viernes, 9 de febrero de 2018

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO VI T,O, CICLO B - 11 FEBRERO 2018


ENCONTRARSE CON JESÚS


ORACION COLECTA
Dios Nuestro, que te complaces en habitar en los corazones rectos y sencillos, concédenos la gracia de vivir de tal manera que encuentres en nosotros una morada digna de tu agrado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Levítico 13, 1-2. 44-46

El Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza.
El que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: "¡impuro, impuro!" Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.».

SALMO RESPONSORIAL (31)

Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.

Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito. R.

Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mi culpa» y tú perdonaste mi culpa y mi pecado R.

Alégrense, justos, y gocen con el Señor; aclámenlo, los de corazón sincero. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 31-11, 1

Hermanos: Cuando coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para gloria de Dios.
No den motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios, como yo, por mi parte, procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de la mayoría, para que se salven.
Sigan mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, pareces limpiarme.».
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.».
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.».
Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

COMENTARIOI

 “Se le acercó un leproso… Acudían a él de todas partes”. El evangelio describe muchos encuentros con Jesús, pero ¡qué diferencia! Muchos acudieron pronto a él, pero superficialmente. Unos fueron verdaderamente atrapados por él (¡muy pocos!), otros permanecieron indiferentes, la mayor parte se volvieron hostiles. ¿De qué depende eso que pasa entre Jesús y un hombre? Lo vemos en este episodio: todo depende de la fe-confianza. La confianza del leproso es extraordinaria: “Si quieres, puedes”.
ENCONTRARSE CON JESÚSEs la fe de la cananea, del centurión, del padre del epiléptico. Jesús se siente siempre conmovido por esta fe. Pero nunca el diálogo fue tan breve y tan intenso. Dos palabras para revelar la fe del leproso, una palabra para señalar el efecto de esta fe: si quieres, puedes. Quiero.
Aquí se encuentran a la vez la terrible situación de un hombre y la gran fuerza del amor. La lepra era una enfermedad espantosa, porque excluía de la comunión con el pueblo, o sea, segregaba a un hombre de sus relaciones con el pueblo de Dios. "¡Impuro, impuro!", gritaba el leproso desde lejos, de manera que todos se pudieran parar y evitar así acercarse a él (Lev 13, 45). Los rabinos lo consideraban como si estuviera muerto y pensaban que su curación era tan improbable como una resurrección. Marcos indica que Jesús lo toca. Y lo cura. Eso es precisamente lo que pensaba el leproso: él puede todo lo que quiere. Con la condición de que se crea en él. Así es como se realiza el encuentro. No hay miseria alguna que lo eche para atrás, pero espera nuestro “si quiero, puedes”, que debería ser casi tan poderoso como el amor con que está dispuesto a acogernos. Pensemos en los “leprosos” de hoy.
Habría que moverlos hacia Jesús; a los despreciados, a los marginados, a los que sienten la vergüenza de su cuerpo, de su corazón, de su vida. Pero también me dirijo a mí mismo. ¿Acaso estoy yo tan sano? Muchos de mis encuentros con Jesús han sido inútiles porque nada me impulsaba a suplicarle: “¡Sálvame! Si quieres, puedes curarme”.  Para decir esto con una fuerza capaz de arrancarle gracias muy grande, es menester que me sienta leproso y que lo sienta de verdad. Este doble despertar de nuestra vergüenza y de nuestra fe es la mejor preparación para un encuentro. Como cuando decimos: “Ante de celebrar esta eucaristía, reconozcamos nuestros pecados”. Preparémonos a cada uno de nuestros encuentros con Jesús reconociendo que somos leprosos.

PLEGARIA UNIVERSAL

Señor, como aquellos que acudían a Jesús llevando su enfermedades, venimos hoy nosotros a tu presencia para que con tu infinita misericordia atiendas nuestras suplicas. R.- tiende, Señor nuestras suplicas.

1.- Por el Papa Francisco para que la luz de Cristo lo ilumine con claridad y tome las decisiones más convenientes para la Iglesia y para el mundo. Roguemos al Señor.

2. Por los gobernantes para que apuesten sin condiciones por la vida, desde su concepción hasta la muerte natural. Roguemos al Señor.

3.- Por los enfermos, para que la fuerza sanadora de Cristo los “levante” de su enfermedad. Roguemos al Señor.

4.- Por los que pasan dificultades, los que se quedaron sin trabajo, para que encuentren en los demás el auxilio necesario para cubrir sus necesidades. Roguemos al Señor.

5.- Por todos los misioneros para experimenten la paga que lleva consigo la predicación del evangelio. Roguemos al Señor.

6.- Por las familias que pasan hambre y no tienen atención de ningún tipo, para que el mensaje de Cristo sea el centro de cada hogar, a pesar de sus dificultades. Roguemos al Señor.

7.- Por los que nos reunimos a torno a la Mesa del Señor, para que un día también nos reunamos en la Mesa Celestial. Roguemos al Señor.

Dios Padre acoge estas plegarias y todas cuantas llevamos en nuestros corazones que solo tú conoces. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Que esta ofrenda nos purifique y renueve, Señor y sea causa de recompensa eterna para quienes cumplen tu voluntad. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Saciados con el pan del cielo, te pedimos, Padre, la gracia de desear siempre este alimento que nos da la vida verdadera. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 12: St 1, 1-11; Sal 118; Mc 8, 11-13.
Martes 13: St 1, 12-18; Sal 93; Mc 8, 14-21.
Miércoles 14: Jl 2, 12-18; Sal 50; 2CO 5, 20—6, 2; Mt 6, 1-6.16-18.
Jueves 15: Dt 30, 15-20; Sal 1; Lc 9, 22-25.
Viernes 16:   Is 58, 1-9ª; Sal 50; Mt 9, 14-15.
Sábado 17: Is 58, 9b-14; Sal 85; Lc 5, 27-32.
Domingo 18: Gn 9, 8-15; Sal 24; 1P 3, 18-22; Mc 1, 12-15.



COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mc 1, 40-45
Par: Mt 8, 2-4  Lc 5, 12-16

1.- Los tres sinópticos cuentan esta curación de un leproso. Parecen estar de acuerdo en hacer de él uno de los primeros milagros del Señor, haciéndole en cierto modo el encargado de poner de manifiesto la autoridad del joven rabino sobre el mal. También están de acuerdo en situar este milagro en Galilea. Lucas precisa incluso que "en una ciudad" (Lc. 5, 12), lo que es bastante improbable, dada la severa legislación de los judíos (Lev. 13, 45-46), que alejaba a los leprosos de los centros habitados. Por eso, Mt. 8, 5 corrige este detalle, situando el milagro a las puertas de la ciudad.
Mateo asocia con este milagro la curación de un pagano y de una mujer (Mt. 8, 1-15) para presentar en Jesús al convocador de las categorías humanas privadas hasta entonces de toda un parte de ciudadanía en el pueblo elegido. Lucas, por su parte, se limita a ver en él uno de los primeros milagros del Señor, fuente de deslumbrada sorpresa por parte de la multitud (Lc. 5, 15). En cuanto a Marcos, hace igualmente de este milagro uno de los primeros del joven rabino.
* * * *
El relato de la curación del leproso está, además, fuertemente cargado de indicios de la toma de conciencia, por parte de Cristo, de su poder de taumaturgo.
Jesús empieza por sentir piedad ante el sufrimiento que encuentra a su paso. Es una lástima que Lucas no haya hecho mención de esos sentimientos, aludidos tan solo por Marcos (versículo 41).
Esa "emoción" y esa "compasión" son importantes por cuanto en Cristo el amor poderoso y curativo de Dios pasa a través de esos sentimientos humanos. Cristo quiere humanamente la curación de los enfermos que encuentra a su paso, y en ese deseo no habría habido milagros. Por eso Cristo tiene conciencia de que el amor a sus hermanos es el canal del amor de Dios hacia los hombres.
Por otro lado, Jesús es todavía novicio en el empleo de su carisma de taumaturgo. Hasta tiene un poco de miedo: presiona al enfermo curado para que guarde silencio (véase el tono extremadamente duro del v. 43, exclusivo de Marcos), y le insiste, sobre todo, en que no prescinda de los exámenes legales (Lev. 13-14). Finalmente, esquiva en lo posible la admiración de la multitud que podría entender mal sus milagros (v. 45). Se advertirá igualmente que Cristo no reclama la fe del peticionario, tal como hará más adelante en la mayoría de los casos. Está realmente descubriendo el poder divino que hay en él y busca las condiciones más apropiadas para ejercerlo.
La mentalidad religiosa de los contemporáneos de Cristo asociaba el alma y el cuerpo en una unidad mayor aún que la mentalidad griega. De ahí se deducía que toda enfermedad física debía ser un reflejo y una consecuencia de una enfermedad moral. Con la novedad de la curación del Cuerpo, Cristo debió de tomar rápidamente conciencia de que inauguraba de hecho, con su predicación, los tiempos mesiánicos y la era de la consolación.
Meses más tarde comprobará que su propia persona condiciona la venida del Reino y que la fe en su misión es la prenda de la curación y del perdón que ha venido a traer.
* * * *
Tanto si nos fijamos en la primera curación como en las que realizó al final de su vida, advertiremos siempre que es el Hombre-Dios quien actúa. Estructurando su vida de hombre en torno a relacione de amor y de compasión hacia sus hermanos, y al mismo tiempo sobre la obediencia perfectamente filial a los designios de su Padre respecto a la creación. Jesús de Nazaret ha vencido al pecado, ha realizado el primer tipo de humanidad sin mal y, consiguiente, se ha convertido en la fuente concreta, única, a partir de la cual la humanidad está en condiciones de promover un auténtico porvenir para el hombre.
Las curaciones de las enfermedades nos enseñan más sobre la persona de Jesús que sobre la enfermedad en sí, ya que no son más que un momento significativo de una curación que afecta a toda la creación en la vida y la persona de Cristo.
Hoy todo lo relacionado con la curación es patrimonio de la ciencia y de la civilización y son muchas las maravillas que se realizan en este campo. El cristiano debe colaborar lo más posible en esta tarea, pero debe saber que no será un verdadero curador de sus hermanos, sino cuando la liberación del mal haya alcanzado en él a máximo de plenitud mediante su fidelidad al Padre, pues no hay enfermedad más grave para la promoción de la ciudad terrestre que el trastorno provocado por el deseo del hombre de bastarse a sí mismo en su búsqueda de felicidad.
Maertens-Frisque, Nueva Guía de la Asamblea Cristiana II, Marova Madrid 1969.Pág. 238 S



2.- Aquí es donde por primera vez se habla de la curación de un leproso.
La lepra era una enfermedad espantosa, porque excluía de la comunión con el pueblo, o sea, segregaba a un hombre de sus relaciones con el pueblo de Dios. "¡Impuro, impuro!", gritaba el leproso desde lejos, de manera que todos se pudieran parar y evitar así acercarse a él (Lev 13, 45). Los rabinos lo consideraban como si estuviera muerto y pensaban que su curación era tan improbable como una resurrección.
En este caso es curioso observar que el leproso no duda en acercarse a Jesús. Un viejo documento cristiano, el papiro Egerton, inserta en este texto una insistente oración del leproso cuando descubre a Jesús: "Maestro Jesús, tú que andas con los leprosos y comes con ellos en su mansión: yo también me he puesto leproso; si tú quieres, me volveré a poner puro".
Algunos códices muy autorizados, en vez de decir "tuvo compasión", dicen que "se había indignado". Evidentemente, Jesús rechazaba enérgicamente la segregación de la que eran víctimas aquellos pobres leprosos.
Algunos detalles en el modo en que se realiza la curación subrayan su indignación por la segregación de los leprosos. Jesús "toca" al enfermo para demostrar así su desprecio por las inhumanas leyes vigentes. Estamos en un tema que se repetirá como un "leitmotiv" a lo largo del segundo evangelio, como igualmente en el epistolario paulino: las leyes no son soberanas en sí; sólo obligan en cuanto están a favor del hombre. Y el juicio sobre esta condición humana de la ley lo tiene que hacer el súbdito.
OBJECION-CONCIENCIA Por eso, el considerar la ley -civil o eclesial- como un absoluto va contra la enseñanza más elemental del Nuevo Testamento. Habrá momentos en que el cristiano, llevado de su conciencia humanizadora, deberá rechazar una ley y poner contra ella una válida "objeción de conciencia". La ley de segregación de los leprosos era, al mismo tiempo, civil y religiosa. Jesús no solamente pone objeción de conciencia, sino que la infringe claramente, "tocando" al leproso.
A continuación Jesús ordena severamente al leproso que no haga publicidad de su curación, ya que su finalidad no era hacer ruido y atraerse con ello a la gente, con una falsa apologética, sino reintegrar en la sociedad a un marginado. Por esto le insta a que se presente a los sacerdotes, para que le den el certificado oficial de reinserción en la comunidad.
Muchas veces la Iglesia se ha preocupado más de una antievangélica publicidad apologética para con ello adquirir nuevos adeptos para su institución, que de luchar verdadera y eficazmente por los derechos humanos conculcados, sean de cristianos o de personas ajenas a su institución.
Comentarios A La Biblia Litúrgica NT, Edic Marova/Madrid 1976.Pág. 1120



