jueves, 23 de octubre de 2025

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXX T.O. CICLO C - 26 OCTUBRE 2025

 “¡TEN PIEDAD!”


 
COMENTARIO

 

Jesús dirige esta parábola contra los fariseos, unos personajes que se tenían por justos y despreciaban a los demás. En ella nos muestra la diferencia que hay entre la verdadera y la falsa piedad.  El fariseo y el publicano saben orar; comienza por “Dios mío”. Se ponen en presencia de Dios. Es preciso que la presencia de Dios, evocada intensamente, llene enseguida el espacio en donde vamos a orar: el lugar de nuestra oración, nuestro pensamiento y nuestro corazón, todos los minutos de nuestra cita con Dios. Sino, aunque quizás quisiéramos orar, nos habríamos quedado con nosotros mismos.

Así, pues, esos dos hombres tienen un buen despegue. Entonces ¿por qué la oración del fariseo se viene abajo, mientras que la del publicano se levanta victoriosamente hacia Dios? “Les lo aseguro”. Dice Jesús, este bajó a su casa a bien con Dios, y aquel no”. El fariseo había invocado a Dios, pero lo oculta enseguida con su enorme YO. Yo hago estoy esto y no soy como éste ni como aquel. ¿Acaso puede estar Dios ni un segundo con ese hombre lleno de sí mismo? El publicano impresiona a Dios con su humilde súplica: “¡Ten piedad!”. Algunos criticaron ese “ten piedad” cuando apareció en la liturgia en lengua vulgar. No supieron ver hasta qué punto es una oración densa y exacta, en línea muy recta con lo que Jesús nos reveló. Dios nos mira con misericordia, con una piedad amorosa, con una comprensión que hace gemir su corazón cuando ve que también el nuestro gime: “Un corazón quebrantado, Señor, tú no lo desprecias”. (Salmo penitencial). Esta misericordia de Dios no es general, vaga, sino que ella espera nuestra llamada y él entonces se apiada.

En esta presencia de Dios que supo mantener dentro de su pequeñez, el publicano puede introducir un “yo” pero en el último lugar de su plegaria. Y junto a ella se cuela otra palabra: “pecador”. ¡Ten compasión de mí, pecador! La oración cristiana es una cita de amor y por tanto un tú y un yo, pero hay que procurar sobre todo que el TU siga siendo grande e inmenso y que nuestro yo sea pequeño, modesto, lúcido: “Yo pecador”.

Utilicemos a fondo esta parábola para desarraigar en nosotros la convicción farisaica tan difícil de arrancar: crecer que basta con hacer cosas buenas para ser un hombre bueno y agrandar a Dios: “Yo hago esto y aquello”. La primera cristiana María, era de otra opinión: “Hágase en mí según tu palabra”. ¡Qué cambio tan radical!.

En ése el cambio de esta parábola: empieza con un hombre que hace mucho, que está seguro de sí y que se cree justo: termina con otro hombre seguro de Dios y que se hace justo porque supo decir: “Ten piedad de mí, Señor”.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez 

 

ANTIFONA DE ENTRADA Sal 104, 3-4

Que se alegren los que buscan al Señor. Recurran al Señor y a su poder, busquen continuamente su rostro.

 

 ORACION COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad, y, para que merezcamos conseguir lo que prometes, concédenos amar tus preceptos. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Eclesiástico 35, 12-14.16-19a

El Señor es juez, y para Él no cuenta el prestigio de las personas. Para Él no hay acepción de personas en perjuicio del pobre, sino que escucha la oración del oprimido. No desdeña la súplica del huérfano, ni a la viuda cuando se desahoga en su lamento. Quien sirve de buena gana, es bien aceptado, y su plegaria sube hasta las nubes. La oración del humilde atraviesa las nubes, y no se detiene hasta que alcanza su destino. No desiste hasta que el Altísimo lo atiende, juzga a los justos y les hace justicia. El Señor no tardará.

 

SALMO RESPONSORIAL (Sal 33, 2-3.17-19.23)

 

El afligido invocó al Señor, y Él lo escuchó.

 

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

 

El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias. R.

 

El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a Él. R.

 

 SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8.16-18

Querido hermano: Yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente. He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación. En mi primera defensa, nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron. ¡No les sea tenido en cuenta! Mas el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Y fui libra-do de la boca del león. El Señor me librará de toda obra mala y me salvará llevándome a su reino celestial. A Él la gloria por los siglos de los siglos.

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO 2 Co 5, 19ac

Aleluya. Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación. Aleluya.

 

 EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18,9-14

En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los de-más hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo". El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: "¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador". Les digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

 

PLEGARIA UNIVERSAL

 

Que nuestra oración suba a Dios Padre todopoderoso, que quiere iluminar y salvar a todos los hombres:

 

1.- Por la santa Iglesia; para que en este Año del jubileo se convierta en el eco de la Palabra de Dios que resuena fuerte como palabra de vida que nos sostiene en el amor. Roguemos al Señor.

 

2.- Por el Papa, todos los obispos, sacerdotes y por todo el pueblo fiel: para que ofrezcan siempre una vivencia renovada de su fe en Dios. Roguemos al Señor.

