“¡LLEGA EL ESPOSO, SALGAN A RECIBIRLO!”

COMENTARIO
Podemos imaginar a diez doncellas de honor con sus
vestidos alegres, sus sonrisas, el novio algo serio, la novia radiante, pero,
una palabra dura viene a deshacer los sueños: cinco de aquellas muchachas eran
“necias”. El proyector quedará fijo sobre ellas e irá detallando con crueldad
su falta de sentido común. Inútil hacer preguntas sobre las cinco “sensatas”
que se niegan brutalmente a compartir su aceite: no es ese el problema. Una
parábola traza su camino sin preocuparse de los elementos que no casan.
Intentemos así ir directamente a la elección de
ese aceite que escasea, ¿Qué falta corre el peligro de hacer de nosotros unos
hombres necios?.
El necio de la parábola es el cristiano que había
partido bien, pero que no se ha fijado en las distancias, que cae de nuevo
enseguida en su vida vulgar, poco evangélica. Las cinco necias representan los
alientos cortos, la gente desarmada ante las esperas y la duración del tiempo.
Corren el peligro de verse asustadas ante el gripo repentino: “¡Qué llega el novio!
Salgan a recibirlo. Uno piensa sin embargo en ese encuentro final. Se sabe que
para que tengan éxito hay que encontrar ya a Jesús aquí abajo, en la oración,
en la eucarística, en el evangelio, en los sacramentos del hermano (Mt 25, 40).
Pero todas esas cosas cuestan, y se dan largas sin fin: “Mañana empezaré en
serio”. ¡Se cree uno dueño del tiempo!
Incluso
cuando durante un retiro, bajo el choc de un acontecimiento o de un testimonio
desconcertante, tenemos un fuerte encuentro con Jesucristo, no escuchamos
bastante su advertencia urgente y casi ansiosa, ya que nos conoce muy bien:
“¡Vigilen!”, ¡Vigilen! Que no saben el día ni la hora”.
¿Hay que
pensar entonces tan sólo en esa hora? No, estar dispuesto ante el gran grito es
vivir lo más intensamente posible lo que uno está viviendo. La espiritualidad
del presente”, o sea el bueno uso de la vida cotidiana, nos convierte en los
mejores candidatos para el encuentro. Sentido evangélico del tiempo: el aceite
para mañana se compra hoy. Hay que tener valentía para vivir a pleno tiempo el
evangelio, sea cual fuere la duración de ciertos períodos difíciles.
Si no... Hay
que llegar hasta el fondo de estas bodas tristes, aplastar las narices contra
el portón cerrado, escuchar las palabras más duras todavía que aplastan toda
esperanza: “No los conozco”. El último día, Jesús no podrá reconocer más que a
“los suyos” a los que hayan intentado ser una luz de evangelio sin descanso,
reponiendo constantemente su provisión de aceite.
Si este
tremendo “no los conozco” no impresiona tal como Jesús quiere que nos
impresione, reflexionemos sobre los dos comportamientos, el de las sensatas y
el de las necias. ¿Dónde está nuestra lámpara?
R.P. Roland Vicente Castro Juárez
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 87, 3
Llegue hasta ti mi súplica, inclina tu
oído a mi clamor, Señor.
ORACIÓN COLECTA
Dios
de poder y misericordia, aparta, propicio, de nosotros toda adversidad, para
que, bien dispuestos cuerpo y espíritu, podamos aspirar libremente a lo que te
pertenece.
PRIMERA LECTURA
Lectura
del libro de la Sabiduría 6, 12-16
Radiante e
inmarcesible es la sabiduría, la ven con facilidad los que la aman y quienes la
buscan la encuentran. Se adelanta en manifestarse a los que la desean. Quien
madruga por ella no se cansa, pues la encuentra sentada a su puerta. Meditar
sobre ella es prudencia consumada y el que vela por ella pronto se ve libre de
preocupaciones. Pues ella misma va de un lado a otro buscando a los que son
dignos de ella; los aborda benigna por los caminos y les sale al encuentro en
cada pensamiento.
SALMO RESPONSORIAL (Salmo 62, 2-8)
Mi
alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
Oh, Dios,
tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene
ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R.
¡Cómo te
contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más
que la vida, te alabarán mis labios. R.
Toda mi
vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y
de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R.
En el lecho
me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la
sombra de tus alas canto con júbilo. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-18
No queremos
que ignoren, hermanos, la suerte de los difuntos para que no se aflijan como
los que no tienen esperanza. Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de
igual modo Dios llevará con Él, por medio de Jesús, a los que han muerto. Esto
es lo que les decimos apoyados en la Palabra del Señor: nosotros los que
quedemos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que hayan muerto;
pues el mismo Señor, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina,
descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar;
después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos
entre nubes al encuentro del Señor, por los aires. Y así estaremos siempre con
el Señor. Consuélense, pues, mutuamente con estas palabras.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 24, 42a.44
Aleluya.
Estén en vela y preparados, porque a la
hora que menos piensen viene el Hijo del Hombre.
Aleluya.
