jueves, 11 de marzo de 2021

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO IV CUARESMA CICLO B - 14 MARZO 2021

 

SER AMADOS POR DIOS


COMENTARIO

 

De la conversación con Nicodemo recogemos la afirmación que puede dar alimento a más de una meditación: “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único”. ¿Construimos nuestra espiritualidad sobre este pensamiento de ser amados? La idea de amar nos resulta más familiar: Señor, te amo, quiero amarte. Sin embargo es posterior  a la de ser amados. Antes de eso, por ser primero, deberíamos afianzar esta maravillosa certidumbre: Dios nos ama, Dios me ama. ¿Qué somos entonces, si Dios puede amarnos?. Más de una vez, esta idea nos hace soñar, pero no acabamos de ver claro. ¿Tú Señor y nosotros? ¿Qué encuentras en nosotros? ¿Qué ocurre cuando tú nos miras?. ¿Te conmueves? ¿Te diviertes? ¿Te irritas? Ya el antiguo salmo se planteaba esta cuestión: “Qué es el hombre para que te acuerdes de él?”. ¿Qué soy yo a tus ojos, Señor, para que pienses en mí?

Cuando alguien piensa en nosotros, nos sentimos felices.  ¿Cómo es que no sentimos esa misma dicha, mil veces más interesante, ante la idea de que Dios nos ama?. La respuesta es fácil.  Los que nos aman tienen un rostro, sus ojos nos sonríen, su voz nos conmueve.  Pero ¿Dios? ¿Cómo nos mira?. ¡Es tan difícil imaginarle! ¡Dios es tan silencioso! Apenas dicho   esto,   tengo vergüenza  de  haber hablado así, ¿Cómo puedo olvidar  que, para   hablarnos de  amor,  Dios nos envió su propia  palabra? ¿Qué para poder sonreírnos quiso unos ojos de hombre? “Al verbo de vida, dice Juan, lo hemos visto, lo hemos oído, lo han tocado nuestra manos, la vida se ha manifestado en él”. ¡La vida nos ha mirado!.

El secreto de los iconos está ahí: ser mirados por Cristo, ser mirados con amor por Dios. Esa mirada puede realmente hacernos existir.  El hijo mirado con cariño se desarrolla feliz; el hombre amado, la mujer amada sienten, bajo ese sol, que existen que son alguien para el otro ¡Sentir, o por lo menos,  saber por la fe que yo soy alguien para Dios!. El ama también a los que me cuesta amar. Pensar en su mirada  sobre mí no tiene que llevarme a imaginar un tú a tú que haga el desierto alrededor de nuestro amor; eso sería perder pronto ese amor. Yo soy amado por un amor inmenso, en un amor  inmenso. “Tanto  amó Dios al mundo”. Cuando desprecio a alguien, cuando le tengo envidia, cuando lo ignoro, me salgo de la revelación que establece el único espacio en que puede ser amado por Dios; él  ama  a todos los hombres, nos ama como pueblo.  Amado por él, comulgo de su mirada de amor a los demás: “Dios no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo sino para que el mundo se salve”.

R.P. Roland Vicente Castro Juarez

 

ANTIFONA DE ENTRADA   Is 66, 10-11.

Alégrate, Jerusalén, reúnanse todos los que la aman, regocíjense los que estuvieron tristes para que exulten; mamaran a sus  pechos y se saciaran de sus consuelos.

 

ORACION COLECTA

Oh, Dios, que, por tu Verbo, realizas de modo admirable la reconciliación del género humano, haz que el pueblo cristiano se apresure, con fe gozosa y entrega diligente, a celebrar las próximas fiestas pascuales. Por nuestro Señor Jesucristo,

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del segundo Libro de las Crónicas 36, 14-16. 19-23.

En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres abominables de los gentiles, y mancharon la Casa del Señor, que él se había construido en Jerusalén.

El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo a tal punto, que ya no hubo remedio.

Incendiaron la Casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del Profeta Jeremías: «Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años».

En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la Palabra del Señor, por boca de Jeremías, movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: «Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, en Judá.

Quien de entre ustedes pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él y suba!».

 

SALMO RESPONSORIAL (36)

 

Que no me olvide de ti, Señor.

 

Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión; en los sauces de sus orillas colgábamos nuestras cítaras. R.

 

Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar, nuestros opresores, a divertirlos: «Cantemos un cantar de Sión.». R

 

¡Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extranjera!. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha. R.

 

Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalén en la cumbre de mis alegrías. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 2, 4-10

Hermanos: Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó: estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo -por pura gracia estáis salvados- nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él.

Así muestra en todos los tiempos la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

Porque están salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a ustedes, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir.

Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él determinó practicásemos.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Jn 3, 16.                                                                                                                                                                                                 

Tanto amo Dios al mundo que entrego a su Hijo Único. Todo el que cree en Él tiene vida eterna.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Juan 3, 14-21.

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desiertos así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.

Pues todo el que obra perversamente detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Oremos a Dios, que es rico en misericordia y que en Jesucristo nos ha llamado a obrar según la ley del amor. Digámosle: R.- Salva a tu pueblo, Señor.

 

1.- Para que Jesús, que murió en la cruz para conseguirnos la reconciliación con Dios, ayude a su Iglesia a mantenerse fiel y a dispensar su misericordia y su perdón. Oremos. R.

 

2.- Para que el Hijo de Dios, que dio su vida para reunir en un solo pueblo a quienes antes estaban distanciados por el odio, consiga de nuestro mundo el don de la paz, la unidad y el amor. Oremos. R.

 

3.- para que nuestro Mesías el Salvador, que quiso acoger en su cuerpo todos los dolores de la humanidad, los reciba hoy, los sane, los santifique, y haga brotar en los corazones de todos sentimientos de fraternidad y solidaridad. Oremos. R.

 

4.- Para que el Señor, que fue colgado de un madero para enseñarnos la locura del amor de Dios Padre, alcance a todos nosotros una entrega radical, un espíritu sin fronteras y un corazón nuevo. Oremos. R.

 

5.- Para que Jesús, que quiso darse en alimento a sus amigos,  ayude a los que hoy celebramos esta Eucaristía a ser ofrenda generosa para los que tienen hambre física y de amor y esperanza. Oremos. R.

 

Señor, Dios que tanto amas al mundo que nos diste a tu Hijo para que nos salvara de la muerte y del pecado, escucha las suplicas que en nombre de todos los hombres te hemos presentado, y haz que un día gocemos de tu luz y de tu verdad. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, al ofrecerte alegres los dones de la eterna salvación, te rogamos nos ayudes a celebrarlos con fe verdadera y a saber ofrecértelos de modo adecuado por la salvación del mundo. Por

Jesucristo nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNION    Sal 121, 3-4.

Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, a celebrar tu nombre. Señor.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Oh, Dios, luz que alumbras a todo hombre que viene a este mundo, ilumina nuestros corazones con la claridad de tu gracia, para que seamos capaces de pensar siempre y de amar con sinceridad, lo que es digno y grato a tu grandeza. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

 

Lunes 15: Is  65,  17-21;  Sal  29; Jn 4, 43-54.

 Martes 16: Ez 47, 1-9.12; Sal 45; Jn 5, 1-3.5-16.

Miércoles 17: Is 49, 8-15; Sal 144; Jn 5, 17-30.

Jueves 18: Ex 32, 7-14; Sal 105; J n  5, 31-47.

Viernes 19: 2Sam 7, 4-5ª.1214ª.16; Rm 4, 13.16-18.22; Mt 1, 16.18-21.24ª (o bien Lc 2, 41-51ª).

Sábado 20: Jr  11, 18-20; Sal   7,  Jn 7, 40-53.

Domingo 21: Ez 31, 31-34; al 50-, Hb 5, 7-9; Jn 12, 20-33.

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Jn 3. 14-21

Ver evangelio de TRINIDAD, ciclo A: Jn 3, 16-18

 

1. FANATISMO/CEGUERA 

"Tanto amó Dios al mundo". Esta es su credencial y con ella se presenta desde la primera página de la Biblia. Por amor anda Dios en busca nuestra por los caminos del mundo. El autor del texto que hoy leemos hace especial hincapié en ello, como si quisiera hacer frente a un modo distinto de presentar a Dios, a un modo que concibiera a Dios como juez rencoroso y buscador de muerte.

Pero Dios no dicta sentencia contra nadie. Esto es algo que cada uno hacemos contra nosotros mismos con nuestra incredulidad de creyentes, un modo paradójico de ser, más hondo y complejo de lo que nosotros calificamos como malas obras. Estas, las malas obras, nunca estarán bien, por supuesto. Pero de ello podemos ser suficientemente conscientes y salir. Basta que poseamos una conciencia no fanática. Ceguera, exaltación, intolerancia: esto es lo realmente preocupante y grave, porque la conciencia fanática siempre se considera vidente, más aún, clarividente.

