SIEMPRE HAY UNA COSECHA
COMENTARIO
El leccionario nos permite elegir hoy entre
una lectura corta, nada más que la parábola del sembrador que salió a sembrar y
una lectura larga que trae además la respuesta de Jesús a la pregunta de los
discípulos: ¿Por qué razón hablas en parábolas? Y la explicación de la parábola
del sembrador. Escogeré el texto corto que nos describe la siembra de Jesús. Al
llegar a este capítulo trece de Mateo, el capítulo de las parábolas, ¿Qué es lo
que sabemos? Jesús ha estado ya sembrando por todos los terrenos: ha chocado
con las cabezas duras de los escribas y fariseos, ha visto como algunos
entusiastas lo dejaban muy pronto, ha aclarado las dudas de los discípulos de
Juan Bautista y las perplejidades de este. “¿Eres tú el que tenía que venir?”.
La indiferencia de algunas poblaciones le ha afectado mucho. “¡Ay de ti, Corozaín!
¡Ay de ti Betsaida! Todo esto constituye un cuadro bastante sombrío; parece ser
que el reino ha empezado con mal paso.
En
este contexto es donde la parábola del sembrador cobra toda su importancia.
Simboliza la constatación de Jesús, lúcida y sin embargo lejos del desaliento.
Nos invita a nosotros mismos a ser valientes, fijando nuestra mirada en lo que
más importa: aquel sembrador que salió a sembrar. ¡Pero que sembrador! El salió
a las profundidades de Dios y vino a nosotros para sembrar a Dios. Es un
acontecimiento inaudito: no un simple episodio de la historia, sino la
convulsión de toda ella: ¡Hay que
convertirse pronto, en el reino que llega!
Esta
buena nueva suscitó el entusiasmo. Luego, cuando la predicación se hizo
exigente, algunos oyentes hundieron en ellas sus raíces, pero otros volvieron a
caer en su vida superficial o complicada, incluso en la hostilidad. Senderos,
piedras, zarzas, tierra buena: ¡qué diferentes son los terrenos! No importa:
ese sembrador extraordinario ve ya la cosecha: del 30, del 40, del 100 por uno.
¡Quien tenga oídos, que oiga!.
Hay que escuchar la llamada a la confianza
cuando la siembra parece haber sido un fracaso. Ese fue el caso de muchos
misioneros y lo es para el apóstol de hoy, para cualquier cristiano que se
ponga frente a la TV, el internet y a la gente por la calle: ¿Por dónde estás
los tallos que brotan! La respuesta está ahí. El que mejor conoce las tierras
de los hombres nos asegura que, si hay algunas duras, hay otras excelentes. Y
que siempre hay cosecha. Jesús le dijo esto a la gente desalentada, a los
discípulos cansados. Nos lo dice ahora a nosotros que medimos el abandono de la
práctica religiosa, la indiferencia de nuestros hijos, la oleada creciente de
increencia. El sembrador está ahí: nadie, en ningún sitio, tiene derecho a
juzgar que se pierde todo el grano. Mientras se siembre el evangelio, siempre
habrá fruto al 100, al 60, al 30 por uno.
R.P. Roland Vicente Castro Juárez
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 16, 15
Yo apareceré ante ti con
la justicia, y me saciaré mientras se manifestará tu gloria.
ORACIÓN
COLECTA
Oh, Dios, que muestras la
luz de tu verdad a los que andan extraviados para que puedan volver al camino,
concede a todos los que se profesan cristianos rechazar lo que es contrario a
este nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA
LECTURA
Lectura del libro de
Isaías 55, 10-11
Esto dice el Señor: «Como bajan la lluvia y
la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,
de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que
come, así será mi Palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que
cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo».
SALMO RESPONSORIAL (Sal 64, 10-14)
La semilla cayó en tierra
buena y dio fruto.
Tú cuidas de la tierra, la riegas y la
enriqueces sin medida; la acequia de Dios va llena de agua, preparas los
trigales. R.
Así preparas la tierra. Riegas los surcos,
igualas los terrones, tu llovizna los deja mullidos, bendices sus brotes. R.
Coronas el año con tus bienes, tus carriles
rezuman abundancia; rezuman los pastos del páramo, y las colinas se orlan de
alegría. R.
Las praderas se cubren de rebaños, y los
valles se visten de mieses, que aclaman y cantan.
R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 18-23
Hermanos: Considero que los sufrimientos de
ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. Porque
la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios;
en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino
por aquel que la sometió con la esperanza de que la creación misma sería
liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad
de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está
gimiendo y sufre dolores de parto. Y no solo eso, sino que también nosotros,
que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior,
aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
Aleluya. La semilla es la Palabra
de Dios, y el sembrador es Cristo todo el que lo encuentra vive para siempre. Aleluya.
SANTO EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 1-23
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó
junto al mar. Y acudió a Él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se
sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en
parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde
del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno
pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó
enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.
Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena
y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que
oiga»).
Se le acercaron los discípulos y le
preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les contestó: «A ustedes
se les ha dado a conocer los secretos del Reino de los Cielos y a ellos no.
Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le
quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin
ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de
Isaías: "Oirán con los oídos sin entender; mirarán con los ojos sin ver,
porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado
los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el
corazón, ni convertirse para que yo los cure". Pero bienaventurados los
ojos de ustedes porque ven y sus oídos porque oyen. En verdad les digo que
muchos profetas y justos desearon ver lo que ven y no lo vieron, y oír lo que
ustedes oyen y no lo oyeron.
Ustedes, pues, oigan lo que significa la
parábola del sembrador: si uno escucha la Palabra del Reino sin entenderla,
viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado
al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha
la Palabra y la acepta enseguida con alegría, pero no tiene raíces, es
inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la Palabra,
enseguida sucumbe Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la
Palabra, pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la
Palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que
escucha la Palabra y la entiende ese da fruto y produce ciento o sesenta o
treinta por uno».
ORACIÓN UNIVERSAL
Que nuestras oraciones
lleguen a la presencia del Señor y que nuestros ruegos sean escuchados:
1.- Por el papa León, los obispos y
sacerdotes, para que continúen sembrando la Buena Nueva con valentía y alegría,
guiando a los fieles por el camino de la verdad. Roguemos al Señor.
2.- Por los cristianos separados de la
Iglesia católica y por los que no conocen al Dios verdadero. Roguemos al
Señor.
3.- Por los que sufren y los más
necesitados: Para que la semilla de la esperanza y el consuelo florezca en
medio de sus dolores, pobreza o enfermedad. Roguemos al Señor.
4.- Por todos nosotros, para que seamos
tierra fértil; que su Palabra no se pierda en la superficialidad de nuestras
preocupaciones, sino que eche raíces profundas y dé frutos de amor, perdón y
caridad. Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, las
oraciones de tu pueblo y aumenta en nosotros el deseo de acoger la semilla de
tu palabra. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira, Señor, los dones de
tu Iglesia suplicante y concede que sean recibidos para crecimiento en santidad
de los creyentes. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTIFONA DE COMUNIÓN Jn 6, 57
El
que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él, dice el Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Después de recibir estos
dones, te pedimos, Señor, que aumente el fruto de nuestra salvación con la
participación.
PALABRA DE DIOS
Y SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes 13: Is 1, 10-17; Sal 49,
8-9.16bc-17. 21 y 23; Mt 10, 34-11, 1.
Martes 14: Is 52, 7-10; (o bien: 1Co
1, 18-25); Sal 95, 1-2ª. 2b-3. 7-8ª. 10; Mc 16, 15-20
Miércoles 15: Is 10, 5-7. 13-16; Sal 93,
5-6. 7-8. 9-10. 14-15; Mt 11, 25-27
Jueves 16: Is 26, 7-9. 12. 16-19; Sal
101, 13-14ab y 15. 16-18. 19-21; Mt 11, 28-30
Viernes 17: Is 38, 1-6. 21-22. 7-8;
Sal: Is 38, 10.11. 12abdc. 16; Mt 12, 1-8
Sábado 18: Mi 2, 1-5; Sal 9, 22-23.
24-25. 28-29.35; Mt 12, 14-21
Domingo 19: Sb 12, 13.16-19; Sal 85,
5-6. 9-10. 15-16ª; Rm 8, 26-27; Mt 13, 24-43
COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 13. 1-23
Par: Mc 4, 1-20. Lc 8, 4-15
1.- Sabemos que cada
página del evangelio se puede leer en una doble dimensión: la situación
originaria del tiempo de Cristo y su actualización en tiempo de la Iglesia.
