viernes, 11 de septiembre de 2020

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXIV T.O. CICLO A - 13 SETIEMBRE 2020

 

¡SETENTA VECES SIETE!



COMENTARIO

 

 A Pedro le interesan mucho estos consejos sobre la vida fraternal; había oído ciertas discusiones de los rabinos sobre el tema del perdón: “¿A tu mujer?... Puedes perdonarla una vez… ¿A tu hermano? Debes perdonarle hasta cinco veces”. ¿Qué es lo que piensan Jesús? ¿Cuántas veces tendré que perdonar? ¿Siete veces? Siete veces, no; setenta veces siente. Ante esta respuesta, una de las más locas de todo el evangelio, podemos encontrarnos en este momento en un estado de drama o de inmensa calma. Drama: El Señor está pidiéndonos un perdón muy difícil y todo se rebela en nosotros frente a esta idea. Calma: nuestra vida es tranquila y esta exigencia de Jesús nos parece fácil: desde luego, siempre habrá que perdonar. Miremos a nuestro alrededor. ¿Quién perdona? Incluso se piensa que perdonar sería dar más ánimos a los imperdonables: “Anda, no te preocupes”. Obedecer a Jesús exige un cambio ya muy conocido.

Jesús me invita al perdón inmediato, sean cuales fueren mis heridas y mis rebeldías. Inmediato.

Matamos en nosotros al evangelio y matamos nuestra vida cuando contemporizamos, cuando pensamos que no estamos en estado de hacer lo que Jesús nos pide. A nosotros nos toca permanecer ante la llamada suplicando a Jesús: quiero pero no puedo ¡Ayúdame!. Si no tengo problemas, la exigencia de Jesús es una buena medicina preventiva, me sumerge contra corriente de un mundo orgulloso que rechaza el perdón. El orgullo sabe disfrazarse muy bien de honor, de sentido común, de justicia, de legítima defensa, de procurar no favorecer los malvados, que eso es lo primero que hay que eliminar: “Tú orgullo, no te mezcles en esto”.

Con este aire más limpio se puede entonces examinar la idea de que hay realmente perdones malos. Cuando acepto sonreír y tender la mano porque eso me va bien, no perdono, sino que soy un astuto. Cuando excuso a un tirano que aplasta a los débiles, no perdono, sino que tengo miedo.

El evangelio nos ofrece un medio de cultivar en nosotros la aptitud para una pronta reconciliación: situar nuestros perdones en el perdón de Dios. No somos nunca el justo que otorga su clemencia a un miserable pecador. Todos, él y nosotros somos perdonados, invitados a entrar en una misma lógica del perdón. Es lo lógica del Padrenuestro: “Perdóname como se perdona a un hijo, pues procuro ser tu hijo perdonando”. Afirmar: “Nunca negaré a nadie el perdón” es decir: “Deseo seguir siendo de la familia de Dios”.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTIFONA DE ENTRADA

Señor, da la paz a los que esperan en ti, y saca veraces a tus profetas, escucha la súplica de tus siervos y de tu pueblo Israel.

 

ORACION COLECTA

Míranos, oh, Dios, creador y guía de todas las cosas y concédenos servirte de todo corazón, para que percibamos el fruto de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del Libro del Eclesiástico 27, 33. 28, 9

El furor y la cólera son odiosos: el pecador los posee. Del vengativo se vengará el Señor

y llevará estrecha cuenta de sus culpas.

Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas.

¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor?.

No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?.

Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados?.

Piensa en tu fin y cesa en tu enojo, en la muerte y corrupción y guarda los mandamientos.

Recuerda los mandamientos y no te enojes con tu prójimo, la alianza del Señor, y perdona el error.

 

SALMO RESPONSORIAL (102)

 

El Señor es compasivo y misericordioso.

 

Bendice, alma mía al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R.

 

El perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. R.

 

No está siempre acusando, ni guarda rencor perpetuo. No nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga según nuestras culpas. R.

 

Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 14, 7-9

Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo.

Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor. En la vida y en la muerte somos del Señor.

Para esto murió y resucitó Cristo, para ser Señor de vivos y muertos.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO  Jn 14, 7-9                                     

Aleluya. Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor: que se amen unos a otros, como yo los he amado. Aleluya.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?.

Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces sino hasta setenta veces siete.

Y les propuso esta parábola: Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.

El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.

El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y agarrándolo lo estrangulaba diciendo: Págame lo que me debes.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado!. Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?.

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con ustedes mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

A Dios Padre, compasivo y misericordioso, siempre dispuesto a perdonar nuestros errores y pecados, digamos con confianza filial: R. Padre, danos un corazón compasivo.

 

1.- Por el Papa Francisco, que con tanta insistencia nos exhorta a la compasión y a la misericordia: que sea escuchado benignamente por todos. Oremos.

