martes, 6 de octubre de 2015

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXVIII TIEMPO ORDINARIO CICLO B - 11 OCTUBRE 2015

LIBERATE


ORACION COLECTA

Te pedimos Señor,, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría 7,7-11

Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza. No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena, y, junto a ella, la plata vale lo que el barro. La quise más que la salud y la belleza, y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 89)

Sácianos de tu misericordia, Señor.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?. 
Ten compasión de tus siervos. R.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas. R.

Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 4,12-13

La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. juzga los deseos e intenciones del corazón. No hay criatura que escape a su mirada. Todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,17-30

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».
Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno?. No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.».
Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.».
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.».
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!».
Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.».
Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando. y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»
Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.».
Jesús dijo: «Les aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna.».

COMENTARIO

La gran cuestión de las riquezas no consiste en saber a partir de qué fortuna o con que salario uno deja de ser cristiano. Marcos no nos hace pensar en una calculadora, sino en Jesús que nos mira (tres veces se habla de esta mirada) y nos dice: “Sígueme”. ¿No ha dicho antes: “Liquídalo, dalo todo?”. Sí, pero esto significa exactamente: “Libérate de todo para seguirme”. Por tanto, es una lección, no de tristeza, sino de gran alegría. Si alguno cree que seguir a Jesús no es embarcarse en la felicidad, que cierre el evangelio.
El joven rico se puso a los pies de Jesús, buscaba la felicidad y se marchó triste. Lo tenía todo, según se dice, para ser feliz, pero Jesús le trazó este diagnóstico: “Una cosa te falta”. ¡Pobre de nosotros si nos falta eso! Esa cosa tan preciosa es la posibilidad de seguir a Jesús. ¡Y esto supone una famosa liberación! “Vete, libérate de lo que puede encadenar, véndelo todo para  comprar la libertad de seguirme”. Ese es entonces la cuestión. Volvemos al “¡Liquídalo todo!”. ¿Habrá que seguir a Jesús totalmente desnudo”. Jesús no iba desnudo ni tampoco era un andrajoso. El no conoció la miseria. Comía y bebía normalmente; admitió incluso un gasto superfluo como el perfume que le ofrecía la mujer pecadora. Pero como nada lo ataba, pudo llegar hasta el fin de todo lo que exigía el amor fraternal. Cuando nos dice: “¡Ven!”, nos llama por ese camino, no hacia las cimas del despojo, sino hacia las cimas del amor. Hay que esforzarse por liberarse de todo lo que nos impide amar y servir. No hay nada que despoje tanto como el querer ser libre. Chocamos muy pronto con las cadenas del dinero: tener demasiado,  no tener bastante.  Una vez más, acaba de constatar que la riqueza estropea a los mejores.  Aquel joven rico era un chico maravilloso, con grandes deseos de llegar lejos. “Jesús se le quedó mirando y le tomó cariño”.  Desgraciadamente lo vemos tan enredado en todo lo que se posee que no habría sido capaz de avanzar por el camino. Más pronto o más tarde, el hombre choca con la  pared de  una imposibilidad “Señor hasta allí no puedo seguirte”. Pero Jesús les dice tanto a  los ricos como a los pobres una palabra que puede transformar nuestro desaliento en experiencia de confianza: “Todo es posible para Dios”. No es una frase de un hombre, sino una palabra de Dios, vale la pena arriesgarlo todo para lanzarse a esta  confianza: “Contigo  no hay nada imposible”.  El brazo de Dios es lo bastante fuerte para arrancarnos del egoísmo así como de la inquietud del amor fraterno. “Es como hacer pasar al camello por el ojo de la aguja”. Ante esta imagen pintoresca, pero tremenda, los discípulos miden la dificultad de seguir a Jesús: “Entonces, ¿quién puede salvarse?”. Cuando Jesús nos  dice: “Libérate”, se trata de  una invitación  pero  también de un ofrecimiento.

PLEGARIA UNIVERSAL

Llenemos de confianza en el Señor, oremos, hermanos por todos los hombres y por todas sus necesidades

1.- Por la Iglesia para que sepa demostrar al mundo, enfebrecido por el afán de poseer, donde está el verdadero tesoro. Roguemos al Señor.

2.-Por los que tienen el poder del dinero, el poder de decisión para que sepan distribuir justamente. Roguemos al Señor.

3.- Por los que carecen de medios económicos suficientes; para que  encuentren en todos la ayuda que necesitan. Roguemos al Señor.

4.- Por nosotros; para que comprendamos las palabras de Jesús sobre el dinero y aprendamos a ser desprendidos pro amor. Roguemos al Señor.

Dios nuestro, que juzgas las intenciones y los pensamientos del corazón humano y ves claramente todo lo que has creado, escucha nuestras oraciones y atraviesa nuestros corazones con la espada de doble filo de tu palabra, para que, iluminados por tu sabiduría, valoremos rectamente las cosas terrenas y las eternas, y libres de la seducción de las riquezas, recibamos el ciento por  uno y la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Con estas ofrendas, Señor, recibe las suplicas de tus hijos, para que esta eucaristía celebrada con amor nos lleve a la gloria del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Dios soberano, te pedimos humildemente que, asi como nos alimentas con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos hagas participar de su naturaleza divina. Por Jesucristo nuestro Señor


ACCION DE GRACIAS
    Bajo tu amparo nos acogemos,
    Santa Madre de Dios;
    no deseches las oraciones
    que te dirigimos
    en nuestras necesidades,
    antes bien
    Líbranos  de todo peligro,
    ¡Oh Virgen Gloriosa y bendita!
    Amen.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 12: Rom. 1, 1-7; Sal 97; 1-4; Lc 11, 29-32.
Martes 13: Rom 1,16-25; Sal 18, 2-5; Lc 11, 37-41.
Miércoles 14: Rom 2, 11-11; Sal 61, 2-3.6-7.9; Lc 11, 42-46.
Jueves 15: Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia (MO) Rom 3, 21-30; Sal 129 1-5; Lc 11, 47-54.
Viernes 16: Rom 4, 1-8; Sal 31, 1-2.5.11; Lc 12, 1-7.
Sábado 17: San Ignacio de Antioquia, Obispo y Mártir (MO) Rom 4, 13.16-18; Sal 104, 6-9.42-43; Lc 12, 8-12.
Domingo 18: XXIX Del Tiempo Ordinario. Is 53, 10-11; Sal 32, 4-5.18-22; Heb 4, 14-16; Mc 10, 35-45.

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mc 10, 17-30
Par.: Mt 19, 16-30 Lc 18, 18-30