Esto es así sobre todo para las parábolas. Por eso se han de tener presentes
las dos dimensiones en nuestra lectura.
La enseñanza de la
parábola del sembrador -ésta parece ser la situación más originaria: la de
Cristo- no se refiere ante todo a los oyentes de la palabra, sino a los
sembradores, o sea, a los predicadores, el primero de los cuales es Cristo, y
en pos de él todos los demás, los cuales no pueden pretender ser más que el
Maestro. La parábola, leída en sí misma, sin tener en cuenta las explicaciones
que ofrece más adelante el evangelista, llama la atención sobre el trabajo del
sembrador; trabajo abundante, sin medida, sin distinciones, que parece inútil
por el momento, infructuoso y desperdiciado; sin embargo, dice Jesús llegarán
los frutos en abundancia. Porque el fracaso no es más que aparente; en el Reino
de Dios no existe trabajo inútil; nada se malgasta.
"Aunque a los ojos de
los hombres gran parte de su trabajo parece inútil y vano, aunque los fracasos
parezcan sumarse a los fracasos, Jesús está rebosante de alegría y de certeza;
la hora de Dios llega y, con ella, una cosecha abundante superior a toda
súplica e imaginación. A despecho de los fracasos y las resistencias, Dios hace
que de comienzos desesperados brote el espléndido final que ha prometido"
(J. ·Jeremías-JQ). De todas formas, éxito o fracaso, derroche o no derroche, el
trabajo de la siembra no ha de ser calculado, cauto, precavido; sobre todo, no
hay que escoger el terreno o echar las semillas en unos sí y en otros no. El
sembrador arroja la simiente a voleo y sin distinguir. ¿Cómo saber en el
momento de la siembra qué terrenos van a fructificar y cuáles no? Por eso, dirá
Jesús, más adelante, nadie debe anticipar el juicio de Dios; ni siquiera el
sembrador tiene derecho a hacerlo.
-La actualización de la
parábola. La tradición, ya conocida por Marcos y recogida por Mateo, no se
contentó con transmitir la parábola, sino que le añadió una explicación o,
mejor, una actualización, que transforma la parábola -dirigida en su origen a
los predicadores- en una catequesis para convertidos. La explicación tiene
presentes a los fieles, e insiste en la necesidad de algunas disposiciones
interiores y personales para que la palabra escuchada sea entendida y crezca.
Las principales disposiciones son: apertura y sensibilidad a los valores del
Reino, valor frente a las persecuciones, constancia, resistencia al espíritu
mundano y libertad interior.
BRUNO MAGGIONI - EL RELATO
DE MATEO - EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 140.
2.- Jesús continúa
enseñando, pero lo hace en un lenguaje parabólico. Este lenguaje, lo mismo que
todo símbolo, abre la puerta a interpretaciones muy diversas; resultará tanto
más fácil a los espíritus tercos encerrarse en sus propias ideas y quedarse en
la historieta, ignorando su significado; y a la inversa, los espíritus
abiertos, los corazones dóciles, serán discretamente introducidos en el
conocimiento de una doctrina profunda: de unos "misterios".
Hay, pues, personas que no
acogen como conviene la palabra de Jesús. A los ojos de los discípulos,
testigos de este "fracaso" del Maestro, o a los de los cristianos que
meditan en la vida de Jesús, en la que, por lo demás, vuelven a ver su propia
historia, el esfuerzo de evangelización en medios judíos, ¿no topa con un
fracaso casi total? ¿No es la palabra de Dios lo que Jesús trae? ¿Y la palabra
de Dios puede ser tan limitada, tan ineficaz e infructuosa? No se trata de ir a
buscar la explicación de este drama en la insignificancia de la Palabra o en su
ineficacia. La lección que transmite hoy la primera lectura ha sido bien
asimilada por el evangelista. Antaño, un profeta isaiano del destierro había
hecho reflexionar a sus compañeros de exilio en la incoercible eficacia de la
Palabra, en la inevitable realización de lo que Dios ha prometido. Se trataba
de mantener en aquellos desgraciados que lloraban "a orillas de los ríos
de Babilonia" (Sal 137. 1), la verdad del anuncio profético que prometía,
en nombre de Dios, la inminente liberación y un retorno feliz a la tierra de
los antepasados.
El evangelista conoce todo
esto: está, pues, seguro de que la semilla, símbolo de la Palabra, es capaz de
dar frutos abundantes. No hay más que un solo motivo que pueda explicar la
esterilidad de una semilla echada en la tierra o la ineficacia de la Palabra
predicada a los judíos: la pobreza del suelo que recibe el grano, o en otras
palabras, las malas disposiciones de los oyentes.
En cuanto a estas malas
disposiciones, Mateo dice varias cosas. En primer lugar, las nombra:
inconstancia, afanes de este mundo, seducción de la riqueza. Ve en ello,
además, el efecto de la actividad disimulada del Maligno (una causa entre
otras). Porque advierte sobre todo que la Palabra se halla en el centro de un
conflicto. Hay persecuciones que hacen vacilar a los oyentes inconstantes y que
son provocados por la Palabra. Esta tiene, asimismo, adversarios que luchan
encarnizadamente contra ella, en un conflicto permanente. Y es que el fracaso
que Jesús conoció, mal recibido por los judíos incrédulos, lo experimenta la
Iglesia a su vez; pero el profeta Isaías había ya pasado por esa dolorosa
experiencia (v. 14/15). El combate de la Palabra y de la incredulidad viene
desde los más remotos tiempos de la historia del pueblo de Dios y parece que ha
de durar tanto como esa historia.
¿Cuál es su final? Este
combate lleva a fracasos repetidos que preocupan al evangelista. Pero al autor
le interesa más otra cosa: el éxito maravilloso que, en último término, obtiene
la proclamación de la Palabra.
Porque el Evangelio,
rechazado, perseguido, combatido ya ha "triunfado". En el seno de un
mundo incrédulo, existe hoy una comunidad de discípulos. El inmediato entorno
de Jesús era, en un principio, el signo modesto de un cierto éxito de la palabra
de Jesús; pero a partir de entonces, todos aquellos que en todos los tiempos,
especialmente hoy, se tienen por discípulos de Jesús, son signos de que la
Palabra da sus frutos. Tras el "vosotros" (v.11), se oculta, en
efecto, toda la Iglesia, se oculta incluso el auditorio que escucha hoy nuestro
comentario del Evangelio.
Más que en los adversarios
obstinados, Mateo se fija con entusiasta atención en los discípulos de Jesús;
los ve vivir en medio de un mundo (v.38) incrédulo: "aquellos que..."
(v.12). Los ve, sin embargo, colmados: "A vosotros es dado". Y puesto
que en ellos el "don" se ha demostrado eficaz, se les da cada vez
más: "A quien tenga se le dará". Este don pródigamente concedido es
el de un conocimiento supremo: "conocer los misterios del Reino de
Dios". Este conocimiento ilumina toda la vida; gracias a él, sabrán los
discípulos hacer las opciones que se imponen y participar como conviene en el
combate de la Palabra. Y es cierto que tras la explicación de las vicisitudes
que atraviese el Reino al implantarse en el mundo, se oculta un mensaje
decisivo: el mensaje pascual. Porque la aventura de la Palabra, constantemente
desdeñada, perseguida pero siempre viva y eficaz, semejante al grano de trigo
que debe "morir" para dar fruto (Jn/12/24), ¿no es el misterio de
Pascua? El conocimiento de tales misterios es un privilegio del que los
discípulos deben ser conscientes. Lo que los cristianos oyen en la proclamación
del Evangelio, lo que ven en la experiencia cristiana, hay muchos hombres que
no pueden verlo ni oírlo. Aun los Profetas, esos privilegiados del A.T. y con
ellos, por lo tanto, todo el pueblo de la Antigua Alianza, no pudieron, a pesar
de sus deseos, obtener semejante revelación de los "caminos" de Dios,
de los secretos de su Reino.
Esta parábola, al igual
que muchas otras parábolas de Mateo, tiene algo de doloroso, de dramático
incluso: ¡tanta semilla perdida, tanta palabra rechazada! Pero no percibir los
sonidos alegres con que resuena, sería entenderla mal. Aunque no esté permitido
permanecer insensibles a esa tragedia que constituye la evangelización y a sus
"fracasos", cuyos perdedores son los hombres, ¿sería lícito no dejar
resonar nunca en nosotros -acogidas con una profunda humildad- estas palabras
de esperanza.
