viernes, 17 de septiembre de 2021

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXV T,O, CICLO B - 19 SETIEMBRE

 

EL MÁS GRANDE

 


COMENTARIO

 

 “Una vez en casa”; encontramos en la intimidad del grupo de apóstoles que está formando Jesús. “Los iba instruyendo”, pues quería hacerles progresar a partir de sus discusiones. Pero, ellos no comprenden lo que Jesús les explica, pues les preocupa otra cosa: cuestiones de prestigio y de superioridad: “¿Quién es el más grande de ellos?”. Ven la fama de Jesús y tienen la idea verse ministros del futuro Mesías-rey y son los discípulos de Jesús, a los cuales les ha explicado cuál es el camino duro que hay que seguir para salvar la vida y salvar a los hombres.

Esto demuestra que nadie está protegido de la ambición, ni siquiera en el trato con Jesús. ¡Cuántas personas muy sencillas al comienzo se han dejado llevar por la ambición y han terminado acaparando las responsabilidades. Pero, el evangelio debería ser un antídoto eficaz. Al revelarnos los gustos de Jesús, nos revela los gustos de Dios. Imposible ignorar que Jesús detesta tres cosas: la hipocresía, el dinero y la ambición. Venido a servir, como repite con frecuencia, siente muy  vivamente que la ambición es el  cáncer del servicio. No se puede estar lleno de sí mismo y cuidarse de los demás: es algo matemático. Pero el orgullo sobre todo pervierte lo que debería  seguir  llamando la abnegación. La mezcla de los dos deseos, servir y dominar, es tan pérfida que  Jesús  reacciona  enérgicamente  contra  ella. No se  trata de  una  discusión más o más o menos informal: está sentado, convoca a los doce, enuncia el precepto evangélico inolvidable que pone una distancia absoluta entre la voluntad de poder y la abnegación: “Quién quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.

No se condena el deseo de ser el primero. Se necesitan personas que sepan mejor que las demás organizar la vida en común y el trabajo, y sobre todo dirigir  la concertación necesaria hasta la no menos  necesaria  decisión. Esos jefes son una suerte para todos los equipos, en la iglesia y fuera de ella, algunos tienen manifiestamente dones para ello. Cuando el entorno los escoge o los designa una autoridad superior, hurtar el hombre sería egoísmo y cobardía ante la entrega de sí mismo que esa promoción exige. Y precisamente Jesús le pide al “primero” un trabajo de servicio que debe realizarse antes en su corazón. No se trata de  ceder al instinto y  a  la  vulgaridad: “Hacerse  el último”. La inversión que habrá de realizarse es tan inverosímil que sólo Jesús puede erigir en principio esa locura: “Hacerse el último”.

Y para estar seguro e que no se buscará una escapatoria, añade: “El último de todos, el servidor de todos”. Casi sentimos ganas de decir a los primeros: “¡Animo!”. Por otra parte, Jesús acentuará más aún la gravedad del servicio: “El que quiera ser el primero, sea esclavo de todos, porque tampoco este hombre ha venido para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida” (Mc 10, 44-45).

Dar la vida. Los primeros ya están avisados,  pero que los demás los estimen y les ayuden porque los jefes – si dan su vida- pueden ser la imagen más fuerte del auténtico primero.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTIFONA DE ENTRADA 

Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor. Cuando me invoquen en la tribulación, los escuchare y seré para siempre su Señor.

 

ORACION COLECTA

Oh, Dios, que has puesto la plenitud de la ley divina en el amor a ti y al prójimo, concédenos cumplir tus mandamientos, para que merezcamos llegar a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría 2, 12. 17-20.

Se dijeron los impíos: «Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada; veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida. Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos; lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, para comprobar su  moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de  él.».

 

SALMO RESPONSORIAL ( 53)

 

El Señor sostiene mi vida.

 

Oh Dios, sálvame por tu nombre, sal por mí con tu poder. Oh Dios, escucha mi súplica, atiende a mis palabras. R.

 

Porque unos insolentes se alzan contra mí, y hombres violentos me persiguen a muerte, sin tener presente a Dios. R.

 

Pero Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida. Te ofreceré un sacrificio voluntario, dando gracias a tu nombre, que es bueno. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol Santiago 3, 16-4, 3

Queridos hermanos: Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera.

Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia. ¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre ustedes?. ¿No es de  sus pasiones, que luchan en sus miembros?. Codician y no tienen; matan,  arden en envidia y no alcanzan nada; Se combaten y no hacen la guerra.

No tienen, porque no piden. Pidan y no reciben, porque piden mal, para dar  satisfacción a sus pasiones.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO 2Ts 2, 14.    

Aleluya. Dios nos llamó por medio el Evangelio, para que sea nuestra la gloriosa de nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.».

Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún,y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?».

Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más  importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.».

Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me  acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.».

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Invoquemos con confianza filial a nuestro Padre del cielo y, sabiendo que él siempre nos escucha, digámosle juntos: R.- Padre, escúchanos.

 

1.- Para que con fortaleza y confianza los cristianos del tercer milenio anunciemos el evangelio. Roguemos al Señor. R.

 

2.- Para que los obispos, a ejemplo de Jesucristo, acojan con predilección a los pequeños, humildes y sencillos. Roguemos al Señor. R

 

3.- Para que los pueblos que sufren hambre, guerra o marginación, experimenten la compasión de Dios en la solidaridad de toda la familia humana. Roguemos al Señor. R.

 

4.-  Para que los perseguidos por ser cristianos no desistan nunca de su fe en Jesucristo y experimenten que el está a su lado. Roguemos al Señor. R.

 

5.- Para que las personas afectadas por la crisis actual a causa de la pandemia encontremos nuestra fortaleza en Dios y seamos solidarios entre nosotros. Roguemos al Señor. R.

 

6.- Para que en nuestra comunidad parroquial reinen el amor y la fraternidad y se destierren la rivalidad, la envidia y toda clase de males. Roguemos al Señor. R.

 

Padre santo, todo estoy todo lo que sesean de ti quienes participan de esta Eucaristía, te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amen.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, en tu bondad las ofrendas de tu pueblo, para que cuanto creemos por la fe lo alcancemos por el sacramento celestial. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNION

Yo soy el Buen Pastor, dice el Señor, que conozco a mis ovejas, y las mías me conocen.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Señor, apoya bondadoso con tu ayuda continua a los que alimentas con tus sacramentos para que consigamos el fruto de la salvación en los sacramentos y en la vida diaria. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 20: Esd 1, 1-6; Sal 125; Lc 8, 16-18.

Martes 21: Ef 4, 1-7.11-13; Sal 18; Mt 9, 9-13.

Miércoles  22: Esd 9, 5-9; Sal: Tb 13, 2-8; Lc 9, 1-6.

Jueves 23: Ag 1, 1-8; Sal 149; Lc 9, 7-9.

Viernes 24: Ag 2, 15b-2,9; Sal 42; Lc 9, 18-22

Sábado25: Za 2, 5-9.14-15ª; Sal: Jr 31, 10-13; Lc 9, 43-45.

Domingo 26: Nm 11, 25-29; Sal 18; Stgo 5, 1-6; Mc 9, 38-43.45.47-48.

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Marcos 9, 30-37

Paralelos: Mt 17, 22-23    Mt 18, 1-5    Lc 9, 43-48

 

Por segunda vez, Jesús revela a sus discípulos su muy próxima pasión (v. 31). Al mismo tiempo, abandona deliberadamente la predicación a las muchedumbres (v. 30), decididamente incapaces de comprenderle, para dedicarse exclusivamente a la formación definitiva de discípulos.

a) Pero los apóstoles apenas si comprenden algo más que la muchedumbre. ¿Por qué habría de ser necesario que el Mesías se sometiera al sufrimiento para obtener la realeza?

