viernes, 12 de abril de 2019

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO DE RAMOS CICLO C - 14 ABRIL 2019


ESCUCHAR Y VIVIR LA PASIÓN


BENDICION DE LOS RAMOS

Oremos Dios todopoderoso y eterno, santifica con tu bendición estos ramos, y a cuantos vamos a acompañar a Cristo Rey aclamándolo con cantos, concédenos, por medio de el, entrar en la Jerusalén del cielo. El que vive y reina por los siglos de los siglos.

EVANGELIO DE LA ENTRADA DEL SEÑOR

Lectura del santo evangelio según san Lucas 19, 28-40

En aquel tiempo, Jesús echó a andar delante, subiendo hacia Jerusalén. Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos, diciéndoles: «Vayan a la aldea de enfrente; al entrar, encuentren un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo. Y si alguien les pregunta: "¿Por qué lo desatan?", contéstenle: "El Señor lo necesita".». Ellos fueron y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban el borrico, los dueños les preguntaron: «¿Por qué desatáis el borrico?».
Ellos contestaron: «El Señor lo necesita.».
Se lo llevaron a Jesús, lo aparejaron con sus mantos y le ayudaron a montar.
Según iba avanzando, la gente alfombraba el camino con los mantos.
Y, cuando se acercaba ya la bajada del monte de los Olivos, la masa de los discípulos entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos, por todos los milagros que habían visto, diciendo: «¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto.».
Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos.». Él replicó: «Les digo que, si éstos callan, gritarán las piedras.».

ORACION COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que hiciste que nuestro Salvador te encarnase y soportara la cruz para que imitemos su ejemplo de humildad, concédenos, propicio aprender las enseñanzas de la pasión y participar de la resurrección gloriosa. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 50, 4-7

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados.
El Señor me abrió el oído. Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.
El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

SALMO RESPONSORIAL (Sal  21)

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre, si tanto lo quiere.» R.

Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. R.

Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.

Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. Fieles del Señor, alábenlo; linaje de Jacob, glorifíquenlo; témenle, linaje de Israel. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

EVANGELIO

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 22, 14-23, 56.

Escuchemos atentamente la Pasión de nuestro señor Jesucristo.

COMENTARIO

El domingo de ramos, o domingo en la pasión del Señor, abre la semana santa. San Lucas tiene especial interés en situar el desarrollo de los acontecimientos de la Pasión bajo el signo de la misericordia y del amor. Orienta el relato de la pasión hacia el descubrimiento del amor del Padre hacia su Hijo y hacia los hombres. La cruz es así, para el tercer evangelista, el sacramento de la misericordia divina. En estos días la iglesia, con mayor insistencia que nunca, reclama nuestra atención para que nos fijemos sobre todo en la cruz de Cristo, para que hagamos memoria de su pasión y muerte bajo el poder de Poncio Pilatos. No hace falta subrayar la importancia que la piedad popular confiere a estas celebraciones. Pero quizás fuera conveniente preguntarnos si nosotros hacemos o no, desde la fe, una lectura correcta del evangelio, si entendemos de verdad la "palabra de la cruz" o si, por el contrario, donde ésta nos dice “amor" escuchamos solamente "dolor". Porque a fuerza de describir e imaginar los sufrimientos de Cristo, de pasearlos en procesión por las calles y plazas, podemos llegar a desfigurar el rostro de Cristo y a dar la imagen de un Dios que se complace en el sacrificio y en la muerte del hombre, o en su propio sacrificio.
Como si Dios fuera el Dolor y no el Amor. En cuyo caso no habría para los que lloran otro consuelo que el de sus lágrimas. Ahora bien, Cristo no amó el dolor sino que amó a los que sufren. No amó la pobreza, sino a los pobres. No amó la muerte, sino la vida. Y el Dios vivo, Dios y Padre de Nuestro Seños Jesucristo, no es un Dios que mortifique a los hombres sino el Dios que resucita a los muertos. La cruz es el símbolo del amor, no la glorificación o divinización del dolor. Es el símbolo de un amor llevado hasta el extremo en un mundo lleno de odio. 
Pocas acusaciones tan graves podrían hacerse al cristianismo como la de ser una religión del dolor y del sufrimiento, una religión masoquista. Pues los que aman el dolor por el dolor, no lo desean sólo para sí mismos, sino también para los demás. Sufren y hacen sufrir.
El relato de la pasión y muerte de Jesús no es un drama para llevar a la escena o a la pantalla, no espectáculo para convocar al público en general, y no podemos adoptar ante él una actitud de simples espectadores. Es la revelación del amor, del amor que Dios nos tiene a cada uno y, por tanto, una interpelación.
Contemplar la pasión de Jesús a distancia, admirarla, incluso, adoptar ante ella una actitud estética, es lo mismo que dejarle en la cruz y lavarse las manos como Pilatos. Ni la admiración, ni el asombro, ni el aplauso de su conducta o de su doctrina, ni el sentimentalismo están aquí en su lugar: el único que está en su lugar es Jesús y los que le siguen, por amor, hasta la muerte.
El evangelio de la pasión y muerte de Jesús no se anuncia para que aumente el número de espectadores del drama de Jesús, sino para que nos hagamos sus discípulos y le sigamos con la cruz a cuestas, para que respondamos al amor de Dios amando a los hombres como a hijos de Dios. Seamos honestos para con Jesús. 

PLEGARIA UNIVERSAL

Oremos a Cristo que sube a Jerusalén para dar su vida por la nuestra, y sabiendo que Él nos colma de bienes. Digámosle: R.- Ven y sálvanos.

1.- Para que la Iglesia, al contemplar a Jesucristo que da su vida para rescatarnos a todos como hijos de Dios, siga el camino trazado por Jesús, dando testimonio de amorosa entrega. Roguemos al Señor.

2.- Para que Cristo Jesús, que se humillo obedeciendo hasta la muerte y una muerte de Cruz, donde el santo Padre y a todos los obispos entrañas de misericordia y comprensión, para manifestar a todos el amor de Dios. Roguemos al Señor.

3.- Para que por la Muerte y Resurrección del Señor, los gobernantes de nuestro país y del mundo encuentren caminos acertados para construir la paz. Roguemos al Señor.

4.- Para que la celebración del Misterio pascual del Señor haga llegar una luz de esperanza a los no creyentes, a los que están alejados de Dios o rechazan conscientemente su amor. Roguemos al Señor.

5.- Para que todos las personas que padecen hambre, enfermad, soledad o discriminación sientan la cercanía y el amor del Señor, en nuestras actitudes de acogida y solidaridad. Roguemos al Señor.

6.- Para que al contemplar la pasión y la muerte de Jesús, aprendamos junto a Él a cargar nuestras cruces cotidianas con amor y esperanza. Roguemos al Señor.

