jueves, 6 de agosto de 2026

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XIX T.O. CICLO A - 9 AGOSTO 2026

 EL VIENTO AMAINÓ

 

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo (14, 22-33) - El Diario

 

COMENTARIO

 

En la Iglesia y en toda existencia cristiana las cosas se desarrollan siempre entre la confianza y el miedo. Es lo que nos indica el evangelio de Jesús caminando sobre las aguas. El miedo. Una barca lejos de la orilla y amenazada por el oleaje, el viento contrario, la noche ¡Y un fantasma! Aquellos hombres, a pesar de estar bien curtidos, gritan de espanto. La confianza. La noche pasa, se reconoce a Jesús. ¡Camina sobre el mar! Les habla: “¡Soy yo! ¡No tengan miedo! Y a Pedro: “¡Ven!”. Juego de la confianza y del miedo. Pedro empieza a caminar sobre las aguas. Pero tiene miedo y se hunde: “¡Sálvame!”. Jesús lo coge: “¡Por qué has dudado!”.

Cuestión clave de nuestra reflexión de hoy. La respuesta será el impulso de confianza total hacia la que se dirige todo el texto: “¡Tú eres el Hijo de Dios!”.

Este milagro parece inútil (los otros milagros curan). Pero hay que ver en él una lección capital: es un milagro-revelación. Simboliza nuestros miedos más hondos y las cimas de nuestra confianza, cuando nuestra fe es vivida por nosotros como una experiencia: “Realmente eres el Hijo de Dios”. ¿He hablado de símbolo para insinuar que el milagro no tuvo lugar y que se trata tan solo de una enseñanza en imágenes sobre la confianza? No, aquellos hombres vieron ciertamente a Jesús caminando sobre las aguas y comprobaron cómo amainaba el viento. Jesús hizo aquello por ellos, para robustecer su confianza: “¡Aquí estoy!. ¡No tengan miedo!”.

Ahora, releído por nosotros ese mismo suceso nos hace pensar en nuestra confianza en Jesús. En la vida tranquila creer en Jesús es un evangelio bonito: Nos gusta lo que él dice, sentimos ganas de hacer lo que él exige, sobre todo cuando habla del amar. Llega la tempestad, la noche del sufrimiento físico, la noche del fracaso, de la traición, de la vejez. ¿Cómo creer que Jesús va a sacarnos de estas aguas? El milagro de ayer puede hacerse milagro para nosotros. El mismo Jesús - ¡El mismo! - está allí y nos habla: “No tengas miedo”. Y nos dice: “¡Ven!”. Escuchar a comprender ese ¡Ven! Es sentir en nosotros un calor de confianza, como si fuera calcio en nuestras venas. Le pedimos poder acercarnos a él, hacia un poco de solidez y de calma y él nos dice: “¡Ven!”. Si la batalla contra el miedo es ardua, sentimos sobre nosotros su mirada de mansa severidad: “¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?”.

Nos lo dice a nosotros y se lo dice a la Iglesia; el simbolismo de la barca es natural; la Iglesia está azotada por las olas, pero él está allí. Cuando llegamos a escuchar esa voz que nos dice: “No tengas miedo”, ¿Es que van a cambiar las cosas? No necesariamente, aunque a veces sea así. Pero nosotros sí que cambiamos y llevamos lo que nos parecía imposible de llevar. “Tú eres el Hijo de Dios; contigo caminaré sobre estas aguas del miedo y del sufrimiento”.

No puedo llegar más lejos; sólo aquel que ha realizado esta experiencia de confianza sabe lo que quiere decir: “El viento amainó”.

R.P.  Roland Vicente Castro Juárez.

ANTÍFONA DE ENTRADA  (Sal 73, 20.19.22.23)

Piensa, Señor, en tu alianza, no olvides sin remedio la vida de tus pobres. Levántate, oh, Dios, defiende tu causa, no olvides las voces de los que acuden a ti.

 

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, a quien, instruidos por el Espíritu Santo, nos atrevemos a llamar Padre, renueva en nuestros corazones el espíritu de la adopción filial, para que merezcamos acceder a la herencia prometida. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 9a.11-13a

En aquellos días, cuando Elías llegó hasta el Horeb, el monte de Dios, se introdujo en la cueva y pasó la noche. Le llegó la Palabra del Señor, que le dijo: «Sal y permanece de pie en el monte ante el Señor». Entonces pasó el Señor y hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas ante el Señor, aunque en el huracán no estaba el Señor. Después del huracán, un terremoto, pero en el terremoto no estaba el Señor. Después del terremoto, fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Señor. Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva.

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 84, 9-14)

 

Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

 

Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos». La salvación está ya cerca de los que lo temen, y la gloria habitará en nuestra tierra. R.

 

La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo. R.

 

El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante Él, y sus pasos señalarán el camino. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 9, 1-5

Hermanos: Digo la verdad en Cristo, no miento —mi conciencia me atestigua que es así, en el Espíritu Santo—: siento una gran tristeza y un dolor incesante en mi corazón; pues desearía ser yo mismo un proscrito, alejado de Cristo, por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne: ellos son israelitas y a ellos pertenecen el don de la filiación adoptiva, la gloria, las alianzas, el don de la ley, el culto y las promesas; suyos son los patriarcas y de ellos procede el Cristo, según la carne; el cual está por encima de todo, Dios bendito por los siglos.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Sal 129, 5

Aleluya. Espero en el Señor, espero en su Palabra. Aleluya

 

SANTO EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 14, 22-33

Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!». Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua». Él le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?». En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Oremos a nuestro Señor Jesucristo, para que escuche la oración de los que nos hemos reunido en su nombre:

 

1.- Por el Papa León, los obispos y todo el clero: Para que el Señor los proteja, renueve sus fuerzas y guíe sus pasos con sabiduría, ayudándolos a ser faros de esperanza y unidad para la Iglesia en medio de las dificultades. Roguemos al Señor.

