viernes, 19 de octubre de 2018

LECTURA Y COMENTARIO DOMINGO XXIX T.O. CICLO B - 21 OCTUBRE 2018


¿CÓMO NOS SALVAMOS?


ORACION COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, haz que te presentemos una voluntad solicita y estable y sirvamos a tu grandeza con sincero corazón. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 53, 10-11

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación: verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos.

SALMO RESPONSORIAL (32)

El Señor es compasivo y misericordioso.

Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16

Hermanos: Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios.
No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado.
Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 35-45

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.».
Les preguntó: «¿Qué quieren que haga por ustedes?». Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.». Jesús replicó: «No saben lo que piden, ¿son capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizar con el bautismo con que yo me voy a bautizar?». Contestaron: «Lo somos.».
Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beben, y los bautizaran con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.». Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.
Jesús, reuniéndolos, les dijo: “Saben que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen.
Ustedes, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos.
Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.».

COMENTARIO

Nos dice Jesús: “El hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por todos”. Por amor a nosotros, el Padre envía a su Hijo dándole la misión de liberar a los hombres de lo que les impide amar. La muerte de Jesús es una cosa terrible, difícil de comprender. El Padre no quiso directamente la muerte  de su Hijo;  le confió una misión difícil que resultaría mortal. Lo envió a un mundo en donde, para enseñar la caridad fraterna y la verdad de Dios, había que oponerse a todos los poderes orgullosos, egoístas y farisaicos. Jesús veía adónde lo llevaba aquello, sintió angustia, pero no rechazó el cáliz: su muerte es el final de una fidelidad total a su misión. Nunca hemos de separar de toda su vida entregada por completo esa muerte que era el signo y la cima de su entrega: “Habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo”. Ese es el sentido de aquel terrible: “El Mesías tenía que sufrir”  y en ese sentido puede también decirse que “todo estaba escrito”. Lucas dirá: “Empezando por Moisés y siguiendo por los profetas,  les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura”. La vida y la muerte de Jesús son únicas debido a su valor universal. Según la frase de san Pablo, el “nuevo Adán” nos quiere hacer pensar en la unidad del género humano en Adán, que prefiguraba la unidad en Cristo.
Somos hechos para amar, pero Jesús miraba  con su lucidez  de hombre: mucho egoísmo, mucho odio, una sexualidad desquiciada, la esclavitud del dinero, miedos y  temores de todo tipo como si no existiera el Padre celestial. Jesús comienza su obra de salvación enseñando y actuando totalmente en el amor y por primera vez el amor era verdaderamente libre y podía recrear el mundo.
En la cruz, no se deja vencer por el odio. Frente al Padre que deja que se hunda en el abandono absoluto frente  sus enemigos y sus verdugos, Jesús logra superar aquello en donde nosotros nos habríamos quedado encerrados. Y detrás de él pasamos nosotros.
Con él podemos decirle al Padre en la más dura de las noches: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y a los imperdonables: “Padre, perdónales”.
Sabemos que perdonar es la cima más ardua del amor, la prueba de que somos libres para amar. Pero el amor de Jesús en la cruz no nos libera sino porque Dios al resucitarlo ratifica esa vida y esa muerte e inaugura el nuevo mundo donde, en Jesús podemos escoger el amor  como  lógica.
Jesús nos da el ejemplo de esa vida en el amor, y de las fuerzas para seguir siendo libres para amar.
Él no es solamente el que abrió el mundo nuevo, en donde entramos por el bautismo y por la fe; es también él  ese mundo nuevo. Y en él es cómo podemos vivir salvados: “Vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gál 2, 20).

PLEGARIA UNIVERSAL

Hermanos Jesús al hacerse hombre experimento nuestra condición débil y limitada, y por eso es capaz de compadecerse de nosotros. Pidámosle por la humanidad entera y digámosle con confianza: Te lo pedimos, Señor.

1.- Por todos los discípulos de Cristo: que podamos afrontar con valor las dificultades de la vida porque tenemos puesta nuestra confianza en el Señor. Roguemos al Señor.

2.- Por los sacerdotes a agentes de pastoral que animan las comunidades cristianas: que animados por el Espíritu de Jesús, puedan ser los primeros en el servicio y los últimos en los privilegios. Roguemos al Señor.

3.- Por nuestro país y todos sus habitantes: que podamos disfrutar de los bienes materiales que nos permiten vivir con dignidad, y reconozcamos con gratitud la Providencia amorosa de Dios. Roguemos al Señor.

4.- Por los que son víctimas de la drogadicción, el alcoholismo, la prostitución y otros vicios, que reconociéndose hijos amados de Dios, puedan recuperar la esperanza y reintegrarse a sus familias ya la sociedad. Roguemos al Señor.

5.- Por todos los aquí presentes que con la energía divina que nos viene de la comunión con el Señor, aprendamos a asumir los problemas que nos trae la vida con serenidad y esperanza. Roguemos al Señor.

Señor, tu que puedes compadecerte de cada uno de nosotros, escucha nuestras oraciones y danos la gracia de no buscar los honores de este mundo sino de sr útiles en la construcción de una sociedad más justa y más humana, para gozar contigo para siempre en el cielo. Tu que vives y reinas por los de los siglos.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Concédenos, Señor, estar al servicio de tus dones con un corazón libre, para que, con la purificación de tu gracia, nos sintamos limpios por los mismos misterios que celebremos. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Señor, haz que nos sea provechosa la celebración de las realidades del cielo, para que nos auxilien los bienes temporales y seamos instruidos por los eternos. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 22: Ef. 2, 1-10; Sal 99; Lc 12, 13-21
Martes 23:   Ef. 2, 12-22; Sal 84; Lc 12, 35-38.
Miércoles 24: Ef. 3, 2-12; Sal: Is 12, 2-6; Lc 12, 39-48.
Jueves 25:    Ef. 3, 14-21; Sal 32; Lc 12, 49-53.
Viernes 26: Ef. 4, 1-6; Sal 23; Lc 12, 54-59
Sábado 27:   Ef. 4, 7-16; Sal 121; Lc 13, 1-9.
Domingo 28: Nm 21, 4b-9; Sal 83; Flp 2, 5-12; Jn 3, 11-16.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mc 10, 35-45

Los versículos que encuadran los desarrollos centrales, presentan al mismo Hijo del hombre frente a la muerte. En el intermedio, se contraponen ciertas frases, que exponen las particularidades del texto. En el v. 33, el Hijo del hombre es "objeto" de una acción cuyos actores son algunos judíos y paganos.
Así, se Le entrega. se Le condena, se Le vuelve a entregar, se Le hace objeto de burla, se Le escupe, se Le azota y, finalmente, se Le mata. En el v. 45, al revés, todos estos actores han desaparecido; solamente persiste un sujeto, que es el Hijo del hombre: El viene y El da su vida. El cambio de actores es algo más que un detalle gramatical; se trata de dos maneras de presentar la Pasión y de expresar su sentido. En el v. 33, el Hijo del hombre vive la experiencia histórica de un hombre víctima de la maldad de los que le rodean, que actúan sobre él; pero este mismo Hijo del hombre que aquí padece, más adelante es el único que actúa. Vive la dependencia humana; pero la vive de modo tan magistral, que es él quien entrega lo que se le arrebata y en el momento mismo en que se le arrebata. Es entregado; y quien entrega su vida es él. ¡Asombroso personaje!.
Louis Monloubou, Edit. Sal Terrae Santander 1981.Pág. 140



2.- -Lo que Jesús acaba de decir a Santiago y a Juan lo generaliza después dirigiéndose a los diez restantes y apoyándose sobre el tema del servicio (vv. 41-45). Jesús descubre la conciencia que El tiene de su misión: él es Mesías e Hijo del hombre, pero también el Siervo paciente inmolado por la multitud (v. 45; cf. Is 53, 11-12). Consciente de su misión de jefe y de la proximidad de su muerte, que le impedirá ejercer esta misión, Jesús deposita en Dios su confianza y descubre que sólo será Jefe después de haber servido como siervo de Yahvé.
Pero Jesús exige a sus apóstoles que sigan la misma evolución psicológica. Lo mismo que El ha descubierto su vocación de Siervo paciente, los apóstoles deben descubrir el sentido del servicio (vv. 43-44).
-El v. 45 es uno de los más importantes del evangelio de Marcos, pues es prácticamente el único de los relatos sinópticos que presenta a Jesús como rescate. La idea es probablemente primitiva y el texto auténtico: no sería la primera vez que Jesús se inspira en la teología del Siervo paciente y el valor soteriológico de la muerte (Is 53, 10 u 12; Sal 48/49, 7-9, 15; Dan 7, 14). El rescate designa lo que el hombre ofrece a alguien como compensación de aquello a que tendría derecho. Ahora bien: hay una cosa por la que el hombre no tiene ningún rescate que ofrecer: su propia vida, de la que se adueña la muerte sin posible compensación (Mc 8, 36-37), a menos que el mismo Dios proponga un rescate (Sal 48/49, 9 y 15; cf. Is 52, 3). Jesús es portador de ese rescate ocupando voluntariamente el lugar de personas no solo mortales, sino también culpables (Is 53, 10).
Como voluntaria que era ("dar su vida"), esa sustitución es, por el hecho mismo, sacrificial; es, además, universal ("por muchos"). Estas dos notas son específicas de Marcos y no tienen antecedente alguno en la tradición bíblica. Se da, además, una tercera nota: es ese "Hijo del hombre", ese Juez trascendente de Dan 7, quien, en lugar de juzgar y condenar, pagará el rescate que liberará a los culpables; carga sobre Sí, en cierto modo, su suerte y su condena. Mientras que en Dan 7, 14 el Hijo del hombre debía ser servido, en Mc 10, 45 está hecho para servir a los acusados. De ahí que Cristo no deje de creer que está llamado a una exaltación paralela a la del Hijo del hombre, pero sabe también cuál va a ser el camino de esa exaltación: el servicio y el sacrificio.
Este Evangelio considera, por tanto, a la pasión de Jesús y a su resurrección, en sus repercusiones sobre la vida cristiana: "es necesario" beber el cáliz para sentarse en los tronos, bautizarse en la prueba para juzgar a la tierra, servir para ser jefe. El sufrimiento entra de pleno derecho en la vida del discípulo y no solamente este sufrimiento accidental, moral y físico que forma parte de la condición humana, sino también el sufrimiento característico de la oposición y del abandono que llevó a Jesús a la cruz.
El aislamiento del cristiano actual en un mundo secularizado y ateo es, quizá, una situación previa a esta oposición, y también una manera de llevar la cruz con Jesús en la celebración de la Eucaristía.
Maertens - Frisque, Marova Madrid 1969.Pág. 189