 

3.- Por los responsables del orden social y político; para que organicen la sociedad de tal manera que nadie quede marginado o despreciado. Roguemos al Señor.

 

4.- Por nosotros; para que redescubramos en la práctica de las obras de misericordia un camino seguro para ser gratos a Dios. Roguemos al Señor.

 

Dios Padre todopoderoso que nuestra oración y vida sean alabanza para tu gloria. El que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Mira, Señor, los dones que ofrecemos a tu majestad, para que redunde en tu mayor gloria cuanto se cumple con nuestro ministerio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 ANTIFONA DE COMUNION Ef 5, 2

Cristo nos amó y se entregó por nosotros como oblación de suave olor.

 

 ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Que tus sacramentos, Señor, efectúen en nosotros lo que expresan, para que obtengamos en la realidad lo que celebramos ahora sacramentalmente. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 27: Rm 8, 12-17; Sal 67, 2 y 4. 6-7b.20-21; Lc 13, 10-17

Martes 28: Nm 21, 4b-9; Sal 83; Flp 2, 5-12; Jn 3, 11-16

Miércoles 29: Ef 2, 19-22; Sal 18; Lc 6, 12-19

Jueves 30: Rm 8, 31b-39; Sal 108, 21-22. 26-27.30-31; Lc 13, 31-35

Viernes 31: Rm 9, 1-5; sal 147, 12-13. 14-15.19-20; Lc 14, 1-6

Sábado 01: Ap 7, 2-4.9-14; Sal 23; 1Jn 3, 1-3; Mt 5, 1-12a

Domingo 02: Jb 19, 1.23-27ª; Sal 24; Flp 3, 20-21; Mc 15, 33-39; 16, 1-6

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Lc 18, 09-14

 

1.- PARA/FARISEO-PUBLICANO

Desde el primer versículo aparece claro que se trata de una crítica a una determinada clase de personas: las autosuficientes.

Por la parábola aparece claro quiénes son éstas en concreto: las personas religiosas dentro del pueblo de Dios. Estas podían no sentirse incluidas en el grupo de los invitados a orar del domingo anterior. Ellas ya lo hacen. A ellas dirige hoy Jesús su crítica, que en el fondo corre paralela a la hecha hace dos domingos a los nueve leprosos judíos que no se abrieron a la acción de Dios por considerarse merecedores de ella.

Indudablemente, la de Jesús es una crítica frontal al pueblo de Dios allí donde este pueblo se siente más firme y seguro: su relación con Dios. Es esta relación la que Jesús cuestiona y lo hace decantándose por unas personas oficialmente no religiosas, pero que saben sencillamente abrirse al Dios a quien nunca creen merecer, porque lo han descubierto y experimentan maravillosamente grande. Este es el Dios de Jesús, el mismo del Magníficat de María (cf. Lc 1. 48/52, donde aparece el mismo vocabulario del v.14 de hoy).

DABAR 1980/54


 

2.- ORA/ACTITUDES

En primer lugar, una observación de traducción. Tanto el fariseo como el publicano oran de pie, aunque la traducción litúrgica no lo diga del publicano. Era ésta la postura que adoptaban los judíos para dirigirse a Dios. No es, pues, la postura lo que hace cuestionable la actitud del fariseo. El adjetivo "erguido" de la traducción litúrgica es inexacto. Por lo que respecta ya al texto, su sentido es muy claro desde que el propio autor ha explicitado la finalidad de la parábola. Se trata de una parábola crítica, dirigida a los que son buenos y se lo creen. Se mueve dentro del terreno de la oración, cuya necesidad veíamos el domingo pasado. De nuevo un fariseo y un publicano, es decir, un bueno y un malo en la apreciación social. De nuevo un cambio de papeles en la apreciación divina. "Hay últimos que son primeros y primeros que son últimos". Otra cosa sorprendente en la historia que Jesús cuenta es que tanto el fariseo como el publicano se sirven de los salmos a la hora de hacer su oración. Este hecho hace más profunda y compleja la crítica.

Comentario. Desde hace varios domingos nos las tenemos que ver con textos exclusivos de Lucas, es decir, que no existen en los otros evangelistas. Un denominador común a muchos de ellos es la actuación positiva de personas social y religiosamente descalificadas (ambos aspectos estaban estrechamente relacionados). Son los marginados, los etiquetados, los excluidos. Su presencia es una constante en el tercer evangelio y hay que atribuirla a un interés y a una intencionalidad propios y exclusivos de Lucas. Nosotros corremos el riesgo de echar por tierra el alcance de este hecho cuando consideramos a fariseos y publicanos como personas de un pasado judío. Perdemos fácilmente de vista que Lucas no escribía sólo mirando hacia atrás sino también hacia adelante. Fariseo y publicano son también personajes, encarnan tipos de religiosidad continuamente reeditables. El fariseo encarna al personaje consciente de su buen comportamiento, que compara y enjuicia en base precisamente a su cumplimiento. No es tanto un personaje orgulloso cuanto un personaje que reza y se comporta desde sus derechos. Exige porque cumple. Los mismos salmos, formas tradicionales de oración, parecen darle la razón: se sirve de ellos para dirigirse a Dios.

