jueves, 20 de junio de 2013

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XII TIEMPO ORDINARIO CICLO C - 23 JUNIO 2013

“PARA TI, EN ESTE MOMENTO, ¿QUIÉN SOY YO?”.


 PRIMERA LECTURA

Primera lectura  Za 12,10-11;13,1

Así dice el Señor: «Derramaré sobre la dinastía de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de clemencia. Me mirarán a mí, a quien traspasaron, harán llanto como llanto por el hijo único, y llorarán como se llora al primogénito. Aquel día, será grande el luto en Jerusalén, como el luto de Hadad-Rimón en el valle de Meguido.» Aquel día, se alumbrará un manantial, a la dinastía de David y a los habitantes de Jerusalén, contra pecados e impurezas.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 62)

Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!.
Tu gracia vale más que la vida, 
te alabarán mis labios. R.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.
Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R.

SEGUNDA LECTURA

Segunda lectura Ga 3,26-29

Hermanos: Todos son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Los que se han incorporado a Cristo por el bautismo se han revestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos son uno en Cristo Jesús. Y, si son de Cristo, son descendencia de Abrahán y herederos de la promesa.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas Lc 9,18-24.

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.» Él les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?».
Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.» Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.».
Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.

CREDO NICENOCONSTANTINOPOLITANO

Creo en un solo DIOS, PADRE todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, JESUCRISTO, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz. Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo; y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre.
Y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el ESPÍRITU SANTO, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo, recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo la iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

PLEGARIA UNIVERSAL

Padre, hoy revelas a Pedro que Jesús, tu Hijo es el Mesías y Cristo nos invita a seguirle por un camino inesperado: La Cruz, hoy te pedimos  que nos ayudes a seguirle por ese camino:

1.- Por la Iglesia, para que cada uno de los que la formamos, seamos siempre fieles a Cristo en los momentos de dificultad y sea para todo para gloria de Dios. Roguemos al Señor.

2.- Por cada nación de la Tierra, para que en medio de sufrimientos, guerras y desastres, descubran que unidos entorno  a Cristo todo ve transforma. Roguemos al Señor.

3.- Por los esposos, para que las cruces de cada dia sean ofrecidas a Cristo y unidos a el disfruten de la alegría de la resurrección. Roguemos al Señor.

4.-  Por todos aquellos que llevan la palabra a los demás para que nunca desfallezcan a pesar de las dificultades y se vean recompensados y reconfortados. Roguemos al Señor.

Padre, acoge estas suplicas que por medio de tu Hijo te presentamos. Por Jesucristo nuestro Señor.

COMENTARIO

Y ustedes ¿quién dicen que soy?. Es el test sobre nuestras relaciones con Jesús. Por una parte, el misterio de su personalidad es tan grande y tan desconcertante, y por otra parte evolucionamos tanto nosotros mismos, que continuamente hay que precisar de nuevo qué es lo que vamos   siendo   en  relación  con  él.
Lucas indica que Jesús había estado “orando solo”. Es así como se tiene que preparar uno siempre que llega a un momento clave de su vida. Antes de entrar en los días difíciles, quiere verificar el estado de sus relaciones con sus discípulos. Si no era para ellos más que un rabino, su enseñanza sería lo más importante.
Pero debido a todo lo que él es, no se le puede escuchar ni seguir más que avanzando hacia su misma persona hacia su misterio.
Ese “¿quién soy yo para ustedes?” No es la pregunta curiosa y cariñosa de un maestro, sino una verificación capital: si no vislumbras suficientemente lo que soy, no entrarán en la relación absolutamente única que tiene que ligarles conmigo. Se trata sin embargo de un error frecuente: leemos el evangelio e intentamos vivirlo, sin verificar bastante nuestras ideas sobre Jesús. Deberíamos comenzar cada lectura del evangelio – y más aún cada etapa importante de nuestra vida creyente-, poniéndonos bajo este interrogante  de Jesús: En este momento ¿quién soy yo para ti?.
Para ti, no para la gente. Para ti, personalmente, por encima de las respuestas hechas. Una pregunta delicada.  Entonces progresaríamos de dos maneras: en el conocimiento de Jesús y también en la convicción de que sólo se vive de verdad con él (escucharle, amarle y seguirle) a fuerza de situarnos bajo su misterio terreno y celestial. Siempre que nos aferramos sólidamente a un título: Mesías, Hijo de Dios, Verbo Dios y hombre, liberador, un profeta asesinado, el Sagrado Corazón, verdadero Dios y verdadero hombre, súper-star... Jesús impone silencio... sentimos la tentación de creer que hemos captado el misterio.
 Es difícil conocer a Dios sin herirle. Pero no, la relación con Jesús es una continua búsqueda de una doble identidad: “¿quién soy yo ahora?” ¿Y quién es Jesús para mí, ahora?.
Por otra parte, esto es verdad en toda relación: es incansablemente un reajuste recíproco ya que los dos cambian, es ésta una idea vulgar que olvidamos muchas veces en la práctica de nuestras relaciones ordinarias y sobre todo en el caso de Jesucristo. Pero Cristo ¿no cambia?. Sí, en dos aspectos. Primero, siendo cada vez mejor conocido.
Los exegetas, los teólogos, los místicos y el pueblo de Dios movido por el Espíritu no cesan de escudriñar su misterio. ¡Y ese misterio es el misterio de un viviente!. Consecuencia de la encarnación y de la resurrección, lo que Cristo va viviendo con los hombres en cada época hace de él un Cristo que cambia, un Cristo más “Total” aguardando el día en que adquiera su estatura completa.  No podemos tratar de veras con él más que dejándonos trabajar por su pregunta continuamente reactualizada: “Para ti, en este momento, para el mundo en que vives y que influyes en ti “¿quién soy yo?”.


PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 24: Jn 1, 4-10; Sal 70; 1Pe 1, 8-12; Lc 1, 5-17.
Martes 25: Gn 13, 2.5-18;S al 14; Mt 7, 6.12-1 4
Miércoles 26: Gn 15, 1-12.17-18;Sal 104; Mt 7, 15-20.
Jueves 27: Gn 16, 1-12. 15-16; Sal 105; Mt 7, 21-29.
Viernes 28: Gn 17, 1.4-5.9-10.15-22;Sal 127; Mt 8, 1-4.
Sábado 29:  Hch 3, 1-10; Sal 18; Ga 1, 11-20; Jn 21, 15-19.
Domingo 30: Re 19, 16b.19-21; Sal 15; Gal 5, 1.13-18; Lc 9, 5162.