¿QUIÉN ES MI PRÓJIMO?
ORACION COLECTA
Oh Dios, que muestras la luz de tu
verdad a los que andan extraviados para que puedan volver al camino, concede a
todos los que se profesan cristianos rechazar lo que es contrario a este nombre
y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura del
libro del Deuteronomio 30, 10-14
Moisés habló al
pueblo, diciendo: «Escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus preceptos y
mandatos, lo que está escrito en el código de esta ley; conviértete al Señor,
tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma.
Porque el
precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda, ni inalcanzable; no está
en el cielo, no vale decir: "¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo
traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?"; ni está más allá del
mar, no vale decir: "¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá y
nos lo proclamará, para que lo cumplamos?".
El mandamiento
está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo.».
SALMO RESPONSORIAL (68)
Humildes, busquen al Señor, y revivirá su corazón.
Mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu
favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude. Respóndeme,
Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R.
Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me
levante. Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con
acción de gracias. R.
Mírenlo, los humildes, y alégrense, busquen al Señor,
y revivirá su corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus
cautivos. R.
El Señor salvará a Sión, reconstruirá las ciudades de
Judá. La estirpe de sus siervos la heredará, los que aman su nombre vivirán en
ella. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1,
15-20
Cristo Jesús es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura;
porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres,
visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue
creado por él y para él.
É1 es anterior a todo, y todo se mantiene en él. É1 es también la cabeza
del cuerpo: de la Iglesia. É1 es el principio, el primogénito de entre los
muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera
toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de
la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 25-37
En aquel tiempo, se presentó un maestro de
la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que
hacer para heredar la vida eterna?». É1 le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley?
¿Qué lees en ella?».
É1 contestó: «Amarás al Señor, tu Dios,
con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu
ser. Y al prójimo como a ti mismo.». É1 le dijo: «Bien dicho. Haz esto y
tendrás la vida.».
Pero el maestro de la Ley, queriendo
justificarse. Preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?». Jesús dijo: «Un
hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo
desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por
casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y
pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio
un rodeo y pasó- de largo.
Pero un samaritano que iba de viaje, llegó
a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las
heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo
llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y,
dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo
te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como
prójimo del que cayó en manos de los bandidos?». É1 contestó: «El que practicó
la misericordia con él.». Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.».
COMENTARIO
Para entender
esta parábola se debe saber que en el siglo I judíos y samaritanos se odiaban
mortalmente. Los segundos fueron excluidos del culto de Jerusalén, se les
acusaba de no cumplir ni un mandamiento, ni aun los residuos de unos
mandamientos, y en la práctica se les trata como a paganos. De modo que la
comparación de Jesús, tras hacer ver la dureza de corazón del sacerdote y del
levita, en la obra de misericordia del samaritano expone el amor efectivo y
práctico al prójimo. El samaritano recoge a aquel hombre indefenso sin tener en
cuenta para nada límites nacionales o religiosos. Su amor no conoce fronteras,
y en ello se corresponde con el amor de Dios, al que alude Jesús para
fundamentar su precepto de amar al enemigo: amen a sus enemigos, Dios lo hace
también, hace salir su sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e
injustos (Mt 5,44par).
Con su pregunta:
¿Quién es mi prójimo? el escriba quiere saber cómo se debe entender, según
Jesús, el precepto del amor (Lev 19,18), qué límites tiene, a quién se debe
tratar como prójimo y a quién no. ¿A quién debo considerar objeto de mi amor?
Detrás de esta pregunta late la idea de que el precepto del amor obliga al
hombre a una ordenación concéntrica: los connacionales, los familiares, los
vecinos; los que están ya lejos y los enemigos quedan excluidos, fuera de este
círculo. La parábola de Jesús "fuerza" a otra concepción: se sitúa al
lado del asaltado por los bandidos, y mira con los ojos del molido a palos; al
oyente, se le exige un fundamental cambio de perspectiva. La pregunta final se
corresponde con el planteamiento: ¿Quién de estos tres te parece que fue
prójimo del que cayó en manos de salteadores? Jesús trata del sujeto (que ama o
que, precisamente, rehúsa amar): ¿quién se ha comportado como prójimo? - ¿Para
quién soy el prójimo? Y tal pregunta, sometida a tal transformación, pone muy
en claro que la exigencia de amar me afecta incondicionalmente; nada tiene que
ver con ella el hecho de que el prójimo me parezca merecer o no merecer mi
amor. Soy yo quien debo convertirme en prójimo incluso para mi enemigo.
