“DIOS HARÁ JUSTICIA A LOS QUE LE INVOCAN”
COMENTARIO
La parábola encaja muy bien en la situación
de aquellos tiempos en los que la viuda realmente era el prototipo de una
existencia en soledad y desamparo, y en los que abundaba la siniestra figura
del juez venal. En Ex 22, 22-24 se dice que Dios escucha el clamor de las
viudas y sale en su defensa contra los que abusan de ellas; los profetas
denunciaron frecuentemente la corrupción de la justicia (Am 5,7.10-12). La
viuda de esta parábola no tiene en principio posibilidad alguna de ser
escuchada por el juez injusto, pero insiste hasta que el juez cede, aunque no
sea más que para desembarazarse de ella. Es importante hacer notar que lo que
pide esta viuda es justicia. También la oración de los elegidos de Dios es una
oración para pedir a gritos, día y noche, justicia.
Si un juez inicuo no puede resistir la
demanda insistente de una viuda desamparada, con mayor razón Dios, que es
bueno, escuchará a los elegidos que le piden justicia. Ahora bien, no se puede
pedir insistentemente justicia a Dios si no se lucha igualmente con insistencia
para establecer entre los hombres la justicia.
Una vida de oración sólo es posible cuando
hay fe. Con su pregunta abierta, Jesús nos amonesta para que mantengamos la fe
hasta el último día. Entonces, en el día del Señor, comprenderemos que Dios no
es un sordomudo ante los gritos de los justos que le piden justicia,
comprenderemos que si ahora calla es tan sólo porque nos escucha y espera
darnos al fin la respuesta definitiva. Discutir sobre nuestras oraciones no
escuchadas es por otra parte tan inútil como quedarse en teorías, pues se trata
de algo vivido. Se puede y se debe discutir, pero sobre experiencias de
oración.
Mientras tanto, la lucha que los hombres
fieles mantienen sin descanso por una mayor justicia en el mundo es en cierto
sentido una respuesta de Dios.
R.P. Roland Vicente Castro
Juárez
ANTIFONA DE ENTRADA Sol 16, 6.8
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
indina el oído y escucha mis palabras. Guárdame como a las niñas de tus ojos, a
la sombra de tus alas escóndeme.
ORACION COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, haz que te presentemos una voluntad
solícita y estable, y sirvamos a tu grandeza con sincero corazón. Por nuestro
Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Éxodo 17,8-13
En aquellos días, Amalec vino y atacó a
Israel en Refidín. Moisés dijo a Josué: «Escoge unos cuantos hombres, haz una
salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte, con el
bastón de Dios en la mano». Hizo Josué lo que le decía Moisés, y atacó a
Amalec; entretanto, Moisés, Aarón y Jur subían a la cima del monte. Mientras
Moisés tenía en alto las manos, le pesaban los brazos, sus compañeros tomaron
una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentase; mientras, Aarón y Jur
le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así resistieron en alto sus brazos
hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su pueblo, a filo de
espada.
SALMO
RESPONSORIAL (Sal 120)
Nuestro auxilio es
el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Levanto mis ojos a los
montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo
el cielo y la tierra. R.
No permitirá que resbale
tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. R.
El Señor te guarda a su
sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. R.
El Señor te guarda de todo
mal, Él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por
siempre. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la segunda
carta del apóstol san Pablo a Timoteo 3, 14-4, 2
Querido
hermano: Permanece en lo que aprendiste y creíste, consciente de quiénes lo
aprendiste, y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden
darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo
Jesús. Toda Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar, para
argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de
Dios sea perfecto y esté preparado para toda obra buena. Te conjuro delante de
Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y a muertos, por su
manifestación y por su Reino: proclama la Palabra, insiste a tiempo y a
destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina.
ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Hb 4, 12ad
Aleluya. La Palabra de Dios es
viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo
Evangelio según san Lucas 18, 1-8
En aquel tiempo, Jesús decía a sus para
enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer. discípulos una
parábola Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los
hombres. En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme
justicia frente a mi adversario". Por algún tiempo se estuvo negando, pero
después se dijo a sí mismo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los
hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea
que siga viniendo a cada momento a importunarme"». Y el Señor añadió:
«Fíjense en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus
elegidos que claman ante Él día y noche?; ¿o les dará largas? Les digo que les
hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del Hombre, encontrará
esta fe en la tierra?».
PLEGARIA
UNIVERSAL
Pidamos confiados
en la intercesión de Jesucristo, el rostro Misericordioso del Padre.
1.- Por la santa Iglesia;
para que anuncie sin cesar que el amor es más fuerte que el odio y testimonie
la misericordia que Dios nos da. Roguemos al Señor.
2.- Por todas las
naciones; para que se afiancen sentimientos de mutuo acercamiento, aceptación y
sincera colaboración. Roguemos al Señor.
3.- Por los que sufren;
los perseguidos, los enfermos, los que no tienen trabajo, los olvidados, para
que encuentren consuelo y fortaleza en Dios. Roguemos al Señor.
4.- Por nuestros hermanos
difuntos, para que encuentren el perdón de sus pecados y alcancen la gloria de
la bienaventuranza. Roguemos al Señor.
Padre, que nos
perdonas sin cesar, concédenos crecer en el amor para poder ser en verdad hijos
tuyos. Por Jesucristo nuestro Señor.
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Concédenos, Señor,
estar al servicio de tus dones con un corazón libre, para que, con la
purificación de tu gracia, nos sintamos limpios por los mismos misterios que
celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTIFONA DE COMUNION Mc
10, 45
El
Hijo del Hombre ha venido para dar su vida en rescate por muchos.
