lunes, 10 de agosto de 2026

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XX T.O. CICLO A - 16 AGOSTO 2026

“MUJER, ¡QUE GRANDE ES TU FE!”.

Grande es tu fe - Escena Histórica de la Biblia

COMENTARIO

 

La cananea es una madre. Detrás de cada madre Jesús veía a María. No se muestra demasiado duro con la madre de Santiago y Juan cuando ésta le pide para ellos las plazas de ministros (Mt 20, 20). Cura con cariño a la suegra de Pedro. Se siente conmovido por la viuda de Naín que acaba de perder a su hijo. Creo que esto hace comprender mejor lo que va a ocurrir entre Jesús y aquella madre cananea. Es el judío ante la pagana; no quiere tratos con ella. Esto resulta antipático, sobre todo para los jóvenes que soportan mal estas historias de razas diferentes y religiones distintas: ¿Está Dios por todos, sí o no?

Este universalismo de hoy, profundamente simpático corre sin embargo el peligro de quedarse en teorías. No es posible ensamblar tan fácilmente las diferencias hay que arreglar las cosas poco a poco y de forma progresiva. Jesús aceptó totalmente la condición humana, incluidos sus límites y la búsqueda a veces difícil de la voluntad del Padre.

Nosotros estamos siempre dispuestos a juzgar a Dios: ¿Por qué un pueblo elegido? ¿Por qué Jesús quería deshacerse de la cananea? Porque Jesús, judío, entra en el plano de la salvación tal como lo conoce por las Escrituras de su pueblo y ese plano comprende dos datos perfectamente claros: 1). Dios quiere salvar a todos los hombres; 2). Pasando por los judíos. En este momento, Jesús sólo se siente enviando a “las ovejas perdidas de Israel”. Pero está aquella madre. Algunos se imaginan que Jesús se hacía el indiferente (“no le contestó palabra”) para hacer que creciera la fe de la cananea (!). Eso es rechazar el misterio de la encarnación. Jesús es un hombre y se siente sencillamente desconcertado ante aquella situación como cualquier hombre. ¿Mantenerse a distancia? ¿Escucharla para que lo deje en paz, como le sugiere los discípulos? Ellos se muestran más bien molestos y despreciativos que preocupados por los planes de Dios.

Es una madre. Jesús empieza a ablandarse y le da al menos lo que puede darle: la gentileza de un diálogo: “Deja primero que los hijos se alimenten. No está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los perritos, a los que no están preparados para recibir la salvación. La cananea comprende perfectamente el matiz amistoso: en la casa todos quieren a los perritos. Es lista, es madre y siente un impulso loco hacia aquel que puede salvar a su hija: “Los perritos se comen las migajas”. Aquel grito de fe desarma a Jesús. La cananea acaba de romper en él un límite. Con una fe tan humilde y tan fina que no le ha dicho: “Desobedece”; ella ha comprendido y entra con él en los designios del Padre: “Si, Señor, cuídate primero de los hijos, pero no tardes en preocuparte de esos perritos que quizás creen más en ti”.

Jesús realiza entonces el gesto que va a marcar la preeminencia total de la fe. Lo que ocurre con la cananea nos revela que en adelante todo va a depender de la fe. Los judíos tenían la precedencia, la cananea era una madre desconcertante; pero sólo importó una cosa, la misma que importará en adelante: “Mujer, ¡qué grande es tu fe!”.

R.P Roland Vicente Castro Juárez


ANTÍFONA DE ENTRADA   (Sal 83, 10-11)

Fíjate, oh, Dios, escudo nuestro; mira el rostro de tu Ungido, porque vale más un día en tus atrios que mil en mi casa.

 

ORACIÓN COLECTA

Oh, Dios, que has preparado bienes invisibles para los que te aman, infunde la ternura de tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 56, 1.6-7

Esto dice el Señor: «Observen el derecho, practiquen la justicia, porque mi salvación está por llegar, y mi justicia se va a manifestar. A los extranjeros que se han unido al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que observan el sábado sin profanarlo y mantienen mi alianza, los traeré a mi monte santo, los llenaré de júbilo en mi casa de oración; sus holocaustos y sacrificios serán aceptables sobre mi altar; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos».

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 66, 2-3.5-6.8)

 

Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

 

Que Dios tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. R

 

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, y gobiernas las naciones de la tierra. R

 

Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga; que le teman todos los confines de la tierra. R

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 13-15.29-32

Hermanos: A ustedes, gentiles, les digo: siendo como soy apóstol de los gentiles, haré honor a mi ministerio, por ver si doy celos a los de mi raza y salvo a algunos de ellos. Pues si su rechazo es reconciliación del mundo, ¿qué no será su reintegración sino volver desde la muerte a la vida? Pues los dones y el llamado de Dios son irrevocables. En efecto, así como ustedes, en otro tiempo, desobedecieron a Dios, pero ahora han obtenido misericordia por la desobediencia de ellos, así también estos han desobedecido ahora con ocasión de la misericordia que se les ha otorgado a ustedes, para que también ellos alcancen ahora misericordia. Pues Dios nos encerró a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 4, 23

Aleluya. Jesús proclamaba el Evangelio del Reino, y curaba toda dolencia en el pueblo. Aleluya.