El que oye es
atraído, es inducido a identificarse, se contempla a sí mismo, sin
intermediarios, en la escena, y se ve confrontado con el papel que te ofrecen; este
papel le libera y le lleva hacia una conducta nueva; la narración le da el
lugar y el tiempo necesario para ello.
En la parábola
del buen samaritano no hay ni imperativo ni un duro "tú debes". Aquí
hay estímulo y atracción. La parábola presupone una posibilidad y le da alas:
no pretende mandar amar, sino describir el amor como cosa posible y con ello
hacerlo verdaderamente posible.
En último
término lo que ocurre en el camino de Jerusalén a Jericó es el gozo del
seguimiento al que llama Jesús, es la respuesta a la experiencia de la bondad
infinita de Dios, es la fiesta del amor cumplido al prójimo.
PLEGARIA UNIVERSAL
Hermanos, que nuestras oraciones lleguen al Señor y que
nuestros ruegos sean escuchados por aquel que escruta el corazón de todos.
Respondamos después de cada invocación: Escúchanos, Señor.
1.- Por el Papa Francisco: para que, con
la fuerza del Espíritu Santo, siga siendo en la Iglesia y en el mundo entero la
imagen viva de Cristo Jesús. Buen samaritano de la humanidad. Oremos.
2.- Por todos los ministros que sirven a
la Iglesia: para que, con la sabiduría del Hijo de Dios, proclamen con fidelidad
la palabra del Señor. Oremos.
3- Por Israel, el pueblo de la antigua
alianza, por los cristianos separados de la Iglesia y por los que no conocen al
Dios revelado en Jesucristo, imploremos la tierna protección del Señor, dueño
de toda verdad. Oremos.
4.- Por los que viven lejos de su casa,
por los encarcelados, por los débiles y oprimidos y por los justos que sufren
persecución: oremos a Jesús, el Salvador. Oremos.
5.- Invoquemos con fe y devoción a Cristo
Jesús, Señor de todo lo creado y cabeza de la Iglesia, su Cuerpo Místico, para
que conceda a todas las comunidades cristianas la gozosa experiencia de vivir
unidos como hermanos. Oremos.
6.- Por nosotros, que compartimos el
Banquete del amor y la misericordia que Dios ofrece a todos: para que podamos
ser buenos samaritanos con quienes necesitan de nuestra ayuda. Oremos.
Dios misericordia y omnipotente, que has querido resumir
todos los preceptos de tu ley en el mandamiento del amor, escucha nuestras
oraciones y danos un corazón solicito y generoso hacia los sufrimientos de
nuestros hermanos, a imagen de tu Hijo, el Buen samaritano del mundo, que vive
y reina por los siglos de los siglos.
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Mira, Señor, los dones de tu
Iglesia suplicante y concede que sean recibidos para crecimiento en santidad de
los creyentes. Por Jesucristo nuestro Señor.
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Después de recibir estos dones, te
pedimos, Señor que aumente el fruto de nuestra salvación con la participa con
frecuente en este sacramento. Por Jesucristo nuestro Señor.
PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE
CADA DÍA
Lunes 15: Ex 1, 8-14.22; Sal 123; Mt 10, 34—11,.
Martes 16: Ex 2, 1-15ª; Sal 68; Mt. 11, 20-24.
Miércoles 17: Ex 3, 1-6.9-12; Sal 102; Mt 11, 25-27.
Jueves 18: Ex 3, 13-20; Sal 104; Mt 11, 28-30.
Viernes 19: Ex 11, 10—12, 14; Sal 115; Mt 12, 1-8.
Sábado 20: Ex 12, 37-42; Sal 135; Mt 12, 14-21.
Domingo 21: Gn 18, 10ª; Sal 14; Col 1, 24-28; Lc
10, 38-42.
COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 10. 25-37
a) A rechazar
una interpretación puramente moral de esta parábola nos inducen también algunos
términos concretos. En el v.33, el samaritano "se mueve a compasión".