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Señor, haz que nos sea provechosa la celebración
de las realidades del cielo, para que nos auxilien los bienes temporales y
seamos instruidos por los eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PALABRA DE DIOS
Y SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes 20: Rm 4, 20-25; Sal:
Lc 1, 69-70.71-72. 73-75; Lc 12, 13-21
Martes 21: Rm 5, 12.
15b.17-129.20b-21; Sal 39, 7-8ª.8b-9.19.17; Lc 12, 35-38
Miércoles 22: Rm 6, 12-18; Sal
123, 1-3. 4-6. 7-8; Lc 12, 39-48
Jueves 23: Rm 6, 19-23, Sal
1, 1-2. 3.4 y 6; Lc 12, 49-53
Viernes 24: Rm 7, 18-25ª;
Sal 118, 66.68.76.77.93.94; Lc 12, 54-59
Sábado 25: Rm 8, 1-11; Sal
23, 1-2. 3-4ab. 5-6; Lc 13, 1-9
Domingo 26: Eclo 35, 12-14.
16-18; Sal 33; 2Tm 4, 6-8.16-18; Lc 18, 9-14
COMENTARIOS AL
EVANGELIO
Lc 18, 01-08
1.-Continúa dentro de la óptica del camino.
Fiel a su técnica narrativa, Lucas omite todo dato sobre la ocasión y las
circunstancias. Desde el primer momento, en cambio, señala el centro de interés
del texto: necesidad de orar. En esta ocasión es, pues, el propio Lucas quien
marca la línea interpretativa de la parábola propuesta a continuación por
Jesús, cerrando así cualquier otra posibilidad de interpretación.
La machacona insistencia de una viuda
consigue que le haga justicia un juez poco dispuesto a hacerla. El comentario
siguiente de Jesús se basa en el procedimiento "a fortiori".
La insistencia en pedir justicia es el dato
central, tanto de la parábola como del comentario. Esa insistencia coincide con
y explica la necesidad de orar siempre, señalada de entrada.
"Hacer justicia" se repite en
cuatro ocasiones. La expresión presupone dos personas enfrentadas. Hazme
justicia frente a mi adversario, dice la viuda. La atención a este
enfrentamiento es importante para precisar el contenido de la oración, de cuya
necesidad se trata.
En la concepción judía de entonces los
enfrentamientos y las dificultades estaban estrechamente relacionadas con la
implantación del Reino de Dios. Por el contexto inmediato sabemos que para
Lucas el Reino de Dios es ya una realidad con la presencia de Jesús (cf. 17.
21). Es por eso que Lucas traslada al presente los enfrentamientos que la
concepción judía preveía para el futuro. La misma terminología, "los
elegidos", denota la impronta judía relativa a los últimos tiempos. Para
nuestra mentalidad, sin embargo, esta expresión puede resultar chocante y
peligrosa, por cuanto fácilmente la entendemos en el sentido de predestinación
o de acción gratuita de Dios. Evitaremos toda confusión si, en vez de elegidos,
hablamos de discípulos o de cristianos. Todos ellos son, efectivamente,
términos intercambiables.
El texto invita a los seguidores de Jesús a
tener plena y total confianza en Dios. El seguidor de Jesús debe saber y sentir
que Dios toma partido por él en cuanto oprimido y perseguido por causa del
Reino.
El texto, sin embargo, termina con una
pregunta realista y preocupada: Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará
esta fe en la tierra?
Comentario. - La oración de cuya necesidad
trata el texto es la plegaria, el grito, la súplica del perseguido por causa
del Reino de Dios.
D/NEUTRAL
Resuena aquí la vieja situación de /Ex/03/07-08:
He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los
opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Y he bajado a liberarlos.
El texto de Éxodo y el de Lucas son
perfectamente intercambiables. A través de ellos emerge un Dios diferente del
que a veces imaginamos. El Dios de la Biblia no es un dios ocioso o
desinteresado por el hombre; es un Dios asociado con la tarea creativa y
renovadora del hombre. Y como esta tarea tiene mucho de crudo y de difícil, el
Dios de la Biblia es el que toma partido por el que la lleva adelante.
En Lucas ser seguidor de Jesús significa
acción, marcha hacia adelante. Por eso el Dios que el texto de hoy transmite es
un Dios de la acción, del camino, de la lucha; un Dios cercano y entrañable
para el que vive en esas condiciones; un Dios que jamás defrauda al que está en
la brecha. Ser seguidor de Jesús significa, entre otras cosas, vivir desde la
experiencia de un Dios así.
ALBERTO BENITO - DABAR 1989/51
2.- La parábola del juez inicuo y de la viuda
obstinada recuerda la necesidad de orar sin desaliento aun cuando el Señor
tarde y parezca sordo a todas las llamadas. Los dos personajes de la parábola
son, de una parte, un juez sin fe ni ley (v. 2), poco preocupado por hacer
justicia, sobre todo cuando se trata de un ser tan débil como una viuda; en una
palabra: un individuo bastante ancho de manga que termina por hacer justicia a
la viuda para quedarse tranquilo y evitarse posibles consecuencias
desagradables (v. 5). Tenemos, por otra parte, a una viuda débil, pero segura
de su derecho, por el que lucha encarnizadamente.
El argumento de Jesús es muy simple (vv.
6-8): si un juez inicuo termina por hacer justicia a una viuda, cuánto más Dios
hará justicia a sus elegidos, actualmente a merced de sus enemigos.
La parábola da también a entender que Dios
hará justicia urgentemente (v. 8a), pero sólo después de haber estado mucho
tiempo contemporizando (v. 7). Por consiguiente, el cristiano debe incluir en
su oración la aceptación del plazo que Dios tenga determinado; orará "sin
descanso".
