miércoles, 2 de noviembre de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXXII TIEMPO ORDINARIO CICLO C - 6 NOVIEMBRE 2016

LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE

  
ORACION COLECTA

Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del segundo libro de los Macabeos 7,1-2.9-14

El Rey Antíoco envío a un consejero ateniense para que obligara a los judíos a abandonar las costumbres de sus padres y a no vivir conforme a las leyes de Dios.
En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley.
Uno de ellos habló en nombre de los demás: «¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres.».
El segundo, estando para morir, dijo: «Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna.».  Después se divertían con el tercero. Invitado a sacar la lengua, lo hizo en seguida, y alargó las manos con gran valor. Y habló dignamente: «De Dios las recibí, y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios.».
El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven despreciaba los tormentos. Cuando murió éste, torturaron de modo semejante al cuarto. Y, cuando estaba para morir, dijo: «Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida.».

SALMO RESPONSORIAL (16)

Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor

Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica,  que en mis labios no hay engaño. R.

Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis pasos. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;  inclina el oído y escucha mis palabras. R.

Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme. Yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 2,16–3,5

Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza, se consuele internamente y les dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas. Por lo demás, hermanos, recen por nosotros, para que la palabra de Dios siga el avance glorioso que comenzó entre ustedes, y para que nos libre de los hombres perversos y malvados, porque la fe no es de todos. El Señor, que es fiel, les dará fuerzas y los librará del Maligno. Por el Señor, estamos seguros de que ya cumplan y seguirán cumpliendo todo lo que les hemos enseñado. Que el Señor dirija su corazón, para que amen a Dios y tengan constancia de Cristo.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 20,27-38

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.».
Jesús les contestó: «En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob." No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.».

COMENTARIO

Los tres evangelistas sinópticos, ya al final de la vida pública de Jesús, nos ofrecen una serie de controversias entre las que figura ésta con los saduceos. El texto de Lc. coincide hasta el v.33 con los textos de Mc y de Mt.
Los saduceos eran unos personajes relevantes en la vida política del país, pertenecían más a un partido político que a una secta religiosa. Eran los "colaboracionistas" de la ocupación romana de Palestina. Entre ellas figuraban los sumos sacerdotes. No admitían más autoridad doctrinal que el Pentateuco (los 5 libros atribuidos a Moisés), razón por la que negaban la resurrección de los cuerpos (cf. Hch 23.8), ya que en el Pentateuco no se dice nada al respecto. Este grupo de saduceos se acerca al Maestro con el ánimo de hacerle quedar en ridículo. Inventan una historia extraña, pero posible, teniendo en cuenta lo dispuesto por la llamada ley de "levirato" (Dt 25. 5s; Gn 38. 8). Probablemente se trata de una objeción típica que utilizaban los saduceos en sus controversias con los fariseos, que sí creían en la resurrección.
En primer lugar, Jesús resuelve la dificultad y denuncia a la vez la ignorancia de sus adversarios sobre la Sagrada Escritura. En los sagrados libros no se dice nunca que la existencia futura de los resucitados sea exactamente igual que la vida terrena. Además Dios es poderoso para resucitar a los muertos y acabar con la necesidad de la procreación para asegurar la supervivencia de la humanidad una vez glorificada. Que la vida de los resucitados sea como la de los ángeles no quiere decir, sin embargo, que no puedan tener cuerpo sexuado. Sólo se quiere excluir la necesidad de la procreación y afirmar la libertad de todas las necesidades a las que se ven sometidos los hombres en la tierra. Resuelta la dificultad, Jesús ofrece un argumento positivo en favor de la Resurrección. Se apoya en Ex 3. 6 y procede según costumbre rabínica. Sin duda hay en el A.T. otros textos más explícitos que hablan de la resurrección de la carne, pero Jesús prefiere éste por ser del Pentateuco, que, según dijimos, era la única autoridad doctrinal aceptada por los saduceos. La fuerza del argumento está en que la Palabra de Dios con todas sus promesas a los patriarcas no valdría nada si Dios no les salvara del último enemigo, de la muerte.

PLEGARIA UNIVERSAL

En este domingo, San Pablo nos anima a que tengamos la constancia de Cristo, pero también nos asegura que el Señor nos dará fuerza para ello. Así le pedimos a Dios nuestro Padre: R.- Señor, escúchanos.

1.- Por el Papa Francisco, y por los éxitos pastorales del Jubileo de la Misericordia. Señor, escúchanos.

2.- Por los Obispos, los sacerdotes y los diáconos, para que la Palabra de Dios siga el avance glorioso que comenzó en tiempos de los primeros discípulos. Señor, escúchanos.

3.- Por todos los dirigentes del mundo, para que descubran que Dios les pide un servicio preocupado por todas las personas de sus pueblos, en especial por los más desfavorecidos. Señor, escúchanos.

4.- Por todos aquellos que aún no han descubierto que el verdadero amor y la vida verdadera nos vienen de Cristo, para que descubran el sentido autentico de sus vidas. Señor, escúchanos.

Padre, acoge con bondad las plegarias que humildemente te presentamos. Por nuestro Señor Jesucristo que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Mira, con bondad, Señor, los sacrificios que te presentamos para que al celebrar la pasión de tu Hijo en este sacramento gocemos de sus frutos en nuestro corazón. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Alimentados  con esta eucaristía, te hacemos presente, Señor nuestra acción de gracias, implorando de tu misericordia que el Espíritu Santo mantenga siempre vivo el amor a la verdad en quienes han recibido la fuerza de lo alto. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 07: Tt 1, 1-9; Sal 23; Lc. 17, 1-6.
Martes 08: Tt 2, 1-8.11-14; Sal 36; Lc 17, 7-10.
Miércoles 09: La Dedicación de la Basílica de Letrán (F) Ez 47, 1-2.8-9.12; 1Co 3, 9c.11.16-17; Sal 45; Jn 2, 13-22.
Jueves 10: San León Magno, papa y doctor de la Iglesia (MO) Flm 7-20; Sal 145; Lc 17, 20-25.
Viernes 11: San Martin de Tours, Obispo (MO) 2Jn 4-9; Sal 118; Lc 17, 26-37.
Sábado 12:  San Josafat, Obispo y Mártir (MO) 3Jn 5-8; Sal 111; Lc 18, 1-8.
Domingo 13:  XXXIII Del Tiempo Ordinario Mal 3, 19-20ª; Sal 97; 2Tes 3, 7-12; Lc 21, 5-19.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 20, 27-38

2.- Texto. Se sitúa ya en el final del camino, en la ciudad santa de Jerusalén. Aquí tenía su enclave principal la corriente saducea, formada por la aristocracia laica y sacerdotal.
Hombres realistas y pragmáticos, los saduceos se mostraban especialmente receptivos a la cultura helenístico- romana. Doctrinalmente conservadores, su fuente de inspiración y de religiosidad era la Torá, cuyos cinco libros eran los únicos a los que otorgaban validez. De uno de ellos, de Deuteronomio 25, 5, toman la cita que les sirve de base para argumentar en contra de la resurrección de los muertos. Una tal resurrección, argumentan, plantearía problemas matrimoniales en el más allá.
La respuesta de Jesús reproduce el punto de vista fariseo en este tema. De hecho, al final de las palabras de Jesús, Lucas recoge la intervención aprobatoria de unos fariseos: Bien dicho, Maestro (Lc. 20, 39). El punto de vista fariseo que Jesús hace suyo habla de una condición humana diferente en el más allá, condición caracterizada por la incapacidad de morir y que, consiguientemente, hará innecesaria la procreación de nuevos seres que reemplacen a los desaparecidos. Se responde así a la dificultad de problemas matrimoniales aducida, tal vez irónicamente, por los saduceos.
Por último, en los vs. 37-38 se aborda el tema central, afirmando explícitamente la resurrección de los muertos. La argumentación es típicamente judía: aducir un texto de la Escritura, en este caso Éxodo 3, 6, y extraer de él una consecuencia: Dios no podría llamarse el Dios de los patriarcas, si éstos no siguieran viviendo.
Comentario. En el texto de hoy no se trata ya del caminar cristiano, sino de la meta de ese caminar, del más allá de la actual condición humana. Dos son las afirmaciones que hace el texto. Primera: el más allá de la actual condición humana es una nueva condición, a la que no son extrapolables los datos y la experiencia de una continuidad personal: aquí y allá es la misma persona la que vive, realmente y no imaginativamente. Esta realidad personal es lo que se quiere indicar cuando se habla de la resurrección física de los muertos.
Segunda afirmación del texto: la garantía de esa realidad personal es la realidad de Dios, vida sin mezcla de muerte.
Desde el momento que la futura condición humana tiene su base y fundamento en la realidad de un Dios que no es empíricamente controlable ni demostrable, desde ese mismo momento tampoco lo es la realidad de nuestra futura condición. Por eso alguien con vista miope de realista y pragmático puede perfectamente negarla. Pero la miopía nunca es la perfección en vista.
El caminante cristiano sabe de su futura condición. Su caminar es pletórico, debido, entre otras cosas, a la certeza del sentido del camino. Lo que pasa es que hay certezas que sólo son tales desde una sensibilidad y un talante determinados, en este caso desde la sensibilidad y el talante nacidos de la sintonía y de la familiaridad con Dios, vida sin mezcla de muerte.
A.- Benito, Dabar/89/55