Esta palabra en griego designa únicamente la misericordia de Dios, o la de
Cristo (Mt 9.36; 14.14; Lc 7.13; 15.20). Designa, pues, un sentimiento divino
que inspira al samaritano; él es, así: imagen de Dios, la revelación del amor
de Dios por el hombre. Otro término revela un significado también muy preciso:
en el v.35 se evoca el "retorno" del samaritano (épanerchesthai).
Este retorno no tiene casi sentido si la parábola se limita a ser una historia
con una conclusión edificante. ¿No se tratará quizá del retorno de Cristo al
final de los tiempos? Tenemos un indicio de ello en el hecho de que esta
palabra sólo se encuentra una vez en el N.T. y precisamente con esta
significación (Lc 14. 21).
Finalmente, el
esquema de nuestra parábola integra curiosamente el de la parábola del buen
pastor y la del hijo del dueño de la viña (Jn 10.; Lc 20. 9-18). Del mismo modo
que el buen pastor viene a salvar las ovejas despojadas, golpeadas y destinadas
a la muerte (Jn 10. 10) y que el hijo del dueño de la viña se presenta después
de los profetas enviados en vano, el buen samaritano llega después de los
sacerdotes y los levitas que no han querido ni podido salvar al hombre herido.
El samaritano revela el amor de Dios a la Humanidad; la cuida por los
sacramentos del óleo y del vino y la confía al albergue de la Iglesia. La
introducción de nuestro evangelio recobra entonces todo su sentido: los
apóstoles son bienaventurados porque están asistiendo, por fin, a la
manifestación del amor de Dios y porque van, a su vez, a revelarlo con más
eficacia que los sacerdotes y levitas judíos.
b)Sin duda, hay
que ver en esta parábola, además, un reflejo de la historia de la salvación,
del mismo modo que en las otras grandes parábolas del Reino. Cristo viene, bajo
la apariencia de un samaritano, es decir, de un despreciado (Jn 8.48), como el
hijo del dueño de la viña, para revelar el amor de Dios allí donde las técnicas
de salvación paganas y judías fracasaron.
c) Lucas ha
precedido esta parábola con la discusión sobre el mandamiento más importante
para mostrar que el deber de la caridad reviste nuevas exigencias después de
Cristo. Amar al prójimo como a sí mismo no basta, hay que preguntarse cómo se
puede ser el prójimo de los demás y amarlos como Dios los ama.
Esta es la
intención del discurso después de la Cena en el que se da un mandamiento nuevo:
amar a los otros como uno mismo ha sido amado (Jn 13. 34). Es importante, pues,
tomar conciencia de la pertenencia a esta Humanidad herida, abandonada medio
muerta al borde del camino, que Cristo ha venido a salvar. En este caso la
caridad no se entiende como una simple obligación moral, sino como reflejo del
amor de Dios, signo de los últimos tiempos en que la misericordia divina viene
a reemplazar a los medios de salvación judíos. Al desplazar la discusión sobre
el mandamiento más importante y hacerla desembocar en la parábola del buen
samaritano, Lucas hace progresar la doctrina de la caridad (véase el contraste
entre el relato de Lucas y Mt 22. 34-40; Mc 12. 28-31) y prepara la concepción
de Juan.
Maertens - Frisque
- Nueva Guía De La Asamblea Cristiana V
Marova Madrid 1969.Pág. 162
Marova Madrid 1969.Pág. 162
Ante la
pregunta del doctor de la ley -más propia de un examinador, que de uno que
humildemente busca a Cristo-, responde Jesús dando un paso de la teoría a la
"práctica".
No es lo
importante tanto el conocer como el realizar. Los conocedores de la ley pasan
de largo ante la realidad del prójimo; el ignorante, samaritano, se detiene y
hace realidad el precepto del amor.
Prójimo no es
el que yo busco, es el que se mete de improviso, sin ser llamado, en mi vida.
Todos caminamos por la ruta del mundo cargados de bellísimas teorías de paz, amor,
justicia; pero la humanidad, el hombre sigue tirado al borde del camino,
apaleado y casi muerto. ¿Por qué? Buscamos lo grande, lo llamativo, y el
prójimo, ¡es tan pequeño!; queremos dirigir la mirada lejos y el prójimo es tan
cercano que le pasamos por alto. No son las teorías las que liberan al hombre,
sino las obras. Los teóricos pasan de largo ante lo concreto, que es lo único
real, se sumergen en su idealismo y nunca se manchan con la realidad. Lo que
salva es vivir y obrar como prójimo, no las teorías sobre la projimidad. El
herido es un hombre, sin nombre, sin apellidos, sin pertenencia religiosa o
política; y esto basta. Lo único que importa es que nos necesita. "Vete y
haz tú lo mismo". No es pensar lo que importa, es hacer.
