viernes, 9 de agosto de 2019

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XIX T.O. CICLO C - 11 AGOSTO M2019


ESTÉN PREPARADOS



ORACION COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, a quien instruidos por el Espíritu Santo, nos atrevemos a llamar Padre, renueva en nuestros corazones el espíritu de la adopción filial para que merezcamos acceder a la herencia prometida. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría 18, 6-9

La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables, pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti.
Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.

SALMO RESPONSORIAL (32)

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

Aclamen justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. R.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 11, 1-2. 8-19

Hermanos: La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. Por su fe, son recordados los antiguos. Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.
Por fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas— y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa—, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.
Por fe, también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía.
Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas. Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues, si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver.
Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.
Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.
Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia.». Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para hacer resucitar muertos.  Y así, recobró a Isaac como figura del futuro.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 32-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque su Padre ha tenido a bien darnos el reino.
Vendan sus bienes y den limosna; hagan talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está du tesoro allí estará también su corazón. Tengan ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Ustedes estén como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; Les aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.
Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.
Comprendan que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.
Lo mismo ustedes, estén preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del hombre.».
Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?».
El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?. Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Les aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.
El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.
Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió más se le exigirá.».

COMENTARIO

 

Maranata significa “¡Ven Señor!”. Es la última palabra de la Biblia y era la oración apasionada de los primeros cristianos. Ha vuelto a ser también la fórmula de oración de algunos cristianos de hoy, sobre todo en los ambientes carismáticos. Vale la pena que meditemos en ella. Maranata pide el fin del mundo, aquel formidable día en que Cristo apareciéndose en todo el esplendor de su gloria, inaugurará la nueva vida de los hombres en plena vida de Dios. Porque Dios mismo, nos dice Jesús, nos invitará al gozo de lo que él es: “Se pondrá el delantal, los sentará a la mesa y le irá sirviendo uno a uno. Pero por muy extraordinario que sea este final grandioso y por muy lleno de amor que esté, quizás no obsesiona bastante nuestros días y nuestras noches. Nos cuesta comprender qué es lo que Jesús quiere de nosotros cuando nos dice: “Vivan como hombres que aguardan”. Y cuando repetimos dócilmente según sus enseñanzas: “Padre, venga a nosotros tu reino” esto no hace palpitar nuestro corazón en la tensa espera, a pesar de que el sentido de esta frase está claro: “Qué llegue ese mundo final en el que tú reinarás”.
Viene ya. Caminamos hacia su plenitud, pero viene en el esbozo que de él vamos haciendo. La escatología (los últimos tiempos) es una aurora lejana que ilumina el progreso de la humanidad hacia el sol eterno. Por consiguiente, la esperanza cristiana no es ni mucho menos estática e inmovilizante. Es la conciencia de un parto gigantesco. Esa espiritualidad tan segura que siempre nos han enseñado es muy clara: hay que vivir plenamente el día de hoy. Pero se trata del “hoy de Dios” lleno de Dios y lleno de su espera.
Es delicada, esa dosificación entre la acción inmediata y la espera. Varía con las épocas e incluso con cada temperamento. Siempre habrá en definitiva enamorados de la tierra y soñadores del cielo. Sin embargo, el que habla de dosificación dice por eso mismo que se necesitan las dos cosas y en cada uno de nosotros, la espera, si pero en una paciencia muy activa. El razonar entre el hoy y el mañana tiene que estar siempre bajo vigilancia, pues corrió ya el peligro de falsearse desde los comienzos del cristianismo. Los tesalonicenses de san Pablo se agarraron tan bien al Maranata que se cruzaron de brazos y no querían trabajar. “No, les dice san Pablo, ¡El día del Señor no ha llegado! ¡Hay que vivir, hay que trabajar!” (2Tes). Nosotros nos hemos encargado de aprender bien esta lección ya que nuestro hoy está súper-ocupado hasta cometer una grave infidelidad contra la escatología. “¿Los últimos tiempos?”. ¡Ya vendrán! Incluso entre los cristianos se cede a veces a dos estilos de vida mortales para el Maranata, el alzarse de hombros y tratar de cumplir la agenda febril.

PLEGARIA UNIVERSAL

Dirijamos al Padre nuestras suplicas con confianza filial. Respondamos. R. Padre, escuchamos.

1.- Por el Papa Francisco para que su ministerio profético levante a los que se sienten caídos, abra los ojos de quienes se sienten seguros de sí mismos y reanime la esperanza a quienes se les ha oscurecido el horizonte de la vida. Oremos. R.

2.- Por las comunidades cristianas: para que con su testimonio de servicio generoso y alegre despierten en los alejados e indiferentes el deseo de experimentar el amor de Cristo. Oremos. R.

3.- Por los gobernantes de los pueblos para que renuncien con decisión a toda corrupción y busquen por encima de cualquier otro interés el bien común y la paz que nace de la práctica de la justicia. Oremos. R.

4.- Por los que son perseguidos a causa de su fe: para que sientan la comunión eclesial y sean fortalecidos por la experiencia de la cercanía de Dios y nuestra solidaridad fraterna. Oremos. R.

5.- Por los emigrantes de nuestro continente y del mundo: para que encuentren acogida solidaria y se sientan responsables de contribuir a la paz y al bienestar de los pueblos que los cogen. Oremos. R.

6.- Por nosotros que participamos en la Eucaristía para que permanezcamos en amorosa espera del Señor, cumpliendo con amor responsabilidad nuestras labores cotidianas. Oremos. R.

Escucha Señor, nuestras oraciones y manifiesta tu bondad a estos hijos tuyos que quieren permanecer en vigilancia esperando con amor la venida definitiva de tu Reino. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta complacido, Señor, los dones que en tu misericordia has dado a tu Iglesia para que pueda ofrecértelos y que ahora transformas con tu poder en sacramento de nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

La comunión en tus sacramentos nos salve, Señor y nos afiance en la luz de tu verdad. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 12: Dt 10, 12-22; Sal 147; Mt 17, 22-27.
Martes 13: Dt 31, 1-8; Sal: Dt 32, 3-12; Mt 18, 1-5.10.12-14.
Miércoles 14: Dt 34, 1-12;  Sal 65;  Mt 18, 15-20.
Jueves 15: Ap 11, 19ª; 12, 1.3-6ª.10ab; Sal 44; 1Cor 15, 20-27ª; Lc 1, 39-56.
Viernes 16: Jos 24, 1-13; Sal 135; Mt 19, 3-12.
Sábado 17: Jos 24, 14-29; Sal 15; Mt 19, 13-15.
Domingo 18: Jr. 38, 4-6.8-10; Sal 39; Heb 12, 1-4; Lc 12, 49-53.

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 12, 32-48
Paralelos:
Mt 6, 20-21 Mt 24, 43-51