La oración cristiana no es ya un llamamiento
a la intervención inmediata y a la venganza (como sucede aún en Ap 6, 10).
Coincide con la paciencia de Dios con el fin de que los pecadores tengan tiempo
de convertirse (2 Pe 3, 9-15).
* * *
ORA/PETICION: La oración de petición no consiste en
esperar de Dios que haga por sí mismo lo que nosotros no somos capaces de
realizar: danos el pan, danos la paz, danos la curación. Dios no es un buzón.
En realidad, esta oración es, en primer lugar, una protesta: no se puede
tolerar que la guerra se imponga constante a la paz, que la riqueza de unos
cuantos aplaste a la masa de los pobres... En segundo lugar, hace comulgar con
el Dios de la paciencia, y una vez ya en comunión con Dios, los gritos de
protesta van dando paso progresivamente a los actos.
MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA
CRISTIANA VII - MAROVA MADRID 1969.Pág. 190
3.- D/PACIENCIA.
Al juez impío, que actúa sólo por comodidad,
por quitarse de encima a la viuda molesta, se contrapone la actitud de Dios que
ama a los hombres, que escuchará sus súplicas con prontitud. Dios les hará
justicia. Cuando menos piensen. A su estilo. Por sus caminos, que pueden no
coincidir con los cálculos de los hombres, ni aun de los creyentes. Mientras la
justicia se hace, el creyente debe mantenerse firme en la fe, sin desfallecer.
COMENTARIOS BIBLICOS V/Pág. 564
4.- D/VENGANZA.
El relato nos sitúa en un contexto que
podemos llamar de "situación apocalíptica". El mundo se encuentra
dividido; dominan los opresores y mientras tanto, los pobres perseguidos no
tienen más salida que clamar ante su Dios a grandes gritos. La situación es
típica a lo largo de la historia de los hombres.
Quizá en principio refleja el estado de los
judíos oprimidos del tiempo de Jesús (los fieles de Qumran, los miembros de las
sectas apocalípticas): durante siglos han estado sometidos al poder de pueblos
extranjeros, han padecido la injusticia de la guerra y la pobreza y han llegado
a suponer que no es posible resolver la angustia de los hombres sobre el mundo;
por eso ruegan a Dios y piden que llegue el gran libertador, el juez y
salvador, sobre la historia.
De manera más cercana, el contexto refleja la
actitud y situación de los cristianos de la iglesia antigua. Sabemos que
existía entre ellos la confianza en una próxima venida salvadora de Jesús. De
tal manera habían descubierto la maldad del mundo, de tal forma sentían muy
cercana la mano protectora de Dios que cada día elevaban su plegaria de llamada
y de esperanza: "Maranatha" (¡Ven, Señor!). También entonces se
pensaba que el mundo era incapaz de ser cambiado; la solución consiste en que
se muestre Jesús como la fuerza salvadora de la historia.
Una actitud semejante sigue extendida todavía
entre los hombres. El pecado social es hoy día más fuerte que nunca. Son miles
y miles las voces que piden justicia. Muchos piensan que el camino que lleva a
conseguirla pasa a través de una revolución interhumana (marxistas); otros
suponen que este mundo ya no tiene solución y elevan la plegaria hacia la
altura, suplicando la respuesta de Dios o del destino.
Pues bien, en este contexto ha situado Lucas
la parábola de la viuda. Evidentemente esta viuda no tiene la posibilidad de
tomarse la justicia por su mano; como mujer y como oprimida es incapaz de
ajustar las cuentas con su adversario. Por eso no le queda más remedio que
importunar al juez día tras día, hasta que logra cansarle, recibiendo su justicia.
La parábola no es del todo lógica. El juez
podría haber tenido una reacción distinta: castigar a la mujer por su
importunidad o prohibirle volver al tribunal. De todos modos, la imagen de este
juez que hace justicia simplemente por cansancio nos ayuda a comprender la
situación de Dios, que día a día escucha los gemidos de los justos que
suplican. El evangelio tiene la certeza de que Dios hará justicia sobre toda la
historia de los hombres. Tomada en sí misma, la palabra que el texto castellano
traduce por justicia es más hiriente y significa "venganza". ¡Dios se
vengará de aquéllos que oprimen a los elegidos! Esta palabra y esta actitud
pudieran traducir un peligro de resentimiento. Sin embargo, situada en el
conjunto del evangelio, lo que podemos llamar "venganza de Dios" no
es otra cosa que su amor salvador reflejado en la cruz de J.C. Dios se venga de
todas las divisiones e injusticias de la historia, situando en el centro de la
tierra un principio de salvación universal, la cruz de J.C.
Desde entonces, el poder de los injustos que
oprimen a los pequeños de la tierra está montado en el vacío; es un poder de
condena que acaba con la muerte. Por el contrario, el sufrimiento de los
pequeños que claman a su Dios se ha unido al propio sufrimiento de Jesús y se
revela como fuerza transformante de la tierra.
Desde aquí se puede valorar el sentido de
aquella expresión enigmática que afirma: "Cuando venga el Hijo del Hombre,
¿encontrará esta fe en la tierra?" (19.8). El problema fundamental no
reside en la división social de los hombres. El problema es la fe, la fe en
Jesús, que sabe asumir el sufrimiento y transformar la historia desde el mismo
centro. Por eso, la gran pregunta es saber si habrá fe sobre la tierra: fe para
que los hombres sigan el camino de Jesús, fe para que superen la división como
antagonismo de clases sociales, fe para que el sufrimiento se convierta en
transformante y el poder de los grandes venga a ser servicio en favor de los
pequeños, fe para mostrarse abiertos sin cesar ante la voz de amor del Padre. A
través de la fe, la historia entera se puede convertir, con Jesús, en llamada
que invoca la justicia salvadora de Dios y la va haciendo presente desde ahora
entre nosotros.
COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT - EDIC
MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1382
A la relación del hombre con Dios se le llama
oración. Pero en esta relación una de las partes no es automáticamente evidente
para la otra. Dios no es evidente para el hombre. Por eso el hombre, cada uno
de nosotros, puede cansarse de una relación así y terminar por renunciar a
ella. Con la parábola, Jesús invita al hombre, a cada uno de nosotros, a no
dejarse dominar por la fatiga de una relación no evidente. Trata de inculcarnos
una certeza: la certeza de que Dios nos escucha.
Pero aún nos dice más la parábola y la
lección que Jesús saca. Nos introducen en el contenido de la oración:
"¡Hazme justicia!". El cristiano comprometido en la construcción del
Reino se siente a menudo desalentado y cansado. "Hazme justicia" es
un grito hecho oración. Es decir, "intervén en favor mío; dime que no soy
yo quien anda descaminado en la construcción de una tierra mejor".
El texto termina con una de las frases más
tristes y pesimistas pronunciadas por Jesús. ¿Habrá alguien que se crea de
verdad esto de la certeza de que Dios escucha? Se trata de creerlo de verdad.
DABAR 1980/53
6.- El texto de hoy no es continuación del
texto del domingo anterior. Entre ambos el autor ha introducido un tema que
entonces preocupaba mucho: la venida del reinado de Dios y la consiguiente
implantación de un maravilloso mundo nuevo. Pues bien, el evangelio de hoy
entronca con esta problemática, pero desde una óptica distinta de la habitual.
Sin renunciar a la utopía final, Jesús puso freno a todas las especulaciones
sobre el fin del mundo. En lugar de éstas, Jesús insistió en tomar más en serio
el mundo que tenemos, haciendo que en él sea realidad el reinado de Dios. El
tercer evangelista es especialmente sensible a este planteamiento. De ahí su
insistencia en el camino. Camino hacia una meta, por supuesto; pero camino.
Camino nuevo, diferente. Llevamos ya muchos domingos abriendo este camino. Pero
también camino arriesgado y lleno de peligros para la vida del que lo hace. De
ahí que surjan unas necesidades imperiosas. El texto de hoy sale al paso de una
de ellas: la necesidad de justicia. El caminante (=el discípulo) se siente a
veces perplejo y hundido, y se pregunta si no serán los demás quienes tengan
razón. Necesita, pues, saber quién tiene razón, si los demás o él. Este es el
concepto de justicia que el texto maneja. Quien tiene que resolver la cuestión
es Dios, pues trabaja para Él.
Jesús invita al caminante de la utopía a que
pida a Dios, sin desfallecer, la solución de esta cuestión. No se trata, pues,
de la oración en general sino de una oración muy concreta. La historieta del
juez y la viuda quiere ser una ejemplificación de lo que puede conseguir una
petición insistente, cansada habría que decir. Jesús insta al caminante a este
tipo de petición ofreciéndole la seguridad de que Dios le va a escuchar y le va
a dar la razón a él. Sin embargo, el texto termina con un interrogante
escéptico: ¿Se dará por mucho tiempo una actitud de fe así? A mí,
personalmente, ésta me parece la frase evangélica de más honda tristeza y
pesimismo.
DABAR 1983/52
7.- D/JUEZ
El texto de hoy es muy sugerente y puede
ayudarnos a cambiar hábitos de pensar que arrastramos desde muy antiguo. Me
refiero en concreto al concepto de oración y al concepto de Dios como juez. Una
fórmula clásica define la oración como levantar el corazón a Dios y pedirle
mercedes. Lo problemático de esta definición es su segunda parte. Cuando Lc, el
evangelista de la oración, quiere hablarnos de ésta, lo hace de la siguiente
manera: Padre, santificado sea tu nombre... (Lc 11. 2-4). A todo este conjunto
de peticiones y a la actitud que la sustenta le da el nombre de "espíritu
santo" que el Padre dará a quienes acudan a Él (véase Lc 11. 13). El texto
de hoy no desentraña contenidos de oración. Únicamente habla de que Dios hará
justicia a sus elegidos que le gritan sin desmayo.
Hacer justicia presupone una situación de
acoso, de acusación, de persecución. ¿De dónde proviene esta situación? De una
actuación, de un compromiso en favor de los valores del Reino de los que hemos
oído hablar a lo largo de las lecturas del verano pasado. Esta actuación y este
compromiso suscitarán recelos, desencadenarán agresividades. Es el momento del
grito, de la llamada al Padre: ¡Hazme justicia! ¿Tiene algo que ver esta
concepción de la oración con la que subyace en la petición de mercedes de que
habla la definición que aprendimos en el catecismo? El texto es también
sugerente en lo que respecta a Dios como juez. Ojo que escudriña todo y cada
uno de nuestros movimientos para recordárnoslos al pasar la aduana de la
muerte. Es el concepto habitual.
Sin embargo, en el texto de hoy vemos que
Dios es juez en cuanto que toma partido por el que sufre el acoso y la
agresión. Dios no es juez por analizar y dictar sentencia, después de oír a las
dos partes, desde la asepsia de la imparcialidad (esquema tripartito, propio
del derecho romano).
Dios es juez por ser parte interesada en los
valores del Reino y porque toma partido con el que trabaja esos valores, que es
el acosado y agredido (esquema bipartito bíblico). "Pero, cuando venga el
Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?" Estas palabras van
dirigidas a los discípulos.