3. - -La actitud de Jesús
Hemos de observar un segundo elemento: la reacción de Jesús. Su actitud podría parecer contradictoria. Jesús proclama el Reino y libera a un poseso, pero no quiere que esto se divulgue.
Parece como si creyera que una divulgación anticipada (mientras que los espíritus que saben superar las apariencias aciertan y leen el misterio de su persona) acabaría comprometiendo su proyecto mesiánico.
Jesús recorre todas las comarcas de Galilea buscando a la gente para predicar (1, 39), mientras que, por otra parte, evita el asalto de las turbas y se retira a lugares solitarios (1, 45).
Cura a un leproso y le ordena que se presente a un sacerdote para que compruebe su curación, pero le prohíbe que hable de lo ocurrido con todos los demás.
¿Por qué todo esto? Busca a la gente y al mismo tiempo se separa de ella; realiza señales que lo revelan como Mesías y al mismo tiempo quiere ocultarlo. Y no sólo toma sus distancias ante la gente, sino incluso ante sus discípulos; cuando éstos, "pensando humanamente como los demás, o mejor sin pensar, sin la vigilancia interior de su Maestro, se llegan a él para hacerle volver, surge su decisión firme".
Pero la actitud de Jesús no es contradictoria. Se trata -una vez más- del intento de expresar su misterio, su originalidad. Jesús no niega que sea el Mesías, pero demuestra que tiene una idea mesiánica diferente.
Busca a la gente y se muestra solidario con la historia, pero también se cuida de evitar los equívocos que la gente y la historia arrastran muchas veces consigo y huye de la instrumentalización que les gustaría hacer de los designios de Dios.
MIGROS/RV: Tiene que llevar el mensaje "a todas partes", a todos, pero sin ser prisionero de nadie. Ha venido a anunciar el Reino, no a hacer esos milagros tan cómodos que les gustarían a los hombres. Por eso Jesús huye de la gente que busca milagros. ¿Por qué?
Habría que hablar mucho de ello y diremos algo más tarde. Pero ya ahora podemos decir que los milagros no tienen ante todo un valor apologético, sino un valor de revelación. Están al servicio de la fe y por consiguiente no eliminan la lógica de la fe, no dan una certeza distinta de la fe y no revelan un Dios distinto. Están al servicio de Jesús, de un Dios que se revela en la cruz; por tanto, no eliminan la cruz, sino que -a un nivel más profundo- revelan que en ella está presente la victoria de Dios.
Bruno Maggioni, El Relato De Marcos, Edic. Paulinas/Madrid 1981.Pág. 44 Ss



4.- Texto. Se enmarca en el conjunto unitario que deben formar la proclamación-enseñanza del Reino de Dios y el poder curativo de Jesús. Y, sin embargo, un leproso apela con gestos suplicantes al poder de Jesús. La reacción de Jesús es textualmente insegura. La traducción litúrgica ha preferido la compasión; la mayoría de los comentaristas prefiere la ira, a pesar de que la variante esté débilmente documentada. Como en el caso de la suegra de Simón, la fuerza curativa se transmite espontáneamente a través del contacto corporal.
Realizada la curación, Jesús despide con brusquedad al sanado. Este deberá aguardar silencio absoluto y presentarse a la autoridad sanitario-religiosa para que ésta confirme su curación y así el curado pueda incorporarse a la vida en sociedad. La legislación entonces vigente en materia de lepra la puedes consultar en Levítico, caps. 13 y 14, 1-32.
Aunque la continuación del texto es ambigua, la mayoría de los comentaristas se inclina por el incumplimiento del mandato de guardar silencio por parte del curado. De esta forma, Jesús se encuentra metido en una situación embarazosa, hasta el punto de que tiene que retirarse, pero tampoco en esos lugares retirados puede pasar desapercibido.
Comentario. Con el texto de hoy concluye el segundo bloque del Evangelio. En la intención de Marcos, proclamación del Reino de Dios y actuación poderosa de Jesús deben constituir una estrecha unidad, de forma que la actuación de Jesús sea vista en la perspectiva del Reino de Dios que está viniendo. Sin embargo, la unidad se queda sólo en la intención del autor. La realidad de lo narrado desmiente esa unidad. La gente y los cuatro discípulos se quedan con la fuerza curativa de Jesús, olvidando la perspectiva a cuya realización sirve. A la gente le interesa el poder curativo de Jesús, pero no la realidad del Reino ni el cambio de mentalidad y de comportamiento. Ampliando los términos, a la gente sólo le interesa egoístamente su salvación. El leproso es el prototipo de este modo de concebir las cosas. De ahí la ira del Jesús de Marcos y la brusquedad con que lo despide.
Al curado se le impone la misma orden de guardar silencio que al espíritu inmundo en 1, 25 y 34. Un silencio relacionado con la persona de Jesús en cuanto taumaturgo. Pero la realidad de los hechos puede más que el proyecto. Por derroteros como el tipificado por el ex leproso sólo se llega al fracaso de la Buena Noticia que trae Jesús. Sin embargo, parece que la gente está más interesada en un Jesús milagroso que le solucione sus problemas que en el proyecto de ese mismo Jesús. En el segundo bloque de su Evangelio, Marcos no se revela como un autor excesivamente optimista. Más bien lo contrario. Tal vez por eso nos resulte inquietante.
A. Benito, Dabar 1988/15