3.- Texto. Cuarto alto docente en el camino hacia Jerusalén. La enseñanza arranca de una nueva mención explícita de los acontecimientos de Jerusalén. Son los vs. 32-, 4, inmediatamente anteriores, con los que empalma el texto de hoy. Los destinatarios son los doce. El procedimiento es en parte similar al de los dos últimos domingos. la primera parte sirve para introducir el tema, objeto de la enseñanza de Jesús en la segunda.
-Primera parte (vs. 35-41).
Cuando Marcos desveló por primera vez el camino de Jesús y de sus seguidores, recogía una frase de Jesús en la que se hacía referencia a una llegada del Hijo del hombre envuelto en la gloria del Padre (Mc 8, 38). Santiago y Juan, dos de los doce, solicitan ahora una participación preeminente en esa situación. Esta solicitud viene a ser una segunda edición de la conversación sobre rango y prioridades reseñada en Mc. 9, 33-34. La solicitud ocasiona la indignación de los otros diez. La situación creada en el grupo determina la enseñanza de Jesús a los doce. Sin embargo, antes de esa enseñanza Jesús explica a Santiago y a Juan que lo que en realidad le están pidiendo es poder estar a su derecha y a su izquierda el día de Viernes Santo. En la globalidad de la obra de Marcos, la frase "está ya reservado" remite a 15, 27: "Estaban crucificados con él dos malhechores, uno a su derecha y otro a su izquierda".
Jesús les dice a Santiago y a Juan que el concederles esto no depende de él, sino de otros. Estas palabras no deben leerse a la luz del paralelo de Mateo, quien habla de un estar reservado por el Padre. En la versión de Marcos la referencia no es a Dios, sino a la instancia humana que dictará la sentencia de muerte de los dos malhechores.
La enseñanza a los doce comienza con una referencia realista a las situaciones de opresión propiciadas por el ejercicio del poder. La referencia le sirve a Jesús de contramodelo para los doce: Vosotros nada de eso.
En segundo lugar, Jesús les propone su propio modelo, que no es sino una nueva versión del propuesto en 9, 35: El que quiera ser grande, sea servidor; el que quiera ser primero, sea esclavo. Enunciado por paradoja, en la que los segundos miembros niegan a los primeros: servidor niega a grande; esclavo a primero.
Este modelo arranca y tiene su razón de ser en el ejemplo del Hijo del Hombre, que no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos. La primera lectura de hoy nos ofrece el trasfondo de estas palabras (Is 53, 10-12).
Comentario. Los acontecimientos de Jerusalén proyectan toda su luz sobre el texto de hoy, más aún, son ellos los que en realidad configuran el texto. En primer plano el Calvario, con Jesús y los dos malhechores flanqueando la cruz de Jesús. Esta cruz es la gloria de Jesús, la irrupción poderosa del Reino de Dios, en una superposición de muerte y vida, cruz y resurrección.
Desde este trono, desde este servicio único de vida, arranca el modelo al que deben mirar los doce para negar con su actuación las categorías de grande y primero.
De las cuatro sesiones de enseñanza destinadas a los discípulos, Marcos ha dedicado dos al ejercicio de la autoridad por parte de los doce. El tema lo consideró importante y, tal vez, preocupante.
Dabar 1988, 52



4.- Sentido del texto. Santiago y Juan formulan su petición desde los modelos habituales del poder. Pero ¿a donde conducen esos modelos? A matar. Así lo ve Marcos, puesto que nos remite a la escena de la crucifixión. Allí, en efecto, aparecen a derecha e izquierda de Jesús otros dos crucificados. El estar a la derecha o a la izquierda no es efectivamente algo que dependa de Jesús; es el poder quien reserva estos puestos. Por eso no saben lo que piden Santiago y Juan. ¡Qué critica tan fina al poder! Crítica, por otro lado, explícita en el v. 42.
Como sucedía en Mc. 9, 33-48, también en esta ocasión se dirige Jesús a los doce, es decir, a aquéllos que tienen la responsabilidad de mando dentro de la comunidad cristiana.
Y una vez más les exhorta a no ejercer ese mando según los modelos habituales del poder (vs. 43-44). Pero en esta ocasión la exhortación adquiere toda la grandeza y fuerza dramáticas de la última voluntad de una persona. En efecto, el v. 45 recoge las últimas palabras de la enseñanza de Jesús a los suyos. Son un grito y un ofrecimiento. Esta puede ser su paráfrasis: "Si no hacéis caso a mi vida, haced al menos caso a mi muerte. El poder me va a asesinar. Que mi cuerpo muerto sea la señal de lo que da de sí el poder. Que ese cuerpo os haga tomar conciencia de la necesidad de salir de unos sistemas mortíferos. Que ese cuerpo os rescate de esos sistemas". San Pablo lo ha entendido perfectamente cuando hace de la cruz el emblema cristiano. Todo esto es mucho más que una simple máxima ascética.
Dabar 1982, 52



5.- Jesús se siente lleno de valor y seguro de sí mismo, y camina delante de todos para ir a Jerusalén, donde le espera el suplicio. Al mismo tiempo trata de convencer a sus seguidores de que no hay esperanza alguna de conseguir un éxito político. ¿Quién seguirá hasta el final a un jefe que solamente promete la resurrección? ¿Cómo debe ser un jefe? ¿Cómo se portan los jefes, el jefe del equipo, el jefe de la familia? Los jefes de estado pasan sonriendo a la muchedumbre y abrazan al niño que les rindió homenaje, pero, ¿quién sirve y quién se hace servir? Jesús ha venido a servir, y su servicio a la humanidad será su muerte voluntaria: "Se hizo obediente, tomó la condición de esclavo y murió en una cruz" (Flp 2, 9).
Beber la copa y bautizarse son modos de decir que expresan en forma figurada los sufrimientos y la muerte de Jesús (cf. Notas a /Mt/20/20-28). A continuación, un breve poema de LAOTSE, sabio chino muy antiguo, referente a este mismo tema:
"¿Qué han hecho el río y el mar
para ser reyes de los cien valles?
Se han puesto debajo de ellos
y por eso reinan en los cien valles.
Si el santo quiere estar encima del pueblo,
que sepa primero hablar con humildad.
Si quiere encabezar el pueblo,
que se ponga en el último lugar.
Así está el santo encima del pueblo
y no le parece pesado,
dirige al pueblo
y no le parece pesado,
dirige al pueblo
y no hace sufrir al pueblo.
Con gusto lo ponen a la cabeza y no se cansan de él.
Como no rivaliza con nadie,
nadie puede rivalizar con él"
Tomado de la Biblia Latinoamericana,  Ediciones Paulinas. Verbo Divino



6.- Jesús acaba de anunciar claramente a sus discípulos cómo ha de padecer y morir en Jerusalén para resucitar al tercer día (vv. 32-34). Sin embargo, y aunque no es la primera vez que les habla sobre este particular, sus discípulos siguen sin entender nada (cfr. 9, 32). Jesús marcha resueltamente delante de ellos, preocupado y sabiendo adónde va, pero los discípulos andan despistados y distraídos por cosas muy diferentes. Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se adelantan del grupo y dan alcance al Maestro. Van a pedirle nada menos que ocupar los dos primeros puestos en el reino que, según pensaban, iba a inaugurarse de un día para otro.
Jesús no les echa en cara propiamente su ambición, sino su ignorancia, pues no comprenden que el único camino que lleva a la gloria pasa por la cruz. "Beber el cáliz" es aceptar la voluntad de Dios, empaparse de la voluntad de Dios, aunque ésta sea un "mal trago" para los hombres; "ser bautizado" es tanto como sumergirse en la amargura de la muerte. Con estas palabras alude Jesús al martirio que le espera en Jerusalén y pregunta a los dos hermanos si van a ser capaces de seguirle hasta ese extremo. Porque esto es lo que debiera preocuparles y no sentarse en los primeros puestos. La ambición de los hijos de Zebedeo indigna a sus compañeros, y el grupo se divide.
Pero Jesús, dejando a un lado la cuestión de rangos y precedencias en el reino futuro, los reúne de nuevo y les enseña cómo deben comportarse ahora en el reino de la comunidad. En primer lugar, constata el hecho de que los jefes y los grandes tiranizan y oprimen a los pueblos. El abuso de poder es un hecho fácilmente comprobable en todos los pueblos, tanto que Jesús lo da por sabido.
Por eso la aspiración de sus discípulos no ha de ser el poder sobre los demás, sino el servicio a los demás. Ya que en esto consiste la única grandeza, y el que oprime a los demás es un miserable. A la "voluntad de poder" Jesús opone la "voluntad de servicio"; al imperio autoritario de los jefes y los grandes de este mundo, la "diaconía" (=servicio) evángelica. Cuando la iglesia se aparta de una estructura fraternal y, adaptándose a las formas de este mundo, se convierte en un instrumento de poder con rangos y escalafones, se aparta de la voluntad de Jesús.
Como ha de ser el servicio a los demás y hasta qué extremo, lo dice Jesús con su propia vida y con su muerte; pues él no ha venido al mundo para vivir como un señor, sino para morir como un esclavo. Jesús ha querido ocupar el último lugar de todos, la cruz, para servir a todos dando la vida por todos.
Estas palabras, en las que Jesús afirma el valor redentor de su muerte, son una clara alusión al texto de Isaías (53, 11s, de la primera lectura de hoy; cfr. Mc 14, 24). Jesús es el Siervo de Yavé, el "uno" que muere por "muchos", es decir, por todos. Tanto en el texto de Isaías como en otros lugares bíblicos (p. e. Rom 5, 12ss), la palabra "muchos" (que se contrapone a "uno") equivale a "todos". Por lo tanto, Jesús muere por todos los hombres y no sólo por los hijos de Israel. Lo cual debió extrañar sin duda a los judíos por las siguientes razones: a) Porque consideraban que sólo los hijos de Israel podían esperar la salvación prometida. b) Porque la idea de un Mesías que salvara con su muerte les era desconocida, a pesar de lo que había profetizado Isaías. c) Porque no creían que todo el pueblo de Israel necesitara ser redimido del pecado.
Eucaristía 1982, 47