"¡Ah, sí, dichosos
vosotros!; dichosos vuestros ojos porque han sabido ver y vuestros oídos porque
han sabido oír"? ¿Sería lícito permanecer insensibles ante la promesa,
implícitamente contenida en la última frase del Evangelio, y de la que encontramos
una formulación más clara en el apóstol Pablo, cuando habla de la "Gloria
de los hijos de Dios"? Nosotros sabemos de esa Gloria no sólo que está
"preparada" para nosotros, sino además que, con la transmisión de la
Palabra, nos está ya comunicada; y que, semejante a una semilla, crece en
nosotros. ¡Cómo, entonces, negarse uno a llamarse "dichoso"!.
LOUIS MONLOUBOU - LEER Y
PREDICAR EL EVANGELIO DE MATEO - EDIT. SAL TERRAE SANTANDER 1981.Pág. 183
3.- EV/INTERPRETACION: PUEDE HABER TRES
SIGNIFICACIONES EN UNA PARÁBOLA: LA DE XTO/LA DEL EVANGELISTA Y LA DE LA
IGLESIA PRIMITIVA.
La parábola del sembrador
plantea al lector tres problemas sucesivos: el significado de la parábola tal
como salió de los labios de Cristo (vv. 1-9), el valor que Mateo le atribuye
introduciéndola en esta parte de su Evangelio y, finalmente, la significación
de la explicación que da la Iglesia primitiva (vv. 18-23).
a).- En cuatro escenas
sucesivas, colocadas entre una descripción de la siembra (v. 3) y una
descripción de la recolección (v. 8), la parábola propiamente dicha se
interesa, sobre todo, por la suerte reservada a la semilla en los cuatro
terrenos diferentes. Las escenas están dispuestas de manera progresiva y
optimista, para desembocar en la visión de la fructificación extraordinaria de
la semilla.
El tema de la cosecha,
imagen de los últimos tiempos, es tradicional en Israel (Jl 4. 13); lo nuevo es
la insistencia en las laboriosas siembras que la preparan. Jesús, pues, suaviza
ligeramente el matiz escatológico de la venida del Reino (cosecha) subrayando
más bien las condiciones difíciles de su realización. Proclama la venida del
Reino, pero insiste en la lentitud de su instauración y en la dificultad de su
maduración.
b).- Insertando esta
parábola en este lugar de su Evangelio, Mateo da una interpretación
cristológica de la parábola. Jesús se plantea el problema de los fracasos y de
las resistencias que se oponen a su mensaje: ceguera de los escribas,
entusiasmo superficial de las masas, desconfianza de sus parientes, etc.
Pretende dar un sentido a
esta incomprensión y lo descubre en la oposición entre el trabajo casi
infructuoso del sembrador y la rica cosecha que se recogerá en su tiempo
oportuno. Jesús piensa en su misión difícil y la analiza a la luz del juicio
que se acerca. Concretamente, este juicio se produce a través de la
inteligencia que los discípulos parecen mostrar (vv. 10-17) y que compensa la
indiferencia de los otros miembros del auditorio. c)La explicación de esta
parábola nos la dan las comunidades primitivas. Para ellas ya no hay que
explicar la misión de Cristo, sino las motivaciones de su conversión; la
cosecha final no les da miedo, sino más bien las dificultades cotidianas que
suscita la persecución (v. 21).
Desde este momento la
interpretación adopta un matiz alegorizante; cada escena de la parábola se
interpreta en función de un tipo de "conversión": ya no importa tanto
la semilla como la manera en que es acogida. Hasta el matiz escatológico de la
parábola se difumina en consideraciones, sobre todo psicológicas y parenéticas
(v. 24). Jesús era optimista sobre el sentido de su misión; la Iglesia
primitiva parece más preocupada.
MAERTENS-FRISQUE - NUEVA
GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA V - MAROVA MADRID 1969.Pág. 160
4.-
PARA/FINALIDAD: PALABRAS ESCANDALOSAS.SU VERDADERO SENTIDO.
Digamos algo sobre
"la finalidad de las parábolas", ya que, en nuestro texto, aparecen
esas palabras casi escandalosas de Jesús: ¿utilizó las parábolas para que no le
entendiesen? Ha habido dos teorías que se han hecho clásicas para explicar estas
duras palabras: teoría de la justicia: la parábola oculta la verdad para
castigar la infidelidad del pueblo que ha rechazado la palabra de Dios cuando
le era expuesta con toda claridad. Esta teoría va en contra de la naturaleza de
las parábolas y en contra de la misión de Jesús. Teoría de la misericordia: la
parábola no habla con claridad. Jesús recurre a ellas para mitigar la
culpabilidad de los que no creían. Teoría injustificada desde las parábolas
mismas, que son suficientemente claras. Además, en otras ocasiones, Jesús
hablaba no sólo con claridad sino hasta con crudeza.
Para resolver el problema
hay que contar con los elementos siguientes: a)el texto está fuera de lugar (lo
demuestra el hecho elemental de ser preguntado Jesús por "las"
parábolas, cuando en realidad no ha expuesto más que una); b)la expresión se
refería originariamente a toda la enseñanza de Jesús, ya que el término
"parábola", "mashal" en hebreo, puede significar tanto
parábola como misterio, sentencia, enigma, proverbio, enseñanza; c)esta
diversidad de significados hizo que, al traducir la palabra "mashal"
al griego, y después a las demás lenguas, se convirtiese en
"parábola"; d)el texto se halla traducido defectuosamente y
reconstruyéndolo en su forma original aramea tendríamos lo siguiente: "a
vosotros os ha sido dado a conocer el misterio del reino de Dios, pero a los de
fuera todo les resulta misterioso".
A continuación, viene la
partícula final "para que"; pero esta partícula puede ser, además de
final, consecutiva y entonces traduciríamos así: "de modo que se cumple la
palabra de la Escritura" (a continuación, viene la cita del profeta Isaías
6. 9-10). Quedan, por tanto, las últimas palabras, las más
"escandalosas": "no sea que se conviertan...". Tendríamos
aquí latente o subyacente la partícula aramea "dilema", que, además
de los sentidos "para que no", "no sea que", tiene también
este otro "sea, pues, que..." y en este sentido debe ser entendida
aquí.
La conclusión que parece
imponerse hoy es que la traducción del célebre y torturante texto debe ser la
siguiente: "a vosotros os ha dado Dios a conocer el misterio del Reino;
para los que están fuera todo es misterioso, de modo que -como está escrito-
miran y no ven, oyen y no entienden; que se conviertan, pues, y Dios les
perdonará". La solución de los que están fuera no es desesperada. Tienen
todavía una oportunidad: que se conviertan.
COMENTARIOS A LA BIBLIA
LITURGICA NT - EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1015
5.- Texto. En el contexto
precedente Mateo remarca la línea divisoria entre sabios y entendidos por un
lado y gente sencilla por otro.
Los primeros se perfilan
ya como adversarios y los segundos como familiares. En este contexto introduce
Mateo un tipo de enseñanza basada en la parábola. "Jesús comenzó a
exponerles muchas cosas por medio de parábolas". Mejor traducción ésta que
el "hablar mucho rato" de la traducción litúrgica. Las líneas
maestras del texto van más por el método de enseñanza empleado que por el
contenido de la misma. Veamos. La parábola del sembrador termina con un
lacónico "el que tenga oídos que oiga" (v.9). Esta frase está
indicando que la parábola contada oculta tanto como desvela, si no más.
Ello motiva la pregunta de
los discípulos: "¿Por qué hablas a la gente por medio de parábolas?"
(v. 10). En los vs. 11-17 se da respuesta a esta pregunta. La respuesta deja en
claro una cosa: las parábolas son un medio adecuado de no decir nada a quien no
esté en disposición de escuchar y de decir mucho a quien esté en esa
disposición. Por lo tanto, el recurso a la parábola lo entiende Mateo como una
forma de remarcar la línea divisoria entre dos grupos. A un lado de la línea
están los que no ven ni entienden; al otro, los discípulos, es decir,
"todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mt
12, 50). Esta última cita de Mateo ayuda a aclarar el origen de la división.
Esta no obedece a un decreto de Dios, sino a la decisión de las propias
personas involucradas. Por aquí van los sorprendentes vs. 11 y 12. El v. 11
parece a primera vista estar formulado en el sentido de una división
determinada por Dios.
