viernes, 4 de septiembre de 2026

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXIII T.O. CILO A - 6 SETIEMBRE 2026

ATREVERSE A REPROCHAR


Evangelio según Mateo 18, 15-20 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus  discípulos: “Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te  escucha, habrás salvado a tu hermano.

 

COMENTARIO

Hay pocas personas que sean capaces de hacer lo que Jesús nos pide: Si tu hermano peca, ve y házselo saber, a solas entre los dos. Se habla mucho, pero a espaldas de la gente. Mira esa muchacha, ¿te has enterado?... ¡qué mala suerte!. O bien se enfrenta uno con el otro, se le echa en cara su conducta, se le grita, se le dicen cuatro verdades. Jesús nos pide que seamos prudentes y cariñosos: Hazle saber su falta, repréndele mansamente y a solas. Si te hace caso, lo habrás ganado. Ganarlo. Para comprender bien esta palabra, hay que pensar en el grito del padre del hijo pródigo. ¡Mi hijo estaba perdido y lo he vuelto a encontrar!. Cuando se habla a un culpable con estos sentimientos, hay algunas oportunidades de ganarlo. ¡Ganarlo!, ¡No conquistarlo a la fuerza!. Con frecuencia reprochamos a los demás sus defectos, pero quizás no hayamos demostrado nunca que se trata en ese caso de un acto evangélico, que exige por consiguiente un corazón evangélico.

¿Qué es lo que hormiguea en mi corazón en el momento en que me dispongo a reprocharle algo a alguien? El interpretado descubrirá muy pronto ese terrible gusto de humillar del que pocos corregidores se libran. O, bien si ponemos el orden y nuestro honor por encima de todo, nos costará mucho dominar nuestra cólera ¡Ya ves en qué situación nos has puesto! ¿Te imaginas lo que la gente va a pensar de nosotros?. Generalmente la reacción del otro es: ¡Es asunto mío!.

Encontraremos el tono para decirles: Es también problema mío. Yo no puedo quedarme indiferente. Perdona mi falta de acierto y escucha solamente la preocupación que siento por ti, porque te quiero. Jesús nos pide que permanezcamos en el amor, aunque sea muy difícil; si, no ¿qué es lo que nos quiere decir amar?. Quizás tengamos que encajar cosas muy duras. Lo dicen todos los padres y responsables: ahora, apenas se atreve uno a hacer algunas advertencias, enseguida lo atacan: Mucho hablar y mucho predicar, pero ¿prácticas tú acaso tu moral? Podría intentarse la humorada (si se puede): Tienes razón, yo veo tu paja y no viga en el ojo. Pero hablaremos ahora de tu paja.

Las advertencias se reciben muy mal y tenemos tantas necesidades de un poco de paz que nos entrará la tentación de evitar ese deber tan desagradable. A no ser que seamos malgeniados de nacimiento, ¡eso sería otra cuestión! De ordinario, nos dejamos llevar, pero el deseo de tranquilidad a toda costa no es ciertamente evangélico. ¡Cuántas veces una palabra inteligente, tranquila y cariñosa, había a su alrededor amigos que veían claro y que se lamentaban, sin atreverse a dar el paso: Sería conveniente hablar con él...

Pues bien, háblale tú. Déjate impulsar por Jesús que te dice: Procura ganarlo.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 118, 137.124

Señor, tú eres justo, tus mandamientos son rectos. Trata con misericordia a tu siervo.

 

ORACIÓN COLECTA

Oh, Dios, por ti nos ha venido la redención y se nos ofrece la adopción filial; mira con bondad a los hijos de tu amor, para que cuantos creemos en Cristo alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Ezequiel 33, 7-9

Esto dice el Señor: «A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel; cuando escuches una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte. Si yo digo al malvado: "Malvado, eres reo de muerte", pero tú no hablas para advertir al malvado que cambie de conducta, él es un malvado y morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. Pero si tú adviertes al malvado que cambie de conducta, y no lo hace, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado la vida».


SALMO RESPONSORIAL (Sal 94, 1-2.6-9)

 

Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: “No endurezcan su corazón”.

 

Vengan, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R.

 

Entren, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque Él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que Él guía. R.

 

Ojalá escuchen hoy su voz: «No endurezcan el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando sus padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 8-10

Hermanos. A nadie le deban nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho, el “no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás”, y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO 2 Co 5, 19ac

Aleluya. Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación. Aleluya.

 

SANTO EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. En verdad les digo que todo lo que aten en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en los cielos. Les digo, además, que, si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Confiando en la promesa de Cristo: «Si dos se ponen de acuerdo para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo», oremos confiadamente:

 

1.- Por la Iglesia, para que sea un lugar de reconciliación, manifestando así al mundo el perdón de Dios. Roguemos al Señor.

 

2.- Por cuantos ejercen cargos de responsabilidad a todos los niveles en la Iglesia, en la sociedad civil, en la familia, para que sepan aceptar la crítica constructiva, reconociendo los propios defectos. Roguemos al Señor.

 

3.- Por los que sufren enfermedades graves, para que reciban de Dios la sanación, si es su voluntad, y la fortaleza para que no se desanimen ante las dificultades y vivan en la esperanza de los bienes eternos. Roguemos al Señor.

 

4.- Por todos nosotros, para que hagamos vida el mensaje del amor que la Palabra de Dios nos ha transmitido este día y aprendamos a amarnos, corrigiéndonos fraternalmente. Roguemos al Señor.