Nada de lo que le dice a Dios es mentira. El fariseo, en definitiva, es el personaje de los derechos, de la necesidad, de la rigidez y cortedad de mente. El publicano encarna al personaje consciente de su mal comportamiento. Por ello mismo ni compara ni enjuicia.

Sencillamente pide perdón sirviéndose también de los salmos. El publicano es el personaje de las obligaciones, de la casualidad y la espontaneidad, de la fluidez de mente. No es él el problemático, como tampoco lo era el hijo menor o pródigo. El problemático y difícil es el fariseo, el hijo mayor o cumplidor.

El texto de hoy nos descubre unas áreas de la personalidad religiosa mucho más hondas que las de la simple soberbia o humildad. Nos asoma el complejo e intrincado mundo de las motivaciones o subconscientes, aquello que de verdad se esconde tras lo que pensamos o decimos cuando oramos. La oración es ciertamente necesaria, pero ¡atención a la oración! Una vez más hay que decir que el problema de la religión es un problema entre religiosos.

ALBERTO BENITO - DABAR 1986/53


 

3.- En continuidad con la temática del domingo pasado, Lucas añade una parábola sobre la oración de un fariseo y de un recaudador.

También en esta ocasión el centro de interés viene señalado al comienzo: la parábola va dirigida a los que, teniéndose por justos, se sienten seguros de sí mismos y desprecian a los demás.

Suprimiendo toda referencia personal concreta, Lucas abre expresamente el texto a todas las épocas y a todas las personas con conciencia de justas.

-Subir al templo a orar. El templo de Jerusalén estaba ubicado en un alto. Se podía orar a cualquier hora del día en los diferentes patios de que constaba el templo. Las nueve de la mañana y las tres de la tarde eran las horas de la oración pública. La postura para orar era de pie. Así, en efecto, lo hacen los dos personajes de la parábola, aunque la traducción litúrgica no lo ha recogido adecuadamente. El erguido del que en ella se habla a propósito del fariseo es exagerado.

La parábola contrapone dos figuras representativas del judaísmo de la época. El fariseo representa al judío observante, el recaudador, al judío pecador. La bina no es nueva en el Evangelio de Lucas (Lc.5,30;15,1-2). En la historia que Jesús cuenta, cada uno de ellos ora desde su propio bagaje: el fariseo, desde su justicia; el recaudador, desde su pecado. Lo que cada uno de ellos dice de sí mismo es verdad. Tal vez por eso lo verdaderamente significativo en la historia sea sólo el siguiente aspecto: el fariseo se compara con los demás; el recaudador ahonda en sí mismo. La parábola empalma así con el centro de interés señalado al comienzo del texto.

El comentario de Jesús a la parábola remite también a ese comienzo, pero invirtiendo las situaciones: tenerse por justo no siempre coincide con serlo a los ojos de Dios. Comentario. El trazado del camino cristiano de Lucas aparece una vez más afectando a áreas profundas de la estructura de la persona, tales como la autocomplacencia en las propias prestaciones, los derechos adquiridos en razón de las mismas y la tendencia a verse y entenderse uno a sí mismo en comparación con los demás. La parábola y el posterior comentario de Jesús los entiende Lucas como una invitación a revisar esas áreas, a las que tampoco escapa la personalidad religiosa, por más que ésta se revista a menudo de simpatía y de humildad. Vemos una vez más que la dificultad verdadera del camino cristiano consiste en cuestionar las estructuras mismas de la persona y sus bases de comportamiento. Por eso se explica que el cristiano sea una persona diferente.

En la conciencia cristiana existe una imagen distorsionada de los fariseos; de ellos conocemos poco y mal. Olvidamos, por ejemplo, que el texto de hoy no sirve para formarse una imagen del fariseísmo, porque se trata de una parábola, es decir, de un texto de choque y de trazos intencionadamente exagerados y caricaturescos. La parábola, sin embargo, presupone en sí misma mucha valentía al no proponer como modelo de oración a personas socialmente aceptadas por su piedad y sí, en cambio, hacerlo con personas tildadas de pecadoras. De paso que Lucas concede preeminencia una vez más a los socialmente marginados, consigue relativizar el valor de las apariencias.

A. BENITO - DABAR 1989/52


 

4.- Jesús dirige esta parábola contra los fariseos, unos personajes que se tenían por justos y despreciaban a los demás. En ella nos muestra la diferencia que hay entre la verdadera y la falsa piedad. El fariseo y el recaudador de impuestos, o publicano, eran dos tipos bien conocidos en aquella sociedad y radicalmente opuestos: el primero representaba la piedad oficial, y lo tenían por bueno; el segundo era un "pecador público", y pertenecía al grupo de la "mala gente".

Los judíos oraban siempre de pie, también el publicano rezaría de pie, y no sólo el fariseo. Por tanto, esa postura corporal no es indicio alguno de la actitud espiritual del fariseo.

El fariseo comienza, según costumbre judía, dando gracias a Dios. Pero no le da gracias por lo que Dios hace, por las maravillas de Dios (como hizo, por ejemplo, María en el Magnificat), sino por lo que él mismo hace.