1.- CODICIA/RIQUEZAS: Texto. Forma parte de una larga conversación de Jesús con sus discípulos. El desencadenamiento de la misma ha sido un litigio de herencia (domingo pasado). Jesús empieza señalando la raíz de estos casos: la codicia. A continuación da un paso más: Por esto os digo: no andéis agobiados pensando qué vais a comer o con qué os vais a vestir. Vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de ello. Buscad más bien su reino y tendréis también todo aquello (/Lc/12/22/30-31). Es decir, Jesús les propone a sus discípulos un punto de mira distinto: el mundo del Padre en vez del mundo de las riquezas. Aquí se entronca el texto de hoy: No tengáis miedo, pequeño rebaño, de que vuestro Padre haya querido confiaros su reino. Prefiero este matiz al de la traducción litúrgica. Siguen después unas invitaciones a desprenderse de los bienes (vs. 33-34) y a vivir en perspectiva de futuro (va. 35-40). Esto último se expresa con la imagen de unos criados a la espera de su amo y la de un propietario que trata de impedir que los ladrones le roben. Enseñanza plástica, a través de una parábola.
Pedro quiere saber quiénes son los destinatarios de esta parábola. ¿Has dicho esa parábola por nosotros o por todos? Para el lector no queda claro quiénes son unos y otros. Dos comentarios antiguos que tengo delante entienden el "nosotros" de los doce y el de "todos" de los discípulos. Creo sin embargo que, por el modo como Lucas estructura el auditorio en el cap. 12, el "nosotros" se refiere a los discípulos y el "todos" a la gente en general. Aunque como vamos a ver por el tipo de respuesta de Jesús, la distinción no tiene mayor importancia. La respuesta de Jesús no es directa.
Basta fijarnos en ella para ver que no guarda relación con los términos de la pregunta (vs. 42-48). Esto significa que Jesús no acepta el planteamiento de Pedro. Lo que Jesús hace es contar una nueva parábola con vistas a replantear el problema en otros términos. Algo parecido a lo que veíamos hace cuatro domingos a propósito del prójimo. En el texto de hoy, el planteamiento de Jesús se encuentra en los versículos finales 47-48. Se habla del criado que sabe lo que su amo quiere y del criado que no lo sabe.
Ambos serán castigados si hacen algo digno de castigo, aunque al que sabía se le castigará más, porque al que mucho se le dio, mucho se le exigirá. El planteamiento de Pedro era exclusivo; por nosotros o por todos. El de Jesús es asertivo: por vosotros y por todos. Vivir en perspectiva de futuro es una actitud que compete a todos en general, aunque probablemente todos tendrán el mismo grado de conciencia de esa perspectiva o no todos la vivirán con la misma intensidad.
Comentario. Jesús acaba de proponer a los discípulos un cambio en su escala de prioridades y de valores: El Padre antes que la comida. La verdad es que un cambio así impone. ¿No imponen acaso estas palabras: "Vended vuestros bienes"? No es ya el miedo teórico, es el miedo práctico: ¿Qué será de mí y de los míos? Vamos a ser honestos y a no rebajar lo que Jesús dice. Sintamos toda la angustia y todo el miedo que queramos. Resistámonos todo lo que queramos. Pero, ¡por favor!, no escamoteemos el sentido de las palabras de Jesús. Está en juegos la esencia del ser cristianos. Ya sé que los maximalismos no sirven, que el lenguaje de Jesús era a veces agresivo e hiriente y que respondía a condiciones socioeconómicas infinitamente mucho menos complicadas que las actuales. Pero repito: ¡No acomodemos las palabras de Jesús a nuestras conveniencias! Propongo una solución. ¿Por qué no reconocemos que no estamos dando curso a la idea cristiana de Jesús? ¿Por qué no reconocemos que tenemos mucha tarea por delante hasta poder decir que somos cristianos? Donde hay tarea por realizar hay ilusión. Y donde hay ilusión hay sentido del humor, alegría y humildad. Y la angustia irá desvaneciéndose de nuestro interior y una gran paz tomará en nosotros el puesto de aquélla. "No temas, pequeño rebaño, de que vuestro Padre haya querido confiaros su reino". Hay mucho cariño y mucha fuerza en estas palabras. Buscad al Padre. Descubriréis que nada os faltará para vivir y vivir bien. Ante las palabras "Buscad..." de Jesús se me ocurre la siguiente pregunta: ¿No será que a fuerza de no vender nuestros bienes ya no tenemos bienes? ¿No será que por preocuparnos tanto de nuestra vida ya no tenemos vida? ¡Esto no es vida! exclamamos a veces, ¿Será que intuimos que lo primero es el reino del Padre y después todo lo demás? Ello significaría que nos estamos haciendo cristianos y que empezamos a tener ceñida la cintura y encendidas las lámparas.
Alberto Benito - Dabar 1986, 42



2.- Sentido del texto. No podremos en absoluto comprender estas fascinantes palabras de Jesús si desconocemos desde dónde están dichas. ¿Por qué puede hablar Jesús así? La respuesta es el v.32b: "Vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino". Jesús sabe del Padre y de su alternativa, lo conoce y la conoce. Jesús ha hecho un descubrimiento: "El Reino se parece a un tesoro escondido en el campo; si un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y de la alegría va a vender todo lo que tiene y compra el campo aquél" (/Mt/13/44). Desde este descubrimiento puede Jesús hablar e invitar como lo hace. Cuando se ha encontrado un tesoro, ¿qué importa la calderilla? ¿Qué miedo se puede tener a desprenderse de la calderilla? La atención y el interés estarán en el tesoro, no en la calderilla. "Buscad primero el Reino y esas otras cosas (alimento, vestido, etc.) las tendréis de sobra", son las palabras inmediatamente anteriores a las del evangelio de hoy (/Lc/12/31).
Secundar la invitación a desprenderse de las propias posesiones es lo mismo que secundar una invitación a desprenderse de la calderilla cuando se tiene un tesoro. Jesús no te invita a quedarte sin nada, sencillamente porque antes ya lo tienes todo. No tengas, pues, miedo a dejar el dinero.
CR/OPTIMISTA: Centra tu atención e interés en la maravillosa alternativa del Reino. Es un inesperado y fascinante valle de colores y de bienestar. Como los antiguos esclavos judíos en Egipto, ponte en disposición de marcha hacia la tierra que mana leche y miel. Estás a punto de llegar a ella. Haz un último esfuerzo: sal de la esclavitud y saborea la fiesta. Lucha, construye, no te desanimes. Te parece que no llegas: no creas a las sirenas que te hablan de realismo. El Hijo del Hombre sale a tu encuentro, está para llegar. ¿Eres cristiano? Lo tienes que demostrar por tu fe inquebrantable en un mundo nuevo. Ser cristiano lleva consigo esa fe. Por ser cristiano has adquirido la responsabilidad de creer en un mundo de colores y de bienestar. Quien no es cristiano no tiene tanta responsabilidad de creer en este mundo como tienes tú. Fuerza, pues, la historia: no te detengas, nunca te conformes, no caigas en la tentación esbozada por Pedro de entretenerte en jerarquizar personas y competencias. Fíjate cómo Jesús no da cabida en su respuesta a este tipo de problemática.
Lo importante es la capacidad de inquietud que tengas y la disconformidad que demuestres.
Dabar 1980, 43



Uno de los puntos más originales de la enseñanza de Jesús -y Lc lo señala más que ningún otro evangelista- es el juicio que hace sobre las riquezas. En la mentalidad general del Antiguo Testamento, las riquezas son una bendición de Dios, y a veces incluso una prueba de que alguien disfruta de su favor. En esta línea, el protestantismo y especialmente el calvinismo tenderá a ver en ella un signo de predestinación. Para Jesús, por el contrario, la riqueza está llena de peligros para el Reino.
Hilari Raguer - Misa Dominical 1977, 15