 

2.- Por las comunidades cristianas, grandes y pequeñas: que sean el lugar de la misericordia, la acogida y el perdón para con todos, creyentes y no creyentes. Oremos.

 

3.- Por todos los países del mundo, que de algún modo padecen los efectos de la pandemia, para que se compadezcan los unos de los otros y se tiendan la mano en la reconstrucción de una sociedad más solidaria. Oremos.

 

4.- Por todas las familias visitadas este tiempo por la enfermedad que sean el bueno terrero donde brotan actitudes  sinceras de respeto a la fragilidad y al sufrimiento de quienes tienen a su lado. Oremos.

 

5.- Por todos los miembros de nuestra comunidad: que el Espíritu Santo infunda en el corazón de cada uno de los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Oremos.

 

6.- Por nosotros que participamos en el Banquete del amor y la misericordia de nuestro Dios: para que recibamos hoy la fuerza para desterrar de nuestro corazón todo sentimiento de odio y de rencor. Oremos.

 

Escucha, Padre bueno, las suplicas de tus hijos, infúndenos tu misericordia y haz que unidos a ti seamos en el mundo manifestación viva de tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Sé propicio a nuestras suplicas, Señor y recibe complacido estas ofrendas de tus siervos, para que la oblación que ofrece cada uno en honor de tu nombre  sirva para la salvación de todos. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNION 

Que inapreciable es tu misericordia, oh, Dios. Los humanos se acogen a la sombra de tus alas.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Te pedimos, Señor, que el fruto del don del cielo penetre nuestros cuerpos y alamas, para que sea un efecto y no nuestro sentimiento, el que prevalezca siempre en nosotros. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

 

Lunes 14: Num  21, 4b-9; Sal 77;  Jn 3, 13-17.

Martes 15: Heb 5, 7-9; Sal  30; Jn 19, 25-27.

Miércoles 16: 1Cor 12, 31—13, 13; Sal 32; Lc 7, 31-35.

Jueves 17: 1Cor 15, 1-11;  Sal 117; Lc 7, 36-50.

Viernes 18: Sab 7, 7-10.15-16; Sal 130;  Lc 12, 32-34.

Sábado 19: 1Cor 15, 35-37.42-49; Sal 55; Lc 8, 4-15.

Domingo 20: Is 55, 6-9;  Sal 144; Fil 1, 20c-24.27ª; Mt 20, 1-16.

 

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 18, 21-35

 

1.- PERDON. NO ES SOLO DEBER MORAL SINO EL ECO DE LA CONCIENCIA DE HABER SIDO PERDONADO.

El judaísmo ya conocía el deber del perdón de las ofensas pero todavía se trataba de una conquista reciente que no conseguía imponerse más que por la composición de tarifas precisas. Las escuelas rabinas exigían que sus discípulos perdonasen tantas o tantas veces a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, etc..., y estas tarifas variaban según la escuela. Así se comprende que Pedro preguntase a Jesús cuál era su tarifa, preocupado por saber si era tan severa como la de la escuela que exigía perdonar siete veces a su hermano.

Jesús contesta a Pedro con una parábola que libra al perdón de toda tarifa para hacer de él el signo del perdón recibido de Dios. (...). Es la característica del perdón cristiano: se perdona como se ha sido perdonado, uno se apiada de su compañero porque se han apiadado de él (vv. 17 y 33; Os 6. 6; Mt 9. 13; 12. 7).

El perdón ya no es únicamente un deber moral con tarifa, como en el judaísmo, sino el eco de la conciencia de haber sido perdonado. Así llega a ser una especie de virtud teologal que prolonga para el provecho del otro el perdón dado por Dios (Col 3. 13; Mt 6. 14-15; 2 Co 5. 18-20). (...).

La Eucaristía dominical tiene una evidente dimensión penitencial: en ella proclama y ejerce la Iglesia el perdón de Dios, puesto que no es otra cosa que la asamblea de los pecadores pendientes de la iniciativa misericordiosa de Dios. Pero la fraternidad de los cristianos eucaristiados y perdonados no es real y significante para el mundo sino en la medida en que colaboran efectivamente en las empresas humanas del perdón, de manera especial en la edificación de la paz.

MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA VII -MAROVA MADRID 1969.Pág.66 y 67


 

2. GRATUIDAD/MDA: LA TRADICIÓN BÍBLICA PRESENTA A UN DIOS QUE AMA A UN PUEBLO QUE NO SE LO MERECE. 

Quizá la característica más expresiva que tiene esta misericordia de Dios, manifestada no sólo en su perdón al mal uso de nuestra libertad, sino en toda su relación con nosotros, es la imposibilidad de poder ser pagada de alguna manera por el hombre. Es auténtico amor a fondo perdido. Dios nada gana con querernos.

