jueves, 13 de septiembre de 2018

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXIV T.O. CICLO B - 16 SETIEMBRE 2018


TÚ, MORIR O SUFRIR


ORACION COLECTA

Míranos, oh Dios creador y guía de todas las cosas, y concédenos servirte de todo corazón, para que percibamos el fruto de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 50, 5-9a

El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.
El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.
Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos.
¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Miren, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

SALMO RESPONSORIAL (114)

Caminaré en presencia del Señor

Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco. R.

Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor: «Señor, salva mi vida.» R.

EL Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas, me salvó R.

Arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 14-18

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar?
Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de ustedes les dice: «Dios los ampare; abríguense y llénense el estómago», y no les den lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve?.
Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta. Alguno dirá: «Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe.».

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos: « ¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos le contestaron: «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.».
EL les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy?».
Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías.».
É1 les prohibió terminantemente decírselo a nadie.
Y empezó a instruirlos: «EL Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.». Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: « ¡Quítate de mí vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».
Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Miren, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.».

PLEGARIA UNIVERSAL

Invoquemos a Dios que nos ha dado a Cristo su Hijo como Redentor nuestro y digámosle: Te piedad y escúchanos:

1.- Para que los cristianos de este nuevo milenio no nos avergoncemos de profesar nuestra fe y demos testimonio gozoso del amor que recibimos de Cristo, amándonos como verdaderos hermanos. Oremos al Señor. Oremos al Señor.

2.- Para que el Papa Francisco siga acompañando al pueblo de Dios con solicitud pastoral en comunión con todos los Obispos del mundo. Oremos al Señor.

3.- Para que los gobernantes de las naciones sepan renunciar a sus intereses egoístas y dejando los intereses de las minorías privilegiadas, promuevan la justicia y el bienestar de todos. Oremos al Señor.

4.- Para que las familias cristianas sean escucha donde las generaciones jóvenes aprendan a vivir relaciones humanas cimentadas en la vedad, la honestidad y la justicia.  Oremos al Señor.

5.- Para que los pobres, los que se sienten marginados y despreciados en la sociedad, puedan reconocer su dignidad de hijos de Dios, en nuestras actitudes de acogida y de bondad. Oremos al Señor.

6.- Para que todos nosotros no cerremos los ojos ante las necesidades de quienes viven a nuestro lado y sepamos renunciar a nuestra comodidad para salir a su encuentro. Oremos al Señor.

Ten piedad de tu pueblo, Señor, y escucha sus oraciones que surgen de un corazón que quiere amarte y servirte. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Te pedimos, señor, que el fruto del don del cielo penetre nuestros cuerpos y almas, para que sea su afecto y no nuestro sentimiento el que prevalezca siempre en nosotros. Por Jesucristo nuestro Señor.


COMENTARIO

Tú eres el Mesías le dice Pedro a Jesús. “Mesías” en hebreo y “Cristo” en griego significan literalmente “el ungido”, aquel que ha recibido la unción por la que el rey obtenía la fuerza del Espíritu.  La palabra se convirtió en nombre propio de Jesús: Jesucristo es Jesús-Mesías. Para un judío la palabra Mesías hacía vibrar las esperanzas más hondas de Israel. Si queremos medir su impacto, hemos de llenarla de significados muy diversos, que se refieren sin embargo a dos datos fundamentales: el Mesías sería el enviado de Dios, y sería enviado ante todo para salvar al pueblo elegido y luego a todas las naciones. A partir de esto, unos soñaban con un rey guerrero, otros con un gran profeta de justicia. Para todos sería poderoso, sabio, muy religioso, muy cerca de Dios, liberador en todos los sentidos de esta palabra.  Pero nunca, nunca, un judío se habría imaginado a un Mesías que pudiese sufrir.  Hay que observar bien el lugar de la famosa declaración de Pedro: en el centro del evangelio. Hasta entonces no han cesado de preguntarse: ¿quién es este hombre? Ahora los discípulos lo saben: es el Mesías. Pero una nueva cuestión los va a preocupar llenando toda la segunda parte del evangelio: ¿cómo este extraño Mesías puede ser un libertador, un triunfador, y caminar hacia la muerte?
Jesús lee en ellos esta incomprensión. Sobre todo, que   no   proclamen  a la gente ese título de Mesías demasiado cargado de viejos sueños: “Les prohibió terminantemente decírselo a nadie”. Sí, es el Mesías, sí será el salvador,  pero  no según sus ideas: “Empezó a instruirlos: este hombre tiene que  padecer mucho, ser ejecutado y  resucitar”.
De momento, resucitar es algo que no les impresiona: quizás piensan vagamente en la resurrección de todos los justos “el último día” no puede concebir esta resurrección absolutamente única que va a hacer explotar toda la gloria del auténtico Mesías.
No pueden encajar el choc de esas palabras desconcertantes aplicadas a su Mesías: sufrir, morir. Pedro pierde los estribos y “empezó a reñirlo”.
En este momento del evangelio, su trato asiduo con Jesús les permite discutir con él, progresar y llegar a este grito tan fenomenal: “¡Tú eres ciertamente el Mesías!”.
Pero, para acercarse al misterio total ¡cuántos diálogos se necesitarán tan borrascosos como éste!: Pedro: ¿Tú sufrir y morir? ¿Tú el Mesías? Jesús llama a toda la gente para gritarle esta verdad tremenda: “Si alguno quiere seguirme, que coja su cruz”.
No podremos en este mundo levantar el misterio de este sufrimiento inevitable.  Lo único que podemos hacer es dar crédito a Dios, el crédito más difícil: esperar el día en que sepamos por fin por qué el Padre que nos ama no podía darnos, ni a su Hijo ni a nosotros, una vida sin la cruz.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 17: 1Co 11, 17-26.33; Sal 39; Lc 7, 1-10.
Martes 18: Sb 7, 7-10.15-16 (o bien: 1Co 1, 26-31); Sal 130; Lc 12, 32-34.
Miércoles 19: 1Co 12, 31—13; Sal 32; Lc 7, 31-35.
Jueves 20: 1Co 15, 1-11; Sal 117; Lc 7, 36-50.
Viernes 21: Ef 4, 1-7.11-13; Sal 18; Mt 9, 9-13.
Sábado 22: 1Co 15, 35-37.42-49; Sal 55; Lc 8, 4-15.
Domingo 23: Sb 2, 12.17-20; Sal 53; St 3, 16—4, 3; Mc 9, 30-37.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Marcos 8, 27-35
Par:Lc/09/22-25  Mt/16/21-27

Hay que observar cómo el anuncio de la pasión va siempre unido al anuncio de la resurrección. El misterio de Jesús tiene dos caras, y la definitiva es la resurrección, no la pasión. Marcos no quiere solamente decirnos que la resurrección vendrá después de la pasión, como un triunfo sobre ella, sino que la salvación pasa a través de la cruz. Con esto queda afirmado, al menos implícitamente, el carácter soteriológico de la pasión. Finalmente, resulta sorprendente cómo tras cada una de las predicciones de la pasión aparece de una manera o de otra la incomprensión de los discípulos: la de Pedro, la de los discípulos que discuten sobre quién es el más grande, la de Juan y Santiago que buscan el primer puesto... Así pues, la soledad de Jesús es total: no sólo no lo comprende la gente, sino ni siquiera los discípulos.
Bruno Maggioni, El relato de Marcos, Edic. Paulinas/Madrid 1981.Pág. 122