Nada de lo que dice el fariseo en su oración es mentira: los fariseos eran fieles cumplidores de la ley; más aún, muchos fariseos, como éste de la parábola, hacían obras de supererogación que no estaban mandadas, como ayunar dos veces por semana y pagar diezmos de todo cuanto tenían. Pero el fariseo se presenta delante de Dios como un autosuficiente, y esa es la mentira de su vida y de su oración. Por eso, no da gracias ni suplica en verdad, sino que pasa factura y exige. Además, desprecia a los otros que no son como él. En cambio, el publicano sólo tiene ante sus ojos los propios pecados, no se compara con nadie y no cuida de denunciar los defectos ajenos. Pide perdón a Dios, y en eso muestra que es sincero y humilde. Y Dios, que resiste la mentira de los orgullosos y enaltece a los humildes, despide al fariseo sin favor y dispensa el perdón al publicano.

EUCARISTÍA 1989/49


 

5.- Se han dado muchas interpretaciones diferentes a la parábola del fariseo y del publicano; y, para no ser totalmente falsas, no van necesariamente hasta el fondo de las cosas. En primer lugar, se ha encontrado una nota escatológica sobre todo en razón del último versículo (v. 14b). El juicio último pondría de manifiesto la elevación de los humildes y la humillación de los orgullosos. Sin embargo, este versículo es puesto con tanta frecuencia en labios de Cristo (Lc 14, 11; Mt 23, 12) que cabe considerarlo como una especie de estribillo que viene a rimar regularmente las principales enseñanzas del Señor.

Se ha querido ver igualmente en esta perícopa una lección sobre la oración, que debe ser humilde y no apoyarse en los méritos personales, sino sobre la iniciativa de Dios. Lucas habría relacionado así dos perícopas sobre la oración (18, 1-8 y 18, 9-14), con el fin de organizar un pequeño tratado eucológico. No es imposible que Lucas haya "releído" estos textos en este sentido, pero no se comprende entonces que haya subrayado, en el v. 9, el cambio de público como para diferenciar mejor los dos episodios.

De hecho, la parábola es primero y ante todo una lección: un pecador penitente es más agradable a Dios que un orgulloso que se cree justo (Lc 16, 15). Puede descubrirse, más allá de los dos personajes de la parábola, la oposición entre dos tipos de justicia: la del hombre que se concede a sí mismo un "satisfecit" personal cuando cree haber cumplido perfectamente sus obras, y la que Dios otorga al pecador que se convierte. El tema paulino de la justificación por la fe se encuentra ya esbozado en este relato (Rom 1-9 y Ef 2, 8-10). La oración que Cristo pone en labios del fariseo es un modelo que se vuelve a encontrar a veces en términos equivalentes en los documentos rabínicos contemporáneos: el orante no formula ninguna petición (¡lo que sería indigno!), sino solo palabras de gratitud por la certeza que tiene de encontrarse en el camino de la felicidad eterna. Al escuchar esta oración, los oyentes debían reconocer: ¿qué se puede criticar en este texto? La oración del publicano se inspira en el Sal 50/51. Refleja una profunda desesperación que los oyentes de Cristo debían comprender perfectamente, porque, para ellos, la postración del publicano no tenía solución. ¿Cómo podría realmente obtener su perdón sin cambiar de oficio y sin reembolsar a todas las personas expoliadas por su actuación? Su caso es realmente desesperado; la justicia se le niega definitivamente. Pues bien: la conclusión de Jesús se pronuncia contra la opinión de su auditorio: Dios es el Dios de los desesperados y el hombre que recibe la justicia es precisamente quien no tiene ningún derecho a ella (v. 14), puesto que ni siquiera ha reparado su falta.

Contraponiendo el "justo", que cree poder justificarse por sí mismo, a quien no puede obtener su justificación sino mediante el abandono en Dios (cf. Lc 16, 15; 14, 15-24; Mt 9,10-13), esta parábola prepara la teología paulina de la justificación que Dios concede a quienes no pueden justificarse a sí mismos (Rom 3, 23-25; 4, 4-8; 5, 9-21). Esta justificación se obtiene por medio de la cruz de Cristo (Rom 5, 19; 3, 24-25; Gál 2, 21) y el bautismo es su instrumento (Tit 3, 5-7; Rom 6, 1-14; Ef 4, 22-24).

MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA VII - MAROVA MADRID 1969.Pág. 210


 

6.- Esta parábola concluye la parte del viaje de Jesús a Jerusalén, propia de Lucas. A partir de aquí sigue la común narración sinóptica. Aunque sea dicho de una manera indirecta, queda claro que la parábola se dirige a los fariseos, sobre todo si tenemos en cuenta que uno de los dos personajes es fariseo. Ahora bien, precisamente porque se habla de actitudes ("a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás") y no de categoría social o religiosa, la parábola se dirige de hecho a todos los que tienen estas mismas actitudes, tanto si son fariseos como si son discípulos de Jesús.

La figura de los dos personajes, representativos de la época, ya da pie a la oposición que desarrolla la narración.

El fariseo se coloca en una postura típica de oración: de pie, y, por referencia a lo que se dice del publicano, se coloca en un lugar destacado del atrio de Israel. Su plegaria es de acción de gracias. Pero no da gracias a Dios por los favores recibidos, sino por lo que él hace: cumple el Decálogo, contrariamente a lo que hace la mayoría, no es como el publicano que tiene a su espalda, y cumple las prescripciones del ayuno y de la donación del diezmo.