 

SANTO EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 15, 21-28

 En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Ella se acercó y se postró ante Él diciendo: «Señor, ayúdame». Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

Sabiendo que el Señor siempre nos aguarda para bendecir-nos, supliquémosle con confianza: R. Te lo pedimos, Señor.

 

1. Para que la justicia, la hospitalidad y el amor se manifiesten en la vida de los cristianos. Oremos. R. Te lo pedimos, Señor.

 

2. Para que la oración de la Iglesia nos comprometa a ser más solidarios y fraternos con todos, independientemente de su origen, nacionalidad y creencias. Oremos. R. Te lo pedimos, Señor.

 

3. Para que quienes están en el exilio, los que son marginados o perseguidos sientan la misericordia de Dios que los fortalece y sostiene. Oremos. R. Te lo pedimos, Señor.

 

4.- Para que amor del Señor nos haga constructores de paz en el mundo y defensores de aquellos que ven vulnerada su dignidad.  Oremos. R. Te lo pedimos, Señor.

 

5.- Para que nosotros, que compartimos el pan de la Eucaristía nos renueve interiormente. Oremos. R. Te lo pedimos, Señor.

 

Oh Dios que amas a todas las personas y quieres que todos se salven, escucha las oraciones que con fe te hemos presentados y danos tu salvación. Por Jesucristo nuestro Señor


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, nuestras ofrendas en las que vas a realizar un admirable intercambio, para que, al ofrecerte lo que tú nos diste, merezcamos recibirte a ti mismo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNIÓN Jn 6, 51

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este pan vivirá para siempre.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Después de haber participado de Cristo por estos sacramentos, imploramos humildemente tu misericordia, Señor, para que, configurados en la tierra a su imagen, merezcamos participar de su gloria en el cielo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 17: Ez 24, 15-24; Sal: Dt 32, 18-19.20.21; Mt 19, 16-22

Martes 18: Ez 28, 1-10; Sal: Dt 32, 26-27ab. 27cd-28ª.30. 35cd-36ab; Mt 19, 23-30

Miércoles 19: Ez 34, 1-11; Sal 22, 1b-22, 1b-3ª. 3b-4. 5.6; Mt 20, 1-16.

Jueves 20: Ez 36, 23-28; Sal 50, 12-13. 14-15. 18-19; Mt 22, 1-14

Viernes 21: Ez 37, 1-14; Sal 106, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9; Mt 22, 34-40

Sábado 22: Is 9, 1-6; Sal 112, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8; Lc 1, 26-38

Domingo 23: Is 22, 19-23; Sal 137, 1-2ª. 2bc-3. 6 y 8bc; Rm 11, 33-36; Mt 16, 13-20.

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Mt 15. 21-28

Par: Mc 7, 24-30

 

Vale la pena fijarse en la capacidad de admiración de Jesús ante la fe de los paganos. Parece como si lo desarmara. Y no le duele confesar que "en Israel no he encontrado en nadie tanta fe" (Mt 8. 10). Fe, aquí, es confianza, es apertura a su persona y a su poder. Y esta fe -que se dirige a Jesús- tiene su motor y extrae su fuerza de la propia necesidad: la situación de la hija "endemoniada", el criado "que está en cama paralítico y sufre mucho" (Mt 8. 6). Quién sabe: quizás nosotros diríamos que es una petición interesada, que el movimiento no es tan puro como debería... Pero es desde nuestras situaciones vitales que vamos a Jesús y confiamos en él. Quizá el punto de partida no sea lo bastante puro; ¡pero si el movimiento nos lleva hacia él sinceramente...! Ya se cuidará de purificarlo, si es necesario - "No está bien echar a los perros el pan de los hijos" Aprendamos a admirarnos de la fe de los de fuera, de la gente sencilla. Y aprendamos a confiar en los movimientos sinceros de nuestro corazón.

J. TOTOSAUS - MISA DOMINICAL 1987/16


 

2.- La distribución de los panes sigue normalmente: Jesús ha ofrecido pan a quien lo ha querido y no hay suficiente gente para terminar con las provisiones (Mt 14. 13-21), hasta el punto de que se llenaron doce canastos con las sobras.

Lo que sigue a la distribución responde a la pregunta de por qué comieron tan pocos y dejaron tantas sobras. Esta respuesta es doble: por una parte, los fariseos ponen bastantes obstáculos ante quienes desean comer el pan merced a su reglamentación de las abluciones (Mt 15. 1-20); por otra parte, a los paganos se les niega el acceso a esas sobras (v. 24). El pasaje de hoy desarrolla esta última consideración.

MAERTENS-FRISQUE
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA V - MAROVA MADRID 1969.Pág. 277


 

3.-  ORA/PERSEVERANCIA: NECESIDAD DE "LUCHAR" CON DIOS EN EL TERRENO DE UNA ORACIÓN PERSEVERANTE:/Mt/07/07.

Es una oración de petición que arranca de una fe profunda en que Dios, en este caso Jesús, puede hacer lo que se le pide, y de una confianza ilimitada en que lo hará. La fe es el distintivo esencial del cristiano. Una fe que recibe lo que quiere, porque lo que quiere es la voluntad de Dios. La "lucha" que esta mujer mantiene con Jesús, que la rechaza una y otra vez, resulta paradigmática. Está en la línea de lo mandado por Jesús: "pedid... buscad... llamad..." Esto es lo que define sustantivamente al hombre. De ahí la necesidad de "luchar" con Dios en el terreno de una oración perseverante. La cananea obtuvo lo que pedía porque se mantuvo en esa actitud de esencial pobreza. Ante ella aparece la palabra de Dios: "...recibiréis, ...hallaréis, ...se os abrirá" (7. 7). Tres aspectos que definen a Dios (como los tres anteriores habían definido al hombre). Dios y el hombre puestos frente a frente y haciendo cada uno lo que le es propio.

COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT - EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1030


 

4.- -Texto. Mateo da en él un paso importante hacia adelante, pues la escena no tiene lugar en Israel sino en el extranjero. En términos de sociología religiosa judía esto significa que la escena se desarrolla en el territorio pagano. Toma cuerpo así lo que Mateo había insinuado cuando, al presentar la actividad de Jesús, citaba el texto de Isaías que habla de Galilea de los paganos (MT. 4, 15). Los paganos están ahora aquí, de la mano de una mujer que vivía en el actual y atormentado Líbano. Viene designada como cananea, término especialmente evocador para un judío, por cuanto encarna todo lo que de seductor y peligroso había tenido el paganismo para la fe yavista.

El texto está lleno de sorpresas. Una extranjera da a Jesús el título típicamente judío de hijo de David. Con este título ha introducido Mateo la ascendencia de Jesús (Mt. 1,1). El título resuena cuando Mateo acaba de presentar a Jesús saliendo de territorio judío tras el cuestionamiento de algo tan esencial y sagrado para los judíos como es el comportamiento en consonancia con la tradición (ver Mt. 15, 1-20).

Las sorpresas continúan con el silencio de Jesús primero y su respuesta después a la demanda de los discípulos. Esta respuesta, que se encuentra en el v. 24, es repetición del mandato de Jesús a los doce de ir en busca de las ovejas perdidas de Israel. Leída después de la escena anterior sobre la tradición, la respuesta es, cuanto menos, sorprendente.

Una tercera sorpresa es la presentación de la mujer en el v. 25 con el gesto típico judío de adoración a Dios, gesto característico en el evangelio de Mateo para expresar la actitud creyente ante Jesús.

La cuarta sorpresa es la respuesta de Jesús a la mujer. "No está bien quitarle el pan a los hijos para echárselo a los perros".

Jesús hace suyo el afrentoso y despreciativo apelativo de perros, que los judíos aplicaban a los paganos. ¿Lo hace suyo aceptándolo o ironizándolo? La frase la escuchamos fuera del territorio judío, donde Jesús se encuentra tras su cuestionamiento de la tradición judía.

La quinta y última sorpresa es la reacción de la mujer pagana, que no aspira a suplantar, sino sencillamente a participar.

Todo este conjunto de sorpresas, especialmente elaboradas por Mateo, no parecen tener otra función que la de preparar y resaltar la frase final de Jesús. "¡Qué grande es tu fe, mujer!" Es la frase que el lector de Mateo presentía y esperaba. Ella ratifica la caída del muro de separación entre judíos y paganos.

Un mundo religioso cerrado en sí mismo queda aquí superado y derrumbado; surge otro de todos y para todos.

-Comentario. Es difícil encontrar en cualquiera de los cuatro evangelios una imagen de Jesús tan judía como la que nos ofrece Mateo en este texto. La lógica de la encarnación está aquí llevada al máximo de identificación con la historia concreta de unas gentes. Paralelamente es difícil encontrar otro texto como éste en el que la quiebra de esa historia concreta sea tan clamorosa. Mateo lo ha conseguido con una imagen de mujer sencillamente asombrosa.

Ella, que no es miembro del Pueblo de Dios, encarna el ideal de lo que debe ser un miembro del Pueblo de Dios.

La consecuencia es lo arriesgado del manejo de conceptos y términos tales como Pueblo de Dios e Iglesia, porque ni están todos los que son ni son todos los que están. Pasaba ayer y pasa hoy.

Dos citas de Pablo pueden ayudarnos a entender las líneas de este texto. "Toda diferencia entre judío y no judío ha quedado superada, pues uno mismo es el Señor de todos, y su generosidad se desborda con todos los que le invocan" (Rom. 10, 12). "Todos vosotros, los que creéis en Cristo Jesús, sois hijos de Dios... Ya no hay distinción entre judío y no judío, ni entre esclavo y libre, ni entre varón y mujer. En Cristo Jesús, todos sois uno" (Gál. 26, 28).

A. BENITO - DABAR 1990/42


 

5.- Contexto. El domingo pasado asistíamos a una dramatización de la difícil y arriesgada situación de los doce. La mentalidad nacional-religiosa y cerrada de los pastores de la Ley de Dios ponen en peligro la vida de Jesús. (Mt. 14, 1-12) y la de los doce (Mt. 14, 22-23). Esa misma mentalidad determina continuos desplazamientos de la gente buscando a los nuevos pastores (Mt. 14, 34-36). A continuación de estos dos últimos versículos Mateo introduce otro de los presupuestos-clave de la mentalidad cerrada: la defensa unilateral y monolítica de la Tradición (Mt. 15, 1-20). El otro presupuesto es la Ley: tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado (Mt. 12, 2). ¿Por qué se saltan tus discípulos la tradición de nuestros mayores? (Mt. 15,2). Lee detenidamente Mt 15, 1-20.

