viernes, 11 de junio de 2021

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XI T.O. CICLO B – 13 JUNIO 2021

 

PARÁBOLAS SOBRE EL REINO

 

 


COMENTARIO

 

"El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra": La lectura evangélica de este domingo está formada por dos parábolas sobre el Reino. En la primera se compara el Reino con lo que sucede en un proceso de siembra. Se subraya la pasividad del hombre ("la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo") y la productividad de la tierra ("la tierra va produciendo la cosecha ella sola"). Del mismo modo el Reino irrumpe en el mundo de una forma inapelable, como de una semilla nacerán las espigas, y sin que los hombres puedan hacer nada. Ni a favor ni en contra. El Reino crece a pesar del celo, la pereza o la incredulidad de los hombres. Dios es quien tiene en sus manos el futuro del Reino, pero este futuro será en bien del hombre, es él quien recogerá los frutos salvíficos: "Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega".

-"Con un grano de mostaza": El grano de mostaza, imagen de lo que es insignificante, pero que después se hace muy grande. Lo importante en esta segunda parábola es la desproporción entre la pequeñez del principio (grano de mostaza) y la magnitud del final (el arbol). Así ocurre con el reino de Dios: escondido ahora e insignificante, ha de llegar un día (el "día del Señor"), cuando vuelva con "poder y majestad", en que se manifieste según toda su dimensión. En realidad, en lo minúsculo actúa ya lo grandioso: incluso en el mundo que no conoce el reino, este está ya actuando; incluso en el corazón del pecador más endurecido puede brillar aún una lucecita y convertirse en gloria y fuego devorador. Se trata de tomar a Dios en serio a pesar de todas sus apariencias. En Jesús y gracias a Jesús el Reino de Dios está abierto a todos, es un espacio donde todos podemos volar y anidar.

Dos conclusiones. Como el Reino está aquí, en medio de las oposiciones y de los fracasos, entonces no tenemos que huir de la historia. El discípulo sabe ver en todo esto la presencia de Dios. En cierto sentido -y ésta es la segunda conclusión- en el Reino de Dios se desperdician muchas cosas (intentos repetidos, obstinados, como el gesto del sembrador); no se puede ahorrar. Pero se trata sólo de un despilfarro para los que razonan según los cálculos mezquinos de los hombres.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTIFONA DE ENTRADA   Sal 26, 7.9

Escúchame, Señor, que te llamo. Tú eres mi auxilio, no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación.

 

ORACION COLECTA

Oh, Dios, fuerza de los que en ti esperan, escucha con bondad nuestras suplicas y, pues sin ti nada puede la fragilidad de nuestra naturaleza, concédenos siempre la ayuda de tu gracia, para que, al poner en practica tus mandamientos, te agrademos con nuestros deseos y acciones. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Ezequiel 17, 22-24

Así dice el Señor Dios: «Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré.

De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré en la montaña más alta de Israel, para que eche brotes y dé fruto y se haga un cedro noble.

Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas.

Y todos los arboles silvestres sabrán que yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y ensalza los arboles humildes, que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos.

Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.».

 

SALMO RESPONSORIAL (91)

 

Es bueno darte gracias, Señor.

 

Es bueno dar gracias al Señor y tocar para tu nombre, oh Altísimo, proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad R.

 

El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano; plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios. R.

 

En la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso, para proclamar que el Señor es justo, que en mi Roca no existe la maldad. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 6-10

Hermanos: Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras sea el cuerpo nuestro domicilio, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe.

Y es tal nuestra confianza, que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor. Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle.

Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir premio o castigo por lo que hayamos hecho mientras teníamos este cuerpo.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

Aleluya. La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo, quien lo encuentra vive para siempre. Aleluya.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra.

Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.».

Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos?. Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.».

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Dirijamos con confianza nuestras suplicas a Dios Padre, que ha enviado a su Hijo para construir su Reino entre nosotros, diciendo: R.- Venga a nosotros tu Reino, Señor.

 

1.- Por el Papa Francisco, los Obispos y presbíteros: para  que con el poder del Espíritu Santo sigan manteniendo viva la fe y la esperanza del pueblo de Dios en este tiempo de prueba. Oremos. R.

 

2.- Por nuestros gobernantes; para que, sintiéndose responsables del bien común, favorezcan y promuevan la unión entre las instituciones que buscan el bienestar, la salud y la tranquilidad de todos los ciudadanos. Oremos. R.

 

3.- Por todos los que están más abatidos por los efectos de la pandemia: para que se sientan sostenidos y apoyados por nuestra oración, solidaridad y cercanía fraterna. Oremos. R.

 

4.- Por las familias de nuestra comunidad parroquial: para que fuertes en la fe sean signos de esperanza en medio de quienes están más abatidos por la incertidumbre y el temor. Oremos. R.

 

5.- Por todos los miembros de nuestra parroquia que han fallecido en este tiempo: para que, disfrutando de la indulgencia plenaria concedida por el Papa Francisco, sean admitidos pronto en la felicidad eterna. Oremos. R.