Comentarios
Biblicos 5.Pág. 531
Texto. Lucas
interrumpe la dinámica de apoteosis paradisíaca del domingo pasado con la
introducción de un personaje en actitud hostil. Se trata de un especialista e
intérprete de la Ley o Carta Magna judía, conocida con el nombre de Pentateuco.
Aunque Lucas indica la intención del personaje, nada dice sin embargo del
alcance o los motivos de la misma. El desarrollo siguiente del texto deja
bastante claro que el móvil de Lucas no es polémico, sino constructivo.
El centro de
atención lo acapara la palabra prójimo. Tres veces aparece el término: en cita
de Levítico 19, 18, en labios del letrado y en labios de Jesús. En base a la
cita de Levítico el letrado quiere saber quién es su prójimo. La contestación
de Jesús empieza con una historia (un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó...) y
termina con una contrapregunta (¿cuál de estos tres te parece que se portó como
prójimo?). Tenemos, pues, la siguiente secuencia: Amarás al prójimo como a ti
mismo (Levítico) - ¿quién es mi prójimo? (letrado) - ¿quién se portó como
prójimo? (Jesús). A poco que nos fijemos caeremos en la cuenta que la palabra
prójimo no tiene el mismo sentido en toda la secuencia.Por un lado van Levítico
y Letrado; por otro, Jesús.
La historia que
Jesús cuenta desempeña una doble función: por un lado, no responder en los
términos de la pregunta; por otro lado, preparar la contrapregunta. El
significado de este procedimiento parece bastante evidente: el planteamiento
del letrado no es adecuado y debe ser sustituido por otro. La pregunta ¿quién
es mi prójimo?, debe dejar paso a esta otra: ¿soy yo capaz de hacerme prójimo
de los demás?
Comentario. El
caminar cristiano entra hoy en una dinámica de transformación social.
Transformación silenciosa, como las verdaderas revoluciones. ¿Hemos pensado
cómo sería la sociedad si las personas fuéramos samaritanos? Ser cristianos es
ser samaritano. Prójimo es la persona que está junto a mí; prójimo soy yo en la
medida que salgo de mí y me aproximo al otro.
Lo cristiano no
es amar al prójimo; lo cristiano es hacerse prójimo. Amar al prójimo tiene el
riesgo de dividir a las personas en superiores e inferiores; sólo el hacerse
prójimo evita ese riesgo.
Alberto Benito
- Dabar 1989, 37
4.- Texto. Un
intérprete de la Ley de Dios y Jesús frente a frente.
Lucas atribuye
la conversación a segundas intenciones del letrado. A la pregunta de éste
responde Jesús pidiéndole que sea él mismo quien opine en base a la Ley en la
que es especialista.
Así lo hace el
letrado y Jesús no tiene nada que objetarle. Todo lo contrario: Bien
respondido. Pero el letrado quiere justificar su primera pregunta (la
traducción litúrgica es inexacta) e insiste formulando la auténtica objeción:
¿Y quién es mi prójimo? Jesús le cuenta entonces una parábola, es decir, una
narración simbólica de la que se deduce una enseñanza. La enseñanza la encauza
Jesús en los siguientes términos: ¿Cuál de estos tres te parece que se hizo
prójimo del que cayó en manos de los bandidos? Ante la respuesta del letrado,
concluye Jesús: Haz tú lo mismo. Esta es la enseñanza.