3.- El grupo de los saduceos es un grupo bastante restringido perteneciente a las clases superiores del sacerdocio. En su sistema doctrinal no admiten la resurrección, que ya desde Daniel (12, 2-3) era más o menos aceptada en los círculos religiosos.
Los fariseos la admitían (cf. Hech 23, 8). Jesús la admite también, y responde al "caso" propuesto por los saduceos con el fin de ridiculizar la resurrección. La respuesta de Jesús no se apoya en la tradición popular sino en lo más hondo de la ley. Y es que creer en un Dios de vivos supone creer en una forma permanente de vida con él: la resurrección. Jesús hace polvo el absurdo ejemplo propuesto por los saduceos.
En primer lugar hay que decir que la resurrección es un don, no algo mecánico o que se derive sin más de una vida moral más o menos recta. Dios es el que resucita (cf. Lc 21, 36).
En segundo lugar se reconoce implícitamente que, por el don misericordioso de Dios, también los pecadores resucitan (cf. Lc 14, 14; Hech 24, 15), cosa incomprensible para la corriente puritana de la espiritualidad del judaísmo tardío. Es un antropomorfismo deleznable el representarse la resurrección como no se qué continuación de esta vida. Ante algo tan esencialmente incomprensible para el hombre hay que manejar categorías de fe. v.36: Cuando se trata de Dios es preciso estar abierto a lo maravilloso y a lo imprevisto.
Por eso critica también Jesús, con esta simple alusión a los ángeles, la concepción demasiado material que se hacen de la resurrección algunos fariseos. Resucitar es hacer de la alabanza la médula de una forma de vida (cf. Mt 18,10), ser anegados en la realidad de lo divino. Puesto que nuestra experiencia en este campo es nula, nuestra expresión es pobre. Pero por eso mismo la nueva realidad impide una absolutización de la historia.
Jesús en su defensa de la resurrección, no recurre al libro de Daniel cuyo valor era contestado por los saduceos, sino que se apoya en el valor indiscutible de la ley, basando su argumentación en Ex 3,6. El argumento es bien simple: si Dios se ha declarado amigo de los patriarcas, lo será para siempre; porque el don de Dios permanece. Esta visión espolea la acción del creyente sabiendo que tiene perfecto sentido su labor en la historia, porque en el día último tendrá su total cumplimiento.
Eucaristía 1977/53


4.- Pre-texto. -Saduceos: son los representantes de una actitud conservadora en lo religioso y en lo político. En materia religiosa no admitían más que los cinco libros de Moisés rechazando toda tradición oral representada por la jurisprudencia farisea. En lo político eran mantenedores del "status quo" con el poder romano: Estado teocrático centrado en el templo, con cierta autonomía dentro del Imperio Romano. Rechazaban toda tendencia reformista que pusiera en peligro la situación.
A esta corriente saducea pertenecían dos de los tres grupos parlamentarios que componían el Gran Consejo o Sanedrín: las grandes familias sacerdotales, de las cuales se nombraban los más altos dignatarios del templo (sumos sacerdotes), además del sumo sacerdote primado; los ancianos, pertenecientes a la nobleza seglar, compuesta de terratenientes y ricos comerciantes.
Ley del levirato: Deut. 25, 5-10. La finalidad de la misma era asegurar la continuidad del nombre familiar. La mujer, por ser una posesión que quedaba dentro de la familia, no era legalmente viuda a la muerte de su marido; se quedaba en la casa del difunto, sometida a la autoridad del padre del difunto.
Sentido del texto. -Gira todo él en torno a la vida. Los saduceos la limitaban: no hay más vida que la que constatamos en el presente. Jesús se opone frontalmente a esta concepción, defendiendo para el hombre la sagrada realidad de la vida, sin restricciones ni limitaciones temporales. Jesús fundamenta su posición en el hecho de que la base de la vida no está en el hombre, sino en Dios, y Dios es vida sin limitaciones ni restricciones temporales (v. 38).
Ahora bien, si la base de la vida está en Dios y no en el hombre, ello quiere decir que nuestro conocimientos y experiencia de la vida son sólo aproximativos y analógicos porque así es todo modo humano de conocer y experimentar a Dios. A la hora, pues, de hablar de la vida en plenitud, de nuestra vida en plenitud como humanos, no podemos hacerlo sirviéndonos de los módulos que ahora conocemos, simplemente porque son módulos aproximativos y analógicos. Este es el sentido de las palabras de Jesús a los saduceos en los vs. 34-36. Estos hombres, atrapados como estaban por intereses muy concretos, estaban incapacitados para la imaginación, la fantasía y la creación poética. ¡Y la vida es también todo esto! ¡La vida es también poesía!
Dabar 1977/62


5.- Jesús responde recurriendo a la Escritura, en un lugar admitido por los saduceos, del libro del Éxodo. Pero lo hace con una argumentación rabínica, sutil, para nosotros algo extraña: juega con el tiempo presente de la expresión "Yo soy Dios de Abrahán..." (no yo era); por tanto, Abrahán, Isaac y Jacob tienen a Yahvé como Dios, y por tanto están vivos. Dios es Dios de vivos, no de muertos.
J.- M. Vernet, Misa Dominical 1983/21



6.- Nos encontramos ya en Jerusalén, después de la entrada mesiánica del domingo de Ramos, y por tanto en los últimos días antes de la pasión. Estos días se caracterizan por la creciente hostilidad que se va concentrando contra JC: el evangelista acumula narraciones de controversias con todas las tendencias presentes en la sociedad judía. Nuestro texto es una controversia con los saduceos a propósito de la resurrección, paralela de MT 22, 23-33 y Mc 12, 18-27.
Los saduceos son menos conocidos que los fariseos en las fuentes bíblicas y extrabíblicas. Formaban el partido de la aristocracia sacerdotal y por lo que parece representaban también la clase de los terratenientes. Eran absolutamente conservadores. En política toleraban el dominio romano en Palestina; en teología aceptaban tan sólo los cinco libros del Pentateuco (la Ley) como base del judaísmo. Negaban la resurrección con el argumento de que los cinco libros de la Ley no hablan de ella... El objeto de la pregunta que hacen a JC es demostrar lo absurdo de creer en la resurrección.
La pregunta se basa en la "ley del levirato" (Deut 25, 5-6), según la cual, cuando un israelita moría sin hijos, su hermano quedaba obligado a tener uno con la viuda, que llevaría el nombre del difunto: de ese modo se perpetuaba la familia. La respuesta de JC niega el presupuesto de que el matrimonio continúe en la otra vida, entendiendo la resurrección de modo semejante a como la entiende Pablo en 1 Cor 15, 35-50: la vida resucitada es de otro tipo, y los que entran en ella (que se caracterizan sobre todo porque "ya no pueden morir") viven de manera distinta, sin matrimonio (este es el sentido de la referencia a los ángeles; no significa esta referencia que en la otra vida no existe el cuerpo, sino que en ella el sexo no tendrá función). La nueva situación se define por el hecho de que "son hijos de Dios", debido a que "participan en la resurrección" de JC.
Tras responder a la pregunta JC añade una argumentación directa sobre la cuestión de fondo de la controversia, y quiere demostrar a los saduceos que también en los cinco libros del Pentateuco que ellos aceptan está contenida la resurrección. El argumento de JC, de típico estilo rabínico (y que parece un poco ilógico) se basa en Ex 3,6. Hacía mucho tiempo que los patriarcas estaban muertos cuando Dios habló a Moisés; pero Dios no podría llamarse "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob" si estos hubiesen dejado de existir, puesto que Dios no es un Dios de muertos. Por tanto, los patriarcas están vivos, aunque de algún modo distinto de la vida terrena.
Josep Lligadas, Misa Dominical 1974/2b