Gracias, Padre, por permitirnos participar en el Misterio de entrega de tu Hijo amado y danos tu espíritu para que podamos seguir su camino pascual con fe y esperanza. Te lo pedimos de corazón, por Cristo, nuestro hermano y Salvador que vive y reina contigo. Por los siglos de los siglos.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, que por la pasión de tu Unigénito se extienda sobre nosotros tu misericordia y aunque no la merecen nuestras obras, que con la ayuda de tu compasión podamos recibirla en este sacrificio único. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Saciados con los done santos, te pedimos, Señor, que así como nos has hecho esperar lo que creemos por la muerte de tu Hijo, podamos alcanzar, por su resurrección, la plena posesión de lo que anhelamos. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 15:   Is. 42, 1-7; Sal 26]; Jn. 12, 1-11.
Martes 16: Is. 49, 1-6; Sal 70; Jn. 13, 21-3.36-38.
Miércoles 17: Is. 50, 4-9ª; Sal 68; Mt. 26, 14-25.
Jueves 18:   Ex 12, 1-8. 11-14; Sal 115; 1Cor 11, 23-26; Jn. 13, 1-15.
Viernes 19: Is. 52, 13—53, 12; Sal 30; Hb. 4, 14-16; 5, 7-9; Jn. 18, 1—19, 42.
Sábado 20:  Gn 1, 1-2, 2; Sal 103; o bien Sal 32; Gn  22, 1-18; Sal 15; Ex 14, 15—15, 1; Sal: Ex 15; Is 54, 5-14; Sal 29; Is 55, 1-11; Sal: Is 12; Bar 3, -15, 32—4, 4; Sal 18; Ez 36, 1-28; Sal 41; o bien Sal 50; Rom 6, 3-11; Sal 117; Lc. 24, 1-12.
Domingo 21: Hch 10, 34ª. 37-43; Sal 117; Col 3, 1-4 o bien 1Cor 5, 6b-8; Jn 20, 1-9 o bien Lc 24, 13-35.

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 22, 14-23, 56

San Lucas tiene especial interés en situar el desarrollo de los acontecimientos de la Pasión bajo el signo de la misericordia y del amor.
* * * *
a) Lucas orienta el relato de la pasión hacia el descubrimiento del amor del Padre hacia su Hijo y hacia los hombres. La cruz es así, para el tercer evangelista, el sacramento de la misericordia divina.
Por eso Lucas no recoge generalmente los cargos que pesan sobre los judíos y sobre los discípulos: ¿para qué buscar responsabilidades cuando la sangre de Cristo lava toda falta? Lucas no recoge el hecho de que por tres veces Jesús encuentra a sus discípulos dormidos (Mt. 26, 40-47); no dice, como los demás evangelistas, que los discípulos huyeron en Getsemaní (Mt. 26, 56), y no menciona las imprecaciones de Pedro contra los servidores del sumo sacerdote (Mt. 26, 74). Incluso los enemigos de Jesús aparecen en la redacción de San Lucas con colores menos cargados que en otros lugares. No se dice que los judíos escupieron a Jesús (Lc. 22, 63; cf. Mt. 26, Lc. 67 y 27, 27-31), ni que le ataron para llevarle a Pilato (Lc. 23; cf. Mt. 27, 2).
Incluso en lo que se refiere a Judas, Lucas trata por desvirtuar al máximo la tradición (no dice nada del convenio aludido por Mt. 27, 3-10). Finalmente, al contrario que los demás evangelistas, no nos presenta a Jesús aislado en el Calvario; por eso no cita a Zac. 13, 7 (sobre la dispersión del rebaño) y menciona la presencia de los amigos y conocidos (Lc. 23, 49), contrariamente a Mt. 27, 55-56 y Mc. 15, 40-41.
b) Así, en virtud del perdón implícito en la cruz, Lucas lava a casi todo el mundo. El mismo Pilato aparece por tres veces inocente (Lc. 23, 4, 13-15, 20-22, todos ellos textos exclusivos de Lucas). Uno de los agresores de Jesús es incluso beneficiario de una curación después que un apóstol le había cortado una oreja (Lc. 22, 51). En el momento mismo de la traición, Jesús tiene todavía tiempo para mirar a Pedro e inducirle al arrepentimiento (Lc. 22, 61). Las palabras de desesperación que Mateo y Marcos ponen en boca de Jesús en la cruz (Mt. 27, 46) Lucas las sustituye por palabras de perdón para todos los judíos (Lc. 23, 34). Es igualmente el único que habla del perdón concedido al ladrón (Lc. 23, 39-43) y del arrepentimiento que se adueña del centurión mismo (Lc. 23, 47). Hasta la caricatura de reconciliación entre Herodes y Pilato (Lc. 23, 6-12) es fruto del perdón de la cruz.
c) El secreto de ese perdón y de ese amor radica en la comunión particular de Jesús con su Padre. Lucas es el único que levanta en parte el velo de su intimidad. En las distintas oraciones que Lucas pone en labios de Jesús se puede captar un tono mucho más personal que en los demás sinópticos (Lc. 22, 42; cf. Mt. 14, 36; Lc. 23, 34; cf. Mt. 27, 46; Lc. 23, 46; cf. Mt. 27, 50). Lucas es también el único que descubre la solicitud de Dios que consuela y da ánimos a Cristo en medio de su angustia (Lc. 22, 43). Se da incluso una especie de intuición de la divinidad de Jesús. Por eso Lucas desvincula el título "Hijo de Dios" del contexto simplemente mesiánico en que lo sitúan Mt. 26, 63 y Mc. 14, 61, para hacer de El un título aparte (Lc. 22, 70) prácticamente divino. Por otro lado, la muerte de Cristo no deriva, para Lucas, de su diatriba contra el Templo, como para Mt. 26, 61-62, sino de la confesión oral (Lc. 22, 71) de su divinidad.
Maertens-Frisque, Nueva guia de la Asamblea Cristiana III, Marova Madrid 1969.Pág. 235-234



2.- La Pasión según Lucas se caracteriza por la preocupación de explicar las aplicaciones morales que los fieles deben sacar del texto evangélico. Todo el texto de Lucas, pero muy especialmente el relato de la Pasión, es el evangelio del seguimiento de Jesús: hasta la cruz, y hasta la gloria. No se trata de que el evangelista presente únicamente a un hombre que sufre, con la intención de excitar nuestra compasión (en sentido de la devoción medieval a la Pasión); Jesús es algo más que un héroe humano que se nos presenta como ejemplo, como lo pueden ser para nosotros los santos; es, fundamentalmente, un combate escatológico, el de la Pasión (nótese la palabra de esperanza dirigida al buen ladrón, sobre el paraíso, propia de Lc). El combate había empezado en el desierto, donde Jesús había sido tentado (4, 13) y Satanás se había retirado por un tiempo, esperando su momento; ahora Satanás entra en el corazón de Judas (22,3) y se dispone a tentar a Simón (22,31): ésta es la hora y el poder de las tinieblas (22, 53).
San Ambrosio, en su comentario al tercer evangelio, comenta la Pasión como una marcha triunfal de un general romano vencedor, al cual el Senado hubiese concedido los honores del "triunfo", y que subiera desde el foro, por la vía sacra, hasta el Capitolio, al templo de la diosa Victoria, acompañado de las legiones que han luchado a sus órdenes y llevando el botín y los cautivos. En eso san Ambrosio captó muy bien el sentido dinámico y triunfal de la Pasión según Lc. Dinámico, porque la crucifixión y la Ascensión son culminación del camino hacia la ciudad de Jerusalén iniciado con aquel "largo viaje" que es el gran rasgo original de la estructuración dramática del tercer evangelio; triunfal, porque el discípulo que se decida a acompañar a Jesús en su camino debe saber que llegará hasta la cruz, y que sólo a través de ella, precedido por Jesús llegará a la gloria del Paraíso. No hay más triunfalismo que el de la cruz, en el cual, únicamente, podrá gloriarse el discípulo. En contraste con la gloria de Jesús, el menosprecio de Herodes, a quien no se digna siquiera dirigir la palabra (a diferencia de Pilato), y que es un episodio propio de Lucas.
Herodes -dice Lucas- tenía gran curiosidad por ver a Jesús (23,8-12) y esperaba presencia algún milagro. El cristiano, que lee, escucha o presencia en la liturgia o en celebraciones dramáticas la Pasión, no debe seguir el modelo del rey Herodes: superficialidad, superstición, orgullo. Lucas nos hace sentir, como Pedro, culpables todos de la Pasión, pero llenos de la esperanza del perdón, sin caer en la tentación de la violencia (especialmente rechazada en Lc) y prontos a reconocerlo resucitado.
Hilari Raguer, Misa Dominical 1977, 7