 

2.- Por los gobernantes y líderes de las naciones: Para que actúen con justicia, promuevan el bien común y dirijan sus esfuerzos a construir puentes de diálogo y fraternidad. Roguemos al Señor.

 

3.- Por todos los que sufren: Para que, ante las dificultades, escuchen la voz de Jesús y encuentren consuelo, fortaleza y la gracia de no perder la esperanza. Roguemos al Señor.

 

4.- Por nosotros: Para que el Señor nos libre de la tentación del miedo y la desesperanza, y nos conceda la valentía de mantener la mirada fija en Él cuando las dificultades nos abrumen. Roguemos al Señor.

 

Señor Dios nuestro, que con tu poder dominas la creación entera, haz que te reconozcamos presente en todos los acontecimientos de nuestra historia, para que sepamos así afrontar las pruebas con serenidad y avancemos hacia la paz de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta complacido, Señor, los dones que en tu misericordia has dado a tu Iglesia para que pueda ofrecértelos, y que ahora transformas con tu poder en sacramento de nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

ANTIFONA DE COMUNIÓN Jn 6, 51

El pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo, dice el Señor.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

La comunión en tus sacramentos nos salve, Señor, y nos afiance en la luz de tu verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 10: Ez 1, 2-5. 24-28c; Sal 148, 1-2. 11-12ab.12c-14ª.14bcd; Mt 17, 22-27

Martes 11: Ez 2, 8-3, 4; Sal 118, 14.24.72.103.111.131; Mt 18, 1-5. 10. 12-14

Miércoles 12: Ez 9, 1-7; 10, 18-22; Sal 112, 3-4. 5-6; Mt 18, 15-20

Jueves 13: Ez 12, 1-12; Sal 77, 56-57. 58-59. 61-62; 56-57. 58-59. 61-62; Mt 18, 21-29

Viernes 14: Ez 16, 1-15. 60. 63; Sal: Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6; Mt 19, 3-12

Sábado 15: 1Cro 15, 3-4. 15-16; 16, 1-2; Sal 131, 6-7. 9-10. 13-14; 1Co 15, 54-57; Lc 11, 27-28

Domingo 16: Is 56, 1.6-7; Sal 66, 2-3. 5.6 y 8; Rm 11, 13-15.29-32; Mt 15, 21-28

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Mt 14, 22-33

 

Par: Mc 6, 45-52   Jn 6, 16-21

 

1.- J/PEDAGOGIA EN LA FORMACIÓN DE LOS DISCÍPULOS.

-Formación de los discípulos. Jesús enseña con las palabras. Pero sobre todo es un auténtico maestro en la escuela de la vida. Hace que sus discípulos se embarquen en la aventura de su seguimiento y aprendan de su vida con él. La pedagogía de la vida cuando se goza del acompañamiento de Jesús es más eficaz que muchos discursos.

En el episodio anterior, multiplicación de los panes, Jesús había tenido que animar a sus discípulos a implicarse con la multitud (/Mt/14/13-21).

Ellos querían dejarlos ir simplemente. Jesús les provocó: "Dadles vosotros de comer". Y aprendieron que cinco panes y dos peces bastaban cuando eran compartidos. La comida llegó a todos ("comieron todos") y esa comida produjo plenitud, bienestar ("hasta quedar satisfechos"). Jesús les había invitado a acercarse a la muchedumbre hambrienta y a no inhibirse. Así los discípulos pudieron comprender con sorpresa sus enormes posibilidades. Era un auto-descubrimiento gozoso en medio de la gente. Los problemas de los hombres no hay que echarlos solamente sobre los hombros de Jesús, sino que pueden acercarse a ellos solidariamente con él. ¡Los discípulos se sintieron colaboradores del Reino! Pero esta vez la lección va a ser más dolorosa. Aunque al final resulte igualmente gozosa, Jesús "apremia" a sus discípulos a que suban a la barca y se separen de la gente, mientras él los despedía y oraba. También en esta ocasión quiere aclararles su situación, ayudarles a auto-descubrirse, empujarles a una auténtica relación con él. La propia verdad puede ser dura, pero siempre resulta liberadora. Cuando estaban con la multitud los discípulos aprendieron que debían ser colaboradores de Jesús; cuando se alejan solos comprenderán que llevan dentro la duda y el miedo, que necesitan reconocer la presencia amiga de Jesús. Es ésta la grandeza y la miseria de los enviados de Dios. (...) En la formación de los que siguen a Jesús esta experiencia es tan necesaria como la de la multiplicación de los panes.

Tarde o temprano, una o muchas veces tendremos que enfrentarnos a nuestros miedos y dudas, con nuestras frustraciones y cansancios, con nuestra profunda angustia y ganas de abandonar. ¡Esa verdad es liberadora! Esos somos también nosotros. Si habíamos creído otra cosa al ser capaces de alimentar a una muchedumbre, nos habíamos equivocado. Pero la presencia de Jesús está asegurada todos los días hasta el fin del mundo. Cuando nos invita a no tener miedo, cuando nos agarra de la mano, cuando llega a la serenidad y la calma, recibimos como gracia comprender que nuestra misión no se basa en nuestra grandeza sino en su fidelidad absoluta. El discípulo conoce a la vez su propia verdad y la Verdad salvadora.

JOSÉ MARÍA ALEMANY - DABAR 1990/41


 

2.- FE/DUDA: LA DUDA PARECE SER UN INTEGRANTE CONTINUO Y SIEMPRE PRESENTE EN LOS QUE QUIEREN VIVIR SU FE DÍA TRAS DÍA.