La tradición bíblica presenta a un Dios que ama a un pueblo que no se lo merece ni por su grandeza cultural, ni por su poderío político, ni por su fidelidad religiosa, ni por ningún otro valor antecedente. Es un Dios loco de amor por su pueblo. No existe otra razón. A nosotros se nos invita a actuar en esta dirección de gratuidad, amando a los enemigos o invitando a quien no nos puede invitar.

Comerciar con el amor y la relación humana "también lo hacen los publicanos y fariseos". (...) La seguridad del amor de Dios como gracia inmerecida e impagable aparta de nosotros todo escrúpulo legalista y potencia nuestra decisión de entrega más allá de cualquier norma establecida.

En una sociedad utilitarista competitiva y comercial la gratuidad resulta de difícil comprensión. El creyente se ve también afectado e incluso contagiado por este entorno que lo rodea. La búsqueda de influencias sociales, el cultivo interesado de las "relaciones públicas" el estar a bien con quien nos puede valer, el hacer favores para poderlos cobrar son tentaciones de cada día. Desde el utilitarismo habitual, preguntarse para qué me puede servir o perdonar a quien no me puede pagar en la misma moneda suele ser un interrogante que brota de forma espontánea.

La referencia a un Dios que se nos da como pura gracia, de manera gratuita, ha de servirnos no sólo para organizar evangélicamente nuestro corazón, sino también para purificar las acciones de nuestra comunidad y no confundir el proselitismo con el verdadero servicio.

EUCARISTÍA 1987/44


 

3. A-DEO/A-H. NOSOTROS CREEMOS Y VIVIMOS COMO SI FUERAN DOS RELACIONES DISTINTAS. LO CONTRARIO ES LA VERDAD:AMBAS RELACIONES NO CONSTITUYEN MAS QUE UNA: /Mt/25/31-46.

Esta parábola está construida sobre una doble relación. La relación del siervo con el rey y la de los siervos entre sí. El siervo malo debía de pensar que estas dos relaciones son distintas, que su comportamiento para con los demás siervos no tendría importancia por lo que hace a su relación con el rey. Lo contrario es la verdad: ambas relaciones no constituyen más que una. Si el rey está dispuesto a comportarse en relación a los siervos exactamente lo mismo que ellos se comportan entre sí, es que, en definitiva, hay un único juego de relación, único aun siendo complejo, de los hombres entre sí y de los hombres con Dios.

Los hombres no pueden negar el perdón a los demás porque a todos y cada uno Dios les ha perdonado muchísimo más. Y además, esos mismos hombres no pueden ignorar que su actitud en lo referente a sus hermanos compromete su propia situación ante Dios. Si su relación con el prójimo es vivida bajo el signo de la maldad, no hay razón para que su propia relación con Dios se viva de otra manera; pero entonces son ellos las víctimas.

LOUIS MONLOUBOU - LEER Y PREDICAR EL EVANGELIO DE MATEO - EDIT. SAL TERRAE SANTANDER 1981.Pág. 234


 

4.- Texto: Continúa con la temática del perdón introducida el domingo pasado. Pedro, la piedra-cimiento del edificio comunitario, pregunta por los límites del perdón de las ofensas entre hermanos. Preguntar es propio del discípulo, deseoso de aprender. En un claro indicio del carácter didáctico de su evangelio, Mateo prodiga las preguntas de los discípulos, y en concreto de Pedro, al Maestro.

- La pregunta y la respuesta barajan las mismas cifras que baraja Génesis 4, 24 para hablar de la venganza como base de actuación: "Si la venganza de Caín valía por siete, la de Lamec valdrá por setenta y siete". Las cifras barajadas convierten el perdón en la base de actuación superadora de la venganza. El sentido de la respuesta es que no se pueden poner límites al perdón: hay que hacerlo siempre.

-La respuesta tiene un desarrollo gráfico en la parábola posterior. No se trata de una parábola pura, pues el versículo final ofrece la explicación: Lo mismo hará mi Padre celestial con aquel de vosotros que no perdona de corazón a su hermano (v. 35).

-Partiendo de esta explicación nos encontramos con la siguiente equiparación dinámica: aquél de vosotros que no perdona a su hermano se comporta igual que el empleado incapaz de perdonar una pequeña deuda a un compañero suyo, después de que a él le han perdonado una enorme deuda. El perdonado no sabe perdonar; los perdonados por Dios no saben perdonar al hermano.

-En el conjunto del texto la parábola aporta, pues, un elemento nuevo a la respuesta inicial dada por Pedro. El discípulo de Jesús no debe poner límites al perdón, porque él sabe con creces lo que significa ser perdonado. El discípulo de Jesús tiene motivo para perdonar. El motivo es el perdón que Dios le otorga a él.

Comentario: El único comentario adecuado a este texto es su puesta en práctica. Pero ¡atención!