7.- Prosiguiendo sus debates con los principales representantes de las sectas judías, Jesús responde en este pasaje a los saduceos, para quienes la resurrección de los cuerpos es algo absurdo, e invocan el caso de la viuda que se casa sucesivamente con los seis hermanos de su primer marido. Jesús les responde con toda precisión que el matrimonio es una condición de vida desconocido en el Reino, afirmando, además, la resurrección de los cuerpos.
Estas dos afirmaciones son difíciles de entender, tanto por su contenido misterioso ("son semejantes a los ángeles) como por el uso que de ellas hacen un gran número de citas bíblicas bastante mal apropiadas para la argumentación.
a) ¿Cómo ha encontrado Jesús una confirmación de la resurrección de los cuerpos en el Ex 3, 6?. Esta referencia al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (v. 37) hace alusión al Dios que sella la alianza con ellos y los protege. Pero este Dios es un Dios de vivos (v. 38): resulta poco menos que absurdo proteger a los muertos y hacer alianza con ellos. Si, cuando Dios se proclama su salvador, Abraham hubiera estado definitivamente muerto, esta salvación sería simplemente un contrasentido; por consiguiente se impone la resurrección de Abraham y los restantes patriarcas, y esto que se afirma de los patriarcas puede afirmarse también de todos los miembros del pueblo elegido: la alianza debe permitir gozar de la protección de Yahvé contra el único enemigo importante: la muerte. Es cierto que todo esto no está contenido en el texto de Ex 3, 6 citado por Jesús, pero ¿quién puede desaprobrar el uso que de él hace en función del desarrollo de la fe en Israel? b) La segunda afirmación de Jesús es aún más curiosa. Al hablar de las relaciones conyugales después de la resurrección, Jesús afirma la vida, semejante a la de los ángeles, de la futura humanidad, lo cual se asocia mal a la idea de una resurrección corporal y a las exigencias de ésta. En realidad, Jesús no llega a afirmar nada sobre la naturaleza de los ángeles ni tampoco dice que un cuerpo resucitado se haga semejante a los ángeles, hasta el punto de perder su corporeidad, ya que sería plantear el problema en términos extraños a la antropología judía. Al hacer alusión a los ángeles, Jesús quiere dar a entender que el lenguaje humanos es incapaz de expresar la naturaleza de la vida del resucitado.
Maertens-Frisque, Nueva Guia de la Asamblea Cristiana VII, Marova Madrid 1969. Pág. 253



8.-Jesús no busca textos que hablen de la resurrección, prestándose de ese modo a las discusiones con los saduceos y reduciendo de todas formas la resurrección a una cuestión exegética y a una disputa de escuela.
Cita, de forma sorprendente, el capítulo 3 del Éxodo, que es un texto sobre Dios y no sobre la resurrección. Pero aquí está precisamente la originalidad de Jesús; apela al punto central de la Escritura, esto es, a la revelación del Dios vivo y lleva la discusión al amor de Dios y a su fidelidad: si Dios ama al hombre, no puede dejarlo abandonado en poder de la muerte.
Respecto a la exégesis rabínica, el modo de proceder de Jesús no cabe duda de que es original. Sin embargo, se muestra profundamente coherente con el modo como Israel ha ido madurando su propia fe, esto es, reflexionando constantemente sobre el Dios vivo y sacando de este hecho todas las consecuencias bajo la experiencia de cada día.
Hasta aquí la respuesta de Jesús se dirige contra los saduceos, que juzgaban a la resurrección como una superstición popular, extraña a las Escrituras; en realidad, afirma Jesús, se deriva del centro mismo de las Escrituras. Pero la respuesta de Jesús va también contra los fariseos, que concebían la resurrección en términos supersticiosos, materiales, que se prestaban de este modo a la ironía de los espíritus más liberales, ironía de la que nuestro texto nos ofrece un ejemplo palpable: una mujer tuvo siete maridos, ¿de cuál de ellos será esposa cuando la resurrección? Cristo responde: la vida de los muertos no entra dentro de los esquemas de este mundo presente; es una vida distinta, porque es divina y eterna; podría compararse con la de los ángeles.
Después de haber visto la controversia en el contexto judío (que corresponde sustancialmente a la situación de Jesús), podemos verla también en el contexto helenista-pagano, que corresponde al parecer a la redacción de Marcos. El mundo pagano del helenismo no aceptaba la resurrección de los muertos; el cuerpo es la prisión del espíritu y la salvación consiste precisamente en liberarse de él. El pensamiento helenista es fundamental- mente dualista y prefiere hablar de "inmortalidad", no de resurrección. Esto representa una diferencia primaria y sustancial respecto al pensamiento judío.
RS/INMORTALIDAD: Además, la reflexión griega busca la razón de la inmortalidad en el hombre mismo: en el hombre hay un elemento espiritual, incorruptible, capaz, por su propia naturaleza, de sobrevivir al cuerpo corruptible. Esto constituye una segunda diferencia respecto al pensamiento, que prefiere, como hemos visto, buscar la razón de la vida en la fidelidad de Dios.
Frente a esta mentalidad pagana, que corría el peligro de traicionar en lo más profundo la enseñanza de Jesús y la esperanza que él nos había traído, el evangelista se preocupa, ante todo, de apartar un posible equivoco; explica que la "resurrección" no significa, de ninguna manera, una prolongación de la existencia actual. La resurrección no es la reanimación de un cadáver. Es un salto cualitativo. Por eso precisamente distingue con cuidado la vida futura de la presente. Los griegos tienen profundamente razón al mostrarse insatisfechos de esta existencia y de sus limitaciones; no tendría ningún sentido volver a esta vida y prolongarla.
Por tanto, hay que hablar de una nueva existencia. Pero en esta nueva existencia es todo el hombre el que entra, no solamente el espíritu. El evangelio habla de "resurrección", no de inmortalidad. La comunidad cristiana pone la solidez de las palabras de Jesús por encima de la cultura de los griegos. No busca la razón de la resurrección en los elementos del hombre, sino que la hace remontar a la fe en el Dios vivo. La promesa de Dios nos asegura que toda la realidad de la persona entra en una vida nueva y, precisamente porque entra en esa vida nueva, dicha realidad queda transformada. Esto es lo que intenta decirnos Marcos. Se trata de una esperanza que Jesús defendió contra las opiniones de los rabinos y de los saduceos (opiniones diversas entre sí, pero igualmente prisioneras de un concepto erróneo de la resurrección) y que Marcos a su vez se preocupa de recordar y defender. Es un dato que viene de la fe y que debe preceder a las culturas que el hombre elabora.
Nos gustaría terminar citando una sabia afirmación de Ph. H. Menoud: "Hoy, para evitar las equivocaciones y permanecer al mismo tiempo fieles a las enseñanzas del Nuevo Testamento, habría que hablar de la resurrección de la persona. De todas formas, tanto si se habla de la resurrección del cuerpo o de la resurrección de la persona, lo que importa subrayar es esto: la finalidad de la redención en Jesucristo no es la salvación de un elemento -por ejemplo, la parte "espiritual"- del ser humano, sino la salvación de la persona humana en su totalidad.
Bruno Maggioni, El Relato De Marcos, Edic. Paulinas/Madrid 1981.Pág.172s