¿Encontrará el Hijo del Hombre esta fe entre
sus discípulos? El problema es doméstico, interno, a nivel de creyentes, de
Iglesia.
No vale, pues, escudarse tras la constatación
genérica de la falta de fe en el mundo. Preguntémonos más bien: ¿Tenemos
nosotros esta fe? Nosotros, los que estamos aquí reunidos. A la luz del texto
de hoy sabemos que fe quiere decir compromiso con la escala de valores del
Reino y absoluta certeza de que Dios atiende y defiende a quien vive esos
valores. Eso del silencio de Dios, ¿no será un expediente que sólo existe en la
ascética y en la metafísica, pero no en la mística?
A. BENITO - DABAR 1986/52
8.- Los evangelios de hoy y del próximo
domingo nos presentan cada uno una parábola relacionada con la plegaria: hoy la
del juez inicuo y la viuda y el próximo domingo la del fariseo y el publicano.
La finalidad principal de la parábola que hoy leemos es la enseñanza sobre cómo
debe ser la verdadera oración: perseverante y humilde; la misma introducción a
la parábola nos da ya esta orientación: "para explicar a los discípulos
cómo tenían que orar siempre sin desanimarse".
El protagonista de la parábola es una viuda
que acude a un juez para que le haga justicia, seguramente, en cuestiones
monetarias o de herencia, contra un adversario mucho más rico, poderoso e
influyente que ella, ante el cual no tiene otra arma más que su constancia y
tesonería. En el mundo bíblico la viuda equivale a la mujer casada que perdió
no sólo al esposo sino también y especialmente el soporte financiero de algún
miembro masculino de su familia y necesita, por tanto, protección legal. El
acento recae, por tanto, en lo que nosotros llamaríamos secuelas de la viudez.
Su condición era considerada incluso como un oprobio. La viuda era la imagen
más viva del dolor y de las lágrimas. El juez, finalmente, cede. Lo hace a
causa de las molestias que le provocan las continuas quejas de la mujer. Quiere
que le deje en paz de una vez.
Si la parábola está centrada sobre todo en la
actitud de la viuda, la aplicación que Jesús hace de ella se fija en el juez
("Fijaos en lo que dice el juez injusto"). Los oyentes de Jesús deben
dar un salto y trasladar la conclusión del juez a Dios: si este juez injusto,
movido puramente por un motivo egoísta, es capaz de escuchar, ¿habrá alguien
capaz de imaginar que Dios no escucha siempre a todos y especialmente a sus
elegidos, a los pobres y necesitados? De este modo pasamos de las cualidades
que debe tener la oración, tema de la parábola en sí misma, a la seguridad y
confianza de que esta oración siempre será escuchada, tema principal de la
aplicación puesta en labios de Jesús, en la que el juez es presentado como
figura contrastante con el modo de actuar de Dios.
El versículo 8b ("Pero cuando venga el
Hijo del Hombre...") parece que originariamente no pertenecía a la
parábola, sino que enlaza mucho mejor con las palabras de Jesús sobre la
segunda venida del Hijo del Hombre en 17, 20-37. Los discípulos de Jesús,
¿serán capaces de mantener la fidelidad a su Señor durante todo este tiempo en
que esperan su retorno, tiempo a veces de dudas y oscuridades? Esto debe
preocuparles mucho más que el querer saber si su oración es escuchada por Dios,
sobre lo cual no deben tener ninguna duda.
J. ROCA - MISA DOMINICAL 1983/19
9.- Orar sin
desanimarse
Orar sin desanimarse
Lucas es también el evangelista de la
oración. Es el que más veces nos presenta a Jesús orando y enseñando cómo
debemos orar. El domingo pasado nos invitaba a dar gracias. Hoy nos propone la
parábola de la viuda insistente, para enseñarnos la perseverancia en la
oración.
Para ambientarnos, sería bueno leer algunos
números del Catecismo de la Iglesia sobre la oración, sobre todo CCE 2734-2745.
Éxodo 17, 8-13. Mientras Moisés tenía en
alto la mano, vencía Israel
Para disponer nuestros ánimos a la lección
que Jesús nos dará sobre la oración, escuchamos ante todo un pasaje del libro
del Éxodo sobre la eficacia de la oración de Moisés por su pueblo.
En una de las muchas batallas o escaramuzas
que libraron contra los pueblos vecinos, en su larga marcha por el desierto,
esta vez contra los amalecitas, mientras Josué dirigía el ejército, Moisés se
puso en lo alto de una colina a rezar a Dios, y "mientras Moisés tenía en
alto la mano, vencía Israel".
Refleja muy bien esta situación el salmo
responsorial: "levanto mis ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el
auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. El Señor
te guarda de todo mal, él guarda tu alma".
2 Timoteo 3,14 - 4,2. El hombre de Dios
estará perfectamente equipado para toda obra buena
Pablo escribe a su discípulo Timoteo y le
recomienda encarecidamente que profundice en la Escritura y se mantenga fiel a
ella, porque en ella está la verdadera sabiduría: "ella puede darte la
sabiduría que conduce a la salvación". La Palabra de Dios que escuchamos
es útil para todo: con ella "el hombre de Dios estará perfectamente equipado
para toda obra buena".
Sólo así, profundizando en la Palabra,
puede luego el pastor dedicarse a exhortar a los demás "con toda
comprensión y pedagogía".
Lucas 18,1-8. Dios hará justicia a sus
elegidos que le gritan
La finalidad de la parábola de la viuda
insistente la expresa Lucas así: "para explicar a los discípulos cómo
tenían que orar siempre sin desanimarse".
