TU ERES PEDRO Y TE DARÉ LAS LLAVES DEL REINO DE LOS CIELOS
COMENTARIO
La región en que tiene lugar la escena se encuentra al noreste de Galilea de los paganos. Mateo no solamente muestra interés por el tema cristológico, que sin lugar a dudas es el central, sino también por la Iglesia. Nos habla de ello en términos explícitos y quiere llamar nuestra atención sobre su pertenencia a Cristo ("mi Iglesia") y sobre su perenne estabilidad. La Iglesia es una casa construida sobre roca, aunque se apoya en la fragilidad de los hombres. Por tanto, una estabilidad atormentada, inquieta. El destino de la Iglesia es como el de Cristo: un camino en la contradicción. Y no se trata solamente de enemigos externos; dentro de la Iglesia habrá siempre pecadores; por eso la Iglesia tiene necesidad de "atar y desatar"; continúa el pecado; por eso debe continuar el perdón. Dentro del motivo cristológico y del motivo eclesial es como se han de entender las palabras dirigidas por Jesús a Pedro. Son palabras afines a otros dos textos célebres: Lc 22, 31ss. y Jn 21, 15-17. Por lo demás, el evangelio entero de Mt. muestra interés por Pedro. No importa aquí saber si se trata o no de una inserción redaccional del evangelista. El hecho es que estos vv. están aquí y que su presencia confiere un significado particular a este texto.
La función de Pedro se define con tres metáforas: la piedra, las
llaves, atar y desatar. Para comprender la primera expresión podemos recurrir a
otro texto de Mt (7, 24-27): Pedro es la roca que mantiene firme a la Iglesia.
En otras palabras, es el punto alrededor del cual se constituye la unidad de la
comunidad. La segunda metáfora es todavía más clara: dar las llaves significa
confiar una autoridad verdadera y plena. Finalmente, la tercera metáfora (atar
y desatar) tiene el sentido de permitir y prohibir, de separar y perdonar. En
conclusión, el texto atribuye a Pedro títulos y prerrogativas que a lo largo de
la Biblia se atribuyen al Mesías. Es como decir que la autoridad de Pedro es
vicaria; él es imagen de otro, de Cristo, que es el verdadero Señor de la
Iglesia. Más precisamente porque es imagen de Cristo, la autoridad de Pedro es
plena e indiscutible.
No obstante, hay todavía otro punto que hemos de observar con
particular atención; no es ciertamente casual la presencia en el mismo
fragmento de dos aspectos aparentemente en contraste: la fe de Pedro y su
incomprensión del misterio de Jesús: la autoridad confiada a Pedro y el
reproche que le hace Jesús. El tema es de fondo, hasta el punto de que recorre
todo el fragmento bajo la forma de contraste entre debilidad y gracia. También
los otros dos textos citados (Lc 22 y Jn 21) evidencian el mismo contraste; por
una parte, la debilidad de Pedro; por otra, su carácter de punto de referencia.
Luego, los evangelistas subrayan intencionadamente este contraste para acentuar
que por gracia, en virtud de una elección divina y no por dones naturales, es
Pedro la roca sobre la cual funda Cristo la Iglesia.
R.P Roland Vicente Castro Juárez
ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 85, 1-3)
Inclina tu oído, Señor, escúchame. Salva a
tu siervo que confía en ti. Piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando
todo el día.
ORACIÓN COLECTA
Oh, Dios, que unes los corazones de
tus fieles en un mismo deseo, concede a tu pueblo amar lo que prescribes y
esperar lo que prometes, para que, en medio de las vicisitudes del mundo,
nuestros ánimos se afirmen allí donde están los gozos verdaderos. Por nuestro
Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 22, 19-23
Esto dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio: «Te echaré de tu puesto, te destituirán de tu cargo. Aquel día llamaré a mi siervo, a Eliaquín, hijo de Esquías, le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; será padre para los habitantes de Jerusalén y para el pueblo de Judá. Pongo sobre sus hombros la llave del palacio de David: abrirá y nadie cerrará; cerrará y nadie abrirá. Lo clavaré como una estaca en un lugar seguro, será un trono de gloria para la estirpe de su padre».
SALMO RESPONSORIAL (Sal 137,
1-3.6.8)
Señor, tu
misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca; delante de los ángeles tañeré para
ti; me postraré hacia tu santuario. R
Daré gracias a tu nombre: por tu
misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera a tu fama. Cuando te
invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R
El Señor es sublime, se fija en el humilde
y de lejos conoce al soberbio. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones
la obra de tus manos. R
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san
Pablo a los Romanos 11, 33-36
¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de
conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus
caminos! En efecto, ¿quién conoció la mente del Señor? O ¿quién fue su
consejero?. O ¿quién le ha dado primero para tener derecho a la recompensa?
Porque de Él, por Él y para Él existe todo. A Él la gloria por los siglos.
Amén.
ACLAMACIÓN ANTES DEL
EVANGELIO Mt 16, 18
Aleluya, Tú eres Pedro, y
sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la
derrotará. Aleluya.
SANTO EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según
san Mateo 16, 13-20
En aquel tiempo, al llegar a la región de
Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que
es el Hijo del Hombre?». Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros
que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y
ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú
eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Bienaventurado
tú, Simón, ¡hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la
sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro,
y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la
derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra
quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en
los cielos». Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que Él era el
Mesías.
ORACIÓN UNIVERSAL
Oremos a Dios Padre, origen, guía y meta
del universo, diciendo todos:
1.- Por la Iglesia, para que viva
diariamente su fidelidad a Jesucristo, reconociéndolo como Señor y salvador de
los hombres. Roguemos al Señor.
2.- Por el papa León, que ha recibido de
Cristo la misión de guardar la unidad de la Iglesia y confirmar en la fe a sus
hermanos, para que siempre sea dócil al Espíritu Santo, que viene en su auxilio
en el desempeño de su tarea. Roguemos al Señor.
3.- Por los pueblos y las naciones, para
que vivan en paz, concordia y fraternidad, como una gran familia. Roguemos
al Señor.
4.- Por los enfermos e incapacitados, para
que encuentren en Dios la paz que necesitan para llevar la cruz de su dolor. Roguemos
al Señor.
