA SANARME.

 

1.- Eres el Pan de Vida,

a todos das la paz;

quien come de tu carne

por siempre vivirá.

 

2.- Somos el nuevo pueblo

que Cristo congregó,

vivamos siempre unidos,

testigos del amor.

 

3.- Vamos por esta vida

buscando la verdad,

la paz y la justicia,

un mundo que vendrá.

 

08.-SEÑOR A QUIEN IREMOS (Alejandro Mejia)

SEÑOR, ¿A QUIÉN IREMOS?

TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA.

NOSOTROS HEMOS CREÍDO

QUE TÚ ERES EL HIJO DE DIOS.

 

1.- Soy el pan que os da la vida eterna;

el que viene a mí no tendrá hambre,

el que viene a mí no tendrá sed.

Así ha hablado Jesús.

 

2.- El que viene al banquete de mi cuerpo

en mí vive y yo vivo en él;

brotará en él la vida eterna

y lo resucitaré.

 

09.- NO TENGO MIEDO

1.- Cristo, tu Cruz es respuesta real

para este mundo, para este tiempo

que huye en temores.

Tú eres Camino, eres Verdad, eres la Vida.

 

NO TENGO MIEDO DE LA LIBERTAD,

NO TENGO MIEDO, SEÑOR DE LA VIDA,

ME QUIERO ENTREGAR.

TOMA MIS MANOS MI VOZ Y MI ANDAR

Y YO ALZARÉ ALTO LA CRUZ DERRAMADA DE AMOR,

PARA QUE SEA BANDERA DE LA JUVENTUD,

TU TRIUNFO SANTO QUE JUNTO A MI CANTO

SE HARÁN FUERTE LUZ

PARA QUE VEAN TU ROSTRO, JESÚS,

HOMBRES CON SED,

HOMBRES VALIENTES QUE QUIERAN SEGUIR TU CAMINAR.

 

2.- Al verte herido reinando en la Cruz,

dices mi nombre,

Suenan tambores al escucharte.

Oigo las voces de aquellos hombres

que tienen hambre.

 

3.- Santa María, me acojo a tu amor,

pido tu fuego que arde de ruegos hoy por tus hijos.

Virgen María, Rosa del cielo, oye mi canto.

 

10.- JESUS, TE AMA (Kairoi)

Juégate la vida por Jesús,

serás libre.

Él te ama como eres tú,

serás joven.

Él te acepta siempre,

te conoce bien,

juégate la vida por Jesús.

 

Muestra la alegría en tu vivir,

serás libre.

Te esperó de mucho tiempo atrás,

serás joven.

No te clasifica,

no te juzgará,

muestra la alegría en tu vivir.

 

PORQUE JESÚS TE AMA, JESÚS CONFÍA

QUE SERÁS CAPAZ

DE AMAR CÓMO ÉL, DE AMAR CÓMO ÉL,

DE AMAR CÓMO ÉL, DE AMAR CÓMO ÉL.

 

 Grita que Jesús resucitó,

 serás libre.

 Grita que a tu lado siempre está,

 serás joven.

 Él te dio su vida,

 el murió en la cruz,

 grita que Jesús resucitó.

 

 Tienes que ser uno con Jesús,

 serás libre.

 Tienes que crecer con los demás,

 serás joven.

 Hazlo humildemente,

 y con sencillez,

 tienes que ser uno con Jesús.

 

11.- SOLO TU (Cesareo Garabain)

   MI                        LA

1.- Solo Tú eres mi plenitud

SI7                                   MI

eres mi apoyo, mi fuerza y mi luz

                               LA

eres mi vida y mi juventud

SI7                                   MI

eres mi gozo y mi cruz.

 

                              LA                MI

SOLO TÚ ERES TODO MI BIEN

             SI7             MI

SOLO TÚ, SOLO TÚ

                             LA              MI

SOLO TÚ ERES MI PLENITUD

             SI7             MI

SOLO TÚ, SOLO TÚ.

 

2.- Samaritana siempre con sed

cuando en la tarde abrasaba el calor

pero me diste un día a beber

del manantial de tu amor.

 

3.- Siento a mi lado tu palpitar

por el camino que va hacia Emaús

das un sentido a mi caminar

mi Salvador eres Tú.

 

12.- MADRE DE LOS APOSTOLES

María, Tú eres madre

de los que hemos dejado padre y madre

por seguir la llamada del Señor.

ayúdanos, Oh Madre

a llevar a los hombres el mensaje

de tu hijo redentor.

 

Madre de los apóstoles

María, aumenta nuestra entrega y nuestro amor,

nuestra fidelidad a la palabra

nuestra fe en el poder de la oración.

 

Madre de los apóstoles

María, incúlcanos el celo abrasador

que tuvieron un día Pedro y Pablo,

respondiendo a la llamada del Señor.

 

13.- SANTA MARIA DEL CAMINO (J.A. Espinoza)

1.- Mientras recorres la vida, tú nunca solo estás,

contigo por el camino santa María va.

 

VEN CON NOSOTROS AL CAMINAR, SANTA MARÍA, VEN. (BIS)

 

2.- Aunque te digan algunos que nada puede cambiar,

lucha por un mundo nuevo, lucha por la verdad.

 

VEN CON NOSOTROS AL CAMINAR, SANTA MARÍA, VEN. (BIS)

 

3.- Si por el mundo los hombres sin conocerse van,

no niegues nunca tu mano al que contigo va.

 

VEN CON NOSOTROS AL CAMINAR, SANTA MARÍA, VEN. (BIS)

 

4.- Aunque parezcan tus pasos inútil caminar,

tú vas haciendo caminos: otros los seguirán.

 

14.- CREO EN DIOS AMOR (Cesareo Garabain)

ALELUYA ALELU ALELUYA, CREO EN TI SEÑOR

CREO EN TI MI DIOS AMOR.

ALELUYA ALELU ALELUYA,

CREO EN TI SEÑOR, CREO EN TI MI DIOS AMOR. (2)

 

1.- Creo en Dios, mi Padre, que es mi luz y es mi vivir,

que habla en el silencio en el hermano y en la flor.

Creo que me llama y compromete a construir

una tierra nueva en la justicia y el amor. (2)

 

2.- Creo en Jesucristo, Dios y hombre, Redentor,

que a nadie rechaza y va buscando al pecador.

Creo que es mi hermano, es mi amigo y salvador,

que nos compromete en la tarea del amor. (2)

 

3.- Creo en el Espíritu que alienta nuestro ser,

que transforma el mundo con su fuerza y su calor.

Creo que nacemos en un nuevo amanecer,

llenos de alegría, caminando en el amor. (2)

 

4.- Creo que nosotros somos el Pueblo de Dios,

que en los sacramentos celebramos al Señor.

Pueblo que camina en la alegría y el dolor,

una fe nos guía, nos empuja el mismo amor. (2)