-La venganza de la que se habla en el Génesis 4, 24 era el instrumento jurídico del que se servían las sociedades primitivas para regular la conducta en casos de lesión o perjuicio. La venganza trataba de evitar y cortar excesos a la hora de exigir compensaciones por el daño sufrido. Su concreción era la ley del talión: ojo por ojo, diente por diente. Es decir, por un ojo, un ojo y no los dos; por un diente, un diente y no los demás.

-El perdón del que se habla en este texto es la renuncia incluso a la compensación justa por daños y perjuicios.

-Vistas así las cosas, resulta cada vez más claro lo tantas veces escrito en estos comentarios: ser discípulo de Jesús es ser diferente, pues equivale a poner en marcha la utopía.

-El discípulo tiene una buena razón para poder hacerlo pues se sabe perdonado por Dios y vive desde la experiencia de ese perdón. El discípulo se sabe envuelto en gracia. Por eso, lo que brota del discípulo nunca serán exigencias, sino donación, perdón y gracia.

A. BENITO - DABAR 1990/46


 

5.- El perdón es una misión de la Iglesia. Esta podría ser la conclusión de la parábola de este evangelio. Pedro, como tantas otras veces dentro del evangelio de Mateo, se dirige a Jesús formulándole una cuestión referente al perdón del hermano. El tema sigue al que empezó el domingo anterior: "Si tu hermano peca..." (v. 15). Pedro lo plantea todavía dentro de una óptica típicamente de casuística judía aferrada fuertemente al legalismo. La generosidad de la ley es grande pero tiene un límite. Perdonando "siete veces" Pedro pensó probablemente haber dado un paso decisivo hacia las exigentes metas propuestas por Jesús. La respuesta de Jesús hunde las medidas calculadas por una visión legalista.

La parábola que sigue, propia también de san Mateo, no hace más que insistir en el punto central de reflexión propuesto por la primera lectura en términos de perdón y cantado en el versículo aleluyático en términos de amor: "que os améis mutuamente como yo os he amado" (Jn 13, 34).

No hay que perder el sentido global del evangelio dentro del marco de este capítulo 18, porque es muy importante. Dentro de la Iglesia el pecado sigue siendo una realidad con la que hay que contar. Jesús y el evangelista son realistas. Luego, si el objeto del plan de Dios es que nadie se pierda, son inútiles todos los escándalos y el "parece imposible". Estas son actitudes farisaicas, sobre todo porque denotan no haber asimilado todavía que la deuda que nunca puede llegar a pagarse es la que todo hombre tiene para con Dios. En este sentido, la perícopa resalta la importancia que tiene el perdón entre los hermanos que forman la comunidad; los "pequeños", empleando la terminología del evangelista. Sin esta firme voluntad de acoger, de proteger, de salvar lo que quizá pueda perderse, la iglesia, cualquier iglesia, corre siempre el riesgo de la propia destrucción.

ANTON RAMON SASTRE - MISA DOMINICAL 1978/16


 

6.- La primera parte del discurso (18,1-14) nos ha demostrado con claridad que en la comunidad cristiana existen aún rivalidades, escándalos y pecados. ¿Cómo conducirse frente a todo esto? La actitud fundamental que hay que adoptar es el perdón sin límites, porque únicamente el perdón sin límites ("No hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete") se parece al perdón de Dios. La parábola (18,23-25) -todo es inverosímil en esta parábola, pero justamente por ello está claro su significado- enseña que el perdón de Dios es el motivo y la medida del perdón fraterno.

Debemos perdonar a los otros porque sería inconcebible retener para sí un don inmenso gratuitamente recibido. Debemos perdonar sin medida, porque Dios nos ha hecho objeto de un perdón sin medida.

Del sentido de la gratuidad del don de Dios es de donde nace el perdón. El versículo final de la parábola (18,35) considera el amor fraterno como una condición para obtener el perdón de Dios.

El amor dispone al hombre al perdón. La idea está indudablemente presente; además, se la afirma también en otros pasajes del evangelio (cfr. /Lc/07/47). Mas no es ésta la perspectiva más profunda. El perdón fraterno es más bien consecuencia del perdón de Dios, no respuesta; es someterse completamente a la acción misericordiosa de Dios de suerte que pueda desarrollarse en toda su vitalidad y difundirse. En este sentido, perdonar a los hermanos es signo de la plenitud de la eficacia del perdón de Dios ya recibido. De hecho, el contraste entre los dos cuadros de la parábola no tiene como fin principal hacer ver la diversidad del comportamiento divino para con el hombre que sabe perdonar y para con el hombre incapaz de perdonar. Intenta más bien hacer ver lo digno que es de condena el siervo que no perdona cuando él ha sido primero objeto del perdón divino. El siervo es condenado porque retiene el perdón para sí y no permite que su perdón se convierta en alegría y perdón también para los hermanos. Es preciso, por el contrario, imitar el comportamiento de Dios (Mt 5,43-48).