En este relato, lo mismo que en el que le precede (la multiplicación de los panes), los discípulos ocupan un puesto importante. No son pasajes directamente relacionados con la teología del discipulado, pero sí que encierran una relación directa con la postura del que quiere acercarse a Jesús. La fe en él pasará por la superación y asimilación de la duda. La fuerza del viento y el peligro de la vida son temas para dibujar la situación de dificultad que presupone el reino de Dios y el esfuerzo necesario para superar la actitud de duda. Pero la idea dominante no es el peligro en el que se encuentran los discípulos, ni su inquietud; Mt concentra su relato en la persona de Cristo, cuyos discípulos van a descubrir nuevamente, en el esfuerzo y la duda, su autoridad soberana y su voz apaciguadora. El progresivo acercamiento a la realidad que es Jesús supone un continuo estar a la escucha de la Palabra en una actitud fuerte de superación.

Este diálogo de Pedro con Jesús exclusivo de Mt, parece presentar a Pedro como un prototipo de discípulo por su amor a Jesús y por la insuficiencia de su fe. No es aquí un líder que haya captado mejor que otros su relación con Jesús, sino que se hace portador de la situación en que se encuentra "todo" discípulo. La duda parece ser un integrante continuo y siempre presente en los que quieren vivir su fe día tras día.

Pedro es aquí la figura del que confunde el entusiasmo un tanto presuntuoso con la fe, y no se da cuenta que debe su salvación más a un gesto salvador de Jesús, como lo hace observar el mismo Maestro (v. 31). Si la fe conlleva una gran carga de duda, también contiene la promesa del apoyo de Jesús a todo el que cree. Dios no solamente rehabilita al hombre por la muerte de Jesús, sino que también lo salva, es decir, lo acompaña en su caminar diario (cf Rm 5.)

v 33:Aunque como expresión hay que situarla en una elaboración tardía, la confesión de Pedro encierra la confianza fundamental que el creyente y toda la Iglesia, pone en la persona de Jesús.

Esta es la revelación que diariamente hace Jesús y acepta el creyente. Sin ella es imposible construir el camino de la fe. Dios y hombre coinciden en la tarea.

EUCARISTÍA 1978/37


 

3.- J/SEÑOR.PIDE ADHESIÓN INQUEBRANTABLE DE FE EN MEDIO DE LAS CRISIS. EL DISCÍPULO DEBE FIARSE TOTALMENTE DEL SEÑOR AUN EN MEDIO DE LAS CRISIS.

Jesús se revela a la comunidad de sus discípulos en medio de las dificultades y los confirma en la fe, liberándolos del temor y de la duda. El episodio paradigmático de Pedro, propio de Mt quiere destacar que el discípulo es invitado a fiarse totalmente del Señor, también en las situaciones que ponen en crisis la adhesión inquebrantable de fe.

Jesús viene de su experiencia de oración en el monte; ello pone de relieve la importancia de ese encuentro misterioso con los discípulos: Jesús se les acerca como Señor. Jesús es el Señor que controla el peligro ("amainó el viento") y es el salvador ("extendió la mano, lo agarró") eficaz de la comunidad en medio de las pruebas.

J. FONTBONA - MISA DOMINICAL 1990/16


 

4.- Jesús marchaba sobre las aguas como Señor del mar. Así nuestra historia se halla en estrecha relación con la anterior. En la multiplicación de los panes, Jesús se había dado a conocer como el Mesías a la muchedumbre. Caminando sobre el mar, al estilo de una teofanía o cristofanía, Jesús se revela a los discípulos que le reconocen como el Hijo de Dios. Se da incluso el paso importante que va, desde el Mesías, a la confesión del Hijo de Dios. Un notable progreso en la fe. Al lector del evangelio de Mateo no debe sorprenderle esta confesión de fe de los discípulos. Nuestro evangelista ha afirmado la filiación divina de Jesús explícita o implícitamente en otras ocasiones: la voz que se dejó oír desde el cielo con ocasión de su bautismo, la historia de las tentaciones, la confesión de los espíritus malos e, implícitamente, cuando se habla de la filiación divina de los discípulos (5,9. 16. 45.48), que deriva de la de Jesús (6,9).

Pudiéramos tener la impresión de que este milagro tiene como finalidad única la demostración de la divinidad de Cristo. En otra ocasión (ver el comentario a 8, 1-4) dijimos que los milagros evangélicos no tienen esa finalidad. También en nuestro caso, el milagro es predicación y anuncio del evangelio, porque es provocado por la necesidad en que se ven los discípulos. Como consecuencia de haberla remediado Jesús de forma tan milagrosa surge el reconocimiento de Jesús como el Hijo de Dios.

Dijimos que nuestra historia tiene aspecto de teofanía. En el Antiguo Testamento, aunque sea en textos poéticos, se describe la soberanía de Yahvéh recurriendo también al dominio que tiene sobre las olas del mar "...por el mar fue tu camino, por las grandes olas tu sendero" (/Sal/077/20), "...camina sobre las alturas del mar" (/Jb/09/08). La marcha de Jesús sobre las aguas le coloca al mismo nivel en que era puesto Yahveh en el Antiguo Testamento. Habla por sí misma de la divinidad de Cristo. Pero nuestra historia pone de relieve al mismo tiempo una peculiaridad singular: este Hijo de Dios recurre con frecuencia a la oración; en la que pasa largas horas: "subió al monte para orar. Entrada ya la noche..."

Exactamente es lo que recoge la fe cristiana al confesarlo verdadero Dios y verdadero hombre. Con necesidad de recurrir con frecuencia a la oración, como todo mortal, y dando el ejemplo de su necesidad para el hombre.

