jueves, 20 de octubre de 2016

IGLESIA Y LITURGIA

IGLESIA Y LITURGIA
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SUMARIO: I. Introducción - II. Correlación entre eclesiología y liturgia - III. Iglesia y liturgia en el Vat. II - IV. La iglesia en la eucología: 1. La iglesia en el plan de Dios; 2. "Ecclesiae mirabile sacramentum"; 3. Una iglesia necesitada de purificación; 4. Liturgia e iglesia local - V. La iglesia en las celebraciones litúrgicas: 1. La iglesia reunida en asamblea; 2. La iglesia en oración; 3. La iglesia que celebra la eucaristía y los sacramentos - VI. Conclusión.

I. Introducción

Con sus ritos y sus palabras, con la unidad y multiplicidad de sus formas, la liturgia es una especial epifanía de la iglesia: expresión y realización de su misterio de comunión y salvación. Es sobre todo en las celebraciones litúrgicas donde más clara y eficazmente aparece la iglesia "como un sacramento, o sea, signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano" (LG 1), "que manifiesta y a veces realiza el misterio del amor de Dios al hombre" (GS 45).

La constitución SC, en la introducción, incluso antes de llegar a definir la liturgia en el ámbito de la  historia de la salvación, subraya una de sus propiedades esenciales: el manifestar la genuina naturaleza de la verdadera iglesia, el ser epifanía de la iglesia con sus características, aparentemente contradictorias, pero vitalmente unificadas en el plano del misterio, presentadas según una ley de subordinación que señala una jerarquía de valores. Al edificar día a día a los que están dentro de la iglesia para ser templo santo y al robustecer sus fuerzas para predicar a Cristo, la liturgia presenta a los que están fuera a la iglesia "como signo levantado en medio de las naciones, para que bajo él se congreguen en la unidad los hijos de Dios que están dispersos hasta que haya un solo rebaño y un solo pastor" (SC 2).

II. Correlación entre eclesiología y liturgia

El tema es complejo y hasta sugestivo: aquí sólo podemos ahondar en alguno de sus aspectos para no entrar en el ámbito de otras voces. Una mirada retrospectiva a la tradición nos va a servir para valorar un primer tratamiento sobre la correlación, constatable a lo largo de toda la historia del cristianismo, entre la eclesiología y la liturgia, entre el modo de comprenderse a sí misma y de realizarse la iglesia y el modo de comprender y realizar su liturgia, en especial la celebración eucarística.

A.L. Mayer-Pfannholz, que ha dedicado varios estudios a las relaciones entre el cambio de imagen de la iglesia y la historia de la liturgia, escribe acertadamente: "... existe siempre un destino común entre la iglesia y la liturgia; en ambos procesos históricos uno solo es el problema: cómo interpretan y viven los hombres de un determinado tiempo el misterio de Cristo y de su iglesia"'. Más recientemente, H. Fries ha intentado efectuar una síntesis sobre el desarrollo de la idea acerca de la iglesia en las diversas épocas hasta nuestros días. Este Kirchenbild es ante todo una representación vital, una idea expresiva de lo que la iglesia ha pensado ser o deber ser, pero también la figura concreta que en las distintas épocas ha presentado ella misma al observador, y presenta por tanto hoy al estudioso. Se da aquí una constante relación interactiva y confluencial entre los dos aspectos: la iglesia concreta se organiza conforme a la imagen que tiene de sí misma, se expresa exactamente en la concreción histórica de su actuarse y su formarse; mas, por otra parte, esta imagen que la iglesia tiene de sí misma depende de su figura histórica efectiva y de su realidad concreta'. Tal reflexión implica igualmente a la liturgia tanto en sus textos como en sus ritos.

No son pocas las fuentes de la tradición que pudieran documentar esa correlación entre eclesiología y liturgia: bastaría citar la relación iglesia local-celebración eucarística en la Didajé, en las cartas de Ignacio de Antioquía, en la Traditio apostolica de Hipólito, en el Itinerarium Egeriae; la iglesia como asamblea litúrgica en los escritos de san Cipriano de Cartago; la concepción de la iglesia subyacente en el Ordo Romanus primus; los presupuestos eclesiológicosde la formación y difusión del misal plenario en el medievo; la relación entre los aspectos eclesiológicos y litúrgicos en las posiciones de la reforma; el desarrollo paralelo de la reflexión eclesiológica y litúrgica en el -> movimiento litúrgico (Beauduin, Casel, Guardini); los méritos y las medidas comunes de las encíclicas Mystici corporis y Mediator Dei (Pío XII); los fundamentos eclesiológicos de la SC y los desarrollos litúrgicos de la LG (Vat. II); y las influencias de la eclesiología conciliar en la reforma litúrgica de Pablo VI.

Para comprender en toda su riqueza de significado estas correlaciones, es preciso tener muy en cuenta algunas orientaciones metodológicas: 1) Desde el momento en que, durante el último siglo, madura la reflexión sistemática y explícita sobre el concepto de liturgia, puede constatarse una verdadera correlación entre la profundización del concepto de iglesia y el de la liturgia. Durante los siglos anteriores se trata más bien de comprobar cómo viene a comprenderse y realizarse la celebración litúrgica, dentro de la perspectiva señalada por H. Fries. 2) Como observa J. A. Jungmann, la celebración litúrgica se nos presenta como autorrevelación de la iglesia, no tanto ni sólo en los textos y en las rúbricas contenidas en sus libros litúrgicos oficiales: en la celebración de una comunidad concreta es donde la iglesia se define localmente al concentrarse en un lugar determinado; donde se realiza en el pleno sentido de la palabra; donde se hace un acontecimiento, un hecho. Es la acción litúrgica concreta la que nos ofrece una imagen viva de la iglesia como sacramento de la salvación de Cristo'. 3) La iglesia misma, parábola y sacramento del reino, por el simple hecho de su existencia y según las modalidades de tal existencia, está ya expresando en el misteriolas realidades últimas de dicho reino. Pero son demasiado ricas estas realidades para hallar su expresión adecuada en un rito particular y con el sello de una cultura determinada; de ahí la necesidad de apelar a todas las creaciones litúrgicas de Oriente y Occidente y de realizar un estudio comparativo a fin de lograr una visión sinóptica de lo que la iglesia, con la conciencia que ella se ha formado de sí misma e intenta expresar en su liturgia'. 4) La observación anterior de Jungmann no significa que se haya de subestimar la gran aportación que puede hacer a la eclesiología un estudio profundo y sistemático de la eucología cuando se estudian los textos litúrgicos con método apropiado, en su contexto originario y en conexión con la celebración a que pertenecen, buscando en tales textos no unos dicta probantia mediante esquemas preconcebidos, sino las grandes perspectivas teológicas por las que se siente animada la oración de la iglesia. Como en seguida mostraremos [-> infra, IV], queda uno sorprendido al comprobar que las oraciones de los antiguos sacramentarios romanos aparecían continuamente inspiradas en las dimensiones eclesiológicas más vitales que hoy hemos redescubierto y que siguieron teniendo eco en las comunidades cristianas aun dentro de contextos eclesiales muy distintos.

III. Iglesia y liturgia en el Vat. II

"Entre los factores, al menos los principales, que han cooperado a despertar la nueva conciencia eclesiológica, habría que otorgar el primer puesto al -> movimiento litúrgico. Desde comienzos del nuevo siglo se manifestaba cada vez más la necesidad de una liturgia viva en la que la comunidad entera de creyentes pudiese tener parte activa. Quizá al principio la vinculación de tal movimiento litúrgico con la eclesiología no resultase muy clara... ni consciente. Pero pronto se manifestaría su gran importancia: significaba activar todo el cuerpo de la iglesia..., despertar en los fieles el sentido de cómo son ellos la iglesia reunida que adora a su Señor."

Aun siendo el primer documento del Vat. II, y como tal el único en los comienzos de una reflexión y de un intercambio de ideas que caracterizó todo el desenvolvimiento del concilio, la constitución SC estaba ya inspirada en una eclesiología de comunión y participación que iba mucho más allá de los documentos anteriores del magisterio eclesiástico. Pueden ante todo recordarse sus afirmaciones fundamentales sobre la iglesia: la liturgia muestra a la iglesia en su naturaleza divina y humana, la edifica día tras día para ser signo de la unidad querida por Cristo (n. 2); en el ámbito de la historia de la salvación, del misterio pascual de Cristo nació "el sacramento admirable de la iglesia entera" (n. 5); para realizar la obra de nuestra redención "Cristo está siempre presente a su iglesia... Asocia siempre consigo a su amadísima esposa la iglesia"; en la liturgia es donde "el cuerpo místico de Jesucristo, es decir, la cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro. En consecuencia, toda celebración litúrgica es obra de Cristo y de su cuerpo, que es la iglesia" (n. 7); las acciones litúrgicas son "celebraciones de la iglesia, que es sacramento de unidad, es decir, pueblo santo congregado y ordenado bajo la dirección de los obispos... Tales acciones pertenecen a todo el cuerpo de la iglesia, lo manifiestan y lo implican" (n. 26); incluso la "principal manifestación de la iglesia" tiene lugar cuando todo el pueblo de Dios participa en la liturgia, especialmente en la eucaristía, bajo la presidencia del obispo, rodeado de su presbiterio y ministros (n. 41).