 

Señor, Dios nuestro, Tú corriges poco a poco a los que caen, y a los que pecan les recuerdas su pecado, para que se conviertan y crean en ti; enséñanos a amarnos y escucha nuestras súplicas. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Oh, Dios, autor de la piedad sincera y de la paz, te pedimos que con esta ofrenda veneremos dignamente tu grandeza y nuestra unión se haga más fuerte por la participación en este sagrado misterio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNIÓN Jn 8, 12

Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida, dice el Señor.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Concede, Señor, a tus fieles, alimentados con tu Palabra y vivificados con el sacramento del cielo, beneficiarse de los dones de tu Hijo amado, de tal manera que merezcamos participar siempre de su vida. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 07: 1Co 5, 1-8; Sal 5, 5-6. 7. 12; Lc 6, 6-11

Martes 08: Mi 5 1-4ª;(o bien Rm 8, 28-30); Sal 12, 6; Mt 1, 1-16.18-23

Miércoles 09: 1Co 7, 25-31; Sal 44, 11-12. 14-15. 16-17; Lc 6, 20-26

Jueves 10: 1Co 8, 1b-7.11-13; Sal 138, 1-3. 13-14ab.23-24; Lc 6, 27-38

Viernes 11: 1Co 9, 16-19. 22b-27; Sal 83, 3.4. 5-6. 12; Lc 6, 39-42

Sábado 12: 1Co 10, 14-22; Sal 115, 12-13. 17-18; Lc 6, 43-49

Domingo 13: Eclo 27, 33-28, 9; Sal 102, 1bc-2. 3-4. 9-10. 11-12; Rm 14, 7-9; Mt 18, 21-35

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Mt 18, 15-20

 

1.- Texto. Mateo aborda en él un nuevo aspecto en la dinámica de la vida de los discípulos. Es la primera vez que emplea el término "hermano" para designar la relación existente entre los miembros de la comunidad de discípulos de Jesús. El pecado a que se refiere la condicional "si tu hermano peca" es, con bastante probabilidad, la ofensa o perjuicio de un hermano a otro.

Los tres versículos iniciales presentan tres maneras o caminos de ganar al hermano. Detrás de los dos primeros son perfectamente reconocibles procedimientos habituales entre los judíos y sancionados por los propios libros sagrados. Para la reprensión privada ver Lev. 19,17; para la reprensión en presencia de dos o tres testigos ver Deut. 19, 15.

Los procedimientos reseñados en estos tres últimos versículos son considerados habitualmente como corrección fraterna. Y ciertamente lo son, aunque son también mucho más por ir seguidos del v. 18, cuyas palabras expresan y significan el poder de perdonar los pecados: "Todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo". Estas palabras se refieren al conjunto de los procedimientos anteriores, confiriendo a éstos la condición de actos y gestos de perdón con valor ante Dios.

Quedan, por último, los versículos finales 19-20. Corren el riesgo de ser leídos e interpretados como si no guardaran relación alguna con lo anterior. La propia traducción no ayuda a percibir la relación. "Os aseguro además" invita a pensar en un añadido distinto, cuando en realidad el texto griego expresa repetición: "Os repito: si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo". Los versículos finales reiteran con otras palabras la correlación de tierra y cielo, hombre y Dios, de la que ha hablado el v. 18. El ponerse, pues, de acuerdo para pedir algo no tiene en este texto un contenido indiscriminado; se refiere al acuerdo en materia de perdón. El Padre del cielo ratifica el perdón otorgado en la tierra por un hermano a otro.

Comentario. Es de todos conocido que el cap. 18 de Mateo está todo él centrado en el dinamismo que debe caracterizar a las relaciones de los discípulos de Jesús entre sí. Se trata de un capítulo genuinamente eclesial. En el texto de hoy este dinamismo recibe el nombre de perdón. Las ofensas y perjuicios entre hermanos son escándalos que conllevan pérdida de fraternidad. Esta no se recupera si el ofendido o perjudicado no gana al ofensor por la vía del perdón.

Perdonar es ganar hermanos. Unirse para perdonar es tarea cristiana, probablemente la más grata al Padre del cielo. Con la prudencia y la reserva exigidas por el tema, me atrevo a sugerir la necesidad de profundizar en las posibilidades que este texto ofrece de cara a una deseada renovación y revitalización de las formas del sacramento del perdón. A la vista, a su vez, del texto, estas posibilidades parten y pasan necesariamente por una recuperación del sentido comunitario, es decir, del sentido de la fraternidad. Si la vivencia de este sentido no falla o no se da, será difícil que el orden existente pueda cambiar.

A. BENITO - DABAR 1990/45


 

2.- CORRECCIÓN-FRATERNA

Estas palabras de Jesús continúan el tema de la parábola anterior en la que enseña que es preciso salir en busca de la oveja perdida aun dejando en el monte las noventa y nueve restantes (v. 12-14). Es el tema del cuidado por la salvación del prójimo. La corrección fraterna está al servicio de ese cuidado.

La corrección fraterna debe tener lugar primero en la intimidad, entre dos personas, con tacto y amorosamente. Si el pecador se arrepiente, habrá salvado a un hermano para la vida eterna.

Según Dt. 19, 15, un tribunal sólo puede condenar legítimamente si consta del delito por dos o tres testigos. En el presente caso, el testimonio debe convencer al culpable de la necesidad de hacer penitencia. El proceso sigue siendo todavía secreto.

La última instancia es la "iglesia", es decir, la comunidad de los discípulos de Jesús reunida en un lugar concreto. Ella tiene poder para expulsar a uno de sus miembros (cf. 1 Cor 5, 1-5) y para admitirlo cuando se convierta de corazón. "Atar y desatar" tiene el sentido de expulsar y admitir de nuevo en la comunidad eclesial. Según este texto, Jesús confiere tal poder a la comunidad de sus discípulos. Claro que la comunidad eclesial sólo puede actuar por medio de sus legítimos representantes, de ahí que este mismo poder lo confiera Jesús de un modo especial a Pedro (16, 19). Sin embargo, la comunidad eclesial, todos los discípulos de Jesús debieran participar más explícitamente en este proceso (cf. 1 Cor 5, 2) de lo que sucede hoy en la "confesión". Así se vería más claramente que la paz con la Iglesia es el signo de la paz con Dios, el perdón. La comunidad es siempre comunión en el Señor, y comienza donde dos se reúnen en su nombre. La presencia de Jesús en la comunidad hace que la oración eclesial sea escuchada por el Padre. Por tanto, la misma presencia que confiere ese valor especial a la oración es también la que da a la comunidad el poder de "atar y desatar".

