viernes, 22 de mayo de 2026

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO PENTECOSTES CICLO A - 24 DE MAYO

 “¡VEN ESPÍRITU SANTO!”

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 19-23

 

COMENTARIO

 

Pentecostés era denominaba como “fiesta de las semanas” y tenía lugar siete semanas después de la fiesta de los primeros frutos (Lv 23 15-21; Dt 16,9). Siete semanas son cincuenta días; de ahí el nombre de Pentecostés (= cincuenta) que recibió más tarde. Según Ex 34 22 se celebraba al término de la cosecha de la cebada y antes de comenzar la del trigo; era una fiesta movible pues dependía de cuándo llegaba cada año la cosecha a su sazón, pero tendría lugar casi siempre durante el mes judío de Siván, equivalente a nuestro Mayo/Junio. En su origen tenía un sentido fundamental de acción de gracias por la cosecha recogida, pero pronto se le añadió un sentido histórico: se celebraba en esta fiesta el hecho de la alianza y el don de la ley.

Jesús en la Última Cena promete enviar el Espíritu Santo para que esté con sus discípulos siempre. Esta es la Alianza del Nuevo Testamento, cincuenta días después de la resurrección de Jesús (Hch 2, 1-4). En el marco de esta fiesta judía, el libro de los Hechos coloca la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles (Hch 2 1.4). A partir de este acontecimiento, Pentecostés se convierte también en fiesta cristiana de primera categoría (Hch 20 16; 1Cor 16, 8). Es una de las más grandes que celebra la Iglesia después de Navidad y Resurrección, pues reconocemos la venida del Espíritu Santo sobre aquella primera comunidad cristiana, infundiendo en ellos los dones y carismas necesarios para perseverar en la verdad, llevar a cabo la misión encomendada por Jesús, de ser testigos, ir, bautizar y enseñar a todas las naciones. (Jn 14,15). La Iglesia reconoce que el Espíritu Santo es quien guía el rumbo de la Iglesia y, el de cada bautizado, sin importar la época en nos haya tocado vivir.

Esto es lo que conmemoramos en Pentecostés, que el mismo Espíritu de hace 2000 años es el que se sigue posando el día de hoy en cada miembro de la Iglesia para llevarnos a Dios y asimilar nuestras vidas cotidianas como obras del Espíritu Santo al servicio del prójimo.

La fiesta de Pentecostés es un día en que tenemos la oportunidad de revivir intensamente nuestra relación con Dios, gozarnos el fruto de la Pascua que hay en nuestros corazones por la felicidad de saber que Cristo resucito en mí, que soy tan amado por Dios, que puedo vivir la experiencia de la venida del Espíritu Santo.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

  

ANTIFONA DE ENTRADA   Sb 1, 7

El Espíritu del Señor llenó la tierra y todo lo abarca, y conoce cada sonido. Aleluya.

 

 ORACION COLECTA

Oh, Dios, que por el misterio de esta fiesta santificas a toda tu Iglesia en medio de los pueblos y de las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y realiza ahora también, en el corazón de tus fieles, aquellas maravillas que te dignaste hacer en los comienzos de la predicación evangélica. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 1-11

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse. Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admira-dos, diciendo: «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua». V. Palabra de Dios. 

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 103, 1.24.29-31.34)


Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.


Bendice, alma mía, al Señor: Dios mío, ¡qué grande eres! Cuán-tas son tus obras, Señor, la tierra está llena de tus criaturas. R

 

Les retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo; envías tu espíritu, y los creas, y repuebla la faz de la tierra. R

 

Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras; que le sea agradable mi poema, y yo me alegraré con el Señor.  R

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 1-11

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse. Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo: «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7.12-13

Hermanos: Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo. Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común. Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO  

Aleluya. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. Aleluya

 

 EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a ustedes». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos».


PLEGARIA UNIVERSAL

Invoquemos a Cristo, que ha recibido del Padre el Espíritu prometido, y pidámosle que lo derrame sobre la Iglesia y sobre todo el mundo:

 

1.- Por el Papa León: para que, ungido con los dones del Espíritu Santo en este nuevo Pentecostés, guíe a la Iglesia con sabiduría y fortaleza, confirmando a sus hermanos en la fe y siendo heraldo de la paz de Cristo en todo el mundo. Roguemos al Señor.

 

2.- Por los gobernantes: Para que el Espíritu de Sabiduría los guíe en la búsqueda de la justicia, la paz y el respeto a la dignidad de toda persona humana. Roguemos al Señor.

 

3.- Por los enfermos y afligidos: Para que les dé fortaleza en sus sufrimientos y esperanza en medio de sus pruebas. Roguemos al Señor.

 

4.- Por nuestra comunidad parroquial: Para que, como los apóstoles en el cenáculo, permanezcamos unidos en la oración y abiertos a la acción transformadora de Dios. Roguemos al Señor.

 

Escucha, Señor, las oraciones de tu pueblo y haz que vivamos continuamente la novedad pascual y lleguemos un día a las fiestas de la Pascua eterna. Por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Te pedimos, Señor, que, según la promesa de tu Hijo, el Espíritu Santo nos haga comprender más profundamente la realidad misteriosa de este sacrificio y se digne llevarnos al conocimiento pleno de toda la verdad revelada. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 ANTIFONA DE COMUNION Hch 2, 4.11

Se llenaron todos del Espíritu Santo y hablaron de las grande-zas de Dios. Aleluya


ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Dios, que has comunicado a tu Iglesia los bienes del cielo, conserva la gracia que le has dado, para que el don infuso del Espíritu Santo sea siempre nuestra fuerza, y el alimento espiritual acreciente su fruto para la redención eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 25: Gn 3, 9-15.20 (o bien: Hch 1, 12-14); Sal 86, 1-2. 3 y 5. 6-7; Jn 19, 25-34

Martes 26: Ap 21, 1-5; (O bien: Flp 4, 4-9); Sal 44, 11-12. 14-15. 16-17; Mt 11, 25-30.

Miércoles 27: 1P 1, 18-25; Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20; Mt 10, 32-45

Jueves 28: Gn 22, 9-18; (o bien Hb 10, 4-10) Sal 39, 7-8ª. 8b.10-11ab.17; Mt 26, 36-42

Viernes 29: 1P 4, 7-13; Sal 95, 10.11-12.13; Mc 11, 11-26

Sábado 30: Judas 17. 20b-25; Sal 62, 2. 3-4. 5-6; Mc 11, 27-33

Domingo 31: Ex 34, 4b-6.8-9; Sal: Dn 3, 52-56; 2Co 13, 11-13; Jn 3, 16-18.