SANTO EVANGELIO
Lectura
del santo Evangelio según san Mateo 25, 1-13
En aquel
tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Se parecerá el Reino de los
Cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del
esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. Las necias, al tomar
las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron
alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas
y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salgan
a su encuentro!". Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se
pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes:
"Dennos de su aceite, que se nos apagan las lámparas". Pero las
prudentes con-testaron: "Por si acaso no hay bastante para ustedes y
nosotras, mejor es que vayan a la tienda y se lo compren".
Mientras
iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él
al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las
otras vírgenes, diciendo: "Señor, señor, ábrenos". Pero él respondió:
"En verdad les digo que no las conozco". Por tanto, velen, porque no
saben el día ni la hora».
ORACIÓN UNIVERSAL
Oremos
por todos los hombres y por sus necesidades, para que nunca falte a nadie la
ayuda de nuestra caridad:
1.- Para
que la Iglesia viva en el mundo en paz, crezca constantemente y persevere con
alegría en la presencia del Señor, confortada por el Espíritu Santo. Roguemos
al Señor.
2.- Para
que el Señor conceda a los que gobiernan el espíritu de sabiduría y de
prudencia, a fin de que rijan a sus pueblos pensando en el bien y la
prosperidad de todos. Roguemos al Señor.
3.- Para
que Dios Padre libere al mundo de toda hambre y miseria, y auxilie a los que
son tratados injustamente. Roguemos al Señor.
4.- Para
que todos nosotros realicemos nuestro trabajo con espíritu cristiano y
consigamos frutos abundantes por nuestras buenas obras. Roguemos al
Señor.
Señor
Dios, que miras complacido a los que aman tu sabiduría, haz que seamos dignos
partícipes del banquete de bodas de tu Hijo; que no se apague el aceite de
nuestras lámparas mientras esperamos su venida. Él, que vive y reina por los
siglos de los siglos.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira
con bondad, Señor, los sacrificios que te presentamos, para que alcancemos con
piadoso afecto lo que actualizamos sacramentalmente de la pasión de tu Hijo.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
ANTIFONA DE COMUNIÓN Salmo 22:1-2
El Señor es
mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia
fuentes tranquilas.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Alimentados
con este don sagrado, te damos gracias, Señor, invocando tu misericordia, para
que, mediante la acción de tu Espíritu, permanezca la gracia de la verdad en
quienes penetró la fuerza del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes 09: Ez 47, 1-2. 8-9.12; Sal
45, 2-3. 5-6. 8-9; 1Co 3, 9c.11.16-17; Jn 2, 13-22
Martes 10: Tt 2, 1-8. 11-14; Sal
36, 3-4. 18 y 23. 27 y 29; Lc 17, 7-10
Miércoles 11: Tt 3, 1-7;
Sal 22, 1b-3ª. 4.5.6; Lc 17, 11-19
Jueves 12: Flm
7-20; Sal 145, 7.8-9ª.9bc-10; Lc 17, 20-25
Viernes 13: 2Jn
4-9; Sal 118, 1.2.10.11.17.18; Lc 17, 26-37
Sábado 14: 2Jn
5-8; Sal 111, 1-2. 3-4. 5-6; Lc 18, 1-8
Domingo 15: Pr
31, 10-13.19-20.30-31; Sal 127, 1bc-2. 3.4-5; 1Ts 5, 1-6; Mt 25, 14-30
COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 25, 1-13.
1.-
Comenzamos a leer hoy el cap. 25 de Mt, que terminaremos dentro de 15 días, en
la solemnidad de Cristo Rey. Para situar la parábola de hoy en su ambiente,
citamos estas palabras de J. Jeremías: "Después de que el día se ha pasado
en bailes y otras diversiones, tiene lugar la cena de la boda después de la
caída de la noche. A la luz de las antorchas es conducida luego la novia a la
casa del esposo. Finalmente, un mensajero anuncia la llegada del esposo, que
hasta entonces ha tenido que permanecer fuera de la casa; las mujeres dejan a
la novia y van con antorchas al encuentro del esposo... La demora está
ocasionada por el regateo sobre los regalos a los parientes más cercanos a la
novia... El punto cumbre de las fiestas de la boda es la entrada del novio en
la casa" (Las parábolas de Jesús, pág. 210-211). (...)
La mejor
explicación de la actitud que se expresa con el hecho de velar nos la dan las
dos parábolas restantes de Mt 25.: una vida de fidelidad al don recibido y de
servicio a los demás, especialmente a los pequeños (cfr. evangelio del próximo
domingo y de Cristo Rey). Dentro del ministerio de Jesús, la parábola debió
tener una primera aplicación. Con él se ha hecho presente el Reino de Dios, él
es el Esposo que invita a la fiesta de bodas y esto exige una respuesta
personal antes de que se cierre la puerta. La comunidad de Mt y la Iglesia de
todos los tiempos se sirve también de ella para reforzar su llamada -siempre
urgente- a tomar una decisión ante Xto y a vivir de tal manera que se esté a
punto de recibirle en cualquier momento y a recibirlo en cada hermano.
J. ROCA -
MISA DOMINICAL 19/81/21.
2.- OMISIÓN. NEUTRALIDAD. EL TEÓRICO "NO HACER
NADA MALO" ES TAMBIÉN UNA MANERA DE HACER EL MAL. ALGO ASÍ COMO EL NEGAR
AUXILIO EN CARRETERA.
