viernes, 13 de diciembre de 2019

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO TERCERO ADVIENTO CICLO A - 15 DICIEMBRE 2019


¿ERES TÚ EL QUE HA DE VENIR O TENEMOS QUE ESPERAR A OTRO?.



ORACION COLECTA

Oh Dios, que contemplas como tu pueblo espera con fidelidad la fiesta del nacimiento del Señor, concédenos llegar a la Alegría de tan gran acontecimiento de salvación y celebrarlo siempre con solemnidad y jubilo desbordante. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 35, 1-6a. 10

El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios.
Fortalecen las manos débiles, robustecen las rodillas vacilantes; digan a los cobardes de corazón: «Sean fuertes, no teman. Miren a su Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y los salvará.».
Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará, y volverán los rescatados del Señor. Vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

SALMO RESPONSORIAL (145)

Ven, Señor, a salvarnos

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos.  El Señor liberta a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. R:

Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente; tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol Santiago 5, 7-10.

Tengan paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía.
Tengan paciencia también ustedes, manténganse firmes, porque la venida del Señor está cerca. No se quejen, hermanos, unos de otros para no ser condenados. Miren que el juez está ya a la puerta.
Tomen, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 2-11.

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».
Jesús les respondió: «Vayan a anunciar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio.
¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!».
Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salieron a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento?, ¿O qué fueron a ver, un hombre vestido con lujo?. Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salieron?, ¿a ver a un profeta?.
Sí, les digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti.”.
Les aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.».

COMENTARIO

En este domingo la Liturgia nos vuelvas a presentar la imagen de Juan el Bautista, pero en relación con Jesús. Un visionario judío llamado Isaías dijo una vez lo siguiente: En aquel día oirán los sordos las palabras del libro y, libres de las tinieblas y la oscuridad, los ojos de los ciegos verán. Así imaginaba él lo que nosotros denominamos utopía y que él denominaba día de Yahvé. Siglos más tarde, un judío llamado Mateo cayó en la cuenta de que esto era precisamente lo que había sucedido en torno a Jesús. Es entonces cuando tiene la osadía de escribir lo que hoy hemos leído y escuchado.
Así pues, Juan, el gran profeta, estando en la cárcel, entró en crisis, como si también se pusiera nervioso. ¿Qué pasa con el Mesías?. ¿Será el que yo bauticé en el Jordán? Pero no parece dar señales. Todo sigue igual. No hay manifestaciones gloriosas, ni castigos ejemplares. Ni siquiera mueve un dedo para sacarme de la cárcel.
La respuesta de Jesús es convincente. Le explica las señales del Reino, como anunciaron los profetas. Ya han empezado a cumplirse. Pero de otra manera a como espera Juan: el Reino es una semilla pequeña, un fermento escondido. El Mesías actúa desde dentro.  Esta respuesta fue un rayo de luz en la noche de Juan. Él estaba acostumbrado a interpretar los signos desde el seno de su madre o en el Jordán. Sentía enseguida la presencia de lo divino. Jesús hará de él cumplido elogio. Y lo mejor que hizo fue callar a tiempo, para que hablara la Palabra.
Y no extrañarse que también nosotros podamos dudar sobre la presencia de Dios en nuestra vida o de Cristo en la Iglesia. Habrá que orar, dialogar y estar atentos a los signos.

PLEGARIA UNIVERSAL

Demos gracias a Dios que nos augura un porvenir de esperanza y prosperidad y recojamos la voz de todos los que en su angustia, dolor o necesidad le invocan con fe digámosle. R. Ven, Señor y sálvanos.

1.- Para que la Iglesia entera se prepare con esperanza a la venida del Señor animando a los que están cansados y anunciando la paz que ya está cerca. Oremos. R.

2.- Para que la voz de los pastores y agentes de pastoral, desde su cercanía y compromiso con los más necesitados, sea signo de la presencia y el amor del Señor. Oremos. R.

3.- Para que el clamor de nuestros hermanos privados de lo necesario para vivir con dignidad sea acogido por quienes estamos a su lado y por las organizaciones internacionales de ayuda humanitaria. Oremos. R.

4. Para que, como María que canta jubilosa las bendiciones recibidas de Dios, la comunidad cristiana reavive la alegría de su fe y sea signo de esperanza en medio de una sociedad que no tiene en cuenta a Dios. Oremos. R.

5.- Para que, con nuestra solidaridad y servicio fraterno, seamos motivo de alegría para quienes no tienen esperanza o han cerrado el corazón a Dios. Oremos. R.

6.- Para que nosotros, que escuchamos la Palabra de Dios y nos alimentamos de su Cuerpo vivamos la alegría de la fe, venciendo nuestro egoísmo y así podamos ser reflejo vivo de la presencia del Señor. Oremos. R.

Gracias, Padre, porque nos escuchas y nos das tu Espíritu para que experimentemos la alegría de sentirnos salvados en tu Hijo. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Haz, Señor, que te ofrezcamos siempre este sacrificio como expresión de nuestra propia entrega, para que se realice el santo sacramento que tu instituiste y se lleve a cabo en nosotros eficazmente la obra de tu salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Imploramos tu misericordia, Señor, para que este divino alimento que hemos recibido nos purifique del pecado y nos prepare a las fiestas que se acercan. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 16: Nm 24, 2-7.15-17ª; Sal 24; Mt 21, 23-27.
Martes 17: Gn 49, 2.8-10; Sal 71; Mt 1, 1-17.
Miércoles   18: Jr 23, 5-8; Sal 71; Mt 1, 18-24.
Jueves 19: Jc 13, 2-7.24-25ª; Sal 70; Lc 1, 5-25.
Viernes 20: Is 7, 10-14; Sal 23; Lc 1, 26-38.
Sábado 21: Ct 2 8-14 (o bien:  Sof 3, 14-18ª); Sal 32; Lc 1, 39-45.
Domingo 22: Is 7, 10-14; Sal 23; Rm 1, 1-7; Mt 1, 18-24.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Mt 11, 2-11
Paralelo: Lc 7, 18-28