Pero si aparecen subrayadas algunas afirmaciones explícitas, no son menos notables las perspectivas eclesiológicas de fondo, confirmadas después y desarrolladas en los siguientes documentos: la idea de la unidad continuamente destacada; la iglesia como comunidad de salvados (dignidad eclesial de los laicos, sentido espiritual de la institución, significado eclesial de las asambleas cristianas); la iglesia asociada a la obra divina de la salvación (finalidad salvífica de la acción de la iglesia; espíritu misionero, exigencia eclesial de una participación activa); la iglesia como estructura de salvación: estructura colegial, estructura de las funciones, estructura-> tiempo: ritmo ternario (conversión, celebración, compromiso), correspondiente a la triple misión de la iglesia. La eclesiología litúrgica de la SC recibirá de la LG unos fundamentos más sólidos y homogéneos, así como una mayor amplitud de perspectivas. La concepción de la iglesia como misterio y como pueblo de Dios ha dado lugar a una visión más bíblica, más sacramental, más antropológica, más escatológica. La manifestación de la iglesia en la celebración como unidad diversificada y orgánica resulta más evidente con una comprensión más honda de la asamblea cristiana y del ejercicio de los ministerios. Algunos temas, ya implícitamente presentes en la SC, se reasumen y se tratan de una manera más completa: el tema del sacerdocio común, con una visión más equilibrada de la relación vida-culto ritual (cf LG 10; II; 34); la iglesia como sacramento de la salvación de Cristo (cf LG 1; 9; 48; GS 45: A G 5); la iglesia local (cf LG 23; 26; 28); la catolicidad de la iglesia, con una mayor atención a las múltiples tradiciones y a las diversas culturas en el seno de lamisma iglesia: reconocimiento, valoración, asimilación, adaptación (cf igualmente GS 44; 58).

En el posconcilio la correlación entre eclesiología y liturgia, documentable en todo el arco de la historia de la iglesia, ha tenido nuevas expresiones y muy significativas. Ante todo se puede observar cómo todas las temáticas eclesiológicas más vivas del concilio han inspirado la reflexión litúrgica más reciente, así como no pocos textos litúrgicos creados por la reforma: cf, por ejemplo, el influjo del tema iglesia-sacramento sobre la eucología del Misal de Pablo VI y de la liturgia de las Horas. Pero más interesante es todavía constatar cómo los rasgos más señalados de la nueva imagen de la iglesia son los que marcan más vigorosamente la problemática litúrgica de nuestros días: la iglesia-sacramento; la iglesia local; la iglesia-comunión, la relación iglesia-mundo, etc.

La reflexión sobre la iglesia, extraordinariamente rica y a la vez respetuosa ante el misterio, que el Vat. II nos ha proporcionado con la visión múltiple y complementaria de las diversas imágenes bíblicas, abre nuevos horizontes a nuestra comprensión de la liturgia de la iglesia. La recuperación teológica de la Mediator Dei (1947), que tenía sus raíces en la Mystici corporis (1943), había llevado al descubrimiento de la liturgia como "culto integral del cuerpo místico de Cristo"; pero al mismo tiempo había dado lugar a una concepción estática, demasiado alejada del hombre y de la historia. Tomando como punto de partida las muchas valencias de la contemplación de la iglesia como pueblo de Dios, es más difícil abrir la reflexión y la praxis litúrgica a algunos aspectos que son hoy de enorme actualidad:

a) la dimensión bíblica, que subraya la continuidad de la iglesiacon Israel, contemplándola en una historia concreta y dominada por un designio divino de alianza y salvación en proyección hacia su plenitud escatológica. Ello no sólo ha llevado a una valoración litúrgica del AT nueva y fructífera, sino que ha propiciado además una mejor comprensión de las diversas realidades litúrgicas a la luz de la tradición bíblica: piénsese en la eucaristía, particularmente en la plegaria eucarística;

b) la dimensión histórica, que nos hace más sensibles a la evolución de la iglesia a lo largo de los siglos, evolución mediante la cual llegan a madurar más plenamente no pocos aspectos de su fe y de su vida, pero sobre la cual se han dejado sentir igualmente condicionamientos espacio-temporales y humanas limitaciones. De ahí la necesidad —particularmente notoria en la liturgia— de una audaz reforma de ciertas fórmulas históricas de la institución, así como de un continuo esfuerzo de adaptación y de nueva creatividad;

c) la dimensión antropológica, que presenta la realidad concreta de una iglesia constituida por hombres, de una comunidad de fieles que caminan por las vías de la salvación. De ahí, en el terreno litúrgico, una atención más acentuada a los aspectos celebrativos, a los problemas de los signos y del lenguaje, así como un mayor interés por la contribución, por parte de las ciencias humanas, a la relación liturgia-vida.
Pero la categoría pueblo de Dios nos ha proporcionado además un subsuelo muy fecundo para llevar adelante el discurso sobre la función presidencial y la ministerialidad, así como sobre los carismas; ha favorecido nuevas valoraciones catequéticas y hecho posibles nuevas confrontaciones y convergencias ecuménicas, incluso en el terreno litúrgico.

IV. La iglesia en la eucología

La liturgia manifiesta a la iglesia ante todo, como veremos [-> infra, V], en sus celebraciones, que son culmen et fons de su vida y, por tanto, también su expresión más significativa. Y asimismo se abren incesantemente a sorprendentes horizontes doctrinales sobre el ministerio de la iglesia los textos de las oraciones, tanto los de las diversas tradiciones litúrgicas del pasado como los de los actuales libros litúrgicos. "La liturgia —se ha escrito— es fundamentalmente celebración del misterio de Cristo. Es el misterio mismo, en el que un esfuerzo teológico ahondará desarrollando sus coincidencias e implicaciones en una determinada cultura. Pero la liturgia lo expresa a su manera: evocativa, poética, simbólicamente y de forma directamente existencial. Verdad es que los textos litúrgicos aparecen formulados siempre dentro de una -> cultura y reflejan necesariamente una teología; pero su finalidad primaria es expresar la fe y celebrarla...

En su oración es donde la iglesia se autocomprende, se expresa con particular eficacia, dibuja de sí misma una imagen particularmente viva: "Cuando la liturgia —escribe A. Stenzel— proclama con grandiosa monotonía la unidad del plan de salvación en los dos Testamentos...; cuando de la misma manera hace comprender la historia de la salvación con su tensión orientada entre una promesa inicial y su cumplimiento definitivo; cuando realiza a la iglesia como pueblo de Dios y cuerpo de su cabeza, como un reino de reyes y sacerdotes, como comunidad de santos, nadie puede negar que su función en lo relativo a esta y demás verdades es la de un magisterio de carácter especial y muy precioso" '.

Para valorar los textos litúrgicos como locus theologicus en el sentido más pleno, sería menester aplicar un método comparativo a través de una verificación teológica con las demás expresiones de la fe y de la vida de la iglesia, tanto en el pasado como en el presente ". Nosotros nos vamos a limitar a algunas sugerencias en torno a la riqueza doctrinal eclesiológica contenida en los sacramentarios Veronense y Gelasiano.

1. LA IGLESIA EN EL PLAN DE DIOS. No es difícil constatar cómo diversas oraciones romanas de las más antiguas, en especial las salidas del scriptorium lateranense del s. v, están inspiradas en una profunda meditación sobre la carta a los Efesios: se contempla a la iglesia en la dispensatio del plan divino de salvación, en el mysterium paulino, del que incluso es un momento y una realización.
Analizaremos brevemente la oración n. 921 del sacramentario Veronense: "Dirige, Domine, quaesumus, ecclesiam tuam dispensatione caelesti; ut quae ante mundi principium in tua semper est praesentia praeparata, usque ad plenitudinem gloriamque promissam te moderante perveniat". Se invoca a Dios como pastor (dirige, moderante) de su iglesia (ecclesia Patris). El término dispensatio no podría traducirse simplemente por gracia, como si se invocase una intervención ocasional: es un término en el que se sobrentiende la concepción histórico-salvífica de san Pablo y la reflexión teológica de León Magno y de Agustín. A la luz de la carta a los Efesios se contempla a la iglesia en relación íntima con el "mysterium" paulino, desde su presencia en el plan de Dios antes de la creación del mundo —ante mundi principium / in tua semper est praesentia praeparata— hasta su plenificación escatológica: usque ad plenitudinem gloriamque promissan / te moderante perveniat.

Esta visión mistérica y dinámica de la iglesia, que se evoca en tantos textos agustinianos representa hoy una de las adquisiciones más fecundas de la eclesiología del Vat. II: "La idea de pueblo de Dios introduce algo dinámico en la doctrina de la iglesia. Este pueblo posee una vida y un camino hacia un término establecido por Dios... (un pueblo) elegido, instituido y consagrado por Dios para ser su siervo y su testimonio..."'°

2. "ECCLESIAE MIRABILE SACRAMENTUM". La segunda oración que vamos ahora a analizar proviene del sacramentario Gelasiano (GeV 432), pero es muy parecida a la anterior y está igualmente muy próxima al pensamiento leoniano. Es una oración de la vigilia pascual —donde la ha resituado la reciente reforma como oración después de la séptima lectura—, que tiene su origen en una tradición litúrgica muy compleja, y que revela una clara dependencia de la carta a los Efesios, en especial de Ef 1,9-12.22 y 3,3-10 ": "Deus, incommutabilis virtus, lumen aeternum, respice propitius ad totius ccclesiae tuae mirabile sacramentum et opus salutis humanae, perpetuae dispositionis effectu, tranquillus operare, totusque mundus experiatui et videat deiecta erigi, inveterata novari, et per ipsum [Christum] redire omnia in integrum, a quo sumpseret principium". En la primera frase (respice ad totius ecclesiae tuae mirabile sacramentum) el término sacramentum no posee ciertamente la riqueza que hoy se le atribuye, pero se refiere claramente a la iglesia, está calificado con el adjetivo mirabile (frecuentemente referido a las obras de Dios en la historia de la salvación) y preparado con dos apelativos referidos a Dios (Deus, incommutabilis virtus, lumen aeternum). La segunda frase: et opus salutis humanae, / perpetuae dispositionis effectu, / tranquillus operare, muestra el enlace del sacramentum ecclesiae con la obra salvífica de Dios y con la perpetua dispositio que en ella y por medio de ella se actúa. En la frase final, la idea explícita, cargada de resonancias bíblicas, es que el mundo entero llegue a restaurarse según la situación originaria anterior al pecado, por medio de Cristo, en quien tienen su origen todas las cosas.

El texto es de una relevancia extraordinaria en relación con la moderna concepción de la iglesia como sacramento de la salvación de Cristo. Llevando adelante la reflexión patrística y dejándose guiar por la evolución del pensamiento paulino, el autor de GeV 432 ha visto en la iglesia un signo concreto de la acción salvífica de Cristo, el lugar donde se puede constatar la obra renovadora de Dios, el comienzo de la nueva creación en Cristo.