En algunos versículos anteriores a estos (Mc 9, 9-13), Marcos se hace eco de una de las discusiones entre los apóstoles: Elías debe encargarse de todos los preparativos para que el Mesías no tenga más que subir al trono. ¿Por qué, entonces, un Mesías abocado al sufrimiento? La incredulidad de los apóstoles tenía, sin embargo, un medio para salir de tal situación: la Escritura podía revelarles cómo la pasión estaba sugerida por una serie de antecedentes. Parece que las predicciones, por Cristo, de su pasión están tan fuertemente impregnadas de referencias al Antiguo Testamento que se pueden descubrir en él los textos a los que Jesús ha podido hacer alusión. El verbo "ser entregado" (v. 31) está tomado de Is 53, 6 y 53, 12 y supone toda la doctrina del Siervo sufriente. La expresión "en manos de los hombres" (v. 31) proviene de Jer 33, 24 (o 26, 24) y de este modo asocia a Cristo al primer gran profeta perseguido. La expresión "sufrir mucho" (v. 31) remonta, probablemente, a Is 53, 4 y 11, según un targum arameo (abrumar) y nos remite de nuevo a la imagen del Siervo sufriente. "Ser arrojado" (v. 31) recuerda la suerte de la piedra arrojada por los constructores Sal 117/118, 22 (cf. Act 4, 11; Mc 12, 10). Los apóstoles poseían un equipo escriturario bastante importante que, al menos, les hacía posible comprender los acontecimientos que iban a desarrollarse.

b) El segundo tema de discusiones entre los apóstoles nace de la inminencia del Reino: estos comienzan a preocuparse por el lugar que puedan ocupar en el futuro Reino como ministros o consejeros del Mesías (v. 34; cf. Mc 10, 35-40). Jesús aprovecha esta discusión para poner de manifiesto las condiciones de ingreso en el Reino: no solo habrá de pasar por el sufrimiento el Mesías para entrar en el Reino, sino que también los suyos a su vez, deberán presentarse en él como siervos (v. 35) y como pobres (v. 36; el niño estaba considerado en aquella época como un ser insignificante, y la palabra aramea para designarlo era la misma que para designar al siervo).

c) No creemos, sin embargo, que las palabras clave establezcan solo un discurso artificial. De hecho, un denominador común reúne las parábolas de Jesús en torno a las condiciones de acceso y de vida en el Reino.

Para entrar en el Reino es preciso estar disponible como un niño, es decir, ser sencillo (v. 36) y no pretender los primeros puestos (vv. 33-35). Dentro del Reino es preciso hacerse el siervo de todos (v. 35) y ofrecer su amor a los más insignificantes (v. 37, en el que es preciso tener en cuenta que en Israel el niño no es objeto de ninguna consideración). Esta caridad revestirá un carácter especial entre los responsables de la comunidad, que procurarán no escandalizar a los pequeños, es decir, a los cristianos medio ignorantes de la casuística y de la doctrina (v. 42) y cuya fe podría bambolearse por teorías excesivamente avanzadas (cf. Rom 14, 1-15, 8).

d) Es posible que Jesús haya bendecido a los niños, porque estos seres actualmente desdeñados serán algún día los beneficiarios del Reino venido entre tanto.

Haremos aquí una indicación precisa sobre las condiciones a satisfacer para entrar en la ciudad futura: aceptar ser hoy tan simples como los niños, estar disponibles para el porvenir y estar poco embarazados por los sistemas y las teorías. Cristo ha querido reducir la ética del Reino a comportamientos infantiles. Apunta a una sociedad que respete al pequeño y tenga en cuenta sus reacciones, pero sobre todo desea que sus discípulos se parezcan a los niños en la aceptación de la dependencia de los otros: el hombre, y el cristiano, "a fortiori", no puede aspirar a salvarse solo.

Finalmente, el discípulo será objeto de menosprecio como un ser débil e insignificante -al igual que un niño en la sociedad judía-. Deberá tener en cuenta que este menosprecio constituye, para él, la manera de seguir a Jesús en la subida a Jerusalén (Mc 9, 29-32).

MAERTENS-FRISQUE - MAROVA MADRID 1969.Pág. 92


 

2.- Texto. La traducción litúrgica ha suprimido el v. 30. Partieron de allí y caminaban por Galilea. El no quería que nadie lo supiera. El v. 31 es la motivación-explicación de ese paso desapercibido por Galilea. Partiendo de la zona más septentrional judía iniciamos de la mano de Marcos la andadura hacia Jerusalén, hacia la muerte y la vida. El resumen es muy parecido al del domingo pasado. La variación más notable es el cambio de senadores, sumos sacerdotes y letrados por hombres en general.

Una vez más Marcos retoma uno de sus temas favoritos: la falta de comprensión de los discípulos. Esta falta de comprensión es también el punto de arranque de la escena siguiente, reducida al sólo grupo de co-caminantes con Jesús hacia Jerusalén. A estas alturas de su obra Marcos está exclusivamente interesado en la relación maestro-discípulos. Por eso la situación esbozada es típica de una sesión de enseñanza al estilo judío, con el maestro sentado en el suelo y los alumnos a su alrededor. El tema escogido tiene su origen en una conversación concreta de los discípulos durante el camino hacia Jerusalén. Una conversación sobre rango, sobre mayor y menor, más importante y menos. Marcos no concreta más: le basta el problema de fondo. Lo que sí concreta es la diferenciación entre discípulos y los doce, como ya lo ha hecho en 4, 10. Marcos explicita que se trata de una enseñanza a los doce.

La enseñanza es teórica y práctica. La teoría es muy breve, formulada por medio de lo que los especialistas denominan "logion": enunciado breve en forma de máxima o aforismo.

El que quiera ser el primero, que sea el último; el que quiera ser el primero de todos, que sea el servidor de todos. Se trata de un enunciado por contraste, en que el segundo miembro niega al primero: último y servidor niegan a primero.

La enseñanza práctica es la plástica de la imagen de un niño. Es inútil que nos preguntemos de dónde sale ese niño. El interés de Marcos es doctrinal y la escena la monta en razón de la doctrina.

El niño, a su vez, es una metáfora. Funciona como símbolo de pequeño, de menor, de alguien sin rango. No pega el hablar aquí del niño como símbolo de inocencia o de simplicidad. Las palabras finales de Jesús, es decir. el v. 37, son la explicación de la metáfora. Expresan la actitud cristiana ante los poco importantes o poco considerados. El esquema subyacente es el derecho judío del emisario, según el cual el enviado está en el lugar de aquél que lo envía. Los poco importantes están vistos como enviados de Jesús y, en última instancia, de Dios. Recibir en mi nombre significa recibir a los pequeños por su pertenencia a Jesús.

Comentario. 

Marcos nos vuelve a recordar hoy que no se puede hablar de Jesús, si no se parte de la consideración de sus tribulaciones, su muerte y su resurrección. Cualquier aspecto de su persona, incluida su divinidad, está supeditado a estos hechos. No es fácil aceptar y asumir esto, habida cuenta de que no encaja con los modos y maneras habituales de concebir los humanos a Dios.

El cambio de senadores, sumos sacerdotes y letrados por hombres en general quiere probablemente significar que los malos tratos a Jesús no son atribuibles a los judíos en cuanto judíos, sino en cuanto a humanos. A Jesús se le hubiera tratado igual de haber nacido y vivido en otras partes.

Ser discípulo de Jesús es seguirle en su camino hacia Jerusalén, contando con que la comprensión de Jesús no se adquiere de una vez por todas, sino que deberá ir ampliando y madurando siempre.