Juan el Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando un "bautismo de penitencia para la remisión de los pecados". Fue un predicador penitencial. Esto ya lo sabe el lector del evangelio. Pero la razón última de su misión estaba en anunciar "al que había de venir", el que era más fuerte que él y a quien él no era digno de desatar la correa de su sandalia. Juan había tenido ya algún contacto con Jesús. Más aún, según el cuarto evangelio, le había presentado oficialmente como "el cordero de Dios que quita el pecado del mundo". No obstante, en la misma mentalidad de Juan, ¿hasta qué punto realizaba Jesús aquello que los judíos esperaban del Mesías? La actividad de Jesús ¿se identificaba con la figura del Mesías tal como el Bautista se lo imaginaba? Hay razones serias para dudarlo y una de ellas la tenemos en la embajada que, desde la prisión, hace llegar a Jesús a través de sus discípulos.
¿Eres el que había de venir? Para nosotros, la expresión indica evidentemente la culminación de todas las esperanzas en la persona del Mesías. Se había convertido en frase técnica para describir el tiempo mesiánico y designaría o bien "el profeta" que había de venir (Deut 18, 15) o al Mesías en persona. Los judíos no habían vinculado a esta expresión un significado tan denso, aunque la idea de su venida "en el nombre del Señor" era una convicción generalizada.
Jesús, en su respuesta, se limita a citar la Escritura (Is 35, 5-6; 61, 1). Una respuesta excesivamente concentrada y que nosotros explicitaríamos así: todas estas cosas estaban anunciadas en el Antiguo Testamento para los días del Mesías; todas estas cosas están siendo realizadas por Jesús; luego, han llegado los días mesiánicos en la persona de Jesús.
Efectivamente, él es el que había de venir. Es la conclusión lógica que debía deducir el Bautista.
Por si el texto no tuviese la suficiente claridad Jesús añade: dichoso aquél que no se escandalice de mí. ¿Por qué? Probablemente por el contraste entre lo que se esperaba -mucho más en la línea del sensacionalismo- y lo que veían realizándose en su persona. La advertencia de Jesús está en la línea de la identificación entre su persona y su palabra. La palabra de Jesús no puede separarse de su persona ni la persona de su palabra. Por algo es la Palabra (Jn 1, 1). Sólo quien comprende su palabra comprenderá su persona y viceversa. Quien no lo entiende así, permanecerá a oscuras ante el misterio de la persona de Jesús. La razón de escandalizarse de él está en su humildad. ¿Es éste el camino hacia Dios?, ¿un camino de sufrimiento y de cruz? El mismo Pedro se escandalizó y, con su escándalo, escandalizó a Jesús (/Mc/08/31ss). El mismo escándalo ante el que sucumbieron sus paisanos de Nazaret (Mc 6,3) y sus mismos discípulos ante la pasión (Mc 14, 27); el escándalo de la cruz del que nos habla San Pablo (1 Cor 1, 23; Gál 5,1). Terminada su respuesta, Jesús hace la presentación del Bautista.
Cuantos salieron al desierto atraídos por su predicación no vieron en él una caña agitada por el viento, es decir, Juan no era de esas personas que se doblegan fácilmente ante amenazas o promesas. Era un hombre íntegro e inflexible ante el mal. El caso de Herodes Antipas lo pone bien de manifiesto (14, 1ss). Tampoco se presentó Juan como una figura celeste con atuendo regio al estilo de lo que esperaban los judíos para cuando llegasen los días mesiánicos. Juan era un profeta. Pero un profeta singular.
Era el mensajero, el heraldo que había de venir a anunciar la presencia del Mesías y a preparar sus caminos (Mal 3, 1). Era el precursor del Mesías. Todo esto quería decir que, efectivamente, había llegado el que tenía que venir. Que había sido inaugurada la era mesiánica, el mundo nuevo creado por Dios por su última y definitiva intervención en la historia.
Juan era el precursor del que había de venir. En ser precursor estaba su grandeza y su pequeñez. ¿Cómo explicar que el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que Juan? Por supuesto, que no desde la categoría personal de cada uno. Aquí se nos está diciendo que el reino de Dios pertenece a un nivel distinto al nuestro. Para pertenecer a él, a ese mundo nuevo, el nuevo eón, es necesaria una nueva intervención de Dios en el hombre, un nuevo nacimiento (Jn 3. 3ss). Esto nadie, ni el más grande de los hombres -como nos es descrito Juan-, puede lograrlo por sí mismo. Sin embargo, el más pequeño e insignificante a los ojos humanos, en quien se haya realizado este nuevo nacimiento, esta nueva existencia, es mayor que la personalidad más destacada -como era la de Juan.
Comentarios A La Biblia Liturgica Nt - Edic Marova/Madrid 1976.Pág. 998



2.- Este Evangelio se compone de dos partes muy distintas: el relato de la embajada de los discípulos de Juan Bautista (vv. 2-6) y el elogio de este último por el mismo Cristo (vv.7-10).
a) La embajada de los discípulos del Bautista lleva el encargo de investigar si Cristo es realmente "el que tiene que venir". Hay que comprender esta última expresión en el sentido que le da Juan Bautista. Está tomada de Is 40, 10 (pasaje que el Precursor conoce bien, puesto que cita ya el v. 3 en Mt 3, 3), en donde la venida del Mesías va acompañada de fuerza y de violencia. Ahora bien, para Juan Bautista no hay lugar a duda de que el Mesías que él anuncia será particularmente violento (Mt 3, 11). El Mesías, en efecto, debe hacer su aparición dentro del aparato terrible de un día de Yahvé.
Pues bien, Cristo desmiente esa espera poniendo de relieve que sus obras mesiánicas están todas ellas hechas de dulzura y de salvación: en lugar de juzgar y de condenar, cura y libera.
Aunque, por otro lado, en todo eso no hay nada que no esté previsto por la Escrituras y esté en conformidad igualmente con la esperanza mesiánica (cf. Is 61, 1; 35, 5-8). Pero hay dos conceptos opuestos del mesianismo que en aquella época se repartían al pueblo elegido: los unos esperaban los últimos tiempos como tiempos de poder y de violencia; los otros, como tiempos de liberación y de felicidad. Oponiéndose a los discípulos de Juan, Cristo revela un estilo de vida que constituye un problema para ellos y que no dejará de producir escándalo hasta tanto no se penetre en el misterio del Hombre-Dios sobre la cruz. Eso es precisamente el alcance del v. 6 (cf. Mt 13, 54-57; 16, 20-23; 26, 31-33, y , sobre todo, 1 Cor 1, 17; 2, 5). Si se produce el escándalo a causa de Cristo, aun comprendiendo que da cumplimiento a tal o cual profecía, es porque en El se ha producido algo inesperado, algo que ninguna profecía podía prever: el misterio del Hombre-Dios.
b) Ni el mismo Juan Bautista ha podido prever este aspecto inesperado de la personalidad de Cristo. Y precisamente Jesús consagra su elogio del Precursor a demostrarlo.
Para preparar a su auditorio a la idea de que el Bautista es un profeta, Jesús utiliza una serie de imágenes: el contraste entre gentes bien vestidas y el hombre vestido de pelos de camello (Mt 3, 4; 2 Re 1-8), entre el profeta que no tiembla y la caña frágil (Jer 1, 17-19). Juan es incluso más que un profeta: es el mayor de los profetas: citando Mal 3,1 y Ex 23, 20, Jesús define, en efecto, la misión del precursor como la de un servidor que conduce al pueblo de Dios hacia la tierra tanto tiempo prometida. Y, sin embargo (v. 11), Juan es el personaje más pequeño del reino. Esta observación es capital para la comprensión del verdadero alcance del Evangelio. Juan es el mayor del Antiguo Testamento, pero, en cuanto tal, se mueve aún dentro de una interpretación demasiado humana y demasiado específicamente judía de las profecías. Por eso es el más pequeño en el reino: le falta, en efecto, la inteligencia del estilo absolutamente inesperado que Cristo introduce con su existencia de Hombre-Dios.
Las dos partes del Evangelio, por tanto, se complementan: no basta con comprender que Cristo y su Precursor dan cumplimiento a las Escrituras, ni con definirlas partiendo de las profecías antiguas. Y se es el más pequeño en el Reino cuando uno se detiene ahí, sin llegar a penetrar en el misterio de la personalidad de Cristo. Este no es tan solo el final de una cadena de pobres espirituales, de la que Juan sería el penúltimo eslabón (vv. 8-9); Jesús es "ontológicamente" pobre por su obediencia humana y divina al Padre, y su pobreza hasta la cruz no es más que la repercusión terrestre de su situación eterna de absoluta dependencia de Hijo respecto al Padre.
Después de Cristo, los hombres pueden alcanzar esa pobreza de los hijos de Dios merced a su dependencia del Padre, y la Eucaristía que celebran, proponiéndoles que se dejen guiar por la iniciativa del Padre, les capacita para esa aventura.
Maertens-Frisque - Nueva Guia De La Asamblea Cristiana I - Marova Madrid 1969.Pág. 111