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

 

1.- El evangelista quiere demostrar que con la resurrección de Jesús se ha creado una situación totalmente nueva. La resurrección señala el inicio de una nueva creación que toma forma en la comunidad neotestamentaria de la salvación.

Con la exaltación del Resucitado se pasa del tiempo de Cristo al tiempo del Espíritu. El resucitado actúa en la comunidad con el poder y la actividad del Espíritu. Este poder y esta actividad manifiestan al mundo la misión que los apóstoles han recibido de Cristo. Con ocasión del bautismo de Jesús, el ES había consagrado de manera oficial al Mesías y había inaugurado su actividad pública.

En Pentecostés el Espíritu hace que el pequeño núcleo de discípulos se presente en público, asuma el lugar que le toca en la historia de la salvación y que no lo abandone hasta el retorno del Señor. La misión de los discípulos es anunciar el don de la reconciliación y de la paz.

Hay cuatro hechos principales:

1. El saludo, el don de la paz, que ahora es la paz mesiánica prometida para los tiempos escatológicos. Paz que, para los discípulos reunidos, quiere decir perdón por la infidelidad durante la pasión, superación de la incredulidad y victoria sobre el miedo.

2. La identificación de Cristo. Es aquel con quien convivieron, al que crucificaron... sus manos y sus pies...

3. La misión. La paz y el perdón que ellos reciben deben transmitirlo a todos los hombres.

4. El "aliento" que indica la realidad y la naturaleza del don que se les ha hecho. "Recibid el Espíritu". Al principio de la creación el espíritu planeaba sobre las aguas -Gn 1. 2-, es el soplo de Dios que ha dado vida al hombre (Gn 2. 7). Así ahora el Espíritu plasma el hombre nuevo e inaugura la nueva creación.

PERE FRANQUESA - MISA DOMINICAL 1986, 11


 

2.- ES/MISION:

El evangelio de hoy fue leído ya el domingo segundo de Pascua, dentro del contexto más amplio del episodio de Tomás. El fragmento de hoy está centrado en el Espíritu como don pascual de Cristo resucitado. La escena se desarrolla, efectivamente, "al anochecer de aquel día", "el primero de la semana" (cf. 20. 1) que, paralelamente al primer día del Génesis, supone el inicio de la nueva creación y de la nueva alianza. Jesús exhala su aliento sobre el grupo de los discípulos y les da su Espíritu del mismo modo que Dios infundió su aliento sobre el primer hombre para darle la vida (cf. Gn 2. 7).

Juan no habla de misión en su evangelio hasta que en este momento es el Resucitado quien da el Espíritu y la misión a los discípulos, a los representantes de todos los que, por su palabra, van a creer en Jesús. Donación del Espíritu y misión están íntimamente unidos: Jesús les da el Espíritu para que les consagre como lo consagró a Él y sean enviados como Él fue enviado. La misión supone una oferta de vida y de salvación a todos los que quieran creer, ya que están llenos de este Espíritu que es fuente de vida; y Jesús va a estar presente en esta misión de los discípulos ("el que recibe a mi enviado me recibe a mí", /Jn/13/20) del mismo modo que el Padre siempre estaba presente en la suya ("el que me ve a mí, ve al que me ha enviado", Jn/12/45).

J. ROCA - MISA DOMINICAL 1981, 12


 

3.- CR/TESTIGO

La Pascua comienza de color rojo y termina de color rojo: el Viernes Santo, cuando Jesús empieza su paso de muerte a vida, el rojo de los ornamentos nos habla de sangre derramada, de testimonio ardiente; el domingo de Pentecostés, concluimos la celebración de este paso de muerte a vida con el rojo del fruto, del fuego que renueva e ilumina, del testimonio de los creyentes transformados por el Espíritu de JC.

Recordar la entrega de JC y celebrar el don del Espíritu nos invita a pensar en una fe que haga de nosotros hombres y mujeres con empuje, con ilusión, con entrega. Hombres y mujeres que quieren vivir de modo que se note que hemos sido tocados por una sangre derramada con amor infinito, y que hemos sido introducidos en una vida más fuerte que todo mal. Hombres y mujeres que aman profundamente su fe, y que creen que por sus venas circula la misma savia que circulaba por las venas de JC y que quieren compartir esa alegría con todo el mundo.

J. LLIGADAS - MISA DOMINICAL 1988, 11


 

4. - A este texto remitía la siguiente frase de hace dos domingos (del ciclo A): Aquel día sabréis que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros (Jn.14,20). Aquel día se refiere a la escena de hoy, a Pentecostés. El autor del cuarto evangelio concibe este día y esta escena como la inauguración del tiempo último y definitivo de la historia. Los participantes en la escena son los discípulos. En el cuarto evangelio este término designa a los creyentes en Jesús. Su alcance va, pues, más allá de los doce, como también va más allá del día indicado en el texto la situación de cautela y de miedo.

En el atardecer del domingo de Pascua Juan sitúa retrospectivamente situaciones de cautela y de miedo posteriores. Es pues toda la comunidad creyente la que se alegra con los que vieron a Jesús resucitado. Y es también toda la comunidad creyente la que recibe el siguiente encargo de Jesús:

Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. A lo largo de la pasada cuaresma hemos tenido ocasión de familiarizarnos con el sentido y la función que este envío o misión tienen en el cuarto evangelio. Se trata de un trabajo fatigoso y complejo porque choca con tendencias muy arraigadas, que, a pesar de ser religiosas, pueden desfigurar a Dios y al Hombre. Los creyentes han recibido de Jesús el encargo de llevar adelante la tarea emprendida por Jesús.

Cuentan para ello con el mimo Espíritu que él tenía. Es este Espíritu el que eleva a los cristianos a la categoría de signo visible de gracia y de enjuiciamiento en el tiempo último y definitivo inaugurado por El.

Comentario. El creyente en Jesús sabe hoy que Jesús está con el Padre, que él está con Jesús y que Jesús está con él. Hoy, Pentecostés, cuando el Espíritu de Jesús y del Padre se posesiona del creyente y lo eleva a sacramento de Dios en el mundo. Hoy, Pentecostés, cuando el mundo empieza a ser definitivamente nuevo, porque las gentes pueden entenderse desde su propia peculiaridad, y Babel, es decir, la confusión deja paso a la comprensión. Hoy, Pentecostés, cuando todos empezamos a ser conscientes de que formamos un solo cuerpo.