BRUNO MAGGIONI - EL RELATO DE MATEO - EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 193


 

7. PERDÓN/TALIÓN:

Primitivamente, una ofensa merecía una venganza "setenta veces siete" mayor (Gn 4. 24). La ley del talión (Ex 21. 24) redujo la tarifa a la medida de la falta. Sólo con posterioridad se descubre la noción del perdón. Y Pedro pregunta por los límites (la constante tentación de la ley) de este perdón. Para Jesús se ha de perdonar a los demás indefinidamente, porque todos hemos de tener conciencia de haber sido, nosotros mismos, perdonados sin medida por Dios: así proclamamos la Buena Nueva del perdón de Dios.

 

viernes, 4 de septiembre de 2020

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XXIII T.O. CICLO A - 6 SETIEMBRE 2020

 

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COMENTARIO

 

Hay pocas personas que sean capaces de hacer lo que Jesús nos pide: Si tu hermano peca, ve y házselo saber, a solas entre los dos. Se habla mucho, pero a espaldas de la gente. Mira esa muchacha, ¿te has enterado?... ¡qué mala suerte! O bien se enfrenta uno con el otro, se le echa en cara su conducta, se le grita, se le dicen cuatro verdades. Jesús nos pide que seamos prudentes y cariñosos: Hazle saber su falta, repréndele mansamente y a solas. Si te hace caso, lo habrás ganado. Ganarlo. Para comprender bien esta palabra, hay que pensar en el grito del padre del hijo pródigo. ¡Mi hijo estaba perdido y lo he vuelto a encontrar!. Cuando se habla a un culpable con estos sentimientos, hay algunas oportunidades de ganarlo. ¡Ganarlo! ¡No conquistarlo a la fuerza!. Con frecuencia reprochamos a los demás sus defectos, pero quizás no hayamos demostrado nunca que se trata en ese caso de un acto evangélico, que exige por consiguiente un corazón evangélico.

¿Qué es lo que hormiguea en mi corazón en el momento en que me dispongo a reprocharle algo a alguien? El interpretado descubrirá muy pronto ese terrible gusto de humillar del que pocos corregidores se libran. O, bien si ponemos el orden y nuestro honor por encima de todo, nos costará mucho dominar nuestra cólera ¡Ya ves en qué situación nos has puesto! ¿Te imaginas lo que la gente va a pensar de nosotros?. Generalmente la reacción del otro es: ¡Es asunto mío!

Encontraremos el tono para decirles: Es también problema mío. Yo no puedo quedarme indiferente. Perdona mi falta de acierto y escucha solamente la preocupación que siento por ti, porque te quiero. Jesús nos pide que permanezcamos en el amor, aunque sea muy difícil,; si, no ¿qué es lo que nos quiere decir amar? Quizás tengamos que encajar cosas muy duras. Lo dicen todos los padres y responsables: ahora, apenas se atreve uno a hacer algunas advertencias, enseguida lo atacan: Mucho hablar y mucho predicar, pero ¿prácticas tú acaso tu moral? Podría intentarse la humorada (si se puede): Tienes razón, yo veo tu paja y no viga en el ojo. Pero hablaremos ahora de tu paja.

Las advertencias se reciben muy mal y tenemos tantas necesidades de un poco de paz que nos entrará la tentación de evitar ese deber tan desagradable. A no ser que seamos malgeniados de nacimiento, ¡eso sería otra cuestión! De ordinario, nos dejamos llevar, pero el deseo de tranquilidad a toda costa no es ciertamente evangélico. ¡Cuántas veces una palabra inteligente, tranquila y cariñosa, había a su alrededor amigos que veían claro y que se lamentaban, sin atreverse a dar el paso: Sería conveniente hablar con él... Pues bien, háblale tú. Déjate impulsar por Jesús que te dice: Procura ganarlo.

R.P. Roland Vicente Castro Juárez

 

ANTIFONA DE ENTRADA

Señor,  tu eres justo, tus mandamientos son rectos. Trata con misericordia a tu siervo.

 

ORACION COLECTA

Oh Dios, por ti nos ha venido la redención y se nos ofrece la adopción filial; mira con bondad a los hijos de tu amor, para que cuantos creemos en Cristo alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por Nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del Profeta Ezequiel 33, 7-9

Esto dice el Señor: A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte.

Si yo digo al malvado: «Malvado, eres reo de muerte», y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado, para que cambie de conducta; el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. Pero si tú pones en guardia al malvado, para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.

 

SALMO RESPONSORIAL (94)

 

Escuchemos la voz del Señor.

 

Vengan, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R.

 

Entren, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R.

 

Ojalá escuchen hoy su voz: «No endurezcan el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto: cuando sus padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.». R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 13, 8-10

Hermanos: A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás», y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.».

Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.

 

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO  2Co 5, 19.                      

Aleluya. Dios, en Cristo, estaba reconciliando al mundo consigo, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Aleluya.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.

Les aseguro que todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.

