viernes, 11 de abril de 2025

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO DE RAMOS - CICLO C - 13 ABRIL 2025

 

ESCUCHAR Y VIVIR LA PASIÓN


  COMENTARIO

 

El Domingo de Ramos, o Domingo en la Pasión del Señor, abre la semana santa. San Lucas tiene especial interés en situar el desarrollo de los acontecimientos de la Pasión bajo el signo de la misericordia y del amor. Orienta el relato de la pasión hacia el descubrimiento del amor del Padre hacia su Hijo y hacia los hombres. La cruz es así, para el tercer evangelista, el sacramento de la misericordia divina. En estos días la iglesia, con más insistencia que nunca, reclama nuestra atención para que nos fijemos sobre todo en la cruz de Cristo, para que hagamos memoria de su pasión y muerte bajo el poder de Poncio Pilatos. No hace falta subrayar la importancia que la piedad popular confiere a estas celebraciones. Pero quizás fuera conveniente preguntarnos si nosotros hacemos o no, desde la fe, una lectura correcta del evangelio, si entendemos de verdad la "palabra de la cruz" o si, por el contrario, donde ésta nos dice “amor" escuchamos solamente "dolor". Porque a fuerza de describir e imaginar los sufrimientos de Cristo, de pasearlos en procesión por las calles y plazas, podemos llegar a desfigurar el rostro de Cristo y a dar la imagen de un Dios que se complace en el sacrificio y en la muerte del hombre, o en su propio sacrificio.

Como si Dios fuera el Dolor y no el Amor. En cuyo caso no habría para los que lloran otro consuelo que el de sus lágrimas. Ahora bien, Cristo no amó el dolor, sino que amó a los que sufren. No amó la pobreza, sino a los pobres. No amó la muerte, sino la vida. Y el Dios vivo, Dios y Padre de Nuestro Seños Jesucristo, no es un Dios que mortifique a los hombres sino el Dios que resucita a los muertos. La cruz es el símbolo del amor, no la glorificación o divinización del dolor. Es el símbolo de un amor llevado hasta el extremo en un mundo lleno de odio. 

Pocas acusaciones tan graves podrían hacerse al cristianismo como la de ser una religión del dolor y del sufrimiento, una religión masoquista. Pues los que aman el dolor por el dolor, no lo desean sólo para sí mismos, sino también para los demás. Sufren y hacen sufrir.

El relato de la pasión y muerte de Jesús no es un drama para llevar a la escena o a la pantalla, no espectáculo para convocar al público en general, y no podemos adoptar ante él una actitud de simples espectadores. Es la revelación del amor, del amor que Dios nos tiene a cada uno y, por tanto, una interpelación.

Contemplar la pasión de Jesús a distancia, admirarla, incluso, adoptar ante ella una actitud estética, es lo mismo que dejarle en la cruz y lavarse las manos como Pilatos. Ni la admiración, ni el asombro, ni el aplauso de su conducta o de su doctrina, ni el sentimentalismo están aquí en su lugar: el único que está en su lugar es Jesús y los que le siguen, por amor, hasta la muerte.

El evangelio de la pasión y muerte de Jesús no se anuncia para que aumente el número de espectadores del drama de Jesús, sino para que nos hagamos sus discípulos y le sigamos con la cruz a cuestas, para que respondamos al amor de Dios amando a los hombres como a hijos de Dios. Seamos honestos para con Jesús. 

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTIFONA DE ENTRADA Mt 21, 9

Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel. Hosanna en el cielo.

 

 BENDICION DE LOS RAMOS

Dios todopoderoso y eterno, santifica con tu † bendición estos ramos, y, a cuantos vamos a acompañar a Cristo Rey aclamándolo con cantos, concédenos, por medio de Él, entrar en la Jerusalén del cielo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

EVANGELIO DE LA ENTRADA DEL SEÑOR

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 28-40

En aquel tiempo, Jesús caminaba delante de sus discípulos, subiendo hacia Jerusalén. Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos, diciéndoles: «Vayan a la aldea de enfrente; al entrar en ella, encontrarán un pollino atado, que nadie ha montado nunca. Desátenlo y tráiganlo. Y si alguien les pregunta: "¿Por qué lo desatan?", le dirán así: "El Señor lo necesita"».

Fueron, pues, los enviados y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban el pollino, los dueños les dijeron: «¿Por qué desatan el pollino?». Ellos dijeron: «El Señor lo necesita». Se lo llevaron a Jesús y, después de poner sus mantos sobre el pollino, ayudaron a Jesús a montar sobre él. Mientras Él iba avanzando, extendían sus mantos por el camino. Y, cuando se acercaba ya a la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto, diciendo: «¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas». Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos». Y respondiendo, dijo: «Les digo que, si estos callan, gritarán las piedras».

 

ORACION COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que hiciste que nuestro Salvador se encarnase y soportara la cruz para que imitemos su ejemplo de humildad, concédenos, propicio, aprender las enseñanzas de la pasión y participar de la resurrección gloriosa. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 50, 4-7

El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos. El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos. El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 21)


Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

 

Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre si tanto lo quiere». R.

 

Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. R.

 

Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.

 

Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. «Los que temen al Señor, alábenlo; linaje de Jacob, glorifíquenlo; témanlo, linaje de Israel». R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Cristo, Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Flp 2, 8-9

Cristo se ha hecho por nosotros obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre».

 

 EVANGELIO

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 22, 41—23, 56

 

ESCUCHEMOS ATENTAMENTE LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Oremos al Señor nuestro Dios, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.

 

1.- Por el Santo Padre, el Papa Francisco; para que siga siendo testigo y fiel colaborador del mensaje de la Buena Nueva de Cristo. Roguemos al Señor.

 

2.- Por todos los gobernantes de las naciones; para que el Espíritu Santo los asista en su tarea. Roguemos al Señor.

 

3.- Para que el Señor tenga piedad de los fieles que han caído en el pecado, les dé valor para recurrir al sacramento de la penitencia y les conceda el gozo del perdón y de la paz. Roguemos al Señor.

 

4.-Para que el Señor, que en la cruz experimentó la amargura de sentirse triste y abandonado se apiada de los enfermos y los oprimidos, a fin que los conforte en su aflicción. Roguemos al Señor.

 

5.- Para que el Señor, que recibió en su Reino al ladrón arrepentido, se apiade de nosotros y nos admita, después de la muerte, en su paraíso. Roguemos al Señor.

 

6.- Por todas las familias de Nuestra Comunidad, para Dios nos dé la gracia de vivir con fe las celebraciones de esta semana y sean para nosotros medio de conversión. Roguemos al Señor.

 

Escucha Señor la oración de tu pueblo, que conmemora la pasión de tu Hijo, y haz que podamos gozar de los frutos de la cruz gloriosa de Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, que por la pasión de tu Unigénito se extienda sobre nosotros tu misericordia y, aunque no la merecen nuestras obras, que con la ayuda de tu compasión podamos recibirla en este sacrificio único. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNION Mt 26, 42

Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Saciados con los dones santos, te pedimos, Señor, que, así como nos has hecho esperar lo que creemos por la muerte de tu Hijo, podamos alcanzar, por su resurrección, la plena posesión de lo que anhelamos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 14: Is 42, 1-7; Sal 26, 1.2.3.13-14; Jn 12, 1-11

Martes 15: Is 49, 1-6; Sal 70, 1-2. 3-4ª. 5-6ab. 15 y 17; Jn 13, 21-33. 36-38

Miércoles 16: Is 50, 4-9ª; Sal 68, 8-10. 21-22. 31 y 33-34; Mt 26, 14-25

Jueves 17: Misa Crismal: Is 61, 1-3ª. 6ª. 8b-9; Sal 88; Ap 1, 5-8; Lc 4, 16-21

Celebración de la cena del Señor: Ex 12, 1-8. 11-14; Sal 115; 1Co 11, 23-26; Jn 13, 1-15

Viernes 18: Is 52, 13-53, 12; Sal 30; Hb 4, 14-16; 5, 7-9; Jn 18, 1-19, 42

Sábado 19:  Gn 1, 1-2, 2; Sal 29; Gn 22, 1-18; Lc 24, 1-12

Domingo 20: Hch 10, 34ª. 37-43; Sal 117; Col 3, 1-4

 


Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 22, 14 — 23, 56


Ardientemente he deseado comer esta Pascua con ustedes, antes de padecer

 

C. Cuando llegó la hora, se sentó a la mesa y los apóstoles con Él y les dijo:

X «Ardientemente he deseado comer esta Pascua con ustedes, antes de padecer, porque les digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el Reino de Dios».

C. Y, tomando un cáliz, después de pronunciar la acción de gracias, dijo:

X «Tomen esto, repártanlo entre ustedes; porque les digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios».

 

Hagan esto en memoria mía

 

C. Y, tomando pan, después de pronunciar la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo:

X «Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes; hagan esto en memoria mía».

C. Después de cenar, hizo lo mismo con el cáliz diciendo:

X «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por ustedes».

 

Ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado

 

X «Pero miren: la mano del que me entrega está conmigo, en la mesa. Porque el Hijo del hombre se va, según lo establecido; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado!».

C. Ellos empezaron a preguntarse unos a otros sobre quién de ellos podía ser el que iba a hacer eso.

Yo estoy en medio de ustedes como el que sirve

C. Se produjo también un altercado a propósito de quién de ellos debía ser tenido como el mayor. Pero Él les dijo:

 X «Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Ustedes no hagan así, sino que el mayor entre ustedes se ha de hacer como el menor, y el que gobierna, como el que sirve. Porque ¿quién es más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está a la mesa?.

Pues yo estoy en medio de ustedes como el que sirve. Ustedes son los que han perseverado conmigo en mis pruebas, y yo preparo para ustedes el Reino como me lo preparó mi Padre a mí, de forma que coman y beban a mi mesa en mi Reino, y se sienten en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel».

 

Tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos

 

X «Simón, Simón, mira que Satanás los ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos».