A. BENITO - DABAR 1990, 31


 5.- Texto. La opción que los discípulos han hecho por Jesús les ha granjeado la enemistad de los judíos. La expresión miedo a los judíos es de carácter religioso. No significa miedo al pueblo judío (los discípulos eran judíos), sino miedo a la exclusión de la sinagoga, decisión está que los guardianes de la Ley de Dios habían tomado contra todo el que reconociera a Jesús como Mesías (ver Jn.9,22). Excluidos de la comunidad creyente, los discípulos de Jesús eran un grupo sin puesto y sin paz.

La presencia de Jesús cambia esta situación de los discípulos. Es el Jesús de siempre, al que habían conocido, con el que habían convivido y por el que habían optado. Jesús les devuelve primero la paz de la que carecían por estar excluidos de la sinagoga. En segundo lugar, Jesús les da un puesto y una razón de ser en el mundo convirtiéndolos en enviados suyos, de la misma manera que él lo había sido antes del Padre. Surge así la comunidad creyente, que se llamará Iglesia para distinguirse de la Sinagoga.

A diferencia de ésta, caracterizada por el espíritu de la Ley, la nueva comunidad se caracteriza por el Espíritu de Jesús y del Padre. En razón de este Espíritu la nueva comunidad encarna la oferta de gracia de Dios a los hombres. Las últimas palabras del texto se pueden parafrasear de la siguiente manera: Vosotros sois a partir de ahora los responsables de la oferta de mi Padre a todos los hombres. De vosotros depende ahora esta oferta.

Los destinatarios de estas palabras no son sólo los doce como a veces se piensa, sino la totalidad de la comunidad. El trasfondo de este texto no es jerárquico, sino comunitario. El sentido de esta palabra es a su vez mucho más amplio y rico que la práctica del actual sacramento de la Penitencia.

Comentario. El texto de hoy es especialmente significativo para la Iglesia por cuanto que marca el comienzo y el sentido de su andadura. Por su comienzo la Iglesia nace excluida de lo que había sido su medio y marco de referencias religiosas. Históricamente la Iglesia nace sin puesto y contra corriente, pero no respecto al mundo civil, sino respecto al mundo religioso. El valor de ejemplaridad de los comienzos de la Iglesia reside en que los problemas le vienen del propio mundo de la creencia.

La misión de la Iglesia es ser reveladora de Jesús y, en última instancia, de Dios. La misión la realiza en la medida en que es portadora del Espíritu de Jesús y de Dios. Vistas las cosas en sus comienzos históricos (así es como necesariamente las tiene que ver la exégesis), este Espíritu, que en razón de su origen se llama santo, está en las antípodas del espíritu que reina en los responsables de la Ley de Dios. Los retos no le vienen a la Iglesia desde el exterior. El auténtico reto es su capacidad de apertura al Espíritu de Jesús. Este Espíritu cambia mucho las cosas. Probablemente las renueva siempre.

A. BENITO - DABAR 1989, 27


 

6.- C/UNIDAD

Con la reiteración del saludo en el v.21 se inicia el segundo momento: libertad para una nueva forma de existencia. Es la misión de la comunidad cristiana, alentada por el Espíritu del Padre y del Hijo. Una comunidad donde es posible la unidad dentro mismo de la multiplicidad, donde pueden entenderse personas con ideas distintas, porque todos están situados en una realidad que los transciende a todos, al mismo tiempo que los constituye: el Espíritu del Padre y del Hijo. Es así y sólo, así como la comunidad cristiana es referencia de esperanza para los demás hombres y grupos. Es así y sólo, así como es reveladora del Padre.

Es así y sólo, así como es generadora de madurez; una comunidad así, porque da la medida y la talla de lo que es un grupo de gente madura, se convierte en modelo referencial para todos. No porque esta comunidad enjuicie a nadie, sino porque la actitud que se adopte ante ella pone de manifiesto y refrenda lo que cada uno es. Confrontándose con ella, los hombres pueden conocer su propia situación; gracias a ella pueden saber si han tomado la dirección satisfactoria o la dirección frustrante.

DABAR 1980, 31


 

7.- RECREACION/ES

Viernes Santo, pascua de resurrección, ascensión y pentecostés: en esta secuencia temporal celebra la fe el único misterio pascual de la exaltación de Jesús y de la salvación del hombre.

También el envío del Espíritu pertenece al acontecimiento pascual y se proclama en el evangelio de Juan el domingo de pascua.

El saludo pascual del resucitado es "¡Paz!"; su don es la alegría. Ambas cosas son frutos del Espíritu Santo (cf. Gál 5,22); él es el gran don pascual que encierra en sí todos los demás dones. El Espíritu une para siempre a todos los discípulos con su Maestro, con su Señor resucitado; reúne a todos entre sí e inaugura un mundo nuevo por medio del perdón de los pecados.

Lo dicho anteriormente se expresa en la narración de Juan con un gesto: el soplo de Jesús sobre sus discípulos. Esto evoca el episodio del Génesis (2,7), donde se dice que Dios exhaló su aliento sobre Adán y éste comenzó a vivir. Aquí también se trata de una creación, una nueva vida, que es posible al hombre después de la resurrección.

La conversión y el perdón de los pecados aparecen siempre en la primera predicación apostólica impulsada por el Espíritu Santo.

EUCARISTÍA 1989, 22


 

8.- Los discípulos tienen miedo a los judíos y se encierran a cal y canto en una casa. Allí permanecen hasta que la fuerza del Espíritu, como un viento impetuoso, los eche a la calle y los disperse por toda la tierra. También nosotros, no obstante creer que Jesús ha resucitado, seguimos teniendo miedo. Sobre todo, miedo a la vida y a la libertad. Se nos ha educado en el miedo.

Se nos ha dicho muchas veces que la vida es un peligro, y nos hemos olvidado que el mayor peligro es renunciar a la vida... por miedo. Contra el miedo que guarda la ropa e inventa sistemas de seguridad, Jesús nos ofrece la paz verdadera en medio de los peligros del camino y aún en medio de las persecuciones. Nos ofrece la paz de los testigos, la paz y el coraje del que predica el evangelio y confiesa que el mundo no puede dar.

Jesús les muestra las llagas para que comprueben que es él mismo, el que fue crucificado y ahora sigue viviendo. Todo el evangelio es la gozosa proclamación de esa identidad: Jesús, el que padeció bajo Poncio Pilato y no otro, es el Señor. En esta alegría se cumple lo que Jesús les había prometido (Jn 16,20-22;17,13). Con esta alegría deberán anunciar a todo el mundo que han visto al Señor y que el Señor vive. Evangelizar es anunciar la buena noticia, la mejor de todas. Y esto sólo puede hacerse con inmensa alegría.