7.- Texto. 
Incide en la misma temática con la que Marcos, abría hace cuatro domingos, la enseñanza reservada a los discípulos (cfr. Mc 9, 30-37). Y como entonces, los destinatarios son también los doce. La ocasión es la pretensión de los hijos de Zebedeo y el malestar originado dentro del grupo por una tal pretensión. El autor recoge un incidente interno rigurosamente histórico y, a diferencia de Mateo, lo hace sin rodeos ni paliativos.
Marcos refiere la respuesta de Jesús a los dos hermanos con la mirada puesta en su posterior relato de la crucifixión. En la pluma de Marcos ese relato adquiere la paradójica forma de una entronización, en la que a derecha e izquierda de Jesús hay otros dos crucificados. Por ese motivo puede decir Jesús a los dos hermanos que no saben lo que están pidiendo y que de dicha entronización él no es responsable, sino otros. La frase "está ya reservado" no hay que leerla, como hacen algunos manuscritos, bajo el influjo del paralelo de Mateo. En Marcos Jesús no está refiriéndose en ella a su Padre, sino a los responsables de su muerte.
Por el mismo motivo puede hablar Jesús a los dos hermanos de un cáliz y de un bautismo a compartir con él. Esta es la gloria de la que Jesús sí puede hablarles y la que les ofrece y promete (recuérdese el "con persecuciones del último domingo). La enseñanza al resto del grupo de los doce es un desarrollo de la frase recogida en Mc. 9, 35: El que quiera ser el primero, que sea el último y el servidor. El desarrollo parte de un diagnóstico sobre los gobernantes de la época. El diagnóstico está hecho con la mirada puesta en la situación internacional. La expresión "los pueblos" era el término judío para referirse a los no judíos. El conocimiento de la historia demuestra lo certero y ajustado a la realidad de este diagnóstico.
Pero entre vosotros no debe ser así. Esta frase marca la necesidad de una línea divisoria. Entre vosotros no debe existir más grandeza que la del servicio a los demás. Y ello a imitación de un Maestro cuya vida es una oferta consciente de servicio para liberar a los hombres de la lacra del dominio de unos sobre otros.
Comentario. 
Resulta por sí mismo significativo que en un evangelio sin apenas enseñanzas de Jesús se repita la misma temática para abrir y cerrar las páginas reservadas a instruir a los discípulos. Las relaciones interpersonales y el ejercicio de la autoridad preocupó indudablemente a Marcos.
No es para menos, pues se trata de un problema que tiene sus raíces en la tendencia prácticamente instintiva que todos tenemos a dominar y que se manifiesta en cualquiera de los órdenes de la vida. Nos gusta tener a los demás debajo. Estos demás podrán ser pocos o muchos, pero en definitiva tenemos necesidad de sentirnos sobre alguien. ¡Y con qué intransigencia y dureza nos empleamos cuando esta necesidad parece escapársenos! El servicio a los demás es bastante más que una bella frase; supone la negación de un instinto que nos corroe. Por eso resulta tan difícil dar forma concreta a ese servicio. Sucede a veces que el servicio es la cara oculta del dominio o del orgullo. La enseñanza de este texto cuenta en nosotros con otro enemigo añadido: la impresión y, en ocasiones, el convencimiento de que estar al servicio de los demás resulta imposible hoy. Si nos halláramos ante una impresión y un convencimiento generalizados, existirían motivos más que suficientes para compartir la preocupación que llevó a Marcos a insistir en esto de la grandeza y del dominio y la necesidad de la línea divisoria seguiría siendo una urgencia.
Dabar 1991, 50



8.- Este es prácticamente el único pasaje de los sinópticos que nos presenta a Jesucristo como "rescate" de los hombres. El rescate, en el Antiguo Testamento es la compensación económica que hay que pagar por un delito cometido (Nm 35, 30-31: el homicida culpable será condenado a muerte, y no se le aceptará rescate por su vida), o la cantidad pagada por la liberación de un cautivo o un esclavo (Lv 25, 51-52; cf. Is 45, 13). Pero el hombre camina inexorablemente hacia la muerte, y no tiene nada que ofrecer para asegurarse una vida sin fin: "¿Qué hombre podrá redimirse y pagar a Dios su rescate? La vida humana no tiene precio; no vale el dinero para adquirirla, para comprar el derecha de vivir eternamente y escapar de la muerte" (/Sal/049/8-10). Sólo Jesucristo, al "dar" voluntariamente su vida como rescate por "todos", nos abre las puertas de la vida eterna.
Hilari Raguer, Misa Dominical 1976, 18



9.- -"Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda": Vemos a los dos hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, pidiendo un privilegio personal, precisamente después que Jesús haga un anuncio de la pasión que le espera en Jerusalén. Así el evangelista subraya la interpretación equivocada que aún tienen los discípulos del término del camino que los conduce a Jerusalén. Allá será el lugar de la revelación: pero, ¿cuál? La petición de los dos discípulos no se refiere, ciertamente, a un lugar de privilegio en un reino mesiánico de carácter temporal. Esta perspectiva no es la del evangelista. Se trata de pedir la participación en la gloria y en el juicio el día de la manifestación del Hijo del Hombre en los últimos tiempos. ¿Por qué es criticable esto? Lo es en cuanto pasan por alto que la revelación en Jerusalén será a través de la cruz.
-"¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?": El cumplimiento de la petición de los discípulos tiene una exigencia expresada con una doble imagen: el cáliz y el bautismo. A la luz del AT conviene entender la imagen del cáliz como referencia al destino que Dios da a las personas o a todo el pueblo, sea este destino bueno o malo. También designó el castigo sobre los impíos o más tarde el sufrimiento de los mártires. Es, pues, una alusión de Jesús a su pasión y muerte, que a la vez es juicio de salvación para los impíos. La imagen del bautismo también debe enmarcarse dentro de esta referencia: la pasión y muerte como una corriente de agua que arrastra y ahoga. Los discípulos deben participar a través de los sufrimientos y la misma muerte, a causa de su seguimiento de Jesús; está será la medida de los privilegiados. La afirmación de que los dos discípulos participarán de ella parecería indicar el conocimiento por parte del evangelista de su martirio (el de Santiago está en Hch 12, 2; el de Juan, es más difícil de precisar históricamente).
-"El que quiera ser grande, sea vuestro servidor": Frente a la reacción adversa de los demás discípulos ante los hijos de Zebedeo, está la enseñanza de Jesús: los gobernantes y los grandes "parecen" como si dominaran el mundo. Un poco de ironía en las palabras de Jesús: quien verdaderamente domina el mundo es el mismo Dios, los demás sólo se lo piensan. Pero la finalidad de la enseñanza se dirige al seno de la comunidad: el que quiere presidir debe actuar como servidor. Su fundamento no es otro que el servicio y la muerte del Hijo del hombre por todos. Trasfondo la 1. lectura: pero mientras allá se acentúa la realización del plan de Dios, aquí se subraya la entrega voluntaria de Jesús a la muerte.
Joan Naspleda, Misa Dominical 1988, 30



