viernes, 17 de junio de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XII TIEMPO ORDINARIO CICLO C - 19 JUNIO 2016

“PARA TI, EN ESTE MOMENTO, ¿QUIÉN SOY YO?”.
  


ORACION COLECTA

Concédenos, vivir siempre en el amor y respeto a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Zacarías 12,10-11;13,1

Así dice el Señor: «Derramaré sobre la dinastía de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de clemencia. Me mirarán a mí, a quien traspasaron, harán llanto como llanto por el hijo único, y llorarán como se llora al primogénito. Aquel día será grande el luto en Jerusalén, como el luto de Hadad-Rimón en el valle de Meguido.». Aquel día, se alumbrará un manantial, a la dinastía de David y a los habitantes de Jerusalén, contra pecados e impurezas.

SALMO RESPONSORIAL (62)

Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria!. Tu gracia vale más que la vida,  te alabarán mis labios. R.
Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R.

Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 3,26-29

Todos son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Los que se han incorporado a Cristo por el bautismo se han revestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y, si son de Cristo, son descendencia de Abrahán y herederos de la promesa.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,18-24

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.».
Él les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?».
Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.».
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.».
Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.».

COMENTARIO

Y ustedes ¿quién dicen que soy?. Es el test sobre nuestras relaciones con Jesús. Por una parte, el misterio de su personalidad es tan grande y tan desconcertante, y por otra parte evolucionamos tanto nosotros mismos, que continuamente hay que precisar de nuevo qué es lo que vamos siendo  en relación con él. Lucas indica que Jesús había estado “orando solo”. Es así como se tiene que preparar uno siempre que llega a un momento clave de su vida. Antes de entrar en los días difíciles, quiere verificar el estado de sus relaciones con sus discípulos.
Si no era para ellos más que un rabino, su enseñanza sería lo más importante. Pero debido a todo lo que él es, no se le puede escuchar ni seguir más que avanzando hacia su misma persona hacia su misterio.
Ese “¿quién soy yo para ustedes?” No es la pregunta curiosa y cariñosa de un maestro, sino una verificación capital: si no vislumbras suficientemente lo que soy, no entrarán en la relación absolutamente única que tiene que ligarles conmigo.
Se trata sin embargo de un error frecuente: leemos el evangelio e intentamos vivirlo, sin verificar bastante nuestras ideas sobre Jesús. Deberíamos comenzar cada lectura del evangelio – y más aún cada etapa importante de nuestra vida creyente-, poniéndonos bajo este interrogante  de Jesús: En este momento ¿quién soy yo para ti?. Para ti, no para la gente. Para ti, personalmente, por encima de las respuestas hechas. Una pregunta delicada.  Entonces progresaríamos de dos maneras: en el conocimiento de   Jesús   y   también en  la convicción de que sólo se vive  de verdad con él (escucharle, amarle y seguirle) a fuerza de situarnos bajo su misterio terreno y celestial. Siempre que nos aferramos sólidamente a un título: Mesías, Hijo de Dios, Verbo Dios y hombre, liberador, un profeta asesinado, el Sagrado Corazón, verdadero Dios y verdadero hombre, súper-star... Jesús impone silencio... sentimos la tentación de creer que hemos captado el misterio. Es difícil conocer a Dios sin herirle. Pero no, la relación con Jesús es una continua búsqueda de una doble identidad: “¿quién soy yo ahora?” ¿Y quién es Jesús para mí, ahora? Por otra parte, esto es verdad en toda relación: es incansablemente un reajuste recíproco ya que los dos cambian, es ésta una idea vulgar que olvidamos muchas veces en la práctica de nuestras relaciones ordinarias y sobre todo en el caso de Jesucristo. Pero Cristo ¿no cambia?. Sí, en dos aspectos. Primero, siendo cada vez mejor conocido. Los exegetas, los teólogos, los místicos y el pueblo de Dios movido por el Espíritu no cesan de escudriñar su misterio. ¡Y ese misterio es el misterio de un viviente! Consecuencia de la encarnación y de la resurrección, lo que Cristo va viviendo con los hombres en cada época hace de él un Cristo que cambia, un Cristo más “Total” aguardando el día en que adquiera su estatura completa. No podemos tratar de veras con él más que dejándonos trabajar por su pregunta continuamente reactualizada: “Para ti, en este momento, para el mundo en que vives y que influyes en ti “¿quién soy yo?”.

PLEGARIA UNIVERSAL

Hoy contemplamos a un Dios preocupado por su pueblo. Con esa convicción suplicamos al Señor, diciendo: Señor, acompáñanos en la vida.

1.-  Por el Papa Francisco, los obispos, los sacerdotes, los diáconos y los fieles de la Iglesia, para que escuchen la voz de Dios y guarden su alianza. Señor, acompáñanos en la vida.

2.- Por los que gobiernan las naciones, para que, imitando y siguiendo la voz de Cristo, atiendan las urgentes necesidades de sus pueblos. Señor, acompáñanos en la vida.

3.- Por aquellos que, dejándolo todo, fueron a proclamar el reino de los cielos y a atender a los necesitados. Señor, acompáñanos en la vida.

4.- Por todos nosotros -presentes en esta Eucaristía-  para que seamos siempre conscientes del gran amor que nos tiene Cristo, quien murió por nosotros y correspondamos  llevando ese  amor a los más necesitados. Señor, acompáñanos en la vida.

Señor, haz que con la escucha frecuente de tu Palabra y el  continuo  alimento de tu Cuerpo, sigamos con rectitud tus caminos,  ayúdanos y concédenos lo que verdaderamente necesitamos. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor este sacrificio de reconciliación y alabanza, para que purificados por su poder, te agradecemos con la ofrenda de nuestro amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Renovados con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, imploramos de tu bondad, Señor, que cuanto celebramos en cada eucaristía sea para nosotros prenda de salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes:    1R. 17.5-8.13-15ª.18;  Sal 59;  Mt. 7, 1-5.
Martes: San Luis Gonzaga, Religioso (MO)
R. 19, 9b-11.14-21.31-35ª.36; Sal 47; Mt. 7, 6.12-14.
Miércoles: 1R. 22, 8-13; 23, 1-3; Sal 118; Mt. 7, 15-20.
Jueves: 1R. 24, 8-27; Sal 78; Mt. 7, 21-29  
Misa Vespertina de la Vigilia (S)
Jr 1, 4-10; Sal 70; 1P 1, 8-12; Lc 1, 5-17.
Viernes: Natividad e San Juan Bautista (S) 
Is 49, 1-6; Sal 138; Hc 13, 22-26; Lc 1, 57-66.80.
Sábado: Lam. 2, 2.10-14.18-19; Sal 73; Mt. 8, 5-17.
Domingo:  1R. 19, 16b.19-21; Sal 15; Gl. 5, 1.13-18; Lc. 9, 51-62.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 9, 18-24

1.- Texto.
A la pregunta de quién es Jesús formulada por Herodes en Lc. 9, 7-9, Lucas ha respondido presentándonos a un Jesús que acoge a la gente y no la abandona a su propia suerte (Lc. 9, 10-17). Era el modelo a imitar que veíamos el día del Corpus. El texto de hoy arranca de la misma pregunta, formulada hoy por el propio Jesús: ¿Quién dice la gente que soy yo? La respuesta la hallamos en el v.22: El hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser desechado, ser ejecutado y resucitar al tercer día. Esta respuesta es un correctivo a la opinión sobre Jesús formulada por Pedro en términos de Mesías, es decir, de agente libertador del pueblo judío y restaurador del reino de Israel.
Frente a esta opinión, Jesús habla de su muerte y resurreción, para en los vs. 23-24 hacer extensivo este mismo camino a todos: El que quiera seguirme...
Una vez más, la perspectiva de Lucas no es tanto cristológica cuanto catequética. Lucas construye el texto pensando en Jesús como ejemplo a imitar; su interés es decirle al lector cómo debe ser a semejanza de Jesús. De la misma manera que Jesús tiene que morir y resucitar, el cristiano puede también perder su vida y salvarla. Muriendo a manos de otros y resucitando a manos de Dios, Jesús es el modelo de muerte cristiana.