3.- Ahora nos detendremos únicamente en el evangelio. Su extensión no nos permite un comentario proporcionado; habrá que contentarse con señalar algunas de las numerosas particularidades que presenta el relato de Lucas. Al seguir paso a paso este relato, en paralelismo con los otros, advertimos los puntos siguientes.
En el momento mismo en que "va a sufrir", Jesús vive en plena esperanza; no comerá ya la Pascua, ni beberá más el vino de la fiesta; pero él sabe que la Pascua terrestre tendrá su cumplimiento en los cielos y que él será su comensal; sabe que el Reino de Dios vendrá ciertamente, y entonces volverá a encontrar a sus discípulos en la fiesta. Más adelante, en los versículos 28 y 30, Jesús vuelve a hacer profesión de su esperanza, con fórmulas que le otorgan un papel muy importante y muy activo en el establecimiento del reino, mientras que en las expresiones que acabamos de leer, Jesús era solamente el beneficiario de la venida del Reino. Ahora dice "mi reino", y afirma que dispone de él en persona, tal como, explica, "el Padre ha dispuesto" en su favor.
El gesto eucarístico será un "memorial" de Jesús; con él los discípulos, acordándose de él, guardarán igualmente el recuerdo de sus palabras, de sus actos, del misterio del que él habrá sido el signo.
El cuerpo es "dado por vosotros"... "la sangre derramada por vosotros", en tanto que Mc y Mt hablan de las "multitudes". Lucas ve primeramente el don de Jesús hecho en beneficio de sus discípulos y amigos. Queda muy subrayada la atmósfera familiar de la última cena; el "discurso después de la Cena" que Lucas propone, más breve que el de Juan, recoge también ese tema, invitando a los discípulos a comportarse unos con otros como siervos, y recordando la fidelidad que estos discípulos han demostrado a Jesús durante "sus pruebas", fidelidad que les valdrá participar en su triunfo.
Porque hasta ahora, es Jesús el que ha sido "probado"; a partir de ahora les toca a sus discípulos ser "tentados", "cribados por Satanás". En vista de este combate, están obligados a armarse; pero Jesús, con su oración, los sostiene. Al menos ha obtenido para Pedro el que permanezca firme, para que sea un apoyo inquebrantable para los demás. Antes, sin embargo, conocerá Pedro la traición, consecuencia quizá de la presunción que aparece en su declaración: porque existe una diferencia entre el "Yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca", y el "yo estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a la muerte".
El episodio de Getsemaní es menos la tentación de Jesús que la de sus discípulos. Son ellos los que deben "orar para no entrar en tentación". Jesús ora, y su oración es el modelo de la oración cristiana (ver la semejanza con el Padrenuestro"; y el combate que libra es el modelo de la lucha que debe entablar el cristiano: combate penetrado de oración y sostenido con la ayuda de Dios (el ángel que recuerda la marcha dolorosa de Elías sostenido por un ángel, 1 Re 19, 4-8).
El arresto de Jesús se desarrolla muy rápidamente. Y en medio de este movimiento rápido, el único que se hace notar por los lectores es Jesús: por la frase con que acoge a Judas... y por la dulzura de que da pruebas con Malco. Resuena, en fin su voz, que atribuye el escenario en el que es la víctima, al temible poder de las tinieblas (tema ya notado en vv. 3 y 31).
Al contar la traición de Pedro, Lucas omite las imprecaciones con que el Apóstol subraya su negación; nota sobre todo la mirada que Jesús dirige a Pedro. Esta mirada, verosímilmente contraria a las exigencias inútiles de la topografía, dice cómo Jesús, en medio mismo de su drama, sabe ser amigo.
La comparecencia de Jesús ante el Sanedrín es referida brevemente. Hay una frase que reviste una particular significación. "Desde ahora, afirma Jesús, el Hijo del hombre está sentado...". Las decisivas palabras: "desde ahora", van unidas a una cita que proclama el reino del Hijo del hombre, sin mencionar su venida sobre las nubes. Lucas llama, pues, la atención sobre el presente, nuestro presente, que es ya el tiempo en que reina el Hijo del hombre. No olvida el futuro, marcado por la última venida, pero omitiendo esta dimensión de su fe, atestiguada en otras partes, subraya la actualidad de una salvación que compromete nuestra comprensión de la vida, de nuestra vida presente, diaria.
Es notable, por otra parte, que Lucas no espere a la mañana de Pascua para gritar al mundo ese "desde ahora"; lo hace cuando Jesús es entregado por Judas, traicionado por Pedro, ridiculizado por los criados, acusado por los jefes. El autor relaciona humillación y triunfo de una forma que no deja de sorprendernos.
Acusado ante Pilato de pretensiones políticas y de intrigas antiromanas, Jesús es, finalmente, inocente; el juez romano no "encuentra ningún motivo de condena" en él: sorprendente afirmación del carácter apolítico de la acción desarrollada por Jesús. Lucas, el único en referir la comparecencia ante Herodes, la aprovecha para hacer ver el sentido especial de la realeza de Jesús. "Tratado con desprecio", convertido en objeto de un juego indigno, Jesús, sin embargo, se halla revestido con una "vestidura magnífica", que dice al creyente su verdadera dignidad.
Al dar cuenta de la segunda audiencia de Pilato, Lucas insiste, por una parte, en el juicio dado por el romano -Jesús es inocente- y, por otra, en la unanimidad que reúne a "sumos sacerdotes, jefes y pueblo" en la condena de Jesús, conseguida con su insistencia, varias veces renovada... De esta manera, los paganos salvan, en parte al menos, su responsabilidad, mientras que los judíos comprometen gravemente la suya.
La subida al Calvario permite una oposición muy esclarecedora para los cristianos de todos los tiempos. Entre Simón de Cirene, que va "detrás de Jesús" "llevando la cruz", o las mujeres que sólo saben llorar el destino de Jesús, ¿cuál es el discípulo más fiel? Simón de Cirene, sin duda; las mujeres que lloran por Jesús se equivocan. Si hay que llorar es por el destino de los responsables de la muerte de Jesús. Lo que Jesús espera de sus verdaderos amigos es no que se conmuevan por su suerte, sino que vayan con él llevando la cruz y que, una vez llegada la muerte, sepan dirigirle la oración de ese otro personaje modelo. El buen ladrón: "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas...". Pero, ¿por qué es necesario que los modelos de los cristianos hayan sido tomados no entre los discípulos formados por la enseñanza de Jesús, sino entre unos ladrones o entre quienes parecían encontrar a Jesús por primera vez o de casualidad? ¿Será que es entre ellos donde se encuentra la verdadera fidelidad? De la crucifixión que pinta Lucas, hay que fijarse sobre todo en las dos palabras de Jesús: la petición de perdón que dirige a su Padre, junto con el motivo que se da -"No saben lo que hacen: ¡sorprendente afirmación de la irresponsabilidad de los hombres sobrepasados por su propia historia!-, y la frase confiada con la que Jesús marca su muerte. Nada recuerda aquí el trágico grito que refieren Marcos y Mateo. Jesús, según Lucas, expira en medio de un sorprendente movimiento de abandono filial.
"Desde ahora, afirmaba Jesús, el Hijo del hombre estará sentado...". De hecho, es a partir del ahora de su crucifixión, más aún, de su muerte, cuando "las hijas de Jerusalén", símbolos de la ciudad incrédula, se interesan por él, cuando uno de los ladrones crucificados con él le saluda con un acto de fe, cuando un centurión "glorifica a Dios" por la muerte de este justo, cuando la gente se arrepiente de esto, y sus amigos vuelven a aparecer. Entre ellos, José de Arimatea, hasta entonces desconocido, se enfrenta a Pilato y coloca a Jesús en una tumba digna de él, mientras las mujeres empiezan los preparativos cuya inutilidad se encargará de dejar claro el futuro ya próximo.
Del cuadro pintado por Lucas surge una silueta de Jesús absolutamente sublime. Sublime, por la dulzura de una amistad que Jesús manifiesta hasta el final a quien quiere acogerle...
Sublime, por la confianza obstinada que pone en su Padre. Esa misma confianza aparece en el curso de la comida eucarística, y colorea su muerte con un matiz único. Esta sublimidad es el reflejo, infinitamente discreto pero accesible al creyente, de un reino celeste ya empezado.
Esta actitud de Jesús, única, signo de un misterio divino, atrae a los discípulos, y les compromete a recorrer de la misma forma el camino de su propia vida. Porque, a lo largo del relato, los cristianos están detrás de la figura de tal o cual héroe: Pedro, las mujeres de Jerusalén, el ladrón, el centurión, José de Arimatea, etc. De suerte que, al meditar en la Pasión de Jesús, reflexionan en su propia existencia. Una reflexión que hay que renovar constantemente.
Louis Monloubou, Edit. Sal Terrae Santander 1982.Pág 300