Texto. -El comienzo refleja una cierta urgencia por parte de la persona que se aproxima a Jesús: lo hace corriendo. Que fuera un joven, no se deduce en absoluto del texto de Marcos. La identidad personal del interlocutor no es significativa para el autor; lo significativo son las situaciones moral y social del interlocutor: una persona cumplidora del decálogo y muy rica.
La pregunta formulada revela, además, una persona con inquietudes religiosas: ¿Qué he de hacer para alcanzar la vida eterna? El gesto de arrodillarse y la interpelación (Maestro bueno) que acompaña su pregunta revelan veneración y reconocimiento hacia Jesús.
Las primeras palabras de Jesús revelan magistralmente cómo era él, cual era su papel e, incluso, cómo se experimentaba a sí mismo. Nadie es bueno sino solamente Dios. Jesús fue una señal apuntando siempre en dirección a Dios. Jesús remitía siempre a Dios.
A continuación Jesús recuerda a su interlocutor cosas que, sin duda, conocía este por los libros del Éxodo y del Deuteronomio. Seis mandatos, cinco de ellos en formulación negativa y uno en formulación positiva. Los seis son de naturaleza social, en el sentido de que velan por los demás, por los que no son uno mismo.
Por último, Jesús propone a su interlocutor algo que a éste le falta, una única cosa: la renuncia a su dinero. La propuesta es prioritariamente individual, le afecta a él y a su bolsillo.
Comentario. -La guerra es sólo la expresión última y más llamativa de la falta de paz; antes ha habido infinidad de expresiones intermedias más rutinarias de falta de paz. En el final están los políticos, los economistas y los militares; en el largo y preparatorio camino estamos nosotros, los de a pie, los de andar por casa, es decir, casi todos los habitantes del planeta.
En el largo y preparatorio camino están las pequeñas y grandes cosas que hacemos mal en nuestras relaciones con los demás. Las seis apuntadas por Jesús abarcan bastante bien todo el campo de posibilidades de mala relación con los demás. Cuando estalle la guerra (escribo este comentario cuando los medios de comunicación hablan de ambiente prebélico), pensemos que durante mucho tiempo antes cada uno de nosotros estuvo preparando eso que sólo al final se llama guerra. No nos engañemos: el final, es decir, la guerra es ciertamente cosa de altas esferas político-económico-militares; pero la falta de paz es cosa de todos y cada uno de nosotros. Tenemos el mal hábito de cargar a las altas esferas en exclusividad la responsabilidad de la guerra, cuando la guerra es, en realidad, la suma final de nuestras malas acciones contra los demás en el día a día de nuestro vivir.
De nuestras malas acciones contra los demás y de nuestro amor al dinero. Tampoco en este punto es conveniente engañarse. El dinero puede, amordaza, rompe. Parece bastante cierto que el dinero es móvil primordial de las guerras. Pero ¿acaso no lo es de nuestras vidas? ¿Con qué derecho, pues, podemos pensar que no somos responsables de las guerras? Vende todo lo que posees. La propuesta es dura y contundente. Como duro y contundente es nuestro apego al dinero. ¿Propuesta inviable? Jesús no es maximalista ni habla tampoco de un voto de pobreza. Sencillamente nos pone en guardia a todos contra el dinero. El dinero, en efecto, puede, amordaza y mata. Donde el dinero sea el móvil, nunca jamás podrá haber paz. Tomémoslo en serio. El dinero es hoy demasiado dueño nuestro. Así nunca habrá paz.




2.- Desde el principio el joven plantea la cuestión de la salvación, la única cuestión importante: ¿qué hay que hacer para salvarse? (v. 17). Pero la plantea mal al dirigirse a un "maestro bueno", a un rabí entre otros (v. 17). Busca solamente una opinión de escuela, entre otras..., y como habrá otras y diferentes respuestas, se reserva de antemano el derecho de escoger entre ellas, o incluso el de no escoger. Jesús rechaza inmediatamente esta manera de actuar recordándole la existencia de Dios, único que es bueno (v. 28). De esta forma deja entender que su respuesta no será una opinión de escuela, sino una orden divina que obliga a actuar en vez de perderse en discusiones sin fin. Jesús recuerda al joven lo esencial de la ley (v. 19). Pero el joven plantea una nueva cuestión, no con vistas a obedecer mejor, sino para prolongar la discusión y así retardar la oportunidad de la obediencia (la misma actitud en Lc 10, 29).
Y he aquí que la buena conciencia legalista del fariseo orgulloso de cumplir con todos sus deberes detiene una vez más al joven: él obedece a toda la ley, cree (v. 20). ¿Qué más hace falta para salvarse? Jesús deshace inmediatamente este legalismo, nuevo pretexto para no creer, y formula un mandamiento preciso: "Sígueme" (v. 21). El joven muestra entonces que sus cuestiones precedentes no eran más que evasiones: situado ante la orden de creer, confiesa no tener fuerzas para ello y se retira en el momento en que es invitado a superar la discusión ética y el legalismo para encontrarse con la persona misma de Jesús y seguirle. Creer y salvarse es, a fin de cuentas, unirse a la persona de Jesús.
c) Los retoques añadidos por la comunidad primitiva añaden un nuevo obstáculo para la salvación: no solamente las discusiones éticas, el legalismo del fariseo, sino también la riqueza, impiden al hombre entrar en el Reino (vv. 22, 23 y la palabra rico en el v. 25). Los primeros cristianos, sobre todo en Jerusalén, confundieron a veces el Reino con la clase social de los pobres, mientras que la asamblea creada por Cristo no tiene en cuenta ninguna pertenencia social, cultural o nacional. San Mateo matizará esta exclusividad al hablar de los "pobres en espíritu" (Mt 5, 3) y al suprimir la maldición de los ricos conservada por Lc 6, 24.

También es hacer legalismo decir a los ricos que han de hacerse materialmente pobres para participar en el Reino; lo mismo que es una ilusión ridícula proclamar a la pobreza bienaventurada dejando entender que los pobres entrarán un día en un reino de bienestar.
En realidad, la verdadera pobreza del rico no es "no tener nada", sino comprometerse con los pobres y especialmente con aquellos que no pueden organizarse, defenderse y liberarse. Un compromiso semejante es exigido eminentemente a aquellos cristianos que abandonan libremente todo bien material y hacen voto de pobreza. Comprometerse en el camino de la pobreza supone hoy analizar las causas de la miseria, tomar en serio la conciencia de clase, poner los medios que permitan, efectivamente, mejorar la suerte de todos. Sólo con estas condiciones tiene la pobreza la posibilidad de ser evangélica.
Maertens-Frisque
Marova Madrid 1969.Pág. 166




3.- Texto. De camino hacia Jerusalén, Marcos hace un tercer alto docente. El procedimiento es el mismo del domingo pasado. La enseñanza a los discípulos tiene lugar en la segunda parte del texto, vs. 23-30. La primera parte sirve para introducir el tema de ese enseñanza.
-Primera parte (vs. 17-22).
Con grandes muestras de respeto, alguien, de quien Marcos no específica nada, pregunta a Jesús por el camino de la salvación. Maestra bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? El interlocutor hace un planteamiento de salvación. Jesús comienza cuestionando la interpelación de que ha sido objeto, en un intento de resituar al interlocutor en la perspectiva propia de la pregunta. Esta perspectiva no era otra que la de Éxodo 20 y Deuteronomio 5. En estos textos están formulados el Credo (yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto)  el camino de la salvación (decálogo).
Más allá de un planteamiento de salvación, Jesús formula después su propia propuesta al interlocutor: Ven y sígueme. Esta es la propuesta que el interlocutor no acepta. Marcos añade la razón: era muy rico, introduciendo así el tema sobre el que va a versar la enseñanza de Jesús a sus discípulos.
-Segunda parte (vs. 23-30).
La enseñanza a los discípulos es muy breve. Fundamentalmente se reduce a una negación rotunda: los ricos no pueden entrar en el Reino de Dios. A diferencia del domingo pasado, Marcos reitera insistentemente la falta de comprensión de los discípulos.
Esta falta de comprensión parece radicar en que maestro y discípulos hablan lenguajes diferentes y tienen planteamientos también diferentes. Jesús habla de Reino de Dios, mientras que los discípulos hablan de salvación.
En vista de los cual Pedro pregunta a Jesús por la situación de los que han aceptado seguirle. En la respuesta a esta pregunta Jesús empalma en parte con las expectativas de sus discípulos. En ese sentido les habla de salvación en el mundo del más allá. Termina, sin embargo, con unas palabras que el texto litúrgico no ha recogido: Muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros. Con esta lacónica frase Jesús invita a sus discípulos a no operar con esquemas reduccionistas en materia de salvación. No deben caer en la pretensión de creer que sólo ellos, por ser seguidores suyos, se salvarán. Otros muchos se salvarán también, aunque no sean seguidores de él. Lo que sí deben tener muy presente sus seguidores es que el aquí y el ahora será para ellos gratificante y maravilloso, pero también difícil y duro.
Comentario. Como en los domingos últimos, todo hay que enfocarlo a la luz de los acontecimientos de Jerusalén. Marcos sitúa el texto en el camino hacia la muerte y resurrección de Jesús. A este camino concreto es a lo que Marcos llama el Reino de Dios y que por esta razón había calificado en 4, 11 como misterio.
El Reino de Dios así concebido es la alternativa que Jesús propone a sus seguidores. A todo el que quiera ser su seguidor o discípulo. No es una cuestión de consejos evangélicos, como tantas veces se ha dicho. Es una cuestión de exigencia para ser discípulo de Jesús. Diferente de este camino a Jerusalén o Reino de Dios es el camino de la salvación. El camino de la salvación tiene indudablemente sus exigencias, pero éstas son de índole ética y, por consiguiente, afectan a todo ser humano, sea o no seguidor de Jesús. Salvarse o condenarse obedece a un comportamiento ético y forma parte del ámbito de preocupaciones y expectativas de la conciencia de cada persona, en su doble dimensión individual y colectiva.