El publicano se muestra avergonzado por su actuación, su gesto es de arrepentimiento y su plegaria, que es de súplica, recuerda el Salmo 50.

El fariseo ha subido al templo a dar gracias por el hecho de ser "justo", es decir, porque cumple estrictamente y con creces la Ley de Dios. El publicano ha subido para suplicar el perdón por su pecado. Al volver a casa, el publicano ha sido "justificado" por Dios, no así el fariseo. La moraleja final amplía el horizonte de la advertencia: el discípulo debe tener presente que es Dios quien justifica y quien pone a cada uno en el lugar que realmente le corresponde.

JOSEP M. GRANÉ - MISA DOMINICAL 1992/13

 


 

7.- DOMINGO 30 DEL TIEMPO ORDINARIO

-I-

El fariseo y el publicano rezando ante Dios

Hoy terminamos la lectura de las cartas de Pablo a Timoteo. Y, además, con una página vibrante, que es como la despedida y el testamento de Pablo, ante la inminencia del final.

Jesús, en su camino hacia Jerusalén, nos da otra enseñanza sobre la oración: esta vez sobre la actitud humilde que hemos de tener ante Dios. La parábola del fariseo y del publicano, ambos orando en el Templo, es diáfana, y a todos nos conviene reflexionarla y examinarnos a su luz. No afecta sólo al modo de rezar, sino al modo de vivir la religiosidad en general.

 

Sirácida (Eclesiástico) 35,15b-17.20-22a. Los gritos del pobre atraviesan las nubes

El libro sapiencial del Eclesiástico, o Sirácida, nos da hoy una enseñanza sobre las preferencias de Dios.

Si por alguien tiene Dios predilección es por los pobres y humildes: "escucha las súplicas del oprimido... sus penas consiguen su favor y su grito alcanza las nubes... los gritos del pobre atraviesan las nubes y no descansan hasta alcanzar a Dios". Es un mensaje que nos prepara a escuchar la parábola de Jesús sobre el pecador humilde que es escuchado por Dios.

El salmo insiste: "si el afligido invoca al Señor, él lo escucha". Es un salmo dirigido sobre todo a animar a los humildes. "El Señor está cerca de los atribulados". Si la lectura sapiencial hablaba de "gritos" de los pobres y humillados, el salmo también se hace eco de los mismos: "cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias".

 

2 Timoteo 4, 6-8. 16-18. Ahora me aguarda la corona merecida

Ante la inminencia del final -"estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente"-, Pablo mira hacia atrás y se siente contento de cómo ha podido colaborar con Dios en su carrera de apóstol.

Con razón puede resumir su vida diciendo: "he combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe". Ahora confía en que Dios le concederá el premio: "me aguarda la corona merecida". Todo esto, no por méritos propios, sino por la ayuda de Dios: "el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje".

Pablo expresa su confianza también por el futuro que le espera: Dios no le abandonará, como no le ha abandonado a lo largo de su azarosa vida de apóstol.

 

Lucas 18, 9-14. El publicano bajó a su casa justificado; el fariseo, no

Lucas nos dice a quién va dirigida la "parábola" (o mejor, el "relato ejemplar") de hoy sobre la oración: "dijo Jesús esta parábola por algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás".

No les gustaría nada a sus oyentes fariseos el retrato que hace Jesús de los dos orantes que acuden al Templo: el publicano que es escuchado por Dios, y el fariseo, tan lleno de sí mismo, que baja como había entrado. Porque "el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido".

 

Dios escucha a los humildes

Ya el sabio del AT decía que Dios tiene cierta parcialidad a favor de los pobres y humildes: "escucha las súplicas del oprimido". Y el salmo lo repetía: "si el afligido invoca al Señor, él lo escucha... el Señor está cerca de los atribulados". Jesús lo reafirma: "el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido".

Nuestra postura ante Dios no puede ser de orgullo y autosuficiencia, sino de humilde sencillez. Hace dos domingos nos decía Jesús que no "pasemos factura" por lo que hemos conseguido: "hemos hecho lo que teníamos que hacer". El domingo pasado nos invitaba a saber ser agradecidos, reconociendo lo que Dios hace por nosotros. Hoy nos disuade de adoptar una actitud de soberbia y engreimiento, en nuestra oración y en nuestra vida.

A veces, esta oración humilde de los "atribulados" se convierte en grito. Todos tenemos la experiencia de que hay días en que nos sale espontánea la oración de gratitud y alegría, de alabanza y euforia, y que hay otros en que nos saldría más a gusto un grito de angustia o incluso de protesta ante Dios. Es como cuando Jesús, en la cruz, gritó: "Dios mío, ¿por qué me has abandonado?".

Las lecturas de hoy nos quieren infundir confianza, sobre todo, para esos días aciagos. Decía el Sirácida que "los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan". El salmo también nos asegura: "cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias". Jesús nos dice que el humilde publicano "bajó a su casa justificado".

 

¿Dónde estamos retratados: en el fariseo o en el publicano?