 

6.- Por los que nos alimentamos con el Cuerpo y la Sangre de Cristo para que, fortalecidos en la fe, hagamos crecer en nosotros la semilla del reino de Dios que llevamos en nuestro corazón. Oremos. R.

 

Escucha, Padre, las oraciones que tus hijos te dirigen confiados en tu amor providente; y haz que un día gocemos de los bienes eternos que nos tienes preparados. Por Jesucristo nuestro Señor.

 


ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Oh, Dios, que, según la doble condición de los dones que presentamos, alimentas a los hombres y los renuevas sacramentalmente, concédenos, por tu bondad, que no nos falte su ayuda para el Cuerpo y el Espíritu. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNION    Sal 26, 4.   

Una cosa pido al Señor, eso buscare: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Señor, esta santa comunión, contigo que hemos recibido, anticipo de la unión de los fieles en ti, realice también la unida en tu Iglesia. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 14:   2Co  6, 1-10;  Sal 97; Mt 5, 38-42.

Martes 15:  2Co 8, 1-9; Sal 145;  Mt 5, 43-48.

Miércoles 16: 2Co 9, 6-11; Sal 111; Mt 6, 1-6.16-18.

Jueves 17: 2Co 11, 1-11; Sal  110; Mt 6, 7-15.

Viernes  18: 2Co 11, 18.21b-30; Sal 33; Mt 6, 19-23.

Sábado 19: 2Co 12, 1-10; Sal 33; Mt 6, 24-34.

Domingo 20: Jb 38, 1-.8-11; Sal 106; 2Co 5, 14-17; Mc 4, 35-40.

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Mc/04/26-34

 
1. PARA/GRANO-MOSTAZA PARA/SEMILLA

Las dos parábolas del campesino perseverante y del grano de mostaza, recogidas en este pasaje, constituyen, junto con la del sembrador (Mc 4, 3-8) y la de la levadura (Mt 13, 33), un grupo de relatos orientados hacia la misma conclusión: la justificación de la actitud del Mesías frente a los fracasos de su predicación.

No es imposible que estas parábolas hayan sido compuestas pensando de manera especial en Simón Zelotes y en Judas Iscariote (o el Sicario), discípulos de una secta particularmente extremista que quería provocar la guerra santa contra Roma con vistas a establecer el reino mesiánico.

a) En la parábola del campesino perseverante (vv. 26-29), el reino de Dios es comparado al lento crecimiento de la semilla hasta su cosecha, y, simultáneamente, con la larga inactividad del campesino antes de su febril actividad de la recolección (que es descrita, por lo demás, partiendo de Jl 4, 13; cf. también Ap 14, 14-16). Esa recolección, de conformidad con toda la Biblia y con la referencia a Joel, es, sin duda alguna, el juicio de Dios que inaugura su reino efectivo. Esto equivale a decir que es Dios el agricultor: es indudable que no va a tardar en intervenir y de forma tan espectacular como un segador en la recolección.

Es verdad que ahora, y de manera especial a lo largo del ministerio de Jesús, Dios parece no intervenir: deja a Cristo aislado, sin éxito, cada vez más rechazado por los suyos. Pero este silencio de Dios no deja por eso de estar vinculado al juicio venidero, lo mismo que la inactividad del agricultor mientras brota la semilla no deja de estar vinculada a su actividad de segador.

Jesús es atacado por los judíos: ¡si se presenta como Mesías que presente los signos precursores del reino! Jesús le responde que no hay signos extraordinarios: Dios deja crecer la semilla lentamente, pero no se pierde nada con esperar: no hay continuidad absoluta entre ese laborioso parto del reino de Dios y su manifestación en plenitud. Que quienes hayan de colaborar en la instauración del reino no pierdan su confianza en Dios: El ha comenzado y no puede haber duda de que, tras el silencio, dé cumplimiento a su obra. Que se le espere con paciencia, sin querer adelantarse a El. Y que quienes no quieran creer en el reino sino en el momento de su manifestación, estén muy atentos: ese reino está ya cerca de ellos en Jesús y hay que saber reconocerlo actuando ya en la pobreza de los medios y la lentitud del crecimiento.

b) La parábola del grano de mostaza alimenta la confianza en Dios al subrayar el contraste entre los humildes comienzos del reino (v. 31) y la magnitud de la tarea escatológica (v. 32, en donde el tema del nido está tomado de las escatologías judías consagradas a la incorporación de los paganos en el pueblo de Dios; cf. Ez 17, 22-24). Con esta parábola Jesús ha querido, seguramente, responder a la objeción de quienes se oponían a la pequeñez de los medios utilizados por Jesús para la gloria del Reino esperado, y que ridiculizaban la pobreza y la ignorancia de los discípulos de Jesús frente al cortejo triunfal que habría de inaugurar los últimos tiempos.