3. UNA IGLESIA NECESITADA DE PURIFICACIÓN. Con el fermento de ideas que han hecho madurar la eclesiología en el Vat. II, adquiere un destacado relieve la renovada atención a la dimensión antropológica de la iglesia, tan bien expresada con la categoría bíblica de pueblo de Dios. Como han observado algunos estudiosos', es la liturgia, con sus textos y sus signos, la que ha venido a mantener vivo este sentido concreto de la iglesia como una comunidad de pecadores animada por un incesante anhelo de purificación y de crecimiento en el amor y en la fidelidad. Nos limitamos aquí a analizar dos colectas, afines por su contenido y origen (GeV 1213 y 1218), que en el Misal de Pablo VI vienen asignadas, respectivamente, al martes de la segunda semana y al lunes de la tercera semana de cuaresma.

Los dos textos resultan muy semejantes en estructura y contenido, pero con preciosas variantes para la interpretación global de ambas oraciones. "Custodi, Domine, quaesumus, ecclesiam tuam propitiatione perpetua, et quia sine te labitur humana mortalitas, tuis semper auxiliis et abstrahatur a noxiis et ad salutaria dirigatur". "Ecclesiam tuam, Domine, miseratio continuata mundet et muniat, et quia sine te non potest salva consistere, tuo semper munere gubernetur". La iglesia entera (ecclesiam tuam) se confiesa continuamente necesitada del perdón y de la misericordia de Dios (propitiatione perpetua; miseratio continuata); de que la guarde (custodi), purifique (mundet) y fortalezca (muniat). Si en el primer texto se dice que sin la intervención de Dios (sine te) nuestra mortal condición (mortalitas) no puede sostenerse (labitur), en el segundo tal debilidad se atribuye directamente a la iglesia (non potest salva consistere). Por eso se confía a la ayuda (auxilio) y protección (munere) del Señor, a fin de verse libre de cuanto puede perjudicarla (abstrahatur a noxiis) y saberse guiada con firmeza hacia la salvación (ad salutaria dirigatur).
La imagen de la iglesia que se percibe en estas dos oraciones es fuertemente antropológica: acosada por la tentación y el pecado, la iglesia se pone en estado de penitencia y confía enteramente en la bondad de Dios, a fin de participar, "con una renovada juventud espiritual", en el misterio pascual del Señor.

4. LITURGIA E IGLESIA LOCAL. El Sacramentarium Veronense por su particular origen, como colección de "libelli missarum", transcritos en los archivos lateranenses, nos ofrece el extraordinario ejemplo de una eucología que respira la vida y los problemas de una iglesia local, cuya cultura, por otra parte, refleja en su misma expresión literaria. Los textos del Veronense se abren frecuentemente a horizontes eclesiológicos muy ricos, que en parte se han recogido en el nuevo Misal: cf, por ejemplo, los nn. 921, 1130, 951, 478, 657, etc. Aquí queremos más bien atraer la atención sobre una serie de textos que son de inspiración típicamente ligada al espacio y al tiempo, expresión de la iglesia local de Roma en los ss. v-v1: no deja de ser sintomático que tal modelo de textos se encuentre sólo en esta fuente, como se puede comprobar por el instrumental que al pie de página recoge Mohlberg.

Citemos al menos tres aspectos de la iglesia de Roma que destacan en tales textos: a) una iglesia con fuerte conciencia de su misión y de sus prerrogativas en la iglesia universal: cf n. 307, comparándolo con los "sermones" de León Magno; b) una iglesia afligida con problemas disciplinares y pastorales muy agudos: cf los nn. 530 y 620, entre los que se alude probablemente a los lupercales en tiempo del papa Gelasio I "; c) una iglesia preocupada por las vicisitudes y circunstancias de índole político-militar, con una clara tendencia a identificar su propio destino con el del imperio: cf los nn. 553, 660, 590 y 872, y establézcase un cotejo con Eusebio, Agustín, cartas de los papas, etc. " Tras el análisis de textos como los citados, se llega a dos conclusiones que iluminan nuestra actual problemática: por una parte, se admira la frescura de una liturgia que interpreta una situación eclesial, que expresa una iglesia local; por otra parte, en dichos textos, tan desbordantes de actualidad, aparecen propiamente documentados los peligros de una improvisación litúrgica que carece de esa universalidad, de esa reserva escatológica, de ese espíritu que debiera respirar siempre profundamente la liturgia de la iglesia.

Nos hemos limitado a algunos textos de la más antigua tradición; pero sería fácil comprobar la riqueza eclesiológica de la eucología del nuevo Misal de Pablo VI, tanto en los textos recobrados o adaptados de las fuentes antiguas (por ejemplo, el prefacio dominical 1), como en las nuevas composiciones inspiradas en textos bíblicos, patrísticos y conciliares, entre las cuales merecen mencionarse las relativas a la sacramentalidad de la iglesia (cf en particular el formulario Pro sancta ecclesia).

V. La iglesia en las celebraciones litúrgicas

Si la eucología puede ofrecernos testimonios eucológicos de gran interés, más preciosos son aún los resultados que pueden obtenerse estudiando "la concreta actitud litúrgico-vital propia de una comunidad cristiana, la cual, al constituirse en asamblea (= ecclesia), visibiliza y concreta, en determinadas coordenadas de tiempo y espacio, a la iglesia" Un estudio orgánico del actuar litúrgico en la iglesia podría proporcionarnos una eclesiología dinámica con fuerte impulso y aliento. Nos limitaremos a alguna anotación sobre ciertos aspectos de la vida litúrgica de la iglesia.

1. LA IGLESIA REUNIDA EN ASAMBLEA. La celebración litúrgica manifiesta a la iglesia ya por el hecho mismo de estar exigiendo —como signo y como su mejor realización— una comunidad formada y reunida: lo deja entender el Vat. II (SC 14; 16ss; 4lss) y lo supone la liturgia misma en sus textos y sus ritos. Por otra parte, si analizamos los textos del NT relativos a acciones cultuales, constatamos cómo lo primero y fundamental en toda celebración cristiana es la reunión de los fieles en asamblea. La celebración constituye el acto que revela la primacía de la acción de Dios, que hace operante la salvación de Cristo, que representa el paso de la vocación a la realización: de la iglesia convocada a la iglesia reunida. La l asamblea litúrgica es convocación del pueblo de Dios —en medio del cual se hace Cristo presente (Mt 10,10)—, que realiza en sí el "Qahal Jahweh" del AT y, como tal, es máxima expresión de la comunidad local, hecho concreto de la iglesia universal, preanuncio y anticipación de la Jerusalén celestial. En orden a la convocación de la asamblea cristiana y a su crecimiento en la fe, no deja de desempeñar un papel fundamental la proclamación de la palabra de Dios, ya que Cristo "está presente en su palabra, pues cuando se lee en la iglesia la Sagrada Escritura es él quien habla" (SC 7).

En la asamblea litúrgica es sobre todo donde se expresa la iglesia como communitas sacerdotalis. En efecto, si es verdad que el sacerdocio del pueblo cristiano se ejerce primariamente en la vida (1 Pe 2,9), en la asamblea cristiana en acto de celebración es donde se manifiesta y se realiza este carácter sacerdotal de todo el pueblo de Dios, que se ofrece y da gracias al Padre por medio de Cristo en el Espíritu Santo. La celebración constituye, efectivamente, la puesta en práctica más específica del sacerdocio de todos los fieles, ya que es entonces cuando se ejercen plenamente las funciones sacerdotales de los distintos miembros del pueblo de Dios: laicos y ministros consagrados.

Es igualmente en la asamblea cristiana donde sobre todo "florece el Espíritu", como subrayaba Hipólito él unifica a todos los fieles enun solo cuerpo, suscita diversos carismas al servicio de todos, hace eficaz la palabra proclamada y presente y operante a Cristo en la comunidad y en los sacramentos de la iglesia.

Se puede igualmente afirmar que toda celebración litúrgica expresa algo de la iglesia: sería fácil ilustrarlo mediante los diversos tipos de celebración. Nos limitamos aquí a subrayarlo en relación con los diferentes modos de realizar la celebración misma. Una comunidad revela sintomáticamente la concepción que tiene de la iglesia y de su pertenencia a la misma en la manera misma de celebrar su liturgia.

El renovado sentido de la asamblea que resurge en las comunidades cristianas no es sólo efecto de una recuperada visión teológica, sino también de una distinta situación socio-religiosa, en la que se profesa y se celebra la fe, y donde congregarse en asamblea es ya una opción y un testimonio. Hoy, en una iglesia misionera que vive en medio de un mundo secularizado, la asamblea encuentra un nuevo significado, ya que prácticamente sólo en la asamblea cristiana es donde los fieles se encuentran como cristianos en nombre de su fe. De ahí la creciente importancia de la asamblea litúrgica como signo actual de pertenencia a la iglesia'".

2. LA IGLESIA EN ORACIÓN. Con frecuencia, la comunidad cristiana se congrega para orar, consciente de que "la oración pública y comunitaria del pueblo de Dios figura con razón entre los principales cometidos de la iglesia" (OGLH 1), y de que el ejemplo y el mandato del Señor y de los apóstoles de orar siempre e insistentemente "pertenecen a la esencia íntima de la iglesia, la cual, al ser una comunidad, debe manifestar su propia naturaleza comunitaria también cuando ora" (OGLH 9).

Es sobre todo la -> liturgia de las Horas, celebrada en la comunidad local, el tipo y la plena realización de la oración cristiana, entendida como respuesta a la escucha de la palabra de Dios, como ejercicio del sacerdocio de Cristo y como actuación y manifestación de la iglesia. Las comunidades cristianas es ahí donde se han reconocido desde los primeros siglos, enriqueciéndola además progresivamente con tesoros de reflexión y de vida y dándole una significativa estructura y un aliento verdaderamente universal, para que pudiese ser así "sacrificio espiritual" de todo el pueblo de Dios, "fruto de los labios que confiesan su nombre" (Heb 13,15). En esta oración llega a comprender la iglesia que su vocación a ser cuerpo de Cristo y esposa suya define su característica fundamental de orante y portavoz de la humanidad llamada a la redención de Cristo.