3.- Juan, el gran profeta, estando en la cárcel, entró en crisis, como si también se pusiera nervioso. ¿Qué pasa con el Mesías? ¿Será el que yo bauticé en el Jordán? Pero no parece dar señales. Todo sigue igual. No hay manifestaciones gloriosas, ni castigos ejemplares. Ni siquiera mueve un dedo para sacarme de la cárcel.
La respuesta de Jesús es convincente. Le explica las señales del Reino, como anunciaron los profetas. Ya han empezado a cumplirse. Pero de otra manera a como espera Juan: el Reino es una semilla pequeña, un fermento escondido. El Mesías actúa desde dentro.
Esta respuesta fue un rayo de luz en la noche de Juan. El estaba acostumbrado a interpretar los signos desde el seno de su madre o en el Jordán. Sentía enseguida la presencia de lo divino. Jesús hará de él cumplido elogio. Y lo mejor que hizo fue callar a tiempo, para que hablara la Palabra.
Y no extrañarse que también nosotros podamos dudar sobre la presencia de Dios en nuestra vida o de Cristo en la Iglesia. Habrá que orar, dialogar y estar atentos a los signos.
La Mano Amiga De Dios - Adviento Y Navidad 1989.Págs. 56



4.- Texto. El domingo pasado escuchábamos a Juan hablar del que viene detrás de él con el poder y el derecho. En el texto de hoy, Mateo igual que Lucas, recoge una tradición sobre la perplejidad de ese mismo Juan ante la actuación del Mesías. El término Cristo, empleado en la traducción litúrgica deriva del griego y es traducción del hebreo Mesías. En este texto Cristo no es nombre propio sino título.
Jesús reivindica su condición de Mesías, entendiendo ésta no en la línea de los apocalípticos, sino en la de diversos profetas agrupados bajo el nombre de Isaías. El v. 5 del texto es una refundición de Is. 29, 18-19; 35, 5-6 y 61, 1. en línea con estos profetas la actuación de Jesús no es destructora, sino reparadora de los desajustes existentes.
La reivindicación de Jesús se cierra con una bienaventuranza. Sería incorrecta interpretarla como advertencia o llamada de atención a Juan. Es más bien una declaración a favor de los que no ven en Jesús un motivo de escándalo.
La segunda parte del texto se centra en Juan y en su papel dentro de la historia de la salvación. La interpelación y la pregunta retórica dan a esta parte viveza y fuerza. El desierto del que se habla es la misma falla geológica del domingo pasado, paisaje árido y tórrido, salpicado en algunos lugares por matorrales, arbustos y cañaverales. Siguiendo la margen occidental del Mar Muerto, se llega a la altiplinicie rocosa, rodeada de barrancos. Su nombre actual es Masada, que significa fortaleza. Se trata, en efecto, de una fantástica fortaleza inexpugnable, donde, entre los años 37 a 31 a. de C., Herodes había construido un palacio dotado de todos los lujos y comodidades. Un palacio proverbial, del que todo el mundo contaba mil maravillas.
Jesús rinde a Juan tributo de admiración por su entereza y austeridad. Sus referencias a las cañas y a los palacios se explican y comprenden a la luz de lo mencionado en el párrafo anterior.
Pero la verdadera grandeza de Juan reside en su función de mensajero inmediato del Mesías. Esta grandeza, sin embargo, palidece ante la realidad del reino de los cielos traída por el Mesías. La llegada del reino de los cielos hace realmente grandes a las personas. Comentario. Dos son las ideas matrices del texto. Primera: El reino de los cielos es ya una realidad en nuestro mundo. Segunda: este reino no destruye el mundo, sino repara lo desajustado en él existente.
Síntomas de este desajuste son la enfermedad y la marginación de los pobres. La primera es un misterio; la segunda, una injusticia intolerable. La enfermedad debe ser combatida como desajuste y aceptada como misterio; la marginación de los pobres debe sólo ser combatida, nunca aceptada.
A pesar de todo hay que seguir afirmando la realidad del reino de los cielos en nuestro mundo. Mucho, sin embargo, nos queda aún por aprender del mensajero, Juan. Existente entre nosotros demasiado arribismo y búsqueda del sol que más calienta; existe demasiado despilfarro. Entereza y austeridad: dos grandes olvidadas.
Alberto Benito - Dabar 1992/03



5.- El texto del domingo pasado terminaba con el anuncio-amenaza de Juan a fariseos y saduceos con uno que está al llegar. Literalmente: el que viene, el que llega. Una de las expresiones utilizadas por los judíos para designar al Mesías, el personaje que inauguraría el nuevo estado de cosas o Reino de los cielos, circunlocución esta última para designar a Dios, ya que los judíos no pronunciaban jamás su nombre por respeto. El texto de hoy comienza con esta misma expresión. ¿Eres tú ese personaje? ¿Estamos ya en el nuevo estado de cosas o Reino de los cielos? La pregunta la hace el propio Juan. Pero entre la pregunta de hoy y el anuncio del domingo pasado median ocho capítulos en los que Mateo ha ido moldeando dichos y hechos de Jesús.
-Versículos 4-6. La respuesta es del que ha llegado y Mateo la concibe como cita y como recuento. Recuento de los ocho capítulos anteriores. Cita de textos de Isaías que hablan de un futuro maravilloso, del día de Yavé. Se trata en concreto de Is. 29, 18-19 y 35, 5-6. Mejor leer ambos capítulos en su totalidad. Son fascinantes. Pero la respuesta no es sólo esto. Es también promesa de alegría y de dicha. Dichoso el que no se escandalice por causa mía. La intención del evangelista parece muy clara: nos hallamos en el nuevo estado de cosas o Reino de los cielos. Pero alberga la sospecha de que esto se lo creen muy pocos. A éstos va dirigidos la bienaventuranza.
-Versículos 7-11. La liturgia ha cortado las palabras de Jesús en el momento tal vez más aclarador de las mismas. En su estado litúrgico se trata de palabras sobre Juan, cuando en realidad no es de Juan de quien Mateo quiere hablar aquí, y ni siquiera de Jesús. Obsérvese como en su respuesta Jesús no habla de él, sino de la situación en torno a él. Mateo quiere hablar del Reino de los cielos que ya ha llegado. Juan es la recta final que precede a la meta, su precursor, su heraldo, ascético, duro, recio, admirable. Pero no es la meta. Esta la constituye el Reino de los cielos. Este Reino es lo central, lo verdaderamente importante. Su presencia lo eclipsa todo.
-Comentario. El interés absorbente de la mayor parte de los comentaristas ha enfocado la problemática de este texto hacia las disposiciones psicológico-religiosas por las que el bautista prisionero se decidió a enviar su embajada. Estado de duda, de impaciencia, estrategia pedagógica para fomentar y favorecer la fe en Jesús. Todo esto puede tener su razón de ser a nivel de pre-texto, pero en absoluto la tiene a nivel de texto. El centro de interés del texto, ya lo hemos visto, no es Juan. El centro es la utopía. Sí, eso que todos anhelamos y que todos andamos buscando. Eso mismo de lo que nadie tenemos la osadía de decir que exista y de lo que, a lo sumo y con mucho escepticismo, decimos que puede que a lo mejor alguna vez exista.
Un visionario judío llamado Isaías dijo una vez lo siguiente: En aquel día oirán los sordos las palabras del libro y, libres de las tinieblas y la oscuridad, los ojos de los ciegos verán. Así imaginaba él lo que nosotros denominamos utopía y que él denominaba día de Yavé. Siglos más tarde, un judío llamado Mateo cayó en la cuenta de que esto era precisamente lo que había sucedido en torno a Jesús. Es entonces cuando tiene la osadía de escribir lo que hoy hemos leído y escuchado. Que no es otra cosa que lo siguiente: el Reino de los cielos existe ya. Dichoso el que crea y acepte esto de corazón. Es el mayor acontecimiento y la mayor grandeza que pueda darse.
Alberto Benito - Misa Dominical