La parábola de hoy expresa claramente la postura de dos personas y dos estilos de oración (y de actitud vital). Jesús no compara un pecador con un justo, sino un pecador humilde con un justo satisfecho de sí mismo y que mira por encima del hombro a los otros.

El fariseo es buena persona, cumple como el primero, no roba ni mata, ayuda cuando toca y paga lo que hay que pagar. Pero no ama. Está lleno de su propia santidad. Se le nota cuando está ante Dios y cuando se relaciona con su prójimo. Es justo, pero con poca fe y humildad dentro. Está orgulloso de sus virtudes, y da gracias a Dios por lo bueno que es... él, el fariseo. No tiene nada por lo que pedir perdón. Al revés: enumera con gusto la lista de sus virtudes y sus méritos. Jesús dice que este no sale del templo perdonado.

Mientras que el publicano, que es pecador, se presenta humildemente como tal ante el Señor. Es pecador, pero tiene mucha fe. Este sí sale salvado del Templo.

¿En cuál de los dos personajes nos sentimos reflejados: en el que está contento y seguro de sí mismo y desprecia a los demás, o en el pecador que invoca el perdón de Dios?. Si somos como el fariseo, no le dejamos actuar a Dios en nuestra vida: ya actuamos nosotros. Si fuéramos conscientes de las veces que Dios nos perdona, tendríamos una actitud distinta para con los demás, no estaríamos tan pagados de nuestros méritos, y nuestra oración (y nuestra vida) sería más cristiana.

El publicano, por su parte, tal vez no era muy dado a rezar, pero el día que se decidió a ir al Templo, oró de una manera que Cristo le alabó. Jesús no nos está invitando a ser pecadores, sino a ser humildes, y no presentarnos ante Dios (e ir por la vida ante los demás) pregonando nuestras virtudes y nuestras buenas obras. Los que son ricos no piden nada. Los que se creen sabios, no preguntan nada. Los que se saben perfectos, no tienen que pedir perdón por nada. A ver si pronto o tarde se cumplirá también en nosotros lo de que "el que se enaltece será humillado".

La Virgen María, en su Magníficat, se presenta no como el centro de todo, sino como el objeto de la misericordia de Dios: "ha hecho en mí cosas grandes... ha mirado la humildad de su sierva". También ella formula casi igual que luego su Hijo las preferencias de Dios: "derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes".

 

Pablo, ¿orgulloso de sí mismo?

Parecería, al leer la página de hoy en la carta a Timoteo, que el apóstol Pablo es consciente de sus propios méritos, y así chocaría con lo que escuchamos en el evangelio.

En efecto, Pablo puede resumir su vida, sin falsa modestia, diciendo que ha combatido bien el combate de la fe y que ahora le "aguarda la corona merecida". Los que leemos, sobre todo en los Hechos de los Apóstoles, su dinámica vida de apóstol, sabemos que no es ninguna exageración hacer un resumen así de todas sus aventuras y sus sufrimientos por Cristo.

Pero ciertamente no cae en el defecto del fariseo que se vanagloriaba ante Dios en su oración. Ante todo, Pablo reconoce que ese premio que Dios prepara no es para él: "y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida". Sobre todo, reconoce que "el Señor me ayudó y me dio fuerzas... él me libró de la boca del león". También para el futuro, "el Señor seguirá librándome de todo mal. A él la gloria por los siglos de los siglos".

No es autosuficiencia, sino gratitud ante lo que Dios le ha permitido hacer para bien de las comunidades cristianas y para la evangelización del mundo.

 

Empezamos cada Eucaristía con un acto de humildad

En cada Eucaristía, normalmente, empezamos la celebración con el acto penitencial: "Yo confieso... Señor, ten piedad... Cristo, ten piedad". Nos sentimos pobres en presencia del Dios que es rico en todo. Ignorantes en la presencia del Maestro. Pecadores, comparados con el Todo Santo. Por eso expresamos con sencillez de hijos nuestra súplica y nuestra confianza. Para que, ya desde el inicio, nuestra celebración no esté centrada en nuestros méritos, ni tampoco en nuestros fallos, sino en la bondad de Dios.

También cuando decimos la oración del "Yo confieso", imitamos al publicano a quien alabó Jesús. Dándonos golpes de pecho expresamos, ante Dios y "ante vosotros, hermanos", que somos pecadores: "por mi culpa...". No está mal que, de cuando en cuando, nos peguemos golpes de pecho reconociéndonos débiles y pecadores.

Entonces mereceremos la alabanza de Jesús y será escuchada nuestra oración. Si en la presencia de Dios somos capaces de decir "por mi culpa", seguro que no seremos luego altaneros e intolerantes con los demás. El que dice "lo siento" ante Dios, lo sabe decir también ante el prójimo.

José Aldazabal, Domingos Ciclo C


 

PROPUESTA DE CANTOS TIEMPO ORDINARIO XXX 2025 CICLO C –

(26 De OCTUBRE 2025

 

01.- NUEVA CREACIÓN (P. Mariano de Blas)

CAMINA, PUEBLO DE DIOS,

CAMINA, PUEBLO DE DIOS,

NUEVA LEY, NUEVA ALIANZA

EN LA NUEVA CREACIÓN.