Las cinco
jóvenes poco previsoras reciben una dura sentencia condenatoria sin haber hecho
nada malo. Ni siquiera maltrataron a los criados, como el mayordomo infiel.
Tropezamos aquí con el tema clásico de la omisión y la neutralidad. El teórico
"no hacer nada malo" es también una manera de hacer el mal. Algo así
como el negar auxilio en carretera. Es no dar de comer al hambriento, es no
vestir al desnudo. La neutralidad no existe. Todos estamos siempre comprometidos.
Lo importante es saber con qué o con quién.
EUCARISTÍA
1990/52.
3.- I/SANTA-PECADORA: DIEZ VÍRGENES, NECIAS Y SENSATAS,
IMAGEN DE LA IGLESIA ANTES DE LAS BODAS.
Los
primeros cristianos han querido ver a la Iglesia-esposa en las diez vírgenes,
tanto las prudentes como las necias, pues la Iglesia, antes que las bodas se
celebren, está compuesta de buenos y pecadores; en este sentido esta parábola
tiene mucha semejanza con la red que recoge toda clase de peces, buenos y menos
buenos (Mt 13, 48), a la sala de banquetes donde se reúnen justos y pecadores
(Mt 22. 10), al campo, donde crecen tanto la buena como la mala semilla (Mt 13.
24-30). La Iglesia es, pues, semejante a un cortejo de hombres que caminan
hacia el Señor; de ellos, unos tienen encendidas las lámparas de su vigilancia,
mientras que los restantes no se preocupan de alimentar su fe. Los primeros
procuran vivir sin dispersar su atención en mil cosas fútiles, ya que han
escogido a Cristo y ponen los medios necesarios para permanecer fieles a Él;
los otros se contentan con una pertenencia al grupo de los creyentes puramente
sociológica. La discriminación sólo se hará al término del periplo de la
Iglesia sobre la tierra, en el día de las nupcias de Cristo con la humanidad
que permanezca fiel.
MAERTENS-FRISQUE
- NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA VII - MAROVA MADRID 1969. Pág. 251s.
4.- La
primera impresión que produce la lectura de la parábola de las vírgenes
prudentes y necias es un interrogante: ¿qué pasaría si las prudentes hubieran
prestado el aceite y todas tuvieran las lámparas encendidas?, ¿castigaría el
Buen Dios a las que compartieron el aceite? Si Jesús quisiera decir eso que
pensamos a primera vista habría que hablar de una contradicción y constatar
inmediatamente que el mismo Jesús nos manda multitud de veces repartir nuestro
aceite.
La
conclusión es fácil: Jesús está hablando de alguna exigencia que no se puede
resolver con aceite prestado. Tanto en el mundo de la fe como en el de la
realidad humana hay multitud de valores que son ardua adquisición o no se
tienen.
ACEITE/SB: El aceite y la
lámpara encendida significan aquí algo personal e intransferible, que forma
parte de la propia identidad, que está o no está en toda la biografía personal.
Sin eso que aquí se significa, el hombre no es hombre, el hombre es
irreconocible incluso para Dios: "no os conozco".
¿Qué
significa tener aceite y tener lámparas encendidas? La liturgia sugiere una
cierta identidad entre el aceite de la parábola y la Sabiduría (Sb 6. 13-17), y
entre las lámparas apagadas y la aflicción desesperada ante la muerte (1 T 4,
13-17). Según esto, Dios no podría hacer nada por un hombre sin luz y sin
esperanza, y esto no porque a Dios le falte misericordia, sino por la
imposibilidad radical de poder llamar hombre a una vida sin luz y sin sentido.
Sólo nos queda una salida: o afirmamos que no hay hombres sin luz, aunque sea
mínima, o aceptar que si nos faltara ese mínimo estaríamos inevitablemente
excluidos de la fiesta del Padre. De vigilar esa sería posibilidad que pesa
sobre cada uno de nosotros nos habla la liturgia de estos domingos. ¿Se puede
ser optimista?. Parece que sí; no por lo fácil que pueda parecer tener luz,
sino porque Dios nos hizo heridos y marcados por ella. Lo leemos hoy: "La
sabiduría se anticipa a darse a conocer a los que la desean...",
"ella busca por todas partes a los que son dignos de ella".
JAIME CEIDE
- ABC/DIARIO - DOMINGO 11-11-90/Pág. 95.
5.- PARUSIA/FUTURO:
El texto
responde a una concepción de la peripecia humana con final en sintonía divina.
Se trata de una concepción global de la historia, de su sentido y dirección.
Como tal concepción global no se la puede reducir ni confundir con la muerte
individual de las personas. El desconocimiento del día y de la hora no se
refiere al hecho de nuestra muerte, de la que tampoco conocemos el momento. La
venida del Hijo del hombre no tiene nada que ver con el día de nuestra muerte.
Resulta, pues, totalmente desfasado interpretar la invitación a velar como una
invitación a estar preparados para la muerte.
El texto no
encierra tremendismos ni terrores, sino una concepción religiosa y positiva de
la historia. El acontecer humano tiene sentido y se nos invita a vivir sabiendo
que lo tiene. Por aquí va la invitación a velar.