9.- Jesús prosigue su discusión con los principales representantes de las sectas judías. Los saduceos le preguntan ahora en torno al tema de la resurrección de los cuerpos y proponen un argumento que pone de manifiesto su absurdo (vv. 18-23). La respuesta de Cristo es ambigua: hace alusión al matrimonio en el Reino (v. 25) y afirma la realidad de la resurrección en términos misteriosos (seremos como ángeles); la cita que hace no responde bien, a primera vista, a la argumentación de los saduceos.
a) En efecto, cabe preguntarse cómo Jesús ha podido ver en la cita de Ex 3, 6 una confirmación de la resurrección de los cuerpos. Esta referencia al Dios de Abraham, de Israel y de Jacob (v. 26) se refiere no tanto al Dios al que esos padres han adorado cuanto al Dios que ha establecido una alianza con ellos y les ha protegido. Ahora bien: Dios no es un Dios de los muertos, sino un Dios de los vivos (v. 27), es decir, que no tiene ninguna razón para proteger a unos futuros muertos y formar un pacto con ellos. ¿A qué fin ayudar a los patriarcas a triunfar de unos enemigos para dejarles después sujetos a la muerte? Si Abraham está definitivamente muerto cuando Dios se proclama su Salvador, su salvación no ha sido más que una burla. Es preciso, por tanto, que Abraham y los padres resuciten. Ahora bien: Abraham, Isaac y Jacob participaron de una alianza con Dios porque eran los fundadores del pueblo elegido. Es decir, que los beneficios de que se vieron colmados revierten sobre cada uno de los miembros del pueblo que ellos constituyeron. Si los judíos gozan sobre la tierra de la alianza y de la protección de Yahvé, este beneficio sería ilusorio si no les permitiera gozar también de la protección divina frente al único enemigo real: la muerte.
Cierto que todo eso no está contenido en el texto de Ex 3, 6 citado por Jesús, pero ¿puede criticársele el uso que hace de él y que consiste en interpretar el versículo en función del desarrollo de la fe de Israel?
b) La segunda afirmación de Jesús es todavía más curiosa. Aludiendo a las relaciones conyugales después de la resurrección, hace referencia al mismo tiempo a una vida cuasi angélica de la futura humanidad, lo que no concuerda con la idea de una resurrección corporal.
De hecho, Jesús no se define sobre la naturaleza de los ángeles. Tampoco quiere decir que un cuerpo resucitado se haga angélico hasta el punto de perder su corporeidad: esto equivaldría a plantear el problema en términos extraños a la antropología judía, para la cual los ángeles eran "cuerpos celestes". Jesús quiere decir tan solo que el estado posresurreccional se escapa a la inteligencia humana. Hay que señalar, en efecto, que el Evangelio alude a los ángeles siempre que se trata de una realidad que supera a la inteligencia. Así, por ejemplo, un ángel anuncia a las mujeres la resurrección de Cristo y la ascensión del Señor. "Ser como un ángel" no quiere definir la condición futura de la humanidad, sino que afirma que esa condición supera los alcances de la inteligencia terrestre.
Por supuesto que no será el amor -conyugal o de otra especie- lo que se suprimirá después de la resurrección, sino sólo la función de procreación. ¿No es acaso esta última el único medio de que dispone el hombre para sobrevivir y hacerse así la ilusión de un triunfo sobre la muerte? Esta función de supervivencia no será ya evidentemente necesaria después de la resurrección, puesto que el hombre vivirá para la eternidad. Ya no será necesario procrear ni levantar torres de Babel para sobrevivir y ganarse un nombre... Resucitar es aceptar de Dios el don de una vida y de un nombre que no podría proporcionarnos cualquier iniciativa humana.
Maertens-Frisque, Nueva Guia de la Asamblea Cristiana VI, Marova Madrid 1969.Pág. 17s



10.- "La procreación, vinculada a la condición terrena, manifiesta la perennidad de la victoria que el hombre, destinado a la inmortalidad, debe arrancar continuamente a la muerte física. En la resurrección ya no necesita el hombre engendrar... Resucitar es vivir en Dios, en la comunión interpersonal de la que es figura la relación carnal conyugal" (J. Radermakers).
Dios cada dia, Siguiendo el Leccionario Ferial, Semanas I-Ix T.O. Evang.de Marcos, Sal Terrae/Santander 1990.Pág. 160



11.- La actitud de la pequeña, pero poderosa, facción de los saduceos era de oportunismo "eclesiástico". Ellos no compartían la atmósfera febril de los círculos piadosos y escatológicos y se mostraban escépticos con respecto a la espera mesiánica. Rechazaban la literatura apocalíptica reciente y la tradición oral. Su canon se reducía al Pentateuco. Rechazaban la idea de la resurrección, que formaba parte de la espera mesiánica y escatológica, como también la inmortalidad del alma.
Como se pone al descubierto por el diálogo aquí referido, los saduceos creían que un hombre resucitaba cuando su hermano le "suscitaba" una posteridad. Para ellos la eternidad del hombre se confundía con la conservación de la especie. Era gente realista, que calculaba perfectamente el pro y el contra de cada situación. En su lógica estaba el querer desembarazarse de un hombre peligroso como Jesús, pero no perdían la calma, eran "objetivos" y consideraban superfluo el apasionamiento de los fariseos. En nuestro relato, los saduceos se contentan con poner a Jesús en ridículo ante el pueblo, impulsando hasta el absurdo sus ideas sobre la resurrección, que él compartía con los fariseos.
La anécdota de la mujer con siete maridos entraba, naturalmente, en la casuística de los doctores de la ley. Los saduceos se refieren aquí a la antigua regla del "levirato" o del matrimonio con el cuñado. Este es el texto del Pentateuco: "Si unos hermanos viven juntos y uno de ellos muere sin descendencia, la mujer del difunto no se casará fuera con un extraño; su cuñado debe ir a donde ella y tomarla por mujer, cumpliendo así con su deber de cuñado; y el primogénito que ella dé a luz hará resurgir el nombre del hermano muerto, y su nombre no será borrado de las listas de Israel" (Dt 25, 5-6). Para los saduceos, fieles solamente al Pentateuco de Moisés, la única "resurrección" era la referida en este texto del Deuteronomio, o sea, la realidad del hijo del hermano del difunto. Lo demás era para ellos una doctrina popular y grotesca que daba lugar a discusiones sin sentido.
La respuesta de Jesús se diferencia de la actitud de los fariseos. La fe en la resurrección es fe en la potencia de Dios; Dios tiene poder para crearlo todo nuevo. El creyente no debe perderse en el dédalo racionalista de la fantasía humana., Efectivamente, Dios -incluso como resulta de la lectura del Pentateuco- es un Dios de vivos; por esto, se presenta a Moisés como "el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob". La fe, para Jesús, no es "una proyección de este mundo en un mundo extraño creado por la fantasía". Al contrario: la fe es una apertura a Dios y deja que el Totalmente Otro cree lo totalmente otro.
Comentarios A La Biblia Liturgica Nt, Edic Marova/Madrid 1976.Pág. 1191 S.



martes, 25 de octubre de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXXI TIEMPO ORDINARIO CICLO C - 30 OCTUBRE2016

MIRAR COMO JESÚS


ORACION COLECTA
Señor, de poder y de misericordia, que has querido hacer digno y agradable por favor tuyo el servicio de tus fieles, concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que nos prometes. Por Nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría 11,22–12,2

Tú de todos tienes compasión, porque lo puedes todo y no te fijas en los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. ¿Cómo podrían existir los seres, si tú no lo hubieras querido?. ¿Cómo podrían conservarse, si tú no lo ordenaras?. Tú tienes compasión de todos, porque todos, Señor, te pertenecen y amas todo lo que tiene vida, porque en todos los seres está tu espíritu inmortal. Por eso, a los que pecan los corriges y reprendes poco a poco, y les haces reconocer sus faltas, para que apartándose del mal crean en ti, Señor.

SALMO RESPONSORIAL (144)

Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. R.

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. R.