Comentario. La
pregunta inicial que hace el letrado a Jesús es de orden práctico: ¿Qué tengo
que hacer? Y de este mismo orden es la conclusión final de Jesús: Haz tú lo
mismo. Pero entre una y otra va a ocurrir algo significativo. Tratándose de un
problema práctico probablemente la intención provocadora que Lucas atribuye al
letrado sea también de este orden y no de orden doctrinal. Ahora bien, muy poco
habríamos avanzado en la solución del problema práctico si Lucas no hubiera
decidido dar entrada por segunda vez al letrado para que formule, en esta
ocasión sin segundas intenciones, la verdadera dificultad. Esta no es otra que
el alcance del término prójimo. ¿Qué se quiere decir con esta palabra? ¿A quién
abarca? ¿Sólo a los connacionales y no a los extranjeros? ¿A los observantes de
la Ley pero no a sus infractores aunque fueran judíos? En efecto, mientras no
conozcamos con exactitud el alcance del término, no sabremos si cumplimos o no
el mandamiento que dice amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Un hombre baja
de Jerusalén a Jericó, es asaltado y queda medio muerto. Lo de bajar se debe a
la distinta altitud de ambas ciudades. Jerusalén está a unos 740 metros sobre
el nivel del mar y Jericó a 350 metros bajo ese nivel. Junto al malherido pasan
un sacerdote, un levita y un samaritano. Los dos primeros son por profesión
judíos observantes de la Ley de Dios; el samaritano es un medio gentil,
separado de los judíos por un viejo odio nacional. Nada nos dice la parábola
acerca de las motivaciones del comportamiento de los tres. Sencillamente
presenta dos comportamientos opuestos: desentendimiento y compasión. Esta, por
cierto, con toda profusión de detalles y atenciones. El samaritano no parece
tener fondo en su capacidad de inventiva compasiva. Surge entonces la pregunta
de Jesús al letrado: ¿Cuál de estos tres se hizo prójimo? Comparémosla ahora
con la pregunta del letrado a Jesús: ¿Quién es mi prójimo? La evidente
diferencia de formulación no es sino expresión de la diferencia de
planteamiento que subyace a ambas. La pregunta del letrado es una pregunta por
el otro; la de Jesús es una pregunta a uno mismo.
Preguntar por
el otro es preguntar por su persona, sus circunstancias, sus defectos y sus
virtudes. Lleva, en definitiva, a un juicio de valor sobre los demás, fruto del
cual uno decide desde su propia campana de cristal que le protege de quedar
contaminado por esos demás a quienes ayuda. Preguntarse a uno mismo, en cambio,
es invitarse a la sinceridad, a la transparencia, a la sencillez, a la
espontaneidad de la actuación. Entre el orden práctico del letrado y el de
Jesús media un cambio de categorías: para el letrado, prójimo es un concepto
legal; para Jesús, prójimo es una relación que uno mismo deber ir creando. El
alcance, pues, del término prójimo depende exclusivamente de cada uno.
Si ahora
tratamos de leer este texto dentro del contexto, no nos será difícil descubrir
un nexo de unión con la alegría de Jesús en los vs. precedentes. "Bendito
seas, Padre, Señor del cielo y tierra, porque, si has ocultado estas cosas a
los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla". Da la
impresión de que en el texto de hoy Lucas ha querido poner un ejemplo de gente
sabia (sacerdote y levita) y de gente sencilla (samaritano).
Alberto Benito
- Dabar 1986, 38
5.- Sentido del
texto. Resaltan dos cambios o desplazamientos significativos operados por Jesús
en los planteamientos del letrado. Primero: relación
comportamiento-merecimiento (v.25). El letrado hace un planteamiento de
merecimiento (heredar, conseguir). Jesús renuncia a toda mención de
merecimiento. Léanse sus respuestas en vs. 28 y 37. El comportamiento no es una
hoja de servicios ni una cuenta corriente a la que uno se esclaviza para
engrosarla. El comportamiento es una autorrealización gracias a la cual uno
vive a gusto y en plenitud. El futuro del v. 28 es un futuro lógico por cuanto
depende y es consecuencia del comportamiento.
Segundo:
concepto de prójimo. Es distinto en el letrado (v.29) y en Jesús (v. 36). El
letrado pregunta desde un planteamiento jurídico: prójimo es quien está cercano
a mí. Jesús cambia el planteamiento haciéndolo existencial: prójimo soy yo en
la medida en que salgo de mí mismo y me acerco al otro. El letrado habla de
prójimo; Jesús habla de hacerse prójimo, de la sensibilidad y la fantasía para
saber ver al otro en su situación concreta y remediarla.
Un tercer
aspecto llamativo del texto son los personajes escogidos por Jesús para su
historia: profesionales de Iglesia (sacerdote, levita) y un proscrito por la
Iglesia (samaritano).