4.- Texto. Seguimos en la perspectiva de camino. El texto comienza con la fórmula de confianza "no temas", fórmula que garantiza protección y seguridad, y con el apelativo cariñoso de "pequeño rebaño", para inmediata- mente pasar a formular el motivo de la confianza y del cariño: "El Padre ha tenido a bien confiaros su reino". Manifestación capital en sí misma, por cuanto que supone la realización, al menos parcial, de la segunda petición del Padrenuestro: Venga tu reino. Manifestación, además, fundamental en el conjunto del texto, por cuanto que está a la base de todo lo que en él se dice después.
Tomando como punto de partida este versículo 32, el texto se articula de la siguiente manera:
1. Versículos 33-34. Una vez más nos sale al paso la frase corta y gráfica, desconcertante y agresiva." Vended vuestros bienes y dad limosna". La frase es de las que hieren, porque golpea fuerte. "Tocados" todavía por su impacto, escuchamos después algo sobre el corazón y el tesoro. Empezamos a relacionar: tesoro, dinero, valores, atención, importancia. De repente se nos ilumina el sentido de la frase: el dinero no puede ser el móvil de uno a quien el Padre le ha confiado su reino.
2. Versículos 35-40. Las palabras de Jesús siguen resonando gráficas. "Tened ceñida la cintura". En un mundo en el que se llevan túnicas muy holgadas que llegaban hasta los pies, era inevitable ceñirse la cintura con un cinturón para realizar cualquier actividad que supusiese esfuerzo o movimiento. Tener ceñida la cintura expresaba disposición, entrega a una tarea. Algo parecido hay que decir de las lámparas encendidas, indudablemente una metáfora para designar la actitud despierta y consciente.
Siguen a continuación dos situaciones, dos ejemplos de actitud despierta y consciente: de unos criados; de un dueño de casa. En ambos casos se pone de relieve la misma exigencia: necesidad de una actitud consciente y abierta al futuro.
¿De qué futuro se trata? Nos lo dice el v. 40 y lo formula en términos de venida del Hijo del Hombre. La formulación ahonda sus raíces en la imaginería apocalíptica judía, una imaginería al servicio de la más bella y la más real de las realidades: el encuentro pleno de los hijos con su Padre.
El sentido de los vs. 35-40 aparece claro: uno a quien el Padre le ha confiado su reino vive consciente de caminar hacia el encuentro pleno con el Padre.
3. versículos 41-48. Pedro interrumpe para saber si lo anterior se refiere sólo a ellos o también a todos en general. ¿Has dicho esta parábola por nosotros o por todos? Por el contexto inmediato el nosotros no se refiere a los doce, sino a los discípulos, es decir, al seguidor de Jesús.
En su respuesta Jesús emplea el mismo procedimiento que constatábamos hace cuatro domingos a propósito del letrado que quería saber quién era su prójimo. Jesús no responde en los mismo términos de la pregunta, sino que en los vs. 42-46 comienza contando la historia del posible doble proceder, bueno y malo, de un administrador. A continuación, en los versículos 47-48, centra su atención en el proceder malo y distingue dos nuevas posibilidades, según que ese proceder malo sea consciente o inconsciente. Por último, concluye con la siguiente llamada de atención: Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confía, mucho se le pedirá. Hacia esta llamada de atención va encaminada toda la anterior historia; esta llamada es lo verdaderamente importante de la respuesta de Jesús.
Comparemos ahora esta respuesta y la pregunta. Pedro quiere saber si lo manifestado por Jesús vale sólo para sus seguidores o también para todos. Jesús le contesta que no es eso lo que debe preocuparle como seguidor suyo. Lo que de verdad debe preocuparle es que por ser seguidor suyo tiene unas exigencias y unas responsabilidades, superiores incluso a la demás gente por cuanto un seguidor de Jesús sabe que las tiene y los demás no lo saben. Esas exigencias y esas responsabilidades es lo que de verdad debe de preocupar a un seguidor de Jesús, y no si los demás las tienen o dejan de tener, o si los demás son seguidores de Jesús o no. La respuesta de Jesús, por lo tanto, corrige los demás términos, y el planteamiento de la pregunta de Pedro.
Comentario. A decir verdad el texto no es fácil por cuanto que no deja traslucir a primera vista su articulación interna. A la hora de hablar de él hay que hacerlo partiendo de lo que es la afirmación central: El Padre ha tenido a bien confiaros su reino. El seguidor de Jesús debe vivir sabiendo que el reino del Padre es ya una realidad en él. Su vida goza del cariño, la protección y la seguridad que el Padre otorga. No tengas miedo.
A partir de esta vivencia y de esta certeza, el seguidor de Jesús da curso a un nuevo talante, a un estilo diferente de vida. El texto de hoy apunta dos manifestaciones de este nuevo estilo de vida.
Primera: El seguidor de Jesús no está en la vida para ganar dinero. Segunda: El seguidor de Jesús es sabedor de que camina hacia el encuentro claro y pleno con el Padre. Pero ¡ojo! Se trata de actitudes simultáneas e independientes entre sí. Por lo tanto, el no estar en la vida para ganar dinero no se debe al hecho de caminar hacia el Padre. Lo primero no está subordinado a lo segundo. Si el seguidor de Jesús no está en la vida para ganar dinero, ello se debe a que está en la vida para hacer otras cosas y con otros valores. A su vez, mientras hace esas otras cosas desde otros valores, el seguidor de Jesús sabe que su vida tiene perspectiva de futuro, un futuro que arranca del presente del Padre.
El texto termina con una parte que suele estar bastante maltratada. Una parte realmente maltratada. Hay comentaristas que la interpretan en el sentido de retribución según los méritos. Creo que esta línea de interpretación no tiene para nada en cuenta la articulación del texto. El sentido de la parte final está condicionado por la pregunta de Pedro, aunque no por los términos y su planteamiento. Lo hace por medio de la historia que cuenta, la cual tiene como función el preparar la llamada de atención final, que es donde se recoge el planteamiento o modo de ver las cosas por parte de Jesús. La preocupación de si lo que Jesús dice es aplicable sólo a sus seguidores o a todos en general debe dejar paso a esta otra: como seguidor de Jesús, éste tiene que llevar adelante un estilo de vida no basado en el dinero y consciente de su apertura al Padre. Esta es la tarea del seguidor de Jesús y de ella es de lo que tiene que responder. Los demás ya responderán de la suya, sea ésta la que sea. Lo que debe preocupar al seguidor de Jesús no es el hacer extensiva a los demás su visión de las cosas, sino el vivir de las cosas.
Alberto Benito - Dabar 1989, 41



jueves, 1 de agosto de 2019

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XVIII T.O. CICLO C - 4 AGOSTO 2019


“¡INSENSATO!”


ORACION COLECTA

Atiende, señor a tus siervos y derrama tu bondad imperecedera sobre los que te suplican, para que renueves lo que creaste y conserves lo renovado en estos que te alaban como autor como guía. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23

¡Vanidad de vanidades, dice Qohelet; vanidad de vanidades, todo es vanidad!. Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto, y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado.
También esto es vanidad y grave desgracia.
Entonces, ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol?.
De día su tarea es sufrir y penar, de noche no descansa su mente. También esto es vanidad.

SALMO RESPONSORIAL (89)

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornen, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna. R.

Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y  se seca. R.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuando?. Ten compasión de tus siervos. R.

Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-5. 9-11

Hermanos: Ya que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspiren a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque han muerto, y su vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también ustedes aparecen, juntamente con él, en gloria.
En consecuencia, den muerte a todo lo terreno que hay en ustedes: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría. No sigan engañándonos unos a otros.
Despójense del hombre viejo, con sus obras, y revístanse del nuevo, que se va renovando como imagen de su Creador, hasta llegar a conocerlo.
En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres, porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 13-21

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.». Él le contestó: «Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre ustedes?». Y dijo a la gente: «Miren: guárdense de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.».
Y les propuso una parábola: «Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: “¿Que haré?. No tengo donde almacenar la cosecha.".
Y se dijo: "Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para  muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida.".
Pero Dios le dijo: "Necio, esta noche te van a exigir la vida.
Lo que has acumulado, ¿de quién será?". Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.».

COMENTARIO

Hoy suele ser común oír a mucha gente hablar como este hombre, que habla consigo a solas como si estuviera solo en el mundo y fuera el dueño absoluto de la vida: “Yo..... yo..... mis graneros... mi trigo... Amontonar, gozar largo tiempo de la vida, siempre”. Es un loco y me hace decir: ¡Materialista hasta el extremo!. Comer bien, beber bien, negarse a mirar un poco más lejos. Aplaudo cuando Dios le grita: “¡Insensato!”, es verdad. Pero el mundo tal como se ha ido haciendo, en el día de hoy, ¿no produce acaso muchos locos de este tipo?. La “austeridad” occidental sigue siendo la abundancia, y yo no me libro de la búsqueda universal de seguridad y de confort. ¿Qué es lo que pienso? Salud, sueldo, la casa que arreglar, la tele que comprar, el auto,...
¿Malos pensamientos? Sí, me han arrinconando por completo cada vez más mis pensamientos de cristiano: amar a Dios, cambiar el mundo, darme a mis hermanos, dedicar tiempo a la oración. Somos un verdadero campo de batalla para esas dos clases de pensamientos, los generosos y los egoístas y los creyentes y los materialistas. Cuando el Señor nos ve metidos en proyectos en donde se trata tan solo de ambición y de pasarla bien, ¿cómo no nos va a gritar: “¡Insensato!”. Dichoso el que ha oído a tiempo este grito. Porque luego dice el evangelio: “Esta noche te van a reclamar la vida”. Quizás esto no nos impresiona porque son siempre los otros los que mueren. Además, de todas formas ¡hay que pasar por ahí!
Nos hemos dejado contaminar - ¿y quién se ve totalmente a salvo? Por este fatalismo pagano, aceptemos un poco por nuestra cuenta el apóstrofe de Jesús: “¡Insensato!”. Un hombre sensato, un cristiano, no puede vivir sin pensar que su vida encierra dos episodios: aquí abajo y la eternidad. Nuestra vida terrena decide nuestra vida eterna. Hay que estar realmente loco para no pensar más que en lo que va a perecer y no ocuparse de lo que va a durar. Se corre el peligro de morir como ese hombre que se jugaba la vida en sus graneros: “Eso le pasa al que amontona riqueza para sí y para Dios no es rico”.
“Rico para Dios”. Esto nos lleva a la significación bíblica de la palabra insensato: “El insensato es el que se olvida de Dios”. Entonces, va perdiendo poco a poco lo que se gana de inteligencia en el trato con Dios. Se hunde en el materialismo y en el embarazo de todo lo que no podrá meter en su ataúd. Hagamos un pequeño sicodrama: me veo en una cama del hospital a punto de morir ¿Qué es lo que me llevo para el  cielo? Sólo se lleva  el amor  realmente vivido, ese amor que va tejiendo poco a poco nuestro ser de eternidad. Oh Señor, haz que desde ahora sea avaro, no de posesiones, sino de amor.

