viernes, 11 de diciembre de 2020

LECTURASY COMENTARIO TERCER DOMINGO CICLO B - 13 DICIEMBRE 2020

 

YO SOY UN TESTIGO

 



COMENTARIO

 

Juan Bautista es el testigo de Cristo. ¿Les impresiona esta idea? Al final de su evangelio, Juan dirá que también él fue un testigo, y al término del evangelio de Lucas, Jesús dice: Serán mis testigos. Habrá que creer que se trata de algo importante. El testigo revela alguna cosa, sabe, manifiesta la existencia y la importancia de alguien. Es lo que Juan bautista hizo a favor de Jesucristo. Sorprendió a las gentes, suscitó la fiebre de su espera: ¿Eres tú el Mesías? ¡Dínoslo!. Y entonces resonó su testimonio: No, no soy yo: pero en medio de ustedes está ése que no conocen. El terreno estaba preparado. Cuando al día siguiente mostró a un hombre diciendo: Este es el cordero de Dios, los primeros discípulos se pusieron a seguir a aquel hombre a Jesús, y se convirtieron a su vez en testigos suyos: ¡Ha venido el Mesías. Cristo ha venido, pero muchos no lo saben. Algunos lo esperan confusamente, sienten que en su venida, en el mundo, hay muchas cosas decepcionantes y angustiosas. Esta sorda espera es la que la liturgia de adviento recoge y acentúa; pero todo el año, día tras día, los hombres esperan la salvación, una salvación, un salvador. ¡Dichosos si encuentran testigo! ¿Soy yo ese testigo?

Seguramente ha sentido esa llamada, al menos una vez en mi vida: ser apóstol, ser testigo de Cristo. Si se ha dormido ese impulso, el evangelio de hoy podría despertarlo. Tengo ante mí vista al primer testigo, al modelo de testigos: Juan Bautista. Era un hombre sorprendente. ¿Hay algo en mí que sorprende a los que me rodean? ¿Manifiesto yo suficientemente mi fe para que se sientan movidos a interrogarme: ¿Tú quién eres? ¿Qué es lo que tienes en tu vida? Eso demostraría que soy un buen cartel de propaganda para Cristo. El anuncio de algo, el anuncio de alguien: Hay uno en medio de ustedes. Está ahí, en sus luchas, en sus esperanzas, en la manera de amar de ustedes. ¿Quién es? -Jesucristo. -Háblanos de él. Allí comienza el momento difícil del testimonio directo: saber hablar de Jesucristo. ¡Qué pena que nos falten palabras! Para ser testigos, hay que saber, y tenemos para ello medio en abundancia: libros reuniones, catequesis audiovisual. Decir yo no sé, sin poner ningún esfuerzo, es realmente querer ser un mal testigo. Hay personas muy cultas y creyentes, pero ante las diversas cuestiones su ignorancia religiosa se va manifestando cada vez más grande, de forma que se sienten molestas. No me atrevo a afirmar que uno se convierta automáticamente en un buen testigo a base de la cultura religiosa. Si sé mantener nuestra fe en el nivel intelectual de nuestra cultura profana es absolutamente necesario, no es sin embargo más que un aspecto de nuestro testigo. El testigo de Jesucristo es sobre todo uno que vive de Jesucristo. ¡Y esto es algo que se ve! ¿Quieres atestiguar que Jesucristo es la esperanza de los hombres? ¿Cómo vives tú esa esperanza? ¿Quieres atestiguar que Jesucristo trae el amor? ¿Cómo es tu fraternidad con los demás?.

R.P. Roland Vicente Castro Juarez

 

ANTIFONA DE ENTRADA      Flp 4, 4-5.

Alégrense siempre en el Señor; se los repito, alégrense. El Señor está cerca.

 

ORACION COLECTA

Oh, Dios, que contemplas como tu pueblo espera con fidelidad la fiesta del nacimiento del Señor, concédenos, llegar a la alegría de tan gran acontecimiento de salvación y celebrarlo siempre con solemnidad y jubilo desbordante. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del Profeta Isaías Is 61, 1-2a. 10-11.

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros, la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor.

Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.

Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos, ante todos los pueblos.

 

SALMO RESPONSORIAL (Lc 1)

 

Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador.

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. R.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. R.

 

A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel su siervo, acordándose de la misericordia. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Tesalonicenses 5, 16-24.

Hermanos: Estén siempre alegres. Sean constantes en orar. En toda ocasión tengan la Acción de Gracias: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de ustedes.

No apaguen el espíritu, no desprecien el don de profecía; sino examínenlo todo, quedándonos con lo bueno.

Guarden de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la paz los consagre totalmente, y que todo su ser, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo.

El que los ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO                                     Lc 4, 18.                                                                                

Aleluya. El Espíritu del Señor esta sobre mí: me ha enviado para anunciar el evangelio a los pobres. Aleluya.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Juan 1, 6-8. 19-28.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.

Los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: ¿Tú quién eres ?.

El confesó sin reservas: Yo no soy el Mesías.

Le preguntaron: Entonces ¿qué? ¿Eres tú Elías?.

Él dijo: No lo soy. ¿Eres tú el Profeta?.

Respondió: No.

Y le dijeron: ¿Quién eres?. Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?.

Él contestó: Yo soy «la voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor» (como dijo el Profeta Isaías).

Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?.

Juan les respondió: Yo bautizo con agua; en medio de ustedes  hay uno que no conocen, el que viene detrás de mí, que existía antes que yo y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Con espíritu agradecido y con sencillez de corazón, oremos a Dios que nos anuncia la paz y nos da la esperanza. Digamos unidos a toda la Iglesia. R. Escucha, Señor, nuestra oración.

 

1.- Para que la voz de la Iglesia y de sus pastores resuene en este tiempo con mayor fuerza proclamando con gozosa esperanza el evangelio de Jesucristo, raíz profunda de los auténticos derechos humanos. Oremos al Señor. R.