 

FE/PERFECTA-IMPERFECTA: La segunda gran lección de nuestra perícopa gira en torno a la figura de Pedro. Quiere poner a prueba la palabra de Jesús, que ya se les ha presentado en su categoría divina con la frase "Yo soy", "...si eres tú..." La fe de Pedro busca su apoyo más en el milagro que en la palabra de Jesús. Fe, por tanto, muy imperfecta, porque la verdadera fe se halla determinada por una abertura total a Dios y una confianza absoluta en su palabra, aun en las necesidades más extremas de la vida. La fe imperfecta ("hombres de poca fe") es precisamente aquella que se acepta como consecuencia de algo extraordinario y milagroso. Ante las fuerzas de las olas Pedro dudó. Una duda que equivale a falta de fe, falta de confianza en la palabra de Dios o de Jesús, como en el caso presente (no debió dudar de la palabra de Jesús). Pedro comienza a caminar hacia Jesús (v. 29) y, sin embargo, la violencia del viento y de las olas le hace dudar y comienza a hundirse (v. 30). Dos rasgos que parecen excluirse: caminar hacia Jesús y hundirse. La paradoja se resuelve diciendo que, desde que comenzó la duda, dejó de caminar hacia Jesús.

La actitud de Pedro es verdaderamente paradigmática. En ella se personifica y simboliza todo caminar hacia Jesús. Un caminar que no está exento de dudas (28, 17; Rom 14, 1.23) porque, junto a la certeza y seguridad absolutas que la palabra de Dios garantiza, está el riesgo de salir de uno mismo hacia lo que no vemos. Sólo una fe perfecta, como la de Abraham -salió de su tierra hacia lo desconocido, fiándose exclusivamente en la palabra de Dios-, supera el riesgo humano en la seguridad divina. El riesgo de la fe está precisamente en que a nuestros pies les falta la arena, como en las grandes resacas... y entonces nos vemos suspendidos en el vacío. Entonces el único grito apropiado es el lanzado por Pedro: "Señor, sálvame". Acudir a Jesús convencidos de lo que significa y realiza su nombre: "salvador" (1, 21).

COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT - EDIC MAROVA/MADRID 1976


 

5.- MAR/MAL.

a) La victoria de Dios sobre las aguas es un tema muy importante de la cosmogonía judía. El pensamiento bíblico ha heredado, en efecto, de las viejas tradiciones semíticas la idea de una creación del mundo en forma de un combate entre Dios y las aguas, hasta que el poder creador de Dios se impuso a las aguas y a los monstruos del mal que contenía (Sal 103/104, 5-9; 105/106, 9; 73/74,13-14; 88/89, 9-11; Hab 3, 8-15; Is 51, 9-10). Incluso la historia de la salvación aparece como una victoria de Yahvé sobre las aguas: tal es el significado de la victoria sobre el mar Rojo (Sal 105/106, 9) y de la victoria escatológica sobre el mar (Ap 20, 9-13).

Ahora bien: el poder de Cristo sobre las aguas impresionó evidentemente a los primeros cristianos, que vieron en el relato de la tempestad calmada (Mt/08/23-27) y en el caminar sobre las aguas (nuestro Evangelio) la manifestación de quien vuelve a reanudar la obra de la creación y la lleva a su plena realización triunfal. El Día de Yahvé debía ser un día de victoria sobre las aguas (Hab 3, 8-15; Is 51, 9-10); Yahvé está, pues, entre nosotros, para completar esa obra (cf. v. 33). El caminar sobre las aguas es, por tanto, una especie de epifanía del poder divino que reside en Cristo.

b) Pero la victoria de Cristo sobre las aguas se sitúa en un momento decisivo de la vida de Cristo. Su vida de rabbí itinerante, ídolo de las multitudes, no conduce a nada. Al confrontar los pobres resultados de ese ministerio con la voluntad salvífica de su Padre (cf. la oración del v. 23), Cristo cambia de política y se dedica a la formación intensiva de un grupo de apóstoles -y de Pedro en particular- separado de la multitud.

La formación de estos apóstoles persigue dos objetivos: enseñarles a utilizar los poderes mesiánicos de Cristo tal como se los transmitiría un día y enseñarles a tener confianza en El.

El episodio de la marcha sobre las aguas responde a este doble objetivo: Cristo convence a Pedro de que posee realmente los poderes que le permitirán vencer al mal (simbolizado por las aguas sobre las que Pedro camina) (vv. 28-29). Cristo enseña igualmente a Pedro que esa victoria no dimana de un poder mágico, sino que depende de la fe (vv. 30-31).

La victoria sobre las fuerzas del mal es ofrecida, pues, al cuerpo apostólico, con la condición de que a ese poder conferido sobre tales fuerzas correspondan una fe y una adhesión confiadas a la persona de Cristo. Lo mismo que en la primera lectura, la victoria sobre las fuerzas del mal aparece, por tanto, como una posibilidad ofrecida al hombre en Jesucristo.

Afirmar que Cristo ha vencido al imperio del mal es, en realidad, reconocer a la obra de Cristo sus dimensiones cósmicas. Hasta El existía una solidaridad en el pecado que afectaba a toda la creación. En adelante queda abierta una brecha en el círculo de esa solidaridad. Con Cristo se rompe ese lazo cósmico en beneficio de otra solidaridad: la del amor.

Injertado en ese dinamismo de amor, el cristiano no es solo vencedor de sí mismo y de las zonas oscuras de su persona, su victoria tiene realmente una repercusión cósmica: ha vencido realmente al mundo, ha dominado realmente a los elementos lo mismo que Cristo y Pedro han dominado al mar. La misión del cristiano en el mundo consiste, efectivamente, en destruir el influjo del imperio del mal en todos los terrenos en que se sigue manifestando y hasta en la muerte que parece ser hasta ahora su mejor sirvienta. La Eucaristía alimenta al cristiano para el combate efectivo de cada día, puesto que le hace copartícipe de la victoria sobre Satanás y sobre la muerte.

MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA V - MAROVA MADRID 1969.Pág. 253

 

DOMINGO 19 DEL TIEMPO ORDINARIO

-1-

 

La tempestad calmada

Después de la multiplicación de los panes, que leíamos el domingo pasado, Mateo nos cuenta el episodio de la tempestad calmada, cuando las olas y el viento del lago sacudían y hacían casi zozobrar la barca de los discípulos.

Una barca zarandeada por las olas y el viento son un buen símbolo de tantas situaciones personales y comunitarias que se van repitiendo en la historia y en nuestra propia vida. Como la del profeta Elías en el AT. Como la de tantos cristianos que experimentan dificultades y miedos tan grandes como los de los apóstoles.

 

1 Reyes 19, 9a11-13a. Ponte en pie en el monte ante el Señor

Elías, después de un gran éxito, al dejar en evidencia él solo y mandar castigar delante de todo el pueblo a los más de cuatrocientos profetas y sacerdotes del dios falso Baal, sabiéndose perseguido a muerte por la reina Jezabel, tiene que huir al desierto.

En la huida llega al monte Horeb, o Sinaí, donde el pueblo, a la salida de Egipto, había experimentado la cercanía y había firmado la alianza con Dios. Ahí tiene Elías la experiencia de la teofanía de Yahvé, que no se le "aparece" en lo que él podría haber imaginado y que eran los signos tradicionales de la presencia de Dios -el huracán, el terremoto, el fuego- sino en una brisa suave. En ese encuentro recibe el encargo de volver a la ciudad, de nuevo, a seguir ejerciendo su misión profética, se supone que con un ánimo más calmado y unos métodos más suaves.

El salmo habla también de un Dios lleno de paz y misericordia: "muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación", "Dios anuncia la paz", "el Señor nos dará la lluvia y nuestra tierra dará su fruto".

 

Romanos 9, 1-5. Quisiera ser un proscrito, por el bien de mis hermanos

Con el capítulo 9, hasta el 11, empieza en la carta a los Romanos otro tema que a Pablo le preocupa mucho: la suerte que le espera al pueblo de Israel.

El apóstol muestra un apasionado amor a su pueblo, "los de mi raza según la carne", y le duele profundamente que no hayan sabido acoger al Mesías, después de tantos siglos de espera y anuncios proféticos.

Reconoce con afecto una lista de dones que siguen teniendo los judíos, como herederos de las promesas del AT.

 

Mateo 14, 22-33. Mándame ir hacia ti andando sobre el agua

Después de multiplicar los panes y dar de comer a la gente, al llegar la noche, Jesús se retira solo al monte, a orar.

Los discípulos, mientras tanto, adentrándose en el lago, están pasando momentos de apuro por el viento recio y contrario que zarandea su barca, y eso que eran pescadores de profesión. Momentos que se convierten en pánico y gritos cuando, en la oscuridad, antes del amanecer, ven venir hacia ellos a Jesús caminando sobre las aguas, tomándole por un fantasma, hasta que oyen su voz tranquilizadora.

Mateo es el único que añade el episodio de Pedro, que pide a Jesús que le deje caminar también a él sobre el lago, pero luego pierde la confianza, tiene miedo a hundirse y es salvado por la mano de Jesús.

La conclusión es una profesión sincera de fe: "eres el Hijo de Dios". Jesús se había presentado con un atributo divino: "yo soy", y Pedro se había dirigido a él llamándole "Kyrios, Señor".

 

El destino del pueblo elegido

Es admirable el amor que Pablo muestra por su pueblo. Él quisiera que todos sus hermanos de raza creyeran en Jesús, como lo ha hecho él. Pero ante la obstinación y el rechazo de su pueblo, siente "una gran pena y un dolor ince­sante". Llega a decir, cosa que nos puede parecer hasta escandalosa, que "por el bien de su pueblo" aceptaría incluso "ser un proscrito lejos de Cristo", o sea, un maldito, un excomulgado, si con eso vinieran a la fe sus hermanos.

Los motivos de esta solidaridad son teológicos. Para él, fue seria la elección de Dios en el AT, y todavía hoy los valores del pueblo de Israel siguen ahí: la elección por parte de Dios, la adopción como hijos, la presencia parti­cular de Dios, la alianza que sellaron en el Sinaí, la ley dictada a través de Moisés, el culto con el que entraban en contacto privilegiado con Dios en el Templo, la presencia de patriarcas y profetas... Finalmente, el hecho de que el mismo Jesús "según la carne", naciera de este pueblo.

Pablo nos da una buena lección a nosotros, los cristianos del siglo XXI. Ante todo, para examinar cuál es nuestra relación anímica con respecto a Israel. Sigue siendo para nosotros un misterio y un interrogante el destino del pueblo judío. También Jesús lloró sobre Jerusalén, porque la amaba, y preveía su ruina. Había intentado "recoger a sus hijos como la gallina protege bajo sus alas a los polluelos", pero fracasó.

Los valores que Pablo enumera como heredados por su pueblo y transmi­tidos luego a nosotros, los apreciamos también ahora. Jesús y sus padres y los primeros cristianos eran judíos. Tenemos muchos y entrañables lazos en relación con el pueblo elegido, el pueblo de "la primera Alianza". Además de la lista que nos ha enumerado Pablo, podríamos recordar que les debe­mos los salmos, la institución semanal, con el domingo como sustituto del sábado, las fiestas de Pascua y de Pentecostés, que ahora nosotros hemos completado con un sentido cristo céntrico, y categorías tan importantes como la asamblea celebrante, la veneración por la Palabra, el memorial del acontecimiento pascual...