Comentario. El modelo cristiano no es ascético. Negarse a sí mismo y cargar con su cruz cada día son al seguidor de Jesús lo que padecer, ser desechado y ser ejecutado son en Jesús. Jesús no murió; lo mataron. La negación de sí mismo y la cruz no son un ejercicio de autodominio y de sufrimiento que tenga su origen en la voluntad del ejercitante. La negación de sí mismo y la cruz de los que habla el texto tienen su origen en la voluntad de otros presionando sobre y contra el seguidor de Jesús.
El modelo cristiano ahonda sus raíces en el puro y crudo realismo. Enraizado, sin embargo, en el realismo, el modelo cristiano es lo más opuesto al fatalismo, al desengaño o la frustración. En el cristiano no hay cabida para la desesperanza.
Es importante recalcar, por último, que el modelo cristiano trazado en el texto es un camino común a todos. No cabe hablar de un camino para perfectos ni de consejos evangélicos. Se trata de un camino cuyo único requisito previo es querer hacerlo. El modelo es único y para todos el mismo, para todos duro, pero también maravilloso y esperanzado.
DABAR 1989/34



2.-Texto. A diferencia de los otros dos sinópticos, que sitúan la escena en la zona de Cesárea de Filipo. Lucas omite toda referencia local, sustituyéndola por un tiempo de oración de Jesús. Con este telón de fondo asistimos después a la conversación de Jesús con sus discípulos. Y cosa muy poco habitual, el tema de conversación versa sobre el propio Jesús.
¿Quién dice la gente que soy yo? ¿Quién decís que soy yo? Oponiéndose a la opinión de sus discípulos, Jesús habla de sí mismo como del Hijo del hombre que tiene que padecer mucho, ser desechado, ser ejecutado y resucitar. "Tiene que" rige a los cuatro infinitivos. En las palabras que siguen Lucas amplia el auditorio, hecho no suficientemente recogido por la traducción litúrgica. Van dirigidas no sólo a los discípulos sino a todos en general. El tono de las mismas ya no es el de la conversación distendida sino el de la afirmación grave y categórica. El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. La puntualización "cada día" confiere a las palabras un matiz que no se encuentra en los otros sinópticos.
Comentario. La fórmula de encabezamiento en el original confiere a este texto la categoría de texto importante. La mención de la oración ratifica este calificativo. En todo lo que llevamos de actuación de Jesús es la primera vez que el autor centra su atención en Jesús mismo, no en lo que éste dice o hace. ¿Quién es Jesús? Se trata, pues, de adentrarse en su persona, de saber de él.
Se sucede una reseña de opiniones. Es eso, una simple reseña, porque Lucas no entra en su valoración. Pero hay una opinión en la que sí se detiene. Es la expresada por Pedro: El Mesías de Dios. Y se detiene para prohibirla y, en su lugar, hablar de el Hijo del hombre.
Ríos de tinta han corrido a propósito de ambos títulos. Me siento incapaz de una síntesis.
Tampoco, tal vez, sea importante o necesaria aquí. Pero lo que sigue sí que lo es: Tiene que padecer mucho, ser desechado, ser ejecutado, resucitar.
J/MU/NECESIDAD J/PASION/NECESIDAD TENER-QUE: Es decir, los padecimientos infligidos, la muerte impuesta y la resurrección forman parte esencial y necesaria de la vida de Jesús. "El Hijo del hombre tiene que". La explicación de esta necesidad nos llevaría muy lejos. Simplemente quiero indicar que esta necesidad no tiene nada que ver con la fatalidad de la tragedia clásica griega. Es una necesidad que ahonda sus raíces en la vida tal y como ésta es: con sus mezquinos y mortales juegos de intereses, pero también con la presencia de la gracia.
Jesús vive inmerso en ambos componentes: por eso tiene que ser eliminado y tiene que vivir.
CZ/SEGUIMIENTO: Pero esta condición no es aplicable solamente a Jesús. Los dos últimos versículos de hoy la hacen extensiva a todos y cada uno de sus seguidores. El v. 23 aclara el concepto de seguimiento: El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. En la formulación de Lucas no se trata de seguir a Jesús con vistas al momento final de la cruz, sino de un seguimiento continuado, día a día. La cruz deja de referirse exclusivamente a un instrumento de suplicio concreto y determinado y pasa a abarcar la mil pruebas que en el vivir cotidiano acechan al seguidor de Jesús por el hecho de serlo y de llevar un estilo de vida como el suyo. Este estilo de vida puede llevar al seguidor de Jesús a tener que dejar jirones de su vida en el camino, pero sólo un estilo de vida así merece realmente el nombre de vida.
DABAR 1986/35



3.-Aunque Lucas no dice donde ocurrió esta escena, sabemos por los otros sinópticos que fue en un lugar cercano a Cesarea de Filipo.
Por su parte, Lucas es el único que nos habla de esta oración de Jesús en presencia de sus discípulos. La oración de Jesús solo al Padre es una señal de su relación singular con él, en la que nadie puede inmiscuirse.
Jesús tiene conciencia de su dignidad y de su misión, sabe quién es y lo que ha venido a hacer en el mundo. Pero los hombres no pueden hacer otra cosa que barruntar este misterio insondable y muchas veces andan despistados. La gente está dividida en sus opiniones respecto a Jesús: unos dicen que es el bautista revivido, otros que Elías o alguno de los antiguos profetas.
Jesús interpela directamente, personalmente, a los suyos, a los que ha elegido y reunido en torno a su persona. La fe es una respuesta personal al misterio de Cristo que nos interroga.
Pedro responde por sí mismo y, en cierto modo, en nombre de los doce. Lo que dice de Jesús es la expresión de un conocimiento que le ha sido dado. No inspirado por la simpatía o por la admiración al Maestro, por la carne o por la sangre, sino por el Padre.
Nadie puede entrar en el misterio de Cristo, si Cristo no se manifiesta en sus palabras y en sus obras, y si Dios mismo, el Padre, no le introduce en ese misterio.
Jesús prohíbe a sus discípulos que vayan diciendo a la gente que él es el mesías de Dios. No por nada, sino porque quiere evitar malentendidos. Los contemporáneos de Jesús, incluso sus propios discípulos, pensaban en un mesías que restableciese el honor de Israel y lo librara de la opresión extranjera que padecía. El significado de la persona, de las palabra y las obras del Maestro, de la excelsa dignidad del mesías de Dios, lo descubrirían los apóstoles tan sólo a la luz de los acontecimientos pascuales. Entonces, y una vez recibido el Espíritu Santo, llegaría el momento de proclamar sin equívocos que Jesús es el Cristo, el mesías de Dios.
Jesús entiende su mesianismo de acuerdo a lo anunciado por Isaías sobre el siervo de Yahvé. Ha venido, por tanto, a cumplir en todo la voluntad de Dios. Y ésta es la voluntad de Dios: que el hijo del hombre padezca, muera y resucite. Lucas no dice cómo reaccionaron los discípulos ante semejante programa, pero Marcos nos dice que el mismo Pedro que confesó su fe trató de apartar a Jesús de este camino (Mc 8, 32).
La suerte que Jesús está dispuesto a correr entregando su vida hasta la muerte de cruz, es elevada a norma de conducta de cuantos quieran seguirle como discípulos. Sólo así puede llegar a la gloria de la resurrección, sólo así resucitarán con él los que creen en él. Porque vivir es dar la vida, y retener la propia vida para ponerla a salvo es morir sin remisión.
EUCARISTÍA 1989/29