-El Hijo del Hombre sufriente
Comienza una nueva revelación, que será habitual a partir de este momento. La novedad de la revelación (que se irá concretando cada vez más en el evangelio) consiste en esto: se pasa de la revelación de Jesús Mesías a la del Hijo del Hombre que sufre. Paralelamente comienza un nuevo tipo de incomprensión, que no es ya la de la gente, sino la de los discípulos. Ellos están dispuestos a aceptar el carácter mesiánico de Jesús, pero no en el camino mesiánico hacia el sufrimiento. A la profundización en la perspectiva mesiánica corresponde otra profundización de la fe (o de la incredulidad).
Lo repetimos una vez más: la soledad de Jesús es total. No sólo es la gente la que no comprende, sino tampoco los discípulos. Jesús condena a Pedro con los mismos términos con que condenó a Satanás en la tentación del desierto. Se trata realmente de la misma tentación: una oposición mesiánica que descarta los caminos de Dios para imponer los caminos humanos. Hay que comprender además en qué consiste la novedad de la revelación que aquí se nos hace. No consiste solamente en la perspectiva de la pasión, sino en el hecho de que esta pasión entra en los planes de Dios.
Conviene que nos fijemos bien en ese "era necesario" que recogen todas las fuentes. No indica simplemente una certidumbre de orden histórico y psicológico, basada en las observaciones que Jesús podía ir sacando del ambiente y de las situaciones.
J/PASION-MU/NECESIDAD: Expresa claramente la conciencia de una necesidad de orden teológico. La pasión no es la consecuencia de una fatalidad, sino de la voluntad de Dios. Está arraigada en el plan mismo de Dios. Y aquí es donde está el escándalo de los discípulos: esta forma de presentar la pasión no sólo afecta a su concepto del Mesías, sino más hondamente al plan mismo de Dios, a su concepto mismo de Dios.
Bruno Maggioni, B. Pág. 123



El discípulo tiene que "negarse" a sí mismo (8, 34), esto es, tiene que aceptar -a diferencia de Pedro- el proyecto mesiánico de Cristo, invirtiendo de esta manera la imagen de Dios que se había construido y purificando radicalmente las esperanzas que había cultivado hasta entonces.
Es una conversión que llega hasta la raíz y alcanza hasta el centro de la propia mentalidad, desconcertando los criterios de fondo e indiscutibles de las propias valoraciones. Se puede por tanto hablar muy bien de "negarse a sí mismo".
El discípulo (8, 35) tiene que proyectar su existencia en términos de entrega, no de posesión: "El que quiera asegurar su vida la perderá; en cambio, el que pierda su vida por mí y por el Evangelio se salvará". Hay que evitar absolutamente leer estas palabras en una clave dualista: renunciar a esta vida terrena por la celestial, a los valores materiales por los espirituales. Nada de esto. Jesús afirma que la vida entera, material y espiritual, se posee únicamente en la entrega de sí mismo. Vale la pena que insistamos: Jesús no nos pide que renunciemos a la vida (a esta vida, para que tengamos otra), sino que exige que cambiemos el proyecto de esta vida. No se trata de una renuncia a la vida, sino de un proyecto de la misma en la línea del amor.
En definitiva, ¿de qué sirve ganar el mundo entero si se pierde uno a sí mismo? (8, 36-37). Estamos siempre en la misma línea de pensamiento. Ninguna oposición entre alma y cuerpo, entre espíritu y materia. La oposición está en el proyecto del hombre y el proyecto de Dios, entre dos modos posibles de conducir la existencia. No está en juego una vida en lugar de la otra, no se trata de elegir simplemente entre esta vida y la vida futura. Está en juego toda la existencia; la elección hay que hacerla entre una vida "llena" y una vida "vacía". Puedes jugarte la existencia apostando por la posesión, dentro de la lógica de tener cada vez más; o te la puedes jugar apostando por la solidaridad, según la lógica del discípulo. La primera elección, a pesar de su fascinación inicial, contiene la negación de la vida, porque en su esencia más profunda el hombre está hecho de amor, no de soledad. La segunda, a pesar de su fracaso aparente, contiene la plenitud de la vida.
Bruno Maggioni, B. Pág. 126



4.- Texto. Se sitúa en la zona más septentrional judía, donde el río Jordán comienza su andadura. Marcos centra su atención en Jesús, abordando el interrogante que con anterioridad había aparecido en al menos cinco ocasiones. La pregunta sobre quién es Jesús se la han formulado a sí mismos absolutamente todos los que le rodean: la gente, los responsables doctrinales, los discípulos, los paisanos de Jesús, Herodes Antipas (Mc. 1, 27; 2, 7; 4, 41; 6, 2-3. 14-16). En el texto de hoy es el propio Jesús quien traslada la pregunta a sus discípulos. Es una forma de resaltar la importancia del texto de hoy.
La respuesta de Pedro en nombre del grupo va seguida de un tajante mandato de Jesús instando a sus discípulos a guardar silencio. El mandato de guardar silencio que el domingo pasado recaía sobre la curación del sordomudo, recae hoy sobre la confesión de Pedro. La actividad curativa de Jesús y la personalidad de Jesús las recubre Marcos con el mismo velo de silencio. En cualquier caso, del más sorprendente. Mandatos de silencio hasta ahora constatados acerca de la persona de Jesús: Mc. 1, 25 y 3, 12; acerca de las curaciones: Mc. 1, 44; 5, 43; 7, 36; 8, 26.
El mandato de silencio viene seguido en esta ocasión por unas palabras de Jesús sobre su camino futuro. Marcos subraya que se trata de una revelación a las claras, de un hablar abiertamente, sin esconder ni velar nada. Cuatro verbos resumen ese futuro camino: padecer, ser condenado, ser ejecutado, volver a la vida.
La expresión padecer mucho no se refiere a un momento concreto, sino que recoge el conjunto de tribulaciones causadas a Jesús a lo largo de su existencia terrena. Pedro cuestiona la revelación de Jesús. La reprensión siguiente de Jesús viene a sumarse a las cuatro ocasiones anteriores en que Marcos ha presentado a Jesús reprendiendo a sus discípulos por su falta de compren- sión. Mc. 4, 40; 6, 52; 7, 18 y 8, 17-21. Se trata de otro rasgo peculiar del quehacer teológico de Marcos.
El texto concluye con una solemnidad especial en razón de la ampliación del auditorio. Se anuncia el comienzo de una andadura difícil y se formulan dos condiciones para emprenderla: negación de sí mismo y disposición a cargar con la cruz.
Comentario. En Mc. 4, 11 el autor ha empleado la palabra misterio refiriéndose al Reino de Dios. Marcos entiende esta palabra en el sentido de algo oculto y desconocido. Una cosa que los contemporáneos de Jesús parecían desconocer es que el Reino de Dios es una realidad abierta absolutamente a todos los hombres. Este es el aspecto del Reino de Dios que Marcos ha ido desvelando hasta este momento.
En el texto de hoy Marcos aborda un segundo aspecto oculto y desconocido del Reino de Dios. Su formulación es trágicamente sencilla: el sufrimiento del Enviado, del Hijo. Esto es lo que hoy Marcos desvela con toda claridad.
Con anterioridad al texto de hoy Marcos ha dejado intencionadamente en suspenso el hablar sobre Jesús. Un "no comment" ha sido toda su respuesta a propósito de los milagros y de la persona de Jesús. El recurso empleado ha sido el sistemático y sorprendente encargo de guardar silencio. Hoy lo vuelve a emplear con ocasión de la confesión de Pedro. Nada permite pensar que Marcos dé a las palabras de Pedro una valoración política en la línea de una imagen revolucionaria de Mesías. Marcos recoge más bien las palabras de Pedro como afirmación válida, como auténtica confesión en la persona de Jesús. El término Mesías está en la linea del término Hijo. El mandato de silencio no se debe a una incorrecta afirmación de Pedro necesitada de corrección posterior. La afirmación de Pedro es absolutamente correcta y, sin embargo, se prohíbe hablar de ella.
La razón de esta prohibición y de todas las anteriores la encontramos en el v. 32. Este versículo desvela del todo el misterio del Reino de Dios, un Reino abierto a todos y un Reino cimentado sobre el sufrimiento del Enviado de Dios. En la concepción de Marcos la fe en Jesús pasa en primer lugar por un creer en Jesús muerto y resucitado. Es inválida toda confesión sobre Jesús que no parta de la provocación de la muerte y de la resurrección de Jesús. Porque es realmente provocativo decir que el Hijo de Dios tiene que morir y resucitar. Escandaloso para los esquemas humanos de lo divino. ¡Un Dios que sufre como cualquier mortal el desbarajuste y los descalabros de los mortales! La tremenda necesidad nacida de la realidad. El fascinante realismo del Reino de Dios.
DISCIPULO/CZ: El texto termina transfiriendo al creyente el camino de Jesús, el camino completo, esto es, muerte y vida. Ser discípulo de Jesús, según Marcos, es reconocer el camino de Jesús y asumirlo como único camino personal. Es importante devolver a este camino toda su impronta de realismo, derivado de las provocaciones humanas. Esto sí que es misterioso, me refiero al hecho de que seamos ("tengamos que ser") lobos los unos para los otros. El creyente se encuentra situado en el mismo camino que Jesús. La confesión externa puede resultar sencilla; su puesta en práctica es difícil. La protesta proviene de la consternación existencial. Pero puede ayudar a que la confesión hecha con los labios llegue a madurar hasta convertirse en fe auténtica.
Alberto Benito, Dabar 1988, 47