Sirviéndose del recurso de
la voz pasiva, este versículo afirma, en efecto, que es Dios quien concede o
permite a unos conocer los secretos de su Reino y a otros no. Sin embargo, el
v. 11 hay que leerlo a la luz del v. 12, el cual sirve de explicación a aquél.
Lo que pasa es que la explicación está formulada en términos absolutamente
chocantes y sorprendentes, muy en consonancia con el estilo oral, agresivo e
hiriente, empleado frecuentemente por Jesús. "Al que tienen se le dará más
todavía; al que no tiene se le quitará hasta lo poco que tiene". El
problema nos surge por entender el verbo tener en sentido de poseer. Pero no es
éste el sentido del verbo ni en la dinámica del texto ni en el contexto de
Mateo. "Tener" tiene el sentido activo de "producir".
"Al que produce se le dará; al que no produce, no". Así entendida la
frase, se comprende perfectamente que el v. 11, del cual el 12 es explicación,
no pueda entenderse en el sentido de decreto arbitrario de Dios.
El recurso, pues, a las
parábolas marca en el Evangelio de Mateo la quiebra de un mundo religioso
cerrado en sí mismo, el de los sabios y entendidos, y el surgimiento de una
perspectiva abierta y universal, la representada por los discípulos o nueva
familia de Jesús. De ahí la larga cita de Isaías, donde se habla del corazón
embotado de este pueblo; de ahí también el realce del momento a través del v.
17: "Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver y oír lo que
vosotros". Obsérvense las dos mismas denominaciones de profetas y justo
que encontrábamos hace dos domingos en Mt. 10, 41 y que responden a categorías
de personas cuyo alcance se nos escapa hoy.
El texto finaliza
desvelando a los discípulos lo oculto de la parábola, y por consiguiente, lo
que Mateo considera importante en la misma. Lo significativo está en los
lugares receptores: vereda, pedregal, maleza, terreno fértil. Los tres primeros
tienen en común su falta de productividad. Esto es precisamente lo que hay que
evitar. La parábola del sembrador en la versión de Mateo es una invitación a
ser terreno fértil. No importa la cantidad producida; eso depende de mil
circunstancias e imponderables. Lo verdaderamente importante es el ser
productivos.
Comentario. Dos aspectos
resaltan con luz propia en el texto: la alegría y la invitación a hacer algo.
Alegría por los nuevos tiempos traídos por Jesús. El discípulo de Jesús está
llamado a ser portavoz del cambio cualitativo aportado por Jesús y a vivir
desde la alegría por ese camino. "Dichosos vuestros ojos porque ven y
vuestros oídos porque oyen". Dios me libre de decir a nadie lo que tiene
que hacer. Pero en nombre de Dios, que habla por el texto de hoy, sí que te
digo: haz, actúa, sé productivo.
ALBERTO BENITO - DABAR
1990/37
6.- /Mt/13/10-17 Entre
la parábola del sembrador (Mt 13, 1-9) dirigida a la muchedumbre (Mt 13, 3) y
la explicación que de ella da a los discípulos (v. 11), Mateo inserta este
pasaje manifiestamente adventicio y destinado a servir de transición. Pero los
sinópticos, al tiempo que concuerdan en cuanto al contenido literal de la
parábola y de su explicación, ponen de manifiesto una gran libertad en la
redacción de esta transición (Mc 4, 10-13; Lc 8, 9-11). El núcleo del pasaje se
halla localizado en el v. 11; el v. 12, sin duda un añadido tardío de Mateo
(cf. Mc.4, 25), podría ser una restricción al versículo precedente a propósito
de Judas (?). El v. 13 saca las conclusiones del v. 11, confirmadas aún más en
la larga cita de Is 6, 9-10 (vv. 14-15).
Los vv. 16-17 son
igualmente extraídos de otro contexto (Lc 10, 21-22). a) En la literatura
judía, los de fuera es un término utilizado para designar a los gentiles (cf. 1
Cor 5, 12-13; 2 Cor 4, 16; Col 4, 5; 1 Tim 4, 2). Marcos le atribuye, sin
embargo, otro sentido (Mc 4, 11), refiriéndose a aquellos que, en el momento en
que Cristo habla "en casa" (Mc 3, 20) a sus apóstoles y discípulos,
se encuentran "fuera" de ella (cf. M 3, 31), es decir, sus parientes
y los fariseos (Mc 3, 22). Con la expresión los "de fuera", Marcos se
estaría refiriendo a los mismos judíos, los cuales no podrán entrar en el Reino
y convertirse (Mc 4, 12) sin que antes hayan depuesto su incredulidad.
b) El texto, en su
totalidad, presenta una acusada mentalidad apocalíptica semejante a la del
libro de Daniel. Como en el profeta (Dan 2, 47), también aquí parece la
revelación en dos tiempos, "secreto" y "misterio",
perfectamente marcados; el primero, mediante visiones y símbolos o parábolas;
el segundo, mediante explicaciones. Finalmente, las sentencias subrayan el
privilegio de los que pueden oír y comprenden las posibles aplicaciones del
lenguaje parabólico. Mediante esta forma apocalíptica (véase Mt 11, 25), Mateo
trataría de dar a la enseñanza parabólica de Jesús su significación de
verdadera revelación procedente de lo alto.
c) En su extensa cita de
Is 6, 9-10 (vv. 14-15), Mateo pretende hacer resaltar otra intención de Cristo.
Jesús conoce su calidad de profeta y acepta las oposiciones y repulsas
inherentes a este ministerio, dificultades a que se ha expuesto conscientemente
con motivo de su enseñanza por medio de parábolas, trazando así la línea de
demarcación entre fe e incredulidad. A Jesús no le extraña su falta de éxito;
su actuación es conforme a las Escrituras y concretamente a Isaías. El mismo se
encamina así hacia su Pasión. La cita de Is 6, 9-10 es, sin embargo, diferente
en Mateo y en Marcos. Para este último, hablar en parábolas es un acto de Dios
que, mediante este procedimiento, juzga y condena a los incrédulos. Las
modificaciones aportadas por Mateo ("porque" en lugar de "para
qué" y "no ven" en lugar de "ven y no conocen", en los
vv. 12-13) ponen de manifiesto que la razón de hablar en parábolas no debe ser
buscada en Dios, sino en las disposiciones hostiles del auditorio. Veamos en
todo esto más un clima de pasión por parte del profeta que un auténtico juicio
de Dios.
d) Al redactar este texto,
Mateo bloquea las corrientes apocalíptica y profética, uniendo el optimismo de
la primera ante los privilegios de los que reciben la revelación, al pesimismo
de la segunda, con motivo del rechazo de que es objeto el profeta por parte de
la mayoría. Hecho esto, confiere al conjunto un acento nuevo; el de la oposición
entre creyentes y no-creyentes, oposición que se acentúa más aún cuando se
descubre como algo evidente que es "secreto" de Dios, un misterio
insondable suyo (corriente apocalíptica) el oponer aquellas dos categorías,
mientras que el pensamiento de Jesús era distinto.
e) Mateo (como Mc 4, 1-34)
escribe en un momento en que la Iglesia naciente está preocupada por la
incredulidad de Israel. El cap. 13 responde a esta inquietud. Mc 4, 11-12
subraya que Jesús no revela su secreto más que a los discípulos y deja a las
gentes de fuera en la ignorancia; y así, gracias a la enseñanza parabólica,
establece una especie de juicio entre creyentes e incrédulos. Mateo soluciona
el problema haciendo ver que, el no comprender la enseñanza de Cristo, si esa
falta de comprensión es querida por Dios, no resulta de una decisión
arbitraria, sino que es consecuencia de disposiciones espirituales
insuficientes.
Cristo se pregunta sobre
la significación del fracaso de su ministerio profético, y la conclusión que de
ello saca es clara: la Pasión ha sentado ya plaza en su vida; la muerte se
perfila al término de su misión, y esta prueba definitiva será la que dé el
verdadero tono de su fidelidad.
La comunidad primitiva
también se pregunta, a propósito de este mismo pasaje, sobre el fracaso que
constituye para ella la negativa de Israel a admitirla en su fe en el Señor. En
la apocalíptica judía encuentra la solución a esta angustia: es "secreto"
de Dios el separar así a los hombres en creyentes y no creyentes, y el preparar
de este modo el juicio de la humanidad.