Dabar 1980, 39
6.- Un perito
de la ley pregunta cómo puede heredar la vida eterna. Jesús remite a las
palabras de la ley que dicen: "Amarás al Señor, tu Dios... y al prójimo
como a ti mismo" (10, 27). Iluminado por toda la experiencia de la
historia de su pueblo, el letrado sabe amar a Dios. Desconoce, sin embargo, el
contenido del amor al prójimo y por eso plantea nuevamente su pregunta (10,29).
La respuesta de Jesús, formulada sobre un plano de parábola, supera todo lo que
el hombre podía conocer sobre la vida. Los rasgos de la parábola son
perfectamente conocidos. La manera de amar al prójimo consiste en ayudar al
marginado o al que sufre cualquier tipo de dolencia. Ciertamente, el texto
alude a un hombre al que asaltaron de camino los bandidos. Pero, dentro del
contexto general, no importan las razones de ese asalto. El hombre es
simplemente un símbolo de todas las personas que padecen con justicia o sin
justicia, con razones o sin ellas. Jesús está diciendo que el buen prójimo no
gusta de razones ni preguntas. Simplemente se percata de que existe una miseria
y ofrece su asistencia. El carácter, funciones o responsabilidad del que se
encuentra herido son problemas totalmente marginales. La ley que rige en todo
es el descubrimiento de la necesidad ajena y la presteza en ofrecer ayuda.
Después de
haber mostrado la espina dorsal de la parábola, queremos ocuparnos de algunos
elementos marginales que ayudan a entenderla:
1) Sorprende el
aire antirritual que se respira en el relato. El sacerdote y el levita,
representantes oficiales del "amor de Dios" en la estructura
religiosa israelita, pasan de largo ante el herido (10, 31-32). Su misma
actitud demuestra que ese amor de Dios que representan es mentira y toda su
existencia religiosa es un engaño.
2) El relato
nos introduce en la secularidad de la vida. La realidad de nuestro amor al
prójimo se juega en el campo de las relaciones simplemente interhumanas. Es
allí donde tiene que penetrar el mandamiento de Dios y transformar nuestra
existencia.
3) Al
convertirse en norma de conducta, la parábola del buen samaritano puede ser el
fundamento de un nuevo concepto de la humanidad. En esa humanidad se han
superado las barreras fundadas en la raza o religión de las personas. Lo que
importa es el amor comprometido. Recuérdese que nuestra escena ha suprimido las
diversas emociones de los hombres que en ella participan. Pudiera pensarse que
el sacerdote ha compadecido profundamente al herido, mientras que el samaritano
se siente molesto por tener que ayudarle. Lo que importa en realidad es el amor
que engendra comunión (ofrece ayuda).
4) Dentro del
contexto del evangelio, la parábola recibe un matiz profundamente cristológico.
El samaritano es Jesús. En su amor se manifiesta (y se realiza) el gran amor
que Dios tiene por los hombres. De esa manera, el amor al prójimo que aquí se
recomienda viene a interpretarse como una continuación de amor que Dios nos ha
ofrecido.
5) Todo esto
nos sitúa, finalmente, dentro de la exigencia de la misión. El mensaje de la
iglesia ofrece ante los hombres el misterio del amor de Dios y les invita a
comportarse de manera consecuente. Allí donde los hombres aman, como el buen
samaritano, se supera a Satán y se introduce a Cristo en nuestro mundo.
Comentarios a
la Biblia Liturgica NT - Edic Marova / Madrid 1976. Pág. 1322 Ss.
7.- El buen
samaritano. Sólo hay una ley importante: el amor. Cristo nos libera del peso
agobiante de las leyes, las normas y los ritos. Una sola obligación: amar. Lo
más gratificante, pero también lo más crucificante.
El amor tiene
dos dimensiones: Dios y el prójimo. Pero en realidad viene a ser lo mismo. No
hay lugar a tensiones y esquizofrenias. Cristo unifica el amor; nos dice que
Dios no está en el templo del sacerdote y del levita, sino en el herido del
camino. Quien ama a Dios se volcará sobre el herido, como el samaritano. Quien
ama de verdad al prójimo, encuentra a Dios. Dios no está lejos, está ahí, en el
otro, en ti. ¿Dos amores? Sí, el verdadero y el falso. Siendo verdadero, sólo
hay un amor.