No tendríamos que olvidar la declaración del Vaticano II "Nostra aetate", sobre "las relaciones con las religiones no cristianas", en las cuales la Iglesia ve ciertamente también cosas verdaderas y santas. Sobre todo, podríamos leer el número 4 de este documento, donde habla del pueblo elegido, la estirpe de Abrahán. También se puede extender esta visión más amplia de Pablo a otras religiones, con las que ahora, tal vez, estamos entrando más en con­tacto, como la budista o la islámica. La lección es siempre actual: ¿amamos a la humanidad? ¿Amamos a esta generación en la que nos ha tocado vivir? ¿Sabemos reconocer los valores que tiene el mundo de hoy, la juventud de hoy, los hombres de hoy, aunque también veamos sus deficiencias?

Nos duele, ciertamente, la pérdida actual de fe, no ya en el pueblo judío, sino entre los cristianos, en "nuestro pueblo", a veces en nuestra propia familia. Pero no por eso dejamos de amar a nuestros contemporáneos y de trabajar por ellos. ¿Somos capaces de sacrificarnos por ellos, de rezar por ellos?.

 

Lecciones para los discípulos demasiado ardorosos

A Elías, Dios le da una buena lección. El profeta, en su camino de huida al desierto, al llegar al monte santo, Horeb, quiere tener la experiencia de la presencia de Dios. Acaba de realizar, en la escena anterior, un gran milagro, haciendo bajar fuego del cielo sobre los ídolos falsos y sobre sus sacerdotes, dando así testimonio del poder del verdadero Dios. Es un hombre fogoso, batallador, guerrero.

¿Cómo se le aparecerá ahora el Señor? Aquí le espera la lección. Cuando Elías está en la cueva del monte, sucede un huracán muy violento, pero el Señor no está en ese huracán. Luego viene un fuerte terremoto, pero el Señor no está ahí. Le sigue un fuego tremendo, pero tampoco ahí está Dios. Finalmente se siente una brisa tenue, y ahí sí, ahí se le manifiesta el Señor y le hace oír su voz. En vez de "brisa tenue", algunos entendidos dicen que habría que traducir "el rumor de un silencio".

Dios es imprevisible. Nos prepara continuas sorpresas. No le encontramos allí donde nosotros le suponemos o le queremos. A Dios no le podemos programar con ningún ordenador. Es el Todo Otro. Sus caminos no son nuestros caminos.

A Elías le enseña Dios a calmar su temperamento y suavizar sus métodos. Un profeta que todo él es un fuego, un terremoto, un huracán, por su carácter y sus métodos, aprende que no son esos los métodos de Dios. Dios prefiere una cercanía suave, discreta, hecha a veces de silencio, no la espectacularidad de una tormenta. Jesús tuvo que reprochar a Pedro cuando, en el Huerto, sacó la espada y cortó la oreja a uno de los que venían a prenderle.

Como dice el salmo de hoy, "Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos". Cuando Isaías anunció, en el primero de los "cantos del Siervo", cómo sería y actuaría el enviado de Dios, nos aseguró que "no voceará, no gritará por las calles... la caña cascada no la acabará de romper... el pábilo vacilante no lo terminará de apagar...". Jesús nos invitó a imitarle en su actuación: "aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón".

 

¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?

También Pedro recibe una lección en el episodio que hemos leído hoy. Él tiene muchas intervenciones en el evangelio. Algunas brillantes, como en su confesión del mesianismo de Jesús. Otras, no tanto, como la de hoy.

Pedro sintió, al igual que los demás que estaban en la barca, verdadero pánico, hasta llegar a gritar del susto, ante el agitarse del lago y la presencia del que les pareció un fantasma. Hay días en que el pescador más curtido les tiene respeto a las olas.

Ahí entró en acción Pedro, un poco presuntuoso, y siempre protagonista, y se arriesgó, fiado en el Maestro: "Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas". Decidido, valiente en principio, salta de la barca y se pone a caminar sobre las aguas. Hasta que la duda le hace perder la seguridad y comienza a hundirse. ¿Esperaba que todo fuera sencillo? ¿que también él podría hacer esos milagros que veía hacer a su Maestro? Pedro es espontáneo, primario, a veces presuntuoso. Sería interesante ver la sonrisa de sus compañeros, ante la situación nada brillante en que se había metido Pedro. Hombre de poca fe... Es interesante comparar su "oración" de hoy: "¡Señor, sálvame! ", con la que le vino espontánea en el monte Tabor, cuando la transfi­guración de Jesús: "qué bien se está aquí, Señor, hagamos tres tiendas...".

La escena concluye con una profesión de fe: "realmente eres Hijo de Dios".

Sin la ayuda de Jesús, ni siquiera los apóstoles, incluido Pedro, pueden hacer nada. Jesús tiene que alargar su mano para dar firmeza a Pedro y a los demás.

 

Las tempestades de la Iglesia y de cada cristiano

Es fácil ver en el episodio de hoy una imagen de las numerosas tempestades que ha tenido que sufrir la comunidad de Jesús a lo largo de los siglos, con vientos realmente contrarios. También las que sufre cada uno de nosotros, en algún momento de nuestra vida, hasta el punto de que nuestra barca personal también amenaza a veces con irse a pique por las circunstancias contrarias internas o externas.

A la Iglesia se la ha comparado desde siempre con una embarcación, "la barca de Pedro". Todos sabemos que ha tenido tempestades fuertes a lo largo de los siglos y sigue teniéndolas ahora: a veces combatida desde fuera, con vientos fuertes y olas encrespadas, y otras desde dentro, con "mar de fondo". También tenemos la experiencia de que a veces nos vienen a los labios oraciones como la de Pedro: "sálvanos, Señor, que perecemos".

Ciertamente nuestra travesía por la historia no ha sido ni está siendo ahora un crucero de placer. Más bien sabemos de vientos y de nieblas y de oscuridad de noche y hasta de fantasmas. Cristo nunca nos prometió que no habría tormentas en nuestra vida. Al revés, nos avisó de persecuciones y peligros de dentro y de fuera. Eso sí: nos prometió que estaría con nosotros hasta el final del mundo. Cristo venía del monte, de pasar la noche en oración. Como pasó orando la otra noche, dramática, del huerto de Getsemaní, en la que tampoco los apóstoles oraban, porque estaban cargados de sueño.