4.-a) En un primer momento, Cristo quiere obtener una confesión de los Doce sobre su mesianidad. Por boca de Pedro, los apóstoles llegan a confesarla, después de haber descartado las demás hipótesis posibles.
Pero esta mesianidad es equívoca en la medida en que entraña, en el espíritu de los contemporáneos, la idea del restablecimiento del Reino por la violencia y por un juicio de las naciones.
También Cristo impone antes que nada el silencio a los suyos, sugiriéndoles que no habrá mesianidad sino a través de la muerte y la resurrección.
MESIAS/CZ: En un momento dado de su ministerio Jesús ha tomado, pues, conciencia de las modalidades en las que iba a ejercerse su mesianidad y ha hecho compartir esta convicción a los suyos. Se advertirá que esta luz le ha sido dada (v. 18) en el curso de un tiempo de oración. En su deseo de responder lo más perfectamente posible a la voluntad de Dios, Jesús quiere que su mesianidad no tenga nada de político ni de desquite (cf. Mt 8, 4-10), sino que sea toda de dulzura y de perdón. Esta opción no es fácil de tomar ni de mantener. Numerosas oposiciones se dirigen contra Jesús, y este no tarda en darse cuenta de que tal elección le conducirá a la muerte (v. 22).
Cabe imaginarse el drama de conciencia de Cristo: se sabe encargado de cumplir con una vocación mesiánica, entiende que ha de cumplirla en la dulzura y con medios pobres y se da cuenta de que no podrá conducir a buen término su obra al intervenir la muerte antes de su realización. ¿Entonces? Sin duda Dios quiere que sea más allá de la muerte cuando Jesús complete con éxito su misión mesiánica. ¡Dios no le abandonará, sin duda, en la muerte! De esta manera Cristo llega a pensar en su resurrección y a proclamarla (v. 22).
b) Esta meditación de Cristo sobre el más allá de su muerte explica, sin duda, que este pasaje inaugurara primitivamente el discurso eclesiástico (Mt 18): al presentar su muerte Cristo comienza, en efecto, a constituir la comunidad que prolongará su obra. Por esto se preocupa de la fe y de la fidelidad de sus discípulos: Lucas ha condensado en los vv. 23-26 algunas sentencias de Cristo sacadas del discurso apostólico (Mt 10, 33, 38, 39): los discípulos del Mesías no resultarán más favorecidos que el Maestro si permanecen profundamente fieles a su papel mesiánico en el mundo e integran a su misión el sufrimiento y el despojo que le son inherentes.
J/ORACION. Lucas muestra a Cristo en oración cada vez que va a tomar una decisión importante o va a comprometerse en una nueva etapa de su misión (cf. Lc 3, 21; 6, 12; 9, 29; 11, 1; 22, 31-39). Lucas es, en este caso, el único que menciona la oración de Cristo (v. 18) antes de obtener la profesión de fe de los suyos y de anunciarles su Pasión. Así cabe pensar, como en cada una de las demás circunstancias mencionadas por Lucas, que Jesús reza por el cumplimiento de su misión, cuyos contornos no ve más que en la oscuridad. No basta explicar esta actitud de oración en Jesús por el deseo único de dar ejemplo a sus apóstoles. Jesús no ora simplemente con fines edificantes. Si reza es porque realmente el objeto de su oración no le parece cierto: los teólogos que atribuyen a Jesús un conocimiento perfecto del futuro no pueden dar un contenido real a la oración implorante de Jesús: no se reza para que la ley de la gravedad produzca sus efectos. Si Jesús reza es que el futuro, como es el caso de todo hombre, no está en sus manos, y que la incertidumbre sobre lo que va a pasar reina en su conciencia. La voluntad humana, que es la suya, no tiene en sí misma el poder de realizar su misión; también El pide a Dios luz y ayuda.
La oración de Jesús es, pues, real: significa que El afronta el misterio de la muerte que se perfila en el horizonte de su ministerio en la oscuridad de la conciencia y del saber humanos.
MAERTENS-FRISQUE 5.Pág. 95



5.-Lucas ha terminado la narración de la actividad de Jesús en Galilea y antes de iniciar la narración del viaje a Jerusalén se dirige al grupo de los discípulos y les revela los misterios del reino de Dios. En este contexto y la lectura de hoy es el punto culminante del progreso.
La confesión mesiánica de Pedro viene corregida y desarrollada en la revelación del misterio del sufrimiento del Mesías. A esa revelación se vincula íntimamente el llamamiento a tomar la cruz. El texto habría sido más completo si se hubieran añadido las sentencias siguientes en las que se precisan los riesgos que pueden desfigurar y desvirtuar el seguimiento de Jesús: el afán de ganancias y el miedo a confesar a Jesús, avergonzarse...
Pedro no confiesa sólo a Jesús como Mesías sino como el Mesías de Dios. Al presentarlo así, Lucas, subraya que Jesús está de tal manera subordinado al Padre que, por medio de él y en él, Dios intervienen en la historia de la salvación. Jesús precisa que la mesianidad no se puede entender sin la pasión, muerte y resurrección.
Todos deben acoger la llamada al sufrimiento y el anuncio de las condiciones. Hay una identidad y una continuación entre la vida de Jesús y la del discípulo que le sigue. Como la vida de Jesús también la del discípulo está marcada por la cruz. La disponibilidad en el seguimiento puede llevar a casos límites.
En el momento en que escribe Lucas la persecución ha cesado y el gran peligro de la Iglesia es la sed de bienes temporales y de seguidores que sofocan la fe y conducen a querer pasar desapercibidos para no renovar la persecución y el martirio. Se pregunta explícitamente, ¿quién es Jesús? La respuesta de los discípulos nos da a conocer lo que se pensaba de él. También hoy es oportuno escuchar las respuestas que se dan ante la presencia de Jesús. Hay que replantear la pregunta no para responder en un plan conceptual, sino personal.
P. FRANQUESA
MISA DOMINICAL 1986/13



06.
Autor: P. Juan Carlos Ortega Rodríguez 
No sé si a usted le ocurre lo mismo que a mí. Algunas expresiones del Evangelio me han sido difíciles de entender, cuanto más de vivirlas. 
Una de ellas es la que el Santo Padre ha propuesto a los jóvenes: “En esta ocasión, deseo invitarles a reflexionar sobre las condiciones que Jesús pone a quien decide ser su discípulo: Si alguno quiere venir en pos de mí – Él dice -, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lc 9, 23). 
De las tres condiciones que Cristo pone (renunciar a sí mismo, tomar la cruz y seguirle), la primera me ha creado más dificultades de comprensión. 
Parecería que Jesucristo y el mismo Papa no saben mucho de psicología y sociología humana, pues “el hombre tiene arraigado en el profundo de su ser la tendencia a pensar en sí mismo, a poner la propia persona en el centro de los intereses y a ponerse como medida de todo”. ¿Cómo, entonces, se les ocurre pedir al hombre, y más aún al joven, que renuncie a sí mismo, a su vida, a sus planes? 
En realidad, “Jesús no pide que se renuncie a vivir, sino que se acoja una novedad y una plenitud de vida que sólo Él puede dar”. He aquí el elemento que nos hace entender las palabras evangélicas. En realidad no se nos pide renunciar sino todo lo contrario. Se nos pide y recomienda acoger, y en concreto, acoger toda la grandeza de Dios. 
Quizá un ejemplo nos ayude a entender este juego verbal entre renunciar y acoger. Cuando unos recién casados me piden bendecir su hogar me muestran, una por una, las dependencias de la casa: el comedor, la cocina -- ¡para que no se le queme la comida!, suelen comentar los maridos --, la sala de estar, la habitación del matrimonio -- me da mucho gusto cuando la preside un crucifijo o una imagen de la Virgen -- y la habitación de los niños. Ésta ordinariamente, como todavía no han llegado los bebés, está llena de todos los regalos de boda. No falta el comentario de la esposa que se excusa p orque todavía no ha tenido tiempo de revisar todos los presentes recibidos. 
Pero, he aquí que llega la cigüeña y es necesario preparar la habitación para el bebé. ¿Qué se hace? ¿Se renuncia a los regalos? ¡Ni mucho menos! El deseo de acoger al primer hijo, plenitud del amor y de la vida de los nuevos esposos, les mueve a buscar lugares en el hogar dónde colocar los regalos de modo ordenado. 
El modo de actuar de los primerizos papás es algo parecido a lo que Cristo nos pide. Como la alegría del primer bebé ordena las cosas del hogar, así cuando “el seguimiento del Señor se convierte en el valor supremo, entonces todos los otros valores reciben de aquel su justa colocación e importancia”. 
”Renunciar a sí mismo - dice el Papa - significa renunciar al propio proyecto, con frecuencia limitado y mezquino, para acoger el de Dios”. Pero debemos entenderlo correctamente. Renunciar a sí mismo no es un rechazo de la propia persona y de las buenas cosas que en nosotros hay, sino acoger a Dios en plenitud y con su luz, no con la nuestra, ordenar todos los elementos de nuestra vida. 
Ante nuestros proyectos limitados y mezquinos, como los llama el Santo Padre, se encuentra la plenitud del proyecto de Dios. ¿En qué consiste esta plenitud? En primer lugar, ante el limitado plan humano del tener y poseer bienes, Dios nos ofrece la plenitud de ser un bien para los demás. En realidad, el Señor no quiere que rechacemos los bienes, por el contrario desea que nosotros nos convirtamos en un bien y usemos de lo material en la medida que nos ayude a ser ese bien para los demás. “La vida verdadera se expresa en el don de sí mismo”. 
A la autolimitación del hombre que “valora las cosas de acuerdo al propio interés”, se nos propone la apertura a la plenitud de los intereses de Dios. Se nos invita a obrar con plena libertad aceptando los planes de Dios, que siempre serán mejores que los nuestros. No se nos quita la capacidad de decid ir. Por el contrario, se nos ofrece la oportunidad de que nuestra libertad escoja en cada momento lo mejor para nosotros, que es la voluntad de Dios. 
Por último, a la actitud humana de “cerrarse en sí mismo”, permaneciendo aislado y sólo, se nos propone el vivir “en comunión con Dios y con los hermanos”. No se nos pide dejar de ser nosotros mismos. Más bien, se nos invita a valorar lo que somos, hasta el punto de considerarnos dignos para Dios y para los demás. 
En resumen, cuando Jesucristo nos pide renuncia, en realidad nos está invitando a vivir plenamente la vida.




viernes, 10 de junio de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XI TIEMPO ORDINARIO CICLO C - 12 JUNIO 2016

LA MISERICORDIA INVITADA



ORACION COLECTA

Oh Dios, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras suplicas y pues el hombre frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradecerte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del segundo libro de Samuel 12,7-10.13

En aquellos días, Natán dijo a David: «Así dice el Señor, Dios de Israel: "Yo te ungí rey de Israel, te libré de las manos de Saúl, te entregué la casa de tu señor, puse sus mujeres en tus brazos, te entregué la casa de Israel y la de Judá, y, por si fuera poco, pienso darte otro tanto. ¿Por qué has despreciado tú la palabra del Señor, haciendo lo que a él le parece mal?. Mataste a espada a Urías, el hitita, y te quedaste con su mujer. Pues bien, la espada no se apartará nunca de tu casa; por haberme despreciado, quedándote con la mujer de Urías."».
David respondió a Natán: «¡He pecado contra el Señor!».
Natán le dijo: «El Señor ha perdonado ya tu pecado, no morirás.».