El camino de Jerusalén o Reino de Dios presupone, por supuesto, la dimensión ética. Nadie malo podrá recorrerlo. Pero la dimensión ética no es la característica específica del Reino de Dios. Por eso, el ámbito de preocupaciones y de expectativas del que acepta ser seguidor de Jesús no puede ser nunca el salvarse o el condenarse. Jesús libera a sus discípulos de este tipo de ansiedad ante el futuro.
Tomar parte en el camino a Jerusalén o lo que es lo mismo, entrar en el Reino de Dios, es dar cuerpo a las propuestas de Jesús que estamos escuchando estos domingos. De ello resulta el talante de vida o estilo cristiano.
La propuesta de hoy dice relación al dinero. No es una propuesta desarrollada. Es sencillamente una llamada de atención sobre la amenaza que el dinero encierra para el talante del seguidor de Jesús. Insisto en que no se trata de salvación, sino de Reino de Dios, no es una cuestión de vida eterna, sino de talante cristiano. La llamada de atención es gráfica y llamativa: ¡Qué difícil es que los ricos puedan entrar en el Reino de Dios! ¡Más fácil es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios! Son de las frases que se gravan.
Dabar 1988, 51




4.- Comentario. El cambio de escenario, como ya se indicaba el domingo pasado, es indicio de una nueva temática. Siempre con el telón de fondo de señalar causas que hacen de esta historia nuestra, una historia de incomprensiones, enfrentamientos y matanzas. Hasta ahora
Marcos nos ha hablado del afán de grandeza, de la autoridad intolerante, de la desunión de los esposos. Hoy señala una nueva causa: la riqueza. Hay un concepto que conviene aclarar previamente: Vida eterna. Es sinónimo de Reino de Dios. Ambos expresan el nuevo estado de cosas que tendrá lugar aquí en la tierra por la intervención misma de Dios o de un enviado suyo.

La escena comienza con la solemnidad de una adoración a Jesús y la pregunta por los requisitos necesarios para poder tener parte en el nuevo estado de cosas por llegar. A Marcos no le interesa la identidad del demandante, sino su situación económica: era muy rico. El diálogo tiene la viveza de lo real. "Maestro bueno. ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios". Estas palabras causaron en seguida problemas, como puede verse por los cambios introducidos en Mateo 19, 16-17. Marcos ha conservado el tenor fresco, espontáneo, maravillosamente divino de Jesús. Es realmente fascinante este Jesús de Marcos. Su mirada, su cariño, su dureza. Una cosa te falta. O si preferimos: Te sobra tu riqueza. Después puedes seguirme. Se impone devolver a esta escena el sentido lineal e indivisible que Marcos le da, despojándola de divisiones y distinciones (mandamientos y consejos; estado normal y estado de perfección). ¿Por qué no reconocemos sencillamente que una de las causas por las que este mundo nuestro está tan atormentado es la riqueza? Y después de reconocerlo, ¿por qué no decimos: ¡al diablo la riqueza!? Marcos es bien claro: para seguir a Jesús no basta con ser buenos por el cumplimiento de los mandamientos. ¡Hay que ser otra cosa! ¿No habremos confundido cristianismo con moralidad? Ser cristiano empieza donde termina ser bueno.
La segunda parte, como ya es habitual en Marcos, es un diálogo entre Jesús y sus discípulos. El asombro, la extrañeza, el espanto de los discípulos, son exactamente los nuestros al escuchar este Evangelio. Es la mejor señal de que hemos entendido bien las palabras de Jesús. Pero no hagamos de estas palabras una bandera de la lucha de clases y del odio a los ricos. En ese mismo momento habríamos dejado de entenderlas.
Sencillamente reconozcamos que es muy difícil que el nuevo orden de cosas o Reino de Dios sea una realidad dada nuestra "necesidad" de riqueza. Pero por muy chocante e imposible que nos parezca, no olvidemos ni minimicemos en absoluto esta página del Evangelio de Marcos. Tal vez para que no cayera en el olvido, Jesús se sirvió incluso de una imagen estrambótica (camello pasando por el ojo de una aguja). Y por ello mismo inolvidable. ¿Empresa imposible? Para los hombres, no para Dios. ¿Qué significa que Dios lo puede todo? Imaginemos de qué seriamos capaces si realmente fuéramos permeables a Dios. Pues esto es lo que significa la frase de Jesús. En la medida en que estamos abiertos a Dios y tengamos confianza en El, en esa misma medida veremos cómo lo imposible va dejando de serlo. Y todavía más sorprendente: veremos que no nos falta de nada.
Tendremos hasta cien veces más. Tal vez, pues, no sea cuestión de empezar por el desprendimiento, sino por descubrir a Dios. Entonces relativizaremos valores que ahora nos parecen irreemplazables. ¡Y un mundo nuevo empezará a surgir desde nosotros a pesar de la persecución!
Dabar 1985, 50




5.- Pre-texto. Para el judaísmo de los fariseos, el más extendido, la riqueza es bendición de Dios, prueba del beneplácito divino y recompensa a la piedad. Por eso mismo, las palabras de Jesús en el v. 21 son un camino nuevo, el cual está en contradicción con las creencias aprendidas por el interlocutor desde su niñez sobre la relación entre piedad y felicidad. Para el interlocutor, renunciar a la riqueza que posee equivaldría a ser un maldito de Dios.
Reino de Dios: alternativa que Jesús propone para todo el que quiera ser cristiano. Se desarrolla en el presente y tendrá su culminación en el futuro. Lenguaje hiperbólico a base de imágenes agresivas y funcionales. Sentido del texto. No se trata de consejos evangélicos o del estado de perfección. Este texto no es para quien quiera ser más perfecto. Jesús habla para todo el que quiera ser cristiano.
No se es cristiano por cumplir los mandamientos: esto es prerrogativa humana, se sea cristiano o ateo. Lo específico del cristiano no se mueve en el campo de la ética, de los mandamientos, de la conciencia: éste es el campo común a todo ser humano. Y por eso mismo la salvación está al alcance de todo ser humano, con tal de que siga las normas de su conciencia. El cristiano no es, pues, mejor que el que no lo es ("mejor" es término ético).
Según este texto, ser cristiano es vivir un modelo de vida distinto de los habituales. Ser cristiano no es ser mejor, sino ser distinto. Entrar en el Reino de Dios, es decir, en la alternativa que Jesús propone, es vivir un tipo de vida en el que el dinero no es un valor. Y esto sólo es posible en la medida en que se descubre otro valor radical: Dios. Este descubrimiento relativiza lo que habitualmente llamamos valores (éste es el significado de las palabras de Jesús en el v. 27). El descubrimiento de Dios lleva a un modelo de vida fraterno, realmente nuevo y desusado en nuestros ambientes inexactamente llamados cristianos.
Dabar 1982, 51