En realidad, en lo minúsculo actúa ya lo grandioso: incluso en el mundo que no conoce el reino, este está ya actuando; incluso en el corazón del pecador más endurecido puede brillar aún una lucecita y convertirse en gloria y fuego devorador. Se trata de tomar a Dios en serio a pesar de todas sus apariencias.

MAERTENS-FRISQUE 5.Pág. 67


 

2.- Texto. En un contexto de incomprensión Marcos introducía el domingo pasado el tema de la nueva familia de Jesús (Mc. 3. 20-35). Sigue a continuación el capítulo 4, del que está tomado el texto de hoy. Hasta ese capítulo el contenido de la enseñanza de Jesús ha sido el formulado en Mc. 1, 15: Se ha cumplido el plazo: el Reino de Dios ha llegado. En el capítulo 4 este contenido es formulado y ampliado por medio de parábolas. Marcos nos ofrece unas cuantas, una selección, y además nos informa de que el sentido de estas parábolas no es obvio ni inmediato.

La primera parábola habla de la semilla de cereal desde su siembra hasta la siega, pasando por las etapas intermedias. La segunda habla de la semilla de mostaza desde su pequeñez como semilla hasta su magnitud como hortaliza, capaz de dar cobijo a los pájaros. Ambas parábolas presentan ciclos completos, totalidades. El Reino de Dios es comparado con una totalidad, simplemente constatada en la primera parábola; exuberante y rica en la segunda.

Comentario. Si en vez del abstracto "totalidad" empleamos el concreto "todos", probablemente habremos dado un paso importante para la comprensión que Marcos tiene de la enseñanza de Jesús en parábola. El texto del domingo pasado marca el final de una concepción del Reino de Dios restringida a unos pocos; las parábolas de hoy señalan el comienzo de un Reino de Dios universal, abierto a todos. De la familia según la carne a la familia según el espíritu: de la semilla a la siega; de lo pequeño a lo grande; de lo limitado a lo espacioso. Donde hay totalidad no hay restricción y donde hay pájaros hay libertad de movimientos. Con el lenguaje de las imágenes Jesús habla de un espacio donde todos podemos volar. ¡Y Jesús sabía mucho de esto: pasó mucho tiempo al aire libre! La literatura judía contemporánea de Jesús era más bien reacia a dar cabida a los no judíos en el Reino de Dios. Incluso un escrito, el cuarto libro de Esdras, obra de talante pesimista, consideraba difícil la salvación de los propios israelitas.

A las parábolas de hoy se las suele denominar parábolas del crecimiento progresivo. Queda por ver si la elección de este título es atinada o no, se pregunta un comentarista actual de Marcos.

No es ciertamente atinada la elección si por crecimiento entendemos algo que nosotros podemos forjar con nuestras buenas obras. Si fuese éste el punto de vista de las parábolas, ciertamente no constituiría una novedad reseñable dentro del judaísmo. Es preciso, pues, superar una interpretación de corte moral que relaciona el proceso del Reino de Dios con el progreso del cristiano en el bien. En realidad, las dos parábolas de hoy se sitúan en una óptica distinta y radical: ¿Es o no el Reino de Dios una realidad abierta a todos? Sirviéndose del lenguaje de las imágenes, Jesús abre el Reino de Dios a todos de una vez por todas. El centro de atención de las imágenes es la totalidad de los ciclos, su compleción, no el crecimiento. Desde una óptica así carece de sentido hablar de crecimiento progresivo. En Jesús y gracias a Jesús el Reino de Dios está abierto a todos, es un espacio donde todos podemos volar y anidar. No es, pues, de extrañar que las concepciones religiosas de corte exclusivistas sientan que sus fundamentos se resienten con estas dos parábolas.

ALBERTO BENITO - DABAR 1988/34



3. Mc/04/26-29.

La parábola de la semilla que crece por sí misma (4, 26-29) es propia de Marcos. Mateo y Lucas prescinden de ella, a pesar de que conocen el discurso.

Jesús habla de la siembra y luego se olvida, voluntariamente, de todo el trabajo que viene después: la poda, la lucha contra la sequía, la preocupación por el mal tiempo... Prescinde de todo esto porque tiene una lección concreta que ofrecernos: el Reino crece de todos modos, "lo mismo que la luz brilla sin que nosotros podamos hacer nada, lo mismo que nada puede ocultarse cuando Dios abre el camino". No son los hombres los que le dan fuerza a la palabra ni son sus resistencias las que pueden detenerla. Por eso el discípulo hará bien en despojarse de toda forma de inútil ansiedad.

MAGGIONI-B.Pág. 74s


 

4. Mc/04/30-32.

La breve parábola del grano de mostaza (4, 30-32) encuentra su sentido en el contraste y en la continuidad entre la humildad del punto de partida (un pequeño grano) y la magnitud del punto de llegada (el árbol). El Reino, el Reino grandioso, está ya presente en esta pequeña semilla, o sea, en la vida y en la predicación de Jesús y más tarde en la vida y en la predicación de la comunidad cristiana. Pensamos en la actuación de Jesús: una misión que camina poco a poco hacia el fracaso y un rebaño que se va encogiendo; pueden surgir las dudas y las crisis: ¿cómo compaginar esta situación con la pretensión de universalidad que proclama el Reino? Esta semilla -afirma Jesús- encierra dentro de sí una enorme potencialidad.