Hagamos el esfuerzo de leer la última parte del texto de hoy desde la referencia de /Jn/09/41: "Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís que veis, vuestro pecado sigue ahí". Sin esta referencia corremos el riesgo de encaminar la "la luz y la verdad" por la dirección fanática, que es exactamente la contraria de por donde discurre el creer en el nombre del Hijo único de Dios. Creer en el nombre del Hijo es una expresión para decir creer en lo que el Hijo es y significa.

ALBERTO BENITO - DABAR 1988/19


 

2. EV/SINOPTICOS. LOS SINÓPTICOS REFLEJAN MEJOR cómo ERA JESÚS; JUAN REFLEJA MEJOR lo que era JESÚS. PONE EN SUS LABIOS LO QUE NUNCA DIJO PERO QUE EN REALIDAD ERA. 

VE/NO-V-FUTURA: VIDA ETERNA NO SIGNIFICA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE. ES LA VIDA PROPIA DE UNA EXISTENCIA FELIZ. DE UN TIEMPO Y DE UN MUNDO NUEVO. 

El domingo pasado decíamos que Juan entendía la expulsión de vendedores y cambistas como eliminación-sustitucion del Templo por Jesús. En el texto de hoy el autor profundiza en el significado de este Jesús que sustituye al Templo. Lo hace sirviéndose de un diálogo entre el propio Jesús y Nicodemo, autoridad religiosa. Por lenguaje y temática, este tipo de diálogos son característicos del cuarto evangelio. En los evangelios sinópticos Jesús habla de una manera muy distinta.

Jn/SINOPTICOS: ¿Quién nos da, pues, la versión más fidedigna del personaje? Uno y otros, pero a distintos niveles. Los sinópticos, a nivel de lenguaje real; Juan, a nivel de significado. Los sinópticos reflejan mejor COMO era Jesús; Juan refleja mejor LO QUE ERA Jesús. En Juan hay más cantidad de mediación interpretativa que en los sinópticos. Y a este plus de mediación interpretativa Juan le da forma hablada, poniendo en los labios de Jesús lo que Jesús nunca dijo, pero que en realidad era. Por eso, al comentar un diálogo de Juan, es más exacto hablar de significado de Jesús que de palabras de Jesús.

El diálogo de hoy presupone el texto de /Nm/21/09: "Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte". Fue una medida salvadora. "Cuando una serpiente mordía a uno, éste miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado". El correlativo de la serpiente de bronce en el estandarte es Jesús en la cruz; el correlativo de mirar es creer. Jesús tiene que ser levantado en alto. ¡Honda y misteriosa necesidad! Para que al levantar la vista hacia esa altura quedemos salvados. El autor habla en perspectiva de presente. VIDA ETERNA no significa lo que nosotros solemos llamar vida después de la muerte. En la expresión de Juan, eterno no se contrapone a temporal. Vida eterna es sinónimo de calidad de vida; eterno designa plenitud, totalidad. Vida eterna es la vida propia de una existencia feliz, de un tiempo y un mundo nuevo. Jesús levantado en alto hace posible este tipo de existencia para todo el que levanta sus ojos hacia él, para todo el que cree en él. El designio del Padre, continúa Juan, su voluntad es que tengamos una existencia así. Parece un sueño.

Sólo con pensarlo un indescriptible relajamiento se apodera de uno. Jesús levantado en alto acaba con toda situación y sensación de existencia echada a perder. Existencia echada a perder es lo contrario de vida eterna.

No sé por qué extrañas razones los humanos estamos empeñados en hacer de Dios un contrincante que está a nuestro acecho. Debería bastar esta página de Juan para convencernos de lo contrario. Lo mismo habría que decir sobre nuestra idea de Dios como juez futuro. Incluso la traducción litúrgica parece favorecer esta perspectiva de juicio futuro.

No SERA condenado es una muy mala traducción del original griego, a no ser que este futuro sea entendido en un sentido puramente lógico. Pero para evitar ambigüedades sería mejor traducir: el que cree en él no queda condenado, al que cree en él no se le condena.

No debemos perder de vista el punto de partida: mirar a la serpiente levantada en alto suponía la curación. Lo contrario es igualmente válido: dejar de mirar a la serpiente suponía no curarse. Es decir, excluirse uno a sí mismo de ser curado. Esto es exactamente lo que dice Juan cuando escribe que los hombres han preferido la tiniebla a la luz. Lo cual significa que el hombre es el único responsable de su destino y que Dios no es ni su contrincante ni su juez. Dios es sencillamente un padre, cuyo hijo único ha sido levantado en lo alto de una cruz. Pero para fortuna nuestra, al mirar a este hijo quedamos salvados.

A.- BENITO - DABAR 1985/18


 

3. REDENCION/EXPIACION  D/SADICO: TEOLOGÍAS POCO AFORTUNADAS QUE PRESENTAN A UN DIOS NECESITADO DE DESAGRAVIOS SANGRIENTOS.

Habrá que evitar ciertas teologías poco afortunadas que presentan a un Dios necesitado de desagravios sangrientos por las ofensas de los hombres y que manda a su Hijo para que le ofrezca su sangre, de valor infinito.

Una presentación adecuada podría ser constatar que el camino de los hombres andaba desencajado, alejado de Dios, incapaz de romper el círculo de pecado. Y sólo el propio Dios podía romper ese círculo infernal. Y el Hijo de Dios se hace hombre, el propio Dios viene a vivir esa débil y confusa situación humana. Y la vive del modo como Dios vive las cosas: como un acto absoluto, pleno, constante, de amor. Vivir así, en este mundo nuestro lleno de mal y de pecado, significa acabar perdiendo. Y Dios pierde, Dios muere. Pero EL CIRCULO SE HA ROTO, LA FUERZA DEL PECADO NO HA PODIDO CON LA FUERZA DEL AMOR, AUNQUE EL PRECIO QUE EL HIJO DE DIOS HA TENIDO QUE PAGAR HAYA SIDO EL PRECIO MAS ALTO que pueda pagarse: su vida, su sangre. Y eso es la redención: la entrega absoluta del Hijo de Dios ha hecho que el pecado no domine ya definitivamente. El que cree en él, el que se acerca a la luz, ya no es reo de la condena por el pecado; el que cree en él, el que se acerca a la luz, después de la muerte hallará vida.

J. LLIGADAS - MISA DOMINICAL 1988/06


 

4. FE/SV/JUICIO 

Jesús, pues, no es juicio sino salvación. Dios no es el que juzga, sino el que salva. La salvación tiene lugar por la fe. En cambio, "el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios". La luz es dada a todos (ilumina a todos los hombres: Jn 1,9), pero "los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas".

El evangelista va penetrando en el misterio y apunta al corazón mismo de cada persona y a su libertad, que se auto-expresa y se auto-decide con su comportamiento, y así se deja iluminar (¡y salvar!) por la luz, o bien la aborrece y se aleja de ella.

Nosotros nos guardaremos mucho de distribuir condenas, pero exhortaremos a los creyentes (y nos exhortaremos a nosotros mismos) a prestar atención a nuestras obras, pues ellas nos expresan y nos abren (o cierran) a la luz salvadora que "resplandece en las tinieblas" (Jn 1,5).

J. TOTOSAUS - MISA DOMINICAL 1991/05


 

5.- Así tiene que ser elevado el Hijo del hombre (evangelio). El levantamiento de Jesús es a la vez su muerte en cruz y su glorificación; es fruto del rechazo del mundo y atracción salvadora de todos los hombres; Jesús es elevado (para morir) por el mundo y es elevado (para salvar) por el Padre; por eso no le ha compadecido: "para que todo el que crea en él tenga vida eterna". Jesús elevado, atrae a todos los hombres; es la luz verdadera que ilumina a todos. Hacia ese Jesús elevado en señal de oprobio nosotros levantamos nuestros ojos de la fe para tener vida eterna: reconocemos en él el amor salvador del Padre y el amor fiel y salvador del Hijo; porque tampoco el Hijo no se ha compadecido, no ha amado tanto su vida que la quisiese guardar sólo para él, sino que ha aceptado perderla, es decir, entregarla al Padre y a todos nosotros. Y, no obstante, siempre estamos tentados de preferir más las tinieblas que la luz, por miedo a que no ponga de manifiesto nuestras obras. En esta doble atracción de la luz salvadora, pero denunciadora, y de la tiniebla, oscura pero protectora, se juega toda nuestra vida. ¿Hacia dónde nos inclinamos? ¡Creamos en el amor! (1 Jo 4,16). ¡Dejémonos atraer por el Hijo del hombre elevado sobre la tierra! ¡Caminemos hacia la luz!

J. TOTOSAUS - MISA DOMINICAL 1991/05


 

6. CZ/GLORIA 

Juan utiliza la narración de la serpiente de bronce, elevada por Moisés en el desierto (Núm 21, 8s), como figura que ilustra proféticamente lo que sucede en la "elevación" del Hijo del Hombre en la cruz. A este respecto, destaca sólo tres puntos de conexión: la "elevación", la fuerza salvadora y el plan de Dios que tenía que cumplirse. Importancia especial tiene la "elevación", palabra utilizada en doble sentido: elevación a la cruz y elevación a la diestra del Padre. Por esta razón nosotros hubiéramos preferido traducir el original por la palabra "exaltación". Juan ve en la crucifixión -y no después de ella- el momento culminante de la vida de Jesús, la "hora", de su glorificación. La "exaltación" es el tránsito de Jesús del mundo al Padre, la Pascua.