Texto. Comienza con la misma fórmula de desplazamiento de hace dos domingos (lee Mt 14, 13). Salió de allí (la traducción litúrgica ha pasado por alto el adverbio). El punto de salida es más que un espacio geográfico; es la situación de cerrazón reflejada en el texto inmediatamente anterior. También es más que un espacio en el mapa el punto de llegada: Tiro y Sidón no son Israel. Mateo quiere poner de manifiesto el sentido de la afirmación hecha en la explicación de la parábola del grano y la cizaña: El campo es el mundo (Mt 13, 38). El misterio escondido se desvela en acción. El pueblo de Dios es universal, abarca más que Israel. Este aspecto fundamental se resalta todavía más en la caracterización de la protagonista: una mujer cananea. En la tradición judía Canaán es el símbolo de lo no judío, de la irreligiosidad.CANAAN/SIMBOLO

 

Y, sin embargo, el desarrollo del relato es paradójico. Los discípulos y Jesús actúan en la más estricta línea judía. Los discípulos piden a Jesús que despida a la mujer (extrañamente la traducción litúrgica ha convertido la petición de despido en lo contrario). Jesús recuerda algo que ya les había dicho a los doce en Mt. 10,6: sólo a Israel. Sus frases son de un realismo hiriente: No está bien echar a los perros el pan de los hijos.

Los perros son los no judíos. Pero funciona como insulto. Incluso la propia protagonista da por válido el presupuesto: También los perros se comen la migajas que caen de la mesa de sus amos. Todo se desarrolla, pues, dentro de la más puras coordenadas de la religiosidad tradicional. Jesús y los doce se parecen a los pastores de la Ley de Dios. El desenlace del relato rompe con la sorpresa del desarrollo anterior. Este desenlace contrasta con el de la sinagoga de Nazaret (No pudo hacer allí muchos milagros por su falta de fe, Mt 13, 58) y empalma con lo narrado a propósito de un centurión romano en Mt 8, 5-13 (en ningún israelita he encontrado tanta fe Mt. 8, 10). El campo, efectivamente, empieza a ser el mundo. El Pueblo de Dios abarca, no excluye.

Comentario. El texto de hoy es un buen ejemplo ilustrativo del quehacer literario de Mateo y de la necesidad de leer siempre un texto dentro de su contexto (recuerda Mt. 15, 1-20) se imponen las siguientes preguntas: ¿quiénes son los perros y quiénes los amos? Mejor aún: ¿tiene sentido seguir hablando de perros y de amos? Nos hallamos ante un texto cuyo recurso literario es la paradoja y la ironía. Un texto vigoroso por sus contrastes y desarrollo imprevisto, por su lenguaje nada atenuado. Equiparando a Jesús y a los doce con los pastores de la Ley, que inmediatamente antes les habían acusado, el autor consigue poner el dedo en la llaga por el procedimiento del absurdo. Detrás de la defensa apasionada de la Ley de Dios y de la tradición por parte de los pastores se esconde, entre otras cosas, una infravaloración de las personas.

Mujer, qué grande es tu fe. Esta frase rompe los esquemas religiosos hasta ahora vigentes en el Pueblo de Dios. A partir de aquí ya no tiene sentido hablar de Pueblo de Dios en un sentido limitado de raza o nación; ya no hay perros ni amos, judíos ni griegos, siervos ni libres, varones ni hembras (cfr. Romanos 10,12 y Gálatas 3, 28). Nacionalidad, condición social y sexo quedan eliminados como factores determinantes de pertenencia al Pueblo de Dios. Son los mismos tres factores que excluye el autor del cuarto evangelio en una enigmática formulación de su prólogo. Lee Jn 1, 12-13. La elección misma de una mujer para protagonista del relato es un hecho en sí mismo significativo. Si alguien no tenía voz en el interior del Pueblo de Dios, eran precisamente las mujeres. Eligiendo a una mujer primero, extranjera después, y cananea por último, Mateo acaba con todos los esquemas hasta entonces vigentes.

A partir de ahora lo que determina la pertenencia al Pueblo de Dios es la fe en Jesús, la adhesión a su persona. No olvidamos nunca que, en el contexto de Mateo, esta fe significa la relativización de la Ley y de la Tradición, importantes y necesarias, por supuesto, pero nunca prioritarias ni con valor de absolutos. Olvidar esta relativización tiene el riesgo, entre otros, de reducir la fe en Jesús a un pietismo personal.

Ahora que estamos mayoritariamente de vacaciones tenemos más tiempo para reflexionar sobre todas estas cosas.

A. BENITO - DABAR 1987/42


 

6.- J/JUDIO.

Sentido del relato. Este comienza con la expatriación de Jesús. El lector no puede menos de recordar aquello de que "sólo en su patria y en su casa desprecian a un profeta" (Mt. 13, 57). Pero lo curioso del caso es que en estas circunstancias Mateo nos presenta a un Jesús perfectamente judío. Otro dato a tener en cuenta: la extranjera interpela a Jesús en términos exquisitamente judíos.

A la vista de estos datos el lector se arma un auténtico lío, pues, por un lado, Jesús, el judío, en su tierra cuestiona lo judío, fuera de ella reproduce y se aferra a aquello que ha cuestionado. Y, por otro, mientras los judíos se escandalizan de Jesús (cfr. 13, 57 y 15, 12), una extranjera ve en él un judío.