EUCARISTÍA 1990/42


 

3.- "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre". He aquí la comunidad creyente: la que se reúne en nombre de Jesús. Es el ámbito de la presencia de su Señor. De aquí que la palabra que proclamamos juntos es más que recuerdo, estudio, exhortación: es presencia viva y activa del Señor. De aquí la fuerza de los sacramentos: ni ritos mágicos, ni compromisos voluntaristas; es el mismo Señor quien bautiza, es él mismo quien celebra con nosotros la eucaristía, es él quien ora con nosotros y en nosotros; o mejor, nosotros oramos "por él, con él y en él". Avivemos nuestra fe: nos hemos reunido en nombre de Jesús. La Iglesia es siempre más que nuestra suma.

-"Si tu hermano peca...". No estamos acostumbrados a la corrección fraterna; más bien nos parece una práctica ridícula de ciertas congregaciones religiosas. También la palabra "pecado" ha perdido fuerza para nosotros y queda muy reducida a determinadas dimensiones individuales. ¿No merecería la pena que reflexionásemos sobre aquellos comportamientos que son contradictorios con el seguimiento de Jesucristo?. La Iglesia no es una comunidad de puros, sino de pecadores; pero es la comunidad de Jesús. Y el seguimiento del Señor no se aviene con toda clase de comportamientos, que desfiguran su rostro y desvirtúan a la comunidad. Entre el purismo y el laxismo, debemos encontrar un camino que cohesione a los que hemos decidido seguir a Jesús, a pesar de las propias debilidades y de los propios pecados.

-"Todo lo que atéis en la tierra...". Hace quince días estas palabras se dirigían a Pedro; hoy se dirigen a la Iglesia. Los vínculos que existen entre nosotros son más que simples lazos humanos: comprometen al "cielo", porque el "cielo" se ha comprometido con nosotros. Pero es siempre con temor que podemos proceder a atar y desatar, a determinar cuál es el pecado que compromete de verdad el seguimiento en la comunidad de Jesús. La excomunión no es un arma política; ni tiene porqué ser un residuo o un recuerdo histórico. Pero sí pide una actualización sobre los "pecados" que cuestionan el rostro público de la comunidad de los seguidores de Jesús. Y una participación de la Iglesia -es decir de toda la comunidad reunida- en su determinación.

J. TOTOSAUS - MISA DOMINICAL 1987/17


4.- PERDÓN/TALIÓN:

a) El tema importante de este pasaje es el perdón. Cristo recuerda su obligatoriedad (vv. 21-23) y al mismo tiempo da poderes para concederlo (vv. 15-18). La nueva era se caracteriza porque el Señor ofrece al hombre la posibilidad de liberarse del pecado, no solo triunfando del suyo en la vida personal, sino también triunfando del de los demás por medio del perdón.

No será inútil recordar las principales etapas de la legislación judía que han provocado y autorizado esta ley sobre el perdón. La sociedad primitiva se manifestaba violentamente contra la falta del individuo, porque carecía de medios para perdonarle y tan solo podía vengar la ofensa mediante un castigo ejemplar setenta y siete veces más fuerte que la misma falta (Gen 4, 24). Se producirá un progreso importante cuando la ley establezca el talión (Ex 21, 24). El Levítico (Lev 19, 13-17) da un paso más hacia adelante.

Propiamente hablando no establece la obligación del perdón (el único caso de perdón en el Antiguo Testamento es: 1 Sam 24 y 1 Sam 26), pero insiste en la solidaridad que une a los hermanos entre sí y les prohíbe acudir a los procedimientos judiciales para arreglar sus diferencias. La doctrina de Cristo sobre el perdón señala un progreso decisivo. El Nuevo Testamento multiplica los ejemplos: Cristo perdona a sus verdugos (Lc 23, 34); Esteban (Act 7, 59-60), Pablo (1 Cor 4, 12-13) y otros muchos hacen lo mismo.

Generalmente, la exigencia del perdón va ligada a la inminencia del juicio final: para que Dios nos perdone en ese momento decisivo es necesario que nosotros perdonemos ya desde ahora a nuestros hermanos (sentido parcial del v. 35) y que tomemos como medida del perdón la misma que medía primitivamente la venganza (v. 22; cf. Gén 4, 24). Basado en la doctrina de la retribución (Mt 6, 14-15; Lc 11, 4; Sant 2, 13), este punto de vista es todavía muy judío. Pero la doctrina del perdón se orienta progresivamente hacia un concepto típicamente cristiano; el deber del perdón nace entonces del hecho de que uno mismo es perdonado por Dios (Mt 18, 23-35; Col 3, 13). El perdón que se ofrece a los demás no es, pues, tan solo una exigencia moral; se convierte en el testimonio visible de la reconciliación de Dios que actúa en cada uno de nosotros (2 Cor 5, 18-20).

El perdón no podía concebirse dentro de una economía demasiado sensible a la retribución y a la justicia de Dios entendida como una justicia distributiva. Corresponde a una vida dominada por la misericordia de Dios y por la justificación del pecador. Eco de esta manera de concebir las cosas, Mt 18, 15-22 la formula aún a la manera judía. Pero al menos el evangelista es consciente de que la Iglesia es una comunidad de salvados que no pueden tener otras intenciones que salvar al pecador. Si no lo consigue es porque el pecador se endurece y se niega a aceptar el perdón que se le ofrece (v. 17). La comunidad cristiana se diferencia, pues, de la comunidad judía en que no juzga al pecador sino perdonándole. Por consiguiente, la condena solo puede caer sobre él si se niega a vivir en el seno de esa comunidad acogedora.

b) El cap. 18 de Mateo es de redacción muy tardía. En él descubrimos a la Iglesia primitiva ocupada en elaborar una disciplina y en estructurar su vida. Tiene que hacerse a la idea de que el Reino no se presentará inmediatamente y que tiene que aprender a subsistir hasta su llegada. Se inspira, probablemente, en las reglas de las comunidades esenias. Pero estas últimas se consideraban fervientes y condenaban fácilmente al pecador, siquiera fuese en tercera sustancia: "Que sea para vosotros como un publicano..." Una comunidad de fervientes se hace pronto sectaria. Por eso la Iglesia primitiva se preocupa por mantener el diálogo más que por pronunciar una condenación: mientras el pecador permanezca en la Iglesia, mientras el "cristiano sociólogo" sea recibido en ella por la paciencia, el perdón y la oración en común, la Iglesia se verá libre del sectarismo y su misión estará asegurada.