6.- -"Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo!..": Juan aparece encarcelado por Herodes, pero como era habitual en las personas del mundo antiguo no pierde el contacto con el exterior. Conoce la actividad de Jesús y le envía a sus discípulos. Los discípulos de Juan subsistirán después de su muerte y algunos mantendrán polémica con la comunidad cristiana primitiva sobre la mesianidad de Jesús. Por eso el texto evangélico pone sobre la mesa las dudas del Bautista a fin de darles respuesta.
-"¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?": La acción y la predicación de Jesús no han encontrado acogida en Galilea. Mateo subrayará en los textos que vienen a continuación de esta perícopa el carácter escondido del Reino. No es extraño que Juan manifieste también su desconcierto: él esperaba al Mesías juez poderoso de la apocalíptica judía de su tiempo y, en cambio, ve en Jesús otro tipo de actuación bien diferente y él mismo está encarcelado. ¡El Mesías no actúa como liberador!
-"Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo..": La respuesta de Jesús a las dudas de Juan remite de nuevo a las obras que hace y que ilustra con el texto de Isaías leído en la primera lectura y que recibe el complemento de una referencia a los leprosos y a los muertos. Los signos que realiza Jesús no se imponen por su evidencia abrumadora ante la gente, sino que piden siempre la fe.
-"¿Qué salisteis a contemplar en el desierto...?": Seguidamente Jesús expresa su pensamiento sobre la figura de Juan, y lo hace interrogando a los oyentes con tres cuestiones que tiene una progresión impresionante: ¿una caña? ¿un hombre bien vestido? (notemos la ironía al contrastar el vestido de Juan con la corte de Herodes?, ¿un profeta? La figura de Juan sólo se puede entender con relación a Jesús, por eso es más que un profeta: "él es de quien está escrito: Yo envío mi mensajero delante de ti...".
-"El más pequeño en el Reino de los cielos es más grande que él...": La relación de Juan con Jesús es lo que le da su grandeza, aunque ésta se mide sobre todo por la participación en el Reino de Dios. Juan está a las puertas del Reino; en cambio, los discípulos de Jesús ya participan plenamente de la realidad del Reino.
Joan Naspleda - Misa Dominical 1989/24




viernes, 6 de diciembre de 2019

LECTURA Y COMENTARIO SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO (INMACULADA CONCEPCIÓN) CICLO A - 8 DICIEMBRE 2019


ALÉGRATE, LLENA DE GRACIA, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO


  
ORACION COLECTA

Oh Dios que por la Concepción Inmaculada de la Virgen preparaste a tu Hijo una digna morada y en previsión de la muerte de tu Hijo, la preservaste de todo pecado, concédenos, por su intercesión, llegar a ti limpios de todas nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Génesis 3, 9-15. 20

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre: -«¿Dónde estás?».
Él contestó: -«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.». El Señor le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?». Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.». El Señor dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?». Ella respondió: «La serpiente me engañó, y comí.».
El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.». El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

SALMO RESPONSORIAL (97)

Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; griten, vitoreen, toquen. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-6. 11-12.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.». Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás
por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?».
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.».
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.». Y la dejó el ángel.

COMENTARIO

La Solemnidad de la Inmaculada, que se conmemora el 8 de Diciembre, la Marialis Cultus, explica brevemente el sentido de esta fiesta: "Se celebran conjuntamente la Inmaculada Concepción de María, la preparación esperanzada a la venida del Salvador y el feliz comienzo de la Iglesia, hermosa, sin mancha ni arruga (Marialis cultus, 3)". La Inmaculada Virgen aparece vinculada a la venida del Salvador y al comienzo de la Iglesia. Al inicio del año litúrgico, en este tiempo de Adviento, María, concebida sin pecado, se nos presenta como modelo de esperanza y como tipo de la Iglesia.
San Juan Pablo II, en la encíclica Redemptoris Mater, destacaba el carácter mariano del Adviento, al señalar que, en la liturgia de este tiempo, se refleja cada año el "preceder" de Santa María a la venida de Cristo: “[Ella] en la ´noche´ de la espera de adviento, comenzó a resplandecer como una verdadera ´estrella de la mañana´ … igual que esta estrella junto con la ´aurora´ precede la salida del sol, así María desde su Concepción Inmaculada ha precedido la venida del salvador, la salida del ´sol de justicia´ en la historia del género humano" (Redemptoris Mater, 3). Ella ha precedido la salida del Sol de Justicia. De Ella debemos aprender, por consiguiente, a prepararnos para la Navidad y para la segunda venida del Señor, al fin de los tiempos. El Papa San Pablo VI, en la citada encíclica Marialis cultus, enseñaba que los fieles, al vivir con la liturgia el espíritu de Adviento, y al considerar el "inefable amor" con que la Virgen esperó al Hijo, "se sentirán animados a tomarla como modelo y a prepararse, ´vigilantes en la oración y... jubilosos en la alabanza´ para salir al encuentro del Salvador que viene" (MC, 4).
El Adviento - sigue diciendo San Pablo VI - "uniendo la espera mesiánica y la espera del glorioso retorno de Cristo al admirable recuerdo de la Madre" presenta un feliz equilibrio, al no separar el culto a la Virgen de su necesario punto de referencia, que es Cristo. De este modo, el Adviento "debe ser considerado como un tiempo particularmente apto para el culto a la Madre del Señor..." (MC, 4).
En María, la Virgen Inmaculada, se realiza el Misterio de la Navidad, de la Encarnación del Verbo. Por eso, mientras nos disponemos celebrar su venida, debemos aprender de ella a prepararla con esperanza. La Virgen Inmaculada, modelo de la espera del Salvador, es el "feliz exordio de la Iglesia". Ella es, verdaderamente, la Esposa Santa e Inmaculada, la imagen y primicia de la Iglesia - Esposa del Cordero - que responde con el don del amor al don del esposo (Mulieris Dignitatem, 27).
María es el comienzo de la Iglesia, porque en Ella se realiza el "misterio" de la Iglesia: la unión de los hombres con Dios. La Virgen Inmaculada "nos precede a todos en la santidad que es el Misterio de la Iglesia como la «Esposa sin tacha ni arruga» (Ef 5, 27)".
La Iglesia mira a María para contemplar en Ella lo que la Iglesia es en su Misterio, en su peregrinación de la fe, y lo que será en la patria definitiva al término de su camino, donde la aguarda, en la gloria de la Santísima e indivisible Trinidad, en la comunión de todos los santos, aquella a quien la Iglesia venera como Madre de su Señor y como su propia Madre (cf CEC, 972).