Pre-texto. De la literatura de la época de Jesús se deduce que los diversos círculos del pueblo judío habían concebido cada uno su Mesías, al que esperaban en muy diversas formas de apariencia.
Mesías distinto de los fariseos y los esenios, los sacerdotes y los políticos, los pertenecientes a círculos apocalípticos y los estudiosos de la ley, los cultos y la masa, los fanáticos y los pacíficos. Había, no obstante, un punto en el que estaban de acuerdo sectores bastante amplios, la masa del pueblo y los fariseos: el Mesías libertador político de Israel del yugo extranjero. El concepto de un Mesías absoluta o predominantemente político era el resultado del centenario avasallamiento del pueblo judío por estados extranjeros y paganos.
Sentido del texto. Lo que los demás piensan de Jesús (vs. 27-30); lo que Jesús piensa de sí mismo (v. 31); Lo que piensa del discípulo (vs. 33-35). El texto no nos dice si Jesús aceptó o rechazó las opiniones de los demás sobre él, incluida la de Pedro. Lo único que el texto constata es una orden de silencio sobre su persona. ¿Por qué? Estrictamente hablando tampoco lo dice el texto, Superada la explicación de la creación comunitaria postpascual de esta orden (teoría del secreto mesiánico de Wrede), la opinión hoy más común ve el motivo para esta orden de silencio en las ideas sobre el Mesías corrientes en aquella época (cfr. pre-texto). De estas ideas participaba también Pedro, como parece indicarlo su reacción del v. 32. A la imagen del Mesías del tiempo de Jesús le era absolutamente extraña la idea de un padecer y de un morir violentamente impuestos. ¡Esta es precisamente la idea y la realidad que Jesús asume para sí mismo, junto con una profesión de fe en la vida! El "es necesario" del v. 31 suele interpretarse en sentido teológico (la inexorable decisión divina). A la luz de la estructuración que Marcos ha dado a su evangelio, esta interpretación teológica no parece encajar en las intenciones del autor. El "es necesario" es más bien la constatación y aceptación realística por parte de Jesús de la situación de rechazo de su persona. "Amigos, me van a liquidar". Y ésta es la previsión que debe hacerse el que quiera ser discípulo de Jesús (=cristiano).
Ser cristiano, según Marcos, es partir de esta primera convicción: "Puede ser que desemboque en la cruz, es decir, que me liquiden". Y a este cristiano Jesús le dice: "¡Ese riesgo vale la pena. Córrelo!"
Dabar 1982, 47



6.- Jesús en aquel tiempo encontró la fe en el hijo del hombre celeste, en el que tenía que venir al final en gloria para juzgar; y, al parecer, él mismo compartió esta fe (Mc 13, 24.26; 8, 38). Pero ahora no nos encontramos con esas palabras acerca del futuro hijo del hombre, sino con otras (por ejemplo 8, 31) en las que la expresión "hijo del hombre" se refiere a su existencia terrena. ¿Cómo es esto? Aunque en todas las preguntas que se plantean en esta perícopa las opiniones exegéticas difieren mucho entre sí, hay algo a lo que podemos atenernos con toda seguridad: siempre que nos encontramos con la expresión "hijo del hombre", hemos de estar atentos a la dignidad que Jesús mismo atribuye a esa persona (él mismo) por quien Dios quiere establecer su reino y llevar a cabo su juicio.
El camino que Jesús como mesías ve ante sí y del que abiertamente hablaba con sus discípulos (Mc 8, 31s) no era entendido por Pedro. Por eso Jesús lo toma aparte para recriminarlo, no dejándose desviar de su camino. Y dice a Pedro: "apártate detrás de mi (de mi vista), Satanás" (v. 33). Esta es una importante y dura palabra, pues ese "detrás de mí" (así en el original para decir "apártate de mi vista") es la misma expresión que en otro tiempo dirigió a Simón para invitarlo al seguimiento (1, 17). Con el intento de desviar a Jesús de su camino, Pedro traiciona su vocación como discípulo.
Jesús, sin embargo, debía sufrir, porque éste era el destino de los hombres después del pecado. Debía sufrir y ser rechazado por las autoridades, porque éste es el destino de los que proclaman la verdad entre nosotros. Debía ir voluntariamente a la muerte, porque el sacrificio de sí mismo libremente aceptado es el único medio para salvar al mundo.
Eucaristía 1988, 44