Les aseguro además que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Sabiendo que el amor a Dios y al prójimo son el fundamento de nuestra vida, oremos al Padre para que nos enseñe a amar y cuidar los unos de los otros en este tiempo en que todos nos sentimos vulnerables.

 

1.- Por el Papa Francisco, los Obispos y sacerdotes: para que animados por el fuego del Espíritu Santo tengan las palabras y actitudes apropiadas para animar nuestra esperanza en la difícil situación que vivimos como humanidad. Oremos.

 

2.- Por todas las comunidades cristianas: para que podamos ser testimonio vivo de cercanía y solidaridad con las personas y familia más necesitada. Oremos.

 

3.- Para que en las comunidades religiosas y grupos parroquiales vivamos la corrección fraterna como expresión de nuestro mutuo amor. Oremos.

 

4.- Por los gobernantes de nuestro país y el mundo: para que, en la diversidad de ideologías y propósitos, busquen por encima de toda la defensa de la vida y el bienestar de todos. Oremos.

 

5.- Por los que nos alimentamos con la Palabra y el Cuerpo del Señor: para que nos apoyemos recíprocamente a vivir con esperanza y creatividad este tiempo de recuperación. Oremos.

 

Padre bondadoso, que nos cuidas como hijos amados, acoge las suplicas que te hemos dirigido. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Oh, Dios autor de la piedad sincera  de la paz, te pedimos que con esta ofrenda veneremos dignamente tu grandeza y nuestra unión se haga más fuerte por la participación en este sagrado misterio. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE COMUNION  Jn. 8, 12

Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida, dice el Señor.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Concede, Señor, a tus fieles, alimentos con tu palabra y vivificados con el sacramento del cielo, beneficiarse de los dones de tu Hijo amado, de tal manera que merezcamos participar siempre de su vida. El que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 07: 1Cor 5, 1-8; Sal 5; Lc 6, 6-11.

Martes 08: Mi 5, 1-4ª; Sal 12; Mt 1, 1-16.18-23.

Miércoles 09: 1Cor 7, 25-31; Sal 44; Lc 6, 20-26.

Jueves 10: 1Cor 8, 1b-7.11-13; Sal 138; Lc 6,  27-38.

Viernes 11: 1Cor 9, 16-19.22b-27; Sal 83; Lc 6, 39-42.

Sábado 12: 1Cor 10, 14-22; Sal 115; Lc 6, 43-49.

Domingo 13: Ecle 27, 33—28, 9; Sal 102; Rom 14, 7-9; Mt 18, 21-35.

 

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Mt 18, 15-20

 

1.- Texto. Mateo aborda en él un nuevo aspecto en la dinámica de la vida de los discípulos. Es la primera vez que emplea el término "hermano" para designar la relación existente entre los miembros de la comunidad de discípulos de Jesús.

El pecado a que se refiere la condicional "si tu hermano peca" es, con bastante probabilidad, la ofensa o perjuicio de un hermano a otro.

Los tres versículos iniciales presentan tres maneras o caminos de ganar al hermano. Detrás de los dos primeros son perfectamente reconocibles procedimientos habituales entre los judíos y sancionados por los propios libros sagrados. Para la reprensión privada ver Lev. 19,17; para la reprensión en presencia de dos o tres testigos ver Deut. 19, 15.

Los procedimientos reseñados en estos tres últimos versículos son considerados habitualmente como corrección fraterna. Y ciertamente lo son, aunque son también mucho más por ir seguidos del v. 18, cuyas palabras expresan y significan el poder de perdonar los pecados: "Todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo". Estas palabras se refieren al conjunto de los procedimientos anteriores, confiriendo a éstos la condición de actos y gestos de perdón con valor ante Dios.

Quedan, por último, los versículos finales 19-20. Corren el riesgo de ser leídos e interpretados como si no guardaran relación alguna con lo anterior. La propia traducción no ayuda a percibir la relación. "Os aseguro además" invita a pensar en un añadido distinto, cuando en realidad el texto griego expresa repetición: "Os repito: si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo". Los versículos finales reiteran con otras palabras la correlación de tierra y cielo, hombre y Dios, de la que ha hablado el v. 18. El ponerse, pues, de acuerdo para pedir algo no tiene en este texto un contenido indiscriminado; se refiere al acuerdo en materia de perdón. El Padre del cielo ratifica el perdón otorgado en la tierra por un hermano a otro.

Comentario. Es de todos conocido que el cap. 18 de Mateo está todo él centrado en el dinamismo que debe caracterizar a las relaciones de los discípulos de Jesús entre sí. Se trata de un capítulo genuinamente eclesial. En el texto de hoy este dinamismo recibe el nombre de perdón.

Las ofensas y perjuicios entre hermanos son escándalos que conllevan pérdida de fraternidad. Esta no se recupera si el ofendido o perjudicado no gana al ofensor por la vía del perdón.