La salvación viene del Hijo del Hombre exaltado en la cruz: "Cuando yo sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí" (12, 32). Creemos que es así, porque conocemos que éste es el plan de Dios, cuyo objetivo no es otro que dar vida a los creyentes, glorificando con ello a su Hijo (17,2; cfr. 13, 31s). El versillo debiera traducirse: "para que todo el que cree tenga vida eterna en él".

El plan de salvación no tiene otro fundamento que el incomprensible amor de Dios al "mundo", esto es, al mundo de los hombres, que habían quedado sin "vida" por su culpa.

Llevado por su amor al mundo, Dios salta el abismo que nos separaba de él y se aproxima a nosotros, para darnos lo que más quiere: su "único Hijo". Más aún, entregando a su único Hijo a la muerte para que nosotros tengamos vida. En esto se manifiesta que Dios es amor. El mejor comentario a este texto lo hace Juan en su primera carta (4, 9s).

Se contrapone aquí "perdición" (o muerte) y "vida", lo mismo que en el versillo siguiente "condenación" (o juicio) y "salvación".

El hombre sólo puede escapar de la perdición y de la condena, si, creyendo en Jesucristo, recibe la vida y la salvación. Dios envía a su hijo para salvar al mundo y no para condenarlo, Dios quiere la salvación de todos los hombres, y Jesús es, como afirma la Samaritana, el "salvador del mundo" (4, 42). Frente a cualquier dualismo de buenos y malos, Dios ofrece a todos la salvación y no sólo a una minoría privilegiada.

El nombre del Hijo único de Dios es "Jesús", que significa "Dios salva". Creer en el "nombre", es creer en la misión salvadora de Jesús. Dios quiere la salvación de todos; si, no obstante, algunos se condenan es porque no creen en el nombre de su hijo y rechazan la salvación.

Es característico de Juan lo que se ha llamado "escatología presente", esto es, el considerar el juicio de Dios como algo que acontece ya cuando el hombre resiste al Evangelio con su incredulidad; pues el que no cree, a sí mismo se condena y se priva de la última oportunidad de alcanzar la vida. Según esto, lo que llamamos "juicio final" no sería otra cosa que la confirmación divina de aquella sentencia a la perdición y a la muerte.

Frente a las "tinieblas", que se presentan aquí como una personificación del mal, se alza la "luz" que es el mismo Hijo de Dios en persona (1, 4s). La venida de la "luz" al mundo denuncia la existencia de las "tinieblas" y, aunque el hijo de Dios no viene a juzgar a nadie, su presencia establece inevitablemente un juicio. La "luz" -y, por lo tanto, la proclamación del evangelio- cuestiona a los hombres y les obliga a decidir entre la fe y la salvación, o la incredulidad y la perdición. Muchos se deciden por la incredulidad, porque sus obras no son buenas.

Se habla aquí de "hacer la verdad"; pues para Juan la verdad, lo mismo que la mentira, no son dos teorías opuestas, sino dos modos contradictorios de vivir. Los que obran perversamente se oponen a la verdad con la mentira de su vida y esconden sus malas obras huyendo de la luz. En cambio, los que hacen la verdad buscan la luz, para que se vean sus obras buenas.

EUCARISTÍA 1988/13


 

7.- Las palabras de Jesús a Nicodemo -el primero de los discursos que hallamos en el evangelio de Juan- expresa en forma resumida los principales temas de la revelación de la que Jesús es portador.

Partiendo de la misión de Jesús, el Hijo del Hombre, el fragmento de hoy habla también del Padre que envía el Hijo al mundo y termina con la postura que toman los hombres ante esta oferta de salvación por parte de Dios.

1. La misión que Jesús ha recibido consiste en dar al hombre "vida eterna", la misma vida de Dios, que proviene del "agua y del Espíritu" (cfr. versículo 3) y que se concede a los hombres en virtud del Hijo del Hombre elevado. Ser elevado significa para Jesús no sólo la cruz y la muerte, sino también su resurrección y exaltación junto al Padre (los sinópticos expresan eso mismo diciendo: "El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho,... ser ejecutado y resucitar a los tres días": cfr. Mc 8, 31). El don del Espíritu, íntimamente unido a la glorificación de Jesús (cfr.Jn 7, 37-39) es fuente de vida eterna, definitiva, para cuantos creen en El.

2. Los versículos 16 y 17 ("Tanto amó Dios al mundo...") explican la misión de Jesús, el Mesías, partiendo de Dios, puesto que es El quien tiene la iniciativa de intervenir en la historia. Jesús es "el que bajó del cielo" (cfr. versículo 13) o "el Hijo que Dios entregó al mundo". Nótese en estos dos versículos el fuerte contraste entre perecer/tener vida eterna y entre condenar al mundo/salvar al mundo.

Dios se desprende de su "Hijo único" (cfr. Gn 22, Abrahán dispuesto a desprenderse de su "hijo único" Isaac: domingo segundo de Cuaresma) para que los que creen en él "tenga vida eterna", "para que el mundo se salve por él". El móvil de Dios es totalmente positivo y universal. Y este propósito brilla en la vida entera de Jesucristo, pero se manifestará de modo especial cuando sea elevado, entonces, "cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí" (cfr. Jn 12, 32, evangelio del próximo domingo).

3. Poco a poco, el texto termina por referirse a la postura que los hombres toman ante Jesucristo y aparecen, de modo semejante al prólogo del evangelio, los temas de la luz y las tinieblas, íntimamente unidos al de la vida. En el prólogo se decía que "en la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres"; el texto de hoy identifica el rechazar a Cristo, donador de vida eterna, con preferir la oscuridad a la luz.

La vida entera de Jesús es un gran resplandor ante el cual se pone de manifiesto lo que cada hombres es: cada uno es juzgado y es salvado o condenado no porque el amor de Dios haga excepciones, sino según la actitud personal de cada uno. Se condena aquel que "obra perversamente", el que persevera voluntariamente en el mal, no el pecador ocasional.

J. ROCA - MISA DOMINICAL 1982/06


 

8. A-D/FE 

El evangelio es un anuncio. Es Buena Noticia. Cuando Jesús habla de Dios, narra historias y parábolas. Porque sólo las historias permiten adivinar el comportamiento incomprensible de Dios.

Cuando habla de Dios, Jesús realiza gestos y acoge en su mesa a los pecadores y a las gentes insignificantes. Porque sólo los gestos muestran lo que hace vivir a Dios. "Tanto amó Dios al mundo...", comentará Juan en su ancianidad.

"Tanto amó Dios al mundo..." (/Jn/03/16): ésta es la única confesión de fe que estamos obligados a profesar para ser fieles a la herencia que se nos ha dado. Dios ama al mundo con un amor incomprensible e inconmensurable. El Dios que revela Jesús no es un Dios al estilo de los hombres, ni el que garantiza el orden del mundo, ni una superpotencia, ni un super-ingeniero vigilante del escenario y del plan del mundo, ni el guardián del orden social o moral. Dios ama: no se puede pensar en El sin darle ese predicado que impresiona tan profundamente al corazón del hombre hasta en sus fibras más íntimas: Dios es amor. Sólo Jesús, ese Jesús cuya palabra y cuyos gestos conducen a la cruz, sólo Jesús crucificado podía dejar sospechar esto: Dios es amante. El Dios de los filósofos nos diría: "Hay lo que hay: el azar y la necesidad; busca y encuentra". El Dios de los sabios nos diría: "Aguarda y verás: encontrarás la Verdad". El Dios de los moralistas nos diría: "Es preciso, debes hacer esto, ésta es tu obligación". El Dios de los ideólogos nos diría: "¿Qué has construido? ¿Cuál es tu combate?" El Dios de Jesucristo, por ser amor, nos dice solamente: "¿Quieres?" Un "¿Quieres?" que desarma y está desarmado. Dios está desarmado y es infinitamente pobre; la misericordia es, ante todo, una súplica de Dios: "Déjame amarte". Pero su palabra, "¿quieres?", nos desarma, porque su misericordia es el cuestiona- miento más radical que se nos podía hacer. Desarmante y desarmado; así es Dios; sólo unas historias y unos gestos pueden hacernos atisbar la interpelación que nos toca en lo más íntimo de nosotros mismos y nos permite vislumbrar lo que El quiere decirnos: "Yo os amo: ¿y vosotros?".

SIGUIENDO EL LECCIONARIO FERIAL - SEMANAS XXII-XXXIV T.O. EVANG.DE LUCAS

SAL TERRAE/SANTANDER 1990.Pág. 154


 

9.- Jn/03/16: "Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo Unigénito".

¡Profundas palabras, en las que el alma debe abismarse! Dios da.