El riesgo
que hoy corremos, tal como lo empezaban a correr los contemporáneos de Mateo,
es el pensar que el futuro divino se demora porque tal futuro no existe. Por
aquí va uno de los problemas del hombre contemporáneo. De ahí su convulsivo
aferramiento al goce del presente. El texto de hoy nos invita a salir de ese
aferramiento limitante, estéril y falto de horizonte. El asunto es grave y
ciertamente muy complejo. Pero el discípulo de Jesús debe caracterizarse, entre
otras cosas, por vivir sabedor del horizonte que arranca en Dios.
ALBERTO
BENITO - DABAR/90/55.
6.- La
parábola es una llamada a nuestra responsabilidad. Precisamente porque sabemos
que el Padre nos invita a la gran fiesta, no tenemos que dejarnos perder la
"sabiduría radiante" que, como dice la 1a. lectura es
"inmarcesible; fácilmente la ven los que la aman y la encuentran los que
la buscan".
Esta
celebración de hoy tiene que ensanchar nuestro corazón y ahondar nuestro gozo
de sabernos llamados al gran banquete de bodas: ya estamos en la casa de la
novia con las lámparas encendidas, pero aún no ha llegado el novio. Entretanto
la Eucaristía tiene que multiplicar y renovar, cada domingo, el aceite de
nuestras lámparas, la verdadera sabiduría, que es JC. Y al mismo tiempo tiene
que ser una intimación y una llamada -que bien necesitamos- a la
responsabilidad de nuestra vida cristiana.
Recordemos
otra palabra de Jesús: "Que así resplandezca vuestra luz ante los hombres
para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre del
cielo" (Mt 5. 16). Es así como tenemos que esperar al Señor: encendidas
las lámparas de nuestras buenas obras.
J. TOTOSAUS
- MISA DOMINICAL 1978/20.
7.- El
hecho de que las sensatas no den parte de su aceite significa que la actitud
que ellas representan no puede adquirirse sin preparación, sino que tiene su
precio.
El hecho de
que el Señor no les abra la puerta significa que las necias no pueden en
realidad entrar en la sala del banquete; es algo parecido a lo que sucede con
un profano en música, que no puede "entrar" en una sinfonía, sino que
siempre se quedará fuera de ella, a pesar de lo que puedan desear los músicos
(Mt 11, 17).
DOMINGO 32 DEL TIEMPO ORDINARIO
-1-
Se acerca el final del Año Cristiano.
Estamos
terminando las semanas del Año Litúrgico, y por eso las lecturas nos van
orientando hacia el final de la historia del mundo y la vuelta gloriosa del
Resucitado. O sea, hacia la escatología. Hoy, con la parábola de las doncellas
que debían estar preparadas para entrar como damas de honor al banquete de
bodas. No hemos leído, pero conocemos bien, la del ladrón que puede abrir un
boquete y entrar en casa cuando menos se le espera. El próximo domingo leeremos
la parábola de los talentos de los que hay que dar cuenta a la vuelta del amo.
Mirar al futuro es de sabios.
Sabiduría 6, 12-16. Encuentran la
sabiduría los que la buscan.
El
autor de este libro sapiencial personifica a la Sabiduría y la hace aparecer
como una mujer radiante, hermosa, inmarcesible. Les hará mucho bien a todos,
sobre todo a los gobernantes de los países, contar con ella.
Los
que la aman y la buscan la encuentran. Pero es ella misma, la Sabiduría
personificada, la que se da a conocer a los que la desean, la que está sentada
a la puerta, ya de madrugada, esperando que alguien la encuentre, la que sale
al paso de los que desean meditar y dejarse conducir por ella. Para el salmista,
Dios es la fuente de toda sabiduría y felicidad: "mi alma está
sedienta de ti, Señor, Dios mío". Por eso "por ti madrugo"
porque "tu gracia vale más que la vida". En la lª lectura se decía
que la Sabiduría madrugaba para salir al paso de los deseos de sabiduría. Ahora
es el salmista piadoso el que madruga para encontrarse con Dios.
1
Tesalonicenses 4, 13-17. A los que han
muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él.
Pablo
presenta a los cristianos de Tesalónica una catequesis sobre la suerte de los
difuntos y los acontecimientos del fin del mundo. No tienen que estar tristes
"como los que están sin esperanza". Para los cristianos es la
confianza la que debe dar color a su mirada al futuro, porque "si creemos
que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto Dios los
llevará con él".
En
la segunda parte de la lectura -que no por ser más difícil de explicar
deberíamos omitir sin más- Pablo dice lo que pasará "cuando venga el
Señor". Las primeras generaciones creían inminente la vuelta gloriosa del
Señor: recordemos que este escrito es el primero de los que se conservan del
Nuevo Testamento. Según el misterioso orden que describe Pablo, los primeros en
resucitar serán los difuntos: "él descenderá del cielo y los muertos en
Cristo resucitarán en primer lugar". Después los que todavía están vivos
iremos "al encuentro del Señor" y "estaremos siempre con el
Señor".