Señor, Dios nuestro, por tu misericordia
escúchanos y no abandones la obra de tus manos. Te lo pedimos por Jesucristo,
nuestro Señor. Amén.
ORACIÓN SOBRE LAS
OFRENDAS
Señor, que adquiriste para ti un pueblo
de adopción con el sacrificio de una vez para siempre, concédenos propicio los
dones de la unidad y de la paz en tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTIFONA DE COMUNIÓN Jn
6, 54
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene
vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día, dice el Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA
COMUNIÓN
Te pedimos, Señor, que realices
plenamente en nosotros el auxilio de tu misericordia, y haz que seamos tales y
actuemos de tal modo que en todo podamos agradarte. Por Jesucristo, nuestro
Señor
PALABRA DE DIOS Y
SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes 24: Ap 21, 9b-14; Sal
144, 10-13b. 17-18; Jn 1, 45-51
Martes 25: 2Ts 2, 1-3ª.
14-17; Sal 95, 10. 11-12ª. 12b-13; Mt 23, 23-26
Miércoles 26: 2Ts 3, 6-10.
16-18; Sal 127, 1-2. 4-5; Mt 23, 27-32
Jueves 27: 1Co 1, 1-9; Sal 144, 2-3. 4-5. 6-7; Mt 24, 42-51
Viernes 28: 1Co 1, 17-25; Sal 32, 1-2. 4-5. 10ab y 11; Mt 25, 1-13
Sábado 29: Jr 1, 17-19; Sal 70, 1-2. 3-4ª. 5-6b y 17; Mc 6, 17-29
Domingo 30: Eclo 3, 17-24; Sal 15, 1-2ª y 5. 7-8. 11; Flp 3, 8-14;
Mt 13, 31-35
COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 16, 13-20
Paralelos:
Mc 8, 27-30 Lc 9, 18-21
1.- La región en que
tiene lugar la escena se encuentra al noreste de Galilea de los paganos. Sin
ser totalmente una tierra extranjera, la región participa mucho de esta
condición. Si a esto se añade el contexto precedente que habla de la prevención
contra la enseñanza específicamente religiosa judía, tendremos que concluir que
Mateo está presentando y escribiendo en clave y perspectiva de una nueva
realidad religiosa.
Esta nueva realidad va a
recibir en este texto el nombre de Iglesia de Jesús (v.18). Es la primera vez
que el término Iglesia aparece en el evangelio de Mateo para designar la
comunidad de discípulos de Jesús, es decir, la comunidad de creyentes en él.
El término griego
empleado es el mismo que la traducción griega del A.T., llamada de los Setenta,
emplea para traducir pueblo, asamblea, congregación.
En el texto de hace dos
domingos escuchábamos de labios de los discípulos el reconocimiento de Jesús como
Hijo de Dios (Mt 14. 33). Es el mismo reconocimiento que escuchamos hoy de
labios de Simón. Este reconocimiento distingue al discípulo de la gente.
"¿Quién dice la
gente... quién decís vosotros que soy yo?" Mateo sigue operando con la
división claramente introducida a partir del capítulo de las parábolas.
PEDRO/PIEDRA: El reconocimiento de
Simón adquiere la condición de fundamento o cimiento sólido. A esta condición
debe Simón su sobrenombre de Pedro. Algo del juego de palabras del texto griego
puede percibirse también en castellano: Pedro-piedra.
Sobre este cimiento,
consistente en el reconocimiento de la identidad divina de Jesús por el hijo de
Jonás, se levanta la comunidad o pueblo creyente. Por tratarse de un cimiento
sólido, el edificio construido sobre él ofrece totales garantías. Esto es lo
que quiere expresar la imagen recogida en la frase "el poder del infierno
no la derrotará". El edificio es inexpugnable a la destrucción y a la
muerte. Esta misma idea de la consistencia de un edificio construido sobre
cimientos sólidos la ha expresado Jesús con otra imagen diferente en /Mt/07/25:
"Vinieron las lluvias, se desbordaron los ríos y los vientos soplaron
violentamente contra la casa; pero no cayó, porque estaba construida sobre un
verdadero cimiento de piedra".
INFIERNO/HADES: A decir verdad, el
término "infierno" no es la traducción más adecuada del término
"hades" empleado en el texto griego. En la mitología clásica el hades
es la mansión de los muertos, el lugar de la muerte, equivalente al "sheol"
de los judíos.
A propósito del v. 19
hay que hacer notar que en él no se identifican Iglesia y Reino de Dios.
Recuérdese que la expresión Reino de los cielos es la formulación judía de la
expresión Reino de Dios. A su vez, Reino de Dios no se equipara tampoco con el
cielo del más allá. Lo mismo que en el v. 18 se habla de la Iglesia como de un
edificio, el v. 19 concibe también el Reino de Dios como un edificio. Ambos
edificios son diferentes, pero están comunicados entre sí. El cauce de
comunicación es el reconocimiento de la identidad divina de Jesús por el hijo
de Jonás. Probablemente es así como hay que interpretar la imagen de las
llaves. Ese reconocimiento confiere el poder de perdonar, del que Pedro es
garantía en su condición de cimiento del edificio.
Comentario. El discípulo
que Mateo va poco a poco diseñando tiene su núcleo en la respuesta a una
pregunta sobre Jesús. "¿Quién decís que soy yo?". La pregunta es la
misma ayer y hoy. La respuesta a ella dará la medida del discípulo.
La superioridad de Pedro
en la respuesta a esta pregunta no estriba en la respuesta en sí. La respuesta
en efecto, es la misma que la dada por los demás discípulos hace dos domingos
(ver Mt 14. 22-23). La superioridad de Pedro reside más bien en conferir
garantía de solidez a lo que los demás descubren. Por ello mismo el modelo de
Iglesia que el texto de hoy sugiere, leído el texto en el contexto global del
evangelio de Mt, es tal vez el inverso al habitualmente practicado.
A. BENITO - DABAR 1990
43
2.- FE/DON
¿Quién es éste a quien
obedecen el viento y el mar? ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?