10. I/PODER 
La pregunta de los hijos del Zebedeo es interpretada por Jesús en dos tiempos. El primer tiempo se refiere a la posibilidad de que los discípulos lo acompañen en su gloria. El segundo tiempo alude al eventual privilegio de poder reservar los primeros puestos a favor de dos determinados discípulos, como si fuera algo debido a ellos. Al primer tiempo Jesús responde sencillamente: llegar a la gloria es posible, pero antes hay que pasar por el "bautismo" de Jesús y beber su "copa". Ambas imágenes se refieren claramente a la superación de dificultades, incluso la muerte.
Sin embargo, la respuesta al segundo tiempo es dura. El derecho a la reserva de los primeros puestos es una pretensión del orgullo humano, que no va bien con la "teología de la gratuidad" tal como es insistentemente presentada por nuestro evangelista.
A continuación, tras la indignación de los "diez", Jesús les presenta las razones profundas de esta nueva economía de la "comunidad-sin-poder". Jesús contrapone la comunidad mesiánica a la sociedad civil, más concretamente al Estado.
En el Estado están "los que son considerados jefes". Ellos "dominan con dureza" y "hacen sentir el peso de su autoridad". Este subrayado del aspecto negativo y del carácter prevaricador del poder es conservado por Mateo, pero profundamente suavizado por Lucas. Mateo conserva los dos verbos de Marcos: "katakyriéousin, katexousiádsousin" (Mt 20, 25); por el contrario, Lucas suprime la preposición "kata", que da la idea del abuso y de la prevaricación, y dice simplemente: "kyriéousin exousiádsontes" (Lc 22, 25); aún más, añade una especie de atenuante: el que ejerce el poder a veces es llamado "bienhechor".
Naturalmente la figura opuesta al que manda es la del que sirve. Pues bien, en la comunidad cristiana los "jefes" tendrán paradójicamente la tarea de "servir". Por lo tanto, una iglesia que sea una imagen trastocada del Estado no corresponde realmente al proyecto esencial de su fundador. Por eso, el gravísimo pecado de la Iglesia es precisamente el organizarse a imagen y semejanza del Estado o de insertarse como parte integrante de su estructura.
La razón última de este planteamiento en la Iglesia está precisamente en el hecho de que "el hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate de la humanidad". Para entender este importantísimo versículo, tenemos que partir de un hecho seguro; el gesto de servir y de darse en rescate constituye la motivación de esta eclesiología paradójica. Efectivamente, el versículo 45 empieza con una casual ("kai gar", o sea "porque").
¿Qué quería decir Jesús con la alusión al "rescate"? "Rescate" ("lytron") es el precio dado para liberar a un prisionero de guerra o a un esclavo. Pero ¿de qué rescata Jesús a la humanidad? Lógicamente, ateniéndonos al contexto inmediato, debemos pensar que el rescate concierne a la situación de servidumbre y opresión, a la que está sometida la humanidad a causa de los que ejercen sobre ella un poder abusivo. Según la descripción del evangelista, nuestro mundo es un mundo de esclavos; Jesús no viene a rescatar estos esclavos convirtiéndose él, con su iglesia, en un nuevo "rey", ni siquiera un "rey bienhechor", sino convirtiéndose paradójicamente en un esclavo. Diríamos que la cura propuesta por Jesús no es alopática, sino homeopática (similia similibus curantur): la esclavitud del hijo del hombre y de su iglesia actúa como una especie de vacuna.
En este caso, el rescate se da, por así decirlo, no a Dios sino al príncipe de este mundo (Jn 12,31; 16,11; 1 Jn 5,19), al dios de este mundo (2 Cor 4,4 ), que en la tentación le dice expresamente a Jesús, tras haberle hecho ver en un momento todos los reinos de la tierra: "te daré todo este poder y la gloria de estos reinos, porque me ha sido concedida y la concedo a quien quiero" (Lc 4, 6). El diablo es el gran emperador del mundo, que nombra, como lugartenientes suyos, a los jefes de Estado. Cono vemos, en el NT, especialmente en san Pablo, es constante la idea de que el poder es un espacio de tentación.
El mundo, pues, es un mundo de esclavos, manipulados por fuerzas autoritarias que, en el fondo, son demoníacas. Jesús no viene a quitarles el poder a los que de hecho lo ejercen: en el plan misterioso de Dios ellos continuarán ejercitando su poder, más o menos opresivo, hasta el fin de la historia. Sin embargo, Jesús, ya desde ahora, inicia el rescate de la humanidad, dándose a sí mismo como víctima del poder y convirtiéndose a sí mismo en el siervo de todos. Es una liberación paradójica: su iglesia no deberá ofrecerle al "poder demoníaco" la alternativa de un "poder cristiano". Esta sería la mayor y más peligrosa tentación. Ella deberá existir como comunidad, en cuyo seno no exista el cáncer del poder, ni eclesiástico ni civil. Solamente una comunidad de "siervos", sin ambiciones políticas, podrá ayudar eficazmente a la humanidad a liberarse de las fuerzas que la oprimen.
Comentarios a la Biblia Litúrgica NT, Edic Marova Madrid 1976. Pág. 1178 Ss.



11. ACI DIGITAL 2003
35. Estos "hijos del trueno" (3, 17) recordaban los doce tronos (Mat. 19, 28) y pensaban como los que oyeron la parábola de las minas (Luc. 19, 11), como los del Domingo de Ramos (11, 10), como todos los apóstoles después de la Resurrección (Hech. 1, 6), que el Reino empezaría a llegar. Jesús no condena precisamente, como algunos han creído, esta gestión que su primos hermanos intentan por medio de su madre la buena Salomé (Mat. 20, 20) y que, si bien recuerda la ambición egoísta de Sancho por su ínsula, muestra al menos una fe y esperanza sin doblez. Pero alude una vez más a los muchos anuncios de su Pasión, que ellos, como Pedro (Mat. 16, 22), querían olvidar, y les reitera la gran lección de la humildad, refiriéndose de paso a arcanos del Reino que San Pablo habría de explayar más tarde en las Epístolas de la cautividad. 
39. Ese bautismo a que Jesús alude no parece ser sino el martirio. Véase Luc. 12, 50. Ambos apóstoles lo padecieron (Hech. 12 y nota), si bien Juan salió ileso de su "bautismo" en aceite hirviendo. Cf. Juan 21, 22 y nota: Jesús le respondió: "Si me place que él se quede hasta mi vuelta, ¿qué te importa a ti? Tú sígueme". S. Agustín interpreta este privilegio de Jesús para su íntimo amigo, diciendo: "Tú (Pedro) sígueme, sufriendo conmigo los males temporales; él (Juan), en cambio, quédese como está, hasta que Yo venga a darle los bienes eternos". La Iglesia celebra, además del 27 de diciembre, como fiesta de este gran Santo y modelo de suma perfección cristiana, el 6 de mayo como fecha del martirio en que S. Juan, sumergido en una caldera de aceite hirviente, salvó milagrosamente su vida. Durante mucho tiempo se creyó que sólo se había dormido en su sepulcro (Fillion). 
42. Véase Luc. 22, 25 - 27: "Pero El les dijo: "Los reyes de las naciones les hacen sentir su dominación, y los que ejercen sobre ellas el poder son llamados bienhechores. No así vosotros; sino que el mayor entre vosotros sea como el menor; y el que manda, como quien sirve. Pues ¿quién es mayor, el que está sentado a la mesa, o el que sirve? ¿No es acaso el que está sentado a la mesa? Sin embargo, Yo estoy entre vosotros como el sirviente". 
45. Véase Luc. 22, 27 y nota: "Pues ¿quién es mayor, el que está sentado a la mesa, o el que sirve? ¿No es acaso el que está sentado a la mesa? Sin embargo, Yo estoy entre vosotros como el sirviente". ¡Como el sirviente! No podemos pasar por alto esta palabra inefable del Hijo de Dios, sin postrarnos con la frente pegada al polvo de la más profunda humillación y suplicarle que nos libre de toda soberbia y de la abominable presunción de ser superiores a nuestros hermanos, o de querer tiranizarlos, abusando de la potestad que sobre ellos hemos recibido del divino Sirviente. Cf. Mat. 23, 11; Filip. 2, 7 s. y nota; I Pedro 5, 3; II Cor. 10, 8; III Juan 9 s.

viernes, 12 de octubre de 2018

LECTURA Y COMENTARIO DOMINGO XXVIII T.O. CICLO B - 14 OCTUBRE 2018


LIBERATE

  
ORACION COLECTA

Te pedimos, Señor que tu gracia nos preceda y acompañe y nos sostenga continuamente en las buenas obras. Por Nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría 7, 7-11

Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría.
La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza.
No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena, y, junto a ella, la plata vale lo que el barro.
La quise más que la salud y la belleza, y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso.
Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables.

SALMO RESPONSORIAL (89)

Sácianos de tu misericordia, Señor.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos. R.

Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Danos alegría, por los días en que nos afligiste, por los años en que sufrimos desdichas. R.

Que tus siervos vean tu acción, y sus hijos tu gloria. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 12-13

La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Juzga los deseos e intenciones del corazón.
No hay criatura que escape a su mirada. Todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 17-30

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».
Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno?. No hay nadie bueno más que Dios.
Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.».
El replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.».
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.».
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!».
Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.».
Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.».
Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.».
Jesús dijo: «Les aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más—casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna.».