 

2.- Para que los Estados protejan y fomenten el desarrollo de los pueblos más necesitados, renunciando a los egoístas intereses particulares. Oremos al Señor. R.

 

3.-  Para que la Palabra de Dios mueva a todos los cristianos y hombres de buena voluntad a ser, según el mandato de Cristo, solidarios con los ms necesitados como una exigencia esencial de nuestra vocación al servicio del Reino de Dios y su justicia. Oremos al Señor. R.

 

4.- Para que, reconociendo las maravillas que Dios obra en la historia, como Maria, vivamos en constante acogida de su Palabra, en activo servicio a su proyecto y en solicita y alegre caridad con los que sufren o están tristes. Oremos al Señor. R.

 

5.- Para que, en este tiempo de gracia, los que se han consagrado al Señor vivan a impulso de su Espíritu en una creciente fidelidad a sus insinuaciones y en una amorosa entrega a su vocación. Oremos al Señor. R.

 

6.- Para que todos los hombres reconozcamos, en Jesús, al Mesías que nos trae la paz, y allanemos sus caminos en los corazones más endurecidos, con nuestra oración constante y con nuestra entrega generosa. Oremos al Señor. R.

 

Escucha, Señor, nuestras suplicas y nuestra acción de gracias; haz que amemos siempre tu voluntad y que no ahoguemos nunca la llama de tu Espíritu  que nos llama  a ser fieles a ti, que sellaste con nosotros una promesa de salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Haz, Señor, que te ofrezcamos siempre este sacrificio como expresión de nuestra propia entrega, para que se realice el santo sacramento que tu instituiste y se lleve a cabo en nosotros eficazmente la obra de tu salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNION   Is 35, 4

Digan a los cobardes de corazón: sean fuertes, no teman. He aquí nuestro Dios que viene y nos salvara.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Imploremos tu misericordia, Señor, para que este divino alimento que hemos recibido nos purifique del pecado y nos prepare a las fiestas que se acercan. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

 

Lunes 14: Nm  24, 2-7.15-17ª; Sal 24; Mt 21, 23-27.

Martes 15: So 3, 1-2.9-13; Sal 33; Mt 21, 28-32.

Miércoles 16: Is 45, 6b-8.18.21b-26; Sal 84; Lc 7, 19-23.

Jueves 17: Gn 49,  1-2.8-10;  Sal 71; Mt 1, 1-17.

Viernes 18: Jr 23, 5-8; Sal 71; Mt 1, 18-24.

Sábado 19: Jc 13, 2-7. 24-25ª; Sal 70; Lc 1, 5-25.

Domingo 20: 2S 7, 1-5.8b-12.14ª.16; Sal 88; Rm 16, 25-27; Lc 1, 26-38.

 

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Jn 1, 6-8. 19-28

 

1. - Está tomado del cuarto evangelio y habla sobre el mismo Juan Bautista sobre el que hablaba Mc el domingo pasado. Desde su presente, el autor mira hacia atrás y reflexiona sobre Juan.

"Venía para una testificación, para testificar sobre la luz, para que por su mediación todos creyeran". La terminología es forense. El autor no presenta a Juan Bta como precursor, sino como testigo que depone en un juicio. Esta presentación no tiene nada que ver con la que hacía Mc el domingo pasado. "No era él la luz, sino que venía a testificar sobre la luz". El autor puntualiza, matiza el papel de Juan.

Dando un salto, el texto litúrgico continúa después: "Esta es la testificación de Juan cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a sacerdotes y levitas a interrogar a Juan". La testificación no es el interrogatorio que sigue, sino lo que antecede y que ha quedado fuera de la selección litúrgica. La declaración del testigo la puedes leer en los vv. 15-18. Es esta declaración la que determina la intervención del ministerio fiscal. Este pasa a interrogar al testigo sobre su identidad (vv. 19-23) y sobre su actividad (vv. 25-27).

Comentario. El análisis del texto nos proporciona una visión de Juan Bta muy distinta a la del domingo pasado. Hemos de acostumbrarnos a ver estas diferencias y a transmitirlas si es que de verdad queremos dar vida al hecho cristiano. Cada evangelista tiene sus propios filtros y su peculiar modo de presentar los hechos. Este domingo no podemos hablar de Juan Bta como precursor en calidad de portador de la buena noticia de Jesús. Hay que hablar de él como testigo de descargo en favor de Jesús. Esto quiere decir que nos hallamos en un proceso judicial. Este es, en efecto, el marco en que se mueve el cuarto evangelio. A lo largo de él asistimos a una confrontación entre dos partes en litigio: luz-tinieblas, día-noche, videntes-invidentes, etc. El problema puede planteársenos a la hora de concretar y personalizar esas partes. El texto de hoy menciona a una de ellas: los judíos de Jerusalén. Y automáticamente apostillamos: ¡Qué malos eran los judíos de Jerusalén!

Pero pensemos un poco. ¿Qué hace cualquier colectivo organizado según derecho con las individualidades que dentro de él no parecen proceder según ese derecho? Los judíos de Jerusalén no hacen sino lo que hace cualquier autoridad, civil o religiosa, en cualquier parte del mundo: interrogar, indagar, investigar. Reconozcámoslo sin agresividad y con sinceridad: en nuestra Iglesia sucede hoy lo mismo que en el Israel teocrático del tiempo del Bta. ¿Tú quién eres? ¿Por qué haces tal cosas si no estás autorizado? A la vista de la continuidad y universalidad del procedimiento habrá que preguntarse si no se tratará de un procedimiento necesario e inevitable en todo colectivo que busque perpetuarse. Cualquiera que sea la respuesta que demos, lo que jamás podremos ya hacer es apostillar de mala a la autoridad religiosa judía por el procedimiento empleado con Juan Bta. Lo más que podremos decir es que se trata de un caso entre otros muchos. Cobra aquí pleno sentido la esperanza que el rabino Mordejai Waxman manifestó al Papa en su último viaje a Estados Unidos: "Esperamos que su dura condena del antisemitismo tenga continuidad en la actividad escolar, en las parroquias y se refleje en las actitudes y la conducta de los católicos en todo el mundo". 