A la pobre viuda le habían hecho una
injusticia. El juez al que ella iba a quejarse y pedir justicia no le hacía
mucho caso, pero al fin, decidió tomar en serio su demanda, por su insistencia,
"le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara".
La conclusión que Jesús saca de esta
pequeña parábola es: "pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le
gritan día y noche?".
La Palabra de Dios, escuela de sabiduría
A Timoteo, que había sido su compañero en
varios viajes, le recuerda Pablo en su carta las penalidades que ambos han
pasado. Le recuerda sobre todo cómo Timoteo conoce la Sagrada Escritura desde
joven, para urgirle a que, basado en ese conocimiento, ejerza mejor su
ministerio al frente de la comunidad de Efeso.
Es la Palabra de Dios la que nos ilumina y
nos da fuerzas, tanto para enseñar como para corregir y educar. La Palabra de
Dios hace que "el hombre de Dios esté perfectamente equipado para toda
obra buena". Jesús dijo que el que construye sobre la Palabra de Dios es
el que construye sobre roca firme, con garantías de estabilidad del edificio.
La Palabra de Dios nos da la verdadera
sabiduría. Seamos pastores o simples fieles, todos hemos experimentado alguna
vez las dificultades de la vida para vivir como cristianos en medio de este
mundo. Para no perder los ánimos y ser perseverantes en nuestro camino, Pablo
nos recomienda que nos aferremos a esa Palabra de Dios.
La escuchamos cada vez que celebramos la
Eucaristía, además de la lectura que podamos hacer por nuestra cuenta o en
grupos de oración o de "lectio divina". Es esa Palabra la que nos va
señalando el camino y la que nos da fuerzas para seguirlo.
Pero la Palabra, además de asimilarla nosotros,
debemos también transmitirla a los demás. Los sacerdotes, los educadores, los
padres cristianos, los catequistas, los misioneros, todos somos llamados a
evangelizar, a difundir esa Palabra. Pablo dice a Timoteo y a todos nosotros:
"proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha,
exhorta con toda comprensión y pedagogía".
Pero sólo el que está lleno de la Palabra
puede transmitirla a los demás. Sólo la nube que viene cargada de agua puede
regar con su lluvia los campos.
La eficacia de la oración
Las lecturas de hoy nos ofrecen también una
invitación a la oración, unida a la garantía de que será eficaz.
El ejemplo de Moisés es muy expresivo. En
la batalla contra los enemigos, Moisés ora a Dios pidiéndole su ayuda. Mientras
él mantiene los brazos elevados al cielo, los israelitas llevan las de ganar.
Si él afloja en su oración, sucede al revés. No es un gesto mágico. Es el
símbolo de que la historia de este pueblo no se puede entender sin la ayuda de
Dios.
A nosotros no nos resulta espontánea esta
convicción. El hombre de hoy aprecia la eficacia, los medios técnicos, el
ingenio y el trabajo humano, y no parece necesitar de Dios para ir construyendo
su mundo. Pero Jesús nos asegura que el que no edifica sobre la roca de Dios, está
edificando en falso: "sin mí, no podéis hacer nada". No escarmentamos
de tantos fracasos de instituciones y proyectos que se han ido construyendo sin
la base necesaria y se han hundido. Tal vez seguimos creyendo que somos
nosotros los importantes: que es nuestra técnica y nuestro trabajo los que van
a traer la salvación a este mundo.
No parece hacernos mucho efecto lo que
hemos ido diciendo en el salmo: "¿de dónde me vendrá el auxilio? El
auxilio me viene del Señor". Orar es reconocer la grandeza de Dios y
nuestra debilidad, y orientar la vida y el trabajo según él. La oración nos
ayuda a mantener ante Dios y ante los demás una postura de humildad y
confianza, y no de autosuficiencia. Y eso sin cansarnos, aunque nos parezca que
Dios no nos escucha, respetando sus tiempos y ritmos.
Jesús nos enseña la importancia de la
oración. En su parábola, el juez no tiene más remedio que conceder a la buena
mujer la justicia que reivindica. No se trata de comparar a Dios con aquel
juez, que Jesús describe como corrupto e impío, sino nuestra conducta con la de
la viuda, con una oración perseverante. A veces nuestra oración la quisiéramos
expresar "a gritos, día y noche", como dice Jesús, porque en nuestras
vidas también hay momentos de turbulencia y de dolor intenso.
Orar pidiendo a Dios no significa tratar de
convencerle a él, sino entrar en comunión con él. Dios quiere nuestro bien y el
del mundo más que nosotros mismos. Eso sí, lo quiere, seguramente, con mayor
profundidad. La oración nos ayuda a sintonizar con la longitud de onda de él y,
desde ese mismo momento, ya es eficaz.
Nuestra oración no es la primera palabra,
que espera respuesta de Dios. Es ya respuesta, porque Dios ya ha dicho su
Palabra. Es como la mujer samaritana que fue al pozo a por agua, y se encontró con
Jesús, el que es el Agua verdadera que apaga toda sed. Nuestro acercamiento a
Jesús es eficaz porque Jesús "ya está allí". Nuestra oración es
eficaz porque Dios ya está deseando nuestro bien. Como dice el Catecismo de la
Iglesia, comentando la escena de la mujer samaritana junto al pozo:
"Cristo va al encuentro de todo ser humano, es el primero en buscarnos y
el que nos pide de beber. Jesús tiene sed. La oración, sepámoslo o no, es el
encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el
hombre tenga sed de él" (CCE 1560).