PLEGARIA UNIVERSAL

Mientras buscamos los bienes de arriba, donde Cristo nos precede, oremos a Dios por nosotros y por todos los hombres. Digamos. R.- Te lo pedimos, Señor.

1.- Por los pastores de la Iglesia: para que con su estilo de vida sobrio y humilde nos estimulen a buscar por encima de toda la gloria de Dios y el bien de los hermanos. Roguemos al Señor.

2.- Por los gobiernos de las naciones para que no se dejen arrastrar por la tentación de acaparar bienes para sí mismos, sino que busquen su justa repartición en favor de los pobres y necesitados. Roguemos al Señor.

3.- Por los padres y madres de familia, para que aprecien y defiendan el valor cristiano de la familia, imagen viva de Dios comunión y no se dejen arrastrar por los falsos modelos de familia que ofrece la sociedad de hoy. Roguemos al Señor.

4.- Por las comunidades cristianas: para que no se dejen seducir por el afán d acumular bienes en esta tierra, sino que fijen su meta última en Dios, fuente de vida y de felicidad verdadera. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros que participamos en la Eucaristía para que seamos purificados de nuestras ambiciones desmedidas de bienestar y busquemos la felicidad en la fuente segura que es Cristo Jesús. Roguemos al Señor.

Señor, queremos compartir nuestro pan con los demás invirtiendo nuestros bienes tiempo y cariño con los más pobres. Así seremos ricos ante ti y alcanzaremos el secreto de la felicidad evangélica, amar a Dios y a los hermanos. Por Jesucristo nuestro  Señor   nuestro  Señor. Amen.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Te pedimos, señor que en tu bondad, santifiques estos dones aceptes la ofrenda de este sacrificio espiritual y nos transformes en oblación perenne. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

A quienes has renovado con el don del cielo, acompáñalos siempre con tu auxilio Señor, y ya que no cesas de reconfortarlos haz que sean dignos de la redención eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 05: Num 11, 4b-15; Sal 80; Mt 14, 13-21
Martes 06: Dn 7, 9-10.13-14 o bien 1Pe 1, 16-19; Sal 96; Lc 9, 28b-36.
Miércoles 07: Num 13, 1-2.25—14, 1.26-30.34-35; Sal 105; Mt 15, 21-28
Jueves   08: Num 20, 1-13; Sal 94; Mt 16, 13-23.
Viernes 09: Dt4, 32-40; Sal 76; Mt 16, 24-28
Sábado 10: 2Cor 9, 6-10; Sal 111; Jn 12, 24-26.
Domingo 11: Sab 18, 6-9; Sal 32; Heb 11, 1-2.8-19; Lc 12, 32-48.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 12, 13-21

-Texto: lo configura una negativa de Jesús a dirimir un litigio de herencia (vs. 13-14), un aviso sobre la codicia (v.15) y una parábola (vs. 16-21). El litigio es la ocasión para el aviso: Guardaos de toda clase de codicia. La parábola trata de hacer ver la inutilidad de la codicia y, en una moraleja final, formula la actitud sensata: Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios. Una vez más nos hallamos ante un texto exclusivo de Lucas.
El litigio de herencia del que parte el texto de hoy me recuerda la obra de Hesíodo "Los trabajos y los días". El punto de partida de esta obra lo constituye un litigio semejante: Hesíodo ha sido desposeído por su hermano Perses. Esta evocación no pasaría de mera curiosidad anecdótica si no fuera porque Hesíodo representa, junto con Homero, el origen de la cultura europea escrita. Entre otras cosas, quiero decir con esto que nos hallamos ante un viejo problema humano. La cosa es muy triste, pero real.
A Hesíodo el litigio le sirve de pretexto para plantearse la cuestión general de las fuerzas que sustentan la existencia humana. Algo parecido hace Lucas cuando presenta a Jesús, prescindiendo del caso concreto y señalando a la codicia como motor del caso. Amasar riquezas para sí, afán de posesión exclusiva y excluyente. Esto es codicia. Ella es una de las fuerzas que sustentan la existencia humana. El análisis es muy triste, pero muy real. La parábola que sigue a este análisis nos hace ver, también de manera realista, lo absurdo e inútil de la codicia. ¿De qué nos sirve el acumular egoísticamente si resulta que morimos sin que esa acumulación, tan ansiosamente procurada, sea capaz de alargarnos, siquiera un minuto, nuestra querida vida? ¡Qué pobres desgraciado somos siendo acaparadores! Pero el texto de Lucas (¡qué gran psicólogo!) no se encierra en esta triste pobreza.
Se abre y nos abre a la esperanza, a la alegría, a la libertad. Nos abre a Dios. ¡Qué maravilloso es este Dios de Jesús! ¡Y qué increíble es Jesús!
Alberto Benito - Dabar 1986, 41



2.- Sentido del texto. Jesús comienza no aceptando el papel de juez que toda autoridad religiosa podía ejercer en la sociedad judía. Hoy diríamos que Jesús aboga por la separación de lo judicial y de lo religioso.
¿Responde en él a un planteamiento explícito? El texto no dice nada al respecto. Es bien sabido que los evangelios no son fuentes en este sentido.
En cualquier caso, la actuación de Jesús es en sí misma una actuación concreta de separación de campos.
Lo que a Jesús en realidad le interesa es la raíz generadora del conflicto. Lo importante es detectar y combatir la causa, el tratamiento en profundidad. ¿De qué serviría solucionar el caso concreto si no se ataca la raíz de la que pueden brotar otros mil casos más? Esta raíz es la codicia y constituye el tema central del texto.
Con fina ironía y gran sentido común y del humor, Jesús hace ver lo absurdo y ridículo de una actitud que es incapaz de prolongar, siquiera un segundo, la propia vida.
Pero aún da un paso más Jesús. La codicia no sólo es incapaz de hacer vivir más o menos, sino que además incapacita para el desarrollo de las propias capacidades. Jesús resalta una fundamental: la capacidad de relación con Dios. Matando esta capacidad, la codicia mata al propio codicioso.
Dabar 1980, 42



3.
La parábola expone la relación que debe tener el hombre con las cosas, con el ser y el tener. En apariencia el rico se comporta como un administrador sabio y prudente, pero ser rico ante Dios significa buscar el reino de Dios, aceptar su voluntad, entrar en comunión con Cristo.
Las lecturas de hoy parecen indicar que el interés por mejorar las condiciones de vida no tiene sentido. No es este sentido. Sólo quieren llamar la atención sobre la ambigüedad de las cosas temporales y afirmar que sobre ellas no se puede fundar el sentido de la vida. Las grandes conquistas técnicas y científicas pueden dar al hombre un sentido de seguridad y autosuficiencia. Tomar conciencia de la fragilidad y relatividad de las cosas tiene mucha importancia a la hora de escoger una escala de valores.
Pere Franquesa - Misa Dominical 1986, 15