ALBERTO BENITO - DABAR 1987/03


 

2. - La selección litúrgica ha oscurecido por completo el montaje del texto hecho por el autor. La selección litúrgica supone que el testimonio de Juan lo constituyen las palabras de éste a la delegación enviada desde Jerusalén. Pues no. El testimonio de Juan lo constituyen los vv. 15-18. Los vv. 19-28 son la respuesta a la investigación abierta sobre Juan, debido precisamente el testimonio prestado en vv. 15-18; testimonio que, entre otras cosas, ha puesto en tela de juicio la figura de Moisés en favor de un nuevo personaje: Jesús.

Sentido del texto. El autor del evangelio ha creado un montaje de proceso judicial. En este proceso Juan va a desempeñar el papel de testigo de descargo en favor de Jesús. Los judíos de Jerusalén son el fiscal. Todo el lenguaje es un lenguaje técnico judicial: testigo, testimonio, confesión. En el cuarto evangelio Juan no es concebido como Bautista sino como testigo de descargo que depone en favor de Jesús, el cual es presentado como acusado.

Los judíos de Jerusalén son el ministerio fiscal. Es un fiscal religioso. Sus agentes son sacerdotes y levitas fariseos (a este propósito hay que hacer notar la inexactitud de la traducción del v. 24: "Entre los enviados había fariseos". El texto dice textualmente: "Los enviados eran fariseos"). La función del fiscal va a ser la de investigar la personalidad del testigo de descargo a la vista de sus graves afirmaciones en los vv. 15-18, Careo del fiscal con el testigo del acusado.

En este caso hay algo que a nosotros se nos puede escapar: la acción de desatar la sandalia de que se habla en el v. 27. La sandalia era en Israel una metáfora jurídica. Era símbolo del derecho que una persona tenía. Por ejemplo, en el campo matrimonial (ley del levirato, cf. /Dt/25/05-10), en los tratos (derecho a unos terrenos, cf /Rt/04/01-09). El incumplimiento de estos derechos se simbolizaba quitándole la sandalia al incumplidor. Cuando, pues, el testigo de descargo dice que él no es digno de desatar la sandalia de Jesús, está diciéndole al fiscal que el acusado en favor del cual él está deponiendo es quien tiene el derecho. Indirectamente está diciendo que se trata de una persona que no incumple el derecho que tiene. Y en la perspectiva global del cuarto evangelio, está diciendo que es esa persona quien tiene el derecho y no el fiscal que ahora le investiga a él como testigo. De esta manera, el investigado pasa a investigador-acusador del fiscal, a quien le echa en cara el no saber quién es Jesús. El autor del cuarto evangelio concibe pues, su obra, ya desde el comienzo, como un conflicto radical entre dos mundos religiosos: el central de Jerusalén con sus sacerdotes y el periférico de Juan y Jesús, a quienes el autor sitúa al otro lado del Jordán, ubicación indudablemente artificial, pero por ello mismo intencionada.

DABAR 1981/03


 

3. Ver Agustín 01 02

Para comprender mejor la misión de Juan Bautista, pueden tenerse en cuenta estas frases de un sermón de S. Agustín, que se leen en el Oficio de Lectura del tercer domingo de Adviento:

"Juan era la voz, pero el Señor es la Palabra que en el principio ya existía. Juan era una voz provisional; Xto, desde el principio, es la Palabra eterna. Quita la palabra, ¿y qué es la voz? Si no hay concepto, no hay más que ruido vacío. La voz sin la palabra llega al oído, pero no edifica el corazón (...). Y precisamente porque resulta difícil distinguir la palabra de la voz, tomaron a Juan por el Mesías. La voz fue confundida con la palabra: pero la voz se reconoció a sí misma, para no ofender a la palabra. Dijo: No soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta. Y cuando le preguntaron: ¿Quién eres?, respondió: Yo soy la voz que grita en el desierto:`Allanad el camino del Señor'. La voz que grita en el desierto, la voz que rompe el silencio; pero ésta no se dignará venir a donde yo trato de introducirla, si no le allanáis el camino".


 

4. CR/GRITO-LUZ:

-Testigo de la luz.

No era la luz sino su testigo enamorado. ¿Puede haber vocación más bonita? Decir a las gentes que no siempre es de noche ni todo es tinieblas. Llevar un rayo de esperanza a los corazones entristecidos. Una sonrisa gratuita en una sociedad violenta.

Pronosticar que la verdad terminará imponiéndose. Descubrir valores ocultos y carismas no apreciados. Apreciar el lado bueno de las cosas y personas. Entender que no todo es relativo. Encontrar el sentido de la vida. Testigo de todas las luces. Testigo del que es todo luz.

-Yo soy la voz que grita.

¿Puede haber una vocación más humilde y más grande? No es Mesías, ni profeta, ni quiere ser personaje. Es una voz, un mensaje, una llamada. Está hecho para gritar, para proclamar, para anunciar y para denunciar. Si deja de hablar, se muere.

Si deja de gritar, deja de ser. Si deja de anunciar su mensaje, se condena. Una voz, pero hija del viento, del Espíritu. Una voz solamente, pero que no se puede acallar, y que empezará a renovar el mundo. ¡Cuánto vale su palabra! Cuando falten estas voces, el mundo habrá perdido su conciencia.