Se trata, por tanto, de una lección de confianza válida para entonces y válida, quizás más todavía, para la experiencia de minoría y de diáspora que vive la Iglesia en el seno de la humanidad. Pero no se trata solamente de confianza. Jesús quiere recordar el compromiso que exigen la importancia y el significado de la situación presente: es importante esta ocasión, este encuentro con Cristo; el Reino de Dios está en esta semilla. La humildad de la situación no debe convertirse en motivo de dejadez y de abandono. No se trata de rechazar una cosa sin importancia (como podría sugerir quizás la pequeñez exterior), sino de rechazar ocasiones de consecuencias incalculables. "La enseñanza de esta parábola no concierne propiamente al futuro. No pretende enseñarnos que el Reino de Dios habrá de venir con toda seguridad, o que vendrá pronto, o que el misterio de Jesús dará ciertamente frutos maravillosos. Se trata de hacernos comprender el significado decisivo del tiempo presente". Así pues, la parábola nos enseña a tomar en serio "nuestras" ocasiones, las ocasiones que se ofrecen aquí y ahora, por muy humildes y terrenas que parezcan. Son, en el fondo, ellas las que esconden la presencia del Reino.

Dos conclusiones. Como el Reino está aquí, en medio de las oposiciones y de los fracasos, entonces no tenemos que huir de la historia (aunque ésta sea fragmentaria, equívoca y mezquina). El discípulo sabe ver en todo esto la presencia de Dios. En cierto sentido -y ésta es la segunda conclusión- en el Reino de Dios se desperdician muchas cosas (intentos repetidos, obstinados, como el gesto del sembrador); no se puede ahorrar. Pero se trata sólo de un despilfarro para los que razonan según los cálculos mezquinos de los hombres.

Realmente en el amor no se desperdicia nada, ni tampoco en la actividad de Dios: sólo hay riqueza de obstinación y de fantasía. Dios (y el amor que se le parece) no pretende que cada gesto tenga un fruto, que cada esfuerzo obtenga su recompensa. El amor vale por sí mismo, lo mismo que la atención a los hombres, la obstinación en la solidaridad, la esperanza. Dios se da sin reservas.

MAGGIONI-B.Pág. 75


5.- La semilla tiene una fuerza que no depende del sembrador. Una vez sembrada, crece misteriosamente hasta dar fruto, sin que el sembrador intervenga. Este ni siquiera sabe cómo acontece todo el proceso de crecimiento de la semilla. Lo mismo ocurre con el reino de Dios, que nadie puede detener y ha de llegar a su plenitud cuando sea la hora. El crecimiento del reino de Dios es un misterio que sólo Dios conoce, él es el que le da el incremento. No debe confundirse a la Iglesia con el reino de Dios y atribuirle una evolución orgánica siempre ascendente en el mundo: la parábola no dice nada de esto. La Iglesia es solamente el "sacramento del reino", es decir, un signo exterior en el que se esconde y anuncia la realidad de la victoria de Dios y la obediencia de los hombres a Dios, en lo que consiste nuestra salvación y el verdadero reino de Dios. Pero la Iglesia está todavía en camino hacia la plena manifestación y el establecimiento definitivo del reino.

Lo importante en esta segunda parábola es la desproporción entre la pequeñez del principio (grano de mostaza) y la magnitud del final (el arbusto). Así ocurre con el reino de Dios: escondido ahora e insignificante, ha de llegar un día (el "día del Señor"), cuando vuelva con "poder y majestad", en que se manifieste según toda su dimensión.

EUCARISTÍA 1988/29


6.- -"El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra": Esta lectura evangélica está formada por dos parábolas sobre el Reino. En la primera se compara el Reino con lo que sucede en un proceso de siembra. En este proceso se subraya la pasividad del hombre ("la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo") y la productividad de la tierra ("la tierra va produciendo la cosecha ella sola"). Del mismo modo el Reino irrumpe en el mundo de una forma inexorable, como de una semilla nacerán las espigas, y sin que los hombres puedan hacer nada. Ni a favor ni en contra. El Reino crece a pesar del celo, la pereza o la incredulidad de los hombres. Dios es quien tiene en sus manos el futuro del Reino, pero este futuro será en bien del hombre, es él quien recogerá los frutos salvíficos: "Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega".

-"Con un grano de mostaza": La segunda parábola tiene el cuño del estilo narrativo rabínico. El grano de mostaza, imagen de lo que es insignificante, pero que después se hace muy grande. Nos indica el mismo movimiento de crecimiento que la parábola anterior: el Reino está ya presente y va creciendo por sí mismo.

JOAN NASPLEDA - MISA DOMINICAL 1988/13


7.- Texto. Está compuesto de dos parábolas sobre el Reino de Dios y de una nota informativa del autor sobre el hecho general de la enseñanza en parábolas y el de la explicación de las mismas a los discípulos.