De este lío no saldremos nunca o lo haremos muy artificialmente si no vemos el relato como una maestra pieza irónica de Mateo, quien precisamente quiere cuestionar y eliminar eso de judío-extranjero, religioso-pagano. Porque esto significaba ser judío: ser religioso; y esto significaba ser extranjero: ser pagano. En el engranaje de la obra el relato de hoy funciona como pieza irónica. ¡Esta es su clave de lectura! Y como quien no quiere la cosa, el autor, sirviéndose del recurso de introducir en el relato a los discípulos, invita a éstos, invita al nuevo Pueblo a evitar funcionar con fáciles esquematizaciones y encasillamientos de la gente.

DABAR 1981/45

 

DOMINGO 20 DEL TIEMPO ORDINARIO

 

También los extranjeros reciben la salvación de Dios

Jesús predicaba y actuaba normalmente sólo en territorio de Israel, aunque a veces se acercó a las fronteras de los países paganos. Esta vez entra en territorio fenicio, al norte de Galilea, en el actual Líbano, hace un milagro a favor de una mujer extranjera y además alaba delante de todos su fe.

Es el aspecto que ya se anticipa en la primera lectura, con el anuncio pro­fético de que también los extranjeros pueden acudir al Templo y obtener los favores de Dios.

En un mundo cada vez más pluralista, pero a la vez tentado de particula­rismo egoísta, nos va bien esta llamada a la universalidad, a la catolicidad, imitando el estilo de Dios y del mismo Cristo Jesús.

 

Isaías 56, 1. 6-7. A los extranjeros los traeré a mi monte santo

Estamos en la tercera parte del libro de Isaías, a la vuelta del destierro. Su primer mensaje es una página muy universalista: la salvación de Dios tam­bién está destinada a los extranjeros: "a los extranjeros los traeré a mi monte santo... aceptaré sus sacrificios... mi casa es casa de oración para todos los pueblos". El profeta afirma que también hay extranjeros que merecen el beneplácito de Dios porque se dan al Señor y le sirven y aman su nombre y guardan la alianza.

Por eso se ha elegido un salmo universal y misionero: "oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben". El deseo y la oración del salmista es que "conozca la tierra tus caminos, y todos los pueblos tu salvación".

 

Romanos 11, 13-15. 29-32. Los dones y la llamada de Dios son irrevoca­bles para Israel

Sigue en la carta de Pablo el tema de la obstinación y el misterioso destino de Israel. Vuelve a mostrar el apóstol su amor al pueblo judío, sin perder la esperanza de que un día lleguen a reconocer al Mesías, como lo están haciendo muchos pueblos paganos. Su deseo mayor es "a ver si salvo a alguno de los de mi raza".

Pablo está orgulloso de poder ser llamado apóstol de los paganos, pero no por eso se desentiende de su pueblo. Si los paganos están siendo admitidos a la comunidad de los salvados, ¿cuánto más no habría que esperar que los del pueblo elegido, los herederos de las promesas, tengan igual o mejor suerte? El razonamiento de Pablo es valiente: "los dones y la llamada de Dios son irrevocables".

 

Mateo 15, 21-28. Mujer qué grande es tu fe

Una mujer extranjera, sirofenicia, le pide a Jesús que cure a su hija enferma, que está "poseída por un demonio muy malo". Jesús no le pone la cosa fácil a la buena mujer. Primero hace ver como que no la oye. Sólo ante la petición de los apóstoles (a los que molesta esa mujer "que viene detrás gritando"), responde, pero parece que negativamente, alegando que él ha sido enviado sobre todo para los que pertenecen al pueblo elegido de Israel.

A la mujer, no sólo parece no atenderla, sino que pone a prueba su fe, con la comparación, que a nosotros nos puede parecer ofensiva, de que el pan es para los hijos y no para los perros, aludiendo al pueblo de Israel, como "los hijos", y a los demás como no pertenecientes a la casa. Pero la mujer contesta finamente que en cualquier casa, sin quitar el pan a los hijos, se procura que quede algo para los perritos. Jesús, entonces, le concede lo que pide, alabándole su fe: "mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas".

 

Dios quiere la salvación de todos

La Palabra de Dios nos recuerda hoy que también eon los que no son de "los nuestros" debemos ser acogedores. También los extranjeros tienen derecho a la salvación de Dios. Dios ama a todas sus creaturas, sea cual sea su raza y su condición social y su religión. Hace llover sobe justos y pecadores. Es el Padre de todos.

Ya en el AT, como hemos visto en Isaías, se anuncia que también los extranje­ros pueden agradar a Dios y que serán escuchadas sus oraciones y aceptados sus sacrificios. Cuando el joven rey Salomón, al inaugurar solemnemente el Templo de Jerusalén, oró por su pueblo, pidiendo a Dios que escuchara las oraciones de los que venían a este lugar santo, añadió: "También al extranjero que no es de tu pueblo Israel, al que viene de un país lejano a causa de tu Nombre... a orar en tu Casa, escucha tú desde los cielos y haz según te pida el extranjero, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu Nombre"... (1 Reyes 8, 41 ss).