Este es el hecho fundamental de nuestra fe; sobre él descansa la revelación. De Dios sólo sabemos que da; se nos da a Sí mismo.

Pues Dios no tiene algo, sino que El lo es todo. Si da, sólo puede darse a Sí mismo; y con El se nos da ciertamente todo. En todo lo que recibimos como don de la naturaleza o regalo de la gracia se da Dios a Si mismo. Y sólo en la medida en que lo reconocemos, poseemos lo que nos es dado. Todo lo que nos es dado puede sernos arrebatado de nuevo. Pero somos poseedores del don en tanto que reconocemos a Dios como la fuente de lo que nos da.

Dios se convierte en don. Primero, dentro de su mismo Ser; pues al engendrar a su Hijo, se da a Sí mismo. Y el Hijo, al reconocer y amar a su causa generatriz, se vuelve a dar al Padre. La tercera persona divina, el Espíritu vital que sopla y fluye por doquier, el Espíritu Santo, es don entre Padre e Hijo. Pero el amor generoso de Dios sale de Sí mismo; en el Hijo se entrega al mundo. El Padre "da al Hijo" para la encarnación, la pasión y la muerte; para que su muerte borre los pecados del mundo, dejando en él lugar para Dios, que se entrega al mundo.

Pero esto no basta; es preciso que los recipientes estén vacíos.

Cuando Dios se da, es demasiado grande para que un hombre pueda comprenderle y poseerle. Es un don de tal categoría, que el mismo don nos concede la gracia de recibirlo. Nuestra naturaleza, aunque creada a imagen de Dios, no puede llegar a eso. Dios ha de dilatarla, elevarla. Más aún; ha de crearnos de nuevo, ha de darnos parte en su propia vida divina, en su Espíritu, para que nosotros podamos comprender y recibir lo que sobrepasa nuestra naturaleza. Con los dones divinos nos otorga la fuerza, también divina, para comprenderlos y guardarlos; la "virtus divina" que corresponde al "donum Dei". Esta fuerza para recibir y guardar los dones, es ya parte del don mismo, es un principio de la vida divina que ha de sernos dada; en una palabra, es la fe, que se nos da como comienzo de la vida divina en nosotros y cuya plenitud atrae sobre nosotros.

EMILIANA LÖHR - EL AÑO DEL SEÑOR - EL MISTERIO DE CRISTO EN EL AÑO LITURGICO II - EDIC.GUADARRAMA MADRID 1962.Pág. 208 s.


 

10.- Este Evangelio está sacado del comentario añadido por Juan al relato de la conversación de Nicodemo y Jesús, una conversación que constituyó una iniciación a la fe (cf. Jn 3, 1-15) y Jesús subrayó que no basta con ver los signos: hay que "ver" su persona, especialmente en su papel de mediador levantado sobre la cruz y en la gloria. Esta visión de Cristo no puede obtenerse sino mediante un nuevo nacimiento.

Juan prosigue esa iniciación en la fe evidenciando, por encima de la persona de Cristo, la persona de su Padre y el designio salvífico peculiar suyo.

a) Juan no emplea aún la Palabra "Padre" para designar a la primera persona de la Trinidad, sino solo la Palabra "Dios". Sin embargo, si la paternidad de Dios apenas es aludida, sus relaciones de amor con el Hijo aparecen ya claramente en la expresión "Hijo único" (vv. 16, 18). Además, la paternidad de Dios sobre el mundo queda igualmente esbozada en el don de lo que tiene de más querido (v. 16) y en el otorgamiento a los hombres de su vida eterna.

b) Este gesto paternal de Dios que es el envío del Hijo entre los hombres se transforma también en juicio: da nacimiento a quien cree y condena a quien no cree (v. 18). En relación con este tema del juicio saca Juan la conclusión de la entrevista entre Nicodemo y Jesús (vv. 19-21), recordando además el comienzo de esta entrevista.

Juan 3, 2: Nicodemo viene a Jesús.

Juan 3, 2: Tú has venido como maestro.

Juan 3, 2: si Dios no está con él.

Juan 3, 2: viene de noche.

Juan 3, 21: quien hace la verdad, viene a la luz.

Juan 3, 19: la luz ha venido.

Juan 3, 21: sus obras en Dios.

Juan 3, 19: han amado las tinieblas.

Este cuadro permite medir el camino recorrido en la iniciación de Nicodemo en la fe. Este último creía encontrarse en presencia de un doctor: lo que encuentra es la luz del mundo. Vivía a ocultas, de noche, y se ve obligado a elegir entre la luz y las tinieblas.

Basándose en los milagros de Cristo creía que Dios estaba "con" este último, y he aquí que descubre que Dios está "en" él.

c) El comienzo del v. 21 hay que traducirlo por "hacer la verdad", y no solo por "obrar en la verdad". La expresión es, ciertamente, difícil. La verdad puede conocerse como objeto de saber, y hacer obrar, como motora de actitud. Pero se trata tan solo de una verdad-teoría que se opone a la práctica o, al menos, se diferencia de ella.

De hecho, en el lenguaje de San Juan (Jn 1, 17; 14, 6; 18, 37) la verdad designa la manifestación de lo que está oculto; algo así como la palabra misterio en San Pablo. La verdad es, pues, la profundidad de nuestro ser, allí donde el acontecimiento adquiere su peso de eternidad, allí donde la angustia es superada por el valor de ser. Para San Juan, esa verdad "viene", es alguien, "se hace", porque es una manera de ser no solo en el fondo de sí, vinculada a la persona de Jesús y capaz de modificar el comportamiento.

Se comprende entonces que Juan asocie verdad y juicio, porque la decisión en pro o en contra de la verdad es cuestión de vida o muerte, de descubrimiento del fundamento de la vida y de todas las cosas o de superficialidades y de banalidad.

La esperanza de los primeros cristianos salidos del judaísmo se refería a un Mesías-Juez, un "Hijo del hombre" (v. 13) con la misión de separar a los buenos de los impíos, a los judíos de los paganos. Pero ese juicio no llega: parece que ya no se puede esperar nada del exterior para juzgar a la humanidad.

Juan viene a confirmar esa impresión: el juicio de Dios no es una operación exterior distinta de la presencia de Cristo entre los hombres. Puesto que posee la clave de la existencia humana por cuanto no es tan solo Hijo del hombre, sino Hijo de Dios (v. 18), Jesús, por efecto de su sola presencia frente a mí, me obliga a aceptar o a rechazar el adentrarme hasta el fondo de mí mismo, allí donde vivo en comunión con El, en apertura a Dios ("hacer la verdad", v. 21). El juicio no es ya un acontecimiento exterior: está hecho de la respuesta que doy a la interpelación de Cristo, según que acepte el acercarme a la luz o que prefiera vivir en las tinieblas.

El cristiano no tiene, pues, miedo a un "juicio último", y todavía menos a las descripciones mitológicas que de él se han dado: sabe que el juicio está en él y depende de su propia elección.

MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA IV - MAROVA MADRID 1969.Pág. 57


 

12.- El amor de Dios, tal como se hace patente en la entrega del Hijo, quiere la salvación "... a fin de que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna". O, según se dice en el v. 17: Dios no ha enviado al Hijo para que "juzgue" al mundo, o lo que es lo mismo, para que lo entregue al castigo escatológico, que sólo significaría la aniquilación y desgracia completas, sino para que el mundo se salve por el Hijo. El propósito auténtico y originario de Dios, según se ha hecho patente en el envío del Hijo, es la salvación del mundo, no su condenación. Se trata, pues de un explícito y claro predominio del designio de salvación en la actuación amorosa de Dios en el cosmos, de una preponderancia y prioridad de la salvación sobre la condenación; se trata de un triunfo de la salud.

Eso quiere decir que, ateniéndose a la clara afirmación del texto joánico, salvación y condenación del hombre no son, en modo alguno, unas alternativas equivalentes, sino que a la salvación le corresponde una prevalencia inequívoca. Según nuestro texto, existe en Dios una voluntad inequívoca de salvación y de amor, mientras que no existe una voluntad de condenación en Dios, no hay predestinación alguna divina para la condenación eterna. Lo que queda abierta, evidentemente, es una posibilidad de perder la salvación por parte del hombre, y ello, desde luego, porque responde a la condición humana, a la realidad existencial del hombre en la historia. En el envío del Hijo -y eso es lo que dice nuestro texto -Dios ha explicado a todo el mundo que quiere salvar al mundo y que quiere liberarlo de la condenación y ruina. Es necesario reconocer esa acción anticipada de Dios con un compromiso claro.

EL NT Y SU MENSAJE - EL EVANG. SEGUN S. JUAN/4-1ª - HERDER BARCELONA 1983.Pág. 281


 

13. SV/CONDENACION 

"Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna".

Jesús es el don del amor de Dios a la humanidad. Tan incomprensible, tan fuerte, tan eficaz es ese amor de Dios al mundo, al mundo humano creado por Dios y alejado de él, que "le entregó a su Hijo único".

En el vocabulario del cristianismo primitivo esa manera de hablar está siempre en relación con la cruz.