Caritas Rios del
Corazón - Cuaresma Y Pascua 1993.Pág. 122
8.- Para
entender esta parábola se debe saber que en el siglo I judíos y samaritanos se
odiaban mortalmente. Los segundos fueron excluidos del culto de Jerusalén, se
les echa en cara "que no cumplen ni un mandamiento, ni aun los residuos de
un mandamientos, y en la práctica se les trata como a paganos [50,20lsl. De
modo que la comparación de Jesús, tras hacer ver la dureza de corazón del
sacerdote y del levita, en la obra de misericordia del samaritano expone el
amor efectivo y práctico al prójimo. El samaritano recoge a aquel hombre
indefenso sin tener en cuenta para nada límites nacionales o religiosos. Su
amor no conoce fronteras, y en ello se corresponde con el amor de Dios, al que
alude Jesús para fundamentar su precepto de amar al enemigo: amad a vuestros
enemigos, Dios lo hace también, hace salir su sol sobre buenos y malos y hace
llover sobre justos e injustos (Mt 5,44par).
Con su
pregunta: ¿Quién es mi prójimo? el escriba quiere saber cómo se debe entender,
según Jesús, el precepto veterotestamentario del amor (Lev 19,18), qué límites
tiene, a quién se debe tratar como prójimo y a quién no. ¿A quién debo
considerar objeto de mi amor? Detrás de esta pregunta late la idea (evidente
tanto entonces como hoy) de que el precepto del amor obliga al hombre en una
ordenación diríamos concéntrica de importancia: hay una progresión gradual en
vistas, por ejemplo, a los connacionales, a los familiares, a los vecinos; los
que están ya lejos y los enemigos quedan excluidos, fuera de este círculo.
La parábola de
Jesús "fuerza" otra concepción: se sitúa al lado del asaltado por los
bandidos, y mira con los ojos del molido a palos; al oyente, se le exige un
fundamental cambio de perspectiva. La pregunta final se corresponde con el
planteamiento: ¿Quién de'estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en
manos de salteadores? De modo que Jesús no acepta una pregunta acerca del
objeto del amor que aparte de este objeto, una pregunta así ha sido ya
convertida en imposible de una vez para siempre. Jesús trata del sujeto (que
ama o que, precisamente, rehúsa amar): ¿quién se ha comportado como prójimo?
-Para quién soy el prójimo? Y tal pregunta, sometida a tal transformación, pone
muy en claro que la exigencia de amar me afecta incondicionalmente; nada tiene
que ver con ella el hecho de que el prójimo me parezca merecer o no merecer mi
amor. Soy yo quien debo convertirme en prójimo incluso para mi enemigo. Lo cual
no me está mandado, sino narrado en la parábola como una posibilidad
estimulante y fuente de vida auténtica.
La ética de
Jesús no es, radicalmente, una ética imperativa, sino una ética narrativa. La
peculiaridad de su exigencia no radica en el contenido, la cosa es clarísima
(incluso el precepto del amor a los enemigos se documenta en el antiguo
testamento, y fuera del cristianismo), sino en la coordinación complexiva de la
palabra y la obra de Jesús con una forma verbal y una estructura que las
relacionan dentro de su contexto. Jesús rodea a sus oyentes con historias que
pintan y describen lo que exigen, e incluso encarrilan aquello de que hablan.
El que oye es atraído, es inducido a identificarse, se contempla a sí mismo,
sin intermediarios, en la escena, y se ve confrontado con el papel que te
ofrecen; este papel le libera y le acucia hacia una conducta nueva; la
narración le da el lugar y el tiempo necesario para ello.
Así la ética
narrativa está en situación de preservar la secuencia y el paralelismo de
indicativo e imperativo, y no tornarse así "legalista". En la
parábola del buen samaritano, por ejemplo, se narra siempre en este sentido
como posibilidad real una posibilidad que ha fallado repetidamente. Aquí no hay
ni imperativo ni un duro "tú debes". Aquí hay estímulo y atracción.
La parábola presupone una posibilidad y le da alas: no pretende mandar amar,
sino describir el amor como cosa posible y con ello hacerlo verdaderamente
posible.
En último
término lo que ocurre en el camino de Jerusalén a Jericó es el gozo del
seguimiento al que llama Jesús, es la respuesta a la experiencia de la bondad
infinita de Dios, es la fiesta del amor cumplido al prójimo.
Eckart Ott -
Fiesta y gozo. Págs. 166-167