Jesús pregunta qué opinión tienen los hombres de él. El interrogante que Jesús
abre en esta ocasión sigue abierto para todos los hombres de todos los tiempos.
¿Y vosotros, quién decís que soy yo? La respuesta solamente puede darse desde
dos puntos de vista.
El punto de vista de los
hombres, la apreciación humana sobre este personaje de la Historia, y el punto
de vista de Dios, el de la revelación y el conocimiento sobrenatural. Pedro
personifica la confesión cristiana de la fe; el Mesías, el Hijo de Dios.
Pero esta confesión
cristiana "no procede de la carne ni de la sangre", es decir, no es
posible llegar a través de la lógica y de la razón humana, Se hace posible
únicamente gracias a la revelación del Padre. Sí, la fe viene de fuera. El
hombre, por muy inteligente que sea, es radicalmente incapaz de acceder a lo
que es dominio misterioso de Dios.
"Mi Padre te lo ha
revelado." Mi Padre: esa relación fundamental de Jesús con ese otro a
quien llama Padre, esa unión esencial con el Padre: "mi Padre y Yo somos
uno", y al mismo tiempo esa distinción. Nos deja entrever el
abismo infinito de su persona.
3.- El relato se
encuentra centrado en torno al doble intercambio de títulos entre Jesús y Pedro.
Este aplica al primero el título de Mesías; aquél responde atribuyendo al
segundo el título de Piedra y confiriéndole los poderes mesiánicos de las
llaves. Pedro rehúsa aplicar a Xto el título de Siervo paciente, Xto replica
atribuyéndole el título Piedra de escándalo.
MAERTENS-FRISQUE - NUEVA
GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA V - MAROVA MADRID 1969.Pág. 300
4.- Contexto. Desde 15,
21, Mateo ha dotado a la dialéctica Jesús-viejo Pueblo de una delimitación
geográfica. Desde entonces demuestra interés por situar a Jesús en territorio
no típicamente judío. De esta manera Mateo recalca la existencia de un nuevo
Pueblo de dimensiones universales y que no deberá reproducir la doctrina de
fariseos y saduceos (cfr. Mateo 16, 12). En los versículos del cap. 16 inmediatamente
anteriores al Evangelio de hoy, Mateo centra su atención en la principal línea
dirigente del viejo Pueblo.
Texto. El autor ya no
estructura el texto partiendo de Jesús solo, para después ir dando entrada a
unos y otros. El texto de hoy está estructurado desde el comienzo a partir de
Jesús y sus discípulos conjuntamente. Se trata de una novedad importante en la
técnica de composición de Mateo.
En consonancia con esta
novedad, la forma literaria es coloquial desde el comienzo. La conversación
gira en torno a la persona de Jesús (¿quién es Jesús?). El tema es también una
novedad en lo que llevamos de evangelio.
La conversación adquiere
su momento culminante en el diálogo entre Pedro y Jesús. En lo que llevamos de
obra es la segunda vez que Pedro aparece como personaje activo. La primera fue
hace dos domingos (Mt. 14, 22-33). En aquella ocasión la actuación de Pedro fue
negativa. Mateo lo resaltaba no haciéndole participe del reconocimiento que el
resto de discípulos hizo de Jesús (cfr. Mt. 14, 32-33). Es en esta segunda
actuación cuando Pedro hace el reconocimiento que entonces no hizo. Este
reconocimiento le vale la felicitación de Jesús y el reconocimiento a la
recíproca por parte de Jesús: Tú has dicho de mí que soy el Mesías; yo digo de
ti que eres la Piedra.
Sentido del texto. La
novedad en la técnica de composición pone de relieve al nuevo Pueblo de Dios al
margen del viejo. A partir de ahora, el autor quiere dedicar su atención a
esbozar un modelo positivo de Pueblo de Dios. Hasta ahora ha desarrollado más
bien un modelo negativo: el del viejo Pueblo. Y lo ha hecho con una finalidad
didáctico-preventiva: el nuevo Pueblo no deberá reproducir ese modelo, pero
tiene el peligro de hacerlo. Con el texto de hoy Mateo comienza su tarea de
esbozar un modelo positivo de Pueblo. El Pueblo de Dios debe nutrirse de la
búsqueda y del encuentro con Jesús; del hallazgo fascinado y fascinador de su
persona.
Búsqueda sosegada,
contemplativa, hecha de silencios activos, de aperturas disponibles, de
docilidad dolorosa, de pasión indeficiente. El encuentro tendrá lugar.
Imprevistamente, imprevisiblemente, cuando a lo mejor el esfuerzo de la carne y
de la sangre menos lo podía imaginar. ¡Tú eres el Hijo de Dios! En el momento
tal vez en que veamos horrorizados cómo, pese a todos nuestros esfuerzos, no
sólo no nos hemos aproximado al fin, sino que incluso parezca que nos hemos
alejado de él, tal vez en ese mismo instante experimentaremos la fuerza del
Padre. ¡Tú eres el Hijo de Dios! El Pueblo de Dios debe nutrirse de este encuentro,
debe vivirse desde él, pero no debe decirlo, no debe alardearlo (v. 20). Esto
está bien para el proselitismo, pero el Hijo de Dios no es vendible como un
producto (cfr. Mt. 23, 15).
Este Pueblo así nutrido
es la Iglesia de Jesús. Y esta Iglesia tiene en Pedro su fuerza, su autoridad.
La autoridad de confesar quién es Jesús, y en cuanto tal confesor es refrendado
por el mismo Dios. Ciertamente Mateo nos presenta un Pedro incuestionable (cfr.
exégesis de hace dos domingos a propósito de Mt. 14, 22-33), pero ciertamente
presenta un Pedro imprescindible.
DABAR 1981, 46
5.- Saliendo de Betsaida
(Mc 8, 22) y remontando el valle del Jordán, Jesús se retira con los
"doce" a la región de Cesárea de Felipe, al pie del monte Hermón. El
Maestro quiere disponer de tiempo y de un lugar tranquilo para iniciar a sus
discípulos en el misterio de su persona. Para introducir el tema, Jesús
comienza preguntando qué han oído ellos sobre su persona y su misión, de la
gente.