C. Él le dijo:

S. «Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte».

C. Pero Él le dijo:

X «Te digo, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes de que tres veces hayas negado conocerme».

 

Es necesario que se cumpla en mí lo que está escrito

 

C. Y les dijo:

X «Cuando os envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿les faltó algo?».

C. Dijeron:

S. «Nada».

C. Jesús añadió:

X «Pero ahora, el que tenga bolsa, que la lleve consigo, y lo mismo la alforja; y el que no tenga espada, que venda su manto y compre una. Porque les digo que es necesario que se cumpla en mí lo que está escrito: “Fue contado entre los pecadores”, pues lo que se refiere a mí toca a su fin».

C. Ellos dijeron:

S. «Señor, aquí hay dos espadas».

C. Él les dijo:

X «Basta».

 

En medio de su angustia, oraba con más intensidad

 

C. Salió y se encaminó, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo:

X «Oren, para no caer en tentación».

C. Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra y, arrodillado, oraba diciendo:

X «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».

C. Y se le apareció un ángel del cielo, que lo confortaba. En medio de su angustia, oraba con más intensidad. Y le entró un sudor que caía hasta el suelo como si fueran gotas espesas de sangre. Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la tristeza, y les dijo:

X «¿Por qué duermen? Levántense y oren, para no caer en tentación».

 

Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?

 

C. Todavía estaba hablando, cuando apareció una turba; iba a la cabeza el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús. Jesús le dijo:

X «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?».

C. Viendo los que estaban con Él lo que iba a pasar, dijeron:

X «Señor, ¿herimos con la espada?».

C. Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Jesús intervino diciendo:

X «Déjenlo, basta».

C. Y, tocándole la oreja, lo curó. Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los oficiales del templo y a los ancianos que habían venido contra Él:

X «¿Han salido con espadas y palos como en busca de un bandido? Estando a diario en el templo con ustedes, no me prendieron. Pero esta es su hora y la del poder de las tinieblas».

 

Pedro, saliendo afuera, lloró amargamente

 

C. Después de prenderlo, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos. Ellos encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor, y Pedro estaba sentado entre ellos. Al verlo una criada sentado junto a la lumbre, se lo quedó mirando y dijo:

S. «También este estaba con Él».

C. Pero él lo negó diciendo:

S. «No lo conozco, mujer».

C. Poco después, lo vio otro y le dijo:

S. «Tú también eres uno de ellos».

C. Pero Pedro replicó:

S. «Hombre, no lo soy».

C. Y pasada cosa de una hora, otro insistía diciendo:

S. «Sin duda, este también estaba con Él, porque es galileo».

C. Pedro dijo:

S. «Hombre, no sé de qué me hablas».

C. Y enseguida, estando todavía él hablando, cantó un gallo. El Señor, volviéndose, le echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: «Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres veces». Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

 

Haz de profeta: ¿Quién te ha pegado?

 

C. Y los hombres que tenían preso a Jesús se burlaban de Él, dándole golpes. Y, tapándole la cara, le preguntaban diciendo:

S. «Haz de profeta: ¿quién te ha pegado?».

C. E, insultándolo, proferían contra Él otras muchas cosas. Lo condujeron ante su Sanedrín.

C. Cuando se hizo de día, se reunieron los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los escribas; lo condujeron ante su Sanedrín, y le dijeron:

S. «Si tú eres el Mesías, dínoslo».

C. Él les dijo:

X «Si se lo digo, no lo van a creer; y si les pregunto, no me van a responder. Pero, desde ahora, el Hijo del Hombre estará sentado a la derecha del poder de Dios».

C. Dijeron todos:

S. «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?».

C. Él les dijo:

X «Ustedes lo dicen, yo lo soy».

C. Ellos dijeron:

S. «¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios?. Nosotros mismos lo hemos oído de su boca».

C. Y levantándose toda la asamblea, lo llevaron a presencia de Pilato.

 

No encuentro ninguna culpa en este hombre

 

C. Y se pusieron a acusarlo diciendo:

S. «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que Él es el Mesías rey».

C. Pilato le preguntó:

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».

C. Él le responde:

X «Tú lo dices».

C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:

S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre».

C. Pero ellos insistían con más fuerza, diciendo:

S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta llegar aquí».

C. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo; y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo remitió.

 

Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio

 

C. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo, porque oía hablar de Él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía muchas preguntas con abundante verborrea; pero Él no le contestó nada. Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco. Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de Él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí Herodes y Pilato, porque antes estaban enemistados entre sí.

 

Pilato entregó a Jesús a su voluntad

 

C. Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les dijo:

S. «Me han traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de ustedes y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo acusan; pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya ven que no ha hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».

C. Ellos vociferaron en masa:

S. «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás».

C. Este había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio. Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús, pero ellos seguían gritando:

S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!».

C. Por tercera vez les dijo:

S. «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en Él ninguna culpa que merezca la muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».

C. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo su griterío. Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su voluntad.

 

Hijas de Jerusalén, no lloren por mí

 

C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús. Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por Él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:

X «Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, lloren por ustedes y por sus hijos, porque miren que vienen días en los que dirán: “Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado”. Entonces empezarán a decirles a los montes: “Caigan sobre nosotros”, y a las colinas: “Cúbrannos”; porque, si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?».

C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con Él.

 

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

 

C. Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a Él y a los malhechores,

     uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía:

X «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

C. Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte.

 

Este es el rey de los judíos

 

C. El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas diciendo:

S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si Él es el Mesías de Dios, el Elegido».

C. Se burlaban de Él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:

S. «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

C. Había también por encima de Él un letrero: «Este es el rey de los judíos».

 

Hoy estarás conmigo en el paraíso

 

C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:

S. «No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

C. Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:

S. «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena?

     Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en  

      cambio, este no ha hecho nada malo».

C. Y decía:

S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino».

C. Jesús le dijo:

X «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

 

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu

 

C. Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora nona, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:

X «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».

C. Y, dicho esto, expiró.

     Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

C. El centurión, al ver lo ocurrido, daba gloria a Dios diciendo:

S. «Realmente, este hombre era justo».

C. Toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo, al ver las cosas que habían ocurrido, se volvía dándose golpes de pecho. Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia, viendo todo esto.

 

José colocó el cuerpo de Jesús en un sepulcro excavado en la roca

 

C. Había un hombre, llamado José, que era miembro del Sanedrín, hombre bueno y justo (este no había dado su asentimiento ni a la decisión ni a la actuación de ellos); era natural de Arimatea, ciudad de los judíos, y aguardaba el Reino de Dios. Este acudió a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde nadie había sido puesto todavía. Era el día de la Preparación y estaba para empezar el sábado. Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea lo siguieron, y vieron el sepulcro y cómo había sido colocado su cuerpo. Al regresar, prepararon aromas y mirra. Y el sábado descansaron de acuerdo con el precepto.

V. Palabra del Señor.

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Lc 22, 14-23, 56

 

1.- /Lc/PASIONJ/PASION/Lc:

San Lucas tiene especial interés en situar el desarrollo de los acontecimientos de la Pasión bajo el signo de la misericordia y del amor.

* * * *

a) Lucas orienta el relato de la pasión hacia el descubrimiento del amor del Padre hacia su Hijo y hacia los hombres. La cruz es así, para el tercer evangelista, el sacramento de la misericordia divina.

Por eso Lucas no recoge generalmente los cargos que pesan sobre los judíos y sobre los discípulos: ¿para qué buscar responsabilidades cuando la sangre de Cristo lava toda falta? Lucas no recoge el hecho de que por tres veces Jesús encuentra a sus discípulos dormidos (Mt. 26, 40-47); no dice, como los demás evangelistas, que los discípulos huyeron en Getsemaní (Mt. 26, 56), y no menciona las imprecaciones de Pedro contra los servidores del sumo sacerdote (Mt. 26, 74). Incluso los enemigos de Jesús aparecen en la redacción de San Lucas con colores menos cargados que en otros lugares. No se dice que los judíos escupieron a Jesús (Lc. 22, 63; cf. Mt. 26, Lc. 67 y 27, 27-31), ni que le ataron para llevarle a Pilato (Lc. 23; cf. Mt. 27, 2).

Incluso en lo que se refiere a Judas, Lucas trata por desvirtuar al máximo la tradición (no dice nada del convenio aludido por Mt. 27, 3-10). Finalmente, al contrario que los demás evangelistas, no nos presenta a Jesús aislado en el Calvario; por eso no cita a Zac. 13, 7 (sobre la dispersión del rebaño) y menciona la presencia de los amigos y conocidos (Lc. 23, 49), contrariamente a Mt. 27, 55-56 y Mc. 15, 40-41.

b) Así, en virtud del perdón implícito en la cruz, Lucas lava a casi todo el mundo. El mismo Pilato aparece por tres veces inocente (Lc. 23, 4, 13-15, 20-22, todos ellos textos exclusivos de Lucas). Uno de los agresores de Jesús es incluso beneficiario de una curación después que un apóstol le había cortado una oreja (Lc. 22, 51). En el momento mismo de la traición, Jesús tiene todavía tiempo para mirar a Pedro e inducirle al arrepentimiento (Lc. 22, 61). Las palabras de desesperación que Mateo y Marcos ponen en boca de Jesús en la cruz (Mt. 27, 46) Lucas las sustituye por palabras de perdón para todos los judíos (Lc. 23, 34). Es igualmente el único que habla del perdón concedido al ladrón (Lc. 23, 39-43) y del arrepentimiento que se adueña del centurión mismo (Lc. 23, 47). Hasta la caricatura de reconciliación entre Herodes y Pilato (Lc. 23, 6-12) es fruto del perdón de la cruz.

c) El secreto de ese perdón y de ese amor radica en la comunión particular de Jesús con su Padre. Lucas es el único que levanta en parte el velo de su intimidad. En las distintas oraciones que Lucas pone en labios de Jesús se puede captar un tono mucho más personal que en los demás sinópticos (Lc. 22, 42; cf. Mt. 14, 36; Lc. 23, 34; cf. Mt. 27, 46; Lc. 23, 46; cf. Mt. 27, 50). Lucas es también el único que descubre la solicitud de Dios que consuela y da ánimos a Cristo en medio de su angustia (Lc. 22, 43). Se da incluso una especie de intuición de la divinidad de Jesús. Por eso Lucas desvincula el título "Hijo de Dios" del contexto simplemente mesiánico en que lo sitúan Mt. 26, 63 y Mc. 14, 61, para hacer de El un título aparte (Lc. 22, 70) prácticamente divino. Por otro lado, la muerte de Cristo no deriva, para Lucas, de su diatriba contra el Templo, como para Mt. 26, 61-62, sino de la confesión oral (Lc. 22, 71) de su divinidad.

MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA III - MAROVA MADRID 1969.Pág. 235-234


 

2.- La Pasión según Lucas se caracteriza por la preocupación de explicar las aplicaciones morales que los fieles deben sacar del texto evangélico. Todo el texto de Lucas, pero muy especialmente el relato de la Pasión, es el evangelio del seguimiento de Jesús: hasta la cruz, y hasta la gloria. No se trata de que el evangelista presente únicamente a un hombre que sufre, con la intención de excitar nuestra compasión (en sentido de la devoción medieval a la Pasión); Jesús es algo más que un héroe humano que se nos presenta como ejemplo, como lo pueden ser para nosotros los santos; es, fundamentalmente, un combate escatológico, el de la Pasión (nótese la palabra de esperanza dirigida al buen ladrón, sobre el paraíso, propia de Lc). El combate había empezado en el desierto, donde Jesús había sido tentado (4, 13) y Satanás se había retirado por un tiempo, esperando su momento; ahora Satanás entra en el corazón de Judas (22,3) y se dispone a tentar a Simón (22,31): ésta es la hora y el poder de las tinieblas (22, 53).

San Ambrosio, en su comentario al tercer evangelio, comenta la Pasión como una marcha triunfal de un general romano vencedor, al cual el Senado hubiese concedido los honores del "triunfo", y que subiera desde el foro, por la vía sacra, hasta el Capitolio, al templo de la diosa Victoria, acompañado de las legiones que han luchado a sus órdenes y llevando el botín y los cautivos. En eso san Ambrosio captó muy bien el sentido dinámico y triunfal de la Pasión según Lc. Dinámico, porque la crucifixión y la Ascensión son culminación del camino hacia la ciudad de Jerusalén iniciado con aquel "largo viaje" que es el gran rasgo original de la estructuración dramática del tercer evangelio; triunfal, porque el discípulo que se decida a acompañar a Jesús en su camino debe saber que llegará hasta la cruz, y que sólo a través de ella, precedido por Jesús llegará a la gloria del Paraíso. No hay más triunfalismo que el de la cruz, en el cual, únicamente, podrá gloriarse el discípulo. En contraste con la gloria de Jesús, el menosprecio de Herodes, a quien no se digna siquiera dirigir la palabra (a diferencia de Pilato), y que es un episodio propio de Lucas.

Herodes -dice Lucas- tenía gran curiosidad por ver a Jesús (23,8-12) y esperaba presencia algún milagro. El cristiano, que lee, escucha o presencia en la liturgia o en celebraciones dramáticas la Pasión, no debe seguir el modelo del rey Herodes: superficialidad, superstición, orgullo. Lucas nos hace sentir, como Pedro, culpables todos de la Pasión, pero llenos de la esperanza del perdón, sin caer en la tentación de la violencia (especialmente rechazada en Lc) y prontos a reconocerlo resucitado.

HILARI RAGUER - MISA DOMINICAL 1977, 7


 

3.- Ahora nos detendremos únicamente en el evangelio. Su extensión no nos permite un comentario proporcionado; habrá que contentarse con señalar algunas de las numerosas particularidades que presenta el relato de Lucas. Al seguir paso a paso este relato, en paralelismo con los otros, advertimos los puntos siguientes.

En el momento mismo en que "va a sufrir", Jesús vive en plena esperanza; no comerá ya la Pascua, ni beberá más el vino de la fiesta; pero él sabe que la Pascua terrestre tendrá su cumplimiento en los cielos y que él será su comensal; sabe que el Reino de Dios vendrá ciertamente, y entonces volverá a encontrar a sus discípulos en la fiesta. Más adelante, en los versículos 28 y 30, Jesús vuelve a hacer profesión de su esperanza, con fórmulas que le otorgan un papel muy importante y muy activo en el establecimiento del reino, mientras que en las expresiones que acabamos de leer, Jesús era solamente el beneficiario de la venida del Reino. Ahora dice "mi reino", y afirma que dispone de él en persona, tal como, explica, "el Padre ha dispuesto" en su favor.

El gesto eucarístico será un "memorial" de Jesús; con él los discípulos, acordándose de él, guardarán igualmente el recuerdo de sus palabras, de sus actos, del misterio del que él habrá sido el signo.

El cuerpo es "dado por vosotros"... "la sangre derramada por vosotros", en tanto que Mc y Mt hablan de las "multitudes". Lucas ve primeramente el don de Jesús hecho en beneficio de sus discípulos y amigos. Queda muy subrayada la atmósfera familiar de la última cena; el "discurso después de la Cena" que Lucas propone, más breve que el de Juan, recoge también ese tema, invitando a los discípulos a comportarse unos con otros como siervos, y recordando la fidelidad que estos discípulos han demostrado a Jesús durante "sus pruebas", fidelidad que les valdrá participar en su triunfo.

Porque hasta ahora, es Jesús el que ha sido "probado"; a partir de ahora les toca a sus discípulos ser "tentados", "cribados por Satanás". En vista de este combate, están obligados a armarse; pero Jesús, con su oración, los sostiene. Al menos ha obtenido para Pedro el que permanezca firme, para que sea un apoyo inquebrantable para los demás. Antes, sin embargo, conocerá Pedro la traición, consecuencia quizá de la presunción que aparece en su declaración: porque existe una diferencia entre el "Yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca", y el "yo estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a la muerte".

El episodio de Getsemaní es menos la tentación de Jesús que la de sus discípulos. Son ellos los que deben "orar para no entrar en tentación". Jesús ora, y su oración es el modelo de la oración cristiana (ver la semejanza con el Padrenuestro"; y el combate que libra es el modelo de la lucha que debe entablar el cristiano: combate penetrado de oración y sostenido con la ayuda de Dios (el ángel que recuerda la marcha dolorosa de Elías sostenido por un ángel, 1 Re 19, 4-8).

El arresto de Jesús se desarrolla muy rápidamente. Y en medio de este movimiento rápido, el único que se hace notar por los lectores es Jesús: por la frase con que acoge a Judas... y por la dulzura de que da pruebas con Malco. Resuena, en fin su voz, que atribuye el escenario en el que es la víctima, al temible poder de las tinieblas (tema ya notado en vv. 3 y 31).

Al contar la traición de Pedro, Lucas omite las imprecaciones con que el Apóstol subraya su negación; nota sobre todo la mirada que Jesús dirige a Pedro. Esta mirada, verosímilmente contraria a las exigencias inútiles de la topografía, dice cómo Jesús, en medio mismo de su drama, sabe ser amigo.

La comparecencia de Jesús ante el Sanedrín es referida brevemente. Hay una frase que reviste una particular significación. "Desde ahora, afirma Jesús, el Hijo del hombre está sentado...". Las decisivas palabras: "desde ahora", van unidas a una cita que proclama el reino del Hijo del hombre, sin mencionar su venida sobre las nubes. Lucas llama, pues, la atención sobre el presente, nuestro presente, que es ya el tiempo en que reina el Hijo del hombre. No olvida el futuro, marcado por la última venida, pero omitiendo esta dimensión de su fe, atestiguada en otras partes, subraya la actualidad de una salvación que compromete nuestra comprensión de la vida, de nuestra vida presente, diaria.

Es notable, por otra parte, que Lucas no espere a la mañana de Pascua para gritar al mundo ese "desde ahora"; lo hace cuando Jesús es entregado por Judas, traicionado por Pedro, ridiculizado por los criados, acusado por los jefes. El autor relaciona humillación y triunfo de una forma que no deja de sorprendernos.

Acusado ante Pilato de pretensiones políticas y de intrigas antiromanas, Jesús es, finalmente, inocente; el juez romano no "encuentra ningún motivo de condena" en él: sorprendente afirmación del carácter apolítico de la acción desarrollada por Jesús. Lucas, el único en referir la comparecencia ante Herodes, la aprovecha para hacer ver el sentido especial de la realeza de Jesús. "Tratado con desprecio", convertido en objeto de un juego indigno, Jesús, sin embargo, se halla revestido con una "vestidura magnífica", que dice al creyente su verdadera dignidad.

Al dar cuenta de la segunda audiencia de Pilato, Lucas insiste, por una parte, en el juicio dado por el romano -Jesús es inocente- y, por otra, en la unanimidad que reúne a "sumos sacerdotes, jefes y pueblo" en la condena de Jesús, conseguida con su insistencia, varias veces renovada... De esta manera, los paganos salvan, en parte al menos, su responsabilidad, mientras que los judíos comprometen gravemente la suya.