7.- Jesús quiere saber hasta qué punto la fe de su discípulos va más allá de la opinión que tiene la gente de su persona. De ahí que la primera pregunta prepare la segunda y decisiva. De la encuesta que hace Jesús a sus discípulos se desprende que el pueblo andaba dividido en múltiples opiniones respecto a su persona. Después de unos siglos de opresión y dominación extranjera, el pueblo de Israel había puesto todas sus esperanzas en el Mesías anunciado por los profetas. Se explica que la expectación fuera grande y que la gran mayoría esperara a un Mesías que librara a Israel de la dominación extranjera. Nadie, al parecer, pensaba en un Salvador que librara a todos los hombres de la esclavitud del pecado y de la muerte, aunque sí se esperaba la destrucción de los pecados por la ira de Dios. Mucho menos se esperaba que el Mesías cumpliera su misión padeciendo y muriendo en una cruz. Es comprensible, pues, que las gentes no reconocieran a Jesús como Mesías, ya que su doctrina y su comportamiento no encajaba con sus prejuicios nacionalistas. Pedro, al confesar decididamente que Jesús es el Mesías, se eleva por encima de la opinión general de la gente; pero su fe es todavía imperfecta: sólo después de la experiencia pascual creerá que Jesús es el Hijo de Dios. Cuando el evangelista Mateo, en el lugar paralelo a este de Marcos, pone en labios de Pedro la confesión de que Jesús es el Hijo de Dios (Mt 16, 16), realiza una anticipación literaria. Sólo teniendo en cuenta la imperfección de la fe de Pedro en este momento, se entiende que, acto seguido, trate de disuadir a Jesús de que cumpla su misión muriendo en la cruz.
Aunque Jesús acepta la confesión de Pedro, prohíbe a sus discípulos que vayan diciendo por ahí que él es el Mesías. Con ello quiere evitar el peligro de un malentendido, muy probable en un pueblo que se había formado una idea tan distinta del Mesías a como era Jesús.
A partir de este momento, Jesús quiere hablar sin rodeos de lo que le espera y de qué manera ha de entrar en su gloria padeciendo antes la afrenta de la cruz. Esto, que había sido anunciado por Isaías en los cantos del Siervo de Yavé, era, sin embargo, lo que no podían entender los discípulos en aquella ocasión.
Pedro, y de seguro también sus compañeros, piensan de Jesús "como los hombres". Peor aún; Pedro se comporta aquí lo mismo que Satanás en las tentaciones de Jesús en el desierto. Por eso Jesús lo rechaza de la misma manera (cfr. Mt 4, 10).
Pero ni Pedro ni nadie puede detener a Jesús en su camino y en el cumplimiento de su misión. Todo lo contrario, Jesús está dispuesto a exigir a sus discípulos que lo sigan. Porque sólo aquel que carga con la cruz y se niega a sí mismo, puede ser su discípulo. "Cargar con la cruz" no era para los oyentes una expresión simbólica. Los romanos obligaban al reo a llevar sobre los hombros su propia cruz, y más de uno de los oyentes habría visto con sus ojos a alguno de estos desgraciados caminar fatigosamente para ser crucificado. Cargar con la cruz significa renunciar voluntariamente a los instintos de conservar la vida, los honores y las riquezas cuando todo esto no es posible sin quebrantar la voluntad de Dios. Pero la cruz, que es la más alta expresión del sacrificio, no tiene que ver nada con el masoquismo: el cristiano no se sacrifica por amor al dolor, sino por amor a Cristo y a los hombres y por hacer la voluntad de Dios.
La entrega de la propia vida, cuando esto es una exigencia del evangelio (y lo es al menos cuando a uno le llega la muerte), es el único modo de entrar en la vida eterna (Mt 16, 24-25; Lc 9, 23-25).
Eucaristía 1991, 42



8.- Efectivamente, Pedro no logra comprender la cristología del hijo del hombre y, tomando aparte a Jesús, "empezó a regañarle". Quizá el evangelista se refiere a ciertas tentativas de alianza con el poder sacerdotal-político, realizadas por la comunidad judeocristiana de Jerusalén, con la finalidad de reducir la gran tensión que la separaba del vértice judío. El hecho es que Jesús, dando largas a su propio temperamento fuerte, reprocha violentamente a Pedro y le dice: "fuera de aquí, satanás, porque tienes la mentalidad de los hombres, no la de Dios".
Esto presupone la existencia de una cristología "satánica", o sea una cristología que presenta a Jesús como sacerdote poderoso, o también como aliado del poder político. Lógicamente a esta cristología satánica corresponderá también una eclesiología satánica, o sea la presentación de la Iglesia como comunidad de poder sacerdotal o al menos como comunidad sacerdotal aliada con el poder.
La eclesiología satánica intenta, por todos los medios, "salvar la vida". No olvidemos que en el contexto del Nuevo Testamento (y del Antiguo) "salvar la vida" era una frase de plenitud humana. Una mística posterior, influida por el viejo platonismo, ha intentado viviseccionar este concepto, dividiéndolo entre "cuerpo" y "alma". Y así se suele explicar este pasaje como si Jesús invitara a sus seguidores a menospreciar la "vida corporal", ya que, siguiéndole a él, obtendrían la "vida espiritual". De aquí ha nacido una mística masoquista, que hace un absoluto de la "mortificación", como si ella automáticamente -"ex opere operato"- produjera la certeza de la "salvación del alma".
La enseñanza y la vida de Jesús, tal como la vamos viendo, van por otro lado distinto. Para Jesús los grandes signos de su venida son precisamente signos liberadores en sentido perfectamente corporal: saciar el hambre, obtener la curación, superar la angustia e ir más allá incluso de la muerte.
Jesús está diciendo aquí una cosa muy concreta, que fácilmente podemos deducir del contexto anterior. Y es esto: desgraciadamente es connatural en el hombre el deseo del poder: y esto explica que los mismos discípulos no entiendan la función profética de Jesús y la confundan con una posible tarea de liderazgo político.
Por eso, Jesús habla de la "cruz": era la suerte que les tocaba a todos aquellos que no bailaban al ritmo del poder establecido y simultáneamente hacían de él una fuerte crítica. Jesús prevé la cruz como resultado de su gestión profética: lo mismo habían hecho con los profetas anteriores. Por lo tanto, "seguir a Jesús", ser su discípulo no es predisponerse para obtener un cargo en el nuevo Israel liberado de la ocupación romana. Era algo verdaderamente inconcebible: apuntarse a la procesión de los crucificados por el poder, teniendo a Jesús como hermano mayor de la extraña cofradía.
Jesús termina con una paradoja: "perder la vida por él y por el evangelio" es ganarla. Es la única posibilidad de evitar esa constante tentación de incidir en la eclesiología satánica.
Comentarios a la Biblia Litúrgica NT, Edic Marova/Madrid 1976.Pág. 1165 S.



Jesús es el Mesías. Hemos llegado a la mitad del evangelio según Marcos. A través de los capítulos precedentes, la "nueva doctrina" (1,27) y la acción poderosa de Jesús han abierto el interrogante de su personalidad: «¿Quién es...?» (4,41). Con intención de revelar su misterio, ahora es el Maestro el que interroga directamente a los discípulos: ¿qué dice la gente?, ¿qué piensan ellos? La opinión del pueblo es favorable y admiradora pero totalmente insuficiente. Portavoz de los discípulos, Pedro lo reconoce como el Mesías.
Afirmación acertada para el que la comprenda "según los sentimientos de Dios", y no como la entendían los hombres (v 33). Por eso impone Jesús de momento una reserva absoluta (el «secreto mesiánico»), hasta que la experiencia de la cruz lo haga ver todo claro. Comienza, pues, una nueva revelación: el Mesías ha de sufrir mucho. Lo va a predecir solemnemente tres veces. El evangelista Marcos articula cada predicción en tres momentos: el anuncio, la reacción negativa de los discípulos, su adoctrinamiento.
Primer anuncio. Jesús no ignora el riesgo de ir a Jerusalén, donde le esperan enemigos mortales. Sabe por las Escrituras, expresión de la voluntad de Dios, que el auténtico Mesías «ha de» padecer. Si el evangelio constata con insistencia estas predicciones, es para recalcar la libertad consciente con la que Jesús camina hacia el destino que le ha señalado el Padre.
Reacción negativa. Marcos nos ha hecho oír por boca de Pedro la fe de la Iglesia. Pero él mismo manifiesta a continuación la dificultad de aceptar sus consecuencias. La cruz era un absurdo para los que esperaban la gloria del Mesías según los criterios de este mundo. Pedro actualiza, inconscientemente, la tentación de la montaña (Mt 4,8ss)...
Adoctrinamiento de los discípulos. Jesús replica con firmeza a los discípulos y a la multitud ( = a la Iglesia que escucha su palabra). Todos han de hacer su mismo camino. Para subrayar este pensamiento, el evangelista nos presenta, sistemáticamente encadenado, una colección de cuatro "sentencias" del Señor: a) el que quiera seguirlo es preciso que se niegue a sí mismo y lleve la cruz (= invitación al martirio: v 34); b) para tener vida (eterna) se ha de dar la vida (mortal): v 35; c) todos los bienes de este mundo no sirven de nada si se pierde la Vida: vv 36-37; d) el que niegue a Cristo será excluido del reino escatológico: v 38.
Al coordinar estos avisos pensaba el evangelista en unas comunidades concretas, que vivían en estado de persecución. Arquetipos de la perenne Iglesia perseguida. Le acecha siempre la tentación de rehusar la propia cruz. La que precisamente la hace auténticamente cristiana. La que lleva a la gloria. A continuación, el evangelio narra la transfiguración (9,1ss). Visión anticipada de la parusía. Pregustación de la victoria pascual.
I. Goma, La Biblia Dia A Dia, Comentario Exegético A Las Lecturas,
De La Liturgia De Las Horas, Ediciones Cristiandad.Madrid-1981.Pág. 894 S.