"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen"? Y es que ésta es la única frase que Dios ha escogido para salvar al mundo. Una frase hecha carne hasta la última gota de sangre.
Dios cada día, Siguiendo el leccionario ferial, Adviento-Navidad y Santoral/ Sal Terrae/ Santander 1989.Pág. 82



El amor en acción
La grandeza del espíritu de Jesús ha sido descrita pocas veces en el Nuevo Testamento con tanta claridad y solemnidad como en las palabras pronunciadas desde la cruz: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Es la cúspide del amor. No comprenderemos plenamente el profundo sentido de la plegaria de Jesús hasta después de haber visto que el texto comienza por la palabra «entonces». En el versículo precedente leemos: «Cuando llegaron al lugar denominado Calvario, le crucificaron allí, y a los dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda». Entonces Jesús dice: «Padre, perdónalos». Entonces, cuando se precipitaba en los abismos de una agonía espantosa. Entonces, cuando el hombre se había rebajado hasta lo más ínfimo. Entonces, cuando las manos perversas de la criatura habían intentado crucificar al único Hijo del Creador. Entonces Jesús dice «Padre, perdónalos». Este entonces hubiera podido ser muy distinto. Hubiera podido decir «Padre, y destrúyelos». O incluso «Padre abre las esclusas de la justicia e inúndalos con la avalancha del merecido castigo».
Pero su respuesta no fue ésta. Aún sometido a una agonía indecible, soportando un dolor atroz, menospreciado y rehusado, no obstante grita: "Padre perdónalos".
Fijémonos en las dos lecciones fundamentales que pueden ser extraídas de este texto: En primer lugar, es una expresión maravillosa de la habilidad de Jesús para unir palabra y acción. Una de las grandes tragedias de la vida es que todos los hombres raramente establecen un puente entre la práctica y la teoría, entre el hacer y el decir. Sin embargo en la vida de Jesús descubrimos que existe este puente. En la historia no ha existido un ejemplo más sublime de identidad entre la palabra y la acción. Durante su predicación por los soleados pueblos de Galilea, Jesús habla con entusiasmo del perdón. Esta extraña doctrina despierta el espíritu curioso de Pedro: «¿Cuántas veces he de perdonar a mi hermano si peca contra mí? ¿Hasta siete veces?». Pedro quería ser fiel a la ley y a la estadística. Pero Jesús respondió que el perdón no tenía límites. «No digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». En otras palabras: el perdón no es cuestión de cantidad, sino de calidad. Un hombre no puede perdonar cuatrocientas noventa veces sin que el perdón se integre en la misma estructura de su ser. El perdón no es un acto ocasional; es una actitud permanente...
La plegaria de Jesús en la cruz nos da una segunda lección. Es una manifestación de la conciencia que tiene Jesús de la ceguera intelectual y espiritual del hombre. «No saben lo que hacen» = Su mal era la ceguera; su necesidad de luz. Debemos reconocer que Jesús no fue clavado en la cruz solamente por el pecado, sino también por la ceguera. Los hombres que gritaron: «Crucifícale» eran menos malos que ciegos. La plebe escarnecedora que rodeaba el camino del Calvario estaba compuesta por hombres más ciegos que malvados. No sabían lo que hacían. ¡Qué tragedia!
Luther King



La pasión según san Lucas tiene muchos aspectos característicos. Desde un punto de vista externo, por ejemplo, el interrogatorio de Pilato está dividido en dos partes y entre las dos se incluye la comparecencia de Jesús ante Herodes (vv 6-12), escena que sólo narra el tercer evangelista. Lucas tiende a disminuir la responsabilidad de Pilato: declara tres veces inocente a Jesús (21s) propone castigarlo y soltarlo (22). Jesús no calla ante él, sino únicamente ante Herodes. Se manifiesta así una clara voluntad de rebajar la responsabilidad de los romanos en el proceso de Jesús.
Dejando aparte estas particularidades, que desempeñan un papel importante en el momento de establecer un orden cronológico en los acontecimientos, la narración de Lucas se caracteriza por la manera de subrayar aspectos que podríamos llamar pastorales y que apuntan a una aplicación práctica en la vida de los cristianos. Esta parece ser la intención de tres episodios de la historia de la pasión: la lamentación de las mujeres, el diálogo con el buen ladrón y la reacción del pueblo ante la muerte de Jesús.
El llanto de las mujeres (27-31) evoca la lamentación de Zac 12,10: «derramaré sobre la casa de David un espíritu de compunción y de pedir perdón. Al mirarme traspasado por ellos mismos, harán duelo como por un hijo único, llorarán como se llora a un primogénito». En la respuesta de Jesús (28-30) hay una alusión al juicio de Israel (cf. Lc 13,34-35; 19,41-44; 21, 23-24). Indirectamente exhorta Lucas a sus lectores a aceptar el mensaje de Jesús, camino de salvación.
La salvación que aporta Jesús es ilustrada también con la conversión del buen ladrón (39-43), ejemplo de pecador convertido: en el momento de su muerte entrará ya en el paraíso.
La propia muerte de Jesús es precedida en Lc de un gran grito de confianza (v 46, cf. Sal 31,6). La reacción de la gente ante esta muerte (47-49) contiene el reconocimiento por parte del centurión de que Jesús era un hombre justo (confesión primitiva de la fe). Los demás, por su parte, se sienten interpelados por esta muerte: «se volvieron golpeándose el pecho» (48). La apertura y conversión de la gente son también un ejemplo para la comunidad cristiana.
D. Roure, La Biblia Día a día, Comentario Exegético a las lecturas de la Liturgia De Las Horas, Ediciones Cristiandad.Madrid-1981.Pág. 901 s.