El pecador no descubre el perdón de Dios si no toma conciencia de la misericordia de Dios que actúa en la Iglesia y en la asamblea eucarística. Los miembros de una y otra no viven tan solo una solidaridad nacional que les obligaría a perdonar tan solo a sus hermanos; están incorporados a una historia que arrastra a todos los hombres hacia el juicio de Dios y que no es otra cosa que su perdón ofrecido en el tiempo hasta su culminación eterna.

MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA VII – MAROVA MADRID 1969.Pág. 41.

 

DOMINGO 23 DEL TIEMPO ORDINARIO

-I­-

 

Consignas para la vida de comunidad

Es difícil ir edificando una buena comunidad. En tiempos de Cristo y ahora. Jesús, en su evangelio, da mucha importancia a lo que va a ser su comunidad, por ejemplo, asegurando que "donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo", como dice en el evangelio de hoy. Varias veces da a sus discípulos criterios y consignas para su actuación en comunidad. Hoy les enseña la pedagogía con que han de ejercer la correc­ción fraterna, que también es necesaria en una comunidad (inmediatamente antes de este pasaje que leemos hoy, Mateo pone la parábola de la oveja descarriada, a la que el pastor va a buscar y recupera). Aspecto este que prepara la lectura del profeta.

 

Ezequiel 33, 7-9. Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre.

Ezequiel compara a un profeta con el vigía o centinela que guarda la ciudad desde una torre, para avisar si se acerca algún peligro (hoy son los aparatos de radar los que detectan la llegada de objetos extraños). Un profeta no sólo "anuncia" cosas de parte de Dios. También "denuncia" y reprende a las personas o a todo el pueblo, haciéndole ver las consecuencias nefastas que puede tener su conducta improcedente. Si no lo hace así, y se calla en los momentos en que debería dar la alarma (o se inventa el mensaje, en vez de transmitir el que Dios quiere), de alguna manera se hace responsable del mal que hace esa persona o ese pueblo, y Dios le pedirá cuentas también a él, aunque el responsable último sea la persona concreta: "si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre". Porque lo que Dios quiere es la salvación de todos, también de los malos. Por eso pide al profeta que hable a tiempo.

El salmo recuerda la época del desierto, en la larga peregrinación del pueblo hacia la tierra prometida, cuando Dios tuvo que amonestar y castigar tantas veces a los israelitas, duros de cerviz, que se desviaban de la Alianza, conti­nuamente tentados por la idolatría y la moral de los pueblos vecinos. Por eso la petición del salmo: "ojalá escuchéis hoy la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón".

 

Romanos 13, 8-10. Amar es cumplir la ley entera.

En la segunda parte de su carta, la más práctica, Pablo da consejos sobre la manera como deben vivir los cristianos.

En el breve pasaje de hoy su mensaje es claro: el amor es la síntesis de toda la ley. Todos los mandamientos del AT y también los del NT se resumen en el amor a los demás: "el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley", "amarás a tu prójimo como a ti mismo", "amar es cumplir la ley entera".

 

Mateo 18,15-20. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.

No leemos, naturalmente, todo el evangelio de Mateo en la selección de los domingos. Del capítulo 18, llamado "discurso comunitario o eclesial", porque representa una "unidad literaria" en que Mateo reúne enseñanzas de Jesús referentes a las relaciones mutuas entre los creyentes, hoy y el domingo próximo escuchamos dos pasajes muy expresivos y de actualidad: el de hoy sobre la corrección fraterna y el siguiente sobre el perdón.

Pero además también ofrece afirmaciones sobre la responsabilidad de toda la comunidad, que "ata y desata", y que "ora en común" y que es el primer lugar de la presencia del Señor: "donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo".

 

El amor resume toda la ley

Si hay algún mensaje que se repita más veces en la Palabra de Dios es este del amor fraterno. Tanto en el Antiguo Testamento como en las cartas de los apóstoles como en la enseñanza de Jesús, vamos escuchando una y otra vez el mandamiento del amor, subrayado pedagógicamente por el ejemplo mismo de Jesús, que dedica su tiempo y sus mejores energías a ejercer en la práctica ese amor.

Pablo, hoy en coincidencia de perspectivas con las otras lecturas, también insiste en lo que es uno de los aspectos principales de sus recomendaciones comunitarias: el amor. Baste recordar el "himno de la caridad" de 1 Corin­tios 13. Para él, el amor resume toda la ley y todos los mandamientos: "el que ama, tiene cumplido el resto de la ley". Es un eco de la enseñanza de Jesús que también afirmó que el principal mandamiento es el amor.

Más aún: para Pablo el amor es una "deuda" que tenemos continuamente con el hermano y que nunca terminamos de pagar. Es, por tanto, cuestión de justicia, un deber, una deuda que hay que pagar. La caridad con el her­mano no es como una limosna o algo añadido que realizamos cuando nos sentimos generosos. La caridad se la "debemos": "a nadie le debáis nada, más que amor".

El que el amor al prójimo sea una "deuda", tiene otra consecuencia: si nos esforzamos por ayudar al hermano, y le curamos, y le damos de comer, y le enseñamos, y le perdonamos, no podemos decir que hayamos hecho nada extraordinario: "somos siervos inútiles: hemos hecho lo que teníamos que hacer".

 

La corrección fraterna

Uno de los aspectos del amor fraterno que no es fácil de ejercitar, y que por ello con frecuencia se descuida, es el de la corrección fraterna. Es el que nos enseña hoy Jesús, como también nos ha adelantado el profeta Ezequiel. La corrección parece una de las constantes de la pedagogía de Dios ya en el AT. Jesús corrige a sus discípulos y a Pedro en concreto. Pablo, en alguna ocasión, tiene que decir palabras fraternas de crítica incluso a Pedro.