La diferencia básica, escribe un autor judío actual, entre los discípulos de Jesús y los de los rabinos es que aquellos se unen a Jesús fundamentalmente para seguirle, mientras que éstos se unen al rabino para aprender.

Ser grande, ser importante, tener rango: indómita aspiración humana. Desde Jerusalén, desde el Cristo muerto y resucitado, esta aspiración recibe un tratamiento radical. Es grande el que es pequeño; tiene rango el que hace algo por los demás.

Cristianamente hablando no hay importantes, sólo hay iguales. No es una cuestión de humildad, sino sencillamente de equiparación. El fallo puede provenir tanto de la importancia como del paternalismo.

DABAR 1988, 48


 

3.- Por segunda vez anuncia Jesús a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección al tercer día; pero en esta ocasión añade las siguientes palabras: "El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres". En el A.T. se contrapone esta expresión a la de "caer en manos de Dios, cuya misericordia es grande" (Sam 24, 41; Eclo 2, 18).

Hasta qué punto sea terrible caer en las manos del hombre, y no en las manos de Dios, se verá en la pasión de Jesús. Cuando los hombres hayan hecho su obra y todo haya sido consumado, Jesús encomendará su espíritu en las manos del Padre, y el Padre lo resucitará.

Los discípulos no alcanzan a comprender que su maestro, a quien reconocen como Mesías, tenga que sufrir tantas afrentas y hasta la misma muerte de cruz. Tampoco entienden nada sobre la resurrección al tercer día. Sin embargo, el miedo que les da preguntar demuestra que en realidad no entienden porque no quieren entender. Los discípulos no pueden aceptar el tremendo programa que les ha revelado su maestro. Por eso prefieren mantener la boca cerrada mientras su corazón se va llenando de tristeza (Mt 17, 23).

Un grupo de rezagados comienza a discutir, a espaldas de Jesús, sobre rangos y procedencias entre los discípulos. Jesús no se da por enterado y les deja que se despachen a su gusto. Pero tan pronto han llegado a Cafarnaún, posiblemente ya sentado en casa de Pedro, les pregunta qué habían discutido en el camino.

Avergonzados por su conducta y sabiendo que no podían agradar a su Maestro, callan. Los discípulos no responden ahora por las mismas razones que antes no se atrevieron a preguntar al Maestro sobre lo que les había dicho de su pasión. La vergüenza de los discípulos se explica perfectamente ante Jesús, que tiene preocupaciones mucho más profundas y sólo piensa en servir a los demás. Jesús enseña que el mayor honor es el mayor servicio, que el primero es el que se humilla para servir a todos. Durante la última cena Jesús lavará los pies a sus discípulos y les servirá colocándose en último lugar.

Cuando al día siguiente sea alzado en la cruz, los discípulos comprenderán el significado de las palabras de Jesús. El último será entonces el primero; el que muere por todos será el Señor de todos.

Es menester servir a todos, pero en especial a los más humildes y pequeños. El que sirve a los más pobres y humildes como a este niño, sirve a Jesús y al Padre que lo envía. La actitud de Jesús frente a los niños ha sido frecuentemente mal interpretada. No es que a Jesús le "gustaran" los niños o que los quisiera de un modo especial por su candor o su pureza de corazón. Un niño es para Jesús ni más ni menos que un pobre, alguien que no es habitualmente considerado por los demás y que ocupa el último lugar de la casa. Por eso Jesús lo toma como símbolo de todos aquellos que son sus preferidos y a quienes tenemos que servir si queremos ser los primeros en el Reino.

EUCARISTÍA 1982, 44


 

4. /Mc/09/30-48

Jesús anuncia por segunda vez la pasión. Como en las dos predicciones anteriores (Mc 8,31-33; 10,31-34), también en ésta hay que distinguir tres momentos: el anuncio, la incomprensión por parte de los discípulos, su adoctrinamiento en la ciencia de la cruz. Anuncio. Lo resume una afirmación fundamental, muy expresiva en el lenguaje bíblico: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres». El pasivo impersonal «será entregado» corresponde al modismo hebraizante que algunos llaman «pasivo teológico»: insinuaría que es Dios mismo el que ha tomado la iniciativa de entregarlo. Jesús entregado a la muerte redentora, don supremo de Dios a los hombres (Jn 3,16; Rom 8,32). El cáliz de la pasión, voluntad del Padre (= plegaria de Getsemaní). El "Hijo de hombre" glorioso según Daniel (c. 7) se identifica con el «Servidor» de Yahvé humillado y entregado a la muerte, de que habla Isaías (cc. 52-53).

Incomprensión. Los discípulos no entienden nada y comienzan a discutir quién es el mayor... El evangelista lo recuerda, aludiendo quizá a «problemas» semejantes que perduran en la Iglesia. Contraste radical entre el pensamiento de Cristo y los egoístas sentimientos humanos (cf. Flp 2,1-8).

Adoctrinamiento. Sigue una colección de diversos dichos del Señor, que el evangelista encadena artificiosamente. Marca las líneas fundamentales de la espiritualidad que se debe respirar en la Iglesia. Idea-maestra: «Si alguno quiere ser el primero que sea el último de todos». Es decir: "el servidor de todos" (v 35). Signo pedagógico: al estilo de los profetas, que hablaban con gestos, el Maestro pone un niño en medio de ellos. Lección viva de pequeñez. De humillación connatural. De «infancia evangélica». A continuación, en torno siempre a la presencia del niño, va desgranando reflexiones, consejos y mandamientos: acoger a los pequeños, ser abierto y comprensivo con los demás, no escandalizar a los débiles y saberse débil ante el escándalo... Si continuásemos la lectura hasta el final de esta cadena de sentencias, encontraríamos el consejo-clave de la conversación entera: «Convivid en paz unos con otros» (50). La paz florecerá en las comunidades cristianas si los discípulos hacen suyo el espíritu evangélico de humildad y sencillez.

Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 895 s.


 

5.- El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos

En la sección 8,27-10,52, que presentábamos el pasado domingo, hoy encontramos el segundo anuncio de la pasión. Cada uno de los tres anuncios va seguido de una enseñanza particular a los discípulos que pretende romper malentendidos.

"No quería que nadie se enterase". Jesús, llegado a este punto, considera que su misión pública ha acabado. Ha dicho y ha hecho ya todo lo que pretendía. Lo importante es que ahora la gente, y más todavía sus discípulos, asimilen su enseñanza y la traduzcan a sus vidas.

La realidad con la que Jesús se ha de enfrentar es dura: sus discípulos no le entienden. Empieza a gustar el fracaso del evangelizador, que llegará a su culmen en la cruz, a la que acaba de aludir. Prueba de esto es la preocupación por ser el más importante. Preocupación ya entonces de moda entre los círculos de los fariseos: el protocolo a observar en las sinagogas, en los banquetes fraternos del movimiento, en las reuniones... Jesús rompe esquemas y protocolos.

La figura bíblica del niño no es símbolo de ternura e inocencia, sino de marginación e indefensión. Los niños eran entonces pequeños esclavos de los adultos, sobre todo entre las clases populares. Acoger a uno de ellos es acoger al mismo Cristo.

MISA DOMINICAL 2000, 12, 16


 

6./Mt/18/01-10 (paralelo): INFANCIA-ESPIRITUAL  NIÑO 

A la pregunta única de los discípulos ("¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?") Jesús da una respuesta triple. Con ello se amplía considerablemente la perspectiva. Helas aquí: si no os hiciereis como niños no entraréis al reino de los cielos; el que se hace pequeño como un niño será el mayor en el reino de los cielos; el que acoge aunque sólo sea a uno de estos niños en mi nombre, a mi me acoge. Cada respuesta ha de ser examinada aparte, y es importante poner de relieve los múltiples significados que asume sucesivamente la palabra niño (o pequeño).