No
importa mucho si Pablo también creía o no en la inminencia de la vuelta del
Señor. Lo principal es la consigna de confianza y paz que él transmite. Porque
la muerte -o el fin del mundo- no va a ser la última palabra, pues Dios nos
tiene destinados a la vida, con su Hijo Jesús.
Mateo 25, 1-13. ¡Que llega el
esposo, salid a recibirlo!.
En
el evangelio de Mateo hay cinco grandes "discursos" o
"sermones" de Jesús, que en realidad son pasajes en los que el
evangelista ha querido reunir enseñanzas seguramente dispersas del Maestro. El
último de estos discursos es el llamado "escatológico", ya al final
de su vida, como prólogo al relato de la Pasión.
A
ese pasaje pertenece la parábola de las diez doncellas, que es propia de Mateo.
Como todas, está tomada de los hechos corrientes de la vida, esta vez de como
se hacían las bodas en su tiempo. El esposo tarda en llegar, y las doncellas
que están designadas para recibirle cuando llegue, se duermen. Pero cinco
tienen aceite para sus lámparas, y cinco, no. A estas necias se les cierra la
puerta del banquete mientras van a comprar aceite, y las otras cinco sí entran.
Jesús
mismo saca la lección de esta parábola: "por tanto, velad, porque no
sabéis el día ni la hora", se entiende, de la venida última del Señor.
Mirada de esperanza hacia el final de la historia.
Los
primeros cristianos vivían esperando como inminente el retorno de Jesucristo.
Pero sea cuando sea esta venida, Pablo quiere que los cristianos vivan llenos
de esperanza. Tanto si el fin del mundo sucede después de nuestra muerte o nos
encuentra vivos, todos tenemos el mismo destino en Cristo Jesús, o bien, el
mismo destino que Cristo Jesús: si él murió y resucitó, así también a nosotros
"Dios nos llevará con él", y así "estaremos siempre con el
Señor".
Lo
principal de este mensaje no es el lenguaje apocalíptico que emplea para esta
vuelta del Señor (que "desciende", que suena la "voz del
arcángel" y la "trompeta divina"), sino que todos los que
creemos en Cristo Jesús "estaremos siempre con el Señor", que
"Dios los llevará con él". Esto debe llenarnos de consuelo y
esperanza. Pablo quiere que los cristianos de sus comunidades vivan con
serenidad su vida y también la expectativa del futuro: "consolaos, pues,
mutuamente, con estas palabras".
Nosotros
no andamos preocupados precisamente por saber cuándo será el fin del mundo, a
pesar de todas las amenazas de cataclismos nucleares o cósmicos. Tal vez sí por
saber cuándo será nuestro fin personal, la hora de nuestra muerte, y cómo nos
encontrará en aquel momento el juicio de Dios. En ambas direcciones, Pablo nos
invita a la confianza. Nos impone mucho respeto el pensar en nuestra muerte.
Pero la fe cristiana debería dar a esta mirada, que lógicamente es seria y no
nos deja indiferentes, un color de esperanza, por el mismo motivo que dice
Pablo: los que creemos y seguimos a Cristo, tenemos en los planes de Dios el
mismo destino que él: "si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del
mismo modo a los que han muerto Dios, por medio de Jesús, los llevará con
él".
La verdadera sabiduría.
Hoy
se nos invita a ser sabios. La primera lectura, del libro de la Sabiduría -el
último libro del AT, escrito unos cincuenta años antes de Cristo-, nos ha
cantado las ventajas de encontrar la sabiduría auténtica, que sale a nuestro
encuentro y quiere que la busquemos: el que está con los ojos abiertos y sabe
acogerla, ese será en verdad afortunado.
Según
este libro, es fácil poseer la sabiduría. No hace falta mucha ciencia o
cultura: muchas personas sencillas, de las que seguramente hemos conocido
algunas en nuestra misma familia o entorno, han tenido ese don de la sabiduría
y han visto claramente lo que valía la pena en esta vida, mientras que otros
que se creían sabios -lo más, serían eruditos o cultos- no han dado con la
clave justa y han malogrado sus energías y su vida.
Sobre
todo, ha sido Jesús, en su parábola de hoy, narrada con pedagogía y elegancia
hasta literaria, quien nos ha puesto ante el dilema. Las muchachas que no
supieron estar atentas y preparadas para la venida del novio y no pudieron
entrar a la fiesta, son tontas. Las otras, sabias. Además de vírgenes (o sea,
muchachas solteras), se les pedía que fueran inteligentes.
Cara
al fin del mundo, o incluso a nuestra propia muerte, lo principal no es
responder a la curiosidad de saber cuándo sucederán y cómo, sino estar en vela,
preparados para que cuando lleguen esos momentos podamos afrontarlos
positivamente.
Además,
la sabiduría no sólo es esperar, sino también, como nos dice la primera lectura
de hoy, salir a su encuentro, buscarla, desearla. Así nuestra disposición
receptiva se encontrará con la iniciativa de Dios. Para nosotros, Cristo no
sólo fue el Maestro que nos transmitió "palabras", sino que él mismo
"es la Palabra" definitiva que Dios ha dicho a la humanidad. Por eso,
la Palabra de Dios que nos es proclamada en la Eucaristía, y la que podemos
leer nosotros mismos, o la que meditamos en grupo, es un alimento de auténtica
sabiduría que Dios nos ofrece.