-Tú, ¿quién eres? Una pregunta que todos tenemos que hacernos. ¿Cuál es nuestra verdadera vocación? No el montaje que nos hemos preparado, o la rutina a la que nos hemos acostumbrado, o la obligación a la que nos sentimos forzados. ¿Quién eres?, sin caretas ni tapujos. No lo que piensan, o dicen, o esperan de ti. Ni lo que tú mismo has llegado quizá a creerte. ¿Quién eres, de verdad? ¿Podrías adivinar el nombre escrito en la piedra blanca que al fin te darán? Ojalá puedan escribir también algo parecido a "testigo de la luz" y "voz que grita".

CARITAS/84-2.Pág. 46 s.


 

5. - El texto es una mezcla de invitación y de advertencia. "Allanad el camino". Dejémonos de rodeos y de engaños. El grito de Juan sigue teniendo vigencia hoy dentro del Pueblo de Dios.

Somos y vivimos como todos: interesados, agobiados, angustiados, materializados. Jugamos a la loto, la bonoloto, el cupón, la lotería, y las quinielas, amén de otros inventos autonómicos.

Nos encantan los concursos y el enriquecimiento rápido. ¡Hacienda es voraz y nosotros somos los devorados! Aquí y así no hay camino para Jesús.

"En medio de vosotros hay uno que no conocéis". Esta advertencia constituye la característica sobresaliente del texto de hoy. El sentido de la advertencia es el siguiente: Jesús puede resultar un desconocido dentro de los círculos religiosos.

También esta advertencia sigue teniendo vigencia hoy dentro del Pueblo de Dios, porque también hoy puede que Jesús sea un desconocido dentro de los que nos profesamos religiosos.

A. BENITO - DABAR 1990/03


 

 

6. - Impresiona la triple negación de Juan: no quiere atraer la atención sobre sí; es sólo "la voz que grita en el desierto".

Es clásico, a la par que sugerente, el comentario de San Agustín: "Juan es la voz, pero el Señor es la Palabra. Juan es una voz en el tiempo; Cristo es ya, en el principio, la Palabra eterna.

Si quitas la Palabra, ¿qué es la voz? Un sonido ininteligible, un ruido inútil. Una voz sin palabra percute el oído, pero no edifica el corazón". La voz es necesaria para comunicarnos: "Si pienso lo que tengo que decir, mi corazón ya tiene la palabra (la palabra interior). Y buscando cómo te llegará y cómo se establecerá mi palabra en tu corazón, tomo la voz y, con ella, te hablo: el sonido de la voz lleva hasta ti la inteligencia de la palabra. Retengamos la palabra, no la perdamos si es palabra concebida en el fondo del corazón".

Vivimos en una época de mucho griterío y muchos fuegos fatuos. Nos llegan cantidad de voces vacías de palabra. Distraen, y no establecen una comunicación a fondo entre nosotros ni nos ayudan a encontrarnos a nosotros mismos. Pero también es cierto que hay palabras vivas, aunque nos cuesta descubrirlas, distraídos como estamos.

Jesús es el Verbo, es decir, la Palabra por excelencia, aquella que ha sido concebida en el fondo del corazón (en el seno mismo de Dios). Retengámosla, esta palabra, no la perdamos. Y para ello hagamos caso de la recomendación de Juan: "Allanad el camino del Señor". San Agustín nos lo explica así: "Es como si dijera: Yo grito para introducirlo en vuestro corazón, pero el Señor no se dignará entrar si vosotros no le preparáis los caminos".

El Adviento es eso. ¿Y no podría ser una manera de prepararle el camino ponernos en sintonía con el Espíritu que reposa sobre Él y que le envía "a anunciar la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo?".

J. TOTOSAUS  -MISA DOMINICAL 1990/23


 

7.- En el ciclo B, el evangelio de Marcos que leemos habitualmente es completado de vez en cuando con fragmentos del de Juan. Ambos evangelios coinciden en un punto clave: el interés muy centrado en la persona de Jesucristo y lo que significa, interés al cual los dos evangelios responden desde puntos de vista diferentes pero complementarios.

Hoy leemos la presentaci6n de Juan Bautista según el evangelio de Juan. El primer fragmento (vv. 6-8) forma parte del prólogo del evangelio: en el interior del himno que canta la Palabra hecha carne, está contenido el primer testimonio de esta Palabra. Después, en otros momentos, irán apareciendo más testimonios de Jesús. Pero aquí queda ya claro de entrada cuál es el objetivo del evangelio, el objetivo al cual han de servir estos testimonios: que "todos vinieran a la fe" en Jesús.

Después de este breve fragmento, la lectura nos presenta la primera escena en la que interviene Juan, una escena que presupone que el lector ya conoce lo que hacía el Bautista, puesto que ni siquiera se explica. Y el comienzo incita ya a la polémica. El bautismo de Juan, efectivamente, es una acción incontrolada, nueva: era normal bautizar a los prosélitos, era también un rito normal en la comunidad esenia, pero aquí Juan lo hace por su cuenta yriesgo, sin ningún tipo de vinculaci6n a ninguna estructura organizada y encima tiene mucho éxito.

Ante la embajada judía, Juan da "testimonio". El no es el Mesías, eso queda bien patente, pero tampoco quiere identificarse con Elías ni con el Profeta que según la tradición habían de preparar la venida mesiánica. Juan seguramente no tenía muy claro quién era aquel a quien él anunciaba. Lo único que tenía claro era el haberse sentido llamado por Dios a "allanar el camino del Señor" para que Dios pueda realizar su acción en el mundo. Cómo lo realizaría Dios, y cómo sería el que había de venir, Juan no pretendía saberlo. Pero su predicación vehemente se había ganado a muchos israelitas.