COMENTARIO

La gran cuestión de las riquezas no consiste en saber a partir de qué fortuna o con que salario uno deja de ser cristiano. Marcos no nos hace pensar en una calculadora, sino en Jesús que nos mira (tres veces se habla de esta mirada) y nos dice: “Sígueme”. ¿No ha dicho antes: “Liquídalo, dalo todo?”. Sí, pero esto significa exactamente: “Libérate de todo para seguirme”. Por tanto, es una lección, no de tristeza, sino de gran alegría. Si creemos que seguir a Jesús no es embarcarse en la felicidad, que cierre el evangelio.  El joven rico se puso a los pies de Jesús, buscaba la felicidad y se marchó triste. Lo tenía todo, según se dice, para ser feliz, pero Jesús le trazó este diagnóstico: “Una cosa te falta”. ¡Pobre de nosotros si nos falta eso! Esa cosa tan preciosa es la posibilidad de seguir a Jesús. ¡Y esto supone una famosa liberación! “Vete,
libérate de lo que puede encadenar, véndelo todo para  comprar la libertad de seguirme”. Ese es entonces la cuestión. Volvemos al “¡Liquídalo todo!”. ¿Habrá que seguir a Jesús totalmente desnudo”. Jesús no iba desnudo ni tampoco era un andrajoso.
El no conoció la miseria. Comía y bebía normalmente; admitió incluso un gasto superfluo como el perfume que le ofrecía la mujer pecadora.
Pero como nada lo ataba, pudo llegar hasta el fin de todo lo que exigía el amor fraternal. Cuando nos dice: “¡Ven!”, nos llama por ese camino, no hacia las cimas del despojo, sino hacia las cimas del amor. Hay que esforzarse por liberarse de todo lo que nos impide amar y servir. No hay nada que despoje tanto como el querer ser libre. Chocamos muy pronto con las cadenas del dinero: tener demasiado  no tener bastante.
Una vez más, acaba de constatar que la riqueza estropea a los mejores.  Aquel joven rico era un chico maravilloso, con grandes deseos de llegar lejos. “Jesús se le quedó mirando y le tomó cariño”.
 Desgraciadamente lo vemos tan enredado en todo lo que se posee que no habría sido capaz de avanzar por el camino.  Más pronto o más tarde, el hombre choca con la  pared de  una imposibilidad “Señor hasta allí no puedo seguirte”.
Pero Jesús les dice tanto a  los ricos como a los pobres una palabra que puede transformar nuestro desaliento en experiencia de confianza: “Todo es posible para Dios”. 
No es una frase de un hombre, sino una palabra de Dios, vale la pena arriesgarlo todo para lanzarse a esta  confianza: “Contigo  no hay nada imposible”. 
El brazo de Dios es lo bastante fuerte para arrancarnos del egoísmo así como de la inquietud del amor fraterno. “Es como hacer pasar al camello por el ojo de la aguja”.
Ante esta imagen pintoresca, pero tremenda, los discípulos miden la dificultad de seguir a Jesús: “Entonces, ¿quién puede salvarse?”. Cuando Jesús nos  dice: “Libérate”, se trata de  una invitación  pero  también de un ofrecimiento.

PLEGARIA UNIVERSAL

El Señor nos invita a buscar los bienes que no pasan, el cumplimiento de la voluntad de Dios y el servicio fraterno o los demás. Pidámosle con fe que nos ayude a responderle con alegría y generosidad. Digamos: Escúchanos, Señor.

1.-  Para que la Iglesia, no busque ni se apegue a los bienes de este mundo, para que sea signo de los bienes eternos en medio del mundo. Roguemos al Señor.

2.- Para que la Palabra de Dios suscite en los gobernantes el compromiso de buscar la justicia, promover libertad y garantizar la paz. Roguemos al Señor.

3.- Para que los que tienen riquezas no apeguen a ellas su corazón y poniendo solo en Dios su propia seguridad, estén  abiertos a socorrer a los que más necesitados. Roguemos al Señor

4.- Para que Jesús llame muchos de nuestros jóvenes a seguirlo y ellos tengan la valentía de dejarse conquistar el corazón por El y responder generosamente a su llamado. Roguemos al Señor.

5.- Para que los que se han consagrado a Dios, dejándolo todo por El, den testimonio de la libertad y el gozo de pertenecer a Dios siguiendo a Jesús, su Hijo  amado. Roguemos al Señor.

6.- Para que al celebrar la Eucaristía, reconozcamos que Dios es el Sumo bien que nos da la felicidad verdadera y le demos siempre el primer lugar en nuestra vida. Roguemos al Señor.

Escucha nuestras oraciones, atraemos a ti, Señor, y haz que tu palabra nos vivifique y transforme. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta las suplicas de tus fieles, Señor, juntamente con estas ofrendas, para que lleguemos a la gloria del cielo, mediante esta piadosa celebración. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Señor, pedimos humildemente a tu majestad que, así como nos fortaleces con el alimento del Santísimo Cuerpo y Sangre de tu Hijo, nos hagas participar de su naturaleza divina. Por Jesucristo nuestro Señor

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 15: Ga 4, 22-24.26-27.31-5, 1; Sal 112; Lc 11, 29-32.
Martes 16: Ga 5, 1-6; Sal 118; Lc 11, 37-41.
Miércoles 17: Ga 5, 18-25; Sal 1; Lc  11, 42-46.
Jueves 18: 2Tm 4, -17ª; Sal: 144; Lc 10, 1-9.
Viernes 19: Ef 1, 11-14; Sal 32; Lc 12, 1-7.
Sábado 20: Ef 1, 15-23; Sal 8; Lc 12, 8-12
Domingo 21: Is 53, 10-11; Sal 32; Hb 4, 14-16; Mc 10, 35-45.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mc 10, 17-30
Par.: Mt 19, 16-30 Lc 18, 18-30

Texto. -El comienzo refleja una cierta urgencia por parte de la persona que se aproxima a Jesús: lo hace corriendo. Que fuera un joven, no se deduce en absoluto del texto de Marcos. La identidad personal del interlocutor no es significativa para el autor; lo significativo son las situaciones moral y social del interlocutor: una persona cumplidora del decálogo y muy rica.
La pregunta formulada revela, además, una persona con inquietudes religiosas: ¿Qué he de hacer para alcanzar la vida eterna? El gesto de arrodillarse y la interpelación (Maestro bueno) que acompaña su pregunta revelan veneración y reconocimiento hacia Jesús.
Las primeras palabras de Jesús revelan magistralmente cómo era él, cual era su papel e, incluso, cómo se experimentaba a sí mismo. Nadie es bueno sino solamente Dios. Jesús fue una señal apuntando siempre en dirección a Dios. Jesús remitía siempre a Dios.
A continuación Jesús recuerda a su interlocutor cosas que, sin duda, conocía este por los libros del Éxodo y del Deuteronomio. Seis mandatos, cinco de ellos en formulación negativa y uno en formulación positiva. Los seis son de naturaleza social, en el sentido de que velan por los demás, por los que no son uno mismo.
Por último, Jesús propone a su interlocutor algo que a éste le falta, una única cosa: la renuncia a su dinero. La propuesta es prioritariamente individual, le afecta a él y a su bolsillo.
Comentario. -La guerra es sólo la expresión última y más llamativa de la falta de paz; antes ha habido infinidad de expresiones intermedias más rutinarias de falta de paz. En el final están los políticos, los economistas y los militares; en el largo y preparatorio camino estamos nosotros, los de a pie, los de andar por casa, es decir, casi todos los habitantes del planeta.
En el largo y preparatorio camino están las pequeñas y grandes cosas que hacemos mal en nuestras relaciones con los demás. Las seis apuntadas por Jesús abarcan bastante bien todo el campo de posibilidades de mala relación con los demás. Cuando estalle la guerra (escribo este comentario cuando los medios de comunicación hablan de ambiente prebélico), pensemos que durante mucho tiempo antes cada uno de nosotros estuvo preparando eso que sólo al final se llama guerra. No nos engañemos: el final, es decir, la guerra es ciertamente cosa de altas esferas político-económico-militares; pero la falta de paz es cosa de todos y cada uno de nosotros. Tenemos el mal hábito de cargar a las altas esferas en exclusividad la responsabilidad de la guerra, cuando la guerra es, en realidad, la suma final de nuestras malas acciones contra los demás en el día a día de nuestro vivir.
De nuestras malas acciones contra los demás y de nuestro amor al dinero. Tampoco en este punto es conveniente engañarse. El dinero puede, amordaza, rompe. Parece bastante cierto que el dinero es móvil primordial de las guerras. Pero ¿acaso no lo es de nuestras vidas? ¿Con qué derecho, pues, podemos pensar que no somos responsables de las guerras? Vende todo lo que posees. La propuesta es dura y contundente. Como duro y contundente es nuestro apego al dinero. ¿Propuesta inviable? Jesús no es maximalista ni habla tampoco de un voto de pobreza. Sencillamente nos pone en guardia a todos contra el dinero. El dinero, en efecto, puede, amordaza y mata. Donde el dinero sea el móvil, nunca jamás podrá haber paz. Tomémoslo en serio. El dinero es hoy demasiado dueño nuestro. Así nunca habrá paz.