Amar al prójimo no es siempre sinónimo de callar o dejarle que siga por malos caminos, si en conciencia estamos convencidos de que es este el caso. Amar al hermano no sólo es acogerle o ayudarle en su necesidad o tolerar sus faltas: también, a veces, es saberle decir una palabra de amonestación y corrección para que no empeore en alguno de sus caminos. Al que corre peligro de extraviarse, o ya se ha extraviado, no se le puede dejar solo. Si tu hermano peca, no dejes de amarle: ayúdale.

No se niega que la responsabilidad es de cada persona. Ya al profeta se le dice que amoneste al pecador: "si no cambia de conducta, él morirá por su culpa". Pero los hermanos deben asumir su parte de responsabilidad en la suerte de cada uno. Un centinela tiene que avisar. Un esposo o una esposa deben ayudar a su cónyuge a corregirse de sus defectos. Un padre no siempre tiene que callar respecto a la conducta y las costumbres que va adquiriendo su hijo. Ni el maestro o el educador permitirlo todo en sus alumnos. Ni un amigo desentenderse cuando ve que su amigo va por mal camino. Ni un obispo dejar de ejercer su guía pastoral en la diócesis.

La comunidad cristiana no es perfecta. Coexisten en ella, como en cada uno de nosotros, el bien y el mal. Pero, como todos formamos parte de esa comu­nidad, todos somos un poco corresponsables en ella: de un modo particular los que tienen la misión de la autoridad, pero también todos los demás.

Eso pasa dentro de la Iglesia. Son impresionantes al respecto las siete cartas del ángel a las siete iglesias del Apocalipsis, en las que, con las alabanzas y ánimos, se mezclan también palabras muy expresivas de corrección y acusación.

Pero también pasa a un cristiano en su relación con la sociedad. Tanto los responsables de la comunidad como los simples fieles, tienen el deber de llamar la atención en contra de la corrupción de los poderosos o de las injusticias que se cometen contra los débiles o de las desviaciones graves que afectan a los derechos humanos o los de la comunidad eclesial o de los episodios graves de racismo o genocidio...

Dios quiere la salvación de todos. Jesús se entregó por todos, y dijo que no había venido a salvar a los justos, sino a los pecadores, como el médico no está para los sanos, sino precisamente para los enfermos. Así nosotros, los seguidores de Jesús, debemos querer la salvación de todos y no podemos desentendernos del hermano, también cuando le vemos tentado o frágil y en peligro de caer. Se nos pide, no sólo que no hagamos el mal, sino que nos esforcemos en hacer positivamente el bien. Además de los pecados de pensamiento y de obra, existen también, como recordamos en la oración del "yo confieso", los pecados "de omisión".

La corrección fraterna bien hecha no sólo aporta beneficios al hermano -aunque de momento tal vez reaccione con disgusto- sino también al que la realiza: "has ganado a un hermano". Es interesante cómo termina Santiago su carta: "Si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro le convierte, sepa que el que convierte a un pecador de su camino desviado, salvará su alma de la muerte y cubrirá multitud de pecados".

 

La pedagogía de una corrección eficaz

Los "pasos" que recomienda Jesús para realizar con delicadeza y eficacia esta corrección al hermano son ya conocidos en el AT., y se intentaban seguir también en el ámbito de la sinagoga judía, cuando se trataba de expulsar a alguien de ella.

El primer paso es una conversación privada, un diálogo personal. En el AT ya se recomendaba esta corrección como uno de los modos de mostrar el amor al prójimo: "no odies a tu hermano, pero corrige a tu prójimo, para que no cargues con pecado por su causa" (Lv 19,17). Un caso particular de este primer paso es el del sacramento de la Reconciliación, en diálogo con el ministro y el penitente, discerniendo la dirección de su vida. Aunque este caso se refiere a cuando el mismo penitente se ha acercado y acusa su pecado.

El segundo paso es la advertencia ante uno o dos testigos (ya en Dt 19,15). Así se da cuenta el corregido de que la cosa es seria e importante, y puede sentirse movido a corregirse. Aunque de momento no le guste, y pueda reaccionar con una respuesta un tanto destemplada: "¡ocúpate de tus asuntos!".

El tercer paso, si hace falta, lo indica Jesús: "díselo a la comunidad". Sólo en casos extremos, cuando ninguno de estos métodos ha dado resultado, y el hermano se obstina en su desvío, dice Jesús que habrá que considerar que esa persona no quiere pertenecer a la comunidad. No se trata tanto de excomunión, sobre todo en un sentido jurídico y penal, sino pastoral: el deseo es siempre el bien de la persona, no su escarmiento o su castigo.

En los casos que vemos en el NT, este recurso suele referirse a que se apele al apóstol responsable de la comunidad, sobre todo Pablo, como en el caso del "incestuoso de Corinto" (1 Co 5,4ss.). Y aun entonces, cuando el hermano prácticamente se autoexcluye de la comunidad, hay que seguirle amando. Esta página del evangelio es una invitación a que revisemos los métodos de nuestra relación con los demás, sobre todo con los que consideramos que se están desviando y habría que ayudarles.

 

Los ámbitos de la corrección fraterna

Son consignas que se deben aplicar en el ámbito de una familia, o de una comunidad religiosa, y también en el nivel eclesial más universal. Cuando los responsables de una diócesis o de la Iglesia universal tienen que llamar la atención a alguien (con un "monitum"), sobre todo si es escritor o enseña en los seminarios o facultades, se supone que la primera medida que toman no es la de descalificarle sin más, sino de dialogar con él discretamente, y sólo en casos excepcionales llegar a prohibirle la enseñanza o que escriba.