 

A Pablo le preocupa la suerte de su pueblo

En la carta de Pablo encontramos otra línea de pensamiento: la suerte de su pueblo.

En los primeros años de la comunidad cristiana, había varios frentes en que se intentaba discernir la voluntad de Dios sobre el futuro de la Iglesia: a) la admisión a la fe de los pueblos paganos, y con qué condiciones; b) y la admisión o readmisión del pueblo judío, que había sido el primer destinatario de la salvación mesiánica.

Muchas veces nos encontramos, sobre todo cuando leemos los Hechos de los Apóstoles, con el primero: la admisión de los paganos. Pero Pablo, aquí, reflexiona sobre el segundo de los aspectos. Él desea la conversión de su pueblo, quisiera que los judíos, viendo cómo tantos paganos aceptan la fe, sintieran celos y recapacitaran sobre su rechazo de Jesús. ¿Cómo puede ser que Dios s olvide de su pueblo, el pueblo elegido, el pueblo de "la nunca derogada primera Alianza"?

Para Pablo es clara la voluntad de Dios: todos están destinados a la salva­ción. El pueblo elegido en primer lugar -él siempre predica primero a los judíos, en la sinagoga, y sólo después pasa a los paganos-, pero también los paganos. Cristo ha muerto por todos.

 

Jesús alaba la fe de una extranjera

Jesús, aunque predicara normalmente en tierras de Israel, no perdía ocasión para alabar la fe también de los extranjeros: del leproso samaritano que vuelve a dar gracias, del buen samaritano que atiende al herido del camino, al centurión romano por su fe; hoy, a esa mujer extranjera que tiene fe en él. Cuando Mateo escribe su evangelio, muchos paganos están entrando en la Iglesia. Por eso, el milagro de hoy adquiere un simbolismo de justificación y anuncio.

No es la pertenencia al pueblo judío lo que salva, sino la fe en el Enviado de Dios. No es la raza, sino la disposición de cada uno ante la oferta de Dios. Cristo hoy alaba a esta buena mujer, que no es judía. Mientras que muchas veces tiene que criticar la poca fe de los "oficialmente buenos", los del pueblo elegido.

El evangelio de Mateo, que leemos los domingos de este año, termina con un encargo misionero claro por parte de Jesús: "id y enseñad a todas las naciones...".

 

¿Es universal y "católico" nuestro corazón?

Poco caso parecen haber hecho los judíos a este pasaje de Isaías: no apa­recen universalistas, instintivamente rechazan a los extranjeros. Jesús tuvo que corregir una y otra vez ese "racismo" que se basaba en que ellos eran "hijos de Abrahán": pedía que fueran seguidores de Abrahán, no tanto por la herencia racial, sino por la fe.

A las primeras generaciones de cristianos les costó convencerse de que la puerta del Reino y de la fe estaba abierta también a los paganos. Basta recordar los diversos episodios de los Hechos de los Apóstoles, como cuando Pedro tuvo que rendir cuentas a la comunidad porque había admitido a la fe a la familia del centurión romano, o la mesa redonda que se tuvo que organizar sobre el tema en el llamado "concilio de Jerusalén".

Todos solemos tener problemas anímicos a la hora de incluir en nuestra esfera de convivencia a gentes de otra cultura o religión o edad, o a los de ideología política distinta. La primera reacción, ante estas personas, es la desconfianza, y las discriminamos fácilmente de mil maneras.

Esto puede sucedemos en varios niveles. Por ejemplo, en el diálogo inter­religioso, empezando por los judíos, como ya veíamos el domingo pasado. Cada vez más, en nuestra sociedad, convivimos con personas de otra cultura y religión, y tendríamos que saber superar los prejuicios. No es que todas las religiones sean iguales. Pero toda persona puede ser fiel a Dios según la conciencia en la que ha sido formada, y puede damos ejemplos tan hermosos como el de la fe que Jesús alabó en la mujer cananea.

Sería bueno que releyéramos dos documentos del Vaticano II el que trata de nuestra relación con las otras confesiones cristianas, la Unitatis Redintegratio, y la que habla de las religiones no cristianas, entre otras de modo preferente la judía: la Nostra Aetate. Nos enseñan a afinar nuestra caridad cristiana y nuestra amplitud de miras en las relaciones con todas estas personas, a la vez que damos testimonio de fidelidad a nuestras convicciones.

En una sociedad cada vez más pluralista, es fácil que nos resulten incómodas y molestas muchas personas: los forasteros, los inmigrantes, los desconoci­dos, hasta los turistas de paso. Sin embargo, esas personas nos dan lecciones en algunas ocasiones: lecciones de generosidad, de fe, de sinceridad. Es la ocasión para que aprendamos a evitar toda clase de racismo o de naciona­lismo excluyente.

Lo mismo sucede en un nivel más doméstico. Tenemos mil ocasiones, en la vida de cada día, para ejercitar esta hospitalidad y apertura de corazón. No vaya a ser que sepamos dialogar con los forasteros y alejados y neguemos luego el diálogo a los de casa. En nuestra misma familia o comunidad, algunas personas no nos resultan simpáticas, por su cultura, por su edad, por su temperamento. A veces miramos a los forasteros con suspicacia, a los jóvenes con impaciencia, a los adultos con indiferencia, a los pobres con disgusto, al tercer mundo con desinterés, a los alejados de la fe con auto­suficiencia y a los de otra lengua o cultura con recelo apenas disimulado. Pero Dios quiere a todos. Cristo, si tiene alguna preferencia, es para con los débiles y marginados.