Es una reflexión sobre la muerte en cruz de Jesús, muerte que en definitiva atribuye no a simple "permisión divina", ni a un proceso lleno de vicisitudes, sino a la misma voluntad de Dios . Ahora bien, esa "voluntad de Dios" no es un capricho arbitrario y ciego, sino una "voluntad de salvarnos", es decir, amor.

En esta entrega del Hijo único hay un recuerdo del sacrificio que otro padre -Abraham- hizo también de su hijo único: "anda, coge a tu hijo, a tu unigénito, a quien tanto amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécemelo allí en holocausto, sobre uno de los montes que yo te indicaré" (/Gn/22/02) Aquel sacrificio no llegó a realizarse. El cordero que sustituye a Isaac y se sacrifica sin resistencias es este Cordero de Dios que quite el pecado del mundo.

J/MUERTE/VD: El Padre por amor a nosotros nos entrega a su propio Hijo, el único, en nuestras manos y nosotros entregamos a este Hijo único de Dios a la muerte. El Padre no envía al Hijo a la muerte, sino a la solidaridad con los hombres. Huyendo de la realidad humana Jesús pudo haberse salvado de la muerte. Este es el sentido de las tentaciones que Jesús sufre a lo largo de su vida. Pero Jesús sabe que la salvación no le llega al hombre por la huida de la realidad humana, sino por la identificación hasta el fondo con ella, por aferrarla hasta las heces.

El Padre no envía al Hijo a la muerte sino al cumplimiento fiel de su misión de revelar el amor de Dios, su misericordia sobre todos los hombres, y la muerte de Jesús es una consecuencia de su obrar. Al enviar a su Hijo al mundo el Padre corre este riesgo que no "escatimó" (/Rm/08/32) como dice S. Pablo.

Si hubiéramos aceptado plenamente el amor de Dios ofrecido en Jesús, aquella venida de Jesús habría sido un acto de amor sólo positivo. Pero como desde nuestra situación de pecado lo hemos rechazado, aquella entrega tiene la forma negativa de muerte.

El amor de Dios tal como se manifiesta en la entrega del Hijo, quiere la salvación... "para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él".

El propósito y la voluntad de Dios, según se manifiesta en el envío del Hijo, es la salvación del mundo, no su condenación.

Se trata, por tanto, de un claro predominio del designio de salvación en la actuación amorosa de Dios en el mundo; de una preponderancia, de una prioridad de la salvación sobre la condenación; se trata de un triunfo de la salvación.

Ateniéndonos a la clara afirmación de este texto del evangelio podemos decir que salvación y condenación del hombre no son dos alternativas equivalentes, que cada una de ellas tenga el 50% de posibilidades, sino que a la salvación le corresponde una superioridad indiscutible.

Según este texto, existe en Dios una voluntad indiscutible de amor y de salvación, mientras que no existe una voluntad de condenación en Dios; Dios no quiere que nadie se condene.

Lo que sí queda abierta es una posibilidad de perder la salvación por parte del hombre. En el envío del Hijo -y esto es lo que dice el texto- Dios ha explicado a todo el mundo que quiere salvar al mundo y que quiere liberarlo de la condenación y de la ruina. Es necesario reconocer esa acción anticipada de Dios con ese compromiso clarísimo de salvación. Pero el hombre puede rechazar esta oferta del amor salvador que Dios le ofrece en Jesús, su Hijo: "el que no cree en él ya está condenado porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios".

Si alguien se excluye de la salvación se debe al rechazo del ofrecimiento que Dios hace en Jesús.

"Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz".

Ser sincero con Dios y consigo mismo, apostar siempre a favor de la luz, de la vida, del hombre y del mundo. Esto es creer en el nombre del Hijo único de Dios. El que cree así no será condenado.

Se puede creer así aunque no se conozca a Jesús.

-Apostar siempre -aun en medio de los mayores dificultades- por la vida del hombre y del mundo, es creer en el nombre del Hijo único de Dios.


 

14. ACI DIGITAL 2003

14. Véase Núm. 21, 9. Cf. 12, 32. 


16. "Este versículo, que encierra la revelación más importante de toda la Biblia, debiera ser lo primero que se diese a conocer a los niños y catecúmenos. Más y mejor que cualquier noción abstracta, él contiene en esencia y síntesis tanto el misterio de la Trinidad cuanto el misterio de la Redención" (Mons. Keppler). Dios nos amó primero (I Juan 4, 19), y sin que le hubiésemos dado prueba de nuestro amor. "¡Oh, cuán verdadero es el amor de esta Majestad divina que al amarnos no busca sus propios intereses!" (S. Bernardo). Hasta dar su Hijo único en quien tiene todo su amor que es el Espíritu Santo (Mat. 17, 5), para que vivamos por El (I Juan 4, 9). 


17. Para juzgar al mundo: Véase San Juan 5, 22 y nota: "Y el Padre no juzga a nadie, sino que ha dado todo el juicio al Hijo". A Jesús le corresponde ser juez de todos los hombres, también por derecho de conquista; porque nos redimió a todos con su propia Sangre (Hech. 10, 42; Rom. 14, 9; II Tim. 4, 8; I Pedro 4, 5 s.). Entretanto, Jesús nos dice aquí que ahora ni el Padre juzga a nadie ni El tampoco (8, 15), pues no vino a juzgar sino a salvar (3, 17; 12, 47). Es el "año de la misericordia", que precede al "día de la venganza" (Luc. 4, 19; Is. 61, 1 ss.) 


19. Este es el juicio de discernimiento entre el que es recto y el que tiene doblez. Jesús será para ellos como una piedra de toque (cf. 7, 17; Luc. 2, 34 s.). La terrible sanción contra los que rechazan la luz será abandonarlos a su ceguera (Marc. 4, 12), para que crean a la mentira y se pierdan. S. Pablo nos revela que esto es lo que ocurrirá cuando aparezca el Anticristo (II Tes. 2, 9 - 12). Cf. 5, 43 y nota: "Yo he venido en el nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, ¡a ése lo recibiréis!".

La historia rebosa de comprobaciones de esta dolorosa realidad. Los falsos profetas se anuncian a sí mismos y son admirados sin más credenciales que su propia suficiencia. Los discípulos de Jesús, que hablan en nombre de El, son escuchados por pocos, como pocos fueron los que escucharon a Jesús, el enviado del Padre. Véase Mat. 7, 15 y nota ("Guardaos de los falsos profetas, los cuales vienen a vosotros disfrazados de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces". Jesús, como buen Pastor (Juan 10, 1 - 29), nos previene aquí bondadosamente contra los lobos robadores, cuya peligrosidad estriba principalmente en que no se presentan como antirreligiosos, sino al contrario "con piel de oveja", es decir, "con apariencia de piedad" (II Tim. 3, 5) y disfrazados de servidores de Cristo (II Cor. 11, 12 ss.). Para ello nos habilita a fin de reconocerlos, pues sin ello no podríamos aprovechar de su advertencia. Cf. Juan 7, 17; 10, 4, 8 y 14).

Suele verse aquí una profecía de la aceptación que tendrá el Anticristo como falso Mesías. Cf. Apoc. 13.

jueves, 4 de marzo de 2021

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO III CUARESMA CICLO B - 7 MARZO 2021

 

DESTRUYAN ESTE TEMPLO, Y EN TRES DÍAS LO LEVANTARÉ


COMENTARIO


La segunda parte de la Cuaresma del ciclo B está marcada por tres evangelios de Juan que presentan diferentes aspectos del camino muerte-resurrección que celebramos en la Pascua.

La escena de la expulsión de los vendedores que los sinópticos (seguramente con mayor veracidad histórica) colocan en los momentos finales de la vida de Jesucristo, desencadenando la definitiva reacción de las autoridades contra él, está colocada aquí al principio del evangelio, pero con las mismas referencias al misterio pascual, y para indicar, ya de entrada, que toda la vida de Jesucristo debe entenderse bajo la luz de su hora definitiva, la de su glorificación por medio de su paso por la muerte.

A Juan le gusta insistir en la incomprensión para  obligarnos a ahondar más todavía. De vez en cuando inserta alguna frase para llamar nuestra atención. Aquí, “casa de mi Padre” es un foco dirigido hacia la filiación divina de Jesús. Y sobre todo la primera alusión a la resurrección mediante la palabra “levantar” que pertenecer al vocabulario de la resurrección: - Yo levantaré este santuario. – ¿Lo vas a levantar tú? Lo comprendieron después de que Jesús resucitó. También nosotros, “después de la resurrección” podemos comprender, ya que los evangelios son una relectura de los gestos y de las palabras de Jesús después de la Pascua. Juan demuestra su saber de buen pedagogo. Por ejemplo, cuando los judíos se aferran a la idea del templo construido en cuarenta y seis años y reedificado en sólo tres días, tiene que ponernos alerta; ¿De qué templo se trata?. Con la debida atención, podemos recibir  oportunamente la respuesta de los versículos  21 y 22 clave de este conjunto tan típicamente joánico: “El templo del que él que él hablaba es su cuerpo, cuando resucitó, se acordaron los discípulos de lo que había dicho  y  dieron  fe  a  la  Escritura  y  a  estas palabras de  Jesús”.