SALMO RESPONSORIAL (31)

Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado

Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado;  dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito. R.

Había pecado, lo reconocí,  no te encubrí mi delito;  propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,  y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R.

Tú eres mi refugio,  me libras del peligro, me rodeas de cantos de liberación. R.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;  aclamadlo, los de corazón sincero. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 2,16.19-21

Sabemos que el hombre no se justifica por cumplir la Ley, sino por creer en Cristo Jesús. Por eso, hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe de Cristo y no por cumplir la Ley. Porque el hombre no se justifica por cumplir la Ley. Para la Ley yo estoy muerto, porque la Ley me ha dado muerte; pero así vivo para Dios. Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y, mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí. Yo no anulo la gracia de Dios. Pero, si la justificación fuera efecto.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,36–8,3

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.».  Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.». Él respondió: «Dímelo, maestro.».
Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?».  Simón contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.».
Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente.».
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.».
Y a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.». Los demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?».  Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.».
Después de esto iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

COMENTARIO

Invitar a comer es uno de los signos de amistad más comunes en todas las culturas. El Evangelio de hoy nos narra un episodio de un fariseo que rogaba a Jesús que fuera a su casa porque le quería invitar a comer. Así fue. Pero se coló una mujer conocida en la ciudad por sus pecados, y discretamente comenzó a llorar a los pies de Jesús, a besárselos y enjugarlos con los cabellos, a perfumarlos con el frasco de perfume que había traído.
El fariseo viendo aquello, se puso a murmurar contra el maestro. Es decir, invitó a Jesús a comer como quien invita a una persona famosa, acaso para pavonearse de haber sido anfitrión del afamado maestro que estaba en la boca de todos.
Es tremendo eso de esperar a Dios en los caminos que Él no frecuenta o empeñarse en enmendarle la plana cuando le vemos llegar por donde ni nos imaginamos. En esta entrañable escena, no obstante, lo más importante no era la desilusión defraudada del fariseo, sino la enseñanza de Jesús ante el comportamiento de aquella pobre mujer. 
Ella hizo lo que   le   faltó   al fariseo en la más elemental cortesía oriental: acoger lavando los pies, secarlos y perfumarlos. Ella no lo hizo como gesto de educación refinada, pues no estaba en su casa y era ella quien había invitado a Jesús, sino como gesto de conversión, como petición de perdón y como espera de misericordia. Ciertamente el Señor respondería con creces: no banalizaría el pecado de la mujer, pero valoraría infinitamente más el perdón que con aquel gesto ella suplicaba. El fariseo sólo vio en ella el error, mientras que Jesús acertó a ver sobre todo el amor: a quien mucho ama, mucho se le perdona.
El fariseo y aquella mujer habían pecado, cada cual a su modo. El primero no lo reconoció mientras que ella supo pedir perdón, que es una forma de amor. La vida es como un banquete.
En él podemos estar murmurando inútilmente los errores ajenos como el fariseo, o ser perdonados amorosamente como la mujer. Además de evitar los errores hemos de aprender a amar, creyendo que más grande que nuestra torpeza es la misericordia del Señor.

PLEGARIA UNIVERSAL

Como el Rey David, también nosotros nos descubrimos pecadores, y vemos como esas trabas nos impiden avanzar en nuestra vida y repercuten en el caminar de la Iglesia.  Pedimos hoy Padre que nos haga ver esos peligros y nos asista en las dificultades. Respondemos: Ilumina  y atiende a tu Iglesia

1.-  Te pedimos  por el Papa, los Obispos y los sacerdotes para que no les falte tu luz y tu fuerza ante los avatares del tiempo que vivimos. : Ilumina  y atiende a tu Iglesia:

2.- Por todos los pueblos del mundo, para que te descubran como Padre amoroso y se dejen guiar por tu Palabra en tu Iglesia. : Ilumina  y atiende a tu Iglesia

3.- Por los necesitados, para que Cristo se haga presente en  sus vidas, y desde la humildad y sencillez de su situación acojan con corazón abierto la salvación que él nos trae. : Ilumina  y atiende a tu Iglesia

4.- Por los hogares cristianos, para que teniendo a Cristo por encima de todo, ninguno deje de ser servidor de los demás.  : Ilumina  y atiende a tu Iglesia

Padre sabiendo pecadores y necesitados de tu intervención en nuestra vida, atiende las necesidades de tu pueblo que con humildad te ha presentado. Por Jesucristo, nuestro Señora. Amen.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Tu nos has dado, Señor, por medio de estos dones que te presentamos, el alimento del cuerpo y el sacramento que renueva nuestro espíritu, concédenos con bondad que siempre gocemos del auxilio de estos dones. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Que esta comunión en tus misterios, Señor, expresión de nuestra unión contigo, realice la unidad de tu Iglesia. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 13: 2R. 21, 1-16; Sal 5; Mt. 5, 38-42.
Martes 14 : 2R. 21, 17-29; Sal 50; Mt. 5, 43-48.
Miércoles 15: 2R. 2, 1.6-14; Sal 30; Mt. 6, 1-6.16-18.
Jueves 16: Ecl. 48, 1-15; Sal 96; Mt. 6, 7-15.
Viernes 17: 2R. 11, 1-4.9-18.20; Sal 131; Mt. 6, 19-23.
Sábado 18: Cr. 24, 17-25; Sal 88; Mt. 6, 24-34.
Domingo 19: Za. 12, 10-11; 13, 1; Sal 62; Gl. 3, 26-29; Lc. 9, 18-24.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 07, 36-08, 03
Texto. Se trata en realidad de un texto doble, aunque unificable por la presencia femenina. Es precisamente esta presencia lo que confiere a la lectura de hoy su carácter especial. Si Lucas menciona en 8, 1-3 a unas determinadas mujeres como parte integrante del grupo de seguidores de Jesús, es porque se trataba de un hecho significativo. Se conocen ciertamente casos de mujeres que contribuían generosamente al sostenimiento de rabinos, pero no se conocen casos de mujeres que formaran parte integrante de un grupo de discípulos de un rabino.
Al mencionar Lucas esta presencia femenina, dice que se trataba de mujeres a quienes Jesús había curado (Lc. 8,3). Aunque Lucas no lo afirme explícitamente ¿no estará sugiriendo que el seguimiento y la ayuda económica de estas mujeres obedecían a razones de agradecimiento? Como veremos seguidamente, el agradecimiento en el tema sobre el que gira el relato anterior 7, 36-50, y que tiene también como protagonista a una mujer.
Lucas no especifica en este caso el nombre de la mujer, sí en cambio su condición de pecadora, aunque sin dar la menor indicación sobre la naturaleza especifica de su pecado. Lo significativo es su condición, en contraste con la condición de justo del otro protagonista del relato, de quien sí se nos da el nombre. Pecadora y justo se encuentran frente a frente en un relato que Lucas ha escrito con una preocupación exclusivamente dialéctica. Esto último se debe subrayar para evitar plantearse cuestiones como las siguientes: ¿cómo es posible que un anfitrión se olvide de las más elementales normas de cortesía?, ¿cómo es posible que Jesús critique a su anfitrión con tan poca delicadeza?. Estas preguntas tendrían sentido si el relato fuera lo único que no es, una crónica de sociedad.
Una cuestión, en cambio, que sí hay que plantear es el sentido de la afirmación de Jesús en el v. 47: "Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor". Desde la época patrística hasta no hace mucho la conjunción "porque" ha solido interpretarse en sentido casual y se ha visto en el amor el motivo del perdón. Los estudiantes de teología de hace unos años lo pueden confirmar. Se veía a la pecadora como una penitente en busca de perdón, que Jesús le otorga en razón del amor manifestado previamente. En esta interpretación primero es el amor y después el perdón.
Cabe, sin embargo, la posibilidad gramatical de darle a la conjunción "porque" un valor explicativo en vez de casual e interpretar el amor como agradecimiento por un perdón previo.
Primero sería el perdón y después el amor-agradecimiento. Es la interpretación actualmente más aceptada, porque, como vamos a ver, es la que cuadra en el conjunto del relato.
En presencia del justo Simón la pecadora se deshace en lágrimas y en muestras de respeto y veneración hacia Jesús. La situación provoca la crítica de Simón contra Jesús. Este le cuenta a Simón la historia de un prestamista que perdona por igual la deuda a dos deudores desiguales. Como conclusión de la historia Jesús pregunta a Simón: "¿Cuál de los dos lo amará más?" Se trata, indudablemente, del amor-respuesta al perdón previo de la deuda.
Esta pregunta y la respuesta de Simón a la misma constituyen la clave de todo el relato. Lo que Jesús hace después no es sino aplicar la parábola a la situación real de los personajes en la sala, el justo y la pecadora. En esta aplicación no se trata de criticar actuaciones sino de explicarlas en términos de agradecimiento. El justo, al no sentir que deba agradecer nada, no lo hace; la pecadora, al sentir que debe agradecer mucho, lo hace. La pecadora está haciendo lo que tenía que hacer y por eso puede ir en paz. ¿Puede decirse lo mismo del justo? La parábola hablaba de dos deudores, aunque éstos fueran desiguales. Lucas elabora el relato con vistas al deudor menor. También él debería sentir la necesidad de ser agradecido.
Tres sugerencias para la reflexión:
1. Los marginados (en el contexto sociológico judío del s. 1 la mujer lo era) como portadores de valores teológicos.
2. También los buenos son deudores.
3. El agradecimiento a Dios da la medida de la talla del cristiano.
BENITO-A._DABAR/89/33