4.- Los rabinos del tiempo de JC eran reclamados a menudo para dirimir, en función de jueces o de árbitros, cuestiones surgidas entre sus seguidores u otros conciudadanos. La Mishná (compendio de doctrina rabínica) contiene una sección sobre las herencias para orientar a los rabinos en las consultas que se les hacían. Pero aquí JC, a pesar de ser tenido a menudo como un rabino, no acepta realizar esta función: su misión es llamar a los hombres a seguir a Dios como único absoluto, y enseñarles a no poner su interés en el dinero ni en ninguna otra cosa.
J. Lligadas - Misa Dominical 1974, 18



5.- Lucas no condena a los ricos por ser ricos: el dinero ni es bueno ni es malo, como la electricidad. Solamente el uso que se haga de él puede ser bueno o malo.
Ahora bien: la equivocación del rico insensato está en servirse de sus riquezas como si estuviera él solo sobre la tierra. En las sesenta y cinco palabras que resumen sus declaraciones se encuentran catorce veces las palabras "yo" o "mío". Con otras palabras, el rico insensato, porque piensa que ha sido él solo por sí mismo quien adquirió las riquezas, como si no hubiera heredado nada de sus padres, como si no hubiera recibido nada a causa del trabajo de sus obreros. El es el único.
El está solo además en la explotación de sus bienes, hasta el punto de que su única preocupación es invertir nuevas riquezas para aumentar la plusvalía, sin darse cuenta de que los verdaderos graneros de sus cosechas deberían ser los estómagos vacíos de sus hermanos los hombres.
Esta actitud es insensata, porque no tiene en cuenta una profunda realidad: la interdependencia de todo hombre y toda nación con relación a los demás hombres y a las demás naciones. Esta actitud es insensata porque lleva a la Humanidad a la catástrofe, de los países pobres, cada vez más subdesarrollados, y también de los países ricos, cada vez más hartos de publicidad y de consumo. Es insensata porque es imposible estar con Dios en una situación tal de egoísmo y de alienación.
Maertens-Frisque- Nueva Guía de la Asamblea Cristiana V - Marova Madrid 1969.Pág. 235




viernes, 26 de julio de 2019

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XVII T.O. CICLO C - 28 JULIO 2019


ENSÉÑANOS A ORAR




ORACION COLECTA

Oh Dios protector de los que en ti esperan y sin el que nada es fuerte ni santo, multiplica sobre nosotros tu misericordia para que, instruidos y guiados por ti, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos ya a los eternos. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Génesis 18, 20-32

En aquellos días, el Señor dijo: «La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré.». Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán.
Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios: «¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable?. Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él?. ¡Lejos de ti hacer tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?».
El Señor contestó: “Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.». Abrahán respondió: «Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?». Respondió el Señor: «No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.».
Abrahán insistió: «Quizá no se encuentren más que cuarenta.». Le respondió: «En atención a los cuarenta, no lo haré.». Abrahán siguió: «Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?». É1 respondió: «No lo haré, si encuentro allí treinta.». Insistió Abrahán: «Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte?». Respondió el Señor: «En atención a los veinte, no la destruiré.». Abrahán continuó: «Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?». Contestó el Señor: «En atención a los diez, no la destruiré.».

SALMO RESPONSORIAL (137)

Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario. R.

Daré gracias a tu nombre, por tu misericordia y tu lealtad. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R.

El Señor es sublime, se fija en el humilde, y de lejos conoce al soberbio. Cuando camino entre peligros, me conservas la vida; extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo. R.

Y tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 2, 12-14

Hermanos: Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo, y han resucitado con él, porque han creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos. Estaban muertos por sus pecados, porque no estaban circuncidados; pero Dios les dio vida en él, perdonando todos los pecados. Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 1-13

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.».
Él les dijo: «Cuando oren digan: "Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación."».
Y les dijo: «Si alguno de ustedes tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.".
Y, desde dentro, el otro le responde: "No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.". Si el otro insiste llamando, yo les digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así les digo a ustedes: Pidan y se les dará, busquen y hallaran, llamen y se les abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.
¿Qué padre entre ustedes, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?. ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente?. ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?.
Si ustedes, pues, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?».

COMENTARIO
                                            
Estamos ante un evangelio en donde la mayoría de comentaristas, incluso los más críticos están de acuerdo con la autenticidad de la petición del discípulo a Jesús: "Enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos". Lucas recoge un modelo de oración con una interpelación inicial y cinco peticiones. Es importante observar que en las dos primeras se pide para el propio Padre interpelado.4
Tres veces al día rezaban los judíos. Sin duda, también Jesús así lo hacía, pero este tipo de concreciones debieron parecerle a Lucas tan poco significantes que prescindieron de ellas. Su interés no reside en el dónde ni en el cuándo de la oración, sino en el modo, en su aspecto. "Cuando oren, digan". Ya la primera palabra marca esa idea: "Padre". Al rezar nos movemos, pues, en el mundo de la familiaridad y del cariño, no en el desconocimiento y el del miedo. Empezamos pidiendo no para nosotros, sino para ese Padre a quien acudimos. Sólo poetas y místicos son capaces de hacer las cosas de esta manera. Indudablemente nos hallamos muy lejos de la intocable y prepotente imagen de la divinidad que a menudo nos forjamos. "Santificado sea tu nombre, venga tu reino". Estas dos peticiones formulan necesidades de Dios.
Son como peticiones a la recíproca, peticiones al que pide. El Padre nos pide que le reconozcamos, que aceptemos su presencia. ¿No es acaso maravilloso que el modelo de oración no comience hablando de nuestras necesidades, sino de las del Padre? Las siguientes peticiones formulan necesidades nuestras: pan, perdón y fortaleza en la dificultad. Me atrevería a sugerir para la primera de ellas un matiz como de grito de urgencia: ¡Padre, que no nos falte el pan!, plantea la dificultad de hacer uso de un término inexistente en toda la literatura griega. ¿Se trata de pan del mañana o del pan suficiente? Ambas alternativas son filológicamente posibles. Un grito que sigue temiendo la misma urgencia. Y tras el modelo de oración, la invitación a orar, basada en la certeza de ser oídos. En realidad, es esta certeza la que Jesús quiere inculcar. Invita para ello a sus oyentes a imaginarse que son amigos de uno que viene a pedirles algo a una hora inoportuna. Más todavía: les invita a imaginar que un hijo suyo les pide algo. Y de esta segunda situación saca la conclusión.
"¿Cuánto más su Padre celestial dará Espíritu Santo a quienes le piden?" Hay que reconocer que la expresión "Espíritu Santo" es sorprendente. En todo caso, se corresponde a las cosas buenas que los padres dan a sus hijos. Debería representar el conjunto de peticiones formuladas en el modelo de oración. Y en todo caso tiene que ser una realidad nueva que surge en nosotros al contacto con el Padre.

PLEGARIA UNIVERSAL

Con la seguridad de que Dios es nuestro Padre que siempre nos escucha, digámosle con confianza. R.- Escucha, Señor, nuestra oración.

1.- Para que los bautizados vivamos con alegría nuestra fe reconociéndonos hijos de Dios y hermanos entre nosotros. Oremos. R.

2.- Para que la oración confiada de los cristianos alcance de Dios la llegada de su Reino a cada corazón y a todos los pueblos del planeta. Oremos. R.

3.- Para que, por la providencia amorosa de Dios y nuestra solidaridad cristiana, no falte a nadie el pan de cada día. Oremos. R.

4.- Para que el reino de justicia, amor y paz, ya presente entre nosotros, pueda ser una realidad en nuestro país, e nuestro continente y en el mundo entero. Oremos. R.

5.- Para que las familias que sufren a causa de tensiones que amenazan su estabilidad y el futuro de los hijos tengan el valor de juntarse en algún momento para orar; así podrán experimentar que una familia que ora unida permanece unida. Oremos. R.

6.- Para que al dirigirnos a Dios con el dulce nombre de Abba, Padre, nos sintamos realmente sus hijos y aprendamos a querernos como hermanos. Oremos. R.