Así, pues, el asunto del templo va progresando en dos etapas.  Primero, Jesús realizó una acción profética, para dotar al gesto religioso de una mayor decencia; no se reza en medio de bulla de los mercaderes. Viene luego la segunda etapa del asunto del templo: “El templo del que hablaba era su cuerpo”. Desde la encarnación, desde que Dios vino a residir entre nosotros en Jesús, el cuerpo de Jesús, o sea su humanidad es la presencia de Dios. En adelante, todo culto tiene como lugar ese templo. ¿Se trata de limitarse al cuerpo de un hombre, un espacio extraño y muy pequeño de oración?.  Deberíamos detallar aquí todas las realidades que evoca la expresión “cuerpo de Cristo”. Esto pudo comprenderse después de la resurrección, cuando el cuerpo glorioso de Cristo se convirtió en el mundo mismo de la resurrección donde todo hombre puede entrar en contacto con Dios.   El cuerpo de Cristo es también el cuerpo eucarístico en torno al cual se despliega la liturgia cristiana. A veces necesitamos un lugar de oración, para nosotros mismos y sobre todo para una liturgia colectiva, pero si el Señor no está en  nosotros ni en  medio de nosotros, tendremos que ir a buscar unos azotes.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTIFONA DE ENTRADA   Sal 24, 15-16.

Tengo  los ojos puestos en el Señor, porque el saca mis pies de la red. Mírame, oh, Dios y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido.

 

ORACION COLECTA

Oh, Dios autor de toda misericordia y bondad, que aceptas el ayuno, la oración y la limosna como remedio de nuestros pecados, mira con amor el reconocimiento de nuestra pequeñez y levanta con tu misericordia a los que nos sentimos abatidos por nuestra conciencia. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del Libro del Éxodo 20, 1-17.

El Señor pronunció las siguientes palabras: Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud.

No tendrás otros dioses frente a mí.

[ No te harás ídolos—figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra,— o en el agua debajo de la tierra.

No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos, nietos y biznietos, cuando me aborrecen.

Pero actúo con piedad por mil generaciones cuando se aman y guardan mis preceptos. ].

No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso. Fíjate en el sábado para santificarlo.

[ Durante seis días trabaja y haz tus tareas, pero el día séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios:

no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el forastero que vive en tus ciudades.

Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra, el mar y lo que hay en ellos.

Y el séptimo día descansó; por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.]

Honra a tu padre y a tu madre: así se prolongarán tus días en la tierra, que el Señor, tu Dios, te va a dar.

No matarás.

No cometerás adulterio.

No robarás.

No darás testimonio falso contra tu prójimo.

No codiciarás los bienes de tu prójimo:

no codiciarás la mujer de tu prójimo,

ni su esclavo, ni su esclava, ni un buey, ni un asno, ni nada que sea de él.

 

SALMO RESPONSORIAL (18)

 

Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

 

La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. R

 

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. R.

 

La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. R.

 

Más preciosos que el oro, más que el oro fino; más dulces que la miel de un panal que destila. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 1, 22-25.

Hermanos: Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría. Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los griegos; pero para los llamados a Cristo —judíos o griegos—: fuerza de Dios y sabiduría de Dios.

Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO  Jn 3, 16.                                                                                                                                                                                

Tanto amo Dios al mundo que entrego a su Hijo Único. Todo el que cree en él tiene vida eterna.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Juan 2, 13-25.

En aquel tiempo se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: Quiten esto de aquí: no convietan en un mercado la casa de mi Padre.

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «el celo de tu casa me devora».

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: ¿Qué signos nos muestras para obrar así?.

Jesús contestó: Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré. Los judíos replicaron: Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?.

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús.

Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Al Señor, nuestro Dios, que quiere libéranos de cuanto nos esclaviza e impide ir a el, supliquemos con confianza diciendo: R.- Padre, escúchanos.

 

1.- Para que, anunciando la alianza de amor del Señor con su pueblo, los cristianos nos comprometamos en la transformación de una sociedad más fraterna y solidaria. Oremos. R.

 

2.- Para que la ley del amor sea la norma de nuestras vidas y para que como Iglesia nunca traicionemos el Evangelio de la vida, el amor, la justicia y la paz. Oremos. R.

 

3.- Para que en todo el mundo se respeten los derechos y deberes humanos, y todos gocen de salud, educación, vivienda y trabajo digno. Oremos. R.

 

4.- Para que cautos viven angustiados por el peso del pecado, descubran que Jesús tiene palabras de vida eterna y que los quiere salvar. Oremos. R.

 

5.- Para que el Crucifijo llene de sentido el dolor de los enfermos por la pandemia y otras enfermedades, de los marginados y excluidos de la sociedad. Oremos. R.

 

6.- Por todos los que estamos presentes en esta Eucaristía, para que al salir de ella nuestra vida surja renovada en amor a Dios y nuestros hermanos. Oremos. R.

 

Acepta, Señor, nuestras oraciones y danos tu gracia para construir con ilusión la civilización del amor y el reino de la paz. Por Jesucristo,, nuestro Señor.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, por la celebración de este sacrificio concédenos en tu bondad, que, al pedirte el perdón de nuestras ofensas, nos esforcemos en perdonar las de nuestros hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNION    Sal 83, 4-5.

Hasta el gorrión ha encontrado una Casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos, tus altares,, Señor del universo, Rey mío y Dios mío. Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Alimentados ya en la tierra con el pan del cielo, prenda de eterna salvación, te suplicamos, Señor, que se haga realidad en nuestra vida lo que hemos recibido en este sacramento. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 08: 2R 5, 1-15ª; Sal 41; Lc 4, 24-30.

 Martes 09: Dn 3, 25.34—43; Sal 24; Mt 18, 21-35.

Miércoles 10: Dt 4, 1.5-9; Sal 147; Mt 5, 17-19.

Jueves 11:  Jr 7, 23-28; Sal 94; Lc 11, 14-23.

Viernes 12: Os 14, 2-10; Sal 80; Mc 12, 28b-34.

Sábado 13: Os 6, 1b-6; Sal 50; Lc 18, 9-14.

Domingo 14: 2Cro 36, 14-16-19-23; Sal 136, Ef 2, 4-10; Jn 3, 14-21.

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Jn 2, 13-25

Paralelos:

 

Mt 21, 12-13   Mc 11, 15-17   Lc 19, 45-46

 

1. J/TEMPLO  /Ap/21/22: SU INTENCIÓN NO ERA PURIFICAR SINO SUPRIMIR EL TEMPLO SUSTITUYÉNDOLO POR EL TEMPLO DE SU CUERPO. FE/MILAGROS: LA FE EN ÉL DEBE SER ALGO MAS PROFUNDO QUE LA ADMIRACIÓN PRODUCIDA POR LOS SIGNOS: /Jn 2. 23-24.

La lectura evangélica contiene dos referencias a la Pascua: "se acercaba la Pascua de los judíos" (v. 13); "cuando resucitó de entre los muertos" (v. 23). Este último versículo nos da, además, la perspectiva desde la que se interpreta el significado y el alcance del gesto de Jesús.

La denuncia de los abusos que se cometían en el templo y las exigencias del culto verdadero es algo frecuente en los profetas; así Jeremías acusa a los sacerdotes de tratarlo como "una cueva de ladrones" (cf. 7. 11), al tiempo que profetiza su destrucción.

El libro de Zacarías termina anunciando que "el día del Señor" la ciudad entera de Jerusalén será santa y que no se verán mercancías en el templo. Los que presenciaron el gesto de Jesús podían ver en él, por tanto, un signo profético e incluso mesiánico.

Pero debemos afirmar que la intención de Jesús no era simplemente la de purificar el templo (de hecho, los cambistas y los vendedores de animales para los sacrificios eran necesarios), sino que su intención era la de SUPRIMIR EL TEMPLO SUSTITUYÉNDOLO POR EL "TEMPLO DE SU CUERPO". Para la teología de Juan, efectivamente, el templo es Jesús resucitado: "Templo no vi ninguno, porque es su templo el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero" (cf. Ap 21. 22).

La postura de Jesús ante el templo y cuanto esta institución significaba es una de las causas más importantes -más próxima en los sinópticos, más remota según el evangelio de Juan- que provocan la muerte de Jesús. El propio evangelista lo insinúa al decir que los discípulos se acordaron del salmo 69. 10, cuyo versículo entero reza así: "el celo de tu casa me devora y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí".

TEMPLO/SIGNO: La reacción de los judíos es exigir a Jesús un "signo", es decir, una prueba divina que lo acredite. El templo tenía el sentido de significar la presencia de Dios en medio del pueblo; ahora esta presencia de Dios se manifiesta de un modo mucho más pleno en Jesús. Los judíos lo matarán porque supone un peligro para su templo. Jesús les da el SIGNO DE SU MUERTE Y RESURRECCIÓN, QUE ES LA MÁXIMA MANIFESTACIÓN DE LA GLORIA DE DIOS, de su amor y de su entrega a los hombres. De hecho, la muerte de Jesús no va a significar la destrucción de la presencia de Dios entre los hombres a través de Él, sino la supresión de cualquier otro templo que no sea el cuerpo glorioso del Resucitado, santuario en el que habita la plenitud del Esp. Sto.