El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1,11–2,2

Con este fin oramos siempre por ustedes, pidiendo a nuestro Dios que les tenga por dignos de haber sido llamados por él, y que cumpla con su poder todos sus buenos deseos y los trabajos que realizan impulsados por la fe. De esta manera el nombre de nuestro señor Jesús será honrado por vuestra causa, y él les honrará conforme a la bondad de nuestro Dios y del señor Jesucristo. Ahora, hermanos, en cuanto al regreso de nuestro señor Jesucristo y a nuestra reunión con él, les rogamos que no cambien fácilmente de manera de pensar ni se dejen asustar por ningún mensaje espiritual, discurso o carta que recibáis, como si fuera nuestra, diciendo que el día del Señor ya ha llegado.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 19,1-10

Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. Vivía en ella un hombre rico llamado Zaqueo, jefe de los que cobraban impuestos para Roma. Quería conocer a Jesús, pero no conseguía verle, porque había mucha gente y Zaqueo era de baja estatura. Así que, echando a correr, se adelantó, y para alcanzar a verle se subió a un árbol junto al cual tenía que pasar Jesús.
Al llegar allí, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja en seguida porque hoy he de quedarme en tu casa.».
Zaqueo bajó aprisa, y con alegría recibió a Jesús. Al ver esto comenzaron todos a criticar a Jesús, diciendo que había ido a quedarse en casa de un pecador.
Pero Zaqueo, levantándose entonces, dijo al Señor: «Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes; y si he robado algo a alguien, le devolveré cuatro veces más.» Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque este hombre también es descendiente de Abraham. Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido.».

COMENTARIO

En este episodio de Zaque nos encontramos ante un festival de miradas. Zaqueo se sube a un árbol muy alto para ver a Jesús; Jesús levanta los ojos para ver a Zaqueo. Y al ver lo que pasa, la gente murmura. Todo Jericó despreciaba a Zaqueo y lo odiaba. ¡No sólo un publicano, sino un jefe de publícanos!
Un individuo que se ha enriquecido oprimiendo a los demás. Jesús no mira como todo el mundo.
Ve lo que nadie ve: un corazón extraordinariamente maduro para aquella conversión que a Lucas le gusta tanto describir. Se diría que el evangelio aumenta de pronto la velocidad: Zaqueo corre, se sube al árbol, Jesús le dice: “Baja enseguida”; él baja y sin respirar le hace su asombrosa declaración: “Voy a restituir con generosidad y a dar con más generosidad todavía”. Y Jesús dice: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”. Nunca el hoy de Dios ha tomado las curvas con tanta velocidad.
En medio de esta alegre agitación, una frenada brutal y una nota estridente: “Al ver aquello, murmuraban todos: “¡Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador!”: lo más terrible es ese “todos”. No debo imaginarme que yo me escape tan fácilmente de la manera ordinaria de mirar.
 No es que sea algo forzosamente malo, pero si, que es forzosamente superficial. La gente no puede ver el corazón de un Zaqueo ni el corazón de La gente cataloga: Zaqueo es un explorador, Jesús es un profeta; los extremos no deben mezclarse. Pero los extremos se miraron con una mirada que rompe  todas las apariciones “Tú, pensó Jesús, tú vales mucho más de lo que estás viviendo”. Y Zaqueo pensó: “Tú lo vas a trastornar todo y llegará el momento del gozo”.
Despertar en mí el deseo de desprenderme de las murmuraciones de la gente. De la tele, de la radio, de los periódicos, del ambiente de trabajo, del ambiente parroquial y hasta del ambiente familiar.
Hay que tenerlo en cuenta, desde luego, pero tomando decididamente las debidas distancias. Pensar en la mirada penetrante de Jesús, intentar ver a tal persona como él la habría visto, como él la ve. No todo son Zaqueos, pero los hay.
Antes de su encuentro con Jesús, Zaqueo es un fiel exponente del ansia por el dinero como algo arraigado en los humanos, caracterizada por el olfato y la habilidad para los negocios, pero en la que la talla humana brilla por su ausencia.
El Señor sigue pasando y sigue llamando, ante lo cual debería preguntarme: ¿Tengo yo unas ganas tan locas de mirarte.
Señor y de dejar que tú me mires?. Me juzgas los demás, me juzgo yo a mi mismo, pero en este momento ¿cómo me ves tú? ¿Qué cambio esperas de mí?. ¿Qué Zaqueo soy yo para ti?.

PLEGARIA UNIVERSAL

Señor, que nos has mostrado tu misericordia ante los problemas  de  todos  los  hombres, te pedimos que atiendas  estas  suplicas que te presentamos:  R.- Ten misericordia, Señor.

1.- Señor, asiste con tu fuerza la vocación y misión de nuestro Santo Padre Francisco, para que por él nos llegue  la sonrisa transformadora de Jesús. Ten misericordia, Señor.

2.- Señor, te pedimos por los gobernantes de los pueblos, para que alcanzados por tu misericordia, atiendan a los más desfavorecidos. Ten misericordia, Señor.

3.- Señor, como has hecho con Zaqueo, entra a comer en la casa de tantos que sin saberlo te buscan, porque solo tu visita puede dar luz a sus vidas. Ten misericordia, Señor.

4.- Señor, atiende a los que sufren, a los que viven lejos de sus familiares, a los que están solos, a todos aquellos que sufren alguna necesidad. Ten misericordia, Señor.

Señor, acoge con tu amor infinito estas suplicas y renuévanos poco a poco para que lleguemos un día a vivir en ti, haciendo con amor tu voluntad. Te lo pedimos por Jesucristo  nuestro Señor. Amen.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Que este sacrificio, Señor, sea para ti una ofrenda pura, y para nosotros una generosa efusión de tu misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Te rogamos Señor, que aumente en nosotros la acción de tu poder, para que, alimentados con estos sacramentos, tu gracia nos disponga a recibir las promesas con que los enriqueces. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 31: Fil. 2, 1-4; Sal 130; Lc. 14, 12-14.
Martes 01: Ap. 7, 2-4.9-14; Sal 23; Jn. 3, 1-3; Mt. 5, 1-12ª.
Miércoles 02: Job 19, 1.23-27ª; Sal 24; Filp. 3, 20-21; Mc. 15, 33-39: 16, 1-6..
Jueves 03: Is. 58, 6-11; Sal 1; Cor. 12, 31—13, 1-13; Mt. 11, 25-30.
Viernes 04: Flp. 3, 17—4,1; Sal 121; Lc. 16, 1-8.
Sábado 05: Flp. 4, 10-19; Sal 111; Lc. 16, 9-15.
Domingo 06: 2Macab. 6, 1.7,1-2.9-14; Sal 16; Tesal. 2, 16—3, 5; Lc. 20, 27-38.
  
COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 19, 1-10

1. ZAQUEO/CV:
Para entender el evangelio que nos habla de Zaqueo es necesario que anotemos previamente estos detalles. a) El ciego del camino es pobre y no tiene que dejar nada externo cuando quiere seguir a JC (18. 35-43); pues bien, si el convertido es el rico, ¿cómo comportarse con sus bienes? b)Sabemos que los publicanos han recibido el perdón de Jesús. ¿Qué ha implicado ese perdón respecto a su fortuna mal adquirida? A estas dos preguntas responde la escena de Zaqueo. En ella descubrimos lo que la gracia de Jesús exige a un hombre rico. (...).
"Hoy ha sido la salvación de esta casa". Zaqueo ha dado a su familia lo mejor que puede darle, el sentido de la justicia, la honradez humana, un amor abierto hacia los otros. Aunque debemos suponer que sus hijos han salido económicamente perjudicados debemos añadir que Zaqueo les ha dejado la mejor de todas las herencias. Por eso puede afirmarse que en su casa (su familia) ha entrado la salvación de Dios y Jesús mismo se encuentra dentro de ella. De una forma general y un poco acomodaticia podríamos añadir que es verdadera casa de Jesús aquella donde el padre (y la familia en conjunto) cumple la exigencia que está representada y resumida en Zaqueo, el viejo y publicano.
La salvación cristiana implica unas consecuencias sociales y económicas. Quizá Zaqueo ha tenido que dejar su viejo oficio; evidentemente ha perdido su dinero; pero ha encontrado la justicia (restitución) y el amor (reparte sus bienes). Desde un punto de vista auténticamente humano bien merece la pena lo que pierde por aquello que ha ganado. Sería ingenuo trasladar a nuestros días los detalles de la conversión de Zaqueo; es distinta la situación social, son diferentes nuestros tiempos.
Sin embargo, podemos asegurar que allí donde el mensaje de Jesús no repercute en la manera de emplear los bienes ha perdido toda su exigencia y su promesa.
Comentarios a la Biblia Liturgica NT, Edic Marova, Madrid 1976.Pág. 1388