La sepultura de Jesús cierra la historia de la pasión y es a la vez un presupuesto necesario para las narraciones del sepulcro vacío. Era costumbre de los romanos entregar el cuerpo de los ejecutados, para enterrarlos, a los familiares o amigos que los pidiesen. Desaparecidos los discípulos, un judío piadoso toma la iniciativa en esta acción humanitaria. José de Arimatea, miembro del sanedrín (en desacuerdo con la decisión de condenar a Jesús), tenía que sentir una gran simpatía por la corriente mesiánica de Jesús, una gran piedad por el crucificado, para no retroceder ante la impureza que conllevaba tocar un cadáver, en vigilias de la gran fiesta judía. Como el anciano Simeón de los evangelios de la infancia, "un hombre justo y piadoso que esperaba la consolación de Israel" (2,25), José es caracterizado por su bondad y justicia y por su esperanza en el reino de Dios (v 50). Sus cualidades morales se manifiestan en la acción que lleva a término. Sin ser discípulo, ni galileo como la mayoría de ellos, José debió de conocer a Jesús en la última etapa de su ministerio en Jerusalén.
Lucas insiste en que el sepulcro, excavado en la roca, aún no había sido usado. Quizá José de Arimatea no creía en que Jesús fuera el Mesías, pero esto no era obstáculo para que trate su cuerpo con el máximo respeto. Sin duda, José se había abierto a la predicación de Jesús sobre el reino de Dios.
Unas mujeres, que seguían a Jesús desde la Galilea, ven dónde y cómo es sepultado Jesús. Son las mismas mujeres que, pasado el sábado, muy de mañana, irán al sepulcro y recibirán el primer anuncio de la resurrección. Entre ellas están María Magdalena y Juana (24,10), que son citadas entre los seguidores de Jesús en Galilea (8,2-3). De esta manera Lucas relaciona la narración de la pasión y de la pascua con el ministerio galileo de Jesús.
Son las enseñanzas dadas allí las que facilitarán la llave para interpretar la muerte de Jesús en Jerusalén y para abrirse al mensaje de pascua. En estos momentos de silencio y de prueba, los discípulos -hombres y mujeres- descubrirán el alcance y las exigencias de la fe a la que les había llamado Jesús cuando estaban en la Galilea. La muerte no tenía la última palabra. El crucificado, puesto en el sepulcro, les llamaba en aquel momento de espera, como nos llama hoy a nosotros, a creer en su mensaje de vida.
D. Roure, La Biblia día a día, Comentario Exegético a las lecturas de la Liturgia de las Horas, Ediciones Cristiandad.Madrid-1981.Pág. 904 S.


viernes, 5 de abril de 2019

LECTURAS Y COMENTARIO V DOMINGO CUARESMA CICLO C - 7 ABRIL 2019


¿TIRAR LA PRIMERA PIEDRA?


ORACION COLECTA

Te pedimos, Señor Dios nuestro que, con tu ayuda, abanemos animosamente hacia aquel amor que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 43, 16-21

Así dice el Señor, que abrió camino en el mar y senda en las aguas impetuosas; que sacó a batalla carros y caballos, tropa con sus valientes; caían para no levantarse, se apagaron como mecha que se extingue.
«No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?.
Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo. Me glorificarán las bestias del campo, chacales y avestruces, porque ofreceré agua en el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed de mi pueblo, de mi escogido, el pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza.».


SALMO RESPONSORIAL (Sal 125)

El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. R.

Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos.» El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. R.

Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. R.

Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 3, 8-14

Hermanos: Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.
Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía, la de la Ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe.
Para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la resurrección de entre los muertos.
No es que ya haya conseguido el premio, o que ya esté en la meta: yo sigo corriendo a ver si lo obtengo, pues Cristo Jesús lo obtuvo para mí.
Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 8, 1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?». Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:  «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.».
El inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.
Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?».
Ella contestó: «Ninguno, Señor.». Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.».

COMENTARIO

Jesús está hablando tranquilamente, como suele hacerlo cuando tiene ante él a un grupo de corazones sencillos que le escuchan en silencio fascinados por su palabra. Los escribas y fariseos rompen esta paz y con unas pocas palabras logran suscitar un huracán: odio a Jesús, desprecio por aquella mujer a la que han sorprendido en adulterio (Lev. 20, 10 y Deut. 22, 22) y ni siquiera dirigen la palabra. ¿Acaso vale la pena? La echan por tierra como si fuera un objeto; sólo les sirve para tender una trampa al joven maestro: ¡que escoja entre la bondad y la ley! Silencio de Jesús. Se inclina, traza manualmente unos rasgos en el suelo, reflexiona, interioriza, obliga a los demás a interiorizar. Para él, todo tiene importancia; aquella mujer, aquellos hombres, la ley. Respeta la ley, pero no la ve como algo estático que inmovilice los pensamientos y los corazones. No se trata de elegir entre la bondad y la ley; eso es un falso problema. Jesús se pregunta cómo, a partir de la ley, podría cambiar un poco aquellos corazones endurecidos; desea ponerlos en movimiento. Dice una palabra y el silencio cambia. Silencio pesado en el que cada uno se encara consigo mismo. Recuerda la ley: “El testigo debe ser el primero en tirar la piedra”. Pero recuerda además el espíritu de la ley. Está hecha para extirpar el pecado, el del otro... ¡y el nuestro! “¿Quién eres tú, el que quiere luchar contra el pecado? ¿No tienes tú pecados?”. Y se van. La mujer queda libre, pero no huye. Aquel rabino le abre un mundo nuevo. Se siente muy lejos de su miedo, del odio de los demás, del conflicto que siempre nace entre ella y los hombres. Nunca había sido así: interior, pacífica, pura, porque adivina muy bien que está ante la pureza infinita. El es sin pecado. Podría aplastarla o desecharla con desprecio o con disgusto. Inexplicablemente ella se siente amada, como nunca lo había sido, por alguien que la acepta tal como es, pero queriéndola mejor, seguro de que puede ser mejor. Diálogo pudoroso que deja intacto el silencio. Ella comprende que con él hay que escuchar. “No te condeno. Vete, pero no peques más” (Jn 1, 17).
Todo está dicho. Ni la ley, ni las conveniencias sociales, ni el miedo pueden hacerla cambiar como aquella voz a la vez tan firme y tan buena. No cabe complicidad con el pecado. “No peques más”. Pero un amor tan grande la crea de nuevo. Podemos mirar a Jesús en este momento para aprender de él a condenar con claridad un pecado sin aplastar al culpable, dándole por el contrario todo tipo de oportunidades, recreándolo. Pero no hemos de ponernos demasiado pronto en el sitio de Jesús. Somos nosotros esa acusada y con frecuencia somos también los acusadores. Dejemos que el silencio de Jesús nos penetre para recibir profundamente sus palabras de juez que nos ama: “Tú querías condenar el pecado y ahora estás mirando tu corazón. No te condeno, pero quiero que salgas de ahí. No peque más”, dejarse cambiar, no por la ley o la moral o el miedo, sino por el amor de Jesús.

PLEGARIA UNIVERSAL

A Dios que obra en nuestras vidas la salvación y que es la fuente de nuestra alegría, oremos sabiendo que él siempre nos escucha. Digamos juntos: R.- Escúchanos, Señor!.

1.- Por el Papa, Obispo y sacerdotes elegidos por Dios como dispensadores de su misericordia; para que cumplan este servicio divino con bondad y ternura. ¡Oremos al Señor!. R.

2.- Por la comunidad cristiana, para que recibiendo el perdón que Dios en su bondad nos ofrece, seamos como un canal por donde llega a todos el amor de Dios. ¡Oremos al Señor!. R.

3.- Por todos los que en este tiempo reciben el sacramento del perdón, para que renovados en la fe y en el amor, promuevan entre sus familiares y amigos la acogida y el perdón.  ¡Oremos al Señor!. R.