PLEGARIA UNIVERSAL

Oremos a Dios, por mediación de María, Madre inmaculada y podámosle que escuche nuestras oraciones en favor del mundo entero. R. Por Intercesión de María, escúchanos, Padre.

1.- Por el Papa Francisco y todos los ministros de la Iglesia para que por intercesión de la Virgen que entrego a Cristo al mundo reciban la iluminación permanente del espíritu Santo para  realizar su misión. Oremos. R.

2.- Por todos los pueblos de nuestro continente, para que bajo la protección de la Virgen  María, podamos vivir con mayor coherencia y solidez nuestra fe cristiana. Oremos. R.

3.- Por todas las familias de nuestro país; para que encuentren en María, Madre inmaculada, la sabiduría, la fortaleza y el consuelo que necesitan para educar a sus hijos en la fe. Oremos. R.

4.-  Por los jóvenes del mundo para que encuentren en María la inspiración y la fortaleza para orientar su vida hacia la conquista de nobles y santos ideales. Oremos. R.

5.- Por todos los que han consagrado subida a Dios en el servicio a los hermanos: para que sigan el ejemplo de María, esplendor de santidad cristiana. Oremos. R.
6.- Por todos nosotros; para que la celebración de la Inmaculada Concepción nos fortalezca en la lucha contra el pecado y nos enseñe a vivir como Jesús nos pide. Oremos. R.

Mira, Padre, a la Madre de tu Hijo, inclina tu oído a nuestras oraciones y bendícenos con tu gracia para que vivamos, como ella, con amor fiel tu santa voluntad. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, recibe complacido el sacrificio salvador que te ofrecemos en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de santa María Virgen y así como reconocemos que la preservaste, por tu gracia, limpia de toda mancha, guárdanos también a nosotros, por su intercesión libres de todo pecado. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Señor, Dios nuestro, el sacramento que hemos recibido repare en nosotros las heridas de aquel primer pecado del que preservaste de modo singular la Concepción  Inmaculada de la Santísima Virgen María. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 09: Is 35, 1-10; Sal 84; Lc 5, 17-26.
Martes 10: Is 40, 1-11; Sal 95; Mt 18, 12-14.
Miércoles 11: Is 40, 25-31; Sal 102;  Mt 11, 28-30.
Jueves 12: Bienaventurada Virgen María de Guadalupe. Eclo 24, 17-22 (o bien: Rm 8, 28-30) Sal: Lc 1, 46-55; Lc 1, 39-48.
Viernes 13: Santa Lucia, Virgen y Mártir. Is 48, 17-19; Sal 1; Mt 11, 16-19.
Sábado 14: San Juan de la Cruz, Presbítero y doctor de la Iglesia. Eclo 48, 1-4. 9-11; Sal 79; Mt 17, 10-13.
Domingo 15: Is 35, 1-6ª.10; Sal 145; St 5, 7-10; Mt 11, 2-11.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 1. 26-38

GABRIEL/PARAISO M/ESPOSA/I
1. La aparición del arcángel Gabriel da el tono a la escena de la Anunciación. Desde Daniel 8.9. Gabriel era considerado por el judaísmo como el anunciador de los últimos tiempos. Su aparición en casa de María significa, por tanto, que los últimos tiempos han sido inaugurados. El judaísmo había presentado a Gabriel con su espada de fuego como guardián del Paraíso (Gn 3. 24). Su aparición deja prever que la entrada al Paraíso estará abierta a los hombres de ahora en adelante.
La escena tiene lugar en la humilde casa de Nazaret. Lucas opone el anuncio del nacimiento de Juan Bautista, hecho en el templo de una manera solemne, a la anunciación de María, que fue hecha en el secreto del corazón de una joven pobre y en una región despreciada como era entonces Galilea (Jn 1. 46; 7.4)
Lucas parece establecer en su conjunto una oposición entre Jerusalén y María, como si María heredase las prerrogativas de Jerusalén.
El saludo del ángel: "Alégrate... porque el Señor está contigo". Esta frase ha sido pronunciada por los profetas refiriéndose a Jerusalén, para anunciarle la próxima venida del Mesías (Za 9. 9; So 3. 14). Por tanto, en las palabras del ángel hay algo más que un simple saludo, y en él podemos ver una trasposición de los privilegios reservados hasta entonces a Jerusalén, en beneficio de la Virgen María.
Como la antigua Jerusalén se mostraba incapaz de realizar las profecías de que había sido objeto (acogida de su Señor, apertura a todas las naciones). Dios va a suscitar una nueva Sión: la Virgen María, único "resto" fiel de la primera Sión.
La expresión "el Señor es contigo" encubre el misterio de la Encarnación, porque la expresión paralela de Sofonías: "el Señor está en medio de ti" (3. 14) significa literalmente "el Señor está en tus entrañas".
La expresión "llena de gracia" para el evangelista quiere decir que la Virgen es "agraciada" como se dice en el vocabulario de los esponsales. Así es Rut para Booz (Rt 2. 2; 10. 13); Ester para Asuero (Est 2. 9/15/17; 5. 2/8; 7. 3; 8. 5); toda mujer para su esposo (Pr 5. 19; 7. 5; 18. 22; Ct 8. 10). Por consiguiente, este contexto matrimonial es muy evocador. Dios busca desde hace mucho tiempo una esposa que le sea fiel. Ha repudiado a Israel, su esposa anterior (Os 1-3) pero está dispuesto a "desposarse" de nuevo. Interpelada por una expresión frecuente en las relaciones entre esposos, María comprende que Dios va a realizar con ella el misterio de los esponsales que habían sido prometidos en el A.T. Este misterio alcanzará un realismo sorprendente, ya que las dos naturalezas -la divina y la humana- se van a unir en el Hijo de María, con un lazo mucho más fuerte que el de los cuerpos y el de las almas en la unión matrimonial.
Todos estos versículos del evangelio desarrollan toda una teología bíblica del misterio de María. Ella es la mujer de los últimos tiempos, la que ha sustituido a Jerusalén para realizar las promesas de universalidad y las profecías de fecundidad. Ella las realiza por medio de un misterio que consiste en sus desposorios con Dios, poniendo así punto final al repudio contra la primera esposa. Y, al mismo tiempo, las realiza también por medio de su victoria sobre el enemigo. Por eso es llena de gracia, y no solamente por su belleza física, sino mucho más por la belleza que Dios le ha concedido y que la hace digna de ser la Madre del Hijo de Dios.
La fe de María es una fe tan grande que en ella se puede realizar el paso de la Esperanza al Cumplimiento.
Sumergida en la Historia de Israel, Ella ha sido la que ha dicho la última palabra en una religión de Espera. Ella ha llevado hasta el final la búsqueda espiritual de su pueblo. Por haberlo recorrido ella misma, sabe mejor que nadie el camino que hay que seguir para ir al encuentro de Dios.
M/ADVIENTO: María sabe el secreto del Adviento que conduce a la aceptación del Señor. Ella apresura los caminos por donde pasan los nuevos nacimientos del Verbo.