Jesús llama a sí a un niño y lo coloca en medio de los discípulos; en un gesto plástico, ilustrativo, como solían hacerlo los antiguos profetas, y aquí niño significa justamente un niño. Pero ¿qué significa la expresión siguiente "hacerse como los niños" (v.2)? Es importante responder exactamente, aunque no es fácil, porque la invitación de Jesús es particularmente solemne ("En verdad os digo..."), y pone una condición indispensable para la salvación ("no entraréis en el reino de los cielos"). Inmendiatamente hay un aspecto claro: la semejanza del niño, que el discípulo debe apropiarse, no es una cualidad espontánea, sino que únicamente es posible en la conversión; o sea, forma parte de aquel cambio radical de la persona (mentalidad y comportamiento) que es precisamente la conversión evangélica.

Pero la pregunta queda en pie: ¿En qué sentido debe el discípulo asemejarse al niño? Probablemente el contexto originario de la invitación de Jesús se encuentra en la escena de los niños que le salen al encuentro (/Mt/19/13-15/Mc/10/13-16;/Lc/18/15-17). Jesús se sorprende al ver el abandono y la confianza de los niños; lo aceptan sin miedo y sin cálculos; sin demasiados porqués; al contrario que los adultos, constantemente vacilantes, complicados en continua búsqueda de excusas y justificaciones. Para entrar en el reino hay que ser así: disponibles, confiados, simples; hay que abandonarse a la fe con sencillez de niño.

-El Niño Y La Necesidad

La segunda palabra de Jesús ("El mayor es el que se hace pequeño") corresponde perfectamente a la pregunta de los discípulos e introduce una nueva perspectiva. Aquí el pequeño no es ya el símbolo de la disponibilidad y de la sencillez, sino el símbolo de quien carece de grandeza, de quien no cuenta, de quien sirve. Pequeño es quien es pobre, sin peso, olvidado, no tenido en consideración. El primer puesto en la comunidad y en el amor de Cristo es para éstos. Hay una doble invitación. Primero: vosotros discípulos (y esto vale ante todo para la autoridad), poned a los pequeños en el primer puesto de vuestra consideración. Segundo: si queréis contar en el reino de Dios, haceos pequeños, o sea, poneos en actitud de servicio. Aquí la pequeñez no es ya una situación de hecho, sino una dimensión espiritual, que se traduce concretamente en la actitud del servicio.

La tercera palabra de Jesús ("El que recibe a un niño, a mí me recibe") trae a la memoria la parábola del juicio (Mt/25/31-46) y el final de discurso misionero (Mt/10/42). Así el niño asume una vez más un sentido nuevo; no es el niño en sentido propio, ni el símbolo de la disponibilidad, ni el que no cuenta, ni el que sirve; es más exactamente el necesitado. Es el sediento, el hambriento, el desnudo, el prisionero, el marginado (Mt 25). Y es también el discípulo o el misionero que llama a la puerta de casa para sentarse un instante (Mt 10,42).

-El Escándalo De Los Pequeños

El discurso sigue desarrollando todavía el tema del pequeño e introduciendo un nuevo motivo: el escándalo (vv. 6-10). En el lenguaje bíblico, el escándalo se sitúa en el plano de la fe, más que en el plano de la moral. Escándalo es todo lo que pone a prueba la fe y la desorienta. Jesús condena con violencia a los que escandalizan a los "pequeños" que creen en él. Pequeños no son los niños, sino los fieles simples, incapaces de soportar las novedades y los atrevimientos de los "maduros"; su fe es frágil, quizás inmadura, escandalizable; también éstos entran en el numero de los pequeños que tienen derecho al primer puesto en la comunidad. La comunidad debe crear un ambiente que facilite su crecimiento en la fe; no debe constituir un obstáculo que obligue a los débiles a sucumbir.

Este me parece que es el sentido de la otra afirmación: "Guardaos de despreciar a uno solo de estos pequeños". Quizás "despreciar" no sea la traducción mejor (es demasiado fuerte), sino "descuidar". La comunidad no puede obrar como si no existieran estos pequeños; no puede hacer reformas sin tener en cuenta las repercusiones de las mismas en la fe de los pequeños. Mas, por desgracia, la comunidad (ya la de Mateo) se siente tentada a menudo a lo contrario; por tanto, ellos no cuentan, no tienen peso; el futuro está en otras manos... Pero no es así en la estimación de Dios: "Sus ángeles en el cielo ven el rostro de mi Padre que está en los cielos".

EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 187

 

 

viernes, 10 de septiembre de 2021

LECTURA Y COMENTARIO DOMINGO XXIV T.O. CICLO B- 12 SETIEMBRE 2021

 

TÚ, MORIR O SUFRIR



COMENTARIO

 

Tú eres el Mesías le dice Pedro a Jesús. “Mesías” en hebreo y “Cristo” en griego significan literalmente “el ungido”, aquel que ha recibido la unción por la que el rey obtenía la fuerza del Espíritu.

La palabra se convirtió en nombre propio de Jesús: Jesucristo es Jesús-Mesías. Para un judío la palabra Mesías hacía vibrar las esperanzas más hondas de Israel. Si queremos medir su impacto, hemos de llenarla de significados muy diversos, que se refieren sin embargo a dos datos fundamentales: el Mesías sería el enviado de Dios, y sería enviado ante todo para salvar al pueblo elegido y luego a todas las naciones. A partir de esto, unos soñaban con  un rey guerrero, otros con un gran profeta de justicia. Para todos sería poderoso, sabio, muy religioso, muy cerca de Dios, liberador en todos los sentidos de esta palabra.  Pero nunca, nunca, un judío se habría imaginado a un Mesías que pudiese sufrir.

Hay que observar bien el lugar de la famosa declaración de Pedro: en el centro del evangelio. Hasta entonces no han cesado de preguntarse: ¿quién es este hombre? Ahora los discípulos lo saben: es el Mesías. Pero una nueva cuestión los va a preocupar llenando toda la segunda parte del evangelio: ¿cómo este extraño Mesías puede ser un libertador, un triunfador, y caminar hacia la muerte? 

Jesús lee en ellos esta incomprensión. Sobre todo, que no proclamen a la gente ese título de Mesías demasiado cargado de viejos sueños: “Les prohibió terminantemente decírselo a nadie”. Sí, es el Mesías, sí será el  salvador,  pero  no según sus ideas: “Empezó a instruirlos: este hombre tiene que  padecer mucho, ser ejecutado y  resucitar”. De momento, resucitar es algo que no les impresiona: quizás piensan vagamente en  la resurrección de todos los justos “el último día” no puede concebir esta resurrección absolutamente única que va a hacer explotar toda la gloria del auténtico Mesías. No pueden encajar el choc de esas palabras desconcertantes aplicadas a su Mesías: sufrir, morir. Pedro pierde los estribos y “empezó a reñirlo”.

En este momento del evangelio, su trato asiduo con Jesús les permite discutir con él, progresar y llegar a este grito tan fenomenal: “¡Tú eres ciertamente el Mesías!”. Pero, para acercarse al misterio total ¡cuántos diálogos se necesitarán tan borrascosos como éste!: Pedro: ¿Tú sufrir y morir?. ¿Tú el Mesías?. Jesús llama a toda la gente para gritarle esta verdad  tremenda: “Si alguno quiere seguirme, que coja su cruz”. No podremos en este mundo levantar el misterio de este sufrimiento inevitable.  Lo único que podemos hacer es dar crédito a Dios, el crédito más difícil: esperar el día en que sepamos por fin por qué el Padre que nos ama no podía darnos, ni a su Hijo ni a nosotros, una vida sin la cruz.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTIFONA DE ENTRADA   Eclo 36, 15.