La subida al Calvario permite una oposición muy esclarecedora para los cristianos de todos los tiempos. Entre Simón de Cirene, que va "detrás de Jesús" "llevando la cruz", o las mujeres que sólo saben llorar el destino de Jesús, ¿cuál es el discípulo más fiel? Simón de Cirene, sin duda; las mujeres que lloran por Jesús se equivocan. Si hay que llorar es por el destino de los responsables de la muerte de Jesús. Lo que Jesús espera de sus verdaderos amigos es no que se conmuevan por su suerte, sino que vayan con él llevando la cruz y que, una vez llegada la muerte, sepan dirigirle la oración de ese otro personaje modelo. El buen ladrón: "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas...". Pero, ¿por qué es necesario que los modelos de los cristianos hayan sido tomados no entre los discípulos formados por la enseñanza de Jesús, sino entre unos ladrones o entre quienes parecían encontrar a Jesús por primera vez o de casualidad? ¿Será que es entre ellos donde se encuentra la verdadera fidelidad? De la crucifixión que pinta Lucas, hay que fijarse sobre todo en las dos palabras de Jesús: la petición de perdón que dirige a su Padre, junto con el motivo que se da -"No saben lo que hacen: ¡sorprendente afirmación de la irresponsabilidad de los hombres sobrepasados por su propia historia!, y la frase confiada con la que Jesús marca su muerte. Nada recuerda aquí el trágico grito que refieren Marcos y Mateo. Jesús, según Lucas, expira en medio de un sorprendente movimiento de abandono filial.

"Desde ahora, afirmaba Jesús, el Hijo del hombre estará sentado...". De hecho, es a partir del ahora de su crucifixión, más aún, de su muerte, cuando "las hijas de Jerusalén", símbolos de la ciudad incrédula, se interesan por él, cuando uno de los ladrones crucificados con él le saluda con un acto de fe, cuando un centurión "glorifica a Dios" por la muerte de este justo, cuando la gente se arrepiente de esto, y sus amigos vuelven a aparecer. Entre ellos, José de Arimatea, hasta entonces desconocido, se enfrenta a Pilato y coloca a Jesús en una tumba digna de él, mientras las mujeres empiezan los preparativos cuya inutilidad se encargará de dejar claro el futuro ya próximo.

Del cuadro pintado por Lucas surge una silueta de Jesús absolutamente sublime. Sublime, por la dulzura de una amistad que Jesús manifiesta hasta el final a quien quiere acogerle...

Sublime, por la confianza obstinada que pone en su Padre. Esa misma confianza aparece en el curso de la comida eucarística, y colorea su muerte con un matiz único. Esta sublimidad es el reflejo, infinitamente discreto pero accesible al creyente, de un reino celeste ya empezado.

Esta actitud de Jesús, única, signo de un misterio divino, atrae a los discípulos, y les compromete a recorrer de la misma forma el camino de su propia vida. Porque, a lo largo del relato, los cristianos están detrás de la figura de tal o cual héroe: Pedro, las mujeres de Jerusalén, el ladrón, el centurión, José de Arimatea, etc. De suerte que, al meditar en la Pasión de Jesús, reflexionan en su propia existencia. Una reflexión que hay que renovar constantemente.

LOUIS MONLOUBOU - LEER Y PREDICAR EL EVANGELIO DE LUCAS - EDIT. SAL TERRAE SANTANDER 1982.Pág 300


 

4.- /Lc/23/34

"¿Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”? Y es que ésta es la única frase que Dios ha escogido para salvar al mundo. Una frase hecha carne hasta la última gota de sangre.

DIOS CADA DIA - SIGUIENDO EL LECCIONARIO FERIAL - ADVIENTO-NAVIDAD Y SANTORAL/SAL TERRAE/SANTANDER 1989.Pág. 82


 

5.- /Lucas/23/34 PERDÓN

El amor en acción

La grandeza del espíritu de Jesús ha sido descrita pocas veces en el Nuevo Testamento con tanta claridad y solemnidad como en las palabras pronunciadas desde la cruz: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Es la cúspide del amor. No comprenderemos plenamente el profundo sentido de la plegaria de Jesús hasta después de haber visto que el texto comienza por la palabra «entonces». En el versículo precedente leemos: «Cuando llegaron al lugar denominado Calvario, le crucificaron allí, y a los dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda». Entonces Jesús dice: «Padre, perdónalos». Entonces, cuando se precipitaba en los abismos de una agonía espantosa. Entonces, cuando el hombre se había rebajado hasta lo más ínfimo. Entonces, cuando las manos perversas de la criatura habían intentado crucificar al único Hijo del Creador. Entonces Jesús dice «Padre, perdónalos». Este entonces hubiera podido ser muy distinto. Hubiera podido decir «Padre, y destrúyelos». O incluso «Padre abre las esclusas de la justicia e inúndalos con la avalancha del merecido castigo».

Pero su respuesta no fue ésta. Aún sometido a una agonía indecible, soportando un dolor atroz, menospreciado y rehusado, no obstante grita: "Padre perdónalos".

Fijémonos en las dos lecciones fundamentales que pueden ser extraídas de este texto: En primer lugar, es una expresión maravillosa de la habilidad de Jesús para unir palabra y acción. Una de las grandes tragedias de la vida es que todos los hombres raramente establecen un puente entre la práctica y la teoría, entre el hacer y el decir. Sin embargo, en la vida de Jesús descubrimos que existe este puente. En la historia no ha existido un ejemplo más sublime de identidad entre la palabra y la acción. Durante su predicación por los soleados pueblos de Galilea, Jesús habla con entusiasmo del perdón. Esta extraña doctrina despierta el espíritu curioso de Pedro: «¿Cuántas veces he de perdonar a mi hermano si peca contra mí? ¿Hasta siete veces?». Pedro quería ser fiel a la ley y a la estadística. Pero Jesús respondió que el perdón no tenía límites. «No digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». En otras palabras: el perdón no es cuestión de cantidad, sino de calidad. Un hombre no puede perdonar cuatrocientas noventa veces sin que el perdón se integre en la misma estructura de su ser. El perdón no es un acto ocasional; es una actitud permanente...

La plegaria de Jesús en la cruz nos da una segunda lección. Es una manifestación de la conciencia que tiene Jesús de la ceguera intelectual y espiritual del hombre. «No saben lo que hacen» = Su mal era la ceguera; su necesidad de luz. Debemos reconocer que Jesús no fue clavado en la cruz solamente por el pecado, sino también por la ceguera. Los hombres que gritaron: «Crucifícale» eran menos malos que ciegos. La plebe escarnecedora que rodeaba el camino del Calvario estaba compuesta por hombres más ciegos que malvados. No sabían lo que hacían. ¡Qué tragedia!.

LUTHER KING


 

6.- /Lc/23/01-49

La pasión según san Lucas tiene muchos aspectos característicos. Desde un punto de vista externo, por ejemplo, el interrogatorio de Pilato está dividido en dos partes y entre las dos se incluye la comparecencia de Jesús ante Herodes (vv 6-12), escena que sólo narra el tercer evangelista. Lucas tiende a disminuir la responsabilidad de Pilato: declara tres veces inocente a Jesús (21s) propone castigarlo y soltarlo (22). Jesús no calla ante él, sino únicamente ante Herodes. Se manifiesta así una clara voluntad de rebajar la responsabilidad de los romanos en el proceso de Jesús.

Dejando aparte estas particularidades, que desempeñan un papel importante en el momento de establecer un orden cronológico en los acontecimientos, la narración de Lucas se caracteriza por la manera de subrayar aspectos que podríamos llamar pastorales y que apuntan a una aplicación práctica en la vida de los cristianos. Esta parece ser la intención de tres episodios de la historia de la pasión: la lamentación de las mujeres, el diálogo con el buen ladrón y la reacción del pueblo ante la muerte de Jesús.

El llanto de las mujeres (27-31) evoca la lamentación de Zac 12,10: «derramaré sobre la casa de David un espíritu de compunción y de pedir perdón. Al mirarme traspasado por ellos mismos, harán duelo como por un hijo único, llorarán como se llora a un primogénito». En la respuesta de Jesús (28-30) hay una alusión al juicio de Israel (cf. Lc 13,34-35; 19,41-44; 21, 23-24). Indirectamente exhorta Lucas a sus lectores a aceptar el mensaje de Jesús, camino de salvación.

La salvación que aporta Jesús es ilustrada también con la conversión del buen ladrón (39-43), ejemplo de pecador convertido: en el momento de su muerte entrará ya en el paraíso.

La propia muerte de Jesús es precedida en Lc de un gran grito de confianza (v 46, cf. Sal 31,6). La reacción de la gente ante esta muerte (47-49) contiene el reconocimiento por parte del centurión de que Jesús era un hombre justo (confesión primitiva de la fe). Los demás, por su parte, se sienten interpelados por esta muerte: «se volvieron golpeándose el pecho» (48). La apertura y conversión de la gente son también un ejemplo para la comunidad cristiana.

D. ROURE - LA BIBLIA DIA A DIA - Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las Horas - Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981. Pág. 901 s.


 

7.-  /Lc/23/50-56

La sepultura de Jesús cierra la historia de la pasión y es a la vez un presupuesto necesario para las narraciones del sepulcro vacío. Era costumbre de los romanos entregar el cuerpo de los ejecutados, para enterrarlos, a los familiares o amigos que los pidiesen. Desaparecidos los discípulos, un judío piadoso toma la iniciativa en esta acción humanitaria. José de Arimatea, miembro del sanedrín (en desacuerdo con la decisión de condenar a Jesús), tenía que sentir una gran simpatía por la corriente mesiánica de Jesús, una gran piedad por el crucificado, para no retroceder ante la impureza que conllevaba tocar un cadáver, en vigilias de la gran fiesta judía. Como el anciano Simeón de los evangelios de la infancia, "un hombre justo y piadoso que esperaba la consolación de Israel" (2,25), José es caracterizado por su bondad y justicia y por su esperanza en el reino de Dios (v 50). Sus cualidades morales se manifiestan en la acción que lleva a término. Sin ser discípulo, ni galileo como la mayoría de ellos, José debió de conocer a Jesús en la última etapa de su ministerio en Jerusalén.

Lucas insiste en que el sepulcro, excavado en la roca, aún no había sido usado. Quizá José de Arimatea no creía en que Jesús fuera el Mesías, pero esto no era obstáculo para que trate su cuerpo con el máximo respeto. Sin duda, José se había abierto a la predicación de Jesús sobre el reino de Dios.