La fórmula introductoria "el Reino de Dios se parece a" puede dar pie a malentendidos. El parecido no es con el hombre que siembra o con el grano de mostaza sembrado; sino con la totalidad del proceso reseñado. Ambas parábolas, en efecto, reflejan procesos completos: la siembra termina en siega; el grano de mostaza, en planta frondosa. Con el Reino de Dios sucede lo mismo que con la semilla o con el grano de mostaza: tiene una culminación intrínseca. No habría que hablar de parábolas de crecimiento, sino de parábolas de culminación.

En el contexto de Marcos las parábolas no vienen a dar respuesta a dificultades o fracasos en el trabajo de consolidación del Reino de Dios. Las parábolas están al servicio del "misterio del Reino de Dios" (Mc. 4, 11). Este misterio o secreto escondido es el mismo que existe en la semilla o en el grano de mostaza: parece imposible que de ellos pueda surgir una cosecha, una frondosidad. ¡Y sin embargo surge! Lo mismo sucede con el Reino de Dios: desemboca en cosecha y frondosidad. Todos están llamamos a él. Ya no hay judío y no judío, esclavo y libre, hombre y mujer, rico y pobre. Existen incluso testimonios antiguos que ven en los pájaros un símbolo de los paganos.

Comentario. El particularismo o exclusivismo adopta hoy, indudablemente, formas distintas a las reflejadas en la polémica judío-pagana de tiempos de Jesús. Pero detrás de formas distintas se esconden siempre unos mismos fondos: afán acaparador, espíritu cerrado, orgullo, pobreza de espíritu, corporativismo. Son increíbles, al respecto, la mezquindad y el miedo a desmerecer.

No obstante nuestras proclamas universalistas, no estamos dispuestos a diluirnos unos en otros, a mezclarnos. ¡Nos ha costado tanto trabajo ser lo que somos y conseguir lo que tenemos! La valía es desgraciadamente egoísta y miope.

El universalismo real empieza por los más próximos. Solemos ser muy universalistas con los que están lejos; cuanto más lejos, más universa- listas. El universalismo suele empezar a quebrar con el acortamiento de las distancias.

A.-  BENITO - DABAR 1991/32

 

 

 

 

jueves, 3 de junio de 2021

LECTURAS Y COMENTARIO SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DEL SEÑOR CICLO B – 6 JUNIO 2021

 

ESTE ES MI CUERPO, ESTE ES MI SANGRE

 


 

COMENTARIO

 

El día de Corpus celebramos el misterio de la presencia real de Jesucristo en la eucaristía. Jesús se hace presente en el pan y el vino para hacernos vivir con él y de él. Los primeros cristianos, en vez de pensar como nosotros: “Hay que ir a misa”, decían: “Necesitamos nuestro dominicum”. La Eucaristía o misa será para nosotros el gozo y la fuerza de nuestra vida cuando tengamos este sentimiento de necesidad: “No puedo pasar sin ella”. Es una cuestión de fe despierta hasta su más alto grado. La riqueza de la misa sólo se puede ver en la fe; ir a misa es ante todo sacudir nuestra fe. Hoy medio de la pandemia con alguna nostalgia vemos cuando en medio de pensamientos tan diversos, ponernos otra ropa, llegar a tiempo, encontramos con los demás, tener una función en la celebración, aguardar una buena homilía, sólo hay una cosa esencial: no faltar a nuestra cita con Jesucristo. Esa cita con el invisible depende por entero de nuestra fe, que es la única capaz de  forzar lo invisible. ¿Una cita con Cristo? Al ofrecernos su presencia eucarística, Jesús nos invita a trabajar en el mundo entero.  Nos dice: “Tomen”. Yo le digo: “Si Señor, quiero tomarte, quiero recibirte, a ti”. No vamos hacia otra cosa, vamos hacia ti, te tomamos a ti. Tomar a Jesús es aceptar entrar en  las ideas de Dios en la valentía de aquel que vino a salvar al mundo. ¡Tomen! Es mi cuerpo, es mi vida. Sí, Señor, tomo tu vida para vivir como tú. Sabemos a qué nos compromete esto: vivir como Jesús es escoger amar. Cuando se comprende esto, se ve hasta qué punto es vano amar como Jesús sin la misa. ¡El lo sabía bien!. No somos nosotros los que inventamos la eucaristía, sino  él: “Para poder  vivir como yo, tómenme; soy yo”.

Este domingo tenemos una cita con Jesús, la fiesta del Corpus Christi: celebremos la Eucaristía,  recibámoslo en comunión y llevémoslo en procesión desde nuestro interior con el fin de tributarle a la Eucaristía un culto público y solemne de adoración, amor y gratitud.