Y cada uno de los
discípulos dice lo que ha oído al respecto. Según sus respuestas, hay que
pensar que la gente se había formado un concepto ciertamente elevado de Jesús:
pero no había reconocido en su persona al Mesías prometido, al parecer porque
no veía nadie que su comportamiento se ajustase a los prejuicios mesiánicos
populares.
Jesús no hace ningún
comentario y no valora la encuesta sobre la opinión de la gente; pues lo que
realmente le importa en estos momentos es conocer hasta dónde le han
comprendido sus discípulos y qué piensan éstos de él.
Todos han respondido a
la primera pregunta según lo que han oído a la gente; pero a la segunda
responde únicamente Pedro según lo que ha sido revelado por el Padre. Nadie
puede penetrar en el misterio de la persona de Jesús sin la ayuda del Padre
(cf. 25ss). Algunos comentarios ponen en duda que la confesión de Pedro sobre
la divinidad de Jesús fuera ya tan explícita en esta ocasión.
Adviértase que Mateo
sigue ordinariamente el esquema del evangelio según Marcos, y que éste en el
lugar paralelo no menciona las palabras "Hijo de Dios vivo". Tampoco
las menciona Lucas (9, 20; cfr. Mc 8, 29). Es muy posible que Mateo anticipe
aquí lo que sólo sería un hecho después de la experiencia pascual de la
resurrección: la fe en la divinidad de Jesús y el reconocimiento de que él es
el Señor.
Que el conocimiento que
Pedro tenía de Jesús no superara con mucho a la opinión de la gente en aquella
ocasión, parece probable si tenemos en cuenta su comportamiento en la escena
inmediata (vv. 21-23). Pedro confesaría entonces que Jesús era el Mesías; pero
la idea que tenía del Mesías estaba sin duda viciada con todos los prejuicios
de sus paisanos galileos.
La solemne
bienaventuranza que pronuncia Jesús en favor de Pedro enlaza con la confesión
de éste de que Jesús es "el Hijo de Dios vivo". Estas palabras de
Jesús y la promesa del primado que hace seguidamente, se encuentran, por otra
parte, sólo en el texto de Mateo. Por esta razón parece que deben situarse
igualmente en un momento posterior a la Resurrección. En general, Mateo se
interesa más por una ordenación temática que cronológica.
D/ROCA: Jesús conoce la misión
que va a encomendarle a Simón; por eso le da también el nombre apropiado. Se
llamará Pedro, es decir, "roca". En el A.T se llama "roca"
a Yavé, también a Abrahán (Is 51, 1ss). Yavé es roca por su fidelidad, porque
no le falla al creyente que funda en él su vida. Abrahán y Pedro sólo pueden
ser roca por su fe y por su confianza en Dios.
Jesús elige a Pedro como
fundamento de su iglesia. Jesús quiere construir algo nuevo desde el
fundamento; su iglesia no es un apaño del viejo Israel. Y esta iglesia que
Jesús edifica es suya, no de Pedro y de sus sucesores.
Las "puertas del
infierno" o "poder del infierno" son, para los judíos, el poder
de la muerte, que retiene sin vida a los difuntos. Es el poder de la
destrucción. Jesús promete que su iglesia sobrevivirá, no obstante, las fuerzas
de la destrucción y de la muerte. Poseer "las llaves" en sentido
bíblico significa tener autoridad suprema en la casa, en este caso, dentro de
la Iglesia. "Atar y desatar" se refiere a la potestad de interpretar
auténticamente una ley o una doctrina; pero, sobre todo, a la de expulsar y
admitir en la comunidad eclesial. Todo ese poder debe ejercerse con un espíritu
de servicio, sin olvidar que la iglesia es de Cristo, y que el fundamento de
cualquier fundamento es, en definitiva, el Señor.
EUCARISTÍA 1987, 41
6.- -Lo que la gente
opina de Jesús
Y yo, ¿que es lo que
digo de Jesús? La pregunta sobre Cristo es la más actual, la más importante. Los
contemporáneos de Jesús no llegaban a abarcar totalmente su misterio y
habitualmente se equivocaban sobre su profunda identidad.
Para llegar a ese
descubrimiento de toda la hondura de su ser-región inaccesible a nuestras
investigaciones humanas. Se precisa una lenta, frecuente y perseverante
relación. Una persona enamorada no descubre en un solo día todas las cualidades
de la persona amable.
¿Cuánto tiempo paso cada
día con Cristo?
"Nadie puede decir
Jesús es Señor sino en el Espíritu Santo".
DOMINGO 21 DEL TIEMPO ORDINARIO
A Pedro lo ha puesto el mismo Señor al frente de la Iglesia
El
episodio que leemos hoy es importante para el nacimiento de la primera
comunidad, y por tanto de la Iglesia.
Como
respuesta a un expresivo acto de fe por parte de Pedro, Jesús le alaba y le
anuncia la misión que ha pensado para él en la primera comunidad. En otras
ocasiones le dice que le hará "pescador de hombres", o le encomienda
que "apaciente sus ovejas". Hoy emplea dos imágenes más: Pedro será
la "piedra" sobre la que quiere edificar su Iglesia, y además le dará
"las llaves" de esa comunidad que Cristo quiere fundar.
No
encontraremos aquí argumentos para las diversas formas de ejercer el
"primado" de Pedro y sus sucesores, pero sí aparece que Cristo, que
es la Roca auténtica y el que posee por título propio las llaves del Reino de
los cielos, se ha querido servir de personas humanas, aunque sean débiles, como
en este caso, para ir edificando su Iglesia.
Isaías 22, 19-23. Colgaré
de su hombro la llave del palacio de David
El
profeta pronuncia un oráculo contra un tal Sobná, mayordomo de palacio del rey
de Judá, que se ve que se hizo odioso por su arrogancia. Por ese orgullo será
castigado, pasando su cargo a otro. El profeta expresa la destitución y el
nuevo nombramiento aludiendo a unos signos de ese cargo: la túnica, la banda y,
sobre todo, las llaves colgadas al hombro. El mayordomo era el que tenía
autorización para abrir y cerrar las puertas de palacio. El sucesor sí será lo
que el anterior no había querido ser: "padre para los habitantes de
Jerusalén", que es para lo que es elegido un político o un administrador.