La comunidad cristiana congregada en oración se realiza y manifiesta como iglesia en su estructura unitaria y orgánica, en unión espiritual con el pueblo de Dios de los tiempos pasados y del que ahora peregrina en todas las naciones, pero también en comunión con toda la iglesia celeste de los ángeles y los santos, concreta realidad de toda la iglesia católica y universal.

En un profundo e incitante tratado sobre la oración común, el teólogo protestante J.-J. von Allmen, respondiendo a la pregunta ¿qué hace la iglesia cuando ora?, da la siguiente triple contestación: a) expresa su identidad más profunda, mostrando visiblemente lo que ella es misteriosamente: pueblo de Dios congregado en su presencia; se hace iglesia local, revelándose, sin embargo, en una dimensión mucho más amplia, en el espacio y en el tiempo; b) obedece asu Señor, y llega por tanto a ser más plenamente iglesia de Cristo. Obedeciendo, contribuye a hacer llegar el reino; viene a ser más eficazmente agente de realización del designio de Dios sobre el mundo; c) se presenta ante Dios en nombre del mundo, ejerce su sacerdocio real, sustituyendo al mundo a fin de que pueda éste perdurar en la paciencia divina, y mostrando de este modo que sitúa en la oración el -> compromiso mayor de su responsabilidad política y su más fuerte preocupación por la llegada del reino

3. LA IGLESIA QUE CELEBRA LA EUCARISTÍA Y LOS SACRAMENTOS. La reflexión eclesiológica que hemos hecho sobre la iglesia presente en la comunidad reunida y organizada adquiere una verdad más plena al considerar a la iglesia misma en el acto de celebrar los sacramentos, y sobre todo cuando celebra la eucaristía.

La iglesia, manifestación histórica de la salvación realizada por Cristo, es iglesia en su sentido más eficaz cuando actúa y se autorrealiza como sacramento de Cristo en el mundo, sobre todo a través de las siete modalidades de gracia con que los hombres entran en contacto con el I misterio pascual del Señor en el espacio y en el tiempo. Pero todos los sacramentos están orientados a la eucaristía como a su consumación y su fin: "La celebración de la misa, como acción de Cristo y del pueblo de Dios ordenado jerárquicamente, es el centro de toda la vida cristiana para la iglesia, universal y local, y para todos los fieles individualmente" (OGMR 1), ya que "la unidad del pueblo de Dios... está significada con propiedad y maravillosamente realizada por este augustísimo sacramento" (LG 11). La eucaristía es por excelencia el sacramento "quo in hoc tempore consociatur ecclesia" (san Agustín, Contra Faustum 11, 20: PL 42, 265).

Ningún otro sacramento estructura con más eficacia a la iglesia; ningún acto de la iglesia la manifiesta con mayor plenitud en su misión evangelizadora y santificadora, en su vocación de pueblo peregrino hacia la consumación escatológica, en la plural presencia de Cristo que se le ha dado, en su realidad ya actual de cuerpo de Cristo y templo del Espíritu. Por lo que el Vat. II nos amonesta y recuerda cómo "ninguna comunidad cristiana se edifica si no tiene su raíz y quicio en la celebración de la santísima eucaristía" (PO 6). En la eucaristía, como cima y fuente de toda la vida de la iglesia, convergen todos los demás sacramentos; y todos, de alguna manera, vienen significativamente celebrados en el cuadro de la misa.

En los sacramentos de la t iniciación cristiana, la iglesia se realiza como misterio y sacramento de la salvación de Cristo para los hombres: injerta a éstos en el cuerpo de Cristo transmitiéndoles el don del Espíritu, los edifica como morada de Dios en el mundo, los hace reino sacerdotal y pueblo de Dios, los mantiene y guía con su misma fe. Por eso, como subrayan los nuevos rituales, toda la comunidad cristiana, con sus distintos ministerios y carismas, está llamada a representar "a la iglesia madre" (RICA, Praenotanda, n. 8, con referencia al padrino del bautismo). En el sacramento del -> orden, la estructura ministerial y orgánica del pueblo de Dios se expresa y realiza en línea de continuidad con el bautismo y la confirmación. En el sacramento de la reconciliación(-> Penitencial, la iglesia "santa y necesitada de purificación", que "avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovación" (LG 8), se revela como sacramento de nuestra reconciliacióncon Dios en Cristo, como manifestación terrena de la misericordia de Dios para con los hombres, y "colabora a su conversión con la caridad, con el ejemplo y las oraciones" (LG 11). En el sacramento de la l unción de los enfermos, la iglesia revela su solicitud ante los sufrimientos de los enfermos; ruega por ellos; los ayuda a tomar parte en la pasión de Cristo por su cuerpo; es el signo de la victoria del Señor sobre la muerte y sobre la enfermedad, que continúa en la iglesia como comienzo y promesa del reino futuro. El sacramento del matrimonio inserta en la alianza la unión conyugal entre el hombre y la mujer, y la convierte en signo y participación de la relación esponsal de la iglesia con Cristo, por lo que la familia cristiana bien puede denominarse iglesia doméstica, iglesia que se congrega en la casa (LG 11).

El septenario sacramental aparece así como la actuación de la plural misión del pueblo de Dios en el mundo: cada sacramento nos introduce en una propiedad esencial de la iglesia, como presencia terrena de la salvación; cada sacramento nos revela un aspecto del misterio de la iglesia.

VI. Conclusión

Nos hemos detenido un poco en los sacramentos, si bien nuestra reflexión hubiera podido extenderse a todos los aspectos de la liturgia de la iglesia; en particular al 1 año litúrgico, en el que la iglesia celebra "con un sagrado recuerdo" los misterios de la redención de tal suerte que "en cierto modo se hacen .presentes en todo tiempo" (SC 102) y "venera con amor especial" a la virgen 1 María, contemplando en ella "lo que ella misma, toda entera, ansía y espera ver" (SC 103); o también en otros ritos menores, como las exequias, la dedicación de iglesias o la profesión religiosa.

La liturgia no agota ciertamente toda la actividad de la iglesia: reclama la l evangelización y la conversión y compromete en todas las obras de caridad, piedad y apostolado (SC 9); pero es "la cumbre a la cual tiende la actividad de la iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza" (SC 10).

"La iglesia concentra su vida en la liturgia y por medio de la liturgia. La obra de la salvación proseguida y actualizada por la iglesia se realiza en la liturgia. La iglesia se edifica y se consolida a través de su participación en la liturgia, es decir, a través de la participación plena y activa del pueblo santo de Dios en las celebraciones litúrgicas, sobre todo en la eucaristía."t'
D. Sartore

BIBLIOGRAFIA.
1. La iglesia y la liturgia: Alcalá A., La Iglesia, misterio y misión, BAC 226, Madrid 1963; Casel O., Misterio de la ekklesua, Guadarrama, Madrid 1964; Coffy R., Una Iglesia que celebra y que ora, Sal Terrae, Santander 1976; Congar Y.M.-J., El misterio del templo, Estela, Barcelona 1967'; La "ecclesia"o la comunidad cristiana, sujeto integral de la acción litúrgica, en VV.AA., La liturgia después del Vaticano II, Taurus, Madrid 1969, 279-338; Collantes J., La liturgia, revelación del misterio eclesial, Granada 1965; Floristán U., La parroquia, comunidad eucarística. Marova, Madrid 1961; González de Cardedal O., Presencia del Señor en la comunidad cultual, en VV.AA., Laeucaristía en la vida de la religiosa, PPC, Madrid 1971, 55-77; Jossua J.-P., La constitución "SC" en el conjunto de la obra conciliar, en VV.AA., La Liturgia después del Vaticano II, Taurus, Madrid 1969, 127-167; Misser S., La liturgia en el misterio de Cristo y de la Iglesia, en "Phase" 20 (1964) 140-148; Oñatibia 1., Renovación litúrgica e Iglesia catedral, ib, 31 (1966) 46-56; La eclesiología en la "SC" en "Notitiae" 207 (1983) 648-660; Semmelroth O., La Iglesia como sacramento radical, en MS IV/ I, Cristiandad, Madrid 1973, 330-362; Tena P., La palabra "ekklesía' estudio histórico-teológico, Casulleras, Barcelona 1958; El lugar de la liturgia en nuestra situación eclesial, en "Phase" 100 (1977) 277-306; Schulte R., Iglesia y culto, en El misterio de la Iglesia, Herder, Barcelona 1966, 303-424; Vilanova E., Constitución sobre liturgia y constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, en "Phase" 34 (1966) 280-298; VV.AA., La presencia del Señor en la comunidad cultual, en VV.AA., Actas del Cong. 1. de Teología del Concilio Val. II, Flors, Barcelona 1972. 281-351.

2. Eclesiología litúrgica: Aldazábal J., La doctrina eclesiológica del "Liber Orationum Psalmographus". Las colectas de salmos del antiguo Rito Hispánico, Librería Ateneo Salesiano, Roma 1974; Antolínez A., La Iglesia en la Liturgia Hispánica ,v fuentes de su eclesiología, Avila 1967; Diversos nombres dados a la Iglesia en la Liturgia Hispánica, en "Studium" 8 (1968) 45-59; Augé M., La asamblea cultual, propiedad sagrada del Señor, en "Claretianum" 9 (1969) 395-411; La comunidad eclesial colocada en la tensión entre el mundo actual r el mundo Júturo, ib, 10 (1970) 139-162; Gil Atrio C., La Iglesia en los textos litúrgicos orientales antiguos, en RET 9 (1949) 59-103; 10 (1950) 227-273; Neunheuser B., La Iglesia en el testimonio de la liturgia, en VV.AA., La Iglesia y el hombre de hoy, Guadarrama, Madrid 1963, 63-90; Pascual A., La imagen de la Iglesia en la liturgia española, lnst. S. de Pastoral, Madrid 1971; Tena P., Ecclesia en el sacramentaría Leoniano, en La palabra "ekkle.sía'; o.c., 295-315.