2.-Notas exegéticas. Lucas hace gala en esta ocasión de una técnica narrativa nada habitual en él. La habitual desnudez informativa deja paso a una exuberancia de datos locales y personales. Nombre de la ciudad; nombre del personaje; profesión; situación económica; estatura.
Estos datos, sin embargo, no obedecen a imperativos de curiosidad. Todos ellos, por el contrario, desempeñan una función dentro del relato.
La profesión de Zaqueo en un núcleo urbano de la importancia de Jericó y la más que desahogada situación económica que tenían explican su decisión ética-económica del final del relato. A este respecto es importante saber que la recaudación de impuestos era en Palestina un asunto de particulares judíos, quienes compraban en subasta al mejor postor el derecho de recaudar los impuestos que Roma determinaba. Esta peculiar forma de fisco encarecía sobremanera unos impuestos ya de por sí gravosos, puesto que al importe del impuesto exigido por Roma había que añadir el importe del propio negocio del recaudador.
En ocasiones, este último importe superaba con creces al romano. De ahí la animadversión de los recaudadores entre el pueblo y su equiparación con los pecadores públicos. En el caso de Zaqueo la cosa se agravaba todavía más por tratarse de un "capo" fiscal.
En contraste, por otro lado, con la gente, Zaqueo no puede ver a Jesús. Lucas expresa este contraste mediante la estatura de Zaqueo. Un poco más adelante, volvemos a encontrar a la gente y a Zaqueo en contraste: mientras todos tildan a Zaqueo se revela al final con una estatura moral que la gente no tiene. En el conjunto, el dato sobre la estatura física parece desempeñar una función irónica.
Comentario. En la perspectiva de camino un personaje marginado y religiosamente atípico es una vez más el vehículo docente elegido por Lucas. El trazado cristiano que propone este autor tiene estas ironías, por encima de juicios de valor y de convencionalismos.
El caminante cristiano manifiesta su talla humana dentro, desde su capacidad para discernir sus propias sombras y desde su decidida voluntad para proyectar luz sobre ellas. Una de estas sombras es el ansia de dinero. No es nueva esta temática en el tercer evangelio. El hecho de que su autor vuelva a incidir en ella es un claro indicio de que la consideraba importante y preocupante. La experiencia demuestra que el ansia de dinero es, en efecto, algo demasiado indómito y demasiado arraigado en los humanos. Antes de su encuentro con Jesús, Zaqueo es un fiel exponente de esa ansia, caracterizada por el olfato y la habilidad para los negocios, pero en la que la talla humana brilla por su ausencia.
A. Benito, Dabar 1989/54



3.
En el Zaqueo publicano, "pecador" ve la liturgia de la consagración de la Iglesia a la Iglesia salida del mundo pagano y convertida a Cristo, a la salvación. Corto de estatura, inadvertido, despreciado por el pueblo escogido de Israel, el paganismo desea vivamente poseer al Redentor que el judaísmo ha rechazado en su ceguera. En Zaqueo el paganismo se adelante al pueblo de Israel y alcanza antes que él la salvación.
"El hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido". No he venido a llamar a justos, sino a pecadores". Examinaos cuidadosamente si sois "justos". En este caso no he venido para vosotros. Si queréis que vaya a vuestro encuentro, reconoced que sois pecadores.
Hay que sentirse pequeño de estatura para descubrir a Jesús, para conseguir que se descubra a nosotros.
Oye por la gente que viene Jesús, pero la gente le impide ver a Jesús. Nuestra fe en Jc. es mediata, es más una fe en la Iglesia que nos habla de Jc. Pero ¿quién de nosotros ha descubierto a Jc. como salvador personal? ¿Quién hace un esfuerzo para subirse a lo altozanos que hay en la Iglesia, para descubrir personalmente al Salvador?
Todos querían ver a Jesús, pero un hombre tenía más ganas que cualquier otro: Zaqueo. Y hace un esfuerzo, sale de la masa encaramándose a un árbo


jueves, 20 de octubre de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXX TIEMPO ORDINARIO CICLO C - 23 OCTUBRE 2016

“¡TEN PIEDAD!”



ORACION COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad, y para conseguir tus promesas concédenos amar tus preceptos. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Eclesiástico 35,12-14.16-18

El Señor es un Dios justo, que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja; sus penas consiguen su favor, y su grito alcanza las nubes; los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia.

SALMO RESPONSORIAL (33)

Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias. R.

El Señor está cerca de los atribulados,  salva a los abatidos. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él . R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4,6-8.16-18

Estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió. Que Dios los perdone. Pero el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 18,9-14

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo." El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador." Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.».

COMENTARIO

El fariseo y el publicano saben orar; comienza por “Dios mío”. Se ponen en presencia de Dios. Es preciso que la presencia de Dios, evocada intensamente, llene enseguida el espacio en donde vamos a orar: el lugar de nuestra oración, nuestro pensamiento y nuestro corazón, todos los minutos de nuestra cita con Dios. Sino aunque quizás quisiéramos orar, nos habríamos quedado con nosotros mismos.
Así, pues, esos dos hombres tienen un buen despegue. Entonces ¿por qué la oración del fariseo se viene abajo, mientras que la del publicano se levanta victoriosamente hacia Dios? “Les lo aseguro”. Dice Jesús, este bajó a su casa a bien con Dios,  y aquel no”.
El fariseo había invocado a Dios, pero lo oculta enseguida con su enorme YO. Yo hago estoy esto y no soy como éste ni como aquel. ¿Acaso puede estar Dios ni un segundo con ese hombre lleno de sí mismo? El publicano impresiona a Dios con su humilde súplica: “¡Ten piedad!”. Algunos puristas han criticado ese “ten piedad” cuando apareció en la liturgia en lengua vulgar. No supieron ver hasta qué punto es una oración densa y exacta, en línea muy recta con lo que Jesús nos reveló. Dios nos mira con misericordia, con una piedad amorosa, con una comprensión que hace gemir su corazón cuando ve que también  el nuestro gime: “Un corazón quebrantado, Señor, tú no lo desprecias”. (Salmo penitencial). Esta misericordia de Dios no es general, vaga, sino que ella espera nuestra llamada y él entonces se apiada.
En esta presencia de Dios que supo mantener dentro de su pequeñez, el publicano puede introducir un “yo” pero en el  último lugar de su plegaria. Y junto a ella se cuela otra palabra: “pecador”. ¡Ten compasión de mí, pecador! La oración cristiana es una cita de amor y por tanto un tú y un yo, pero hay que procurar sobre todo que el TU siga siendo grande e inmenso y que nuestro yo sea pequeño, modesto, lúcido: “Yo pecador”. Utilicemos a fondo esta parábola para desarraigar en nosotros la convicción farisaica tan difícil de arrancar: crecer que basta con hacer cosas buenas para ser un hombre bueno y agrandar a Dios: “Yo hago esto y aquello”. La primera cristiana María, era de otra opinión: “Hágase en mí según tu palabra”. ¡Qué cambio tan radical!. En ése el cambio de esta parábola: empieza con un hombre que hace mucho, que está seguro de sí y que se cree justo: termina con otro  hombre seguro de Dios y que se hace justo porque supo decir: “Ten piedad de mí, Señor”.

PLEGARIA UNIVERSAL

Con todo corazón, oremos hermanos, a Dios nuestro Padre.

