viernes, 19 de agosto de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXI TIEMPO ORDINARIO CICLO C - 21 AGOSTO 2016

LA PUERTA ESTRECHA


ORACION COLECTA

Oh Dios, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo, inspira a tu pueblo el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 66,18-21

Así dice el Señor: «Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mí gloria, les daré una señal, y de entre ellos despacharé supervivientes a las naciones: a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal y Grecia, a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria; y anunciarán mi gloria a las naciones. Y de todos los países, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi monte santo de Jerusalén –dice el Señor–, como los israelitas, en vasijas puras, traen ofrendas al templo del Señor. De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas» –dice el Señor–.

SALMO RESPONSORIAL (116)

Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio

Alaben al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos. R.

Firme es su misericordia con nosotros,  su fidelidad dura por siempre. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 12,5-7.11-13

Han olvidado la exhortación paternal que les dieron: «Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, no te enfades por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos.» Acepten la corrección, porque Dios los trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos?.  
Ninguna corrección nos gusta cuando la recibimos, sino que nos duele; pero, después de pasar por ella, nos da como fruto una vida honrada y en paz. Por eso, fortalezcan las manos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes, y caminen por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 13,22-30

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?».
Jesús les dijo: «Esfuércense en entrar por la puerta estrecha. Les digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, se quedaran fuera y llamaran a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él les replicará: "No sé quiénes son." Entonces comenzaran a decir. "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas." Pero él les replicará: "No sé quiénes son. Aléjense de mí, malvados."
Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando vean a Abrahán, lsaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros los vean echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Miren: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.».

COMENTARIO

Lucas nos recuerda que “marchamos hacia Jerusalén”. Jesús “enseña y abre el camino” hacia la prueba; las lecciones son cada vez  más urgentes. Empieza liquidando una cuestión de mera curiosidad: ¿Son pocos los que se salvan?.. Esfuércense ustedes para entrar. Ábrete paso por la puerta estrecha. Lucha. Esfuérzate. Jesús, no quiso responder a una curiosidad inútil de cuántos se van a salvar. Su mensaje no pretendía aterrorizar pecadores ni tranquilizar justos, sino convertir a todos.
A Lucas le gusta esta idea de combate que ha sacado de su maestro Pablo (Col 1, 29; 4, 22). Es el combate de la puesta en práctica  de los consejos recibidos. Haber visto a Jesús, haberlos escuchado y hasta haberse sentado a su lado no bastará para forzar las puertas de Dios. ¿Qué es lo que cuentas? ¡No sé de dónde eres!. Uno no se naturaliza cristiano por medio de lecturas o de sueños. Tendrá que practicar. Una especie de angustia recorre las páginas del evangelio: lo que están descubriendo ¿lo practicarán de veras? La idea de “práctica” ha quedado demasiado restringida a la práctica sacramental. Se dice “Soy practicante”.
Practicante ¿de qué? Podemos ir todos los días a misa y que de repente el cielo se nos cierre por no haber vivido realmente el evangelio “¡No sé quiénes son!”. Por fortuna, esa llamada apasionada a practicar se ilumina; la puerta estrecha se ensancha inmensamente: “Vendrán de oriente y de occidente, del norte y del sur”.
Ese es también el cántico triunfal del Apocalipsis, que recoge la fiesta de todos los Santos: “Después de esto, apareció en la visión una muchedumbre innumerable de toda nación y raza..... (Ap. 7, 9). Pero la última palabra de esta meditación nos mantendrán alerta: “Hay últimos que serán primeros y hay primeros que serán últimos”. Volvemos a encontrarnos con la famosa inversión que nos hace vislumbrar a veces Lucas, poniendo aquí su nota mesurada.
No todos los primeros serán últimos; se nos dice tan sólo que algunos de los primeros de clase al tratarse de aprender la religión y de los últimos en practicarla estarán también, a la hora de llegar al cielo, en el pelotón de cola.

PLEGARIA UNIVERSAL

A los que en su vida no han seguido las enseñanzas de Jesús, sino sus propios caprichos, Él les dirá: No sé quiénes son ustedes”. Ya que solo con la gracia de Dios podremos encontrar el modo de seguir a Cristo, y  entrar  por  la  puerta  estrecha, hoy repetimos: R.- Señor, ayúdanos a seguirte.

1.- Por la Iglesia, para que nunca se cansa de vivir, celebrar y anunciar la salvación que nos viene del conocer y seguir a Cristo. Señor, ayúdanos a seguirte.

2.- Por todos los pueblos del mundo para que, reconociendo a Cristo como Salvador, lleguen a celebrar el Amor que Él nos ofrece. Señor, ayúdanos a seguirte.

3.- Por los enfermos de larga duración y por sus familiares, para que atravesando esta puerta estrecha, se vean socorridos y consolados por Dios misericordioso. Señor, ayúdanos a seguirte.

4.- Por los matrimonios cristianos, para que sean realmente Cristo la  fuente  inagotable del amor entre ellos. Señor, ayúdanos a seguirte.

Padre, que enviaste a tu Hijo a cumplir tu voluntad y así salvar al género humano, haz que todos conozcamos tus caminos y lso sigamos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Por el único sacrificio de Cristo, tu Unigénito  te has adquirido Señor, un pueblo de hijos; concédenos propicio los dones de la unidad y de la paz en tu Iglesia. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Te pedimos, Señor,  que lleves en nosotros a su plenitud la obra salvadora de tu misericordia, condúcenos a perfección tan alta y mantennos en ella de tal forma que en todo sepamos agradarte. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 22: Tes. 1, 1-5.11b-12; Sal  95; Mt. 23, 13-22.
Martes 23: Tes. 2, 1-3ª.14-17; Sal 95; Mt. 23, 23-26.
Miércoles 24: Ap.  21,  9b-14; Sal   144;  Jn. 1, 45-51.
Jueves 25: Cor. 1, 1-9; Sal 144; Mt. 24, 42-51.
Viernes 26: Cor.1, 17-25; Sal 32; Mt. 25, 1-13.
Sábado 27: Cor.  1,  26-31;  Sal  32;  Mt.  25,  14-30.
Domingo 28: Ecles. 3, 17-18.20.28-29; Sal 67; Heb. 12, 18-19.22-24ª; Lc. 14, 1.7-14.



COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 13, 22-30


Texto. Lo encabeza una observación característica de Lucas desde que en 9, 51 ha presentado a Jesús de camino hacia Jerusalén. ¿Se trata en ambos casos del mismo viaje o de viajes diferentes? La observación le sirve al autor para introducir una pregunta anónima interesándose por el número de los que se van a salvar (v.23). El resto del texto es la respuesta de Jesús (vs. 24-30).
Está formada por una parábola y una máxima final. Se trata de la misma técnica de respuesta empleada hace dos domingos ante la pregunta de Pedro (véase Lc. 12,41-48) y hace seis ante la pregunta del letrado sobre el prójimo (véase Lc. 10,29-37). Esta técnica la emplea Jesús cuando no comparte el planteamiento del interlocutor. De ahí que su respuesta resulte chocante y extraña a primera vista. No es, en efecto, una respuesta directa, que se mueva en el mismo plano de la pregunta. Lo cual no significa que sea una evasiva. Ni mucho menos. Es una respuesta indirecta que trata de llevar al interlocutor a un planteamiento diferente del problema. Esto lo consigue Jesús mediante una parábola. Lo curioso de la parábola de hoy es que sus personajes no son todos ello imaginarios. Unos de los personajes son los propios oyentes de Jesús, quienes de esta manera se ven implicados directamente en el problema tal como lo plantea Jesús, un problema que no va a tener que ver con el número de los salvados sino con la autoseguridad y exceso de confianza de los propios oyentes.
Comentario. Una pregunta como la formulada al comienzo era obligada en los comentarios de hace no demasiados años. ¿Son uno o dos los viajes de los que habla Lucas en 9,51 y en el texto de hoy? Era la fecunda época de la historia del texto y de la tradición, de la crítica literaria e histórica. Pero no se valoraba suficientemente o positivamente la creatividad de los evangelistas. Desde esta última perspectiva, en cambio, la pregunta anterior pierde importancia. Lucas ha creado un marco literario de viaje en el que va haciendo altos de reflexión. Y hablando de altos, uno y muy necesario sería ponernos en contacto con la exégesis de los veinticinco últimos años del siglo pasado y los veinticinco primeros del actual. Pero volvamos al que hoy nos brinda Lucas. ¿Serán pocos los que se salven? El anónimo interlocutor pregunta a Jesús por el número de los que irán al cielo. Una imagen del cielo muy extendida entonces era la de un salón dispuesto para un banquete. Es esta imagen la que Jesús recoge en la historia que propone a sus oyentes. El salón tiene una puerta de acceso estrecha, la puerta se cierra y en el interior del salón comienza a celebrarse el banquete. Contra toda expectativa, los comensales no son todos judíos ni mucho menos.
Judíos son sólo los antiguos patriarcas y profetas; el resto son extranjeros que han tomado asiento en vez de los judíos. La historia termina con una máxima que resume y explica la situación en el interior del salón: Hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos. Los últimos son los extranjeros; los primeros, los judíos. ¿Qué quiere decir Jesús? Al preguntarle su interlocutor por el número de los que se salvarán, éste parte del presupuesto de que pocos o muchos, los salvados serán sólo judíos en cualquiera de las hipótesis. Pensaba como el rabino Emir: "Puede considerársele hijo del mundo futuro al que habita en Israel, habla la lengua santa y recita mañana y tarde el Shemá". Es a este presupuesto al que Jesús responde y no a la cuestión del número, lo verdaderamente problemático para Jesús es el hecho de pertenecer al Pueblo de Dios. Incorporando a sus oyentes judíos a la historia que cuenta, Jesús trata de introducir una espina de inquietud en sus beatitudes y seguridades. Pertenecer al Pueblo de Dios, les dice, no da derecho a la salvación. Analizaos en vuestra autoseguridad y exceso de confianza. Aquí radica el problema y no en saber cuántos se van a salvar o en si la salvación es fácil o difícil. Quiero hacer hincapié en esto último, porque este texto ha servido con demasiada frecuencia para atormentar a las conciencias con un problema que queda marginado expresamente. Repito (perdonad el tono): el texto de hoy no trata de la salvación sino de los "salvados" (así, entre comillas). Es una llamada de atención, un aviso al Pueblo de Dios: La puerta estrecha, la arrogancia y autoseguridad.
A.-  BENITO, DABAR 1986, 44



2.- Sentido del texto.-Jesús no responde directamente a la pregunta del v. 23 porque la considera desacertada. ¿Dónde está el desacierto? En reducir la salvación a una cuestión de número preestablecido. Todos pueden salvarse. El verdadero planteamiento no es, pues, "quiénes se van a salvar", sino "qué hacéis vosotros para salvaros". A los judíos, que daban por cosa hecha su salvación, Jesús les dice: Eforzaos para no estar entre los que pueden perderse; ser los primeros en haber conocido el plan de "Dios no es un privilegio o un salvoconducto".
DABAR 1977, 50



3. - La pregunta formulada, la del número de los que se salvan, no ha dejado de replantearse a lo largo de los siglos dentro de la Iglesia. Durante siglos, los teólogos y especialmente los predicadores tendían a aterrorizar a los fieles con el fin de convertirlos, por miedo, a la práctica cristiana. Actualmente la tendencia general es más bien contraria: que la misericordia de Dios no puede permitir que nadie se condene por toda la eternidad, que no hay infierno o que si lo hay está vacío, etc.
Quizás sería más prudente, cuando nos plantean o nos planteamos la cuestión, respetar el misterio y hacer como Jesús, que no quiso responder a una curiosidad inútil. Su mensaje no pretendía aterrorizar pecadores ni tranquilizar justos, sino convertir a todos.
Las discusiones rabínicas sobre los últimos tiempos hablaban de una situación mesiánica intermedia, en la que sólo unos pocos tendrán parte, y la plenitud final del mundo futuro, en la que todo Israel tendrá parte. Jesús parte seguramente de esta creencia cuando propone la imagen de la puerta estrecha, que exige grandes apretujones para entrar por ella, pero después de la cual se supone que se entra en una sala amplia y cómoda, capaz para todos.
El tema de los dolores como de parto y de las tribulaciones que precederán el establecimiento del Reino era ya clásico en la literatura escatológica judía, y lo encontramos de nuevo en los discursos escatológicos de los evangelios. Si, como casi siempre, el que había hecho la pregunta era un fariseo o un letrado, de aquella minoría "que teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás" (18,9), se sentiría muy incómodo ante la respuesta de Jesús: en lugar de presumir ser de los pocos que se salvarán, lo que debéis hacer, todos, es convertiros, porque otros -publicanos, pecadores, paganos- que menospreciáis pasarán delante de vosotros.
HILARI RAGUER, MISA DOMINICAL 1977, 16



4.- La palabra de Jesús sobre la puerta estrecha es un mensaje que contradice la falsa seguridad de salvación rabínica y la falsa predestinación apocalíptica. Desde el punto de vista profético la imagen de la puerta estrecha es la palabra de exclusión de los judíos y la llamada de los paganos. Es una invitación: la puerta está abierta, entrad... La palabra de Jesús no quiere intimidar sino estimular. Hoy todo se quiere resolver a base de números y estadísticas. A Jesús le piden número y responde con un imperativo: esforzaos y entrad.
P. FRANQUESA, MISA DOMINICAL 1986, 16



5.- He aquí una cuestión que preocupaba a los rabinos en aquel tiempo y, no hace muchos decenios, a los teólogos católicos: el número de los que se salvan. Los rabinos consideraban que, para salvarse, era necesario o poco menos el pertenecer al pueblo elegido, y esto pesaba más que una vida personal intachable. Por tanto, confiaban salvarse y que se salvarían también todos los hijos de Israel con muy pocas excepciones. Sin embargo, no todos compartían esa confianza; por ejemplo, en el libro IV de Esdras (3, 15) se dice que "los que se pierden son más numerosos que los que se salvan".
Jesús no responde a esa pregunta, que es más teórica que práctica. Prefiere insistir en la necesidad y la urgencia de la conversión al evangelio.
La "puerta estrecha" es una alusión al esfuerzo que requiere la auténtica conversión. No sólo es estrecha, sino que además puede cerrarse en cualquier momento; de ahí la urgencia: la conversión no puede dejarse para mañana. Jesús hace una llamada apremiante a todos los hijos de Israel, a quienes ha sido enviado por el Padre y que no acaban de aceptar su mensaje y su persona. Jesús ha venido "a los suyos", ha plantado la tienda en medio de su pueblo; pero ni los vínculos de la sangre, ni la aproximación física del Mesías al pueblo de Israel va a servirles de nada si no se convierten al evangelio. Lo que importa para la salvación es la fe y la comunión espiritual con la persona de Jesús.
Si los "suyos" le rechazan, otros ocuparán el puesto que tenían preparado. Hay "últimos" que pasarán a ser los "primeros". Jesús no se refiere a los judíos de la diáspora en contraposición a los que habitan en tierras de Israel, sino a los provenientes de la gentilidad. Porque lo que cuenta ya no es la descendencia de Abrahán según la carne, sino creer con la fe de Abrahán e incorporarse a Cristo y al Reino que él anuncia. Lo que salva es aceptar con fe el evangelio, que se presenta sin limitaciones raciales o nacionales y como un mensaje universal.
EUCARISTÍA 1989, 40