También la Iglesia actual
se pregunta sobre su aparente fracaso y sobre su creciente disminución en el
mundo. Pero sabe guardarse muy bien de recurrir a la apocalíptica judía para
dividir el mundo entre buenos e impíos, ya que la frontera entre el bien y el
mal pasa a través de cada hombre. La única salida que le queda entonces es
hacer suyo el punto de vista de Cristo. Porque, aunque Cristo haya entrado en
la gloria, no por eso la Iglesia quedará dispensada de la ley del fracaso y de
la significación pascual del sufrimiento.
MAERTENS-FRISQUE - NUEVA
GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA VI - MAROVA MADRID 1969.Pág. 189s
7.- Mt/13/10-17: FE/ESCUCHA: D/MISTERIO
Jesús responde que Dios es
"misterio": no es una realidad fácil de conocer. Dios no está a nivel
de las cosas; se toca una piedra, se ve un árbol, se oye a un amigo. Dios no es
de este orden.
El misterio de Dios no es
una verdad que se impone a la inteligencia humana. Es un secreto, un misterio,
que sólo se da a los que están dispuesto a escuchar. "Mirar sin ver y
escuchar sin oír ni entender".
Esta es la segunda razón
dada por Jesús. Si el misterio de Dios, es de por sí un secreto difícil de
descubrir, es también verdad que muchos hombres son culpables de ni siquiera
buscarlo.
¿Busco yo a Dios? "Ni
entender con el corazón" En-tender, o sea tender en dirección de alguien.
Ser fascinados por Dios. Tomar postura ante él. Dirigirse a él con todo el ser.
Sólo entonces se está en disposición de oír y comprender. Primero se convierte
uno, o sea, se vuelve hacia... se tiende hacia... y después se comprende.
Hasta humanamente, las
mismas cosas son vistas y oídas, de distinta manera por varias personas.
·Scheler ha escrito que si atraviesan un bosque tres sujetos: un pintor, un
botánico y un comerciante de maderas, uno habrá visto unas violetas y colores
maravillosos (el pintor); otro habrá visto unos musgos diminutos y muy raros,
que sólo existen en esa región (el botánico); otro habrá visto cuántos metros
cúbicos de madera se pueden sacar por hectárea (el maderero).
"Dichosos vuestros
ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen". Debiéramos pedir esos ojos
que ven y esos oídos que oyen. Ver con los ojos de la fe tantos acontecimientos
de nuestra vida que solamente vemos con una mirada humana. Toda nuestra vida es
una parábola en la que Dios está escondido y desde donde nos habla. Uno puede
quedarse en el interior de las cosas y de los acontecimientos, o bien,
"ver" y "oír" a Dios en el centro de todas las situaciones
humanas. Creyente es el que ve y oye a Dios en las cosas vulgares -alegres o
tristes- de cada día.
8.- Texto. El domingo
pasado remarcaba Mateo una línea divisoria entre sabios y entendidos por un
lado y gente sencilla por otro. En este contexto se abre la tercera compilación
doctrinal del primer evangelio, caracterizada por las parábolas como vehículo
de enseñanza. El texto comienza con la exposición de la parábola del sembrador
y finaliza con la aclaración de la misma. Entremedio se recoge una conversación
de Jesús con sus discípulos acerca del método de enseñanza adoptado: ¿por qué
hablas a la gente por medio de parábolas?.
La respuesta de Jesús a
esta pregunta deja en claro una cosa: las parábolas son un medio adecuado de no
decir nada a quien no esté en disposición de escuchar y de decir a quien está
en esa disposición. El recurso, pues a las parábolas es una forma de remarcar
la línea divisoria entre los dos grupos arriba mencionados. A un lado de la
línea están los que no ven ni entienden; al otro, los discípulos, es decir,
todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos (Mt. 12,50).
Esta cita de Mateo, tomada
del contexto inmediatamente precedente al texto de hoy, ayuda a aclarar el
origen de la división en dos grupos. Esta no obedece a un decreto de Dios, sino
a la decisión de las propias personas involucradas. El v.11, en efecto, parece
a primera vista estar formulado en el sentido de una división determinada por
Dios. Este versículo, sin embargo, ha de leerse a la luz del 12: al que tiene
se le dará más todavía; al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Esta
formulación resulta chocante, pues tener suele entenderse en sentido de poseer.
No existe, sin embargo, el sentido del verbo ni en la dinámica del texto ni en
el contexto de Mateo. Tener tiene el sentido activo de PRODUCIR. Al que produce
se le dará; al que no produce, no. Así entendida la frase, se comprende
perfectamente que el v. 11 no deba interpretarse en el sentido de decreto
arbitrario de Dios. El recurso, pues, a las parábolas marca en el evangelio de
Mateo la quiebra de un mundo religioso cerrado en sí mismo, el de los sabios y
entendidos, y el surgimiento de una perspectiva abierta y universal, la
representada por los discípulos o gente sencilla. De ahí la larga cita de
Isaías hablando del corazón embotado. De ahí también el realce del momento en
el v. 17: os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver y oír lo que
vosotros.
El texto finaliza
desvelando a los discípulos lo oculto de la parábola. Lo significativo en la
misma son los lugares receptores: vereda, pedregal, maleza, terreno fértil. Los
tres primeros tienen en común su falta de productividad, justamente lo que hay
que evitar. En la versión de Mateo la parábola del sembrador quiere ser una
invitación a ser terreno fértil. No importa la cantidad que se produzca; eso
depende de mil circunstancias e imponderables. Lo verdaderamente importante es
ser productivos.
Comentario.- Lo expuesto
en el análisis del texto no dejar lugar a dudas al buen entendedor: menos
palabras y más hechos. He aquí el santo y seña del buen discípulo. Junto a este
aspecto esencial del texto, hay otro apenas mencionado en el análisis: alegría
por los nuevos tiempos traídos por Jesús. El discípulo está llamado a ser
portavoz del cambio cualitativo aportado por Jesús y a vivir desde la alegría
de ese cambio.
DABAR 1993/37
9.- La presente parábola
es la primera de una serie que recoge Mateo en el capítulo 13. Jesús la
pronunció sin duda en un momento crítico y culminante de su vida pública,
cuando comenzaba a concentrar su atención en los discípulos ante la creciente
incredulidad del pueblo y el rechazo de los fariseos. La parábola del sembrador
experimentó una acomodación pastoral cuando los apóstoles la predicaron a la
primitiva comunidad de Jesús. El comentario que sigue a la parábola y su
interpretación en los v. 18 al 23 es el resultado de dicha adaptación.
El sentido de la parábola
de Jesús es que, a pesar de las dificultades de la siembra, la cosecha está
asegurada; es decir, que el Reino de Dios, iniciado en la persona de Jesús y
proclamado por Jesús, es una fuerza viva que avanza irresistiblemente hacia su
plenitud y gloriosa manifestación, hacia la cosecha final. La Palabra de Dios
es como una semilla, pequeña en apariencia, pero llena de vida. No todos la
escuchan y la albergan en su corazón; pero quienes la reciben con fe darán
fruto. Jesús no habla en parábolas para que no le entiendan; nadie habla en
verdad para que no le entiendan. Esta sentencia (cf. 1,15) significa que la
parábola esconde siempre un sentido profundo y sugiere la conveniencia de una
seria meditación. Sobre todo, es una manera de provocar y de estimular la
atención.
EUCARISTÍA 1993/33
10.- Mateo recoge en el
capítulo 13 siete parábolas sobre el Reino de Dios. Leemos la primera parte y
su interpretación, separadas por una explicación sobre el porqué del lenguaje
parabólico. A lo largo del capítulo se adivina fácilmente la mano del evangelista
en la elaboración de los materiales de que dispone.
A menudo el evangelio
según Mateo nos dice si Jesús está "en casa", donde habla
privadamente con los discípulos, o bien si sale para encontrarse con la gente.
En este caso, vemos que Jesús habla a la gente desde una barca, y no se dice
que vuelva a casa hasta el versículo 36; pero, entre la parábola del sembrador
y su explicación, Jesús habla privadamente a los discípulos, lo que no
concuerda con el hilo de toda la narración. La parábola del sembrador apunta a
lo que sucede en la acción de sembrar, teniendo en cuenta la manera cómo se hacía
en tiempos de Jesús en Palestina: se araba después de sembrar. La parábola hace
referencia al fracaso de la siembra (que se menciona tres veces y de manera
progresiva) y, sobre todo, al éxito final, que es esplendoroso.
La explicación de la
parábola, que seguramente no es original de Jesús, hace referencia más bien a
la tierra que recibe la semilla, es decir, a las disposiciones de los que
escuchan la palabra de Dios y a la acogida que le dan.