2.
Texto. Un fariseo, Jesús y una pecadora. La presencia de la mujer y su posterior actuación determinan el diálogo de Jesús y el fariseo. Este último tiene formada una opinión negativa de la mujer. De esa opinión parte en sus reflexiones, salpicando de paso a su huésped. Jesús penetra en el pensamiento del anfitrión y pide cortésmente, aunque fríamente, permiso para hablar, permiso que le es concedido también friamente. "Simón, tengo algo que decirte. El respondió: Dímelo, maestro". Y Jesús le propone una parábola, dejando que sea Simón quien saque la conclusión.
¿Cuál de los dos lo amará más? Simón contestó: supongo que aquél a quien le perdonó más. En los versículos que siguen (44-46) subyace la siguiente pregunta: ¿Quién ha amado más, Simón o esta mujer? El v.47 es la respuesta a la disyuntiva: por eso te digo, sus muchos pecados le han sido perdonados; porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama. Es de sobra conocida de todos la dificultad que este versículo plantea. Sin embargo, la traducción adoptada por la liturgia es la que mejor se acomoda a la parábola. Lo que la mujer ha hecho con Jesús es la señal agradecida por lo mucho que se le ha perdonado. Simón, en cambio, tiene poco que agradecer, por la sencilla razón de que se siente poco perdonado o con poca necesidad de perdón. Y dirigiéndose Jesús a la mujer le dice: Tus pecados han sido perdonados. En este momento nos hace saber el autor que hay más gente recostada a la mesa y que esta gente está viviendo una gran sorpresa: ¿Quién es éste? Pero la verdadera protagonista es la mujer, o mejor, la actitud que la mujer ha puesto de manifiesto.
Tu fe te ha salvado. Vete en paz.
El texto litúrgico continúa con dos referencias del autor a la actividad de Jesús y a las personas que le acompañaban. Estas son los doce y unas mujeres, entre las que menciona a tres. De esta manera, el Evangelio de hoy tiene como denominador común la presencia de la mujer.
Comentario. El mejor comentario tal vez sea leer el texto en su contexto. Los versículos inmediatamente anteriores a él dicen así: (/Lc/07/31-35) ¿A quién diré que se parece esta gente de ahora? Se parecen a unos niños sentados en la plaza que se gritan unos a otros: "Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis". Porque ha venido Juan Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis: "Tiene un demonio dentro"; ha venido el Hijo del Hombre, que como y bebe, y decís: "¡Vaya un comilón y un borracho, amigo de recaudadores y de pecadores!" Pero la sabiduría de Dios ha quedado justificada por todos los discípulos.
Como los niños que no se ponen de acuerdo a qué juego jugar. Pero en contraposición a los religiosos de siempre está emergiendo otro tipo de gente, tal vez menos cuidadosa de las observancias legales, pero más dócil a los impulsos divinos (Padre Lagrange).
Son éstos y no aquéllos los que captan los signos de los tiempos y, por eso mismo, son ellos los discípulos de la sabiduría.
Ejemplo ilustrativo de estos discípulos es la mujer del relato. El punto del mismo no es el perdón de los pecados, sino el amor que la mujer manifiesta por el perdón otorgado. Ella está en paz con Dios, pero precisamente por estarlo se siente deudora. El fariseo, en cambio, que sin duda está también en paz con Dios, no se siente para nada deudor ni necesita agradecer nada. El fariseo, anclado en el derecho al que se considera acreedor por su bondad, es absolutamente incapaz de sencillez, de espontaneidad, de amor. Es tieso, arrogante, enjuiciador de los demás.
El texto es exclusivo de Lucas. Es el primero de una serie en la que el autor pone de manifiesto algo que ya ha enunciado programáticamente por labios de otra mujer: Proclama mi alma la grandeza del Señor porque se ha fijado en su humilde esclava (Lc. 1, 46-48). Es la actitud sencilla, abierta, no calculadora.
Frente a los poderosos y arrogantes de espíritu; frente al hijo mayor que, a pesar de vivir siempre en la casa del padre, es incapaz de libertad para hacer una fiesta. Los papeles, pues, están cambiando. Un nuevo estilo de gente está emergiendo. Los últimos están siendo los primeros.
Otro ejemplo ilustrativo son las mujeres que acompañan a Jesús. Para captar el alcance y la trascendencia de esta referencia, que una vez más es exclusiva de Lucas, hay que pensar en lo impensable de la presencia de mujeres como seguidoras de un rabino. Esto era total y absolutamente inaudito. Contemplando el talante de Jesús, puesto de manifiesto por Lucas, uno no puede menos de abrir unos ojos como platos ante situaciones de discriminación de la mujer en la Iglesia.
BENITO-A._DABAR/86/34




En su aparente ingenuidad los vs. 2-3 encierran una honda intencionalidad, sólo perceptible si se tiene en cuenta la situación sociológica de la mujer entonces. Basten estos ejemplos: Sólo se celebraba el culto divino en las sinagogas cuando, al menos, había presente una decena de hombres, en tanto que no se computaba el número de las mujeres. El rabino Judá ben Ilay dice: "Tres glorificaciones es preciso hacer a diario: ¡Alabado seas, que no me hiciste pagano! ¡Alabado seas, que no me hiciste mujer! ¡Alabado seas, que no me hiciste inculto!" Cuando hay huéspedes en casa, a la mujer no se le permite tomar parte en el banquete. Un rabino no se rodeaba de mujeres ni de niños.
Jesús rompe con todos estos esquemas tradicionales. Para él no existen personas de segundo rango.
DABAR/77/38




Ante Dios todos somos deudores, y nadie puede estar en paz con Dios si Dios no le concede la paz. Simón el fariseo era un pecador, y la mujer que lavó con lágrimas los pies de Jesús también era una pecadora. Y nosotros también lo somos. La única diferencia está en que unos lo son más que otros. Pero lo que verdaderamente importa es aquella otra diferencia que se establece cuando unos reconocen su pecado y otros se obstinan en ignorarlo. Pues el gozo del encuentro con Dios sólo pueden experimentarlo cuantos se reconocen pecadores sin juzgar a los demás. La Cena del Señor no es un fiesta para los satisfechos de su propia justicia, siempre tan problemática, sino para aquéllos que tienen hambre de la justicia que viene de Dios y para los que aman mucho porque mucho han sido perdonados. Es con éstos con los que Jesús quiere compartir su pan y su palabra, su vida.
EUCA/74/36