Los últimos vv. nos introducen al diálogo con Nicodemo -del que vamos a leer un fragmento el próximo domingo- y nos presentan a este hombre como uno de los que creyeron en Jesús durante su estancia en Jerusalén. A causa de los signos, muchos se adhieren a Jesús o creen en su nombre. Pero Jesús no les corresponde dándoles su confianza, porque la fe en Él debe ser algo más profundo que la admiración producida por los signos.

J. ROCA - MISA DOMINICAL 1982/06


 

2.- La segunda parte de la Cuaresma del ciclo B está marcada por tres evangelios de Juan que presentan diferentes aspectos del camino muerte-resurrección que celebramos en la Pascua.

La escena de la expulsión de los vendedores que los sinópticos (seguramente con mayor veracidad histórica) colocan en los momentos finales de la vida de JC, desencadenando la definitiva reacción de las autoridades contra él, está colocada aquí al principio del evangelio, pero con las mismas referencias al misterio pascual, y para indicar, ya de entrada, que toda la vida de JC debe entenderse bajo la luz de su hora definitiva, la de su glorificación por medio de su paso por la muerte.

Los hombres en el AT se habían relacionado con Dios por medio de unas instituciones cultuales y una Ley que Israel había mantenido. Pero ahora YA NO VALE, todo ese sistema que el Templo representaba y que lo convertía en "la casa del Padre" no tiene ya valor, se ha convertido en un mercado. El hombre, desde ahora, se relacionará con Dios de otra forma: A TRAVÉS DE JC RESUCITADO, que ha inaugurado el acceso de los hombres a Dios porque él, siendo hombre, está ahora glorificado con Dios. Por eso, el único signo que podrá ser convincente para los creyentes será el signo que realice todo esto: CUANDO EL TEMPLO, LA "CASA DE MI PADRE", SERA EL MISMO JC GLORIFICADO (JC glorificado presente, según la misma teología joánica, en la Iglesia y en los sacramentos de la Iglesia).

El párrafo final nos hace comprender, sin embargo, que esto sólo pueden entenderlo los creyentes, los que aceptan la fe, no por "los signos que hacía", sino fiados del único signo verdadero y lleno, el de su vida llevada a la plenitud por la Pascua.

J. LLIGADAS - MISA DOMINICAL 1979/06


 

3. C/I/TEMPLO: LA IGLESIA MATERIAL NO ES YA PARA LOS CRISTIANOS LA "CASA DE DIOS" SINO LA CASA DEL PUEBLO DE DIOS. ESTE PUEBLO, REUNIDO EN NOMBRE DE CRISTO ES LA VERDADERA CASA DE DIOS.

EV/CRONOLOGIA

Los evangelistas no han pretendido escribir una biografía de Jesús y, en general, no están interesados por la cronología, sino por el mensaje de Jesús. Esto explica las diferencias que observamos incluso entre los evangelios sinópticos y, sobre todo, entre éstos y el evangelio de Juan. Por ejemplo, en este caso, los sinópticos sitúan el relato sobre la expulsión de los mercaderes del templo al final de la vida pública de Jesús; en cambio, Juan al principio. Sabido es que el cuarto evangelio tiene una estructura determinada por razones teológicas; por lo tanto habrá que suponer una intención en el hecho de que Juan nos hable de la purificación del templo ya al principio de su relato. Juan presenta a Jesús enfrentado a la religión oficial y opone constantemente la fe de los discípulos de Jesús a la incredulidad de los judíos. La expulsión de los mercaderes del templo es un ataque profético de Jesús a los señores del templo, es un gesto que preludia una lucha persistente en la que perdería la vida; pero es también el anuncio de la destrucción de ese templo como réplica divina a la incredulidad de los judíos que no conocieron su hora y no recibieron al Mesías que les había sido prometido.

Una vez Jesús resucite de entre los muertos, él mismo será en adelante el verdadero templo de Dios. Teniendo en cuenta esta perspectiva, Juan prefiere situar el suceso al principio de la vida pública.

La multitud de sacrificios que se ofrecían diariamente en el templo y la necesidad de cambiar la moneda corriente, la romana, por otra moneda especial, el siclo, a fin de satisfacer el tributo religioso al que estaban obligados los israelitas mayores de veinte años (Ex 30. 11; Mt 17. 24-27), hace comprensible que vendedores de animales y cambistas se instalaran en el llamado atrio de los gentiles. El permiso requerido para instalarse en el templo proporcionaba a los concesionarios, entre los cuales se contaba la familia del sumo sacerdote Anás, pingües beneficios.

Estos usos y estos abusos habían convertido el templo de Dios en un mercado. Estos judíos que intervienen de pronto y piden explicaciones a Jesús son probablemente los guardianes del templo. Sabemos que existía un cuerpo policial, formado por levitas, que estaban encargados del orden y la custodia del templo. Ellos son, pues, los que interrogan a Jesús.

Llama la atención que estos policías no le acusen de inmediato de alterar el orden y que, en cambio, le pidan un milagro, una señal, que demuestre su autoridad para hacer lo que hace en el templo. Piensan que sólo un milagro puede justificar su acción.

Tal modo de pensar es característico de la mentalidad judía (cf.3. 2; 4. 48; 6. 14 y 30; 9. 16; 11. 47; Mt 12. 38; 16. 1; Mc 8.11; Lc 11. 6), que Pablo distingue claramente de la mentalidad de los griegos que se atienen a la razón y buscan la sabiduría humana. Jesús replica con unas palabras que evidentemente, en aquella situación podían interpretarse como una amenaza al templo.

Los guardianes del templo tomaron buena nota de las palabras de Jesús y, más tarde, lo acusarían ante los tribunales de lo que para ellos había sido una amenaza sacrílega al templo y a lo que el templo significaba (Mt 26. 61; Mc 14. 58). Jesús fue condenado, entre otras cosas, por su oposición al templo, por su ataque a una religión oficial establecida, sacralizada y mercantilizada.

Cuando Juan escribe su evangelio, lo hace bajo la luz de la experiencia pascual. Y desde su punto de vista, el punto de vista de la fe en la resurrección de Jesús, interpreta las palabras de Jesús refiriéndolas a su cuerpo muerto y resucitado a los tres días. Si Jesús es el verdadero templo, se comprende entonces su oposición a cualquier otro templo, que pretenda situarse como algo sagrado por encima del hombre. Sí, Jesús es el templo, el ámbito del encuentro de los hombres con Dios, culto a Dios en espíritu y en verdad (Jn 4. 23), pues donde hay dos reunidos en nombre de Jesús, allí está él en medio de ellos (Mt 18. 20). Si Jesús es el templo, los que se incorporan a Jesús por la fe forman con él un mismo templo. La iglesia material no es ya para los cristianos la "casa de Dios" sino la casa del pueblo de Dios.

Este pueblo, reunido en nombre de Cristo, incorporado a la misión de Cristo, es la verdadera casa de Dios. Pensar de otra manera sería volver a una concepción religiosa contra la que Jesús luchó toda su vida.

EUCARISTÍA 1985/11


 

4.- EL TEMPLO DEFINITIVO

En el episodio de la expulsión de los vendedores del Templo se observan dos centros de interés, aparentemente contrapuestos.

Primero se presenta el celo de Jesús por la dignidad de "la casa de su Padre". Puede verse, por tanto, una valoración positiva de la realidad sagrada del Templo. Pero a continuación se constata una especie de indiferencia de Jesús para con este mismo Templo.

Habla de su destrucción y de su futura sustitución a través de la destrucción y resurrección de su propio cuerpo.

Evidentemente, en plena preparación de la Pascua y de acuerdo con la intención del evangelista Juan, nos interesa más la segunda perspectiva. Con el gesto simbólico de la purificación del Templo de Jerusalén y con palabras lo suficientemente explícitas, Jesús anuncia el cambio radical que introducirá su muerte y su resurrección en el régimen cultual de la humanidad. Más intencionadamente que los demás evangelistas, Juan subraya la alusión a la resurrección al emplear no el término "edificar", sino el término "levantar" (egeirein), directamente relacionado con los términos neotestamentarios que designan la resurrección de Cristo. A partir de la resurrección, ya no existen lugares privilegiados de la presencia de Dios entre los hombres. La Humanidad de Cristo, presente en todas partes mediante el Espíritu, es el nuevo y definitivo Templo. En cualquier lugar donde se anuncie el escándalo de la cruz (cf. 2 lectura) y se acoja en la fe, está el Templo de Dios. Y el verdadera culto no necesita espacios materiales, sino que se da en cualquier parte donde los hombres vivan la fe y la caridad.