6. /Lc/13/22-33
Una de las grandes preocupaciones de los primeros cristianos era la de saber si únicamente los miembros de Israel participarían en el mundo futuro. Según Lc 13,23-30, todos los hombres están llamados a la salvación. En este texto habla Jesús del camino que conduce al reino.
La pregunta sobre si son muchos o pocos los que se salvan (v 23) no tiene una respuesta directa. A menudo Jesús, ante una pregunta responde desde otra perspectiva. Este es el caso en este fragmento, con la exhortación a entrar por la puerta estrecha (24). Jesús pide el esfuerzo tenaz del hombre: el verbo «esforzarse» (luchar) expresa en griego, aquí y en otros lugares del NT, una actitud ética fundamental, una respuesta del hombre a la invitación de Dios (Lc 16,16, Jn 18,36, 1 Co 9,25). Los vv siguientes precisan en qué debe consistir la lucha o esfuerzo del creyente: obrar con rectitud y justicia (27). Es una actitud básica que tiene en Lucas, una consecuencia religiosa: ser reconocidos por el dueño de la casa, por aquel que puede abrir la puerta del banquete del reino. El evangelista identifica al dueño de la casa con Jesús en el v 26, y precisa también que invita a todos los hombres. Los convidados no son los que han conocido a Jesús externamente, los que han comido con él o han hablado de él, sino los que, con motivo de su llamada, inician un proceso de conversión, consistente en una apertura hacia él y hacia los demás. Incorporando a su mensaje el criterio profético, según el cual es necesario ser justo y bueno con el prójimo, Jesús da una pista válida para los hombres de todos los tiempos y comprensible a judíos y a paganos. Justamente por esto, gentes de todas partes, de oriente y de occidente (29), todos los que respondan a la llamada de Jesús en favor del hombre, podrán compartir finalmente la mesa del reino de Dios.
Los vv siguientes (31-33) presentan una nueva escena. Jesús, profeta, actúa cada día («hoy», "mañana"...) haciendo el bien -expulsa demonios, lleva a cabo curaciones-, pero su camino finalizará en Jerusalén, y será tanto un final como un principio. En Jerusalén culminará la obra histórica de Dios en Jesús y de allí mismo saldrá el misterio renovador del evangelio.
D. ROURE, LA BIBLIA DIA A DIA, Comentario exegético a las lecturas, de la Liturgia de las Horas, Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 893 s.



7.- Predicador del Papa: «¿son pocos los que se salvan?». El padre Cantalamessa comenta el evangelio de este domingo.
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 20 agosto 2004 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario que ha escrito el padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, al pasaje evangélico de la liturgia de este domingo, 22 de agosto, Lucas 13, 22-30, en el que una persona le preguntó a Jesús: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?».
* * *
Hay una pregunta que desde siempre se han planteado los creyentes: ¿son muchos o pocos los que se salvan? En ciertas épocas, este problema se hizo tan agudo que llevó a algunas personas a una angustia terrible. El Evangelio nos informa que un día este problema fue planteado a Jesús: «Una persona le preguntó: "Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?"». La pregunta, como se ve, se refiere al número: ¿cuántos se salvan, muchos o pocos? Jesús cambia el centro de la atención del cuántos al cómo es posible salvarse, es decir, entrando por «la puerta estrecha».
Es la misma actitud que se constata al afrontar el tema del regreso final de Cristo. Los discípulos le preguntaron cuándo regresará el Hijo del Hombre y Jesús responde indicando cómo prepararse para ese regreso (Cf. Mateo 24,3-4). Esta manera de actuar de Jesús no es extraña ni descortés. Es simplemente la actuación de quien quiere educar a los discípulos a pasar del nivel de la curiosidad al de la auténtica sabiduría; de las cuestiones ociosas que apasionan a la gente a los auténticos problemas de la vida. De aquí podemos comprender la absurdidad de aquellos, como los Testigos de Jehová, que creen saber incluso el número exacto de los salvados: 144 mil. Este número, que aparece en el Apocalipsis, tiene un valor meramente simbólico (el cuadrado de 12, el número de las tribus de Israel, multiplicado por mil) y se explica en esta expresión: «una multitud inmensa, que nadie podía contar» (Apocalipsis 7, 4. 9). Después de todo, si ése es realmente el número de los salvados, entonces podríamos ahorrar todo esfuerzo, nosotros y ellos. En la puerta del paraíso deberían haber escrito desde hace tiempo, como en el ingreso de algunos aparcamientos, el cartel «Completo».
Si, por tanto, a Jesús no le interesa revelarnos el número de los salvados, sino más bien la manera de salvarse, veamos qué es lo que nos dice en este sentido. Dos cosas esencialmente: una negativa y una positiva; la primera, lo que no sirve, después lo que sirve para salvarse. No sirve, o no basta, el hecho de pertenecer a un determinado pueblo, a una determinada raza, tradición o institución, aunque fuera el pueblo elegido del que procede el Salvador. Lo que lleva a la salvación no es la posesión de algún título («Hemos comido y bebido contigo»), sino una decisión personal, seguida por una conducta de vida coherente.
Esto queda más claro todavía en el texto de Mateo, que pone en contraste entre sí dos caminos y dos puertas, una estrecha y la otra amplia (Cf. Mateo 7, 13-14). ¿Por qué les llama a estos dos caminos respectivamente el "amplio" y el "estrecho"? ¿Es siempre fácil y agradable el camino del mal, y duro y cansado el del bien? En esto hay que estar atentos para no caer en la típica tentación de creer que a los malvados todo les va magníficamente bien aquí, mientras que por el contrario a los buenos todo les sale mal.
La senda de los impíos es amplia, sí, pero sólo al inicio. En la medida en que se adentran en ella, se hace estrecha y amarga. Se hace, en todo caso, sumamente estrecha al final, pues acaba en un callejón sin salida. La alegría que en ella se experimenta tiene como característica el disminuir según se experimenta, hasta crear náuseas y tristeza. 
Se puede constatar en cierto tipo de embriaguez, como con la droga, el alcohol o el sexo. Se necesita una dosis o un estímulo cada vez más fuerte para producir un placer de la misma intensidad. Hasta que el organismo deja de responder y entonces tiene lugar es derrumbe, con frecuencia incluso físico.
La senda de los justos, por el contrario, es estrecha al inicio, pero después se hace amplia, pues en ella encuentran esperanza, alegría y paz del corazón. Lleva a la vida y no a la muerte.

jueves, 11 de agosto de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO DEL DOMINGO XX TIEMPO ORDINARIO CICLO C - 14 AGOSTO 2016

NO HE VENIDO A TRAER PAZ, SINO DIVISIÓN.


ORACION COLECTA

Oh Dios que has preparado bienes inefables para los que te aman, infunde tu amor en nuestros corazones para que, amándote en todo sobre todas las cosas consigamos alcanzar tus promesas que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Jeremías 38,4-6.8-10

En aquellos días, los príncipes dijeron al rey: «Muera ese Jeremías, porque está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y a todo el pueblo, con semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia.».
Respondió el rey Sedecías: «Ahí lo tenéis, en su poder: el rey no puede nada contra ustedes.».
Ellos cogieron a Jeremías y lo arrojaron en el aljibe de Malquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo.
Ebedmelek salió del palacio y habló al rey: «Mi rey y señor, esos hombres han tratado inicuamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde morirá de hambre, porque no queda pan en la ciudad.».
Entonces el rey ordenó a Ebedmelek, el cusita: «Toma tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe, antes de que muera.».