Esta fiesta se remonta a finales del siglo XIII en Lieja, Bélgica, por un Movimiento Eucarístico cuyo centro fue la Abadía de Cornillón fundada en 1124 por el Obispo Albero de Lieja y que dio origen a varias costumbres eucarísticas, como por ejemplo la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la fiesta del Corpus Christi. Los cristianos atestiguamos nuestra gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

R,P,  Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTIFONA DE ENTRADA    Sal 80, 17.

EL Señor los Alimento con flor de harina y los sacio con miel silvestre.

 

ORACION COLECTA

Oh, Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú, que vives y reinas con el Padre

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Éxodo 24, 3-8

En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una: «Haremos todo lo que dice el Señor.».

Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos, y vacas como sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre, y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió: «Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos.».

Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo: «Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con ustedes, sobre todos estos mandatos.».

 

SALMO RESPONSORIAL (115)

 

Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

 

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?. Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre. R.

 

Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis cadenas. R.

 

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 9, 11-15

Hermanos: Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su tabernáculo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado.

No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna.

Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo.

Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO                                  Jn 6, 51.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

Aleluya. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo – dice el Señor-; el que coma de  este pan vivirá para siempre. Aleluya.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?».

Él envió a dos discípulos, diciéndoles: «Vayan a la ciudad, encontraran un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo y, en la casa en que entre, díganle al dueño: "El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?".

Les enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparen allí la cena.».

Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomen, esto es mi cuerpo.».

Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron.

Y les dijo: «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.».

Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Hermanos, con profunda gratitud a nuestro Padre Dios por el don inefable de su Hijo que en cada Eucaristía sigue entregando su vida por nosotros, expresemos con confianza nuestras suplicas, diciendo: R. Escucha, Padre, nuestra oración.

 

1.- Por todos los sacerdotes que presiden la celebración eucarística: para que, sintiendo el apoyo de la comunidad, experimenten la alegría de ser entre nosotros imagen viva de Jesús que entrega su vida por amor. Roguemos al Señor. R.

 

2.-  Por todos los que participamos en la Eucaristía, para que en este admirable sacramento recibamos la capacidad de amarnos como Jesús nos ha amado. Roguemos al Señor. R.

 

3.- Por  nuestros gobernantes: para que, sintiéndose responsables del bien común, promuevan la igualdad y el bienestar de todos. Roguemos al Señor. R.

 

4.- Por los niños que hoy reciben por primera vez la comunión eucarística: para que encuentren en la comunidad apoyo, testimonio y estímulo para vivir su fe cristiana con convicción y alegría. Roguemos al Señor. R.

 

5.- Por quienes participamos con frecuencia en el sacramento de la Eucaristía: para que nos preparemos a recibir la comunión dignamente y expresemos en nuestra manera de vivir e amor que recibimos del Señor. Roguemos al Señor. R.

 

6.- Por nuestra comunidad parroquial: para que alimentándonos con el Pan Eucarístico que nos hace un solo Cuerpo en el Señor, evitemos toda división y favorezcamos lo que nos hace más hermanos. Roguemos al Señor. R.

 

Gracias, Padre, por el regalo incomparable de la Eucaristía, en la cual tu Hijo amado se nos da el alimento para hacer de todos un solo Cuerpo. Acoge nuestras suplicas para que podamos testimoniar ante el mundo que somos realmente hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, concede propicio a tu Iglesia los dones de la paz y de la unidad,, místicamente representados en los dones que hemos ofrecido. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNION       Jn 6, 57.

El que come mi carne y beba mi sangre habita en mí y yo en él, dice el Señor.

 

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Concédenos, Señor, saciarnos del gozo eterno de tu divinidad, anticipado en la recepción actúa de tu precioso Cuerpo y Sangre. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 07: 2Co 1, 1-7; Sal 33; Mt 5, 1-12.

Martes 08: 2Co 1, 18-22;  Sal 118;  Mt 5, 13-16.

Miércoles 09: 2Co 3, 4-11; Sal 98; Mt 5, 17-19.

Jueves 10: 2Co 3, 15-4,1.3-6; Sal 84; Mt 5, 20-26.

Viernes  11:  Os 11, 1b.3-4.8c-9; Sal; Is, 12, 2-6; Ef 3, 8-12.14-19; Jn 19, 31-37.

Sábado 12: Is 61, 9-11, Sal: 1S 2, 1. 4-8; Lc 2, 41-51.

Domingo 13: Ez 17, 22-24; Sal 91; 2Co 5, 6-10; Mc 4, 26-34.

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Mc 14, 12-16.22-26

 

1. TIEMPO-GRIEGO - Texto: 

 

Forma parte del relato de la pasión. El autor precisa el tiempo en clave cronológica griega. Para los griegos el día iba de salida de sol a salida de sol. Ello explica que el primer día de los ázimos o pascua a secas y matanza de los corderos puedan tener lugar en la misma fecha. La matanza comenzaba a las 14,30 horas y la pascua a las 18 horas. En cambio, en clave cronológica judía la coincidencia en la misma fecha es imposible, pues las 14,30 horas pertenecían al final de un día y las 18 horas marcaban el comienzo del siguiente.