¿Tenemos oídos para escuchar las súplicas -a veces, los gritos- de los que a nuestro lado necesitan ayuda? Muchas veces no es ayuda económica lo que necesitan, sino una mano tendida y una cara acogedora y un interés sincero por sus problemas o interrogantes.

Daos fraternalmente la paz

La Eucaristía es cada vez una escuela de universalidad y de caridad. Cuando estamos a punto de participar del mismo Cuerpo y Sangre de Cristo -antes hemos compartido ya la misma Palabra de Dios y hemos rezado y cantado juntos- nos damos la paz con los que están a nuestro lado, sean conocidos o no. Es un gesto simbólico de que también luego, en la vida, acogeremos a los demás, sean o no de nuestro gusto.

Empezamos la misa precisamente con las palabras que Mateo pone en labios de la mujer cananea: "ten compasión de mí, Señor", que es exactamente la traducción del "Kyrie, eleison". Eso nos hace humildes, tanto en relación con Dios como en relación a nuestro prójimo.

El día del último juicio, una de las frases que más nos gustará oír de labios del Juez, que es Cristo mismo, es esta: "era forastero y me acogisteis... a mí me lo hicisteis".

LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)

  

PROPUESTA DE CANTOS DOMINGO XX CICLO A

TEMA: MUJER, QUE GRANDE ES TU FE

 

01.- CANTANDO DE ALEGRIA (Cesáreo Garabaín)

DENTRO DE MI ALMA CANTANDO DE ALEGRÍA,

SOL DE MIL COLORES ESTALLA UN SURTIDOR.

QUIERO AMAR A TODOS LO MISMO QUE MARÍA,

QUIERO SER DE TODOS A MANDO UN MISMO AMOR.

 

Tú, Señor, me dices que te siga,

sé muy bien a donde debo ir.

Porque estás en todos mis hermanos

y en su amor te estoy amando a ti.

 

Tú, Señor, que solo estás a veces,

tu dolor profundo y sin hablar;

un temblor de manos ya cansadas,

un buscar amigos y soñar.

 

Tú, Señor, hambriento de cariño,

hallarás refugio en mi jardín.

Floreció de rosas muy pequeñas,

más tendrás un sol que compartir.

 

02.- EL SEÑOR NOS LLAMA (Alberto Taule)

EL SEÑOR NOS LLAMA Y NOS REÚNE,

SOMOS SU PUEBLO, SIGNO DE UNIDAD.

ÉL ESTÁ, EN MEDIO DE NOSOTROS:

SIRVE A LA MESA, NOS REPARTE EL PAN.

 

Por todos los caminos, nos sales al encuentro,

por todos hemos visto, señales de tu amor.

Tu pueblo se reúne, Señor, a bendecirte,

a celebrar con gozo tu paso salvador.

 

Convocas a tus fieles, nacidos de las aguas,

a festejar unidos, la nueva creación.

La sala del banquete, se llena de invitados,

estamos reunidos y en medio está el Señor.

 

Revélanos al Padre, oh Cristo, nuestra fiesta,

aumenta la esperanza, de nuestro caminar.

Tu Espíritu divino, nos dé la fortaleza,

los bienes que esperamos, nos haga pregustar.

 

03.- SI ALGUNO TIENE BIENES

SI ALGUNO TIENE BIENES DE ESTE MUNDO

Y SE CIERRA ANTE EL DOLOR DE LOS HERMANOS,

¿CÓMO PUEDE LA CARIDAD DE CRISTO PERMANECER EN ÉL?. (2v)

 

Enséñanos, Señor a poner nuestra vida

al servicio de los más necesitados.

 

El pan y el vino que te presentamos,

sean el signo de unión con nuestros hermanos.

 

Nuestra Misa sea un encuentro con Cristo,

y por El con todos aquellos que sufren.

 

04.- ESTE PAN (Alfonso Luna)

1. Este pan y este vino

te ofrecemos hoy

este pan y este cáliz

te ofrecemos hoy.

 

Es el fruto de nuestro trabajo, Señor

y es el fruto de nuestra unión.

 

BENDITO SEAS POR SIEMPRE SEÑOR

BENDITO SEAS POR SIEMPRE SEÑOR

 

2. Estas manos y estos dones

te ofrecemos hoy

nuestras vidas y estas flores

te ofrecemos hoy.

 

Es el fruto de nuestro trabajo, Señor

y es el fruto de nuestra unión.

 

BENDITO SEAS POR SIEMPRE SEÑOR

BENDITO SEAS POR SIEMPRE SEÑOR

POR SIEMPRE, POR SIEMPRE.

 

05.- TE OFRECEMOS, SEÑOR (Francisco Palazón)

TE OFRECEMOS, SEÑOR,

ESTE PAN Y ESTE VINO;

QUE, EN TU CUERPO Y TU SANGRE,

QUEDARÁN CONVERTIDOS.

 

1. Con el vino y el pan,

te ofrecemos el fruto de nuestro trabajo;

la ilusión de vivir,

el placer y el dolor, la alegría y el llanto.

 

2. Juntamente, Señor,

te ofrecemos la vida que Tú nos has dado;

la esperanza, la fe y el amor,

que nos hace sentirnos hermanos.

