martes, 10 de septiembre de 2013

LOS NUEVOS SANTOS DEL AÑO DE LA FE, UN EJEMPLO DE LO QUE ES SER 'PESCADOR DE HOMBRES'

LOS NUEVOS SANTOS DEL AÑO DE LA FE, UN EJEMPLO DE LO QUE ES SER 'PESCADOR DE HOMBRES' 
 
EL Papa pide volver a ser pescadores de hombres 
 
El Papa quiere que el Año de la Fe sea un año de grandes frutos apostólicos en el mundo, de nueva evangelización de la Iglesia, de volver a ser 'pescadores de hombres'. Por eso, los modelos que ha propuesto serán hombres y mujeres que, desde su profunda experiencia de fe y con sus vidas entregadas a los demás, fueron verdaderos apóstoles entre los suyos. Laicos y religiosos que se ofrecieron a los demás y que, en algunos casos, murieron mártires.
 
Sin duda la más llamativa será Kateri, la primera santa india, de la tribu mohawk, que se convirtió al catolicismo y consagró su vida en una reserva indígena de Canadá a la vida de oración y de cuidado de los enfermos y ancianos. Murió con tan sólo 24 años. Pero no es el único ejemplo de vida heroica para los cristianos. 
 
Anna Schäffer, postrada en cama 24 años 
 
Murió en 1925 después de una dolorosa enfermedad que la tuvo en cama desde los 19 años hasta los 43 que falleció. Anna, nacida en territorio bávaro (Alemania), quiso desde muy pequeña ser monja misionera. Pero su misión acabó desarrollándose desde su propia casa. Y es que, cuando aún era una jovencita, una accidente doméstico la dejó postrada de por vida.
 
Anna se quemó las dos piernas con agua hirviendo y quedó llagada e imposibilitada de por vida. Pero en su dolor y sufrimiento encontró la forma de llevar a Dios a los demás. Y lo hacía a través de tres llaves: "La más grande es de hierro y muy pesada, son mis sufrimientos". La segunda era la aguja. Y es que a Anna le encantaba bordar y regalaba sus costuras a los demás para hacerles la vida más alegre.
 
Y la tercera, las cartas. Anna, desde su cama, escribía multitud de cartas "para poder abrir la puerta del cielo" a los demás. Era muy consciente de la responsabilidad que cada cristiano tiene de la santidad del que está a su lado. Se la conoce como apóstol del dolor.
  
María Carmen Sallés, la nueva santa española 
 
Una nueva santa española. Nuestra nación, cuna de algunos de los más grandes santos de la historia de la Iglesia, vuelve a tener uno en los altares. Se trata de María del Carmen Sallés, religiosa fallecida en 1911 que fundó la congregación de las Hermanas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza, dedicadas en cuerpo y alma a la evangelización a través de la educación y a la enseñanza de los jóvenes.
 
Nacida y educada para casarse (sus padre la habían prometido a un joven de Manresa), Carmen pronto vio que el Señor le pedía otra cosa. En 1896 entró como novicia de las Adoratrices. En el trato con prostitutas y mujeres marginales, la joven novicia descubrió su enorme interés por la formación de las mujeres. Constantemente se preguntaba cómo hubieran sido si hubieran tenido otras oportunidades en la vida.
  
Durante 22 años, María del Carmen estuvo atendiendo a las mujeres. Pero veía que el Señor le pedía más, y tras muchos momentos de oración, fundó su congregación, dedicada a la educación de niños y jóvenes. Precisamente la curación de una niña es el milagro que le ha valido la santidad oficial. En 1999, una niña brasileña, María Isabel Gomes de Melo, sufrió una isquemia cerebral cuando tenía sólo 3 años de edad.
   
La pequeña María Isabel acudía a un colegio de la obra de María del Carmen, y sus compañeros comenzaron una novena a la beata para que se curara. Al quinto día, la pequeña se curó. 
 
Pedro Calungsod, el joven mártir filipino 
 
Coetáneo de Kateri (nació en 1654, dos años antes que ella), este joven filipino murió a los 18 años mártir de la fe. Su cuerpo fue arrojado al mar y nunca se recuperó.
 
Calungsod recibió educación por parte de los jesuitas. Cuando tenía 14 años, y siendo un joven catequista, acompañó a sus mentores en su misión a las Islas de los Ladrones, donde fue misionero hasta su martirio.
 
El milagro que le ha valido la canonización fue la salvación de una mujer en el año 2000, cuando, después de ser declarada clínicamente muerta tras un ataque al corazón, revivió cuando un médico rezó a Pedro Calungsod por ella. 
 
Giovanni BattistaPiamarta, el santo de los jóvenes 
 
Fundador de la Congregación de la Sagrada Familia de Nazaret, este sacerdote, que murió en 1913 a la edad de 72 años, dedicó su vida entera a la educación de los jóvenes, siguiendo la estela de san Juan Bosco, fundador de los salesianos.
 
El milagro que le ha valido la canonización viene de la mano de una espina, clavada en el estómago de un hombre, que degeneró en una infección y que causó el desahucio médico de Esteban Figueiredo de Paula. Las cinco operaciones a las que fue sometido no sirvieron de nada. Hasta que unos amigos de la familia propusieron a su esposa rezarle al padre Piamarta por él. Y se obró el milagro. 
 
Maria Anna Cope, la evangelizadora de los leprosos de Hawaii 
 
Religiosa alemana de la tercera orden franciscana, la beata Maria Anne pasó gran parte de su larga vida (murió en 1918 a los 80 años de edad) junto a los leprosos de Molokai, en Hawaii. Desde que tenía 15 años, Maria Anne quería entrar en el convento. Pero al ser la mayor de cuatro hermanos y al estar sus padres inválidos, tuvo que esperar para ayudar a su familia.
 
Finalmente, a los 24 años, ingresó en la orden y pronto mostró dotes de mando, además de una querencia especial por la atención de los “excluidos” de la sociedad: los alcohólicos y las madres solteras.
 
En 1883, la madre respondió al llamado de Hawaii: se necesitaban enfermeras para los leprosos. Y allí fue, con la intención también de implantar la misión en la isla.
 
En 2011, el Vaticano admitió un segundo milagro de la beata: una mujer enferma de diabetes que se curó de repente. 
 
Jacques Berthieu, el hombre que no renegó de Dios 
 
Le ofrecieron renegar de su fe cristiana para salvar su vida, pero el sacerdote francés jesuita Jacques Berthieu no lo hizo. Esto le valió el martirio. Misionero en Madagascar, el padre Berthieu (1838-1896) vivió años de paz hasta que los movimientos tribales independentistas rompieron su misión.
 
Arrestado por una de estas tribus, el jefe le dio la posibilidad de salvar la vida si renunciaba a su fe: "Abandona tu estúpida religión". Pero Jacques se negó. Le dispararon dos veces; la tercera fue en la cabeza, un tiro que fue mortal de necesidad. Su cadáver fue arrojado a un río y nunca se recuperó. 
 
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