JOSEP LLIGADAS - MISA DOMINICAL 1993/16


 

8. ACI DIGITAL 2003

6. Apareció un hombre: Juan Bautista. Véase v. 15 y 19 ss. 

19. Sacerdotes y levitas. Confrontado en Lucas 10, 31 s. 

20. Muchos identificaban a Juan con el Mesías o Cristo; por eso el fiel Precursor se anticipa a desvirtuar tal creencia. Observa S. Crisóstomo que la pregunta del v. 19 era capciosa y tenía por objeto inducir a Juan a declararse el Mesías, pues ya se proponían cerrarle el paso a Jesús. 
21. El Profeta: Falsa interpretación judaica de Deut. 18, 15, pasaje que se refiere a Cristo. Cf. 6, 14 s. 

26. Yo bautizo con agua: Juan es un profeta como los anteriores del Antiguo Testamento, pero su vaticinio no es remoto como el de aquellos, sino inmediato. Su bautizo era simplemente de contrición y humildad para Israel, a fin de que reconociese, bajo las apariencias humildes, al Mesías anunciado como Rey y Sacerdote, como no tardó en hacerlo Natanael. Pero para eso había que ser como éste "un israelita sin doblez". En cambio a los "mayordomos", que usufructuaban la religión, no les convenía que apareciese el verdadero Dueño, porque entonces ellos quedarían sin papel. De ahí su oposición apasionada contra Jesús y su odio contra los que creían en su venida.

Confrontado en San Juan 9, 22: "Los padres hablaron así, porque temían a los judíos. Pues éstos se habían ya concertado para que quienquiera lo reconociese como Cristo, fuese excluido de la Sinagoga".

 

 

viernes, 4 de diciembre de 2020

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO II ADVIENTO - T.O. - CICLO B – 6 DICIEMBRE 2020

 

VIENE UNO MÁS FUERTE




COMENTARIO

 

Juan Bautista, un profeta muy grande, bisagra entre el A.T. y el Nuevo, anuncia a “uno más fuerte que él”. Un poco contra corriente de ciertas tendencias que no quieren ver en Jesús más que su debilidad de hombre y su abajamiento, creo que hay que meditar también en esta proclamación de sus fuerzas y su poder. El evangelio nos llama a vivir una aventura con Jesús. Todo lo que se nos puede decir a propósito de Jesús tiene que ayudarnos a profundizar en la primera palabra sobre él, la que pronunció Juan Bautista: “Viene uno más fuerte que yo”.

Nuestra aventura con Jesús comienza cuando, para nosotros, ese Jesús al que escuchamos en el evangelio, humano, amigo, que dice cosas tan hermosas, se convierte en el centro de la historia, en el centro del mundo actual y del mundo futuro, en el salvador de todos los hombres, en el amor supremo. Era quizás el amigo, nuestro amigo. Se convierte a partir de entonces en una inmensidad amigable: no podemos tratar ya con él sin sentirnos con él y como él, hijos del Padre, hermanos universales que lo reciben todo y lo vencen todo: ¿Cómo es posible que con su Hijo, Dios no nos regale todo?... Pero todo eso lo superamos de sobra gracias al que nos amó” (Rm 8, 32 y 37).

Mientras no hayamos realizado esa experiencia del “más fuerte, podemos hojear el evangelio en busca del consejos, pero lo cierto es que esas páginas nos esperan para darnos la “presencia”, para ponernos en contacto con Jesús y hacernos entrar en su irradiación de poder.

Uno de los primeros sermones sobre Jesús, el de Pedro en casa del centurión Cornelio, nos hace oír esta nota de poder y de fuerza: “Me refiero a Jesús de Nazareth, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo” (Hch 10, 38). Y cuando Jesús, preso y llevado ante el Sanedrín, vio cómo le planteaban la cuestión que resume todo el evangelio de Marcos: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?”, respondió: “Van a ver al Hijo del hombre sentado a la derecha del todopoderoso”. “Van a ver”... Si todo depende de Jesús, todo depende en primer lugar de nuestra mirada sobre él. El segundo recorrido por el evangelio que vamos a hacer será, más que los otros, un esfuerzo por ver. Este esfuerzo tiene que conducirnos hasta una fe en Jesús que nos haga comprender hasta qué punto aquél a quien Juan bautista veía como “más fuerte que él” es “la fuerza misma de Dios” (1 Cor 1, 25). Cuando se presenten las horas difíciles, este pensamiento puede llevarnos hacia Jesús con una confianza ilimitada, incondicional.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

 

ANTIFONA DE ENTRADA  Is 30, 19.30

Pueblo de Sion: el Señor vendrá a los pueblos y hará resonar la majestad de su voz con alegría en su corazón.

 

ORACION COLECTA

Dios todopoderoso, rico en misericordia, no permitas que, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, lo impidan los afanes terrenales, para que, aprendiendo la sabiduría celestial, podamos participar plenamente de su vida. Por Nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del Profeta Isaías Is 40, 1-5. 9-11.

Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice tu Dios; hablen al corazón de Jerusalén, grítenle: que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.

Una voz grita: En el desierto prepárenle un camino al Señor; allanen en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que los montes y colinas se abajen,

que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos —ha hablado la boca del Señor—.

Súbete a lo alto de un monte, heraldo de Sión, alza con fuerza la voz, heraldo de Jerusalén, álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: aquí está tu Dios. Miren: Dios, el Señor, llega con fuerza, su brazo domina. Mirad: le acompaña el salario, la recompensa le precede.

Como un pastor apacienta el rebaño, su mano los reúne. Lleva en brazos los corderos, cuida de las madres.

 

SALMO RESPONSORIAL (84)

 

Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

 

Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.». La salvación está ya cerca de sus fieles y la gloria habitará en nuestra tierra. R.

 

La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo. R.

 

El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pedro 3, 8-14.

Queridos hermanos: No pierdan de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años y mil años como un día.

El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. El día del Señor llegará como un ladrón.

Entonces el cielo desaparecerá con gran estrépito; los elementos se desintegrarán abrasados y la tierra con todas sus obras se consumirá. Si todo este mundo se va a desintegrar de este modo, ¡qué santa y piadosa ha de ser su vida!.