Señor, da la paz a los que esperan en ti, y saca veraces a tus profetas, escucha la súplica de tus siervos y de tu pueblo Israel.

 

ORACION COLECTA

Míranos, oh Dios creador y guía de todas las cosas, y concédenos servirte de todo corazón, para que percibamos el fruto de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 50, 5-9a

El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí?. Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí?. Que se me acerque. Miren, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?.

 

SALMO RESPONSORIAL (114)

 

Caminaré en presencia del Señor

 

Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco. R.

 

Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor: «Señor, salva mi vida.» R.

 

EL Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas, me salvó R.

 

Arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 14-18

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar?.

Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de ustedes les dice: «Dios los ampare; abríguense y llénense el estómago», y no les den lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve?.

Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta. Alguno dirá: «Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe.».

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO  Ga 6, 14

Aleluya. Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Aleluya.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?».

Ellos le contestaron: «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.».

EL les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy?». Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías.».

É1 les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos: «EL Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.». Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Quítate de mí vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».

Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Miren, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.».

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Invoquemos a Dios que nos ha dado a Cristo su Hijo como Redentor nuestro y digámosle: R.- Te piedad y escúchanos.

 

1.- Para que los cristianos de este nuevo milenio: que nunca nos avergoncemos de nuestra fe ni rebajemos nuestra radicalidad. Te piedad y escúchanos..

 

2.- Por el Papa: que en comunión con los obispos acompañe al pueblo de Dios con  solicitud pastoral. Te piedad y escúchanos.

 

3.- Para los que tienen poder para promover la paz: que dejen de lado los intereses de las minorías privilegiadas y promuevan la justicia y el bien común. Te piedad y escúchanos.

 

4.- Por los que son atormentados, perseguidos o calumniados: que Dios se les manifieste con su fuerza salvadora. Te piedad y escúchanos.

 

5.- Por los que sufren las consecuencias en la salud y los efectos económicos de la pandemia: que sean consolados y encuentren ayuda en nosotros y las autoridades. Te piedad y escúchanos.

 

6.- Por nosotros: que nuestra fe sea el fundamento de nuestro compromiso real con los más pobres. Te piedad y escúchanos.

 

Ten piedad de tu pueblo, Señor, y escucha sus oraciones que surgen de un corazón que quiere amarte y servirte. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Se propició a nuestra suplica Señor, y recibe complacido estas ofrendas de tus siervos, para que la oblación que ofrece cada uno en honor de tu nombre sirva para la salvación de todos. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNION Sal 35, 8

Que inapreciable es tu misericordia, oh, Dios. Los humanos se acogen a la sombra de tus alas.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Te pedimos, señor, que el fruto del don del cielo penetre nuestros cuerpos y almas, para que sea su afecto y no nuestro sentimiento el que prevalezca siempre en nosotros. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 13: 1Tm 2, 1-8; Sal 27; Lc 7, 1-10.

Martes 14: 1Tm 3, 1-13; Sal 100; Lc 7, 11-17.

Miércoles 15: Hb 5, 7-9; Sal 30; Jn 19, 25-27 (o bien: Lc 2, 33-35).

Jueves 16: 1Tm 4, 12-16; Sal 110; Lc 7, 36-50.

Viernes 17: 1Tm 6, 2c-12; Sal 48; Lc 8, 1-3.

Sábado 18: Sb 7, 7-10.15-16 (o bien: 1Co 1, 26-31); Sal 130; Lc 12, 32-34.

Domingo 19: Sb 2, 12.17-20; Sal 53; Stg 3, |6-4, 3; Mc 9, 30-37.

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Marcos 8, 27-35

Par:Lc/09/22-25  Mt/16/21-27

 

1. /Mc/08/31CZ/SV:

Hay que observar cómo el anuncio de la pasión va siempre unido al anuncio de la resurrección. El misterio de Jesús tiene dos caras, y la definitiva es la resurrección, no la pasión. Marcos no quiere solamente decirnos que la resurrección vendrá después de la pasión, como un triunfo sobre ella, sino que la salvación pasa a través de la cruz. Con esto queda afirmado, al menos implícitamente, el carácter soteriológico de la pasión. Finalmente, resulta sorprendente cómo tras cada una de las predicciones de la pasión aparece de una manera o de otra la incomprensión de los discípulos: la de Pedro, la de los discípulos que discuten sobre quién es el más grande, la de Juan y Santiago que buscan el primer puesto... Así pues, la soledad de Jesús es total: no sólo no lo comprende la gente, sino ni siquiera los discípulos.

BRUNO MAGGIONI - EDIC. PAULINAS/MADRID 1981.Pág. 122


 

2./Mc/08/33.

-El Hijo del Hombre sufriente

Comienza una nueva revelación, que será habitual a partir de este momento. La novedad de la revelación (que se irá concretando cada vez más en el evangelio) consiste en esto: se pasa de la revelación de Jesús Mesías a la del Hijo del Hombre que sufre. Paralelamente comienza un nuevo tipo de incomprensión, que no es ya la de la gente, sino la de los discípulos. Ellos están dispuestos a aceptar el carácter mesiánico de Jesús, pero no en el camino mesiánico hacia el sufrimiento. A la profundización en la perspectiva mesiánica corresponde otra profundización de la fe (o de la incredulidad).

Lo repetimos una vez más: la soledad de Jesús es total. No sólo es la gente la que no comprende, sino tampoco los discípulos. Jesús condena a Pedro con los mismos términos con que condenó a Satanás en la tentación del desierto. Se trata realmente de la misma tentación: una oposición mesiánica que descarta los caminos de Dios para imponer los caminos humanos. Hay que comprender además en qué consiste la novedad de la revelación que aquí se nos hace. No consiste solamente en la perspectiva de la pasión, sino en el hecho de que esta pasión entra en los planes de Dios.

Conviene que nos fijemos bien en ese "era necesario" que recogen todas las fuentes. No indica simplemente una certidumbre de orden histórico y psicológico, basada en las observaciones que Jesús podía ir sacando del ambiente y de las situaciones.

J/PASION-MU/NECESIDAD: Expresa claramente la conciencia de una necesidad de orden teológico. La pasión no es la consecuencia de una fatalidad, sino de la voluntad de Dios. Está arraigada en el plan mismo de Dios. Y aquí es donde está el escándalo de los discípulos: esta forma de presentar la pasión no sólo afecta a su concepto del Mesías, sino más hondamente al plan mismo de Dios, a su concepto mismo de Dios.

BRUNO MAGGIONI B.Pág. 123


 

3./Mc/08/34-37:ABNEGACION/CVNEGARSE-A-SI-MISMO

El discípulo tiene que "negarse" a sí mismo (8, 34), esto es, tiene que aceptar -a diferencia de Pedro- el proyecto mesiánico de Cristo, invirtiendo de esta manera la imagen de Dios que se había construido y purificando radicalmente las esperanzas que había cultivado hasta entonces.

Es una conversión que llega hasta la raíz y alcanza hasta el centro de la propia mentalidad, desconcertando los criterios de fondo e indiscutibles de las propias valoraciones. Se puede por tanto hablar muy bien de "negarse a sí mismo".