Velad, pues.
La
Palabra de Dios nos invita repetidamente a vigilar.
En
la parábola de hoy no importa analizar si son o no verosímiles algunos de los
detalles: la tardanza precisamente del esposo, la poca solidaridad de las
muchachas prudentes, la idea de que las tiendas puedan estar abiertas a esas
horas de la noche, la dureza del esposo que cierra las puertas a los que llegan
tarde, contra todas las leyes de la hospitalidad oriental...
Lo
principal es la lección que nos da Jesús: las diez tendrían que haber estado
preparadas para cuando llegara el novio. Velar es estar alerta, despiertos,
preparados, vigilantes. Puede ser que el sueño domine a todos (las muchachas
prudentes también se durmieron), pero si uno está preparado, si "tiene
aceite para la lámpara", el dormirse no es grave ni le ha de producir
angustia, porque cuando le despierten estará preparado y será admitido a la
fiesta.
Velar
es mirar al futuro para vivir el presente con mayor motivación y
discernimiento. ¿Estamos siempre preparados?, ¿habrá aceite en nuestras
lámparas cuando nos llame el Señor a rendir cuentas?.
Debemos
permanecer vigilantes no sólo en relación a los últimos tiempos, sino a nuestra
propia muerte y también a los mil momentos importantes de "encuentros con
el Señor" que se van sucediendo en nuestra vida, que son auténticas
ocasiones de gracia (en griego, "kairoi", tiempos propicios). Si
estamos despiertos, los podemos aprovechar para ir madurando. Si estamos
dormidos o amodorrados, preocupados por otras cosas, se nos pasará la ocasión,
no sabremos descubrir a Cristo presente en los signos de los tiempos, ni en las
personas, ni en la Palabra, ni en los sacramentos, y no entraremos a la fiesta.
Velar, mantenerse en vigilia, es lo que hacemos cuando estamos junto
al lecho de un enfermo, o lo que hacen los guardias y centinelas en su puesto
de observación, o los médicos y enfermeros de guardia. Así, la comunidad
eclesial se mantiene en la espera mirando hacia el futuro: es un pueblo en
marcha, peregrino, que camina hacia la venida última de su Señor y Esposo. Es
una actitud fundamental para todo cristiano: además de creyente y servicial (fe
y caridad), un cristiano es una persona que espera, que está en vela, mirando
al futuro. Los judíos no supieron reconocer la llegada del Enviado de Dios.
También nosotros corremos el peligro de adormecemos y dejar pasar los momentos
de gracia que Dios nos ofrece una y otra vez.
No sabemos el día ni la hora.
En
esta parábola, como en otras, Jesús introduce un aspecto importante: el amo
tarda en llegar, el esposo se retrasa, el ladrón no avisa de la hora en que
vendrá. "De aquel día y hora, nadie sabe nada, sólo el Padre" (Mt
24,36). "Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor"
(Mt 24,42). "Si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a
venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le abriera un boquete en
su casa. Por eso también vosotros estad preparados porque en el momento que no
penséis vendrá el Hijo del Hombre" (Mt 24,43).
No sabemos el día ni la hora. Dios no tiene por qué obedecer nuestros
cálculos. Actúa cuando menos se le espera. Dios se retrasa: esto es, no sigue
necesariamente el horario que le habíamos marcado nosotros. Los de Tesalónica
andaban preocupados porque Cristo "tardaba en volver". Tarda según
nuestro reloj: según el suyo, llegará puntualmente. La mejor manera de estar
preparados en el momento decisivo, por ejemplo, de nuestra muerte, es estar
preparados día a día. Las cosas importantes no se improvisan.
Que no nos falte el aceite.
El
aceite tiene muchos usos prácticos en la vida: para cocinar, para suavizar,
para curar, para alimentar lámparas. Por eso es también símbolo de realidades
más profundas: luz, paz y suavidad (poner un poco de aceite en las relaciones
de una comunidad), amor, alegría, salud. En el uso religioso, ya en el AT se
empleaba la unción (el masaje con aceite) como signo de la elección y
consagración de reyes, profetas o sacerdotes de parte de Dios. Las muchachas
que tenían sus lámparas encendidas, símbolo de fe, de atención, de interés, de
amor, entraron a la fiesta de las bodas.
Las
comparaciones con nuestro mundo son fáciles. Tienen su lámpara encendida el
estudiante al que no conviene que le sorprendan los exámenes sin preparación,
el deportista que no espera a última hora en esforzarse por ganar la carrera o
al menos a no llegar fuera de control, el viajero que procura muy bien que no
le falta carburante para el viaje que emprende en su coche, el administrador
que no descuida la economía de cada día para poder llegar a fin de mes, los
ecologistas que advierten de que no podemos malgastar en nuestra generación
algunos de los bienes de la naturaleza (oxígeno, agua) que van a hacer falta a
nuestros sucesores...