1.- Por la paz y unidad de la Iglesia, por la vocación de los pueblos paganos a la fe. Roguemos al Señor.

2.- Por el Papa, los obispos, los sacerdotes y los religiosos. Roguemos al Señor.

3.- Por cuantos ejercen autoridad en el mundo. Roguemos al Señor.

4.- Por los presos, los emigrantes, los desempleados, los desterrados y los pobres. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros, por nuestras familias, amigos y conocidos. Roguemos al Señor.

Escucha, Dios de misericordia, la oración de tu pueblo: que tu bondad nos conceda lo que  nuestras acciones no merecen. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Vuelve tu mirada, Señor, sobre las ofrendas que te presentamos, para que nuestra celebración sean para tu gloria y tu alabanza. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Lleva a su término en nosotros, Señor, lo que significan estos sacramentos, para que un día poseamos plenamente cuanto celebramos ahora en estos ritos sagrados. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 24: Ef. 4, 32—5, 8; Sal 1; Lc. 13, 10-17.
Martes 25: Ef. 5, 21-33; Sal 127; Lc. 13, 18-21.
Miércoles 26: Ef. 6, 1-9; Sal 144; Lc. 13, 22-30.
Jueves 27: Ef. 6, 10-20; Sal 143; Lc. 13, 31-35.
Viernes 28: Num. 21, 4b-9; Sal 83; Fil. 2, 5-12; Jn. 3, 11-16.
Sábado 29: Fil. 1, 18b-26; Sal 41; Lc. 14, 1.7-11.
Domingo 30: Sab. 11, 22-12,2; Sal 144; Tes. 1, 11—2, 2; Lc. 19, 1-10.

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 18, 09-14

1. PARA/FARISEO-PUBLICANO
Desde el primer versículo aparece claro que se trata de una crítica a una determinada clase de personas: las autosuficientes.
Por la parábola aparece claro quiénes son éstas en concreto: las personas religiosas dentro del pueblo de Dios. Estas podían no sentirse incluidas en el grupo de los invitados a orar del domingo anterior. Ellas ya lo hacen. A ellas dirige hoy Jesús su crítica, que en el fondo corre paralela a la hecha hace dos domingos a los nueve leprosos judíos que no se abrieron a la acción de Dios por considerarse merecedores de ella.
Indudablemente, la de Jesús es una crítica frontal al pueblo de Dios allí donde este pueblo se siente más firme y seguro: su relación con Dios. Es esta relación la que Jesús cuestiona y lo hace decantándose por unas personas oficialmente no religiosas, pero que saben sencillamente abrirse al Dios a quien nunca creen merecer, porque lo han descubierto y experimentan maravillosamente grande. Este es el Dios de Jesús, el mismo del Magnificat de María (cf. Lc 1. 48/52, donde aparece el mismo vocabulario del v.14 de hoy).
Dabar 1980/54



En primer lugar una observación de traducción. Tanto el fariseo como el publicano oran de pie, aunque la traducción litúrgica no lo diga del publicano. Era ésta la postura que adoptaban los judíos para dirigirse a Dios. No es, pues, la postura lo que hace cuestionable la actitud del fariseo. El adjetivo "erguido" de la traducción litúrgica es inexacto. Por lo que respecta ya al texto, su sentido es muy claro desde que el propio autor ha explicitado la finalidad de la parábola. Se trata de una parábola crítica, dirigida a los que son buenos y se lo creen. Se mueve dentro del terreno de la oración, cuya necesidad veíamos el domingo pasado. De nuevo un fariseo y un publicano, es decir, un bueno y un malo en la apreciación social. De nuevo un cambio de papeles en la apreciación divina. "Hay últimos que son primeros y primeros que son últimos". Otra cosa sorprendente en la historia que Jesús cuenta es que tanto el fariseo como el publicano se sirven de los salmos a la hora de hacer su oración. Este hecho hace más profunda y compleja la crítica.
Comentario. Desde hace varios domingos nos las tenemos que ver con textos exclusivos de Lucas, es decir, que no existen en los otros evangelistas. Un denominador común a muchos de ellos es la actuación positiva de personas social y religiosamente descalificadas (ambos aspectos estaban estrechamente relacionados). Son los marginados, los etiquetados, los excluídos. Su presencia es una constante en el tercer evangelio y hay que atribuirla a un interés y a una intencionalidad propios y exclusivos de Lucas. Nosotros corremos el riesgo de echar por tierra el alcance de este hecho cuando consideramos a fariseos y publicanos como personas de un pasado judío. Perdemos fácilmente de vista que Lucas no escribía sólo mirando hacia atrás sino también hacia adelante. Fariseo y publicano son también personajes, encarnan tipos de religiosidad continuamente reeditables. El fariseo encarna al personaje consciente de su buen comportamiento, que compara y enjuicia en base precisamente a su cumplimiento. No es tanto un personaje orgulloso cuanto un personaje que reza y se comporta desde sus derechos. Exige porque cumple. Los mismos salmos, formas tradicionales de oración, parecen darle la razón: se sirve de ellos para dirigirse a Dios.
Nada de lo que le dice a Dios es mentira. El fariseo, en definitiva, es el personaje de los derechos, de la necesidad, de la rigidez y cortedad de mente. El publicano encarna al personaje consciente de su mal comportamiento. Por ello mismo ni compara ni enjuicia.
Sencillamente pide perdón sirviéndose también de los salmos. El publicano es el personaje de las obligaciones, de la casualidad y la espontaneidad, de la fluidez de mente. No es él el problemático, como tampoco lo era el hijo menor o pródigo. El problemático y difícil es el fariseo, el hijo mayor o cumplidor.
El texto de hoy nos descubre unas áreas de la personalidad religiosa mucho más hondas que las de la simple soberbia o humildad. Nos asoma el complejo e intrincado mundo de las motivaciones o subconscientes, aquello que de verdad se esconde tras lo que pensamos o decimos cuando oramos. La oración es ciertamente necesaria, pero ¡atención a la oración! Una vez más hay que decir que el problema de la religión es un problema entre religiosos.
Alberto Benito, Dabar 1986/53



3.- En continuidad con la temática del domingo pasado, Lucas añade una parábola sobre la oración de un fariseo y de un recaudador.
También en esta ocasión el centro de interés viene señalado al comienzo: la parábola va dirigida a los que, teniéndose por justos, se sienten seguros de sí mismos y desprecian a los demás.
Suprimiendo toda referencia personal concreta, Lucas abre expresamente el texto a todas las épocas y a todas las personas con conciencia de justas.
-Subir al templo a orar. El templo de Jerusalén estaba ubicado en un alto. Se podía orar a cualquier hora del día en los diferentes patios de que constaba el templo. Las nueve de la mañana y las tres de la tarde eran las horas de la oración pública. La postura para orar era de pie. Así, en efecto, lo hacen los dos personajes de la parábola, aunque la traducción litúrgica no lo ha recogido adecuadamente. El erguido del que en ella se habla a propósito del fariseo es exagerado.
La parábola contrapone dos figuras representativas del judaísmo de la época. El fariseo representa al judío observante, el recaudador, al judío pecador. La bina no es nueva en el Evangelio de Lucas (Lc.5,30;15,1-2). En la historia que Jesús cuenta, cada uno de ellos ora desde su propio bagaje: el fariseo, desde su justicia; el recaudador, desde su pecado. Lo que cada uno de ellos dice de sí mismo es verdad. Tal vez por eso lo verdaderamente significativo en la historia sea sólo el siguiente aspecto: el fariseo se compara con los demás; el recaudador ahonda en sí mismo. La parábola empalma así con el centro de interés señalado al comienzo del texto.
El comentario de Jesús a la parábola remite también a ese comienzo, pero invirtiendo las situaciones: tenerse por justo no siempre coincide con serlo a los ojos de Dios. Comentario. El trazado del camino cristiano de Lucas aparece una vez más afectando a áreas profundas de la estructura de la persona, tales como la autocomplacencia en las propias prestaciones, los derechos adquiridos en razón de las mismas y la tendencia a verse y entenderse uno a sí mismo en comparación con los demás. La parábola y el posterior comentario de Jesús los entiende Lucas como una invitación a revisar esas áreas, a las que tampoco escapa la personalidad religiosa, por más que ésta se revista a menudo de simpatía y de humildad. Vemos una vez más que la dificultad verdadera del camino cristiano consiste en cuestionar las estructuras mismas de la persona y sus bases de comportamiento. Por eso se explica que el cristiano sea una persona diferente.
En la conciencia cristiana existe una imagen distorsionada de los fariseos; de ellos conocemos poco y mal. Olvidamos, por ejemplo, que el texto de hoy no sirve para formarse una imagen del fariseísmo, porque se trata de una parábola, es decir, de un texto de choque y de trazos intencionadamente exagerados y caricaturescos. La parábola, sin embargo, presupone en sí misma mucha valentía al no proponer como modelo de oración a personas socialmente aceptadas por su piedad y sí, en cambio, hacerlo con personas tildadas de pecadoras. De paso que Lucas concede preeminencia una vez más a los socialmente marginados, consigue relativizar el valor de las apariencias.
Benito, Dabar 1989/52