SALMO RESPONSORIAL (39)

Señor, date prisa en socorrerme

Yo esperaba con ansia al Señor;  él se inclinó y escuchó mi grito. R.

Me levantó de la fosa fatal,  de la charca fangosa;  afianzó mis pies sobre roca,  y aseguró mis pasos. R.

Me puso en la boca un cántico nuevo,  un himno a nuestro Dios.  Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos  y confiaron en el Señor. R.

Yo soy pobre y desgraciado,  pero el Señor se cuida de mí;  tú eres mi auxilio y mi liberación:  Dios mío, no tardes. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 12,1-4

Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retiramos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recuerden al que soportó la oposición de los pecadores, y no se cansen ni pierdan el ánimo. Todavía no han llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12,49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Piensen que he venido a traer al mundo paz?. No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.».

COMENTARIO

¡Cómo queremos la paz!. ¡A toda costa!. ¡Hasta el aburrimiento!. Pero si la concebimos como unanimidad, como amabilidad de corazón, como vida tranquila, como ambiente apacible (en la familia, en la comunidad, en el trabajo, en la aldea o en el barrio, y hasta en nuestro país y en el mundo entero), Jesús va a decirnos que no encontramos esos artículo en él: “No  les doy la paz como  la da el mundo”. “Fuego he venido a encender en la tierra, y ¡qué más quiero si ya ha prendido!. Pero tengo que ser sumergido en las aguas y no veo la hora de que eso se cumpla. ¿Piensan que he venido a traer paz a la tierra?
Les digo que no, división y nada más. Si estas palabras nos chocan y hasta nos sublevan, se impone un examen de las mismas: nuestro miedo a la división: ¿es sano, noble, o solamente un deseo bastante mediocre de tranquilidad?.
Evidentemente, eso no va. Por la sencilla razón de que querer amar como Jesús (no olvidemos a menudo de precisar) nos lleva a dividir, exactamente como él.
Y al estar nosotros mismos divididos, como a menudo sabemos que nos ocurre. Es el día en que escogemos amar de verdad cuando surgen los conflictos más duros. Por haber sido fraternales, en nuestro despacho, con un colega, tenemos que soportar la injusticia del jefe. Por amar a los enemigos la familia, hemos tenido que enfadarnos con nuestra familia. Por ayudar a unos vecinos pobres, chocamos con nuestra mujer o nuestra suegra: “¡Estás sacrificando a tus hijos!”.
Ahí es donde era menester que nos alcanzasen estas palabras: en el fondo de nuestro corazón. Jesús será siempre división porque nuestros corazones son malos.  Cuando queremos amar y luchar por amor, no lo hacemos más que a partir de nuestras torpezas, de nuestros arrebatos, o de nuestros miedos. Frente a nosotros, los mejores cristianos, nos aman también como pueden, con su ser de pecadores. Tal como somos nosotros, corremos continuamente el riesgo de fabricar paces adulteradas.  La paz del dominador que obliga a callar a todo el mundo y establecer forzosamente la calma. La de los obsesionados por la caridad fraterna que evitan el más pequeño conflicto dejando que se pudrieran las situaciones.  La del que combate puramente por las justicias que cataloga a las personas y va avanzando tranquilo por entre sus buenos y sus malos. En esas paces tan falsas Jesús introduce la espada de la división. Pero ¿Cuál es su paz?. Una paz critica, que quema, que ama, que se mete hasta el interior mismo de los conflictos y se queda allí. No busca los tranquilos lagos, sino que quiere hacer fecunda las tempestades.  Para un hijo del evangelio no hay paz – a no ser en el cementerio-, sino un trabajo tenaz e inteligente de paz, posible en todas partes: en nuestro corazón traspasado, en nuestro grupo, en la Iglesia.  Es ciertamente entre nosotros, imperfectos y pecadores, donde hay que hacer y que rehacer una y mil veces nuestras paces precarias. Unas veces las demolerán nuestros orgullos y otras la espada evangélica, en la que habrá que confiar  animosamente sin soñar en un final definitivo del combate.
Es imposible convertirse en artífice de paz a no ser tejiéndola continuamente con los hijos de la guerra.

PLEGARIA UNIVERSAL

La contradicción y la división que anuncia Cristo se vuelve interna con el azote del pecado. Pidamos a nuestro Padre celestial que – como aconseja la segunda lectura- tengamos los ojos fijos en Cristo. Por eso hoy repetimos R. Padre, mantén nuestros ojos fijos en Cristo.

1.- Por el Papa Francisco, los Obispos y los sacerdotes, para que imitando a Cristo, nos lo hagan visibles a todos los que lo buscamos con inquietud. Padre, mantén nuestros ojos fijos en Cristo.

2.- Por los que dirigen las naciones, los que imparten justicia y los que ostentan el poder económico, para que no olviden a los que más sufren y atiendan con prontitud sus necesidades. Padre, mantén nuestros ojos fijos en Cristo.

3.- Por los que luchan contra la enfermedad, la soledad, el desarraigo, la opresión, para que descubran en la cruz de Cristo el sentido y el valor  del  sufrimiento  y  la fuerza  para luchar y resistir hasta el final, camino a la Resurrección. Padre, mantén nuestros ojos fijos en Cristo.

4.- Por las familias de nuestros días, probadas por tantos problemas de orden material y espiritual para que encuentren en Cristo y su Iglesia el amor fraterno y la ayuda solidaria que necesitan. Padre, mantén nuestros ojos fijos en Cristo.

5.- Por todos nosotros que creemos en Cristo hecho Pan de Vida, y que nos alimentamos con El y con su Palabra para que seamos valientes ante las vicisitudes de la vida, siguiendo las huellas que Él nos ha dejado. Padre, mantén nuestros ojos fijos en Cristo.

Padre Celestial, haz que descubramos en tu Hijo la clave para llegar a sintonizar con tu voluntad y así ser fieles a ti en nuestro caminar. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor,  nuestros dones, en los que se realiza un admirable intercambio, para que, al ofrecerte lo que tú nos diste, merezcamos recibirte a ti mismo. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Señor, después de haber recibido a Cristo en estos sacramentos, imploramos de tu misericordia que, transformados en la tierra a su imagen, merezcamos participar de su gloria en el cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes: Ap. 11, 19ª; 12, 3-6ª.10ab; Sal 44; Cor. 15, 20-27ª; Lc. 1, 39-56
Martes: Ez. 28, 1-10; Dt. 32; Mt. 19, 23-30.
Miércoles: Ez. 34, 1-11; Sal 22; Mt. 20, 1-16.
Jueves: Ez. 36, 23-28; Sal 50; Mt. 22, 1-14.
Viernes: Ez. 37, 1-14; Sal 106; Mt. 22, 34-40.
Sábado: Ez. 43, 1-7ª; Sal 84; Mt. 23, 1-12.
Domingo: Is.  66,  18-21;  Sal 116; Lc. 13, 22-30.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 12, 49-53
Paralelo: Mt 10, 34-36