Al
final, cuando Jesús el Juez nos llame ante sí, aparecerá cuál era ese aceite
que teníamos que haber asegurado para nuestra lámpara: si hemos amado, si hemos
dado de comer, si hemos visitado al enfermo... Las cuentas corrientes y los
aplausos que hayamos recibido de los hombres y la fama que hayamos acumulado,
pueden no servimos para nada. Lo que nos hacía falta era el aceite de la fe,
del amor, de las buenas obras.
Vigilar
no es vivir con miedo ni dejarnos atenazar por la angustia. Un cristiano no
deja de vivir el presente, de incorporarse seriamente a las tareas de la
sociedad y de la Iglesia. Pero lo hace con responsabilidad, y con la atención
puesta en los verdaderos valores, sin dejarse amodorrar por las drogas de este
mundo o por la pereza.
Ojalá
acertemos con lo verdaderamente importante en la vida. Ojalá de buena mañana,
cuando empecemos la jornada, encontremos sentada a nuestra puerta la Sabiduría
divina, y la convicción de que Cristo "está con nosotros todos los días
hasta el fin del mundo", y eso nos dé la paz y la serenidad que nos hacen
falta para vivir humana y cristianamente. Con aquella esperanza cristiana que
mostraba el P. Arrupe cuando dijo que para él la muerte era "el último amén
de la vida presente y el primer aleluya de la vida
definitiva"... El aleluya de haber entrado al banquete de bodas.
La Eucaristía mira al futuro
Cuando
celebramos la Eucaristía no sólo miramos al pasado -la Pascua del Señor, hace
dos mil años-, y al presente, sino también al futuro: "mientras esperamos
la gloriosa venida de Nuestro Señor Jesucristo". La comunidad, después del
relato de la consagración, resume en una aclamación esta perspectiva histórica:
"anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección: ven, Señor
Jesús".
Cuando
somos invitados a acercamos a la comunión con el Cuerpo y Sangre de Cristo, el
sacerdote nos propone una perspectiva más lejana. No sólo nos invita (aunque
así parecen decirlo las varias traducciones de la frase), a la comida
eucarística de hoy, sino al banquete de bodas del Cordero, ya en el Reino
definitivo. En latín dice: "beati qui ad cenam Agni vocati sunt",
"dichosos los invitados a la cena (de bodas) del Cordero".
Cuando
Jesús anunció por primera vez que iba a dejarnos la Eucaristía como testamento,
ya dijo explícitamente que este sacramento sería como la garantía y la
pregustación de la vida eterna: "el que come si Carne y bebe mi Sangre
tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día".
LOS DOMINGOS DEL CICLO A (JOSE ALDAZABAL)
PROPUESTA DE CANTOS XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO 2026
(08 DE NOVIEMBRE)
TEMA: “YA VIENE EL NOVIO, SALGAN A RECIBIRLO”
01.- CANTANDO LA ALEGRIA (Cesáreo Garabain)
DENTRO DE MI ALMA CANTANDO DE ALEGRÍA,
SOL DE MIL COLORES ESTALLA UN SURTIDOR.
QUIERO AMAR A TODOS LO MISMO QUE MARÍA,
QUIERO SER DE TODOS AMANDO UN MISMO AMOR.
Tú, Señor, me dices que te siga,
sé muy bien a donde debo ir.
Porque estás en todos mis hermanos
y en su amor te estoy amando a ti.
Tú, Señor, que solo estás a veces,
tu dolor profundo y sin hablar;
un temblor de manos ya cansadas,
un buscar amigos y soñar.
Tú, Señor, hambriento de cariño,
hallarás refugio en mi jardín.
Floreció de rosas muy pequeñas,
más tendrás un sol que compartir.
02.- CANTA JERUSALÉN (KAIROI)
CANTA, JERUSALEN.
CANTA, JERUSALEN,
CANTA, JERUSALÉN.
Eres pueblo santo escogido
por la gracia del Señor.
Juntos caminamos en la fe
que nos conduce a nuestro Dios.
Eres tú la tierra que promete
a los hombres, el Señor.
Eres la promesa de los siglos
donde nace el Salvador.
Vives en confianza esperando
que algún día sea mejor.
Pero tu esperanza se sostiene
en el Cristo Redentor.
Vives la alegría de la vida
sí contigo va el Señor.
Sufres en tu cuerpo,
y en tu alma está escrito el amor.
Canta tu alabanza con el canto
que te ofrezca el corazón.
Oh Jerusalén, Él es tu fuerza,
tu verdad y tu perdón.
03.- COMO EL CIEVO AL AGUA VA (Alejandro Mejias)
Como el ciervo al agua va,
vamos hacia ti, Señor,
pues de Ti tenemos sed,
fuente del eterno amor.
Caminamos hacia Ti
con alegres cánticos:
hoy venimos a tu altar
para amarte más, Señor.
Quien escucha mi gemir dice:
«¿Dónde está tu Dios?»;
el Señor se encuentra aquí
en la voz de júbilo.
Ya mi llanto ha de cesar,
el Señor es Salvador;
cuando tenga que sufrir,
en Ti pensaré, Señor.
Gloria al Padre eterno,
gloria al Hijo Redentor,
gloria al Espíritu
que nos une en el amor.
Ven, Señor, ¡maranatha!
Amén, ¡aleluya!
Ven, Señor, ¡maranatha!
Amén, ¡aleluya!.