Gracias, Padre, porque siempre nos escuchas y porque nos permitas abrirte las puertas de nuestro corazón y contar siempre contigo, al reconocernos hijos tuyos en Cristo Jesús, nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor las ofrendas que te presentamos gracias a tu generosidad, para que estos santos misterios, donde tu poder actúa eficazmente santifiquen los días de nuestra vida y nos conduzcan a las alegrías eternas. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Hemos recibido, Señor, el santo sacramento, memorial perpetuo de la pasión de tu Hijo, concédenos que este don, que el mismo nos entregó con amor inefable, sea provechoso para nuestra salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 29: 1Jn 4, 7-16; Sal33; Jn 11, 19-27 o bien Lc 10, 38-42.
Martes 30: Ex 33, 7-11; 5b-9.28; Sal 102; Mt 13, 36-43.
Miércoles 31: Ex 34, 29-35; Sal 98; Mt 13, 44-46.
Jueves 01: Ex 40, 16-21.34-38;Sal 83; Mt 13, 47-53.
Viernes 02: Lv 23, 1.4-11.15-16.27.34b-37, Sal 80; Mt 13, 54-58.
Sábado 03: Lv 25, 1.8-17; Sal 66; Mt 14, 1-12.
Domingo 04: Ecl 1, 2; 2, 21-23; Sal 89; Col 3, 1-5.9-11; Lc 12, 13-21.

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 11, 1-13
Par: Mt 6, 9-13   Mt 7, 7-11

1.- a) Al narrar esta parábola, Cristo quiso hacer una catequesis sobre la confianza en la oración (vv. 5-8). Encontraremos el texto original si presentamos los vv. 5-7 en forma interrogativa: ¿Quién de vosotros (fórmula a la que va unida automáticamente la respuesta :¡nadie!) si uno de sus amigos viene a buscarle a medianoche, le dice...?" Jesús tomaría a su auditorio como testigo. Quién va a pensar que un amigo no se levanta durante la noche, ya sea en nombre de la hospitalidad (v. 6), o para que le dejen en paz (v. 8), o incluso para no aparecer como poco cortés, y todo esto cualquiera que sean las molestias que le provoque el levantarse a una hora fuera de costumbre en una casa con una sola habitación y un lecho común (v. 7). ¡Tal actitud sería inimaginable! La conclusión cae por su peso: ¡si esto es inimaginable en un amigo, a fortiori lo es en el caso de Dios! No se trata, pues, como a menudo se dice, del amigo importuno, sino más bien del amigo importunado: el personaje principal no es el que llama a la puerta y pide pan, sino el que se encuentra en la casa. Los vv. 11-13 prolongan perfectamente la enseñanza de la parábola: también se toma como testigo al auditorio al hablar de lo impensable que resultaría tal actitud negativa. Si el padre de familia no puede negar realmente el pan que le piden sus hijos, Dios puede todavía menos hacer una cosa. Lucas modifica además uno de los miembros de la frase y reemplaza los "bienes" dados por Dios a aquellos que se los piden, por "el Espíritu". El evangelista refleja aquí, sin duda, la mentalidad de las comunidades primitivas que estaban seguras de vivir en el final de los tiempos y estaban intranquilas, por consiguiente, al no beneficiarse de las bendiciones y de la felicidad prometida por los profetas.
b) ORA/PERSEVERANCIA: Lucas, sin embargo, no comprendió perfectamente la parábola del Señor: ha transformado el primer miembro de tal manera (v. 7), que la frase "quien de entre vosotros..." no designa ya al amigo que está en la casa, sino al pedigüeño a quien, más o menos, se despide. Con este procedimiento, Lucas hace casi como un doble de la parábola del juez inicuo (Lc 18, 1-8). De golpe, la atención pasa desde el amigo importunado al amigo importuno.
Este necesitará mucha paciencia y perseverancia. Pero que no dude de que, insistiendo en llamar a la puerta, al final le abrirán.
Los vv. 9-10, que constituyen el comentario primitivo a la parábola, confirman este punto de vista: "pedid pan, al final os lo darán". El mendigo es terco. No cesa de llamar mientras es rechazado y consigue siempre que sus semejantes, por muy perversos que sean, atiendan su petición. A fortiori, en el caso de Dios, que es bueno, vuestra perseverancia os hará conseguir lo que pedís.
Lucas defiende, por tanto, un punto de vista optimista de la oración: esta será oída por poco que se insista en pedir, pero, sobre todo, porque Dios es bueno. Sin embargo, falta un elemento importante a esta doctrina sobre la oración: la eficacia de esta no es solamente el fruto de una insistencia terca, sino que es el resultado de la mediación de Cristo. Bajo este punto de vista, la doctrina de Jn 16, 23-26, que se inspira con toda seguridad en el pasaje de Lucas, va mucho más lejos y sitúa justamente en el centro de la oración cristiana el papel que juega la intercesión única del Señor. Precisamente la lectura del Antiguo Testamento en este ciclo (Gén 18, 20-33) insiste en esta intercesión y completa así armoniosamente la enseñanza del Evangelio.
Maertens-Frisque, Nueva guía de la Asamblea Cristiana V - Marova Madrid 1969. Pág. 210



2. PATER
Texto. En la perspectiva del camino Lucas prescinde una vez más de intereses localistas para centrarse en el tema de la oración. La ocasión es la oración del propio Jesús, una situación ya habitual (véase Lc. 3, 21; 6, 12; 9, 18.29), y el motivo, la petición de sus discípulos, deseosos de tener su propia plegaria a semejanza de los seguidores del Bautista. Parece evidente que Lucas quiere ofrecer el modelo de toda oración cristiana. Así lo confirman las palabras introductorias de Jesús: cuando oréis, decid.
El modelo consta de los siguientes elementos: una invocación (¡Padre!), dos deseos y tres peticiones. La invocación es típica de Jesús y carece de paralelos en la tradición del judaísmo precristiano. Expresa intimidad, cercanía, confianza. Por su sencillez y limpieza contrasta con las recargadas formulaciones de muchas oraciones judías.
Los dos deseos se refieren al Padre. El primero de ellos, santificado sea tu nombre, expresa el deseo de un reconocimiento, de que Dios sea conocido por los hombres en cuanto Padre. El segundo, venga tu reino, expresa en el fondo lo mismo que el anterior, esta vez bajo la perspectiva activa del Padre que se revela y se manifiesta. El cristiano aspira y pide al Padre que esta manifestación sea lo más plena y absoluta posible.
La primera petición, danos cada día nuestro pan del mañana, plantea un problema en razón de que el texto original emplea un termino al parecer totalmente desconocido tanto en el resto de la literatura griega como en el lenguaje corriente. La traducción litúrgica ha optado por una interpretación de perspectiva escatológica, la cual, tal vez, no es la más acorde con las preocupaciones de Lucas, interesado más bien en los avatares de la existencia cotidiana. Por eso mismo son preferibles una de las dos siguientes interpretaciones: danos cada día la ración de pan correspondiente a cada día (Juan Crisóstomo); danos cada día el pan necesario para la existencia (Orígenes). El cristiano pide al Padre que socorra sus necesidades diarias de sustento.
En la segunda petición el cristiano implora el perdón del Padre, ya que el pecado es una realidad esencialmente humana. A la petición se añade la frase explicativa porque también nosotros perdonamos. No es una exigencia o una condición, expresa sencillamente el convencimiento de que no se puede esperar el perdón del padre si se rehúsa el perdón humano.
En la tercera petición el cristiano ruega al padre que no lo enfrente con situaciones en las que pueda peligrar su actitud de entrega y de confianza en El. La tentación de que aquí se habla no es tanto de naturaleza moral cuanto de actitud en la vida. La tentación en cuanto posibilidad de vivir la vida sin contar para nada con el Padre.
El modelo de la oración cristiana constituye la primera parte del texto de hoy. La segunda es una composición de Lucas. Comienza con una parábola tomada de las costumbres de Palestina. Un viajero que, para evitar el calor del día, hace el viaje de noche y llega a casa de un amigo suyo, sin avisarle previamente de su llegada. A esas horas tan intempestivas, el dueño de la casa descubre que no tiene nada que ofrecerle; su despensa está vacía, las tiendas cerradas y no habrá pan fresco hasta la mañana siguiente. Pero el deber de hospitalidad es imperioso. ¿Qué hacer entonces? Acude a casa de un vecino suyo. Este aduce la imposibilidad de atenderle, puesto que levantarse y descorrer los cerrojos significaría molestar a todos los miembros de la familia que duermen en la única habitación de que consta la casa. Pero el otro insiste e insiste hasta que su insistencia logra el objetivo.
En la composición de Lucas esta parábola no se relaciona con lo anterior (el modelo de oración cristiana), sino con lo siguiente, y sirve para ejemplificar la insistencia con la que el cristiano tiene que dirigirse al Padre pidiéndole espíritu santo, a sabiendas de que esa insistencia logrará su objetivo. La composición de Lucas en la segunda parte del texto es, pues, la siguiente: parábola de la petición insistente (vs. 5-8); aplicación de la parábola al caso cristiano (vs. 9-13). Esta composición nos da el siguiente desarrollo de pensamiento: así como el hombre, por su insistencia, obtuvo de su amigo el pan que le pedía, así también el cristiano, por su insistencia, obtendrá del Padre el espíritu que le pide. El hombre de la parábola necesitaba pan; el cristiano necesita espíritu santo, en la línea de Ezequiel 36, 26: "Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu y haré que caminéis según mis preceptos y que pongáis por obra mis mandamientos". A este espíritu se refiere Jesús cuando dice: "Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá".
Una vez más encontramos en los vs. 9-13 el lenguaje directo, incisivo, gráfico, agresivo incluso. Todo ello al servicio de inculcar al cristiano la enorme necesidad que tiene de estar poseído por el espíritu del Padre.
Comentario.
¡Padre!
Que los hermanos te reconozcamos como Padre nuestro. Manifiéstate como Tú eres.
Que nadie pasemos hambre.  Perdónanos.
Que no caigamos en la tentación de vivir la vida sin contar contigo.
Y, sobre todo, infunde en nosotros el espíritu que tú tienes.
Alberto Benito Dabar 1989, 39