5.-Comentario. Marcos nos dejaba el domingo pasado con la noticia de un Jesús yendo de sinagoga en sinagoga. El relato de hoy, sin indicación alguna de lugar y tiempo, encaja perfectamente en esa forma de vida itinerante. (Evocación extratextual y marginal: las posesiones son peligrosas: imponen la obligación de permanecer junto a ellas). Un leproso sale al encuentro de Jesús. Lo hemos escuchado en la primera lectura, tomado del Levítico: el enfermo de lepra (no necesariamente la enfermedad de Hansen, sino cualquier tipo de enfermedad de la piel, vetíligo, leucoderma, etc., cfr., Lev. 13. 1-46) debía avisar de su condición cuando se acercaba a alguien y gritar: "¡Impuro, impuro!" Acercándose, pues, a Jesús en la forma que describe Marcos, el leproso transgrede la ley. Este supuesto es nuevo, pues hasta ahora todas las personas se han movido en un marco estrictamente legal. Cfr. Mc. 1, 32: la traída de enfermos después de terminado el sábado, sin infracción por tanto de la ley. Marcos nos presenta al enfermo suplicando de rodillas: "Si quieres, puedes limpiarme".
Las palabras no expresan duda sobre el poder curativo de Jesús, sino sobre su voluntad o disponibilidad a ejercerlo. ¿O son sencillamente un cumplido? (cfr. Epicteto, III, 10. 14 ss). Es muy raro encontrar reflejados en los evangelios los sentimientos de Jesús. El relato de hoy es uno de los poquísimos casos en que éstos se traslucen. "Sintiendo lástima". Escueto como siempre, Marcos no nos dice el porqué. Este es solamente presumible: las condiciones especialmente duras de marginación social de este tipo de enfermos (cfr. Lev. 13, 45-46). Casi sin dar tiempo al sentimiento resuena la palabra de Jesús: "Quiero, queda limpio".
Sin magias, exorcismos o rituales por parte de Jesús. Y de nuevo acontece lo inesperado e imprevisto: "He aquí que desapareció la lepra". Reaparece la típica fórmula: "He aquí que. Y quedó limpio". La situación nueva se abre una vez más paso con fuerza.
El signo, vehículo o señal de esta situación es la curación instantánea.
Lo que sigue no casa bien con lo anterior. La traducción litúrgica ha optado por la forma más mitigada: "Él lo despidió, encargándole severamente". En realidad se trata de una reacción más bien violenta por parte de Jesús. Marcos nos presenta a un Jesús contrariado. Y una vez más el porqué es sólo presumible. El leproso le ha forzado a Jesús a actuar en un marco no legal.
Probablemente Jesús no ha transgredido la ley, pero según la ley ha incurrido en impureza. Ahora bien, para un judío, y Jesús lo era por nacimiento y por educación, "la ley es santa y el mandamiento es santo, justo y bueno" (Rom. 7, 12). "No se lo digas a nadie, sino ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés". Desde 1901, fecha en que W. Wrede publicó su obra "El secreto mesiánico"
(SECRETO-MESIANICO), estas palabras han adquirido una especial carga dogmática. A lo mejor, contra Wrede, estas palabras no esconden intencionalidad alguna especial por parte de Marcos, sino que simplemente reflejan una vivencia mucho más histórica y sencilla de lo que el racionalista Wrede imaginaba: el comienzo del cuestionamiento de la ley por parte del judío Jesús. Un cuestionamiento nada fácil ni snobista por parte de Jesús. Pero precisamente por ello, un cuestionamiento dramático. ¡Por favor, vete a Jerusalén y cumple todo lo que prescribe la ley! (cfr. Lev. 14. 1-7: examen médico, ofrecimiento de dos aves, rito y alta médica). ¡Vete a Jerusalén para que te declaren sano! De mí no digas nada. No soy el importante para ti.
Pero el ex leproso empezó a hablar de Jesús, de su capacidad curativa, de su persona. Esta fama, puntualiza Marcos en el v. 45, fue contraproducente desde el punto de vista del orden establecido. Esta fama supuso una confrontación con ese orden.
Una confrontación inevitable, a pesar de los esfuerzos de Jesús por evitarlo y pasar desapercibido.
Dabar 1985/14



6.- Como enfermedad contagiosa la lepra exigía aislar al enfermo del resto de las personas. Sólo tras dictamen competente podía el ex leproso incorporarse al grupo social. La regulación del procedimiento a seguir puede verse en Levítico 14, 2-32.
Sentido del texto. La palabra de Jesús es capaz de crear comunidad allí donde hay marginación. Este es el sentido que Jesús quería dar a este milagro. Pero tiene el temor fundado de que no vaya a ser interpretado en este sentido profundo, sino superficialmente, como un milagro sin más. De ahí el severo mandato de Jesús al ex leproso. Y ése, efectivamente, se queda con la superficie del hecho, sin calar en su sentido profundo. Consecuencia: creciente disgusto de Jesús, porque ve en la gente que le busca una "cuadrilla" de interesados egoístas.
Dabar 1979/15



7.- Desde el punto de vista estilístico, este texto es una narración de milagros. El enfermo se presenta en actitud de súplica. Jesús lo cura con un "gesto" y una "palabra". Las narraciones de milagros en el NT se atienen en general, a las rígidas leyes de este género literario. La interpretación en cambio prestará mayor atención a los rasgos que superan este esquema porque en estos rasgos se manifiesta la intención kerigmática del narrador cristiano.
Según la concepción judía la curación de la lepra estaba al mismo nivel que la resurrección de un muerto. Sólo Dios podía realizarla, cfr. 2 R 5,7. En el texto de hoy hay un dato importante: se une el poder de curar con el querer hacerlo. Basta la voluntad de Jesús. Es el rasgo cristiano que se introduce en la narración.
En el AT los hombres de Dios tenían poder para realizar estas obras. El hecho de atribuir este poder a Jesús manifiesta el tipo de cristología que hay en el fondo del relato. Jesús con un gesto y una palabra cura al leproso. Se le presenta así como el gran profeta de la época escatológica.
Jesús manda que el leproso se presente al sacerdote para que se certifique la curación. Quiere evitar que se divulgue el milagro pero quiere que se confirme la curación para que el enfermo quede reincorporado a la comunidad.
La actividad taumatúrgica de Jesús está vinculada, de una manera característica, a su persona, a su predicación y a su acción salvífica. Los milagros indican quién es Jesús. Lo que él hace con el leproso es una obra profundamente humana. Lo cura y lo reincorpora a la sociedad de la que había sido arrojado. Ha llegado la época mesiánica y en Jesús el leproso encuentra a Dios. Jesús ante el leproso no se mantiene lejos sino que lo toca. Así muestra su plena comunión con él. Pero sobre todo no se mantiene inactivo. Lo libera de la situación y lo incorpora a la comunidad. Jesús elimina toda actitud que excluya o margine y se acerca a todos los hombres que la sociedad civil o religiosa margina: endemoniados, leprosos, publicanos.. A la huida o separación contrapone el encuentro que salva.
Pere Franquesa, Misa Dominical 1985/04