1.- Texto. Recordemos la últimas palabras del domingo pasado: "Al que mucho se le confió, más se le exigirá". Era una llamada y una advertencia a la responsabilidad de los cristianos a vivir abiertos al futuro. E inmediatamente escuchamos hoy: "He venido a prender fuego en el mundo". La frase suena como un exabrupto y, sin embargo, pertenece a la misma conversación de los dos domingos anteriores entre Jesús y sus discípulos. El hecho tiene su importancia de cara a determinar el fuego del que habla Jesús.
Luego continúa: "¡Y ojalá estuviera ya ardiendo!". Es una de las varias propuestas de traducción de una frase con una fuerte carga emocional. Otra traducción: "¿Qué más quiero, si ya ha prendido?". Los Padres griegos son partidarios de esta segunda. Sigue una nueva frase emocional. La traducción litúrgica ha pasado por alto el matiz adversativo que tiene en el original. "Sin embargo, tengo que pasar por un bautismo" (v.50). Un preludio de Getsemaní.
La imagen se refiere, en efecto, al final trágico de Jesús. El sentido de la frase dentro de la conversación dependerá de la traducción que escojamos para el versículo anterior. En todo caso, se trata de una especie de paréntesis dado que los versículos siguientes se mueven en la línea del versículo inicial: "¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división". La conversación se cierra con un ejemplo explicativo de esta división. "En adelante, una familia de cinco estará dividida". El ejemplo está tomado de Miqueas, profeta que vivió en el siglo VIII a. C. "En adelante (desde ahora)" es una precisión temporal característica de Lucas (véase Lc. 1,48;5,10). Realza la novedad del presente respecto al pasado y señala un camino de cara al futuro.
Comentario: Comentando el primer versículo, escribe el P. Lagrange que hay que otorgar a la frase su claroscuro profético. Atinada observación. El fuego en cuestión no es el Espíritu Santo, como muchos Padres han pensado. Nos hallamos ante un típico texto profético, con un lenguaje imaginativo y denso, imprevisto e imprevisible. Con su enorme carga de emoción y de pasión, que haremos bien en dejarla correr indómita y en no tratar de amansarla y reducirla. Fuego, división. Es la eclosión incontenida de un ser ilusionado, motivado. Este texto nos permite penetrar en el alma de Jesús, en su pasión antes de la pasión. ¿Será que la vida de Jesús fue un Getsemaní continuado?
Pero es indudable que este texto forma parte del contexto literario que Lucas ha organizado y que hemos ido descubriendo los domingos anteriores. Lo ridículo y peligroso de la codicia. La necesidad de una escala de valores en la que lo prioritario es el Padre y no el comer y el vestir. Buscad su reino y todo lo demás se os dará por añadidura. Dejad la riqueza. Relativizad todo. No os encerréis. Tened perspectiva. Este es el fuego que Jesús trae para abrasar y aniquilar mentalidades y prácticas ancestrales. ¡Fuego! "¿Qué más quiero si ya está ardiendo?" me parece la traducción más apropiada porque responde mejor al contexto literario y a la concepción del tiempo que tiene Lucas. "Hipócritas", leemos un poco más adelante, "sabéis reconocer el aspecto del cielo y de la tierra, y ¿cómo no reconocéis la ocasión presente?" (Lc. 12,56). El tiempo de Jesús es para Lucas una novedad respecto al pasado y un camino abierto para el futuro. De ahí su "desde ahora". El fuego ya está ardiendo, la división es ya una realidad. Estamos muy lejos de fantasías e imaginaciones irreales. El realismo más crudo está presente en las palabras de Jesús. Tan crudo, que le salpica y le hace mucho daño. "Tengo que pasar por un bautismo". Es un grito de dolor. "¡Qué angustia hasta que se cumpla!". Pero dado el matiz adversativo con que Lucas ha construido la frase, en este grito se esconden también un temor y una preocupación: ¿Supondrá la muerte de Jesús el sofocamiento y la desesperación de este fuego? ¡Dios no lo quiera!.
A. BENITO, DABAR 1986, 43



2.- Es frecuente ver en esta perícopa un intento para explicar el tiempo -la presencia- de Jesús como el tiempo de la decisión. Su venida y su historia se presentan como una situación de conflicto para él y para los que optan por él.
No es fácil precisar el concepto de "fuego". Jesús ha deseado algo que no ha llegado todavía. El cumplimiento de este deseo, en otros textos, significa la venida del Espíritu Santo (Lucas 3,16). Se podría pensar en el Espíritu Santo, pero aquí esta palabra-metáfora está asociada al concepto de juicio, un juicio que abrasará la tierra.
Se puede establecer un paralelo entre el fuego y el bautismo como un paso desde el dolor y la tribulación a la magnificencia de Dios. Se incluye entonces el sentido de purificación. Desde el versículo 50, parece que hay que entender el fuego como purificación de los corazones. La revelación de Dios nos trae el juicio y la purificación.
El Mesías será entendido y esperado como portador de salvación, pero el salvador hay que verlo en estrecha relación con la paz.
Paz anunciada en su nacimiento (Lc 2,14) y en la expresión: vete en paz (Lc 8,48). Es la paz mesiánica que no coincide con la paz romana o pacificación en sentido político.
La actuación de Jesús no puede ser la pacificación exterior. Su venida conlleva para los hombres decidirse frente a él y su mensaje. La posibilidad de libertad de elección trae la escisión y la división. La figura de Jesús es el centro. La actitud de cada cual es la que divide. Se ejemplifica esta división desde la comunidad familiar. La actitud frente a Jesús crea nuevos lazos y relaciones que relativizan los lazos de la sangre. Era una experiencia vivida en muchas familias. Dentro de la misma familia unos se convertían y seguían a Cristo y otros se oponían y perseguían a los seguidores.
P. FRANQUESA, MISA DOMINICAL 1986, 16



En estos versículos, los dos primeros propios de Lc, hay distintas sentencias de Jesús agrupadas aquí en función de la idea central de que la venida de Jesús inaugura un tiempo crítico, que fuerza a los hombres a optar a favor o en contra de él. El cuarto evangelio lo señala dramáticamente, puesto que después de cada discurso o de cada milagro de Jesús se producen reacciones contradictorias entre los oyentes o espectadores: unos se encaminan hacia la fe, otros se irritan y no sólo rechazan, sino que odian a Jesús, con una aversión creciente, que los llevará hasta el homicidio. En este punto, como en tantos otros, Lc aparece muy de acuerdo con Jn.
Los vv. 49-50 son originariamente independientes. El "fuego" (v.49) que Jesús asegura va a prender en la tierra no debe entenderse como un recurso a la violencia para la implantación del Reino de Dios, sino como una alusión al Espíritu Santo o bien a la purificación de los corazones, según un simbolismo muy utilizado en el lenguaje bíblico. El "bautismo" (v.50) que Jesús tiene que recibir no es, evidentemente, ningún rito o sacramento. Debe entenderse la palabra en su sentido originario de "inmersión": Jesús debe sumergirse en unas aguas profundas, y ya sabemos que esas aguas son imagen de grandes sufrimientos. Es, pues, un anuncio de la Pasión. Tanto el "fuego" como el "bautismo" son objeto de un deseo vehemente de Jesús. Anhela purificar el corazón de todos los hombres con su Espíritu, y camina valerosamente hacia su pasión, que es su camino obligado. Estos dos versículos expresan por tanto, originariamente, la voluntad decidida de Jesús de realizar el plan que el Padre le ha propuesto.
Pero colocados aquí por Lc deben entenderse principalmente en función de los vv. 51-53 que siguen, en los que Jesús aparece como "signo de contradicción". Hay una referencia a Mi 7,6, que como una muestra de la corrupción general hablaba de las divisiones familiares. Naturalmente, Jesús no se propone obtener este lamentable resultado, pero de hecho el seguimiento fiel de Jesús originará tensiones e incluso rupturas. Cuando los apóstoles predicaban el evangelio entre los paganos del mundo greco-romano, la conversión al cristianismo implicaba un cambio de vida tan radical que podía dificultar seriamente la convivencia con los parientes aún paganos. En algunos países de misiones, en los que la vida social y familiar esté impregnada de actos religioso o supersticiosos, podemos ver aún en nuestros días situaciones de desgarro o ruptura familiar semejantes a los que se debían dar a menudo en los inicios de la Iglesia. En una sociedad secularizada, o en un cristianismo debilitado, el conflicto se presentará más raramente.
HILARI RAGUER, MISA DOMINICAL 1977, 15



viernes, 5 de agosto de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XIX TIEMPO ORDINARIO CICLO C - 7 AGOSTO 2016

ESTÉN PREPARADOS


ORACION COLECTA
Dios  todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre, aumenta en nuestros corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría 18,6-9

La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables, pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti. Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.