3. - Texto. Comienza sin indicación de lugar ni de tiempo. Aun los comentaristas más críticos están de acuerdo con la autenticidad de la petición del discípulo a Jesús: "Enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos". Lucas recoge un modelo de oración con una interpelación inicial y cinco peticiones. Es importante observar que en las dos primeras se pide para el propio Padre interpelado. La tercera, referida al pan, plantea la dificultad de hacer uso de un término inexistente en toda la literatura griega. ¿Se trata de pan del mañana o del pan suficiente? Ambas alternativas son filológicamente posibles.
Tras el modelo de plegaria recoge Lucas una amplia invitación de Jesús a orar. Los dos puntos clave en esta invitación son los vs. 8 y 13. En ambos emerge el futuro "dará" como futuro cierto. "Al menos por la importunidad le dará cuanto necesite (v. 8). ¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará espíritu santo a los que le piden?". Observarás que he escrito espíritu santo sin artículo y con minúscula. Creo que respeta mejor el texto original que la personalización operada por la traducción litúrgica.
Comentario. Tres veces al día rezaban los judíos. Sin duda, también Jesús así lo hacía, pero este tipo de concreciones debieron parecerle a Lucas tan poco significantes que prescindió de ellas. Su interés no reside en el dónde ni en el cuándo de la oración, sino en el modo, en su talante. "Cuando oréis, decid".
Ya la primera palabra marca ese talante: "Padre". Al rezar nos movemos, pues, en el mundo de la familiaridad y del cariño, no en el desconocimiento y el del miedo. Empezamos pidiendo no para nosotros, sino para ese Padre a quien acudimos. Sólo poetas y místicos son capaces de hacer las cosas de esta manera.
Indudablemente nos hallamos muy lejos de la intocable y prepotente imagen de la divinidad que a menudo nos forjamos.
"Santificado sea tu nombre, venga tu reino". Estas dos peticiones formulan necesidades de Dios. Son como peticiones a la recíproca, peticiones al que pide. El Padre nos pide que le reconozcamos, que aceptemos su presencia. ¿No es acaso maravilloso que el modelo de oración no comience hablando de nuestras necesidades, sino de las del Padre? Las siguientes peticiones formulan necesidades nuestras: pan, perdón y fortaleza en la dificultad. Me atrevo a sugerir para la primera de ellas un matiz como de grito de urgencia: ¡Padre, que no nos falte el pan! La sugerencia se basa en la insólita palabras griega a la que me he referido en el apartado texto. Un grito que sigue temiendo la misma urgencia. Y tras el modelo de oración, la invitación a orar, basada en la certeza de ser oídos. En realidad, es esta certeza la que Jesús quiere inculcar. Invita para ello a sus oyentes a imaginarse que son amigos de uno que viene a pedirles algo a una hora inoportuna. Más todavía: les invita a imaginar que un hijo suyo les pide algo. Y de esta segunda situación saca la conclusión.
"¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará espíritu santo a quienes le piden?" Hay que reconocer que la expresión "espíritu santo" es sorprendente. En todo caso, se corresponde a las cosas buenas que los padres dan a sus hijos. Debería representar el conjunto de peticiones formuladas en el modelo de oración. Y en todo caso tiene que ser una realidad nueva que surge en nosotros al contacto con el Padre.
A. Benito - Dabar 1986, 40



4.- Respondiendo a uno de sus discípulos, Jesús nos enseña cómo debemos dirigirnos al Padre y qué es lo que tenemos que pedirle en nuestras oraciones.
Nosotros rezamos el "Padrenuestro" según la versión de Mateo (/Mt/06/09-13), que es más originaria. Esta versión de Lucas difiere en algunos puntos. Omite la tercera y la séptima petición, aunque pueden hallarse de modo implícito en las peticiones segunda y sexta respectivamente. La invocación inicial, "Padre", en Mateo aparece adjetivada "Padre nuestro que estás en los cielos". Ambos evangelistas escriben "danos hoy el pan de mañana", a diferencia de lo que pedimos nosotros: "el pan nuestro de cada día dánosle hoy". Ahora bien, "el pan de mañana" significa tanto como "pan del cielo" o "pan de vida", por lo que esta petición se refiere también al reino de Dios.
Conviene advertir que Jesús no ora nunca diciendo "Padre nuestro" sino simplemente "Padre" o "Padre mío". Jesús no es hijo de Dios como podemos serlo nosotros, sino de un modo peculiarísimo e incomunicable, porque es el Hijo. En segundo lugar, que Jesús nos enseña a orar dirigiéndonos al Padre. Por eso la oración de la iglesia, la liturgia, se dirige habitualmente al Padre, raras veces al Espíritu Santo o al Hijo y nunca a los santos. Si el Hijo es el que nos congrega en torno a su persona y el Espíritu la fuerza que anima esa comunión de vida en Jesucristo, el Padre es el "Tú" de todos nosotros, ante quien comparecemos y a quien tenemos acceso por Jesucristo. Nuestro Señor.
La parábola quiere mostrar únicamente la eficacia de la oración dirigida al Padre. No debemos entenderla como si una petición repetida hasta la saciedad doblegara, por ello mismo, la voluntad de Dios y lo pusiera a nuestra disposición. Dios sigue siendo Dios por encima de la oración del hombre, siempre soberanamente libre. pero la insistencia en la oración, la oración continuada, es una señal de una buena oración, de una fe y de una esperanza que son don de Dios. Y si Dios nos concede ese modo de orar, también nos dará lo que le pidamos.
La oración es eficaz por la bondad del Padre, no por nuestra insistencia o por nuestros méritos. Si ya los hombres, siendo malos como son, no engañan a sus hijos y les dan lo que les piden, con mayor razón el Padre dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan. La conclusión nos desconcierta un poco, pues a partir del ejemplo cabía esperar que se dijera que también Dios concede a sus hijos todo lo que éstos le piden y no acabar diciendo que nos concede el Espíritu Santo. No obstante, el Espíritu es el don por antonomasia y el principio de todos los dones, porque es prenda de vida eterna, y ¿qué otra cosa pide el hombre, cuando pide cualquier cosa, que no sea la vida eterna? Pedimos pan, pero lo que deseamos de verdad no es el pan de cada día sino "el pan de vida", es decir, la vida en su plenitud. La oración constante es ya una prueba de que el Padre nos concede el Espíritu Santo y con él la vida eterna. Porque es el mismo Espíritu, que habita en nuestros corazones, el que nos anima a decir confiadamente: "Padre nuestro" (Rm 8, 15).
Eucaristía 1986, 36