6.- Pertenecer al Reino significa fundamentalmente haber descubierto a Dios. Y a Dios se le descubre sólo como Padre. Consecuentemente, los demás hombres son hermanos míos.
Consecuentemente, ante un hermano el dinero carece de valor. Pero, por lo visto, el primer descubrimiento de la cadena no acabamos de hacerlo. De ahí nuestra incapacidad a renunciar al dinero como valor. Marcos ha expresado esta incapacidad en las reticencias de los discípulos (vs. 24 y 26) y en las profundas afirmaciones de Jesús (vs. 23 y 24b-25).
Una última observación muy importante. No pertenecer al Reino no significa ser malo o estar condenado. El rico que se acercó a Jesús no era malo (cfr. v. 21a) ni fue odiado por El. Pero mientras la alternativa de Jesús no sea una realidad, todo seguirá sin cambiar, incluso con hombres buenos.
Dabar 1976, 55




7.- Mateo precisa que este hombre que saluda a Jesús era un joven (Mt 19, 20), y nosotros podemos suponer que este joven era un rico terrateniente. Su manera de saludar indica un gran respeto, pero no implica el conocimiento de la dignidad mesiánica, y mucho menos, el reconocimiento de la divinidad de Jesús. El arrodillarse no es en este caso de adoración.
Y puesto que Jesús para este joven no era más que un hombre, Jesús le advierte que el único verdaderamente bueno es Dios.
Y, acto seguido, responde a la pregunta citando los mandamientos. Da por sabido que el joven ya los conoce, y, a título de ejemplo, se limita a nombrar los que se refieren a los deberes con el prójimo. "No estafará" tiene en Dt 24, 14 (cfr. Lv, 13) un significado más preciso; quiere decir "no explotarás al jornalero". Al parecer, esto es justamente lo que dice Jesús a este joven terrateniente, pensando sin duda en su condición social.
No se puede dudar de la sinceridad y de la honradez de este joven, que cumple efectivamente las normas generales de la Ley y no se contenta con ello. Por eso Jesús le mira con complacencia y con amor.

Según la doctrina judía en uso, el que daba limosna adquiría un tesoro en el cielo (cfr. Mt 6, 24 y 20). Por lo tanto, la riqueza era una oportunidad para que un hombre piadoso y rico pudiese ganarse el cielo más fácilmente que los pobres. Pero Jesús propone a este joven que, en lugar de pasarse la vida haciendo pobres y limosnas, haga todas las limosnas a la vez y se haga a sí mismo pobre. Porque las riquezas, para Jesús, lejos de ser una ayuda, son un estorbo para los que quieren entrar en el reino de Dios. Ahora bien, Jesús añade "... y luego sígueme". Más allá del cumplimiento de los mandamientos, más allá de las obras de caridad o de limosnas, más allá, incluso, de la pobreza voluntaria, hay un camino, comienza el camino de Jesús y de los que le siguen. La pobreza es una condición necesaria para recorrer ese camino, pero no basta para recorrerlo. El voto de pobreza no sitúa a los religiosos en "estado de perfección" entre otras razones, porque la perfección cristiana no es un estado, sino una meta y una vocación y, si se quiere, un camino que han de seguir todos los discípulos de Jesús. Sólo el cumplimiento de este camino, que es el seguimiento de Jesús, saca al hombre de casa y de sí mismo para que se encuentre consigo en Jesucristo y, por Jesucristo, con los hombres, sus hermanos, y con el Padre. Seguir a Jesús no es propiamente "imitarle", haciendo exactamente lo que él hizo, sino hacer lo que cada uno tiene que hacer, pero como lo hizo Jesús, esto es, viviendo para los demás.
Todos los ideales de este joven rico se vienen abajo ante la dificultad de cumplir la condición necesaria. No tuvo valor para dejar las riquezas. Y prefirió seguir el camino de los fariseos, que veían en las riquezas una señal de la propia justicia -un premio de Dios a los justos- y un medio para acrecentarla haciendo limosnas. Y es que este modo de ganar el cielo con las limosnas permite, y hasta justifica, conservar y aumentar las riquezas.
El caso de este joven ha sido un botón de muestra. Jesús advierte ahora en general lo difícil que va a ser a los ricos seguir su camino y entrar en el reino de Dios.
V. 25: Se trata de un refrán popular en el que se contrapone el menor agujero al mayor animal de carga. Con él se expresa la mayor dificultad. El "ojo de la aguja" es la distribución de las riquezas. Los ricos pasan por todo menos por eso.
De ahí que sólo un milagro pueda salvar a los ricos. Pero este milagro no consiste en que se salven siendo ricos, sino que dejen de serlo para salvarse. ¿Y quién nos dice a nosotros que Dios no hace ese milagro sirviéndose de todos los que luchan por la distribución de las riquezas y contra, es decir, ¡en favor, de los que desean acapararlas...?
Jesús no predicó ningún sistema social concreto. Pero su actitud crítica frente a la riqueza y frente a los ricos no admite discusión, en esto fue claro hasta la saciedad. Por eso el evangelio será siempre una llamada urgente a salir de cualquier sistema que, como el capitalismo, se funde en la explotación de unos y el enriquecimiento de otros.
Eucaristía 1982, 46




8.- La influencia de Jesús no se debía tanto a la novedad de su enseñanza como al misterioso poder de atracción que irradiaba de toda su persona. Muchos hombres rectos y religiosos descubrían de repente al encontrarlo lo que significa ser perfecto. En esta ocasión viene a Jesús (según Mt 19, 79) un joven; Lc lo llama un hombre importante (18, 18). A este hombre le pregunta Jesús, no sin razón. "¿por qué me llamas bueno?", es decir: ¿no ves que tienes sed de Dios y lo encontrarás al convivir conmigo? El hombre pregunta a Jesús por el camino que lleva a la vida eterna; pero Jesús no tiene ningún mandamiento nuevo que enseñar. En el AT ya se dijo todo lo que hay que hacer para ganar la vida, observando los mandamientos de la justicia y la misericordia. Entonces Jesús le propone hoy mismo que siga por otro camino, que adopte otra manera de ser más libre, haciéndose seguidor e imitador suyo: "¡Vende todo lo que tienes!". Porque la felicidad no consiste en dejarlo todo, sino en hacerse libre de todo para entregarse a Cristo.
Jesús no dice que el rico no se salvará, sino que "no entrará en el Reino de Dios", que consiste -¡es evidente!- en compartir desde ahora las inquietudes, la alegría y la libertad de Cristo.
Eucaristía 1988, 48




9.- La perícopa del joven rico se divide fácilmente en tres partes: v. 17-22 describe el encuentro de Jesús con el joven; v. 23-27 contiene una amarga reflexión de Jesús sobre la riqueza; v. 28-31 partiendo de una pregunta de Pedro, promete una gran riqueza en el campo de la fraternidad a sus seguidores.
La riqueza y el bienestar son considerados en la mentalidad bíblica como un sacramento de la bendición divina. Ser rico era casi sinónimo de ser amigo de Dios. Sin embargo, con un sano realismo, el Deuteronomio (8, 11-18) ve en la prosperidad material un gran peligro: lleva a olvidarse de Dios, confiando sólo en el propio trabajo y rendimiento. La riqueza lleva a la autosuficiencia. Por ello el ideal del "pobre de Yavhé" saca al hombre de sí mismo y lo abre a Dios y a sus exigencias, al comprender que depende no de sí, sino de otro. En la misma línea, sapiencial y profética, Jesús condiciona su seguimiento a la desposesión. En una actitud de desprendimiento de todo aquello que pueda dar seguridad humana.
Radicalismo absoluto: sólo Dios es el valor absoluto de la vida. La primera lectura presenta al joven Salomón buscando la Sabiduría, la voluntad de Dios, por encima de todo. La carta a los Hebreos nos confronta con la capacidad de discernimiento que tiene la Palabra. El evangelio nos presenta a otro joven (el anti-Salomón) que opta por la seguridad de lo que ya tiene.
Misa Dominical 1991, 14




10.- El joven plantea la cuestión de la salvación, la única cuestión importante: ¿qué hay que hacer para salvarse? Jesús recuerda al joven lo esencial de la Ley (v. 19). Pero el joven plantea una nueva cuestión, no con vistas a obedecer mejor, sino para prolongar la discusión y así retardar la oportunidad de la obediencia (la misma actitud en Lc 10, 29: pero él queriendo justificarse preguntó ¿y quién es mi profundo?).
Y la buena conciencia legalista de cumplir con todos su deberes, detiene una vez más al joven: él obedece a toda la ley ¿qué más falta hace para salvarse? Jesús deshace inmediatamente este legalismo, nuevo pretexto para no creer y formula un mandamiento preciso: "sígueme". El joven muestra entonces que sus cuestiones anteriores no eran más que evasivas: se retira en el momento en que es invitado a superar la discusión ética y el legalismo para encontrarse con la persona misma de Jesús y seguirle.
No a todos les es indispensable deshacerse de los propios bienes totalmente, como no todos se encuentran en la necesidad de sacrificar la vida por causa de Jesús y del evangelio. Sin embargo, todos deben escuchar la llamada a una total entrega, que Jesús dirige a cada uno aunque de modo distinto.