SALMO RESPONSORIAL (32)

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Aclamen, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. R.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,  como lo esperamos de ti. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 11,1-2.8-19

La fe es la garantía de las cosas que se esperan, la prueba de aquellas que no se ven. Por ella recibieron testimonio de admiración los antiguos. Por la fe Abrahán, obedeciendo la llamada divina, partió para un país que recibiría en posesión, y partió sin saber a dónde iba. Por la fe vino a habitar en la tierra prometida como en un país extranjero, viviendo en tiendas de campaña, con Isaac y Jacob, herederos con él de la misma promesa. Porque él esperaba la ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe recibió también Sara el poder de concebir, fuera de la edad propicia, porque creyó; en la fidelidad de aquel que se lo había prometido. Precisamente por esto, de un solo hombre, ya casi muerto, nació una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo y como los incontables granos de arena que hay en las playas del mar. Todos éstos murieron en la fe sin haber obtenido la realización de las promesas, pero habiéndolas visto y saludado de lejos y reconociendo que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Ahora bien, aquellos que hablan así demuestran claramente que buscan la patria. Y si ellos hubiesen pensado en aquella de la que habían salido, hubiesen tenido oportunidad para volver a ella. Ellos, en cambio, aspiraban a una patria mejor, es decir, celeste. Por eso Dios no se avergüenza de ellos, de llamarse «su Dios», porque les ha preparado una ciudad. Por la fe Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; e inmolaba a su hijo único a aquel que había recibido las promesas, a aquel de quien le había sido dicho: De Isaac saldrá una descendencia que llevará tu nombre. Porque pensaba que Dios tiene poder incluso para resucitar a los muertos. Por eso recobró a su hijo. Esto es un símbolo para nosotros.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12,32-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vendan sus bienes y den limosna; hacer talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está su tesoro allí estará también vuestro corazón. Tengan ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Ustedes estén como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo ustedes, estén preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.».
Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?».
El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Les aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.».

COMENTARIO

Maranata significa “¡Ven Señor!”. Es la última palabra de la Biblia y era la oración apasionada de los primeros cristianos. Ha vuelto a ser también la fórmula de oración de algunos cristianos de hoy, sobre todo en los ambientes carismáticos. Vale la pena que meditemos en ella. Maranata pide el fin del mundo, aquel formidable día en que Cristo apareciéndose en todo el esplendor de su gloria, inaugurará la nueva vida de los hombres en plena vida de Dios. Porque Dios mismo, nos dice Jesús, nos invitará al gozo de lo que él es: “Se pondrá el delantal, los sentará a la mesa y le irá sirviendo uno a uno. Pero por muy extraordinario que sea este final grandioso y por muy lleno de amor que esté, quizás no obsesiona bastante nuestros días y nuestras noches. Nos cuesta comprender qué es  lo que Jesús quiere de nosotros cuando nos dice: “Vivan como hombres que aguardan”. Y cuando repetimos dócilmente  según sus enseñanzas: “Padre, venga a nosotros tu reino” esto no hace palpitar nuestro corazón en la tensa espera, a pesar de que el sentido de esta frase está claro: “Qué llegue ese mundo final en el que tú reinarás”. Viene ya. Caminamos hacia su plenitud, pero viene en el esbozo que de él vamos haciendo. La escatología es una aurora lejana que ilumina el progreso de la humanidad hacia el sol eterno. Por consiguiente, la esperanza   cristiana  no   es   ni   mucho   menos  estática  e
inmovilizante. Es la conciencia de un parto gigantesco. Esa espiritualidad tan segura que siempre nos han enseñado es muy clara: hay que vivir plenamente el día de hoy. Pero se trata del “hoy de Dios” lleno de Dios y lleno de su espera. Es delicada esa dosificación entre la acción inmediata y la espera. Varía con las épocas e incluso con cada temperamento. Siempre habrá en definitiva enamorados de la tierra y soñadores del cielo. Sin embargo, el que habla de dosificación dice por eso mismo que se necesitan las dos cosas y en cada uno de nosotros, la espera, si pero en una paciencia muy activa. El razonar entre el hoy y el mañana tiene que estar siempre bajo vigilancia, pues corrió ya el peligro de falsearse desde los comienzos del cristianismo. Los tesalonicenses de san Pablo se agarraron tan bien al Maranata que se cruzaron de brazos y no querían trabajar. “No, les dice san Pablo, ¡El día del Señor no ha llegado! ¡Hay que vivir, hay que trabajar!” (2Tes). Nosotros nos hemos encargado de aprender bien esta lección ya que nuestro hoy está súper-ocupado hasta cometer una grave infidelidad contra la escatología. “¿Los últimos tiempos?”. ¡Ya vendrán! Incluso entre los cristianos se cede a veces a dos estilos de vida mortales para el Maranata, el alzarse de hombros y tratar de cumplir la agenda febril.

PLEGARIA UNIVERSAL

Danos fuerza, Señor y no dejes de alimentar a tu pueblo que confiadamente presenta estas suplicas. Repetimos: R. Escucha a tu pueblo, Señor.

1.-  Por el Papa Francisco, los Obispos, los sacerdotes y todos aquellos que proclaman al mundo el Pan de Vida, para que no se cansen nunca de proclamar la eficacia de la Eucaristía. Escucha a tu pueblo, Señor.

2.-  Por los Presidentes de Estado, los Jefes de Gobierno,  los presidentes regionales y las autoridades locales, para que actúen de forma conjunta y esto revierte en beneficio de los pueblos. Escucha a tu pueblo, Señor.

3.- Por aquellos que sufren de depresión o desesperación y por los que dudan del valor de la vida, a fin de que se vean socorridos por la fuerza de Dios para enfrentar las dificultades del camino. Escucha a tu pueblo, Señor.

4.- Por aquellos que viven alejados de Dios, como si Dios no existiera para que tengan la experiencia de un encuentro decisivo con su presencia divina en su existencia. Escucha a tu pueblo, Señor.

5.- Por todos nosotros para que – como nos pide san Pablo-  seamos buenos, comprensivos y misericordiosos. Escucha a tu pueblo, Señor.

Padre, atiende las necesidades que te hemos manifestado en estas plegarias y también aquellas otras necesidades que tu bien sabes que tenemos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, los dones que le has dado a tu Iglesia para que pueda ofrecértelos y transformarlos en sacramento de nuestra salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.