2.- Desde el principio el joven plantea la cuestión de la salvación, la única cuestión importante: ¿qué hay que hacer para salvarse? (v. 17). Pero la plantea mal al dirigirse a un "maestro bueno", a un rabí entre otros (v. 17). Busca solamente una opinión de escuela, entre otras..., y como habrá otras y diferentes respuestas, se reserva de antemano el derecho de escoger entre ellas, o incluso el de no escoger. Jesús rechaza inmediatamente esta manera de actuar recordándole la existencia de Dios, único que es bueno (v. 28). De esta forma deja entender que su respuesta no será una opinión de escuela, sino una orden divina que obliga a actuar en vez de perderse en discusiones sin fin. Jesús recuerda al joven lo esencial de la ley (v. 19). Pero el joven plantea una nueva cuestión, no con vistas a obedecer mejor, sino para prolongar la discusión y así retardar la oportunidad de la obediencia (la misma actitud en Lc 10, 29).
Y he aquí que la buena conciencia legalista del fariseo orgulloso de cumplir con todos sus deberes detiene una vez más al joven: él obedece a toda la ley, cree (v. 20). ¿Qué más hace falta para salvarse? Jesús deshace inmediatamente este legalismo, nuevo pretexto para no creer, y formula un mandamiento preciso: "Sígueme" (v. 21). El joven muestra entonces que sus cuestiones precedentes no eran más que evasiones: situado ante la orden de creer, confiesa no tener fuerzas para ello y se retira en el momento en que es invitado a superar la discusión ética y el legalismo para encontrarse con la persona misma de Jesús y seguirle. Creer y salvarse es, a fin de cuentas, unirse a la persona de Jesús.
c) Los retoques añadidos por la comunidad primitiva añaden un nuevo obstáculo para la salvación: no solamente las discusiones éticas, el legalismo del fariseo, sino también la riqueza, impiden al hombre entrar en el Reino (vv. 22, 23 y la palabra rico en el v. 25). Los primeros cristianos, sobre todo en Jerusalén, confundieron a veces el Reino con la clase social de los pobres, mientras que la asamblea creada por Cristo no tiene en cuenta ninguna pertenencia social, cultural o nacional. San Mateo matizará esta exclusividad al hablar de los "pobres en espíritu" (Mt 5, 3) y al suprimir la maldición de los ricos conservada por Lc 6, 24.
LEGALISMO/POBREZA:También es hacer legalismo decir a los ricos que han de hacerse materialmente pobres para participar en el Reino; lo mismo que es una ilusión ridícula proclamar a la pobreza bienaventurada dejando entender que los pobres entrarán un día en un reino de bienestar.
En realidad, la verdadera pobreza del rico no es "no tener nada", sino comprometerse con los pobres y especialmente con aquellos que no pueden organizarse, defenderse y liberarse. Un compromiso semejante es exigido eminentemente a aquellos cristianos que abandonan libremente todo bien material y hacen voto de pobreza. Comprometerse en el camino de la pobreza supone hoy analizar las causas de la miseria, tomar en serio la conciencia de clase, poner los medios que permitan, efectivamente, mejorar la suerte de todos. Sólo con estas condiciones tiene la pobreza la posibilidad de ser evangélica.
Maertens-Frisque, Marova Madrid 1969.Pág. 166




3.- Texto. De camino hacia Jerusalén, Marcos hace un tercer alto docente. El procedimiento es el mismo del domingo pasado. La enseñanza a los discípulos tiene lugar en la segunda parte del texto, vs. 23-30. La primera parte sirve para introducir el tema de ese enseñanza.
-Primera parte (vs. 17-22).
Con grandes muestras de respeto, alguien, de quien Marcos no específica nada, pregunta a Jesús por el camino de la salvación. Maestra bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? El interlocutor hace un planteamiento de salvación. Jesús comienza cuestionando la interpelación de que ha sido objeto, en un intento de resituar al interlocutor en la perspectiva propia de la pregunta. Esta perspectiva no era otra que la de Éxodo 20 y Deuteronomio 5. En estos textos están formulados el Credo (yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto)  el camino de la salvación (decálogo).
Más allá de un planteamiento de salvación, Jesús formula después su propia propuesta al interlocutor: Ven y sígueme. Esta es la propuesta que el interlocutor no acepta. Marcos añade la razón: era muy rico, introduciendo así el tema sobre el que va a versar la enseñanza de Jesús a sus discípulos.
-Segunda parte (vs. 23-30).
La enseñanza a los discípulos es muy breve. Fundamentalmente se reduce a una negación rotunda: los ricos no pueden entrar en el Reino de Dios. A diferencia del domingo pasado, Marcos reitera insistentemente la falta de comprensión de los discípulos.
Esta falta de comprensión parece radicar en que maestro y discípulos hablan lenguajes diferentes y tienen planteamientos también diferentes. Jesús habla de Reino de Dios, mientras que los discípulos hablan de salvación.
En vista de los cual Pedro pregunta a Jesús por la situación de los que han aceptado seguirle. En la respuesta a esta pregunta Jesús empalma en parte con las expectativas de sus discípulos. En ese sentido les habla de salvación en el mundo del más allá. Termina, sin embargo, con unas palabras que el texto litúrgico no ha recogido: Muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros. Con esta lacónica frase Jesús invita a sus discípulos a no operar con esquemas reduccionistas en materia de salvación. No deben caer en la pretensión de creer que sólo ellos, por ser seguidores suyos, se salvarán. Otros muchos se salvarán también, aunque no sean seguidores de él. Lo que sí deben tener muy presente sus seguidores es que el aquí y el ahora será para ellos gratificante y maravilloso, pero también difícil y duro.
Comentario. Como en los domingos últimos, todo hay que enfocarlo a la luz de los acontecimientos de Jerusalén. Marcos sitúa el texto en el camino hacia la muerte y resurrección de Jesús. A este camino concreto es a lo que Marcos llama el Reino de Dios y que por esta razón había calificado en 4, 11 como misterio.
El Reino de Dios así concebido es la alternativa que Jesús propone a sus seguidores. A todo el que quiera ser su seguidor o discípulo. No es una cuestión de consejos evangélicos, como tantas veces se ha dicho. Es una cuestión de exigencia para ser discípulo de Jesús. Diferente de este camino a Jerusalén o Reino de Dios es el camino de la salvación. El camino de la salvación tiene indudablemente sus exigencias, pero éstas son de índole ética y, por consiguiente, afectan a todo ser humano, sea o no seguidor de Jesús. Salvarse o condenarse obedece a un comportamiento ético y forma parte del ámbito de preocupaciones y expectativas de la conciencia de cada persona, en su doble dimensión individual y colectiva.
RD/ETICA:El camino de Jerusalén o Reino de Dios presupone, por supuesto, la dimensión ética. Nadie malo podrá recorrerlo. Pero la dimensión ética no es la característica específica del Reino de Dios. Por eso, el ámbito de preocupaciones y de expectativas del que acepta ser seguidor de Jesús no puede ser nunca el salvarse o el condenarse. Jesús libera a sus discípulos de este tipo de ansiedad ante el futuro.
Tomar parte en el camino a Jerusalén o lo que es lo mismo, entrar en el Reino de Dios, es dar cuerpo a las propuestas de Jesús que estamos escuchando estos domingos. De ello resulta el talante de vida o estilo cristiano.
La propuesta de hoy dice relación al dinero. No es una propuesta desarrollada. Es sencillamente una llamada de atención sobre la amenaza que el dinero encierra para el talante del seguidor de Jesús. Insisto en que no se trata de salvación, sino de Reino de Dios, no es una cuestión de vida eterna, sino de talante cristiano. La llamada de atención es gráfica y llamativa: ¡Qué difícil es que los ricos puedan entrar en el Reino de Dios! ¡Más fácil es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios! Son de las frases que se gravan.
Dabar 1988, 51




4.- Comentario. El cambio de escenario, como ya se indicaba el domingo pasado, es indicio de una nueva temática. Siempre con el telón de fondo de señalar causas que hacen de esta historia nuestra, una historia de incomprensiones, enfrentamientos y matanzas. Hasta ahora
Marcos nos ha hablado del afán de grandeza, de la autoridad intolerante, de la desunión de los esposos. Hoy señala una nueva causa: la riqueza. Hay un concepto que conviene aclarar previamente: Vida eterna. Es sinónimo de Reino de Dios. Ambos expresan el nuevo estado de cosas que tendrá lugar aquí en la tierra por la intervención misma de Dios o de un enviado suyo.
CR/QUÉ-ES:La escena comienza con la solemnidad de una adoración a Jesús y la pregunta por los requisitos necesarios para poder tener parte en el nuevo estado de cosas por llegar. A Marcos no le interesa la identidad del demandante, sino su situación económica: era muy rico. El diálogo tiene la viveza de lo real. "Maestro bueno. ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios". Estas palabras causaron en seguida problemas, como puede verse por los cambios introducidos en Mateo 19, 16-17. Marcos ha conservado el tenor fresco, espontáneo, maravillosamente divino de Jesús. Es realmente fascinante este Jesús de Marcos. Su mirada, su cariño, su dureza. Una cosa te falta. O si preferimos: Te sobra tu riqueza. Después puedes seguirme. Se impone devolver a esta escena el sentido lineal e indivisible que Marcos le da, despojándola de divisiones y distinciones (mandamientos y consejos; estado normal y estado de perfección). ¿Por qué no reconocemos sencillamente que una de las causas por las que este mundo nuestro está tan atormentado es la riqueza? Y después de reconocerlo, ¿por qué no decimos: ¡al diablo la riqueza!? Marcos es bien claro: para seguir a Jesús no basta con ser buenos por el cumplimiento de los mandamientos. ¡Hay que ser otra cosa! ¿No habremos confundido cristianismo con moralidad? Ser cristiano empieza donde termina ser bueno.
La segunda parte, como ya es habitual en Marcos, es un diálogo entre Jesús y sus discípulos. El asombro, la extrañeza, el espanto de los discípulos, son exactamente los nuestros al escuchar este Evangelio. Es la mejor señal de que hemos entendido bien las palabras de Jesús. Pero no hagamos de estas palabras una bandera de la lucha de clases y del odio a los ricos. En ese mismo momento habríamos dejado de entenderlas.
Sencillamente reconozcamos que es muy difícil que el nuevo orden de cosas o Reino de Dios sea una realidad dada nuestra "necesidad" de riqueza. Pero por muy chocante e imposible que nos parezca, no olvidemos ni minimicemos en absoluto esta página del Evangelio de Marcos. Tal vez para que no cayera en el olvido, Jesús se sirvió incluso de una imagen estrambótica (camello pasando por el ojo de una aguja). Y por ello mismo inolvidable. ¿Empresa imposible? Para los hombres, no para Dios. ¿Qué significa que Dios lo puede todo? Imaginemos de qué seriamos capaces si realmente fuéramos permeables a Dios. Pues esto es lo que significa la frase de Jesús. En la medida en que estamos abiertos a Dios y tengamos confianza en El, en esa misma medida veremos cómo lo imposible va dejando de serlo. Y todavía más sorprendente: veremos que no nos falta de nada.
Tendremos hasta cien veces más. Tal vez, pues, no sea cuestión de empezar por el desprendimiento, sino por descubrir a Dios. Entonces relativizaremos valores que ahora nos parecen irreemplazables. ¡Y un mundo nuevo empezará a surgir desde nosotros a pesar de la persecución!
Dabar 1985, 50