11.- Mientras que los fariseos habían querido tender una trampa a Jesús (ver 10, 2), la actitud del joven rico está teñida de religiosidad. Se arrodilla ante Jesús y le llama "Maestro bueno"; pero ¿quién es bueno, sino sólo Dios? Antes de preguntar a Jesús, el hombre se hinca de rodillas ante el Dios único, el de la Alianza.
Jesús recuerda al joven los principales artículos de la ley mosaica. El joven los ha cumplido desde pequeño, pero se mantiene disponible para más, disponible para el Reino.
Por eso, Jesús le ama y le llama; él que cumplió escrupulosamente los mandamientos es invitado a alcanzar la estatura de los discípulos. Jesús le pide en concreto quitar el "escándalo" que le impide pasar más adelante: sus riquezas.
¡Pero aquel hombre se marchó muy triste! ¿Cuál es exactamente su situación? Oyó el llamamiento de Jesús y, al mismo tiempo, midió su incapacidad para seguirle. Sólo le falta una cosa: concienciarse de que Dios puede realizar lo que él es incapaz de hacer ahora. En efecto, acoger el Reino con la actitud propia de un niño es también reconocer la propia impotencia y dejar actuar al Espíritu de Dios.
Sal Terrae/Santander 1990.Pág. 141




12.- Jesús marcha hacia Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas. Lo ha dejado todo para mantenerse fiel a la palabra que le consagró. Su único tesoro es la pasión que Dios tiene por los hombres, y lo ha vendido todo para adquirir la perla de gran valor. Se va el Hijo sin volver la vista atrás, sin saber dónde reclinar la cabeza. El pobre de Dios llegará hasta el despojo supremo y se dejará tender sobre el madero de la cruz. "Anda, vende lo que tienes... Y luego sígueme". Déjalo todo. Le vienen a uno ganas de decir: "¡Pero eso es imposible! ¡No es humano!". Jamás será Dios inhumano. Cuando pide todo al hombre, devuelve al hombre a sí mismo. El dinero, la sabiduría y el poder son otros tantos ídolos que pueden recluir al hombre entre los barrotes de su dictadura. Dios revela que para él el hombre lo es todo. Nada exterior a nosotros necesitamos para enriquecernos: el hombre lo es todo para el hombre. Vende lo que tienes, que tú vales mucho más que un gorrión o que un lirio del campo.
"Déjalo todo". Jesús no ha venido a desesperar al hombre exigiéndole lo que no puede cumplir. Si hay que liberarse, es para caminar. libre de todas las trabas, por el camino que lleva a la vida. Jesús ha venido a pedirnos que crezcamos en el amor.
"Déjalo todo": éste es el quehacer que ha de ocupar toda una vida, pues la historia de una vida es crecer. "Vende lo que tienes"... En el orden de la ley, puede uno imaginarse que ha cumplido su deber. En el orden del amor, siempre se está en deuda con la persona a la que se ama. El amor se vive en la fidelidad que se inventa cada día y que siempre descubre horizontes nuevos.
"Déjalo todo" es un llamamiento a no aceptar el estancamiento de los mediocres, la suficiencia de los satisfechos, la falsa certidumbre de los que piensan que han llegado. "Vende lo que tienes", es decir, libérate, no te dejes apresar por las evidencias del mundo, en la facilidad de una religión muy codificada. Las moscas se dejan atrapar en la miel... No te fíes de las apariencias engañosas. Déjalo todo, libérate de la parte de ti mismo que desearía retenerte. "Anda, vende lo que tienes".
Dios nos empuja a nuestros últimos reductos. Para él, renunciar no es sinónimo de perder. Si vendemos lo que nuestras manos quieren retener todavía, no es para encontrarnos con las manos vacías, sino para verlas colmadas más de lo que esperábamos. Si se nos invita a descubrir de nuevo la renuncia como el deseo del Espíritu de vivir en nosotros, es para que nos neguemos a todo lo que nos impida vivir en plenitud.
Si vendemos lo que hemos adquirido trabajosamente, no es para partir a la aventura, sino porque ante nosotros tenemos una morada en la que se nos dará todo. Mientras dura la espera, debemos caminar en libertad y sin impedimentos...
SAL TERRAE/SANTANDER 1990.Pág. 141 S.




13.- Recibir 100 veces más los bienes que se han dejado no quiere decir que se van a recibir esos mismos bienes en cantidad multiplicada, sino recibir algo que sobrepasa cien veces a lo que se deja, es decir, que vale infinitamente más.
El que sigue a Jesús encuentra en él todo lo que ha dejado, no multiplicado cuantitativamente, sino cualitativamente. Quiere decir que en el seguimiento de Jesús se gana una plenitud de vida.




14.- Continuamos en el contexto del camino hacia Jerusalén y las predicciones de la pasión, cuando Jesucristo va mostrando a través de los acontecimientos y las palabras cuáles son los ideales de comportamiento para los que quieren seguirle. El texto de hoy tiene tres partes:
1. La llamada al seguimiento.
En el texto paralelo de Mateo (19,16ss) parece que Jesús presente los mandamientos de la Ley como el código de comportamiento para la gente "normal", mientras que el abandonarlo todo para seguirle fuese el ideal de perfección (recordemos la conocida frase: "Si quieres ser perfecto..."). En cambio, en el texto de Marcos, que da la impresión de ser más primitivo y más cercano al estilo radical de Jesús, la perspectiva es muy distinta.
Para Marcos, efectivamente, todo el que quiera "poseer la vida eterna" (= experimentar la vida plena del reino de Dios) debe colocarlo todo en función de un único valor: el seguimiento de Jesús. Y en este todo entra, claro está, el romper con el lastre de las riquezas y darlas a quien las necesita. Los mandamientos de la Ley, según nuestro texto, pues, son la base normal y necesaria que demuestra que uno tiene espíritu de buena voluntad, y merecen, por tanto, la mirada afectuosa de Jesús; pero en cambio no bastan para obtener la vida a quien los cumple: la vida sólo se obtiene con la opción total y con todas las consecuencias por Jesucristo.
2. La cuestión de las riquezas.
La primera parte del texto de hoy se centra en la absolutez del seguimiento de Jesucristo; ahora Jesús pasa a tratar directamente la cuestión de las riquezas, que es un impedimento clave para este seguimiento.
Vale la pena señalar sobre todo la "sorpresa" de los discípulos, que el evangelista destaca, en primer lugar como extrañeza y después como temor y desconcierto.
Efectivamente, era idea corriente entre los judíos que precisamente la riqueza era signo de la bendición de Dios: aquí, en cambio, autoritativamente, Jesús da un giro radical a esta concepción. Y todo esto (la absolutez de la exigencia del seguimiento, y la crítica a las riquezas) conduce a la angustiosa pregunta de los discípulos: "¿Quién puede salvarse?". Y la respuesta de Jesús es una cita de Génesis 18,14, en donde se recuerda la omnipotencia de Dios para cumplir sus promesas a Abrahán: también ahora Dios es omnipotente para transformar a los hombres y hacerlos capaces de seguir a Jesús y su Evangelio.
3. La recompensa a los seguidores.
La reivindicación -entre pícara e ingenua- de Pedro da paso al fragmento final de hoy. originalmente, probablemente, el fragmento era tan sólo una presentación del Reino de Dios como algo que superaba "al ciento por uno" todo cuanto los discípulos pudiesen dejar para seguir a Jesús. Más adelante, en el tiempo de la Iglesia, se añadió esta distinción entre tiempo presente y mundo futuro, y la referencia a las persecuciones.
Misa Dominical 1994, 13

jueves, 1 de octubre de 2015

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXViI TIEMPO ORDINARIO CICLO B - 4 OCTUBRE 2015