Tomado de Nuevo Diccionario de LIturgia, Ediiones Paulinas, Madrid Palabra "Iglesia y liturgia" de D. Sartore

viernes, 14 de octubre de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXIX TIEMPO ORDINARIO CICLO C - 16 OCTUBRE 2016

“DIOS HARÁ JUSTICIA A LOS QUE LE INVOCAN”


ORACION COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, te pedimos entregarnos a ti con fidelidad y servirte con sincero corazón. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Éxodo 17,8-13

En aquellos días, Amalec vino y atacó a los israelitas en Rafidín. Moisés dijo a Josué: «Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte, con el bastón maravilloso de Dios en la mano.».
Hizo Josué lo que le decía Moisés, y atacó a Amalec; mientras Moisés, Aarón y Jur subían a la cima del monte. Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel; mientras la tenía baja, vencía Amalec. Y, como le pesaban las manos, sus compañeros cogieron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentase; mientras Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su tropa, a filo de espada.

SALMO RESPONSORIAL (120)

El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra

Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio?. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. R.

No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. R.

El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. R.

El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 3,14–4,2

Permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado, sabiendo de quién lo aprendiste y que desde niño conoces la sagrada Escritura; ella puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación. Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud; así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena. Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 18,1-8

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario." Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara."».
Y el Señor añadió: «Fíjense en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas?. Les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

COMENTARIO

La parábola encaja muy bien en la situación de aquellos tiempos en los que la viuda realmente era el prototipo de una existencia en soledad y desamparo, y en los que abundaba la siniestra figura del juez venal.
En Ex 22, 22-24 se dice que Dios escucha el clamor de las viudas y sale en su defensa contra los que abusan de ellas; los profetas denunciaron frecuentemente la corrupción de la justicia (Am 5,7.10-12). La viuda de esta parábola no tiene en principio posibilidad alguna de ser escuchada por el juez injusto, pero insiste hasta que el juez cede, aunque no sea más que para desembarazarse de ella.
Es importante hacer notar que lo que pide esta viuda es justicia. También la oración de los elegidos de Dios es una oración para pedir a gritos, día y noche, justicia. Si un juez inicuo no puede resistir la demanda insistente de una viuda desamparada, con mayor razón Dios, que es bueno,   escuchará a los elegidos que le piden justicia. Ahora bien, no se puede pedir insistentemente justicia a Dios si no se lucha igualmente con insistencia para establecer entre los hombres la justicia.
Una vida de oración sólo es posible cuando hay fe. Con su pregunta abierta, Jesús nos amonesta para que mantengamos la fe hasta el último día. Entonces, en el día del Señor, comprenderemos que Dios no es un sordomudo ante los gritos de los justos que le piden justicia, comprenderemos que si ahora calla es tan sólo porque nos escucha y espera darnos al fin la respuesta definitiva. Discutir sobre nuestras oraciones no escuchadas es por otra parte tan inútil como quedarse en teorías, pues se trata de algo vivido. Se puede y se debe discutir, pero sobre experiencias de oración. Mientras tanto, la lucha que los hombres fieles mantienen sin descanso por una mayor justicia en el mundo es en cierto sentido una respuesta de Dios.

PLEGARIA UNIVERSAL
Padre celestial, por la enseñanza de tu Hijo Único, Nuestro Señor, te pedimos que nos hagas insistentes en la oración, que nuestra plegaria totalmente confiada este siempre en nuestro espíritu y en nuestros labios. A cada invocación, digamos: R.- Te los pedimos, Señor.

1.-  Por el Papa Francisco, por el éxito de su misión y de todas sus catequesis que contienen ricas enseñanzas para mejor entender nuestra fe. Te los pedimos, Señor.

2.- Por el Obispo de nuestra diócesis, y por todos los obispos, sucesores de los apóstoles, para que sigan con fidelidad el Evangelio y para que su celo apostólico sirva para construir una vida mejor en todas las diócesis del mundo. Te los pedimos, Señor.

3.- Por todos los sacerdotes y diáconos, muy especialmente por aquellos que trabajan en comunidades pobres o perseguidas, para que encuentren el apoyo de sus fieles y la solidaridad, de todos los cristianos de la tierra. Te los pedimos, Señor.

4.- Por los pobres, los marginados, los inmigrantes y aquellos que la vida ha maltratado, para que encuentren en los hermanos la ayuda solidaria que necesitan. Te los pedimos, Señor.

5.- Por nosotros presentes en esta celebración eucarística, para que sepamos ser insistentes en la oración y generosos con nuestros hermanos, en todo momento o vicisitud. Te los pedimos, Señor.

Escucha, Padre amoroso, estas suplicas que con fe y humildad te presentamos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Concédenos, Señor, ofrecerte estos dones con un corazón libre, para que tu gracia pueda purificarnos en estos misterios que ahora celebramos. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

La participación frecuente en esta Eucaristía nos sea provechosa, Señor, para que disfrutemos de tus beneficios en la tierra y  crezca  nuestro  conocimiento de los bienes del Cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 17: Ef. 2, 1-10; Sal 99; Lc. 12, 13-21.
Martes 18: 2Tim. 4, 9-17ª; Sal 144; Lc. 10, 1-9.
Miércoles 19: Ef. 3, 2-12; Is 12, 2-6; Lc. 12, 39-48.
Jueves 20:  Ef. 3, 14-21; Sal 32; Lc. 12, 49-53.
Viernes 21: Ef. 4, 1-6; Sal 23; Lc. 12, 54-59.
Sábado 22: Ef. 4, 7-16; Sal 121; Lc. 13, 1-9.
Domingo 23:  Ecles. 35, 12-14.16-18; Sal 33; Tim. 4, 6-8.16-18; Lc. 18, 9-14.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 18, 01-08

1.- Continúa dentro de la óptica del camino. Fiel a su técnica narrativa, Lucas omite todo dato sobre la ocasión y las circunstancias. Desde el primer momento, en cambio, señala el centro de interés del texto: necesidad de orar. En esta ocasión es, pues, el propio Lucas quien marca la línea interpretativa de la parábola propuesta a continuación por Jesús, cerrando así cualquier otra posibilidad de interpretación.
La machacona insistencia de una viuda consigue que le haga justicia un juez poco dispuesto a hacerla. El comentario siguiente de Jesús se basa en el procedimiento "a fortiori".
La insistencia en pedir justicia es el dato central, tanto de la parábola como del comentario. Esa insistencia coincide con y explica la necesidad de orar siempre, señalada de entrada.
"Hacer justicia" se repite en cuatro ocasiones. La expresión presupone dos personas enfrentadas. Hazme justicia frente a mi adversario, dice la viuda. La atención a este enfrentamiento es importante para precisar el contenido de la oración, de cuya necesidad se trata.
En la concepción judía de entonces los enfrentamientos y las dificultades estaban estrechamente relacionadas con la implantación del Reino de Dios. Por el contexto inmediato sabemos que para Lucas el Reino de Dios es ya una realidad con la presencia de Jesús (cf. 17. 21). Es por eso que Lucas traslada al presente los enfrentamientos que la concepción judía preveía para el futuro. La misma terminología, "los elegidos", denota la impronta judía relativa a los últimos tiempos. Para nuestra mentalidad, sin embargo, esta expresión puede resultar chocante y peligrosa, por cuanto fácilmente la entendemos en el sentido de predestinación o de acción gratuita de Dios. Evitaremos toda confusión si, en vez de elegidos, hablamos de discípulos o de cristianos. Todos ellos son, efectivamente, términos intercambiables.
El texto invita a los seguidores de Jesús a tener plena y total confianza en Dios. El seguidor de Jesús debe saber y sentir que Dios toma partido por él en cuanto oprimido y perseguido por causa del Reino.
El texto, sin embargo, termina con una pregunta realista y preocupada: Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?
Comentario.- La oración de cuya necesidad trata el texto es la plegaria, el grito, la súplica del perseguido por causa del Reino de Dios.
Resuena aquí la vieja situación de /Ex/03/07-08: He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Y he bajado a liberarlos.
El texto de Éxodo y el de Lucas son perfectamente intercambiables. A través de ellos emerge un Dios diferente del que a veces imaginamos. El Dios de la Biblia no es un dios ocioso o desinteresado por el hombre; es un Dios asociado con la tarea creativa y renovadora del hombre. Y como esta tarea tiene mucho de crudo y de difícil, el Dios de la Biblia es el que toma partido por el que la lleva adelante.
En Lucas ser seguidor de Jesús significa acción, marcha hacia adelante. Por eso el Dios que el texto de hoy transmite es un Dios de la acción, del camino, de la lucha; un Dios cercano y entrañable para el que vive en esas condiciones; un Dios que jamás defrauda al que está en la brecha. Ser seguidor de Jesús significa, entre otras cosas, vivir desde la experiencia de un Dios así.
Alberto Benito, Dabar 1989/51




Al juez impío, que actúa sólo por comodidad, por quitarse de encima a la viuda molesta, se contrapone la actitud de Dios que ama a los hombres, que escuchará sus súplicas con prontitud. Dios les hará justicia. Cuando menos piensen. A su estilo. Por sus caminos, que pueden no coincidir con los cálculos de los hombres, ni aun de los creyentes. Mientras la justicia se hace, el creyente debe mantenerse firme en la fe, sin desfallecer.
Comentarios Bíblicos V/Pág. 564