10 Tú eres el Mesías... El Hijo del hombre tiene que padecer mucho
Los comentaristas de Marcos notan que a partir de 8,27-30 la narración evangélica da un giro, que llega hasta la solemne entrada de Jesús en Jerusalén, pocos días antes de su muerte. Las escenas ya no se limitan a los entornos del lago de Genesaret, la multitud aparece sólo esporádicamente, no hay disputas con los grupos adversarios, los milagros se reducen a dos (el joven endemoniado y el ciego de Jericó). La parte didáctica, en cambio, pasa al primer término. Jesús se centra en la enseñanza a sus discípulos. El tema de predicación alcanza su culminación en las predicciones de la pasión, de las que hoy leemos la primera. La acción de la perícopa de este domingo transcurre en Cesarea de Felipe, en los confines del Líbano, al pie de la cordillera del Hermón; zona turística y de veraneo ya en tiempo de Jesús. En un clima de revisión pastoral, Jesús pide a los suyos que se hagan eco de la fama de su persona entre la gente. Estos creen que Jesús es Elías, el precursor del Mesías en las perspectivas judías del momento. Pedro, portavoz de los Doce, va un paso más adelante y reconoce en Jesús al Mesías en persona. Jesús apunta todavía hacia un t x ir nivel más profundo: no es el Mesías davídico, tal como estaba en boga en la mentalidad popular de la época, sino el Mesías-Siervo de Isaías.
Hasta ahora los discípulos no han sabido captar el verdadero rostro de Jesús y, por eso, la reacción de Pedro, contrasta con la del anónimo personaje de la primera lectura:ante la perspectiva del dolor y del fracaso se rebela. Su confianza está todavía lejos dé apoyarse en las manos de Dios.
Aceptar la persona de Jesús es aceptar su destino y las paradojas que comporta el Evangelio: negarse a sí mismo, cargar la cruz, perder la vida... para recuperarla en Cristo.
Jordi Latorre, Misa Dominical 2000 12 10



martes, 4 de septiembre de 2018

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXIII T,O, CICLO B - 9 SETIEMBRE 2018


OJOS PARA VER LOS MILAGROS


ORACION COLECTA

Oh Dios, por ti nos ha venido la redención y se nos ofrece la adopción filial, mira con bondad a los hijos de tu amor, para que cuantos creemos en Cristo alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por Nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 35, 4-7a

Digan a los cobardes de corazón: «Sean fuertes, no teman. Miren a su Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y los salvará».
Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará.
Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo será un estanque, lo reseco un manantial.

SALMO RESPONSORIAL (145)

Alaba, alma mía, al Señor.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente, que hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 1-5

Hermanos míos: No junten la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con el favoritismo.
Por ejemplo: llegan dos hombres a la reunión litúrgica. Uno va bien vestido y hasta con anillos en los dedos; el otro es un pobre andrajoso.
Ven al bien vestido y le digan: «Por favor, siéntate aquí, en el puesto reservado.» Al pobre, en cambio: «Estén ahí de pie o siéntate en el suelo.».
Si hacen eso, ¿no son inconsecuentes y juzgan con criterios malos?
Queridos hermanos, escuchen: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que lo aman?

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.
Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.».
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.
É1 les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.».

COMENTARIO

En ese conjunto de acciones y de palabras que constituyen el evangelio, todo tiene un valor de enseñanza todo tiene que suscitar en nosotros la pregunta de Marcos, la cuestión de las cuestiones sobre Jesús: ¿Quién eres? ¿Qué es lo que nos traes?”. El mismo Jesús quiso contestar a ella, cuando vacilaba Juan bautista: “¿Eres tú el que se esperaba?”.
Y la respuesta fue una serie de milagros, repitiendo el texto de Isaías que comienza con una noticia alentadora pero imprecisa: “Dios mismo viene a salvarnos”. Pero Isaías se apresura a concretarla: “Los ciegos verán, los sordos oirán, los cojos saltarán, los mudos gritarán, el agua  manará  para  los  que  se  morían de sed”. Esto es a la vez muy concreto y simbólico: Mediante estos ejemplos. Isaías quiere describir toda la miseria humana y la bondad poderosa de Dios. 
Nos ofrece de este modo la clave para leer bien los milagros de Jesús. Cristo lleva a cabo realmente curaciones y otras acciones milagrosas, pero como signos de que Dios mismo viene a salvarnos por medio de él, de Jesús: todas las miserias físicas y morales se acabarán. Cada milagro es una especie de cartel. Dios nos salva, es capaz de hacerlo y lo hace por medio de su Hijo Jesús. Por consiguiente, este acto espectacular no es un prodigio que discutir como posible o imposible. ¿Quién puede dictar al creador los límites de   lo  posible?  Es   un  acto poderosamente real, pero sobre todo poderosamente signo, que hay que meditar como signo.
Nadie supo leer los milagros de Jesús cuando los realizaba. La prueba es que la misma gente que los admiraba los empujaría hacia la cruz y que sus mismos discípulos estuvieron hasta el fin “faltos de inteligencia”.
La curación del sordomudos forma parte precisamente de una agrupación de textos sobre su inteligencia y este conjunto termina con   un  buen jarro de agua  fría: “¿No  acaban  de entender  ni de comprender? ¿Están ciegos? ¿Para qué   tienen   ojos,  si  no ven, y  oídos,  si  no   oyen?”. (Mc 8, 17-18). Cuando Jesús se enfada hasta ese punto, la cosa es grave.
Era después del milagro de la multiplicación que revelaba con tanta claridad la bondad de Dios y su poder de salvación. 
Pero este paso de un milagro a una meditación sobre el poder de Dios en acción sólo se dio después de la resurrección.
Entonces comprendieron hasta qué punto Jesús es ese poder de salvación.  ¿Quién eres, Señor?
Lo que los milagros dicen de mí. ¿Lo comprendemos? ¿Sabemos leer los milagros? 
En todas las partes del mundo en donde actúa Jesús resucitado, los sordos oyen, los mudos hablan, la vida resucita. Pero se necesitan ojos para ver.

PLEGARIA UNIVERSAL

Elevemos a Dios Padre nuestras plegarias, para que nos de la sabiduría necesaria para seguirlo y conocer siempre lo que es su voluntad, por eso decimos: Señor, danos la sabiduría para seguirte.