Jesús los envía al mundo lo mismo que él fue enviado por el Padre. La misión de los discípulos, la evangelización, no será posible sin la fuerza del Espíritu Santo.

El gesto de Jesús encuentra su antecedente en Gn 2.7. donde se dice que Dios exhaló su aliento sobre el rostro de Adán y éste comenzó a vivir. También ahora comienza una nueva vida, una nueva creación. Esta nueva creación proclamada por el evangelio es obra del Espíritu.

Pero la vida nueva no es posible sin el perdón de Dios como base de reconciliación entre todos los hombres. Predicar el evangelio es reconciliar con la fuerza del Espíritu Santo, es recrear todas las cosas.

EUCARISTÍA 1986, 24


 

9.- En la culminación del tiempo de Pascua, leemos una escena del mismo día de Pascua (que ya leímos el domingo segundo). Eso nos muestra que lo que hoy celebramos es realmente una de las caras de la resurrección de Jesús.

Jesús resucitado es, para nosotros, aquel que nos ha dado su mismo Espíritu, su Espíritu Santo. La resurrección de Jesús significa para los discípulos experimentar que en su interior tienen aquel mismo Espíritu que movió a Jesús, y que los identifica con él: incluso Jesús hace el gesto físico de exhalar el aliento sobre ellos, para significar que les traspasa lo que el lleva en su interior.

Y este don del Espíritu es lo que hace realidad en el creyente y en la Iglesia lo que Jesús dice y da en esta aparición a los discípulos: la paz que es la síntesis de todos los bienes; la misión de anunciar la Buena Noticia, para continuar la misión que el Padre encomendó a Jesús; el mensaje del perdón y la reconciliación de los hombres con Dios, de la que los continuadores de Jesús quedan constituidos también intermediarios.

JOSEP LLIGADAS - MISA DOMINICAL 1994, 7


 

10.- En Juan, Pascua y Pentecostés se unen. El mismo día en que Jesús resucita, «el primer día de la semana», infunde sobre sus discípulos el Espíritu Santo. Lo hace con un gesto magnífico: exhalando su aliento sobre ellos. Este soplo recuerda, en primer lugar, el primer soplo de Dios sobre el hombre, y lo llenó de espíritu de vida. Jesús comunica a sus discípulos su aliento, su espíritu, el primer día de la primera semana de la nueva era para la nueva humanidad. Estos discípulos revivieron y quedaron transformados, recreados; empezaron a ser hombres nuevos, superando miedos y tristezas.

Por otra parte, este aliento de Jesús significa que transmite a los discípulos su propio Espíritu, que es algo suyo y que es el regalo de su Pascua. Ahora los discípulos, animados por el Espíritu, continuarán la obra de Jesús y harán presente a Jesús. Es fácil, porque el Espíritu es el mismo.

CARITAS 1991, 1, pág. 245


 

11.- El Espíritu Santo es el aliento de Jesús. Lo que respira la Iglesia es el Espíritu de Jesús. Lo que nosotros oramos en el Espíritu es la oración de Jesús. Toda nuestra vida íntima es la vida de Jesús, que el Espíritu nos comunica.

El mismo día de Pascua, el Señor resucitado, rebosante de Espíritu, exhaló su aliento sobre sus discípulos. Un gesto vitalista que recuerda el de la creación. Cristo quiso recrear a sus discípulos desanimados, sin «espíritu de vida»; por eso, sopló sobre ellos el Espíritu vivificador. El Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos, resucitaría también a sus discípulos medio muertos.

Y aquellos hombres se llenaron de vida nueva. Fue el primer día de la semana cuando Dios se puso a crear. Este sería el primer día de la nueva creación. Empezaba así la era del Espíritu.

CARITAS 1992, 1, pág. 253


 

12.- Todo fue el día primero de la semana, el día del sol, después del descanso del sábado. Fue la resurrección de Jesucristo, y desde entonces ese día es el Día, el sol de primavera que no termina. Fue también la efusión del Espíritu, un aliento que todo lo vivifica, lo reanima y lo fecunda. Es el soplo de la creación segunda. En el día de Pascua, Jesús continúa la creación del Padre, exhalando su Espíritu, dando vida a sus discípulos, vida de su propia vida.

Pero este aliento de Jesús llega también a nosotros, produciendo los mismos efectos que en los primeros discípulos. La verdad es que el aliento de Jesús llena toda la tierra. Él es nuestra oración y la oración del mundo.

Quien recibe este Espíritu no sólo se santifica, sino que es capaz de santificar, de perdonar pecados, de trabajar por un mundo nuevo. Hay que alentar sobre toda muerte y toda impureza. Hay que dejarlo todo lleno de limpieza y hermosura. Hay que llenarlo todo del Espíritu de Jesús.

CARITAS 1993, 1, pág. 278


 

Nota: Como los versículos del evangelio de hoy pertenecen también al evangelio del domingo segundo de Pascua, puedes acudir allí si necesitas más ideas. En dicho caso haz clic aquí

 

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DOMINGO DE PENTECOSTÉS


A los cincuenta días, el Espíritu

"Pentecostés", en griego, significa "día quincuagésimo". El 50 es un número que ya los judíos tenían asimilado desde hace siglos como símbolo de plenitud: una semana de semanas, siete por siete más uno. Es cuando celebran, después de la Pascua-Éxodo, la fiesta de la recolección agrícola y la alianza que sellaron con Yahvé en el monte Sinaí, guiados por Moisés, a los cincuenta días de su salida de Egipto.

Los cristianos celebramos hoy, después de la Pascua-Resurrección de Jesús, su donación del Espíritu a la comunidad apostólica precisamente a los cin­cuenta días. No como fiesta independiente, sino como culminación de la Pascua: la "Pascua granada", que completa la "Pascua florida".

Esta fiesta tiene textos propios para la Eucaristía que se celebra la tarde anterior. Eucaristía vespertina que se puede también prolongar a modo de Vigilia, similar a la de la Noche Pascual, con la comunidad reunida en oración como lo estuvo la primera con la Virgen y los Apóstoles. Además, esta fiesta posee también una hermosa Secuencia, "Ven¡, Sancte Spiritus", atribuida al arzobispo inglés Langton en el siglo XIII.

Si uno quiere meditar sobre el misterio de Pentecostés, puede leer los números que el Catecismo dedica al artículo del Credo "Creo en el Espíritu Santo": CCE 687-747.

 

Una Vigilia rica en textos bíblicos

Las lecturas bíblicas de la Vigilia nos presentan una visión muy rica de la misión del Espíritu.