Unas mujeres, que seguían a Jesús desde la Galilea, ven dónde y cómo es sepultado Jesús. Son las mismas mujeres que, pasado el sábado, muy de mañana, irán al sepulcro y recibirán el primer anuncio de la resurrección. Entre ellas están María Magdalena y Juana (24,10), que son citadas entre los seguidores de Jesús en Galilea (8,2-3). De esta manera Lucas relaciona la narración de la pasión y de la pascua con el ministerio galileo de Jesús.

Son las enseñanzas dadas allí las que facilitarán la llave para interpretar la muerte de Jesús en Jerusalén y para abrirse al mensaje de pascua. En estos momentos de silencio y de prueba, los discípulos -hombres y mujeres- descubrirán el alcance y las exigencias de la fe a la que les había llamado Jesús cuando estaban en la Galilea. La muerte no tenía la última palabra. El crucificado, puesto en el sepulcro, les llamaba en aquel momento de espera, como nos llama hoy a nosotros, a creer en su mensaje de vida.

D. ROURE - LA BIBLIA DIA A DIA - Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las Horas - Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981. Pág. 904 s.

 

PROPUESTA DE CANTOS DE RAMOS (CICLO C) - (13 DE ABRIL)

TEMA: “HOY ESTARAS CONMIGO EN EL PARAISO”

 

01.- HOSANA AL HIJO DE DAVID (Alcalde)

HOSANNA AL HIJO DE DAVID,

         G               D    Em

BENDITO EL QUE VIENE

           C               D        Em

EN NOMBRE DEL SEÑOR,

         G                D G

EL REY DE ISRAEL;

      Em                      C Em

HOSANNA EN EL CIELO,

                                 C Em

HOSANNA EN EL CIELO.

 

                         G  C          D     G

1.- Pueblos todos batid palmas,

          Em       Em7             G               Em         C

aclamad a Dios con gritos qq1ººde júbilo;

                                              Cm                G         Em

porque el Señor es sublime y terrible,

                   C         Cm          Em

Emperador de toda la tierra.

 

          D            G          C                         G

2.- Dios asciende entre aclamaciones,

                           C                     G

el Señor al son de trompetas;

       C                 B7         Em

tocad para Dios, tocad,

       C                  D                           G    Em

tocad para nuestro Rey, tocad.

 

02.- HOSANA AL HIJO DE DAVID (Francisco Palazón)

HOSANNA AL HIJO DE DAVID

BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR

EL REY DE ISRAEL

HOSANNA, HOSANNA EN EL CIELO.

 

Aclamad al Señor, tierra entera

Tocad en honor de su nombre

Hacer resonar sus alabanzas

Cantad himnos a su gloria.

 

HOSANNA AL HIJO DE DAVID

BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR

EL REY DE ISRAEL

HOSANNA, HOSANNA EN EL CIELO.

 

Pueblos todos, batid palmas

Aclamad a Dios con gritos de jubilo

Porque el Señor es sublime y terrible

Emperador de toda la tierra.

 

HOSANNA AL HIJO DE DAVID

BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR

EL REY DE ISRAEL

HOSANNA, HOSANNA EN EL CIELO.

 

03.- LOS NIÑOS HEBREOS (Francisco Palazón)

LOS NIÑOS HEBREOS, LLEVANDO RAMOS DE OLIVO

SALIERON AL ENCUENTRO DEL SEÑOR ACLAMARLO

HOSANNA EN EL CIELO, HOSANNA EN EL CIELO,

HOSANNA EN EL CIE-E-LO.

 

Portones abrir los dinteles, que se alcen las puertas eternas.

Va a entrar el rey de la gloria, el valeroso y Dios de Israel.

 

LOS NIÑOS HEBREOS, LLEVANDO RAMOS DE OLIVO

SALIERON AL ENCUENTRO DEL SEÑOR

ACLAMARLO HOSANNA EN EL CIELO, HOSANNA EN EL CIELO,

 HOSANNA EN EL CIE-E-LO.

 

04.- HOSANNA (Fernando San Romualdo)

Santo, Santo, Santo es el Señor

Santo, Santo, Santo es el Señor.

 

Todo tiene tu huella, Señor

Tu eres el Dios del amor

Todo tiene tu huella, Señor,

Tu eres el Dios del amor.

 

Santo, Santo, Santo es el Señor

Santo, Santo, Santo es el Señor.

 

Todo tiene tu huella, Señor

Tu eres el Dios del amor

Todo tiene tu huella, Señor,

Tu eres el Dios del amor.

 

05.- TU  REINARAS

1.- ¡Tú reinarás! Éste es el grito

que ardiente exhala nuestra fe:

¡Tú reinarás! ¡Oh Rey bendito!

Pues Tú dijiste: "Reinaré".

 

REINE JESÚS POR SIEMPRE,

REINE SU CORAZÓN;

EN NUESTRA PATRIA, EN NUESTRO SUELO,

QUE ES DE MARÍA LA NACIÓN:

EN NUESTRA PATRIA, EN NUESTRO SUELO,

QUE ES DE MARÍA LA NACIÓN.

 

2.- ¡Tú reinarás! Dulce esperanza

que al alma llena de placer.

Habrá por fin paz y bonanza,

felicidad habrá doquier.

 

3.- ¡Tú reinarás! Dichosa era,

dichoso pueblo con tal Rey;

será tu cruz nuestra bandera,

Tu amor será nuestra ley.

 

06.- SHALOM HOSANNA (Joaquín Madurga)

SHALOM, HOSANNA,

SHALOM, HOSANNA.

BENDITO EL QUE VIENE

EN NOMBRE DEL SEÑOR,

SHALOM, HOSANNA.

 

1.- Los niños hebreos

con ramos de olivo,

aclamaban al Señor.

 

2.- Los niños hebreos,

tendiendo sus mantos,

aclamaban al Señor.

 

3.- Con ellos nosotros,

con palmas y ramos,

aclamamos al Señor.

 

07.- TE OFRECEMOS PADRE ETERNO (Néstor Jaén)

Te ofrecemos Padre eterno de la tierra nuestro don,

para que nos lo conviertas en tu Hijo el Salvador.  (BIS)

 

VINO Y PAN DAMOS HOY, SE TRANSFORMARÁN EN DIOS.

 

Todo el alma de este pueblo la ponemos con amor,

junto al cáliz y las hostias en señal de adoración.

 

Presentamos nuestras culpas ante el ara del perdón,

las ofrendas hechas Cristo nos darán la salvación.

 

 Te ofrecemos nuestras luchas por la nueva humanidad,

pon tu amor en medio de ellas y el pueblo verá la paz.

 

08.- AMAR ES ENTREGARSE

1.- Amar es entregarse,

olvidándose de sí,

buscando lo que al otro pueda hacerle feliz,

buscando lo que al otro pueda hacerle feliz.

 

¡Qué lindo es vivir para amar!

¡Qué grande es tener para dar!

Dar alegría, felicidad,

darse uno mismo, eso es amar.

Dar alegría, felicidad,

darse uno mismo, eso es amar.

 

2.- Amar como a sí mismo,

entregarse a los demás;

así no habrá egoísmo que no pueda superar.

Así no habrá egoísmo que no pueda superar.

 

09.- LLEVEMOS AL SEÑOR (Carmelo Erdozain)

1.- Llevemos al Señor

el vino y el pan.

Llevemos al altar

la viña, el trigal.

 

EL SEÑOR NOS DARÁ

ÉL NOS DARÁ SU AMISTAD. [BIS]

 

2.- Llevemos al Señor

pureza y amor.

Llevemos al altar

justicia, hermandad.

 

3.- Llevemos al Señor

trabajo y dolor.

Llevemos al altar

ofrendas de paz.

 

10.- COMIENDO EL MISMO PAN (Joaquín Madurga)

COMIENDO DEL MISMO PAN,

BEBIENDO DEL MISMO VINO,

QUERIENDO EN EL MISMO AMOR,

SELLAMOS TU ALIANZA, CRISTO.

 

1.- La noche de su pasión

cogió el pan entre sus manos

y dijo: "Tomad, comed,

esto es mi Cuerpo entregado."

 

2.- La noche de su pasión

tomó el cáliz en sus manos

y dijo: "Tomad, bebed,

es la Sangre que derramo."

 

3.- La noche de su pasión

nos dio el Señor su mandato:

"Amaos unos a otros,

lo mismo que yo os amo."

 

11.- HOY QUISIERA LLORAR IGUAL QUE PEDRO (Joaquín Madurga)

PEDRO TE NEGÓ TRES VECES, MIL VECES YO TE NEGUÉ.

SI PEDRO LLORÓ SU CULPA, MI CULPA YO LLORARÉ,

SI PEDRO LLORÓ SU CULPA, MI CULPA YO LLORARÉ.

 

1.- Hoy quisiera llorar igual que Pedro

porque al igual que Pedro te he negado.

Hoy te vengo a decir que me arrepiento

y que soy de los tuyos y que sigo a tu lado.

 

Hoy quisiera llorar igual que Pedro

porque al igual que Pedro te he negado.

 

2.- Te he negado, Señor, y fui cobarde

porque no quise dar por Ti la cara,

tuve miedo y fingí no conocerte

y al pasar Tú a mi lado, yo te he dado la espalda.

 

Hoy quisiera llorar igual que Pedro

porque no quise dar por Ti la cara.

 

12.- VICTORIA TU REINARAS (D. Julien)

¡VICTORIA! ¡TÚ REINARÁS!

¡OH CRUZ! ¡TÚ NOS SALVARÁS!

 

1.- El Verbo, en ti, clavado,

muriendo, nos rescató.

De ti, madero santo,

nos viene la redención.

 

2.- Extiende por el mundo,

Tu reino de salvación.

Oh Cruz, fecunda fuente,

de vida y bendición.

 

3.- Impere sobre el odio,

Tu reino de caridad.

Alcancen las naciones

el gozo de la unidad.