En la regla de san Benito se dice: "El abad se preocupará con toda solicitud de los hermanos culpables, porque no necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Por tanto, como un médico perspicaz, recurrirá a todos los medios; como quien aplica cataplasmas, esto, es, enviándole monjes ancianos y prudentes, quienes como a escondidas consuelen al hermano vacilante y le muevan a una humilde satisfacción, animándole para que la excesiva tristeza no le haga naufragar, sino que, como dice también el Apóstol, la caridad se intensifique y oren todos por él".

Tampoco es el caso de exagerar y estar continuamente haciendo sonar "falsas alarmas" por cualquier minucia. Ni tampoco hay que asumir fácilmente el papel de "fiscal" de la humanidad o poco menos, o de "espía" en nuestro mundo doméstico. Además, la palabra de "corrección", para que sea cris­tiana y eficaz, la tenemos que decir desde el amor, desde ese amor del que nos habla Pablo. Que se vea que no lanzamos nuestro aviso a la cara, con agresividad o deseos de venganza, sino desde la comprensión y el interés fraterno. Sólo quien ama tiene derecho a corregir. Seguro que lo hará con delicadeza y sabrá encontrar los momentos y las palabras oportunos.

También tiene que ser una corrección hecha desde la humildad. No nos dirigimos al hermano como jueces ni como fiscales, ni desde la perfección y santidad que tenemos nosotros, sino desde la debilidad que reconocemos en todos, en el otro y en nosotros: como personas débiles que se dirigen a otra persona débil. Son buenas las recomendaciones de Pablo sobre la corrección fraterna: "cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado" (Ga 6,1).

Para eso, no podemos empezar ya de entrada con la condena o la humillación. Muchas veces hay que interpelarle "provisionalmente", sabiendo antes, si es el caso, escuchar sus explicaciones, porque no siempre son ciertas las cosas que se dicen de los demás. No nos atrevemos a "juzgar" a nadie de entrada. Se supone que cuando un responsable de la comunidad recibe una "denuncia" o queja con respecto a un hermano, lo primero que hace no es creer lo que oye, sino investigar discretamente sobre su veracidad. Ni nos constituimos fácilmente poco menos que en fiscales de la humanidad, con una mentalidad farisaica del que se cree él justo y los demás son unos pecadores.

La corrección es cristiana cuando ayuda, cuando echa una mano, cuando hace fácil la rehabilitación. Como cuando Jesús perdonó a Pedro, o cuando acom­pañó a los dos discípulos de Emaús saliendo a su encuentro, escuchándoles, explicándoles, y sólo después reprendiéndoles por su cortedad de miras.

 

Fraternidad corresponsable

La primera reacción que solemos tener cuando vemos a alguien que pasa necesidad, material o espiritual, es desentendernos de él: "no me quiero meter en los asuntos de los demás", o incluso, ante la pregunta acusadora de Dios: "¿qué has hecho con tu hermano?", nos atreveríamos más o menos explícitamente a formular la misma excusa de Caín: "¿soy yo acaso el guardián de mi hermano?".

Pues sí lo soy. Cada uno no sólo responde ante Dios de su propia con­ducta y de sus decisiones, sino también en cierto modo es responsable de su hermano. No sólo reza por él, o trata de comprenderle, y le da buen ejemplo, sino que también alguna vez, en el modo que le parezca más conveniente, tendrá que ejercer la corrección fraterna, si le quiere de veras. La suerte de un hermano no nos puede dejar indiferentes. Nadie es extraño para mí.

En la sociedad de hoy, tremendamente individualista, prevalece la actitud, más o menos camuflada con argumentos de libertad y respeto a la persona, de no inmiscuirse en los asuntos de los demás. Pero una cosa es entrome­terse en todo, y otra desentenderse del vecino y del hermano, y no atenderle cuando creemos que convendría hacerlo. No asistir a la persona que está en un peligro, no sólo físico, sino también moral, es uno de esos "pecados de omisión" de los que nos tenemos que examinar y arrepentir.

Tampoco es bueno ir propalando entre los demás el "pecado" del hermano, o convertirse en inquisidores entrometidos, o en un continuado "partido de oposición" que lo critica todo negativamente. No se trata de "hablar del" prójimo, sino de "hablar con" el prójimo. Ni debe constituirse la comunidad en un tribunal, ni perseguir al pecador y avergonzarle, sino ayudarle a salvarse. Lo principal no es restablecer el orden, o hacer justicia, o mantener la disci­plina, por importantes que sean estos aspectos. Sino salvar al hermano.

Pero, además de las palabras amables y de alabanza -que es de esperar que sean las más- también, cuando hace falta, tenemos que dirigir al hermano palabras de ánimo y corrección, para que recapacite y cambie de conducta. Eso no sólo les toca al Papa o a los pastores de la comunidad, sino en cierto modo a todos. No somos "sociedad anónima". Muchas veces podemos colaborar responsablemente en la comunidad formando parte activa de equipos o consejos pastorales, pero también personalmente.

 

"El Señor esté (está) con vosotros"

En nuestra Eucaristía ejercemos la "corrección"- no tanto para con los demás, sino para nosotros mismos: en el acto penitencial, en la escucha de la Palabra, a cuya luz revisamos nuestra vida, en la oración universal donde presentamos a Dios nuestra intercesión y nuestro compromiso por los aspectos más deficitarios de nuestra generación...

Pero, sobre todo, en la Eucaristía se cumple lo que Jesús nos ha prometido hoy: "allí estoy yo en medio de ellos". El primer lugar de la presencia del Señor Resucitado en la Eucaristía es la misma comunidad reunida en su nombre. Luego su presencia se hará todavía más viva en la Palabra, y, sobre todo, en el Pan y Vino convertidos en su Cuerpo y Sangre. Pero antes, ya está en la comunidad y en el que la preside "in persona Christi".

Cuando el que preside la celebración saluda a la comunidad con las palabras "el Señor esté con vosotros" (que en latín no tiene verbo, Dominus vobiscum, y que se hubiera podido traducir también como "el Señor está con vosotros"), el Misal explica así la intención teológica de este saludo: "el sacerdote, por medio del saludo, manifiesta a la asamblea reunida la presencia del Señor; con este saludo y con la respuesta del pueblo queda de manifiesto el misterio de la Iglesia congregada" (IGMR 50).