5.- Pre-texto. Para el judaísmo de los fariseos, el más extendido, la riqueza es bendición de Dios, prueba del beneplácito divino y recompensa a la piedad. Por eso mismo, las palabras de Jesús en el v. 21 son un camino nuevo, el cual está en contradicción con las creencias aprendidas por el interlocutor desde su niñez sobre la relación entre piedad y felicidad. Para el interlocutor, renunciar a la riqueza que posee equivaldría a ser un maldito de Dios.
Reino de Dios: alternativa que Jesús propone para todo el que quiera ser cristiano. Se desarrolla en el presente y tendrá su culminación en el futuro. Lenguaje hiperbólico a base de imágenes agresivas y funcionales. Sentido del texto. No se trata de consejos evangélicos o del estado de perfección. Este texto no es para quien quiera ser más perfecto. Jesús habla para todo el que quiera ser cristiano.
No se es cristiano por cumplir los mandamientos: esto es prerrogativa humana, se sea cristiano o ateo. Lo específico del cristiano no se mueve en el campo de la ética, de los mandamientos, de la conciencia: éste es el campo común a todo ser humano. Y por eso mismo la salvación está al alcance de todo ser humano, con tal de que siga las normas de su conciencia. El cristiano no es, pues, mejor que el que no lo es ("mejor" es término ético).
Según este texto, ser cristiano es vivir un modelo de vida distinto de los habituales. Ser cristiano no es ser mejor, sino ser distinto. Entrar en el Reino de Dios, es decir, en la alternativa que Jesús propone, es vivir un tipo de vida en el que el dinero no es un valor. Y esto sólo es posible en la medida en que se descubre otro valor radical: Dios. Este descubrimiento relativiza lo que habitualmente llamamos valores (éste es el significado de las palabras de Jesús en el v. 27). El descubrimiento de Dios lleva a un modelo de vida fraterno, realmente nuevo y desusado en nuestros ambientes inexactamente llamados cristianos.
Dabar 1982, 51




6.- Pertenecer al Reino significa fundamentalmente haber descubierto a Dios. Y a Dios se le descubre sólo como Padre. Consecuentemente, los demás hombres son hermanos míos.
Consecuentemente, ante un hermano el dinero carece de valor. Pero, por lo visto, el primer descubrimiento de la cadena no acabamos de hacerlo. De ahí nuestra incapacidad a renunciar al dinero como valor. Marcos ha expresado esta incapacidad en las reticencias de los discípulos (vs. 24 y 26) y en las profundas afirmaciones de Jesús (vs. 23 y 24b-25).
Una última observación muy importante. No pertenecer al Reino no significa ser malo o estar condenado. El rico que se acercó a Jesús no era malo (cfr. v. 21a) ni fue odiado por El. Pero mientras la alternativa de Jesús no sea una realidad, todo seguirá sin cambiar, incluso con hombres buenos.
Dabar 1976, 55




7.- Mateo precisa que este hombre que saluda a Jesús era un joven (Mt 19, 20), y nosotros podemos suponer que este joven era un rico terrateniente. Su manera de saludar indica un gran respeto, pero no implica el conocimiento de la dignidad mesiánica, y mucho menos, el reconocimiento de la divinidad de Jesús. El arrodillarse no es en este caso de adoración.
Y puesto que Jesús para este joven no era más que un hombre, Jesús le advierte que el único verdaderamente bueno es Dios.
Y, acto seguido, responde a la pregunta citando los mandamientos. Da por sabido que el joven ya los conoce, y, a título de ejemplo, se limita a nombrar los que se refieren a los deberes con el prójimo. "No estafará" tiene en Dt 24, 14 (cfr. Lv, 13) un significado más preciso; quiere decir "no explotarás al jornalero". Al parecer, esto es justamente lo que dice Jesús a este joven terrateniente, pensando sin duda en su condición social.
No se puede dudar de la sinceridad y de la honradez de este joven, que cumple efectivamente las normas generales de la Ley y no se contenta con ello. Por eso Jesús le mira con complacencia y con amor.
LIMOSNA/RIQUEZA  SGTO/QUÉ-ES: Según la doctrina judía en uso, el que daba limosna adquiría un tesoro en el cielo (cfr. Mt 6, 24 y 20). Por lo tanto, la riqueza era una oportunidad para que un hombre piadoso y rico pudiese ganarse el cielo más fácilmente que los pobres. Pero Jesús propone a este joven que, en lugar de pasarse la vida haciendo pobres y limosnas, haga todas las limosnas a la vez y se haga a sí mismo pobre. Porque las riquezas, para Jesús, lejos de ser una ayuda, son un estorbo para los que quieren entrar en el reino de Dios. Ahora bien, Jesús añade "... y luego sígueme". Más allá del cumplimiento de los mandamientos, más allá de las obras de caridad o de limosnas, más allá, incluso, de la pobreza voluntaria, hay un camino, comienza el camino de Jesús y de los que le siguen. La pobreza es una condición necesaria para recorrer ese camino, pero no basta para recorrerlo. El voto de pobreza no sitúa a los religiosos en "estado de perfección" entre otras razones, porque la perfección cristiana no es un estado, sino una meta y una vocación y, si se quiere, un camino que han de seguir todos los discípulos de Jesús. Sólo el cumplimiento de este camino, que es el seguimiento de Jesús, saca al hombre de casa y de sí mismo para que se encuentre consigo en Jesucristo y, por Jesucristo, con los hombres, sus hermanos, y con el Padre. Seguir a Jesús no es propiamente "imitarle", haciendo exactamente lo que él hizo, sino hacer lo que cada uno tiene que hacer, pero como lo hizo Jesús, esto es, viviendo para los demás.
Todos los ideales de este joven rico se vienen abajo ante la dificultad de cumplir la condición necesaria. No tuvo valor para dejar las riquezas. Y prefirió seguir el camino de los fariseos, que veían en las riquezas una señal de la propia justicia -un premio de Dios a los justos- y un medio para acrecentarla haciendo limosnas. Y es que este modo de ganar el cielo con las limosnas permite, y hasta justifica, conservar y aumentar las riquezas.
El caso de este joven ha sido un botón de muestra. Jesús advierte ahora en general lo difícil que va a ser a los ricos seguir su camino y entrar en el reino de Dios.
V. 25: Se trata de un refrán popular en el que se contrapone el menor agujero al mayor animal de carga. Con él se expresa la mayor dificultad. El "ojo de la aguja" es la distribución de las riquezas. Los ricos pasan por todo menos por eso.
De ahí que sólo un milagro pueda salvar a los ricos. Pero este milagro no consiste en que se salven siendo ricos, sino que dejen de serlo para salvarse. ¿Y quién nos dice a nosotros que Dios no hace ese milagro sirviéndose de todos los que luchan por la distribución de las riquezas y contra, es decir, ¡en favor, de los que desean acapararlas...?
Jesús no predicó ningún sistema social concreto. Pero su actitud crítica frente a la riqueza y frente a los ricos no admite discusión, en esto fue claro hasta la saciedad. Por eso el evangelio será siempre una llamada urgente a salir de cualquier sistema que, como el capitalismo, se funde en la explotación de unos y el enriquecimiento de otros.
Eucaristía 1982, 46




8.- La influencia de Jesús no se debía tanto a la novedad de su enseñanza como al misterioso poder de atracción que irradiaba de toda su persona. Muchos hombres rectos y religiosos descubrían de repente al encontrarlo lo que significa ser perfecto. En esta ocasión viene a Jesús (según Mt 19, 79) un joven; Lc lo llama un hombre importante (18, 18). A este hombre le pregunta Jesús, no sin razón. "¿por qué me llamas bueno?", es decir: ¿no ves que tienes sed de Dios y lo encontrarás al convivir conmigo? El hombre pregunta a Jesús por el camino que lleva a la vida eterna; pero Jesús no tiene ningún mandamiento nuevo que enseñar. En el AT ya se dijo todo lo que hay que hacer para ganar la vida, observando los mandamientos de la justicia y la misericordia. Entonces Jesús le propone hoy mismo que siga por otro camino, que adopte otra manera de ser más libre, haciéndose seguidor e imitador suyo: "¡Vende todo lo que tienes!". Porque la felicidad no consiste en dejarlo todo, sino en hacerse libre de todo para entregarse a Cristo.
Jesús no dice que el rico no se salvará, sino que "no entrará en el Reino de Dios", que consiste -¡es evidente!- en compartir desde ahora las inquietudes, la alegría y la libertad de Cristo.
Eucaristía 1988, 48