4. D/VENGANZA
El relato nos sitúa en un contexto que podemos llamar de "situación apocalíptica". El mundo se encuentra dividido; dominan los opresores y mientras tanto, los pobres perseguidos no tienen más salida que clamar ante su Dios a grandes gritos. La situación es típica a lo largo de la historia de los hombres.
Quizá en principio refleja el estado de los judíos oprimidos del tiempo de Jesús (los fieles de Qumran, los miembros de las sectas apocalípticas): durante siglos han estado sometidos al poder de pueblos extranjeros, han padecido la injusticia de la guerra y la pobreza y han llegado a suponer que no es posible resolver la angustia de los hombres sobre el mundo; por eso ruegan a Dios y piden que llegue el gran libertador, el juez y salvador, sobre la historia.
De manera más cercana, el contexto refleja la actitud y situación de los cristianos de la iglesia antigua. Sabemos que existía entre ellos la confianza en una próxima venida salvadora de Jesús. De tal manera habían descubierto la maldad del mundo, de tal forma sentían muy cercana la mano protectora de Dios que cada día elevaban su plegaria de llamada y de esperanza: "Marana-tha" (¡Ven, Señor!). También entonces se pensaba que el mundo era incapaz de ser cambiado; la solución consiste en que se muestre Jesús como la fuerza salvadora de la historia.
Una actitud semejante sigue extendida todavía entre los hombres. El pecado social es hoy día más fuerte que nunca. Son miles y miles las voces que piden justicia. Muchos piensan que el camino que lleva a conseguirla pasa a través de una revolución interhumana (marxistas); otros suponen que este mundo ya no tiene solución y elevan la plegaria hacia la altura, suplicando la respuesta de Dios o del destino.
Pues bien, en este contexto ha situado Lucas la parábola de la viuda. Evidentemente esta viuda no tiene la posibilidad de tomarse la justicia por su mano; como mujer y como oprimida es incapaz de ajustar las cuentas con su adversario. Por eso no le queda más remedio que importunar al juez día tras día, hasta que logra cansarle, recibiendo su justicia.
La parábola no es del todo lógica. El juez podría haber tenido una reacción distinta: castigar a la mujer por su importunidad o prohibirle volver al tribunal. De todos modos, la imagen de este juez que hace justicia simplemente por cansancio nos ayuda a comprender la situación de Dios, que día a día escucha los gemidos de los justos que suplican. El evangelio tiene la certeza de que Dios hará justicia sobre toda la historia de los hombres. Tomada en sí misma, la palabra que el texto castellano traduce por justicia es más hiriente y significa "venganza". ¡Dios se vengará de aquéllos que oprimen a los elegidos! Esta palabra y esta actitud pudieran traducir un peligro de resentimiento. Sin embargo, situada en el conjunto del evangelio, lo que podemos llamar "venganza de Dios" no es otra cosa que su amor salvador reflejado en la cruz de J.C. Dios se venga de todas las divisiones e injusticias de la historia, situando en el centro de la tierra un principio de salvación universal, la cruz de J.C.
Desde entonces, el poder de los injustos que oprimen a los pequeños de la tierra está montado en el vacío; es un poder de condena que acaba con la muerte. Por el contrario, el sufrimiento de los pequeños que claman a su Dios se ha unido al propio sufrimiento de Jesús y se revela como fuerza transformante de la tierra.
Desde aquí se puede valorar el sentido de aquella expresión enigmática que afirma: "Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?" (19.8). El problema fundamental no reside en la división social de los hombres. El problema es la fe, la fe en Jesús, que sabe asumir el sufrimiento y transformar la historia desde el mismo centro. Por eso, la gran pregunta es saber si habrá fe sobre la tierra: fe para que los hombres sigan el camino de Jesús, fe para que superen la división como antagonismo de clases sociales, fe para que el sufrimiento se convierta en transformante y el poder de los grandes venga a ser servicio en favor de los pequeños, fe para mostrarse abiertos sin cesar ante la voz de amor del Padre. A través de la fe, la historia entera se puede convertir, con Jesús, en llamada que invoca la justicia salvadora de Dios y la va haciendo presente desde ahora entre nosotros.
Comentarios a la biblia litúrgica NT, Edic Marova/Madrid 1976.Pág. 1382




A la relación del hombre con Dios se le llama oración. Pero en esta relación una de las partes no es automáticamente evidente para la otra. Dios no es evidente para el hombre. Por eso el hombre, cada uno de nosotros, puede cansarse de una relación así y terminar por renunciar a ella. Con la parábola, Jesús invita al hombre, a cada uno de nosotros, a no dejarse dominar por la fatiga de una relación no evidente. Trata de inculcarnos una certeza: la certeza de que Dios nos escucha.
Pero aún nos dice más la parábola y la lección que Jesús saca. Nos introducen en el contenido de la oración: "¡Hazme justicia!". El cristiano comprometido en la construcción del Reino se siente a menudo desalentado y cansado. "Hazme justicia" es un grito hecho oración. Es decir, "intervén en favor mío; dime que no soy yo quien anda descaminado en la construcción de una tierra mejor".
El texto termina con una de las frases más tristes y pesimistas pronunciadas por Jesús. ¿Habrá alguien que se crea de verdad esto de la certeza de que Dios escucha? Se trata de creerlo de verdad.
Dabar 1980/53




6. 
El texto de hoy no es continuación del texto del domingo anterior. Entre ambos el autor ha introducido un tema que entonces preocupaba mucho: la venida del reinado de Dios y la consiguiente implantación de un maravilloso mundo nuevo. Pues bien, el evangelio de hoy entronca con esta problemática, pero desde una óptica distinta de la habitual. Sin renunciar a la utopía final, Jesús puso freno a todas las especulaciones sobre el fin del mundo. En lugar de éstas, Jesús insistió en tomar más en serio el mundo que tenemos, haciendo que en él sea realidad el reinado de Dios. El tercer evangelista es especialmente sensible a este planteamiento. De ahí su insistencia en el camino. Camino hacia una meta, por supuesto; pero camino. Camino nuevo, diferente. Llevamos ya muchos domingos abriendo este camino. Pero también camino arriesgado y lleno de peligros para la vida del que lo hace. De ahí que surjan unas necesidades imperiosas. El texto de hoy sale al paso de una de ellas: la necesidad de justicia. El caminante (=el discípulo) se siente a veces perplejo y hundido, y se pregunta si no serán los demás quienes tengan razón. Necesita, pues, saber quién tiene razón, si los demás o él. Este es el concepto de justicia que el texto maneja. Quien tiene que resolver la cuestión es Dios, pues trabaja para Él.
Jesús invita al caminante de la utopía a que pida a Dios, sin desfallecer, la solución de esta cuestión. No se trata, pues, de la oración en general sino de una oración muy concreta. La historieta del juez y la viuda quiere ser una ejemplificación de lo que puede conseguir una petición insistente, cansada habría que decir. Jesús insta al caminante a este tipo de petición ofreciéndole la seguridad de que Dios le va a escuchar y le va a dar la razón a él. Sin embargo, el texto termina con un interrogante escéptico: ¿Se dará por mucho tiempo una actitud de fe así? A mí, personalmente, ésta me parece la frase evangélica de más honda tristeza y pesimismo.
Dabar 1983/52




7. D/JUEZ
El texto de hoy es muy sugerente y puede ayudarnos a cambiar hábitos de pensar que arrastramos desde muy antiguo. Me refiero en concreto al concepto de oración y al concepto de Dios como juez. Una fórmula clásica define la oración como levantar el corazón a Dios y pedirle mercedes. Lo problemático de esta definición es su segunda parte. Cuando Lc, el evangelista de la oración, quiere hablarnos de ésta, lo hace de la siguiente manera: Padre, santificado sea tu nombre... (Lc 11. 2-4). A todo este conjunto de peticiones y a la actitud que la sustenta le da el nombre de "espíritu santo" que el Padre dará a quienes acudan a Él (véase Lc 11. 13). El texto de hoy no desentraña contenidos de oración. Únicamente habla de que Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan sin desmayo.
Hacer justicia presupone una situación de acoso, de acusación, de persecución. ¿De dónde proviene esta situación? De una actuación, de un compromiso en favor de los valores del Reino de los que hemos oído hablar a lo largo de las lecturas del verano pasado. Esta actuación y este compromiso suscitarán recelos, desencadenarán agresividades. Es el momento del grito, de la llamada al Padre: ¡Hazme justicia! ¿Tiene algo que ver esta concepción de la oración con la que subyace en la petición de mercedes de que habla la definición que aprendimos en el catecismo? El texto es también sugerente en lo que respecta a Dios como juez. Ojo que escudriña todo y cada uno de nuestros movimientos para recordárnoslos al pasar la aduana de la muerte. Es el concepto habitual.
Sin embargo, en el texto de hoy vemos que Dios es juez en cuanto que toma partido por el que sufre el acoso y la agresión. Dios no es juez por analizar y dictar sentencia, después de oír a las dos partes, desde la asepsia de la imparcialidad (esquema tripartito, propio del derecho romano).
Dios es juez por ser parte interesada en los valores del Reino y porque toma partido con el que trabaja esos valores, que es el acosado y agredido (esquema bipartito bíblico). "Pero, cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?" Estas palabras van dirigidas a los discípulos.
¿Encontrará el Hijo del Hombre esta fe entre sus discípulos? El problema es doméstico, interno, a nivel de creyentes, de Iglesia.
No vale, pues, escudarse tras la constatación genérica de la falta de fe en el mundo. Preguntémonos más bien: ¿Tenemos nosotros esta fe? Nosotros, los que estamos aquí reunidos. A la luz del texto de hoy sabemos que fe quiere decir compromiso con la escala de valores del Reino y absoluta certeza de que Dios atiende y defiende a quien vive esos valores. Eso del silencio de Dios, ¿no será un expediente que sólo existe en la ascética y en la metafísica, pero no en la mística?
A. Benito, Dabar 1986/52




8.
Los evangelios de hoy y del próximo domingo nos presentan cada uno una parábola relacionada con la plegaria: hoy la del juez inicuo y la viuda y el próximo domingo la del fariseo y el publicano. La finalidad principal de la parábola que hoy leemos es la enseñanza sobre cómo debe ser la verdadera oración: perseverante y humilde; la misma introducción a la parábola nos da ya esta orientación: "para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse".
El protagonista de la parábola es una viuda que acude a un juez para que le haga justicia, seguramente, en cuestiones monetarias o de herencia, contra un adversario mucho más rico, poderoso e influyente que ella, ante el cual no tiene otra arma más que su constancia y tesonería. En el mundo bíblico la viuda equivale a la mujer casada que perdió no sólo al esposo sino también y especialmente el soporte financiero de algún miembro masculino de su familia y necesita, por tanto, protección legal. El acento recae, por tanto, en lo que nosotros llamaríamos secuelas de la viudez. Su condición era considerada incluso como un oprobio. La viuda era la imagen más viva del dolor y de las lágrimas. El juez, finalmente, cede. Lo hace a causa de las molestias que le provocan las continuas quejas de la mujer. Quiere que le deje en paz de una vez.
Si la parábola está centrada sobre todo en la actitud de la viuda, la aplicación que Jesús hace de ella se fija en el juez ("Fijaos en lo que dice el juez injusto"). Los oyentes de Jesús deben dar un salto y trasladar la conclusión del juez a Dios: si este juez injusto, movido puramente por un motivo egoísta, es capaz de escuchar, ¿habrá alguien capaz de imaginar que Dios no escucha siempre a todos y especialmente a sus elegidos, a los pobres y necesitados? De este modo pasamos de las cualidades que debe tener la oración, tema de la parábola en sí misma, a la seguridad y confianza de que esta oración siempre será escuchada, tema principal de la aplicación puesta en labios de Jesús, en la que el juez es presentado como figura contrastante con el modo de actuar de Dios.
El versículo 8b ("Pero cuando venga el Hijo del Hombre...") parece que originariamente no pertenecía a la parábola, sino que enlaza mucho mejor con las palabras de Jesús sobre la segunda venida del Hijo del Hombre en 17, 20-37. Los discípulos de Jesús, ¿serán capaces de mantener la fidelidad a su Señor durante todo este tiempo en que esperan su retorno, tiempo a veces de dudas y oscuridades? Esto debe preocuparles mucho más que el querer saber si su oración es escuchada por Dios, sobre lo cual no deben tener ninguna duda.
J. Roca, Misa Dominical 1983/19