Con esta presencia del Resucitado en su comunidad se explican las pala­bras que hemos escuchado hoy: "lo que atéis... quedará atado, y lo que desatéis... será desatado". Palabras que antes había aplicado en singular a Pedro y ahora dirige a la comunidad. Todos somos responsables, cada uno a su modo y en su nivel, de la marcha de la Iglesia. También ha dicho: "si dos de vosotros se ponen de acuerdo (en griego dice: "en sinfonía") para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo". Este protagonismo y fuerza de la comunidad no se debe a la sociología ni a la dinámica de grupos, sino a la teología: "donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos".

La presencia del Señor en la Eucaristía, y luego en nuestra vida ("a mí me lo hicisteis"), es una de las perspectivas que más sentido y fuerza da a nuestra existencia de cristianos. El evangelio de Mateo empieza con el anuncio del "Emmanuel = el Señor con nosotros", termina con el "yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo", y aquí, en medio, nos asegura que "donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos".

LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)

 

PROPUESTA DE CANTOS XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO 2026

(06 DE SETIMBRE)

 TEMA:  SI TE HACE CASO, HAS SALVADO A TU HERMANO”

 

01.- SEÑOR, MIRAME (Brotes de Olivo)

Dios espera en el altar, vamos todos hasta él,

llevemos nuestras sonrisas, la inquietud, nuestra hambre y nuestra sed.

 

Dios, sobre todo, es amor, quiere nuestra salvación,

que juntos nos salvemos para ir de la mano hasta Dios.

 

Al entrar en la casa de Dios, libre de rencores he de entrar,

llevar el alma tranquila y pensar que al salir más he de amar.

 

ÉSE ES CRISTO, ESE ES DIOS; ÉSE ES CRISTO, NUESTRO DIOS.

 

Vengo a tu altar porque tengo sed de ti, porque tu mirar a mi alma da la fe.

Mírame, Señor, no dejes de mirar y mi alma contigo irá, se salvará.

 

02.- MARCHA DE LA IGLESIA (Emilio Vicente Mateu)

LOS QUE SOMOS LLAMADOS A LA IGLESIA

CANTEMOS TODOS AL SEÑOR QUE NOS REÚNE. (BIS)

 

Venimos desde lejos ante el Señor,

trayendo en nuestras manos la alegría.

Un solo corazón nos une en el amor

al ser invitados a la fiesta.

 

Formamos con Dios mismo en comunión,

una unidad de vida y esperanza,

que cruza por el mundo sintiendo la emoción

de ser el cuerpo santo de la Iglesia.

 

Formando un solo cuerpo con el Señor,

marchamos a la Gloria de Dios Padre.

La fuerza del amor resuena en nuestra voz

buscando un mundo nuevo más humano.

 

03.- ALREDEDOR DE TU MESA (Francisco Palazón)

ALREDEDOR DE TU MESA VENIMOS A RECORDAR (BIS)

QUE TU PALABRA ES CAMINO, TU CUERPO FRATERNIDAD,

QUE TU PALABRA ES CAMINO, TU CUERPO FRATERNIDAD.

 

1.- Hemos venido a tu mesa

a renovar el misterio de tu amor,

con nuestras manos manchadas

arrepentidos buscamos tu perdón.

 

2.- Juntos y a veces sin vernos,

celebramos tu presencia sin sentir

que se interrumpe el camino

si no vamos como hermanos hacia Ti.

 

04.-  A TU ALTAR HE LLEGADO (Brotes de Olivo)

Venir a buscar a Cristo es gozar de pleno amor.

No puede haberlo en mi alma cuando yo tenga rencor.

 

Si triste quedó alguno y sé su falta de amor,

vaya y le traiga conmigo; sin él no me quiere Dios.

 

He creído que iba a ti y hasta tu altar he llegado,

y al encontrarme contigo, algo me has preguntado:

 

"¿Cómo se encuentra tu vida y la amistad con tu hermano?

Si con él no te hallas bien, anda vete y ve a buscarlo.

 

Cuando con él tengas paz, ven aquí, junto a mi lado.

Entonces sí te recibo, porque yo vivo en tu hermano".

 

Aquel que nos desagrada es costumbre abandonar.

Busco tan sólo al amigo, los otros suelo dejar.

 

Ése que tanto molesta y de él yo nada sé,

Dios lo ha puesto en mi camino; sin él no me salvaré. ¤

 

05.- TE OFRECEMOS, SEÑOR (Francisco Palazón)

Te ofrecemos, Señor, este pan y este vino,

que en tu Cuerpo y en tu Sangre

quedarán convertidos.

 

Con el vino y el pan

te ofrecemos el fruto de nuestro trabajo,

la ilusión de vivir,

el placer y el dolor, la alegría y el llanto.

 

Juntamente, Señor,

te ofrecemos la vida que Tú nos has dado,

la esperanza, la fe y el amor,

que nos hace sentirnos hermanos.

 

06.- DONDE HAY CARIDAD (Joaquín Madurga)    

DONDE HAY CARIDAD Y AMOR

ALLÍ ESTÁ EL SEÑOR. (BIS)

 

Una sala y una mesa,

una copa, vino y pan,

los hombres compartiendo

en amor y en unidad.

 

Nos reúne la presencia

y el recuerdo del Señor,

celebramos su memoria

y la entrega de su amor.

 

Invitados a la mesa

del banquete del Señor,

recordemos su mandato

de vivir en el amor.

 

Comulguemos en el Cuerpo

y la Sangre que Él nos da

y también en el hermano,

si lo amamos de verdad.

 

Este pan que da la vida

y este cáliz de salud,

nos reúne a los hermanos

en el nombre de Jesús.

 

Anunciamos su memoria,

celebramos su pasión,

el misterio de su muerte

y de su Resurrección.

 

07.- EL PAN QUE COMPARTIMOS (Francisco Palazón)

1.- El pan que compartimos en esta Eucaristía

es signo permanente de amor y de unidad;

en él se nos ofrece en forma de comida

aquel que con su muerte

nos devolvió la vida y nos dio la libertad.