La primera se puede elegir de entre las cuatro del AT que ofrece el Leccio­nario, que preparan y completan, a veces por contraste, lo que nos van a decir las lecturas del NT y el evangelio:

Gn 11,1-9 nos cuenta lo que sucedió en Babel, con la dispersión de las lenguas: mientras que el Espíritu, en Pentecostés, a partir de las muchas lenguas, obra la unidad;

Ex 19,3-8a.16-20b: Dios se manifiesta a Moisés en el monte en medio de truenos, sonido de trompetas y fuego: lenguaje que Lucas emplea para describir la irrupción del Espíritu en la primera comunidad;

Ez 37,1-4: la visión de Ezequiel sobre los huesos secos que reciben el Espíritu de Dios y reviven: al Espíritu le llamamos en el Credo "Señor y dador de vida";

* J13,1-6: Joel anuncia que el Espíritu será derramado y profetizarán mayores y jóvenes: esta es la explicación que da Pedro, en la mañana de Pentecostés, ante la evidencia de los carismas del Espíritu.

El salmo nos hace repetir la antífona: "Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra".

Ya en las lecturas del NT de esta misa vespertina, Pablo (Rm 8,22-27) habla de "los dolores de parto" de la humanidad y el papel del Espíritu, quien inter­cede por nosotros con gemidos inefables. En el evangelio (Jn 7,37-39) Jesús promete a los suyos que les enviará su Espíritu con la expresiva comparación de los "torrentes de agua viva" que brotarán dentro del creyente.

Es interesante la perspectiva. Pero nosotros aquí nos vamos a limitar a la reflexión y comentario de la misa del día.

 

Misa del día

Hechos 2, 1-11. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar

La página de hoy es continuación de la que leíamos el domingo pasado, en la fiesta de la Ascensión, y nos narra el gran acontecimiento que supuso para la primera comunidad la venida del Espíritu.

El episodio de Pentecostés lo describe Lucas con el lenguaje de la teofanía del Sinaí: estando todos reunidos, bajó sobre ellos el Espíritu, con viento recio y ruido y lenguas de fuego. Aquí se confirmó y manifestó la nueva y definitiva Alianza que Jesús había sellado con su Sangre en la cruz.

El primer efecto del don del Espíritu es que empezaron a hablar en lenguas y, además, cada uno de los oyentes, que en aquellos días eran muy numerosos en Jerusalén, y de pueblos distintos, les oía hablar en su propia lengua.

El salmo es de alabanza y entusiasmo: "bendice, alma mía, al Señor... Dios mío, qué grande eres... gloria a Dios para siempre". Como antífona se nos hace repetir una frase con clara visión del NT: "envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra". Este es el mismo salmo que cantamos en la Vigilia Pascual después de la lectura de la creación en el Génesis: el Espíritu, que ya aleteaba sobre las aguas primordiales, "renueva ahora la faz de la tierra" con la Pascua de Cristo.

 

1 Corintios 12, 3b-7.12-13. Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo.

La segunda lectura de hoy es de la lª carta a los Corintios, en el capítulo en que describe los dones y carismas tan variados que hay en una comunidad griega como la Corinto, famosa por su sabiduría y riqueza creativa. Pablo atribuye todos estos dones al único Espíritu, que es el que tiene que mantener unida a la comunidad.

El razonamiento es sencillo: todos formamos un solo cuerpo en Cristo, hemos sido bautizados en el mismo Espíritu y, por tanto, la diversidad de dones no tiene que romper la unidad, sino edificar la única comunidad.

 

Juan 20, 19-23. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo.

Antes del evangelio recitamos o cantamos la Secuencia de este día, 'Veni, Sancte Spiritus", una antigua composición poética que es una oración muy sentida dirigida al Espíritu Santo: "ven, Espíritu divino,... don en tus dones espléndido... dulce huésped del alma... riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo... danos tu gozo eterno".

El evangelio más adecuado para hoy es ciertamente el de la aparición de Jesús a sus discípulos la tarde del primer "domingo" cristiano, el mismo día de la resurrección del Señor. Para Juan, la donación del Espíritu no parece haber tenido lugar a los cincuenta días de la resurrección del Señor, sino el mismo día de la Pascua, poniendo de relieve, por tanto, la unidad de todo el misterio: la glorificación del Señor y el envío de su Espíritu.

Después del saludo, "paz a vosotros", que llena de alegría al grupo de discípulos, Jesús les envía como él había sido enviado por el Padre y, para que puedan cumplir esta misión, les da su mejor ayuda, exhalando sobre ellos su Espíritu, como hizo Dios al crear al primer hombre en el Génesis, diciendo: "recibid el Espíritu Santo". En concreto, esta misión va a ser ante todo la reconciliación: "a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados".

 

El don pascual del Resucitado: su Espíritu

El centro de nuestra celebración es, naturalmente, el acontecimiento de Pentecostés. La primera comunidad recibe de su Señor, como se lo había prometido, el mejor Don, su Espíritu Santo, plenitud y complemento de la Pascua. Jesús sopló sobre sus discípulos, diciendo: "recibid el Espíritu Santo".

El mismo que resucitó a Jesús es el que ahora despierta y llena de vida a la comunidad y la hace capaz de una insospechada valentía para la misión que tiene encomendada. El libro de los Hechos nos ha contado el cambio radical que se dio en la primera comunidad cuando bajó sobre ella el Espíritu. De una comunidad muda la convirtió en evangelizadora. De una comunidad cobarde, en valiente. De una comunidad cerrada, a una comunidad con las ventanas abiertas. El Espíritu actúa así, llena por dentro y lanza hacia fuera: "se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a-hablar".

Es entusiasta el lenguaje del prefacio de hoy agradeciendo a Dios Padre esta donación de su Espíritu: a) El Espíritu es la plenitud de la Pascua: "para llevar a plenitud el misterio pascual, enviaste hoy el Espíritu Santo sobre los que habías adoptado como hijos tuyos por su participación en Cristo"; b) el Espíritu anima y da vida a la comunidad: "Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la Iglesia naciente", o como dice la oración colecta: "por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia extendida por todas las naciones"; c) también es quien actúa, con una proyección misionera y universal, el proyecto de salvación: "el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos, que congregó en la confesión de una misma fe a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas".

Nuestra generación ha tenido la suerte de "redescubrir" al Espíritu y su actuación. Se ha notado, sobre todo, a partir del Catecismo de 1992, en el que él aparece como protagonista de toda la vida de la Iglesia, y en particular de su celebración sacramental.

 

El Espíritu sigue actuando hoy

En la oración colecta le pedimos a Dios: "no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comien­zos de la predicación evangélica".