4.
Jesús dirige esta parábola contra los fariseos, unos personajes que se tenían por justos y despreciaban a los demás. En ella nos muestra la diferencia que hay entre la verdadera y la falsa piedad.
El fariseo y el recaudador de impuestos, o publicano, eran dos tipos bien conocidos en aquella sociedad y radicalmente opuestos: el primero representaba la piedad oficial, y lo tenían por bueno; el segundo era un "pecador público", y pertenecía al grupo de la "mala gente".
Los judíos oraban siempre de pie, también el publicano rezaría de pie, y no sólo el fariseo. Por tanto, esa postura corporal no es indicio alguno de la actitud espiritual del fariseo.
El fariseo comienza, según costumbre judía, dando gracias a Dios. Pero no le da gracias por lo que Dios hace, por las maravillas de Dios (como hizo, por ejemplo, María en el Magnificat), sino por lo que él mismo hace.
Nada de lo que dice el fariseo en su oración es mentira: los fariseos eran fieles cumplidores de la ley; más aún, muchos fariseos, como éste de la parábola, hacían obras de supererogación que no estaban mandadas, como ayunar dos veces por semana y pagar diezmos de todo cuanto tenían. Pero el fariseo se presenta delante de Dios como un autosuficiente, y esa es la mentira de su vida y de su oración. Por eso, no da gracias ni suplica en verdad, sino que pasa factura y exige. Además desprecia a los otros que no son como él.
En cambio, el publicano sólo tiene ante sus ojos los propios pecados, no se compara con nadie y no cuida de denunciar los defectos ajenos. Pide perdón a Dios, y en eso muestra que es sincero y humilde.
Y Dios, que resiste la mentira de los orgullosos y enaltece a los humildes, despide al fariseo sin favor y dispensa el perdón al publicano.
Eucaristía 1989/49



5.
Se han dado muchas interpretaciones diferentes a la parábola del fariseo y del publicano; y, para no ser totalmente falsas, no van necesariamente hasta el fondo de las cosas. En primer lugar, se ha encontrado una nota escatológica sobre todo en razón del último versículo (v. 14b). El juicio último pondría de manifiesto la elevación de los humildes y la humillación de los orgullosos.
Sin embargo, este versículo es puesto con tanta frecuencia en labios de Cristo (Lc 14, 11; Mt 23, 12) que cabe considerarlo como una especie de estribillo que viene a rimar regularmente las principales enseñanzas del Señor.
Se ha querido ver igualmente en esta perícopa una lección sobre la oración, que debe ser humilde y no apoyarse en los méritos personales, sino sobre la iniciativa de Dios. Lucas habría relacionado así dos perícopas sobre la oración (18, 1-8 y 18, 9-14), con el fin de organizar un pequeño tratado eucológico. No es imposible que Lucas haya "releído" estos textos en este sentido, pero no se comprende entonces que haya subrayado, en el v. 9, el cambio de público como para diferenciar mejor los dos episodios.
De hecho, la parábola es primero y ante todo una lección: un pecador penitente es más agradable a Dios que un orgulloso que se cree justo (Lc 16, 15). Puede descubrirse, más allá de los dos personajes de la parábola, la oposición entre dos tipos de justicia: la del hombre que se concede a sí mismo un "satisfecit" personal cuando cree haber cumplido perfectamente sus obras, y la que Dios otorga al pecador que se convierte. El tema paulino de la justificación por la fe se encuentra ya esbozado en este relato (Rom 1-9 y Ef 2, 8-10). La oración que Cristo pone en labios del fariseo es un modelo que se vuelve a encontrar a veces en términos equivalentes en los documentos rabínicos contemporáneos: el orante no formula ninguna petición (¡lo que sería indigno!), sino solo palabras de gratitud por la certeza que tiene de encontrarse en el camino de la felicidad eterna. Al escuchar esta oración, los oyentes debían reconocer: ¿qué se puede criticar en este texto? La oración del publicano se inspira en el Sal 50/51. Refleja una profunda desesperación que los oyentes de Cristo debían comprender perfectamente, porque, para ellos, la postración del publicano no tenía solución. ¿Cómo podría realmente obtener su perdón sin cambiar de oficio y sin reembolsar a todas las personas expoliadas por su actuación? Su caso es realmente desesperado; la justicia se le niega definitivamente.
Pues bien: la conclusión de Jesús se pronuncia contra la opinión de su auditorio: Dios es el Dios de los desesperados y el hombre que recibe la justicia es precisamente quien no tiene ningún derecho a ella (v. 14), puesto que ni siquiera ha reparado su falta.
Contraponiendo el "justo", que cree poder justificarse por sí mismo, a quien no puede obtener su justificación sino mediante el abandono en Dios (cf. Lc 16, 15; 14, 15-24; Mt 9,10-13), esta parábola prepara la teología paulina de la justificación que Dios concede a quienes no pueden justificarse a sí mismos (Rom 3, 23-25; 4, 4-8; 5, 9-21). Esta justificación se obtiene por medio de la cruz de Cristo (Rom 5, 19; 3, 24-25; Gál 2, 21) y el bautismo es su instrumento (Tit 3, 5-7; Rom 6, 1-14; Ef 4, 22-24).
Maertens-Frisque, Nueva Guia de la Asamblea Cristiana VII, Marova Madrid 1969.Pág. 210



6.
Esta parábola concluye la parte del viaje de Jesús a Jerusalén, propia de Lucas. A partir de aquí sigue la común narración sinóptica.
Aunque sea dicho de una manera indirecta, queda claro que la parábola se dirige a los fariseos, sobre todo si tenemos en cuenta que uno de los dos personajes es fariseo. Ahora bien, precisamente porque se habla de actitudes ("a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás") y no de categoría social o religiosa, la parábola se dirige de hecho a todos los que tienen estas mismas actitudes, tanto si son fariseos como si son discípulos de Jesús.
La figura de los dos personajes, representativos de la época, ya da pie a la oposición que desarrolla la narración.
El fariseo se coloca en una postura típica de oración: de pie, y, por referencia a lo que se dice del publicano, se coloca en un lugar destacado del atrio de Israel. Su plegaria es de acción de gracias. Pero no da gracias a Dios por los favores recibidos, sino por lo que él hace: cumple el Decálogo, contrariamente a lo que hace la mayoría, no es como el publicano que tiene a su espalda, y cumple las prescripciones del ayuno y de la donación del diezmo.
El publicano se muestra avergonzado por su actuación, su gesto es de arrepentimiento y su plegaria, que es de súplica, recuerda el Salmo 50.
El fariseo ha subido al templo a dar gracias por el hecho de ser "justo", es decir, porque cumple estrictamente y con creces la Ley de Dios. El publicano ha subido para suplicar el perdón por su pecado. Al volver a casa, el publicano ha sido "justificado" por Dios, no así el fariseo.
La moraleja final amplía el horizonte de la advertencia: el discípulo debe tener presente que es Dios quien justifica y quien pone a cada uno en el lugar que realmente le corresponde.
Josep M. Grané, Misa Dominical 1992/13