Esperen y apresuren la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos consumidos por el fuego y se derretirán los elementos.

Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia.

Por tanto, queridos hermanos, mientras esperen estos acontecimientos, procuren que Dios los encuentre en paz con Él, inmaculados e irreprochables.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO   Lc 3, 4.6                                                                                

Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Todos verán la salvación  de  Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1, 1-8

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el Profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: Prepárenle el camino al Señor, allanen sus senderos.

Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.

Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con Espíritu Santo.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

La liberación es ya cercana y Dios viene a consolar a su pueblo y a borrar el pecado por eso, con alegría serena y confianza filial, presentemos al Padre las necesidades, angustias y esperanzas de los hombres y digamos. R. Muéstranos tu misericordia y escúchanos.

 

1.- Por la Iglesia: para que no deje de anunciar con audacia el Reino de los cielos que nos trae Jesús, el Salvador del mundo. Oremos al Dios  que nos salva. R.

 

2.- Por los que gobiernan las naciones de la tierra: para que, como Juan, modelo del auténtico servicio, ejerzan sus responsabilidades custodiando el bien común y la dignidad de la persona, y promoviendo por todos los medios una sociedad justa, solidaria y pacífica. Oremos al Dios de la paz. R.

 

3.- Por los que con su vida y predicación alzan proféticamente su voz para anunciar la llegada de la salvación y denunciar cuantos escándalos, atropellos y corrupciones imperan a su alrededor: para que experimenten la fortaleza del Espíritu y sean valientes a pesar de las incomprensiones, persecuciones e injusticias. Oremos al Dios del amor. R.

 

4.- Por los que sufren a causa de la enfermedad, la perdida  de sus seres queridos, el hambre, la guerra o la marginación para que descubran en el anuncio de la Palabra al Dios que los salva y en el encuentren un motivo para seguir esperando.  Oremos al Dios de la vida. R.

 

5.- Por los que son llamados a allanar en los corazones, el camino del Salvador: para que con generosidad le sigan y gasten su vida con el solo fin de que Cristo sea anunciado, conocido y amado. Oremos a Dios que nos llama. R.

 

6.- Por  los que celebrando este banquete eucarístico nos disponemos a recibir al Señor: para que lo hagamos con fe y alegría, sirviendo y buscando siempre el bien de los que nos rodean. Oremos al Señor, nuestro  hermano. R.

 

Oh Dios, que no tardaras en venir, escucha las plegarias de tu Iglesia reunida en oración, convierte nuestros corazones a ti, y haz que preparemos el camino de tu Enviado con esperanza y expectación. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Que los ruegos y ofrendas den nuestra pobreza te conmuevan, Señor, y al vernos desvalidos y sin méritos propios acude, compasivo en nuestra ayuda. Pro Jesucristo nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNION    Ba 5, 5; 4, 36

En pie, Jerusalén, sube a la altura, contempla la alegría que Dios te envía.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Saciados con el alimento espiritual, te pedimos, Señor, que pro la participación en este  sacramento, nos enseñes a sopesar con sabiduría los bienes de la tierra y amar intensamente los del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 07: Is 35, 1-10; Sal 84; Lc 5, 17-26

Martes 08: Gn 3, 9-15.20; Sal 97; Ef 1, 3-6.11-12; Lc 1, 26-38.

Miércoles 09: Is 40, 25-31; Sal 102; Mt 11, 28-30.

Jueves 10: Is 41, 13-20, Sal 144; Mt 11, 11-15.

Viernes 11: Is 48, 17-19; Sal 1; Mt 11, 16-19.

Sábado 12: Eclo 24, 17-22 (o bien: Rm 8, 28-30) Sal: Lc 1, 46-55; Lc 1, 39-48.

Domingo 13:   Is 61, 1-2ª.10-11; Sal: Lc 1, 46-54; 1Ts 5, 16-24; Jn 1, 6-8. 19-28.

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Mc 1, 1-8

 

1. J/MESIASJ/HIJO-DE-DEV/QUÉ-ES:

Palabra "evangelio" y su significado. El helenismo consideraba como "alegre noticia" el nacimiento de un príncipe, de un heredero del trono. El día del nacimiento del divino Augusto significó para el mundo el comienzo de la alegre noticia, se lee en una famosa inscripción de aquella época.

Pero no es así como piensa Marcos. Para él el evangelio -o sea, la alegre noticia que nos llena de gozo y de esperanza- es Jesús, su persona, su historia, su predicación. Podemos entonces traducir de este modo: comienzo de la alegre noticia que consiste en el hecho de que Jesús de Nazaret (ese Jesús que llevó una vida humilde, que escogió el servicio y la cruz) es el Mesías, es el Hijo de Dios.

Así, pues, Marcos pone al comienzo de su narración dos profesiones de fe, en torno a las cuales se desarrollará toda su meditación sucesiva: Jesús es el Mesías (este título lo explicará en su sentido exacto en 8, 29) y Jesús es el Hijo de Dios (para comprender su significado profundo y sorprendente hay que leer 15, 39). Al leer 8, 29 (y su contexto) nos vemos invitados a pasar del Mesías al hijo del hombre: Jesús es Mesías, pero no en la línea política y nacionalista, sino de la cruz. Al leer 15, 39, llegamos a comprender que Jesús es verdaderamente un Hijo de Dios para nosotros, un Dios que ama al hombre y que se revela en el amor (así es como lo comprende el centurión, ejemplo de catecúmeno que ha logrado captar el misterio).