En efecto, lo que ha hecho el Espíritu en la historia ("in illo tempore") lo sigue haciendo hoy ("hodie") en el mundo, en la Iglesia y en cada uno de nosotros:

* él sigue siendo el alma de la Iglesia, llenándola de sus dones y carismas, más todavía que en la comunidad de Corinto: el Concilio, el Jubileo y tantos otros acontecimientos eclesiales, universales o diocesanos, son en verdad señales de la activa presencia del Espíritu en la animación de su comunidad;

es él quien suscita y hace florecer tantas comunidades cristianas llenas de fuerza, y anima tantos movimientos y renueva a su Iglesia en tantos aspectos;

el Espíritu de la verdad sigue influyendo en estos últimos años para que se renueve en profundidad la teología, la comprensión del misterio de Cristo;

él sigue inspirando nuestra oración y guiando a la Iglesia a renovar la celebración litúrgica, la oración personal y un conocimiento más espiritual y profundo de la Palabra de Dios; como dice Pablo, "nadie puede decir Jesús es Señor si no es bajo la acción del Espíritu";

* él, el Espíritu del amor, suscita y sostiene tantos ejemplos de amor, entrega y compromiso de los cristianos en el mundo, a veces hasta el martirio, en defensa de la justicia o de la vida o de la verdad;

él, que en Pentecostés unió a los que "hablaban en lenguas diferentes", es el que promueve también hoy iniciativas de unidad interna y ecuménica, en línea con la diversidad de dones y ministerios de que nos habla la carta a los Corintios.

También hoy, a principios del siglo XXI, tenemos motivos claros para renovar nuestra profesión de fe: "Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida". Le seguimos necesitando.

 

Dejarnos transformar por el Espíritu del Resucitado

Debemos alegrarnos de este Don de Dios, plenitud de la Pascua. En nues­tra oración, solemos pedir a Dios paz, justicia, salud, libertad, perdón de nuestras faltas, buenas cosechas del campo, éxito en nuestras empresas. Y Dios nos da... su Espíritu, que es lo mejor, el que nos regala la verdadera paz y libertad y éxito.

Pero, a la vez, nos tenemos que dejar transformar por él y vivir según él. Le hemos pedido a Dios insistentemente en el salmo responsorial que envíe su Espíritu y repueble la faz de la tierra. Pentecostés es una gracia reno­vada, cada año, por la que Dios quiere seguir renovando y purificando. El Espíritu es viento y aire, a veces suave como una brisa, y otras, impetuoso y purificador. El Espíritu es fuego, y el fuego calienta, ilumina, purifica y transforma en fuego todo lo que toca.

La comunidad es enviada por el Resucitado a una misión: para que sea luz y levadura, y anuncie la Buena Noticia. Y a la vez le da la fuerza del Espíritu para que pueda cumplir esa misión. Aquel puñado de primeros discípulos -el día de Pentecostés eran ciento veinte- no parecían precisamente los más indicados para revolucionar el mundo. Pero lo consiguieron.

El mismo Espíritu que actuó en el seno de María de Nazaret y la hizo madre del Hijo de Dios, el mismo Espíritu que actuó en el sepulcro de Jesús y lo resucitó a una nueva existencia, el mismo Espíritu que bajó sobre la comu­nidad el día de Pentecostés y la llenó de vida, es el que ahora quiere actuar en nosotros y nos quiere transformar.

Sería bueno que leyéramos despacio la secuencia de hoy, en la que pedi­mos directamente al Espíritu que nos llene de su gracia, que encienda en nosotros el fuego del amor, que envíe sobre nosotros su luz, que riegue nuestras sequías...

 

Una comunidad orgánicamente unida y que habla lenguas

Sobre todo, siguiendo la línea de pensamiento de Pablo, tendríamos que aprender y dejarnos transformar por el Espíritu para llegar a ser una comu­nidad unida, dentro de la pluralidad de sus ministerios, carismas y movi­mientos. Todos los dones que puede haber en la Iglesia en general, y en cada comunidad en particular, son dones de Dios, del Espíritu, y son "para el bien común". Esta unidad, dentro de la diversidad, se debe a que "todos hemos bebido del mismo Espíritu".

Ya sería un buen fruto de nuestras siete semanas de Pascua si de ellas salié­ramos con la convicción de que todos somos hijos en la familia de Dios, y que nos sintiéramos más dispuestos a colaborar orgánicamente en la tarea eclesial común, con un espíritu más universal y acogedor, superando la diferencia de edad o de cultura, de situación social o eclesial. A Pablo le gustaba la comparación de una comunidad con el cuerpo humano, en el que los diversos miembros cumplen una misión diferente, pero para bien de todo el organismo.

Si en Babel, en la historia del AT, sucedió la gran confusión por la diversi­dad de lenguas, Pentecostés se nos presenta en el NT como el anti-Babel, porque los apóstoles hablan en lenguas, y los oyentes les entienden cada uno en su propia lengua.

Podríamos sentir envidia de aquellos primeros discípulos que recibieron del Espíritu el don de lenguas: hablaban, y todos sus oyentes, cada uno de procedencia distinta, les entendían. Y así se experimentó que la salvación de Jesús es universal, para todas las razas y naciones.

En Pentecostés debemos dejarnos llenar del Espíritu, de su novedad, de su creatividad, de su fuego, de su aire renovador, de sus sorpresas, de sus ideas nuevas, de sus ventanas abiertas. Sin quedarnos anquilosados, instalados en costumbres viejas, encerrados en unos esquemas. El Espíritu es siempre sorprendente. No hay ordenador que lo pueda contener.

 

Una Eucaristía siempre "pentecostal"

El Espíritu es quien actúa cada vez en los Sacramentos, como ha hecho ver de modo más claro el Catecismo de la Iglesia Católica (cf. CCE 1091 ss). En las lecturas de hoy se nombra explícitamente al Espíritu en relación con el Bautismo (carta a los Corintios) y a la Penitencia (evangelio: "recibid al Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdo­nados").

De modo particular en la Eucaristía invocamos su venida dos veces: sobre los dones del pan y del vino, para que él los transforme en el Cuerpo y Sangre del Resucitado; y luego sobre la comunidad que va a participar de estos dones, para que también ella quede transformada en el Cuerpo único y sin división de Cristo Jesús. Esta segunda invocación es claramente "pentecostal": lo que sucedió a aquella primera comunidad cuando bajó sobre' ella la fuerza del Espíritu es lo que tendría que suceder a cada una de las nuestras cuando participa de la Eucaristía.