8.- Hoy acabamos esta primera etapa de la lectura continuada de Marcos (el miércoles empezamos la Cuaresma), y cuando la recuperemos después de Pascua ya será en el domingo undécimo, saltando al cuarto capítulo, cuando ya haya concluido eso que hemos denominado "la explosi6n de Galilea".
Hoy leemos otro de los signos que marcan esta explosión: Jesús rompe uno de los grandes tabúes: el tabú de la lepra, lo que hemos leído en la primera lectura. Jesús no rechaza a un leproso que se le acerca, en contra de lo que la Ley decía. Pero, además de esto, vale la pena notar dos cosas aún más sorprendentes: una, que nadie del entorno de Jesús haga ninguna observación sobre los peligros que esto comportaba; la otra, aún más importante, que un leproso tenga suficiente valor como para romper las obligaciones de marginación a que estaba sometido y se acerque a Jesús. Con todo esto, Marcos quiere mostrar que desde el inicio Jesús viene dispuesto a romper todos los tabúes que sea necesario, y que todo el mundo sabe que Jesús está constantemente dispuesto a esta ruptura.
Aparece también aquí el tema del "secreto mesiánico": Jesús no quiere que se divulgue su fama, porque eso podría ocasionar que la gente entendiera su mesianismo como un mesianismo guerrero y poderoso, como esperaban muchos. Pero el leproso no puede callar, sino todo lo contrario: de hecho, el que ha sido salvado por Jesús es imposible que calle. Y su fama, la explosión de Galilea, es imparable.
Finalmente, vale la pena notar que Jesús, a pesar de romper tabúes, no es un defensor de una especie de principio general de ilegalidad: Jesús quiere que la curación sea certificada por el sacerdote, como prescribe la Ley. La Ley sólo hay que romperla cuando oprime. Y además, el pobre leproso vivirá mucho más tranquilo si tiene un certificado que le autorice a hacer vida normal.
Josep Lligadas, Misa Dominical 1994/03



9.- Un día un leproso se acercó a Jesús y le dijo: "Si tú quieres, puedes limpiarme". El leproso estaba excluido de la comunidad religiosa (Lv 13, 45).
En las sociedades pre-científicas la mayor parte de las enfermedades contagiosas eran consideradas en cierto modo como un castigo da cielo... y las gentes se defendían como podían poniendo al apestado al margen de la sociedad, con interdicción de entrar en contacto con el.
Estamos pues ante una de las mayores miserias humanas: este hombre sufre doblemente... su cuerpo está duramente afectado... y es repudiado por todos...
-Enternecido ante este hombre, Jesús extiende la mano y le toca...
Marcos subraya el gesto de compasión. Jesús se emociona ante este infortunio. Delicadeza. Participación en el dolor de los demás.
Nuestro Dios no es insensible y lejano. Se enternece. Permanezco el mayor tiempo posible en la contemplación de este sentimiento del corazón de Jesús.
Por este acto, Jesús infringe deliberadamente la Ley. Ha tocado al leproso, desprecia, por así decirlo la "prohibición" que tanto le había afectado.
-Y al instante desapareció la lepra y quedó limpio.
¡Eres bueno, Señor! ¡Líbranos de todo mal! ¿Cuál será el día en que todo mal habrá desaparecido? Señor, desde ahora, quiero trabajar en ello, contigo. Cada vez que puedo ayudar a alguien a salir de la desgracia o del pecado... tú estás allí en mí para continuar tu obra de salvación.
-Enseguida, Jesús le despide con esta severa advertencia:
"Mira de no decir nada a nadie .." Siempre la misma consigna del "secreto mesiánico".
En los catecismos se decía: Jesús probó que era Dios, haciendo milagros. La fórmula, en cierto sentido, es verdadera. Pero podría inducir a pensar que Jesús buscaba más "manifestar su Poder" que "probar quién era El". Ahora bien, es precisamente todo lo contrario, si nos fijamos bien.
Jesús deliberadamente "ha escondido" su dignidad y ha pedido que no se hablara de sus milagros.
Y esta consigna "severa" del secreto, Jesús la mantendrá hasta la hora de su Pasión. La recordará a san Pedro el día de su profesión de Fe en Cesarea: "Les mandó severamente que no hablasen de El a nadie" (Mc 8, 29-3O). Es una prueba suplementaria de la autenticidad del evangelio: si este libro hubiera sido inventado por algunos admiradores, y escrito con una intención apologética se hubiera insistido sobre la gloria, el poder, las proezas divinas.
Ahora bien, es un hecho que se impuso a Marco -portavoz de Pedro-: el verdadero Dios desecha la imagen estruendosa que se ha hecho de El. Y es característico que Jesús no hubiera reivindicado su título de "Hijo de Dios" más que en el contexto de su Pasión, ante el tribunal que le condenaba a muerte, en el momento en que no había ya ningún inconveniente en afirmar el misterio divino de su persona... en el momento en que todos los sueños de grandeza humana y política resultaban completamente vanos.
Hoy, Señor, tú eres siempre ese mismo Dios "escondido".
-Pero, habiendo partido Jesús, ese hombre comenzó a pregonar a voces y a divulgar el suceso, de manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en una ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares desiertos; pero allí iban a él de todas partes.
Sí; está claro que Jesús rehúsa la popularidad; que huye de los entusiasmos.
Noel Quesson, Palabra De Dios para cada día 1, Evang. De Adviento a Pentecostes, Edit. Claret/Barcelona 1984.Pág. 268 S.


jueves, 1 de febrero de 2018

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO V T.O. CICLO B - 4 FEBRERO 2018

LAS SIRVIENTAS Y LOS SERVIDOS



ORACION COLECTA

Dios nuestro, cuida a tu familia con incansable bondad y ya que solo en ti ha puesto su esperanza, defiéndela siempre con tu protección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu y es Dios, por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Job 7, 1-4. 6-7

Habló Job, diciendo: «El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero; Como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario.
Mi herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré?. Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba.
Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza.
Recuerda que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más la dicha.».