 ORACION DESPUES DE LA COMUNION

La comunión en tus sacramentos nos salve, Señor, y nos afiance en la luz de tu verdad. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 8: Ez.1, 2-5.24-28; Sal 148; Mt. 17, 22-27.
Martes 9: Ez. 2, 8—3, 4; Sal 118; Mt. 18, 1-5.10.12-14.
Miércoles 10: Cor. 9, 6-10; Sal 111; Jn. 12, 24-26.
Jueves 11: Ez. 12, 1-12; Sal 77; Mt. 18, 21—19, 1.
Viernes  12: Ez. 16, 1-15.60.63; Is. 12, 2-6; Mt. 19, 3-12.
Sábado 13: Ez. 18, 1-10.13b.30-32; Sal 50; Mt. 19, 13-15.
Domingo 14: Jer. 38, 4-6.8-10; Sal 39; Heb. 12, 1-4; Lc. 12, 49-53.



COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 12, 32-48

1.CODICIA/RIQUEZAS: Texto. Forma parte de una larga conversación de Jesús con sus discípulos. El desencadenamiento de la misma ha sido un litigio de herencia (domingo pasado). Jesús empieza señalando la raíz de estos casos: la codicia. A continuación da un paso más: Por esto os digo: no andéis agobiados pensando qué vais a comer o con qué os vais a vestir. Vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de ello. Buscad más bien su reino y tendréis también todo aquello (/Lc/12/22/30-31). Es decir, Jesús les propone a sus discípulos un punto de mira distinto: el mundo del Padre en vez del mundo de las riquezas. Aquí se entronca el texto de hoy: No tengáis miedo, pequeño rebaño, de que vuestro Padre haya querido confiaros su reino. Prefiero este matiz al de la traducción litúrgica. Siguen después unas invitaciones a desprenderse de los bienes (vs. 33-34) y a vivir en perspectiva de futuro (va. 35-40). Esto último se expresa con la imagen de unos criados a la espera de su amo y la de un propietario que trata de impedir que los ladrones le roben. Enseñanza plástica, a través de una parábola.
Pedro quiere saber quiénes son los destinatarios de esta parábola. ¿Has dicho esa parábola por nosotros o por todos? Para el lector no queda claro quiénes son unos y otros. Dos comentarios antiguos que tengo delante entienden el "nosotros" de los doce y el de "todos" de los discípulos. Creo sin embargo que, por el modo como Lucas estructura el auditorio en el cap. 12, el "nosotros" se refiere a los discípulos y el "todos" a la gente en general. Aunque como vamos a ver por el tipo de respuesta de Jesús, la distinción no tiene mayor importancia. La respuesta de Jesús no es directa.
Basta fijarnos en ella para ver que no guarda relación con los términos de la pregunta (vs. 42-48). Esto significa que Jesús no acepta el planteamiento de Pedro. Lo que Jesús hace es contar una nueva parábola con vistas a replantear el problema en otros términos. Algo parecido a lo que veíamos hace cuatro domingos a propósito del prójimo. En el texto de hoy, el planteamiento de Jesús se encuentra en los versículos finales 47-48. Se habla del criado que sabe lo que su amo quiere y del criado que no lo sabe.
Ambos serán castigados si hacen algo digno de castigo, aunque al que sabía se le castigará más, porque al que mucho se le dio, mucho se le exigirá. El planteamiento de Pedro era exclusivo; por nosotros o por todos. El de Jesús es asertivo: por vosotros y por todos. Vivir en perspectiva de futuro es una actitud que compete a todos en general, aunque probablemente todos tendrán el mismo grado de conciencia de esa perspectiva o no todos la vivirán con la misma intensidad.
Comentario. Jesús acaba de proponer a los discípulos un cambio en su escala de prioridades y de valores: El Padre antes que la comida. La verdad es que un cambio así impone. ¿No imponen acaso estas palabras: "Vended vuestros bienes"? No es ya el miedo teórico, es el miedo práctico: ¿Qué será de mí y de los míos? Vamos a ser honestos y a no rebajar lo que Jesús dice. Sintamos toda la angustia y todo el miedo que queramos. Resistámonos todo lo que queramos. Pero, ¡por favor!, no escamoteemos el sentido de las palabras de Jesús. Está en juego la esencia del ser cristianos. Ya sé que los maximalismos no sirven, que el lenguaje de Jesús era a veces agresivo e hiriente y que respondía a condiciones socioeconómicas infinitamente mucho menos complicadas que las actuales. Pero repito: ¡No acomodemos la palabras de Jesús a nuestras conveniencias! Propongo una solución. ¿Por qué no reconocemos que no estamos dando curso a la idea cristiana de Jesús? ¿Por qué no reconocemos que tenemos mucha tarea por delante hasta poder decir que somos cristianos? Donde hay tarea por realizar hay ilusión. Y donde hay ilusión hay sentido del humor, alegría y humildad. Y la angustia irá desvaneciéndose de nuestro interior y una gran paz tomará en nosotros el puesto de aquélla. "No temas, pequeño rebaño, de que vuestro Padre haya querido confiaros su reino". Hay mucho cariño y mucha fuerza en estas palabras. Buscad al Padre. Descubriréis que nada os faltará para vivir y vivir bien. Ante las palabras "Buscad..." de Jesús se me ocurre la siguiente pregunta: ¿No será que a fuerza de no vender nuestros bienes ya no tenemos bienes? ¿No será que por preocuparnos tanto de nuestra vida ya no tenemos vida? ¡Esto no es vida! exclamamos a veces, ¿Será que intuimos que lo primero es el reino del Padre y después todo lo demás? Ello significaría que nos estamos haciendo cristianos y que empezamos a tener ceñida la cintura y encendidas las lámparas.
ALBERTO BENITO, DABAR 1986, 42



2.- Sentido del texto. No podremos en absoluto comprender estas fascinantes palabras de Jesús si desconocemos desde dónde están dichas. ¿Por qué puede hablar Jesús así? La respuesta es el v.32b: "Vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino". Jesús sabe del Padre y de su alternativa, lo conoce y la conoce. Jesús ha hecho un descubrimiento: "El Reino se parece a un tesoro escondido en el campo; si un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y de la alegría va a vender todo lo que tiene y compra el campo aquél" (/Mt/13/44). Desde este descubrimiento puede Jesús hablar e invitar como lo hace. Cuando se ha encontrado un tesoro, ¿qué importa la calderilla? ¿Qué miedo se puede tener a desprenderse de la calderilla? La atención y el interés estarán en el tesoro, no en la calderilla. "Buscad primero el Reino y esas otras cosas (alimento, vestido, etc.) las tendréis de sobra", son las palabras inmediatamente anteriores a las del evangelio de hoy (/Lc/12/31).
Secundar la invitación a desprenderse de las propias posesiones es lo mismo que secundar una invitación a desprenderse de la calderilla cuando se tiene un tesoro. Jesús no te invita a quedarte sin nada, sencillamente porque antes ya lo tienes todo. No tengas, pues, miedo a dejar el dinero.
CR/OPTIMISTA: Centra tu atención e interés en la maravillosa alternativa del Reino. Es un inesperado y fascinante valle de colores y de bienestar. Como los antiguos esclavos judíos en Egipto, ponte en disposición de marcha hacia la tierra que mana leche y miel. Estás a punto de llegar a ella. Haz un último esfuerzo: sal de la esclavitud y saborea la fiesta. Lucha, construye, no te desanimes. Te parece que no llegas: no creas a las sirenas que te hablan de realismo. El Hijo del Hombre sale a tu encuentro, está para llegar. ¿Eres cristiano? Lo tienes que demostrar por tu fe inquebrantable en un mundo nuevo. Ser cristiano lleva consigo esa fe. Por ser cristiano has adquirido la responsabilidad de creer en un mundo de colores y de bienestar. Quien no es cristiano no tiene tanta responsabilidad de creer en este mundo como tienes tú. Fuerza, pues, la historia: no te detengas, nunca te conformes, no caigas en la tentación esbozada por Pedro de entretenerte en jerarquizar personas y competencias. Fíjate cómo Jesús no da cabida en su respuesta a este tipo de problemática.
Lo importante es la capacidad de inquietud que tengas y la disconformidad que demuestres.
DABAR 1980, 43