04.- PAN Y VINO DE AMOR (Brotes de olivo)
En la tierra la sembró el sembrador,
la semilla de tu pan, Señor.
Y después el viñador trabajó en buena lid,
y las tierras ven crecer las espigas y la vid.
El trigo se molió en el molino
rompiendo su cuerpo como tú.
La uva la pisó el hombre en el lagar,
igual que tú te dejaste pisar.
Y ahora, convertido en pan y vino,
tu pueblo lo ofrece en tu altar.
Conviértelos, oh, Dios, son frutos de tu amor,
en tu Cuerpo y Sangre, Señor.
05.- VEN, JESUS
Solista: Ven Jesús ven a mi vida, danos tu fuerza para
andar.
Caminar a lo largo de esta vida. Pero agarrados de
tu mano.
Y saber que no hay nada en este mundo que pueda
separarnos.
VEN JESÚS, VEN A MI VIDA.
DANOS TU FUERZA PARA ANDAR (BIS).
Recordar siendo niños es momento cuando supe abrir
mis labios.
Descubrir mis secretos en tus manos y decirte que
te quiero.
Compartir, una fiesta con amigos, recordando tus
palabras.
Y comer, y beber de tu alimento queda vida en
abundancia
(Repetir 3v).
06.- BANQUETE SAGRADO
Invitados al Banquete del Señor,
compartimos nuestra vida y nuestro pan,
con su sangre y con su cuerpo inundados por su
amor,
nuestras manos se entrelazan para dar.
OH BANQUETE SAGRADO,
PAN DE VIDA ETERNA,
PAN DEL POBRE Y HAMBRIENTO
QUE VA CAMINANDO SEDIENTO DE TI (BIS).
Tu entrega amorosa en comunión,
es prodigio que renueva nuestro ser,
asumidos por tu gracia, consumidos por tu luz,
fortaleces nuestros pasos al andar.
Todo tú mi creador vienes a mí
y te encierras en mi simple pequeñez,
Tú el verbo encarnado, Tú el todopoderoso,
te conviertes en mendigo de mi amor.
Me llamaste a compartir tu intimidad,
en la cena del perdón y la amistad,
tú en mí yo en ti, en perfecta unidad,
no hay dicha para mí fuera de ti.
CORO… SEDIENTO DE TI (BIS).
07.- MADRE DE NUESTRA ALEGRÍA (Cesáreo Garabain)
MARÍA, TÚ QUE VELAS JUNTO A MÍ,
Y VES EL FUEGO DE MI INQUIETUD.
MARÍA, MADRE, ENSÉÑAME A VIVIR
CON RITMO ALEGRE DE JUVENTUD (bis)
1. Ven, Señora a nuestra soledad,
ven, a nuestro corazón,
a tantas esperanzas que se han muerto,
a nuestro caminar sin ilusión.
Ven y danos la alegría
que nace de la fe y del amor,
el gozo de las almas que confían
en medio del esfuerzo y el dolor.
2. Ven y danos la esperanza
para sonreír en la aflicción
la mano que del suelo nos levanta,
la gracia de la paz en el perdón.
Ven y danos confianza,
sonrisa que en tu pena floreció,
sabiendo que en la duda y las tormentas
jamás nos abandona nuestro Dios.
08.- SANTA MARIA DE LA ESPERANZA (Juan Antonio Espinoza)
SANTA MARÍA DE LA ESPERANZA:
MANTÉN EL RITMO DE NUESTRA ESPERA,
MANTÉN EL RITMO DE NUESTRA ESPERA,
Nos diste al esperado de los tiempos
mil veces prometido en los profetas,
y nosotros de nuevo deseamos que vuelva
a repetirnos sus promesas.
Brillaste como aurora del gran día,
plantaba Dios tu tienda en nuestro suelo,
y nosotros soñamos con su vuelta
queremos la llegada de su Reino.
Viviste con la cruz de la esperanza
tensando en el amor la larga espera;
y nosotros buscamos con los hombres
el nuevo amanecer de nuestra tierra.
Esperaste cunado todos vacilaban,
el triunfo de Jesús sobre la muerte;
y nosotros esperamos que su vida
anime nuestro mundo para siempre.
09.- DONDE ESTÁ TU TESORO (Brotes de olivo)
No atesores en la tierra, donde la herrumbre
corroe,
donde los ladrones roban y la polilla carcome.
Atesora en las alturas, allí la herrumbre no
existe,
la polilla no devora y el ladrón de Dios se viste.
Confiaos en la vida, esperad siempre en Dios;
al crearte ya te amaba, y en tu vida Él confió.
No hay fortuna más grande que esperar siempre en
Dios,
y si en Dios tú confías, Él vive en tú corazón.
No te preocupe tu vida, el vestido o alimento,
es más, la vida que el pan, y que la ropa, el
cuerpo.
El ave nunca sembró, ni recogió en graneros.
El Dios Padre lo alimenta: sois vosotros más que
ellos.
Tu tesoro puede estar en el cielo o en arcón,
y donde está tu tesoro, allí está tu corazón.
No hay riqueza más grande que el tesoro de tu amor,
es tesoro que no muere porque es riqueza de Dios.