SALMO RESPONSORIAL (146)

Alaben al Señor, que sana los corazones destrozados.

Alaben al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. El Señor reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de Israel. R.

Él sana los corazones destrozados, venda sus heridas. Cuenta el número de las estrellas, a cada una la llama por su nombre. R.

Nuestro Señor es grande y poderoso, su sabiduría no tiene medida. El Señor sostiene a los humildes, humilla hasta el polvo a los malvados. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 9, 16-19. 22-23

Hermanos: El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!.
Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.
Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos.
Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.».
Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.».
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

PLEGARIA UNIVERSAL

En el camino de esta vida, nuestra fuerza desfallecen, las heridas aparecen y necesitamos al único capaz de atender todas sus nuestras necesidades. Al padre elevamos nuestras oraciones repitiendo: Padre, sana los corazones destrozados.

1.- Padre, te pedimos por el Papa Francisco y por la Iglesia, cuerpo de tu Hijo para que sanes los pecados de todos los que la componemos y así permitamos que en ella resplandezca la luz de Cristo. Roguemos al Señor.

2.- Padre, te pedimos por el mundo, lleno de injusticias y egoísmo para que sanando las heridas de los corazones, nos llenemos de tu amor y así florezca con fuerza el reino de tu Hijo. Roguemos al Señor.

3.- Padre, te pedimos por los pobres, los enfermos, los que sufren sin trabajo, para que nuestra solidaridad y el consuelo de tu Amor llegue a sus corazones y encuentren junto a ti, la solución a sus problemas.  Roguemos al Señor.

4.- Padre, te pedimos, por todos los que sufren la violencia en el hogar, en el trabajo, en sus países para que cese el maltrato y vivan con alegría la dicha de ser hijos de Dios. Roguemos al Señor.

5.- Por todos los cristianos para que Dios sane nuestros corazones y así lleguemos a la unidad para construir todos una Iglesia acorde al evangelio. Roguemos al Señor.

6.- Por todos nosotros, aquí presentes, para que fortalecidos por tu palabra y la fracción del pan, llevemos nuestra solidaridad y una palabra de consuelo a los que sufren. Roguemos al Señor.

Padre, tu mejor que nadie sabes de las necesidades de tu pueblo, atiende todas las plegarias y acompáñanos siempre en nuestro caminar. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, y Dios nuestro que has creado los frutos de la tierra para sostener nuestra fragilidad, haz que estos dones se conviertan en sacramento de vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Señor, que nos hiciste compartir el mismo pan y el mismo cáliz, concédenos vivir  de tal manera que, unidos en Cristo, demos fruto con alegría para la salvación del mundo. Por Jesucristo nuestro Señor.

COMENTARIO

Jesús es el hombre de los caminos, de la gente y de la oración en los lugares desiertos. Pero conoció también el calor de una casa en donde uno está seguro de ser bien recibido. Pensemos en Betania, en la casa de Lázaro, Marta y María. Pero hubo otro sitio en donde se sintió más en su casa: la casa de Pedro y de Andrés en Cafarnaúm. La página que se nos propone es tan rica que nos detenemos poco en el primer episodio, la curación de la suegra de Pedro. Sin embargo también aquí hay materia de reflexión. Está claro que Marcos recoge lo que le contó el mismo Pedro. Mi suegra estaba en cama con fiebre muy alta. Llegó Jesús se lo dijimos, él se acercó, la tomó por la mano y la levantó, la fiebre le dejó y ella se puso a servirnos. Fíjense bien en dos palabras: “La levantó” y “se puso a servirles”.
Como el milagro es siempre una enseñanza, el evangelista quiere indicarnos que el poder de Jesús nos puede levantar para que nos convirtamos en personas que sirvan. Todo esto ocurre “en la casa”. Y la mujer que sana Jesús es la que le ofrece su hospedaje. ¡Qué seguramente no parará mientras Jesús estaba allí! Ahora sólo tiene a los cuatro preferidos: Pedro, Andrés, Santiago y Juan. Pero pronto tendrá a los doce, ¡Y la gente! Marcos dice un poco más adelante: “Acudían a él de todas partes, de forma que no le dejaban tiempo ni para comer”. Todo esto no le resulta muy agradable a la dueña de la casa que ve cómo se le enfría la comida. Nos imaginamos a la suegra de Pedro haciendo frente a todo aquello, como tantas mujeres que tienen el genio de la hospitalidad con todo lo que esto supone de generosidad y de discreción. “Les estuvo sirviendo” Vale la pena meditar sobre “las sirvientas”.
Tanto si nos sentimos llamados nosotros mismos a esta vocación como si necesitamos tomar más conciencia de nuestra actitud con todas esas personas abnegadas. Bromear jamás con la palabra suegra.
 Las caricaturas y los chistes crean una atmósfera malsana en torno a una función que es muy delicada: no obligar a un hijo a dividirse entre madre  y esposa, ayudar a una nuera a ser discreta y paciente y cuidar con gusto de los niños sin querer educarlos al margen de lo que piensan los padres. Quizás sea el momento con ocasión de este evangelio, de examinar nuestro comportamiento y nuestras palabras ante el Señor que cura todas las malas fiebres.


PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 05: 1R 8, 1-7.9-13; Sal 131; Mc 6, 53-56.
Martes 06: 1R 8, 22-23.27-30; Sal 83; Mc 7, 1-13.
Miércoles 07: 1R 10, 1-10; Sal 36; Mc 7, 14-23.
Jueves 08: 1R 11, 4-13, Sal 105; Mc 7, 24-30.
Viernes 09: 1R 11, 29-32, 12,19; Sal 80; Mc 7, 31-37.
Sábado 10: 1R 12, 26-32; 13, 33-34; Sal 105; Mc 8, 1-10.
Domingo 11: Lv 13, 1-2.44-46; Sal 31; 1Co 10, 31-11,1; Mc 1, 40-45.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mc 1, 29-39
Par: /Mt/08/14-17:  /Lc/04/38-44

1.- La actitud de Jesús frente a la suegra de Simón presenta caracteres absolutamente nuevos. En primer lugar, un rabino nunca se habría dignado acercarse a una mujer y cogerla de la mano para devolverle la salud. Pero, sobre todo, un rabino no se habría dejado nunca servir por una mujer. Jesús no solamente pone en cuestión estas reglas rabínicas, sino que invierte todos los presupuestos de las relaciones sociales, dando al "servicio" un nuevo estilo y un nuevo contenido.
SERVICIO/GRIEGOS: El "servicio" -la "diakonía (diaconía)"- era, a los ojos de los griegos, una cosa indigna. Dominar, no servir: esto era lo característico de un ser humano. Para el griego el fin de la vida humana está en el perfecto desarrollo de la propia personalidad; por lo tanto, le resulta extraño todo sentido de servicio al prójimo.
Por el contrario, en la doctrina de Jesús el concepto de servicio se desarrolla partiendo del progreso antiguo testamentario del amor al prójimo. Jesús lo cogió de allí, y, vinculándolo al precepto del amor a Dios, lo propuso como elemento central de la actitud moral exigida por Dios al hombre. Con esto Jesús revisa el concepto de servicio, liberándolo de las alteraciones de las que había sido objeto en el judaísmo tardío.
Con respecto a la mentalidad griega, su posición frente al "servir" es completamente nueva; la nota dominante es que por "servicio" él entiende precisamente la actitud que del hombre hace un discípulo de Jesús.
Pero, incluso considerando el término "diakoneîn" en el sentido propio de servir a la mesa, Jesús ha introducido aquí una valoración nueva en muchos aspectos. Efectivamente, en la mesa es muy notable el contraste entre las personas ilustres sentadas y el criado o la mujer que sirven. Para los sirvientes atentos será, pues, un altísimo honor, si el señor, al volver a casa, los recompensa haciéndolos sentarse a la mesa y sirviéndoles él mismo. (Lc 12,37). Pero el acto de Jesús es profundamente innovador, en cuanto que, en su valoración moral, ha invertido la relación entre "servir" y "hacerse servir": "el Hijo del hombre no ha venido para hacerse servir, sino para servir" (10, 45). La "diakonía" -el servicio- ejercida por la suegra de Simón inicia un nuevo estilo en las relaciones humanas.
La jornada positiva, transcurrida en Cafarnaúm, podría hacer pensar que Jesús se dejaba arrastrar por el entusiasmo de la gente. Todo lo contrario: Jesús se escapa y se va al desierto a orar. Los discípulos no entienden nada de esto: ¿cómo es posible que deje perder la ocasión del entusiasmo de las turbas en Cafarnaúm? Jesús les responde diciendo que el pueblo no se encuentra solamente en la capital, sino en los lugares perdidos de la geografía galilea. Hay que ir a por la gente donde está, sin dejarse engañar por el espejismo del apostolado urbano y central bien organizado. El Evangelio requiere un "servicio" itinerante, lleno de sorpresas para la misma burocracia eclesial.
Comentarios a la Biblia Litúrgica Nt, Edic Marova/Madrid 1976.Pág. 1118



2.- La gente se agolpaba ante la puerta de la casa de Simón, en Cafarnaún; se había proclamado allí una buena noticia. La gente se agolpa en el umbral de la casa de Pedro, que es la Iglesia. En ella, siglo tras siglo, se nos anuncia una buena noticia a todos nosotros, multitud de lisiados, multitud de los que hemos perdido la esperanza: ¡Dios nos anuncia la gracia de su Reino!
Dios cada dia, Siguiendo el leccionario ferial, Semanas I-Ix T.O. Evang. de Marcos, Sal Terrae/Santander 1990.Pág. 178



3.- Constatamos en las narraciones evangélicas que la enfermedad acompaña la desesperanza, la ruptura psicológica, la marginación social. El mismo Job lleva al campo existencial global sus males: mis días se consumen sin esperanza, mis ojos no verán más la dicha. La enfermedad, el hambre, la necesidad, afectan a todo el hombre.
Y a su vez, la esclavitud, la posesión por cualquier demonio -alguien o algo-, es reflejada en las narraciones evangélicas con signos exteriores, irrumpe y trasporta el normal desarrollo físico de la persona. No hay mal físico que no lleve consigo un mal moral, ni hay un mal espiritual que no tenga su reflejo físico. El hombre es una unidad y es pura distinción de razón asignar a la liberación cristiana sólo parcelas del hombre. El sujeto de liberación no es la enfermedad ni el pecado, sino el hombre.
Lo que sí distingue la salvación de Jesús es que no echa un demonio del hombre para dejar sitio a otro. La familia de los demonios intercambia sus puestos con facilidad. Todo queda en casa. A veces echamos una injusticia -la guerra- a base de instalar otra -el hambre-, o destronamos la posesión de la dictadura política instalando en su lugar la dictadura del dinero o del consumo. Cuando la liberación procede de Jesús o se realiza en nombre de Jesús, queda un solo Señor, que siempre apela a la libertad.
Jesús M. Alemany, Dabar 1988/14



4. - La escena, en la que interviene solamente un número reducido de discípulos, nos ha llegado seguramente a través de la narración de un testigo presencial. Podemos destacar la acción de Jesús y la de la mujer: JESÚS, DÁNDOLE LA MANO, LA LEVANTA (el verbo es el mismo que se usa para hablar de la resurrección de Jesús). La acción es más que una simple curación, es una acción salvadora.
Precisamente por ello, la que ha sido sanada SE PONE A SERVIR TANTO A JESÚS COMO A SUS DISCÍPULOS; al mismo tiempo este servicio indica que la mejora ha sido total.
J. Roca, Misa Dominical 1982/03