Una famosa homilía de san Gregorio Magno hizo que la tradición católica identificase a la pecadora perdonada con María Magdalena (mencionada separadamente al final del evangelio de hoy, 8,2) y, además, con María de Betania, la hermana de Lázaro y Marta.
Son desde luego tres mujeres distintas. El hecho de que de María de Magdalena hubiesen salido tres demonios no significa que fuese pecadora pública, lo que aún es menos pensable de la piadosa y apacible María de Betania. Tampoco debe identificarse este episodio con la unción de Betania, a pesar de la coincidencia de algunos detalles. Por lo que se refiere a la historicidad del hecho, hay que tener en cuenta la capacidad literaria de Lc, que cuenta los acontecimientos tan artísticamente que parecen parábolas y las parábolas con tantos detalles plásticos que parecen historias. Si consideramos la parábola del prestamista (vv. 40-43) como de origen independiente del resto del episodio, nos explicaremos la diversidad entre las dos conclusiones superpuestas. El episodio de la mujer pecadora termina con 47 a: el gran amor que aquella mujer ha mostrado la ha hecho merecedora del perdón; la conclusión de la parábola, 47b, es inversa: el amor que ha mostrado no es la causa, sino la consecuencia, de habérsele perdonado mucho.
HILARI ·RAGUER-H._MI-DO/77/12



7.
Este pasaje, que narra la unción de Cristo llevada a cabo por una pecadora, y, con este motivo, la parábola de los dos deudores, plantea un problema sobre el que los exegetas aún no se han puesto de acuerdo.
La tradición pre-evangélica conocía una unción en Betania, en casa de Simón el fariseo (/Mt/26/06-13; /Mc/14/03-09) realizada por una mujer cuyo nombre no se revela. Cristo justificaba esta unción costosa basándose en una opinión del judaísmo según la cual las atenciones para con los cadáveres tienen más mérito que la limosna hecha a los pobres. Juan toma esta tradición en un momento en que ya se encontraba cargada con elementos nuevos (/Jn/12/01-08). Da un nombre a la mujer: María, la hermana de Marta y de Lázaro; subraya que la unción se efectuó no en la cabeza, como decían Mateo y Marcos, sino en los pies; añade, además, que María los enjugó con sus cabellos.
Finalmente, aunque conserva la discusión sobre el coste excesivo de esta unción, observa que este óleo estaba destinado a la sepultura de Cristo. Pero como Cristo debía resucitar, las atenciones de la sepultura resultaban inútiles. Además, este óleo perfumado, ofrecido por María antes de la muerte de Cristo, se convierte así en la expresión de su certeza, confirmada por la resurrección de Lázaro, de que Cristo no podía morir (Jn 11, 25).
La versión de Lc 7, 36-50 aporta elementos originales. Presenta a un anfitrión llamado Simón (Lc 8, 40; Mt 26, 6); la unción se lleva a cabo, contrariamente a la versión de Mateo, en los pies, que la mujer enjuga con sus cabellos (Lc 7, 38; Jn 12, 3). Lucas no habla de una unción en Betania antes de la pasión, consciente, sin duda, de que esto sería una repetición. No menciona la discusión sobre la oportunidad de la unción (Mt 26, 10-12; Jn 12, 5-8), probablemente porque supone un conocimiento de la clasificación judía de las "buenas obras", desconocida para los lectores griegos. Prefiere sustituir esta discusión por una parábola más acorde con su Evangelio del perdón.
Se trate o no de la misma escena que narran los demás Evangelios, es evidente que hay que distinguir, en el relato de San Lucas, la historia en sí (vv. 36-39, 44-47, 48-50) de la parábola que le ha sido añadida (vv. 40-43).
a) Lc/COMIDAS:.Las escenas de la comida, en San Lucas, constituyen un auténtico género literario sometido a leyes bien precisas (cf. 7, 36-50; 5, 27-32; Lc 14). Sin duda, Lucas ha aprovechado el marco de la comida para presentar, más o menos artificialmente, algunas parábolas inéditas. Siempre las inserta con habilidad, conectándolas con algún incidente ocurrido en la comida (en otra ocasión los puestos en la mesa; aquí, la omisión de las abluciones rituales). Sin embargo, no hay que dar a la comida en casa del fariseo un valor teológico; para Lucas es solo un marco, tomado quizá de Mc 14, 3-9, pero elaborado por Lucas en función de su concepción literaria del banquete. En este cuadro introduce Lucas temas tomados de la tradición oral (la pecadora, vv. 37-38; la parábola de los dos deudores, vv. 40-43) o de la tradición escrita (Mc 14, la unción: v. 37).
Pero Lucas añade a estas tradiciones elementos redaccionales debidos simplemente al género-de-banquete (vv. 44-46) y comentarios propios de su teología (remisión de los pecados: vv. 41-42 y 47-50).
b) La lección esencial de la narración, en la opinión de Lucas, se centra en el perdón de los pecados efectuado por Cristo. El contexto (Lc 7, 34; 8, 1-4) alude directamente a la promiscuidad de Cristo con los pecadores.
El escándalo a que hace alusión el fariseo (v. 39) se apoya en la prohibición, hecha en /Dt/23/19, de aceptar los dones de una prostituta para fines sagrados: si Cristo era un hombre de Dios, tenía que rechazar el regalo que le ofrecía esta mujer.
Recluido en su legalismo, como los fariseos endurecidos de Mc 2, 23-3, 5, el anfitrión no se esfuerza en buscar la razón por la que Cristo prescinde de esta prescripción. Frente a este "endurecimiento" Jesús manifiesta su apertura para con la pecadora: el contacto personal que establece con ella y su encuentro de amor y de perdón eximen de las reglas de pureza y de discriminación dictadas por el Deuteronomio. Este encuentro de persona a persona, en el que el don de Dios (perdón de los pecados) va unido al amor del hombre (gratitud de la mujer), es tan importante que sustituye a los medios tradicionales de justificación: las abluciones y los ritos (v. 48) c) La parábola de los dos deudores (vv. 40-43) está concebida con una gran finura. A los fariseos preocupados por una religión de deudas y deberes les propone el ejemplo de un acreedor que perdona las deudas de sus deudores, y de unos deudores que en su vida normal manifiestan sentimientos de amor y de agradecimiento, rasgos bastante insólitos en la vida cotidiana.
Ciertamente, la parábola corre riesgo de desviar al lector cuando habla de amar más o menos y establece una especie de competencia entre los dos debitores: el amor y la gratitud no se traducen en cifras. Pero este aspecto cuantitativo de las cosas se debe al contexto polémico en el que se sitúa la parábola. Este contexto no hay que tomarlo demasiado en cuenta: el interés esencial de la parábola está en hacer pasar a los interlocutores de una noción cuantitativa de la religión a una religión del encuentro, en la que Dios y su perdón alcanzan al hombre y a su fidelidad amorosa.
Para comprender este Evangelio es necesario descubrir a la persona del Hombre-Dios, lugar ideal del encuentro entre Dios y el hombre. Precisamente porque Cristo ha conseguido realizar este encuentro, puede abordar las peores situaciones humanas y proponer a los pecadores que realicen las condiciones requeridas para el encuentro: una apertura al don (o al perdón) de Dios, un "sí" amoroso a la iniciativa divina.
La posesión de las condiciones de este encuentro -sobre todo dentro de la Eucaristía- exime automáticamente de los falsos encuentros que proporcionan los ritos y las abluciones exteriores y libera de las excomuniones y de los ostracismos dictados por un legalismo abstracto.
MAERTENS-5.Pág. 68