 

4.- Aumenta en nuestras almas

Tu reino de santidad.

El río de la gracia

apague la iniquidad.

 

5.- La gloria por los siglos,

a Cristo libertador.

Su Cruz nos lleve al cielo,

la Tierra de promisión.

 

13.- DOLOROSA (J.A. Espinoza)

DOLOROSA, DE PIE JUNTO A LA CRUZ.

TÚ CONOCES NUESTRAS PENAS.

PENAS DE UN PUEBLO QUE SUFRE (2V)

 

Dolor de los cuerpos que sufren enfermos; 

el hambre de gentes que no tienen pan;

 silencio de aquellos que callan por miedo; 

la pena del triste que está en soledad.

 

El drama del hombre que fue marginado tragedia

de niños que ignoran reír, la burda comedia de huecas promesas; 

la farsa de muertos que deben vivir.

 

Dolor en los hombros sin tregua oprimidos,

cansancio de brazos en lucha sin fin,

cerebros lavados a base de slogans,

en rictus amargo del pobre infeliz.

 

El llanto de aquellos que suman fracasos,

la cruz del soldado que mata el amor,

pobreza de muchos sin libro en las manos,

derechos del hombre truncados en flor.

 

 

miércoles, 2 de abril de 2025

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO V CUARESMA CICLO C - 6 ABRIL 2025

¿TIRAR LA PRIMERA PIEDRA?


COMENTARIO

 

Jesús está hablando tranquilamente, como suele hacerlo cuando tiene ante él a un grupo de corazones sencillos que le escuchan en silencio fascinados por su palabra. Los escribas y fariseos rompen esta paz y con unas pocas palabras logran suscitar un huracán: odio a Jesús, desprecio por aquella mujer a la que han sorprendido en adulterio (Lev. 20, 10 y Deut. 22, 22) y ni siquiera dirigen la palabra. ¿Acaso vale la pena? La echan por tierra como si fuera un objeto; sólo les sirve para tender una trampa al joven maestro: ¡que escoja entre la bondad y la ley! Silencio de Jesús. Se inclina, traza maquinalmente unos rasgos en el suelo, reflexiona, interioriza, obliga a los demás a interiorizar. Para él, todo tiene importancia; aquella mujer, aquellos hombres, la ley. Respeta la ley, pero no la ve como algo estático que inmovilice los pensamientos y los corazones. No se trata de elegir entre la bondad y la ley; eso es un falso problema. Jesús se pregunta cómo, a partir de la ley, podría cambiar un poco aquellos corazones endurecidos; desea ponerlos en movimiento. Dice una palabra y el silencio cambia. Silencio pesado en el que cada uno se encara consigo mismo. Recuerda la ley: “El testigo debe ser el primero en tirar la piedra”. Pero recuerda además el espíritu de la ley. Está hecha para extirpar el pecado, el del otro... ¡y el nuestro! “¿Quién eres tú, el que quiere luchar contra el pecado? ¿No tienes tú pecados?”. Y se van. La mujer queda libre, pero no huye. Aquel rabino le abre un mundo nuevo. Se siente muy lejos de su miedo, del odio de los demás, del conflicto que siempre nace entre ella y los hombres. Nunca había sido así: interior, pacífica, pura, porque adivina muy bien que está ante la pureza infinita. Él es sin pecado. Podría aplastarla o desecharla con desprecio o con disgusto. Inexplicablemente ella se siente amada, como nunca lo había sido, por alguien que la acepta tal como es, pero queriéndola mejor, seguro de que puede ser mejor. Diálogo pudoroso que deja intacto el silencio. Ella comprende que con él hay que escuchar. “No te condeno. Vete, pero no peques más” (Jn 1, 17).

Todo está dicho. Ni la ley, ni las conveniencias sociales, ni el miedo pueden hacerla cambiar como aquella voz a la vez tan firme y tan buena. No cabe complicidad con el pecado. “No peques más”. Pero un amor tan grande la crea de nuevo. Podemos mirar a Jesús en este momento para aprender de él a condenar con claridad un pecado sin aplastar al culpable, dándole por el contrario todas oportunidades, recreándolo. Pero no hemos de ponernos demasiado pronto en el sitio de Jesús. Somos nosotros esa acusada y con frecuencia somos también los acusadores. Dejemos que el silencio de Jesús nos penetre para recibir profundamente sus palabras de juez que nos ama: “Tú querías condenar el pecado y ahora estás mirando tu corazón. No te condeno, pero quiero que salgas de ahí. No peque más”, dejarse cambiar, no por la ley o la moral o el miedo, sino por el amor de Jesús.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTIFONA DE ENTRADA Sal 42, 1-2

Hazme justicia, oh, Dios, defiende mi causa contra gente sin piedad; sálvame del hombre traidor y malvado, porque tú eres mi Dios y mi fortaleza.

 

 ORACION COLECTA

Te pedimos, Señor Dios nuestro, que, con tu ayuda, avancemos animosamente hacia aquel mismo amor que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del Profeta Isaías 43, 16-21

Esto dice el Señor, que abrió camino en el mar y una senda en las aguas impetuosas; que sacó a batalla carros y caballos, la tropa y los héroes: caían para no levantarse, se apagaron como mecha que se extingue. «No recuerden lo de antaño, no piensen en lo antiguo; miren que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notan? Abriré un camino en el desierto, corrientes en el yermo. Me glorificarán las bestias salvajes, chacales y avestruces, porque pondré agua en el desierto, corrientes en la estepa, para dar de beber a mi pueblo elegido, a este pueblo que me he formado para que proclame mi alabanza».

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 125)

 

El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

 

Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sion, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. R.

 

Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos». El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. R.

 

Recoge, Señor, a nuestros cautivos como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. R.

 

Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas. R.

 

 SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 3, 8-14

Hermanos: Todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por Él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en Él, no con una justicia mía, la de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe.

Todo para conocerlo a Él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, con la esperanza de llegar a la resurrección de entre los muertos. No es que ya lo habrá conseguido o que ya sea perfecto: yo lo persigo, a ver si lo alcanzo como yo he sido alcanzado por Cristo, Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio, Solo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, hacia el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO JI 2, 12-13

Ahora -dice el Señor-, conviértanse de todo corazón, porque soy compasivo y misericordioso.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Juan 8, 1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a Él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».

Le preguntaban esto para compro-meterlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos, Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó: «Ninguno, Señor». Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Hermanos, reunidos en la oración y en la esperanza, presentemos al Señor las necesidades de la Iglesia y de todo el mundo.

 

1. Por el pueblo cristiano; que el Señor nos aumente siempre el deseo de conocer mejor a nuestro Dios de amor y de misericordia. Roguemos al Señor.

 

2. Por quienes sean favorecidos por nuestro desprendimiento y por nuestras privaciones de esta Cuaresma y de toda nuestra vida; que Dios los aliente con verdadera esperanza. Roguemos al Señor.

 

3. Por quienes necesitamos paz, justicia y amistad; que Dios nos revele la hermosura de su amor, por nuestros propios actos de caridad fraterna. Roguemos al Señor.

 

4. Por nuestra asamblea y por todas las personas que conocemos; que la presencia del Pan vivo del cielo entre nosotros, nos sostenga en nuestra vida de oración y de caridad. Roguemos al Señor.

 

¡Dios todopoderoso, que alimentas nuestros cuerpos y nuestras almas!; ven en ayuda de todos los que necesitamos de tu amor, y realiza en nosotros cuanto te pedimos con santa esperanza, por Cristo.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Escúchanos, Dios todopoderoso, y, por la acción de este sacrificio, purifica a tus siervos, a quienes has iluminado con las enseñanzas de la fe cristiana. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNION Jn 8, 10-11

¿Mujer, ninguno te ha condenado? Ninguno, Señor. Tampoco yo te condeno. En adelante no peques más.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Te pedimos, Dios todopoderoso, que nos cuentes siempre entre los miembros de Cristo, cuyo Cuerpo y Sangre hemos recibido. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 07: Dn 13, 1-9.15-17.19-30.33-62; Sal 22, 1-3ª. 3b-4.5.6; Jn 8, 1-11

Martes 08: Nm 21, 4-9; Sal 101, 2-3. 16-18. 19-21; Jn 8, 21-30

Miércoles 09: Dn 3, 14-20.91-92.95; Sal Dn 3, 52. 53. 54. 55. 56; Jn 8, 31-42.

Jueves 10: Gn 17, 3-9; Sal 104; 4-5.6-7. 8-9; Jn 8, 51-59

Viernes 11: Jr 20, 10-13; Sal 17, 2-3ª. 3bc-4. 5-6. 7; Jn 10, 31-42

Sábado 12: Ez 37, 21-28; Sal Jr 31, 10. 11-1 2ab.13; Jn 11, 45-57

Domingo 13: Is 50, 4-7; Sal 21, 8-9. 17-18ª. 19-20. 23-24; Flp 2, 6-11; Lc 22, 14—23, 56

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Jn 8, 1-11

 

1.-  A/LEY

Confrontación judicial entre Jesús y la autoridad religiosa judía. Jesús testimonia en favor de un orden basado en el amor; la autoridad judía, en favor de un orden viejo basado en la ley.

En el evangelio de hoy, Juan nos ofrece un caso de este doble testimonio. Los letrados y fariseos actúan desde la ley (Lv 20, 10; Dt 22, 22). Su testimonio es orgulloso, prepotente; exhiben al reo (la mujer) como una presa de su buen hacer moral, e incluso se permiten servirse de ella para hacer otra presa (Jesús). Dilema: Si Jesús perdona, va contra la ley; si aprueba la condena de muerte, contra la autoridad romana (porque desde el año 30 las condenas a muerte dependen del gobernador romano).

Jesús testimonia desde un orden nuevo. Es curioso el hecho de que muchos códices omitan el episodio de la adúltera; sin duda la indulgencia de Jesús le debió parecer excesiva. Y tal vez muchos de nosotros seamos del mismo parecer. Los v. 6 al 11 son de una maestría y belleza fuera de serie.