9.
La parábola del juez inicuo y de la viuda obstinada recuerda la necesidad de orar sin desaliento aun cuando el Señor tarde y parezca sordo a todas las llamadas. Los dos personajes de la parábola son, de una parte, un juez sin fe ni ley (v. 2), poco preocupado por hacer justicia, sobre todo cuando se trata de un ser tan débil como una viuda; en una palabra: un individuo bastante ancho de manga que termina por hacer justicia a la viuda para quedarse tranquilo y evitarse posibles consecuencias desagradables (v. 5). Tenemos, por otra parte, a una viuda débil, pero segura de su derecho, por el que lucha encarnizadamente.
El argumento de Jesús es muy simple (vv. 6-8): si un juez inicuo termina por hacer justicia a una viuda, cuánto más Dios hará justicia a sus elegidos, actualmente a merced de sus enemigos.
La parábola da también a entender que Dios hará justicia urgentemente (v. 8a), pero sólo después de haber estado mucho tiempo contemporizando (v. 7). Por consiguiente, el cristiano debe incluir en su oración la aceptación del plazo que Dios tenga determinado; orará "sin descanso".
La oración cristiana no es ya un llamamiento a la intervención inmediata y a la venganza (como sucede aún en Ap 6, 10). Coincide con la paciencia de Dios con el fin de que los pecadores tengan tiempo de convertirse (2 Pe 3, 9-15).
* * *
ORA/PETICION:La oración de petición no consiste en esperar de Dios que haga por sí mismo lo que nosotros no somos capaces de realizar: danos el pan, danos la paz, danos la curación. Dios no es un buzón. En realidad esta oración es, en primer lugar, una protesta: no se puede tolerar que la guerra se imponga constante a la paz, que la riqueza de unos cuantos aplaste a la masa de los pobres... En segundo lugar, hace comulgar con el Dios de la paciencia, y una vez ya en comunión con Dios, los gritos de protesta van dando paso progresivamente a los actos.
Maertens-Frisque, Nueva Guia de la Asamblea Cristiana Vii, Marova Madrid 1969.Pág. 190


jueves, 6 de octubre de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXVIII TIEMPO ORDINARIO CICLO C - 9 OCTUBRE 2016

EL SAMARITANO AGRADECIDO


ORACION COLECTA

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del segundo libro de los Reyes 5,14-17

En aquellos días, Naamán de Siria bajó al Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el profeta Elíseo, y su carne quedó limpia de la lepra, como la de un niño. Volvió con su comitiva y se presentó al profeta, diciendo: «Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de Israel. Acepta un regalo de tu servidor.».
Eliseo contestó: «¡Vive Dios, a quien sirvo! No aceptaré nada.» Y aunque le insistía, lo rehusó.
Naamán dijo: «Entonces, que a tu servidor le dejen llevar tierra, la carga de un par de mulas; porque en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otros dioses fuera del Señor.».

SALMO RESPONSORIAL (97)

El Señor revela a las naciones su salvación

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera, gritad, vitoread, tocad. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 2,8-13

Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David. Éste ha sido mi Evangelio, por el que sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada: Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna. Es doctrina segura: Si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 17,11-19

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.».
Al verlos, les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes.».
Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?».  Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.».

COMENTARIO

Lucas sigue ofreciéndonos actitudes características de un caminar en cristiano. Hoy lo hace a través de un relato exclusivo de este autor. Diez leprosos solicitan de Jesús compasión. Lo hacen a distancia, debido a su condición de enfermos contagiosos e inhabilitados para la convivencia social. Lo que sigue a continuación tiene la marca del tercer evangelista. Jesús envía a los leprosos a la autoridad competente para que ésta certifique su curación y permita a los curados su incorporación a la convivencia social.
Obsérvese que Jesús no les dice que estén curados, sino que se presenten a los sacerdotes. Los leprosos se fían de Jesús. Lucas presenta el milagro como fruto de la confianza y de la disponibilidad de los leprosos. Confianza en la palabra de Jesús, aun en contra de la evidencia externa. El relato, sin embargo no finaliza aquí. En realidad todo lo anterior es sólo preparación y está subordinado a lo que sigue.
Lo verdaderamente importante y significativo en el relato de hoy son los próximos vv. 15-18. Uno de los curados reconoce públicamente el favor de Dios y retorna a Jesús para darle gracias. Llegado a este punto del relato, Lucas interrumpe la narración para puntualizar la procedencia del curado. "Este era un samaritano".
Esta puntualización constituye el dato central del relato. En contexto judío decir samaritano   era   decir   proscrito, excluido  de la  casa  de Israel, es decir, del Pueblo de Dios. Tras la puntualización Lucas rehace el hilo narrativo con tres preguntas de Jesús. Las tres poseen una carga de extrañeza y de desencanto.  Pero en el contexto del relato sirven para realzar el significativo gesto de un proscrito según los hombres.
Pero ¿por qué sólo el extranjero, el samaritano, vuelve a dar gracias? Porque al parecer, a los otros sólo les preocupa una cosa; hacer lo que la ley prescribe en caso de curación de la lepra, algo que es bastante minucioso si leemos al Levíticos.
Más liberado, el samaritano, sigue el impulso que le mueve a regresar. Podría suceder que sumergidos en las cosas que hay que hacer, no tuviéramos tiempo ni corazón para dar gracias a Dios.  El título tradicional del relato habla de curación de diez leprosos. Cabría preguntarse si no habría que titularlo más bien "el samaritano agradecido".
La figura del samaritano agradecido resalta, con todos sus perfiles, sobre la inexplicable ausencia de los otros nueve. ¿Es que acaso estos otros nueve se consideraban con derecho a la curación por ser miembros del Pueblo de Dios?.  Lo que Lucas deja en claro es que sólo uno, y éste un proscrito, experimentó su curación como un don y no como un derecho. Esta es su fe y esta es su salvación, como declara Jesús en la frase conclusiva.

PLEGARIA UNIVERSAL

Hoy Jesús nos muestra como la fe que reconoce el don recibido es la que crece y da fruto. Muchas veces nos creemos merecedores de la fe que hemos recibido gratuitamente, y por eso nuestra fe no madura. Demos gracias a Dios por habernos llamado a creer en Cristo, y digámosle: R.- Sana nuestro corazón enfermo.

1.- Por la Iglesia, para que todos sus miembros reconozcan sus propias debilidades e incoherencias y pidan al Padre del Cielo que los convierta en testigos creíbles del evangelio. Sana nuestro corazón enfermo.

2.- Por todos los habitantes del mundo, para que desechen el odio y la venganza y asuman el amor predicado por Jesús como la mejor herramienta para la convivencia pacífica entre todos. Sana nuestro corazón enfermo.

3.- Por todos los enfermos para que la mano de Cristo alivie sus dolores y haga que recobren prono la salud. Sana nuestro corazón enfermo.

4.- Por los enfermos del alma, los deprimidos, los desesperados, los que viven sin paz, los olvidados para que el Señor, yendo a su encuentro, restablezca sus corazones en la serenidad infundiendo en ellos una gran confianza en su divina providencia. Sana nuestro corazón enfermo.

5.- Por las familias, para que cada día renueven su agradecimiento a Aquel que les regala la vida, la salud y el amor. Sana nuestro corazón enfermo.

Padre, tu pueblo necesitado de salvación, pide un corazón limpio para poder así seguir tus  mandatos y extender el Reino de tu Hijo. Concédele lo que te suplica por Jesucristo nuestro Señor. Amen.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Con estas ofrendas, Señor, recibe las suplicas de tus hijos, para que esta eucaristía celebrada con amor, nos lleve a la gloria del Cielo.  Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Dios soberano, te pedimos humildemente que, así como nos alimentas  con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos hagas participar de su naturaleza divina. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 10: Gl. 4, 22-24.26-27.31-5.1; Sal 112; Lc. 11, 29-32
Martes 11: Gl. 5, 1-6; Sal 118, lc. 11, 37-41.
Miércoles 12: Gl. 5, 18-25; Sal 1, 1-6; Lc. 11, 42-46.
Jueves  13: Ef. 1, 1-10; Sal 97; Lc. 11, 47-54.
Viernes 14: Ef. 1, 11-14; Sal 32; Lc. 12, 1-7.
Sábado 15: Ef. 1, 15-23; Sal 8; Lc. 12, 8-12.
Domingo 16:  Ex. 17, 8-13; Sal 120; :Tim. 3, 14—4, 2; Lc. 18, 1-8.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 17, 11-19

"Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea". Otra vez Jerusalén aparece como punto de destino del camino de Jesús. La concreción geográfica es desconcertante si buscamos precisión; pero en el caso de Lucas no la podemos hallar. Lucas no tiene un conocimiento personal de Palestina, y no es extraño que altere la geografía del camino.
Misa Dominical 1989/19