8.
Dividimos el texto en dos unidades fundamentales (7, 36-50 y 8, 1-3), ocupándonos principalmente de la primera, centrada sobre el tema del amor y del perdón. El contexto de la escena es un banquete; Jesús participa como invitado y dos personas muy distintas (un fariseos y una prostituta) vienen a ofrecerle sus dones.
El fariseo le invita a una comida material. Evidentemente, sería exagerado el acusarlo de mala voluntad; quizá siente respeto por Jesús, cuando le llama. Sin embargo, en el fondo de su gesto existe un rasgo de juicio y de dominio; por eso se atreve a sancionar la actitud del maestro. Tiene su verdad hecha, conoce ya a Dios y no necesita que nadie le enseñe la nueva profundidad del reino y de la vida.
La publicana no está invitada, pero viene. Sabe que Jesús ofrece un mensaje salvador, ha conocido su calidad de hombre que se entrega totalmente a los demás y por eso viene a ofrecerle simplemente lo que tiene: el perfume que utiliza en su trabajo, sus lágrimas, sus besos. Tomado en sí mismo, ese gesto resulta ambivalente. El publicano, regido por las normas de una moral estricta, condena a la mujer, reprueba su gesto de liviandad y juzga a Jesús que ha permitido que le traten de una forma semejante. Jesús, en cambio, ha interpretado la actitud de la mujer como un efecto de su amor, como expresión de gratitud por haber sido comprendida y perdonada.
La visión de Jesús se ilumina a partir de una parábola (7, 41-43): de dos deudores insolventes amará más al Señor aquél a quien le ha sido perdonada la mayor de las deudas. Aplicando la parábola se precisa la actitud del fariseo y de la prostituta.
Todo el evangelio está mostrando ese mensaje: Jesús ofrece el perdón de Dios a los hombres insolventes de la tierra. Entre ellos se encuentran el fariseo y la prostituta. El fariseo no se ha preocupado de aceptar ese perdón; piensa que sus cuentas están claras, se siente plenamente en paz y, por lo tanto, le resbalan las palabras de Jesús que aluden al don de Dios que borra los pecados. Convida a Jesús, pero lo hace por curiosidad; en el fondo no lo ama, porque no se reconoce (no quiere ser) perdonado. La mujer, en cambio, se sabe pecadora; ante Dios y ante los hombres confiesa que su deuda es impagable; por eso se ha sentido condenada. Pero ahora que Jesús ha llegado a la ciudad, una vez que ha proclamado su palabra de gracia universal, ella se ha sentido (se ha sabido perdonada). Por eso, superando todos los convencionalismos, aprovecha la ocasión y viene hasta Jesús para demostrarle su agradecimiento y su amor: la grandeza del perdón que Dios le ha concedido se demuestra a partir de la grandeza del amor que ese perdón ha suscitado. En torno a esta relación de Jesús con la pecadora debemos añadir unas notaciones marginales: 1) en sentido estricto el amor de la mujer es siempre una respuesta, porque el primer paso lo ofrece el mismo Dios que perdona a todos por medio de Jesús. Sin embargo, no podemos olvidar que en la historia de cada vida la dialéctica perdón-amor puede revestir modalidades diferentes, de tal manera que en algún caso el amor en vez de ser un signo o consecuencia puede venir a convertirse en principio del perdón. 2) Como ejemplo de una existencia humana fundada en la gratitud por el perdón que ha sido concedido se sitúan las mujeres del texto siguiente de san Lucas (8, 1-3); esas mujeres, que han sido curadas, liberadas, perdonadas por Jesús, han respondido a su don con un gesto de amor comprometido, que las convierten en auténticas discípulas (seguidoras) del maestro. 3)
Este rasgo de un amor total con que se responde al perdón (al don de gracia) de Jesús se ajusta más a la tipología de la mujer, de tal manera que una parte de la espiritualidad femenina puede basarse en estos fundamentos; sin embargo, no debemos olvidar que la misma espiritualidad de los varones puede y debe responder a este principio del perdón y del amor como respuesta. 4) Es curioso señalar que en esta caracterización del seguimiento de Jesús, Lucas concede ventaja a la mujer (es tipo de auténtica discípula), cosa inaudita y revolucionaria en la sociología humana y religiosa de aquel tiempo.
BI-LICA/NT.Pág. 1292 ss.




9. Historia inaudita cuando se piensa en los tabúes que Jesús violaba. Decía en rabino de la época que entre un justo y una prostituta había que mantener una distancia de 2 metros.
Jesús no se cuide ni de juicios ni de conveniencias. Esta pecadora tiene una gran confianza en Jesús. Jesús la acoge con un amor que la transforma y entonces se despierta en ella un amor más grande. Otro amor que la purifica y la resucita, un amor inmenso que ha recibido un perdón inmenso.
Dos personas. Dos seres que están dentro de nosotros. El Justo y la pecadora. El justo observa fríamente, razona, encerrado en lo que cree saber sobre Dios, el pecado, los perdones imposibles. Va a faltar a este encuentro que habría cambiado su vida.
La pecadora no dice nada, tiene detalles de delicadeza, de amor. Simeón es un justo, de esos a los que Jesús no ha venido a llamar. Si se sientan a la misma mesa, lo hacen como personas que se han hecho ellos mismos la invitación. No pueden entender la gracia, el don gratuito, generoso, traído por Jesús. ¿Es que son orgullosos -más pecadores que los demás? El texto no se preocupa de esto y deja a la paradoja toda su fuerza: aquellos a los que se perdona poco no pueden entender a Jesús. Del otro lado está la mujer. En una situación de desamparo. Su misterio hace pensar en esa otra mujer que Jesús acaba de encontrar y que conocía también el fondo del desamparo llevando al sepulcro a su hijo único. Llegando como llegan al fondo de la pobreza, las dos mujeres no pueden sino recibir.
La palabra de Jesús crea una vida nueva. Cada vez que me confieso, Cristo me dice las mismas palabras, con el mismo amor, con la misma fuerza. La diferencia no esta en Jesús sino en mí.
El amor es consecuencia del perdón. La moral tradicional queda aquí en ridículo. Habitualmente, el perdón aparece como la recompensan del amor y el amor como la causa del perdón. Aquí es a la inversa; el amor es la consecuencia, el fruto del perdón. el perdón es lo primero, no se da a cambio del amor, sino que es pura y simplemente dado. ¿Cuál es entonces la causa del perdón? Algunas buena disposición habrá en la mujer, que la impulsa a hacerse perdonar.
Sólo los que pasan la dura experiencia de la pobreza, cualquiera que sea la forma bajo la que se presente esa indigencia son accesibles al don de Dios que es el perdón.

sábado, 4 de junio de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO X TIEMPO ORDINARIO CICLO C 5 JUNIO 2016

JESUS ES LA RESPUESTA A LAS ESPERANZAS HUMANAS.
  


ORACION COLECTA

Oh Dios  fuente de todo bien, escucha sin cesar nuestra suplicas y concédenos, inspirados por ti, pensar lo que es recto y cumplirlo con tu ayuda. Por Jesucristo nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA

Lectura del primer libro de los Reyes 17,17-24

En aquellos días, cayó enfermo el hijo de la señora de la casa. La enfermedad era tan grave que se quedó sin respiración. Entonces la mujer dijo a Elías: «¿Qué tienes tú que ver conmigo? ¿Has venido a mi casa para avivar el recuerdo de mis culpas y hacer morir a mi hijo?».  Elías respondió: «Dame a tu hijo.» Y, tomándolo de su regazo, lo subió a la habitación donde él dormía y lo acostó en su cama. Luego invocó al Señor: «Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me hospeda la vas a castigar, haciendo morir a su hijo?».
Después se echó tres veces sobre el niño, invocando al Señor: «Señor, Dios mío, que vuelva al niño la respiración.» El Señor escuchó la súplica de Elías: al niño le volvió la respiración y revivió. Elías tomó al niño, lo llevó al piso bajo y se lo entregó a su madre, diciendo: «Mira, tu hijo está vivo.» Entonces la mujer dijo a Elías: «Ahora reconozco que eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor en tu boca es verdad.».

SALMO RESPONSORIAL (29)

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.

Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo. R.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 1,11-19

Les notifico, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.
Habéis oído hablar de mi conducta pasada en él judaísmo: con qué saña perseguía a la Iglesia de Dios y la asolaba, y me señalaba en el judaísmo más que muchos de mi edad y de mi raza, como partidario fanático de las tradiciones de mis antepasados.
Pero, cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los gentiles, en seguida, sin consultar con hombres, sin subir a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, y después volví a Damasco. Más tarde, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas, y me quedé quince días con él. Pero no vi a ningún otro apóstol, excepto a Santiago, el pariente del Señor.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.». Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!». El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

COMENTARIO

Nos encontramos ante la gran revelación del evangelio escrito por Lucas: el cariño de Dios. Una pequeña frase y la palabra lastima lo dicen todo: “al verla el Señor, le dio lastima de ella: ¡No llores!.. “Al verla”. Jesús que mira es Dios que mira. No entramos en el evangelio hasta el día en que comprobamos esto: Jesús es la mirada humana de Dios. Por medio de Jesús Dios nos dice como nos mira. Esto no se nos ha revelado por los filósofos, ni por los teólogos, ni siquiera por los místicos, sino por la reacción de Jesús que un día a las puertas de Nain, vio a una mujer el ataúd en donde llevaban a enterrar a su hijo.
 “Jesús, nos dice Lucas, sintió lastima”. Es una palabra que tiene una fuerza de revelación en la que insisten todos los exegetas (Especialistas en biblia). Significa: quedarse conmovido herido en sus entrañas. En los evangelios solo se utiliza para hablar del amor de Dios a los hombres. Jesús tiene “lastima” de la gente, de los enfermos: el poder del hijo prodigo siente “lastima” al ver de nuevo a su hijo. ¿Acaso vamos a pensar que Dios se burla de nosotros cuando se nos dice que tiene lástima? Nos lo muestra aquí Jesús conmovido por una de las mayores desgracias de nuestro mundo, es Dios mismo que entra en el sufrimiento humano, sin poder soportarlo lo mismo  que nosotros: “No llores”. Compasión eficaz. Con una sola palabra con la sencillez del poder más absoluto, devuelve la vida: “¡Levántate!”. Un gesto delicado acaba demostrándonos como es Dios: “Se lo entrego  a su madre”. Podríamos decirle: “A mí no me ha devuelto lo mío… No me ha devuelto a mi esposa de treinta años... No nos ha devuelto a ese joven sacerdote por el que tanto hemos rezado…” Se trata siempre del mismo misterio y del mismo malentendido. Jesús no vino ni viene ahora para reparar por aquí o por allá un sufrimiento; viene a repararlo todo.
Esta resurrección de Naín es a la vez un gesto poderoso de cariño y el signo de un cariño inmensamente más poderoso: Dios actuando por la salvación del mundo y nuestra vida eterna. ¡Qué inimaginable sería nuestra desgracia si ante cada una de las muertes tuviéramos que pensar: todo se ha acabado, ¡todo!.
Desde luego, aquella madre vio sobre todo su bondad inmediata, pero la gente ve ya otra cosa: “Dios ha visitado a su pueblo” nosotros los que ahora leemos el evangelio aunque estemos padeciendo una gran desgracia, hemos de dejar que este signo de Naín nos abra a toda la misteriosa realidad de la visita del Señor. En Naín, se lo decía a todos los aplastados, a todos los muertos. Hasta el fin un hombre puede levantarse y algún día todos los hombres se levantarán.