En la Eucaristía pedimos como fruto específico de la comunión, que el Espí­ritu haga de nosotros "un solo cuerpo y un solo espíritu", sin divisiones. El primer día de Pentecostés unió a aquellos discípulos de Jesús. El de este año tendría que ayudarnos a todos a superar diversidad de lenguas y formación, colaborando, con una unidad interna, a la evangelización más animada de este mundo. En aquella ocasión dice Lucas que "todos quedaron llenos de Espíritu y empezaron a hablar". Nosotros, ciertamente, no debemos "apagar el Espíritu", sino dejarnos llenar de vida por él.

LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)

PROPUESTA DE CANTOS DE PENTECOSTES CICLO A 2026

 

DOMINGO DE PENTECOSTES (24 DE MAYO)

 

 

01.- PENTECOSTES (Cesareo Garabain)

1.- El Espíritu de Dios descenderá. (bis)

El Espíritu de Dios nos llenará. (bis)

El Espíritu de Dios (bis)

Ven Espíritu divino, ven y llénanos.

 

2.- El Espíritu de Dios nos quemará. (bis)

El Espíritu de Dios nos cambiará. (bis)

El Espíritu de Dios. (bis)

Ven Espíritu divino, ven y cámbianos.

 

3.- El Espíritu de Dios unirá. (bis)

El Espíritu de Dios nos guiará. (bis)

El Espíritu de Dios. (bis)

Ven Espíritu divino, ven y guíanos.

 

El Espíritu de Dios nos llenará.

 

02.- LLENANOS DE TI (Alfonso Luna)

HOY VENIMOS A TU ALTAR,

TÚ NOS MARCAS CON TU AMOR,

CONCÉDENOS TU ESPÍRITU,

CONCÉDENOS TU ESPÍRITU, SEÑOR,

Y LLÉNANOS DE TI.

 

1.- Tu amor nos empuja

a ser testigos de tu amor;

el pan de la Eucaristía

será nuestra fuerza

para ser testigos

de tu Resurrección.

 

2.- La mesa está servida

caliente ya está el pan

y envejecido el vino;

el pan de la Eucaristía

será nuestra fuerza

para ser testigos

de tu Resurrección.

 

03.- IGLESIA PEREGRINA (Cesareo Garabain)

Todos unidos formando un solo cuerpo,

un pueblo que en la Pascua nació;

miembros de Cristo en sangre redimidos:

¡Iglesia peregrina de Dios!.

 

Vive en nosotros la fuerza del Espíritu

que el Hijo desde el Padre envió,

Él nos empuja, nos guía y alimenta:

¡Iglesia peregrina de Dios!.

 

SOMOS EN LA TIERRA

SEMILLA DE OTRO REINO,

SOMOS TESTIMONIO DE AMOR,

PAZ PARA LAS GUERRAS Y LUZ

ENTRE LAS SOMBRAS:

¡IGLESIA PEREGRINA DE DIOS!  (2)

 

Rugen tormentas y a veces nuestra barca

parece que ha perdido el timón,

miras con miedo, no tienes confianza:

¡Iglesia peregrina de Dios!.

 

Una esperanza nos llena de alegría,

presencia que el Señor prometió;

vamos cantando, Él viene con nosotros:

¡Iglesia peregrina de Dios!

 

Todos nacidos en un solo bautismo,

unidos en la misma comunión,

todos viviendo en una misma casa:

¡Iglesia peregrina de Dios!.

 

Todos prendidos en una misma suerte,

ligados a la misma salvación;

somos un cuerpo y Cristo es la cabeza:

¡Iglesia peregrina de Dios!.

 

04.- EL SEÑOR NOS LLAMA (Alberto Taule)

EL SEÑOR NOS LLAMA Y NOS REÚNE,

SOMOS SU PUEBLO, SIGNO DE UNIDAD.

ÉL ESTÁ, EN MEDIO DE NOSOTROS:

SIRVE A LA MESA, NOS REPARTE EL PAN.

 

Por todos los caminos, nos sales al encuentro,

por todos hemos visto, señales de tu amor.

Tu pueblo se reúne, Señor, a bendecirte,

a celebrar con gozo tu paso salvador.

 

Convocas a tus fieles, nacidos de las aguas,

a festejar unidos, la nueva creación.

La sala del banquete, se llena de invitados,

estamos reunidos y en medio está el Señor.

 

Revélanos al Padre, oh Cristo, nuestra fiesta,

aumenta la esperanza, de nuestro caminar.

Tu Espíritu divino, nos dé la fortaleza,

los bienes que esperamos, nos haga pregustar.

 

05.- SECUENCIA DE PENTECOSTES – VEN ESPIRITU DIVINO

Ven, Espíritu Divino

manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre;

don, en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas;

fuente del mayor consuelo.

 

Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.

 

Entra hasta el fondo del alma,

divina luz y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre,

si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado,

cuando no envías tu aliento.

 

Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde

calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

 

Reparte tus siete dones,

según la fe de tus siervos;

por tu bondad y tu gracia,

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno. Amén.

 

06.- BENDITO SEAS SEÑOR (F. Palazon)

 BENDITO SEAS, SEÑOR, POR ESTE PAN Y ESTE VINO

QUE GENEROSO NOS DISTE, PARA CAMINAR CONTIGO,

Y SERÁN PARA NOSOTROS ALIMENTO EN EL CAMINO.

 

1.- Te ofrecemos el trabajo, las penas y alegrías,

el pan que nos alimenta y el afán de cada día.

 

2.- Te ofrecemos nuestro barro que oscurece nuestras vidas

y el vino que no empleamos para curar las heridas.

07.- VEN ESPIRITU SANTO (Juan José López)

Rem              Solm             Rem

VEN ESPÍRITU SANTO,

LA#                     FA                                                  SOLM

VEN A ILUMINAR NUESTRAS INTELIGENCIAS

                    DO                                RE

Y A DEFENDERNOS DEL MAL.

 

FA                                     Solm

Tú, promesa del Padre,

Rem              DO         FA

don de Cristo Jesús,

Rem                               Solm

ven y danos tu fuerza

               DO                         Rem

para llevar nuestra cruz.

 

FA                                     Solm

Tú, llamado abogado,

Rem              DO         FA

nuestro consolador,

Rem                               Solm

ven, y habita en nosotros

Rem                                Solm

por la fe y por el amor.

 

Haz que cada cristiano,

bajo tu inspiración,

sea testigo de Cristo

con la palabra y la acción.

 

Guiados por el Espíritu

hacia Cristo Jesús,

caminemos con júbilo

a la Ciudad de la luz.