4.-  Por los que están alejados de Dios, para que a través de nuestra oración y actitudes de bondad, sientan que Dios los ama y los espera. ¡Oremos al Señor!. R.

5.- Por los enfermos y los que se sienten en necesidad extrema, para que sostenidos por nuestra oración y solidaridad fraterna,  recuperen la esperanza y encuentren posibilidades de superación. ¡Oremos al Señor!. R.

6.- Por nosotros, para que acercándonos con verdadero arrepentimiento al sacramento del perdón, nos dejemos renovar por la misericordia del Señor. ¡Oremos al Señor!. R.

Perdona, Señor, los pecados de tu pueblo, danos tu misericordia y haz que unidos a Cristo que dio su vida por nuestra salvación, vivamos como testigos de su amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Escúchanos, Dios todopoderoso y por la acción de este sacrificio, purifica a tus siervos, a quienes has iluminado con las enseñanzas de la fe cristiana. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Te pedimos, Dios todopoderoso, que nos cuentes siempre entre los miembros de Cristo, cuyo Cuerpo y Sangre hemos recibido. El que vive y reina por los siglos de los siglos.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 08: Dn 13, 1-9.15-17.19-30.33-62; Sal 22; Jn 8, 12-20.
Martes 09: Num 21, 4-9; Sal 101; Jn. 8, 21-30.
Miércoles 10: Dn 3, 14-20.91.95; Sal: Dn 3, 52-56; Jn 8, 31-42
Jueves 11: Gn 17, 3-9; Sal 104; Jn 8, 51-59.
Viernes 12: Jr 0, 10-13; Sal 17; Jn 10, 31-42.
Sábado 13: Ez 37, 21-28; Sal: Jr. 31, 10-13; Jn 11, 45-57.
Domingo 14: Lc 19, 28-40; Is 50, 4-7; Sal 21; Flp 2, 6-11; Lc 22, 14—23, 56 (forma breve 23, 1-49).

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Jn 8, 1-11

1. A/LEY
Confrontación judicial entre Jesús y la autoridad religiosa judía. Jesús testimonia en favor de un orden basado en el amor; la autoridad judía, en favor de un orden viejo basado en la ley.
En el evangelio de hoy, Juan nos ofrece un caso de este doble testimonio. Los letrados y fariseos actúan desde la ley (Lv 20, 10; Dt 22, 22). Su testimonio es orgulloso, prepotente; exhíben al reo (la mujer) como una presa de su buen hacer moral, e incluso se permiten servirse de ella para hacer otra presa (Jesús). Dilema: Si Jesús perdona, va contra la ley; si aprueba la condena de muerte, contra la autoridad romana (porque desde el año 30 las condenas a muerte dependen del gobernador romano).
Jesús testimonia desde un orden nuevo. Es curioso el hecho de que muchos códices omitan el episodio de la adúltera; sin duda la indulgencia de Jesús le debió parecer excesiva. Y tal vez muchos de nosotros seamos del mismo parecer. Los v. 6 al 11 son de una maestría y belleza fuera de serie.
Jesús testimonia desde un orden nuevo, hecho de respeto, de delicadeza, de comprensión, de amor. Jesús quiere superar todo régimen legal. Más adelante dirá: "Vuestros juicios siguen normas humanas; yo no llevo a nadie a juicio" (Jn 8, 15). Sólo desde esa instancia superadora del legalismo cobran sentido y adquieren efectividad las últimas palabras: "Anda, y en adelante no peques más".
Eucaristía 1989, 12



2.- El lenguaje y el estilo del presente pasaje no es ciertamente nada característico del Evangelio según san Juan. Por otra parte, algunos manuscritos antiguos presentan esta narración después del capítulo XXI, v. 38, del evangelio de San Lucas. Muchos exégetas se inclinan a pensar que nuestro texto ha sido introducido en el Evangelio según San Juan a partir del evangelio de san Lucas. En esta narración aparece cuál es la actitud personal de Jesús ante el pecador. Jesús no ha venido a condenar sino a salvar (cf. 3, 17; Lc. 19, 10). Además, Jesús compromete a los hombres para que no se erijan a sí mismos en jueces contra nadie y consideren su propio pecado personal.
La escena tiene lugar en el Templo, por la mañana. Allí está Jesús sentado en el suelo y rodeado de un puñado de discípulo, enseñando al pueblo. El tribunal juzgaba habitualmente en el ámbito del templo. Algunos fariseos y escribas observan a Jesús que está también allí. Ellos saben muy bien cómo Jesús trata a los pecadores, ellos se han escandalizado de su conducta y han criticado que se siente a comer con los publicanos. Estos escribas y fariseos comprenden que no deben dejar escapar la ocasión para comprometer al maestro delante del pueblo. Entienden que Jesús no va a ser capaz de condenar a la mujer adúltera ya que va a poder más su misericordia que el peso de la ley de Moisés. Esperan acusar a Jesús de desacato a la ley ante el Sanedrín. Así que, ni cortos ni perezosos, llevan a la mujer adúltera y la ponen en medio del corro acusándola ante Jesús y todos los presentes.
Escribas y fariseos citan la pena señalada por la Ley contra las mujeres sorprendidas en adulterio. El Dt 22, 23 s. condena a la mujer desposada que haya cometido adulterio con un extraño en su propio pueblo a que sea lapidada; el Lv. 20, 10 condena tanto al hombre como a la mujer adúltera a la pena de muerte; Ez. 16, 38. 40, presupone que todos los adúlteros deben ser condenado a muerte por lapidación. Los rabinos introdujeron más tarde algunas mitigaciones al respecto, pero no parece que esto sucediera ya en los tiempos de Cristo.
Jesús, sentado en el suelo, según costumbre, puede escribir perfectamente en el polvo. No se trata de qué escribiera, pues se trata más bien de un gesto para mostrar su desinterés y el deseo de que lo dejen en paz. Sin embargo, ante la insistencia de los acusadores, Jesús se levanta, pero no para condenar a la mujer adúltera sino para denunciar la mala fe de estos escribas y fariseos que no querían otra cosa que comprometer a Jesús ante la opinión pública y ante el Sanedrín. Jesús no critica la dureza de la ley establecida, ni afirma que sólo puedan dictar sentencia justa unos jueces inocentes. Jesús denuncia, eso sí, que estos escribas y fariseos no son jueces legítimos y tan sólo acusadores de la mala fe, hombres que se tienen a sí mismos por justos y se erigen en jueces de los demás. Según el Dt. 17, 7, los testigos del crimen deben ser los primeros en arrojar la primera piedra contra el reo. Jesús se encara con sus enemigos y les dice que comience a tirar la primera piedra el que de ellos se encuentre sin pecado. La palabra de Jesús y su actitud contra estos hipócritas produjo el efecto deseado. Jesús se sentó de nuevo, mientras sus enemigos se marchaban corridos.
Cuando todos se habían ido y quedó Jesús con sus discípulos y la mujer en medio del corro. Jesús se levantó de nuevo para pronunciar ahora una palabra de misericordia. No disculpa ciertamente la acción que ha cometido esta mujer, pero hace valer para ella la gracia y no el rigor de la justicia.
Eucaristía 1986, 13