La narración de la Anunciación da un excelente ejemplo del modo como habla el Evangelio y del modo como debe leerse. Sería equivocado buscar en él la fiel transcripción de una conversación entre María y Gabriel, o convertirlo en un estudio psicológico de María. Se trata sencillamente de una enseñanza teológica de la cual Lucas nos habla con la ayuda de un diálogo bien estructurado (es una "teología alusiva", o explicación rabínica del estilo midráshico, llenas de citas del AT, por la cual se extrae el sentido profundo de los acontecimientos dentro del contexto de la historia de la salvación). Toda esta narración reposa en definitiva sobre una experiencia religiosa de María, misteriosa pero de una riqueza inefable y de una histórica realidad.
Tras un saludo (v. 28: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo") que evoca los saludos proféticos a la "Hija de Sión", personificación misteriosa de la comunidad mesiánica (So 3. 14; Za 9. 9), la primera parte del diálogo (vv. 30-33) expone la cualidad davídica y mesiánica del niño que va a nacer, en términos que se inspiran ampliamente en 2 Sm 7. 12ss (=1.lect.IV Adviento), Is 7. 14; 9. 5s; Mi 4. 7. Tras una pregunta de María (v. 34), el diálogo llega a una declaración que marca el punto álgido (v. 35: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti... Hijo de Dios"): el Niño nacerá por una intervención directa del espíritu creador, lo que valdrá ser "Santo" y ser llamado "Hijo de Dios".
Esta página es la presentación autorizada de la experiencia incomunicable de María. Experiencia fruto de una revelación nueva en la que se dio cuenta de que en ella se realizaría de modo excepcionalmente real la antigua profecía de Is 7. 14: "tendrás un hijo y le pondrás un nombre". La comunidad primitiva, la Iglesia, recibió este misterio y lo transmitió en las narraciones catequéticas de la infancia de Jesús (Mt 1. 18-25; Lc 1. 26-38), escritas como pórtico teológico que da el sentido pleno de lo que es Jesús creído a la luz de la Pascua: de este modo se puede entender mejor todo el evangelio que sigue.
Por medio, pues, de un diálogo claramente estructurado se nos ofrece la sustancia, revistiéndola de la forma escriturística y teológica más apropiada para alimentar la fe. En definitiva, se enseña que el hijo de María será el Hijo de David heredero de la descendencia mesiánica, y que, concebido de modo excepcional, merece desde su infancia el título de Hijo de Dios (título que Lucas no pone nunca en boca de hombres: su percepción profunda es fruto de revelación: 22. 70). Filiación humana, enraizada en la historia concreta de un pueblo mesiánico y perceptible a la vista de cualquiera; filiación divina, fruto del favor extraordinario de Dios, que se realiza en la filiación humana mesiánica llevada a fondo, pero que no es perceptible ni se comprende ("¿Cómo será eso?") si no es por don del Espíritu y por el poder del Altísimo que iluminan la última realidad de aquel niño nacido de María en una actitud de radical pobreza: manifestada por la `virginidad` (vv. 34-37) y por la obediencia de esclava (v. 38) a la Palabra de Dios.
SALVADOR PIE- MISA DOMINICAL 1989, 23


María representa en el momento de la encarnación a los pobres de todos los lugares y tiempos, a la humanidad toda: el Hijo de Dios se hizo hombre entre los hombres y pobre entre los pobres. Ello permite examinarnos cada uno de nosotros como encarnación de Dios, como portadores del Espíritu de Jesús.
Esto, como cualquier gestación, no puede ser una realidad que aceptemos de forma meramente pasiva, sino que nos compromete a participar en su crecimiento dentro de nosotros y en la exteriorización de aquello que llevamos "en vasos de barro".
Siguiendo la idea de Pablo, requiere que nos esforcemos para que nuestros criterios sean los criterios de Jesús, nuestros deseos sean sus deseos y nuestras acciones sean prolongación de su acción. Se trata de poder decir, con verdad, que no somos nosotros quienes vivimos, sino Cristo el que vive en nosotros. Si entusiasta (ENTUSIASTA/SIGNIFICADO) significa etimológicamente "el que lleva a Dios dentro", nosotros deberíamos serlo de forma convincente para los demás. Un bonito verso dice aquello de que "Llenos de Dios vamos los hombres. Llenos de Dios y sin saberlo, como los ríos por los campos que van llenos de cielo".
María no se limita a "soportar" pasivamente la encarnación de Dios en sus entrañas, sino que, con un activo "sí", acepta la invitación divina que le da un difícil papel en favor de los demás. No se trata de un privilegio en el sentido discriminante de la palabra, una especie de "enchufe" arbitrario, sino de ofrecerse para un servicio que la humanidad necesita. En realidad, también nosotros tenemos ese privilegio de servir a nuestros hermanos desde la fe en Jesús.
EUCARISTÍA 1989, 56