El discípulo (8, 35) tiene que proyectar su existencia en términos de entrega, no de posesión: "El que quiera asegurar su vida la perderá; en cambio, el que pierda su vida por mí y por el Evangelio se salvará". Hay que evitar absolutamente leer estas palabras en una clave dualista: renunciar a esta vida terrena por la celestial, a los valores materiales por los espirituales. Nada de esto. Jesús afirma que la vida entera, material y espiritual, se posee únicamente en la entrega de sí mismo. Vale la pena que insistamos: Jesús no nos pide que renunciemos a la vida (a esta vida, para que tengamos otra), sino que exige que cambiemos el proyecto de esta vida. No se trata de una renuncia a la vida, sino de un proyecto de la misma en la línea del amor.

En definitiva, ¿de qué sirve ganar el mundo entero si se pierde uno a sí mismo? (8, 36-37). Estamos siempre en la misma línea de pensamiento. Ninguna oposición entre alma y cuerpo, entre espíritu y materia. La oposición está en el proyecto del hombre y el proyecto de Dios, entre dos modos posibles de conducir la existencia. No está en juego una vida en lugar de la otra, no se trata de elegir simplemente entre esta vida y la vida futura. Está en juego toda la existencia; la elección hay que hacerla entre una vida "llena" y una vida "vacía". Puedes jugarte la existencia apostando por la posesión, dentro de la lógica de tener cada vez más; o te la puedes jugar apostando por la solidaridad, según la lógica del discípulo. La primera elección, a pesar de su fascinación inicial, contiene la negación de la vida, porque en su esencia más profunda el hombre está hecho de amor, no de soledad. La segunda, a pesar de su fracaso aparente, contiene la plenitud de la vida.

BRUNO MAGGIONI, B.Pág. 126


 

4.- Texto. Se sitúa en la zona más septentrional judía, donde el río Jordán comienza su andadura. Marcos centra su atención en Jesús, abordando el interrogante que con anterioridad había aparecido en al menos cinco ocasiones. La pregunta sobre quién es Jesús se la han formulado a sí mismos absolutamente todos los que le rodean: la gente, los responsables doctrinales, los discípulos, los paisanos de Jesús, Herodes Antipas (Mc. 1, 27; 2, 7; 4, 41; 6, 2-3. 14-16). En el texto de hoy es el propio Jesús quien traslada la pregunta a sus discípulos. Es una forma de resaltar la importancia del texto de hoy.

La respuesta de Pedro en nombre del grupo va seguida de un tajante mandato de Jesús instando a sus discípulos a guardar silencio. El mandato de guardar silencio que el domingo pasado recaía sobre la curación del sordomudo, recae hoy sobre la confesión de Pedro. La actividad curativa de Jesús y la personalidad de Jesús las recubre Marcos con el mismo velo de silencio. En cualquier caso, del más sorprendente. Mandatos de silencio hasta ahora constatados acerca de la persona de Jesús: Mc. 1, 25 y 3, 12; acerca de las curaciones: Mc. 1, 44; 5, 43; 7, 36; 8, 26.

El mandato de silencio viene seguido en esta ocasión por unas palabras de Jesús sobre su camino futuro. Marcos subraya que se trata de una revelación a las claras, de un hablar abiertamente, sin esconder ni velar nada. Cuatro verbos resumen ese futuro camino: padecer, ser condenado, ser ejecutado, volver a la vida.

La expresión padecer mucho no se refiere a un momento concreto, sino que recoge el conjunto de tribulaciones causadas a Jesús a lo largo de su existencia terrena. Pedro cuestiona la revelación de Jesús. La reprensión siguiente de Jesús viene a sumarse a las cuatro ocasiones anteriores en que Marcos ha presentado a Jesús reprendiendo a sus discípulos por su falta de compren- sión. Mc. 4, 40; 6, 52; 7, 18 y 8, 17-21. Se trata de otro rasgo peculiar del quehacer teológico de Marcos.

El texto concluye con una solemnidad especial en razón de la ampliación del auditorio. Se anuncia el comienzo de una andadura difícil y se formulan dos condiciones para emprenderla: negación de sí mismo y disposición a cargar con la cruz.

Comentario. En Mc. 4, 11 el autor ha empleado la palabra misterio refiriéndose al Reino de Dios. Marcos entiende esta palabra en el sentido de algo oculto y desconocido. Una cosa que los contemporáneos de Jesús parecían desconocer es que el Reino de Dios es una realidad abierta absolutamente a todos los hombres. Este es el aspecto del Reino de Dios que Marcos ha ido desvelando hasta este momento.

En el texto de hoy Marcos aborda un segundo aspecto oculto y desconocido del Reino de Dios. Su formulación es trágicamente sencilla: el sufrimiento del Enviado, del Hijo. Esto es lo que hoy Marcos desvela con toda claridad.

Con anterioridad al texto de hoy Marcos ha dejado intencionadamente en suspenso el hablar sobre Jesús. Un "no comment" ha sido toda su respuesta a propósito de los milagros y de la persona de Jesús. El recurso empleado ha sido el sistemático y sorprendente encargo de guardar silencio. Hoy lo vuelve a emplear con ocasión de la confesión de Pedro. Nada permite pensar que Marcos dé a las palabras de Pedro una valoración política en la línea de una imagen revolucionaria de Mesías. Marcos recoge más bien las palabras de Pedro como afirmación válida, como auténtica confesión en la persona de Jesús. El término Mesías está en la linea del término Hijo. El mandato de silencio no se debe a una incorrecta afirmación de Pedro necesitada de corrección posterior. La afirmación de Pedro es absolutamente correcta y, sin embargo, se prohíbe hablar de ella.

La razón de esta prohibición y de todas las anteriores la encontramos en el v. 32. Este versículo desvela del todo el misterio del Reino de Dios, un Reino abierto a todos y un Reino cimentado sobre el sufrimiento del Enviado de Dios. En la concepción de Marcos la fe en Jesús pasa en primer lugar por un creer en Jesús muerto y resucitado. Es inválida toda confesión sobre Jesús que no parta de la provocación de la muerte y de la resurrección de Jesús. Porque es realmente provocativo decir que el Hijo de Dios tiene que morir y resucitar. Escandaloso para los esquemas humanos de lo divino. ¡Un Dios que sufre como cualquier mortal el desbarajuste y los descalabros de los mortales! La tremenda necesidad nacida de la realidad. El fascinante realismo del Reino de Dios.

DISCIPULO/CZ: El texto termina transfiriendo al creyente el camino de Jesús, el camino completo, esto es, muerte y vida. Ser discípulo de Jesús, según Marcos, es reconocer el camino de Jesús y asumirlo como único camino personal. Es importante devolver a este camino toda su impronta de realismo, derivado de las provocaciones humanas. Esto sí que es misterioso, me refiero al hecho de que seamos ("tengamos que ser") lobos los unos para los otros. El creyente se encuentra situado en el mismo camino que Jesús. La confesión externa puede resultar sencilla; su puesta en práctica es difícil. La protesta proviene de la consternación existencial. Pero puede ayudar a que la confesión hecha con los labios llegue a madurar hasta convertirse en fe auténtica.

DABAR 1988, 47


 

5.MESIAS-POLITICO.

Pre-texto. De la literatura de la época de Jesús se deduce que los diversos círculos del pueblo judío habían concebido cada uno su Mesías, al que esperaban en muy diversas formas de apariencia.

Mesías distinto de los fariseos y los esenios, los sacerdotes y los políticos, los pertenecientes a círculos apocalípticos y los estudiosos de la ley, los cultos y la masa, los fanáticos y los pacíficos. Había, no obstante, un punto en el que estaban de acuerdo sectores bastante amplios, la masa del pueblo y los fariseos: el Mesías libertador político de Israel del yugo extranjero. El concepto de un Mesías absoluta o predominantemente político era el resultado del centenario avasallamiento del pueblo judío por estados extranjeros y paganos.