J. LLOPIS - MISA DOMINICAL 1973/04


5.- Juan nos proporciona un relato bastante personal de la purificación del Templo, distinto del de los sinópticos, no solo por su orientación doctrinal más fuerte, sino también por el lugar que Juan concede a este incidente situándolo al comienzo de la vida pública de Jesús, lo que, por otra parte, podría corresponder a la realidad histórica.

* * * *

a) El relato de los sinópticos presentaba a Cristo como un profeta, preocupado por apoyarse en otros profetas (Mt. 21, 13) para vengar la vocación del Templo. En el relato de Juan (2, 13-17), el alcance del gesto de Cristo es directamente mesiánico; situado inmediatamente después de la alusión a Juan Bautista (Jn.1, 19-34), esta purificación aparece más aún como el cumplimiento de la profecía de Mal. 3, 1-4. Además, Juan no pone en labios de Cristo ninguna cita profética con el fin de subrayar mejor que Cristo actúa por su propia autoridad. Finalmente, Cristo considera el Templo como la "casa de su Padre" (cf. Lc. 2, 49).

b) La segunda parte del relato (Jn. 2, 18-20) no tiene paralelo en la tradición sinóptica. Juan comienza con una cita del Sal. 68/69, salmo que había recibido en la comunidad primitiva una interpretación mesiánica evidente y del que se hacía frecuente uso para meditar en la pasión (Act. 1, 20; Rom. 15, 3; Mt. 27, 48; Jn. 15, 25; 19, 28). Para los cristianos, el "celo" de Cristo será la causa de su muerte (Mt. 26, 61-63). Juan proyecta además sobre el relato la sombra de la pasión del Señor.

Pero todavía hay más: la palabra misma de Cristo se apoya en un antiguo cliché profético: "destruir-reconstruir" (Jer. 1, 10; 18, 7-10; 24, 6; 42, 10; 45, 4), un tema favorito de Jeremías. Cristo quiere afirmar con ello que en cuanto Mesías, enviado por Dios, tiene poder para destruir y para reconstruir el Templo, incluso en tres días, porque su poder es extraordinario.

c) En una tercera parte (1, 21-22). Juan presenta la interpretación cristiana de este episodio. Después de la pasión y resurrección del Señor, no solo queda aclarado el Sal. 68/69, 10, sino que la palabra de Cristo adquiere otro sentido. Jesús no es solo un Mesías capaz de "destruir-reedificar", es Hijo del Padre, y es otro el sentido en que reconstruye el Templo. La mención de los tres días adquiere así un sentido pascual específico, insospechado hasta entonces. Por eso Juan ha añadido, no sin razón doctrinal, que este episodio del Templo tuvo lugar cuando ya estaba próxima la fiesta de Pascua (Jn. 2, 13).

De esa forma, el relato de Juan nos introduce en una significación sacerdotal de la misión de Cristo en la que no reparan los sinópticos. El nuevo Templo es la humanidad de Cristo, nueva casa del Padre, lugar del sacrificio perfecto (Heb.9-10) y fuente abundante de bendiciones (Jn. 7, 37).

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J/FIESTAS-JUDIAS: A primero vista, Jesús no se sitúa en la línea del ministerio de Jeremías: para él no se trata ya de purificar un sacerdocio y un Templo existentes, sino de reemplazarlos. Hay dos afirmaciones que constituyen el centro de su mensaje: el verdadero santuario es ahora su propia persona y no adquiere esa función sino mediante una destrucción y una reedificación. El plan del cuarto Evangelio está orientado todo él a verificar esa afirmación: Jesús, en efecto, sube al Templo para todas las fiestas, pero siempre se presenta como realizando en su persona el objeto mismo de la fiesta.

Esta sustitución de la persona humana de Jesús en lugar del santuario antiguo queda, por lo demás, perfectamente en la línea apuntada por el profeta Jeremías. En realidad, este último ha afirmado esencialmente que el valor del sacrificio no está ligado a la hermosura y al cumplimiento de los ritos, sino a los sentimientos de la persona que los ofrecía.

Con esa intención efectivamente obedece Jesús cuando ofrece filial y amorosamente la vida de su cuerpo y vuelve a tomarla después, en la plenitud divina, para comunicarla mediante su Espíritu a todos lo hombres. A ese plan obedece el acto filial de Jesús y el amor fiel de los suyos.

Por consiguiente, el relato de la purificación del Templo nos lleva, de la mano de San Juan, a un plano doctrinal mucho más profundo que las versiones sinópticas. Ya no se trata tan solo de purificar el culto reintegrándolo a su razón de ser, ni de abrirlo a las naciones y a la categorías humanas excomulgadas, sino de situar el nuevo culto bajo la acción del Espíritu "que mora" en el hombre de forma absolutamente nueva y cualificando de filialidad divina todas las actitudes y los compromisos de ese hombre en Cristo.

MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA III - MAROVA MADRID 1969.Pág. 117 s.


 

6. /Jn/02/25:

La afirmación final "porque él sabía lo que hay en el interior de cada uno" (v. 25b) abre un amplio campo a la imaginación. Se trata de algún modo de la problemática del hombre, que Jesús conoce perfectamente y que, en razón del contexto, hay que entender aquí como el problema de la capacidad creyente del hombre. Creer y confiar exigen una cierta decisión y firmeza, sin que sean posibles el ánimo veleidoso, la pusilanimidad ni el miedo, la falta de confianza ni la lealtad a medias. Lo que Jesús conoce a las claras es precisamente que el hombre es un ser eminentemente inseguro, problemático y mutable, que depende de múltiples influencias internas y exteriores, todo lo cual se deja sentir justo sobre su capacidad para creer. No se trata, pues, de una omnisciencia divina de Jesús, sino de su mirada penetrante con la que abarca la problemática de la fe como el problema central del hombre.

EL NT Y SU MENSAJE - EL EVANG. SEGUN S. JUAN/04-1ª - HERDER BARCELONA 1983.Pág. 231


 

7. ACI DIGITAL 2003

14. Estos mercaderes que profanaban la santidad del Templo, tenían sus puestos en el atrio de los gentiles. Los cambistas trocaban las monedas corrientes por la moneda sagrada, con la que se pagaba el tributo del Templo. Cf. Mat. 21, 12 s.; Marc. 11, 15 ss.; Luc. 19, 45 ss. 16. El Evangelio es eterno, y no menos para nosotros que para aquel tiempo. Cuidemos, pues, de no repetir hoy este mercado, cambiando simplemente las palomas por velas o imágenes. 17. Cf. S. 68, 10; Mal. 3, 1 - 3. 18. A los ojos de los sacerdotes y jefes del Templo, Jesús carecía de autoridad para obrar como lo hizo. Sin embargo, con un ademán se impuso a ellos, y esto mismo fue una muestra de su divino poder, como observa S. Jerónimo. 19. Véase Mat. 26, 61: El ha dicho: "Yo puedo demoler el templo de Dios, y en el espacio de tres días reedificarlo". 24. Lección fundamental de doctrina y de vida. Cuando aun no estamos familiarizados con el lenguaje del divino Maestro y de la Biblia en general, sorprende hallar constantemente cierto pesimismo, que parece excesivo, sobre la maldad del hombre. Porque pensamos que han de ser muy raras las personas que obran por amor al mal. Nuestra sorpresa viene de ignorar el inmenso alcance que tiene el primero de los dogmas bíblicos: el pecado original. La Iglesia lo ha definido en términos clarísimos (Denz. 174 - 200). Nuestra formación, con mezcla de humanismo orgulloso y de sentimentalismo materialista, nos lleva a confundir el orden natural con el sobrenatural, y a pensar que es caritativo creer en la bondad del hombre, siendo así que en tal creencia consiste la herejía pelagiana, que es la misma de Jean Jacques Rousseau, origen de tantos males contemporáneos. No es que el hombre se levante cada día pensando en hacer el mal por puro gusto. Es que el hombre, no sólo está naturalmente entregado a su propia inclinación depravada (que no se borró con el Bautismo), sino que está rodeado por el mundo enemigo del Evangelio, y expuesto además a la influencia del Maligno, que lo engaña y le mueve al mal con apariencia de bien. Es el "misterio de la iniquidad", que S. Pablo explica en II Tes. 2, 6. De ahí que todos necesitemos nacer de nuevo (3, 3 ss.) y renovarnos constantemente en el espíritu por el contacto con la divina Persona del único Salvador, Jesús, mediante el don que El nos hace de su Palabra y de su Cuerpo y su Sangre redentora. De ahí la necesidad constante de vigilar y orar para no entrar en tentación, pues apenas entrados, somos vencidos. Jesús nos da así una lección de inmenso valor para el saludable conocimiento y desconfianza de nosotros mismos y de los demás, y muestra los abismos de la humana ceguera e iniquidad, que son enigmas impenetrables para pensadores y sociólogos de nuestros días y que en el Evangelio están explicados con claridad transparente. Al que ha entendido esto, la humildad se le hace luminosa, deseable y fácil. Véase el Magnificat (Luc. 1, 46 ss.) y el S. 50 y notas.