Jesús testimonia desde un orden nuevo, hecho de respeto, de delicadeza, de comprensión, de amor. Jesús quiere superar todo régimen legal. Más adelante dirá: "Vuestros juicios siguen normas humanas; yo no llevo a nadie a juicio" (Jn 8, 15). Sólo desde esa instancia superadora del legalismo cobran sentido y adquieren efectividad las últimas palabras: "Anda, y en adelante no peques más".

EUCARISTÍA 1989, 12


 

2.- El lenguaje y el estilo del presente pasaje no es ciertamente nada característico del Evangelio según san Juan. Por otra parte, algunos manuscritos antiguos presentan esta narración después del capítulo XXI, v. 38, del evangelio de San Lucas. Muchos exégetas se inclinan a pensar que nuestro texto ha sido introducido en el Evangelio según San Juan a partir del evangelio de san Lucas. En esta narración aparece cuál es la actitud personal de Jesús ante el pecador. Jesús no ha venido a condenar sino a salvar (cf. 3, 17; Lc. 19, 10). Además, Jesús compromete a los hombres para que no se erijan a sí mismos en jueces contra nadie y consideren su propio pecado personal.

La escena tiene lugar en el Templo, por la mañana. Allí está Jesús sentado en el suelo y rodeado de un puñado de discípulo, enseñando al pueblo. El tribunal juzgaba habitualmente en el ámbito del templo. Algunos fariseos y escribas observan a Jesús que está también allí. Ellos saben muy bien cómo Jesús trata a los pecadores, ellos se han escandalizado de su conducta y han criticado que se siente a comer con los publicanos. Estos escribas y fariseos comprenden que no deben dejar escapar la ocasión para comprometer al maestro delante del pueblo. Entienden que Jesús no va a ser capaz de condenar a la mujer adúltera ya que va a poder más su misericordia que el peso de la ley de Moisés. Esperan acusar a Jesús de desacato a la ley ante el Sanedrín. Así que, ni cortos ni perezosos, llevan a la mujer adúltera y la ponen en medio del corro acusándola ante Jesús y todos los presentes.

Escribas y fariseos citan la pena señalada por la Ley contra las mujeres sorprendidas en adulterio. El Dt 22, 23 s. condena a la mujer desposada que haya cometido adulterio con un extraño en su propio pueblo a que sea lapidada; el Lv. 20, 10 condena tanto al hombre como a la mujer adúltera a la pena de muerte; Ez. 16, 38. 40, presupone que todos los adúlteros deben ser condenado a muerte por lapidación. Los rabinos introdujeron más tarde algunas mitigaciones al respecto, pero no parece que esto sucediera ya en los tiempos de Cristo.

Jesús, sentado en el suelo, según costumbre, puede escribir perfectamente en el polvo. No se trata de qué escribiera, pues se trata más bien de un gesto para mostrar su desinterés y el deseo de que lo dejen en paz. Sin embargo, ante la insistencia de los acusadores, Jesús se levanta, pero no para condenar a la mujer adúltera sino para denunciar la mala fe de estos escribas y fariseos que no querían otra cosa que comprometer a Jesús ante la opinión pública y ante el Sanedrín. Jesús no critica la dureza de la ley establecida, ni afirma que sólo puedan dictar sentencia justa unos jueces inocentes. Jesús denuncia, eso sí, que estos escribas y fariseos no son jueces legítimos y tan sólo acusadores de la mala fe, hombres que se tienen a sí mismos por justos y se erigen en jueces de los demás. Según el Dt. 17, 7, los testigos del crimen deben ser los primeros en arrojar la primera piedra contra el reo. Jesús se encara con sus enemigos y les dice que comience a tirar la primera piedra el que de ellos se encuentre sin pecado. La palabra de Jesús y su actitud contra estos hipócritas produjo el efecto deseado. Jesús se sentó de nuevo, mientras sus enemigos se marchaban corridos.

Cuando todos se habían ido y quedó Jesús con sus discípulos y la mujer en medio del corro. Jesús se levantó de nuevo para pronunciar ahora una palabra de misericordia. No disculpa ciertamente la acción que ha cometido esta mujer, pero hace valer para ella la gracia y no el rigor de la justicia.

EUCARISTÍA 1986, 13


 

3.- Contexto. Jesús se encuentra en Jerusalén. Es la tercera vez que el autor del cuarto Evangelio sitúa a Jesús en esta ciudad con ocasión de una gran fiesta judía. La ocasión, sin embargo, queda relegada a un segundo plano y sólo le sirve al autor como trasfondo para realzar a Jesús. Quien tenga sed, que se acerque a mí; quien crea en mí, que beba. Su persona es una incógnita para la gente. Según unos, es bueno; según otros, desorienta, induce a error, suplanta a Moisés y a la ley por él promulgada.

Texto. Una primera indicación breve sitúa a Jesús en una de las explanadas del templo, enseñando a la gente que acudía a él. En el cuarto Evangelio acudir a Jesús presupone haber roto con otros centros y personas. La indicación sirve de telón de fondo a todo lo que sigue. El primer plano escénico lo ocupa una mujer adúltera traída por los letrados y los fariseos, pero el primer plano argumental lo acapara una pregunta, formulada por esos mismos letrados y fariseos; Moisés nos manda en la ley apedrear a las adúlteras. Tú, ¿qué dices? La pregunta apunta a una disyuntiva: o Moisés o Jesús. De ahí su carácter comprometedor.

Moisés era vivenciado como la esencia misma de lo judío; el promulgador de la Ley de Dios, Ley a su vez del Estado. Suplantar a Moisés era echar abajo la obra misma de Dios. El que de vosotros esté sin pecado, que le tire la primera piedra. Estas palabras relegan el plano argumental a segundo término y devuelven al plano escénico su preeminencia. Estando como están, flanqueadas por sendos silencios de un Jesús escribiendo en el suelo, la frase es de las que impactan. Va dirigida a los letrados y a los fariseos, es decir, a los intérpretes de la Ley de Dios y a los celosos cumplidores de la misma, respectivamente. Ellos y la adúltera son los importantes, no la Ley de Dios.

El final es sencillamente fascinante. Lo mejor es que lo releas de la pluma de su autor. Intérpretes y cumplidores de la Ley reconocen que también ellos son pecadores. Ellos y la adúltera necesitan cambiar. Pero de momento Jesús ha conseguido que una adúltera no sea condenada por otros pecadores.

Comentario. El texto es perfectamente inteligible en clave de hijo mayor e hijo menor de la parábola de Lucas del domingo pasado. Tanto uno como otro tienen algo en que cambiar, los que cumplen la Ley de Dios y los que no la cumplen. Más aún, los que la cumplen no tienen ningún derecho a recriminar ni a condenar a los que no la cumplen.

El hermano mayor del texto de hoy tiene algo que no aparecía en el mayor del domingo pasado: el reconocimiento de su propio pecado. Este reconocimiento le desarma en su agresividad contra otros pecadores.

El texto de Juan plantea además otra problemática en torno al puesto y papel de la Ley en la vida cristiana. No es éste el lugar para extenderse en esta problemática. Pero sí hay que afirmar con toda claridad que no debe ni puede ser la Ley la instancia suprema del cristiano CR/LEY: . La persona y el comportamiento de Jesús quitan a la ley toda pretensión de preeminencia. Gracias a un texto como el de hoy sabemos con absoluta certeza que la obra de Dios no pasa por la mediación de la Ley hecha código.

Cuando esto sucede es cuando se gestan los hermanos mayores con toda su carga de intransigencia y de displicencia.

ALBERTO BENITO - DABAR 1989, 17


 

4.- Comentario. Moisés es mucho más que una figura histórica de prestigio; encarna la razón y el ser mismo de lo judío. Entre los sabios judíos existían profundas discrepancias en materia de interpretación de la Ley de Moisés, pero jamás uno de ellos osaba equipararse a Moisés. ¡Pues es precisamente esto lo que a Jesús se le propone! No se le pregunta: tal rabino dice esto; tú ¿que dices? Se le pregunta: Moisés dice esto; tú, ¿qué dices? O Moisés o Jesús. Lo que se plantea es una disyuntiva que afecta a la esencia misma de lo judío. Ello explica el carácter comprometedor de la disyuntiva, ya que de la respuesta podía derivarse un motivo cierto y válido de acusación ante el Sanedrín o Tribunal Supremo. Sin duda, esta disyuntiva confiere gravedad a los silencios de Jesús. Y, sin embargo, a través del gesto de escribir en tierra, el autor ha logrado convertir esos silencios en una maravillosa escuela de fantasía, a base de invitar a cada uno a un ejercicio de propia introspección. En lenguaje de los evangelios sinópticos, este ejercicio llevaría el nombre de conversión, a la que Lucas nos ha invitado también en los dos domingos anteriores, a todos, pero muy especialmente al hijo mayor, es decir, a los "buenos". Los mismos que hoy traen a la adúltera (hijo menor).

Ella, por supuesto, ha actuado mal. De ahí la invitación que Jesús le hace a no pecar en adelante. Sin embargo, no es ella el hijo problemático. Lo mismo que el domingo pasado, el problemático sigue siendo el mayor. Hoy entrevemos que su problema radica en la Ley y en su modo de vivirla. Tal vez por eso, el autor nos ha dado ya la solución al problema al comienzo mismo de la obra: La Ley se dio por medio de Moisés, la Gracia y la Verdad se han hecho realidad por medio de Jesús (/Jn/01/17).

Ley es una cosa; gracia y verdad son otra. Letrados y fariseos saben de lo primero; la adúltera sabe de la gracia y la verdad de Jesús. Este momento del relato es sencillamente fantástico. Todos se han ido. Quedan solos Jesús y la adúltera. La Ley manda apedrearla. Véase Levítico 20, 10 y Deuteronomio 22, 22. Toca, pues, a Jesús ejecutar la sentencia. Pero a cambio escuchamos: Tampoco yo te condeno. Algo maravilloso y más allá de la Ley acaba de acontecer. Es a lo que Juan se refiere cuando habla de gracia y de verdad.