PLEGARIA UNIVERSAL

Padre, sintiéndonos necesitados de ti, te presentamos estas suplicas atiéndelas con prontitud y generosidad. Repetimos: Atiende, Señor, nuestras necesidades

1.- Por el Papa, los obispos y los sacerdotes, para que nunca se vean abatidos por el Maligno y vivan sus vidas completamente orientados a ti Atiende, Señor, nuestras necesidades

2.- Por los gobernantes y dirigentes para que  defiendan siempre al necesitado como lo hizo Jesús, sin ningún tipo de discriminación. Atiende, Señor, nuestras necesidades

3.-  Por  todos los escolares y los estudiantes de universidades e institutos superiores para que la luz de la verdad ilumine y acompañe su empeño en el  estudio. Atiende, Señor, nuestras necesidades

4.- Por todos los enfermos, para que reciban la ayuda del Señor que viene a atender a los más necesitados. Atiende, Señor, nuestras necesidades

Padre de la Misericordia tu que eres como la lluvia que empapa la tierra y la vuelve fructífera desciende sobre nuestras vidas para que contigo produzca frutos de santidad. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro  Señor. Amen.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Mira complacido, Señor nuestro humilde servicio para que esta ofrenda te sea agradable y nos haga crecer en el amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Padre de Misericordia que la fuerza curativa de tu Espíritu en este sacramento sane nuestras maldades y nos conduzcas por el camino del bien. Por  Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 06: 1R. 17, 1-6; Sal 120; Mt. 5, 1-12ª.
Martes 07: 1R. 17, 7-16; Sal 04; Mt. 5, 13-16.
Miércoles 08: 1R. 18, 20-39; Sal 15;  Mt.  5, 17-19.
Jueves 09:  1R.  18,  41-46;  Sal 64;  Mt.   5, 20-26.
Viernes 10: 1R. 19, 9ª.11-16;  Sal 26;  Mt. 5, 27-32.
Sábado 11: Hch. 11, 21b-26; 13, 1-3; Sal 97; Mt. 10, 7-13.
Domingo 12: 1Sam. 12, 7-10.13; Sal 31; Gal. 2, 16.19-21; Lc. 7, 36—8, 3.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 07, 11-17

1.-Texto. Es el segundo de los relatos con un personaje especial. Si el domingo pasado el personaje era especial por su extracción pagana, el de hoy lo es por su situación. La situación la presenta Lucas de la siguiente manera: Sacaban a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda. Se trata de una presentación "in crecendo", cada nuevo dato golpeando trágicamente sobre el anterior: difunto-hijo único-madre-viuda. ¡El personaje especial! En una sociedad donde lo masculino lo es todo y significa todo, ¿qué es una viuda que ha perdido el único agarradero que aún tenía? La ciudadanía en masa subraya en silencio la magnitud trágica de la situación de esta mujer.
Confrontado con la situación, el Señor se conmovió. Es la primera vez que en la narración evangélica de Lucas aparece el Señor, en sentido absoluto, atribuido a Jesús. La magnitud del título corre paralela con la magnitud de la situación. A tal situación, tal título. A su vez, todo sucede a partir de la conmoción, es decir, a partir de un Jesús moviéndose en sintonía con la mujer tan trágicamente golpeada. Esta sintonía constituye el dato central y significativo de todo el relato, el aspecto que Lucas ofrece a nuestra consideración y, sobre todo, a nuestra imitación. Lo demás es consecuencia de la conmoción. Como autor de la vida (Hechos 3,15), el Señor aporta vida. Así lo confiesan con asombro y alegría los presentes. Comentario. Es justo preguntarse qué es ser cristiano. Por lo que llevamos de lectura continua de Lucas, una línea de respuesta se dibuja con trazos muy nítidos: ser cristiano es sintonizar con el que a tu lado está necesitado, que suele ser el desprotegido y el desvalido. Sintonizar ofreciendo lo que cada uno es y tiene. Lucas nos lo vuelve a recordar en su segunda obra de los Hechos con ocasión del cojo que pedía limosna. Plata y oro no tengo, dice Pedro al cojo. Lo que tengo te lo doy (Hechos 3,6). También en los Hechos Pedro describe a Jesús como el que pasó por todas partes haciendo el bien (Hechos 10, 38).
A.- BENITO
DABAR 1989/32


2.- Comentario. Sin solución de continuidad con el texto del domingo pasado, Lucas nos traslada a una ciudad llamada Naín. En categorías nuestras habría que hablar probablemente de un pequeño núcleo rural. Nos trasladamos a él siguiendo a Jesús, a quien acompañan sus discípulos y mucha gente. Llegamos a la puerta de acceso a la aldea y la narración, que hasta aquí ha sido lineal y fría, se quiebra sintáctica y emotivamente. El narrador no puede evitar una expresión de sorpresa ante lo inesperado: He aquí que era sacado fuera un difunto. La pluma de Lucas empieza a pormenorizar: hijo único, madre, viuda. Cada palabra que sigue ahonda en la tragedia de la anterior. Y, por último, como el coro de las tragedias griegas, gente en número abundante. Ya tenemos, pues, dos cortejos frente por frente: uno que entra, encabezado por Jesús; otro que sale, encabezado por un difunto.
"Al ver el Señor a la viuda". Observemos con atención el título que Lucas da a Jesús: Señor. Es el título con que los cristianos empezaron a designar a Jesús después de su resurreción. Es decir, Lucas presenta a Jesús como el Señor de la vida. Ahora bien, sirviéndose de este título creo que Lucas apunta a algo transcendental: dar al caso particular un valor y un alcance universales. El Señor de la vida frente por frente con el dolor y la muerte de todos y de cada uno de nosotros. Dejamos así de ser espectadores del hecho para convertirnos en protagonistas del mismo. Tal vez radique aquí la razón última de por qué nos llegan tan hondo las palabras de Jesús a la viuda: No llores. En traducción más exacta: Deja de llorar. Es increíble lo que el tercer evangelista nos ha conseguido transmitir en apenas unas líneas. No es ninguna exageración: nos hallamos ante la más maravillosa de las verdades: ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!.
A.- BENITO
DABAR 1986/33

3.- -Sentido del texto.
Versículos 11-15. Giran en torno a la madre viuda. La muerte de su hijo es, en realidad, su propia muerte: ella será, a lo sumo, sujeto de compasión y de limosna, pero desde ahora carece de identidad; sin su hijo varón no es nadie. Por eso, la atención del autor no se centra en el milagro físico, sino en la viuda. Cuando recalca al final "y se lo entregó a su madre", Lucas no quiere indicar simplemente un delicado gesto humanitario de Jesús; su intencionalidad es más profunda: Jesús restituye y hace posible la identidad personal que los ordenamientos humanos imposibilitan y a veces niegan. Este es el Reino de Dios, el nuevo ordenamiento humano que Jesús (el Señor) trae de parte de Dios.
Versículos 16-17. Los presentes así lo captan y lo manifiestan.
Está teniendo lugar una visita importante: Dios, por medio de su Profeta, "ha venido a liberar a su pueblo" (Lc. 1, 68). En razón del visitante la visita resulta sobrecogedora. No se trata del miedo psicológico, sino de ese contener sobrecogido la respiración al caer en la cuenta de la categoría del visitante. Es uno de los aspectos característicos de la experiencia religiosa bíblica.
DABAR 1980/3