9.- La perícopa del joven rico se divide fácilmente en tres partes: v. 17-22 describe el encuentro de Jesús con el joven; v. 23-27 contiene una amarga reflexión de Jesús sobre la riqueza; v. 28-31 partiendo de una pregunta de Pedro, promete una gran riqueza en el campo de la fraternidad a sus seguidores.
La riqueza y el bienestar son considerados en la mentalidad bíblica como un sacramento de la bendición divina. Ser rico era casi sinónimo de ser amigo de Dios. Sin embargo, con un sano realismo, el Deuteronomio (8, 11-18) ve en la prosperidad material un gran peligro: lleva a olvidarse de Dios, confiando sólo en el propio trabajo y rendimiento. La riqueza lleva a la autosuficiencia. Por ello el ideal del "pobre de Yavhé" saca al hombre de sí mismo y lo abre a Dios y a sus exigencias, al comprender que depende no de sí, sino de otro. En la misma línea, sapiencial y profética, Jesús condiciona su seguimiento a la desposesión. En una actitud de desprendimiento de todo aquello que pueda dar seguridad humana.
Radicalismo absoluto: sólo Dios es el valor absoluto de la vida. La primera lectura presenta al joven Salomón buscando la Sabiduría, la voluntad de Dios, por encima de todo. La carta a los Hebreos nos confronta con la capacidad de discernimiento que tiene la Palabra. El evangelio nos presenta a otro joven (el anti-Salomón) que opta por la seguridad de lo que ya tiene.
Misa Dominical 1991, 14




10.- El joven plantea la cuestión de la salvación, la única cuestión importante: ¿qué
hay que hacer para salvarse? Jesús recuerda al joven lo esencial de la Ley (v. 19). Pero el joven plantea una nueva cuestión, no con vistas a obedecer mejor, sino para prolongar la discusión y así retardar la oportunidad de la obediencia (la misma actitud en Lc 10, 29: pero él queriendo justificarse preguntó ¿y quién es mi profundo?).
Y la buena conciencia legalista de cumplir con todos su deberes, detiene una vez más al joven: él obedece a toda la ley ¿qué más falta hace para salvarse? Jesús deshace inmediatamente este legalismo, nuevo pretexto para no creer y formula un mandamiento preciso: "sígueme". El joven muestra entonces que sus cuestiones anteriores no eran más que evasivas: se retira en el momento en que es invitado a superar la discusión ética y el legalismo para encontrarse con la persona misma de Jesús y seguirle.
No a todos les es indispensable deshacerse de los propios bienes totalmente, como no todos se encuentran en la necesidad de sacrificar la vida por causa de Jesús y del evangelio. Sin embargo, todos deben escuchar la llamada a una total entrega, que Jesús dirige a cada uno aunque de modo distinto.




11.- Mientras que los fariseos habían querido tender una trampa a Jesús (ver 10, 2), la actitud del joven rico está teñida de religiosidad. Se arrodilla ante Jesús y le llama "Maestro bueno"; pero ¿quién es bueno, sino sólo Dios? Antes de preguntar a Jesús, el hombre se hinca de rodillas ante el Dios único, el de la Alianza.
Jesús recuerda al joven los principales artículos de la ley mosaica. El joven los ha cumplido desde pequeño, pero se mantiene disponible para más, disponible para el Reino.
Por eso, Jesús le ama y le llama; él que cumplió escrupulosamente los mandamientos es invitado a alcanzar la estatura de los discípulos. Jesús le pide en concreto quitar el "escándalo" que le impide pasar más adelante: sus riquezas.
¡Pero aquel hombre se marchó muy triste! ¿Cuál es exactamente su situación? Oyó el llamamiento de Jesús y, al mismo tiempo, midió su incapacidad para seguirle. Sólo le falta una cosa: concienciarse de que Dios puede realizar lo que él es incapaz de hacer ahora. En efecto, acoger el Reino con la actitud propia de un niño es también reconocer la propia impotencia y dejar actuar al Espíritu de Dios.
Sal Terrae/Santander 1990.Pág. 141




12.- Jesús marcha hacia Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas. Lo ha dejado todo para mantenerse fiel a la palabra que le consagró. Su único tesoro es la pasión que Dios tiene por los hombres, y lo ha vendido todo para adquirir la perla de gran valor. Se va el Hijo sin volver la vista atrás, sin saber dónde reclinar la cabeza. El pobre de Dios llegará hasta el despojo supremo y se dejará tender sobre el madero de la cruz. "Anda, vende lo que tienes... Y luego sígueme". Déjalo todo. Le vienen a uno ganas de decir: "¡Pero eso es imposible! ¡No es humano!". Jamás será Dios inhumano. Cuando pide todo al hombre, devuelve al hombre a sí mismo. El dinero, la sabiduría y el poder son otros tantos ídolos que pueden recluir al hombre entre los barrotes de su dictadura. Dios revela que para él el hombre lo es todo. Nada exterior a nosotros necesitamos para enriquecernos: el hombre lo es todo para el hombre. Vende lo que tienes, que tú vales mucho más que un gorrión o que un lirio del campo.
"Déjalo todo". Jesús no ha venido a desesperar al hombre exigiéndole lo que no puede cumplir. Si hay que liberarse, es para caminar. libre de todas las trabas, por el camino que lleva a la vida. Jesús ha venido a pedirnos que crezcamos en el amor.
"Déjalo todo": éste es el quehacer que ha de ocupar toda una vida, pues la historia de una vida es crecer. "Vende lo que tienes"... En el orden de la ley, puede uno imaginarse que ha cumplido su deber. En el orden del amor, siempre se está en deuda con la persona a la que se ama. El amor se vive en la fidelidad que se inventa cada día y que siempre descubre horizontes nuevos.
"Déjalo todo" es un llamamiento a no aceptar el estancamiento de los mediocres, la suficiencia de los satisfechos, la falsa certidumbre de los que piensan que han llegado. "Vende lo que tienes", es decir, libérate, no te dejes apresar por las evidencias del mundo, en la facilidad de una religión muy codificada. Las moscas se dejan atrapar en la miel... No te fíes de las apariencias engañosas. Déjalo todo, libérate de la parte de ti mismo que desearía retenerte. "Anda, vende lo que tienes".
Dios nos empuja a nuestros últimos reductos. Para él, renunciar no es sinónimo de perder. Si vendemos lo que nuestras manos quieren retener todavía, no es para encontrarnos con las manos vacías, sino para verlas colmadas más de lo que esperábamos. Si se nos invita a descubrir de nuevo la renuncia como el deseo del Espíritu de vivir en nosotros, es para que nos neguemos a todo lo que nos impida vivir en plenitud.
Si vendemos lo que hemos adquirido trabajosamente, no es para partir a la aventura, sino porque ante nosotros tenemos una morada en la que se nos dará todo. Mientras dura la espera, debemos caminar en libertad y sin impedimentos...
Sal Terrae/Santander 1990.Pág. 141 S.




13.- Recibir 100 veces más los bienes que se han dejado no quiere decir que se van a recibir esos mismos bienes en cantidad multiplicada, sino recibir algo que sobrepasa cien veces a lo que se deja, es decir, que vale infinitamente más.
El que sigue a Jesús encuentra en él todo lo que ha dejado, no multiplicado cuantitativamente, sino cualitativamente. Quiere decir que en el seguimiento de Jesús se gana una plenitud de vida.




14.- Continuamos en el contexto del camino hacia Jerusalén y las predicciones de la pasión, cuando Jesucristo va mostrando a través de los acontecimientos y las palabras cuáles son los ideales de comportamiento para los que quieren seguirle. El texto de hoy tiene tres partes:
1. La llamada al seguimiento.
En el texto paralelo de Mateo (19,16ss) parece que Jesús presente los mandamientos de la Ley como el código de comportamiento para la gente "normal", mientras que el abandonarlo todo para seguirle fuese el ideal de perfección (recordemos la conocida frase: "Si quieres ser perfecto..."). En cambio, en el texto de Marcos, que da la impresión de ser más primitivo y más cercano al estilo radical de Jesús, la perspectiva es muy distinta.
Para Marcos, efectivamente, todo el que quiera "poseer la vida eterna" (= experimentar la vida plena del reino de Dios) debe colocarlo todo en función de un único valor: el seguimiento de Jesús. Y en este todo entra, claro está, el romper con el lastre de las riquezas y darlas a quien las necesita. Los mandamientos de la Ley, según nuestro texto, pues, son la base normal y necesaria que demuestra que uno tiene espíritu de buena voluntad, y merecen, por tanto, la mirada afectuosa de Jesús; pero en cambio no bastan para obtener la vida a quien los cumple: la vida sólo se obtiene con la opción total y con todas las consecuencias por Jesucristo.
2. La cuestión de las riquezas.
La primera parte del texto de hoy se centra en la absolutez del seguimiento de Jesucristo; ahora Jesús pasa a tratar directamente la cuestión de las riquezas, que es un impedimento clave para este seguimiento.
Vale la pena señalar sobre todo la "sorpresa" de los discípulos, que el evangelista destaca, en primer lugar como extrañeza y después como temor y desconcierto.
Efectivamente, era idea corriente entre los judíos que precisamente la riqueza era signo de la bendición de Dios: aquí, en cambio, autoritativamente, Jesús da un giro radical a esta concepción. Y todo esto (la absolutez de la exigencia del seguimiento, y la crítica a las riquezas) conduce a la angustiosa pregunta de los discípulos: "¿Quién puede salvarse?". Y la respuesta de Jesús es una cita de Génesis 18,14, en donde se recuerda la omnipotencia de Dios para cumplir sus promesas a Abrahán: también ahora Dios es omnipotente para transformar a los hombres y hacerlos capaces de seguir a Jesús y su Evangelio.
3. La recompensa a los seguidores.
La reivindicación -entre pícara e ingenua- de Pedro da paso al fragmento final de hoy. originalmente, probablemente, el fragmento era tan sólo una presentación del Reino de Dios como algo que superaba "al ciento por uno" todo cuanto los discípulos pudiesen dejar para seguir a Jesús. Más adelante, en el tiempo de la Iglesia, se añadió esta distinción entre tiempo presente y mundo futuro, y la referencia a las persecuciones.
Misa Dominical 1994, 13