Lo mismo que los preparativos de la entrada en Jerusalén en Mc. 11, 1-6, los preparativos de la cena reproducen un modelo de actitud soberana, dueña en todo momento de la situación.

Ya en la cena, el autor se centra en dos gestos de Jesús; el pan partido y repartido; el vino repartido. En ambos casos a la notificación del gesto por parte del autor sigue la interpretación del gesto a cargo de Jesús. A la interpretación del gesto de la copa siguen otras palabras de Jesús sobre su destino personal en perspectiva de futuro glorioso. El texto se cierra con una indicación del autor, preparatoria del arresto de Jesús en Mc 14, 32.

-Comentario: 
Un acontecimiento judío es traducido a una clave cronológica no judía. Esto tiene indudablemente un significado. En la intención del autor el acontecimiento que va a referir no es exclusivo de un tiempo, sino que se adentra en todos los tiempos y se repite en todos ellos. Se repite hoy, 2 de junio 1991.

El acontecimiento que hoy se repite tiene que ver con un Jesús que va a morir, más exacto, a quien se va a matar. Pero Marcos nos dice que Jesús es víctima consciente, Jesús sabe lo que le va a suceder y por qué le va a suceder. El acontecimiento se repite en nuestra Eucaristía. A Jesús lo representan el pan y el vino de los que participamos los comensales.

Al comer el pan y beber el vino entramos en comunión con un Jesús que va a la muerte, más exacto, a quien se va a matar.

Al comer el pan y beber el vino sabemos también que entramos en comunión con lo que parece imposible entre nosotros, pero que es absolutamente real en Dios. Entre nosotros utopía se ha convertido en sinónimo de imposible. ¡Pero en Dios la utopía es la realidad! Si la expresión "en Dios" te parece difícil, cámbiala por esta otra que conoces más: gracias a Dios. Con todo, y de momento, a lo mejor debemos salir para el monte de los olivos.

ALBERTO BENITO
DABAR 1991, 30


 

2. CENA-ULTIMA.

Según el entender de Marcos, la última cena de Jesús fue una cena de Pascua. Y como la cena de pascua sólo se podía tomar en la ciudad santa, era necesario que todos los peregrinos se procurasen un espacio (una sala), en el que se consumiese el cordero sacrificado en el templo; consumición que regularmente debía ser hecha por una comunidad de al menos diez participantes.

Para que tales comunidades fueran posibles, los habitantes de Jerusalén debían poner a disposición gratuitamente los salones de sus casas y ofrecerlos. Sabemos por muchos testimonios que los habitantes de Jerusalén hacían esto gustosamente para con los peregrinos. Así, pues, se explica que los dos discípulos enviados por delante pudieran preparar la cena como se indica.

En la cena, primeramente, todo discurre con normalidad, como era costumbre. Jesús, como presidente ("padre de la familia o de la casa"), pronuncia la bendición sobre el pan, a lo que los discípulos tuvieron que contestar "¡amén!", como signo de que tal bendición también se hacía en su nombre. Después, Jesús parte el pan y acontece lo sorprendente. Mientras que lo normal, tanto en una cena de pascua como en otra, era que el "padre de la casa" no dijera nada al entregar el pan bendecido y partido, Jesús dice: "Tomad, esto es mi cuerpo". Y como los discípulos ya sabían, por su Biblia, que, hablando del "cuerpo", uno se refería al hombre entero, comprendieron perfectamente que Jesús, su Señor, se les quería entregar en ese pan. Después de esta sorpresa, la cena volvió a tomar su curso normal.

Jesús también sabía, por la Sagrada Escritura, que los hombres podemos cargar representativamente con las calamidades que amenazan a los demás y así defenderlos. Y como esto era lo importante para él, ya que, "a pesar de que mi pueblo rechace de momento la oferta del Reino de Dios, no tendrá por qué acabar mal: el presente y el futuro de ese reino dependen ahora de mí absolutamente", es entonces cuando sorprende por segunda vez a sus discípulos y les invita (cf. 1 Cor 11, 25) a beber todos juntos de su cáliz.

EUCARISTÍA 1988, 27


 

3. Los preparativos de la Cena de Pascua (vs. 12-16). Propiamente hablando, Pascua y Ácimos eran fiestas contiguas pero diferentes. Los Ácimos comenzaban finalizado el día de pascua y duraban siete días. Sin embargo, el sentir popular, tal como lo conocemos por Flavio Josefo, unificaba ambas fiestas. Es este sentir popular el que recoge Marcos en el v. 12. A partir de aquí el relato tiene una estructura igual a la de los preparativos para la entrada en Jerusalén (cfr. Mc 11, 1-4). Con clarividencia sobrehumana Jesús prevé el curso de las situaciones. Estas acontecen tal y como él las ha dispuesto. En los preparativos para la entrada en Jerusalén Jesús era el Señor, en los preparativos de la Pascua es el Maestro. El Maestro dispone su espacio de enseñanza, su sala, su escuela. Es probablemente el homenaje literario de Marcos escritor a Jesús, el gran desconocido. Es probablemente la protesta de Marcos escritor por la injusta crueldad de los hechos. Preciosa página, henchida de ternura y amor, cuando la incomprensión y la cerrazón parecen ser más bien los dueños de los acontecimientos. El maestro es Jesús.