"SE PUEDE REZAR A PROPÓSITO DE UNA CUESTION DE MORAL”

  
ORACION COLECTA

Oh Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso desbordas los méritos y deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Génesis 2,18-24

El Señor Dios se dijo: «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude.».
Entonces el Señor Dios modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y se los presentó al hombre, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera. Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que lo ayudase. Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un letargo, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne. Y el Señor Dios trabajó la costilla que le había sacado al hombre, haciendo una mujer, y se la presentó al hombre.
El hombre dijo: «Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Mujer, porque ha salido del hombre. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.».

SALMO RESPONSORIAL (Sal 127)

Que el Señor nos bendiga desde Sion.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R.

Tu mujer, como parra fecunda, 
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo, 
alrededor de tu mesa. R.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R.


Que veas a los hijos de tus hijos.
¡Paz a Israel! R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 2,9-11

Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Así, por la gracia de Dios, ha padecido la muerte para bien de todos. Dios, para quien y por quien existe todo, juzgó conveniente, para llevar a una multitud de hijos a la gloria, perfeccionar y consagrar con sufrimientos al gula de su salvación. El santificador y los santificados   proceden  todos  del  mismo. Por eso no se avengüenza de llamarlos hermanos.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,2-16

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?». Él les replicó: «¿Qué les ha mandado Moisés?».
Contestaron: «Moisés Permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.».
Jesús les dijo: «Por su terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne." De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.».
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.».
Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí: no se lo impidan; de los que son como ellos es el reino de Dios. Les aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.».
Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

COMENTARIO

Jesús responde a una pregunta-trampa: “¿Le está permitido a un hombre repudiar a su mujer?”, intentando hacer reflexionar primero a sus adversarios y después a sus discípulos sobre el matrimonio tal como fue concebido por Dios. ¿Qué es lo que permite la ley?.
El matrimonio como creación de Dios: “Al principio”.
 Los hombres no dejarán de hacer a este propósito consideraciones y leyes, según la evolución de las costumbres, pero el evangelio nos remitirá siempre a lo que Dios quiso: una pareja fundada en la diferencia sexual y en la duración.
“Al principio del mundo, Dios los hizo varón y hembra. Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos un solo ser. Luego lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.
Algo muy sencillo y muy fuerte. Hay que partir de aquí para intentar ver las cosas claras siempre que se habla de la homosexualidad, de la poligamia, del divorcio y  de  la  infidelidad.
Contra concepciones diferentes (incluso respetables, como cierta poligamia africana), contra las rebeldías y los endurecimientos, lo mejor es volver a esta roca: “Al principio”. Gracias al juego de las culturas, el matrimonio ha tomado rostros diversos, también es algo que hay que meditar.
Marcos, que escribe para cristianos de origen pagano, advierte que en el derecho romano también puede divorciarse la mujer. Sin embargo, en cualquier cultura, sean cuales fueren los derroteros de la facilidad (criticar la duración y la fidelidad) o de la generosidad (ser comprensivo con los fracasos), Jesús exige que se tienda hacia ese ideal: un hombre y una mujer que se aman en lo mejor y en lo peor, en el tiempo  y por toda la eternidad. Su primer amor frágil tiene que transformarse en segundo amor inquebrantable: una mezcla de cariño, de aliento, de tenacidad y de fe, que permitirá resistir en las tempestades o lo que es peor a veces, en los días grises.
Ayer estaba mal visto divorciarse y entre los mejores cristianos había muy poca misericordia en este punto. Hoy en nuestra sociedad se acepta cualquier divorcio como un simple incidente  en  la  vida.
Muchos pierden las ganas de luchar para salvar un amor, el suyo o el de otras parejas y no debemos olvidar que lo que no pueden nuestras fuerzas, lo puede hacer la oración. Luchar es ante todo rezar.
También aquí es posible ceder a las ironías y a los desánimos cuando se habla de rezar para salvar un hogar. Cuando  se dice: “He  rezado mucho, pero ha sido inútil”. ¿De verdad se ha rezado mucho? ¿Con cuánta fe?
La oración que hacemos por cambiar el corazón del otro tiene que ser primero (y no suele serlo) oración por cambiar nuestro propio corazón, nuestras quejas, nuestras palabras, nuestro comportamiento.
 Aún en los casos extremos de divorcio, salvarse a sí mismo del odio y salvar del odio al otro y a los hijos es ya una victoria inmensa.
Pero también ha visto cómo se salvaba el amor por una oración casi a la desesperada.

PLEGARIA UNIVERSAL

Elevemos, hermanos, nuestra plegaria al Señor con aquella confianza filial que el Espíritu Santo suscita  en  nuestros corazones:

1.- Por la Iglesia, esposa de Cristo, signo para el mundo del hogar de Dios, abierto a todas las personas. Roguemos al Señor.

2.- Por los esposos que viven en su vida matrimonial en el amor, la fidelidad y la entrega. Roguemos al Señor.

3.- Por los hogares deshechos, los matrimonios separados. Roguemos al Señor.

4.- Por los novios, por los responsables de su preparación para el matrimonio. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros, por nuestras familias, por nuestra comunidad parroquial. Roguemos al Señor.

6. Para que nuestro Creador y Padre nos dé la lluvia necesaria, y nos motive para valorar los trabajos de los campesinos, así, con abundantes cosechas, podremos reparar nuestros males, recuperar nuestras emergías y ser solidarios con los necesitados. Roguemos al Señor

Dios nuestro, que has creado al hombre y a la  mujer para que sean los dos una sola carne en la libre armonía del amor, retorna a los hijos de Adán a la santidad de  su origen y dales un corazón   fiel,  a fin  de  que ningún poder humano separe aquello que tú mismo has unido. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, la oblación que tú has instituido y por estos santos misterios, que celebramos para darte gracias, santifica a los que tú mismo has redimido. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Concédenos, Señor todopoderoso que de tal manera saciemos nuestra hambre y nuestra sed en estos sacramentos que nos transformemos en lo que hemos recibido. Por Jesucristo nuestro Señor.

ACCION DE GRACIAS

  Bajo tu amparo nos acogemos,
  Santa Madre de Dios;
  no deseches las oraciones
  que te dirigimos
  en nuestras necesidades,
  antes bien
  Líbranos  de todo peligro,
  ¡Oh Virgen Gloriosa y bendita!
  Amen.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 5: Jon 1, 1—2, 2.1-11; Sal de Jon 2, 3-8; Lc 10, 25-37.
Martes 6: Jon 3, 1-10; Sal 129, 1-4.7-8; Lc 10, 38-42. Se puede celebrar la memoria de San Bruno, Presbítero (blanco)
Miércoles 7: Nuestra Señora la Virgen Del Rosario (MO) Jon 4, 1-11; Sal 85, 3-6.9-10; Lc 11, 1-4.
Jueves 8: Mal 3, 13-20ª; Sal 1, 1-4.6; Lc 11, 5-13.
Viernes 9: Jl 1, 13-15; 2, 1-2; Sal 9, 2-3.6-16.8-9; Lc 11, 15-26.
Sábado 10: Jl 4, 12-21; Sal 96, 1-2.5-6.11-12; Lc 11, 27-28.
Domingo 11: XXVIII Tiempo Ordinario Sab 7, 7-11; Sal 89, 12-17; Heb 4, 12-13; Mc 10, 17-30.