 

06.- ACEPTA SEÑOR EL VINO Y EL PAN (Joaquín Madurga)

DONDE HAY CARIDAD Y AMOR,

ALLÍ, ESTÁ EL SEÑOR.  (2)

 

Una sala y una mesa, una copa, vino y pan,

los hermanos compartiendo en amor y en unidad.

Nos reúne la presencia y el recuerdo del Señor,

celebramos su memoria y la entrega de su amor.

 

Invitados a la mesa del banquete del Señor,

recordamos su mandato de vivir en el amor.

Comulgamos en el Cuerpo y en la Sangre que Él nos da,

y también en el hermano, si lo amamos de verdad.

 

Este pan que da la vida y este cáliz de salud

nos reúne a los hermanos, en el nombre de Jesús.

Anunciamos su memoria, celebramos su pasión,

el misterio de su muerte y de su resurrección.

 

07.- SEÑOR NO SOY DIGNO (J.A. Espinoza)

SEÑOR NO SOY DIGNO

DE QUE ENTRES EN MI CASA

PERO UNA PALABRA TUYA

BASTARÁ PARA SANARME.

 

1. Eres el Pan de Vida

a todos das la paz;

quien come de tu carne

por siempre vivirá.

 

2. Somos el nuevo pueblo

que Cristo congregó,

vivamos siempre unidos

testigos del amor.

 

3. Vamos por esta vida

buscando la verdad

la paz y la justicia

un mundo que vendrá.

 

08.- ESTE ES EL PAN DE LOS HIJOS (Antonio Alcalde)

Este es el pan de los hijos, preparado con amor.

Este es el pan compartido en la misma comunión.

 

¡DICHOSOS LOS INVITADOS, A LA MESA QUE ALEGRA EL CORAZÓN!

¡DICHOSOS LOS INVITADOS A LA CENA DEL SEÑOR!

 

Este es el pan de los fuertes, que del cielo descendió.

Este es el vino de la fiesta, que enardece el corazón.

 

Este es el cuerpo de Cristo, entregado por amor.

Esta es la Sangre de Cristo, alianza eterna con Dios.

 

Este es el pan del camino de la peregrinación.

Este es el pan de la vida y de la resurrección.

 

09.- NADA TE TURBE (Taize).

NADA TE TURBE NADA TE ESPANTE;

QUIEN A DIOS TIENE NADA LE FALTA.

NADA TE TURBE, NADA TE ESPANTE;

SÓLO DIOS BASTA.

 

Solo verses:

Todo se pasa, Dios no se muda,

La paciencia todo lo alcanza.

 

En Cristo mi confianza,

y de Él solo mi asimiento;

en sus cansancios mi aliento,

y en su imitación mi holganza.

 

Aquí estriba mi firmeza,

aquí mi seguridad,

la prueba de mi verdad,

la muestra de mi firmeza.

 

Ya no durmáis, no durmáis,

pues que no hay paz en la tierra.

 

No haya ningún cobarde,

aventuremos la vida.

No hay que temer, no durmáis,

aventuremos la vida.

 

010.- TEN DEN GRACIAS (E. Zayas).

TE DEN GRACIAS TODOS LOS PUEBLOS,

QUE TODOS LOS PUEBLOS TE DEN GRACIAS.

 

1. Señor, Señor, Señor, gracias te damos,

por esta Misa que hemos celebrado.

Tu Cuerpo y Sangre ya hemos recibido,

volvemos a la vida entusiasmados.

 

2. Señor, qué bien se vive aquí en tu casa,

en Cristo siempre unidos como hermanos.

Señor, que sea esto un anticipo del cielo

que ya estamos comenzando.

 

011.- CANTO DE MARIA (Juan Antonio Espinosa)

Yo canto al Señor porque es grande,

me alegro en el Dios que me salva;

feliz me dirán las naciones:

en mí descansó su mirada.

 

UNIDOS A TODOS LOS PUEBLOS

CANTAMOS AL DIOS QUE NOS SALVA.

 

El hizo en mí obras grandes,

su amor es más fuerte que el tiempo;

triunfó sobre el mal de este mundo,

derribando a los hombres soberbios.

 

No quiere el poder  de unos pocos,

del polvo a los pobres levanta;

dio pan a los hombres hambrientos

dejando a los ricos sin nada.

 

Libera a todos los hombres

cumpliendo la eterna promesa

que hizo a favor de su pueblo,

los pueblos de toda la tierra.

 

12.- HIMNO A SANTA ROSA DE LIMA

GLORIA A TI ROSA BENDITA

DEL PERU RADIANTE ESTRELLA

FLOR DE LOS CIELOS MAS BELLA

QUE LA FLOR DE JERICO (bis)

 

Hollando con fe profunda

los placeres de este suelo,

desde joven en el cielo

tu corazón se fijó (bis)

 

Al suyo con lazo fuerte

Juntole su dulce esposo

y de su amor generoso

suavemente le inflamo (bis)

 

Virgen te aclaman los cielos;

virgen pura, el nuevo mundo;

ángel de Dios sin segundo,

el Perú te crió (bis)

 

En vano, límpido espejo,

Satanás quiso empañarte

nunca pudo derribarte,

porque en Dios tu alma se fió (bis)