1.- Por el Papa Francisco, para que el Señor lo llene de la sabiduría necesaria para seguirlo y conocer siempre lo que es su voluntad, por eso decimos: Señor, danos la sabiduría para seguirte. Oremos al Señor.

1.- Por el Papa Francisco, para que el Señor lo llene de la sabiduría que viene de lo alto, y puedas seguir renovando la vida de la Iglesia. Oremos al Señor.

2.- Por los gobernantes del mundo, para que en sus decisiones siempre prime el respeto y la libertad de los hijos de Dios, sobre todo de los más pobres y necesitados. Oremos al Señor.

3.- Para que el Señor nos de la sabiduría para buscar la voluntad de Dios, en los acontecimientos de nuestra ida cotidiana. Oremos al Señor.

4.- Por los enfermos de nuestra comunidad, para que en nuestras actitudes y gestos de bondad puedan ver al Señor que los visita y les ofrece su consuelo. Oremos al Señor.

5.- Por nuestro párroco, para que el Señor, lo asista siempre con su sabiduría y así pueda conocer la voluntad de Dios y acercarse a las personas con el amor y la ternura del Señor. Oremos al Señor.

6.- Por todos nosotros reunidos en este día del Señor, para que reconociendo su amor por nosotros estemos dispuestos a renunciar a todo lo que nos separa de Él.  Oremos al Señor.

Escucha Padre amado, las intenciones que te hemos presentado y las que han quedado en nuestros corazones, por Cristo tu hijo y nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Oh, Dios, auto5r de la piedad sincera y de la paz, te pedimos que con esta ofrenda veneremos dignamente tu grandeza y nuestra unión se haga más fuerte por la participación en este sagrado misterio. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Concede, Señor, a tus fieles, alimentos con tu palabra y vivificados con el sacramento del cielo, beneficiarse de los dones de tu hijo amado, de tal manera que merezcamos participar siempre de su vida. El que vie y reina por los siglos de los siglos.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 10: 1Co 5, 1-8; Sal 5; Lc 6, 6-11
Martes 11: 1Co 6, 1-11; Sal 149; Lc 6, 12-19.
Miércoles 12: 1Co 7, 25-31; Sal 44; Lc 6, 20-26
Jueves 13: 1Co 7, 25-31; Sal 44; Lc 6, 20-26.
Viernes 14: 1Co 9, 16-19, 22b-27; Sal 83; Lc 6, 39-42
Sábado 15: Hb 5, 7-9; Sal 30; Jn 19, 25-27 (o bien: Lc 2, 33-35)
Domingo 16: Is 50, 5-9ª; Sal 114; St 2, 14-18; Mc 8, 27-35.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Marcos 7, 31-37

1.- Marcos presenta el relato de la curación del sordomudo ("mogilalos") de una manera bastante original. Establece, por ejemplo, un paralelo estrecho entre el episodio del sordomudo y el del ciego (Mc 8, 22-26), ya subrayado por estar ambos recogidos en el conjunto llamado la "sección de los panes" (Mc 6, 30-8, 26). En ambos casos encontramos sucesivamente un mismo "apartamiento" del enfermo (7, 33; 8, 23), una misma insalivación (7, 33; 8, 23), la misma insistencia de Cristo en recomendar silencio al beneficiario del milagro (7, 36ñ; 8, 26), una misma imposición de las manos (7, 32ñ; 8, 22, 23), una misma reacción de los amigos que "llevan" al enfermo (7, 32; 8, 22).
De ambos relatos se desprende, pues, una misma lección: no oír y no ver son signos de castigo (Mc 4, 10-12; 8, 22): la curación de la vista y la del oído son signos de salvación. Pero la salvación otorgada por Dios supone una ruptura respecto al mundo: si Cristo "lleva" al mudo y al ciego "fuera" para que vean y oigan, es porque la multitud, en cuanto tal, es incapaz de ver y de oir.
a) El relato de la curación del mudo se nos ofrece, en primer lugar, como una réplica de Is 35, 2-6. El profeta anunciaba al pueblo, exiliado en Babilonia, un destino en el que no se atrevía a soñar: sería investido con la "gloria del Líbano" y los mudos mismos gritarían de alegría.
Ahora bien: Jesús se encuentra en las fronteras del Líbano en un país pagano, y allí realiza un milagro en beneficio de un mudo cuya palabra no podrá ya contenerse. El pueblo va a volver del destierro, enriquecido con la fama de los países paganos y con una alegría incomparable. El milagro anuncia así la era inminente de la salvación. Esta salvación será también un juicio; los sordos oirán (cf. Is 29, 18-23), pero otros se volverán sordos a la Palabra.
b) Es casi seguro que Marcos ha incorporado este milagro dentro de un ritual de iniciación al bautismo ya existente. La actitud de Cristo levantando la vista al cielo antes de curar al mudo (v. 34) no aparece más que en el relato de la multiplicación de los panes (Mc 6, 41). ¿No es esto un indicio del carácter litúrgico de este episodio? Este pasaje parece ser, efectivamente, un eco del primer ritual de iniciación cristiana. Los más antiguos rituales bautismales preveían ya un rito para los sentidos (ojos, en Act 9, 18; nariz y oídos, en la Tradición de Hipólito, núm. 20, etc.). Si se tiene en cuenta que, para la mentalidad judía, la saliva es una especie de soplo solidificado, podría significar el don del Espíritu característico de una nueva creación (Gen 2, 7; 7, 22; Sab 15, 15-16). Marcos conserva, sin duda, la palabra aramea pronunciada por Cristo, Ephpheta (v. 34), porque así la había conservado la tradición.
Los elementos de este ritual de iniciación podrían ser, pues, un exorcismo (Mc 7, 29, inmediatamente antes de este evangelio), un padrinazgo de "quienes les llevan", un rito de imposición de las manos (v. 32), un "apartamiento" (v. 33, sin ser el arcano, más tardío, refleja ya la toma de conciencia de la originalidad de la fe), un rito sobre los sentidos (v. 34), tres días de ayuno preparatorio (Mc 8, 3; Act 9, 9), y después la participación en la Eucaristía.
Para terminar, Marcos vuelve a la tradición sinóptica (vv. 36-37) cuando hace mención de las alabanzas de la multitud que reconoce en este milagro la llegada de la era mesiánica (Mt 15, 30-31), puesto que da cumplimiento a las profecías de Is 61, 1-2, ya interpretadas por Cristo en este sentido (Mt 11, 5).
Volveremos aquí, a propósito del aspecto particular de las curaciones de mudos en la Biblia, al tema de la fe, que es el punto principal de esta perícopa. La mayoría de los relatos que tratan de la vocación de profetas, es decir, de personajes que han de ser portadores de la Palabra de Dios, refieren al mismo tiempo curaciones de mudos o tartamudos (Ex 4, 10-17; Is 6; Jer 1). Se trata de un procedimiento literario cuya finalidad es dar a entender que el profeta es incapaz, apoyado tan solo en sus facultades naturales, de comenzar siquiera a hablar, sino que recibe de Otro una palabra que hay que transmitir. Por eso, la curación de un mudo, que proclama la Palabra, es considerada como un signo evidente de lo que es la fe: una virtud infusa que no depende de las cualidades humanas.
Hay otro elemento que interviene con frecuencia en las curaciones de mudos. En periodos de castigo divino, los profetas permanecían mudos: no se proclamaba la Palabra de Dios porque el pueblo se tapaba los oídos para no oírla (1 Sam 3, 1; Is 28, 7-13: Lam 2, 9-10: Ez 3, 22-27; Am 8, 11-12; Gen 11, 1-9). El mutismo está pues, ligado a la falta de fe: el mudo es muchas veces sordo con anterioridad. Pero si los profetas hablan, y hablan abundantemente, es señal de que han llegado los tiempos mesiánicos y de que Dios está presente y la fe ampliamente extendida (cf. Lc 1, 65; 2, 27-29).
Hay un texto profético muy significativo a este respecto: Jl 3, 1-2, que se verá precisamente cumplido con el milagro de Pentecostés (Act 2, 1-3). El crecido número de curaciones de sordos y mudos operadas por Cristo es signo de la inauguración de la era mesiánica (Lc 1, 64-67; 11, 14-28; Mt 9, 32-34; 12, 22-24; Mc 7, 31-37; 9, 16-28).
Al final de los Evangelios se presenta también en forma de una vocación profética el envío de los apóstoles a predicar, puesto que se les otorga una lengua nueva (Mt 10, 19-20; Rom 10, 14-18), como si también ellos tuvieran que salir del mutismo.
Este evangelio quiere darnos, pues, a entender que debemos tomar conciencia de que la fe es un bien mesiánico. Más, al relatar esta curación, Marcos quiere hacer suyo el tema del Antiguo Testamento que relaciona mutismo y falta de fe. El evangelista subraya repetidas veces que la multitud tiene oídos y no oye, y tiene ojos y no ve (Mc 4, 10-12, repetido en 8, 18). Por otra parte, toda la "sección de los panes" (Mc 6, 30-8, 26) es la sección de la no inteligencia (Mc 6, 52; 7, 7, 18; 8, 17, 21).
Ahora bien: para curar al sordomudo, Cristo le lleva fuera de la multitud (Mc 7, 33), como para subrayar que el mutismo es característica de la multitud y que es necesario apartarse de su manera de juzgar las cosas para abrirse a la fe.
La característica de los últimos tiempos es la de situarnos en un clima de relaciones filiales con Dios, capacitarnos para oír su palabra, corresponderle y hablar de El a los demás. El cristiano que vive estos últimos tiempos se convierte así, en cierto modo, en profeta, especialista de la Palabra, familiar de Dios. Para ello debe poder escuchar esa Palabra y proclamarla: para hacerlo necesita los oídos y los labios de la fe.
Maertens-Frisque, Nueva Guía De La Asamblea Cristiana VII, Marova Madrid 1969.Pág. 43