No es una invitación a la pereza
Orar pidiendo algo a Dios no significa
dejarlo todo en sus manos. Moisés, aunque hoy aparezca orando con los brazos
elevados, no es ciertamente una persona sospechosa de pereza e inhibición. Fue
el gran líder y activo conductor del pueblo: pero daba a la oración una
importancia decisiva. Tampoco Jesús nos invita a la pereza: en otra ocasión nos
dirá, con la parábola de los talentos, cómo hemos de trabajar para hacer
fructificar los dones de Dios para bien de todos.
Lo que hoy nos quiere recordar Jesús es que
la actitud de un cristiano debe ser claramente de apertura a Dios, y no de
confianza en sus propias fuerzas. Cuando en la Oración Universal de la misa
pedimos por la paz, o por la justicia, no le estamos diciendo a Dios algo que
no sabe o que tiene que arreglar él, pidiéndole que haga el milagro de la paz o
de la justicia o que dé de comer a los que pasan hambre. Expresamos en su
presencia estas urgencias de la humanidad y con ello nos comprometemos a
trabajar nosotros mismos en lo que le pedimos a Dios, la paz y la justicia,
empezando por nuestro entorno más cercano: si yo trabajo para que haya paz y
justicia cuatro metros a mi alrededor, ya estoy contribuyendo a esa paz mundial
por la que ruego.
Si rezamos, por ejemplo, por las
intenciones de los misioneros o por la prosperidad de los países del Tercer
Mundo, seguramente unimos a la oración algún gesto de ayuda concreta y
efectiva, económica o personal. La comunidad cristiana, ante la enorme tarea
que hay que realizar en este mundo, ante todo, reza por esas intenciones, pero
luego recibe el encargo de evangelizar este mundo y de colaborar en su
construcción. Oración y trabajo. La oración está ya impregnada de compromiso, y
así el trabajo estará impregnado de oración, o sea, de la visión desde Dios.
¿Tenemos esta fe?
Jesús acaba su parábola con una pregunta
desconcertante: "cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en
la tierra?". Tal como va nuestra vida de fe, en un mundo cada vez más
encerrado en su propia visión de las cosas, hay exigencias del evangelio que
sin fe y oración difícilmente seremos capaces de asumir. Tenemos que purificar
nuestras intenciones y crecer en una actitud de humilde confianza, la actitud
de los que saben "orar su vida" ante Dios.
La Eucaristía dominical -o la diaria- nos
ayuda muy eficazmente en dar a nuestra vida y a nuestro trabajo esta
orientación desde Dios.
Aldazábal, José, Enséñame tus caminos 10 – Los Domingos
Ciclo C, Centro de Pastoral Litúrgica, Barcelona
PROPUESTA DE CANTOS TIEMPO ORDINARIO
XXIX 2025 CICLO C – (19 De OCTUBRE 2025
01.- SALMO 12 QUE ALEGRIA
CUANDO ME DIJERON (Miguel Manzano)
¡QUÉ ALEGRÍA CUANDO ME DIJERON:
"VAMOS A LA CASA DEL SEÑOR"!
YA ESTÁN PISANDO NUESTROS PIES
TUS UMBRALES, JERUSALÉN.
1.- Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor.
2.- Según la costumbre de Israel
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de Justicia,
en el palacio de David.
3.- Desead la paz a Jerusalén:
"Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
en tus palacios de seguridad".
4.- Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: "La paz contigo"
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.
02.- CAMINANDO BORRARE (Gilmer Torres)
Caminando borraré las distancias de los pueblos,
las fronteras cruzaré, al caminar.
No hay camino, solo huellas; el camino es nuestro
andar
nuestros pasos que nos llevan, hacia el final.
SEÑOR AMIGO, ME HAS TOMADO DE LA MANO
ME LLEVAS CONTIGO, AL FINAL, DE MI CAMINO (2).
Son las huellas del Señor, que han quedado en el
camino
son estrellas que en la noche alumbrarán
Mi destino es caminar, mi añoranza es llegar
mi alegría es sentir, tu amistad.
SEÑOR AMIGO, ME HAS TOMADO DE LA MANO
ME LLEVAS CONTIGO, AL FINAL, DE MI CAMINO (2).
El camino a la verdad se hace duro con los años.
Con tu pan y mi esperanza podré llegar.
Sé que siempre tú estarás esperándome en tu mesa
para compartir tu vida partiendo el pan.
SEÑOR AMIGO, ME HAS TOMADO DE LA MANO
ME LLEVAS CONTIGO, AL FINAL, DE MI CAMINO ( 2).
SEÑOR AMIGO, ME HAS TOMADO DE LA MANO
ME LLEVAS CONTIGO, AL FINAL, DE MI CAMINO (2).
03.- VAYAMOS JUBILOSOS (Eusebio Goicochea)
VAYAMOS JUBILOSOS,
AL ALTAR DE DIOS. (bis)
1.- Al sagrado Altar nos guíen
su verdad y su justicia,
a ofrecer el sacrificio
que da Gloria infinita.
2.- Al Dios santo celebramos,
que nos llene de alegría,
y subamos hasta el monte
donde Dios se sacrifica.
3.- Gloria
sea al Padre Eterno,
gloria al Hijo, nuestro guía,
y al Espíritu Divino
alabanzas infinitas.
04.- RECIBE SEÑOR NUESTRAS VIDAS (Alejandro Fernández)
Te ofrecemos, Señor, este pan
es el signo de nuestra libertad.
Te ofrecemos, Señor, este vino
que la vid y el trabajo nos dan.
RECIBE, SEÑOR, NUESTRAS VIDAS.
RECIBE, SEÑOR, NUESTRO AMOR.