CAMINA PUEBLO DE DIOS.

CAMINA PUEBLO DE DIOS.

 

Mira allá en el Calvario,

en la roca hay una cruz,

muerte que engendra la vida,

nuevos seres, nueva luz.

 Cristo nos ha salvado

con su muerte y resurrección.

Todas las cosas renacen

en la Nueva Creación.

 

Cristo toma en su cuerpo,

el pecado, la esclavitud;

al destruirlos nos trae

una nueva plenitud.

Pone en paz a la gente,

a las cosas y al Creador.

Todo renace a la vida

en la Nueva Creación.

 

Cielo y tierra se abrazan,

nuestra alma halla el perdón.

Vuelven a abrirse los cielos

para el hombre pecador.

¡Israel peregrino,

vive y canta tu redención.

Hay nuevos mundos abiertos

en la Nueva Creación!

 

02.- UNIDOS EN LA FIESTA (Joaquín Madurga)

UNIDOS EN LA FIESTA,

LA ALEGRÍA SE HACE CANCIÓN.

UNIDOS EN LA FE,

LA ALEGRÍA SE HACE ORACIÓN.

 

Cantaremos al Señor

aleluyas con himnos y salmos,

porque grande es el amor

que en nosotros por siempre mostró.

 

CANTAD, (CANTAD)

CANTAD, (CANTAD)

CANTAD. (CANTAD)

 

UNIDOS EN LA FIESTA,

LA ALEGRÍA SE HACE CANCIÓN.

UNIDOS EN LA FE,

LA ALEGRÍA SE HACE ORACIÓN.

 

Cantaremos la bondad

del Señor que nos sienta a su mesa,

y nos llama a comulgar

como hermanos su vino y su pan.

 

CANTAD, (CANTAD)

CANTAD, (CANTAD)

CANTAD. (CANTAD)

 

UNIDOS EN LA FIESTA,

LA ALEGRÍA SE HACE CANCIÓN.

UNIDOS EN LA FE,

LA ALEGRÍA SE HACE ORACIÓN.

 

Nuestras voces cantarán

el amor de su misericordia,

porque sabe perdonar

y nos llena de eterna bondad.

 

CANTAD, (CANTAD)

CANTAD, (CANTAD)

CANTAD. (CANTAD)

 

UNIDOS EN LA FIESTA,

LA ALEGRÍA SE HACE CANCIÓN.

UNIDOS EN LA FE,

LA ALEGRÍA SE HACE ORACIÓN

 

Cantaremos al Señor

aleluyas al son de instrumentos

y será nuestra canción

la alabanza que ensalza su amor.

 

03.- A LA FIESTA DEL SEÑOR (Juanjo Eleskano)

A LA FIESTA DEL SEÑOR (BIS)

A LA FIESTA DEL SEÑOR

HOY VENIMOS A ESCUCHAR,

A CANTAR Y A PERDONAR

A LA FIESTA DEL SEÑOR (BIS)

 

1.- Y antes de entrar en esta fiesta

hay que dejar ante la puerta nuestro mal,

que, si el Señor hoy te perdona,

no es por cumplir,

ni por querer disimular,

es porque Dios nos ama,

a todos de verdad

y es porque tú y yo debemos perdonar.

 

2.- Diles al Señor lo que te pasa,

Lo que te hace sufrir y hasta llorar,

Dile también que tienes días

En que parece que todo es felicidad,

Dale las gracias

Porque te ama de verdad,

Pídele ánimo y ganas de avanzar.

 

04.- ESTE PAN Y VINO (Carmelo Erdozain)

ESTE PAN Y VINO, SEÑOR,

SE TRANSFORMARÁN.

EN TU CUERPO Y SANGRE, SEÑOR,

EN NUESTRO MANJAR. (bis)

 

1.- Gracias al sol y al labrador,

en el altar florecen hoy

las espigas, los racimos

que presentamos a Dios.

 

2.- Lo que sembramos con mi dolor,

lo que pedimos en oración,

hoy son frutos, son ofrendas

que presentamos a Dios.

 

05.- ESTO QUE TE DOY (Grupo de Alabanza)

Esto que te doy es vino y pan Señor

Estoy que te doy es mi trabajo

Es mi corazón mi alma,

es mi cuerpo y mi razón,

el esfuerzo de mi caminar.

 

Esto que te doy que te doy

mi vida es Señor

Es mi amor también es mi dolor

es la ilusión, mis sueños es mi gozo y mi llorar,

 es mi canto y mi oración.

 

TOMA MI VIDA PONLA EN TU CORAZÓN

DAME TU MANO Y LLÉVAME

CAMBIA MI PAN EN TU CARNE

Y MI VINO EN TU SANGRE Y A MI SEÑOR RENUÉVAME

LÍMPIAME Y SÁLVAME.

 

Esto que te doy no solo yo Señor

Esta voz también es de mi hermano

Es la unión, la paz, y el orden

La armonía y felicidad

Es un canto en comunidad

 

06.-EN SU MESA HAY AMOR (Kairoi)

EL SEÑOR NOS HA REUNIDO JUNTOS A ÉL.

EL SEÑOR NOS HA INVITADO A ESTAR CON ÉL.