3.- Contexto. Jesús se encuentra en Jerusalén. Es la tercera vez que el autor del cuarto Evangelio sitúa a Jesús en esta ciudad con ocasión de una gran fiesta judía. La ocasión, sin embargo, queda relegada a un segundo plano y sólo le sirve al autor como trasfondo para realzar a Jesús. Quien tenga sed, que se acerque a mí; quien crea en mí, que beba. Su persona es una incógnita para la gente. Según unos, es bueno; según otros, desorienta, induce a error, suplanta a Moisés y a la ley por él promulgada.
Texto. Una primera indicación breve sitúa a Jesús en una de las explanadas del templo, enseñando a la gente que acudía a él. En el cuarto Evangelio acudir a Jesús presupone haber roto con otros centros y personas. La indicación sirve de telón de fondo a todo lo que sigue. El primer plano escénico lo ocupa una mujer adúltera traída por los letrados y los fariseos, pero el primer plano argumental lo acapara una pregunta, formulada por esos mismos letrados y fariseos; Moisés nos manda en la ley apedrear a las adúlteras. Tú, ¿qué dices? La pregunta apunta a una disyuntiva: o Moisés o Jesús. De ahí su carácter comprometedor.
Moisés era vivenciado como la esencia misma de lo judío; el promulgador de la Ley de Dios, Ley a su vez del Estado. Suplantar a Moisés era echar abajo la obra misma de Dios. El que de vosotros esté sin pecado, que le tire la primera piedra. Estas palabras relegan el plano argumental a segundo término y devuelven al plano escénico su preeminencia. Estando como están, flanqueadas por sendos silencios de un Jesús escribiendo en el suelo, la frase es de las que impactan. Va dirigida a los letrados y a los fariseos, es decir, a los intérpretes de la Ley de Dios y a los celosos cumplidores de la misma, respectivamente. Ellos y la adúltera son los importantes, no la Ley de Dios.
El final es sencillamente fascinante. Lo mejor es que lo releas de la pluma de su autor. Intérpretes y cumplidores de la Ley reconocen que también ellos son pecadores. Ellos y la adúltera necesitan cambiar. Pero de momento Jesús ha conseguido que una adúltera no sea condenada por otros pecadores.
Comentario. El texto es perfectamente inteligible en clave de hijo mayor e hijo menor de la parábola de Lucas del domingo pasado. Tanto uno como otro tienen algo en que cambiar, los que cumplen la Ley de Dios y los que no la cumplen. Más aún, los que la cumplen no tienen ningún derecho a recriminar ni a condenar a los que no la cumplen.
El hermano mayor del texto de hoy tiene algo que no aparecía en el mayor del domingo pasado: el reconocimiento de su propio pecado. Este reconocimiento le desarma en su agresividad contra otros pecadores.
El texto de Juan plantea además otra problemática en torno al puesto y papel de la Ley en la vida cristiana. No es éste el lugar para extenderse en esta problemática. Pero sí hay que afirmar con toda claridad que no debe ni puede ser la Ley la instancia suprema del cristiano CR/LEY: . La persona y el comportamiento de Jesús quitan a la ley toda pretensión de preeminencia. Gracias a un texto como el de hoy sabemos con absoluta certeza que la obra de Dios no pasa por la mediación de la Ley hecha código.
Cuando esto sucede es cuando se gestan los hermanos mayores con toda su carga de intransigencia y de displicencia.
Dabar 1989, 17



4.- Comentario. Moisés es mucho más que una figura histórica de prestigio; encarna la razón y el ser mismo de lo judío. Entre los sabios judíos existían profundas discrepancias en materia de interpretación de la Ley de Moisés, pero jamás uno de ellos osaba equipararse a Moisés. ¡Pues es precisamente esto lo que a Jesús se le propone! No se le pregunta: tal rabino dice esto; tú ¿que dices? Se le pregunta: Moisés dice esto; tú, ¿qué dices? O Moisés o Jesús. Lo que se plantea es una disyuntiva que afecta a la esencia misma de lo judío. Ello explica el carácter comprometedor de la disyuntiva, ya que de la respuesta podía derivarse un motivo cierto y válido de acusación ante el Sanedrín o Tribunal Supremo. Sin duda, esta disyuntiva confiere gravedad a los silencios de Jesús. Y, sin embargo, a través del gesto de escribir en tierra, el autor ha logrado convertir esos silencios en una maravillosa escuela de fantasía, a base de invitar a cada uno a un ejercicio de propia introspección. En lenguaje de los evangelios sinópticos, este ejercicio llevaría el nombre de conversión, a la que Lucas nos ha invitado también en los dos domingos anteriores, a todos, pero muy especialmente al hijo mayor, es decir, a los "buenos". Los mismos que hoy traen a la adúltera (hijo menor).
Ella, por supuesto, ha actuado mal. De ahí la invitación que Jesús le hace a no pecar en adelante. Sin embargo, no es ella el hijo problemático. Lo mismo que el domingo pasado, el problemático sigue siendo el mayor. Hoy entrevemos que su problema radica en la Ley y en su modo de vivirla. Tal vez por eso, el autor nos ha dado ya la solución al problema al comienzo mismo de la obra: La Ley se dio por medio de Moisés, la Gracia y la Verdad se han hecho realidad por medio de Jesús (/Jn/01/17).
Ley es una cosa; gracia y verdad son otra. Letrados y fariseos saben de lo primero; la adúltera sabe de la gracia y la verdad de Jesús. Este momento del relato es sencillamente fantástico. Todos se han ido. Quedan solos Jesús y la adúltera. La Ley manda apedrearla. Véase Levítico 20, 10 y Deuteronomio 22, 22. Toca, pues, a Jesús ejecutar la sentencia. Pero a cambio escuchamos: Tampoco yo te condeno. Algo maravilloso y más allá de la Ley acaba de acontecer. Es a lo que Juan se refiere cuando habla de gracia y de verdad.
Alberto Benito, Dabar 1986, 19



5.- Comentario. Con el dato del v. 2 el autor expresa el cambio de situación operado. Es una indicación crítica: lo nuevo frente a lo viejo, el vino frente al agua, la gracia frente a la ley. Acudiendo a Jesús, la gente opta por lo nuevo, por el vino, por la gracia, dejando lo viejo, el agua, la ley. Y es precisamente este último punto, el de la ley, lo que el texto va a abordar. Un asunto de capital importancia en todo cuerpo social. Letrados y fariseos representan la ley legítimamente establecida; defienden la ley; piden que se cumpla. Lo que en última instancia piden a Jesús es que se pronuncie sobre la ley: ¿Debe o no existir un cuerpo legal, un código de leyes? Este es el fondo de la cuestión y por ello mismo se trata de un reto, de una prueba. Una auténtica y real prueba. ¿Qué piensa Jesús del código?
Querido lector: hay que ser claros. Jesús se ausenta, es decir, no está por el código. ¡Qué maravilloso e indecible es el gesto de Jesús escribiendo en tierra! No encuentro otro comentario mejor que estas palabras del mismo Jesús en el evangelio de Mateo: "venid a mí todos los que estáis rendidos y agobiados. Yo os aliviaré el peso. Cargad con mi yugo y aprended de mí. Soy sencillo y humilde. Encontraréis alivio, pues mi yugo es soportable y mi carga ligera" (/Mt/11/28-30). Esto sí que es aire fresco y gracia. Un código puede conseguir que una adúltera muera; sólo un Jesús puede conseguir que una adúltera empiece a vivir: "Vete, y desde ahora no peques más".
Dabar 1983, 20