La Cena (vs. 22-26). El Maestro basa su enseñanza en el pan partido en trozos y el vino bebido a sorbos. Esto es mi cuerpo. Esto es mi sangre. Así es mi cuerpo. Así es mi sangre. Cuerpo y sangre como expresión de la totalidad de la persona según la antropología bíblica. El cuerpo es la dimensión empírica de la persona; sangre es su dimensión espiritual. Un pan partido en trozos, un vino dividido en sorbos: esto es el cuerpo del Maestro, esto es su sangre. Esto es su persona, rota y ensangrentada. El Maestro ve, describe su inminente y cruel fin.

Pero este fin no es un final. La historia sigue, su historia personal sigue. El Maestro ve y describe el triunfo del Reino de Dios. Allí estará él, brindando con vino nuevo. La Cena, pues, se abre a la esperanza, a la vida, a la apoteosis. Por eso, a la salida de la Cena el autor le da rasgos de salida triunfal.

ALBERTO BENITO
DABAR 1985, 31


 

4. El texto evangélico nos presenta el relato de la última cena de Jesús omitiendo los versículos referentes a la traición de Judas (vv 17-21). Esta cena inaugura el relato de la pasión en los cuatro evangelistas. La víspera de su martirio, Jesús se prepara a interpretar el sentido de su muerte ante sus discípulos.

Toda su vida entregada a la voluntad del Padre en el anuncio del Reino desemboca en el rechazo de los hombres. Jesús asume este rechazo, incluso a costa de su propia vida, por fidelidad a su donación a la voluntad del Padre. El recuerdo del Éxodo, la muerte del cordero inmolado, el simbolismo del vino-sangre... y del pan partido... son los elementos de la cena pascual que sirven a Jesús para presentar el sentido salvífico de su muerte.

"Esto es mi cuerpo... esta es mi sangre... de la alianza". Jesús se mueve en un clima estrechamente sacrificial. En los antiguos sacrificios la víctima era el vínculo de unión entre los hombres y la divinidad. Con la entrega sacrificial de su propia vida, Cristo quiere ser el instrumento de unidad entre Dios y los suyos. La mención de la sangre "de la alianza" une este texto a la primera lectura de hoy (Ex 24,8).

"Derramada por todos". Del mismo modo que en los sacrificios era derramada la sangre sobre el altar, así Cristo derrama la suya en su muerte martirial. La sangre de los sacrificios tenía carácter expiatorio: cubre los pecados y reconcilia al oferente con Dios. La muerte de cristo lo introduce en la plena comunión con Dios que es la vida del Resucitado, por eso no le afecta tan sólo a él, sino que repercute en "todos", es decir, en la humanidad entera.

" ... beberé el vino nuevo en el Reino de Dios". La era mesiánica se compara con frecuencia con un banquete (cf. Is 25,6; 65,13; Mt 8,11; 22.1-14; Lc 14,16-24; Ap 19,9). Jesús volverá a beber el vino de la bendición en la Pascua eterna que celebrará en el Reino de su Padre con todos los redimidos.

Las lecturas de hoy centran la festividad en el tema de la sangre derramada, como expresión de la entrega generosa y voluntaria de la vida de Cristo, lo cual inaugura una nueva "alianza" o estilo de relación del hombre con Dios: la de la disponibilidad total a su voluntad.

JORDI LATORRE
MISA DOMINICAL 2000, 8, 38


5. ACI DIGITAL 2003

14. Comer la Pascua, es decir, el cordero pascual prescrito por la Ley. (Ex. 12, 3 ss.). Jesús, que no había venido a derogarla (Mat. 5, 17), no ve inconveniente en observarla, como lo hizo con la circuncisión (cf. Rom. 15, 8), aunque El había de ser, por su Pasión y Muerte en la Cruz, la suma Realidad en quien se cumplirían aquellas figuras; el Cordero divino que se entregó "en manos de los hombres" (9, 31) sin abrir su boca (Is. 53, 7); el que San Juan nos presenta como inmolado junto al trono de Dios (Apoc. 5, 6), y que S. Pablo nos muestra como eterno Sacerdote y eterna Víctima. Cf. Hebr. caps. 5 - 10; S. 109, 4. 


24. Véase Mat. 20, 28 y nota. No significa aquí: derramada "por obra de" muchos (aunque esto también sea verdad en el sentido de que todos somos pecadores), sino que se derrama como un bautismo de redención sobre todos los que lo aprovechen, según la palabra del Apocalipsis 22, 14 (Vulgata) coincidente con Ef. 1, 7; Col. 1, 14 y 20; Hebr. 9, 12 ss.; 13, 12; I Pedro 1, 19; I Juan 5, 6; Apoc. 12, 11.