OTROS COMENTARIOS AL EVANGELIO


Mc 10, 2-16 
Par: Mt/19/02-15  Lc/18/15-17


Según Mateo (19,3), se acercaron a Jesús unos fariseos exigiéndole que se definiera en una cuestión de escuela; esto es, en la polémica mantenida entre los rabinos Schammai (rigorista) e Hillel (laxista) sobre el motivo suficiente para repudiar a la mujer conforme a lo dispuesto por Moisés. Pero en este texto de Marcos, la cuestión planteada por los fariseos es la licitud o no del divorcio. Marcos escribe para los romanos, a quienes no les interesaba tanto la legislación mosaica sobre el libelo del repudio cuanto el problema más radical de la licitud del divorcio. De ahí la diversidad del planteamiento en uno y otro evangelio.
Jesús, sin esperar que le citen el Dt 24,1, les pregunta qué ordena Moisés al respecto.
Los fariseos responden correctamente, y así fija con claridad el estado de la cuestión. Y pasa a interpretar la ley de Moisés como una concesión necesaria por causa de la dureza de corazón de los judíos, incapaces de guardar un orden moral más elevado. En toda concesión, perfectamente legítima en determinadas circunstancias no hay que buscar nunca el ideal al que debe orientar tanto la legislación como la conducta humana. También esta concesión de Moisés implica una tolerancia y en cierto sentido una acusación. Jesús, que no condena a Moisés, denuncia la dureza de corazón de los judíos.
Y elevándose por encima de las leyes, siempre condicionadas por las situaciones históricas de un pueblo determinado, Jesús proclama lo que fue un principio y lo que debe ser el fin del matrimonio.
Lo mismo que en las famosas antítesis del Sermón de la Montaña (Mt 5, 21-48), Jesús no opone aquí propiamente una ley a otra, aunque, ciertamente, corrige y completa lo que era todavía imperfecto en la ética del A.T. Por lo tanto, la declaración de Jesús debe anunciarse como evangelio. Lo mismo que las bienaventuranzas. En ninguno de los dos casos el creyente debe desoir lo que se propone como expresión de la voluntad salvadora de Dios.
Lo que Jesús ha dicho originariamente, la palabra del Señor, se concreta luego en la comunidad de los discípulos ("en casa", una expresión que alude probablemente a la comunidad cristiana).
Pero Mateo, que presupone otro ambiente comunitario (el judeo-cristiano) recoge otra tradición en la que se concreta la misma palabra del Señor de una forma legal menos rigurosa (Mt 5, 32; 19,9). También la Iglesia, hasta nuestros días, se ha visto obligada a hacer concesiones sin renunciar nunca al ideal del matrimonio que proclama Jesús para todos los creyentes; por ejemplo, al admitir la separación conyugal sin nuevo matrimonio y, sobre todo, anulando el matrimonio rato y no consumado. Hay que notar que este matrimonio "rato" es verdadero matrimonio.
Eucaristía 1982, 45)


2.- En este pasaje de Marcos se presenta a Jesús, sobre todo como el intérprete supremo del Antiguo Testamento. Al remitir a la Escritura, Jesús muestra una autoridad que le coloca, en cierto modo, en el mismo nivel de los textos sagrados, si es que no por encima de ellos.
Junta audazmente los dos versículos del Génesis relativos a la creación del hombre y de la mujer (Gn 1, 27 y 2, 24), añadiendo así a la tesis teórica, precisa pero fría, del primero, el calor vital del segundo. Después, relaciona el versículo del Génesis con el del Deuteronomio, citado por los fariseos, para hacerles juzgar al uno con el otro, o, más bien, para decidir que el uno juzga al otro y lo anula. Se considera al versículo del Deuteronomio como excesivamente "permisivo", influenciado por la estrechez de espíritu o la dureza de corazón de sus primeros destinatarios. Se otorga la diferencia al versículo del Génesis, más exigente. Así se refirió Jesús a las Escrituras, pero lo hizo con autoridad, decidiendo sobre el valor respectivo de los textos.
Para el evangelista, ahí está el punto esencial. Jesús es el intérprete autorizado del Antiguo Testamento. Los fariseos que le rodean no pueden dar más que una exégesis menguada y parcial.
Sólo Jesús expresa la auténtica verdad bíblica. Además, decide sobre la doctrina relativa al matrimonio. Recuerda la verdadera igualdad de los sexos, prevista por el Génesis, y de ella deduce consecuencias imprevistas. El autor del Génesis no había considerado la indisolubilidad del matrimonio; Jesús la lee en su texto, y la enseña. Con él, y a través del Antiguo Testamento adquieren sus plenas dimensiones, y se hacen definitivas; pues, como se sabe, "él tiene palabras de vida eterna".
Edit. Sal Terrae Santander 1981.Pág. 133


3.- La versión de Marcos concerniente a la discusión entre Jesús y los fariseos sobre el divorcio es ligeramente diferente de la de /Mt/19/01-09. El segundo evangelista, teniendo en cuenta a un público poco familiarizado con el juridismo de la ley judía y la Palabra de Dios, insiste más que Mateo en la ley de la naturaleza. Dice también que "Dios les hizo hombre y mujer" (v. 6), mientras que Mateo se refiere a una "palabra" de Dios a Adán y Eva (Mt 19, 5). Y mientras que Mateo distingue la ley de Moisés y lo que éste ha tolerado en algunos casos, Marcos hace referencia directamente a la voluntad de Dios (v. 9). Por último, descartando el inciso de Mt 19, 9, Marcos evita una seria dificultad de interpretación del pensamiento de Jesús.
Para él, el hombre no puede destruir una unidad inscrita en su naturaleza.
a) La discusión sobre el divorcio se sitúa en tres niveles sucesivos. Al comentar el Dt 24, 1, los fariseos habían ampliado considerablemente los motivos de ruptura, pero no se habían puesto de acuerdo en torno a la lista de éstos (cf. Mt 19, 3). El evangelista no alude a estas discusiones; únicamente supone que los fariseos acaban de preguntar a Jesús si está permitido repudiar a su mujer, pregunta un tanto sorprendente por parte de aquellos, ya que tal posibilidad era admitida por el Dt 24, 1. Marcos no ofrece, en este aspecto, la versión original.
El evangelista considera que los fariseos se refieren a la propia ley (v. 4). Pero esta prescripción, les dice Jesús, debe ser abolida y la solución ha de buscarse a nivel de la voluntad de Dios, inscrita en la naturaleza (Gén 1, 27; 2, 24), según la cual el hombre y la mujer deben permanecer unidos. Ningún hombre, incluido Moisés, tiene derecho de deshacer esta unidad radical del matrimonio (vv. 11-12).
b) Para comprender bien el alcance de esta perícopa no debe olvidarse que el mensaje que contiene forma parte del anuncio del Reino que viene bajo el aspecto de un paraíso por segunda vez encontrado. Marcos ha hecho ver ya que el Reino era una victoria sobre el pecado original (Mc 2, 1-10?), una victoria sobre la enfermedad y la muerte (Mc 5, 21-43).
En este pasaje, Marcos precisa que el Reino es también una reanudación del proyecto inicial, concerniente a la unidad del matrimonio por el amor.
La aventura conyugal es, en definitiva, uno de los terrenos privilegiados en que toma cuerpo la venida del Reino, con tal de que sea vivida con la máxima fidelidad a la iniciativa original de Dios.
La doctrina de Marcos es, pues, muy clara: el matrimonio no es solamente un contrato facultativo entre dos personas, sino que está implícito en él la voluntad de Dios, inscrita en la complementariedad de los sexos. No basta la sola voluntad de los esposos para explicar el matrimonio y su unidad: la propia voluntad de Dios y su unidad son parte interesada en el matrimonio. Esta es la razón por la que el divorcio no es solamente una injusticia contra el consorte perjudicado; es también una injusticia contra el mismo Dios. Aún se puede preguntar si la armonía de las voluntades es hasta tal punto clara que lleva consigo realmente -con todas las posibles limitaciones de los compromisos humanos- una unión natural aceptable y, como consecuencia, la expresión de la voluntad divina.
Maertens-Frisque
Marova Madrid 1969.Pág. 140