MANOS FUERTES DE UN MUNDO MEJOR. (2)
Te ofrecemos, Señor, nuestras manos
y el deseo de amar y trabajar,
por un mundo más justo y humano,
donde habite la fraternidad.
05.- TRAEMOS A TU ALTAR
TRAEMOS A TU ALTAR
CON EL VINO Y EL PAN
NUESTRAS OFRENDAS.
TRAEMOS A TU ALTAR
CON LOS HOMBRES SU AFÁN
Y SUS PROBLEMAS.
1.- Con los hombres que trabajan el pan con sudor
ofrecemos nuestro esfuerzo,
por lo hombres que no tienen trabajo ni pan
te pedimos el sustento.
2.- Con los hombres cuyas vidas son fruto de bien
ofrecemos nuestra entrega,
por los hombres cuyas vidas son pena y dolor,
que sepamos estar cerca.
3.- Con los hombres que construyen un mundo de
paz
ofrecemos nuestras manos,
por los hombres que padecen la guerra y el mal,
que seamos solidarios.
06.- BANQUETE SAGRADO
Invitados al Banquete del Señor,
compartimos nuestra vida y nuestro pan,
con su sangre y con su cuerpo inundados por su
amor,
nuestras manos se entrelazan para dar.
OH BANQUETE SAGRADO,
PAN DE VIDA ETERNA,
PAN DEL POBRE Y HAMBRIENTO
QUE VA CAMINANDO SEDIENTO DE TI (BIS).
Tu entrega amorosa en comunión,
es prodigio que renueva nuestro ser,
asumidos por tu gracia, consumidos por tu luz,
fortaleces nuestros pasos al andar.
Todo tú mi creador vienes a mí
y te encierras en mi simple pequeñez,
Tú el verbo encarnado, Tú el todopoderoso,
te conviertes en mendigo de mi amor.
Me llamaste a compartir tu intimidad,
en la cena del perdón y la amistad,
tú en mí yo en ti, en perfecta unidad,
no hay dicha para mí fuera de ti.
CORO… SEDIENTO DE TI (BIS).
07.- NADA ME TURBE
Nada te turbe, nada te espante
Quien a Dios tiene, nada le falta
Nada te turbe, nada te espante
Solo Dios basta.
Nada te turbe, nada te espante
Quien a Dios tiene, nada le falta
Todo se pasa, Dios no se muda (Nada te turbe,
nada te espante)
La paciencia todo lo alcanza (Solo Dios basta)
Nada te turbe, nada te espante
Quien a Dios tiene, nada le falta
Nada te turbe, nada te espante
Solo Dios basta.
En Cristo mi confianza (Nada te turbe, nada te
espante)
Y de Él solo mi asimiento (Quien a Dios tiene,
nada le falta)
En sus cansancios mi aliento (Nada te turbe, nada
te espante)
Y en su imitación mi holganza (Solo Dios basta)
Aquí estriba mi firmeza (Nada te turbe, nada te
espante)
Aquí mi seguridad (Quien a Dios tiene, nada le
falta)
La prueba de mi verdad (Nada te turbe, nada te
espante)
La muestra de mi firmeza (Solo Dios basta)
Nada te turbe, nada te espante
Quien a Dios tiene, nada le falta
Nada te turbe, nada te espante
Solo Dios basta
Nada te turbe, nada te espante
Quien a Dios tiene, nada le falta
Ya no durmáis, no durmáis (Nada te turbe, nada te
espante)
Pues que no hay paz en la Tierra (Solo Dios
basta)
No haya ningún cobarde (Nada te turbe, nada te
espante)
Aventuremos la vida (Quien a Dios tiene, nada le
falta)
No hay que temer, no durmáis (Nada te turbe, nada
te espante)
Aventuremos la vida (Solo Dios basta)
Nada te turbe, nada te espante
Quien a Dios tiene, nada le falta
Nada te turbe, nada te espante
Solo Dios basta
08.- PEQUEÑAS ACLARACIONES
Cuando el pobre nada tiene y aún reparte,
cuando un hombre pasa sed y agua nos da;
cuando el débil a su hermano fortalece.
VA DIOS MISMO EN NUESTRO MISMO CAMINAR. (BIS)
Cuando un hombre sufre y logra su consuelo;
cuando espera y no se cansa de esperar,
cuando amamos, aunque el odio nos rodee.
Cuando crece la alegría y nos inunda,
cuando dicen nuestros labios la verdad,
cuando amamos el sentir de los sencillos.
09.- ENVIADOS (Antonio Alcalde)
LO QUE HEMOS VISTO Y OÍDO,
LO VIVIDO EN EL ALTAR,
A TODOS NUESTROS HERMANOS
LO TENEMOS QUE LLEVAR.
LO QUE HEMOS VISTO Y OÍDO,
LO VIVIDO EN EL ALTAR.
Es Cristo quien no envía:
testigos de la verdad,
profetas y misioneros,
constructores de la paz.
Peregrinos sin fronteras
de una patria universal,
esperamos la venida
del Señor que volverá.
Caminamos por el mundo
con la fuerza que él nos da,
el señor glorificado,
la noche iluminará.
10.- TE DEN GRACIAS (E. de Zayas)
TE DEN GRACIAS TODOS LOS PUEBLOS,
QUE TODOS LOS PUEBLOS TE DEN GRACIAS (bis)
1.- Señor, Señor, Señor gracias te damos,
por esta misa que hemos celebrado
Tu cuerpo y sangre ya hemos recibido
Volvemos a la vida entusiasmados.
2-. Señor que bien se vive aquí en tu casa
En Cristo siempre unidos como hermanos
Señor que sea esto un anticipo del cielo
Que ya estamos comenzando.