4. Hubo una vez un hombre llamado Abraham. Su mujer se llamaba Sara. Ambos eran de edad muy avanzada. Un día supieron que iban a tener un hijo. Tres hombres que por allí pasaban se lo dijeron. Pero Sara se rió para sus adentros. Le parecía imposible. ¿Hay algo imposible para Dios?, replicaron los hombres. El relato íntegro lo encontrarás en Gn/18/01-15.
Hubo una vez una joven llamada María. Estaba prometida a José, pero aún no vivían juntos. Un día supo que iba a ser la Madre de Dios. Un ángel se lo dijo. En un principio a María le pareció imposible, pero aceptó que para Dios no hay nada imposible. Unos versículos más adelante, continuando un relato que no acaba con el último versículo de hoy, escuchamos lo siguiente: Dichosa tú por haber creído en el cumplimiento de lo que Dios te ha dicho. La belleza y el candor del relato de Lucas deben ayudarnos a encontrar la perspectiva del mismo.
Está formulada en línea con el relato del Génesis antes mencionado: para Dios no hay nada imposible. Pero es tal vez esta formulación la que nos plantea problemas. ¿Significa que Dios puede hacer lo que quiere? Debemos de guardarnos de confundir poderío-prepotencia con capacidad. Pongamos un ejemplo. El poder del agua respecto a la tierra radica en su capacidad para hacer que la tierra germine. Todo es, pues, posible para el agua. En cambio, respecto al cemento no tiene ya el agua el mismo poder. El cemento no es permeable al agua.
¿Podemos siquiera sospechar de lo que es capaz Dios si encuentra un terreno, es decir, un ser humano, abierto y permeable a El? Este fue María. Dejarse hacer por Dios no implica carecer de personalidad y sentido crítico. ¿Cómo sucederá esto? En la expresión "esclava del Señor" el término esclavo no refleja una situación sociológica, sino una grandiosa actitud de espíritu caracterizada por la sencillez y la apertura al Otro por antonomasia. La expresión tiene sus raíces en la mística antiguotestamentaria y pertenece a lenguaje del corazón. El relato de Lucas es un maravilloso idilio, del que poco antes ha excluido a Zacarías. Está ya esbozando el autor un rasgo característico: su predilección por los marginados (mujeres, pastores, publicanos, pecadores). "Es más indefenso el hombre de armas que es sorprendido sin su cota de malla que el insignificante hombre de paz que, por no haberla tenido nunca, tampoco siente nunca su carencia" (Ernesto Sábato). He aquí la esclava del Señor... Y el ángel la dejó.
¿Podemos siquiera sospechar lo que Dios puede cuando encuentra un ser humano sencillo y abierto a El.
A. BENITO- DABAR 1985, 2


5. Siguiendo la costumbre judía, San José no había tomado aún a su esposa en su propia casa. María, esposa de José, era virgen. Aquí se dice expresamente que San José era de la estirpe de David, detalle interesante para demostrar el cumplimiento de las profecías. En cambio no se dice en ninguna parte de los evangelios y de una manera expresa que María fuera de la estirpe de David, aunque esto se suponga repetidamente (cfr. v. 32).
"Llena de gracia" significa tanto como "llena del favor de Dios". La Inmaculada, la que nunca estuvo sujeta a la esclavitud del pecado, fue objeto de todas las complacencias divinas. Pero también fue la mujer más libre y responsable, sin condicionamientos de un mal pasado, capaz de asumir una función especialísima en la historia de nuestra salvación. Su maternidad fue efectivamente responsable, fue madre porque quiso serlo. De no ser así y de no haberlo querido así Dios, no tendría ningún sentido la embajada del ángel.
Son las palabras del ángel, y no tanto su inesperada aparición, las que sorprenden y turban a María, nos hace pensar en el Mesías deseado por todo el pueblo y soñado por todas las mujeres de Israel. En esta virgen llega a su culminación la esperanza de todos los hombres y la disponibilidad de todas las mujeres de Israel. Pero, ¿qué papel ha de desempeñar María en todo esto? ¿por qué ella es saludada como la bendita de las mujeres? La Virgen medita sobre este punto.
Ahora el ángel la anima y le dice que ha sido elegida por Dios para que en ella se cumplan todas las bendiciones y promesas de Israel. Por eso es "bendita". Las palabras del ángel están llenas de resonancias bíblicas y nos recuerdan el lenguaje frecuentemente usado al anunciar el nacimiento de un niño extraordinario (cfr. Gn. 16. 11; Jc 13, 3-5). El evangelista supo recordar especialmente las palabras de Isaías 7, 14, pues seguidamente acentuará la virginidad de María.
El niño será grande en sentido absoluto, y será llamado "Hijo del "Altísimo". Sin embargo, estos títulos deben interpretarse aquí en el sentido del A. T. y no implican de suyo el reconocimiento de la divinidad de Jesús.
No parece probable que María hubiera hecho antes un voto de virginidad, y no hay que ver en ello la razón de su pregunta: en todo el A.T. no se encuentra una valoración moral o religiosa de la virginidad por encima del matrimonio, por el contrario se ve en la fecundidad una bendición especial de Dios. Por otra parte, en el judaísmo nunca se pensó que el Mesías naciera de un modo distinto al común de los hombres y hubiera sido incomprensible que una mujer, por amor a la virginidad, renunciara a ser la madre del Mesías. Añádase que María estaba ya desposada con José. Así, pues, en tales circunstancias resulta sicológicamente imposible que María consagrara su virginidad a Dios antes de la embajada del ángel.
La pregunta de María obedece a una razón muy sencilla: se da cuenta de que Dios le pide, precisamente ahora, ser madre del Mesías, pero no comprende cómo puede ser. Ella es todavía una simple prometida y no conoce varón.
El ángel le dice cómo sucederá todo, por la fuerza del Altísimo (que es el Espíritu Santo) y sin menoscabo de su virginidad. El Espíritu de Dios "la cubrirá con su sombra" lo mismo que la "nube" o "gloria de Yahvéh" cubría el arca de la Alianza, y a semejanza del Espíritu de Dios que en principio se cernía sobre las aguas. Se trata de un símbolo de la poderosa fecundidad de Dios y de su presencia santificante.
María responde con un "sí" humilde y obediente. María se convierte en el Arca de la Nueva Alianza y en Madre del Hijo de Dios. Es comprensible que María, realizado ya este misterio, conservara su virginidad y que José guardara una respetuosa distancia ante el misterio.
EUCARISTÍA 1980, 57


6. Esta página es como una antítesis de la del Génesis. Aquí no hay un demonio que tienta, sino un ángel que anuncia y promete. No hay manzana seductora en el árbol, sino un fruto bendito en el vientre. No hay una mujer que duda y se endiosa, sino una mujer que se fía y se entrega. A la mujer de la duda y del «no», responde la mujer de la fe y del «sí». A las maldiciones, suceden las bendiciones. Al Espíritu malo, sucede el Espíritu Santo.
Por otra parte, esta página es cumplimiento de la del Génesis. Ahora sabemos quién es la mujer anunciada y la descendencia victoriosa. Se llamará Jesús, y será a la vez el Hijo de Dios y el Hijo del hombre, el nuevo Adán, el que hará posible la vuelta al paraíso.
CARITAS - FUEGO EN LA TIERRA - ADVIENTO Y NAVIDAD 1988.Pág. 44


7. Las afirmaciones teológicas de la Carta a los Efesios, aquí, en Lucas, se hacen historia. «En aquel tiempo», en un día señalado, en el día nuevo y definitivo, en el Año de gracia inacabable. Las bendiciones y promesas de Dios empiezan a cumplirse, y de modo insospechado. Es Dios mismo el que, entrando en nuestra historia, se hace bendición. Viene a buscar al hombre huido y desgraciado, viene a llenar de gracia al que está sin gracia.
Y la primera en ser colmada es una joven humilde de un pueblo insignificante. Ella es la «llena-de-gracia», como acostumbran a escribir en el Oriente. Ella es la tierra bendita, que regada por el Espíritu dará un fruto de cielo. Aquí el ángel sustituye al demonio, la joven humilde y obediente a la vieja orgullosa y rebelde, el fruto bendito a la manzana engañosa y el Espíritu Santo al espíritu del mal. Es el principio de un nuevo paraíso.
CARITAS - UN DIOS PARA TU HERMANO - ADVIENTO Y NAVIDAD 1991.Págs. 39