Perdonar es ganar hermanos. Unirse para perdonar es tarea cristiana, probablemente la más grata al Padre del cielo.

Con la prudencia y la reserva exigidas por el tema, me atrevo a sugerir la necesidad de profundizar en las posibilidades que este texto ofrece de cara a una deseada renovación y revitalización de las formas del sacramento del perdón. A la vista, a su vez, del texto, estas posibilidades parten y pasan necesariamente por una recuperación del sentido comunitario, es decir, del sentido de la fraternidad. Si la vivencia de este sentido no falla o no se da, será difícil que el orden existente pueda cambiar.

A. BENITO - DABAR 1990/45


 

2. CORRECCIÓN-FRATERNA

Estas palabras de Jesús continúan el tema de la parábola anterior en la que enseña que es preciso salir en busca de la oveja perdida aun dejando en el monte las noventa y nueve restantes (v. 12-14). Es el tema del cuidado por la salvación del prójimo. La corrección fraterna está al servicio de ese cuidado.

La corrección fraterna debe tener lugar primero en la intimidad, entre dos personas, con tacto y amorosamente. Si el pecador se arrepiente, habrá salvado a un hermano para la vida eterna.

Según Dt 19, 15, un tribunal sólo puede condenar legítimamente si consta del delito por dos o tres testigos. En el presente caso, el testimonio debe convencer al culpable de la necesidad de hacer penitencia. El proceso sigue siendo todavía secreto.

La última instancia es la "iglesia", es decir, la comunidad de los discípulos de Jesús reunida en un lugar concreto. Ella tiene poder para expulsar a uno de sus miembros (cf. 1 Cor 5, 1-5) y para admitirlo cuando se convierta de corazón.

"Atar y desatar" tiene el sentido de expulsar y admitir de nuevo en la comunidad eclesial. Según este texto, Jesús confiere tal poder a la comunidad de sus discípulos. Claro que la comunidad eclesial sólo puede actuar por medio de sus legítimos representantes, de ahí que este mismo poder lo confiera Jesús de un modo especial a Pedro (16, 19). Sin embargo, la comunidad eclesial, todos los discípulos de Jesús debieran participar más explícitamente en este proceso (cf. 1 Cor 5, 2) de lo que sucede hoy en la "confesión". Así se vería más claramente que la paz con la Iglesia es el signo de la paz con Dios, el perdón.

La comunidad es siempre comunión en el Señor, y comienza donde dos se reúnen en su nombre. La presencia de Jesús en la comunidad hace que la oración eclesial sea escuchada por el Padre. Por tanto, la misma presencia que confiere ese valor especial a la oración es también la que da a la comunidad el poder de "atar y desatar".

EUCARISTÍA 1990/42


 

3.- "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre". He aquí la comunidad creyente: la que se reúne en nombre de Jesús. Es el ámbito de la presencia de su Señor. De aquí que la palabra que proclamamos juntos es más que recuerdo, estudio, exhortación: es presencia viva y activa del Señor. De aquí la fuerza de los sacramentos: ni ritos mágicos, ni compromisos voluntarista; es el mismo Señor quien bautiza, es él mismo quien celebra con nosotros la eucaristía, es él quien ora con nosotros y en nosotros; o mejor, nosotros oramos "por él, con él y en él". Avivemos nuestra fe: nos hemos reunido en nombre de Jesús. La Iglesia es siempre más que nuestra suma.

-"Si tu hermano peca...". No estamos acostumbrados a la corrección fraterna; más bien nos parece una práctica ridícula de ciertas congregaciones religiosas. También la palabra "pecado" ha perdido fuerza para nosotros y queda muy reducida a determinadas dimensiones individuales. ¿No merecería la pena que reflexionásemos sobre aquellos comportamientos que son contradictorios con el seguimiento de Jesucristo? La Iglesia no es una comunidad de puros, sino de pecadores; pero es la comunidad de Jesús. Y el seguimiento del Señor no se aviene con toda clase de comportamientos, que desfiguran su rostro y desvirtúan a la comunidad. Entre el purismo y el laxismo, debemos encontrar un camino que cohesione a los que hemos decidido seguir a Jesús, a pesar de las propias debilidades y de los propios pecados.

-"Todo lo que atéis en la tierra...". Hace quince días estas palabras se dirigían a Pedro; hoy se dirigen a la Iglesia. Los vínculos que existen entre nosotros son más que simples lazos humanos: comprometen al "cielo", porque el "cielo" se ha comprometido con nosotros. Pero es siempre con temor que podemos proceder a atar y desatar, a determinar cuál es el pecado que compromete de verdad el seguimiento en la comunidad de Jesús. La excomunión no es una arma política; ni tiene porqué ser un residuo o un recuerdo histórico. Pero sí pide una actualización sobre los "pecados" que cuestionan el rostro público de la comunidad de los seguidores de Jesús. Y una participación de la Iglesia -es decir de toda la comunidad reunida- en su determinación.