5.- El primer capítulo de Marcos describe la evolución espiritual y apostólica de Jesús a lo largo de las primeras semanas de su ministerio. En primer lugar se fue a Judea y al desierto para hacerse discípulo del Bautista (Mc. 1, 9-13). Parece ser que se quedó durante algún tiempo en la escuela de Juan y que no se fue de su lado hasta que le detuvieron (Mc. 1, 14). Aquí es donde se produce un cambio importante en su vida: Jesús se niega a ser, como su maestro, un rabino a quien acuden los discípulos (Mc. 1, 5); será más bien un rabino ambulante que va al encuentro de las multitudes y de las más miserables de entre ellas: las de Galilea. Jesús se dirige, efectivamente, a Galilea y rompe sus primeras armas en su misma ciudad, Cafarnaún (Mc. 1, 21).
Parece ser que el éxito está asegurado: continuamente le están llevando enfermos y toda la ciudad pone cerco a su puerta (Mc. 1, 33). Pero Jesús rechaza este éxito tan ambiguo (cf. Mc. 1, 34b) y adopta otra decisión: se irá de la ciudad (v. 38) y recorrerá los pueblos vecinos. El ideal misionero es, pues, el fermento de la vida de este joven rabino y el criterio con que juzga y replantea su actividad.
Jesús toma esta decisión que modifica su género de vida en aras de la voluntad de su Padre, y al contacto prolongado con la oración se despierta su conciencia de rabino (v. 35).
Marcos es el único que subraya la preocupación de Jesús por educar ya a sus discípulos en este estilo de vida misionera ("vámonos a otra parte...": v. 38), fijándoles así una actividad que pocos rabinos de su época fijaban a sus discípulos.
Maertens-Frisque, Nueva Guía de la Asamblea Cristiana II, Marova Madrid 1969.Pág. 182



El relato de la curación de la suegra de Pedro es muy vivo dentro de su sencillez; parece como si se oyera la voz de los testigos oculares. Pero si queremos leer estas curaciones de Jesús con los ojos de los primeros cristianos, no hemos de ver en ellos simples prodigios, sino captar en ellos las "palabras" que anuncian el Reino y el mensaje de vida. A este propósito bastará con dos detalles muy elocuentes. El relato está dominado por la expresión "la levantó", que en el lenguaje del Nuevo Testamento evoca la resurrección de Jesús y la resurrección bautismal. La narración -segundo detalle- termina con la mención del "servicio" (en la forma griega que se utiliza para la acción continua), para expresar el seguimiento y la actitud del discípulo. A la luz de estas dos expresiones, el gesto de Jesús se convierte en un símbolo perenne: la intervención de Jesús es la que nos hace levantarnos para que emprendamos el camino del servicio.
Bruno Maggioni, El Relato de Marcos, Edic. Paulinas/Madrid 1981.Pág. 42



7.- La escena, en la que interviene solamente un número reducido de discípulos, nos ha llegado seguramente a través de la narración de un testigo presencial. Podemos destacar la acción de Jesús y la de la mujer: Jesús, dándole la mano, la levanta (el verbo es el mismo que se usa para hablar de la resurrección de Jesús). La acción es más que una simple curación, es una acción salvadora. Precisamente por ello, la que ha sido sanada se pone a servir tanto a Jesús como a sus discípulos; al mismo tiempo este servicio indica que la mejora ha sido total.
Josep Roca, Misa Dominical 1982/10



8.- Continuamos con san Marcos, el relato de la primera jornada de Jesús en Cafarnaúm.
-Al dejar la sinagoga de Cafarnaúm, Jesús, acompañado de Santiago y Juan, fue a casa de Simón y Andrés.
Desde la sinagoga, lugar de la voz pública, Jesús se dirige a una casa particular, la de los hermanos Andrés y Simón.
Contemplo a Jesús acompañado de sus cuatro discípulos caminando por la calle y entrando en la casa.
También hoy la acción de Dios se ejerce por todos los sectores de la vida: religiosa y profana, pública y privada.
-La suegra de Simón estaba acostada con fiebre, e inmediatamente se lo dijeron a Jesús, El, acercándose, la tomó de la mano y la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.
La "buena nueva", el "Reino de Dios", no es solamente una "proclamación", es también una "acción" que libera del mal:
Jesús, en esta jornada simbólica, resumen de lo que hará durante tres años, hace ante todo dos cosas:
--enseña... habla... El es el Verbo, la Palabra de Dios.
--manifiesta su poder: curaciones, liberaciones...
Todo ello muy simplemente, como sin esfuerzo: vuelvo a leer la frase que nos muestra a Jesús actuando: se acerca, le coge la mano, hace que se levante. Gestos familiares, amistosos, humanos.
Me imagino la escena como si estuviera presente. Y creo, Señor, que tú tienes hoy y siempre, el mismo soberano y tan sencillo poder. En cada sacramento, tú me tomas por la mano, y me sanas de mis "fiebres": de mi egoísmo, de mi pereza, de mi escaso o nulo atractivo por la oración.
-Llegado el atardecer, puesto ya el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados y toda la ciudad se reunió a la puerta; curó a muchos pacientes de diversas enfermedades y echó muchos demonios.
Tu presencia libera del mal, de todo lo que hace daño: pecado, enfermedad, mal moral y mal físico. Hoy todavía, Señor, acudimos a ti para que nos sanes: ruego partiendo del mal que hay en mí, y a mi alrededor... lo presento a Jesús...
-Y no les permitió hablar porque saben quién es El.
Ese tema del "silencio" que Jesús impone reaparece aquí por segunda vez en la misma jornada. Jesús no busca el éxito, la apariencia. La sabiduría popular dice: "el bien no hace ruido, ni el ruido hace el bien".
-Al día siguiente, mucho antes de amanecer, Jesús se levantó, salió, se fue a un lugar desierto, y allí oraba. Fueron después Simón y sus amigos a buscarle, y habiéndole hallado le dijeron:
"Todos andan buscándote".
He aquí la tercera ocupación de Jesús: después de la enseñanza y de la lucha contra el mal... ¡la oración! El desierto. Un lugar desierto. Soledad, silencio. Es aquí donde Jesús va a resarcirse, muy temprano "mucho antes de la aurora". No debió ser la única vez. Toda su misión parte de aquí, de esa fuente interior. ¿Cuánto tiempo paso en esta oración solitaria, a solas con Dios?
-Mas Jesús les contestó: "Vamos a otra parte, a las aldeas próximas para predicar allí, pues para esto he salido".
Ideal misionero. Parte al encuentro de los otros.
Noel Quesson, Palabra de Dios para cada día 1, Evang. De Adviento a Pentecostés, Edit. Claret/Barcelona 1984.Pág. 266 S.