Es
evidente que se ha elegido este episodio, en sí nada importante en la historia
de Israel, para preparar lo que Jesús va a decir a Pedro, concediéndole las
llaves del Reino.
El
salmo recoge, sobre todo, la lección de humildad y
confianza en Dios. Así como Dios castiga al mayordomo anterior, el salmista
espera que se apiade de todos nosotros: "Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos", porque está seguro de que "el
Señor se fija en el humilde y de lejos conoce al soberbio".
Romanos
11, 33-36. Él es origen, guía y meta del
universo
La
suerte de los judíos, los hijos de la promesa en el AT, pero que ahora parecen
rechazar la salvación del Mesías enviado por Dios, sigue preocupando a Pablo, y
le sugiere una larga serie de reflexiones (capítulos 9-11 de la carta).
Estas
reflexiones terminan en el breve pasaje de hoy: un canto entusiasta de alabanza
aDios, de admiración por su sabiduría, que nosotros no entendemos, pero que es
la que va guiando la historia de la humanidad.
Pablo
plantea unas preguntas retóricas: ¿quién conoció.. . quién fue su consejero...
quién le ha dado primero? Preguntas que, naturalmente, esperan una respuesta
negativa: ¡nadie!, porque "él es el origen, guía y meta del
universo". Él sabrá cómo ser fiel a las promesas hechas a su pueblo
elegido y cómo conducirlo también a la salvación.
Mateo
16, 13-20. Tú eres Pedro y te daré las llaves del
Reino de los cielos
En
un momento significativo de su ministerio, cuando acaba su estancia en Galilea
y se dispone a subir a Jerusalén, Jesús plantea una doble pregunta a sus
discípulos.
La
primera es a modo de encuesta sobre lo que "la gente" opina de él. La
respuesta es dispersa: unos que el Bautista, o que Elías, o que Jeremías, u
otro profeta. La segunda pregunta es directa para ellos: ¿y vosotros? Pedro,
una vez más, toma la palabra en nombre de todos y hace una ajustada confesión
de fe: "tú eres el Mesías... (esta expresión es común también a los otros
evangelios sinópticos, pero Mateo añade:) ...el Hijo de Dios".
Con
ello merece Pedro una alabanza por parte de Cristo, porque esta afirmación se
la ha revelado Dios. Con una doble imagen le anuncia que ha pensado en él como
j efe de la primera comunidad y 1 e da como una solemne investidura: "yo
te digo"... La imagen de la piedra, sobre la que edificará su Iglesia (una
de las pocas veces que en el evangelio aparece la palabra griega
"ecclesia", equivalente al "qahal" del AT, la comunidad de
Yahvé), y la de las llaves del Reino de los cielos, que tendrá que administrar
Pedro.
Jesús
asegura que las "puertas del hades o del infierno (o del abismo, de la
muerte) no prevalecerán contra esta Iglesia".
¿Quién
conoce la mente del Señor?
La
exclamación final de Pablo, alabando la sabiduría insondable de Dios, nos
recuerda también a nosotros que no podemos entender todos los planes de Dios.
A
Pablo le preocupaba el destino de su pueblo, que no acababa de entender. A
nosotros se nos plantean continuamente otros interrogantes sobre la vida y la
muerte, sobre la existencia del mal en el mundo, sobre el sufrimiento de los
inocentes. Dios es insondable. No podemos abarcarle ni encerrarle en nuestros
programas y ordenadores. Nosotros somos limitados y él es el "todo
Otro", y está lleno de sorpresas. A veces, la única solución que tenemos
es, como para Pablo, el silencio, la adoración, la confianza, la alabanza, y
saber entonar con convicción el "Gloria a Dios en el cielo" y el
"Santo es el Señor, Dios del universo", y "llenos están los cielos
y la tierra de tu gloria".
Lo
que sí sabemos, porque nos lo dice continuamente la Palabra revelada, es que
Dios es Padre, Liberador, que busca nuestro bien, que continuamente está
perdonando, que él sabrá cómo conducir a la salvación, siempre gratuitamente,
a judíos y paganos. "A él la gloria por los siglos". Si Pedro, en su
sencillez, ha "acertado" con la gran afirmación cristológica del
evangelio de hoy, no es ciertamente porque haya estudiado mucho, sino porque se
lo ha revelado el Padre. Ya dijo Jesús que "nadie conoce al Hijo sino el
Padre y aquel a quien el Padre se lo quiera revelar", que es a las
personas sencillas y humildes, no precisamente a los que se creen sabios.
Para nosotros ¿quién es Jesús?
Es
una pregunta importante, esta que recorre todo el evangelio, y luego toda la
historia, también la actual: ¿quién es Jesús?
Sus
contemporáneos ya dieron respuestas muy diferentes: le llamaron desde
embaucador, fanático y aliado con el mismo demonio, hasta profeta, o uno de los
profetas que vuelven a la tierra, desde Elías o Jeremías hasta el recientemente
fallecido Bautista.
También
en el mundo de hoy son divergentes las posturas que se toman en torno a Jesús:
desde las dudas de los agnósticos sobre su existencia o sobre su muerte, y las increíbles
historias llenas de fantasía-que vuelven a aparecer periódicamente en la
historia- sobre su supervivencia en un país del Oriente, o la admiración de
quienes le tienen como el hombre ideal, defensor de lo humano, gran maestro,
profeta libre y valiente, luchador contra la injusticia, pero sin llegar a lo
profundo, hasta la fe más fervorosa, a imagen de la que profesó Pedro afirmando
que para él, y para los demás discípulos, Jesús es el Mesías esperado y el Hijo
de Dios.
También
para nosotros la pregunta debería ser muy concreta y personal. Nos tendríamos
que aplicar la interpelación a nosotros mismos, a los que nos confesamos
cristianos y participamos en la Eucaristía: ¿quién es Jesús para nosotros, para
mí? Como los discípulos, tenemos que definirnos y tomar partido. No se trata de
responder según los libros, o según los conocimientos que tenemos desde
pequeños. Claro que todos sabemos que Jesús es "Dios y hombre
verdadero", y que con su muerte y resurrección nos ha salvado. Pero hay
afirmaciones que de tanto repetirlas ya no nos dicen nada. Hay que
"descongelar" esos conceptos.