2.- Suspiro de Jesús mientras mira al cielo. Es difícil precisar el matiz de este suspiro, pero tratándose del evangelio de Marcos no sería incorrecto interpretarlo como expresión de una "queja-cansancio" de Jesús por la situación. 
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Comentario. El relato de hoy tiene su continuación-culminación en Mc. 8, 22-26. Ambos son relatos propios y exclusivos de Marcos, a través de los cuales el autor pone de manifiesto de una manera gráfica lo inadecuado de un acercamiento a Jesús superficial, interesado y falto de fe. El resultado de este acercamiento sería un Jesús ritualizado, a disgusto y casi maniatado en su poder curativo. Espero que se me interprete bien. Se trata de la crítica del autor a un determinado tipo de acercamiento a Jesús, cuyo resultado no sería otro que un Jesús distorsionado, ritualizado y mágico. Así sería Jesús, viene a decirnos Marcos, si hubiera que hacer caso de lo que la gente busca en él.
ORA/RD: Marcos es un autor muy pesimista en lo referente al seguimiento religioso. Detrás de este seguimiento, en efecto, se esconde con demasiada frecuencia la búsqueda a una solución a los propios problemas, sin atisbo alguno de planteamiento altruista y desinteresado. Para convencernos de esto bastaría con formular entre nosotros la siguiente pregunta: ¿Qué lugar ocupa en nuestra plegaria espontánea el Reino de Dios y qué lugar ocupa, por ejemplo, la salud? El Padre nuestro lo rezamos todos, pero ¿es el Padre nuestro el contenido de nuestros rezos? 
Alberto Benito, Dabar 1991, 44



3.- Jesús vuelve del extranjero. ¿Por qué se fue? Según Marcos, dos parecen haber sido los motivos: la creciente conflictividad con la autoridad religiosa central y el seguimiento "interesado" de la población judía. Ambos motivos han condicionado la estrategia de Jesús: alejamiento, ocultamiento. Esta característica de la actividad de Jesús vuelve a ser resaltada por Marcos: v. 33a y 36a. Pero una vez más la estrategia falla: v. 36b. Es cierto que la gente interpreta la actuación de Jesús como un cumplimiento de la profecía de Isaías (35, 5-6): v. 37; pero, según Marcos, esta interpretación se queda en lo anecdótico y superficial, porque no les lleva a una reflexión seria y a la fe.
Este estado de cosas provoca en Jesús una enorme tensión interna, que sólo esporádicamente la refleja Marcos, como en esta ocasión: "mirando al cielo, suspiró" (v. 34).
En este momento del evangelio, Marcos es ya decididamente pesimista acerca de las posibilidades reales de cambio por parte de los judíos (de los hombres). Resaltando la profunda conmoción de Jesús, Marcos no apunta tanto a su estado de ánimo cuanto a unas condiciones objetivas que lo han provocado.
Por extraño que pueda resultarnos el relato de la curación del sordomudo -narrado con la mentalidad propia de aquella época-, el cuadro constituye una imagen adecuada del programa de Jesús: todo el hombre queda sanado. Las dolencias que deforman la creación de Dios quedan eliminadas y vuelve a brillar el esplendor original.
Es un signo de la creación nueva que Dios realizará algún día. En la mañana de la creación todo lo hizo bien (Gen 1), en el día de la consumación todo lo hará nuevo (Ap 21, 5).
Sólo que Marcos tiene serias dudas de que los oyentes de Jesús estemos dispuestos a secundar este programa de transformación.
Eucaristía 1988, 43