Entre la parábola y su
explicación, Mateo ha inserido un fragmento sobre el porqué del lenguaje
parabólico que Jesús utiliza. La parábola revela y esconde a la vez: todo
depende de la sintonía y la disposición del que escucha. Una cita de Isaías
sirve para mostrar lo que ha pasado realmente: algunos se han cerrado a la
palabra de Jesús, mientras que otros (los discípulos) han hecho caso de ella.
Quizá podríamos decir que los discípulos son el verdadero "resto de
Israel" que ha sido fiel a la línea de los profetas y los justos que
deseaban la manifestación de Dios.
JOSEP M. GRANE - MISA
DOMINICAL 1994/09
DOMINGO 15 DEL TIEMPO ORDINARIO
Les
habló en parábolas
Durante
tres domingos, a partir de hoy, escucharemos una serie de parábolas de Jesús
sobre la vida cristiana, que Mateo ha reunido en el capítulo 13, en el tercero
de los "discursos" o "sermones" que ofrece en su evangelio
(ya hemos escuchado el sermón de la montaña y el discurso de la misión). Estas
parábolas, tomadas casi siempre del ambiente doméstico o de la vida del campo,
que era el que más conocían sus oyentes, pero que fácilmente podemos entender
también los que vivimos en la ciudad, son relatos pedagógicamente construidos
que le sirven a Jesús para transmitir los mensajes del Reino, con comparaciones
llenas de expresividad. Pero, como dice él mismo, ante estas parábolas, algunos
"oyen y no entienden", o "miran y no ven". Mientras que a
otros "se les ha dado conocer los misterios del Reino", precisamente
a la "gente sencilla" de la que nos hablaba en el evangelio del
domingo pasado.
Hoy,
y preparada por la breve comparación que hace Isaías de la Palabra de Dios con
la lluvia que empapa la tierra y la hace fértil, escuchamos la conocida
parábola del sembrador y de la eficacia mayor o menor de la semilla, que Jesús
compara con la Palabra de Dios. Vale la pena proclamar serenamente la versión
larga de este evangelio, porque contiene también la "homilía" del
mismo Jesús.
Isaías 55, 10-11. La lluvia hace germinar la tierra
El profeta -seguramente el "segundo Isaías"- invita a la
esperanza. Con la comparación de la lluvia, que fecunda la tierra y le hace
producir fruto, nos asegura que la Palabra de Dios es siempre eficaz y fecunda.
Así nos prepara para escuchar el evangelio, con la parábola del sembrador y la
eficacia de la semilla que es la Palabra de Dios.
También el salmo sigue con la comparación poética de la vida
del campo: la tierra, la acequia de agua, el riego, la llovizna suave
que empapa los terrones, los brotes y, por fin, la cosecha que llena de gozo al
campesino: "las colinas se orlan de alegría... los valles se visten de
mieses que aclaman y cantan".
Romanos
8, 18-23. La creación, expectante, está
aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios
Sigue
hablando Pablo de las consecuencias del Bautismo, por el que hemos entrado en
la vida de Cristo Jesús y somos movidos por el Espíritu. Ya tenemos "las
primicias del Espíritu" en nosotros. Pero ahora queda todo un proceso de
crecimiento, que Pablo describe con fuerza y esperanza incluso cósmica:
"la creación, expectante, aguarda la plena manifestación de los hijos de
Dios". El apóstol se sirve de una comparación muy expresiva, la del parto:
"la creación entera está gimiendo con dolores de parto". Aunque ahora
tengamos que sufrir, la perspectiva futura es optimista, porque esperamos la
liberación de toda esclavitud y la libertad de los hijos de Dios. Como los
dolores del parto -los "gemidos"- de una mujer anuncian la alegría
del nacimiento de una nueva vida.
Mateo 13, 1-23. Salió el sembrador a sembrar.
La
parábola del sembrador, la primera de la serie, en sí es muy breve, describiendo
el proceso desde la siembra hasta la cosecha, con el dispar éxito de la semilla
que el sembrador siembra en el campo en cuanto a los frutos finales, por culpa
de los pájaros, o del sol, o de los espinos.
Pero
Jesús, después, nos ofrece él mismo lo que se podría llamar la
"homilía" de la parábola, aplicándola a la escucha de la Palabra de
Dios por parte de los creyentes, y las diversas circunstancias y actitudes
nuestras que hacen que esa Palabra, que de por sí es eficaz y siempre
salvadora, produzca más o menos fruto.
La Palabra es eficaz
Se
puede entender la parábola de Jesús desde dos perspectivas. Una, más optimista,
que parece ser su sentido original: a pesar de todos los obstáculos que los
humanos le ponemos, la Palabra de Dios está llena de vigor y siempre produce
fruto y, a la larga, es fecunda. O se puede ver desde el otro lado, más
pesimista: por muy eficaz y llena de fuerza interior que sea la Palabra de
Dios, el Maligno nos la roba o nosotros mismos le ponemos tantos obstáculos,
que le podemos restar eficacia.
La
comparación de Isaías es muy clara y apunta a la primera línea: la lluvia y la
nieve empapan la tierra y la hacen fecunda. Así la Palabra de Dios cumple
siempre su misión: "no vuelve a Dios vacía". Nuestras palabras
humanas muchas veces sí son estériles y vacías. Lo que se dice en Hamlet:
"palabras, palabras, palabras". Pero la de Dios siempre es cercana y
despierta y eficaz. Como la del Génesis: "dijo, y se hizo". Es
siempre Palabra creadora, vivificadora. Es como la semilla que contiene en sí
misma una potencia admirable que dará lugar a un proceso de germinación y al
fruto. Es lo que nos ha hecho repetir el salmo responsorial: "la semilla
cayó en tierra buena y dio fruto". Ojalá que el ciento por uno.
No da fruto automáticamente
Pero
por muy poderosa que sea esa Palabra, no actúa automáticamente.
Es
hermosa y comprensible para toda la comparación de la semilla que cae en los
surcos preparados en el campo y que está destinada a dar una cosecha lo más
abundante posible. Así es la Palabra de Dios que nos es proclamada y que
escuchamos y acogemos los creyentes, por ejemplo, en la celebración de la
Eucaristía.
Pero
la semilla no siempre produce igual fruto: si cae en el camino o entre espinos
o entre piedras, producirá mucho menos que si en tierra buena. Y aun la que cae
en el terreno previsto, depende de si encuentra una parcela más o menos abonada
o más o menos profunda, para que el fruto sea de treinta o sesenta o ciento por
uno. Así es la Palabra que escuchamos. Dios la siembra en nosotros con la misma
ilusión con que un campesino siembra su semilla en el campo. Pero Jesús nos
dice qué suerte dispar puede tener en nosotros el proceso de asimilación de esa
Palabra. Por parte de Dios siempre es eficaz, y salvadora. Pero por parte
nuestra, no.
La
semilla que cae en el camino, y se la llevan los pájaros, dice Jesús que es la
Palabra que hemos oído, seguramente con buena voluntad, pero viene el Maligno y
nos la arrebata. La que cae entre piedras y no puede echar raíces y acaba por
quedar reseca por el sol implacable, dice Jesús que es como la Palabra que no
puede echar raíces en algunas personas, por lo superficiales que son, y sus
buenos propósitos se van al traste ante cualquier pequeña dificultad. La
semilla que cae entre espinos, es la Palabra que es ahogada por la seducción de
las riquezas y las demás preocupaciones de nuestra vida.
Cada
uno sabrá qué obstáculos encuentra en su caso la Palabra poderosa y salvadora
de Dios para no producir los frutos que se esperaban. Esto les puede pasar no
sólo a los que están alejados de la fe, sino también a los creyentes, que van
acogiendo la semilla de la Palabra, pero a la vez se dejan llenar la mente de
mil preocupaciones que les hacen olvidar lo que han escuchado, se
"distraen" con otras palabras que también escuchan, son inconstantes
o superficiales, y así no puede producir fruto. La Palabra nos interpela muy
personalmente, si la dejamos resonar. Nos ilumina, nos juzga, nos ayuda a
discernir, nos estimula, no nos deja en paz. Pero pueden ponerse en marcha,
casi insensiblemente, mecanismos de autodefensa que impiden que tomemos en
serio lo que nos ha dicho Dios.
Salió el sembrador...
Ante
los muchos casos de fracaso en la tarea de evangelización, no podemos caer en
la tentación de dudar de la fuerza interna que pueda tener la Palabra misma.