Nuestra
fe en Cristo Jesús, ¿impregna de veras nuestra vida? ¿o se queda en la esfera
del conocimiento teórico? No se trata sólo de formular exactamente nuestras
convicciones teológicas, sino que lleguen a influir y configurar nuestra vida.
Jesús, para nosotros, no es una doctrina, sino una Persona que vive y que nos
interpela y que da sentido a nuestra vida.
¿Se
puede decir que creemos en Cristo Jesús de tal modo que aceptamos para nuestra
vida su estilo y su mentalidad? ¿O venimos a creer en un Jesús a quien hemos
"fabricado" a nuestra imagen y semejanza?.
Pedro no duda en dar su respuesta de fe en Jesús
Pedro
es el otro protagonista de hoy y, por extensión, también sus sucesores, los Papas.
¡Qué
hermosa la profesión de fe que hace, en nombre de sus compañeros, del
mesianismo y la divinidad de Jesús! Jesús es el Ungido de Dios, el Enviado, el
Salvador que Israel esperaba. Es el Hijo de Dios vivo: fórmula que tal vez no
refleja todavía toda la densidad que luego tendría, pero ciertamente supone que
Pedro intuye que Jesús es algo más que el Mesías político que el pueblo
esperaba.
Es
una respuesta todavía no madura, en la que no podemos asegurar que se entiendan
en profundidad afirmaciones de una cristología posterior. Pero es una hermosa
confesión de fe. Como la que hizo el mismo Pedro cuando, después del discurso
del pan de vida, se iban marchando los discípulos, y él se adelantó a expresar
su fidelidad total a Cristo: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras
de vida eterna".
¡Qué
hermosa también la respuesta de Jesús, encomendando a Pedro la misión que para
él ha pensado en medio de la comunidad eclesial! A veces Jesús tiene que
reprender a Pedro, como leeremos el domingo próximo, pero esta vez sus palabras
son de alabanza amable, una "bienaventuranza": "dichoso
tú...", porque eso se lo ha revelado el Padre. Jesús había dicho que
"nadie conoce al Hijo sino el Padre y aquel a quien el Padre se lo quiera
revelar". Uno de ellos, de esas "personas sencillas", es Pedro.
¿Puede
ser Pedro una Roca firma para edificar la Iglesia?
Las
dos imágenes con que Jesús expresa el cargo que le va a dar son muy expresivas:
la de la piedra o la roca y la de las llaves.
La
primera supone el juego de palabras entre el griego "Petros" y el
arameo "Cefas", que significan "piedra, roca" y así Jesús
le da al apóstol, además del antiguo nombre de "Simón, hijo de
Jonás", el sobrenombre de "Piedra" o "Pedro", con el
que nosotros le conocemos más.
Pero
podemos preguntarnos: ¿puede Pedro ser una roca firme como para edificar sobre
ella la comunidad eclesial? Porque según aparece en los evangelios, y luego en
los Hechos, Pedro tiene muy buenas cualidades de decisión, liderazgo, amor a
Cristo, pero a la vez es inseguro, presuntuoso, contradictorio, a veces
violento -como cuando sacó la espada y cortó la oreja a Malco-, otras, cobarde,
hasta llegar a negar una y otra vez a Cristo Jesús, a pesar de haber prometido
que le seguiría hasta la muerte. Pedro es débil, es frágil. Le costó madurar en
su fe, le costó prescindir de los prejuicios que tenía por su formación y
aceptar los proyectos salvadores de Jesús. ¿Es esa la "roca" sobre la
que estamos fundados?
No.
La Roca es Cristo, "la piedra que desecharon los arquitectos y es ahora la
piedra angular", como anunciaba ya el salmo 117 y cita Jesús varias veces
(cf. Mt 21,42), y el mismo Pedro en su discurso ante el Sanedrín (cf. Hch 4,11)
y en una de sus cartas (cf. 2P 2,6-8).
Pero
Pedro, precisamente por la profesión de fe que ha sabido formular con tanta
decisión, es el signo visible de ese fundamento sólido que es Cristo. La fe de
Pedro, en esta escena del evangelio, todavía no es madura. Jesús tendrá que
rezar por Pedro: "he pedido por ti, para que tu fe no se apague, y tú, cuando
te recobres, da firmeza a tus hermanos" (Le 22, 31-32). Pero madurará por
la experiencia de Pascua y por la gracia del Espíritu en Pentecostés.
Tampoco
la fe de los sucesores de Pedro, a lo largo de los dos mil años de existencia
que tiene la Iglesia, ha sido siempre madura y ejemplar. Pero no es la fe
concreta de unas personas la que salva o hace firme a la Iglesia, sino la
presencia de Cristo y su Espíritu, que también ahora tienen que "confirmar
en la fe" a los sucesores de Pedro para que estos, a su vez, confirmen en
la fe a sus hermanos. Con esa ayuda de Cristo y de su Espíritu, Pedro, y ahora
sus sucesores, son los fundamentos visibles de la unidad y de la caridad en la
Iglesia.
Cuando
en cada Eucaristía nombramos al Papa y al obispo de la diócesis, pedimos por
ellos a Dios que les "confirme en la fe y en la caridad". Es bueno
que Pedro, en el que Jesús puso su confianza, fuera una persona frágil, y que
Jesús tuviera que "rehabilitarle" luego después de su caída. La
solidez del fundamento de la Iglesia está sobre todo en Cristo y en su
Espíritu.
Llaves que abren y cierran
La
otra imagen con la que expresa Jesús su nombramiento de Pedro es la de las
llaves del Reino de los cielos.
Las
llaves son necesarias para mantener cerradas o abrir en el momento oportuno las
puertas de una casa o de una habitación. Por eso se convierten fácilmente en
"símbolo" de poder y de autoridad. Cuando una visita importante llega
a una población, uno de los gestos simbólicos de acogida y cortesía era
entregarle solemnemente las llaves de la ciudad (o bien, otro símbolo: el
bastón de mando, porque ahora las ciudades no tienen ya "puertas"
para abrir o cerrar). Por eso, cuando se dice que al tal Sobná le será quitada
la autoridad y dada a otro, se afirma que a su sucesor le "colgará del
hombro la llave del palacio de David".