6.- La cuestión de la mujer sorprendida en adulterio ponía a Jesús en un verdadero aprieto. En caso de adulterio, el marido ponía la demanda de divorcio, que era concedido automáticamente. El adulterio propiamente dicho sólo se daba cuando un hombre casado tenía relaciones sexuales con una mujer casada o prometida (en este sentido el noviazgo, equivalía al matrimonio). El casado sólo podía violar el matrimonio de otro, no el suyo propio. Porque la fidelidad conyugal absoluta sólo pesaba sobre la mujer que en virtud del contrato matrimonial pasaba a ser propiedad del varón. El precepto, por tanto, tendía sobre todo a proteger el derecho del casado a la propiedad exclusiva de la mujer. Sobre el adulterio pesaba la pena de muerte.
Hay que imaginarse la escena. "Jesús se presentó de nuevo en el templo y todo el pueblo acudía a él y, sentándose, les enseñaba". Entonces un grupo de "letrados y fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, la colocan en medio del corro, y le dicen a Jesús: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La Ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras: tú ¿qué dices? Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo". El evangelista advierte que se trata de un lazo, de una trampa. Esperaban enredar a Jesús en esa penosa materia y que diera una respuesta, siempre comprometedora, ante los doctores de la Ley. De mostrarse severo, se vería que su pretendida clemencia y hermandad no era más que mera apariencia; si, por el contrario, se mostraba indulgente, se ponía en contra de la Ley de Moisés y la cosa no encajaría con su piedad. Cualquier clase de respuesta es una trampa para Jesús. La pregunta insidiosa presenta semejanzas con el relato acerca de la moneda del tributo.
Pero Jesús reacciona aquí con la misma grandeza soberana. "Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo". Esta es la primera reacción de Jesús a la pregunta que se le hace. Empieza por no dar respuesta alguna, dejando plantados a los interpelantes con la mujer, se inclina y escribe con el dedo en el suelo. No es fácil la interpretación de tales gestos; pueden significar un desinterés por todo el asunto y también pueden tener un sentido simbólico, Algunos comentaristas piensan en esta palabras de Jeremías: (17, 13) "Tú, Señor, esperanza de Israel. Todos cuantos te abandonan serán destruidos. Quienes de ti se apartan serán escritos en tierra, por haber dejado al Señor, la fuente de agua viva" (según LXX).
Se trataría de una acción simbólica: en realidad, Dios tendría que escribir a todos los hombres en el polvo. Después se incorpora Jesús y pronuncia unas palabras que, sin duda se encuentran entre las más importantes y que, con razón, han alcanzado la categoría de una sentencia insuperable. "El que de vosotros esté sin pecado, que le tire la primera piedra". En la ejecución de una sentencia de muerte por lapidación los primeros testigos tenían también el derecho a tirar la primera piedra. Con ello asumían la plena responsabilidad de la ejecución capital. La afirmación indica que tal responsabilidad sólo podía asumirla quien se sabe personalmente libre de cualquier pecado y fallo. Sólo una persona por completo inocente podía tener derecho a declarar culpable y ejecutar a un semejante. Pero ¿quién es ese por completo inocente?
No hay ninguna palabra de Jesús que exprese de manera tan categórica la corrupción de todos los hombres por el mal. Es una palabra lapidaria con la claridad cortante de una verdad que penetra hasta lo más profundo. Jesús la lanza sin ningún otro comentario y vuelve a inclinarse para seguir escribiendo en el suelo. Y es esa palabra la que actúa, afectando a todos hasta lo más íntimo.
Y los acusadores van desapareciendo uno tras otro, siendo los más ancianos los que con su mayor experiencia de la vida empiezan por desfilar. Nada tienen que oponer a la palabra de Jesús y así se largan uno tras otro; incluso los más jóvenes, que todavía no conocen tan bien la vida ni a sí mismos, se sienten inseguros y desaparecen. Y quedan solos, la mujer, que estaba en el centro y Jesús: "sólo dos han quedado -dice S. Agustín- la miseria y la misericordia".
Ahora es cuando Jesús se encuentra realmente con la mujer, a la que mira cara a cara al templo que le pregunta "¿Nadie te ha condenado?" La mujer se encuentra frente a Jesús con su pobre humanidad, con su culpa y su vergüenza. "Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no peques más".
Jesús no quiere condenar, sino liberar, con su decisión asegura la vida a la mujer, dándole así un nuevo impulso vital, una nueva oportunidad. Cierto que Jesús no declara por bueno lo que la mujer ha hecho. Lo que Jesús desea es este nuevo comienzo para la mujer.
Esta historia pertenece a las cumbres más altas del evangelio, porque en ella se revela de una manera visible todo el sentido de la salvación que Jesús nos ofrece. No es como la que ofrece Juan el Bautista; para el Bautista, la conversión es la condición para recuperar la comunión con Dios, para volver a ingresar en la comunidad del pueblo de Dios. Jesús va al encuentro de los hombres y los acoge en la comunión divina, en el ámbito del amor de Dios que otorga vida y confía en que tal comportamiento, ese perdón de los pecados, pueda tocar al hombre en lo más íntimo, a fin de moverle de esa manera a la conversión. El perdón de los pecados que Jesús otorga gratuitamente provoca la conversión; la conversión es la consecuencia del perdón, no su condición propia. Este es el nuevo orden -el Reino de Dios- que Dios hace presente en el mundo mediante la palabra y la vida de Jesús, su Hijo, un orden en el que Dios se manifiesta a los hombres fundamentalmente como el Dios del amor incondicional, lo cual se ve claramente en el perdón incondicional de los pecados, como el que Jesús práctica, El hombre vuelve a encontrarse a sí mismo, al saberse amado y acogido por Dios. Es una liberación de todas las presiones y miedos.



7.- Este fragmento presenta un problema de crítica textual. Se trata de una narración insertada en el evangelio de Juan de forma posterior: lo confirma el hecho de no encontrarse en ninguno de los textos griegos orientales importantes y que ningún comentarista griego lo conoce antes del 900. Sí, en cambio, era conocido desde antiguo en Occidente y san Jerónimo lo incluye en la Vulgata. Pese a este problema, es un texto canónico y sintoniza perfectamente con el modo de actuar de Jesús. Una hipótesis sobre el retraso en entrar en el texto evangélico sería el choque que produciría esta acción de Jesús comparada con la disciplina penitencial de la primera comunidad. También es preciso notar que la narración no tiene el estilo de los textos joánicos, sino que se parece más al estilo y al pensamiento del evangelio de Lucas. Incluso en algunos antiguos manuscritos se encuentra situado en este evangelio.
- "Los letrados y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio": Traen a Jesús una mujer acusada de adulterio para que se defina sobre la conveniencia de aplicarle la pena capital prevista en la Ley de Moisés. No hay coincidencia al afirmar si el Sanedrín tenía en este momento competencias para ejecutar este tipo de sentencias. Propiamente el evangelio de Juan niega esta capacidad (18,31). Por eso la pregunta a Jesús es una trampa: si la absuelve va contra la Ley, si la condena se enfrenta con el poder romano; es un dilema idéntico al de la cuestión sobre el pago del tributo al César.
- "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra ": Una primera impresión sería que Jesús se muestra indiferente ante el pecado: se entretiene dibujando en el suelo y da una respuesta que parece imposibilitar cualquier juicio humano. Es preciso, sin embargo, situar la actitud y las palabras de Jesús en relación con la motivación del dilema que se le presenta. La mujer, el pecado y la Ley están en manos de los fariseos como unos simples juguetes para poner en falso a Jesús. Por eso devuelve al pecado y a la Ley toda su fuerza para hacerlos recaer sobre los acusadores. Y a la mujer le devuelve la paz, con el perdón y un futuro nuevo: "Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más". No excusa el pecado, pero perdona al pecador. Quizás el impacto de la narración lo podríamos resumir recordando el comentario de san Agustín: "Dos se encontraron, la miseria y la misericordia".
Joan Naspleda, Misa Dominical 1995, 4