Sentido del texto. Lo que los demás piensan de Jesús (vs. 27-30); lo que Jesús piensa de sí mismo (v. 31); Lo que piensa del discípulo (vs. 33-35). El texto no nos dice si Jesús aceptó o rechazó las opiniones de los demás sobre él, incluida la de Pedro. Lo único que el texto constata es una orden de silencio sobre su persona. ¿Por qué? Estrictamente hablando tampoco lo dice el texto, Superada la explicación de la creación comunitaria postpascual de esta orden (teoría del secreto mesiánico de Wrede), la opinión hoy más común ve el motivo para esta orden de silencio en las ideas sobre el Mesías corrientes en aquella época (cfr. pre-texto). De estas ideas participaba también Pedro, como parece indicarlo su reacción del v. 32. A la imagen del Mesías del tiempo de Jesús le era absolutamente extraña la idea de un padecer y de un morir violentamente impuestos. ¡Esta es precisamente la idea y la realidad que Jesús asume para sí mismo, junto con una profesión de fe en la vida! El "es necesario" del v. 31 suele interpretarse en sentido teológico (la inexorable decisión divina). A la luz de la estructuración que Marcos ha dado a su evangelio, esta interpretación teológica no parece encajar en las intenciones del autor. El "es necesario" es más bien la constatación y aceptación realística por parte de Jesús de la situación de rechazo de su persona. "Amigos, me van a liquidar". Y ésta es la previsión que debe hacerse el que quiera ser discípulo de Jesús (=cristiano).

Ser cristiano, según Marcos, es partir de esta primera convicción: "Puede ser que desemboque en la cruz, es decir, que me liquiden". Y a este cristiano Jesús le dice: "¡Ese riesgo vale la pena. Córrelo!"

DABAR 1982, 47


 

6.- Jesús en aquel tiempo encontró la fe en el hijo del hombre celeste, en el que tenía que venir al final en gloria para juzgar; y, al parecer, él mismo compartió esta fe (Mc 13, 24.26; 8, 38). Pero ahora no nos encontramos con esas palabras acerca del futuro hijo del hombre, sino con otras (por ejemplo 8, 31) en las que la expresión "hijo del hombre" se refiere a su existencia terrena. ¿Cómo es esto? Aunque en todas las preguntas que se plantean en esta perícopa las opiniones exegéticas difieren mucho entre sí, hay algo a lo que podemos atenernos con toda seguridad: siempre que nos encontramos con la expresión "hijo del hombre", hemos de estar atentos a la dignidad que Jesús mismo atribuye a esa persona (él mismo) por quien Dios quiere establecer su reino y llevar a cabo su juicio.

El camino que Jesús como mesías ve ante sí y del que abiertamente hablaba con sus discípulos (Mc 8, 31s) no era entendido por Pedro. Por eso Jesús lo toma aparte para recriminarlo, no dejándose desviar de su camino. Y dice a Pedro: "apártate detrás de mi (de mi vista), Satanás" (v. 33). Esta es una importante y dura palabra, pues ese "detrás de mí" (así en el original para decir "apártate de mi vista") es la misma expresión que en otro tiempo dirigió a Simón para invitarlo al seguimiento (1, 17). Con el intento de desviar a Jesús de su camino, Pedro traiciona su vocación como discípulo.

Jesús, sin embargo, debía sufrir, porque éste era el destino de los hombres después del pecado. Debía sufrir y ser rechazado por las autoridades, porque éste es el destino de los que proclaman la verdad entre nosotros. Debía ir voluntariamente a la muerte, porque el sacrificio de sí mismo libremente aceptado es el único medio para salvar al mundo.

EUCARISTÍA 1988, 44


 

7.- Jesús quiere saber hasta qué punto la fe de su discípulos va más allá de la opinión que tiene la gente de su persona. De ahí que la primera pregunta prepare la segunda y decisiva. De la encuesta que hace Jesús a sus discípulos se desprende que el pueblo andaba dividido en múltiples opiniones respecto a su persona. Después de unos siglos de opresión y dominación extranjera, el pueblo de Israel había puesto todas sus esperanzas en el Mesías anunciado por los profetas. Se explica que la expectación fuera grande y que la gran mayoría esperara a un Mesías que librara a Israel de la dominación extranjera. Nadie, al parecer, pensaba en un Salvador que librara a todos los hombres de la esclavitud del pecado y de la muerte, aunque sí se esperaba la destrucción de los pecados por la ira de Dios. Mucho menos se esperaba que el Mesías cumpliera su misión padeciendo y muriendo en una cruz. Es comprensible, pues, que las gentes no reconocieran a Jesús como Mesías, ya que su doctrina y su comportamiento no encajaba con sus prejuicios nacionalistas. Pedro, al confesar decididamente que Jesús es el Mesías, se eleva por encima de la opinión general de la gente; pero su fe es todavía imperfecta: sólo después de la experiencia pascual creerá que Jesús es el Hijo de Dios. Cuando el evangelista Mateo, en el lugar paralelo a este de Marcos, pone en labios de Pedro la confesión de que Jesús es el Hijo de Dios (Mt 16, 16), realiza una anticipación literaria. Sólo teniendo en cuenta la imperfección de la fe de Pedro en este momento, se entiende que, acto seguido, trate de disuadir a Jesús de que cumpla su misión muriendo en la cruz.

Aunque Jesús acepta la confesión de Pedro, prohíbe a sus discípulos que vayan diciendo por ahí que él es el Mesías. Con ello quiere evitar el peligro de un malentendido, muy probable en un pueblo que se había formado una idea tan distinta del Mesías a como era Jesús.

A partir de este momento, Jesús quiere hablar sin rodeos de lo que le espera y de qué manera ha de entrar en su gloria padeciendo antes la afrenta de la cruz. Esto, que había sido anunciado por Isaías en los cantos del Siervo de Yavé, era, sin embargo, lo que no podían entender los discípulos en aquella ocasión.

Pedro, y de seguro también sus compañeros, piensan de Jesús "como los hombres". Peor aún; Pedro se comporta aquí lo mismo que Satanás en las tentaciones de Jesús en el desierto. Por eso Jesús lo rechaza de la misma manera (cfr. Mt 4, 10).

Pero ni Pedro ni nadie puede detener a Jesús en su camino y en el cumplimiento de su misión. Todo lo contrario, Jesús está dispuesto a exigir a sus discípulos que lo sigan. Porque sólo aquel que carga con la cruz y se niega a sí mismo, puede ser su discípulo. "Cargar con la cruz" no era para los oyentes una expresión simbólica. Los romanos obligaban al reo a llevar sobre los hombros su propia cruz, y más de uno de los oyentes habría visto con sus ojos a alguno de estos desgraciados caminar fatigosamente para ser crucificado. Cargar con la cruz significa renunciar voluntariamente a los instintos de conservar la vida, los honores y las riquezas cuando todo esto no es posible sin quebrantar la voluntad de Dios. Pero la cruz, que es la más alta expresión del sacrificio, no tiene que ver nada con el masoquismo: el cristiano no se sacrifica por amor al dolor, sino por amor a Cristo y a los hombres y por hacer la voluntad de Dios.

La entrega de la propia vida, cuando esto es una exigencia del evangelio (y lo es al menos cuando a uno le llega la muerte), es el único modo de entrar en la vida eterna (Mt 16, 24-25; Lc 9, 23-25).

EUCARISTÍA 1991, 42


 

8.- Efectivamente, Pedro no logra comprender la cristología del hijo del hombre y, tomando aparte a Jesús, "empezó a regañarle". Quizá el evangelista se refiere a ciertas tentativas de alianza con el poder sacerdotal-político, realizadas por la comunidad judeocristiana de Jerusalén, con la finalidad de reducir la gran tensión que la separaba del vértice judío. El hecho es que Jesús, dando largas a su propio temperamento fuerte, reprocha violentamente a Pedro y le dice: "fuera de aquí, satanás, porque tienes la mentalidad de los hombres, no la de Dios".