4.- Texto. Entre el texto del domingo pasado y el de hoy Marcos intercala un episodio que se desarrolla en tierra no judía (Mc 7, 24-30). Es un episodio en el que se desvela con la práctica una de las dimensiones del misterio del Reino de Dios, es decir, que el Reino de Dios es una realidad abierta a todos, sean o no miembros del pueblo oficial de Dios.
Desde este presupuesto Marcos retoma la tierra judía. A decir verdad el episodio de hoy carece de localización concreta y todo él se desarrolla de acuerdo a unas coordenadas muy típicas de Marcos: traída anónima del enfermo, curación evitando la presencia de la gente, encargo de no divulgar el hecho, incumplimiento del encargo a causa del asombro. Relato paradójico entre una primera parte de facilitación del habla y una segunda de prohibición del habla. El resultado es el habla asombrada, mezcla del todo era bueno del Génesis 1, 31 y de las imágenes esperanzandoras de Isaías 35, 5-6 (primera lectura de hoy).
Comentario. La historia exegética del texto demuestra que nos hallamos ante un texto simbólico: el sordomudo al que se abren los oídos y la boca representa al hombre que recibe la fe. Beda el Venerable, autor en el siglo VIII del primer comentario conocido de Marcos, opera con la siguiente simbología, de gran influjo posterior: sordo es el que no oye la Palabra de Dios; mudo, el que no divulga la fe.
Dentro de su verdad de fondo, hay que decir una vez más que la debilidad de esta simbología radica en no tener su origen en la globalidad de la obra o macrotexto de Marcos. En el episodio anterior al de hoy Marcos ha desvelado parte del misterio escondido desde el origen de las edades y de las generaciones. Las palabras son de Pablo a los Colosenses 1, 26.
La parte del misterio revelada es que "los paganos entran en la misma herencia (que los judíos), forman un mismo cuerpo y tienen parte en la misma promesa". Las palabras son también de Pablo, esta vez a los Efesios 3, 6.
Este es el mensaje que Marcos nos invita hoy a escuchar. El sordo del relato simboliza al pueblo de Dios incapaz de escuchar este mensaje. El sordo son los integrismos religiosos, tal vez también los llamados cristianos de presencia: en mayor o menor grado todos ellos parecen no percibir los gritos de dolor de la madre en parto que es la humanidad. La imagen es también de Pablo, esta vez en Romanos 8, 22: "Sabemos bien que hasta el presente la humanidad entera sigue lanzando un gemido universal con los dolores de su parto".
Tal vez todos tenemos algo de integrismo religioso y estamos necesitados de que Jesús abra nuestros oídos.
Hay otra parte del misterio todavía sin desvelar. A ello se debe el sorprendente encargo de guardar silencio, típico de Marcos en los relatos de curación. Marcos prefiere que se guarde silencio sobre las curaciones hasta tanto no desvele la otra parte del misterio del Reino de Dios. Un hablar ahora de la curación podría llevarnos a forjarnos una falsa imagen de Jesús y del Reino de Dios, cuya llegada proclama Jesús. La curación debe realizarse sin presencia de gente mientras tanto no se desvele la otra parte del misterio. Sin embargo, hay algo que sí se puede ya decir: Jesús recrea el espacio bueno que desde el principio Dios ha soñado y ha buscado para el hombre. El vio Dios que era bueno de Gen. 1, 31 vuelve a resonar este domingo. De la Eucaristía de hoy tenemos motivos para salir contentos y esperanzados.
Alberto Benito, Dabar 1988, 46



5.- Jesús marcha con sus discípulos hacia el norte, hacia la ciudad de Sión, para descender después, por la parte oriental, al valle del Jordán y llegar hasta la Decápolis, junto al lago de Galilea.
Evita intencionadamente pisar tierra de Israel, y da un gran rodeo, huye de las multitudes y busca la ocasión de estar a solas con sus discípulos. Este alejamiento de Jesús de Galilea y, esta huida de las multitudes señalan un cambio en su actividad, que se va a concentrar en adelante en el pequeño grupo de sus seguidores. Sin embargo, al llegar a la Decápolis, en donde ya era conocido después de la curación del poseso de Gerasa (cfr. 5, 20), los nativos notan su presencia y acuden a él para pedirle otro milagro. La curación de un sordomudo.
La imposición de manos, conocida ya en el Génesis (48, 14-19) como rito de bendición, es utilizada frecuentemente por Jesús en sus curaciones (6, 5; 8, 23 y 25). Este gesto significaba también la comunicación del Espíritu de Dios, y como tal ha pasado a la liturgia de la iglesia. Recordemos que el Espíritu, que descendió abundantemente sobre Jesús en el Jordán, es la fuerza vivificante y el "dedo de Dios" con el que Jesús realiza todos los milagros.
Jesús no quiere despertar un entusiasmo ciego y fomentar el sensacionalismo en las multitudes. Jesús retira al enfermo de la multitud curiosa. Aunque generalmente Jesús cura a los enfermos imponiendo las manos y pronunciando su palabra eficaz, aquí realiza también una serie de gestos simbólicos que dan a todo el proceso una solemnidad especial. Por otra parte, son señales necesarias para comunicarse con el sordomudo. La liturgia bautismal ha recogido estos gestos de Jesús, con lo que reconoce que todo hombre debe ser abierto por Dios para que pueda escuchar el evangelio.
Elevar los ojos al cielo es la expresión de una oración en silencio, de una súplica y con frecuencia también de acción de gracias.
Marcos ha conservado en su original arameo la palabra de Jesús al sordomudo "effetá". También esta palabra ha pasado a la liturgia bautismal. Tanto Jesús como la iglesia dirigen esta palabra al hombre, para que se abra a la comunicación y se disponga a recibir el evangelio. Ni el milagro de Jesús ni el rito bautismal son acciones mágicas que actúen en virtud de unos gestos determinados y gracias al poder de una fórmula. Los gestos y las palabras tienen en ambos casos un significado y son, por tanto, apelación de quien ve y escucha. El milagro de Jesús se hace entender primero con gestos visibles por el sordomudo y así lo dispone para la fe, después pronuncia la palabra eficaz. Pero la eficaz de esta palabra no depende de ser precisamente tal, sino que sea la palabra de Jesús escuchada por el sordomudo.
Hay una relación entre la sordera y la mudez. No se puede hablar si no se puede escuchar. Y esto vale también respecto a la audición y confesión del evangelio. Sólo el que cree, el que escucha, puede después proclamar y confesar auténticamente el evangelio. Como dice Pablo: "porque creemos, por eso hablamos".
Aunque Jesús ha realizado el milagro apartándose del pueblo, pronto se conoce lo sucedido y todos se hacen lenguas de lo que ha ocurrido. Este milagro es una de las señales anunciadas por Isaías para los tiempos mesiánicos (cfr. primera lectura de hoy). Es posible que Jesús imponga silencio a estas gentes precisamente por eso, temiendo que la falsa concepción mesiánica que poseían comprometiera su actuación ante los poderes públicos.
Eucaristía 1982, 41



6. Hace oír a los sordos y hablar a los mudos
La curación del sordomudo es uno de los pocos episodios exclusivos de Marcos. Jesús sale del círculo exclusivamente judío y se dirige a tierras de "paganos", donde más tarde se desarrollará la primitiva Iglesia: Tiro, Sidón, Decápolis. Así que llega le presentan al enfermo para que lo cure, lo cual nos da a entender que la gran fama de taumaturgo ya había llegado a aquellas tierras.
El comportamiento de Jesús nos resulta raro. Por un lado, al contrario que los curanderos de la época que hacían sus actos con gran ostentación, Jesús se retira, en solitario, lejos de la gente. Busca el contacto personal con el enfermo. Y por el otro lado, Jesús rompe con su costumbre de curar de palabra y se vale del contacto físico, la saliva (cf. Mc 8,23 y Jn 9,6) y la oración (cf. Mc 6,41; 1 Jn 11,41; 17,1).
La plegaria de Jesús "Effetá" (ábrete) es uno de los términos arameos que Marcos transcribe y traduce para sus lectores (cf.14, 36), lo cual india antigüedad del relato. Abrir es, en esta ocasión, sinónimo de curar, ya que la mentalidad de la época creía que los órganos paralizados permanecían "cerrados" para ser usados. La palabra de Jesús posee una eficacia creadora, como la de Dios en el Antiguo Testamento, lo que provoca un estupor religioso entre los presentes.
La expresión de la gente se inspira en el texto de Isaías que hemos leído como primera lectura (cf. también Is 29,18-23 y Salmo 38,14) y nos recuerda la respuesta de Jesús a los enviados del Bautista (Mt 11,5-6 y Lc 7,22). Por otra parte, tiene resonancias de la primera palabra creadora: "Y vio Dios que era bueno" (Gen 1,31).
Jesús se acerca, ofrece su contacto personal y salutífero a un enfermo bloqueado en su relación comunicativa con los demás (sordo y mudo). La palabra de Jesús crea una nueva situación, comparable a la del pueblo venido del Exilio.
Jordi Latorre, Misa Dominical 2000, 11, 50