J. TOTOSAUS - MISA DOMINICAL 1987/17


 

4. PERDÓN/TALIÓN:

a) El tema importante de este pasaje es el perdón. Cristo recuerda su obligatoriedad (vv. 21-23) y al mismo tiempo da poderes para concederlo (vv. 15-18). La nueva era se caracteriza porque el Señor ofrece al hombre la posibilidad de liberarse del pecado, no solo triunfando del suyo en la vida personal, sino también triunfando del de los demás por medio del perdón.

No será inútil recordar las principales etapas de la legislación judía que han provocado y autorizado esta ley sobre el perdón.

La sociedad primitiva se manifestaba violentamente contra la falta del individuo, porque carecía de medios para perdonarle y tan solo podía vengar la ofensa mediante un castigo ejemplar setenta y siete veces más fuerte que la misma falta (Gen 4, 24). Se producirá un progreso importante cuando la ley establezca el talión (Ex 21, 24). El Levítico (Lev 19, 13-17) da un paso más hacia adelante.

Propiamente hablando no establece la obligación del perdón (el único caso de perdón en el Antiguo Testamento es: 1 Sam 24 y 1 Sam 26), pero insiste en la solidaridad que une a los hermanos entre sí y les prohíbe acudir a los procedimientos judiciales para arreglar sus diferencias.

La doctrina de Cristo sobre el perdón señala un progreso decisivo. El Nuevo Testamento multiplica los ejemplos: Cristo perdona a sus verdugos (Lc 23, 34); Esteban (Act 7, 59-60), Pablo (1 Cor 4, 12-13) y otros muchos hacen lo mismo.

Generalmente, la exigencia del perdón va ligada a la inminencia del juicio final: para que Dios nos perdone en ese momento decisivo es necesario que nosotros perdonemos ya desde ahora a nuestros hermanos (sentido parcial del v. 35) y que tomemos como medida del perdón la misma que medía primitivamente la venganza (v. 22; cf. Gén 4, 24). Basado en la doctrina de la retribución (Mt 6, 14-15; Lc 11, 4; Sant 2, 13), este punto de vista es todavía muy judío. Pero la doctrina del perdón se orienta progresivamente hacia un concepto típicamente cristiano; el deber del perdón nace entonces del hecho de que uno mismo es perdonado por Dios (Mt 18, 23-35; Col 3, 13). El perdón que se ofrece a los demás no es, pues, tan solo una exigencia moral; se convierte en el testimonio visible de la reconciliación de Dios que actúa en cada uno de nosotros (2 Cor 5, 18-20).

El perdón no podía concebirse dentro de una economía demasiado sensible a la retribución y a la justicia de Dios entendida como una justicia distributiva. Corresponde a una vida dominada por la misericordia de Dios y por la justificación del pecador. Eco de esta manera de concebir las cosas, Mt 18, 15-22 la formula aún a la manera judía. Pero al menos el evangelista es consciente de que la Iglesia es una comunidad de salvados que no pueden tener otras intenciones que salvar al pecador. Si no lo consigue es porque el pecador se endurece y se niega a aceptar el perdón que se le ofrece (v. 17). La comunidad cristiana se diferencia, pues, de la comunidad judía en que no juzga al pecador sino perdonándole. Por consiguiente, la condena solo puede caer sobre él si se niega a vivir en el seno de esa comunidad acogedora.

b) El cap. 18 de Mateo es de redacción muy tardía. En él descubrimos a la Iglesia primitiva ocupada en elaborar una disciplina y en estructurar su vida. Tiene que hacerse a la idea de que el Reino no se presentará inmediatamente y que tiene que aprender a subsistir hasta su llegada. Se inspira, probablemente, en las reglas de las comunidades esenias. Pero estas últimas se consideraban fervientes y condenaban fácilmente al pecador, siquiera fuese en tercera sustancia: "Que sea para vosotros como un publicano..." Una comunidad de fervientes se hace pronto sectaria. Por eso la Iglesia primitiva se preocupa por mantener el diálogo más que por pronunciar una condenación: mientras el pecador permanezca en la Iglesia, mientras el "cristiano sociólogo" sea recibido en ella por la paciencia, el perdón y la oración en común, la Iglesia se verá libre del sectarismo y su misión estará asegurada.

El pecador no descubre el perdón de Dios si no toma conciencia de la misericordia de Dios que actúa en la Iglesia y en la asamblea eucarística. Los miembros de una y otra no viven tan solo una solidaridad nacional que les obligaría a perdonar tan solo a sus hermanos; están incorporados a una historia que arrastra a todos los hombres hacia el juicio de Dios y que no es otra cosa que su perdón ofrecido en el tiempo hasta su culminación eterna.

MAERTENS-FRISQUE, NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA VII MAROVA MADRID 1969.Pág. 41