Tanto en las tempestades eclesiales como en las personales, hay una gran diferencia: si Cristo no está en nuestra barca, todo parece que va a zozobrar. Si le admitimos a bordo, se amaina el viento y encontramos fuerza para remar y salvar las peores situaciones: "soy yo, no tengáis miedo". A veces se nos echa el mundo encima. 0 creemos que la Iglesia se hunde. O que Jesús está ausente, o dormido. Si oráramos más, como Jesús en la noche, tendríamos más seguridad y más eficacia en nuestra misión. Oiríamos su voz: "no tengáis miedo, soy yo".

Pedro aparece aquí como el representante de tantos cristianos que creen en Cristo, que le siguen, que intentan serle fieles, pero que a veces dudan y tienen crisis de fe y sienten miedo e inquietud ante el futuro y caminan en la oscuridad de la noche, con viento en contra.

¡Qué poca fe! ¿Por qué tenéis miedo?. Ya nos avisó que "sin mí no podéis hacer nada". Con él amainó el viento. Debemos confiar más en el Señor. Él está dispuesto siempre a darnos paz y serenidad. No tendríamos que asus­tarnos demasiado ante las tempestades y los fracasos. Ni entusiasmamos en exceso por los éxitos.

Vale la pena que recordemos la otra consigna de Jesús: "duc in altum", "rema mar adentro". Con el apoyo de la oración y de la presencia del Resucitado y de su Espíritu, nuestra barca comunitaria y personal puede vencer todas las dificultades y tempestades.

LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)

 

PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO XIX TIEMPO ORDINARIO  2026

(09 DE AGOSTO)

 TEMA “MANDEAME IR HACIA TI ANDANDO SOBR EL AGUA”

 

01.- IGLESIA PEREGRINA (Cesareo Garabain)

Todos unidos formando un solo cuerpo,

un pueblo que en la Pascua nació;

miembros de Cristo en sangre redimidos:

¡Iglesia peregrina de Dios!.

 

Vive en nosotros la fuerza del Espíritu

que el Hijo desde el Padre envió,

Él nos empuja, nos guía y alimenta:

¡Iglesia peregrina de Dios!

 

SOMOS EN LA TIERRA

SEMILLA DE OTRO REINO,

SOMOS TESTIMONIO DE AMOR,

PAZ PARA LAS GUERRAS Y LUZ

ENTRE LAS SOMBRAS:

¡IGLESIA PEREGRINA DE DIOS! (2)

 

Rugen tormentas y a veces nuestra barca

parece que ha perdido el timón,

miras con miedo, no tienes confianza:

¡Iglesia peregrina de Dios!

 

Una esperanza nos llena de alegría,

presencia que el Señor prometió;

vamos cantando, Él viene con nosotros:

¡Iglesia peregrina de Dios!

 

Todos nacidos en un solo bautismo,

unidos en la misma comunión,

todos viviendo en una misma casa:

¡Iglesia peregrina de Dios!

 

Todos prendidos en una misma suerte,

ligados a la misma salvación;

somos un cuerpo y Cristo es la cabeza:

¡Iglesia peregrina de Dios!

 

02.- JUNTOS CANTANDO LA ALEGRIA

JUNTOS CANTANDO LA ALEGRÍA

DE VERNOS UNIDOS EN LA FE Y EL AMOR;

JUNTOS SINTIENDO EN NUESTRAS

VIDAS LA ALEGRE PRESENCIA DEL SEÑOR.

 

1.- Somos la Iglesia peregrina que Él fundó,

somos un pueblo que camina sin cesar.

Entre cansancios y esperanzas hacia Dios;

nuestro amigo Jesús nos llevará.

 

2.- Hay una fe que nos alumbra con su luz,

una esperanza que empapó nuestro esperar.

Aunque la noche nos envuelva en su inquietud,

nuestro amigo Jesús nos guiará.

 

3.- Es el Señor, nos acompaña al caminar,

con su ternura a nuestro lado siempre va.

Si los peligros nos acechan por doquier,

nuestro amigo Jesús nos salvará.

 

03.- CAMINABA SOBRE EL MAR (Javier Iturralde)

EL POLVO DE LOS CAMINOS ERA AMIGO DE SU ANDAR,

PERO TAMBIÉN CAMINABA SOBRE LAS OLAS DEL MAR. (2)

 

1.-Aunque era rico en milagros y en potestad,

Él fue amigo de los pobres, de la humildad.

 

2.-Aunque tenía remedio para la sed,

dijo a la Samaritana: "quiero beber".

 

3. Aunque a tristes y afligidos Él consoló,

por su patria y por su gente también lloró.

 

04.- COMO EL CIERVO AL AGUA VA (Alejandro Mejia)

Como el ciervo al agua va

Vamos hacia ti, Señor

Pues de ti tenemos sed

Fuente del eterno amor.

 

Caminamos hacia ti

Con alegre cantico

Hoy venimos a tu altar

Para amarte más, Señor.

 

¿Quién escucha mi gemir?

Y sé dónde está tu Dios

El Señor se encuentra aquí.

En la voz de júbilo

 

Ya mi llanto ha de cesar

El Señor es Salvador

Cuando tenga que sufrir

En mi pensaré, Señor.

 

Gloria al Padre eterno

Gloria al Hijo redentor

Gloria al Espíritu

Que nos une en el amor.

Ven Señor, Maranatha

Amén, Aleluya

Ven Señor, Maranatha

Amén, Aleluya

 

05.- TE OFRECEMOS, SEÑOR (Coro Reina de la paz)

TE OFRECEMOS, SEÑOR,

ESTE PAN Y ESTE VINO;

QUE EN TU CUERPO Y TU SANGRE

QUEDARÁN CONVERTIDOS (bis).