Como dice Isaías, siempre produce algún fruto, no vuelve a Dios vacía.
Pero
sí podemos detenernos a pensar si el defecto puede estar en el sembrador, o en
su "falta de puntería" al no arrojar la semilla en el campo, o
sencillamente en la ausencia de sembradores. Es una palabra de ánimo para los
diversos "sembradores" que también ahora hacen falta para dar a
conocer el plan salvador de Dios: los misioneros, los predicadores, los
catequistas, los padres cristianos, los maestros que quieren educar también en
la fe...
No
siempre producirá efecto nuestro esfuerzo. Como tampoco fueron sólo éxitos los
que cosechó el mismo Jesús, o el infatigable Pablo. Pero, sean cuales sean los
resultados inmediatos, tenemos que ser generosos en la tarea de evangelización
y sembrar con ilusión a diestro y siniestro, comunicar a cuantos podamos la
Palabra salvadora de Dios. Ella es la que producirá fruto.
El
sembrador no siempre es el que cosecha a corto plazo. Una persona puede recibir
la semilla del evangelio en un retiro, en la experiencia de una visita del
Papa, en la peregrinación a un santuario, en el coloquio con una persona
creyente. Es la semilla. Nosotros tenemos que favorecer el que exista este
contacto. Debemos procurar que no caiga entre espinos o entre piedras o en el
camino, sino en tierra buena. Dios será quien riegue y haga crecer esa semilla,
hasta producir fruto. Lo que nos toca a nosotros es sembrar con ilusión, aunque
no veamos resultados. Es Dios quien salva, y su Palabra, nos dice Jesús, es
eficaz.
Con dolores de parto
Es
valiente y poderosa la comparación que aporta Pablo para hacernos entender el
proceso dinámico que espera a los cristianos desde el inicio del Bautismo hasta
la plenitud de la vida eterna. Estamos todos, el cosmos y cada uno, en
gestación, como en dolores de parto.
Ya
poseemos las primicias del Espíritu, pero esperamos la plenitud, la maduración,
la "plena manifestación de los hijos de Dios", "la libertad
gloriosa", "la redención de nuestro cuerpo". Es una visión
dinámica y comprometedora de la vida cristiana. La comparación de la mujer que
espera un hijo la puso el mismo Jesús: "La mujer, cuando va a dar a luz,
está triste, porque le ha llegado su hora. Pero cuando ha dado a luz al niño,
ya no se acuerda del aprieto, por el gozo de que ha nacido un hombre en el
mundo" (Jn 16,21). Pablo dice que no hay ni punto de comparación entre lo
que nos toca sufrir aquí abajo con la gloria que Dios nos prepara en la vida
definitiva.
Uniendo
esta imagen de las dificultades con la de la siembra y la cosecha, recordemos
el salmo 125, que dice que los campesinos "al ir iban llorando, sembrando la
semilla; al volver vuelven cantando, trayendo las gavillas". Sembrar a
veces cuesta, y también seguir cuidando el campo. Pero la alegría de la cosecha
supera y da por bien empleados todos los sudores del camino.
En
la Plegaria Eucarística IV del Misal miramos esperanzados hacia el final de la
historia, cuando "junto con toda la creación, libre ya del pecado y de la
muerte", esperamos todos gozar definitivamente de la plenitud de gloria y
de vida con Dios.
Invitación a la vigilancia
La
parábola de hoy incluye una advertencia a los creyentes: tienen que vigilar,
porque el Maligno puede robarnos esa semilla de la Palabra de Dios que hemos
escuchado. En medio de la vida ajetreada de hoy, y con tantas voces
discordantes, puede suceder esto con facilidad.
Pablo
nos viene avisando de que la semilla del Bautismo debe ir creciendo y madurando
en nuestra vida. Según la enseñanza de Jesús, nosotros mismos somos el campo en
el que puede suceder una historia de fecundidad o de esterilidad. Nosotros
mismos, no los pecadores de este mundo o las gentes que no tienen todavía mucha
formación religiosa, debemos, no sólo escuchar la Palabra, sino acogerla,
asimilarla, "guardarla", intentar vivir según ella, para producir el
fruto que Dios espera de nosotros.
Nos
podemos hacer con sinceridad la pregunta: ¿cómo es que esa Palabra de Dios, que
escuchamos tantas veces, y con buena voluntad, no produce frutos en nosotros?
Ciertamente no es que la rechacemos, sino que algo la ahoga y la hace ineficaz.
La semilla quiere crecer, brotar, dar fruto. Pero tenemos que vigilar para no
ponerle dificultades. Para eso necesitamos estar despiertos, vigilantes.
El
mundo de hoy -no hace falta que el Maligno actúe de un modo explícito
tentándonos- tiene a veces más cercanía y fuerza que la misma Palabra. La
vigilancia sobre nuestro "campo" es necesaria. A veces un niño es
educado en la fe, y la vive con gozo, y puede seguir haciéndolo en la
adolescencia, pero luego entra el joven en la Universidad o en el mundo del
trabajo, y según en qué compañías de amigos caiga, puede enfriarse su fe y
alejarse de la Palabra. Alguien ha "robado" esa semilla que tenía
sembrada. Espinos, pájaros, el sol, el Maligno...
La
Palabra que nos dirige Dios es a la vez don y responsabilidad, regalo y
compromiso. La Palabra es eficaz de por sí. Pero necesita que se cuide el
terreno. No actúa milagrosamente. La Palabra respeta la libertad de cada
persona, y cada uno debe poner de su parte su actitud de acogida y de
asimilación. Como en los campos se colocan estratégicamente unos espantapájaros
para ahuyentar a las aves que pueden robar la semilla, en nuestra vida
deberíamos poner todos los medios para que las voces y los afanes de este mundo
no hagan estéril la semilla de la Palabra de Dios que quiere actuar en
nosotros. Cada uno sabrá cuáles son los "pájaros" o las
"zarzas" o las "piedras" o "el Maligno" que
inutilizan en nosotros la fuerza salvadora y transformadora de la Palabra.
Al
final del capítulo de las parábolas, que hemos empezado a escuchar hoy, Jesús
pregunta a los suyos: ¿habéis entendido todo esto? Ojalá podamos responder
nosotros que sí, que no sólo hemos oído la historia, sino que hemos comprendido
y aceptado su intención y su interpelación para nuestra vida. Entonces se
cumplirá otra bienaventuranza que Jesús añade hoy a su lista: "dichosos
vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen".
LOS DOMINGOS DEL CICLO A
(JOSE ALDAZABAL)
PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO XV TIEMPO ORDINARIO 2026
(12 DE JULIO)
01.-
CRISTO LUZ DE LOS PUEBLOS
Proclamemos el reino de la vida,
aclamemos el triunfo del Señor,
celebremos ya todos reunidos
el banquete del Pan y del Amor.
¡Cristo, luz de los
pueblos, aleluya!
¡Cristo, luz de los
pueblos, pascua y liberación!.
Por todos los caminos de la tierra,
llegamos a ti.
Cargados de pesares y esperanzas, te
buscamos a ti.
Tu mesa es nuestro mundo,
tu pan multiplicaste,
el vino nos alegra el corazón.
¡Cristo, luz de los
pueblos, aleluya!
¡Cristo, luz de los
pueblos, pascua y liberación!
Sembraste el evangelio en nuestros surcos
florece la verdad.
Madura contra el hombre
el fruto cierto de la fraternidad.
Tu amor y tu justicia rompen toda frontera,
la paz es el fin de la tribulación.
¡Cristo, luz de los pueblos, aleluya!
¡Cristo, luz de los pueblos, pascua y
liberación!
Haremos de esta tierra ya tu casa,
la nueva humanidad.
Unidos los hermanos brindaremos
con tu vino y con tu pan.
Revestidos de gozo cantaremos
la vida que nos ganaste en tu resurrección.
¡Cristo, luz de los
pueblos, aleluya!
¡Cristo, luz de los
pueblos, pascua y liberación!
02.- CADA
MAÑANA (Cesareo Garabain)
1.-
Una mañana el sembrador
salió
a los campos para sembrar;
una
mañana el sembrador
sembró
en mi vida su bondad.
CADA
MAÑANA EL SEMBRADOR,
SEMBRANDO
ESTÁ EN MI CORAZÓN.
CADA
MAÑANA EL SEMBRADOR,
ESPERA
EL TRIGO DE MI AMOR.