Esto presupone la existencia de una cristología "satánica", o sea una cristología que presenta a Jesús como sacerdote poderoso, o también como aliado del poder político. Lógicamente a esta cristología satánica corresponderá también una eclesiología satánica, o sea la presentación de la Iglesia como comunidad de poder sacerdotal o al menos como comunidad sacerdotal aliada con el poder.

La eclesiología satánica intenta, por todos los medios, "salvar la vida". No olvidemos que en el contexto del Nuevo Testamento (y del Antiguo) "salvar la vida" era una frase de plenitud humana. Una mística posterior, influida por el viejo platonismo, ha intentado viviseccionar este concepto, dividiéndolo entre "cuerpo" y "alma". Y así se suele explicar este pasaje como si Jesús invitara a sus seguidores a menospreciar la "vida corporal", ya que, siguiéndole a él, obtendrían la "vida espiritual". De aquí ha nacido una mística masoquista, que hace un absoluto de la "mortificación", como si ella automáticamente -"ex opere operato"- produjera la certeza de la "salvación del alma".

La enseñanza y la vida de Jesús, tal como la vamos viendo, van por otro lado distinto. Para Jesús los grandes signos de su venida son precisamente signos liberadores en sentido perfectamente corporal: saciar el hambre, obtener la curación, superar la angustia e ir más allá incluso de la muerte.

Jesús está diciendo aquí una cosa muy concreta, que fácilmente podemos deducir del contexto anterior. Y es esto: desgraciadamente es connatural en el hombre el deseo del poder: y esto explica que los mismos discípulos no entiendan la función profética de Jesús y la confundan con una posible tarea de liderazgo político.

Por eso, Jesús habla de la "cruz": era la suerte que les tocaba a todos aquellos que no bailaban al ritmo del poder establecido y simultáneamente hacían de él una fuerte crítica. Jesús prevé la cruz como resultado de su gestión profética: lo mismo habían hecho con los profetas anteriores. Por lo tanto, "seguir a Jesús", ser su discípulo no es predisponerse para obtener un cargo en el nuevo Israel liberado de la ocupación romana. Era algo verdaderamente inconcebible: apuntarse a la procesión de los crucificados por el poder, teniendo a Jesús como hermano mayor de la extraña cofradía.

Jesús termina con una paradoja: "perder la vida por él y por el evangelio" es ganarla. Es la única posibilidad de evitar esa constante tentación de incidir en la eclesiología satánica.

EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1165 s.


 

9./Mc/08/27-38

Jesús es el Mesías. Hemos llegado a la mitad del evangelio según Marcos. A través de los capítulos precedentes, la "nueva doctrina" (1,27) y la acción poderosa de Jesús han abierto el interrogante de su personalidad: «¿Quién es...?» (4,41). Con intención de revelar su misterio, ahora es el Maestro el que interroga directamente a los discípulos: ¿qué dice la gente?, ¿qué piensan ellos? La opinión del pueblo es favorable y admiradora pero totalmente insuficiente. Portavoz de los discípulos, Pedro lo reconoce como el Mesías.

Afirmación acertada para el que la comprenda "según los sentimientos de Dios", y no como la entendían los hombres (v 33). Por eso impone Jesús de momento una reserva absoluta (el «secreto mesiánico»), hasta que la experiencia de la cruz lo haga ver todo claro. Comienza, pues, una nueva revelación: el Mesías ha de sufrir mucho. Lo va a predecir solemnemente tres veces. El evangelista Marcos articula cada predicción en tres momentos: el anuncio, la reacción negativa de los discípulos, su adoctrinamiento.

Primer anuncio. Jesús no ignora el riesgo de ir a Jerusalén, donde le esperan enemigos mortales. Sabe por las Escrituras, expresión de la voluntad de Dios, que el auténtico Mesías «ha de» padecer. Si el evangelio constata con insistencia estas predicciones, es para recalcar la libertad consciente con la que Jesús camina hacia el destino que le ha señalado el Padre.

Reacción negativa. Marcos nos ha hecho oír por boca de Pedro la fe de la Iglesia. Pero él mismo manifiesta a continuación la dificultad de aceptar sus consecuencias. La cruz era un absurdo para los que esperaban la gloria del Mesías según los criterios de este mundo. Pedro actualiza, inconscientemente, la tentación de la montaña (Mt 4,8ss)...

Adoctrinamiento de los discípulos. Jesús replica con firmeza a los discípulos y a la multitud ( = a la Iglesia que escucha su palabra). Todos han de hacer su mismo camino. Para subrayar este pensamiento, el evangelista nos presenta, sistemáticamente encadenado, una colección de cuatro "sentencias" del Señor: a) el que quiera seguirlo es preciso que se niegue a sí mismo y lleve la cruz (= invitación al martirio: v 34); b) para tener vida (eterna) se ha de dar la vida (mortal): v 35; c) todos los bienes de este mundo no sirven de nada si se pierde la Vida: vv 36-37; d) el que niegue a Cristo será excluido del reino escatológico: v 38.

Al coordinar estos avisos pensaba el evangelista en unas comunidades concretas, que vivían en estado de persecución. Arquetipos de la perenne Iglesia perseguida. Le acecha siempre la tentación de rehusar la propia cruz. La que precisamente la hace auténticamente cristiana. La que lleva a la gloria. A continuación, el evangelio narra la transfiguración (9,1ss). Visión anticipada de la parusía. Pregustación de la victoria pascual.

I. GOMA - LA BIBLIA DIA A DIA - Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 894 s.


 

10 Tú eres el Mesías... El Hijo del hombre tiene que padecer mucho

Los comentaristas de Marcos notan que a partir de 8,27-30 la narración evangélica da un giro, que llega hasta la solemne entrada de Jesús en Jerusalén, pocos días antes de su muerte. Las escenas ya no se limitan a los entornos del lago de Genesaret, la multitud aparece sólo esporádicamente, no hay disputas con los grupos adversarios, los milagros se reducen a dos (el joven endemoniado y el ciego de Jericó). La parte didáctica, en cambio, pasa al primer término. Jesús se centra en la enseñanza a sus discípulos. El tema de predicación alcanza su culminación en las predicciones de la pasión, de las que hoy leemos la primera. La acción de la perícopa de este domingo transcurre en Cesarea de Felipe, en los confines del Líbano, al pie de la cordillera del Hermón; zona turística y de veraneo ya en tiempo de Jesús. En un clima de revisión pastoral, Jesús pide a los suyos que se hagan eco de la fama de su persona entre la gente. Estos creen que Jesús es Elías, el precursor del Mesías en las perspectivas judías del momento. Pedro, portavoz de los Doce, va un paso más adelant y reconoce en Jesús al Mesías en persona. Jesús apunta todavía hacia un t x ir nivel más profundo: no es el Mesías davídico, tal como estaba en boga en la mentalidad popular de la época, sino el Mesías-Siervo de Isaías.

Hasta ahora los discípulos no han sabido captar el verdadero rostro de Jesús y, por eso, la reacción de Pedro, contrasta con la del anónimo personaje de la primera lectura:ante la perspectiva del dolor y del fracaso se rebela. Su confianza está todavía lejos dé apoyarse en las manos de Dios.

Aceptar la persona de Jesús es aceptar su destino y las paradojas que comporta el Evangelio: negarse a sí mismo, cargar la cruz, perder la vida... para recuperarla en Cristo.

MISA DOMINICAL 2000 12 10