 

1.- Con el vino y el pan,

te ofrecemos el fruto de nuestro trabajo;

la ilusión de vivir,

el placer y el dolor,

la alegría y el llanto.

 

2.- Juntamente, Señor,

te ofrecemos la vida que Tú nos has dado;

la esperanza, la fe y el amor,

que nos hace sentirnos hermanos.

 

06.- LLEVEMOS AL SEÑOR (Carmelo Erdozain)

1.- Llevemos al Señor

el vino y el pan.

Llevemos al altar

la viña, el trigal.

 

EL SEÑOR NOS DARÁ

ÉL NOS DARÁ SU AMISTAD. [BIS]

 

2.- Llevemos al Señor

pureza y amor.

Llevemos al altar

justicia, hermandad.

 

3.- Llevemos al Señor

trabajo y dolor.

Llevemos al altar

ofrendas de paz.

 

07.- CON AMOR TE PRESENTO SEÑOR (Carmelo Erdozain)

1.-  Con amor te presento, Señor,

lo mejor de mi vida,

te presento, Señor, mi amistad.

 

Con amor te presento, Señor,

para ser mi manjar.

La viña, el racimo, el trigal,

el pan de mi hogar

te presento con amor.

 

2.-  Con mis manos abiertas a Ti,

contemplando tu lámpara,

te presento, Señor, mi esperanza.

 

Hacia Ti se dirige mi barca,

hacia el cielo se va.

Es largo el camino, el remar,

ruta pascual,

Dios me guía al caminar.

 

3.- Con mi ofrenda también yo te doy

lo mejor de mis lágrimas.

Te presento, Señor, mi dolor.

 

Te presento, Señor, mi oración,

ofertorio de amor.

El grano enterrado ya es flor,

la espiga oblación,

la semilla redención.

 

08.- SI VIENES CONMIGO (Cesareo Garabain)

SI VIENES CONMIGO Y ALIENTAS MI FE,

SI ESTÁS A MI LADO ¿A QUIÉN TEMERÉ?. (BIS)

 

1.- A nada tengo miedo, a nadie he de temer,

Señor, si me protegen tu amor y tu poder.

Me llevas de la mano, me ofreces todo bien.

Señor, Tú me levantas si vuelvo a caer.

 

2.- ¡Qué largo mi camino! ¡qué hondo mi dolor!

Ni un árbol me da sombra ni escucho una canción.

¿Será que a nadie puedo mirar ni sonreír?

Señor, Tú sólo quedas, Tú sólo junto a mí.

 

3.- En cosas que se mueren yo puse el corazón.

Fue tierra mi tesoro, fue vana mi ilusión.

En cosas que se mueren me voy muriendo yo,

Tú sólo vives siempre, Tú sólo, mi Señor.

 

09.- TU QUE CAMINAS SOBRE LA MAR (Cesareo Garabain)

1.- Tú que caminas sobre la mar

calmas el viento y la tempestad,

cubres la tierra con tu poder,

cantan los cielos tu majestad.

 

RUGEN TORMENTAS, BRAMAN VENDAVALES,

MAS TÚ SEÑOR, NOS SALVARÁS.

FIRME ESTÁ LA ROCA QUE EN TI SE APOYA,

A NUESTRO LADO SIEMPRE ESTARÁS.

 

2.- Tú multiplicas peces y pan

y el agua en vino puedes cambiar.

Almas y cuerpos curas del mal

vences la muerte al resucitar.

 

3.- Tuya es la fuerza, tuyo el poder

nuestro el deseo y el caminar.

Tu gran amor nos va a socorrer

en nuestra frágil debilidad.

 

10.- EL SEÑOR ES MI FUERZA (J.A. Espinoza)

EL SEÑOR ES MI FUERZA

MI ROCA Y SALVACIÓN.

 

1.- Tú me guías por sendas de justicia

me enseñas la verdad

Tú me das el valor para la lucha

sin miedo avanzaré.

 

2.- Iluminas las sombras de mi vida

al mundo das la luz

aunque pase por valles de tiniebla

yo nunca temeré.

 

3.- Yo confío el destino de mi vida

al Dios de mi salud

a los pobres enseñas el camino

su escudo eres Tú.

 

4.- El Señor es la fuerza de su pueblo

su gran libertador

Tú le haces vivir en confianza

seguro en tu poder.

 

11.- DEJALO TODO (J.A. Espinoza)

TODO, DÉJALO TODO,

Y ANDA ENTRA EN EL MAR

TODO, EL MAR LO ES TODO

ANDA, ÉCHATE A ANDAR.

 

1.- Deja la orilla, deja la arena,

la maravilla está más allá

donde Dios llama no existe la espuma

ni existe la playa sino solo el mar.

 

2.- Que hay un destino que a Dios nos lleva

pero el camino está sobre el mar

mientras no olvides que es firme la tierra

y pienses que acaso lo firme es el mar.

 

Todo, todo es posible

y andarás sobre el mar.

 

12.- MADRE DE LOS CREYENTES

MADRE DE LOS CREYENTES

QUE SIEMPRE FUISTE FIEL,

DANOS TU CONFIANZA,

DANOS TU FE.

 

1.- Pasaste por el mundo

en medio de tinieblas

sufriendo a cada paso

la noche de la fe

sintiendo cada día

la espada del silencio

a oscuras padeciste

el riesgo de creer.

 

2.- La fe por el desierto

a lomos de un asnillo

la fe cuando en las bodas

Jesús se hizo esperar

la fe cuando pensaron

que el Hijo estaba loco

la fe sobre el calvario

al borde de acabar.

 

3.- Guardaste bajo llave

las dudas y batallas

formándose el misterio

al pie del corazón

debajo de tu pecho

de amor inagotable

la historia se escribía

de nuestra redención.