ALBERTO BENITO -DABAR 1986, 19


 

5.- Comentario. Con el dato del v. 2 el autor expresa el cambio de situación operado. Es una indicación crítica: lo nuevo frente a lo viejo, el vino frente al agua, la gracia frente a la ley. Acudiendo a Jesús, la gente opta por lo nuevo, por el vino, por la gracia, dejando lo viejo, el agua, la ley. Y es precisamente este último punto, el de la ley, lo que el texto va a abordar. Un asunto de capital importancia en todo cuerpo social. Letrados y fariseos representan la ley legítimamente establecida; defienden la ley; piden que se cumpla. Lo que en última instancia piden a Jesús es que se pronuncie sobre la ley: ¿Debe o no existir un cuerpo legal, un código de leyes? Este es el fondo de la cuestión y por ello mismo se trata de un reto, de una prueba. Una auténtica y real prueba. ¿Qué piensa Jesús del código?

Querido lector: hay que ser claros. Jesús se ausenta, es decir, no está por el código. ¡Qué maravilloso e indecible es el gesto de Jesús escribiendo en tierra! No encuentro otro comentario mejor que estas palabras del mismo Jesús en el evangelio de Mateo: "venid a mí todos los que estáis rendidos y agobiados. Yo os aliviaré el peso. Cargad con mi yugo y aprended de mí. Soy sencillo y humilde. Encontraréis alivio, pues mi yugo es soportable y mi carga ligera" (/Mt/11/28-30). Esto sí que es aire fresco y gracia. Un código puede conseguir que una adúltera muera; sólo un Jesús puede conseguir que una adúltera empiece a vivir: "Vete, y desde ahora no peques más".

DABAR 1983, 20


 

6.- La cuestión de la mujer sorprendida en adulterio ponía a Jesús en un verdadero aprieto. En caso de adulterio, el marido ponía la demanda de divorcio, que era concedido automáticamente. El adulterio propiamente dicho sólo se daba cuando un hombre casado tenía relaciones sexuales con una mujer casada o prometida (en este sentido el noviazgo, equivalía al matrimonio). El casado sólo podía violar el matrimonio de otro, no el suyo propio. Porque la fidelidad conyugal absoluta sólo pesaba sobre la mujer que en virtud del contrato matrimonial pasaba a ser propiedad del varón. El precepto, por tanto, tendía sobre todo a proteger el derecho del casado a la propiedad exclusiva de la mujer. Sobre el adulterio pesaba la pena de muerte.

Hay que imaginarse la escena. "Jesús se presentó de nuevo en el templo y todo el pueblo acudía a él y, sentándose, les enseñaba". Entonces un grupo de "letrados y fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, la colocan en medio del corro, y le dicen a Jesús: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La Ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras: tú ¿qué dices? Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo". El evangelista advierte que se trata de un lazo, de una trampa. Esperaban enredar a Jesús en esa penosa materia y que diera una respuesta, siempre comprometedora, ante los doctores de la Ley. De mostrarse severo, se vería que su pretendida clemencia y hermandad no era más que mera apariencia; si, por el contrario, se mostraba indulgente, se ponía en contra de la Ley de Moisés y la cosa no encajaría con su piedad. Cualquier clase de respuesta es una trampa para Jesús. La pregunta insidiosa presenta semejanzas con el relato acerca de la moneda del tributo.

Pero Jesús reacciona aquí con la misma grandeza soberana. "Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo". Esta es la primera reacción de Jesús a la pregunta que se le hace. Empieza por no dar respuesta alguna, dejando plantados a los interpelantes con la mujer, se inclina y escribe con el dedo en el suelo. No es fácil la interpretación de tales gestos; pueden significar un desinterés por todo el asunto y también pueden tener un sentido simbólico, Algunos comentaristas piensan en esta palabras de Jeremías: (17, 13) "Tú, Señor, esperanza de Israel. Todos cuantos te abandonan serán destruidos. Quienes de ti se apartan serán escritos en tierra, por haber dejado al Señor, la fuente de agua viva" (según LXX).

Se trataría de una acción simbólica: en realidad, Dios tendría que escribir a todos los hombres en el polvo. Después se incorpora Jesús y pronuncia unas palabras que, sin duda se encuentran entre las más importantes y que, con razón, han alcanzado la categoría de una sentencia insuperable. "El que de vosotros esté sin pecado, que le tire la primera piedra". En la ejecución de una sentencia de muerte por lapidación los primeros testigos tenían también el derecho a tirar la primera piedra. Con ello asumían la plena responsabilidad de la ejecución capital. La afirmación indica que tal responsabilidad sólo podía asumirla quien se sabe personalmente libre de cualquier pecado y fallo. Sólo una persona por completo inocente podía tener derecho a declarar culpable y ejecutar a un semejante. Pero ¿quién es ese por completo inocente?

No hay ninguna palabra de Jesús que exprese de manera tan categórica la corrupción de todos los hombres por el mal. Es una palabra lapidaria con la claridad cortante de una verdad que penetra hasta lo más profundo. Jesús la lanza sin ningún otro comentario y vuelve a inclinarse para seguir escribiendo en el suelo. Y es esa palabra la que actúa, afectando a todos hasta lo más íntimo.

Y los acusadores van desapareciendo uno tras otro, siendo los más ancianos los que con su mayor experiencia de la vida empiezan por desfilar. Nada tienen que oponer a la palabra de Jesús y así se largan uno tras otro; incluso los más jóvenes, que todavía no conocen tan bien la vida ni a sí mismos, se sienten inseguros y desaparecen. Y quedan solos, la mujer, que estaba en el centro y Jesús: "sólo dos han quedado -dice S. Agustín- la miseria y la misericordia".

Ahora es cuando Jesús se encuentra realmente con la mujer, a la que mira cara a cara al templo que le pregunta "¿Nadie te ha condenado?" La mujer se encuentra frente a Jesús con su pobre humanidad, con su culpa y su vergüenza. "Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no peques más".

Jesús no quiere condenar, sino liberar, con su decisión asegura la vida a la mujer, dándole así un nuevo impulso vital, una nueva oportunidad. Cierto que Jesús no declara por bueno lo que la mujer ha hecho. Lo que Jesús desea es este nuevo comienzo para la mujer.

Esta historia pertenece a las cumbres más altas del evangelio, porque en ella se revela de una manera visible todo el sentido de la salvación que Jesús nos ofrece. No es como la que ofrece Juan el Bautista; para el Bautista, la conversión es la condición para recuperar la comunión con Dios, para volver a ingresar en la comunidad del pueblo de Dios. Jesús va al encuentro de los hombres y los acoge en la comunión divina, en el ámbito del amor de Dios que otorga vida y confía en que tal comportamiento, ese perdón de los pecados, pueda tocar al hombre en lo más íntimo, a fin de moverle de esa manera a la conversión. El perdón de los pecados que Jesús otorga gratuitamente provoca la conversión; la conversión es la consecuencia del perdón, no su condición propia. Este es el nuevo orden -el Reino de Dios- que Dios hace presente en el mundo mediante la palabra y la vida de Jesús, su Hijo, un orden en el que Dios se manifiesta a los hombres fundamentalmente como el Dios del amor incondicional, lo cual se ve claramente en el perdón incondicional de los pecados, como el que Jesús practica, El hombre vuelve a encontrarse a sí mismo, al saberse amado y acogido por Dios. Es una liberación de todas las presiones y miedos.


 

7.- Este fragmento presenta un problema de crítica textual. Se trata de una narración insertada en el evangelio de Juan de forma posterior: lo confirma el hecho de no encontrarse en ninguno de los textos griegos orientales importantes y que ningún comentarista griego lo conoce antes del 900. Sí, en cambio, era conocido desde antiguo en Occidente y san Jerónimo lo incluye en la Vulgata. Pese a este problema, es un texto canónico y sintoniza perfectamente con el modo de actuar de Jesús. Una hipótesis sobre el retraso en entrar en el texto evangélico sería el choque que produciría esta acción de Jesús comparada con la disciplina penitencial de la primera comunidad. También es preciso notar que la narración no tiene el estilo de los textos joánicos, sino que se parece más al estilo y al pensamiento del evangelio de Lucas. Incluso en algunos antiguos manuscritos se encuentra situado en este evangelio.

- "Los letrados y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio": Traen a Jesús una mujer acusada de adulterio para que se defina sobre la conveniencia de aplicarle la pena capital prevista en la Ley de Moisés. No hay coincidencia al afirmar si el Sanedrín tenía en este momento competencias para ejecutar este tipo de sentencias. Propiamente el evangelio de Juan niega esta capacidad (18,31). Por eso la pregunta a Jesús es una trampa: si la absuelve va contra la Ley, si la condena se enfrenta con el poder romano; es un dilema idéntico al de la cuestión sobre el pago del tributo al César.

- "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra ": Una primera impresión sería que Jesús se muestra indiferente ante el pecado: se entretiene dibujando en el suelo y da una respuesta que parece imposibilitar cualquier juicio humano. Es preciso, sin embargo, situar la actitud y las palabras de Jesús en relación con la motivación del dilema que se le presenta. La mujer, el pecado y la Ley están en manos de los fariseos como unos simples juguetes para poner en falso a Jesús. Por eso devuelve al pecado y a la Ley toda su fuerza para hacerlos recaer sobre los acusadores. Y a la mujer le devuelve la paz, con el perdón y un futuro nuevo: "Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más". No excusa el pecado, pero perdona al pecador. Quizás el impacto de la narración lo podríamos resumir recordando el comentario de san Agustín: "Dos se encontraron, la miseria y la misericordia".

JOAN NASPLEDA - MISA DOMINICAL 1995, 4