También
aquí sabemos que el auténtico poseedor de las llaves del Reino es Cristo. El
Apocalipsis habla de él como el Señor que tiene las llaves, que abre y nadie
puede cerrar, cierra y nadie puede abrir (cf. Ap 3,7). En una de las
"antífonas O" de la novena de Navidad cantamos a Cristo como
"Llave de David y Cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede
cerrar, cierras y nadie puede abrir".
Pero
es el mismo Jesús quien transmite esta misión de autoridad a Pedro con
el
símbolo de las llaves. Aquí se utiliza como equivalente la imagen de "atar
y desatar", en vez de la más lógica de "abrir" y
"cerrar", para expresar el hecho de admitir o no admitir a la
comunidad. Es una imagen no exclusiva de Pedro, porque unos capítulos más
adelante, el mismo Mateo (Mt 18) la aplica a todos los discípulos.
Uno
piensa en seguida en las decisiones que fue tomando Pedro, inmediatamente
después de Pentecostés, en la primera comunidad, y cómo, por ejemplo,
"abrió las puertas" de la comunidad a los paganos -a Cornelio y a su
familia-, aunque no a todos les pareciera de entrada una actitud oportuna.
Aceptar el ministerio del Papa
Como
en torno a la figura de Jesús, también caben posturas muy diferentes en los
tiempos actuales en relación con los sucesores de Pedro, los Papas: desde la
agresivamente contraria, hasta la selectiva, que les apoya o les critica según
coincidan o no su talante y sus decisiones con la propia ideología.
El
evangelio de hoy nos invita a considerar al Papa como un ministerio querido por
el mismo Cristo y, por tanto, a mirarlo con los ojos de la fe. El Papa ha
recibido el encargo de asegurar el servicio de la fe, de la caridad, de la
unidad, de la misión. La comunidad no es del Papa, sino de Cristo ("edificaré
mi Iglesia"). Pero el Papa es quien más explícitamente ha recibido
la misión de animar, discernir, unir, confirmar a la comunidad de Cristo que,
además de una, santa y católica, es también "apostólica".
Cada
vez que celebramos la Eucaristía nombramos al Papa, juntamente con el Obispo de
la propia diócesis, para expresar nuestra unión con ellos y para pedir al Señor
que les "confirme en la fe y en la caridad". Este recuerdo de la Misa
debería traducirse en una actitud de comunión también en la vida, en la
respuesta a su magisterio, en la visión de fe de su papel en la Iglesia. No se
trata de una aceptación ciega, pero sí de una postura positiva, desde la fe y
el amor, desde la confianza en Cristo y en su Espíritu, que se sirven de los
hombres, siempre débiles, para guiar a su Iglesia.
LOS
DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)
PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO XXI TIEMPO ORDINARIO 2026
(23 DE AGOSTO)
4TEMA:” TU ERES
PEDRO, Y TE DARE LAS LLAVES DEL REINO DE LOS CIELOS”
01.-
JUNTOS COMO HERMANOS
JUNTOS COMO HERMANOS
MIEMBROS DE UNA IGLESIA
VAMOS CAMINANDO
AL ENCUENTRO DEL SEÑOR.
1.- Un largo caminar
por el desierto bajo el sol,
no podemos avanzar
sin la ayuda del Señor.
2.- Unidos al rezar
unidos en una canción,
viviremos nuestra fe,
con ayuda del Señor.
3.- La iglesia en marcha está,
a un mundo nuevo vamos ya,
donde reinará el amor,
donde reinará la paz.
02.-
A LA MESA DEL SENOR (Alberto Taule)
A la mesa del Señor,
miembros vivos de la Iglesia;
no dejamos de cantar,
al Pastor que nos sustenta.
Nos reúne en torno a Él,
vencedor, resucitado;
y nos habla al corazón,
conduciendo nuestros pasos.
Nos sentamos a comer,
este cuerpo maltratado;
nos llenamos de su amor,
y de amor a los hermanos.
03.-
EN LA FIESTA DEL DOMINGO (Erdozain)
EN LA FIESTA DEL DOMINGO,
EL SEÑOR NOS ESPERA;
REUNIDOS EN SU MESA,
ESCUCHAMOS SU VOZ.
SU PALABRA ES ALIMENTO,
ES LA BUENA NOTICIA;
COMO PRENDA DE VIDA,
ÉL SE DA EN COMUNIÓN.
1.- Un altar, un manjar,
una Iglesia, una Iglesia;
una ofrenda, sacrificio pascual,
con nosotros está, revestido de pan.
2.- El Señor, buen Pastor,
Él nos guía, Él nos guía;
nos perdona, nos orienta su voz,
el Señor, buen Pastor, Él se da en comunión.
04.-
JUNTOS CANTANDO LA ALEGRIA (Cesáreo Garabain)
JUNTOS CANTANDO LA ALEGRÍA
DE VERNOS UNIDOS EN LA FE Y EL AMOR
JUNTOS SINTIENDO EN NUESTRAS VIDAS
LA ALEGRE PRESENCIA DEL SEÑOR.
1.- Somos la Iglesia peregrina que Él fundó,
somos un pueblo que camina sin cesar.
Entre cansancios y esperanzas hacia Dios,
nuestro amigo Jesús nos llevará.
2.- Hay una fe que nos alumbra con su luz,
una esperanza que empapa nuestro esperar.
Aunque la noche nos envuelva en su inquietud,
nuestro amigo Jesús nos guiará.
3.- Es el Señor, nos acompaña al caminar,
con su ternura a nuestro lado siempre va.
Si los peligros nos acechan por doquier,
nuestro amigo Jesús nos salvará.
05.-
JUNTO AL VINO Y EL PAN (Cantos Salesianos)
JUNTO AL VINO AL PAN
YO TE TRAIGO MI VOZ,
VIDA EN UNA CANCIÓN,
PARA TI SERÁN.
TRAIGO RISA Y DOLOR,
TRAIGO EL MUNDO SIN LUZ,
DE LOS HOMBRES LA SED
PARA QUE LA CALMES TÚ.