4.- Otra dimensión esencial de la nueva comunidad mesiánica será la renuncia al orgullo. El relato de los niños es bastante claro a este respecto: los discípulos no reñían a los que llevaban niños porque pudieran molestar al maestro, sino precisamente porque los niños no representaban nada.
Según ellos, el reino de Dios era un asunto de adultos; y para alcanzarlo era necesario hacer opciones conscientes, tener determinados méritos, realizar las obras correspondientes. Jesús piensa todo lo contrario: el reino de Dios tiene que ser recibido, o sea es una iniciativa divina. Por lo tanto, la única postura apta para "recibir" es la de los niños: el reino de Dios se recibe primero, después se entra en él.
A lo largo de los siglos la ascética cristiana ha abusado no poco de este texto, queriendo presentar el infantilismo irresponsable como la auténtica actitud de un cristiano.
Ahora bien, según esta ascética equivocada, esta "irresponsabilidad" se ejerce frente a unos hombres determinados que imponen tiránicamente sus ideas: o mediante una seducción personal de tipo iluminista o mediante el chantaje de los intereses económicos, sociales y políticos.
Jesús habla de todo lo contrario, o sea del reino de Dios. Este es un subrayado constante del segundo evangelio: en aquellas primitivas comunidades ya apuntaba el peligro de presentarse como el "sucedáneo" de Jesús. Según este texto, la resurrección habría colocado a Jesús en una altura inaccesible, dejando su puesto vacío a disposición de unos responsables puramente humanos que tendrían que hacer lo mismo que Jesús. El segundo evangelista se rebela constantemente contra esta perspectiva: la resurrección de Jesús ha hecho que siga presente en la comunidad cristiana y que su puesto no pueda ser ocupado por nadie. Solamente él puede tener el "capricho" de llamar discípulos sin dar ninguna razón.
Los discípulos de Jesús serán niños, sí, pero solamente ante Dios; ante los demás deberán ser conscientes y responsables, e incluso no deberán permitir que se produzca esa intromisión de los dirigentes eclesiales cuando se hacen pasar por "sucedáneos" de Jesús, creando para ello una cristología evasiva y una consiguiente eclesiología triunfalista.
De aquí también se deduce que una inspiración cristiana de la pedagogía deberá buscar ansiosamente que este estado de infantilidad se mantenga solamente ante Dios, no ante ningún poder terreno. Esta es la pedagogía liberadora: el monopolio de Dios sobre la conciencia del hombre obliga a los creyentes a no tolerar que nadie ponga sus manos sobre la libertad del ser humano, incluso desde sus primeros balbuceos.
Edic Marova/Madrid 1976.Pág. 1175 S.


5.- Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre
Era muy viva entre los rabinos del tiempo de Cristo la discusión sobre la interpretación que había que dar a los pasajes del Pentateuco en los que se legisla sobre las posibilidades que tiene el hombre de repudiar a la mujer (cf. Dt 24,1), y los fariseos querían saber la opinión de un maestro cualificado como Jesús. Por eso, en el texto paralelo de Mt (19,3) se añade si el repudio puede ser "por cualquier motivo", que es la cuestión que realmente se planteaba en la polémica rabínica. Pero Mc, que escribe para un ambiente muy alejado de los problemas legales judíos, convierte el tema en una enseñanza general sobre el matrimonio y el divorcio. Por eso, añade también al final, paralelamente a la crítica contra el divorcio promovido por el hombre (única posibilidad entre los judíos), la crítica contra el promovido por la mujer (posible en las leyes de los países paganos).
Jesús responde al problema presentando el ideal de plenitud mesiánica, como había hecho en otros momentos (cf. el sermón de la montaña), ideal que consiste en la plena aplicación del plan de Dios sobre el hombre. Efectivamente, la ley de Moisés, que contenía la concesión de la posibilidad del repudio, estaba hecha para regular la vida de los hombres en un mundo sometido al pecado y en el que los corazones no estaban plenamente impregnados de la voluntad de Dios. Pero ahora, en la nueva época mesiánica, cuando como habían anunciado los profetas el amor de Dios será grabado en el corazón de cada hombre, el planteamiento de toda esta cuestión tendrá que ser otro: tendrá que ser la plena realización de lo que Dios había dicho al principio, cuando el pecado aún no había llegado al mundo y no había puesto el veneno capaz de destruir la unión de hombre y mujer: que esta unión hace que el hombre y la mujer sean una sola carne, algo inseparable. Y esto por este motivo, hecho realidad al menos como ideal: porque el pecado destructor ha sido superado, y los corazones de los hombres han sido transformados por Dios.
Misa Dominical 1994, 13


6.- El capítulo de Marcos nos presenta a Jesús de camino. Se aleja lentamente de su Galilea natal, hasta llegar a Judea y a Jerusalén, meta de su peregrinación. La tensión sube gradualmente. La confrontación con los dirigentes judíos va en aumento y la incomprensión de los discípulos se hace más evidente. Todo. desembocará en la soledad del Gólgota.
Hoy, y en los tres próximos domingos, leeremos las cuatro perícopas de este capítulo de Marcos. No se ha de perder la visión de su conjunto, para entender mejor cada una de ellas: la "prueba" de los fariseos, el desengaño del joven rico, las pretensiones de los Zebedeos y la curación del ciego de Jericó.
La legislación judía ha admitido siempre el divorcio. La "prueba" de los fariseos consiste en obligar a Jesús a tomar partido en favor de una de las tendencias de la época: la rigorista, que tan sólo admitía el divorcio en casos graves; o la liberal, que la aceptaba por cualquier causa. Jesús opta por una huida hacia adelante. Basándose en la Escritura y mediante un método de argumentación típicamente rabínico, se coloca en el ideal del proyecto querido por Dios en Génesis 2.
Esta perícopa no constituye tanto una página de Derecho Canónico, como una una interpelación dirigida a todos, célibes y casados, para que revisemos y confrontemos nuestra vida de cada día con el proyecto de vocación al que Dios nos llama desde siempre.
Misa Dominical 2000 12 43


3. Véase Mat. 10, 16 y nota: "Mirad que Yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas".
4. Ni saludéis: Los orientales son muy ceremoniosos y para ellos saludar equivale a detenerse y perder tiempo. Véase Mat. 10, 9 s. y nota. 
12. El rechazo de los predicadores del Evangelio es para Jesús el peor de los agravios (Juan 12, 47 s.).
13. Él ¡ay! del Señor se ha cumplido de modo espantoso. Las ruinas de esas ciudades lo denuncian hasta hoy. Cf. 11, 21 - 23: "Cuando el hombre fuerte y bien armado guarda su casa, sus bienes están seguros. Pero si sobreviniendo uno más fuerte que él lo vence, le quita todas sus armas en que confiaba y reparte sus despojos. Quien no está conmigo, está contra Mí; y quien no acumula conmigo, desparrama".
16. Véase Mat. 10, 40: "Quien a vosotros recibe, a Mí me recibe, y quien me recibe a Mi, recibe a Aquel que me envió"; Juan 13, 20: "En verdad, en verdad, os digo, quien recibe al que Yo enviare, a Mí me recibe; y quien me recibe a Mí, recibe al que me envió".
ACI Digital 2003