 

2.- Unidos como hermanos formando un solo cuerpo,

con gozo celebremos la Pascua del Señor;

Él es para nosotros el pan que da la vida,

la víctima elegida

que derramó su sangre por nuestra salvación.

 

3.- Que suene eternamente un canto de alabanza,

que todas las naciones conozcan su bondad;

que sea proclamado por todas las edades,

que no tiene medida

ni su misericordia, ni su fidelidad.

 

08.- EL SEÑOR NOS INVITA (Carmelo Erdozaín)

EL SEÑOR NOS INVITA A SU MESA

EL SEÑOR NOS OFRECE SU AMISTAD,

SU PAN ES COMIDA PASCUAL,

SU MANJAR ES FRATERNIDAD (BIS)

 

Pan del cielo, cuerpo del Señor,

sacramento de la comunión,

manjar de resurrección,

memorial de la redención.

 

Dios se acerca, viene a nuestro altar,

su presencia, fuente de hermandad,

maná de inmortalidad, manantial de la caridad.

 

09.- COMIENDO DEL MISMO PAN (Joaquín Madurga)    

COMIENDO DEL MISMO PAN,

BEBIENDO DEL MISMO VINO,

QUERIENDO EN EL MISMO AMOR,

SELLAMOS TU ALIANZA, CRISTO.

 

1.- La noche de su pasión

cogió el pan entre sus manos

y dijo: "Tomad, comed,

esto es mi Cuerpo entregado."

 

2.- La noche de su pasión

tomó el cáliz en sus manos

y dijo: "Tomad, bebed,

es la Sangre que derramo."

 

3.- La noche de su pasión

nos dio el Señor su mandato:

"Amaos unos a otros,

lo mismo que yo os amo."

 

10.- VEN JESUS (Faustino Diez Iglesias)

VEN JESÚS VEN A MI VIDA

DANOS TU FUERZA PARA ANDAR (BIS)

 

Caminar a lo largo de esta vida

Pero agarrados de tu vida

Y saber que no hay nada en este mundo

Que pueda separarnos.

 

Recordar siendo niños de momento

Cuando supe abrir mis labios

Descubrir Mis secretos en tus manos

y decirte que te quiero.

 

Compartir una fiesta como amigos

Recordando tus palabras

Y comer y beber de tu alimento

Que da vida en abundancia.

 

11.- AMEMONOS DE CORAZON

Amémonos de corazón no de labios ni fingidos (bis)

Para cuando cristo venga, para cuando cristo

Venga, nos encuentre bien unidos (bis)

Como puedes tu orar disgustado con tu hermano (bis)

Dios no oye la oración, Dios no oye la oración si no estás reconciliado (bis).

 

Un mandamiento nuevo os doy que os améis

Unos a otros (bis) como yo los he amado (bis)

Os améis también vosotros (bis).

 

Tu rebaño en ti confía, esperamos tu llegada (Bis)

Para cuando cristo venga, para cuando cristo

Venga, nos encuentre en pleno día (bis)

 

12.- GRANITO DE MOSTAZA

Si tuvieras fe, si tuvieras fe

Como un granito de mostaza

Eso dice el señor.

 

Si tuvieras fe, si tuvieras fe

Como un granito de mostaza

Eso dice el señor

 

Tú le dirías a las montañas

Muévanse, muévanse, muévanse

Tú le dirías a las montañas

Muévanse, muévanse, muévanse

 

Y las montañas se moverán

Se moverán, se moverán

Y las montañas se moverán

Se moverán, se moverán

Si tuvieras fe, si tuvieras fe

Como un granito de mostaza

Eso dice el Señor.

 

Si tuvieras fe, si tuvieras fe

Como un granito de mostaza

Eso dice el Señor.

 

Tú le dirías a los enfermos

Sánense, sánense, sánense

Tú le dirías a los enfermos

Sánense, sánense, sánense.

 

Y los enfermos se sanarán

Se sanarán, se sanarán

Y los enfermos se sanarán

Se sanarán, se sanarán.

 

13.- MADRE (Joaquín Madurga)    

Madre, ilusión y esperanza, Madre, corazón y ternura,

Madre espejo limpio del amor.

Madre, virginal y fecunda,

Madre, generosa y humilde,

Madre, fiel entrega en oblación.

Madre consagrada en cuerpo y alma,

siempre abierta a la palabra de tu Dios y tu Señor.

 

MADRE, CUANDO A TI TE LLAMAMOS MADRE,

RENACEMOS A LA ESPERANZA Y LA ILUSIÓN.

MADRE CUANDO A TI TE LLAMAMOS MADRE,

NOS SENTIMOS TAMBIÉN HERMANOS DEL SEÑOR.

MADRE, CUANDO A TI TE LLAMAMOS MADRE,

ESPERAMOS UN MUNDO HERMANO EN EL AMOR.

 

Madre de Belén al Calvario,

Madre, fuiste siempre amorosa

Madre de Jesús el Salvador.

Madre, en la cruz fue tu Hijo,

Madre, quien nos dio por regalo,

Madre tu materna protección.

Madre a la Iglesia naciente unida,

esperaste la venida del Espíritu de Dios.

 

14.- HIMNO VIRGEN DE LAS MERCEDES

MADRE DE LAS MERCEDES,

BENDITA SIEMPRE BENDITA,

ENTRE TODAS LAS MUJERES,

EN LOS DESIGNIOS DE DIOS.  (BIS)

 

 Te contemplamos gozosos, vestida de blanco lino,

Engalanada en tu trono, llena de Luz en tu altar,

Admiramos humildes, tu rostro de Madre hermosa,

con la herida en tu cuello, con cetro de majestad. (2)

 

 Estrella del Evangelio, por Juan Pablo proclamada,

Paita, Oh Madre Santa, siempre te alabará.

Madre de las Mercedes, como hijos peregrinos,

venimos desde muy lejos, a compartir tu bondad. (2)