Pero insistamos un poco más. El título de Hijo de Dios tiene claramente el sentido teológico tan denso que le atribuía la comunidad postpascual del tiempo de Marcos. Es un título que Marcos utiliza con cierta sobriedad. Lo utiliza sobre todo en tres textos importantes: en el bautismo (1, 11), en la trasfiguración (9, 7) y en la profesión de fe del centurión al pie de la cruz (15, 39). Hay diversas maneras de pensar en el Hijo de Dios. Parecería lógico, por ejemplo, concebirlo únicamente en la línea de la gloria y del poder. Pero Marcos nos cuenta más bien unos hechos que nos obligan a concebirlo en la línea de la pobreza y del sufrimiento. Esta es la tesis central de su evangelio, como veremos. Pero ya los tres textos citados -bautismo, trasfiguración, la cruz- son, a este propósito, muy significativos. El bautismo coloca la vocación mesiánica de Jesús en la línea del Siervo de Dios, de quien habló Isaías: un proyecto de salvación que pasa a través del servicio y de la muerte por los demás. La trasfiguración se coloca después del anuncio de la pasión y tiene la finalidad de revelar de antemano a los discípulos que la cruz encierra la resurrección.

Finalmente, es precisamente ante Jesús moribundo donde se convierte el primer pagano: el centurión reconoce en Jesús al Hijo de Dios no porque vea algún prodigio, sino porque lo ve morir. El título programático del evangelio de Marcos no se limita a presentar a Jesús como Hijo de Dios. Quiere demostrar que el hecho de que Jesús sea Hijo de Dios es evangelio para nosotros, es una buena noticia esperada y sorprendente a la vez. Jesús no es un Hijo de Dios para él, sino para nosotros. La prerrogativa de ser hijos de Dios no se refiere sólo a él, sino también a nosotros. En el hecho de que Jesús sea Hijo de Dios está encerrada nuestra liberación.

En definitiva, la "alegre noticia" consiste precisamente en la continuidad entre el Jesús de Nazaret y el Señor resucitado; consiste en el hecho de que el Hijo de Dios y su salvación se han manifestado en Jesús y en lo que ocurrió con él (en su solidaridad con los hombres, con los más humildes; en su amor obstinado, derrotado, pero victorioso). Si el Hijo de Dios se hubiera manifestado en las formas espléndidas del emperador, no habría sido una "alegre noticia": no habría sido ninguna novedad, ninguna liberación ni esperanza. Y si la historia de Jesús de Nazaret (su amor, sus opciones, su anuncio) se hubiera detenido en la cruz, tampoco habría sido una alegre noticia: habría sido una prueba más de que el amor es derrotado, de que la esperanza de los humildes y de los mártires es inútil. La "alegre noticia" está en el hecho de que Jesús de Nazaret, el crucificado, ha resucitado (16, 6), es el Hijo de Dios, es el Señor.

Es importante mantener unidos estos dos aspectos de Jesús: hombre y Dios, crucificado y resucitado, Jesús de Nazaret y Señor. En esta unión es donde está la buena noticia. Es tarea de la Iglesia (y esto es lo que Marcos quiere explicar) no solamente hablar de Dios, sino del Dios que se ha revelado en Jesús de Nazaret, en el amor, en la solidaridad, en el gesto del hermano que se siente tan afectado por nosotros que llega a dar su vida por rescatarnos. Es que a Dios se le puede proclamar de diversas maneras. Pero tampoco es tarea de la Iglesia el hacer simplemente comunión, solidaridad y fraternidad; es preciso indicar en la comunión la presencia de Dios, como lo hizo el centurión, cuando "al ver cómo había expirado, dijo: Verdaderamente era Hijo de Dios".

BRUNO MAGGIONI - EL RELATO DE MARCOS - EDIC. PAULINAS/MADRID 1981.Pág.15 s


 

2.- Leemos el principio del evangelio de Marcos, que es el único de los cuatro que empieza directamente por la presentación de aquel que abre el camino a Jesús: Juan Bautista. Marcos es también el único que utiliza la palabra "evangelio" para iniciar su escrito. "Evangelio" (=buena nueva, gran noticia) no quiere decir tan sólo unos relatos sobre Jesús, sino más bien una proclamación de lo que Jesús es y significa. Por eso indica el evangelista los tres títulos que resumen quién es el personaje que será proclamado a lo largo de las páginas siguientes: Jesús (persona concreta), Cristo (realizador de las promesas), Hijo de Dios (punto de referencia universal, presencia de Dios para todo hombre, como se verá en la profesión de fe del centurión al pie de la cruz).

Juan Bautista es quien invita a mirar hacia este Jesús. La primitiva tradición cristiana aplicó a él el texto de Isaías que hoy leemos en la primera lectura: aquella presencia del Señor que el profeta veía realizada en el retorno del exilio, ahora se realizará plenamente en Jesús (el texto, sin embargo, no es solamente de Isaías: se le ha añadido un versículo de Mal 3,1).

Juan es un profeta probablemente relacionado con los monjes ascetas de Qumrán, que presiente cercana la irrupci6n de Dios para transformar el mundo, y llama a la conversión y a prepararse. Lo hace con tonos duros y su misma imagen ascética personal tiene también este tono. Es posible que este personaje "más poderoso" que anuncia, lo imaginase él como una reaparición de Elías (sin embargo, Jesús dirá que Elías es Juan: Mt 11,14; cfr. todo 11,1-19).

Lo importante es el anuncio final: Juan invita a prepararse, y el agua es la señal de la conversión-preparación; Jesús, en cambio, vendrá a transformarlo todo y a todos con la fuerza del Espíritu de Dios.

JOSEP LLIGADAS - MISA DOMINICAL 1993/15


 

3.- Resulta sorprendente que el «evangelio de Jesucristo» comience con las obras y palabras del Precursor. La razón es que en el Bautista han ido a parar todas las palabras y promesas del AT, que ahora alcanzarán en Jesucristo su última expresión y su cumplimiento. Hay una coherencia entre lo que dice Juan y lo que hace, entre su mensaje y su vida. Aparece en el desierto llevando una vida nada convencional; aparece solo frente a todo el pueblo. Así es el profeta. Y los que le escuchan deberán abandonar antes las ciudades y la tierra cultivada. Juan llama a penitencia, que quiere decir cambio de la mente y del corazón, del hombre y de su contorno cultural. El que hace penitencia se sumerge en el futuro de Dios, que esta viniendo, y deja atrás un hombre viejo y un mundo viejo. Esto es lo que simbolizaba el bautismo de Juan.