5.- La oración acude espontáneamente al corazón del hombre, y las diferentes religiones la han organizado de forma que pueda tener la mayor eficacia posible: disciplina y horario, contenido y actitud.
Pues bien: Jesús rompe con ese concepto de la oración. El hecho de que sea un sentimiento válido del hombre no la justifica sin más delante de Dios que sabe muy bien qué es lo que necesitamos (v.9) y no espera a que se lo pidamos para concedérnoslo. El cristiano no ora tan sólo porque sienta necesidad de hacerlo, sino porque Cristo le ha dicho que lo haga, porque está en comunión con él y con su Padre. La condición esencial de la oración, es pues, la obediencia y la fe que permiten estar unido al Padre (v. 6); no es ya una cuestión de actitudes o de contenido sino de confianza íntima y desinteresada que no depende, en última instancia, ni de la calle ni de la habitación, ni de oraciones cortas o largas, ni del individuo ni de la comunidad, sino tan sólo de la convicción de tener un Padre y de la obediencia a Cristo que nos dice que le hablemos en su nombre.
"Padre nuestro". Santa Teresa escribe que le bastaban estas dos palabras para hacer una larga oración... un Dios Padre... un Dios que nos ama.
"Que estás en los cielos". No es un lugar. Quiere decir que Dios está por encima de todas las cosas terrenas, más allá de nuestro mundo visible. El mundo no es una parte de Dios. Dios es un ser completamente distinto. La proximidad filial al Padre nunca pierde el profundo respeto. A este Dios santo, que es el totalmente Otro, cuya grandeza no podemos imaginar, le podemos llamar Padre.
"Santificado sea tu nombre". El nombre se identifica con la persona. Este Dios inalcanzable se ha dado a conocer. Pedimos que se manifieste, se dé a conocer cada vez más y cumpla sus promesas. Las dos peticiones siguientes insisten en la misma idea.



6.- Lucas aborda en este texto una temática tan querida para él como es la oración. El modelo escogido es ni más ni menos que el propio Jesús, cuyo estar en oración es una invitación y un estímulo para sus seguidores.
Lucas transmite, además, un modelo de oración, que consta de una invocación (¡Padre!), dos deseos y tres peticiones.
La invocación para dirigirse a Dios es exclusiva de Jesús dentro del judaísmo precristiano. Una novedad que introduce al orante en una cercanía e intimidad con Dios absolutamente insospechadas.
Los dos deseos, mutuamente complementarios, tienen al Padre como beneficiario de los mismos. Ambos nacen de lo más íntimo del corazón. Los hijos anhelan ardientemente el reconocimiento de su Padre; que sea conocido, amado y honrado por todos (santificado sea tu nombre, en formulación típicamente judía.). Anhelan también que este reconocimiento tenga su expresión en un nuevo orden del mundo (venga tu reino, formulación también típicamente judía).
Las tres peticiones están formuladas en primera persona del plural y sus beneficiarios son los propios peticionarios. El empleo del plural apunta a un ambiente comunitario de oración, en el que al Padre se le pide pan, perdón y fuerza para no sucumbir en las situaciones en las que pueda peligrar la actitud de entrega y de confianza en El. Lucas completa el tratamiento del tema con una exhortación de Jesús basada en la doble analogía de lo que sucede entre amigos y entre padres e hijos. Los oyentes conocen ambas situaciones y Jesús les invita a revivirlas y a trasladarlas a sus relaciones con el Padre. Como amigos no tienen reparo alguno en acudir al amigo, sea la hora que sea; como padres dan lo mejor a sus hijos.
En la primera analogía entre amigos hay un dato importante en la misma que suele pasarse por alto y que, sin embargo, es central: el amigo acude a su amigo en favor de un tercero. Este dato debe ser incorporado a la hora de trasponer la analogía a las relaciones con el Padre y de interpretar una frase como "pedid y Dios os dará" (la construcción sintáctica "se os dará" evita pronunciar, por respeto, el nombre de Dios). La insistencia en acudir al Padre deberá tener en cuenta el beneficio de los demás.
En la segunda analogía entre padres e hijos habla Jesús de "espíritu santo" para expresar lo que el Padre da a quienes acuden a El. La expresión, que en el original griego carece de artículo, remite al modo de ser de Dios y designa algo así como el talante divino.
Comentario. Interesado como está Lucas en desglosar facetas del caminar cristiano, no podía menos que abordar explícitamente una que impregna silenciosamente todos y cada uno de los pasos del caminante cristiano: su relación con el invisible ser querido. Una relación a la que tanto Lucas como nosotros designamos con la palabra oración.
Hoy como ayer hay que seguir formulando al Maestro la misma petición: enséñanos a orar. Porque hoy como ayer no sabemos probablemente hacerlo. Y no porque desconozcamos el modelo de oración, siempre nuevo y fascinante, sino porque somos indómitamente interesados en nuestra oración.
Se impone un cambio de talante y pedir al Padre que nos conceda siquiera algo de su espíritu, a fin de ser unas personas nuevas, capaces de algo más que de estar preocupados de nuestros propios problemas. Cuando el espíritu del Padre entra en una persona, deja de ser problema en ella lo que hasta entonces era un mundo que se le echaba encima.
A. Benito - Dabar 1992, 39



7.- Lucas presenta a Jesús, una vez más, orando. Al terminar su oración, un discípulo le pide que les enseñe a orar. La razón parece ser para que puedan tener una plegaria que les identifique como grupo, tal como, por lo que dice el discípulo, tenían los seguidores de Juan Bautista. La respuesta de Jesús: "Cuando oréis, decid", o bien, "Siempre que oréis", hace pensar que Lucas presenta el "Padrenuestro" como el modelo de toda plegaria del cristiano.
"¡Padre!" Esta manera tan sencilla de dirigirse a Dios contrasta con el barroquismo de títulos que se dan a Dios al inicio de muchas plegarias judías. Detrás de la palabra griega hay, con toda seguridad, el arameo "abba", que nos han conservado Marcos y Pablo. Tratar a Dios como Padre implica una proximidad cordial y una conciencia de filiación, que comporta la conciencia de fraternidad. De hecho, las tres peticiones de la segunda parte son en primera personal del plural: el contexto comunitario, pues, es evidente.
Siguen después dos deseos: "santificado sea tu nombre", "venga tu reino". En el primero, resuena la profecía de Ezequiel, según la cual Dios mismo mostrará la santidad de su nombre a todas las naciones cuando establezca la nueva alianza con su pueblo, cuando les dé un corazón nuevo y un espíritu nuevo. La consecuencia es que el pueblo también tiene que ser santo. El segundo deseo hace referencia a las ganas de que cada día más nuestro mundo y la humanidad sean lo que Dios quiere que sean.
La primera petición es sobre las necesidades cotidianas de subsistencia; pero la referencia al pan también hace pensar en la eucaristía como alimento necesario para la vida del cristiano. La segunda, sobre la necesidad del perdón, va acompañada de una explicación: la comunidad cristiana también perdona. La tercera muestra la conciencia de fragilidad: es posible perder la actitud de confianza total hacia el Padre.
Jesús continúa con una parábola, que sólo encontramos en Lucas, y que subraya sobre todo la insistencia en cómo hay que orar, un tema que Lucas repite en la parábola del juez inicuo (Lc 18,1-8). Algunos opinan que el personaje central de la parábola originalmente era el amigo que se levanta a dar los panes, y se refiere a la manera de ser de Dios: es inconcebible que Dios no atienda a las necesidades del que ora. Pero, tal como la narra Lucas, el personaje central es el amigo que va a pedir y se refiere a la súplica insistente. Todavía continúa Jesús con una especie de máximas de sabiduría popular que insisten en la perseverancia en la oración: Dios no puede dejar de escuchar. Dios es muchísimo más bueno que los padres buenos de la tierra. Por eso, no sólo da "cosas buenas" a los que se las piden: les da lo mejor, ¡les da el mismo Espíritu Santo!.
J. M. Grane - Misa Dominical 1992, 10