Uno de los puntos más originales de la enseñanza de Jesús -y Lc lo señala más que ningún otro evangelista- es el juicio que hace sobre las riquezas. En la mentalidad general del Antiguo Testamento, las riquezas son una bendición de Dios, y a veces incluso una prueba de que alguien disfruta de su favor. En esta línea, el protestantismo y especialmente el calvinismo tenderá a ver en ella un signo de predestinación. Para Jesús, por el contrario, la riqueza está llena de peligros para el Reino.
HILARI RAGUER, MISA DOMINICAL 1977, 15




4.- Texto. Seguimos en la perspectiva de camino. El texto comienza con la fórmula de confianza "no temas", fórmula que garantiza protección y seguridad, y con el apelativo cariñoso de "pequeño rebaño", para inmediata- mente pasar a formular el motivo de la confianza y del cariño: "El Padre ha tenido a bien confiaros su reino". Manifestación capital en sí misma, por cuanto que supone la realización, al menos parcial, de la segunda petición del Padrenuestro: Venga tu reino. Manifestación, además, fundamental en el conjunto del texto, por cuanto que está a la base de todo lo que en él se dice después.
Tomando como punto de partida este versículo 32, el texto se articula de la siguiente manera:
1. Versículos 33-34. Una vez más nos sale al paso la frase corta y gráfica, desconcertante y agresiva." Vended vuestros bienes y dad limosna". La frase es de las que hieren, porque golpea fuerte. "Tocados" todavía por su impacto, escuchamos después algo sobre el corazón y el tesoro. Empezamos a relacionar: tesoro, dinero, valores, atención, importancia. De repente se nos ilumina el sentido de la frase: el dinero no puede ser el móvil de uno a quien el Padre le ha confiado su reino.
2. Versículos 35-40. Las palabras de Jesús siguen resonando gráficas. "Tened ceñida la cintura". En un mundo en el que se llevan túnicas muy holgadas que llegaban hasta los pies, era inevitable ceñirse la cintura con un cinturón para realizar cualquier actividad que supusiese esfuerzo o movimiento. Tener ceñida la cintura expresaba disposición, entrega a una tarea. Algo parecido hay que decir de las lámparas encendidas, indudablemente una metáfora para designar la actitud despierta y consciente.
Siguen a continuación dos situaciones, dos ejemplos de actitud despierta y consciente: de unos criados; de un dueño de casa. En ambos casos se pone de relieve la misma exigencia: necesidad de una actitud consciente y abierta al futuro.
¿De qué futuro se trata? Nos lo dice el v. 40 y lo formula en términos de venida del Hijo del Hombre. La formulación ahonda sus raíces en la imaginería apocalíptica judía, una imaginería al servicio de la más bella y la más real de las realidades: el encuentro pleno de los hijos con su Padre.
El sentido de los vs. 35-40 aparece claro: uno a quien el Padre le ha confiado su reino vive consciente de caminar hacia el encuentro pleno con el Padre.
3. versículos 41-48. Pedro interrumpe para saber si lo anterior se refiere sólo a ellos o también a todos en general. ¿Has dicho esta parábola por nosotros o por todos? Por el contexto inmediato el nosotros no se refiere a los doce, sino a los discípulos, es decir, al seguidor de Jesús.
En su respuesta Jesús emplea el mismo procedimiento que constatábamos hace cuatro domingos a propósito del letrado que quería saber quién era su prójimo. Jesús no responde en los mismo términos de la pregunta, sino que en los vs. 42-46 comienza contando la historia del posible doble proceder, bueno y malo, de un administrador. A continuación, en los versículos 47-48, centra su atención en el proceder malo y distingue dos nuevas posibilidades, según que ese proceder malo sea consciente o inconsciente. Por último, concluye con la siguiente llamada de atención: Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confía, mucho se le pedirá. Hacia esta llamada de atención va encaminada toda la anterior historia; esta llamada es lo verdaderamente importante de la respuesta de Jesús.
Comparemos ahora esta respuesta y la pregunta. Pedro quiere saber si lo manifestado por Jesús vale sólo para sus seguidores o también para todos. Jesús le contesta que no es eso lo que debe preocuparle como seguidor suyo. Lo que de verdad debe preocuparle es que por ser seguidor suyo tiene unas exigencias y unas responsabilidades, superiores incluso a la demás gente por cuanto un seguidor de Jesús sabe que las tiene y los demás no lo saben. Esas exigencias y esas responsabilidades es lo que de verdad debe de preocupar a un seguidor de Jesús, y no si los demás las tienen o dejan de tener, o si los demás son seguidores de Jesús o no. La respuesta de Jesús, por lo tanto, corrige los demás términos, y el planteamiento de la pregunta de Pedro.
Comentario. A decir verdad el texto no es fácil por cuanto que no deja traslucir a primera vista su articulación interna. A la hora de hablar de él hay que hacerlo partiendo de lo que es la afirmación central: El Padre ha tenido a bien confiaros su reino. El seguidor de Jesús debe vivir sabiendo que el reino del Padre es ya una realidad en él. Su vida goza del cariño, la protección y la seguridad que el Padre otorga. No tengas miedo.
A partir de esta vivencia y de esta certeza, el seguidor de Jesús da curso a un nuevo talante, a un estilo diferente de vida. El texto de hoy apunta dos manifestaciones de este nuevo estilo de vida.
Primera: El seguidor de Jesús no está en la vida para ganar dinero. Segunda: El seguidor de Jesús es sabedor de que camina hacia el encuentro claro y pleno con el Padre. Pero ¡ojo! Se trata de actitudes simultáneas e independientes entre sí. Por lo tanto, el no estar en la vida para ganar dinero no se debe al hecho de caminar hacia el Padre. Lo primero no está subordinado a lo segundo. Si el seguidor de Jesús no está en la vida para ganar dinero, ello se debe a que está en la vida para hacer otras cosas y con otros valores. A su vez, mientras hace esas otras cosas desde otros valores, el seguidor de Jesús sabe que su vida tiene perspectiva de futuro, un futuro que arranca del presente del Padre.
El texto termina con una parte que suele estar bastante maltratada. Una parte realmente maltratada. Hay comentaristas que la interpretan en el sentido de retribución según los méritos. Creo que esta línea de interpretación no tiene para nada en cuenta la articulación del texto. El sentido de la parte final está condicionado por la pregunta de Pedro, aunque no por los términos y su planteamiento. Lo hace por medio de la historia que cuenta, la cual tiene como función el preparar la llamada de atención final, que es donde se recoge el planteamiento o modo de ver las cosas por parte de Jesús. La preocupación de si lo que Jesús dice es aplicable sólo a sus seguidores o a todos en general debe dejar paso a esta otra: como seguidor de Jesús, éste tiene que llevar adelante un estilo de vida no basado en el dinero y consciente de su apertura al Padre. Esta es la tarea del seguidor de Jesús y de ella es de lo que tiene que responder. Los demás ya responderán de la suya, sea ésta la que sea. Lo que debe preocupar al seguidor de Jesús no es el hacer extensiva a los demás su visión de las cosas, sino el vivir de las cosas.
ALBERTO BENITO, DABAR 1989, 41