 

08.- SIEMPRE ES PENTECOSTES (Cesareo Garabain)

Cuando rezamos, cuando cantamos,

cuando la fiesta es

un celebrar gozoso es el día

grande: Pentecostés.

Cuando llevamos en nuestras manos

un resplandor de luz

en nuestro pecho vive y palpita,

el que murió en la cruz. (2)

 

CUANDO EL SEÑOR, ALIENTA EN NOSOTROS,

SIEMPRE ES PENTECOSTÉS.

CUANDO EL AMOR, NOS LANZA A LA VIDA,

SIEMPRE ES PENTECOSTÉS.

 

Cuando queremos comprometernos

en una misma fe,

una tarea, un compromiso...

siempre es Pentecostés.

Cuando decimos sí a la Iglesia

con plena lucidez,

soplan de nuevo vientos del cielo,

porque es Pentecostés. (2)

 

Cuando los hijos ya van creciendo

y dicen que quieren ser

miembros de Cristo y de su Iglesia,

siempre es Pentecostés.

No nos separan lenguas ni razas,

nuestra consigna es,

ser en el mundo un testimonio,

porque es Pentecostés. (2)

 

Cuando la fuerza que estaba oculta

vence con su poder,

nuestros temores, nuestro egoísmo,

siempre es Pentecostés.

Cuando aceptamos ser levadura

y llama que quiere arder,

nos vinculamos más a la Iglesia,

porque es Pentecostés.  (2)

 

09.- ESPIRITU SANTO VEN

RE                                     Sim

ESPÍRITU SANTO, VEN, VEN,

        RE                             LA7

ESPÍRITU SANTO, VEN, VEN,

                                           MIM

ESPÍRITU SANTO, VEN, VEN

                  LA7                           RE

EN EL NOMBRE DEL SEÑOR.

 

             SOL  LA7       RE  Sim

Acompáñame, ilumíname,

Mim       LA7  RE

toma mi vida.

             SOL  LA7       RE  Sim

Acompáñame, ilumíname,

Mim               LA7           RE

¡Espíritu Santo ven!.

 

Santifícame, transfórmame,

Tú cada día.

Santifícame, transfórmame,

¡Espíritu Santo, ven!

 

Resucítame, conviérteme,

todos los días.

Glorifícame, renuévame,

¡Espíritu Santo, ven!

 

Acompáñame, transfórmame,

toma mi vida.

Ilumíname, condúceme,

¡Espíritu Santo ven!.

 

10.- ESPERANDO CON MARIA (Kairoi)

El Señor ha estado grande, a Jesús resucitó,

con María sus hermanos, entendieron qué pasó.

Como el viento que da vida, el Espíritu sopló,

y aquella fe incierta en firmeza se cambió.

 

GLORIA AL SEÑOR, ES NUESTRA ESPERANZA,

Y CON MARÍA SE HACE VIDA SU PALABRA.

GLORIA AL SEÑOR, PORQUE EN EL SILENCIO,

GUARDÓ LA FE SENCILLA Y GRANDE CON AMOR.

 

Pues sus ojos se abrieron y también su corazón,

la tristeza fue alegría, fue su gozo en el dolor.

Esperando con María se llenaron del Señor,

porque Dios está presente si está limpio el corazón.

 

Nuestro tiempo es tiempo nuevo cada vez que sale el sol

y escuchamos su Palabra, fuerza viva de su amor.

Que disipa las tinieblas y aleja del temor.

Se hacen fuertes nuestras manos

con la Madre del Señor.

 

11.- REINA DE LOS APOSTOLES

REINA DE LOS APÓSTOLES,

MADRE DE DIOS,

FORMA TÚ NUESTRA MENTE Y VOLUNTAD,

Y NUESTRO CORAZÓN.

 

Cuando se fue Jesús, tú te quedaste

al frente de la fe y de la oración,

alentando la unión de los discípulos

y esperando al Espíritu que es Vida y es Amor.

 

Sigues, oh, Madre, hoy viva en la Iglesia,

pendiente de quien va firme al timón,

esperando, puntual, con los que esperan

la llegada gozosa de Cristo Redentor.

 

Siempre estuviste, Madre, con Cristo,

y fuiste así quien más Lo conoció.

Eres hoy para todos la Puerta abierta

que conduce hasta Cristo, Camino y Salvación.

 

Fuiste, María, el primer apóstol

que al mundo le hizo entrega del Señor.

Le enseñaste a entregarse siempre a todos,

y de Él aprendiste lo inmenso de su amor.

 

12.- A LA SOMBRA DE PEDRO

Con la sombra de Pedro los enfermos se sanaban

Con la sombra de Pedro los enfermos se sanaban

No era la sombra ni tampoco Pedro,

No era la sombra ni tampoco Pedro

Era porque Pedro tenía el espíritu de Nazareno

Era porque Pedro tenía el espíritu de Nazareno.

 

Nazareno, nazareno espíritu de nazareno,

Nazareno, nazareno espíritu de nazareno

Nazareno, nazareno espíritu de nazareno,

Nazareno, nazareno espíritu de nazareno

 

A que tú lo tienes (yo lo tengo) a que tú lo tienes (yo lo tengo)

A que tú lo tienes (yo lo tengo) a que tú lo tienes (yo lo tengo)

A que tú lo tienes (yo lo tengo) a que tú lo tienes (yo lo tengo)

A que tú lo tienes (yo lo tengo) a que tú lo tienes (yo lo tengo).

 

Fluye, fluye espíritu santo fluye, fluye espíritu santo

Fluye, fluye espíritu santo fluye, fluye espíritu santo

Este sí que da poder este sí que da poder

Yo me siento en Pentecostés de la cabeza a los pies.

 

Este sí que da poder este sí que da poder

Yo me siento en Pentecostés de la cabeza a los pies. (2X)

Fluye, fluye espíritu santo……….

 

13.- VEN, VEN, VEN (Pedro Mario)

Ven, ven, ven. Espíritu Divino,

                 SOL     SI

ven, ven, ven, acércate a mí. (bis)

 

  SI7   MI  LA7    RE

Apodérate, apodérate,

  FA#7               SI

apodérate de todo mi ser. (bis)

 

 

  SI     FA#7                    SI

Aquí se siente la presencia de Dios. (bis)

  SI7       MI         LA7     RE

Siento el fuego del Espíritu Santo. (bis)

 SI           FA#7

Siento gozo, siento paz,

                    SI

siento el amor que Dios me da.

 

 

  SI      FA#7                  SI

Aquí se siente la presencia de Dios. (bis)