EN SU MESA HAY AMOR LA PROMESA DEL PERDÓN.

Y EN EL VINO Y PAN SU CORAZÓN.

EN SU MESA HAY AMOR, LA PROMESA DEL PERDÓN.

Y EN EL VINO Y PAN SU CORAZÓN.

 

1.- Cuando Señor tu voz llega en silencio a mi

y mis hermanos me hablan de ti, sé que a mi lado estas.

Te sientas junto a mí. Acoges mi vida y mi oración.

 

2.- Al compartir tu pan nos unimos Señor,

tu voluntad se haga en mí.

Llenas mi corazón de alegría y paz, contigo podré yo caminar.

 

07.- ¡OH BUEN JESUS!

1.- ¡Oh, buen Jesús!. Yo creo firmemente

Que, por mi bien estas en el altar,

Que das tu cuerpo y sangre juntamente

al alma fiel en celestial manjar

al alma fiel en celestial manjar.

 

2.- Indigno soy, confieso avergonzado

De recibir la Santa comunión

Jesús, que ves mi nada y mi pecado,

Prepara tu mi pobre corazón

Prepara tu mi pobre corazón

 

3.- Peque Señor, ingrato te he vendido;

Infiel te fui, confieso mi maldad.

Contrito ya, perdón, Señor, te pido;

Eres mi Dios, apelo a tu bondad,

Eres mi Dios, apelo a tu bondad

 

08.- EL ALZAR DE MIS MANOS (Salmo 40) (Francisco Palazón)

AL ALZAR MIS MANOS, SEÑOR, SUBA A TI,

COMO OFRENDA DE LA TARDE,

Y EL CLAMOR DE MI HUMILDE ORACION.

SUBE A TI, COMO INCIENSO EN TU PRESENCIA.

 

1.- Coloca, Señor, una guardia en mi boca,

Un centinela a la puerta de mis labios,

Y no dejes Señor,

Que se incline a la maldad mi corazón.

 

2.- Mis ojos, Señor, están vueltos a ti,

En ti mi refugio, no me abandones.

Guárdame del lazo que me han tendido,

Líbrame de la trampa del malhechor.

 

09.- HAMBRE DE DIOS (J.A. Espinoza)

NO PODEMOS CAMINAR
CON HAMBRE BAJO EL SOL
DANOS SIEMPRE EL MISMO PAN,
TU CUERPO Y SANGRE, SEÑOR. (2V).

 

Comamos todos de este pan,
el pan de la unidad.
En un cuerpo nos unió el Señor
por medio del amor.

 

Señor, yo tengo sed de ti,
sediento estoy de Dios,
pero pronto llegaré a ver
el rostro del Señor.

 

Por el desierto el pueblo va
cantando su dolor;
en la noche brillará tu luz,
nos guía la verdad.

 

10.- AMEMONOS DE CORAZON

Amémonos de corazón,

no de labios ni de oídos (2).

Para cuando Cristo venga,

para cuando Cristo venga

nos encuentre bien unidos (2).


Como puedes tu orar,

sino no amas a tu hermano (2v).

Dios no escucha la oración,

Dios no escucha la oración

si no estás reconciliado. (2v).

 

Un mandamiento nuevo os doy

que os améis unos a otros (2).

Como Yo los he amado,

Como Yo los he amado

os améis también vosotros (2).

 

11.- HIMNO AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

SEÑOR DE LOS MILAGROS, A TÍ VENIMOS EN PROCESIÓN

TUS FIELES DEVOTOS, A IMPLORAR TU BENDICIÓN. (BIS)

 

Faro que guía, da a nuestras almas

la fe, esperanza, la caridad,

tu amor divino nos ilumine,

nos haga dignos de tu bondad.

 

SEÑOR DE LOS MILAGROS, A TÍ VENIMOS EN PROCESIÓN

TUS FIELES DEVOTOS, A IMPLORAR TU BENDICIÓN. (BIS)

 

Con paso firme de buen cristiano

hagamos grande nuestro Perú,

y unidos todos como una fuerza

te suplicamos nos des tu luz.

 

SEÑOR DE LOS MILAGROS, A TÍ VENIMOS EN PROCESIÓN

TUS FIELES DEVOTOS, A IMPLORAR TU BENDICIÓN. (BIS)

 

12.- NECESITA NUESTRAS MANOS

Jesús no tiene manos, no tiene manos,

tiene solo nuestras manos para construir

tiene solo nuestro solo nuestras manos para compartir.

Necesita nuestras manos para bendecir (2v).

 

Jesús no tiene pies no tiene pies

tiene solo nuestros pies para caminar

tiene solo nuestros pies tiene solo nuestros pies para caminar.

Necesita nuestros pies para caminar (2v).

 

Jesús no tiene labios no tiene labios

tiene solo nuestros labios para proclamar

tiene solo nuestros labios tiene solo nuestros labios para proclamar

Necesita nuestros labios para proclamar (2v).

 

Jesús no tiene medios no tiene medios,

tiene solo nuestros medios para evangelizar,

tiene solo nuestros medios, tiene solo nuestros medios para evangelizar

Necesita nuestros medios, para evangelizar (2v).