EUCARISTÍA 1993/55


 

4.- La traducción del primer versículo y la articulación del mismo con el segundo distan mucho de gozar de unanimidad entre los traductores y los exegetas. Las ofrecidas en el texto litúrgico no me parecen las más adecuadas.

Propongo el siguiente texto: Comienzo de la buena noticia traída por Jesús, Mesías e Hijo de Dios, según está escrito...

La buena noticia a la que aquí se refiere Marcos no es la obra o evangelio que él se dispone a escribir, sino el breve mensaje proclamado solemnemente por Jesús en Mc. 1,15. La buena noticia es la llegada del Reino de Dios. Jesús no forma parte del contenido de la buena noticia, sino que es portador o comunicador de la misma, el portador o comunicador autorizado por cuanto que es el Mesías y el Hijo de Dios.

El comienzo de la buena noticia es Juan, presentado o releído por Marcos a la luz de un texto del profeta Malaquías y de otro del profeta Isaías. Dos viejos textos proféticos agrupados por Marcos bajo el único nombre de Isaías.

Basándose en estos textos Marcos presenta a Juan como mensajero y voz preparatoria de Jesús. Esta función la realiza a través de su actividad bautismal, pero sobre todo a través de su actividad oral de los dos últimos versículos del texto, con referencia explícita a Jesús.

Jesús es anunciado como más poderoso que Juan, a quien Juan no merece desatar las sandalias. Esta imagen gráfica no está tomada del mundo de la esclavitud, como habitualmente se dice, sino que pertenece al ámbito del derecho.

Desatar las sandalias tenía alcance jurídico y designaba el reconocimiento de la primacía o del derecho del desatante sobre el desatado. Con su afirmación de que no merece desatar a Jesús las sandalias, Juan está reconociendo el poderío, la primacía, el derecho de Jesús sobre él. Un poderío que el propio Juan aclara por la diferencia existente entre el agua y el Espíritu Santo. Es bastante probable que el verbo bautizar del último versículo haya que entenderlo en su sentido básico y primario de sumergir. Yo os sumerjo en agua, pero El os sumergirá en Espíritu Santo.

Si le preguntáramos al mensajero Juan qué entiende él por conversión, su probable respuesta sería la siguiente: la transformación moral por medio del arrepentimiento, una revolución espiritual mediante la renuncia, el abandono de la sociedad y el exilio al desierto.

Juan mismo, en calidad de convertido, daba ejemplo de lo que pedía, viviendo fuera de la sociedad y reeditando el antiguo inconformista que fue Elías, a quien imitaba en reciedumbre y forma de vestir.

En Juan y en Elías, los dos modelos convertidos que el texto de hoy nos propone, hay un denominador común, un mismo arquetipo: salida.

¿Será hoy necesario realizar esa salida, entendida como abandono de la sociedad y marcha al desierto? Todos los fines de semana se produce algo de esto, aunque no por conversión.

Sí, la salida es necesaria. Entendida, sin embargo, como arquetipo de conversión, la salida no implica necesariamente un cambio de lugar geográfico. Basta con estar en la sociedad sin vivir como vive la sociedad.

A. BENITO - DABAR 1993/02


 

5. ACI DIGITAL 2003

2. Véase Malaquías 3, 1; Isaías 40, 3; Mateo 3, 1 ss.; Lucas 3, 2 ss. La voz de Juan es como el trueno que conmueve los desiertos (S. Ambrosio); y sin embargo, Israel no escuchó su mensaje ni preparó el camino. De ahí lo que dice Jesús en Mateo 17, 11 - 13: Él les respondió y dijo: "Ciertamente, Elías vendrá y restaurará todo. Os declaro, empero, que Elías ya vino, pero no lo conocieron, sino que hicieron con él cuanto quisieron. Y así el mismo Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos". Entonces los discípulos cayeron en la cuenta que les hablaba con relación a Juan el Bautista. 

4. El desierto en que San Juan predicaba y bautizaba se hallaba a tres o cuatro leguas al este de Jerusalén, entre esta ciudad y el Mar Muerto. Su nombre geográfico es "desierto de Judea". Acerca del carácter del bautismo de Juan véase Mat. 3, 6 y nota: "Y se hacían bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados". Este bautismo no era sino una preparación de Israel para recibir al Mesías. Tampoco era un sacramento la confesión que los pecadores hacían, pero sí una manifestación del dolor interior, un medio eficaz para conseguir la gracia de arrepentimiento, condición del perdón.

Confrontado en el versículo 3; Mateo 3, 1: " En aquel tiempo apareció Juan el Bautista, predicando en el desierto de Judea" y Lucas 3, 2: "Bajo el pontificado de Anás y Caifás, la palabra de Dios vino sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto". 

7. La conmoción que el Bautista con su predicación de penitencia y su modo de vivir produjo, fue tan grande, que muchos creyeron que él fuese el "Mesías" prometido. Para evitar este engaño, Juan acentúa su misión de "precursor" señalando con su dedo hacia Jesús: En pos de mí, viene uno... "Así como la aurora es el fin de la noche y el principio del día, Juan Bautista es la aurora del día del Evangelio, y el término de la noche de la Ley" (Tertuliano).

Véase Juan 3, 30 y nota:"Es necesario que El crezca y que yo disminuya". Como el lucero de la mañana palidece ante el sol, así el Precursor del Señor quiere eclipsarse ante el que es la Sabiduría encarnada. Esta es la lección que nos deja el Bautista a cuantos queremos predicar al Salvador: desaparecer. "¡Ay, cuando digan bien de vosotros!".