2.-
Una mañana el sembrador
sembró
el camino y el pedregal;
una
mañana el sembrador
no
pudo entrar en mi heredad.
3.-
Una mañana el sembrador
en
tierra buena quiso sembrar;
una
mañana el sembrador
tan
solo espinas pudo hallar.
4.
Una mañana el sembrador
en
cada grano cien quiere hallar;
una
mañana el sembrador
sembró
en mi vida con afán.
03.- CON
ALEGRIA EN EL CORAZON
CON
ALEGRÍA EN EL CORAZÓN
QUEREMOS
CANTARTE, SEÑOR.
CON
ESPERANZA, CON FE Y CON AMOR
QUEREMOS
LLEGAR A TU MESA, SEÑOR.
1.-
Con alegría de amistad
compartida
en una comida;
con
esperanza de escuchar
tu
Palabra, que da la vida.
2.-
Con alegría de fiesta
de
hermanos en la Eucaristía;
con
la fe y el amor que exige
juntarnos
en tu comida.
3.-
Con alegría los primeros cristianos
su
amor compartían;
con
esperanza seguiremos
sus
huellas y ejemplo de vida.
04.-
BENDITO SEAS SEÑOR (F. Palazon)
BENDITO
SEAS, SEÑOR,
POR
ESTE PAN Y ESTE VINO
QUE
GENEROSO NOS DISTE
PARA
CAMINAR CONTIGO,
Y
SERÁN PARA NOSOTROS
ALIMENTO
EN EL CAMINO.
1.-
Te ofrecemos el trabajo,
las
penas y la alegría,
el
pan que nos alimenta
y
el afán de cada día.
2.-
Te ofrecemos nuestro barro
que
oscurece nuestras vidas
y
el vino que no empleamos
para
curar las heridas.
05.- ESTE
PAN (Alfonso Luna)
1.-
Este pan y este vino
te
ofrecemos hoy
este
pan y este cáliz
te
ofrecemos hoy.
Es
el fruto de nuestro trabajo, Señor
y
es el fruto de nuestra unión.
BENDITO
SEAS POR SIEMPRE SEÑOR
BENDITO
SEAS POR SIEMPRE SEÑOR.
2.-
Estas manos y estos dones
te
ofrecemos hoy
nuestras
vidas y estas flores
te
ofrecemos hoy.
Es
el fruto de nuestro trabajo, Señor
y
es el fruto de nuestra unión.
BENDITO
SEAS POR SIEMPRE SEÑOR
BENDITO
SEAS POR SIEMPRE SEÑOR
POR
SIEMPRE, POR SIEMPRE.
06.- PAN
Y VINO DE AMOR (Brotes de Olivo)
En
la tierra la sembró el sembrador,
la
semilla de tu pan, Señor.
Y
después el viñador trabajó en buena lid,
y
las tierras ven crecer las espigas y la vid.
El
trigo se molió en el moli-ino
rompiendo
su cuerpo como tú.
La
uva la pisó el hombre en el lagar,
igual
que tú te dejaste pisar.
Y
ahora, convertido en pan y vino,
tu
pueblo lo ofrece en tu altar.
Conviértelos,
oh, Dios, son frutos de tu amor,
en
tu Cuerpo y Sangre, Señor.
El
trigo se molió en el moli-ino
rompiendo
su cuerpo como tú.
La
uva la pisó el hombre en el lagar,
igual
que tú te dejaste pisar.
Y
ahora, convertido en pan y vino,
tu
pueblo lo ofrece en tu altar.
Conviértelos,
oh, Dios, son frutos de tu amor,
en
tu Cuerpo y Sangre, Señor.
07.-
EUCARISTIA, MISTERIO DE AMOR (Alfonso Luna)
1.-
Eucaristía, misterio de amor,
Eucaristía,
comida del pan.
Hoy
le comemos en esta mesa,
hoy
nos unimos al comulgar.
CRISTO
ESTA AQUÍ, VINO AL ALTAR.
DIOS
ES COMIDA QUE SE NOS DA.
2.-
Eucaristía, es su regalo,
Eucaristía
es un gran don:
en
esta Misa lo celebramos
todos
unidos en comunión.
3.-
Tu vida, joven, tiene sentido,
cuando
te acercas a comulgar;
en
esta fiesta, Cristo te invita:
Dios
es comida, comparte tu pan.
08.- LA
EUCARISTIA ES COMPARTIR (Alfonso Luna)
LA
EUCARISTÍA ES COMPARTIR,
EL
MISMO PAN, EL MISMO DIOS;
LA
EUCARISTÍA ES COMPARTIR,
TODO
EL MUNDO EN TU CORAZÓN.
1.-
La misma fe nos congrega,
la
misma fe en tu altar;
a
todos los hombres, en todo lugar.
2.-
Los niños del mundo unidos,
en
un sólo corazón;
vivamos
juntos la Misa,
unidos
los hombres en un sólo amor.
09.- UNA
ESPIGA DORADA POR EL SOL
UNA
ESPIGA DORADA POR EL SOL,
UN
RACIMO QUE CORTA EL VIÑADOR,
SE
CONVIERTEN AHORA EN PAN Y VINO DE AMOR,
EN
EL CUERPO Y EN LA SANGRE DEL SEÑOR.
Compartimos
la misma comunión,
somos
trigo del mismo sembrador,
un
molino, la vida nos tritura con amor,
Dios
nos hace Eucaristía en el amor.
Como
granos que han hecho el mismo pan,
como
notas que tejen un cantar,
como
gotas de agua que se funden en el mar,
los
cristianos un cuerpo formarán.
A
la mesa de Dios se sentarán,
como
hijos su pan comulgarán,
una
misma esperanza caminando cantarán,
y
en la vida como hermanos se amarán.
09.- UNA
ESPIGA DORADA (OTRA VERSION) (Cesareo Garabaín)
UNA
ESPIGA DORADA POR EL SOL,
EL
RACIMO QUE CORTA EL VIÑADOR,
SE
CONVIERTEN AHORA EN PAN Y VINO DE AMOR
EN
EL CUERPO Y LA SANGRE DEL SEÑOR.
2.-
Comulgamos la misma comunión,
somos
trigo del mismo sembrador,
un
molino, la vida nos tritura con dolor,
Dios
nos hace Eucaristía en el amor.
3.-
Como granos que han hecho el mismo pan
como
gotas que tejen un cantar,
como
gotas de agua que se funden en el mar
los
cristianos un cuerpo formarán.
4.-
En la mesa de Dios se sentarán,
como
hijos, su pan comulgarán,
una
misma esperanza caminando, cantarán,
en
la vida como hermanos se amarán.
10.- EL
VIÑADOR (Cesareo Garabain)
1.-
Por los caminos sedientos de luz,
levantándose
antes que el sol,
hacia
los campos que lejos están
muy
temprano se va el viñador.
No
se detiene en su caminar
No
le asusta la sed ni el calor.
Hay
una viña que quiere cuidar
Una
viña que es todo su amor.
DIOS
ES TU AMIGO, EL VIÑADOR
EL
QUE TE CUIDA DE SOL A SOL
DIOS
ES TU AMIGO, EL VIÑADOR
EL
QUE TE PIDE FRUTOS DE AMOR.
2.-
Él te protege con un valladar
Levantado
en tu derredor
Quita
del alma las piedras del mal
Y
ha elegido la cepa mejor.
Limpia
los surcos con todo su afán
Y
los riega con sangre y sudor
Dime
si puede hacer algo más
Por
su viña el viñador.
3.-
Por los caminos sedientos de luz
Levantándose
antes que el sol
Hacia
los campos que lejos están
Muy
temprano se va el viñador.
Sólo
racimos de amargo sabor
Ha
encontrado en tu corazón
Dime
si puede hacer algo más
Por
su viña el viñador.
11.-
VIRGEN DEL CARMEN
Virgen
del Carmen bella,
Madre
del Salvador,
de
tus amantes hijos
oye
el cantar de amor (bis).
Dios
te salve María,
del
Carmen bella flor,
Estrella
que nos guía
hacia
el sol del Señor (bis).
Junto
a ti nos reúnes,
nos
llamas con tu voz,
quieres
formar de Perú
un
pueblo para Dios (bis).
Dios
te salve María…
Somos
un pueblo en marcha
en
busca de tu luz, guíanos,
Madre
nuestra,
llévanos
a Jesús (bis).
Dios
te salve María…
Haznos
cristianos Madre,
cristianos
de verdad,
Hombres
de fe sincera,
de
viva caridad.
Dios
te salve María…