1.- El agua de la risa de los niños,
el viento de las madres al cantar
hoy para Ti serán, oh, Señor.
2.- El fuego de la fuerza de los hombres,
la tierra de su débil corazón
hoy para Ti serán, oh, Señor.
06.-
TE PRESENTAMOS EL VINO Y EL PAN (J.A. Espinoza)
TE PRESENTAMOS EL VINO Y EL PAN
BENDITO SEAS POR SIEMPRE SEÑOR (BIS)
1.- Bendito seas, Señor
por este pan que nos diste,
fruto de la tierra y del trabajo de los hombres.
2.- Bendito seas, Señor,
el vino tú nos lo diste,
fruto de la tierra y del trabajo de los hombres.
07.- SEÑOR A QUIEN IREMOS (Alejandro Mejía)
SEÑOR A QUIEN IREMOS
TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA
NOSOTROS HEMOS CREÍDO
QUE TÚ ERES EL HIJO DE DIOS. (BIS)
Soy el pan que os da la vida eterna,
el que viene a mí no tendrá hambre,
el que viene a mí no tendrá sed
así ha hablado Jesús.
No busquéis alimento que perece
sino aquel que perdura eternamente;
el que ofrece el hijo del hombre
que el Padre os ha enviado.
No es Moisés quien os dio el pan del cielo
es mi Padre quien da pan verdadero,
porque el pan de Dios baja del cielo
y da la vida al mundo.
Pues si yo he bajado del cielo
no es para hacer mi voluntad
sino la voluntad de mi Padre
que es dar al mundo la vida.
El que viene al banquete de mi cuerpo,
en mí vive y yo vivo en él;
brotará en él la vida eterna,
y yo lo resucitaré.
Soy el pan vivo que del cielo baja;
el que come de este pan por siempre vive.
Pues el pan que daré es mi carne,
que da la vida al mundo.
El que viene al banquete de mi cuerpo
en mi vive y yo vivo en él.
Brotará en él la vida eterna,
08.- CREO EN
JESUS (Carmelo Erdozain)
CREO EN JESÚS, CREO EN JESÚS, ES MI AMIGO, ES MI
ALEGRÍA,
ÉL ES MI AMOR, ÉL ES MI SALVADOR.
Él llamó a mi puerta, me invitó a compartir su
heredad.
Seguiré a su lado, llevaré su mensaje de paz.
Ayudó al enfermo y le trajo la felicidad.
Defendió al humilde, combatió la mentira y el mal.
Día y noche Él está a mi lado, sigo sus palabras,
doy por Él la vida, es mi Salvador.
Enseñó a Zaqueo a partir su hacienda y su pan.
Alabó a la viuda porque dio cuanto pudo ella dar.
Aleluya, Él es el Mesías, Él es mi esperanza,
vive para siempre, es mi Salvador.
09.-
ERES TU JESUS (T. Rubí)
ERES TÚ, JESÚS
ERES TÚ, JESÚS
ERES TÚ
ERES TÚ EN UN TROZO DE PAN Y EN UN POCO DE VINO.
¡Qué alegría encontrarte Jesús en tu vino y tu
pan!
¡Oh Señor qué consuelo saber que me amas!
Eres Tú la palabra de Dios, la eterna palabra de
Dios
Y has querido venir a morar en mi pecho.
Eres Tú el principio y fin manantial de la vida
Eres Tú, Luz de Luz, Dios de Dios, verdadero
Eres Tú oh milagro de amor, Oh eterno milagro de
amor
Eres Tú mi Señor y mi Dios, mi Alimento.
Sólo en ti, oh Señor del Amor que comprende y
perdona,
Sólo en ti, Oh Jesús, hay amor verdadero.
¡Oh Jesús quiero amar como Tú, quiero amar hasta
el fin como Tú!
Oh Señor dale vida a mi amor con tu Vida.
10.
- MADRE (Joaquín Madurga)
Madre, ilusión y esperanza, Madre corazón y
Ternura Madre espejo limpio del amor
Madre, virginal y fecunda Madre
Generosa y humilde Madre,
Fiel entrega en oblación
Madre, consagrada
en cuerpo y alma,
Siempre abierta a la
palabra de Dios y tu Señor.
Madre, cuando a ti te llamamos Madre,
Renacemos a la esperanza y la ilusión.
Madre, cuando a ti te llamamos Madre
Nos sentimos también hermanos del Señor
Madre, cuando a ti te llamamos Madre
Esperamos un mundo hermano en el amor.
Madre, de Belén al Calvario Madre,
fuiste siempre amorosa,
Madre de Jesús el Salvador.
Madre, en la cruz fue tu Hijo Madre,
quien nos dio por regalo,
Madre, tu materna protección.
Madre, a la Iglesia naciente unida,
esperaste la venida, del Espíritu de Dios.
11.-
CAMINANDO JUNTOS (E. de Zayas)
1.- Caminando juntos vamos a salir
y nos despedimos con un breve adiós.
ADIÓS QUIERE DECIR: «VAYA USTED CON DIOS».
MI CORAZÓN SE ALEGRA: CONTIGO VOY, SEÑOR.
2.- Vamos siempre a oscuras si nos falta el sol;
vamos siempre solos si nos falta Dios.
3.- Dios es buen amigo para caminar;
si Él viene conmigo, qué seguro andar.
4.- No camino solo porque voy con Dios;
y saludo a todos con un gran Adiós.
12.-
HIMNO A SANTA ROSA DE LIMA
GLORIA A TI ROSA BENDITA
DEL PERU RADIANTE ESTRELLA
FLOR DE LOS CIELOS MAS BELLA
QUE LA FLOR DE JERICO (bis)
Hollando con fe profunda
los placeres de este suelo,
desde joven en el cielo
tu corazón se fijó (bis)
Al suyo con lazo fuerte
Júntale su dulce esposo
y de su amor generoso
suavemente le inflamo (bis)
Virgen te aclaman los cielos;
virgen pura, el nuevo mundo;
ángel de Dios sin segundo,
el Perú te crió (bis)
En vano, límpido espejo,
Satanás quiso empañarte
nunca pudo derribarte,
porque en Dios tu alma se fió (bis)