8. El relato de la anunciación es la primera presentación que el evangelio de Lucas hace de quién es Jesús y su misión. Y, en esta primera presentación, destaca simultáneamente la figura de María como vehículo pasivo y activo a la vez de la venida del Hijo de Dios.
Podemos destacar, en el relato, los siguientes aspectos:
- La narración muestra desde el mismo comienzo que Dios viene a actuar en un contexto de absoluta irrelevancia y anonimato: se habla del pueblo de Nazaret y de la muchacha llamada María como de un lugar y una persona desconocidos; José, que podría tener una cierta relevancia en tanto que descendiente de David, ya se ve que le queda muy poco de aquel antiguo origen.
- El ángel saluda por dos veces a María, y en sus palabras muestra que Dios se ha acercado a ella para actuar en ella. Dios realiza con María lo que las promesas proféticas anunciaban para Israel: la llena con su presencia, la libera del temor, está definitivamente con ella. María será ahora el lugar donde Dios actuará. Por eso el ángel afirma seguidamente la acción de Dios como algo ya hecho: "Darás a luz un hijo...".
- El momento más intenso de la escena es la presentación de quién es Jesús. La acumulación de títulos sacados de los anuncios proféticos señalan el cumplimiento definitivo de todas las promesas de Dios. Dios se hará presente totalmente en aquel niño que ha de nacer.
- La objeción de María es un tanto sorprendente dado su noviazgo con José, y podría referirse a la ley que prescribía que entre el noviazgo y el matrimonio tenía que transcurrir un año. Pero no es eso lo que realmente importa aquí. Lo importante es resaltar que aquí se realiza una obra de Dios que supera totalmente los caminos humanos. Es "el Espíritu Santo", es el "la fuerza del Altísimo" quien fecunda a María y trae al mundo al que será la definitiva presencia de Dios.
- La respuesta de María ofrece la necesaria colaboración humana para la obra de Dios: ella es la esclava del Señor dispuesta a aceptar que Dios actúe en ella y a través de ella para realizar su obra. Es la respuesta de fe y confianza de los creyentes desde Abrahán; es aquella actitud que Isabel alabará en la escena de la Visitación (cf. el próximo domingo 4 de Adviento).
J. LLIGADAS - MISA DOMINICAL 1994, 16


9. Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo
El relato de la anunciación del nacimiento de Jesús es paralelo al de la anunciación de Juan Bautista. El mismo ángel que aparece en ellas teje la unidad en la discontinuidad del plan salvador de Dios. Y Lucas lo teje según un modelo veterotestamentario de anunciación de cinco colores (cf. Gn 17: Isaac; Jc 13: Sansón ): 1) la aparición del ángel Gabriel (1,26-27); 2) la reacción de turbación de María (1,29-30); 3) el mensaje que anuncia el nacimiento del hijo, el nombre del niño (1 ,31) y los rasgos que lo identifican (1,32.33.35); 4) la objeción de María: ¿Cómo será eso? (1 ,34); 5) el signo asegurador: Isabel ha concebido a Juan a pesar de su vejez (1,36-37).
María es llamada con un título (1,28) y por el nombre (1,30), como en los relatos de anunciación (cf. Gn 17,5), para ser la madre del que ya es el Hijo del Altísimo (1,32), el Hijo de Dios (1,35). Esto muestra que la intención lucana es eminentemente cristológica, aunque dé unas pinceladas sobre la figura de María (1,34.38). Precisamente porque el niño no es sólo el heredero del trono de David ( 1,32), sino el Hijo de Dios (1,35), María es virgen (1,27). Pero hoy no se debería comentar este aspecto, sino la imagen de María esclava del Señor (1,38) y llena de la gracia del Señor(1,28; notemos que la versión litúrgica sigue la de la Vulgata: gratia plena).
Era necesaria una mujer que, en nombre de toda la humanidad, permitiera que Dios se hiciera hombre. Y lo permite cuando acepta su Palabra y el cumplimiento de su promesa (cf. Gn 12, 3; 2S 7, 8-16; Lc 1, 54-55). La obediencia de María sella el inicio de la Iglesia. Además, en el sí de María, Lucas no sólo expresa la intuición cristiana de que la intervención divina en su concepción virginal de Jesús supuso para María no sólo el inicio de su asociación con el plan misterioso de Dios: es la esclava del Señor, sino que también asocia a María con los pobres de Israel: depende totalmente del apoyo de Dios.
En síntesis, Dios llena a María de su gracia porque le asigna un papel único e irrepetible: ser la madre de su Hijo único y del Mesías davídico. Por eso, María se convierte en el modelo de cómo Dios puede cambiarlo todo (cf. 1,46-53): de una humilde virgen hebrea hace una figura extraordinaria para todos los pueblos.
J. FONTBONA - MISA DOMINICAL 1995, 15


10. Literariamente este relato aparece construido según el esquema de los relatos de vocación del Antiguo Testamento; en concreto, hay paralelismos con el de la vocación de Gedeón (cf. Ju 6,11-21 en especial en los vv. 12.15 y 16). El autor nos quiere presentar la vocación de María en la linea de las de los antiguos jueces-salvadores del pueblo. No obstante, introduce unas notas de originalidad: el nacimineto del Hijo que es descrito con los títulos mesiánicos del Antiguo Testamento (Jesús, hijo del Altísimo, hijo de David, rey de Israel, fruto santo, hijo de Dios), la relación del niño con Dios por medio de la acción del Espíritu (llena de gracia, el Espíritu Santo, el poder del Altísimo). María recibe una llamada a convertirse en la madre del salvador-Mesias.
A pesar de la importancia de María en los relatos de la infancia y en el resto de los evangelios de Lucas y de Juan, José es quien entronca a Jesús con la familia de David (v. 27). El relato destaca, no obstante, que José no es el padre natural de Jesús. Según el ritual matrimonial de entonces, María está desposada con José pero no viven todavía juntos. Legalmente son marido y mujer, pero no han empezado a cohabitar. Quiere así el evangelista expresar el misterio de Jesús: verdadero hombre y verdadero Dios.
Las palabras del ángel concluyen con el mismo mensaje que recibieron Abraham y Sara, nuestros padres en la fe. "Porque para Dios nada hay imposible" (v. 37; cf. Gn 18,14). Y es que María es la madre en la fe del pueblo cristiano, como Abraham es el padre en la fe.
Nuestra perícopa es el relato de la vocación de María a ser la madre natural del Mesías y la madre en la fe del nuevo pueblo que es la comunidad de Jesús, hombre y Dios a la vez. En nuestro itinerario de Adviento María nos aparece como aquella que responde con generosidad a su vocación maternal y nos da a luz a Jesús, el vencedor del mal y del pecado de la humanidad.
J. LATORRE - MISA DOMINICAL 1999, 15, 50