3. CUMPLIMIENTO  LEGALISMO  ALABANZA  GRATUIDAD
Sentido del texto.-Hasta el v.14 el relato tiene simplemente una función preparatoria. Se nos narra un hecho con vistas a su comentario. Los vv. 15-19 son este comentario en acción. La clave nos la da el propio narrador cuando nos dice que el que retornó era un samaritano. Se trata de un retorno religioso. En esto está lo que el narrador quiere resaltar. Alguien no sociológica ni institucionalmente religioso reconoce la acción de Dios en él y se abre a ella. Lo que en él ha acontecido no lo interpreta como algo que le sea debido, como algo normal. Así es como lo interpretan los que no retornan: son oficialmente religiosos, el pueblo de Dios. Por lo tanto, piensan que Dios se debe a ellos.
No tienen nada que agradecerle, es normal que actúe en ellos salvíficamente. Desde el punto de vista de Jesús, el pueblo de Dios no tiene fe; sólo el samaritano la tiene. Y ésta es precisamente su salvación. En realidad, este texto es un ejemplo práctico de lo que el texto del domingo anterior decía. Un ejemplo práctico con una gran carga crítica dentro. "El que tenga oídos para oir que oiga" solía repetir Jesús en casos semejantes.
Dabar 1980/52




Su fe no se reduce a creer en el "poder" de Dios sino que llega a reconocerle presente en JC, y por eso le alaba y da gracias por esta acción de Dios por JC. Muy a menudo los cristianos identifican la fe con creer en un Dios Todopoderoso que puede intervenir -cuando quiere- en nuestra vida. La fe parece identificarse con creer en esta posibilidad de intervención y con esperarla muy pasivamente. Es una fe en un Dios que está fuera de nuestra vida, que interviene arbitrariamente. Se puede pedir su intervencion, pero casi como quien hace una quiniela para ver si toca.
La fe de la que habla JC es otra cosa. Es descubrir a Dios presente y activo siempre en nuestra vida. Y responder con fe, con sintonía, comulgando del todo con él. Esto es lo que significa la expresión bíblica "dar gloria a Dios". Es decir que Dios está en y con nosotros, no con un poder arbitrario e imprevisible, sino con amor y comunión. De esta fe surge una actitud de alabanza, de acción de gracias, de no querer reconocer -como Naamán- ningún otro Dios (ningún otro ídolo, ningún otro absoluto). Actitud totalmente opuesta a la de quien cree en un Dios fuera de nuestra vida, que interviene sólo en circunstancias excepcionales: esto supone que habitualmente -para lo de cada día- se cree en otros "dioses" (como los judíos contra quienes lucharon los profetas: un Dios en el cielo para las grandes ocasiones, pequeños dioses en la tierra para los problemas de cada día). Podríamos preguntarnos si actualmente bastantes bautizados no piensan semejantemente (un Dios para el nacimiento, matrimonio, muerte..., quizá incluso para la misa de cada domingo..., pero otros "dioses" más manejables, a quienes no es preciso dar gloria con toda la vida, para el pan de cada día.
J. Gomis, Misa Dominical 1977/18

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GLORIA/BIBLIA: Tomar a Dios en serio en toda la vida."Para el hebreo la gloria no significa -como para el griego o el francés- la fama o el renombre, sino el valor real, el peso" (Vocabulaire de theologie biblique).




5.- Entrar en relación con Dios, mediante el culto vinculado al templo, era el deseo de todo judío. Los leprosos han encontrado a Jesús y en él a Dios, pero los judíos no han comprendido que quedar limpios de la lepra, entrar de nuevo en comunión con Dios y con los hombres no es fruto de ser miembro del pueblo elegido, sino que se ofrece, como un don, a todo el que acepta y encuentra a Dios en el Mesías, Jesús. Sólo uno, y este samaritano, ha comprendido el significado del encuentro salvífico y da culto, glorifica, a Dios sin templo.
Al curar a los leprosos, Jesús los reintegra a la sociedad y demuestra que en él se ha hecho presente el reino de Dios y la superación de toda forma de esclavitud y marginación. En Jesús la salvación llega hasta la salud del cuerpo, supera la resignación, se abre a la esperanza y se retorna a la alabanza a Dios. Sólo uno ha comprendido esta realidad. Los otros han vuelto a la religiosidad del templo sin descubrir que se han encontrado con Dios no en unas prácticas religiosas sino en un hombre, en Cristo.
P. Franquesa, Misa Dominical 1986/18




6.- La lepra bíblica comprende una serie de enfermedades de la piel y no sólo la lepra en sentido propio. Los judíos consideran estas enfermedades como un castigo especial de Dios. De ahí que el leproso fuera tratado como un muerto para la sociedad y se le obligara a vestir como se vestía a los muertos: ropas desgarradas, cabelleras sueltas, barba rapada. No se les permitía habitar dentro de ciudades amuralladas, pero sí en las aldeas con tal de no mezclarse con sus habitantes. Por eso, vivían en las afueras de los pueblos. Todo lo que ellos tocaban se consideraba impuro, por lo que tenían obligación de anunciar su presencia desde lejos. Con todo, se les permitía asistir al culto de la sinagoga. Eran "impuros' ritualmente y vivían una especie de vida de excomulgados. Caso de obtener la curación, necesitaban presentarse a los sacerdotes y someterse a una especie de reconciliación cultual con la comunidad. Entonces los sacerdotes les daban de alta. En la respuesta de Jesús a los enviados de Juan Bautista, el Señor indica la curación de los leprosos como señal mesiánica y cumplimiento de las promesas que ya anunció Isaías (35,8).
La desgracia común une a los desgraciados. Estos leprosos habían superado la tradicional enemistad entre judíos y samaritanos: forman un solo grupo. La fama de Jesús había llegado hasta los proscritos de la sociedad, hasta los leprosos. Jesús manda a los leprosos que se pongan en camino para ser reconocidos por los sacerdotes. Antes de curarlos, los somete a prueba y les exige un acto de fe. Sólo el samaritano vuelve para alabar a Dios y reconocer en Jesús al Rey-Mesías. La postración delante de Jesús no es una adoración, sino el reconocimiento de esta realeza mesiánica.
Los otros nueve no vuelven. Parece como si vieran natural que en ellos, hijos de Abrahán, se cumplieran las promesas mesiánicas.
Pero, al decir Jesús al samaritano, al extranjero, "tu fe te ha salvado", nos enseña que el verdadero Israel se asienta en la fe agradecida.
Eucaristía 1989/47




7.- Los diez leproso fueron curados, pero a uno solo de ellos, al samaritano, Jesús le dice: "tu fe te ha salvado" precisamente porque volvió sobre sus pasos "para dar gloria a Dios", es decir, para reconocer que la curación obrada en él era obra exclusivamente don de Dios, sin ningún mérito propio. Los otros nueve, judíos, podían creer que tenían derecho a ser purificados por el hecho de ser miembros del pueblo escogido y por tanto no tenían nada que agradecer. Como en la parábola del buen samaritano, éste se convierte también en prototipo de persona que sabe recibir y acoger la salvación de Dios.
La salvación está abierta a todos -judíos y samaritanos, judíos y gentiles-, pero es necesaria esta actitud de saber reconocer la propia pobreza ante el don de Dios y al mismo tiempo la actitud de alabanza y agradecimiento.
José Roca, Misa Dominical 1983/19




Este relato de la curación de los diez leprosos está en conformidad con la legislación contra la lepra fijada por Lv 13. 45-46 y 14. 2-7. Cuando los leprosos son enviados por Cristo a que se presenten a los sacerdotes, aquél se somete a las exigencias de la ley. Nueve de ellos se presentan efectivamente a los sacerdotes. Pero el décimo, que es samaritano, no está obligado a someterse al examen por parte del sacerdocio judío y, por consiguiente, puede volver a expresar su agradecimiento a Cristo.
Este relato constituye, pues, una nueva pieza que añadir al acerbo integrador de la polémica de los primeros cristianos contra los judíos. La ley obstaculiza la libertad de expresión de los sentimientos; el pagano está más cerca de la verdadera religión porque es libre frente a la ley y más sensible a la única liberación efectiva, la que proporciona la cruz (Ga 2, 19-20; 5. 11-16; 2 Co 5. 15-18), la de la gracia gratuita (Rm 5. 12-17; 6. 14-15). A la gratuidad del gesto de Dios responde con frecuencia la acción de gracias espontánea del hombre liberado.
Una relación así no podía establecerse dentro del marco de la ley en la que todo está en la línea del "dar al que da"; se sitúa, por el contrario, en la línea de la fe: "Vete, tu fe te ha salvado".
La lepra aparece frecuentemente en la Biblia como símbolo del pecado. El milagro de Cristo supera, pues, el significado de una simple curación para configurar la obra de la salvación que saca al hombre de su pecado.
Hay todavía cristianos que se parecen a esos nueve leprosos judíos: practican mucho, pero no saben contemplar; comulgan con frecuencia, pero no saben dar gracias. Su ética carece de horizonte, replegada sobre sí mismo; la minucia y el escrúpulo invaden su vida moral. Su Dios lleva una contabilidad... Al mismo tiempo, se sienten incapaces de abrirse realmente a la iniciativa del Otro, a la gratuidad.
Los sacerdotes judíos encerraban a los leprosos curados en el Templo. De igual modo, hay sacerdotes en la Iglesia que han educado a los laicos en esa minucia legal y en esa entrega de cuentas que son tan contrarias a la verdadera acción de gracias y a la comunión personal entre Dios y el hombre. Y sucede hoy que esos fieles experimentan un despego cada vez más profundo respecto a los sacramentos...
Maertens-Frisque, Marova Madrid 1969.Pág. 167 S.




9.- Todo el camino de Jesús por la vida es un encuentro con la miseria humana, un triunfo de su misericordia y su poder sobre el mal, movido por la fe y la obediencia a su palabra. De los diez leprosos liberados sólo uno, el samaritano, vuelve para expresar su reconocimiento a Jesús. Sólo él lleva su fe hasta el final al glorificar a Dios reconociendo en Jesús la epifanía de Dios, la revelación personal de su poder y de su misericordia para con los hombres. Sólo él recibe la salvación como un don, como una gracia, sólo él ha tomado conciencia de su indignidad para ser sanado. Y sólo él, el extranjero, recibe, por la fe, con la salud, la salvación.
Biblicos-5.Pág. 561